Archivo de la etiqueta: Ginger Rogers

70 años de la muerte de Sam Wood (22-09-2019)

Director más que dotado para la comedia, autor de algunas de las más míticas películas de los hermanos Marx, su radicalización política le terminó llevando a dirigir dramas intrascendentes y retrógrados que terminaron por hacerle caer en el olvido. Con motivo del 70 aniversario de su muerte, recordamos la carrera del director Sam Wood. 

El nombre completo de Sam Wood era Samuel Grosvenor Wood, y nació en Filadelfia, estado de Pensilvania, el 10 de julio de 1883. Su carrera artística comenzó en la faceta de actor. El 25 de agosto de 1908 se casó con Clara Louise Roush, y dos de sus hijas terminarían siendo actrices. Pero Sam Wood llega a Hollywood como ayudante de director de Cecil B. de Mille en 1915. 

Ya para 1920 debuta como director de cine. De su etapa en el cine mudo, en la que tuvo ocasión de dirigir a prestigiosas estrellas, destaca “Mas fuerte que su amor”, protagonizada por dos de las mayores estrellas del momento, Gloria Swanson y Rodolfo Valentino:

Con la llegada del sonoro, su filmografía combina el drama romántico y la comedia, género en el que conseguirá hacerse conocer gracias a una de las mejores películas que rodaron los Hermanos Marx, “Una noche en la ópera”, de 1935, con escenas tan memorables (y técnicamente difíciles de rodar) como la del abarrotado camarote de Groucho:

Repite de nuevo con Groucho, Chico y Harpo en 1937 en otra de sus más célebres películas, “Un día en las carreras”, pero la falta de seriedad de los hermanos durante el rodaje le lleva a un enfrentamiento con ellos, y con ello a no volver a trabajar juntos:

Pero el prestigio que ha adquirido gracias a estas dos películas le ofrece interesantes proyectos. De hecho, en 1939 sustituirá temporalmente a Victor Fleming durante el rodaje de “Lo que el viento se llevó”, la mayor superproducción hasta la fecha. De hecho, en 1939 despega su carrera, en parte gracias a la simpática comedia de robos “Caballero y ladrón”, protagonizada por David Niven, Olivia de Havilland y May Whitty:

Pero su mayor éxito ese año fue la magnífica “Adiós, Mr. Chips”, con un Robert Donat que ganará el Oscar a mejor Actor ese año y una debutante Greer Garson. La película cuenta con no pocas escenas memorables:

Por esta película Sam Wood recibe su primera nominación al Oscar. 

En 1940 dirige el drama romántico “Sinfonía de la vida”, protagonizada por Martha Scott y un joven William Holden

Pero la más famosa de las películas que Sam Wood dirige en 1940 es “Espejismo de amor”, historia sobre las mujeres en el mundo laboral bastante reaccionaria, protagonizada por una Ginger Rogers que ganará el Oscar a mejor actriz:

Por esta película Sam Wood recibirá su segunda nominación al Oscar. 

En 1941 dirige la comedia “El diablo burlado”. con Jean Arthur, Charles Coburn, Richard Cummings y la habitual en su filmografía Spring Byington, en una historia que recuerda mucho a las historias de Frank Capra: un millonario empresario se infiltra entre sus trabajadores para descubrir quiénes son los revolucionarios huelguistas, y acaba poniéndose de su lado, todo con ese buenrrollismo conservador tan suyo:

En 1942 dirige otra de sus películas más famosas, “El orgullo de los Yankis”, drama protagonizado por Gary Cooper y Teresa Wright que narra la historia de Lou Gehring, famoso jugador de beisbol muerto el año anterior a causa del ELA:

Pero por la película por la que Sam Wood recibe su tercera (y última) nominación al Oscar no es esta, sino “Kings Row”, drama que narra la historia de varios personajes en la ciudad del título, protagonizada por Robert Cummings, Ann Sheridan y Ronald Reagan, en una película en la que había que dulcificar no pocos elementos molestos que aparecían en la novela, como el suicidio, la locura o el sadismo del médico interpretado por Charles Coburn, así como suprimir otros como el incesto, la ninfomanía o la homosexualidad, quedando así la historia demasiado desdibujada:

El giro cada vez más conservador de Sam Wood va a ser más evidente en 1943, cuando diriga la adaptación de la novela de Ernest Hemingway “Por quién doblan las campanas”, ambientada en la Guerra Civil española y en la que Wood no sólo negativiza considerablemente a los republicanos, sino que llegó a afirmar que habría dado lo mismo que los protagonistas hubieran sido del bando nacional (no sé qué pensaría Hemingway de esto…). Gary Cooper, Ingrid Bergman, Akim Tamiroff y la debutante Katina Paxinou consiguieron nominaciones al Oscar (Paxinou de hecho lo ganó), pero en esta ocasión Wood se queda sin nominación:

En 1944 regresa de nuevo a la comedia con “Casanova Brown”, protagonizada por Gary Cooper, Teresa Wright y Frank Morgan:

En 1944 funda y preside la Alianza cinematográfica para la preservación de los ideales americanos, contribuyendo significativamente durante la caza de brujas. De hecho, ya desde años atrás Sam Wood tenía una libreta en la que iba apuntando los nombres de cualquiera que sospechara que pudiera ser comunista. Según una de sus hijas, su radicalismo cambió su caracter, haciendo de él un bruto irracional. 

En 1945 consigue estrenar la película que había rodado dos años atrás, la historia de aventuras “La exótica”, protagonizada de nuevo por Gary Cooper e Ingrid Bergman:

Después de esta, el resto de sus películas resultan intrascendentes, con la excepción de “The Stratton Story”, de 1949, drama de nuevo ambientado en el mundo del beisbol, protagonizada por James Stewart y June Allyson. Basada de nuevo en una historia real, narra la historia de un jugador de beisbol que pierde la pierna en un accidente de caza y que se ve obligado a abandonar su carrera deportiva, en una historia de superación que Wood pensaba adecuada para animar a los soldados mutilados durante la II Guerra Mundial:

Sam Wood fue denunciado ese mismo año por un guionista de izquierdas por haberle difamado acusándole de comunismo. La defensa de Wood fue tan contundente que poco después sufrió un infarto que le llevaría a la tumba el 22 de septiembre de 1949, con 66 años. Fue enterrado en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery de Glendale.

El caso de Sam Wood es un buen ejemplo de un buen director al que su radicalismo político le llevó a que su cine perdiera calidad para dar lugar a un propagandismo muy evidente que termina por arruinar sus películas, que a menudo son grandes historias y con notables interpretaciones. Una lástima que echara a perder así su carrera.

120 años del nacimiento de Irene Dunne (20-12-2018)

Tras unos inicios en el cine musical, se convirtió en la reina del melodrama a comienzos de los años 30, para luego descubrirse como una de las mejores actrices de comedia elegante del Hollywood dorado. Hoy nos toca recordar a la gran Irene Dunne.

Irene Marie Dunn, que era su nombre de nacimiento (añade la e a su apellido al comenzar su carrera artística a comienzos de los años 20) nació el 20 de diciembre de 1898 en Louisville, en el estado de Kentucky, en el seno de una devota familia católica. Su madre era pianista, y su padre, por motivos de trabajo, tenía que navegar a menudo por el río Missisipi; a la pequeña Irene le encantaba acompañarlo, pero él murió en 1913, y la familia (su madre, ella y su hermano pequeño, Charles) se traslada entonces a la ciudad natal de su madre, Madison, en Indiana. Irene llevaba tiempo recibiendo lecciones de piano de su madre, y estudia también canto, cantando en la iglesia y el instituto. Tras graduarse en el instituto, decide estudiar música, y en 1921 comienza a trabajar en teatros musicales, debutando en Broadway en 1922. Graduada en música en 1926, tiene la idea de convertirse en cantante de ópera, pero no consigue pasar las audiciones del Met y continúa dedicándose al musical. Mientras, en 1924 había conocido en Nueva York al dentista Francis Griffin, con quien, tras mucho dudar, se casa en 1927. 

