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Cien años del nacimiento de Jennifer Jones (02-03-2019)

Musa y, después, esposa de uno de los productores más importantes del Hollywood clásico, sus papeles de joven ingenua o sufrida esposa quedaron eclipsados por el de una de las Femme fatale más memorables de la historia del cine. Hoy, cuando cumpliría 100 años, recordamos a Jennifer Jones.

El nombre de nacimiento de Jennifer Jones era Phylis Lee Isley, y nació en Tusla, segunda ciudad del estado de Oklahoma, el 2 de marzo de 1919. Sus padres eran actores de teatro itinerantes, por lo que pasó su infancia viajando por el medio oeste americano, llegando incluso a aparecer ocasionalmente sobre las tablas. Estudia en su Oklahoma natal antes de trasladarse a estudiar interpretación, primero en Illinois y luego en la Accademy of Dramatic Arts de Nueva York, donde conoce al actor Robert Walker, con quien se casa el 2 de enero de 1939 (sin haber cumplido todavía los 20 años). 

Poco después, la pareja se traslada a Hollywood. Jennifer, todavía con el nombre de Phylis Isley, consigue dos pequeños papeles, pero fracasa en su prueba para la Paramount, por lo que, desilusionada, regresa a Nueva York, donde tendrá dos hijos: Robert, en 1940 y Michael, en 1941. Mientras su marido trabaja en la radio, ella trabaja como modelo, intentando siempre conseguir algún papel como actriz.

La ocasión llega cuando, en verano de 1941, se presenta para una audición en el despacho del productor David O’Selznick en Nueva York. La cosa no fue bien, terminó llorando la darse cuenta de su mala prueba, pero algo llamó la atención de Selznick, que la hizo volver y firmar un contrato por 7 años, cambiándole el nombre por el de Jennifer Jones. 

Su primera prueba fue para el papel de Bernadette Soubirois, impresionando al director Henry King, que no dudó en contratarla para un papel deseado por decenas de actrices. Con “La canción de Bernadette”, de 1943, Jennifer Jones saltó a la fama interpretando a la mujer que presencia la aparición mariana en Lourdes, con un reparto en el que destaca una inmensa Gladys Cooper como la intransigente monja superior:

La película resulta mojigata y propagandista católica desde el punto de vista actual, pero en su época fue todo un éxito y le valió el Oscar a mejor actriz, que ganó el mismo día que ganó el día de su 25 cumpleaños:

Convertida en estrella nada más debutar, en 1944 estrena “Desde que te fuiste”, drama dirigido por John Cromwell ambientado durante la Segunda Guerra Mundial, que cuenta la historia de las familias que se quedan sin sus esposos y padres que van al frente. Claudette Colbert y Joseph Cotten protagonizan una película en la que Jennifer Jones es la hija mayor de un americano que está en la guerra, y mientras se enamora de un joven, interpretado por quien todavía es su esposo, Robert Walker, con una fantástica banda sonora de Max Steiner:

La película recibe 9 nominaciones al Oscar, entre ellos el de mejor película y mejor secundaria para Jones, aunque sólo Max Steiner ganará el de mejor banda sonora. 

Mientras, Jennifer Jones comienza una relación sentimental con David O’Selznick, por lo que se separa de Robert Walker, divorciándose finalmente en junio de 1945. 

Jones se convierte, gracias a Selznick, en la reina del drama romántico, y así, en 1945, protagoniza “Cartas a mi amada”, de William Dieterle, junto a Joseph Cotten, quien en su anterior película era el amigo de su madre, pero a quien ahora emparejan con ella pese a la notable diferencia de edad. Por esta película Jennifer Jones consigue su tercera nominación al Oscar, todas ellas consecutivas:

En 1946 protagoniza dos importantes películas. La primera, “El pecado de Cluny Brown”, alocada comedia de Ernst Lubitsch en la que interpreta a una joven que conquista al maduro Charles Boyer

Su otra película ese año será la que le haga pasar a la historia del cine: “Duelo al sol”, el magistral western de King Vidor en el que Jennifer Jones interpreta a una mestiza de la que se enamoran dos hermanos, Joseph Cotten y un malvado Gregory Peck, con un reparto de lujo completado por Liliam Gish y Lionel Barrymore, y un memorable final: 

Y, con ella, cuarta nominación consecutiva al Oscar, Claramente, Jennifer Jones es la actriz de moda. Pero en 1947 no estrena nada: su siguiente película se estrena en 1948. Se trata de “Jennie”, drama romántico dirigido de nuevo por William Dieterle en el que un pintor, interpretado de nuevo por Joseph Cotten, se obsesiona con una mujer que esconde un secreto:

Pero, en esta ocasión, la película resulta ser un fracaso. 

Mejor suerte tiene en 1949 cuando protagoniza “Madame Bovary”, adaptación de la novela de Gustave Flaubert dirigida por Vincente Minnelli, junto a Van Heflin y Louis Jourdan, además de un James Mason que actúa como Flauvert y narrador de la historia:

El 13 de julio de 1949, en un barco camino de Europa, se casa con David O’Selznick, con quien tendrá una hija, Mary Jennifer, en 1954. En Europa rueda a las órdenes de Michael Powell y Emeric Pressburger “Corazón salvaje”, drama rural ambientado en la Inglaterra del siglo XIX:

En 1952 protagoniza “Carrie”, de William Wyler, en la que interpreta a una mujer que comienza una relación con un hombre casado, interpretado por Laurence Olivier, en una interpretación que no entusiasmó a la crítica, a diferencia de la de Olivier, en el que es considerado uno de sus mejores papeles:

En 1953 protagoniza “Estación Termini”, imposible historia de amor entre una americana y un italiano interpretado por Montgomery Clift en un rodaje complicado tanto por las tensiones creativas entre Selznick y el director Vittorio de Sica como por la propia situación personal de Jones, afectada por la reciente muerte de quien fuera su esposo, Robert Walker:

Ese mismo año protagoniza “La burla del diablo”, una sátira del cine negro que intenta evocar a Casablanca, dirigida por John Huston y como Humphrey Bogart como su partenaire:

Tras el fracaso de estos últimos films, Jennifer Jones alcanza un gran éxito en 1955 en “La colina del adiós”, de Henry King, en la que interpreta a una doctora euroasiática que comienza una relación sentimental con el americano interpretado por William Holden, que le vale una quinta y última nominación al Oscar, y que es recordada en especial por la banda sonora de Alfred Newman:

En 1956 repite junto a Gregory Peck en “El hombre del traje gris”, interpretando a una ambiciosa esposa que quiere que su marido gane más en el trabajo, lo que, como le indica su jefe Fredric March, afectará a su familia:

En 1957 protagoniza junto a Rock Hudson y Vittorio de Sica (quien le había dirigido en “Estación Termini”) una nueva adaptación de la novela “Adiós a las armas” de Hemingway, dirigida por Charles Vidor, que tendrá críticas dispares:

Su siguiente película no llega hasta 1962, y es de nuevo una adaptación literaria, en este caso de F. Scott Fitzgerald, “Suave es la noche”, de nuevo dirigida por Henry King, en la que interpreta a una mujer con problemas mentales que tiene celos de la relación de su marido, Jason Robards, con una actriz, interpretada por Joan Fontaine

En 1965, su esposo David O’Selznick muere a los 63 años. Jennifer Jones se retira del cine, y cuando dos años después muere su amigo el actor Charles Bickford, intenta suicidarse lanzándose por un acantilado. Termina en coma. Recuperada, apenas vuelve a rodar. Su único papel relevante será el último, en “El coloso en llamas”, en 1974, en el que tiene un final dramático:

Mientras, en 1971 se había vuelto a casar, con el millonario Norton Simon. En 1976, su hija menor, Mary, se suicida a los 22 años, lo que hace que Jones tome interés en las enfermedades mentales, fundando una asociación con la ayuda de su esposo, que también había tenido un hijo que se había suicidado. 

A la muerte de su esposo, en 1993, se hace cargo del museo de arte que éste tenía, el Norton Simon Museum de Pasadena, siendo su directora hasta 2003. Ese año se retira definitivamente de la vida pública (aparece en la ceremonia de los Oscars por última vez). Morirá a los 90 años, el 17 de diciembre de 2009, siendo sus cenizas colocadas junto a las de Selznick en el Forest Lawn Memorial Park. 

