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70 años de la muerte de Sam Wood (22-09-2019)

Director más que dotado para la comedia, autor de algunas de las más míticas películas de los hermanos Marx, su radicalización política le terminó llevando a dirigir dramas intrascendentes y retrógrados que terminaron por hacerle caer en el olvido. Con motivo del 70 aniversario de su muerte, recordamos la carrera del director Sam Wood. 

El nombre completo de Sam Wood era Samuel Grosvenor Wood, y nació en Filadelfia, estado de Pensilvania, el 10 de julio de 1883. Su carrera artística comenzó en la faceta de actor. El 25 de agosto de 1908 se casó con Clara Louise Roush, y dos de sus hijas terminarían siendo actrices. Pero Sam Wood llega a Hollywood como ayudante de director de Cecil B. de Mille en 1915. 

Ya para 1920 debuta como director de cine. De su etapa en el cine mudo, en la que tuvo ocasión de dirigir a prestigiosas estrellas, destaca “Mas fuerte que su amor”, protagonizada por dos de las mayores estrellas del momento, Gloria Swanson y Rodolfo Valentino:

Con la llegada del sonoro, su filmografía combina el drama romántico y la comedia, género en el que conseguirá hacerse conocer gracias a una de las mejores películas que rodaron los Hermanos Marx, “Una noche en la ópera”, de 1935, con escenas tan memorables (y técnicamente difíciles de rodar) como la del abarrotado camarote de Groucho:

Repite de nuevo con Groucho, Chico y Harpo en 1937 en otra de sus más célebres películas, “Un día en las carreras”, pero la falta de seriedad de los hermanos durante el rodaje le lleva a un enfrentamiento con ellos, y con ello a no volver a trabajar juntos:

Pero el prestigio que ha adquirido gracias a estas dos películas le ofrece interesantes proyectos. De hecho, en 1939 sustituirá temporalmente a Victor Fleming durante el rodaje de “Lo que el viento se llevó”, la mayor superproducción hasta la fecha. De hecho, en 1939 despega su carrera, en parte gracias a la simpática comedia de robos “Caballero y ladrón”, protagonizada por David Niven, Olivia de Havilland y May Whitty:

Pero su mayor éxito ese año fue la magnífica “Adiós, Mr. Chips”, con un Robert Donat que ganará el Oscar a mejor Actor ese año y una debutante Greer Garson. La película cuenta con no pocas escenas memorables:

Por esta película Sam Wood recibe su primera nominación al Oscar. 

En 1940 dirige el drama romántico “Sinfonía de la vida”, protagonizada por Martha Scott y un joven William Holden

Pero la más famosa de las películas que Sam Wood dirige en 1940 es “Espejismo de amor”, historia sobre las mujeres en el mundo laboral bastante reaccionaria, protagonizada por una Ginger Rogers que ganará el Oscar a mejor actriz:

Por esta película Sam Wood recibirá su segunda nominación al Oscar. 

En 1941 dirige la comedia “El diablo burlado”. con Jean Arthur, Charles Coburn, Richard Cummings y la habitual en su filmografía Spring Byington, en una historia que recuerda mucho a las historias de Frank Capra: un millonario empresario se infiltra entre sus trabajadores para descubrir quiénes son los revolucionarios huelguistas, y acaba poniéndose de su lado, todo con ese buenrrollismo conservador tan suyo:

En 1942 dirige otra de sus películas más famosas, “El orgullo de los Yankis”, drama protagonizado por Gary Cooper y Teresa Wright que narra la historia de Lou Gehring, famoso jugador de beisbol muerto el año anterior a causa del ELA:

Pero por la película por la que Sam Wood recibe su tercera (y última) nominación al Oscar no es esta, sino “Kings Row”, drama que narra la historia de varios personajes en la ciudad del título, protagonizada por Robert Cummings, Ann Sheridan y Ronald Reagan, en una película en la que había que dulcificar no pocos elementos molestos que aparecían en la novela, como el suicidio, la locura o el sadismo del médico interpretado por Charles Coburn, así como suprimir otros como el incesto, la ninfomanía o la homosexualidad, quedando así la historia demasiado desdibujada:

El giro cada vez más conservador de Sam Wood va a ser más evidente en 1943, cuando diriga la adaptación de la novela de Ernest Hemingway “Por quién doblan las campanas”, ambientada en la Guerra Civil española y en la que Wood no sólo negativiza considerablemente a los republicanos, sino que llegó a afirmar que habría dado lo mismo que los protagonistas hubieran sido del bando nacional (no sé qué pensaría Hemingway de esto…). Gary Cooper, Ingrid Bergman, Akim Tamiroff y la debutante Katina Paxinou consiguieron nominaciones al Oscar (Paxinou de hecho lo ganó), pero en esta ocasión Wood se queda sin nominación:

En 1944 regresa de nuevo a la comedia con “Casanova Brown”, protagonizada por Gary Cooper, Teresa Wright y Frank Morgan:

En 1944 funda y preside la Alianza cinematográfica para la preservación de los ideales americanos, contribuyendo significativamente durante la caza de brujas. De hecho, ya desde años atrás Sam Wood tenía una libreta en la que iba apuntando los nombres de cualquiera que sospechara que pudiera ser comunista. Según una de sus hijas, su radicalismo cambió su caracter, haciendo de él un bruto irracional. 

En 1945 consigue estrenar la película que había rodado dos años atrás, la historia de aventuras “La exótica”, protagonizada de nuevo por Gary Cooper e Ingrid Bergman:

Después de esta, el resto de sus películas resultan intrascendentes, con la excepción de “The Stratton Story”, de 1949, drama de nuevo ambientado en el mundo del beisbol, protagonizada por James Stewart y June Allyson. Basada de nuevo en una historia real, narra la historia de un jugador de beisbol que pierde la pierna en un accidente de caza y que se ve obligado a abandonar su carrera deportiva, en una historia de superación que Wood pensaba adecuada para animar a los soldados mutilados durante la II Guerra Mundial:

Sam Wood fue denunciado ese mismo año por un guionista de izquierdas por haberle difamado acusándole de comunismo. La defensa de Wood fue tan contundente que poco después sufrió un infarto que le llevaría a la tumba el 22 de septiembre de 1949, con 66 años. Fue enterrado en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery de Glendale.

El caso de Sam Wood es un buen ejemplo de un buen director al que su radicalismo político le llevó a que su cine perdiera calidad para dar lugar a un propagandismo muy evidente que termina por arruinar sus películas, que a menudo son grandes historias y con notables interpretaciones. Una lástima que echara a perder así su carrera.

70 años de la muerte de Victor Fleming (06-01-2019)

En el mundo del arte (y el cine no es la excepción), a veces un golpe de suerte puede cambiar la carrera de cualquiera, para bien o para mal. En algunos casos, un artesano más puede ver su suerte cambiada y convertirse, por lo menos por un breve espacio de tiempo, en un artista. La persona de la que hoy nos ocupamos es uno de esos casos, un director diestro pero no especialmente remarcable, al que por casualidades del destino le cayó dirigir una de las películas más famosas de la historia, lo que le catapultó a una fama que tampoco fue capaz de conservar: hablamos de Victor Fleming. 

Victor Lonzo Fleming nació en las cercanías de Los Angeles el 23 de febrero de 1889. De joven ejerció diversos oficios, destacando como mecánico, lo que le permitió conocer al pionero director de cine Allan Dawn, para quien trabajó de chófer antes de introducirse en el mundo del cine como cámara, trabajando en 1916 para D. W. Griffith en “Intolerancia”, además de servir como cámara para el presidente Woodrow Wilson durante la conferencia de París. 

Su amistad con Douglas Fairbanks permite a Victor Fleming debutar como director en 1919 en “Pesadillas”, protagonizada por el propio Fairbanks, que protagoniza las primeras películas del director, ya que es un director al que le gusta la acción y rodar en exteriores. En todo caso, su obra será menor hasta que, en 1925, la Paramount le encarga dirigir la adaptación de la novela “Lord Jim”. Su carrera despega entonces, y Fleming destacará por lanzar a la fama a varios intérpretes, como Clara Bow en 1926 con “Flor de capricho”:

En 1927 dirige el primer film americano del actor alemán Emil Jannings, “El destino de la carne”, siendo el primer actor ganador del Oscar. Por desgracia, no se conservan copias de la película, con la excepción de algún fragmento:

En 1929, ya con la llegada del cine sonoro, dirigirá el western “El virginiano”, protagonizado por Gary Cooper en el que será su primera película hablada y que contribuirá a afianzar su fama posterior:

El prestigio de Victor Fleming se afianza en 1932 con “Tierra de pasión”, historia de un triángulo amoroso formado por Clark Gable, Jean Harlow y Mary Astor en ambientación exótica (el sudeste asiático), que años después será objeto de un famoso remake, “Mogambo” de John Ford:

Clark Gable era apenas un novato que había debutado en la pantalla en 1931 con “Un alma libre”, pero será gracias a esta película que saltará a la fama como uno de los principales galanes cinematográficos de los años 30. Victor Fleming vuelve a contar con él para protagonizar junto a Helen Hayes el drama de tintes religiosos “La hermana blanca”, que cuenta la historia de una aristócrata italiana que, dando por muerto a su amor durante la I Guerra Mundial, decide meterse a monja, pero luego descubre que él no ha muerto, comenzando un importante conflicto interno en el que será un remake del film mudo de igual título que había dirigido en 1923 Henry King con Ronald Colman y Lilian Gish. No hay, por desgracia, ninguna escena en YouTube de la película. 

Su afición al rodaje en exteriores y las películas de acción le permite que la Metro, la productora para la que trabaja en exclusiva desde comienzos de los años 30, cuente con él para dirigir la adaptación de “La isla del tesoro”, con la estrella infantil Jackie Cooper, Wallace Beery y Lionel Barrymore, entre otros:

En 1935 dirige la comedia con tintes dramáticos “La indómita”, protagonizada por Jean Harlow, William Powell y Franchot Tone, en un estilo que no es el habitual en su carrera. Será en 1937 cuando dirija algo más afín a su estilo cinematográfico en la que estaría llamada a ser su obra maestra de no haber tenido un golpe de suerte poco después, ya que dirige la célebre “Capitanes intrépidos”, primera colaboración con Spencer Tracy (que ganará el Oscar a mejor actor), además de Freddie Bartholomew, Lionel Barrymore, Melvyn Douglas, John Carradine, John Carradine… uno de los mejores repartos que se podría uno imaginar para una película maravillosa, propia de un hábil artesano cinematográfico:

Victor Fleming se convierte así en uno de esos directores que, sin llegar a ser grandes estrellas, demuestra una considerable habilidad en su trabajo, aunque sin llegar a ser magistral en la mayoría de sus películas (“Capitanes intrépidos” sería en este caso la excepción), entrando en la misma categoría que Henry King, Mervyn LeRoy, Sam Wood, Clarence Brown, William Wellman o King Vidor, por citar algunos de sus contemporáneos más destacados. 

Sigue fiel a su estilo en 1938 en “Piloto de pruebas”, protagonizada por Spencer Tracy, Clark Gable y Myrna Loy:

Pero su suerte cambiará justo después. Tras el éxito de “Blancanieves y los 7 enanitos”, los estudios cinematográficos se dan cuenta de que las adaptaciones de historias infantiles tienen un gran éxito, así que la Metro compra los derechos de la novela infantil de L. Frank Baum “El maravilloso mago de Oz”. Mervyn LeRoy se encarga de las tareas de producción y se encomienda la dirección de la película a Richard Thorpe, pero, insatisfecho con los resultados tras dos semanas de rodaje, LeRoy lo sustituye por George Cukor. Cukor realiza numerosos cambios estéticos en el film, pero no llega a dirigir ninguna escena, ya que tiene un encargo más importante: “Lo que el viento se llevó”. Con tal vaivén de directores, el rodaje recae finalmente en Victor Fleming, director a priori fuera de lugar para una película musical (y en color), que siempre destacó más como director de actores que de actrices. Fleming sigue los cambios estéticos introducidos por Cukor, si bien tampoco termina el rodaje, siendo las escenas en blanco y negro del comienzo y el final dirigidas por King Vidor. En todo caso, gracias a la maravillosa interpretación de la jovencita y encantadora Judy Garland como Dorothy, “El mago de Oz” se convertirá en una de las películas más famosas de la historia (si bien el famoso “Over the rainbow” no fue dirigido por Fleming, sino por Vidor):

El motivo por el que no pudo concluir el rodaje de “El mago de Oz” fue por tener que hacerse cargo de otro proyecto de mayor envergadura. Y de nuevo George Cukor está de por medio.

David O’Selznick llevaba tiempo trabajando en un proyecto titánico, la adaptación de la novela de Margaret Mitchell “Gone with the wind”, y George Cukor, el director seleccionado para dirigirla, lleva dos años trabajando en la pre-producción. Pero, tras tres semanas de rodaje, es despedido. Los motivos que se aducen son diversos: la versión oficial dice que es por diferencias creativas con Selznick, algo poco creíble dada la gran cantidad de tiempo que llevaban trabajando juntos. Las principales sospechas recayeron en Clark Gable: bien porque Cukor era conocido como director de actrices, bien por su abierta homosexualidad (que al parecer le hacía conocedor de ciertos secretos pasados que avergonzaban a Gable), el actor consiguió que fuera despedido (si bien Cukor continuó trabajando con Vivien Leigh y Olivia de Havilland para trabajar sus papeles), y el sustituto fue Victor Fleming, más famoso como director de actores y con el que ya había trabajado en 3 ocasiones anteriores. Pese a todo, muchas de las escenas rodadas por Cukor (en especial el comienzo del film, la mejor parte en mi opinión) no fueron rodadas de nuevo, y Fleming tuvo que retirarse temporalmente del proyecto por agotamiento, siendo sustituido por Sam Wood. Pese a todo, Fleming figura como único director de “Lo que el viento se llevó”:

De hecho, Victor Fleming gana el Oscar a mejor director por este film, en la que fue su única nominación, sin que se incluyera al resto de directores que tomaron parte en el rodaje. 

Tras tomarse algún tiempo de descanso, en 1941 trabaja de nuevo con Spencer Tracy e Ingrid Bergman en “El extraño caso del Dr. Jekyll”, que, pese a todo, no alcanza un gran éxito:

En 1942 dirige “La vida es así”, con Spencer Tracy, John Garfield y Hedy Lamar, entre otros, además de Frank Morgan, quien interpretara al mago de Oz y recibirá por esta película su única nominación al Oscar. La película se ambienta en un pueblo pesquero de California, y tiene un fuerte componente religioso, algo característico del cine de Fleming, marcadamente conservador y católico (aunque la acusación de pro-nazi que lanzó la actriz Anne Revere no puede ser confirmada):

En 1944 regresa al género de la aviación con un film bélico protagonizado por Spencer Tracy, Irene Dunne y Van Johnson, “Dos en el cielo”, que cuenta la historia de un piloto que muere en combate y es enviado de vuelta a la tierra para entrenar a otro piloto, a quien verá enamorarse de quien fuera su novia, historia de la que Spielberg rodará años después un remake, “Always”:

Tras rodar en 1945 “Aventura”, última colaboración con Clark Gable, junto a Greer Garson, no filmará nada nuevo hasta 1948. Este año estrena “Juana de Arco”, que cuenta la famosa historia de la doncella de Orleans, interpretada por Ingrid Bergman, que destila un ultracatolicismo que fue difícil de digerir incluso en aquella época, siendo un considerable fracaso:

Recién terminado el rodaje, comienza a trabajar en su próximo proyecto, “La soga”, pero el 6 de enero de 1949 sufre un infarto y muere de camino al hospital. Estaba casado desde 1933 con Lucile Rosson. Fue enterrado en el Hollywood Forever Cemetery. Su último proyecto, la ya mencionada “La soga” fue finalmente dirigido por Alfred Hitchcock. 

Trabajador incansable en sus comienzos, siempre solvente pero pocas veces magistral, Victor Fleming sería otro más de tantos grandes directores de los años dorados de Hollywood que apenas son recordados si los caprichos del destino no le hubieran llevado a sustituir al gran George Cukor en dos películas tan míticas como “El mago de Oz” y “Lo que el viento se llevó”, manteniéndose así vivo su recuerdo en la memoria de los cinéfilos.



Centenario del nacimiento de Rita Hayworth (17-10-2018)


El mundo del cine no es un mundo justo, no es ninguna novedad. No es así difícil encontrar casos de grandes injusticias, de películas y estrellas sobre valoradas mientras otras son infravaloradas. Y tenemos casos de películas que, al margen de su calidad artística, suponen un hito cinematográfico que marca la carrera de sus intérpretes de por vida. Ese sería el caso de la actriz que hoy nos ocupa, Rita Hayworth, que para muchos será eternamente “Gilda”, y que cumpliría 100 años en esta misma fecha.




El nombre de nacimiento de Rita Hayworth era Margarita Carmen Cansino, y nació en Nueva York el 17 de octubre de 1918. Su padre era el bailarín sevillano de origen sefardí Eduardo Cansino, y su madre era la actriz americana de origen irlandés Volga Hayworth. Ambos se conocieron actuando juntos en Ziegfield Follies, y se casaron en 1917. Rita fue la mayor de los tres hijos que tuvieron, siendo los otros Eduardo y Vernom, ambos también actores y bailarines.

