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60 años de la muerte de Errol Flynn (14-10-2019)

Fue el icono absoluto del cine de aventuras del Hollywood dorado. Sin ser un gran actor, consiguió convertirse en una estrella aunque eso le supusiera encasillarse. Su vida de excesos le condujo a una rápida decadencia y una muerte precoz. Hoy, cuando se cumplen 60 años de su muerte, recordamos a Errol Flynn. 

Errol Leslie Flynn nació el 20 de junio de 1909 en Hobart, la capital de la isla australiana de Tasmania. Su padre era un oceanógrafo que poco después se convertiría en profesor de biología en la Universidad de Tasmania; parece por tanto que su pasión por el mar se la contagió su padre. Con un carácter difícil ya desde temprana edad, fue expulsado de varios colegios en Hobart, antes de trasladarse a Londres, donde permaneció entre 1923 y 1925. Vuelve entonces a Australia, pero termina expulsado del colegio en el que estudia en Sidney. Poco después se traslada a Nueva Guinea, donde ejerce numerosos trabajos, antes de regresar en 1931 a Sidney, donde se promete con una mujer con la que finalmente no se casa. 

El director de cine australiano Charles Chauvel quería filmar una adaptación de la historia del Motín del Bounty, pero no encontraba a un intérprete adecuado para el papel de Fletcher Christian, y no se sabe bien cómo, el papel recayó en Errol Flynn. Así, “In the wake of the Bounty”, de 1933, será su primer papel como actor:

Realizar esta película despierta en él la vocación de actor. Para proseguir su carrera se traslada a Londres, donde trabaja como extra en cine y como actor de teatro. Descubierto por el productor Irving Asher, de la Warner, es contratado para interpretar un papel protagonista en una película hoy perdida, pero que sirvió para que la productora lo llamara a Hollywood en 1935. En el viaje en barco conoce a la actriz Lili Damita, con la que se casa ese mismo año y con la que tiene en 1941 a su hijo Sean (quien desapareció en la Guerra de Camboya en 1970). 

Su carrera en Hollywood comienza con papeles menores, pero los contactos de su mujer le abrirán las puertas de la fama en poco tiempo. La Warner iba a rodar una adaptación de la novela de aventuras de Rafael Sabatini “El capitán Blood”, pero el actor inicialmente previsto, Robert Donat, tiene que cancelar por motivos de salud. Tras tentar a otros actores, como Leslie Howard o James Cagney, la productora se entusiasma con la prueba de cámara que hace Flynn y lo contrata para protagonizar la película que dirige Michael Curtiz junto a Olivia de Havilland, destacando su duelo frente a Basil Rathbone, que rodó sin utilizar dobles, como acostumbraría a hacer posteriormente:

La película fue un enorme éxito que disparó la carrera de Errol Flynn. De hecho, la Warner, que pensaba ofrecerle un papel secundario en “El caballero Adverse”, que iba a protagonizar Fredric March, cambió de parecer y prefirió ofrecerle un papel protagonista de nuevo junto a Olivia de Havilland en “La carga de la brigada ligera”, de nuevo dirigida por Michael Curtiz ambientada en la famosa derrota británica en la Guerra de Crimea. Estrenada en 1936, junto a Flynn y De Havvilland aparece un por entonces casi desconocido David Niven:

Errol Flynn insiste a continuación en cambiar de repertorio, y consigue protagonizar en 1937 el drama médico “Green Light”, el drama “Otro amanecer” y la comedia “El perfecto ejemplar”, pero ese mismo año su papel más célebre lo tendrá de nuevo en el género de las aventuras, “El príncipe y el mendigo” de William Keighley, sustituyendo a Patrick Knowles, actor con el que ya había trabajado previamente y lo haría en ocasiones futuras. Interpreta a Miles Hendon, que se verá obligado a defender a los dos jóvenes del título, interpretados por los gemelos Billy y Bobby Mauch del villano Duque de Hertfort, interpretado por Claude Rains, quien conoce el secreto de los dos jóvenes:

En 1937, Errol Flynn, que ya había publicado el año anterior su primer libro, “Beam Ends”, de carácter autobiografáfico, es enviado a España como corresponsal de guerra, y corre poco después el rumor de que ha muerto a causa de su afición por la bebida y las peleas. Y es que Flynn siempre llevó una vida de excesos, que ya eran sobradamente conocidos en aquella época. 

De regreso en Estados Unidos, es contratado para protagonizar el primer gran largometraje que la Warner va a rodar en color. De nuevo, una película de aventuras, de capa y espada: “Robin de los bosques”, dirigida por William Keighley y Michael Curtiz, en la que interpreta al famoso héroe Robin Hood. En el reparto figura de nuevo Olivia de Havilland como Lady Marian, Claude Rains y Basil Rathbone como los villanos y actores que acompañaban a menudo a Flynn como Alan Hale y Patrick Knowles:

La película fue un enorme éxito, probablemente el mayor en la carrera de Flynn. Su porte atlético, su caracter un tanto descarado pero siempre simpático, encajaban a la perfección con el papel del bandido inglés, al que siempre estará asociado. 

Curiosamente, ese mismo 1938 fracasa su nueva colaboración junto a de Havilland y Curtiz, la comedia “El hombre propone”. Más éxito tiene el drama “Las hermanas”, de Anatole Litvak, en el que interpreta al alcohólico marido de Bette Davis, siempre con problemas para conseguir un empleo:

También en 1938 protagoniza el film bélico de aviación “La escuadrilla de la aurora”, con un cast enteramente masculino en el que figuran de nuevo actores que le acompañaban a menudo en sus películas, como David Niven, Basil Rathbone o Donald Crisp:

Errol Flynn comienza 1939 protagonizando su primer western, “Dodge, ciudad sin ley”, de Michael Curtiz, en el que será el encargado de restablecer la ley en la temible ciudad, acompañado de nuevo por Olivia de Havilland y Alan Hale:

Y de nuevo trabaja a las órdenes de Curtiz y junto a Olivia de Havilland en “La vida privada de Elisabeth y Essex”, interpretando a Roberto Devereux, duque de Essex y secreto amor de Isabel I, interpretada por una Bette Davis con la que no mantenía una buena relación, ya que ella le acusaba de no saber actuar, algo que él no negaba:

En 1940 protagoniza 3 películas dirigidas todas ellas por Michael Curtiz, director que sin duda supo sacar lo mejor de él. La primera es el Western ambientado en la Guerra de Secesión “Oro, amor y sangre”, que protagoniza junto a Miriam Hopkins y Randolph Scott:

La segunda es otro western ambientado también en la guerra de secesión, de nuevo emparejado con Olivia de Havilland, en la que interpreta a Jeb Stuart, graduado en la academia militar de West Point junto al general Custer (interpretado por Ronald Reagan) que tiene que enfrentarse al radical religioso John Brown, interpretado por Raymond Massey:

La tercera es un retorno al género de aventuras, “El halcón de mar”, en la que interpreta a un pirata al servicio de Isabel I (Flora Robson) que se enfrenta a los españoles liderados por Claude Rains:

Las tres películas fueron éxitos de taquilla (si bien no tenía suerte con los premios, ya que nunca fue nominado al Oscar), y se convirtió en el actor más popular de la Warner. 

En 1941 estrenó de nuevo 3 películas, de entre las que sobresale “Murieron con las botas puestas” de Raoul Walsh, otra de sus películas más populares, en la que, de nuevo emparejado con Olivia de Havilland, interpreta al General Custer, derrotado y muerto en la batalla de Little Big Horn por el jefe indio Caballo loco, aquí interpretado por Anthony Quinn:

1942 no sería, por el contrario, un buen año para Errol Flynn. Ese año murió su compañero de juerga John Barrymore, si bien la leyenda de que Raoul Walsh, director de “Murieron con las botas puestas”, robó su cuerpo del velatorio para llevarlo a una última “juerga” con Flynn no parece ser cierto. También fue el año en el que se divorció de Lili Damita, divorcio que le supone acabar en bancarrota e irse a vivir a un barco. También ese año consigue la nacionalidad americana, pero cuando intenta alistarse en el ejército para combatir en la II Guerra Mundial (lo que echa por tierra la teoría de que era un simpatizante nazi) es rechazado por sus numerosos problemas de salud, debidos a sus viajes (la malía que había contraído en Nueva Guinea) y a su forma de vida de “vividor” (padecía varias enfermedades venéreas).

Su filmografía de ese año la componen dos películas dirigidas por Raoul Walsh. La primera es la bélica “Jornadas desesperadas”, en la que interpreta a uno de los pilotos de la RAFF caídos en Alemania, junto a Ronald Reagan o Alan Hale, y que tratarán de huir del país perseguidos por los nazis liderados por Raymond Massey:

La otra es “Gentlemen Jim”, biopic del boxeador James Corbett en el que es acompañado por la actriz Alexis Smith. Dado su pasado como boxeador, este será uno de los papeles favoritos de Flynn:

En 1943 protagoniza dos film bélicos en los que se enfrenta a Helmut Dantine: “Persecución en el Norte”, de Raoul Walsh, y “Al filo de la oscuridad” de Lewis Milestone, película con un magnífico reparto que incluye a Ann Sheridan, Walter Huston o Judith Anderson, que narra la rebelión de un grupo de la resistencia noruega:

También tiene su único número musical en “Adorables estrellas”, película coral destinada a recaudar fondos para la guerra:

En 1942 es acusado por dos adolescentes de abuso sexual, delito por el que es juzgado en 1943, siendo absuelto, pese a que el juicio dañó su carrera y su imagen pública. Pero durante el juicio conoce a Nora Eddington, joven de 19 años que trabaja en el juzgado y con la que se casa en 1944. Con ella tendrá dos hijos, Deirdree en 1945 y Rory en 1947. Ambos se divorciaron en 1949. 

En tan complicadas circunstancias en 1944 sólo estrena el film bélico de Raoul Walsh “Tres días de gloria”, mientras en 1945 vuelve a trabajar a las órdenes de Walsh en “Objetivo Birmania”, que pese a su incorreción histórica (los ingleses protestaron por su poca importancia en la historia frente a los americanos cuando fueron ellos los que realizaron la ofensiva) fue un gran éxito:

También regresa al western con “San Antonio”. En 1946 publica su segundo libro, “Showdown”. Pero se acumulan sus fracasos como actor. Destaca en 1947 su papel en “El aullido del lobo”, un thiller en el que interpreta uno de sus personajes más oscuros junto a Barbara Stanwyck:

El western de Raoul Walsh “Río de plata”, dirigido por Raoul Walsh y en el que vuelve a compartir pantalla con Ann Sheridan es uno de sus mayores éxitos de la época:

Ese mismo año la Warner trata de recuperar el viejo prestigio de Errol Flynn devolviéndole al género de las aventuras con “El burlador de Castilla”, que no conseguirá el éxito deseado en Estados Unidos (aunque sí en Europa):

Viendo que las aventuras ya no le dan el éxito de antes, la Warner le baja el sueldo y le contrata para protagonizar el drama “La dinastía de los Forsythe”, en la que trabaja junto a Greer Garson:

En 1950 se casa por tercera vez, con la actriz Patrice Wymore, con la que permanecerá hasta su muerte y con quien tiene a su hija Arnella en 1953. 

Dos westerns poco exitosos dan paso a “Kim de la India”, drama colonial basado en la obra de Kipling en el que interpreta al mentor del joven Kim, interpretado por Dean Stockwell:

Pese a este éxito puntual, la carrera de Errol Flynn no levanta cabeza. En 1953, ya en Gran Bretaña, rueda por última vez bajo contrato de la Warner la historia de aventuras “El señor de Ballantry”. Pero William Keighley no es un director del talento de Curtiz, lo que se nota en esas peleas tan mal coreografiadas, y Flynn aparece ya demasiado envejecido para seguir interpretando este tipo de papeles:

Libre del contrato con la Warner, Errol Flynn se traslada a Europa. Rueda en Italia y en Gran Bretaña, pero no consigue alcanzar ningún éxito y deja sin terminar su “Guillermo Tell”. Finalmente regresa a Hollywood en 1957, trabajando ese año en “¡Fiesta!”, adaptación de la obra de Hemingway en la que ya no trabaja como protagonista, cediendo este papel a Tyrone Power, emparejado aquí con Ava Gardner:

Su último papel significativo lo tiene en “Las raíces del cielo”, drama de 1958 dirigido por John Huston en el que interpreta a uno de los partidarios del revolucionario defensor de los elefantes Morel, interpretado por Trevor Howard:

En su último año produce documentales y una película sobre Fidel Castro, de quien se muestra partidario. 

Pero su cuerpo pasa factura de su vida de excesos. Tiene además problemas financieros, lo que le obligan a vender sus veleros. En octubre viaja a Vancouver para vender uno de ellos cuando sufre un rápido deterioro de salud y muere el día 10 a consecuencia de un infarto, agravado por sus muchas enfermedades. La autopsia relevó que su cuerpo aparentaba ser el de alguien con 70 años, y no los 50 que tenía Errol Flynn al momento de su muerte. Fue enterrado en el Forest Law Memorial Park Cemetery de Glendale. 

Sus intentos por trabajar en otros géneros no le fueron bien. Y es que su porte físico y su personalidad iban perfectos para las aventuras de capa y espada y para los westerns, mejor si eran en clave de comedia. Fue en estos géneros donde nos dejó algunas interpretaciones memorables y todavía insuperadas por ningún otro actor posterior. 

30 años de la muerte de Bette Davis (06-10-2019)

Hablar del Hollywood clásico nos trae de inmediato a la mente a unas cuantas figuras que llenaban las pantallas del incipiente cine sonoro. De entre las muchas actrices que trabajaron en aquella época, sólo un pequeño número de ellas alcanzaron el rango de estrella, y de entre ellas un pequeño puñado se convirtieron en iconos del cine. Este es sin duda el caso de la actriz que hoy nos ocupa, Bette Davis, una de las actrices más importantes del Hollywood dorado desde los años 30 hasta entrados los 60.

El nombre de nacimiento de Bette Davis era Ruth Elizabeth Davis, si bien de niña fue conocida como Betty. Nació el 5 de abril de 1908 en Lowell, ciudad del estado de Massachusetts, la primera hija de un abogado y una fotógrafa. En 1909 nació su única hermana, Barbara. Cuando sus padres se separaron, las dos hermanas se criaron en un internado, hasta que en 1921 su madre se las llevó a Nueva York. Su vocación de ser actriz nace ya en esa época, viendo a las estrellas del cine mudo, pero aumentará considerablemente en 1926, cuando ve una representación de la obra teatral de Henrik Ibsen “El pato silvestre”. Además, cambia su nombre de Betty a Bette por la obra de Balzac “La prima Bette”. 

