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In Memoriam: Doris Day (15-05-2019)

Prototipo de actriz cómica de los años 50 y comienzos de los 60, pese a que su carrera no fue muy larga, dejó una huella imborrable en el público cinematográfico, aunque la crítica no fuera tan piadosa con ella. Hace pocos días desaparecía una de las pocas supervivientes del Hollywood clásico, la actriz Doris Day.

El nombre real de Doris Day era Doris Mary Kappelhoff nació en Cincinati, estado de Ohio, el 3 de abril de 1922 (aunque ella siempre afirmó que fue en 1924). Sus abuelos eran inmigrantes alemanes y su padre era profesor de música. Tenía dos hermanos mayores, aunque el primero murió antes de que ella naciera. Criada en una familia católica, ello no impidió que sus padres se divorciaran cuando ella era pequeña, a causa de una infidelidad paterna. 

Aficionada desde pequeña a la danza, formó en los años 30 pareja de baile con Jerry Doherty, pero un accidente de tráfico frustró su futuro como bailarina. Es entonces cuando descubre su potencial como cantante. Comienza a recibir lecciones de canto por parte de Grace Raine, que se sorprende con su enorme potencial, venciendo las reticencias de su madre hacia el mundo del espectáculo. Así, la joven Doris comienza a cantar en la radio y en restaurantes. 

El cantante de Jazz Barney Rapp está buscando vocalistas femeninas. Doris vence a las 200 que audicionaron, y por insistencias de Rapp toma el nombre artístico de Doris Day (que a ella nunca le gustó, porque le sonaba a stripper) por la canción “Day after day” que forma parte de su repertorio. 

En 1941 se casa por primera vez, con  Al Jorden, miembro de la banda de Rapp. Con él tendrá a su único hijo, Terry. La pareja se divorcia en 1943, y Al se suicida poco después. En 1946 se casa con el saxofonista George Weidler, quien le convencerá para abandonar el catolicismo y convertirse a la ciencia cristiana. La pareja termina en divorcio en 1949. 

Doris Day alcanza gran éxito cantando con diferentes bandas, incluyendo las de intérpretes consagrados como Bing Crosby, colabora en la radio con Bob Hope y, desde 1945, realiza grabaciones discográficas. Una de estas será “Embraceable you”, cuya interpretación llamará la atención de sus compositores, Jule Styne y Sammy Cahn:

Ambos insisten en que participe en la película “Romance en alta mar” que dirige Michael Curtiz. Ella le dice al director que no tiene experiencia como actriz, pero eso le convence aún más a Curtiz de que es la intérprete adecuada (de hecho, el de Doris Day será el descubrimiento del que más orgulloso se sentirá Curtiz). La película, una comedia musical, se estrena en 1948 y en ella comparte pantalla con Jack Carson:

Esta canción, “It’s magic”, alcanza un gran éxito en las listas musicales, éxito que será aún mayor con su segunda película junto a Jack Carson y, de nuevo, dirigida por Michael Curtiz, “Mi sueño eres tú”, de 1949, con la canción “Someone like you”:

Trabajará a las órdenes de Michael Curtiz por tercera vez en 1950 en el drama musical “El trompetista”, protagonizado por Kirk Douglas y Lauren Bacall:

También en 1950 protagoniza la comedia musical “Té para dos”, junto a Fordon MacRae:

Su mayor éxito en esos años vendrá en todo caso en 1951 cuando trabaje por cuarta vez a las órdenes de Michael Curtiz, en “Te veré en mis sueños”, biopic del compositor Gus Kahn:

En 1951 se casa por tercera vez, con el productor Martin Melcher, . Él adopta a su hijo Terry, que pasa a ser conocido como Terry Melcher. 

Es una época en la que Doris Day es la actriz favorita de los militares que combaten en la Guerra de Corea, por lo que protagoniza no pocos musicales de poca calidad e irrelevantes en su carrera. Quizá el más relevante sea “Calamity Jane” (en España ridículamente titulado “Doris Day en el oeste”), western musical que protagoniza junto a Howard Keel y en el que canta la canción “Secret love”, que ganará el Oscar:

En 1954 protagoniza el drama musical “Siempre tú y yo”, junto a Frank Sinatra:

Tras rodar esta película, Doris Day decide no renovar su contrato con la Warner, descontenta por verse encasillada en papeles de comedia-musical. Por ello, su siguiente película, si bien igualmente musical, es mucho más dramática: “Quiéreme o déjame”, biopic de la cantante Ruth Etting y su tormentosa relación con su marido, que la maltrata psicológicamente, interpretado por James Cagney. La película, dirigida por Charles Vidor, se estrenó en 1955:

La película fue un considerable éxito de crítica, que le valió 2 Oscars y varias nominaciones, entre ellas a mejor actor para Cagney, pero no para Day. 

Tras rodar un thriller junto a Louis Jourdan, “El diabólico Señor Benton”, Doris Day trabaja a las órdenes de Alfred Hitchcock y junto a James Stewart en “El hombre que sabía demasiado”, de 1956, remake de la versión inglesa rodada por Hitchcock en los años 30, en la que se traslada la acción a Marruecos. La película es recordada en especial por ese “Qué será, será”, que ella odiaba pero que ganó el Oscar a mejor canción:

Pero de nuevo Doris Day regresa al mundo de la comedia. En 1958 estrena “Enséñame a querer”, en la que comparte escena con Clark Gable y con Gig Young, habitual secundario en sus películas. Por esta película conseguirá su primera nominación al Globo de oro, en la categoría de actriz de comedia:

Ese mismo año protagoniza junto a Richard Widmark (y de nuevo con Gig Young como secundario) “Mi marido se divierte”, otra comedia romántica, dirigida por Gene Kelly

En 1959, tras protagonizar junto a Jack Lemmon “La indómita y el millonario”, estrena el que probablemente sea su mayor éxito: la genial comedia de enredos “Confidencias a medianoche”, primera de las tres películas que protagonizará junto a Rock Hudson y Tony Randall y que le valdrá su única nominación al Oscar y una nueva nominación al Globo de Oro:

En 1960 protagoniza la simpática comedia familiar “No os comáis las margaritas”, en la que comparte protagonismo con David Niven:

Pero ese mismo año da un giro sorprendente a su carrera con un papel dramático, quizá su mejor papel, en el thriller “Un grito en la niebla”, protagonizado por Rex Harrison, Myrna Loy y John Gavin, en el que interpreta a una mujer amenazada de muerte que terminará descubriendo que la amenaza llega de alguien muy cercano:

No consigue nominación al Oscar, pero sí al Globo de oro. 

En 1961 vuelve a trabajar junto a Rock Hudson y Tony Randall en otra genial comedia, “Pijama para dos”, dirigida por Delbert Mann:

En 1962 consigue ser nominada al Globo de Oro por “Jumbo, la sensación del circo”, pero su mayor logro profesional será compartir pantalla junto a Cary Grant (y de nuevo con Gig Young como secundario) en la comedia romántica “Suave como visón”, de nuevo a las órdenes de Delbert Mann:

En 1963 protagoniza dos comedias junto a James Garner: “Su pequeña aventura” y “Apártate, cariño”, remake de “Mi mujer favorita”, en la que, tras cinco años desaparecida y dada por muerta, reaparece el mismo día que su esposo va a casarse de nuevo. Por esta película consigue su última nominación al Globo de Oro:

Al año siguiente repite por tercera vez junto a Rock Hudson y Tony Randall en “No me mandes flores”, dirigida por Norman Jewison:

Una nueva comedia en 1965, “Por favor, no molesten”, junto a Rod Taylor, le proporciona su último gran éxito:

Los gustos del público van cambiando, Doris Day rechaza el papel de Mrs. Robinson en “El graduado”, considerando el guión ofensivo y vulgar (Day era republicana y muy conservadora, como es propio por otra parte de un miembro de la iglesia de la ciencia cristiana), mientras el público la veía demasiado mojigata. Pocas comedias más terminan con su carrera cinematográfica, siendo la última “El novio de mamá”, en 1968. 

El 20 de abril de 1968 su esposo Martin Melcher, que padecía un problema cardiaco pero por sus creencias en la ciencia cristiana rechazó recibir tratamiento médico hasta que fue demasiado tarde, murió. Doris Day se llevó entonces dos desagradables sorpresas. La primera es que, a causa de unas pésimas inversiones, Melcher y el abogado Jerome B. Rosenthal le habían dejado en bancarrota. Doris Day denuncia a Rosenthal y lo lleva a juicio, que logra ganar en 1874, aunque no recibió la compensación económica hasta 1977.

La otra es que, sin consultarla, Melcher había acordado con la CBS un programa de televisión para ella, “El show de Doris Day”. Ella no quería trabajar en televisión, pero las deudas le obligaron a aceptar, y el programa fue un éxito que se mantuvo en emisión hasta 1973. 

Por otra parte, su hijo Terry Melcher era el objetivo de los famosos asesinatos de Charles Manson (la casa en la que sucedieron los asesinatos había sido de Terry hasta pocos meses antes, y Mason al parecer desconocía el cambio), y al saberlo, se empeñó en que su madre fuera siempre acompañada de guardaespaldas. Era una época difícil para Doris Day, que además veía como los gustos del público se alejaban de su estilo. Regresó a la televisión en 1985 para una serie de entrevistas (la más famosa, a su amigo Rock Hudson, enfermo ya de SIDA), pero el programa no duró mucho. 

En 1976 se casó por cuarta vez, con el camarero Barry Comden, pero la pareja acabó divorciándose en 1982. Él decía que ella le prestaba más atención a sus perros que a él. Y es que en sus últimos años Doris Day se centró en su asociación para la defensa de los animales, fundada en 1878. Un fallido intento de aparición en los Oscars, echado a perder por un accidente, terminó con su vida pública al margen de su asociación. De hecho, cuando se propuso otorgarle un Oscar honorífico, ella lo rechazó. Su hijo Terry murió en 2004 a causa de un melanoma. Cada vez más ausente de la vida pública, Clint Eastwood le ofreció un papel en 2015, pero finalmente tampoco lo realizó. Casi olvidada, una neumonía acabó con su vida el pasado 13 de mayo, cuando contaba 97 años. Por expreso deseo suyo no habría ni funeral ni tumba ni ningún acto público. 

Reina absoluta de la comedia romántica y el musical del Hollywood mojigato y republicano de los años 50, la historia posterior no la ha tratado muy bien, pese a que algunas de sus películas merezcan ser recordadas por la gran vis cómica de una actriz que en realidad no era más que una cantante sin experiencia escénica. Tampoco necesitó nada más.

70 años de la muerte de Victor Fleming (06-01-2019)

En el mundo del arte (y el cine no es la excepción), a veces un golpe de suerte puede cambiar la carrera de cualquiera, para bien o para mal. En algunos casos, un artesano más puede ver su suerte cambiada y convertirse, por lo menos por un breve espacio de tiempo, en un artista. La persona de la que hoy nos ocupamos es uno de esos casos, un director diestro pero no especialmente remarcable, al que por casualidades del destino le cayó dirigir una de las películas más famosas de la historia, lo que le catapultó a una fama que tampoco fue capaz de conservar: hablamos de Victor Fleming. 

Victor Lonzo Fleming nació en las cercanías de Los Angeles el 23 de febrero de 1889. De joven ejerció diversos oficios, destacando como mecánico, lo que le permitió conocer al pionero director de cine Allan Dawn, para quien trabajó de chófer antes de introducirse en el mundo del cine como cámara, trabajando en 1916 para D. W. Griffith en “Intolerancia”, además de servir como cámara para el presidente Woodrow Wilson durante la conferencia de París. 

Su amistad con Douglas Fairbanks permite a Victor Fleming debutar como director en 1919 en “Pesadillas”, protagonizada por el propio Fairbanks, que protagoniza las primeras películas del director, ya que es un director al que le gusta la acción y rodar en exteriores. En todo caso, su obra será menor hasta que, en 1925, la Paramount le encarga dirigir la adaptación de la novela “Lord Jim”. Su carrera despega entonces, y Fleming destacará por lanzar a la fama a varios intérpretes, como Clara Bow en 1926 con “Flor de capricho”:

En 1927 dirige el primer film americano del actor alemán Emil Jannings, “El destino de la carne”, siendo el primer actor ganador del Oscar. Por desgracia, no se conservan copias de la película, con la excepción de algún fragmento:

En 1929, ya con la llegada del cine sonoro, dirigirá el western “El virginiano”, protagonizado por Gary Cooper en el que será su primera película hablada y que contribuirá a afianzar su fama posterior:

El prestigio de Victor Fleming se afianza en 1932 con “Tierra de pasión”, historia de un triángulo amoroso formado por Clark Gable, Jean Harlow y Mary Astor en ambientación exótica (el sudeste asiático), que años después será objeto de un famoso remake, “Mogambo” de John Ford:

Clark Gable era apenas un novato que había debutado en la pantalla en 1931 con “Un alma libre”, pero será gracias a esta película que saltará a la fama como uno de los principales galanes cinematográficos de los años 30. Victor Fleming vuelve a contar con él para protagonizar junto a Helen Hayes el drama de tintes religiosos “La hermana blanca”, que cuenta la historia de una aristócrata italiana que, dando por muerto a su amor durante la I Guerra Mundial, decide meterse a monja, pero luego descubre que él no ha muerto, comenzando un importante conflicto interno en el que será un remake del film mudo de igual título que había dirigido en 1923 Henry King con Ronald Colman y Lilian Gish. No hay, por desgracia, ninguna escena en YouTube de la película. 

Su afición al rodaje en exteriores y las películas de acción le permite que la Metro, la productora para la que trabaja en exclusiva desde comienzos de los años 30, cuente con él para dirigir la adaptación de “La isla del tesoro”, con la estrella infantil Jackie Cooper, Wallace Beery y Lionel Barrymore, entre otros:

En 1935 dirige la comedia con tintes dramáticos “La indómita”, protagonizada por Jean Harlow, William Powell y Franchot Tone, en un estilo que no es el habitual en su carrera. Será en 1937 cuando dirija algo más afín a su estilo cinematográfico en la que estaría llamada a ser su obra maestra de no haber tenido un golpe de suerte poco después, ya que dirige la célebre “Capitanes intrépidos”, primera colaboración con Spencer Tracy (que ganará el Oscar a mejor actor), además de Freddie Bartholomew, Lionel Barrymore, Melvyn Douglas, John Carradine, John Carradine… uno de los mejores repartos que se podría uno imaginar para una película maravillosa, propia de un hábil artesano cinematográfico:

Victor Fleming se convierte así en uno de esos directores que, sin llegar a ser grandes estrellas, demuestra una considerable habilidad en su trabajo, aunque sin llegar a ser magistral en la mayoría de sus películas (“Capitanes intrépidos” sería en este caso la excepción), entrando en la misma categoría que Henry King, Mervyn LeRoy, Sam Wood, Clarence Brown, William Wellman o King Vidor, por citar algunos de sus contemporáneos más destacados. 

