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40 años de la muerte de John Wayne (11-06-2019)

En el Hollywood clásico de los años 30 y 40 no había espacio para el multifacetismo; todos los actores estaban encasillados en algún género. Así, si pensamos en las aventuras, pensamos en Errol Flynn. Para las screwball comedies tenemos a Cary Grant. Humphrey Bogart es el rey del cine negro, mientras para los dramas recurrimos a Spencer Tracy y para los biopics a Paul Muni. ¿Y para los westerns? Su extensa filmografía lo confirma, en este género el rey era John Wayne. En el 40 aniversario de su muerte repasamos su carrera. 

El nombre de nacimiento de John Wayne era Marion Robert Morrison, y nació el 26 de mayo de 1907 en la pequeña ciudad de Winterset, en el estado de Iowa, donde aún se conserva su casa natal:

Su familia, de religión presbiteriana, tenía origen inglés, escoces y, sobre todo, irlandés. Cuando sus padres tuvieron otro hijo decidieron llamarle Robert, por lo que cambiaron el segundo nombre de Marion, que pasa a ser Marion Mitchell Morrison. La familia se mudó pronto a California, estableciéndose en 1916 en Glendale, donde su padre, veterano de la Guerra Civil, trabaja de farmacéutico. Es allí donde pasea a su Terrier, llamado “Little Duke”, cuando empieza a ser conocido como “Duke”, el Duque, apodo que mantendrá de por vida, ya que prefería ese apodo a ser conocido como Marion (perfectamente comprensible, por otro lado). 

De joven destaca tanto en el lado deportivo como en el académico. Juega al fútbol, escribe en el periódico del instituto y forma parte de la Orden DeMolay (próxima a la masonería). Comienza a estudiar leyes en la universidad y juega al fútbol en el equipo de la misma. Pero una rotura de clavícula haciendo surf acaba con su carrera deportiva y, con ello, con su estancia en la universidad.

Su entrenador le consigue, en todo caso, trabajo como extra en las películas que rueda John Ford con el actor Tom Mix, lo que le permite incluso conocer al mítico Wyatt Earp, amigo de Mix. Fue poco a poco consiguiendo papeles mayores, siendo su debut propiamente dicho en 1926  en la película “El asalto al tren expreso”. Estamos todavía en época de cine mudo, y Wayne ni siquiera aparece acreditado en el film. 

En 1929 aparece acreditado como Duke Morrison en un musical, “Words an music”. Pero en 1930 Raoul Walsh le elige como protagonista de “La gran jornada” y propone que sea acreditado como Anthony Wayne, en honor a un general de la Guerra de Independencia, pero el estudio (la Fox) dice que suena demasiado italiano. Walsh propone entonces que sea llamado John Wayne, lo que es aceptado por la productora (todo esto sin que él esté presente). El resto ya es historia:

El problema fue que la película era demasiado ambiciosa y terminó siendo un fracaso económico. Eso relegó a John Wayne a actor secundario de películas de serie A y a protagonista de infinidad de westerns de serie B (él mismo calculaba que debían rondar las 80), en la que incluso se le quiso convertir en un cowboy cantante (doblado, él no cantaba). Mientras tanto, el género del western cae en desgracia. 

Así, cuando John Ford quiere rodar en 1939 “La diligencia”, se encuentra con que ninguna productora la acepta, así que decide contactar con el productor privado Walter Wanger para poder rodarla. Cuenta con una de las grandes estrellas del momento, Claire Trevor, y con un nada desdeñable reparto, con Thomas Mitchell (que ganará el Oscar a mejor secundario), Donald Meek, John Carradine, George Bancroft… pero para protagonizarla eligió a John Wayne, al que veía como un “chico para todo”, solvente pero no brillante. La película fue un enorme éxito de crítica y de pronto John Wayne se convirtió en estrella:

En 1940 repite con Raoul walsh y Claire Trevor en el western “Mando siniestro”, y rueda de nuevo a las órdenes de Ford “Hombres intrépidos”, drama bélico ambientado ya en plena II Guerra Mundial, en el que vuelve a compartir pantalla con Thomas Mitchell. Y en 1942 estrena, entre otras, la comedia “Dama por una noche”, la película de aventuras “Piratas del mar Caribe”, en la que interpreta al antagonista frente a Ray Milland y el western “Los usurpadores”, en el que se enfrenta a Randolph Scott por el amor de Marlene Dietrich:

Pero Estados Unidos ha entrado en la II Guerra Mundial. Ya en su juventus John Wayne había querido ingresar en la marina, siendo rechazado. Ahora es el momento de alistarse, pero su situación familiar no se lo permite: en 1933 se había casado con la panameña Josephine Alicia Sáenz, y contaba con 4 hijos: Michael, nacido en 1934, Mary Antonia, de 1936, Patrick (futuro actor) en 1939 y Melinda en 1940. Wayne insiste en entrar en el ejército, pero es de los pocos actores famosos que no se ha alistado, y las productoras hacen lo imposible para mantenerlo. Y, pese a todo, las películas que ruede durante la guerra serán prescindibles. Participa también en programas de radio.

En 1945 vuelve a su rescate de nuevo John Ford, dándole uno de los papeles protagonistas (el otro es para Robert Montgomery) en el drama bélico “No eran imprescindibles”, en la que interpretan a dos oficiales que intentarán detener el avance japonés en las Filipinas justo después del bombardeo de Pearl Harbour:

En 1945 se divorcia de Josephine y en 1946 se casa con la actriz mexicana Esperanza Baur, de la que se divorcia en 1953. 

Cinematográficamente no participa en ninguna película relevante hasta 1948, cuando vuelve a trabajar a las órdenes de John Ford, no una, sino dos veces. La primera, “Tres padrinos”, western con tono de comedia en el que tres fugitivos (Wayne, Pedro Armendariz y Harry Carey Jr.), mientras huyen de la justicia (del sheriff Ward Bond) se hacen cargo del hijo recién nacido de una mujer que muere en el parto (Mildred Natwick), poniendo en grave peligro su fuga:

La otra, en “Fort Apache”, película dedicada a la caballería, en la que Wayne interpreta a un militar de campamento, libre, ajeno a la legalidad estricta que representa la academia militar de la que procede Henry Fonda, lo que provoca un enfrentamiento entre ambos:

Pero ese mismo año da la gran sorpresa la da en el magistral western de Howard Hawks “Río Rojo”, en la que interpreta a un tiránico cowboy que busca vengarse de sus hombres que se amotinaron, y en especial de su hijo adoptivo, un jovencito Montgomery Clift:

La interpretación de John Wayne sorprende al mismísimo John Ford, que al parecer, al ver su interpretación, dijo “¡No sabía que ese gran hijo de puta pudiera actuar!”. Y es cierto que aquí Howard Hawks le da a Wayne un papel con una profundidad dramática que no habían tenido sus papeles anteriores, y demuestra su capacidad interpretativa. John Ford tomará buena nota, sin duda. 

Por el momento, John Wayne protagoniza la segunda entrega de la trilogía de la caballería de Ford, “La legión invencible”, en 1959. Ese mismo año protagoniza “Arenas sangrientas”, narración de la batalla de Iwo-Jima, por la que consigue su primera nominación al Oscar:

Pero ese año el Oscar será para Broderick Crawford por “El político”, papel que Wayne rechazó por considerarlo anti-americano. Y es que, pese a haber votado por Franklin D. Roosevelt en años anteriores, John Wayne era un patriota conservador republicano, y la visión crítica del mundo de la política en la película no era de su agrado. 

En 1950 protagoniza la tercera película de la caballería de Ford, la mejor de las tres, “Río Grande”, primera vez que coincide en pantalla con su pareja más emblemática, Maureen O’Hara, interpretando a una pareja que se enfrenta por el destino en la caballería de su hijo, Claude Jarman Jr, acompañados de otros actores frecuentes en la filmografía de Wayne como Victor McLaglen y Harry Carey Jr.:

John Wayne repite con John Ford y Maureen O’Hara (además de Victor McLaglen, Mildred Natwick y Ward Bond, sumándose esta vez Barry Fitzgerald) en la genial comedia romántica “El hombre tranquilo”, una de las mejores películas de Ford y uno de los mejores papeles de Wayne interpretando a ese ex-boxeador que busca cambiar su vida en su Irlanda natal y que tendrá que soportar la oposición del hermano de la mujer de la que se enamora:

En 1953 trabaja a las órdenes de John Farrow en el western “Hondo”, en el que tiene que proteger a una testaruda mujer, Geraldine Page, y a su hijo, del inminente ataque de los indios:

También trabaja a las órdenes de William A. Wellman en “Infierno blanco”, interpretando a un piloto que tiene un accidente en Canadá. Al año siguiente, 1954, repite con Wellman en otra historia de aviación, interpretando a un piloto con problemas para llegar a Hawaii que tendrá que decidir si sigue adelante o regresa a San Francisco, con un reparto completado por Robert Stark o Claire Trevor entre otros, además de la magnífica música de Dimitri Tiomkin:

En 1954 se casa por tercera y última vez, con la actriz peruana Pilar Pallete, con la que estará casado hasta su muerte y con la que tendrá tres hijos: Aissa en 1956, Ethan en 1962 y Marisa en 1966. 

En 1955 vuelve a trabajar a las órdenes de John Farrow en “El zorro de los océanos”, en la que interpreta a un militar alemán que tiene que regresar a su país al estallar la II Guerra Mundial pese a sus pocas simpatías nazis, perseguido por un barco inglés en el que le acusan de un crimen que no ha cometido y llevando a una espía a bordo, interpretada por Lana Turner:

En 1956 protagonizó una de sus más fallidas películas, “El conquistador de Mongolia”, dirigida por Dick Powell, en la que daba vida al mismísimo Gengis Khan. El argumento no hay por dónde cogerlo, y pese a contar con Susan Hayward y Agnes Moorehead en el reparto, fue un fracaso. Al margen de haber sido rodada en terrenos contaminados por radiactividad tras unas pruebas atómicas:

Para compensarlo, ese mismo año protagoniza “Centauros del desierto” de John Ford, uno de los westerns más famosos de la historia (tal vez algo sobrevalorado) en el que interpreta a un veterano de guerra que, tras ver cómo su familia es masacrada por los indios, no cede en la búsqueda de su sobrina (insulsa Natalie Wood), que fue raptada, ayudado al final sólo por Jeffrey Hunter para encontrarla convertida en india, lo que enciende su más profundo racismo:

En 1957, tras rodar la mediocre “Arenas de muerte” junto a Sophia Loren, vuelve a ponerse a las órdenes de John Ford en “Escrito bajo el sol”, biopic del piloto Frank Wead quien, tras sufrir un accidente doméstico que le dejó parapléjico, escribió guines (Ford trabajó con él en “No eran imprescindibles”) y fue instructor de vuelo durante la II Guerra Mundial. En esta ocasión volvía a acompañarle en escena Maureen O’Hara:

Tras rodar en 1958 “El bárbaro y la Geisha” a las órdenes de John Huston, en 1959 vuelve a trabajar con John Ford en “Misión de audaces”, drama bélico ambientado en la Guerra de secesión en la que él, un unionista, tendrá que unirse al confederado William Holden en una misión:

Pero su mejor película de 1959 será el magistral western “Río Bravo”, que Howard Hawks rodó como oposición a “Solo ante el peligro” de Fred Zinnemann: el sheriff no está nunca sólo, cuenta con sus ayudantes, en este caso un borracho Dean Martin, un tullido Walter Brennan, un joven Ricky Nelson (estrella del Rock&Roll de vida desgraciada) y una misteriosa mujer, Angie Dickinson. Además, a diferencia de los westerns tradicionales, aquí los malos no son los indios, sino los ricos terratenientes que contratan a matones para controlar la vida de los pueblos del oeste, cambiando así la visión tradicional del western. Pese a no conseguir ninguna nominación a los Oscars, “Río Bravo” marcará un nuevo rumbo en el género, además de ser uno de los mejores westerns de la historia (en mi opinión le supera, por un pelo, “El hombre que mató a Liberty Valance” en el puesto de mejor western):

Los años 50 han sido los mejores de John Wayne hasta la fecha, pero su carrera sigue todavía en ascenso. Comienza 1960 con un western menor, “Alaska, tierra de oro”, de Henry Hathaway, de carácter más bien cómico, acompañado por Stewart Granger:

Pero ese mismo año su gran película será “El Álamo”, que se atreverá a dirigir él mismo, además de interpretar al mítico David Crockett, con un enorme reparto en el que destacan Richard Widmark y Laurence Harvey, además del propio hijo de John, Patrick Wayne, en la famosa historia del ataque mexicano al fuerte de El Álamo en la Guerra de Independencia de Texas. La película fue un gran éxito, consiguiendo incluso ser nominada al Oscar como mejor película:

En 1961 estrena “Los comancheros”, western a las órdenes de Michael Curtiz. Más productivo será sin duda 1962, en el que, a parte de su pequeña participación en la superproducción “La conquista del Oeste”, estrena tres grandes películas. La primera, la bélica “El día más largo”, detallada historia del Desembarco de Normandía que cuenta con 3 directores y un extenso reparto, en el que destacan Henry Fonda, Robert Mitchum e innumerables pequeños papeles y cameos, como el de Richard Burton:

La segunda es la genial comedia de aventuras “Hatari!”, de Howard Hawks, en la que lidera a un grupo de cazadores de animales salvajes para suministrar a los zoos en Tanzania, junto a Red Buttons o Hardy Kruger entre otros, además de surgir una complicada historia de amor con Elsa Martinelli. Aquí John Wayne demuestra como pocas veces sus magníficas dotes para la comedia:

No voy a negar mi absoluta predilección por esta película, pero es que John Wayne tenía todavía que ofrecer el que es en mi opinión su mejor papel en la otra película que estrenó en 1962, “El hombre que mató a Liberty Valance” de John Ford (ya he mencionado que es, en mi opinión, el mejor western de la historia), en la que Ford arregla todos los defectos que tenía “Centauros del desierto”: los villanos no son los indios, sino los terratenientes, Lee Marvin es un magnífico y creíble villano, las interpretaciones son mucho menos histriónicas y más matizadas (no podía ser de otra forma con James Stewart y Vera Miles como protagonistas) y el Tom Doniphon de Wayne es un papel matizado, realista pero al final derrotado por haber perdido a la mujer que ama. Y, con todo, esta obra maestra obtuvo una única nominación al oscar, a mejor vestuario; Wayne se merecía una nominación a mejor actor secundario más que cualquier otro intérprete:

En 1963, Andrew V. McLaglen, el hijo del actor Victor McLaglen, reúne de nuevo a John Wayne y Maureen O’Hara en el western cómico “El gran McClintock”, divertidísima película en la que participan Yvonne de Carlo y Patrick Wayne:

Wayne se encuentra cómodo en la comedia, y por ello en 1963 protagoniza junto a Lee Marvin y Jack Warden la comedia de aventuras de John Ford “La taberna del irlandés”: será la última película que ruede a las órdenes de Ford:

En 1964 se nos pasa al mundo del circo de la mano del director Henry Hathaway en “El fabuloso mundo del circo”, en la que comparte protagonismo con Rita Hayworth y Claudia Cardinale:

En 1965 es famoso su cameo en la película “La historia más grande jamás contada”, interpretando al centurión romano:

Pero ese mismo año protagoniza dos grandes películas. La primera, “Primera victoria”, de Otto Preminger, un retorno a la II Guerra Mundial, interpretando a un capitán de marina que se enamora de Patricia Neal al tiempo que intenta recuperar su relación con su hijo, el magnífico pero malogrado Brandon de Wilde, además de responder al ataque de Pearl Harbour junto a un magnífico reparto en el que destacan  Kirk Douglas, Henry Fonda o Franchot Tone en su última película:

Y la otra, el magnífico western de Henry Hathaway “Los cuatro hijos de Katie Elder”, en la que interpreta al mayor de 4 hermanos (los otros son Dean Martin, Earl Holliman y Michael Anderson Jr.) que vuelven a encontrarse para intentar recuperar las tierras que le robaron a su recién fallecida madre:

En 1966 protagoniza el segundo western de la trilogía de Howard Hawks iniciada con “Río Bravo”, titulada “El Dorado”, acompañado en esta ocasión por Robert Mitchum y James Caan:

En 1967 protagoniza “Ataque al carro blindado”, interpretando a un ex-presidiario que intenta robar a la persona que le tendió una trampa para encerrarlo y robarle sus tierras, Bruce Cabot (mítico secundario en tantas películas de Wayne), para lo que contará con la ayuda de Kirk Douglas, Keenan Wynn, Robert Walker Jr. y Howard Keel:

En 1968 volvió a la dirección, pero sin tanto éxito como con “El Álamo”: y es que “Boinas verdes”, ambientada en la Guerra de Corea, fue vista desde el principio como una película que se posicionaba a favor de la polémica Guerra de Vietnam (que era a fin de cuentas la posición de John Wayne):

En 1969 trabaja en dos películas a las órdenes de Andrew McLaglen, en el drama sobre bomberos “Los luchadores del infierno” y en el western “Los indestructibles”, en el que comparte pantalla con Rock Hudson:

Pero ese año su mayor éxito fue interpretar al tuerto Rooster Cogburn, agente de la ley contratado por una joven, Kim Darby, para que capture a los asesinos de su padre en “Valor de Ley”, western dirigido de nuevo por Henry Hathaway:

Por este papel John Wayne consiguió su segunda y última nominación al Oscar, pero esta vez se lo llevó a casa:

Quién le iba a decir a John Ford que ese gran hijo de… no sólo era capaz de actuar, sino incluso de ganar un Oscar (merecidamente), y que es grandullón se iba a emocionar al recogerlo. Magnífico por cierto escuchar al tiempo que se levanta la magistral banda sonora de Elmer Bernstein, compositor habitual en sus últimos westerns. 

