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In Memoriam: Franco Zeffirelli (15-06-2019)

Tan vinculado al mundo del cine como al del teatro, y sobre todo a la ópera (el pasado verano tuve ocasión de ver dos producciones suyas en la Arena de Verona, Turandot y Aida), fue un director clásico con un marcado preciosismo visual. Hace pocos días nos dejaba el mítico Franco Zeffirelli, y vamos a intentar repasar un poco su carrera.

El verdadero nombre de Franco Zeffirelli era Gian Franco Corsi, y nació en Florencia el 12 de febrero de 1923. Hijo bastardo de Ottorino Corsi, comerciante de telas de Vinci, y de la diseñadora Alaide Garosi. Ambos habían tenido una aventura pase a estar casados, por lo que Gian Franco no podía utilizar el apellido Corsi. Su madre eligió el apellido “Zeffiretti”, tomándolo del aria “Zeffiretti lusinghieri” del “Idomeneo” de Mozart. Pero el registrador escribió mal el apellido y quedó como Zeffirelli. 

Criado por su madre, ésta murió cuando él contaba 6 años, por lo que fue criado por la comunidad de expatriados británica de Florencia, gracias a lo cual fue bilingüe desde su infancia, hablando italiano e inglés. Graduado en la Academia florentina de Bellas Artes, entró en la Universidad para estudiar arquitectura siguiendo el consejo de su padre (que por fin lo reconoció como hijo suyo cuando tenía 19 años). Pero Italia estaba inmersa en la II Guerra Mundial. Franco Zeffirelli lucha como partisano antes de unirse como intérprete a un regimiento británico. Terminada la guerra, vuelve a la universidad, pero ver el Enrique V de Laurence Olivier hace que dirija su atención al teatro. 

Como escenógrafo es descubierto por Luchino Visconti, que cuenta con él como director asistente en varias ocasiones. Zeffirelli colaborará además con otros directores como Vittorio de Sica y Roberto Rossellini, aunque será el estilo de Visconti el que más influya en su carrera. Trabaja como ayudante de dirección en cine y como escenógrafo de teatro y ópera, incluyendo óperas poco frecuentes en la actualidad. Incluso escribe el libreto de la ópera “Anthony and Cleopatra” de Samuel Barber, cuyo estreno también dirige en 1966. 

Su debut como director de cine se produce en 1958 con la comedia “Camping”:

Pero su carrera como director no arranca hasta 1967. Ese año está previsto que dirija la adaptación cinematográfica de la obra teatral de Shakespeare “La fierecilla domada”, que estaba previsto que protagonizaran Sophia Loren y Marcello Mastroiani y que se rodaría en Italia. Pero entonces Richard Burton y Elizabeth Taylor invirtieron un millón de dólares en la producción a cambio de protagonizarla ellos. La película fue un considerable éxito de público y crítica:

Pero al año siguiente es cuando alcanza la fama. Decide dirigir una versión de “Romeo y Julieta” en la que los protagonistas tengan más o menos la edad de los personajes de la obra teatral: Leonar Whiting tenía 17 y Olivia Hussey 16 (uno más que Julieta, si no me equivoco). Pequeño problema porque Zeffirelli no duda en despelotarlos en la escena de la noche de bodas. Pero la película es visualmente bellísima y cuenta con una de las mejores partituras nunca escritas por Nino Rota. Si bien el estilo interpretativo es a menudo demasiado italiano, demasiado tendente al griterío, la película es un enorme éxito, en especial entre los adolescentes que por fin pueden sentirse identificados con los protagonistas:

La escena final es simplemente fascinante. El premio vino con 4 nominaciones al Oscar, de los que ganaría dos de tipo técnico. Las dos nominaciones sin premio fueron mejor película y mejor director para el propio Franco Zeffirelli. Recibió además numerosas nominaciones a los Globos de Oro y a los BAFTA, ganando también algunos de ellos. A día de hoy sigue siendo considerada la mejor adaptación de la más famosa de las obras teatrales de Shakespeare. 

Su siguiente película se estrena en 1972. Se titula “Hermano sol, hermana luna”, y es una biografía de San Francisco de Asís protagonizada, al igual que en el caso de “Romeo y Julieta”, por un actor debutante, en este caso Graham Faulkner. Si bien mantiene una estética similar a la de “Romeo y Julieta”, y la película consigue una nominación al Oscar, no es un éxito de crítica, que la califica como excesivamente dulce:

Ferviente católico (aunque criticado en ocasiones de blasfemo por algunos grupos religiosos), regresa al tema religioso en su siguiente película, una superproducción televisiva de 6 horas, “Jesús de Nazaret”, con un reparto de secundarios de lujo y protagonizada por Robert Powell:

En 1979 estrena “Campeón”, remake de la película homónima de King Vidor de 1931, sobre la vida de un boxeador, interpretado por Jon Voigh, su mujer Faye Dunaway y su hijo Rick Schroder. De nuevo no fue un gran éxito de crítica, pero sí de público, y la película está considerada como la más triste de la historia:

En 1981 estrena “Amor sin límites”, drama sobre una joven pareja que tendrá que hacer frente a la oposición de la familia de ella. La película, moderado éxito de público y con una memorable canción que ganará el Oscar, es un absoluto fracaso de crítica y se lleva numerosas nominaciones a los razzies: 

Quizá a causa de este fracaso, Franco Zeffirelli va a dedicarse los siguientes años a filmar versiones cinematográficas de varias óperas. Comienza en 1982 con “Cavalleria rusticana” de Mascagni y “Pagliacci” de Leoncavallo, ambas protagonizadas por Plácido Domingo. De “Cavalleria rusticana” escuchamos el “Innegiamo” cantado por Elena Obraztsova: 

Y de “Pagliacci” escuchamos el prólogo cantado por Joan Pons:

En 1983 dirige “La Traviata” de Verdi, con Plácido Domingo y Teresa Stratas, ambos protagonistas de su anterior “Pagliacci”. Esta versión consigue una nominación al Oscar (mejor dirección artística para el propio Zeffirelli) y a otros premios:

Y en 1986 estrena “Otello”, adaptación de la ópera verdiana criticada por algunos cortes en la partitura (en especial la canción del sauce de Desdemona), protagonizada por Plácido Domingo y Katia Ricciarelli:

Franco Zeffirelli regresa al cine en 1988, pero de nuevo muy unido al mundo de la música, con “El joven Toscanini”, protagonizada por C. Thomas Howell como el mítico director de orquesta, Sophie Ward y Elizabeth Taylor como una soprano veterana:

En 1990 consigue otro gran éxito adaptando al cine otra de las obras maestras de Shakespeare, en este caso “Hamlet”, con Mel Gibson interpretando al príncipe danés, Glenn Close como su madre, Alan Bates como el pérfido tío Claudio y Helena Bonham Carter como Ofelia. La película fue un éxito considerable:

Mientras, Franco Zeffirelli sigue trabajando en teatro y, sobre todo, en ópera. Entre sus innumerables producciones que pueden encontrarse en Youtube destaca el “Don Carlo” de la inauguración de la temporada de la Scala de Milán de 1992, famosa por el tremendo gallo de Pavarotti en el tercer acto, con un reparto nada desdeñable. Escuchamos a Pavarotti y a Daniela Dessì en el final de la ópera (con la aparición final de Samuel Ramey como Felipe II):

En cine, tras rodar en 1993 “La novicia”, obtiene de nuevo un importante éxito (el último probablemente) en 1996 con su adaptación de “Jane Eyre” de Charlotte Brontë, protagonizada por William Hurt y Charlotte Gainsbourg;

Desde 1994 Franco Zeffirelli fue senador por el partido Forza Italia de su amigo Silvio Berlusconi, quedando aún más demostrada su ideología conservadora. En 1996 confirmó que era homosexual (detestando el término gay). Algunos jóvenes actores a los que dirigió le acusaron tiempo después de abusos, pero ninguno de los casos ha sido demostrado hasta la fecha. 

Sus dos últimas películas son en buena parte biográficas, y no tuvieron gran éxito. La primera, en 1999, es “Te con Mussolini”, en la que un joven huérfano es acogido por unas mujeres británicas amantes de la cultura, interpretadas por Maggie Smith, Judi Dench y Joan Plowright, con Cher en el reparto:

Esta película obtiene un cierto éxito gracias a su impresionante reparto, pero en 2002 “Callas forever” es un fracaso. Muestra los últimos años de la diva, interpretada por Fanny Ardant, cuando un productor, interpretado por Jeremy Irons en una especie de retrato del propio Zeffirelli, intenta convencer de su vuelta a los escenarios. Joan Plowrigh completa de nuevo el reparto:

Alejado del cine, seguía todavía trabajando en la ópera pese a su avanzada edad. Finalmente, el 15 de junio de 2019 moría en su casa de Roma a los 96 años. El funeral tuvo lugar en Florencia, siendo enterrado en su panteón del cementerio que rodea a la basílica de San Miniato al Monte (cuando estuve allí, hace 6 años, vi un panteón con el nombre “Zeffirelli” que me sorprendió, ya que sabía que ese apellido no existía, era inventado… pues por lo visto era el suyo).

Con una filmografía irregular en la que sobresalen sus adaptaciones de Shakespeare, en el ámbito de la ópera Franco Zeffirelli ha sido una absoluta referencia de la escenografía de corte clásico pero de producciones muy elaboradas y con importante trabajo de dirección de actores. En este caso se ha ido sin duda uno de los más grandes directores de escena y escenógrafos que hemos tenido ocasión de ver.

50 años de la muerte de Robert Taylor (08-05-2019)

Galán romántico en los años 30, casi desaparecido en los años 40, regresa con fuerza en los años 50 en westerns y en películas de época que le devolvieron esa fama que parecía perdida. Hace 50 años moría Robert Taylor, y aprovechamos para recordar su carrera.

El nombre de nacimiento de Robert Taylor era Spangler Arlinghton Brugh, y nació el 5 de agosto de 1911 en la pequeña localidad de Filley, en Nebrasca. Hijo único, su padre, granjero, había estudiado medicina para atender a su enferma esposa. La familia se movió bastante en esos años, hasta establecerse definitivamente en Beatrice, también en Nebrasca. Es allí donde el joven Spangler comienza sus lecciones de chelo con Herbert E. Gray. Cuando éste se traslada a California a una escuela privada de artes, Spangler le acompaña para poder seguir estudiando con él, entrando además en la academia de teatro del colegio. 

Es gracias a esto que es descubierto por la MGM, con la que firma un contrato. La Metro cambia su nombre por el más fácil de recordar Robert Taylor, y le ofrece pequeños papeles, debutando en 1934 en la comedia “Handy Andy”. En 1935 consigue ya protagonizar “Sublime obsesión” junto con Irene Dunne, pero su definitivo salto a la fama vendrá en 1936 cuando protagonice “La dama de las camelias” junto a quien quizá sea la mayor estrella femenina del Hollywood del momento, Greta Garbo, quien nunca estuvo mejor que en este film gracias a la dirección de George Cukor. Robert Taylor consiguió no quedar eclipsado por semejante pareja, dejando claro su nada desdeñable talento interpretativo:

También en 1936 comparte pantalla por primera vez junto a Barbara Stanwyck, en el melodrama “La esposa de su hermano”, (repitiendo junto a ella en 1937 en el drama policial “La contraseña”):

En esos años, Robert Taylor comparte pantalla con algunas de las grandes actrices del momento, como Jean Harlow, Joan Crawford, Margaret Sullavan o Maureen O’Sullivan. Con ella y con una desconocida en Hollywood Vivien Leigh rueda en 1938 en Inglaterra “Un Yanki en Oxford”:

También protagoniza el musical “Melodía de Broadway 1938” (tras haber participado en la homónima de 1936), junto a Eleanor Powell y otros actores del mundo del musical (incluyendo a una debutante Judy Garland):

En 1939 no estrena ninguna película relevante, pero ese año se casa con Barbara Stanwyck. La pareja no tendrá hijos. 

Más interesante, cinematográficamente hablando, será 1940. Ese año estrena el drama “Evasión”, junto a Norma Shearer, en el que interpreta a un americano que acude a la Alemania Nazi para rescatar a su madre, una actriz alemana condenada a muerte por el régimen. Y vuelve a trabajar junto a Vivien Leigh en el drama “El puente de Waterloo”, ambas dirigidas por Mervyn LeRoy:

En 1941 vuelve a trabajar junto a Joan Crawford, además de Greer Garson y Herbert Marshall, en la comedía sobre triángulos amorosos “Cuando ellas se encuentran”, luciendo sus dotes para la comedia:

Ese mismo año protagoniza su primer gran Western, “Billy el niño”, en el que por fin le vemos en color:

En 1942 obtiene un gran éxito al pasarse al cine negro con “Senda prohibida”, de nuevo dirigida por Mervyn LeRoy, en la que interpreta a un gangster que lleva una doble vida y que se enamora de una inocente Lana Turner. Su interpretación es magnífica, pero quien acapara la atención en Van Heflin, que gana el Oscar a mejor actor secundario (Robert Taylor no será nunca nominado al Oscar):

Comenzada ya la II Guerra Mundial, Robert Taylor rueda algunas películas bélicas antes de alistarse en el ejército como instructor aéreo. Su última película antes de ir a la Guerra es “Song of Russia”, en la que forma parte de la resistencia soviética frente al avance nazi:

Durante la Guerra rueda películas didácticas sobre pilotaje de aviones. Terminada ésta, regresa a Hollywood, aunque tiene problemas de adaptación a su nueva forma de vida, además de problemas familiares. Su primera película a su regreso es “Corrientes ocultas”, película de intriga en la que comparte pantalla con Katherine Hepburn (quien luego afirmaría que Robert Taylor era mejor actor de los que él mismo creía… razón no le faltaba a Katherine, desde luego):

A parte de los problemas laborales y familiares, surgen también problemas políticos. Robert Taylor fue siempre un conservador republicano, que había ayudado a fundar la Asociación cinematográfica para la preservación de los valores americanos. Pero la Caza de brujas le afectó. Robert Taylor era reacio a declarar en ese circo que consideraba el comité de actividades anti-americanas, pero se vio obligado a hacerlo ante la acusación de haber promocionado el comunismo en “Song of Russia”. Taylor afirmó que fue obligado a rodarla por la Metro, lo que retrasó su alistamiento, pero Louis B. Mayer lo nego, y tuvo que retractarse. Afirmó así mismo que había algunos actores que en el Sindicato de Actores habían demostrado actitudes favorables al comunismo, lo que contribuyó a acabar con la carrera de alguno de ellos. Por este motivo, las películas de Taylor fueron prohibidas en varios países comunistas. 

Con su carrera en horas bajas, en 1949 rueda el thriller de espionaje ambientado en la Guerra Fría “Traición”, junto a Elizabeth Taylor, en la que interpreta a un espía soviético (así por las buenas…):

A ésta siguen westerns y cine negro menores, con la excepción, en 1951, de “Caravana de mujeres”, de William A. Wellman, probablemente uno de sus westerns más famosos, luciendo ese personaje rudo pero tierno en el fondo que le caracterizará en otros westerns:

En 1951 se divorcia finalmente de Barbara Stanwyck. En 1952 se casa de nuevo con la actriz alemana Ursula Thiess, con la que tendrá dos hijos, Terrance en 1955 y Tessa en 1959, además de adoptar a los dos hijos que tenía la actriz de un matrimonio anterior.

