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175 años del estreno de Ernani (09-03-2019)

Tras los recientes éxitos de “Nabucco” y de “I lombardi“, Giuseppe Verdi comienza a recibir ofertas de diferentes teatros que quieren estrenar una nueva obra suya. El compositor, deseoso de alejarse de Milán, se siente tentado por la oferta del Teatro de La Fenice de Venecia para componer dos óperas. El compositor establece una serie de condiciones que son aceptadas: el pago se realizará tras la primera función, y no tras la tercera (recordando que “Un giorno di regno” sólo se represento una vez), la libre elección de libretista y del tema de la ópera.

Verdi contacta entonces con el poeta veneciano Francesco Maria Piave, con el que entablará una relación profesional estable y muy prolongada en el tiempo. Pero la composición se retrasa por no encontrar un tema adecuado. Se baraja “El Corsario” de Lord Byron, pero no se dispone de un barítono adecuado; la historia de los Foscari es descartada por problemas con la censura (si bien ambos temas serán retomados por Verdi en futuras óperas); llega entonces Victor Hugo, del que Piave adapta Cromwell, pero, con el libreto concluido, a Verdi no le convence. Entonces Nanni Mocenigo, presidente del teatro, le propone adaptar otra obra de Victor Hugo: la exitosa “Hernani”. Piave teme que la censura no permita el estreno, pero cuando el teatro aprueba la obra, Verdi prosigue con el proyecto y modifica la distribución tradicional de las voces: Ernani, el protagonista, pasa de contralto a tenor, por lo que el Rey Carlos pasará de tenor a barítono y el villano Silva será bajo en vez de barítono. La nueva ópera romántica da un paso más, pese a que las vocalidades de los personajes son todavía plenamente belcantistas. 

Con problemas con el reparto que debía protagonizar la obra, Verdi impone al tenor Carlo Guasco, que había estrenado el Oronte de “I lombardi”, y además, insatisfecho con el bajo previsto, no duda en seleccionar a un joven del coro, Antonio Selva, que aún no había cumplido los 20 años, para el papel del viejo Silva (Ruy Gómez de Silva era en realidad demasiado joven durante la época en la que sucede la acción, pero eso es ya culpa de Victor Hugo). 

Finalmente, tras una temporada desastrosa en La Fenice (con el fiasco de la representación de “I lombardi” a causa del tenor), “Ernani” se estrena el 9 de marzo con un enorme éxito, beneficiada en buena parte por el exquisito tratamiento melódico que da Verdi a la partitura, y que la convierte en una de las óperas más populares de la primera etapa del compositor, si bien por problemas con la censura (Victor Hugo no estaba bien visto en muchos estados italianos) se modificó en ocasiones el título por el de “Il proscrito”. La ópera ha continuado siendo popular desde entonces hasta nuestros días, aunque desde los años 50 otras óperas del primer Verdi le han superado en popularidad. 

Antes de pasar a comentar el argumento de la ópera dejamos, como siempre, un enlace al libreto traducido al español. 

La ópera comienza con una obertura bastante modesta si comparamos su duración con la de “Nabucco”. La escuchamos aquí dirigida por Riccardo Muti: 

Comienza la ópera, que consta de 4 actos, todos los cuales tienen lugar en 1519. 

El primer acto comienza en las montañas de Aragón con el tradicional coro. Un grupo de bandidos bebe y disfruta del momento, mientras ven que su líder, Ernani, no comparte su alegría. Escuchamos el coro dirigido de nuevo por Riccardo Muti:

Ernani decide compartir sus penas con sus camaradas. Se ha enamorado de una noble aragonesa, pero el viejo Silva quiere casarse al día siguiente con ella. Ernani quiere raptarla, pero sus camaradas quieren saber si ella estará de acuerdo y querrá huir con él. Ernani les asegura que ella se lo ha jurado, por lo que cuenta con la ayuda de sus bandidos. Así se consuela sabiendo que, en su exilio, estará acompañada por su amada. Escuchamos el aria “Come rugiada al cespite” y la cabaletta “O tu, che l’alma adora”, cantada por Carlo Bergonzi:

Cambiamos de escena, nos trasladamos al castillo de Ruy Gomez de Silva, en Aragón (absurdo, Silva era portugués). Estamos en las habitaciones de Elvira, la joven enamorada de Ernani. Es de noche. Ella no quiere que Silva vuelva, ya que está cansada de que la persiga, y sólo desea que Ernani se la lleve de ese lugar que tanto odia. Entran varias damas con los regalos para la boda, diciéndole que muchas mujeres envidian su suerte, pero a ella le dan igual los collares y las joyas que le regala Silva: sólo espera que llegue el momento para huir junto a Ernani. Escuchamos el aria de Elvira “Ernani, Ernani, involami” y la cabaletta “Tutto sprezzo che d’Ernani” cantada por Leyla Gencer:

Pero en ese momento aparece el joven Don Carlo, Rey de Aragón y aspirante a la corona imperial. La criada Giovanna va en busca de Elvira. Don Carlo está enamorado de Elvira, pero sabe que ella la rechaza porque ama a un enemigo suyo. Llega Elvira, que vuelve a rechazarlo. Carlo le recrimina que ame a un bandido, y le abre su corazón: está enamorado de ella desde el día que la vio, pero ella le confirma que le da igual la corona o el título que tenga, no le ama y no va a amarlo. Carlo trata de llevársela, pero ella le arrebata el puñal y le amenaza con matarlo y matarse. Y en ese momento aparece Ernani. Escuchamos el dúo “Da quel dì che t’ho veduta” cantado por Giuseppe Taddei y Leyla Gencer:

El Rey reconoce a su enemigo Ernani, el bandido; le avisa que, a una sola señal suya estará muerto, pero le permite huir. Ernani le demuestra su amor porque el Rey se lo ha arrebatado todo, bienes, honor, mataron a su padre y además aman a la misma mujer. Mientras, Elvira, desesperada al ver tanto odio entre ambos, amenaza con apuñalarse allí mismo ante ellos. Escuchamos el terzetto “Tu se’ Ernani” con Carlo Bergonzi, Mario Sereni y Leontyne Price:

En ese momento aparece Silva, escandalizado al ver que dos hombres se pelean por la que quiere que sea su esposa. Tras llamar a todos sus caballeros para que sean testigos, lamenta que la edad no le haya dado un corazón de hielo. En una cabaletta añadida para unas funciones en la Scala en 1844 utilizando música compuesta por Verdi para su primera ópera, “Oberto”, Silva confirma que, pese a la edad, está dispuesto a luchar para defender su honor. Escuchamos el aria “Infelice! E tuo credevi” y la cabaletta “Infin che un brando vindice” cantada por Cesare Siepi:

Silva se dispone a luchar contra ambos, y elige primero a Carlo, pero en ese momento entra su escudero Riccardo y Silva descubre que es el Rey. Carlo afirma que el viejo se calma al estar ante el Rey, y todos se dan cuenta de su lucha interna. Mientras, Ernani y Elvira planean su fuga. Escuchamos la escena con Luciano Pavarotti, Joan Sutherland, Leo Nucci y Paata Burchuladze:

Silva le pide perdón al rey, que se lo concede. Carlo afirma que, como necesita el consejo de un hombre sabio, se quedará en el castillo esa noche, mientras permite que Ernani huya, aunque este sigue clamando venganza. Mientras, Carlo expresa su intención de alcanzas la corona imperial, y, si la consigue, sabrá ser clemente. Escuchamos el final del primer acto de Ernani con Carlo Bergonzi, Leontyne Price, Cornell McNeil y Giorgio Tozzi:

Comenzamos el segundo acto. Volvemos a estar en el castillo de Silva. En una gran sala del castillo, todos los criados preparan alegres la celebración de la boda de su señor con Elvira:

Silva ordena a su escudero Jago que haga pasar al peregrino que ha llegado, ya que se dispone a ofrecerle la hospitalidad que solicita, y ni siquiera desea saber su identidad. Lo que no sabe es que el peregrino es en realidad Ernani disfrazado. Así, cuando Silva le presenta a la novia, que no es otra que Elvira, Ernani se descubre y ofrece como regalo su cabeza. Escuchamos la escena con cesare Siepi, Mario del Monaco y Zinka Milanov:

