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140 años del nacimiento de Ethel Barrymore (15-08-2019)

Con una carrera cinematográfica mucho menos extensa que sus célebres hermanos, fue en los años 40 una de las mejores actrices secundarias que ha visto Hollywood, la perfecta definición de una “robaescenas”. Aprovechando el 140 aniversario de su nacimiento repasamos la carrera de la gran Ethel Barrymore.

El nombre de nacimiento de Ethel Barrymore era Ethel Mae Blythe, y nació en Filadelfia, Pensilvania, el 15 de agosto de 1879. Sus padres, Maurice y Georgiana, eran actores teatrales. Su hermano mayor era el actor Lionel Barrymore y su hermano pequeño fue quizá el más famoso actor de los tres, John Barrymore (abuelo de la también actriz Drew Barrymore). 

En 1984 se trasladaron por dos años a Inglaterra, ya que su padre heredó una notable cantidad de dinero allí, siendo estos los mejores años de su infancia, cuando la familia estuvo más unida, al no encontrarse inmersa en giras teatrales. De regreso a Estados Unidos, quiere dedicarse a ser concertista de piano, además de comenzar su gran pasión por el beisbol. Pero en 1893 se traslada con su madre a California, ya que ésta está enferma de tuberculosis, enfermedad de la que muere ese verano, lo que supone el final de su infancia. Al igual que su hermano Lionel (a diferencia de John, que al ser más joven queda al cuidado de su abuela), debe abandonar la escuela y comenzar a trabajar en teatro, debutando en Broadway en 1895. No tarda en trasladarse a Londres, donde permanece entre 1897 y 1898, y obtiene un gran éxito, además de tener como pretendiente a Winston Churchill, a quien rechaza por no querer ser la esposa de un político. Acostumbrados a verla en el cine ya en edad madura, se nos hace extraño imaginarnos que fue una mujer ciertamente bella en su juventud (aunque siempre con esa mirada tan particular suya):

Tras haber tenido varios pretendientes en Inglaterra y en Estados Unidos, Ethel Barrymore se casa el 14 de marzo de 1909 con Russell Griswol Colt, con quien tiene tres hijos, Sammy, Ethel y John Drew, todos ellos dedicados al mundo del espectáculo. Pero el matrimonio no es feliz; ya en 1911 ella firma una demanda de divorcio que no tiene lugar. Pero rumores de malos tratos y evidentes infidelidades de él terminan con un divorcio en 1923. Aunque Ethel mantuvo posteriormente varios romances, no volvió a casarse, al ser una devota católica. 

A comienzos de la década de 1910, buena parte de la familia Barrymore se traslada a Hollywood para trabajar en el cine, y Ethel Barrymore hará lo propio en 1914, debutando en “The nightingale”. Trabajará con frecuencia en el cine hasta 1919. Por el contrario, en los años 20 trabaja exclusivamente sobre las tablas; de hecho, en 1928 se inaugura en Nueva York un teatro con su nombre.

Ethel Barrymore regresa puntualmente al cine en 1932 para acompañar a sus hermanos Lionel y John en “Rasputin y la Zarina”, interpretando a la Zarina Alejandra, en una película criticada por su falta de credibilidad histórica:

Los tres hermanos habían trabajado con anterioridad en una película muda. En esta ocasión, con la llegada del cine sonoro, trabajan juntos por segunda y última vez. De nuevo, Ethel regresa al teatro. 

En 1944, el director Cliffor Odets se encarga de asegurar la presencia de Ethel Barrymore como la madre del despreocupado barriobajero inglés interpretado por Cary Grant en “Un corazón en peligro”:

 

Por este papel, Ethel Barrymore ganará un Oscar a mejor secundaria, aunque afirme no sentirse impresionada por ello. Pero lo cierto es que apenas regresa a las tablas, y dedicará el resto de su carrera al cine. 

En 1946 interpreta a la misteriosa madre de George Brent, asesino de mujeres con problemas, en “La escalera de caracol”, drama de intriga protagonizado por una joven muda interpretada por Dorothy McGuire, consiguiendo una nueva nominación al Oscar:

En 1947 protagoniza varias películas destacables. Por un lado, es la tía de Merle Oberion, pianista que finge ser ciega para poder acercarse al pianista ciego interpretado por Dana Andrews en “Mi corazón te guía”, donde consigue eclipsar al resto del reparto, aún estando todos magníficos:

Interpreta también a la madre del político Joseph Cotten, que emplea a una campesina que terminará triunfando en política, interpretada por Loretta Young, quien ganará el Oscar a mejor actriz, en “Un destino de mujer”:

Pero si destaca en un papel, es el de la esposa del juez Charles Laughton en “El proceso Paradine” de Alfred Hitchcock, drama judicial protagonizado por Gregory Peck gracias al que consigue su tercera nominación al Oscar en un reparto que incluye a Ann Todd y a los debutantes Louis Jourdan y Alida Valli:

En 1948 interpreta a la tratante de arte que trata de impulsar la carrera de Joseph Cotten, pintor obsesionado con la joven que ha conocido y que esconde un secreto, la Jennie del título, interpretada por Jennifer Jones:

En 1949 tiene uno de sus papeles más extensos interpretando a la madre superiora de un convento que esconde en la Viena de post-guerra a una joven bailarina, Janet Leigh, que provoca un conflicto diplomático entre Rusia y Gran Bretaña, encabezados respectivamente por Louis Calhern y Walter Pidgeon:

Pero su gran éxito ese año será interpretar a la rica hacendada sureña que es cuidada por una joven con ascendencia negra, interpretada por Jeanne Crain, que al morir le dejará todos sus bienes en herencia, provocando el posterior drama de la joven, en la película “Pinky” de Elia Kazan:

Por este papel recibe su cuarta y última nominación al Oscar. Y de hecho será el último gran papel de Ethel Barrymore, si bien continúa trabajando en cine en los años 50. En 1952 trabaja junto a Humphrey Bogart en el drama peridístico “El cuarto poder” dirigido por Richard Brooks:

Trabaja además en el drama episódico “Tres amores” y en el musical “Siempre tú y yo”, siendo su último papel en el drama “Johnny Trouble”, en 1957. Pero su ritmo de trabajo se ralentiza por sus problemas cardiacos, que lleva años padeciendo. Finalmente, un infarto acaba con su vida el 18 de junio de 1959, cuando estaba a punto de cumplir 80 años. Fue enterrada en el Calvary Cemetery de Los Angeles:

Quizá la menos problemática de los hermanos Barrymore, Ethel fue una actriz de teatro que dedicó al cine sólo sus últimos años. Pero en esos años nos regaló una decena de papeles memorables que la sitúan en lo más alto del Olimpo cinematográfico. 

30 años de la muerte de Laurence Olivier (11-07-2019)

Si bien fue uno de los grande galanes románticos de los años 40, dio siempre lo mejor de sí interpretando obras de Shakespeare tanto en teatro como en cine, medio en el que fue el encargado de popularizar su obra hasta niveles nunca antes vistos. Repasamos la carrera de Laurence Olivier aprovechando el 30 aniversario de su muerte. 

Laurence Kerr Olivier nació el 22 de mayo de 1907 en el pueblo de Dorking, en Dorset, al sudeste de Inglaterra, no lejos de Londres. Fue el tercer y último hijo de la pareja formada por Gerard y Agnes Olivier. Descendiente de un hugonote francés, Gerard, tras plantearse dedicarse a la actuación o a la enseñanza, siguió la misma carrera que sus antepasados como ministro religioso protestante. Su ideología, en todo caso, lo aproximaba al catolicismo, la denominada “alta iglesia”, lo que lo hacía impopular entre los feligreses. Es por esto que no conseguía un puesto fijo, así que durante sus primeros 5 años de vida Laurence y su familia tuvieron una vida casi nómada, por lo que el pequeño no podía hacer amigos. Será en 1912 cuando su padre consiga un empleo fijo en la zona de Westminster, lo que le permitirá a Laurence llevar una vida más normal. 

Laurence Olivier consigue ser aceptado en 1916 en la escuela de la iglesia de todos los santos de Londres, de ritual anglo-católico. El vicario de la iglesia les anima a tomar parte en actividades teatrales, y Laurence llama la atención en 1917, con 10 años, interpretando al Bruto de “Julio Cesar”, entre cuya audiencia estaba la futura actriz Sybil Thorndike. Siguió llamando a atención en posteriores papeles, si bien en estos casos eran personajes femeninos. 

En 1920, Laurence Olivier pasa a estudiar en Oxford. En su último año allí, 1924, llama de nuevo la atención interpretando otro papel shakespeariano, en este caso el Puck de “El sueño de una noche de verano”. Si bien no tuvo una buena relación con su padre (pese a tomar de él su forma de recitar en la iglesia), fue él quién le empujó a ser actor, matriculándolo en la escuela de arte dramático de Elsie Fogerty. Gracias a Sybil Thorndike, Peggy Ashcroft y Ralph Richardson, su carrera teatral despega rápido. En 1928 conoce a la actriz JIll Esmond trabajando juntos en la obra “Bird in hand”, y comienzan una relación. Pero en 1929 el fracaso en la obra “Beau Geste” y todas las demás obras que protagonizaó le llevó en 1930 a probar suerte en el cine con el fin de conseguir dinero suficiente para poder casarse. Papeles breves que le dan el dinero que necesita para casarse, lo que hace el 25 de julio de 1930, y en 1936 tendrán un hijo, Tarquin. Pero Olivier no se siente cómodo trabajando en el cine, y no tarda en regresar al teatro. De hecho, es seleccionado por Noël Coward para interpretar un papel en su nueva obra, “Private lives”.

Pero en 1931 le llega una oferta de la RKO, y tras muchas dudas, acepta mudarse a Hollywood. En todo caso, sus películas son prescindibles. Es elegido para ser la pareja de Greta Garbo en “La reina Cristina de Suecia”, pero la falta de química entre ambos le lleva a ser sustituido por John Gilbert. 

En 1935, Laurence Olivier regresa a Londres y trabaja junto a John Gielgud, Peggy Ashcroft y Edith Evans en “Romeo y Julieta”. Él y Gielgud alternan los papeles de Romeo y Mercutio. Pero la crítica no le es favorable: ensalzan su virilidad, el resultar mucho más creíble como enamorado, pero su escasa capacidad poética al recitar los versos de Shakespeare, en comparación con Gielgud (no olvidemos que John Gielgud fue probablemente el mejor actor shakespeariano del siglo XX). Esto enturbió la relación entre ambos actores, al menos por parte de un celoso Olivier. 

Poco después, Laurence Olivier acepta unirse a la compañía teatral Old Vic, destacando en ella por su interpretación de Hamlet. El éxito como intérprete teatral de Shakespeare le lleva a protagonizar la adaptación cinematográfica de “Como gustéis” de 1936 en el papel de Orlando, junto a un reparto teatral de casi inexistente carrera cinematográfica (con la excepción del secundario de lujo Felix Aylmer). Por desgracia, la película fue un fracaso, y tras el poco éxito de “El sueño de una noche de verano” estrenada el año anterior, hizo creer a los productores que las obras de Shakespeare no tenían futuro en el cine:

Laurence Olivier continúa su carrera teatral interpretando a Hamlet, Macbeth y el Yago de “Otelo” (el papel protagonista lo interpretaba en este caso Ralph Richardson), mientras comenzaba una relación sentimental con Vivien Leigh, aunque mantuvo otros romances en aquella época (además de con otras actrices, se sigue especulando sobre una posible bisexualidad del actor). La pareja trabaja juntos en la película “Inglaterra en llamas” en 1937:

En 1938 protagoniza la comedia “El divorcio de la señorita X”, junto a Merle Oberon y con su amigo Ralph Richardson en el reparto, película en la que es capaz de sacar su histrionismo más cómico con buen resultado:

Tras regresar momentáneamente al teatro, vuelve al cine para interpretar a Heathcliff en la adaptación que William Wyler dirige en 1939 de “Cumbres borrascosas” de Emily Brönte. Olivier no está contento con el trabajo, y tiene problemas con Oberon, pero Wyler, gran director de actores, consigue sacar de él una interpretación menos teatral y más cinematográfica:

La película es un gran éxito y le vale a Laurence Olivier su primera nominación al Oscar. Esto le da confianza a la hora de afrontar la interpretación de sus nuevos papeles cinematográficos. 

Mientras, Vivien Leigh se ha trasladado también a Hollywood, tanto para estar junto a él como para intentar hacerse con el preciado papel de Scarlett O’Hara en “Lo que el viento se llevó”, algo que finalmente consigue. Laurence Olivier intenta que ella sea la protagonista de sus dos nuevas películas, pero no lo consigue. La primera película que rueda en 1940 es “Rebeca” de Alfred Hitchcock, una de las obras maestras del maestro del suspense, junto a una joven Joan Fontaine, elegida por David O. Selznick en vez de Vivien Leigh para evitar problemas mientras ambos se divorciaban de sus respectivas parejas:

Por este papel Laurence Olivier recibe su segunda nominación al Oscar. 

La otra película que protagoniza en 1940 es “Más fuerte que el orgullo”, adaptación de “Orgullo y prejuicio” de Jane Austen para la que Selznick elige como protagonista a Greer Garson, y en la que Olivier interpreta al galán Mr. Darcy:

Por otro lado, Vivien Leigh rueda “El puente de Waterloo” con Robert Taylor, ya que Olivier ha sido rechazado para protagonizarla. Todo parece arreglarse tras el divorcio de sus anteriores parejas y la boda, que tiene lugar el 31 de agosto de 1940. Todo parece arreglarse y la pareja decide interpretar “Romeo y Julieta” en Broadway, pero la prensa saca a relucir su pasada relación adulterina y acusa a Olivier de permanecer en Estados Unidos para evitar combatir en la II Guerra Mundial, por lo que la producción es un fracaso comercial. 

Nada cierto en lo relativo a la Guerra. Olivier se pone en contacto con el gobierno británico, que le solicita permanecer en Estados Unidos y ponerse en contacto con el director Alexander Korda para filmar una película de propaganda: “Lady Hamilton”, protagonizada por Vivien Leigh y Olivier como Horatio Nelson, con sus similitudes con la situación británica del momento (la amenaza de Napoleón es comparable con la de Hitler) fue vista desde el principio como un film propagandístico que no tuvo gran éxito comercial:

La pareja se traslada después al Reino Unido, donde Laurence Olivier intenta ingresar en la marina, pero es rechazado. Se dedica entonces a grabar discursos propagandísticos y filma alguna película en la misma línea. Sus amigos notan que Olivier no es feliz. Pero todo cambia cuando, siguiendo instrucciones de Winston Churchill, se prepara para protagonizar una nueva adaptación shakespeariana, en este caso “Enrique V”, en la que las tropas inglesas derrotan a las francesas en suelo francés en la batalla de Agincourt, con paralelismos con la invasión de Normandía que tiene lugar poco antes del estreno, en 1944. Finalmente, Olivier no solo protagoniza la película, también la dirige y la produce, con un estilo un tanto curioso, pasando del Globe de la época de Shakespeare al momento histórico de la Guerra de los cien años, pero cortando algunos pasajes incómodos:

Por esta película Laurence Olivier recibe una nueva nominación al Oscar como mejor actor y un Oscar honorífico. 

Poco después, Olivier se hace cargo, junto con Ralph Richardson, de la dirección de la compañía teatral Old Vic, por lo que sus siguientes años los pasará de nuevo en el teatro. Pero en 1947 comienza a trabajar en un nuevo proyecto, estrenado en 1948: dirigir, producir y protagonizar una adaptación cinematográfica de “Hamlet”, un ambicioso proyecto que tendrá un resultado más que exitoso:

Tal es el éxito que la película gana el Oscar a mejor película. Olivier es nominado en la categoría de actor y de director, ganando en la primera, aunque no estaba en la ceremonia para recogerlo:

Su matrimonio con Vivien Leigh se tambalea, en parte por las mutuas infidelidades. Pese a todo, siguen siendo pareja artística en el teatro. 

En el mundo del cine, Laurence Olivier tiene uno de sus mejores papeles en 1952, al volver a trabajar a las órdenes de William Wyler en “Carrie”, en el que vive una historia de amor con una joven Jennifer Jones, pese a estar su personaje casado:

En 1955 de nuevo dirige y protagoniza otra obra de Shakespeare, en este caso “Ricardo III”, interpretando al villano rey inglés, en un reparto en el que figuran, a su pesar, John Gielgud y Ralkph Richardson, ya que Olivier quería que el papel de Richardosn lo interpretara Orson Welles, con quien había trabajado en teatro. La película no tuvo el éxito de las adaptaciones anteriores, pese a contar, como en las anteriores, con la espléndida partitura de William Walton, pero en todo caso nos permite comprobar la muy diferente forma de declamar de Olivier y Gielgud:

Y, pese a todo, Olivier consigue una nueva nominación al Oscar como mejor actor. 

