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Comentando el Concierto de Año Nuevo 2019

Como de costumbre, comenzamos este 1 de enero con el Concierto de Año Nuevo 2019. Ya sabemos que los valses de Strauss y compañía son una buena forma de empezar el año de buen humor (si es que la falta de sueño lo permite). Y, como ya hemos hecho en años anteriores, iremos comentando en directo el concierto para así poder publicar este post en cuanto concluya.

Este año debuta en el concierto el alemán Christian Thielemann, una de las batutas más interesantes del panorama actual, en especial en lo que respecta al repertorio germano: Wagner, Beethoven, Brahms, Richard Strauss… Habrá que ver si se maneja con igual soltura en la música de los salones de baile de la Viena Imperial. En todo caso, a priori, suena tremendamente interesante, aunque es cierto que en el programa se echan en falta más valses, abundando polcas o marchas. Esperemos que Thielemann no caiga en el error en el que cayó el mediático Gustavo Dudamel en su aburridísimo concierto de hace 2 años. Por cierto, hay que decir que Thielemann es el primer alemán al que se encarga dirigir el concierto, ya que todos los germanos que se han encargado de dirigirlo eran austriacos. 

Nos trasladamos a la Musikverein de Viena para comenzar a las 11:15 de la mañana con la retransmisión del Concierto de Año Nuevo 2019. Y comienza con una obra del poco conocido (pero últimamente frecuente en los conciertos de años nuevo) Carl Michael Ziehrer, la March Schönfeld, una marcha enérgica y suficientemente chispeante para abrir el concierto como uno espera. Destacar el juego de dinámicas que mantiene Thielemann en una obra que no tiene la inspiración de las marchas de su rival Strauss Jr., pero que se escucha con gusto. 

Seguimos con Josef Strauss, y su Vals “Transacciones”, que, como señala mi paisano Martín Llade, se compuso para celebrar el inicio de relaciones diplomáticas entre los imperios austriaco y japones hace ya 150 años. Imágenes de jardines japoneses adornan la interpretación. Lo que en su hermano mayor Johann suele ser exuberancia, en Josef es sensibilidad, es mucho más cuidadoso con orquestaciones, mucho más sutiles, y más atento a dinámicas. Y parece que este estilo le sienta bien a Thielemann. Y parece que tampoco tenga muchos problemas con el rubato, en el que no pocos directores han patinado. 

Continúa el Concierto de Año Nuevo 2019 con la Danza de los Elfos de Josef Hellmesberger Jr., obra que se antoja igualmente sutil en texturas orquestales, como sutil es también el movimiento del maestro alemán. Música de gran belleza, hay que reconocer.

Y por fin llega Johann Strauss Jr. con una polka rápida, “Express”, de ritmo obviamente trepidante. De nuevo destacar el control de dinámicas, de crescendos y diminuendos, que impone Thielemann con gesto adusto, lejos de los ampulosos movimientos de otros directores. La versión ha conseguido ser vibrante, como cabía esperar. 

Y, por fin, un vals de Strauss Jr., “Estampas del mar del Norte”, en la que de nuevo Thielemann brilla con un comienzo sumamente sutil, de exquisita belleza y, a diferencia de las piezas anteriores, un ritmo pausado, sosegado, que extrae toda la belleza melódica de la pieza. De nuevo demuestra un dominio absoluto del rubato al comenzar el tema principal, de manual. Magnífica interpretación, sin duda. 

Y termina la primer parte del Concierto de Año Nuevo 2019 con una polca del menor de los Strauss, Eduard, “Con franqueo extra”, de ritmo trepidante, en la que la Orquesta Filarmónica de Viena luce toda su capacidad, absoluta precisión incluso a ritmos tan veloces. 

Y llegamos así al intermedio, momento para descansar o ver el documental musical que se emite como cada año. 

Comenzamos la segunda parte del Concierto de Año Nuevo 2019 con la Obertura de la segunda opereta más famosa de Johann Strauss Jr., “El barón gitano”. Y de nuevo, si algo se aprecia, es que, con un gesto mínimo, Thielemann domina la orquesta, extrae todos los matices de la partitura. Ritmo sorprendentemente pausado hasta llegar a los pasajes más agitados, de nuevo un rubato exquisito (no hay otra palabra para definirlo, de verdad), lo que demuestra un dominio absoluto del estilo vienés. Una trepidante coda conlcuye una interpretación que confieso que me ha encantado. 

El concierto prosigue con una polka de Josef Strauss, “La bailarina”, con un Thielemann más “bailarín” de lo habitual, en otra birllante interpretación.

Y, para continuar, otro vals de Johann Jr., “Vida de artista”, en el que podemos disfrutar del ballet. De nuevo magnífico el arranque en pianísimo de la obra. Tremendamente sutil la interpretación del tema central, que me ha sorprendido por su ligereza. En un director tan acostumbrado a repertorios muy pesados como Wagner, se hace extraña tanta liviandad. Sin con ello suprimir la espectacularidad de la obra en los momentos clave. El final, electrizante. Magnífico de nuevo. 

Toca volver a la Polka, en este caso también de Johann, “La bayadera”, con la que regresamos a los ritmos más rápidos, pero siempre con un absoluto control del volumen, atenuado, lejos de buscar el espectáculo con exceso de decibelios. Thielemann está demostrando ser más intelectual que efectista, buscando más la calidad que el delirio del público. 

Regresamos al pequeño de los Strauss, Eduard, con la polka “Noche de ópera”, en otro prodigio de sensibilidad.

Continúa el Concierto de Año Nuevo 2019 con dos piezas extraídas de la única ópera de Johann Strauss Jr., “Ritter Pásmán”. La primera es el “Vals de Eva”, que ya comienza de forma inusual, con sonidos de cacería, hasta llegar un tema más propio de vals, aunque, como en todas las obras escuchadas hasta ahora, más liviano de lo que estamos acostumbrados. No es éste un concierto de año nuevo de valses famosos, sino de obras poco frecuentes y de sonoridades peculiares, en las que el maestro alemán encuentra un terreno cómodo para lucir su talento en la batuta. Y, tras el vals, unas Czardas, danzas típicas húngaras, acompañadas por el ballet. Tardan en entrar esos ritmos típicos de Hungría, pero cuando lo hacen encontramos reminiscencias de Brahms y una gran actuación del ballet. 