Pero su carrera está lejos de ser lo que prometía antes de la Guerra. Tuvo que ser de nuevo Mervyn LeRoy quien acudiera a su rescate, dándole el papel protagonista (inicialmente pensado para Gregory Peck) de “Quo Vadis”, drama romano-cristiano que fue un enorme éxito de público y un razonable éxito de crítica, compartiendo escena con una joven Deborah Kerr:

Clark Gable había rechazado el papel pensando que aparecer en falda romana iba a resultar ridículo. Robert Taylor lo aceptó y de pronto se convirtió en el rey de las películas de época. Así, en 1952 llegará la adaptación de la novela de Walter Scott “Ivanhoe”, una de las super-producciones más famosas de la época, en la que le acompañaban Elizabeth Taylor, Joan Fontaine y George Sanders:

Richard Thorpe, el director de “Ivanhoe”, vuelve a contar con él para protagonizar su nueva super-producción de época, “Los caballeros del Rey Arturo”, de 1953, interpretando a Lancelot, junto a la Ginebra de Ava Gardner y el Arturo de Mel Ferrer:

Ese mismo año protagoniza el western “Una vida por otra”, interpretando a un bandido que, por el amor de una mujer (de nuevo Ava Gardner) se redime y traiciona a su líder, Anthony Quinn, para defender a un idealista recién llegado, Howard Keel:

El mismo año trabaja de nuevo a las órdenes de Richard Thorpe en “Todos los hermanos eran valientes”, aventuras a bordo de un ballenero junto a Ann Blyth y Stewart Granger:

En 1954 protagoniza junto a Eleanor Parker la primera película de Hollywood rodada en Egipto, “El valle de los Reyes”, interpretando a un arqueólogo que busca la tumba del bíblico José. Al margen de la mala dirección de Robert Pirosh, que afecta a la calidad de una película que goza de unos escenarios magníficos, la película supuso alejarse de las comodidades de Hollywood y rodar en condiciones mucho más complicadas, como afirmaría después Eleanor Parker:

En 1955 repite con Eleanor Parker en un western cómico, en el que interpreta a un trampero del que se enamora una joven campesina que hará lo posible por casarse con él, algo que no está en sus planes, acompañados ambos por unos geniales Victor McLaglen y Russ Tamblyn:

Ese mismo año regresa a Inglaterra para rodar la tercera película de la trilogía de capa y espada de Richard Thorpe, “Las aventuras de Quentin Durward”, la más cómica de las tres, acompañado en esta ocasión por Kay Kendall y Robert Morley:

En 1956, además de protagonizar una película sobre el desembarco de Normandía, “Día D, 6 de junio”, interpreta al villano  (poco frecuente en él verle en personajes tan desagradables) de “La última caza”, demasiado aficionado a matar búfalos e indios, que terminará enfrentándose a su antiguo socio, Stewart Granger: 

El resto de su carrera va a transcurrir por lo general en el ámbito del western. En 1958 rueda a las órdenes de John Sturges “Desafío en la ciudad muerta”, interpretando a un Sheriff que tendrá que enfrentarse a su antigua banda, liderada por Richard Widmark:

Pese a todo, en 1958 Robert Taylor regresa al cine negro con “Chicago, años 30”, de Nicholas Ray, ambientada en el mundo del crimen organizado, en la que de nuevo el amor, en este caso por Cyd Charisse, le impulsará a querer abandonar la vida criminal, encontrándose con muchos obstáculos para ello, encabezados por su patrón, Lee J. Cobb:

Pero también en 1958 abandona la MGM, fundando su propia productora y pasando a trabajar en televisión. En esta época, sus westerns van a resultar menos sonados, pero regresa al género de las aventuras dirigido de nuevo por Richard Thorpe en “Los asesinos del Kilimanjaro”, partiendo de la historia de los famosos leones asesinos de Tsavo:

Su ritmo de trabajo se reduce. Algunos westerns más dejan paso en 1964 a “Amor entre sombras”, thriller de terror en el que comparte pantalla con su ex-mujer, Barbara Stanwyck, en la que será la última película de ella:

Pese a rodar algunas películas más, la carrera de Robert Taylos va a destacar en sus últimos años en la televisión, cuando sustituya a su amigo Ronald Reagan, que se pasa a la política, en la serie “Death Valley Days”:

Robert Taylor vive en su gran rancho en Los Angeles con su familia. Sus últimos años son difíciles. Fumador empedernido, en 1968 se le diagnostica cáncer de pulmón, lo que le provoca ser sometido a varias operaciones. Además, el 26 de mayo de 1969 su mujer se encuentra el cuerpo sin vida de su hijo Michael (hijo adoptivo de Taylor), que había salido un mes antes de una clínica psiquiátrica en la que llevaba años por intentar envenenar a su padre biológico (la autopsia determinó que murió de sobredosis). Pocos días después, el 8 de junio de 1969, Robert Taylor sucumbía al cáncer de pulmón, a los 57 años. Su cuerpo fue enterrado en el Forest Law Memorial de Glendale. 

Actor generalmente infravalorado, Robert Taylor supo recuperar su fama en los años 50 tras haber caído en el olvido en los años 40, consiguiendo con ello alguno de sus papeles más memorables. Si bien nunca entró en la categoría de los grandes actores del Hollywood clásico, su talento bien le hace merecer nuestro recuerdo. A fin de cuentas, que un casi debutante consiga no quedar en ridículo ante una inmensa Greta Garbo ya es un mérito al alcance de muy pocos.

130 años del nacimiento de Max Steiner (10-05-2018)


Fue quien revolucionó la visión que Hollywood tenía sobre las Bandas Sonoras tras la llegada del cine sonoro. Trabajador incansable, autor de unas 300 bandas sonoras, entre ellas algunas de las más memorables partituras cinematográficas, recordamos en el 130 aniversario de su nacimiento a Max Steiner.

Maximilian Raoul Steiner nació el 10 de mayo de 1888 en Viena, por aquel entonces capital del Imperio Austro-Húngaro y una de las ciudades musicalmente más importantes del momento. La familia Steiner, de origen judío, estaba muy vinculada al mundo teatral, mientras su madre había sido bailarina. De hecho, su padrino fue el compositor Johann Strauss. Vinculado desde muy niño al teatro, en especial al musical, las inclinaciones artísticas del joven Steiner no tardan en despuntar, abandonando la Universidad Tecnológica para poder estudiar en la Academia Imperial de Música. Allí, su enorme talento es percibido por grandes compositores como Gustav Mahler o Robert Fuchs, que le darán clases privadas, permitiéndole superar en un año cuatro cursos. Estudia numerosos instrumentos, además de armonía, contrapunto y composición.




En seguida despunta como compositor de opereta y como director de orquesta. Su éxito dirigiendo “Die lustige Witwe” de Franz Léhar hace que sea invitado a dirigirla en Londres en 1906. Steiner se establece en la capital británica, como compositor y director de obras teatrales y de sinfonías. Y allí permanecerá 8 años, hasta 1914, cuando comienza la I Guerra Mundial. Steiner es austriaco, y por lo tanto es visto como enemigo por la sociedad inglesa, así que gracias a su amistad con Hugh Grosvenor, duque de Westminster, consigue huir a Nueva York, donde llega en la miseria en diciembre de 1914.

Pero, una vez en Nueva York, comienza de inmediato a trabajar en Broadway, apenas en la faceta de compositor (“Peaches”de 1923), pero sí como director e incluso como arreglista y orquestador (orquestará por ejemplo la partitura de George Gershwin para “Lady be good” en 1924). En 1927 orquestaráy dirigirá el estreno de musical “Rio Rita” de Harry Tierney, y cuando en Hollywood se planea la adaptación cinematográfica del musical, en 1929, llaman a Max Steiner para dirigir la adaptación musical. Steiner se traslada a Los Angeles, y trabaja ya en exclusiva para el cine. Entre sus primeros trabajos relevantes se encuentran “Cimarron”, un western de 1931, y “Ave del paraíso”, película de aventuras de 1932. Pero su gran oportunidad vendrá cuando, en 1932, David O’Selznik cuenta con él para componer la partitura de “La melodía de la vida”, drama judío para el que compone un tema, como era característico en la época, para que suene en la apertura de la película. Pero Selznik se queda tan satisfecho con la partitura, que le encarga escribir más música, que sonará a lo largo de la película:

Pero será en 1933 cuando por fin aparezca su verdadero estilo. Ese año, la productora RKO, para la que Steiner estaba trabajando, iba a estrenar la ambiciosa “King Kong”. Originalmente, los productores no tenían intención de utilizar nueva música para la película, pero los decepcionantes resultados de los efectos especiales les empujaros a llamar a Steiner y darle carta blanca para componer una extensa partitura a lo largo de todo el film:

No era la primera partitura importante de Steiner, que ya había llenado de música la práctica totalidad del metraje de “Ave del paraíso”, pero en esta ocasión, la partitura fue todo un éxito. Si ya en 1931 la partitura que Alfred Newman había compuesto para “La calle” de King Vidor era más ambiciosa de lo tradicional (una pista más o menos larga para los títulos de crédito iniciales, una pista breve para el final de la película y, en ocasiones, algo de música diegética, es decir, que suena en la propia película, que los personajes están escuchando, en un baile o por la radio, por ejemplo), todavía se seguía evitando incorporar música que acompañara los diálogos de los personajes, por temor a que estos se perdieran. Steiner, por el contrario (al igual que Newman), considera que la música puede realzar las emociones del film, además de ayudar a ambientarlo. Por eso, su música tiene una gran riqueza cromática y temática. Pero todavía no ha llegado el tiempo de lucirla en su máximo esplendor, y partituras como la de “Las cuatro hermanitas”, película de George Cukor protagonizada por Katherine Hepburn, van a seguir ancladas en el concepto de tema inicial y poco más:

Max Steiner también adapta la música que se va a utilizar en algunos de los más importantes musicales de los años 30, en especial en esos protagonizados por Fred Astaire y Ginger Rogers, como “La alegre divorciada”, de 1934:

Más ambiciosa será en 1934 su partitura para “La patrulla perdida”, film bélico de John Ford ambientado en Mesopotamia. Sus ritmos irregulares le imprimen ese ambiente tenso que repetirá en numerosas ocasiones posteriores (e incluso reutilizará en “Casablanca”, como veremos más adelante):

Max Steiner recibirá sus dos primeras nominaciones al Oscar por ambas películas, “La alegre divorciada” y “La patrulla perdida”.

Repite con John Ford (y con el actor Victor McLaglen, que protagoniza ambas películas) en 1935 con “El delator”, partitura de carácter de nuevo opresivo, al contarnos la historia de un delator del IRA:

Esta partitura le valdrá su primer Oscar, aunque en estas fechas este premio no lo recibe el compositor, sino la productora.

Pero poco después, Selznik abandona la RKO y se lleva consigo a Steiner, que compondrá en 1936 la partitura de “El jardín de Alá”, que le valdrá una nueva nominación al Oscar. Además, Steiner firma un contrato con la Warner, siendo su primer trabajo para esta productora “La carga de la brigada ligera”, film bélico protagonizado por Errol Flynn y Olivia de Havilland, en el que de nuevo luce su capacidad para transmitir el dinamismo de las escenas bélicas y las marchas militares, como en este tema principal:

Pero en la Warner, Steiner se va a encontrar con un duro competidor: Erich Wolfgang Korngold, un prestigioso compositor clásico recién llegado a Hollywood, que goza de un contrato privilegiado y apenas compone una partitura al año. Steiner compondrá muchas partituras anuales, en películas como “La vida de Émile Zola”, “Ángeles con caras sucias” o “Jezabel”, película de William Wyler protagonizada por Bette Davis y Henry Fonda, para la que compone un bellísimo vals, de ritmo vienés en su tema principal y otro ritmo más agitado, de subdivisión ternaria, de sonoridad más eslava, en el segundo tema. Las influencias clásicas centroeuropeas de Steiner quedan claras:

El uso de la música para destacar aspectos fundamentales de la película resulta aquí muy evidente. Basta con volver a verla y fijarse en como un pequeño apunte musical subraya el momento en el que un mosquito pica a Henry Fonda (aunque esto sería un gazapo. Alerta spolier: se supone que los ricos burgueses de Nueva Orleans huyen al campo para no contagiarse de la fiebre amarilla, y que Henry Fonda se contagia por ir a menudo a la ciudad, pero la mencionada escena en la que le pica un mosquito transcurre en el campo, con lo que no tiene sentido).

Mientras, Max Steiner sigue trabajando con Selznik: “El pequeño Lord” en 1936, “Ha nacido una estrella” en 1937 y “Las aventuras de Tom Sawyer” en 1938, en la que se percibe su asimilación del estilo musical más propiamente americano, que conoce a fondo por su trabajo en musicales en sus primeros años americanos:

Pero Selznik llevará a la fama absoluta a Max Steiner con su siguiente y más ambicioso productor: la adaptación de la novela de Margaret Mitchell “Lo que el viento se llevó”, dirigida originalmente por George Cukor y posteriormente por Victor Fleming y protagonizada por Clark Gable y Vivien Leigh. La duración de la película ronda las 4 horas, y Steiner llena el metraje de música, en la que probablemente sea su mejor partitura (y la mejor banda sonora de todos los tiempos). El Tema de Tara es uno de los temas cinematográficos más célebres de la historia del cine, y con razón:

Pero, ¿qué tal encaja con las escenas, que es a fin de cuentas lo que nos importa? Veamos la escena más mítica de la película:

Steiner usa un recurso operístico muy wagneriano: el leitmotiv. Un leitmotiv es un tema musical asociado a un personaje, un lugar o una situación concreta. Por lo tanto, cada vez que lo escuchemos a lo largo de la ópera o de la película, sabemos que ese personaje, ese lugar o esa situación tienen una gran importancia en la escena. Pues bien, el tema de Tara es el leitmotiv de un lugar, de Tara, pero en realidad significa algo más: el hogar. Tras sufrir los horrores de la guerra, Scarlett tiene que huir de una Atlanta a punto de caer en manos Yankis y sólo desea volver a su hogar. Y cuando lo hace, se encuentra con una situación desoladora: pobreza, miseria, muerte, incluyendo la de su madre… no, el regreso al hogar no es lo que ella esperaba. Y además está ansiosa por poder comer. Por eso escuchamos esa melodía llena de tensión al comienzo de la escena. Entonces pronuncia el juramento de que nunca volverá a pasar hambre, y escuchamos ese tema de Tara: no importa la situación que se haya encontrado, Scarlett vuelve a estar en su hogar, y eso es lo que le da esa emotividad al tema, que tiene un notable carácter nostálgico, no es un tema alegre precisamente. Además, el tema es interpretado por los metales, mientras las cuerdas tocan el acompañamiento: estos metales le dan un componente heroico: el esfuerzo que ha costado volver a Tara ha sido titánico, pero ha merecido la pena, porque por fin volvemos a casa.

Por cierto, Selznik quería que Steiner usara música clásica en la partitura, pero Steiner pensaba que los americanos estaban familiarizados con muchos temas de música popular, pero no tenían la cultura clásica necesaria para entender las citas de compositores clásicos. Por eso, en las partituras de Steiner vamos a encontrar numerosas citas de canciones populares o de marchas militares, pero muy pocas referencias a obras clásicas.

En 1939, Max Steiner recibe dos nominaciones al Oscar, por “Lo que el viento se llevó” y por “Amarga victoria”. Pero, incomprensiblemente, ese año se irá de vacío.

Aquí se hace necesario explicar el estilo compositivo de Steiner. Él contaba con un dispositivo que le permitía ver la película montada y cronometrar exactamente en qué momento transcurría cierta escena clave. Mientras, iba desarrollando los leitmotivs que iban a aparecer en la partitura, y, una vez compuestos, los adaptaba al tiempo que le daba el cronómetro para que encajaran a la perfección con el momento que él buscaba. Los resultados están a la vista.

