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25 años de la muerte de Lucia Popp (16-11-2018)


Una de las mejores sopranos de coloratura de los años 60 se transformó en los años 70 y 80 en un referente en Mozart y Richard Strauss, antes de su prematura desaparición. Hoy, cuando se cumplen 25 años de su muerte, recordamos a Lucia Popp.




Lucia Poppova nació el 12 de noviembre de 1939 en Záhorska Ves, municipio eslovaco cercano a Bratislava, junto a la frontera austriaca. Su madre era soprano, y con ella recibió las primeras lecciones de canto, antes de ingresar en la Academia de Bratislava, en la que estudiaría arte dramático, llegando a protagonizar algunas películas, de entre las cuales destaca “Janosik”, estrenada en 1963:

En la Academia estudia canto, comenzando como Mezzo, antes de que su registro sobreagudo extraordinario le haga cambiar de registro al de soprano de coloratura, y debuta a comienzos de 1963, con 23 años, en el terrorífico papel de la Reina de la Noche en “Die Zauberflöte“, papel que inmediatamente repite en Viena, causando el asombro, entre otros, de Herbert von Karajan y de Elisabeth Schwarzkopf, y consiguiendo ser contratada para interpretar el mismo papel en la mítica grabación de Otto Klemperer en la que también participan estrellas como Nicolai Gedda, Gundula Janowitz o Gottlob Frick:

Lanzada a la fama casi de inmediato, recorre los principales teatros del mundo con este papel y algunos otros papeles de soprano de coloratura. Entrará a ser miembro estable de la Ópera de Colonia en 1966, y debutará por las mismas fechas en Londres y Nueva York.

Hacia 1970, cansada de repetir los mismos roles, y con una voz cada vez más ancha, se pasa a un repertorio de lírico-ligera, que en los 80 pasarán a ser papeles de lírica plena y, en ocasiones, de spinto. Esto hizo que cantara a menudo varios roles de las mismas óperas.

En el repertorio barroco interpretó algunas óperas de Georg Freidrich Händel, como “Rodelinda”, de la que escuchamos el aria “Ombre, piante, une funeste”:

También interpretó el papel de Romilda en “Serse”, del que escuchamos el aria “Chi cede al furore”:

Le escuchamos también como Cleopatra en el “Giulio Cesare”, cantado en alemán, junto a Walter Berry, cantar el aria “V’adoro pupille”:

De esta ópera también interpretó el papel de Sesto, del que escuchamos el aria “Sperai, ne m’ingannai”:

Y, por último, le escuchamos cantar el “Wohlan, frohlocke, du Tochter Sion” de “El Mesías”:

De Wolfgang Amadeus Mozart, el compositor al que dedicó buena parte de su carrera y que mayores éxitos le dio, comenzamos escuchando su “Laudate Dominum”:

Interpretó mucha música religiosa de Mozart, además de numerosos roles operísticos. Comenzamos escuchándole en “Zaide”, con el aria “Ruhe Sanft, mein holdes Leben”:

Escuchamos también la bellísima aria “L’amerò, sarò costante” de Aminta en “Il Re pastore”:

Famosa fue su interpretación de la dulce Ilia en “Idomeneo”, de la que escuchamos el aria “Zeffiretti lusinghieri”:

En “Die Entführung aus dem Serail” interpretó los dos papeles de sopranos, aunque destacó siempre como Blonde, como podemos comprobar en este Welche Wonne, welche Lust!”:

Pero escuchamos también su Constanze, en el aria “Traurigkeit ward mir zum Lose”:

Lo mismo sucede con “Le nozze di Figaro”. Lucia Popp grabó en estudio las arias de Cherubino, de las cuales escuchamos el “Voi che sapete”:

En los años 70 y principios de los 80 fue una Susanna referencial, de las mejores que se hayan podido escuchar, y buena prueba de ello es este “Deh vieni non tardar”:

Y en su etapa de madurez llegó a cantar la Contessa d’Almaviva, de la que escuchamos la bellísima aria “Dove sono”:

La historia se repite con “Don Giovanni“, de la que cantó en escena los tres papeles femeninos. Comenzó en su juventud con Zerlina, de la que escuchamos el aria “Batti, batti o bel Masetto”:

Ya en los 80 se pasó al papel de Donna Elvira, del que escuchamos el aria “Mi tradì quel’alma ingrata”:

Y en su etapa final incluyó el papel de Donna Anna, del que escuchamos su aria “Non mi dir”:

Igualmente en el caso de “Così fan tutte”: al comienzo de su carrera interpretaba el papel de Despina, de la que escuchamos “In uomini, in soldati”:

Y en su etapa de madurez destacó su interpretación de Fiordiligi, de la que escuchamos el aria “Come scoglio”:

En el caso de “La clemenza de Tito”, al principio de su carrera interpretaba el papel de Servilia, de la que escuchamos su dúo con Annio “Ah perdona al primo affetto” junto a Federica von Stade:

Y en su etapa final interpretó el papel de Vitellia, de la que escuchamos el aria “Non più di fiori”:

Ya hemos hablado de su relación con “Die Zauberflöte”. Fue el temible papel de la Reina de la noche el que la dio a conocer por todo el mundo, algo que no sorprende si escuchamos esa maravilla que es su primer aria, “O Zittre Nicht”, con ese dominio de la coloratura, terrible en la parte final del aria, y de esos Fa sobreagudos que tiene que cantar en sus dos arias:

Pero, cansada de repetir siempre el mismo papel, proto se vio tentada a cantar el papel de Pamina, en el que luce su delicada forma de cantar como en pocos otros papeles. Escuchamos su aria “Ach, ich fühl’s”:

Curiosamente, siendo en sus comienzos una soprano de coloratura, no frecuentó el repertorio italiano y apenas cantó títulos belcantistas, siendo las comedias de Donizetti la principal excepción. Así, podemos disfrutar de su maravillosa Norina de “Don Pasquale”:

Y cantó también la Adina de “L’elissir d’amore”, de la que escuchamos el dúo “Chiedi all’aura lusinghiera”, cantada junto al tenor Peter Dvorsky:

No podía faltar, por supuesto, la Gilda del “Rigoletto” de Giuseppe Verdi en su repertorio, y de ella escuchamos el aria “Caro nome”:

Las discográficas acudieron a ella para grabar dos óperas de Ruggero Leoncavallo. La primera, la famosa, “Pagliacci“, de la que escuchamos el aria de Nedda “Stridono lassu”:

La otra fue la muy poco conocida “La Boheme”, de la que grabó el papel de Mimì. Escuchamos su escena junto a Musetta E destin” Debo andarmene” cantada junto a Alexandrina Milcheva:

En el caso de Giacomo Puccini, fue habitual intérprete de “La Boheme”, primero como Musetta, de la que escuchamos su vals “Quando m’en vo'”:

Y años después grabó el papel de Mimì, pero en su traducción alemana. Escuchamos su aria “Sì, mi chiamono Mimì”:

Gran interpretación fue la suya como “Suor Angelica”, de una maravillosa delicadeza, como acostumbraba ella, como podemos comprobar en este “Senza mamma, o bimbo”:

Y con esa voz, por supuesto, no podía faltar su “O mio babbino caro” del “Gianni Schicchi”:

Tampoco frecuentó Lucia Popp el repertorio francés, y pese a todo, las discográficas contaron con ella para grabar la casi desconocida “Djamileh” de George Bizet, de la que escuchamos a continuación su lamento:

Y lo mismo sucede con “La navarraise” de Jules Massenet, que grabó junto al tenor Alain Vanzo. Escuchamos el comienzo de esta ópera breve y poco conocida:

Y escuchamos también, del mismo compositor, el “Adieu notre petite table” de la “Manon”:

Y no podemos quedarnos sin escuchar su “Depuis le jour” de la ópera “Louise” de Gustave Charpentier, en la que es una de las mejores (quizá la mejor, en mi opinión) de esta maravillosa aria, gracias a esos etéreos agudos en pianísimo:

Su principal repertorio, a parte de Mozart, fue el alemán, comenzando por Ludwig van Beethoven y la Marzelline de su “Fidelio”, de la que escuchamos “Mir ist so wunderbar”:

De Carl Maria von Weber cantó los dos papeles de “Der Freischütz”, Ännchen y Agathe, aunque escucharemos sólo el primero de ellos, con el aria “Kommt ein schlanker Bursh gegangen”:

También, afortunadamente, grabó completa la ópera “Martha” de Friedrich von Flotow, de la que escuchamos a continuación del “Letzte Rose” junto a Siegfried Jerusalem:

Destacó también interpretando óperas del poco conocido Albert Lortzing, como “Zar und Zimmermann”:

O, del mismo compositor también, “Undine”:

En sus últimos años incorporó algunas óperas de Ruchard Wagner, como la Elsa de “Lohengrin” o la Eva de “Die Meistersinger von Nürnberg”:

Y también, quizá uno de los roles más pesados que asumió, la Elisabeth de “Tannhäuser”, de la que escuchamos aquí su aria de entrada, “Dich, teure Halle”:

Destacó también su interpretación de la Gretel de “Hansel und Gretel”, ópera de Engelbert Humperdinck, que escuchamos aquí junto al Hansel de Brigitte Fassbänder:

 

Destaca también su interpretación de “Carmina Burana” de Carl Orff, de la que escuchamos un fragmento cantado junto al barítono Hermann Prey:

Lucia Popp fue una destacada intérprete de las óperas de Richard Strauss, destacando entre ellas “Der Rosenkavalier”, en la que interpretó tanto a la Mariscala como a Sophie, de la que en este caso escuchamos la escena de la entrega de la rosa junto a Brigitte Fassbänder:

Lo mismo sucede con la ópera “Arabella”, de la que interpretó tanto al personaje protagonista como a su hermana Zdenka. Escuchamos su interpretación de la protagonista Arabella junto al barítono Bernd Weikl:

Hay que destacar su interpretación de la mucho menos conocida “Daphne”, que escuchamos a continuación:

Y también de la poco conocida “Intermezzo”, de la que escuchamos el final junto a Dietrich Fischer-Dieskau:

Y, cómo no, hay que destacar su interpretación de la última ópera de Strauss, “Capriccio”, que escuchamos cantada junto a Fritz Wunderlich:

Dado su origen, Lucia Popp fue también una importante intérprete del repertorio eslavo. De Piotr Ilich Tchaikovsky cantó tanto “La Dama de Picas” como “Eugene Oneguin”. Escuchamos la escena de la carta de esta última:

De Bedrich Smetana destacó interpretando a la protagonista de “La novia vendida”, que escuchamos a continuación:

Pero también de otras óperas menos conocidas, como “Dalibor”, de la que escuchamos aquí el aria “Jak je mi?”:

De Leos Janacek la escuchamos cantado “Jenufa”:

Y también el papel protagonista de “La zorrita astuta”:

Pero si hay que destacarla por algo, es por su interpretación de “Rusalka”, la ninfa acuática de la ópera de Antonin Dvorak, a la que sabía extraer todo su juego vocal e interpretativo, como comprobamos en esta maravillosa versión de la canción de la luna:

Lucia Popp fue también una destacada intérprete de opereta vienesa, especialmente de “Die Fledermaus”, primero como Adele y después como Rosalinde. Escuchamos primero su Adele en “Mein Herr Marquis”:

Y ahora las Czardas de Rosalinde:

Y ya que hablamos de Strauss, le escuchamos cantando el vals “Voces de primavera”:

Y de Franz Léhar interpretó también numerosas operetas, como “Giuditta”, de la que escuchamos “Schön wie die blaue Sommernacht” junto al tenor Rudolf Schock:

Le escuchamos también cantar “Des Land des Lächelns”:

Y terminamos escuchando la canción de Vilja de “Die lustige Witwe”:

Antes de terminar incluiremos brevemente algunas de sus incursiones en el Lied y la música de concierto. No podía faltar, en una magnífica liederista como fue Lucia Popp, algún Lied de Franz Schubert, y en este caso el elegido ha sido “An die Musik”:

Le escuchamos también cantar el “Ich hab nun Traurigkeit” de “Ein Deutsches Requiem” de Johannes Brahms:

Destacó también interpretando la música escénica de “Peer Gynt” de Edvard Grieg, y en especial de la canción de Solveig:

Le escuchamos también cantando el final de la 4ª sinfonía de Gustav Mahler:

Y terminamos con Lied de Richard Strauss. Primero, ese bellísimo “Morgen”:

Y por último, de los 4 últimos Lieder, el tercero, “Beim Schlafengehen”, dirigida por Georg Solti:

Casada en primeras nupcias con el director de orquesta húngaro György Fischer, tras separarse volvió a casarse en 1985 con el tenor Peter Seiffert, 15 años más joven que ella. Años después, se le detectó u tumor cerebral inoperable, que le llevó a la tumba el 16 de noviembre de 1993, a la edad de 54 años. Está enterrada en el Cementerio Slávicie Údolie de Bratislava (aunque su tumba no es fácil de localizar):
Con una voz en constante evolución hacia un repertorio más pesado, es difícil imaginar hasta donde habría llegado una artista tan versátil como ella, siempre delicada, siempre encantadora, y con una voz brillante y una técnica poco menos que perfecta. 25 años después de su desaparición sigue siendo un referente de canto mozartino y straussiano, y una de las grandes liederistas de finales de siglo.



