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Crónica: El Caserío de Sasibil (13-09-2018)


No hay duda de que “El Caserío”, la más famosa de las zarzuelas del alavés Jesús Guridi, es una de las favoritas del público donostiarra, por lo que era una apuesta segura para la Asociación Lírica “Sasibil” incluirla entre los dos títulos que representa en esta semana especial de zarzuela en la capital gipuzkoana. Pocas veces he visto el Teatro Victoria Eugenia tan lleno de público como ayer, si acaso alguna vez anterior.




Ahora la cuestión era que musicalmente los resultados estuvieran a la altura de la acogida del público. Es sabido que, en un título que por sí sólo va a atraer a un público dispuesto a disfrutar, se puede bajar el nivel musical sin que suponga un fracaso de público. Es decir, estos casos son los ideales para “bajar la guardia”. Pues bien, este no fue ni de lejos el caso de estas funciones de “El Caserío”, que han gozado de un nivel musical de enorme nivel.

Antes de comentar la función, dejo como siempre un enlace de la producción.

Ya conocemos como son las producciones de Sasibil: paneles laterales y de fondo (en esta ocasión incluso con una proyección en el tercer acto para simular la lluvia) y algunos elementos de atrezzo. Escenografía tradicional y simple, pero hay que recordar que el escenario del Victoria Eugenia no da para más, y resulta siempre efectiva.

La dirección escénica de Josean García fue, como siempre, hilarante. Ya sabemos que el fundador de Sasibil domina el mundo de la zarzuela, y sabe sacar toda la chispa cómica que suelen tener estas obras, y más en una tan cercana, con el juego de estereotipos vascos, el uso de palabras en euskera y similares. La colaboración de solistas y actores a este respecto fue fundamental, y en este sentido todo fue sobre ruedas. Los varios actores (Ana Miranda como Eustasia, Ekaitz González de Urretxu como Manu, Miguel Ángel Jiménez como Don Leoncio e Iñaki Álvarez como el Secretario) estuvieron magníficos en su labor, siempre cómica. Habría que destacar igualmente de forma positiva la labor de los 8 bailarines de la Eskola Dantza Taldea en sus bailes vascos del segundo acto.

La orquesta de Sasibil brilló a muy alto nivel bajo la dirección de un Arkaitz Mendoza en estado de gracia, dirigiendo con gestos enérgicos que denotaban su entusiasmo ante la partitura que tenía por delante. Y consiguió lo que se requiere en estos casos: pasar desapercibido durante los momentos vocales, acompañando con precisión a los solistas sin taparlos, pero brillando en los momentos orquestales. A este respecto, subrayar el magnífico preludio del segundo acto, realmente brillante, con una orquesta respondiendo a un nivel que me sorprendió (para bien, obviamente). No hubo errores, ni desequilibrios tímbricos, pese al más bien reducido número de músicos en el foso, que tampoco da para más.

El coro de Sasibil estuvo correcto, aunque con una marcada tendencia a cantar siempre en forte. Les falta una mayor sutileza, aunque superaron todas su participaciones sin errores llamativos. Es en todo caso, el aspecto en el que Sasibil más tendría que trabajar para igualar el nivel del coro con el del resto de participantes del espectáculo.

Vamos ya con los 5 solistas.

Klara Mendizabal fue una hilarante Inocencia, genial como actriz, y perfecta en su única intervención cantada en su dúo con Txomin del 3º acto. Demostró que un papel cómico no está reñido con un buen canto, como ha sido tan habitual en la zarzuela.

Lo mismo se puede decir del Chomin de Iker Casares, todo un animal escénico, que además resuelve con absoluta solvencia todas sus intervenciones cantadas, sin recurrir a bufonadas para disimular técnicas mediocres, ya que no tiene nada que disimular.

Uno ve a Igor Peral y lo asocia automáticamente con José Miguel, el Txikito de Arrigorri. Igualmente gran actor, su voz pide papeles de mayor enjundia. Su sensibilidad en su romanza “Yo no sé qué veo en Ana Mari” contrasta con el arrojo en el duelo de bertsolaris o en la escena final, con agudos potentes y bien proyectados, aunque quizá su mejor momento fuera el dúo del primer acto con Ana Mari, donde ambos estuvieron realmente brillantes (se me ponía la carne de gallina por momentos escuchándolo).