En los siguientes 4 años va atrabajar en exclusiva para la Warner. Su primera partitura remarcable será la de “La carta” en 1940, película de William Wyler de nuevo protagonizada por Bette Davis y ambientada en el sudeste asiático. Como cualquier gran compositor clásico, Steiner recurre a temas orientales que contribuyan a la ambientación de la película, mientras los temas más íntimos van a tener ese carácter opresivo tan característico de las partituras de Steiner:

Por esta partitura recibirá una nueva nominación al Oscar, nominación que repetirá en 1941 por “El sargento York”, dirigida por Howard Hawks y protagonizada por Gary Cooper, en la que pasa de los temas de carácter más intimista de la primera mitad de la película a los temas militares de la segunda mitad:

Hay que destacar, en todo caso, que con un ritmo de trabajo tan frenético, Steiner por lo general sólo compone los temas, pero no los orquesta; esta labor cae a menudo en manos de Hugo Friedhofer, hasta que éste comience a destacar como compositor y sea sustituido por Murray Cutter.

En 1942 compone algunas de las mejores bandas sonoras de su carrera. Vuelve a trabajar con Errol Flynn y Olivia de Havilland, dirigidos por Raoul Walsh, en la mítica “Murieron con las botas puestas”, para la que compone uno de los temas de amor más bellos que salieron nunca de su pluma, además de temas de marcado carácter militar:

También compone la partitura de otra película mítica, “Casablanca”, dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Humphrey BogartIngrid Bergman y Claude Rains:

Aquí escuchamos un tema que nos recuerda demasiado al que ya hemos escuchado en “La patrulla perdida”. Además, Steiner usa como leitmotivs dos canciones existentes (nada novedoso, compositores como Wagner o Meyerbeer también lo habían hecho un siglo antes): por una parte, el himno francés, la marsellesa, que sirve como leitmotiv de libertad, de la resistencia anti-nazi, y por otro ese “As time goes by” de Herman Hupfeld, que sirve como tema de amor. Steiner quiso utilizar una canción suya, pero como la película ya había sido rodada, había que volver a rodar algunas escenas, y como Ingrid Bergman se había cortado el pelo para rodar “Por quién doblan las campanas” y no se encontró ninguna peluca que se asemejara a su cabello, no pudo incluirse la canción que Steiner quería componer. Por esta partitura, Steiner será nominado al Oscar (aunque Casablanca no entra en los Oscars de 1942, sino en los de 1943).

Y su otra gran partitura de ese año es “La extraña pasajera”, de nuevo con Bette Davis, Claude Rains y Paul Henreid (el Victor Lazslo de Casablanca), en una partitura de estilo melodramático en la que destaca la belleza de la melodía principal, lo que nos enlaza con la tradición melódica francesa, ya que las influencias musicales de Steiner, en especial las del romanticismo europeo, son numerosísimas:

Nueva nominación al Oscar, que en esta ocasión consigue llevarse a casa. Y, a diferencia de lo que sucedía en 1935, ahora sí que el Oscar se entrega al compositor.

En 1943 sigue trabajando en películas que en su momento fueron grandes éxitos, como “Alarma en el Rhin”, que le valió el Oscar a mejor actor a Paul Lukas, pero que hoy está completamente olvidada. Más destacables son sus trabajos de 1944. Una de ellas es “Las aventuras de Mark Twain”, protagonizada por Fredric March y Alexis Smith, con una sonoridad plenamente americana que le valdrá una nueva nominación al Oscar:

Ese año colabora también con el director Frank Capra (con quien había trabajado el año anterior en un documental) en la negrísima comedia “Arsénico por compasión”, protagonizada por Cary Grant, en la que combina melodías románticas, cómicas, de intriga y otras simplemente grotescas, según lo requiera la cambiante situación de tan alocada película:

También en 1944, la Warner trata de repetir el éxito de “Casablanca” con la casi olvidada “Pasaje a Marsella”, de nuevo con Michael Curtiz, Humphrey Bogart, Claude Rains, Peter Lorre o Sidney Greenstreet. Lógicamente, la partitura se le encarga a Max Steiner, que aquí, a diferencia de “Casablanca”, recurre mucho más a temas compuestos por él mismo, destacando la belleza melódica del tema de amor:

Y ese año vuelve a trabajar para Selznik por primera vez desde “Lo que el viento se llevó”, en esta ocasión para un drama ambientado en la II Guerra Mundial, en las esposas y familias que se quedan sin el padre, que está combatiendo en el frente. La película, protagonizada por Claudette Colbert, Jennifer Jones y Joseph Cotten, requiere de un tema principal tranquilo, amable, como la protagonista, pero al mismo tiempo capaz de transmitir esa nostalgia por el marido ausente, mientras Steiner compone otros temas de distinto carácter, destacando la grotesca melodía asociada al perro, interpretada por el fagot, y otros temas de carácter militar que nos recuerden la situación bélica que estamos viviendo, o cita la canción de cuna de Brahms:

Esta película le valdrá a Max Steiner su tercer y último Oscar. Trabajar con Selznik parece que le traía buena suerte.

En los siguientes años, sus mayores éxitos llegarán con adaptaciones musicales, como en “Rapsodia en azul”, de 1945, biopic de George Gershwin, o en 1946 con “Noche y día”, biopic de Cole Porter protagonizado por Cary Grant, ambos valedores de una nominación al Oscar. Pero quizá su partitura más reseñable de esos años sea la del clásico de cine negro “El sueño eterno”, de Howard Hawks, con Humphrey Bogart y Lauren Bacall, en cuyo tema principal va a predominar el aspecto más romántico de la película:

En 1947, es nominado por partida doble al Oscar, una por el musical “My wild irish rose” y la otra por “Vivir con papá”, comedia de Michael Curtiz protagonizada por William Powell, Irene Dunne y Elizabeth Taylor, de ritmo desenfadado y sonoridad de nuevo ya plenamente americana:

En 1948 destacan sus trabajos en dos películas protagonizadas por Humphrey Bogart, y ambas dirigidas por John Huston. La primera será la opresiva “Cayo Largo”, con Lauren Bacall, Edward G. Robinson y Lionel Barrymore, en la que consigue transmitir a la perfección ese ambiente de permanente tensión que requiere el film:

La otra será el drama “El tesoro de Sierra Madre”, en una partitura con la sonoridad mexicana que requiere la ubicación del film y que muestra también un carácter opresivo, como la atmósfera que viven esos ambiciosos buscadores de oro capaces de cualquier cosa con tal de conseguir el ansiado premio:

También trabaja de nuevo para Errol Flynn, en “El burlador de Castilla”, en la que consigue reproducir la música tradicional española, además de trabajar en un género, el de capa y espada, que tradicionalmente se había asociado a Korngold (“El capitán Blood”, “Robin de los bosques”, “El halcón de mar, todas ellas protagonizadas por Errol Flynn):

Pero su mejor trabajo ese año, y el único por el que consigue estar nominado al Oscar, será su trabajo en “Belinda”, la historia de una joven sorda interpretada por Jane Wyman que es violada. El tema principal, de nuevo de una exquisita belleza, nos transmite la inocencia de esta joven que, en el fondo, es una niña:

En 1949 recibe una nueva nominación al Oscar por “Más allá del bosque”, drama de King Vidor con Bette Davis y Joseph Cotten, y en 1950 es nominado por otra magnífica partitura, la de “El halcón y la flecha”, film de capa y espada protagonizado por Burt Lancaster y ambientado en el norte de Italia. Steiner recurre a ritmos típicos italianos, como la tarantella, para conseguir la mejor ambientación posible, aunque podamos encontrar similitudes incluso con la sinfonía italiana de Mendelssohn:

En 1951 compone la partitura del western de Raoul Walsh “Tambores lejanos”, protagonizado por Gary Cooper, y en la que de nuevo destaca su capacidad de ambientación gracias a la música, por el uso de percusiones que puedan evocarnos a los indios norteamericanos:

En 1951 pone música a la bélica “La flota silenciosa”, protagonizada por John Wayne, en una partitura llena de tensión:

En 1952 es nominado al Oscar por “El mensaje de Fátima”, y repite nominación en 1954 por la magistral partitura de “El motín del Caine”, magistral drama militar protagonizado por Humphrey Bogart y José Ferrer, para el que compone una de sus mejores marchas militares:

Ese mismo año se estrena en el género histórico, hasta ese momento propiedad de Alfred Newman y Miklós Rózsa, en “El talismán”, historia ambientada en las cruzadas con Rex Harrison y Virginia Mayo de protagonistas:

Y repite género, de forma más afortunada, en “Helena de Troya”, con un memorable tema principal que nos recuerda a sus grandes partituras del pasado:

Y ese año vuelve a estar nominado al Oscar por el drama bélico “Más allá de las lágrimas”, de nuevo dirigido por Raoul Walsh:

Pero su mejor partitura de la década está por llegar. Max Steiner no era el compositor preferido de John Ford, que prefería los estilos de Alfred Newman o Victor Young, en general menos ambiciosos, y con menor presencia en el metraje, que las partituras de Steiner, pero se vio obligado a contar de nuevo con él para uno de sus mejores westerns, “Centauros del desierto”, protagonizado por John Wayne y Jeffrey Hunter. Escuchando la magistral partitura que compone Steiner, sólo queda recordar que los grandes genios también se equivocan, y Ford no iba a ser la excepción:

Pero la película, incomprensiblemente, no recibe ninguna nominación al Oscar, y ni siquiera Steiner se libra de esta maldición que parecen tener los westerns de John Ford.

En 1959 trabaja en otro western, “El árbol del ahorcado”, dirigido por Delmer Daves y protagonizado por Gary Cooper. El ritmo de trabajo de Steiner se ha reducido considerablemente, y aquí no es difícil escuchar por momentos el mismo tema que sonaba en “Centauros del desierto”:

Y, pese a todo, Steiner alcanza ese año uno de los mayores éxitos (al menos comercialmente hablando) con el tema principal de “En una isla tranquila del sur”, también dirigida por Delmer Daves, protagonizada con la joven pareja de moda, Sandra Dee y Troy Donahue; esto permite a Steiner ser conocido por una nueva generación que en esos momentos se encontraba en la adolescencia:

Buscando repetir el éxito, Delmer Daves vuelve a contar con él en “Parrish”, drama protagonizado por Claudette Colbert, Karl Malden y, cómo no, Troy Donahue, el guaperas del momento. En un momento en el que la forma de entender las bandas sonoras está cambiando (influencias del jazz y de músicas populares la época, los cambios de concepto de Bernard Herrmann o Jerry Goldsmith), el estilo de Steiner también ha cambiado. Poco queda de aquel brillante compositor de estilo tardorromántico de creatividad incansable. Sus nuevas partituras, conservando aún en parte la brillantez melódica de su periodo de esplendor, han perdido mucha de la brillantez que tenían apenas una década antes:

Delmer Daves será uno de los directores que siga contando con él en los siguientes años, como prueba su colaboración en “Más allá del amor”, de nuevo con Troy Donahue, acompañado ahora por Angie Dickinson:

El otro será Raoul Walsh, que contará con él para el western “Una trompeta lejana”, protagonizado de nuevo por Troy Donahue (y pensar que hoy día nadie se acuerda de este actor…), en una partitura que recuerda peligrosamente a la marcha militar de “La carga de la brigada ligera):

Su último trabajo será para una película de la Disney, “Those Calloways”, de 1965. El tema grotesco para describir a los gansos para los que la familia Calloway quiere construir una reserva es de nuevo un recurso ya utilizado por Steiner, aunque la partitura no carece e interés:

En 1963, Max Steiner escribe una autobiografía que, por desgracia, no se publicó, y en la que parece ser que contaba detalles desconocidos de su infancia. De hecho, se desconoce de la fecha de divorcio de su primera esposa, con la que se casó en 1912. Steiner se casaría otras tres veces, pero sólo tendría un hijo, Ron, con su tercera esposa, la arpista Louise Klos. Su hijo murió en 1962, justo antes de comenzar a escribir sus memorias.

Retirado en sus últimos años, Max Steiner moría de un infarto el 28 de diciembre de 1971 en Beverly Hills a los 83 años, siendo enterrado en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery de Glendale.

Max Steiner se ganó con su incansable labor un importante lugar en la historia de la música cinematográfica, que revolucionó y que dominó durante dos décadas en las que nos regaló muchas de las partituras más memorables del Hollywood clásico. Aún a día de hoy sigue siendo un referente de todos los compositores sinfonistas de Hollywood, de los que fue el primer gran exponente.



25 años de la muerte de Joseph Mankiewicz (05-02-2018)


Se inició en el mundo del cine como guionista, de donde pasará a la dirección, entrando en la historia por ganar el Oscar a mejor director en dos años consecutivos, 1949 y 1950. Un día como hoy hace 25 años nos dejaba un mito llamado Joseph Mankiewicz.




Joseph Leo Mankiewicz (que es conocido como Joseph L. Mankiewicz, aunque en este artículo suprimiremos la L para simplificar) nació el 11 de febrero de 1909 en Wilkes-Barre, estado de Pensilvania, hijo de inmigrantes judíos de origen alemán, siendo el menor de los e hijos de la pareja, después de Herman y Erna. En 1912 la familia se muda a Nueva York, donde su padre, profesor, se encarga de suministrar a sus hijos una cuidada educación. Tras graduarse en arte, su padre lo envía en 1928 a Berlín para estudiar en su universidad, pero Joseph se aficiona allí al teatro y malvive como corresponsal del Chicago Tribune y traduciendo subtítulos cinematográficos.

Así hasta que en 1929 le llama su hermano Herman, que trabaja como guionista en Hollywood (y que ganará un Oscar por el guión de “Ciudadano Kane”). Sin nada que perder, Joseph Mankiewicz se traslada a la Meca del cine, Allí trabaja como guionista, primero en la Paramount, consiguiendo una nominación al Oscar por “Las peripecias de Skippy” en 1931, antes de trasladarse a la Metro-Goldwyn-Mayer, en busca de mejores proyectos. Así, co-escribe el guión de “El enemigo público número 1”, de 1934, que ganará el Oscar a mejor guión, pero sin incluir a Mankiewicz.

En 1934 se casa por primera vez, con Elizabeth Young, de quien se divorcia en 1937, y con la que tiene un hijo, Eric Reynal.

Tras ver como su fama como guionista aumenta, le propone a Louis B. Mayer, presidente de la Metro, dirigir sus propios guiones; éste rechaza la idea, pero le permite producir algunas películas, de entre las que destacará “Historias de Filadelfia”, nominada al Oscar a mejor Película. Pero algún tiempo después, en 1944, regresa a su faceta como guionista, escribiendo “Las llaves del reino”, protagonizada por Gregory Peck y en la que aparece su segunda esposa, la actriz austriaca Rose Stradner, con la que estaba casado desde 1939 y que se suicidará en 1958. Juntos tendrán 3 hijos, siendo el más famoso de ellos el director y guionista Tom Mankiewicz.