Centenario del nacimiento de Birgit Nilsson (17-05-2018)


Con un repertorio reducido pero inteligentemente elegido, gracias a una voz enorme en volumen y extensión y a una técnica impecable, destacó en algunos de los más difíciles roles de soprano de todo el repertorio. En el centenario de su nacimiento recordamos a la gran soprano Birgit Nilsson.




Märta Birgit Nilsson nació en una granja de la localidad sueca de Västra Karup, en la provincia de Escania, a unos 100 Km de su capital, Malmo. Desde muy temprana edad demostró sus dotes musicales, siendo descubierta en el coro de la iglesia, cuyo director le aconsejó que recibiera clases de canto, algo que terminaría haciendo en la Real Academia de Música de Estocolmo, si bien ella se solía considerar autodidacta.

Su debut fue bastante tardío, en 1946, en Estocolmo, cuando apenas tiene tres días para prepararse el papel de Agathe en “Der Freischütz” de Weber en sustitución de la soprano titular. Cantará en Estocolmo en los siguientes años, en los que ampliará su repertorio en papeles dramáticos. Su salto internacional se produce en 1951 en el festival de Glindebourne, cantando la Elektra del “Idomeneo” mozartino. Debuta en Viena en 1953, en Bayreuth, donde será asidua, en 1954, mismo año en el que debuta en Munich, en el Met de Nueva York en 1959 y en la Scala de Milán en 1958, con un papel, el de Turandot, que acababa de debutar el año anterior en Estocolmo y que, según ella misma afirmaba, le hizo rica.

Comenzamos escuchando esa Elektra del “Idomeneo” de Glyndebourne, de la que escuchamos el aria “D’Oreste, d’Aiace”:

Su otro gran papel mozartino fue la Donna Anna de”Don Giovanni“, del que escuchamos aquí la difícil aria “Non mi dir”, en la que luce una voz flexible, potente pero al mismo tiempo delicada, así como una insólita capacidad para las coloraturas en una voz de su tamaño:

Esa capacidad para el canto dramático de agilidad le permitió sobresalir en un papel tan terrorífico como la Lady Macbeth del “Macbeth” verdiano, del que escuchamos su primera aria:

Y, aunque hasta donde sé, nunca cantó en vivo la Abigaile de “Nabucco“, sí grabó el aria “Anch’io dischiuso un giorno”, de forma absolutamente impecable:

Su repertorio verdiano no fue muy extenso. Podemos escuchar, por ejemplo, su Leonora de “La forza del destino”, pletórica de medios (esos pianísimos en el agudo tan difíciles), aunque siempre falta de ese calor mediterráneo que se espera de las voces que interpreten estos papeles:

Cantó también la Amelia de “Un ballo in maschera”, que además grabó en estudio dirigida por Georg Solti y junto al tenor Carlo Bergonzi, con quien canta este dúo del segundo acto, “Teco io sto”:

Su otro gran papel verdiano fue la protagonista de “Aida”, de la que escuchamos aquí su primera aria, “Ritorna vincitor”:

Y también cantaba el Requiem de Verdi, del que escuchamos el “Libera me Domine”:

Su registro vocal era tan grande, que se permitió el lujo de grabar en estudio el aria de la princesa de Eboli de “Don Carlo“, papel escrito para mezzo-soprano:

Su flexibilidad vocal llegaba hasta el punto de que se permitía el lujo de incluir en recitales arias de papeles a priori poco aptos para su voz, como este “O mio babbino caro” del “Gianni Schicchi” de Puccini, con unos pianísimos que ya quisieran sopranos más líricas:

Pero Birgit Nilsson no frecuentó el repertorio italiano, para el que siempre se le acusó de esa falta de italianidad, de color italiano en su voz. Buena prueba de ello es su fallida Minnie en “La fanciulla del West”, que grabó en estudio sustituyendo a la prevista Maria Callas, y de la que escuchamos el final del primer acto:

Su voz es perfecta, e incluso interpretativamente no está mal, pero le falta algo, ese algo que tenía, por ejemplo, una voz menos dotada pero más italiana como Renata Tebaldi. La frase final, “O un viso d’angelo”, es una buena muestra para comparar a ambas.

Y, pese a todo, frecuentó bastante el papel de “Tosca”, perfecto para su voz (como lo hubiera sido, por ejemplo, el de Gioconda de Ponchielli, que no cantó por desgracia). Sabe sacar partido a los momentos más dramáticos, pero también a los de expansión lírica, con un legato perfecto, como demuestra en este “Vissi d’arte”:

Pero si hay un papel italiano con el que alcanzó la cima de su arte, ese fue el de la terrible “Turandot”. Siendo un papel breve pero terrorífico vocalmente, la Nilsson lucía una interpretación hierática, muy sueca (casi recordaría a Greta Garbo por momentos), y, sobrada de medios, atacaba esos terribles agudos de su aria de entrada con una perfección insultante, perfectos, precisos:

Esos piques sanos con Franco Corelli, que era su Calaf habitual, por ver quién superaba al otro, regalaron al público noches inolvidables. Su interpretación de la princesa china sigue a día de hoy insuperada.

Pero el repertorio en el que más brilló Birgit Nilsson fue el alemán, donde los papeles de soprano dramática son más frecuentes. Un ejemplo de ello es su Leonore del “Fidelio” de Beethoven:

O sus dos papeles weberianos. Primero, la Agathe de “Der Freischütz”, que ya hemos mencionado que fue el papel con el que debutó:

Y el otro, la Rezia de la mucho menos conocida “Oberon”:

Birgit Nilsson dio lo mejor de sí en óperas de los dos Richards. El primero que vamos a ver es Richard Strauss. Nilsson tenía la capacidad vocal que requieren algunos de sus papeles más terroríficos, como esa “Salome” que sigue estando entre las mejores de la historia:

Su enorme potencia vocal le permite hacerse oír ante una orquesta de dimensiones espectaculares.

Y se superó si cabe con la aún más terrible “Elektra”, más adecuada si cabe a sus enormes medios:

Y cantaba así con 64 años nada menos…

Birgit Nilsson destacó como protagonista de “Der Rosenkavalier” y de “Ariadna auf Naxos”, pero de nuevo encontró un mejor vehículo de lucimiento, aunque en la etapa final de su carrera, como la esposa del tintorero en “Die Frau ohne Schatten”:

Y pasamos al otro Richard, Wagner, del que cantó la mayoría de sus papeles para soprano. Comenzamos con la impecable balada de Senta de “Der fliegende Höllander”:

De “Tannhäuser” cantó tanto la Venus (en principio, otro papel para mezzo) como la Elisabeth, de la que escuchamos el aria “Dich Teure Halle”, rematada por un impecable Reb sobreagudo:

Birgit Nilsson también cantó la Elsa de “Lohengrin”, llegando a cantarla junto a la Ortrud de Astrid Varnay, quien fuera la anterior reina wagneriana por antonomasia:

Escuchamos también su Eva de “Die Meistersinger von Nürnberg”:

Y cantó también la Sieglinde de “Die Walküre”:

Pero hay dos papeles wagnerianos en los que sobresale por encima de los demás, papeles por los que muchos la consideraron la heredera de Kirsten Fñagstad, pese a que su forma de cantar fuera muy distinta. El primero, con el que conquistó Bayreuth, fue la Isolde de “Tristan und Isolde”, papel extenuante y vocalmente muy exigente, pero para el que decía que lo único que necesitaba eran unos zapatos cómodos para aguantar la larga duración de la ópera. Su muerte por amor, “Mild und leisse”, es poco menos que mítica, con ese extenso legato y el pianísimo final que es pura magia:

Con ese final enamora hasta al más antiwagneriano del planeta.

Y el otro papel es el más terrorífico de todos, la Walkiria Brunhilde, de tres de las cuatro óperas de la tetralogía. Escuchamos primero su grito de guerra de “Die Walkure”:

Seguimos con el final de “Siegfried”, en el que le acompaña el mejor tenor wagneriano del momento, el único capaz de brillar a la misma altura que ella, Wolfgang Windgassen (que fue además su Tristan habitual en Bayreuth):

Y terminamos con “Gotterdamerung”, en unas imágenes de la grabación de la mítica tetralogía que dirigió Georg Solti para el sello discográfico DECCA, en las que el director húngaro prescinde de muchas de las viejas glorias que seguían cantando en Bayreuth para contar con cantantes más jóvenes; Birgit Nilsson se ve así beneficiada frente a Astrid Varnay, la anterior Brunhilde por antonomasia. Solti no se equivocaba, y he aquí la prueba:

Le escuchamos ahora en algo de repertorio concertístico, y comenzamos por el aria “Ah, perfido” de Beethoven:

Le escuchamos a continuación cantando tres Lieder de Franz Schubert, destacando el tercero, “An die Musik”:

Fue una destacada intérprete de los “Wesendonck Lieder” de Wagner:

Y también de los 4 últimos Lieder de Richard Strauss:

Le escuchamos a continuación un Lied de Jean Sibelius, “Svarta Rosor”:

No podía faltar alguna canción tradicional sueca:

Y  no puedo evitar terminar sin poner una curiosidad, que cantó en algún recital, el “I could have dance” del musical “My fair Lady”, divertidísimo:

Tras publicar una autobiografía en 1977, Birgit Nilsson se retiró a su granja natal en 1984, acompañada de su marido, Bertil Niklasson, con quien llevaba casada desde 1948. Nunca tuvieron hijos. Siguió concediendo entrevistas y presidiendo jurados de concursos de canto años después de su retirada. Finalmente, por causas desconocidas, murió el 25 de diciembre de 2005, a los 87 años. Fue enterrada en el cementerio de su pueblo natal:

Birgit Nilsson fue un verdadero fenómeno de la naturaleza. Una voz de gran extensión y enorme potencia, pero que ella sabía modular a placer, con una técnica impecable, le permitieron hacerse famosa (y rica) cantando algunos de los papeles más temidos del repertorio de soprano. Aún hoy sigue siendo recordada por sus impresionantes interpretaciones de Turandot, Elektra, Salome, Isolde y Brunhilde.



Crónica: Balthasar-Neumann-Ensemble en la Quincena Musical (10-08-2017)


Volvía el Balthasar-Neumann-Ensemble y Coro a la Quincena musical tras su estreno el año pasado, y de nuevo lo hacía con un repertorio proto-romántico, lo que me despertaba cierto recelo. Es cierto que, no siendo especialmente aficionado a la música religiosa, tanto el Stabat Mater de Franz Schubert como la Misa en Dom Mayor de Ludwig van Beethoven me resultaban absolutamente desconocidas, pero la inclusión de una de las obras maestras de la historia de la música, la sinfonía nº 8, Inacabada, de Schubert, era un elemento de atracción y al mismo miedo de terror: es una obra en la que no perdono malas interpretaciones.




Antes de comentar nada dejo un enlace del programa.

El concierto comenzó con un apropiado minuto de silencio por los atentados de Cataluña, a cuyas víctimas estaba dedicado el concierto. Esperemos que no se repitan más actos execrables como estos y que no haya que volver a dedicar un concierto a la memoria de nuevas víctimas (en especial en el concierto del próximo sábado, ya que dedicar a unas víctimas una producción del opresivo Requiem de Verdi se me antoja en exceso macabro).

Comenzaba el concierto con el breve Stabat Mater de Schubert, obra que sonó bella en un coro que parecía en estado de gracia y una orquesta con instrumentos de época que sonaba cálida. Eso sí, no había subtítulos, y por mucho que el programa de mano incluyera tanto la letra en la latín como sus traducciones al euskera y al castellano, la oscuridad del auditorio impedían seguir el texto, que para mí es totalmente desconocido (y gracias a que se incluyó el texto del Stabat Mater, porque no se hizo lo propio con la Misa de Beethoven, lo que hacía especialmente difícil seguir su estructura para quienes somos ajenos al mundo litúrgico).

Sin pausa, sin posibilidad de aplaudir al concluir la breve obra, Thomas Helgenbrock pasó a dirigir los primeros acordes de esa maravilla que es la 8ª de Schubert. Ya comenté el año pasado que en general tengo bastante miedo a las orquestas que hacen planteamientos historicistas de las obras románticas, ya que tienden a usar tempos en exceso rápidos, a prescindir de rubatos y pausas… a alejarse del enorme componente expresivo que tienen estas obras. Y la 8ª de Schubert no será su obra maestra a nivel de juego de timbres orquestales (en esto está muy lejos de la 9ª, por ejemplo), pero sí a nivel estructural y expresivo, combinando momentos opresivos con otros mucho más plácidos.

Pues bien, Thomas Helgenbrock, que se mostró muy preciso al dirigir a los instrumentistas, eligió un tempo lento, muy lento incluso, para el Allegro inicial. Y, pese a algún desafine en la sección de maderas, la Balthasar-Neumann-Ensemble sonó a gloria, destacando esas violas y chelos al atacar el tema B del primer movimiento, con una sonoridad cálida y dulce realmente hermosa. El primer movimiento fue un momento casi mágico.

Lo que no entiendo es esa costumbre de no distinguir entre Allegro y Andante, ya que parece que Thomas Helgenbrock utiliza el mismo ritmo. Afortunadamente, al haber sido el allegro tan lento, el andante, pese a sonar algo rápido, no lo era en exceso (hablo siempre de mis gusto personal, claro), y fue un movimiento igualmente apreciable. Es una lástima, por supuesto, que la sinfonía termine aquí, algo que se nota en las pocas ganas que tienes de aplaudir cuando concluye ese pianísimo final del segundo movimiento.

