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Turismo en Viena: la Cripta imperial de los Habsburgo.


¿Por qué vamos a hablar en este post sobre la Cripta Imperial de los Habsburgo? Bueno, seguro que a todos nos ha pasado que, al volver de unas vacaciones, la primera pregunta con la que nos encontramos es: ¿Qué es lo que más te ha gustado? Ay, cuánto nos gusta jerarquizar, hacer listas… (vale, lo confieso, a mí también…. ya saldrán listas en este blog, ¡ya saldrán!) Pero lo cierto es que es una pregunta que me resulta muchas veces difícil de responder: muchas veces ves cosas muy distintas, de estilos y épocas muy variados, y por lo tanto citar a uno por delante del otro me resulta un poco como “menospreciar”, “infravalorar” esas otras épocas o estilos… por ejemplo: ¿qué te ha gustado más de Roma: la Roma antigua, la gótica, la renacentista, la barroca… ? Pues cada una es distinta y me influye de distinta forma, no voy a elegir una de ellas por encima de las otras.




Bueno, me preguntaréis que a qué viene esta chapa. Pues bien, en octubre del año pasado por fin me animé a viajar a zona germanoparlante, cosa que me daba un poco de miedo porque no sé alemán y mi inglés tampoco es maravilloso… pero vamos, que tenía delito que en 29 años de vida todavía no hubiera pisado Viena, la ciudad de a música. Una semanita en la que pude ver como el 80-90% de las cosas que quería (y la primera vez que fui a la ópera fuera de España, a un Turandot en la Volksoper al que volvería ahora mismo). Y claro, lo típico, a la vuelta “¿Qué es lo que más te ha gustado?” Pues el Schönbrunn, obviamente. Y la catedral. Pero hubo un lugar, no demasiado conocido (no esperéis que os lleven en uno de estos circuitos de “Las ciudades imperiales”, eso seguro), que me fascinó. Una visita de esas que te “dan hambre”, que abren tu curiosidad y te obligan a investigar tantas y tantas cosas cuando vuelves a casa… aprendí historia de Austria y del Sacro Imperio como no lo habría hecho de otra forma. Y ese lugar es la Kapuzinergruft, o cripta de la Iglesia de los Capuchinos (iglesia que no visité, por cierto), que es la cripta imperial de los Habsburgo. Quizá fue porque cuando fui apenas sabía de su existencia, por lo que todo lo que me fui encontrando fue una verdadera sorpresa. Lo cual tiene sus ventajas, pero también sus inconvenientes, ya que me perdí demasiados detalles interesantes. Así que tenéis dos opciones, ir y sorprenderos o leer este artículo y saber lo que os vais a encontrar… o mejor aún, ir leyendo esta información durante la visita, como si de una visita guiada se tratara.  Pero antes de describir la visita, permitidme hacer un poquito de historia.

Al igual que la monarquía inglesa o los Trastamara castellanos, los Habsburgo carecían de un panteón real, un emplazamiento en el que todos los emperadores fueran enterrados (como por ejemplo sí tenían los monarcas franceses en la Basílica de Saint-Denis). Así, por ejemplo, Federico III fue enterrado en la catedral de Viena, Maximiliano I en la capilla del castillo de Wiener Neustadt, Carlos I en España en el Monasterio de El Escorial y Fernando I, Maximiliano II y Rodolfo II en la catedral de Praga. Hasta la llegada de Matías, que es el emperador que nos interesa.

Pero hay algo más que tener en cuenta: tras la aparición del Luteranismo, el Sacro Imperio sufrió numerosas guerras que culminaron con la Dieta de Augsburgo de 1555: en esta, tras ser recientemente derrotado, Carlos V (Carlos I de España) tuvo que aceptar la existencia de principados luteranos (sólo luteranos, no calvinistas) bajo su imperio, partiendo de una ley básica: era el príncipe el que tenía la potestad de elegir la religión de sus súbditos, católica o luterana. El problema principal se dio en Austria, bajo control directo de los emperadores Habsburgo, católicos, donde el pueblo era, en su mayoría, luterano. Carlos V abdica en 1.558 cediendo el trono imperial a su hermano Fernando I, más conciliador con los luteranos, quien a su muerte es sucedido por su hijo Maximiliano II, acusado por muchos de ser pro-protestante (entre esos muchos, por supuesto, estaba el Papa, ¡faltaría más!). Así que su entorno se encargó de que sus hijos fueran educados es la más estricta ortodoxia católica. Y así fue como, a su muerte, su hijo Rodolfo II vuelve a la ortodoxia, dando origen a la religiosa guerra de los 30 años. Rodolfo II muere sin descendencia en 1.612, y es sucedido por su hermano, Matías. Y así entramos ya en materia:

Viendo que su hermano no iba a tener descendencia y que, por tanto, le iba a tocar a él sucederle, se casa en 1.611 (a los 54 años, nada menos) con su prima, Ana de Tirol, hija del Archiduque Fernando II y nieta por tanto del Emperador Fernando I, quien tenía 26 años. Matrimonio inútil, ya que no tuvieron descendencia, por lo que a la muerte de Matías el trono imperial pasó a su primo, el Emperador Fernando II.