Repite, por última vez, en 1957, en la doble faceta de actor y director, en este caso con una curiosa comedia romántica, “El príncipe y la corista”, que protagoniza junto a Marilyn Monroe y que incluye a su amiga Sybil Thorndike en el reparto:

Ese mismo 1957 Laurence Olivier acepta protagonizar “The entertainer”, obra teatral de John Osborne, dirigida por Tony Richardson, en la que conoce a la joven actriz Joan Plowright, que interpreta a su hija. Ambos comienzan entonces una relación sentimental. Y ambos protagonizan la adaptación cinematográfica de 1960, dirigida también por Richardson, en el que es el debut cinematográfico de Plowright (y de Alan Bates) y por el que Olivier consigue una nueva nominación al Oscar:

Ese mismo año trabaja en la super-producción “Espartaco” que dirige Stanley Kubrick, protagonizada por Kirk Douglas, Tony Curtis y Jean Simmons (quien había sido su Ofelia cinematográfica) y en la que interpreta al malo de la historia, el general romano Craso:

En mayo de 1960 Laurence Olivier se divorcia finalmente de Vivien Leigh y en marzo de 1961 se casa con Joan Plowright, con la que tiene 3 hijos: Richard, en 1961, Tamsin Agnes Margaret en 1963 y Julie-Kate en 1966. 

La carrera cinematográfica de Olivier será más estable a partir de entonces. Tras protagonizar en 1962 el drama judicial “Escándalo en las aulas”, en 1965 protagoniza una adaptación de “Otelo” junto a Maggie Smith por la que consigue una nueva nominación al Oscar, si bien es una de sus interpretaciones más histriónicas, más teatral que cinematográfica:

Una interpretación mucho más contenida y creíble la encontramos en 1966 en su Mahdi sudanés que se enfrenta al gobierno británico y al general Gordon, interpretado por Chartlon Heston, en “Kartun”, de Basil Dearden:

Ese mismo año tiene un breve papel, como el presidente soviético Kamenev en el drama religioso “Las sandalias del pescador”, con un magnífico reparto encabezado por Anthony Quinn y dirigido por Michael Anderson:

En 1969 es uno de los protagonistas de la superproducción bélica “La batalla de Inglaterra”, ambientada en los momentos más delicados del Reino Unido durante la II Guerra Mundial ante la posible invasión nazi, en la que Olivier interpreta al Jefe de las fuerzas aéreas británicas:

En 1970 dirige de nuevo, en este caso una adaptación de la obra de Chejov “Tres hermanas”. Al año siguiente tiene un pequeño papel en “Nicolás y Alejandra”, pero volverá a dar lo mejor de sí en 1972, cuando protagoniza un enfrentamiento interpretativo con Michael Caine en la magistral “La huella”, dirigida por Joseph L. Mankiewicz, por la que ambos actores consiguen ser nominados al Oscar como mejor actor protagonista:

Sorprendentemente, Laurence Olivier se adapta muy bien al nuevo cine que comienza a hacerse en los años 70, y así lo demuestra interpretando al villano nazi fugitivo al que se enfrenta Dustin Hoffman en “Marathon man”, de John Schlesinger, de 1976. Y consigue una nueva nominación al Oscar, en este caso como actor secundario:

En cambio, en 1978 intercambia el papel: interpreta a un cazanazis que se enfrenta a Gregory Peck interpretando a un fugitivo doctor Mengele: 

Por este papel consigue su última nominación al Oscar, pero en ese mismo año la Academia le da un premio honorífico:

En 1979 interpreta al profesor Van Helsing en el “Drácula” de John Badham, interpretado por Frank Langella: 

Su último gran papel lo tiene en 1981 interpretando al General McArthur en “Inchon” en 1981. Ese mismo año tiene un pequeño papel en “Furia de titanes”, interpretando a Zeus:

Además de participar en películas y miniseries de televisión, su última película relevante es “Motín a bordo”, junto a Anthony Hopkins y Mel Gibson:

Todavía tiene ocasión de rodar un pequeño papel en “War requiem” en 1989. Pero Olivier, que llevaba años enfermo y que se había retirado del teatro a finales de los años 70, trabaja poco en sus últimos años, y ya tiene una considerable edad. Un fallo renal termina con su vida el 11 de julio de 1989 en su casa de Steyning, en el sur de Inglaterra, a los 82 años. Fue cremado, y sus cenizas se encuentran en la Abadía de Westminster. 

Laurence Olivier no supo siempre entender que en el cine la actuación es diferente al teatro, y por ello tardó en acostumbrase al nuevo medio, y todavía en ocasiones volvía a ese estilo demasiado histriónico que encaja mal ante las cámaras. Pero cuando conseguía actuar como es debido en el cine, sus interpretaciones eran a menudo memorables, desde finales de los años 30 hasta los años 70, demostrando una gran versatilidad y un enorme talento, asociado a menudo a la figura de Shakespeare, pero que fue capaz de darnos mucho más. 

Cien años del nacimiento de Jennifer Jones (02-03-2019)

Musa y, después, esposa de uno de los productores más importantes del Hollywood clásico, sus papeles de joven ingenua o sufrida esposa quedaron eclipsados por el de una de las Femme fatale más memorables de la historia del cine. Hoy, cuando cumpliría 100 años, recordamos a Jennifer Jones.

El nombre de nacimiento de Jennifer Jones era Phylis Lee Isley, y nació en Tusla, segunda ciudad del estado de Oklahoma, el 2 de marzo de 1919. Sus padres eran actores de teatro itinerantes, por lo que pasó su infancia viajando por el medio oeste americano, llegando incluso a aparecer ocasionalmente sobre las tablas. Estudia en su Oklahoma natal antes de trasladarse a estudiar interpretación, primero en Illinois y luego en la Accademy of Dramatic Arts de Nueva York, donde conoce al actor Robert Walker, con quien se casa el 2 de enero de 1939 (sin haber cumplido todavía los 20 años). 

Poco después, la pareja se traslada a Hollywood. Jennifer, todavía con el nombre de Phylis Isley, consigue dos pequeños papeles, pero fracasa en su prueba para la Paramount, por lo que, desilusionada, regresa a Nueva York, donde tendrá dos hijos: Robert, en 1940 y Michael, en 1941. Mientras su marido trabaja en la radio, ella trabaja como modelo, intentando siempre conseguir algún papel como actriz.

La ocasión llega cuando, en verano de 1941, se presenta para una audición en el despacho del productor David O’Selznick en Nueva York. La cosa no fue bien, terminó llorando la darse cuenta de su mala prueba, pero algo llamó la atención de Selznick, que la hizo volver y firmar un contrato por 7 años, cambiándole el nombre por el de Jennifer Jones. 

Su primera prueba fue para el papel de Bernadette Soubirois, impresionando al director Henry King, que no dudó en contratarla para un papel deseado por decenas de actrices. Con “La canción de Bernadette”, de 1943, Jennifer Jones saltó a la fama interpretando a la mujer que presencia la aparición mariana en Lourdes, con un reparto en el que destaca una inmensa Gladys Cooper como la intransigente monja superior:

La película resulta mojigata y propagandista católica desde el punto de vista actual, pero en su época fue todo un éxito y le valió el Oscar a mejor actriz, que ganó el mismo día que ganó el día de su 25 cumpleaños:

Convertida en estrella nada más debutar, en 1944 estrena “Desde que te fuiste”, drama dirigido por John Cromwell ambientado durante la Segunda Guerra Mundial, que cuenta la historia de las familias que se quedan sin sus esposos y padres que van al frente. Claudette Colbert y Joseph Cotten protagonizan una película en la que Jennifer Jones es la hija mayor de un americano que está en la guerra, y mientras se enamora de un joven, interpretado por quien todavía es su esposo, Robert Walker, con una fantástica banda sonora de Max Steiner:

La película recibe 9 nominaciones al Oscar, entre ellos el de mejor película y mejor secundaria para Jones, aunque sólo Max Steiner ganará el de mejor banda sonora. 

Mientras, Jennifer Jones comienza una relación sentimental con David O’Selznick, por lo que se separa de Robert Walker, divorciándose finalmente en junio de 1945. 

Jones se convierte, gracias a Selznick, en la reina del drama romántico, y así, en 1945, protagoniza “Cartas a mi amada”, de William Dieterle, junto a Joseph Cotten, quien en su anterior película era el amigo de su madre, pero a quien ahora emparejan con ella pese a la notable diferencia de edad. Por esta película Jennifer Jones consigue su tercera nominación al Oscar, todas ellas consecutivas:

En 1946 protagoniza dos importantes películas. La primera, “El pecado de Cluny Brown”, alocada comedia de Ernst Lubitsch en la que interpreta a una joven que conquista al maduro Charles Boyer

Su otra película ese año será la que le haga pasar a la historia del cine: “Duelo al sol”, el magistral western de King Vidor en el que Jennifer Jones interpreta a una mestiza de la que se enamoran dos hermanos, Joseph Cotten y un malvado Gregory Peck, con un reparto de lujo completado por Liliam Gish y Lionel Barrymore, y un memorable final: 

Y, con ella, cuarta nominación consecutiva al Oscar, Claramente, Jennifer Jones es la actriz de moda. Pero en 1947 no estrena nada: su siguiente película se estrena en 1948. Se trata de “Jennie”, drama romántico dirigido de nuevo por William Dieterle en el que un pintor, interpretado de nuevo por Joseph Cotten, se obsesiona con una mujer que esconde un secreto:

Pero, en esta ocasión, la película resulta ser un fracaso. 

Mejor suerte tiene en 1949 cuando protagoniza “Madame Bovary”, adaptación de la novela de Gustave Flaubert dirigida por Vincente Minnelli, junto a Van Heflin y Louis Jourdan, además de un James Mason que actúa como Flauvert y narrador de la historia:

El 13 de julio de 1949, en un barco camino de Europa, se casa con David O’Selznick, con quien tendrá una hija, Mary Jennifer, en 1954. En Europa rueda a las órdenes de Michael Powell y Emeric Pressburger “Corazón salvaje”, drama rural ambientado en la Inglaterra del siglo XIX:

En 1952 protagoniza “Carrie”, de William Wyler, en la que interpreta a una mujer que comienza una relación con un hombre casado, interpretado por Laurence Olivier, en una interpretación que no entusiasmó a la crítica, a diferencia de la de Olivier, en el que es considerado uno de sus mejores papeles:

En 1953 protagoniza “Estación Termini”, imposible historia de amor entre una americana y un italiano interpretado por Montgomery Clift en un rodaje complicado tanto por las tensiones creativas entre Selznick y el director Vittorio de Sica como por la propia situación personal de Jones, afectada por la reciente muerte de quien fuera su esposo, Robert Walker:

Ese mismo año protagoniza “La burla del diablo”, una sátira del cine negro que intenta evocar a Casablanca, dirigida por John Huston y como Humphrey Bogart como su partenaire:

Tras el fracaso de estos últimos films, Jennifer Jones alcanza un gran éxito en 1955 en “La colina del adiós”, de Henry King, en la que interpreta a una doctora euroasiática que comienza una relación sentimental con el americano interpretado por William Holden, que le vale una quinta y última nominación al Oscar, y que es recordada en especial por la banda sonora de Alfred Newman:

En 1956 repite junto a Gregory Peck en “El hombre del traje gris”, interpretando a una ambiciosa esposa que quiere que su marido gane más en el trabajo, lo que, como le indica su jefe Fredric March, afectará a su familia:

En 1957 protagoniza junto a Rock Hudson y Vittorio de Sica (quien le había dirigido en “Estación Termini”) una nueva adaptación de la novela “Adiós a las armas” de Hemingway, dirigida por Charles Vidor, que tendrá críticas dispares:

Su siguiente película no llega hasta 1962, y es de nuevo una adaptación literaria, en este caso de F. Scott Fitzgerald, “Suave es la noche”, de nuevo dirigida por Henry King, en la que interpreta a una mujer con problemas mentales que tiene celos de la relación de su marido, Jason Robards, con una actriz, interpretada por Joan Fontaine

En 1965, su esposo David O’Selznick muere a los 63 años. Jennifer Jones se retira del cine, y cuando dos años después muere su amigo el actor Charles Bickford, intenta suicidarse lanzándose por un acantilado. Termina en coma. Recuperada, apenas vuelve a rodar. Su único papel relevante será el último, en “El coloso en llamas”, en 1974, en el que tiene un final dramático:

Mientras, en 1971 se había vuelto a casar, con el millonario Norton Simon. En 1976, su hija menor, Mary, se suicida a los 22 años, lo que hace que Jones tome interés en las enfermedades mentales, fundando una asociación con la ayuda de su esposo, que también había tenido un hijo que se había suicidado. 

A la muerte de su esposo, en 1993, se hace cargo del museo de arte que éste tenía, el Norton Simon Museum de Pasadena, siendo su directora hasta 2003. Ese año se retira definitivamente de la vida pública (aparece en la ceremonia de los Oscars por última vez). Morirá a los 90 años, el 17 de diciembre de 2009, siendo sus cenizas colocadas junto a las de Selznick en el Forest Lawn Memorial Park. 

Con una carrera no especialmente extensa, brillante en el drama pero también en las pocas comedias que rodó, su participación en “Duelo al sol”, que quizá no sea su mejor papel pero sí en el que salió más hermosa que nunca, la mantiene en la memoria de los cinéfilos que nunca olvidan esa magistral escena final, ese duelo a muerte entre dos personas que se aman y se odian por igual pero que no pueden vivir separadas. 

140 años del nacimiento de Lionel Barrymore (28-04-2018)


Miembro de una de las más célebres familias de actores de Estados Unidos, si bien nunca alcanzó el grado de estrella que tendría su hermano John, Lionel Barrymore fue ese actor secundario imprescindible en cualquier película que aspirara a tener cierta calidad en los años 30 y 40. El día que se cumplen 140 años de su nacimiento, repasaremos brevemente su extensa carrera.




El nombre de nacimiento de Lionel Barrymore era Lionel Herbert Blythe, y nació el 28 de abril de 1878 en Filadelfia, estado de Pensilvania. Sus padres eran los actores teatrales Georgiana Drew y Herbert Arthur Chamberlain Blythe, que tomaría el nombre artístico de Maurice Barrymore. Lionel tendrá dos hermanos menores, todos ellos actores teatrales y, con el tiempo, cinematográficos: Ethel, nacida en 1879, y John, que nace en 1882.

Mientras realiza sus estudios en prestigiosos colegios, debuta en el teatro con 15 años junto a su abuela, Louisa Lana Drew. Pese a todo, por esas fechas Lionel no está interesado en el teatro, prefiere dedicarse a la pintura y a la música, pero el éxito que va a alcanzar con papeles de carácter le llevará a dedicarse a la carrera de actor. Por esa época luce un aspecto muy distinto al que conocemos:

En 1894, Lionel Barrymore se casa con la actriz Doris Rankin, pero una serie de fracasos teatrales llevan a la pareja a abandonar las tablas y trasladarse en 1906 a parís, donde Lionel trata de ganarse la vida como artista. Pero en 1908 nace su hija Ethel, y la falta de éxito como pintor les lleva a volver a Estados Unidos en 1909. Pese a todo, ese año muere su hija, y él tiene que retirarse de la obra en la que está trabajando por problemas de salud. Por ello, en 1911 debuta en el cine, en cortometrajes dirigidos por D. W. Griffith, además de algún largo con el mismo director. Pero con el estallido de la I Guerra Mundial regresa a Broadway con gran éxito, abandonando temporalmente el cine. En las tablas trabaja a menudo con sus hermanos o junto a su mujer, con la que en 1916 tiene una segunda hija, Mary, que al igual que la primera sólo sobrevive un año. la pérdida de ambas hijas (no tendrá, que se sepa, más descendencia) afecta seriamente a Lionel y a su relación con su esposa, de quien se divorciará en 1923. En 1924 se casa con la actriz Irene Fenwick, con la que permanecerá hasta la muerte de ella, en 1936. Este matrimonio le traerá un enfrentamiento con su hermano John, ya que al parecer Irene había sido su amante, y ambos hermanos permanecerán dos años sin hablarse.

A principios de los años 20, Lionel Barrymore regresa a Hollywood, si bien muchas de sus películas de la época se han perdido. Ya en 1925 se traslada definitivamente a Hollywood, donde trabaja junto a estrellas como Greta Garbo, Lon Chaney o Buster Keaton. Sus mayores éxitos vendrán en 1928. Uno será su última colaboración con Griffith, “Su mayor victoria”, y el otro será “Sadie Thompson”, junto a Gloria Swanson:

Con la llegada del cine sonoro, Lionel Barrymore, que pese a ser un famoso actor teatral tenía una dicción bastante borrosa, se retira de la interpretación y se centra en su carrera como director, alcanzando su mayor éxito con “Madame X”, que le valdrá una nominación al Oscar como mejor director. Otro gran éxito será el musical “La canción de la estepa”, con el barítono Lawrence Tibett (que será nominado al Oscar como mejor actor), acompañado por Stan Laurel y Oliver Hardy:

Otro motivo para su retirada temporal de la interpretación es la artrosis que empieza a sufrir hacia 1928, y que le hará adicto a la morfina, la cocaína y otros calmantes que alivien el dolor cada vez más insoportable que sufre. Pero no tarda en regresar a la interpretación, y lo hará por la puerta grande, con “Un alma libre”, de Clarence Brown, en 1931, en la que interpreta a un abogado dispuesto a defender a un gangster pese a conocer todos sus crímenes, interpretado por un debutante Clark Gable, para ver como su amada hija, Norma Shearer, deja a su amor, Leslie Howard, por el bandido en cuestión:

Se hace raro verle en un papel protagonista en su etapa de cine sonoro, pero la elección fue tan acertada que le valió ese año el Oscar a Mejor Actor, en la que sería su única nominación (interpretativa, como director ya hemos dicho que recibió otra).