Su padre estaba empeñado en convertirla en bailarina, y desde apenas 3 años de edad ya comienza a recibir clases de baile. Como confesará más tarde, no le gustaba, pero no se atrevía a decírselo a su padre. Antes de cumplir los 5 años ya debuta en Broadway y en 1926 participa junto a su familia, los Cansinos, en la película “La fiesta”:

En 1927, la familia se traslada a Hollywood, donde su padre funda una academia de baile a la que acudirán futuras estrellas como james Cagney o Jean Hawlor. Pero con la llegada de la Gran Depresión de 1929, se arruina, y regresa a las tablas. La ley de California impide que su hija pueda trabajar, así que a menudo viajan a Tijuana, y en otros casos la hace pasar por su mujer para disimular su edad. Tiempo después la propia Rita confesará que su padre abusaba sexualmente de ella. Además, los constantes viajes le impidieron acudir a la escuela y terminar su educación formal, lo que le acomplejó el resto de su vida.

Su regreso a las pantallas se produce en 1934, en papeles de bailarina. Wanfield Sheeham, presidente de la Fox, se fija en ella y le ofrece un contrato de 6 meses. Ella adopta el nombre artístico de Rita Cansino (Rita como abreviatura de Margarita) y participa en varias películas, entre las que destaca su participación en “Charlie Chan en Egipto”. Pero, cuando su contrato de 6 meses va a expirar, la Fox es absorbida por la Century, formanco la 20th Century Fox. Sheeham quiere a Rita como protagonista de “Ramona”, pero el nuevo presidente, Daryl Zanuck, prefiere a Loretta Young, y su contrato no es renovado.

Es entonces cuando aparece en su vida Edward C. Judson, un charlatán que pretendía ser mánager, que consigue pequeños papeles para ella, y además se casarán en Las Vegas en 1937, algo que enfurece a sus padres.

Rita consigue un papel en la Columbia, en la película “Meet Nero Wolf”, y llama la atención de su presidente, Harry Cohn. Pero este observa que ni su nombre ni su aspecto le permiten adoptar una gran variedad de roles. Rita lucía por aquellos años un aspecto muy diferente al que le asociamos:

Judson toma en cuenta esta opinión: le hace adelgazar, le somete a tratamientos de electrodepilación para ampliar su frente y la convierte en pelirroja, además de hacerle cambiar su nombre artístico por el definitivo de Rita Hayworth, tomando el apellido de su madre. Finalmente, y tras trabajar en numerosos films de serie B en 1937 y 1938, Cohn, enamorado de ella pero nunca correspondido, consigue que el director Howard Hawks cuente con ella en 1939 en su película “Sólo los ángeles tienen alas”, en un papel secundario junto a Cary Grant y Jean Arthur:

Este será el papel por el que su nombre empiece a hacerse popular. Trabaja en varias películas en 1940 y 1941, siendo cedida en algunos casos a la Warner, que quiere contratarla, algo a lo que Cohn se niega. En 1941 la cede a la Fox, la misma que la había rechazado años atrás, para interpretar a la seductor Doña Sol en la adaptación de la novela de Vicente Blaco Ibáñez “Sangre y arena”, seduciendo a al torero interpretado por Tyrone Power y llevándolo por el mal camino, alejándolo de su esposa Linda Darnell:

Aquí interpreta por primera vez su papel más característico, el de Femme fatale, que tanto éxito le dará años después, aunque no sea en Technicolor. Y la película será un gran éxito.

Pero por el momento interesa más ver a Rita Haywort como bailarina. Y el momento no podía ser más adecuado: tras la ruptura con Ginger Rogers, Fred Astaire necesita una nueva compañera de baile, y Rita lo será en dos ocasiones: en 1941 en “Desde aquel beso” y el 1942 en “Bailando nace el amor”:

Fred Astaire confesará años después que Rita Hayworth había sido su mejor pareja de baile. Eso sí, no es ella la que canta, como siempre.

Mientras, en 1942 se divorcia de su marido, que la deja en la miseria, ya que se aprovechaba de las ganancias que ella conseguía. Sorprendentemente, en 1943 se casa con Orson Welles, que sólo 2 años antes había sorprendido a la crítica con su debut como director en “Ciudadano Kane”. Con Welles tendrá a su primera hija, Rebecca, el 17 de diciembre de 1944.

Antes del embarazo había rodado otro musical, a las órdenes de Charles Vidor y junto a Gene Kelly, “Las modelos”:

Gracias al éxito de este musical, rodará dos más, “Esta noche y todas las noches” en 1945 y “La diosa de la danza” en 1947. Pero entre medias se colará otra película, de temática muy distinta. Y es que el director Chales Vidor recurre a ella para interpretar a la seductora “Gilda”, la protagonista de su nueva película de cine negro junto a Glenn Ford:

La película es un inmediato éxito de público, pero no de crítica: ni Rita Hayworth ni Glenn Ford fueron nunca nominados al Oscar, aunque tuvieron buenos papeles para conseguirlo: el estigma de “Gilda” perduraba. Además, no resultaría fácil conseguir un éxito semejante.

Tal fue la fama que alcanzó la película que se pegó una imagen de la actriz en una bomba atómica que se lanzó en las pruebas nucleares del Atolón Bikini, algo que la enfureció. Hayworth, que no ocultaba sus simpatías demócratas, era pacifista y se oponía a las pruebas nucleares.

En 1947 rueda un gran éxito de crítica pero no de público, “La Dama de Shangay”, dirigida y co-protagonizada por su marido, Orson Welles, en la que retoma su papel de Femme fatale de cine negro:

Al público no le gusta el cambio de look de Hayworth, de rubia y con el pelo corto, y tampoco le agrada a Cohn, que no había sido consultado. Y, mientras tanto, su matrimonio naufraga, ya que Welles no está dispuesto a sacrificar su libertad por formar una familia estable. Pese a que la propia Rita Hayworth afirmara que fue el gran amor de su vida, se divorció en 1947.

Intentando retomar su carrera, regresa junto a Glenn Ford en “Los amores de Carmen”, interpretando a la heroína de la obra de Mérimée, que será un gran éxito:

Pero Rita Hayworth abandonará el cine después de este rodaje, ya que en 1949 se casa con el príncipe iraní Ali Khan, con quien tendrá ese mismo año una hija, Yasmin. Pero diversas situaciones hacen que este matrimonio tampoco funcione. Ali Khan lleva un estilo de vida que ella es incapaz de seguir, y además tiene una reconocida fama de mujeriego, lo que provocará un primer intento de divorcio en 1951. Además, Hayworth no se convierte al Islam, como había prometido, y se empeña en que su hija sea criada como católica, contra los deseos del príncipe. El divorcio definitivo (con la custodia de su hija asegurada) llega en 1953.

Ya antes del divorcio, en 1952 regresa al cine, de nuevo junto a Glenn Ford (por tercera vez) en otro drama negro, “La dama de Trinidad”:

En 1953 rueda “La Bella del Pacífico”, junto a José Ferrer, en la que retoma el papel que años atrás interpretara Joan Crawford, y protagoniza “Salomé”, de William Dieterle, en la que vuelve a lucir su talento como bailarina ante Charles Laughton, Judith Anderson o Stewart Granger:

Pero volverá a ausentarse de las pantallas por unos años, de nuevo a causa de su nuevo matrimonio. En este caso, el elegido es el cantante (y actor ocasional, por ejemplo en el musical “State Fair”) Dick Haymes, nacido en Argentina y que siempre se negó a obtener la ciudadanía americana. Acusado de antipatriotismo por no unirse al ejército durante la II Guerra Mundial, estaba todavía casado cuando conoce a Rita Hayworth, pero no tarda en divorciarse para casarse con ella en 1953. Pero, endeudado por tener que pagar a sus ex-mujeres, Rita tiene que hacerse cargo de muchos de los gastos, además de enfrentarse a su ex-marido por la custodia de su hija, lo que le sumirá en una crisis. Cuando, en 1955, Haymes la golpea en público, ella lo abandona. Pero su manager, Cohn, envidioso de Haymes, a quien es posible que arruinara su carrera, castiga tambiñen a Hayworth, que sólo rodará de nuevo para Columbia por última vez en 1957, en el que será su último musical, “Pal Joey”, junto a Frank Sinatra y Kim Novak:

En 1958 se casa por quinta y última vez, con el productor James Hill, que le consigue un papel en la aclamada “Mesas separadas”, junto a un reparto de lujo encabezado por David Niven y Burt Lancaster, en el que será el inicio de un intento por convertirse en una actriz dramática:

En 1959, siguiendo en esa línea de actriz dramática, protagoniza el thriller judicial “Sangre en primera página”, y tiene uno de sus mejores papeles en el drama bélico de Robert Rossen “Llegaron a Cordura”, en la que interpreta a una traidora que se convierte en la única aliada del militar Gary Cooper que la escolta de vuelta a los Estados Unidos cuando el resto de militares se revelan contra él:

Rita Hayworth quiere retirarse del cine, pero su esposo insiste en que siga trabajando. Según declaró Chartlon Heston, en una cena que compartieron en España, él la humilló violentamente. En ese momento se encontraba rodando la comedia de robos “Último chantaje”, junto a Rex Harrison, que se estrena en 1961, el mismo año en el que la pareja se divorcia, alegando ella maltrato mental, como ya había hecho en casos anteriores.

Ya durante su matrimonio con Orson Welles, éste había detectado que Rita Hayworth bebía mucho, aunque nunca pensó que fuera alcohólica. Pero ya a principios de los años 60 su deterioro físico y mental hacen sugerir un problema con el alcohol. De hecho, Hayworth apenas trabaja ya en el cine. Pese a todo, conseguirá su única nominación al Globo de Oro por su papel en “El fabuloso mundo del circo”, de 1964, junto a John Wayne y Claudia Cardinale:

En 1965 rueda, de nuevo y por última vez junto a Glenn Ford, “La trampa del dinero”, pero en 1966, en la película para televisión “Las flores del diablo” luce un aspecto demacrado y mentalmente ido. Pese a trabajar en varias películas europeas, Hayworth no es capaz de memorizar los guiones. Se asocia al alcoholismo lo que son los síntomas de una enfermedad poco conocida en aquella época, el Alzheimer. Trabaja por última vez en 1972, en el western “La ira de Dios”, junto a Robert Mitchum:

El único motivo por el que aceptó participar en el film fue su necesidad de dinero. Su situación se complica cuando, en 1974, sus dos hermanos mueren con pocos días de diferencia, lo que le hace caer más en el alcohol. Las especulaciones concluyen cuando en 1981 se le diagnostica finalmente el Alzheimer, siendo la primera figura pública a la que se le diagnostica una enfermedad descubierta a comienzos de siglo pero ignorada hasta pocos años antes. Su estado de salud va declinando hasta que, en febrero de 1987, cae en coma, muriendo el 14 de mayo de ese mismo año. Fue enterrada en el católico Holy Cross Cemetery de Culver City, California.

Gilda hizo de Rita Hayworth un icono del cine, pero fue en parte también su maldición, al ser incapaz de repetir el éxito conseguido por esta película. Pese a haber realizado posteriormente papeles mucho mejores, en la retina del público seguía marcado a fuego ese streptease de guante negro que escandalizó a la sociedad de su época y la convirtió en una estrella.



130 años del nacimiento de Max Steiner (10-05-2018)


Fue quien revolucionó la visión que Hollywood tenía sobre las Bandas Sonoras tras la llegada del cine sonoro. Trabajador incansable, autor de unas 300 bandas sonoras, entre ellas algunas de las más memorables partituras cinematográficas, recordamos en el 130 aniversario de su nacimiento a Max Steiner.

Maximilian Raoul Steiner nació el 10 de mayo de 1888 en Viena, por aquel entonces capital del Imperio Austro-Húngaro y una de las ciudades musicalmente más importantes del momento. La familia Steiner, de origen judío, estaba muy vinculada al mundo teatral, mientras su madre había sido bailarina. De hecho, su padrino fue el compositor Johann Strauss. Vinculado desde muy niño al teatro, en especial al musical, las inclinaciones artísticas del joven Steiner no tardan en despuntar, abandonando la Universidad Tecnológica para poder estudiar en la Academia Imperial de Música. Allí, su enorme talento es percibido por grandes compositores como Gustav Mahler o Robert Fuchs, que le darán clases privadas, permitiéndole superar en un año cuatro cursos. Estudia numerosos instrumentos, además de armonía, contrapunto y composición.




En seguida despunta como compositor de opereta y como director de orquesta. Su éxito dirigiendo “Die lustige Witwe” de Franz Léhar hace que sea invitado a dirigirla en Londres en 1906. Steiner se establece en la capital británica, como compositor y director de obras teatrales y de sinfonías. Y allí permanecerá 8 años, hasta 1914, cuando comienza la I Guerra Mundial. Steiner es austriaco, y por lo tanto es visto como enemigo por la sociedad inglesa, así que gracias a su amistad con Hugh Grosvenor, duque de Westminster, consigue huir a Nueva York, donde llega en la miseria en diciembre de 1914.

Pero, una vez en Nueva York, comienza de inmediato a trabajar en Broadway, apenas en la faceta de compositor (“Peaches”de 1923), pero sí como director e incluso como arreglista y orquestador (orquestará por ejemplo la partitura de George Gershwin para “Lady be good” en 1924). En 1927 orquestaráy dirigirá el estreno de musical “Rio Rita” de Harry Tierney, y cuando en Hollywood se planea la adaptación cinematográfica del musical, en 1929, llaman a Max Steiner para dirigir la adaptación musical. Steiner se traslada a Los Angeles, y trabaja ya en exclusiva para el cine. Entre sus primeros trabajos relevantes se encuentran “Cimarron”, un western de 1931, y “Ave del paraíso”, película de aventuras de 1932. Pero su gran oportunidad vendrá cuando, en 1932, David O’Selznik cuenta con él para componer la partitura de “La melodía de la vida”, drama judío para el que compone un tema, como era característico en la época, para que suene en la apertura de la película. Pero Selznik se queda tan satisfecho con la partitura, que le encarga escribir más música, que sonará a lo largo de la película:

Pero será en 1933 cuando por fin aparezca su verdadero estilo. Ese año, la productora RKO, para la que Steiner estaba trabajando, iba a estrenar la ambiciosa “King Kong”. Originalmente, los productores no tenían intención de utilizar nueva música para la película, pero los decepcionantes resultados de los efectos especiales les empujaros a llamar a Steiner y darle carta blanca para componer una extensa partitura a lo largo de todo el film:

No era la primera partitura importante de Steiner, que ya había llenado de música la práctica totalidad del metraje de “Ave del paraíso”, pero en esta ocasión, la partitura fue todo un éxito. Si ya en 1931 la partitura que Alfred Newman había compuesto para “La calle” de King Vidor era más ambiciosa de lo tradicional (una pista más o menos larga para los títulos de crédito iniciales, una pista breve para el final de la película y, en ocasiones, algo de música diegética, es decir, que suena en la propia película, que los personajes están escuchando, en un baile o por la radio, por ejemplo), todavía se seguía evitando incorporar música que acompañara los diálogos de los personajes, por temor a que estos se perdieran. Steiner, por el contrario (al igual que Newman), considera que la música puede realzar las emociones del film, además de ayudar a ambientarlo. Por eso, su música tiene una gran riqueza cromática y temática. Pero todavía no ha llegado el tiempo de lucirla en su máximo esplendor, y partituras como la de “Las cuatro hermanitas”, película de George Cukor protagonizada por Katherine Hepburn, van a seguir ancladas en el concepto de tema inicial y poco más:

Max Steiner también adapta la música que se va a utilizar en algunos de los más importantes musicales de los años 30, en especial en esos protagonizados por Fred Astaire y Ginger Rogers, como “La alegre divorciada”, de 1934:

Más ambiciosa será en 1934 su partitura para “La patrulla perdida”, film bélico de John Ford ambientado en Mesopotamia. Sus ritmos irregulares le imprimen ese ambiente tenso que repetirá en numerosas ocasiones posteriores (e incluso reutilizará en “Casablanca”, como veremos más adelante):

Max Steiner recibirá sus dos primeras nominaciones al Oscar por ambas películas, “La alegre divorciada” y “La patrulla perdida”.

Repite con John Ford (y con el actor Victor McLaglen, que protagoniza ambas películas) en 1935 con “El delator”, partitura de carácter de nuevo opresivo, al contarnos la historia de un delator del IRA:

Esta partitura le valdrá su primer Oscar, aunque en estas fechas este premio no lo recibe el compositor, sino la productora.

Pero poco después, Selznik abandona la RKO y se lleva consigo a Steiner, que compondrá en 1936 la partitura de “El jardín de Alá”, que le valdrá una nueva nominación al Oscar. Además, Steiner firma un contrato con la Warner, siendo su primer trabajo para esta productora “La carga de la brigada ligera”, film bélico protagonizado por Errol Flynn y Olivia de Havilland, en el que de nuevo luce su capacidad para transmitir el dinamismo de las escenas bélicas y las marchas militares, como en este tema principal:

Pero en la Warner, Steiner se va a encontrar con un duro competidor: Erich Wolfgang Korngold, un prestigioso compositor clásico recién llegado a Hollywood, que goza de un contrato privilegiado y apenas compone una partitura al año. Steiner compondrá muchas partituras anuales, en películas como “La vida de Émile Zola”, “Ángeles con caras sucias” o “Jezabel”, película de William Wyler protagonizada por Bette Davis y Henry Fonda, para la que compone un bellísimo vals, de ritmo vienés en su tema principal y otro ritmo más agitado, de subdivisión ternaria, de sonoridad más eslava, en el segundo tema. Las influencias clásicas centroeuropeas de Steiner quedan claras:

El uso de la música para destacar aspectos fundamentales de la película resulta aquí muy evidente. Basta con volver a verla y fijarse en como un pequeño apunte musical subraya el momento en el que un mosquito pica a Henry Fonda (aunque esto sería un gazapo. Alerta spolier: se supone que los ricos burgueses de Nueva Orleans huyen al campo para no contagiarse de la fiebre amarilla, y que Henry Fonda se contagia por ir a menudo a la ciudad, pero la mencionada escena en la que le pica un mosquito transcurre en el campo, con lo que no tiene sentido).