Su gran éxito llega en 1929 cuando protagoniza el musical “Show Boat” de Jerome Kern, producido por el mítico Florenz Ziegfeld. Los productores de Hollywood la descubren y ella firma un contrato con la RKO y se traslada a Hollywood con su madre y su hermano, mientras su marido permanece en Nueva York hasta 1936, cuando se traslade definitivamente junto a su esposa. 

El debut cinematográfico de Irene Dunne tiene lugar en 1930 con el musical “Leathernicking”. Pero será en 1931 cuando comience a llamar la atención del público con el wertern “Cimarron”, superproducción muy del gusto de la época que le supuso su primera nominación al Oscar:

Curiosamente, siendo una cantante de musical, en los primeros años 30 Irene Dunne triunfará fundamentalmente en el género del melodrama, destacando por ejemplo su trabajo en “La usurpadora”, de 1932:

En 1933 se produce su definitivo salto a la dama con el melodrama “Ann Vickers”, dirigido por John Cromwell, en el que interpreta a una idealista trabajadora social que verá su carrera truncada al enamorarse del corrupto juez que interpreta Walter Huston:

En 1935 trabaja con Robert Taylor en la primera versión del melodrama “Sublime obsesión”, pero su mayor éxito será, esta vez sí, un musical, “Roberta”, junto a Fred Astaire y Ginger Rogers, en la que, además, nos regala una magnífica versión de la mítica “Smoke gets in your eyes”:

Y, cuando la Universal prepara una adaptación cinematográfica del musical “Show Boat”, el papel de Magnolia finalmente recae e Irene Dunne, que acompaña a Allan Jones (el de “Una noche en la ópera) en este “Make believe”:

Por desgracia, pese al éxito de crítica y público, los planes de Universal de realizar otra adaptación de dicho musical en 1940 harán que la película caiga en el olvido, si bien el remake no se realiza hasta 1951. Además, Paul Robertson, que interpreta a Joe (el personaje que canta la mítica “Ol’ man river) fue puesto en la lista negra durante el McCarthismo, y desde entonces esta película apenas se ha visto. 

También en 1936 se le ofrece a Irene Dunne protagonizar “Los pecados de Teodora”, alocada comedia del hoy olvidado director Richard Boleslawski. Ella inicialmente se muestra reacia a trabajar en comedia, pero cuando lo hace, descubre que le divierte. Y su carrera gira radicalmente:

Segunda nominación al Oscar. Y eso que los Oscars suelen premiar más las interpretaciones dramáticas que las cómicas…

Y en 1937 repite en el género en la genial “La pícara puritana”, dirigida por Leo McCarey y en la que está acompañada por otro as de la comedia, Cary Grant, en un divorcio que no va a resultar tan fácil como parecía:

Tercera nominación al Oscar. de nuevo, gracias a un papel de comedia. 

Tras protagonizar en 1938 otra comedia junto a Douglas Fairbanks, “El placer de vivir”, en 1939 comparte pantalla en dos ocasiones con Charles Boyer, primero en el drama “Huracán” y después en una de esas joyas de la filmografía, la primera versión de “Tú y yo”, dirigida de nuevo por Leo McCarey, quizá más melodramática que el remake con Cary Grant y Deborah Kerr, pero igualmente maravillosa (y con la magnífica Maria Ouspenskaya para rematar):

Cuarta nominación al Oscar. Y ningún éxito con los premios, claramente. 

En 1940 vuelve a la comedia más alocada con “Mi mujer favorita”, otra divertidísima película en la que vuelve a trabajar junto a Cary Grant, con un argumento bastante descabellado: una mujer desapareció 7 años atrás en Indochina y la dan por muerta. Y, cuando su esposo se vuelve a casar, reaparece y ya la hemos liado:

Desde el comienzo de su carrera, Irene Dunne mintió sobre su edad, afirmando haber nacido en 1901 o en 1904. Así, la diferencia de edad con Cary Grant es menor, y ambos parecen una pareja casi perfecta. Por ello, en 1941 repiten de nuevo en pantalla en el drama “Serenata nostálgica”, por el que Grant recibe su primera nominación al Oscar; ella no tiene la misma suerte:

Nuevas comedias (incluyendo una nueva colaboración con Charles Boyer) e incursiones en el cine bélico propio de los años 40 nos llevan a uno de sus últimos éxitos, en 1944: “Las rocas blancas de Dover” drama bélico en el que una mujer ve a su esposo morir en la I Guerra Mundial y, años después, a su hijo alistarse en la II Guerra Mundial:

En 1946, John Cromwell vuelve a contar con ella para interpretar a Anna Leonowens, la inglesa que se convierte en institutriz de los príncipes de Siam en “Ana y el rey de Siam”, compartiendo protagonismo con Rex harrison:

En 1947 protagoniza “Vivir con papá”, comedia en la que comparte pantalla con un magnífico William Powell:

En 1948 Irene Dunne nos regala su último gran papel en el melodrama “Nunca la olvidaré”, de George Stevens, en el que interpreta a la matriarca de una familia de inmigrantes noruegos en San Francisco que tendrá que luchar para sacar adelante a su familia:

Por este papel, Irene Dunne recibe su quinta y última nominación al Oscar. Injustamente, nunca ganó el premio. 

Su siguiente película llega en 1950, “El diablillo y la reina”, y en ella interpreta nada menos que a la Reina Victoria de Gran Bretaña, un papel completamente inusual en su carrera.

En 1952 protagoniza su última película, la comedia “It grows on trees”:

La suya no es una retirada voluntaria del cine: continúa interesada en diferentes proyectos que no terminan de cuajar, además de trabajar en radio y televisión. Su retirada definitiva tuvo lugar en 1962. A partir de entonces se centra en sus actividades filantrópicas y en promocionar al Partido republicano y a la Iglesia Católica. 

En 1965 muere su marido Francis Griffin, con el que llevaba casada desde 1927. Ambos adoptaron una niña en 1936, Mary Frances. Retirada de la vida pública en sus últimos años, Irene Dunne murió a causa de un infarto el 4 de septiembre de 1990, a los 91 años. Fue enterrada en el Calvary Cemetery de Los Angeles, y en su lápida figura una fecha de nacimiento incorrecta:

Reina primero del melodrama y luego de la comedia elegante pero no por ello menos alocada, Irene Dunne fue una de las más destacables estrellas de cine de los años 30, aunque no sea una de las más recordadas. Pero algunas de sus comedias y esa primera versión de “Tú y yo” la mantienen todavía viva en la memoria de los cinéfilos.

130 años del nacimiento de Max Steiner (10-05-2018)


Fue quien revolucionó la visión que Hollywood tenía sobre las Bandas Sonoras tras la llegada del cine sonoro. Trabajador incansable, autor de unas 300 bandas sonoras, entre ellas algunas de las más memorables partituras cinematográficas, recordamos en el 130 aniversario de su nacimiento a Max Steiner.