Ana de Tirol, al igual que su madre, la italiana Ana Catalina Gonzaga, era muy “piadosa”, una católica devota, y recordemos que por esas fechas Viena era una ciudad fundamentalmente luterana. Es por eso que, en 1.617, asigna un terreno dentro de las murallas de la capital, cerca del palacio imperial de Hofburg, para la construcción de un convento capuchino en el que, además, quería ser enterrada junto a su esposo en la cripta de la iglesia, justo bajo la capilla imperial. La cripta no era más que la tumba de la pareja, ya que, al no tener descendencia, no había hijos junto a los que ser enterrados.

Ana morirá sólo un año después, en diciembre de 1.618, con la iglesia apenas comenzada, y su esposo Matías la siguió pocos meses después, en marzo de 1.619. Cumpliendo con su deseo fueron enterrados en la cripta de una iglesia que tardará años en ser concluida, especialmente por la Guerra de los 30 años que afectaba al imperio. La iglesia será consagrada por Fernando II en 1.632. Pero en principio hasta aquí llega su historia como Panteón Imperial, ya que Fernando II construyó un mausoleo junto a la Catedral de Graz. Pero su hijo y heredero, Fernando III, decide por edicto que a partir de su reinado, la cripta de los Capuchinos se convierta en el panteón imperial de los Habsburgo. Y así es como su hijo, Leopoldo I, realiza en 1.657 la primera ampliación de la cripta.

Hasta aquí los antecedentes y el contexto histórico de la Cripta Imperial de los Habsburgo. Vamos ya con la visita.

La Iglesia de los Capuchinos, bajo la que se encuentra la Cripta Imperial de los Habsburgo, está muy céntrica, nos la vamos a encontrar si bajamos de la catedral hacia la Albertina, el Hofburg, la Staatsoper y la estación de metro Karlsplatz, a mano derecha. Está en la Neue Markt Platz, justo al comienzo de la Tegetthoffstrasse (la calle que nos lleva directamente a la Albertina y a la oficina de turismo). El precio de entrada a la cripta es de 5 euros, con descuento si tienes la Vienna Card. Como ya mencioné al principio, no es un lugar muy frecuentado por turistas (aunque siempre va a haber visitantes), por lo que se puede recorrer con absoluta tranquilidad (salvo quizá en temporada alta, no lo sé porque estuve en fechas menos habituales, aunque aún así era difícil moverse por el Hofburg o el palacio de Schönbrunn). En una media hora (45 minutos como mucho) se visita con tranquilidad, salvo que quieras fijarte en todos y cada uno de los detalles, claro.

Las fotos que acompañan al texto están en algunos casos extraídas de wikipedia, pero en otros son las fotos que yo mismo hice durante la visita. Ergo, a diferencia del Escorial, aquí sí se pueden hacer fotos. Otras diferencias con el Panteón del Escorial son:

-El Panteón del Escorial es jerarquizado: reyes y reinas madres de rey en el panteón de los reyes, infantes y reinas que no fueron madres de rey en el panteón de los infantes. En Viena no hay separación, padres e hijos están todos juntos sin importar el puesto que ocuparan (o incluso que ni siquiera nacieran vivos). En total aquí reposan los cuerpos de 142 personas, más las urnas con corazones o restos incinerados de otras 4. La sepultura más reciente data de 2011, la del Archiduque Otto, hijo mayor del último emperador, Carlos I. Y todavía hay una plaza reservada para la esposa de Carl Ludwig, otro de los hijos de Carlos I, la archiduquesa Yolanda. Pero en general la mayoría de los miembros actuales de la familia Habsburgo prefieren ser enterrados en la Abadía de Muri, en Suiza, donde a parte de los corazones del último emperador, Carlos,  y de su esposa, la emperatriz Zita, están enterrados dos de sus hijos.

-No sé por qué estúpida razón, en el Escorial los reyes no están embalsamados, sino que se dejan “pudrir” sus cuerpos hasta que solo quedan los huesos, que son depositados en el ataúd correspondiente. Algo extraño porque el embalsamamiento era habitual entre los reyes de Castilla, Aragón, Francia… y entre los propios Habsburgo. De hecho, pocos son los cuerpos de la Cripta Imperial que no fueron embalsamados (entre estos últimos estarían José II, el monarca ilustrado, y sus dos esposas). Eso sí, en la mayoría de los casos las vísceras fueron extraídas y depositadas en urnas en la cripta ducal de la Catedral de Viena, en el pasillo que conduce al sepulcro del emperador Federico III, y que podemos visitar en el recorrido de las catacumbas de la Catedral. Y la mayoría de los corazones fueron de igual modo depositados en urnas y guardados en la Herzgruft de la Augustinenkirche, junto al Hofburg (esta no pude visitarla, se puede visitar pero los horarios y días de apertura son muy reducidos, y hay que informarse con antelación).

