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50 años de la muerte de Robert Taylor (08-05-2019)

Galán romántico en los años 30, casi desaparecido en los años 40, regresa con fuerza en los años 50 en westerns y en películas de época que le devolvieron esa fama que parecía perdida. Hace 50 años moría Robert Taylor, y aprovechamos para recordar su carrera.

El nombre de nacimiento de Robert Taylor era Spangler Arlinghton Brugh, y nació el 5 de agosto de 1911 en la pequeña localidad de Filley, en Nebrasca. Hijo único, su padre, granjero, había estudiado medicina para atender a su enferma esposa. La familia se movió bastante en esos años, hasta establecerse definitivamente en Beatrice, también en Nebrasca. Es allí donde el joven Spangler comienza sus lecciones de chelo con Herbert E. Gray. Cuando éste se traslada a California a una escuela privada de artes, Spangler le acompaña para poder seguir estudiando con él, entrando además en la academia de teatro del colegio. 

Es gracias a esto que es descubierto por la MGM, con la que firma un contrato. La Metro cambia su nombre por el más fácil de recordar Robert Taylor, y le ofrece pequeños papeles, debutando en 1934 en la comedia “Handy Andy”. En 1935 consigue ya protagonizar “Sublime obsesión” junto con Irene Dunne, pero su definitivo salto a la fama vendrá en 1936 cuando protagonice “La dama de las camelias” junto a quien quizá sea la mayor estrella femenina del Hollywood del momento, Greta Garbo, quien nunca estuvo mejor que en este film gracias a la dirección de George Cukor. Robert Taylor consiguió no quedar eclipsado por semejante pareja, dejando claro su nada desdeñable talento interpretativo:

También en 1936 comparte pantalla por primera vez junto a Barbara Stanwyck, en el melodrama “La esposa de su hermano”, (repitiendo junto a ella en 1937 en el drama policial “La contraseña”):

En esos años, Robert Taylor comparte pantalla con algunas de las grandes actrices del momento, como Jean Harlow, Joan Crawford, Margaret Sullavan o Maureen O’Sullivan. Con ella y con una desconocida en Hollywood Vivien Leigh rueda en 1938 en Inglaterra “Un Yanki en Oxford”:

También protagoniza el musical “Melodía de Broadway 1938” (tras haber participado en la homónima de 1936), junto a Eleanor Powell y otros actores del mundo del musical (incluyendo a una debutante Judy Garland):

En 1939 no estrena ninguna película relevante, pero ese año se casa con Barbara Stanwyck. La pareja no tendrá hijos. 

Más interesante, cinematográficamente hablando, será 1940. Ese año estrena el drama “Evasión”, junto a Norma Shearer, en el que interpreta a un americano que acude a la Alemania Nazi para rescatar a su madre, una actriz alemana condenada a muerte por el régimen. Y vuelve a trabajar junto a Vivien Leigh en el drama “El puente de Waterloo”, ambas dirigidas por Mervyn LeRoy:

En 1941 vuelve a trabajar junto a Joan Crawford, además de Greer Garson y Herbert Marshall, en la comedía sobre triángulos amorosos “Cuando ellas se encuentran”, luciendo sus dotes para la comedia:

Ese mismo año protagoniza su primer gran Western, “Billy el niño”, en el que por fin le vemos en color:

En 1942 obtiene un gran éxito al pasarse al cine negro con “Senda prohibida”, de nuevo dirigida por Mervyn LeRoy, en la que interpreta a un gangster que lleva una doble vida y que se enamora de una inocente Lana Turner. Su interpretación es magnífica, pero quien acapara la atención en Van Heflin, que gana el Oscar a mejor actor secundario (Robert Taylor no será nunca nominado al Oscar):

Comenzada ya la II Guerra Mundial, Robert Taylor rueda algunas películas bélicas antes de alistarse en el ejército como instructor aéreo. Su última película antes de ir a la Guerra es “Song of Russia”, en la que forma parte de la resistencia soviética frente al avance nazi:

Durante la Guerra rueda películas didácticas sobre pilotaje de aviones. Terminada ésta, regresa a Hollywood, aunque tiene problemas de adaptación a su nueva forma de vida, además de problemas familiares. Su primera película a su regreso es “Corrientes ocultas”, película de intriga en la que comparte pantalla con Katherine Hepburn (quien luego afirmaría que Robert Taylor era mejor actor de los que él mismo creía… razón no le faltaba a Katherine, desde luego):

A parte de los problemas laborales y familiares, surgen también problemas políticos. Robert Taylor fue siempre un conservador republicano, que había ayudado a fundar la Asociación cinematográfica para la preservación de los valores americanos. Pero la Caza de brujas le afectó. Robert Taylor era reacio a declarar en ese circo que consideraba el comité de actividades anti-americanas, pero se vio obligado a hacerlo ante la acusación de haber promocionado el comunismo en “Song of Russia”. Taylor afirmó que fue obligado a rodarla por la Metro, lo que retrasó su alistamiento, pero Louis B. Mayer lo nego, y tuvo que retractarse. Afirmó así mismo que había algunos actores que en el Sindicato de Actores habían demostrado actitudes favorables al comunismo, lo que contribuyó a acabar con la carrera de alguno de ellos. Por este motivo, las películas de Taylor fueron prohibidas en varios países comunistas. 

Con su carrera en horas bajas, en 1949 rueda el thriller de espionaje ambientado en la Guerra Fría “Traición”, junto a Elizabeth Taylor, en la que interpreta a un espía soviético (así por las buenas…):

A ésta siguen westerns y cine negro menores, con la excepción, en 1951, de “Caravana de mujeres”, de William A. Wellman, probablemente uno de sus westerns más famosos, luciendo ese personaje rudo pero tierno en el fondo que le caracterizará en otros westerns:

En 1951 se divorcia finalmente de Barbara Stanwyck. En 1952 se casa de nuevo con la actriz alemana Ursula Thiess, con la que tendrá dos hijos, Terrance en 1955 y Tessa en 1959, además de adoptar a los dos hijos que tenía la actriz de un matrimonio anterior.

Pero su carrera está lejos de ser lo que prometía antes de la Guerra. Tuvo que ser de nuevo Mervyn LeRoy quien acudiera a su rescate, dándole el papel protagonista (inicialmente pensado para Gregory Peck) de “Quo Vadis”, drama romano-cristiano que fue un enorme éxito de público y un razonable éxito de crítica, compartiendo escena con una joven Deborah Kerr:

Clark Gable había rechazado el papel pensando que aparecer en falda romana iba a resultar ridículo. Robert Taylor lo aceptó y de pronto se convirtió en el rey de las películas de época. Así, en 1952 llegará la adaptación de la novela de Walter Scott “Ivanhoe”, una de las super-producciones más famosas de la época, en la que le acompañaban Elizabeth Taylor, Joan Fontaine y George Sanders:

Richard Thorpe, el director de “Ivanhoe”, vuelve a contar con él para protagonizar su nueva super-producción de época, “Los caballeros del Rey Arturo”, de 1953, interpretando a Lancelot, junto a la Ginebra de Ava Gardner y el Arturo de Mel Ferrer:

Ese mismo año protagoniza el western “Una vida por otra”, interpretando a un bandido que, por el amor de una mujer (de nuevo Ava Gardner) se redime y traiciona a su líder, Anthony Quinn, para defender a un idealista recién llegado, Howard Keel:

El mismo año trabaja de nuevo a las órdenes de Richard Thorpe en “Todos los hermanos eran valientes”, aventuras a bordo de un ballenero junto a Ann Blyth y Stewart Granger:

En 1954 protagoniza junto a Eleanor Parker la primera película de Hollywood rodada en Egipto, “El valle de los Reyes”, interpretando a un arqueólogo que busca la tumba del bíblico José. Al margen de la mala dirección de Robert Pirosh, que afecta a la calidad de una película que goza de unos escenarios magníficos, la película supuso alejarse de las comodidades de Hollywood y rodar en condiciones mucho más complicadas, como afirmaría después Eleanor Parker:

En 1955 repite con Eleanor Parker en un western cómico, en el que interpreta a un trampero del que se enamora una joven campesina que hará lo posible por casarse con él, algo que no está en sus planes, acompañados ambos por unos geniales Victor McLaglen y Russ Tamblyn:

