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40 años de la muerte de John Wayne (11-06-2019)

En el Hollywood clásico de los años 30 y 40 no había espacio para el multifacetismo; todos los actores estaban encasillados en algún género. Así, si pensamos en las aventuras, pensamos en Errol Flynn. Para las screwball comedies tenemos a Cary Grant. Humphrey Bogart es el rey del cine negro, mientras para los dramas recurrimos a Spencer Tracy y para los biopics a Paul Muni. ¿Y para los westerns? Su extensa filmografía lo confirma, en este género el rey era John Wayne. En el 40 aniversario de su muerte repasamos su carrera. 

El nombre de nacimiento de John Wayne era Marion Robert Morrison, y nació el 26 de mayo de 1907 en la pequeña ciudad de Winterset, en el estado de Iowa, donde aún se conserva su casa natal:

Su familia, de religión presbiteriana, tenía origen inglés, escoces y, sobre todo, irlandés. Cuando sus padres tuvieron otro hijo decidieron llamarle Robert, por lo que cambiaron el segundo nombre de Marion, que pasa a ser Marion Mitchell Morrison. La familia se mudó pronto a California, estableciéndose en 1916 en Glendale, donde su padre, veterano de la Guerra Civil, trabaja de farmacéutico. Es allí donde pasea a su Terrier, llamado “Little Duke”, cuando empieza a ser conocido como “Duke”, el Duque, apodo que mantendrá de por vida, ya que prefería ese apodo a ser conocido como Marion (perfectamente comprensible, por otro lado). 

De joven destaca tanto en el lado deportivo como en el académico. Juega al fútbol, escribe en el periódico del instituto y forma parte de la Orden DeMolay (próxima a la masonería). Comienza a estudiar leyes en la universidad y juega al fútbol en el equipo de la misma. Pero una rotura de clavícula haciendo surf acaba con su carrera deportiva y, con ello, con su estancia en la universidad.

Su entrenador le consigue, en todo caso, trabajo como extra en las películas que rueda John Ford con el actor Tom Mix, lo que le permite incluso conocer al mítico Wyatt Earp, amigo de Mix. Fue poco a poco consiguiendo papeles mayores, siendo su debut propiamente dicho en 1926  en la película “El asalto al tren expreso”. Estamos todavía en época de cine mudo, y Wayne ni siquiera aparece acreditado en el film. 

En 1929 aparece acreditado como Duke Morrison en un musical, “Words an music”. Pero en 1930 Raoul Walsh le elige como protagonista de “La gran jornada” y propone que sea acreditado como Anthony Wayne, en honor a un general de la Guerra de Independencia, pero el estudio (la Fox) dice que suena demasiado italiano. Walsh propone entonces que sea llamado John Wayne, lo que es aceptado por la productora (todo esto sin que él esté presente). El resto ya es historia:

El problema fue que la película era demasiado ambiciosa y terminó siendo un fracaso económico. Eso relegó a John Wayne a actor secundario de películas de serie A y a protagonista de infinidad de westerns de serie B (él mismo calculaba que debían rondar las 80), en la que incluso se le quiso convertir en un cowboy cantante (doblado, él no cantaba). Mientras tanto, el género del western cae en desgracia. 

Así, cuando John Ford quiere rodar en 1939 “La diligencia”, se encuentra con que ninguna productora la acepta, así que decide contactar con el productor privado Walter Wanger para poder rodarla. Cuenta con una de las grandes estrellas del momento, Claire Trevor, y con un nada desdeñable reparto, con Thomas Mitchell (que ganará el Oscar a mejor secundario), Donald Meek, John Carradine, George Bancroft… pero para protagonizarla eligió a John Wayne, al que veía como un “chico para todo”, solvente pero no brillante. La película fue un enorme éxito de crítica y de pronto John Wayne se convirtió en estrella:

En 1940 repite con Raoul walsh y Claire Trevor en el western “Mando siniestro”, y rueda de nuevo a las órdenes de Ford “Hombres intrépidos”, drama bélico ambientado ya en plena II Guerra Mundial, en el que vuelve a compartir pantalla con Thomas Mitchell. Y en 1942 estrena, entre otras, la comedia “Dama por una noche”, la película de aventuras “Piratas del mar Caribe”, en la que interpreta al antagonista frente a Ray Milland y el western “Los usurpadores”, en el que se enfrenta a Randolph Scott por el amor de Marlene Dietrich:

Pero Estados Unidos ha entrado en la II Guerra Mundial. Ya en su juventus John Wayne había querido ingresar en la marina, siendo rechazado. Ahora es el momento de alistarse, pero su situación familiar no se lo permite: en 1933 se había casado con la panameña Josephine Alicia Sáenz, y contaba con 4 hijos: Michael, nacido en 1934, Mary Antonia, de 1936, Patrick (futuro actor) en 1939 y Melinda en 1940. Wayne insiste en entrar en el ejército, pero es de los pocos actores famosos que no se ha alistado, y las productoras hacen lo imposible para mantenerlo. Y, pese a todo, las películas que ruede durante la guerra serán prescindibles. Participa también en programas de radio.

En 1945 vuelve a su rescate de nuevo John Ford, dándole uno de los papeles protagonistas (el otro es para Robert Montgomery) en el drama bélico “No eran imprescindibles”, en la que interpretan a dos oficiales que intentarán detener el avance japonés en las Filipinas justo después del bombardeo de Pearl Harbour:

En 1945 se divorcia de Josephine y en 1946 se casa con la actriz mexicana Esperanza Baur, de la que se divorcia en 1953. 

Cinematográficamente no participa en ninguna película relevante hasta 1948, cuando vuelve a trabajar a las órdenes de John Ford, no una, sino dos veces. La primera, “Tres padrinos”, western con tono de comedia en el que tres fugitivos (Wayne, Pedro Armendariz y Harry Carey Jr.), mientras huyen de la justicia (del sheriff Ward Bond) se hacen cargo del hijo recién nacido de una mujer que muere en el parto (Mildred Natwick), poniendo en grave peligro su fuga:

La otra, en “Fort Apache”, película dedicada a la caballería, en la que Wayne interpreta a un militar de campamento, libre, ajeno a la legalidad estricta que representa la academia militar de la que procede Henry Fonda, lo que provoca un enfrentamiento entre ambos:

Pero ese mismo año da la gran sorpresa la da en el magistral western de Howard Hawks “Río Rojo”, en la que interpreta a un tiránico cowboy que busca vengarse de sus hombres que se amotinaron, y en especial de su hijo adoptivo, un jovencito Montgomery Clift:

La interpretación de John Wayne sorprende al mismísimo John Ford, que al parecer, al ver su interpretación, dijo “¡No sabía que ese gran hijo de puta pudiera actuar!”. Y es cierto que aquí Howard Hawks le da a Wayne un papel con una profundidad dramática que no habían tenido sus papeles anteriores, y demuestra su capacidad interpretativa. John Ford tomará buena nota, sin duda. 

Por el momento, John Wayne protagoniza la segunda entrega de la trilogía de la caballería de Ford, “La legión invencible”, en 1959. Ese mismo año protagoniza “Arenas sangrientas”, narración de la batalla de Iwo-Jima, por la que consigue su primera nominación al Oscar:

Pero ese año el Oscar será para Broderick Crawford por “El político”, papel que Wayne rechazó por considerarlo anti-americano. Y es que, pese a haber votado por Franklin D. Roosevelt en años anteriores, John Wayne era un patriota conservador republicano, y la visión crítica del mundo de la política en la película no era de su agrado. 