En 1970 John Wayne trabaja de nuevo con Andrew V. McLaglen en el western “Chisum”, y protagoniza el último film de la trilogía western de Howard Hawks, “Río Lobo”, acompañado en esta ocasión por el mexicano Jorge Rivero y por Christopher Mitchum, el hijo de Robert Mitchum:

En 1971 trabaja por última vez junto a Maureen O’Hara en “El gran Jack”: ella se reúne con su ex-marido cuando unos cuatreros secuestran a su nieto (interpretado curiosamente por el hijo pequeño de John, Ethan), y este consigue la ayuda de dos de sus hijos, Patrick Wayne y Christopher Mitchum, pese a los problemas que ambos tienen con él:

En 1972 protagoniza un simpático western, “Los cowboys”, en el que, sin trabajadores que le ayuden a llevar al ganado, contrata a un grupo de jóvenes, que tendrán que enfrentarse a unos bandidos liderados por Brice Dern que querrán robar el ganado. Es uno de los pocos films en los que John Wayne muere:

En los siguientes años John Wayne protagoniza algunos westerns y películas policiales. Destaca en 1975 “Brannigan”, en la que interpreta a un policía americano que tiene que colaborar con la policía británica, encabezada por Richard Attenborough, para detener a un criminal, aunque la película se centra demasiado en las diferencias entre americanos y británicos:

Ese mismo año retoma su papel de Rooster Cogburn, protagonista de “Valor de ley”, en “El rifle y la biblia”, en la que comparte pantalla con Katherine Hepburn. El duelo interpretativo entre ambos, con esos juegos de ironía, es magistral y digno de ver:

Al año siguiente, 1976, estrena su última película: “El último pistolero”, de Don Siegel, western crepuscular en la que interpreta a un antiguo pistolero que, diagnosticado de cáncer terminal, se instala para morir en la casa de un viuda, Lauren Bacall, incómoda con su pasado, y su hijo, Ron Howard, fascinado por quién fue, para enfrentarse en una batalla final con sus últimos enemigos. La película es en realidad un homenaje a toda su carrera, apareciendo imágenes de algunas de sus películas, con un marcado carácter crepuscular que nos anuncia la despedida del Duque:

En sus últimos años se alejó del Partido Republicano y se acercó al demócrata Jimmy Carter en su defensa de que el canal de Panamá debía ser soberanía exclusiva del estado de Panamá. 

Diagnosticado de cáncer de pulmón en 1966, consiguió superarlo, pero luego sufrió cáncer de estómago. Siempre se ha sospechado que el rodaje de “El conquistador de Mongolia” en zonas contaminadas con radioactividad pudo haberlo provocado (de cáncer habían muerto tanto el director como otros protagonistas de la película). Su última aparición pública, en los Oscars de 1979, dejó en evidencia su mal estado de salud:

Pocos meses después sucumbía al cáncer de estómago, el 11 de junio de 1979. Poco antes de morir se había convertido al catolicismo. Fue enterrado en el Pacific View Memorial Park Cemetery, cerca de Los Angeles. 

John Wayne es el rostro por excelencia del western, pese a haber destacado también en otros géneros, como el bélico o la comedia. Quizá en sus comienzos no fuera un gran actor, pero a base de trabajar (más de 150 películas en su filmografía) terminó convirtiéndose en un magnífico actor que nos dejó una gran cantidad de interpretaciones memorables. 

Centenario del nacimiento de Rita Hayworth (17-10-2018)


El mundo del cine no es un mundo justo, no es ninguna novedad. No es así difícil encontrar casos de grandes injusticias, de películas y estrellas sobre valoradas mientras otras son infravaloradas. Y tenemos casos de películas que, al margen de su calidad artística, suponen un hito cinematográfico que marca la carrera de sus intérpretes de por vida. Ese sería el caso de la actriz que hoy nos ocupa, Rita Hayworth, que para muchos será eternamente “Gilda”, y que cumpliría 100 años en esta misma fecha.




El nombre de nacimiento de Rita Hayworth era Margarita Carmen Cansino, y nació en Nueva York el 17 de octubre de 1918. Su padre era el bailarín sevillano de origen sefardí Eduardo Cansino, y su madre era la actriz americana de origen irlandés Volga Hayworth. Ambos se conocieron actuando juntos en Ziegfield Follies, y se casaron en 1917. Rita fue la mayor de los tres hijos que tuvieron, siendo los otros Eduardo y Vernom, ambos también actores y bailarines.

Su padre estaba empeñado en convertirla en bailarina, y desde apenas 3 años de edad ya comienza a recibir clases de baile. Como confesará más tarde, no le gustaba, pero no se atrevía a decírselo a su padre. Antes de cumplir los 5 años ya debuta en Broadway y en 1926 participa junto a su familia, los Cansinos, en la película “La fiesta”:

En 1927, la familia se traslada a Hollywood, donde su padre funda una academia de baile a la que acudirán futuras estrellas como james Cagney o Jean Hawlor. Pero con la llegada de la Gran Depresión de 1929, se arruina, y regresa a las tablas. La ley de California impide que su hija pueda trabajar, así que a menudo viajan a Tijuana, y en otros casos la hace pasar por su mujer para disimular su edad. Tiempo después la propia Rita confesará que su padre abusaba sexualmente de ella. Además, los constantes viajes le impidieron acudir a la escuela y terminar su educación formal, lo que le acomplejó el resto de su vida.

Su regreso a las pantallas se produce en 1934, en papeles de bailarina. Wanfield Sheeham, presidente de la Fox, se fija en ella y le ofrece un contrato de 6 meses. Ella adopta el nombre artístico de Rita Cansino (Rita como abreviatura de Margarita) y participa en varias películas, entre las que destaca su participación en “Charlie Chan en Egipto”. Pero, cuando su contrato de 6 meses va a expirar, la Fox es absorbida por la Century, formanco la 20th Century Fox. Sheeham quiere a Rita como protagonista de “Ramona”, pero el nuevo presidente, Daryl Zanuck, prefiere a Loretta Young, y su contrato no es renovado.

Es entonces cuando aparece en su vida Edward C. Judson, un charlatán que pretendía ser mánager, que consigue pequeños papeles para ella, y además se casarán en Las Vegas en 1937, algo que enfurece a sus padres.

Rita consigue un papel en la Columbia, en la película “Meet Nero Wolf”, y llama la atención de su presidente, Harry Cohn. Pero este observa que ni su nombre ni su aspecto le permiten adoptar una gran variedad de roles. Rita lucía por aquellos años un aspecto muy diferente al que le asociamos:

Judson toma en cuenta esta opinión: le hace adelgazar, le somete a tratamientos de electrodepilación para ampliar su frente y la convierte en pelirroja, además de hacerle cambiar su nombre artístico por el definitivo de Rita Hayworth, tomando el apellido de su madre. Finalmente, y tras trabajar en numerosos films de serie B en 1937 y 1938, Cohn, enamorado de ella pero nunca correspondido, consigue que el director Howard Hawks cuente con ella en 1939 en su película “Sólo los ángeles tienen alas”, en un papel secundario junto a Cary Grant y Jean Arthur:

Este será el papel por el que su nombre empiece a hacerse popular. Trabaja en varias películas en 1940 y 1941, siendo cedida en algunos casos a la Warner, que quiere contratarla, algo a lo que Cohn se niega. En 1941 la cede a la Fox, la misma que la había rechazado años atrás, para interpretar a la seductor Doña Sol en la adaptación de la novela de Vicente Blaco Ibáñez “Sangre y arena”, seduciendo a al torero interpretado por Tyrone Power y llevándolo por el mal camino, alejándolo de su esposa Linda Darnell:

Aquí interpreta por primera vez su papel más característico, el de Femme fatale, que tanto éxito le dará años después, aunque no sea en Technicolor. Y la película será un gran éxito.

Pero por el momento interesa más ver a Rita Haywort como bailarina. Y el momento no podía ser más adecuado: tras la ruptura con Ginger Rogers, Fred Astaire necesita una nueva compañera de baile, y Rita lo será en dos ocasiones: en 1941 en “Desde aquel beso” y el 1942 en “Bailando nace el amor”:

Fred Astaire confesará años después que Rita Hayworth había sido su mejor pareja de baile. Eso sí, no es ella la que canta, como siempre.

Mientras, en 1942 se divorcia de su marido, que la deja en la miseria, ya que se aprovechaba de las ganancias que ella conseguía. Sorprendentemente, en 1943 se casa con Orson Welles, que sólo 2 años antes había sorprendido a la crítica con su debut como director en “Ciudadano Kane”. Con Welles tendrá a su primera hija, Rebecca, el 17 de diciembre de 1944.

Antes del embarazo había rodado otro musical, a las órdenes de Charles Vidor y junto a Gene Kelly, “Las modelos”:

Gracias al éxito de este musical, rodará dos más, “Esta noche y todas las noches” en 1945 y “La diosa de la danza” en 1947. Pero entre medias se colará otra película, de temática muy distinta. Y es que el director Chales Vidor recurre a ella para interpretar a la seductora “Gilda”, la protagonista de su nueva película de cine negro junto a Glenn Ford:

La película es un inmediato éxito de público, pero no de crítica: ni Rita Hayworth ni Glenn Ford fueron nunca nominados al Oscar, aunque tuvieron buenos papeles para conseguirlo: el estigma de “Gilda” perduraba. Además, no resultaría fácil conseguir un éxito semejante.

Tal fue la fama que alcanzó la película que se pegó una imagen de la actriz en una bomba atómica que se lanzó en las pruebas nucleares del Atolón Bikini, algo que la enfureció. Hayworth, que no ocultaba sus simpatías demócratas, era pacifista y se oponía a las pruebas nucleares.

En 1947 rueda un gran éxito de crítica pero no de público, “La Dama de Shangay”, dirigida y co-protagonizada por su marido, Orson Welles, en la que retoma su papel de Femme fatale de cine negro:

Al público no le gusta el cambio de look de Hayworth, de rubia y con el pelo corto, y tampoco le agrada a Cohn, que no había sido consultado. Y, mientras tanto, su matrimonio naufraga, ya que Welles no está dispuesto a sacrificar su libertad por formar una familia estable. Pese a que la propia Rita Hayworth afirmara que fue el gran amor de su vida, se divorció en 1947.

Intentando retomar su carrera, regresa junto a Glenn Ford en “Los amores de Carmen”, interpretando a la heroína de la obra de Mérimée, que será un gran éxito:

Pero Rita Hayworth abandonará el cine después de este rodaje, ya que en 1949 se casa con el príncipe iraní Ali Khan, con quien tendrá ese mismo año una hija, Yasmin. Pero diversas situaciones hacen que este matrimonio tampoco funcione. Ali Khan lleva un estilo de vida que ella es incapaz de seguir, y además tiene una reconocida fama de mujeriego, lo que provocará un primer intento de divorcio en 1951. Además, Hayworth no se convierte al Islam, como había prometido, y se empeña en que su hija sea criada como católica, contra los deseos del príncipe. El divorcio definitivo (con la custodia de su hija asegurada) llega en 1953.

Ya antes del divorcio, en 1952 regresa al cine, de nuevo junto a Glenn Ford (por tercera vez) en otro drama negro, “La dama de Trinidad”:

En 1953 rueda “La Bella del Pacífico”, junto a José Ferrer, en la que retoma el papel que años atrás interpretara Joan Crawford, y protagoniza “Salomé”, de William Dieterle, en la que vuelve a lucir su talento como bailarina ante Charles Laughton, Judith Anderson o Stewart Granger:

Pero volverá a ausentarse de las pantallas por unos años, de nuevo a causa de su nuevo matrimonio. En este caso, el elegido es el cantante (y actor ocasional, por ejemplo en el musical “State Fair”) Dick Haymes, nacido en Argentina y que siempre se negó a obtener la ciudadanía americana. Acusado de antipatriotismo por no unirse al ejército durante la II Guerra Mundial, estaba todavía casado cuando conoce a Rita Hayworth, pero no tarda en divorciarse para casarse con ella en 1953. Pero, endeudado por tener que pagar a sus ex-mujeres, Rita tiene que hacerse cargo de muchos de los gastos, además de enfrentarse a su ex-marido por la custodia de su hija, lo que le sumirá en una crisis. Cuando, en 1955, Haymes la golpea en público, ella lo abandona. Pero su manager, Cohn, envidioso de Haymes, a quien es posible que arruinara su carrera, castiga tambiñen a Hayworth, que sólo rodará de nuevo para Columbia por última vez en 1957, en el que será su último musical, “Pal Joey”, junto a Frank Sinatra y Kim Novak:

En 1958 se casa por quinta y última vez, con el productor James Hill, que le consigue un papel en la aclamada “Mesas separadas”, junto a un reparto de lujo encabezado por David Niven y Burt Lancaster, en el que será el inicio de un intento por convertirse en una actriz dramática:

En 1959, siguiendo en esa línea de actriz dramática, protagoniza el thriller judicial “Sangre en primera página”, y tiene uno de sus mejores papeles en el drama bélico de Robert Rossen “Llegaron a Cordura”, en la que interpreta a una traidora que se convierte en la única aliada del militar Gary Cooper que la escolta de vuelta a los Estados Unidos cuando el resto de militares se revelan contra él:

Rita Hayworth quiere retirarse del cine, pero su esposo insiste en que siga trabajando. Según declaró Chartlon Heston, en una cena que compartieron en España, él la humilló violentamente. En ese momento se encontraba rodando la comedia de robos “Último chantaje”, junto a Rex Harrison, que se estrena en 1961, el mismo año en el que la pareja se divorcia, alegando ella maltrato mental, como ya había hecho en casos anteriores.

Ya durante su matrimonio con Orson Welles, éste había detectado que Rita Hayworth bebía mucho, aunque nunca pensó que fuera alcohólica. Pero ya a principios de los años 60 su deterioro físico y mental hacen sugerir un problema con el alcohol. De hecho, Hayworth apenas trabaja ya en el cine. Pese a todo, conseguirá su única nominación al Globo de Oro por su papel en “El fabuloso mundo del circo”, de 1964, junto a John Wayne y Claudia Cardinale:

En 1965 rueda, de nuevo y por última vez junto a Glenn Ford, “La trampa del dinero”, pero en 1966, en la película para televisión “Las flores del diablo” luce un aspecto demacrado y mentalmente ido. Pese a trabajar en varias películas europeas, Hayworth no es capaz de memorizar los guiones. Se asocia al alcoholismo lo que son los síntomas de una enfermedad poco conocida en aquella época, el Alzheimer. Trabaja por última vez en 1972, en el western “La ira de Dios”, junto a Robert Mitchum:

El único motivo por el que aceptó participar en el film fue su necesidad de dinero. Su situación se complica cuando, en 1974, sus dos hermanos mueren con pocos días de diferencia, lo que le hace caer más en el alcohol. Las especulaciones concluyen cuando en 1981 se le diagnostica finalmente el Alzheimer, siendo la primera figura pública a la que se le diagnostica una enfermedad descubierta a comienzos de siglo pero ignorada hasta pocos años antes. Su estado de salud va declinando hasta que, en febrero de 1987, cae en coma, muriendo el 14 de mayo de ese mismo año. Fue enterrada en el católico Holy Cross Cemetery de Culver City, California.

Gilda hizo de Rita Hayworth un icono del cine, pero fue en parte también su maldición, al ser incapaz de repetir el éxito conseguido por esta película. Pese a haber realizado posteriormente papeles mucho mejores, en la retina del público seguía marcado a fuego ese streptease de guante negro que escandalizó a la sociedad de su época y la convirtió en una estrella.



130 años del nacimiento de Max Steiner (10-05-2018)


Fue quien revolucionó la visión que Hollywood tenía sobre las Bandas Sonoras tras la llegada del cine sonoro. Trabajador incansable, autor de unas 300 bandas sonoras, entre ellas algunas de las más memorables partituras cinematográficas, recordamos en el 130 aniversario de su nacimiento a Max Steiner.

Maximilian Raoul Steiner nació el 10 de mayo de 1888 en Viena, por aquel entonces capital del Imperio Austro-Húngaro y una de las ciudades musicalmente más importantes del momento. La familia Steiner, de origen judío, estaba muy vinculada al mundo teatral, mientras su madre había sido bailarina. De hecho, su padrino fue el compositor Johann Strauss. Vinculado desde muy niño al teatro, en especial al musical, las inclinaciones artísticas del joven Steiner no tardan en despuntar, abandonando la Universidad Tecnológica para poder estudiar en la Academia Imperial de Música. Allí, su enorme talento es percibido por grandes compositores como Gustav Mahler o Robert Fuchs, que le darán clases privadas, permitiéndole superar en un año cuatro cursos. Estudia numerosos instrumentos, además de armonía, contrapunto y composición.




En seguida despunta como compositor de opereta y como director de orquesta. Su éxito dirigiendo “Die lustige Witwe” de Franz Léhar hace que sea invitado a dirigirla en Londres en 1906. Steiner se establece en la capital británica, como compositor y director de obras teatrales y de sinfonías. Y allí permanecerá 8 años, hasta 1914, cuando comienza la I Guerra Mundial. Steiner es austriaco, y por lo tanto es visto como enemigo por la sociedad inglesa, así que gracias a su amistad con Hugh Grosvenor, duque de Westminster, consigue huir a Nueva York, donde llega en la miseria en diciembre de 1914.

