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170 años de la muerte de Frédéric Chopin (17-10-2019)

Es probablemente uno de los compositores más famosos de la historia. Nadie como él representa al compositor romántico, con su vida breve, su poco fortuna en el amor y sus partituras para piano que parecen poesías musicales. Cuando se cumplen 170 años de su temprana desaparición repasamos la gran obra de Frédéric Chopin. 

Frédéric Chopin tenía como nombre completo en polaco Fryderyk Franciszek Chopin, y nació probablemente el 1 de marzo de 1810 (su acta bautismal sitúa la fecha de nacimiento el 22 de febrero, pero podría tratarse de un error del cura) en la localidad polaca de Zelazowa Wola, a menos de 60 km de Varsovia, por aquel entonces parte del Gran Ducado de Varsovia establecido por Napoleón. En concreto nació en la finca que allí tenía el Conde Fryderyk Skarbek, quien sería su padrino y de quien tomaría su nombre:

Casa natal de Chopin.

Su padre, Nicolas Chopin, era originario de Lorena, aunque con ancestros polacos, y se trasladó a Polonia en 1787, a los 16 años, para defender la causa polaca. Allí trabajó como profesor de francés y como tutor para las familias aristócratas polacas. En 1806 se casó con Tekla Justyna Krzyżanowska, miembro de una familia aristócrata arruinada, y al momento del nacimiento de Fréderic ambos trabajaban para los Skarbek. Frédéric tenía una hermana mayor, Ludwika, nacida en 1807, y después tendría dos hermanas menores, Isabella en 1811 y Emilia en 1812. Nicolás insistió en que la familia hablara en polaco, que así fue el idioma materno de Frédéric.

Pocos meses después de su nacimiento, en octubre, la familia se mudó a Varsovia, donde Nicolás obtuvo un puesto como profesor de francés en el Liceo de Varsovia, situado en el Palacio Sajón, destruido por los Nazis en 1944. Por ello la familia vivía en terrenos del propio palacio. Ya desde muy temprana edad la salud de Frédéric demostró ser bastante mala. 

En la familia reinaba un rico ambiente cultural. Su madre enseñaba a tocar el piano, y fue su primera profesora, pero entre 1816 y 1821 recibió lecciones del pianista checo Wojciech Zywny, gran admirador de la música de Johann Sebastian Bach y de Wolfgang Amadeus Mozart, lo que será determinante en la carrera de Chopin. Su hermana Ludwika también estudia piano con Zwyny, así que los dos hermanos tocaban en ocasiones dúos. En 1817 Chopin comienza a dar conciertos para la aristocracia polaca e incluso para los rusos, por lo que adquiere fama como niño prodigio y es conocido como “el pequeño Chopin”, y también compone sus primeras obras, en general polonesas. Si bien la mayoría de ellas se encuentran perdidas, sobrevive alguna, como la polonesa en Sol menor B1:

Ese mismo año el Palacio Sajón es requisado por los rusos y el Liceo de Varsovia se traslada al Palacio Kazimierz, y la familia Chopin se instala en un edificio adyacente. Allí estudia Frédéric entre 1823 y 1826, graduándose cum laude, antes de comenzar a estudiar en el Conservatorio de Varsovia teoría musical y composición con Józef Elsner, con quien ya había estudiado con anterioridad. También hay que destacar sus veraneos rurales entre 1824 y 1828. En 1824 y 1825 pasó el verano en la pequeña localidad de Szafarnia en casa de Dominik Dziewanodowski, militar polaco cuyo hijo era compañero de estudios de Chopin; estas vacaciones ponen a Frédéric en contacto con la música popular polaca, algo que será determinante en su carrera posterior. Además, escribe cartas a su familia con tal nivel literario en polaco que muestran su enorme talento como escritor. 

En 1827 muere su hermana Emilia, que ya había destacado como escritora pese a contar con sólo 14 años, víctima probablemente de la tuberculosis. Como la familia es incapaz de seguir viviendo en el mismo sitio donde murió la pequeña, se trasladan a un nuevo apartamento en el Palacio Krasinski, en el que hasta el año 2014 había un pequeño museo. La buhardilla de la casa era utilizada por Nicolas como casa de huéspedes, y algunos de los jóvenes que por allí pasaron fueron amigos de Chopin incluso en su estancia parisina. 

En 1828 y 1829 Chopin viaja a Berlín, donde entra en contacto con la ópera, género que siempre le apasionará (aunque no haga ningún intento por componer ninguna, pese a que Elsner quiso convertirlo en un compositor de ópera polaca), además de conocer a músicos como Felix Mendelssohn. Siendo huésped del príncipe Antoni Radziwill en 1829 compuso para él y su hija la introducción y polonesa brillante para chelo y piano, que escuchamos aquí interpretada por Daniil Shafran al chelo y Anton Ginsburg al piano:

Todavía ligado a las formas clásicas, Frédéric Chopin compone en 1828 su primera sonata para piano, que escuchamos aquí interpretada por Leif Ove Andsnes:

La visita de Niccolò Paganini a Varsovia en 1829 impresiona a Chopin, y buscando explotar la capacidad técnica del piano en imitación de Paganini compone su primer estudio, Op. 10 nº 1, conocido como “La cascada”, que escuchamos interpretado por Vladimir Ashkenazy:

Mientras, el prestigio de Chopin va en aumento, y personalidades vienesas quieren que dé algún concierto en la ciudad. En agosto de 1829, poco después de graduarse en el Conservatorio con excelentes informes sobre sus aptitudes musicales, da dos conciertos en la ciudad, estrenando sus Variaciones para piano y orquesta sobre “La ci darem la mano” del “Don Giovanni” de Mozart, que escuchamos aquí interpretadas por Emil Gilels:

Mientras tanto, en Varsovia tiene su primer gran amor, con la estudiante de canto Konstancja Gladkowska, amor que finalizará con el viaje de Frédéric Chopin de 1830. Este amor le inspira a componer su primer vals, aunque en su catálogo figure como op. 70 nº 3, que escuchamos a continuación interpretado por Arthur Rubinstein:

De esta época datan obras como la canción “Cuando el sol está en el cielo”, op. 74 nº 1, que escuchamos cantada por Elzbieta Szmytka con Malcolm Martineau al piano:

También inspirado por su primer amor escribe el segundo movimiento de su segundo concierto para piano (segundo por fecha de publicación, porque fue compuesto e interpretado antes que el primero). Este concierto, una de las mejores obras de Chopin en mi opinión, se estrenó el 17 de marzo de 1830 con el propio Chopin al piano, consiguiendo un gran éxito. Escuchamos la magnífica versión que interpreta el pianista polaco Rafal Blechacz:

Pocos meses después, el 11 de octubre, estrena en el Teatro Nacional de Varsovia, en el que será uno de sus últimos conciertos en la ciudad, su primer concierto para piano, que escuchamos aquí en la sobresaliente interpretación del también polaco Krystian Zimerman:

Frédéric Chopin, ya definitivamente decidido a ser compositor, decide entonces realizar un viaje de estudios por Europa. La primera idea es ir a Berlín, invitado de nuevo por Antoni Radziwill, pero finalmente se decanta por regresar a Viena y de allí pasar a Italia. Pasa primero por la ciudad polaca de Kalisz, donde se le une su amigo Titus Wojciechowski, y de allí, haciendo escala en Wroklaw, Dresde y Praga llega a Viena el 22 de noviembre de 1930. Poco se imagina que nunca volverá a pisar su Polonia natal. 

Y es que el 29 de noviembre comienza el Levantamiento de noviembre contra el dominio ruso sobre Polonia. Wojciechowski parte de inmediato para alistarse, pero consigue convencer a Chopin de que se quede en Viena. Nunca volverán a verse, aunque seguirán en contacto por carta. La insurrección es aplastada en 1831 y Rusia pasa a ocupar Polonia, que desaparece como estado, causando una gran angustia en Chopin. 

Su estancia en Viena tampoco es provechosa: el público prefiere los valses orquestales que se han puesto de moda gracias a Joseph Lanner y Johann Strauss Sr., y tampoco el mundo cultural se le presenta favorable. Además, pese a su interés por la ópera, no demuestra el mismo interés por la música sinfónica del momento. Apenas da conciertos en la capital austriaca, pero compone algunas de sus obras más célebres, como su Balada nº 1, que escuchamos interpretada por Krystian Zimerman: 

También compone su estudio op. 10 nº 12, conocido como “Revolucionario”, descargando en él sus emociones sobre la revolución polaca, que escuchamos interpretado por Sviatoslav Richter:

De esta época datan también sus primeros nocturnos, op. 9. Escuchamos el primero de ellos interpretado por Claudio Arrau:

Sus planes de viajar a Italia se ven detenidos por la difícil situación política, por lo que decide ir a París, si bien en su pasaporte figurará que es sólo como escala para ir a Londres. De camino pasa por Munich y por Stuttgart, ciudad en la que sufre una crisis nerviosa al enterarse del fracaso del levantamiento de Varsovia. Llega a París en septiembre de 1831, poco antes de la llegada de numerosos expatriados polacos con los que mantendrá contacto constante. A partir de entonces pasa a escribir su nombre de manera definitiva como Frédéric Chopin, traducción francesa de su nombre polaco. Obtiene la nacionalidad francesa en 1835. Su negativa a regularizar con el Imperio Ruso la situación de su pasaporte le impidió poder regresar a su Polonia natal. 

París es en esos momentos la capital cultural de Europa, y muchos de los grandes artistas del continente se encuentran allí o no tardarán en hacerlo. Gracias a ello Chopin conoce y entabla amistad con escritores como Heinrich Heine, Victor Hugo, Honoré de Balzac o Alfred de Vigny, pintores como Eugène Delacroix y compositores como Hector Berlioz, Gioacchino Rossini, Ferdinand Hiller o Franz Liszt, y unos años más tarde también Vincenzo Bellini. Incluso se plantea estudiar piano con Friedrich Kalkbrenner, quien le propone estudiar 3 años, aunque finalmente esto no suceda. Sus artículos sobre música le traen la admiración incluso de Robert Schumann, mientras sus conciertos son un gran éxito que le permite vivir de sus propios ingresos y no de las ayudas de su padre de forma definitiva. Además adquiere gran fama como profesor de piano de hijos de aristócratas, aunque nunca fue de su agrado, al considerar que esos jóvenes no tenían talento, y si iban a sus clases era sólo porque sus padres tenían el dinero para pagarlas. Pero donde Chopin se encuentra más cómodo no es en las grandes salas de concierto, sino en las pequeñas veladas en casa de aristócratas, artistas y magnates, con pocos asistentes, donde tanto su estilo intimista de tocar como sus obras brillan con luz propia. 

