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Crónica: Gregory Kunde en el Baluarte de Pamplona (06-10-2016)


Ver en vivo a Gregory Kunde es una de esas cosas que no se pueden pasar por alto. En una época en la que apenas hay tenores spinto capaces de superar con corrección los grandes papeles verdianos y veristas, Kunde brilla como lo hacían los grandes tenores históricos, y eso asegura que cada función suya que tengas ocasión de ver va a ser algo casi histórico y desde luego muy difícil de repetir en el futuro, en vista del panorama actual.




Yo ya había visto previamente a Gregory Kunde 4 veces, todas ellas en Bilbao (“Les vêpres siciliennes”, “Cavalleria rusticana”-“Pagliacci”, “Roberto Devereux” y “Manon Lescaut“, y a la espera del próximo “Andrea Chenier”; por desgracia me perdí el Requiem de Verdi), y siempre fueron grandes funciones. Por eso, el recital que daba en el Baluarte de Iruña era una cita imprescindible.

El recital servía como presentación del nuevo disco que ha grabado junto a la Orquesta Sinfónica de Navarra dirigida por Ramón Tebar, que está compuesto por buena parte del nuevo repertorio que, a un ritmo vertiginoso, ha ido incorporando el tenor norteamericano en los últimos años, repertorio centrado en Verdi y en el verismo. Como le mencionaba al propio Kunde a la salida (sí, por fin, a la 5ª, he conseguido saludarle), me resulta alucinante escucharle ahora en este repertorio cuando yo le conocí gracias a esa grabación de “Lakmé” de Delibes junto a Natalie Dessay y que tiene ya 19 años. Su voz actual no tiene absolutamente nada que ver con la que tenía entonces, y pensar en aquella época que iba a cantar estos papeles debería sonar a chiste… ¡pero no sólo los canta, sino que además los borda!

Bueno, vamos ya al recital. Gregory Kunde estaba acompañado por la Orquesta Sinfónica de Navarra dirigida por Ramón Tebar y por el Orfeón Pamplonés. Para dejar descansar al tenor, se intercalaban arias con fragmentos orquestales y corales. Dejo un enlace con el programa del concierto.

La primera parte fue más floja que la segunda. Comenzó con la obertura de “I Vespri siciliani” de Verdi, correctamente interpretada (aunque yo hubiera preferido la de Nabucco, ya puestos) y bien dirigida por Tebar. Tras ella apareció Kunde para cantar el “Se quel guerrier io fossi – Celeste Aida” de la Aida verdiana. Ya en las primeras notas del recitativo se notó el enorme caudal de voz de Kunde, que llenaba la sala, además de un cuidado fraseo muy verdiano. Solventó el aria con gusto, con esos Sib como cañonazos… pero hubo algún detalle que nos hacía intuir cierta fatiga en un cantante con una agenda casi imposible; y es que, al rematar el aria con el Sib que se supone que tiene que incluir un diminuendo para concluir en pianísimo, Kunde hizo el forte y el piano, pero sin diminuendo, pasando de golpe de una a otra. Un detalle no muy relevante (podría haberlo hecho todo en forte, como hacen tantos…) pero que hacía temer que esta no iba a ser su noche.

Prosiguió el coro con la marcha triunfal de Aida, que sacaron adelante con mejores intervenciones por parte de ellas que de ellos, muy bien acompañados por una orquesta que sonó magnífica toda la noche (aunque por momentos, demasiado presente, con demasiado volumen).

Vuelve a salir Gregory Kunde, y un magnífico clarinete solista (que tuvo otras ocasiones de lucimiento a lo largo de la noche) nos anuncia el “E lucevan le stelle” de “Tosca”. La interpretación fue magnífica, perfectamente cantada… lo malo es que en Kunde, este aria sabe a poco. Ya le llegarían mejores oportunidades para lucirse más adelante.