Ese mismo año regresa a Inglaterra para rodar la tercera película de la trilogía de capa y espada de Richard Thorpe, “Las aventuras de Quentin Durward”, la más cómica de las tres, acompañado en esta ocasión por Kay Kendall y Robert Morley:

En 1956, además de protagonizar una película sobre el desembarco de Normandía, “Día D, 6 de junio”, interpreta al villano  (poco frecuente en él verle en personajes tan desagradables) de “La última caza”, demasiado aficionado a matar búfalos e indios, que terminará enfrentándose a su antiguo socio, Stewart Granger: 

El resto de su carrera va a transcurrir por lo general en el ámbito del western. En 1958 rueda a las órdenes de John Sturges “Desafío en la ciudad muerta”, interpretando a un Sheriff que tendrá que enfrentarse a su antigua banda, liderada por Richard Widmark:

Pese a todo, en 1958 Robert Taylor regresa al cine negro con “Chicago, años 30”, de Nicholas Ray, ambientada en el mundo del crimen organizado, en la que de nuevo el amor, en este caso por Cyd Charisse, le impulsará a querer abandonar la vida criminal, encontrándose con muchos obstáculos para ello, encabezados por su patrón, Lee J. Cobb:

Pero también en 1958 abandona la MGM, fundando su propia productora y pasando a trabajar en televisión. En esta época, sus westerns van a resultar menos sonados, pero regresa al género de las aventuras dirigido de nuevo por Richard Thorpe en “Los asesinos del Kilimanjaro”, partiendo de la historia de los famosos leones asesinos de Tsavo:

Su ritmo de trabajo se reduce. Algunos westerns más dejan paso en 1964 a “Amor entre sombras”, thriller de terror en el que comparte pantalla con su ex-mujer, Barbara Stanwyck, en la que será la última película de ella:

Pese a rodar algunas películas más, la carrera de Robert Taylos va a destacar en sus últimos años en la televisión, cuando sustituya a su amigo Ronald Reagan, que se pasa a la política, en la serie “Death Valley Days”:

Robert Taylor vive en su gran rancho en Los Angeles con su familia. Sus últimos años son difíciles. Fumador empedernido, en 1968 se le diagnostica cáncer de pulmón, lo que le provoca ser sometido a varias operaciones. Además, el 26 de mayo de 1969 su mujer se encuentra el cuerpo sin vida de su hijo Michael (hijo adoptivo de Taylor), que había salido un mes antes de una clínica psiquiátrica en la que llevaba años por intentar envenenar a su padre biológico (la autopsia determinó que murió de sobredosis). Pocos días después, el 8 de junio de 1969, Robert Taylor sucumbía al cáncer de pulmón, a los 57 años. Su cuerpo fue enterrado en el Forest Law Memorial de Glendale. 

Actor generalmente infravalorado, Robert Taylor supo recuperar su fama en los años 50 tras haber caído en el olvido en los años 40, consiguiendo con ello alguno de sus papeles más memorables. Si bien nunca entró en la categoría de los grandes actores del Hollywood clásico, su talento bien le hace merecer nuestro recuerdo. A fin de cuentas, que un casi debutante consiga no quedar en ridículo ante una inmensa Greta Garbo ya es un mérito al alcance de muy pocos.

40 años de la muerte de Charles Boyer (26-08-2018)


Fueron muchos los actores y actrices que vieron como sus carreras en el cine se arruinaban con la llegada del cine sonoro a causa de sus fuertes acentos extranjeros. Otros, en cambio, gracias a sus característicos timbres, vieron lanzada su carrera, pese a tener acentos igualmente marcados. Es el caso de Charles Boyer, quien hoy nos ocupa a causa del 40 aniversario de su desaparición.




Charles Boyer nació en el pueblo de Figeac, en la región francesa de Occitania, el 28 de agosto de 1899. Boyer era un chico tímido de pueblo, que tuvo su primer contacto con el cine a los 11 años, y con la interpretación durante la I Guerra Mundial, durante la cual, mientras trabajaba en un hospital militar, entretenía a los soldados con números cómicos. Poco después se trasladará a París para concluir sus estudios, pero su interés está ya puesto en el teatro. Así, gracias a su magnífica memoria, pudo sustituir de imprevisto al protagonista de una obra de teatro con la que obtuvo gran éxito.

Así, en los años 20 trabaja tanto en teatro como en películas mudas francesas, antes de firmar un contrato con la Metro en 1929. Pero sus papeles mudos en Estados Unidos son breves, y Boyer los realiza sólo por dinero. La llegada del cine sonoro cambiará su suerte, gracias a su profundo timbre, que le permitirá encarnar a galanes seductores. Llamará la atención por primera vez con un breve papel en “La pelirroja”, protagonizada por Jean Arthur, aunque su primer gran éxito será en Francia, gracias a la película “Liliom”, dirigida por Fritz Lang:

A partir de ahí, comienza a codearse con grandes actrizces de Hollywood: con Loretta Young en “Caravana”, con Claudette Colbert en “Mundos privados” o con Katherine Hepburn en “Corazones rotos”. Pero en 1936 regresará a Francia para trabajar bajo las órdenes de Anatole Litvak en “Sueños de príncipe”, en la que da vida al Archiduque Rodolfo de Habsburgo junto a Danielle Darrieux:

Sus papeles de seductor contrastan con su vida privada, alejada de Hollywood y sin escándalos, ya que en 1934 se casa con la actriz Pat Paterson, con la que permanecerá hasta la muerte de ella.

Su definitivo salto a la fama llega en 1936 con su monje fugitivo y atormentado que cae rendido ante Marlene Dietrich en uno de los primeros films en Technicolor, “El jardín de Alá”:

Y en 1937 llegará uno de sus mejores papeles y su primera nominación al Oscar, interpretando a Napoleón Bonaparte en “Maria Walewska”, junto a la gran Greta Garbo:

Estar a la altura de Greta Garbo nunca fue tarea fácil para sus partenaires, pero aquí Boyer está espléndido en un papel que le va como anillo al dedo.

Repite nominación al año siguiente por otro magnífico trabajo, interpretando al ladrón Pepe le Moko en “Argel” junto a Hedy Lamar:

Pero, en ambos casos, Spencer Tracy le arrebató el premio.

En 1939 protagoniza dos films junto a Irene Dunne. El primero es “Huracán”, drama romántico sobre un amor imposible:

La segunda es la versión original de “Tú y yo” que dirige, al igual que el remake, Leo McCarey, en una versión más melodramática que la que protagonizarán posteriormente Cary Grant y Deborah Kerr, pero que sigue contando con una escena final absolutamente memorable y emocionante:

En 1940 repite a las órdenes de Anatole Litvak en “El cielo y tú”, otro drama romántico en el que le acompaña, en esta ocasión, Bette Davis, ambos sospechosos del asesinato de la esposa de él, la nominada al Oscar Barbara O’Neil:

En 1941 interpreta al emigrante buscando la forma de entrar en Estados Unidos que se casa, por interés o por amor, con la inocente Olivia de Havilland en “Si no amaneciera”, otro drama romántico más en su trayectoria. Y, curiosamente, su siguiente pareja en la pantalla será la hermana de Olivia, Joan Fontaine, en la poco conocida, pero no por ello menos magnífica “La ninfa constante”:

En 1944 repite con Irene Dunne en la genial comedia “Otra vez juntos”, y cambia de registro en “Luz que agoniza”, drama de George Cukor en el que interpreta a un oscuro personaje que se casa con Ingrid Bergman por motivos más bien oscuros. Por este papel, recibirá su tercera nominación al Oscar, mientras la Bergman se llevará el premio a mejor actriz:

En 1945 comparte pantalla con Lauren Bacall en “Agente confidencial”, drama ambientado en la Guerra Civil Española en la que Boyer interpreta a un agente secreto encubierto como músico que viaja a Inglaterra para evitar que los franquistas se hagan con un cargamento de carbón, para lo que tiene que enfrentarse a unos temibles Peter Lorre y Katina Paxinou:

En 1946 cambia de registro en la alocada comedia “El pecado de Cluny Brown”, una de las últimas películas de Ernst Lubitsch, que protagoniza junto a Jennifer Jones:

En 1948 repite rodaje con Ingrid Bergman en “Arco de triunfo”, pero la película resulta ser un fracaso:

Charles Boyer se asusta, y comienza a preferir actuar como secundario. Así, participa en el film bélico de 1952 “Tempestad en Oriente”, protagonizado por Alan Ladd y Deborah Kerr:

Su trabajo en Hollywood se reduce, no así en Francia, donde en 1953 protagonizad “Madame de…” de Max Ophüls. En Hollywood, tras trabajar en 1958 en “Los bucaneros”, regresará por todo lo alto como Cesar en la deliciosa “Fanny”, comedia dramática en la que interpreta al camarero marsellés padre de un joven, Horst Buchholz, enamorado de la joven Fanny, Leslie Caron, pero ansioso por marchar a la mar, sin saber que ha dejado embarazada a su amada, que, para ocultar la vergüenza, se casará con un viejo rico, Maurice Chevalier, lo que traerá problemas futuros:

Por este papel, uno de los mejores de toda su carrera, Charles Boyer recibirá una última nominación al Oscar, de nuevo como protagonista. 4 nominaciones y ningún premio para uno de los mejores actores de Hollywood de los años 40… otra de esas cosas inexplicables.