Sigue fiel a su estilo en 1938 en “Piloto de pruebas”, protagonizada por Spencer Tracy, Clark Gable y Myrna Loy:

Pero su suerte cambiará justo después. Tras el éxito de “Blancanieves y los 7 enanitos”, los estudios cinematográficos se dan cuenta de que las adaptaciones de historias infantiles tienen un gran éxito, así que la Metro compra los derechos de la novela infantil de L. Frank Baum “El maravilloso mago de Oz”. Mervyn LeRoy se encarga de las tareas de producción y se encomienda la dirección de la película a Richard Thorpe, pero, insatisfecho con los resultados tras dos semanas de rodaje, LeRoy lo sustituye por George Cukor. Cukor realiza numerosos cambios estéticos en el film, pero no llega a dirigir ninguna escena, ya que tiene un encargo más importante: “Lo que el viento se llevó”. Con tal vaivén de directores, el rodaje recae finalmente en Victor Fleming, director a priori fuera de lugar para una película musical (y en color), que siempre destacó más como director de actores que de actrices. Fleming sigue los cambios estéticos introducidos por Cukor, si bien tampoco termina el rodaje, siendo las escenas en blanco y negro del comienzo y el final dirigidas por King Vidor. En todo caso, gracias a la maravillosa interpretación de la jovencita y encantadora Judy Garland como Dorothy, “El mago de Oz” se convertirá en una de las películas más famosas de la historia (si bien el famoso “Over the rainbow” no fue dirigido por Fleming, sino por Vidor):

El motivo por el que no pudo concluir el rodaje de “El mago de Oz” fue por tener que hacerse cargo de otro proyecto de mayor envergadura. Y de nuevo George Cukor está de por medio.

David O’Selznick llevaba tiempo trabajando en un proyecto titánico, la adaptación de la novela de Margaret Mitchell “Gone with the wind”, y George Cukor, el director seleccionado para dirigirla, lleva dos años trabajando en la pre-producción. Pero, tras tres semanas de rodaje, es despedido. Los motivos que se aducen son diversos: la versión oficial dice que es por diferencias creativas con Selznick, algo poco creíble dada la gran cantidad de tiempo que llevaban trabajando juntos. Las principales sospechas recayeron en Clark Gable: bien porque Cukor era conocido como director de actrices, bien por su abierta homosexualidad (que al parecer le hacía conocedor de ciertos secretos pasados que avergonzaban a Gable), el actor consiguió que fuera despedido (si bien Cukor continuó trabajando con Vivien Leigh y Olivia de Havilland para trabajar sus papeles), y el sustituto fue Victor Fleming, más famoso como director de actores y con el que ya había trabajado en 3 ocasiones anteriores. Pese a todo, muchas de las escenas rodadas por Cukor (en especial el comienzo del film, la mejor parte en mi opinión) no fueron rodadas de nuevo, y Fleming tuvo que retirarse temporalmente del proyecto por agotamiento, siendo sustituido por Sam Wood. Pese a todo, Fleming figura como único director de “Lo que el viento se llevó”:

De hecho, Victor Fleming gana el Oscar a mejor director por este film, en la que fue su única nominación, sin que se incluyera al resto de directores que tomaron parte en el rodaje. 

Tras tomarse algún tiempo de descanso, en 1941 trabaja de nuevo con Spencer Tracy e Ingrid Bergman en “El extraño caso del Dr. Jekyll”, que, pese a todo, no alcanza un gran éxito:

En 1942 dirige “La vida es así”, con Spencer Tracy, John Garfield y Hedy Lamar, entre otros, además de Frank Morgan, quien interpretara al mago de Oz y recibirá por esta película su única nominación al Oscar. La película se ambienta en un pueblo pesquero de California, y tiene un fuerte componente religioso, algo característico del cine de Fleming, marcadamente conservador y católico (aunque la acusación de pro-nazi que lanzó la actriz Anne Revere no puede ser confirmada):

En 1944 regresa al género de la aviación con un film bélico protagonizado por Spencer Tracy, Irene Dunne y Van Johnson, “Dos en el cielo”, que cuenta la historia de un piloto que muere en combate y es enviado de vuelta a la tierra para entrenar a otro piloto, a quien verá enamorarse de quien fuera su novia, historia de la que Spielberg rodará años después un remake, “Always”:

Tras rodar en 1945 “Aventura”, última colaboración con Clark Gable, junto a Greer Garson, no filmará nada nuevo hasta 1948. Este año estrena “Juana de Arco”, que cuenta la famosa historia de la doncella de Orleans, interpretada por Ingrid Bergman, que destila un ultracatolicismo que fue difícil de digerir incluso en aquella época, siendo un considerable fracaso:

Recién terminado el rodaje, comienza a trabajar en su próximo proyecto, “La soga”, pero el 6 de enero de 1949 sufre un infarto y muere de camino al hospital. Estaba casado desde 1933 con Lucile Rosson. Fue enterrado en el Hollywood Forever Cemetery. Su último proyecto, la ya mencionada “La soga” fue finalmente dirigido por Alfred Hitchcock. 

Trabajador incansable en sus comienzos, siempre solvente pero pocas veces magistral, Victor Fleming sería otro más de tantos grandes directores de los años dorados de Hollywood que apenas son recordados si los caprichos del destino no le hubieran llevado a sustituir al gran George Cukor en dos películas tan míticas como “El mago de Oz” y “Lo que el viento se llevó”, manteniéndose así vivo su recuerdo en la memoria de los cinéfilos.



75 años de la muerte de Leslie Howard (01-06-2018)


Prestigioso actor teatral británico que, con la llegada del cine sonoro, se convertiría en una gran estrella de Hollywood hasta su prematura muerte en la II Guerra Mundial, su participación en la mítica “Lo que el viento se llevó” lo mantiene en la memoria de los cinéfilos. Hoy, cuando se cumplen 75 años de su muerte, recordamos a Leslie Howard.




Leslie Howard Steiner nació el 3 de abril de 1893 en Londres. Su madre era británica, pero su padre era de origen húngaro-judío ( de ahí el apellido Steiner). Tras terminar sus estudios, combate brevemente en la I Guerra Mundial (momento en el que renuncia al uso del apellido Steiner, que lo identifica como alemán), pero por problemas de estrés se retira del ejército y comienza su carrera teatral. Ese mismo año se casa con Ruth Evelyn Martin, con la que tendrá dos hijos, Ronald, nacido en 1918 y que será también actor, y Leslie Ruth, nacida en 1924.

Al mismo tiempo que comienza su carrera teatral, participa en algunos cortos cinematográficos, pero su carrera en cine se detiene tras su traslado a Broadway, donde triunfa sobre los escenarios, pero, curiosamente, apenas interpreta obras de Shakespeare; de hecho, cuando en 1936 interpreta a Hamlet, tiene la mala suerte de que al mismo tiempo otra compañía la está representando con John Gielgud y Howard sale perdiendo en esta batalla.

Por suerte para él, la llegada del cine sonoro le abre las puestas de Hollywood, en especial para interpretar obras que ya había hecho en escena. Así, su primer papel será en 1930 en “Outward Bound”, cinta fantástica en la que interpreta un papel diferente al que había hecho en los escenarios:

En 1931 trabaja en la magnífica “Un alma libre” de Clarence Brown, en la que ve como su amada, Norma Shearer, se enamora del Gagnster interpretado por Clark Gable, al que su padre, Lionel Barrymore, está defendiendo en un juicio, lo que le obliga a tomar medidas drásticas:

En 1932 protagoniza “The animal Kingdom”, que acababa de interpretar en Broadway, interpretando a un hombre que se debate entre su mujer y su amante, interpretadas por Ann Harding y Myrna Loy:

Ese mismo año vuelve a trabajar junto a Norma Shearer en “La llama eterna” de Sidney Franklin, en la que interpreta a un viejo amargado porque, el día de su boda, un rival asesinó a su esposa. Años después, se encarga de criar a la sobrina de ésta, que se parece sorprendentemente a su desaparecido amor (ambos papeles interpretados por Shearer), hasta que se enamora del hijo del asesino de ella (ambos papeles interpretados por Fredric March):

Lo curioso es que, habitualmente, a Leslie Howard tenían que rejuvenecerlo, ya que interpretaba papeles mucho más jóvenes que él, pero en este caso la caracterización tiene que envejecerlo.

En 1933 alcanza un gran éxito con “La plaza de Berkeley”, de Frank Lloyd, en la que viaja en el tiempo y se convierte en uno de sus ancestros, lo que le pondrá en peligro al conocer los sucesos futuros que van a acontecer. Por este papel, Leslie Howard recibe una nominación al Oscar a Mejor Actor (nunca ganará la estatuilla):

Tras protagonizar ese mismo año “Secretos”, western de Frank Borzage junto a Mary Pickford, alcanza un gran éxito en 1934 al interpretar al joven noble británico que se dedica a salvar a condenados a la guillotina durante la revolución francesa en “La Pimpinela Escarlata”, que protagoniza junto a Merle Oberon y Raymond Massey:

Leslie Howard borda las dos facetas del papel, la petulancia pública y el arrojo de su oculta personalidad, con esa ironía y a menudo cinismo que tan bien sabía lucir ante las cámaras.

No menos éxito tendrá ese mismo año su papel en “Cautivo del deseo” de John Cromwell, adaptación de la novela de W. Somerset Maugham, en la que sufre un amor enfermizo hacia una manipuladora Bette Davis:

1936 será otro gran año para Leslie Howard, que protagoniza la adaptación que George Cukor realiza del “Romeo y Julieta” de Shakespeare, pese a que supera con mucho la edad del personaje (Howard supera los 40 y Romeo tiene 17), acompañado de la Julieta de Norma Shearer, el Mercutio de John Barrymore y el Tebaldo de Basil Rathbone:

Ese mismo año protagoniza también “El bosque petrificado”, junto a Bette Davis. Howard, que había interpretado la obra, insiste en el que el papel del Gangster Mantee lo interprete el actor que lo había hecho con él en Broadway, Humphrey Bogart, consiguiendo que la futura estrella despegara por fin, algo que Bogart siempre le agradeció a Howard:

En 1937 forma parte del triángulo amoroso que forma con Bette Davis y Olivia de Havilland en la comedia romántica “Es amor lo que busco”:

En 1938 se estrena en una nueva faceta: acompaña a Anthony Asquith dirigiendo la adaptación de la obra de George Bernard Shaw “Pygmalion” (el  mismo argumento en el que se basará el musical de Frederick Loewe “My Fair Lady”), interpretando además al protagonista, el profesor Henry Higgins, con Wendy Hiller como su pupila, Eliza Doolitle. Ambos serán nominados como mejores Actor y Actriz al Oscar, y Leslie Howard gana la Copa Volpi al mejor actor en el festival de Venecia por este papel:

En 1939 protagoniza el drama romántico “Intermezzo”, en el que acompaña a la desconocida en Hollywood Ingrid Bergman:

Y ese mismo año supera el durísimo casting para hacerse con el papel de Ashley Wilkis, el eterno amor de Scarlett O’Hara en “Lo que el viento se llevó”, siendo su interpretación la mejor de la película, por delante de las de Vivien Leigh, Clark Gable u Olivia de Havilland (vuelve a trabajar con estos dos últimos, con Gable después de “Un alma libre” en 1931 y con Olivia desde 1937 con “Es amor lo que busco”; repite también con George Cukor, el director que inicia el rodaje, hasta que le sustituye Victor Fleming):

En 1941 dirige y protagoniza “Pimpinela Smith”, en la que traslada la acción de Pimpinela Escarlata de la Francia Revolucionaria a la Alemania Nazi. La película es magistral, y nos regala una escena final absolutamente memorable, con una magnífica interpretación de un Leslie Howard que da lecciones de interpretación en cada una de sus escenas, pero en especial en esta última:

Su denuncia al régimen nazi es antológica.

Leslie Howard cuela en el rodaje, en un papel secundario, a Violette Cunnington (acreditada como Suzanne Clair), quien era su secretaria y amante desde 1938, y lo será hasta su muerte por neumonía en 1942. No es este el único romance del actor, ya que se le relaciona con Norma Shearer, Myrna Loy, Merle Oberon y otras actrices. Pese a todo, Howard nunca se separó oficialmente de su mujer.

Leslie Howard rueda otra película bélica en 1941, “Los invasores”, dirigida por Michael Powell y en la que comparte pantalla con Laurence Olivier. Y en 1942 dirige otro film bélico, “El gran Mitchell”, que protagoniza junto a David Niven:

Leslie Howard no volverá a trabajar ante las cámaras. Colaborará con Noël Coward en la realización de documentales bélicos, poniendo voz a algunos de ellos, además de dirigir en 1943 la mediocre comedia “El sexo débil”. La muerte de su amante le había afectado seriamente. Finalmente, el 1 de junio de 1943, el avión en el que viaja de Lisboa a Bristol es derribado por la Luftwaffe, muriendo en el acto. Los motivos por los que los nazis derribaron el avión se discuten a día de hoy: bien porque pensaban que Churchill iba a bordo, bien porque Goebels quería vengarse de él por considerarle un gran publicista anti-nazi, bien por las actividades diplomáticas encubiertas que pudo haber llevado el actor en la península (disuadir a Franco de entrar en la Guerra).

Leslie Howard fue el primer miembro del cast de “Lo que el viento se llevó” en morir, pero su prematura muerte no sólo nos eliminó a un gran actor, sino también a un prometedor director que ya había dado muestras de su gran talento tras la cámara. Pese a todo, por su breve carrera, es su labor ante las cámaras, en la que sobresalió como uno de los más solventes y polivalentes actores de su época, por la que hoy le recordamos.



130 años del nacimiento de Max Steiner (10-05-2018)


Fue quien revolucionó la visión que Hollywood tenía sobre las Bandas Sonoras tras la llegada del cine sonoro. Trabajador incansable, autor de unas 300 bandas sonoras, entre ellas algunas de las más memorables partituras cinematográficas, recordamos en el 130 aniversario de su nacimiento a Max Steiner.

Maximilian Raoul Steiner nació el 10 de mayo de 1888 en Viena, por aquel entonces capital del Imperio Austro-Húngaro y una de las ciudades musicalmente más importantes del momento. La familia Steiner, de origen judío, estaba muy vinculada al mundo teatral, mientras su madre había sido bailarina. De hecho, su padrino fue el compositor Johann Strauss. Vinculado desde muy niño al teatro, en especial al musical, las inclinaciones artísticas del joven Steiner no tardan en despuntar, abandonando la Universidad Tecnológica para poder estudiar en la Academia Imperial de Música. Allí, su enorme talento es percibido por grandes compositores como Gustav Mahler o Robert Fuchs, que le darán clases privadas, permitiéndole superar en un año cuatro cursos. Estudia numerosos instrumentos, además de armonía, contrapunto y composición.