Y continuamos con una obra más conocida de Strauss, la Marcha egipcia. Y Thielemann comienza con un ritmo bastante pausado, y de nuevo sin abusar de volumen, pero con un resultado magnifico, con ese colorido exótico (que no egipcio, pero bueno), y la orquesta cantando (no conocía yo versión cantada de esta obra, la verdad). Me ha gustado mucho también la interpretación. 

Continuamos con un vals de Josef Hellmerberger, “Entreacto”, un vals muy breve, de duración similar a la de una polka, con un ritmo circular, en el que Thielemann vuelve a lucir so absoluto dominio del rubato. Bajo su batuta, estos valses adquieren una belleza de corte intimista realmente sublime. A destacar el magnífico final. 

Otra obra de Johann Strauss hijo, la polka “Elogio de las mujeres”, continúa el concierto. Thielemann aquí se ha movido más de lo que nos ha acostumbrado hasta ahora, agachándose para indicar la intensidad de volumen, que, en este caso, sí ha sido la tónica general del concierto: nada de abusar de fortes, interpretaciones muy matizadas.

Para concluir con el programa oficial del Concierto de Año Nuevo 2019 Thielemann ha elegido la que probablemente sea la obra maestra de Josef Strauss, la música de las esferas, que a priori va a ser el bombazo del concierto. Y a posteriori sólo queda decir que ha sido delicioso. El control de los crescendos ha sido sublime. Vamos, igualito que Barenboim hace unos años (entiéndase la ironía). Qué precisión en los gestos la de Thielemann, mínimos, pero suficientes para transmitir a la orquesta lo que desea conseguir. Una absoluta delicia que nadie debería perderse. 

La primera propina, como no podía ser de otra forma, es una polka de Johann Strauss Jr., “A paso de carga”, de ritmo enérgico. Thielemann sonríe más de lo habitual en esa perpetua seriedad que le caracteriza: ha llegado el momento de disfrutar, y la obra es ideal para ello. 

Y termina el Concierto de Año Nuevo 2019 como terminan todos, con las dos propinas tradicionales. La primera, quizá la canción más conocida de la dulce Viena, “En el bello Danubio azúl”. Tras la felicitación de año nuevo, comienza definitivamente la interpretación del celebérrimo vals. Antes de nada, señalar la calidad de la orquesta, esa calidez de las trompas, ese bellísimo color de los chelos, que nos hacen soñar con su increible calidad y esa magia que transmiten al interpretar esta pieza tan conocida pero que, en sus manos, nunca cansa. Y el control del rubato por parte de Thielemann es simplemente sublime; sé que me repito, pero es lo que hay: un vals sin rubato no es un vals, pero no todos lo entienden; él lo hace a la perfección. El final, absolutamente magistral. 

Y, para concluir, la obra más famosa de Johann Strauss Sr., la “Marcha Radetzki”, dedicada al ominoso general austriaco que reprimió la Revolución de 1848. Por cierto, este año se cumplen 170 años de la desaparición del patriarca de la familia Strauss. Y la seriedad de Thielemann no le impide dirigir los aplausos del público con la precisión que ha demostrado a lo largo de todo el concierto. De nuevo brillante el final, y brillante final del Concierto de Año Nuevo 2019. 

Christian Thielemann no ha decepcionado en su debut en este concierto de año nuevo: ha sido simplemente magistral, uno de los grandes, y sin duda de los mejores directores en activo. Sólo nos queda esperar que este 2019 podamos disfrutar de tan buena música como la que ha comenzado el año y que esa felicidad que nos ha transmitido Thielemann dure todo el año.

Comentando el Concierto de Año Nuevo 2018


Hay tradiciones que es mejor no perderse. Y es que, como todos los años, el 1 de enero se comienza el año entrante con el vienés Concierto de Año Nuevo. Y este Concierto de Año Nuevo 2018 es dirigido por el italiano Riccardo Muti, que lo dirige ya por 5ª vez.




Como ya hemos hecho en años anteriores (20162017), iremos comentando el concierto en directo, y el post se publicará en cuanto éste concluya.

Comienza Riccardo Muti el Concierto de Año Nuevo 2018 con la marcha introductoria de la opereta de Johann Strauss Jr. “Der Zigeunerbaron”, que el italiano dirige con su precisión habitual, lleno de esa chispa que le caracteriza. No, con él desde luego el aburrimiento no tiene lugar.

Sigue la interpretación de un vals de Josef Strauss, “Frescos vieneses”, obra por mi desconocida. Bellísimo solo de chelo, brillantes melodías de una delicadeza maravillosa (quizá en eso de la melodía Josef supere a su famoso hermano Johann) y unas cuerdas que suenan a gloria en un repertorio que conocen y dominan. El uso del rubato por parte de alguien tan purista como Muti es simplemente impecable.

Volvemos a continuación al famoso Johann Jr., con ritmos más rápidos, una polka también perteneciente al “Der Zigeunerbaron”, el “Cortejo nupcial”. Muti dirige minimizando los movimientos, pero con gran precisión, y se agradece de nuevo un uso absolutamente impecable del rubato, tan intrínsecamente ligado a la música de los Strauss.

Y sigue el Concierto de año Nuevo 2018 con otra Polka, de ritmo más agitado, “Sangre ligera”, con esos juegos de dinámicas tan propios de estas piezas y que obliga a Muti a moverse bastante más de lo que ha hecho hasta ahora, agachándose incluso para marcar los pianísimos.

Sigue una obra de Johann Strauss padre, los “Valses de María”, que,comparada con los valses más famosos de su hijo, suena un tanto arcaica; no carece de belleza, pero no tiene el brillo de las obras de su hijo, y el ritmo resulta bastante más pesado.