Mientras, Max Steiner sigue trabajando con Selznik: “El pequeño Lord” en 1936, “Ha nacido una estrella” en 1937 y “Las aventuras de Tom Sawyer” en 1938, en la que se percibe su asimilación del estilo musical más propiamente americano, que conoce a fondo por su trabajo en musicales en sus primeros años americanos:

Pero Selznik llevará a la fama absoluta a Max Steiner con su siguiente y más ambicioso productor: la adaptación de la novela de Margaret Mitchell “Lo que el viento se llevó”, dirigida originalmente por George Cukor y posteriormente por Victor Fleming y protagonizada por Clark Gable y Vivien Leigh. La duración de la película ronda las 4 horas, y Steiner llena el metraje de música, en la que probablemente sea su mejor partitura (y la mejor banda sonora de todos los tiempos). El Tema de Tara es uno de los temas cinematográficos más célebres de la historia del cine, y con razón:

Pero, ¿qué tal encaja con las escenas, que es a fin de cuentas lo que nos importa? Veamos la escena más mítica de la película:

Steiner usa un recurso operístico muy wagneriano: el leitmotiv. Un leitmotiv es un tema musical asociado a un personaje, un lugar o una situación concreta. Por lo tanto, cada vez que lo escuchemos a lo largo de la ópera o de la película, sabemos que ese personaje, ese lugar o esa situación tienen una gran importancia en la escena. Pues bien, el tema de Tara es el leitmotiv de un lugar, de Tara, pero en realidad significa algo más: el hogar. Tras sufrir los horrores de la guerra, Scarlett tiene que huir de una Atlanta a punto de caer en manos Yankis y sólo desea volver a su hogar. Y cuando lo hace, se encuentra con una situación desoladora: pobreza, miseria, muerte, incluyendo la de su madre… no, el regreso al hogar no es lo que ella esperaba. Y además está ansiosa por poder comer. Por eso escuchamos esa melodía llena de tensión al comienzo de la escena. Entonces pronuncia el juramento de que nunca volverá a pasar hambre, y escuchamos ese tema de Tara: no importa la situación que se haya encontrado, Scarlett vuelve a estar en su hogar, y eso es lo que le da esa emotividad al tema, que tiene un notable carácter nostálgico, no es un tema alegre precisamente. Además, el tema es interpretado por los metales, mientras las cuerdas tocan el acompañamiento: estos metales le dan un componente heroico: el esfuerzo que ha costado volver a Tara ha sido titánico, pero ha merecido la pena, porque por fin volvemos a casa.

Por cierto, Selznik quería que Steiner usara música clásica en la partitura, pero Steiner pensaba que los americanos estaban familiarizados con muchos temas de música popular, pero no tenían la cultura clásica necesaria para entender las citas de compositores clásicos. Por eso, en las partituras de Steiner vamos a encontrar numerosas citas de canciones populares o de marchas militares, pero muy pocas referencias a obras clásicas.

En 1939, Max Steiner recibe dos nominaciones al Oscar, por “Lo que el viento se llevó” y por “Amarga victoria”. Pero, incomprensiblemente, ese año se irá de vacío.

Aquí se hace necesario explicar el estilo compositivo de Steiner. Él contaba con un dispositivo que le permitía ver la película montada y cronometrar exactamente en qué momento transcurría cierta escena clave. Mientras, iba desarrollando los leitmotivs que iban a aparecer en la partitura, y, una vez compuestos, los adaptaba al tiempo que le daba el cronómetro para que encajaran a la perfección con el momento que él buscaba. Los resultados están a la vista.

En los siguientes 4 años va atrabajar en exclusiva para la Warner. Su primera partitura remarcable será la de “La carta” en 1940, película de William Wyler de nuevo protagonizada por Bette Davis y ambientada en el sudeste asiático. Como cualquier gran compositor clásico, Steiner recurre a temas orientales que contribuyan a la ambientación de la película, mientras los temas más íntimos van a tener ese carácter opresivo tan característico de las partituras de Steiner:

Por esta partitura recibirá una nueva nominación al Oscar, nominación que repetirá en 1941 por “El sargento York”, dirigida por Howard Hawks y protagonizada por Gary Cooper, en la que pasa de los temas de carácter más intimista de la primera mitad de la película a los temas militares de la segunda mitad:

Hay que destacar, en todo caso, que con un ritmo de trabajo tan frenético, Steiner por lo general sólo compone los temas, pero no los orquesta; esta labor cae a menudo en manos de Hugo Friedhofer, hasta que éste comience a destacar como compositor y sea sustituido por Murray Cutter.

En 1942 compone algunas de las mejores bandas sonoras de su carrera. Vuelve a trabajar con Errol Flynn y Olivia de Havilland, dirigidos por Raoul Walsh, en la mítica “Murieron con las botas puestas”, para la que compone uno de los temas de amor más bellos que salieron nunca de su pluma, además de temas de marcado carácter militar:

También compone la partitura de otra película mítica, “Casablanca”, dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Humphrey BogartIngrid Bergman y Claude Rains:

Aquí escuchamos un tema que nos recuerda demasiado al que ya hemos escuchado en “La patrulla perdida”. Además, Steiner usa como leitmotivs dos canciones existentes (nada novedoso, compositores como Wagner o Meyerbeer también lo habían hecho un siglo antes): por una parte, el himno francés, la marsellesa, que sirve como leitmotiv de libertad, de la resistencia anti-nazi, y por otro ese “As time goes by” de Herman Hupfeld, que sirve como tema de amor. Steiner quiso utilizar una canción suya, pero como la película ya había sido rodada, había que volver a rodar algunas escenas, y como Ingrid Bergman se había cortado el pelo para rodar “Por quién doblan las campanas” y no se encontró ninguna peluca que se asemejara a su cabello, no pudo incluirse la canción que Steiner quería componer. Por esta partitura, Steiner será nominado al Oscar (aunque Casablanca no entra en los Oscars de 1942, sino en los de 1943).

Y su otra gran partitura de ese año es “La extraña pasajera”, de nuevo con Bette Davis, Claude Rains y Paul Henreid (el Victor Lazslo de Casablanca), en una partitura de estilo melodramático en la que destaca la belleza de la melodía principal, lo que nos enlaza con la tradición melódica francesa, ya que las influencias musicales de Steiner, en especial las del romanticismo europeo, son numerosísimas:

Nueva nominación al Oscar, que en esta ocasión consigue llevarse a casa. Y, a diferencia de lo que sucedía en 1935, ahora sí que el Oscar se entrega al compositor.

En 1943 sigue trabajando en películas que en su momento fueron grandes éxitos, como “Alarma en el Rhin”, que le valió el Oscar a mejor actor a Paul Lukas, pero que hoy está completamente olvidada. Más destacables son sus trabajos de 1944. Una de ellas es “Las aventuras de Mark Twain”, protagonizada por Fredric March y Alexis Smith, con una sonoridad plenamente americana que le valdrá una nueva nominación al Oscar:

Ese año colabora también con el director Frank Capra (con quien había trabajado el año anterior en un documental) en la negrísima comedia “Arsénico por compasión”, protagonizada por Cary Grant, en la que combina melodías románticas, cómicas, de intriga y otras simplemente grotescas, según lo requiera la cambiante situación de tan alocada película:

También en 1944, la Warner trata de repetir el éxito de “Casablanca” con la casi olvidada “Pasaje a Marsella”, de nuevo con Michael Curtiz, Humphrey Bogart, Claude Rains, Peter Lorre o Sidney Greenstreet. Lógicamente, la partitura se le encarga a Max Steiner, que aquí, a diferencia de “Casablanca”, recurre mucho más a temas compuestos por él mismo, destacando la belleza melódica del tema de amor:

Y ese año vuelve a trabajar para Selznik por primera vez desde “Lo que el viento se llevó”, en esta ocasión para un drama ambientado en la II Guerra Mundial, en las esposas y familias que se quedan sin el padre, que está combatiendo en el frente. La película, protagonizada por Claudette Colbert, Jennifer Jones y Joseph Cotten, requiere de un tema principal tranquilo, amable, como la protagonista, pero al mismo tiempo capaz de transmitir esa nostalgia por el marido ausente, mientras Steiner compone otros temas de distinto carácter, destacando la grotesca melodía asociada al perro, interpretada por el fagot, y otros temas de carácter militar que nos recuerden la situación bélica que estamos viviendo, o cita la canción de cuna de Brahms:

Esta película le valdrá a Max Steiner su tercer y último Oscar. Trabajar con Selznik parece que le traía buena suerte.

En los siguientes años, sus mayores éxitos llegarán con adaptaciones musicales, como en “Rapsodia en azul”, de 1945, biopic de George Gershwin, o en 1946 con “Noche y día”, biopic de Cole Porter protagonizado por Cary Grant, ambos valedores de una nominación al Oscar. Pero quizá su partitura más reseñable de esos años sea la del clásico de cine negro “El sueño eterno”, de Howard Hawks, con Humphrey Bogart y Lauren Bacall, en cuyo tema principal va a predominar el aspecto más romántico de la película:

En 1947, es nominado por partida doble al Oscar, una por el musical “My wild irish rose” y la otra por “Vivir con papá”, comedia de Michael Curtiz protagonizada por William Powell, Irene Dunne y Elizabeth Taylor, de ritmo desenfadado y sonoridad de nuevo ya plenamente americana:

En 1948 destacan sus trabajos en dos películas protagonizadas por Humphrey Bogart, y ambas dirigidas por John Huston. La primera será la opresiva “Cayo Largo”, con Lauren Bacall, Edward G. Robinson y Lionel Barrymore, en la que consigue transmitir a la perfección ese ambiente de permanente tensión que requiere el film:

La otra será el drama “El tesoro de Sierra Madre”, en una partitura con la sonoridad mexicana que requiere la ubicación del film y que muestra también un carácter opresivo, como la atmósfera que viven esos ambiciosos buscadores de oro capaces de cualquier cosa con tal de conseguir el ansiado premio:

También trabaja de nuevo para Errol Flynn, en “El burlador de Castilla”, en la que consigue reproducir la música tradicional española, además de trabajar en un género, el de capa y espada, que tradicionalmente se había asociado a Korngold (“El capitán Blood”, “Robin de los bosques”, “El halcón de mar, todas ellas protagonizadas por Errol Flynn):

Pero su mejor trabajo ese año, y el único por el que consigue estar nominado al Oscar, será su trabajo en “Belinda”, la historia de una joven sorda interpretada por Jane Wyman que es violada. El tema principal, de nuevo de una exquisita belleza, nos transmite la inocencia de esta joven que, en el fondo, es una niña:

En 1949 recibe una nueva nominación al Oscar por “Más allá del bosque”, drama de King Vidor con Bette Davis y Joseph Cotten, y en 1950 es nominado por otra magnífica partitura, la de “El halcón y la flecha”, film de capa y espada protagonizado por Burt Lancaster y ambientado en el norte de Italia. Steiner recurre a ritmos típicos italianos, como la tarantella, para conseguir la mejor ambientación posible, aunque podamos encontrar similitudes incluso con la sinfonía italiana de Mendelssohn:

En 1951 compone la partitura del western de Raoul Walsh “Tambores lejanos”, protagonizado por Gary Cooper, y en la que de nuevo destaca su capacidad de ambientación gracias a la música, por el uso de percusiones que puedan evocarnos a los indios norteamericanos:

En 1951 pone música a la bélica “La flota silenciosa”, protagonizada por John Wayne, en una partitura llena de tensión:

En 1952 es nominado al Oscar por “El mensaje de Fátima”, y repite nominación en 1954 por la magistral partitura de “El motín del Caine”, magistral drama militar protagonizado por Humphrey Bogart y José Ferrer, para el que compone una de sus mejores marchas militares:

Ese mismo año se estrena en el género histórico, hasta ese momento propiedad de Alfred Newman y Miklós Rózsa, en “El talismán”, historia ambientada en las cruzadas con Rex Harrison y Virginia Mayo de protagonistas:

Y repite género, de forma más afortunada, en “Helena de Troya”, con un memorable tema principal que nos recuerda a sus grandes partituras del pasado:

Y ese año vuelve a estar nominado al Oscar por el drama bélico “Más allá de las lágrimas”, de nuevo dirigido por Raoul Walsh:

Pero su mejor partitura de la década está por llegar. Max Steiner no era el compositor preferido de John Ford, que prefería los estilos de Alfred Newman o Victor Young, en general menos ambiciosos, y con menor presencia en el metraje, que las partituras de Steiner, pero se vio obligado a contar de nuevo con él para uno de sus mejores westerns, “Centauros del desierto”, protagonizado por John Wayne y Jeffrey Hunter. Escuchando la magistral partitura que compone Steiner, sólo queda recordar que los grandes genios también se equivocan, y Ford no iba a ser la excepción:

Pero la película, incomprensiblemente, no recibe ninguna nominación al Oscar, y ni siquiera Steiner se libra de esta maldición que parecen tener los westerns de John Ford.

En 1959 trabaja en otro western, “El árbol del ahorcado”, dirigido por Delmer Daves y protagonizado por Gary Cooper. El ritmo de trabajo de Steiner se ha reducido considerablemente, y aquí no es difícil escuchar por momentos el mismo tema que sonaba en “Centauros del desierto”:

Y, pese a todo, Steiner alcanza ese año uno de los mayores éxitos (al menos comercialmente hablando) con el tema principal de “En una isla tranquila del sur”, también dirigida por Delmer Daves, protagonizada con la joven pareja de moda, Sandra Dee y Troy Donahue; esto permite a Steiner ser conocido por una nueva generación que en esos momentos se encontraba en la adolescencia:

Buscando repetir el éxito, Delmer Daves vuelve a contar con él en “Parrish”, drama protagonizado por Claudette Colbert, Karl Malden y, cómo no, Troy Donahue, el guaperas del momento. En un momento en el que la forma de entender las bandas sonoras está cambiando (influencias del jazz y de músicas populares la época, los cambios de concepto de Bernard Herrmann o Jerry Goldsmith), el estilo de Steiner también ha cambiado. Poco queda de aquel brillante compositor de estilo tardorromántico de creatividad incansable. Sus nuevas partituras, conservando aún en parte la brillantez melódica de su periodo de esplendor, han perdido mucha de la brillantez que tenían apenas una década antes:

Delmer Daves será uno de los directores que siga contando con él en los siguientes años, como prueba su colaboración en “Más allá del amor”, de nuevo con Troy Donahue, acompañado ahora por Angie Dickinson:

El otro será Raoul Walsh, que contará con él para el western “Una trompeta lejana”, protagonizado de nuevo por Troy Donahue (y pensar que hoy día nadie se acuerda de este actor…), en una partitura que recuerda peligrosamente a la marcha militar de “La carga de la brigada ligera):

Su último trabajo será para una película de la Disney, “Those Calloways”, de 1965. El tema grotesco para describir a los gansos para los que la familia Calloway quiere construir una reserva es de nuevo un recurso ya utilizado por Steiner, aunque la partitura no carece e interés:

En 1963, Max Steiner escribe una autobiografía que, por desgracia, no se publicó, y en la que parece ser que contaba detalles desconocidos de su infancia. De hecho, se desconoce de la fecha de divorcio de su primera esposa, con la que se casó en 1912. Steiner se casaría otras tres veces, pero sólo tendría un hijo, Ron, con su tercera esposa, la arpista Louise Klos. Su hijo murió en 1962, justo antes de comenzar a escribir sus memorias.

Retirado en sus últimos años, Max Steiner moría de un infarto el 28 de diciembre de 1971 en Beverly Hills a los 83 años, siendo enterrado en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery de Glendale.

Max Steiner se ganó con su incansable labor un importante lugar en la historia de la música cinematográfica, que revolucionó y que dominó durante dos décadas en las que nos regaló muchas de las partituras más memorables del Hollywood clásico. Aún a día de hoy sigue siendo un referente de todos los compositores sinfonistas de Hollywood, de los que fue el primer gran exponente.



10 años de la muerte de Richard Widmark (24-03-2018)


Famoso como villano cinematográfico, pero con una extensa filmografía en la que demostró su polivalencia en casi todos los géneros, hace 10 años nos dejaba uno de los últimos mitos del Hollywood clásico, el actor Richard Widmark.




Richard Weedt Widmark nació el 26 de diciembre de 1914 en la pequeña localidad de Sunrise Township, en el estado de Minnesota, aunque pasará su infancia en distintas localidades del cercano estado de Illinois, ya que su padre, de origen sueco, trabaja como vendedor viajante. Graduado en arte, empieza a trabajar como actor de radio en 1938, participando en numerosas series radiofónicas.

El 5 de mayo de 1943 con la guionista Jean Hazlewood, a quien conocía de sus años de estudiante. Ambos tendrán una única hija, Anne Heath, nacida en 1943. Una perforación de tímpano le impedirá participar en la II Guerra Mundial, así que el mismo año de su boda debuta en Broadway, y seguirá trabajando en teatro en los siguientes años. Será durante una producción en Chicago cuando es descubierto por la Fox, con la que firma un contrato de 7 años.