Pero, una vez en Nueva York, comienza de inmediato a trabajar en Broadway, apenas en la faceta de compositor (“Peaches”de 1923), pero sí como director e incluso como arreglista y orquestador (orquestará por ejemplo la partitura de George Gershwin para “Lady be good” en 1924). En 1927 orquestaráy dirigirá el estreno de musical “Rio Rita” de Harry Tierney, y cuando en Hollywood se planea la adaptación cinematográfica del musical, en 1929, llaman a Max Steiner para dirigir la adaptación musical. Steiner se traslada a Los Angeles, y trabaja ya en exclusiva para el cine. Entre sus primeros trabajos relevantes se encuentran “Cimarron”, un western de 1931, y “Ave del paraíso”, película de aventuras de 1932. Pero su gran oportunidad vendrá cuando, en 1932, David O’Selznik cuenta con él para componer la partitura de “La melodía de la vida”, drama judío para el que compone un tema, como era característico en la época, para que suene en la apertura de la película. Pero Selznik se queda tan satisfecho con la partitura, que le encarga escribir más música, que sonará a lo largo de la película:

Pero será en 1933 cuando por fin aparezca su verdadero estilo. Ese año, la productora RKO, para la que Steiner estaba trabajando, iba a estrenar la ambiciosa “King Kong”. Originalmente, los productores no tenían intención de utilizar nueva música para la película, pero los decepcionantes resultados de los efectos especiales les empujaros a llamar a Steiner y darle carta blanca para componer una extensa partitura a lo largo de todo el film:

No era la primera partitura importante de Steiner, que ya había llenado de música la práctica totalidad del metraje de “Ave del paraíso”, pero en esta ocasión, la partitura fue todo un éxito. Si ya en 1931 la partitura que Alfred Newman había compuesto para “La calle” de King Vidor era más ambiciosa de lo tradicional (una pista más o menos larga para los títulos de crédito iniciales, una pista breve para el final de la película y, en ocasiones, algo de música diegética, es decir, que suena en la propia película, que los personajes están escuchando, en un baile o por la radio, por ejemplo), todavía se seguía evitando incorporar música que acompañara los diálogos de los personajes, por temor a que estos se perdieran. Steiner, por el contrario (al igual que Newman), considera que la música puede realzar las emociones del film, además de ayudar a ambientarlo. Por eso, su música tiene una gran riqueza cromática y temática. Pero todavía no ha llegado el tiempo de lucirla en su máximo esplendor, y partituras como la de “Las cuatro hermanitas”, película de George Cukor protagonizada por Katherine Hepburn, van a seguir ancladas en el concepto de tema inicial y poco más:

Max Steiner también adapta la música que se va a utilizar en algunos de los más importantes musicales de los años 30, en especial en esos protagonizados por Fred Astaire y Ginger Rogers, como “La alegre divorciada”, de 1934:

Más ambiciosa será en 1934 su partitura para “La patrulla perdida”, film bélico de John Ford ambientado en Mesopotamia. Sus ritmos irregulares le imprimen ese ambiente tenso que repetirá en numerosas ocasiones posteriores (e incluso reutilizará en “Casablanca”, como veremos más adelante):

Max Steiner recibirá sus dos primeras nominaciones al Oscar por ambas películas, “La alegre divorciada” y “La patrulla perdida”.

Repite con John Ford (y con el actor Victor McLaglen, que protagoniza ambas películas) en 1935 con “El delator”, partitura de carácter de nuevo opresivo, al contarnos la historia de un delator del IRA:

Esta partitura le valdrá su primer Oscar, aunque en estas fechas este premio no lo recibe el compositor, sino la productora.

Pero poco después, Selznik abandona la RKO y se lleva consigo a Steiner, que compondrá en 1936 la partitura de “El jardín de Alá”, que le valdrá una nueva nominación al Oscar. Además, Steiner firma un contrato con la Warner, siendo su primer trabajo para esta productora “La carga de la brigada ligera”, film bélico protagonizado por Errol Flynn y Olivia de Havilland, en el que de nuevo luce su capacidad para transmitir el dinamismo de las escenas bélicas y las marchas militares, como en este tema principal:

Pero en la Warner, Steiner se va a encontrar con un duro competidor: Erich Wolfgang Korngold, un prestigioso compositor clásico recién llegado a Hollywood, que goza de un contrato privilegiado y apenas compone una partitura al año. Steiner compondrá muchas partituras anuales, en películas como “La vida de Émile Zola”, “Ángeles con caras sucias” o “Jezabel”, película de William Wyler protagonizada por Bette Davis y Henry Fonda, para la que compone un bellísimo vals, de ritmo vienés en su tema principal y otro ritmo más agitado, de subdivisión ternaria, de sonoridad más eslava, en el segundo tema. Las influencias clásicas centroeuropeas de Steiner quedan claras:

El uso de la música para destacar aspectos fundamentales de la película resulta aquí muy evidente. Basta con volver a verla y fijarse en como un pequeño apunte musical subraya el momento en el que un mosquito pica a Henry Fonda (aunque esto sería un gazapo. Alerta spolier: se supone que los ricos burgueses de Nueva Orleans huyen al campo para no contagiarse de la fiebre amarilla, y que Henry Fonda se contagia por ir a menudo a la ciudad, pero la mencionada escena en la que le pica un mosquito transcurre en el campo, con lo que no tiene sentido).

Mientras, Max Steiner sigue trabajando con Selznik: “El pequeño Lord” en 1936, “Ha nacido una estrella” en 1937 y “Las aventuras de Tom Sawyer” en 1938, en la que se percibe su asimilación del estilo musical más propiamente americano, que conoce a fondo por su trabajo en musicales en sus primeros años americanos:

Pero Selznik llevará a la fama absoluta a Max Steiner con su siguiente y más ambicioso productor: la adaptación de la novela de Margaret Mitchell “Lo que el viento se llevó”, dirigida originalmente por George Cukor y posteriormente por Victor Fleming y protagonizada por Clark Gable y Vivien Leigh. La duración de la película ronda las 4 horas, y Steiner llena el metraje de música, en la que probablemente sea su mejor partitura (y la mejor banda sonora de todos los tiempos). El Tema de Tara es uno de los temas cinematográficos más célebres de la historia del cine, y con razón:

Pero, ¿qué tal encaja con las escenas, que es a fin de cuentas lo que nos importa? Veamos la escena más mítica de la película:

Steiner usa un recurso operístico muy wagneriano: el leitmotiv. Un leitmotiv es un tema musical asociado a un personaje, un lugar o una situación concreta. Por lo tanto, cada vez que lo escuchemos a lo largo de la ópera o de la película, sabemos que ese personaje, ese lugar o esa situación tienen una gran importancia en la escena. Pues bien, el tema de Tara es el leitmotiv de un lugar, de Tara, pero en realidad significa algo más: el hogar. Tras sufrir los horrores de la guerra, Scarlett tiene que huir de una Atlanta a punto de caer en manos Yankis y sólo desea volver a su hogar. Y cuando lo hace, se encuentra con una situación desoladora: pobreza, miseria, muerte, incluyendo la de su madre… no, el regreso al hogar no es lo que ella esperaba. Y además está ansiosa por poder comer. Por eso escuchamos esa melodía llena de tensión al comienzo de la escena. Entonces pronuncia el juramento de que nunca volverá a pasar hambre, y escuchamos ese tema de Tara: no importa la situación que se haya encontrado, Scarlett vuelve a estar en su hogar, y eso es lo que le da esa emotividad al tema, que tiene un notable carácter nostálgico, no es un tema alegre precisamente. Además, el tema es interpretado por los metales, mientras las cuerdas tocan el acompañamiento: estos metales le dan un componente heroico: el esfuerzo que ha costado volver a Tara ha sido titánico, pero ha merecido la pena, porque por fin volvemos a casa.

Por cierto, Selznik quería que Steiner usara música clásica en la partitura, pero Steiner pensaba que los americanos estaban familiarizados con muchos temas de música popular, pero no tenían la cultura clásica necesaria para entender las citas de compositores clásicos. Por eso, en las partituras de Steiner vamos a encontrar numerosas citas de canciones populares o de marchas militares, pero muy pocas referencias a obras clásicas.

En 1939, Max Steiner recibe dos nominaciones al Oscar, por “Lo que el viento se llevó” y por “Amarga victoria”. Pero, incomprensiblemente, ese año se irá de vacío.

Aquí se hace necesario explicar el estilo compositivo de Steiner. Él contaba con un dispositivo que le permitía ver la película montada y cronometrar exactamente en qué momento transcurría cierta escena clave. Mientras, iba desarrollando los leitmotivs que iban a aparecer en la partitura, y, una vez compuestos, los adaptaba al tiempo que le daba el cronómetro para que encajaran a la perfección con el momento que él buscaba. Los resultados están a la vista.

En los siguientes 4 años va atrabajar en exclusiva para la Warner. Su primera partitura remarcable será la de “La carta” en 1940, película de William Wyler de nuevo protagonizada por Bette Davis y ambientada en el sudeste asiático. Como cualquier gran compositor clásico, Steiner recurre a temas orientales que contribuyan a la ambientación de la película, mientras los temas más íntimos van a tener ese carácter opresivo tan característico de las partituras de Steiner:

Por esta partitura recibirá una nueva nominación al Oscar, nominación que repetirá en 1941 por “El sargento York”, dirigida por Howard Hawks y protagonizada por Gary Cooper, en la que pasa de los temas de carácter más intimista de la primera mitad de la película a los temas militares de la segunda mitad:

Hay que destacar, en todo caso, que con un ritmo de trabajo tan frenético, Steiner por lo general sólo compone los temas, pero no los orquesta; esta labor cae a menudo en manos de Hugo Friedhofer, hasta que éste comience a destacar como compositor y sea sustituido por Murray Cutter.

En 1942 compone algunas de las mejores bandas sonoras de su carrera. Vuelve a trabajar con Errol Flynn y Olivia de Havilland, dirigidos por Raoul Walsh, en la mítica “Murieron con las botas puestas”, para la que compone uno de los temas de amor más bellos que salieron nunca de su pluma, además de temas de marcado carácter militar:

También compone la partitura de otra película mítica, “Casablanca”, dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Humphrey BogartIngrid Bergman y Claude Rains:

Aquí escuchamos un tema que nos recuerda demasiado al que ya hemos escuchado en “La patrulla perdida”. Además, Steiner usa como leitmotivs dos canciones existentes (nada novedoso, compositores como Wagner o Meyerbeer también lo habían hecho un siglo antes): por una parte, el himno francés, la marsellesa, que sirve como leitmotiv de libertad, de la resistencia anti-nazi, y por otro ese “As time goes by” de Herman Hupfeld, que sirve como tema de amor. Steiner quiso utilizar una canción suya, pero como la película ya había sido rodada, había que volver a rodar algunas escenas, y como Ingrid Bergman se había cortado el pelo para rodar “Por quién doblan las campanas” y no se encontró ninguna peluca que se asemejara a su cabello, no pudo incluirse la canción que Steiner quería componer. Por esta partitura, Steiner será nominado al Oscar (aunque Casablanca no entra en los Oscars de 1942, sino en los de 1943).

Y su otra gran partitura de ese año es “La extraña pasajera”, de nuevo con Bette Davis, Claude Rains y Paul Henreid (el Victor Lazslo de Casablanca), en una partitura de estilo melodramático en la que destaca la belleza de la melodía principal, lo que nos enlaza con la tradición melódica francesa, ya que las influencias musicales de Steiner, en especial las del romanticismo europeo, son numerosísimas:

Nueva nominación al Oscar, que en esta ocasión consigue llevarse a casa. Y, a diferencia de lo que sucedía en 1935, ahora sí que el Oscar se entrega al compositor.

En 1943 sigue trabajando en películas que en su momento fueron grandes éxitos, como “Alarma en el Rhin”, que le valió el Oscar a mejor actor a Paul Lukas, pero que hoy está completamente olvidada. Más destacables son sus trabajos de 1944. Una de ellas es “Las aventuras de Mark Twain”, protagonizada por Fredric March y Alexis Smith, con una sonoridad plenamente americana que le valdrá una nueva nominación al Oscar:

Ese año colabora también con el director Frank Capra (con quien había trabajado el año anterior en un documental) en la negrísima comedia “Arsénico por compasión”, protagonizada por Cary Grant, en la que combina melodías románticas, cómicas, de intriga y otras simplemente grotescas, según lo requiera la cambiante situación de tan alocada película:

También en 1944, la Warner trata de repetir el éxito de “Casablanca” con la casi olvidada “Pasaje a Marsella”, de nuevo con Michael Curtiz, Humphrey Bogart, Claude Rains, Peter Lorre o Sidney Greenstreet. Lógicamente, la partitura se le encarga a Max Steiner, que aquí, a diferencia de “Casablanca”, recurre mucho más a temas compuestos por él mismo, destacando la belleza melódica del tema de amor:

Y ese año vuelve a trabajar para Selznik por primera vez desde “Lo que el viento se llevó”, en esta ocasión para un drama ambientado en la II Guerra Mundial, en las esposas y familias que se quedan sin el padre, que está combatiendo en el frente. La película, protagonizada por Claudette Colbert, Jennifer Jones y Joseph Cotten, requiere de un tema principal tranquilo, amable, como la protagonista, pero al mismo tiempo capaz de transmitir esa nostalgia por el marido ausente, mientras Steiner compone otros temas de distinto carácter, destacando la grotesca melodía asociada al perro, interpretada por el fagot, y otros temas de carácter militar que nos recuerden la situación bélica que estamos viviendo, o cita la canción de cuna de Brahms:

Esta película le valdrá a Max Steiner su tercer y último Oscar. Trabajar con Selznik parece que le traía buena suerte.

En los siguientes años, sus mayores éxitos llegarán con adaptaciones musicales, como en “Rapsodia en azul”, de 1945, biopic de George Gershwin, o en 1946 con “Noche y día”, biopic de Cole Porter protagonizado por Cary Grant, ambos valedores de una nominación al Oscar. Pero quizá su partitura más reseñable de esos años sea la del clásico de cine negro “El sueño eterno”, de Howard Hawks, con Humphrey Bogart y Lauren Bacall, en cuyo tema principal va a predominar el aspecto más romántico de la película:

En 1947, es nominado por partida doble al Oscar, una por el musical “My wild irish rose” y la otra por “Vivir con papá”, comedia de Michael Curtiz protagonizada por William Powell, Irene Dunne y Elizabeth Taylor, de ritmo desenfadado y sonoridad de nuevo ya plenamente americana:

En 1948 destacan sus trabajos en dos películas protagonizadas por Humphrey Bogart, y ambas dirigidas por John Huston. La primera será la opresiva “Cayo Largo”, con Lauren Bacall, Edward G. Robinson y Lionel Barrymore, en la que consigue transmitir a la perfección ese ambiente de permanente tensión que requiere el film:

La otra será el drama “El tesoro de Sierra Madre”, en una partitura con la sonoridad mexicana que requiere la ubicación del film y que muestra también un carácter opresivo, como la atmósfera que viven esos ambiciosos buscadores de oro capaces de cualquier cosa con tal de conseguir el ansiado premio:

También trabaja de nuevo para Errol Flynn, en “El burlador de Castilla”, en la que consigue reproducir la música tradicional española, además de trabajar en un género, el de capa y espada, que tradicionalmente se había asociado a Korngold (“El capitán Blood”, “Robin de los bosques”, “El halcón de mar, todas ellas protagonizadas por Errol Flynn):

Pero su mejor trabajo ese año, y el único por el que consigue estar nominado al Oscar, será su trabajo en “Belinda”, la historia de una joven sorda interpretada por Jane Wyman que es violada. El tema principal, de nuevo de una exquisita belleza, nos transmite la inocencia de esta joven que, en el fondo, es una niña:

En 1949 recibe una nueva nominación al Oscar por “Más allá del bosque”, drama de King Vidor con Bette Davis y Joseph Cotten, y en 1950 es nominado por otra magnífica partitura, la de “El halcón y la flecha”, film de capa y espada protagonizado por Burt Lancaster y ambientado en el norte de Italia. Steiner recurre a ritmos típicos italianos, como la tarantella, para conseguir la mejor ambientación posible, aunque podamos encontrar similitudes incluso con la sinfonía italiana de Mendelssohn:

En 1951 compone la partitura del western de Raoul Walsh “Tambores lejanos”, protagonizado por Gary Cooper, y en la que de nuevo destaca su capacidad de ambientación gracias a la música, por el uso de percusiones que puedan evocarnos a los indios norteamericanos:

En 1951 pone música a la bélica “La flota silenciosa”, protagonizada por John Wayne, en una partitura llena de tensión:

En 1952 es nominado al Oscar por “El mensaje de Fátima”, y repite nominación en 1954 por la magistral partitura de “El motín del Caine”, magistral drama militar protagonizado por Humphrey Bogart y José Ferrer, para el que compone una de sus mejores marchas militares:

Ese mismo año se estrena en el género histórico, hasta ese momento propiedad de Alfred Newman y Miklós Rózsa, en “El talismán”, historia ambientada en las cruzadas con Rex Harrison y Virginia Mayo de protagonistas:

Y repite género, de forma más afortunada, en “Helena de Troya”, con un memorable tema principal que nos recuerda a sus grandes partituras del pasado:

Y ese año vuelve a estar nominado al Oscar por el drama bélico “Más allá de las lágrimas”, de nuevo dirigido por Raoul Walsh:

Pero su mejor partitura de la década está por llegar. Max Steiner no era el compositor preferido de John Ford, que prefería los estilos de Alfred Newman o Victor Young, en general menos ambiciosos, y con menor presencia en el metraje, que las partituras de Steiner, pero se vio obligado a contar de nuevo con él para uno de sus mejores westerns, “Centauros del desierto”, protagonizado por John Wayne y Jeffrey Hunter. Escuchando la magistral partitura que compone Steiner, sólo queda recordar que los grandes genios también se equivocan, y Ford no iba a ser la excepción:

Pero la película, incomprensiblemente, no recibe ninguna nominación al Oscar, y ni siquiera Steiner se libra de esta maldición que parecen tener los westerns de John Ford.