Ernani afirma que los soldados del Rey le persiguen, ha perdido a sus hombres y no tiene esperanza de sobrevivir. Elvira lamenta su suerte y Silva se niega a entregarlo al Rey, ya que ha prometido acogerle, y es su deber defenderlo. Escuchamos el trío con Carlo Bergonzi, Leontyne Price y Giorgio Tozzi:

Silva se va para preparar la defensa del castillo. Entonces Ernani se enfrenta a Elvira porque ella haya aceptado casarse con Silva. Ella se defiende diciendo que todos le daban por muerto e incluso estuvo a punto de matarse. Ernani se recupera de la locura pasajera, ambos confirman su amor y se abrazan, justo en el momento en el que aparece Silva, que quiere venganza. Pero en ese momento Jago avisa de la llegada del Rey, por lo que Silva, que quiere matar a Ernani por su propia mano, hace que el fugitivo se esconda por una puerta secreta. Escuchamos la escena con Plácido Domingo, Raina Kabaivanska y Nicolai Ghiaurov:

Llega el Rey, alarmado al encontrar el castillo lleno de defensas, y sospecha que los nobles preparan una nueva rebelión. Silva afirma su lealtad, pero como prueba de esa lealtad el Rey le pide que entregue a Ernani, que se ha refugiado en el castillo, o de lo contrario arderá. Silva dice que ha ofrecido hospitalidad a un peregrino y que no puede traicionarlo, pero eso supone traicionar al Rey, quien hace que su escudero Riccardo busque a Ernani por todo el castillo. Escuchamos la escena con Nicolai Ghiaurov y Renato Bruson:

Carlo se muestra altivo, diciendo que no puede desafiar así a su Rey, y pese a que Silva le advierte que ningún Rey de Iberia querría deshonrar a los Silva, Carlo piensa matarlo. Escuchamos el aria “Lo vedremo, veglio audace” cantada por Mattia Battistini:

Vuelven los soldados del Rey diciendo que no hay rastro de Ernani, pero que han desarmado a la guarnición del castillo, y que, bajo tortura, hablarán y dirán dónde se esconde el bandido. Aparece Elvira implorando su piedad, y Carlo solicita que Elvira le sea entregada como prueba de su lealtad. Silva se niega, ya que la ama y es lo único que le queda en la tierra, antes prefiere morir. Pero su honor está por encima, se niega a revelar dónde se esconde Ernani. Carlo se lleva entonces a Elvira, ofreciéndole una vida llena de alegrías, mientras los criados de Silva se dan cuenta de que eso acabará con la vida de su señor, que clama venganza. Escuchamos la escena con Cornell MacNeill y Giorgio Tozzi:

Tras confirmar su deseo de matar al Rey, Silva hace salir a Ernani de su escondite para batirse en duelo. Ernani no quiere hacerlo por la edad de Silva, y le suplica que le escuche: quiere ver por última vez a Ernani antes de que Silva lo mate. El viejo le dice que se la ha llevado el Rey, y Ernani le dice que el Rey ama a Elvira, lo que enfurece aún más a Silva, que se dispone a perseguir el cortejo tras acabar con Ernani. Pero el bandido le dice que lo necesitará para luchar contra Carlo, y como garantía le ofrece su cuerno: cuando Silva lo haga sonar, él morirá al momento. Tras jurar, todos salen en persecución del Rey. Escuchamos el dúo con Plácido Domingo y Nicolai Ghiaurov:

Para la función de Parma del mismo 1844, Rossini le sugirió a Verdi que añadiera en este momento un aria para Ernani, que sería interpretado por el tenor ruso Nicola Ivanoff. Verdi compone entonces el aria “Odi il voto” y la cabaletta “Sprezzo la vita”, en la que Ernani jura vengar a su padre cueste lo que cueste, y hace que todos juren ayudarle en esa venganza. Escuchamos el aria cantada por quien la re-descubrió, Luciano Pavarotti:

Comenzamos el tercer acto. Estamos en Aquisgrán, en la tumba de Carlomagno. Mientras los electores están reunidos para elegir al nuevo Emperador del sacro Imperio Romano-Germánico, Carlo sabe por su escudero Riccardo que los conspiradores que quieren matarlo se reunirán en ese lugar. Carlo va a esconderse en la tumba de Carlomagno para sorprenderlos. Mientras, le pide a Riccardo que, si es elegido Emperador, le dé una señal mediante tres cañonazos y que acuda allí con Elvira. Escuchamos la escena cantada por Leo Nucci:

Una vez solo, Carlo medita sobre su situación: de nada le sirve la las riquezas, los sueños de juventud. Ahora se dispone a convertir su nombre en algo que perdure por siglos. Escuchamos la gran aria de Carlo “Oh, de verd’anni miei” cantada por Leonard Warren:

Carlo se esconde en la tumba de Carlomagno justo antes de que lleguen los conspiradores. Tras constatar que están todos presentes, Silva saca al azar un nombre, que será el encargado de asesinar a Carlo. El nombre es el de Ernani, lo que llena de alegría al bandido. Silva le pide que le ceda el puesto a cambio de su vida, y le enseña su cuerno, pero él se niega, así que el viejo le asegura que sufrirá una terrible venganza. Escuchamos la escena con Cesare Siepi y Mario del Monaco:

Los conjurados cantan un coro en el que afirman que despierta el león de Castilla (¿pero no se suponía que Silva y Ernani eran Aragonese?), y afirman ser todos una familia que buscan el mismo fin. Escuchamos este espectacular coro dirigido por Dimitri Mitropulos:

Pero los conspiradores son detenidos al escucharse unos cañonazos.  Al tercero Carlo sale de la tumba de Carlomagno y se presenta como Carlo V, porque ha sido proclamado Emperador. Llega en ese momento Riccardo con Elvira y un gran séquito. Carlo, seguro, hace detener a los conjurados, decretando la muerte para los nobles y la prisión para el resto. Ernani solicita entonces ser ejecutado, ya que es Conde de Segorbe (no de Segovia, como se traduce demasiadas veces) y de Cardona, y revela su identidad: Don Juan de Aragón. Carlo se dispone a hacerlo ejecutar, pero Elvira le suplica que, ahora que es Emperador, les perdone y los castigue con el desprecio. Escuchamos la escena con Carlo Bergonzi, Cornell MacNeill y Leontyne Price: 

Carlo se gira hacia la tumba de Carlomagno, y afirma querer imitar sus virtudes. Por ello, perdona a todos los conjurados y hace que Ernani y Elvira se casen. Todos cantan entonces loas hacia Carlo, excepto Silva, que clama venganza. Escuchamos el final del tercer acto desde el monólogo de Carlo “O sommo Carlo” cantado por Piero Cappuccilli:

Comenzamos el cuarto acto con aires festivos. Estamos en el Palacio de Don Juan de Aragón, que ha recuperado Ernani como su propiedad. Se celebra la boda entre Ernani/Juan y Elvira. Todos se encuentras felices, pero observan una figura siniestra, cubierta por un manto negro, que les aterra, y desean que desaparezca. Mientras, Ernani y Elvira cantan su amor. Pero entonces se escucha el sonido de un cuerno de caza, y Ernani se da cuenta de que es Silva que reclama su muerte. Aleja a Elvira diciéndole que le duele una vieja herida y que vaya a buscar sus medicinas. Escuchamos el coro inicial y el dúo con Carlo Bergonzi y Leontyne Price:

Una vez solo, Ernani no escucha nada y piensa que puede haber tenido una alucinación, pero cuando se dispone a irse, aparece Silva, que le recuerda su juramento: cuando suene el cuerno, Ernani caerá muerto. Le acusa de mentiroso si no se quita la vida. Ernani le suplica: toda su vida ha sido un fugitivo, ha estado sufriendo, y ahora quiere gozar por fin del amor. Pero Silva se muestra inflexible y le ofrece un puñal y una copa con veneno para que elija cómo suicidarse. Ante la acusación de perjurio, Ernani coge el puñal y está a punto de clavárselo cuando aparece Elvira. Primero amenaza con matar a Silva, pero luego se echa atrás u solicita perdón, ya que ella también es hija de un Silva y ama a Ernani. Pero es por ese amor por el que Silva lo quiere muerto, y no piensa perdonar. Ernani le pide a Elvira que deje de llorar, porque ahora necesita todo su valor. Finalmente, Ernani se clava el puñal en el pecho. Elvira quiere hacer lo mismo, pero ni Ernani ni Silva se lo permiten, y Ernani muere ante la satisfacción de Silva y la desesperación de Elvira. Escuchamos el trío final con Carlo Bergonzi, Leontyne Price y Ezio Flagello:

Y así termina “Ernani”, una ópera en la que es mejor ignorar los errores y las incoherencias del libreto y dejarse llevar por la magnífica partitura verdiana. 

