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Centenario del estreno de La Rondine (27-03-2017)


Es una de las óperas más desconocidas de Giacomo Puccini, a menudo menospreciada por su calidad supuestamente inferior, pero a mí me resulta una ópera enormemente emotiva. Hoy, con motivo del centenario de su estreno, repasamos la historia de “La Rondine”.




Giacomo Puccini había estrenado su última ópera, “La fanciulla del West” en 1910, y se hallaba en busca del argumento de sus siguiente ópera, barajando numerosas opciones. Pero en 1913 viaja a Viena para estrenar en esta ciudad su nueva ópera, y allí recibe una oferta de trabajo: el Karl-Theather le ofrece componer una opereta vienesa. Puccini en principio no se muestra del todo satisfecho, pero sus peleas con su editor, Giulio Riccordi le llevarán a aceptar el contrato, con una condición: Puccini no quiere componer una obra que combine pasajes musicales y diálogos hablados, sino una obra completamente cantada, siguiendo la estética de “Der Rosenkavalier” de Richard Strauss.

Giuseppe Adami traduce al italiano el libreto original alemán de Alfred Maria Willner y Heinz Reichert, un argumento con momentos de comedia, con una pareja protagonista y otra secundaria de carácter más cómico, pero con un final que, sin ser dramático como los de las grandes óperas anteriores de Puccini, no resulta un final feliz.

Giacomo Puccini termina de componer “La Rondine” en 1915, mal momento para estrenar una ópera, con Europa inmersa en la I Guerra Mundial. Para colmo, Italia entra en 1915 en la Guerra, pero no en el bando Austriaco, con quien se suponía que tenía una alianza, sino en el rival. En tal situación, era imposible que Puccini estrenara la ópera en Viena. Además, Riccordi rechaza hacerse cargo de la ópera. Será su editor rival, Lorenzo Sonzogno, quien se haga cargo de la ópera y consiga poder estrenarla en un país neutral, eligiendo Montecarlo. Será en el Gran Teatro del principado monegasco donde se estrene finalmente la ópera el 27 de marzo de 1917, con un reparto de lujo encabezado por Gilda Dalla Rizza y Tito Schipa, alcanzando un notable éxito que, por desgracia, no perdurará.

De hecho, Puccini realizará alteraciones a la partitura, como la incorporación de un aria para el tenor en el primer acto (usando una canción que había compuesto anteriormente cambiándole la lera) o incluso un cambio en el final, mucho más dramático. Quizá Puccini se daba cuenta de que, tras dos magníficos actos, llenos de melodías bellísimas, de ritmos de danza y sonoridades más modernas (La Rondine es una ópera tan innovadora como cualquier otra de la producción pucciniana), el tercer acto se quedaba quizá un poco pobre dramáticamente hablando. Y la culpa es sin duda de un libreto que nos ha dejado grandes frases en los dos primeros actos pero que aquí parece difuminarse sin encontrar la salida. Y, pese a todo, pese a ser el final original más bien flojito, es muy difícil no emocionarse con él.

Comenzamos ya a repasar el argumento de la ópera, dejando antes un enlace del libreto.

Comenzamos el primer acto de La Rondine. Estamos en París, a comienzos del siglo XX, esa época feliz y próspera en la que nadie se imaginaba que iba a estallar una terrible guerra poco después (¿morirá nuestro protagonista combatiendo en el frente? Imaginémonos una continuación a esta ópera…). Estamos en un salón en casa de Magda, la amante del rico Rambaldo. Allí están un grupo de amigos, entre ellos el poeta Prunier, que habla de una nueva moda en el mundo elegante de París: el amor sentimental. La criada Lisette se burla de este comentario, afirmando que eso no existe, que todo son encuentros fugaces. Magda echa a su criada para poder escuchar lo que cuenta Prunier: un amor basado en miradas, besos, suspiros… y nada más, que se extiende como un microbio entre todas las mujeres parisinas, incluyendo Doretta, el personaje que le ha inspirado su nueva canción. Magda le obliga a cantarla, y cuando Rambaldo pregunta por el argumento y Prunier le contesta que es el amor, Rambaldo lo considera un tema aburrido, al contrario que Magda. Prunier cuenta que el rey quiso besar a Doretta y le prometió riquezas a cambio de hacerla suya, pero ella le rechaza, porque el oro no le puede dar la felicidad. Prunier se calla, ya que no ha conseguido encontrar el final de la historia, pero Magda se atreve a rematarla: un joven besa a Doretta, revelándole una felicidad que las riquezas nunca podrían darle. Escuchamos este famosísimo pasaje “Chi il bel sogno di Doretta” con Angela Gheorghiu:

Este pasaje es tan famosos que ha sido grabado por numerosas sopranos que nunca han cantado el papel completo; he puesto la versión de Gheorghiu para poder escuchar la parte del tenor también, pero ahora vamos a escuchar una versión mejor cantada, que le saque mucho más partido a esos agudos en pianísimo; escuchamos la versión de Montserrat Caballé:

Todos se emocionan al escuchar a Magda, incluso el poco romántico Rambaldo, que rechaza verse afectado por el amor; él lo compra con un collar de perlas que regala a Magda. Pero Prunier se da cuenta de que ella duda, que no se encuentra contenta.

Llega Lisette para avisar a Rambaldo de que una persona a la que espera lleva ya una hora esperando su respuesta: es el hijo de un amigo de infancia. Rambaldo sale a buscarlo, mientras Prunier le pregunta a Magda como puede soportar a Lisette, que no para de hablar: Magda afirma que le da luz a su vida, algo que sorprende a todas, ya que envidian la vida de Magda, ya que Rambaldo es generoso y le da todo lo que pueda pedir. Magda rechaza que puedan pensar que el dinero le da la felicidad, y recuerda cuando, años antes, cuando era jovencita, se escapó de casa de su tía y fue a Bullier, donde conoció a un chico con el que bailó, que le invitó a una cerveza, que escribió su nombre junto al de ella en el mármol… con el que descubrió el amor, a fin de cuentas. Añora la felicidad que sintió en aquel momento. Escuchamos esa bellísima aria que es “Ore dolci e divine” cantada deliciosamente por Ainhoa Arteta:

Venga, lo confieso, es uno de los pasajes que más me emocionan de esta ópera.

Le preguntan a Prunier si la historia le interesa, pero él responde que su protagonista tiene que ser refinada, elegante y perversa, digna de él. Para saber si una mujer reúne esas condiciones hay que leer la palma de su mano. Lee la de Magda, y ve como el destino la lleva, como si fuera una golondrina (Rondine en italiano, de ahí el título de la ópera) lejos, tal vez hacia el amor, pero que el destino tiene una doble cara: puede ser un final feliz o no.

Mientras ha llegado el joven al que esperaba Rambaldo, Ruggero, que por primera vez visita París. En este momento Puccini incluye en una versión alternativa (poco utilizada posteriormente) un aria, “Parigi”, en la que Ruggero describe sus impresiones sobre la ciudad que le fascina. Escuchamos el aria cantada por Roberto Alagna:

Rambaldo pide consejo sobre dónde enviar a Ruggero en su primera noche en París. Prunier le responde que a la cama, pero Lisette en seguida replica que la primera noche en París es como ver el mar por primera vez, y discuten sobre el lugar más adecuado para enviarlo, sugiriendo Lisette finalmente Bullier, donde florece el amor. Magda se estremece al escuchar el nombre de lugar. Tras enviar a Ruggero a Bullier, todos dejan sola a Magda, incluida Lisette, que tiene su noche libre. Magda recuerda lo que le dijo Prunier al leerle la mano, y decide rememorar su vieja historia yendo a Bullier. En ese momento aparece Lisette junto a Purnier: ¡se aman, flípalo! Prunier todo el rato insistiendo en que no la aguanta, y vaya si la aguanta… ambos van a ir de fiesta, y Lisette “toma prestada” ropa de Magda. Justo cuando se van reaparece Magda, vestida de una manera mucho más sencilla de la que acostumbra, y se prepara para ir a Bullier sabiendo que, con ese aspecto, nadie la reconocerá. Escuchamos la escena final del primer acto con Kiri Te Kanawa como Magda, Mariana Nicolesco como Lisette y David Rendall como Prunier:

Comenzamos el segundo acto de La Rondine, en el que nos vamos a encontrar más ritmos bailables propios de la opereta. Y es que estamos en Bullier, donde todos están de fiesta. Unos beben, hay parejas que discuten y otras que ligan. Un grupo de busconas ve llegar a un jovencito guapete y tímido, Ruggero, e intentan embaucarle, pero él las ignora. Mientras, un grupo de jóvenes estudiantes ve llegar a una desconocida (Magda), y la atienden de forma algo empalagosa; quieren su compañía, y ella les rehuye como puede, para lo que tiene que buscarse la excusa de que ha quedado con alguien. Ellos insisten en acompañarla, y ella no encuentra mejor solución que saludar a Ruggero, que no sabe quién es ella. Escuchamos esta introducción dirigida por Lorin Maazel y con Kiri Te Kanawa como Magda:

Magda le cuenta la verdad a Ruggero: era una excusa para librarse de los moscardones, y en cuanto desaparezcan, ella le deja. Pero Ruggero le pide que se quede, ya que la ve diferente a las demás, le recuerda a las tímidas y modestas jóvenes de su ciudad Montauban, que sólo llevan una flor en en el pelo, como la que se ha puesto ella. Y tras la sugerencia de Magda, ambos van a bailar. Magda siente estar viviendo una nueva aventura como la de su juventud. SE unen a la multitud que baila. Escuchamos la escena con Anna Moffo y Daniele Barioni:

Como el vídeo se corta justo cuando comienza el vals instrumental, dejo otra versión del final del dúo y el vals posterior:

Llegan Prunier y Lisette. Prunier intenta enseñarle a ella a comportarse, pero ella se enfada porque se siente regañada cada vez que hace algo.

Magda y Ruggero dejan de bailar. Ella tiene sed y él pide dos cervezas. Ella le pide que pague al camarero 20 escudos y le deje las vueltas, recordando lo que hizo el joven en aquella escapada anterior que ella tanto añora. Tras un brindis, él le pregunta su nombre; ella escribe sobre el mármol un nombre falso, Paulette, mientras el se presenta con su verdadero nombre. Insiste en saber cuál es su misterio, ya que no sabe nada de ella; ella le dice que la acepte como es y él siente que es la persona que estaba esperando, y se besan. Pues sí, es verdad que en Bullier florece el amor, y a qué velocidad… escuchamos el dúo de nuevo con Anna Moffo y Daniele Barioni:

Aparecen entonces Prunier y Lisette, que cree reconocer a su señora y a Ruggero. Prunier, dándose cuenta de lo que sucede, le dice que ella no es Magda, o algo así, y como a Lisette le falta un hervorcillo se arma un lío. Van a saludar a Ruggero para ver si el consejo que le dio Lisette de ir a Bullier ha servido de algo, a lo que Ruggero responde afirmativamente y les presenta a “Paulette”. Magda y Lisette se chinchan por la ropa que llevan, mientras Magda aprovecha también para meterse con Prunier por estar con su “odiada” Lisette. Ruggero propone entonces un brindis, mientras Magda ve cómo su sueño se está haciendo realidad. Y llegamos a otro de los mejores momentos de La Rondine, el brindis “Bebo al tuo fresco sorriso”. Pero seguimos porque vamos a escuchar ya todo lo que queda hasta el final del acto seguido. Lega Rambaldo, y Lisette se lleva a Ruggero mientras Prunier intenta entretenerlo, pero Magda decide quedarse para abandonar a su amante, diciéndole “Tú no sabes lo que es tener ser de amor y encontrar el amor, tener ganas de vivir y encontrar la vida” (eso es una frase y lo demás son tonterías). Rambaldo le desea que no se arrepienta antes de irse. Rambaldo se va, y Ruggero vuelve en busca de “Paulette”: ya amanece y todos se han ido. Magda entonces le abraza: ve su sueño cumplido y tiene miedo de perderlo. Y ambos salen declarándose su amor. Escuchamos toda esta escena final desde el brindis con Roberto Alagna, Angela Gheorghiu y Samuel Ramey como Rambaldo:

No me resisto en todo caso a poner el final cantado por Anna Moffo, en una interpretación sumamente emotiva:

Comenzamos el tercer acto de La Rondine. Y nos hemos trasladado a la Costa azul, donde ahora viven Ruggero y Magda en una casa frente al mar. Magda está preocupada por si Ruggero se aburre de esa soledad, pero él se siente feliz de ver como el amor de Magda crece cada día. Ella entonces recuerda cómo se conocieron. Escuchamos el comienzo del tercer acto con Daniele Barioni y Anna Moffo:

Entre abrazos y caricias, Ruggero le confiesa un secreto: he escrito a su padre pidiéndole dinero, ya que están llenos de deudas, pero la respuesta no llega. Ha escrito además para conseguir el consentimiento de sus padres para que se casen, algo que sorprende y deja desconcertada a Magda. Escuchamos la segunda parte del dúo con los mismos intérpretes:

Ruggero desea que Magda vaya con él a su casa, a la protección de su madre, donde espera que con el tiempo puedan incluso tener un hijo. Escuchamos el aria “Dimmi che vuoi” delicadamente cantada por Beniamino Gigli:

Ruggero se va, y Magda se siente atormentada por no haberle revelado su pasado. Entra en casa justo en el momento en el que aparecen Prunier y Lisette. Ella está enfadada con él, porque él la quiso convertir en cantante pero ha fracasado, la silbaron, y ahora teme a todo el mundo, y vuelven a pelearse. Buscan encontrarse con Magda; Prunier le cuenta que nadie en París se cree su amor, mientras Lisette, tras el fracaso la noche anterior en la vecina Niza, se ofrece a volver a ser la doncella de Magda, cosa que ella acepta. Prunier insiste en que regrese a París, ya que alguien que sabe de su mala situación económica (Rambaldo, aunque no mencione el nombre) le ofrece volver con él. Prunier se va fingiendo desprecio a Lisette, pero en secreto quedan para esa noche.

Lisette se prepara para volver a su oficio de sirvienta, y Ruggero regresa con una carta. Vamos a ver primero el final alternativo, un final horrible. La carta que lleva Ruggero le cuenta el pasado de Magda, y él la rechaza (una prostituta, por muy de lujo que sea, no tiene derecho a la redención, por lo visto). Ante la lamentable actitud de semejante cab####, que no cede ante sus súplicas de perdón, La  Magda se mete en el mar y se suicida al perder de esta forma su sueño de amor. Escuchamos ese final alternativo con Marcus Haddock y Ainhoa Arteta:

La versión original tiene un final triste, pero ni mucho menos tan trágico. Ruggero regresa todo ilusionado con una carta de su madre; Magda la lee: si Ruggero cree que es una buena mujer, le da su bendición y le pide que le dé un beso de su parte. Ruggero va a dárselo, pero ella lo rechaza: siente que le ha engañado al no contarle su pasado. Puede ser su amante, pero no la esposa que su madre espera. Ruggero suplica arrodillado que ella no le deje, pero con mucho dolor ella siente que no puede arruinarle la vida y tiene que dejarlo, abandonar su sueño de amor (y su redención por tanto) y regresar con Rambaldo: la golondrina ha cruzado el mar, pero el final no es un final feliz. Escuchamos el final con Roberto Alagna y Angela Gheorghiu:

Este video va bien para poder ver el final, pero si sólo queremos escucharlo, hay que recurrir siempre a Anna Moffo. Ese “Ah” final es de esos que te dejan un nudo en la garganta:

Ya dije que el tercer acto era el más flojo de los 3, e incluso el dúo final, no carente de buenos momentos, se queda dramáticamente un poco corto. Pero no emocionarse es prácticamente imposible.

Terminamos como siempre con un reparto ideal (teniendo en cuenta que no hay mucha discografía de esta ópera):

Magda: Anna Moffo (obviamente).

Ruggero: Roberto Alagna.

Prunier: Piero di Palma o William Matteuzzi.

Lisette: Inva Mula.

Rambaldo: Leo Nucci.

Director de Orquesta: Antonio Pappano.