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40 años de la muerte de Charles Boyer (26-08-2018)


Fueron muchos los actores y actrices que vieron como sus carreras en el cine se arruinaban con la llegada del cine sonoro a causa de sus fuertes acentos extranjeros. Otros, en cambio, gracias a sus característicos timbres, vieron lanzada su carrera, pese a tener acentos igualmente marcados. Es el caso de Charles Boyer, quien hoy nos ocupa a causa del 40 aniversario de su desaparición.




Charles Boyer nació en el pueblo de Figeac, en la región francesa de Occitania, el 28 de agosto de 1899. Boyer era un chico tímido de pueblo, que tuvo su primer contacto con el cine a los 11 años, y con la interpretación durante la I Guerra Mundial, durante la cual, mientras trabajaba en un hospital militar, entretenía a los soldados con números cómicos. Poco después se trasladará a París para concluir sus estudios, pero su interés está ya puesto en el teatro. Así, gracias a su magnífica memoria, pudo sustituir de imprevisto al protagonista de una obra de teatro con la que obtuvo gran éxito.

Así, en los años 20 trabaja tanto en teatro como en películas mudas francesas, antes de firmar un contrato con la Metro en 1929. Pero sus papeles mudos en Estados Unidos son breves, y Boyer los realiza sólo por dinero. La llegada del cine sonoro cambiará su suerte, gracias a su profundo timbre, que le permitirá encarnar a galanes seductores. Llamará la atención por primera vez con un breve papel en “La pelirroja”, protagonizada por Jean Arthur, aunque su primer gran éxito será en Francia, gracias a la película “Liliom”, dirigida por Fritz Lang:

A partir de ahí, comienza a codearse con grandes actrizces de Hollywood: con Loretta Young en “Caravana”, con Claudette Colbert en “Mundos privados” o con Katherine Hepburn en “Corazones rotos”. Pero en 1936 regresará a Francia para trabajar bajo las órdenes de Anatole Litvak en “Sueños de príncipe”, en la que da vida al Archiduque Rodolfo de Habsburgo junto a Danielle Darrieux:

Sus papeles de seductor contrastan con su vida privada, alejada de Hollywood y sin escándalos, ya que en 1934 se casa con la actriz Pat Paterson, con la que permanecerá hasta la muerte de ella.

Su definitivo salto a la fama llega en 1936 con su monje fugitivo y atormentado que cae rendido ante Marlene Dietrich en uno de los primeros films en Technicolor, “El jardín de Alá”:

Y en 1937 llegará uno de sus mejores papeles y su primera nominación al Oscar, interpretando a Napoleón Bonaparte en “Maria Walewska”, junto a la gran Greta Garbo:

Estar a la altura de Greta Garbo nunca fue tarea fácil para sus partenaires, pero aquí Boyer está espléndido en un papel que le va como anillo al dedo.

Repite nominación al año siguiente por otro magnífico trabajo, interpretando al ladrón Pepe le Moko en “Argel” junto a Hedy Lamar:

Pero, en ambos casos, Spencer Tracy le arrebató el premio.

En 1939 protagoniza dos films junto a Irene Dunne. El primero es “Huracán”, drama romántico sobre un amor imposible:

La segunda es la versión original de “Tú y yo” que dirige, al igual que el remake, Leo McCarey, en una versión más melodramática que la que protagonizarán posteriormente Cary Grant y Deborah Kerr, pero que sigue contando con una escena final absolutamente memorable y emocionante:

En 1940 repite a las órdenes de Anatole Litvak en “El cielo y tú”, otro drama romántico en el que le acompaña, en esta ocasión, Bette Davis, ambos sospechosos del asesinato de la esposa de él, la nominada al Oscar Barbara O’Neil:

En 1941 interpreta al emigrante buscando la forma de entrar en Estados Unidos que se casa, por interés o por amor, con la inocente Olivia de Havilland en “Si no amaneciera”, otro drama romántico más en su trayectoria. Y, curiosamente, su siguiente pareja en la pantalla será la hermana de Olivia, Joan Fontaine, en la poco conocida, pero no por ello menos magnífica “La ninfa constante”:

En 1944 repite con Irene Dunne en la genial comedia “Otra vez juntos”, y cambia de registro en “Luz que agoniza”, drama de George Cukor en el que interpreta a un oscuro personaje que se casa con Ingrid Bergman por motivos más bien oscuros. Por este papel, recibirá su tercera nominación al Oscar, mientras la Bergman se llevará el premio a mejor actriz:

En 1945 comparte pantalla con Lauren Bacall en “Agente confidencial”, drama ambientado en la Guerra Civil Española en la que Boyer interpreta a un agente secreto encubierto como músico que viaja a Inglaterra para evitar que los franquistas se hagan con un cargamento de carbón, para lo que tiene que enfrentarse a unos temibles Peter Lorre y Katina Paxinou:

En 1946 cambia de registro en la alocada comedia “El pecado de Cluny Brown”, una de las últimas películas de Ernst Lubitsch, que protagoniza junto a Jennifer Jones:

En 1948 repite rodaje con Ingrid Bergman en “Arco de triunfo”, pero la película resulta ser un fracaso:

Charles Boyer se asusta, y comienza a preferir actuar como secundario. Así, participa en el film bélico de 1952 “Tempestad en Oriente”, protagonizado por Alan Ladd y Deborah Kerr:

Su trabajo en Hollywood se reduce, no así en Francia, donde en 1953 protagonizad “Madame de…” de Max Ophüls. En Hollywood, tras trabajar en 1958 en “Los bucaneros”, regresará por todo lo alto como Cesar en la deliciosa “Fanny”, comedia dramática en la que interpreta al camarero marsellés padre de un joven, Horst Buchholz, enamorado de la joven Fanny, Leslie Caron, pero ansioso por marchar a la mar, sin saber que ha dejado embarazada a su amada, que, para ocultar la vergüenza, se casará con un viejo rico, Maurice Chevalier, lo que traerá problemas futuros:

Por este papel, uno de los mejores de toda su carrera, Charles Boyer recibirá una última nominación al Oscar, de nuevo como protagonista. 4 nominaciones y ningún premio para uno de los mejores actores de Hollywood de los años 40… otra de esas cosas inexplicables.

En 1962 interpreta al padre del protagonista, Glenn Ford, en el remake que Vincente Minnelli dirige de “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”, otro fracaso pese a su espectacular reparto:

Pero todavía le queda carrera por delante a Charles Boyer, en televisión, pero también en cine, con un pequeño papel en “Cómo robar un millón y…” y con un papel de más enjundia en la memorable “Descalzos en el parque”, de 1967, como el excéntrico vecino de la pareja formada por Robert Redford y Jane Fonda:

Tras participar en “La loca de Chaillot”, con un interminable reparto, en 1973 participa en el remake musical de “Horizontes perdidos” que dirige Charles Jarrott, protagonizado por Peter Finch y Liv Ullman, interpretando al Gran Lama, aunque su personaje no canta:

En 1976 interpretará su último papel en “Nina”, de Vincente Minnelli.

Charles Boyer y Pat Paterson tuvieron un único hijo, Michael, que se suicidó tras ser abandonado por su novia a los 21 años, en 1965. Tiempo después, a Pat le diagnosticaron un tumor cerebral por el que moriría el 24 de agosto de 1978. Sólo dos días después, el galán seductor y granuja en la gran pantalla demostró que nada tenían que ver esos papeles con su forma de ser real, al suicidarse por una sobredosis de seconal, incapaz de vivir sin su esposa de toda la vida. Sería enterrado en el Holy Cross Cemetery de Los Angeles junto a su esposa y su hijo.

Maestro del melodrama romántico, con su profunda voz y su llamativo acento, Charles Boyer fue uno de los mejores actores de su época, no sólo en dramas románticos, sino también en comedias, demostrando siempre un talento fuera de lo común, incluso en algunas películas mediocres en las que participó. Es sin duda uno de los mejores símbolos de ese Hollywood que desapareció hace demasiado tiempo.



Centenario del nacimiento de Joan Fontaine (22-10-2017)


“Anoche soñé que volvía a Manderley”. Así comenzaba una de las más míticas películas del Hollywood dorado de los años 30 y 40, la primera película que rodaba en América el británico Alfred Hitchcock. Y también la película que lanzó a la fama a una joven actriz, que hasta entonces apenas había destacado en sus trabajos previos, y que era precisamente la que decía aquellas míticas palabras: la bellísima Joan Fontaine, que, de seguir viva, habría cumplido hoy 100 años.




El nombre real de Joan Fontaine era Joan de Bauvoir de Havilland (lo que ya nos deja pistas de sus parentescos), y nació en Tokio el 22 de octubre de 1917. Su padre, Walter Augustus de Havilland, británico, trabajaba como profesor en la universidad de Tokio, mientras que su madre, Lillian Augusta Fontaine, había sido actriz antes de trasladarse a Japón con su esposo. Ambos tenían una hija mayor, Olivia de Havilland.

La pareja se separó en 1919 por las infidelidades del esposo, asiduo al servicio de las Geishas, y Lillian se trasladó con sus hijas a Estados Unidos, a causa de los numerosos problemas de salud de Joan. Pero en 1933, con 16 años, Joan regresó a Japón para vivir con su padre, donde se graduaría en la escuela para extranjeros en 1935.