Recuperado definitivamente para el cine, participa ese mismo 1931 en “Mata Hari”, película a mayor gloria de Greta Garbo y el míto del cine mudo Ramon Novarro (intentando hacer carrera en el cine sonoro, algo que no conseguirá), interpretando al amante que la traiciona:

En 1932 comparte reparto con sus hermanos John y Ethel interpretando al mítico monje ruso en “Rasputin y la zarina”:

Además, acompañará a su hermano John en “Arsene Lupin” y en la película ganadora del Oscar ese año, la coral “Gran Hotel” de Edmund Goulding, en la que comparte pantalla con Greta Garbo (de nuevo), Wallace Beery o Joan Crawford:

Al año siguiente, el director George Cukor intentará repetir el éxito de “Gran Hotel” con otra tragicomedia coral, “Cena a las ocho”, en la que interpreta al enfermo anfitrión de dicha cena, en medio de un reparto en el que aparecen Marie Dressler, Jean Harlow, Wallace Beery y su hermano John, aunque en este caso no lleguen a compartir pantalla:

En 1934 interpreta el breve papel de Billy Bones en la adaptación que Victor Fleming dirige de “La isla del tesoro”, junto a Jackie Cooper y, de nuevo, Wallace Beery, y repite junto a Jean Harlow (a quien al parecer quería como si fuera su hija, ya que tenía una edad similar a la que habrían tenido las suyas) en la comedia “Busco un millonario”:

En 1935 colabora por primera vez con el director Tod Browning en “La marca del vampiro”, en la que comparte pantalla con Bela Lugosi:

E interpreta a Dan Peggotty en la adaptación que realiza George Cukor de “David Copperfield” de Charles Dickens, junto a un reparto interminable encabezado por nombres como Freddie Bartholomew, Basil Rathbone, W. C. Fields o Edna May Oliver:

En 1936 repite a las órdenes de Tod Browning protagonizando junto a Maureen O’Sullivan el clásico de terror “Muñecos infernales”, en la que le vemos además disfrazado de mujer:

Y repite también junto a Greta Garbo y a las órdenes de George Cukor en “La dama de las camelias”, adaptación de la obra de Dumas en la que interpreta a Monsieur Duval, el inflexible padre del protagonista, el recién llegado Robert Taylor:

En 1937 trabaja en la mítica “Capitanes intrépidos”, de Victor Fleming, interpretando al capitán del barco pesquero que rescata al niño rico Freddie Bartholomew y en el que trabaja el pescador Manuel, interpretado por un Spencer Tracy que ganará su primer Oscar por esta película:

Pero en 1936, Lionel Barrymore se rompió la cadera, y en 1937, durante el rodaje de “Saratoga”, en la que coincide de nuevo junto a Clark Gable y Jean Harlow, tiene un accidente y vuelve a rompérsela. Esta vez ya no curará, y le impedirá poder andar. Prácticamente confinado en una silla de ruedas por el resto de su vida, hará un esfuerzo sobrehumano (a costa de grandes dosis de calmantes) para rodar en pie el que posiblemente sea su papel más entrañable, el abuelo Vanderhof, patriarca de una familia muy peculiar, que se enfrenta al hecho de que la nieta, única “normal” de la familia, interpretada por Jean Arthur, va a casarse con James Stewart, miembro de una familia de empresarios que entienden la vida de una forma completamente diferente, en la absolutamente genial “Vive como quieras” de Frank Capra, por la que, incomprensiblemente, no fue nominado al Oscar a mejor secundario:

También en 1938 interpreta por primera vez al Doctor Gillespie en la serie de películas sobre el Doctor Killdare, y en 1941, en “Dr. Killdare’s wedding day” puede incluso escucharse una composición suya, ya que Lionel Barrymore nunca abandonó su ilusión juvenil de ser músico. Será esta serie de películas las que le ocupen en los primeros años 40. Además, en 1942 muere su hermano John, siendo su funeral uno de los últimos momentos en los que se le pudo ver en pie.

Su siguiente película reseñable será “Desde que te fuiste”, de 1944, drama ambientado en las familias que se quedan solas cuando los esposos marchan a la II Guerra Mundial, con un reparto de lujo, en el que interpreta a un clérigo:

Convertido en un secundario de lujo, Lionel Barrymore interpreta por lo general a ancianos con carácter pero a la vez entrañables, pero en 1946 interpreta a dos de los personajes más desagradables de su carrera. Por un lado es el racista senador Jackson McCanles, esposo de la tía de la mestiza Jennifer Jones y padre de los dos hermanos que se pelearán por su amor, Joseph Cotten y Gregory Peck en el clásico de King Vidor “Duelo al sol”:

Y por otro interpreta al odioso banquero Potter en una de las películas más famosas de la historia, la maravillosa “Qué bello es vivir” de Frank Capra, de nuevo junto a James Stewart:

En 1938 interpreta al propietario del Hotel en el que él, su hija Lauren Bacall y algunos otros, entre ellos Humphrey Bogart son secuestrados por el gangster Edward G. Robinson en el clásico de cine negro “Cayo Largo” de John Huston:

Su filmografía posterior apenas aporta nada a una larguísima y prolífica carrera. Un breve papel en “Estrella del destino”, en 1953, junto a Clark Gable y Ava Gardner será su último papel. Poco después, el 15 de noviembre de 1954, un infarto se lo llevaba por sorpresa a los 76 años. Fue enterrado en el Calvary Cemetery de Los Angeles, donde pocos años después sería enterrada también su hermana Ethel.

Pese a su importante carrera como protagonista en innumerables films mudos, Lionel Barrymore pasó a la historia como ese actor de carácter perfecto para hacer de secundario de lujo, aportando su gran prestigio a cualquiera de las películas en las que participaba, legándonos así su participación en un buen número de películas míticas que lo convierten en un personaje imprescindible de la historia del cine de Hollywood.



25 años de la muerte de Audrey Hepburn (20-01-2018)


Prototipo de moda y glamour femenino, una delas actrices más famosas (y con más talento) de su época, su personalidad no iba muy acorde con ese estilo ostentoso al que se le asocia, retirándose tempranamente del mundo del cine para atender a sus funciones como Embajadora de UNICEF. Hoy hace 25 años que nos dejaba una enorme actriz y, al parecer, una mejor persona, la bellísima Audrey Hepburn.




El nombre de nacimiento de Audrey Hepburn era Audrey Kathleen Ruston, y nació en el barrio de Ixelles, en Bruselas, el 4 de mayo de 1929. Su madre era la holandesa Baronesa Ella van Heemstra, que tenía dos hijos de un matrimonio previo, Hendrik e Ian. Su padre era el inglés Victor Anthony Ruston, que años después incorporará al nombre familiar el apellido de su abuela, Hepburn, del que sale su nombre artístico.

Audrey Hepburn pasó su infancia entre Bélgica, Holanda y Londres, lo que le permite aprender inglés y holandés, además de francés, italiano y español.

En los años 30, sus padres se envuelven en movimientos fascistas. Finalmente, en 1935, su padre abandona a la familia y se muda a Londres, donde se envuelve en mayor grado en actividades fascistas, divorciándose en 1938, lo que traumatiza a Audrey, que por esa época, está estudiando en Inglaterra,y no tendrá contacto con su padre de nuevo hasta 1960.

Con el estallido de la II Guerra Mundial, Audrey Hepburn regresa con su madre, que se establece en la residencia familiar de Arnhem, Holanda, esperando que el país permanezca neutral, pero se equivoca, y Holanda es invadida por los Nazis. Su madre la llama Edda para sustituir su nombre inglés y evitarle problemas. Su adolescencia durante la Guerra resulta traumática: ve con sus propios ojos las deportaciones de judíos y las ejecuciones, entre cuyas víctimas se encuentran familiares, como su tío, militante de la resistencia. De hecho, Audrey se sentirá identificada con Anna Frank, ya que ambas tenían la misma edad.

Tras el desembarco de Normandía, la situación empeora, y Audrey sufre malnutrición, que desemboca en otros problemas de salud, como anemia y problemas respiratorios. Además, cuando termina la Guerra, la fortuna de su familia materna ha desaparecido, y su madre comienza a trabajar para poder pagarle las lecciones de ballet a su hija, primero en Amsterdan y, desde 1948, en Londres. Pero sus problemas de malnutrición presagian que no podrá desarrollar una carrera como bailarina, y los problemas económicos le hacen necesario empezar a trabajar, así que cambia de interés hacia la interpretación, trabajando en teatro y en pequeños papeles cinematográficos, además de recibir lecciones de locución con el actor Felix Aylmer. Finalmente, en 1952, tiene su primer papel cinematográfico destacable en “Secret people”, en la que Audrey rueda sus escenas de baile:

Poco después, se desplaza a América para protagonizar en Broadway el musical “Gigi”. Y, estando en Estados Unidos, realiza una prueba para protagonizar la película “Vacaciones en Roma”. Se supone que la protagonista va a ser Elizabeth Taylor, pero cuando Wiliam Wyler ve la prueba de cámara de Audrey, se queda impresionado, y descubre a la perfecta Princesa, Ana, que se escapa con un periodista americano, interpretado por Gregory Peck, del que termina enamorándose:

El resto ya es historia. Audrey Hepburn se convierte de la noche a la mañana en una estrella, y además gana el Oscar a Mejor Actriz con su primera película en Hollywood (y su primer papel protagonista en cine), junto con el BAFTA y el Globo de Oro:

Volverá a estar nominada 4 veces al Oscar, pero no lo ganará de nuevo.

El contrato que ha firmado con la Paramount le obliga a filmar una única película al año, así que puede dedicar el resto de su tiempo al teatro, ganando ese mismo año (1954; recordemos que los Oscars de las películas de 1953 se entregan en 1954) el premio Tony por su trabajo en “Ondine”, en la que comparte escenario con Mel Ferrer, con quien se casará ese mismo año (pese a los 12 años de edad que se llevan).

Su siguiente película será a las órdenes de otro gran director, en este caso Billy Wilder, para quien protagoniza “Sabrina”, comedia romántica en la que dos hermanos de una rica familia (Humphrey Bogart y William Holden) se disputan el amor de la bella hija del chofer de la familia, personaje que interpreta Audrey:

Además de conseguir una nueva nominación al Oscar y de ganar el BAFTA, esta película le sirve a Audrey Hepburn para conocer al modisto Hubert de Givenchy, a quien será fiel el resto de su carrera. Además, durante el rodaje mantendrá un romance con William Holden.

Su siguiente papel es el de la Condesa Natasha Rostova en la adaptación de la obra de Leo Tolstoy “Guerra y Paz” que dirige King Vidor, en la que compartirá rodaje con su marido Mel Ferrer y con el gran Henry Fonda (Audrey solía estar emparejada en pantalla con actores mucho mayores que ella, que podrían ser su padre como mínimo). El rodaje de la película, de enormes dimensiones, se extiende en el tiempo y al final se estrena en 1956:

Audrey Hepburn resulta siempre encantadora en pantalla, y eso la convierte en la pareja ideal para Fred Astaire en “Una cara con ángel”, libre adaptación del musical de los hermanos Gershwin, que dirige Stanley Donen. A Audrey le hace especial ilusión participar en esta película y poder bailar con un mito como Astaire:

Esta película se estrena en 1957, mismo año en el que repite bajo las órdenes de Billy Wilder en una película menor de la filmografía del gran director y guionista austriaco, “Ariane”, en la que compartirá pantalla con Maurice Chevalier, que interpreta a su padre, y Gary Cooper, otra de esas parejas que le duplica en edad:

Su siguiente película será otra superproducción que tardará dos años en estrenarse, en 1959: “Historia de una monja”, de Fred Zinnemann, en la que interpreta a una monja dedicada a la medicina tropical que sufre constantes problemas de vocación, rechazando al enamorado doctor con el que trabaja, interpretado por Peter Finch, para terminar renunciando al monacato durante la II Guerra Mundial. Algunos aspectos del personaje le hacen sentirse identificada con él (su personaje renuncia a ser monja por no poder mantener la neutralidad hacia los nazis que han asesinado a su familia, algo que a ella también le había sucedido en la vida real) convierten este papel en uno de sus favoritos y más logrados de toda su filmografía:

Por este papel, Audrey Hepburn recibe su tercena nominación al Oscar, además de ganar su segundo BAFTA. No elige igual de bien su siguiente papel, en la película “Mansiones verdes”, que dirige su marido Mel Ferrer, en la que interpreta a una misteriosa mujer que vive en lo profundo de la selva sudamericana, a la que busca el aventurero Anthony Perkins:

Repite error al acepar rodar el western “Los que no perdonan”, que dirige John Huston, interpretando a la hija adoptada de una familia que se descubre que es en realidad una india, provocando el rechazo del resto de la comunidad, siendo defendida apenas por su hermanastro Burt Lancaster, que está enamorado de ella. Audrey sufrió un accidente montando a caballo durante el rodaje que le rompió la espalda y le provocó un aborto; el rodaje se detuvo hasta su recuperación, pero la película, estrenada en 1960,  resultó un fracaso:

Tras el traumático rodaje, Audrey Hepburn se toma un año de descanso, durante el que tiene a su primer hijo, Sean, en 1960.

Tras esta pausa, su retorno al cine no podía haber sido más a lo grande: se necesitaba a una actriz para interpretar a Holly Golightly, la protagonista de “Desayuno con diamantes” de Truman Capote. El escritor quería a Marilyn Monroe, pero ésta buscaba alejarse de esos personajes de mujer tonta que había interpretado hasta entonces, y el papel recayó en Audrey, que obligó a realizar modificaciones en el guión, suprimiendo la bisexualidad de Holly y reduciendo al máximo las menciones a su prostitución. La película, tras no poder ser realizada ni por William Wyler ni por Billy Wilder, ambos directores con los que Audrey ya había trabajado (una lástima, cualquiera de ellos habría hecho maravillas), fue dirigida por Blake Edwards y co-protagonizada por George Peppard. Pero si algo destaca de esta maravillosa película es la partitura que realiza Henry Mancini, en especial esa bellísima “Moon river” que compone adaptada a la pequeña extensión vocal de Audrey; el resultado es pura magia, y nadie ha conseguido superar la interpretación de esta canción que realiza la Hepburn:

Si la magia no existe, que me expliquen entonces qué es esto… imposible no enamorarse de ella.

“Desayuno con diamantes se estrena en 1961, mismo año en el que estrena también “La calumnia”, drama dirigido por William Wyler, en el que ella y otra profesora, Shirley McLaine, son acusadas de lesbianismo por una alumna, para terminar descubriéndose que McLaine sí que está enamorada de Hepburn. La película fue muy polémica en la época:

Su siguiente película se estrena en 1963, “Charada”, genial sátira del cine de intriga en la que vuelve a trabajar bajo las órdenes de Stanley Donen y con Cary Grant como pareja, en una de sus películas más geniales, que le valió su tercer BAFTA:

Otra de esas películas que no te cansas de ver.

En 1964 protagoniza junto a William Holden “Encuentro en París”, fallida película de cine dentro del cine, pero tendrá un éxito considerablemente mayor con “My fair Lady”, que dirige George Cukor. La protagonista debería haber sido la entonces desconocida en Hollywoood Julie Andrews, que había realizado el papel en Broadway, pero Audrey Hepburn aceptó el papel para evitar que recayera en manos de Elizabeth Taylor. Rex Harrison, su compañero de reparto, que quería a Julie Andrews en el papel, al principio no se lo perdonó, pero parece que Audrey tenía una extraña capacidad para llevarse bien con todos sus compañeros de reparto. En todo caso, aunque cantó todas su partes, la mayoría de las canciones fueron dobladas por Marni Nixon, aunque se conservan las versiones con la voz original de Audrey, como en este “I could have danced all night”, que le sobrepasa vocalmente:

Pese a que “My fair lady” arrasó en los Oscars, Audrey se quedó sin nominación, y el Oscar a mejor actriz lo ganó… Julie Andrews, por esa “Mary Poppins” que la lanzaría a la fama.