-Otra diferencia fundamental es que esta cripta vienesa se va ampliando según las necesidades, por lo que nos vamos a encontrar con una gran diversidad estilística, tanto en arquitectura como en el diseño de los sarcófagos/ataúdes. Eso sí, todos los ataúdes menos uno (que enseguida notaréis cuál es) son metálicos. La excepción es uno de piedra. Dentro de estos ataúdes metálicos (de cobre, bronce, otras aleaciones diversas o incluso de plata), reforzados en su interior, los cuerpos reposan en ataúdes de madera más pequeños. Por lo demás, todos los ataúdes están debidamente candados, para evitar los posibles desastres que podríamos causar curiosos como yo intentando abrirlos…

Se hace necesaria una pequeña explicación: ¿Por qué estas comparaciones constantes con el panteón real de El Escorial? Muy sencillo: es el otro panteón real que construyen los Habsburgo (los de la rama española, pero Habsburgo al fin y al cabo) en el siglo XVII.

Y una última explicación: la cripta imperial de los Habsburgo ha tenido numerosos problemas de conservación y de “sobrepoblación”, por lo que ha tenido que ser restaurada (muchos sarcófagos, dañados por la humedad, estaban corroídos, e incluso habían sufrido robos en sus decoraciones. Ahora vuelven a lucir impecables), ampliada (la “nueva bóveda”) y reorganizada. Ya iremos añadiendo detalles a medida que avancemos en la visita.

Dejo antes de seguir un enlace a la página oficial de la cripta imperial de los Habsburgo, con información de horarios y tarifas (página disponible en alemán e inglés).

Venga, vamos a entrar de una vez.

Bien, esta es la fachada de la iglesia. Si queréis visitar la iglesia, entrad por la puerta del medio, la del pórtico. Pero si lo que vamos a visitar es la Cripta imperial de los Habsburgo, entonces tenemos que entrar por la puerta de la derecha. Ahí está la taquilla (donde os darán un folleto con un plano de todas las tumbas, un sencillo árbol genealógico de los Habsburgo y un pequeño resumen en 9 idiomas, incluido el español) y las escaleras por las que descenderemos al plano subterráneo (hay ascensor para minusválidos, que pueden realizar sin problemas todo el recorrido). Una vez abajo atravesamos un pasillo moderno y, de pronto, tras atravesar una puerta… ¡viajamos al pasado de golpe!

Este es el plano dela Cripta Imperial de los Habsburgo, al que vamos a volver muy a menudo a lo largo del post para orientarnos por las distintas estancias de la cripta, por lo que os tocará andar subiendo y bajando según leáis la descripción del recorrido… pero no se puede hacer otra cosa.

Bien, hemos entrado por esa zona rayada que está justo sobre la B. Pero vamos a ignorar esta parte de momento y nos vamos directos a la A, que encontraremos justo de frente.

A: Bóveda de los fundadores.

Este es el núcleo original del panteón, ya que en esta pequeña estancia, unida por un pasillo al resto del panteón, es donde se encuentran los sepulcros de Matías y Ana.

Como bien se puede ver, son ataúdes muy sencillos de ornamentación. Y olvidaos de acercaros más, porque la verja suele estar cerrada (por lo menos así estaba cuando yo estuve). No conviene entretenernos más aquí, porque nos queda mucho por ver. Mencionar en todo caso que el diseño podría recordarnos al de la Cripta de la catedral de Viena, al panteón de Federico III, con la diferencia de que en este caso no hay ataúdes de los descendientes de la pareja, ya que no los tuvieron, como ya hemos dicho.

C: Cripta de Leopoldo y B: Columbario.

A la derecha de la puerta por la que hemos accedido encontramos 12 nichos en la pared, en dos grupos de 6, separados por una urna que contiene el corazón de María Ana, hija de Leopoldo I y reina de Portugal al casarse con Juan V (el cuerpo de la reina está sepultado, obviamente, en el panteón de los Braganza en el Monasterio de Sao Vicente de Fora, en Lisboa). Los nichos de la pared son de factura reciente, hechos en los años 60, para ubicar en ellos los restos de 12 niños que anteriormente estaban ubicados a lo largo de la cripta de Leopoldo en ataúdes que carecían de mayor interés, por lo que fueron recolocados en 12 nuevos ataúdes idénticos.

4 de estos niños eran hijos de Fernando III, otros siete eran hijos de Leopoldo I y el restante es un nieto de este último. El más afortunado, el archiduque Felipe Augusto, llegó a vivir dos años. Otros, como el nieto de Leopoldo, que ni siquiera tiene nombre, murieron con un solo día de vida. Las tasas de mortalidad infantil en la época eran altísimas incluso entre las familias reales, como bien prueba este triste columbario. Este es uno de los motivos de la gran cantidad de hijos que tuvieron muchos de estos emperadores para asegurarse un sucesor (para hacerse una idea, la famosa emperatriz María Teresa tuvo 16 hijos, nada menos. Los emperadores lo tenían más fácil ya que a menudo se casaban más de una vez, pero en el caso de María Teresa los tuvo ella solita, con lo peligrosos que eran los partos en la época).

Si seguimos por la bóveda nos vamos a encontrar con los ataúdes de varios archiduques y archiduquesas (hijos de los emperadores, para entendernos), las 3 esposas del emperador Fernando III, las tres de Leopoldo I y dos tumbas en las que nos vamos a detener un poquito más:

Este sencillo ataúd es el del Emperador Fernando III, en cuyo reinado concluiría la Guerra de los 30 años.