En 1959 trabaja en otro western, “El árbol del ahorcado”, dirigido por Delmer Daves y protagonizado por Gary Cooper. El ritmo de trabajo de Steiner se ha reducido considerablemente, y aquí no es difícil escuchar por momentos el mismo tema que sonaba en “Centauros del desierto”:

Y, pese a todo, Steiner alcanza ese año uno de los mayores éxitos (al menos comercialmente hablando) con el tema principal de “En una isla tranquila del sur”, también dirigida por Delmer Daves, protagonizada con la joven pareja de moda, Sandra Dee y Troy Donahue; esto permite a Steiner ser conocido por una nueva generación que en esos momentos se encontraba en la adolescencia:

Buscando repetir el éxito, Delmer Daves vuelve a contar con él en “Parrish”, drama protagonizado por Claudette Colbert, Karl Malden y, cómo no, Troy Donahue, el guaperas del momento. En un momento en el que la forma de entender las bandas sonoras está cambiando (influencias del jazz y de músicas populares la época, los cambios de concepto de Bernard Herrmann o Jerry Goldsmith), el estilo de Steiner también ha cambiado. Poco queda de aquel brillante compositor de estilo tardorromántico de creatividad incansable. Sus nuevas partituras, conservando aún en parte la brillantez melódica de su periodo de esplendor, han perdido mucha de la brillantez que tenían apenas una década antes:

Delmer Daves será uno de los directores que siga contando con él en los siguientes años, como prueba su colaboración en “Más allá del amor”, de nuevo con Troy Donahue, acompañado ahora por Angie Dickinson:

El otro será Raoul Walsh, que contará con él para el western “Una trompeta lejana”, protagonizado de nuevo por Troy Donahue (y pensar que hoy día nadie se acuerda de este actor…), en una partitura que recuerda peligrosamente a la marcha militar de “La carga de la brigada ligera):

Su último trabajo será para una película de la Disney, “Those Calloways”, de 1965. El tema grotesco para describir a los gansos para los que la familia Calloway quiere construir una reserva es de nuevo un recurso ya utilizado por Steiner, aunque la partitura no carece e interés:

En 1963, Max Steiner escribe una autobiografía que, por desgracia, no se publicó, y en la que parece ser que contaba detalles desconocidos de su infancia. De hecho, se desconoce de la fecha de divorcio de su primera esposa, con la que se casó en 1912. Steiner se casaría otras tres veces, pero sólo tendría un hijo, Ron, con su tercera esposa, la arpista Louise Klos. Su hijo murió en 1962, justo antes de comenzar a escribir sus memorias.

Retirado en sus últimos años, Max Steiner moría de un infarto el 28 de diciembre de 1971 en Beverly Hills a los 83 años, siendo enterrado en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery de Glendale.

Max Steiner se ganó con su incansable labor un importante lugar en la historia de la música cinematográfica, que revolucionó y que dominó durante dos décadas en las que nos regaló muchas de las partituras más memorables del Hollywood clásico. Aún a día de hoy sigue siendo un referente de todos los compositores sinfonistas de Hollywood, de los que fue el primer gran exponente.



40 años de la muerte de Howard Hawks (26-12-2017)


Una de las grandes discusiones cinéfilas es tratar de acordar cuál ha sido la mayor injusticia de los Oscars. Las propuestas son numerosas: Hitchcock, Cary Grant, Greta Garbo… hoy vamos a hablar de alguien que muy bien podría ocupar ese triste lugar, uno de los mejores directores de cine de la historia, versátil, capaz de hacer genialidades en innumerables géneros, que no sólo no ganó nunca un Oscar, sino que además sólo fue nominado en una única ocasión. Hoy, aprovechando el 40º aniversario de su muerte, hablamos de Howard Hawks.




Howard Winchester Hawks nació el 30 de mayo de 1896 en Goshen, en el estado de Indiana. Fue el mayor de los 6 hijos que tuvieron Frank y Hellen Hawks, familia acomodada que se había casado un año antes. Por problemas de salud de una de sus hermanas, la familia se traslada definitivamente a California en 1910. Howard Hawks estudia ingeniería mecánica en Nueva York, donde entra en contacto con el teatro, y se alista en las fuerzas armadas durante la I Guerra Mundial, en el ejército del aire, ya que tanto él como su hermano Kenneth eran pilotos aficionados.

Howard Hawks era además aficionado a las carreras de coches, en las que en 1916 conocerá a otro piloto aficionado, Victor Fleming, que había comenzado a trabajar en Hollywood como director de fotografía. Así, terminada la Guerra, Hawks consigue trabajo en la industria cinematográfica gracias a Fleming, consiguiendo ser director de fotografía de Cecil B. de Mille, entre otros.

En 1926, la Fox le ofrece dirigir sus propias películas (aunque ya había dirigido algunas escenas de las películas en las que trabajaba), siendo su debut “El espejo del alma”, hoy perdida, de la que filmará un remake, ya en cine sonoro, 10 años después. En total dirigirá 8 films mudos. Mientras, en 1928 se casa por primera vez, con Athole Shearer, hermana de la actriz Norma Shearer, de la que se divorciará en 1940.

En 1930 debuta en el cine sonoro, en el drama bélico “La escuadrilla del amanecer”, ambientado en la I Guerra Mundial en la fuerza aérea, basada en una historia de John Monk Saunders en la que al parecer el propio Hawks intervino, y que protagonizó la estrella del momento, Richard Barthelmess:

Ese mismo año, su hermano Kenneth fallece en un accidente de avión mientras dirige una escena de aviación en la película “Such men are dangerous”.

En 1931 dirige el drama carcelario “El código criminal”, que muchos consideran una de sus mejores películas, con Walter Huston como el alcalde de una prisión que trata de rescatar a un joven, Philips Holmes, al que años atrás, siendo abogado, consiguió encarcelar. En la película aparece además el gran Boris Karloff:

Problemas con la censura (el Código Hays que ya se estaba creando por esas fechas) provocan el retraso del estreno de su siguiente película, la genial “Scarface”, mito del cine de gangsters producida por el excéntrico Howard Hughes y protagonizada por un enorme Paul Muni:

También en 1932 estrena un drama ambientado en el mundo de las carreras de coches, “Avidez de tragedia”, protagonizada por James Cagney, y el drama “Pasto de tiburones”, con un triángulo amoroso encabezado por Edward G. Robinson:

En 1933 dirige el drama bélico “Vivamos hoy”, con un triángulo amoroso formado por Gary Cooper, Joan Crawford y Franchot Tone. Hawks ha dirigido dramas bélicos, aventuras, cine negro, dramas amorosos… pero en 1934 se convierte en uno de los creadores del género cinematográfico por excelencia de los años 30, las screwball comedies, al dirigir “La comedia de la vida”, considerada, junto con “Sucedió una noche” de Frank Capra, la primera en el género. Comedia de ritmo alocado y diálogos delirantes, protagonizada por John Barrymore y Carole Lombard, es una sátira del mundo del teatro:

En 1935 estrena “La ciudad sin ley”, drama criminal, de nuevo con un triángulo amoroso de fondo, con un Edward G. Robinson que actúa como el mafioso dueño y señor de San Francisco en el siglo XIX y que se pelea con el iluso Joel McRea por el amor de Miriam Hopkins:

En 1936 estrena “Camino a la gloria”, remake de la primera película que dirigió, “El espejo del alma”, drama bélico protagonizado por Fredric March; estrena también otro film de aviación, “Águilas heroicas”, protagonizado por James Cagney, y comienza a dirigir el drama “Enemigos”, con Edward Arnold, Joel McRea, Frances Farmer y Walter Brennan, pero problemas con el productor, Samuel Goldwyn, provocan que sea sustituido en mitad del rodaje por William Wyler.

Su carrera llega a uno de sus puntos culminantes con su siguiente película, la genial Screwball comedy (quizá la mejor en su género) “La fiera de mi niña”, con Cary Grant, Katherine Hepburn y dos leopardos, uno pacífico y otro salvaje. Risas aseguradas:

El personaje de Katherine Hepburn en este film cumple con el estereotipo de mujer hawksiana: de lengua vivaz, capaz de vencer al hombre en combate dialéctico y de hacer lo que sea con tal de salirse con la suya. No es que Howard Hawks fuera un feminista, desde luego, pero en sus películas las mujeres no sufren la acción ni son personajes pasivos o sufridores, sino justo lo contrario.

En 1939 dirige otra de sus películas de aviación, “Sólo los ángeles tienen alas”, de nuevo con un triángulo amoroso formado por Cary Grant, Jean Arthur y Rita Hayworth:

En 1940 estrena “Luna nueva”, adaptación de la obra teatral “Primera plana”, llevada al cine en numerosas ocasiones, en otro magistral ejemplo de Screwball comedy protagonizada por Cary Grant y Rosalind Russell:

1941 es uno de sus mejores años. Por un lado estrena “Bola de fuego”, genial adaptación del cuento de Blancanieves y los 7 enanitos con guión de Billy Wilder y Charles Brackett, protagonizada por Gary Cooper y Barbara Stanwyck:

Y estrena también “El sargento York”, drama bélico sobre un joven campesino que tiene que ir a la guerra, interpretado de nuevo por Gary Cooper:

Por esta película recibirá Howard Hawks la única de sus nominaciones al Oscar, como mejor director. Perderá frente al gran John Ford.

Su siguiente película, estrenada en 1943, es un film de propaganda bélica en plena II Guerra mundial, contando la historia de un grupo de militares de la fuerza aérea que se ven sorprendidos por el bombardeo de Pearl Harbour, y que será su última película ambientada en el mundo de la aviación:

En 1944 estrena la adaptación de la obra de Ernest Hemingway “Tener y no tener”, drama bélico y cine negro al mismo tiempo, la primera película que protagonizaron juntos Humphrey Bogart y la recién llegada Lauren Bacall:

El éxito de la película y de la pareja le lleva a repetir fórmula en 1946 con “El sueño eterno”, cine negro de muy difícil comprensión pero que sigue siendo un clásico del género:

En 1948 debuta en un nuevo género que le traerá grandes éxitos, el western, con la magnífica “Río Rojo”, con Montgomery Clift en uno de sus primeros (y mejores papeles) y con un John Wayne que demostró que podía ser un gran actor (o al menos se lo demostró a su amigo John Ford, que por lo visto no creía tanto en él como Hawks):

Ese mismo año dirige un remake en clave musical de “Bola de fuego”, “Nace una canción”, de la que no se sentirá especialmente orgulloso, protagonizada por Danny Kaye y Virginia Mayo:

En 1949 regresa a la Screwball comedy con “La novia era él”, disparatada historia de un soldado que tiene que disfrazarse de mujer para volver a América junto a su mujer, protagonizada por Cary Grant y Ann Sheridan:

En 1951 produce y, al parecer, dirige buena parte del film de terror “El enigma de otro mundo”, dirigida en teoría por Christian Nyby:

En 1952 estrena un nuevo western, “Río de sangre”, protagonizado por Kirk Douglas, y otra Screwball comedy, “Me siento rejuvenecer”, de nuevo con Cary Grant, en este caso junto a Ginger Rogers, Marilyn Monroe, Charles Coburn y un chimpancé (siempre hay algún animal de por medio en sus crewball comedies: en “La fiera de mi niña” era un leopardo, y aquí un chimpancé):

Y repite con Marilyn Monroe en 1953 en la genial “Los caballeros las prefieren rubias”, junto a Jane Russell y Charles Coburn, en otra de sus mejores comedias:

En 1955 dirige un film histórico, la poco realista pero no por ello menos brillante “Tierra de faraones”, con Jack Hawkins y Joan Collins:

Tras 4 años sin estrenar nada, en 1959 estrena el primer film de su trilogía de westerns, la magnífica “Río Bravo”, que sigue un esquema similar al de las dos siguientes: un reducido grupo encabezado por el sheriff se enfrenta a una banda de matones (oponiéndose así al modelo de “Solo ante el peligro”). En este caso los protagonistas son John Wayne, Walter Brennan, Dean Martin, Ricky Nelson y Angie Dickinson:

Si no existiera John Ford, este sería probablemente el mejor western de la historia.

Y cambiamos de género. En 1962 nos lleva de aventura a la sabana de Tanzania en la genial “Hatari!”, protagonizada por John Wayne y Elsa Martinelli:

Tengo una predilección especial por esta película.

En 1964 dirigió su última comedia, “Su juego favorito”, con Rock Hudson y Paula Prentiss, y en 1965 vuelve al mundo del automovilismo con “Peligro… línea 7000”. Pero será en 1966 cuando vuelva a su mejor estilo con el segundo western de su trilogía, “El Dorado”, con John Wayne, Robert Mitchum y James Caan:

Y Howard Hawks se retirará del cine en 1970 con la última entrega de la trilogía, “Río Lobo”, de nuevo con John Wayne, Jorge Rivero y el hijo de Robert Mitchum, Christopher. No tenemos ninguna escena en Youtube que compartir.

Probablemente esta retirada del cine fuera un aviso a la Academia,que así se vio en la obligación de reconocer una de las más brillantes trayectorias como director cinematográfico con un Oscar honorífico en 1977 que le entregará, como no, John Wayne:

Howard Hawks sobrevivirá dos años más. Un accidente con su perro le provocará una caída de la que no se recuperará, muriendo el 26 de diciembre de 1977 a los 81 años.

Con Howard Hawks se nos iba uno de los más brillantes y polifacéticos directores de Hollywood, autor de numerosas obras maestras y, por qué negarlo, uno de mis directores favoritos.

50 años de la muerte de Paul Muni (25-08-2017)


Aún entre los cinéfilos, pocos recuerdan su nombre, y menos aún su cara, y aún así fue una de las más destacadas estrellas del Hollywood de los años 30. Caído en el olvido desde los años cuarenta, hoy, cuando se cumplen 50 años de su desaparición, nos toca intentar hacerle justicia a Paul Muni.




El verdadero nombre de Paul Muni era Frederich Meshilem Meier Weisenfreund, y nacío el 22 de septiembre de 1895 en la ciudad de Lemberg, en la provincia austro-húngara de Galitzia (hoy día la ciudad de Lviv, en el oeste de Ucrania) en el seno de una familia de actores teatrales judíos. De hecho, su idioma materno será el Yidis.

En 1902, la familia se traslada a Estados Unidos y se establece en Chicago. Allí, el joven “Moony”, como era conocido, siguiendo los pasos de sus padres, debuta en el teatro local Yidis a los 12 años, interpretando a un anciano de 80, iniciando su pasión por las caracterizaciones y maquillajes complicados con los que transformaba completamente su figura. No tarda en alcanzar gran éxito dado su talento. Además, en 1921 se casa con Bella Finkel, otra actriz del teatro Yidis.

En 1926 debuta en Broadway, actuando por primera vez en inglés. Su prestigio como actor le lleva a firmar un contrato con la Fox (usando el nombre de Paul Muni, siendo Muni una adaptación del nombre con el que era conocido de niño, Moony) en 1929, debutando en el cine ese mismo año con “El valiente”, drama sobre un condenado a muerte. Gracias a este papel recibe su primera nominación al Oscar (en total se llevará 5, ganando una vez), pero la película no es un éxito comercial. Como su siguiente película, “Seven faces”, estrenada también en 1929, vuelve a ser un fracaso, regresa temporalmente a Broadway. Y es que Muni será siempre un actor de teatro más que de cine.

Vuelve a Hollywood en 1932 para filmar el clásico del cine de mafiosos “Scarface”, dirigido por Howard Hawks. Su interpretación del Gangster Tony Camonte, característico por su cicatriz en la cara, le devolvió al panorama cinematográfico:

También en 1932 protagoniza el drama carcelario “Soy un fugitivo” de Mervyn LeRoy, en la que su talento interpretativo le vale una segunda nominación al Oscar:

Había que estar ciego para no darse cuenta de que había nacido una estrella, y fue la Warner la que supo aprovecharse de ello, firmando un contrato con él.

Paul Muni protagoniza en los siguientes años algunos dramas y cine negro, pero en 1935 insiste hasta conseguir convencer a la Warner de filmar una película biográfica, algo que no se hacía desde la época de George Arliss (quien ganara el Oscar a mejor actor en 1930 por interpretar al primer ministro británico Disraeli). El resultado será “La tragedia de Luois Pasteur”, dirigida por William Dieterle:

Para prepararse el papel, Paul Muni lee todo lo que encuentra sobre el científico francés para poder meterse en su piel. El resultado: gana el Oscar a mejor actor:

Para verle, hay que ir al minuto 1:10.

En 1935 estrena también el drama “Barreras infranqueables”, dirigido por Archie Mayo, en el que comparte pantalla nada menos que con Bette Davis.

Tras un año sin estrenar nada, Paul Muni vuelve al cine en 1937, de nuevo con un drama biográfico en el que de nuevo está irreconocible: “La vida de Émile Zola”, ambientada en la época del “Caso Dreyfuss”, siendo interpretado el militar judío por Joseph Schildkraut:

La película gana el Oscar a mejor película, mejor guión y mejor secundario para Schildkraut. Esta vez Paul Muni, también nominado, se va de vacío.