Terminamos, como siempre, con un Reparto Ideal:

Ernani: Carlo Bergonzi o Luciano Pavarotti.

Elvira: Leyla Gencer.

Don Carlo: Leonard Warren, Piero Cappuccilli o Renato Bruson.

Silva: Cesare Siepi o Nicolai Ghiaurov. 

Dirección de Orquesta: Dimitri Mitropoulos. 



In Memoriam: Nicolai Gedda (08-01-2017)


Cuando cualquiera se introduce en el mundo de a ópera, hay siempre algún cantante que influye desde el comienzo en su pasión por el género y en su forma de ver la ópera. En mi caso hay unos cuantos cantantes que han marcado mi vida como operófilo, siendo uno de los más importantes el gran Nicolai Gedda. Hace unos días nos enteramos de que había muerto hace más de un mes, el 8 de enero, así que vamos a dedicarle un post para recordar a un artista al que nunca debemos olvidar.




El nombre de nacimiento de Nicolai Gedda era Harry Gustaf Nikolai Gädda (cambiaría años después el apellido por Gedda). Nació el 11 de julio de 1925 en Estocolmo, en el seno de una familia pobre, de madre sueca y padre de origen ruso. Fue por ello adoptado por su tía Olga Gädda y el marido de ésta, Michael Ustinov (pariente del actor Peter Ustinov). El pequeño Nicolai era bilingüe desde su niñez, hablando el sueco y el ruso. En 1929 se trasladan a Leipzig, donde añade un nuevo idioma, el alemán.

Su padre adoptivo había cantado como bajo en el coro de cosacos del Don, y canta en el coro de la iglesia ortodoxa de Leipzig. Por influencia de sus padres adoptivos, Nicolai Gedda estudia música y canta en un cuarteto de niños.

En 1934, con la llegada de Adolph Hitler al poder, la familia abandona Alemania y regresa a Estocolmo. Gedda canta en el coro de la iglesia, pero un accidente vocal le hace abandonar la carrera de canto, y comienza a trabajar en un banco. Mientras, en la escuela aprendió inglés, francés y latín, además de estudiar italiano por su cuenta. Desde joven Nicolai Gedda era políglota.

Un día le dice a un cliente que está buscando un profesor de canto, y éste le aconseja que busque a Carl Martin Öhman, antiguo Heldentenor que ya había descubierto al otro gran tenor sueco de la historia, Jussi Björling, y que más tarde descubriría al gran bajo finés Martti Talvela. Öhman se entusiasma al escucharle y lo toma como aprendiz (no tenía mal ojo este hombre, desde luego).

En abril de 1952 debuta en la Ópera de Estocolmo cantando en sueco el papel protagonista de “Le postillon de Lonjumeau” de Adolphe Adam. Su éxito fue inmediato, y no tardó en grabar el aria “Mes amis”, la más famosa de la ópera, en sueco, con un Re sobreagudo que ya nos muestra su increíble habilidad en el registro sobreagudo:

Con una voz maleable y un dominio de tantos idiomas, su repertorio fue inmenso,tanto en ópera como en lied y repertorio de concierto. Tanto la temprana grabación del Dimitri en un Boris Godunov protagonizado por Boris Christoff, como el ser descubierto por Herbert von Karajan, lanzaron desde el comienzo su carrera discográfica, una de las más abundantes en un cantante de ópera. Publica sus memorias en 1977 con la ayuda de la escritora Aino Sellermark, con la que finalmente se casará en 1997.

Repasar el repertorio de Nicolai Gedda es realmente arduo, pero vamos a hacer lo que podamos. Hay que destacar que, al tener un repertorio tan amplio, interpretó óperas poco conocidas, como por ejemplo “Le devin du village” de Jean-Jacques Rousseau:

Llegó a cantar incluso alguna ópera barroca, como “Platée” de Rameau, de la que se conserva grabación, además de óperas de Christoph Willibald Gluck, como “Orfeo ed Euridice”, de la que escuchamos el famoso “J’ai perdu mon Euridice”:

Cantó también la “Iphigénie en Tauride”, de la que escuchamos el aria “Unis dès la plus tendre enfance”:

Y por último la ópera “Alceste”, de la que escuchamos “Bannis le crainte et les alarmes”:

Nicolai Gedda fue un destacado intérprete de óperas de Mozart, como por ejemplo el Belmonte de “Die Entführung aus dem Serail”, de la que escuchamos el aria “Ich baue ganz”, tan a menudo cortada por aquella época por su dificultad, con unas coloraturas complicadas que Gedda solventa sin aparente dificultad:

Le escuchamos también cantar el aria “Fuor dal mar” de la ópera Idomeneo, otra prueba de fuego para las agilidades vocales:

No dejamos las coloraturas, ya que ahora le escuchamos la no menos peliaguda “Il mio tesoro intanto” de “Don Giovanni”:

En un estilo mucho más delicado, le escuchamos ahora cantar “Un’aura amorosa” de “Così fan tutte”:

Cantó también el Tito de “La clemenza di Tito”, del que escuchamos el aria “Se all’Impero”:

Y le vemos ahora interpretar al Tamino de “Die Zauberflöte“:

No fue el repertorio italiano el mejor de Nicolai Gedda, pero aún así dejó algunas grabaciones interesantes y otras referenciales. Comenzamos por sus interpretaciones rossinianas. Además de grabar “Il turco in Italia” junto a Maria Callas en una grabación tan cortada que le quitan su aria, le tenemos cantando el Almaviva de “Il barbiere di Siviglia“, de la que llegó incluso a cantar la habitualmente cortada aria “Cessa di più resistere”, aunque totalmente fuera de estilo. Le escuchamos cantando el aria “Ecco ridente in cielo”:

Referencial fue su grabación del “Guillaume Tell” (en el francés original, en una época en la que lo habitual era cantarla en su traducción italiana), en la que nos regala muchos grandes momentos en los que lucir sus espectaculares agudos, destacando sin duda en su gran aria “Asile héréditaire” y la posterior caballetta, en la que luce un espectacular do de pecho final que mantiene durante unos 10 segundos:

Y, pese a todo, estos no son los agudos más espectaculares de Nicolai Gedda, que se lucirá todavía más en obras de Vincenzo Bellini. Le escuchamos primero cantar el aria de la por aquel entonces poco habitual “I Capuleti ed i Montecchi”:

Es cierto que a día de hoy no suena tan adecuado estilísticamente, pero para aquella época no se puede pedir mucho más.

Sin duda mejor de estilo nos lo encontramos en ese “Ah, perchè non posso odiarti” de “La sonnambula”, junto a Joan Sutherland:

Pero esto no es nada comparado con lo que hacía en “I Puritani”. Escuchamos primero el dúo “Vieni fra queste braccia”, en vivo, junto a Joan Sutherland:

Os prometo que no he escuchado unos re sobreagudos tan flipantes como los suyos.

Y ahora escuchamos su “Credeasi misera” en su grabación en estudio junto a Beverly Sills:

El re bemol ya es flipante, pero, gracias a su dominio del canto en mixto, Nicolai Gedda es de los pocos que se lanzan al fa sobreagudo. Que sene bonito o no es discutible; que lo suyo es uno vozarrón como los hay pocos es indiscutible.

Pasamos a las óperas de Gaetano Donizetti. En sus numerosos recitales, Gedda grabó el aria de “La favorita”:

Vamos a verle ahora cantar la famosa “Una furtiva lagrima” de “L’elissir d’amore”:

Le escuchamos ahora cantar junto a Mirella Freni el dúo “Tornami a dir che m’ami” de “Don Pasquale”:

Y por último le escuchamos junto a una de sus parejas discográficas habituales, Beverly Sills, en el dúo de “Lucia di Lammermoor”:

Pasamos a Giuseppe Verdi, compositor al que Nicolai Gedda se suele asociar por dos papeles; el primero sería el Duca di Mantova en “Rigoletto”, del que escuchamos el dúo “È il sol dell’anima” junto a la soprano Reri Grist:

Y el otro es el Alfredo de “La Traviata”, del que vamos a escuchar el dúo “Un dì felice” junto a Anna Moffo:

Pero Nicolai Gedda, por sorprendente que pueda parecer, cantó algunos otros roles verdianos. El más obvio es el Riccardo de “Un ballo in maschera”, del que escuchamos el aria “Ma se m’è forza perderti”:

Magnífico uso de medias voces, por cierto.