Con una carrera no especialmente extensa, brillante en el drama pero también en las pocas comedias que rodó, su participación en “Duelo al sol”, que quizá no sea su mejor papel pero sí en el que salió más hermosa que nunca, la mantiene en la memoria de los cinéfilos que nunca olvidan esa magistral escena final, ese duelo a muerte entre dos personas que se aman y se odian por igual pero que no pueden vivir separadas. 

40 años de la muerte de Charles Boyer (26-08-2018)


Fueron muchos los actores y actrices que vieron como sus carreras en el cine se arruinaban con la llegada del cine sonoro a causa de sus fuertes acentos extranjeros. Otros, en cambio, gracias a sus característicos timbres, vieron lanzada su carrera, pese a tener acentos igualmente marcados. Es el caso de Charles Boyer, quien hoy nos ocupa a causa del 40 aniversario de su desaparición.




Charles Boyer nació en el pueblo de Figeac, en la región francesa de Occitania, el 28 de agosto de 1899. Boyer era un chico tímido de pueblo, que tuvo su primer contacto con el cine a los 11 años, y con la interpretación durante la I Guerra Mundial, durante la cual, mientras trabajaba en un hospital militar, entretenía a los soldados con números cómicos. Poco después se trasladará a París para concluir sus estudios, pero su interés está ya puesto en el teatro. Así, gracias a su magnífica memoria, pudo sustituir de imprevisto al protagonista de una obra de teatro con la que obtuvo gran éxito.

Así, en los años 20 trabaja tanto en teatro como en películas mudas francesas, antes de firmar un contrato con la Metro en 1929. Pero sus papeles mudos en Estados Unidos son breves, y Boyer los realiza sólo por dinero. La llegada del cine sonoro cambiará su suerte, gracias a su profundo timbre, que le permitirá encarnar a galanes seductores. Llamará la atención por primera vez con un breve papel en “La pelirroja”, protagonizada por Jean Arthur, aunque su primer gran éxito será en Francia, gracias a la película “Liliom”, dirigida por Fritz Lang:

A partir de ahí, comienza a codearse con grandes actrizces de Hollywood: con Loretta Young en “Caravana”, con Claudette Colbert en “Mundos privados” o con Katherine Hepburn en “Corazones rotos”. Pero en 1936 regresará a Francia para trabajar bajo las órdenes de Anatole Litvak en “Sueños de príncipe”, en la que da vida al Archiduque Rodolfo de Habsburgo junto a Danielle Darrieux:

Sus papeles de seductor contrastan con su vida privada, alejada de Hollywood y sin escándalos, ya que en 1934 se casa con la actriz Pat Paterson, con la que permanecerá hasta la muerte de ella.

Su definitivo salto a la fama llega en 1936 con su monje fugitivo y atormentado que cae rendido ante Marlene Dietrich en uno de los primeros films en Technicolor, “El jardín de Alá”:

Y en 1937 llegará uno de sus mejores papeles y su primera nominación al Oscar, interpretando a Napoleón Bonaparte en “Maria Walewska”, junto a la gran Greta Garbo:

Estar a la altura de Greta Garbo nunca fue tarea fácil para sus partenaires, pero aquí Boyer está espléndido en un papel que le va como anillo al dedo.

Repite nominación al año siguiente por otro magnífico trabajo, interpretando al ladrón Pepe le Moko en “Argel” junto a Hedy Lamar:

Pero, en ambos casos, Spencer Tracy le arrebató el premio.

En 1939 protagoniza dos films junto a Irene Dunne. El primero es “Huracán”, drama romántico sobre un amor imposible:

La segunda es la versión original de “Tú y yo” que dirige, al igual que el remake, Leo McCarey, en una versión más melodramática que la que protagonizarán posteriormente Cary Grant y Deborah Kerr, pero que sigue contando con una escena final absolutamente memorable y emocionante:

En 1940 repite a las órdenes de Anatole Litvak en “El cielo y tú”, otro drama romántico en el que le acompaña, en esta ocasión, Bette Davis, ambos sospechosos del asesinato de la esposa de él, la nominada al Oscar Barbara O’Neil:

En 1941 interpreta al emigrante buscando la forma de entrar en Estados Unidos que se casa, por interés o por amor, con la inocente Olivia de Havilland en “Si no amaneciera”, otro drama romántico más en su trayectoria. Y, curiosamente, su siguiente pareja en la pantalla será la hermana de Olivia, Joan Fontaine, en la poco conocida, pero no por ello menos magnífica “La ninfa constante”:

En 1944 repite con Irene Dunne en la genial comedia “Otra vez juntos”, y cambia de registro en “Luz que agoniza”, drama de George Cukor en el que interpreta a un oscuro personaje que se casa con Ingrid Bergman por motivos más bien oscuros. Por este papel, recibirá su tercera nominación al Oscar, mientras la Bergman se llevará el premio a mejor actriz:

En 1945 comparte pantalla con Lauren Bacall en “Agente confidencial”, drama ambientado en la Guerra Civil Española en la que Boyer interpreta a un agente secreto encubierto como músico que viaja a Inglaterra para evitar que los franquistas se hagan con un cargamento de carbón, para lo que tiene que enfrentarse a unos temibles Peter Lorre y Katina Paxinou:

En 1946 cambia de registro en la alocada comedia “El pecado de Cluny Brown”, una de las últimas películas de Ernst Lubitsch, que protagoniza junto a Jennifer Jones:

En 1948 repite rodaje con Ingrid Bergman en “Arco de triunfo”, pero la película resulta ser un fracaso:

Charles Boyer se asusta, y comienza a preferir actuar como secundario. Así, participa en el film bélico de 1952 “Tempestad en Oriente”, protagonizado por Alan Ladd y Deborah Kerr:

Su trabajo en Hollywood se reduce, no así en Francia, donde en 1953 protagonizad “Madame de…” de Max Ophüls. En Hollywood, tras trabajar en 1958 en “Los bucaneros”, regresará por todo lo alto como Cesar en la deliciosa “Fanny”, comedia dramática en la que interpreta al camarero marsellés padre de un joven, Horst Buchholz, enamorado de la joven Fanny, Leslie Caron, pero ansioso por marchar a la mar, sin saber que ha dejado embarazada a su amada, que, para ocultar la vergüenza, se casará con un viejo rico, Maurice Chevalier, lo que traerá problemas futuros:

Por este papel, uno de los mejores de toda su carrera, Charles Boyer recibirá una última nominación al Oscar, de nuevo como protagonista. 4 nominaciones y ningún premio para uno de los mejores actores de Hollywood de los años 40… otra de esas cosas inexplicables.

En 1962 interpreta al padre del protagonista, Glenn Ford, en el remake que Vincente Minnelli dirige de “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”, otro fracaso pese a su espectacular reparto:

Pero todavía le queda carrera por delante a Charles Boyer, en televisión, pero también en cine, con un pequeño papel en “Cómo robar un millón y…” y con un papel de más enjundia en la memorable “Descalzos en el parque”, de 1967, como el excéntrico vecino de la pareja formada por Robert Redford y Jane Fonda:

Tras participar en “La loca de Chaillot”, con un interminable reparto, en 1973 participa en el remake musical de “Horizontes perdidos” que dirige Charles Jarrott, protagonizado por Peter Finch y Liv Ullman, interpretando al Gran Lama, aunque su personaje no canta:

En 1976 interpretará su último papel en “Nina”, de Vincente Minnelli.

Charles Boyer y Pat Paterson tuvieron un único hijo, Michael, que se suicidó tras ser abandonado por su novia a los 21 años, en 1965. Tiempo después, a Pat le diagnosticaron un tumor cerebral por el que moriría el 24 de agosto de 1978. Sólo dos días después, el galán seductor y granuja en la gran pantalla demostró que nada tenían que ver esos papeles con su forma de ser real, al suicidarse por una sobredosis de seconal, incapaz de vivir sin su esposa de toda la vida. Sería enterrado en el Holy Cross Cemetery de Los Angeles junto a su esposa y su hijo.

Maestro del melodrama romántico, con su profunda voz y su llamativo acento, Charles Boyer fue uno de los mejores actores de su época, no sólo en dramas románticos, sino también en comedias, demostrando siempre un talento fuera de lo común, incluso en algunas películas mediocres en las que participó. Es sin duda uno de los mejores símbolos de ese Hollywood que desapareció hace demasiado tiempo.



60 años de la muerte de Ronald Colman (19-05-2018)


Si bien hoy día bastante olvidado, fue una de las grandes figuras del cine mudo y de las pocas capaces de sobrevivir a la llegada del sonoro con idéntico éxito. Hoy recordamos a ese gran actor que fue Ronald Colman.




