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140 años del nacimiento de Ethel Barrymore (15-08-2019)

Con una carrera cinematográfica mucho menos extensa que sus célebres hermanos, fue en los años 40 una de las mejores actrices secundarias que ha visto Hollywood, la perfecta definición de una “robaescenas”. Aprovechando el 140 aniversario de su nacimiento repasamos la carrera de la gran Ethel Barrymore.

El nombre de nacimiento de Ethel Barrymore era Ethel Mae Blythe, y nació en Filadelfia, Pensilvania, el 15 de agosto de 1879. Sus padres, Maurice y Georgiana, eran actores teatrales. Su hermano mayor era el actor Lionel Barrymore y su hermano pequeño fue quizá el más famoso actor de los tres, John Barrymore (abuelo de la también actriz Drew Barrymore). 

En 1984 se trasladaron por dos años a Inglaterra, ya que su padre heredó una notable cantidad de dinero allí, siendo estos los mejores años de su infancia, cuando la familia estuvo más unida, al no encontrarse inmersa en giras teatrales. De regreso a Estados Unidos, quiere dedicarse a ser concertista de piano, además de comenzar su gran pasión por el beisbol. Pero en 1893 se traslada con su madre a California, ya que ésta está enferma de tuberculosis, enfermedad de la que muere ese verano, lo que supone el final de su infancia. Al igual que su hermano Lionel (a diferencia de John, que al ser más joven queda al cuidado de su abuela), debe abandonar la escuela y comenzar a trabajar en teatro, debutando en Broadway en 1895. No tarda en trasladarse a Londres, donde permanece entre 1897 y 1898, y obtiene un gran éxito, además de tener como pretendiente a Winston Churchill, a quien rechaza por no querer ser la esposa de un político. Acostumbrados a verla en el cine ya en edad madura, se nos hace extraño imaginarnos que fue una mujer ciertamente bella en su juventud (aunque siempre con esa mirada tan particular suya):

Tras haber tenido varios pretendientes en Inglaterra y en Estados Unidos, Ethel Barrymore se casa el 14 de marzo de 1909 con Russell Griswol Colt, con quien tiene tres hijos, Sammy, Ethel y John Drew, todos ellos dedicados al mundo del espectáculo. Pero el matrimonio no es feliz; ya en 1911 ella firma una demanda de divorcio que no tiene lugar. Pero rumores de malos tratos y evidentes infidelidades de él terminan con un divorcio en 1923. Aunque Ethel mantuvo posteriormente varios romances, no volvió a casarse, al ser una devota católica. 

A comienzos de la década de 1910, buena parte de la familia Barrymore se traslada a Hollywood para trabajar en el cine, y Ethel Barrymore hará lo propio en 1914, debutando en “The nightingale”. Trabajará con frecuencia en el cine hasta 1919. Por el contrario, en los años 20 trabaja exclusivamente sobre las tablas; de hecho, en 1928 se inaugura en Nueva York un teatro con su nombre.

Ethel Barrymore regresa puntualmente al cine en 1932 para acompañar a sus hermanos Lionel y John en “Rasputin y la Zarina”, interpretando a la Zarina Alejandra, en una película criticada por su falta de credibilidad histórica:

Los tres hermanos habían trabajado con anterioridad en una película muda. En esta ocasión, con la llegada del cine sonoro, trabajan juntos por segunda y última vez. De nuevo, Ethel regresa al teatro. 

En 1944, el director Cliffor Odets se encarga de asegurar la presencia de Ethel Barrymore como la madre del despreocupado barriobajero inglés interpretado por Cary Grant en “Un corazón en peligro”:

 

Por este papel, Ethel Barrymore ganará un Oscar a mejor secundaria, aunque afirme no sentirse impresionada por ello. Pero lo cierto es que apenas regresa a las tablas, y dedicará el resto de su carrera al cine. 

En 1946 interpreta a la misteriosa madre de George Brent, asesino de mujeres con problemas, en “La escalera de caracol”, drama de intriga protagonizado por una joven muda interpretada por Dorothy McGuire, consiguiendo una nueva nominación al Oscar:

En 1947 protagoniza varias películas destacables. Por un lado, es la tía de Merle Oberion, pianista que finge ser ciega para poder acercarse al pianista ciego interpretado por Dana Andrews en “Mi corazón te guía”, donde consigue eclipsar al resto del reparto, aún estando todos magníficos:

Interpreta también a la madre del político Joseph Cotten, que emplea a una campesina que terminará triunfando en política, interpretada por Loretta Young, quien ganará el Oscar a mejor actriz, en “Un destino de mujer”:

Pero si destaca en un papel, es el de la esposa del juez Charles Laughton en “El proceso Paradine” de Alfred Hitchcock, drama judicial protagonizado por Gregory Peck gracias al que consigue su tercera nominación al Oscar en un reparto que incluye a Ann Todd y a los debutantes Louis Jourdan y Alida Valli:

En 1948 interpreta a la tratante de arte que trata de impulsar la carrera de Joseph Cotten, pintor obsesionado con la joven que ha conocido y que esconde un secreto, la Jennie del título, interpretada por Jennifer Jones:

En 1949 tiene uno de sus papeles más extensos interpretando a la madre superiora de un convento que esconde en la Viena de post-guerra a una joven bailarina, Janet Leigh, que provoca un conflicto diplomático entre Rusia y Gran Bretaña, encabezados respectivamente por Louis Calhern y Walter Pidgeon:

Pero su gran éxito ese año será interpretar a la rica hacendada sureña que es cuidada por una joven con ascendencia negra, interpretada por Jeanne Crain, que al morir le dejará todos sus bienes en herencia, provocando el posterior drama de la joven, en la película “Pinky” de Elia Kazan:

Por este papel recibe su cuarta y última nominación al Oscar. Y de hecho será el último gran papel de Ethel Barrymore, si bien continúa trabajando en cine en los años 50. En 1952 trabaja junto a Humphrey Bogart en el drama peridístico “El cuarto poder” dirigido por Richard Brooks:

Trabaja además en el drama episódico “Tres amores” y en el musical “Siempre tú y yo”, siendo su último papel en el drama “Johnny Trouble”, en 1957. Pero su ritmo de trabajo se ralentiza por sus problemas cardiacos, que lleva años padeciendo. Finalmente, un infarto acaba con su vida el 18 de junio de 1959, cuando estaba a punto de cumplir 80 años. Fue enterrada en el Calvary Cemetery de Los Angeles:

Quizá la menos problemática de los hermanos Barrymore, Ethel fue una actriz de teatro que dedicó al cine sólo sus últimos años. Pero en esos años nos regaló una decena de papeles memorables que la sitúan en lo más alto del Olimpo cinematográfico. 

10 años de la muerte de Richard Widmark (24-03-2018)


Famoso como villano cinematográfico, pero con una extensa filmografía en la que demostró su polivalencia en casi todos los géneros, hace 10 años nos dejaba uno de los últimos mitos del Hollywood clásico, el actor Richard Widmark.




Richard Weedt Widmark nació el 26 de diciembre de 1914 en la pequeña localidad de Sunrise Township, en el estado de Minnesota, aunque pasará su infancia en distintas localidades del cercano estado de Illinois, ya que su padre, de origen sueco, trabaja como vendedor viajante. Graduado en arte, empieza a trabajar como actor de radio en 1938, participando en numerosas series radiofónicas.

El 5 de mayo de 1943 con la guionista Jean Hazlewood, a quien conocía de sus años de estudiante. Ambos tendrán una única hija, Anne Heath, nacida en 1943. Una perforación de tímpano le impedirá participar en la II Guerra Mundial, así que el mismo año de su boda debuta en Broadway, y seguirá trabajando en teatro en los siguientes años. Será durante una producción en Chicago cuando es descubierto por la Fox, con la que firma un contrato de 7 años.

En ese momento, la Fox va a rodar un thriller, “El beso de la muerte”, que se estrena en 1947,  a mayor gloria de su estrella, Victor Mature, y necesitan a un actor que interprete al villano criminal Tommy Udo. El director de la película, Henry Hathaway, rechaza a Richard Widmark, ya que considera que su aspecto es demasiado intelectual, pero el productor Darryl F. Zanuck insiste. ¿Quién de los dos se equivoca?:

Esta es quizá una de las más míticas escenas del cine negro de los años 40. Este papel le valdrá a Richard Widmark el Globo de oro a mejor estrella emergente y su única nominación al Oscar. Había nacido una estrella. Hathaway se equivocaba, y asumió su error trabajando con el actor en numerosas ocasiones posteriores.

Pero pronto demostrará que no sólo es capaz de interpretara a grandes villanos. Prueba de ello será su papel en “El demonio del mar”, de 1949, en el que actúa como el mentor del joven Dean Stockwell en oposición a su rudo abuelo Lionel Barrymore. Y en 1950 protagoniza el thriller “Pánico en las calles”, de Elia Kazan, en la que interpreta a un doctor del servicio de salud pública que descubre que una víctima de asesinato estaba infectada con peste neumónica, y tendrá que colaborar con un policía poco receptivo, Paul Douglas, para localizar al asesino, el debutante Jack Palance, que es posible que se haya contagiado y pueda extender más la plaga:

Pero ese mismo año volverá a interpretar a un villano en “Un rayo de luz” de Joseph Mankiewicz, como el criminal que perseguirá al doctor negro que interpreta Sidney Poitier acusándole de haber matado a su hermano:

En 1951 volverá a interpretar a un personaje mucho más entrañable, el profesor convertido en militar con problemas físicos y dilemas morales en la campaña del Pacífico de la II Guerra Mundial en la brillante “Situación desesperada” de Lewis Millestone, junto a Karl Malden, Jack Palance y un jovencísimo Robert Wagner:

Demostrado ya su enorme talento como actor dramático, se le confiará ser el protagonista masculino de “Niebla en el alma”, drama psiquiátrico con el que Marilyn Monroe pretendía demostrar que no sólo era una actriz cómica:

En 1953 interpretará a un duro instructor militar, en oposición al mucho más blando Karl Malden, en “Hombres de infantería” de Richard Brooks, teniendo como alumnos a Russ Tamblyn o Carleton Carpenter:

En 1954 trabaja en dos destacables western. El primero, “El jardín del diablo”, le lleva a trabajar de nuevo bajo las órdenes de Henry Hathaway, interpretando a uno de los tres hombres (los otros dos serán Gary Cooper y Cameron Mitchell) que acudan a rescatar al marido de Susan Hayward, atrapado en una mina de oro en territorio apache:

El segundo será la mítica “Lanza rota” de Edward Dmytrick, interpretando a un personaje mucho más negativo, el malvado hijo mayor de Spencer Tracy, empeñado en impedir que su hermanastro pequeño, Robert Wagner, hijo de una india interpretada por Kathy Jurado, se lleve la cuantiosa herencia de su progenitor:

Ese año termina su contrato con la Fox, lo que aporta a Richard Widmark mayor libertad a la hora de elegir sus papeles. Y uno de sus primeros trabajos será en “La tela de araña”, drama de Vincente Minnelli en el que interpreta a un psiquiatra que se ve atacado por su esposa, Gloria Graham, celosa de Lauren Bacall, y por el director de la clínica, Charles Boyer, mientras ve como un joven paciente suyo, John Kerr, desaparece:

Trabaja con posterioridad en varios westerns, entre los que destaca “La ley del talión”, en la que tiene que proteger a un grupo de colonos, entre los que se encuentra el actor infantil Tommy Retting, que ya había interpretado a su hijo en varios films previos:

En 1957 tendrá una de sus mejores interpretaciones como el Rey Carlos VII de Francia en “Santa Juana” de Otto Preminger, con Jean Seberg como Juana de Arco:

En 1958 prueba suerte en un nuevo género, la comedia, junto a Doris Day en “Mi marido se divierte”:

Pero es el Westner el género en el que Richard Widmark se muestra más cómodo por esas fechas, y así acompaña a John Wayne en la épica “El Alamo”, interpretando a Jim Bowie:

En 1961 se estrena bajo las ordenes de John Ford en otro western, “Dos cabalgan juntos”, en la que interpreta a un militar que, acompañado de James Stewart, acude a intentar rescatar a algunos colonos secuestrados por los indios:

Y ese mismo año trabaja en “Vencedores o vencidos” de Stanley Kramer, interpretando a un inflexible militar que ha visto las atrocidades cometidas por los nazis y quiere castigarlas con la mayor severidad posible:

En medio de un reparto de lujo, y con un papel bastante breve, Richard Widmark consigue brillar con luz propia gracias a un talento interpretativo pocas veces explotado hasta este nivel.

En 1962 trabaja en uno de los episodios de “La conquista del Oeste”, y en 1964 protagoniza el último western que dirigirá John Ford, el gran combate, interpretando al militar que acompaña a los indios que regresan a sus antiguos territorios:

En 1966 trabaja de nuevo bajo las órdenes de Edward Dmytrik en “Alvarez Kelly”, en la que interpreta aun general confederado que secuestra el ganado que transporta William Holden para el ejército Yanki:

Tras trabajar en algunos western más, Richard Widmark comienza a principios de los años 70 a trabajar en televisión, reduciendo su participación cinematográfica a menudo a papeles secundarios, como el villano Casetti en la mítica “Asesinato en el Orient Express”. En esta época de hecho regresa a los papeles de villano, siendo buena prueba de ello su papel en “De presidio a primera página” de Stanley Kramer, protagonizada por Gene Hackman:

De hecho, su último papel remarcable en cine será el villano del thriller “Coma” de Michael Crichton:

Su última aparición sera en “El color de la ambición”, en 1991:

Richard Widmark se retira de la interpretación por esas fechas. En 1997 muere su esposa, y en 1997 vuelve a casarse con Susan Blanchard, nieta del compositor de musicales Oscar Hammerstein. Pasa el resto de su vida retirado de la vida pública, que además de como actor había tenido también otra faceta como activista a favor del control de armas. Una caída en el año 2007 afecta seriamente a su salud, que no se recuperara, muriendo finalmente en su casa de Roxbury, en el estado de Connecticut, el 24 de marzo de 2008, con 93 años. La Academia tuvo tiempo de sobra para compensar su falta no ya de premios, sino de nominaciones, con un Oscar Honorífico, pero este, lamentablemente, nunca llegó.

Richard Widmark era el prototipo de actor poco ambicioso, que pese a ser un artista capaz de llevar sobre sus hombros el peso de una película, no dudaba en actuar en papeles secundarios junto a otros actores con los que compartió pantalla con frecuencia. Y, con una filmografía tan extensa, nos deja como legado un buen puñado de interpretaciones memorables.



120 años del nacimiento de Fredric March (31-08-2017)


Hace pocos días hablábamos de Paul Muni, una estrella del Hollywood de los años 30 hoy caída en el olvido. Hoy vamos a hablar de otra gran estrella del Hollywood de los años 30 y 40 (incluso de los 50) hoy bastante olvidada, pese a tener en su haber 2 Oscars y dos Tony (y que además es uno de mis actores favoritos), un día después de que se cumplan 120 años de su nacimiento: hoy hablamos de Fredric March.




Ernest Frederick McIntyre Bickel, que era el nombre real de Fredric March, nació el 31 de agosto de 1897 en Racine, estado de Wisconsin. Su padre, John F. Bickel, era un comerciante y anciano prebiteriano, mientras que su madre, Cora Brown Marcher, era profesora. Fredric estudió en su ciudad natal hasta trasladarse a Madison para asistir a la universidad. Sirvió en la I Guerra Mundial como teniente de artillería y comenzó su carrera profesional trabajando en un banco. Pero una apendicitis le hizo replantearse su vida y se interesó por la interpretación, comenzando en 1920 a trabajar como extra en películas filmadas en Nueva York. Es entonces cuando adopta el nombre de Fredric March, usando una abreviatura del apellido de soltera de su madre.

En 1921 se casa con Ellis Baker, de la que se divorcia en 1927. Un año antes había comenzado a trabajar en Broadway, donde conoce a la que será su segunda esposa, Florence Eldridge, con la que se casa en 1927. Esta segunda unión durará hasta la muerte de él, y adoptaran dos niños. Su éxito en el teatro le lleva a firmar un contrato con la Paramount en 1929, año en el que rueda varias películas, las primeras en las que aparece acreditado.

Será en 1930 cuando se produzca su salto a la fama, con la comedia ambientada en el teatro “The royal family of Broadway”, en la que interpreta un personaje inspirando en el gran actor de la época John Barrymore. Este papel le supuso su primera nominación al Oscar:

Su consagración definitiva vendrá un año después, en 1931, al protagonizar “El hombre y el monstruo”, adaptación del “Doctor Jeckyll y Mr. Hyde” de Robert Louis Stevenson, dirigido por Rouben Mamoulian y acompañado por Miriam Hopkins:

Por este papel vuelve a estar nominado al Oscar. Y ese año se produce algo insólito: dos actores se llevarán el premio: Wallace Beery por “Campeón” y el propio March, pese a tener un voto más que Beery; en aquella época, un voto de diferencia se consideraba insuficiente para proclamarse ganador único.

Convertido ya en un actor de gran prestigio, en 1932 es elegido para protagonizar, junto a Norma Shearer, la esposa del productor Irving Thalberg, el drama romántico “La llama eterna”:

También protagoniza “El signo de la cruz”, drama de época dirigido por Cecil B. de Mille ambientado en la Roma de Nerón, junto a Charles Laughton y Claudette Colbert:

En 1933, protagoniza junto a Cary Grant el drama bélico “El águila y el halcón”, y destaca en la comedia de Ernst Lubitsch “Una mujer para dos”, compartiendo a Miriam Hopkins con Gary Cooper, y con Edward Everett Horton, habitual en el cine de Lubitsch, en el reparto:

En 1934 repite junto a Norma Shearer en un nuevo drama romántico, ambientado en el siglo XIX, en la que tiene que vencer la tiranía del padre de ella, un genial Charles Laughton, para conseguir a su amada:

Protagoniza también la comedia de aventuras “El burlador de Florencia”, interpretando al escultor Benvenutto Cellini, y “La muerte de vacaciones”, en la que interpreta a la muerte, que quiere saber por qué los humanos le temen tanto y se transforma en uno de ellos:

1935 será un gran año para Fredric March. Además de protagonizar “El ángel de las tinieblas”, drama romántico junto a Merler Oberon y Herbert Marshall, visto su éxito en grandes adaptaciones literarias, es elegido para protagonizar dos de ellas. La primera, la adaptación que Richard Boleslawsky realiza de la mítica obra de Victor Hugo “Los miserables”, en la que interpreta al propio Jean Valjean, junto al Javert de Charles Laughton y en la que su mujer, Florence Eldridge, interpreta a Fantine. Su trabajo en esta película es realmente excepcional, y es difícil imaginar a cualquier otro actor del momento capaz de interpretar un personaje tan complejo con semejante nivel:

La otra es la “Ana Karenina” de Clarence Brown, en la que tiene que medirse junto a la inmensa Greta Garbo. Pese a tener 8 años más que la Divina, interpreta a su joven enamorado, el Conde Vronsky, y pese a la irregular adaptación de la obra de Tolstoy, sale bien parado del envite. Comparte reparto junto a Basil Rathbone, Freddie Bartholomew y Maureen O’Sullivan:

En 1936 le tenemos en otra gran adaptación literaria, “El caballero Adverse”, drama de aventuras junto a Olivia de Havilland, interpretando a un personaje ambiguo, que se tiene que enfrentar a los villanos Claude Rains y Gale Sondergaard, él mismo es en realidad un anti-héroe:

Ese mismo año es seleccionado por John Ford para interpretar en “Maria Estuardo” al conde James Hepburn de Bothwell, tercer marido de la reina interpretada por Katherine Hepburn, mientras su esposa Florence Eldridge interpreta a Isabel I:

En 1937 estrena otras dos grandes películas, ambas dirigidas por William A. Wellman y ambas en color. la primera es la comedia dramática “La reina de Nueva York”, en la que interpreta a un periodista que sigue la historia de una mujer supuestamente envenenada por radio, interpretada por Carole Lombard:

La otra es la genial “Ha nacido una estrella”, en la que interpreta a la estrella caída en desgracia Norman Maine, que ve como su mujer, interpretada por Janet Gaynor, alcanza la fama que él tenía y ya no puede recuperar. Por este papel recibe una nueva nominación al Oscar:

Con 40 años, Fredric March todavía es contratado para interpretar a galanes románicos, aunque su versatilidad de estilos es casi insólita en una época de constantes encasillamientos. Pero en 1937 decide volver a Broadway, ya que le interesa más el teatro que el cine. Sigue pese a todo trabajando en Hollywood, aunque no firma contratos de larga duración, manteniendo así su libertad artística. Las películas que estrena en 1938 pasaron sin pena ni gloria, y sus siguientes papeles no son especialmente recordados, aunque se puede destacar su papel en “Susana y Dios” de 1940, interpretando al esposo de Joan Crawford:

Destaca también en 1942 en la comedia romántica “Me enamoré de una bruja” junto a Veronica Lake, en el papel que interpretará años después James Stewart en el remake:

Su regreso por la puerta grande a Hollywood se produce con el drama de William Wyler “Los mejores años de nuestra vida”, drama que narra la vuelta a casa de tres veteranos de la II Guerra Mundial: Dana Andrews, el soldado real Harold Russell y el propio March, que regresa junto a su mujer Myrna Loy y ve con malos ojos como su hija, Teresa Wright, se enamora de Dana Andrews:

La película fue un enorme éxito, y ganó 7 Oscars, entre ellos Mejor Película y Director, y el propio Fredric March se llevó su segundo Oscar. Y en 1947 se lleva su primer Tony por su papel en la obra teatral “Years ago”, escrita por Ruth Gordon. Su talento está ya sobradamente reconocido.

Su siguiente papel cinematográfico relevante será en 1951 en “Muerte de un viajante”, adaptación de la obra teatral de Arthur Miller que March había rechazado interpretar en teatro. Esta interpretación le valió su quinta y última nominación al Oscar, además de ganar el Globo de Oro:

Fredric March ya no tiene aspecto de galán romántico, y eso le relega en cine a papeles secundarios, aunque todavía protagoniza en 1953 “Fugitivos del terror rojo”, película de Elia Kazan que demoniza a los comunistas en un intento por excusar su actitud durante la caza de brujas. No deja de sorprender que March se prestara a colaborar en este panfleto conservador siendo, al igual que su esposa, un conocido demócrata.

En 1954 presenta la entrega de los Oscars, tirando de seriedad e ironía frente a la comicidad del otro presentador, Donald O’Connor:

Tras papeles secundarios en películas como “La torre de los ambiciosos” (por la que se llevará una nominación al BAFTA) o “Los puentes de Toko-Ri”, y de trabajar en televisión en “The best of Broadway”, por la que se lleva una nominación al Emmy, en 1955 vuelve a tener un papel importante en “Horas desesperadas”, en la que su familia es secuestrada en su hogar por Humphrey Bogart:

Ya como secundario, en 1956 interpreta al jefe de Gregory Peck en “El hombre del traje gris”:

Y ese mismo año interpreta a Filipo de Macedonia, padre de “Alejandro Magno”, interpretado por Richard Burton y dirigida por Robert Rossen:

En 1957 gana su segundo premio Tony por su papel teatral en “Larga jornada hacia la noche”, en la que trabaja de nuevo junto a su mujer, que no se lleva el premio pese a estar nominada.

Tras recibir una segunda nominación al Globo de Oro en 1959 por su papel en “En mitad de la noche”, en 1960 comparte pantalla con Spencer Tracy (quien fuera su rival para conseguir el papel que interpretó en “Horas desesperadas”) en la genial adaptación de Stanley Kramer del drama judicial “La herencia del viento”, en la que de nuevo comparte escena con su mujer:

Pocas veces un actor tan contenido como él se mostró tan histriónico, en un papel que, por otro lado, lo requería.

De sus pocos papeles posteriores destaca su labor en “Siete días de mayo”, en la que interpreta al presidente de Estados Unidos que, en plena Guerra Fría, sabe que uno de sus generales pretende derrocarle, en una película en la que participan Kirk Douglas, Ava Gardner, Burt Lancaster y Edmond O’Brien, y que le vale una tercera y última nominación al Globo de Oro:

Su último papel cinematográfico relevante es en 1967 en “Un hombre”, protagonizada por Paul Newman. Fredric March, que además de en cine, teatro y televisión, ha trabajado realizando grabaciones como narrador, sufre una operación a causa del cáncer de próstata que padece en 1970, lo que parece haber acabado con su carrera; de ahí la sorpresa de verle en 1973 en la adaptación televisiva de la obra teatral “El repartidor de hielo”, dirigida por John Frankenheimer, junto a Lee Marvin, Robert Ryan y Jeff Bridges:

Finalmente, el 14 de abril de 1975 sucumbía al cáncer de próstata que padecía a los 77. Fue enterrado en su residencia de New Milford, en Connecticut, donde será enterrada también su viuda Florence al morir en 1988.

Fredric March fue uno de las estrellas más populares de los años 30 gracias a su inmenso talento y versatilidad, pero el paso de los años no ha jugado en su favor. Hay que volver a ver todos esos grandes papeles que nos legó para situarle de nuevo en el lugar que le corresponde.



100 años del nacimiento de Robert Mitchum (06-08-2017)


Fue, junto con Gregory Peck, uno de los últimos grandes actores en llegar al Hollywood clásico, y siguió siendo una estrella por décadas en los más diversos estilos: comedia, drama, cine negro, cine bélico, western… sobresaliendo en todos ellos. Hoy que se celebra el centenario de su nacimiento repasamos la carrera de Robert Mitchum.




Robert Charles Durman Mitchum nació el 6 de agosto de 1917 en Bridgeport, estado de Connecticut. Tenía una hermana mayor, Annette, nacida en 1914, y que también sería actriz, conocida como Julie Mitchum. Su padre, James, de origen irlandés, trabajaba en el ferrocarril, y en 1919 sufrió un accidente que acabó con su vida antes de que Robert cumpliera dos años. Poco después, su madre, Ann, se enteró de que estaba embarazada, naciendo su tercer hijo, John (que también sería actor) en septiembre. Se volverá a casar poco después con un oficial de la marina, que le ayudó a criar a sus tres hijos (y a la niña que tendrían ambos años después).

La infancia de Robert Mitchum fue problemática, envuelto siempre en peleas, por lo que su madre lo envía a vivir con sus abuelos cuando tiene 12 años. No tarda en ser expulsado del instituto, y se traslada a vivir con su hermana a Nueva York, pero al ser también expulsado del instituto, se dedica a viajar en tren por el país ejerciendo diversos oficios, entre ellos el de boxeador. Arrestado por vagancia en Savannah, vuelve inmediatamente con su familia y conoce a la chica con la que se casará, Dorothy Spence, pero no tarda en volver a los trenes.

Mientras, en 1936, su hermana se traslada a California, seguida por el resto de su familia, incluido Robert. Julie convence a su hermano de que se adentre en el mundo de la actuación, entrando en una compañía teatral para la que también escribe breves obras, además de ejercer otros trabajos. Mientras, en 1940 se casa con Dorothy Spence, con la que tendrá dos hijos: James en 1941 y Christopher en 1943. La pérdida de uno de esos trabajos le empujará a trabajar de extra en el cine, consiguiendo su primer papel acreditado en “La patrulla fronteriza”, en 1942, perteneciente a la serie de westerns de serie B protagonizados por el ficticio Hopalong Cassidy. Trabajará en varias películas más de la serie en los dos años siguientes. Pero será en el drama bélico “30 segundos sobre Tokio”, protagonizado por Van Johnson, en el que consiga llamar la atención del director Mervyn LeRoy, lo que le valdrá un contrato de 7 años con la RKO.

Tras un Western de moderado éxito, “Nevada”, Robert Mitchum participará en 1945 en “También somos seres humanos”, otro drama bélico en la que interpreta al oficial de las tropas a las que acompaña el reportero de guerra Ernie Pyle (interpretado por Burgess Meredith) en la campaña del sur de Italia:

(No he conseguido mejor vídeo en Youtube que no sea la película completa).

Por este papel recibirá su primera y única nominación al Oscar (algo incomprensible) en la categoría de mejor secundario.

En 1946 asienta su carrera en el ámbito del cine negro con un papel secundario en “Corrientes ocultas” de Vincente Minnelli, como el hermano del sospechoso Robert Taylor, cuya desaparición despierta las sospechas de la esposa de éste, Katherine Hepburn:

Otra película de cine negro destacable será “Encrucijada de odios”, de Edward Dmytrik, estrenada en 1947, en la que un compañero del ejército es asesinado y Robert colabora con el inspector a cargo de la investigación:

Ese mismo año protagoniza la película de Jacques Tourneur “Retorno al pasado”, en la que el retorno de un viejo amigo interpretado por Kirk Douglas le obliga a contarle a su novia, Jane Greer, su turbio pasado:

En 1949 es arrestado junto a la actriz Lila Leedspor posesión ilegal de cannabis y pasa una temporada en la cárcel. Tras regresar a los estudios, protagoniza el drama familiar “El poni rojo” junto a Myrna Loy, en la que interpreta a un antiguo maestro de rodeos que ahora tiene que intentar salvar la vida del caballo del título:

Pero vuelve al cine negro ese mismo año con “El gran robo” de Don Siegel, de nuevo junto a Jane Greer:

En 1950 repite en el género negro con “Donde habita el peligro”, junto a Faith Domergue y Claude Rains:

Repite un papel similar en 1952 en “Cara de ángel” de Otto Preminger, primera vez que comparte pantalla con Jean Simmons, una astuta joven que le obliga a Robert Mitchum a entrar en su juego de odios y venganzas:

Ese mismo año, Josef von Sternberg lleva el campo del cine negro a un escenario más exótico, y así tenemos a Robert Mitchum protagonizando “Una aventurera en Macao” junto a Jean Russell:

En 1954 tenemos de nuevo a Robert Mitchum compartiendo pantalla con Jean Simmons, en este caso en una comedia romántica (género al que no se suele asociar la figura de Mitchum), “Guapa pero peligrosa”:

También en 1954 protagoniza el western de Otto Preminger “Río sin retorno” junto a Marylin Monroe, con la que al parecer mantuvo un romance (uno más de los muchos que tuvo, pese a lo que nunca se divorció de su mujer), en la que tendrá que descender por un peligroso río en una balsa junto a su hijo y Marylin para salvar su vida y, de paso, buscar venganza:

En 1955, tras protagonizar el drama “No serás un extraño”, Charles Laughton le contrata como protagonista de la única película que dirigirá el actor inglés, “La noche del cazador”, en la que interpreta a un malvado presidiario capaz de cualquier cosa con tal de conseguir el tesoro que su compañero de celda, antes de ser ejecutado,  le contó tener oculto en su casa, lo que incluye casarse con su mujer, asesinarla y perseguir a sus hijos. Muchos consideran que Harry Powell, el nombre de este personaje, es el mejor papel de Mitchum:

En 1955 funda con su esposa Dorothy una productora para producir cinco películas para la United artist, de las que sólo realizará 4, destacando su primera colaboración con Deborah Kerr, “Sólo Dios lo sabe”, de 1957, dirigida por John Huston, en la que interpreta a un militar que queda aislado en una isla controlada por los japoneses durante la II Guerra Mundial  junto a una monja interpretada por Kerr. Resultará ser uno de los mejores papeles de ambos, y Robert Mitchum recibirá incluso una nominación al BAFTA (pero de nuevo los Oscars le ignoran):

También en 1957 Robert Mitchum, que había destacado por su voz, publica el primero de sus dos discos como cantantes, “Calipso”, que destaca por sus ritmos exóticos, como en este “Coconur water”:

Por esos años, Robert Mitchum comienza también a destacar en films bélicos, como “Duelo en el Atlántico”, en la que se enfrenta en una guerra de submarinos a Curd Jürgens:

Su gran año será 1960, en el que participa entres memorables películas (en mi opinión, las tres estarían entre las 5 imprescindibles de Robert Mitchum). La primera, el drama de época “Con él llegó el escándalo”, dirigido por Vincente Minnelli, junto a Eleanor Parker, George Peppard y un recién llegado George Hamilton:

La segunda, la genial comedia sobre adulterios de Stanley Donen “Página en blanco”, en la que la rudeza de Mitchum contrasta con sus compañeros británicos, el elegante Cary Grant, la deliciosa Deborah Kerr y la alocada Jean Simmons:

Y la tercera, su última colaboración junto a Deborah Kerr (trabajaron juntos tres veces, igual que hizo con Jean Simmons) en el drama de Fred Zinnemann “Tres vidas errantes”, en la que interpretan a una familia de nómadas australianos que siempre desean establecerse en una casa, pero los problemas económicos se lo impiden:

En 1962 forma parte del inmenso reparto de la bélica “El día más largo”, pero si ese año destaca por una película es sin duda por “El cabo del terror”, en la que interpreta al villano Max Cady que busca vengarse del abogado que lo envió a prisión, interpretado por Gregory Peck:

En 1963 protagoniza la película de aventuras “Safari en Malasia” junto a Elsa Martinelli:

En 1964 interpreta a uno de los maridos de Shirley McLaine en la comedia de J. Lee Thompson “Ella y sus maridos”:

En 1966 trabaja junto a John Wayne en “El Dorado”, el segundo western de la trilogía que rueda Howard Hawks (curiosamente, en el tercero, la infravalorada “Río Lobo”, el que trabaja es su hijo, Christopher Mitchum), “El Dorado”:

En 1968 protagoniza otro film bélico, de nuevo bajo órdenes de Edward Dmytrik, “La batalla de Anzio”:

Mientras, en 1967 publicaba su segundo disco, en el que destaca el exitoso sigle “Little old wine drinker me”:

En los siguientes años, Robert Mitchum protagoniza diversos westerns, mientras rechaza protagonizar “Patton”, ya que en 1970 prefiere trabajar a las órdenes del gran David Lean en “La hija de Ryan”, en la que interpreta a un profesor en Irlanda casado con una mujer más joven que, en plena I Guerra Mundial, le pone los cuernos con un soldado británico, y será precisamente el ultrajado marido el que tenga que defenderla de la ira del pueblo:

Este es en mi opinión el mejor papel de Robert Mitchum, en el que nos muestra su faceta más sensible. Y su nominación al Oscar se daba por segura en esta ocasión… pero no, no la tuvo. Y, para colmo, quien ganó el premio fue precisamente George C. Scott por “Patton”, la película que rechazó protagonizar. Por cierto, magnífico e igualmente ignorado en los premios el cura que interpreta Trevor Howard.

En 1974 protagoniza el thriller de Sydney Pollack “Yakuza”, demostrando su capacidad de adaptarse a los nuevos tiempos y e los nuevos gustos cinematográficos:

En 1975 vuelve al cine negro con “Adiós, muñeca”, junto a Charlotte Rampling, en la que interpreta al mítico detective literario Philip Marlowe:

En 1976 participa en la última película de Elia Kazan, “El último magnate”, ambientada en el Hollywood de los años 30:

Más thrilers y cine bélico marcan la parte final de la carrera de Robert Mitchum, en la que destaca su participación en el drama de Andrei Konchalovsky “Los amantes de María”, en la que interpreta al padre del protagonista, John Savage, que vuelve de la guerra para reencontrarse con su antiguo amor, Nastassja Kinjski, objeto de deseo de todos los hombres:

Aparece también en películas y series para la televisión, de entre las que destaca “Norte y sur” y en diversos documentales sobre Hollywood. Continúa trabajando hasta el final de su vida, siendo su último papel destacado en “Dead Man” de Jim Jarmusch, en 1995, junto a Johnny Depp:

Poco afortunado en los premios, en 1992 recibió finalmente un Premio Cecil B. De Mille (un Globo de Oro honorífico):

Escasa recompensa para un actor que llevaba 50 años dando lo mejor que tenía en el mundo del cine.

Fumador empedernido toda su vida, murió el 1 de julio de 1997 en Santa Barbara a consecuencia del cáncer de pulmón que padecía, semanas antes de cumplir 80 años. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas esparcidas por el mar.

Con Robert Mitchum se iba una de las grandes estrellas del cine negro, pero también a uno de los actores más versátiles de su generación, a un actor de la vieja escuela, alejado de los histrionismos del Actor’s studio, un actor de los de verdad, de los que con un ligero gesto facial era capaz de emocionar (o de aterrorizar, según lo que requiriera el personaje). Uno de esos actores a los que tanto echamos de menos hoy día.



50 años de la muerte de Spencer Tracy (10-06-2017)




Fue admirado por sus compañeros y directores que a menudo lo definían como el mejor actor de su generación; una generación que había dado lo mejor del Hollywood dorado de los años 30 y 40. Esto nos permite hacernos una idea del inmenso talento que encerraba el cuerpo del actor que hoy nos ocupa y que nos dejó hace 50 años: Spencer Tracy.




Spencer Bonaventura Tracy nació un 5 de abril de 1900 en Milwaukee, en el estado de Wiskonsin. Su padre era un vendedor de camiones de orígenes irlandeses católicos, mientras su madre era una prebiteriana de clase acomodada, y tenía un hermano 4 años mayor. Tracy fue criado como católico, y en un intento de arreglar sus problemas de estudios a causa de su hiperactividad estudia en un colegio de monjas y posteriormente con jesuitas. Según afirmará él mismo, su mayor interés en los estudios será para poder leer los subtítulos del las películas mudas que tanto le fascinan. En la escuela jesuita conoce a Pat O’Brien, y ambos se harán asiduos a las representaciones teatrales.

Pero su falta de interés en los estudios le lleva a enrolarse en la marina nada más cumplir los 18 años, poco antes de que termine la I Guerra Mundial, por lo que nunca llega a entrar en combate.

Licenciado de la marina en 1919, el empeño de su padre porque uno de sus hijos consiga un título universitario le hará matricularse para estudiar medicina. Pero en esos años será un estudiante popular por su habilidad como orador en debates y también se une al grupo teatral, debutando en escena en junio de 1921. Durante una gira con el grupo de debate de su universidad audicionará en Nueva York para la Academia Americana de Artes Dramáticas, que le invita a matricularse en ella, algo que ocurre en abril de 1922. Se matricula en marzo de 1923, habiendo debutado ya en la escena newyorkina en octubre de 1922.

Sus primeros años como actor teatral no fueron buenos: acumulaba fracasos, cambiaba de compañías y de ciudades, su ego se vio afectado y su economía era mediocre. Trabajando en el teatro conoce a la actriz Louise Treadwell, con la que se casa en 1923, con la que tendrá dos hijos, John en 1924 y Louise en 1932.

La mala racha termina cuando, pese a sus miedos, trabaja con el productor teatral George M. Cohan en la obra “Yellow” en 1926. El éxito de esta obra le lleva a seguir colaborando con Cohan en nuevas producciones. Aún así, su carrera sufrirá nuevos altibajos que estarán a punto de llevarle a renunciar y volver a Milwaukee, pero todo cambia en 1930.

En enero de 1930 trabaja en una nueva producción teatral, “The last mille”, con la que consigue un gran éxito. En esa época, además, Hollywood se encuentra necesitado de nuevos actores para el reciente cine sonoro, ya que muchas de sus estrellas del cine mudo no se adaptan al nuevo medio, y los actores teatrales son idóneos para sus nuevas películas. Y John Ford le ve en esta obra teatral, ambientada en una prisión, y le ofrece protagonizar su nueva película, que también transcurre en una prisión, “Río arriba”. Spencer Tracy protagoniza la película junto a su amigo Humphrey Bogart, con quien no volverá a compartir pantalla:

Tras el estreno, la Fox le ofrece un contrato. Spencer Tracy necesita el dinero (su hijo, sordo, está recuperándose de la polio) así que acepta y se muda a California y sólo volverá a trabajar en el teatro una vez. La Fox trata de lanzarlo a la fama, siendo compañero de reparto de Jean Harlow o Joan Bennett, en comedias que no alcanzan el éxito. Esto lleva a Tracy al alcoholismo, y su fama de bebedor le perseguirá toda la vida. A partir de 1932 comienza a trabajar en proyectos de más enjundia dramática, como “Fueros humanos” de 1933, en la que compartirá protagonismo con Loretta Young, con la que tendrá un romance. Pero en 1935 rompe el contrato con la Fox de mutuo acuerdo: 5 años, 25 películas y la mayoría han sido un fracaso.