Maximilian Raoul Steiner nació el 10 de mayo de 1888 en Viena, por aquel entonces capital del Imperio Austro-Húngaro y una de las ciudades musicalmente más importantes del momento. La familia Steiner, de origen judío, estaba muy vinculada al mundo teatral, mientras su madre había sido bailarina. De hecho, su padrino fue el compositor Johann Strauss. Vinculado desde muy niño al teatro, en especial al musical, las inclinaciones artísticas del joven Steiner no tardan en despuntar, abandonando la Universidad Tecnológica para poder estudiar en la Academia Imperial de Música. Allí, su enorme talento es percibido por grandes compositores como Gustav Mahler o Robert Fuchs, que le darán clases privadas, permitiéndole superar en un año cuatro cursos. Estudia numerosos instrumentos, además de armonía, contrapunto y composición.




En seguida despunta como compositor de opereta y como director de orquesta. Su éxito dirigiendo “Die lustige Witwe” de Franz Léhar hace que sea invitado a dirigirla en Londres en 1906. Steiner se establece en la capital británica, como compositor y director de obras teatrales y de sinfonías. Y allí permanecerá 8 años, hasta 1914, cuando comienza la I Guerra Mundial. Steiner es austriaco, y por lo tanto es visto como enemigo por la sociedad inglesa, así que gracias a su amistad con Hugh Grosvenor, duque de Westminster, consigue huir a Nueva York, donde llega en la miseria en diciembre de 1914.

Pero, una vez en Nueva York, comienza de inmediato a trabajar en Broadway, apenas en la faceta de compositor (“Peaches”de 1923), pero sí como director e incluso como arreglista y orquestador (orquestará por ejemplo la partitura de George Gershwin para “Lady be good” en 1924). En 1927 orquestaráy dirigirá el estreno de musical “Rio Rita” de Harry Tierney, y cuando en Hollywood se planea la adaptación cinematográfica del musical, en 1929, llaman a Max Steiner para dirigir la adaptación musical. Steiner se traslada a Los Angeles, y trabaja ya en exclusiva para el cine. Entre sus primeros trabajos relevantes se encuentran “Cimarron”, un western de 1931, y “Ave del paraíso”, película de aventuras de 1932. Pero su gran oportunidad vendrá cuando, en 1932, David O’Selznik cuenta con él para componer la partitura de “La melodía de la vida”, drama judío para el que compone un tema, como era característico en la época, para que suene en la apertura de la película. Pero Selznik se queda tan satisfecho con la partitura, que le encarga escribir más música, que sonará a lo largo de la película:

Pero será en 1933 cuando por fin aparezca su verdadero estilo. Ese año, la productora RKO, para la que Steiner estaba trabajando, iba a estrenar la ambiciosa “King Kong”. Originalmente, los productores no tenían intención de utilizar nueva música para la película, pero los decepcionantes resultados de los efectos especiales les empujaros a llamar a Steiner y darle carta blanca para componer una extensa partitura a lo largo de todo el film:

No era la primera partitura importante de Steiner, que ya había llenado de música la práctica totalidad del metraje de “Ave del paraíso”, pero en esta ocasión, la partitura fue todo un éxito. Si ya en 1931 la partitura que Alfred Newman había compuesto para “La calle” de King Vidor era más ambiciosa de lo tradicional (una pista más o menos larga para los títulos de crédito iniciales, una pista breve para el final de la película y, en ocasiones, algo de música diegética, es decir, que suena en la propia película, que los personajes están escuchando, en un baile o por la radio, por ejemplo), todavía se seguía evitando incorporar música que acompañara los diálogos de los personajes, por temor a que estos se perdieran. Steiner, por el contrario (al igual que Newman), considera que la música puede realzar las emociones del film, además de ayudar a ambientarlo. Por eso, su música tiene una gran riqueza cromática y temática. Pero todavía no ha llegado el tiempo de lucirla en su máximo esplendor, y partituras como la de “Las cuatro hermanitas”, película de George Cukor protagonizada por Katherine Hepburn, van a seguir ancladas en el concepto de tema inicial y poco más:

Max Steiner también adapta la música que se va a utilizar en algunos de los más importantes musicales de los años 30, en especial en esos protagonizados por Fred Astaire y Ginger Rogers, como “La alegre divorciada”, de 1934:

Más ambiciosa será en 1934 su partitura para “La patrulla perdida”, film bélico de John Ford ambientado en Mesopotamia. Sus ritmos irregulares le imprimen ese ambiente tenso que repetirá en numerosas ocasiones posteriores (e incluso reutilizará en “Casablanca”, como veremos más adelante):

Max Steiner recibirá sus dos primeras nominaciones al Oscar por ambas películas, “La alegre divorciada” y “La patrulla perdida”.

Repite con John Ford (y con el actor Victor McLaglen, que protagoniza ambas películas) en 1935 con “El delator”, partitura de carácter de nuevo opresivo, al contarnos la historia de un delator del IRA:

Esta partitura le valdrá su primer Oscar, aunque en estas fechas este premio no lo recibe el compositor, sino la productora.

Pero poco después, Selznik abandona la RKO y se lleva consigo a Steiner, que compondrá en 1936 la partitura de “El jardín de Alá”, que le valdrá una nueva nominación al Oscar. Además, Steiner firma un contrato con la Warner, siendo su primer trabajo para esta productora “La carga de la brigada ligera”, film bélico protagonizado por Errol Flynn y Olivia de Havilland, en el que de nuevo luce su capacidad para transmitir el dinamismo de las escenas bélicas y las marchas militares, como en este tema principal:

Pero en la Warner, Steiner se va a encontrar con un duro competidor: Erich Wolfgang Korngold, un prestigioso compositor clásico recién llegado a Hollywood, que goza de un contrato privilegiado y apenas compone una partitura al año. Steiner compondrá muchas partituras anuales, en películas como “La vida de Émile Zola”, “Ángeles con caras sucias” o “Jezabel”, película de William Wyler protagonizada por Bette Davis y Henry Fonda, para la que compone un bellísimo vals, de ritmo vienés en su tema principal y otro ritmo más agitado, de subdivisión ternaria, de sonoridad más eslava, en el segundo tema. Las influencias clásicas centroeuropeas de Steiner quedan claras:

El uso de la música para destacar aspectos fundamentales de la película resulta aquí muy evidente. Basta con volver a verla y fijarse en como un pequeño apunte musical subraya el momento en el que un mosquito pica a Henry Fonda (aunque esto sería un gazapo. Alerta spolier: se supone que los ricos burgueses de Nueva Orleans huyen al campo para no contagiarse de la fiebre amarilla, y que Henry Fonda se contagia por ir a menudo a la ciudad, pero la mencionada escena en la que le pica un mosquito transcurre en el campo, con lo que no tiene sentido).

Mientras, Max Steiner sigue trabajando con Selznik: “El pequeño Lord” en 1936, “Ha nacido una estrella” en 1937 y “Las aventuras de Tom Sawyer” en 1938, en la que se percibe su asimilación del estilo musical más propiamente americano, que conoce a fondo por su trabajo en musicales en sus primeros años americanos:

Pero Selznik llevará a la fama absoluta a Max Steiner con su siguiente y más ambicioso productor: la adaptación de la novela de Margaret Mitchell “Lo que el viento se llevó”, dirigida originalmente por George Cukor y posteriormente por Victor Fleming y protagonizada por Clark Gable y Vivien Leigh. La duración de la película ronda las 4 horas, y Steiner llena el metraje de música, en la que probablemente sea su mejor partitura (y la mejor banda sonora de todos los tiempos). El Tema de Tara es uno de los temas cinematográficos más célebres de la historia del cine, y con razón:

Pero, ¿qué tal encaja con las escenas, que es a fin de cuentas lo que nos importa? Veamos la escena más mítica de la película:

Steiner usa un recurso operístico muy wagneriano: el leitmotiv. Un leitmotiv es un tema musical asociado a un personaje, un lugar o una situación concreta. Por lo tanto, cada vez que lo escuchemos a lo largo de la ópera o de la película, sabemos que ese personaje, ese lugar o esa situación tienen una gran importancia en la escena. Pues bien, el tema de Tara es el leitmotiv de un lugar, de Tara, pero en realidad significa algo más: el hogar. Tras sufrir los horrores de la guerra, Scarlett tiene que huir de una Atlanta a punto de caer en manos Yankis y sólo desea volver a su hogar. Y cuando lo hace, se encuentra con una situación desoladora: pobreza, miseria, muerte, incluyendo la de su madre… no, el regreso al hogar no es lo que ella esperaba. Y además está ansiosa por poder comer. Por eso escuchamos esa melodía llena de tensión al comienzo de la escena. Entonces pronuncia el juramento de que nunca volverá a pasar hambre, y escuchamos ese tema de Tara: no importa la situación que se haya encontrado, Scarlett vuelve a estar en su hogar, y eso es lo que le da esa emotividad al tema, que tiene un notable carácter nostálgico, no es un tema alegre precisamente. Además, el tema es interpretado por los metales, mientras las cuerdas tocan el acompañamiento: estos metales le dan un componente heroico: el esfuerzo que ha costado volver a Tara ha sido titánico, pero ha merecido la pena, porque por fin volvemos a casa.

Por cierto, Selznik quería que Steiner usara música clásica en la partitura, pero Steiner pensaba que los americanos estaban familiarizados con muchos temas de música popular, pero no tenían la cultura clásica necesaria para entender las citas de compositores clásicos. Por eso, en las partituras de Steiner vamos a encontrar numerosas citas de canciones populares o de marchas militares, pero muy pocas referencias a obras clásicas.

En 1939, Max Steiner recibe dos nominaciones al Oscar, por “Lo que el viento se llevó” y por “Amarga victoria”. Pero, incomprensiblemente, ese año se irá de vacío.

Aquí se hace necesario explicar el estilo compositivo de Steiner. Él contaba con un dispositivo que le permitía ver la película montada y cronometrar exactamente en qué momento transcurría cierta escena clave. Mientras, iba desarrollando los leitmotivs que iban a aparecer en la partitura, y, una vez compuestos, los adaptaba al tiempo que le daba el cronómetro para que encajaran a la perfección con el momento que él buscaba. Los resultados están a la vista.

En los siguientes 4 años va atrabajar en exclusiva para la Warner. Su primera partitura remarcable será la de “La carta” en 1940, película de William Wyler de nuevo protagonizada por Bette Davis y ambientada en el sudeste asiático. Como cualquier gran compositor clásico, Steiner recurre a temas orientales que contribuyan a la ambientación de la película, mientras los temas más íntimos van a tener ese carácter opresivo tan característico de las partituras de Steiner:

Por esta partitura recibirá una nueva nominación al Oscar, nominación que repetirá en 1941 por “El sargento York”, dirigida por Howard Hawks y protagonizada por Gary Cooper, en la que pasa de los temas de carácter más intimista de la primera mitad de la película a los temas militares de la segunda mitad:

Hay que destacar, en todo caso, que con un ritmo de trabajo tan frenético, Steiner por lo general sólo compone los temas, pero no los orquesta; esta labor cae a menudo en manos de Hugo Friedhofer, hasta que éste comience a destacar como compositor y sea sustituido por Murray Cutter.

En 1942 compone algunas de las mejores bandas sonoras de su carrera. Vuelve a trabajar con Errol Flynn y Olivia de Havilland, dirigidos por Raoul Walsh, en la mítica “Murieron con las botas puestas”, para la que compone uno de los temas de amor más bellos que salieron nunca de su pluma, además de temas de marcado carácter militar:

También compone la partitura de otra película mítica, “Casablanca”, dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Humphrey BogartIngrid Bergman y Claude Rains:

Aquí escuchamos un tema que nos recuerda demasiado al que ya hemos escuchado en “La patrulla perdida”. Además, Steiner usa como leitmotivs dos canciones existentes (nada novedoso, compositores como Wagner o Meyerbeer también lo habían hecho un siglo antes): por una parte, el himno francés, la marsellesa, que sirve como leitmotiv de libertad, de la resistencia anti-nazi, y por otro ese “As time goes by” de Herman Hupfeld, que sirve como tema de amor. Steiner quiso utilizar una canción suya, pero como la película ya había sido rodada, había que volver a rodar algunas escenas, y como Ingrid Bergman se había cortado el pelo para rodar “Por quién doblan las campanas” y no se encontró ninguna peluca que se asemejara a su cabello, no pudo incluirse la canción que Steiner quería componer. Por esta partitura, Steiner será nominado al Oscar (aunque Casablanca no entra en los Oscars de 1942, sino en los de 1943).

Y su otra gran partitura de ese año es “La extraña pasajera”, de nuevo con Bette Davis, Claude Rains y Paul Henreid (el Victor Lazslo de Casablanca), en una partitura de estilo melodramático en la que destaca la belleza de la melodía principal, lo que nos enlaza con la tradición melódica francesa, ya que las influencias musicales de Steiner, en especial las del romanticismo europeo, son numerosísimas:

Nueva nominación al Oscar, que en esta ocasión consigue llevarse a casa. Y, a diferencia de lo que sucedía en 1935, ahora sí que el Oscar se entrega al compositor.

En 1943 sigue trabajando en películas que en su momento fueron grandes éxitos, como “Alarma en el Rhin”, que le valió el Oscar a mejor actor a Paul Lukas, pero que hoy está completamente olvidada. Más destacables son sus trabajos de 1944. Una de ellas es “Las aventuras de Mark Twain”, protagonizada por Fredric March y Alexis Smith, con una sonoridad plenamente americana que le valdrá una nueva nominación al Oscar:

Ese año colabora también con el director Frank Capra (con quien había trabajado el año anterior en un documental) en la negrísima comedia “Arsénico por compasión”, protagonizada por Cary Grant, en la que combina melodías románticas, cómicas, de intriga y otras simplemente grotescas, según lo requiera la cambiante situación de tan alocada película:

También en 1944, la Warner trata de repetir el éxito de “Casablanca” con la casi olvidada “Pasaje a Marsella”, de nuevo con Michael Curtiz, Humphrey Bogart, Claude Rains, Peter Lorre o Sidney Greenstreet. Lógicamente, la partitura se le encarga a Max Steiner, que aquí, a diferencia de “Casablanca”, recurre mucho más a temas compuestos por él mismo, destacando la belleza melódica del tema de amor:

Y ese año vuelve a trabajar para Selznik por primera vez desde “Lo que el viento se llevó”, en esta ocasión para un drama ambientado en la II Guerra Mundial, en las esposas y familias que se quedan sin el padre, que está combatiendo en el frente. La película, protagonizada por Claudette Colbert, Jennifer Jones y Joseph Cotten, requiere de un tema principal tranquilo, amable, como la protagonista, pero al mismo tiempo capaz de transmitir esa nostalgia por el marido ausente, mientras Steiner compone otros temas de distinto carácter, destacando la grotesca melodía asociada al perro, interpretada por el fagot, y otros temas de carácter militar que nos recuerden la situación bélica que estamos viviendo, o cita la canción de cuna de Brahms:

Esta película le valdrá a Max Steiner su tercer y último Oscar. Trabajar con Selznik parece que le traía buena suerte.