Finalmente, en 1946 decide abandonar la Metro y pasarse a la Fox para poder dirigir sus propios guiones. Y así se estrena con “El castillo de Dragonwyck”, drama de intriga en la que una inocente Gene Tierney se casa con el rico propietario del castillo del título, Vincent Price, que esconde algún peligroso secreto:

Tras dirigir ese mismo año el film de cine negro “Solo en la noche”, en 1947 estrena la comedia “El mundo de George Apley”, protagonizada por Ronald Colman, en una ácida crítica a la elitista burguesía americana, y estrena también uno de sus mayores éxitos, “El fantasma y la Señora Muir”, de nuevo con Gene Tierney (interpretativamente bastante peor que en el film anterior) y un magnífico Rex Harrison como el fantasma del título, que se enamora de la protagonista:

En 1948 repite con Rex Harrison en el film negro “Escape”, y repite género (algo infrecuente en él) en 1949 con “Odio entre hermanos”, protagonizada por Edward G. Robinson y Susan Hayward. Pero en 1949 su gran éxito será “Carta a tres esposas”, magistral guión firmado por él, innovador en cuanto a su estructura dramática, en la que tres mujeres reciben la carta de una “amiga” suya en la que les confiesa que esa misma noche se fugará con el esposo de una de ellas. Pese a cierta mojigatería en su presentación de las mujeres, la película está magistralmente resuelta con sus continuos flash-backs y esa idea de no mostrar nunca en escena a la autora de la carta:

Tal fue el éxito del film que Joseph Mankiewicz ganó tanto el Oscar al mejor guión original como el de mejor director, con sólo 3 años de carrera en este campo:

Pero si alguien piensa que Mankiewicz ha llegado ala cima de su carrera, se equivoca totalmente. En 1950 vuelve a dirigir un guión original propio, “Eva al desnudo”, drama ambientado en el mundo teatral con sus envidias y trampas, que enfrentan a Bette Davis con la novata (pero no tan inocente) Anne Baxter:

Y la historia se repite: Joseph Mankiewicz gana tanto el Oscar a mejor Guión como el de mejor Director (además del de mejor película), en un año nada fácil, ya que competía contra una de las cumbres del cine, “El crepúsculo de los dioses” del gran Billy Wilder, al que machacó literalmente:

También en 1950 había dirigido “Un rayo de luz” drama antirracista en el que un médico negro, Sidney Poitier, atiende a dos hermanos criminales, uno de los cuales muere. El hermano superviviente, Richard Widmark, buscará venganza:

En 1951 se toma su venganza de la caza de brujas McCarthyana en la comedia dramática “Murmullos en la ciudad”, en la que el doctor interpretado por Cary Grant, recién casado con Jeanne Crain (una de las tres esposas de su mítica película), se niega a delatar a un amigo cuando un celoso colega interpretado por Hume Cronyn intenta arruinar su carrera:

El cine de Joseph Mankiewicz se caracteriza por su excelente forma de dirigir a sus intérpretes, pero también por su versatilidad, por su búsqueda constante de nuevos géneros en los que trabajar. Así, en 1952 dirige “Operación Cicerón”, historia de espías que nos cuenta la historia de Elyesa Bazna, interpretado por James Mason (aunque se le cambia el nombre por el de Ulysses Diello), que robó para los alemanes diversos planes de ataque de la embajada británica:

Por esta película se llevará una nueva nominación al Oscar a mejor director.

Su siguiente proyecto es más ambicioso si cabe: la adaptación de la obra de Shakespeare “Julio Cesar”, con un reparto de lujo en el que figuran Louis Calhern, James Mason, Deborah Kerr, Greer Garson, John Gielgud o Edmond O’Brien, y en el que sólo molesta el horrendo Marco Antonio de Marlon Brando:

Su siguiente film, estrenado en 1954, es “La condesa descalza”, ambientado en el implacable mundo del cine que destroza a una estrella, interpretada por Ava Gardner, acompañada por Humphrey Bogart, Rossano Brazzi y Edmond O’Brien, que ganará el Oscar a mejor secundario:

Y de este drama pasamos en 1955 a un musical, “Ellos y ellas”, protagonizado por Marlon Brando (Mankiewicz tenía mucha costumbre de repetir con los actores con los que trabajaba, como ya hemos podido comprobar), Frank Sinatra y Jean Simmons:

Tras unos años de parón, en 1958 estrena su adaptación de “El americano tranquilo” de Graham Greene, protagonizada por Audie Murphy y Michael Redgrave. La película se sitúa en la guerra de Vietnam, pero el ambiente anticomunista e Estados Unidos en ese momento obliga a modificar muchos elementos de la historia, algo que molesta especialmente a Greene. Y tras adaptar a Greene, en 1959 le toca el turno a Tennessee Williams con la perturbadora “De repente el último verano”, con Katherine Hepburn, Elizabeth Taylor y Montgomery Clift, en una película bastante polémica en aquella época por el argumento que trata:

Pero, para su desgracia, el siguiente proyecto que caería en sus manos resultaría ser un regalo envenenado. La Fox, con serios problemas económicos, se embarcó en el proyecto de rodar un peplum espectacular que fuera un éxito de taquilla: una nueva versión de la historia de la reina egipcia Cleopatra. Pero problemas durante el rodaje provocaron la caída del reparto elegido, y la huida del director previsto, Rouben Mamoulian). El proyecto fue a parar a Joseph Mankiewicz, que tuvo que hacer frente al rodaje de la película completa (lo rodado hasta su llegada no valía por el cambio de reparto), a los problemas ocasionados por el escandaloso romance de la pareja protagonista, Elizabeth Taylor y Richard Burton, a la enfermedad de ella, al traslado de la filmación de Londres a Roma y a un enorme incremento del presupuesto. Tras retrasos y retrasos en el rodaje, Mankiewicz presenta una versión de nada más y nada menos que 6 horas de duración, proponiendo dividirla en dos películas. El estudio lo rechaza y despide a Mankiewicz, pero ante la imposibilidad de que cualquier otro realice el montaje, vuelve a contratarlo para editar una versión que pasa primero a 4 horas y luego a 3. Pese al éxito de taquilla, el presupuesto se había incrementado de tal forma (de 2 millones de dólares previstos a 44) que no sirvió para recuperar lo invertido. La Fox se arruina del todo, y el peplum desaparece como género cinematográfico:

La película se estrena en 1963 y consigue 4 Oscars de 9 nominaciones, aunque Mankiewicz no es nominado.

Joseph Mankiewicz tarda años en recuperarse de la traumática experiencia. Si bien es cierto que en 1964 rueda una adaptación moderna de “Un cuento de navidad” de Dickens para televisión, no vuelve a dirigir cine hasta 1967, cuando estrena “Mujeres en Venecia” cínica y genial comedia criminal protagonizada por su actor fetiche, Rex Harrison, con Maggie Smith, Susan Hayward y Cliff Robertson en el reparto:

En 1970 dirige su único Western, “El día de los tramposos”, comedia cínica, ácida, que poco antes no habría pasado la censura ni en sueños, con sexo, desnudos, personajes moralmente ambiguos y constantes giros de guión, protagonizada por Kirk Douglas y Henry Fonda:

Y, por último, en 1972 estrena su última película, una de sus obras maestras, la genial “La huella”, duelo interpretativo entre Laurence Olivier y Michael Caine, llena de nuevo de constantes giros de guión y situaciones inesperadas:

Por esta película, Mankiewicz consigue una última nominación al Oscar a mejor Director. Pero él se retira a su granja del este, con su tercera esposa, Rosemary Matthews, con quien se casó en 1962, estudiando arte y psiquiatría. Viviría todavía 20 años más, pero no volvió a trabajar nunca. Murió finalmente el 5 de febrero de 1993, días antes de cumplir 84 años.

Director de culto, Joseph Mankiewicz demostró una capacidad única para construir buenos guiones, para dirigir actores y para pasar de un género a otro sin aparente dificultad. Nos legó para la posteridad, de entre su reducida filmografía (apenas una veintena de films) algunas obras maestras que se han convertido en films de culto y que son una verdadera demostración de lo que es el cine.



Centenario del nacimiento de Joan Fontaine (22-10-2017)


“Anoche soñé que volvía a Manderley”. Así comenzaba una de las más míticas películas del Hollywood dorado de los años 30 y 40, la primera película que rodaba en América el británico Alfred Hitchcock. Y también la película que lanzó a la fama a una joven actriz, que hasta entonces apenas había destacado en sus trabajos previos, y que era precisamente la que decía aquellas míticas palabras: la bellísima Joan Fontaine, que, de seguir viva, habría cumplido hoy 100 años.




El nombre real de Joan Fontaine era Joan de Bauvoir de Havilland (lo que ya nos deja pistas de sus parentescos), y nació en Tokio el 22 de octubre de 1917. Su padre, Walter Augustus de Havilland, británico, trabajaba como profesor en la universidad de Tokio, mientras que su madre, Lillian Augusta Fontaine, había sido actriz antes de trasladarse a Japón con su esposo. Ambos tenían una hija mayor, Olivia de Havilland.

La pareja se separó en 1919 por las infidelidades del esposo, asiduo al servicio de las Geishas, y Lillian se trasladó con sus hijas a Estados Unidos, a causa de los numerosos problemas de salud de Joan. Pero en 1933, con 16 años, Joan regresó a Japón para vivir con su padre, donde se graduaría en la escuela para extranjeros en 1935.

Ese mismo año, de regreso a los Estados Unidos, quiso seguir los pasos de su hermana, que despuntaba en Hollywood. Al no permitirle su madre utilizar el apellido familiar, debuta con el nombre de Joan Burfield en 1935 en “No más mujeres”, protagonizada por Joan Crawford y Franchot Tone. Bajo contrato con la RKO, que la considera una actriz emergente, y adoptando el apellido materno como nombre artístico, tiene su primer papel protagonista en 1937 en “Un hospital en las nubes”:

Ese mismo año aparece en “Olivia”, junto a Katherine Hepburn y Franchot Tone, y en “Señorita en desgracia”, junto a Fred Astaire:

Pero esta última es un fracaso que relega a Joan Fontaine a papeles menores en multitud de películas, interpretando por ejemplo a la novia de Cary Grant en “Gunga Din” o con un pequeño papel en la coral “Mujeres” de George Cukor. Pero rechaza el papel de Melania en “Lo que el viento se llevó” (parece que dijo que, si querían a una actriz para hacer de tonta, llamaran a su hermana… razón no le faltaba, en todo caso). La falta de éxitos provoca el fin de su contrato con la RKO en 1939, año en el que se casa por primera vez, con el actor Brian Aherne.

Cuando parece que su carrera cinematográfica ha llegado a su fin, aparece David O. Selznik. En una fiesta, ambos están cenando juntos y comienzan a hablar sobre la novela de Daphne du Maurier “Rebeca”. Selznik está en proceso de producir su adaptación cinematográfica, que será el debut en Hollywood del director Alfred Hitchcock, y le propone audicionar para el papel protagonista (papel cuyo nombre desconocemos, ya que no se menciona en toda la película: es sólo Milady de Winter). Meses de audiciones le suponen su confirmación en el papel, acompañada por Laurence Olivier y Judith Anderson. El resto ya es historia:

Siempre he dicho que “Rebeca” es, junto con “Encadenados”, la mejor película de Hitchcock, y escenas como esta no hacen más que confirmarlo. Y su magnífico trabajo le valió una nominación al Oscar, que injustamente perdió frente a Ginger Rogers.

Para lo que sí le sirvió su papel en Rebeca fue para que Hitchcock volviera a contar con ella al año siguiente en “Sospecha”, que protagoniza junto a Cary Grant:

Y, pese a que la película es mucho más floja que Rebeca, en esta ocasión le sirvió para ganar el Oscar:

Su relación con su hermana Olivia de Havilland, ya de por sí complicada (Joan Fontaine siempre tuvo celos de ella por considerar que era la favorita de su madre), se complicó aún más a raíz de lo que sucedió cuando fue a recoger el premio, al que Olivia también estaba nominada (y que no había ganado hasta la fecha): al anunciarse el nombre de la ganadora, Olivia se levantó para felicitar a su hermana, pero ésta la ignoró. La explicación de Joan Fontaine fue que, con los nervios de oír su nombre, no vio lo que sucedía a su alrededor y de inmediato se dirigió al escenario. Olivia de Havilland le devolverá la afrenta cuando sea ella quien gane el Oscar en 1946.

Sus siguientes grandes papeles llegarán en 1943, cuando protagoniza “Alma rebelde”, versión cinematográfica de “Jane Eyre” en la que le acompaña Orson Welles:

Y esemismo año protagoniza otro drama romántico, terreno en el que se desenvuelve de maravilla, “La ninfa constante”, junto al magnífico Charles Boyer, en una película casi desconocida, pero por la que recibió su tercera y última nominación al Oscar:

La carrera de Joan Fontaine será a partir de entonces bastante irregular. En 1944 protagoniza la adaptación de otra obra de Daphne du Maurier, la aventura de piratas “El pirata y la dama”. En 1947 protagoniza “Abismos”, en la que se aleja de su imagen de niña buena para interpretar a la villana de la película. Y en 1948 se adentra en la comedia de la mano de Billy Wilder en la prescindible “El vals del Emperador”, junto a un pedante Bing Crosby y en la que tampoco ella tiene un buen papel. Pero ese año firmará una de sus más memorables interpretaciones en el mítico melodrama de Max Ophüls “Carta de una desconocida”, adaptación de la novela de Stefan Zweig que protagoniza junto a Louis Jourdan:

En 1950 vuelve a interpretar otro melodrama romántico, en este caso junto a Joseph Cotten, en “Idilio en septiembre”:

Y ese mismo año repite su papel de pérfida en la magnífica “Nacida para el mal” de Nicholas Ray, en la que sólo Robert Ryan es capaz de percibir la maldad que se esconde tras su inocente apariencia:

En 1952 participa en el film de aventuras histórico “Ivanhoe”, junto a Robert Taylor y a Elizabeth Taylor:

Vuelve a su género ideal, el drama, en 1953 con “Una razón para vivir”, acompañada de Ray Milland:

En 1956 protagoniza junto a Dana Andrews la intriga de Fritz Lang “Más allá de la duda”, que aparenta ser un alegato contra la pena de muerte para luego sorprendernos con un final inesperado:

En 1957 protagoniza el polémico drama sobre racismo “Una isla al sol” junto a James Mason:

En 1958 vuelve al drama romántico junto a Rosanno Brazzi en “Una cierta sonrisa”:

En el ocaso de su carrera, en 1961 aparece en la película de aventuras “Viaje al fondo del mar”:

En 1962 vuelve a aparecer en otro drama romántico, pero en este caso en un papel secundario, como la hermana de Jennifer Jones en “Suave es la noche”:

Joan Fontaine sólo aparecerá en una película más, protagonizando en 1966 la película de terror “Las brujas”:

Joan Fontaine empezó a trabajar en teatro en los años 50, protagonizando entre otras obras “Té y simpatía” junto a Anthony Perkins, y seguirá trabajando en los 60 en los escenarios, además de comenzar una carrera televisiva que concluirá en 1994 con la película televisiva “Good King Wenceslas”.

En lo personal, Joan Fontaine se había casado 4 veces y tenía una hija de su segundo marido, además de haber adoptado a una niña peruana, Martita; Joan Fontaine prometió a sus padres biológicos que la llevaría de visita cuando la niña cumpliera 18 años, pero cuando llegó el momento, Martita huyó de casa, enfadando a Joan, que se vio obligada a incumplir su palabra. La relación con sus hijas se enfriaría completamente al enterarse que mantenían contacto con su hermana Olivia, algo que ella rompió por completo cuando no fue avisada a tiempo de la muerte de su madre en 1975. Nunca más volvieron a hablarse. Finalmente, Joan Fontaine, que adelantó a su hermana mayor a la hora de casarse y de ganar el Oscar, le ganó también al morir antes, en concreto el 15 de diciembre de 2013, mientras dormía, a los 96 años. Con ella se iba la actriz que ostenta el récord de ser la única intérprete en ganar un Oscar por una película de Hitchcock, aunque siempre la recordaremos por el que debió ganar y no ganó, esa inolvidable Milady de Winter de Rebeca, uno de esos papeles que han pasado a la historia del cine.



50 años de la muerte de Spencer Tracy (10-06-2017)




Fue admirado por sus compañeros y directores que a menudo lo definían como el mejor actor de su generación; una generación que había dado lo mejor del Hollywood dorado de los años 30 y 40. Esto nos permite hacernos una idea del inmenso talento que encerraba el cuerpo del actor que hoy nos ocupa y que nos dejó hace 50 años: Spencer Tracy.