Soprende mucho más escuchar a dos voces tan líricas como la suya y la del barítono Hermann Prey en papeles tan pesados como los de “La forza del destino”, pero aquí les tenemos cantando el dúo “Solenne in quest’ora” (en alemán) y saliendo bien parados en el intento:

También cantó la no muy frecuente “I vespri siziliani”, de la que escuchamos el aria “Giorno di pianto”:

Y ya el remate: ¿Nicolai Gedda cantando el Radames de Aida? Pues sí, y lo tenemos precisamente cantando el dúo final de la ópera; no es su voz la de Radames, desde luego, pero cumple:

Le escuchamos ahora en la grabación que hizo del aria de “La Gioconda” de Amilcare Ponchielli, “Cielo e mar”, en una grabación muy temprana (1953), por lo que su voz, muy lírica, no tiene todavía la fuerza necesaria para el personaje, aunque alcanza momentos de gran belleza, gracias a una depurada técnica en el ataque de los agudos que le permite el bello pianísimo final:

Le escuchamos ahora en repertorio verista, cantando el “Amor ti vieta” de la “Fedora” de Umberto Giordano:

Con 75 años, la voz se ha agrandado, aunque tiembla mucho más que años atrás, pero por lo menos ahora da el pego en papeles más spinto.

Y le escuchamos también cantar el mucho más lírico lamento di Federico “È la solita storia del pastore” de “L’Arlesiana” de Francesco Cilea:

Nicolai Gedda cantó y grabó arias de algunas óperas de Puccini, como el famoso “Nessun dorma” de “Turandot”, y lo más alucinante es que suena con el metal necesario para el papel; podría parecer un simple capricho, pero el resultado es realmente notable:

Le escuchamos también el aria “E lucevan le stelle” de “Tosca” con 61 años de nada… :

Y le tenemos también cantando el “Donna non vidi mai” de “Manon Lescaut”:

Pero Nicolai Gedda será recordado por dos óperas de Puccini. La primera, “La Boheme“, de la que escuchamos el aria “Che gelida manina”, en una versión llena de entusiasmo y con unos magníficos ataques al agudo:

Y el otro papel pucciniano es el Pinkerton de “Madama Butterfly”, que grabó junto a Maria Callas, junto a quien le escuchamos en el largo dúo final del primer acto:

Pasamos ya al repertorio francés, en el que Nicolai Gedda fue uno de los más importantes tenores posteriores a la II Guerra Mundial. Y empezamos escuchándole en “La dame blanche” de François-Adrien Boïeldieu, en el aria “Viens, gentille dame”, en una versión espectacular por el dominio de las medias voces:

Nicolai Gedda ha sido uno de los últimos tenores en interesarse por la en otra época famosa ópera “Fra Diavolo” de Daniel Auber, grabando una integral  de la que escuchamos el aria “J’ai revu nos amis”:

Y grabará además una magnífica versión, estilísticamente muy superior a la posterior de Alfredo Kraus, de la bellísima aria de “Masaniello”, también de Auber, “Du pauvre seul ami fidèle”, con un uso casi mágico de las medias voces:

Como ya le hemos escuchado cantar “Le postillon de Longjumeau” de Adam, pasamos a Giacomo Meyerbeer, compositor del que Nicolai Gedda ha sido quizá el mejor intérprete de la discografía. Echándose en falta una grabación suya de “Robert le diable”, pasamos a su espectacular Raoul de Nangis de “Les huguenots“, del que escuchamos el fantástico dúo “Tu làs dit” junto a Enriqueta Tarrés, en el que pasa de unas espectaculares medias voces a un potente Re bemol sobreagudo perfecto de afinación y emisión:

Contrasta con el Jean de Leyden de “Le prophète”, de carácter mucho más heroico en el aria “Roi du ciel”, en la que luce potencia y flexibilidad vocal al mismo tiempo:

Y terminamos escuchando su versión del aria de Vasco da Gama “O paradis” de “L’Africaine”, aunque desconozco si llegó a cantar esta ópera completa (cosa que sí hizo con las dos anteriores):

Hector Berlioz fue otro compositor al que Nicolai Gedda le prestó mucha atención. Le escuchamos primero catar el aria “Seul pour lutter” de “Benvenuto Cellini”:

Le escuchamos ahora el aria “Nature immense” de “La damnation de Faust”:

Y terminamos escuchando el dúo “Nuit d’ivresse” de “Les Troyens” junto a Shirley Verrett:

Pasamos a Georges Bizet, para poder escuchar su insuperable versión del aria de Nadir “Je crois entendre encore” de “Les pêcheurs de perles” y comprobar qué es eso del canto en “mixto”: es una técnica de canto intermedia entre el registro de pecho y el falsete, en el que se pasa la resonancia a la cabeza, consiguiendo un sonido más agudo que el registro de pecho pero sin una pérdida de color tan acusada como en el falsete. Este tipo de registro se usa para alcanzar notas sobreagudas (como el fa de I Puritani que ya escuchamos), pero es fundamental en la ópera francesa para poder cantar notas agudas en pianísimo, algo que sería imposible en el registro de pecho. Y así, mientras que tenores como Kraus o Albelo lanzan el Do final de pecho, casi como un cañonazo, completamente fuera de estilo, y otros como Alagna o Villazón dan el agudo en un horrible falsete, Gedda nos demuestra cómo hay que cantar esta maravillosa aria:

Al enfrentarse al papel de Don José en “Carmen”, la visión de Gedda es mucho más lírica, menos verista de lo habitual. Puede que en los momentos más dramáticos su voz se quede algo corta de potencia, pero su versión del aria de la flor es de una delicadeza sublime, apianando en los agudos y con un final mágico, usando de nuevo el mixto:

Para comprobar qué tal se maneja en los momentos más dramáticos vamos a escucharle en el dúo final, en vivo, junto a la Carmen de Fiorenza Cossotto (y dirigidos por su amigo Georges Prêtre, que murió 4 días antes que Gedda):

Yo diría que supera la prueba con creces…

Le escuchamos ahora en otra de esas arias en las que el canto a media voz es fundamental, “Ele ne croyait pas” de la “Mignon” de Ambroise Thomas:

Y de nuevo dominando el pianisimo en mixto en la bellísima “Vainement, ma bien aimée” de la ópera “Le Roy d’Ys” de Édouard Lalo:

Charles Gounod fue otro compositor fundamental en la carrera de Nicolai Gedda, en especial por su “Faust”, ópera que Gedda cantó en innumerables ocasiones. Le escuchamos cantar el aria “Salut, demeure chaste et pure”, donde, en este caso, pasa del estilismo para soltar un do de pecho como un cañonazo. Ortodoxo no es, pero el resultado no deja de ser magnífico:

Para compensarlo, le tenemos cantando el aria “Ah, leve-toi, soleil” del “Romeo et Juliette” terminada en un bellísimo pianísimo:

Y le escuchamos también cantar el aria “Anges du paradis” de la ópera “Mireille”, dando otra lección de estilo de canto francés:

Nicolai Gedda también cantó la magnífica ópera “Lakmé” de Léo Delibes, de la que escuchamos el dúo del primer acto junto a Mariella Devia:

Nicolai Gedda fue un destacado intérprete del Hoffmann de “Les contes d’Hoffmann” de Jacques Offembach, de la que escuchamos el dúo “C’est une chanson d’amour” junto a Victoria de los Ángeles:

Y del mismo Offembach le escuchamos cantar en alemán el aria “Au mont Ida” de la opereta “La belle Helene”:

Llegamos a Jules Massenet, otro compositor fundamental en el repertorio de Nicolai Gedda, en parte por el Des Grieux de “Manon”, en la que volvía a lucir sus magníficos pianísimos en el aria “En fermant les yeux”:

Y por otra por “Werther”, uno de sus mejores papeles; escuchamos una sorprendente versión de la famosa aria “Pourquoi me reveiller” en la que apiana en el primer estribillo:

Gedda también cantó el Nicias de “Thais” o el príncipe de “Cendrillon”.