En 1962 interpreta al padre del protagonista, Glenn Ford, en el remake que Vincente Minnelli dirige de “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”, otro fracaso pese a su espectacular reparto:

Pero todavía le queda carrera por delante a Charles Boyer, en televisión, pero también en cine, con un pequeño papel en “Cómo robar un millón y…” y con un papel de más enjundia en la memorable “Descalzos en el parque”, de 1967, como el excéntrico vecino de la pareja formada por Robert Redford y Jane Fonda:

Tras participar en “La loca de Chaillot”, con un interminable reparto, en 1973 participa en el remake musical de “Horizontes perdidos” que dirige Charles Jarrott, protagonizado por Peter Finch y Liv Ullman, interpretando al Gran Lama, aunque su personaje no canta:

En 1976 interpretará su último papel en “Nina”, de Vincente Minnelli.

Charles Boyer y Pat Paterson tuvieron un único hijo, Michael, que se suicidó tras ser abandonado por su novia a los 21 años, en 1965. Tiempo después, a Pat le diagnosticaron un tumor cerebral por el que moriría el 24 de agosto de 1978. Sólo dos días después, el galán seductor y granuja en la gran pantalla demostró que nada tenían que ver esos papeles con su forma de ser real, al suicidarse por una sobredosis de seconal, incapaz de vivir sin su esposa de toda la vida. Sería enterrado en el Holy Cross Cemetery de Los Angeles junto a su esposa y su hijo.

Maestro del melodrama romántico, con su profunda voz y su llamativo acento, Charles Boyer fue uno de los mejores actores de su época, no sólo en dramas románticos, sino también en comedias, demostrando siempre un talento fuera de lo común, incluso en algunas películas mediocres en las que participó. Es sin duda uno de los mejores símbolos de ese Hollywood que desapareció hace demasiado tiempo.



140 años del nacimiento de Lionel Barrymore (28-04-2018)


Miembro de una de las más célebres familias de actores de Estados Unidos, si bien nunca alcanzó el grado de estrella que tendría su hermano John, Lionel Barrymore fue ese actor secundario imprescindible en cualquier película que aspirara a tener cierta calidad en los años 30 y 40. El día que se cumplen 140 años de su nacimiento, repasaremos brevemente su extensa carrera.




El nombre de nacimiento de Lionel Barrymore era Lionel Herbert Blythe, y nació el 28 de abril de 1878 en Filadelfia, estado de Pensilvania. Sus padres eran los actores teatrales Georgiana Drew y Herbert Arthur Chamberlain Blythe, que tomaría el nombre artístico de Maurice Barrymore. Lionel tendrá dos hermanos menores, todos ellos actores teatrales y, con el tiempo, cinematográficos: Ethel, nacida en 1879, y John, que nace en 1882.

Mientras realiza sus estudios en prestigiosos colegios, debuta en el teatro con 15 años junto a su abuela, Louisa Lana Drew. Pese a todo, por esas fechas Lionel no está interesado en el teatro, prefiere dedicarse a la pintura y a la música, pero el éxito que va a alcanzar con papeles de carácter le llevará a dedicarse a la carrera de actor. Por esa época luce un aspecto muy distinto al que conocemos:

En 1894, Lionel Barrymore se casa con la actriz Doris Rankin, pero una serie de fracasos teatrales llevan a la pareja a abandonar las tablas y trasladarse en 1906 a parís, donde Lionel trata de ganarse la vida como artista. Pero en 1908 nace su hija Ethel, y la falta de éxito como pintor les lleva a volver a Estados Unidos en 1909. Pese a todo, ese año muere su hija, y él tiene que retirarse de la obra en la que está trabajando por problemas de salud. Por ello, en 1911 debuta en el cine, en cortometrajes dirigidos por D. W. Griffith, además de algún largo con el mismo director. Pero con el estallido de la I Guerra Mundial regresa a Broadway con gran éxito, abandonando temporalmente el cine. En las tablas trabaja a menudo con sus hermanos o junto a su mujer, con la que en 1916 tiene una segunda hija, Mary, que al igual que la primera sólo sobrevive un año. la pérdida de ambas hijas (no tendrá, que se sepa, más descendencia) afecta seriamente a Lionel y a su relación con su esposa, de quien se divorciará en 1923. En 1924 se casa con la actriz Irene Fenwick, con la que permanecerá hasta la muerte de ella, en 1936. Este matrimonio le traerá un enfrentamiento con su hermano John, ya que al parecer Irene había sido su amante, y ambos hermanos permanecerán dos años sin hablarse.

A principios de los años 20, Lionel Barrymore regresa a Hollywood, si bien muchas de sus películas de la época se han perdido. Ya en 1925 se traslada definitivamente a Hollywood, donde trabaja junto a estrellas como Greta Garbo, Lon Chaney o Buster Keaton. Sus mayores éxitos vendrán en 1928. Uno será su última colaboración con Griffith, “Su mayor victoria”, y el otro será “Sadie Thompson”, junto a Gloria Swanson:

Con la llegada del cine sonoro, Lionel Barrymore, que pese a ser un famoso actor teatral tenía una dicción bastante borrosa, se retira de la interpretación y se centra en su carrera como director, alcanzando su mayor éxito con “Madame X”, que le valdrá una nominación al Oscar como mejor director. Otro gran éxito será el musical “La canción de la estepa”, con el barítono Lawrence Tibett (que será nominado al Oscar como mejor actor), acompañado por Stan Laurel y Oliver Hardy:

Otro motivo para su retirada temporal de la interpretación es la artrosis que empieza a sufrir hacia 1928, y que le hará adicto a la morfina, la cocaína y otros calmantes que alivien el dolor cada vez más insoportable que sufre. Pero no tarda en regresar a la interpretación, y lo hará por la puerta grande, con “Un alma libre”, de Clarence Brown, en 1931, en la que interpreta a un abogado dispuesto a defender a un gangster pese a conocer todos sus crímenes, interpretado por un debutante Clark Gable, para ver como su amada hija, Norma Shearer, deja a su amor, Leslie Howard, por el bandido en cuestión:

Se hace raro verle en un papel protagonista en su etapa de cine sonoro, pero la elección fue tan acertada que le valió ese año el Oscar a Mejor Actor, en la que sería su única nominación (interpretativa, como director ya hemos dicho que recibió otra).