Rechazada tras una audición por Eva le Galliene, que la consideraba frívola,tiene más suerte con George Cukor, consiguiendo su primer papel teatral. Poco después de debutar en Broadway, en 1929, recibe una invitación para realizar una prueba de cámara en Hollywood. Allí se muda con su madre en 1930, pero no supera las pruebas de cámara, y nadie ve en ella a una actriz. Por suerte, el director de fotografía Karl Freund se fija en sus ojos y los encuentra perfectos para encarnar a uno de los personajes de la película “Mala hermana”, de 1931, que será su primer papel en el cine:

Pero para su desgracia la película es un fracaso, además de oír comentarios sobre ella que afectaron a su autoestima. Además, sus siguientes papeles fueron siempre secundarios, sin atraer la atención del público, y a menudo en películas que fracasaron en taquilla. Así, tras 6 películas, la Universal, el estudio con el que había trabajado, decide no renovar su contrato. Parecía que la carrera cinematográfica de Bette Davis estaba acabada cuando el mítico George Arliss acudió en su rescate, eligiéndola para protagonizar con él “La oculta providencia”, estrenada en 1932, que será su primer papel protagonista:

En esta ocasión sí consiguió atraer la atención del público, y la Warner le ofreció un contrato. Davis permanecerá en dicho estudio durante 18 años nada menos. Así, en 1932 tiene un papel secundario en “Tres vidas de mujer” y comparte protagonismo con Spencer Tracy en el drama carcelario “Veinte mil años en Sing Sing”, dirigida por Michael Curtiz:

Su prestigio le permitía cobrar 1.000 dólares semanales, algo que la prensa aireó cuando el 18 de agosto de 1832 se casó con Harmon Oscar Nelson, a quien había conocido en un internado de Massachusetts años atrás y quién cobraba 100 dólares semanales. La prensa aireó esa diferencia de sueldos, algo que afectó a Nelson, quien se negó a que fuera ella quien comprara una casa. Bette Davis sufrió varios abortos en ese tiempo. 

Poco asidua a la comedia, en 1933 protagoniza una, “Ex lady”, junto a Gene Raymond, interpretando a una mujer que, en contra de lo que quiere la sociedad, no quiere casarse con su pareja porque cree que eso apagará el amor:

Pero todavía Bette Davis necesitaba un papel que la lanzara al estrellato. La RKO quería adaptar al cine la novela de William Somerset Maugham “Of human bondage”, pero varias actrices, entre ellas Katherine Hepburn o Irene Dunne rechazan interpretar a Mildred Rogers por ser un papel antipático, una especie de femme fatale que, obviamente, no iba a caer bien al público. Pero Davis vio la oportunidad de sacra el máximo partido a sus posibilidades interpretativas, queriendo resultar lo más realista posible en sus últimas escenas, moribunda, sin nada de glamour. John Cromwell, el director de la cinta, le dio libertad para actuar, confiando en ella, algo que no hizo al principio su compañero de reparto, Leslie Howard, aunque al final terminó cambiando de opinión. Así, en 1934 se estrenó “Cautivo del deseo”:

La película es un gran éxito y Bette Davis consigue por fin alcanzar el estrellato, pero no tiene demasiada suerte. Jack L. Warner se niega a cederla a la Columbia para que protagonice “Sucedió una noche”, teniendo que trabajar en películas mucho menos interesantes. Además, se da por sentado que va a ser nominada al Oscar por su papel en “Cautivo del deseo”, pero incomprensiblemente no es así (el Oscar de ese año lo gana Claudette Colbert precisamente por “Sucedió una noche”). Las protestas que generó esta ausencia provocaron que la Academia modificara sus normas en cuanto a quién tenía que elegir a los nominados: en lugar de hacerlo un pequeño comité, a partir de 1935 serán los propios intérpretes quienes seleccionen a los nominados. 

En 1935 Bette Davis interpreta un papel similar al de “Cautivo del deseo” en “Peligrosa”, esta vez junto a Franchot Tone. Eso sí, a diferencia del caso anterior, aquí su personaje tiene una redención final:

Y, en esta ocasión, ganará el Oscar a mejor actriz (en su primera nominación), premio que ha sido siempre considerado “consolatorio” por el que debía haber ganado el año anterior. 

Evitando su encasillamiento como Femme fatale, en 1936 protagoniza el drama criminal “El bosque petrificado”, como la hija del dueño de la taberna que asalta una banda de gangsters liderada por Humphrey Bogart. En esta ocasión vuelve a compartir pantalla con Leslie Howard:

Pese a todo, Bette Davis siente que la Warner le ofrece malas películas para trabajar, y decide incumplir su contrato y rodar dos películas en Londres. Para evitar la citación judicial, se traslada a Canadá, pero el juicio que tiene lugar en Londres no le va como esperaba, y regresa a Estados Unidos arruinada y teniendo que relanzar su carrera. 

En 1937 protagoniza el drama de cine negro “Una mujer marcada”, junto a Humphrey Bogart (que aquí interpreta al fiscal en lugar de al mafioso), que le valdrá el premio a mejor actriz en el Festival de Venecia:

Ese mismo año protagoniza “Kid Galahad”, nueva incursión en el cine negro dirigida por Michael Curtiz, junto a Edward G. Robinson y Humphrey Bogart (de nuevo aquí como villano) en un drama criminal ambientado en las mafias del boxeo:

En 1938 protagoniza “Las hermanas”, drama de Anatole Litvak en el que vive una tormentosa relación con Errol Flynn:

Pero el papel que relanza definitivamente su carrera es el de “Jezabel”, magistral drama sureño dirigido por William Wyler en el que vuelve a interpretar a una mujer caprichosa que le hace la vida imposible a Henry Fonda:

Esta película le vale su segunda nominación al Oscar, que de nuevo gana. Además, durante el rodaje comienza una relación sentimental con William Wyler, al que definirá como el amor de su vida, que marca el comienzo de uno de sus periodos más felices. Es en 1938 cuando se divorcia de su marido.

Además, muchos ven paralelismos entre Jezabel y Scarlett O’Hara, por lo que Bette Davis aparece como una de las favoritas para protagonizar “Lo que el viento se llevó”, junto a Errol Flynn como Rhett Butler. Pero Davis no quiere a Flynn como protagonista (de todos es sabido la mala relación entre ambos) y Selznick termina descartándola a ella también. 

Pese a todo, 1939 será un gran año para la actriz, que estrena 4 notables películas. Comparte de nuevo pantalla con Errol Flynn, pese a la mala relación entre ambos, en “La vida privada de Elizabeth y Essex”, interpretando a la Reina Isabel I de Inglaterra (pese a ser considerablemente más joven que la reina en el momento de la acción) a las órdenes de Michael Curtiz (y con la magistral partitura de Erich Wolfgang Korngold):

Interpreta también a otra reina, en este caso Carlota de Bélgica, esposa del Emperador Maximiliano de México, en “Juarez”, de William Dieterle, con Brian Aherne como Maximiliano y Paul Muni como el presidente electo de México Benito Juarez (rodeados, como siempre, de un magnífico plantel de secundarios), en una interpretación injustamente olvidada:

Y trabaja a las órdenes del director Edmund Goulding en dos películas. Una de ellas es “La solterona”, en la que se pelea con su hermana en la ficción, Miriam Hopkins (con quien tampoco tiene buena relación) por el amor del mismo hombre, George Brent:

La otra es “Amarga victoria”, en la que sufre un tumor cerebral y comparte pantalla de nuevo con George Brent:

Es por este papel por el que recibe su tercera nominación al Oscar. 

Tampoco es 1940 un mal año para Bette Davis precisamente. Ese año estrena “El cielo y tú”, drama de época dirigido por Anatole Litvak en el que comparte pantalla por única vez con Charles Boyer (ella, la reina del melodrama, sólo trabaja una vez junto al rey del melodrama, curiosidades de la vida):

Y nos regala uno de sus mejores papeles, a las órdenes de William Wyler, en la magistral “La carta”, interpretando a una mujer que asesina a su amante, junto a Herbert Marshall. La censura mete mano en el final de la película, pero no consigue echarla a perder, como en tantas otras ocasiones:

Por esta película recibe una nueva nominación al Oscar.

Por esas fechas mantiene un romance con su compañero de pantalla George Brent (con quien protagoniza “La gran mentira”, que se estrena en 1941). El le pide que se case con él, pero ella le rechaza. En diciembre de 1940 se casa con el posadero Arthur Farmsworth. 

De sus películas estrenadas en 1941 destaca su nueva colaboración con William Wyler, el director que mejor partido supo sacar de ella, en otro papel memorable, la malvada protagonista de “La loba”, de nuevo junto a Herbert Marshall, un sufrido esposo:

Por este papel consigue otra nominación al Oscar. 

En 1942 protagoniza “La extraña pasajera”, interpretando a una miedosa mujer controlada por su madre, Gladys Cooper, que gracias a un psiquiatra, Claude Rains, consigue superar sus temores y comenzar una relación con Paul Henreid:

Por esta película, recordada por la excelente banda sonora de Max Steiner, Bette Davis recibe una nueva nominación al Oscar. 

Pero en 1942 Estados Unidos entra en la II Guerra Mundial, y buena parte de los esfuerzos de Bette Davis se centran en recaudar dinero para el ejército. Participa además en películas propagandísticas como la hoy olvidada “Alarma en el Rhin”, por la que su partenaire Paul Lukas gana el Oscar a mejor actor:

Ese mismo año estrena “Vieja amistad”, en la que vuelve a compartir pantalla y enemistad, tanto en la ficción como en la realidad, con Miriam Hopkins (Davis pensaba que Hopkins la eclipsaba):

También en 1943 participa en el musical coral “Adorables estrellas”, con fines recaudatorios, en el que canta la canción “They’re either too young or too old”:

1943 es en todo caso el primer año desde 1938 en el que Bette Davis no recibe una nominación al Oscar, poniendo fin a 5 nominaciones consecutivas. También en diciembre de 1943 muere su esposo, a consecuencia de una fractura craneal que le provoca un desmayo mientras caminaba por la calle. Su muerte le afecta profundamente, y pese a que insiste en comenzar a trabajar a los pocos días en su nueva película, “El señor Skeffington”, tiene serios enfrentamientos con su director, Vincent Sherman. Pese a todo, la película, un drama estrenado en 1944 en el que vuelve a trabajar con Claude Rains, es un éxito y le trae una nueva nominación al Oscar:

En 1945 se casa por tercera vez, con el actor William Grant Sherry, con el que tiene a su única hija, Barbara, en 1947. Y ahí comienza su declive. Comete el error de rechazar protaginizar “Alma en suplicio”, que le valdrá un Oscar a Joan Crawford. En su lugar protagoniza “El trigo está verde” junto al debutante John Dall, insistiendo ante la productora en caracterizarse como una mujer mayor, tal como exigía la obra original, evitando la relación romántica que quería darle la productora:

Su primer gran fracaso tiene lugar en 1946 con “Engaño”, de Irving Rapper, drama criminal ambientado en el mundo de la música en el que vuelve a compartir pantalla con Paul Henreid y Claude Rains en una película que es más apreciada en la actualidad que en aquella época:

Ese mismo año protagoniza y produce “Una vida robada”, en el que interpreta a dos gemelas que se pelean por el amor de Glenn Ford, en una película que fue un fracaso de crítica, aunque tuvo buena acogida en taquilla:

El nacimiento de su hija le mantiene alejada de los rodajes durante 1947. Los siguientes años van a ser difíciles: además de rechazar grandes papeles, como el de “La reina de África”, los que protagoniza le traen problemas. “Encuentro invernal” es destrozada por la censura, mientras que en la comedia “La novia de junio” se enfrenta a Robert Montgomery, al que acusa de robaescenas. Finalmente, tras rodar por obligación “Más allá del bosque” termina su contrato con la Warner. 

Cuando parece que su carrera está acabada tiene un golpe de suerte: Claudette Colbert tiene un accidente y no puede protagonizar “Eva al desnudo”, película que Joseph L. Mankiewicz va a dirigir, ambientada en el mundo de las envidias teatrales. Bette Davis acepta protagonizar la película interpretando a la actriz Margo Channing, enfrentándose a la joven Anne Baxter. Davis estuvo perfecta en una película magistral por la que ganó varios premios, y tanto ella como Baxter estuvieron nominadas al Oscar a mejor actriz, pero ninguna lo consiguió:

Ese mismo año se divorcia de su marido, con el que mantenía una relación distante en los últimos años, y se casa con su compañero de rodaje Gary Merrill, con quien adoptará dos niños, Margot en 1951 y MIchael en 1952. Pero la película que rueda junto a su esposo, “Veneno para tus labios”, es un fracaso. Mejor suerte tiene con “La estrella”, en la que interpreta a una actriz cinematográfica en decadencia y que le vale una nueva nominación al Oscar:

Los años 50 son en todo casi difíciles para la actriz: problemas de salud, problemas familiares y poco éxito en el cine. De hecho, trata de emular el éxito de “La vida privada de Elixabeth y Essex” volviendo a interpretar a la Reina Isabel I en “El favorito de la Reina”, pero no consigue el efecto deseado. El resto de sus películas de la década no resultan memorables, y a ello se suma su fracaso en Broadway en 1960, el mismo año en el que se divorcia de Gary Merrill. Por fortuna, en 1961 llegó a su rescate Frank Capra, que le ofrece el mítico papel de Annie Manzanas en “Un gangster para un milagro”, última comedia de Capra en la que vuelve a trabajar con Glenn Ford:

Al año siguiente comparte pantalla con su rival Joan Crawford en  “Qué fue de Baby Jane”, drama oscuro dirigido por Robert Aldrich que muestra la tumultuosa relación entre dos hermanas que se odian:

Bette Davis recibe su última nominación al Oscar por esta película. Pero ese año el Oscar lo gana Anne Bancroft, y como está hospitalizada, quien lo recoge es Joan Crawford. Si la relación entre ellas era ya complicada, Davis no le perdonará nunca a Crawford ese gesto. 