En 1966 vuelve a trabajar a las órdenes de William Wyler en la genial comedia romántica “Cómo robar un millón y…”, interpretando a la hija de un estafador que se enamora de un policía, interpretado por Peter O’Toole, que tendrá que ayudarle a ocultar la estafa de su padre:

En 1967 estrenará dos películas. La primera, “Sola en la oscuridad”, en la que interpreta a una mujer ciega atacada por unos delincuentes, le vale su quinta y última nominación al Oscar:

La otra es la genial comedia dramática “Dos en la carretera”, dirigida por Stanley Donen, en la que, junto a Albert Finney, interpretan a una pareja en los diferentes viajes que realizan por Francia en distintas etapas de su matrimonio, cada vez más en crisis, en un momento en el que Audrey pasaba por una situación similar:

Audrey Hepburn sufrió dos abortos más, y la prensa estaba empeñada en que la pareja estaba en crisis, en especial por el carácter dominante de Mel Ferrer. Y pese a que Audrey lo negara repetidas veces, terminaron divorciándose en 1968. Poco después, en enero de 1969, se casa con el psiquiatra italiano Andrea Dotti, y, pese a pensar que ya no podría tener más hijos, se queda embarazada. En esta ocasión quiere tener un embarazo tranquilo para evitar problemas, y se retira del cine. Su hijo Luca nace en 1970, y en 1974 tendrá un nuevo aborto. Permanecerá retirada varios años, cuidando de su familia, hasta su regreso al cine en 1976 con “Robin y Marian”, crepuscular adaptación de la historia de Robin Hood, junto a Sean Connery, de amargo final, inmejorablemente ambientado por una de las mejores partituras de John Barry:

Su regreso al cine fue muy bien acogido, pero de nuevo se equivocó en los papeles que escogió, protagonizando en 1979 “Lazos de sangre”, intriga mediocre junto a Ben Gazzara y James Mason:

Durante el rodaje mantiene una relación con Ben Gazzara, lo que en la práctica termina de romper su matrimonio, ya muy deteriorado por las infidelidades de él. Pese a todo, no se divorciarán hasta 1982. Audrey rodará una última película junto a Ben Gazzara, la comedia “Todos rieron”, en 1981, que al igual que la anterior fue un fracaso que potenció una segunda retirada de la actriz. Sólo volverá a trabajar en el telifil “Amor entre ladrones” en 1986, teniendo su aparición final en 1989 en un breve papel en “Para siempre”, de Steven Spielberg, interpretando al ángel que se le aparece al fallecido Richard Dreyfuss, en una de las peores películas del director, que sólo se recuerda precisamente por Audrey:

Desde 1980, Audrey tendrá una relación estable con el actor Robert Wolders, aunque nunca llegarán a casarse, siendo esta la etapa más feliz de su vida, según afirmó ella.

En 1989 es nombrada Embajadora de Buena Voluntad de UNICEF, lo que le llevará a viajar a Etiopía, Sudán del Sur, Vietnam y Somalia. En 1990 recibirá un Globo de Oro Honorífico Cecil B. de Mille:

A su regreso de Somalia, en 1992, acude al médico por un dolor abdominal que revelará que padece desde hace tiempo un cáncer de colon y que ha producido metástasis. Retirada en su casa de Suiza para pasar sus últimas navidades en familia, muere mientras duerme el 20 de enero de 1993, siendo enterrada en el cementerio de Tolochenaz, localidad próxima a Lausana en la que murió:

Un año después, en 1994, se le otorgará el Oscar Humanitario Jean Hersholt a modo póstumo, reconociendo así su labor humanitaria en UNICEF:

Nos dejaba con sólo 63 años y una filmografía bastante breve, pero realmente magnífica, Audrey Hepburn es para muchos un icono de la moda, algo de lo que ella siempre quiso huir, pero fue en realidad el prototipo de estrella sencilla que encandilaba al público y se preocupaba por los demás. Una grande que nunca será olvidada por sus innumerables fans, entre los cuales me encuentro.



25 años de la muerte de Anthony Perkins (12-09-2017)


Hay intérpretes que se encasillan en un género cinematográfico, para bien o para mal, pero los hay, pocos por suerte, que han tenido la desgracia de ser relacionados siempre con un único papel del que parece que nunca pueden librarse. Anthony Perkins con su Norman Bates es quizá el caso paradigmático, por desgracia para un actor de enorme talento cuyo recuerdo, tras su desaparición hace 25 años, se conserva sólo por el villano de Psicosis.




Anthony Perkins nació en Nueva York el 4 de abril de 1932, siendo el único hijo de Janet Esselstyn y del actor cinematográfico Osgood Perkins, que murió de un infarto 5 años después. Pese a apenas haberle conocido, Perkins siguió los pasos de su padre y debuta en el cine en 1953, en la película de George Cukor “La actriz”, en la que interpreta al joven enamorado de la protagonista, Jean Simmons. Pero será con su segundo papel, en 1956, en el clásico de William Wyler “La gran prueba” con el que salte al estrellato, interpretando al hijo mayor de la familia de cuáqueros formada por Gary Cooper y Dorothy McGuire:

Por este papel selleva su única nominación al Oscar (algo sorprendente e imperdonable) y un Globo de Oro a la mejor nueva estrella.

Anthony Perkins es miembro del Actor’s studio, y compagina su labor cinematográfica con la teatral, además de grabar varios discos como cantante (bajo el nombre de Tony Perkins), publicando el primero en 1957, del que destaca el tema “Moonlight swim”:

Tras participar en dos westerns en 1957, en 1958 gana un premio Tony por su trabajo en la obra teatral “Look Homeward, Angel”. Ese mismo año tiene también su primer papel protagonista en la comedia “La casamentera”, junto a Shirley Booth y Shirley McLaine:

Y protagoniza también el drama de época “Deseo bajo los olmos”, en el que se enfrenta a su tiránico padre, interpretado por Burl Ives, y se enamora de su madrastra, Sofia Loren:

En 1959 protagoniza “Mansiones verdes”, junto a Audrey Hepburn, ambientada en la selva venezolana:

Y tiene también un destacado papel en el drama nuclear “La hora final” de Stanley Kramer, junto a Gregory Peck, Ava Gardner y Fred Astaire, en la que interpreta a un joven militar australiano que tiene que asumir que él y su familia van a morir a causa de la nube radiactiva:

En 1960 protagoniza en Broadway el musical “Greenwillow” de Frank Loesser, por el que recibe una nueva nominación al Tony. Le escuchamos aquí, años después, cantando una de las piezas más conocidas de este musical “Never will I marry”:

En 1960 protagoniza también la comedia romántica “Me casaré contigo” de Joshua Logan junto a Jane Fonda, pero si ese año destaca por algo, es por ser elegido por Alfred Hitchcock para protagonizar una de sus más míticas películas, “Psicosis”, en la que su carácter tímido y en apariencia inofensivo esconde a un psicópata. Su magistral interpretación de Norman Bates es ya mítica:

Ese magistral primer plano final, con esa inquietante mirada, no le sirvió para recibir la nominación al Oscar que merecía.

Pero su mejor papel, en mi opinión, está por llegar. Será en 1961, en “No me digas adiós”, de Anatole Litvak, en la que interpreta al joven que se interpone en la abierta pareja formada por Ingrid Bergman e Yves Montand. Su carácter tímido e introvertido le va perfecto al papel, pero, de nuevo, los premios no le hacen justicia (bueno, no del todo: se lleva el premio al mejor actor en el Festival de Cannes, nada menos):

Los siguientes años su carrera transcurre en Europa. Anthony Perkins domina el francés, como podemos comprobar en esta canción que graba en 1963:

Así, en 1962 rueda “Fedra” de Jules Dassin junto a Melina Mercouri y “Un abismo entre los dos”, de nuevo de Anatole Litvak, junto a Sofia Loren. Rueda además en Francia “El proceso” de Orson Welles, basada en la obra de Franz Kafka, interpretando al protagonista, Josef K:

De sus siguientes papeles, habría que destacar su breve participación en la coral cinta bélica “¿Arde París?” de René Clément, en la que interpreta a uno de los primeros soldados americanos que entran en París para expulsar a los nazis.

En 1967 protagoniza otro musical, en este caso en televisión, “Evening Primrose”, con música de Stephen Sondheim (con quien al parecer tuvo una relación), del que escuchamos la canción “If you can’t find me, I’m here”:

Su carrera no le depara más grandes éxitos. Rueda junto a Paul Newman “Un hombre de hoy” en 1970 y “El juez de la horca” en 1972, y tiene un pequeño papel en 1974 en la genial adaptación de la obra de Agatha Christie “Asesinato en el Orient Express” de Sidney Lumet:

El 9 de agosto de 1973, Anthony Perkins, quien al parecer hasta pocos años antes sólo había tenido relaciones con hombres, se casa con la actriz y fotógrafa Berry Berenson. Con ella tendrá dos hijos: Oz en 1974 y Elvis en 1976.

Mientras decae su carrera cinematográfica, el teatro le trae nuevos éxitos, como su trabajo en “Equus” en 1974. También trabaja en televisión, donde en 1978 interpreta a Javert en la película televisiva “Los Miserables”:

En 1979 trabaja en la película de ciencia ficción de Disney “El abismo negro”:

Pero, encasillado en el cine de terror, vuelve a interpretar a Norman Bates en 3 nuevas ocasiones. De hecho, en 1986 no sólo protagoniza “Psicosis III”, sino que también la dirige:

Incluso repite como director en la comedia de terror “Un tipo con suerte”, pero no consigue relanzar su carrera, relegada a películas de baja calidad. Además, en 1990, durante el rodaje de “Psicosis IV” se le diagnostica SIDA. Pese a todo, en 1992 todavía rueda el thriller televisivo “In the deep woods” junto a Rosanna Arquette:

Finalmente, el 12 de septiembre de 1992, una neumonía termina con la vida de Anthony Perkins a los 60 años. Su mujer le sobrevive 9 años: un día antes de que se cumplieran esos 9 años, moría en uno de los aviones que se estrellaron contra el World Trade Center en los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Anthony Perkins es uno de los más trágicos casos de actor encasillado: con un enorme talento, su vinculación al personaje que le lanzó a la fama arruinó el resto de su carrera. Y, pese a todo, nos dejó unos cuantos papeles que le hacen merecer ser recordado como un grandísimo actor.



120 años del nacimiento de Fredric March (31-08-2017)


Hace pocos días hablábamos de Paul Muni, una estrella del Hollywood de los años 30 hoy caída en el olvido. Hoy vamos a hablar de otra gran estrella del Hollywood de los años 30 y 40 (incluso de los 50) hoy bastante olvidada, pese a tener en su haber 2 Oscars y dos Tony (y que además es uno de mis actores favoritos), un día después de que se cumplan 120 años de su nacimiento: hoy hablamos de Fredric March.




Ernest Frederick McIntyre Bickel, que era el nombre real de Fredric March, nació el 31 de agosto de 1897 en Racine, estado de Wisconsin. Su padre, John F. Bickel, era un comerciante y anciano prebiteriano, mientras que su madre, Cora Brown Marcher, era profesora. Fredric estudió en su ciudad natal hasta trasladarse a Madison para asistir a la universidad. Sirvió en la I Guerra Mundial como teniente de artillería y comenzó su carrera profesional trabajando en un banco. Pero una apendicitis le hizo replantearse su vida y se interesó por la interpretación, comenzando en 1920 a trabajar como extra en películas filmadas en Nueva York. Es entonces cuando adopta el nombre de Fredric March, usando una abreviatura del apellido de soltera de su madre.

En 1921 se casa con Ellis Baker, de la que se divorcia en 1927. Un año antes había comenzado a trabajar en Broadway, donde conoce a la que será su segunda esposa, Florence Eldridge, con la que se casa en 1927. Esta segunda unión durará hasta la muerte de él, y adoptaran dos niños. Su éxito en el teatro le lleva a firmar un contrato con la Paramount en 1929, año en el que rueda varias películas, las primeras en las que aparece acreditado.

Será en 1930 cuando se produzca su salto a la fama, con la comedia ambientada en el teatro “The royal family of Broadway”, en la que interpreta un personaje inspirando en el gran actor de la época John Barrymore. Este papel le supuso su primera nominación al Oscar:

Su consagración definitiva vendrá un año después, en 1931, al protagonizar “El hombre y el monstruo”, adaptación del “Doctor Jeckyll y Mr. Hyde” de Robert Louis Stevenson, dirigido por Rouben Mamoulian y acompañado por Miriam Hopkins:

Por este papel vuelve a estar nominado al Oscar. Y ese año se produce algo insólito: dos actores se llevarán el premio: Wallace Beery por “Campeón” y el propio March, pese a tener un voto más que Beery; en aquella época, un voto de diferencia se consideraba insuficiente para proclamarse ganador único.

Convertido ya en un actor de gran prestigio, en 1932 es elegido para protagonizar, junto a Norma Shearer, la esposa del productor Irving Thalberg, el drama romántico “La llama eterna”:

También protagoniza “El signo de la cruz”, drama de época dirigido por Cecil B. de Mille ambientado en la Roma de Nerón, junto a Charles Laughton y Claudette Colbert:

En 1933, protagoniza junto a Cary Grant el drama bélico “El águila y el halcón”, y destaca en la comedia de Ernst Lubitsch “Una mujer para dos”, compartiendo a Miriam Hopkins con Gary Cooper, y con Edward Everett Horton, habitual en el cine de Lubitsch, en el reparto:

En 1934 repite junto a Norma Shearer en un nuevo drama romántico, ambientado en el siglo XIX, en la que tiene que vencer la tiranía del padre de ella, un genial Charles Laughton, para conseguir a su amada:

Protagoniza también la comedia de aventuras “El burlador de Florencia”, interpretando al escultor Benvenutto Cellini, y “La muerte de vacaciones”, en la que interpreta a la muerte, que quiere saber por qué los humanos le temen tanto y se transforma en uno de ellos:

1935 será un gran año para Fredric March. Además de protagonizar “El ángel de las tinieblas”, drama romántico junto a Merler Oberon y Herbert Marshall, visto su éxito en grandes adaptaciones literarias, es elegido para protagonizar dos de ellas. La primera, la adaptación que Richard Boleslawsky realiza de la mítica obra de Victor Hugo “Los miserables”, en la que interpreta al propio Jean Valjean, junto al Javert de Charles Laughton y en la que su mujer, Florence Eldridge, interpreta a Fantine. Su trabajo en esta película es realmente excepcional, y es difícil imaginar a cualquier otro actor del momento capaz de interpretar un personaje tan complejo con semejante nivel:

La otra es la “Ana Karenina” de Clarence Brown, en la que tiene que medirse junto a la inmensa Greta Garbo. Pese a tener 8 años más que la Divina, interpreta a su joven enamorado, el Conde Vronsky, y pese a la irregular adaptación de la obra de Tolstoy, sale bien parado del envite. Comparte reparto junto a Basil Rathbone, Freddie Bartholomew y Maureen O’Sullivan:

En 1936 le tenemos en otra gran adaptación literaria, “El caballero Adverse”, drama de aventuras junto a Olivia de Havilland, interpretando a un personaje ambiguo, que se tiene que enfrentar a los villanos Claude Rains y Gale Sondergaard, él mismo es en realidad un anti-héroe:

Ese mismo año es seleccionado por John Ford para interpretar en “Maria Estuardo” al conde James Hepburn de Bothwell, tercer marido de la reina interpretada por Katherine Hepburn, mientras su esposa Florence Eldridge interpreta a Isabel I:

En 1937 estrena otras dos grandes películas, ambas dirigidas por William A. Wellman y ambas en color. la primera es la comedia dramática “La reina de Nueva York”, en la que interpreta a un periodista que sigue la historia de una mujer supuestamente envenenada por radio, interpretada por Carole Lombard:

La otra es la genial “Ha nacido una estrella”, en la que interpreta a la estrella caída en desgracia Norman Maine, que ve como su mujer, interpretada por Janet Gaynor, alcanza la fama que él tenía y ya no puede recuperar. Por este papel recibe una nueva nominación al Oscar:

Con 40 años, Fredric March todavía es contratado para interpretar a galanes románicos, aunque su versatilidad de estilos es casi insólita en una época de constantes encasillamientos. Pero en 1937 decide volver a Broadway, ya que le interesa más el teatro que el cine. Sigue pese a todo trabajando en Hollywood, aunque no firma contratos de larga duración, manteniendo así su libertad artística. Las películas que estrena en 1938 pasaron sin pena ni gloria, y sus siguientes papeles no son especialmente recordados, aunque se puede destacar su papel en “Susana y Dios” de 1940, interpretando al esposo de Joan Crawford:

Destaca también en 1942 en la comedia romántica “Me enamoré de una bruja” junto a Veronica Lake, en el papel que interpretará años después James Stewart en el remake:

Su regreso por la puerta grande a Hollywood se produce con el drama de William Wyler “Los mejores años de nuestra vida”, drama que narra la vuelta a casa de tres veteranos de la II Guerra Mundial: Dana Andrews, el soldado real Harold Russell y el propio March, que regresa junto a su mujer Myrna Loy y ve con malos ojos como su hija, Teresa Wright, se enamora de Dana Andrews:

La película fue un enorme éxito, y ganó 7 Oscars, entre ellos Mejor Película y Director, y el propio Fredric March se llevó su segundo Oscar. Y en 1947 se lleva su primer Tony por su papel en la obra teatral “Years ago”, escrita por Ruth Gordon. Su talento está ya sobradamente reconocido.

Su siguiente papel cinematográfico relevante será en 1951 en “Muerte de un viajante”, adaptación de la obra teatral de Arthur Miller que March había rechazado interpretar en teatro. Esta interpretación le valió su quinta y última nominación al Oscar, además de ganar el Globo de Oro:

Fredric March ya no tiene aspecto de galán romántico, y eso le relega en cine a papeles secundarios, aunque todavía protagoniza en 1953 “Fugitivos del terror rojo”, película de Elia Kazan que demoniza a los comunistas en un intento por excusar su actitud durante la caza de brujas. No deja de sorprender que March se prestara a colaborar en este panfleto conservador siendo, al igual que su esposa, un conocido demócrata.