Recuperado definitivamente para el cine, participa ese mismo 1931 en “Mata Hari”, película a mayor gloria de Greta Garbo y el míto del cine mudo Ramon Novarro (intentando hacer carrera en el cine sonoro, algo que no conseguirá), interpretando al amante que la traiciona:

En 1932 comparte reparto con sus hermanos John y Ethel interpretando al mítico monje ruso en “Rasputin y la zarina”:

Además, acompañará a su hermano John en “Arsene Lupin” y en la película ganadora del Oscar ese año, la coral “Gran Hotel” de Edmund Goulding, en la que comparte pantalla con Greta Garbo (de nuevo), Wallace Beery o Joan Crawford:

Al año siguiente, el director George Cukor intentará repetir el éxito de “Gran Hotel” con otra tragicomedia coral, “Cena a las ocho”, en la que interpreta al enfermo anfitrión de dicha cena, en medio de un reparto en el que aparecen Marie Dressler, Jean Harlow, Wallace Beery y su hermano John, aunque en este caso no lleguen a compartir pantalla:

En 1934 interpreta el breve papel de Billy Bones en la adaptación que Victor Fleming dirige de “La isla del tesoro”, junto a Jackie Cooper y, de nuevo, Wallace Beery, y repite junto a Jean Harlow (a quien al parecer quería como si fuera su hija, ya que tenía una edad similar a la que habrían tenido las suyas) en la comedia “Busco un millonario”:

En 1935 colabora por primera vez con el director Tod Browning en “La marca del vampiro”, en la que comparte pantalla con Bela Lugosi:

E interpreta a Dan Peggotty en la adaptación que realiza George Cukor de “David Copperfield” de Charles Dickens, junto a un reparto interminable encabezado por nombres como Freddie Bartholomew, Basil Rathbone, W. C. Fields o Edna May Oliver:

En 1936 repite a las órdenes de Tod Browning protagonizando junto a Maureen O’Sullivan el clásico de terror “Muñecos infernales”, en la que le vemos además disfrazado de mujer:

Y repite también junto a Greta Garbo y a las órdenes de George Cukor en “La dama de las camelias”, adaptación de la obra de Dumas en la que interpreta a Monsieur Duval, el inflexible padre del protagonista, el recién llegado Robert Taylor:

En 1937 trabaja en la mítica “Capitanes intrépidos”, de Victor Fleming, interpretando al capitán del barco pesquero que rescata al niño rico Freddie Bartholomew y en el que trabaja el pescador Manuel, interpretado por un Spencer Tracy que ganará su primer Oscar por esta película:

Pero en 1936, Lionel Barrymore se rompió la cadera, y en 1937, durante el rodaje de “Saratoga”, en la que coincide de nuevo junto a Clark Gable y Jean Harlow, tiene un accidente y vuelve a rompérsela. Esta vez ya no curará, y le impedirá poder andar. Prácticamente confinado en una silla de ruedas por el resto de su vida, hará un esfuerzo sobrehumano (a costa de grandes dosis de calmantes) para rodar en pie el que posiblemente sea su papel más entrañable, el abuelo Vanderhof, patriarca de una familia muy peculiar, que se enfrenta al hecho de que la nieta, única “normal” de la familia, interpretada por Jean Arthur, va a casarse con James Stewart, miembro de una familia de empresarios que entienden la vida de una forma completamente diferente, en la absolutamente genial “Vive como quieras” de Frank Capra, por la que, incomprensiblemente, no fue nominado al Oscar a mejor secundario:

También en 1938 interpreta por primera vez al Doctor Gillespie en la serie de películas sobre el Doctor Killdare, y en 1941, en “Dr. Killdare’s wedding day” puede incluso escucharse una composición suya, ya que Lionel Barrymore nunca abandonó su ilusión juvenil de ser músico. Será esta serie de películas las que le ocupen en los primeros años 40. Además, en 1942 muere su hermano John, siendo su funeral uno de los últimos momentos en los que se le pudo ver en pie.

Su siguiente película reseñable será “Desde que te fuiste”, de 1944, drama ambientado en las familias que se quedan solas cuando los esposos marchan a la II Guerra Mundial, con un reparto de lujo, en el que interpreta a un clérigo:

Convertido en un secundario de lujo, Lionel Barrymore interpreta por lo general a ancianos con carácter pero a la vez entrañables, pero en 1946 interpreta a dos de los personajes más desagradables de su carrera. Por un lado es el racista senador Jackson McCanles, esposo de la tía de la mestiza Jennifer Jones y padre de los dos hermanos que se pelearán por su amor, Joseph Cotten y Gregory Peck en el clásico de King Vidor “Duelo al sol”:

Y por otro interpreta al odioso banquero Potter en una de las películas más famosas de la historia, la maravillosa “Qué bello es vivir” de Frank Capra, de nuevo junto a James Stewart:

En 1938 interpreta al propietario del Hotel en el que él, su hija Lauren Bacall y algunos otros, entre ellos Humphrey Bogart son secuestrados por el gangster Edward G. Robinson en el clásico de cine negro “Cayo Largo” de John Huston:

Su filmografía posterior apenas aporta nada a una larguísima y prolífica carrera. Un breve papel en “Estrella del destino”, en 1953, junto a Clark Gable y Ava Gardner será su último papel. Poco después, el 15 de noviembre de 1954, un infarto se lo llevaba por sorpresa a los 76 años. Fue enterrado en el Calvary Cemetery de Los Angeles, donde pocos años después sería enterrada también su hermana Ethel.

Pese a su importante carrera como protagonista en innumerables films mudos, Lionel Barrymore pasó a la historia como ese actor de carácter perfecto para hacer de secundario de lujo, aportando su gran prestigio a cualquiera de las películas en las que participaba, legándonos así su participación en un buen número de películas míticas que lo convierten en un personaje imprescindible de la historia del cine de Hollywood.



70 años de la muerte de Ernst Lubitsch (30-11-2017)


Rey absoluto de la comedia elegante y del musical operetístico del Hollywood dorado de los años 30 y 40, el nombre de Ernst Lubitsch sigue hoy día trayéndonos a la mente ese inmenso talento para la ironía que desprenden las innumerables películas que dirigió, pese a su temprana muerte, de la que hoy se cumplen 70 años.




Ernst Lubitsch nació en Berlín el 28 de enero de 1892, hijo de un sastre que quería que su hijo siguiera con la empresa familiar. Pero Lubitsch se sentía atraído por el teatro, por lo que en 1911 se enrola en la compañía teatral de Max Reinhardt, debutando en cine en 1913. Pero en 1916 debuta como director, y abandona paulatinamente su carrera interpretativa, que termina en 1920.

Su carrera como director de cine en Alemania combina comedias y dramas históricos, contando a menudo con la colaboración de actores tan prestigiosos como Pola Negri o Emil Jannings, que trabajarán para él en 1919 en “Madame duBarry”:

Con Pola Negri ya había trabajado en la famosa adaptación de “Carmen” que dirigió en 1918:

En 1920 dirige “Ana Bolena”, con Emil Jannings en el papel de Enrique VIII:

En 1922, Ernst Lubitsch, incómodo en la Alemania de post-guerra, se traslada a Estados Unidos, donde en 1923 es contratado por la actriz Mary Pickford para que la dirija en “Rosita, la cantante callejera”:

La película es un éxito, lo que le permite firmar un contrato con la Warner.  Destaca de su filmografía de cine mudo su adaptación de la obra de Oscar Wilde “El abanico de Lady Windermere”, que protagonizará el gran Ronald Colman:

Pero la Warner no aprovecha bien sus películas, así que Ernst Lubitsch rompe el acuerdo con la compañía y comienza a trabajar para otras productoras, como la Metro, para la que dirige en 1927 “El príncipe estudiante”, que protagonizan Ramon Novarro y Norma Shearer:

Está será su última película muda. Se estrena en el cine sonoro en 1928 con “The patriot”, hoy perdida pero que le valió la primera de las tres nominaciones al Oscar que recibirá a lo largo de su carrera, aunque no lo llegue a ganar nunca. La segunda nominación la recibirá en 1929 por “El desfile del amor”, comedia musical que supone su primera colaboración con Maurice Chevalier y Jeanette MacDonald:

En 1931 adapta la opereta de de Oscar Strauss “El teniente seductor”, comedia de enredos amorosos protagonizada por Maurice Chevalier, Miriam Hopkins y Claudette Colbert:

En 1932 vuelve a adaptar otra opereta de Oscar Strauss, en este caso en “Una hora contigo”, comedia sobre infidelidades matrimoniales que protagonizan dos de sus actores habituales, Maurice Chevalier y Jeanette MacDonald:

Ese mismo año, Ernst Lubitsch dirige su última película dramática, “Remordimiento”, pero tiene su mayor éxito con la genial comedia “Un ladrón en la alcoba”, protagonizada por Miriam Hopkins y Herbert Marshall, además de contar con uno de sus secundarios habituales, Edward Everett Horton:

En 1933 estrena su adaptación de la obra de Noël Coward “Una mujer para dos”, con un ménage-a-trois entre Fredric March, Miriam Hopkins y Gary Cooper:

La película consiguió pasar a duras penas la censura, pero será retirada del mercado poco después tras la implantación del ultracatólico Código Hays, que también hará desparecer “Un ladrón en mi alcoba”. Lubitsch, para sortear la censura, crea un estilo propio, conocido como “toque Lubitsch”, en el que sugiere con ironía situaciones que el espectador tendrá que imaginar, consiguiendo con ello mordaces críticas sociales y morales.

