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175 años del estreno de I due Foscari (03-11-2019)

En sus años de galeras, Giuseppe Verdi tenía que componer más de una ópera al año. En marzo de 1844 había estrenado con gran éxito “Ernani“, pero tenía que ponerse de inmediato a trabajar en un nuevo proyecto, que terminaría viendo la luz como “I due Foscari”

Ya en 1843 Verdi se había sentido atraído por la obra teatral de Lord Byron “Los dos Foscari”, basado en la vida del Dux Francesco Foscari y su hijo Jacopo. Jacopo había sido condenado por corrupción y exiliado en Creta, lo que le costó a su padre la abdicación como Dux. Por detrás estaba probablemente la mano de Francesco Loredano, noble veneciano, sobrino de Pietro Loredano, quien le había disputado a Francesco el puesto de Dux. La obra de Byron no se atiene a la historia real, pero toma las bases históricas para crear un drama del gusto de la época, que resultaba desde luego atractivo para el público operístico y para el propio Verdi. 

Pero había un problema: la obra no iba a gustar a Venecia. Defender a Francesco Foscari suponía criticar el sistema político de la República, y las grandes familias aristocráticas de la ciudad, incluyendo los Foscari, que todavía existían, se iban a sentir ofendidas. Por ese motivo Verdi abandonó el proyecto y compuso “Ernani”. Pero tras el estreno de ésta, es el Teatro Argentina de Roma el que le propone una nueva ópera. Verdi trabaja con el libretista Francesco Maria Piave en una historia sobre Lorenzino de ‘Medici, asesino de su primo el Duque Alejandro. 

Verdi sabía perfectamente que esa historia sobre Lorenzino iba a tener problemas con la censura de Roma, por lo que Verdi tenía presente como alternativa rápida la historia de Byron, que ya tenía más o menos esquematizada. Cuando la historia sobre el Medici fue descartada por el Teatro Argentina, Verdi relee la obra de Byron y se da cuenta de que es necesario incluir ciertas modificaciones en su estructura para adecuarla a las necesidades operísticas, por la que interviene continuamente en la elaboración del libreto para conseguir plasmar sus ideas teatrales. 

Terminada la composición, “I due Foscari” se estrenó en el Teatro Argentina de Roma el 3 de noviembre de 1844, con un éxito relativo, ya que las circunstancias del estreno no le ayudaron. Pero la ópera no tardó en alcanzar la fama, que mantuvo en buena parte del siglo XIX. Recuperada en 1951, ha conseguido asentarse en el repertorio, en vista de su notable calidad. 

Vamos ya a repasar la obra, pero antes dejamos, como de costumbre, un enlace al libreto. 

“I due Foscari” comienza con un breve preludio que escuchamos a continuación dirigido por Carlo Maria Giulini:

Comenzamos el primero de los tres actos que componen “I due Foscari”. Estamos en Venecia, en 1457. Estamos en el Palacio Ducal, cerca de las estancias del Dux y de la sala del Consejo de los Diez. Sus miembros, así como los del consejo, se están reuniendo, pidiendo que el misterio reine sobre el asunto que van a tratar para así mantener el temor de la población (no nos vamos a detener aquí en el sistema político de la República de Venecia, pero era un sitio bastante peligroso, hay que reconocerlo). Se comenta que el Dux ya está presente en la sala del consejo. Escuchamos este coro inicial dirigido por Tullio Serafin:

Nada más entrar todos en la sala del consejo, aparece esposado y conducido por los guardias la persona que va a ser juzgada a continuación, Jacopo Foscari, el hijo del Dux, que es conducido desde las cárceles del estado (supongo que acabará de pasar por el famoso Pinte dei sospiri). Un oficial le pide que espere hasta ser llamado, y Jacopo agradece poder volver a admirar su amada Venecia, pese a lo mal que la ciudad le está tratando. Recuerda su exilio, y cómo el recuerdo de la ciudad es lo único que le consolaba. Cuando el oficial viene para llamarlo, Jacopo tiene miedo de ver a su padre. El oficial le dice que mostrarán clemencia con él, pero Jacopo se le enfrenta, diciendo que lo que guardan quienes le van a juzgar es un odio tal que desembocará en una guerra. Escuchamos el aria “Dal più remoto esilio” y la caballetta original “Odio solo, ed odio atroce” cantada por Veriano Luchetti:

Verdi sabía que no iba a contar con grandes solistas para el estreno, y su escritura vocal se adapta a ello. Pero, para el estreno de la ópera en París, a finales de 1846, sabiendo que iba a contar con el famoso Giovanni De Candia, conocido como “Mario”, le compone una nueva caballetta, de terrible tesitura, con varios Mib sobreagudos. Esta caballetta fue recuperada por Luciano Pavarotti, a quien se la escuchamos a continuación:

Como Pavarotti no emite bien los sobreagudos, que canta en falsete, pongo también a Chris Merritt cantando la escena completa y con unos sobreagudos correctamente emitidos en mixto, además de rematarla con un Reb sobreagudo no escrito (pero que queda muy bien), pese a no cantar la caballetta completa, al ignorar la repetición; si queremos ir directamente a la caballetta basta con ir al minuto 4’25”:

Cambiamos de escena. Nos vamos ahora al Palazzo Foscari. En la sala principal del palacio aparece Lucrezia Contarini, la esposa de Jacopo. Quiere ir al consejo para suplicar clemencia para su esposo, pero sus doncellas tratan de detenerla, sabiendo que eso sólo aumentará la alegría de sus enemigos. Sabiendo que tienen razón, Pide al cielo que consuele su dolor. Aparece entonces Pisana, su confidente, y le dice que el clemente consejo ha condenado al exilio a su esposo. Lucrezia no ve esa presunta clemencia por ninguna parte, y espera que el cielo los castigue por su crueldad. Escuchamos la escena de Lucrezia “Tu al cui sguardo” cantada (¡y cómo!) por Leyla Gencer:

Volvemos a cambiar de escena, y regresamos a la misma sala que al principio. Los miembros del consejo comentan que la carta de Sforza ha sido clave para la condena (Venecia estaba en guerra contra Milán en ese momento, y los tratos de Jacopo con ellos se consideran traición). La condena de exilio a Creta es una muestra de clemencia, pero la noticia debe saberse en toda Venecia para demostrar la imparcialidad del consejo. Escuchamos el coro dirigido por Lamberto Gardelli:

Vamos ahora a la habitación privada de Francesco Foscari, el Dux. Destrozado, se deja caer sobre su sillón. Sabe que, pese a estar solo, es observado por Dios, que conoce hasta sus pensamientos. Lamenta no tener un corazón de piedra, ya que ve sufrir a su hijo pero no puede hacer nada para ser fiel a su cargo. Escuchamos el aria “O vecchio cor” cantada por Renato Bruson:

Un sirviente anuncia la llegada de Lucrezia; Francesco la hace pasar, pero sabe que puede olvidar su puesto como Dux. Ella en seguida le recrimina la sentencia del consejo de los diez. Francesco le recuerda que él es el Dux y que ella tiene que obedecer las normas, pero ella le dice que esas normas no son más que odio, y que ha condenado a un hijo inocente. Él entonces lamenta su suerte por haber tenido que condenar a su hijo, pero las pruebas lo condenan. Francesco le recuerda que no tiene el poder para perdonar la sentencia, y ella entonces le ruega que la acompañe a suplicar al consejo, mientras él lamenta que su puesto no le sirva de nada para salvar a su hijo. Escuchamos el dúo que cierra el primer acto cantado por Leyla Gencer y Giangiacomo Guelfi:

Comenzamos el segundo acto de “I due Foscari”. Estamos en la prisión del Estado, donde está recluido Jacopo Foscari. Le atormentan los pensamientos sobre su futuro, cuando de pronto, en medio de delirios, cree ver al fantasma del Conde de Carmagnola, amigo de su padre pero hecho ejecutar por orden suya (de nuevo en realidad fue el consejo de los diez el que estuvo detrás de la sentencia); Jacopo se ve, al igual que él, condenado injustamente sin que el Dux pueda hacer nada por salvarlo, pero ante el terror de la escena se desmaya. Escuchamos el aria “Non maledirmi, o prode” cantada por Carlo Bergonzi:

Entra en ese momento Lucrezia, que al ver tendido en el suelo a su esposo piensa que lo han matado. En seguida se da cuenta de que sigue vivo, pero al despertar él sigue delirando, hasta que consigue reconocer a su esposa. Piensa que lo han condenado a muerte, y espera que su padre y sus hijos vayan también a despedirlo. Ella entonces le dice que su sentencia es peor que la muerte: es el exilio lejos de su familia. Él prefiere morir a vivir lejos de su familia, y maldice a quienes le condenan a estar separado de su familia, pero les queda la esperanza de reencontrarse. Escuchamos el dúo con Carlo Bergonzi y Maria Vitale:

Entra entonces Francesco, con lo que toda la familia se reencuentra. Francesco le confirma su amor, ya que su frialdad en el juicio era impuesta. Jacopo le pide a su padre que le bendiga para poder soportar su exilio, y Francesco le pide a Dios que le muestre justicia cuando muera y los dos se reencuentren entonces. El Dux se prepara para marcharse, y le recuerda a su hijo que cuando le vea por última vez no será ya como padre, sino como Dux, por lo que tendrá que mostrarse frío, como en el juicio. En ese momento entra Loredano, quien con crueldad informa que el barco que va a llevar a Jacopo al exilio a Creta ya está preparado, y l recuerda a Francesco que se calle sus sentimientos. Jacopo y Locrezia lo maldicen por su crueldad, mientras Loredano muestra su odio a los Foscari y ve preparada su venganza, mientras Francesco se prepara para cumplir con su deber. Escuchamos el trío y posterior cuarteto con José Carreras, Katia Ricciarelli, Piero Cappuccilli y Samuel Ramey:

Llegamos a la escena final del segundo acto de “I due Foscari”. Estamos en la sala del consejo, donde sus miembros se inquietan por la tardanza de Jacopo Foscari, ya que tiene que ser castigado cumpliendo con su condena. Entra entonces el Dux junto con Loredano. Francesco se muestra dispuesto a cumplir con su deber con gran dolor, lo que es alabado por los presentes. Le entregan entonces a Jacopo su sentencia para que la lea. Jacopo pide clemenza a su padre, quien se niega, dispuesto a cumplir con su deber. Loredano da órdenes a los guardias para que se lo lleven, pero entonces aparece Lucrezia con sus dos hijos. Jacopo, Lucrezia y los dos niños suplican la piedad de Francesco. Barbarigo le pide clemencia a Loredano, pero a éste las lágrimas de ellos sólo le alegran más por conseguir su ansiada venganza. El resto de los miembros del consejo se muestran igualmente inflexibles, y Francesco trata de disimular sus sentimientos. Lucrezia pide que al menos ella y los niños le acompañen en el exilio, pero Loredano se niega a permitirlo. Jacopo, sabiendo que su muerte está próxima, le pide a su padre que cuide de sus hijos, pero él y los miembros del consejo le exigen que parta al exilio, cosa que hace escoltado por guardias. Escuchamos este concertante final con Carlo Bergonzi, Maria Vitale y Giangiacomo Guelfi:

Comenzamos el tercer y último acto de “I due Foscari”. Estamos en la Piazza San Marco. El pueblo está de fiesta, enmascarados. Apoarecen Loredano y Barbarigo. Loredano comenta que al pueblo le da igual quién sea el Dux, y entonces dirige al pueblo hacia las barcas para que canten la barcarola. Se oye entonces llegar al barco que conducirá a Jacopo al exilio, y todas las góndolas le abren paso. Escuchamos la escena dirigida por Tullio Serafin:

Al ver la reacción del pueblo, Loredano se queda tranquilo viendo que no reaccionan. Sale Jacopo junto a Lucrezia; él se despide de su esposa, y sólo desea morir. Ella le dice que tiene un padre y unos hijos, y él le contesta que no puede hacer nada por ellos, así que es ella quien tendrá que cuidarlos. Le pide a Lucrezia que no la vean llorar, ya que eso avivará la alegría por la venganza de sus enemigos. Loredano apremia a Jacopo para que suba al barco, y al quitarse la máscara Jacopo ve a su enemigo. Todos lloran menos Loredano, satisfecho al ver cumplida su venganza. Jacopo sube al barco deseando reencontrarse con su esposa en el cielo. Escuchamos la escena con Carlo Bergonzi y Maria Vitale:

Cambiamos de escena. Volvemos a la habitación del Dux que vimos en el primer acto. Francesco lamenta no haber dicho nada para salvar al único hijo que le queda (los otros tres habían muerto víctimas de la peste). Entonces lamenta no haber muerto cuando aceptó la corona ducal, ya que al menos habría muerto rodeado de sus hijos. Aparece entonces Barbarigo para decirle que Erizzo ha confesado ser él el único autor del asesinato (en el segundo acto se afirma que se condena a Jacopo por haber asesinado a un Donato), por lo que Francesco se alegra de poder así salvar a su hijo. Pero entonces aparece Lucrezia para contar que Jacopo murió al poco de zarpar. Escuchamos la escena con Piero Cappuccilli:

Lucrezia dice que al morir ha esquivado la venganza de sus enemigos, y que ahora son ellos los que deben vengarse. Escuchamos la caballetta “Più non vive” cantada por Katia Ricciarelli:

Lucrezia se va cuando un sirviente informa que los diez quieren hablar con el Dux. Francesco teme lo que puedan estar tramando. Cuando los recibe, Loredano le dice que han acordado liberarle de su carga a causa de los años de servicio y del dolor, y entonces le reclama el anillo ducal. Francesco se niega, ya que dos veces quiso renunciar pero no se lo permitieron, pero el consejo insiste en que ceda. Escuchamos la escena con Piero Cappuccilli y Samuel Ramey:

Francesco les recrimina que lo traten así después de tantos servicios, privándole de un hijo y quitándole el título de Dux. Le dicen que así podrá descansar junto a sus seres queridos, pero él les recuerda que ha perdido a su último hijo. Hace entonces llamar a su nuera y entrega el anillo ducal. Entra Lucrezia y Francesco le informa que ya no es Dux. Se escuchan entonces unas campanas y Loredano anuncia exultante que ya han elegido al nuevo Dux, siendo recriminado por los demás por su crueldad. El sonido de la campana es el golpe de gracia para el anciano Dux, que sin hijos y sin trono ve su muerte próxima. Todos se dan cuenta de que Francesco muere, apenados con la excepción de un Loredano que se alegra de la llegada de su venganza final. Lucrezia trata de consolarlo, pero el sonido de las campanas termina con Francesco, que cae muerto. Escuchamos la magnífica aria final de “I due Foscari” Questa dunque è l’iniqua mercede” y la caballetta “D’un odio infernale” cantada por Piero Cappuccilli:

Tras haber escuchado completa “I due Foscari” terminamos, como siempre, con un Reparto Ideal:

Francesco Foscari: Piero Cappuccilli.