En 1964 repite con Robert Aldrich en “Canción de cuna para un cadáver”, en la que inicialmente iba a volver a trabajar junto a Joan Crawford, pero ésta se retira y es sustituida por Olivia de Havilland, en otra película sobre complicadas relaciones familiares protagonizada también por Joseph Cotten:

Sus siguientes trabajos tuvieron lugar en Inglaterra. Instalada ya en un cine de intriga, en 1965 tiene un duelo con el niño Jack Hedley interpretando a su niñera en “A merced del odio”:

Y en 1968 protagoniza la comedia negra “El aniversario”, interpretando a la controladora madre del clan:

En los siguientes años trabaja en películas de terror y en televisión. De sus papeles en cine, siempre secundarios, destaca su participación en 1978 en la adaptación de la novela de Agatha Christie “Muerte en el Nilo”:

Diagnosticada en 1983 de cáncer de mama y con una relación cada vez más difícil con su hija, su último papel relevante lo tiene en 1987 en “Las ballenas de agosto”, en la que interpreta a una mujer ciega atendida por su hermana, Lillian Gish, en un reparto que completan Vincent Price y Ann Sothern:

Pese a que seguía buscando proyectos en los que trabajar, en 1989 reaparece el cáncer. Consigue viajar a España para recoger el Premio Donostia del Festival de Cine de San Sebastián, pero está demasiado débil para volver a Estados Unidos, así que viaja a Francia, donde muere pocos días después, el 5 de octubre de 1989, en la ciudad de Neully-sur-Seine. Fue enterrada junto a su madre y su hermana en el Forest Lawn Memorial Park de Los Angeles:

Con una carrera irregular, llena de altibajos, Bette Davis fue una actriz dotada para cualquier género, algo que demostró en su mejor etapa, a finales de los años 30 y comienzos de los 40, pero que recuperaba cuando elegía bien sus proyectos. No siempre pudo trabajar en los mejores proyectos ni con los mejores compañeros de reparto, pero siempre conseguía brillar como una de las mejores actrices de la historia del cine. 



60 años de la muerte de Tyrone Power (15-11-2018)


Las rivalidades entre los grandes estudios cinematográficos en los años 30 y 40 sirvieron para lanzar a la fama a nuevas estrellas que, a menudo, carecían de ningún control sobre sus carreras, en manos de algún productor corto de miras que era incapaz de aprovechar todo el potencial de sus artistas. Un caso paradigmático es el de Tyrone Power, actor de enorme fama y carrera moderadamente extensa (su temprana muerte le permitió a penas 20 años de carrera) que solo en sus últimos años fue capaz de demostrar todo su potencial interpretativo.




Tyrone Edmund Power III nació en Cincinnati, estado de Ohio, el 5 de mayo de 1914, en el seno de una familia de actores teatrales. Su padre, Tyrone Power Sr, era un destacado actor teatral descendiente de una larga saga de actores irlandeses, y estaba lejanamente emparentado con Laurence Olivier. Cuando en 1915 nace su hermana Anne, su madre Patia se hace cargo de ambos, renunciando a su carrera teatral, mientras el padre realiza giras por el país. La pareja termina divorciándose en 1920, lo que señala el inicio de un distanciamiento entre padre e hijo que durará una década.

Pero, interesado siempre en el teatro, nada más graduarse de la escuela, en 1931, se traslada a California, donde su padre trabaja ya en el mundo del cine, deseando seguir sus pasos y aprender interpretación junto a él. Pero a penas estuvieron unos meses juntos, ya que Tyrone llegó en verano, y en diciembre su padre moría en sus brazos durante un rodaje a causa de un infarto.

El joven Tyrone no renunció a su carrera como actor, y llamó a numerosas puertas, buscando los contactos que tenía a través de su padre, pero no conseguía contratos. Un pequeño papel en la película “¿Héroe o cobarde?” de 1932 no le sirvió para que le volvieran a llamar, por lo que decidió hacer caso a un amigo que le aconsejó ganar experiencia interpretativa en Broadway. Tyrone Power se trasladó a Nueva York entre 1932 y 1936, trabajando en numerosas obras de teatro.

De vuelta en Hollywood, en 1936, llama la atención del director Henry King, que estaba a punto de comenzar a rodar “Lloyds de Londres”, que narraba la historia de un agente de seguros (interpretado en su etapa de niño por Freddie Bartholomew) que, con su insistencia, consigue evitar que los mercantes vayan escoltados, reduciendo así las fuerzas navales de Horatio Nelson. Darryl F. Zanuck, el productor, no está convencido de darle el papel al recién llegado, ya que está previsto que el papel sea interpretado por Don Ameche, pero finalmente la presencia física de Power le convence para darle el papel.

Tyrone Power entró en el estreno siendo un desconocido y salió convertido en una estrella. Su presencia y su talento interpretativo lo convirtieron de inmediato en uno de los más importantes actores de la Fox.

Curiosamente, tras haberle “robado” su papel en “Lloyds de Londres”, Tyrone Power trabaja con Don Ameche en dos películas en 1937: en la comedia romántica “Amor y periodismo”, junto a Loretta Young, y en el prestigioso drama “Chicago”, en el que interpretan a dos hermanos enfrentados por la forma de gobernar la ciudad:

En 1938 repite junto a Don Ameche y Alice Faye (y de nuevo dirigido por Henry King, el director de “Chicago”) en el musical “La banda de Alexander”, en la que también trabaja Ethel Merman:

También en 1938, Tyrone Power protagoniza “Suez”, drama histórico en el que interpreta a Ferdinand de Lesseps, el constructor del canal de Suez, acompañado de Loretta Young y de una actriz francesa casi recién llegada a Hollywood, Annabella, con la que se casará en 1939:

También en 1938 es cedido a la Metro para interpretar al Conde Axel von Fersen, amante y protector de “Maria Antonieta”, drama histórico que contaba la historia de la reina de Francia, interpretada por Norma Shearer, en un reparto en el que aparecían el debutante Robert Morley como Luis XVI, John Barrymore como Luis XV o Joseph Schildkraut como Felipe “Igualdad”:

Pese al éxito de la película, Zanuck se sintió ofendido por el hecho de que la Metro hubiera usado a su gran estrella para un papel secundario, y se negó a volver a ceder a Power a ninguna otra productora. Esto le supuso, entre otras cosas, no poder optar a interpretar a Ashley Wilkes en “Lo que el viento se llevó”.

Pese a todo, su carrera pasa por un buen momento: en 1939 protagoniza “Vinieron las lluvias”, drama romántico ambientado en la India, junto a Myrna Loy y George Brent:

Pero su mayor éxito ese año será interpretando al bandido Jesse James en “Tierra de audaces”, western de Henry King en el que le acompaña Henry Fonda como su Hermano Frank, y que fue muy criticado en su época por pintar de forma demasiado positiva al bandido:

Pero su suerte cambiará en 1940 cuando protagonice “La máscara del Zorro”, junto a Linda Darnell, en la que se enfrenta en un duelo a espada con Basil Rathbone, actor y famoso espadachín que quedó sorprendido con la habilidad de Power en la esgrima:

En ese momento, una de las estrellas de la Warner era Errol Flynn, y Daryl F. Zanuck vio en Tyrone Power a un buen rival para la Fox a la hora de interpretar papeles similares. El primero será en 1941 al interpretar al torero protagonista de la adaptación de la novela de Vicente Blasco Ibáñez “Sangre y arena”, en la que abandona temporalmente a su esposa, de nuevo interpretada por Linda Darnell, seducido por una femme fatale Rita Hayworth:

En la misma línea, en 1942 protagoniza “Hijo de la furia”, en la que, además de enamorarse de Gene Tierney, tiene que enfrentarse a su tío, su rival habitual en este tipo de películas, George Sanders:

Y más aventuras, dirigido de nuevo por Henry King, en “El cisne negro”, de nuevo con George Sanders como villano y ahora con Maureen O’Hara como pareja, acompañados por Thomas Mitchell:

Por esas fechas su relación con su esposa, Annabella, se deteriora, al parecer, por el comienzo de la II Guerra Mundial, que le afecta especialmente a ella, por ser francesa, y se encuentra especialmente irritable, mientras que él se mantiene al margen hasta la entrada de Estados Unidos en el conflicto, momento en el que no tardará en alistarse en la Marina. Pese a todo, aún después de alistarse, rodará una última película, la bélica “Tiburones de acero”, junto a Dana Andrews, realizada como propaganda bélica:

Tras combatir en el Pacífico, Tyrone Power regresa a Estados Unidos a finales de 1945, quedando libre de servicio en 1946. Es sólo entonces cuando retoma su carrera cinematográfica. Y vuelve al cine por todo lo alto, protagonizando la adaptación de la novela de W. Somerset Maugham “El filo de la navaja”, en la que interpreta a un veterano de guerra que emprende un largo viaje en busca de su paz interior, y en el que comparte pantalla con Gene Tierney, Anne Baxter, Lucille Watson  o Clifton Webb entre otros:

Pero, pese a demostrar su notable talento para el cine dramático, la Fox vuelve a utilizarlo para protagonizar películas de aventuras. Protagoniza asó “El Capitán de Castilla”, interpretando a un noble español del siglo XVI que huye de la península por un enfrentamiento con la Inquisición y se une a las tropas de Hernán Cortés, interpretado por su viejo amigo Cesar Romero, en la película que será el debut de Jean Peters:

Ese mismo año, Power protagoniza el drama dirigido por Edmund Goulding (quien le había dirigido ya en “El filo de la navaja) “El callejón de las almas perdidas”, en la que interpreta a un trabajador de feria que estafa a sus clientes con trucos de adivinación hasta terminar degenerando en poco menos que un monstruo:

Este es el papel favorito de Power, pero no de Zanuck, que no soporta verle interpretando a personajes que terminan hundidos en el fango, y reconduce su carrera (de hecho, se encarga de que la película caiga en el olvido, algo que apenas cambiará hasta su edición en DVD). Primero, con dos comedias en 1948, una junto a Gene Tierney y otra junto a Anne Baxter, y con una vuelta al género de aventuras en 1949 con “El príncipe de los zorros”, en la que se enfrenta a Orson Welles.

En 1948 se divorcia finalmente de Annabella y comienza un romance con Lana Turner, a quien al parecer dejó embarazada (ella confesaría años después este hecho y que abortó al hijo que esperaban). Algún tiempo después se enamora de Linda Christensen, con quien se casa en 1949, con quien por fin podrá formar la familia que siempre soñó, al nacer dos hijas, Romina en 1951 y Taryn Stephanie en 1953.

En 1950 repite en el género de aventuras, y de nuevo junto a Orson Welles, en “La rosa negra”, interpretando a un Sajón que huye a Asia para evitar a sus odiados normandos:

Pero Tyrone Power está harto de los papeles que la Fox le obliga a protagonizar. Por ello, en 1950 decide marchar a Londres para trabajar en teatro. Varios fracasos cinematográficos en los años siguientes le llevaron a impulsar su carrera teatral y a trabajar cada vez menos en cine. En 1953 interpretará su último gran papel en el cine de aventuras, “El Capitán King”, ambientada en la India, en la que le acompaña Terry Moore:

Tras rechazar protagonizar “La túnica sagrada” en 1953 (papel que terminará catapultando a la fama a Richard Burton, pese a ser probablemente su peor papel) y sin ningún estreno en 1954, en 1955 trabaja por última vez para la Fox en la película de aventuras africanas “Caravana hacia el sur”, junto a Susan Hayward, y a partir de ahí se permite el lujo de elegir los papeles que va a interpretar. Y el primero será “Cuna de héroes”, drama militar dirigido por John Ford en el que volverá a trabajar junto a Maureen O’Hara:

También en 1955 se divorcia de su mujer, Linda Christensen. Las infidelidades de ella (y probablemente de él) no ayudaron, pero es que a ella le gustaba mucho ir difundiendo rumores sobre la orientación sexual de su marido, destacando la estrecha relación que le unía con Cesar Romero (quien muchos años después reconocería abiertamente su homosexualidad). A Power se le atribuirán romances con Marlon Brando o con Errol Flynn, aunque ninguno de ellos puede ser probado. Esta situación llevó finalmente a que Power se divorciara de Christensen en 1955 y decidiera no volver a casarse nunca, pese a que tuvo algunas parejas conocidas en los siguientes años.

En 1956 protagoniza “La historia de Eddy Duchin”, drama biográfico dirigido por George Sidney que cuenta la historia de un famosos pianista que pierde en el parto a su esposa, interpretada por Kim Novak, lo que le aleja de su hijo (interpretado por Rex Thompson), que pese a todo seguirá sus pasos al piano, y al que finalmente le tendrá que confesar que padece una enfermedad terminal:

En 1957 vuelve a trabajar a las órdenes de Henry King en “Fiesta”, adaptación de la obra de Ernest Hemingway en la que comparte pantalla con quien fuera su “rival” Errol Flynn, junto a Ava Gardner y Mel Ferrer:

Su último papel fue la mejor decisión que podía haber tomado nunca: trabajar a las órdenes de Billy Wilder en su adaptación de la obra de Agatha Christie “Testigo de cargo”, una de las mejores películas de la historia: un drama judicial con unos inmensos Charles Laughton (con quien Power había trabajado previamente en teatro) y Marlene Dietrich:

El talento interpretativo de Tyrone Power siempre había sido puesto en duda por el tipo de papeles que le tocaba interpretar, lo que le supuso no haber sido nunca nominado al Oscar (lo mismo que le sucedió a Flynn, por otro lado), pero si alguien dudaba de que era un magnífico actor, aquí lo demostró de sobra. Ya no vale hablar de la presencia escénica, ya que, con 43 años, el actor se encuentra bastante envejecido; no es su belleza la clave de su éxito, de su magnetismo ante la cámara. Y, pese a todo, la película tuvo poco éxito en los premios y ni Power ni Dietrich fueron nominados al Oscar que merecían.

En 1958 rompe con su promesa de no volver a casarse y se casa, por tercera vez, con Deborah Jean Montgomery Minardos. La pareja se traslada a Madrid, donde Power va a trabajar a las órdenes de King Vidor en “Salomón y la Reina de Saba”, junto a Gina Lollobrigida. Con el rodaje muy avanzado, Power se dispone a rodar una escena de duelo frente a su histórico rival, George Sanders, cuando se desvaneció: había sufrido un infarto (lo mismo que le sucedió a su padre). Se lo llevaron al hospital en el coche de Lollobrigida, pero Power no llegó con vida. Tenía sólo 44 años, y su esposa estaba embarazada.

Vidor tuvo que buscar un sustituto para volver a rodar buena parte de la película (pese a que en las escenas en las que aparece más lejano de la cámara se conserven los planos rodados por Power), siendo el elegido su amigo Yul Brynner. El director no queda satisfecho con el trabajo de Brynner: se muestra demasiado seguro de sí mismo, frente al carácter mucho más dubitativo que lucía Power, en su opinión más adecuado para el film.