Ronald Charles Colman nació en Richmond, cerca de Londres, el 9 de febrero de 1891. Descubrió su interés por la interpretación ya en el colegio, uniéndose, pese a su timidez, a una compañía teatral amateur en 1908, al mismo tiempo que quiso estudiar ingeniería, algo que se hizo imposible por los problemas financieros a causa de la muerte de su padre en 1909.

Ronald Colman debutó profesionalmente en el teatro en 1914, pero ese mismo año, con el comienzo de la I Guerra Mundial, se une al ejército (junto a otros actores como Claude Rains, Basil Rathbone, Herbert Marshall o Cedric Hardwicke), pero el 31 de octubre de ese mismo año recibió una herida de metralla en el tobillo que le dejó secuelas por el resto de su vida y por la que fue dado de baja en el ejército.

De regreso en Londres, vuelve al teatro profesional, donde alcanza gran éxito, y realiza sus primeras películas a finales de la década. En 1920 se casa por primera vez, con Thelma Raye, de quien se divorciará en 1934. También en 1920 realiza una gira teatral por Estados Unidos junto a Fay Bainter, estableciéndose finalmente en el país.

Así, en 1923 es descubierto por el director Henry King, que le contrata para protagonizar junto a Lillian Gish “La hermana blanca”:

A partir de entonces se convierte en un actor asiduo de Hollywood, siendo uno de sus papeles más destacados el protagonista de la adaptación de la obra de Oscar Wilde “El abanico de Lady Windermere” que dirige Ernst Lubitsch en 1925:

Con una imagen de galán romántico, Colman se convierte en una estrella imprescindible para protagonizar grandes adaptaciones literarias, como el “Beau Geste” de 1926:

Pero entonces llega el cine sonoro, y muchas estrellas del cine mudo no son capaces de adaptarse a los requerimientos de este nuevo cine. Ronald Colman, por el contrario, tiene todos los elementos para triunfar en el nuevo medio: una perfecta dicción inglesa y un bellísimo timbre de gran calidez. Así, en 1929 es nominado al Oscar a mejor actor por partida doble, por “El capitán Drummond” y por “Condenado”.

En 1930 protagoniza “Raffles”, historia de un caballero inglés que es además un destacado ladrón. Pero suerte tendrá en 1931 cuando John Ford lo seleccione para protagonizar “El doctor Arrowsmith”; Ronald Colman es demasiado mayor para el papel, aunque siga interpretando papeles de galán, y un papel a priori pensado para tener una nueva nominación al Oscar fue poco menos que un fracaso:

Aunque sigue trabajando en cine, no volverá a tener grandes éxitos hasta 1935, año en el que protagoniza “Clive de la India” y, sobre todo, la adaptación de la magistral obra de Charles Dickens “Historia de dos ciudades”, consiguiendo una magnífica interpretación del cínico Sydney Carton, que encuentra su redención al final de la película, en una escena dolorosamente memorable:

Cómodo todavía en el cine de aventuras, en 1936 protagoniza “Bajo dos banderas”, junto a Claudette Colbert, Victor McLaglen y Rosalind Russell:

En 1937 vuelve a regalarnos dos grandes papeles. El primero, al protagonizar “El prisionero de Zenda”, en la que luce sus habilidades para los films de capa y espada al enfrentarse al malvado Rupert de Hentzau que interpreta Douglas Fairbanks Jr.:

La otra será en la mítica película de Frank Capra “Horizontes perdidos”, en la que es uno de los tripulantes del avión que termina en la legendaria Shangri-La:

Pese a ser un gran actor dramático, Ronald Colman trabaja en esos años especialmente en papeles de aventuras históricas, como “Si yo fuera Rey”, de 1938, interpretando a un poeta francés que llama la atención del Rey Luis XI, interpretado por Basil Rathbone:

Ese mismo año se casa por segunda vez, con la actriz británica Benita Hume, con la que tendrá a su única hija, Juliet. Permanecerán juntos hasta la muerte de él; posteriormente, ella se casará con el actor George Sanders.

En 1939 se pasa al cine dramático con “En tinieblas”, en la que interpreta a un pintor que, a punto de quedarse ciego, sólo quiere terminar el retrato en el que está trabajando:

Tras protagonizar algunas películas casi olvidadas, en 1942 vuelve a la primera plana, en parte gracias a la comedia “El asunto del día”, de George Stevens, en la que interpreta a un serio profesor de derecho que se ve inmiscuido, sin él quererlo, en la defensa de un presunto pirómano condenado a muerte, interpretado por Cary Grant, que, fugado de la cárcel, se refugia en la casa que él le ha alquilado a Jean Arthur, antigua compañera del presunto criminal:

Pero será sobre todo el drama “Niebla en el pasado” el que le devuelva a la fama. En él interpreta a un hombre que, tras sufrir un accidente, se queda amnésico y olvida su pasado. Su esposa, Greer Garson, hará todo lo posible por recuperarlo y devolverle la memoria:

Por este papel, Ronald Colman es nominado al Oscar, algo que no conseguía desde 1929.

Regresa al cine en 1944 con otra cinta de aventuras de época, esta vez ambientada en Arabia, “El príncipe mendigo”, en la que interpreta a un mendigo mago callejero que engaña a su hija haciéndole creer que es alguien importante y que termina enamorándose de Marlene Dietrich, princesa del harén, y viéndose envuelto en una conjura para asesinar al Califa:

El estilo irónico y cínico que siempre había gastado Colman va perfecto para el papel, y, de nuevo, pese a la edad, excesiva para un papel de héroe de capa y espada, consigue resultar solvente.

En 1947 protagoniza “El mundo de George Apley”, de Joseph Mankiewicz, en la que interpreta a un bostoniano orgulloso de su origen que ve como sus hijos no lo están tanto. Pero, por encima de todo, ese año destaca en “Doble vida”, de George Cukor, historia de un actor que, mientras interpreta a Otello, comienza a confundir ficción y realidad con fatales consecuencias:

Ronald Colman recibe una nueva nominación al Oscar, y esta vez sí, era indiscutible que iba a ser el ganador. Y así lo recogió, elegante como siempre:

Ronald Colman apenas trabaja más en cine. En 1945 había empezado a trabajar en televisión con gran éxito, y se traslada a este medio, así como a la radio, en los siguientes años, en los que sigue trabajando incansablemente. A parte de un breve cameo en “La vuelta al mundo en 80 días”, su última participación en cine fue como el narrador de “Historia de la humanidad” en 1957. Está claro por qué su voz le permitió seguir haciendo carrera en el cine sonoro, a diferencia de tantas y tantas estrellas del cine mudo:

Finalmente, un año después, el 19 de mayo de 1958, Ronald Colman moría a causa de un enfisema pulmonar en Santa Monica a los 67 años, siendo enterrado en el Cementerio de Santa Barbara. Años después, su hija Juliet escribió una biografía sobre él.

Ronald Colman no fue un actor especialmente prolífico, pero sí fue un magnífico actor de marcado origen teatral, de enorme talento y gran versatilidad vocal, que brilló en algunas de las grandes adaptaciones literarias de los años 30, si bien será con ese papel de actor teatral, tan cercano sí mismo, de “Doble vida” con el que alcanzará su mayor fama y por el que más se le recuerda a día de hoy. Casi olvidado por el gran público, los actores actuales tendrían mucho que aprender de su enorme talento.



70 años de la muerte de Ernst Lubitsch (30-11-2017)


Rey absoluto de la comedia elegante y del musical operetístico del Hollywood dorado de los años 30 y 40, el nombre de Ernst Lubitsch sigue hoy día trayéndonos a la mente ese inmenso talento para la ironía que desprenden las innumerables películas que dirigió, pese a su temprana muerte, de la que hoy se cumplen 70 años.




Ernst Lubitsch nació en Berlín el 28 de enero de 1892, hijo de un sastre que quería que su hijo siguiera con la empresa familiar. Pero Lubitsch se sentía atraído por el teatro, por lo que en 1911 se enrola en la compañía teatral de Max Reinhardt, debutando en cine en 1913. Pero en 1916 debuta como director, y abandona paulatinamente su carrera interpretativa, que termina en 1920.