Ya sabemos que Miren Urbieta-Vega es una cantante de muy alto nivel, y no encuentra en Ana Mari momentos para lucirse como ella puede. Su romanza “En la cumbre del monte” fue correcta, desde luego, pero en exceso breve. Supo sacar partido, eso sí, de sus dúos con José Miguel en el primer acto, y con Santi en el segundo, espléndida en ambos. Como actriz se le vio más incómoda, con algún atropello en los recitados. Pero es una voz a tener en cuenta, y un lujo su presencia en este “El caserío”.

Por último, Gerardo Bullón fue un Santi al que sólo cabría reprochar que es demasiado joven para el papel, y escénicamente se nota. Es igualmente un magnífico actor, aunque su papel no da tanto juego cómico como otros, pero si por algo destaca es por una voz noble, potente, de timbre bello y en general sin problemas de tesitura, excepto en algún agudo algo problemático. Magnífico en su romanza “Sasibil, mi caserío”, no fue menos su ya citado dúo con Ana Mari y una magnífica escena final.

No queda otra que felicitar a Sasibil por su éxito. No por su éxito de público (evidente) o por su éxito económico (que eso lo desconozco), sino por su éxito artístico, al regalarnos una función de zarzuela de muy alto nivel, con cantantes, sospecho, infrautilizados. Yo, que siempre tiraré a la ópera (aunque la zarzuela me encante igualmente), veo el equipo de esta producción perfecto para una representación de “L’amico Fritz” de Mascagni que seguiría teniendo el mismo alto nivel que es el que uno espera que debería tener nuestra ciudad.



Crónica: El Caserío por Ópera de Cámara de Navarra (05-05-2017)


Nunca había escuchado El Caserío, zarzuela de Jesús Guridi, hasta la pasada semana, como preparación para esta función de zarzuela en el Baluarte de Pamplona. No es que me suela apetecer mucho ir a Pamplona a algún concierto, porque está claro que tengo gafe, siempre pillo lluvia o niebla en la carretera, y esta vez no fue la excepción: a la vuelta la lluvia no paraba y un tramo de niebla llegando ya a Andoain me provocó frenar de golpe y quedarme completamente agarrotado del mal rato que pasé. Pero claro, había que ir aunque sólo fuera por volver a ver a Igor y a Iker…




Escuchando El Caserío en casa, me quedé con la impresión de que Jesús Guridi no es precisamente un gran compositor vocal, que es mucho más interesante en su faceta orquestal (las 10 melodías vascas, la sinfonía pirenaica…), algo que se nota en los fragmentos orquestales de la zarzuela, con mucho la parte más interesante de una obra que carece de grandes momentos (salvo quizá la romanza de Santi “Sasibil, mi caserío”). Inluso los ritmos folclóricos vascos se aprecian mejor en los ritornellos orquestales que en las partes vocales. Pensé también que podía haber hecho una zarzuela en euskera, pero luego cambio de opinión al escuchar el “Pello Josepe tabernan dala” y ver que no entiendo nada porque está en dialecto vizcaino.

Vamos ya a comentar la función. Antes de nada dejamos un enlace de la producción.

La producción de Koldo Tainta era bonita y sencilla, destacando un árbol en medio del escenario que nos trasladaba a un ambiente rural. Quizá menos sentido encontré a los dos paneles móviles que se cambiaban de posición a lo largo de la obra, a los que sólo encontré sentido en determinados momentos, como cuando hacían de las paredes del frontón donde se celebra el partido de pelota. Las proyecciones de fondo ayudaban sin duda a la ambientación de cada escena, y con un vestuario que acentúa el costumbrismo vasco de la obra, escénicamente fue satisfactoria.

La Orquesta Goya, dirigida por Máxi Olóriz, cumplió con solvencia, destacando en los momentos instrumentales, donde el director pudo lucir mejor los ritmos vascos de la partitura, con algún crescendo muy logrado. Acompañó con corrección a los cantantes, sin desajustes evidentes ni tapar las voces. La Coral San Andrés de Villaba cumplió también con solvencia en una obra en la que tienen numerosas intervenciones.Me pareció especialmente afortunada su entrada por las escaleras del auditorio, ya que al comenzar a cantar te veías envuelto por el sonido del coro que todavía estaba descendiendo hacia el escenario, teniendo a miembros del coro en los laterales o incluso por detrás de mi localidad, con lo que te sientes más integrado dentro de la función.

El Grupo de Danzas Mikelats se encargó de los aurreskus y fandangos que aparecen en la partitura. No es mi fuerte este tipo de bailes (por cierto, muy similares en su forma de bailar a la tradicional jota navarro-aragonesa), pero en todo caso contribuyeron a darle una ambientación muy vasca a la acción.

