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In Memoriam: Doris Day (15-05-2019)

Prototipo de actriz cómica de los años 50 y comienzos de los 60, pese a que su carrera no fue muy larga, dejó una huella imborrable en el público cinematográfico, aunque la crítica no fuera tan piadosa con ella. Hace pocos días desaparecía una de las pocas supervivientes del Hollywood clásico, la actriz Doris Day.

El nombre real de Doris Day era Doris Mary Kappelhoff nació en Cincinati, estado de Ohio, el 3 de abril de 1922 (aunque ella siempre afirmó que fue en 1924). Sus abuelos eran inmigrantes alemanes y su padre era profesor de música. Tenía dos hermanos mayores, aunque el primero murió antes de que ella naciera. Criada en una familia católica, ello no impidió que sus padres se divorciaran cuando ella era pequeña, a causa de una infidelidad paterna. 

Aficionada desde pequeña a la danza, formó en los años 30 pareja de baile con Jerry Doherty, pero un accidente de tráfico frustró su futuro como bailarina. Es entonces cuando descubre su potencial como cantante. Comienza a recibir lecciones de canto por parte de Grace Raine, que se sorprende con su enorme potencial, venciendo las reticencias de su madre hacia el mundo del espectáculo. Así, la joven Doris comienza a cantar en la radio y en restaurantes. 

El cantante de Jazz Barney Rapp está buscando vocalistas femeninas. Doris vence a las 200 que audicionaron, y por insistencias de Rapp toma el nombre artístico de Doris Day (que a ella nunca le gustó, porque le sonaba a stripper) por la canción “Day after day” que forma parte de su repertorio. 

En 1941 se casa por primera vez, con  Al Jorden, miembro de la banda de Rapp. Con él tendrá a su único hijo, Terry. La pareja se divorcia en 1943, y Al se suicida poco después. En 1946 se casa con el saxofonista George Weidler, quien le convencerá para abandonar el catolicismo y convertirse a la ciencia cristiana. La pareja termina en divorcio en 1949. 

Doris Day alcanza gran éxito cantando con diferentes bandas, incluyendo las de intérpretes consagrados como Bing Crosby, colabora en la radio con Bob Hope y, desde 1945, realiza grabaciones discográficas. Una de estas será “Embraceable you”, cuya interpretación llamará la atención de sus compositores, Jule Styne y Sammy Cahn:

Ambos insisten en que participe en la película “Romance en alta mar” que dirige Michael Curtiz. Ella le dice al director que no tiene experiencia como actriz, pero eso le convence aún más a Curtiz de que es la intérprete adecuada (de hecho, el de Doris Day será el descubrimiento del que más orgulloso se sentirá Curtiz). La película, una comedia musical, se estrena en 1948 y en ella comparte pantalla con Jack Carson:

Esta canción, “It’s magic”, alcanza un gran éxito en las listas musicales, éxito que será aún mayor con su segunda película junto a Jack Carson y, de nuevo, dirigida por Michael Curtiz, “Mi sueño eres tú”, de 1949, con la canción “Someone like you”:

Trabajará a las órdenes de Michael Curtiz por tercera vez en 1950 en el drama musical “El trompetista”, protagonizado por Kirk Douglas y Lauren Bacall:

También en 1950 protagoniza la comedia musical “Té para dos”, junto a Fordon MacRae:

Su mayor éxito en esos años vendrá en todo caso en 1951 cuando trabaje por cuarta vez a las órdenes de Michael Curtiz, en “Te veré en mis sueños”, biopic del compositor Gus Kahn:

En 1951 se casa por tercera vez, con el productor Martin Melcher, . Él adopta a su hijo Terry, que pasa a ser conocido como Terry Melcher. 