Su carrera como director de cine en Alemania combina comedias y dramas históricos, contando a menudo con la colaboración de actores tan prestigiosos como Pola Negri o Emil Jannings, que trabajarán para él en 1919 en “Madame duBarry”:

Con Pola Negri ya había trabajado en la famosa adaptación de “Carmen” que dirigió en 1918:

En 1920 dirige “Ana Bolena”, con Emil Jannings en el papel de Enrique VIII:

En 1922, Ernst Lubitsch, incómodo en la Alemania de post-guerra, se traslada a Estados Unidos, donde en 1923 es contratado por la actriz Mary Pickford para que la dirija en “Rosita, la cantante callejera”:

La película es un éxito, lo que le permite firmar un contrato con la Warner.  Destaca de su filmografía de cine mudo su adaptación de la obra de Oscar Wilde “El abanico de Lady Windermere”, que protagonizará el gran Ronald Colman:

Pero la Warner no aprovecha bien sus películas, así que Ernst Lubitsch rompe el acuerdo con la compañía y comienza a trabajar para otras productoras, como la Metro, para la que dirige en 1927 “El príncipe estudiante”, que protagonizan Ramon Novarro y Norma Shearer:

Está será su última película muda. Se estrena en el cine sonoro en 1928 con “The patriot”, hoy perdida pero que le valió la primera de las tres nominaciones al Oscar que recibirá a lo largo de su carrera, aunque no lo llegue a ganar nunca. La segunda nominación la recibirá en 1929 por “El desfile del amor”, comedia musical que supone su primera colaboración con Maurice Chevalier y Jeanette MacDonald:

En 1931 adapta la opereta de de Oscar Strauss “El teniente seductor”, comedia de enredos amorosos protagonizada por Maurice Chevalier, Miriam Hopkins y Claudette Colbert:

En 1932 vuelve a adaptar otra opereta de Oscar Strauss, en este caso en “Una hora contigo”, comedia sobre infidelidades matrimoniales que protagonizan dos de sus actores habituales, Maurice Chevalier y Jeanette MacDonald:

Ese mismo año, Ernst Lubitsch dirige su última película dramática, “Remordimiento”, pero tiene su mayor éxito con la genial comedia “Un ladrón en la alcoba”, protagonizada por Miriam Hopkins y Herbert Marshall, además de contar con uno de sus secundarios habituales, Edward Everett Horton:

En 1933 estrena su adaptación de la obra de Noël Coward “Una mujer para dos”, con un ménage-a-trois entre Fredric March, Miriam Hopkins y Gary Cooper:

La película consiguió pasar a duras penas la censura, pero será retirada del mercado poco después tras la implantación del ultracatólico Código Hays, que también hará desparecer “Un ladrón en mi alcoba”. Lubitsch, para sortear la censura, crea un estilo propio, conocido como “toque Lubitsch”, en el que sugiere con ironía situaciones que el espectador tendrá que imaginar, consiguiendo con ello mordaces críticas sociales y morales.

En 1934 dirigirá su último musical, la adaptación de la opereta de Franz Léhar “La viuda alegre”, menos problemática para la censura que las obras de Oscar Strauss, y que protagonizarán, de nuevo, Maurice Chevalier, Jeanette MacDonald y Edward Everett Horton:

En 1935, Ernst Lubitsch se casa por segunda vez, con la actriz británica Vivian Gaye, con la que tendrá a su única hija, Nicola, en 1938. En 1936 obtiene la ciudadanía estadounidense. También en 1935 se convierte en jefe de producción de la Paramount, pero su incapacidad para delegar, mientras se hace cargo de hasta seis películas la mismo tiempo, le llevan a renunciar un año después y volver a su labor como director, que retoma en 1937 con “Ángel”, protagonizada por Melvyn Douglas y Marlene Dietrich. Y en 1938 vuelve a trabajar con Gary Cooper y Claudette Colbert en “La octava mujer de Barba Azul”:

Pero su gran obra maestra llega en 1939, cuando por fin dirige a Greta Garbo en la que será la primera comedia de La divina, “Ninotchca”, genial sátira política entre comunismo y capitalismo que es famosa por ver a Garbo reír, junto a un no menos genial Melvyn Douglas:

El guión de la película está escrito, entre otros,por Billy Wilder, quien será un gran admirador de Lubitsch y su más digno heredero. Pero Lubitsch, incomprensiblemente, se queda sin nominación al Oscar.

En 1940 dirige otra de sus obras maestras, “El bazar de las sorpresas”, con James Stewart y Margaret Sullavan como dos compañeros de trabajo que no pueden ni verse pero que sin saberlo se aman por correspondencia:

Tras dirigir en 1941 la menor “Lo que piensan las mujeres”, divertida comedia con Melvyn Douglas, Merle Oberon y Burgess Meredith, en 1942 estrena otra de sus obras maestras, “Ser o no ser”, genial sátira política anti-nazi con Carole Lombard encabezando el reparto de una compañía teatral que trata de escapar de la Polonia ocupada por los nazis, teniendo que recurrir su director a la ayuda del militar amante de su mujer:

De nuevo, incomprensiblemente, se queda sin nominación al Oscar, cosa que sí conseguirá en 1943 con “El diablo dijo no”, comedia protagonizada por Don Ameche, en la que, tras morir, le cuenta al diablo su historia y este decide que no le corresponde ir al infierno:

El siguiente proyecto de Ernst Lubitsch será “La zarina”, remake de una anterior película muda suya, “Forbidden Paradise”, pero problemas de salud le llevan a abandonar el proyecto, que será concluido por Otto Preminger. Con la salud recuperada, en 1946 estrena su última película, la comedia “El pecado de Cluny Brown”, protagonizada por Charles Boyer y Jennifer Jones:

En 1947 recibe un Oscar honorífico cuando sus problemas de salud dejan claro que no optará a ganar el premio de otra forma. Y así es: mientras trabaja en “La dama del armiño”, sufre un infarto y muere el 30 de noviembre de 1947, siendo enterrado en Glendale. La película será terminada de nuevo por Otto Preminger y estrenada en 1948.

Ernst Lubitsch es a día de hoy un nombre poco menos que mítico, la imagen de un director de comedia irónico, sutil y lleno de chispa, alguien de quien tanto deberían aprender las grandes figuras de la comedia del Hollywood actual.



120 años del nacimiento de Fredric March (31-08-2017)


Hace pocos días hablábamos de Paul Muni, una estrella del Hollywood de los años 30 hoy caída en el olvido. Hoy vamos a hablar de otra gran estrella del Hollywood de los años 30 y 40 (incluso de los 50) hoy bastante olvidada, pese a tener en su haber 2 Oscars y dos Tony (y que además es uno de mis actores favoritos), un día después de que se cumplan 120 años de su nacimiento: hoy hablamos de Fredric March.




Ernest Frederick McIntyre Bickel, que era el nombre real de Fredric March, nació el 31 de agosto de 1897 en Racine, estado de Wisconsin. Su padre, John F. Bickel, era un comerciante y anciano prebiteriano, mientras que su madre, Cora Brown Marcher, era profesora. Fredric estudió en su ciudad natal hasta trasladarse a Madison para asistir a la universidad. Sirvió en la I Guerra Mundial como teniente de artillería y comenzó su carrera profesional trabajando en un banco. Pero una apendicitis le hizo replantearse su vida y se interesó por la interpretación, comenzando en 1920 a trabajar como extra en películas filmadas en Nueva York. Es entonces cuando adopta el nombre de Fredric March, usando una abreviatura del apellido de soltera de su madre.

En 1921 se casa con Ellis Baker, de la que se divorcia en 1927. Un año antes había comenzado a trabajar en Broadway, donde conoce a la que será su segunda esposa, Florence Eldridge, con la que se casa en 1927. Esta segunda unión durará hasta la muerte de él, y adoptaran dos niños. Su éxito en el teatro le lleva a firmar un contrato con la Paramount en 1929, año en el que rueda varias películas, las primeras en las que aparece acreditado.

Será en 1930 cuando se produzca su salto a la fama, con la comedia ambientada en el teatro “The royal family of Broadway”, en la que interpreta un personaje inspirando en el gran actor de la época John Barrymore. Este papel le supuso su primera nominación al Oscar:

Su consagración definitiva vendrá un año después, en 1931, al protagonizar “El hombre y el monstruo”, adaptación del “Doctor Jeckyll y Mr. Hyde” de Robert Louis Stevenson, dirigido por Rouben Mamoulian y acompañado por Miriam Hopkins:

Por este papel vuelve a estar nominado al Oscar. Y ese año se produce algo insólito: dos actores se llevarán el premio: Wallace Beery por “Campeón” y el propio March, pese a tener un voto más que Beery; en aquella época, un voto de diferencia se consideraba insuficiente para proclamarse ganador único.