En 1935 comienza a trabajar en la Metro, que por aquel entonces era el más prestigioso de los estudios, pero tampoco el éxito le llega de inmediato: por lo general es la pareja de películas protagonizadas por mujeres como Myrna Loy o Jean Harlow. Pero en 1936 su suerte cambia al protagonizar el debut americano del director alemán Fritz Lang”, “Furia”, en la que interpreta a un forastero víctima de un motín en el que le dan por muerto y que busca venganza:

La película es un éxito que lanza a la fama a Tracy. Sin embargo, en su siguiente película interpreta un papel secundario: es la historia de catástrofes “San Francisco”, que narra el terremoto que azotó a la ciudad en 1906. La película la protagonizaban Clark Gable y Jeanette McDonald:

Pese a todo, el público identifica a Tracy como el protagonista. Y pese a que en 1936 se dan pro primera vez Premios Oscar a los mejores intérpretes secundarios, Tracy es nominado como mejor actor principal. La primera de sus 9 nominaciones, siempre como actor principal.

Tras protagonizar algunas películas más, en 1937 interpreta uno de sus mejores papeles, el pescador Manuel en la mítica adaptación de la obra de Rudyard Kipling “Capitanes intrépidos”, junto a un reparto de lujo en el que se encuentra el niño de moda, Freddie Bartholomew:

Segunda nominación al Oscar y primera victoria. Con 37 años. Por fin aparece ese enorme actor al que todos conocemos.

Tras su éxito interpretando a un cura en “San Francisco”, la Metro cuenta con él para interpretar al Padre Flanagan, fundador de La ciudad de los muchachos, en “Forja de hombres”, en la que tendrá que enderezar aun problemático Mickey Rooney:

Tercera nominación y segundo Oscar, consecutivo:

Convertido en el actor más popular del momento, en 1940 protagoniza su primera película en tecnicolor, la histórica “Paso al Noroeste”, que será un nuevo éxito:

También en 1940 protagoniza “Edison, el hombre”, siendo elogiado por su interpretación de Thomas Edison:

En 1941 protagoniza la secuela de “Forja de hombres”, “La ciudad de los muchachos”, y tiene una incursión en el cine de terror con “El extraño caso del Dr. Jekyll”, junto a Ingrid Bergman:

En 1942 protagoniza la comedia romántica “La mujer del año”, junto a Katherine Hepburn, actriz que se encontraba en la cima de su popularidad y que deseaba trabajar con Tracy, a quien admiraba:

El éxito de la película les llevará a convertirse en una popular pareja cinematográfica (protagonizarán en total 9 películas, entre ellas “La llama sagrada”, también de 1942), además de una pareja fuera de los escenarios hasta la muerte de él, aunque nunca se casaron, ya que Tracy había acordado con su mujer nunca hablar de divorcio, aunque vivieran separados.

En los siguientes años, Spencer Tracy protagoniza siempre films bélicos, algo lógico en plena II Guerra Mundial, de las que destaca “La séptima cruz”, de 1944, dirigida por Fred Zinnemann, en la que interpreta a un fugitivo de un campo de concentración:

En 1945 vuelve a trabajar en teatro, en la obra “The rugged path”. Spencer Tracy había atravesado un mal momento profesional, y decide probar en Broadway si es capaz de volver a actuar. Antes del estreno se encuentra especialmente tenso, y no se siente ya tan cómodo en teatro como en cine, pero consigue realizar 81 representaciones.

Spencer Tracy vuelve al cine en 1947, con “Mar de hierba”, dirigida por Elia Kazan, western que protagoniza junto a Katherine Hepburn:

Tracy repite de nuevo en 1948 con Hepburn en “El estado de la unión”, drama político dirigido por Frank Capra:

En 1949 protagoniza “Edward, mi hijo”, de George Cukor, junto a Deborah Kerr, en la que interpreta a un hombre capaz de cualquier cosa con tal de complacer a su hijo. Tracy se siente incómodo al ver lo fácil que le resulta interpretar a un personaje tan poco positivo, ya que, pese a ser un trabajador incansable, su forma de actuar se basa siempre en la absoluta naturalidad de todos sus papeles. Este será uno de sus mayores fracasos desde mediados de los años 30:

Para compensar, ese mismo año estrena la genial comedia “La costilla de Adán”, dirigida también por George Cukor, que será la más popular de las películas que protagonice junto a Katherine Hepburn:

En 1950 protagoniza la comedia de Vincente Minnelli “El padre de la novia”, junto a Joan Bennett, antigua compañera de reparto, y la joven Elizabeth Taylor, que interpreta a su su hija:

Spencer Tracy llevaba desde 1938 sin ser nominado al Oscar (desde que ganó su segundo Oscar, precisamente), y por esta película, 12 años después, consigue una nueva nominación, las 4ª. El éxito de la película es tal que al año siguiente se filma una secuela, “El padre es abuelo”.

En 1951 protagoniza también “El caso O’Hara”, drama judicial en el que coincide con su amigo de juventud Pat O’Brien:

En 1953 protagoniza “La actriz”, de George Cukor (director con el que trabajó en numerosas ocasiones, como vemos) en “La actriz”, en la que interpreta al padre de una aspirante a actriz interpretada por Jean Simmons:

Por este papel será nominado al BAFTA y ganará su único Globo de Oro, aunque no se lleve nominación al Oscar.

Actor todoterreno, Spencer Tracy se muestra igual de cómodo en la comedia y en el drama, en el cine bélico o en el histórico. Y en 1954 protagoniza un western, “Lanza rota” de Edward Dmytryk, junto a Robert Wagner:

Y en 1955 se nos lanza al cine de acción con la magistral “Conspiración de silencio” de John Sturges, en la que interpreta a un veterano de la II Guerra Mundial que se enfrenta a quienes mataron al padre japonés de un compañero suyo y al silencio cómplice del resto del pueblo:

Por este papel gana el premio al Mejor Actor en el Festival de Cannes y recibe su quinta nominación al Oscar.

Sus siguientes películas son el drama de aventuras “La montaña siniestra”, de nuevo junto a Robert Wagner, y la comedia romántica “Su otra esposa”, junto a Katherine Hepburn.

En 1958 tiene uno de sus, en mi opinión, mejores papeles en el drama político “El último Hurra” de John Ford (con el que no había vuelto a trabajar desde su debut), junto a Jeffrey Hunter, en el que interpreta al alcalde de Boston que ve como la televisión le arrebata votos al ser incapaz de acomodarse a las nuevos usos:

Imprescindible sobre todo la escena final.

Pero no conseguirá una nueva nominación al Oscar por esta película, ya que ese año la nominación le llegará por protagonizar la adaptación de la obra de Hemingway “El viejo y el mar” que dirige John Sturges:

En 1960 trabaja por primera vez bajo las órdenes de Stanley Kramer, que dirigirá la mayoría de sus últimas películas, en el drama judicial “Herencia del viento”, en el que se enfrenta a otro enorme actor, Fredric March:

Nueva nominación al Oscar, a la que seguirá otra nueva al año siguiente por su segunda colaboración con Kramer, “Vencedores o vencidos”, en la que interpreta a un abogado americano durante los juicios de Nuremberg:

Repite con Stanley Kramer en “El mundo está loco, loco, loco”, en 1963, y ya sólo trabajará en una película más (la mala salud le obligará a renunciar a varias ofertas), pero una de sus mejores películas: “Adivina quien viene esta noche”, dirigida de nuevo por Stanley Kramer y junto a Katherine Hepburn, que trata sobre el matrimonio interracial con la relación de su hija con un negro interpretado por Sidney Poitier:

El rodaje de la película se alarga por la mala salud de Tracy, que puede trabajar pocas horas al día, pero consigue finalizar su última escena el 24 de mayo de 1967. Apenas dos semanas después, el 10 de junio, Tracy se levanta a prepararse un té; Hepburn oye desde la habitación el sonido de una taza cayendo y va de inmediato a la cocina: Tracy, que sufría de hipertensión desde años atrás, había muerto a consecuencia de un infarto. Tenía 67 años, aunque aparentaba más.

Su funeral fue muy concurrido por las grandes estrellas de Hollywood, que admiraban a Tracy como el gran actor que siempre fue. Tracy fue enterrado en el Glendale’s Forest Lawn Memorial Park.

Su última película, “Adivina quien viene esta noche”, se estrenó en diciembre de ese año. Y por su papel fue nominado póstumamente al BAFTA, al Globo de Oro y al Oscar, en este caso por novena vez. Katherine Hepburn sí ganará el Oscar por este papel, y sentirá que en realidad se lo han dado por él.

La siguiente generación de actores se alejó del estilo interpretativo de Tracy, tan elogiado por sus contemporáneos. Es lo que se perdió el cine de los años 60, 70 y 80, y lo que le da ese esplendor al Hollywood clásico de los 30 y 40. Figuras como Spencer Tracy, uno de los mejores (quizá el mejor incluso) actores de Hollywood, permanecen en nuestras retinas como un símbolo de lo que fue y por desgracia ya no existe.



50 años sin Montgomery Clift (23-07-2016)


Desaparecido demasiado pronto, con una carrera bastante reducida en títulos, muy autoexigente pero con un cambio de estilo interpretativo muy marcado en su etapa final, echada a perder por un accidente de tráfico… podría ser un resumen de la carrera cinematográfica de Montgomery Clift, que nos dejó un día como hoy hace 50 años. Vamos por tanto a recordar su carrera, que nos va a dar bastante juego.