Jacopo Foscari: Carlo Bergonzi. 

Lucrezia Contarini: Leyla Gencer.

Jacopo Loredano: Samuel Ramey.

Director de Orquesta: Carlo Maria Giulini. 

200 años del estreno de La donna del lago (24-10-2019)

No era Gioacchino Rossini un compositor particularmente interesado en el romanticismo, movimiento cada vez más extendido en las artes de su época. Por ello no deja de resultar llamativo que, en 1819, escogiera una obra del escritor escocés Walter Scott, uno de los más importantes escritores románticos. La obra escogida sería “La dama del lago”, traducida al italiano como “La donna del lago”. 

En una época en la que Rossini no estaba teniendo grandes éxitos, fue él mismo quien se sintió atraído por la obra de Scott, pese a los problemas que le supuso al libretista Andrea Leone Tottola adaptar la novela al ámbito teatral. Rossini compuso la ópera para el Teatro San Carlo de Nápoles, contando con Isabella Colbran y los tenores Giovanni David y Andrea Nozzari para cantar los papeles protagonistas. Pero Rossini demuestra todavía sus afinidades con el pasado dando el papel de Malcolm a la mezzo soprano Benedetta Rosmonda Pisaroni. Pero, como importante avance, no hay diálogos recitados, toda la ópera es cantada. 

Terminada la ópera en septiembre, fue estrenada el Nápoles el 24 de octubre de 1819 (hay fuentes que señalan que fue el 24 de septiembre). El resultado del estreno fue dispar, pero alcanzó gran éxito poco después y se representó por toda Europa y en América hasta los años 60 del siglo XIX. Luego durmió en algún cajón, como la mayor parte de la obra rossiniana, hasta que se recuperó en 1958 en Florencia. Desde entonces ha conseguido recuperarse y se representa con una relativa frecuencia. 

Antes de comenzar a repasar “La donna del lago” dejamos, como siempre, un enlace al libreto. 

Sorprendentemente, “La donna del lago” no tiene obertura. Comienza directamente el primer acto.

Estamos en Escocia, durante el reinado de Jacobo V (1512-1542, Rey desde 1513), padre de la famosa Maria Estuardo. Amanece en las riberas del lago Katrine. Los pastores se dirigen a realizar sus labores diarias, mientras un grupo de cazadores se dirigen al bosque. Escuchamos el coro introductorio dirigido por Riccardo Muti:

Una barca se acerca a la costa. En ella va Elena, que canta su amor por Malcolm, esperando su llegada. Escuchamos su cabatina “O matutini albori” cantada por Joyce DiDonato:

Se escucha la corneta de los cazadores mientras Elena desea que su amado esté entre ellos. Nada más llegar a la costa aparece un misterioso personaje, que admira la belleza de la Dama del lago, a la que ha ido a observar. Elena le pregunta quién es, y él, ocultando su verdadera identidad, le dice que es un cazador que se ha perdido, por lo que ella le ofrece llevarlo en su bote al otro lado del lago, a su cabaña. Él se muestra enamorado de Elena. Escuchamos el dúo entre ambos cantado por Katia Ricciarelli y Dalmacio González:

En cuanto ambos se van en la barca llega al lugar un grupo de cazadores que buscan a Uberto, que es el hombre que acaba de marcharse en la barca. Como no lo encuentran se dividen para buscarlo por todas direcciones. Escuchamos el coro de los cazadores dirigido por Tullio Serafin:

Cambiamos de escena: estamos en la casa de Douglas, el padre de Elena. En una escena que no vamos a poder escuchar, los criados Serano y Albina conversan sobre lo que va a suceder esa día. Así nos enteramos que va a llegar Rodrigo, líder de los sublevados contra el Rey Jacobo, al que acusan de invadir los Highlands, y prometido de Elena. 

Llegan entonces Elena y Uberto. Ella le muestra su humilde hogar, pero él se muestra inquieto al ver las armas, que le pueden poner en peligro. Ella le confiesa que es la hija de Douglas, antiguo tutor del Rey Jacobo, pero ahora enemistado con él. Llegan entonces las damas de Elena, y Uberto se entera por ellas que Rodrigo está a punto de llegar. Ella le cuenta que es su prometido, pero que no está enamorada de él, ya que ama a otro. Uberto se muestra ilusionado de  poder ser él el objeto de ese amor, pero sabe que está en peligro y duda si quedarse o marcharse. Elena le pide a Albina que cruce con él el lago para que vuelva junto a sus acompañantes, pero él duda ya que querría permanecer junto a ella. Finalmente se va. Escuchamos el extenso dúo entre Elena y Uberto “Sei già nel tetto mio – Cielo, in qual estasi” cantado por Federica von Stade y Rockwell Blake:

Llega a la ahora vacía sala Malcolm, el enamorado de Elena. Hace mucho que no va a aquel lugar en el que ambos se enamoraron. Ansía verla y recordar su antiguo amor, y afirma preferiri morir si no puede permanecer junto a ella. Escuchamos el aria “Mura felici”, uno de los momentos más conocidos de “La donna del lago”, cantada por Marilyn Horne:

Serano informa que se escucha llegar a Rodrigo. Entran Douglas y Elena. Él le informa que todo estálisto para la boda, que servirá de alianza con los rebeldes escoceses. Ella se muestra reacia, por lo que Malcolm, de incógnito, se da cuenta de que aún le ama, pero su padre se muestra inflexible. Se escuchan las trompetas que anuncian a Rodrigo y Douglas le dice a su hija que sea su amor sea el premio que merece el valiente rebelde. Escuchamos el aria “Taci, lo voglio” cantada por Samuel Ramey:

Douglas sale, y Elena se queda pensando qué hará. Malcolm sale entonces de su escondite y ambos confirman su amor. Él piensa luchar contra los tiranos, y ambos se juran su amor eterno; prefieren morir si no pueden estar juntos. Escuchamos el dúo “Vivere io non potrò” cantado por Daniela Barcellona y Joyce DiDonato:

Cambiamos de escena. Hemos salido de la casa de Douglas, y estamos en una llanura desde la que se ve el lago. Un grupo de guerreros da la bienvenida a su líder, Rodrigo. Escuchamos el coro “Qual rapido torrente”:

Entra Rodrigo alentando a sus hombres, ya que se dispone a derrotar a Jacobo. Entonces busca a Elena, su prometida, ya que el amor le dará más fuerzas para luchar. Escuhamos el aria “Eccomi a voi” cantada por Chris Merritt:

Entre Elena, precedida por un coro que la presenta a Rodrigo, aunque en un momento intenta huir. Rodrigo se muestra feliz de poder casarse con Elena, pero la ve triste, Douglas trata de alejar sus temores mientras amenaza a su hija, que no puede ocultar sus sentimientos. Aparece entonces Malcolm junto a sus hombres y se ofrece para luchar junto a Rodrigo. Elena es incapaz de disimular y su padre la observa furioso. Rodrigo, en cambio, acepta la ayuda de Malcolm, pero cuando se entera que va a casarse con Elena no puede controlarse, y Rodrigo, que se da cuenta de lo que ocurre, se muestra furioso, al igual que Douglas, mientras Malcolm y Elena tratan ahora de disimular sus emociones. Pero aparece entonces Serano diciendo que tropas enemigas están próximas, y Rodrigo, Malcolm y Douglas se disponen a luchar por la patria. Mientras unos bardos cantan su arenga, los guerreros corren a la batalla. Escuchamos el final del acto I de “La donna del lago” con Joyce DiDonato como Elena, Daniela Barcellona como Malcolm, John Osborn como Rodrigo y Simón Orfila como Douglas:

Comenzamos el segundo acto de “La donna del lago”. Uberto está en el monte. Ha caído en el embrujo de la Dama del lago y sólo desea volver a estar junto a ella. Escuchamos el aria “O fiamma soave” cantada por Juan Diego Flórez:

Uberto sólo desea librar a Elena de las desgracias de la guerra que se está luchando en Escocia.

Aparece entonces Elena, que, angustiada, envía a Serano a buscar a su padre, que debería haber vuelto de la batalla. Aparece Uberto, pero Elena tarda en reconocerlo. Él le confiesa su amor, pero ella le dice que ama a Malcolm, aunque su padre le obliga a casarse con Rodrigo. Él le reprocha que ella no se lo hubiera dicho antes de que se enamorara. Uberto decide, con dolor, respetar sus sentimientos, y se dispone a marcharse, pero antes le deja una prenda que podría salvarla: un anillo que, afirma, le dio Jacobo cuando le salvó la vida; si necesita suplicar por la vida de su padre o de su amado, sólo tiene que enseñar el anillo al Rey. Pero antes de que Uberto se marche aparece Rodrigo, quien no reconoce a Uberto. Cuando éste confiesa ser leal al Rey, llama a sus hombres para matarlo. Los gritos de Elena los detiene. Uberto y Rodrigo deciden entonces luchar los dos solos. Escuchamos el dúo de Uberto y Elena y el trío posterior con Rodrigo con Joyce DiDonato, Juan Diego Flórez y John Osborn:

Cambiamos de escena. Malcolm llega a la cueva donde espera que esté Elena, pero sólo encuentra a Albina, por lo que piensa que al final ha accedido a los deseos de su padre. Cuenta que los rebeldes están siendo derrotados por las tropas del Rey, y que Rodrigo se bate en combate con un desconocido. Llega Serano, que cuenta que ha estado con Douglas, que está dispuesto a morir para salvar a su hija, pero al contárselo a Elena ha salido corriendo en dirección al palacio. Creyendo que ha perdido el amor de Elena, Malcolm quiere morir. Llegan entonces unos guerreros fugitivos de las tropas reales; Rodrigo ha muerto y las tropas rebeldes están siendo diezmadas por las del Rey. Malcolm se une entonces a los guerreros fugitivos. Escuchamos el aria Ah, si pera” cantada por Marilyn Horne:

Cambiamos de nuevo de escena. Estamos en el palacio de Stirling, residencia del Rey Jacobo. Allí está el Rey, que no es otro que Uberto. Douglas se presenta ante él para ofrecer su vida a cambio de detener la guerra, y sobre todo, la vida de su hija. Jacobo pide a sus hombres que alejen a Douglas para poder detener su furia. Se anuncia entonces la llegada de una mujer. Jacobo se esconde y pide a los sirvientes que no revelen su verdadera identidad. Elena entonces pide ver al Rey, con la intención de salvar a su padre, a Malcolm y a Rodrigo (no se ha enterado de su muerte todavía). Escuchamos la escena con Rockwell Blake, Giorgio Surjan y June Anderson:

Desde una terraza, Jacobo/Uberto canta una canción en la que lamenta haber visto a Elena y haberse enamorado de ella para luego perderla. Elena se tranquiliza al escuchar su voz, y cuando lo ve, le pide que le conduzca ante el Rey para entregarle el anillo que le dio. Escuchamos la escena con Cesare Valletti y Rosanna Carteri:

Entran en la sala del trono, pero Elena no consigue reconocer al Rey. Entonces se da cuenta de que todos miran a Uberto, y que tiene una pluma que lo diferencia del resto. Cuando Uberto confiesa ser Jacobo, Elena cae a sus pies. Jacobo le concede el perdón a Douglas, quien recupera su antiguo puesto junto al Rey. A Rodrigo no puede perdonarlo porque ha muerto. Entonces afirma que ya ha concedido demasiadas gracias ese día y que tiene que castigar a Malcolm, al que llama en ese momento. Escuchamos la escena con Montserrat Caballé y Franco Bonisolli:

El Rey pide que nadie pida clemencia por Malcolm, ya que su traición no puede ser perdonada. Le dice que tendrá un castigo digno de esa traición, y entonces une las manos de Malcolm y Elena, uniendo a ambos enamorados ante la sorpresa de todos. Elena se muestra incapaz de decir nada, pero por fin aparece feliz tras haber salvado a su padre y haberse unido a Malcolm. Escuchamos el Rondò final de “La donna del lago”, “Tanti affetti”, cantado por Joyce DiDonato:

Y, tras haber repasado “La donna del lago”, terminamos, como siempre, con el Reparto Ideal de la ópera:

Elena: Joyce DiDonato o Federica von Stade.

Uberto/Giacomo: Rockwell Blake o Juan Diego Flórez.

Malcolm: Marilyn Horne o Daniela Barcellona.

Rodrigo: Chris Merritt o Gregory Kunde.

Douglas: Samuel Ramey.

Director de Orquesta: Michelle Mariotti. 

150 años de la muerte de Gioachino Rossini (13-11-2018)


Olvidado desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, en parte debido a la dificultad de su escritura vocal, es a día de hoy, tras la recuperación de buena parte de sus óperas, uno de los compositores italianos más conocidos del repertorio operístico. Hoy día, con ediciones críticas de sus partituras y con voces con la técnica adecuada para interpretar sus, a menudo, vocalmente terribles partituras, podemos disfrutar de las numerosas obras maestras que firmó Gioachino Rossini.




Gioachino Antonio Rossini nació en Pesaro el 29 de febrero de 1792. La ciudad formaba parte en aquella época de los Estados Pontificios, pero su padre, Giuseppe, tenía una ideología revolucionaria que le hará apoyar la invasión napoleónica de Italia, por lo que, tras la vuelta al poder del papado, provocó que la familia estuviera trasladándose continuamente de ciudad en ciudad huyendo de la justicia papal.