Entre las primeras obras que escribió tras su llegada a París figura su estudio Op. 10 nº 3, conocido como “Tristesse”, en el que, en vez de desarrollar el virtuosismo enfatiza el legato en el tecleo. Lo escuchamos tocado por Sviatoslav Richter:

Compone también sus mazurcas op. 24, que escuchamos interpretadas por Rafal Blechacz:

Y las polonesas op. 26, de las que escuchamos la primera, interpretada por Vladimir Horowitz:

Tras una gira por Alemania en 1834, de vuelta a París estrena su Andante Spianato y Gran Polonesa Brillante. La Polonesa, compuesta hacia 1830, es una obra para piano con acompañamiento orquestal, aunque como suele ser habitual en las obras de Chopin, la orquesta tiene poca relevancia; el andante, una suerte de introducción compuesta en 1835, adquiere aquí unas dimensiones considerables y una enorme belleza. Escuchamos la obra interpretada por Claudio Arrau:

También de 1835 datan sus dos nocturnos op. 27, que escuchamos interpretados por Maria Joao Pires:

La salud de Frédéric Chopin entra en declive en invierno de 1835, por lo que redacta su testamento. Su compromiso con la joven Maria Wodzinska también se rompe a causa de su mala salud en 1837. Pese a esa mala salud consigue viajar a Leipzig en 1836, donde se encuentra con Schumann, a quien le presenta los esbozos de la revisión de su primera balada, que se publica ese año a su regreso a París. 

En octubre de 1836, en una fiesta a la que ha sido invitado por Liszt y por su amante Marie d’Agoult, Frédéric Chopin conoce a la escritora George Sand. La primera impresión de ambos no es buena, aunque las cosas cambiarán en el futuro. 

En junio de 1837 viaja a Londres junto al fabricante de pianos Camille Pleyel. El viaje resulta productivo en su faceta como compositor: compone, entre otras obras, los dos nocturnos op. 32, que escuchamos de nuevo interpretados por Maria Joao Pires:

Y también compone su segundo Scherzo, que escuchamos interpretado por Krystian Zimerman:

De vuelta en París vuelve a encontrarse con George Sand y a partir de entonces va surgiendo el amor, que durará 8 años, entre 1838 y 1846. Como su salud sigue siendo problemática los médicos le recomiendan pasar el invierno de 1838 en Mallorca. Allí van Chopin y Sand junto a los dos hijos de ella, Maurice, que también tiene problemas de salud, y Solange. Pasan un tiempo en Palma, pero cuando la población descubre que no están casados se vuelve tan hostil que se trasladan a la Cartuja de Valldemosa. Los problemas de salud no mejoran: el invierno es especialmente lluvioso, y Chopin está descontento con los médicos locales. Además, tiene problemas para conseguir un piano. Y, pese a todo, es un invierno muy prolífico. En él compone sus preludios op. 28, que escuchamos interpretados por Daniil Trifonov:

Y también su segunda balada, que escuchamos interpretada por Krystian Zimerman:

Finalmente el mal tiempo provoca que George Sand decida que se marchen antes de lo previsto. Pasan por Barcelona y Marsella, donde Chopin permanece varios meses convaleciente. Pese a ello, consigue participar en el funeral del tenor Adolphe Nourrit tocando el órgano, algo sumamente raro. 

Frédéric Chopin pasa los veranos desde 1839 en la casa de campo que tiene George Sand en Nohant. Allí termina en 1839 su segunda sonata, que incorpora la marcha fúnebre que había compuesto años atrás en recuerdo a los caídos en la revolución polaca. Escuchamos la sonata interpretada por Arturo Benedetti Michelangeli:

Los siguientes años los pasa Chopin dedicados a la enseñanza y la composición. De 1840 data el vals op. 42, que escuchamos interpretado por Sergei Rachmaninoff:

De 1841 es su tercera balada, que escuchamos interpretada por Krystian Zimerman:

Del mismo año son los dos nocturnos op. 48, de los que escuchamos el primero interpretado por Claudio Arrau:

De 1842 son las tres mazurcas op. 50, que escuchamos interpretadas por Rafal Blechacz:

Del mismo año es su cuarta balada, que escuchamos interpretada por Krystian Zimerman:

Y también su famosa Polonesa Heroica, que escuchamos interpretada por Rafal Blechacz:

De 1843 son sus dos nocturnos op. 55, de los que escuchamos el segundo interpretado por Emil Gilels:

Si bien hacía mucho tiempo que Frédéric Chopin había abandonado el uso de las grandes formas clásicas, en las que no conseguía brillar tanto como en esas formas menores y más libres que tanto popularizo, en 1844 compone todavía una tercera sonata para piano, que escuchamos en este caso interpretada por Krystian Zimerman:

Pero su vida privada pasa por malos momentos. Chopin se encuentra con que Sand tiene dos hijos que ya tienen cierta edad; parece que hay un problema de celos entre él y Maurice, el mayor. Por otro lado, cuando Solange decide casarse, él se pone de su parte frente a Sand, lo que enfría la relación de la pareja. En el último verano que pasa en Nohant, en 1846, compone sus dos nocturnos op. 62, que escuchamos interpretados por Maria Joao Pires:

El golpe de gracia en su relación con George Sand tiene lugar en 1847, cuando ella publica su novela “Lucrézia Floriani”, en la que ridiculiza a Chopin. Todos sus amigos reconocen en la relación de sus dos protagonistas a Sand y Chopin, y al final él rompe con ella. 