En 1954 presenta la entrega de los Oscars, tirando de seriedad e ironía frente a la comicidad del otro presentador, Donald O’Connor:

Tras papeles secundarios en películas como “La torre de los ambiciosos” (por la que se llevará una nominación al BAFTA) o “Los puentes de Toko-Ri”, y de trabajar en televisión en “The best of Broadway”, por la que se lleva una nominación al Emmy, en 1955 vuelve a tener un papel importante en “Horas desesperadas”, en la que su familia es secuestrada en su hogar por Humphrey Bogart:

Ya como secundario, en 1956 interpreta al jefe de Gregory Peck en “El hombre del traje gris”:

Y ese mismo año interpreta a Filipo de Macedonia, padre de “Alejandro Magno”, interpretado por Richard Burton y dirigida por Robert Rossen:

En 1957 gana su segundo premio Tony por su papel teatral en “Larga jornada hacia la noche”, en la que trabaja de nuevo junto a su mujer, que no se lleva el premio pese a estar nominada.

Tras recibir una segunda nominación al Globo de Oro en 1959 por su papel en “En mitad de la noche”, en 1960 comparte pantalla con Spencer Tracy (quien fuera su rival para conseguir el papel que interpretó en “Horas desesperadas”) en la genial adaptación de Stanley Kramer del drama judicial “La herencia del viento”, en la que de nuevo comparte escena con su mujer:

Pocas veces un actor tan contenido como él se mostró tan histriónico, en un papel que, por otro lado, lo requería.

De sus pocos papeles posteriores destaca su labor en “Siete días de mayo”, en la que interpreta al presidente de Estados Unidos que, en plena Guerra Fría, sabe que uno de sus generales pretende derrocarle, en una película en la que participan Kirk Douglas, Ava Gardner, Burt Lancaster y Edmond O’Brien, y que le vale una tercera y última nominación al Globo de Oro:

Su último papel cinematográfico relevante es en 1967 en “Un hombre”, protagonizada por Paul Newman. Fredric March, que además de en cine, teatro y televisión, ha trabajado realizando grabaciones como narrador, sufre una operación a causa del cáncer de próstata que padece en 1970, lo que parece haber acabado con su carrera; de ahí la sorpresa de verle en 1973 en la adaptación televisiva de la obra teatral “El repartidor de hielo”, dirigida por John Frankenheimer, junto a Lee Marvin, Robert Ryan y Jeff Bridges:

Finalmente, el 14 de abril de 1975 sucumbía al cáncer de próstata que padecía a los 77. Fue enterrado en su residencia de New Milford, en Connecticut, donde será enterrada también su viuda Florence al morir en 1988.

Fredric March fue uno de las estrellas más populares de los años 30 gracias a su inmenso talento y versatilidad, pero el paso de los años no ha jugado en su favor. Hay que volver a ver todos esos grandes papeles que nos legó para situarle de nuevo en el lugar que le corresponde.



100 años del nacimiento de Robert Mitchum (06-08-2017)


Fue, junto con Gregory Peck, uno de los últimos grandes actores en llegar al Hollywood clásico, y siguió siendo una estrella por décadas en los más diversos estilos: comedia, drama, cine negro, cine bélico, western… sobresaliendo en todos ellos. Hoy que se celebra el centenario de su nacimiento repasamos la carrera de Robert Mitchum.




Robert Charles Durman Mitchum nació el 6 de agosto de 1917 en Bridgeport, estado de Connecticut. Tenía una hermana mayor, Annette, nacida en 1914, y que también sería actriz, conocida como Julie Mitchum. Su padre, James, de origen irlandés, trabajaba en el ferrocarril, y en 1919 sufrió un accidente que acabó con su vida antes de que Robert cumpliera dos años. Poco después, su madre, Ann, se enteró de que estaba embarazada, naciendo su tercer hijo, John (que también sería actor) en septiembre. Se volverá a casar poco después con un oficial de la marina, que le ayudó a criar a sus tres hijos (y a la niña que tendrían ambos años después).

La infancia de Robert Mitchum fue problemática, envuelto siempre en peleas, por lo que su madre lo envía a vivir con sus abuelos cuando tiene 12 años. No tarda en ser expulsado del instituto, y se traslada a vivir con su hermana a Nueva York, pero al ser también expulsado del instituto, se dedica a viajar en tren por el país ejerciendo diversos oficios, entre ellos el de boxeador. Arrestado por vagancia en Savannah, vuelve inmediatamente con su familia y conoce a la chica con la que se casará, Dorothy Spence, pero no tarda en volver a los trenes.

Mientras, en 1936, su hermana se traslada a California, seguida por el resto de su familia, incluido Robert. Julie convence a su hermano de que se adentre en el mundo de la actuación, entrando en una compañía teatral para la que también escribe breves obras, además de ejercer otros trabajos. Mientras, en 1940 se casa con Dorothy Spence, con la que tendrá dos hijos: James en 1941 y Christopher en 1943. La pérdida de uno de esos trabajos le empujará a trabajar de extra en el cine, consiguiendo su primer papel acreditado en “La patrulla fronteriza”, en 1942, perteneciente a la serie de westerns de serie B protagonizados por el ficticio Hopalong Cassidy. Trabajará en varias películas más de la serie en los dos años siguientes. Pero será en el drama bélico “30 segundos sobre Tokio”, protagonizado por Van Johnson, en el que consiga llamar la atención del director Mervyn LeRoy, lo que le valdrá un contrato de 7 años con la RKO.

Tras un Western de moderado éxito, “Nevada”, Robert Mitchum participará en 1945 en “También somos seres humanos”, otro drama bélico en la que interpreta al oficial de las tropas a las que acompaña el reportero de guerra Ernie Pyle (interpretado por Burgess Meredith) en la campaña del sur de Italia:

(No he conseguido mejor vídeo en Youtube que no sea la película completa).

Por este papel recibirá su primera y única nominación al Oscar (algo incomprensible) en la categoría de mejor secundario.

En 1946 asienta su carrera en el ámbito del cine negro con un papel secundario en “Corrientes ocultas” de Vincente Minnelli, como el hermano del sospechoso Robert Taylor, cuya desaparición despierta las sospechas de la esposa de éste, Katherine Hepburn:

Otra película de cine negro destacable será “Encrucijada de odios”, de Edward Dmytrik, estrenada en 1947, en la que un compañero del ejército es asesinado y Robert colabora con el inspector a cargo de la investigación:

Ese mismo año protagoniza la película de Jacques Tourneur “Retorno al pasado”, en la que el retorno de un viejo amigo interpretado por Kirk Douglas le obliga a contarle a su novia, Jane Greer, su turbio pasado:

En 1949 es arrestado junto a la actriz Lila Leedspor posesión ilegal de cannabis y pasa una temporada en la cárcel. Tras regresar a los estudios, protagoniza el drama familiar “El poni rojo” junto a Myrna Loy, en la que interpreta a un antiguo maestro de rodeos que ahora tiene que intentar salvar la vida del caballo del título:

Pero vuelve al cine negro ese mismo año con “El gran robo” de Don Siegel, de nuevo junto a Jane Greer:

En 1950 repite en el género negro con “Donde habita el peligro”, junto a Faith Domergue y Claude Rains:

Repite un papel similar en 1952 en “Cara de ángel” de Otto Preminger, primera vez que comparte pantalla con Jean Simmons, una astuta joven que le obliga a Robert Mitchum a entrar en su juego de odios y venganzas:

Ese mismo año, Josef von Sternberg lleva el campo del cine negro a un escenario más exótico, y así tenemos a Robert Mitchum protagonizando “Una aventurera en Macao” junto a Jean Russell:

En 1954 tenemos de nuevo a Robert Mitchum compartiendo pantalla con Jean Simmons, en este caso en una comedia romántica (género al que no se suele asociar la figura de Mitchum), “Guapa pero peligrosa”:

También en 1954 protagoniza el western de Otto Preminger “Río sin retorno” junto a Marylin Monroe, con la que al parecer mantuvo un romance (uno más de los muchos que tuvo, pese a lo que nunca se divorció de su mujer), en la que tendrá que descender por un peligroso río en una balsa junto a su hijo y Marylin para salvar su vida y, de paso, buscar venganza:

En 1955, tras protagonizar el drama “No serás un extraño”, Charles Laughton le contrata como protagonista de la única película que dirigirá el actor inglés, “La noche del cazador”, en la que interpreta a un malvado presidiario capaz de cualquier cosa con tal de conseguir el tesoro que su compañero de celda, antes de ser ejecutado,  le contó tener oculto en su casa, lo que incluye casarse con su mujer, asesinarla y perseguir a sus hijos. Muchos consideran que Harry Powell, el nombre de este personaje, es el mejor papel de Mitchum:

En 1955 funda con su esposa Dorothy una productora para producir cinco películas para la United artist, de las que sólo realizará 4, destacando su primera colaboración con Deborah Kerr, “Sólo Dios lo sabe”, de 1957, dirigida por John Huston, en la que interpreta a un militar que queda aislado en una isla controlada por los japoneses durante la II Guerra Mundial  junto a una monja interpretada por Kerr. Resultará ser uno de los mejores papeles de ambos, y Robert Mitchum recibirá incluso una nominación al BAFTA (pero de nuevo los Oscars le ignoran):

También en 1957 Robert Mitchum, que había destacado por su voz, publica el primero de sus dos discos como cantantes, “Calipso”, que destaca por sus ritmos exóticos, como en este “Coconur water”:

Por esos años, Robert Mitchum comienza también a destacar en films bélicos, como “Duelo en el Atlántico”, en la que se enfrenta en una guerra de submarinos a Curd Jürgens:

Su gran año será 1960, en el que participa entres memorables películas (en mi opinión, las tres estarían entre las 5 imprescindibles de Robert Mitchum). La primera, el drama de época “Con él llegó el escándalo”, dirigido por Vincente Minnelli, junto a Eleanor Parker, George Peppard y un recién llegado George Hamilton:

La segunda, la genial comedia sobre adulterios de Stanley Donen “Página en blanco”, en la que la rudeza de Mitchum contrasta con sus compañeros británicos, el elegante Cary Grant, la deliciosa Deborah Kerr y la alocada Jean Simmons:

Y la tercera, su última colaboración junto a Deborah Kerr (trabajaron juntos tres veces, igual que hizo con Jean Simmons) en el drama de Fred Zinnemann “Tres vidas errantes”, en la que interpretan a una familia de nómadas australianos que siempre desean establecerse en una casa, pero los problemas económicos se lo impiden:

En 1962 forma parte del inmenso reparto de la bélica “El día más largo”, pero si ese año destaca por una película es sin duda por “El cabo del terror”, en la que interpreta al villano Max Cady que busca vengarse del abogado que lo envió a prisión, interpretado por Gregory Peck:

En 1963 protagoniza la película de aventuras “Safari en Malasia” junto a Elsa Martinelli:

En 1964 interpreta a uno de los maridos de Shirley McLaine en la comedia de J. Lee Thompson “Ella y sus maridos”:

En 1966 trabaja junto a John Wayne en “El Dorado”, el segundo western de la trilogía que rueda Howard Hawks (curiosamente, en el tercero, la infravalorada “Río Lobo”, el que trabaja es su hijo, Christopher Mitchum), “El Dorado”:

En 1968 protagoniza otro film bélico, de nuevo bajo órdenes de Edward Dmytrik, “La batalla de Anzio”:

Mientras, en 1967 publicaba su segundo disco, en el que destaca el exitoso sigle “Little old wine drinker me”:

En los siguientes años, Robert Mitchum protagoniza diversos westerns, mientras rechaza protagonizar “Patton”, ya que en 1970 prefiere trabajar a las órdenes del gran David Lean en “La hija de Ryan”, en la que interpreta a un profesor en Irlanda casado con una mujer más joven que, en plena I Guerra Mundial, le pone los cuernos con un soldado británico, y será precisamente el ultrajado marido el que tenga que defenderla de la ira del pueblo:

Este es en mi opinión el mejor papel de Robert Mitchum, en el que nos muestra su faceta más sensible. Y su nominación al Oscar se daba por segura en esta ocasión… pero no, no la tuvo. Y, para colmo, quien ganó el premio fue precisamente George C. Scott por “Patton”, la película que rechazó protagonizar. Por cierto, magnífico e igualmente ignorado en los premios el cura que interpreta Trevor Howard.

En 1974 protagoniza el thriller de Sydney Pollack “Yakuza”, demostrando su capacidad de adaptarse a los nuevos tiempos y e los nuevos gustos cinematográficos:

En 1975 vuelve al cine negro con “Adiós, muñeca”, junto a Charlotte Rampling, en la que interpreta al mítico detective literario Philip Marlowe:

En 1976 participa en la última película de Elia Kazan, “El último magnate”, ambientada en el Hollywood de los años 30:

Más thrilers y cine bélico marcan la parte final de la carrera de Robert Mitchum, en la que destaca su participación en el drama de Andrei Konchalovsky “Los amantes de María”, en la que interpreta al padre del protagonista, John Savage, que vuelve de la guerra para reencontrarse con su antiguo amor, Nastassja Kinjski, objeto de deseo de todos los hombres:

Aparece también en películas y series para la televisión, de entre las que destaca “Norte y sur” y en diversos documentales sobre Hollywood. Continúa trabajando hasta el final de su vida, siendo su último papel destacado en “Dead Man” de Jim Jarmusch, en 1995, junto a Johnny Depp:

Poco afortunado en los premios, en 1992 recibió finalmente un Premio Cecil B. De Mille (un Globo de Oro honorífico):

Escasa recompensa para un actor que llevaba 50 años dando lo mejor que tenía en el mundo del cine.

Fumador empedernido toda su vida, murió el 1 de julio de 1997 en Santa Barbara a consecuencia del cáncer de pulmón que padecía, semanas antes de cumplir 80 años. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas esparcidas por el mar.

Con Robert Mitchum se iba una de las grandes estrellas del cine negro, pero también a uno de los actores más versátiles de su generación, a un actor de la vieja escuela, alejado de los histrionismos del Actor’s studio, un actor de los de verdad, de los que con un ligero gesto facial era capaz de emocionar (o de aterrorizar, según lo que requiriera el personaje). Uno de esos actores a los que tanto echamos de menos hoy día.



30 años de la muerte de Fred Astaire (22-06-2017)




Decepcionante en su primera prueba cinematográfica, que decía que no sabía actuar ni cantar, y que bailaba “un poco”, terminó convirtiéndose en una estrella cinematográfica y en el que quizá sea el bailarín más admirado del siglo XX, elogiado por bailarines tan diversos como Nureyev o Michael Jackson, pasando por Bob Fosse o su gran rival, Gene Kelly. Con una destreza técnica y una elegancia que levantaban admiración, Fred Astaire disfrutó de una larga vida, pero nos dejó hoy hace 30 años.




El nombre real de Fred Astaire era Frederick Austerlitz, y nació el 10 de mayo de 1989 en Omaha, estado de Nebrasca. Su padre, nacido en Austria, se había mudado a Omaha por motivos laborales, y allí se casó con su madre, americana de origen austriaco. Tenían ya una hija, Adele, nacida en 1896, que demostró un gran talento como bailarina, motivo por el que su madre quería dejar Omaha y trasladarse a una ciudad más grande.

El pequeño Fred rehusaba recibir lecciones de danza, aunque aprendió a tocar diversos instrumentos musicales. Pero en 1905 su padre pierde el trabajo, y la familia se muda a Nueva York, donde los dos hermanos reciben clases de baile para participar en espectáculos de vaudeville:

Por esas fechas, su madre decide cambiarles el apellido por uno que suene más americano, adoptando ya el nombre artístico de Fred Astaire. Con diversa fortuna, en esos años de juventud va desarrollando su estilo de baile.

En 1916 conoce a George Gershwin, convirtiéndose en amigos y colaboradores. Así, tras debutar en Broadway en 1917 con la revista “Over the Top”, Fred y Adele estrenarán varias obras musicales de Gershwin, como “Lady, be good” en 1924, “Funny face” en 1927 (que llevaría años después al cine, aunque muy modificada) y “The band wagon” en 1931 (que también llevará al cine), además de obras de otros autores, como “The bunch and Judy” de Jerome Kern. Escuchamos a la pareja de hermanos cantar el tema principal de “Funny face”:

Curiosamente, mientras la mayoría de compositores (Porter, Kern, Berlin) elogian la forma de cantar de Fred Astaire, Gershwin será más reacio a su voz (que nunca fue realmente buena, aunque sabía aprovecharla para cantar con un gusto irrepetible gracias a su dicción y fraseo siempre elegantes).

En 1932, la pareja que forma con su hermana Adele se disuelve cuando ella se casa. Libre de las ataduras de los contratos con su hermana, Fred Astaire protagoniza “Gay Divorce” con una nueva pareja, Claire Luce. En 1933 se casa con Phyllis L. Potter, con quien tendrá dos hijos, Fred en 1936 y Ava en 1942.