El deseo de toda su vida de tener un hijo se cumplió apenas dos meses después de su muerte, al nacer su hijo Tyrone Power Jr, que terminaría siendo también actor. El cuerpo de Power fue trasladado a Estados Unidos y enterrado en el Hollywood Forever Cemetery:

Tyrone Power es quizá el mejor ejemplo de un actor echado a perder por las grandes productoras, que fueron incapaces de aprovechar su talento prefiriendo las posibles ventajas económicas de películas que no satisfacían al actor. Sólo en sus últimos años Power pudo rodar los proyectos que le interesaban, demostrando que, mucho más que un galán, era uno de los actores con más recursos interpretativos de su época. Mucho salimos perdiendo los cinéfilos con estas decisiones poco acertadas, aunque en el fondo disfrutemos con esas películas de aventuras de las que fue uno de los más grandes exponentes.



130 años del nacimiento de Max Steiner (10-05-2018)


Fue quien revolucionó la visión que Hollywood tenía sobre las Bandas Sonoras tras la llegada del cine sonoro. Trabajador incansable, autor de unas 300 bandas sonoras, entre ellas algunas de las más memorables partituras cinematográficas, recordamos en el 130 aniversario de su nacimiento a Max Steiner.

Maximilian Raoul Steiner nació el 10 de mayo de 1888 en Viena, por aquel entonces capital del Imperio Austro-Húngaro y una de las ciudades musicalmente más importantes del momento. La familia Steiner, de origen judío, estaba muy vinculada al mundo teatral, mientras su madre había sido bailarina. De hecho, su padrino fue el compositor Johann Strauss. Vinculado desde muy niño al teatro, en especial al musical, las inclinaciones artísticas del joven Steiner no tardan en despuntar, abandonando la Universidad Tecnológica para poder estudiar en la Academia Imperial de Música. Allí, su enorme talento es percibido por grandes compositores como Gustav Mahler o Robert Fuchs, que le darán clases privadas, permitiéndole superar en un año cuatro cursos. Estudia numerosos instrumentos, además de armonía, contrapunto y composición.




En seguida despunta como compositor de opereta y como director de orquesta. Su éxito dirigiendo “Die lustige Witwe” de Franz Léhar hace que sea invitado a dirigirla en Londres en 1906. Steiner se establece en la capital británica, como compositor y director de obras teatrales y de sinfonías. Y allí permanecerá 8 años, hasta 1914, cuando comienza la I Guerra Mundial. Steiner es austriaco, y por lo tanto es visto como enemigo por la sociedad inglesa, así que gracias a su amistad con Hugh Grosvenor, duque de Westminster, consigue huir a Nueva York, donde llega en la miseria en diciembre de 1914.

Pero, una vez en Nueva York, comienza de inmediato a trabajar en Broadway, apenas en la faceta de compositor (“Peaches”de 1923), pero sí como director e incluso como arreglista y orquestador (orquestará por ejemplo la partitura de George Gershwin para “Lady be good” en 1924). En 1927 orquestaráy dirigirá el estreno de musical “Rio Rita” de Harry Tierney, y cuando en Hollywood se planea la adaptación cinematográfica del musical, en 1929, llaman a Max Steiner para dirigir la adaptación musical. Steiner se traslada a Los Angeles, y trabaja ya en exclusiva para el cine. Entre sus primeros trabajos relevantes se encuentran “Cimarron”, un western de 1931, y “Ave del paraíso”, película de aventuras de 1932. Pero su gran oportunidad vendrá cuando, en 1932, David O’Selznik cuenta con él para componer la partitura de “La melodía de la vida”, drama judío para el que compone un tema, como era característico en la época, para que suene en la apertura de la película. Pero Selznik se queda tan satisfecho con la partitura, que le encarga escribir más música, que sonará a lo largo de la película:

Pero será en 1933 cuando por fin aparezca su verdadero estilo. Ese año, la productora RKO, para la que Steiner estaba trabajando, iba a estrenar la ambiciosa “King Kong”. Originalmente, los productores no tenían intención de utilizar nueva música para la película, pero los decepcionantes resultados de los efectos especiales les empujaros a llamar a Steiner y darle carta blanca para componer una extensa partitura a lo largo de todo el film:

No era la primera partitura importante de Steiner, que ya había llenado de música la práctica totalidad del metraje de “Ave del paraíso”, pero en esta ocasión, la partitura fue todo un éxito. Si ya en 1931 la partitura que Alfred Newman había compuesto para “La calle” de King Vidor era más ambiciosa de lo tradicional (una pista más o menos larga para los títulos de crédito iniciales, una pista breve para el final de la película y, en ocasiones, algo de música diegética, es decir, que suena en la propia película, que los personajes están escuchando, en un baile o por la radio, por ejemplo), todavía se seguía evitando incorporar música que acompañara los diálogos de los personajes, por temor a que estos se perdieran. Steiner, por el contrario (al igual que Newman), considera que la música puede realzar las emociones del film, además de ayudar a ambientarlo. Por eso, su música tiene una gran riqueza cromática y temática. Pero todavía no ha llegado el tiempo de lucirla en su máximo esplendor, y partituras como la de “Las cuatro hermanitas”, película de George Cukor protagonizada por Katherine Hepburn, van a seguir ancladas en el concepto de tema inicial y poco más:

Max Steiner también adapta la música que se va a utilizar en algunos de los más importantes musicales de los años 30, en especial en esos protagonizados por Fred Astaire y Ginger Rogers, como “La alegre divorciada”, de 1934:

Más ambiciosa será en 1934 su partitura para “La patrulla perdida”, film bélico de John Ford ambientado en Mesopotamia. Sus ritmos irregulares le imprimen ese ambiente tenso que repetirá en numerosas ocasiones posteriores (e incluso reutilizará en “Casablanca”, como veremos más adelante):

Max Steiner recibirá sus dos primeras nominaciones al Oscar por ambas películas, “La alegre divorciada” y “La patrulla perdida”.

Repite con John Ford (y con el actor Victor McLaglen, que protagoniza ambas películas) en 1935 con “El delator”, partitura de carácter de nuevo opresivo, al contarnos la historia de un delator del IRA:

Esta partitura le valdrá su primer Oscar, aunque en estas fechas este premio no lo recibe el compositor, sino la productora.

Pero poco después, Selznik abandona la RKO y se lleva consigo a Steiner, que compondrá en 1936 la partitura de “El jardín de Alá”, que le valdrá una nueva nominación al Oscar. Además, Steiner firma un contrato con la Warner, siendo su primer trabajo para esta productora “La carga de la brigada ligera”, film bélico protagonizado por Errol Flynn y Olivia de Havilland, en el que de nuevo luce su capacidad para transmitir el dinamismo de las escenas bélicas y las marchas militares, como en este tema principal:

Pero en la Warner, Steiner se va a encontrar con un duro competidor: Erich Wolfgang Korngold, un prestigioso compositor clásico recién llegado a Hollywood, que goza de un contrato privilegiado y apenas compone una partitura al año. Steiner compondrá muchas partituras anuales, en películas como “La vida de Émile Zola”, “Ángeles con caras sucias” o “Jezabel”, película de William Wyler protagonizada por Bette Davis y Henry Fonda, para la que compone un bellísimo vals, de ritmo vienés en su tema principal y otro ritmo más agitado, de subdivisión ternaria, de sonoridad más eslava, en el segundo tema. Las influencias clásicas centroeuropeas de Steiner quedan claras:

El uso de la música para destacar aspectos fundamentales de la película resulta aquí muy evidente. Basta con volver a verla y fijarse en como un pequeño apunte musical subraya el momento en el que un mosquito pica a Henry Fonda (aunque esto sería un gazapo. Alerta spolier: se supone que los ricos burgueses de Nueva Orleans huyen al campo para no contagiarse de la fiebre amarilla, y que Henry Fonda se contagia por ir a menudo a la ciudad, pero la mencionada escena en la que le pica un mosquito transcurre en el campo, con lo que no tiene sentido).

Mientras, Max Steiner sigue trabajando con Selznik: “El pequeño Lord” en 1936, “Ha nacido una estrella” en 1937 y “Las aventuras de Tom Sawyer” en 1938, en la que se percibe su asimilación del estilo musical más propiamente americano, que conoce a fondo por su trabajo en musicales en sus primeros años americanos:

Pero Selznik llevará a la fama absoluta a Max Steiner con su siguiente y más ambicioso productor: la adaptación de la novela de Margaret Mitchell “Lo que el viento se llevó”, dirigida originalmente por George Cukor y posteriormente por Victor Fleming y protagonizada por Clark Gable y Vivien Leigh. La duración de la película ronda las 4 horas, y Steiner llena el metraje de música, en la que probablemente sea su mejor partitura (y la mejor banda sonora de todos los tiempos). El Tema de Tara es uno de los temas cinematográficos más célebres de la historia del cine, y con razón:

Pero, ¿qué tal encaja con las escenas, que es a fin de cuentas lo que nos importa? Veamos la escena más mítica de la película:

Steiner usa un recurso operístico muy wagneriano: el leitmotiv. Un leitmotiv es un tema musical asociado a un personaje, un lugar o una situación concreta. Por lo tanto, cada vez que lo escuchemos a lo largo de la ópera o de la película, sabemos que ese personaje, ese lugar o esa situación tienen una gran importancia en la escena. Pues bien, el tema de Tara es el leitmotiv de un lugar, de Tara, pero en realidad significa algo más: el hogar. Tras sufrir los horrores de la guerra, Scarlett tiene que huir de una Atlanta a punto de caer en manos Yankis y sólo desea volver a su hogar. Y cuando lo hace, se encuentra con una situación desoladora: pobreza, miseria, muerte, incluyendo la de su madre… no, el regreso al hogar no es lo que ella esperaba. Y además está ansiosa por poder comer. Por eso escuchamos esa melodía llena de tensión al comienzo de la escena. Entonces pronuncia el juramento de que nunca volverá a pasar hambre, y escuchamos ese tema de Tara: no importa la situación que se haya encontrado, Scarlett vuelve a estar en su hogar, y eso es lo que le da esa emotividad al tema, que tiene un notable carácter nostálgico, no es un tema alegre precisamente. Además, el tema es interpretado por los metales, mientras las cuerdas tocan el acompañamiento: estos metales le dan un componente heroico: el esfuerzo que ha costado volver a Tara ha sido titánico, pero ha merecido la pena, porque por fin volvemos a casa.

Por cierto, Selznik quería que Steiner usara música clásica en la partitura, pero Steiner pensaba que los americanos estaban familiarizados con muchos temas de música popular, pero no tenían la cultura clásica necesaria para entender las citas de compositores clásicos. Por eso, en las partituras de Steiner vamos a encontrar numerosas citas de canciones populares o de marchas militares, pero muy pocas referencias a obras clásicas.

En 1939, Max Steiner recibe dos nominaciones al Oscar, por “Lo que el viento se llevó” y por “Amarga victoria”. Pero, incomprensiblemente, ese año se irá de vacío.

Aquí se hace necesario explicar el estilo compositivo de Steiner. Él contaba con un dispositivo que le permitía ver la película montada y cronometrar exactamente en qué momento transcurría cierta escena clave. Mientras, iba desarrollando los leitmotivs que iban a aparecer en la partitura, y, una vez compuestos, los adaptaba al tiempo que le daba el cronómetro para que encajaran a la perfección con el momento que él buscaba. Los resultados están a la vista.

En los siguientes 4 años va atrabajar en exclusiva para la Warner. Su primera partitura remarcable será la de “La carta” en 1940, película de William Wyler de nuevo protagonizada por Bette Davis y ambientada en el sudeste asiático. Como cualquier gran compositor clásico, Steiner recurre a temas orientales que contribuyan a la ambientación de la película, mientras los temas más íntimos van a tener ese carácter opresivo tan característico de las partituras de Steiner:

Por esta partitura recibirá una nueva nominación al Oscar, nominación que repetirá en 1941 por “El sargento York”, dirigida por Howard Hawks y protagonizada por Gary Cooper, en la que pasa de los temas de carácter más intimista de la primera mitad de la película a los temas militares de la segunda mitad:

Hay que destacar, en todo caso, que con un ritmo de trabajo tan frenético, Steiner por lo general sólo compone los temas, pero no los orquesta; esta labor cae a menudo en manos de Hugo Friedhofer, hasta que éste comience a destacar como compositor y sea sustituido por Murray Cutter.

En 1942 compone algunas de las mejores bandas sonoras de su carrera. Vuelve a trabajar con Errol Flynn y Olivia de Havilland, dirigidos por Raoul Walsh, en la mítica “Murieron con las botas puestas”, para la que compone uno de los temas de amor más bellos que salieron nunca de su pluma, además de temas de marcado carácter militar:

También compone la partitura de otra película mítica, “Casablanca”, dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Humphrey BogartIngrid Bergman y Claude Rains:

Aquí escuchamos un tema que nos recuerda demasiado al que ya hemos escuchado en “La patrulla perdida”. Además, Steiner usa como leitmotivs dos canciones existentes (nada novedoso, compositores como Wagner o Meyerbeer también lo habían hecho un siglo antes): por una parte, el himno francés, la marsellesa, que sirve como leitmotiv de libertad, de la resistencia anti-nazi, y por otro ese “As time goes by” de Herman Hupfeld, que sirve como tema de amor. Steiner quiso utilizar una canción suya, pero como la película ya había sido rodada, había que volver a rodar algunas escenas, y como Ingrid Bergman se había cortado el pelo para rodar “Por quién doblan las campanas” y no se encontró ninguna peluca que se asemejara a su cabello, no pudo incluirse la canción que Steiner quería componer. Por esta partitura, Steiner será nominado al Oscar (aunque Casablanca no entra en los Oscars de 1942, sino en los de 1943).

Y su otra gran partitura de ese año es “La extraña pasajera”, de nuevo con Bette Davis, Claude Rains y Paul Henreid (el Victor Lazslo de Casablanca), en una partitura de estilo melodramático en la que destaca la belleza de la melodía principal, lo que nos enlaza con la tradición melódica francesa, ya que las influencias musicales de Steiner, en especial las del romanticismo europeo, son numerosísimas:

Nueva nominación al Oscar, que en esta ocasión consigue llevarse a casa. Y, a diferencia de lo que sucedía en 1935, ahora sí que el Oscar se entrega al compositor.