Ese mismo año, de regreso a los Estados Unidos, quiso seguir los pasos de su hermana, que despuntaba en Hollywood. Al no permitirle su madre utilizar el apellido familiar, debuta con el nombre de Joan Burfield en 1935 en “No más mujeres”, protagonizada por Joan Crawford y Franchot Tone. Bajo contrato con la RKO, que la considera una actriz emergente, y adoptando el apellido materno como nombre artístico, tiene su primer papel protagonista en 1937 en “Un hospital en las nubes”:

Ese mismo año aparece en “Olivia”, junto a Katherine Hepburn y Franchot Tone, y en “Señorita en desgracia”, junto a Fred Astaire:

Pero esta última es un fracaso que relega a Joan Fontaine a papeles menores en multitud de películas, interpretando por ejemplo a la novia de Cary Grant en “Gunga Din” o con un pequeño papel en la coral “Mujeres” de George Cukor. Pero rechaza el papel de Melania en “Lo que el viento se llevó” (parece que dijo que, si querían a una actriz para hacer de tonta, llamaran a su hermana… razón no le faltaba, en todo caso). La falta de éxitos provoca el fin de su contrato con la RKO en 1939, año en el que se casa por primera vez, con el actor Brian Aherne.

Cuando parece que su carrera cinematográfica ha llegado a su fin, aparece David O. Selznik. En una fiesta, ambos están cenando juntos y comienzan a hablar sobre la novela de Daphne du Maurier “Rebeca”. Selznik está en proceso de producir su adaptación cinematográfica, que será el debut en Hollywood del director Alfred Hitchcock, y le propone audicionar para el papel protagonista (papel cuyo nombre desconocemos, ya que no se menciona en toda la película: es sólo Milady de Winter). Meses de audiciones le suponen su confirmación en el papel, acompañada por Laurence Olivier y Judith Anderson. El resto ya es historia:

Siempre he dicho que “Rebeca” es, junto con “Encadenados”, la mejor película de Hitchcock, y escenas como esta no hacen más que confirmarlo. Y su magnífico trabajo le valió una nominación al Oscar, que injustamente perdió frente a Ginger Rogers.

Para lo que sí le sirvió su papel en Rebeca fue para que Hitchcock volviera a contar con ella al año siguiente en “Sospecha”, que protagoniza junto a Cary Grant:

Y, pese a que la película es mucho más floja que Rebeca, en esta ocasión le sirvió para ganar el Oscar:

Su relación con su hermana Olivia de Havilland, ya de por sí complicada (Joan Fontaine siempre tuvo celos de ella por considerar que era la favorita de su madre), se complicó aún más a raíz de lo que sucedió cuando fue a recoger el premio, al que Olivia también estaba nominada (y que no había ganado hasta la fecha): al anunciarse el nombre de la ganadora, Olivia se levantó para felicitar a su hermana, pero ésta la ignoró. La explicación de Joan Fontaine fue que, con los nervios de oír su nombre, no vio lo que sucedía a su alrededor y de inmediato se dirigió al escenario. Olivia de Havilland le devolverá la afrenta cuando sea ella quien gane el Oscar en 1946.

Sus siguientes grandes papeles llegarán en 1943, cuando protagoniza “Alma rebelde”, versión cinematográfica de “Jane Eyre” en la que le acompaña Orson Welles:

Y esemismo año protagoniza otro drama romántico, terreno en el que se desenvuelve de maravilla, “La ninfa constante”, junto al magnífico Charles Boyer, en una película casi desconocida, pero por la que recibió su tercera y última nominación al Oscar:

La carrera de Joan Fontaine será a partir de entonces bastante irregular. En 1944 protagoniza la adaptación de otra obra de Daphne du Maurier, la aventura de piratas “El pirata y la dama”. En 1947 protagoniza “Abismos”, en la que se aleja de su imagen de niña buena para interpretar a la villana de la película. Y en 1948 se adentra en la comedia de la mano de Billy Wilder en la prescindible “El vals del Emperador”, junto a un pedante Bing Crosby y en la que tampoco ella tiene un buen papel. Pero ese año firmará una de sus más memorables interpretaciones en el mítico melodrama de Max Ophüls “Carta de una desconocida”, adaptación de la novela de Stefan Zweig que protagoniza junto a Louis Jourdan:

En 1950 vuelve a interpretar otro melodrama romántico, en este caso junto a Joseph Cotten, en “Idilio en septiembre”:

Y ese mismo año repite su papel de pérfida en la magnífica “Nacida para el mal” de Nicholas Ray, en la que sólo Robert Ryan es capaz de percibir la maldad que se esconde tras su inocente apariencia:

En 1952 participa en el film de aventuras histórico “Ivanhoe”, junto a Robert Taylor y a Elizabeth Taylor:

Vuelve a su género ideal, el drama, en 1953 con “Una razón para vivir”, acompañada de Ray Milland:

En 1956 protagoniza junto a Dana Andrews la intriga de Fritz Lang “Más allá de la duda”, que aparenta ser un alegato contra la pena de muerte para luego sorprendernos con un final inesperado:

En 1957 protagoniza el polémico drama sobre racismo “Una isla al sol” junto a James Mason:

En 1958 vuelve al drama romántico junto a Rosanno Brazzi en “Una cierta sonrisa”:

En el ocaso de su carrera, en 1961 aparece en la película de aventuras “Viaje al fondo del mar”:

En 1962 vuelve a aparecer en otro drama romántico, pero en este caso en un papel secundario, como la hermana de Jennifer Jones en “Suave es la noche”:

Joan Fontaine sólo aparecerá en una película más, protagonizando en 1966 la película de terror “Las brujas”:

Joan Fontaine empezó a trabajar en teatro en los años 50, protagonizando entre otras obras “Té y simpatía” junto a Anthony Perkins, y seguirá trabajando en los 60 en los escenarios, además de comenzar una carrera televisiva que concluirá en 1994 con la película televisiva “Good King Wenceslas”.

En lo personal, Joan Fontaine se había casado 4 veces y tenía una hija de su segundo marido, además de haber adoptado a una niña peruana, Martita; Joan Fontaine prometió a sus padres biológicos que la llevaría de visita cuando la niña cumpliera 18 años, pero cuando llegó el momento, Martita huyó de casa, enfadando a Joan, que se vio obligada a incumplir su palabra. La relación con sus hijas se enfriaría completamente al enterarse que mantenían contacto con su hermana Olivia, algo que ella rompió por completo cuando no fue avisada a tiempo de la muerte de su madre en 1975. Nunca más volvieron a hablarse. Finalmente, Joan Fontaine, que adelantó a su hermana mayor a la hora de casarse y de ganar el Oscar, le ganó también al morir antes, en concreto el 15 de diciembre de 2013, mientras dormía, a los 96 años. Con ella se iba la actriz que ostenta el récord de ser la única intérprete en ganar un Oscar por una película de Hitchcock, aunque siempre la recordaremos por el que debió ganar y no ganó, esa inolvidable Milady de Winter de Rebeca, uno de esos papeles que han pasado a la historia del cine.



50 años de la muerte de Spencer Tracy (10-06-2017)




Fue admirado por sus compañeros y directores que a menudo lo definían como el mejor actor de su generación; una generación que había dado lo mejor del Hollywood dorado de los años 30 y 40. Esto nos permite hacernos una idea del inmenso talento que encerraba el cuerpo del actor que hoy nos ocupa y que nos dejó hace 50 años: Spencer Tracy.




Spencer Bonaventura Tracy nació un 5 de abril de 1900 en Milwaukee, en el estado de Wiskonsin. Su padre era un vendedor de camiones de orígenes irlandeses católicos, mientras su madre era una prebiteriana de clase acomodada, y tenía un hermano 4 años mayor. Tracy fue criado como católico, y en un intento de arreglar sus problemas de estudios a causa de su hiperactividad estudia en un colegio de monjas y posteriormente con jesuitas. Según afirmará él mismo, su mayor interés en los estudios será para poder leer los subtítulos del las películas mudas que tanto le fascinan. En la escuela jesuita conoce a Pat O’Brien, y ambos se harán asiduos a las representaciones teatrales.

Pero su falta de interés en los estudios le lleva a enrolarse en la marina nada más cumplir los 18 años, poco antes de que termine la I Guerra Mundial, por lo que nunca llega a entrar en combate.

Licenciado de la marina en 1919, el empeño de su padre porque uno de sus hijos consiga un título universitario le hará matricularse para estudiar medicina. Pero en esos años será un estudiante popular por su habilidad como orador en debates y también se une al grupo teatral, debutando en escena en junio de 1921. Durante una gira con el grupo de debate de su universidad audicionará en Nueva York para la Academia Americana de Artes Dramáticas, que le invita a matricularse en ella, algo que ocurre en abril de 1922. Se matricula en marzo de 1923, habiendo debutado ya en la escena newyorkina en octubre de 1922.

Sus primeros años como actor teatral no fueron buenos: acumulaba fracasos, cambiaba de compañías y de ciudades, su ego se vio afectado y su economía era mediocre. Trabajando en el teatro conoce a la actriz Louise Treadwell, con la que se casa en 1923, con la que tendrá dos hijos, John en 1924 y Louise en 1932.

La mala racha termina cuando, pese a sus miedos, trabaja con el productor teatral George M. Cohan en la obra “Yellow” en 1926. El éxito de esta obra le lleva a seguir colaborando con Cohan en nuevas producciones. Aún así, su carrera sufrirá nuevos altibajos que estarán a punto de llevarle a renunciar y volver a Milwaukee, pero todo cambia en 1930.