En ese momento, la Fox va a rodar un thriller, “El beso de la muerte”, que se estrena en 1947,  a mayor gloria de su estrella, Victor Mature, y necesitan a un actor que interprete al villano criminal Tommy Udo. El director de la película, Henry Hathaway, rechaza a Richard Widmark, ya que considera que su aspecto es demasiado intelectual, pero el productor Darryl F. Zanuck insiste. ¿Quién de los dos se equivoca?:

Esta es quizá una de las más míticas escenas del cine negro de los años 40. Este papel le valdrá a Richard Widmark el Globo de oro a mejor estrella emergente y su única nominación al Oscar. Había nacido una estrella. Hathaway se equivocaba, y asumió su error trabajando con el actor en numerosas ocasiones posteriores.

Pero pronto demostrará que no sólo es capaz de interpretara a grandes villanos. Prueba de ello será su papel en “El demonio del mar”, de 1949, en el que actúa como el mentor del joven Dean Stockwell en oposición a su rudo abuelo Lionel Barrymore. Y en 1950 protagoniza el thriller “Pánico en las calles”, de Elia Kazan, en la que interpreta a un doctor del servicio de salud pública que descubre que una víctima de asesinato estaba infectada con peste neumónica, y tendrá que colaborar con un policía poco receptivo, Paul Douglas, para localizar al asesino, el debutante Jack Palance, que es posible que se haya contagiado y pueda extender más la plaga:

Pero ese mismo año volverá a interpretar a un villano en “Un rayo de luz” de Joseph Mankiewicz, como el criminal que perseguirá al doctor negro que interpreta Sidney Poitier acusándole de haber matado a su hermano:

En 1951 volverá a interpretar a un personaje mucho más entrañable, el profesor convertido en militar con problemas físicos y dilemas morales en la campaña del Pacífico de la II Guerra Mundial en la brillante “Situación desesperada” de Lewis Millestone, junto a Karl Malden, Jack Palance y un jovencísimo Robert Wagner:

Demostrado ya su enorme talento como actor dramático, se le confiará ser el protagonista masculino de “Niebla en el alma”, drama psiquiátrico con el que Marilyn Monroe pretendía demostrar que no sólo era una actriz cómica:

En 1953 interpretará a un duro instructor militar, en oposición al mucho más blando Karl Malden, en “Hombres de infantería” de Richard Brooks, teniendo como alumnos a Russ Tamblyn o Carleton Carpenter:

En 1954 trabaja en dos destacables western. El primero, “El jardín del diablo”, le lleva a trabajar de nuevo bajo las órdenes de Henry Hathaway, interpretando a uno de los tres hombres (los otros dos serán Gary Cooper y Cameron Mitchell) que acudan a rescatar al marido de Susan Hayward, atrapado en una mina de oro en territorio apache:

El segundo será la mítica “Lanza rota” de Edward Dmytrick, interpretando a un personaje mucho más negativo, el malvado hijo mayor de Spencer Tracy, empeñado en impedir que su hermanastro pequeño, Robert Wagner, hijo de una india interpretada por Kathy Jurado, se lleve la cuantiosa herencia de su progenitor:

Ese año termina su contrato con la Fox, lo que aporta a Richard Widmark mayor libertad a la hora de elegir sus papeles. Y uno de sus primeros trabajos será en “La tela de araña”, drama de Vincente Minnelli en el que interpreta a un psiquiatra que se ve atacado por su esposa, Gloria Graham, celosa de Lauren Bacall, y por el director de la clínica, Charles Boyer, mientras ve como un joven paciente suyo, John Kerr, desaparece:

Trabaja con posterioridad en varios westerns, entre los que destaca “La ley del talión”, en la que tiene que proteger a un grupo de colonos, entre los que se encuentra el actor infantil Tommy Retting, que ya había interpretado a su hijo en varios films previos:

En 1957 tendrá una de sus mejores interpretaciones como el Rey Carlos VII de Francia en “Santa Juana” de Otto Preminger, con Jean Seberg como Juana de Arco:

En 1958 prueba suerte en un nuevo género, la comedia, junto a Doris Day en “Mi marido se divierte”:

Pero es el Westner el género en el que Richard Widmark se muestra más cómodo por esas fechas, y así acompaña a John Wayne en la épica “El Alamo”, interpretando a Jim Bowie:

En 1961 se estrena bajo las ordenes de John Ford en otro western, “Dos cabalgan juntos”, en la que interpreta a un militar que, acompañado de James Stewart, acude a intentar rescatar a algunos colonos secuestrados por los indios:

Y ese mismo año trabaja en “Vencedores o vencidos” de Stanley Kramer, interpretando a un inflexible militar que ha visto las atrocidades cometidas por los nazis y quiere castigarlas con la mayor severidad posible:

En medio de un reparto de lujo, y con un papel bastante breve, Richard Widmark consigue brillar con luz propia gracias a un talento interpretativo pocas veces explotado hasta este nivel.

En 1962 trabaja en uno de los episodios de “La conquista del Oeste”, y en 1964 protagoniza el último western que dirigirá John Ford, el gran combate, interpretando al militar que acompaña a los indios que regresan a sus antiguos territorios:

En 1966 trabaja de nuevo bajo las órdenes de Edward Dmytrik en “Alvarez Kelly”, en la que interpreta aun general confederado que secuestra el ganado que transporta William Holden para el ejército Yanki:

Tras trabajar en algunos western más, Richard Widmark comienza a principios de los años 70 a trabajar en televisión, reduciendo su participación cinematográfica a menudo a papeles secundarios, como el villano Casetti en la mítica “Asesinato en el Orient Express”. En esta época de hecho regresa a los papeles de villano, siendo buena prueba de ello su papel en “De presidio a primera página” de Stanley Kramer, protagonizada por Gene Hackman:

De hecho, su último papel remarcable en cine será el villano del thriller “Coma” de Michael Crichton:

Su última aparición sera en “El color de la ambición”, en 1991:

Richard Widmark se retira de la interpretación por esas fechas. En 1997 muere su esposa, y en 1997 vuelve a casarse con Susan Blanchard, nieta del compositor de musicales Oscar Hammerstein. Pasa el resto de su vida retirado de la vida pública, que además de como actor había tenido también otra faceta como activista a favor del control de armas. Una caída en el año 2007 afecta seriamente a su salud, que no se recuperara, muriendo finalmente en su casa de Roxbury, en el estado de Connecticut, el 24 de marzo de 2008, con 93 años. La Academia tuvo tiempo de sobra para compensar su falta no ya de premios, sino de nominaciones, con un Oscar Honorífico, pero este, lamentablemente, nunca llegó.

Richard Widmark era el prototipo de actor poco ambicioso, que pese a ser un artista capaz de llevar sobre sus hombros el peso de una película, no dudaba en actuar en papeles secundarios junto a otros actores con los que compartió pantalla con frecuencia. Y, con una filmografía tan extensa, nos deja como legado un buen puñado de interpretaciones memorables.



25 años de la muerte de Audrey Hepburn (20-01-2018)


Prototipo de moda y glamour femenino, una delas actrices más famosas (y con más talento) de su época, su personalidad no iba muy acorde con ese estilo ostentoso al que se le asocia, retirándose tempranamente del mundo del cine para atender a sus funciones como Embajadora de UNICEF. Hoy hace 25 años que nos dejaba una enorme actriz y, al parecer, una mejor persona, la bellísima Audrey Hepburn.




El nombre de nacimiento de Audrey Hepburn era Audrey Kathleen Ruston, y nació en el barrio de Ixelles, en Bruselas, el 4 de mayo de 1929. Su madre era la holandesa Baronesa Ella van Heemstra, que tenía dos hijos de un matrimonio previo, Hendrik e Ian. Su padre era el inglés Victor Anthony Ruston, que años después incorporará al nombre familiar el apellido de su abuela, Hepburn, del que sale su nombre artístico.

Audrey Hepburn pasó su infancia entre Bélgica, Holanda y Londres, lo que le permite aprender inglés y holandés, además de francés, italiano y español.

En los años 30, sus padres se envuelven en movimientos fascistas. Finalmente, en 1935, su padre abandona a la familia y se muda a Londres, donde se envuelve en mayor grado en actividades fascistas, divorciándose en 1938, lo que traumatiza a Audrey, que por esa época, está estudiando en Inglaterra,y no tendrá contacto con su padre de nuevo hasta 1960.

Con el estallido de la II Guerra Mundial, Audrey Hepburn regresa con su madre, que se establece en la residencia familiar de Arnhem, Holanda, esperando que el país permanezca neutral, pero se equivoca, y Holanda es invadida por los Nazis. Su madre la llama Edda para sustituir su nombre inglés y evitarle problemas. Su adolescencia durante la Guerra resulta traumática: ve con sus propios ojos las deportaciones de judíos y las ejecuciones, entre cuyas víctimas se encuentran familiares, como su tío, militante de la resistencia. De hecho, Audrey se sentirá identificada con Anna Frank, ya que ambas tenían la misma edad.

Tras el desembarco de Normandía, la situación empeora, y Audrey sufre malnutrición, que desemboca en otros problemas de salud, como anemia y problemas respiratorios. Además, cuando termina la Guerra, la fortuna de su familia materna ha desaparecido, y su madre comienza a trabajar para poder pagarle las lecciones de ballet a su hija, primero en Amsterdan y, desde 1948, en Londres. Pero sus problemas de malnutrición presagian que no podrá desarrollar una carrera como bailarina, y los problemas económicos le hacen necesario empezar a trabajar, así que cambia de interés hacia la interpretación, trabajando en teatro y en pequeños papeles cinematográficos, además de recibir lecciones de locución con el actor Felix Aylmer. Finalmente, en 1952, tiene su primer papel cinematográfico destacable en “Secret people”, en la que Audrey rueda sus escenas de baile:

Poco después, se desplaza a América para protagonizar en Broadway el musical “Gigi”. Y, estando en Estados Unidos, realiza una prueba para protagonizar la película “Vacaciones en Roma”. Se supone que la protagonista va a ser Elizabeth Taylor, pero cuando Wiliam Wyler ve la prueba de cámara de Audrey, se queda impresionado, y descubre a la perfecta Princesa, Ana, que se escapa con un periodista americano, interpretado por Gregory Peck, del que termina enamorándose:

El resto ya es historia. Audrey Hepburn se convierte de la noche a la mañana en una estrella, y además gana el Oscar a Mejor Actriz con su primera película en Hollywood (y su primer papel protagonista en cine), junto con el BAFTA y el Globo de Oro:

Volverá a estar nominada 4 veces al Oscar, pero no lo ganará de nuevo.

El contrato que ha firmado con la Paramount le obliga a filmar una única película al año, así que puede dedicar el resto de su tiempo al teatro, ganando ese mismo año (1954; recordemos que los Oscars de las películas de 1953 se entregan en 1954) el premio Tony por su trabajo en “Ondine”, en la que comparte escenario con Mel Ferrer, con quien se casará ese mismo año (pese a los 12 años de edad que se llevan).

Su siguiente película será a las órdenes de otro gran director, en este caso Billy Wilder, para quien protagoniza “Sabrina”, comedia romántica en la que dos hermanos de una rica familia (Humphrey Bogart y William Holden) se disputan el amor de la bella hija del chofer de la familia, personaje que interpreta Audrey:

Además de conseguir una nueva nominación al Oscar y de ganar el BAFTA, esta película le sirve a Audrey Hepburn para conocer al modisto Hubert de Givenchy, a quien será fiel el resto de su carrera. Además, durante el rodaje mantendrá un romance con William Holden.

Su siguiente papel es el de la Condesa Natasha Rostova en la adaptación de la obra de Leo Tolstoy “Guerra y Paz” que dirige King Vidor, en la que compartirá rodaje con su marido Mel Ferrer y con el gran Henry Fonda (Audrey solía estar emparejada en pantalla con actores mucho mayores que ella, que podrían ser su padre como mínimo). El rodaje de la película, de enormes dimensiones, se extiende en el tiempo y al final se estrena en 1956:

Audrey Hepburn resulta siempre encantadora en pantalla, y eso la convierte en la pareja ideal para Fred Astaire en “Una cara con ángel”, libre adaptación del musical de los hermanos Gershwin, que dirige Stanley Donen. A Audrey le hace especial ilusión participar en esta película y poder bailar con un mito como Astaire:

Esta película se estrena en 1957, mismo año en el que repite bajo las órdenes de Billy Wilder en una película menor de la filmografía del gran director y guionista austriaco, “Ariane”, en la que compartirá pantalla con Maurice Chevalier, que interpreta a su padre, y Gary Cooper, otra de esas parejas que le duplica en edad:

Su siguiente película será otra superproducción que tardará dos años en estrenarse, en 1959: “Historia de una monja”, de Fred Zinnemann, en la que interpreta a una monja dedicada a la medicina tropical que sufre constantes problemas de vocación, rechazando al enamorado doctor con el que trabaja, interpretado por Peter Finch, para terminar renunciando al monacato durante la II Guerra Mundial. Algunos aspectos del personaje le hacen sentirse identificada con él (su personaje renuncia a ser monja por no poder mantener la neutralidad hacia los nazis que han asesinado a su familia, algo que a ella también le había sucedido en la vida real) convierten este papel en uno de sus favoritos y más logrados de toda su filmografía:

Por este papel, Audrey Hepburn recibe su tercena nominación al Oscar, además de ganar su segundo BAFTA. No elige igual de bien su siguiente papel, en la película “Mansiones verdes”, que dirige su marido Mel Ferrer, en la que interpreta a una misteriosa mujer que vive en lo profundo de la selva sudamericana, a la que busca el aventurero Anthony Perkins:

Repite error al acepar rodar el western “Los que no perdonan”, que dirige John Huston, interpretando a la hija adoptada de una familia que se descubre que es en realidad una india, provocando el rechazo del resto de la comunidad, siendo defendida apenas por su hermanastro Burt Lancaster, que está enamorado de ella. Audrey sufrió un accidente montando a caballo durante el rodaje que le rompió la espalda y le provocó un aborto; el rodaje se detuvo hasta su recuperación, pero la película, estrenada en 1960,  resultó un fracaso:

Tras el traumático rodaje, Audrey Hepburn se toma un año de descanso, durante el que tiene a su primer hijo, Sean, en 1960.

Tras esta pausa, su retorno al cine no podía haber sido más a lo grande: se necesitaba a una actriz para interpretar a Holly Golightly, la protagonista de “Desayuno con diamantes” de Truman Capote. El escritor quería a Marilyn Monroe, pero ésta buscaba alejarse de esos personajes de mujer tonta que había interpretado hasta entonces, y el papel recayó en Audrey, que obligó a realizar modificaciones en el guión, suprimiendo la bisexualidad de Holly y reduciendo al máximo las menciones a su prostitución. La película, tras no poder ser realizada ni por William Wyler ni por Billy Wilder, ambos directores con los que Audrey ya había trabajado (una lástima, cualquiera de ellos habría hecho maravillas), fue dirigida por Blake Edwards y co-protagonizada por George Peppard. Pero si algo destaca de esta maravillosa película es la partitura que realiza Henry Mancini, en especial esa bellísima “Moon river” que compone adaptada a la pequeña extensión vocal de Audrey; el resultado es pura magia, y nadie ha conseguido superar la interpretación de esta canción que realiza la Hepburn:

Si la magia no existe, que me expliquen entonces qué es esto… imposible no enamorarse de ella.

“Desayuno con diamantes se estrena en 1961, mismo año en el que estrena también “La calumnia”, drama dirigido por William Wyler, en el que ella y otra profesora, Shirley McLaine, son acusadas de lesbianismo por una alumna, para terminar descubriéndose que McLaine sí que está enamorada de Hepburn. La película fue muy polémica en la época:

Su siguiente película se estrena en 1963, “Charada”, genial sátira del cine de intriga en la que vuelve a trabajar bajo las órdenes de Stanley Donen y con Cary Grant como pareja, en una de sus películas más geniales, que le valió su tercer BAFTA:

Otra de esas películas que no te cansas de ver.

En 1964 protagoniza junto a William Holden “Encuentro en París”, fallida película de cine dentro del cine, pero tendrá un éxito considerablemente mayor con “My fair Lady”, que dirige George Cukor. La protagonista debería haber sido la entonces desconocida en Hollywoood Julie Andrews, que había realizado el papel en Broadway, pero Audrey Hepburn aceptó el papel para evitar que recayera en manos de Elizabeth Taylor. Rex Harrison, su compañero de reparto, que quería a Julie Andrews en el papel, al principio no se lo perdonó, pero parece que Audrey tenía una extraña capacidad para llevarse bien con todos sus compañeros de reparto. En todo caso, aunque cantó todas su partes, la mayoría de las canciones fueron dobladas por Marni Nixon, aunque se conservan las versiones con la voz original de Audrey, como en este “I could have danced all night”, que le sobrepasa vocalmente:

Pese a que “My fair lady” arrasó en los Oscars, Audrey se quedó sin nominación, y el Oscar a mejor actriz lo ganó… Julie Andrews, por esa “Mary Poppins” que la lanzaría a la fama.