En 1943 sigue trabajando en películas que en su momento fueron grandes éxitos, como “Alarma en el Rhin”, que le valió el Oscar a mejor actor a Paul Lukas, pero que hoy está completamente olvidada. Más destacables son sus trabajos de 1944. Una de ellas es “Las aventuras de Mark Twain”, protagonizada por Fredric March y Alexis Smith, con una sonoridad plenamente americana que le valdrá una nueva nominación al Oscar:

Ese año colabora también con el director Frank Capra (con quien había trabajado el año anterior en un documental) en la negrísima comedia “Arsénico por compasión”, protagonizada por Cary Grant, en la que combina melodías románticas, cómicas, de intriga y otras simplemente grotescas, según lo requiera la cambiante situación de tan alocada película:

También en 1944, la Warner trata de repetir el éxito de “Casablanca” con la casi olvidada “Pasaje a Marsella”, de nuevo con Michael Curtiz, Humphrey Bogart, Claude Rains, Peter Lorre o Sidney Greenstreet. Lógicamente, la partitura se le encarga a Max Steiner, que aquí, a diferencia de “Casablanca”, recurre mucho más a temas compuestos por él mismo, destacando la belleza melódica del tema de amor:

Y ese año vuelve a trabajar para Selznik por primera vez desde “Lo que el viento se llevó”, en esta ocasión para un drama ambientado en la II Guerra Mundial, en las esposas y familias que se quedan sin el padre, que está combatiendo en el frente. La película, protagonizada por Claudette Colbert, Jennifer Jones y Joseph Cotten, requiere de un tema principal tranquilo, amable, como la protagonista, pero al mismo tiempo capaz de transmitir esa nostalgia por el marido ausente, mientras Steiner compone otros temas de distinto carácter, destacando la grotesca melodía asociada al perro, interpretada por el fagot, y otros temas de carácter militar que nos recuerden la situación bélica que estamos viviendo, o cita la canción de cuna de Brahms:

Esta película le valdrá a Max Steiner su tercer y último Oscar. Trabajar con Selznik parece que le traía buena suerte.

En los siguientes años, sus mayores éxitos llegarán con adaptaciones musicales, como en “Rapsodia en azul”, de 1945, biopic de George Gershwin, o en 1946 con “Noche y día”, biopic de Cole Porter protagonizado por Cary Grant, ambos valedores de una nominación al Oscar. Pero quizá su partitura más reseñable de esos años sea la del clásico de cine negro “El sueño eterno”, de Howard Hawks, con Humphrey Bogart y Lauren Bacall, en cuyo tema principal va a predominar el aspecto más romántico de la película:

En 1947, es nominado por partida doble al Oscar, una por el musical “My wild irish rose” y la otra por “Vivir con papá”, comedia de Michael Curtiz protagonizada por William Powell, Irene Dunne y Elizabeth Taylor, de ritmo desenfadado y sonoridad de nuevo ya plenamente americana:

En 1948 destacan sus trabajos en dos películas protagonizadas por Humphrey Bogart, y ambas dirigidas por John Huston. La primera será la opresiva “Cayo Largo”, con Lauren Bacall, Edward G. Robinson y Lionel Barrymore, en la que consigue transmitir a la perfección ese ambiente de permanente tensión que requiere el film:

La otra será el drama “El tesoro de Sierra Madre”, en una partitura con la sonoridad mexicana que requiere la ubicación del film y que muestra también un carácter opresivo, como la atmósfera que viven esos ambiciosos buscadores de oro capaces de cualquier cosa con tal de conseguir el ansiado premio:

También trabaja de nuevo para Errol Flynn, en “El burlador de Castilla”, en la que consigue reproducir la música tradicional española, además de trabajar en un género, el de capa y espada, que tradicionalmente se había asociado a Korngold (“El capitán Blood”, “Robin de los bosques”, “El halcón de mar, todas ellas protagonizadas por Errol Flynn):

Pero su mejor trabajo ese año, y el único por el que consigue estar nominado al Oscar, será su trabajo en “Belinda”, la historia de una joven sorda interpretada por Jane Wyman que es violada. El tema principal, de nuevo de una exquisita belleza, nos transmite la inocencia de esta joven que, en el fondo, es una niña:

En 1949 recibe una nueva nominación al Oscar por “Más allá del bosque”, drama de King Vidor con Bette Davis y Joseph Cotten, y en 1950 es nominado por otra magnífica partitura, la de “El halcón y la flecha”, film de capa y espada protagonizado por Burt Lancaster y ambientado en el norte de Italia. Steiner recurre a ritmos típicos italianos, como la tarantella, para conseguir la mejor ambientación posible, aunque podamos encontrar similitudes incluso con la sinfonía italiana de Mendelssohn:

En 1951 compone la partitura del western de Raoul Walsh “Tambores lejanos”, protagonizado por Gary Cooper, y en la que de nuevo destaca su capacidad de ambientación gracias a la música, por el uso de percusiones que puedan evocarnos a los indios norteamericanos:

En 1951 pone música a la bélica “La flota silenciosa”, protagonizada por John Wayne, en una partitura llena de tensión:

En 1952 es nominado al Oscar por “El mensaje de Fátima”, y repite nominación en 1954 por la magistral partitura de “El motín del Caine”, magistral drama militar protagonizado por Humphrey Bogart y José Ferrer, para el que compone una de sus mejores marchas militares:

Ese mismo año se estrena en el género histórico, hasta ese momento propiedad de Alfred Newman y Miklós Rózsa, en “El talismán”, historia ambientada en las cruzadas con Rex Harrison y Virginia Mayo de protagonistas:

Y repite género, de forma más afortunada, en “Helena de Troya”, con un memorable tema principal que nos recuerda a sus grandes partituras del pasado:

Y ese año vuelve a estar nominado al Oscar por el drama bélico “Más allá de las lágrimas”, de nuevo dirigido por Raoul Walsh:

Pero su mejor partitura de la década está por llegar. Max Steiner no era el compositor preferido de John Ford, que prefería los estilos de Alfred Newman o Victor Young, en general menos ambiciosos, y con menor presencia en el metraje, que las partituras de Steiner, pero se vio obligado a contar de nuevo con él para uno de sus mejores westerns, “Centauros del desierto”, protagonizado por John Wayne y Jeffrey Hunter. Escuchando la magistral partitura que compone Steiner, sólo queda recordar que los grandes genios también se equivocan, y Ford no iba a ser la excepción:

Pero la película, incomprensiblemente, no recibe ninguna nominación al Oscar, y ni siquiera Steiner se libra de esta maldición que parecen tener los westerns de John Ford.

En 1959 trabaja en otro western, “El árbol del ahorcado”, dirigido por Delmer Daves y protagonizado por Gary Cooper. El ritmo de trabajo de Steiner se ha reducido considerablemente, y aquí no es difícil escuchar por momentos el mismo tema que sonaba en “Centauros del desierto”:

Y, pese a todo, Steiner alcanza ese año uno de los mayores éxitos (al menos comercialmente hablando) con el tema principal de “En una isla tranquila del sur”, también dirigida por Delmer Daves, protagonizada con la joven pareja de moda, Sandra Dee y Troy Donahue; esto permite a Steiner ser conocido por una nueva generación que en esos momentos se encontraba en la adolescencia:

Buscando repetir el éxito, Delmer Daves vuelve a contar con él en “Parrish”, drama protagonizado por Claudette Colbert, Karl Malden y, cómo no, Troy Donahue, el guaperas del momento. En un momento en el que la forma de entender las bandas sonoras está cambiando (influencias del jazz y de músicas populares la época, los cambios de concepto de Bernard Herrmann o Jerry Goldsmith), el estilo de Steiner también ha cambiado. Poco queda de aquel brillante compositor de estilo tardorromántico de creatividad incansable. Sus nuevas partituras, conservando aún en parte la brillantez melódica de su periodo de esplendor, han perdido mucha de la brillantez que tenían apenas una década antes:

Delmer Daves será uno de los directores que siga contando con él en los siguientes años, como prueba su colaboración en “Más allá del amor”, de nuevo con Troy Donahue, acompañado ahora por Angie Dickinson:

El otro será Raoul Walsh, que contará con él para el western “Una trompeta lejana”, protagonizado de nuevo por Troy Donahue (y pensar que hoy día nadie se acuerda de este actor…), en una partitura que recuerda peligrosamente a la marcha militar de “La carga de la brigada ligera):

Su último trabajo será para una película de la Disney, “Those Calloways”, de 1965. El tema grotesco para describir a los gansos para los que la familia Calloway quiere construir una reserva es de nuevo un recurso ya utilizado por Steiner, aunque la partitura no carece e interés:

En 1963, Max Steiner escribe una autobiografía que, por desgracia, no se publicó, y en la que parece ser que contaba detalles desconocidos de su infancia. De hecho, se desconoce de la fecha de divorcio de su primera esposa, con la que se casó en 1912. Steiner se casaría otras tres veces, pero sólo tendría un hijo, Ron, con su tercera esposa, la arpista Louise Klos. Su hijo murió en 1962, justo antes de comenzar a escribir sus memorias.

Retirado en sus últimos años, Max Steiner moría de un infarto el 28 de diciembre de 1971 en Beverly Hills a los 83 años, siendo enterrado en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery de Glendale.

Max Steiner se ganó con su incansable labor un importante lugar en la historia de la música cinematográfica, que revolucionó y que dominó durante dos décadas en las que nos regaló muchas de las partituras más memorables del Hollywood clásico. Aún a día de hoy sigue siendo un referente de todos los compositores sinfonistas de Hollywood, de los que fue el primer gran exponente.



30 años de la muerte de Trevor Howard (07-01-2018)


Estaba llamado a ser el galán por excelencia del cine romántico, pero un actor de origen teatral como él busca nuevos retos, papeles difíciles y huir del encasillamiento. Y así perdió la oportunidad de convertirse en estrella, pero en su lugar se convirtió en un actor de enorme prestigio gracias a un inusual talento interpretativo. Un día como hoy hace 30 años nos dejaba el británico Trevor Howard.




Trevor Wallace Howard-Smith nació el 29 de septiembre de 1913 en el pueblo de Cliftonville, en el extremo sureste de Inglaterra. En 1932 se matricula en la Royal Accademy of Dramatic Art, donde nada más terminar su primer año consigue el premio al mejor actor de su clase por su interpretación del Benedicto en “Much ado about nothing” de Shakespeare. Sin haber terminado todavía sus estudios en la Academia, debuta ya en el teatro profesional, en el que trabajará hasta el estallido de la II Guerra Mundial.

Tras servir en el ejército, regresa a los escenarios en 1943. Consigue además trabajar por primera vez en una película, con un secundario sin acreditar en “Hacia adelante”, film bélico de Carol Reed de 1944, año en el que además se casa con la actriz Helen Cherry, a la que conocía de haber trabajado juntos en teatro. Será el amor de su vida y permanecerán juntos hasta la muerte de él, aunque no tendrán hijos.

David Lean descubre al actor en su papel sin acreditar en la mencionada película de Carol Reed y convence a Noël Coward, autor de la obra teatral en la que se basará la película, para protagonizar la mítica “Breve encuentro”, junto a Celia Johnson. ES difícil imaginar un mejor debut cinematográfico que esta interpretación del Doctor que se enamora de una desconocida en una estación de tren, pese a estar los dos ya casados, lo que les obliga a tomar una decisión:

En 1946 protagoniza junto a una jovencísima Deborah Kerr el drama de espionaje “I see a dark stranger”:

En 1947 protagoniza la historia de cine negro “Me hicieron un fugitivo”, que obtiene un gran éxito:

En 1949 vuelve a trabajar con David Lean en el drama romántico “Amigos apasionados”, formando un triángulo amoroso con Ann Todd y Claude Rains, pero pese a buscar repetir el éxito de “Breve encuentro”, la película es un fracaso:

Más suerte tendrá en su segunda colaboración con Carol Reed, la famosísima “El tercer hombre”, protagonizada por Joseph Cotten y Alida Valli:

Trevor Howard trabaja por esas fechas siempre en cine británico, repitiendo incluso con Carol Reed en “Desterrado de las islas”, por lo que se convierte en uno de los actores más populares en Inglaterra, pero en 1955 debuta en Hollywood, con “El infierno de los héroes”. Y en 1956 interpreta al villano del film de aventuras “Huida hacia el sol”, protagonizada por Richard Widmark y Jane Greer:

De vuelta en Gran Bretaña, obtiene una nominación al BAFTA en 1958 por acompañar a William Holden y Sophia Loren en “La llave”, de nuevo dirigido por Carol Reed:

También en 1958 trabaja junto a Errol Flynn y Orson Welles en la aventura africana “Las raíces del cielo” de John Huston, en la que lucha contra la caza de elefantes:

En 1960 consigue su única nominación al Oscar por su interpretación de Walter Morel, el duro padre de Paul, protagonista de la obra “Hijos y amantes” de D. H. Lawrence que adapta Jack Cardiff. La nominación la recibe como mejor actor, pese a que el protagonista de la historia es su hijo, interpretado por un igualmente espléndido Dean Stockwell, acompañados ambos por la brillante Wendy Hiller:

Tras repetir con Jack Cardiff en 1962 con “El león”, junto a William Holden, se enfrenta a un nuevo reto nada fácil: dar vida al Capitán Bligh, del navío Bounty, en la nueva versión de “Rebelión a bordo” que filma Lewis Milestone. Reto por partida doble: por un lado, pesa mucho el recuerdo de la interpretación que hizo del personaje Charles Laughton en 1935 en “El motín del Bounty”, y por otro, por enfrentarse al protagonista, la estrella del momento Marlon Brando. En mi opinión, el reto está sobradamente superado en esta segunda parte (Trevor Howard es un actor que está a años luz del sobrevaloradísimo Brando), mientras en su enfrentamiento con Laughton el histrionismo de éste quizá le dé un puntito más a tan desagradable personaje, aunque Howard siga dándonos una interpretación magistral, como acostumbraba:

Cambiando de registro, en 1964 acompaña a Cary Grant y Leslie Caron en la comedia “Operación Whisky”:

En 1965 participa en el film bélico (género en el que va a participar a menudo) de Michael Anderson “Operación Crossbow”, con un reparto de lujo encabezado por George Peppard y Sophia Loren:

Secundario de lujo en grandes producciones, le tenemos junto a Yul Brynner en “La leyenda de un valiente” de 1967, drama de aventuras en la India dirigido por Ken Annakin:

En 1968 trabaja bajo las órdenes de Tony Richardson en “La última carga”, interpretando a Lord Cardigan, uno de los autores del desastre de la masacre de la brigada ligera en la Guerra de Crimea, presentando una visión muy negativa del personaje, mujeriego, malhablado, vividor y militarmente desastroso que no iba a agradar en Hollywood, enfrentándose al protagonista, David Hemmings:

De nuevo en el género bélico, participa en 1969 en “La batalla de Inglaterra” junto a un reparto de lujo, tan habitual en las superproducciones bélicas de la época:

Pero en 1970 llegará uno de sus mejores papeles (el mejor quizá) en la infravalorada “La hija de Ryan”, última colaboración con David Lean, el director que le lanzó a la fama, interpretando al cura del pueblo, uno de los pocos personajes que no se deja cegar por el odio hacia los ingleses al tratar el caso de la infidelidad de la hija de Ryan con un soldado inglés, pese a estar casada con un impecable Robert Mitchum:

Trevor Howard sigue trabajando como secundario en grandes películas, interpretando a Lord Cecil en “María, Reina de Escocia” junto a Vanessa Redgrave y Glenda Jackson, o al Papa León IV en “La Papisa Juana” junto a Liv Ullman y Franco Nero. Y en 1972 interpreta a Richard Wagner en el “Ludwig” de Luchino Visconti, historia de Luis II el Loco de Baviera protagonizada por Helmut Berger y Romy Schneider:

Por esas fechas participa incluso en films de terror, como “La casa nº 11”. Trabaja además en la película para televisión “El Conde de Montecristo” de 1975, que protagoniza Richard Chamberlain. Sigue trabajando en gran número de películas, generalmente en papeles menores, y en su mayoría olvidables, con excepciones como “Supermán”, interpretando a uno de los ancianos de Krypton, o “Gandhi”, de 1982, dirigida por Richard Attenborough, donde interpreta al juez que juzga por sedición al líder indio interpretado por Ben Kingsley:

En sus últimos años, Trevor Howard, que padece problemas de salud y es alcohólico, trabaja más en televisión, como en las miniseries “Pedro el Grande” y “Shaka Zulu”. Su último papel será en la película “El amanecer”, protagonizada por Anthony Hopkins, que se estrena en 1988.