En 1934 dirigirá su último musical, la adaptación de la opereta de Franz Léhar “La viuda alegre”, menos problemática para la censura que las obras de Oscar Strauss, y que protagonizarán, de nuevo, Maurice Chevalier, Jeanette MacDonald y Edward Everett Horton:

En 1935, Ernst Lubitsch se casa por segunda vez, con la actriz británica Vivian Gaye, con la que tendrá a su única hija, Nicola, en 1938. En 1936 obtiene la ciudadanía estadounidense. También en 1935 se convierte en jefe de producción de la Paramount, pero su incapacidad para delegar, mientras se hace cargo de hasta seis películas la mismo tiempo, le llevan a renunciar un año después y volver a su labor como director, que retoma en 1937 con “Ángel”, protagonizada por Melvyn Douglas y Marlene Dietrich. Y en 1938 vuelve a trabajar con Gary Cooper y Claudette Colbert en “La octava mujer de Barba Azul”:

Pero su gran obra maestra llega en 1939, cuando por fin dirige a Greta Garbo en la que será la primera comedia de La divina, “Ninotchca”, genial sátira política entre comunismo y capitalismo que es famosa por ver a Garbo reír, junto a un no menos genial Melvyn Douglas:

El guión de la película está escrito, entre otros,por Billy Wilder, quien será un gran admirador de Lubitsch y su más digno heredero. Pero Lubitsch, incomprensiblemente, se queda sin nominación al Oscar.

En 1940 dirige otra de sus obras maestras, “El bazar de las sorpresas”, con James Stewart y Margaret Sullavan como dos compañeros de trabajo que no pueden ni verse pero que sin saberlo se aman por correspondencia:

Tras dirigir en 1941 la menor “Lo que piensan las mujeres”, divertida comedia con Melvyn Douglas, Merle Oberon y Burgess Meredith, en 1942 estrena otra de sus obras maestras, “Ser o no ser”, genial sátira política anti-nazi con Carole Lombard encabezando el reparto de una compañía teatral que trata de escapar de la Polonia ocupada por los nazis, teniendo que recurrir su director a la ayuda del militar amante de su mujer:

De nuevo, incomprensiblemente, se queda sin nominación al Oscar, cosa que sí conseguirá en 1943 con “El diablo dijo no”, comedia protagonizada por Don Ameche, en la que, tras morir, le cuenta al diablo su historia y este decide que no le corresponde ir al infierno:

El siguiente proyecto de Ernst Lubitsch será “La zarina”, remake de una anterior película muda suya, “Forbidden Paradise”, pero problemas de salud le llevan a abandonar el proyecto, que será concluido por Otto Preminger. Con la salud recuperada, en 1946 estrena su última película, la comedia “El pecado de Cluny Brown”, protagonizada por Charles Boyer y Jennifer Jones:

En 1947 recibe un Oscar honorífico cuando sus problemas de salud dejan claro que no optará a ganar el premio de otra forma. Y así es: mientras trabaja en “La dama del armiño”, sufre un infarto y muere el 30 de noviembre de 1947, siendo enterrado en Glendale. La película será terminada de nuevo por Otto Preminger y estrenada en 1948.

Ernst Lubitsch es a día de hoy un nombre poco menos que mítico, la imagen de un director de comedia irónico, sutil y lleno de chispa, alguien de quien tanto deberían aprender las grandes figuras de la comedia del Hollywood actual.



120 años del nacimiento de Fredric March (31-08-2017)


Hace pocos días hablábamos de Paul Muni, una estrella del Hollywood de los años 30 hoy caída en el olvido. Hoy vamos a hablar de otra gran estrella del Hollywood de los años 30 y 40 (incluso de los 50) hoy bastante olvidada, pese a tener en su haber 2 Oscars y dos Tony (y que además es uno de mis actores favoritos), un día después de que se cumplan 120 años de su nacimiento: hoy hablamos de Fredric March.




Ernest Frederick McIntyre Bickel, que era el nombre real de Fredric March, nació el 31 de agosto de 1897 en Racine, estado de Wisconsin. Su padre, John F. Bickel, era un comerciante y anciano prebiteriano, mientras que su madre, Cora Brown Marcher, era profesora. Fredric estudió en su ciudad natal hasta trasladarse a Madison para asistir a la universidad. Sirvió en la I Guerra Mundial como teniente de artillería y comenzó su carrera profesional trabajando en un banco. Pero una apendicitis le hizo replantearse su vida y se interesó por la interpretación, comenzando en 1920 a trabajar como extra en películas filmadas en Nueva York. Es entonces cuando adopta el nombre de Fredric March, usando una abreviatura del apellido de soltera de su madre.

En 1921 se casa con Ellis Baker, de la que se divorcia en 1927. Un año antes había comenzado a trabajar en Broadway, donde conoce a la que será su segunda esposa, Florence Eldridge, con la que se casa en 1927. Esta segunda unión durará hasta la muerte de él, y adoptaran dos niños. Su éxito en el teatro le lleva a firmar un contrato con la Paramount en 1929, año en el que rueda varias películas, las primeras en las que aparece acreditado.

Será en 1930 cuando se produzca su salto a la fama, con la comedia ambientada en el teatro “The royal family of Broadway”, en la que interpreta un personaje inspirando en el gran actor de la época John Barrymore. Este papel le supuso su primera nominación al Oscar:

Su consagración definitiva vendrá un año después, en 1931, al protagonizar “El hombre y el monstruo”, adaptación del “Doctor Jeckyll y Mr. Hyde” de Robert Louis Stevenson, dirigido por Rouben Mamoulian y acompañado por Miriam Hopkins:

Por este papel vuelve a estar nominado al Oscar. Y ese año se produce algo insólito: dos actores se llevarán el premio: Wallace Beery por “Campeón” y el propio March, pese a tener un voto más que Beery; en aquella época, un voto de diferencia se consideraba insuficiente para proclamarse ganador único.

Convertido ya en un actor de gran prestigio, en 1932 es elegido para protagonizar, junto a Norma Shearer, la esposa del productor Irving Thalberg, el drama romántico “La llama eterna”:

También protagoniza “El signo de la cruz”, drama de época dirigido por Cecil B. de Mille ambientado en la Roma de Nerón, junto a Charles Laughton y Claudette Colbert:

En 1933, protagoniza junto a Cary Grant el drama bélico “El águila y el halcón”, y destaca en la comedia de Ernst Lubitsch “Una mujer para dos”, compartiendo a Miriam Hopkins con Gary Cooper, y con Edward Everett Horton, habitual en el cine de Lubitsch, en el reparto:

En 1934 repite junto a Norma Shearer en un nuevo drama romántico, ambientado en el siglo XIX, en la que tiene que vencer la tiranía del padre de ella, un genial Charles Laughton, para conseguir a su amada:

Protagoniza también la comedia de aventuras “El burlador de Florencia”, interpretando al escultor Benvenutto Cellini, y “La muerte de vacaciones”, en la que interpreta a la muerte, que quiere saber por qué los humanos le temen tanto y se transforma en uno de ellos:

1935 será un gran año para Fredric March. Además de protagonizar “El ángel de las tinieblas”, drama romántico junto a Merler Oberon y Herbert Marshall, visto su éxito en grandes adaptaciones literarias, es elegido para protagonizar dos de ellas. La primera, la adaptación que Richard Boleslawsky realiza de la mítica obra de Victor Hugo “Los miserables”, en la que interpreta al propio Jean Valjean, junto al Javert de Charles Laughton y en la que su mujer, Florence Eldridge, interpreta a Fantine. Su trabajo en esta película es realmente excepcional, y es difícil imaginar a cualquier otro actor del momento capaz de interpretar un personaje tan complejo con semejante nivel:

La otra es la “Ana Karenina” de Clarence Brown, en la que tiene que medirse junto a la inmensa Greta Garbo. Pese a tener 8 años más que la Divina, interpreta a su joven enamorado, el Conde Vronsky, y pese a la irregular adaptación de la obra de Tolstoy, sale bien parado del envite. Comparte reparto junto a Basil Rathbone, Freddie Bartholomew y Maureen O’Sullivan:

En 1936 le tenemos en otra gran adaptación literaria, “El caballero Adverse”, drama de aventuras junto a Olivia de Havilland, interpretando a un personaje ambiguo, que se tiene que enfrentar a los villanos Claude Rains y Gale Sondergaard, él mismo es en realidad un anti-héroe:

Ese mismo año es seleccionado por John Ford para interpretar en “Maria Estuardo” al conde James Hepburn de Bothwell, tercer marido de la reina interpretada por Katherine Hepburn, mientras su esposa Florence Eldridge interpreta a Isabel I:

En 1937 estrena otras dos grandes películas, ambas dirigidas por William A. Wellman y ambas en color. la primera es la comedia dramática “La reina de Nueva York”, en la que interpreta a un periodista que sigue la historia de una mujer supuestamente envenenada por radio, interpretada por Carole Lombard:

La otra es la genial “Ha nacido una estrella”, en la que interpreta a la estrella caída en desgracia Norman Maine, que ve como su mujer, interpretada por Janet Gaynor, alcanza la fama que él tenía y ya no puede recuperar. Por este papel recibe una nueva nominación al Oscar:

Con 40 años, Fredric March todavía es contratado para interpretar a galanes románicos, aunque su versatilidad de estilos es casi insólita en una época de constantes encasillamientos. Pero en 1937 decide volver a Broadway, ya que le interesa más el teatro que el cine. Sigue pese a todo trabajando en Hollywood, aunque no firma contratos de larga duración, manteniendo así su libertad artística. Las películas que estrena en 1938 pasaron sin pena ni gloria, y sus siguientes papeles no son especialmente recordados, aunque se puede destacar su papel en “Susana y Dios” de 1940, interpretando al esposo de Joan Crawford:

Destaca también en 1942 en la comedia romántica “Me enamoré de una bruja” junto a Veronica Lake, en el papel que interpretará años después James Stewart en el remake:

Su regreso por la puerta grande a Hollywood se produce con el drama de William Wyler “Los mejores años de nuestra vida”, drama que narra la vuelta a casa de tres veteranos de la II Guerra Mundial: Dana Andrews, el soldado real Harold Russell y el propio March, que regresa junto a su mujer Myrna Loy y ve con malos ojos como su hija, Teresa Wright, se enamora de Dana Andrews:

La película fue un enorme éxito, y ganó 7 Oscars, entre ellos Mejor Película y Director, y el propio Fredric March se llevó su segundo Oscar. Y en 1947 se lleva su primer Tony por su papel en la obra teatral “Years ago”, escrita por Ruth Gordon. Su talento está ya sobradamente reconocido.

Su siguiente papel cinematográfico relevante será en 1951 en “Muerte de un viajante”, adaptación de la obra teatral de Arthur Miller que March había rechazado interpretar en teatro. Esta interpretación le valió su quinta y última nominación al Oscar, además de ganar el Globo de Oro:

Fredric March ya no tiene aspecto de galán romántico, y eso le relega en cine a papeles secundarios, aunque todavía protagoniza en 1953 “Fugitivos del terror rojo”, película de Elia Kazan que demoniza a los comunistas en un intento por excusar su actitud durante la caza de brujas. No deja de sorprender que March se prestara a colaborar en este panfleto conservador siendo, al igual que su esposa, un conocido demócrata.

En 1954 presenta la entrega de los Oscars, tirando de seriedad e ironía frente a la comicidad del otro presentador, Donald O’Connor:

Tras papeles secundarios en películas como “La torre de los ambiciosos” (por la que se llevará una nominación al BAFTA) o “Los puentes de Toko-Ri”, y de trabajar en televisión en “The best of Broadway”, por la que se lleva una nominación al Emmy, en 1955 vuelve a tener un papel importante en “Horas desesperadas”, en la que su familia es secuestrada en su hogar por Humphrey Bogart:

Ya como secundario, en 1956 interpreta al jefe de Gregory Peck en “El hombre del traje gris”:

Y ese mismo año interpreta a Filipo de Macedonia, padre de “Alejandro Magno”, interpretado por Richard Burton y dirigida por Robert Rossen:

En 1957 gana su segundo premio Tony por su papel teatral en “Larga jornada hacia la noche”, en la que trabaja de nuevo junto a su mujer, que no se lleva el premio pese a estar nominada.

Tras recibir una segunda nominación al Globo de Oro en 1959 por su papel en “En mitad de la noche”, en 1960 comparte pantalla con Spencer Tracy (quien fuera su rival para conseguir el papel que interpretó en “Horas desesperadas”) en la genial adaptación de Stanley Kramer del drama judicial “La herencia del viento”, en la que de nuevo comparte escena con su mujer:

Pocas veces un actor tan contenido como él se mostró tan histriónico, en un papel que, por otro lado, lo requería.

De sus pocos papeles posteriores destaca su labor en “Siete días de mayo”, en la que interpreta al presidente de Estados Unidos que, en plena Guerra Fría, sabe que uno de sus generales pretende derrocarle, en una película en la que participan Kirk Douglas, Ava Gardner, Burt Lancaster y Edmond O’Brien, y que le vale una tercera y última nominación al Globo de Oro:

Su último papel cinematográfico relevante es en 1967 en “Un hombre”, protagonizada por Paul Newman. Fredric March, que además de en cine, teatro y televisión, ha trabajado realizando grabaciones como narrador, sufre una operación a causa del cáncer de próstata que padece en 1970, lo que parece haber acabado con su carrera; de ahí la sorpresa de verle en 1973 en la adaptación televisiva de la obra teatral “El repartidor de hielo”, dirigida por John Frankenheimer, junto a Lee Marvin, Robert Ryan y Jeff Bridges:

Finalmente, el 14 de abril de 1975 sucumbía al cáncer de próstata que padecía a los 77. Fue enterrado en su residencia de New Milford, en Connecticut, donde será enterrada también su viuda Florence al morir en 1988.

Fredric March fue uno de las estrellas más populares de los años 30 gracias a su inmenso talento y versatilidad, pero el paso de los años no ha jugado en su favor. Hay que volver a ver todos esos grandes papeles que nos legó para situarle de nuevo en el lugar que le corresponde.



40 años de la muerte de Joan Crawford (10-05-2017)


Actriz de cine mudo, bailarina de musical, reina del melodrama y estrella del cine de terror, a lo largo de su carrera tuvo que tocar casi todos los géneros para poder salir airosa. Un día como hoy hace 40 años nos dejaba una de las más destacadas actrices de la edad dorada de Hollywood, famosa por sus grandes ojos, duras facciones y carácter problemático: Joan Crawford.




Su verdadero nombre era Lucille Fay LaSueur (cualquier parecido con Joan Crawford es pura coincidencia), y nació un 23 de marzo de… probablemente 1904, aunque no se sabe con certeza el año, dudándose con 1905 o 1906, en San Antonio, Texas. Su padre, de origen francocanadiense (de ahí el apellido) abandonó a la familia poco antes de nacer ella, así que su madre se casó poco después con un empresario teatral,mudándose a Oklahoma. Pensaba que el nuevo marido de su madre, Henry Cassin, era su verdadero padre, hasta que su hermano Hal, un año mayor que ella, le contó la verdad. Su padrastro abusaba sexualmente de ella.

Por el lado positivo, del trabajo de su padrastro en el teatro adquirió su pasión por la danza, pero sufrió un accidente que le provocó 3 operaciones y 18 meses de reposo en los que no pudo ni siquiera ir a la escuela. Posteriormente, problemas judiciales de su padrastro provocaron el traslado de la familia a Kansas City, Missouri, donde continúa sus estudios.