En 1966 vuelve a trabajar a las órdenes de William Wyler en la genial comedia romántica “Cómo robar un millón y…”, interpretando a la hija de un estafador que se enamora de un policía, interpretado por Peter O’Toole, que tendrá que ayudarle a ocultar la estafa de su padre:

En 1967 estrenará dos películas. La primera, “Sola en la oscuridad”, en la que interpreta a una mujer ciega atacada por unos delincuentes, le vale su quinta y última nominación al Oscar:

La otra es la genial comedia dramática “Dos en la carretera”, dirigida por Stanley Donen, en la que, junto a Albert Finney, interpretan a una pareja en los diferentes viajes que realizan por Francia en distintas etapas de su matrimonio, cada vez más en crisis, en un momento en el que Audrey pasaba por una situación similar:

Audrey Hepburn sufrió dos abortos más, y la prensa estaba empeñada en que la pareja estaba en crisis, en especial por el carácter dominante de Mel Ferrer. Y pese a que Audrey lo negara repetidas veces, terminaron divorciándose en 1968. Poco después, en enero de 1969, se casa con el psiquiatra italiano Andrea Dotti, y, pese a pensar que ya no podría tener más hijos, se queda embarazada. En esta ocasión quiere tener un embarazo tranquilo para evitar problemas, y se retira del cine. Su hijo Luca nace en 1970, y en 1974 tendrá un nuevo aborto. Permanecerá retirada varios años, cuidando de su familia, hasta su regreso al cine en 1976 con “Robin y Marian”, crepuscular adaptación de la historia de Robin Hood, junto a Sean Connery, de amargo final, inmejorablemente ambientado por una de las mejores partituras de John Barry:

Su regreso al cine fue muy bien acogido, pero de nuevo se equivocó en los papeles que escogió, protagonizando en 1979 “Lazos de sangre”, intriga mediocre junto a Ben Gazzara y James Mason:

Durante el rodaje mantiene una relación con Ben Gazzara, lo que en la práctica termina de romper su matrimonio, ya muy deteriorado por las infidelidades de él. Pese a todo, no se divorciarán hasta 1982. Audrey rodará una última película junto a Ben Gazzara, la comedia “Todos rieron”, en 1981, que al igual que la anterior fue un fracaso que potenció una segunda retirada de la actriz. Sólo volverá a trabajar en el telifil “Amor entre ladrones” en 1986, teniendo su aparición final en 1989 en un breve papel en “Para siempre”, de Steven Spielberg, interpretando al ángel que se le aparece al fallecido Richard Dreyfuss, en una de las peores películas del director, que sólo se recuerda precisamente por Audrey:

Desde 1980, Audrey tendrá una relación estable con el actor Robert Wolders, aunque nunca llegarán a casarse, siendo esta la etapa más feliz de su vida, según afirmó ella.

En 1989 es nombrada Embajadora de Buena Voluntad de UNICEF, lo que le llevará a viajar a Etiopía, Sudán del Sur, Vietnam y Somalia. En 1990 recibirá un Globo de Oro Honorífico Cecil B. de Mille:

A su regreso de Somalia, en 1992, acude al médico por un dolor abdominal que revelará que padece desde hace tiempo un cáncer de colon y que ha producido metástasis. Retirada en su casa de Suiza para pasar sus últimas navidades en familia, muere mientras duerme el 20 de enero de 1993, siendo enterrada en el cementerio de Tolochenaz, localidad próxima a Lausana en la que murió:

Un año después, en 1994, se le otorgará el Oscar Humanitario Jean Hersholt a modo póstumo, reconociendo así su labor humanitaria en UNICEF:

Nos dejaba con sólo 63 años y una filmografía bastante breve, pero realmente magnífica, Audrey Hepburn es para muchos un icono de la moda, algo de lo que ella siempre quiso huir, pero fue en realidad el prototipo de estrella sencilla que encandilaba al público y se preocupaba por los demás. Una grande que nunca será olvidada por sus innumerables fans, entre los cuales me encuentro.



40 años de la muerte de Howard Hawks (26-12-2017)


Una de las grandes discusiones cinéfilas es tratar de acordar cuál ha sido la mayor injusticia de los Oscars. Las propuestas son numerosas: Hitchcock, Cary Grant, Greta Garbo… hoy vamos a hablar de alguien que muy bien podría ocupar ese triste lugar, uno de los mejores directores de cine de la historia, versátil, capaz de hacer genialidades en innumerables géneros, que no sólo no ganó nunca un Oscar, sino que además sólo fue nominado en una única ocasión. Hoy, aprovechando el 40º aniversario de su muerte, hablamos de Howard Hawks.




Howard Winchester Hawks nació el 30 de mayo de 1896 en Goshen, en el estado de Indiana. Fue el mayor de los 6 hijos que tuvieron Frank y Hellen Hawks, familia acomodada que se había casado un año antes. Por problemas de salud de una de sus hermanas, la familia se traslada definitivamente a California en 1910. Howard Hawks estudia ingeniería mecánica en Nueva York, donde entra en contacto con el teatro, y se alista en las fuerzas armadas durante la I Guerra Mundial, en el ejército del aire, ya que tanto él como su hermano Kenneth eran pilotos aficionados.

Howard Hawks era además aficionado a las carreras de coches, en las que en 1916 conocerá a otro piloto aficionado, Victor Fleming, que había comenzado a trabajar en Hollywood como director de fotografía. Así, terminada la Guerra, Hawks consigue trabajo en la industria cinematográfica gracias a Fleming, consiguiendo ser director de fotografía de Cecil B. de Mille, entre otros.

En 1926, la Fox le ofrece dirigir sus propias películas (aunque ya había dirigido algunas escenas de las películas en las que trabajaba), siendo su debut “El espejo del alma”, hoy perdida, de la que filmará un remake, ya en cine sonoro, 10 años después. En total dirigirá 8 films mudos. Mientras, en 1928 se casa por primera vez, con Athole Shearer, hermana de la actriz Norma Shearer, de la que se divorciará en 1940.

En 1930 debuta en el cine sonoro, en el drama bélico “La escuadrilla del amanecer”, ambientado en la I Guerra Mundial en la fuerza aérea, basada en una historia de John Monk Saunders en la que al parecer el propio Hawks intervino, y que protagonizó la estrella del momento, Richard Barthelmess:

Ese mismo año, su hermano Kenneth fallece en un accidente de avión mientras dirige una escena de aviación en la película “Such men are dangerous”.

En 1931 dirige el drama carcelario “El código criminal”, que muchos consideran una de sus mejores películas, con Walter Huston como el alcalde de una prisión que trata de rescatar a un joven, Philips Holmes, al que años atrás, siendo abogado, consiguió encarcelar. En la película aparece además el gran Boris Karloff:

Problemas con la censura (el Código Hays que ya se estaba creando por esas fechas) provocan el retraso del estreno de su siguiente película, la genial “Scarface”, mito del cine de gangsters producida por el excéntrico Howard Hughes y protagonizada por un enorme Paul Muni:

También en 1932 estrena un drama ambientado en el mundo de las carreras de coches, “Avidez de tragedia”, protagonizada por James Cagney, y el drama “Pasto de tiburones”, con un triángulo amoroso encabezado por Edward G. Robinson:

En 1933 dirige el drama bélico “Vivamos hoy”, con un triángulo amoroso formado por Gary Cooper, Joan Crawford y Franchot Tone. Hawks ha dirigido dramas bélicos, aventuras, cine negro, dramas amorosos… pero en 1934 se convierte en uno de los creadores del género cinematográfico por excelencia de los años 30, las screwball comedies, al dirigir “La comedia de la vida”, considerada, junto con “Sucedió una noche” de Frank Capra, la primera en el género. Comedia de ritmo alocado y diálogos delirantes, protagonizada por John Barrymore y Carole Lombard, es una sátira del mundo del teatro:

En 1935 estrena “La ciudad sin ley”, drama criminal, de nuevo con un triángulo amoroso de fondo, con un Edward G. Robinson que actúa como el mafioso dueño y señor de San Francisco en el siglo XIX y que se pelea con el iluso Joel McRea por el amor de Miriam Hopkins:

En 1936 estrena “Camino a la gloria”, remake de la primera película que dirigió, “El espejo del alma”, drama bélico protagonizado por Fredric March; estrena también otro film de aviación, “Águilas heroicas”, protagonizado por James Cagney, y comienza a dirigir el drama “Enemigos”, con Edward Arnold, Joel McRea, Frances Farmer y Walter Brennan, pero problemas con el productor, Samuel Goldwyn, provocan que sea sustituido en mitad del rodaje por William Wyler.

Su carrera llega a uno de sus puntos culminantes con su siguiente película, la genial Screwball comedy (quizá la mejor en su género) “La fiera de mi niña”, con Cary Grant, Katherine Hepburn y dos leopardos, uno pacífico y otro salvaje. Risas aseguradas:

El personaje de Katherine Hepburn en este film cumple con el estereotipo de mujer hawksiana: de lengua vivaz, capaz de vencer al hombre en combate dialéctico y de hacer lo que sea con tal de salirse con la suya. No es que Howard Hawks fuera un feminista, desde luego, pero en sus películas las mujeres no sufren la acción ni son personajes pasivos o sufridores, sino justo lo contrario.

En 1939 dirige otra de sus películas de aviación, “Sólo los ángeles tienen alas”, de nuevo con un triángulo amoroso formado por Cary Grant, Jean Arthur y Rita Hayworth:

En 1940 estrena “Luna nueva”, adaptación de la obra teatral “Primera plana”, llevada al cine en numerosas ocasiones, en otro magistral ejemplo de Screwball comedy protagonizada por Cary Grant y Rosalind Russell:

1941 es uno de sus mejores años. Por un lado estrena “Bola de fuego”, genial adaptación del cuento de Blancanieves y los 7 enanitos con guión de Billy Wilder y Charles Brackett, protagonizada por Gary Cooper y Barbara Stanwyck:

Y estrena también “El sargento York”, drama bélico sobre un joven campesino que tiene que ir a la guerra, interpretado de nuevo por Gary Cooper:

Por esta película recibirá Howard Hawks la única de sus nominaciones al Oscar, como mejor director. Perderá frente al gran John Ford.

Su siguiente película, estrenada en 1943, es un film de propaganda bélica en plena II Guerra mundial, contando la historia de un grupo de militares de la fuerza aérea que se ven sorprendidos por el bombardeo de Pearl Harbour, y que será su última película ambientada en el mundo de la aviación:

En 1944 estrena la adaptación de la obra de Ernest Hemingway “Tener y no tener”, drama bélico y cine negro al mismo tiempo, la primera película que protagonizaron juntos Humphrey Bogart y la recién llegada Lauren Bacall:

El éxito de la película y de la pareja le lleva a repetir fórmula en 1946 con “El sueño eterno”, cine negro de muy difícil comprensión pero que sigue siendo un clásico del género:

En 1948 debuta en un nuevo género que le traerá grandes éxitos, el western, con la magnífica “Río Rojo”, con Montgomery Clift en uno de sus primeros (y mejores papeles) y con un John Wayne que demostró que podía ser un gran actor (o al menos se lo demostró a su amigo John Ford, que por lo visto no creía tanto en él como Hawks):

Ese mismo año dirige un remake en clave musical de “Bola de fuego”, “Nace una canción”, de la que no se sentirá especialmente orgulloso, protagonizada por Danny Kaye y Virginia Mayo:

En 1949 regresa a la Screwball comedy con “La novia era él”, disparatada historia de un soldado que tiene que disfrazarse de mujer para volver a América junto a su mujer, protagonizada por Cary Grant y Ann Sheridan:

En 1951 produce y, al parecer, dirige buena parte del film de terror “El enigma de otro mundo”, dirigida en teoría por Christian Nyby:

En 1952 estrena un nuevo western, “Río de sangre”, protagonizado por Kirk Douglas, y otra Screwball comedy, “Me siento rejuvenecer”, de nuevo con Cary Grant, en este caso junto a Ginger Rogers, Marilyn Monroe, Charles Coburn y un chimpancé (siempre hay algún animal de por medio en sus crewball comedies: en “La fiera de mi niña” era un leopardo, y aquí un chimpancé):

Y repite con Marilyn Monroe en 1953 en la genial “Los caballeros las prefieren rubias”, junto a Jane Russell y Charles Coburn, en otra de sus mejores comedias:

En 1955 dirige un film histórico, la poco realista pero no por ello menos brillante “Tierra de faraones”, con Jack Hawkins y Joan Collins:

Tras 4 años sin estrenar nada, en 1959 estrena el primer film de su trilogía de westerns, la magnífica “Río Bravo”, que sigue un esquema similar al de las dos siguientes: un reducido grupo encabezado por el sheriff se enfrenta a una banda de matones (oponiéndose así al modelo de “Solo ante el peligro”). En este caso los protagonistas son John Wayne, Walter Brennan, Dean Martin, Ricky Nelson y Angie Dickinson:

Si no existiera John Ford, este sería probablemente el mejor western de la historia.

Y cambiamos de género. En 1962 nos lleva de aventura a la sabana de Tanzania en la genial “Hatari!”, protagonizada por John Wayne y Elsa Martinelli:

Tengo una predilección especial por esta película.

En 1964 dirigió su última comedia, “Su juego favorito”, con Rock Hudson y Paula Prentiss, y en 1965 vuelve al mundo del automovilismo con “Peligro… línea 7000”. Pero será en 1966 cuando vuelva a su mejor estilo con el segundo western de su trilogía, “El Dorado”, con John Wayne, Robert Mitchum y James Caan:

Y Howard Hawks se retirará del cine en 1970 con la última entrega de la trilogía, “Río Lobo”, de nuevo con John Wayne, Jorge Rivero y el hijo de Robert Mitchum, Christopher. No tenemos ninguna escena en Youtube que compartir.

Probablemente esta retirada del cine fuera un aviso a la Academia,que así se vio en la obligación de reconocer una de las más brillantes trayectorias como director cinematográfico con un Oscar honorífico en 1977 que le entregará, como no, John Wayne:

Howard Hawks sobrevivirá dos años más. Un accidente con su perro le provocará una caída de la que no se recuperará, muriendo el 26 de diciembre de 1977 a los 81 años.

Con Howard Hawks se nos iba uno de los más brillantes y polifacéticos directores de Hollywood, autor de numerosas obras maestras y, por qué negarlo, uno de mis directores favoritos.

70 años de la muerte de Ernst Lubitsch (30-11-2017)


Rey absoluto de la comedia elegante y del musical operetístico del Hollywood dorado de los años 30 y 40, el nombre de Ernst Lubitsch sigue hoy día trayéndonos a la mente ese inmenso talento para la ironía que desprenden las innumerables películas que dirigió, pese a su temprana muerte, de la que hoy se cumplen 70 años.




Ernst Lubitsch nació en Berlín el 28 de enero de 1892, hijo de un sastre que quería que su hijo siguiera con la empresa familiar. Pero Lubitsch se sentía atraído por el teatro, por lo que en 1911 se enrola en la compañía teatral de Max Reinhardt, debutando en cine en 1913. Pero en 1916 debuta como director, y abandona paulatinamente su carrera interpretativa, que termina en 1920.

Su carrera como director de cine en Alemania combina comedias y dramas históricos, contando a menudo con la colaboración de actores tan prestigiosos como Pola Negri o Emil Jannings, que trabajarán para él en 1919 en “Madame duBarry”:

Con Pola Negri ya había trabajado en la famosa adaptación de “Carmen” que dirigió en 1918:

En 1920 dirige “Ana Bolena”, con Emil Jannings en el papel de Enrique VIII:

En 1922, Ernst Lubitsch, incómodo en la Alemania de post-guerra, se traslada a Estados Unidos, donde en 1923 es contratado por la actriz Mary Pickford para que la dirija en “Rosita, la cantante callejera”:

La película es un éxito, lo que le permite firmar un contrato con la Warner.  Destaca de su filmografía de cine mudo su adaptación de la obra de Oscar Wilde “El abanico de Lady Windermere”, que protagonizará el gran Ronald Colman:

Pero la Warner no aprovecha bien sus películas, así que Ernst Lubitsch rompe el acuerdo con la compañía y comienza a trabajar para otras productoras, como la Metro, para la que dirige en 1927 “El príncipe estudiante”, que protagonizan Ramon Novarro y Norma Shearer:

Está será su última película muda. Se estrena en el cine sonoro en 1928 con “The patriot”, hoy perdida pero que le valió la primera de las tres nominaciones al Oscar que recibirá a lo largo de su carrera, aunque no lo llegue a ganar nunca. La segunda nominación la recibirá en 1929 por “El desfile del amor”, comedia musical que supone su primera colaboración con Maurice Chevalier y Jeanette MacDonald:

En 1931 adapta la opereta de de Oscar Strauss “El teniente seductor”, comedia de enredos amorosos protagonizada por Maurice Chevalier, Miriam Hopkins y Claudette Colbert:

En 1932 vuelve a adaptar otra opereta de Oscar Strauss, en este caso en “Una hora contigo”, comedia sobre infidelidades matrimoniales que protagonizan dos de sus actores habituales, Maurice Chevalier y Jeanette MacDonald:

Ese mismo año, Ernst Lubitsch dirige su última película dramática, “Remordimiento”, pero tiene su mayor éxito con la genial comedia “Un ladrón en la alcoba”, protagonizada por Miriam Hopkins y Herbert Marshall, además de contar con uno de sus secundarios habituales, Edward Everett Horton:

En 1933 estrena su adaptación de la obra de Noël Coward “Una mujer para dos”, con un ménage-a-trois entre Fredric March, Miriam Hopkins y Gary Cooper:

La película consiguió pasar a duras penas la censura, pero será retirada del mercado poco después tras la implantación del ultracatólico Código Hays, que también hará desparecer “Un ladrón en mi alcoba”. Lubitsch, para sortear la censura, crea un estilo propio, conocido como “toque Lubitsch”, en el que sugiere con ironía situaciones que el espectador tendrá que imaginar, consiguiendo con ello mordaces críticas sociales y morales.