Convertido ya en un actor de gran prestigio, en 1932 es elegido para protagonizar, junto a Norma Shearer, la esposa del productor Irving Thalberg, el drama romántico “La llama eterna”:

También protagoniza “El signo de la cruz”, drama de época dirigido por Cecil B. de Mille ambientado en la Roma de Nerón, junto a Charles Laughton y Claudette Colbert:

En 1933, protagoniza junto a Cary Grant el drama bélico “El águila y el halcón”, y destaca en la comedia de Ernst Lubitsch “Una mujer para dos”, compartiendo a Miriam Hopkins con Gary Cooper, y con Edward Everett Horton, habitual en el cine de Lubitsch, en el reparto:

En 1934 repite junto a Norma Shearer en un nuevo drama romántico, ambientado en el siglo XIX, en la que tiene que vencer la tiranía del padre de ella, un genial Charles Laughton, para conseguir a su amada:

Protagoniza también la comedia de aventuras “El burlador de Florencia”, interpretando al escultor Benvenutto Cellini, y “La muerte de vacaciones”, en la que interpreta a la muerte, que quiere saber por qué los humanos le temen tanto y se transforma en uno de ellos:

1935 será un gran año para Fredric March. Además de protagonizar “El ángel de las tinieblas”, drama romántico junto a Merler Oberon y Herbert Marshall, visto su éxito en grandes adaptaciones literarias, es elegido para protagonizar dos de ellas. La primera, la adaptación que Richard Boleslawsky realiza de la mítica obra de Victor Hugo “Los miserables”, en la que interpreta al propio Jean Valjean, junto al Javert de Charles Laughton y en la que su mujer, Florence Eldridge, interpreta a Fantine. Su trabajo en esta película es realmente excepcional, y es difícil imaginar a cualquier otro actor del momento capaz de interpretar un personaje tan complejo con semejante nivel:

La otra es la “Ana Karenina” de Clarence Brown, en la que tiene que medirse junto a la inmensa Greta Garbo. Pese a tener 8 años más que la Divina, interpreta a su joven enamorado, el Conde Vronsky, y pese a la irregular adaptación de la obra de Tolstoy, sale bien parado del envite. Comparte reparto junto a Basil Rathbone, Freddie Bartholomew y Maureen O’Sullivan:

En 1936 le tenemos en otra gran adaptación literaria, “El caballero Adverse”, drama de aventuras junto a Olivia de Havilland, interpretando a un personaje ambiguo, que se tiene que enfrentar a los villanos Claude Rains y Gale Sondergaard, él mismo es en realidad un anti-héroe:

Ese mismo año es seleccionado por John Ford para interpretar en “Maria Estuardo” al conde James Hepburn de Bothwell, tercer marido de la reina interpretada por Katherine Hepburn, mientras su esposa Florence Eldridge interpreta a Isabel I:

En 1937 estrena otras dos grandes películas, ambas dirigidas por William A. Wellman y ambas en color. la primera es la comedia dramática “La reina de Nueva York”, en la que interpreta a un periodista que sigue la historia de una mujer supuestamente envenenada por radio, interpretada por Carole Lombard:

La otra es la genial “Ha nacido una estrella”, en la que interpreta a la estrella caída en desgracia Norman Maine, que ve como su mujer, interpretada por Janet Gaynor, alcanza la fama que él tenía y ya no puede recuperar. Por este papel recibe una nueva nominación al Oscar:

Con 40 años, Fredric March todavía es contratado para interpretar a galanes románicos, aunque su versatilidad de estilos es casi insólita en una época de constantes encasillamientos. Pero en 1937 decide volver a Broadway, ya que le interesa más el teatro que el cine. Sigue pese a todo trabajando en Hollywood, aunque no firma contratos de larga duración, manteniendo así su libertad artística. Las películas que estrena en 1938 pasaron sin pena ni gloria, y sus siguientes papeles no son especialmente recordados, aunque se puede destacar su papel en “Susana y Dios” de 1940, interpretando al esposo de Joan Crawford:

Destaca también en 1942 en la comedia romántica “Me enamoré de una bruja” junto a Veronica Lake, en el papel que interpretará años después James Stewart en el remake:

Su regreso por la puerta grande a Hollywood se produce con el drama de William Wyler “Los mejores años de nuestra vida”, drama que narra la vuelta a casa de tres veteranos de la II Guerra Mundial: Dana Andrews, el soldado real Harold Russell y el propio March, que regresa junto a su mujer Myrna Loy y ve con malos ojos como su hija, Teresa Wright, se enamora de Dana Andrews:

La película fue un enorme éxito, y ganó 7 Oscars, entre ellos Mejor Película y Director, y el propio Fredric March se llevó su segundo Oscar. Y en 1947 se lleva su primer Tony por su papel en la obra teatral “Years ago”, escrita por Ruth Gordon. Su talento está ya sobradamente reconocido.

Su siguiente papel cinematográfico relevante será en 1951 en “Muerte de un viajante”, adaptación de la obra teatral de Arthur Miller que March había rechazado interpretar en teatro. Esta interpretación le valió su quinta y última nominación al Oscar, además de ganar el Globo de Oro:

Fredric March ya no tiene aspecto de galán romántico, y eso le relega en cine a papeles secundarios, aunque todavía protagoniza en 1953 “Fugitivos del terror rojo”, película de Elia Kazan que demoniza a los comunistas en un intento por excusar su actitud durante la caza de brujas. No deja de sorprender que March se prestara a colaborar en este panfleto conservador siendo, al igual que su esposa, un conocido demócrata.

En 1954 presenta la entrega de los Oscars, tirando de seriedad e ironía frente a la comicidad del otro presentador, Donald O’Connor:

Tras papeles secundarios en películas como “La torre de los ambiciosos” (por la que se llevará una nominación al BAFTA) o “Los puentes de Toko-Ri”, y de trabajar en televisión en “The best of Broadway”, por la que se lleva una nominación al Emmy, en 1955 vuelve a tener un papel importante en “Horas desesperadas”, en la que su familia es secuestrada en su hogar por Humphrey Bogart:

Ya como secundario, en 1956 interpreta al jefe de Gregory Peck en “El hombre del traje gris”:

Y ese mismo año interpreta a Filipo de Macedonia, padre de “Alejandro Magno”, interpretado por Richard Burton y dirigida por Robert Rossen:

En 1957 gana su segundo premio Tony por su papel teatral en “Larga jornada hacia la noche”, en la que trabaja de nuevo junto a su mujer, que no se lleva el premio pese a estar nominada.

Tras recibir una segunda nominación al Globo de Oro en 1959 por su papel en “En mitad de la noche”, en 1960 comparte pantalla con Spencer Tracy (quien fuera su rival para conseguir el papel que interpretó en “Horas desesperadas”) en la genial adaptación de Stanley Kramer del drama judicial “La herencia del viento”, en la que de nuevo comparte escena con su mujer:

Pocas veces un actor tan contenido como él se mostró tan histriónico, en un papel que, por otro lado, lo requería.

De sus pocos papeles posteriores destaca su labor en “Siete días de mayo”, en la que interpreta al presidente de Estados Unidos que, en plena Guerra Fría, sabe que uno de sus generales pretende derrocarle, en una película en la que participan Kirk Douglas, Ava Gardner, Burt Lancaster y Edmond O’Brien, y que le vale una tercera y última nominación al Globo de Oro:

Su último papel cinematográfico relevante es en 1967 en “Un hombre”, protagonizada por Paul Newman. Fredric March, que además de en cine, teatro y televisión, ha trabajado realizando grabaciones como narrador, sufre una operación a causa del cáncer de próstata que padece en 1970, lo que parece haber acabado con su carrera; de ahí la sorpresa de verle en 1973 en la adaptación televisiva de la obra teatral “El repartidor de hielo”, dirigida por John Frankenheimer, junto a Lee Marvin, Robert Ryan y Jeff Bridges:

Finalmente, el 14 de abril de 1975 sucumbía al cáncer de próstata que padecía a los 77. Fue enterrado en su residencia de New Milford, en Connecticut, donde será enterrada también su viuda Florence al morir en 1988.

Fredric March fue uno de las estrellas más populares de los años 30 gracias a su inmenso talento y versatilidad, pero el paso de los años no ha jugado en su favor. Hay que volver a ver todos esos grandes papeles que nos legó para situarle de nuevo en el lugar que le corresponde.



20 años de la muerte de James Stewart (02-07-017)


Una carrera cinematográfica que se extiende por décadas, desde mediados de los años 30 hasta finales de los 70, participando en casi todos los géneros cinematográficos imaginables, desde la comedia al cine policíaco, el western, el drama romántico, la intriga o el cine biográfico, siendo además uno de los actores favoritos de directores de la talla de Frank Capra, John Ford o Alfred Hitchcock. Esta podría ser una buena forma de describir a James Stewart, el actor que hoy nos ocupa, en el 20º aniversario de su muerte.