En 1924 ya trabaja como bailarina y corista, además de casarse con el saxofonista James Welton. Consigue también ser conocida en Hollywood (sobre su participación en alguna película porno light no hay certeza). La cuestión es que en diciembre de 1924 consigue un contrato con la Metro, y ya en 1925 estrena varias películas mudas. Ya en 1928 protagoniza una película con Ramón Novarro, la estrella del cine mudo vista como sucesor del fallecido Rodolfo Valentino, “Across to Singapore”:

Pero la película que la lanzó a la fama fue estrenada también en 1928, “Vírgenes modernas”:

En 1929 protagoniza “Jugar con fuego”, en la que coincide con Douglas Faibanks Jr. , con quien se casa el 3 de junio de 1929, pese a la oposición inicial del padre de él, el mítico Douglas Fairbanks.

Pero los tiempos cambian, en 1927 se estrena “El cantor de jazz”, primer film sonoro de Hollywood, y el cine sonoro tarda poco en imponerse en los gustos de la sociedad. Intérpretes que hasta ahora no tenían problemas por su voz o acento ven como con el cine sonoro sus carreras llegan a su fin. Joan Crawford se estrena en el cine sonoro en 1929 con “The Hollywood revue of 1929”. Aunque los críticos la encontraron insegura con el nuevo cine sonoro, su voz no tenía problemas que le impidieran proseguir su carrera en las nuevas circunstancias.

En sus inicios en el cine sonoro destaca por supuesto su participación en musicales, como “Danzad, locos, danzad”, de 1931, en el que luce sus dotes como bailarina:

Pero, para su frustración, no consigue el papel protagonista de “Alma libre”, que recae en la esposa del productor Irving Thalberg, Norma Shearer, a quien odiaría el resto de su vida. Esta película fue el debut en el cine de Clark Gable, con quien Joan Crawford (que usa ya este nombre artístico) comparte pantalla en varias películas (incluyendo la que acabamos de ver).

En 1932 protagoniza “Bajo la lluvia”, drama de Lewis Milestone que no es bien recibido por un público aquejado de la crisis económica de la gran depresión y que prefiere comedias ligeras a una película sobre doble moralidad e intransigencia religiosa en la que un reverendo, Walter Huston, insiste en corregir a la perdida Joan Crawford, aunque en el fondo oculta otras intenciones:

También en 1932 forma parte del drama coral “Gran Hotel”, en el que no consigue evitar ser eclipsada por la enorme Greta Garbo, compartiendo además protagonismo con los hermanos Barrymore, Lionel y John:

En 1933 protagoniza “Alma de bailarina”, junto a Clark Gable y Franchot Tone, en la que comparte baile con el debutante Fred Astaire:

El estilo enérgico pero más bien basto de Joan Crawford contrasta con la exquisita elegancia de Fred Astaire.

En 1933 se divorcia de Douglas Fairbanks Jr., y en 1935 se casa con Franchot Tone, a quien conoció precisamente en esta película.

La implantación del Código Hays de censura a partir de 1933 cambia el tipo de películas que protagoniza, y pasa a trabajar sobre todo en dramas románticos, siendo el primero “Así ama la mujer”, en la que vuelve a compartir pantalla con Franchot Tone:

Sus compañeros de reparto en esos años serán Clark Gable, Franchot Tone e incluso Gary Cooper o el debutante Robert Taylor. Uno de sus mayores esfuerzos es el de lanzar la carrera de su esposo, pero éste no está interesado en llegar a ser una estrella, como ella quiere. No son buenos años para Joan Crawford, que llega incluso a ser considerada “veneno para la taquilla”.

Quizá su primer éxito post-código sea su participación como villana en “Mujeres”, comedia dramática de George Cukor de 1939, en la que no aparece ningún hombre, y en la que Joan Crawford interpreta a la mujer que le roba el marido a la protagonista, interpretada por Norma Shearer, personaje al que ella misma definía como “una perra” (creo que le corresponde más bien la definición de otro cánido, hembra del zorro…), y ella disfruta interpretando el papel, llevando incluso demasiado lejos su enfrentamiento con su enemiga Norma Shearer:

En 1939 se divorcia finalmente de Franchot Tone. Su carrera sigue en mal momento, y sólo alcanza cierto éxito con “Un rostro de mujer”, de 1941, de nuevo dirigida por George Cukor (famoso director de actrices que sacaba lo mejor de ellas”, interpretando a una mujer desfigurada metida en una banda criminal, que recupera un bello rostro gracias a la labor del cirujano Melvyn Douglas y que intenta redimirse, cueste lo que cueste,incluso si eso pasa por eliminar a su antiguo cómplice, Conrad Veidt:

En 1940, estando divorciada, Joan Crawford adopta a una niña, Christina, que de mayor escribirá un libro contando sus malísimas experiencias con su madre adoptiva, y que fue adaptado al cine en “Queridísima mamá”. Ella se vuelve a casar en 1942 con Philip Terry, y adoptarán juntos un niño. Christopher. Tras su nuevo divorcio, en 1946, adoptará a otras dos niñas, Cynthia y Cathy, que defenderán la memoria de su madre de los ataques de Christina.

En 1943 rompe su contrato con la Metro y pasa a servir como voluntaria durante la II Guerra Mundial. Terminada la guerra, firma un contrato con la Warner. Y cuando parecía que su carrera estaba acabada,tiene un golpe de suerte: una de sus grandes rivales, con la que competía por los mejores papeles, Bette Davis, rechaza protagonizar “Alma en suplicio”, de Michael Curtiz; el director no quiere ni oír hablar de Joan Crawford, prefiere a Barbara Stanwyck, pero el estudio se sale con la suya. “Alma en suplicio” es la historia de una mujer que ha entregado su vida a proteger a una hija ingrata, Ann Blyth, hasta que un asesinato le obliga a poner las cosas en su lugar:

Por esta película Joan Crawford recibe su primera nominación al Oscar, premio que ganará pero que no podrá recoger en la ceremonia por una enfermedad.

Resurge así como estrella del melodrama, protagonizando “De amor también se muere” de Jean Negulesco en 1946, junto a John Garfield, en la que interpreta el papel de una mujer manipuladora que cae rendidamente enamorada:

En 1947 protagoniza “Amor que mata”, de Curtis Bernhardt, interpretando de nuevo el papel de una mujer que cae rendidamente enamorada de Van Heflin, quien no corresponde a su amor y que se enamorará de la hija de su nuevo esposo, Raymond Massey (en uno de sus pocos papeles “de bueno”), lo que le obliga a tomar medidas drásticas:

Por esta película consigue una segunda nominación al oscar.

En 1949 protagoniza “Flamingo Road”, dirigida de nuevo por Michael Curtiz, en la que interpreta a una mujer que tiene que enfrentarse al mafioso local interpretado por Sidney Greenstreet:

Continúa trabajando para la Metro, pero cuando en 1952 protagoniza “Una mujer peligrosa”, que ella consideraba su peor película, decide que es el momento de romper su contrato. sabia decisión, ya que esto le permite protagonizar “Miedo súbito”, drama de intriga en la que interpreta a una rica escritora que se casa con un hombre más joven, Jack Palance, para descubrir que su esposo quiere matarla para quedarse con su herencia:

En 1954 protagoniza junto a Sterling Hayden uno de sus papeles más recordados en el western “Johnny Guitar”, de Nicholas Ray, en la que vuelve a interpretar a una mujer de mucho carácter con la fuerza necesaria para enfrentarse a sus enemigos:

El 10 de mayo de 1955 se vuelve a casar, en este caso con Alfred Steele, ejecutivo de Pepsi, que la dejará viuda en 1959, ocupando ella una plaza en la ejecutiva de la empresa.