Y termina la primera parte del Concierto de Año Nuevo 2018 con otra obra de Johann Strauss padre, el gallop “Guillermo Tell”, inspirado en temas de la ópera de Rossini, que peca curiosamente de hacer más pesado el famoso tema al galope de la obertura de la ópera.

Y la segunda parte del Concierto de Año Nuevo 2018 comienza con otro compositor habitual en este concierto, el operetista Franz von Suppé, del que se interpreta la obertura de la opereta “Bocaccio”, magníficamente interpretada. No es una de las oberturas más famosas de Suppé, pero es igualmente una obra de gran brillantez que da mucho juego a orquesta y director, y ambos ha sabido sacarle todo el jugo a la pieza.

Sigue el concierto con un vals de Johann Strauss, “Flores de Mirto”, pieza de delicado melodismo de gran belleza, todo un descubrimiento.

Seguimos con una obra de Alphons Czibulka (compositor por mí desconocido”, la “Gavota de Estefanía”, compuesta, al igual que la pieza anterior, con ocasión de la boda del Archiduque Rodolfo de Habsburgo, de ritmo completamente distinto a las piezas que solemos escuchar habitualmente en el concierto. Es más bien una curiosidad que otra cosa. Sonoridad francesa y rococó con un ligero toque romántico.

Seguimos con un ritmo más ligero, con la polka “Balas mágicas” de Johann Strauss Jr., perfecta para terminar de despertarnos con sus ritmos ágiles y vibrantes.

A continuación regresa en este Concierto de Año Nuevo 2018 la famosa “Leyendas de los bosques de Viena”, obra famosísima, en la que contamos con una cítara, instrumento tradicional en las zonas rurales, pero que no es el instrumento nacional de Austria, sino de la vecina Baviera, donde será Maximiliano José, Duque en Baviera y padre de la Emperatriz Sissi quien lo introducirá en los círculos aristocráticos (será de hecho conocido como Zither-Maxl), dándole así ese carácter de instrumento nacional. Magnífico en todo caso el sólo de cítara (es de agradecer que no se haya suprimido o sustituido por un violín, como hacía Maazel), así como la interpretación global de la orquesta. Muti parece vienés, es imposible ponerle una sola pega al espectacular uso del rubato que está haciendo. Tras el desastre de Dudamel el año pasado, este año el Concierto de Año Nuevo vuelve a sonar como es debido.

Seguimos con una marcha, de nuevo de Johann Strauss Jr., la Marcha festiva, con ese ritmo binario que contrasta con los ritmos ternarios de las piezas bailables, rompiendo así con los ritmos hasta ahora escuchados. No es desde luego una de las marchas más famosas que compuso Strauss, ya que era asiduo también a este género. El Concierto de Año Nuevo 2018 contiene varias obras inéditas hasta ahora en el Concierto de Año Nuevo, y aunque no es el caso de ésta, sigue siendo una pieza poco conocida.

Y seguimos con Johann Strauss Jr. en los siguientes números. Vamos con la polka-mazurka “Ciudad y campo”, polka de ritmo más lento, con ritmos irregulares que le dan un colorido singular. Destacan en esta interpretación las maderas, impecables.

Seguimos con la cuadrilla sobre temas de “Una ballo in maschera”, que es una de mis óperas favoritas de Verdi, un guiño de Muti a su repertorio habitual, la ópera italiana. Genial el uso del aria de Oscar por flautas y flautines en medio del tema del coro de la fiesta, los constantes cambios de temas sobradamente conocidos para quienes hemos escuchado esta ópera. Curioso el ritmo mucho más ágil del tema del dúo de amor, convertido aquí en un tema festivo, al igual que el tema de los conspiradores. Genial repaso por los temas principales de la ópera, un gran homenaje de Strauss a Verdi.

Y en este Concierto de Año Nuevo 2018 tiene como la obra quizá más conocida (propinas obvias al margen), el vals “Rosas del sur”, que, confieso, es uno de mis favoritos. Magnífico inicio en pianísimo, aunque el ritmo se antoje un tanto demasiado rápido (marca de la casa de Muti, por otra parte, que hasta ahora había estado muy comedido…). En todo caso, imposible no disfrutar con este vals.

El programa “oficial” del Concierto de Año Nuevo 2018 concluye con una polka de Josef Strauss, “Enviado”. Ritmos ágiles para concluir el concierto…

Bueno, nadie se lo cree. Sabes que siempre hay 3 propinas. 2, las de siempre. Y la primera, a elección del director, es “Truenos y relámpagos”, también de Johann, sobradamente conocida, con esos efectos de percusión imitando una tormenta, perfecta para empezar el año de buen humor. Maravillosa obra que se adapta como un guante al estilo fluido y ágil de Muti.

Y vamos ya con el “Danubio azul” de Johann Strauss Jr., quizá el vals más famoso de la historia. Y esta vez el ritmo es irreprochable, Muti no se lanza a velocidades excesivas para una obra que, de tan oída, te obliga a hacerla perfecta para poder brillar. De nuevo impecable el uso del rubato al inicio del tema principal, quizá la clave de una buena interpretación de este vals. Magnífica interpretación, sin pegas posibles.

Y, como siempre, terminamos este Concierto de Año Nuevo 2018 con la obra más famosa del patriarca de la familia, la “Marcha Radetzki”. Triste siempre empezar el año recordando a tan ominoso personaje, pero es que la pieza bien lo merece. Final brillante para un gran concierto. Riccardo Muti ha arrasado en mi opinión.

Esperemos poder volver a comentar el próximo Concierto de Año Nuevo en 2019, que dirigirá al parecer Christian Thielemann; a ver qué sorpresas nos depara.

In Memoriam: Georges Prêtre (04-01-2017)


Su rostro se nos hizo familiar sobre todo a partir de aquel Concierto de Año Nuevo que dirigió en 2008 (y que volvería a dirigir en 2010), batiendo el récord de se el director con más edad en dirigir el concierto (batiendo en la segunda ocasión su propio récord); dejaba la imagen de un abuelo risueño y amable, con una vitalidad que ya quisiéramos quienes tenemos un tercio de su edad. Pero hace pocos días nos dejaba, a los 92, el Director de Orquesta Georges Prêtre.