Finalmente, sufriendo de cirrosis, Trevor Howard muere a causa de un fallo hepático el 7  de enero de 1988 en su residencia en el barrio londinense de Barnet, a los 74 años, siendo enterrado en la cercana iglesia de St. Peter.

Trevor Howard era uno de esos intérpretes salidos del teatro inglés, polivalentes, sobrios, sin miedo a ningún tipo de papel, acostumbrados a papeles que en Hollywood estarían prohibidos por la censura, capaz de resultar memorable como galán romántico o como villano, como héroe de guerra o como secundario de carácter. Un actor que estaba siempre impecable en cada papel que interpretaba.



50 años de la muerte de Claude Rains (30-05-2017)




Hay actores (y actrices, no es cuestión de género) que, aunque  hayan ejercido toda su vida de secundarios, se convierten en verdaderos robaescenas, quitándoles el protagonismo a actores a menudo de talento muy inferior. De entre esos grandes secundarios de la historia, hay unos pocos que podrían disputarse el mérito de ser el mejor secundario de la historia; para mí, el campeón es quien hoy nos ocupa, Claude Rains. Ese actor al que todo fan del cine clásico conoce aunque no identifique.




William Claude Rains nació el 10 de noviembre de 1889 en Londres. No tuvo una infancia fácil en absoluto; él mismo afirmaba que se había criado en la ribera equivocada del Támesis. Su padre era el actor Fred Rains, que tuvo con su mujer Eliza 12 hijos, de los que sólo 3 sobrevivieron; el resto murió por malnutrición. Claude tenía problemas de pronunciación, además de un marcado acento de los bajos fondos londinenses. Abandonó temprano la escuela para vender periódicos y así ayudar económicamente a la familia, además de cantar en el coro de la iglesia.

Desde niño vivió por dentro el mundo del teatro acompañando a su padre. Ya con 10 años interpretó un pequeño papel, y después ejerció distintas labores dentro del teatro hasta dedicarse a la interpretación. Y en 1913 decide trasladarse a Nueva York, pensando que allí tendrá mejores oportunidades laborales. Pero no tardará en volver a Londres.

Y es que en 1914 estalla la I Guerra Mundial, y Claude Rains se enrola en el ejército, en el que sirve junto a actores como Basil Rathbone, Ronald Colman o Herbert Marshall. Será durante la guerra, en un ataque con gas, cuando pierda el 90% de visión de su ojo izquierdo. Pese a todo, alcanza el grado de capitán:

Terminada la Guerra, Claude Rains permanece en Londres, donde alcanza gran prestigio como actor. Llama así la atención de Sir Herbert Beerbohn Tree, que acababa de fundar la Royal Accademy of Dramatic Art. Se encarga de que Rains reciba clases de dicción que cambian por completo su forma de hablar, dándole un acento mucho más aristocrático. Poco después comienza a dar clases de interpretación en la propia academia, teniendo como alumnos a Charles Laughton o John Gielgud, ambos actores que siempre admiraron a su profesor, y posteriormente también pasarían por sus clases Laurence Olivier o Vivien Leigh. En la academia conocerá también a su primera esposa, Isabel Jeans. En total, Claude Rains se casó 6 veces, divorciándose de las 5 primeras, y tuvo una hija, Jennifer, con su cuarta esposa. Según contó John Gielgud, cuando era profesor, todas las alumnas suspiraban por él, ya que al parecer de joven no carecía de atractivo (aunque cinematográficamente no hayamos conocido esa faceta suya).

Y es que, pese a participar como secundario en una película muda inglesa en 1920, su debut real en el cine fue bastante tardío. En 1927 se traslada a Nueva York para trabajar en Broadway, y así en 1932 hace una audición para una película, pero no consigue el papel. Pero cuando en 1933 la Universal planea dirigir una versión de “El hombre invisible”, la primera opción, Boris Karloff, es rechazada por problemas de contrato, y cuando el proyecto cae en manos del director James Whale, él insiste en darle el papel a Rains. Y así es como debuta en el cine, en una película en la que sólo se le ve en los últimos segundos, pero cuya voz tiene un protagonismo inédito hasta la fecha:

Tras realizar varias películas menores, en general dentro del género de terror, firma un contrato con la Warner, que aprovecha mucho mejor su talento, y comienza a destacar en 1936, cuando ejerce de villano en “El caballero Adverse”, protagonizada por Fredric March y Olivia de Havilland:

Los siguientes años Claude Rains será el villano por excelencia de las películas de aventuras de la Warner, como en “El príncipe y el mendigo” de 1937, donde coincide por primera vez con Errol Flynn:

En este género, su papel más significativo es en 1938 en “Robin de los bosques”, interpretando al Príncipe Juan, junto a Errol Flynn, Olivia de Havilland y Basil Rathbone. Fue idea del propio Rains darle un estilo homosexual a su personaje:

En 1939 es cedido a la Columbia para participar en “Caballero sin espada” de Frank Capra, protagonizada por James Stewart, en la que interpreta a un senador corrupto, un papel que le permite mucho más juego interpretativo:

Por este papel recibe su primera nominación al Oscar como mejor actor secundario, que perderá frente a Thomas Mitchell por “La diligencia”.

En 1940 vuelve al cine de piratas con “El halcón de mar”, dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Errol Flynn, en la que interpreta a un villano mucho más ambiguo como el embajador español en Inglaterra:

En 1941 le tenemos en una comedia romántica, “El difunto protesta”, en la que Robert Montgomery muere y va al cielo antes de tiempo y Claude Rains tiene que buscarle un nuevo cuerpo en la tierra:

Y vuelve a trabajar con la Universal en una de terror, “El hombre lobo”, interpretando al padre del protagonista, Lon Chaney Jr.:

1942 es uno de sus mejores años, sin duda. Ese año trabaja por segunda vez (tras su breve papel en “Juarez”, en 1939) con su amiga Bette Davis (que le consideraba su mejor compañero de reparto) en “La extraña pasajera”, en la que interpreta al psiquiatra que tiene que ayudarla a superar la dependencia que tiene por su madre, Gladys Cooper, hasta que termine enamorándose de Paul Henreid:

Y ese mismo año participa en un mito del cine, una imperfección perfecta como es “Casablanca”, de Michael Curtiz, una película que debió ser un desastre pero que salió milagrosamente demasiado bien. Y es perfecta en buena parte gracias a la perfección de su reparto, como comprobamos en esta mítica escena final, con un inmenso Humphrey Bogart y Claude Rains como el cínico Capitán Louis Renault, ambiguo hasta la redención final:

Extrañamente, Casablanca no entró en los Oscars de 1942, sino en los de 1943. Claude Rains fue nominado como mejor secundario, pero perdió frente a Charles Coburn por “El amor llamó dos veces”.

En 1943 vuelve al terror de manos de la Universal protagonizando “El fantasma de la ópera”:

En 1944, la Warner busca repetir el éxito de “Casablanca” con otra película ambientada en la II Guerra Mundial y con un reparto muy similar; en este caso, el personaje de Claude Rains es bueno desde el principio. Pero la película no tuvo el éxito esperado:

Y ese mismo año repite por tercera vez junto a Bette Davis en “El señor Skeffington”, que relata la difícil relación de la pareja que forman ambos, siendo ella una vanidosa egocéntrica:

Aún siendo protagonista, es nominado al Oscar como mejor secundario, perdiendo en esta ocasión frente a Barry Fitzgerald por “Siguiendo mi camino”.

Repite como protagonista en 1945 con la adaptación de la obra teatral de George Bernard Shaw “Cesar y Cleopatra”, junto a su antigua alumna Vivien Leigh. Por este papel se convierte en el primer actor en recibir un sueldo de un millón de dólares, pero la película resulta ser un fracaso:

Claude Rains se quitó la espinita al año siguiente con el que quizá sea su mejor papel, el nazi fugitivo en Brasil que interpreta en “Encadenados” de Alfred Hitchcock, en el que es espiado por su propia esposa, Ingrid Bergman, y el verdadero amor de ésta, Cary Grant:

Por este papel recibe su cuarta y última nominación al Oscar, pero esta vez pierde frente a un veterano de la II Guerra Mundial que había perdido sus manos, Harold Russell, por hacer de sí mismo en “Los mejores años de nuestra vida”. Algo absolutamente incomprensible a día de hoy, que deja a uno de los mejores actores de la historia del cine sin Oscar.

En 1946 trabaja por cuarta y última vez junto a Bette Davis en “Engaño”, en la que ella, siendo la amante de él, recupera a su antiguo amor, interpretado por Paul Henreid, lo que lleva a un trágico final:

De sus siguientes películas, la más destacable es “Amigos apasionados”, de David Lean, en la que interpreta de nuevo al maduro marido de una joven, Ann Todd, que recupera a su antigo amor, Trevor Howard:

Sus papeles en cine en los años 50 no son en general destacables, ya que Claude Rains dirige su atención de nuevo al teatro, donde ganará un Tony al mejor actor por “Darkness at noon”. Hace también apariciones en televisión y actúa como narrador en diversas grabaciones fonográficas.

Destaca su papel como alcalde de Hamelin en la versión musical televisiva de “El flautista de Hamelin” que protagoniza Van Johnson:

Tras trabajar en “Esta tierra es mía” de Henry King en 1959, en 1960 interpreta al científico que descubre “El mundo perdido” de la obra de Ciencia Ficción de Arthur Conan Doyle:

En 1962 tiene un pequeño papel en “Lawrence de Arabia”, de nuevo dirigida por David Lean y protagonizada por Peter O’Toole:

Su último papel es como Herodes el Grande en “La historia más grande jamás contada” en 1965. Pero Claude Rains no se retiró, seguía esperando que le llamaran para algún nuevo papel, algo que por desgracia no sucedió. Rains, nacionalizado americano en 1939, pasó sus últimos años en el estado de New Hampshire, donde estaba escribiendo unas memorias que nunca llegaron a terminarse al sorprenderle la muerte a causa de una hemorragia abdominal el 30 de mayo de 1967, a los 77 años.

Al principio su alumno John Gielgud no le perdonó que desertara, que abandonara el teatro y se pasara al cine, pero después se daría cuenta de que lo que perdió el teatro lo ganó el cine, y que esto permitía que nuevas generaciones descubrieran su enorme talento. Sí, cuando ya no puede aparecer sobre las tablas, todavía se le puede ver en la pantalla, y así ha inspirado a tantos y tantos actores de generaciones posteriores. Un icono del Hollywood clásico, capaz de, con apariciones de apenas 5 minutos, eclipsar a los protagonistas; amar el cine significa necesariamente amar a Claude Rains.



Centenario del nacimiento de Peter Finch (28-09-2016)


Los años 50 habrían sido nefastos para el cine de Hollywood con la implacable irrupción de intérpretes y directores salidos del Actor’s studio, con sus exageraciones e histrionismos, si no habría sido por una serie de actores y actrices británicos que se trasladaron a Hollywood, a menudo salidos del mundo del teatro, con una forma de interpretar mucho más cercana al estilo de las grandes estrellas de los años 30 y 40. Ellas siguieron los pasos de Deborah Kerr; ellos, más tardíos, los de Richard Burton, en ambos casos unos de los mejores actores de la historia del cine. Pues entre los actores que acudieron a Hollywood a principios de los años 50 y que mantuvieron el gran nivel interpretativo de las décadas anteriores se encuentra el un tanto olvidado Peter Finch, de quien hoy se celebra su centenario.




Frederich George Peter Ingle Finch nació en Londres el 28 de septiembre de 1916. Su origen es casi un culebrón venezolano: su madre, Alicia Fisher, estaba casada por aquellas fechas con George Finch, a quien Peter consideró su padre biológico hasta muchos años después. Pero la realidad es que su padre biológico era en realidad Edward Dallas Campbell, con quien su madre mantenía una relación extramatrimonial, y con quien se casaría en 1922, ya que George se divorció de ella por esta infidelidad.

Tras el divorcio, la custodia del pequeño Peter Finch recayó en George (de ahí que le considerara su padre durante muchos años), quien lo dejó con su madre, Laura, que vivía en Francia. Pero en 1925 se trasladó con su “nieto” a Madrás, donde el pequeño pasará unos meses en un monasterio budista, lo que afectará a sus creencias el resto de su vida (Finch siempre se consideró budista).

En 1926 se traslada a vivir con su tío-abuelo a Sidney, donde pasará el resto de su infancia y terminará sus estudios. Comienza a trabajar en un periódico, pero le atrae la interpretación, por lo que debuta en teatro en 1933, y de ahí al cine, debutando en un corto que adapta la historia de la Cenicienta en 1935. Realiza algunos trabajos cinematográficos menores en Australia, hasta que se enrola en el ejército durante la II Guerra Mundial, trabajando en algunos documentales de propaganda bélica.