En enero de 1930 trabaja en una nueva producción teatral, “The last mille”, con la que consigue un gran éxito. En esa época, además, Hollywood se encuentra necesitado de nuevos actores para el reciente cine sonoro, ya que muchas de sus estrellas del cine mudo no se adaptan al nuevo medio, y los actores teatrales son idóneos para sus nuevas películas. Y John Ford le ve en esta obra teatral, ambientada en una prisión, y le ofrece protagonizar su nueva película, que también transcurre en una prisión, “Río arriba”. Spencer Tracy protagoniza la película junto a su amigo Humphrey Bogart, con quien no volverá a compartir pantalla:

Tras el estreno, la Fox le ofrece un contrato. Spencer Tracy necesita el dinero (su hijo, sordo, está recuperándose de la polio) así que acepta y se muda a California y sólo volverá a trabajar en el teatro una vez. La Fox trata de lanzarlo a la fama, siendo compañero de reparto de Jean Harlow o Joan Bennett, en comedias que no alcanzan el éxito. Esto lleva a Tracy al alcoholismo, y su fama de bebedor le perseguirá toda la vida. A partir de 1932 comienza a trabajar en proyectos de más enjundia dramática, como “Fueros humanos” de 1933, en la que compartirá protagonismo con Loretta Young, con la que tendrá un romance. Pero en 1935 rompe el contrato con la Fox de mutuo acuerdo: 5 años, 25 películas y la mayoría han sido un fracaso.

En 1935 comienza a trabajar en la Metro, que por aquel entonces era el más prestigioso de los estudios, pero tampoco el éxito le llega de inmediato: por lo general es la pareja de películas protagonizadas por mujeres como Myrna Loy o Jean Harlow. Pero en 1936 su suerte cambia al protagonizar el debut americano del director alemán Fritz Lang”, “Furia”, en la que interpreta a un forastero víctima de un motín en el que le dan por muerto y que busca venganza:

La película es un éxito que lanza a la fama a Tracy. Sin embargo, en su siguiente película interpreta un papel secundario: es la historia de catástrofes “San Francisco”, que narra el terremoto que azotó a la ciudad en 1906. La película la protagonizaban Clark Gable y Jeanette McDonald:

Pese a todo, el público identifica a Tracy como el protagonista. Y pese a que en 1936 se dan pro primera vez Premios Oscar a los mejores intérpretes secundarios, Tracy es nominado como mejor actor principal. La primera de sus 9 nominaciones, siempre como actor principal.

Tras protagonizar algunas películas más, en 1937 interpreta uno de sus mejores papeles, el pescador Manuel en la mítica adaptación de la obra de Rudyard Kipling “Capitanes intrépidos”, junto a un reparto de lujo en el que se encuentra el niño de moda, Freddie Bartholomew:

Segunda nominación al Oscar y primera victoria. Con 37 años. Por fin aparece ese enorme actor al que todos conocemos.

Tras su éxito interpretando a un cura en “San Francisco”, la Metro cuenta con él para interpretar al Padre Flanagan, fundador de La ciudad de los muchachos, en “Forja de hombres”, en la que tendrá que enderezar aun problemático Mickey Rooney:

Tercera nominación y segundo Oscar, consecutivo:

Convertido en el actor más popular del momento, en 1940 protagoniza su primera película en tecnicolor, la histórica “Paso al Noroeste”, que será un nuevo éxito:

También en 1940 protagoniza “Edison, el hombre”, siendo elogiado por su interpretación de Thomas Edison:

En 1941 protagoniza la secuela de “Forja de hombres”, “La ciudad de los muchachos”, y tiene una incursión en el cine de terror con “El extraño caso del Dr. Jekyll”, junto a Ingrid Bergman:

En 1942 protagoniza la comedia romántica “La mujer del año”, junto a Katherine Hepburn, actriz que se encontraba en la cima de su popularidad y que deseaba trabajar con Tracy, a quien admiraba:

El éxito de la película les llevará a convertirse en una popular pareja cinematográfica (protagonizarán en total 9 películas, entre ellas “La llama sagrada”, también de 1942), además de una pareja fuera de los escenarios hasta la muerte de él, aunque nunca se casaron, ya que Tracy había acordado con su mujer nunca hablar de divorcio, aunque vivieran separados.