James Maitland Stewart nació el 20 de mayo de 1908 en Indiana, estado de Pensilvania, siendo el primer hijo (tendría dos hermanas) de una pareja de origen escocés. Su padre tenía una ferretería, y esperaba que su hijo continuara en el negocio familiar, por lo que no quiso que recibiera clases de música, pese al talento de su madre como pianista. Finalmente aceptó un regalo para su hijo, un acordeón que aprendió rápidamente a tocar. Su talento musical apenas comenzaba a despuntar.

Pese a su timidez (algo que se notará en la pantalla durante toda su carrera), James Stewart forma parte del equipo de fútbol de su escuela, es miembro del coro y de la sociedad literaria, entre otras actividades. En casa se interesa por realizar maquetas y por la química, y su deseo es ser piloto, algo que abandona por la insistencia de su padre de ingresar en la Universidad de Princetown, en la que estudiará arquitectura. Pese a demostrar un gran talento en este área, durante sus estudios se interesa por el teatro, siendo invitado a la University Players, asociación veraniega de teatro, en la que coincidirá con Joshua Logan. En esta compañía participa en diversas representaciones en 1932, año en el que se gradúa en la Universidad.

Terminados los estudios, se traslada a Nueva York con la esperanza de realizar una carrera teatral, y allí compartirá apartamento con Joshua Logan y con un antiguo miembro de la University Players, Henry Fonda, de quien se hará un gran amigo. Debuta en Broadway con cierto éxito en un papel secundario en la obra “Goodbye again”, pero es época de crisis, y apenas consigue trabajar en nuevas obras. Mientras, Hollywood anda a la caza de talentos teatrales, y es descubierto por un agente de la Metro. Henry Fonda, recién trasladado a Hollywood, le anima a que siga sus pasos.

En 1935 consigue un contrato con la Metro, pero su principal trabajo es realizar pruebas de cámara con otras actrices, ya que por su aspecto y timidez le consideran poco apropiado para la pantalla. Su estreno en cine, en 1935, en “La voz que acusa”, protagonizada por Spencer Tracy, es un fracaso.

En 1936 tiene más éxito, con la opereta “Rose Marie” o su participación en la célebre serie de películas de Myrna Loy y William Powell iniciada con “La cena de los acusados” en “Ella, él y Asta”, y aparece bailando junto a Eleanor Powell en “Nacida para la danza”:

Por esas fechas mantiene un breve romance con Ginger Rogers, antes de mantener una relación con Margaret Sullavan (que previamente había estado brevemente casada con Henry Fonda), quien le consigue un papel protagonista junto a ella en el drama romántico “Cuando volvamos a amarnos”. Trabajar con ella le ayuda a conseguir confianza en sí mismo. Así consigue mejorar su situación en el estudio, y en 1937 protagoniza el remake del drama “El séptimo cielo” junto a Simone Simon:

En 1938 comete el “error” de mantener un romance con Norma Shearer, la esposa del productor Irving Thalverg, quien, quizá para alejarlo de su esposa, lo cede a la Columbia, en la que Frank Capra busca protagonista para su siguiente película, “Vive como quieras”, que protagoniza su actriz fetiche, Jean Arthur. Sin poder contar con Gary Cooper, Ronald Colman o Clark Gable, actores con los que había trabajado previamente, elige a James Stewart como protagonista de esta genial comedia en la que aparecen Lionel Barrymore, Edward Arnold o Donald Meek, entre otros:

La película es tal éxito que gana el Oscar a mejor película. Y Capra decide repetir con él como protagonista de “Caballero sin espada”, drama político con Jean Arthur y Claude Rains, en el que Stewart puede lucir su aspecto tímido en inocente que le va perfecto al personaje:

Por este papel James Stewart consigue su primera nominación al Oscar.

También en 1939 protagoniza su primer Western, de carácter más bien  cómico, “Arizona”, que protagoniza junto a Marlene Dietrich:

En 1940 vuelve a trabajar con Margaret Sullavan en “Tormenta mortal” y, más destacable, en la genial comedia de Ernst Lubitsch “El bazar de las sorpresas”, junto a Frank Morgan y Joseph Schildkraut:

Pero su mayor éxito en 1940 es “Historias de Filadelfia” de George Cukor, una screwball comedy que protagoniza junto a Katherine Hepburn y Cary Grant:

Por este papel consigue su segunda nominación al Oscar. El gran favorito para ganar ese año es su amigo Henry Fonda por “Las uvas de la ira”, pero, sorprendentemente, es James Stewart quien gana:

Protagoniza algunas comedias más en 1940 y 1941, hasta que el bombardeo de Pearl Harbour provoca la entrada de Estados Unidos en la II Guerra Mundial, y James Stewart se enrola en las fuerzas aéreas, donde alcanzará el rango de general.

Terminada la Guerra, su primera película en 5 años será su tercera y última colaboración con Frank Capra en la mítica “Qué bello es vivir”, en la que el ángel Clarence, interpretado por Henry Travers, le muestra el sentido que ha tenido su vida. Junto a Donna Reed, Thomas Mitchell y Lionel Barrymore, es una de las películas más famosas de la historia, y con esta escena final es casi imposible no emocionarse:

“Cada vez que suena una campana, un ángel consigue sus alas”…

Tercera nominación al Oscar, aunque la película sólo gana uno de los 6 Oscars a los que optaba, y además de tipo técnico.

En 1947 se produce la famosa pelea entre James Stewart y Henry Fonda por motivos políticos: James Stewart apoyaba al partido republicano, mientras Fonda era demócrata. Para evitar nuevos problemas, los dos amigos deciden no volver a hablar de política.

Sus siguientes películas en general son comedias que tienen poco éxito (entre ellas “Una encuesta llamada milagro”, junto a Henry Fonda), pero en 1948 trabaja por primera vez con Alfred Hitchcock en “La soga”, en la que dos alumnos suyos (John Dall y Farley Granger) asesinan por placer a otro compañero. La homosexualidad latente de todos los personajes pasó desapercibida para Stewart, que de haberse dado cuenta probablemente habría rechazado interpretar el papel:

En 1949 se casa, por única vez en su vida, con Gloria Hatrick, con la que tendrá 4 hijos. Permanecerán casados hasta la muerte de ella en 1994.

Tras acumular más fracasos, en 1950 protagoniza dos recordados western. El primero, “Flecha rota”, de Delmer Daves, historia de amor mestizo ambientada en el enfrentamiento americano contra los apaches:

El otro fue “Winchester 73”, primera colaboración con Anthony Mann, en la que interpreta a un hombre que busca al asesino de su padre, que resulta ser su propio hermano:

Aún así, su mayor éxito de 1950 será en la comedia dramática “El invisible Harvey”, de Henry Koster, en la que interpreta a un hombre que tiene como amigo imaginario a un enorme conejo, y por la que se lleva su cuarta nominación al Oscar:

En 1952 es uno de los protagonistas de la ambiciosa “El mayor espectáculo del mundo” de Cecil B. de Mille, ambientada en el mundo del circo y en la que interpreta a un payaso, siempre maquillado como tal, que tiene mucho que ocultar, en otra magistral interpretación:

Trabaja además en nuevos westerns dirigidos por Anthony Mann: “Horizontes lejanos” en 1952 y “Colorado Jim” en 1953. Ese mismo año interpreta al compositor Glenn Miller en “Música y lágrimas” , también dirigida por Anthony Mann y protagonizada junto a June Allyson, por la que se lleva una nominación al BAFTA:

En 1954 protagoniza otro western de Anthony Mann, “Tierras lejanas”, y vuelve a trabajar bajo las órdenes de Alfred Hitchcock, por segunda vez, en “La ventana indiscreta”, interpretando a un accidentado que, aburrido al no poder moverse, espía a sus vecinos y descubre un asesinato. Acompañado de Grace Kelly y Thelma Ritter, es una de las películas de Hitchcock con las que peor lo he pasado:

En 1955 trabaja de nuevo con Anthony Mann en otro de sus western más célebres, “El hombre de Laramie”, de nuevo interpretando a un hombre en busca de venganza:

En 1956 vuelve a trabajar con Alfred Hitchcock en el remake de una de sus obras de juventud, “El hombre que sabía demasiado”, junto a Doris Day:

En 1957 trabaja bajo las órdenes de Billy Wilder en “El héroe solitario”, biopic del piloto Charles Lindberg, que atravesó el Atlántico en 36 horas:

En 1958 trabaja por cuarta y última vez bajo las órdenes de Alfred Hitchcock en “Vértigo”, una de las mejores obras del director inglés, junto a una joven Kim Novak:

Pese al éxito de la película, Hitchcock no queda satisfecho, por la supuesta falta de química entre James Stewart y Kim Novak, a causa de la notable diferencia de edad. Por ello, para su próxima película, “Con la muerte en los talones”, prescinde de Stewart, que estaba muy interesado en protagonizarla, y cuenta con Cary Grant, que pese a ser mayor, aparenta menos edad que Stewart.