Georges Prêtre nació el 14 de agosto de 1924 en la localidad de Waziers, al norte de Francia. Descubierta su pasión por la música hacia los 7 años, estudia piano en el conservatorio de Douai, ciudad próxima a su localidad natal, para trasladarse con posterioridad a París, en cuyo conservatorio estudiará trompeta, además de armonía con Maurice Duruflé. También Olivier Messiaen estará entre sus profesores. Descubierta tardía mente su pasión por la dirección de orquesta, será el insigne director francés André Cluytens quien le enseñe en este campo.

Casado brevemente en 1947 con la mezzo-soprano Suzanne Lefort, de quien se divorcia en 1949, se casa por segunda vez con Gina Marny en 1950, con quien tiene dos hijos, Isabelle y Jean-Reynald (la muerte de éste en 2012 afectará seriamente al ya anciano director).

Si bien su carrera comienza en Francia, debutando en Marsella en 1946, buena parte de su carrera va a transcurrir fuera de su país, en Londres, Viena, Milán… convirtiéndose en un prestigioso director de ópera y música sinfónica, destacando por supuesto la música francesa, gracias a su estilo preciso, elegante y ligero. De hecho, será uno de los directores preferidos del compositor Francis Poulenc o de la soprano Maria Callas en la última etapa de su carrera.

De hecho, comenzamos con un recital en el que dirigió a la diva greco-americana en 1962 en Hamburgo. Las cámaras no le enfocan a él, pendientes siempre de la crepuscular diva, que canta aquí, perfectamente acompañada por Prêtre, el aria “Pleurez, mes yeux” de la ópera “Le Cid” de Jules Massenet:

Jules Massenet fue precisamente uno de los compositores operísticos en los que más destacó Georges Prêtre. De hecho, su grabación en estudio de “Werther” en 1969 con Nicolai Gedda y Victoria de los Ángeles es una de las mejores grabaciones de esta ópera, en especial con ese bellísimo dúo del segundo acto, precedido de ese intermezzo orquestal “claro de luna” que bajo la batuta de Prêtre suena más mágico que nunca:

Acompaña también al gran Nicolai Gedda en este aria de “Manon”, “Ah, fuyez, douce image”:

Y le escuchamos también acompañar a Régine Crespin en el aria “Il est doux, il est bon” de “Hérodiade”:

Llegó a dirigir óperas menos conocidas de Massenet, como por ejemplo “Don Quichotte”.

De Charles Gounod le vemos dirigiendo la obertura de “Mireille” en el recital de la Callas en Hamburgo de 1962 que ya mencionamos antes:

Y le tenemos aquí dirigiendo el final de “Faust” junto a Alfredo Kraus, Mirella Freni y Nicolai Ghiaurov:

Pasando a Georges Bizet, ya hemos mencionado que Georges Prêtre fue uno de los directores favoritos de Maria Callas, a quien dirigió en su grabación en estudio de “Carmen” junto a Nicolai Gedda (Callas nunca cantó esta ópera en directo), de la que escuchamos la canción gitana “Les tringles des sistres tintaient” con el breve preludio orquestal previo, que nos permite observar mejor la labor de Prêtre al frente de la orquesta:

Georges Prêtre dirigió también la maravillosa pero menos conocida “Les pêcheurs des perles”, de la que escuchamos aquí el dúo de amor del segundo acto con Alain Vanzo e Ileana Cotrubas:

Y dirigió la todavía menos habitual (una rareza realmente) “La jolie fille de Perth”, de la que escuchamos aquí el aria “Vive l’hiver” cantada por June Anderson:

Georges Prêtre fue asiduo en los estudios de grabación para registrar en estudio óperas poco frecuentes, como la ya mencionada “La jolie fille de Perth”, o como la “Louise” de Gustave Charpentier que grabó con Plácido Domingo e Ileana Cotrubas, a la que escuchamos aquí en la página más famosa de la ópera, la deliciosa aria “Depuis le jour”:

Y si hablamos de óperas infrecuentes, le tenemos dirigiendo en 1983 la “Mignon” de Ambroise Thomas, de la que escuchamos el aria “Connais tu le pays” en la voz de Lucia Valentini Terrani:

Camille Saint-Saëns fue también un director que Georges Prêtre frecuentó mucho (hablaremos más adelante de sus grabaciones de la obra sinfónica de este compositor), siendo frecuente en su repertorio la ópera “Samson et Dalila”, de la que escuchamos a continuación la Bacanal:

 Vamos ahora con Jacques Offembach, del que Georges Prêtre dirigió la ópera “Les contes d’Hoffmann”, de la que escuchamos aquí el trío del tercer acto:

Hector Berlioz fue otro compositor fundamental en la carrera de Georges Prêtre, que dirigió algunas de sus óperas, como “Les Troyens”, de la que escuchamos a Régine Crespin cantar el aria “Chers Tyriens”:

También dirigió “La damnation de Faust” completa, aunque lo que vamos a escuchar es la famosa marcha húngara en un concierto en Viena, para apreciar su estilo fluido y su sonoridad más bien liviana:

Georges Prêtre fue un gran intérprete de la música francesa de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, lo que incluye la música de Claude Debussy, del que vamos a escuchar ahora un fragmento de su “Pelléas et Mélisande”:

Georges Prêtre dirigió también la inacabada ópera de Debussy “La chute de la maison Usher”, basada en la obra de Edgar Allan Poe. Escuchamos la obra completa:

Pero, por encima de todo, Georges Prêtre fue un destacado intérprete de la obra de Francis Poulenc, de quien de hecho estrenará en 1959 la ópera “La voix humaine” con la soprano Denise Duval, con la que escuchamos aquí el comienzo de la ópera:

Dejando el repertorio operístico francés para trasladarnos al italiano, comenzamos con Gioacchino Rossini, de quien dirigió la ópera “Moïse et Pharaon”, de la que escuchamos aquí la plegaria que canta Samuel Ramey:

Georges Prêtre dirigió a Maria Callas en muchas de sus últimas funciones, como la “Norma” de Vincenzo Bellini de 1965, de la que escuchamos el dúo “Oh rimembranza” junto a Giulietta Simionato:

De Gaetano Donizetti Georges Prêtre grabó una casi mítica versión de “Lucia di Lammermoor” con Carlo Bergonzi y Anna Moffo, a quien escuchamos en la escena de locura:

De Giuseppe Verdi tenemos esa “La Traviata” con Montserrat Caballé y Carlo Bergonzi, de la que escuchamos el famoso brindis:

Y tenemos también un “Macbeth” en vivo de 1984 del que escuchamos el aria del protagonista, “Pietà, rispeto, amore” cantada por Renato Bruson. El acompañamiento orquestal es impecable:

Y ya de paso vamos a verle dirigir el famoso coro “Va pensiero” de Nabucco en un concierto en Venecia:

Magnífica versión, con un ritmo curiosamente lento para lo que cabría esperar de Prêtre, que suele ser más ligero pero sin perder nunca un ápice del melodismo de las obras que dirigía. Podemos comprobarlo en este Intermezzo de “Cavalleria rusticana” de Pietro Mascagni:

No es especialmente lento (y más si lo comparamos con lo que hizo Maazel en Valencia, por ejemplo), pero su sutil juego de dinámicas, los colores orquestales, le aportan a su interpretación una enorme belleza:

El resultado es simplemente mágico.

De Giacomo Puccini dirigió óperas como “La Boheme” o “Turandot”, pero si por algo es recordado es por la “Tosca” junto a Maria Callas y Carlo Bergonzi de 1965. Ella está vocalmente acabada, pero dramáticamente está mejor que nunca, y el acompañamiento orquestal de Prêtre contribuye al su trabajo, como comprobamos en el “Vissi d’arte”:

Y ya de paso escuchamos el “E luceban le stelle” que canta Bergonzi, que merece la pena:

De Richard Wagner no fue un intérprete frecuente, pero tenemos en concierto algunas de sus piezas orquestales, como estos fragmentos de “Götterdämmerung”. Atención a la exquisita delicadeza del final (minuto 18:20 más o menos):

Y dirigió a Régine Crespin en arias de Wagner y los Wesendonck-Lieder, del que escuchamos mi favorito, el 4º, “Schmerzen”:

También fue un destacado intérprete de óperas de Richard Strauss, del que escuchamos el trío final de “Der Rosenkavalier”:

Y por encima de todo fue un destacado intérprete de la última ópera de Strauss, “Capriccio”, que dirigió en varias ocasiones, escuchando en este caso el Flamand de Gregory Kunde:

Y le tenemos también dirigiendo los 4 últimos lieder con Margaret Price:

Pasamos ahora al trabajo sinfónico de Georges Prêtre. En su repertorio figuraban algunos de los grandes nombres del sinfonismo germano, así como compositores italianos, rusos o escandinavos. Escuchamos primero su Beethoven, más ligero y quizá menos dramático de lo habitual, como podemos apreciar en esta magnífica versión de su 7ª sinfonía:

Y escuchamos ahora una gran versión de la 9ª sinfonía:

Johannes Brahms fue otro compositor frecuente en sus conciertos. Lo comprobamos con esta 1ª sinfonía, de tempos moderados y gran lirismo:

Magnífica es igualmente su versión del “Eine Deutsches Requiem”, con esta versión junto a Soile Isokoski y Albert Dohmen:

Y sus versiones de las danzas húngaras son realmente fantásticas, con sus juegos de matices, sus rubatos y pausas, sus cambios de tempo y dinámica… extrayendo todo el jugo a estas piezas en apariencia sencillas pero que en manos de un gran director, como es el caso, brillan especialmente:

Anton Bruckner, aunque a priori parezca un compositor alejado de la sonoridad de Prêtre, fue también frecuente en su repertorio. Como prueba escuchamos esta 8ª sinfonía:

También dirigió algunas obras de Mahler, siendo sus interpretaciones de nuevo más ligeras y menos dramáticas de lo habitual (aunque con una precisión milimétrica a la hora de controlar las sonoridades y los colores orquestales, siempre de gran riqueza en sus interpretaciones, lo que se percibe más si cabe en un compositor con las dotes de orquestador que tenía Mahler). Quizá por eso las obras que dirigía no eran las más dramáticas del compositor. Escuchamos primero su 1ª sinfonía:

Y vamos ahora con la 5ª, con un bellísimo adiagietto de gran lirismo y un 5º movimiento impecable en los momentos más complicados de la obra:

No sólo fue un gran defensor de la obra operística de Richard Strauss, también lo fue de su obra sinfónica, de la que grabó buena parte. Destacamos por supuesto su versión de la Sinfonía Alpina:

Pero también grabó algunos de sus poemas sinfónicos, como “Así habló Zaratustra”, “Till Eulenspiegel” o esta “Una vida de héroe”:

Tenemos también grabación de una obra de Jean Sibelius, en concreto una magnífica versión de la 5ª sinfonía, sutil y al mismo tiempo dramática:

Georges Prêtre dirigió también obras sinfónicas italianas, como los Pinos de Roma de Ottorino Respighi, de los que escuchamos la 4º y última parte en una interpretación brillante y enérgica:

 Del repertorio ruso le vamos a escuchar dirigir el 3º concierto para piano de Rachmaninov con el pianista Alexis Weissenberg:

Y le escuchamos también “El pájaro de fuego” de Igor Stravinsky:

Pero sin en algo destacó Georges Prêtre como director sinfónico fue en el repertorio francés, del que fue un gran divulgador. Y ahí por supuesto entra la música de Hector Berlioz, del que escuchamos la Sinfonía fantástica:

Y también tenemos a Prêtre dirigiendo el poco frecuente Te Deum, obra de enormes magnitudes sinfónico-corales:

De Georges Bizet tenemos también su versión de las dos suites de “L’arlésienne”, de las que escuchamos el famoso intermezzo de la segunda suite:

De Camille Saint-Saëns, uno de los más infravalorados compositores franceses, Georges Prêtre dirigió varias obras, como este Carnaval de los animales:

La 1ª sinfonía de Saint-Saëns es una obra poco conocida, ligera, sutil, perfecta para el estilo de Prêtre, que nos deja así una versión simplemente referencial:

Y de la mucho más conocida 3ª sinfonía tenemos una gran versión en la que dirige a quien fuera su profesor, Maurice Duruflé, al órgano:

Pasamos a Gabriel Fauré, de quien Georges Prêtre dirigió su bellísimo Requiem:

Vamos a verle ahora dirigir una de las obras más populares de la música francesa, el Bolero de Maurice Ravel, tan sutil Prêtre en el gesto como lo es Ravel con la orquestación:

Otro compositor frecuente en su repertorio fue Claude Debussy, de quien escuchamos su “Prélude à l’apres-midi d’un faune”:

La música impresionista se adapta perfectamente al estilo de Prêtre, como podemos comprobar en otra obra de Debussy, los Nocturnos:

Y ya hemos mencionado que Georges Prêtre fue el director favorito de Francis Poulenc, del que dirigió numerosas obras. Vamos a escuchar aquí su Stabat Mater:

Y también el Concierto para órgano, en el que el organista es de nuevo Duruflé:

Pero para muchos, entre los que me encuentro, Georges Prêtre se hizo una cara conocida gracias a los dos Conciertos de Año Nuevo que dirigió en Viena, en 2008 y 2010. Escuchamos la obertura de “Die Fledermaus” de 2010:

No podía faltar su versión del “Danubio azul”, de nuevo de 2010:

Fueron dos conciertos memorables, gracias al exquisito dominio del rubato que demostró, y que tan bien se aprecia al comienzo del tema principal de este Danubio azul. Y fueron dos conciertos en los que se ganó al público con una energía sorprendente y una simpatía que lo convertían en un personaje entrañable. Imagen que destaca más si cabe en la seguida Marcha Radetzky:

En activo hasta fechas recientes, Georges Prêtre nos dejaba el pasado 4 de enero a los 92 años. Con una carrera en la que se adentró en terrenos poco conocidos, Prêtre es un director al que hacemos bien en recordar, porque la música, y en particular el repertorio francés, le deben mucho.



Comentando el Concierto de Año Nuevo 2017


Comienza un año nuevo, y fieles a la tradición nos encontramos ante la tele para ver la retransmisión desde la Musikverein de Viena del Concierto de año nuevo 2017. Y como ya hicimos el año pasado, vamos a comentarlo en directo, para así publicarlo en cuanto éste concluya.




Este año el director es el joven Gustavo Dudamel. Elección muy mediática, aunque habrá que esperar para ver la calidad del concierto, porque el venezolano dista mucho de encontrarse entre las mejores batutas actuales, más llamativo que efectivo. Dejo el enlace del programa que publica RTVE en su página (viene bien poder verlo, que no siempre da tiempo a pillar los títulos de las obras al ritmo al que retransmite Arteaga).

Comienza el concierto con una rimbombante marcha de Franz Léhar, la Marcha Nechledil de la opereta mujeres vienesas, para seguir con el mucho más pausado y delicado vals “Los patinadores” del para mí desconocido Émile Waldteufel, con un correcto uso del rubato y un adecuado uso de las dinámicas. Es obvio que la Orquesta Filarmónica de Viena podría interpretar estas obras casi sin director, tal es la fluidez con las que las interpretan, hasta tal punto llevan en la sangre este repertorio.

Prosigue el Concierto de año nuevo 2017 con la primera obra de la familia Strauss. Una polka de Johann, “Sólo hay una Ciudad Imperial, sólo hay una Viena”, aderezada con escenas de esa maravillosa ciudad que es precisamente Viena. No estamos ante un concierto plagado de piezas tradicionales y conocidas por el público. ¿Afán de descubrimiento, o consciencia de Dudamel de que en repertorios más manidos no estaría a a altura? Preguntas sin respuesta, me temo…

Nos vamos ahora con Josef Strauss y su polca “Alegría de invierno”, de ritmo trepidante. Parece que las polcas se adaptan mejor al estilo de Dudamel, que se ve cómodo dirigiendo estas piezas de ritmo más ágil y con más juegos, como los diversos artefactos de percusión tan habituales en este tipo de piezas.

Vamos ya con un vals, de Johann Strauss II, el vals “La llamada infernal de Mefisto”. La sonoridad más lúgubre y la mayor intensidad dramática de la obra de nuevo se acercan más al estilo exuberante y extrovertido de Dudamel, que parece querer jugar sobre seguro.

Terminamos la primera parte del Concierto de año nuevo 2017 con otra polca, para variar; “No estamos angustiados”, de nuevo de Johann Strauss II. No, Dudamel no arriesga. Y nos vamos al intermedio. Nos tomamos una pausa. A disfrutar de más imágenes de Viena (que de eso no se cansa uno nunca… ¡Qué maravilla de ciudad, por favor! Por cierto, no dicen nada, pero este año, el 13 de mayo, se celebrará el 3º centenario del nacimiento de la emperatriz Maria Teresa, de la que ya hablaremos llegado el momento). Escuchamos en el intermedio versiones “peculiares” del Vals del Emperador o de Sangre Vienesa, como si le estuvieran diciendo a Dudamel qué es lo que debería tocar en el concierto… porque yo lo que es estoy a punto de quedarme completamente sopa con un concierto más bien aburrido, poco que ver con el del año pasado.

La segunda parte del Concierto de año nuevo 2017 se abre con la obertura de “La dama de espadas” de Franz von Suppé. Venga, que parece que la cosa se va animando un poco… Hasta parece que Dudamel se nos anima a “bailar” un poco mientras dirige. Y en la coda a meter tralla, que es lo suyo… Dudamel en estado puro, efectista 100%.