Terminada la guerra, crea su propia compañía de teatro, lo que le da bastante fama en Australia, hasta que, durante unas vacaciones, la pareja formada por Laurence Olivier y Vivien Leigh le descubren; Olivier le invita a trasladarse a Londres y se convierte en su mentor. Pero al igual que éste, Peter Finch sufre de pánico escénico, por lo que se siente atraído por el cine; ya en 1950 tiene un breve papel en “The wooden horse”, entre otros pequeños papeles en esos años.

Realiza algunos papeles cinematográficos tanto en Hollywood (como villano en “Los arqueros del Rey”, basada en la historia de Robin Hood), como en Gran Bretaña, aparecendo en 1953 en “The history of Gilbert and Sullivand” y en 1954 en “El detective”, comedia protagonizada por Alec Guinness.

Peter Finch estaba casado desde 1943 con Tamara Tchinarova, con la que trabajó en varias ocasiones y con la que en 1950 tiene una hija, Anita. Pero desde 1948 comienza un romance con la esposa de su mentor, Vivien Leigh, que durará varios años. Y en 1954 se supone que Leigh va a protagonizar una gran producción americana dirigida por William Dieterle y ambientada en la India (lugar de origen de Leigh): “La senda de los elefantes”. El papel protagonista se lo ofrecieron a Olivier, pero este lo rechazó por sus muchos compromisos teatrales y cedió su lugar a su protegido Finch. Pero al poco de comenzar el rodaje, Vivien Leigh sufre una crisis nerviosa y abandona la película, siendo sustituida por Elizabeth Taylor; el resto es ya parte del mito de Hollywood; pocas veces la Taylor se vería tan hermosa en pantalla:

Competir contra Dana Andrews por el amor de Lizz Taylor en un papel tan desagradable ya es todo un logro, hay que reconocerlo.

Su siguiente papel relevante es en “El príncipe negro”, en la que interpreta al villano francés que se enfrenta al príncipe Eduardo de Inglaterra que interpreta Errol Flynn:

En 1956 vuelve a Inglaterra, donde protagoniza “La batalla del Río de la Plata”, film bélico casi documental de Michael Powell y Emeric Pressburger en la que interpreta al capitán del barco nazi que durante la II Guerra Mundial se ve obligado a atracar en Montevideo, en una de sus clásicas interpretaciones llena de matices y sin histrionismos:

Sigue trabajando en Gran Bretaña, donde en 1957 obtiene su primera nominación al BAFTA por “Alarma en Extremo Oriente”. Pero su siguiente gran éxito vendrá en 1959, en una película americana (aunque con reparto británico en su práctica totalidad), “Historia de una monja” de Fred Zinnemann, en la que interpreta al médico ateo que casi conquista el corazón de la monja interpretada por Audrey Hepbrun, consiguiendo por su papel su segunda nominación al BAFTA:

Ese mismo año, tras descubrir su romance con Vivien Leigh, su mujer se divorcia de él, que se casa poco después con Yolanda Turner, con quien tendrá dos hijos.

En 1960 consigue ganar por fin el BAFTA con “Los juicios de Oscar Wilde”, en la que interpreta al famoso escritor:

Ese mismo año participa también en la adaptación que la Disney hace de “Kidnaped”, la novela de aventuras de Robert Louis Stevenson. Y en 1961 protagoniza junto a Angie Dickinson “Misión en la jungla”:

En 1961 también Peter Finch gana su 2º BAFTA por “No love for Johnnie:

De sus siguientes papeles hay que destacar su interpretación del esposo de Anne Bancroft en “Siempre estoy sola” de Jack Clayton, por la que ella se llevó nominación al Oscar y al Globo de Oro, y ganó el BAFTA, en 1964:

En 1965 forma parte del amplio reparto de “El vuelo del Fénix” de Robert Aldrich, mucho mejor que el más reciente remake:

En 1967 colabora por primera vez con John Schlesinger en la adaptación de la obra de Thomas Hardy “Lejos del mundanal ruido”, en la que interpreta a uno de los 3 pretendientes de Bathseva Everdeen, la bellísima Julie Christie: el violento y desagradable William Boldwood, que compite con Alan Bates y el magnífico Terence Stamp. Peter Finch se encuentra muy cómodo en esta adaptación de una novela victoriana, dándonos otra de sus grandes interpretaciones:

Tras repetir en 1968 con Robert Aldrich en “La leyenda de Lylah Clare”, Peter Finch protagoniza en 1969 “La tienda roja” de de Mikhail Kalatozov, en la que interpreta al explorador italiano Umberto Nobile, atormentado en sus últimos años por las decisiones que tomó tras el accidente en la expedición al polo norte. Otro papel matizadísimo en el que compite en talento con Sean Connery, que interpreta a Roald Amundsen. Por desgracia no encuentro ningún vídeo interesante en youtube para poder compartir.

Pero el lanzamiento definitivo de Peter Finch viene en 1971 con su segunda colaboración con John Schlesinger, “Domingo, maldito domingo”, en la que interpreta a un judío que lucha con Glenda Jackson por el amor del atractivo Murray Head. Por este papel no sólo se lleva su 4º BAFTA, sino que por fin consigue, más que merecidamente (está realmente magnífico) su primera nominación al Oscar y al Globo de Oro:

Mientras tanto, Finch se había divorciado de su segunda esposa en 1965, y unos años antes había tenido probablemente una hija con la cantante Shirley Bassey, con la que tuvo una aventura. Pero finalmente en 1972 se casa por tercera vez, con Mavis Barrett, con la que tendrá una hija; en total tendrá 4 hijos oficiales.

En 1973 protagoniza la fallida adaptación musical de “Horizontes perdidos”. Pero eso no quita que podamos disfrutar de su interpretación, y más en esta escena junto al gran John Gielgud:

Finalmente, en 1976 protagoniza el que será su mayor éxito, “Network”, de Sidney Lumet, en la que interpreta a un presentador de televisión que, al ser despedido, anuncia ante las cámaras que se suicidará en directo, en un papel mucho más extrovertido de lo que nos tiene acostumbrados:

La película es un gran éxito, pero Peter Finch no podrá disfrutarlo: sufre un infarto y muerte el 14 de enero de 1977, con 60 años. Es enterrado en el Hollywood Forever Cementery:

Pocos días después, su última película triunfa en los Oscars: gana el demejor guión original, mejor actriz secundaria para Beatrice Straight, mejor actriz para Faye Dunaway… y la de mejor actor para Peter Finch (en la misma categoría estaba nominado su compañero de reparto William Holden). Pese a que tanto James Dean (2 veces) como Spencer Tracy ya habían sido nominados póstumamente, Peter Finch tiene el triste honor de ser el primer actor en ganarlo después de muerto:

El Oscar lo anuncia su compañera de reparto en “Horizontes perdidos”, Liv Ullman, lo recoge el guionista Paddy Chayefsky y finalmente sube al escenario su viuda. Muy tardío (demasiado) para uno de los grandes talentos interpretativos de los años 50, 60 y 70. Un soplo de aire fresco frente a tanto histrionismo y tanto método, un actor de verdad. De esos a los que nunca te cansas de ver. La historia del cine no le ha hecho la justicia que merece, y hoy está un poco olvidado, así que nada mejor que recuperar sus películas para recordarle como el gran actor que fue.



El nacimiento de las bandas sonoras: Max Steiner versus Erich Wolfgang Korngold

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Hoy hablamos de Max Steiner y de Erich Wolgang Korngold como padres de las Bandas Sonoras. Y es que A día de hoy nos parece que una buena banda sonora es indispensable para acompañar debidamente a una película, pero esto no fue así desde el principio.




Y es que la música era indispensable para acompañar al cine mudo, que al carecer de sonido podía resultar un tanto “aburrido” sin ella. Camile Saint-Saëns es considerado el primer gran compositor en componer para el cine, de hecho. Pero con la aparición del cine sonoro, en 1927, todo cambió. Triunfó un nuevo género, imposible en el cine mudo, como era el musical, pero los demás géneros se despojaron de la música como elemento narrativo; si se escuchaba música, es porque salía en la propia pantalla. Las bandas sonoras se limitaban apenas a un tema inicial en los títulos de crédito y a otro tema al final de la película.

El primero en cambiar esta situación fue el norteamericano Alfred Newman en 1931 con la música que compuso para el film “La calle”, donde la música adquiere más relevancia. Pero serán dos importantes nombres de los años 30 los que evolucionen la banda sonora sentando las bases de lo que conocemos hoy: Max Steiner y Erich Wolfgang Korngold. Repasaremos en este post su trayectoria y destacaremos sus similitudes y diferencias.

Y comenzamos con el primero de los dos, Max Steiner:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”http://filmmusiccritics.org/wp/wp-content/uploads/2010/11/Max_Steiner.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Maximilian Raoul Steiner nació en Viena el 10 de mayo de 1888. Su familia estaba muy vinculada al mundo de la música vienesa, e incluso su padrino fue Richard Strauss. Su precocidad musical se ve claramente en el hecho de que terminó un curso de 4 años en la Academia imperial de música de Viena en un único año. Estudió de hecho con Gustav Mahler, y así, con 15 años, compone y estrena una opereta. El éxito le lleva a Londres, donde reside unos años, pero entonces comienza la I Guerra Mundial. Él, como austriaco, es encarcelado como enemigo, pero su amistad con el Duque de Westminster le salva: éste le ayuda a viajar a Estados Unidos, a donde llega en diciembre de 1914.

Una vez en Nueva York, sin dinero, trabaja como director de orquesta y arreglista en los musicales y operetas que se representan en Broadway, donde permanecerá hasta 1929. Pero entonces un compositor con el que había colaborado, Harry Tierney, le propone unirse al departamento musical del estudio cinematográfico RKO. Steiner su muda a California en 1929 y trabaja en bandas sonoras como las de Cimarrón o Ave del Paraíso. En 1932 produce su primera partitura importante, en “La melodía de la vida” de Gregory La Cava:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=ERT9isi_PBc”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Con esta partitura, Steiner comienza a sentar las bases de lo que será su idea compositiva, acompañando a la película completa, idea que desarrollará aún más al año siguiente, 1933, con una de sus partituras más famosas y desde luego la más importante que se había hecho hasta la fecha, “King Kong”:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=S8NsEXwoIuY”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Problemas de producción del film provocaron que pidieran a Steiner que volcara todo su talento en la música. Y Steiner aplica en esta partitura su concepto musical tardorromántico, de impactante acompañamiento dramático y rica orquestación (una orquesta de 80 músicos, una locura para el Hollywood de la época). El resultado fue tal que muchos críticos creen que parte del éxito del film residió precisamente en la música que compuso Steiner. Incluso el actor y músico Oscar Levant afirmó que era “una sinfonía acompañada por una película”.

El éxito le trajo un gran prestigio, pero también un enorme trabajo, ya que era el responsable musical de los estudios. Entre sus siguientes éxitos en 1934 destacan “Cautivo del deseo” y su primera colaboración con John Ford, “La patrulla perdida”, con la que obtuvo su primera nominación al Oscar. Ese mismo año tuvo otra nominación por la adaptación musical de “La alegre divorciada”, que protagonizaban la pareja de moda del musical de baile, Fred Astaire y Ginger Rogers, para quienes realizó más adaptaciones (la genial “Sombrero de copa” entre ellas).

Trabajar con Ford no le dio malos resultados. Vuelve a hacerlo en 1935 con “El delator”, por la que Ford gana el Oscar a mejor director, Victor McLaglen el de mejor actor… y Steiner el de mejor Banda sonora (aunque en esa época el Oscar no se entregaba al compositor, sino al estudio).[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=slAAQVAFASQ”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]El éxito y su amistad con David O. Selznick le llevan a dejar en 1937 la RKO y a firmar por la Warner, para la que compondrá unas 140 bandas sonoras. Pero ya en 1936 se estrena su primer trabajo en la Warner, en una película protagonizada por Errol Flynn (Steiner compone varias bandas sonoras de las películas de Flynn), “La carga de la brigada ligera”, por la que vuelve a ser nominado al Oscar:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=g6kId7Ugk-k”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Sorprende de esta partitura su capacidad para acoplarse al ritmo del caminar de los soldados o del galope de los caballos, con esa capacidad descriptiva que tanto caracteriza el estilo de Steiner. Ese mismo año estuvo nominado también por su trabajo en “El jardín de Alá”, protagonizada por Charles Boyer y Marlene Dietrich, en la que su estilo musical se adapta a las sonoridades árabes que requiere la ambientación, como en esta escena:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=FPaEllkOh84″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Repitió nominación en 1937 por “La vida de Emile Zola”, que protagonizaba Paul Muni, y de nuevo en 1938 por “Jezabel”, en la que vuelve a trabajar con Bette Davis en uno más de los melodramas en los que colaborarán. Se trata de una partitura brillante, como la de este bellísimo vals:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=Wk6I7YDf3hg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Por desgracia no encuentro en youtube la escena que me hubiera gustado poner, esa en la que a Henry Fonda le pica un mosquito, para ver cómo destaca la música ese instante fundamental en el posterior desarrollo de la historia.

La Warner estaba empeñada en tener el mejor equipo de compositores de todos los estudios (por ello Korngold también trabajará para ellos), y por eso no es de extrañar que cuidaran también el aspecto musical de ese proyecto que llevaban años acariciando, mimando… y es que una película tan esperada como “Lo que el viento se llevó” requería una partitura a su altura. ¿Lo consiguió Steiner? Juzgad por vosotros mismos:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=N_Z4DmualTc”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Se trata de una partitura extensa (tiene que cubrir las aproximadamente 4 horas que dura la película), llena de leitmotivs como este asociado a Tara, que aún no siendo un personaje, sino un lugar, tiene una gran importancia en la historia. Y es que qué sería de escenas como esta sin esa música:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=gn26pEDEhyY”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Quitadme la fotografía y la música y ¿qué me queda? Y es que sigo pensando que la película es un tostón infumable, pero el trabajo de Steiner es de tal envergadura que en mi opinión es la mejor banda sonora nunca compuesta.

Y ese año, Steiner estuvo de nuevo doblemente nominado al Oscar (la otra nominación fue por “Amarga victoria”, de nuevo junto a Bette Davis), pero incomprensiblemente no ganó; el premio fue para Herbert Stothart por “El mago de Oz”. Vale, el de mejor canción para “Over de rainbow” es indiscutible, pero comparar ambas partituras da risa…

En 1940 vuelve a colaborar con Bette Davis en “La carta”, por la que repite de nuevo nominación. Y lo será de nuevo en 1941 por “El sargento York”, pero en mi opinión ese año tiene una partitura mucho más interesante. Y es que vuelve a trabajar para Errol Flynn en “Murieron con las botas puestas”, una partitura que me encanta y de la que escuchamos aquí la suite:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=EDoYuGrU6E0″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Resulta my fácil distinguir los temas asociados a los indios, los temas militares y, sobre todo, ese bellísimo tema de amor que escucharemos, por ejemplo, en ese encuentro nocturno de Custer con su amada, interpretada, cómo no, por Olivia de Havilland. La inspiración melódica de Steiner alcanza unas cotas de belleza difícilmente superables.