La sonoridad de los instrumentos de época del Balthasar-Neumann-Ensemble resultaba por supuesto extraña para quienes estamos acostumbrados a las orquestas modernas. Ya he destacado la belleza de las cuerdas, y lo mismo se podría decir de las maderas. Más molesto me resultó el sonido muy metálico de los timbales, que se hacían demasiado presentes.

Quitados mis miedos iniciales, tocaba disfrutar de la segunda parte con la Misa en Do Mayor de Beethoven. Aquí fue el coro el que mejor pudo lucirse, con unos juegos de dinámicas realmente logrados (magníficos pianísimos). Solventes los solistas (algunos más destacables que otros, por supuesto. Yo me quedo con el tenor y la contralto de la primera parte; la voz de ella tenía un timbre bellísimo), aunque no entiendo por qué cambiarlos en cada parte de la misa.

Poco más puedo decir, dado mi desconocimiento de la obra. Fue sin duda un concierto de gran calidad musical, y la respuesta del público fue entusiasta. Y el Balthasar-Neumann-Ensemble respondió con una propina, un fragmento coral del oratorio “Elías” de Felix Mendelssohn, que sonó a gloria (y con una pronunciación alemana exquisita, mucho mejor que en latín desde luego). Terminaba así un concierto que tranquilamente podría situarse entre los mejores de la presente edición de la Quincena, aunque todavía tenemos bastantes que escuchar.



In Memoriam: Nicolai Gedda (08-01-2017)


Cuando cualquiera se introduce en el mundo de a ópera, hay siempre algún cantante que influye desde el comienzo en su pasión por el género y en su forma de ver la ópera. En mi caso hay unos cuantos cantantes que han marcado mi vida como operófilo, siendo uno de los más importantes el gran Nicolai Gedda. Hace unos días nos enteramos de que había muerto hace más de un mes, el 8 de enero, así que vamos a dedicarle un post para recordar a un artista al que nunca debemos olvidar.




El nombre de nacimiento de Nicolai Gedda era Harry Gustaf Nikolai Gädda (cambiaría años después el apellido por Gedda). Nació el 11 de julio de 1925 en Estocolmo, en el seno de una familia pobre, de madre sueca y padre de origen ruso. Fue por ello adoptado por su tía Olga Gädda y el marido de ésta, Michael Ustinov (pariente del actor Peter Ustinov). El pequeño Nicolai era bilingüe desde su niñez, hablando el sueco y el ruso. En 1929 se trasladan a Leipzig, donde añade un nuevo idioma, el alemán.

Su padre adoptivo había cantado como bajo en el coro de cosacos del Don, y canta en el coro de la iglesia ortodoxa de Leipzig. Por influencia de sus padres adoptivos, Nicolai Gedda estudia música y canta en un cuarteto de niños.

En 1934, con la llegada de Adolph Hitler al poder, la familia abandona Alemania y regresa a Estocolmo. Gedda canta en el coro de la iglesia, pero un accidente vocal le hace abandonar la carrera de canto, y comienza a trabajar en un banco. Mientras, en la escuela aprendió inglés, francés y latín, además de estudiar italiano por su cuenta. Desde joven Nicolai Gedda era políglota.

Un día le dice a un cliente que está buscando un profesor de canto, y éste le aconseja que busque a Carl Martin Öhman, antiguo Heldentenor que ya había descubierto al otro gran tenor sueco de la historia, Jussi Björling, y que más tarde descubriría al gran bajo finés Martti Talvela. Öhman se entusiasma al escucharle y lo toma como aprendiz (no tenía mal ojo este hombre, desde luego).

En abril de 1952 debuta en la Ópera de Estocolmo cantando en sueco el papel protagonista de “Le postillon de Lonjumeau” de Adolphe Adam. Su éxito fue inmediato, y no tardó en grabar el aria “Mes amis”, la más famosa de la ópera, en sueco, con un Re sobreagudo que ya nos muestra su increíble habilidad en el registro sobreagudo:

Con una voz maleable y un dominio de tantos idiomas, su repertorio fue inmenso,tanto en ópera como en lied y repertorio de concierto. Tanto la temprana grabación del Dimitri en un Boris Godunov protagonizado por Boris Christoff, como el ser descubierto por Herbert von Karajan, lanzaron desde el comienzo su carrera discográfica, una de las más abundantes en un cantante de ópera. Publica sus memorias en 1977 con la ayuda de la escritora Aino Sellermark, con la que finalmente se casará en 1997.

Repasar el repertorio de Nicolai Gedda es realmente arduo, pero vamos a hacer lo que podamos. Hay que destacar que, al tener un repertorio tan amplio, interpretó óperas poco conocidas, como por ejemplo “Le devin du village” de Jean-Jacques Rousseau:

Llegó a cantar incluso alguna ópera barroca, como “Platée” de Rameau, de la que se conserva grabación, además de óperas de Christoph Willibald Gluck, como “Orfeo ed Euridice”, de la que escuchamos el famoso “J’ai perdu mon Euridice”:

Cantó también la “Iphigénie en Tauride”, de la que escuchamos el aria “Unis dès la plus tendre enfance”:

Y por último la ópera “Alceste”, de la que escuchamos “Bannis le crainte et les alarmes”:

Nicolai Gedda fue un destacado intérprete de óperas de Mozart, como por ejemplo el Belmonte de “Die Entführung aus dem Serail”, de la que escuchamos el aria “Ich baue ganz”, tan a menudo cortada por aquella época por su dificultad, con unas coloraturas complicadas que Gedda solventa sin aparente dificultad:

Le escuchamos también cantar el aria “Fuor dal mar” de la ópera Idomeneo, otra prueba de fuego para las agilidades vocales:

No dejamos las coloraturas, ya que ahora le escuchamos la no menos peliaguda “Il mio tesoro intanto” de “Don Giovanni”:

En un estilo mucho más delicado, le escuchamos ahora cantar “Un’aura amorosa” de “Così fan tutte”:

Cantó también el Tito de “La clemenza di Tito”, del que escuchamos el aria “Se all’Impero”:

Y le vemos ahora interpretar al Tamino de “Die Zauberflöte“:

No fue el repertorio italiano el mejor de Nicolai Gedda, pero aún así dejó algunas grabaciones interesantes y otras referenciales. Comenzamos por sus interpretaciones rossinianas. Además de grabar “Il turco in Italia” junto a Maria Callas en una grabación tan cortada que le quitan su aria, le tenemos cantando el Almaviva de “Il barbiere di Siviglia“, de la que llegó incluso a cantar la habitualmente cortada aria “Cessa di più resistere”, aunque totalmente fuera de estilo. Le escuchamos cantando el aria “Ecco ridente in cielo”:

Referencial fue su grabación del “Guillaume Tell” (en el francés original, en una época en la que lo habitual era cantarla en su traducción italiana), en la que nos regala muchos grandes momentos en los que lucir sus espectaculares agudos, destacando sin duda en su gran aria “Asile héréditaire” y la posterior caballetta, en la que luce un espectacular do de pecho final que mantiene durante unos 10 segundos:

Y, pese a todo, estos no son los agudos más espectaculares de Nicolai Gedda, que se lucirá todavía más en obras de Vincenzo Bellini. Le escuchamos primero cantar el aria de la por aquel entonces poco habitual “I Capuleti ed i Montecchi”:

Es cierto que a día de hoy no suena tan adecuado estilísticamente, pero para aquella época no se puede pedir mucho más.

Sin duda mejor de estilo nos lo encontramos en ese “Ah, perchè non posso odiarti” de “La sonnambula”, junto a Joan Sutherland:

Pero esto no es nada comparado con lo que hacía en “I Puritani”. Escuchamos primero el dúo “Vieni fra queste braccia”, en vivo, junto a Joan Sutherland:

Os prometo que no he escuchado unos re sobreagudos tan flipantes como los suyos.

Y ahora escuchamos su “Credeasi misera” en su grabación en estudio junto a Beverly Sills:

El re bemol ya es flipante, pero, gracias a su dominio del canto en mixto, Nicolai Gedda es de los pocos que se lanzan al fa sobreagudo. Que sene bonito o no es discutible; que lo suyo es uno vozarrón como los hay pocos es indiscutible.

Pasamos a las óperas de Gaetano Donizetti. En sus numerosos recitales, Gedda grabó el aria de “La favorita”:

Vamos a verle ahora cantar la famosa “Una furtiva lagrima” de “L’elissir d’amore”:

Le escuchamos ahora cantar junto a Mirella Freni el dúo “Tornami a dir che m’ami” de “Don Pasquale”:

Y por último le escuchamos junto a una de sus parejas discográficas habituales, Beverly Sills, en el dúo de “Lucia di Lammermoor”:

Pasamos a Giuseppe Verdi, compositor al que Nicolai Gedda se suele asociar por dos papeles; el primero sería el Duca di Mantova en “Rigoletto”, del que escuchamos el dúo “È il sol dell’anima” junto a la soprano Reri Grist:

Y el otro es el Alfredo de “La Traviata”, del que vamos a escuchar el dúo “Un dì felice” junto a Anna Moffo:

Pero Nicolai Gedda, por sorprendente que pueda parecer, cantó algunos otros roles verdianos. El más obvio es el Riccardo de “Un ballo in maschera”, del que escuchamos el aria “Ma se m’è forza perderti”:

Magnífico uso de medias voces, por cierto.

Soprende mucho más escuchar a dos voces tan líricas como la suya y la del barítono Hermann Prey en papeles tan pesados como los de “La forza del destino”, pero aquí les tenemos cantando el dúo “Solenne in quest’ora” (en alemán) y saliendo bien parados en el intento:

También cantó la no muy frecuente “I vespri siziliani”, de la que escuchamos el aria “Giorno di pianto”:

Y ya el remate: ¿Nicolai Gedda cantando el Radames de Aida? Pues sí, y lo tenemos precisamente cantando el dúo final de la ópera; no es su voz la de Radames, desde luego, pero cumple:

Le escuchamos ahora en la grabación que hizo del aria de “La Gioconda” de Amilcare Ponchielli, “Cielo e mar”, en una grabación muy temprana (1953), por lo que su voz, muy lírica, no tiene todavía la fuerza necesaria para el personaje, aunque alcanza momentos de gran belleza, gracias a una depurada técnica en el ataque de los agudos que le permite el bello pianísimo final:

Le escuchamos ahora en repertorio verista, cantando el “Amor ti vieta” de la “Fedora” de Umberto Giordano:

Con 75 años, la voz se ha agrandado, aunque tiembla mucho más que años atrás, pero por lo menos ahora da el pego en papeles más spinto.

Y le escuchamos también cantar el mucho más lírico lamento di Federico “È la solita storia del pastore” de “L’Arlesiana” de Francesco Cilea:

Nicolai Gedda cantó y grabó arias de algunas óperas de Puccini, como el famoso “Nessun dorma” de “Turandot”, y lo más alucinante es que suena con el metal necesario para el papel; podría parecer un simple capricho, pero el resultado es realmente notable:

Le escuchamos también el aria “E lucevan le stelle” de “Tosca” con 61 años de nada… :

Y le tenemos también cantando el “Donna non vidi mai” de “Manon Lescaut”:

Pero Nicolai Gedda será recordado por dos óperas de Puccini. La primera, “La Boheme“, de la que escuchamos el aria “Che gelida manina”, en una versión llena de entusiasmo y con unos magníficos ataques al agudo:

Y el otro papel pucciniano es el Pinkerton de “Madama Butterfly”, que grabó junto a Maria Callas, junto a quien le escuchamos en el largo dúo final del primer acto:

Pasamos ya al repertorio francés, en el que Nicolai Gedda fue uno de los más importantes tenores posteriores a la II Guerra Mundial. Y empezamos escuchándole en “La dame blanche” de François-Adrien Boïeldieu, en el aria “Viens, gentille dame”, en una versión espectacular por el dominio de las medias voces:

Nicolai Gedda ha sido uno de los últimos tenores en interesarse por la en otra época famosa ópera “Fra Diavolo” de Daniel Auber, grabando una integral  de la que escuchamos el aria “J’ai revu nos amis”:

Y grabará además una magnífica versión, estilísticamente muy superior a la posterior de Alfredo Kraus, de la bellísima aria de “Masaniello”, también de Auber, “Du pauvre seul ami fidèle”, con un uso casi mágico de las medias voces:

Como ya le hemos escuchado cantar “Le postillon de Longjumeau” de Adam, pasamos a Giacomo Meyerbeer, compositor del que Nicolai Gedda ha sido quizá el mejor intérprete de la discografía. Echándose en falta una grabación suya de “Robert le diable”, pasamos a su espectacular Raoul de Nangis de “Les huguenots“, del que escuchamos el fantástico dúo “Tu làs dit” junto a Enriqueta Tarrés, en el que pasa de unas espectaculares medias voces a un potente Re bemol sobreagudo perfecto de afinación y emisión:

Contrasta con el Jean de Leyden de “Le prophète”, de carácter mucho más heroico en el aria “Roi du ciel”, en la que luce potencia y flexibilidad vocal al mismo tiempo:

Y terminamos escuchando su versión del aria de Vasco da Gama “O paradis” de “L’Africaine”, aunque desconozco si llegó a cantar esta ópera completa (cosa que sí hizo con las dos anteriores):

Hector Berlioz fue otro compositor al que Nicolai Gedda le prestó mucha atención. Le escuchamos primero catar el aria “Seul pour lutter” de “Benvenuto Cellini”:

Le escuchamos ahora el aria “Nature immense” de “La damnation de Faust”:

Y terminamos escuchando el dúo “Nuit d’ivresse” de “Les Troyens” junto a Shirley Verrett:

Pasamos a Georges Bizet, para poder escuchar su insuperable versión del aria de Nadir “Je crois entendre encore” de “Les pêcheurs de perles” y comprobar qué es eso del canto en “mixto”: es una técnica de canto intermedia entre el registro de pecho y el falsete, en el que se pasa la resonancia a la cabeza, consiguiendo un sonido más agudo que el registro de pecho pero sin una pérdida de color tan acusada como en el falsete. Este tipo de registro se usa para alcanzar notas sobreagudas (como el fa de I Puritani que ya escuchamos), pero es fundamental en la ópera francesa para poder cantar notas agudas en pianísimo, algo que sería imposible en el registro de pecho. Y así, mientras que tenores como Kraus o Albelo lanzan el Do final de pecho, casi como un cañonazo, completamente fuera de estilo, y otros como Alagna o Villazón dan el agudo en un horrible falsete, Gedda nos demuestra cómo hay que cantar esta maravillosa aria:

Al enfrentarse al papel de Don José en “Carmen”, la visión de Gedda es mucho más lírica, menos verista de lo habitual. Puede que en los momentos más dramáticos su voz se quede algo corta de potencia, pero su versión del aria de la flor es de una delicadeza sublime, apianando en los agudos y con un final mágico, usando de nuevo el mixto:

Para comprobar qué tal se maneja en los momentos más dramáticos vamos a escucharle en el dúo final, en vivo, junto a la Carmen de Fiorenza Cossotto (y dirigidos por su amigo Georges Prêtre, que murió 4 días antes que Gedda):

Yo diría que supera la prueba con creces…

Le escuchamos ahora en otra de esas arias en las que el canto a media voz es fundamental, “Ele ne croyait pas” de la “Mignon” de Ambroise Thomas:

Y de nuevo dominando el pianisimo en mixto en la bellísima “Vainement, ma bien aimée” de la ópera “Le Roy d’Ys” de Édouard Lalo:

Charles Gounod fue otro compositor fundamental en la carrera de Nicolai Gedda, en especial por su “Faust”, ópera que Gedda cantó en innumerables ocasiones. Le escuchamos cantar el aria “Salut, demeure chaste et pure”, donde, en este caso, pasa del estilismo para soltar un do de pecho como un cañonazo. Ortodoxo no es, pero el resultado no deja de ser magnífico:

Para compensarlo, le tenemos cantando el aria “Ah, leve-toi, soleil” del “Romeo et Juliette” terminada en un bellísimo pianísimo:

Y le escuchamos también cantar el aria “Anges du paradis” de la ópera “Mireille”, dando otra lección de estilo de canto francés:

Nicolai Gedda también cantó la magnífica ópera “Lakmé” de Léo Delibes, de la que escuchamos el dúo del primer acto junto a Mariella Devia:

Nicolai Gedda fue un destacado intérprete del Hoffmann de “Les contes d’Hoffmann” de Jacques Offembach, de la que escuchamos el dúo “C’est une chanson d’amour” junto a Victoria de los Ángeles:

Y del mismo Offembach le escuchamos cantar en alemán el aria “Au mont Ida” de la opereta “La belle Helene”:

Llegamos a Jules Massenet, otro compositor fundamental en el repertorio de Nicolai Gedda, en parte por el Des Grieux de “Manon”, en la que volvía a lucir sus magníficos pianísimos en el aria “En fermant les yeux”:

Y por otra por “Werther”, uno de sus mejores papeles; escuchamos una sorprendente versión de la famosa aria “Pourquoi me reveiller” en la que apiana en el primer estribillo:

Gedda también cantó el Nicias de “Thais” o el príncipe de “Cendrillon”.

Le escuchamos ahora en otra ópera casi desconocida, “Parmavati” de Albert Roussel, junto a Marilyn Horne:

Terminamos el repaso a sus intervenciones de ópera francesa con el “Pélleas et Mélisande” de Claude Debussy, acompañado de Anna Moffo:

Pasamos al repertorio alemán, en el que a menudo Nicolai Gedda es también un intérprete referencial. Y comenzamos con una rareza, una grabación del aria de Florestan del “Fidelio” de Beethoven, un rol que se antoja en exceso pesado para Gedda, pero en el que de nuevo sorprende por su flexibilidad:

Nicolai Gedda fue también un destacado intérprete de obras de Weber, cantando incluso las casi olvidadas “Euryanthe” o “Abu Hasan”. Pero le escuchamos en la mucho más famosa “Der Freischütz”, en el aria Durch die Wälder”:

Y Nicolai Gedda fe un destacado intérprete de complicadísimo papel de Huon de “Oberon”, un papel heroico de coloratura, como demuestra en el aria “Von Jugend auf in dem Kampfgefild”:

Nicolai Gedda también cantó la hoy prácticamente olvidada “Martha” de Friedrich von Flotow, de la que escuchamos el dúo “Letzte Rose” junto a Anneliese Rothenberger, una de sus parejas discográficas habituales:

Y le escuchamos ahora de nuevo junto a Anneliese Rothenberger en la ópera “Undine” de Albert Lortzing:

Nicolai Gedda cantó unas cuantas de estas óperas alemanas románticas hoy día olvidadas; otra fue “Der Barbier von Bagdag” de Peter Cornelius, de la que escuchamos el aria “Von deinen Fenster”:

Y nos dejó una versión referencial de la bellísima “Magische Töne” de “Die Königin von Saba” de Karl Goldmark, con un magnífico Do final en mixto:

No fue Nicolai Gedda un cantante interesado en Wagner, decía que sus óperas no terminaban nunca. pero aún así, por suerte, llegó a cantar “Lohengrin”. Comprobamos los resultados en las grabaciones de sus dos monólogos, empezando por este magnífico “In fernem Land”:

Y seguimos con un bellísimo “Mein lieber Schwan”:

Nicolai Gedda también grabó la infrecuente “Palestrina” de Hans Pfitzner, de la que escuchamos “Wie schön ist’s” junto a Dietrich Fischer-Dieskau:

Interpretó un breve papel en la grabación de “Das Wunder der Heliane” de Korngold en sus últimos años. Y fue un destacado intérprete de música de Richard Strauss, aunque cantara pocas de sus óperas, destacando el tenor italiano de “Der Rosenkavalier” con el aria “Di rigori armato il seno”:

Y también grabó la ópera “Capriccio”:

En el campo de la opereta austriaca dejó numerosas grabaciones, como la de “Die Fledermaus” de Johann Strauss junto a Elisabeth Schwarzkopf:

O, también de Johann Strauss, “Eine Nacht in Venedig”, junto a Anneliese Rothenberger:

Destacó también en las operetas de Franz Léhar, en especial con su magnífica versión de “Dein ist mein ganzes herz” de “Das Land des Lächelns”:

Le escuchamos ahora junto a Anneliese Rothenberger en el vals “Lippen schweige” de “Die lustige Witwe”:

Le escuchamos ahora en la opereta “Giudita”:

Y le escuchamos ahora las czardas de “Gräfin Mariza” de Emmerich Kálmán:

En el ámbito de la ópera eslava, Nicolai Gedda cantó el “Dalibor” de Bedrich Smetana, además de esta curiosa versión en inglés de “La novia vendida”, junto a Giorgio Tozzi:

En el repertorio ruso, Nicolai Gedda destacó interpretando el papel de Sobinin en “Una vida por el zar” de Mikhail Glinka:

Le escuchamos ahora en su primera grabación de ópera, el Dimitri del “Boris Godunov” de Modest Mussorgsky, en el dúo de “amor” junto a Eugenia Zareska en una versión magnífica, en especial en la parte final:

Le escuchamos ahora la canción india de “Sadko” de Nikolai Rimski-Korsakov:

Nicolai Gedda fue un magnífico Lensky del “Eugen Onegin” de Piotr Ilich Tchaikovsky, apenas superado por uno o dos tenores. Escuchamos la maravillosa romanza “Kuda vi udalilis”:

Destaca también la integral que grabó de “Iolanta” del mismo compositor, dirigida por Mstislav Rostropovich, con el que también grabó óperas “Guerra y Paz” de Prokofiev o “Lady Macbeth of Mtsensk” de Dmitri Shostakovich junto a Galina Vishnevskaya:

En 1958 graba la ópera americana “Vanessa” de Samuel Barber, compuesta expresamente para él. Escuchamos el quinteto de esta ópera:

Y Leonard Bernstein contó con él para la grabación de su ópera-musical “Candide”, de la que escuchamos el “What’s the use” junto a Christa Ludwig:

El repertorio de Nicolai Gedda no termina en la ópera, cantó también oratorios y obras religiosas, lied e incluso canciones populares. No tenemos ya espacio para un análisis exhaustivo, por lo que nos centraremos en un pequeño puñado de piezas que merece la pena recordar. Y comenzamos con “Messiah” de Georg Friedrich Händel, del que escuchamos “Ev’ry valley”:

Le escuchamos ahora en el “Ingemisco” del Requiem de Verdi, en una magnífica versión por el uso de medias voces:

Y escuchamos también sus incursiones en la canción napolitana con esta versión del “Non ti scordar di me” de Ernesto de Curtis:

No puedo evitar poner también esta hilarante versión del dúo bufo de los gatos de Rossini, junto a Federica von Stade, cantada casi toda en falsete:

Le escuchamos ahora cantar un lied de Franz Schubert, del que fue un gran intérprete, como demuestra en este “Du bist die Ruh”:

Y ahora un lied de Richard Strauss, “Ständchen”:

Y seguimos con la “Vocalise” de Sergei Rachmaninov:

Vamos ahora con el más célebre lied de Edvard Grieg, “Jeg elsker dig”, que Nicolai Gedda canta en el noruego original:

Vamos con la chanson francesa, comenzando con la “Chanson triste” de Henri Duparc:

Seguimos con el “Air grave” de Francis Poulenc:

Y seguimos con esta preciosa versión de “L’heure exquise” de Reynaldo Hahn:

Pasamos a Edward Elgar y su cantata “The dream of Gerontius”, de la que escuchamos “I went to sleep”:

Le escuchamos ahora en una canción tradicional irlandesa, “Down by the Salley gardens”:

Y terminamos con el “Granada” de Agustín Lara, con una pronunciación española muy superior a la de no pocos cantantes italianos, por ejemplo:

En total hemos escuchado a Nicolai Gedda cantar en 9 idiomas: italiano, francés, alemán, ruso, inglés, sueco, noruego, latín y español. Difícil superar ese récord.

Retirado desde el año 2003, nunca había sido una persona que se preocupara por la fama (pese a su impresionante discografía, quizá la más abundante en el mundo de la ópera) por lo que pasó bastante desapercibido, pese a recibir algunos honores, como la Legión de honor francesa en 2010. Quizá por ello la noticia de su muerte se hizo pública un mes después (ya habían circulado en 2015 falsos rumores de su muerte). El 8 de enero un infarto terminaba con su vida a los 91 años en su casa de Tolochenaz, en el cantón suizo de Vaud.

Con Nicolai Gedda se nos va un cantante polifacético, de espectacular voz y técnica impecable que le permitía adaptarse a casi cualquier estilo. Un artista que merece ser recordado por su enorme contribución al mundo de la música.



Emil Gilels en el centenario de su nacimiento (19-10-2016)


La escuela pianística de Rusia ha sido ya desde el siglo XIX muy prestigiosa, dando nombres tan destacables como los hermanos Anton y Nikolai Rubinstein, Sergei Rachmaninov o, ya a comienzos del siglo XX, Vladimir Horowitz, por citar sólo algunos de los más famosos y destacables. Pero en la segunda década del siglo XX vinieron al mundo dos de los más grandes pianistas de los que hay registro sonoro; el primero sería Sviatoslav Richter, y el segundo, nacido un año después, será el que hoy nos ocupa en el centenario de su nacimiento: Emil Gilels.




Emil Grigoryevich Gilels nació en la ciudad Ucraniana de Odesa, por aquel entonces parte de ese Imperio Ruso que estaba a punto de desaparecer, en el seno de una familia judío-lituana. Emil Gilels tuvo una hermana 3 años menor, Elizabeth, que fue violinista, y con la que le vemos en esta foto:

Emil Gilels poseía oído absoluto, por lo que sus padres le llevaron a estudiar a los 5 años con el pedagogo y pianista Yakob Tkach, cuya estricta enseñanza desarrolló inmediatamente la técnica del pequeño Emil, que en pocos meses aprendió a tocar obras de Clemente o de Mozart, para sorpresa de un profesor que se dio cuenta de que Gilels había nacido para ser pianista.

En mayo de 1929, con sólo 12 años, Emil Gilels da su primer concierto público, entrando ese mismo año en el conservatorio de Odesa, donde se graduará en 1935. Bertha Reingbald será su profesora. Aún siendo menor de la edad estipulada, Gilels participa en concursos de piano de Ucrania, dejando claro su enorme talento.

Algo que demuestra ese talento es el hecho de que, en 1932, el famoso pianista polaco Arthur Rubinstein visitó Odesa y se llevó una gran impresión al ver tocar a Emil. Ambos serán amigos hasta la muerte de Arthur, quien años después confesaría que, si aquel joven pecoso de larga cabellera pelirroja hubiera ido en ese momento a Estados Unidos, él habría tenido que marcharse… razón no le faltaba, desde luego.