En 1950 protagoniza la tercera película de la caballería de Ford, la mejor de las tres, “Río Grande”, primera vez que coincide en pantalla con su pareja más emblemática, Maureen O’Hara, interpretando a una pareja que se enfrenta por el destino en la caballería de su hijo, Claude Jarman Jr, acompañados de otros actores frecuentes en la filmografía de Wayne como Victor McLaglen y Harry Carey Jr.:

John Wayne repite con John Ford y Maureen O’Hara (además de Victor McLaglen, Mildred Natwick y Ward Bond, sumándose esta vez Barry Fitzgerald) en la genial comedia romántica “El hombre tranquilo”, una de las mejores películas de Ford y uno de los mejores papeles de Wayne interpretando a ese ex-boxeador que busca cambiar su vida en su Irlanda natal y que tendrá que soportar la oposición del hermano de la mujer de la que se enamora:

En 1953 trabaja a las órdenes de John Farrow en el western “Hondo”, en el que tiene que proteger a una testaruda mujer, Geraldine Page, y a su hijo, del inminente ataque de los indios:

También trabaja a las órdenes de William A. Wellman en “Infierno blanco”, interpretando a un piloto que tiene un accidente en Canadá. Al año siguiente, 1954, repite con Wellman en otra historia de aviación, interpretando a un piloto con problemas para llegar a Hawaii que tendrá que decidir si sigue adelante o regresa a San Francisco, con un reparto completado por Robert Stark o Claire Trevor entre otros, además de la magnífica música de Dimitri Tiomkin:

En 1954 se casa por tercera y última vez, con la actriz peruana Pilar Pallete, con la que estará casado hasta su muerte y con la que tendrá tres hijos: Aissa en 1956, Ethan en 1962 y Marisa en 1966. 

En 1955 vuelve a trabajar a las órdenes de John Farrow en “El zorro de los océanos”, en la que interpreta a un militar alemán que tiene que regresar a su país al estallar la II Guerra Mundial pese a sus pocas simpatías nazis, perseguido por un barco inglés en el que le acusan de un crimen que no ha cometido y llevando a una espía a bordo, interpretada por Lana Turner:

En 1956 protagonizó una de sus más fallidas películas, “El conquistador de Mongolia”, dirigida por Dick Powell, en la que daba vida al mismísimo Gengis Khan. El argumento no hay por dónde cogerlo, y pese a contar con Susan Hayward y Agnes Moorehead en el reparto, fue un fracaso. Al margen de haber sido rodada en terrenos contaminados por radiactividad tras unas pruebas atómicas:

Para compensarlo, ese mismo año protagoniza “Centauros del desierto” de John Ford, uno de los westerns más famosos de la historia (tal vez algo sobrevalorado) en el que interpreta a un veterano de guerra que, tras ver cómo su familia es masacrada por los indios, no cede en la búsqueda de su sobrina (insulsa Natalie Wood), que fue raptada, ayudado al final sólo por Jeffrey Hunter para encontrarla convertida en india, lo que enciende su más profundo racismo:

En 1957, tras rodar la mediocre “Arenas de muerte” junto a Sophia Loren, vuelve a ponerse a las órdenes de John Ford en “Escrito bajo el sol”, biopic del piloto Frank Wead quien, tras sufrir un accidente doméstico que le dejó parapléjico, escribió guines (Ford trabajó con él en “No eran imprescindibles”) y fue instructor de vuelo durante la II Guerra Mundial. En esta ocasión volvía a acompañarle en escena Maureen O’Hara:

Tras rodar en 1958 “El bárbaro y la Geisha” a las órdenes de John Huston, en 1959 vuelve a trabajar con John Ford en “Misión de audaces”, drama bélico ambientado en la Guerra de secesión en la que él, un unionista, tendrá que unirse al confederado William Holden en una misión:

Pero su mejor película de 1959 será el magistral western “Río Bravo”, que Howard Hawks rodó como oposición a “Solo ante el peligro” de Fred Zinnemann: el sheriff no está nunca sólo, cuenta con sus ayudantes, en este caso un borracho Dean Martin, un tullido Walter Brennan, un joven Ricky Nelson (estrella del Rock&Roll de vida desgraciada) y una misteriosa mujer, Angie Dickinson. Además, a diferencia de los westerns tradicionales, aquí los malos no son los indios, sino los ricos terratenientes que contratan a matones para controlar la vida de los pueblos del oeste, cambiando así la visión tradicional del western. Pese a no conseguir ninguna nominación a los Oscars, “Río Bravo” marcará un nuevo rumbo en el género, además de ser uno de los mejores westerns de la historia (en mi opinión le supera, por un pelo, “El hombre que mató a Liberty Valance” en el puesto de mejor western):