En seguida despunta como compositor de opereta y como director de orquesta. Su éxito dirigiendo “Die lustige Witwe” de Franz Léhar hace que sea invitado a dirigirla en Londres en 1906. Steiner se establece en la capital británica, como compositor y director de obras teatrales y de sinfonías. Y allí permanecerá 8 años, hasta 1914, cuando comienza la I Guerra Mundial. Steiner es austriaco, y por lo tanto es visto como enemigo por la sociedad inglesa, así que gracias a su amistad con Hugh Grosvenor, duque de Westminster, consigue huir a Nueva York, donde llega en la miseria en diciembre de 1914.

Pero, una vez en Nueva York, comienza de inmediato a trabajar en Broadway, apenas en la faceta de compositor (“Peaches”de 1923), pero sí como director e incluso como arreglista y orquestador (orquestará por ejemplo la partitura de George Gershwin para “Lady be good” en 1924). En 1927 orquestaráy dirigirá el estreno de musical “Rio Rita” de Harry Tierney, y cuando en Hollywood se planea la adaptación cinematográfica del musical, en 1929, llaman a Max Steiner para dirigir la adaptación musical. Steiner se traslada a Los Angeles, y trabaja ya en exclusiva para el cine. Entre sus primeros trabajos relevantes se encuentran “Cimarron”, un western de 1931, y “Ave del paraíso”, película de aventuras de 1932. Pero su gran oportunidad vendrá cuando, en 1932, David O’Selznik cuenta con él para componer la partitura de “La melodía de la vida”, drama judío para el que compone un tema, como era característico en la época, para que suene en la apertura de la película. Pero Selznik se queda tan satisfecho con la partitura, que le encarga escribir más música, que sonará a lo largo de la película:

Pero será en 1933 cuando por fin aparezca su verdadero estilo. Ese año, la productora RKO, para la que Steiner estaba trabajando, iba a estrenar la ambiciosa “King Kong”. Originalmente, los productores no tenían intención de utilizar nueva música para la película, pero los decepcionantes resultados de los efectos especiales les empujaros a llamar a Steiner y darle carta blanca para componer una extensa partitura a lo largo de todo el film:

No era la primera partitura importante de Steiner, que ya había llenado de música la práctica totalidad del metraje de “Ave del paraíso”, pero en esta ocasión, la partitura fue todo un éxito. Si ya en 1931 la partitura que Alfred Newman había compuesto para “La calle” de King Vidor era más ambiciosa de lo tradicional (una pista más o menos larga para los títulos de crédito iniciales, una pista breve para el final de la película y, en ocasiones, algo de música diegética, es decir, que suena en la propia película, que los personajes están escuchando, en un baile o por la radio, por ejemplo), todavía se seguía evitando incorporar música que acompañara los diálogos de los personajes, por temor a que estos se perdieran. Steiner, por el contrario (al igual que Newman), considera que la música puede realzar las emociones del film, además de ayudar a ambientarlo. Por eso, su música tiene una gran riqueza cromática y temática. Pero todavía no ha llegado el tiempo de lucirla en su máximo esplendor, y partituras como la de “Las cuatro hermanitas”, película de George Cukor protagonizada por Katherine Hepburn, van a seguir ancladas en el concepto de tema inicial y poco más:

Max Steiner también adapta la música que se va a utilizar en algunos de los más importantes musicales de los años 30, en especial en esos protagonizados por Fred Astaire y Ginger Rogers, como “La alegre divorciada”, de 1934:

Más ambiciosa será en 1934 su partitura para “La patrulla perdida”, film bélico de John Ford ambientado en Mesopotamia. Sus ritmos irregulares le imprimen ese ambiente tenso que repetirá en numerosas ocasiones posteriores (e incluso reutilizará en “Casablanca”, como veremos más adelante):

Max Steiner recibirá sus dos primeras nominaciones al Oscar por ambas películas, “La alegre divorciada” y “La patrulla perdida”.

Repite con John Ford (y con el actor Victor McLaglen, que protagoniza ambas películas) en 1935 con “El delator”, partitura de carácter de nuevo opresivo, al contarnos la historia de un delator del IRA:

Esta partitura le valdrá su primer Oscar, aunque en estas fechas este premio no lo recibe el compositor, sino la productora.

Pero poco después, Selznik abandona la RKO y se lleva consigo a Steiner, que compondrá en 1936 la partitura de “El jardín de Alá”, que le valdrá una nueva nominación al Oscar. Además, Steiner firma un contrato con la Warner, siendo su primer trabajo para esta productora “La carga de la brigada ligera”, film bélico protagonizado por Errol Flynn y Olivia de Havilland, en el que de nuevo luce su capacidad para transmitir el dinamismo de las escenas bélicas y las marchas militares, como en este tema principal:

Pero en la Warner, Steiner se va a encontrar con un duro competidor: Erich Wolfgang Korngold, un prestigioso compositor clásico recién llegado a Hollywood, que goza de un contrato privilegiado y apenas compone una partitura al año. Steiner compondrá muchas partituras anuales, en películas como “La vida de Émile Zola”, “Ángeles con caras sucias” o “Jezabel”, película de William Wyler protagonizada por Bette Davis y Henry Fonda, para la que compone un bellísimo vals, de ritmo vienés en su tema principal y otro ritmo más agitado, de subdivisión ternaria, de sonoridad más eslava, en el segundo tema. Las influencias clásicas centroeuropeas de Steiner quedan claras:

El uso de la música para destacar aspectos fundamentales de la película resulta aquí muy evidente. Basta con volver a verla y fijarse en como un pequeño apunte musical subraya el momento en el que un mosquito pica a Henry Fonda (aunque esto sería un gazapo. Alerta spolier: se supone que los ricos burgueses de Nueva Orleans huyen al campo para no contagiarse de la fiebre amarilla, y que Henry Fonda se contagia por ir a menudo a la ciudad, pero la mencionada escena en la que le pica un mosquito transcurre en el campo, con lo que no tiene sentido).

Mientras, Max Steiner sigue trabajando con Selznik: “El pequeño Lord” en 1936, “Ha nacido una estrella” en 1937 y “Las aventuras de Tom Sawyer” en 1938, en la que se percibe su asimilación del estilo musical más propiamente americano, que conoce a fondo por su trabajo en musicales en sus primeros años americanos:

Pero Selznik llevará a la fama absoluta a Max Steiner con su siguiente y más ambicioso productor: la adaptación de la novela de Margaret Mitchell “Lo que el viento se llevó”, dirigida originalmente por George Cukor y posteriormente por Victor Fleming y protagonizada por Clark Gable y Vivien Leigh. La duración de la película ronda las 4 horas, y Steiner llena el metraje de música, en la que probablemente sea su mejor partitura (y la mejor banda sonora de todos los tiempos). El Tema de Tara es uno de los temas cinematográficos más célebres de la historia del cine, y con razón:

Pero, ¿qué tal encaja con las escenas, que es a fin de cuentas lo que nos importa? Veamos la escena más mítica de la película:

Steiner usa un recurso operístico muy wagneriano: el leitmotiv. Un leitmotiv es un tema musical asociado a un personaje, un lugar o una situación concreta. Por lo tanto, cada vez que lo escuchemos a lo largo de la ópera o de la película, sabemos que ese personaje, ese lugar o esa situación tienen una gran importancia en la escena. Pues bien, el tema de Tara es el leitmotiv de un lugar, de Tara, pero en realidad significa algo más: el hogar. Tras sufrir los horrores de la guerra, Scarlett tiene que huir de una Atlanta a punto de caer en manos Yankis y sólo desea volver a su hogar. Y cuando lo hace, se encuentra con una situación desoladora: pobreza, miseria, muerte, incluyendo la de su madre… no, el regreso al hogar no es lo que ella esperaba. Y además está ansiosa por poder comer. Por eso escuchamos esa melodía llena de tensión al comienzo de la escena. Entonces pronuncia el juramento de que nunca volverá a pasar hambre, y escuchamos ese tema de Tara: no importa la situación que se haya encontrado, Scarlett vuelve a estar en su hogar, y eso es lo que le da esa emotividad al tema, que tiene un notable carácter nostálgico, no es un tema alegre precisamente. Además, el tema es interpretado por los metales, mientras las cuerdas tocan el acompañamiento: estos metales le dan un componente heroico: el esfuerzo que ha costado volver a Tara ha sido titánico, pero ha merecido la pena, porque por fin volvemos a casa.

Por cierto, Selznik quería que Steiner usara música clásica en la partitura, pero Steiner pensaba que los americanos estaban familiarizados con muchos temas de música popular, pero no tenían la cultura clásica necesaria para entender las citas de compositores clásicos. Por eso, en las partituras de Steiner vamos a encontrar numerosas citas de canciones populares o de marchas militares, pero muy pocas referencias a obras clásicas.

En 1939, Max Steiner recibe dos nominaciones al Oscar, por “Lo que el viento se llevó” y por “Amarga victoria”. Pero, incomprensiblemente, ese año se irá de vacío.

Aquí se hace necesario explicar el estilo compositivo de Steiner. Él contaba con un dispositivo que le permitía ver la película montada y cronometrar exactamente en qué momento transcurría cierta escena clave. Mientras, iba desarrollando los leitmotivs que iban a aparecer en la partitura, y, una vez compuestos, los adaptaba al tiempo que le daba el cronómetro para que encajaran a la perfección con el momento que él buscaba. Los resultados están a la vista.

En los siguientes 4 años va atrabajar en exclusiva para la Warner. Su primera partitura remarcable será la de “La carta” en 1940, película de William Wyler de nuevo protagonizada por Bette Davis y ambientada en el sudeste asiático. Como cualquier gran compositor clásico, Steiner recurre a temas orientales que contribuyan a la ambientación de la película, mientras los temas más íntimos van a tener ese carácter opresivo tan característico de las partituras de Steiner:

Por esta partitura recibirá una nueva nominación al Oscar, nominación que repetirá en 1941 por “El sargento York”, dirigida por Howard Hawks y protagonizada por Gary Cooper, en la que pasa de los temas de carácter más intimista de la primera mitad de la película a los temas militares de la segunda mitad:

Hay que destacar, en todo caso, que con un ritmo de trabajo tan frenético, Steiner por lo general sólo compone los temas, pero no los orquesta; esta labor cae a menudo en manos de Hugo Friedhofer, hasta que éste comience a destacar como compositor y sea sustituido por Murray Cutter.

En 1942 compone algunas de las mejores bandas sonoras de su carrera. Vuelve a trabajar con Errol Flynn y Olivia de Havilland, dirigidos por Raoul Walsh, en la mítica “Murieron con las botas puestas”, para la que compone uno de los temas de amor más bellos que salieron nunca de su pluma, además de temas de marcado carácter militar:

También compone la partitura de otra película mítica, “Casablanca”, dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Humphrey BogartIngrid Bergman y Claude Rains:

Aquí escuchamos un tema que nos recuerda demasiado al que ya hemos escuchado en “La patrulla perdida”. Además, Steiner usa como leitmotivs dos canciones existentes (nada novedoso, compositores como Wagner o Meyerbeer también lo habían hecho un siglo antes): por una parte, el himno francés, la marsellesa, que sirve como leitmotiv de libertad, de la resistencia anti-nazi, y por otro ese “As time goes by” de Herman Hupfeld, que sirve como tema de amor. Steiner quiso utilizar una canción suya, pero como la película ya había sido rodada, había que volver a rodar algunas escenas, y como Ingrid Bergman se había cortado el pelo para rodar “Por quién doblan las campanas” y no se encontró ninguna peluca que se asemejara a su cabello, no pudo incluirse la canción que Steiner quería componer. Por esta partitura, Steiner será nominado al Oscar (aunque Casablanca no entra en los Oscars de 1942, sino en los de 1943).

Y su otra gran partitura de ese año es “La extraña pasajera”, de nuevo con Bette Davis, Claude Rains y Paul Henreid (el Victor Lazslo de Casablanca), en una partitura de estilo melodramático en la que destaca la belleza de la melodía principal, lo que nos enlaza con la tradición melódica francesa, ya que las influencias musicales de Steiner, en especial las del romanticismo europeo, son numerosísimas:

Nueva nominación al Oscar, que en esta ocasión consigue llevarse a casa. Y, a diferencia de lo que sucedía en 1935, ahora sí que el Oscar se entrega al compositor.

En 1943 sigue trabajando en películas que en su momento fueron grandes éxitos, como “Alarma en el Rhin”, que le valió el Oscar a mejor actor a Paul Lukas, pero que hoy está completamente olvidada. Más destacables son sus trabajos de 1944. Una de ellas es “Las aventuras de Mark Twain”, protagonizada por Fredric March y Alexis Smith, con una sonoridad plenamente americana que le valdrá una nueva nominación al Oscar:

Ese año colabora también con el director Frank Capra (con quien había trabajado el año anterior en un documental) en la negrísima comedia “Arsénico por compasión”, protagonizada por Cary Grant, en la que combina melodías románticas, cómicas, de intriga y otras simplemente grotescas, según lo requiera la cambiante situación de tan alocada película:

También en 1944, la Warner trata de repetir el éxito de “Casablanca” con la casi olvidada “Pasaje a Marsella”, de nuevo con Michael Curtiz, Humphrey Bogart, Claude Rains, Peter Lorre o Sidney Greenstreet. Lógicamente, la partitura se le encarga a Max Steiner, que aquí, a diferencia de “Casablanca”, recurre mucho más a temas compuestos por él mismo, destacando la belleza melódica del tema de amor:

Y ese año vuelve a trabajar para Selznik por primera vez desde “Lo que el viento se llevó”, en esta ocasión para un drama ambientado en la II Guerra Mundial, en las esposas y familias que se quedan sin el padre, que está combatiendo en el frente. La película, protagonizada por Claudette Colbert, Jennifer Jones y Joseph Cotten, requiere de un tema principal tranquilo, amable, como la protagonista, pero al mismo tiempo capaz de transmitir esa nostalgia por el marido ausente, mientras Steiner compone otros temas de distinto carácter, destacando la grotesca melodía asociada al perro, interpretada por el fagot, y otros temas de carácter militar que nos recuerden la situación bélica que estamos viviendo, o cita la canción de cuna de Brahms:

Esta película le valdrá a Max Steiner su tercer y último Oscar. Trabajar con Selznik parece que le traía buena suerte.