En 1934 dirigirá su último musical, la adaptación de la opereta de Franz Léhar “La viuda alegre”, menos problemática para la censura que las obras de Oscar Strauss, y que protagonizarán, de nuevo, Maurice Chevalier, Jeanette MacDonald y Edward Everett Horton:

En 1935, Ernst Lubitsch se casa por segunda vez, con la actriz británica Vivian Gaye, con la que tendrá a su única hija, Nicola, en 1938. En 1936 obtiene la ciudadanía estadounidense. También en 1935 se convierte en jefe de producción de la Paramount, pero su incapacidad para delegar, mientras se hace cargo de hasta seis películas la mismo tiempo, le llevan a renunciar un año después y volver a su labor como director, que retoma en 1937 con “Ángel”, protagonizada por Melvyn Douglas y Marlene Dietrich. Y en 1938 vuelve a trabajar con Gary Cooper y Claudette Colbert en “La octava mujer de Barba Azul”:

Pero su gran obra maestra llega en 1939, cuando por fin dirige a Greta Garbo en la que será la primera comedia de La divina, “Ninotchca”, genial sátira política entre comunismo y capitalismo que es famosa por ver a Garbo reír, junto a un no menos genial Melvyn Douglas:

El guión de la película está escrito, entre otros,por Billy Wilder, quien será un gran admirador de Lubitsch y su más digno heredero. Pero Lubitsch, incomprensiblemente, se queda sin nominación al Oscar.

En 1940 dirige otra de sus obras maestras, “El bazar de las sorpresas”, con James Stewart y Margaret Sullavan como dos compañeros de trabajo que no pueden ni verse pero que sin saberlo se aman por correspondencia:

Tras dirigir en 1941 la menor “Lo que piensan las mujeres”, divertida comedia con Melvyn Douglas, Merle Oberon y Burgess Meredith, en 1942 estrena otra de sus obras maestras, “Ser o no ser”, genial sátira política anti-nazi con Carole Lombard encabezando el reparto de una compañía teatral que trata de escapar de la Polonia ocupada por los nazis, teniendo que recurrir su director a la ayuda del militar amante de su mujer:

De nuevo, incomprensiblemente, se queda sin nominación al Oscar, cosa que sí conseguirá en 1943 con “El diablo dijo no”, comedia protagonizada por Don Ameche, en la que, tras morir, le cuenta al diablo su historia y este decide que no le corresponde ir al infierno:

El siguiente proyecto de Ernst Lubitsch será “La zarina”, remake de una anterior película muda suya, “Forbidden Paradise”, pero problemas de salud le llevan a abandonar el proyecto, que será concluido por Otto Preminger. Con la salud recuperada, en 1946 estrena su última película, la comedia “El pecado de Cluny Brown”, protagonizada por Charles Boyer y Jennifer Jones:

En 1947 recibe un Oscar honorífico cuando sus problemas de salud dejan claro que no optará a ganar el premio de otra forma. Y así es: mientras trabaja en “La dama del armiño”, sufre un infarto y muere el 30 de noviembre de 1947, siendo enterrado en Glendale. La película será terminada de nuevo por Otto Preminger y estrenada en 1948.

Ernst Lubitsch es a día de hoy un nombre poco menos que mítico, la imagen de un director de comedia irónico, sutil y lleno de chispa, alguien de quien tanto deberían aprender las grandes figuras de la comedia del Hollywood actual.



25 años de la muerte de Anthony Perkins (12-09-2017)


Hay intérpretes que se encasillan en un género cinematográfico, para bien o para mal, pero los hay, pocos por suerte, que han tenido la desgracia de ser relacionados siempre con un único papel del que parece que nunca pueden librarse. Anthony Perkins con su Norman Bates es quizá el caso paradigmático, por desgracia para un actor de enorme talento cuyo recuerdo, tras su desaparición hace 25 años, se conserva sólo por el villano de Psicosis.




Anthony Perkins nació en Nueva York el 4 de abril de 1932, siendo el único hijo de Janet Esselstyn y del actor cinematográfico Osgood Perkins, que murió de un infarto 5 años después. Pese a apenas haberle conocido, Perkins siguió los pasos de su padre y debuta en el cine en 1953, en la película de George Cukor “La actriz”, en la que interpreta al joven enamorado de la protagonista, Jean Simmons. Pero será con su segundo papel, en 1956, en el clásico de William Wyler “La gran prueba” con el que salte al estrellato, interpretando al hijo mayor de la familia de cuáqueros formada por Gary Cooper y Dorothy McGuire:

Por este papel selleva su única nominación al Oscar (algo sorprendente e imperdonable) y un Globo de Oro a la mejor nueva estrella.

Anthony Perkins es miembro del Actor’s studio, y compagina su labor cinematográfica con la teatral, además de grabar varios discos como cantante (bajo el nombre de Tony Perkins), publicando el primero en 1957, del que destaca el tema “Moonlight swim”:

Tras participar en dos westerns en 1957, en 1958 gana un premio Tony por su trabajo en la obra teatral “Look Homeward, Angel”. Ese mismo año tiene también su primer papel protagonista en la comedia “La casamentera”, junto a Shirley Booth y Shirley McLaine:

Y protagoniza también el drama de época “Deseo bajo los olmos”, en el que se enfrenta a su tiránico padre, interpretado por Burl Ives, y se enamora de su madrastra, Sofia Loren:

En 1959 protagoniza “Mansiones verdes”, junto a Audrey Hepburn, ambientada en la selva venezolana:

Y tiene también un destacado papel en el drama nuclear “La hora final” de Stanley Kramer, junto a Gregory Peck, Ava Gardner y Fred Astaire, en la que interpreta a un joven militar australiano que tiene que asumir que él y su familia van a morir a causa de la nube radiactiva:

En 1960 protagoniza en Broadway el musical “Greenwillow” de Frank Loesser, por el que recibe una nueva nominación al Tony. Le escuchamos aquí, años después, cantando una de las piezas más conocidas de este musical “Never will I marry”:

En 1960 protagoniza también la comedia romántica “Me casaré contigo” de Joshua Logan junto a Jane Fonda, pero si ese año destaca por algo, es por ser elegido por Alfred Hitchcock para protagonizar una de sus más míticas películas, “Psicosis”, en la que su carácter tímido y en apariencia inofensivo esconde a un psicópata. Su magistral interpretación de Norman Bates es ya mítica:

Ese magistral primer plano final, con esa inquietante mirada, no le sirvió para recibir la nominación al Oscar que merecía.

Pero su mejor papel, en mi opinión, está por llegar. Será en 1961, en “No me digas adiós”, de Anatole Litvak, en la que interpreta al joven que se interpone en la abierta pareja formada por Ingrid Bergman e Yves Montand. Su carácter tímido e introvertido le va perfecto al papel, pero, de nuevo, los premios no le hacen justicia (bueno, no del todo: se lleva el premio al mejor actor en el Festival de Cannes, nada menos):

Los siguientes años su carrera transcurre en Europa. Anthony Perkins domina el francés, como podemos comprobar en esta canción que graba en 1963:

Así, en 1962 rueda “Fedra” de Jules Dassin junto a Melina Mercouri y “Un abismo entre los dos”, de nuevo de Anatole Litvak, junto a Sofia Loren. Rueda además en Francia “El proceso” de Orson Welles, basada en la obra de Franz Kafka, interpretando al protagonista, Josef K:

De sus siguientes papeles, habría que destacar su breve participación en la coral cinta bélica “¿Arde París?” de René Clément, en la que interpreta a uno de los primeros soldados americanos que entran en París para expulsar a los nazis.

En 1967 protagoniza otro musical, en este caso en televisión, “Evening Primrose”, con música de Stephen Sondheim (con quien al parecer tuvo una relación), del que escuchamos la canción “If you can’t find me, I’m here”:

Su carrera no le depara más grandes éxitos. Rueda junto a Paul Newman “Un hombre de hoy” en 1970 y “El juez de la horca” en 1972, y tiene un pequeño papel en 1974 en la genial adaptación de la obra de Agatha Christie “Asesinato en el Orient Express” de Sidney Lumet:

El 9 de agosto de 1973, Anthony Perkins, quien al parecer hasta pocos años antes sólo había tenido relaciones con hombres, se casa con la actriz y fotógrafa Berry Berenson. Con ella tendrá dos hijos: Oz en 1974 y Elvis en 1976.

Mientras decae su carrera cinematográfica, el teatro le trae nuevos éxitos, como su trabajo en “Equus” en 1974. También trabaja en televisión, donde en 1978 interpreta a Javert en la película televisiva “Los Miserables”:

En 1979 trabaja en la película de ciencia ficción de Disney “El abismo negro”:

Pero, encasillado en el cine de terror, vuelve a interpretar a Norman Bates en 3 nuevas ocasiones. De hecho, en 1986 no sólo protagoniza “Psicosis III”, sino que también la dirige:

Incluso repite como director en la comedia de terror “Un tipo con suerte”, pero no consigue relanzar su carrera, relegada a películas de baja calidad. Además, en 1990, durante el rodaje de “Psicosis IV” se le diagnostica SIDA. Pese a todo, en 1992 todavía rueda el thriller televisivo “In the deep woods” junto a Rosanna Arquette:

Finalmente, el 12 de septiembre de 1992, una neumonía termina con la vida de Anthony Perkins a los 60 años. Su mujer le sobrevive 9 años: un día antes de que se cumplieran esos 9 años, moría en uno de los aviones que se estrellaron contra el World Trade Center en los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Anthony Perkins es uno de los más trágicos casos de actor encasillado: con un enorme talento, su vinculación al personaje que le lanzó a la fama arruinó el resto de su carrera. Y, pese a todo, nos dejó unos cuantos papeles que le hacen merecer ser recordado como un grandísimo actor.



120 años del nacimiento de Fredric March (31-08-2017)


Hace pocos días hablábamos de Paul Muni, una estrella del Hollywood de los años 30 hoy caída en el olvido. Hoy vamos a hablar de otra gran estrella del Hollywood de los años 30 y 40 (incluso de los 50) hoy bastante olvidada, pese a tener en su haber 2 Oscars y dos Tony (y que además es uno de mis actores favoritos), un día después de que se cumplan 120 años de su nacimiento: hoy hablamos de Fredric March.




Ernest Frederick McIntyre Bickel, que era el nombre real de Fredric March, nació el 31 de agosto de 1897 en Racine, estado de Wisconsin. Su padre, John F. Bickel, era un comerciante y anciano prebiteriano, mientras que su madre, Cora Brown Marcher, era profesora. Fredric estudió en su ciudad natal hasta trasladarse a Madison para asistir a la universidad. Sirvió en la I Guerra Mundial como teniente de artillería y comenzó su carrera profesional trabajando en un banco. Pero una apendicitis le hizo replantearse su vida y se interesó por la interpretación, comenzando en 1920 a trabajar como extra en películas filmadas en Nueva York. Es entonces cuando adopta el nombre de Fredric March, usando una abreviatura del apellido de soltera de su madre.

En 1921 se casa con Ellis Baker, de la que se divorcia en 1927. Un año antes había comenzado a trabajar en Broadway, donde conoce a la que será su segunda esposa, Florence Eldridge, con la que se casa en 1927. Esta segunda unión durará hasta la muerte de él, y adoptaran dos niños. Su éxito en el teatro le lleva a firmar un contrato con la Paramount en 1929, año en el que rueda varias películas, las primeras en las que aparece acreditado.

Será en 1930 cuando se produzca su salto a la fama, con la comedia ambientada en el teatro “The royal family of Broadway”, en la que interpreta un personaje inspirando en el gran actor de la época John Barrymore. Este papel le supuso su primera nominación al Oscar:

Su consagración definitiva vendrá un año después, en 1931, al protagonizar “El hombre y el monstruo”, adaptación del “Doctor Jeckyll y Mr. Hyde” de Robert Louis Stevenson, dirigido por Rouben Mamoulian y acompañado por Miriam Hopkins:

Por este papel vuelve a estar nominado al Oscar. Y ese año se produce algo insólito: dos actores se llevarán el premio: Wallace Beery por “Campeón” y el propio March, pese a tener un voto más que Beery; en aquella época, un voto de diferencia se consideraba insuficiente para proclamarse ganador único.

Convertido ya en un actor de gran prestigio, en 1932 es elegido para protagonizar, junto a Norma Shearer, la esposa del productor Irving Thalberg, el drama romántico “La llama eterna”:

También protagoniza “El signo de la cruz”, drama de época dirigido por Cecil B. de Mille ambientado en la Roma de Nerón, junto a Charles Laughton y Claudette Colbert:

En 1933, protagoniza junto a Cary Grant el drama bélico “El águila y el halcón”, y destaca en la comedia de Ernst Lubitsch “Una mujer para dos”, compartiendo a Miriam Hopkins con Gary Cooper, y con Edward Everett Horton, habitual en el cine de Lubitsch, en el reparto:

En 1934 repite junto a Norma Shearer en un nuevo drama romántico, ambientado en el siglo XIX, en la que tiene que vencer la tiranía del padre de ella, un genial Charles Laughton, para conseguir a su amada:

Protagoniza también la comedia de aventuras “El burlador de Florencia”, interpretando al escultor Benvenutto Cellini, y “La muerte de vacaciones”, en la que interpreta a la muerte, que quiere saber por qué los humanos le temen tanto y se transforma en uno de ellos:

1935 será un gran año para Fredric March. Además de protagonizar “El ángel de las tinieblas”, drama romántico junto a Merler Oberon y Herbert Marshall, visto su éxito en grandes adaptaciones literarias, es elegido para protagonizar dos de ellas. La primera, la adaptación que Richard Boleslawsky realiza de la mítica obra de Victor Hugo “Los miserables”, en la que interpreta al propio Jean Valjean, junto al Javert de Charles Laughton y en la que su mujer, Florence Eldridge, interpreta a Fantine. Su trabajo en esta película es realmente excepcional, y es difícil imaginar a cualquier otro actor del momento capaz de interpretar un personaje tan complejo con semejante nivel:

La otra es la “Ana Karenina” de Clarence Brown, en la que tiene que medirse junto a la inmensa Greta Garbo. Pese a tener 8 años más que la Divina, interpreta a su joven enamorado, el Conde Vronsky, y pese a la irregular adaptación de la obra de Tolstoy, sale bien parado del envite. Comparte reparto junto a Basil Rathbone, Freddie Bartholomew y Maureen O’Sullivan:

En 1936 le tenemos en otra gran adaptación literaria, “El caballero Adverse”, drama de aventuras junto a Olivia de Havilland, interpretando a un personaje ambiguo, que se tiene que enfrentar a los villanos Claude Rains y Gale Sondergaard, él mismo es en realidad un anti-héroe:

Ese mismo año es seleccionado por John Ford para interpretar en “Maria Estuardo” al conde James Hepburn de Bothwell, tercer marido de la reina interpretada por Katherine Hepburn, mientras su esposa Florence Eldridge interpreta a Isabel I:

En 1937 estrena otras dos grandes películas, ambas dirigidas por William A. Wellman y ambas en color. la primera es la comedia dramática “La reina de Nueva York”, en la que interpreta a un periodista que sigue la historia de una mujer supuestamente envenenada por radio, interpretada por Carole Lombard:

La otra es la genial “Ha nacido una estrella”, en la que interpreta a la estrella caída en desgracia Norman Maine, que ve como su mujer, interpretada por Janet Gaynor, alcanza la fama que él tenía y ya no puede recuperar. Por este papel recibe una nueva nominación al Oscar:

Con 40 años, Fredric March todavía es contratado para interpretar a galanes románicos, aunque su versatilidad de estilos es casi insólita en una época de constantes encasillamientos. Pero en 1937 decide volver a Broadway, ya que le interesa más el teatro que el cine. Sigue pese a todo trabajando en Hollywood, aunque no firma contratos de larga duración, manteniendo así su libertad artística. Las películas que estrena en 1938 pasaron sin pena ni gloria, y sus siguientes papeles no son especialmente recordados, aunque se puede destacar su papel en “Susana y Dios” de 1940, interpretando al esposo de Joan Crawford:

Destaca también en 1942 en la comedia romántica “Me enamoré de una bruja” junto a Veronica Lake, en el papel que interpretará años después James Stewart en el remake:

Su regreso por la puerta grande a Hollywood se produce con el drama de William Wyler “Los mejores años de nuestra vida”, drama que narra la vuelta a casa de tres veteranos de la II Guerra Mundial: Dana Andrews, el soldado real Harold Russell y el propio March, que regresa junto a su mujer Myrna Loy y ve con malos ojos como su hija, Teresa Wright, se enamora de Dana Andrews:

La película fue un enorme éxito, y ganó 7 Oscars, entre ellos Mejor Película y Director, y el propio Fredric March se llevó su segundo Oscar. Y en 1947 se lleva su primer Tony por su papel en la obra teatral “Years ago”, escrita por Ruth Gordon. Su talento está ya sobradamente reconocido.

Su siguiente papel cinematográfico relevante será en 1951 en “Muerte de un viajante”, adaptación de la obra teatral de Arthur Miller que March había rechazado interpretar en teatro. Esta interpretación le valió su quinta y última nominación al Oscar, además de ganar el Globo de Oro:

Fredric March ya no tiene aspecto de galán romántico, y eso le relega en cine a papeles secundarios, aunque todavía protagoniza en 1953 “Fugitivos del terror rojo”, película de Elia Kazan que demoniza a los comunistas en un intento por excusar su actitud durante la caza de brujas. No deja de sorprender que March se prestara a colaborar en este panfleto conservador siendo, al igual que su esposa, un conocido demócrata.