El Caserío cuenta con 9 personajes, de los cuales 4 son solamente hablados, siendo los encargados de interpretarlos correctos en su labor, destacando siempre sus facetas más cómicas.

El personaje de Inosensia lo interpretó la soprano Carolina Moncada. Es un papel casi completamente actoral, de marcado carácter cómico, perfectamente resuelto por su parte, que al final de la obra cuenta con una intervención cantada en el dúo con Txomin que termina en parejita. Canto correcto eclipsado quizá por su faceta cómica, que fue la que se queda más en la memoria del público.

Txomin lo interpretó Iker Casares. Su increíble talento cómico ya me es de sobra conocido; ya desde su primera aparición provoca carcajadas. Por otra parte, es el papel con mas enjundia vocal que le he visto hasta ahora, con varias intervenciones, como el mencionado dúo con Inosensia o el enfrentamiento de bertsos con José Miguel. Hubo algunos agudos más pálidos que otros, hubo algunos momentos menos audibles que otros, lo que nos deja claro que no es un problema de medios, pero en general sus intervenciones cantadas fueron muy correctas, sin ningún fallo remarcable. En las partes de tenor cómico tiene poca competencia, ya que canta mejor de los habitual en este tipo de voces, y su talento interpretativo está fuera de cualquier duda.

La protagonista, Ana Mari, fue interpretada por Noemí Irisarri. Es el de Ana Mari un papel bastante ingrato, al carecer de romanza propia o momentos de gran lucimiento, pero no por ello es un papel poco exigente, ya que los dúos le obligan a darlo todo. Y ella lo dio, aunque había momentos en los que los agudos sonaban algo ásperos, frente a otros en los que sonaban mucho más limpios. Tendría que volver a escucharla para saber si es un problema de tesitura (que la parte le quede demasiado aguda) o simplemente de algún momento en el que no consiguió atacar las notas de la mejor forma. La ausencia de romanza es quizá lo que más le perjudica al no tener un momento en el que lucir sus posibilidades (es una cantante expresiva, eso ya pudimos comprobarlo, pero es que se echa en falta ese momento en el que todo el protagonismo sea para ella y lo pueda dar todo).

José Miguel, el plotari juerguista que es casi el anti-héroe de El Caserío, fue interpretado por Igor Peral. Comenzó su primera intervención bajando las escaleras del aditorio, y ahí la cosa no pintó muy bien, con una voz más bien opaca, perjudicada sin duda por la posición de espaldas a la mayor parte del público. Inmediatamente comienza un dúo con Ana Mari en el que las cosas mejoraron sin duda, con buen fraseo, gusto cantando y unos agudos potentes y bien proyectados que parece que vayan a romper los tímpanos de los espectadores, aunque el registro central no terminaba de estar tan bien emitido como el agudo, perjudicado posiblemente por cantar buena parte del dúo tumbado. Tonterías que desaparecieron inmediatamente a medida que la obra avanzaba, donde a parte de una perfecta caracterización escénica demostró que el papel le queda pequeño (su romanza “Yo no sé qué veo en Ana Mari” parece un calco de la de Nadir de “Los pescadores de perlas” de Bizet pero en cutre, sin muchas posibilidades de lucimiento). Se siente cómodo en el papel; obvio, no arriesga, no tiene opciones de dar todo lo que su voz le permite. Sigo a la espera de escucharle en algún rol operístico protagonista y comprobar si las expectativas que en él tengo puestas se cumplen.

El protagonista de El Caserío es el indiano Santi, soltero, desesperado por a quién le va a dejar su querido caserío Sasibil en herencia, que trama un engaño para conseguir emparejar a sus sobrinos, Ana Mari y José Miguel, aunque al final le suponga un disgusto. Santos Ariño demostró sus tablas y su experiencia en el papel; la voz quizá no esté en su mejor momento, y sacó adelante los momentos más dramáticos (el enfrentamiento con José Miguel del tercer acto) más a base de tablas que de medios vocales. Pero a cambio en los momentos más líricos su fraseo, su legato, la belleza de su línea de canto se imponen, cun una romanza “Sasibil, mi caserío” de manual y una tremendamente emotiva frase final. A mí desde luego me dejó muy buen sabor de boca.