Seguimos con el Vals “Vamos dentro” del “El prestamista” de Carl Michael Ziehrer, con ballet. Un vals que tampoco se parece mucho a los de Strauss, más animado y menos intimista. A lo dicho, Dudamel no se arriesga. En Ziehrer hay más espectáculo pirotécnico que esa belleza melódica tan típica en los Strauss, y parece que es a eso a lo que le tiene miedo el venezolano…

Y de ahí pasamos a una obra de Otto Nicolai, un fragmento de su obra más famosa, la ópera “Las alegres comadres de Windsor”, de la que se interpreta la “Salida de la luna”, en la que participa el coro Singverein. Tema musical que ya suena, por cierto, en la célebre obertura de la ópera. Gran participación del coro en una pieza de un compositor a reivindicar como es Nicolai, que pese a su más bien corta vida (no llegó a cumplir los 39 años) demostró un gran talento.

Bueno, entramos ya con obras de los Strauss. Empezamos con la Polca (cómo no) “Pepita” de Johann Strauss II. Y luego una cuadrilla, “Rotonda”. Que no, que no, que no se la juega, que no hay valses…

Sí, ahora sí, llegamos a un vals, el segundo de Johann Strauss II, “Los extravagantes”. Y nos ponen imágenes de caballitos para evitar el sopor… tampoco suena mucho a vals de Strauss, salvo en algunos momentos. No es desde luego de sus mejores valses.

Y volvemos a más polkas, el “Galop Indio” de Johann Strauss I. Más ritmos trepidantes para que Dudamel esté contento. Su gesto histriónico al final le delata. Y otra polka, polka mazurka en este caso, de Josef Strauss, “La chica de Nasswald”, más melódica que las polkas anteriores, pero también más soporífera. Me falta rubato, me faltan contrastes dinámicos que le den la chispa necesaria. Todo muy mecánico.

Otra polka rápida, “A bailar” de Johann Strauss II, aderezada con ballet para ver si así levantamos el vuelo de este Concierto de año nuevo 2017 que está resultando totalmente carente de gracia (aunque no me sorprende, ya contaba con ello).

Por fin otro vals de Johann Strauss, el 3º, “Las mil y una noches” de la opereta “Indigo”. Echo en falta un aire más oriental en una pieza de esta temática. La interpretación, de nuevo, demasiado planita.

Termina el programa “oficial” de este Concierto de año nuevo 2017 con, para variar, otra polka de Johann Strauss II, “Tic-Tac”, esta sí, tocada con más gracias, gracias a su ritmo dinámico y brillante. El estilo de Dudamel, vamos.

Y de primera propina… ¡Otra polka! Del hermano que faltaba, Eduard Strauss: “Con mucho gusto”. Y comienzan las dos propinas de rigor. Y la primera es la que este año va a ser la prueba de fuego para Dudamel, un vals “de verdad” de Johann Strauss II, “El Danubio azul”. Ya empieza siendo demasiado ruidosa, el ritmo algo precipitado aunque el rubato bastante correcto. Aprobado justito; no se le veía cómodo dirigiendo. Y las escenas de ballet de las ediciones pasadas no aportaban nada.

Y termina el Concierto de año nuevo 2017, como debe ser, con la “Marcha Radetzki” de Johann Strauss I, que quizá haya sido lo mejor del concierto, con unos crescendos interesantes.

Y así terminamos el Concierto de año nuevo de este año, con bastante mal pie. Esperemos que el año que viene Riccardo Muti, aunque no sea uno de mis directores favoritos, mejore el nivel (cosa que tampoco es tan difícil), porque Dudamel, como era de esperar, no ha estado como sería de desear.



Comentando el Concierto de Año Nuevo 2016


Como ya es tradición, millones de personas nos reunimos cada 1 de enero a las 11:15 para ver uno de los eventos musicales del año, el Concierto de año nuevo. Y es que no hay mejor forma de empezar el año que con la alegre música de Strauss. Comentamos por tanto este Concierto de año nuevo 2016.




Este año le ha tocado dirigirlo por tercera vez (ya lo hizo en 2006 y 2012) al letón Maris Jansons:

El Concierto de año nuevo 2016 se inicia con la Marcha de las Naciones Unidas de Robert Stolz, un poco habitual compositor del siglo XX, para dar paso de inmediato a Johann Strauss Jr. con una de sus páginas más famosas, el Vals del Tesoro de la opereta “El barón gitano”, donde Jansons luce su saber hacer y su afinidad con este tipo de música con un perfecto uso del rubato y del contraste de dinámicas, que es a fin de cuentas lo que le da vida a la música de Strauss y lo que hace que un director sea realmente brillante en este repertorio. Y Jansons, visto el resultado, lo es. Ya sabemos que la Orquesta Filarmónica de Viena es una orquesta de enorme nivel y que conoce esta música al dedillo, pero las indicaciones del director son fundamentales para darle ese sentido más personal a la música, y en este vals del tesoro ha habido momentos realmente mágicos. Y no es algo tan habitual en los últimas ediciones del concierto…

Y seguimos con la polka “Violeta”, de nuevo llena de ese rubato casi mágico que consigue Jansons… y otra polka más, “El tren  del placer”, de trepidante ritmo (imposible no botar en el sofá mientras sonaba) con Jansons tocando una especie de bocina, en esos guiños que tanto les gustaban a Maazel o Mehta (los directores de los que mejor recuerdo guardo de los conciertos de año nuevo pasados).