En los siguientes años, sus mayores éxitos llegarán con adaptaciones musicales, como en “Rapsodia en azul”, de 1945, biopic de George Gershwin, o en 1946 con “Noche y día”, biopic de Cole Porter protagonizado por Cary Grant, ambos valedores de una nominación al Oscar. Pero quizá su partitura más reseñable de esos años sea la del clásico de cine negro “El sueño eterno”, de Howard Hawks, con Humphrey Bogart y Lauren Bacall, en cuyo tema principal va a predominar el aspecto más romántico de la película:

En 1947, es nominado por partida doble al Oscar, una por el musical “My wild irish rose” y la otra por “Vivir con papá”, comedia de Michael Curtiz protagonizada por William Powell, Irene Dunne y Elizabeth Taylor, de ritmo desenfadado y sonoridad de nuevo ya plenamente americana:

En 1948 destacan sus trabajos en dos películas protagonizadas por Humphrey Bogart, y ambas dirigidas por John Huston. La primera será la opresiva “Cayo Largo”, con Lauren Bacall, Edward G. Robinson y Lionel Barrymore, en la que consigue transmitir a la perfección ese ambiente de permanente tensión que requiere el film:

La otra será el drama “El tesoro de Sierra Madre”, en una partitura con la sonoridad mexicana que requiere la ubicación del film y que muestra también un carácter opresivo, como la atmósfera que viven esos ambiciosos buscadores de oro capaces de cualquier cosa con tal de conseguir el ansiado premio:

También trabaja de nuevo para Errol Flynn, en “El burlador de Castilla”, en la que consigue reproducir la música tradicional española, además de trabajar en un género, el de capa y espada, que tradicionalmente se había asociado a Korngold (“El capitán Blood”, “Robin de los bosques”, “El halcón de mar, todas ellas protagonizadas por Errol Flynn):

Pero su mejor trabajo ese año, y el único por el que consigue estar nominado al Oscar, será su trabajo en “Belinda”, la historia de una joven sorda interpretada por Jane Wyman que es violada. El tema principal, de nuevo de una exquisita belleza, nos transmite la inocencia de esta joven que, en el fondo, es una niña:

En 1949 recibe una nueva nominación al Oscar por “Más allá del bosque”, drama de King Vidor con Bette Davis y Joseph Cotten, y en 1950 es nominado por otra magnífica partitura, la de “El halcón y la flecha”, film de capa y espada protagonizado por Burt Lancaster y ambientado en el norte de Italia. Steiner recurre a ritmos típicos italianos, como la tarantella, para conseguir la mejor ambientación posible, aunque podamos encontrar similitudes incluso con la sinfonía italiana de Mendelssohn:

En 1951 compone la partitura del western de Raoul Walsh “Tambores lejanos”, protagonizado por Gary Cooper, y en la que de nuevo destaca su capacidad de ambientación gracias a la música, por el uso de percusiones que puedan evocarnos a los indios norteamericanos:

En 1951 pone música a la bélica “La flota silenciosa”, protagonizada por John Wayne, en una partitura llena de tensión:

En 1952 es nominado al Oscar por “El mensaje de Fátima”, y repite nominación en 1954 por la magistral partitura de “El motín del Caine”, magistral drama militar protagonizado por Humphrey Bogart y José Ferrer, para el que compone una de sus mejores marchas militares:

Ese mismo año se estrena en el género histórico, hasta ese momento propiedad de Alfred Newman y Miklós Rózsa, en “El talismán”, historia ambientada en las cruzadas con Rex Harrison y Virginia Mayo de protagonistas:

Y repite género, de forma más afortunada, en “Helena de Troya”, con un memorable tema principal que nos recuerda a sus grandes partituras del pasado:

Y ese año vuelve a estar nominado al Oscar por el drama bélico “Más allá de las lágrimas”, de nuevo dirigido por Raoul Walsh:

Pero su mejor partitura de la década está por llegar. Max Steiner no era el compositor preferido de John Ford, que prefería los estilos de Alfred Newman o Victor Young, en general menos ambiciosos, y con menor presencia en el metraje, que las partituras de Steiner, pero se vio obligado a contar de nuevo con él para uno de sus mejores westerns, “Centauros del desierto”, protagonizado por John Wayne y Jeffrey Hunter. Escuchando la magistral partitura que compone Steiner, sólo queda recordar que los grandes genios también se equivocan, y Ford no iba a ser la excepción:

Pero la película, incomprensiblemente, no recibe ninguna nominación al Oscar, y ni siquiera Steiner se libra de esta maldición que parecen tener los westerns de John Ford.

En 1959 trabaja en otro western, “El árbol del ahorcado”, dirigido por Delmer Daves y protagonizado por Gary Cooper. El ritmo de trabajo de Steiner se ha reducido considerablemente, y aquí no es difícil escuchar por momentos el mismo tema que sonaba en “Centauros del desierto”:

Y, pese a todo, Steiner alcanza ese año uno de los mayores éxitos (al menos comercialmente hablando) con el tema principal de “En una isla tranquila del sur”, también dirigida por Delmer Daves, protagonizada con la joven pareja de moda, Sandra Dee y Troy Donahue; esto permite a Steiner ser conocido por una nueva generación que en esos momentos se encontraba en la adolescencia:

Buscando repetir el éxito, Delmer Daves vuelve a contar con él en “Parrish”, drama protagonizado por Claudette Colbert, Karl Malden y, cómo no, Troy Donahue, el guaperas del momento. En un momento en el que la forma de entender las bandas sonoras está cambiando (influencias del jazz y de músicas populares la época, los cambios de concepto de Bernard Herrmann o Jerry Goldsmith), el estilo de Steiner también ha cambiado. Poco queda de aquel brillante compositor de estilo tardorromántico de creatividad incansable. Sus nuevas partituras, conservando aún en parte la brillantez melódica de su periodo de esplendor, han perdido mucha de la brillantez que tenían apenas una década antes:

Delmer Daves será uno de los directores que siga contando con él en los siguientes años, como prueba su colaboración en “Más allá del amor”, de nuevo con Troy Donahue, acompañado ahora por Angie Dickinson:

El otro será Raoul Walsh, que contará con él para el western “Una trompeta lejana”, protagonizado de nuevo por Troy Donahue (y pensar que hoy día nadie se acuerda de este actor…), en una partitura que recuerda peligrosamente a la marcha militar de “La carga de la brigada ligera):

Su último trabajo será para una película de la Disney, “Those Calloways”, de 1965. El tema grotesco para describir a los gansos para los que la familia Calloway quiere construir una reserva es de nuevo un recurso ya utilizado por Steiner, aunque la partitura no carece e interés:

En 1963, Max Steiner escribe una autobiografía que, por desgracia, no se publicó, y en la que parece ser que contaba detalles desconocidos de su infancia. De hecho, se desconoce de la fecha de divorcio de su primera esposa, con la que se casó en 1912. Steiner se casaría otras tres veces, pero sólo tendría un hijo, Ron, con su tercera esposa, la arpista Louise Klos. Su hijo murió en 1962, justo antes de comenzar a escribir sus memorias.

Retirado en sus últimos años, Max Steiner moría de un infarto el 28 de diciembre de 1971 en Beverly Hills a los 83 años, siendo enterrado en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery de Glendale.

Max Steiner se ganó con su incansable labor un importante lugar en la historia de la música cinematográfica, que revolucionó y que dominó durante dos décadas en las que nos regaló muchas de las partituras más memorables del Hollywood clásico. Aún a día de hoy sigue siendo un referente de todos los compositores sinfonistas de Hollywood, de los que fue el primer gran exponente.



Centenario del nacimiento de William Holden (17-04-2018)


Polifacético, prolífico, son adjetivos que encajan a la perfección con William Holden, un actor demasiado joven para formar parte del Hollywood dorado, al que llegó a muy temprana edad, y que supo extender esa forma de entender la interpretación décadas después. Un magnífico actor del que se celebra su centenario.