En los siguientes años, sus mayores éxitos llegarán con adaptaciones musicales, como en “Rapsodia en azul”, de 1945, biopic de George Gershwin, o en 1946 con “Noche y día”, biopic de Cole Porter protagonizado por Cary Grant, ambos valedores de una nominación al Oscar. Pero quizá su partitura más reseñable de esos años sea la del clásico de cine negro “El sueño eterno”, de Howard Hawks, con Humphrey Bogart y Lauren Bacall, en cuyo tema principal va a predominar el aspecto más romántico de la película:

En 1947, es nominado por partida doble al Oscar, una por el musical “My wild irish rose” y la otra por “Vivir con papá”, comedia de Michael Curtiz protagonizada por William Powell, Irene Dunne y Elizabeth Taylor, de ritmo desenfadado y sonoridad de nuevo ya plenamente americana:

En 1948 destacan sus trabajos en dos películas protagonizadas por Humphrey Bogart, y ambas dirigidas por John Huston. La primera será la opresiva “Cayo Largo”, con Lauren Bacall, Edward G. Robinson y Lionel Barrymore, en la que consigue transmitir a la perfección ese ambiente de permanente tensión que requiere el film:

La otra será el drama “El tesoro de Sierra Madre”, en una partitura con la sonoridad mexicana que requiere la ubicación del film y que muestra también un carácter opresivo, como la atmósfera que viven esos ambiciosos buscadores de oro capaces de cualquier cosa con tal de conseguir el ansiado premio:

También trabaja de nuevo para Errol Flynn, en “El burlador de Castilla”, en la que consigue reproducir la música tradicional española, además de trabajar en un género, el de capa y espada, que tradicionalmente se había asociado a Korngold (“El capitán Blood”, “Robin de los bosques”, “El halcón de mar, todas ellas protagonizadas por Errol Flynn):

Pero su mejor trabajo ese año, y el único por el que consigue estar nominado al Oscar, será su trabajo en “Belinda”, la historia de una joven sorda interpretada por Jane Wyman que es violada. El tema principal, de nuevo de una exquisita belleza, nos transmite la inocencia de esta joven que, en el fondo, es una niña:

En 1949 recibe una nueva nominación al Oscar por “Más allá del bosque”, drama de King Vidor con Bette Davis y Joseph Cotten, y en 1950 es nominado por otra magnífica partitura, la de “El halcón y la flecha”, film de capa y espada protagonizado por Burt Lancaster y ambientado en el norte de Italia. Steiner recurre a ritmos típicos italianos, como la tarantella, para conseguir la mejor ambientación posible, aunque podamos encontrar similitudes incluso con la sinfonía italiana de Mendelssohn:

En 1951 compone la partitura del western de Raoul Walsh “Tambores lejanos”, protagonizado por Gary Cooper, y en la que de nuevo destaca su capacidad de ambientación gracias a la música, por el uso de percusiones que puedan evocarnos a los indios norteamericanos:

En 1951 pone música a la bélica “La flota silenciosa”, protagonizada por John Wayne, en una partitura llena de tensión:

En 1952 es nominado al Oscar por “El mensaje de Fátima”, y repite nominación en 1954 por la magistral partitura de “El motín del Caine”, magistral drama militar protagonizado por Humphrey Bogart y José Ferrer, para el que compone una de sus mejores marchas militares:

Ese mismo año se estrena en el género histórico, hasta ese momento propiedad de Alfred Newman y Miklós Rózsa, en “El talismán”, historia ambientada en las cruzadas con Rex Harrison y Virginia Mayo de protagonistas:

Y repite género, de forma más afortunada, en “Helena de Troya”, con un memorable tema principal que nos recuerda a sus grandes partituras del pasado:

Y ese año vuelve a estar nominado al Oscar por el drama bélico “Más allá de las lágrimas”, de nuevo dirigido por Raoul Walsh:

Pero su mejor partitura de la década está por llegar. Max Steiner no era el compositor preferido de John Ford, que prefería los estilos de Alfred Newman o Victor Young, en general menos ambiciosos, y con menor presencia en el metraje, que las partituras de Steiner, pero se vio obligado a contar de nuevo con él para uno de sus mejores westerns, “Centauros del desierto”, protagonizado por John Wayne y Jeffrey Hunter. Escuchando la magistral partitura que compone Steiner, sólo queda recordar que los grandes genios también se equivocan, y Ford no iba a ser la excepción:

Pero la película, incomprensiblemente, no recibe ninguna nominación al Oscar, y ni siquiera Steiner se libra de esta maldición que parecen tener los westerns de John Ford.

En 1959 trabaja en otro western, “El árbol del ahorcado”, dirigido por Delmer Daves y protagonizado por Gary Cooper. El ritmo de trabajo de Steiner se ha reducido considerablemente, y aquí no es difícil escuchar por momentos el mismo tema que sonaba en “Centauros del desierto”:

Y, pese a todo, Steiner alcanza ese año uno de los mayores éxitos (al menos comercialmente hablando) con el tema principal de “En una isla tranquila del sur”, también dirigida por Delmer Daves, protagonizada con la joven pareja de moda, Sandra Dee y Troy Donahue; esto permite a Steiner ser conocido por una nueva generación que en esos momentos se encontraba en la adolescencia:

Buscando repetir el éxito, Delmer Daves vuelve a contar con él en “Parrish”, drama protagonizado por Claudette Colbert, Karl Malden y, cómo no, Troy Donahue, el guaperas del momento. En un momento en el que la forma de entender las bandas sonoras está cambiando (influencias del jazz y de músicas populares la época, los cambios de concepto de Bernard Herrmann o Jerry Goldsmith), el estilo de Steiner también ha cambiado. Poco queda de aquel brillante compositor de estilo tardorromántico de creatividad incansable. Sus nuevas partituras, conservando aún en parte la brillantez melódica de su periodo de esplendor, han perdido mucha de la brillantez que tenían apenas una década antes:

Delmer Daves será uno de los directores que siga contando con él en los siguientes años, como prueba su colaboración en “Más allá del amor”, de nuevo con Troy Donahue, acompañado ahora por Angie Dickinson:

El otro será Raoul Walsh, que contará con él para el western “Una trompeta lejana”, protagonizado de nuevo por Troy Donahue (y pensar que hoy día nadie se acuerda de este actor…), en una partitura que recuerda peligrosamente a la marcha militar de “La carga de la brigada ligera):

Su último trabajo será para una película de la Disney, “Those Calloways”, de 1965. El tema grotesco para describir a los gansos para los que la familia Calloway quiere construir una reserva es de nuevo un recurso ya utilizado por Steiner, aunque la partitura no carece e interés:

En 1963, Max Steiner escribe una autobiografía que, por desgracia, no se publicó, y en la que parece ser que contaba detalles desconocidos de su infancia. De hecho, se desconoce de la fecha de divorcio de su primera esposa, con la que se casó en 1912. Steiner se casaría otras tres veces, pero sólo tendría un hijo, Ron, con su tercera esposa, la arpista Louise Klos. Su hijo murió en 1962, justo antes de comenzar a escribir sus memorias.

Retirado en sus últimos años, Max Steiner moría de un infarto el 28 de diciembre de 1971 en Beverly Hills a los 83 años, siendo enterrado en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery de Glendale.

Max Steiner se ganó con su incansable labor un importante lugar en la historia de la música cinematográfica, que revolucionó y que dominó durante dos décadas en las que nos regaló muchas de las partituras más memorables del Hollywood clásico. Aún a día de hoy sigue siendo un referente de todos los compositores sinfonistas de Hollywood, de los que fue el primer gran exponente.



140 años del nacimiento de Lionel Barrymore (28-04-2018)


Miembro de una de las más célebres familias de actores de Estados Unidos, si bien nunca alcanzó el grado de estrella que tendría su hermano John, Lionel Barrymore fue ese actor secundario imprescindible en cualquier película que aspirara a tener cierta calidad en los años 30 y 40. El día que se cumplen 140 años de su nacimiento, repasaremos brevemente su extensa carrera.




El nombre de nacimiento de Lionel Barrymore era Lionel Herbert Blythe, y nació el 28 de abril de 1878 en Filadelfia, estado de Pensilvania. Sus padres eran los actores teatrales Georgiana Drew y Herbert Arthur Chamberlain Blythe, que tomaría el nombre artístico de Maurice Barrymore. Lionel tendrá dos hermanos menores, todos ellos actores teatrales y, con el tiempo, cinematográficos: Ethel, nacida en 1879, y John, que nace en 1882.

Mientras realiza sus estudios en prestigiosos colegios, debuta en el teatro con 15 años junto a su abuela, Louisa Lana Drew. Pese a todo, por esas fechas Lionel no está interesado en el teatro, prefiere dedicarse a la pintura y a la música, pero el éxito que va a alcanzar con papeles de carácter le llevará a dedicarse a la carrera de actor. Por esa época luce un aspecto muy distinto al que conocemos:

En 1894, Lionel Barrymore se casa con la actriz Doris Rankin, pero una serie de fracasos teatrales llevan a la pareja a abandonar las tablas y trasladarse en 1906 a parís, donde Lionel trata de ganarse la vida como artista. Pero en 1908 nace su hija Ethel, y la falta de éxito como pintor les lleva a volver a Estados Unidos en 1909. Pese a todo, ese año muere su hija, y él tiene que retirarse de la obra en la que está trabajando por problemas de salud. Por ello, en 1911 debuta en el cine, en cortometrajes dirigidos por D. W. Griffith, además de algún largo con el mismo director. Pero con el estallido de la I Guerra Mundial regresa a Broadway con gran éxito, abandonando temporalmente el cine. En las tablas trabaja a menudo con sus hermanos o junto a su mujer, con la que en 1916 tiene una segunda hija, Mary, que al igual que la primera sólo sobrevive un año. la pérdida de ambas hijas (no tendrá, que se sepa, más descendencia) afecta seriamente a Lionel y a su relación con su esposa, de quien se divorciará en 1923. En 1924 se casa con la actriz Irene Fenwick, con la que permanecerá hasta la muerte de ella, en 1936. Este matrimonio le traerá un enfrentamiento con su hermano John, ya que al parecer Irene había sido su amante, y ambos hermanos permanecerán dos años sin hablarse.

A principios de los años 20, Lionel Barrymore regresa a Hollywood, si bien muchas de sus películas de la época se han perdido. Ya en 1925 se traslada definitivamente a Hollywood, donde trabaja junto a estrellas como Greta Garbo, Lon Chaney o Buster Keaton. Sus mayores éxitos vendrán en 1928. Uno será su última colaboración con Griffith, “Su mayor victoria”, y el otro será “Sadie Thompson”, junto a Gloria Swanson:

Con la llegada del cine sonoro, Lionel Barrymore, que pese a ser un famoso actor teatral tenía una dicción bastante borrosa, se retira de la interpretación y se centra en su carrera como director, alcanzando su mayor éxito con “Madame X”, que le valdrá una nominación al Oscar como mejor director. Otro gran éxito será el musical “La canción de la estepa”, con el barítono Lawrence Tibett (que será nominado al Oscar como mejor actor), acompañado por Stan Laurel y Oliver Hardy:

Otro motivo para su retirada temporal de la interpretación es la artrosis que empieza a sufrir hacia 1928, y que le hará adicto a la morfina, la cocaína y otros calmantes que alivien el dolor cada vez más insoportable que sufre. Pero no tarda en regresar a la interpretación, y lo hará por la puerta grande, con “Un alma libre”, de Clarence Brown, en 1931, en la que interpreta a un abogado dispuesto a defender a un gangster pese a conocer todos sus crímenes, interpretado por un debutante Clark Gable, para ver como su amada hija, Norma Shearer, deja a su amor, Leslie Howard, por el bandido en cuestión:

Se hace raro verle en un papel protagonista en su etapa de cine sonoro, pero la elección fue tan acertada que le valió ese año el Oscar a Mejor Actor, en la que sería su única nominación (interpretativa, como director ya hemos dicho que recibió otra).

Recuperado definitivamente para el cine, participa ese mismo 1931 en “Mata Hari”, película a mayor gloria de Greta Garbo y el míto del cine mudo Ramon Novarro (intentando hacer carrera en el cine sonoro, algo que no conseguirá), interpretando al amante que la traiciona:

En 1932 comparte reparto con sus hermanos John y Ethel interpretando al mítico monje ruso en “Rasputin y la zarina”:

Además, acompañará a su hermano John en “Arsene Lupin” y en la película ganadora del Oscar ese año, la coral “Gran Hotel” de Edmund Goulding, en la que comparte pantalla con Greta Garbo (de nuevo), Wallace Beery o Joan Crawford:

Al año siguiente, el director George Cukor intentará repetir el éxito de “Gran Hotel” con otra tragicomedia coral, “Cena a las ocho”, en la que interpreta al enfermo anfitrión de dicha cena, en medio de un reparto en el que aparecen Marie Dressler, Jean Harlow, Wallace Beery y su hermano John, aunque en este caso no lleguen a compartir pantalla:

En 1934 interpreta el breve papel de Billy Bones en la adaptación que Victor Fleming dirige de “La isla del tesoro”, junto a Jackie Cooper y, de nuevo, Wallace Beery, y repite junto a Jean Harlow (a quien al parecer quería como si fuera su hija, ya que tenía una edad similar a la que habrían tenido las suyas) en la comedia “Busco un millonario”:

En 1935 colabora por primera vez con el director Tod Browning en “La marca del vampiro”, en la que comparte pantalla con Bela Lugosi:

E interpreta a Dan Peggotty en la adaptación que realiza George Cukor de “David Copperfield” de Charles Dickens, junto a un reparto interminable encabezado por nombres como Freddie Bartholomew, Basil Rathbone, W. C. Fields o Edna May Oliver:

En 1936 repite a las órdenes de Tod Browning protagonizando junto a Maureen O’Sullivan el clásico de terror “Muñecos infernales”, en la que le vemos además disfrazado de mujer:

Y repite también junto a Greta Garbo y a las órdenes de George Cukor en “La dama de las camelias”, adaptación de la obra de Dumas en la que interpreta a Monsieur Duval, el inflexible padre del protagonista, el recién llegado Robert Taylor:

En 1937 trabaja en la mítica “Capitanes intrépidos”, de Victor Fleming, interpretando al capitán del barco pesquero que rescata al niño rico Freddie Bartholomew y en el que trabaja el pescador Manuel, interpretado por un Spencer Tracy que ganará su primer Oscar por esta película:

Pero en 1936, Lionel Barrymore se rompió la cadera, y en 1937, durante el rodaje de “Saratoga”, en la que coincide de nuevo junto a Clark Gable y Jean Harlow, tiene un accidente y vuelve a rompérsela. Esta vez ya no curará, y le impedirá poder andar. Prácticamente confinado en una silla de ruedas por el resto de su vida, hará un esfuerzo sobrehumano (a costa de grandes dosis de calmantes) para rodar en pie el que posiblemente sea su papel más entrañable, el abuelo Vanderhof, patriarca de una familia muy peculiar, que se enfrenta al hecho de que la nieta, única “normal” de la familia, interpretada por Jean Arthur, va a casarse con James Stewart, miembro de una familia de empresarios que entienden la vida de una forma completamente diferente, en la absolutamente genial “Vive como quieras” de Frank Capra, por la que, incomprensiblemente, no fue nominado al Oscar a mejor secundario:

También en 1938 interpreta por primera vez al Doctor Gillespie en la serie de películas sobre el Doctor Killdare, y en 1941, en “Dr. Killdare’s wedding day” puede incluso escucharse una composición suya, ya que Lionel Barrymore nunca abandonó su ilusión juvenil de ser músico. Será esta serie de películas las que le ocupen en los primeros años 40. Además, en 1942 muere su hermano John, siendo su funeral uno de los últimos momentos en los que se le pudo ver en pie.