Los años 50 han sido los mejores de John Wayne hasta la fecha, pero su carrera sigue todavía en ascenso. Comienza 1960 con un western menor, “Alaska, tierra de oro”, de Henry Hathaway, de carácter más bien cómico, acompañado por Stewart Granger:

Pero ese mismo año su gran película será “El Álamo”, que se atreverá a dirigir él mismo, además de interpretar al mítico David Crockett, con un enorme reparto en el que destacan Richard Widmark y Laurence Harvey, además del propio hijo de John, Patrick Wayne, en la famosa historia del ataque mexicano al fuerte de El Álamo en la Guerra de Independencia de Texas. La película fue un gran éxito, consiguiendo incluso ser nominada al Oscar como mejor película:

En 1961 estrena “Los comancheros”, western a las órdenes de Michael Curtiz. Más productivo será sin duda 1962, en el que, a parte de su pequeña participación en la superproducción “La conquista del Oeste”, estrena tres grandes películas. La primera, la bélica “El día más largo”, detallada historia del Desembarco de Normandía que cuenta con 3 directores y un extenso reparto, en el que destacan Henry Fonda, Robert Mitchum e innumerables pequeños papeles y cameos, como el de Richard Burton:

La segunda es la genial comedia de aventuras “Hatari!”, de Howard Hawks, en la que lidera a un grupo de cazadores de animales salvajes para suministrar a los zoos en Tanzania, junto a Red Buttons o Hardy Kruger entre otros, además de surgir una complicada historia de amor con Elsa Martinelli. Aquí John Wayne demuestra como pocas veces sus magníficas dotes para la comedia:

No voy a negar mi absoluta predilección por esta película, pero es que John Wayne tenía todavía que ofrecer el que es en mi opinión su mejor papel en la otra película que estrenó en 1962, “El hombre que mató a Liberty Valance” de John Ford (ya he mencionado que es, en mi opinión, el mejor western de la historia), en la que Ford arregla todos los defectos que tenía “Centauros del desierto”: los villanos no son los indios, sino los terratenientes, Lee Marvin es un magnífico y creíble villano, las interpretaciones son mucho menos histriónicas y más matizadas (no podía ser de otra forma con James Stewart y Vera Miles como protagonistas) y el Tom Doniphon de Wayne es un papel matizado, realista pero al final derrotado por haber perdido a la mujer que ama. Y, con todo, esta obra maestra obtuvo una única nominación al oscar, a mejor vestuario; Wayne se merecía una nominación a mejor actor secundario más que cualquier otro intérprete:

En 1963, Andrew V. McLaglen, el hijo del actor Victor McLaglen, reúne de nuevo a John Wayne y Maureen O’Hara en el western cómico “El gran McClintock”, divertidísima película en la que participan Yvonne de Carlo y Patrick Wayne:

Wayne se encuentra cómodo en la comedia, y por ello en 1963 protagoniza junto a Lee Marvin y Jack Warden la comedia de aventuras de John Ford “La taberna del irlandés”: será la última película que ruede a las órdenes de Ford:

En 1964 se nos pasa al mundo del circo de la mano del director Henry Hathaway en “El fabuloso mundo del circo”, en la que comparte protagonismo con Rita Hayworth y Claudia Cardinale:

En 1965 es famoso su cameo en la película “La historia más grande jamás contada”, interpretando al centurión romano:

Pero ese mismo año protagoniza dos grandes películas. La primera, “Primera victoria”, de Otto Preminger, un retorno a la II Guerra Mundial, interpretando a un capitán de marina que se enamora de Patricia Neal al tiempo que intenta recuperar su relación con su hijo, el magnífico pero malogrado Brandon de Wilde, además de responder al ataque de Pearl Harbour junto a un magnífico reparto en el que destacan  Kirk Douglas, Henry Fonda o Franchot Tone en su última película:

Y la otra, el magnífico western de Henry Hathaway “Los cuatro hijos de Katie Elder”, en la que interpreta al mayor de 4 hermanos (los otros son Dean Martin, Earl Holliman y Michael Anderson Jr.) que vuelven a encontrarse para intentar recuperar las tierras que le robaron a su recién fallecida madre:

En 1966 protagoniza el segundo western de la trilogía de Howard Hawks iniciada con “Río Bravo”, titulada “El Dorado”, acompañado en esta ocasión por Robert Mitchum y James Caan:

En 1967 protagoniza “Ataque al carro blindado”, interpretando a un ex-presidiario que intenta robar a la persona que le tendió una trampa para encerrarlo y robarle sus tierras, Bruce Cabot (mítico secundario en tantas películas de Wayne), para lo que contará con la ayuda de Kirk Douglas, Keenan Wynn, Robert Walker Jr. y Howard Keel:

En 1968 volvió a la dirección, pero sin tanto éxito como con “El Álamo”: y es que “Boinas verdes”, ambientada en la Guerra de Corea, fue vista desde el principio como una película que se posicionaba a favor de la polémica Guerra de Vietnam (que era a fin de cuentas la posición de John Wayne):

En 1969 trabaja en dos películas a las órdenes de Andrew McLaglen, en el drama sobre bomberos “Los luchadores del infierno” y en el western “Los indestructibles”, en el que comparte pantalla con Rock Hudson:

Pero ese año su mayor éxito fue interpretar al tuerto Rooster Cogburn, agente de la ley contratado por una joven, Kim Darby, para que capture a los asesinos de su padre en “Valor de Ley”, western dirigido de nuevo por Henry Hathaway:

Por este papel John Wayne consiguió su segunda y última nominación al Oscar, pero esta vez se lo llevó a casa:

Quién le iba a decir a John Ford que ese gran hijo de… no sólo era capaz de actuar, sino incluso de ganar un Oscar (merecidamente), y que es grandullón se iba a emocionar al recogerlo. Magnífico por cierto escuchar al tiempo que se levanta la magistral banda sonora de Elmer Bernstein, compositor habitual en sus últimos westerns. 

En 1970 John Wayne trabaja de nuevo con Andrew V. McLaglen en el western “Chisum”, y protagoniza el último film de la trilogía western de Howard Hawks, “Río Lobo”, acompañado en esta ocasión por el mexicano Jorge Rivero y por Christopher Mitchum, el hijo de Robert Mitchum:

En 1971 trabaja por última vez junto a Maureen O’Hara en “El gran Jack”: ella se reúne con su ex-marido cuando unos cuatreros secuestran a su nieto (interpretado curiosamente por el hijo pequeño de John, Ethan), y este consigue la ayuda de dos de sus hijos, Patrick Wayne y Christopher Mitchum, pese a los problemas que ambos tienen con él:

En 1972 protagoniza un simpático western, “Los cowboys”, en el que, sin trabajadores que le ayuden a llevar al ganado, contrata a un grupo de jóvenes, que tendrán que enfrentarse a unos bandidos liderados por Brice Dern que querrán robar el ganado. Es uno de los pocos films en los que John Wayne muere:

En los siguientes años John Wayne protagoniza algunos westerns y películas policiales. Destaca en 1975 “Brannigan”, en la que interpreta a un policía americano que tiene que colaborar con la policía británica, encabezada por Richard Attenborough, para detener a un criminal, aunque la película se centra demasiado en las diferencias entre americanos y británicos:

Ese mismo año retoma su papel de Rooster Cogburn, protagonista de “Valor de ley”, en “El rifle y la biblia”, en la que comparte pantalla con Katherine Hepburn. El duelo interpretativo entre ambos, con esos juegos de ironía, es magistral y digno de ver:

Al año siguiente, 1976, estrena su última película: “El último pistolero”, de Don Siegel, western crepuscular en la que interpreta a un antiguo pistolero que, diagnosticado de cáncer terminal, se instala para morir en la casa de un viuda, Lauren Bacall, incómoda con su pasado, y su hijo, Ron Howard, fascinado por quién fue, para enfrentarse en una batalla final con sus últimos enemigos. La película es en realidad un homenaje a toda su carrera, apareciendo imágenes de algunas de sus películas, con un marcado carácter crepuscular que nos anuncia la despedida del Duque:

En sus últimos años se alejó del Partido Republicano y se acercó al demócrata Jimmy Carter en su defensa de que el canal de Panamá debía ser soberanía exclusiva del estado de Panamá. 