En 1932 conoce en Moscú a Heinrich Neuhaus, famoso profesor del conservatorio de Moscú, y en 1933 gana por unanimidad un prestigioso concurso de piano en la capital rusa y que le lanza a la fama en toda la URSS, pero Gilels, a quien Bertha Reingbald le había enseñado a no dar demasiados conciertos, agobiado por el estrés que le provoca toda esa actividad, vuelve al conservatorio de Ucrania. Eso sí, tras graduarse, vuelve a Moscú como estudiante de postgrado con Neuhaus, donde coincidirá con otro destacado alumno, Sviatoslav Richter, de quien también será gran amigo toda su vida (curioso que no hubiera rivalidad entre dos genios de su altura).

En 1938 gana otro concurso en Bruselas, y ese mismo año termina sus estudios en Moscú, pero la gira que tiene planeada en América se cancela por el inicio de la II Guerra Mundial. Pese a todo, Gilels es ya una celebridad, hasta el punto de que un exiliado Sergei Rachmaninov, escuchando por la radio los conciertos de Gilels, le envía una medalla y un diploma que él había recibido para simbolizar su puesto como sucesor de Anton Rubinstein; Rachmaninov considerará a Gilels su sucesor.

En 1944 Emil Gilels estrena la sonata para piano nº 8 de Sergei Prokofiev, y durante la guerra da conciertos en el frente para alentar a las tropas. Forma también en 1945 un trío junto a su cuñado, el violinista Leonid Kogan, y el chelista Mstislav Rostropovich.

En 1955, Emil Gilels será, junto con el violinista David Oistrakh, el primer músico soviético al que se le permite hacer giras en Occidente, donde arrasa por donde pasa. En Estados Unidos, sorprendido de su éxito, afirmará que eso es porque todavía no han escuchado a Richter (pero Richter viajará poco a Estados Unidos y fracasara inicialmente en el Reino Unido, a diferencia de Gilels). Realiza también un gran trabajo discográfico, tanto como solista como acompañando al Amadeus Quartet o junto al trío ya mencionado. Además, en sus últimos años, Gilels dará conciertos junto a su hija Elena, nacida en 1948 de su segundo matrimonio.

En 1981, Emil Gilels sufre un infarto durante un recital en Amsterdan, y su salud se deteriora, aunque su muerte fue inesperada, durante un chequeo médico en Moscú el 14 de octubre de 1985, a pocos días de cumplir 69 años. Su amigo Richter llegó a hablar de negligencia médica como causa de la muerte, aunque al parecer se trata sólo de rumores.

Pese a una carrera no excesivamente larga (no fue tan longevo, que digamos), Emil Gilels nos dejó una extensa discografía que nos permite disfrutar de su arte y de su estilo técnicamente perfecto y de gran dramatismo.

Comenzamos escuchándole en repertorio barroco, en concreto con Johann Sebastian bach, en esta Fuga BWV 532:

Destaca también como intérprete de Domenico Scarlatti, del que le escuchamos la sonata L118:

Vamos a escucharle ahora tocar obras de Wolfgang Amadeus Mozart. Comenzamos con el concierto de piano nº 21:

Le vamos a escuchar ahora junto al trío que formaba con Kogan y Rostropovich en el trío K564:

Y ahora vamos a verle tocar junto a su hija Elena el concierto para dos pianos K365:

Pero si hay un compositor en el que destacara Emil Gilels, ese es Ludwig van Beethoven. Lo comprobamos primero escuchando su mítica versión del concierto para piano nº 5 dirigida por Günter Wand:

Su estilo es prefecto para las sonatas de piano de Beethoven, capaz de solventar las grandes dificultades técnicas y el gran vistuosismo que requieren con una fuerza y un dramatismo que extraen al máximo toda la expresividad de estos. Y por encima de todas, destaca su interpretación de la sonata nº 8, “Patética”, en una versión referencial:

En vez de sólo escucharlo, ahora vamos a verlo con la sonata “Waldstein”, nº 23:

Y le escuchamos también en una sonata muy distinta, la “Claro de luna”, nº 14, donde tiene que sacar a relucir un pianismo más pausado, más poético, que si bien no era su mayor virtud, aquí demuestra que puede seguir siendo poco menos que referencial con ese delicado 1º movimiento de una belleza indescriptible:

Le escuchamos también junto a su cuñado, el violinista Leonid Kogan, interpretando la sonata para piano y violín “Kreutzer”:

Pasamos a Franz Schubert, del que vamos a escuchar primero la versión que Emil Gilels interpreta de los Momentos musicales:

Y escuchamos también una de sus más célebres participaciones junto al Amadeus Quartet, la grabación del quinteto con piano “La trucha”:

Afortunadamente, Emil Gilels no se olvidó de Felix Mendelssohn en su repertorio, que incluía las romanzas sin palabras, de la que vemos esta magnífica versión del Spinnerlied:

Y escuchamos también su versión del 1º concierto para piano:

Robert Schumann fue otro de los compositores en los que más destacó Emil Gilels. Lo comprobamos primero con estos Estudios sinfónicos:

Y le vemos ahora interpretara el concierto para piano, en una versión delicada y lenta para lo que era habitual en él, aunque con un tecleado siempre potente:

Aunque frecuente en su repertorio, no es Frederic Chopin el compositor que mejor se adaptaba al estilo de Emil Gilels, al que quizá le faltaba un punto más de delicadeza y poesía que necesita la música del polaco. Pese a todo, nos regala algunas versiones nada desdeñables de sus obras, como esta Sonata nº 3:

En cambio, en esta versión de la Polonesa Heroica se echa en falta un poco más de rubato, aunque técnicamente la versión es intachable:

En esta interpretación de la balada nº 1 se observa que su tecleado es, como ya mencionamos antes, potente, quizá demasiado para extraer todo el contenido poético de la obra de Chopin, aunque no por ello deja de haber momentos casi mágicos en su interpretación (esta es una de mis obras favoritas de Chopin, raro sería que no me gustara nada de su interpretación…), pese a otros momentos de ritmo un tanto apresurado:

Pero cuando llegamos a Franz Liszt, la cosa cambia. Aquí su estilo pianístico se adapta perfectamente a la obra del húngaro, como comprobamos en esta magnífica versión de la famosa Rapsodia Húngara nº 2:

Aunque especialmente célebre es su interpretación de la Rapsodia Húngara nº 9:

Escuchamos ahora su versión de la sonata para piano:

Y terminamos con el endiabladamente complicado Valse oubliée nº 1:

 Johannes Brahms es otro de los compositores a los que va asociado el nombre de Emil Gilels, cosa que no es difícil entender escuchando, por ejemplo, esta magnífica interpretación de su 2º concierto para piano:

Vamos a verle ahora interpretando las Baladas:

Y le vemos por último interpretar las Fantasías op. 116, donde en ese juego de matices expresivos destaca de nuevo ese tecleado potente, de gran dramatismo:

Vamos a escucharle ahora en el 2º concierto para piano de Camille Saint-Saëns:

Pasamos a Edvard Grieg, del que veremos a Emil Gilels tocar el concierto para piano:

Es un lujazo poder ver esas manos recorriendo todo el teclado con esa perfección técnica…

Gilels fue un destacado intérprete de la obra para piano del noruego, como por ejemplo sus piezas líricas, pero le vamos a escuchar en este Nocturno en el que se muestra especialmente delicado en una versión simplemente maravillosa:

De Claude debussy vamos a escuchar su versión del “Claire de lune” que sería interesante comparar con la de su amigo Richter, tan distintas ambas entre sí, Richter más comedido y poético, Gilels dibujando un juego de sonidos cual si de una cascada de agua se tratara con ese ritmo mucho más rápido:

Y le escuchamos también interpretar otra obra de Debussy, “Pour le piano”:

 Pero si por algo destacó Emil Gilels fue por sus interpretaciones de compositores rusos y/o soviéticos de los siglos XIX y XX. Y comenzamos con Piotr Ilich Tchaikovsky, del que nos regaló algunas de las mejores versiones del famosísimo primer concierto para piano:

Escuchamos también el trío con piano junto a Kogan y Rostropovich:

Otra gran figura del pianismo ruso fue Alexander Scriabin, del que Emil Gilels interpretó numerosas obras, como estos 5 preludios, op. 74:

Y escuchamos también la sonata para piano nº 3:

Famosa fue también su magnífica interpretación de la Sonata “Reminiscenza” de Nikolai Medtner:

Obviamente, la obra de Sergei Rachmaninoff fue también uno de los caballos de batalla de Emil Gilels, como muestra esta versión mítica de su 3º concierto para piano, dirigido por André Cluytens, una de las mejores versiones de este concierto:

Y le vemos también en uno de sus preludios, el op. 23 nº 5:

Su estilo virtuoso y enérgico se adapta a la perfección a las obras de Rachmaninoff, como hemos comprobado.

Ya hemos mencionado antes que Emil Gilels estrenó la sonata para piano nº 8 de Sergei Prokofiev, otro compositor muy importante en su repertorio, así que vamos a escuchar esa sonata:

Vamos a verle también tocar la sonata nº 3:

Le escuchamos también tocando su 3º concierto de piano:

Vamos ahora con sus interpretaciones de obras de Dmitri Shostakovich, comenzando con su segunda sonata para piano:

Le escuchamos también el Preludio y fuga nº 24:

Y por último, el 2º trío con piano, de nuevo junto a Kogan y Rostropovich:

Emil Gilels interpretó también obras de Aram Khachaturian, como la sonata para piano de la que en este vídeo escuchamos el primer movimiento (en youtube están los otros dos restantes):

Y terminamos con la interpretación que Emil Gilels hizo de la 4ª sonata para piano de Mieczyslaw Weinberg:

Como hemos podido observar, Emil Gilels fue un intérprete referencial tanto de Beethoven como del repertorio ruso, además de uno de los grandes intérpretes de compositores como Schumann, Brahms o Liszt. Dejó afortunadamente una amplia discografía y un buen número de recitales grabados en vídeo (se pueden ver en youtube) que, cien años después de su nacimiento, nos permiten seguir disfrutando de su arte.



50 años sin Fritz Wunderlich (17-09-2016)


Estaba llamado a ser el rey de los tenores líricos alemanes (teniendo como seria competencia únicamente a Nicolai Gedda), a arrasar en los teatros de ópera de todo el mundo, pero hace 50 años un accidente se lo levó demasiado pronto. El que posiblemente sea el mejor Tamino de postguerra, el gran Fritz Wunderlich, nos decía adiós pocos días antes de cumplir los 36 años. Demasiado pronto, desde luego.




Friedrich Karl Otto Wunderlich nació el 26 de septiembre de 1930 en Kusel, en el Land alemán de Renania-Palatinado, en el seno de una familia dedicada a la música. Pero su padre se suicidó cuando Fritz tenía 5 años, lo que hizo que la familia cayera en la pobreza. Su madre comenzó a dar clases de música, por lo que el joven Fritz aprendió desde muy joven a tocar diversos instrumentos con ella.

De joven trabajó en una panadería, hasta que quienes le escuchaban cantar le convencieron de que estudiara música, cosa que hizo en la Escuela Superior de Música de Friburgo entre 1950 y 1955. Empezó estudiando trompa, pero cuando le escuchó Margarethe von Winterfeld le convenció para que se dedicara al canto.

Tras un debut amateur en Friburgo como Tamino en Die Zauberflöte, su debut profesional fue en la Staatsoper de Stuttgart en 1955 con un pequeño papel en “Die Meistersinger von Nürnberg”, siendo su consagración definitiva poco después, al sustituir al enfermo Josef Traxel de nuevo como Tamino en lugar del suplente previsto, Wlfgang Windgassen.

Mientras tanto, en 1956 se casó con la arpista Eva Jungnitsch, con la que tuvo 3 hijos. Su carrera se desarrolló fundamentalmente en Munich, Viena, el festival de Salzburgo y otros grandes teatros europeos.

Aficionado a la caza, entabló muy buena relación con compañeros cantantes que compartían su aficción, como el barítono Hermann Prey o el bajo Gottlob Frick, quien sería casi como un padre para él. Y será mientras está en la casa de caza de un amigo cuando, a consecuencia de unos zapatos mal atados, cae por las escaleras y se fractura el craneo, muriendo al día siguiente en el hospital de Heidelber, pocos días antes de cumplir los 36 años y de debutar en el Metropolitan de Nueva York. Fue enterrado en el Waldfriedhof de Munich, la ciudad en la que residía desde hacía unos años (tumba que no fui capaz de localizar en mi reciente visita al cementerio).

Su repertorio fue amplio y sus grabaciones numerosas, aunque casi todas son en alemán, bien en óperas alemanas o en traducciones a este idioma.

Comenzamos con el compositor con el que triunfó, Wolfgang Amadeus Mozart. Y empezamos escuchándole cantar en italiano, un “Il mio tesoro intanto” del Don Giovanni:

Percibimos sin problemas su voz bellísima y brillante, siempre musical y de emisión perfecta, además de sus buenas dotes para transmitir las emociones con la voz.

Le escuchamos ahora el aria “Un’aura amorosa” del “Così fan tutte” de Mozart, pero en este caso en alemán:

Y aquí ya percibimos mejor otra de las virtudes de Fritz Wunderlich, su cuidada pronunciación alemana. Algo que le hace especialmente idóneo para los roles mozartinos escritos en alemán, como el Belmonte de “Die Enführung aus den Serail”, en la difícil aria “Ich baue ganz”:

Resuelve sin aparente dificultad las coloraturas del aria.