Spencer Bonaventura Tracy nació un 5 de abril de 1900 en Milwaukee, en el estado de Wiskonsin. Su padre era un vendedor de camiones de orígenes irlandeses católicos, mientras su madre era una prebiteriana de clase acomodada, y tenía un hermano 4 años mayor. Tracy fue criado como católico, y en un intento de arreglar sus problemas de estudios a causa de su hiperactividad estudia en un colegio de monjas y posteriormente con jesuitas. Según afirmará él mismo, su mayor interés en los estudios será para poder leer los subtítulos del las películas mudas que tanto le fascinan. En la escuela jesuita conoce a Pat O’Brien, y ambos se harán asiduos a las representaciones teatrales.

Pero su falta de interés en los estudios le lleva a enrolarse en la marina nada más cumplir los 18 años, poco antes de que termine la I Guerra Mundial, por lo que nunca llega a entrar en combate.

Licenciado de la marina en 1919, el empeño de su padre porque uno de sus hijos consiga un título universitario le hará matricularse para estudiar medicina. Pero en esos años será un estudiante popular por su habilidad como orador en debates y también se une al grupo teatral, debutando en escena en junio de 1921. Durante una gira con el grupo de debate de su universidad audicionará en Nueva York para la Academia Americana de Artes Dramáticas, que le invita a matricularse en ella, algo que ocurre en abril de 1922. Se matricula en marzo de 1923, habiendo debutado ya en la escena newyorkina en octubre de 1922.

Sus primeros años como actor teatral no fueron buenos: acumulaba fracasos, cambiaba de compañías y de ciudades, su ego se vio afectado y su economía era mediocre. Trabajando en el teatro conoce a la actriz Louise Treadwell, con la que se casa en 1923, con la que tendrá dos hijos, John en 1924 y Louise en 1932.

La mala racha termina cuando, pese a sus miedos, trabaja con el productor teatral George M. Cohan en la obra “Yellow” en 1926. El éxito de esta obra le lleva a seguir colaborando con Cohan en nuevas producciones. Aún así, su carrera sufrirá nuevos altibajos que estarán a punto de llevarle a renunciar y volver a Milwaukee, pero todo cambia en 1930.

En enero de 1930 trabaja en una nueva producción teatral, “The last mille”, con la que consigue un gran éxito. En esa época, además, Hollywood se encuentra necesitado de nuevos actores para el reciente cine sonoro, ya que muchas de sus estrellas del cine mudo no se adaptan al nuevo medio, y los actores teatrales son idóneos para sus nuevas películas. Y John Ford le ve en esta obra teatral, ambientada en una prisión, y le ofrece protagonizar su nueva película, que también transcurre en una prisión, “Río arriba”. Spencer Tracy protagoniza la película junto a su amigo Humphrey Bogart, con quien no volverá a compartir pantalla:

Tras el estreno, la Fox le ofrece un contrato. Spencer Tracy necesita el dinero (su hijo, sordo, está recuperándose de la polio) así que acepta y se muda a California y sólo volverá a trabajar en el teatro una vez. La Fox trata de lanzarlo a la fama, siendo compañero de reparto de Jean Harlow o Joan Bennett, en comedias que no alcanzan el éxito. Esto lleva a Tracy al alcoholismo, y su fama de bebedor le perseguirá toda la vida. A partir de 1932 comienza a trabajar en proyectos de más enjundia dramática, como “Fueros humanos” de 1933, en la que compartirá protagonismo con Loretta Young, con la que tendrá un romance. Pero en 1935 rompe el contrato con la Fox de mutuo acuerdo: 5 años, 25 películas y la mayoría han sido un fracaso.

En 1935 comienza a trabajar en la Metro, que por aquel entonces era el más prestigioso de los estudios, pero tampoco el éxito le llega de inmediato: por lo general es la pareja de películas protagonizadas por mujeres como Myrna Loy o Jean Harlow. Pero en 1936 su suerte cambia al protagonizar el debut americano del director alemán Fritz Lang”, “Furia”, en la que interpreta a un forastero víctima de un motín en el que le dan por muerto y que busca venganza:

La película es un éxito que lanza a la fama a Tracy. Sin embargo, en su siguiente película interpreta un papel secundario: es la historia de catástrofes “San Francisco”, que narra el terremoto que azotó a la ciudad en 1906. La película la protagonizaban Clark Gable y Jeanette McDonald:

Pese a todo, el público identifica a Tracy como el protagonista. Y pese a que en 1936 se dan pro primera vez Premios Oscar a los mejores intérpretes secundarios, Tracy es nominado como mejor actor principal. La primera de sus 9 nominaciones, siempre como actor principal.

Tras protagonizar algunas películas más, en 1937 interpreta uno de sus mejores papeles, el pescador Manuel en la mítica adaptación de la obra de Rudyard Kipling “Capitanes intrépidos”, junto a un reparto de lujo en el que se encuentra el niño de moda, Freddie Bartholomew:

Segunda nominación al Oscar y primera victoria. Con 37 años. Por fin aparece ese enorme actor al que todos conocemos.

Tras su éxito interpretando a un cura en “San Francisco”, la Metro cuenta con él para interpretar al Padre Flanagan, fundador de La ciudad de los muchachos, en “Forja de hombres”, en la que tendrá que enderezar aun problemático Mickey Rooney:

Tercera nominación y segundo Oscar, consecutivo:

Convertido en el actor más popular del momento, en 1940 protagoniza su primera película en tecnicolor, la histórica “Paso al Noroeste”, que será un nuevo éxito:

También en 1940 protagoniza “Edison, el hombre”, siendo elogiado por su interpretación de Thomas Edison:

En 1941 protagoniza la secuela de “Forja de hombres”, “La ciudad de los muchachos”, y tiene una incursión en el cine de terror con “El extraño caso del Dr. Jekyll”, junto a Ingrid Bergman:

En 1942 protagoniza la comedia romántica “La mujer del año”, junto a Katherine Hepburn, actriz que se encontraba en la cima de su popularidad y que deseaba trabajar con Tracy, a quien admiraba:

El éxito de la película les llevará a convertirse en una popular pareja cinematográfica (protagonizarán en total 9 películas, entre ellas “La llama sagrada”, también de 1942), además de una pareja fuera de los escenarios hasta la muerte de él, aunque nunca se casaron, ya que Tracy había acordado con su mujer nunca hablar de divorcio, aunque vivieran separados.

En los siguientes años, Spencer Tracy protagoniza siempre films bélicos, algo lógico en plena II Guerra Mundial, de las que destaca “La séptima cruz”, de 1944, dirigida por Fred Zinnemann, en la que interpreta a un fugitivo de un campo de concentración:

En 1945 vuelve a trabajar en teatro, en la obra “The rugged path”. Spencer Tracy había atravesado un mal momento profesional, y decide probar en Broadway si es capaz de volver a actuar. Antes del estreno se encuentra especialmente tenso, y no se siente ya tan cómodo en teatro como en cine, pero consigue realizar 81 representaciones.

Spencer Tracy vuelve al cine en 1947, con “Mar de hierba”, dirigida por Elia Kazan, western que protagoniza junto a Katherine Hepburn:

Tracy repite de nuevo en 1948 con Hepburn en “El estado de la unión”, drama político dirigido por Frank Capra:

En 1949 protagoniza “Edward, mi hijo”, de George Cukor, junto a Deborah Kerr, en la que interpreta a un hombre capaz de cualquier cosa con tal de complacer a su hijo. Tracy se siente incómodo al ver lo fácil que le resulta interpretar a un personaje tan poco positivo, ya que, pese a ser un trabajador incansable, su forma de actuar se basa siempre en la absoluta naturalidad de todos sus papeles. Este será uno de sus mayores fracasos desde mediados de los años 30:

Para compensar, ese mismo año estrena la genial comedia “La costilla de Adán”, dirigida también por George Cukor, que será la más popular de las películas que protagonice junto a Katherine Hepburn:

En 1950 protagoniza la comedia de Vincente Minnelli “El padre de la novia”, junto a Joan Bennett, antigua compañera de reparto, y la joven Elizabeth Taylor, que interpreta a su su hija:

Spencer Tracy llevaba desde 1938 sin ser nominado al Oscar (desde que ganó su segundo Oscar, precisamente), y por esta película, 12 años después, consigue una nueva nominación, las 4ª. El éxito de la película es tal que al año siguiente se filma una secuela, “El padre es abuelo”.

En 1951 protagoniza también “El caso O’Hara”, drama judicial en el que coincide con su amigo de juventud Pat O’Brien:

En 1953 protagoniza “La actriz”, de George Cukor (director con el que trabajó en numerosas ocasiones, como vemos) en “La actriz”, en la que interpreta al padre de una aspirante a actriz interpretada por Jean Simmons:

Por este papel será nominado al BAFTA y ganará su único Globo de Oro, aunque no se lleve nominación al Oscar.

Actor todoterreno, Spencer Tracy se muestra igual de cómodo en la comedia y en el drama, en el cine bélico o en el histórico. Y en 1954 protagoniza un western, “Lanza rota” de Edward Dmytryk, junto a Robert Wagner:

Y en 1955 se nos lanza al cine de acción con la magistral “Conspiración de silencio” de John Sturges, en la que interpreta a un veterano de la II Guerra Mundial que se enfrenta a quienes mataron al padre japonés de un compañero suyo y al silencio cómplice del resto del pueblo:

Por este papel gana el premio al Mejor Actor en el Festival de Cannes y recibe su quinta nominación al Oscar.

Sus siguientes películas son el drama de aventuras “La montaña siniestra”, de nuevo junto a Robert Wagner, y la comedia romántica “Su otra esposa”, junto a Katherine Hepburn.

En 1958 tiene uno de sus, en mi opinión, mejores papeles en el drama político “El último Hurra” de John Ford (con el que no había vuelto a trabajar desde su debut), junto a Jeffrey Hunter, en el que interpreta al alcalde de Boston que ve como la televisión le arrebata votos al ser incapaz de acomodarse a las nuevos usos:

Imprescindible sobre todo la escena final.

Pero no conseguirá una nueva nominación al Oscar por esta película, ya que ese año la nominación le llegará por protagonizar la adaptación de la obra de Hemingway “El viejo y el mar” que dirige John Sturges:

En 1960 trabaja por primera vez bajo las órdenes de Stanley Kramer, que dirigirá la mayoría de sus últimas películas, en el drama judicial “Herencia del viento”, en el que se enfrenta a otro enorme actor, Fredric March:

Nueva nominación al Oscar, a la que seguirá otra nueva al año siguiente por su segunda colaboración con Kramer, “Vencedores o vencidos”, en la que interpreta a un abogado americano durante los juicios de Nuremberg:

Repite con Stanley Kramer en “El mundo está loco, loco, loco”, en 1963, y ya sólo trabajará en una película más (la mala salud le obligará a renunciar a varias ofertas), pero una de sus mejores películas: “Adivina quien viene esta noche”, dirigida de nuevo por Stanley Kramer y junto a Katherine Hepburn, que trata sobre el matrimonio interracial con la relación de su hija con un negro interpretado por Sidney Poitier:

El rodaje de la película se alarga por la mala salud de Tracy, que puede trabajar pocas horas al día, pero consigue finalizar su última escena el 24 de mayo de 1967. Apenas dos semanas después, el 10 de junio, Tracy se levanta a prepararse un té; Hepburn oye desde la habitación el sonido de una taza cayendo y va de inmediato a la cocina: Tracy, que sufría de hipertensión desde años atrás, había muerto a consecuencia de un infarto. Tenía 67 años, aunque aparentaba más.

Su funeral fue muy concurrido por las grandes estrellas de Hollywood, que admiraban a Tracy como el gran actor que siempre fue. Tracy fue enterrado en el Glendale’s Forest Lawn Memorial Park.

Su última película, “Adivina quien viene esta noche”, se estrenó en diciembre de ese año. Y por su papel fue nominado póstumamente al BAFTA, al Globo de Oro y al Oscar, en este caso por novena vez. Katherine Hepburn sí ganará el Oscar por este papel, y sentirá que en realidad se lo han dado por él.

La siguiente generación de actores se alejó del estilo interpretativo de Tracy, tan elogiado por sus contemporáneos. Es lo que se perdió el cine de los años 60, 70 y 80, y lo que le da ese esplendor al Hollywood clásico de los 30 y 40. Figuras como Spencer Tracy, uno de los mejores (quizá el mejor incluso) actores de Hollywood, permanecen en nuestras retinas como un símbolo de lo que fue y por desgracia ya no existe.



25 años sin el director de cine Richard Brooks (11-03-2017)


8 nominaciones al Oscar, 3 como director y 5 como guionista, de los que sólo uno, como guionista, terminará en victoria, para uno de los más destacados directores de cine de los años 50 y 60. Hoy, 25 años después de su muerte, repasamos la carrera de Richard Brooks.




El verdadero nombre de Richard Brooks era Reuben Sax, y nació en Philadelphia, Pensilvania, el 18 de mayo de 1912. Sus padres, inmigrantes judíos de origen ruso, habían llegado en 1908, recién casados y muy jóvenes, a Estados Unidos, donde encontraron empleo en la industria textil. Reuben fue su único hijo.

Reuben comenzó a estudiar periodismo en la universidad, pero la abandonó al saber que sus padres se habían metido en deudas para pagar su educación, por lo que comenzó a trabajar como reportero, cambiando su nombre por el de Richard Brooks, nombre que en 1943 pasará a ser su nombre legal.

Tras trabajar en la prensa de su ciudad, se traslada a Nueva York, donde además de trabajar en periodismo escribe obras teatrales, que trata de dirigir, pero la quiebra de la compañía con la que trabajaba, así como los deseos de huir de un primer (y desconocido) matrimonio le llevaron en 1940 a trasladarse a Los Angeles, donde buscará trabajo en la industria cinematográfica.

En principio no tiene éxito, y escribe pequeñas historias que lee en la radio, pero en 1941 se casa con Jeanne Kelly, una actriz de los estudios Universal, le consigue trabajo escribiendo guiones para algunas películas de la estrella del Technicolor María Montez; suyo es el guión de “La salvaje blanca”, estrenada en 1943, y de “La Reina de cobra”, estrenada en 1944.

Viendo que no tiene opciones de mejorar los proyectos en los que trabaja, Richard Brooks abandona el estudio Universal y se enrola en la marina en 1943 (además de divorciarse de Jeanne en 1944). Nunca entra en combate, ya que permanece en suelo americano. En el tiempo en el que permanece en la marina escribe y dirige documentales bélicos, además de escribir una novela “The brick foxhole”, novela que será llevada al cine en 1947 dirigida por Edward Dmytryk y que se titulará “Encrucijada de odios”. Gracias a esta película, el productor independiente Mark Helinger se fija en él y, una vez abandonada la marina, le contrata como guionista, Escribe, aunque sin acreditar, el guión de “Forajidos”, película protanizgoada por Burt Lancaster y Ava Gardner y, ya acreditado, los guiones de Fuerza bruta, de 1947, y el de “Cayo Largo”, de 1948, junto con John Huston, que era además el director de la película y que le permitió estar en el set durante el rodaje, lo que permitió a Richard Brooks aprender mucho sobre dirección de cine.

Por esos años Brooks escribe dos nuevas novelas y se casa, por tercera vez, en 1946, con Harriette Levin, matrimonio que durará hasta 1957.

