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In Memoriam: Alberto Zedda (06-03-2017)


Recuerdo aquel verano de 2015, en el que la Quincena Musical programaba un Stabat Mater de Rossini al que no podía acudir. Recibí por mail una invitación para ir al ensayo, y quise aprovecharlo, ya que era una oportunidad única de ver dirigir a un ya mayor Alberto Zedda (no recordaba haberle escuchado en vivo anteriormente, mala memoria la mía). Y me sorprendió que, pese a dirigir sentado, tenía una energía en sus brazos que literalmente me daba envidia. “Yo de mayor quiero ser como él”, pensé tantas y tantas veces a lo largo de aquel ensayo en el que pude disfrutar de forma privilegiada de su talento como director de orquesta. Por eso, a apenas dos meses de tener la oportunidad de volver a verle, me sorprendió tristemente la noticia de que nos dejaba ayer, a los 89 años.




Alberto Zedda había nacido en Milán el 2 de enero de 1928. Allí estudió música con directores de la talla de Antonino Votto o Carlo Maria Giulini, debutando en La Scala en 1956 con “Il barbiere di Siviglia” rossiniano. Y es que su carrera estuvo muy ligada al compositor de Pesaro, de quien, en su faceta como musicólogo, fue el autor de la edición crítica de todas sus óperas junto a Philip Gosset, además de ayudar a la recuperación de muchas de ellas, así como a obras poco conocidas de otros compositores. Fue entre otras actividades director artístico de La Scala y del festival Rossini de Pesaro, que ayudó a fundar, junto con la Academia Rossiniana en la que cambiaría la forma de cantar la música de Rossini.

Aunque muy recordado por su labor como director de ópera, Alberto Zedda dirigió también repertorio sinfónico, como por ejemplo la “Sherezade” de Nikolai Rimski-Korsakov, de la que escuchamos la última parte:

O en obras tan infrecuentes como el concierto para flauta del danés Carl Nielsen:

Pero destacó por encima de todo como director de música vocal, especialmente de ópera, siendo el repertorio italiano del siglo XIX el más frecuente, aunque le tenemos también dirigiendo recitales discográficos de repertorios a priori tan extraños en su carrera como el verismo. Le escuchamos acompañando a Francisco Araiza en el aria “Che gelida manina” de “La Boheme” de Puccini:

O le tenemos incluso dirigiendo la “Manon” de Jules Massenet en italiano:

Dirigió música barroca de compositores como Claudio Monteverdi o Antonio Vivaldi (no pongo vídeos por no encontrar fragmentos en Youtube, hay sólo grabaciones completas), así como de compositores posteriores como Domenico Cimarosa (de cuya ópera “Le donne rivali” gravó una integral que también está en Youtube) o de Gaspare Spontini, del que escuchamos la escena del infierno del “Teseo riconosciuto”:

Fruto de esa labor recuperadora de obras olvidadas le tenemos dirigiendo “Il dissoluto punito” de Ramón Carnicer:

También grabó el “Fra Diavolo” de Daniel Auber, del que escuchamos el aria “Si, domani” cantada por Luciana Serra:

De Giuseppe Verdi fue un destacado director de “Falstaff”, del que escuchamos la escena final con un reparto de lujo que incluye a Bryn Terfel, Ainhoa Arteta, Marianne Cornetti, Ruth Iniesta o Juan Jesús Rodríguez:

Y fue también un gran difusor de la temprana (y fallida) “Un giorno di regno”, que pude ver dirigida por él en Bilbao en estas funciones:

De Gaetano Donizetti le tenemos por ejemplo dirigiendo a Luciana Serra en el aria “O luce di quest’anima” de la ópera “Linda di Chamounix”:

Y también le escuchamos dirigiendo “Lucia di Lammermoor”, en concreto el dúo final del primer acto, con Virginia Zeani y Alfredo Kraus:

De Vincenzo Bellini le escuchamos “I Puritani”, dirigiendo a Mariella Devia en la caballetta “Vien, diletto”:

Pero también títulos menos frecuentes como “I Cappuletti ed I Montecchi” o “Il Pirata”, de la que escuchamos el aria “Nel furor delle tempeste”:

Pero por encima de cualquier otro compositor, en su carrera destaca la atención que presta a Gioacchino Rossini, del que realiza la edición crítica de las partituras precisamente para limpiarlas de las tradiciones espurias de las interpretaciones anteriores y recuperar el estilo original (prestaba especial atención a las coloraturas) siendo desde entonces su labor absolutamente referencial en la interpretación del compositor de Pesaro. Destaca su labor divulgativa en el Festival Rossini de Pesaro, que contribuyó al lanzamiento de no pocos intérpretes rossinianos. Antes de pasar a sus óperas, escuchamos el fragmento más conocido del “Stabat Mater” que mencionaba al comienzo, el aria para tenor “Cujus animam” que le escuchamos a Juan Diego Flórez:

En su labor como recuperador de obras o de fragmentos desconocidos le tenemos por ejemplo dirigiendo a Marilyn Horne en un aria alternativa de la famosa “Il barbiere di Siviglia”, “La mia pace, la mia calma”:

Vamos a verle ahora dirigir la obertura de “La Cenerentola”, para ver sus enérgicos gestos y la ligereza y sutilidad de sus versiones:

Vamos ahora con unas funciones en vivo de la maravillosa “L’Italiana in Algeri” de A Coruña; en concreto el trío “Pappataci” con Rockwell Blake, José Julian Frontal e Ildar Abdrazakov:

Vamos ahora con “Il turco in Italia”, en concreto con el aria de Fiorilla “Non si da follia maggiore” que canta Lella Cuberli:

Vamos ahora con la no muy frecuente “La gazza ladra”, de la que escuchamos a Lucia Valentini-Terrani cantar “Tocchiamo, bebiamo”:

Alberto Zedda se encargó también de popularizar la recién descubierta “Il viaggio a Reims”, de la que escuchamos el dúo “D’alma celeste, o dio” con Ewa Podles y Rockwell Blake:

“Semiramide” fue otra obra fundamental en su repertorio. Escuchamos el aria del tenor “La speranza più soave” cantada por Gregory Kunde:

Vamos ahora con otra ópera rossiniana que no podía faltar en el repertorio de Alberto Zedda, “Tancredi”, de la que escuchamos el aria “Di tanti palpiti” cantada por Daniela Barcellona:

Y seguimos con otra obra muy frecuente en su repertorio, “Otello”, de la que escuchamos una magnífica versión del dúo “Ah, vieni” con Gregory Kunde y Maxim Mironov:

Escuchamos ahora el final de “Ermione” con Angela Meade:

Y ahora escuchamos un fragmento de la poco conocida “Torvaldo e Dorliska”, con Lucia Valentini-Terrani y Lella Cuberli:

Le escuchamos ahora dirigiendo a Ewa Podles en el aria “Mura felice” de “La donna del lago”:

Y para terminar le escuchamos dirigiendo a Gregory Kunde en la gran escena de Arnoldo de “Guillaume Tell”:

Con proyectos por delante pese a sus 89 años, la muerte el pasado 6 de marzo de Alberto Zedda nos ha sorprendido a todos. Y es que su incansable labor como divulgador de la obra rossiniana le mantendrá en la memoria de todos los operófilos de los que se ha ganado la más profunda admiración.



200 años del estreno de La Cenerentola (25-01-2017)


Un día como hoy hace 200 años se estrenaba una de las obras maestras de Gioacchino Rossini, La Cenerentola. Vamos a recordarla contando detalles sobre su composición y contando su argumento.




En 1816, Rossini había estrenado “Il barbiere di Siviglia” en el Teatro Argentina de Roma, y pese al fracaso del día del estreno, ya desde la segunda función la ópera fue un enorme éxito. El Teatro Valle, también en Roma, mantenía una rivalidad con el Teatro Argentina, por lo que deciden contratar a Rossini para que les componga una ópera.

¿Qué tema elegiría Rossini para esta nueva ópera, que habría de ser también una comedia? Tras descartar un libreto de Gaetano Rossi, se elige como trama el cuento de La Cenicienta de Charles Perrault, escribiendo el libreto Jacopo Ferretti. Pero necesidades técnicas (falta de recursos, básicamente) obligan a suprimir cualquier elemento mágico o sobrenatural de la trama, por lo que Ferretti se aleja bastante del cuento original, inspirándose en otros dos libretos de ópera, los de “Cendrillon” de Charles Guillaume Etienne para la ópera de Nicolò Isouard de 1810 y el de “”Agatina, o la virtù premiata” de Francesco Fiorini para la ópera de Stefano Pavesi de 1814. Así, se sustituye al hada madrina por un consejero del príncipe, y la madrastra se convierte en padrastro.

La composición de La Cenerentola es muy rápida, apenas 3 semanas. Es por ello que Rossini se autorrecicla, arreglando pasajes de otras óperas suyas (de los que ya hablaremos llegado el momento) y asignando a su ayudante Luca Agolini la composición de los recitativos, así como de dos arias menores, las de Clorinda (una de las hermanastras) y Alidoro (el consejero).

El estreno tiene lugar finalmente el 25 de enero de 1817 en el Teatro Valle, dirigido por el propio Rossini y con la contralto Geltrude Righetti Giorgi (quien también estrenó el papel de Rossina en el Barbiere) en el papel protagonista. El estreno no fue un gran éxito (aunque sin llegar al escándalo del estreno del Barbiere) pero no tarda mucho en triunfar, estrenándose en pocos años por toda Italia, Europa y América.

Cuando en 1820 La Cenerentola se representa en el Teatro Apollo de Roma, teniendo a un gran bajo en el papel de Alidoro, Rossini decide darle más peso al personaje componiendo él mismo una nueva aria de lucimiento que sustituiría a la que había compuesto Agolini. Este aria será una de las piezas más brillantes del compositor, sin duda.

Tras la caída en el olvido de las óperas de Rossini, desde la segunda mitad del siglo XIX, La Cenerentola fue recuperada especialmente a partir de los años 50, siendo a día de hoy una ópera muy frecuente en el repertorio (la segunda más representada de Rossini tras el Barbiere), muestra de la genialidad de la partitura.

Antes de repasar el argumento de la ópera dejo un enlace con el libreto de la ópera.