Próximo al anterior está este ataúd perteneciente al hijo mayor de Fernando III, Fernando IV, rey de Hungría y de Bohemia, pero no emperador, ya que murió antes que su padre. Este es el primer caso en el que las vísceras, el corazón y el cuerpo se entierran en los tres lugares distintos que mencionamos más arriba (es el primer caso porque, recordemos, murió antes que su padre, al que aplicaron el mismo proceso):

El ataúd de Fernando IV es el tercero por la izquierda. El primero por la izquierda, del que se ve la mitad, es el de su padre, Fernando III, del que ya hemos hablado. El segundo es el de la Archiduquesa María Antonia, hija de Leopoldo I (nieta por tanto de Fernando III y sobrina de Fernando IV) y esposa del Elector de Baviera Maximiliano II Manuel. El de Fernando IV es el más sencillito de todos, en parte debido al hecho de ser uno de los primeros (si no el primero) que se diseñaron. Contrasta con el que se ve a su derecha, mucho más ornamentado: pertenece al Archiduque Leopoldo Juan, único hijo varón de Carlos VI, que murió con sólo 6 meses de edad pero que en categoría de príncipe heredero tiene un ataúd decorado como se merece. Su muerte, por cierto, supuso la firma de la pragmática sanción que permitiera a su hermana María Teresa ser la heredera de la corona austriaca, aunque la cosa terminó con la Guerra de Sucesión Austriaca.

Curiosamente, uno de los ataúdes más llamativos es el de la princesa María Amalia, hija del Emperador Carlos VI. Y digo curiosamente porque sólo vivió 6 años, pero aún así mirad que bellísimo ataúd (claro que es de época posterior a los que acabamos de ver):

Aunque esta parte sea conocida como bóveda leopoldina, haciendo referencia a su constructor, el emperador Leopoldo I, que la construyó en 1657 y la amplió en 1701, sus restos no reposan aquí, sino en la siguiente parte del panteón.

D: Bóveda Carolina.

Seguimos nuestro recorrido por la Cripta Imperial de los Habsburgo en esta nueva bóveda, que es en realidad una extensión de la anterior, realizada entre 1710 y 1720 por Lucas de Hildebrandt, quién es también el autor del ataúd del emperador José I.

Empezamos por la derecha: tras un pequeño ataúd de un niño (el archiduque Leopoldo José, hijo de José I, que apenas vivió un año) y la urna con el corazón de la emperatriz Guillermina Amalia, esposa de José I (que fundó el convento de las Salesas de Viena, donde pasó sus últimos años y fue enterrada), nos encontramos con este imponente ataúd:

Este es el ataúd que Hildebrandt realizó para José I. Este emperador fue uno de los principales protagonistas de la guerra de sucesión española, ya que quería colocar a su hermano, el archiduque Carlos, como rey tras la muerte sin descendencia de Carlos II de España, frente al otro pretendiente, Felipe de Anjou. Pero tras 6 años de reinado murió sin descendencia, por lo que su hermano Carlos pasó a ser emperador (Carlos VI), sus aliados en la guerra (sobre todo Gran Bretaña, pero también Holanda) le abandonaron y al final quien consiguió la corona de España fue el candidato francés, Felipe V.

Por cierto, en este ataúd nos encontramos con uno de los elementos decorativos más habituales en esta bóveda: las calaveras:

Y justo a su lado, nos encontramos con este maravilloso sarcófago:

Es el de la emperatriz Isabel Cristina de Brunswick, esposa de Carlos VI. Este es el primero de los sarcófagos que realizó el maestro estañero Balthasar Ferdinand Moll. Y si este os parece espectacular, ¡esperad a ver el de su marido! De todas formas, de este ataúd destacan las figuras veladas de las esquinas:

Vámonos ahora a la pared de enfrente. El primer ataúd que nos encontramos es éste:

De nuevo la calavera, el águila, la cruz, la corona… este es el, llamémoslo así, ataúd bisagra, ya que pertenece al emperador Leopoldo I, que fue, si recordamos, el que mandó construir la bóveda anterior, por lo que es un intermedio entre el austero estilo anterior y el barroco de esta sala. De su reinado destaca que le tocó hacer frente al segundo sitio de Viena por parte de los Otomanos. Cerca estuvo de perderse la ciudad, pero a última hora la ayuda polaca y de algunos principados alemanes, que atacaron el campamento turco y los derrotaron en apenas media hora, consiguió salvar la ciudad.

A continuación tenemos dos ataúdes de archiduquesas, la primera, María Isabel, hija de Leopoldo I, y la segunda, María Ana, hija de Carlos VI. Y llegamos, por fin, a la verdadera joya de esta bóveda, y uno de los más impresionantes ataúdes de toda la Cripta Imperial de los Habsburgo:

Pongo la foto de Wikipedia porque la que hice yo no está tan bien iluminada… fijaos bien en esta obra maestra del estañero Moll. Esta es la tumba del emperador Carlos VI, ese que, al suceder a su hermano José I, se quedó sin el trono español. Aún así, con la guerra aumentó considerablemente los dominios de los Habsburgo, y fue quien llevó a Viena la escuela de equitación española (esa que a veces sale en el concierto de año nuevo) y que se puede visitar en el Hofburg.

Es de destacas que cada esquina del ataúd está rematada por una calavera coronada, cada una distinta, ya que representa las cuatro coronas de Carlos: la Imperial, la de Austria, la de Hungría y la de Bohemia:

¿Tanta calavera y demás os ha resultado quizá un tanto macabro? Pues no os preocupéis, porque de golpe vamos a pasar ¡a la gloria celestial!

