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In Memoriam: Franco Zeffirelli (15-06-2019)

Tan vinculado al mundo del cine como al del teatro, y sobre todo a la ópera (el pasado verano tuve ocasión de ver dos producciones suyas en la Arena de Verona, Turandot y Aida), fue un director clásico con un marcado preciosismo visual. Hace pocos días nos dejaba el mítico Franco Zeffirelli, y vamos a intentar repasar un poco su carrera.

El verdadero nombre de Franco Zeffirelli era Gian Franco Corsi, y nació en Florencia el 12 de febrero de 1923. Hijo bastardo de Ottorino Corsi, comerciante de telas de Vinci, y de la diseñadora Alaide Garosi. Ambos habían tenido una aventura pase a estar casados, por lo que Gian Franco no podía utilizar el apellido Corsi. Su madre eligió el apellido “Zeffiretti”, tomándolo del aria “Zeffiretti lusinghieri” del “Idomeneo” de Mozart. Pero el registrador escribió mal el apellido y quedó como Zeffirelli. 

Criado por su madre, ésta murió cuando él contaba 6 años, por lo que fue criado por la comunidad de expatriados británica de Florencia, gracias a lo cual fue bilingüe desde su infancia, hablando italiano e inglés. Graduado en la Academia florentina de Bellas Artes, entró en la Universidad para estudiar arquitectura siguiendo el consejo de su padre (que por fin lo reconoció como hijo suyo cuando tenía 19 años). Pero Italia estaba inmersa en la II Guerra Mundial. Franco Zeffirelli lucha como partisano antes de unirse como intérprete a un regimiento británico. Terminada la guerra, vuelve a la universidad, pero ver el Enrique V de Laurence Olivier hace que dirija su atención al teatro. 

Como escenógrafo es descubierto por Luchino Visconti, que cuenta con él como director asistente en varias ocasiones. Zeffirelli colaborará además con otros directores como Vittorio de Sica y Roberto Rossellini, aunque será el estilo de Visconti el que más influya en su carrera. Trabaja como ayudante de dirección en cine y como escenógrafo de teatro y ópera, incluyendo óperas poco frecuentes en la actualidad. Incluso escribe el libreto de la ópera “Anthony and Cleopatra” de Samuel Barber, cuyo estreno también dirige en 1966. 

Su debut como director de cine se produce en 1958 con la comedia “Camping”:

Pero su carrera como director no arranca hasta 1967. Ese año está previsto que dirija la adaptación cinematográfica de la obra teatral de Shakespeare “La fierecilla domada”, que estaba previsto que protagonizaran Sophia Loren y Marcello Mastroiani y que se rodaría en Italia. Pero entonces Richard Burton y Elizabeth Taylor invirtieron un millón de dólares en la producción a cambio de protagonizarla ellos. La película fue un considerable éxito de público y crítica:

Pero al año siguiente es cuando alcanza la fama. Decide dirigir una versión de “Romeo y Julieta” en la que los protagonistas tengan más o menos la edad de los personajes de la obra teatral: Leonar Whiting tenía 17 y Olivia Hussey 16 (uno más que Julieta, si no me equivoco). Pequeño problema porque Zeffirelli no duda en despelotarlos en la escena de la noche de bodas. Pero la película es visualmente bellísima y cuenta con una de las mejores partituras nunca escritas por Nino Rota. Si bien el estilo interpretativo es a menudo demasiado italiano, demasiado tendente al griterío, la película es un enorme éxito, en especial entre los adolescentes que por fin pueden sentirse identificados con los protagonistas:

La escena final es simplemente fascinante. El premio vino con 4 nominaciones al Oscar, de los que ganaría dos de tipo técnico. Las dos nominaciones sin premio fueron mejor película y mejor director para el propio Franco Zeffirelli. Recibió además numerosas nominaciones a los Globos de Oro y a los BAFTA, ganando también algunos de ellos. A día de hoy sigue siendo considerada la mejor adaptación de la más famosa de las obras teatrales de Shakespeare. 

Su siguiente película se estrena en 1972. Se titula “Hermano sol, hermana luna”, y es una biografía de San Francisco de Asís protagonizada, al igual que en el caso de “Romeo y Julieta”, por un actor debutante, en este caso Graham Faulkner. Si bien mantiene una estética similar a la de “Romeo y Julieta”, y la película consigue una nominación al Oscar, no es un éxito de crítica, que la califica como excesivamente dulce:

Ferviente católico (aunque criticado en ocasiones de blasfemo por algunos grupos religiosos), regresa al tema religioso en su siguiente película, una superproducción televisiva de 6 horas, “Jesús de Nazaret”, con un reparto de secundarios de lujo y protagonizada por Robert Powell:

En 1979 estrena “Campeón”, remake de la película homónima de King Vidor de 1931, sobre la vida de un boxeador, interpretado por Jon Voigh, su mujer Faye Dunaway y su hijo Rick Schroder. De nuevo no fue un gran éxito de crítica, pero sí de público, y la película está considerada como la más triste de la historia:

En 1981 estrena “Amor sin límites”, drama sobre una joven pareja que tendrá que hacer frente a la oposición de la familia de ella. La película, moderado éxito de público y con una memorable canción que ganará el Oscar, es un absoluto fracaso de crítica y se lleva numerosas nominaciones a los razzies: 