Diagnosticado de cáncer de pulmón en 1966, consiguió superarlo, pero luego sufrió cáncer de estómago. Siempre se ha sospechado que el rodaje de “El conquistador de Mongolia” en zonas contaminadas con radioactividad pudo haberlo provocado (de cáncer habían muerto tanto el director como otros protagonistas de la película). Su última aparición pública, en los Oscars de 1979, dejó en evidencia su mal estado de salud:

Pocos meses después sucumbía al cáncer de estómago, el 11 de junio de 1979. Poco antes de morir se había convertido al catolicismo. Fue enterrado en el Pacific View Memorial Park Cemetery, cerca de Los Angeles. 

John Wayne es el rostro por excelencia del western, pese a haber destacado también en otros géneros, como el bélico o la comedia. Quizá en sus comienzos no fuera un gran actor, pero a base de trabajar (más de 150 películas en su filmografía) terminó convirtiéndose en un magnífico actor que nos dejó una gran cantidad de interpretaciones memorables. 

40 años de la muerte de Howard Hawks (26-12-2017)


Una de las grandes discusiones cinéfilas es tratar de acordar cuál ha sido la mayor injusticia de los Oscars. Las propuestas son numerosas: Hitchcock, Cary Grant, Greta Garbo… hoy vamos a hablar de alguien que muy bien podría ocupar ese triste lugar, uno de los mejores directores de cine de la historia, versátil, capaz de hacer genialidades en innumerables géneros, que no sólo no ganó nunca un Oscar, sino que además sólo fue nominado en una única ocasión. Hoy, aprovechando el 40º aniversario de su muerte, hablamos de Howard Hawks.




Howard Winchester Hawks nació el 30 de mayo de 1896 en Goshen, en el estado de Indiana. Fue el mayor de los 6 hijos que tuvieron Frank y Hellen Hawks, familia acomodada que se había casado un año antes. Por problemas de salud de una de sus hermanas, la familia se traslada definitivamente a California en 1910. Howard Hawks estudia ingeniería mecánica en Nueva York, donde entra en contacto con el teatro, y se alista en las fuerzas armadas durante la I Guerra Mundial, en el ejército del aire, ya que tanto él como su hermano Kenneth eran pilotos aficionados.

Howard Hawks era además aficionado a las carreras de coches, en las que en 1916 conocerá a otro piloto aficionado, Victor Fleming, que había comenzado a trabajar en Hollywood como director de fotografía. Así, terminada la Guerra, Hawks consigue trabajo en la industria cinematográfica gracias a Fleming, consiguiendo ser director de fotografía de Cecil B. de Mille, entre otros.

En 1926, la Fox le ofrece dirigir sus propias películas (aunque ya había dirigido algunas escenas de las películas en las que trabajaba), siendo su debut “El espejo del alma”, hoy perdida, de la que filmará un remake, ya en cine sonoro, 10 años después. En total dirigirá 8 films mudos. Mientras, en 1928 se casa por primera vez, con Athole Shearer, hermana de la actriz Norma Shearer, de la que se divorciará en 1940.

En 1930 debuta en el cine sonoro, en el drama bélico “La escuadrilla del amanecer”, ambientado en la I Guerra Mundial en la fuerza aérea, basada en una historia de John Monk Saunders en la que al parecer el propio Hawks intervino, y que protagonizó la estrella del momento, Richard Barthelmess:

Ese mismo año, su hermano Kenneth fallece en un accidente de avión mientras dirige una escena de aviación en la película “Such men are dangerous”.