Y de Strauss pasamos a un compositor mucho menos conocido, Carl Michael Ziehrer, con el Vals “Muchachas vienesas”, en el que ya desde los primeros acordes percibimos que Jansons tiene muy controlada a la orquesta para conseguir los resultados deseados… ¡y vaya resultados! Y la orquesta silbando sobre los arpegios del arpa… un momento bellísimo, sin duda. Se hace necesario agradecer a Jansons el haber recuperado este vals desconocido (inédito hasta ahora en los conciertos de año nuevo) y que merece ser recordado. Bueno, igual es que a mí me gusta demasiado el vals…

Y volvemos a los Strauss, en este caso el menor, Eduard Strauss, con la polka “El franqueo extra” (yo sigo las indicaciones de Arteaga, que si tengo que traducir esos títulos del alemán, la llevo clara…). Las bromas y los guiños muy bien, pero la batuta un poco grande, ¿no? Un golpe en la cabeza con eso tiene que doler…

Con esto llegamos al intermedio del Concierto de año nuevo 2016. Y concluido el intermedio, el programa se reanuda con la obertura de “Una noche en Venecia”, opereta de Johann Strauss Jr. Jansons la dirige con gesto preciso y enorme brillantez. Es una obertura mucho más lírica que la trepidante de la más conocida “El murciélago”, pero igualmente bellísima, y ha sonado en todo su esplendor.

Volvemos a Eduard Strauss con la polka “sin control”, en la que vemos el ballet por primera vez en esta edición. En la hípica, parece. Y de ahí a Josef Strauss y su “Música de las esferas” que ya desde que suenan sus primeros acordes promete… delicada y certera, a años luz que al última que recuerdo, que dirigió Barenboim.

Escuchamos luego la polka “La alegría del cantor” de Johann Strauss Jr., con los niños cantores de Viena… y con lo que me gustan a mí las voces blancas, y lo bien que cantan estos niños… una maravilla, en fin. Y de ahí a otra polka, de Josef Strauss, “De vacaciones”, de nuevo con los niños. Magnífico. Y que sigan contando con ellos en todas las ediciones, si es posible.

Despedimos a los niños y pasamos al entreacto de “La princesa Ninetta”, opereta de Johann Strauss Jr. De nuevo la delicadeza de Jansons es su sutil forma de dirigir en estado puro. Otra interpretación simplemente mágica.

De ahí pasamos a un compositor al que no conozco, Émile Waldteufel (nombrecito fácil para recordar…) con el vals “España”, eficaz en conseguir unos ritmos que suenen a España (por momentos suena a zarzuela), con castañuelas y demás percusión para ambientarnos todavía más…

Y de ahí a Josef Hellmesberger con un vals de título no identificado y de ritmo más que rápido… otra primicia de Jansons (se agradecen estos descubrimientos) y más exhibición de los sutiles gestos del director que está sacando un enorme partido a la orquesta. Y de ahí a su rival, Johann Strauss Sr., con el Gallop de los suspiros, de ritmo trepidante.

Volvemos al mediano de los hijos de Johann Strauss Sr., Josef, con “La libélula”. Y es que parece que Jansons tenga una mayor complicidad con el estilo más sutil y delicado de Josef, viendo los resultados… es verle dirigir (o incluso simplemente gesticular con la cara) y saber qué es lo que busca el director. Y eso es lo que hace grande a un director. Bravísimo en esta libélula que habría que enmarcar.

Y de ahí pasamos a una de mis piezas favoritas, el Vals del Emperador de Johann Strauss Jr. (aunque al emperador en cuestión, Francisco José I, no lo trago mucho, precisamente…). Con ballet. Y me da pena, porque me gustaría más ver a la orquesta tocándolo, pero bueno… ver el Schönbrunn tampoco está mal. No será lo mejor del concierto de este año, pero ha habido momentos musicales de gran belleza, y l ballet tampoco ha estado nada mal…

Y de ahí a la polka “A la caza” del “Cagliostro in Viena” de Johann Strauss Jr., otra pieza trepidante, en la que Jansons se permite jugar con unos crescendos de lujo. La percusión, de 10. Otra interpretación brillante para el cierre “oficial” del concierto.

Primera propina, de nuevo una polka de Johann Strauss Jr., “De prisa y corriendo”. Y de ahí a las dos piezas tradicionales… y es que un año que no comience con un buen “Danubio azul” no puede ser bueno… y en este caso, ya desde el principio ha sido una interpretación escalofriante. Si en el Vals del Emperador ha habido pasajes que me han resultado demasiado rápidos, en este Danubio Azul hay poco que objetar… esas pausas justo antes del tema principal, ese rubato al comenzarlo… es pura magia. Y ya el final, esos trinos de flauta… ¡Bravo! Por favor, ¡qué lujazo acabamos de vivir sin darnos cuenta!

Y concluimos, como no podía ser de otra forma en un concierto de año nuevo, con la Marcha Radetzki de Johann Strauss Sr. Magnífica conclusión para un concierto casi histórico, no sólo el mejor de los 3 que ha dirigido Jansons, sino uno de los mejores de lo que llevamos de siglo. Un placer casi indescriptible que es la mejor forma de comenzar el año. Ha habido magia en muchos momentos (magia es ese momento en el que la música te llega a lo más profundo del corazón), saber hacer, estilo… si tuviera que quedarme con un solo momento, sería la “Música de las esferas” (y viendo los resultados, que Jansons meta todo el Josef Strauss que quiera, porque lo borda).

Y ahora, a esperar el del año que viene. Que, por cierto, no dejo yo de preguntarme por qué no invitan a directores más jóvenes… me gustaría ver a Pappano, Thielemann, Andris Nelsons, Tugam Sokhiev o Yannick Nézet-Séguin en esa Musikverein en próximos años… pero bueno, mientras el año que viene no me den el disgusto de volver a traer al sosainas hasta el aburrimiento de Franz Welser-Möst, me tendré que conformar.

Y, por cierto, he hecho cálculos, y el primer Concierto de año nuevo que recuerdo haber visto fue el que el gran Lorin Maazel dirigió en 1996 (hace 20 años… estaba a punto de cumplir 11 años), aunque fue al año siguiente cuando empezó a interesarme la música clásica, gracias precisamente a este concierto. Y es también el segundo que veo desde que visité la Musikverein. A ver si algún año hay suerte (y presupuesto) y puedo verlo en vivo… ¡soñar es libre!

PD: Estas al mismo tiempo viendo el concierto por la tele, comentándolo en Twitter y escribiendo el post no puede ser bueno…