Quizá a causa de este fracaso, Franco Zeffirelli va a dedicarse los siguientes años a filmar versiones cinematográficas de varias óperas. Comienza en 1982 con “Cavalleria rusticana” de Mascagni y “Pagliacci” de Leoncavallo, ambas protagonizadas por Plácido Domingo. De “Cavalleria rusticana” escuchamos el “Innegiamo” cantado por Elena Obraztsova: 

Y de “Pagliacci” escuchamos el prólogo cantado por Joan Pons:

En 1983 dirige “La Traviata” de Verdi, con Plácido Domingo y Teresa Stratas, ambos protagonistas de su anterior “Pagliacci”. Esta versión consigue una nominación al Oscar (mejor dirección artística para el propio Zeffirelli) y a otros premios:

Y en 1986 estrena “Otello”, adaptación de la ópera verdiana criticada por algunos cortes en la partitura (en especial la canción del sauce de Desdemona), protagonizada por Plácido Domingo y Katia Ricciarelli:

Franco Zeffirelli regresa al cine en 1988, pero de nuevo muy unido al mundo de la música, con “El joven Toscanini”, protagonizada por C. Thomas Howell como el mítico director de orquesta, Sophie Ward y Elizabeth Taylor como una soprano veterana:

En 1990 consigue otro gran éxito adaptando al cine otra de las obras maestras de Shakespeare, en este caso “Hamlet”, con Mel Gibson interpretando al príncipe danés, Glenn Close como su madre, Alan Bates como el pérfido tío Claudio y Helena Bonham Carter como Ofelia. La película fue un éxito considerable:

Mientras, Franco Zeffirelli sigue trabajando en teatro y, sobre todo, en ópera. Entre sus innumerables producciones que pueden encontrarse en Youtube destaca el “Don Carlo” de la inauguración de la temporada de la Scala de Milán de 1992, famosa por el tremendo gallo de Pavarotti en el tercer acto, con un reparto nada desdeñable. Escuchamos a Pavarotti y a Daniela Dessì en el final de la ópera (con la aparición final de Samuel Ramey como Felipe II):

En cine, tras rodar en 1993 “La novicia”, obtiene de nuevo un importante éxito (el último probablemente) en 1996 con su adaptación de “Jane Eyre” de Charlotte Brontë, protagonizada por William Hurt y Charlotte Gainsbourg;

Desde 1994 Franco Zeffirelli fue senador por el partido Forza Italia de su amigo Silvio Berlusconi, quedando aún más demostrada su ideología conservadora. En 1996 confirmó que era homosexual (detestando el término gay). Algunos jóvenes actores a los que dirigió le acusaron tiempo después de abusos, pero ninguno de los casos ha sido demostrado hasta la fecha. 

Sus dos últimas películas son en buena parte biográficas, y no tuvieron gran éxito. La primera, en 1999, es “Te con Mussolini”, en la que un joven huérfano es acogido por unas mujeres británicas amantes de la cultura, interpretadas por Maggie Smith, Judi Dench y Joan Plowright, con Cher en el reparto:

Esta película obtiene un cierto éxito gracias a su impresionante reparto, pero en 2002 “Callas forever” es un fracaso. Muestra los últimos años de la diva, interpretada por Fanny Ardant, cuando un productor, interpretado por Jeremy Irons en una especie de retrato del propio Zeffirelli, intenta convencer de su vuelta a los escenarios. Joan Plowrigh completa de nuevo el reparto:

Alejado del cine, seguía todavía trabajando en la ópera pese a su avanzada edad. Finalmente, el 15 de junio de 2019 moría en su casa de Roma a los 96 años. El funeral tuvo lugar en Florencia, siendo enterrado en su panteón del cementerio que rodea a la basílica de San Miniato al Monte (cuando estuve allí, hace 6 años, vi un panteón con el nombre “Zeffirelli” que me sorprendió, ya que sabía que ese apellido no existía, era inventado… pues por lo visto era el suyo).

Con una filmografía irregular en la que sobresalen sus adaptaciones de Shakespeare, en el ámbito de la ópera Franco Zeffirelli ha sido una absoluta referencia de la escenografía de corte clásico pero de producciones muy elaboradas y con importante trabajo de dirección de actores. En este caso se ha ido sin duda uno de los más grandes directores de escena y escenógrafos que hemos tenido ocasión de ver.

120 años del estreno de Fedora (17-11-2018)


Por lo general, los compositores veristas, con la excepción de Giacomo Puccini, son considerados compositores “de una ópera”, ya que sólo una de sus óperas goza de fama y sigue siendo representada en la actualidad. Umberto Giordano ha sido, históricamente, la excepción a esta regla, ya que, a parte de la famosísima “Andrea Chenier“, otra de sus óperas, “Fedora”, gozaba de una cierta fama, hasta que en las dos últimas décadas prácticamente ha desaparecido de la programación de los teatros de ópera. Aprovechando el 120 aniversario de su estreno, vamos a intentar conocer mejor esta ópera que merecería una mayor fama.