Edward Montgomery Clift nació en Omaha, la ciudad más grande del estado de Nebrasca, el 17 de octubre de 1920. Su madre era una hija adoptada, hija natural de una prominente familia Yanky, por lo que luchó toda su vida por recuperar los derechos que le correspondían. El problema fue que la familia se arruinó con el crack del 29, por lo que, a diferencia de su hermana melliza Ethel y su hermano mayor William, Monty no pudo ir a la universidad, ya que no era un buen estudiante. Por el contrario, tomó clases de actuación y debutó en los escenarios de Broadway en 1935.

Tras una exitosa carrera teatral, se traslada a Hollywood con 25 años, y debuta en el cine acompañando a John Wayne en la magnífica “Río Rojo”, rodada en 1946, aunque estrenada en 1948:

Magnífico el debut de un jovencito Montgomery Clift espléndido. Ya con esta película llamó la atención, pero será con su segunda película, estrenada también en 1948, con la que triunfará, “Los ángeles perdidos” de Fred Zinnemann, en la que interpreta a un militar americano que se encuentra a un niño callejero perdido tras la segunda guerra mundial. la película tiene una estética de documental, por lo que el estilo interpretativo de Clift, propio del método Stanislavski, se adapta a la perfección, hasta tal punto que por este papel Monty se llevó su primera nominación al Oscar (que no ganaría nunca):

En un intento por no encasillarse, cambió de género para su siguiente película, “La heredera” de William Wyler, en la que interpreta al atractivo, pero interesado, pretendiente de la rica heredera interpretada por Olivia de Havilland. La película tiene un final un tanto amargo, y el personaje de Monty no es el más agrdable que nos podamos imaginar, pero de nuevo está a la altura con una gran interpretación, pese a los problemas que dio en el rodaje, criticando el guión, la dirección y a su compañera (quizá el rpblema era que su estilo no se adaptaba bien a los intérpretes y el director, poco adeptos al método):

Montgomery Clif representaba a un galán completamente diferente a los que se habían visto hasta entonces, mucho más sensible. Pero también era una persona que no se encontraba a gusto en Hollywood, era un hombre de teatro, que a demás se negaba a firmar ningún contrato. En parte por eso y en parte por esa obsesión de no encasillarse, cometió el error de rechazar protagonizar “El crepúsculo de los dioses” de Billy Wilder, pensando que el papel se asemejaba demasiado al que había interpretado en “La heredera”. Por suerte para William Holden, por cierto.

En 1950 protagoniza “Sitiados”, pero su siguiente gran éxito será en 1951 con “Un lugar bajo el sol”, de George Stevens, en la que conoció a la que será una gran amiga el resto de su vida, Elizabeth Taylor. La química entre ambos es espectacular (se hablaba de un romance entre ellos, poco probable), y Monty volvió a llevarse una nominación al Oscar. Su papel entusiasmó al por aquel entonces practicamente recién llegado marlon Brando, que votó por él en los Oscars (y Clift votará por Brando, nominado por “Un tranvía llamado deseo), iniciándose una rivalidad entre los dos, que hasta cierto punto compartían estilo interpretativo:

Montgomery Clift llevaba muy mal eso de tener que fingir una doble vida, tener que ocultar su orientación sexual (probablemente era bisexual), algo que le atormentaba, y en su siguiente película, “Yo confieso”. el director, Alfred Hitchcock se aprovechó bien de ello. Luego despotricaría contra Monty, ya que a Hitchcock nunca le gustaron los actores del método, pero también estaba allí Karl Malden, otro actor del método que está mucho mejor que en sus trabajos con Elia Kazan. Y Monty está espléndido en el que quizá sea su mejor papel:

Si siguiente película es otro mito de Hollywood, “De aquí a la eternidad”, de nuevo dirigida por Fred Zinnemann, por la que se lleva su tercera nominación al Oscar. Aunque en mi opinión es una película bastante sobrevalorada… cuestión de gustos, la verdad. Clift era muy metódico en su trabajo, estudiando con profundidad cada frase del guión, pidiendo cambios si no se sentía a gusto con alguan frase concreta, hasta el punto de que dudara si sería capaz de sobrevivir al rodaje de un personaje como el que interpretaba, hasta tal grado llegaba su compenetración con los personajes. No sólo sobrevivió, sino que se llevó su tercera nominación al Oscar, compitiendo en la misma categoría de mejor actor con su compañero de rodaje Burt Lancaster, pero ni ellos ni la nominada a mejor actriz Deborah Kerr se lo llevaron; los que sí ganaron fueron los secundarios, Frank Sinatra y la que hace de pareja de Monty en la película, la que fuera protagonista de la mítica “Qué bello es vivir”, Donna Reed, con quien comparte esta escena:

En 1953 estrena también una película dirigida por Vittorio de Sica, “Estación Termini”. La película no gustó, pero la interpretación de Clift como el amante italiano de Jennifer Jones queda en el recuerdo:

Este fue ne mi opinión su último gran papel.

En 1955, Montgomery Clift se encuentra in trabajo, después de cometer el error de rechazar protagonizar “Al este del Edén” (esta vez el beneficiado fue James Dean, el otro miembro de ese triunvirato que cambiaría -para mal- Hollywood, junto a Brando y Clift). Y será Elizabeth Taylor la que acudirá a su rescate, ofreciéndole protagonizar el proyecto en el que va a trabajar, un drama ambientado en la Guerra de Secesión americana, que trataba de emular a “Lo que el viento se llevó”, aunque sin éxito (la peli es un tostón monumental, lo único bueno es que dura una hora menos que la mítica de Victor Fleming… es decir, casi 3 horas). A Clift no le convence la historia, ni el guión, pero al final se ve obligado a aceptar, no tiene otra cosa y le permite además volver a trabajar con su amiga Elizabeth Taylor. Será su primera película en color (y la única de todas las que he visto). Pero durante el rodaje ocurrirá algo que le cambiará la vida.

Montgomery Clift no era un buen conductor; de hecho, parece que se había quedado en alguna ocasión dormido mientras conducía. El 12 de mayo de 1956 fue a una fiesta en casa de Elizabeth Taylor, situada en lo alto de una colina a la que se accede por una carretera llena de curvas. Monty no se encontraba bien en la fiesta (en la que, extrañamente, algunos asistentes afirman que apenas bebió alcohol), y al irse le solicitó a su amigo Kevin McCarthy que lo acompañara en el coche porque no se veía seguro. Al parecer se quedó dormido conduciendo en una curva y se empotró contra un árbol, quedando atrapado en el coche.

Kevin McCarthy corrió a avisar a Elizabeth Taylor, quien le salvó la vida, sacándole del coche y extrayéndole de la garganta algunos dientes que le estaban asfixiando. No sólo perdió varios dientes, se fracturó la mandíbula al chocar contra el volante y sufrió importantes laceraciones en la cara causadas por los cristales de la luna que le cayeron encima tras el choque. La cirugía de reconstrucción facial a la que fue sometido no dio muy buen resultado, quedando su cara un tanto desfigurada, además de no poder recuperar el movimiento de la mitad de su cara, al haberse dañado los nervios. Montgomery Clift quedaría traumatizado por el accidente, al perder su mítica belleza (al parecer a partir de este momento, el sexo, hasta entonces frecuente en su vida, se hizo mucho más escaso), y, a parte de empeorar su adicción al alcohol, hizo que se sumara la adicción a los fuertes calmantes que tuvo que tomar a causa de las heridas. Desde entonces se volvió un personaje muy miedoso e inseguro, obsesionado con que la gente de su alrededor se le quedaba mirando, llegando incluso a esconderse debajo de la mesa de algún restaurante, dejando claro que su salur mental era bastante mediocre.

Pese a todo, Monty prosigue el rodaje de “El árbol de la vida”, que se estrena finalmente en 1957. En él vemos que su estilo interpretativo ya ha cambiado demasiado, recuerda tanto en el gesto facial como en la voz, en la forma de hablar, a James Dean… pero Dean era 10 años más joven que Clift, y el cambio no le beneficia nada. Y, como ya mencioné, la película resultó un considerable fracaso (pese a que Elizabeth Taylor fuera nominada al Oscar, que no ganará hasta 3 años después):

Pese a todo, su carrera prosigue en principio sin grandes incidentes. En 1958 repite con el director Edward Dmytryk, quien ya le dirigiera en “El árbol de la vida”, en “El baile de los malditos”, ambientada en la II Guerra Mundial y en la que comparte pantalla con Marlon Brando. En mi opinión, ambos resultan auténticas caricaturas:

Destaca también su participación, en 1959, en “De repente, el último verano” de Joseph L. Mankiewicz, película no exenta de polémica en la que interpreta al psiquiatra que atiende a Elizabeth Taylor y trata de encontrar la causa de su trastorno mental en la trágica muerte de su primo, pese a los impedimentos que ponga la madre de este, una enorme Katherine Hepburn. Una película magnífica, por cierto, en la que Clift consigue quedar bastante bien en su papel:

En 1960 trabaja bajo las órdenes de Elia Kazan en “Río salvaje”, junto a Lee Remick y Jo van Fleet. Kazan de nuevo trata de convertirlo en un nuevo James Dean, pero Clift va a cumplir ya 40 años y, pese a su todavía razonable buen hacer, no termina de encajar bien en el papel:

En 1961 trabaja en la mítica “Vidas rebeldes” de John Huston, mítica sobre todo por ser la última película tanto de Clark Gable (quien había representado durante años al tipo de galán opuesto al de Montgomery Clift, mucho más rudo) y de Marilyn Monroe, quien diría que Clift era el único que estaba peor que ella a causa de las adicciones de ambos. Por lo demás, la película me parece bastante prescindible y añade poco a su carrera:

Ese mismo año tiene una pequeña participación en “Vencedores o vencidos” de Stanley Kramer, en la que interpreta a una víctima del programa de castración de los nazis en su breve participación. El papel de traumatizado le va muy bien, pero Kramer sufrió mucho durante el rodaje al ver que Clift era incapaz de recordar sus diálogos, por lo que al final Kramer le hizo improvisar sus diálogos, decir lo que se le ocurriera para contestar a las preguntas de los abogados, con lo que, milagrosamente, se consiguió el resultado deseado.. En situación similar a la suya se encontraba también durante el rodaje Judy Garland, por cierto, lo que contrasta con el exultante abogado defensor de Maximilian Schell: queda claro que Clift está completamente acabado. En todo caso, con esta película consiguió su 4ª y última nominación al Oscar, en este caso como secundario, pero volverá a quedarse sin él:

Sorprende que, todavía después de esto, en 1962, John Huston, con quien había trabajado ya en “Vidas rebeldes”, cuente con él como protagonista para “Freud, pasión secreta”, consiguiendo resultar todavía creíble en su papel como el padre del psicoanálisis, pero Clift ya sólo puede interpretara a personajes inestables o vinculados al mundo de la psiquiatría:

Pero sus problemas durante el rodaje, sus retrasos, causados por una salud cada vez más deteriorada por sus adicciones, le causaron el rechazo de las productoras, que le dejaron sin trabajo los próximos 4 años, hasta que, en un intento de convencerse de que todavía podía trabajar, protagoniza “El desertor”. Elizabeth Taylor le consigue trabajo en la nueva película que va a protagonizar, “Reflejos en un ojo dorado” (que terminará siendo un fracaso comercial), pero su papel al final lo hizo Marlon Brando: Clift no llegó vivo al comienzo del rodaje.