Curiosamente, a William Dieterle no le gustaba el estilo interpretativo de Muni, ya que le resultaba en exceso histriónico (algo por otra parte bastante común en actores provenientes del teatro). Ese histrionismo resulta bastante más evidente en otro gran éxito que protagoniza en 1937, “La buena tierra” de Sidney Franklin, en la que interpreta a un campesino chino casado con Louise Rainer, que ganará el Oscar a mejor actriz:

Tras pasarse otro año, 1938, sin estrenar ninguna película, en 1939 estrena el drama negro “No estamos solos”. Y vuelve al cine biográfico, de nuevo dirigido por William Dieterle, en “Juarez”, en mi opinión su mejor papel, interpretando al presidente mexicano Benito Juarez, que tiene que enfrentarse al Emperador Maximiliano, interpretado por Brian Aherne, y a su esposa Carlota (Bette Davis en uno de sus mejores papeles). Aquí no hay histrionismo en la interpretación de Muni, sino una absoluta interiorización del personaje:

Pero Paul Muni cada vez trabaja menos en cine y dirige de nuevo su atención al teatro. Su siguiente estreno será en 1941, historia de aventuras ambientada en la exploración de Canadá en el siglo XVII, junto a actores como Vincent Price, John Sutton o Gene Tierney, en la que da rienda suelta a su histrionismo:

Su siguiente papel destacable será en 1944, en “Canción inolvidable”, esta vez como secundario, interpretando a Józef Elsner,  profesor de Frederic Chopin, interpretado por Cornel Wilde, dando de nuevo rienda suelta a su histrionismo:

Tras protagonizar un nuevo film bélico, en 1946 cambia de registro en la comedia “El diablo y yo”, dirigida de nuevo por Archie Mayo, en la que interpreta a un gangster asesinado que llega a un acuerdo con el diablo, interpretado por Claude Rains:

No vuelve a trabajar en cine en los años 40. Y Hollywood respira aliviado: Paul Muni no tiene buena fama. Pese a su timidez y deseo de pasar desapercibido, no soporta ver a nadie vestido de rojo en el set de rodaje, y su mujer es odiada por los directores por inmiscuirse continuamente en los rodajes. Muni vuelve al teatro (y realiza alguna aparición televisiva). Es en el escenario donde su técnica brilla más, donde mejor se percibe su estilo interpretativo, que ha ido trabajando desde niño, y que le permite ser perfectamente oído en el auditorio incluso cuando susurra. Protagoniza, entre otras, “Muerte de un viajante” y “Herencia del viento”, aunque tiene que suspender las representaciones de esta última en 1955 cuando se le diagnostica un tumor en el ojo, que tiene que ser extirpado. Poco después vuelve a seguir con las representaciones de la obra.

Paul Muni, que en 1952 había trabajado en cine en “Imbarco a mezzanotte” de Joseph Losey, vuelve por última vez en 1959 con “The last angry man”, drama ambientado en el mundo de la televisión que le vale una última nominación al Oscar. Pero sus crecientes problemas de salud le obligan a abandonar la interpretación, siendo su última aparición en 1962 en la serie “Saints and sinners”:

Retirado de la vida pública en su casa de California, Paul Muni moría allí el 25 de agosto de 1967 a causa de problemas cardíacos, siendo enterrado en el Hollywood Forever Cemetery.

Si habría que definir qué es una estrella apagada, en el sentido de olvidada, Paul Muni sería el prototipo perfecto: enormemente admirado durante unos pocos años, rápidamente olvidado, pero un enorme actor al que habría que devolver al primer plano del que nunca debió salir.



100 años del nacimiento de Robert Mitchum (06-08-2017)


Fue, junto con Gregory Peck, uno de los últimos grandes actores en llegar al Hollywood clásico, y siguió siendo una estrella por décadas en los más diversos estilos: comedia, drama, cine negro, cine bélico, western… sobresaliendo en todos ellos. Hoy que se celebra el centenario de su nacimiento repasamos la carrera de Robert Mitchum.




Robert Charles Durman Mitchum nació el 6 de agosto de 1917 en Bridgeport, estado de Connecticut. Tenía una hermana mayor, Annette, nacida en 1914, y que también sería actriz, conocida como Julie Mitchum. Su padre, James, de origen irlandés, trabajaba en el ferrocarril, y en 1919 sufrió un accidente que acabó con su vida antes de que Robert cumpliera dos años. Poco después, su madre, Ann, se enteró de que estaba embarazada, naciendo su tercer hijo, John (que también sería actor) en septiembre. Se volverá a casar poco después con un oficial de la marina, que le ayudó a criar a sus tres hijos (y a la niña que tendrían ambos años después).

La infancia de Robert Mitchum fue problemática, envuelto siempre en peleas, por lo que su madre lo envía a vivir con sus abuelos cuando tiene 12 años. No tarda en ser expulsado del instituto, y se traslada a vivir con su hermana a Nueva York, pero al ser también expulsado del instituto, se dedica a viajar en tren por el país ejerciendo diversos oficios, entre ellos el de boxeador. Arrestado por vagancia en Savannah, vuelve inmediatamente con su familia y conoce a la chica con la que se casará, Dorothy Spence, pero no tarda en volver a los trenes.

Mientras, en 1936, su hermana se traslada a California, seguida por el resto de su familia, incluido Robert. Julie convence a su hermano de que se adentre en el mundo de la actuación, entrando en una compañía teatral para la que también escribe breves obras, además de ejercer otros trabajos. Mientras, en 1940 se casa con Dorothy Spence, con la que tendrá dos hijos: James en 1941 y Christopher en 1943. La pérdida de uno de esos trabajos le empujará a trabajar de extra en el cine, consiguiendo su primer papel acreditado en “La patrulla fronteriza”, en 1942, perteneciente a la serie de westerns de serie B protagonizados por el ficticio Hopalong Cassidy. Trabajará en varias películas más de la serie en los dos años siguientes. Pero será en el drama bélico “30 segundos sobre Tokio”, protagonizado por Van Johnson, en el que consiga llamar la atención del director Mervyn LeRoy, lo que le valdrá un contrato de 7 años con la RKO.

Tras un Western de moderado éxito, “Nevada”, Robert Mitchum participará en 1945 en “También somos seres humanos”, otro drama bélico en la que interpreta al oficial de las tropas a las que acompaña el reportero de guerra Ernie Pyle (interpretado por Burgess Meredith) en la campaña del sur de Italia:

(No he conseguido mejor vídeo en Youtube que no sea la película completa).

Por este papel recibirá su primera y única nominación al Oscar (algo incomprensible) en la categoría de mejor secundario.

En 1946 asienta su carrera en el ámbito del cine negro con un papel secundario en “Corrientes ocultas” de Vincente Minnelli, como el hermano del sospechoso Robert Taylor, cuya desaparición despierta las sospechas de la esposa de éste, Katherine Hepburn:

Otra película de cine negro destacable será “Encrucijada de odios”, de Edward Dmytrik, estrenada en 1947, en la que un compañero del ejército es asesinado y Robert colabora con el inspector a cargo de la investigación:

Ese mismo año protagoniza la película de Jacques Tourneur “Retorno al pasado”, en la que el retorno de un viejo amigo interpretado por Kirk Douglas le obliga a contarle a su novia, Jane Greer, su turbio pasado:

En 1949 es arrestado junto a la actriz Lila Leedspor posesión ilegal de cannabis y pasa una temporada en la cárcel. Tras regresar a los estudios, protagoniza el drama familiar “El poni rojo” junto a Myrna Loy, en la que interpreta a un antiguo maestro de rodeos que ahora tiene que intentar salvar la vida del caballo del título:

Pero vuelve al cine negro ese mismo año con “El gran robo” de Don Siegel, de nuevo junto a Jane Greer:

En 1950 repite en el género negro con “Donde habita el peligro”, junto a Faith Domergue y Claude Rains:

Repite un papel similar en 1952 en “Cara de ángel” de Otto Preminger, primera vez que comparte pantalla con Jean Simmons, una astuta joven que le obliga a Robert Mitchum a entrar en su juego de odios y venganzas:

Ese mismo año, Josef von Sternberg lleva el campo del cine negro a un escenario más exótico, y así tenemos a Robert Mitchum protagonizando “Una aventurera en Macao” junto a Jean Russell:

En 1954 tenemos de nuevo a Robert Mitchum compartiendo pantalla con Jean Simmons, en este caso en una comedia romántica (género al que no se suele asociar la figura de Mitchum), “Guapa pero peligrosa”:

También en 1954 protagoniza el western de Otto Preminger “Río sin retorno” junto a Marylin Monroe, con la que al parecer mantuvo un romance (uno más de los muchos que tuvo, pese a lo que nunca se divorció de su mujer), en la que tendrá que descender por un peligroso río en una balsa junto a su hijo y Marylin para salvar su vida y, de paso, buscar venganza:

En 1955, tras protagonizar el drama “No serás un extraño”, Charles Laughton le contrata como protagonista de la única película que dirigirá el actor inglés, “La noche del cazador”, en la que interpreta a un malvado presidiario capaz de cualquier cosa con tal de conseguir el tesoro que su compañero de celda, antes de ser ejecutado,  le contó tener oculto en su casa, lo que incluye casarse con su mujer, asesinarla y perseguir a sus hijos. Muchos consideran que Harry Powell, el nombre de este personaje, es el mejor papel de Mitchum:

En 1955 funda con su esposa Dorothy una productora para producir cinco películas para la United artist, de las que sólo realizará 4, destacando su primera colaboración con Deborah Kerr, “Sólo Dios lo sabe”, de 1957, dirigida por John Huston, en la que interpreta a un militar que queda aislado en una isla controlada por los japoneses durante la II Guerra Mundial  junto a una monja interpretada por Kerr. Resultará ser uno de los mejores papeles de ambos, y Robert Mitchum recibirá incluso una nominación al BAFTA (pero de nuevo los Oscars le ignoran):

También en 1957 Robert Mitchum, que había destacado por su voz, publica el primero de sus dos discos como cantantes, “Calipso”, que destaca por sus ritmos exóticos, como en este “Coconur water”:

Por esos años, Robert Mitchum comienza también a destacar en films bélicos, como “Duelo en el Atlántico”, en la que se enfrenta en una guerra de submarinos a Curd Jürgens:

Su gran año será 1960, en el que participa entres memorables películas (en mi opinión, las tres estarían entre las 5 imprescindibles de Robert Mitchum). La primera, el drama de época “Con él llegó el escándalo”, dirigido por Vincente Minnelli, junto a Eleanor Parker, George Peppard y un recién llegado George Hamilton:

La segunda, la genial comedia sobre adulterios de Stanley Donen “Página en blanco”, en la que la rudeza de Mitchum contrasta con sus compañeros británicos, el elegante Cary Grant, la deliciosa Deborah Kerr y la alocada Jean Simmons:

Y la tercera, su última colaboración junto a Deborah Kerr (trabajaron juntos tres veces, igual que hizo con Jean Simmons) en el drama de Fred Zinnemann “Tres vidas errantes”, en la que interpretan a una familia de nómadas australianos que siempre desean establecerse en una casa, pero los problemas económicos se lo impiden:

En 1962 forma parte del inmenso reparto de la bélica “El día más largo”, pero si ese año destaca por una película es sin duda por “El cabo del terror”, en la que interpreta al villano Max Cady que busca vengarse del abogado que lo envió a prisión, interpretado por Gregory Peck:

En 1963 protagoniza la película de aventuras “Safari en Malasia” junto a Elsa Martinelli:

En 1964 interpreta a uno de los maridos de Shirley McLaine en la comedia de J. Lee Thompson “Ella y sus maridos”:

En 1966 trabaja junto a John Wayne en “El Dorado”, el segundo western de la trilogía que rueda Howard Hawks (curiosamente, en el tercero, la infravalorada “Río Lobo”, el que trabaja es su hijo, Christopher Mitchum), “El Dorado”:

En 1968 protagoniza otro film bélico, de nuevo bajo órdenes de Edward Dmytrik, “La batalla de Anzio”:

Mientras, en 1967 publicaba su segundo disco, en el que destaca el exitoso sigle “Little old wine drinker me”:

En los siguientes años, Robert Mitchum protagoniza diversos westerns, mientras rechaza protagonizar “Patton”, ya que en 1970 prefiere trabajar a las órdenes del gran David Lean en “La hija de Ryan”, en la que interpreta a un profesor en Irlanda casado con una mujer más joven que, en plena I Guerra Mundial, le pone los cuernos con un soldado británico, y será precisamente el ultrajado marido el que tenga que defenderla de la ira del pueblo:

Este es en mi opinión el mejor papel de Robert Mitchum, en el que nos muestra su faceta más sensible. Y su nominación al Oscar se daba por segura en esta ocasión… pero no, no la tuvo. Y, para colmo, quien ganó el premio fue precisamente George C. Scott por “Patton”, la película que rechazó protagonizar. Por cierto, magnífico e igualmente ignorado en los premios el cura que interpreta Trevor Howard.

En 1974 protagoniza el thriller de Sydney Pollack “Yakuza”, demostrando su capacidad de adaptarse a los nuevos tiempos y e los nuevos gustos cinematográficos:

En 1975 vuelve al cine negro con “Adiós, muñeca”, junto a Charlotte Rampling, en la que interpreta al mítico detective literario Philip Marlowe:

En 1976 participa en la última película de Elia Kazan, “El último magnate”, ambientada en el Hollywood de los años 30:

Más thrilers y cine bélico marcan la parte final de la carrera de Robert Mitchum, en la que destaca su participación en el drama de Andrei Konchalovsky “Los amantes de María”, en la que interpreta al padre del protagonista, John Savage, que vuelve de la guerra para reencontrarse con su antiguo amor, Nastassja Kinjski, objeto de deseo de todos los hombres:

Aparece también en películas y series para la televisión, de entre las que destaca “Norte y sur” y en diversos documentales sobre Hollywood. Continúa trabajando hasta el final de su vida, siendo su último papel destacado en “Dead Man” de Jim Jarmusch, en 1995, junto a Johnny Depp:

Poco afortunado en los premios, en 1992 recibió finalmente un Premio Cecil B. De Mille (un Globo de Oro honorífico):

Escasa recompensa para un actor que llevaba 50 años dando lo mejor que tenía en el mundo del cine.

Fumador empedernido toda su vida, murió el 1 de julio de 1997 en Santa Barbara a consecuencia del cáncer de pulmón que padecía, semanas antes de cumplir 80 años. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas esparcidas por el mar.

Con Robert Mitchum se iba una de las grandes estrellas del cine negro, pero también a uno de los actores más versátiles de su generación, a un actor de la vieja escuela, alejado de los histrionismos del Actor’s studio, un actor de los de verdad, de los que con un ligero gesto facial era capaz de emocionar (o de aterrorizar, según lo que requiriera el personaje). Uno de esos actores a los que tanto echamos de menos hoy día.



30 años de la muerte de Danny Kaye (03-03-2017)


Fue uno de los grandes actores cómicos de los años 40 y 50, destacando por su polivalencia como cantante, bailarín, cómico gestual o su capacidad de hablar a gran velocidad. Era además un destacado cocinero y embajador de UNICEF. Por eso vamos a recordar la carrera de Danny Kaye, que murió un día como hoy hace 30 años.




El nombre real de Danny Kaye era David Daniel Kaminsky, y había nacido el 18 de enero de 1911 en Brooklyn, Nueva York. Sus padres eran judíos ucranianos que tuvieron dos hijos en su ciudad de origen, Dnipropetrovsk, antes de emigrar a Estados Unidos en 1909. Danny fue el único que nació ya en América.

Su madre murió cuando él apenas era un adolescente, y poco después abandona sus estudios y se va con un amigo llamado Louis a Florida, donde sobrevive cantando mientras su amigo tocaba la guitarra. Cuando regresa a Nueva York, su padre no le presiona para que retome sus estudios, lo que frustrará su idea de ser cirujano, y se buscará la vida de distintas formas, hasta entrar en el teatro, donde debuta en 1933. Es en ese momento cuando adopta el nombre de Danny Kaye.

Poco después la compañía de teatro en la que trabaja realiza una gira por Asia. Estando en Osaka, Japón, en 1934, la ciudad sufre un tifón que a punto estuvo de costarle la vida. Esa noche, en el espectáculo, se vio obligado a cantar todo lo que pudo sin megafonía, y como el público no entendía inglés, tuvo que recurrir a la pantomima, faceta que desarrollará a lo largo de su carrera.

De vuelta en Estados Unidos, debuta en el cine en 1935 en un corto cómico. Pero continúa trabajando en el teatro, donde conoce a la compositora y letrista Sylvia Fine, con la que se casa en 1940. Nunca se divorciarán, pese a que estaban en realidad separados desde 1947, teniendo Kaye numerosas amantes (la acusación de homosexualidad ha sido negada por su hija). Tuvieron una única hija, Dena, nacida en 1946.

En 1941 llega su gran éxito en teatro con “Lady in the dark”, en la que interpreta la canción “Tchaikovsky” de Kurt Weill e Ira Gershwin, en la que recita nombres de compositores rusos a una velocidad de vértigo y sin apenas respirar:

Su debut definitivo en Hollywood llegará en 1944 con la película “Rumbo a Oriente”, en la que interpreta a un hipocondríaco que tiene que trabajar como ascensorista en un hospital. Es de destacar que, ya desde ésta, todas sus películas serán en Technicolor (excepto dos al final de su carrera), en una época en la que todavía se rodaba mucho en blanco y negro; por ello, se tiñe de rubio, aunque era pelirrojo, ya que queda mejor en color:

En 1945 protagoniza “Un hombre fenómeno”, en la que tiene que desdoblarse en dos hermanos: uno, un showman que es asesinado por unos mafiosos, y otro, su hermano, un tímido bibliotecario al que su gemelo recurre como fantasma para esclarecer el crimen. La escena culminante, en medio de una función de ópera, es realmente hilarante:

En esta película coincide con la debutante Vera-Ellen, con la que trabajará posteriormente, y también con Virginia Mayo, que será su pareja habitual en sus siguientes películas.