De esta época datan sus tres valses op. 64, que incluyen el famoso “Vals del minuto”. Escuchamos los tres valses interpretados por Rafal Blechacz:

En febrero de 1848 estrena una de sus últimas obras, la sonata para chelo y piano, que escuchamos interpretada por Mstislav Rostropovich al chelo y Martha Argerich al piano:

Los veraneos en Nohant habían sido buenos para su salud, pero al no ir en 1847, la cosa fue a peor. Además, el 22 de febrero estalla en París la Revolución de 1848, y en abril Chopin viaja a Londres huyendo de la violencia. En la capital británica da conciertos y clases, pero no se siente contento con la situación. En verano viaja a Escocia, donde dará dos conciertos en otoño. Su último concierto público tendrá lugar en Londres el 16 de noviembre, pero su estado de salud es ya terminal. 

De regreso en París, Frédéric Chopin es casi incapaz de dar clases, pero recibe muchas visitas de sus amigos. En junio su hermana Ludwika viaja a París con su familia para cuidarle, y será ella quien no le permita a George Sand visitarlo. Una pericarditis causada por su tuberculosis le terminó causando la muerte tras una larga agonía a las 2 de la mañana del 17 de octubre. Siguiendo sus deseos, se extrajo su corazón para que pudiera ser llevado a Polonia, algo que hizo su hermasa en 1850, siendo depositado en la Iglesia de la Santa Cruz de Varsovia. Su cuerpo, por el contrario, fue enterrado en el cementerio parisino de Père-Lachaise:

La vida de Chopin fue en general bastante trágica, lo que probablemente influyó en su obra, especialmente sensible y poética. Aunque sólo componía para piano y prefería las formas pequeñas que le daban más libertad, fue un compositor fundamental en el desarrollo del romanticismo, y en absoluto podrá decirse que está sobrevalorado. 



130 años sin Franz Liszt (31-07-2016)


A la sombra de tantos compositores contemporáneos, en los que él mismo influyó (y a muchos de los cuales ayudó a comenzar sus carreras), la figura de Franz Liszt ha quedado en la historia casi como la de un compositor de segunda, destacándose sólo su carrera como virtuoso del piano. Pero es que resulta que Liszt es uno de mis compositores favoritos, y dado que hoy se cumplen 30 años de su muerte, es de rigor repasar su vida y su obra.




Ferenc Liszt (el nombre húngaro de Franz Liszt) nació en la entonces localidad húngara de Doborján (actualmente conocida por su nombre alemán, Raiding, perteneciente al estado austriaco de Burgenland) el 22 de octubre de 1811. Su familia provenía de la Baja Austria, siendo su bisabuelo el que emigró a Hungría, mientras su padre adaptaba la grafía original de su apellido, List, a la húngara Liszt. En todo caso, en Doborján no se hablaba húngaro, sino alemán, que será el idioma materno de Liszt (aprenderá algo de húngaro hacia el final de su vida, en los años 70).

Su padre era un destacado músico que trabajaba al servicio de la Casa de Esterházy. Ya desde los 6 años, Franz Liszt demostró su inclinación y talento por la música, por lo que su padre comenzó a enseñarle a tocar el piano, demostrando el pequeño Franz ser un auténtico niño prodigio (en realidad fue un prodigio toda su vida).

En 1820, a los 9 años, dio sus primeros conciertos en público, que llamaron la atención de todos, incluyendo los propios Estesházy. Así, Adam consigue el permiso de sus patronos para que el niño pueda ir a estudiar a Viena. La familia no puede hacerse cargo de los honorarios que pide Johann Nepomuk Hummel, pero por el contrario Karl Czerny se ofrece a darle clase gratis. Y también recibió clases de composición por parte de Anonio Salieri. En 1822 da su primer concierto público en Viena, donde conoció en persona a Beethoven y a Schubert (de quien fue un gran defensor toda su vida).

Pero en 1823 los Esterházy se niegan a concederle un año más de permiso al niño, por lo que su padre se retira del servicio y acompaña a su hijo en las giras de conciertos que va a dar, primero en Pest, luego en Viena y, tras dar conciertos en Munich, Augsburgo, Stuttgart y Estrasburgo, llega a París el 20 de septiembre de 1823. No tarda en aprender francés, que se convertirá en su lengua principal (domina además el Italiano y habla también inglés). Allí, Adam se lleva la sorpresa de que Luigi Cherubini, director del conservatorio de París, rechace admitir a Liszt en él, ya que está prohibida la admisión de extranjeros. Así que su propio padre continúa dándole clases de piano, mientras que a partir de 1824 recibirá clases de composición de Anton Reicha y Ferdinando Paër; Liszt compone diversas obras en este período que no tienen éxito; destaca la que será su única ópera, “Don Sanche”, que compone con la ayuda de Paër, estrenada el 17 de octubre de 1825 con el famoso tenor Adolphe Nourrit en el papel protagonista, pero la ópera tampoco consigue triunfar. Escuchamos su overtura:

Estos fracasos llevan a que Liszt se desinterese cada vez más por la música y se interese por la carrera religiosa (era un ferviente católico), pero su padre se lo impide y le obliga a seguir con su carrera como concertista. Entonces, en 1827, el joven Franz Liszt enfermó y se trasladó con su padre a la ciudad-balneario de Boulogne-sur-Mer para recuperarse; pero durante su convalecencia es su padre el que enferma de tifus y muere.

Así concluye la carrera concertística de Liszt. regresa a París junto a su madre y se dedica a dar clases de piano, que le agotan físicamente y al parecer le hacen adicto al tabaco y el alcohol. Su inseguridad le lleva a interesarse de nuevo por el sacerdocio, pero esta vez es su madre quien le desanima (necesita el sustento que consiga su hijo para sobrevivir).