Su siguiente película reseñable será “Desde que te fuiste”, de 1944, drama ambientado en las familias que se quedan solas cuando los esposos marchan a la II Guerra Mundial, con un reparto de lujo, en el que interpreta a un clérigo:

Convertido en un secundario de lujo, Lionel Barrymore interpreta por lo general a ancianos con carácter pero a la vez entrañables, pero en 1946 interpreta a dos de los personajes más desagradables de su carrera. Por un lado es el racista senador Jackson McCanles, esposo de la tía de la mestiza Jennifer Jones y padre de los dos hermanos que se pelearán por su amor, Joseph Cotten y Gregory Peck en el clásico de King Vidor “Duelo al sol”:

Y por otro interpreta al odioso banquero Potter en una de las películas más famosas de la historia, la maravillosa “Qué bello es vivir” de Frank Capra, de nuevo junto a James Stewart:

En 1938 interpreta al propietario del Hotel en el que él, su hija Lauren Bacall y algunos otros, entre ellos Humphrey Bogart son secuestrados por el gangster Edward G. Robinson en el clásico de cine negro “Cayo Largo” de John Huston:

Su filmografía posterior apenas aporta nada a una larguísima y prolífica carrera. Un breve papel en “Estrella del destino”, en 1953, junto a Clark Gable y Ava Gardner será su último papel. Poco después, el 15 de noviembre de 1954, un infarto se lo llevaba por sorpresa a los 76 años. Fue enterrado en el Calvary Cemetery de Los Angeles, donde pocos años después sería enterrada también su hermana Ethel.

Pese a su importante carrera como protagonista en innumerables films mudos, Lionel Barrymore pasó a la historia como ese actor de carácter perfecto para hacer de secundario de lujo, aportando su gran prestigio a cualquiera de las películas en las que participaba, legándonos así su participación en un buen número de películas míticas que lo convierten en un personaje imprescindible de la historia del cine de Hollywood.



50 años de la muerte de Vivien Leigh (08-07-2017)


Una filmografía escasa y una vida relativamente corta no impiden que, con sus 2 Oscars, sea una de las actrices más recordadas del cine, ya que ambos premios fueron concedidos por dos personajes icónicos. Hoy, cuando se cumple medio siglo de su desaparición, recordamos a Vivien Leigh.




Vivian Mary Hartley nació el 5 de noviembre de 1913 en Darjeeling, por aquel entonces parte de la India Británica (actualmente en el estado Indio de Bengala Occidental). Fue la única hija de Ernest y Gertrude, que se habían casado un año antes. Él era inglés; ella había nacido en la India y tenía ancestros irlandeses y parsis.

En 1917, su padre se traslada a Bangalore, y ella se queda con su madre en Ootacamund, al sur de la India. Allí realiza su debut como intérprete con sólo tres años en el club de teatro al que pertenecía su madre, que le transmitió su pasión por la literatura y la mitología. Con 6 años es enviada a estudiar a Gran Bretaña, donde entabla amistad con Maureen O’Sullivan, naciendo ya su deseo de ser actriz. Poco después, su padre la saca del colegio y recorre Europa junto con sus padres, estudiando en distintas ciudades.

Será en 1931, cuando regresen a Gran Bretaña, cuando Vivien le confiese a sus padres su deseo de ser actriz tras ver “A Connecticut Yankee”, película protagonizada por Maureen O’Sullivan. Su padre entonces la matricula en la Royal Academy of Dramatic Arts, aunque termina sus estudios cuando se casa el 20 de diciembre de 1932 con Herbert Leigh Holman, quien no aprueba la vida teatral. El 12 de octubre de 1933 nacerá su única hija, Suzanne.

En 1935, unos amigos la recomiendan para un breve papel en la película “Things are loocking up”, tras lo cual contrata a un agente, John Gliddon, que le propone el nombre artístico de Vivian Leigh. Éste la recomienda a Alexander Korda, quien la rechaza como actriz de cine, pero le da una oportunidad en el teatro, inicialmente triunfa, lo que hace que Korda cambie de opinión y la contrate como actriz de cine, pero al trasladarse a un teatro más grande,  su éxito se desvanece por problemas para proyectar su voz. Es en este momento cuando cambia su nombre de Vivian a Vivien Leigh.

Pese a todo, sigue trabajando en teatro (interpretando, entre otras, varias obras de William Shakespeare) y en cine. Destaca en 1937 su trabajo en “Inglaterra en llamas”, en la que coincide con uno de los grandes actores ingleses de la época, Laurence Olivier:

Vivien Leigh ya había visto a Olivier actuar sobre los escenarios, pero al trabajar con él comienza una relación sentimental (pese a que ambos estaban casados), además de profesional, ya que Olivier cuenta con ella, pese a su inexperiencia, para actuar con él en obras teatrales como “Hamlet”.

Su nombre comienza a hacerse conocido en América gracias a su trabajo en “Un Yanqui en Oxford”, primera vez que trabaja junto a Robert Taylor y en la que coincide con su vieja amiga Maureen O’Sullivan:

Por esas fechas lee el libro “Gone with the wind” y se empeña en protagonizar la versión fílmica. Le decepciona que Olivier no quiera interpretar al galán Rhett Butler, pero aún así insiste a su agente para conseguir el papel que se pelean las mayores estrellas de Hollywood. Parece que la elegida va a ser Paulette Goddard, pero Vivien Leigh conquista al director inicialmente contratado, George Cukor. De ahí que ella sea la mayor perjudicada cuando, por insistencia del protagonista Clark Gable, Cukor sea sustituido por Victor Fleming. De hecho, es en las escenas iniciales, dirigidas por Cukor, donde más brilla Leigh en una película llamada a convertirse en un mito: “Lo que el viento se llevó”:

Es el de Scarlett O’Hara un papel largo y complejo, que abarca diferencias de edad y cambios de humor, algo que se adaptaba a la perfección a su estilo interpretativo. Este papel le vale su primera nominación al Oscar, y su primera victoria:

Pero el duro rodaje de la película afecta seriamente a su ya deteriorada salud mental (sufre de trastorno bipolar): rodajes interminables sin días de descanso, mientras su amado Laurence Olivier rodaba “Cumbres borrascosas”.

En 1940, tras divorciarse de sus respectivas parejas, Olivier y Leigh por fin se casan. Pero no coinciden en pantalla: Leigh es rechazada por Hitchcock para protagonizar “Rebeca” y renuncia a protagonizar “Más fuerte que el orgullo”, mientras que Olivier es sustituido por Robert Taylor en la siguiente película que rueda Vivien Leigh, “El puente de Waterloo”, film bélico de dramático final:

Olivier y Leigh trabajan en teatro interpretando a “Romeo y Julieta”, saliendo ambos mal parados, y coinciden por fin en cine en “Lady Hamilton” de Alexander Korda, en la que interpreta a la amante de Horatio Nelson, personaje que comienza como una inocente niña y termina como una mujer trastornada:

En plena II Guerra Mundial, ambos retornan a Gran Bretaña, y ella realiza una gira por el Norte de África para animar a las tropas cuando se le diagnostica tuberculosis. Tras recuperarse aparentemente, rueda junto a Claude Rains “Cesar y Cleopatra”, basada en la obra de George Bernard Shaw, que será un fracaso comercial, en buena medida a causa del boicot de Estados Unidos a las películas británicas:

Durante el rodaje se entera de que está embrazada, pero sufre un aborto que afecta a su estado mental. Tiene problemas de insomnio que dificultan su trabajo en teatro junto a Olivier, y protagoniza otra película, “Ana Karenina”, en 1948, junto a Ralph Richardson, otro gran actor de teatro británico, que de nuevo será un fracaso:

Vivien Leigh protagoniza en Londres la obra teatral de Tennessee Williams “Un tranvía llamado Deseo”, y, pese a la oposición de Elia Kazan, que quería a la protagonista de Broadway, Jessica Tandy, para el papel, su éxito le lleva a protagonizar la adaptación cinematográfica junto a un por entonces desconocido Marlon Brando, en otro de esos míticos papeles cinematográficos, Blanche DuBois:

Interpretando a un papel tan psicológicamente inestable (tan similar a ella), se lleva su segunda y última nominación al Oscar, y vuelve a ganar, aunque en esta ocasión no lo recoge ella; en su lugar, será Greer Garson quien lo recoja.

Protagoniza junto a Olivier nuevas producciones teatrales, pero en cine tiene menos suerte: se traslada a Sri Lanka para rodar “La senda de los elefantes” junto a Peter Finch (con quien aseguró haber mantenido un romance), pero su inestabilidad emocional provoca que sea sustituida por Lizz Taylor.

Con una carrera cinematográfica casi desaparecida (sólo trabajará en una película más en los años 50, “The deep blue sea”), Vivien Leigh trabaja sobre todo en teatro, a menudo junto a Olivier. Pero sus problemas mentales afectan a su trabajo y a su relación con sus compañeros de reparto, incluido su marido. La relación entre ambos se deteriora hasta su divorcio en 1960. Casi inmediatamente, Olivier vuelve a casarse con Joan Plowright. Ella mantenía desde 1958 una relación con el actor John Merivale, quien prometió a Olivier cuidar de ella.

En 1961 volvemos a verla en cine, de nuevo en una adaptación de una obra de Tennessee Williams, “La primavera romana de la Señora Stone”, interpretando de nuevo a un personaje mentalmente inestable, junto a un debutante Warren Beatty:

Su estado mental no le impide seguir trabajando, aunque a menor ritmo. En 1963 incluso protagoniza en Broadway el musical “Tovarich”, por el que se lleva un premio Tony:

Su último papel cinematográfico será en 1965 en “El barco de los locos”, cuyo rodaje fue problemático a causa de su estado mental, muy similar por otra parte a su personaje en el film:

En 1967 se prepara para un nuevo papel teatral cuando se descubre que ha recaído en su tuberculosis. Tras pasar una temporada de reposo, parece recuperarse. El 7 de julio realiza su vida normal, tiende a sus invitados y se retira a descansar, mientras su pareja, John Merivale, acude a una función teatral. A su regreso, se encuentra a Vivien en el suelo de la habitación. De inmediato avisa a Laurence Olivier, quien está hospitalizado en tratamiento por un cáncer de próstata. Éste abandona de inmediato el hospital y permanece junto al cuerpo de Vivien mientras permanece en el suelo,mientras le pedía perdón por todo el daño que le había causado. Su muerte se hizo pública al día siguiente, cuando todos los teatros de Londres apagaron sus luces en su recuerdo. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas esparcidas en un lago en el que pasaba el verano.

Con una vida corta y difícil, y una filmografía en exceso reducida, en buena medida por sus problemas de salud, Vivien Leigh es un mito del cine por sólo 2 papeles. Dos papeles por los que sigue siendo recordad 50 años después de su muerte como na gran estrella cinematográfica, pese a que su carrera transcurriera en su mayoría en teatro.



50 años de la muerte de Spencer Tracy (10-06-2017)




Fue admirado por sus compañeros y directores que a menudo lo definían como el mejor actor de su generación; una generación que había dado lo mejor del Hollywood dorado de los años 30 y 40. Esto nos permite hacernos una idea del inmenso talento que encerraba el cuerpo del actor que hoy nos ocupa y que nos dejó hace 50 años: Spencer Tracy.




Spencer Bonaventura Tracy nació un 5 de abril de 1900 en Milwaukee, en el estado de Wiskonsin. Su padre era un vendedor de camiones de orígenes irlandeses católicos, mientras su madre era una prebiteriana de clase acomodada, y tenía un hermano 4 años mayor. Tracy fue criado como católico, y en un intento de arreglar sus problemas de estudios a causa de su hiperactividad estudia en un colegio de monjas y posteriormente con jesuitas. Según afirmará él mismo, su mayor interés en los estudios será para poder leer los subtítulos del las películas mudas que tanto le fascinan. En la escuela jesuita conoce a Pat O’Brien, y ambos se harán asiduos a las representaciones teatrales.

Pero su falta de interés en los estudios le lleva a enrolarse en la marina nada más cumplir los 18 años, poco antes de que termine la I Guerra Mundial, por lo que nunca llega a entrar en combate.

Licenciado de la marina en 1919, el empeño de su padre porque uno de sus hijos consiga un título universitario le hará matricularse para estudiar medicina. Pero en esos años será un estudiante popular por su habilidad como orador en debates y también se une al grupo teatral, debutando en escena en junio de 1921. Durante una gira con el grupo de debate de su universidad audicionará en Nueva York para la Academia Americana de Artes Dramáticas, que le invita a matricularse en ella, algo que ocurre en abril de 1922. Se matricula en marzo de 1923, habiendo debutado ya en la escena newyorkina en octubre de 1922.

Sus primeros años como actor teatral no fueron buenos: acumulaba fracasos, cambiaba de compañías y de ciudades, su ego se vio afectado y su economía era mediocre. Trabajando en el teatro conoce a la actriz Louise Treadwell, con la que se casa en 1923, con la que tendrá dos hijos, John en 1924 y Louise en 1932.

La mala racha termina cuando, pese a sus miedos, trabaja con el productor teatral George M. Cohan en la obra “Yellow” en 1926. El éxito de esta obra le lleva a seguir colaborando con Cohan en nuevas producciones. Aún así, su carrera sufrirá nuevos altibajos que estarán a punto de llevarle a renunciar y volver a Milwaukee, pero todo cambia en 1930.