En 1950 la Metro le ofrece un contrato como director, aunque primero escribirá dos guiones. Su debut en la dirección viene con “Crisis”, un thriller protagonizado por Cary Grant, que interpreta a un neurocirujano que, de vacaciones en latinoamérica, es retenido por el dictador local, interpretado por José Ferre, para que le opere, mientras la oposición al dictador secuestra a su esposa para así hacer que falle la operación:

Su siguiente película es “El milagro del cuadro”, una comedia de robos protagonizada por Stewart Granger:

En 1952 tendrá ocasión de trabajar en un proyecto más personal, en este caso para la Fox, “El cuarto poder”, con guión original suyo propio, un thriller periodístico protagonizado por su amigo Humphrey Bogart (que había protagonizado “Cayo Largo”) y la mítica Ethel Barrymore:

En 1953 repite con Humphrey Bogart en el drama romántico ambientado en la Guerra de Corea “Campo de Batalla”, y dirige otra película bélica, “Hombres de infantería”, con toques de comedia, en la que un grupo de nuevos reclutas (entre ellos Robert Arthur, Carleton Carpenter y un divertidísimo Russ Tamblyn) son entrenados por el duro Richard Widmark y el más “blando” Karl Malden, intentando transmitir la idea de que ningún adiestrador es nunca tan duro como la propia guerra:

Y en 1954 dirige el melodrama romántico “La última vez que vi París”, protagonizado por Elizabeth Taylor y Van Johnson:

Pero a Richard Brooks le faltaba un gran éxito que le consagrara, y ese éxito llegó en 1955, cuando adaptó una obra de Evan Hunter que se titularía “Semilla de maldad”, que le valdría su primera nominación al Oscar (por el guión adaptado, todavía no por la dirección). En ella nos describe los ambientes de delincuencia juvenil con un profesor idealista interpretado por Glenn Ford que intentará ayudar a sus conflictivos alumnos, entre ellos un Sidney Poitier que saltará a la fama gracias a este papel. Es también la primera película de Hollywood, en incluir un tema de Rock ‘n’ Roll, el “Rock around the clock” de Bill Haley:

Sus siguientes películas son menores, la comedia dramática familiar “Banquete de bodas”, el western “La última caza” y el drama “Sangre sobre la tierra”, pero en 1958 estrena dos grandes películas. Una de ellas es la adaptación de la obra de Dostoievsky “Los hermanos Karamazov”, protagonizada por Yul Brynner:

Y sobre todo, la película por la que conseguirá dos nominaciones al Oscar (dirección y guión adaptado), la adaptación de la obra teatral de Tennessee Williams “La gata sobre el tejado de Zinc”, en la que repite con Elizabeth Taylor y trabaja por primera vez con Paul Newman. Historia viva del cine:

Duelo de bellezas (pocas veces estuvieron más guapos tanto Paul Newman como Lizz Taylor) que de poco les sirvió, ninguno se llevó el Oscar. A Richard Brooks se lo arrebataría… Vincente Minnelli. Sin comentarios.

Tras el éxito de esta película, Richard Brooks se lanza a proyectos independientes, dirigiendo en 1960 la adaptación de la obra de Sinclair Lewis “El fuego y la palabra”, en la que Burt Lancaster interpreta a un farsante que acompaña a una ferviente predicadora interpretada por Jean Simmons:

La película se lleva el Oscar a mejor actor para Burt Lancaster, el de mejor secundaria para Shirley Jones (Jean Simmons no estaba nominada como mejor actriz) y, por fin, el de mejor guión adaptado para Richard Brooks, que no estaba nominado como director:

Ese mismo año Richard Brooks se casa con Jean Simmons, que acababa de divorciarse de Stewart Granger, y en 1961 tendrán una hija, Kate. Terminaron divorciándose en 1980.

Su siguiente película, estrenada en 1962, es otra adaptación de una obra teatral de Tennessee Williams, “Dulce pájaro de juventud”, estrenada en 1962, en la que un aspirante a director que vive como gigolo de una estrella alcohólica (Geraldine Page) regresa a su pueblo para recuperar a su amor de juventud, Shirley Knight, enfrentándose para ello a su padre, Ed Begley:

En 1965 estrena su siguiente película, la adaptación de la obra de Joseph Conrad “Lord Jim”, una ambiciosa y cara película protagonizada por Peter O’Toole con un reparto de lujo que resultó ser un fracaso:

Para sorpresa de Hollywood, su siguiente proyecto fue un western, “Los profesionales”, de 1966, protagonizado por Burt Lancaster, Lee Marvin y Robert Ryan, que le valdrá dos nuevas nominaciones, como director y guionista:

Y en 1967 se metió en un proyecto todavía más ambicioso, la adaptación de la obra de Truman Capote “A sangre fría”, rodada como si de un documental se tratase, que pese a no ser especialmente explícita en su violencia, no deja de ser una película muy dura para la época. Por ella se llevó sus dos últimas nominaciones al Oscar, de nuevo como director y guionista:

Sus últimas películas no tuvieron tanto éxito. La siguiente fue “Con los ojos cerrados”, de 1969, en la que su esposa por aquel entonces, Jean Simmons, interpreta a una alcohólica, papel por el que recibirá su segunda y última nominación al Oscar, que nunca ganará:

En 1971 estrena la comedia “Dólares”, protagonizada por Warren Beatty y Goldie Hawn, y en 1975 estrena el western “Muerde la bala”, protagonizada por Gene Hackman:

En 1977 estrena el drama “Buscando al Sr. Goodbar”, drama protagonizado por Diane Keaton y Richard Gere:

En 1982 estrena la sátira periodística “Objetivo mortal”, protagonizada por Sean Connery, y en 1985 comete el error de estrenar su última película, la mediocre “Juego sucio en Las Vegas”. Richard Brooks se pasó sus últimos años intentando sacar adelante nuevos proyectos, pero problemas de corazón le impidieron llevarlos a cabo, hasta que un infarto acabó con su vida el 11 de marzo de 1992, a los 79 años.

Si bien sus últimas películas no dejan una muy buena imagen de él (como les ha pasado a tantos y tantos grandes directores), durante los años 50 y 60 Richard Brooks fue uno de los mejores adaptadores de grandes clásicos de la literatura, así como e obras teatrales de Tennessee Williams, y por ellas forma parte de la historia del cine.



In Memoriam: Debbie Reynolds (28-12-2016)


Si ayer nos tocaba escribir sobre la trágica desaparición de Carrie Fisher, como las malas noticias nunca vienen solas, hoy nos toca despedir a su madre, la no menos mítica protagonista de “Cantando bajo la lluvia”, Debbie Reynolds. Parece que la muerte de una ha causado la de la otra.




Mary Frances Reynolds, que era su verdadero nombre, había nacido el 1 de abril de 1932 en El Paso, Texas, en el seno de una familia pobre que se traslada en 1939 a Burbank, en California, en cuyo instituto, en 1948, ganará el concurso de belleza del condado (Debbie Reynolds seguía siendo guapísima incluso en sus últimos años). Y todo a pesar de que, a causa de la pobreza familiar, nunca había destacado en el instituto por no poder ir bien vestida, no siendo asidua a las fiestas.

Será al ganar el certamen de belleza cuando la Warner Bros se ponga en contacto con ella, siendo Jack L. Warner quien le convenza de cambiar su nombre artístico por el de Debbie. Destacando por su bella voz, debuta en el cine en 1950 en varios musicales, de los cuales destaca “Tres palabritas” de Richard Thorpe, junto a Fred Astaire, por la que consigue una nominación al Globo de Oro como mejor estrella emergente:

En esta famosa canción (que inmortalizará posteriormente Marilyn Monroe) no es ella quien canta, sino que es doblada por Helen Kane. La película es un biopic y Debbie Reynolds interpreta precisamente a la propia Helen Kane.

Pero en 1950 su gran éxito musical viene de otra película, mucho menos conocida, “Two weeks with love”. en la que repite como pareja de un tal Carleton Carpenter (que no tenía ni idea de quién era) con este “Abba Dabba Honeymoon” en el que esta vez sí que es ella quien canta, y que se convierte en un éxito de ventas:

En 1951 aparece en “Mr. Imperium”, junto a Lana Turner y el gran bajo operístico Ezio Pinza, pero su salto a la fama llegará en 1952. Pese a las reticencias de Gene Kelly por no saber bailar claqué (Debbie Reynolds era en realidad acróbata”, fue seleccionada por Stanley Donen para protagonizar la mítica “Cantando bajo la lluvia”. Kelly la trató realmente mal al principio, lo que provocó que, en una visita al estudio, Fred Astaire (con quien ya había trabajado) se la encontrara llorando. Fue Fred quien le ayudó con las escenas de baile, algo que Debbie Reynolds siempre le agradeció. Pese a todo, la dureza del rodaje hizo que, al terminar esta famosa escena, sus pies estuvieran sangrando tras 3 horas de rodaje:

Pese a la dureza de la experiencia (la propia Debbie Reynolds diría que junto con el parto fue lo más duro de su vida), fue “Cantando bajo la lluvia” la película que la lanzará definitivamente.

En 1953 repite bajo las órdenes de ese gran director de musicales que es Stanley Donen en “Tres chicas con suerte”, donde comparte número de baile con otro mítico bailarín, nada menos que con Bon Fosse (quien será años después el director de películas como “Cabaret”):

Y en 1955 protagoniza junto a Frank Sinatra en otro musical, “El solterón y el amor”:

Ese mismo 1955 se casa con el cantante Eddie Fisher:

Con él tendrá dos hijos, Carrie Fisher en 1956 y Todd Fisher en 1958. Juntos protagonizarán en 1956 “Los líos de Susana”, por la que recibirá una nominación a los Globos de Oro:

Por esa época, Debbie Reynolds intenta alejarse del mundo del cine musical interpretando películas de corte más dramático, como “Banquete de bodas”, de Richard Brooks, en 1956, en la que interpreta a la hija de Bette Davis, que va a casarse y quiere una boda sencilla frente a los deseos de su madre.

Pero en 1957 vuelve al musical con “Tammy, la muchacha salvaje”, junto a Leslie Nielsen. La canción principal de la película alcanza un enorme éxito:

Su éxito musical continúa, y protagoniza otras películas de menor éxito en los años siguientes. Pero en lo personal serán años difíciles: su marido, Eddie Fisher, se lía con Elizabeth Taylor, amiga de Debbie Reynolds, lo que termina en divorcio en 1959 y en el distanciamiento de las dos (que se reconciliarán años después). El divorcio fue todo un escándalo que afectó seriamente a la carrera de Eddie, cuyo show televisivo fue cancelado.

Debbie Reynolds se casará por segunda vez con el empresario Harry Karl en 1960, pero la ludopatía de éste traerá problemas económicos a la familia. Se divorciaron en 1973.

Su carrera cinematográfica mejora a principios de los años 60, participando en la coral “La conquista del oeste” en 1962:

Pero su mayor éxito llegará en 1964, con “Molly Brown, siempre a flote”, comedia musical en la que interpreta a una joven pobre y huérfana que busca hacer fortuna en el Oeste:

Por esta película recibirá una nueva nominación al Globo de Oro y su única nominación al Oscar, que perderá frente a Julie Andrews.

En 1964 protagoniza también la comedia de Vincente Minnelli “Adiós, Charlie”, junto a Tony Curtis:

En 1966 protagoniza “Dominique”, la historia de una monja que alcanza un gran éxito como cantante:

Su último éxito cinematográfico será “El novio de mi mujer”, una comedia junto a Dick Van Dyke:

En 1969 protagoniza su propio Show televisivo (que le vale una nueva nominación a los Globos de Oro). Pero los siguientes años los pasará haciendo teatro fundamentalmente, además de alguna breve aparición televisiva (un cameo en “Las chicas de oro”, por ejemplo). Mientras, en 1984 se casa por tercera y última vez con Richard Hamlett, de quien se divorciará en 1996.

En los años 90 regresa al cine. Tras un breve cameo en “El guardaespaldas”, aparece en 1993 en “El cielo y la tierra”, la última película de la trilogía sobre la Guerra de Vietnam de Oliver Stone. Su gran éxito, aún así, será en 1996 con “Las manías de mamá”, de Albert Brooks, en la que interpreta a la madre del propio director, que le valdrá la 5ª y última nominación a los Globos de Oro (que no ganará nunca):

Como defensora de los derechos LGTB, Debbie Reynolds apareció en 1997 en “In & Out” interpretando a la madre del personaje “gay” que interpreta Kevin Kline:

En la misma línea, aparecerá como personaje recurrente en la serie “Will & Grace” entre 1999 y 2006 como la madre de Grace:

En 2001 protagonizará el telefilm “Esas chicas fabulosas” junto a Elizabeth Taylor, Shirley McLaine y Joan Collins, con guión de su hija, Carrie Fisher:

Siguió trabajando hasta el último momento, siendo su última interpretación relevante en “Behind the candelabra” de Steven Soderbergh, en 2013, como la madre del pianista gay Liberace, que interpreta Michael Douglas:

Finalmente, en 2015 le fue concedido a título honorífico un Oscar Humanitario Jean Hersholt:

El año anterior, 2014, había recibido otro premio honorífico, el Screen Actors Guild, que le entregó su propia hija, Carrie Fisher:

Finalmente su hija Carrie Fisher sufrió un infarto el pasado 23 de diciembre del que no se repuso y murió el día 27. Mientras preparaban el funeral, Debbie Reynolds sufrió un infarto cerebral y murió el 28 de diciembre a los 84 años. No pudo separarse de su hija, al parecer. Así que no se me ocurre mejor forma de recordar a ambas que viéndolas cantar juntas:

 



Centenario del nacimiento de Peter Finch (28-09-2016)


Los años 50 habrían sido nefastos para el cine de Hollywood con la implacable irrupción de intérpretes y directores salidos del Actor’s studio, con sus exageraciones e histrionismos, si no habría sido por una serie de actores y actrices británicos que se trasladaron a Hollywood, a menudo salidos del mundo del teatro, con una forma de interpretar mucho más cercana al estilo de las grandes estrellas de los años 30 y 40. Ellas siguieron los pasos de Deborah Kerr; ellos, más tardíos, los de Richard Burton, en ambos casos unos de los mejores actores de la historia del cine. Pues entre los actores que acudieron a Hollywood a principios de los años 50 y que mantuvieron el gran nivel interpretativo de las décadas anteriores se encuentra el un tanto olvidado Peter Finch, de quien hoy se celebra su centenario.




Frederich George Peter Ingle Finch nació en Londres el 28 de septiembre de 1916. Su origen es casi un culebrón venezolano: su madre, Alicia Fisher, estaba casada por aquellas fechas con George Finch, a quien Peter consideró su padre biológico hasta muchos años después. Pero la realidad es que su padre biológico era en realidad Edward Dallas Campbell, con quien su madre mantenía una relación extramatrimonial, y con quien se casaría en 1922, ya que George se divorció de ella por esta infidelidad.

Tras el divorcio, la custodia del pequeño Peter Finch recayó en George (de ahí que le considerara su padre durante muchos años), quien lo dejó con su madre, Laura, que vivía en Francia. Pero en 1925 se trasladó con su “nieto” a Madrás, donde el pequeño pasará unos meses en un monasterio budista, lo que afectará a sus creencias el resto de su vida (Finch siempre se consideró budista).

En 1926 se traslada a vivir con su tío-abuelo a Sidney, donde pasará el resto de su infancia y terminará sus estudios. Comienza a trabajar en un periódico, pero le atrae la interpretación, por lo que debuta en teatro en 1933, y de ahí al cine, debutando en un corto que adapta la historia de la Cenicienta en 1935. Realiza algunos trabajos cinematográficos menores en Australia, hasta que se enrola en el ejército durante la II Guerra Mundial, trabajando en algunos documentales de propaganda bélica.

Terminada la guerra, crea su propia compañía de teatro, lo que le da bastante fama en Australia, hasta que, durante unas vacaciones, la pareja formada por Laurence Olivier y Vivien Leigh le descubren; Olivier le invita a trasladarse a Londres y se convierte en su mentor. Pero al igual que éste, Peter Finch sufre de pánico escénico, por lo que se siente atraído por el cine; ya en 1950 tiene un breve papel en “The wooden horse”, entre otros pequeños papeles en esos años.