La Cenerentola comienza con una genial obertura en la que vamos a escuchar entre otros el tema del concertante del final del primer acto. Pese a todo, la obertura es un préstamo de una ópera anterior de Rossini, “La Gazetta”. La escuchamos dirigida por Alberto Zedda:

Comenzamos el primer acto de La Cenerentola. Estamos en el ruinoso palacio de Don Magnifico, Barón de Montefiascone. Sus dos hijas, Clorinda y Tisbe, se pasan el día presumiendo, creyéndose las mejores jovencitas de la zona. Escuchamos la breve introducción con dos especialistas en los papeles de las hermanastras, Margherita Guglielmi como Clorinda y Laura Zannini como Tisbe:

Mientras tanto, su hermanastra Angelina, La Cenerentola del título, está trabajando como una sirvienta, y canta una canción sobre un rey que, aburrido de estar solo, tuvo que elegir entre tres chicas, eligiendo a la inocencia y la virtud. Sus hermanastras no le dejan cantar, pero son interrumpidos por un mendigo que viene a pedirles una limosna; las hermanas lo desprecian, pero Angelina le da a escondidas un café y un trozo de pan. Lo que ninguna sabe es que el presunto mendigo es en realidad Alidoro, el consejero del príncipe de Salerno, que ha venido a ver cómo son las jóvenes de la casa.

Las hermanas, al ver que Angelina le ha dado algo de comer al mendigo, se disponen a castigarla, pero son interrumpidas por un grupo de caballeros que anuncian que en un momento aparecerá el Príncipe Ramiro buscando a las jóvenes de la casa para invitarlas a una fiesta que va a dar, en la que elegirá a la más bella como esposa. Las dos hermanas, alteradísimas, se preocupan de adornarse, agobiando a Angelina con sus órdenes.

Escuchamos esta escena, desde el monólogo de Angelina “Una volta c’era un Rè”, con Elina Garanca como Angelina:

Angelina despide al mendigo, que le promete que su vida va a cambiar.

Mientras sus hermanas siguen pidiéndole sus ropas y sus joyas. Cuando ella les llama “hermanas” se gana la bronca de ellas por no ser digna de ser considerada familia suya. Mientras, se dan cuenta de que tienen que despertar a su padre para informarle de la llegada del príncipe, y como siempre, se pelean por ver quién es la que va a despertarle. No hace falta: con el ruido Don Magnifico se despierta y sale furioso, abroncando a sus hijas por haberle despertado de un bello sueño que él interpreta como su ascenso social hasta la realeza. Tenemos así la primera de las arias de Don Magnifico, “Miei rampolli femminini”, que escuchamos a Paolo Montarsolo:

 Don Magnifico y las hermanas se retiran cada uno a su habitación, que tienen que prepararse y ponerse guapos para el príncipe.

Aaperece entonces un escudero, que no es tal; en realidad es el Príncipe de Salerno, Ramiro, que ha decidido disfrazarse para poder observar a las jóvenes; la ley le obliga a casarse, cosa que le desespera, porque no asume casarse sin amor, y Alidoro le ha dicho que en esa casa encontrará a una joven buena.

Entra Entonces Angelica canturreando su canción, pero al ver al “escudero” la bandeja que lleva se le cae al suelo. Él le pregunta si acaso es un monstruo,ella distraída le responde que sí (así se liga, sí señor), luego se corrige, y ambos observan la reacción del otro y comienzan a sentir algo raro… nace el amor, vamos.

Pero el “escudero” pregunta por Don Magnifico, y Angelica le dice que él y sus hijas están en sus habitaciones. Ante la pregunta de quién es ella, contesta que su madre era viuda y se casó con el barón. Las hermanastras la reclaman, pero los dos están ya un poco embobados.

Escuchamos la escena cantada por Joyce diDonato y Lawrence Browlee:

Angelina se va, y Ramiro se queda fascinado con la joven, pese a sus humildes ropas. Espera a Don Magnifico, para decirle que el “príncipe” (en realidad su mayordomo, Dandini, disfrazado) llegará en un momento; cuando el barón sale, la impresión de Ramiro no es nada positiva.

Entra el coro de caballeros anunciando la llegada del falso príncipe, que cuenta como ha buscado entre todas las bellezas del reino pero no ha encontrado ninguna digna de él, y las dos petardas hermanas le hacen la pelota, mientras Dandini responde con galantería, pero temiendo en lo que pueda acabar esa farsa. Escuchamos el aria de Dandini “Come un’ape” cantada por Sesto Bruscantini:

El príncipe tiene que casarse porque su padre acaba de morir,  si no se casa quedará desheredado, de ahí la desesperación por encontrar esposa. Dandini se lleva a las dos jóvenes a su carruaje, mientras Angelina vuelve a salir para darle el bastón y el sombrero a su padre. Ramiro, que estaba esperando volver a verla, se da cuenta de que el barón la maltrata.