El verdadero nombre de William Holden era William Franklin Beedle Jr., y nació en la localidad de O’Fallon, al sur de Illinois, el 17 de abril de 1918, en el seno de una familia acomodada que tendría dos hijos más. En 1921 se trasladan a Pasadena, California, en cuyo instituto comenzará a trabajar como actor radiofónico. Estando en California, sólo había un pasito más para debutar en Hollywood, cosa que Beedle hace en 1938, aunque sin acreditar, Su nombre artístico iba a ser Bill Beedle, pero un asistente de director de Columbia le sugirió el nombre de William Holden, usando el apellido de la ex-esposa de ese asistente. Y así debuta ya de forma acreditada en “Sueño dorado”, de Rouben Mamoulian, interpretando a un joven violinista que se dedica al boxeo para ganar dinero y complacer a su ambiciosa amada, Barbara Stanwyck, frente al disgusto de su padre, Lee J. Cobb:

William Holden apenas tenía 20 años, y Barbara Stanwyck se encargó de impulsar su carrera, viendo el gran talento del joven. Ambos mantendrían una estrecha amistad de por vida. Por otro lado, Holden será conocido como “Golden Boy”, “chico dorado”, en alusión al título original del film.

Su siguiente papel reseñable será en 1940 en “Sinfonía de la vida”, melodrama de Sam Wood en el que se enamora de su vecina de al lado, Martha Scott (debutante en el cine y bastante mayor que él, pero quien había interpretado el papel en teatro), mientras la historia costumbrista nos presenta también a sus padres, Thomas Mitchell y Fay Bainter:

Por desgracia, las productoras para las que trabaja, Columbia y Paramount, no le ofrecen grandes papeles, así que tras casarse en 1941 con la actriz Brenda Marshall (con la que tendrá dos hijos, además de adoptar a la hija que ya tenía previamente la actriz), servirá en las Fuerzas Armadas durante la guerra, en la que morirá su hermano Robert. Tras la guerra, su papel más interesante será en el film negro “Cerco de odio”, de Rudolph Maté, de nuevo junto a Lee J. Cobb. Hasta que surja su gran oportunidad en 1950.

El gran Billy Wilder ha escrito una historia ambientada en el mundo del cine, con una apagada estrella de cine mudo y un ambicioso guionista, mucho más joven, aprovechándose de ella a modo de Gigolo. Wilder quiere a Montgomery Clift para el papel protagonista, pero éste lo rechaza, al considerarlo demasiado similar a su anterior papel en “La heredera”, temiendo ser encasillado. El papel recae entonces en el casi olvidado William Holden, que tendrá que enfrentarse a la estrella de cine mudo Gloria Swanson en una de las mejores películas de la historia, la mítica “El crepúsculo de los dioses”:

Pese a la soberbia actuación de la Swanson, he de decir que en mi opinión lo mejor de la película es precisamente la interpretación de Holden, que se vio recompensado con su primera nominación al Oscar y un nuevo impulso a su carrera, ya imparable.

Su siguiente papel, de nuevo en 1950, es en la comedia “Nacida ayer”, de George Cukor, en la que interpreta al periodista que tiene que “educar” a Judy Holliday, la novia del mafioso Broderick Crawford, para terminar enamorándose de ella:

Curiosamente, Judy Holliday le arrebatará el Oscar que tenía casi asegurado Gloria Swanson.

En 1952 es el padrino de la boda de Ronald Reagan y Nancy Davis, ya que es un gran amigo del futuro presidente de Estados Unidos. De aquí se deduce que Holden era republicano, si bien él nunca hará ningún comentario público con respecto a sus opiniones políticas.

William Holden participa a continuación en diversos films bélicos antes de regresar a la comedia en 1953 con “Por siempre mujer”, donde comparte protagonismo con Ginger Rogers:

Ese mismo año protagoniza otra comedia, “La luna es azul”, de Otto Preminger, en la que se enamora de Maggie McNamara frente a los celos de su vecino David Niven:

Ese mismo año protagoniza el western “Fort Bravo”, de John Sturges, junto a Eleanor Parker:

Pero si destaca en una película de 1953, esa será “Traidor en el infierno”, de nuevo a las órdenes de Billy Wilder, en la que interpreta uno de esos personajes cínicos y ambiguos que tan bien se le darán, en un campo de prisioneros nazi en el que hay un traidor al que hay que descubrir:

Si con su primera colaboración con Billy Wilder se llevó su primera nominación al Oscar, con esta segunda se lleva la segunda nominación y, por fin, el preciado premio al mejor actor:

Y Billy Wilder no tendrá mejor idea para su siguiente película que unir a los dos ganadores del Oscar de 1953, William Holden y Audrey Hepburn, junto a Humphrey Bogart en su nueva comedia romántica, “Sabrina”, en la que dos hermanos se enamoran de la hija del chófer de la familia:

Al parecer, durante el rodaje se produjo un romance entre ambos, pero ella le terminará rechazando por su deseo de formar una familia, algo imposible con Holden ya que éste afirmaba haberse hecho una vasectomía.

Pero 1954 es otro año tremendamente productivo en su carrera. Es uno de los protagonistas de la coral “La torre de los ambiciosos”, en la que un grupo de personas se pelean por ocupar el puesto del fallecido director de una empresa, junto a Barbara Stanwyck, Fredric March, Walter Pidgeon o June Allyson, que interpreta a su esposa:

Y trabaja en dos ocasiones junto a Grace Kelly. Una de las películas que rodarán juntos es “La angustia de vivir”, en la que ambos, él como amigo y ella como esposa, intentarán ayudar al alcohólico Bing Crosby, en una película que le valió a Grace Kelly el Oscar a mejor actriz:

Y la otra será la bélica “Los puentes de Toko-Ri”, ambientada en la guerra de Corea, en la que Grace Kelly interpreta a su esposa y está acompañado por Fredric March y Mickey Rooney:

En 1955 protagonizará dos sendos melodramas románticos. El primero, “La colina del adiós” de Henry King, en la que interpreta a un corresponsal de guerra que, en la guerra de Corea, se enamora de una enfermera asiática, interpretada por Jennifer Jones, en un amor interracial muy problemático:

La otra será “Picnic”, de Joshua Logan, en la que interpreta a un trotamundos que se enamora de la chica más guapa del pueblo al que acaba de llegar, interpretada por Kim Novak:

Siguiendo en el cine bélico que tanto frecuentará, en 1957 es uno de los protagonistas de la mítica “El puente sobre el río Kwai” de David Lean, en la que es el líder de la expedición que intenta volar el puente en cuestión, construido por un prisionero Alec Guinness que estará demasiado orgulloso de su trabajo:

En 1959 protagoniza junto a John Wayne el western de John Ford “Misión de audaces”, ambientado en la Guerra de Secesión, en la que Holden interpreta a un médico demasiado amable para el rudo John Wayne:

Ese mismo año establece en Kenia una reserva para la conservación de la fauna salvaje que todavía sigue en funcionamiento, destacando su labor en la conservación del críticamente amenazado antílope Bongo del Este. Esta pasión por la fauna salvaje la demostrará en el cine en 1961 con la película “El león”, que protagoniza junto a Capuccine, actriz con la que tendrá un romance.