La noche del 22 de julio de 1966, estando en su apartamento de Nueva York, rechazó ver “Vidas rebeldes”, que estaban echando por la tele, y despidió a su enfermero, que se fue a dormir. A la mañana siguiente, éste encuentra la habitación de Clift cerrada, por lo que, al no recibir respuesta a sus llamadas y no poder derribar la puerta, el enfermero bajó a la calle y subió por la escalera trasera para entrar por la ventana de su habitación y encontrarse a Montgomery Clift muerto.

La autopsia reveló que murió por un infarto, potenciado por un elevado colesterol, pero padecía otros problemas de salud, empeorada por sus adicciones al alcohol y los calmantes, por lo que muchos de quienes le conocían hablaron de “un largo suicidio” que vendría produciéndose prácticamente desde su accidente, que le hizo perder las ganas de vivir. Clift murió solo, triste final para alguien que había protagonizado un buen puñado de películas míticas. Fue enterrado en el Friends Quaker Cementery de Brooklyn, Nueva York.

Para bien y para mal, Montgomery Clift cambió la forma de interpretar a los galanes románticos en un Hollywood que estaba experimentando importantes cambios a comienzos de los años 50, cambios que en muchos casos protagonizó él mismo. Pero junto a eso tuvo una triste existencia, poco envidiable desde luego. Al recordar su historia es imposible no sentir lástima por alguien a quien su talento benefició tan poco y perjudicó tanto.



25 años sin Lee Remick (02-07-2016)


Fue durante los años 60 una de las grandes estrellas femeninas del Actor’s Studio, aunque una carrera más enfocada en la televisión y una desaparición prematura le han llevado a caer en el olvido. Hoy nos toca recordar a la bella Lee Remick, protagonista de algunas destacadas películas de esos años dominados por la primera gran hornada de intérpretes salidos de la academia de interpretación newyorkina esa que yo tanto detesto.




Lee Ann Remick nació el 14 de diciembre de 1935 en Quincy,cerca de Boston. Siendo niña, sus padres se divorciaron y ella se fue con su madre a Nueva York, donde ya desde el colegio se interesa en la actuación y termina estudiando en el Actor’s studio. Ya en 1953 debuta en Broadway y sigue trabajando en teatro, hasta que llega uno de los grandes impulsores del Actor’s studio, el director de cine Elia Kazan, y le ofrece un papel, bastante breve, en “Un rostro en la multitud”, de 1957 (en la que por cierto también tiene un de sus primeros papeles Anthony Franciosa):

Mejor suerte tuvo con su segundo papel, en 1958. El director Martin Ritt iba a adaptar la sureña obra de William Faulkner “El largo y cálido verano”; ya tenía al protagonista perfecto para la obra, un Paul Newman que buscaba un reconocimiento de la crítica que aún no tenía (y que conseguiría gracias a este film y a otro del mismo año, también muy sureño, “La gata sobre el tejado de zinc”), y contaba en el reparto con Orson Welles y Angela Lansbury; ahora necesitaba a otros intérpretes, a ser posible poco conocidos,  que fue a buscar precisamente al Actor’s studio: Joanne Woodard (que ganaría el Oscar a mejor actriz en ese mismo 1958 por la película del año anterior “Las tres caras de Eva”, y quien gracias a esta película conoció al que sería su marido de por vida y que le convertiría en la envidia de medio mundo al ligarse a Paul Newman), Anthony Franciosa (quien también conseguría ese año nominación al Oscar por “Un sombrero lleno de lluvia”) y Lee Remick, que interpretará a la esposa de Franciosa:

Pero su gran golpe de suerte fue ser seleccionada por Otto Preminger para protagonizar “Anatomía de un asesinato”, junto a James Stewart, en la que interpreta a la esposa del acusado de asesinato interpretado por un debutante Ben Gazzara. Es con esta película con la que consigue por fin llamar la atención del público:

En 1960 vuelve a trabajar con Elia Kazan en “Río salvaje”, junto a Montgomery Clift, en el que consigue resultar conmedida en un recital de sobreactuaciones del resto:

En 1961 vuelve a trabajar en una adaptación de una obra de William Faulkner, “Requiem por una mujer”, película independiente dirigida por Tony Richardson. Pero su mejor año será 1962: primero protagoniza “Chantaje contra una mujer” de Blake Edwards junto a Glenn Ford, y después repite con el mismo director en “Días de vino y rosas”, junto a jack Lemmon, en la que éste último, un alcohólico, la lleva por el mismo camino del que él conseguirá salir… pero ella no. Con esta película recibirá su única nominación al Oscar, aunque perderá frente a Anne Bancroft:

En 1963 protagoniza la fallida “El precio de la muerte” de Carol Reed. En 1964 no protagoniza ninguna película, pero participa en el estreno del musical “Anyone can whistle” de Stephen Sondheim (en el que será el debut sobre las tablas de Angela Lansbury, por cierto). Vamos a escucharla:

El musical durará apenas una semana en cartel, pero ella establecerá una duradera amistad con Stephen Sondheim, y volverá a cantar otra obra suya (ya llegaremos a ello más adelante).

En 1965 protagoniza el divertido wertern cómico “La batalla delas colinas de whisky” junto a Burt Lancaster, en el que interpreta a una alocada líder del ejército de salvación. Una película que recomiendo ver a todos; risas aseguradas:

En 1966 interpreta en Broadway “Sola en la oscuridad”, por la que es nominada al premio Tony a mejor actriz dramática. Pero en la adaptación cinematográfica de la obra es sustituida por Audrey Hepburn.

De sus siguientes (pocas) películas hay que destacar “El detective”, de 1968, donde interpreta a la esposa del detective interpretado por Frank Sinatra, que debe investigar un asesinato de un homosexula (tema todavía polémico en un Hollywood que no terminaba de sacudirse del todo de la censura del código Hays) (no hay vídeo en youtuve, pero está la película completa para quien quiera verla).

Destaca también su participación en “Casta invencible”, de 1971, donde hace de esposa de un Paul Newman con el que trabajó años atrás y que ahora la recupera, ya que él es el director de la película:

Lee Remick se había separado en 1968 del productor Bill Colleman, con quien llababa casada desde 1957 y con quien tenía dos hijos, y vuelve a casarse en diciembre de 1970 con el productor inglés William Rory Rowans, por lo que se muda a Gran Bretaña. Así vuelve a trabajar con el director inglés Tony Richardosn en “Un equilibrio delicado” de 1873, aunque su actuación más destacada será como la esposa de Gregory Peck en “La profecía”.

Sus apariciones en cine son cada vez más escasas, aumentando su participación en películas para televisión y series. Quizá su último trabajo cinematográfico destacado sea en “Los europeos” de james Ivory en 1979.

Ya dijimos que volvió a cantar una obra de Stephen Sondheim, y en este caso será “Follies”. Vamos a verla cantar en 1985 “Could I leave you?”:

En 1989 trabaja por última vez, en la película para televisión “La vuelta al mundo en 80 días” que protagoniza Pierce Brosnan. Lee Remick tenía cáncer de riñón, y terminará perdiendo la batalla contra la enfermedad el 2 de julio de 1991 a los 55 años de edad.

Por eso hoy aprovechamos la ocasión para recordar a una actriz bastante olvidada pero que nos dejó algunas interpretaciones interesantes, pese a salir de ese Actor’s studio que estropeaba todo lo que tocaba.Creo que Lee Remick se lo merece.



60 años sin James Dean (30-09-2015)


No sé cuántos años hará, quizá unos 20, de aquella vez que vi por primera vez “Rebelde sin causa”. Lo que sí recuerdo es que la película de me impresionó, y especialmente el personaje de Jim Stark, interpretado por un tal James Dean. No sé, serían cosas de la edad (en aquella época estaría a punto de entrar en la adolescencia), pero se podría decir que me hice una especie de fan de Dean.




Pero cómo cambia el tiempo la percepción de las cosas… la segunda vez que vi la película fue hará uno o dos años, y… mi opinión cambió enormemente. La película me pareció floja, y la interpretación de Dean histriónica y poco coherente (tampoco me llevé buena impresión de Natalie Wood… el único que me siguió gustando, más si cabe, es Sal Mineo).

Pues bien, hoy hace 60 años del fatal accidente que nos arrebató a Jimmy tras protagonizar sólo 3 películas y que le convirtió en un auténtico icono de cierto tipo de cine. un repaso por su historia y filmografía nos permitirá ciertas reflexiones sobre la forma de hacer cine y de interpretar.

James Byron Dean nació un 8 de febrero de 1931 en Marion, una pequeña ciudad de unos 20.000 habitantes de Indiana, en ese Estados Unidos rural, ultraconservador y reaccionario en el que en cambio impera esa doble moral que afectará al joven Jim.