Una nueva intervención de la orquesta, la obertura de “Luisa Miller” (curiosa elección), de nuevo brillantemente interpretada, dio paso al final de la primera parte, compuesta por la escena del tenor de “Il Trovatore”. Tratándose de Kunde, uno espera un “Di quella pira” espectacular, pero curiosamente lo mejor fue el aria, el “Ah, sì, ben mio”, cantada con absoluto dominio del canto verdiano, casi recordando a maestros estilísticos como Pavarotti o incluso al gran Bergonzi, de una forma que ya no se canta, desde luego. Al llegar la caballetta, demostró todo su arrojo tanto al cantar con precisión las semicorcheas como al no omitir sus frases mientras canta el coro, aunque apenas se le oía. Kunde salió perjudicado por el hecho de tener a la orquesta en el escenario en lugar de en el foso, con lo que ésta le tapaba por momentos, y el coro masculino fue quizá demasiado ruidoso (¿tal vez demasiado numeroso?), pero los mayores problemas se le notaron al afrontar los dos Does de pecho, bien emitidos y potentes, pero muy breves, lo que hacía más evidente la fatiga del cantante. Por otra parte, no hubo repetición de la caballetta, por lo que nos perdimos las variaciones que Kunde suele introducir en la repetición.

El público dejó de aplaudir en seguida, sin permitir que Kunde y Tebar, que habían salido del escenario, volvieran a salir para saludar. Por lo que pude oír a mi alrededor, había gente del público que no se había enterado de que ahí terminaba la primera parte… simplemente desesperante.

Comienza la segunda parte. Y esta fue mucho mejor que la primera, hay que reconocerlo. Comenzó con una magnífica versión de la obertura de “La forza del destino”, de estas que te ponen la carne de gallina, y siguió al más alto nivel cuando aparece Gregory Kunde y nos desgrana cada frase del “La vita è inferno – O tu che in seno”. A priori podría parecer la parte que menos le iba a Kunde, y en cambio fue probablemente lo mejor de la noche. Aquí la orquesta (magníficas maderas, de nuevo) le acompañó mucho mejor, sin taparle, y Kunde dio una lección de canto e interpretación en un momento casi mágico. En ese momento comenzaron a oírse más bravos desde el auditorio, que habían comenzado tímidamente con su “Il Trovatore”. El público ya se iba calentando.

Siguió el celebérrimo coro “Va, pensiero” de “Nabucco”, que me emocionó. No puedo decir más.

Gregory Kunde volvía para cantar un aria de la “Manon Lescaut” pucciniana, a priori la que menos le iba de las 3 (tras haberle escuchado la ópera completa en Bilbao, no dejó de extrañarme que no eligiera el “Ah, Manon, mi tradisce” o el “Non, pazzo son”, que le dan mucho más juego), pero que también es la más famosa, el “Donna non vidi mai”. Grata sorpresa, me dejó mucho mejor sabor de boca que cuando se la escuché en Bilbao. Al aria le siguió el intermezzo de la misma ópera, que fue, junto con la ya mencionada obertura de “La forza del destino”, la parte que mejor interpretó la orquesta, con esos ritmos más bien pausados de Ramón Tebar que sacaron a la luz toda la belleza de esta inspiradísima página pucciniana, de lo mejor de una ópera bastante ladrillaco. Pese a los excesos de volumen en el acompañamiento de algunas arias, lo cierto es que Tebar demostró todo su talento (que no es poco, precisamente) a lo largo de la noche, aunque en especial en los dos momentos orquestales que he mencionado.

Y llega uno de los momentos más esperados por mi parte, el aria de “Pagliacci” “Vesti la giubba”, que me había dejado ojiplático en Bilbao. Pues el efecto se repitió. Kunde se salió, lució una envidiable anchura vocal, un cuidado fraseo, una vibrante interpretación y vocalmente solventó el aria casi sin despeinarse. Los aplausos y bravos van ya caldeándose.

El coro cantó a continuación sin pena ni gloria el “Fuoco di gioia” del “Otello” verdiano para dar paso a la última aria del programa, la tremenda “Dio mi potevi scagliar”, también de Otello. Gregory Kunde ha hecho de este Otello uno de los caballos de batalla de su carrera en los últimos años, y desde luego dudo que tenga rival en este papel, y ayer demostró por qué. Más lírico que Del Monaco, con una línea de canto siempre cuidadísima, interpretando cada frase, jugando con los acentos y solventando todas las dificultades de la partitura, terminando con un “Oh gioia” bien mantenido y que sonaba como un cañonazo. Sí, sí, así es como tiene que sonar Otello.