Su padre tocaba la trompa en las bandas municipales y su madre era una discreta cantante. Por ello, pese a los orígenes familiares humildes, la vocación musical de Rossini no tarda en salir a la luz, en especial durante su estancia en el municipio de Lugo, en la provincia de Ravena, de la que era originario su padre, donde comenzó su educación musical forma, y cuyo resultado será su primera obra importante como compositor, las 6 sonatas para cuatro instrumentos, compuestas en 1804, cuando contaba con 12 años de edad. Escuchamos la cuarta de estas sonatas, “La tempesta”:

Poco después, la familia se traslada a Bolonia, en cuyo conservatorio Rossini estudiará canto, piano y espineta, además de composición, estudiando en especial las obras de Mozart, Haydn y Cimarosa. Ya hacia 1808 compone su primera ópera, por encargo del tenor Domenico Mombelli, para ser interpretada por él y por sus dos hijas; su esposa Vincenzina será incluso quien se haga cargo del libreto. El resultado es la ópera “Demetrio e Polibio”, que, pese a todo, no será estrenada hasta 1812. Escuchamos el aria de Demetrio cantada por el tenor Dalmacio González:

Pero será en 1810 cuando Gioachino estrene su primera ópera: será la farsa, o comedia en un acto, “Le cambiale di matrimonio”, que estrena en el veneciano teatro San Moisè el 3 de noviembre. Escuchamos el aria de la soprano Fanny, “Vorrei spiegarvi il giubilo”, cantada por Luciana Serra:

El género de la farsa le dará un gran éxito a Gioachino Rossini en sus primeros años de carrera. Así, entre 1811 y 1813 estrenará 6 óperas de este género: “L’equivoco stravagante”, “L’ingano felice”, “La scala di seta”, “La pietra del paragone”, “L’occasione fa il ladro” y, por último, “Il signor Bruschino”, quizá la más famosa de todas, en especial por esa obertura que incluye el efecto sonoro de los arcos golpeando los atriles, que escuchamos a continuación:

Su trabajo en estas farsas, y el considerable éxito que alcanzan algunas de ellas, prepara su camino como compositor de grandes óperas bufas, pero será otro género el que le catapulte a la fama. En 1812 estrena dos dramas: “Ciro in Babilonia” y ese “Demetrio e Polibio” que esperó varios años a ser estrenado. Pero será en 1813 cuando estrene el que será su mayor éxito hasta la fecha, “Tancredi”. Pese a ciertos problemas durante el estreno que impidieron que se terminara de representar el segundo acto, la ópera caló en el público veneciano, en especial el aria del protagonista, Tancredi, interpretado por una mezzo travestida (lo que ya nos señala que nos encontramos más ante una ópera seria clásica que ante un drama romántico), “Di tanti palpiti”, que escuchamos cantada por Marilyn Horne:

Poco después, en mayo de ese mismo 1813, estrena una de sus obras maestras, en este caso del género bufo, la maravillosa “L’italiana in Algeri”, ópera que triunfó entre el público y que se encuentra entre las pocas óperas del compositor que se han seguido representando casi de forma ininterrumpida (con la excepción de las dos primeras décadas del siglo XX) hasta la actualidad. Con grandes números solistas y reivindicaciones patrióticas (basta recordar el aria de Isabella “Pensa alla patria”), si por algo destaca esta ópera es por sus magistrales números de conjunto en los que Rossini sabe sacar el máximo partido de las situaciones cómicas que le plantea el libreto: el terzeto “Pappatacci”, el quinteto del café y, en especial ese concertante onomatopéyico final del I acto, quizá la excena más divertida de toda la creación del compositor, de una maestría genial:

No deja de resultar curioso, por otro lado, el tratamiento de género en esta ópera: es la mujer la que va en rescate del amado, engaña al bobalicón Mustafá y demuestra una independencia poco frecuente en la ópera de la época.

Tras estrenar, a finales del mismo año, una nueva ópera seria, “Aureliano in Palmira”, en Milán, repite en esta ciudad en 1814 con otra comedia, “Il Turco in Italia”, otra obra cómica magistral que, desgraciadamente, no tiene una gran acogida en el estreno, siendo comparada con la comedia precedente. Pero se trata de otra partitura magistral, con momentos de lucimiento vocal para sus personajes y otros de enorme comicidad, como este dúo entre Geronio y Fiorilla “Per piacere alla signora” que escuchamos cantado por Alessandro Corbelli y Olga Peretyatko:

En 1815, Gioachino Rossini es llamado a Nápoles por el empresario teatral Domenico Barbaja, que le contrata para componer óperas serias en el teatro San Carlo. Dicho teatro cuenta con un  impresionante elenco de cantantes para los que Rossini compondrá expresamente muchos de los roles de las óperas escritas para el teatro napolitano, entre ellas Isabella Colbran, con la que se casará años después, en 1827. Ella, junto a los tenores Andrea Nozzari y Manuel García, estrenará “Elisabetta, regina d’Inghilterra”el 4 de octubre de 1815. Escuchamos el aria de la protagonista, “Quant’è grato all’alma mia” cantada por Joyce DiDonato:

Pero su contrato con Barbaja no le impide seguir componiendo para otros teatros, y así, el 20 de febrero de 1816 estrena en Roma una nueva comedia, que será un fracaso en sus primeros días, pero que se convertirá en su ópera más famosa: “Il barbiere di Siviglia“. Escuchamos para comenzar el aria de la mezzo, “Una voce poco fa”, cantada por Teresa Berganza, en la que podemos observar que Rossini toma prestados motivos musicales del aria de la Elisabetta que acabamos de escuchar:

Escuchamos también el aria de Figaro “Largo al factotum”, otro de las arias rossinianas más famosas, en la voz de Leo Nucci:

Y terminamos escuchando el aria del bajo buffo “A un dottor della mia sorte”, con ese endiablado canto sillabatto que borda el bajo Enzo Dara:

De nuevo para Domenico Barbaja, pero en este caso para otro teatro Napolitano, el Teatro del Fondo (actual Teatro Mercadante) compone Gioacchino Rossini su segunda gran ópera dramática napolitana, “Otello“, en la que, además de con la Colbran, cuenta por primera vez con la pareja de tenores formada por el baritenor Andrea Nozzari, que será Otello, y Giovanni David, que será Rodrigo. Escuchamos el dúo entre Otello y Rodrigo, “Ah, vieni”, cantada por Gregory Kunde como Otello y Juan Diego Flórez como Rodrigo, ambos magníficos exponentes de las dos diferentes tipologías de tenor rossiniano, seguido del final del segundo acto, con Olga Peretyatko como Desdemona:

También en 1816 estrena la cantata “Le nozze di Teti e di Peleo”, de la que escuchamos el aria “Ah, non potrei resistere”, cantada por Mariella Devia y dirigida por Alberto Zedda, un musicólogo y director de orquesta clave en la recuperación del legado rossiniano:

En 1817, Gioacchino Rossini estrena 3 nuevas óperas. Comienza estrenando en enero en Roma una nueva comedia, la 4ª y una de sus obras más famosas y perdurables, “La Cenerentola“, curiosa adaptación del cuento de la Cenicienta, que si bien no arrasa en el estreno, lo hará poco después. Rossini recurre, como es frecuente en él, al autopréstamo, adaptando el aria final del Conde Almaviva del Barbiere, “Cessa di più resistere” para convertirla en el rondó de Angelina, la Cenerentola, que cierra la ópera, “Non più mesta”, que escuchamos cantada por Cecilia Bartoli:

Endiabladas coloraturas que contrastan con el canto buffo que le da al padre (el malo de la historia a falta de madrastra), Don magnifico, al que otorga arias llenas de guiños bufos y de canto sillabato, al que saca un gran partido el gran Paolo Montarsolo:

En mayo vuelve a la Scala de Milán, en la que no estrenaba desde 1814, para presentar una ópera semi-seria, un tipo de ópera que apunta a tener un final trágico que se resuelve en el último segundo. El estreno fue un éxito rotundo, y de esta ópera es especialmente recordada la chispeante obertura, una de las mejores salidas de la pluma de Rossini, que escuchamos dirigida por Claudio Abbado:

Y en noviembre estrena su tradicional drama en Nápoles, en este caso “Armida”, basada en el drama de Torquato Tasso, que no alcanza un gran éxito pese a tener como pareja protagonista a Nozzari y la Colbran. De esta obra destaca el dúo de amor de la pareja protagonista, “Amor, possente nome”, que escuchamos cantado por Bruce Ford y Cecilia Gasdia:

Y todavía le queda tiempo para estrenar otra ópera más, “Adelaide di Borgongna”, en diciembre. Y en 1818, Rossini estrena su cantata “La morte di Didone”, compuesta unos años antes, y que escuchamos cantada por Jessica Pratt:

Ese mismo 1818, Gioacchino Rossini estrena dos dramas en Nápoles. El primero será “Mosè in Egitto”, de la que es especialmente famosa la plegaria de Moisés “Dal tuo stellato soglio”, que escuchamos cantada por Nicola Rossi-Lemeni:

Y estrena a continuación “Riccardo e Zoraide”. También en 1819 estrena otras dos óperas en Nápoles. La primera será “Ermione”, basada en la mitología griega en su adaptación por Racine. La ópera es un notable fracaso y no vuelve a representarse hasta bien entrado el siglo XX. Escuchamos el aria “Balena in man del figlio” cantada por el baritenor Chris Merritt:

Mucha mejor suerte correrá la otra ópera, estrenada unos meses después, “La donna del lago”, basada en la obra de Walter Scott, que le abre a Rossini las puertas del romanticismo. Escuchamos el aria de Malcolm “Mura felici” cantada por Ewa Podles:

Y escuchamos también el aria de Giacomo “O fiamma soave”, cantada por Rockwell Blake:

Tras regresar a Milán a finales de 1819 para estrenar “Bianca e Falliero”, en 1820 estrena en Nápoles “Maometto Secondo”, nuevo fracaso, de la que escuchamos el aria “Non temer d’un basso affetto” cantada por Daniela Barcellona:

Gioacchino Rossini sólo estrena una ópera en 1821, la semi-seria “Mathilde di Shabran”; es el primer año que no estrena ninguna ópera en Nápoles. Será en 1822 cuando estrene en esta ciudad su último drama para el Teatro San Carlo, “Zelmira”, estrenada el 16 de febrero con considerable éxito. Es en esta magistral ópera en la que saca mayor partido de sus dos tenores. Escuchamos primero el aria compuesta para el contraltino Giovanni David, intérprete del personaje de Ilo, “Terra amica”, con esos terribles ascensos al re sobreagudo, cantada por Juan Diego Flórez:

Y a continuación escuchamos el aria escrita para Antenore, que estrenó el baritenor Andrea Nozzari, con brutales ascensos y descensos a los extremos de la tesitura, y que escuchamos cantada por Michael Spyres:

El 3 de febrero de 1823 estrena en Venecia su última ópera italiana, “Semiramide”, obra de dimensiones brutales (la versión integral dura casi 4 horas), vocalmente exigente hasta la extenuación, muy barroca en sus adornos y en la ambientación, pero muy avanzada en otros aspectos estructurales, como la ausencia de recitativos parlatos y el esquema de aria cuatripartita (recitativo, aria, escena y caballetta), como podemos comprobar en el aria del villano Assur, “Deh, ti ferma”, que escuchamos sublimemente cantada por el bajo norteamericano Samuel Ramey:

Han pasado 10 años desde que saltara a la fama con “Tancredi”, y ahora Gioacchino Rossini es un compositor de fama internacional que acaba de componer una de sus grandes obras maestras. En ese momento la meta de cualquier compositor es triunfar en París, y Rossini se dispone a hacerlo, acompañado por su pareja, Isabella Colbran. Pasa por Londres en 1824, donde proyecta estrenar una ópera, “Ugo, Re d’Italia”, que nunca terminará /y lo que compuso está hoy día desaparecido), y, en 1825, establecido ya en la capital francesa, compone una curiosa ópera para celebrar la coronación de Carlos X (no creo que a su revolucionario padre le hubiera hecho mucha gracia esto), “Il viaggio a Reims”, comedia coral sin argumento: un grupo internacional se encuentra alojado en un balneario preparados para a acudir a la coronación del nuevo Rey, y ahí se suceden pequeñas historias. De entre los numerosos personajes que se agrupan en el balneario, escuchamos el aria del inglés Lord Sidney “Invan strappar dal core” cantada por Mirco Palazzi:

En los siguientes años, Rossini traduce al francés y adapta algunas anteriores obras suyas (“Maometto Secondo” se transforma en “La siège de Corinthe”, y “Mosè in Egitto” será “Moïse et Pharaon”), antes de estrenar una nueva ópera, una comedia titulada “Le comte Ory”, si bien la mayoría de sus números musicales son auto-préstamos de óperas anteriores. Escuchamos el aria del protagonista “Que les destins prospères” cantada por Lawrence Brownlee:

Y en 1829 estrena la que será su última ópera, “Guillaume Tell”, basada en la obra de Schiller. Especialmente famosa es su obertura, que escuchamos dirigida por Arturo Toscanini:

Pero si por algo destaca “Guillaume Tell” es por iniciar la tradición de la “Grand’Opera” francesa que seguirán compositores como daniel Auber, Jacques-Fromental Halèvy o Giacomo Meyerbeer: óperas de enormes dimensiones, con 5 actos, ballet, grandes números corales, escenografías espectaculares y unos personajes vocalmente muy exigentes, en especial los tenores heroicos, cuyo mayor exponente será Adolphe Nourrit, quien estrena el papel de Arnold. Escuchamos la gran escena de este personaje, “Asile héréditaire”, impecablemente cantada por Nicolai Gedda:

Y así, con 37 años, en el zenit de su fama, Gioachino Rossini se retira de la composición operística. Quienes afirman que es por su incapacidad a adaptarse a los nuevos gustos románticos se equivocan, como lo demuestra su muy romántica (y magistral) última ópera. Motivos políticos o problemas de salud podrían ser razones más creíbles, si bien la suya sigue siendo una razón incomprensible. Rossini dedicará el resto de su vida a la cocina, uno de sus grandes placeres, se casará por segunda vez, en 1948 (un año después de la muerte de Isabella Colbran, de la que estaba separado desde 1837), con Olympe Pélissier, y compondrá algunas obras menores. Entre 1830 y 1835 compone las “Soirées musicales”, doce canciones para voz y piano, de las que la tarantella “La danza” es sin duda la más famosa, que escuchamos aquí cantada por Luciano Pavarotti:

Igualmente famosa es “La regata Veneziana”, que escuchamos cantada por la paisana de Rossini, la también Pesaresa Renata Tebaldi:

En 1842 estrena su obra religiosa más famosa, el “Stabat Mater”, compuesta durante los 10 años anteriores, y de la que escuchamos el aria del tenor, “Cujus animam”, cantada por Gregory Kunde:

En 1864 estrena su última gran obra, compuesta el año anterior, la “Petite messe solennelle”, que escuchamos completa dirigida por Alberto Zedda:

Gioachino Rossini gozó de una considerable longevidad, y fue viendo como sus sucesores iban muriendo uno detrás del otro: Vincenzo Bellini en 1835, Gaetano Donizetti en 1848 y Giacomo Meyerbeer en 1864. Finalmente, Rossini sucumbía a un cáncer rectal el 13 de noviembre de 1868 a la por entonces considerable edad de 76 en su villa de Passy, cerca de parís, donde había pasado una buena parte de su vida. Enterrado originalmente el el cementerio de Père-Lachaise, sus restos fueron trasladados en 1887 a la florentina Basilica di Santa Croce, donde reposan en un gran monumento funerario, cerca de los de Miguel Ángel y Galileo y del cenotafio de Dante:

Gracias al redescubrimiento de obra a partir de los años 50 del siglo XX, a día de hoy es posible disfrutar, con mayor o menor frecuencia, de la práctica totalidad de la obra operística de Gioachino Rossini, comprobándose así que fue un compositor clave en el desarrollo posterior de la ópera italiana que nos dejó magníficas obras maestras con las que todavía, 150 años después de su muerte, seguimos disfrutando como lo hizo el público que iba a sus estrenos.



200 años del estreno del Otello de Rossini (04-12-2016)




Hace más o menos medio año hablábamos en este post de las adaptaciones operísticas de obras teatrales de William Shakespeare. Pues bien, hace 200 años se estrenaba la que seguramente fuera la primera gran adaptación shakespeariana a la ópera, la que abriría el camino a otros grandes compositores para utilizar sus obras de teatro; hablamos del Otello de Rossini.




Y hablamos del Otello de Rossini (incorporando siempre ese “de Rossini” tras el título) para diferenciarlo de la adaptación que Giuseppe Verdi hará de la misma obra 81 años después, y que de hecho desplazará al Otello de Rossini. Tenemos por tanto el Otello de Rossini y el de Verdi, dos obras completamente diferentes.

Y es que el libreto del Otello de Rossini (cuyo título completo es “Otello, ossia Il moro di Venezia) lo escribió Francesco Berio di Salsa tomando como base el Otello de Carlo Cosenza, que se basa a su vez en la obra de Shakespeare. Nos encontramos así con una obra que transcurre completamente en Venecia (el de Verdi transcurre completamente en Chipre por que se suprime el I acto de la obra de Shakespeare, que transcurre en Venecia), y el personaje de Iago pierde mucho peso; aunque siga siendo el vilano de la ópera, el papel de antagonista se lo arrebata un Rodrigo que, en el papel de despechado enamorado de Desdemona, gana un peso que no tiene por ningún lado en el original de Shakespeare.

El Otello de Rossini se estrenó en Nápoles, en el Teatro del Fondo (actualmente Teatro Mercadante) el 4 de diciembre de 1816, con un reparto de auténtico lujo: el baritenor Andrea Nozzari interpretaba a Otello, el contraltino Giovanni David era Rodrigo y la soprano Isabella Colbran, futura primera esposa de Rossini, cantaba la parte de Desdemona. Rossini compuso varias óperas para la pareja artística de tenores que formaban Nozzari y David, con dos voces y estilos totalmente distintos, pero ésta es quizá de todas ellas la mejor. Pese a todo, la ópera no gustó demasiado en el estreno; se consideraba que el final era demasiado dramático para los gustos de la época. Por ello Rossini compuso un final alternativo, un lieto fine realmente aberrante en el que Otello descubre a tiempo el engaño de Iago y así Desdemona se salva.

Poco más de un mes después, el Otello de Rossini se interpretaba en el prestigioso Teatro San Carlo de Nápoles con idénticos protagonistas y con el famoso tenor español Manuel García (quien cantó el Almaviva del estreno de “Il barbiere di Siviglia”) como Iago, aunque posteriormente cantará también el papel protagonista. La ópera gozó de considerable popularidad en el siglo XIX (lógico dada su calidad en inspiración melódica), hasta que fue sustituido por el Otello de Verdi. Será a partir de mediados del siglo XX cuando la ópera recupere una cierta popularidad, creciendo en los últimos años gracias a los grandes intérpretes rossinianos que han surgido en las últimas generaciones.

Como curiosidad, hay que destacar que de sus 9 personajes, nada menos que 6 son tenores (incluyendo a Iago, que como villano, por lógica debería haber sido un bajo, pero al que ese cambio de carácter le hace también cambiar de cuerda; siendo en todo caso el 3º tenor más importante de la ópera, por detrás de Otello y Rodrigo, ha significado que la mayoría de los intérpretes modernos de este papel no estén a la altura). No es el récord (creo que eso empata con  Armida, también de Rossini), pero es significativo en todo caso.

Antes de comenzar el repaso a la ópera, dejamos como siempre un enlace con el libreto y su traducción al español.

El Otello de Rossini comienza con una obertura bastante vivaz, que no nos prepara desde luego para el drama que vamos a escuchar, y que escuchamos a continuación dirigida por Riccardo Chailly:

Nos encontramos en Venecia, aunque el libreto sitúa la acción años después de la obra de Shakespeare, en el siglo XVIII. Si algo tienen en común el Otello de Rossini y el de Verdi es que ambos comienzan con un coro (al margen de la obertura, que Verdi suprime), pero de enfoque totalmente distinto: si en Verdi el pueblo aguarda el resultado del combate entre venecianos y turcos, en Rossini el pueblo espera para poder celebrar la victoria de Otello. Comenzamos así con el coro “Viva Otello”. Llega Otello entregando las armas turcas que les arrebató en Chipre, y el Dux (Doge en italiano) de Venecia le pregunta qué recompensa quiere. Como Otello es africano y se siente como un extranjero, solicita ser considerado como un veneciano más, algo que el envidioso Iago ve como una muestra de excesiva soberbia. El Dux le concede su petición, pidiendo a Otello que olvide sus orígenes humildes. Mientras tanto Rodrigo se lamenta porque sabe que esta concesión le supone perder a su amada Desdemona, pero Iago le dice que no desespere (ya está tramando algo). Otello se alegra en su cavatina “Ah, si, pero voi gia sento”, pero sabe que su alegría no será completa hasta tener a Desdemona, lo que enfurece a un Rodrigo que es casi incapaz de reprimir su furia. Escuchamos la escena y el aria en la voz de Chris Merritt:

Otello se va junto al Dux, los senadores y el pueblo. Bueno, se queda un senador, Elmiro, el padre de Desdemona. Rodrigo le pregunta por Desdemona, que sufre por causa desconocida, pero Elmiro tiene que irse a las celebraciones. Rodrigo teme que, impresionado por el éxito de Otello, acceda a entregarle a su hija, con lo que él la perdería para siempre. Iago, quien odia a Otello, escuchaba la conversación, y le pide a Rodrigo que refrene su odio, que lo mejor es fingir, pero que él tiene un plan para acabar con él, enseñándole un papel del que desconocemos el contenido, lo que consigue calmar a Rodrigo. Escuchamos así el dúo “No, non temer” con Javier Camarena como Rodrigo y Edgardo Rocha como Iago:

Cambiamos de localización. Estamos ahora en una habitación del palacio de Elmiro. La doncella Emilia trata de calmar a la doliente Desdemona diciéndole que su amado Otello ya ha vuelto victorioso, pero Desdemona tiene miedo. Sabe que su padre se opone a la relación, y teme además que Otello piense que no le es fiel, ya que le escribió una carta de amor, acompañada de unos cabellos suyos, a Otello, pero ésta fue interceptada por Elmiro, que pensaba que estaba destinada a Rodrigo. Si Otello descubriese esa carta, se pondría en duda la fidelidad de Desdemona. Emilia trata de convencerla de que el amor le hace ponerse en la peor situación. Escuchamos así el dúo “Vorrei che il tuo pensiero” con Mariella Devia como Desdemona y Marina Comparato como Emilia:

Desdemona ve llegar a Iago, a quien considera un malvado, y huye. Eso ofende aún más a Iago, con esa envidia que siente por Otello. Llega Rodrigo, así como Elmiro, que le ofrece la mano de su hija para así estar unidos por lazo de sangre contra Otello, al que ambos también odian. Iago es el encargado de organizar el enlace. Llega Desdemona, y su padre le obliga a obedecer ante el regalo que le ofrece. Un coro entona un cántico nupcial y Desdemona se da cuenta de que su padre quiere que se case con Rodrigo. La reacción de Desdemona les hace darse cuenta a ambos que ella no está por la labor, así que Elmiro no duda en hacer valer su autoridad paterna para obligarla, mientras Desdemona desespera. Escuchamos esta primera parte del final del I acto con Elizabeth Futral como Desdemona, William Matteuzzi como Rodrigo e Ildebrando D’Arcangelo como Elmiro:

Llega Otello, que se pone furioso al ver a su amada junto a su enemigo y dice ante todos que ella le juró su amor. Rodrigo se enfrenta a él mientras Elmiro, al saber que es verdad, maldice a su hija. Todos cantan a la incertidumbre que se ha creado en un bellísimo canon y entonces Elmiro se lleva a su hija mientras Otello y Rodrigo juran enfrentarse. Escuchamos el final del I acto del Otello de Rossini con José Carreras como Otello, Federica von Stade como Desdemona, Samuel Ramey como Elmiro y Salvatore Fisichella como Rodrigo:

Comenzamos el II acto del Otello de Rossini. En el jardín de la casa de Elmiro, Desdemona trata de zafarse del insistente Rodrigo, diciéndole que está casada con Otello. Ante esto, en su brillante aria “Che ascolto?”, Rodrigo le pregunta a Desdemona si no le importa el dolor que le está haciendo pasar y promete castigar a Otello. Escuchamos este aria en la voz de William Matteuzzi:

Desdemona, desesperada, le confiesa a Emilia que buscará la opción de estar con su amado Otello, a lo que Emilia le advierte de que como su padre le descubra está perdida. Ambas salen y en ese momento llega Otello, desesperado porque ella le había jurado su amor. Entra Iago, que con la excusa de calmarle le azuza más para saciar su sed de venganza. Le habla de una posible traición de Desdemona, y finalmente le entrega la carta de amor que le había escrito (pero de la que el no sabe que existe) para hacerle ver que su mejor venganza sería despreciarla. Otello cree que la carta está dirigida a su rival Rodrigo, y Iago se alegra del éxito de su venganza. Otello planea matar a Desdemona. Escuchamos este dúo en las voces de Bruce Ford como Otello y Juan José Lopera como Iago:

Sale Iago y Entra Rodrigo. Otello y él se juran enemistad y se preparan para batirse en duelo (dúo “Ah, vieni, nel tuo sangue”), cuando llega Desdemona y les detiene. Ambos la consideran culpable (cada uno piensa que está enamorada del otro), por lo que cuando ella le suplica a Otello, él la desprecia como infiel, aumentando su sufrimiento. Escuchamos la escena con unos insuperables Gregory Kunde como Otello y Juan Diego Flórez como Rodrigo (insuperable ese dúo) y Olga Peretyatko como Desdemona:

Llega Emilia, que se da cuenta del mal estado de Desdemona, que se encuentra confusa y desesperada por haber perdido a su amor.Para complicar las cosas, aparece Elmiro y desprecia a su hija, quien ve como todos se alejan de ella y no tiene a quien recurrir. Termina así el II acto del Otello de Rossini con el aria de Desdemona “Che smanie, ohimè”, que le escuchamos a Jessica Pratt:

Comenzamos el III y último acto del Otello de Rossini. Estamos en la alcoba de Desdemona, quien está acompañada por Emilia. No consigue consolar a Desdemona, que se siente rechazada por todos. Se escucha entonces la canción de un gondolero:

La triste canción afecta aún más el ánimo de Desdemona, que recuerda a su amiga Isaura, robada de África y que murió. Entonces coge su arpa y canta la “Canción del sauce” de Isaura. Es interrumpida por el viento que azota las ventanas y que le asusta, como un presagio fatal. Concluye su canción, despide a Emilia y hace sus oraciones pidiéndole ayuda al cielo para recuperar a su amad. Escuchamos esta bellísima canción en la voz de Federica von Stade:

Desdemona se va a la cama. Entonces entra Otello por una puerta secreta, llevando una daga que deja claras sus intenciones. Ha sido Iago quien le ha salvado del duelo contra Rodrigo y le ha conducido a la alcoba de Desdemona. Al ver el rostro de su amada su ánimo vacila, pero entonces escucha como ella,en sueños, llama a su amado (lo que no dice es quién es ese amado, claro), y cuando un rayo la despierta, la acusa de infidelidad. Ella trata en vano de defender su inocencia, pero Otello menciona que Iago ha matado a Rodrigo; ella entonces le pregunta cómo ha podido confiar en alguien tan malvado, pero eso sólo aumenta los celos de Otello, haciéndole creer que dice eso por defender a Rodrigo, y mientras arrecia la tormenta, apuñala a Desdemona. Escuchamos la escena en las voces de Bruce Ford y Mariella Devia:

En ese momento llega Lucio, un soldado de Otello, para avisarle que Iago ha muerto a manos de Rodrigo y que se ha desvelado su sucio plan. Llegan el Dux, Elmiro y Rodrigo; el Dux ha arreglado todo para que Otello sea perdonado, y Elmiro ahora le concede la mano de su hija. Otello, machacado por los remordimientos, decide unirse a ella y se apuñala mientras muestra a los demás que ha matado a Desdemona. Escuchamos el final del Otello de Rossini (desde el final del dúo con Desdemona que escuchamos antes) con Gregory Kunde como Otello:

Ignoraremos esa aberración del final feliz. No estropeemos la obra, por favor.

Y concluimos, como siempre, con el Reparto Ideal:

Otello: Gregory Kunde (of course).

Desdemona: Federica von Stade (es una debilidad personal).

Rodrigo: William Matteuzzi o Juan Diego Flórez.

Iago: Edgardo Rocha.

Elmiro: Samuel Ramey.

Dirección de Orquesta: Alberto Zedda.