En los siguientes años, Spencer Tracy protagoniza siempre films bélicos, algo lógico en plena II Guerra Mundial, de las que destaca “La séptima cruz”, de 1944, dirigida por Fred Zinnemann, en la que interpreta a un fugitivo de un campo de concentración:

En 1945 vuelve a trabajar en teatro, en la obra “The rugged path”. Spencer Tracy había atravesado un mal momento profesional, y decide probar en Broadway si es capaz de volver a actuar. Antes del estreno se encuentra especialmente tenso, y no se siente ya tan cómodo en teatro como en cine, pero consigue realizar 81 representaciones.

Spencer Tracy vuelve al cine en 1947, con “Mar de hierba”, dirigida por Elia Kazan, western que protagoniza junto a Katherine Hepburn:

Tracy repite de nuevo en 1948 con Hepburn en “El estado de la unión”, drama político dirigido por Frank Capra:

En 1949 protagoniza “Edward, mi hijo”, de George Cukor, junto a Deborah Kerr, en la que interpreta a un hombre capaz de cualquier cosa con tal de complacer a su hijo. Tracy se siente incómodo al ver lo fácil que le resulta interpretar a un personaje tan poco positivo, ya que, pese a ser un trabajador incansable, su forma de actuar se basa siempre en la absoluta naturalidad de todos sus papeles. Este será uno de sus mayores fracasos desde mediados de los años 30:

Para compensar, ese mismo año estrena la genial comedia “La costilla de Adán”, dirigida también por George Cukor, que será la más popular de las películas que protagonice junto a Katherine Hepburn:

En 1950 protagoniza la comedia de Vincente Minnelli “El padre de la novia”, junto a Joan Bennett, antigua compañera de reparto, y la joven Elizabeth Taylor, que interpreta a su su hija:

Spencer Tracy llevaba desde 1938 sin ser nominado al Oscar (desde que ganó su segundo Oscar, precisamente), y por esta película, 12 años después, consigue una nueva nominación, las 4ª. El éxito de la película es tal que al año siguiente se filma una secuela, “El padre es abuelo”.

En 1951 protagoniza también “El caso O’Hara”, drama judicial en el que coincide con su amigo de juventud Pat O’Brien:

En 1953 protagoniza “La actriz”, de George Cukor (director con el que trabajó en numerosas ocasiones, como vemos) en “La actriz”, en la que interpreta al padre de una aspirante a actriz interpretada por Jean Simmons:

Por este papel será nominado al BAFTA y ganará su único Globo de Oro, aunque no se lleve nominación al Oscar.

Actor todoterreno, Spencer Tracy se muestra igual de cómodo en la comedia y en el drama, en el cine bélico o en el histórico. Y en 1954 protagoniza un western, “Lanza rota” de Edward Dmytryk, junto a Robert Wagner:

Y en 1955 se nos lanza al cine de acción con la magistral “Conspiración de silencio” de John Sturges, en la que interpreta a un veterano de la II Guerra Mundial que se enfrenta a quienes mataron al padre japonés de un compañero suyo y al silencio cómplice del resto del pueblo:

Por este papel gana el premio al Mejor Actor en el Festival de Cannes y recibe su quinta nominación al Oscar.

Sus siguientes películas son el drama de aventuras “La montaña siniestra”, de nuevo junto a Robert Wagner, y la comedia romántica “Su otra esposa”, junto a Katherine Hepburn.

En 1958 tiene uno de sus, en mi opinión, mejores papeles en el drama político “El último Hurra” de John Ford (con el que no había vuelto a trabajar desde su debut), junto a Jeffrey Hunter, en el que interpreta al alcalde de Boston que ve como la televisión le arrebata votos al ser incapaz de acomodarse a las nuevos usos:

Imprescindible sobre todo la escena final.

Pero no conseguirá una nueva nominación al Oscar por esta película, ya que ese año la nominación le llegará por protagonizar la adaptación de la obra de Hemingway “El viejo y el mar” que dirige John Sturges:

En 1960 trabaja por primera vez bajo las órdenes de Stanley Kramer, que dirigirá la mayoría de sus últimas películas, en el drama judicial “Herencia del viento”, en el que se enfrenta a otro enorme actor, Fredric March:

Nueva nominación al Oscar, a la que seguirá otra nueva al año siguiente por su segunda colaboración con Kramer, “Vencedores o vencidos”, en la que interpreta a un abogado americano durante los juicios de Nuremberg:

Repite con Stanley Kramer en “El mundo está loco, loco, loco”, en 1963, y ya sólo trabajará en una película más (la mala salud le obligará a renunciar a varias ofertas), pero una de sus mejores películas: “Adivina quien viene esta noche”, dirigida de nuevo por Stanley Kramer y junto a Katherine Hepburn, que trata sobre el matrimonio interracial con la relación de su hija con un negro interpretado por Sidney Poitier:

El rodaje de la película se alarga por la mala salud de Tracy, que puede trabajar pocas horas al día, pero consigue finalizar su última escena el 24 de mayo de 1967. Apenas dos semanas después, el 10 de junio, Tracy se levanta a prepararse un té; Hepburn oye desde la habitación el sonido de una taza cayendo y va de inmediato a la cocina: Tracy, que sufría de hipertensión desde años atrás, había muerto a consecuencia de un infarto. Tenía 67 años, aunque aparentaba más.