Realiza algunos papeles cinematográficos tanto en Hollywood (como villano en “Los arqueros del Rey”, basada en la historia de Robin Hood), como en Gran Bretaña, aparecendo en 1953 en “The history of Gilbert and Sullivand” y en 1954 en “El detective”, comedia protagonizada por Alec Guinness.

Peter Finch estaba casado desde 1943 con Tamara Tchinarova, con la que trabajó en varias ocasiones y con la que en 1950 tiene una hija, Anita. Pero desde 1948 comienza un romance con la esposa de su mentor, Vivien Leigh, que durará varios años. Y en 1954 se supone que Leigh va a protagonizar una gran producción americana dirigida por William Dieterle y ambientada en la India (lugar de origen de Leigh): “La senda de los elefantes”. El papel protagonista se lo ofrecieron a Olivier, pero este lo rechazó por sus muchos compromisos teatrales y cedió su lugar a su protegido Finch. Pero al poco de comenzar el rodaje, Vivien Leigh sufre una crisis nerviosa y abandona la película, siendo sustituida por Elizabeth Taylor; el resto es ya parte del mito de Hollywood; pocas veces la Taylor se vería tan hermosa en pantalla:

Competir contra Dana Andrews por el amor de Lizz Taylor en un papel tan desagradable ya es todo un logro, hay que reconocerlo.

Su siguiente papel relevante es en “El príncipe negro”, en la que interpreta al villano francés que se enfrenta al príncipe Eduardo de Inglaterra que interpreta Errol Flynn:

En 1956 vuelve a Inglaterra, donde protagoniza “La batalla del Río de la Plata”, film bélico casi documental de Michael Powell y Emeric Pressburger en la que interpreta al capitán del barco nazi que durante la II Guerra Mundial se ve obligado a atracar en Montevideo, en una de sus clásicas interpretaciones llena de matices y sin histrionismos:

Sigue trabajando en Gran Bretaña, donde en 1957 obtiene su primera nominación al BAFTA por “Alarma en Extremo Oriente”. Pero su siguiente gran éxito vendrá en 1959, en una película americana (aunque con reparto británico en su práctica totalidad), “Historia de una monja” de Fred Zinnemann, en la que interpreta al médico ateo que casi conquista el corazón de la monja interpretada por Audrey Hepbrun, consiguiendo por su papel su segunda nominación al BAFTA:

Ese mismo año, tras descubrir su romance con Vivien Leigh, su mujer se divorcia de él, que se casa poco después con Yolanda Turner, con quien tendrá dos hijos.

En 1960 consigue ganar por fin el BAFTA con “Los juicios de Oscar Wilde”, en la que interpreta al famoso escritor:

Ese mismo año participa también en la adaptación que la Disney hace de “Kidnaped”, la novela de aventuras de Robert Louis Stevenson. Y en 1961 protagoniza junto a Angie Dickinson “Misión en la jungla”:

En 1961 también Peter Finch gana su 2º BAFTA por “No love for Johnnie:

De sus siguientes papeles hay que destacar su interpretación del esposo de Anne Bancroft en “Siempre estoy sola” de Jack Clayton, por la que ella se llevó nominación al Oscar y al Globo de Oro, y ganó el BAFTA, en 1964:

En 1965 forma parte del amplio reparto de “El vuelo del Fénix” de Robert Aldrich, mucho mejor que el más reciente remake:

En 1967 colabora por primera vez con John Schlesinger en la adaptación de la obra de Thomas Hardy “Lejos del mundanal ruido”, en la que interpreta a uno de los 3 pretendientes de Bathseva Everdeen, la bellísima Julie Christie: el violento y desagradable William Boldwood, que compite con Alan Bates y el magnífico Terence Stamp. Peter Finch se encuentra muy cómodo en esta adaptación de una novela victoriana, dándonos otra de sus grandes interpretaciones:

Tras repetir en 1968 con Robert Aldrich en “La leyenda de Lylah Clare”, Peter Finch protagoniza en 1969 “La tienda roja” de de Mikhail Kalatozov, en la que interpreta al explorador italiano Umberto Nobile, atormentado en sus últimos años por las decisiones que tomó tras el accidente en la expedición al polo norte. Otro papel matizadísimo en el que compite en talento con Sean Connery, que interpreta a Roald Amundsen. Por desgracia no encuentro ningún vídeo interesante en youtube para poder compartir.

Pero el lanzamiento definitivo de Peter Finch viene en 1971 con su segunda colaboración con John Schlesinger, “Domingo, maldito domingo”, en la que interpreta a un judío que lucha con Glenda Jackson por el amor del atractivo Murray Head. Por este papel no sólo se lleva su 4º BAFTA, sino que por fin consigue, más que merecidamente (está realmente magnífico) su primera nominación al Oscar y al Globo de Oro:

Mientras tanto, Finch se había divorciado de su segunda esposa en 1965, y unos años antes había tenido probablemente una hija con la cantante Shirley Bassey, con la que tuvo una aventura. Pero finalmente en 1972 se casa por tercera vez, con Mavis Barrett, con la que tendrá una hija; en total tendrá 4 hijos oficiales.

En 1973 protagoniza la fallida adaptación musical de “Horizontes perdidos”. Pero eso no quita que podamos disfrutar de su interpretación, y más en esta escena junto al gran John Gielgud:

Finalmente, en 1976 protagoniza el que será su mayor éxito, “Network”, de Sidney Lumet, en la que interpreta a un presentador de televisión que, al ser despedido, anuncia ante las cámaras que se suicidará en directo, en un papel mucho más extrovertido de lo que nos tiene acostumbrados:

La película es un gran éxito, pero Peter Finch no podrá disfrutarlo: sufre un infarto y muerte el 14 de enero de 1977, con 60 años. Es enterrado en el Hollywood Forever Cementery:

Pocos días después, su última película triunfa en los Oscars: gana el demejor guión original, mejor actriz secundaria para Beatrice Straight, mejor actriz para Faye Dunaway… y la de mejor actor para Peter Finch (en la misma categoría estaba nominado su compañero de reparto William Holden). Pese a que tanto James Dean (2 veces) como Spencer Tracy ya habían sido nominados póstumamente, Peter Finch tiene el triste honor de ser el primer actor en ganarlo después de muerto:

El Oscar lo anuncia su compañera de reparto en “Horizontes perdidos”, Liv Ullman, lo recoge el guionista Paddy Chayefsky y finalmente sube al escenario su viuda. Muy tardío (demasiado) para uno de los grandes talentos interpretativos de los años 50, 60 y 70. Un soplo de aire fresco frente a tanto histrionismo y tanto método, un actor de verdad. De esos a los que nunca te cansas de ver. La historia del cine no le ha hecho la justicia que merece, y hoy está un poco olvidado, así que nada mejor que recuperar sus películas para recordarle como el gran actor que fue.



50 años sin Montgomery Clift (23-07-2016)


Desaparecido demasiado pronto, con una carrera bastante reducida en títulos, muy autoexigente pero con un cambio de estilo interpretativo muy marcado en su etapa final, echada a perder por un accidente de tráfico… podría ser un resumen de la carrera cinematográfica de Montgomery Clift, que nos dejó un día como hoy hace 50 años. Vamos por tanto a recordar su carrera, que nos va a dar bastante juego.




Edward Montgomery Clift nació en Omaha, la ciudad más grande del estado de Nebrasca, el 17 de octubre de 1920. Su madre era una hija adoptada, hija natural de una prominente familia Yanky, por lo que luchó toda su vida por recuperar los derechos que le correspondían. El problema fue que la familia se arruinó con el crack del 29, por lo que, a diferencia de su hermana melliza Ethel y su hermano mayor William, Monty no pudo ir a la universidad, ya que no era un buen estudiante. Por el contrario, tomó clases de actuación y debutó en los escenarios de Broadway en 1935.

Tras una exitosa carrera teatral, se traslada a Hollywood con 25 años, y debuta en el cine acompañando a John Wayne en la magnífica “Río Rojo”, rodada en 1946, aunque estrenada en 1948:

Magnífico el debut de un jovencito Montgomery Clift espléndido. Ya con esta película llamó la atención, pero será con su segunda película, estrenada también en 1948, con la que triunfará, “Los ángeles perdidos” de Fred Zinnemann, en la que interpreta a un militar americano que se encuentra a un niño callejero perdido tras la segunda guerra mundial. la película tiene una estética de documental, por lo que el estilo interpretativo de Clift, propio del método Stanislavski, se adapta a la perfección, hasta tal punto que por este papel Monty se llevó su primera nominación al Oscar (que no ganaría nunca):

En un intento por no encasillarse, cambió de género para su siguiente película, “La heredera” de William Wyler, en la que interpreta al atractivo, pero interesado, pretendiente de la rica heredera interpretada por Olivia de Havilland. La película tiene un final un tanto amargo, y el personaje de Monty no es el más agrdable que nos podamos imaginar, pero de nuevo está a la altura con una gran interpretación, pese a los problemas que dio en el rodaje, criticando el guión, la dirección y a su compañera (quizá el rpblema era que su estilo no se adaptaba bien a los intérpretes y el director, poco adeptos al método):

Montgomery Clif representaba a un galán completamente diferente a los que se habían visto hasta entonces, mucho más sensible. Pero también era una persona que no se encontraba a gusto en Hollywood, era un hombre de teatro, que a demás se negaba a firmar ningún contrato. En parte por eso y en parte por esa obsesión de no encasillarse, cometió el error de rechazar protagonizar “El crepúsculo de los dioses” de Billy Wilder, pensando que el papel se asemejaba demasiado al que había interpretado en “La heredera”. Por suerte para William Holden, por cierto.

En 1950 protagoniza “Sitiados”, pero su siguiente gran éxito será en 1951 con “Un lugar bajo el sol”, de George Stevens, en la que conoció a la que será una gran amiga el resto de su vida, Elizabeth Taylor. La química entre ambos es espectacular (se hablaba de un romance entre ellos, poco probable), y Monty volvió a llevarse una nominación al Oscar. Su papel entusiasmó al por aquel entonces practicamente recién llegado marlon Brando, que votó por él en los Oscars (y Clift votará por Brando, nominado por “Un tranvía llamado deseo), iniciándose una rivalidad entre los dos, que hasta cierto punto compartían estilo interpretativo:

Montgomery Clift llevaba muy mal eso de tener que fingir una doble vida, tener que ocultar su orientación sexual (probablemente era bisexual), algo que le atormentaba, y en su siguiente película, “Yo confieso”. el director, Alfred Hitchcock se aprovechó bien de ello. Luego despotricaría contra Monty, ya que a Hitchcock nunca le gustaron los actores del método, pero también estaba allí Karl Malden, otro actor del método que está mucho mejor que en sus trabajos con Elia Kazan. Y Monty está espléndido en el que quizá sea su mejor papel:

Si siguiente película es otro mito de Hollywood, “De aquí a la eternidad”, de nuevo dirigida por Fred Zinnemann, por la que se lleva su tercera nominación al Oscar. Aunque en mi opinión es una película bastante sobrevalorada… cuestión de gustos, la verdad. Clift era muy metódico en su trabajo, estudiando con profundidad cada frase del guión, pidiendo cambios si no se sentía a gusto con alguan frase concreta, hasta el punto de que dudara si sería capaz de sobrevivir al rodaje de un personaje como el que interpretaba, hasta tal grado llegaba su compenetración con los personajes. No sólo sobrevivió, sino que se llevó su tercera nominación al Oscar, compitiendo en la misma categoría de mejor actor con su compañero de rodaje Burt Lancaster, pero ni ellos ni la nominada a mejor actriz Deborah Kerr se lo llevaron; los que sí ganaron fueron los secundarios, Frank Sinatra y la que hace de pareja de Monty en la película, la que fuera protagonista de la mítica “Qué bello es vivir”, Donna Reed, con quien comparte esta escena:

En 1953 estrena también una película dirigida por Vittorio de Sica, “Estación Termini”. La película no gustó, pero la interpretación de Clift como el amante italiano de Jennifer Jones queda en el recuerdo:

Este fue ne mi opinión su último gran papel.

En 1955, Montgomery Clift se encuentra in trabajo, después de cometer el error de rechazar protagonizar “Al este del Edén” (esta vez el beneficiado fue James Dean, el otro miembro de ese triunvirato que cambiaría -para mal- Hollywood, junto a Brando y Clift). Y será Elizabeth Taylor la que acudirá a su rescate, ofreciéndole protagonizar el proyecto en el que va a trabajar, un drama ambientado en la Guerra de Secesión americana, que trataba de emular a “Lo que el viento se llevó”, aunque sin éxito (la peli es un tostón monumental, lo único bueno es que dura una hora menos que la mítica de Victor Fleming… es decir, casi 3 horas). A Clift no le convence la historia, ni el guión, pero al final se ve obligado a aceptar, no tiene otra cosa y le permite además volver a trabajar con su amiga Elizabeth Taylor. Será su primera película en color (y la única de todas las que he visto). Pero durante el rodaje ocurrirá algo que le cambiará la vida.

Montgomery Clift no era un buen conductor; de hecho, parece que se había quedado en alguna ocasión dormido mientras conducía. El 12 de mayo de 1956 fue a una fiesta en casa de Elizabeth Taylor, situada en lo alto de una colina a la que se accede por una carretera llena de curvas. Monty no se encontraba bien en la fiesta (en la que, extrañamente, algunos asistentes afirman que apenas bebió alcohol), y al irse le solicitó a su amigo Kevin McCarthy que lo acompañara en el coche porque no se veía seguro. Al parecer se quedó dormido conduciendo en una curva y se empotró contra un árbol, quedando atrapado en el coche.

Kevin McCarthy corrió a avisar a Elizabeth Taylor, quien le salvó la vida, sacándole del coche y extrayéndole de la garganta algunos dientes que le estaban asfixiando. No sólo perdió varios dientes, se fracturó la mandíbula al chocar contra el volante y sufrió importantes laceraciones en la cara causadas por los cristales de la luna que le cayeron encima tras el choque. La cirugía de reconstrucción facial a la que fue sometido no dio muy buen resultado, quedando su cara un tanto desfigurada, además de no poder recuperar el movimiento de la mitad de su cara, al haberse dañado los nervios. Montgomery Clift quedaría traumatizado por el accidente, al perder su mítica belleza (al parecer a partir de este momento, el sexo, hasta entonces frecuente en su vida, se hizo mucho más escaso), y, a parte de empeorar su adicción al alcohol, hizo que se sumara la adicción a los fuertes calmantes que tuvo que tomar a causa de las heridas. Desde entonces se volvió un personaje muy miedoso e inseguro, obsesionado con que la gente de su alrededor se le quedaba mirando, llegando incluso a esconderse debajo de la mesa de algún restaurante, dejando claro que su salur mental era bastante mediocre.