A los pocos años su familia se muda a Santa Monica, en California, donde permanecen algunos años. Pero en 1940, cuando James Dean tiene 9 años, su madre, a quien había estado fuertemente unido, muere de cáncer (con solo 30 años). Su padre se siente incapaz de criarlo, por lo que lo envía a vivir con su hermana y su cuñado a Fairmount, un pueblo próximo a Indianapolis, donde fue educado en un entorno cuáquero (¿Qué son los cuáqueros? Volver a ver “La gran prueba” de William Wyler, con Gary Cooper y Dorothy McGuire, para saberlo). Él nunca lo contó en público, pero durante el rodaje de “Gigante” le reveló a su compañera de reparto Elizabeth Taylor detalles sobre su etapa en Indiana trascendentales.

En una entrevista concedida en 1997, Elizabeth Taylor afirmó (con la condición de que la información no saliera a la luz hasta su muerte) que dos años después de la muerte de su madre, sufrió abusos sexuales por parte del pastor de su iglesia. Algo que, obviamente, le marcó por el resto de su vida. Es más que posible que ese carácter introvertido se acentuara a consecuencia de esos abusos que sufrió con unos 11 años.

Durante sus años de secundaria, un importante influencia la recibió por parte del reverendo metodista James DeWeerd, quien fomenta en él la pasión por las carreras de coches y por el teatro, ambas muy importantes en su vida. Se especula también con la posibilidad de que DeWeerd también abusara sexualmente de él… o de que no fuera abuso… En todo caso, durante esos años ya participaba en funciones teatrales de instituto, aunque no parece que de gran calidad, y destaca en diversos deportes.

A los 18 años, James Dean se muda a Los Ángeles para estudiar en la Universidad de California, donde estudia arte dramático, lo que le distancia de su padre. Allí consigue de hecho el papel de Malcolm en “Macbeth”. Tendrá de compañero de habitación a William Bast, quien se convertiría en guionista televisivo. Bast escribió la primera biografía de Dean, ya que a parte de ser compañeros de habitación en Los Ángeles y posteriormente en Nueva York, mantuvieron una estrecha amistad (años después Bast sugirió que incluso fue algo más que amistad… los rumores sobre la identidad sexual de Dean son constantes). Es en esta época cuando hace su primera aparición televisiva, en este anuncio de Pepsi-Cola:

Dean no tarda en abandonar sus estudios para poder dedicarse completamente a la interpretación, y consigue aparecer en pequeños papeles sin acreditar en algunas películas de principios de los 50, y en algunos episodios de distintas series. Hasta que en 1951, James Whitmore le aconseja (¡grave error!!!!!!) que vaya a Nueva York a estudiar en el Actor’s Studio (no olvidemos que ese mismo año se estrena la película “Un tranvía llamado Deseo”, protagonizada por un tal Marlon Brando, quien también estudió en el Actor’s Studio). Bajo la dirección de Lee Strasberg se convierte en un actor de método (algún día ya hablaremos, o mejor dicho despotricaremos, del método Stanislavski). Y hace teatro, hasta que su suerte cambia.

En 1953, uno de los impulsores del Actor’s Studio, el director Elia Kazan (a quien no soporto ni como persona ni como cineasta… dejemos las cosas claras desde el principio), busca protagonista para la adaptación de la recién publicada novela “Al este del Edén”. En un principio piensa en Brando, pero alguien le sugiere darle la oportunidad al desconocido James Dean, quien consigue el papel y el 8 de abril de 1954 abandona Nueva York para rodar en California.

James Dean interpreta en este primer papel a Cal Trask, el hijo rebelde del severo Adam Trask (un enorme Raymond Massey), quien no duda en mostrar sus preferencias hacia el otro hijo, Aron (¿Alguien se acuerda del pobre Richard Davalos, también debutante en este film?). El de Cal es un personaje atormentado, turbulento, pero no exento de cierta sensibilidad. Dean consigue transmitir bien estas dos facetas, pero le resulta difícil el punto intermedio entre ambas y, “gracias” al método, cae a menudo en el histrionismo (aunque no tanto como en sus siguientes roles)

Seamos sinceros, con esa mirada y esa sonrisita tímida consigue que ignoremos sus carencias. Porque Dean no será un gran actor (lo siento, es mi opinión), pero pese a todo tenía carisma, la capacidad de fijarse en la memoria del espectador, justo lo que le faltaba a su hermano en la ficción, el pobre Richard Davalos, aunque fuera seguramente mejor actor que Dean.

Ya lo he dicho, como actor prefiero a Davalos, pero es eso, ¿quién le recuerda? Y eso que en esta última escena Cal hace lo posible porque terminemos odiándole, comportándose como un auténtico cabr#n. Pero aún así consigue que le cojamos cariño a su personaje. Y ahí está el misterio.

Es durante el rodaje de este film (en el que compartirá piso con su hermano en la ficción) cuando inicia su romance con Pier Angeli, quien en 1954 estrenaba “El cáliz de plata” (esa película que su protagonista, Paul Newman, siempre quiso olvidar). El romance duró apenas 3 meses, ya que la madre de ella se negaba a aceptarlo, y terminó cuando ella le dejó para casarse con el cantante Vic Damone. La mayoría de las fuentes confirman que este fue el gran amor de su vida, aunque parece que Dean siempre tuvo problemas con las mujeres (Elia Kazan hablaba de falta de éxito con ellas).

La película se estrena el  de marzo de 1955, aunque James Dean no está presente en dicho estreno. Por esas fechas aprovecha también para comprarse su primer Porsche y participar en algunas carreras.

El 28 de marzo comienza el rodaje de su siguiente película, “Rebelde sin causa” de Nicholas Ray, junto a Natalie Wood y el debutante Sal Mineo. La película comienza a rodarse en blanco y negro, pero el éxito de “Al este del Edén”, que había sido filmada en color, hace que la película vuelva a comenzar a rodarse, esta vez en color. El rodaje dura apenas dos semanas y catapulta a la fama a Dean, en un papel de adolescente perdido, rebelde (con causa, en mi opinión, pese a que el título indique lo contrario) que consigue que los jóvenes americanos se sintieran identificados con él. Si con “Al este del Edén” nació una estrella, aquí nace el mito.

Por cierto, ¿habéis reconocido en el vídeo a Dennis Hopper?

La película causaría furor en su época, pero hoy día ni el guión ni las interpretaciones de Dean y la Wood parecerían gran cosa (esa forma de decir “It’s troble”… ¡sin comentarios!)

Ya sólo con ver esta tremenda escena final nos damos cuenta de que quien realmente se sale como actor es el gran (aunque pequeñito en tamaño) Sal Mineo. De nuevo, el personaje de Dean no es el más entrañable de la película…

El rodaje de “Rebelde sin causa” provoca que James Dean acuda varios días tarde al rodaje de si siguiente película, la superproducción “Gigante” de George Stevens, con Rock Hudson y Elizabeth Taylor (y en la que aparecen también Sal Mineo y Dennis Hopper, compañeros de rodaje en Rebelde sin causa). Aquí Dean intenta huir del encasillamiento, de hacer siempre esos roles de jóvenes inadaptados, interpretando a Jett Rinck, un solitario joven que trabaja para Rock Hudson pero que se enriquece (y envilece) con el petroleo.

¡Qué asquerosamente guapa está la Taylor en Gigante!

Si en sus anteriores papeles te podías compadecer de él, aquí directamente está odioso:

El maquillaje es de premio, desde luego…

En esta escena el histrionismo de Dean alcanza cotas difícilmente superables. Su pronunciación se ha ensuciado con respecto a “Al este del Edén”… y de nuevo, el personaje entrañable le cae a otro jovenzuelo debutante, en este caso Dennis Hopper. No es este un testamento a la altura de alguien con la fama de Dean.

Durante el rodaje se le impuso la prohibición de participar en carreras de coches, pero durante el rodaje compró un segundo Porsche. El 30 de septiembre, terminado ya el rodaje, iba acompañado de su mecánico para rodar el coche, se chocó en un cruce con un Ford que circulaba gran velocidad y con el que chocó. No murió en el acto, como se dijo en su momento, sino que salió disparado chocando contra el parabrisas del Ford y rebotó para volver a caer sobre su Porsche, en el asiento del copiloto. Murió pocos minutos después. Su copiloto, el mecánico, salió despedido del coche y tuvo diversas fracturas, pero sobrevivió, mientras el conductor del Ford apenas sufrió rasguños.

De nuevo hay especulaciones sobre la muerte de James Dean. Por una parte, quién fue el culpable del accidente. El conductor del Ford afirma que no vio el coche de Dean. En todo caso, Dean circulaba a velocidad excesiva y, lo más extraño, no trató de esquivar al Ford sino que se empotró contra él. Hay quien quiere ver en esto una especie de suicidio, y a esta hipótesis se une el hecho de que los días anteriores había estado visitando a sus amigos más íntimos (¿una especie de despedida?).

También se ha especulado sobre cómo habría proseguido la carrera de Dean: mientras unos creen que habría tenido una fructífera carrera, otros piensan que su carrera estaba acabada. Tampoco importa mucho, no deja de ser historia-ficción.

Su funeral se realizó el 8 de octubre en Fairmount, donde fue enterrado.:

Al momento de su muerte, Dean sólo había estrenado una película; Rebelde sin causa se estrena el 27 de octubre, casi un mes después de su muerte.

James Dean es nominado al Oscar de forma póstuma por su papel en “Al este del Edén”, perdiendo frente a Ernest Borgnine. Lo mismo le sucede con los Globos de Oro, aunque aquí se le otorga un premio honorífico. Y al año siguiente vuelve a ser nominado por Gigante (que se estrena en 1956), aunque de nuevo se queda sin premio. Poco importa, no hubiera podido disfrutarlo.

24 años y tres películas bastaron para crear, no una estrella, sino un icono del séptimo arte. La cuestión ahora es si esa fama que sigue teniendo James Dean, si ese prestigio, es merecido. Yo he expuesto aquí mi opinión. Luego que cada uno saque sus conclusiones.