Y a estas alturas, con un talento fuera de dudas, con tantos grandes trabajos y nominaciones al Oscar, es difícil entender por qué sólo había ganado una vez… pero por fin Max Steiner iba a recibir el reconocimiento que se merecía. Y es que en 1942 vuelve a componer la partitura que acompaña a otro de esos melodramas en los que brilla Bette Davis, “La extraña pasajera”:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=In-UUA0BDM0″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Y esta vez sí, con esta partitura de gran belleza melódica se lleva su segundo Oscar. Merecidamente, sin duda.

Y repitió nominación en 1943 (aunque por una película estrenada en 1942, no entiendo por qué entró en los premios del año siguiente), por una película mítica… Casablanca:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=JsjPVNJlk_I”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]La película ganó 3 Oscars (película, director y guión), pero no el de banda sonora. Y no deja de ser lógico, ya que buena parte de la banda sonora no es original, sino adaptación de canciones ya existentes. No es la única vez que Steiner utiliza canciones ya existentes en sus bandas sonoras (lo hace en Murieron con las botas puestas o en Desde que te fuiste, por ejemplo), pero es que aquí esas canciones son en buena parte los temas principales, funcionan como los leitmotivs: la Marsellesa como ese canto a la libertad, y el As time goes by como el tema de amor.

Si hasta ahora relacionamos a Steines con películas protagonizadas por Errol Flynn o por Bette Davis (para quien ese mismo 1943 compone la de “Alarma en el Rin”), a partir de ahora lo asociaremos también al nombre de Humphrey Bogart. Así, repite con buena parte del equipo de Casablanca en 1944 en otro film bélico, Pasaje a Marsella:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=ymNpbG7WKUA”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]De nuevo, entre ritmos miliares, nos regala con otro bello tema de amor para señalar la historia de Bogart con Michèlle Morgan.

Pero 1944 es su año por otra gran partitura, de una película bélica digámoslo… diferente. “desde que te fuiste” es la historia de la familia que un soldado americano deja en casa: la esposa, Claudette Colbert, y las hijas, Jennifer Jones y Shirley Temple. Para ella, Steiner compone una rica partitura que podemos escuchar a continuación:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=GDdnWTL1SJY”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Desde esa cita a la canción de cuna de Brahms como referencia a los niños que se quedan sin sus padres, esos ritmos bailables que escuchamos en esos momentos en los que la abnegada esposa busca consuelo en el viejo amigo (interpretado por Joseph Cotten) del que casi se enamora, hasta ese uso entre cómico y grotesco del fagot para el perro… pero sobre todo ese tema central, de una bellísima melancolía, que nos recuerda la soledad dela protagonista.

Steiner gana aquí su 3º (y último Oscar). La película, que en su día fue un éxito dada la situación de guerra que vivía Estados Unidos, está hoy bastante olvidada (no es la mejor de la época, desde luego), pero la partitura merece ser recordada como una de las más brillantes de Steiner.

Tras ese tercer Oscar, su carrera sigue con las adaptaciones musicales de “Rhapsody in blue” o de “Noche y día” (esa especie de biopic sobre Cole Porter que protagoniza Cary Grant), con nuevas nominaciones al Oscar (sin mayor relevancia) y con más films de Bogart, como “El sueño eterno” o “Cayo largor”, aunque la más remarcable será posiblemente la de “El tesoro de Sierra Madre”, de 1948:

[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=PbeCSLG8Brk”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Ciertos aires mexicanos y otros más ligeros, más aventureros, no eclipsan el opresivo tema central, de gran dramatismo, buen símbolo para la ambición y la codicia que se crea entre esos buscadores de oro en las colinas mexicanas.

Pero la nominación al Oscar en ese mismo 1948 le viene por otro fil, “Belinda”:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=XvdgXadzvQY”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]De nuevo otra bellísima melodía, de carácter casi infantil para describir la inocencia de esa jovencita sordomuda ingenua y ajena a la realidad que es Belinda (aunque la interprete la no tan jovencita Jane Wyman…)

En 1949 vuelve a estar nominado por el último melodrama de Bette Davis para la Warner, “Más allá del bosque”, y repite nominación en 1950 por la genial partitura de “El halcón y la flecha”:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://vimeo.com/150420087″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En los 50 sigue trabajando y recibiendo nominaciones al Oscar, pero en mi opinión si siguiente partitura relevante es la que le trae su penúltima nominación al Oscar, en 1954: “El motín del Caine”, de nuevo con Humphrey Bogart:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=5Yzez9h9x7M”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En este caso la música nos sitúa en el ambiente militar en el que la película tiene lugar.

Su última nominación fue en 1955 por “Más allá de las lágrimas”, pero será al año siguiente cuando vuelva a regalarnos dos grandes partituras a la altura de su enorme talento.

La primera se sale bastante de su ámbito, al ser una de esas películas histórico-épicas que asociamos más a la música de Miklós Rózsa que a la suya. Pero La partitura de “Helena de Troya” es otra joya de su producción:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=bd5Sq225JTE”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]La música nos traslada muy bien a épocas remotas y lugares exóticos.

Pero ese mismo 1956 compone una de sus grandes obras maestras. Y es que después de muchos años, el gran John Ford vuelve a contar con él para componer la partitura de la que será una de sus mejores películas, ese maravilloso Western protagonizado por John Wayne titulado “Centauros del desierto”:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=ccPBMI9Lixo”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Es una partitura bellísima, pero Ford no está satisfecho. Y es que su forma de entender la banda sonora difiere sustancialmente. Para Steiner, la música debe realzar las emociones, enfatizarlas, mientras que para Ford las imágenes bastan por sí mismas (por algo su fotografía es de un enorme preciosismo,con esos claroscuros que casi recuerdan a Caravaggio), por lo que prefiere a otros compositores como Alfred Newman o Victor Young. O incluso prescinde de ellos, como sucede en esa joya suya que es “El último Hurra”, protagonizada por Spencer Tracy en 1958 y en la que ni se menciona en los créditos quien es el autor de las escasas notas musicales que suenan en algún momento de la película.

Lo extraño no es que Max Steiner no fuera nominado al Oscar, es que la película no recibió ninguna nominación, cosa que hoy consideramos absolutamente incomprensible.

Todavía tendrá tiempo de componer algunas notables partituras En 1959 compone el que será uno de sus mayores éxitos, “En una isla tranquila al sur”, protagonizada por el joven galán del momento, Troy Donahue:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=zAwZ7hCxNVo”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Y en 1961 volverá a poner música a otra película protagonizada por Troy Donahue, “Parrish”:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=UYiARPSdNTU”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Compondrá todavía hasta 1965, pero los años 60 cambian el concepto de Banda sonora en el cine, y Steiner ya no encaja con los nuevos modelos (aunque otros seguirán su estela en el futuro).

Tras unos últimos años de silencio, Max Steiner muere a los 83 años, el 28 de diciembre de 1971, en Hollywood, y está enterrado en un nicho del Gran Mausoleo del Forest Lawn Memorial Park de Glendale, California.

Pasamos ahora a Erich Wolfgang Korngod:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/a/a4/Erich_Wolfgang_Korngold_01.jpg/250px-Erich_Wolfgang_Korngold_01.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Korngold nace en Brno (actualmente en la República Checa, en aquella época parte del Imperio Austro-Húngaro) el 29 de mayo de 1897 en el seno de una familia de tradición músical. Niño prodigio, estudia con Alexander von Zemlinsky y estrena sus primeras obras a temprana edad. En 1920, con sólo 23 años, estrena su obra maestra, la ópera “Die tote Stadt”, que por suerte se está recuperando actualmente. Ya en su época fue alabada por Richard Strauss o por Giacomo Puccini. Trabaja también como arreglista de operetas, y es así como Max Reinhardt le llama para arreglar la música de Mendelssohn para “El sueño de una noche de verano” que iba a dirigir junto a William Dieterle. Korngold consigue un contrato muy interesante: podrá trabajar desde Viena sin apenas pisar Estados Unidos, y tndrá plena autoridad para elegir las películas en las que quiere trabajar. Y así llega su primera banda sonora original, “El capitán Blood”, debut cinematográfico de Errol Flynn y Olivia de Havilland, en 1935:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=4mSRwrNo09g”][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En 1936 compone la música de otra película de época, “El caballero Adverse”, protagonizada por Fredric March y de nuevo Olivia de Havilland:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=vtBfBlJMSt0″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Por esta partitura gana su primer Oscar.

Su siguiente trabajo es una partitura más que interesante, de nuevo en esas películas de época que tan bien se le dan, ese “El príncipe y el mendigo” que protagoniza, de nuevo, Errol Flynn:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=HkdPdi0S7Y8″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Para su próximo prooyecto, decide cambiar las condiciones: quiere mudarse a Hollywood: la situación en Viena se está poniendo peligrosa. Y lo hace justo a tiempo: al poco de abandonar Viena, se produce el Anschluss, la anexión de Austria a la Alemania Nazi, y la condición de judío de Korngold le hubiera puesto en gran peligro. Ya en Estados Unidos, Korngold compone una genial banda sonora, de gran complejidad, para ese “Robin de los bosques” que protagonizan Errol Flynn y Olivia de Havilland, que le valdrá su segundo Oscar, y el primero que recoge el compositor en lugar del estudio.[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=uT6dLPfSCL8″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Ya aficando en Estados Unidos, en 1939 compone dos grandes bandas sonoras. La primera de ellas, “La vida privada de Elizabeth y Essex, protagonizada por Errol Flynn y Bette Davis, le vuelve a dar una nominación al Oscar:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=3OOYbkWjKKo”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Pero a mí la que más me gusta es la de “Juarez”, con Paul Muni como Benito Juarez, Brian Aherne como Maximiliano de México y Bette Davis como su esposa Carlota. Desde ese tema mexicano hasta la cita de “La paloma” de Sebastián Iradier, los aires marciales que acompañan a la guerra final y la ejecución de Maximiliano y, sobre todo, el bellísimo tema de amor:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=-Xtp1f-bLPk”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En 1940 recibe su última nominación al Oscar por “El halcón de mar”, de nuevo protagonizada por Errol Flynn:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=Phv5mSGcaes”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En 1941 escribe una partitura mucho más dramática y opresiva para “El lobo de mar” destacando el ambiente que reina en el barco de ese malvado Edward G. Robinson:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=fHzOHQB-2bw”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En 1942 escribe una de sus partituras más conocidas para una película que no conozco de nada, Kings row:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=AJwa9mX0bxA”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En 1943 compone otra de sus obras maestras, para el melodrama “La ninfa constante”, que protagonizan Joan Fontaine y Charles Boyer, que le permite explotar sus grandes dotes como melodista:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=Zo3BvRzuvaM”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]La última partitura que vamos a destacar es la de “Decepción”, de 1946, en la que Paul Henreid interpreta a un chelista y Claude Rains al director de orquesta, por lo que el chelo tiene una gran importancia en la partitura, como en el concierto que escuchamos en esta escena:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=of0Ou4HVld8″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Pero al padre de Korngold nunca le gustó que su hijo se dedicara a componer bandas sonoras, así que a su muerte, Korngold decide volver a Viena para componer música de concierto. Allí se encuentra con que su estilo musical tardorromántico no gusta a un público acostumbrado a música más vanguardista, por lo que termina volviendo a Hollywood, aunque sólo partyicipará en una nueva película, Magic Fire, adaptando música de Wagner y haciendo un cameo como el director de orquetsa Hans Richter. Muere en Hollywood el 29 de noviembre de 1957, con 60 años, y es enterrado en el Hollywood forever cementery:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”http://image2.findagrave.com/photos/2001/222/korngolderich.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Steiner y Korngold tienen en común no pocas cosas. Ambos provienen de familias de origen judío muy vinculadas al mundo musical del Imperio Austro-Húngaro en el que nacieron. Por ello su formación musical es la de tradición tardorromántica que seguían Mahler, Zemlinsky o Richard Strauss. Y ambos llevaron este mismo estilo a América, aunque Steiner lo haría unos 20 años antes que Korngold. Pero su forma de entender la banda sonora es diferente.

Ya hemos mencionado que la intención de Steiner era destacar con su música el dramatismo de ciertas escenas, aumentar la emoción que siente el espectador en los distintos momentos de la película, además de ambientarla. Korngold entiende las bandas sonoras de manera muy distinta: para él son como óperas sin palabras, describen la acción a la manera de un poema sinfónico de Liszt o de Richard Strauss. La música de Korngold se puede escuchar en una sala de conciertos al margen de las imágenes de la película y aún así se puede de alguna forma seguir el argumento de la historia; con la de Steiner esto es imposible, porque su finalidad es muy distinta, no es una música independiente de lasimágenes como la de Korngold.

Cuál de los 2 estilos gusta más es cuestión de gustos; yo en lo que respecta a bandas sonoras me quedo con Steiner (soy muy fan de Die Tote Stadt y del concierto de violín de Korngold, porque era un magnífico compositor, pero como autor de bandas sonoras en mi opinión peca de ambicioso). Además, no deja de resultar curioso que, teniendo Korngold la posibilidad de elegir los títulos en los que quería trabajar, a diferencia del multitarea Steiner, las películas para las que trabajó Korngold permanezcan hoy, en su mayoría, casi olvidadas, frente a los grandes éxitos que protagonizó Steiner. Steiner era de alguna forma el artesano, mientras que Korngold era el artista, pero quizá el tiempo no les ha tratado como tales. En todo caso, ambos son fundamentales para el desarrollo de las bandas sonoras, y su estilo será continuado por gente como Maurice Jarre (en sus bandas sonoras sinfónicas, no en las de sintetizador), John Barry, Ennio Morricone, John Williams, James Horner, Hans Zimmer o Michael Giacchino, por ejemplo. El legado de estos dos maestros de la música sigue vivo tanto a través de su obra como de su influencia en las generaciones futuras. Y seguramente la mayoría de fans de las bandas sonoras de “Star Wars” o de “El señor de los anillos” ignoren que, sin Steiner y Korngold, no serían lo que hoy conocemos.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]