En 1954 presenta la entrega de los Oscars, tirando de seriedad e ironía frente a la comicidad del otro presentador, Donald O’Connor:

Tras papeles secundarios en películas como “La torre de los ambiciosos” (por la que se llevará una nominación al BAFTA) o “Los puentes de Toko-Ri”, y de trabajar en televisión en “The best of Broadway”, por la que se lleva una nominación al Emmy, en 1955 vuelve a tener un papel importante en “Horas desesperadas”, en la que su familia es secuestrada en su hogar por Humphrey Bogart:

Ya como secundario, en 1956 interpreta al jefe de Gregory Peck en “El hombre del traje gris”:

Y ese mismo año interpreta a Filipo de Macedonia, padre de “Alejandro Magno”, interpretado por Richard Burton y dirigida por Robert Rossen:

En 1957 gana su segundo premio Tony por su papel teatral en “Larga jornada hacia la noche”, en la que trabaja de nuevo junto a su mujer, que no se lleva el premio pese a estar nominada.

Tras recibir una segunda nominación al Globo de Oro en 1959 por su papel en “En mitad de la noche”, en 1960 comparte pantalla con Spencer Tracy (quien fuera su rival para conseguir el papel que interpretó en “Horas desesperadas”) en la genial adaptación de Stanley Kramer del drama judicial “La herencia del viento”, en la que de nuevo comparte escena con su mujer:

Pocas veces un actor tan contenido como él se mostró tan histriónico, en un papel que, por otro lado, lo requería.

De sus pocos papeles posteriores destaca su labor en “Siete días de mayo”, en la que interpreta al presidente de Estados Unidos que, en plena Guerra Fría, sabe que uno de sus generales pretende derrocarle, en una película en la que participan Kirk Douglas, Ava Gardner, Burt Lancaster y Edmond O’Brien, y que le vale una tercera y última nominación al Globo de Oro:

Su último papel cinematográfico relevante es en 1967 en “Un hombre”, protagonizada por Paul Newman. Fredric March, que además de en cine, teatro y televisión, ha trabajado realizando grabaciones como narrador, sufre una operación a causa del cáncer de próstata que padece en 1970, lo que parece haber acabado con su carrera; de ahí la sorpresa de verle en 1973 en la adaptación televisiva de la obra teatral “El repartidor de hielo”, dirigida por John Frankenheimer, junto a Lee Marvin, Robert Ryan y Jeff Bridges:

Finalmente, el 14 de abril de 1975 sucumbía al cáncer de próstata que padecía a los 77. Fue enterrado en su residencia de New Milford, en Connecticut, donde será enterrada también su viuda Florence al morir en 1988.

Fredric March fue uno de las estrellas más populares de los años 30 gracias a su inmenso talento y versatilidad, pero el paso de los años no ha jugado en su favor. Hay que volver a ver todos esos grandes papeles que nos legó para situarle de nuevo en el lugar que le corresponde.



20 años de la muerte de Fred Zinnemann (14-03-2017)


Hoy hace 20 años que nos dejaba un director ganador de cuatro Oscars (dos a mejor director y otros dos por sus cortos) y autor de algunas de las más míticas películas del cine de los años 50 a 70: Fred Zinnemann.




Y todo esto podría haberse ido al traste con los nazis. El cine, fue, como en algunos otros casos, lo que salvó de la muerte de Fred Zinnemann. Su nombre de nacimiento era Alfred Zinnemann, y nació el 29 de abril de 1907 en la ciudad de Rzeszów, por aquel entonces parte del Imperio Austro-Húngaro, actualmente perteneciente a Polonia. Era el primero de los dos hijos que tuvieron Oskar, médico de profesión, y Anna, ambos judíos.

Si bien de niño Fred quería ser músico, estudió derecho en la Universidad de Viena, graduándose en 1927. Pero durante su estancia como estudiante en Viena se siente atraído por el cine, y convence a sus padres para estudiar cinematografía en París en la Escuela Técnica de Fotografía y Cinematografía. Después trabaja en Berlín, donde ejerce precisamente las funciones de cinematógrafo (o director de fotografía) del film mudo “Los hombres del domingo”, en el que participaban futuras estrellas de Hollywood, Robert Siodmark como director y guionista y Billy Wilder como guionista. Esta estancia en Berlín le pone en contacto con el realismo cinematográfico alemán, que influirá en toda su carrera posterior. Poco después, desencantado con la situación social en Alemania y ante la llegada del cine sonoro, convence a sus padres para que le dejen emigrar a Hollywood, la meca del cine. Y esto le salvó la vida, ya que sus padres morirían durante el Holocausto nazi, como la mayoría de los judíos de su ciudad natal.

Allí colabora con el director de documentales Robert J. Flaherty (famoso por haber dirigido en 1922 “Nanook el esquimal”), lo que influirá igualmente en su carrera, en la búsqueda del mayor realismo posible. Y esto se percibe en su debut como director, en la película mexicana “Redes”, de 1936, un drama de realismo social protagonizado en su mayoría por actores no profesionales, pescadores de la zona.

Ya a su llegada a Hollywood había trabajado como extra en “Sin novedad en el frente”, la película que ganaría el Oscar a mejor film en 1930, que dirigía Lewis Milestone, pero será despedido por sus críticas al director. Su opinión positiva sobre Hollywood en un principio se volvió más negativa, al ver como se limitaban los talentos, por lo que su carrera no arranca hasta los años 40. Pese a todo, en 1938 gana el Oscar al mejor corto por “That mothers might live”:

Dirige dos películas menores de terror de serie B en 1942, pero su primer gran éxito llega en 1944 con “La séptima cruz”, drama ambientado en un campo de concentración nazi, protagonizado por Spencer Tracy y Hume Cronyn, que, aunque rodado en estudio, cosa que no agradaba a Fred Zinnemann, incluye en la mayoría de papeles secundarios y extras a refugiados alemanes, en un intento de darle mayor realismo a la historia:

Los siguientes años fueron frustrantes para Zinnemann, que a parte de enterarse de la muerte de sus padres, veía como su contrato con la metro lo obligaba a dirigir dos películas en las que no estaba en absoluto interesado. La cosa cambió cuando, en 1949, pudo dirigir “Los ángeles perdidos”, un drama rodado como si fuera un documental, rodada en escenarios naturales de la devastada Alemania de postguerra que describe la búsqueda de una madre, Jarmila Novorná, de su desaparecido hijo, Ivan Jandl, que mientras es cuidado por un debutante (y nominado al Oscar) Montgomery Clift:

Estrenará en 1948 también “Acto de violencia”, un thriller de cine negro protagonizado por Van Heflin, Robert Ryan y Janet Leigh, que será según el propio Zinnemann la primera vez que se encuentre cómodo dirigiendo sabiendo qué es lo que quiere:

En 1950 dirige “Hombres”, debut cinematográfico de Marlon Brando, en el que éste interpreta a un militar tetraplégico. La película se rodó en un hospital y la mayoría de los personajes son tetrapléjicos reales:

En 1951 gana su segundo Oscar por el cortometraje “Benji”, ambientado en un hospital y protagonizado por un niño que sufre escoliosis. El objetivo del corto era recaudar fondos para la fundación de un hospital. Y dirige un nuevo largo, “Teresa”, de nuevo ambientado tras la II Guerra Mundial, sobre un soldado que se casa con una italiana, Pier Angeli, y se la lleva a Nueva York:

En 1952 dirige la adaptación de la obra teatral de Carson McCullers “Frankie y la boda”, con los protagonistas de la obra teatral, Ethel Waters (que había sido la segunda actriz afroamericana en ser nominada al Oscar, tras Hattie McDaniel, por “Pinky”), un jovencito debutante Brandon de Wilde (que sería nominado al oscar al año siguiente por “Raíces profundas”) y la también debutante Julie Harris, que pese a contar con 26 años interpreta a una niña de 12 años, y que se lleva una nominación al Oscar por este papel:

Y ese mismo año estrena uno de sus mayores éxitos, el western “Solo ante el peligro”, protagonizado por Gary Cooper y Grace Kelly, una metáfora del hombre de principios que se enfrenta él sólo a un mundo que quiere acabar con él, temática muy habitual en la filmografía de Fred Zinnemann. Con una fotografía árida, alejada del pictoricismo de John Ford, el western muestra otro aspecto del realismo tan propio de Zinnemann al transcurrir en tiempo real: la acción transcurre íntegramente en los 85 minutos que dura la película. Esta película se lleva 5 Oscars,incluido el de mejor actor para Cooper, y Zinnemann es nominado como mejor director, aunque no consigue el premio:

Si “Solo ante el peligro” fue un gran éxito (pese a no gustar a John Wayne o Howard Hawks, entre otros expertos en westerns), con si siguiente película el éxito será aún mayor: “De aquí a la eternidad”, basada en la novela de James Jones, estrenada en 1953, repite el esquema de lucha individual frente a un mundo opresivo (representado en especial por Prewitt, personaje interpretado por Montgomery Clift, elección personal de Fred Zinnemann, enfrentado al sargento Fatso Judson que interpreta Ernest Borgnine, aunque también en en Angelo Maggio interpretado por Frank Sinatra, que no era la elección de Zinnemann para el papel, o en el secreto amor de los personajes interpretados por Burt Lancaster y Deborah Kerr). Zinnemann emplea imágenes reales del bombardeo de Pearl Harbour para añadir realismo a la historia. El reparto se completa con Donna Reed, Philip Ober y el casi debutante Jack Warden:

La película obtuvo nada menos que 13 nominaciones al Oscar. Los tres protagonistas nominados, Lancaster, Clift y Kerr se fueron de vacío, no así los secundarios Sinatra y Reed. Ganó además los premios de mejor película y director:

Su siguiente película fue un sorprendente cambio de registro: un clásico musical de Rodgers&Hammerstein, “Oklahoma!”, de 1955, protagonizada por Gordon MacRae, Rod Steiger y la debutante Shirley Jones, que transmite esa esperanza que Zinnemann todavía deposita en América, una visión optimista y buenrrollista del país. Zinnemann demuestra aquí ser un todoterreno en uno de los mejores musicales filmados hasta la fecha:

Vuelve a su terreno habitual en su siguiente película, “Un sombrero lleno de lluvia”, de 1957, basado en la obra teatral de Michael V. Gazzo, historia sobre un heroinómano, contada casi como un documental, con una temática, las drogas, infrecuente y escandalosa en los 50. La película está protagonizada por Don Murray, Eva Marie Saint y el debutante Anthony Franciosa, que fue nominado al Oscar a mejor actor:

En 1959 se estrena su siguiente película, “Historia de una monja”, que nos cuenta la historia de una monja dedicada a la medicina con un conflicto de conciencia al estallar la II Guerra Mundial y afectar a su natal Bélgica, donde su padre es asesinado por los nazis. La estética de primeros planos, copiada del impresionismo alemán, le resultó fácil a Zinnemann gracias a la colaboración de su protagonista, Audrey Hepburn. Peter Finch y Edith Evans completan el reparto de esta película que consiguió 8 nominaciones al Oscar pero no se llevó ninguno:

En 1960 estrena la magnífica “Tres vidas errantes”, rodada en exteriores en Australia, con Robert Mitchum, Deborah Kerr, Peter Ustinov y Glynis Johns. La película consiguió 5 nominaciones al Oscar, incluyendo las de Kerr, Johns y el propio Zinnemann, pero tampoco ganó ninguno:

En 1964 fracasa en una película sobre los maquis tras la Guerra Civil Española, “Y llegó el día de la venganza”, pero se recupera con si siguiente película, la magistral “Un hombre para la eternidad”, de 1966, basada en la obra teatral de Robert Bolt, que narra la historia de Tomás Moro (interpretado por Paul Scofield, que ganará el Oscar a mejor actor) en su lucha de conciencia contra su rey, Enrique VIII, interpretado por Robert Shaw (nominado al Oscar a mejor secundario). La lucha del individuo contra el resto de la sociedad (ni siquiera su mujer, la también nominada Wendy Hiller) le apoya:

8 nominaciones al Oscar de las que gana 6, incluyendo mejor película y mejor director, el segundo en esta categoría que gana Fred Zinnemann:

Fred Zinnemann no volverá a estrenar hasta 1973, cuando presenta “Chacal”, la conocida historia sobre el intento de asesinato de Charles de Gaulle, rodada en los escenarios reales, como le gustaba a Zinnemann, que pese a todo temía el desagrado del público por una historia de la que se conocía el final, cosa que no sucedió, ya que la película fue un gran éxito:

En 1977 estrena su siguiente película, “Julia”, que cuenta la historia de la escritora Lillian Hellman, interpretada por Jane Fonda, y su amiga Julia, luchadora contra los nazis, interpretada por Vanessa Redgrave. La película, rodada de nuevo en escenarios reales, y que fue el debut de Meryl Streep en el cine, fue un enorme éxito que consiguió 11 nominaciones al Oscar, de los que gana 3: guión, actor secundario para Jason Robards y actriz secundaria para la maravillosa Vanessa Redgrave (su único Oscar). Jane Fonda, Maximilian Schell y el propio Zinnemann, en su última nominación, se fueron de vacío, por el contrario:

La película, por cierto, tiene momentos bastante duros que Zinnemann dirige con sumo realismo, como acostumbraba.

Fred Zinnemann comete el error de dirigir una película más, “Cinco días, un verano”. Podía habérsela ahorrado. No añadió nada a su carrera.

Desconocido por las nuevas generaciones de Hollywood, Fred Zinnemann vive retirado el resto de su vida, hasta que un infarto acaba con su vida en Londres el 14 de marzo de 1997, a poco más de un mes de cumplir los 90 años. Su esposa, Renee Bartlett, con la que llevaba casado desde 1936 y con la que tuvo un hijo, apenas le sobrevivió unos meses.

Aunque olvidado por muchas personas que trabajan en el cine, Fred Zinnemann fue una de las figuras más destacadas de Hollywood durante tres décadas, y no podemos entender la historia del cine si ignoramos su importante figura.



25 años sin Frank Capra (03-09-2016)


No era fácil esperar que un joven italiano inmigrante de orígenes humildes se convirtiera en poco tiempo en una de las figuras míticas de la dirección cinematográfica de Hollywood. Pero fue el primer director que se llevó dos, y luego 3 oscars como mejor director, y todo eso en los años 30, aunque quizá la que hoy día se considere su obra maestra (y desde luego su película más conocida), “Qué bello es vivir”, sea de la siguiente década. Pasado su periodo de esplendor, retirado del cine desde principios de los 60, su figura fue revalorizándose de nuevo hasta ocupar el lugar que le corresponde en la historia del cine. Sí, hoy nos toca recordar a Frank Capra cuando se cumplen 25 años de su muerte, a los 94 años.




Frank Capra había nacido en Italia. En concreto, el 18 de mayo de 1897 venía al mundo Francesco Rosario Capra en la localidad siciliana de Bisacquino. Era el menor de 7 hermanos; el mayor de ellos, Benedetto, vivía en California, por lo que en 1903 (cuando Frank tenía 5 años), la familia emigra a Estados Unidos en barco, en el pasaje más barato que encuentran; Capra mantendrá durante toda su vida un pésimo recuerdo del viaje, a diferencia de su recuerdo de la llegada a Nueva York, de la primera vez que vio la estatua de la libertad, que su padre le describió como un símbolo de libertad.

Una vez trasladados a Los Angeles, Frank Capra pasa su infancia en lo que él mismo dfinirá como un “gueto” italiano, en el que su padre mantiene su oficio de frutero, mientras el joven Frank reparte periódicos hasta terminar el instituto. Entonces, pese a la oposición de sus padres, entra en la universidad para estudiar ingeniería química, graduándose en 1918, algo que él mismo definirá como un cambio en su forma de ver la vida.

En seguida ingresa en el ejército, pero enferma de gripe española, que le mantiene convaleciente durante un año; su padre había muerto en 1916 y se necesita que Frank trabaje, pero no puede, así que finalmente se irá de la casa familiar y viajará trabajando en lo que puede, incluso como extra en algunas películas. En 1921 incluso dirige un documental de media hora. Pero luego empieza a trabajar vendiendo libros, hasta que lee un anuncio en el periódico: un nuevo estudio cinematográfico ha abierto en Hollywood. Capra llama y miente al afirmar que tiene experiencia cinematográfica, con lo que consigue ser contratado para dirigir una película muda, que termina en dos días.

De ahí pasará a otro estudio, dirigido por Harry Cohn, en el que trabajará como editor cinematográfico y asistente de dirección, hasta que comienza a escribir gags cómicos para Harry Langdon. Cuando éste abandone el estudio para poder rodar largometrajes, se llevará a Capra no sólo como guionista, sino también como director, debutando en 1926 con “El hombre cañón”:

Pero en 1928 vuelve con Harry Cohn, ahora director de Columbia, para la que dirigirá 7 películas, algunas de ellas exitosas. Pero el gran reto vendrá con la aparición del cine sonoro. En 1929 dirigirá su primera película sonora, “La nueva generación”. DE los siguientes años destacarán películas como “La mujer milagro”, protagonizada por Barbara Stanwyck en 1931, o la comedia romántica de ese mismo año “La jaula de oro”:

De 1933 destaca “Dama por un día” (de la que él mismo rodará un remake en 1961), por la que recibirá su primera nominación al Oscar:

Pero su gran éxito llega en 1934 con “Sucedió una noche”, una comedia romántica (que abre el camino de los que serán poco después las “screwball comedies”, comedias de rápidos diálogos y situaciones hilarantes en las que se pondrá en juego la hombría del protagonista, que en este caso será Clark Gable, junto a Claudette Colbert:

Esta será la primera de las 3 películas que hasta la fecha se han llevado los 5 Oscars principales: película, Director, Actor y Actriz protagonistas (en ese año todavía no existían las categorías de secundarios, que comienzan en 1936) y el guión que le corresponda. Capra se lleva su primer Oscar, por tanto.