Umberto Giordano era un joven aspirante a compositor cuando tuvo la ocasión de ver en vivo a la mítica actriz Sarad Bernhardt interpretando la obra “Fédora” de Victorien Sardou, y, fascinado por el retrato que plasmaba la actriz, vio las posibilidades de convertir la obra teatral en ópera. Giordano contaba apenas 22 años y había quedado sexto en un concurso de composición de óperas en un acto, concurso que ganaría Pietro Mascagni con su célebre “Caballeria rusticana”. Pese a que la ópera que presentó, “Marina”, no obtuviera éxito (Giordano era el más joven de los candidatos que se presentaron al concurso), llamó la atención del editor musical Eduardo Sonzogno, que lo contrató y, sabiendo los deseos del compositor, intentó obtener de Sardou los derechos de la obra. Pero Sardou rechazó la oferta, ya que Giordano era un completo desconocido.

Pasan los años, Umberto Giordano compone algunas óperas de diversos estilos, sin éxito. Así, tras estrenar en 1884 la ópera “Regina Diaz”, Sonzogno vuelve a contactar con Sardou, pero la respuesta vuelve a ser negativa. La situación cambia tras el exitoso estreno, en 1896, de “Andrea Chenier”, que catapulta a Giordano a la fama. Esta vez sí, Sardou accede a la oferta que le presenta Sonzogno (2 años antes de hacer lo propio con otra de sus obras “Tosca”, para Giacomo Puccini) y Giordano puede comenzar a trabajar en su nueva ópera, “Fedora”.

El libreto de la obra lo escribe Arturo Colautti, que 4 años después escribirá el libreto de la “Adriana Lecouvreur” de Francesco Cilea. Concluida la composición, “Fedora” se estrena por fin el 17 de noviembre de 1898 en el Teatro Lírico de Milán. Gemma Bellincioni se hace cargo de la parte de Fedora, mientras un por aqule entonces poco conocido Enrico Caruso asume la parte de Loris. La ópera fue un triunfo que catapultó a la fama a Caruso, si bien se mantuvo en el repertorio gracias al papel protagonista de Fedora, un papel bombón que atrajo la atención de sopranos como Renata Tebaldi, Renata Scotto, Mirella Freni y, sobre todo, Magda Olivero, que tendrá en esta ópera uno de sus mayores caballos de batalla. La ópera fue igualmente admirada por compositores tan dispares como Gustav Mahler (que dirigió su estreno en Viena), Jules Massenet o el difícil Camille Saint-Saëns. Pero los cambiantes gustos del público han hecho que en los últimos años sea muy difícil ver esta ópera en los teatros, especialmente fuera de Italia.

Antes de comenzar a comentar la ópera dejamos, como siempre, un enlace al libreto traducido.

La ópera consta de tres actos y una duración que apenas supera la hora y media.

Comenzamos el primer acto. Estamos en San Petersburgo a finales del siglo XIX. En el Palacio del Conde Vladimir Andrejevich, algunos criados se entretienen jugando a cartas, mientras comentan que el Conde se casa al día siguiente con la rica y viuda princesa Fedora Romazov, lo que, esperan, sirva al Conde para aliviar sus problemas, no sólo económicos, ya que se da a una vida libertina. Llega entonces Fedora, y los criados desaparecen dejando al joven sirviente Dimitri que le enseñe el palacio, ya que el Conde no está en casa. Fedora contempla el retrato de su futuro marido, pero es interrumpida por la llegada del policía Gretch, que busca la habitación del Conde; allí llevan su cuerpo, herido en un atentado. El médico Loreck se dispone a atender al herido y ordena traer a un sacerdote, ya que el Conde está grave. Fedora le suplica que lo salve, pero el médico consigue cerrar la puerta tras de sí para que ella no entre en la habitación en la que atiende al herido. Escuchamos el comienzo de la ópera con Mirella Freni como Fedora:

Gretch se dispone a interrogar a los criados, y Fedora le exige que lo haga en su presencia, ya que no han encontrado al autor del atentado y el Conde no ha dicho nada. El joven Dimitri cuenta que, a la salida del restaurante, a las 8 y media, lo despachó, ya que no necesitaba más su ayuda. Fedora se aferra a su cruz mientras los criados llaman al cochero Cirilo. Escuchamos esta escena con Magda Olivero en el papel de Fedora:

Entra Cirillo, que era quien conducía el coche en el que se dirigían al club de tiro. Después de 15 minutos allí, escuchó unos disparos y al poco vio salir a un hombre corriendo, goteando sangre. Percibiendo el peligro, llamó a un trineo que se encontraba cerca. Incapaz de continuar, el interrogatorio prosigue con el propietario de ese trineo, Giovanni de Siriex, agregado de la embajada francesa. Él cuenta cómo siguieron las manchas de sangre hasta el interior del pabellón, en el que encontraron al Conde caído en el suelo, con una pistola que Gretch comprueba que se ha disparado una vez. El criado Desire confiesa que siempre salía armado por estar amenazado, ya que era el hijo del General de la Guardia Imperial. Todos sospechan que el autor del atentado es un nihilista (grupo revolucionario ruso cercano al anarquismo, pacifista en sus orígenes pero que en esa época tornó violento). Gretch lee las notas que ha tomado su ayudante Ivan, pero Fedora los detiene al ver llegar al agente de policía que fue a buscar la medicina. Fedora se la lleva al doctor que está atendiendo al Conde, pero este no le dice nada ni le deja pasar. Gretch entonces sigue leyendo y comprueba que el pabellón en el que sucedió el atentado fue alquilado por una anciana. Desire afirma que una anciana llevó esa misma mañana una carta, que debería estar en un cajón, pero comprueban que ha desaparecido. Dimitri entonces cuenta que un hombre fue allí y se sentí allí, pero antes de dar su nombre salió corriendo, deduciendo que fue él quien robó la carta. Escuchamos la escena con Luigi Roni como Cirilo y Daniela Dessi como Fedora:

Fedora entonces, desesperada, recrimina a los criados su pasividad y promete vengarse, jurando sobre la cruz bizantina que le regaló su madre. Escuchamos el aria “Su questa croce” cantada por Magda Olivero:

Gretch le pregunta a Dimitri si ha visto antes a ese hombre. El criado contesta que sí, pero, pese a la insistencia de todos, no recuerda su nombre. Pide que consulten al portero, Miguel, que sí reuerda el nombre: Ipanoff. Es Loris, el vecino de enfrente. Gretch y el resto de policías salen a capturarlo, mientras Fedora y De Siriex siguen sus movimientos a través de las sombras que asoman por las ventanas. Cuando las sombras se juntan, y piensan que lo han capturado, aparece el doctor Loreck: el Conde ha muerto. Gretch llega en ese momento contando que el sospechoso ha huido, pero Fedora ya no escucha nada, corre hacia el cuerpo de su amado, reza ante él y termina desmayándose, mientras los criados, consternados, se arrodillan para rezar. Escuchamos el final del primer acto con Renata Tebaldi como Fedora y Mario Sereni como de Siriex:

Comenzamos el segundo acto. Fedora maquina su venganza. Nos encontramos ahora en París, en el palacio que posee la princesa y en el que celebra una fiesta, algún tiempo después del asesinato del Conde.

El acto comienza a ritmo de vals, con un considerable brillo orquestal muy interesante. La Condesa Olga, sobrina de Fedora, presenta ante Rouvel, un noble exiliado, y el doctor Borov, a su pretendiente, el presumido pianista Boleslao Lazinsky, también exiliado. Mientras tanto, Fedora le presenta a de Siriex a Loris Ipanoff, lo que deja de piedra al diplomático. Mientras Loris confiesa a los exiliados su amor por Fedora (desconoce su relación con el Conde), ella le cuenta a de Siriex que es todo parte de su plan: sabiendo que estaba en París, ha venido para seducirlo, y espera que confiese el asesinato antes de poder delatarlo. No dudará en hacerlo pese a comenzar a estar enamorada de él. Escuchamos el comienzo del segundo acto con Magda Olivero como Fedora, Mario del Monaco como Loris, Tito Gobbi como de Siriex, Lucia Cappellino como Olga y Piero di Palma como Rouvel:

Fedora en ese momento enseña a todos su cruz bizantina. Donde antes había una reliquia ella ha puesto un veneno. Cuando Loris le pregunta si es para ella o para otro, ella contesta que no se sabe. Olga insiste en presentar a Lazinsky como pianista, pero mientras Fedora y Loris se alejan, de Siriex insulta de broma a la joven, que llama a todos. Escuchamos la escena con Magda Olivero y Giuseppe di Stefano:

De Siriex entonces describe a la mujer rusa como dos en una, una dulce y la otra peligrosa, valiente y traidora, y Olga sería un buen exponente de esta mujer. Escuchamos el aria “La donna russa” cantada por Mario Sereni:

Olga entonces responde insultando a los hombres parisinos, que son como el bino, calientan al momento pero desaparecen en seguida. Escuchamos así el aria de Olga “Il Parigino è come il vino”, habitualmente omitida, cantada por Ainhoa Arteta:

Reaparecen Fedora y Loris. Él le confiesa su amor, y ante la replica de ella de si no es correspondido, el señala que el amor le impedirá no amar en correspondencia. Fedora le confiesa que vuelve a Rusia al día siguiente, y Loris confiesa lamentar no poder seguirla. Ella le dice que suplicará clemencia para él, pero no servirá. Pese a todo, por ahora Loris no confiesa ser culpable.  Escuchamos la escena y el aria de Loris “Amor ti vieta” con Renata Tebaldi y Giuseppe di Stefano:

Es necesario, en todo caso, escuchar este breve aria, “Amor ti vieta”, cantada por Enrico Caruso, en esta grabación que es sólo 4 años posterior a ese estreno que le lanzó a la fama:

Mientras Olga consigue que Lazinsky comience su recital, Fedora y Loris, escondidos del resto de la fiesta, conversan. Fedora insiste en saber si Loris es culpable del asesinato del Conde, y finalmente él confiesa que lo mató. Fedora lo llama “asesino” y Loris afirma que fue un castigo, pero viendo la reacción de Fedora, se dispone a irse, ya que ve que ahora en vez de amarle le teme. Ella teme que se vaya antes de saber toda la verdad, y consigue que Loris esté dispuesto a confesarle todo, pero no en la fiesta; volverá en una hora. Loris se va, y Fedora, rabiosa, es consciente de tener a su enemigo entre las garras. Mientras, Lazinsky termina el recital y todos se disponen a bailar, pero de Siriex le dice a Fedora que suspenda la fiesta y le da un mensaje: un atentado contra el Zar (Alejandro II fue víctima de varios atentados, muriendo finalmente por uno de ellos; en la ópera no se especifica cuál es, si el que sufrió en París en 1867, uno anterior de 1866 o alguno de los posteriores, por lo que no podemos especificar el año exacto en el que transcurre la acción). Todos abandonan el lugar, quedando Fedora sola. Escuchamos el dúo y la escena posterior con Magda Olivero y Giuseppe di Stefano:

En este momento se sitúa el tradicional intermezzo sinfónico tan propio del verismo, que en este caso retoma el tema del aria de Loris “Amor ti vieta”:

Fedora llama entonces al oficial Gretch, que estaba escondido. Espiaba a Loris en París, y tiene pruebas que incriminan también a su hermano Valeriano. Fedora le cuenta que Loris ha confesado; la idea es que los oficiales lo amordacen cuando abandone el palacio, para llevarlo al barco Elisabetta, en la desembocadura del sena, que es territorio ruso, y así repatriarlo. Mientras, envía una carta a San Petersburgo contando los resultados de la investigación. Se escucha a Loris volver y Gretch se oculta. Escuchamos la escena con Renata Tebaldi:

Al entrar Loris, Fedora le recrimina que los nihilistas como él han atentado contra el zar, como hizo él con el Conde. Pero Loris confiesa que no es un nihilista, que mató a Loris por una mujer, la suya. Su madre, que vive sola en un castillo alejado, había acogido a una joven rubia llamada Wanda, de la que Loris se enamora y se casa con ella. Testigos fueron dos amigos, uno de ellos el Conde Vladimiro. Pero las constantes visitas de éste le hacen sospechar, y finalmente encuentra un día a la criada de Wanda saliendo de casa de Vladimiro. Al no conseguir respuesta de ella, entró en casa de Vladimiro y robó una carta en la que se confirmaba la cita para ese día a las 9. Loris guarda todavía la carta, que le muestra a Fedora como prueba, y esta comprueba como Vladimiro la insulta en la carta. Fedora ahora ya no puede acusar a Loris, está enamorada de él. Entonces Fedora le pide que le cuente lo sucedido. Loris le cuenta que, gracias a la criada, supo el lugar de la cita y fue allí; al presentarse ante la pareja, Vladimiro le dispara y le hiere, pero Loris le dispara y lo mata. Wanda huye, pero muere enferma. Loris ahora quiere saber quién le espía, pero Fedora afirma no saber nada. Escuchamos el dúo con Renata Tebaldi y Giuseppe di Stefano:

Loris lamenta no poder reunirse con su madre en el aria “Vedi, io piango”, pero Fedora entonces le dice que es ella la que llora por haber sospechado de él. Loris se prepara para irse, pero entonces Fedora oye la señal de Gretch para emboscar a Loris, y consigue detenerle para que no lo capturen. Afirmando que tiene miedo a lo que pueda pasarle, consigue que Loris se quede en su casa, pese a las sospechas que esto pueda despertar en los demás y así, sin él saberlo, lo salva. Terminamos de escuchar el dúo de nuevo con Tebaldi y Di Stefano:

Comenzamos el tercer acto. Fedora y Loris ahora están en la villa que ella tiene en Suiza, cerca del lago de Thun, al pie de los alpes. Unas campesinas pasan cantando a la primavera ante la villa:

Fedora va a recoger Flores, pero Loris sólo le mira a ella. Entra Olga, enfadada y aburrida por todo lo que le rodea. Se escucha un timbre, y Loris huye a correos, ya que espera un mensaje que le ha llegado a París. Aparece el visitante: es de Siriex. Escuchamos la escena con Fabio Armiliato y Daniela Dessi:

De Siriex le pregunta a Olga por Lazinsky, pero ella le dice que ha sido otro desengaño. Fedora y de Siriex se burlan del joven y de Olga. Una vez consigue alejar a Olga, de Siriex revela los motivos que le han llevado a visitarle: viene a despertarle de su sueño de amor. Escuchamos la escena con Magda Olivero, Tito Gobbi y Lucia Cappellino:

De Siriex le cuenta que Jariskin detuvo a un joven acusado de Nihilista y lo encarceló en una fortaleza a orillas del Neva, que se inundó una noche con una crecida del río, y el joven se ahogó. Era Valeriano, el hermano de Loris. Y al llevarle la noticia a su madre, ésta también murió de repente. Fedora se da cuenta de que la madre y el hermano de Loris han muerto por culpa de su mensaje. En ese momento entra Olga y ella y de Siriex se van a montar en bicicleta, dejando a Fedora sola. Escuchamos la escena con Magda Olivero y Guido Mazzini:

Un joven saboyano pasa cantando ante la casa, mientras Fedora suplica a la virgen que salve a Loris, no a ella, que es culpable y no merece perdón. Escuchamos la plegaria cantada por Magda Olivero:

Vuelve Loris, preocupado por no tener noticias ni de su madre ni de su hermano. Un telegrama de Boroff le confirma que ha sido absuelto y puede volver a Rusia. Feliz con la noticia, quiere casarse con Fedora, pero ella se muestra cauta, y eso le recuerda a Loris las cartas que Basilio ha entregado y que Fedora no ha conseguido esconder, anteriores al telegrama. Una carta que lee por encima pero que le permite saber lo que les ha sucedido a su madre y su hermano. Y todo por una carta enviada por una agente secreta rusa en París, de la que se desconoce el nombre, pero a la que no tardarán en encontrar. Escuchamos la escena cantada por Renata Tebaldi y Giuseppe di Stefano:

Loris, desesperado, sólo espera poder encontrar a la delatora, lo que asusta a Fedora. Loris la ve alejarse y le suplica que no le deje, ya que es lo único que le queda. Continuamos escuchando a Tebaldi y Di Stefano:

Loris espera la llegada de Boroff para saber más detalles. Está impaciente por regresar a París para descubrir la identidad de esa mujer. Fedora, temblando de miedo, intenta calmarlo, diciéndole que quizá tenía motivos para vengarse por haber perdido a Vladimiro, pero Loris le dice que ahí su madre y su hermano no pintaban nada. Aún si la mujer le pidiera perdón, Loris rechazaría dárselo. Dándose cuenta de que Loris puede matarla en cuanto la descubra, recuerda su cruz, y vacía el veneno en una taza. Y, de tanto defender a esa mujer, Loris se da cuenta de que Fedora es la delatora, cree que su amor es falso y que sólo tenía por objetivo espiarle y traicionarle, pero cuando va a golpearla, ella corre hacia la mesa y se toma la bebida de la taza en la que había vertido el veneno, diciéndole a Loris que es la muerte. Escuchamos el dúo, de nuevo, con Tebaldi y di Stefano:

En ese momento llega Borov, y Loris, dándose cuenta de lo sucedido, le dice al doctor que busque ayuda, pero Fedora le dice que es en vano, que se muere, y sólo quiere el perdón de Loris. Él está desesperado al ver que pierde lo único que le queda. Fedora piensa que, si viva la odiaba, muerta la amará. Temblando de frío por efecto del veneno, Loris la abraza y la perdona antes de que ella muera. Escuchamos el final de la ópera con una escalofriante Magda Olivero y Mario del Monaco:

Y ahora que alguien me explique por qué esta ópera apenas se representa hoy día… porque yo no encuentro explicación.

Concluimos, como siempre, con un Reparto Ideal:

Fedora: Magda Olivero.

Loris Ipanoff: Giuseppe di Stefano.

De Siriex: Mario Sereni.

Olga: Ainhoa Arteta.

Dirección de orquesta: Gianandrea Gavazzeni.



In Memoriam: Daniela Dessì (20-08-2016)


En todos los años que llevo yendo a la ópera sólo una vez han conseguido hacerme llorar: fue allá por 2009, en la Maestranza de Sevilla. Una Fanciulla del West de Puccini (sí, lo sé, es una de las óperas con final más feliz de Puccini, pero es que a mí ese tema de la redención siempre me toca bastante). Los protagonistas eran Fabio Armiliato y Daniela Dessì. Y cuando ella llegó a ese maravilloso “E anche tu lo vorrai” terminé llorando como un idiota.




Pues tuve casi una reacción similar cuando, el pasado sábado por la noche, mientras esperaba el tren, entro en el facebook y me encuentro con la noticia de que Daniela Dessì había muerto. Todavía había una cierta cautela, no sería el primer bulo similar que ocurre, pero poco después se confirmó la noticia que nadie queríamos ni podíamos creer: con 59 años un cáncer de colon fulminante se la había llevado en pocas semanas. Por eso, aunque con unos días de retraso, quería dedicarle un post In Memoriam a una soprano a la que pude ver dos veces en vivo (y saludarla en una ocasión… lástima que perdí la foto que me hice con ellos) y que me hizo pasar muy buenos momentos. Una artista, como muchos califican, de las de antes, de muchísimo carácter escénico, gran técnica e indudable sensibilidad artística que recordaba a las grandes sopranos de postguerra.

Daniela Dessì había nacido el 14 de mayo de 1957 en Génova. Tras estudiar canto en Parma y Siena, debutó en 1980 en Savona con “La serva padrona” de Pergolesi, en unos inicios en los que cantaba un repertorio más ligero que terminaría pasando a repertorios más dramáticos y que le llevarían a cantar en los más prestigiosos teatros y con los principales directores de orquesta.