En París entabla amistad con Chrétien Urham, un violinista de origen alemán y gran defensor de la música de Schubert, quien le adentra en la música del romanticismo. Conoce también a personalidades como Victor Hugo, Heinrich Heine o Hector Berlioz, y aprovecha este periodo para suplir sus carencias educativas (su infancia dando giras de conciertos le había impedido recibir una educación normal) leyendo mucho (cosa que continuará haciendo toda su vida).

El 20 de abril de 1832 asiste a un concierto del célebre violinista Niccolò Paganini, que encandilaba al público con su forma de tocar. Franz Liszt decide entonces hacer lo mismo como pianista. En parís había en esos momentos un buen número de virtuosos del piano (entre los que destaca Sigismund Thalberg), cada uno especializado en un aspecto técnico del piano; pero Liszt los cultiva todos, y con una personalidad atractiva y una considerable belleza física, provoca la locura del público.

En 1833 realiza una transcripción para piano de la Sinfonía fantástica de Berlioz, entonces poco conocida, para contribuir a hacerla más famosa y ayudar así a su amigo, tocando a menudo la obra en sus conciertos.

Por las mismas fechas conoce a Frederic Chopin, que también se encontraba en París, y lejos de establecerse una rivalidad entre ambos, se hicieron amigos; de hecho, el estilo poético de Chopin terminará influyendo en Liszt.

Desde 1833, Franz Liszt mantiene una relación sentimental con la condesa Marie d’Agoult, quien tras abandonar a su esposo se irá a Ginebra junto a Liszt. Allí Liszt trabaja como profesor en el conservatorio de la ciudad y compone sus primeras obras de madurez, alejadas de las fantasías de sus períodos previos, como las Harmonías poéticas y religiosas:

Con Marie, Franz Liszt tiene 3 hijos: Blandine en 1835, Cosima en 1837 y Daniel en 1839. Pero la relación entre ambos se enfría ese mismo año, y Liszt, al enterarse de las dificultades económicas que habíapara el monumento conmemorativo de Beethoven en Bonn, vuelve a dar giras de conciertos, mientras Marie vuelve con sus hijos a París. Se separarán definitivamente en 1844.

Liszt viaja por toda Europa dando conciertos, ganando tanto dinero que en general lo dedica a causas humanitarias o sociales, desde la construcción de la Escuela Nacional de Música Húngara o las obras para concluir la construcción de la enorme catedral de Colonia hasta ayudas para las víctimas del incendio de Hamburgo de 1842.

A Liszt le cuesta encontrar compañeros que compartan escenario con él en la gran cantidad de conciertos que da (unos 4 por semana), por lo que será el “inventor” de concepto actual de recital de piano. La histeria que provocaba en sus conciertos se adelanta en un siglo a la que provocarán las estrellas del rock a partir de Elvis y The Beatles. El público se peleaba por conseguir sus guantes, que acababan destrozados.

Su vida cambia en 1847, cuando en un concierto en Kiev conoce a la princesa Corline zu Sayn-Wittgenstein, de la que se enamora y con quien permanecerá la mayor parte del resto de su vida. Ese mismo año da su último concierto público (retirándose de la vida concertística a los 35 años, en la plenitud de su carrera). Recibe una oferta de la Gran Duquesa Maria Pavlóvna de Rusia para establecerse en Weimar, donde permanecerá hasta 1861. Allí será maestro de capilla, dará clases de piano a, entre otros, su futuro yerno Hans von Bülow y contribuirá al estreno de Tannhauser en 1849 y dirigirá él mismo el de Lohengrin en 1850 (mientras el autor, Richard Wagner, estaba en el exilio).

Pero si por algo destacan estos años es por su obra compositiva, en la que compone o arregla buena parte de sus obras más conocidas. Destaca el desarrollo del poema sinfónico como pieza programática, idea odiada por el sector más conservador (aunque me gustaría saber qué diferencia hay entre los poemas sinfónicos de Liszt y las overturas de Mendelssohn, por ejemplo). De entre ellos destaca el famosísimo “Les preludes”:

Entre 1848 y 1858 Liszt compone en total 12 poemas sinfónicos. Les preludes es uno de los primeros; Die Ideale, uno de los últimos. En ellos vemos su talento orquestador (influenciado por Berlioz) y su gran dramatismo, lleno de contrastes de volumen, ritmo, tonalidad o armonía, anticipándonos a figuras como Mahler o Richard Strauss. Escuchamos ese Die Ideale, dirigido por Kurt Masur:

Los poemas sinfónicos son obras de estructura libre, lo que no significa que Liszt renuncie a las formas clásicas, que a menudo emplea en sus obras, pero lo hace con una mayor libertad que otros compositores, cosa que se percibe también en otras dos obras que compone en este periódo, sus dos sinfonías. La primera de ellas es la Sinfonía fausto, de 1854 (aunque la revisará en 1861), con 3 movimientos y un final coral:

Entre 1855 y 1856 compone la Sinfonía Dante, que al igual que la anterior tiene un marcado carácter programático:

En esas fechas reescribe sus dos conciertos para piano. El primero (aunque cronológicamente sea el segundo), que había compuesto en 1849, lo reescribe en 1856. Se lo escuchamos a Sviatoslav Richter:

En 1849 reescribe su segundo concierto para piano, de 1839, que consta en realidad de cuatro movimientos sucesivos sin interrupción. Se lo escuchamos a Martha Argerich:

De 1859 es también la obra para piano y orquesta Totentanz, que le escuchamos a György Cziffra:

De su obra para piano destaca la sonata en Si, de nuevo en un único movimiento, liberándose de las formas clásicas. Se la escuchamos a Krystian Zimerman:

En 1851 compondrá una de sus obras maestras de virtosismo pianístico, los 12 estudios de ejecución trascendental, que le escuchamos a Claudio Arrau:

Terminará en esos años también los dos primeros volúmenes de sus Años de peregrinaje, Suiza e Italia respectivamente. Escuchamos a Lazar Berman tocar un fragmento del primero, la Pastoral:

Por esas fechas compone también la mayor parte de sus 19 rapsodias húngaras para piano (las dos últimas serán ya de los años 80). Escuchamos algunas de ellas de nuevo con Cziffra:

Con posterioridad, Franz Doppler adapta 6 de estas rapsodias (la 2, 5, 6, 9, 12 y 14) para orquesta, siendo estas adaptaciones revisadas por el propio Franz Liszt. La más famosa es sin duda la 2ª:

La 14 fue también adaptada como obra para piano y orquesta, la Fantasía Húngara, que escuchamos interpretada por Sviatoslav Richter:

En 1850 había compuesto también los 3 Liebesträume, de los cuales el 3º es justamente famoso por su belleza poética. Se lo escuchamos a Artur Rubinstein:

También Franz Liszt compone numerosos arreglos para piano de obras de otros compositores, así como paráfrasis, de entre las que podemos destacar esta magnífica, de 1859, sobre temas del “Rigoletto” de Verdi; toma en concreto el tema del cuarteto “Bella figlia dell’amore” y lo adapta al piano, consiguiendo que no echemos de menos ni las voces ni la orquesta en un ejercicio simplemente magistral, que escuchamos de nuevo interpretado por Cziffra:

Pero todo se iba a torcer. Franz Liszt y Caroline querían casarse, ya que ambos eran actólicos y querían legalizar su unión, pero ella estaba ya casada y su esposo seguía vivo. Así que se inició un largo proceso para anular su matrimonio previo, cosa que se logró en 1860. La idea era casarse el 22 de octubre de 1861 en Roma, el día que Liszt cumplía 50 años, pero entonces presiones del esposo de la princesa y del zar de Rusia anularon el permiso que el Vaticano había dado para el matrimonio, que nunca se realizará.

Fueron años difíciles para Liszt, quien había visto morir a dos de sus hijos (Daniel en 1859, con sólo 20 años, y Blandina en 1862. Franz Liszt quiere retirarse a una vida solitaria, para lo que se establece en un monasterio franciscano de Roma, donde toma las órdenes menores (aunque nunca llegará a sacerdote). En esos años dirige conciertos en Roma y compone mayoritariamente oratorios, como el Cantico del Sol di San Francesco d’Assisi, de 1862:

En 1865 salta el escándalo cuando su hija Cosima comienza una relación con Richard Wagner, casándose en 1870. Las relaciones entre Liszt y Wagner se enfriarán (el carácter de Wagner tampoco ayuda), y no volverán a la normalidad hasta 1872.

En 1869 Franz Liszt es invitado de nuevo a Weimar para dar clases de piano , y en 1871 también le invitan en Budapest, por lo que Liszt pasará los siguientes años a caballo entre estas 3 ciudades en lo que él llamó “triple vida”, en la que además hace paradas para visitar a su hija y su yerno Wagner en Bayreuth (donde apoya a Wagner para la construcción de su teatro) y Venecia. Pese a la edad y las malas condiciones de los viajes en esa época, hacía un mínimo de 6.500 km al año. En esta época da sus últimos conciertos públicos, pero destaca sobre todo por su labor didáctica con un buen puñado de alumnos llamados a continuar el legado pianístico de Liszt.

Sus obras compositivas sufren una importante evolución en esta época. En 1877 termina su tercera parte de los Años de peregrinaje, en los que nos encontramos con estos “Jeus d’eau a la Villa d’Este” que nos anuncian ya el impresionismo de Debussy, y que escuchamos en la versión de Claudio Arrau:

De 1881 en “Nuages gris”, una obra muy alejada de su virtuosismo anterior, pero con unas armonías muy innovadoras y un estilo ya mucho más sombrío, propio del difícil estado anímico en el que se encuentra. Escuchamos la versión de Richter:

En un estilo igualmente sombrío son las dos piezas que componen “La lugubre gondola”, de la que aquí escuchamos la 2ª (seguida de Nuages gris y otra obra tardía de Liszt) en la versión de Zimerman:

En 1885 compone su “Bagatela sin tonalidad”, un breve vals de gran riqueza cromática, que no es propiamente atonal (y mucho menos disonante al estilo de Schönberg), pero sí que rehuye una tonalidad musical concreta; el musicólogo Fétis la denominará “omnitónica”:

De su obra orquestal, destaca la orquestación de sus “Valses Mefisto” para piano, de 1881; escuchamos aquí el magnífico primer vals:

En 1882 compone su último poema sinfónico, “De la cuna a la tumba”; no creo tener que añadir nada visto el título al estado anímico del compositor. Como no consigo un vídeo completo en youtube, lo tengo que poner en tres partes:

Si por mí fuera habría puesto la integral de poemas sinfónicos, pero 3 horas de duración resultan excesivas… pero es que son unas obras que merecen tanto la pena, y que se escuchan tan poco (con la excepción de Les preludes)…