Angelina le pide a Don Magnifico permiso para ir a la fiesta, pero él se niega y la insulta. Entra Dandini buscando al barón y se encuentra con el panorama de que una de las chicas no puede ir al baile, porque según Don Magnifico es una sierva que no vale nada; incluso Dandini y Ramiro tienen que detenerlo para que no golpee a la joven. Escuchamos esta parte con Jennifer Larmore como Angelina, Rockwell Blake como Ramiro, Alessandro Corbelli como Dandini y Carlos Chausson como Don Magnifico:

Aparece entonces Alidoro, afirmando que en el registro aparecen tres hermanas; la que falta, obviamente, es Angelina, pero Don Magnifico miente diciendo que la tercera murió y amenaza a Angelina para que no abra la boca. Tras unos momentos de incertidumbre, Don Magnifico de nuevo ataca a Angelina, provocando la ira del resto, hasta el punto de que Dandini tiene que agarrar al barón y llevárselo, seguido por Ramiro y Alidoro. Escuchamos el quinteto con Joyce DiDonato como Angelina, Juan Diego Flórez como Ramiro, David Menéndez como Dandini, Bruno de Simone como Don Magnifico y Simón Orfila como Alidoro (ir al minuto 53:27):

Este quinteto es una de las mejores piezas de conjunto que escribió Rossini, sin duda.

Aparece entonces de nuevo el mendigo que le dice que a Angelina que la acompañe al baile del príncipe. Angelina, enfadada, le echa, pensando que se está vengando por haberle dado poco de comer, pero entonces él revela su verdadera identidad: es Alidoro.

Tenemos en este momento el aria que compuso Luca Agolini, “Vasto teatro è il mondo”:

Pero escuchamos ahora el aria que escribió Rossini en 1820, en la que Alidoro le dice a Angelina que en el cielo hay un Dios que ve todo su dolor y que se encarga de que su suerte cambia, y aparece un carro para llevarla al palacio. Escuchamos esta maravillosa aria (de las mejores que compuso Rossini”, “Là del ciel nell’arcano profondo”, cantada por Michele Pertusi:

Cambiamos de escena. Estamos en el palacio. Dandini se deshace de Don Magnifico mandándolo a la bodega para que se emborrache con la excusa de nombrarlo bodeguero, y siguiendo órdenes de Ramiro, intenta conocer a las dos hermanas, que se pelean por sus favores.

Mientras, en las bodegas, Don Magnifico se ha puesto las botas a vino, y los caballeros le nombran bodeguero, por lo que él promulga su primera ley: ejecutar a quien mezcle el vino con agua, nada menos. Escuchamos esta segunda aria de Don Magnifico cantada por Giuseppe Taddei:

De vuelta al palacio, Dandini huye desesperado de las dos hermanas; Ramiro le pregunta cómo son y Dandini le dice que son absolutamente insoportables, lo que desespera a Ramiro, que confía en las palabras de Alidoro de que en esa casa hay una chica que merece la pena. Aparecen entonces las dos hermanas que casi despedazan a Dandini, que les dice que sólo se pueda casar con una, y que la otra se la dará a su amigo, señalando a Ramiro, cosa que ellas rechazan por ser un escudero plebeyo. Escuchamos el dúo “Zitto zitto, piano piano” con el que comienza el finale del primer acto de La Cenerentola con Ramón Vargas y Alessandro Corbelli:

Escuchamos ya de tirón el resto del final. Se escucha llegar a alguien. Alidoro afirma que es una desconocida dama cubierta por un velo. Las hermanas ya se ponen celosas, para alegría de Alidoro (como si no se hubieran delatado ya ante el príncipe justo antes al despreciarlo por plebeyo…). Entra la desconocida, que no es otra que Angelina, vestida con la ropa que le ha cedido Alidoro, y al quitarse el velo todos quedan sorprendidos por distintos motivos. Ramiro cree reconocerla, mientras las hermanas dudan de si es Angelina. Llega Don Magnifico avisando que la cena está lista, pero se queda anonadado al ver a la joven que se parece tanto a Cenerentola. Dandini mete prisa para ir a cenar (para una vez que hace de príncipe piensa aprovecharlo), y todos creen estar soñando y con miedo a despertar. Vamos al vídeo (minuto 1:18:20):

Terminado el primer acto de La Cenerentola, comenzamos el segundo.

Don Magnifico está con sus dos hijas, temiendo que se estén burlando de ellos y sobre todo mosqueado por el parecido de la joven con su criada. Pero confía en que el príncipe caiga rendido ante alguna de sus dos hijas y ya se prepara para su acomodado futuro. Escuchamos la tercera aria de Don Magnifico, “Sia qualunque delle figlie” cantada por Enzo Dara:

Las hermanas vuelven a pelearse y se van. Entonces aparece Ramiro, enamorado de la joven desconocida, que le recuerda ala criada que conoció antes. Se esconde al oír que llega la joven junto a Dandini, y escucha como rechaza al “príncipe” porque está enamorado de su escudero (es decir, de Ramiro,el verdadero príncipe). Ramiro sale de su escondite y le declara su amor, pero ella le dice que primero tiene que ver su fortuna, encontrarla, y para hacerlo le da como prueba uno de los dos brazaletes que lleva (la censura no permitía quitarse un zapato en el teatro, así que otra vez nos cambian el cuento) y sale huyendo. Dandini se da cuenta de que su papel como príncipe ha terminado (aunque le tocará hacer de testigo en la boda). Ramiro vuelve a asumir sus funciones de príncipe, y siguiendo el consejo de Alidoro de hacer lo que le aconseje su corazón, decide librarse de las dos petardas y salir en busca de su amada. Escuchamos así el aria “Sì, ritrovarla io giuro” cantada por Javier Camarena:

Alidoro está preparado para hacer volcar la carroza del príncipe junto a la casa de Don Magnifico para que así pueda encontrar a Angelina.