Pero si hay un rol emblemático en la carrera de Fritz Wunderlich es, como ya hemos mencionado, el Tamino de “Die Zauberflöte”:

Fritz Wunderlich cantó obras barrocas, como el “L’Orfeo” de Claudio Monteverdi, del que escuchamos algunos fragmentos:

Le escuchamos ahora cantando una obra de Heinrich Schütz:

Escuchamos ahora algunas interpretaciones de música de Georg Friedrich Händel, empezando por el famoso “Ombra mai fu” de “Xerxes”:

Se le podrán poner todas las pegas estilísticas que queráis, pero esta interpretación de Fritz Wunderlich es simplemente maravillosa.

Mítica es su interpretación del Sesto de “Giulio Cesare in Egitto”, del que escuchamos el aria “Svegliatevi nel core”, cantada en alemán:

Y le escuchamos también cantar el “Verdi prati” del “Alcina”:

Y terminamos escuchándole en “El Mesías”:

Seguimos con sus interpretaciones de ópera italiana, empezando por Gioacchino Rossini, de quien Fritz Wunderlich cantó “Il barbiere di Siviglia”, que escuchamos aquí cantado en alemán y junto al Fígaro de su amigo Hermann Prey:

Fritz Wunderlich no sólo destacó cantando ópera, también cantando lied y canciones, y así tenemos esta versión de “La danza” del mismo Rossini:

Su pronunciación italiana desde luego no está a la altura de la alemana; eso nos ayuda a perdonarle mejor el hecho de que cantara casi todo el repertorio italiano traducido al alemán.

Le escuchamos ahora en “La Sonnambula” de Vincenzo Bellini, junto a la soprano Erika Köth:

Desde luego, con una emisión de voz tan perfecta se le perdona la traducción…

Y ahora le escuchamos en “L’elissir d’amore” de gaetano Donizetti, cantando “Una furtiva lagrima”:

Fritz Wunderlich cantó también algunos roles de Giuseppe Verdi, como el Duca de “Rigoletto”, del que escuchamos aquí una “La donna è mobile” cantada en italiano:

Le escuchamos ahora en una casi mítica “La Traviata” de Munich de 1965, cantada en italiano junto a Teresa Stratas, de la que escuchamos el “Un dì, felice, eterea”; atención, sobre todo, a ese “Ah, sì, da un anno” justo antes de comenzar el dúo, ¡magia pura!:

Y terminamos escuchándole en el Requiem, cantando el “Ingemisco”:

Escuchamos ahora a Fritz Wunderlich cantar óperas de Giacomo Puccini. Comenzamos por”Tosca”, de la que escuchamos el “E lucevan le stelle” en alemán:

Y ahora el “Nessun dorma” de Turandot, de nuevo en alemán y en una versión quizá algo más lírica de lo normal:

Pero si hay dos óperas de Puccini en las que destaca Fritz Wunderlich son “La Boheme” y “Madama Butterfly”, que se adaptan a la perfección a su voz lírica. Comenzamos por “La Boheme”, por el dúo “O soave fanciulla” junto a Anneliese Rothenberger:

De “Madama Butterfly” empezamos escuchando (siempre en alemán” el aria “Addio, fiorito asil”, junto a Hermann Prey:

Pero llegamos a lo mejor, a ese dúo final del primer acto que canta junto a Pilar Lorengar. La emisión de ambos es simplemente perfecta, llena de musicalidad… un verdadero lujo poder escuchar esto:

Terminamos de repasar su repertorio italiano con algunas napolitanas, como la famosísima “O sole mio”, cantada en italiano y alemán:

Y por último un “Santa Lucia” en alemán:

En el repertorio francés, si algo hay que agradecer a Fritz Wunderlich es que prestara atención a ese “Viens, gentille dame” de la casi olvidada “La dame blanche” de François-Adrien Boïeldiue:

Le escuchamos ahora el “Adiue, Mignon” de la “Mignon” de Ambroise Thomas:

De Georges Bizet le vamos a escuchar cantar el dúo de “Les pêcheurs de perles”, de nuevo junto a Hermann Prey:

Le escuchamos también cantar el “Ave Maria” de Gounod:

Pasamos a Jules Massenet con el “En fermant les yeux” de “Manon”:

Y terminamos con el “Plaisir d’amour” de Jean-Paul Martini, en la que por fin le escuchamos cantar en francés (y diría que con una pronunciación bastante mejor que en italiano):

Le escuchamos ahora en repertorio ruso,cantando el “Kuda vy udalilis” de “Eugene Oneguin” de Piotr Ilich Tchaikovsky:

Mítica fue también en la carrera de Fritz Wunderlich su interpretación de la ópera checa “La novia vendida” de Bedrich Smetana, de nuevo junto a Pilar Lorengar:

Le escuchamos ahora cantar en inglés la canción “Be my love”:

Pasamos a escuchar a Fritz Wunderlich en repertorio español, cantando el “Granada” de Agustín Lara:

Y por último una bellísima versión del “Estrellita” de Manuel María Ponce (en alemán de nuevo obviamente):

Y llegamos, por fin, al repertorio natural de Fritz Wunderlich, el alemán, que comenzamos con el aria de Fenton en “Die lustigen Weiber von Windsor”:

Y seguimos con “Der Barbier von Bagdag” de Peter Cornelius:

Franz Schubert fue un compositor muy importante en la carrera de Fritz Wunderlich, sobre todo en el área del Lied, pero también interpretó la ópera “Fierrabras”:

De Richard Wagner interpretó algunos papeles secundarios, como el timonel de “Der fliegende Holländer”:

Destaca también su interpretación de la ópera “Martha” de Friedrich von Flotow, de la que escuchamos el aria “Ach, so Fromm”:

Le escuchamos ahora en dos óperas de Albert Lortzing, comenzando por “Zar un Zimmermann”:

Y seguimos con “Undine”:

Otro hito destacable en la carrera de Fritz Wunderlich fue la interpretación del protagonista de la ópera “Palestrina” de Hans Pfitzner, de la que aquí escuchamos el final junto a Sena Jurinac:

Escuchamos ahora a Fritz Wunderlich cantar la ópera “Der Evangelimann” de Wilhelm Kienzl:

Y destaca también su intervención en “Die Schweigsame Frau” de Richard Strauss, que aquí escuchamos junto a Hilde Güden:

Escuchamos también el aria del tenor italiano de “Der Rosenkavalier” del mismo Strauss:

Pasamos ahora al mundo de la opereta austriaca, en el que también destacó. Comenzamos por Johann Strauss, primero en “Eine Nacht in Venedig”:

Y ahora le escuchamos en algunos fragmentos de “Die Fledermaus”:

De Franz Lehar empezamos por esta bellísima aria de la opereta “Friederike”:

Le escuchamos ahora en “Der Zarewitzch”:

Y por último, el famoso “Dein ist mein ganzes herz” de “Das land des Lächelns”:

Fritz Wunderlich interpretó también varias operetas de Emmerich Kálman, pero vamos a escuchar sólo una, “Gräfin Mariza”:

Le escuchamos ahora en la bellísima canción “Wien, Wien, nur du allein” de Rudolf Sieczynski:

Y pasamos ahora al campo del Lied, del que Fritz Wunderlich ha sido uno de los grandes intérpretes. Comenzamos por “Adelaide” de Ludwig van Beethoven:

Y Schubert… ¡Qué decir de sus interpretaciones de lieder de Schubert! Ese “Die schöne Mullerin” del que fue un intérprete memorable:

Escuchamos también su “Im Abendrot”:

Otro lied mítico es “An die Musik”:

Y terminamos con el “Ständchen” del canto del cisne, uno de los más célebres lied:

Fritz Wunderlich fue también un estacado intérprete de los Dichterliebe de Robert Schumann:

Escuchamos ahora una interpretación suya de un lied de Johannes Brahms:

Histórica es su interpretación, dirigido por Otto Klemperer, de “Das Lied von der Erde”, en la que sorprende en la primera parte al afrontar con semejante facilidad para sus medios líricos una parte que requiere una voz de más peso:

Y terminamos con dos lieder de Richard Strauss. Comenzamos con “Ständchen”:

Y por último el bellísimo “Morgen”:

Este repaso a sus interpretaciones nos ha permitido disfrutar de su arte único, de esa emisión perfecta, nada forzada, de esa voz brillante y potente, de esa musicalidad… Es difícil imaginar lo que podría haber hecho si no hubiera muerto tan joven. Lo que le sucedió fue una tragedia, pero por lo menos gracias a las numerosas grabaciones que nos dejó, podemos seguir disfrutando de su inmenso arte.



25 años sin Claudio Arrau (09-06-2016)


El 9 de junio de 1991 moría en Austria un pianista histórico, quizá lo más próximo que vamos a poder escuchar nunca del estilo pianístico de Franz Liszt: nos dejaba el gran Claudio Arrau, pianista de técnica excepcional y cuidada interpretación.




Claudio Arrau nació en la ciudad chilena de Chillán (su casa natal es hoy día un museo dedicado a su figura) el 7 de  febrero de 1903. Apenas un año después su padre murió en un accidente de caballo, por lo que su madre tuvo que dedicarse a dar clases de piano, de las que se benefició el niño Arrau, quien con 5 años ya dio un concierto en su ciudad. Niño prodigio, con sólo 8 años recibió una beca para estudiar en Berlín con Martin Krause, quien a su vez había sido alumno de Franz Liszt, por lo que podemos imaginarnos que la forma de tocar de Arrau debía asemejarse a la de Liszt (a quien, por desgracia, nunca podremos escuchar, ya que murió en 1886, años antes de que hubiera grabaciones fonográficas). En 1914 (con 11 años solamente) dio su primer concierto en Berlín. Cuando en 1918 muere Martin Krause a causa de la fiebre española, Claudio Arrau decide no tomar clase con ningún otro profesor, tal era la estima en la que tenía a su maestro. En 1919 y 1920 ganará el premio Liszt (cuyo primer puesto llevaba desierto 45 años… él lo ganó dos años consecutivos, podemos hacernos una idea de su enorme talento).

En los siguientes años conseguirá el puesto de profesor de piano y hará numerosas giras. En 1937 se casa con la mezzo-soprano Ruth Schneider, de origen judío, lo que les obligará a trasladarse a Estados Unidos en 1941 huyendo del nazismo, consiguiendo la doble nacionalidad chileno.americana en 1979. La pareja tendrá 3 hijos.

Algunos críticos afirman que el estilo interpretativo de Arrau cambió tras la muerte de su madre (tras la que se mantuvo aislado durante dos semanas), cambiando a un estilo más introspectivo. En todo caso, es cierto que, al haber aprovechado sus años de niñez para desarrollar una espectacular técnica, durante el resto de su vida se centró en los aspectos interpretativos: persona de gran cultura, se centraba mucho en los aspectos históricos que rodeaban las obras que tocaba, haciendo sus interpretaciones muy peculiares, con rubatos y ritmos a menudo más lentos de lo normal.

Su repertorio fue fundamentalmente romántico, aunque en sus primeros años interpretó la obra completa para teclado de Bach (en concreto, en una serie de conciertos en 1935). Posteriormente rehusaba interpretar a Bach, considerando (acertadamente en mi opinión) que el piano no es un instrumento adecuado para su música, aunque en 1991 grabó algunas de sus obras. También había realizado otras grabaciones de música de Bach en 1945, como esta Fantasía cromática y Fuga en Re menor, BWV 903, que escuchamos ahora:

Pasamos a Mozart, de quien Claudio Arrau grabó la integral de sonatas para piano. De todas ellas vamos a escuchar la nº 8:

Pero quizá fue Ludwig van Beethoven el compositor en el que más destacó. Grabó en varias ocasiones sus 5 conciertos para piano, así como una integral de sus sonatas para piano y las sonatas para piano y violín. Empezamos viendo ese maravilloso concierto que es el número 5, el conocido como “Emperador”:

Escuchamos ahora una magnífica versión de la sonata para piano número 14, la “Claro de luna” con un magnífico primer movimiento de gran emoción:

Y a continuación le podemos ver interpretar la sonata número 21, “Waldstein”; mejor no quitar la vista de sus dedos, de la agilidad pero también de las pausas o el cuidado en el tecleo en los momentos más sutiles:

Rematamos su interpretación de Beethoven escuchándole junto al violinista Joseph Szigety la sonata para violín y piano número 9, “Kreutzer”:

Claudio Arrau también interpretó a menudo música de Carl Maria von Weber, hoy día un tanto olvidada, como este Konzertstück que escuchamos a continuación:

Pasamos ahora a Schubert. Escuchamos el primer movimiento de la fantasía Wanderer, una interpretación de ritmo pausado, tremendamente sutil en la repetición del tema principal y rica en rubatos:

Y vamos a escuchar también la bellísima interpretación del Impromptu número 3:

No fue en cambio un intérprete habitual de música de Felix Mendelssohn, pero vamos a verle tocar su “Rondo Capriccioso”:

Pero yo descubrí a Claudio Arrau con Chopin. Grabó buena parte de la obra para piano del polaco, así que tendremos que seleccionar algunas de las mejores obras… de mis obras favoritas, para entendernos. Empezamos con el segundo concierto para piano (lo confieso, uno de mis conciertos de piano favoritos):