Le escuchamos ahora en otra ópera casi desconocida, “Parmavati” de Albert Roussel, junto a Marilyn Horne:

Terminamos el repaso a sus intervenciones de ópera francesa con el “Pélleas et Mélisande” de Claude Debussy, acompañado de Anna Moffo:

Pasamos al repertorio alemán, en el que a menudo Nicolai Gedda es también un intérprete referencial. Y comenzamos con una rareza, una grabación del aria de Florestan del “Fidelio” de Beethoven, un rol que se antoja en exceso pesado para Gedda, pero en el que de nuevo sorprende por su flexibilidad:

Nicolai Gedda fue también un destacado intérprete de obras de Weber, cantando incluso las casi olvidadas “Euryanthe” o “Abu Hasan”. Pero le escuchamos en la mucho más famosa “Der Freischütz”, en el aria Durch die Wälder”:

Y Nicolai Gedda fe un destacado intérprete de complicadísimo papel de Huon de “Oberon”, un papel heroico de coloratura, como demuestra en el aria “Von Jugend auf in dem Kampfgefild”:

Nicolai Gedda también cantó la hoy prácticamente olvidada “Martha” de Friedrich von Flotow, de la que escuchamos el dúo “Letzte Rose” junto a Anneliese Rothenberger, una de sus parejas discográficas habituales:

Y le escuchamos ahora de nuevo junto a Anneliese Rothenberger en la ópera “Undine” de Albert Lortzing:

Nicolai Gedda cantó unas cuantas de estas óperas alemanas románticas hoy día olvidadas; otra fue “Der Barbier von Bagdag” de Peter Cornelius, de la que escuchamos el aria “Von deinen Fenster”:

Y nos dejó una versión referencial de la bellísima “Magische Töne” de “Die Königin von Saba” de Karl Goldmark, con un magnífico Do final en mixto:

No fue Nicolai Gedda un cantante interesado en Wagner, decía que sus óperas no terminaban nunca. pero aún así, por suerte, llegó a cantar “Lohengrin”. Comprobamos los resultados en las grabaciones de sus dos monólogos, empezando por este magnífico “In fernem Land”:

Y seguimos con un bellísimo “Mein lieber Schwan”:

Nicolai Gedda también grabó la infrecuente “Palestrina” de Hans Pfitzner, de la que escuchamos “Wie schön ist’s” junto a Dietrich Fischer-Dieskau:

Interpretó un breve papel en la grabación de “Das Wunder der Heliane” de Korngold en sus últimos años. Y fue un destacado intérprete de música de Richard Strauss, aunque cantara pocas de sus óperas, destacando el tenor italiano de “Der Rosenkavalier” con el aria “Di rigori armato il seno”:

Y también grabó la ópera “Capriccio”:

En el campo de la opereta austriaca dejó numerosas grabaciones, como la de “Die Fledermaus” de Johann Strauss junto a Elisabeth Schwarzkopf:

O, también de Johann Strauss, “Eine Nacht in Venedig”, junto a Anneliese Rothenberger:

Destacó también en las operetas de Franz Léhar, en especial con su magnífica versión de “Dein ist mein ganzes herz” de “Das Land des Lächelns”:

Le escuchamos ahora junto a Anneliese Rothenberger en el vals “Lippen schweige” de “Die lustige Witwe”:

Le escuchamos ahora en la opereta “Giudita”:

Y le escuchamos ahora las czardas de “Gräfin Mariza” de Emmerich Kálmán:

En el ámbito de la ópera eslava, Nicolai Gedda cantó el “Dalibor” de Bedrich Smetana, además de esta curiosa versión en inglés de “La novia vendida”, junto a Giorgio Tozzi:

En el repertorio ruso, Nicolai Gedda destacó interpretando el papel de Sobinin en “Una vida por el zar” de Mikhail Glinka:

Le escuchamos ahora en su primera grabación de ópera, el Dimitri del “Boris Godunov” de Modest Mussorgsky, en el dúo de “amor” junto a Eugenia Zareska en una versión magnífica, en especial en la parte final:

Le escuchamos ahora la canción india de “Sadko” de Nikolai Rimski-Korsakov:

Nicolai Gedda fue un magnífico Lensky del “Eugen Onegin” de Piotr Ilich Tchaikovsky, apenas superado por uno o dos tenores. Escuchamos la maravillosa romanza “Kuda vi udalilis”:

Destaca también la integral que grabó de “Iolanta” del mismo compositor, dirigida por Mstislav Rostropovich, con el que también grabó óperas “Guerra y Paz” de Prokofiev o “Lady Macbeth of Mtsensk” de Dmitri Shostakovich junto a Galina Vishnevskaya:

En 1958 graba la ópera americana “Vanessa” de Samuel Barber, compuesta expresamente para él. Escuchamos el quinteto de esta ópera:

Y Leonard Bernstein contó con él para la grabación de su ópera-musical “Candide”, de la que escuchamos el “What’s the use” junto a Christa Ludwig:

El repertorio de Nicolai Gedda no termina en la ópera, cantó también oratorios y obras religiosas, lied e incluso canciones populares. No tenemos ya espacio para un análisis exhaustivo, por lo que nos centraremos en un pequeño puñado de piezas que merece la pena recordar. Y comenzamos con “Messiah” de Georg Friedrich Händel, del que escuchamos “Ev’ry valley”:

Le escuchamos ahora en el “Ingemisco” del Requiem de Verdi, en una magnífica versión por el uso de medias voces:

Y escuchamos también sus incursiones en la canción napolitana con esta versión del “Non ti scordar di me” de Ernesto de Curtis:

No puedo evitar poner también esta hilarante versión del dúo bufo de los gatos de Rossini, junto a Federica von Stade, cantada casi toda en falsete:

Le escuchamos ahora cantar un lied de Franz Schubert, del que fue un gran intérprete, como demuestra en este “Du bist die Ruh”:

Y ahora un lied de Richard Strauss, “Ständchen”:

Y seguimos con la “Vocalise” de Sergei Rachmaninov:

Vamos ahora con el más célebre lied de Edvard Grieg, “Jeg elsker dig”, que Nicolai Gedda canta en el noruego original:

Vamos con la chanson francesa, comenzando con la “Chanson triste” de Henri Duparc:

Seguimos con el “Air grave” de Francis Poulenc:

Y seguimos con esta preciosa versión de “L’heure exquise” de Reynaldo Hahn:

Pasamos a Edward Elgar y su cantata “The dream of Gerontius”, de la que escuchamos “I went to sleep”:

Le escuchamos ahora en una canción tradicional irlandesa, “Down by the Salley gardens”:

Y terminamos con el “Granada” de Agustín Lara, con una pronunciación española muy superior a la de no pocos cantantes italianos, por ejemplo:

En total hemos escuchado a Nicolai Gedda cantar en 9 idiomas: italiano, francés, alemán, ruso, inglés, sueco, noruego, latín y español. Difícil superar ese récord.

Retirado desde el año 2003, nunca había sido una persona que se preocupara por la fama (pese a su impresionante discografía, quizá la más abundante en el mundo de la ópera) por lo que pasó bastante desapercibido, pese a recibir algunos honores, como la Legión de honor francesa en 2010. Quizá por ello la noticia de su muerte se hizo pública un mes después (ya habían circulado en 2015 falsos rumores de su muerte). El 8 de enero un infarto terminaba con su vida a los 91 años en su casa de Tolochenaz, en el cantón suizo de Vaud.

Con Nicolai Gedda se nos va un cantante polifacético, de espectacular voz y técnica impecable que le permitía adaptarse a casi cualquier estilo. Un artista que merece ser recordado por su enorme contribución al mundo de la música.



125 años del estreno de La Wally de Catalani (20-01-2017)


Hay óperas que han tenido la mala suerte de ir desapareciendo del repertorio, aunque conserven todavía alguna página célebre, de esas que les gusta a los cantantes incorporar a sus recitales. Quizá uno de los casos más significativos sea el de la ópera La Wally de Alfredo Catalani, apenas recordada por la famosa aria “Ebben, ne andrò lontana”, situación especialmente triste siendo Catalani un compositor al que sólo se recuerda por esta ópera. Y sería una injusticia creer que el resto de la ópera no merece la pena.