En fin, una buena función de zarzuela, con momentos divertidos, pero que te deja un poco en plan “quiero más, esto me sabe a poco”. El problema, desde luego, es de Guridi. A los cantantes espero tener ocasión de verles de nuevo en papeles que les den más juego.



20 años sin Pilar Lorengar (02-06-2016)


En 1991, un grupo de importantes cantantes de ópera españoles fueron galardonados con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes: Alfredo Kraus, Plácido Domingo, José Carreras, Victoria de los Ángeles, Montserrat Caballé, Teresa Berganza y Pilar Lorengar. Todos ellos nombres sobradamente conocidos por el público… salvo quizá el de Pilar Lorengar, que siendo una de las mejores cantantes femeninas de la península, ha visto como su nombre permanecía un poco en la oscuridad, en buena medida por haber desarrollado la mayor parte de su carrera en Alemania. Así que hoy, que se cumplen 20 años de su prematura muerte (tenía 68 años cuando el cáncer se la llevó) vamos a repasar algunas de las (muchas) joyas que nos dejó.




Pilar Lorenza García (inteligentemente fusionó ese segundo nombre y apellido en su nombre artístico, Pilar Lorengar) nació en Zaragoza el 16 de enero de 1928. Desde muy pequeña participó en un programa de radio, y se mudó a Barcelona para recibir clases de canto, que continuaría en Madrid y en Berlín. En 1949 entra a formar parte del Coro del teatro de la Zarzuela, y debuta en 1950 en Orán, Argelia, con el papel de Maruxa. Sigue cantando Zarzuela, pero su primera intervención relevante fue en 1952, cuando cantó en Barcelona las partes solistas para soprano de la 9ª sinfonía de Beethoven y del Requiem Alemán de Brahms. Vamos a escucharle en una versión posterior (1963) de la 9ª de Beethoven:

Pilar Lorengar fue una referencial intérprete de zarzuela, especialmente en sus primeros años de carrera, en los que además participa en algunas imprescindibles grabaciones del género, como ese “La del manojo de rosas” que protagoniza junto a Renato Cesari bajo la dirección del propio compositor, Pablo Sorozábal, del que aquí escuchamos el magnífico dúo “Hace tiempo que vengo al taller”:

Otra de esas grabaciones míticas de zarzuela será “El caserío” de Jesús Guridi, dirigido por Ataulfo Argenta, junto a Carlos Munguía y Manuel Ausensi. Escuchamos el dúo junto a este último:

Pero no abandonó del todo la zarzuela, como podemos comprobar en esta grabación más tardía de la famosa romanza “De España vengo” de “El niño judío” de Pablo Luna:

Y de esa misma grabación de 1985 escuchamos el dúo de “El dúo de la Africana” junto a Plácido Domingo:

Su debut internacional se produce en 1955 en el Festival de Aix-en-Provence con el Cherubino de “Le nozze di Figaro”, del que escuchamos el aria “Non so più”:

Tras debutar en Londres o en Buenos Aires, en 1958 firma un contrato con la Deutsche Oper Berlin, con la que cantará durante unos 30 años, hasta su retirada. Poco dada a viajar, y más al casarse con Jurgen Schaff, desarrolla gran parte de su carrera en Berlín, donde Mozart será uno de los principales puntales de su repertorio. De hecho, será con la Illia de “Idomeneo” con la que debute, en 1961, en el Festival de Salzburgo.

Pero fue sobre todo con las heroínas de la trilogía dapontiana, así como con la Pamina, con las que triunfará y que serán los pilares de su repertorio. La escuchamos primero en el bellísimo “Dove sono” de “Le nozze di Figaro”:

La escuchamos ahora como Fiordiligi en “Così fan tutte”:

Del “Don Giovanni” la escuchamos primero como Donna Elvira en el “Mi tradì quell’alma ingrata”:

Y terminamos escuchando su maravillosa Pamina de “Die Zauberflöte“,  con el aria “Ach, Ich fühl’s”, de la grabación en estudio que dirigió Georg Solti:

Su debut en Londres, en 1955, fue con “La Traviata” de Verdi, papel que cantó en nuevas ocasiones, y del que escuchamos su aria del último acto, con la lectura de la carta incluida:

De Verdi fueron algunos de los papeles más “pesados” que cantó Pilar Lorengar en su carrera, propia de una soprano lírica pura. Aunque rechazó cantar “Aida” o “Un ballo in maschera”, sí que cantó la Alice de “Falstaff” o la Desdemona de “Otello“, de la que aquí escuchamos el dúo “Dio ti giocondi, o sposo” junto al Otello de Plácido Domingo:

Disfrutemos además de su maravillosa Elisabetta del “Don Carlo“, de la que aquí escuchamos su magnífica aria “Tu che le vanità”:

Y la escuchamos también como la soprano solista del Requiem verdiano en ese “Libera me, Domine” final:

Siendo como ya hemos dicho una soprano lírica pura, se sentía cómoda en no pocos roles del verismo. Comenzamos viendo su “In quelle trine morbide” de la “Manon Lescaut” de Puccini:

A continuación la escuchamos en el aria de Nedda del ·Pagliacci” de Leoncavallo:

La escuchamos también en “La Boheme” de Puccini, en el “Sì, mi chiamano Mimí”:

Otro papel emblemático fue su “Madama Butterfly”, que aquí canta en alemán acompañada del Pinkerton del gran Fritz Wunderlich; magia pura ese dúo final del 1º acto:

Y otro papel en el que sobresalió fue como la “Suor Angelica” de la que aquí, en vez de escuchar el aria, escuchamos toda la escena final, de un nivel interpretativo y vocal que muy pocas sopranos pueden igualar:

Llegó a cantar incluso un papel tan pesado como el de “Tosca”, del que escuchamos aquí el aria “Vissi d’arte”:

De las grabaciones en estudio de arias sueltas cabe destacar esta versión, una de las mejores que se han grabado por cierto, del bellísimo “Sogno di Doretta” de “La Rondine“:

Y la escuchamos también cantando el aria “Ebben, ne andrò lontana” de “La Wally” de Catalani:

Cantó también papeles líricos de ópera francesa, como la Marguerite del “Faust” de Gounod, de la que escuchamos el trío final junto a Nicolai Gedda y Cesare Siepi:

También cantó la Micaela de “Carmen” de Bizet, de la que escuchamos el aria “Je dis que rien ne m’épouvante”:

Podríamos escucharla en otros papeles, como la “Manon” de Massenet, pero prefiero ponerla en un aria por la que tengo una predilección especial, aunque no cantara la ópera completa, el “Depuis le jour” de la “Louise” de Charpentier:

Y claro, pasando tantos años en Alemania, cantó no pocos roles de ópera alemana. Comenzaremos por su Agathe de “Der Freischütz” de Weber:

Cantó óperas como “Mathis der Maler” de Hindemith, de la que no hay fragmentos en Youtube pero que podéis escuchar en Spotify, así como arias de opereta vienesa, aunque si hay un aria que recordar es la canción de Marietta de “Die tote Stadt” de Korngold, una de las mejores versiones de esta bellísima canción:

Y también cantó Wagner, primero la Elsa de “Die Meistersinger von Nürnberg” y luego la Elsa de “Lohengrin”:

Y escuchamos también su magnífica grabación del aria de Elisabeth de “Tannhäuser”:

Hizo también incursiones en el repertorio eslavo, como con “La novia vendida” de Smetana, que cantó en alemán. Cantó también óperas como “Eugen Onegin” o “Jenufa”, pero merece la pena recordar su magnífica grabación del aria de la luna de la “Rusalka” de Dvorak, de nuevo una de las mejores grabaciones de ese aria:

Su repertorio fue todavía mayor, con óperas barrocas y clásicas, como la “Medée” de Cherubini o la Euridice de Gluck, además de numerosas canciones españolas. Extrañamente rechazaba cantar óperas de Richard Strauss, por desgracia.

En 1987 tuvo uno de sus últimos grandes éxitos en Berlín, cantando “Les huguenots” de Meyerbeer. Vamos a escucharla cantando la ópera en alemán, en concreto el dúo del final del 4º acto junto al Raoul de Richard Leech:

Se retiró poco después.

Soprano poco mediática, es mucho menos recordada de lo que debiera por su voz y talento dramático, siendo una de las grandes sopranos de su época, pero tristemente olvidada en su país natal. Como ya hemos mencionado, un cáncer se la llevó a los 68 años, un 2 de junio de 1996, en Berlín. Esperemos con este post ayudar un poquito a recuperar su legado. Y por si no es suficiente, pues invitar a todos a la exposición que la Asociación Aragonesa de la Ópera “Miguel Fleta”, con el apoyo del gobierno de Aragón, va a llevar a cabo en Zaragoza, su ciudad natal, del 29 de septiembre al 11 de diciembre. Todo esfuerzo por recuperar su memoria es bienvenido.