En enero de 1930 trabaja en una nueva producción teatral, “The last mille”, con la que consigue un gran éxito. En esa época, además, Hollywood se encuentra necesitado de nuevos actores para el reciente cine sonoro, ya que muchas de sus estrellas del cine mudo no se adaptan al nuevo medio, y los actores teatrales son idóneos para sus nuevas películas. Y John Ford le ve en esta obra teatral, ambientada en una prisión, y le ofrece protagonizar su nueva película, que también transcurre en una prisión, “Río arriba”. Spencer Tracy protagoniza la película junto a su amigo Humphrey Bogart, con quien no volverá a compartir pantalla:

Tras el estreno, la Fox le ofrece un contrato. Spencer Tracy necesita el dinero (su hijo, sordo, está recuperándose de la polio) así que acepta y se muda a California y sólo volverá a trabajar en el teatro una vez. La Fox trata de lanzarlo a la fama, siendo compañero de reparto de Jean Harlow o Joan Bennett, en comedias que no alcanzan el éxito. Esto lleva a Tracy al alcoholismo, y su fama de bebedor le perseguirá toda la vida. A partir de 1932 comienza a trabajar en proyectos de más enjundia dramática, como “Fueros humanos” de 1933, en la que compartirá protagonismo con Loretta Young, con la que tendrá un romance. Pero en 1935 rompe el contrato con la Fox de mutuo acuerdo: 5 años, 25 películas y la mayoría han sido un fracaso.

En 1935 comienza a trabajar en la Metro, que por aquel entonces era el más prestigioso de los estudios, pero tampoco el éxito le llega de inmediato: por lo general es la pareja de películas protagonizadas por mujeres como Myrna Loy o Jean Harlow. Pero en 1936 su suerte cambia al protagonizar el debut americano del director alemán Fritz Lang”, “Furia”, en la que interpreta a un forastero víctima de un motín en el que le dan por muerto y que busca venganza:

La película es un éxito que lanza a la fama a Tracy. Sin embargo, en su siguiente película interpreta un papel secundario: es la historia de catástrofes “San Francisco”, que narra el terremoto que azotó a la ciudad en 1906. La película la protagonizaban Clark Gable y Jeanette McDonald:

Pese a todo, el público identifica a Tracy como el protagonista. Y pese a que en 1936 se dan pro primera vez Premios Oscar a los mejores intérpretes secundarios, Tracy es nominado como mejor actor principal. La primera de sus 9 nominaciones, siempre como actor principal.

Tras protagonizar algunas películas más, en 1937 interpreta uno de sus mejores papeles, el pescador Manuel en la mítica adaptación de la obra de Rudyard Kipling “Capitanes intrépidos”, junto a un reparto de lujo en el que se encuentra el niño de moda, Freddie Bartholomew:

Segunda nominación al Oscar y primera victoria. Con 37 años. Por fin aparece ese enorme actor al que todos conocemos.

Tras su éxito interpretando a un cura en “San Francisco”, la Metro cuenta con él para interpretar al Padre Flanagan, fundador de La ciudad de los muchachos, en “Forja de hombres”, en la que tendrá que enderezar aun problemático Mickey Rooney:

Tercera nominación y segundo Oscar, consecutivo:

Convertido en el actor más popular del momento, en 1940 protagoniza su primera película en tecnicolor, la histórica “Paso al Noroeste”, que será un nuevo éxito:

También en 1940 protagoniza “Edison, el hombre”, siendo elogiado por su interpretación de Thomas Edison:

En 1941 protagoniza la secuela de “Forja de hombres”, “La ciudad de los muchachos”, y tiene una incursión en el cine de terror con “El extraño caso del Dr. Jekyll”, junto a Ingrid Bergman:

En 1942 protagoniza la comedia romántica “La mujer del año”, junto a Katherine Hepburn, actriz que se encontraba en la cima de su popularidad y que deseaba trabajar con Tracy, a quien admiraba:

El éxito de la película les llevará a convertirse en una popular pareja cinematográfica (protagonizarán en total 9 películas, entre ellas “La llama sagrada”, también de 1942), además de una pareja fuera de los escenarios hasta la muerte de él, aunque nunca se casaron, ya que Tracy había acordado con su mujer nunca hablar de divorcio, aunque vivieran separados.

En los siguientes años, Spencer Tracy protagoniza siempre films bélicos, algo lógico en plena II Guerra Mundial, de las que destaca “La séptima cruz”, de 1944, dirigida por Fred Zinnemann, en la que interpreta a un fugitivo de un campo de concentración:

En 1945 vuelve a trabajar en teatro, en la obra “The rugged path”. Spencer Tracy había atravesado un mal momento profesional, y decide probar en Broadway si es capaz de volver a actuar. Antes del estreno se encuentra especialmente tenso, y no se siente ya tan cómodo en teatro como en cine, pero consigue realizar 81 representaciones.

Spencer Tracy vuelve al cine en 1947, con “Mar de hierba”, dirigida por Elia Kazan, western que protagoniza junto a Katherine Hepburn:

Tracy repite de nuevo en 1948 con Hepburn en “El estado de la unión”, drama político dirigido por Frank Capra:

En 1949 protagoniza “Edward, mi hijo”, de George Cukor, junto a Deborah Kerr, en la que interpreta a un hombre capaz de cualquier cosa con tal de complacer a su hijo. Tracy se siente incómodo al ver lo fácil que le resulta interpretar a un personaje tan poco positivo, ya que, pese a ser un trabajador incansable, su forma de actuar se basa siempre en la absoluta naturalidad de todos sus papeles. Este será uno de sus mayores fracasos desde mediados de los años 30:

Para compensar, ese mismo año estrena la genial comedia “La costilla de Adán”, dirigida también por George Cukor, que será la más popular de las películas que protagonice junto a Katherine Hepburn:

En 1950 protagoniza la comedia de Vincente Minnelli “El padre de la novia”, junto a Joan Bennett, antigua compañera de reparto, y la joven Elizabeth Taylor, que interpreta a su su hija:

Spencer Tracy llevaba desde 1938 sin ser nominado al Oscar (desde que ganó su segundo Oscar, precisamente), y por esta película, 12 años después, consigue una nueva nominación, las 4ª. El éxito de la película es tal que al año siguiente se filma una secuela, “El padre es abuelo”.

En 1951 protagoniza también “El caso O’Hara”, drama judicial en el que coincide con su amigo de juventud Pat O’Brien:

En 1953 protagoniza “La actriz”, de George Cukor (director con el que trabajó en numerosas ocasiones, como vemos) en “La actriz”, en la que interpreta al padre de una aspirante a actriz interpretada por Jean Simmons:

Por este papel será nominado al BAFTA y ganará su único Globo de Oro, aunque no se lleve nominación al Oscar.

Actor todoterreno, Spencer Tracy se muestra igual de cómodo en la comedia y en el drama, en el cine bélico o en el histórico. Y en 1954 protagoniza un western, “Lanza rota” de Edward Dmytryk, junto a Robert Wagner:

Y en 1955 se nos lanza al cine de acción con la magistral “Conspiración de silencio” de John Sturges, en la que interpreta a un veterano de la II Guerra Mundial que se enfrenta a quienes mataron al padre japonés de un compañero suyo y al silencio cómplice del resto del pueblo:

Por este papel gana el premio al Mejor Actor en el Festival de Cannes y recibe su quinta nominación al Oscar.

Sus siguientes películas son el drama de aventuras “La montaña siniestra”, de nuevo junto a Robert Wagner, y la comedia romántica “Su otra esposa”, junto a Katherine Hepburn.

En 1958 tiene uno de sus, en mi opinión, mejores papeles en el drama político “El último Hurra” de John Ford (con el que no había vuelto a trabajar desde su debut), junto a Jeffrey Hunter, en el que interpreta al alcalde de Boston que ve como la televisión le arrebata votos al ser incapaz de acomodarse a las nuevos usos:

Imprescindible sobre todo la escena final.

Pero no conseguirá una nueva nominación al Oscar por esta película, ya que ese año la nominación le llegará por protagonizar la adaptación de la obra de Hemingway “El viejo y el mar” que dirige John Sturges:

En 1960 trabaja por primera vez bajo las órdenes de Stanley Kramer, que dirigirá la mayoría de sus últimas películas, en el drama judicial “Herencia del viento”, en el que se enfrenta a otro enorme actor, Fredric March:

Nueva nominación al Oscar, a la que seguirá otra nueva al año siguiente por su segunda colaboración con Kramer, “Vencedores o vencidos”, en la que interpreta a un abogado americano durante los juicios de Nuremberg:

Repite con Stanley Kramer en “El mundo está loco, loco, loco”, en 1963, y ya sólo trabajará en una película más (la mala salud le obligará a renunciar a varias ofertas), pero una de sus mejores películas: “Adivina quien viene esta noche”, dirigida de nuevo por Stanley Kramer y junto a Katherine Hepburn, que trata sobre el matrimonio interracial con la relación de su hija con un negro interpretado por Sidney Poitier:

El rodaje de la película se alarga por la mala salud de Tracy, que puede trabajar pocas horas al día, pero consigue finalizar su última escena el 24 de mayo de 1967. Apenas dos semanas después, el 10 de junio, Tracy se levanta a prepararse un té; Hepburn oye desde la habitación el sonido de una taza cayendo y va de inmediato a la cocina: Tracy, que sufría de hipertensión desde años atrás, había muerto a consecuencia de un infarto. Tenía 67 años, aunque aparentaba más.

Su funeral fue muy concurrido por las grandes estrellas de Hollywood, que admiraban a Tracy como el gran actor que siempre fue. Tracy fue enterrado en el Glendale’s Forest Lawn Memorial Park.

Su última película, “Adivina quien viene esta noche”, se estrenó en diciembre de ese año. Y por su papel fue nominado póstumamente al BAFTA, al Globo de Oro y al Oscar, en este caso por novena vez. Katherine Hepburn sí ganará el Oscar por este papel, y sentirá que en realidad se lo han dado por él.

La siguiente generación de actores se alejó del estilo interpretativo de Tracy, tan elogiado por sus contemporáneos. Es lo que se perdió el cine de los años 60, 70 y 80, y lo que le da ese esplendor al Hollywood clásico de los 30 y 40. Figuras como Spencer Tracy, uno de los mejores (quizá el mejor incluso) actores de Hollywood, permanecen en nuestras retinas como un símbolo de lo que fue y por desgracia ya no existe.



40 años de la muerte de Joan Crawford (10-05-2017)


Actriz de cine mudo, bailarina de musical, reina del melodrama y estrella del cine de terror, a lo largo de su carrera tuvo que tocar casi todos los géneros para poder salir airosa. Un día como hoy hace 40 años nos dejaba una de las más destacadas actrices de la edad dorada de Hollywood, famosa por sus grandes ojos, duras facciones y carácter problemático: Joan Crawford.




Su verdadero nombre era Lucille Fay LaSueur (cualquier parecido con Joan Crawford es pura coincidencia), y nació un 23 de marzo de… probablemente 1904, aunque no se sabe con certeza el año, dudándose con 1905 o 1906, en San Antonio, Texas. Su padre, de origen francocanadiense (de ahí el apellido) abandonó a la familia poco antes de nacer ella, así que su madre se casó poco después con un empresario teatral,mudándose a Oklahoma. Pensaba que el nuevo marido de su madre, Henry Cassin, era su verdadero padre, hasta que su hermano Hal, un año mayor que ella, le contó la verdad. Su padrastro abusaba sexualmente de ella.

Por el lado positivo, del trabajo de su padrastro en el teatro adquirió su pasión por la danza, pero sufrió un accidente que le provocó 3 operaciones y 18 meses de reposo en los que no pudo ni siquiera ir a la escuela. Posteriormente, problemas judiciales de su padrastro provocaron el traslado de la familia a Kansas City, Missouri, donde continúa sus estudios.

En 1924 ya trabaja como bailarina y corista, además de casarse con el saxofonista James Welton. Consigue también ser conocida en Hollywood (sobre su participación en alguna película porno light no hay certeza). La cuestión es que en diciembre de 1924 consigue un contrato con la Metro, y ya en 1925 estrena varias películas mudas. Ya en 1928 protagoniza una película con Ramón Novarro, la estrella del cine mudo vista como sucesor del fallecido Rodolfo Valentino, “Across to Singapore”:

Pero la película que la lanzó a la fama fue estrenada también en 1928, “Vírgenes modernas”:

En 1929 protagoniza “Jugar con fuego”, en la que coincide con Douglas Faibanks Jr. , con quien se casa el 3 de junio de 1929, pese a la oposición inicial del padre de él, el mítico Douglas Fairbanks.

Pero los tiempos cambian, en 1927 se estrena “El cantor de jazz”, primer film sonoro de Hollywood, y el cine sonoro tarda poco en imponerse en los gustos de la sociedad. Intérpretes que hasta ahora no tenían problemas por su voz o acento ven como con el cine sonoro sus carreras llegan a su fin. Joan Crawford se estrena en el cine sonoro en 1929 con “The Hollywood revue of 1929”. Aunque los críticos la encontraron insegura con el nuevo cine sonoro, su voz no tenía problemas que le impidieran proseguir su carrera en las nuevas circunstancias.

En sus inicios en el cine sonoro destaca por supuesto su participación en musicales, como “Danzad, locos, danzad”, de 1931, en el que luce sus dotes como bailarina:

Pero, para su frustración, no consigue el papel protagonista de “Alma libre”, que recae en la esposa del productor Irving Thalberg, Norma Shearer, a quien odiaría el resto de su vida. Esta película fue el debut en el cine de Clark Gable, con quien Joan Crawford (que usa ya este nombre artístico) comparte pantalla en varias películas (incluyendo la que acabamos de ver).

En 1932 protagoniza “Bajo la lluvia”, drama de Lewis Milestone que no es bien recibido por un público aquejado de la crisis económica de la gran depresión y que prefiere comedias ligeras a una película sobre doble moralidad e intransigencia religiosa en la que un reverendo, Walter Huston, insiste en corregir a la perdida Joan Crawford, aunque en el fondo oculta otras intenciones:

También en 1932 forma parte del drama coral “Gran Hotel”, en el que no consigue evitar ser eclipsada por la enorme Greta Garbo, compartiendo además protagonismo con los hermanos Barrymore, Lionel y John:

En 1933 protagoniza “Alma de bailarina”, junto a Clark Gable y Franchot Tone, en la que comparte baile con el debutante Fred Astaire:

El estilo enérgico pero más bien basto de Joan Crawford contrasta con la exquisita elegancia de Fred Astaire.

En 1933 se divorcia de Douglas Fairbanks Jr., y en 1935 se casa con Franchot Tone, a quien conoció precisamente en esta película.