Tras los numerosos aplausos y bravos, el cansancio del tenor provocó que de las tres propinas previstas se pasase sólo a una (nos quedamos sin “Romeo et Juliette” y, lo peor de todo, sin “La fanciulla del West”; confieso que eso sí que me dolió); como no podía ser de otra forma, la propina tenía que ser el celebérrimo “Nessun dorma”, algo con lo que ya contábamos en vista de que uno de los vídeos promocionales del concierto recogía la parte final de este vídeo (desde el minuto 5 más o menos):

El cansancio de Gregory Kunde se notó en el acortamiento del “Vincerò!” final, con el la (en la sílaba “rò”) muy breve, aunque con el sib (en el “ce”) bastante más prolongado. El único pero que se le puede poner. He escuchado unos cuantos “Nessun dorma” en mi vida, a grandes tenores (Fabio Armiliato, Marcello Giordani, Neil Shicoff), pero os puedo asegurar que ninguno se acercaba a lo que escuchamos ayer. Sí, en el vídeo suena muy bien… ¡pero hay que escuchárselo en directo! Fue simplemente impresionante. El público, que hasta entonces había sido más bien respetuoso con los finales orquestales, aquí no espero a que terminara la música para ponerse a aplaudir y bravear, y en vista de que nos íbamos a perder esos bellos acordes finales, pues ya opté por hacer lo mismo, por desgañitarme braveando y, en cuanto terminó la música, ponerme en pie, como ya empezaba a hacer parte del auditorio, hasta que todo el público en pie despidió como es debido a un tenor casi histórico, al que ya es un mito de mi generación (de esa generación que no tuvo la ocasión de escuchar en vivo a Pavarotti, por ejemplo).

Confieso que salí del concierto perdido entre las nubes, casi hiperventilando, después de haber desfrutado de semejante “Nessun dorma” (que, como no, es un aria que me vuelve loco). Y conseguir poder saludar por fin a Gregory Kunde, tener su firma y hacerme una foto con él (cosa que compensó la larga espera y el frío que hacía por la noche en Iruña) fue ya el remate de una noche mágica. Así sí que vuelve uno feliz a casa pese a tener una hora de camino conduciendo. Y si mañana volviera a dar el mismo recital, allí volvería a estar yo, encantado de la vida. Porque no sé si nos damos cuenta de los grande, grande, pero grande de verdad que es Kunde. Hacedme caso, no desaprovechéis cualquier oportunidad que tengáis de escucharle en vivo: no os arrepentiréis.



Giuseppe Taddei en el centenario de su nacimiento (26-06-2016)


Son muchas las veces en las que los aficionados a la ópera sentimos que ya no se canta como antes; que la técnica de los cantantes actuales deja mucho que desear a menudo, frente a cantantes del pasado que, sin especializarse en un repertorio concreto, sino con un repertorio basto y de estilos muy variados, eran capaces de no sólo sobrevivir dignamente, sino de dejar interpretaciones a menudo magistrales en buena parte de ese repertorio. Pocos, muy pocos (si acaso hay alguno) barítonos podrían en este caso ser comparables al barítono (y por momentos también bajo bufo) que nos ocupa hoy, en el centenario de su nacimiento, el gran Giuseppe Taddei.




Giuseppe Taddei nació en Génova el 26 de junio de 1916. Desde joven se percibe su talento musical, por lo que se traslada a estudiar canto a Roma, donde debuta en 1936 (con 20 años) como heraldo de Lohengrin. Sigue cantando en Roma hasta que la II Guerra Mundial provoca su alistamiento y finalmente su confinamiento en un campo de concentración alemán. Terminada la Guerra participa en espectáculos que se organizan para los soldados aliados y canta en Viena. En 1948 canta en el festival de Salzburgo, donde comienza una larga colaboración con Hervert von Karajan. Ese mismo año debuta también en la Scala de Milán y ya su carrera proseguirá hasta los años 80.

Como ya hemos mencionado, su repertorio fue basto. Comenzamos con Mozart, del que cantó numerosos roles (a menudo dos distintos de la misma ópera). Escuchamos aquí su Figaro de “Le nozze di Figaro” magníficamente cantado:

También cantó el papel del Conte en esta misma ópera. Lo mismo sucede con Don Giovanni, ya que cantó tanto el Don Giovanni como el Leporello. Comenzamos con este último, perfectamente cantado (su amplia tesitura grave le permite cantar el papel sin problemas) como interpretado (al margen de su vis cómica, es un cantante muy atento a los matices del fraseo, como muy bien se percibe en este aria):

Le escuchamos ahora como Don Giovanni en un delicadísimo “Deh, vieni alla finestra”, simplemente magistral:

Cantó también “Cossì fan tutte” e incluso el Papageno de “La flauta mágica”, aunque en italiano, como escuchamos aquí:

En sus últimos años cantó el breve monólogo cómico de Domenico Cimarosa “Il maestro di capella”, en la que de nuevo luce sus dotes de canto cómico:

Giuseppe Taddei también cantó óperas de Rossini, aunque en papeles muy distintos. Comenzamos con su Figaro de “Il barbiere di Siviglia”:

Le vemos ahora como Don Magnifico de “La Cenerentola”, un papel de bajo bufo en el que vuelve a estar divertidísimo y vocalmente irreprochable:

Y vamos ahora con un papel más “dramático”, el Guillermo Tell (cantado en italiano, como se solía hacer en los 50) en una de las mejores versiones de este “Resta immobile” que se pueden escuchar:

Vamos ahora con Vincenzo Bellini, con el Riccardo de “I Puritani”, con el aria “Ah, per sempre io ti perdei” que tiene unas coloraturas bastante complicadas; el resuelve la parte con un estilo de canto plenamente belcantista, con una impecable línea de canto y un magnífico gusto en las modulaciones y el fraseo:

Pasamos al otro belcantista, gaetano Donizetti. Y comenzamos con un papel de bajo bufo en “Il campanello”, en el que le acompaña Leo Nucci:

Le escuchamos ahora como Antonio en “Linda di Chamonix”:

Ahora como Alfonso XI en “La favorita”, en la famosa “Vien, Leonora”:

Y le escuchamos ahora como protagonista de la infrecuente “Belisario”:

Y en otra ópera infrecuente, “Caterina Cornaro”:

En todos estos casos podemos comprobar como, a diferencia de muchos de sus colegas contemporáneos, tendentes a cantar a la verista, Giuseppe Taddei, pese a también ser un gran intérprete del repertorio verista (como veremos más adelante), tenía una impecable técnica de canto belcantista, basada en el legato y la línea de canto.

Del repertorio bufo cantó también el “Don pasquale” (está completo en youtube) y “L’elissir d’amore”, en este caso de nuevo en dos papeles; primero el del barítono, Belcore, del que escuchamos el aria “Come Paride vezzoso”:

Perfecto en su descripción de la petulancia del personaje.

Y ahora el bajo bufo, Dulcamara, del que escuchamos el aria “Udite, o rustici”, de nuevo con gran vis cómica y perfecta adecuación estilística:

Pasamos a Giuseppe Verdi, un compositor que fue también muy importante en la carrera de Giuseppe Taddei. Su voz, un tanyo demasiado dramática para el belcanto (aunque su técnica le permitia plegarla a las necesidades del estilo belcantista, como ya hemos visto), se sentía cómodo en los grandes papeles de barítono verdiano. Comenzamos escuchándole en “Nabucco”:

Y después de ese gran papel que es Nabucco, otro no menos grande, el Carlo de “Ernani”. Escuchamos su magnífica interpretación del aria “O de verd’anni miei”:

A ver si hoy día encontramos a un barítono que supere esto, pese a no encontrarse tan cómodo en el registro agudo…

Y seguimos a lo grande, ahora con otro papelón, el protagonista de “Macbeth”, con el aria “Pietà, rispetto, amore”:

Y seguimos con grandes papeles, porque ahora nos toca escuchar su “Rigoletto”; vamos a escucharle en el dúo con Gilda del primer acto, junto a Lina Pagliughi:

Le escuchamos ahora como el Conde de Luna de “Il Trovatore”, en el aria “Il valen del suo sorriso”:

El Germont de “La Traviata” fue otro de sus grandes papeles, y le vamos a escuchar en el dúo con Violetta del segundo acto, junto nada más y nada menos que a Maria Callas:

Cantó también algunas óperas menos frecuentes de Verdi, como “La Battaglia di Legnano” o “I Vespri Siciliani”; de esta última escuchamos el aria “In braccio alle dovizie”:

De si “Simon Boccanegra” vamos a escuchar su gran escena “Plebe, patrizi, popolo;veamos como pasa del estilo extrovertido del principio a uno mucho más introvertido, rematado con un magnífico “E vo gridando pace, e vo gridando amor”

Escuchamos ahora su aria de “Un ballo in maschera”, donde es capaz de recoger su voz para unos bellos pianisimos y con un bastante buen agudo:

Vamos a escuchar ahora su Carlo di Vargas en “La forza del destino”, en el duo “Invano Alvaro” junto al gran Alvaro de Richard Tucker; su fraseo siempre efectivo se percibe muy bien por ejemplo en esa forma de decir “vendetta”:

Pasamos a “Don Carlo”, y en este caso vamos a escuchar a Giuseppe Taddei cantar el aria final de Rodrigo “O Carlo, ascolta”:

Pasamos a su Amonasro de “Aida”, del que escuchamos el dúo del III act, de nuevo junto a Maria Callas, con un brutal “Non sei mia figlia, dei faraoni tu sei la schiava” y un muy emotivo “Pensa che un popolo vinto, stracciato, per te soltanto rinascer puo”:

Vamos con su Yago de “Otello”, del que escuchamos el final del II acto, junto al gran Otello de Mario del Monaco; el papel es perfecto para las características vocales de Giuseppe Taddei, sibilino en sus frases y con esa maldad apenas disimulable:

El papel protagonista de Falstaff le acompañó a Giuseppe Taddei toda su carrera, desde 1950 hasta incluso los años 90, siendo otro de esos papeles que le iban perfectos a su voz y estilo. Escuchamos su monólogo “L’onore? Ladri!”:

Pasamos al verismo. Ya en 1941 participó en la grabación de “Andrea Chenier” de Beniamino Gigli, cantando dos breves papeles, Fléville y Fouquier-Tinville; escuchamos el primero de ellos, cantado con una enorme delicadeza:

Y será con el Geronte de la “Manon lescaut” de Puccini con el que realice su última grabación en estudio. Y entre medias, numerosas interpretaciones memorables. Por ejemplo ese Tonnio de “Pagliacci”, con la mejor versión del prólogo que he escuchado hasta ahora, magníficamente interpretada (que da mucho juego) y con un magnífico Lab agudo:

De Puccini cantó el Marcello de “La Boheme”, del que escuchamos aquí el bellísimo duo “O Mimì, tu più non torni” junto al Rodolfo de Ferruccio Tagliavini, rematado por ambos con un magnífico poanísimo:

Otro de sus grandes papeles fue el Scarpia de “Tosca”, del que escuchamos aquí el final del I acto; como siempre, atención a su fraseo y a esa magnífica forma de transmitir la maldad del personaje:

Escuchamos ahora un fragmento de su Sharpless de “Madama Butterfly” junto a Clara Petrella; aquí por el contrario consigue demostrar la bonhomía del personaje:

Escuchamos ahora su Michelle de “Il Tabarro” en un “Nulla, silenzio” repleto de matices:

Y, por supuesto, su “Gianni Schicchi”, el gran papel cómico de Puccini, del que escuchamos el aria “Ah, che zucconi”:

Y terminamos con Puccini con su Rance de “La fanciulla del West” (sí, qué no cantó este hombre?):

Pasamos al Gérard de “Andrea Chenier”, otro de sus grandes roles, con este “Nemico della patria” (una de mis arias favoritas); como además podemos verle, hay que aprovechar para comprobar su gran talento como actor:

Pasamos ahora a Francesco Cilea, y comenzamos por un aria que me encanta, el “Come due tizzi accesi” de “L’arlesiana”, hoy completamente olvidada, de la que nos regala una de las mejores versiones (yo en este caso personalmente prefiero la de Tito Gobbi, pero es un tema puramente personal):

Y seguimos con su Michonet de “Adriana Lecouvreur”, en una magnífica versión del aria “Ecco il monologo”, que de nuevo le permite lucir su talento interpretativo:

Fuera del repertorio italiano, Giuseppe Taddei también cantó óperas de Wagner (“Los maestros cantores de Nuremberg”, “El holandés errante”) o rusas (“Eugen Onegin”, “El príncipe Igor”), algunas de las cuales se pueden encontrar completas en Youtube. Yo sólo voy a poner su Zurga de “Les pêcheurs des perles”de Bizet (en italiano, obviamente) junto al Nadir de Alfredo Kraus:

Y terminamos con una de esas canciones italianas que también cantó; le vamos a ver, ya bastante mayor, cantar “A Marecchiare” de Francesco Paolo Tosti:

Retirado desde los años 90, Giuseppe Taddei murió en Roma el 2 de junio de 2010, a punto de cumplir 94 años. Con él se iba uno de los últimos representantes de una escuela de canto ya olvidada, de legato impecable y fraseo preciso, alejado del griterío pseudo-verista tan común hoy día. Giuseppe Taddei es desde luego una figura a recordar y un referente para cualquier barítono que quiera tener una carrera de buen nivel.