Mientras, Dandini lamenta su mala suerte de haber bajado de príncipe de nuevo a mayordomo. Pero aparece Don Magnifico, que todavía no sabe nada, impaciente por saber quién de sus dos hijas es la elegida. Dandini le dice que le va a decir algo que le va a sorprender (y Don Magnifico piensa si le va a pedir que se case con él… no tiene remedio, no), pero primero quiere saber cuáles son sus exigencias para que una de sus hijas sea la esposa del príncipe, y el barón comienza su retahíla de estridencias, a las que Dandini contesta que no se las puede conceder porque ni él mismo las tiene, ya que no es un príncipe, sino un mayordomo. Don Magnifico estalla en cólera, pero Dandini lo echa del palacio. Escuchamos el dúo “Un segreto d’inportanza” con Enzo dara como Don Magnifico y Alessando Corbelli como Dandini (minuto 1:55:10):

Cambiamos de escena. Volvemos a estar en el Palacio del Barón. Angelina está cantando de nuevo su canción, pero acaricia su brazalete en espera de que su amado llegue a rescatarla. Aparecen Don Magnifico y sus hijas, enfadadísimos porque se creen burlados por Dandini. Entonces estalla una tempestad, en la que tenemos un pasaje orquestal que escuchamos dirigido por Claudio Abbado:

En medio de la tormenta, Alidoro hace volcar la carroza del príncipe, que va acompañado por Dandini. Se refugian en casa de Don Magnifico, donde él y sus hijas se asombran al saber que el verdadero príncipe es el que creían escudero. Llaman a Angelina para que lleve un sillón al príncipe para que se siente; ella se lo lleva a Dandini, pero le corrigen: el príncipe es Ramiro, quien reconoce el brazalete que lleva ella. Todos se sienten confusos, y tenemos así el magnífico sexteto “Questo e un nodo” (a modo de trabalenguas) que escuchamos con Marilyn Horne como Angelina, Francisco Araiza como Ramiro, Enzo Dara como Dandini y Samuel Ramey como Don Magnifico:

Las hermanas y Don Magnifico entonces empiezan a insultar a Angelina, pero el príncipe ahora sale en su defensa, y la propia Angelina tiene que suplicar el perdón para su familia ante el airado Ramiro, quien ante el desprecio de ellos afirma que se va a casar con Angelina. Don Magnifico afirma que entre sus hijas habrá una opción mejor, pero entonces Ramiro le recuerda que ellas le despreciaron por ser un plebeyo escudero. Ya está todo decidido: Angelina reinará junto a Ramiro. Escuchamos la escena con Cecilia Bartoli, Raúl Giménez, Enzo Dara y Alessandro Corbelli:

Ramiro se lleva a Angelina, seguidos por Dandini y Don Magnifico. Se quedan las dos hermanas y aparece entonces Alidoro, que les recuerda cómo le despreciaron cuando les pidió limosna, y que ahora tendrán que humillarse para conseguir el perdón. Tisbe acepta, pero Clorinda se resiste. Y aquí es donde va la otra aria de Agolini, “Sventurata! Mi credea” para Clorinda (aria que no se suele incluir en las representaciones actuales de La Cenerentola, y no nos perdemos nada, sinceramente):

Llegamos a la última escena de La Cenerentola. Estamos en el palacio de Ramiro. Don Magnifico y sus hijas solicitan el perdón de Angelina, que se lo concede, recuerda su triste pasado y que ya no volverá a estar triste trabajando en la cocina. El rondò final es una reelaboración del de Almaviva en “Il barbiere di Siviglia”. Escuchamos así el final “Nacqui all’affano” cantado por una histriónica Cecilia Bartoli, una máquina de ametrallar notas:

 Terminamos como siempre con un Reparto Ideal de La Cenerentola:

Angelina: Cecilia Bartoli.

Ramiro: Juan Diego Flórez.

Dandini: Sesto Bruscantini.

Don Magnifico: Paolo Montarsolo.

Alidoro: Michele Pertusi.

Crónicas de La Cenerentola:

ABAO-OLBE 22-11-2016.

Opus Lírica 14-05-2017



225 años del estreno de “Die Zauberflöte” (30-09-2016)


El 30 de septiembre de 1791, hace exactamente 225 años, Wolfgang Amadeus Mozart estrenaba, apenas 24 días después de la anterior, su última ópera, “Die Zauberflöte” (o “La flauta mágica”) en el Theatre auf der Wieden de la capital austriaca, que se convertirá en una de sus grandes obras maestras y una de las óperas más famosas de la historia.




Mozart, que obviamente no sabía que apenas le quedaban dos meses de vida, se veía con problemas económicos, los mismos que también afectaban a su amigo Emanuel Schikaneder, que además de cantante era el empresario teatral que llevaba el Theatre auf der Wieden desde 1789, por lo que el compositor decide componer una ópera que consiga arreglar la situación financiera de ambos. Era un teatro en el que se representaban sobre todo Singspiel, un tipo de ópera alemana en el que Mozart ya había trabajado en otra de sus obras maestras, “Die Entführung aus dem Serail”. El propio Schikaneder escribió el libreto, del que se desconoce la fuente de inspiración directa, pero que presenta la curiosidad de cambiar de estilo al poco del comienzo, pasando de una especie de cuento de hadas al principio en una fábula sobre la masonería, grupo al que ambos pertenecían y que acababa de ser prohibida por el emperador José II.