La implantación del Código Hays de censura a partir de 1933 cambia el tipo de películas que protagoniza, y pasa a trabajar sobre todo en dramas románticos, siendo el primero “Así ama la mujer”, en la que vuelve a compartir pantalla con Franchot Tone:

Sus compañeros de reparto en esos años serán Clark Gable, Franchot Tone e incluso Gary Cooper o el debutante Robert Taylor. Uno de sus mayores esfuerzos es el de lanzar la carrera de su esposo, pero éste no está interesado en llegar a ser una estrella, como ella quiere. No son buenos años para Joan Crawford, que llega incluso a ser considerada “veneno para la taquilla”.

Quizá su primer éxito post-código sea su participación como villana en “Mujeres”, comedia dramática de George Cukor de 1939, en la que no aparece ningún hombre, y en la que Joan Crawford interpreta a la mujer que le roba el marido a la protagonista, interpretada por Norma Shearer, personaje al que ella misma definía como “una perra” (creo que le corresponde más bien la definición de otro cánido, hembra del zorro…), y ella disfruta interpretando el papel, llevando incluso demasiado lejos su enfrentamiento con su enemiga Norma Shearer:

En 1939 se divorcia finalmente de Franchot Tone. Su carrera sigue en mal momento, y sólo alcanza cierto éxito con “Un rostro de mujer”, de 1941, de nuevo dirigida por George Cukor (famoso director de actrices que sacaba lo mejor de ellas”, interpretando a una mujer desfigurada metida en una banda criminal, que recupera un bello rostro gracias a la labor del cirujano Melvyn Douglas y que intenta redimirse, cueste lo que cueste,incluso si eso pasa por eliminar a su antiguo cómplice, Conrad Veidt:

En 1940, estando divorciada, Joan Crawford adopta a una niña, Christina, que de mayor escribirá un libro contando sus malísimas experiencias con su madre adoptiva, y que fue adaptado al cine en “Queridísima mamá”. Ella se vuelve a casar en 1942 con Philip Terry, y adoptarán juntos un niño. Christopher. Tras su nuevo divorcio, en 1946, adoptará a otras dos niñas, Cynthia y Cathy, que defenderán la memoria de su madre de los ataques de Christina.

En 1943 rompe su contrato con la Metro y pasa a servir como voluntaria durante la II Guerra Mundial. Terminada la guerra, firma un contrato con la Warner. Y cuando parecía que su carrera estaba acabada,tiene un golpe de suerte: una de sus grandes rivales, con la que competía por los mejores papeles, Bette Davis, rechaza protagonizar “Alma en suplicio”, de Michael Curtiz; el director no quiere ni oír hablar de Joan Crawford, prefiere a Barbara Stanwyck, pero el estudio se sale con la suya. “Alma en suplicio” es la historia de una mujer que ha entregado su vida a proteger a una hija ingrata, Ann Blyth, hasta que un asesinato le obliga a poner las cosas en su lugar:

Por esta película Joan Crawford recibe su primera nominación al Oscar, premio que ganará pero que no podrá recoger en la ceremonia por una enfermedad.

Resurge así como estrella del melodrama, protagonizando “De amor también se muere” de Jean Negulesco en 1946, junto a John Garfield, en la que interpreta el papel de una mujer manipuladora que cae rendidamente enamorada:

En 1947 protagoniza “Amor que mata”, de Curtis Bernhardt, interpretando de nuevo el papel de una mujer que cae rendidamente enamorada de Van Heflin, quien no corresponde a su amor y que se enamorará de la hija de su nuevo esposo, Raymond Massey (en uno de sus pocos papeles “de bueno”), lo que le obliga a tomar medidas drásticas:

Por esta película consigue una segunda nominación al oscar.

En 1949 protagoniza “Flamingo Road”, dirigida de nuevo por Michael Curtiz, en la que interpreta a una mujer que tiene que enfrentarse al mafioso local interpretado por Sidney Greenstreet:

Continúa trabajando para la Metro, pero cuando en 1952 protagoniza “Una mujer peligrosa”, que ella consideraba su peor película, decide que es el momento de romper su contrato. sabia decisión, ya que esto le permite protagonizar “Miedo súbito”, drama de intriga en la que interpreta a una rica escritora que se casa con un hombre más joven, Jack Palance, para descubrir que su esposo quiere matarla para quedarse con su herencia:

En 1954 protagoniza junto a Sterling Hayden uno de sus papeles más recordados en el western “Johnny Guitar”, de Nicholas Ray, en la que vuelve a interpretar a una mujer de mucho carácter con la fuerza necesaria para enfrentarse a sus enemigos:

El 10 de mayo de 1955 se vuelve a casar, en este caso con Alfred Steele, ejecutivo de Pepsi, que la dejará viuda en 1959, ocupando ella una plaza en la ejecutiva de la empresa.

Su carrera como actriz prosigue en dramas como “La abeja reina” de 1955 o “Hojas de otoño”, fallido film de 1956 dirigido por Robert Aldrich y que protagoniza junto al recién llegado Cliff Robertson, interpretando a una vieja solterona que se casa con un hombre mucho más joven en una historia que combina algún momento de intriga con enfermedades mentales:

Pero tras unos años más bien flojos, será de nuevo el director Robert Aldrich quien la devuelva al primer plano en 1962 al emparejarla con Bette Davis en la mítica “Qué fue de Baby Jane”, película esperpéntica con guiños de terror en la que las dos viejas enemigas lo dieron todo de su parte para dar más “credibilidad” a las dos hermanas que se maltratan mutuamente:

Bette Davis instaló en el set de rodaje una máquina de Coca-Cola sólo para fastidiar a Crawford, que era directiva de Pepsi. La rivalidad continuó en la temporada de premios: aunque Joan Crawford fue nominada al BAFTA, se quedó sin nominación al Oscar, a diferencia de Bette Davis. Pero cuando se anuncia que la ganadora del premio es la ausente Anne Bancroft, es Joan Crawford la que recoge el premio, provocando una mayor irritación e su compañera de reparto:

Tal es la enemistad entre ambas, que cuando Robert Aldrich quiere repetir el éxito con una nueva película, “Canción de cuna para un cadáver”, Bette Davis se niega a compartir pantalla con Joan Crawford, por lo que será Olivia de Havilland la que ocupe el lugar de la Crawford.

A partir de aquí, la mayor parte de la carrera de Joan Crawford será en cine de terror que es mejor olvidar, trabajando por última vez en 1970 en “Trog”:

Tras su retirada, escribió dos tomos de memorias. De su vida amorosa mejor no hablamos, porque nos ocuparía demasiado espacio. retirada de la vida pública desde 1974 a causa de un cáncer de páncreas, Joan Crawford murió finalmente el 10 de mayo de 1977, a causa no del cáncer sino al parecer de un infarto, a los 73 años (probablemente, dada la duda sobre su fecha de nacimiento) en Nueva York. Fue enterrada en Mausoleo Ferncliff de Greenburgh, Nueva York, junto a su último esposo, Alfred Steele:

Como en todo, para gustos los colores: no es Joan Crawford una de mis actrices favoritas (de hecho, prefiero mil veces a su rival Bette Davis, sin ser tampoco una de mis favoritas), y en general la mayoría de sus películas son más bien flojas o repiten los mismos estereotipos de papel. Pero su legado cinematográfico es sin duda enorme y nos dejó algunas películas para el recuerdo.



25 años sin Frank Capra (03-09-2016)


No era fácil esperar que un joven italiano inmigrante de orígenes humildes se convirtiera en poco tiempo en una de las figuras míticas de la dirección cinematográfica de Hollywood. Pero fue el primer director que se llevó dos, y luego 3 oscars como mejor director, y todo eso en los años 30, aunque quizá la que hoy día se considere su obra maestra (y desde luego su película más conocida), “Qué bello es vivir”, sea de la siguiente década. Pasado su periodo de esplendor, retirado del cine desde principios de los 60, su figura fue revalorizándose de nuevo hasta ocupar el lugar que le corresponde en la historia del cine. Sí, hoy nos toca recordar a Frank Capra cuando se cumplen 25 años de su muerte, a los 94 años.




Frank Capra había nacido en Italia. En concreto, el 18 de mayo de 1897 venía al mundo Francesco Rosario Capra en la localidad siciliana de Bisacquino. Era el menor de 7 hermanos; el mayor de ellos, Benedetto, vivía en California, por lo que en 1903 (cuando Frank tenía 5 años), la familia emigra a Estados Unidos en barco, en el pasaje más barato que encuentran; Capra mantendrá durante toda su vida un pésimo recuerdo del viaje, a diferencia de su recuerdo de la llegada a Nueva York, de la primera vez que vio la estatua de la libertad, que su padre le describió como un símbolo de libertad.

Una vez trasladados a Los Angeles, Frank Capra pasa su infancia en lo que él mismo dfinirá como un “gueto” italiano, en el que su padre mantiene su oficio de frutero, mientras el joven Frank reparte periódicos hasta terminar el instituto. Entonces, pese a la oposición de sus padres, entra en la universidad para estudiar ingeniería química, graduándose en 1918, algo que él mismo definirá como un cambio en su forma de ver la vida.

En seguida ingresa en el ejército, pero enferma de gripe española, que le mantiene convaleciente durante un año; su padre había muerto en 1916 y se necesita que Frank trabaje, pero no puede, así que finalmente se irá de la casa familiar y viajará trabajando en lo que puede, incluso como extra en algunas películas. En 1921 incluso dirige un documental de media hora. Pero luego empieza a trabajar vendiendo libros, hasta que lee un anuncio en el periódico: un nuevo estudio cinematográfico ha abierto en Hollywood. Capra llama y miente al afirmar que tiene experiencia cinematográfica, con lo que consigue ser contratado para dirigir una película muda, que termina en dos días.

De ahí pasará a otro estudio, dirigido por Harry Cohn, en el que trabajará como editor cinematográfico y asistente de dirección, hasta que comienza a escribir gags cómicos para Harry Langdon. Cuando éste abandone el estudio para poder rodar largometrajes, se llevará a Capra no sólo como guionista, sino también como director, debutando en 1926 con “El hombre cañón”:

Pero en 1928 vuelve con Harry Cohn, ahora director de Columbia, para la que dirigirá 7 películas, algunas de ellas exitosas. Pero el gran reto vendrá con la aparición del cine sonoro. En 1929 dirigirá su primera película sonora, “La nueva generación”. DE los siguientes años destacarán películas como “La mujer milagro”, protagonizada por Barbara Stanwyck en 1931, o la comedia romántica de ese mismo año “La jaula de oro”:

De 1933 destaca “Dama por un día” (de la que él mismo rodará un remake en 1961), por la que recibirá su primera nominación al Oscar:

Pero su gran éxito llega en 1934 con “Sucedió una noche”, una comedia romántica (que abre el camino de los que serán poco después las “screwball comedies”, comedias de rápidos diálogos y situaciones hilarantes en las que se pondrá en juego la hombría del protagonista, que en este caso será Clark Gable, junto a Claudette Colbert:

Esta será la primera de las 3 películas que hasta la fecha se han llevado los 5 Oscars principales: película, Director, Actor y Actriz protagonistas (en ese año todavía no existían las categorías de secundarios, que comienzan en 1936) y el guión que le corresponda. Capra se lleva su primer Oscar, por tanto.

Su siguiente película, en 1936, será en este caso la primera de esa serie de relatos sobre hombres buenos que luchan contra un entorno malvado; su héroe ideal será Gary Cooper, el “Cinderella man” (o, según el doblaje, Ceniciento”), en “El secreto de vivir”:

Frank Capra se lleva su segundo Oscar a mejor director por esta película, muy del gusto del público de entreguerras, por lo que Capra abandona el género de la comedia romántica por este tipo de películas con moraleja (a veces comedias, a veces dramas).

Su siguiente película es la utópica “Horizontes perdidos”, esa maravillosa película en la que el gran Ronald Colman acaba en la mítica Shangry-La, por la que volverá a ser nominado al Oscar:

Frank Capra improvisa mucho en sus películas, e incluso adapta el tipo de personaje al actor que lo interpreta; así, cambia el estilo del Gran Lama más enérgico del originalmente previsto Walter Connolly a uno mucho más calmado, más adecuado para el estilo de Sam Jaffe.

En 1938 dirige otra de sus obras maestras, la genial “Vive como quieras”, con puntos de comedia romántica (la pareja formada por James Stewart y Jean Arthur), pero con ese elemento de moraleja, de lucha contra el malvado ambiente de los negocios, que representa el excéntrico Lionel Barrymore y su no menos excéntrica familia:

La película gana los Oscars de mejor película y director, así que vamos a ver a Frank Capra recoger sus tres Oscars:

En 1939 dirige “Caballero sin espada”, ambientada en el mundo de la política, con un joven idealista (repite con James Stewart) enfrentándose a la maquinaria política de Washington en un magnífico ejemplo de filibusterismo político:

Frank Capra volvió a ser nominado, pero la película no gustó demasiado a las altas esferas en el ambiente de pre-guerra que se vivía en EStados Unidos.

En 1941 estena “Juan Nadie”, de nuevo junto a Gary Cooper y Barbara Stanwyck, en este caso metiéndose de lleno con las miserias del periodismo:

Pero Estados Unidos entra en la II Guerra Mundial poco después del estreno, y Frank capra se envuelve en la filmación de documentales bélicos, 11 en total, entre largos y cortos, llevándose el Oscar a mejor documental en 1943 por “Preludio a la Guerra”.

En 1944 estrena por fin una nueva película, la comedia negra “Arsénico por compasión”, siguiendo la línea de las screwball comedies, con Cary Grant, el intérprete ideal de este género, como un hombre a punto de casarse que tiene que hacer frente a dos tías que envenenan a ancianos sin familia y un hermano asesino:

En 1946, terminada ya la guerra, dirige su gran obra maestra, “Qué bello es vivir”, donde nos cuenta la historia de Clarence, un ángel que, para conseguir sus alas, debe ayudar a George Bailey (de nuevo James Stewart), que va a suicidarse, haciéndole ver lo que sería de los demás si él nunca hubiera existido, para que vea todo el bien que ha hecho a otros. Difícil contener la lagrimita:

Se quedará sin Oscar en su última nominación, pero ganará el Globo de Oro.

De 1948 es “El estado de la unión”, de nuevo ambientada en el mundo de la política; Frank Capra fue siempre un republicano muy conservador, de fuertes valores, defensor del trabajo individual, y eso se deja ver en su obra, y en especial en esta película protagonizada por Spencer Tracy y Katherine Hepburn:

Pero su estilo cinematográfico, que tanto gustaba en los años 30, ya no se lleva tras la guerra, y Frank Capra se desilusiona. Se libra de testificar en el Comité de Actividades Antiamericanas durante la caza de brujas del senador McCarthy, pese a haber trabajado a menudo con personas incluídas en la lista negra, pero su trabajo se reduce a dos películas menores en 1950 y 1951, protagonizadas por Bing Crosby, y a mediometrajes de animación para televisión, hasta que en 1959 estrena “Millonario de ilusiones”, la historia de un padre de vida ligera (Frank Sinatra) que tiene que hacerse cargo de la crianza de su hijo:

En 1961 estrena su última película, “Un gangster para un milagro”, remake de “Dama por un día”, con Bette Davis y Glenn Ford, otra gran obra maestra:

Aunque tenía algún proyecto más, Frank Capra no volvió a dirigir ninguna película.