En 1933 se produce la prueba cinematográfica para el estudio RKO que mencionábamos al principio. Pese a su pobre resultado, Fred consigue un contrato, aunque lo primero que hace el estudio es cederlo a la Metro para unas breves escenas en “Alma de bailarina” en las que baila junto a Joan Crawford:

La elegancia de Astaire contrasta con la bruteza de la Crawford.

La primera película que rueda con la RKO es “Volando hacia Río de Janeiro”, que protagonizan Dolores del Río y Gene Raymond. Allí baila junto a Ginger Rogers esta “Carioca” que será el gran triunfo de la película:

¿Quién se acuerda de la pareja protagonista? Nadie, todo el mundo se fijó en los secundarios, en especial en él. La RKO propone entonces que Astaire y Rogers formen pareja artística, algo a lo que Astaire no está muy dispuesto, ya que tuvo de pareja a su hermana y no vuelve a querer ataduras. Pero el contrato se impone, y en 1924 estrenan “La alegre divorciada”, adaptación del musical de Cole Porter que Astaire protagonizó dos años antes (aunque con el título cambiado por la censura: una divorciada puede ser alegre, pero un divorcio no). Escuchamos a Fred cantar la famosa canción “Night and day”:

Los siguientes musicales que ruede la pareja serán collages de canciones de distintos autores. Fred Astaire insiste en que los números musicales tienen que estar siempre integrados en la acción del film (que serán siempre comedias, acompañados de actores cómicos como Edward Everett Horton, Eric Blore o Helen Broderick, con quien Fred ya había compartido escenario), además de exigir que las coreografías se realizaran en una toma única.

No era Ginger Rogers na gran bailarina, pero la pareja se complementaba a la perfección. El estilo de baile de Fred revoluciona el baile de salón, incorporando elementos afroamericanos, claqué y el estilo que habían desarrollado la pareja formada por Vernon e Irene Castle.

En 1935 ruedan “Roberta”, en la que no son la pareja protagonista, ya que ese puesto lo ocupan Irene Dunne (que canta un maravilloso “Smoke gets in your eyes”) y Randolph Scott, aunque Astaire le arrebata el protagonismo. Podemos apreciar además sus habilidades como pianista en este “I won’t dance”:

También en 1935 ruedan la que probablemente sea la mejor película de la pareja, la genial “Sombrero de copa”, famosa por este “Cheeck to cheeck”:

A estas películas siguen en 1936 “Sigamos la flota” y “En alas de la danza”, “Ritmo loco en 1937” y “Amanda” en 1938, todas ellas enormes éxitos. Fred Astaire prueba también suerte en solitario con “Señorita en desgracia”.

Tras 8 películas juntos (muchas dirigidas por Mark Sandrich, el que mayor partido supo sacarles), en 1939 cambia la temática de su siguiente película, “La historia de Irene Castle”, La propia Irene Castle participa en la realización de este guión biográfico, en el que el argumento no es tan cómico y en el que, además, Fred Astaire muere por primera vez en una película:

La película es un fracaso, y Fred Astaire, ahora considerado “veneno para la taquilla”, abandona la RKO, mientras Ginger Rogers permanecerá siendo la gran estrella del estudio. No era difícil trabajar con Fred, pero era muy cansado, por su insistencia en ensayar los números de baile (que se aprendía a la perfección), y Ginger estaba cansada.

Fred Astaire necesita ahora una nueva pareja que esté a la altura. Y la encuentra en Eleanor Powell, junto a la que rueda “La nueva melodía de Broadway”:

Por desgracia, no volvieron a trabajar juntos.

Su siguiente pareja fue Rita Hayworth, en 1941 en “Desde aquél beso” y en 1942 en “Bailando nace el amor”:

Fracasa en sus siguientes películas, “El límite es el cielo” en 1943 y “Yolanda y el ladrón” en 1945. Pero en 1945 comparte baile con Gene Kelly en “Ziegfeld follies”:

Así podemos compararlos y ver quién de los dos bailaba mejor.

En 1946 trabaja por segunda vez junto a Bing Crosby (con el que protagonizó en 1942 “Quince días de placer”) en “Cielo azul”. Y a continuación afirma que se retira. Quiere dedicarse a la equitación y funda una academia de baile.

Afortunadamente, la retirada es sólo temporal: Gene Kelly se encuentra indispuesto para rodar “Desfile de Pascua” junto a Judy Garland, y Fred Astaire le sustituye:

Además de este baile en solitario, es inolvidable la escena de los mendigos con Judy Garland:

En 1949 rueda por décima y última vez junto a Ginger Rogers “Vuelve a mí”:

En 1950, Fred Astaire es recompensado con un Oscar honorífico (pese a nunca haber sido nominado hasta el momento), que le entrega la propia Ginger Rogers:

Fred Astaire consigue volver a asentarse en la taquilla, pese a fracasos como “Let’s dance” y “Tres palabritas” en 1950 (aunque por esta última gana un Globo de Oro a mejor actor de comedia) y “La reina de Nueva York” en 1952. Pero si alguna película confirma su popularidad es “Bodas reales”, dirigida por Stanley Donen, en la que se marca uno de sus bailes más recordados:

En 1953 rueda, dirigido por Vincente Minnelli, el que es considerado uno de los mejores musicales de la época, “Melodías de Broadway 1955”, adaptación de “The band wagon” que ya había representado en su juventud. Destaca el número de los trillizos, junto a Nanette Fabray y Jack Buchanan:

La película destaca así mismo por una nueva canción compuesta expresamente para ella, “That’s entertainment”:

Su siguiente película es “Papá piernas largas”, junto a Leslie Caron. Pero durante el rodaje, a su mujer le diagnostican un cáncer y muere. Fred quiere retirarse, y propone pagar de su bolsillo los costes del film. El compositor Johnny Mercer consigue convencerle de que en ese momento lo mejor que puede hacer es terminar la película, que se estrena finalmente en 1955 con moderado éxito:

En 1957 protagoniza “Una cara con ángel”, de nuevo dirigida por Stanley Donen, junto a Audrey Hepburn, en una adaptación muy libre de “Funny Face” de George Gershwin que ya había interpretado junto a su hermana, en la que se incluyen nuevos números musicales como este “Bonjour, Paris”:

Incomprensiblemente, la película no es un éxito, como tampoco lo será la otra película que estrene en 1957, “La bella de Moscú”, adaptación musical de la Ninotchka de Lubitsch junto a Cyd Charisse, que queda lejos del encanto y la frescura de la original:

Fred Astaire todavía se mantiene ágil y esbelto, pero se le notan los años (va camino de los 60) y sus parejas son mucho más jóvenes. Por eso decide abandonar el cine musical para dedicarse a papeles dramáticos. Y se estrena en la magnífica “La hora final”, drama nuclear junto a Gregory Peck, Ava Gardner y Anthony Perkins, en el que interpreta el papel de un científico muy crítico con el armamento nuclear defensivo que provoca una guerra nuclear y con ello la extinción de la humanidad, en un discurso un tanto extraño para un republicano conservador y partidario de la intervención militar como él (pese a no utilizar nunca su faceta pública con fines políticos):

Por este papel consigue una nominación al Globo de Oro como mejor secundario.

A continuación trabaja en televisión y en algunas películas, en papeles generalmente secundarios, hasta que en 1968 vuelve al musical, esta vez de la mano de Francis Ford Coppola, en “El valle del Arco Iris”, junto a Petula Clark:

Es su último musical. Y no porque ya no pueda balar; aunque dijera lo contrario, lo demostró en la ceremonia de entrega de los Oscars en 1970:

Su papel posterior más memorable será en “El coloso en llamas”, en la que todavía mantiene ese estilo que le había hecho ser considerado uno de los actores mejor vestidos de Hollywood:

Por esta película recibe su única nominación al Oscar, como mejor secundario. Y, para sorpresa de todos, pierde frente a Robert De Niro (por El Padrino II). Y más tras haber ganado el BAFTA y el Globo de Oro.

Su última película es el thriller de terror “Historia macabra”, que se estrena en 1981. Había participado en otras películas, olvidadas, y en televisión, tanto en series como en programas de entretenimiento, como cuando en 1975 estuvo en el show de su amigo Bing Crosby y ambos cantaron deliciosamente ese “You’ve got a friend” de James Taylor:

El 24 de junio de 1980, Fred Astaire se casa por segunda vez, con la jockey Robyn Smith, 45 años más joven que él. Y junto a ella permaneció hasta el 22 de junio de 1987, cuando una neumonía acabó con su vida, a los 88 años. Poco antes había mencionado que su sucesor era Michael Jackson. Fue enterrado en el Oakwood Memorial Park Cemetery de California:

Fred Astaire no sólo era un excepcional bailarín, fue un coreógrafo que revolucionó el mundo del cine musical por su forma de entenderlo, además de demostrar unas dotes como actor dramático que nadie se esperaba en sus inicios. Sin duda, una de las mayores estrellas del Hollywood dorado.



Jane Wyman en el centenario de su nacimiento (05-01-2017)


Un día como hoy hace 100 años nacía una actriz, cantante y bailarina que, tras unos difíciles comienzos en papeles secundarios en el cine, reinaría como una de las grandes actrices de Hollywood en los años 40 y 50, para luego, años después, interpretar a uno de los más recordados personajes de la televisión de los 80. Sí, un día como hoy Jane Wyman habría cumplido 100 años.




El verdadero nombre de Jane Wyman era Sarah Jane Mayfield, y nació el 5 de enero de 1917 en St. Joseph, en el estado de Missouri. Fue la única hija de sus padres, que se divorciaron en 1921. Al año siguiente, su padre murió a los 27 años. Entonces, su madre, que se traslada a Cleveland, deja a la pequeña en su pueblo natal con una familia adoptiva, los Fulks, de quienes tomará el apellido en los siguientes años.

Sabemos que en 1928 se traslada con su madre adoptiva al sur de California, donde parece que vivía uno de sus hermanastros.Pero regresa a su ciudad en 1930, donde trabaja como cantante en la radio, bajo el nombre artístico de Jane Durrell (adopta ya definitivamente el nombre de Jane), para lo que falsifica su fecha de nacimiento, ya que es menor de edad, afirmando haber nacido en 1914.

En 1932, con 15 años, decide volver a California, estableciéndose en Hollywood, donde realizará diversos trabajos además de pequeños papeles en el cine, en los que aparecerá siempre sin acreditar. Su primer papel es en “The kid from Spain”, en 1932. Entre las películas en las que participa en esos pequeños papeles sin acreditar cabe destacar la genial screwball comedy de Gregory La Cava “Al servicio de las damas”.

El 8 de abril de 1933 se casa por primera vez, con sólo 16 años, con Ernest Eugene Wyman. A partir de entonces su nombre cambia de Jane Fulks a Jane Wyman, adoptando el apellido de su marido, que ya no cambia por el resto de su vida, pese al divorcio en 1935. El 29 de junio de 1937 se casa por segunda vez, con Myron Martin Futterman, de quien se divorcia en 1938, al parecer por diferencias de opinión sobre tener hijos (ella quería tenerlos, mientras que él no).

Su primer papel acreditado, ya con el nombre de Jane Wyman, viene en 1937 con “Smart blonde”, pero durante los siguientes años seguirá interpretando papeles breves. Entre ellos destaca su participación en “Brother Rat”, en 1938:

Pero más que por su breve papel, destaca porque en esta película conoce a Ronald Reagan, que será su tercer marido. Se casan el 26 de enero de 1940, y tienen dos hijas, Maureen Elizabeth, que nace en 1941, y Christien, que nace en 1947 pero muere el mismo día del parto. La pareja adoptaría además en 1945 al casi recién nacido Michael. Jane Wyman no tuvo más hijos.

A diferencia de su marido, su carrera cinematográfica no avanza por buen camino, haciendo siempre personajes secundarios. Su primer papel protagonista será en el olvidado Western “Bad men of Missouri”, en 1941, junto a Dennis Morgan, con quien trabajará de nuevo posteriormente.

Pero su suerte cambia en 1945. Billy Wilder va a rodar un drama sobre un alcohólico, papel que recaerá finalmente en un inmenso Ray Milland. Para interpretar a su mujer, el guionista Charles Brackett quiere a Olivia de Havilland, pero la actriz no está disponible, así que tras barajarse opciones como Katherine Hepburn o Jean Arthur, el papel recae sobre Jane Wyman, que se antoja extraña en un papel dramático siendo una actriz propia de comedias y musicales… pero ahí es donde sorprende:

Ray Milland se lleva el Oscar a mejor actor; Jane Wyman ni siquiera es nominada, pero llama la atención por su hasta entonces desconocido talento dramático.

En 1946 estrena dos películas reseñables. En primer lugar tenemos “Noche y día”, el biopic de Cole Porter que protagoniza Cary Grant, en el que tiene un papel secundario como una amiga de Porter que suele cantar en sus musicales. ASí que le vemos cantar y bailar:

La otra es “El despertar”, el drama de Clarence Brown sobre una familia de campesinos cuyo hijo adopta un cervatillo. Su personaje de madre, bastante desagradable, contrasta con el maravilloso papel de Gregory Peck, pero el papel le valió su primera nominación al Oscar:

En 1947 vuelve al que había sido su terreno anteriormente, la comedia con “Ciudad mágica” junto a James Stewart y el western cómico “Cheyenne”, junto a Dennis Morgan:

Pero su gran año cinematográfico será 1948, cuando protagonice “Belinda” de Jean Negulesco, el drama sobre una sordomuda adolescente (a su treintena, la mirada inocente de Jane Wyman consigue pasar por alguien mucho más joven) que se queda embarazada por una violación:

Con esa bellísima banda sonora de Max Steiner y unas brillantes interpretaciones de Lew Ayres, Charles Bickford y Agnes Moorehead, la película fue un gran éxito que lanzó al estrellato a Jane Wyman, haciéndole ganar tanto el Globo de Oro como el Oscar a mejor actriz, merecidísimamente sin duda:

Ronald Colman, el ganador del Oscar al mejor actor, es quien le entrega el premio. Por cierto, Jane Wyman es la primera interprete en ganar un Oscar si decir una palabra en toda la película desde la imposición del cine sonoro, de ahí su frase de que volverá a tener la boca cerrada.

En 1949 hace un cameo como ella misma en “El amor no puede esperar”, comedia de Dennis Morgan, Jack Carson y Doris Day en la que aparece junto a su hija, mientras en otra escena su esposo Ronald Reagan también hace de sí mismo en otro cameo. Pero la situación familiar no atraviesa un buen momento: la muerte de su hija Christine a las pocas horas de nacer les afecta profundamente, a lo que al parecer se sumaron diferencias políticas: Jane Wyman fue siempre una republicana convencida, mientras Reagan era por aquella época demócrata (quien lo diría…), lo que lleva al divorcio de la pareja en 1949. No es de descartar tampoco que Reagan sintiera celos del éxito de su mujer, mientras él, actor mediocre donde los haya, se iba apagando. En todo caso, Reagan será el primer presidente de los Estados Unidos divorciado (y vuelto a casar con Nancy, como es sobradamente conocido).

En 1950, Jane Wyman protagoniza la adaptación de la obra teatral de Tennessee Williams “El zoo de cristal”, así como una película de intriga dirigida por Alfred Hitchcock, “Pánico en escena”, en la que comparte protagonismo con Marlene Dietrich (y al parecer Wyman se queja porque ponen a la Dietrich mucho más guapa que a ella):

En 1951, otro gran director, Frank Capra, la elige para protagonizar junto a Bing Crosby la comedia “Aquí viene el novio”, en la que les escuchamos cantar la canción que se llevará el Oscar ese año:

Jane Wyman todavía está en plena forma para el cine musical, pero sus grandes éxitos viene ya en el campo dramático, destacando ese mismo año “No estoy sola”, drama sobre una viuda francesa que tras perder a su hijo en la I Guerra Mundial, se dedicará a atender niños, acompañada de un reparto de lujo junto a Charles Laughton Agnes Moorehead o una jovencita Natalie Wood. Interpretación que le vale una nueva nominación al Oscar y ganar el Globo de Oro a mejor actriz dramática:

En los siguientes dos años volvemos a tenerla en comedias y musicales, destacando “Amor a medianoche”, en la que repite junto a Ray Milland, aunque en un estilo totalmente distinto al de “Días sin huella”:

Pero ese mismo año regresa al drama con “Trigo y esmeralda” de Robert Wise:

Mientras, el 1 de noviembre de 1952, Jane Wyman volvió a casarse, en esta ocasión con el compositor cinematográfico Fred Karger, divorciándose en 1955. Se casan de nuevo en 1961 para volver a divorciarse en en 1965. Jane Wyman se había convertido al catolicismo en 1953 y por ello no vuelve a casarse posteriormente.