Su siguiente película, en 1936, será en este caso la primera de esa serie de relatos sobre hombres buenos que luchan contra un entorno malvado; su héroe ideal será Gary Cooper, el “Cinderella man” (o, según el doblaje, Ceniciento”), en “El secreto de vivir”:

Frank Capra se lleva su segundo Oscar a mejor director por esta película, muy del gusto del público de entreguerras, por lo que Capra abandona el género de la comedia romántica por este tipo de películas con moraleja (a veces comedias, a veces dramas).

Su siguiente película es la utópica “Horizontes perdidos”, esa maravillosa película en la que el gran Ronald Colman acaba en la mítica Shangry-La, por la que volverá a ser nominado al Oscar:

Frank Capra improvisa mucho en sus películas, e incluso adapta el tipo de personaje al actor que lo interpreta; así, cambia el estilo del Gran Lama más enérgico del originalmente previsto Walter Connolly a uno mucho más calmado, más adecuado para el estilo de Sam Jaffe.

En 1938 dirige otra de sus obras maestras, la genial “Vive como quieras”, con puntos de comedia romántica (la pareja formada por James Stewart y Jean Arthur), pero con ese elemento de moraleja, de lucha contra el malvado ambiente de los negocios, que representa el excéntrico Lionel Barrymore y su no menos excéntrica familia:

La película gana los Oscars de mejor película y director, así que vamos a ver a Frank Capra recoger sus tres Oscars:

En 1939 dirige “Caballero sin espada”, ambientada en el mundo de la política, con un joven idealista (repite con James Stewart) enfrentándose a la maquinaria política de Washington en un magnífico ejemplo de filibusterismo político:

Frank Capra volvió a ser nominado, pero la película no gustó demasiado a las altas esferas en el ambiente de pre-guerra que se vivía en EStados Unidos.

En 1941 estena “Juan Nadie”, de nuevo junto a Gary Cooper y Barbara Stanwyck, en este caso metiéndose de lleno con las miserias del periodismo:

Pero Estados Unidos entra en la II Guerra Mundial poco después del estreno, y Frank capra se envuelve en la filmación de documentales bélicos, 11 en total, entre largos y cortos, llevándose el Oscar a mejor documental en 1943 por “Preludio a la Guerra”.

En 1944 estrena por fin una nueva película, la comedia negra “Arsénico por compasión”, siguiendo la línea de las screwball comedies, con Cary Grant, el intérprete ideal de este género, como un hombre a punto de casarse que tiene que hacer frente a dos tías que envenenan a ancianos sin familia y un hermano asesino:

En 1946, terminada ya la guerra, dirige su gran obra maestra, “Qué bello es vivir”, donde nos cuenta la historia de Clarence, un ángel que, para conseguir sus alas, debe ayudar a George Bailey (de nuevo James Stewart), que va a suicidarse, haciéndole ver lo que sería de los demás si él nunca hubiera existido, para que vea todo el bien que ha hecho a otros. Difícil contener la lagrimita:

Se quedará sin Oscar en su última nominación, pero ganará el Globo de Oro.

De 1948 es “El estado de la unión”, de nuevo ambientada en el mundo de la política; Frank Capra fue siempre un republicano muy conservador, de fuertes valores, defensor del trabajo individual, y eso se deja ver en su obra, y en especial en esta película protagonizada por Spencer Tracy y Katherine Hepburn:

Pero su estilo cinematográfico, que tanto gustaba en los años 30, ya no se lleva tras la guerra, y Frank Capra se desilusiona. Se libra de testificar en el Comité de Actividades Antiamericanas durante la caza de brujas del senador McCarthy, pese a haber trabajado a menudo con personas incluídas en la lista negra, pero su trabajo se reduce a dos películas menores en 1950 y 1951, protagonizadas por Bing Crosby, y a mediometrajes de animación para televisión, hasta que en 1959 estrena “Millonario de ilusiones”, la historia de un padre de vida ligera (Frank Sinatra) que tiene que hacerse cargo de la crianza de su hijo:

En 1961 estrena su última película, “Un gangster para un milagro”, remake de “Dama por un día”, con Bette Davis y Glenn Ford, otra gran obra maestra:

Aunque tenía algún proyecto más, Frank Capra no volvió a dirigir ninguna película.

Frank Capra había estado casado entre 1923 y 1928 (cuando se divorcia) con Helen Howell, y se volverá a casar en 1932 con Lucille Warner, que le dejará viodo en 1984 y con la que tendrá 4 hijos (aunque el segundo, John, muere en 1938 con 3 años). Su nieto Frank, hijo de su hijo mayor, también será director de cine.

Mientra su figura era recuperada por nuevas generaciones de directores, Frank Capra pasó el resto de su vida alejado del cine. Tras comenzar a sufrir problemas cardiacos en 1985, finalmente murió de un infarto el 3 de septiembre de 1991 a los 94 años. Será enterrado en el mismo cementerio que su mujer, el Coachella valley Public Cemetery, cerca de La Quinta, California, donde murió.

Los tres oscars que ganó sitúan a Frank Capra como uno de los grandes directores de cine de la historia, y más si tenemos en cuenta las no pocas obras maestras que nos dejó, comenzando por la inolvidable “Qué bello es vivir”.



Centenario de Ingrid Bergman (29-08-2015)


No es fácil encontrar en el cine un rostro más bello que el suyo. Pero, al margen de su espectacular belleza, destacaba por una enorme sensibilidad que le permitía emocionar al público en los diversos papeles que nos regaló a los cinéfilos. Y es que un día como hoy hace 100 años nacía en Estocolmo una mujer llamada a conquistar Hollywood, una actriz con mayúsculas, una artista, una estrella a fin de cuentas, y de paso una de mis actrices favoritas: la gran Ingrid Bergman. Y por cierto, también se cumplen 33 años de su muerte, sí, el mismo día que cumplía 67 años.




Debutó en el cine sueco con 19 añitos de nada. Realizó varias películas en su Suecia natal (rechazando filmar películas en Alemania, ofrecimiento que le hizo el ministro de propaganda Nazi, Joseph Goebbels), de entre las que destaca “Intermezzo”. Tanto le gustó la película al productor norteamericano David O. Selznick, que compró los derechos para producir una versión en inglés del título, con la misma Bergman de protagonista. Y así llegó en 1939 su primer rol en Hollywood, un drama con la música como telón de fondo que protagonizaría junto a un monstruo de la interpretación (y que ese año participaba también en una película histórica: “Lo que el viento se llevó”), Leslie Howard. La película, “Intermezzo”, no ha gozado de gran fama y no es fácil de encontrar (pero sí, la he visto):

En todo caso, Ingrid ya apuntaba maneras, lo que se confirmó en 1941 interpretando a la Ivy Pearson del Jekyll/Hyde de Spencer Tracy:

Aún así, parecería que su carrera no terminaba de despegar, corría el riesgo de ser otra de tantas actrices de futuro prometedor que se quedaron en eso. Pero tuvo un inesperado cambio de suerte…

Qué decir de su Ilsa Lund. Confieso que tengo que secarme las comisuras de los labios cada vez que la veo. Casablanca es desde hace años mi película favorita, y ella tiene mucho que ver. Está espectacular al lado de un Humphrey Bogart también enorme y rodeado de un reparto de lujo (Claude Rains, Paul Henreid, Peter Lorre, Sidney Greenstreet…) en una película que nadie esperaba que tuviera semejante éxito… pero lo tuvo.

Todavía no sé por qué Casablanca, que se estrenó en 1942, no entró en los Oscars de ese año, sino en los del 43, llevándose los premios a mejor Película y Director, pero por el que Ingrid no fue nominada: en 1943 fue nominada por su siguiente película, la adaptación de la novela de Hemingway “Por quién doblan las campanas”, en la que la acompañaba otro actor de su talla: Gary Cooper:

Bendito corte de melena, por cierto, que salvó una de las escenas más emblemáticas de Casablanca… pero esa es otra historia.

Repitió nominación al año siguiente por “Luz que agoniza”, esta vez acompañada del rey del melodrama, el francés Charles Boyer y de Joseph Cotten:

Y como suele ser habitual cuando se interpreta a personajes con problemas de cordura, esta vez no hubo ninguna Jennifer Jones que le arruinara la fiesta: el Oscar fue para ella. El primero de 3 (sólo igualada por Meryl Streep y superada por otra qué tal, Katherine Hepburn):

Al año siguiente, 1945, fue de nuevo nominada por su papel en “Las campanas de Santa María” (donde compartía cartel con el ganador del Oscar a mejor actor del año anterior, Bing Crosby), pero seguramente lo más destacado de ese año fue su primera colaboración con el mítico Alfred Hitchkock, en “Recuerda”, acompañada esta vez por Gregory Peck (sí, ya veis que sus parejas cinematográficas tenían un nivel que ya quisieran la mayoría de actrices… Bette Davis o Joan Crawford, por ejemplo):

Este fue el preludio a una de sus mejores interpretaciones, al año siguiente, en su segunda colaboración con el director inglés: “Encadenados”:

Junto con Rebeca, esta es mi peli favorita de Hitch. Nunca Cary Grant estuvo tan espectacular como intérprete, y acompañados encima por Claude Rains o Louis Calhern… pero no, no hubo nominación al Oscar. Injusticias de la vida (tanto en su caso como en el de Cary Grant, que se lo merecía igualmente).

Dos años después volvería a las pantallas por partida doble: acompañando de nuevo a Charles Boyer en “Arco de Triunfo” y como la heroína histórica “Juana de Arco” de Victor Fleming, que le reportó na nueva nominación al Oscar. En todo caso, no fue un año especialmente afortunado: “Arco de triunfo” apenas es recordada, y “Juana de Arco” peca del estilo ultraconservador de Fleming, en un film apologista católico y mojigato (propio de la época, es cierto), con una visión del personaje que no le pega a la Bergman, que no se encuentra cómoda en un personaje para el que está mayor y que está idealizado casi hasta la caricatura, muy poco creíble:

Por curioso que parezca,  su estancia en Hollywood estaba llegando a su final. Rodaría todavía un tercer y último título dirigida por Hitchcock, “Atormentada” (una de los pocos films de Hitchcock que transcurre en el siglo XIX, en Australia en concreto) acompañada por otro monstruo, Joseph Cotten. Pero ese mismo año, 1949, la visión de una película, “Roma, città aperta” de Roberto Rossellini, cambiaría su vida.

La actriz escribió al director italiano solicitándole trabajar con él… ¿y quién es el guapo que se iba a negar a trabajar con ella! Así que Ingrid abandonó Estados Unidos, dejando allí a su esposo Petter Lindström y a su hija Pia para pasar unos meses en Italia… bueno, esa era la teoría. Porque mientras rueda, en 1949, “Stromboli”, inicia una relación con Roberto, fruto de la cual nace en 1950 su hijo Roberto. Ingrid se divorcia de Petter y se casa con Roberto el 24 de mayo de 1950, tres meses después del nacimiento de su primer hijo. Y el escándalo fue mayúsculo. Estados Unidos y la propia Suecia la criticaron enormemente, Hollywood la rechazó, fruto de esa patética doble moral (ni que fuera la primera actriz – o actor – que ponía los cuernos a su marido/mujer o incluso se divorciaba sin que pasara nada… pero claro, Roberto era italiano), hasta el punto de declararla persona non grata en Estados Unidos. Mientras tanto filma otros 5 films con su marido y tienen dos hijas, las gemelas Isabella e Isotta, nacidas en 1952. Veamos una escena del primero, “Stromboli”:

En todo caso, el matrimonio no terminó bien, en buena medida fruto del fracaso comercial de los films que hicieron juntos, y terminaron divorciándose en 1957.

Ese mismo año rueda a las órdenes del gran director francés Jean Renoir “Elena y los hombres”:

Y vuelve finalmente al mercado angloparlante rodando en Inglaterra “Anastasia”, a las órdenes de Anatole Litvak y acompañada de Yul Brynner:

Pese a tener más edad de la aconsejable para interpretar a la princesa rusa, legendariamente superviviente al asesinato de toda la familia imperial, Ingrid volvió a cuajar una interpretación formidable que le sirvió para ganar su segundo Oscar en un país, Estados Unidos, en el que (casi) todos le habían rechazado. De hecho, el Oscar fue recogido por uno de los pocos amigos que siguió conservando en Hollywood, y quien quizá fuera de hecho su mejor pareja cinematográfica: Cary Grant:

Yul Brynner también ganaría ese año el Oscar a mejor actor, pero por el film “El rey y yo”, protagonizado por la gran perjudicada por la victoria de Ingrid, la igualmente enorme Deborah Kerr. La actriz inglesa nunca ganaría un Oscar, cosa que la academia intentó compensar con un premio honorífico que no estaba a la altura de su enorme talento.

Bueno, sigamos con Ingrid. Su primera reaparición pública en Estados Unidos fue en la entrega de los Oscars, presentando nada más y nada menos que el premio a la mejor película de 1958 (entregados en 1959, obviamente), presentada de nuevo por Cary Grant y acogida con un caluroso aplauso por la audiencia que le había perdonado su affaire con Rossellini:

De hecho, Ingrid se volvió a casar en 1958 con el productor sueco Lars Schmidt, del que se divorciaría en 1975.

En 1958 estrenó dos importantes films, que le valieron dos nominaciones a los globos de Oro, en distintas categorías: por un lado como actriz dramática en “El albergue de la sexta felicidad”, la última película que rodaría el gran actor británico Robert Donat:

Y, por el otro, una genial comedia del gran Stanley Donen, “Indiscreta”, la segunda y última vez que compartiría pantalla con Cary Grant. Especialmente recomendable su baile (y el de Cary Grant, también). Los años habrían pasado, pero ella seguía conservando una elegancia y una belleza al alcance de pocas. Y además demostró su gran talento para la comedia:

Por esos años comienza a trabajar también en televisión y a intensificar su trabajo en teatro (destacar que en 1956 interpretó la obra “Té y simpatía”, que protagonizaría en cine Deborah Kerr… sería interesante poder contrastar la interpretación de ambas). De ahí que sus apariciones cinematográficas se fueran espaciando. Pero aún tenía algunos importantes regalos que hacernos.

El primero fe en 1961, de nuevo dirigida por Anatole Litvak, el director que le dio su 2º Oscar. Basada en la novela “Aimez-vous Brahms?” de la escritora francesa Françoise Sagan, su papel en “No me digas adiós” le iba como un guante por edad y temperamento. La mujer emparejada en una relación abierta con un hombre de su edad (Yves Montand) que se enamora de un apasionado joven (Anthony Perkins), aunque al final lo rechaza por miedo a que este la abandone por su edad, para al final comprender que volver con su antiguo amante es el mayor error que podía cometer y que se ha quedado completamente sola. Su interpretación (especialmente en la escena en la que el joven sale huyendo de la casa de ella y ella grita desesperada desde la escalera, y la escena final) era digna de ganar todos los premios imaginables… pero fue ignorada por los premios (como lo fue también la impresionante y delicada interpretación de Anthony Perkins). Injusticias de la vida:

La música que acompaña al vídeo es precisamente el 3º movimiento de la 3ª sinfonía de Brahms, que puede escucharse durante la película.

En 1969 vuelve a la comedia con “Flor de cactus”, acompañada de Walter Matthau y una jovencísima Goldie Hawn. De nuevo lució su bis cómica en una película que merece la pena ver:

En 1975 participa en el film coral de Sidney Lumet “Asesinato en el Orient Express”, acompañada de gente como Albert Finney, Martin Balsam, Richard Widmark, John Gielgud, Anthony Perkins, Sean Connery, Michael York, Lauren Bacall, Wendy Hiller, Vanessa Redgrave… con semejante reparto, hacer un remake es un suicidio absoluto, y sino, que se lo pregunten a Kenneth Branagh:

Pero poco importan sus acompañantes, quién terminó llevándose el Oscar fue ella, en este caso a mejor secundaria. El pobre Albert Finney, nominado como actor protagonista, no compartió la misma suerte:

Y todavía tendría tiempo a una última nominación al Oscar, en este caso como mejor Actriz protagonista, por su última película, “Sonata de Otoño”, en la que trabajó bajo las órdenes del gran director sueco Ingmar Bergman (con quién, pese a compartir apellido, no tenía relación de parentesco):

Y siguió activa hasta el fin de su vida: de hecho, ganó su último globo de oro y un Emmy póstumo por su papel televisivo en “Una mujer llamada Golda”, donde interpretaba a la primera ministra israelí Golda Meir:

Ingrid levaba enferma de cáncer de mama desde 1975, y el rodaje de la miniserie supuso un enorme esfuerzo para su deteriorada salud, ya terminal. Murió pocos meses después en Londres. Su cuerpo fue incinerado y la mayor parte de sus cenizas arrojadas al mar en Suecia, en la zona donde ella veraneaba desde 1958. Una parte de las cenizas fue, en cambio enterrada junto a la tumba de sus padres en el cementerio norte de su ciudad natal, Estocolmo, lo que nos permite poder visitar su tumba:

Lo confieso, hablar de Ingrid Bergman me emociona (creo que es evidente después de la parrafada que he soltado). Tengo auténtica predilección por ella, nunca me ha decepcionado en ninguna de las películas en las que la he visto, aunque estas no siempre sean de la calidad esperable (Arco de triunfo, por ejemplo), y sin duda está en mi podio de actrices favoritas. Y si alguien se pregunta por qué, os recomiendo que volváis a ver el vídeo de “Casablanca” y escuchéis la dulzura con la que dice “Play it, Sam. Play “As time goes by”. Sí, el tiempo ha pasado, pero su memoria permanece en los corazones de quienes amamos el cine.