E: Cripta de María Teresa.

Me vais a permitir un pequeño aporte musical para meternos en ambiente:

La elección no es casual, obviamente. A parte de que la exquisita belleza del fragmento encaja muy bien con el lugar, aquí reposan los emperadores contemporáneos de Mozart y para quienes realizó algunas obras: María Teresa y su hijo José I.

Como ya he dicho, el contraste con las bóvedas anteriores es mayúsculo: estamos en pleno rococó, ya que esta cripta fue construida por orden de la emperatriz María Teresa en 1753 y diseñada por el arquitecto Jean-Nicolas Jadot de Ville-Issey, de origen Lorenés (compatriota del consorte de la MariTere), quien trabajó por ejemplo en el Castillo de Buda o en el propio Schönbrunn. Bajo el patio de la sacristía construyó una cúpula que permite la entrada de luz natural a través de sus óculos, por lo que esta bóveda está mucho más iluminada que las anteriores; de toda la Cripta Imperial de los Habsburgo, esta es la única estancia que cuenta con iluminación natural. Además, frente a las desnudas paredes de las bóvedas precedentes, la cúpula está decorada con un fresco pintado por Josef Mildorfer:

Nada más entrar, justo de frente, nos encontramos con el sarcófago de José I (cuidado, no os tropecéis con él):

Espantoso, ¿verdad? Pues responde a la ideología ilustrada del emperador, que de hecho rechazó ser embalsamado (y que embalsamaran también a sus dos esposas, que le dejaron sin descendencia, por cierto). Su empeño por modernizar y racionalizar el estado, como uno de los principales representantes del despotismo ilustrado, le llevaron a estas simplificaciones de ornamentación. El contraste con su mamá es brutal.

Antes de pasar al centro (que seguro que vuestros ojos ya se dirigen directos allí), vamos a fijarnos brevemente en una pequeña habitación a la derecha, donde está sepultada la única persona no perteneciente a la familia Habsburgo: la condesa Karoline von Fuchs Mollard, quien fuera institutriz de la emperatriz María Teresa y de sus hijos. Tal debía de ser el cariño que le tenía la emperatriz que quiso que fuera enterrada junto a ella.

Y sí, venga, vamos ya al centro:

El maestro estañero Moll se enfrentó aquí al difícil trabajo de realizar este sarcófago doble destinado a la emperatriz María Teresa y a su esposo, el “emperador” Francisco I de Lorena. Y, sin ninguna duda, la mayor obra maestra de la Kapuchinengruft en su conjunto.

Carlos VI murió sin ningún hijo varón, por lo que antes de morir derogó la ley sálica que impedía que una hija pudiera heredar la corona imperial. De esta forma, su hija mayor, María Teresa, era la heredera al trono, pero no todos aceptaron esta decisión, y así estalla la Guerra de sucesión austriaca, en la que las principales potencias europeas se aliaron a favor o en contra de María Teresa. Su peor enemigo, Federico II de Prusia, aprovechó para arrebatarle Silesia, y aprovechando su matrimonio con una hija del Emperador José I, Carlos de Baviera fue coronado Emperador como Carlos VII. Pero a la muerte de este, en 1745, y con la firma del tratado de paz de Aquisgrán en 1748, María Teresa consigue el trono imperial para su esposo, Francisco I, aunque en la práctica fue ella la que desempeñó las funciones de gobierno.

Aún así, María Teresa se empeñó en recuperar Silesia, lo que provocó la Guerra de los 7 años, que en realidad fue más una guerra entre Gran Bretaña (aliada de María Teresa) y Francia (su enemiga) por sus colonias.

María Teresa fue quién comenzó la labor reformadora ilustrada que luego seguiría su hijo, José II, pero también quién anexionó Bohemia y Moravia a Austria, perdiendo así la categoría de reinos, que por el contrario sí conservaría Hungría. Y fue una muy destaca figura en la Europa de la época y, tras Sissi, la emperatriz más recordada. Y en 20 años tuvo nada menos que 16 hijos, de los cuales 10 llegaron a edad adulta. Famosa es su penúltima hija, María Antonieta, que se casaría con el delfín Luís, futuro Luis XVI, que murió guillotinada durante la revolución francesa. Varios de sus hijos están enterrados en esta bóveda alrededor de su sarcófago.

Así destaca el primer sarcófago de la derecha:

Es el sepulcro de Carlos José, el segundo hijo de María Teresa. De carácter totalmente opuesto al de su hermano mayor, José II, era alegre, bromista, y se ganaba fácilmente el cariño de la gente, por lo que era el hijo favorito de María Teresa. Pero los dos hermanos se odiaban mutuamente. Por desgracia, poco antes de cumplir 16 años murió a consecuencia de una enfermedad que abunda en esta cripta: la viruela. María Teresa cayó en una profunda depresión por la pérdida de su hijo favorito.