En 1931 dirige el drama carcelario “El código criminal”, que muchos consideran una de sus mejores películas, con Walter Huston como el alcalde de una prisión que trata de rescatar a un joven, Philips Holmes, al que años atrás, siendo abogado, consiguió encarcelar. En la película aparece además el gran Boris Karloff:

Problemas con la censura (el Código Hays que ya se estaba creando por esas fechas) provocan el retraso del estreno de su siguiente película, la genial “Scarface”, mito del cine de gangsters producida por el excéntrico Howard Hughes y protagonizada por un enorme Paul Muni:

También en 1932 estrena un drama ambientado en el mundo de las carreras de coches, “Avidez de tragedia”, protagonizada por James Cagney, y el drama “Pasto de tiburones”, con un triángulo amoroso encabezado por Edward G. Robinson:

En 1933 dirige el drama bélico “Vivamos hoy”, con un triángulo amoroso formado por Gary Cooper, Joan Crawford y Franchot Tone. Hawks ha dirigido dramas bélicos, aventuras, cine negro, dramas amorosos… pero en 1934 se convierte en uno de los creadores del género cinematográfico por excelencia de los años 30, las screwball comedies, al dirigir “La comedia de la vida”, considerada, junto con “Sucedió una noche” de Frank Capra, la primera en el género. Comedia de ritmo alocado y diálogos delirantes, protagonizada por John Barrymore y Carole Lombard, es una sátira del mundo del teatro:

En 1935 estrena “La ciudad sin ley”, drama criminal, de nuevo con un triángulo amoroso de fondo, con un Edward G. Robinson que actúa como el mafioso dueño y señor de San Francisco en el siglo XIX y que se pelea con el iluso Joel McRea por el amor de Miriam Hopkins:

En 1936 estrena “Camino a la gloria”, remake de la primera película que dirigió, “El espejo del alma”, drama bélico protagonizado por Fredric March; estrena también otro film de aviación, “Águilas heroicas”, protagonizado por James Cagney, y comienza a dirigir el drama “Enemigos”, con Edward Arnold, Joel McRea, Frances Farmer y Walter Brennan, pero problemas con el productor, Samuel Goldwyn, provocan que sea sustituido en mitad del rodaje por William Wyler.

Su carrera llega a uno de sus puntos culminantes con su siguiente película, la genial Screwball comedy (quizá la mejor en su género) “La fiera de mi niña”, con Cary Grant, Katherine Hepburn y dos leopardos, uno pacífico y otro salvaje. Risas aseguradas:

El personaje de Katherine Hepburn en este film cumple con el estereotipo de mujer hawksiana: de lengua vivaz, capaz de vencer al hombre en combate dialéctico y de hacer lo que sea con tal de salirse con la suya. No es que Howard Hawks fuera un feminista, desde luego, pero en sus películas las mujeres no sufren la acción ni son personajes pasivos o sufridores, sino justo lo contrario.

En 1939 dirige otra de sus películas de aviación, “Sólo los ángeles tienen alas”, de nuevo con un triángulo amoroso formado por Cary Grant, Jean Arthur y Rita Hayworth:

En 1940 estrena “Luna nueva”, adaptación de la obra teatral “Primera plana”, llevada al cine en numerosas ocasiones, en otro magistral ejemplo de Screwball comedy protagonizada por Cary Grant y Rosalind Russell:

1941 es uno de sus mejores años. Por un lado estrena “Bola de fuego”, genial adaptación del cuento de Blancanieves y los 7 enanitos con guión de Billy Wilder y Charles Brackett, protagonizada por Gary Cooper y Barbara Stanwyck:

Y estrena también “El sargento York”, drama bélico sobre un joven campesino que tiene que ir a la guerra, interpretado de nuevo por Gary Cooper:

Por esta película recibirá Howard Hawks la única de sus nominaciones al Oscar, como mejor director. Perderá frente al gran John Ford.