En 1964, el director melodramático Douglas Sirk elige a jane Wyman para protagonizar “Obsesión” junto al más joven Rock Hudson y la habitual Agnes Moorehead. Jane Wyman demuestra ser la nueva reina del melodrama en una interpretación magistral que le traerá su 4ª y última nominación al Oscar:

Jane Wyman repite con Douglas Sirk en 1955 en “Sólo el cielo lo sabe”, de nuevo junto a Rock Hudson y Agnes Moorehead. Si en la anterior lo que ponía en peligro la relación romántica entre Wyman y Hudson era la diferencia de caracteres de ambos, aquí serán las convenciones sociales y la familia de ella la que estará a punto de echar al traste el nuevo romance:

En 1955 la tenemos también en “Orgullo contra orgullo”, en la que interpreta a una emprendedora newyorkina que funda una tienda de ropa en Texas, pero que tendrá que renunciar a ella si quiere casarse con el intransigente Chartlon Heston; tufillo machista de “la mujer en la cocina y con los niños”:

En 1956 protagoniza el drama romántico “Milagro bajo la lluvia” junto a Van Johnson:

A partir de aquí, sus apariciones en el cine se hacen esporádicas, trabajando más a menudo en televisión. Su siguiente película, “Vacaciones para enamorados”, se estrena en 1959, mientras en 1960 estrena “Pollyana”, drama familiar de la Disney protagonizado por Hayley Mills:

En 1962 vuelve a trabajar en otra producción de la Disney, “Los conflictos de papá”, junto a Fred McMurray:

Su última aparición cinematográfica será en 1966 con “How to commit marriage” junto a Bob Hope. Mientras, fracasos en televisión le llevan a un retiro provisional.

Todo cambió en 1981, cuando, tras rechazar Barbara Stanwyck el papel, los productores de la serie “Falcon Crest” le ofrecieron a Jane Wyman interpretar el papel de la malvada Angela Channing, que se convertirá en el símbolo de la maldad en los siguientes años. Por este papel Jane Wyman gana un Globo de Oro y obtiene otra nominación más. Aparece en las primeras 8 temporadas, mientras en la 9ª y última su participación se reduce, a causa de problemas con la diabetes. Pese al consejo médico, después de no aparecer en la mayoría de los episodios de la temporada, reaparece en los 3 últimos, y es ella misma quien escribe el monólogo que cierra la serie:

Tras Falcon Crest, Jane Wyman sólo aparecerá en pantalla en una ocasión, en un episodio de la serie “La doctora Quinn”, interpretando a la madre de la protagonista:

Esta es la retirada definitiva de Jane Wyman, que con posterioridad apenas aparecerá en público a causa de sus problemas de salud (artritis y diabetes). Pese a ello, asistirá al funeral de su hija Maureen, fallecida a causa del cáncer, en 2001, cosa que su padre, Ronald Reagan, no podrá hacer a causa del Alzheimer. Finalmente, el 10 de septiembre de 2007, Jane Wyman moría a los 90 años de causas naturales, siendo enterrada en el californiano Forest Lawn Cemetery.

Tras sus inicios en el campo de la comedia y el musical, Jane Wyman supo sorprender al público con sus dotes dramáticas que nadie esperaba de ella. Sus grandes papeles dramáticos, así como su participación en Falcon Crest, hacen que todavía perviva en nuestra memoria.



Gregory Peck en el centenario de su nacimiento (05-04-2016)


Mencionaba en un post reciente que, en mi opinión, los mejores intérpretes fueron los de los años 30. Entendiendo estos años 30 como una forma de actuar, una forma de ver el cine. Por eso, hoy vamos a hablar de un actor, mejor dicho de un enorme actor, que pese a debutar en el cine a mediados de los 40, es de alguna forma el último gran representante de esos actores de los 30 (junto con Robert Mitchum, que comenzó en el cine en fechas similares; incluso William Holden es anterior): Gregory Peck. Una extensa filmografía que se extiende desde los 40 hasta los 70, con gran variedad de géneros, lo sitúan como un digno heredero de los Gary Cooper, James Stewart o Henry Fonda que ya llevaban años de carrera a sus espaldas. Y no pocos papeles memorables.




Eldred Gregory Peck nacía el 5 de abril de 1916 en San Diego, California. Su padre, farmacéutico, de origen anglo-irlandés, era católico, y su madre, de origen anglo-escocés, se convirtió también al catolicismo al casarse; detalle este importante en la vida del actor. Sus padres se divorciaron cuando él tenía 6 años, y pasó los siguientes años con su abuela materna, hasta que ésta murió y fue criado por su padre. Comienza a estudiar medicina, pero se siente atraído por la interpretación, se une a grupos teatrales y así termina encontrando su vocación; debuta en San Francisco en 1941 y en Broadway en 1942. De ahí al cine hay sólo un paso.

Debuta en 1944 con “Días de gloria”, de Jacques Tourneur, film bélico ambientado en la Rusia de la II Guerra Mundial, pero será con su segunda película con la que llame la atención: “Las llaves del reino”, de John M. Stahl, de ese mismo año, en la que interpreta al protagonista absoluto, un misionero católico escocés en China. El papel le viene por momentos algo grande al todavía novatillo Peck, pero en general se pude decir que tiene una más que interesante interpretación, que le valdrá su primera nominación al Oscar (la primera de las 5 que tuvo, cuatro de ellas en los años 40):

En 1945 protagoniza dos grandes películas: por un lado, es el perfecto galán romántico en el meodrama de época “El valle del destino”, junto a Greer Garson, en el que ya luce impecable en un papel romántico que le sienta como un guante:

Su otro gran papel ese año fue en “Recuerda”, su primera colaboración con Alfred Hitchcock, junto a Ingrid Bergman, donde interpreta a un doctor que sufre amnesia; otra gran interpretación de Gregory Peck:

En 1946 vuelve a regalarnos dos memorables papeles. El más recordado sea, seguramente, el de Lewt McCanles, el malvado hermano de Joseph Cotten en “Duelo al sol” de King Vidor, su primer western y su primer villano, que entabla una funesta relación de amor-odio con la bellísima Jennifer Jones que no podía acabar bien. Inolvidable la escena final:

Su otro gran papel ese mismo año fue mucho más amable, el granjero Penny Baxter, esposo de Jane Wyman y padre de Claude Jarman Jr. en “El despertar” de Clarence Brown, por la que recibe su segunda nominación al Oscar y gana el Globo de Oro por uno de sus mejores papeles. Sólo por esta escena ya merece la pena su interpretación, al nivel de muy pocos actores (y más teniendo en cuenta que Gregory Peck no era un actor muy rico en recursos interpretativos, pero los que tenía los sabía usar al máximo, como esa maravillosa voz):

Es, además, el primero de sus papeles de “padrazo”, papel que interpretaba como nadie (y que llevará a su máxima expresión con su maravilloso Atticus Finch).

En 1947 de nuevo nos regala dos grandes papeles. El primero, en su segunda y última colaboración con Alfred Hitchcock, “El proceso Paradine”, esa en la que Hitch quiso reunir a Greta Garbo e Ingrid Bergman (pobre Gregory si se hubiera tenido que enfrentar a las dos a la vez, a ver quién hubiera resistido eso…), pero que se quedó sin ambas y tuvo que conformarse con la debutante Alida Valli y con Ann Todd. Además de otro debutante, Louis Jourdan, y de Charles Laughton, la gran triunfadora fue realmente Ethel Barrymore, nominada al Oscar a mejor secundaria. Pero bueno, Gregory Peck sigue de nuevo impecable:

La otra es “La barrera invisible”, de Elia Kazan, en la que interpreta a un reportero que se hace pasar por judío para experimentar el antisemitismo de su entorno (muy en la línea de Kazan, defendiendo el método del Actor’s studio… no trago a Kazan, ni como cineasta ni como persona, por si no se nota…). Gregory Peck interpreta a un personaje socialmente comprometido, muy similar a lo que era en su propia vida, acompañado de Dorothy McGuire, John Garfield, Ann Revere o Celeste Holm, además de hacer de padre (de nuevo papel de padrazo) de Dean Stockwell (de quien ya había sido padre brevemente en “El valle del destino”):

Gregory Peck consigue su tercera nominación al Oscar. La cuarta la conseguirá en 1949 por “Almas en la hoguera” de Henry King, aunque de nuevo se quedará sin él (a diferencia de su compañero Dean Jagger, que se lleva la estatuilla a mejor Secundario) por un general de aviación durante la II Guerra Mundial; un héroe americano en la línea de personajes interpretados por Gary Cooper o James Stewart:

En 1951 protagoniza la película bíblica “David y Betsabé” de Henry King, junto a Susan Hayward, aunque el papel no le pega mucho, seamos sinceros:

Ese mismo año colaborará con el director Raoul Walsh en una cinta de aventuras en el mar, “El capitán Horatio Hornblower”, repitiendo en 1952 con la magnífica “El mundo en sus manos”:

Ese mismo 1952 protagoniza otra de sus memorables películas, “Las nieves del Kilimanjaro” de Henry King, basada en la novela de Ernest Hemingway, donde está acompañado por Susan Hayward y Ava Gardner:

Pero más memorable será aún su papel, en 1953, en “Vacaciones en Roma”, de William Wyler, donde acompaña a la debutante Audrey Hepburn, de quien se convertirá en amigo inseparable durante toda su vida (y a quien presentará a quien será su primer marido, Mel Ferrer). Se trata de una simpática comedia llena de escenas memorables, como ese paseo en moto por Roma o esta en la boca della verità (que ya nos gustaría verla así de vacía, y no con las colas que hay que hacer hoy día para hacerse la fotito de rigor):

En 1954 protagoniza la comedia inglesa “El millonario”, de Ronald Neame, como la pobre víctima de la apuesta de dos ricos hermanos británicos aburridos de la edad: le dan un cheque de un millón de libras, pero no podrá utilizarlo durante un mes:

El 30 de diciembre de 1955 se divorcia de su primera mujer, Greta Kukkonen (que era 5 años mayor que él), con quien llevaba casado desde 1942 (aunque él mismo confirmó que mantuvo un romance don Ingrid Bergman durante el rodaje de “Recuerda” estando casado) y con quien tenía 3 hijos. El día siguiente se casó con Veronique Passani, una reportera a la que conoció en 1952, con quien tendría 2 hijos y con quien vivirá hasta su muerte. Eso sí, la boda fue civil, ya que la iglesia católica no permitía la boda sin una nulidad previa de su anterior matrimonio. Pese a todo, Gregory Peck fue siempre un católico creyente, aunque no especialmente “ortodoxo” en su forma de ver ciertos aspectos.

De vuelta al cine, en 1956 protagoniza “El hombre del traje gris”, junto a Jennifer Jones y Fredric March, y también uno de sus grandes éxitos, la adaptación del “Moby Dick” de Herman Melville que realizará John Huston, en el papel del capitán Ahab (papel para el que Huston en principio quería a su padre, Walter Huston, pero éste murió antes del rodaje). Otra de esas interpretaciones memorables de la historia del cine:

En 1957 vuelve a la comedia acompañando a Lauren Bacall en “Mi desconfiada esposa” de Vincente Minnelli:

En 1958 protagoniza otro clásico del cine, “Horizontes de grandeza” de William Wyler, junto a Jean Simmons y Chartlon Heston, en un western de familias enfrentadas que le valió el Oscar a mejor secundario a Burl Ives, que interpreta al patriarca de la familia rival del suegro del personaje que interpreta Gregory Peck:

En 1959 interpreta al escritor F. Scott Fitzgeral en el drama biográfico “Días sin vida” de Henry King, acompañado por Deborah Kerr:

Ese mismo año protagoniza la historia de unos supervivientes a un holocausto nuclear en “La hora final” junto a Ava Gardner, Fred Astaire y Anthony Perkins:

En 1961 es uno de los protagonistas del clásico de cine bélico “Los cañones de Navarone”, junto a Anthony Quinn y David Niven:

Pero será 1962 su mejor año, al protagonizar dos grandes éxitos. El primero de ellos, “El cabo del terror”, en el que interpreta a un abogado al que un malvado Robert Mitchum quiere hacer la vida imposible por haberle encarcelado años atrás. Gregory Peck no solía usar dobles para las escenas de acción, lo que tuvo que sufrir Mitchum en sus propias carnes en la escena de la pelea de ambos:

Pero su mayor éxito fue, desde luego, protagonizar la adaptación que Robert Mulligan dirigió del libro de Harper Lee “Matar a un ruiseñor”. Su Atticus Finch es sin duda su mejor papel y el mejor “padrazo” de la historia del cine, a parte de un personaje tan idealista como el propio Gregory Peck:

Gregory Peck, que llevaba sin ser nominado al Oscar desde 1949, consigue aquí su 5ª nominación. Y, para desgracia de Peter O’Toole (que protagonizaba la multipremiada Lawrence de Arabia), esta vez se lleva el premio, merecidísimo tanto por la interpretación en sí como por la trayectoria de un actor que llevaba años pidiendo el premio a gritos. Pocas veces la academia estuvo tan acertada:

Peck gana también el Globo de Oro, premio al que es nominado al año siguiente de nuevo por “El capitán Newman”. Y protagoniza más películas en los 60, aunque su ritmo de trabajo disminuye. Destacamos entre ellas su colaboración con Stanley Donen en 1966 en “Arabesco”, junto a la actriz que le dio el Oscar, Sofia Loren:

Mientras, le caen premios honoríficos, como el Oscar humanitario Jean Hersholt en 1968 o el Globo de Oro Cecil B. de Mille en 1969, año en el que protagoniza el western “El oro de Mackenna”.

Su trabajo en los 70 pierde interés, aunque protagoniza “La profecía” en 1976, o “McArthur, el general rebelde” en 1977, por la que recibe una nominación al Globo de Oro, pese a no admirar al general McArthur como persona:

Y es que en los años 70 la actividad política de Gregory Peck aumenta. Siempre había apoyado al partido demócrata, y incluso el presidente Lyndon Johnson pensó en él como embajador en Irlanda (teniendo en cuenta el origen irlandés del actor). Pero es en 1970 cuando se le propone enfrenarse al republicano Ronald Reagan como candidato a gobernador de California. Aunque más tarde Peck confesó que nunca estuvo interesado en ser candidato, sí que impulsó a su hijo Corey a serlo años más tarde. Su activismo social (contra la guerra de Vietnam, la proliferación nuclear o a favor del control de armas, justo lo opuesto a lo que hacía su compañero de reparto en “Horizontes de grandeza”, Chartlon Heston) hicieron que Nixon lo incluyera en su lista de enemigos por su activismo social (algo que haría también con Paul Newman, Jane Fonda y otros actores y actrices).

Quizá por eso sorprenda su interpretación, en 1978, de un villano de la talla del nazi Josef Mengele en “Los niños del Brasil”, frente al cazanazis que interpreta Laurence Olivier. Su espectacular interpretación le valió una nominación al Globo de Oro:

Gregory Peck trabaja poco a partir de los 80, aunque su participación en televisión aumenta, incluyendo una nueva adaptación de Moby Dick en 1998 (aunque ya no interprete al Capitán Ahab, sino al Padre Mapple, papel por el que gana un Globo de Oro). En cine, a parte de una breve aparición en el remake que Scorsese hace de “El cabo del miedo” (en el que aparecen también otros dos miembros del film original, Robert Mitchum y Martin Balsam), quizá su último papel relevante sea el protagonista de “Gringo viejo”, en el que luce espléndido en 1989 junto a Jane Fonda:

Tim Burton quería contar con él para interpretar al abuelo Joe en “Charlie y la fábrica de chocolate”, pero el papel lo interpretó finalmente David Kelly; Peck no tuvo siquiera ocasión de aceptarlo. Mientras dormía, una bronconeumonía se lo llevó el 12 de junio de 2003 (tengo un vago recuerdo del momento en el que me enteré, aunque a mis 18 años no le conocía demasiado). Tenía 87 años. Fue enterrado en el mausoleo de la catedral católica de Los Ángeles:

Aunque sus inicios en el cine fueran un tanto tardíos, Gregory Peck fue uno de los últimos exponentes de ese Hollywood dorado que tanto añoramos los cinéfilos, porque ya no hay actores como él. Nos dejó un buen puñado de interpretaciones inolvidables por las que todavía le recordamos con admiración y con cariño (en este último aspecto, su Atticus Finch es imprescindible, claro) como una de las más grandes estrellas de Hollywood.



Centenario de Ingrid Bergman (29-08-2015)


No es fácil encontrar en el cine un rostro más bello que el suyo. Pero, al margen de su espectacular belleza, destacaba por una enorme sensibilidad que le permitía emocionar al público en los diversos papeles que nos regaló a los cinéfilos. Y es que un día como hoy hace 100 años nacía en Estocolmo una mujer llamada a conquistar Hollywood, una actriz con mayúsculas, una artista, una estrella a fin de cuentas, y de paso una de mis actrices favoritas: la gran Ingrid Bergman. Y por cierto, también se cumplen 33 años de su muerte, sí, el mismo día que cumplía 67 años.