Su carrera como actriz prosigue en dramas como “La abeja reina” de 1955 o “Hojas de otoño”, fallido film de 1956 dirigido por Robert Aldrich y que protagoniza junto al recién llegado Cliff Robertson, interpretando a una vieja solterona que se casa con un hombre mucho más joven en una historia que combina algún momento de intriga con enfermedades mentales:

Pero tras unos años más bien flojos, será de nuevo el director Robert Aldrich quien la devuelva al primer plano en 1962 al emparejarla con Bette Davis en la mítica “Qué fue de Baby Jane”, película esperpéntica con guiños de terror en la que las dos viejas enemigas lo dieron todo de su parte para dar más “credibilidad” a las dos hermanas que se maltratan mutuamente:

Bette Davis instaló en el set de rodaje una máquina de Coca-Cola sólo para fastidiar a Crawford, que era directiva de Pepsi. La rivalidad continuó en la temporada de premios: aunque Joan Crawford fue nominada al BAFTA, se quedó sin nominación al Oscar, a diferencia de Bette Davis. Pero cuando se anuncia que la ganadora del premio es la ausente Anne Bancroft, es Joan Crawford la que recoge el premio, provocando una mayor irritación e su compañera de reparto:

Tal es la enemistad entre ambas, que cuando Robert Aldrich quiere repetir el éxito con una nueva película, “Canción de cuna para un cadáver”, Bette Davis se niega a compartir pantalla con Joan Crawford, por lo que será Olivia de Havilland la que ocupe el lugar de la Crawford.

A partir de aquí, la mayor parte de la carrera de Joan Crawford será en cine de terror que es mejor olvidar, trabajando por última vez en 1970 en “Trog”:

Tras su retirada, escribió dos tomos de memorias. De su vida amorosa mejor no hablamos, porque nos ocuparía demasiado espacio. retirada de la vida pública desde 1974 a causa de un cáncer de páncreas, Joan Crawford murió finalmente el 10 de mayo de 1977, a causa no del cáncer sino al parecer de un infarto, a los 73 años (probablemente, dada la duda sobre su fecha de nacimiento) en Nueva York. Fue enterrada en Mausoleo Ferncliff de Greenburgh, Nueva York, junto a su último esposo, Alfred Steele:

Como en todo, para gustos los colores: no es Joan Crawford una de mis actrices favoritas (de hecho, prefiero mil veces a su rival Bette Davis, sin ser tampoco una de mis favoritas), y en general la mayoría de sus películas son más bien flojas o repiten los mismos estereotipos de papel. Pero su legado cinematográfico es sin duda enorme y nos dejó algunas películas para el recuerdo.



Herbert Marshall 50 años después de su muerte (22-01-2015)


En la introducción de la página de inicio de este blog ya mencioné que hay actores que son estrellas mientras que otros, pese a su talento, no alcanzan nunca el estrellato. Este es seguramente el caso del actor que nos ocupa, el gran Herbert Marshall, del que hoy se cumple el cincuentenario de su muerte.




Herbert Marshall nació en Londres el 23 de mayo de 1890, siendo su padre un prestigioso actor teatral. Por ello se crió con sus tías mientras sus padres estaban de gira, lo que le provocó una inicial opinión negativa sobre el teatro, aunque finalmente terminó trabajando en el mundo del teatro (según él mismo dij, no sabía hacer otra cosa).

Entonces comienza la I Guerra Mundial, y Herbert se alista en el London Scottish Regiment junto a otros actores como Basil Rathbone, Ronald Colman, Cedric Hardwicke y Claude Rains. En la guerra, durante la segunda batalla de Arras, le dispararon en la rodilla derecha, lo que provocó que tuvieran que amputarle la pierna a la altura de la cadera, estando hospitalizado 13 meses. Por ello, inicialmente rechaza volver a actuar, pero finalmente, con la ayuda de una pierna protésica, vuelve al mundo de la actuación.

Tras trabajar los siguientes años en teatro, Herbert Marshall debuta en el cine en un film mudo británico en 1927. Su debut en Hollywood será ya con un film sonoro, una versión de “La carta” de 1929 protagonizada por Jeanne Eagels en la que él interpreta al amante asesinado. En 1930 protagoniza el film “Asesinato” de Alfred Hitchcock, y se asienta como la pareja perfecta de muchas de las grandes actrices del momento, especialmente cuando, en 1932, acompaña a Marlene Dietrich en “La venus rubia”, de Josef von Sternberg (junto a un casi debutante Cary Grant):

Aunque quizá el mayor éxito de Herbert Marshall en 1932 fuera protagonizar la magnífica comedia de Ernst Lubitsch “Un ladrón en la alcoba”, junto a Miriam Hopkins y Kay Francis (se rumorea que mantuvo romances con ambas durante el rodaje). Sin duda era un gran actor dramático, pero aquí demostró sus grandes dotes para la comedia en esta joya del gran Lubitsch:

Se nota que todavía no existe el Código Hays (la censura ultracatólica que estropeará el cine desde 1933 hasta más o menos los años 60).

Otra de sus películas relevantes de esa época fue la adaptación de la novela de W. Somerset Maugham “El velo pintado”de 1934, en la que interpreta a un médico que viaja a China y, para castigar a su adúltera esposa, se la lleva a una zona remota afectada por el cólera. Su rival en el amor era George Brent, y su pareja… ¡nada más y nada menos que la gran Greta Garbo! Y consigue mantener el tipo ante ese animal escénico que era la divina sueca, lo que ya es todo un mérito que otros grandes actores no siempre lograron.

En 1935 protagoniza otras comedias románticas, como “El ángel de las tinieblas”, junto al gran Fredric March y a Merle Oberon, o “Una chica angelical” de William Wyler, junto a Margaret Sullavan:

En 1936 comparte pantalla con Katherine Hepburn en “Una mujer se rebela”, mientras que en 1937 lo hará con Barbara Stanwyck en “Desayuno para dos” y de nuevo con Marlene Dietrich en “Ángel” y en 1938 con Claudette Colbert en “Zazá”. Había compartido ya pantalla con la mayoría de las grandes actrices del momento. Pero en 1940 llega un importante cambio de registro.

Ese año vuelve a trabajar bajo la dirección de Alfred Hitchcock en “Enviado especial”, pero sobre todo protagonizará el melodrama dirigido por William Wyler “La carta”, en el que en esta ocasión interpreta al esposo un tanto “calzonazos” de la anti-heroína que interpreta una Bette Davis en uno de sus mejores papeles, de nuevo en una adaptación de una novela de W. Somerset Maugham:

Si la escena inicial ya te deja sin respiración, mejor no hablemos de la escena final, pura gloria cinematográfica.

El gran éxito del tandem Davis-Marshall-Wyler se repite en 1941 con otra joya, “La loba”. Bette Davis como villanísima está espléndida, pero Herbert Marshall nos regala aquí el que en mi opinión es su mejor papel, el de ese esposo inocente que no soporta los chanchullos de su mujer, pero que tiene que soportar que ella le quiera ver muerto… ¡y vaya si lo logra!:

A partir de aquí, Herbert Marshall deja de ser el galán romántico que había sido en los años 30 (la edad no perdona) para ser un secundario de lujo, de eso que llaman “actores de carácter”, que lucirá su talento en films tan conocidos como “Duelo al sol”, en el que interpreta al padre de Jennifer Jones, ejecutado al principio del film, o ese “El filo de la navaja” en el que interpreta al propio escritor de la obra, que es de nuevo W. Somerset Maugham:

Clifton Webb y Lucille Watson, todo un lujado.

Sus apariciones son cada vez menos abundantes, aunque seguirá teniendo apariciones memorables, como en “Cara de ángel”, de 1952, interpretando al padre de Jean Simmons, junto al gran Robert Mitchum:

En esos años le veremos aparecer en películas de aventuras, como “La mujer pirata” o “Coraza negra”, en la que interpreta al protector del protagonista, Tony Curtis, y en films históricos como “El favorito de la reina”, de nuevo junto a Bette Davis. Aparecerá también en “Sed de triunfo” de Sidney Lumet, en el film de terror-ciencia ficción “La mosca” o en el de suspense “Un grito en la niebla” (protagonizada por Doris Day en un papel muy distinto a lo que nos acostumbra). Su último papel destacable fe en “5 semanas en globo”, siendo su última aparición “El tercer día” en 1965. Su salud estaba ya en declive y murió de un infarto el 22 de enero de 1966.

Quizá a día de hoy nos acordemos poco de él, pero Herbert Marshall fue un actor de gran talento que aportó su presencia a no pocas grandes películas, pasando de protagonista a ese tipo de secundarios que siempre suman puntos a cualquier película que aspire a cierta calidad. No será una estrella, es cierto, pero desde luego merece ser recordado como el gran actor que fue. Y quien no me crea, que vuelva a ver “La loba”, y luego ya hablamos.