Pese a todo, Monty prosigue el rodaje de “El árbol de la vida”, que se estrena finalmente en 1957. En él vemos que su estilo interpretativo ya ha cambiado demasiado, recuerda tanto en el gesto facial como en la voz, en la forma de hablar, a James Dean… pero Dean era 10 años más joven que Clift, y el cambio no le beneficia nada. Y, como ya mencioné, la película resultó un considerable fracaso (pese a que Elizabeth Taylor fuera nominada al Oscar, que no ganará hasta 3 años después):

Pese a todo, su carrera prosigue en principio sin grandes incidentes. En 1958 repite con el director Edward Dmytryk, quien ya le dirigiera en “El árbol de la vida”, en “El baile de los malditos”, ambientada en la II Guerra Mundial y en la que comparte pantalla con Marlon Brando. En mi opinión, ambos resultan auténticas caricaturas:

Destaca también su participación, en 1959, en “De repente, el último verano” de Joseph L. Mankiewicz, película no exenta de polémica en la que interpreta al psiquiatra que atiende a Elizabeth Taylor y trata de encontrar la causa de su trastorno mental en la trágica muerte de su primo, pese a los impedimentos que ponga la madre de este, una enorme Katherine Hepburn. Una película magnífica, por cierto, en la que Clift consigue quedar bastante bien en su papel:

En 1960 trabaja bajo las órdenes de Elia Kazan en “Río salvaje”, junto a Lee Remick y Jo van Fleet. Kazan de nuevo trata de convertirlo en un nuevo James Dean, pero Clift va a cumplir ya 40 años y, pese a su todavía razonable buen hacer, no termina de encajar bien en el papel:

En 1961 trabaja en la mítica “Vidas rebeldes” de John Huston, mítica sobre todo por ser la última película tanto de Clark Gable (quien había representado durante años al tipo de galán opuesto al de Montgomery Clift, mucho más rudo) y de Marilyn Monroe, quien diría que Clift era el único que estaba peor que ella a causa de las adicciones de ambos. Por lo demás, la película me parece bastante prescindible y añade poco a su carrera:

Ese mismo año tiene una pequeña participación en “Vencedores o vencidos” de Stanley Kramer, en la que interpreta a una víctima del programa de castración de los nazis en su breve participación. El papel de traumatizado le va muy bien, pero Kramer sufrió mucho durante el rodaje al ver que Clift era incapaz de recordar sus diálogos, por lo que al final Kramer le hizo improvisar sus diálogos, decir lo que se le ocurriera para contestar a las preguntas de los abogados, con lo que, milagrosamente, se consiguió el resultado deseado.. En situación similar a la suya se encontraba también durante el rodaje Judy Garland, por cierto, lo que contrasta con el exultante abogado defensor de Maximilian Schell: queda claro que Clift está completamente acabado. En todo caso, con esta película consiguió su 4ª y última nominación al Oscar, en este caso como secundario, pero volverá a quedarse sin él:

Sorprende que, todavía después de esto, en 1962, John Huston, con quien había trabajado ya en “Vidas rebeldes”, cuente con él como protagonista para “Freud, pasión secreta”, consiguiendo resultar todavía creíble en su papel como el padre del psicoanálisis, pero Clift ya sólo puede interpretara a personajes inestables o vinculados al mundo de la psiquiatría:

Pero sus problemas durante el rodaje, sus retrasos, causados por una salud cada vez más deteriorada por sus adicciones, le causaron el rechazo de las productoras, que le dejaron sin trabajo los próximos 4 años, hasta que, en un intento de convencerse de que todavía podía trabajar, protagoniza “El desertor”. Elizabeth Taylor le consigue trabajo en la nueva película que va a protagonizar, “Reflejos en un ojo dorado” (que terminará siendo un fracaso comercial), pero su papel al final lo hizo Marlon Brando: Clift no llegó vivo al comienzo del rodaje.

La noche del 22 de julio de 1966, estando en su apartamento de Nueva York, rechazó ver “Vidas rebeldes”, que estaban echando por la tele, y despidió a su enfermero, que se fue a dormir. A la mañana siguiente, éste encuentra la habitación de Clift cerrada, por lo que, al no recibir respuesta a sus llamadas y no poder derribar la puerta, el enfermero bajó a la calle y subió por la escalera trasera para entrar por la ventana de su habitación y encontrarse a Montgomery Clift muerto.

La autopsia reveló que murió por un infarto, potenciado por un elevado colesterol, pero padecía otros problemas de salud, empeorada por sus adicciones al alcohol y los calmantes, por lo que muchos de quienes le conocían hablaron de “un largo suicidio” que vendría produciéndose prácticamente desde su accidente, que le hizo perder las ganas de vivir. Clift murió solo, triste final para alguien que había protagonizado un buen puñado de películas míticas. Fue enterrado en el Friends Quaker Cementery de Brooklyn, Nueva York.

Para bien y para mal, Montgomery Clift cambió la forma de interpretar a los galanes románticos en un Hollywood que estaba experimentando importantes cambios a comienzos de los años 50, cambios que en muchos casos protagonizó él mismo. Pero junto a eso tuvo una triste existencia, poco envidiable desde luego. Al recordar su historia es imposible no sentir lástima por alguien a quien su talento benefició tan poco y perjudicó tanto.



60 años sin James Dean (30-09-2015)


No sé cuántos años hará, quizá unos 20, de aquella vez que vi por primera vez “Rebelde sin causa”. Lo que sí recuerdo es que la película de me impresionó, y especialmente el personaje de Jim Stark, interpretado por un tal James Dean. No sé, serían cosas de la edad (en aquella época estaría a punto de entrar en la adolescencia), pero se podría decir que me hice una especie de fan de Dean.




Pero cómo cambia el tiempo la percepción de las cosas… la segunda vez que vi la película fue hará uno o dos años, y… mi opinión cambió enormemente. La película me pareció floja, y la interpretación de Dean histriónica y poco coherente (tampoco me llevé buena impresión de Natalie Wood… el único que me siguió gustando, más si cabe, es Sal Mineo).

Pues bien, hoy hace 60 años del fatal accidente que nos arrebató a Jimmy tras protagonizar sólo 3 películas y que le convirtió en un auténtico icono de cierto tipo de cine. un repaso por su historia y filmografía nos permitirá ciertas reflexiones sobre la forma de hacer cine y de interpretar.

James Byron Dean nació un 8 de febrero de 1931 en Marion, una pequeña ciudad de unos 20.000 habitantes de Indiana, en ese Estados Unidos rural, ultraconservador y reaccionario en el que en cambio impera esa doble moral que afectará al joven Jim.

A los pocos años su familia se muda a Santa Monica, en California, donde permanecen algunos años. Pero en 1940, cuando James Dean tiene 9 años, su madre, a quien había estado fuertemente unido, muere de cáncer (con solo 30 años). Su padre se siente incapaz de criarlo, por lo que lo envía a vivir con su hermana y su cuñado a Fairmount, un pueblo próximo a Indianapolis, donde fue educado en un entorno cuáquero (¿Qué son los cuáqueros? Volver a ver “La gran prueba” de William Wyler, con Gary Cooper y Dorothy McGuire, para saberlo). Él nunca lo contó en público, pero durante el rodaje de “Gigante” le reveló a su compañera de reparto Elizabeth Taylor detalles sobre su etapa en Indiana trascendentales.

En una entrevista concedida en 1997, Elizabeth Taylor afirmó (con la condición de que la información no saliera a la luz hasta su muerte) que dos años después de la muerte de su madre, sufrió abusos sexuales por parte del pastor de su iglesia. Algo que, obviamente, le marcó por el resto de su vida. Es más que posible que ese carácter introvertido se acentuara a consecuencia de esos abusos que sufrió con unos 11 años.

Durante sus años de secundaria, un importante influencia la recibió por parte del reverendo metodista James DeWeerd, quien fomenta en él la pasión por las carreras de coches y por el teatro, ambas muy importantes en su vida. Se especula también con la posibilidad de que DeWeerd también abusara sexualmente de él… o de que no fuera abuso… En todo caso, durante esos años ya participaba en funciones teatrales de instituto, aunque no parece que de gran calidad, y destaca en diversos deportes.

A los 18 años, James Dean se muda a Los Ángeles para estudiar en la Universidad de California, donde estudia arte dramático, lo que le distancia de su padre. Allí consigue de hecho el papel de Malcolm en “Macbeth”. Tendrá de compañero de habitación a William Bast, quien se convertiría en guionista televisivo. Bast escribió la primera biografía de Dean, ya que a parte de ser compañeros de habitación en Los Ángeles y posteriormente en Nueva York, mantuvieron una estrecha amistad (años después Bast sugirió que incluso fue algo más que amistad… los rumores sobre la identidad sexual de Dean son constantes). Es en esta época cuando hace su primera aparición televisiva, en este anuncio de Pepsi-Cola:

Dean no tarda en abandonar sus estudios para poder dedicarse completamente a la interpretación, y consigue aparecer en pequeños papeles sin acreditar en algunas películas de principios de los 50, y en algunos episodios de distintas series. Hasta que en 1951, James Whitmore le aconseja (¡grave error!!!!!!) que vaya a Nueva York a estudiar en el Actor’s Studio (no olvidemos que ese mismo año se estrena la película “Un tranvía llamado Deseo”, protagonizada por un tal Marlon Brando, quien también estudió en el Actor’s Studio). Bajo la dirección de Lee Strasberg se convierte en un actor de método (algún día ya hablaremos, o mejor dicho despotricaremos, del método Stanislavski). Y hace teatro, hasta que su suerte cambia.

En 1953, uno de los impulsores del Actor’s Studio, el director Elia Kazan (a quien no soporto ni como persona ni como cineasta… dejemos las cosas claras desde el principio), busca protagonista para la adaptación de la recién publicada novela “Al este del Edén”. En un principio piensa en Brando, pero alguien le sugiere darle la oportunidad al desconocido James Dean, quien consigue el papel y el 8 de abril de 1954 abandona Nueva York para rodar en California.

James Dean interpreta en este primer papel a Cal Trask, el hijo rebelde del severo Adam Trask (un enorme Raymond Massey), quien no duda en mostrar sus preferencias hacia el otro hijo, Aron (¿Alguien se acuerda del pobre Richard Davalos, también debutante en este film?). El de Cal es un personaje atormentado, turbulento, pero no exento de cierta sensibilidad. Dean consigue transmitir bien estas dos facetas, pero le resulta difícil el punto intermedio entre ambas y, “gracias” al método, cae a menudo en el histrionismo (aunque no tanto como en sus siguientes roles)

Seamos sinceros, con esa mirada y esa sonrisita tímida consigue que ignoremos sus carencias. Porque Dean no será un gran actor (lo siento, es mi opinión), pero pese a todo tenía carisma, la capacidad de fijarse en la memoria del espectador, justo lo que le faltaba a su hermano en la ficción, el pobre Richard Davalos, aunque fuera seguramente mejor actor que Dean.

Ya lo he dicho, como actor prefiero a Davalos, pero es eso, ¿quién le recuerda? Y eso que en esta última escena Cal hace lo posible porque terminemos odiándole, comportándose como un auténtico cabr#n. Pero aún así consigue que le cojamos cariño a su personaje. Y ahí está el misterio.

Es durante el rodaje de este film (en el que compartirá piso con su hermano en la ficción) cuando inicia su romance con Pier Angeli, quien en 1954 estrenaba “El cáliz de plata” (esa película que su protagonista, Paul Newman, siempre quiso olvidar). El romance duró apenas 3 meses, ya que la madre de ella se negaba a aceptarlo, y terminó cuando ella le dejó para casarse con el cantante Vic Damone. La mayoría de las fuentes confirman que este fue el gran amor de su vida, aunque parece que Dean siempre tuvo problemas con las mujeres (Elia Kazan hablaba de falta de éxito con ellas).

La película se estrena el  de marzo de 1955, aunque James Dean no está presente en dicho estreno. Por esas fechas aprovecha también para comprarse su primer Porsche y participar en algunas carreras.

El 28 de marzo comienza el rodaje de su siguiente película, “Rebelde sin causa” de Nicholas Ray, junto a Natalie Wood y el debutante Sal Mineo. La película comienza a rodarse en blanco y negro, pero el éxito de “Al este del Edén”, que había sido filmada en color, hace que la película vuelva a comenzar a rodarse, esta vez en color. El rodaje dura apenas dos semanas y catapulta a la fama a Dean, en un papel de adolescente perdido, rebelde (con causa, en mi opinión, pese a que el título indique lo contrario) que consigue que los jóvenes americanos se sintieran identificados con él. Si con “Al este del Edén” nació una estrella, aquí nace el mito.

Por cierto, ¿habéis reconocido en el vídeo a Dennis Hopper?

La película causaría furor en su época, pero hoy día ni el guión ni las interpretaciones de Dean y la Wood parecerían gran cosa (esa forma de decir “It’s troble”… ¡sin comentarios!)

Ya sólo con ver esta tremenda escena final nos damos cuenta de que quien realmente se sale como actor es el gran (aunque pequeñito en tamaño) Sal Mineo. De nuevo, el personaje de Dean no es el más entrañable de la película…

El rodaje de “Rebelde sin causa” provoca que James Dean acuda varios días tarde al rodaje de si siguiente película, la superproducción “Gigante” de George Stevens, con Rock Hudson y Elizabeth Taylor (y en la que aparecen también Sal Mineo y Dennis Hopper, compañeros de rodaje en Rebelde sin causa). Aquí Dean intenta huir del encasillamiento, de hacer siempre esos roles de jóvenes inadaptados, interpretando a Jett Rinck, un solitario joven que trabaja para Rock Hudson pero que se enriquece (y envilece) con el petroleo.

¡Qué asquerosamente guapa está la Taylor en Gigante!

Si en sus anteriores papeles te podías compadecer de él, aquí directamente está odioso:

El maquillaje es de premio, desde luego…

En esta escena el histrionismo de Dean alcanza cotas difícilmente superables. Su pronunciación se ha ensuciado con respecto a “Al este del Edén”… y de nuevo, el personaje entrañable le cae a otro jovenzuelo debutante, en este caso Dennis Hopper. No es este un testamento a la altura de alguien con la fama de Dean.

Durante el rodaje se le impuso la prohibición de participar en carreras de coches, pero durante el rodaje compró un segundo Porsche. El 30 de septiembre, terminado ya el rodaje, iba acompañado de su mecánico para rodar el coche, se chocó en un cruce con un Ford que circulaba gran velocidad y con el que chocó. No murió en el acto, como se dijo en su momento, sino que salió disparado chocando contra el parabrisas del Ford y rebotó para volver a caer sobre su Porsche, en el asiento del copiloto. Murió pocos minutos después. Su copiloto, el mecánico, salió despedido del coche y tuvo diversas fracturas, pero sobrevivió, mientras el conductor del Ford apenas sufrió rasguños.

De nuevo hay especulaciones sobre la muerte de James Dean. Por una parte, quién fue el culpable del accidente. El conductor del Ford afirma que no vio el coche de Dean. En todo caso, Dean circulaba a velocidad excesiva y, lo más extraño, no trató de esquivar al Ford sino que se empotró contra él. Hay quien quiere ver en esto una especie de suicidio, y a esta hipótesis se une el hecho de que los días anteriores había estado visitando a sus amigos más íntimos (¿una especie de despedida?).

También se ha especulado sobre cómo habría proseguido la carrera de Dean: mientras unos creen que habría tenido una fructífera carrera, otros piensan que su carrera estaba acabada. Tampoco importa mucho, no deja de ser historia-ficción.

Su funeral se realizó el 8 de octubre en Fairmount, donde fue enterrado.:

Al momento de su muerte, Dean sólo había estrenado una película; Rebelde sin causa se estrena el 27 de octubre, casi un mes después de su muerte.

James Dean es nominado al Oscar de forma póstuma por su papel en “Al este del Edén”, perdiendo frente a Ernest Borgnine. Lo mismo le sucede con los Globos de Oro, aunque aquí se le otorga un premio honorífico. Y al año siguiente vuelve a ser nominado por Gigante (que se estrena en 1956), aunque de nuevo se queda sin premio. Poco importa, no hubiera podido disfrutarlo.

24 años y tres películas bastaron para crear, no una estrella, sino un icono del séptimo arte. La cuestión ahora es si esa fama que sigue teniendo James Dean, si ese prestigio, es merecido. Yo he expuesto aquí mi opinión. Luego que cada uno saque sus conclusiones.