A continuación escuchamos el Andante Spianato en la que sin duda es una de las mejores interpretaciones de esta bellísima obra (junto con las de Zimerman y Richter; yo me quedo con la de Richter, pero cualquiera de las 3 es magnífica):

Su integral de los nocturnos es simplemente referencial, mucho más lenta y poética que la tan alabada de Rubinstein. Escuchamos el primero de esos nocturnos:

Escuchamos ahora el famoso estudio “Tristesse”, con unos magníficos, aunque apenas perceptibles, rubatos; simplemente magnífico:

Termino este repaso a sus interpretaciones de Chopin con la obra con la que descubrí a Arrau, las baladas; me quedo en concreto con la 1ª, mi favorita de todas. Aunque en este caso prefiero la interpretación de Zimerman, Arrau no se queda atrás, desde luego:

Pasamos a otro de los compositores más frecuentados por Claudio Arrau, Robert Schumann. Otra de las primeras obras en las que le escuché fue en ese magnífico concierto para piano de Schumann que escuchamos a continuación, simplemente referencial:

Vamos a continuación con las Kinderszenen. En concreto recomiendo ese mágico Träumerei (minuto 6:38), delicia pura, con ese estilo delicado que caracteriza a Arrau:

Podríamos poner muchas más obras de Schumann, pero es que no acabamos. Porque llegamos por fin a Franz Liszt, ese pianista al que está ligado a través de su maestro Martin Krause. Y es que Arrau es probablemente heredero del estilo pianístico de Liszt. La espectacularmente complicada técnica  pianística del compositor húngaro no trae problemas a Arrau, que supera los enormes desafíos que suponen las obras pianísticas del compositor. Lo podemos comprobar, por ejemplo, en ese magnífico primer concierto para piano que escuchamos a continuación:

Vamos ahora con la no menos complicada sonata para piano:

Seguimos con ese maravilloso Liebestraum:

Vamos ahora con otra de sus obras emblemáticas, los 12 estudios de ejecución transcendental. Para no ponerlos todos, escuchamos uno de ellos, La campanella:

Y terminamos con Liszt volviendo a deleitarnos con ese movimiento de manos, siempre preciso y de enorme agilidad, en una pieza de sus Años de peregrinaje, en concreto los Juegos de agua en la Villa d’Este que vemos a continuación:

Pasamos a Johannes Brahms, del que en este caso vamos a escuchar una magnífica versión del segundo concierto para piano:

Vamos ahora con el concierto de piano de Edward Grieg, con un maravilloso segundo movimiento:

No podía faltar en el repertorio de Claudio Arrau el primer concierto para piano de Tchaikovsky, que escuchamos a continuación:

En el repertorio ruso (en el que falta, extrañamente, Rachmaninov) podemos escuchar también su interpretación del Islamey de Balakirev:

Interpretó también música de Isaac Albéniz, como esas suites de Iberia de las que escuchamos “Triana”:

En música más moderna, Arrau interpretó con cierta frecuencia música de Ferrucio Busoni, como esta elegía nº 5:

También interpretó música de Arnold Schoenberg, como estas tres piezas para piano:

Escuchamos a continuación música de Richard Strauss, en concreto “Burleske” para piano y orquesta, grabado en 1945, estando el compositor todavía vivo:

Seguimos con una obra que Sophie Menter, quien al igual que Martin Krause fue también alumna de Liszt, compuso especialmente para Arrau, este vertiginoso vals:

Y terminamos con música francesa. Claudio Arrau interpretaba a Ravel y, sobre todo, a Debussy, así que vamos a escucharlo en la que quizá sea la pieza para piano más famosa del francés, el “Clair de lune”, grabada en el mismo año de su muerte. El ritmo pausado y el uso del rubato es simplemente espectacular, aunque la sección central es quizá excesivamente lenta en mi opinión (por eso prefiero la versión de Richter):

Activo hasta sus últimos meses de vida, Claudio Arrau murió a los 88 años en Mürzzuschlag, Austria. Según su voluntad, fue enterrado en el Cementerio Municipal de Chillán, en el que también se encuentran los restos del tenor Ramón Vinay.

Su forma de entender cada obra musical puede desde luego ser discutible (es algo totalmente subjetivo), pero desde luego es de agradecer ese enfoque siempre personal de todo lo que interpretaba; frente a esta nueva hornada de pianistas chinos que son máquinas de solfeo capaces de tocar a toda velocidad pero sin darles nada de personalidad a lo que tocan, el estilo interpretativo de Claudio Arrau es pura poesía, un estilo que habría que recuperar para dotar a la música romántica (repertorio principal de Arrau) de la expresividad que le caracteriza. Arrau es, sin duda, uno de los más grandes pianistas de los que se conservan registros fonográficos, por suerte muchos, para poder disfrutar de su arte.



In memoriam: Nikolaus Harnoncourt (05-03-2016)


El los últimos años tengo cada vez más miedo de las retiradas artísticas. No puedo evitar recordar casos como los de Bob Hoskins o de Constantino Romero, que anunciaron su retirada y poco después recibimos peores noticias. Pues bien, la historia vuelve a repetirse. El pasado 5 de diciembre, el director de orquesta Nikolaus Harnoncourt anunciaba su retirada; sus “facultades físicas” (como él las definió) no estaban ya en condiciones de continuar los conciertos que tenía programados. Y sólo 3 meses después, la noticia que nos llega sobre él de nuevo es la peor: nos ha dejado.




No soy yo una persona que conozca mucho la figura de Nikolaus Harnoncourt; él era un director especializado en el repertorio barroco (que no es mi fuerte), del que fue un gran recuperador, y tampoco comparto su ideología interpretativa. Pero hay una imagen que tengo grabada a fuego en mi memoria: fue en el segundo (y último) concierto de año nuevo que dirigió, en 2003. Estaba dirigiendo la “Invitación a la danza” de Carl Maria von Weber. El público piensa que la obra ha terminado y se pone a aplaudir ruidosamente; Harnoncourt se gira con visible gesto de enfado y señala al violonchelo (ese instrumento que él tocaba en su juventud) que tiene que seguir tocando hasta concluir la pieza. No encuentro las imágenes en Youtube, pero por lo menos sí el audio:

No se puede, por supuesto, ignorar su inmensa labor en la recuperación y difusión de la música barroca. Nikolaus Harnoncourt buscaba siempre la mayor aproximación a la sonoridad original de la música, lo que en este repertorio suponía el uso de instrumentos originales (es decir, de instrumentos propios de la época, sin los avances más modernos) y, como curiosidad, la supresión de las voces femeninas en, por ejemplo, las cantatas y pasiones de Bach, por contratenores y niños, ya que en la época serían hombres quienes interpretaran las partes de soprano y alto. Por eso, y como confieso que me encantan las voces de niños (siempre que canten bien, claro), mi aportación al barroco de Harnoncourt es este aria para alto de la pasión según San Juan de Bach:

Por supuesto, no fue ajeno al mundo del clasicismo, y fue un intérprete referencial de Mozart, por ejemplo. Como muestra, vamos a verle dirigir la sinfonía 40. Hay que reconocer que, para quienes estamos a costumbrados a versiones más “románticas” de la obra, su versión nos puede sonar un tanto barroca y falta de dramatismo, aunque sorprende el ritmo más bien lento de ese magnífico primer movimiento, y no se puede negar que se trata de una gran interpretación, gustos estéticos al margen; a parte de la energía que transmiten sus gestos al dirigir, claro:

Pero yo, sintiéndolo mucho por los fans de otros repertorios, me voy a centrar en lo mío, que es el romanticismo. Y claro, comenzamos con Beethoven. Y vamos a escucharlo en el la famosa 5ª sinfonía. Compararlo con un director expresivo (como el gran Furtwängler, mi referencia absoluta en esta obra) es absurdo. El enfoque de Harnoncourt es diametralmente opuesto: respeto absoluto por los tempos de la partitura, orquesta de cámara… la obra suena bajo su batuta mucho más ligera, aunque no carente de dramatismo. Incluso en algún momento se intuye alguna pausa alargada… es una visión 100% historicista. No es mi visión, desde luego, pero sí la de otros muchos, y, de nuevo, al margen de valores estéticos, su calidad musical es innegable:

Schubert fue otro compositor al que Nikolaus Harnoncourt dedicó gran atención, recuperando incluso óperas y otras obras olvidadas del genio vienés. Pero lo que vamos a ver es el 1º movimiento de su 9ª sinfonía. Y aquí la versión es simplemente espléndida. El juego de dinámicas, el cuidado con el que se escucha la sutil orquestación en incluso los tempos (esa introducción de las trompas más bien lentas, seguidas por unos oboes bastante más rápidos) nos regala una magnífica interpretación de una obra por la que tengo una gran debilidad:

Nikolaus Harnoncourt fue además un afamado director de opereta vienesa, con títulos como “El barón gitano” y “El murciélago” de Johann Strauss Jr. De está última ópera vamos a escuchar el vals “Du und Du”:

No es de extrañar, por tanto, que fuera invitado para dirigir el concierto de año nuevo en dos ocasiones, en 2001 y 2003. De ese último es imposible no destacar ese magnífico “Vals del Emperador”, con una perfecta transición de la marcha de ritmo binario inicial al vals de ritmo ternario. No es un maestro del rubato, pero aún así lo encontramos en varios momentos, y a fin de cuentas es una versión más que disfrutable:

Y con ese vídeo de los jardines del Schönbrunn ya…

Su labor como musicólogo le llevó incluso a grabar la 9ª sinfonía de Anton Bruckner, la 9ª, inacabada (falta el cuarto y último movimiento) con una reconstrucción de las partes escritas de este 4º movimiento y una explicación sobre él:

Incluso en sus últimos años se atrevió con algo tan ajeno a su estilo como el “Porgy and Bess” de Gershwin:

Lo dejamos aquí. Podríamos hablar de su Brahms, de su Mendelssohn y de tantas y tantas cosas… pero la cuestión ha sido recordar la larguísima carrera musical de Nikolaus Harnoncourt, 85 años dedicados a la música, tanto como director (e intérprete en sus comienzos) como como musicólogo. Pueden compartirse sus valores estéticos o no, pero está claro que Harnoncourt ha sido un monstruo en el mundo de la música, y merece ser recordado como tal.



Friedrich Rückert y su influencia en la música en el 150 aniversario de su muerte (31-01-2016)


No es seguramente un nombre que nos vaya a resultar familiar del de Friedrich Rückert. Y sin embargo, su importancia en la poesía romántica alemana es fundamental, ya que en sus casi 78 años de vida fue quizá el principal exponente de la poesía del romanticismo tardío, del estilo Bierdermeier más destacada. Fue además un reputado orientalista que, además de traducir numerosas obras (incluyendo el corán), adoptó las formas poéticas de oriente en su propia obra.




En la vida musical alemana de esa época había ganado una enorme importancia un género al que conocemos como Lied, que significa “canción” en alemán y que es básicamente un poema musicado. Y ahí es dónde Rückert entra en el panorama, ya que es el 4º poeta al que más recurren los grandes compositores del genero, por detrás sólo de Goethe, Heine y Rilke. Schumann, Brahms, Hugo Wolf, Richard Strauss… todos ellos recurrieron a sus poemas… incluso en fechas tan tempranas como 1823 ya era un reputado poeta que atrajo la atención del padre del Lied, el gran Franz Schubert, con una canción tan sumamente hermosa como este “Du bist die ruh” (Tú eres el reposo) cantado por Elisabeth Schwarzkopf:

Enlace a la letra y traducción.

Pero, caso curioso en la música, el nombre de Friedrich Rückert va asociado a un gran compositor en concreto, Gustav Maher. Y el nombre de Mahler también está directamente asociado con el de Rückert. Y es que dos de sus ciclos de lieder se basan precisamente en textos del poeta alemán.

En los años 1833 y 34, los dos hijos menores de Rückert (entre ellos su única hija) mueren de escarlatina, y el poeta escribe 428 poemas dedicados a sus hijos muertos. Mahler seleccionó 5 de ellos para crear el ciclo de Lieder Kindertotenlieder, o “Canciones de los niños muertos”, que compone entre 1901 y 1904. Antes de poner los vídeos dejo aquí el enlace al texto y traducción.

Escuchamos el primero, “Nun will die Sonn’ so hell aufgehn”, en la voz de George London:

Vamos ahora con mi favorito de los 5, “Nun seh’ ich wohl”, bellísimo en esta versión de Kathleen Ferrier, una de las más destacadas contraltos wagnerianas, siempre atenta a cada matiz del texto, y con ese timbre de terciopelo negro, capaz de alcanzar notas graves con un timbre oscuro pero siempre suave:

Esos ojos que ahora nos observan pronto no serán más que estrellas… pese a la dureza del significado, ¿es posible encontrar forma más hermosa de decirlo?

Llegamos al tercero, “Wenn dein Mütterlein”, que escucharemos en la voz del barítono alemán Dietrich Fischer-Dieskau:

Vamos con el cuarto (un poco más calmado para prepararnos al dramatismo del quinto), “Oft denk’ ich”, que escuchamos a Jessey Norman:

Y así llegamos al quinto y último, “In diesem Wetter, in diesem Braus”, el más dramático de los 5, aunque al final llega a un remanso de paz. Escuchamos la gran versión de Janet Baker:

Después de tanto dramatismo vamos a descansar. Y es que Mahler vuelve a recurrir a poemas de Friedrich Rückert para otro de sus ciclos de lied, en este caso conocido como “Rückert-Lieder” o Canciones de Rückert. Compuestas durante el verano de 1901 (excepto “Liebst du um Schönheit”, del verano de 1902), son 5 canciones basadas en poemas de Rückert, algunas de una belleza simplemente sublime. Dejo aquí el enlace al texto y traducción, aunque el orden de las canciones variará.