Vamos ahora al fondo, justo detrás del sarcófago de los emperadores. Destacan:

Emperatriz María Josefa de Baviera, segunda esposa de José II. Era hija del ya mencionado emperador Carlos VII de Baviera, que fue el primer emperador no Habsburgo desde 1.438 (y sería el último). Su esposo, que había estado profundamente enamorado de su primera esposa, nunca la amó, y ni siquiera fue a su funeral. De hecho, se negó a visitarla durante su enfermedad terminal (viruela, de nuevo), por lo que fue atendida por su suegra María Teresa y por su cuñada la archiduquesa María Isabel, quienes contrajeron al enfermedad, aunque la superaron.

Justo a su lado:

Emperatriz Isabel de Borbón-Parma, primera esposa de José II. Muy amada por su esposo, contrajo la viruela durante el embarazo, y murió 5 días después del parto. Su hija María Cristina vivió pocas horas, y se encuentra enterrada en un pequeño ataúd justo debajo del de su madre. En esta foto de wikipedia se puede ver la pequeña caja sobresaliendo por debajo de la de su madre:

Y a continuación, siempre de derecha a izquierda:

Este bellísimo sarcófago pertenece a la archiduquesa María Teresa, hija mayor de José II e Isabel de Borbón-Parma, quien murió por una pleuritis a los 7 años. El retrato de la niña durmiente es de una delicadeza magistral.

En resto de personas enterradas en esta cripta carecen de interés, en algunos casos se trata de niños que incluso ya nacieron muertos. Así que abandonamos por la derecha la bóveda rococó para adentrarnos en una nueva época y un nuevo estilo artístico.

F: Cripta de Francisco, G: Cripta de Fernando y K: Cripta Toscana. 

Seguimos nuestro recorrido por las siguientes estancias de la Cripta Imperial de los Habsburgo. Y Si en la cripta anterior poníamos música de Mozart, aquí podríamos poner algo de Schubert, ya que nos hemos metido de lleno en el romanticismo del siglo XIX. Y es que estas criptas (realizada la primera, la de Francisco, en 1.824 por Johann Aman y las otras dos en 1.840 por Johann Höhne) están realizadas en un estilo llamado Biedermeier, típico de la Viena de la primera mitad del siglo XIX, un estilo fundamentalmente burgués, romántico, que en arquitectura se caracteriza por su simplicidad ornamental y gran elegancia (Si queréis saber más sobre el estilo Biedermeier, es muy recomendable la visita al Museo de Viena, en la Karlsplatz, junto a la iglesia de San Carlos Borromeo).

Empezamos por la cripta de Francisco:

En el centro destaca el sarcófago de Francisco II/I, obra Pietro Nobile, situado sobre un pedestal de piedra. Francisco II fue el último emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, eliminado por Napoleón tras la victoria en Austerlitz. Se vio de hecho obligado a entregar a una de sus hijas como esposa para el emperador francés, de quien fue uno de sus mayores enemigos. Pero gracias a la labor del canciller Metternich en el Congreso de Viena pudo recuperar la mayor parte de los territorios perdidos desde la revolución francesa, con la excepción de Bélgica, por lo que pasó a ser emperador de Austria, siendo como tal denominado Francisco I. En su largo reinado de 47 años se casó 4 veces, y de hecho sus cuatro esposas están sepultadas a su alrededor (en la foto se puede ver cómo sobresalen por detrás del sarcófago imperial dos de los sarcófagos de sus esposas).

A la derecha vemos una puerta: ignorémosla. Nos conduce a la ultima estancia de toda la Cripta Imperial de los Habsburgo, por la que saldremos, así que mejor continuar de frente para completar el recorrido.

Pasamos así a la bóveda de Fernando:

Este es el sepulcro de Fernando I. Al igual que el anterior, el ataúd metálico descansa sobre un bello pedestal de piedra. La incapacidad mental de este Emperador provocó que quien en realidad gobernara fuera el canciller Metternich. Tras la caída en desgracia de éste durante la revolución de 1848, el emperador se vio forzado a abdicar en favor de su sobrino, Francisco José I.

A su lado:

El ataúd de su única esposa, María Ana de Cerdeña. No tuvieron descendencia.

En las cuatro esquinas de la cripta hay unos nichos donde reposan los restos de nada menos que 37 miembros de la familia real. Muchos de ellos niños, pero algunos mucho más longevos (una archiduquesa de 84 años, nada menos). Nada destacable.

Para hablar de la bóveda Toscana hay que dar una pequeña explicación histórica:

A la muerte sin descendencia de Gian Gastone de’Medici (cuya homosexualidad era sobradamente conocida por todos), el trono del gran ducado de Toscana recayó sobre Francisco de Lorena, esposo de la emperatriz María Teresa. Este proclamó sucesor suyo en el gran ducado a su tercer hijo, Leopoldo. El problema fue que, al morir el mayor, José II, sin descendencia (y recordando que el segundo murió antes de cumplir los 16 años), Leopoldo pasó a ser emperador. Así que éste cedió el ducado a su segundo hijo, Francisco III de Toscana, que no se encuentra enterrado aquí, sino en la cappella medicea de la Iglesia de San Lorenzo de Florencia. Pero sus herederos, así como algunos duques de Módena, están sepultados en esta bóveda toscana. Pero no nos vamos a detener en estos (entre otras cosas porque no se puede acceder a esta cripta, por lo que sólo los vamos a poder ver de lejos), salvo en los 4 que se encuentran junto a la cripta de Fernando:

Estéticamente no son nada destacables, como podéis comprobar por vosotros mismos. Pero quienes aquí yacen tienen una importancia histórica que merece mencionarse:

Empezando por la izquierda nos encontramos con los ataúdes de Alberto de Sajonia-Teschen y de su esposa María Cristina. Esta era la hija favorita de María Teresa, por lo que la emperatriz hizo con ella una excepción: impidió todos los acuerdos matrimoniales que quería alcanzar su padre, para así permitirle el privilegio único de casarse por amor. Y María Cristina escogió al conde Alberto, un conocido coleccionista de arte que reunió un importante número de grabados y dibujos que actualmente se encuentran expuestos en su palacio, la galería Albertina. Además, dado que la única hija que tuvo la pareja murió al día de nacer, su cuñado, Leopoldo, permitió que adoptaran a uno de sus hijos, Carlos, conocido por tanto como Carlos de Sajonia-Teschen, de quien hablaremos más adelante.

Los dos últimos sarcófagos pertenecen precisamente al emperador Leopoldo II y su esposa María Luisa, hija de Carlos III de España. Pasaron buena parte de su vida en Florencia como Grandes Duques de Toscana hasta que la muerte sin descendencia de José II les hizo asumir la corona imperial, que ostentaría dos años, en los que tuvo que hacer frente a la amenaza de la revolución francesa (recordemos que era hermano de la reina María Antonieta de Francia), donde siempre se negó a intervenir (cosa que cambiaría con la ejecución de la reina, pero eso ya sucedería durante el reinado de su hijo Francisco).

Pasemos a la siguiente bóveda.

H: Nueva bóveda.

Este es el espacio más reciente de la Cripta Imperial de los Habsburgo, realizado por el arquitecto Karl Schwanzer entre 1960 y 1962 en un estilo muy austero, con paredes de cemento que pretende evocar la solemnidad de la muerte… y que lo convierten en un espacio muy poco interesante. El objetivo de este espacio fue por una parte solucionar los problemas de humedad que estaban corroyendo muchos sarcófagos y por otra parte disponer de más espacio para recolocar bastantes cuerpos que atestaban los otros espacios de la cripta. Es por esto que, a diferencia del criterio cronológico que hemos visto hasta ahora, aquí impera un criterio temático.

Por cierto, como bien se nota en la foto, al ir la iluminación dirigida hacia arriba, los sarcófagos permanecen bastante oscuros, lo que dificulta poder hacer fotos decentes.

Comenzamos por la pared que tenemos justo a la izquierda de la puerta de entrada, la “pared de los Obispos”, ya que en ella están alojados los Habsburgo que emprendieron la carrera eclesiástica. Aquí se sigue un criterio cronológico de izquierda a derecha. Así, empezando por la izquierda, nos encontramos con Leopoldo Guillermo, hermano del emperador Fernando III, quien abandonó la carrera eclesiástica para emprender la carrera militar durante la guerra de los 30 años, y que es uno de los ocupantes más antiguos de la cripta.

El siguiente es su sobrino, Carlos José, hijo de Fernando III, quien poco antes de cumplir los 13 años fue nombrado arzobispo de Olomuc, obispo de Passau y Wroclaw y Gran maestre de la orden Teutónica. Murió a los 15 años, así que podemos dudar de su capacidad para desempeñar esos cargos…

En la foto vemos el sarcófago de este arzobispo en primer término, cortado. El siguiente, de mucha más interesante decoración, pertenece a Carlos José de Lorena, arzobispo de Tréveris. Este no es un Habsburgo, pero era el tío de Francisco I, el marido de María Teresa, y por eso fue sepultado aquí (originalmente fue sepultado en la cercana Minoritenkirche, siendo trasladado aquí un año después).

El siguiente es Maximiliano Francisco, Obispo de Colonia, que fue el más joven de los hijos de María Teresa. Y terminamos con Rodolfo, arzobispo de Olomuc y cardenal, hijo menor de Leopoldo II. Amigo íntimo de Beethoven, quien le dedicó el Trío Archiduque y la Missa solemnis.

Nos ponemos de espaldas a la pared de los obispos y avanzamos. A la derecha nos encontramos con un único ataúd:

Se trata de María Luisa, hija de Francisco II y segunda esposa de Napoleón Bonaparte, con lo que fue emperatriz de los franceses. Tras la derrota de Napoleón, ella conservó el título honorífico de emperatriz y además se le otorgó el ducado de Parma. Tuvo un hijo con Napoleón, Napoleón II, rey de Roma, que pasó la mayor parte de su existencia en Viena, donde murió de tuberculosis a los 21 años. Sobre la teoría que le hace padre de Maximiliano de México ya hablaremos en otra ocasión. En todo caso, su cuerpo fue sepultado aquí, en concreto en la bóveda de Francisco, hasta que en 1.940 un tal Adolf Hitler decidió trasladar sus restos a París para enterrarlo junto a su padre (será que quería congraciarse con el emperador francés… ). Bueno, pues ¡aquí hay alguien que reclama su devolución a Viena! En todo caso, su corazón continúa en la ciudad, en la Herzgruft de la Augustinenkirche.

Vámonos ahora a la pared de enfrente, esta sí, mucho más ocupada.