De un repertorio tan basto, hay que destacar en sus primeras etapas la música barroca, como este Adriano in Siria de Giovanni Battista Pergolesi de 1986:

Del mismo compositor tenemos este Stabat Mater de 1987 dirigido por Alberto Zedda:

Cantó también la protagonista de “L’incoronazione di Poppea” de Claudio Monteverdi, aunque no he encontrado ningún fragmento. Y de 1982 tenemos también este “Farnace” de Antonio Vivaldi:

De Domenico Cimarosa vamos a escuchar esta grabación de “Gli Orazii ed i Curiazzi” de 1983:

Y en esa primera época cantó también diversos roles mozartinos, como “Le nozze di Figaro” o la Donna Elvira de “Don Giovanni”, de la que escuchamos esta espectacular versión del “Mi tradì quell’alma ingrata”, simplemente maravillosa, con unas coloraturas perfectamente precisas:

Y qué decir de su Fiordiligi del “Così fan tutte”, de la que aquí escuchamos un “Come scoglio” de 1989 dirigida por Riccardo Mutti:

A ver qué pega se le puede encontrar a esto…

Daniela Dessì cantó también varias óperas de Rossini en sus primeros años. Por ejemplo, este Mosè in Egitto de 1983:

De nuevo en Pesaro la tenemos en 1985 cantando “Il signor Bruschino”:

Y ese mismo 1985 la tenemos en Turín cantando la “Elisabetta, Regina d’Inghilterra”:

Y la vemos ahora cantando en Stabat Mater en 1992, dirigida por Riccardo Chailly:

La vamos a escuchar ahora en un par de fragmentos del “Guillaume Tell” de 1995. Empezamos por la bellísima aria “Sombre fôret”:

Y ahora en el dúo posterior con el Arnold de Gregory Kunde:

De Gaetano Donizetti comenzamos con este “Tornami a dir che m’ami” del Don Pasquale de 1984 junto a Max René Cosotti:

Destacó su interpretación de la “Alina regina di Golconda”, de la que escuchamos aquí la escena final:

La escuchamos ahora cantando el dúo de “L’elissir d’amore” “Chiedi all’aura lusinghiera” junto al Nemorino de su marido, Fabio Armiliato:

En su etapa final, cuando su repertorio pasó a ser más dramático, Daniela Dessì incorporó todavía algún papel belcantista, como la protagonista de “Poliutto”, en 2012:

La “Norma” de Vincenzo Bellini será también otro de esos papeles que incorpora en su última etapa, y la disfrutamos aquí con su “Casta diva”:

Verdi fue un compositor muy importante en el repertorio de  Daniela Dessì, aunque también en este compositor veremos como va cambiando su repertorio. Tenemos por ejemplo la Elvira de “Ernani”, de la que escuchamos la cabaletta cantada en 1992:

También la Gilda de “Rigoletto” formó parte de su primer repertorio, como comprobamos en la grabación en estudio que realizó dirigida por Riccardo Mutti en 1988 y de la que escuchamos el “Sì, vendetta” junto a Giorgio Zancanaro:

De 2011 es por el contrario esta representación de “Il trovatore”, de la que escuchamos la primera de las arias de Leonora, donde podemos observar que mantiene intactas sus capacidades para la coloratura:

Le escuchamos ahora en la cabaletta final del primer acto de “la Traviata”,en un recital en Tokyo. Vaya por delante que Daniela Dessì no da el Mib sobreagudo, lo que explica la ausencia en su repertorio de papeles belcantistas más agudos, como la Luccia o la Elvira de I Puritani:

La escuchamos ahora en 1997 cantando el difícil bolero de “I vespri Siziliani”:

La escuchamos ahora en un papel mucho más lírico, la Amelia de “Simon Boccanegra”, en 2004; el final del aria es magnífico:

Cantó también los papeles protaonistas de “Un balo in maschera” y “La forza del destino”, mucho más dramáticos. De esta última ópera escuchamos el aria “Pace mio Dio” en un recital en 2001 dirigido por Zubin Mehta:

Daniela Dessì fue la protagonista del mítico “Don Carlo” de 1992 dirigido por Riccardo Mutti; mítico sobre todo por el monumental gallo de Luciano Pavarotti de la escena de los embajadores, pero ella estaba espléndida, como podemos comprobar en este dúo entre ambos, “Io vengo a domandar”:

Cantó Aida, entre otras, en la Arena de Verona. Vemos el dúo final junto a su esposo Fabio Armiliato en 2009:

Otro rol verdiano que incorporó bastante pronto en su repertorio fue la Desdemona de “Otello”, de la que escuchamos aquí su escena completa del IV acto:

Y la disfrutamos también como Alice en Falstaff, ya en esta representación de 1986:

Terminamos el repaso al repertorio verdiano de Daniela Dessì con su participación en el Requiem, en este caso de 1987:

En su última etapa incorporó también el difícil y muy dramático papel de “La Gioconda” de Ponchielli (un papel tan difícil que es complicado encontrar actualmente intérpretes que se atrevan a cantarlo), del que escuchamos el “Suizidio” de 2011:

Pasamos ya al repertorio verista, y comenzamos escuchándole como la Nedda de “Pagliacci” en 1995:

De Ruggero Leoncavalloparticipará también en la grabación, en 2007, de la primera grabación de “I Medici” junto a Plácido Domingo.