No es la vida de Alfredo Catalani un cuento de hadas, precisamente. La Wally es la última ópera que estrena, poco después de haber firmado un contrato con el editor Giulio Ricordi en 1888, mismo año en el que consigue plaza de profesor en el conservatorio de Milán. Al año siguiente, Catalani se compromete con una prima suya, pero la cosa no tardó en acabar en ruptura, algo muy doloroso para el compositor, que elegirá para su siguiente ópera la novela “Die Geier-Wally” (El buitre Wally) de la actriz y escritora bávara Wilhelmine von Hillern, publicada en 1875. El libreto lo escribirá Luigi Illica, futuro colaborador de Giacomo Puccini.

Pese a todo, antes de estrenar “La Wally”, Catalani estrenará en 1890 “Loreley” (su otra obra más famosa”, que era una reescritura de una ópera anterior. Catalani termina la composición de su nueva ópera a principios de 1891, viajando entonces junto al escenógrafo Adolf Hohenstein al Tirol, lugar en el que transcurre la acción (en concreto en el valle de Ötztal. Finalmente, la ópera se estrenará, con considerable éxito, el 20 de enero de 1892 en La Scala de Milán, protagonizada por la soprano rumana Hericlea Darclée, que 8 años después sería también la encargada de estrenar Tosca.

Catalani era un compositor polémico, por su proximidad al wagnerianismo  y a la música germana (como prueba además la composición de algunos poemas sinfónicos al estilo de Liszt), algo que desagradaba especialmente a Giuseppe Verdi, que lo consideraba un traidor a Italia, escogiendo además como en este caso argumentos germanos. Pero Catalani no sólo recoge la influencia germana, también la francesa (había estudiado en París con François Bazin), y además, por problemas de salud, viajaba a menudo a los Alpes. Catalani sufría tuberculosis, enfermedad a la que sucumbió finalmente el 7 de agosto de 1893, no pudiendo siquiera comenzar su siguiente proyecto operístico, teniendo apenas 39 años. Su muerte ablando un tanto la actitud de Verdi, pero por lo general en Italia se sigue considerando a Catalani un compositor extraño, siendo de hecho La Wally más representada en la actualidad en Europa central que en Italia. Por el contrario, el director Arturo Toscanini será un gran defensor de la obra, y de hecho llamó a su hijo y a una de sus hijas por los nombres de dos personajes de la ópera, Walter y Wally.

No es La Wally una ópera verista, pese a la época en la que fue compuesta, sino que conserva muchos elementos de la ópera románica, tanto argumental como musicalmente.

Antes de repasar la ópera dejo un enlace al libreto.

Comenzamos el primer acto de La Wally. Estamos a comienzos del siglo XIX en un pueblo del Tirol, Hochstoff (no he conseguido identificarlo), en el que los aldeanos celebran el 70 cumpleaños de Stromminger con un concurso de tiro, concurso que inaugura el cazador Gellner, que es además el administrador de los bienes de Stromminger. Ambos conversan sobre un cazador de Sölden que se niega a participar en concursos de tiro, ironizando sobre él:

Llega entonces el joven Walter, un cantante amigo de Wally, la hija de Stromminger, buscando a su amiga, pero ésta se encuentra por algún lugar de la montaña. Walter entonces se ofrece a cantar una canción (para describir la juventud del personaje y la ausencia de relación amorosa con Wally, el personaje de Walter está escrito para soprano). Walter canta sobre una joven que subía a una montaña, pero a la que una avalancha mató, transformándola en flor; es la canción del Edelweiss, con reminiscencias del canto típico tirolés o jodeln, que le escuchamos a una jovencísima (19 años) Renata Scotto:

Mientras Walter canta, Gellner suspira de amor por Wally, y desespera al escuchar a Walter decir que esa canción la compuso Wally, ya que ve en ella un frío corazón.

Se escucha llegar entonces a un grupo de cazadores de la cercana Sölden, encabezados por Giuseppe Hagenbach, que lleva a cuestas un oso al que acaba de dar caza él solo. Hagenbach afirma que lo que mueve al cazador a arriesgarse de esa forma no es el oro, sino la gloria, y narra cómo cazó al oso. Escuchamos el relato en la voz de Giacinto Prandelli:

Stromminger le acusa a Hagenbach de soberbia, ya que afirma que él de joven era capaz de hacer lo mismo y sin presumir tanto. Se intuye que hay una mala relación entre las dos familias, que termina casi en una pelea, que Wally llega justa para detener. Por su reacción, sabemos que Wally está enamorada de Hagenbach, pero Stromminger echa al cazador:

Todos se van y Wally entra en casa, dejando solos a su padre y Gellner. Éste le dice a Stromminger que Wally ama a Hagenbach, algo que su padre desconocía. Stromminger no soporta la idea de ver a Wally casada con Hagenbach, y dándose cuenta de que Gellner la ama, le obliga a su hija a casarse con él. Wally le pide a Gellner que la deje porque ella no le ama, pero él insiste en su amor y le cuenta cómo se siente en el monólogo “T’amo ben’io” que le escuchamos a Giangiacomo Guelfi:

Gellner insiste y Wally vuelve a rechazarle. Llega Stromminger y le da un ultimátum a su hija: o cambia de opinión, o esa misma tarde deberá irse de su casa.

Wally está determinada a marcharse, quizá definitivamente, de la casa de su madre. Escuchamos así el fragmento más famoso de toda La Wally, el aria “Ebben, ne andrò lontana”, que le escuchamos a la más mítica intérprete del papel, la gran Renata Tebaldi:

Wally, preparada ya para irse, se encuentra con todo el pueblo, que le pregunta a dónde va. Ella contesta que su padre le ha echado de casa. Los del pueblo le ofrecen pasar la noche con ellos, pero ella prefiere irse ya, y Walter decide acompañarla. Los dos se van cantando la canción del edelweiss. Y así termina el primer acto de La Wally.

Comenzamos el segundo acto. Estamos en Sölden, el día del Corpus. Hace un año que murió Stromminger, por lo que Wally es ahora su rica heredera. En el pueblo grupos de chicos y chicas hablan sobre el amor, frente a las furibundas miradas de las ancianas que se dirigen a la iglesia. Aparece Walter, ricamente vestido, haciendo que las chicas suspiren por él. Wally le ha regalado esa ropa, pero él se ofende cuando afirman que es su patrona; son sólo amigos.

Todos esperan a Wally, pero Gellner está furioso sabiendo que ella irá para ver a Hagenbach. Éste, por contra, coquetea con la tabernera Afra, y rechaza a Wally afirmando que no está hecha para el amor sino para el odio. Pero un viejo soldado dice que nadie podrá besarla, y Hagenbach acepta el desafió, aunque Afra intenta disuadirle.

Aparece Wally, bellísima y ricamente vestida, haciendo callar a todos. Los chicos le invitan a bailar, cosa que ella acepta, y cuando el viejo soldado le pregunta si también bailará la danza del beso (en la que las parejas se tienen que besar), ella dice que nunca le han besado más que el sol, el viento… pero si algún hombre consigue robarle un beso, será suyo. Para escuchar ese momento, en la voz de Renata Tebaldi, como no consigo otro vídeo, tenéis que ir al minuto 47:04:

Wally pasa al lado de Hagenbach lanzándole una coqueta mirada que él percibe. Todos van a la iglesia, pero Gellner detiene a Wally. No ha ido a visitarla desde que murió su padre, y ella, en venganza por haber sido él el causante de que su padre le echara de casa, le despide. Pero Gellner afirma que le ama todavía más que antes, lo que provoca la risa de Wally. Gellner entonces le dice que fue él quien le dijo a su padre que amaba a Hagenbach, pero que Hagenbach no será suyo porque ama a Afra, algo de lo que Wally se da cuenta. Escuchamos el dúo con Renata Tebaldi y Piero Cappuccilli (minuto 51:25):

Afra sale de la Taberna, pero Wally la ofende sin darse cuenta de que todos han salido ya de la iglesia. Para responder al insulto, Hagenbach apuesta a que será él quien le robe un beso a Wally en el baile. Hagenbach le pide a Wally que baile con el, cosa que ella acepta pese a la advertencia de Gellner, y en medio del landler (danza tradicional tirolesa que confirma las influencias germanas de Catalani) todos consiguen su beso, incluso Walter, pero Wally le confiesa su amor a Hagenbach, pensando que él la odia. Hagenbach dice que nunca la ha odiado, e intenta dejar de bailar para no traicionarla, pero Wally, inconsciente de lo que sucede, insiste, y al final un enamorado Hagenbach la besa, mientras todo el pueblo comienza a prepararse para la apuesta (minuto 1:01:05):

Todos ríen, diciendo que Afra ha sido vengada. Wally se da cuenta de lo ocurrido y se siente engañada por Hagenbach. Mientras todos se van a beber, Wally se queda con Gellner; le pregunta si le ama, y ante su respuesta afirmativa, Wally le dice que quiere muerto a Hagenbach. Y así termina el segundo acto de La Wally.