Debutó en el cine sueco con 19 añitos de nada. Realizó varias películas en su Suecia natal (rechazando filmar películas en Alemania, ofrecimiento que le hizo el ministro de propaganda Nazi, Joseph Goebbels), de entre las que destaca “Intermezzo”. Tanto le gustó la película al productor norteamericano David O. Selznick, que compró los derechos para producir una versión en inglés del título, con la misma Bergman de protagonista. Y así llegó en 1939 su primer rol en Hollywood, un drama con la música como telón de fondo que protagonizaría junto a un monstruo de la interpretación (y que ese año participaba también en una película histórica: “Lo que el viento se llevó”), Leslie Howard. La película, “Intermezzo”, no ha gozado de gran fama y no es fácil de encontrar (pero sí, la he visto):

En todo caso, Ingrid ya apuntaba maneras, lo que se confirmó en 1941 interpretando a la Ivy Pearson del Jekyll/Hyde de Spencer Tracy:

Aún así, parecería que su carrera no terminaba de despegar, corría el riesgo de ser otra de tantas actrices de futuro prometedor que se quedaron en eso. Pero tuvo un inesperado cambio de suerte…

Qué decir de su Ilsa Lund. Confieso que tengo que secarme las comisuras de los labios cada vez que la veo. Casablanca es desde hace años mi película favorita, y ella tiene mucho que ver. Está espectacular al lado de un Humphrey Bogart también enorme y rodeado de un reparto de lujo (Claude Rains, Paul Henreid, Peter Lorre, Sidney Greenstreet…) en una película que nadie esperaba que tuviera semejante éxito… pero lo tuvo.

Todavía no sé por qué Casablanca, que se estrenó en 1942, no entró en los Oscars de ese año, sino en los del 43, llevándose los premios a mejor Película y Director, pero por el que Ingrid no fue nominada: en 1943 fue nominada por su siguiente película, la adaptación de la novela de Hemingway “Por quién doblan las campanas”, en la que la acompañaba otro actor de su talla: Gary Cooper:

Bendito corte de melena, por cierto, que salvó una de las escenas más emblemáticas de Casablanca… pero esa es otra historia.

Repitió nominación al año siguiente por “Luz que agoniza”, esta vez acompañada del rey del melodrama, el francés Charles Boyer y de Joseph Cotten:

Y como suele ser habitual cuando se interpreta a personajes con problemas de cordura, esta vez no hubo ninguna Jennifer Jones que le arruinara la fiesta: el Oscar fue para ella. El primero de 3 (sólo igualada por Meryl Streep y superada por otra qué tal, Katherine Hepburn):

Al año siguiente, 1945, fue de nuevo nominada por su papel en “Las campanas de Santa María” (donde compartía cartel con el ganador del Oscar a mejor actor del año anterior, Bing Crosby), pero seguramente lo más destacado de ese año fue su primera colaboración con el mítico Alfred Hitchkock, en “Recuerda”, acompañada esta vez por Gregory Peck (sí, ya veis que sus parejas cinematográficas tenían un nivel que ya quisieran la mayoría de actrices… Bette Davis o Joan Crawford, por ejemplo):

Este fue el preludio a una de sus mejores interpretaciones, al año siguiente, en su segunda colaboración con el director inglés: “Encadenados”:

Junto con Rebeca, esta es mi peli favorita de Hitch. Nunca Cary Grant estuvo tan espectacular como intérprete, y acompañados encima por Claude Rains o Louis Calhern… pero no, no hubo nominación al Oscar. Injusticias de la vida (tanto en su caso como en el de Cary Grant, que se lo merecía igualmente).

Dos años después volvería a las pantallas por partida doble: acompañando de nuevo a Charles Boyer en “Arco de Triunfo” y como la heroína histórica “Juana de Arco” de Victor Fleming, que le reportó na nueva nominación al Oscar. En todo caso, no fue un año especialmente afortunado: “Arco de triunfo” apenas es recordada, y “Juana de Arco” peca del estilo ultraconservador de Fleming, en un film apologista católico y mojigato (propio de la época, es cierto), con una visión del personaje que no le pega a la Bergman, que no se encuentra cómoda en un personaje para el que está mayor y que está idealizado casi hasta la caricatura, muy poco creíble:

Por curioso que parezca,  su estancia en Hollywood estaba llegando a su final. Rodaría todavía un tercer y último título dirigida por Hitchcock, “Atormentada” (una de los pocos films de Hitchcock que transcurre en el siglo XIX, en Australia en concreto) acompañada por otro monstruo, Joseph Cotten. Pero ese mismo año, 1949, la visión de una película, “Roma, città aperta” de Roberto Rossellini, cambiaría su vida.

La actriz escribió al director italiano solicitándole trabajar con él… ¿y quién es el guapo que se iba a negar a trabajar con ella! Así que Ingrid abandonó Estados Unidos, dejando allí a su esposo Petter Lindström y a su hija Pia para pasar unos meses en Italia… bueno, esa era la teoría. Porque mientras rueda, en 1949, “Stromboli”, inicia una relación con Roberto, fruto de la cual nace en 1950 su hijo Roberto. Ingrid se divorcia de Petter y se casa con Roberto el 24 de mayo de 1950, tres meses después del nacimiento de su primer hijo. Y el escándalo fue mayúsculo. Estados Unidos y la propia Suecia la criticaron enormemente, Hollywood la rechazó, fruto de esa patética doble moral (ni que fuera la primera actriz – o actor – que ponía los cuernos a su marido/mujer o incluso se divorciaba sin que pasara nada… pero claro, Roberto era italiano), hasta el punto de declararla persona non grata en Estados Unidos. Mientras tanto filma otros 5 films con su marido y tienen dos hijas, las gemelas Isabella e Isotta, nacidas en 1952. Veamos una escena del primero, “Stromboli”:

En todo caso, el matrimonio no terminó bien, en buena medida fruto del fracaso comercial de los films que hicieron juntos, y terminaron divorciándose en 1957.

Ese mismo año rueda a las órdenes del gran director francés Jean Renoir “Elena y los hombres”:

Y vuelve finalmente al mercado angloparlante rodando en Inglaterra “Anastasia”, a las órdenes de Anatole Litvak y acompañada de Yul Brynner:

Pese a tener más edad de la aconsejable para interpretar a la princesa rusa, legendariamente superviviente al asesinato de toda la familia imperial, Ingrid volvió a cuajar una interpretación formidable que le sirvió para ganar su segundo Oscar en un país, Estados Unidos, en el que (casi) todos le habían rechazado. De hecho, el Oscar fue recogido por uno de los pocos amigos que siguió conservando en Hollywood, y quien quizá fuera de hecho su mejor pareja cinematográfica: Cary Grant:

Yul Brynner también ganaría ese año el Oscar a mejor actor, pero por el film “El rey y yo”, protagonizado por la gran perjudicada por la victoria de Ingrid, la igualmente enorme Deborah Kerr. La actriz inglesa nunca ganaría un Oscar, cosa que la academia intentó compensar con un premio honorífico que no estaba a la altura de su enorme talento.

Bueno, sigamos con Ingrid. Su primera reaparición pública en Estados Unidos fue en la entrega de los Oscars, presentando nada más y nada menos que el premio a la mejor película de 1958 (entregados en 1959, obviamente), presentada de nuevo por Cary Grant y acogida con un caluroso aplauso por la audiencia que le había perdonado su affaire con Rossellini:

De hecho, Ingrid se volvió a casar en 1958 con el productor sueco Lars Schmidt, del que se divorciaría en 1975.

En 1958 estrenó dos importantes films, que le valieron dos nominaciones a los globos de Oro, en distintas categorías: por un lado como actriz dramática en “El albergue de la sexta felicidad”, la última película que rodaría el gran actor británico Robert Donat:

Y, por el otro, una genial comedia del gran Stanley Donen, “Indiscreta”, la segunda y última vez que compartiría pantalla con Cary Grant. Especialmente recomendable su baile (y el de Cary Grant, también). Los años habrían pasado, pero ella seguía conservando una elegancia y una belleza al alcance de pocas. Y además demostró su gran talento para la comedia:

Por esos años comienza a trabajar también en televisión y a intensificar su trabajo en teatro (destacar que en 1956 interpretó la obra “Té y simpatía”, que protagonizaría en cine Deborah Kerr… sería interesante poder contrastar la interpretación de ambas). De ahí que sus apariciones cinematográficas se fueran espaciando. Pero aún tenía algunos importantes regalos que hacernos.

El primero fe en 1961, de nuevo dirigida por Anatole Litvak, el director que le dio su 2º Oscar. Basada en la novela “Aimez-vous Brahms?” de la escritora francesa Françoise Sagan, su papel en “No me digas adiós” le iba como un guante por edad y temperamento. La mujer emparejada en una relación abierta con un hombre de su edad (Yves Montand) que se enamora de un apasionado joven (Anthony Perkins), aunque al final lo rechaza por miedo a que este la abandone por su edad, para al final comprender que volver con su antiguo amante es el mayor error que podía cometer y que se ha quedado completamente sola. Su interpretación (especialmente en la escena en la que el joven sale huyendo de la casa de ella y ella grita desesperada desde la escalera, y la escena final) era digna de ganar todos los premios imaginables… pero fue ignorada por los premios (como lo fue también la impresionante y delicada interpretación de Anthony Perkins). Injusticias de la vida:

La música que acompaña al vídeo es precisamente el 3º movimiento de la 3ª sinfonía de Brahms, que puede escucharse durante la película.

En 1969 vuelve a la comedia con “Flor de cactus”, acompañada de Walter Matthau y una jovencísima Goldie Hawn. De nuevo lució su bis cómica en una película que merece la pena ver:

En 1975 participa en el film coral de Sidney Lumet “Asesinato en el Orient Express”, acompañada de gente como Albert Finney, Martin Balsam, Richard Widmark, John Gielgud, Anthony Perkins, Sean Connery, Michael York, Lauren Bacall, Wendy Hiller, Vanessa Redgrave… con semejante reparto, hacer un remake es un suicidio absoluto, y sino, que se lo pregunten a Kenneth Branagh:

Pero poco importan sus acompañantes, quién terminó llevándose el Oscar fue ella, en este caso a mejor secundaria. El pobre Albert Finney, nominado como actor protagonista, no compartió la misma suerte:

Y todavía tendría tiempo a una última nominación al Oscar, en este caso como mejor Actriz protagonista, por su última película, “Sonata de Otoño”, en la que trabajó bajo las órdenes del gran director sueco Ingmar Bergman (con quién, pese a compartir apellido, no tenía relación de parentesco):

Y siguió activa hasta el fin de su vida: de hecho, ganó su último globo de oro y un Emmy póstumo por su papel televisivo en “Una mujer llamada Golda”, donde interpretaba a la primera ministra israelí Golda Meir:

Ingrid levaba enferma de cáncer de mama desde 1975, y el rodaje de la miniserie supuso un enorme esfuerzo para su deteriorada salud, ya terminal. Murió pocos meses después en Londres. Su cuerpo fue incinerado y la mayor parte de sus cenizas arrojadas al mar en Suecia, en la zona donde ella veraneaba desde 1958. Una parte de las cenizas fue, en cambio enterrada junto a la tumba de sus padres en el cementerio norte de su ciudad natal, Estocolmo, lo que nos permite poder visitar su tumba:

Lo confieso, hablar de Ingrid Bergman me emociona (creo que es evidente después de la parrafada que he soltado). Tengo auténtica predilección por ella, nunca me ha decepcionado en ninguna de las películas en las que la he visto, aunque estas no siempre sean de la calidad esperable (Arco de triunfo, por ejemplo), y sin duda está en mi podio de actrices favoritas. Y si alguien se pregunta por qué, os recomiendo que volváis a ver el vídeo de “Casablanca” y escuchéis la dulzura con la que dice “Play it, Sam. Play “As time goes by”. Sí, el tiempo ha pasado, pero su memoria permanece en los corazones de quienes amamos el cine.



Atticus Finch (Matar a un ruiseñor): ¿un auténtico héroe?


Poco a poco hay que ir corrigiendo las carencias cinematográficas que todos tenemos. Yo estoy en ello, y por ello en julio pude, por fin, ver “Doctor Zhivago” (que ya tenía ganas, de verdad), y hoy le ha tocado el turno a “La loba”. Pero hoy toca hablar de la peli que descubrí, por fin, en agosto: Matar a un ruiseñor. Calculo que la he visto con unos 20 años de retraso…




Tanto la película como la novela de Harper Lee en la que se basa son más que famosas. De hecho, gracias a esta película Gregory Peck pudo por fin ganar el Oscar que llevaba años resistiéndosele:

Lógico, a fin de cuentas, ya que su papelón en este fil es difícilmente superable. Como suele decir un amigo, es el mejor padre del cine. Y, por tanto, un referente, un héroe.

Y es que tenemos distintos tipos de héroes a lo largo de nuestra vida. Mi héroe de niño podría ser tranquilamente Indiana Jones (me apasiona la arqueología, tengo pánico a las serpientes… ¡qué más queréis!), en esa idea de vivir aventuras, de soñar, a fin de cuentas. Pero con los años buscas otros tipos de héroes (sin renunciar a los anteriores, que yo sigo siendo Peter Pan), héroes más reales, personas a las que de alguna forma te gustaría parecerte. Pues bien, no soy padre (y espero no serlo, ¡dios me libre!), pero de serlo, Atticus sería un gran modelo a seguir. Y aún únicamente como persona también lo es. Un referente de conducta, y por tanto, un héroe.

Pero claro, resulta que llego tarde a esto de “Matar a un ruiseñor”, porque ha estallado la polémica: Harper Lee ha publicado su segunda novela, escrita hace la tira de años, y situada años después de la anterior: Ve y pon un centinela. Y aquí es donde surge la polémica, ya que vemos a un Atticus opuesto al que conocíamos, ya no es un idealista que defiende a los negros, sino un racista. Y claro, eso duele. Te derriban un mito. ¿O no?

Volvamos a la película. ¿Es Atticus el protagonista? La banda sonora nos ayuda a encontrar la respuesta:

Lo que hizo aquí el gran Elmer Bernstein es magistral. Se le escapó el Oscar porque ese año competía contra el Lawrence de Arabia de Maurice Jarre, igualmente magistral (claro que si consideramos que Jarre volvería a ganar con “Doctor Zhivago” y con “Pasaje a la India”, y a Elmer Bernstein le dieron una especie de premio de consolación por la muy menor partitura de “Millie, una chica moderna”, pues bien podía haber ganado Bernstein en esta ocasión). Escuchemos atentamente este tema principal.

La melodía es muy sencilla, muy bella, que transmite una imagen de inocencia infantil que nos describe muy bien a Scout, la hija de Atticus. Además, no deja de tener un poso melancólico, de añoranza. Y no olvidemos que es Scout quien nos cuenta la historia, recordando esos bellos momentos de su infancia. Y es que, aunque Mary Badham, la actriz que interpreta a Scout, fuera nominada al Oscar a mejor secundaria, en realidad la protagonista es ella, es quien nos cuenta la historia… desde su punto de vista. Desde la forma en la que vio ella los acontecimientos cuando era niña.

A esas edades es normal que una niña idealice a su padre. Ya tendrá tiempo cuando crezca a cambiar de opinión si es necesario (lo que de alguna forma refleja esa nueva segunda parte). Es decir, Atticus es un personaje completamente subjetivo.

¿Es Atticus un racista en Matar a un ruiseñor? Todos contestarán sin pensar: ¡NO! Pues volved a pensarlo.

¿Qué nos hace pensar que Atticus no es racista? ¿Que defiende a un negro en un juicio en el que todos lo declaran culpable de antemano? Pero a ver, él es el defensor, no el fiscal. Y es obvio que no es culpable. Es decir, en principio cumple con su trabajo, simplemente. Hay detalles, sí, como cuando va a comunicar a la familia que Tom ha muerto, pero como digo, al ser la visión de su hija, no deja de ser una visión subjetiva y sumamente idealizada.

Y aún en el supuesto de que Atticus haya cambiado con la edad, que de verdad fuera en su época como nos lo pinta Scout pero que ahora se haya convertido en lo opuesto a lo que era… pues anda que no estamos cansados de ver a políticos antaño hiper-idealistas que ahora son unos reaccionarios que, si se vieran así de jóvenes, se avergonzarán de sí mismos…

Además, a veces caemos en el maniqueísmo de pensar que la gente es buena o mala. Pero no lo olvidemos: todos tenemos nuestras virtudes y nuestros defectos. La cuestión es cuáles predominan más: si nuestras virtudes mitigan nuestros defectos, o nuestros defectos eclipsan nuestras virtudes. El hecho de que Atticus sea un personaje real nos obliga a verlo en su forma completa, a ver sus defectos, porque no esperemos que no los tenga. Pero la visión infantil se permite el lujo de ignorarlos. Y así se crea un héroe de ficción: irreal pero referencial.

La cuestión es con qué nos quedamos: con el Atticus final, o con el que nos describe su hija. Yo no tengo duda: pudiendo quedarme con el bueno, ¿por qué preocuparme por el otro? Cuando vas al cine estás viendo a personajes ficticios, y si la peli es buena, te los crees. Pues yo me creo a Atticus en “Matar a un ruiseñor”. Me da igual si luego es así o no, me conformo con el que veo. Y el que veo es un absoluto referente, un héroe. Quizá es que en el fondo me gustan los héroes ficticios, pero me da igual: los héroes no son reales, son ideales.

Y luego que cada uno decida. En todo caso, creo que Matar a un ruiseñor debería de ser de visión obligada en los colegios para los niños de unos 10 años. Por ahí se empieza a mejorar el mundo, y no hay mejora sin idealismo.