De hecho, repite con ambas en la genial “El asombro de Brooklyn”, de 1946,  en la que interpreta a un lechero que noquea a un campeón del mundo del boxeo y acaba metido en combates, siendo un artista en esquivar golpes pero nefasto a la hora de darlos:

Con Virginia Mayo volverá a coincidir en 1947 en “La vida secreta de Walter Mitty”, en la que interpreta a un sencillo hombre que se evade de la realidad imaginando vidas paralelas, hasta que se vea metido en una aventura de verdad. Muy superior al remake de Ben Stiller, sin duda:

Las películas de Danny Kaye no eran dirigidas por directores de prestigio. Pero en 1948, Howard Hawks dirige, contra su voluntad, un remake de una película anterior suya, “Bola de fuego”, que habían protagonizado Gary Cooper y Barbara Stanwyck. Sustituyendo el mundo académico por el musical, Danny Kaye será el jefe del grupo de académicos musicales que, mientras realiza una enciclopedia sobre música, buscando la música moderna, se verá envuelto en medio de la mafia cuando la novia de un capo, a la que conoce en un espectáculo nocturno, busque refugio en la casa de los académicos para ocultarse de la policía… hasta que surja el amor. Ella, cómo no, será Virginia Mayo. Y por mucho que el gran Hawks la odiara, es una película divertidísima, con Danny Kaye repitiendo ese papel de inocente que tan bien se le daba:

En 1949 protagoniza “El inspector general”, en la que interpreta a un hombre que es confundido con el citado inspector general en un pueblo que tiene mucha corrupción que ocultar, por lo que es agasajado por los altos mandos hasta que la llegada del verdadero inspector general provoque más malentendidos:

Luce de nuevo todo su repertorio de muecas faciales.

En 1951 gana un Globo de Oro a mejor actor de comedia (en su primera nominación) por “En la costa azul”, en la que de nuevo juega con los equívocos entre dos personajes, en este caso un héroe militar francés y, como no, un cantante. Compartirá reparto con Gene Tierney:

Destacar por cierto su magnífico juego de acentos, otra de sus habilidades.

En 1952 protagoniza “El fabuloso Andersen”, película musical que recrea de forma ficticia la vida del famoso escritor de cuentos danés. Preciosa película en la que destaca su complicidad con Joseph Walsh, el niño que interpreta a Peter, el huérfano que le acompaña:

Es una película muy recomendable, en especial por su emotivo final.

En 1954 acompaña a Bing Crosby en “Navidades blancas”, comedia de enredos de Michael Curtiz con música de Irving Berlin, en la que, a parte de la famosa canción navideña que le da título, le tenemos en algún número de baile junto a Vera-Ellen en uno de sus últimos papeles:

En 1956 protagoniza “El bufón del rey”, trasladando la comedia de equívocos a la edad media, y en la que tiene que enfrentarse nada menos que a Basil Rathbone:

En 1958 estrena dos películas. La primera, “Loco por el circo”, en la que interpreta a un profesor que, en medio de una excavación arqueológica, acaba metido en un circo, lo que termina afectando a su vida amorosa. Junto a Pier Angeli y el bajo bufo operístico Salvatore Baccaloni, le tenemos en este gran número musical, “Salud”:

Y protagoniza también “Yo y el coronel” de Peter Glenville, comedia bélica ambientada en la II Guerra Mundial en la que interpreta a un refugiado judío que tiene que convivir con un militar antisemita interpretado por Curd Jürgens. Por esta película Danny Kaye ganará su segundo Globo de Oro (dos nominaciones y gana en ambas):

En 1959 interpreta por fin un papel dramático, en el biopic del trompetista de Jazz Red Nichols en la película “Tu mano en la mía”. Aunque eso no significa que deje de cantar, claro:

En 1961 protagoniza otra comedia de equívocos ambientada en la II Guerra Mundial, “El doble del general”, mientras en 1963 protagoniza su última película, “Solo contra el hampa”, nueva comedia ambientada en medio de la mafia:

Sólo volverá a aparecer en cine en 1967 en un papel secundario en “La loca de Chaillot” que protagoniza Katherine Hepburn. Y es que su carrera se traslada a la televisión (a parte de una puntual vuelta a los escenarios teatrales en 1970). En 1955 había ganado un Oscar honorífico:

Pero su carrera como embajador de UNICEF le lleva a ser premiado con un Oscar humanitario Jean Hersholt en 1982:

Y es que, pese a su carrera como cómico, demostró su faceta más seria en esta tarea como embajador de UNICEF, así como en algunos papeles televisivos de su última etapa. Será de hecho el encargado de recoger el Nóvel de la paz que se conceda precisamente a UNICEF, y en 1986 recibió la Legión de Honor francesa. Destacó además en su faceta como cocinero de comida asiática. Realiza además parodias musicales en las que dirigía una orquesta o cantaba junto a cantantes de ópera tan prestigiosas como la soprano Beverly Sills:

Problemas de corazón le llevaron a ser sometido a una operación en la que se le realizó un cuádruple by-pass, pero una transfusión de sangre durante la operación le contagió de Hepatitis C. Finalmente, su corazón falló y murió el 4 de marzo de 1987 en Los Angeles, siendo sus cenizas enterradas en el Kensico Cemetery de Nueva York.

Con una faceta humanitaria que merecería ser más conocida, Danny Kaye fue un cómico de un talento físico excepcional. Quizá su tipo de humor esté pasado de moda, pero su labor permanece en la historia del cine y de organizaciones humanitarias.



60 años sin Humphrey Bogart (14-01-2017)


Un día como hoy hace 60 años nos dejaba un icono del cine, uno de los actores más influyente de Hollywood y, de paso, mi actor favorito (y protagonista de mi película favorita, Casablanca), el inolvidable Humphrey Bogart.




Humphrey DeForets Bogart había nacido probablemente el día de navidad, 25 de diciembre de 1899 (aunque hay investigadores que sugieren que fue una estrategia de marketing y que su verdadera fecha de nacimiento sería el 23 de enero de 1900), el primer hijo de una pareja económicamente bien situada. Tuvo dos hermanas menores. Su madre, militante sufragista y directora de arte de una revista, usó al pequeño en algún anuncio publicitario, pero en la familia las muestras de afecto eran infrecuentes. Mal estudiante, fue expulsado de la universidad de Yale en 1918, por lo que se alista en la marina (había heredado de su padre la pasión por los barcos), donde en un accidente sufre una cicatriz en la boca que afectará su forma de hablar.

A su vuelta de la marina se encuentra con que su familia se haya en apuros económicos, por lo que ideológicamente se convierte en un liberal. Obligado a trabajar, se reencuentra con un amigo de la infancia, Bill Brady, cuyo padre, William A. Brady, tenía una compañía teatral. Humphrey Bogart trabajó para la compañía como escritor, productor y director, aunque no destaca en ninguna de estas facetas, hasta que debuta como actor en 1921, apareciendo en pequeños papeles en varias producciones. Por esta época comienza también su adicción al alcohol (que era ilegal en Estados Unidos en aquella época).

Bogart trabaja en innumerables obras teatrales de Broadway hasta 1935, cosechando críticas dispares. Interpreta por lo general papeles secundarios de galán en comedias. Trabajando en teatro conoce precisamente a sus dos primeras esposas; en 1922 conoce a Helen Menken, con quien se casa en 1927, divorciándose en 1927, casándose por segunda vez en 1928 con Mary Philips, que al igual que la anterior era actriz y mujer de mucho carácter (por su infancia, a Bogart le atraían las mujeres con carácter, que le recordaban a su madre).

El crack bursatil de 1929 afecta seriamente al teatro, por lo que muchos de los rostros más populares de Broadway emigran a Hollywood para trabajar en el cine, que además con el paso del cine mudo al sonoro necesita nuevas estrellas con voces adecuadas para sustituir a estrellas de cine mudo con voces feas o acentos muy marcados. Humphrey Bogart será uno de los actores teatrales que emigren a Hollywood, trabajando en pequeños papeles en películas perdidas o apenas conocidas.

En 1930 conoce por fin a un actor de Broadway al que admira, Spencer Tracy, del que se hará gran amigo y compañero de bebida. Spencer Tracy debuta en el cine precisamente ese año en la película de John Ford “Río arriba”, en la que coincidirá con Bogart por única vez:

Se hace raro ver tan jóvenes a ambos. Por cierto, será Spencer Tracy el primero en llamar a Bogart “Bogie”.

La carrera cinematográfica de Humphrey Bogart no despega (a diferencia de la de Tracy), por lo que hasta 1935 vive a caballo entre Hollywood y Broadway, pasando temporadas sin trabajo. Por esas fechas sus padres se han divorciado, y su padre muere en 1934; Bogart hereda su anillo de oro, que siempre llevaba consigo y que luce en numerosas películas.

Humphrey Bogart pasa por una temporada difícil, con su matrimonio en crisis (se divorciará en 1937) y sin apenas trabajo, hasta que se le ofrece interpretar al mafioso Duke Mantee en la obra teatral de Robert E. Sherwood “El bosque petrificado”, que protagoniza Leslie Howard. Su trabajo es un gran éxito, el primero de su carrera, y se realizan casi 200 funciones de la obra.

Pero cuando la Warner compra los derechos de la obra para la adaptación cinematográfica, que protagonizarán el propio Leslie Howard y Bette Davis, buscan a un actor más conocido para el papel del mafioso, siendo elegido Edward G. Robinson. Entonces Leslie Howard lanza un ultimátum: o Humphrey Bogart interpreta a Mantee, o él no participará en la película. La productora cede, y le da el papel a Bogart. La película es un éxito y lanza a Bogart al estrellato; él nunca olvidará el gesto de Leslie Howard:

El problema es que Humphrey Bogart queda encasillado en papeles de mafioso o, en el mejor de los casos, a protagonizar películas menores que se descartan para las grandes estrellas del estudio. Podemos destacar por ejemplo su papel secundario en “Ángeles con caras sucias”, de 1938, junto a James Cagney:

Trabaja en varias ocasiones más junto a James Cagney, que le quitará siempre el protagonismo, destacando en “Los violentos años 20”, de 1939:

Hay que destacar su participación en 1939, como secundario, en “Amarga victoria”, junto a Bette Davis, con quien ya había trabajado en numerosas ocasiones anteriores. Aquí no interpreta a un mafioso, y lo cierto es que ya percibimos su talento interpretativo en un papel que tampoco da mucho juego:

En 1938, Humphrey Bogart se casó por tercera vez, con la actriz Mayo Methot, matrimonio desastroso, afectado por el alcoholismo de la actriz.

La suerte de Bogart cambiará en 1941. Raoul Walsh (que ya trabajó con Bogart anteriormente) va a dirigir “El último refugio”. Paul Muni rechaza el papel protagonista, un mafioso con buen corazón. El papel recae entonces en George Raft, pero Bogart, interesado en protagonizarlo, le convence para que lo rechace y pueda interpretarlo él. Walsh no está convencido, ya que Bogart es un actor secundario, pero finalmente acepta. La película es un éxito y la química de Bogart con la actriz protagonista, Ida Lupino, provoca los celos de su mujer:

Es el último mafioso destacable en la carrera de Humphrey Bogart. la película es un absoluto éxito del que Bogart es el gran beneficiado. Además, el guión lo había escrito John Huston, de quien se hará un gran amigo (y compañero de bebida, de nuevo). Y Huston está trabajando en su primera película como director, “El halcón maltés”, la película que transformará el cine de mafiosos en un nuevo género, el cine negro. Y junto a Mary Astor, Sidney Greenstreet y Peter Lorre, el elegido para protagonizar la película como el detective Sam Spade, tras el rechazo de George Raft, es Humphrey Bogart. El resto ya es historia:

Lanzado definitivamente al estrellato, Humphrey Bogart es seleccionado para filmar una película de Michael Curtiz que nadie sabe de qué va, una soberana chapuza en la que participan dos de los actores de “El halcón maltés”, Peter Lorre y Sidney Greenstreet, así como Paul Henreid, Conrad Veidt, Claude Rains e Ingrid Bergman. La chapuza cinematográfica, que milagrosamente sale perfecta, se titula “Casablanca”:

El gesto de Humphrey Bogart en el momento en el que ve a Ingrid Bergman es para mí el compendio de lo que es una buena actuación: apenas con un pequeño movimiento de los músculos de la cara consigue transmitirnos todo el dolor que sufre en ese momento, como si acabaran de apuñalarle en el corazón (por cierto, la película le vale a Bogart su primera nominación al Oscar, que perderá ante el hoy olvidado Paul Lukas). Pero la película está plagada de grandes momentos, de grandes frases que con Bogart alcanzan la categoría de inolvidables:

Si por mí fuera pondría toda la película, que por algo es mi favorita. No sólo me emociono cada nueva vez que la veo, sino que descubro cosas de las que no me había enterado antes.

Durante la II Guerra Mundial, Humphrey Bogart viajará animando a las tropas americanas, además de participar en algunos films bélicos, como “Sahara” de Zoltan Korda, de 1943:

O la interesante “Pasaje a Marsella”, en la que repite con Michael Curtiz y buena parte del reparto de Casablanca (Claude Rains, Peter Lorre, Sidney Greenstreet o Helmut Dantine, que tenía un breve papel sin acreditar en Casablanca; sólo falta Ingrid Bergman, sustituida por la recientemente desaparecida Michèle Morgan):

En 1944 rueda también a las órdenes de Howard Hawks “Tener y no tener”, basada en la obra de Ernest Hemingway, película que muchos comparan con “Casablanca”, en la que comparte protagonismo con una joven debutante de 19 años: Lauren Bacall:

Con esta película comienza el romance de ambos, que se extenderá durante el rodaje de la siguiente película que protagonizan, “El sueño eterno”, cuyo rodaje se paraliza. Es en esas fechas cuando Humphrey Bogart consigue el divorcio de Mayo Methot y se casa con Lauren Bacall el 21 de mayo de 1945. Tendrán dos hijos, Steve, en 1949 (que recibe el nombre del personaje que Bogart interpretaba en “Tener y no tener”, y Leslie Howard (que recibe obviamente el nombre del actor gracias al que Bogart saltó a la fama) en 1952.

La realización de “El sueño eterno”, película de cine negro dirigida de nuevo por Howard Hawks y basada en la novela de Raymond Chandler se paralizó con el fin de la II Guerra Mundial, temiendo que el tema no interesara y queriendo el estudio sacar partido de las cintas bélicas que había producido. Pero el éxito de la pareja Bogart-Bacall finalmente les convence para concluir la película, que se estrena en 1946:

La trama de la película es tan enrevesada que ni el director, ni los guionistas, ni el propio Chandler, sabían quién era el asesino de uno de los personajes. Pero la química de la pareja la convierte en un nuevo éxito.

Bogart y Bacall trabajan juntos en dos ocasiones más. La primera, en 1947, de nuevo en el campo del cine negro, en “La senda tenebrosa” de Delmer Daves, en la que Bogart interpreta a un fugitivo injustamente encarcelado al que ayuda el personaje que interpreta Bacall, que será la menos exitosa de las 4 películas que rodaron juntos:

Y, por último, en 1948, “Cayo Largo”, cine negro dirigido por John Huston que recuerda en cierto modo a “El bosque petrificado”, sólo que en esta ocasión Bogart es el héroe, mientras que el gangster es Edward G. Robinson:

Pero en 1948 trabaja también con John Huston en otra película, que le da a Huston el Oscar a mejor director (y a su padre, Walter Huston, el de mejor actor secundario), la exitosa “El tesoro de Sierra Madre”, en la que Bogart interpreta a uno de esos personajes moralmente ambiguos que tan bien se le daban:

Los siguientes años son complicados para Humphrey Bogart. Por un lado, como miembro del partido demócrata, encabeza las protestas contra la caza de brujas de McCarthy, por lo que recibe acusaciones de ser comunista, algo que él rechaza. Por otro lado, con el fin de independizarse de los estudios cinematográficos y poder elegir sus proyectos, funda una productora, Santana Productions, que terminará siendo un fracaso comercial. De las películas que protagoniza con esta productora destaca “En un lugar solitario”, otro caso más de cine negro que dirige Nicholas Ray y protagoniza junto a Gloria Grahame:

En 1951 protagoniza “Sirocco”, drama ambientado en la Siria colonial francesa en la que Humphrey Bogart interpreta a un cínico sin escrúpulos que juega a dos bandos, acompañado de un sorprendentemente sobrio Lee J. Cobb:

Pero 1951 es el gran año de Humphrey Bogart al protagonizar junto a Katherine Hepburn la genial “La reina de África”, en un papel en el que se nos muestra sorprendentemente cómico:

Por este papel se lleva su segunda nominación al Oscar (sorprendente que sólo lleve 2 a estas alturas), que finalmente consigue ganar, más que merecidamente:

Todavía trabajará una vez más con John Huston, en la comedia “La burla del diablo”, que parodia algunas de sus películas anteriores intentando emular a “Casablanca” hasta en el reparto, en el que figura Peter Lorre, aunque sustituyen a Sidney Greenstreet (que estaba ya a punto de morir) por el también voluminoso Robert Morley. La película fue un sonoro fracaso pese a contar con Jennifer Jones y Gina Lollobrigida:

Por el contrario, 1954 fue un muy buen año para Humphrey Bogart. Para empezar, trabaja por única vez bajo las órdenes del gran Billy Wilder en “Sabrina”, comedia romántica (curiosamente las pocas comedias que hizo Bogart fueron en su etapa final) en la que acompaña a William Holden y a una deliciosa Audrey Hepburn:

Protagoniza también la genial película de Joseph L. Mankiewicz “La condesa descalza”, como el cineasta que descubre a la talentosa bailarina de trágico final que interpreta Ava Gardner:

Y por último le tenemos como el estricto capitán naval, odiado por todos, al que el pánico le hace perder el control en la no menos magnífica “El motín del Caine” de Edward Dmytryk, que le vale su tercera y última nominación al Oscar:

Para quien dude del inmenso talento interpretativo de Humphrey Bogart, volver a ver esta película le resultará indispensable para comprobar lo equivocado que está. Magnífico trabajo de José Ferrer, por otra parte.