Comenzamos el tercer acto con un bellísimo preludio orquestal que escuchamos dirigido por Arturo Basile:

Estamos de nuevo en Hoschtoff, en casa de Wally. Acompañada por Walter, se muestra alterada, y le pide a Walter que le deje sola. En la calle, mientras, Gellner se entera por boca del viejo soldado que Hagenbach ha estado en Hoschtoff y que la gente teme que Wally se vengue. Eso le permite a Gellner idear el asesinato de Hagenbach.

Wally reza, buscando paz. Ama a Hagenbach, pero se siente traicionada por él. Pese a todo, decide retirar su venganza y avisar a Gellner para que no lo mate. Pero pensando que Hagenbach está en Sölden a salvo, le avisará al día siguiente. Escuchamos el aria “Né mai dunque avro pace” cantada por Mirella Freni:

Pero en ese momento Hagenbach está cruzando el puente sobre el río Ache, y Gellner lo empuja. Creyéndolo muerto y viendo luz en las ventanas de la casa de Wally, va a contárselo. Ella reacciona enfurecida y le obliga a acompañarlo al puente, pero entonces se escucha un gemido: Hagenbach está vivo. En el pueblo todos acuden en su ayuda, pero está a punto de estallar una pelea entre los habitantes de Hochstoff y Sölden cuando Wally baja a rescatar a Hagenbach, que se encuentra inconsciente. Wally se lo entrega a Afra, dándole también sus posesiones. Besa a Hagenbach y le dice a Afra que, cuando despierte, le diga que le ha devuelto el beso que le robó. Terminamos así el 3º acto de La Wally.

El 4º y último acto comienza también con un preludio, que escuchamos en este caso dirigido por Arturo Toscanini:

Estamos en diciembre. Wally vive en una cabaña en lo alto de las nevadas montañas. Walter trata de convencer a Wally de volver al pueblo, ya que es navidad, y además hay un gran riesgo de avalanchas, pero Wally se niega, ya que siente que no le queda más en el mundo que dolor. decide regalarle a Walter su collar de perlas, lo último que le queda, recuerdo de sus días de esplendor. Después despide a Walter, pidiéndole que, cuando pase el peligroso mar de hielo, cante para ella su triste canción, la canción del edelweiss. Escuchamos el aria “Prendi, fanciul, e serbala!” en voz de Ainhoa Arteta:

Wally se dispone a morir como la protagonista de su canción, pero entonces escucha a Hagenbach llamarla. Al principio cree que es el viento, pero finalmente se da cuenta de que es Hagenbach que viene a buscarla. Llevaba tiempo deseando ver a quien le había salvado, y por fin la ha encontrado. Le confiesa que no ama a Afra, y que es cierto que en Sölden la ultrajó, pero que su beso fue un beso de amor. Escuchamos la escena y el aria de Hagenbach “Quando a Sölden” con Carlo Bergonzi y Renata Tebaldi:

Hagenbach entonces confiesa que esa misma noche volvía a pedirle perdón a Wally, pero que Dios lo castigó. Wally entonces le dice que no fue Dios, sino un hombre con órdenes suyas, y que le ame ahora si puede, a lo que Hagenbach responde afirmativamente. Deciden bajar al pueblo para vivir su amor, pero ha oscurecido, el sendero ha desaparecido y ambos se separan, cuando una avalancha sepulta a Hagenbach. Wally, que le llama en vano, llega al borde del barranco que ha creado el alud, y al no encontrar a Hagenbach, decide unirse a su “esposo” en su triste destino y se arroja por el barranco:

Así termina “La Wally”, una ópera muy interesante que debería recuperarse en el repertorio habitual de los teatros de ópera.

Terminamos, como siempre, con un Reparto ideal (especialmente difícil por la falta de grabaciones):

Wally: Renata Tebaldi.

Hagenbach: Carlo Bergonzi.

Gellner: Piero Cappuccilli.

Walter: Renata Scotto.

Stromminger: Giorgio Tozzi.

Director de Orquesta: Carlo Maria Giulini.



La Boheme 120 años después de su estreno (01-02-2016)


Giuseppe Verdi llevaba ya medio siglo dominando el mundo de la ópera italiana, pero superados ya los 80 años, nadie esperaba que fuera a componer ninguna ópera más después de aquel magistral “Falstaff” de 1893. Se imponía buscarle un sustituto, ver quién de todos aquellos jóvenes de la llamada Giovane Scuola sería quien ocuparía el puesto del anciano maestro. Y quizá los asistentes a aquel estreno de “La Boheme” de uno de esos compositores, Giacomo Puccini, el 1 de febrero de 1896 en el Teatro Regio de Turín no se esperaban que aquella velada fuera decisiva a este respecto. Y más cuando la ópera que se estrenó no triunfó, por lo menos de crítica, pese a contar con la dirección nada menos que de Arturo Toscanini.




Pero en pocos meses la ópera se había estrenado ya en los principales teatros de Italia (en marzo se estrenará ya en la Scala milanesa nada menos) y el éxito sería ya imparable. Puccini pasaría a ser la máxima figura operística italiana durante los próximos 20 años y “La Boheme” una de las óperas favoritas del público (mi favorita, de hecho).

El genial libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica (autores también de los libretos de los éxitos posteriores del compositor, Tosca y Madama Butterfly) adaptaron de forma casi milagrosa esa colección de episodios inconexos que forman las Scènes de la vie de bohème de Henry Murger. También otro compositor del momento, Ruggero Leoncavallo (el de Pagliacci) estaba trabajando en una ópera sobre el mismo tema, pero su adaptación es totalmente distinta.

Lo primero, enlace al texto y traducción.

Comenzamos a repasar el argumento de “La Boheme”. Primer acto. Estamos en una pobre buhardilla del barrio latino de París que comparten 4 amigos bohemios: el pintor Marcello, el poeta Rodolfo, el filósofo Colline y el músico Schaunard. Estamos en plena nochebuena y hace un frío que te mueres. Rodolfo y Marcello están trabajando, pero se congelan, así que Rodolfo decide quemar la obra teatral que está escribiendo, lo que supone un ligero alivio para ambos y para Colline, que acaba de llegar… pero dura poco. Lo justo para que aparezca Schaunard con leña, provisiones y dinero que ha conseguido ganar cumpliendo el encargo de un lord inglés: conseguir que su loro se muera.

Todos se disponen a comer hasta que Schaunard les echa la bronca: en nochebuena hay que cenar fuera de casa. Y cuando se van a ir… ¡llega el propietario de la casa, Benoît, reclamando el alquiler. Entre los 4 consiguen engañarle y librarse de pagar. Ahora sí, campo libre para irse… pero Rodolfo tiene que quedarse para terminar un artículo. Los demás deciden esperarlo en la calle. Escuchamos toda la escena introductoria con Jaume Aragall como Rodolfo y Giorgio Zancanaro como Marcello:

Pero entonces aparece la vecina pidiendo luz, pero al momento se desmalla y Rodolfo tiene que hacerse cargo de ella (y aprovecha para comprobar que está de buen ver la niña…). La chica, tras recuperarse, se va a ir, pero se da cuenta que ha perdido las llaves, su luz se apaga (o la apaga ella a posta, quién sabe), y en ese momento la de Rodolfo también se apaga (aquí ni quién sabe ni porras, el apagón es claramente intencionado), y hala, a buscar la llave a oscuras… Rodolfo es un artista y no tarda en encontrarla, pero miente y dice que no… y lo que encentra es otra cosa:

Lo que encuentra Rodolfo es la helada mano de la chica, y le dedica esa maravillosa aria que es el “Che gelida manina”, rematada por un Do de pecho que habría que cantar más o menos así:

Tengo predilección por la versión de Nicolai Gedda, la verdad.