Esto no impidió que James Stewart protagonizara ese mismo 1958 otra película con Kim Novak, una comedia romántica (su último papel romántico), “Me enamoré de una bruja”:

Pero es cierto que, con 50 años, James Stewart ya no da la imagen de galán romántico. Por suerte, encuentra otras alternativas. En 1959 estrena la policíaca “FBI contra el imperio del crimen” y el drama judicial “Anatomía de un asesinato” de Otto Preminger:

Demostrando su enorme talento como actor dramático, se ve recompensado con su quinta y última nominación al Oscar.

En 1961 se estrena bajo las órdenes de John Ford en “Dos cabalgan juntos”, junto a Richard Widmark:

Pero su mejor colaboración con John Ford vendrá en 1962, con la genial “El hombre que mató a Liberty Valance”, en la que interpreta al joven idealista Ransom Stoddard, que tiene que enfrentarse a Liberty Valance (Lee Marvin). Al margen del error de casting (son demasiado mayores para los papeles que interpretan), Stewart se ve eclipsado por un John Wayne que nunca estuvo mejor. En todo caso, en mi opinión es el mejor western de Ford:

En 1962 trabaja también en la enorme “La conquista del Oeste” y protagoniza la comedia de Henry Koster “Un optimista de vacaciones”:

Con Henry Koster protagoniza otras dos comedias, “Regalo para soltero” de 1963 y “Querida Brigitte” en 1965, y en 1964 tiene un pequeño papel en “El gran combate” de John Ford. Destaca más en 1965 en “El vuelo del Fénix” de Robert Aldrich, como el piloto de un avión que sufre un accidente y queda atrapado en el Sahara:

Y también en 1965 colabora por primera vez con el director Andrew V. McLaglen en “El valle de la violencia”, ambientada en la guerra de secesión y en la que interpreta a un hombre contrario a la guerra:

Con McLaglen trabaja de nuevo en 1966 en “Una dama entre vaqueros” y “Bandolero” en 1968. Y en 1970 protagoniza junto a Henry Fonda el western cómico “El club social de Cheyenne” que dirige Gene Kelly:

A partir de ahí su trabajo en cine disminuye, mientras se pasa a la televisión, donde protagoniza su propio Show. De entre sus papeles posteriores más destacables destaca “El último pistolero” de Don Siegel, de 1976, donde trabaja de nuevo junto a John Wayne:

En 1977 participa en el film de catástrofes “Aeropuerto 77”:

Pero ni este ni sus dos últimos films, “La magia de Lassie” y “Detective privado”, junto a Robert Mitchum, ambos de 1978, tuvieron éxito. Tení más suerte en televisión, ya que en 1974 había ganado un Globo de Oro por su papel en la serie “Hawkins”. Su último papel fue en la película de televisión de 1983 “Derecho a elegir”, junto a Bette Davis. En 1985 recibe un Oscar Honorífico, que le entrega Cary Grant:

Con problemas de salud desde 1995, James Stewart enferma gravemente en 1997, cuando sus problemas respiratorios desembocan en una embolia pulmonar que le causa un paro cardíaco el 2 de junio de 1997. Tenía 89 años, y sus últimas palabras hablaban de encontrarse con su esposa, que había muerto 4 años antes. Fue enterrado en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery de Glendale:

Con James Stewart se iba uno de los actores más famosos y polivalentes de la edad dorada de Hollywood, tan eficaz en la comedia como en el drama, protagonista de no pocas películas memorables. Además, siempre será recordado por protagonizar esa joya cinematográfica que es “Qué bello es vivir”, en un personaje que se parecía bastante a él mismo.



Joseph Schildkraut: 120 años de su nacimiento (22-02-2016)


Yo suelo decir (y hay quien me mira raro al oírme) que las buenas películas se hacían en los 50, cuando ya se consigue que los guiones cuente mejor las historias, pero que los grandes actores y actrices son los de los años 30. No me voy a poner a enumerar a tantos y tantos protagonistas de aquellos años en los que el mundo de la interpretación alcanzaba unas cotas que hoy no podemos ni soñar. Pero es que a esos grandes actores y actrices protagonistas les acompañaba un envidiable plantel de secundarios que hoy eclipsarían a cualquiera de las estrellas del momento. Actores y actrices a los que a menudo se ignora, aunque los hay que han tenido más suerte y siguen siendo recordados. Me temo que no es el caso del que nos ocupa hoy, Joseph Schildkraut.




Schildkraut fue el segundo actor en ganar el Oscar a mejor actor secundario en 1937 (este premio se dio por primera vez en en 1936, y lo ganaría el gran Walter Brennan en aquella primera ocasión). Fue su única nominación. Pero confieso que es un actor por el que tengo una gran predilección, y me parece interesante poder hacer algo por recuperar su figura.

Joseph Schildkraut nació en Viena el 22 de marzo de 1896, siendo hijo del actor teatral Rudolph Schildkraut, de origen judío. A comienzos de siglo la familia abandonó Austria y se mudó a Nueva York, donde, siguiendo los pasos de su padre, Joseph realizará numerosas interpretaciones teatrales en Broadway, entre las que parece que destacó en el Peer Gynt de Ibsen.

Pero a comienzos de los años 20, al igual que su padre, comenzó también a trabajar en el cine. El cine mudo de la época permitía ocultar su marcado acento alemán, así que en 1921 protagoniza, junto a las hermanas Gish, “Las dos huérfanas”, de D. W. Griffith. La película está completa en Youtube buscándola por su título en inglés, “Orphans in the storm” (no voy a compartir aquí una película completa de casi dos horas y media de duración). De su etapa como actor de cine mudo destaca también su participación, interpretando a Judas Iscariote, en el “Rey de Reyes” que Cecil B. de Mille dirigió en 1927, en el que su padre interpreta a Caifás. También protagoniza, en 1929, la primera versión de “Show boat”, película parcialmente sonora.

En los años 30, con la irrupción del cine sonoro, Joseph Schildkraut consigue hacerse hueco en Hollywood pese a su acento interpretando a menudo a personajes ambiguos, irónicos, como el Herodes de la “Cleopatra” de Claudette Colbert. Pero también ese peculiar acento le sirvió para interpretar a personajes exóticos, como el árabe Batouch que acompaña a Charles Boyer y Marlene Dietrich en “El jardín de Alá”, de 1936. Lo vemos con el fez rojo al comienzo de esta escena:

En este tipo de papeles, Joseph Schildkraut tenía una cierta tendencia al histrionismo (algo no tan extraño, una de las estrellas de la época era Charles Laughton, que también era bien histriónico…), pero en 1937 realiza una interpretación contenida y matizada como era difícil de esperar, en “La vida de Émile Zola” de William Dieterle. Paul Muni interpreta al protagonista Zola, pero la película se centra en su participación en el conocido como “caso Dreyfus”, en el que se acusó y condenó al militar Alfred Dreyfus, de origen judío, de traición, cuando él era inocente, como se demostraría más tarde. Con un reparto de lujo (Vladimir Sokoloff como Cezanne, Gale Sondergaard como la señora Dreyfus, Louis Calhern o Henry Davenport), Joseph Schildkraut interpreta precisamente al capitán Dreyfus en una interpretación memorable:

Y es por esta interpretación por la que se lleva el Oscar, más que merecidamente. Y es que mantener el tipo ante un monstruo de la interpretación como Paul Muni tiene un enorme mérito.