Un papel tardío en su repertorio (lógico, es propiamente un papel para mezzo-soprano) fue la Santuzza de “Caballeria rusticana”; la escuchamos en este papel en 2013:

Pero más destacable será su interpretación de “Iris” en 1996 (por desgracia junto a José Cura), una ópera maravillosa y tristemente olvidada:

De Umberto Giordano fue una magnífica intérprete de dos de sus óperas. La primera, ese “Andrea Chenier” que tanto cantó (una de sus últimas representaciones sería con esta ópera en Las Palmas este mismo 2016). De hecho, la suya es hasta la fecha la única interpretación que he escuchado en vivo del aria “La mamma morta”.  Escuchamos su versión de esta bellísima aria; merece la pena, y mucho:

Pero vamos a escucharla también en el dúo final junto, de nuevo, junto a su marido Fabio Armiliato, en 2005:

Su otro gran papel fue “Fedora”, de la que escuchamos aquí el 3º acto completo junto a Plácido Domingo en 1999:

De Umberto Giordano llegó a cantar también “La cena delle beffe”, aunque aquí vamos a escuchar la grabación en estudio del dúo junto a Fabio Armiliato:

Fue también una excelente intérprete de la “Adriana Lecouvreur” de Cilea, de la que escuchamos aquí el recitado del monólogo de Fedra, del año 2000 en la Scala, donde, pese a cantar muy poco, tiene que sacar todo ese temperamento italiano que requiere el papel, especialmente en ese momento en el que usa el texto de la obra de teatro para insultar a la princesa (“como hacen las audacísimas impuras”… ¡toma ya qué arte para insultar!):

¡Qué forma de interpretar! Para poner los pelos de punta…

La escuchamos también en el “Mefistofele” de Boito, en 1989, en el aria “L’altra notte”, en otra magnífica interpretación:

Daniela Dessì cantó también el “Sly” de Wolf-Ferrari o la magnífica “Francesca da Rimini” de Riccardo Zandonai, de la que escuchamos aquí la escena en la que rechaza a su cuñado Malatestino (mejor ignorar al tenor…):

Y por supuesto, Daniela Dessì fue una gran intérprete de las heroínas puccinianas, comenzando por la “Manon Lescaut”, de la que aquí escuchamos el aria “In quelle trine morbide”, con unos bellísimos pianísimos:

La escuchamos ahora en fecha mucho más temprana (1990) cantar la segunda aria de Mimì en “La Boheme”, “Donde lieta uscì”, con la voz mucho más fresca, pero en una interpretación no menos emotiva:

Para Daniela Dessì, su gran referente fue siempre Maria Callas, y en qué mejor papel se puede ver esa influencia que en “Tosca”. De hecho, en 2008, tras cantar el “Vissi d’arte” en el Teatro Comunale de Florencia, la reacción del público le hizo bisar el aria, algo que no ocurría desde 1957, con Renata Tebaldi nada menos. Escuchamos ese bis:

La escuchamos ahora en otro de sus grandes, el de “Madama Butterfly”, en 2009:

La Minnie de “La fanciulla del West” fue otro de sus grandes papeles; será difícil encontrar sopranos que lo hayan cantado tanto como ella. Y los resultados demuestran que fue una elección acertada, como podemos comprobar escuchando el dúo del final del primer acto junto a Fabio Armiliato (magnífico Johnson, por cierto):

Daniela Dessì es también la primera soprano que, en Italia, ha cantado seguidos los 3 papeles de “Il Trittico” de Puccini, en la Ópera de Roma. Escuchamos su aria de “Suor Angelica”:

Y le escuchamos también en el “Gianni Schicchi”, aunque en este caso en una grabación en estudio de la famosa aria “O mio babbino caro” (por desgracia no encuentro fragmentos de “Il tabarro”):

En “Turandot” cantó al principio el papel de Liù, pero en sus últimos años incorporó el propio personaje de Turandot, uno de los últimos que incorporó a su repertorio. La escuchamos en 2012:

Fuera del repertorio italiano, Daniela Dessì cantó papeles como la Marguerite del “Faust” de Gounod, la Micaela de la “Carmen” de Bizet e incluso cantó la ópera “El jugador” de Prokofiev, así como música de concierto, como los 4 últimos lieder de Richard Strauss, del que escuchamos mi favorito, el tercero, “Beim Schlafengehen”:

En lus últimos años acompañó también a su esposo en la gira que él estaba realizando cantando tangos, y en la que cantaron a dúo esa bellísima canción (que no es propiamente un tango, aunque la poplarizara el gran Carlos Gardel), “El día que me quieras”:

Pero tras repasar su extenso repertorio en su larga carrera (36 años sobre los escenarios), no puedo evitar concluir con un vídeo de las funciones de “La fanciulla del West” que le vi en Sevilla en 2009, ahora cantando su aria “Laggiù nel Soledad”:

Es cierto que el vibrato en el agudo es muy notorio, pero es que había que verla en vivo, había que oírla frasear, ver cómo interiorizaba el personaje, cómo entraba a caballo en el escenario en el segundo acto como si fuera una heroína de western, verla tendida junto a la barra del salón cuando Armiliato abría la puerta y entraba un chorro de luz que la iluminaba mientras ella repetía la frase de él “Tengo un rostro de ángel” (quizá visualmente la escena más bella que he visto nunca en una ópera la de esta producción de Giancarlo del Monaco). Todo esto, unido a su carácter extrovertido, a su simpatía, a ese digámoslo así”puntito de locura” que tenía, hicieron de Daniela Dessì un personaje muy querido por los operófilos, incluso por aquellos que no llevamos muchos años yendo a la ópera. Y es que con ella se nos va una gran soprano que, quizá ahora, este camino de convertirse en leyenda.