Mozart escribe cada papel de “Die Zaberflöte” pensando en los miembros de la compañía que van a cantar cada papel (incluyendo al propio Schikaneder, que cantará el papel de Papageno en el estreno), lo que le permite escribir arias de gran complejidad vocal poco habitual en el Singspiel. El propio Mozart dirigió el estreno, y la ópera alcanzó en seguida un gran éxito, consiguiendo su representación nº 100 en Noviembre de 1792, éxito que Mozart no disfrutará por su prematura muerte.

La obra musicalmente nos anticipa ya el próximo romanticismo. Pero antes de entrar en materia para contar el argumento, dejo un enlace del libreto y su traducción al español.

Comenzamos con la obertura, una obra maestra de mayor duración de la habitual en Mozart, y cuya melodía (también bastante lenta para lo habitual en Mozart y de considerable solemnidad) anticipa a ciertas obras sinfónicas de Beethoven. La escuchamos en la magnífica interpretación de Otto Klemperer:

Comienza “Die Zauberflöte”. En un paisaje rocoso, coronado por un templo, aparece un joven príncipe japonés, huyendo perseguido por una serpiente de la que no puede defenderse al haber perdido su arma. El príncipe se desmaya por el terror cuando del templo surgen tres damas que matan a la serpiente y que, al ver al príncipe (que es muy guapete por lo visto) babean por el cosa fina. Pero tienen que ir a avisar a su señora, y las tres se pelean por quiénes van y quién se queda a vigilar al joven, hasta que deciden ir las tres, prometiendo volver para ver a tan apuesto joven. Vamos a escuchar este comienzo con el Tamino de Piotr Beczala:

Entonces Tamino despierta y se encuentra sorprendido al ver a la serpiente muerta a sus pies y sin saber qué ha pasado. Entonces aparece en escena un extraño personaje, disfrazado de pájaro, con una jaula a su espalda y una flauta de pan: es Papageno, el pajarero, que usa su flauta como reclamo, pero que suspira por poder cazar también alguna chica. Y así tenemos la famosa aria “Der Vogelfänger bin ich ja”, que escuchamos al gran Hermann Prey:

 Tamino interroga a Papageno para saber dónde está; éste, que no conoce el mundo fuera de su entorno, de su cabaña, le dice que vive cazando pájaros para la reina Astriflamante, a quien Tamino reconoce como la Reina de la Noche. Papageno presume de haber matado él a la serpiente, pero entonces aparecen las tres damas, quienes le ponen un candado en la boca por mentir; ellas le dicen que fueron ellas quienes le salvaron y entregan a Tamino un retrato de la hija de la reina; o el retrato tiene mucho Photoshop o la princesa tiene que ser guapísima, porque Tamino se enamora al instante de ella. Y así tenemos uno de los momentos más célebres de “Die Zauberflöte”, el aria de Tamino “Dies Bildnis ist bezauberns schön”, que escuchamos al gran Fritz Wunderlich:

Las damas entonces le cuentan a Tamino que la Reina, tras oír sus palabras, ven en él a quien puede salvar a su hija, secuestrada por el malvado Sarastro, que vive en un castillo fuertemente vigilado cerca de allí. Entonces aparece la reina, narrando su dolor y el de su hija, y diciéndole a Tamino que, si vuelve victorioso, la princesa será suya. Y así tenemos mi momento favorito de toda “Die Zauberflöte”, el aria “O zittre nicht”, que Mozart compuso para su cuñada Josepha Hofer, que debía tener una voz espectacular, ya que este aria comienza como una pieza para soprano lírica, pero hacia el final comienza una tremenda parte de coloratura que termina en un Fa sobreagudo, nota al alcance de pocas, y que escuchamos aquí en la maravillosa versión de Lucia Popp:

Cuando la reina y las damas se van, se quedan sólo Tamino y Papageno, que no puede hablar por el candado que tiene en la boca. Entonces reaparecen las tres damas y le quitan el candado. Regalan a Tamino para su misión una flauta mágica, y obligan a Papageno a acompañarle, aunque él cobardemente intenta librarse. A él le dan unas campanillas, que al igual que la flauta serán indispensables para su victoria. Además, les indican que tres muchachos les guiarán en su camino. Escuchamos así el quinteto “Hm Hm”:

Cambiamos de escena. Ahora estamos en una sala del castillo de Sarastro, donde Monostatos, un siervo negro de Sarastro, lleva a Pamina, a quien desea con lujuria, pero ella intenta rechazarle. Entonces aparece Papageno, que ha conseguido colarse en el castillo, y al verse Monostatos y él, se asustan y el siervo huye:

Papageno recupera su valor pensando que, si hay pájaros negros, también puede haber humanos negros. Entonces se presenta ante Pamina y le cuenta que un príncipe viene a su rescate. Entonces ambos cantan al amor en el dúo “Bei Männern, welche Liebe fühlen”:

Cambiamos de lugar. Tamino está en un bosque antes tres puertas por las que acceder al castillo de Sarastro. Los tres niños de los que hablaron las damas le dan un consejo: ser firme, paciente y callado:

Tamino entonces se dispone a entrar por alguna de las puertas, pero en las laterales oye que le hacen retroceder, y sólo consigue acercarse a la central cuando aparece un sacerdote, el orador, que le dice que va buscando venganza. Tamino afirma que busca vengarse del malvado, pero el orador le dice que no lo va a encontrar entre ellos: Tamino es víctima de un engaño, que ha creído lo que le ha dicho la reina, pero que Sarastro no es malvado. Escuchamos esta escena en las voces de Nicolai Gedda y Dietrich Fischer-Dieskau:

Tamino sigue sin saber si Pamina vive aún, cosa que unas voces le confirman. Él toca su flauta y acuden todas las criaturas ante él, pero Pamina no. Al tocar de nuevo, responden las campanillas de Papageno. Escuchamos de nuevo a Nicolai Gedda:

Pamina y Papageno se apresuran para acudir a la llamada de Tamino, pero entonces aparece Monostatos; para evitar ser capturados, Papageno hace sonar sus campanillas, y Monostatos y los soldados se ponen a bailar:

Pero se escuchan cantos en alabanza de Sarastro, y ambos se encuentran ante él. Pamina le pide perdón, y le confiesa que de qien quería huir era de Monostatos; Sarastro le informa que lo sabe, pero no le puede dejar volver con su madre, porque eso destruiría su felicidad. Entonces entra Monostatos con Tamino, a quien ha capturado, y pide que sea castigado, pero el castigado es él; Sarastro manda introducir a Tamino y Papageno al templo de las pruebas, y aquí termina el primer acto de “Die Zauberflöte”, en el que el cuento de hadas acaba de transformarse en una iniciación masónica. Escuchamos ese final con Kurt Moll como Sarastro, Kathleen Battle como Pamina, Francisco Araiza como Tamino y Heinz Zednik como Monostatos:

Comenzamos el segundo acto de “Die Zauberflöte”.

Nos encontramos en un bosque con palmeras. En él aparecen Sarastro y un grupo de sacerdotes, y escuchamos la marcha de los sacerdotes:

Los sacerdotes y Sarastro conversas sobre si ambos candidatos serán capaces de superar las pruebas de iniciación (ya estamos en plena simbología masónica), y Sarastro semuestra convencido de que Tamino, aunque príncipe, es un hombre capaz de superar la dureza de las pruebas. Sarastro manda traer a Tamino y Papageno, y canta una invocación a Isis y Osiris (Egipto era parte de la simbología masónica), en este bellísimo “O Isis und Osiris” que canta Josef Greindl:

Pasamos ahora a una sala, en una noche con tormenta. Allí unos sacerdotes llevan a Tamino y Papageno para que pasen sus pruebas de iniciación. Papageno está aterrado por la tormenta. Dos sacerdotes les interrogan para saber si están dispuestos a superar las pruebas; Tamino responde afirmativamente, mientras Papageno muestra su cobardía. Entonces los sacerdotes le dicen que Sarastro tiene una mujer para él si supera las pruebas, llamada Papagena. Pero les dan un mandato a ambos: verán a sus amadas, pero no podrán hablarles. Entonces los dos sacerdotes les advierten de las tretas femeninas que han hecho caer a tantos hombres, en el dúo “Bewahret euch von Weibertrücken” que cantan Gerhard Unger y Franz Crass:

Los dos sacerdotes se van y dejan todo en penumbra, pero entonces aparecen las tres damas afirmando que ambos morirán en ese lugar. Papageno se asusta, pero Tamino consigue callar y superar las tretas femeninas, mientras las damas afirman que la Reina de la Noche está en el castillo. Escuchamos el quinteto con Fritz Wunderlich como Tamino y Hermann Prey como Papageno:

Entran los sacerdotes que felicitan a Tamino por superar la prueba, aunque todavía le quedan más por superar, mientras le dicen a Papageno que sea un hombre.

Cambiamos de escena. Nos vamos a un jardín en el que duerme Pamina, y al que Monostatos ha conseguido entrar sin permiso. Allí canta un aria en la que lamenta no poder disfrutar como los demás del amor por ser negro. Escuchamos el aria en voz de Gerhard Unger:

Del suelo surge la Reina de la Noche, que al enterarse por su hija que Tamino va a hacer las pruebas de iniciación, le da a Pamina un puñal con el que debe matar a Sarastro, y en su famosa aria “Der Hölle Rache” le dice que no será ya hija suya si no lo mata. Escuchamos el aria en voz de Diana Damrau, y en el vídeo podemos ver la partitura para ver la dificultad de la página, con varias ascensiones al Fa sobreagudo:

La Reina desaparece y Monostatos sale de su escondite y le promete a Pamina que él cumplirá el encargo a cambio del amor de Pamina, por lo que ella le rechaza. En el momento justo aparece Sarastro, y Pamina le pide perdón por el odio que su madre le tiene por miedo a perderla. Sarastro canta entonces la bellísima aria “In diesen heil’gen Hallen”, en la que afirma que en su castillo no hay lugar para el odio, sino para el amor. Escuchamos el aria en voz del gran Martti Talvela:

Cambiamos de escena. Estamos ahora en una sala, a la que los sacerdotes conducen a Tamino y Papageno con la instrucción de no hablar. Tamino obedece, pero Papageno no puede, y se queja por no recibir ni siquiera agua; aparece entonces una vieja a la que le pide agua, y ésta se la da. Papageno, aburrido, no hace más que preguntarle. Ella le dice que tiene 18 años, provocando la risa de él, que le dice si tiene un amor. Ella le contesta que sí, pero 10 años más mayor, que se llama Papageno. Ella es Papagena, pero un rayo le hace desaparecer.