Al año siguiente, 1938, acompañará a Tyrone Power en “Suez”, pero destacará sobre todo por su pérfido Duque de Orleans en la “Maria Antonieta” de W. S. Van Dyke, que protagoniza Norma Shearer, con Tyrone Power como Axel von Fersen y Robert Morley como Luis XVI. El papel se adapta a su estilo interpretativo como un guante:

En 1939 interpreta a Luis XIII en “Los tres mosqueteros” que protagoniza Don Ameche, así como a Fouquet en “El hombre de la máscara de hierro” (por desgracia no he tenido oportunidad de ver ninguna de las dos), además de volver a sus personajes exóticos, como el Indio Bannerjee en “Vinieron las lluvias”, acompañando a Tyrone Power y Myrna Loy. Y en 1940, Ernst Lubitsch le da un pequeño papel en “El bazar de las sorpresas”, que protagonizan James Stewart y Margaret Sullavan, y en la que interpreta a uno de esos personajes ambiguos que bordaba, además de que su acento iba perfecto para un húngaro:

Pero su ritmo de trabajo se reduce, y desaparece del cine a mediados de los años 40.

Eso no significa que dejara de actuar en televisión y en teatro, y gracias a ello, todavía tenía un regalo que hacernos. Y es que en 1955 interpreta a Otto Frank en el estreno en Broadway de “El diario de Ana Frank”, y George Stevens contó con él para interpretar el mismo papel en la adaptación cinematográfica de 1959. Su interpretación del padre de Ana, matizada y entrañable, es quizá su mejor papel (que me expliquen cómo no le nominaron al Oscar, por favor). Sólo por verle a él ya merece la pena ver las 3 horas de película, de las que él lleva buena parte del peso:

Y la música de Alfred Newman, bellísima.

Joseph Schildkraut, que se había divorciado de su primera mujer en 1930, y se había vuelto a casar en 1932 con Mary McKay, se queda viudo en el año 1962. Al año siguiente se casa con Leonora Rogers, pero este tercer matrimonio durará muy poco: el 21 de enero de 1964, a los 67 años, un infarto se lo llevó un año antes de que se estrenara su última película, “La historia más grande jamás contada”, en la que interpretaba a Nicodemo. Fue enterrado en el Hollywood Forever Cemetery (más información aquí).

Joseph Schildkraut fue un miembro nada desdeñable de esa edad dorada de Hollywood, participando en algunas de las más importantes películas de los años 30. Era un actor todoterreno, que se adaptaba a cualquier tipo de papel, y que nos dejó algunas interpretaciones memorables, destacando sus papeles en “La vida de Emile Zola”, “Maria Antonieta” y, sobre todo, “El diario de Ana Frank”. Creo que su trabajo bien merece ser recordado.



Herbert Marshall 50 años después de su muerte (22-01-2015)


En la introducción de la página de inicio de este blog ya mencioné que hay actores que son estrellas mientras que otros, pese a su talento, no alcanzan nunca el estrellato. Este es seguramente el caso del actor que nos ocupa, el gran Herbert Marshall, del que hoy se cumple el cincuentenario de su muerte.




Herbert Marshall nació en Londres el 23 de mayo de 1890, siendo su padre un prestigioso actor teatral. Por ello se crió con sus tías mientras sus padres estaban de gira, lo que le provocó una inicial opinión negativa sobre el teatro, aunque finalmente terminó trabajando en el mundo del teatro (según él mismo dij, no sabía hacer otra cosa).

Entonces comienza la I Guerra Mundial, y Herbert se alista en el London Scottish Regiment junto a otros actores como Basil Rathbone, Ronald Colman, Cedric Hardwicke y Claude Rains. En la guerra, durante la segunda batalla de Arras, le dispararon en la rodilla derecha, lo que provocó que tuvieran que amputarle la pierna a la altura de la cadera, estando hospitalizado 13 meses. Por ello, inicialmente rechaza volver a actuar, pero finalmente, con la ayuda de una pierna protésica, vuelve al mundo de la actuación.

Tras trabajar los siguientes años en teatro, Herbert Marshall debuta en el cine en un film mudo británico en 1927. Su debut en Hollywood será ya con un film sonoro, una versión de “La carta” de 1929 protagonizada por Jeanne Eagels en la que él interpreta al amante asesinado. En 1930 protagoniza el film “Asesinato” de Alfred Hitchcock, y se asienta como la pareja perfecta de muchas de las grandes actrices del momento, especialmente cuando, en 1932, acompaña a Marlene Dietrich en “La venus rubia”, de Josef von Sternberg (junto a un casi debutante Cary Grant):

Aunque quizá el mayor éxito de Herbert Marshall en 1932 fuera protagonizar la magnífica comedia de Ernst Lubitsch “Un ladrón en la alcoba”, junto a Miriam Hopkins y Kay Francis (se rumorea que mantuvo romances con ambas durante el rodaje). Sin duda era un gran actor dramático, pero aquí demostró sus grandes dotes para la comedia en esta joya del gran Lubitsch:

Se nota que todavía no existe el Código Hays (la censura ultracatólica que estropeará el cine desde 1933 hasta más o menos los años 60).

Otra de sus películas relevantes de esa época fue la adaptación de la novela de W. Somerset Maugham “El velo pintado”de 1934, en la que interpreta a un médico que viaja a China y, para castigar a su adúltera esposa, se la lleva a una zona remota afectada por el cólera. Su rival en el amor era George Brent, y su pareja… ¡nada más y nada menos que la gran Greta Garbo! Y consigue mantener el tipo ante ese animal escénico que era la divina sueca, lo que ya es todo un mérito que otros grandes actores no siempre lograron.

En 1935 protagoniza otras comedias románticas, como “El ángel de las tinieblas”, junto al gran Fredric March y a Merle Oberon, o “Una chica angelical” de William Wyler, junto a Margaret Sullavan:

En 1936 comparte pantalla con Katherine Hepburn en “Una mujer se rebela”, mientras que en 1937 lo hará con Barbara Stanwyck en “Desayuno para dos” y de nuevo con Marlene Dietrich en “Ángel” y en 1938 con Claudette Colbert en “Zazá”. Había compartido ya pantalla con la mayoría de las grandes actrices del momento. Pero en 1940 llega un importante cambio de registro.

Ese año vuelve a trabajar bajo la dirección de Alfred Hitchcock en “Enviado especial”, pero sobre todo protagonizará el melodrama dirigido por William Wyler “La carta”, en el que en esta ocasión interpreta al esposo un tanto “calzonazos” de la anti-heroína que interpreta una Bette Davis en uno de sus mejores papeles, de nuevo en una adaptación de una novela de W. Somerset Maugham:

Si la escena inicial ya te deja sin respiración, mejor no hablemos de la escena final, pura gloria cinematográfica.

El gran éxito del tandem Davis-Marshall-Wyler se repite en 1941 con otra joya, “La loba”. Bette Davis como villanísima está espléndida, pero Herbert Marshall nos regala aquí el que en mi opinión es su mejor papel, el de ese esposo inocente que no soporta los chanchullos de su mujer, pero que tiene que soportar que ella le quiera ver muerto… ¡y vaya si lo logra!:

A partir de aquí, Herbert Marshall deja de ser el galán romántico que había sido en los años 30 (la edad no perdona) para ser un secundario de lujo, de eso que llaman “actores de carácter”, que lucirá su talento en films tan conocidos como “Duelo al sol”, en el que interpreta al padre de Jennifer Jones, ejecutado al principio del film, o ese “El filo de la navaja” en el que interpreta al propio escritor de la obra, que es de nuevo W. Somerset Maugham:

Clifton Webb y Lucille Watson, todo un lujado.

Sus apariciones son cada vez menos abundantes, aunque seguirá teniendo apariciones memorables, como en “Cara de ángel”, de 1952, interpretando al padre de Jean Simmons, junto al gran Robert Mitchum:

En esos años le veremos aparecer en películas de aventuras, como “La mujer pirata” o “Coraza negra”, en la que interpreta al protector del protagonista, Tony Curtis, y en films históricos como “El favorito de la reina”, de nuevo junto a Bette Davis. Aparecerá también en “Sed de triunfo” de Sidney Lumet, en el film de terror-ciencia ficción “La mosca” o en el de suspense “Un grito en la niebla” (protagonizada por Doris Day en un papel muy distinto a lo que nos acostumbra). Su último papel destacable fe en “5 semanas en globo”, siendo su última aparición “El tercer día” en 1965. Su salud estaba ya en declive y murió de un infarto el 22 de enero de 1966.

Quizá a día de hoy nos acordemos poco de él, pero Herbert Marshall fue un actor de gran talento que aportó su presencia a no pocas grandes películas, pasando de protagonista a ese tipo de secundarios que siempre suman puntos a cualquier película que aspire a cierta calidad. No será una estrella, es cierto, pero desde luego merece ser recordado como el gran actor que fue. Y quien no me crea, que vuelva a ver “La loba”, y luego ya hablamos.