Frank Capra había estado casado entre 1923 y 1928 (cuando se divorcia) con Helen Howell, y se volverá a casar en 1932 con Lucille Warner, que le dejará viodo en 1984 y con la que tendrá 4 hijos (aunque el segundo, John, muere en 1938 con 3 años). Su nieto Frank, hijo de su hijo mayor, también será director de cine.

Mientra su figura era recuperada por nuevas generaciones de directores, Frank Capra pasó el resto de su vida alejado del cine. Tras comenzar a sufrir problemas cardiacos en 1985, finalmente murió de un infarto el 3 de septiembre de 1991 a los 94 años. Será enterrado en el mismo cementerio que su mujer, el Coachella valley Public Cemetery, cerca de La Quinta, California, donde murió.

Los tres oscars que ganó sitúan a Frank Capra como uno de los grandes directores de cine de la historia, y más si tenemos en cuenta las no pocas obras maestras que nos dejó, comenzando por la inolvidable “Qué bello es vivir”.



50 años sin Montgomery Clift (23-07-2016)


Desaparecido demasiado pronto, con una carrera bastante reducida en títulos, muy autoexigente pero con un cambio de estilo interpretativo muy marcado en su etapa final, echada a perder por un accidente de tráfico… podría ser un resumen de la carrera cinematográfica de Montgomery Clift, que nos dejó un día como hoy hace 50 años. Vamos por tanto a recordar su carrera, que nos va a dar bastante juego.




Edward Montgomery Clift nació en Omaha, la ciudad más grande del estado de Nebrasca, el 17 de octubre de 1920. Su madre era una hija adoptada, hija natural de una prominente familia Yanky, por lo que luchó toda su vida por recuperar los derechos que le correspondían. El problema fue que la familia se arruinó con el crack del 29, por lo que, a diferencia de su hermana melliza Ethel y su hermano mayor William, Monty no pudo ir a la universidad, ya que no era un buen estudiante. Por el contrario, tomó clases de actuación y debutó en los escenarios de Broadway en 1935.

Tras una exitosa carrera teatral, se traslada a Hollywood con 25 años, y debuta en el cine acompañando a John Wayne en la magnífica “Río Rojo”, rodada en 1946, aunque estrenada en 1948:

Magnífico el debut de un jovencito Montgomery Clift espléndido. Ya con esta película llamó la atención, pero será con su segunda película, estrenada también en 1948, con la que triunfará, “Los ángeles perdidos” de Fred Zinnemann, en la que interpreta a un militar americano que se encuentra a un niño callejero perdido tras la segunda guerra mundial. la película tiene una estética de documental, por lo que el estilo interpretativo de Clift, propio del método Stanislavski, se adapta a la perfección, hasta tal punto que por este papel Monty se llevó su primera nominación al Oscar (que no ganaría nunca):

En un intento por no encasillarse, cambió de género para su siguiente película, “La heredera” de William Wyler, en la que interpreta al atractivo, pero interesado, pretendiente de la rica heredera interpretada por Olivia de Havilland. La película tiene un final un tanto amargo, y el personaje de Monty no es el más agrdable que nos podamos imaginar, pero de nuevo está a la altura con una gran interpretación, pese a los problemas que dio en el rodaje, criticando el guión, la dirección y a su compañera (quizá el rpblema era que su estilo no se adaptaba bien a los intérpretes y el director, poco adeptos al método):

Montgomery Clif representaba a un galán completamente diferente a los que se habían visto hasta entonces, mucho más sensible. Pero también era una persona que no se encontraba a gusto en Hollywood, era un hombre de teatro, que a demás se negaba a firmar ningún contrato. En parte por eso y en parte por esa obsesión de no encasillarse, cometió el error de rechazar protagonizar “El crepúsculo de los dioses” de Billy Wilder, pensando que el papel se asemejaba demasiado al que había interpretado en “La heredera”. Por suerte para William Holden, por cierto.

En 1950 protagoniza “Sitiados”, pero su siguiente gran éxito será en 1951 con “Un lugar bajo el sol”, de George Stevens, en la que conoció a la que será una gran amiga el resto de su vida, Elizabeth Taylor. La química entre ambos es espectacular (se hablaba de un romance entre ellos, poco probable), y Monty volvió a llevarse una nominación al Oscar. Su papel entusiasmó al por aquel entonces practicamente recién llegado marlon Brando, que votó por él en los Oscars (y Clift votará por Brando, nominado por “Un tranvía llamado deseo), iniciándose una rivalidad entre los dos, que hasta cierto punto compartían estilo interpretativo:

Montgomery Clift llevaba muy mal eso de tener que fingir una doble vida, tener que ocultar su orientación sexual (probablemente era bisexual), algo que le atormentaba, y en su siguiente película, “Yo confieso”. el director, Alfred Hitchcock se aprovechó bien de ello. Luego despotricaría contra Monty, ya que a Hitchcock nunca le gustaron los actores del método, pero también estaba allí Karl Malden, otro actor del método que está mucho mejor que en sus trabajos con Elia Kazan. Y Monty está espléndido en el que quizá sea su mejor papel:

Si siguiente película es otro mito de Hollywood, “De aquí a la eternidad”, de nuevo dirigida por Fred Zinnemann, por la que se lleva su tercera nominación al Oscar. Aunque en mi opinión es una película bastante sobrevalorada… cuestión de gustos, la verdad. Clift era muy metódico en su trabajo, estudiando con profundidad cada frase del guión, pidiendo cambios si no se sentía a gusto con alguan frase concreta, hasta el punto de que dudara si sería capaz de sobrevivir al rodaje de un personaje como el que interpretaba, hasta tal grado llegaba su compenetración con los personajes. No sólo sobrevivió, sino que se llevó su tercera nominación al Oscar, compitiendo en la misma categoría de mejor actor con su compañero de rodaje Burt Lancaster, pero ni ellos ni la nominada a mejor actriz Deborah Kerr se lo llevaron; los que sí ganaron fueron los secundarios, Frank Sinatra y la que hace de pareja de Monty en la película, la que fuera protagonista de la mítica “Qué bello es vivir”, Donna Reed, con quien comparte esta escena:

En 1953 estrena también una película dirigida por Vittorio de Sica, “Estación Termini”. La película no gustó, pero la interpretación de Clift como el amante italiano de Jennifer Jones queda en el recuerdo:

Este fue ne mi opinión su último gran papel.

En 1955, Montgomery Clift se encuentra in trabajo, después de cometer el error de rechazar protagonizar “Al este del Edén” (esta vez el beneficiado fue James Dean, el otro miembro de ese triunvirato que cambiaría -para mal- Hollywood, junto a Brando y Clift). Y será Elizabeth Taylor la que acudirá a su rescate, ofreciéndole protagonizar el proyecto en el que va a trabajar, un drama ambientado en la Guerra de Secesión americana, que trataba de emular a “Lo que el viento se llevó”, aunque sin éxito (la peli es un tostón monumental, lo único bueno es que dura una hora menos que la mítica de Victor Fleming… es decir, casi 3 horas). A Clift no le convence la historia, ni el guión, pero al final se ve obligado a aceptar, no tiene otra cosa y le permite además volver a trabajar con su amiga Elizabeth Taylor. Será su primera película en color (y la única de todas las que he visto). Pero durante el rodaje ocurrirá algo que le cambiará la vida.

Montgomery Clift no era un buen conductor; de hecho, parece que se había quedado en alguna ocasión dormido mientras conducía. El 12 de mayo de 1956 fue a una fiesta en casa de Elizabeth Taylor, situada en lo alto de una colina a la que se accede por una carretera llena de curvas. Monty no se encontraba bien en la fiesta (en la que, extrañamente, algunos asistentes afirman que apenas bebió alcohol), y al irse le solicitó a su amigo Kevin McCarthy que lo acompañara en el coche porque no se veía seguro. Al parecer se quedó dormido conduciendo en una curva y se empotró contra un árbol, quedando atrapado en el coche.

Kevin McCarthy corrió a avisar a Elizabeth Taylor, quien le salvó la vida, sacándole del coche y extrayéndole de la garganta algunos dientes que le estaban asfixiando. No sólo perdió varios dientes, se fracturó la mandíbula al chocar contra el volante y sufrió importantes laceraciones en la cara causadas por los cristales de la luna que le cayeron encima tras el choque. La cirugía de reconstrucción facial a la que fue sometido no dio muy buen resultado, quedando su cara un tanto desfigurada, además de no poder recuperar el movimiento de la mitad de su cara, al haberse dañado los nervios. Montgomery Clift quedaría traumatizado por el accidente, al perder su mítica belleza (al parecer a partir de este momento, el sexo, hasta entonces frecuente en su vida, se hizo mucho más escaso), y, a parte de empeorar su adicción al alcohol, hizo que se sumara la adicción a los fuertes calmantes que tuvo que tomar a causa de las heridas. Desde entonces se volvió un personaje muy miedoso e inseguro, obsesionado con que la gente de su alrededor se le quedaba mirando, llegando incluso a esconderse debajo de la mesa de algún restaurante, dejando claro que su salur mental era bastante mediocre.

Pese a todo, Monty prosigue el rodaje de “El árbol de la vida”, que se estrena finalmente en 1957. En él vemos que su estilo interpretativo ya ha cambiado demasiado, recuerda tanto en el gesto facial como en la voz, en la forma de hablar, a James Dean… pero Dean era 10 años más joven que Clift, y el cambio no le beneficia nada. Y, como ya mencioné, la película resultó un considerable fracaso (pese a que Elizabeth Taylor fuera nominada al Oscar, que no ganará hasta 3 años después):

Pese a todo, su carrera prosigue en principio sin grandes incidentes. En 1958 repite con el director Edward Dmytryk, quien ya le dirigiera en “El árbol de la vida”, en “El baile de los malditos”, ambientada en la II Guerra Mundial y en la que comparte pantalla con Marlon Brando. En mi opinión, ambos resultan auténticas caricaturas:

Destaca también su participación, en 1959, en “De repente, el último verano” de Joseph L. Mankiewicz, película no exenta de polémica en la que interpreta al psiquiatra que atiende a Elizabeth Taylor y trata de encontrar la causa de su trastorno mental en la trágica muerte de su primo, pese a los impedimentos que ponga la madre de este, una enorme Katherine Hepburn. Una película magnífica, por cierto, en la que Clift consigue quedar bastante bien en su papel:

En 1960 trabaja bajo las órdenes de Elia Kazan en “Río salvaje”, junto a Lee Remick y Jo van Fleet. Kazan de nuevo trata de convertirlo en un nuevo James Dean, pero Clift va a cumplir ya 40 años y, pese a su todavía razonable buen hacer, no termina de encajar bien en el papel:

En 1961 trabaja en la mítica “Vidas rebeldes” de John Huston, mítica sobre todo por ser la última película tanto de Clark Gable (quien había representado durante años al tipo de galán opuesto al de Montgomery Clift, mucho más rudo) y de Marilyn Monroe, quien diría que Clift era el único que estaba peor que ella a causa de las adicciones de ambos. Por lo demás, la película me parece bastante prescindible y añade poco a su carrera:

Ese mismo año tiene una pequeña participación en “Vencedores o vencidos” de Stanley Kramer, en la que interpreta a una víctima del programa de castración de los nazis en su breve participación. El papel de traumatizado le va muy bien, pero Kramer sufrió mucho durante el rodaje al ver que Clift era incapaz de recordar sus diálogos, por lo que al final Kramer le hizo improvisar sus diálogos, decir lo que se le ocurriera para contestar a las preguntas de los abogados, con lo que, milagrosamente, se consiguió el resultado deseado.. En situación similar a la suya se encontraba también durante el rodaje Judy Garland, por cierto, lo que contrasta con el exultante abogado defensor de Maximilian Schell: queda claro que Clift está completamente acabado. En todo caso, con esta película consiguió su 4ª y última nominación al Oscar, en este caso como secundario, pero volverá a quedarse sin él:

Sorprende que, todavía después de esto, en 1962, John Huston, con quien había trabajado ya en “Vidas rebeldes”, cuente con él como protagonista para “Freud, pasión secreta”, consiguiendo resultar todavía creíble en su papel como el padre del psicoanálisis, pero Clift ya sólo puede interpretara a personajes inestables o vinculados al mundo de la psiquiatría:

Pero sus problemas durante el rodaje, sus retrasos, causados por una salud cada vez más deteriorada por sus adicciones, le causaron el rechazo de las productoras, que le dejaron sin trabajo los próximos 4 años, hasta que, en un intento de convencerse de que todavía podía trabajar, protagoniza “El desertor”. Elizabeth Taylor le consigue trabajo en la nueva película que va a protagonizar, “Reflejos en un ojo dorado” (que terminará siendo un fracaso comercial), pero su papel al final lo hizo Marlon Brando: Clift no llegó vivo al comienzo del rodaje.

La noche del 22 de julio de 1966, estando en su apartamento de Nueva York, rechazó ver “Vidas rebeldes”, que estaban echando por la tele, y despidió a su enfermero, que se fue a dormir. A la mañana siguiente, éste encuentra la habitación de Clift cerrada, por lo que, al no recibir respuesta a sus llamadas y no poder derribar la puerta, el enfermero bajó a la calle y subió por la escalera trasera para entrar por la ventana de su habitación y encontrarse a Montgomery Clift muerto.

La autopsia reveló que murió por un infarto, potenciado por un elevado colesterol, pero padecía otros problemas de salud, empeorada por sus adicciones al alcohol y los calmantes, por lo que muchos de quienes le conocían hablaron de “un largo suicidio” que vendría produciéndose prácticamente desde su accidente, que le hizo perder las ganas de vivir. Clift murió solo, triste final para alguien que había protagonizado un buen puñado de películas míticas. Fue enterrado en el Friends Quaker Cementery de Brooklyn, Nueva York.

Para bien y para mal, Montgomery Clift cambió la forma de interpretar a los galanes románticos en un Hollywood que estaba experimentando importantes cambios a comienzos de los años 50, cambios que en muchos casos protagonizó él mismo. Pero junto a eso tuvo una triste existencia, poco envidiable desde luego. Al recordar su historia es imposible no sentir lástima por alguien a quien su talento benefició tan poco y perjudicó tanto.