Ese mismo año protagoniza “Satán nunca duerme”, drama de Leo McCarey en el que viaja como misionero a China para sustituir al anciano Clifton Webb, enfrentándose a los peligros del avance comunista:

El ritmo de trabajo de William Holden se va ralentizando en estos años, teniendo cada vez menos contratos y, en general, menos interesantes, en especial tras el fracaso de su nueva película junto a Audrey Hepburn, “Encuentro en París”, de 1964:

El western será quizá el género en el que mejor sobreviva durante esos años difíciles, destacando su trabajo como protagonista en “Alvarez Kelly”, de 1966, en la que interpreta a un mercader de ganado que se enfrenta al confederado Richard Widmark para poder llevar el ganado a los Yanquis que le han contratado:

Pero 1966 es un año trágico: William Holden tiene una casa en Suiza y pasa largas temporadas en Europa. Ese año, mientras conduce a gran velocidad por una autopista italiana, bajo los efectos del alcohol, al que es adicto, tiene un accidente que provoca la muerte del conductor del vehículo contra el que choca. La condena fue anulada, pero el suceso le traumatizaría de por vida.

Su recuperación para el cine vendrá en 1969 al protagonizar el western de Sam Peckinpah “Grupo salvaje” junto a Robert Ryan y Ernest Borgnine:

En 1971 protagoniza junto a Ryan O’Neal el western cómico de Blake Edwards “Dos hombres contra el oeste”:

Ese mismo año se divorcia de su esposa Brenda Marshall, para comenzar al año siguiente una relación con la actriz Stefanie Powers, con la que permanecerá hasta su muerte.

William Holden realiza algún otro western siguiendo la estela de la exitosa “Grupo salvaje”, antes de trabajar a las órdenes de Clint Eastwood en el drama “Primavera en otoño”, en la que interpreta a un hombre maduro que se enamora de una joven Hippie:

En 1974 interpreta al constructor del monumental rascacielos en “El coloso en llamas”, en medio de un reparto de lujo encabezado por Paul Newman y Steve McQueen:

En 1976 interpreta al productor televisivo de “Network”, de Sidney Lumet, que tiene que hacer frente a la amenaza que profiere en directo su amigo el presentador Peter Finch de suicidarse en directo a causa de su despido:

William Holden recibirá una tercera y última nominación al Oscar por esta película, pero el premio irá a parar, de forma póstuma, a su compañero de reparto Peter Finch.

En 1978, además de protagonizar la secuela de “La profecía”, trabaja con Billy Wilder por última vez en “Fedora”, drama de cine dentro del cine, en el que interpreta a un productor cinematográfico que intenta recuperar para el cine a una vieja estrella que vive oculta del mundo:

En 1980 regresa al cine de catástrofes, con peor resultado que “El coloso en llamas”, en “El día del fin del mundo”, en la que trabajará de nuevo junto a Paul Newman, en esta ocasión en una isla paradisíaca amenazada por la erupción de un volcán:

Su última película será en 1981, “S.O.B.”, de Blake Edwards, de nuevo ambientada en el mundo del cine junto a Julie Andrews.

William Holden llevaba años padeciendo alcoholismo. El 16 de noviembre de 1981, su cuerpo fue encontrado sin vida en su apartamento de Santa Monica. Al parecer, había muerto 4 días antes, el día 12, desangrado tras abrirse la frente contra la mesilla de su habitación, golpeándose la cabeza a causa de un tropezón con la alfombra. La autopsia reveló que Holden habría permanecido consciente algún tiempo tras el accidente, pero por algún motivo (¿estaba demasiado borracho?) no fue capaz de coger el teléfono y avisar a los servicios de emergencias. También se plantearon sospechas de complot o de suicidio que nunca serían demostradas. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas esparcidas por el Océano Pacífico.

William Holden tenía sólo 63 años cuando nos dejó, pero su inmenso legado de en torno a 70 películas nos muestra a un actor capaz de desenvolverse con gran soltura en cualquier género, un actor “de los de antes”, lejos de histrionismos y de la moda del Actor’s studio, que nos regaló una gran cantidad de magníficos papeles por los que merece ser recordado.



30 años de la muerte de Fred Astaire (22-06-2017)




Decepcionante en su primera prueba cinematográfica, que decía que no sabía actuar ni cantar, y que bailaba “un poco”, terminó convirtiéndose en una estrella cinematográfica y en el que quizá sea el bailarín más admirado del siglo XX, elogiado por bailarines tan diversos como Nureyev o Michael Jackson, pasando por Bob Fosse o su gran rival, Gene Kelly. Con una destreza técnica y una elegancia que levantaban admiración, Fred Astaire disfrutó de una larga vida, pero nos dejó hoy hace 30 años.




El nombre real de Fred Astaire era Frederick Austerlitz, y nació el 10 de mayo de 1989 en Omaha, estado de Nebrasca. Su padre, nacido en Austria, se había mudado a Omaha por motivos laborales, y allí se casó con su madre, americana de origen austriaco. Tenían ya una hija, Adele, nacida en 1896, que demostró un gran talento como bailarina, motivo por el que su madre quería dejar Omaha y trasladarse a una ciudad más grande.

El pequeño Fred rehusaba recibir lecciones de danza, aunque aprendió a tocar diversos instrumentos musicales. Pero en 1905 su padre pierde el trabajo, y la familia se muda a Nueva York, donde los dos hermanos reciben clases de baile para participar en espectáculos de vaudeville:

Por esas fechas, su madre decide cambiarles el apellido por uno que suene más americano, adoptando ya el nombre artístico de Fred Astaire. Con diversa fortuna, en esos años de juventud va desarrollando su estilo de baile.

En 1916 conoce a George Gershwin, convirtiéndose en amigos y colaboradores. Así, tras debutar en Broadway en 1917 con la revista “Over the Top”, Fred y Adele estrenarán varias obras musicales de Gershwin, como “Lady, be good” en 1924, “Funny face” en 1927 (que llevaría años después al cine, aunque muy modificada) y “The band wagon” en 1931 (que también llevará al cine), además de obras de otros autores, como “The bunch and Judy” de Jerome Kern. Escuchamos a la pareja de hermanos cantar el tema principal de “Funny face”:

Curiosamente, mientras la mayoría de compositores (Porter, Kern, Berlin) elogian la forma de cantar de Fred Astaire, Gershwin será más reacio a su voz (que nunca fue realmente buena, aunque sabía aprovecharla para cantar con un gusto irrepetible gracias a su dicción y fraseo siempre elegantes).

En 1932, la pareja que forma con su hermana Adele se disuelve cuando ella se casa. Libre de las ataduras de los contratos con su hermana, Fred Astaire protagoniza “Gay Divorce” con una nueva pareja, Claire Luce. En 1933 se casa con Phyllis L. Potter, con quien tendrá dos hijos, Fred en 1936 y Ava en 1942.

En 1933 se produce la prueba cinematográfica para el estudio RKO que mencionábamos al principio. Pese a su pobre resultado, Fred consigue un contrato, aunque lo primero que hace el estudio es cederlo a la Metro para unas breves escenas en “Alma de bailarina” en las que baila junto a Joan Crawford:

La elegancia de Astaire contrasta con la bruteza de la Crawford.

La primera película que rueda con la RKO es “Volando hacia Río de Janeiro”, que protagonizan Dolores del Río y Gene Raymond. Allí baila junto a Ginger Rogers esta “Carioca” que será el gran triunfo de la película:

¿Quién se acuerda de la pareja protagonista? Nadie, todo el mundo se fijó en los secundarios, en especial en él. La RKO propone entonces que Astaire y Rogers formen pareja artística, algo a lo que Astaire no está muy dispuesto, ya que tuvo de pareja a su hermana y no vuelve a querer ataduras. Pero el contrato se impone, y en 1924 estrenan “La alegre divorciada”, adaptación del musical de Cole Porter que Astaire protagonizó dos años antes (aunque con el título cambiado por la censura: una divorciada puede ser alegre, pero un divorcio no). Escuchamos a Fred cantar la famosa canción “Night and day”:

Los siguientes musicales que ruede la pareja serán collages de canciones de distintos autores. Fred Astaire insiste en que los números musicales tienen que estar siempre integrados en la acción del film (que serán siempre comedias, acompañados de actores cómicos como Edward Everett Horton, Eric Blore o Helen Broderick, con quien Fred ya había compartido escenario), además de exigir que las coreografías se realizaran en una toma única.