Franz Liszt había gozado de un razonable estado de salud (y mantenía su esbelta figura de juventud, así como su llamativa melena, aunque ya blanca). Pero una caída en 1881 en el hotel en el que se alojaba en Weimar se complicó en graves problemas de salud que arrastraría por el resto de su vida y que oscurecerían su estado de ánimo. Su yerno Wagner murió en 1883 en Venecia. Liszt le sobrevivirá 3 años. Al parecer, estando en Bayreuth para acudir al festival junto a su hija Cosima, contrajo una neumonía, que al parecer no fue ben tratada y que lo llevó a la tumba el 31 de julio de 1886, a los 74 años. Fue enterrado en el Alter Friedhof de Bayreuth:

Por desgracia, Franz Liszt no llegó a tiempo de poder registrar sus interpretaciones en audio, con lo que nos perdemos poder conocer mejor su estilo interpretativo, que podemos deducir gracias a sus alumnos, y que debió ser el mejor que se había visto hasta el momento. Liszt fue una persona generosa con muchos músicos contemporáneos (Berlioz y Wagner entre ellos, pero también otros muchos), que contribuyó a redescubrir a otros compositores del pasado al incorporarlos a su repertorio (Schubert en especial, pero también Bach o Händel, por ejemplo) y que, como compositor, no sólo demostró su gran talento como pianista, sino también como orquestador, además de adelantarse a su tiempo en su estilo. Fue en mi opinión uno de los más grandes compositores del romanticismo, y como tal he querido recordarlo.



25 años sin Claudio Arrau (09-06-2016)


El 9 de junio de 1991 moría en Austria un pianista histórico, quizá lo más próximo que vamos a poder escuchar nunca del estilo pianístico de Franz Liszt: nos dejaba el gran Claudio Arrau, pianista de técnica excepcional y cuidada interpretación.




Claudio Arrau nació en la ciudad chilena de Chillán (su casa natal es hoy día un museo dedicado a su figura) el 7 de  febrero de 1903. Apenas un año después su padre murió en un accidente de caballo, por lo que su madre tuvo que dedicarse a dar clases de piano, de las que se benefició el niño Arrau, quien con 5 años ya dio un concierto en su ciudad. Niño prodigio, con sólo 8 años recibió una beca para estudiar en Berlín con Martin Krause, quien a su vez había sido alumno de Franz Liszt, por lo que podemos imaginarnos que la forma de tocar de Arrau debía asemejarse a la de Liszt (a quien, por desgracia, nunca podremos escuchar, ya que murió en 1886, años antes de que hubiera grabaciones fonográficas). En 1914 (con 11 años solamente) dio su primer concierto en Berlín. Cuando en 1918 muere Martin Krause a causa de la fiebre española, Claudio Arrau decide no tomar clase con ningún otro profesor, tal era la estima en la que tenía a su maestro. En 1919 y 1920 ganará el premio Liszt (cuyo primer puesto llevaba desierto 45 años… él lo ganó dos años consecutivos, podemos hacernos una idea de su enorme talento).

En los siguientes años conseguirá el puesto de profesor de piano y hará numerosas giras. En 1937 se casa con la mezzo-soprano Ruth Schneider, de origen judío, lo que les obligará a trasladarse a Estados Unidos en 1941 huyendo del nazismo, consiguiendo la doble nacionalidad chileno.americana en 1979. La pareja tendrá 3 hijos.

Algunos críticos afirman que el estilo interpretativo de Arrau cambió tras la muerte de su madre (tras la que se mantuvo aislado durante dos semanas), cambiando a un estilo más introspectivo. En todo caso, es cierto que, al haber aprovechado sus años de niñez para desarrollar una espectacular técnica, durante el resto de su vida se centró en los aspectos interpretativos: persona de gran cultura, se centraba mucho en los aspectos históricos que rodeaban las obras que tocaba, haciendo sus interpretaciones muy peculiares, con rubatos y ritmos a menudo más lentos de lo normal.

Su repertorio fue fundamentalmente romántico, aunque en sus primeros años interpretó la obra completa para teclado de Bach (en concreto, en una serie de conciertos en 1935). Posteriormente rehusaba interpretar a Bach, considerando (acertadamente en mi opinión) que el piano no es un instrumento adecuado para su música, aunque en 1991 grabó algunas de sus obras. También había realizado otras grabaciones de música de Bach en 1945, como esta Fantasía cromática y Fuga en Re menor, BWV 903, que escuchamos ahora:

Pasamos a Mozart, de quien Claudio Arrau grabó la integral de sonatas para piano. De todas ellas vamos a escuchar la nº 8:

Pero quizá fue Ludwig van Beethoven el compositor en el que más destacó. Grabó en varias ocasiones sus 5 conciertos para piano, así como una integral de sus sonatas para piano y las sonatas para piano y violín. Empezamos viendo ese maravilloso concierto que es el número 5, el conocido como “Emperador”:

Escuchamos ahora una magnífica versión de la sonata para piano número 14, la “Claro de luna” con un magnífico primer movimiento de gran emoción:

Y a continuación le podemos ver interpretar la sonata número 21, “Waldstein”; mejor no quitar la vista de sus dedos, de la agilidad pero también de las pausas o el cuidado en el tecleo en los momentos más sutiles:

Rematamos su interpretación de Beethoven escuchándole junto al violinista Joseph Szigety la sonata para violín y piano número 9, “Kreutzer”:

Claudio Arrau también interpretó a menudo música de Carl Maria von Weber, hoy día un tanto olvidada, como este Konzertstück que escuchamos a continuación:

Pasamos ahora a Schubert. Escuchamos el primer movimiento de la fantasía Wanderer, una interpretación de ritmo pausado, tremendamente sutil en la repetición del tema principal y rica en rubatos:

Y vamos a escuchar también la bellísima interpretación del Impromptu número 3:

No fue en cambio un intérprete habitual de música de Felix Mendelssohn, pero vamos a verle tocar su “Rondo Capriccioso”:

Pero yo descubrí a Claudio Arrau con Chopin. Grabó buena parte de la obra para piano del polaco, así que tendremos que seleccionar algunas de las mejores obras… de mis obras favoritas, para entendernos. Empezamos con el segundo concierto para piano (lo confieso, uno de mis conciertos de piano favoritos):

A continuación escuchamos el Andante Spianato en la que sin duda es una de las mejores interpretaciones de esta bellísima obra (junto con las de Zimerman y Richter; yo me quedo con la de Richter, pero cualquiera de las 3 es magnífica):

Su integral de los nocturnos es simplemente referencial, mucho más lenta y poética que la tan alabada de Rubinstein. Escuchamos el primero de esos nocturnos:

Escuchamos ahora el famoso estudio “Tristesse”, con unos magníficos, aunque apenas perceptibles, rubatos; simplemente magnífico:

Termino este repaso a sus interpretaciones de Chopin con la obra con la que descubrí a Arrau, las baladas; me quedo en concreto con la 1ª, mi favorita de todas. Aunque en este caso prefiero la interpretación de Zimerman, Arrau no se queda atrás, desde luego:

Pasamos a otro de los compositores más frecuentados por Claudio Arrau, Robert Schumann. Otra de las primeras obras en las que le escuché fue en ese magnífico concierto para piano de Schumann que escuchamos a continuación, simplemente referencial:

Vamos a continuación con las Kinderszenen. En concreto recomiendo ese mágico Träumerei (minuto 6:38), delicia pura, con ese estilo delicado que caracteriza a Arrau:

Podríamos poner muchas más obras de Schumann, pero es que no acabamos. Porque llegamos por fin a Franz Liszt, ese pianista al que está ligado a través de su maestro Martin Krause. Y es que Arrau es probablemente heredero del estilo pianístico de Liszt. La espectacularmente complicada técnica  pianística del compositor húngaro no trae problemas a Arrau, que supera los enormes desafíos que suponen las obras pianísticas del compositor. Lo podemos comprobar, por ejemplo, en ese magnífico primer concierto para piano que escuchamos a continuación:

Vamos ahora con la no menos complicada sonata para piano:

Seguimos con ese maravilloso Liebestraum:

Vamos ahora con otra de sus obras emblemáticas, los 12 estudios de ejecución transcendental. Para no ponerlos todos, escuchamos uno de ellos, La campanella:

Y terminamos con Liszt volviendo a deleitarnos con ese movimiento de manos, siempre preciso y de enorme agilidad, en una pieza de sus Años de peregrinaje, en concreto los Juegos de agua en la Villa d’Este que vemos a continuación:

Pasamos a Johannes Brahms, del que en este caso vamos a escuchar una magnífica versión del segundo concierto para piano:

Vamos ahora con el concierto de piano de Edward Grieg, con un maravilloso segundo movimiento:

No podía faltar en el repertorio de Claudio Arrau el primer concierto para piano de Tchaikovsky, que escuchamos a continuación:

En el repertorio ruso (en el que falta, extrañamente, Rachmaninov) podemos escuchar también su interpretación del Islamey de Balakirev:

Interpretó también música de Isaac Albéniz, como esas suites de Iberia de las que escuchamos “Triana”:

En música más moderna, Arrau interpretó con cierta frecuencia música de Ferrucio Busoni, como esta elegía nº 5:

También interpretó música de Arnold Schoenberg, como estas tres piezas para piano:

Escuchamos a continuación música de Richard Strauss, en concreto “Burleske” para piano y orquesta, grabado en 1945, estando el compositor todavía vivo:

Seguimos con una obra que Sophie Menter, quien al igual que Martin Krause fue también alumna de Liszt, compuso especialmente para Arrau, este vertiginoso vals:

Y terminamos con música francesa. Claudio Arrau interpretaba a Ravel y, sobre todo, a Debussy, así que vamos a escucharlo en la que quizá sea la pieza para piano más famosa del francés, el “Clair de lune”, grabada en el mismo año de su muerte. El ritmo pausado y el uso del rubato es simplemente espectacular, aunque la sección central es quizá excesivamente lenta en mi opinión (por eso prefiero la versión de Richter):

Activo hasta sus últimos meses de vida, Claudio Arrau murió a los 88 años en Mürzzuschlag, Austria. Según su voluntad, fue enterrado en el Cementerio Municipal de Chillán, en el que también se encuentran los restos del tenor Ramón Vinay.

Su forma de entender cada obra musical puede desde luego ser discutible (es algo totalmente subjetivo), pero desde luego es de agradecer ese enfoque siempre personal de todo lo que interpretaba; frente a esta nueva hornada de pianistas chinos que son máquinas de solfeo capaces de tocar a toda velocidad pero sin darles nada de personalidad a lo que tocan, el estilo interpretativo de Claudio Arrau es pura poesía, un estilo que habría que recuperar para dotar a la música romántica (repertorio principal de Arrau) de la expresividad que le caracteriza. Arrau es, sin duda, uno de los más grandes pianistas de los que se conservan registros fonográficos, por suerte muchos, para poder disfrutar de su arte.