Otras veces se baja el aria medio tono, como hace aquí Pavarotti, junto a la Freni, su amiga de infancia. Parece que ella esté sufriendo a la espera de que Pavarotti resuelva bien el agudo… y su cara de alivio al lograrlo es todo un poema:

Es un aria preciosa y uno de los pasajes más célebres de “La Boheme”. Aquí Rodolfo se presenta como un poeta soñador. Pero necesitamos la respuesta, sabemos quién es él, pero ¿ella?

Descubrimos que la vecinita se llama Mimì y que es una costurera sin un duro. Poco importa, Rodolfo ya está coladito por ella (y ella por él). No hace falta que sean millonarios para quererse…

Puccini le regala al personaje unas melodías de una belleza indescriptible. Así que vamos a poner otra versión imprescindible más, con la gran soprano catalana Victoria de los Ángeles:

Venga, ¡si no se os pone la carne de gallina con ese “El primer beso de abril es mío” es que no tenéis corazón!

Los amigos de Rodolfo se impacientan en la calle, y Mimì decide acompañarlos. Y así, con este bellísimo dúo de amor “O soave fanciulla” terminamos el primer acto, cantado por Jussi Björling y Renata Tebaldi:

Comienza el segundo acto de “La Boheme”. Estamos en el barrio latino de París, donde los 4 amigos y Mimì hacen sus compras entre la multitud, antes de ir a cenar al Café Momus. Pero allí aparece alguien: Musetta, una antigua amante de Marcello que prefería buscarse a un amante con más dinero… y ahí va, acompañada por el rico Alcindoro. Pero al ver a su viejo amor algo dentro de ella se mueve y… comienza a cantar un pícaro vals que pone de los nervios al ricachón. De nuevo, uno de los momentos más famosos de “La Boheme”, el vals de Musetta “Quando me n’vo”. Musetta consigue librarse del viejo para arrojarse en brazos de Marcello, y encima de regalito le dejan la cena de los 5, a quienes ya no les queda dinero para pagar. Escuchamos el 2 acto completo con Carlo Bergonzi como Rodolfo, Renata Tebaldi como Mimì, Ettore Bastianini como Marcello, Gianna D’Angelo como Musetta, Cesare Siepi como Colline, Renato Cesari como Schaunard y Fernando Corena como Alcindoro:

Hasta aquí La bohème ha sido una comedia costumbrista, pero ya en el tercer acto comienza el drama, un drama que nos dejará destrozados al final…

Tercer acto de “La Boheme”: estamos en pleno invierno. Rodolfo y Mimì se han ido a vivir por su cuenta, igual que Marcello y Musetta. Pero entre Rodolfo y Mimì hay problemas, y Mimì va a buscar a Marcello para pedirle ayuda: los celos de Rodolfo hacen imposible la relación. De hecho, Rodolfo acaba de huir de casa y está en el bar donde trabaja Marcello. Éste le dice a Mimì, que está evidentemente cada vez más enferma, que se vaya a casa y que él hablará con Rodolfo. Pero Mimì se esconde para oír la conversación. Escuchamos el dúo con Mirella Freni y Rolando Panerai:

Cuando Rodolfo sale, afirma que quiere separarse de Mimì, porque hay un vizconde con el que Mimì le pone celoso, pero al final Marcello consigue sacarle la verdad: Rodolfo se tortura porque Mimì está cada vez más enferma, y siendo pobre como es, siente que, al hacerla vivir con él en esas míseras condiciones, la está matando. Mimì estalla en sollozos y ambos se dan cuenta de que estaba escuchando la conversación:

Pero entonces se oye desde el interior la risa de Musetta, y el que se pone celoso es Marcello.

Mimì se despide de Rodolfo dándole instrucciones de lo que debe hacer con sus cosas. Y aquí Puccini vuelve a regalarle una bellísima aria, “Donde lieta uscì”, al que la voz de Tebaldi le hace merecida justicia:

Y el acto termina con el cuarteto “Dunque è prorio finita”, en el que Rodolfo y Mimì deciden permanecer juntos hasta primavera, cuando el sol les haga compañía, mientras Marcello y Musetta se pelean. Escuchamos el cuarteto final del tercer acto con Carlo Bergonzi, Renata Tebaldi, Ettore Bastianini y Gianna D’Angelo:

Atención sobre todo a la magia que consigue el enorme Carlo Bergonzi en ese “Ch’io, da vero poeta, rimavo con carezze!”, con ese pianísimo en “carezze”…

Y nos vamos al cuarto y último acto de “La Boheme”. Estamos en la misma buhardilla del primer acto: los cuatro amigos vuelven e vivir juntos. Rodolfo y Marcello intentan trabajar, pero pensar en sus respectivas amadas se lo impide. Escuchamos el dúo con Luciano Pavarotti y Rolando Panerai:

Tras el dúo aparecen Colline y Schaunard, pero esta vez, a diferencia del primer acto, no les sonríe la suerte, y apenas tienen un arenque para comer. Aún así, nada les quita el humor y se montan sus juegos y sus películas, hasta…

Hasta que aparece Musetta en la puerta avisando que Mimì viene detrás, muy enferma. Días atrás oyó que Mimì había abandonado al vizconde y que se estaba muriendo, y salió a buscarla por las calles; acaba de encontrarla, y ella sólo piensa en volver a ver a Rodolfo, quien desespera al oír la noticia. Ella está congelada, pero en la casa no hay nada que puedan darle, así que Marcello se va a buscar a un médico y Musetta va a empeñar unos pendientes para comprar el manguito que pide Mimì para calentar sus manos.

Colline tiene un bonito momento solista en el que se despide de su vieja zamarra, que también va a empeñar para conseguir algún dinero. Escuchamos su breve aria cantada por Giorgio Tozzi:

Entonces aconseja a Schaunard que les deje solos a Rodolfo y Mimì.

Y entonces Mimì, que fingía dormir, se yergue para poder hablar con Rodolfo en uno de los dúos de amor más bellos que se han escrito nunca, ese maravilloso “Sono andati”:

Este dúo, y en concreto esta versión con Tebaldi y Bergonzi, es una de las cosas más bellas que he escuchado nunca, y me resulta simplemente imposible no emocionarme cada vez que lo oigo. Desde aquella vez, a punto de cumplir 15 años, que teníamos que interpretar en playback un trozo de una ópera en clase de música y yo elegí “La Boheme” (cuando apenas sabía lo que era una ópera) y la profesora me prestó esta grabación, este dúo permanece esculpido en mis tímpanos.

La tos de Mimì hace volver a Schaunar, y no tardan en llegar Marcello y Musetta con el manguito, pero ya de poco sirve. Sin que Rodolfo se dé cuenta, Mimì muere. Con la llegada de Colline, que pregunta cómo está, Rodolfo se da cuenta del nerviosismo de sus amigos y se da cuenta de lo que ha ocurrido. Y así termina esta “La Boheme”, con Rodolfo gritando el nombre de su amada muerta. Y escuchamos el final con Roberto Alagna y Angela Gheorghiu:

Espero que tuvierais kleenex a mano…

Y espero que os haya gustado La bohème. Ya os digo que a mí me encanta, por algo es mi ópera favorita…

Bueno, a partir de ahora, cuando hablemos del aniversario del estreno de alguna ópera, quiero terminar diciendo quienes son en mi opinión los intérpretes referenciales en los principales papeles, así que allá vamos con un Reparto Ideal:

Rodolfo: Carlo Bergonzi. O Luciano Pavarotti (en vivo, no en el estudio con Karajan). Björling, Di Stefano, Gianni Raimondi o Alagna también tienen su atractivo.

Mimì: Renata Tebaldi, Mirella Freni o Victoria de los Ángeles.

Marcello: Rolando Panerai.

Musetta: Gianna D’Angelo o Anna Moffo.

Colline: Giorgio Tozzi.

Schaunard: Renato Cesari.

Benoît-Alcindoro: Italo Tajo.

Dirección de orquesta: por esta vez, y sin que sirva de precedente… “¡francamente, querid@s, me importa un bledo!”