Aparecen entonces los tres niños de nuevo, que les traen a Tamino y Papageno tanto comida como la flauta y las campanillas que Sarastro les había quitado. Animan a Tamino a seguir así y a Papageno a cerrar el pico:

Mientras Papageno come, Tamino toca su flauta, y aparece Pamina, que se sorprende al ver que su amado no le habla, y canta su desesperación pensando que el amor ha muerto en su corazón. Escuchamos el aria “Ach, ich fühl’s” en la voz de Lucia Popp:

De nuevo cambiamos de escenario en “Die Zauberflöte”. Ahora estamos en una sala abobedada a la que entran los sacerdotes cantando otra plegaria a Isis y Osiris, seguros de que Tamino superará sus pruebas:

Sarastro felicita a Tamino por haber superado dos pruebas, pero le quedan todavía otras dos. Entonces hace traer a Pamina y le dice que tienen que despedirse. Sarastro le promete que volverán a verse si Tamino supera las pruebas, pero Pamina no se encuentra tan segura. Estamos en el magnífico trío “Soll ich dich, Teurer”, que escuchamos a Gundula Janowitz, Gottlob Frick y Nicolai Gedda:

Mientras, Papageno busca en otro lugar a Tamino, pero se encuentra solo. Aparecen entonces unos sacerdotes que le confirman que no ha superado sus pruebas. Papageno no se preocupa, no es el único que no las ha pasado, él sólo busca una mujer. Y ahí tenemos el aria “Ein Mädchen oder Weibchen” que canta Simon Keenlyside:

Entonces vuelve a aparecer la mujer mayor, que le pide a Papageno que le sea fiel y será siempre suya, pero él titubea. Al hacerlo, ella se convierte en una jovencita, pero los sacerdotes no le dejan acercarse a Papageno, porque todavía no es digno de ella.

Comienza ya el final de “Die Zauberflöte”, ya no hay recitativos hablados.

En un jardín reaparecen los tres niños, convencidos de que Tamino vencerá cuando sea de día, pero entonces ven a Pamina que, desesperada lleva un puñal con el que quiere suicidarse. Ellos intentan detenerla, pero no lo consiguen hasta que le confirman que Tamino la ama de verdad:

Cambiamos de escena. Nos encontramos ante dos montañas, una de fuego y otra con una cascada. Allí dos hombres armados le dicen a Tamino que es donde debe superar dos pruebas ante los 4 elementos. Tamino está dispuesto a superarlas:

Pero entonces aparece Pamina, que quiere atravesar las pruebas junto a él. Los hombres armados acceden, y ambos se enfrentan a las pruebas con la ayuda de la flauta mágica, que el padre de Pamina talló del corazón de una encina milenaria en medio de una tormenta; la flauta les guiará en las pruebas. Primero atraviesan la montaña de fuego, y después ascienden la montaña de la cascada y así consiguen superar las pruebas. Ya pueden ser felices juntos, porque Tamino ha superado sus pruebas de iniciación, y los sacerdotes les invitan a entrar en el templo de Isis que se haya sobre la montaña. Escuchamos la escena con Edith Mathis y Nicolai Gedda:

¿Y quépasa mientras con el pobre fracasado Papageno? Corretea por un jardín con su silbato llamando a Papagena, pero ella no aparece. Ve una cuerda colgando de un árbol, y decide suicidarse, pero antes se da otra oportunidad: silbará tres veces a ver si hay respuesta. Pero no la hay. Y justo en ese momento vuelven a aperecer los 3 muchachos para detenerle. Él les dice que no entienden su dolor, pero ellos le recuerdan sus campanillas. Él lo hace y allí aparece Papagena, que ya planean los hijos que van a tener. Volvemos a escuchar el Papageno de Simon Keelyside:

Terminamos las dos escenas que quedan de “Die Zauberflöte” con un único vídeo.

Monostatos ha guiado al interior del castillo a la Reina y a las damas, que piensan destruir a todos a cambio de que Monostatos se quede con Pamina. Pero entonces son engullidos por la tierra. Aparece el templo de Isis, donde están Sarastro, Tamino, Pamina y los 3 muchachos. Sarastro afirma que el sol a derrotado a la noche y la ópera termina espectacularmente con un bellísimo coro en el que se vuelve a alabar a Isis y Osiris y a bendecir a la pareja que ha logrado superar las pruebas, en un final lleno de esperanza. Escuchamos este final con Diana Damrau como Reina y René Pape como Sarastro:

Este es uno de esos finales que te dejan con los pelos de punta.

Terminamos, como siempre, con un Reparto Ideal:

Tamino: Fritz Wunderlich o Nicolai Gedda.

Pamina: Lucia Popp.

Sarastro: Josef Greindl o Martti Talvela. O René Pape, más actual.

Königin der Nacht (Reina de la noche): Lucia Popp (sí, la mejor en los dos papeles).

Papageno: Hermann Prey.

Monostatos: Heinz Zednik.

Sprecher: Dietrich Fischer-Dieskau.

Director de Orquesta: Otto Klemperer.