Los primeros sarcófagos contienen restos de la familia de Carlos de Sajonia-Teschen. Este Carlos fue un héroe militar durante las guerras napoleónicas, ya que, pese a perder las batallas, causó grandes bajas entre el ejército francés.

Pero justo en medio de la pared, frente a María Luisa, destaca una tumba por encima de todas:

Aquí está un personaje que no sé bien por qué me despierta una gran simpatía: el emperador Maximiliano de México. Hermano de Francisco José I, quien le cedió el gobierno de los territorios italianos del Imperio (Lombardía y Véneto), Napoleón III lo hizo coronar emperador de México en su intento por controlarlo para su beneficio. Pero Maximiliano intentó modernizar y desarrollar el estado mexicano, por lo que Napoleón, con serios problemas en Europa, le retiró el apoyo (¿sabría que podía ser el hijo de su primo?), y los republicanos mexicanos, liderados por Benito Juarez, y ahora con el apoyo de unos Estados Unidos que por fin salían de la guerra civil, derrotaron a las fuerzas imperiales y fusilaron al emperador, quien murió sin descendencia por la esterilidad de su mujer, Carlota de Bélgica.

Del resto, familiares de Carlos de Sajonia-Teschen, algunos miembros de la rama Toscana y la primera esposa de Carlos Luis, hermano de Francisco José, no hay mucho que destacar.

La pared del fondo está destinada a los familiares directos del emperador Francisco José I: su padre, Francisco Carlos, tercer hijo de Francisco II; un hijo de este, nacido muerto; la mujer de Francisco Carlos y madre de Francisco José I y de Maximiliano de México, Sofía de Baviera, hija de Maximiliano I de Baviera y, por tanto tía de su nuera Sissi; el tercero de los hijos de la pareja, Carlos Luís, padre de Francisco Fernando, cuyo sarcófago vemos a continuación:

Su segunda mujer (y madre de sus hijos) María Anunciada de Borbón-Dos Sicilias; el Archiduque Otto “el hermoso”, segundo hijo de Carlos Luís y padre de Carlos I, el último emperador; y la esposa de este, María Josefa de Sajonia. Sólo falta aquí el último hermano de Francisco José, Luis Víctor, el favorito de su madre, que por la considerable diferencia de edad mantenía relaciones distantes con sus hermanos; reconocido homosexual, se vio envuelto en un escándalo de pederastia por el que fue recluido en un aislado palacio al que solo podían acceder mujeres y que, siendo el último de los hermanos en morir, fue enterrado en el cementerio de Wals-Siezenheim, cerquita de Salzburgo.

I: Cripta de Francisco José:

Llegamos al que quizá sea el punto más turístico de la Cripta Imperial de los Habsburgo. Esta sala fue mandada construir por el emperador Francisco José I, junto con la capilla anexa, en 1.908-1.909  con diseño de  Cajo Perisic en estilo Secesión, con paredes cubiertas de mármol. Aquí reposan tres personas:

El vivo de la foto soy yo, obviamente. ¿Recordáis que al comienzo decíamos que todos los sarcófagos son metálicos menos uno, que es de piedra? Pues ahí lo tenéis: el de Francisco José I, quién llegó a ser emperador a los 18 reprimiendo sangrientamente la revolución de 1.848 y que terminó sus 68 años de reinado con la I Guerra Mundial (y de quien hablamos en este post). A la izquierda, su prima y mujer, Isabel de Baviera, la famosa Sissi, y a la derecha, su desgraciado hijo, el archiduque Rodolfo (cuya historia contamos en este post). Pero bueno, os voy a hacer una confesión: si me dejaran abrir UN único ataúd, no dudaría la respuesta: el del archiduque Rodolfo. Sí, tengo un puntillo macabro un tanto extraño…

J: Capilla:

Llegamos a la última estancia de la Cripta Imperial de los Habsburgo. Nada más cruzar la puerta, a la derecha tenemos un busto de Carlos I:

Carlos I fue el último emperador, que tras perder la I Guerra Mundial terminó exiliado en Madeira, donde aún continúa enterrado.

A la izquierda tenemos una placa en la pared que recuerda a Francisco Fernando y su esposa Sofía, cuyo asesinato en Sarajevo en 1.914 desencadenó la I Guerra mundial. Ellos no están enterrados aquí, sino en el castillo de Artstetten. No olvidemos que, a fin de cuentas, era un matrimonio morganático que nunca fue del agrado de su tío Francisco José I, por lo que Sofía no podía ser enterrada aquí. Junto a la placa  está la tumba de Carlos Luís, hijo mayor de Carlos I, y un espacio para su esposa, Yolanda, quien todavía está con vida. Y a su lado:

La tumba de la emperatriz Zita de Borbón-Parma, esposa de Carlos I, y por tanto última emperatriz, que murió en 1.989.

De frente, junto al altar, las tumbas de Otto, otro de los hijos de Carlos I, y su esposa Regina.

Y ya saliendo por la puerta que hay junto al busto de Carlos terminamos nuestra visita. Por esta visita guiada cobro 10 euros, y acepto propinas, que sus horas me he pegado para escribir esto y merezco una recompensa….  Bromas aparte, si habéis conseguido leer todo esto ya os merecéis un premio.