Repite bajo las órdenes de Edward Dmytryk en 1955 en “La mano izquierda de Dios”, drama sobre un “misionero” en China:

En 1955 vuelve a interpretar a un villano en “Horas desesperadas” de William Wyler, en la que interpreta a un fugitivo que secuestra a una familia en su casa. El papel del padre de familia iba a interpretarlo su amigo Spencer Tracy, pero problemas de presupuesto hicieron que éste se retirara del papel cediendo el puesto a Fredric March:

Y de 1955 es también la comedia “No somos ángeles” de Michael Curtiz en la que interpreta a uno de los tres fugitivos de la isla del diablo (los otros son Peter Ustinov y Aldo Ray) que ayudan casi milagrosamente a una familia durante la navidad:

Humphrey Bogart interpretará todavía una película más, estrenada en 1956, “Más dura será la caída”, de Mark Robson, en la que interpreta otro más de esos personajes cínicos pero con conciencia; para villano ya tenemos a Rod Steiger:

Pero para estas alturas Humphrey Bogart se encontraba ya muy enfermo. A consecuencia de su abuso del tabaco y el alcohol padecía un cáncer de esófago que incluso le impidió hacerse oír en algunas escenas de esta última película. Pese a someterse a diversas operaciones y tratamientos, la enfermedad estaba muy avanzada y Bogart murió finalmente el 14 de enero de 1957; pesaba sólo 36 kg, y acababa de cumplir 57 años. En su funeral, al que acudieron muchas de las grandes figuras de Hollywood, Spencer Tracy fue incapaz de pronunciar unas palabras a petición de la viuda, Lauren Bacall, por lo que fue John Huston el encargado de hablar. Fue incinerado, y sus cenizas se encuentran en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery:

Con Humphrey Bogart se iba un mito, un icono del cine, el prototipo de hombre duro y cínico pero con sentimientos, aunque pudo interpretar incluso a galanes románticos superados los 50 años. Siempre nos quedará su filmografía, y, sobre todo, siempre nos quedará París.



30 años de la muerte de Cary Grant (29-11-2016)


Hay estrellas que eclipsan a casi cualquier otra que se les acerque. Y cuando pensamos en ese Hollywood dorado de los años 30 y 40, entre los primeros nombres que se nos viene a la mente seguramente se encuentra el de Cary Grant. No es que fuera el mejor de su época, pero gracias a su carisma, a su presencia, pervive como una de las mayores estrellas del cine aún cuando se cumplen 30 años de su desaparición.




El verdadero nombre de Cary Grant era Archibald Alexander Leah, y había nacido en la británica ciudad de Bristol el 18 de enero de 1904. Había tenido un hermano mayor al que no conoció, ya que murió en 1900, con un año de edad. Su infancia no fue feliz, a causa del alcoholismo de su padre y de la depresión clínica de su madre (que parece ser que nunca se recuperó de la muerte de su primer hijo), que fue internada en un centro psiquiátrico cuando el pequeño Archibald tenía 9 años. Su padre le mintió, diciéndole primero que se había ido de viaje y luego que había muerto. No será hasta 1935 que se entere que su madre estaba viva, cuando su padre, a punto de morir, se lió con las mentiras que le había contado. En todo caso, antes de ser internada, su madre se esforzó por darle una buena educación: ella misma le enseñó a cantar y bailar, y se empeñó en que aprendiera a tocar el piano.

Tras el internamiento de su madre, su padre se muda con él a la casa de su abuela, pero un año después se vuelve a casar para formar una nueva familia de la que su hijo no forma parte. El abandono del padre, así como el supuesto abandono de la madre, traumatizan al futuro Cary Grant y dificultan su socialización.

Aficionado al teatro, se une a una compañía acrobática, y en sus años de estudiante destaca por sus dotes acrobáticas y deportivas que le hacen muy popular, aunque tiene fama de estudiante problemático. El resto de su tiempo lo pasa en el teatro. Finalmente, en 1918 es expulsado de su escuela (uno de los rumores decía que había sido sorprendido en el vestuario de las chicas), por lo que vuelve a unirse a la troupe acrobática a la que había pertenecido años antes, lo que le permite sobrevivir los siguientes años, con un contrato hasta los 18 años. Pero en 1920, cuando tiene 20 años, la compañía emprende una gira por Estados Unidos, y él decide quedarse en el país, junto con otros miembros de la compañía, cuando ésta vuelve a Gran Bretaña.

Los siguientes años los pasa trabajando en teatro, donde perfecciona sus dotes para la comedia. Obtiene un importante éxito que finalmente le lleva a Hollywood, donde consigue a finales de 1931 un contrato de 5 años con la Paramount, ya que el mánager de la compañía, B. P. Schulberg, se da cuenta de su enorme potencial. En esta época cambia su complicado nombre por el más llamativo de Cary Grant. Así debuta en la comedia romántica “Esta es la noche”, en la que interpreta a un campeón de lanzamiento de jabalina con problemas de celos:

En 1932 estrenó varias películas, de entre las que destaca su participación en “La Venus rubia”, como el amante de Marlene Dietrich en una película todavía anterior al código Hays de censura, que nos permite ver a un Grant más canalla, papel que le va como un guante:

Protagoniza también junto a Silvia Sidney la adaptación cinematográfica de “Madame Butterfly”, en otro papel de  galán más bien canalla pero al que no le falta un cierto encanto. La película por otra parte está hoy completamente olvidada (pero está completa en Youtube… me la apunto como asignatura pendiente):

Si bien estas y otras películas de 1932 en las que trabaja junto a grandes estrellas no le convierten todavía a él en una estrella, ya hacen que su nombre empiece a ser conocido. Entre otras cosas, consigue llamar la atención de una reciente estrella, la problemática Mae West, que se empeña en que sea el protagonista de su siguiente película, “Lady Lou”, de 1933, en la que es la película de menor duración en conseguir la nominación al Oscar de mejor película. Un éxito de taquilla que salvó a la Paramount de la quiebra:

Mae West siempre presumió de haber sido quien descubriera a Cary Grant. Aunque eso no sea del todo cierto, sí lo es que Grant alcanzó el estrellato gracias a sus dos colaboraciones con ella. Y es que ese mismo 1933 volvieron a trabajar juntos en “No soy un ángel”:

En 1933 aparece también, aunque irreconocible bajo su disfraz, entre el inmenso elenco de la adaptación de “Alicia en el país de las maravillas” de Norman Z. McLeod.

Pero el código Hays que implanta la censura cinematográfica en 1933 echa a perder la carrera de la irreverente Mae West, y a Cary Grant le cuesta encontrar su sitio. Una serie de fracasos comerciales en 1934 le lleva a la Paramount a prescindir de Cary Grant, considerado “poco rentable” (es cierto que tardará unos años en ser rentable, pero si habrían esperado esos años…). Así, en 1935 trabaja para la RKO en “La gran aventura de Silvia” de George Cukor, en la que trabaja por primera vez junto a Katherine Hepburn. La película tampoco es un éxito comercial, pero el trabajo de Grant es alabado por la crítica, y él siempre consideró esta película su lanzamiento definitivo:

Terminado su contrato con la Paramount en 1936, Cary Grant decide no renovar y ser un artista libre (el primero en hacerlo), lo que curiosamente aumenta su sueldo. Por esta época, en todo caso, comparte vivienda con su amigo Randolph Scott (los rumores sobre una relación entre ambos o sobre la posible bisexualidad de Grant no han podido ser confirmados), ya que Grant se había divorciado en 1935 de su primera esposa, Virginia Cherrill, con la que llevaba un año casado, y vivirán juntos hasta que Grant vuelva a casarse en 1942 con Barbara Hutton. Compartir vivienda suponía un importante ahorro para dos estrellas emergentes cuyos sueldos no les permitían tener una mansión para cada uno.

Pasando por diversos estudios en sus siguientes trabajos, alcanza su máximo éxito por fin en 1937 con “La pícara puritana” de Leo McCarey, junto a Irene Dunne y Ralph Bellamy, una screwball comedy, género en el que Grant brillará por delante de cualquier otro actor. Si bien la relación con McCarey no fue buena, éste elogió la capacidad cómica de Grant y su habilidad para improvisar diálogos. La comedia es divertidísima, a lo que desde luego contribuye mucho el talento de Grant:

Por si no fuera suficiente, en 1938 protagoniza junto a Katherine Hepburn un mito del screwbal comedy, “La fiera de mi niña” de Howard Hawks, con la simpática compañía de dos leopardos nada menos. Pese a su recelo inicial sobre cómo enfocar el personaje (le recomendaron tomar el ejemplo de Harold Lloyd), fue el propio Cary Grant quien le ayudó a Katherine Hepburn a desarrollar sus dotes para la comedia. El resultado no podía ser más brillante (ni más desternillante; conviene ver la película con la caja de kleenex al lado, porque es imposible no acabar llorando de la risa):

Yo ya sólo con el trailer me parto de risa. ¡Gracias, Howard Hawks, por regalarnos esta joya!

En 1939 repite con Howard Hawks en “Sólo los ángeles tiene alas”, película de aventuras junto a Jean Arthur:

Y realiza un gran trabajo en la adaptación de la obra de Rudyard Kipling en “Gunga Din”, de George Stevens, donde forma un genial trío cómico junto a Victor McLaglen y Douglas Fairbanks Jr. como unos soldados poco fiables en la India de época colonial. Una película de aventuras que conviene no perderse:

1940 será un gran año para Cary Grant, con 3 grandes comedias. La primera, “Luna nueva” de nuevo dirigida por Howard Hawks, junto a Rossalind Russell y Ralph Bellamy (que parece que era el único actor que podía intentar quitarle a la chica) en el que algunos consideran uno de sus mejores papeles cómicos:

Cary Grant repite junto a Irene Dunne y trabaja junto a su amigo Randolph Scott en “Mi mujer favorita”:

Pero el mayor éxito de Cary Grant en 1940 fue la última película que estrenó, “Historias de Filadelfia” de George Cukor, de nuevo junto a Katherine Hepburn, aunque aquí su papel es más secundario frente al de James Stewart (que, inesperadamente, se llevó el Oscar a mejor actor):

Otra de las grandes películas de la historia, totalmente imprescindible.

En 1941, la carrera de Cary Grant da un giro: en los siguientes años (básicamente los años de la II Guerra Mundial) rodará menos comedias, mientras rueda la mayoría de los dramas de su filmografía, lo que le da alguna que otra alegría. De hecho 1941 fue un buen año para él, con el estreno de dos grandes películas. La primera, el melodrama “Serenata nostálgica”, en el que repite junto a Irene Dunne (una pareja que desprende química por todos lados). Por esta película consigue su primera nominación al Oscar (pero pierde frente a Gary Cooper, que lo gana por “El sargento York”):

Por otro, colabora pro primera vez (lo hará 4 veces) con el director Alfred Hitchcock, en “Sospecha”, como el marido de Joan Fontaine. Cary Grant borda el ambiguo personaje al que la censura le cambia el final (estropeando con ello la película… y no digo más para no hacer spoiler):

¿Habrá veneno en ese vaso de leche?

El 26 de junio de 1942 Cary Grant consigue la nacionalidad americana y se casa ese mismo año con la millonaria Barbara Hutton, de quien se divorciará en 1945. Por otra parte, son años en los que la Guerra centra toda la atención del país, y Grant realiza giras para promover la compra de bonos de guerra y visita a militares hospitalizados. Su trabajo cinematográfico se reduce en esos años.

En 1942 estrena dos películas. Por un lado, el drama “El asunto del día”, de George Stevens, en la que interpreta a un presidiario huido que busca refugio en casa de una antigua amiga, Jean Arthur, que ha alquilado una habitación de su casa a un juez, Ronald Colman, al que Grant tratará de convencer de su inocencia:

Y protagoniza junto a Ginger Rogers la comedia de Leo McCarey “Hubo una luna de miel”, ambientada en la II Guerra Mundial:

En 1943 protagoniza el film bélico “Destino Tokio”. Se nota la influencia de la Guerra en las películas de la época…

1944 es un año mucho mejor para Cary Grant. Estrena dos películas más que importantes en su carrera. En primer lugar, un drama, “Un corazón en peligro”, junto a la gran Ethel Barrymore. Esta película le valdrá su segunda y última nominación al Oscar, pero esta vez quien se lo arrebate será (flipando) Bing Crosby por “Siguiendo mi camino” (si al menos hubiera sido Alexander Knox por “Wilson” o el también nunca premiado Charles Boyer por “Luz que agoniza” me callaría, pero es que esto ya no tiene nombre):

Y por otro lado, Cary Grant vuelve a la comedia más alocada en su única colaboración con Frank Capra, la mítica “Arsénico por compasión”, en la que de nuevo tiene un recital de muecas y gestos cómicos que tanto éxito le darán en la comedia:

Sus siguientes estrenos tendrán lugar dos años después, en 1946, ya terminada la guerra. Por un lado tenemos el biopic del compositor Cole Porter, “Noche y día”:

Y por otro lado, Cary Grant vuelve a trabajar por segunda vez con Alfred Hitchcock en “Encadenados”, que le empareja por primera vez con la que será su gran amiga Ingrid Bergman, y en la que también trabajan dos grandes secundarios como Claude Rains y Louis Calhern. Este es en mi opinión (a parte de ser, junto con Rebeca, mi favorita de Hitchcock) el mejor papel de Cary Grant, está simplemente espléndido en una película de intriga, un drama romántico por el que incomprensiblemente no sólo no se llevó el Oscar (se podría discutir si se lo merecía más que el ganador ese año, Fredric March por “Los mejores años de nuestra vida”… yo es que soy muy fan de March), es que ni siquiera fue nominado, algo realmente imperdonable. Veamos una de las escenas más tensas de la película:

Cary Grant supera ya los 40 años pero mantiene su buen aspecto como para seguir siendo un galán, papel que no abandonará en toda su carrera.

En 1947 interpreta a un ángel en “La mujer del Obispo”, comedia dramática junto a Loretta Young y David Niven en otro de sus mejores papeles:

Su siguiente película relevante fue en 1949 cuando vuelve a trabajar con Howard Hawks en otra de esas hilarantes comedias, “La novia era él”, en la que interpreta a un militar francés que tiene que vestirse de mujer para poder ir a Estados Unidos con su mujer, Ann Sheridan, que interpreta a una militar americana:

El 25 de diciembre de 1949 Cary Grant se casa por tercera vez, con la actriz Betsy Drake, con la que trabajó en dos ocasiones /en 1948 en “En busca de marido” y en 1952 en “Hogar, dulce hogar”. El matrimonio fue complicado para ambos, pero será el más largo en la vida de Grant: se divorciaron en 1962.

En 1952 Cary Grant vuelve a trabajar en una comedia de Howard Hawks, “Me siento rejuvenecer”, junto a Ginger Rogers y Marilyn Monroe:

En 1953 trabaja por primera vez junto a Deborah Kerr en “La mujer soñada”, de nuevo una comedia romántica:

En 1955 trabaja por tercera vez junto a Alfred Hitchcock (al estar fuera del sistema de estudios, se podía permitir el lujo de elegir en qué proyectos quería trabajar y recibir sueldos mayores) en “Atrapa a un ladrón”, que siendo una película de intriga como es habitual en el director inglés, es también una comedia romántica que empareja a Cary Grant con Grace Kelly. Grant seguía interpretando al galán romántico y seductor a sus 50 años, pero ahora con parejas mucho más jóvenes que él (a Grace Kelly le sacaba nada menos que 25 años, podría ser su padre; a Deborah Kerr, 17; a Audrey Hepburn 25; a Jayne Mansfield 29; y a Sofia Loren, 30). Aún así,la química entre Grant y Kelly es espectacular:

En 1957 estrena tres películas. La primera, “Bésalas por mí”, es su primera colaboración con el director Stanley Donen (con el que realizará sus mejores trabajos en sus últimos años) que lo empareja con la rubia explosiva Jayne Mansfield:

La segunda fue la fallida “Orgullo y pasión” de Stanley Kramer, una extraña incursión de Cary Grant en el cine de época (aunque luzca de maravilla el uniforme militar decimonónico inglés) rodada en España junto a Frank Sinatra y Sofia Loren. Parece que Grant aceptó el trabajo para poder huir de su mujer, pero durante el rodaje se enamoró de Sofia Loren, quien prefirió a Carlo Ponti para su desesperación. Además, el rodaje de esta película le impidió poder interpretar, como él quería, el papel de “El puente sobre el río Kwai” que finalmente hará William Holden:

Y, finalmente, el remake que el propio Leo McCarey dirigió de su “Tú y yo” que rodara en 1939 con Charles Boyer e Irene Dunne. Si la primera versión era más melodramática (no se podía esperar otra cosa de Charles Boyer), esta nueva, que empareja a Cary Grant de nuevo con Deborah Kerr, es más comedia, en la que, de nuevo, la química de la pareja protagonista nos deja una película inolvidable:

 

Maravillosa esta escena final (perdonadme, yo es que veo a Deborah Kerr y pierdo cualquier atisbo de objetividad que pueda tener… aunque Cary Grant está igualmente espléndido).

En 1958, un contrato con la Paramount le obliga a volver a rodar junto a Sofia Loren, algo que a él no le apetecía precisamente. El resultado fue “Cintia”, otra encantadora comedia en la que, ¡milagro!, Cary Grant es el padre viudo de tres niños (que más que sus hijos podían ser sus nietos… pero es que cuando se trata de Cary Grant, antes muerto que perder su estilo de la galán):

También en 1958 vuelve a trabajar con Stanley Donen y con su gran amiga Ingrid Bergman en “Indiscreta”, una genial comedia que le traerá a Cary Grant la primera de sus 5 nominaciones a los Globos de Oro (todas ellas como mejor actor de comedia), de las que tampoco ganará ninguna (lo que es muy difícil de entender… en nominaciones sin premio sólo le gana Paul Newman y empata con Susan Sarandon):

En 1959 consigue su segunda nominación con la comedia bélica “Operación Pacífico” de Blake Edwards, aunque aquí como galán tiene la difícil competencia de Tony Curtis:

Como siempre, la comicidad de Grant viene por sus gestos, por sus reacciones, más que por los chistes y gags que pueda tener.