Su siguiente película, estrenada en 1943, es un film de propaganda bélica en plena II Guerra mundial, contando la historia de un grupo de militares de la fuerza aérea que se ven sorprendidos por el bombardeo de Pearl Harbour, y que será su última película ambientada en el mundo de la aviación:

En 1944 estrena la adaptación de la obra de Ernest Hemingway “Tener y no tener”, drama bélico y cine negro al mismo tiempo, la primera película que protagonizaron juntos Humphrey Bogart y la recién llegada Lauren Bacall:

El éxito de la película y de la pareja le lleva a repetir fórmula en 1946 con “El sueño eterno”, cine negro de muy difícil comprensión pero que sigue siendo un clásico del género:

En 1948 debuta en un nuevo género que le traerá grandes éxitos, el western, con la magnífica “Río Rojo”, con Montgomery Clift en uno de sus primeros (y mejores papeles) y con un John Wayne que demostró que podía ser un gran actor (o al menos se lo demostró a su amigo John Ford, que por lo visto no creía tanto en él como Hawks):

Ese mismo año dirige un remake en clave musical de “Bola de fuego”, “Nace una canción”, de la que no se sentirá especialmente orgulloso, protagonizada por Danny Kaye y Virginia Mayo:

En 1949 regresa a la Screwball comedy con “La novia era él”, disparatada historia de un soldado que tiene que disfrazarse de mujer para volver a América junto a su mujer, protagonizada por Cary Grant y Ann Sheridan:

En 1951 produce y, al parecer, dirige buena parte del film de terror “El enigma de otro mundo”, dirigida en teoría por Christian Nyby:

En 1952 estrena un nuevo western, “Río de sangre”, protagonizado por Kirk Douglas, y otra Screwball comedy, “Me siento rejuvenecer”, de nuevo con Cary Grant, en este caso junto a Ginger Rogers, Marilyn Monroe, Charles Coburn y un chimpancé (siempre hay algún animal de por medio en sus crewball comedies: en “La fiera de mi niña” era un leopardo, y aquí un chimpancé):

Y repite con Marilyn Monroe en 1953 en la genial “Los caballeros las prefieren rubias”, junto a Jane Russell y Charles Coburn, en otra de sus mejores comedias:

En 1955 dirige un film histórico, la poco realista pero no por ello menos brillante “Tierra de faraones”, con Jack Hawkins y Joan Collins:

Tras 4 años sin estrenar nada, en 1959 estrena el primer film de su trilogía de westerns, la magnífica “Río Bravo”, que sigue un esquema similar al de las dos siguientes: un reducido grupo encabezado por el sheriff se enfrenta a una banda de matones (oponiéndose así al modelo de “Solo ante el peligro”). En este caso los protagonistas son John Wayne, Walter Brennan, Dean Martin, Ricky Nelson y Angie Dickinson:

Si no existiera John Ford, este sería probablemente el mejor western de la historia.

Y cambiamos de género. En 1962 nos lleva de aventura a la sabana de Tanzania en la genial “Hatari!”, protagonizada por John Wayne y Elsa Martinelli:

Tengo una predilección especial por esta película.

En 1964 dirigió su última comedia, “Su juego favorito”, con Rock Hudson y Paula Prentiss, y en 1965 vuelve al mundo del automovilismo con “Peligro… línea 7000”. Pero será en 1966 cuando vuelva a su mejor estilo con el segundo western de su trilogía, “El Dorado”, con John Wayne, Robert Mitchum y James Caan:

Y Howard Hawks se retirará del cine en 1970 con la última entrega de la trilogía, “Río Lobo”, de nuevo con John Wayne, Jorge Rivero y el hijo de Robert Mitchum, Christopher. No tenemos ninguna escena en Youtube que compartir.

Probablemente esta retirada del cine fuera un aviso a la Academia,que así se vio en la obligación de reconocer una de las más brillantes trayectorias como director cinematográfico con un Oscar honorífico en 1977 que le entregará, como no, John Wayne:

Howard Hawks sobrevivirá dos años más. Un accidente con su perro le provocará una caída de la que no se recuperará, muriendo el 26 de diciembre de 1977 a los 81 años.

Con Howard Hawks se nos iba uno de los más brillantes y polifacéticos directores de Hollywood, autor de numerosas obras maestras y, por qué negarlo, uno de mis directores favoritos.