Empezamos con “Ich atmet’ einen linden Duft”, que escucharemos a la gran Christa Ludwig:

Seguimos con el, en mi opinión, menos interesante de los 5, “Blicke mir nicht in die Lieder”, cantada por Margaret Price:

Seguimos con una predilección especial, quizá la más hermosa de todas las letras, “Liebst du um Schönheit”, cantado por Brigitte Fassbänder:

Y así llegamos a los dos más grandes de todos. Empezamos con “Um Mitternacht”, que escuchamos cantada por Marilyn Horne:

Y dejo para el final mi favorito (de hecho, las frases finales son mi estado de WhatsApp), “Ich bin der Welt abhanden gekommen”. La versión elegida es la de Thomas Hampson, no tanto por la voz del barítono americano como por el exquisito acompañamiento de ese director mahleriano por excelencia que fue Leonard Bernstein. Que lo disfrutéis tanto como yo:

Pues eso, hoy hace 150 años que nos dejaba el poeta alemán Friedrich Rückert. Y seguramente pocos se acordarían de ello (los fans de la poesía, obviamente) si no fuera por haber sido referente de algunos de los más grandes compositores del romanticismo, que partiendo de sus poemas nos regalaron algunas de sus mejores obras. Así, difícil no disfrutar de su obra.



Centenario de Elisabeth Schwarzkopf (09-12-2015)


No es fácil llevar el control de los numerosos aniversarios (de nacimientos o de muertes) que se suceden constantemente. De hecho, hoy me habría despistado de este de no ser por mis amigos de Platea Magazine que me lo han recordado. Y es que un 9 de diciembre de 1915 nacía en Jarotschin, Prusia por aquellas fechas (hoy día pertenece a Polonia) una de las grandes sopranos del siglo XX, la gran Elisabeth Schwarzkopf. Estrella en Europa (no tanto en Estados Unidos, donde su pasado Nazi pesaba demasiado), su matrimonio con el productor discográfico Sir Walter Legge recondujo su carrera hacia el repertorio en el que brillaría con luz propia, fundamentalmente Mozart y Richard Strauss.




Así que en vez de repasar su biografía, simplemente voy a poner algunas de las piezas en las que en mi opinión más brilló, o por lo menos las que a mí más me gustan.

Primero de todo, Mozart. Cantó muchos papeles suyos, pero al final la recordamos sobre todo en 3: la condesa de Le nozze di Figaro, la Donna Elvira de Don Giovanni y la Fiordiligi de Così fan tutte… vamos, las heroínas de la trilogía dapontiana.

Comenzamos con este “Mi tradi quell’alma ingrata” del “Don Giovanni“:

No soy yo muy fan del Don Giovanni, pero confieso que este aria me encanta.

Pero su papel mozartino que más me gusta es el de Condesa en “Le Nozze di Figaro”. Es a la única soprano a la que consigo aguantar el “Porgi amor” (que se me suele hacer bastante pesado), pero es que lo que hace con esa preciosidad que es el “Dove sono” ya no tiene palabras que puedan describirlo. Su buen gusto, su elegancia y su fraseo sutil y siempre acertado producen esa magia que siempre esperamos de una ópera:

Destaca también su Fiordiligi en el “Così fan tutte”, de la que escuchamos el aria “Come scoglio”:

Le escuchamos por último cantar el aria “Ach, Ich fühl’s” de “Die Zauberflöte“:

No fue la ópera italiana un repertorio en el que destacara, excepto en la Alice del “Falstaff” verdiano, que grabó en el mítico registro que dirigió Herbert von Karajan, un director con el que trabajó a menudo. Como muestra, a falta de aria (que el personaje no tiene), este fragmento, donde la acompañan nada menos que Anna Moffo, Nan Merriman y la genial Fedora Barbieri:

Del repertorio verista escuchamos una temprana “Madama Butterfly”, en concreto el aria “Un bel di vedremo”:

Y esa Liù de “Turandot” que grabó junto a Maria Callas, de la que escuchamos el “Signore, ascolta”:

Tampoco fue una destacada intérprete wagneriana (era una soprano lírica, muy lejos de las sopranos dramáticas que suelen requerir la mayoría de los personajes de Wagner), pero no puedo resistirme a poner esta grabación del “Dich, teure Halle” del “Tannhäuser”, un aria que me encanta. No es de lo mejor que hizo,a la vista está, pero bueno, da igual, siempre merece la pena escucharla:

Tampoco se puede dejar pasar su versión del Lied de Marietta de esa ópera casi desconocida por aquellas fechas, la maravillosa “Die tote Stadt” de Erich Wolfgang Korngold. Aunque no cantara la ópera completa, esta grabación es un regalo para los oídos:

Aunque no frecuentara el repertorio francés, no pudo resistirse a grabar ese aria que tanto gusta a las grandes sopranos líricas, que es el “Depuis le jour” de “Louise” de Gustave Charpentier. La ópera apenas es conocida, pero este aria bien se merece que tantas grandes sopranos la hayan cantado:

Ya hemos mencionado que, junto con Mozart, fue con Richard Strauss con quien más triunfó Elisabeth Schwarzkopf. Hay que recordar su grabación de Capriccio, pero si destacó en un papel por encima de cualquier otro fue en su Mariscala de “Der Rosenkavalier”. En este final del 1º acto (en versión fílmica, por suerte) vuelve a haber auténtica magia:

¡Ay, qué forma de decir esas últimas frases! Y acompañada por esas bellísimas melodías de Strauss… ¡como para no disfrutar!

Pero es que además, personalmente, le debo a la Schwarzkopf haber descubierto esas joyas que son los 4 últimos lieder de Strauss. No voy a poner los 4, me quedo con mi favorito, el 3º, “Beim Schlagengehen”, “al irse a dormir” o algo similar:

Y ya puestos, otro bellísimo Lied de Strauss, “Morgen”, una de las canciones más bellas nunca escritas:

Y es que Schwarzkopf cantó música de concierto (los Requiems de Verdi y Brahms, o esa 9ª de Beethoven referencial que dirigió Furtwängler) y dio una gran atención al lied. Por ejemplo, de Schubert, de quien vamos a ver el “An die Musik”:

Frecuentó a los principales autores de Lied, aunque por su vocalidad apenas cantara los de Mahler… aún así, nos dejó algún regalito, como este maravilloso “Ich bin der Welt” de los “Ruckert-Lieder” mahlerianos:

Famosa es también la grabación que, junto con Victoria de los Ángeles, realizo del divertidísimo “Duo buffo di due gatti” de Gioacchino Rossini:

Incluso hizo su incursión en la chanson francesa con este “Si mes vers avaient des ailes” de Reynaldo Hahn, acompañada al piano de ese experto en Lied que fue Gerald Moore:

En su carrera también ocupó un lugar destacado la opereta vienesa, de Johann Strauss Jr. o de Franz Léhar, que grabó en numerosas ocasiones, a menudo acompañada de otro grande del género, el tenor sueco Nicolai Gedda (que coincide con ella, por ejemplo, en las dos grabaciones de La viuda alegre que realizó).

Empezamos con las Czardas que canta la protagonista del Die Fledermaus de Johann Strauss Jr.:

Pero si en alguna opereta brilló con luz propia fue con esa Hanna de “Die lustige Witwe” (La viuda alegre), como en esta canción de Vilja, que, aunque incompleta, podemos ver a continuación:

No deja de ser sorprendente esa habilidad para apianar los agudos, para que suenen siempre delicados.

Retirada de la ópera en 1971 y del Lied en 1979, dedicó los siguientes años a la docencia, siendo maestra de destacados intérpretes del mimo repertorio que ella cantó.

Nos dejó el 3 de agosto de 2006 mientras dormía en el Voralberg austriaco a los 90 años. Pero su enorme legado permanece. Pocos cantantes hay que hayan tenido su talento, su finura, su elegancia, su sutileza… Fue y sigue siendo un modelo referencial en la forma de cantar ciertos repertorios, y por ello nunca podremos olvidarla.



Recordando a Schubert en Viena

[vc_row][vc_column][vc_column_text]¡Qué odioso llega a ser el Facebook en ocasiones! Le da por ponerse en plan “Hace un año colgaste esto”… y claro, hace un año… ¡estaba en Viene! Hace un año estaba en una ciudad maravillosa, y hoy estoy atrapado en casa… ¿le pagan los psicólogos algo a Mark Zuckerberg por darles más clientela? Porque lo parece, desde luego.




Ya hablé aquí de uno de los lugares que más me fascinó de Viena. Pero en una ciudad como esta, son muchos los lugares inspiradores… muchas veces cuando voy de viaje suelo decir, medio de broma medio en serio, que voy a visitar a los antepasados… esos personajes a los que admiro, que de alguna forma pueden haber influido en mi vida… puede ser Carlos I en El Escorial, Chopin o Delacroix en Père-Lachaise, Rossini en Santa Croce de Florencia o Rafael Sanzio en el Panteón de Roma… pues en Viena había unos cuántos “antepasados” a los que visitar: Beethoven, Brahms, Johann Strauss, Mozart, Franz von Suppé… pero hay uno que destaca por encima de ellos… ya desde los 13 años más o menos que soy fan de él, y que ahora, al acercarme a la edad de su muerte, hace que me pueda sentir más identificado con él: Franz Schubert.

Muchos recuerdan a Schubert por sus Lieder, o por su música para piano o de cámara… y en estos campos compuso maravillas, desde el Schwanengesang a la Fantasía Wanderer, los tríos con piano o La muerte y la doncella… pero a mí el que más me gusta es el menos conocido Schubert orquestal. Soy especialito hasta para eso…

No es difícil imaginarse entonces que mi visita a Viena tenía, entre otros objetivos, “presentar mis respetos” al genio de las gafas, y visitar por tanto alguno de los lugares a él dedicados en Viena. No pude llegar a tiempo para visitar su casa natal (Schubert no salió de Viena en su vida… suena triste para alguien como yo a quien le encanta viajar, pero Viena bien vale vivir en ella), pero vi algo que me conmocionó mucho más: la casa en la que murió.

Hay que bajarse del metro en la estación Kettenbrückengasse, justo delante del Naschmarkt (golosos, absteneos de entrar: corréis el riesgo de perder peso en los bolsillos pero a costa de engordar como un cerdo… ¡os lo digo por experiencia!). Cogemos la misma Kettenbrückengasse y llegamos al pequeño pisito, en una primera planta, de 3 habitaciones, en el que Schubert pasó sus últimos meses (en realidad no llegó ni a dos meses, pero bueno), junto a su hermano Ferdinand, su cuñada y sus sobrinos. La casita tiene 3 habitaciones y apenas algún objeto de época, pero es la casa de Schubert, y eso le da una magia especial. Ya empezando por esto:

[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”217″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]El hombre que estaba en la recepción de la casa-museo apenas sabía inglés, y yo no sé alemán, así que comunicarnos no era fácil, pero bueno, aún así le pregunté si no se suele usar el piano (que perteneció a Ferdinand Schubert, y que por tanto es más que posible que usara Franz) para dar algún tipo de recitales o similares en esa casa (para mí algo así sería una experiencia mágica), pero es que está estropeado… hay teclas que no funcionan… mi cabreo en ese momento fue considerable, claro.

En las casas-museo de Viena suele haber unas mesas con dos auriculares en las que puedes escuchar obras del compositor en cuestión. Yo seleccioné ésta (creo que es la misma versión):[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=rf9dCGFnWoM”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]La emoción me llevó casi hasta las lágrimas… estar en el lugar donde Schubert compuso (y seguramente interpretó) una de sus obras más famosas, esta bellísima Serenata, es una emoción muy difícil de describir (y de entender para la mayoría, seguramente). Ahí, con una salud precaria que empeoró por las condiciones del lugar, un Schubert terminal todavía nos regaló algunas obras maestras, de una calidad difícil de comprender para su breve existencia.

No falta tampoco la ocasión de hacerse una foto para el recuerdo:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”218″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Bueno, también me hice foto con el piano, pero es que uno es muy friki, ¡qué queréis!

El otro lugar de visita obligada es el Zentralfriedhof, el cementerio central de Viena. Hay que destacar que Schubert no fue originalmente enterrado aquí (ni Beethoven tampoco), sino en otro cementerio que fui incapaz de encontrar, pero con el tiempo se llevaron sus cuerpos al enorme cementerio vienés donde se encuentran rodeados de las tumbas de no pocos ilustres músicos.[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”219″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Y ahí estuve yo haciéndome bastantes fotos (algunos me consideraréis macabro, vale, lo acepto), entre ellas la que es mi foto de perfil de Twitter:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”220″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]¿Por qué elegí esta? Creo que ya es obvio: mi gran admiración a Schubert me obliga a ello.

La última parada fue el Stadtpark, en el que encontramos no pocas estatuas de ilustres músicos austriacos, entre los que, por supuesto, no podía faltar Schubert, de donde sale la foto principal de este post.

Pues eso, muchos irán a Viena a visitar a Sissi, pues yo fui a visitar a Schubert. Y volvería de nuevo ahora mismo (a visitar a Schubert y a ponerme las botas a tarta, por supuesto). ¿Alguien más se apunta?[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]