De 1959 es también su última colaboración con Alfred Hitchcock, la mítica “Con la muerte en los talones”, película con la que confieso que empecé a odiar a Grant por su verborrea incontrolable que me ponía nervioso… claro que eso es lo que a fin de cuentas busca la película:

Retiro lo dicho, Cary Grant vuelve a estar genial.

En 1960 vuelve a trabajar por tercera vez junto a Stanley Donen en la deliciosa “Página en blanco”, como el marido cornudo de una maravillosa Deborah Kerr junto a una alocada Jean Simmons y un sorprendentemente divertido Robert Mitchum. Por esta película consigue su tercera nominación al Globo de Oro:

Su nivel de trabajo se reduce ya notablemente, no estrenando nada hasta 1962, con “Suave como el visón”, junto a Doris Day, con la que consigue su 4ª nominación al Globo de Oro:

Cuando Ian Fleming creó el personaje de James Bond, se inspiró en Cary Grant. Así que cuando se va a comenzar a rodar la saga cinematográfica del personaje, con “Agente 007 contra el Dr. No”, en 1962, los productores quieren a Grant como protagonista, pero finalmente lo descartan porque Grant sólo se comprometía a hacer una película, mientras los productores buscaban hacer una saga. Ellos se lo perdieron (y Sean Connery salió ganando, de paso).

En 1962 se divorcia también de Betsy Drake, de quien estaba separado desde 1958. Hay que recordar que Betsy Drake le introdujo en el mundo del LSD, que por aquella época era legal.

En 1963 trabaja por última vez junto a Stanley Donen en la genial comedia de intriga “Charada”, que protagoniza junto a Audrey Hepburn. Por esta película, otra de esas joyas de su filmografía, se llevó su 5ª y última nominación a los Globos de Oro:

Yo lo que quiero saber es cómo el muy granuja podía tener semejante química con actrices mucho más jóvenes que él. Estaba a punto de cumplir 60 años y la pareja que hace con la deliciosa Audrey Hepburn es encantadora.

En 1964 protagoniza junto a Leslie Caron y Trevor Howard la comedia bélica “Operación Whisky”:

Pero ya no hay más comedias románticas en su filmografía. Se retira del cine en 1966 con la comedia “Apartamento para tres”, junto a Samatna Eggar y Jim Hutton:

Y así se retira del cine. De poco sirvió que Alfred Hitchcock le ofreciera el papel protagonista de “Cortina rasgada” en 1966: Cary Grant había decidido retirarse del cine. Ya tenía 62 años, en julio de 1965 se había casado por 4º vez con la actriz Dyan Cannon y acababa de nacer su única hija, Jennifer, el 26 de febrero de 1966. Era el momento de retirarse.

Se divorció de Dyan Cannon en 1968, y justo después sufrió un grave accidente de tráfico. En 1970, la Academia de Hollywood finalmente decide compensarle concediéndole un Oscar honorífico. Grant llevaba 12 años boicoteando la gala de entrega de premios, pero fue a recoger este Oscar honorífico que tanto merecía:

Años de retraso. Como decía Frank Sinatra, Cary Grant hacía fácil la interpretación, su estilo era siempre sencillo, recurriendo a histrionismos sólo como efectos cómicos pero sumamente contenido en sus interpretaciones más dramáticas.

Cary Grant todavía tuvo tiempo de casarse una 5ª vez, en 1981, con la agente de relaciones públicas Barbara Harris. En sus últimos años se dedicó a hacer giras para presentar “Una noche con Cary Grant”, sesiones en las que se proyectaba alguna de sus películas y luego él respondía a las preguntas del público. Fue durante una de esas giras que, estando en Davenport, Iowa, sufrió una hemorragia cerebral el 29 de octubre de 1986. No era la primera que sufría, ya había tenido otra dos años atrás, pero en esta ocasión fue fatal y Cary Grant murió esa misma noche. Tenía 82 años. Fue incinerado y sus cenizas esparcidas en California, por lo que nos quedamos sin poder visitar su tumba.

No era el mejor actor de su generación, desde luego, pero con una filmografía repleta de títulos básicos de la historia del cine y en la que compartía cartel con algunas de las mejores actrices de su época (4 veces con Katherine Hepburn, 3 veces con Irene Dunne o Deborah Kerr, 2 veces con Ingrid Bergman), Cary Grant es historia del cine, una figura icónica que pocos, si acaso alguno, pueden disputarle. 30 años después de su muerte todavía seguimos riéndonos a carcajadas con sus comedias y emocionándonos con sus películas dramáticas. Porque Cary Grant siempre será el perfecto icono del Hollywood clásico.



50 años sin Montgomery Clift (23-07-2016)


Desaparecido demasiado pronto, con una carrera bastante reducida en títulos, muy autoexigente pero con un cambio de estilo interpretativo muy marcado en su etapa final, echada a perder por un accidente de tráfico… podría ser un resumen de la carrera cinematográfica de Montgomery Clift, que nos dejó un día como hoy hace 50 años. Vamos por tanto a recordar su carrera, que nos va a dar bastante juego.




Edward Montgomery Clift nació en Omaha, la ciudad más grande del estado de Nebrasca, el 17 de octubre de 1920. Su madre era una hija adoptada, hija natural de una prominente familia Yanky, por lo que luchó toda su vida por recuperar los derechos que le correspondían. El problema fue que la familia se arruinó con el crack del 29, por lo que, a diferencia de su hermana melliza Ethel y su hermano mayor William, Monty no pudo ir a la universidad, ya que no era un buen estudiante. Por el contrario, tomó clases de actuación y debutó en los escenarios de Broadway en 1935.

Tras una exitosa carrera teatral, se traslada a Hollywood con 25 años, y debuta en el cine acompañando a John Wayne en la magnífica “Río Rojo”, rodada en 1946, aunque estrenada en 1948:

Magnífico el debut de un jovencito Montgomery Clift espléndido. Ya con esta película llamó la atención, pero será con su segunda película, estrenada también en 1948, con la que triunfará, “Los ángeles perdidos” de Fred Zinnemann, en la que interpreta a un militar americano que se encuentra a un niño callejero perdido tras la segunda guerra mundial. la película tiene una estética de documental, por lo que el estilo interpretativo de Clift, propio del método Stanislavski, se adapta a la perfección, hasta tal punto que por este papel Monty se llevó su primera nominación al Oscar (que no ganaría nunca):

En un intento por no encasillarse, cambió de género para su siguiente película, “La heredera” de William Wyler, en la que interpreta al atractivo, pero interesado, pretendiente de la rica heredera interpretada por Olivia de Havilland. La película tiene un final un tanto amargo, y el personaje de Monty no es el más agrdable que nos podamos imaginar, pero de nuevo está a la altura con una gran interpretación, pese a los problemas que dio en el rodaje, criticando el guión, la dirección y a su compañera (quizá el rpblema era que su estilo no se adaptaba bien a los intérpretes y el director, poco adeptos al método):

Montgomery Clif representaba a un galán completamente diferente a los que se habían visto hasta entonces, mucho más sensible. Pero también era una persona que no se encontraba a gusto en Hollywood, era un hombre de teatro, que a demás se negaba a firmar ningún contrato. En parte por eso y en parte por esa obsesión de no encasillarse, cometió el error de rechazar protagonizar “El crepúsculo de los dioses” de Billy Wilder, pensando que el papel se asemejaba demasiado al que había interpretado en “La heredera”. Por suerte para William Holden, por cierto.

En 1950 protagoniza “Sitiados”, pero su siguiente gran éxito será en 1951 con “Un lugar bajo el sol”, de George Stevens, en la que conoció a la que será una gran amiga el resto de su vida, Elizabeth Taylor. La química entre ambos es espectacular (se hablaba de un romance entre ellos, poco probable), y Monty volvió a llevarse una nominación al Oscar. Su papel entusiasmó al por aquel entonces practicamente recién llegado marlon Brando, que votó por él en los Oscars (y Clift votará por Brando, nominado por “Un tranvía llamado deseo), iniciándose una rivalidad entre los dos, que hasta cierto punto compartían estilo interpretativo:

Montgomery Clift llevaba muy mal eso de tener que fingir una doble vida, tener que ocultar su orientación sexual (probablemente era bisexual), algo que le atormentaba, y en su siguiente película, “Yo confieso”. el director, Alfred Hitchcock se aprovechó bien de ello. Luego despotricaría contra Monty, ya que a Hitchcock nunca le gustaron los actores del método, pero también estaba allí Karl Malden, otro actor del método que está mucho mejor que en sus trabajos con Elia Kazan. Y Monty está espléndido en el que quizá sea su mejor papel:

Si siguiente película es otro mito de Hollywood, “De aquí a la eternidad”, de nuevo dirigida por Fred Zinnemann, por la que se lleva su tercera nominación al Oscar. Aunque en mi opinión es una película bastante sobrevalorada… cuestión de gustos, la verdad. Clift era muy metódico en su trabajo, estudiando con profundidad cada frase del guión, pidiendo cambios si no se sentía a gusto con alguan frase concreta, hasta el punto de que dudara si sería capaz de sobrevivir al rodaje de un personaje como el que interpretaba, hasta tal grado llegaba su compenetración con los personajes. No sólo sobrevivió, sino que se llevó su tercera nominación al Oscar, compitiendo en la misma categoría de mejor actor con su compañero de rodaje Burt Lancaster, pero ni ellos ni la nominada a mejor actriz Deborah Kerr se lo llevaron; los que sí ganaron fueron los secundarios, Frank Sinatra y la que hace de pareja de Monty en la película, la que fuera protagonista de la mítica “Qué bello es vivir”, Donna Reed, con quien comparte esta escena:

En 1953 estrena también una película dirigida por Vittorio de Sica, “Estación Termini”. La película no gustó, pero la interpretación de Clift como el amante italiano de Jennifer Jones queda en el recuerdo:

Este fue ne mi opinión su último gran papel.

En 1955, Montgomery Clift se encuentra in trabajo, después de cometer el error de rechazar protagonizar “Al este del Edén” (esta vez el beneficiado fue James Dean, el otro miembro de ese triunvirato que cambiaría -para mal- Hollywood, junto a Brando y Clift). Y será Elizabeth Taylor la que acudirá a su rescate, ofreciéndole protagonizar el proyecto en el que va a trabajar, un drama ambientado en la Guerra de Secesión americana, que trataba de emular a “Lo que el viento se llevó”, aunque sin éxito (la peli es un tostón monumental, lo único bueno es que dura una hora menos que la mítica de Victor Fleming… es decir, casi 3 horas). A Clift no le convence la historia, ni el guión, pero al final se ve obligado a aceptar, no tiene otra cosa y le permite además volver a trabajar con su amiga Elizabeth Taylor. Será su primera película en color (y la única de todas las que he visto). Pero durante el rodaje ocurrirá algo que le cambiará la vida.

Montgomery Clift no era un buen conductor; de hecho, parece que se había quedado en alguna ocasión dormido mientras conducía. El 12 de mayo de 1956 fue a una fiesta en casa de Elizabeth Taylor, situada en lo alto de una colina a la que se accede por una carretera llena de curvas. Monty no se encontraba bien en la fiesta (en la que, extrañamente, algunos asistentes afirman que apenas bebió alcohol), y al irse le solicitó a su amigo Kevin McCarthy que lo acompañara en el coche porque no se veía seguro. Al parecer se quedó dormido conduciendo en una curva y se empotró contra un árbol, quedando atrapado en el coche.

Kevin McCarthy corrió a avisar a Elizabeth Taylor, quien le salvó la vida, sacándole del coche y extrayéndole de la garganta algunos dientes que le estaban asfixiando. No sólo perdió varios dientes, se fracturó la mandíbula al chocar contra el volante y sufrió importantes laceraciones en la cara causadas por los cristales de la luna que le cayeron encima tras el choque. La cirugía de reconstrucción facial a la que fue sometido no dio muy buen resultado, quedando su cara un tanto desfigurada, además de no poder recuperar el movimiento de la mitad de su cara, al haberse dañado los nervios. Montgomery Clift quedaría traumatizado por el accidente, al perder su mítica belleza (al parecer a partir de este momento, el sexo, hasta entonces frecuente en su vida, se hizo mucho más escaso), y, a parte de empeorar su adicción al alcohol, hizo que se sumara la adicción a los fuertes calmantes que tuvo que tomar a causa de las heridas. Desde entonces se volvió un personaje muy miedoso e inseguro, obsesionado con que la gente de su alrededor se le quedaba mirando, llegando incluso a esconderse debajo de la mesa de algún restaurante, dejando claro que su salur mental era bastante mediocre.

Pese a todo, Monty prosigue el rodaje de “El árbol de la vida”, que se estrena finalmente en 1957. En él vemos que su estilo interpretativo ya ha cambiado demasiado, recuerda tanto en el gesto facial como en la voz, en la forma de hablar, a James Dean… pero Dean era 10 años más joven que Clift, y el cambio no le beneficia nada. Y, como ya mencioné, la película resultó un considerable fracaso (pese a que Elizabeth Taylor fuera nominada al Oscar, que no ganará hasta 3 años después):

Pese a todo, su carrera prosigue en principio sin grandes incidentes. En 1958 repite con el director Edward Dmytryk, quien ya le dirigiera en “El árbol de la vida”, en “El baile de los malditos”, ambientada en la II Guerra Mundial y en la que comparte pantalla con Marlon Brando. En mi opinión, ambos resultan auténticas caricaturas:

Destaca también su participación, en 1959, en “De repente, el último verano” de Joseph L. Mankiewicz, película no exenta de polémica en la que interpreta al psiquiatra que atiende a Elizabeth Taylor y trata de encontrar la causa de su trastorno mental en la trágica muerte de su primo, pese a los impedimentos que ponga la madre de este, una enorme Katherine Hepburn. Una película magnífica, por cierto, en la que Clift consigue quedar bastante bien en su papel:

En 1960 trabaja bajo las órdenes de Elia Kazan en “Río salvaje”, junto a Lee Remick y Jo van Fleet. Kazan de nuevo trata de convertirlo en un nuevo James Dean, pero Clift va a cumplir ya 40 años y, pese a su todavía razonable buen hacer, no termina de encajar bien en el papel:

En 1961 trabaja en la mítica “Vidas rebeldes” de John Huston, mítica sobre todo por ser la última película tanto de Clark Gable (quien había representado durante años al tipo de galán opuesto al de Montgomery Clift, mucho más rudo) y de Marilyn Monroe, quien diría que Clift era el único que estaba peor que ella a causa de las adicciones de ambos. Por lo demás, la película me parece bastante prescindible y añade poco a su carrera:

Ese mismo año tiene una pequeña participación en “Vencedores o vencidos” de Stanley Kramer, en la que interpreta a una víctima del programa de castración de los nazis en su breve participación. El papel de traumatizado le va muy bien, pero Kramer sufrió mucho durante el rodaje al ver que Clift era incapaz de recordar sus diálogos, por lo que al final Kramer le hizo improvisar sus diálogos, decir lo que se le ocurriera para contestar a las preguntas de los abogados, con lo que, milagrosamente, se consiguió el resultado deseado.. En situación similar a la suya se encontraba también durante el rodaje Judy Garland, por cierto, lo que contrasta con el exultante abogado defensor de Maximilian Schell: queda claro que Clift está completamente acabado. En todo caso, con esta película consiguió su 4ª y última nominación al Oscar, en este caso como secundario, pero volverá a quedarse sin él:

Sorprende que, todavía después de esto, en 1962, John Huston, con quien había trabajado ya en “Vidas rebeldes”, cuente con él como protagonista para “Freud, pasión secreta”, consiguiendo resultar todavía creíble en su papel como el padre del psicoanálisis, pero Clift ya sólo puede interpretara a personajes inestables o vinculados al mundo de la psiquiatría:

Pero sus problemas durante el rodaje, sus retrasos, causados por una salud cada vez más deteriorada por sus adicciones, le causaron el rechazo de las productoras, que le dejaron sin trabajo los próximos 4 años, hasta que, en un intento de convencerse de que todavía podía trabajar, protagoniza “El desertor”. Elizabeth Taylor le consigue trabajo en la nueva película que va a protagonizar, “Reflejos en un ojo dorado” (que terminará siendo un fracaso comercial), pero su papel al final lo hizo Marlon Brando: Clift no llegó vivo al comienzo del rodaje.

La noche del 22 de julio de 1966, estando en su apartamento de Nueva York, rechazó ver “Vidas rebeldes”, que estaban echando por la tele, y despidió a su enfermero, que se fue a dormir. A la mañana siguiente, éste encuentra la habitación de Clift cerrada, por lo que, al no recibir respuesta a sus llamadas y no poder derribar la puerta, el enfermero bajó a la calle y subió por la escalera trasera para entrar por la ventana de su habitación y encontrarse a Montgomery Clift muerto.

La autopsia reveló que murió por un infarto, potenciado por un elevado colesterol, pero padecía otros problemas de salud, empeorada por sus adicciones al alcohol y los calmantes, por lo que muchos de quienes le conocían hablaron de “un largo suicidio” que vendría produciéndose prácticamente desde su accidente, que le hizo perder las ganas de vivir. Clift murió solo, triste final para alguien que había protagonizado un buen puñado de películas míticas. Fue enterrado en el Friends Quaker Cementery de Brooklyn, Nueva York.

Para bien y para mal, Montgomery Clift cambió la forma de interpretar a los galanes románticos en un Hollywood que estaba experimentando importantes cambios a comienzos de los años 50, cambios que en muchos casos protagonizó él mismo. Pero junto a eso tuvo una triste existencia, poco envidiable desde luego. Al recordar su historia es imposible no sentir lástima por alguien a quien su talento benefició tan poco y perjudicó tanto.