No era Ginger Rogers na gran bailarina, pero la pareja se complementaba a la perfección. El estilo de baile de Fred revoluciona el baile de salón, incorporando elementos afroamericanos, claqué y el estilo que habían desarrollado la pareja formada por Vernon e Irene Castle.

En 1935 ruedan “Roberta”, en la que no son la pareja protagonista, ya que ese puesto lo ocupan Irene Dunne (que canta un maravilloso “Smoke gets in your eyes”) y Randolph Scott, aunque Astaire le arrebata el protagonismo. Podemos apreciar además sus habilidades como pianista en este “I won’t dance”:

También en 1935 ruedan la que probablemente sea la mejor película de la pareja, la genial “Sombrero de copa”, famosa por este “Cheeck to cheeck”:

A estas películas siguen en 1936 “Sigamos la flota” y “En alas de la danza”, “Ritmo loco en 1937” y “Amanda” en 1938, todas ellas enormes éxitos. Fred Astaire prueba también suerte en solitario con “Señorita en desgracia”.

Tras 8 películas juntos (muchas dirigidas por Mark Sandrich, el que mayor partido supo sacarles), en 1939 cambia la temática de su siguiente película, “La historia de Irene Castle”, La propia Irene Castle participa en la realización de este guión biográfico, en el que el argumento no es tan cómico y en el que, además, Fred Astaire muere por primera vez en una película:

La película es un fracaso, y Fred Astaire, ahora considerado “veneno para la taquilla”, abandona la RKO, mientras Ginger Rogers permanecerá siendo la gran estrella del estudio. No era difícil trabajar con Fred, pero era muy cansado, por su insistencia en ensayar los números de baile (que se aprendía a la perfección), y Ginger estaba cansada.

Fred Astaire necesita ahora una nueva pareja que esté a la altura. Y la encuentra en Eleanor Powell, junto a la que rueda “La nueva melodía de Broadway”:

Por desgracia, no volvieron a trabajar juntos.

Su siguiente pareja fue Rita Hayworth, en 1941 en “Desde aquél beso” y en 1942 en “Bailando nace el amor”:

Fracasa en sus siguientes películas, “El límite es el cielo” en 1943 y “Yolanda y el ladrón” en 1945. Pero en 1945 comparte baile con Gene Kelly en “Ziegfeld follies”:

Así podemos compararlos y ver quién de los dos bailaba mejor.

En 1946 trabaja por segunda vez junto a Bing Crosby (con el que protagonizó en 1942 “Quince días de placer”) en “Cielo azul”. Y a continuación afirma que se retira. Quiere dedicarse a la equitación y funda una academia de baile.

Afortunadamente, la retirada es sólo temporal: Gene Kelly se encuentra indispuesto para rodar “Desfile de Pascua” junto a Judy Garland, y Fred Astaire le sustituye:

Además de este baile en solitario, es inolvidable la escena de los mendigos con Judy Garland:

En 1949 rueda por décima y última vez junto a Ginger Rogers “Vuelve a mí”:

En 1950, Fred Astaire es recompensado con un Oscar honorífico (pese a nunca haber sido nominado hasta el momento), que le entrega la propia Ginger Rogers:

Fred Astaire consigue volver a asentarse en la taquilla, pese a fracasos como “Let’s dance” y “Tres palabritas” en 1950 (aunque por esta última gana un Globo de Oro a mejor actor de comedia) y “La reina de Nueva York” en 1952. Pero si alguna película confirma su popularidad es “Bodas reales”, dirigida por Stanley Donen, en la que se marca uno de sus bailes más recordados:

En 1953 rueda, dirigido por Vincente Minnelli, el que es considerado uno de los mejores musicales de la época, “Melodías de Broadway 1955”, adaptación de “The band wagon” que ya había representado en su juventud. Destaca el número de los trillizos, junto a Nanette Fabray y Jack Buchanan:

La película destaca así mismo por una nueva canción compuesta expresamente para ella, “That’s entertainment”:

Su siguiente película es “Papá piernas largas”, junto a Leslie Caron. Pero durante el rodaje, a su mujer le diagnostican un cáncer y muere. Fred quiere retirarse, y propone pagar de su bolsillo los costes del film. El compositor Johnny Mercer consigue convencerle de que en ese momento lo mejor que puede hacer es terminar la película, que se estrena finalmente en 1955 con moderado éxito:

En 1957 protagoniza “Una cara con ángel”, de nuevo dirigida por Stanley Donen, junto a Audrey Hepburn, en una adaptación muy libre de “Funny Face” de George Gershwin que ya había interpretado junto a su hermana, en la que se incluyen nuevos números musicales como este “Bonjour, Paris”:

Incomprensiblemente, la película no es un éxito, como tampoco lo será la otra película que estrene en 1957, “La bella de Moscú”, adaptación musical de la Ninotchka de Lubitsch junto a Cyd Charisse, que queda lejos del encanto y la frescura de la original:

Fred Astaire todavía se mantiene ágil y esbelto, pero se le notan los años (va camino de los 60) y sus parejas son mucho más jóvenes. Por eso decide abandonar el cine musical para dedicarse a papeles dramáticos. Y se estrena en la magnífica “La hora final”, drama nuclear junto a Gregory Peck, Ava Gardner y Anthony Perkins, en el que interpreta el papel de un científico muy crítico con el armamento nuclear defensivo que provoca una guerra nuclear y con ello la extinción de la humanidad, en un discurso un tanto extraño para un republicano conservador y partidario de la intervención militar como él (pese a no utilizar nunca su faceta pública con fines políticos):

Por este papel consigue una nominación al Globo de Oro como mejor secundario.

A continuación trabaja en televisión y en algunas películas, en papeles generalmente secundarios, hasta que en 1968 vuelve al musical, esta vez de la mano de Francis Ford Coppola, en “El valle del Arco Iris”, junto a Petula Clark:

Es su último musical. Y no porque ya no pueda balar; aunque dijera lo contrario, lo demostró en la ceremonia de entrega de los Oscars en 1970:

Su papel posterior más memorable será en “El coloso en llamas”, en la que todavía mantiene ese estilo que le había hecho ser considerado uno de los actores mejor vestidos de Hollywood:

Por esta película recibe su única nominación al Oscar, como mejor secundario. Y, para sorpresa de todos, pierde frente a Robert De Niro (por El Padrino II). Y más tras haber ganado el BAFTA y el Globo de Oro.

Su última película es el thriller de terror “Historia macabra”, que se estrena en 1981. Había participado en otras películas, olvidadas, y en televisión, tanto en series como en programas de entretenimiento, como cuando en 1975 estuvo en el show de su amigo Bing Crosby y ambos cantaron deliciosamente ese “You’ve got a friend” de James Taylor:

El 24 de junio de 1980, Fred Astaire se casa por segunda vez, con la jockey Robyn Smith, 45 años más joven que él. Y junto a ella permaneció hasta el 22 de junio de 1987, cuando una neumonía acabó con su vida, a los 88 años. Poco antes había mencionado que su sucesor era Michael Jackson. Fue enterrado en el Oakwood Memorial Park Cemetery de California:

Fred Astaire no sólo era un excepcional bailarín, fue un coreógrafo que revolucionó el mundo del cine musical por su forma de entenderlo, además de demostrar unas dotes como actor dramático que nadie se esperaba en sus inicios. Sin duda, una de las mayores estrellas del Hollywood dorado.