Su funeral fue muy concurrido por las grandes estrellas de Hollywood, que admiraban a Tracy como el gran actor que siempre fue. Tracy fue enterrado en el Glendale’s Forest Lawn Memorial Park.

Su última película, “Adivina quien viene esta noche”, se estrenó en diciembre de ese año. Y por su papel fue nominado póstumamente al BAFTA, al Globo de Oro y al Oscar, en este caso por novena vez. Katherine Hepburn sí ganará el Oscar por este papel, y sentirá que en realidad se lo han dado por él.

La siguiente generación de actores se alejó del estilo interpretativo de Tracy, tan elogiado por sus contemporáneos. Es lo que se perdió el cine de los años 60, 70 y 80, y lo que le da ese esplendor al Hollywood clásico de los 30 y 40. Figuras como Spencer Tracy, uno de los mejores (quizá el mejor incluso) actores de Hollywood, permanecen en nuestras retinas como un símbolo de lo que fue y por desgracia ya no existe.



Glenn Ford en el centenario de su nacimiento (01-05-2016)


A veces un único papel en el cine puede marcar la carrera de un intérprete, para bien o para mal. En el caso que nos ocupa hoy, más bien para mal: Glenn Ford fue un gran actor que ni siquiera recibió una nominación al Oscar: ser el protagonista de la famosísima (pero más bien mediocre) “Gilda” pesó demasiado en su carrera. Una carrera plagada de buenas interpretaciones (no sobresalientes, desde luego, pero siempre convincentes) que, en el centenario de su nacimiento, nos conviene recordar.




Gwyllyn Samuel Newton Ford (afortunadamente pasó a la fama con el más sencillo nombre de Glenn Ford, que a ver quién recuerda su nombrecito real…) nació el 1 de mayo de 1916 en Quebec, Canadá, aunque a los 8 años se trasladó con su familia a Santa Monica, California, donde desde joven se introduce en grupos teatrales. De ahí el salto al cine es el camino lógico, y Glenn Ford ficha por la compañía Columbia en 1939, debutando en “Heaven with a barber wire fence”. Su primer film relevante será en 1940 con “La dama en cuestión”, de Charles Vidor, en la que comparte pantalla con Brian Aherne y con Rita Hayworth, quien será pareja habitual suya en la pantalla y fuera de ella, ya que mantuvieron un romance (no vamos a hablar de la vida sentimental de Ford, con sus 4 matrimonios e innumerables romances, porque a parte de corresponder más a la prensa rosa, no acabaríamos).

Desde sus comienzos como actor ya llamó la atención del director John Cromwell, quien en 1941 le ofrece un papel en “Así acaba nuestra noche”, en la que compartirá pantalla con el gran Fredric March y con la (desgraciadamente) fugaz estrella Margaret Sullavan, en la que interpreta a un fugitivo alemán durante la II Guerra Mundial. Su interpretación atrae la atención de los medios.

Pero poco después Estados Unidos entra en la II Guerra Mundial: Ford se embarca primero en una gira para promocionar la compra de bonos de guerra (durante la que conoce a la actriz y bailarina Eleanor Powell, que será su primera esposa y con quien se casará en 1943, divorciándose en 1959), y luego se enrola en la Marina.

Terminada la guerra regresa al cine en 1946, protagonizando junto a Bette Davis “Una vida robada”. Pero será otra película de ese mismo año la que le lleve a la fama: d nuevo dirigido por Charles Vidor y junto a Rita Hayworth, será el protagonista de “Gilda”. La película no gustó a la crítica (con razón), pero sí al público. El resto es ya historia:

Ford trabaja en esos años en western menores y en algunas otras películas de cine negro, aunque de nuevo sus films más memorables serán junto a Rita Hayworth (pese a que ambos cometieron el error de rechazar protagonizar “Nacida ayer”, que supuso el lanzamiento definitivo de William Holden y el Oscar para Judy Holliday). En 1948 protagonizaron “Los amores de Carmen”. No sé bien qué pintaba Glenn Ford como Don José (no pega ni con cola), pero bueno…

Volverían a trabajar juntos (pero esta vez sin la dirección de Charles Vidor) en 1952 en “La dama de Trinidad”:

Mal iba así la carrera de Glenn Ford, pero alguien acudiría a su rescate. Siendo un actor habitual del cine negro, el gran director alemán Fritz Lang se fijó en él para protagonizar dos míticas películas de ese género. La primera, en 1953, “Los sobornados”, joya del cine negro que protagonizará junto a Gloria Grahame:

La segunda, en 1954, de nuevo junto a Gloria Grahame y con Broderick Crawford, “Deseos humanos”, basada en una obra de Zola:

Gracias a estas películas, su prestigio como actor aumentó considerablemente, y así protagonizó un puñado de películas en 1955, de las que destacaremos dos. La primera, el drama “Melodía interrumpida”, en el que interpreta al esposo de Eleanor Parker, una cantante de ópera que sufre un accidente que le impide retomar su carrera, quizá su papel más dramático hasta la fecha:

La otra, la magnífica “Semilla de maldad” de Richard Brooks, en la que interpreta a un idealista profesor que tiene que enfrentarse a conflictivos alumnos (entre ellos un magnífico Sidney Poitier)… ¿conseguirá su objetivo?:

En 1956 comienza a colaborar con otro director, Delmer Daves, en varios Western, siendo el primero de ellos Jubal, junto a Ernest Borgnine y un malvado Rod Steiger:

En 1957 será “El tren de las 3:10”, en la que interpreta a un forajido al que captura Van Heflin, en otro de sus mejores papeles:

Y trabajará de nuevo con Delmer Daves en 1958 en “Cowboy”. Pero quizá más relevante resulta su participación en otro Western, pero de Anthony Mann, el remake de “Cimarrón” de 1960, junto a Maria Schell. A falta de otra cosa en Youtube, veamos la escena final (spoiler obvio):

En 1961 protagonizará uno de sus mayores éxitos, “Un gangster para un milagro”, de Frank Capra. Protagonizada por una inolvidable “Annie Manzanas” de Bette Davis y rodeado por unos secundarios robaescenas (Thomas Mitchell en su último papel, Edward Everett Horton o Peter Falk), Glenn Ford consigue mantener el tipo… y más, ya que se llevará el Globo de Oro al mejor actor de comedia (aunque los Oscar de nuevo le ignorarán injustamente):

En 1962 comete un serio error: protagonizar “Los cuatro jinetes del Apocalipsis” de Vincente Minnelli. Acertadamente trasladada la acción de la I a la II Guerra Mundial, con sobresalientes interpretaciones de Charles Boyer, Paul Lukas, Paul Henreid o Karlheinz Böhm, Glenn Ford resultaba demasiado mayor (más de 40 años) para interpretar al protagonista (y competir con el Rodolfo Valentino de la versión muda, algo poco menos que imposible). El fracaso fue absoluto:

Pese a todo, en 1963 volverá a trabajar con Vincente Minnelli, con mucho mejor resultado, en la genial comedia “El noviazgo del padre de Eddie”, interpretando al viudo padre de un Ron Howard al que le quedaban muchos años para ganar el Oscar a mejor director (qué pena que creciera…):

Cada vez más cómodo en la comedia, acompañará a Geraldine Page en “Querido corazón”, de Delbert Mann, en 1964:

Volverá a trabajar con Rita Hayworth en “La trampa del dinero”, aparecerá fugazmente en “¿Arde París?” de René Clément y trabajará en no pocos westerns, como “Los desbravadores” de Burt Kennedy, de 1965, junto a Henry Fonda:

O en “Duelo a muerte en Río Rojo” de Richard Thorpe, de 1967, junto a Angie Dickinson:

Pero su ritmo de trabajo se reduce notablemente, y cada vez trabaja más en televisión. En 1976 trabaja en “La batalla de Midway”, aunque quizá su papel más remarcable sea el de Jonathan Kent en “Superman”de Richard Donner, en 1978:

Su último papel en cine fue en 1991 en “Visiones mortales” Mejor que se lo habría ahorrado.

En 1987 recibió el Premio Donostia, en el que se emocionó recordando a Rita Hayworth, que acababa de morir, y eligió para proyectar en la ceremonia su film más mítico, “Gilda”. Desde mi punto de vista, un error, pero claro, la mitomanía es muy fuerte…

Retirado de la vida pública, Glenn Ford murió de un infarto (sufría del corazón desde tiempo atrás) el 30 de agosto de 2006, a los 90 años, en su casa de Beverly Hills. Está enterrado en el cementerio Woodlawn, en Santa Monica. Tuvo un único hijo, Peter, con su primera esposa, Eleanor Powell.

Infravalorado por la crítica, seguramente por causa de esa “Gilda” que mejor sería olvidar, Glenn Ford fue un actor más que solvente, adaptable a casi cualquier género y que nos regaló un buen puñado de interpretaciones que en un día como hoy nos conviene recordar. Sus dos films con Fritz Lang, “El tren de las 3:10”, “Cimarrón” o “Un gangster para un milagro” bien merecen un repaso.