Es una época en la que Doris Day es la actriz favorita de los militares que combaten en la Guerra de Corea, por lo que protagoniza no pocos musicales de poca calidad e irrelevantes en su carrera. Quizá el más relevante sea “Calamity Jane” (en España ridículamente titulado “Doris Day en el oeste”), western musical que protagoniza junto a Howard Keel y en el que canta la canción “Secret love”, que ganará el Oscar:

En 1954 protagoniza el drama musical “Siempre tú y yo”, junto a Frank Sinatra:

Tras rodar esta película, Doris Day decide no renovar su contrato con la Warner, descontenta por verse encasillada en papeles de comedia-musical. Por ello, su siguiente película, si bien igualmente musical, es mucho más dramática: “Quiéreme o déjame”, biopic de la cantante Ruth Etting y su tormentosa relación con su marido, que la maltrata psicológicamente, interpretado por James Cagney. La película, dirigida por Charles Vidor, se estrenó en 1955:

La película fue un considerable éxito de crítica, que le valió 2 Oscars y varias nominaciones, entre ellas a mejor actor para Cagney, pero no para Day. 

Tras rodar un thriller junto a Louis Jourdan, “El diabólico Señor Benton”, Doris Day trabaja a las órdenes de Alfred Hitchcock y junto a James Stewart en “El hombre que sabía demasiado”, de 1956, remake de la versión inglesa rodada por Hitchcock en los años 30, en la que se traslada la acción a Marruecos. La película es recordada en especial por ese “Qué será, será”, que ella odiaba pero que ganó el Oscar a mejor canción:

Pero de nuevo Doris Day regresa al mundo de la comedia. En 1958 estrena “Enséñame a querer”, en la que comparte escena con Clark Gable y con Gig Young, habitual secundario en sus películas. Por esta película conseguirá su primera nominación al Globo de oro, en la categoría de actriz de comedia:

Ese mismo año protagoniza junto a Richard Widmark (y de nuevo con Gig Young como secundario) “Mi marido se divierte”, otra comedia romántica, dirigida por Gene Kelly

En 1959, tras protagonizar junto a Jack Lemmon “La indómita y el millonario”, estrena el que probablemente sea su mayor éxito: la genial comedia de enredos “Confidencias a medianoche”, primera de las tres películas que protagonizará junto a Rock Hudson y Tony Randall y que le valdrá su única nominación al Oscar y una nueva nominación al Globo de Oro:

En 1960 protagoniza la simpática comedia familiar “No os comáis las margaritas”, en la que comparte protagonismo con David Niven:

Pero ese mismo año da un giro sorprendente a su carrera con un papel dramático, quizá su mejor papel, en el thriller “Un grito en la niebla”, protagonizado por Rex Harrison, Myrna Loy y John Gavin, en el que interpreta a una mujer amenazada de muerte que terminará descubriendo que la amenaza llega de alguien muy cercano:

No consigue nominación al Oscar, pero sí al Globo de oro. 

En 1961 vuelve a trabajar junto a Rock Hudson y Tony Randall en otra genial comedia, “Pijama para dos”, dirigida por Delbert Mann:

En 1962 consigue ser nominada al Globo de Oro por “Jumbo, la sensación del circo”, pero su mayor logro profesional será compartir pantalla junto a Cary Grant (y de nuevo con Gig Young como secundario) en la comedia romántica “Suave como visón”, de nuevo a las órdenes de Delbert Mann:

En 1963 protagoniza dos comedias junto a James Garner: “Su pequeña aventura” y “Apártate, cariño”, remake de “Mi mujer favorita”, en la que, tras cinco años desaparecida y dada por muerta, reaparece el mismo día que su esposo va a casarse de nuevo. Por esta película consigue su última nominación al Globo de Oro:

Al año siguiente repite por tercera vez junto a Rock Hudson y Tony Randall en “No me mandes flores”, dirigida por Norman Jewison:

Una nueva comedia en 1965, “Por favor, no molesten”, junto a Rod Taylor, le proporciona su último gran éxito:

Los gustos del público van cambiando, Doris Day rechaza el papel de Mrs. Robinson en “El graduado”, considerando el guión ofensivo y vulgar (Day era republicana y muy conservadora, como es propio por otra parte de un miembro de la iglesia de la ciencia cristiana), mientras el público la veía demasiado mojigata. Pocas comedias más terminan con su carrera cinematográfica, siendo la última “El novio de mamá”, en 1968. 

El 20 de abril de 1968 su esposo Martin Melcher, que padecía un problema cardiaco pero por sus creencias en la ciencia cristiana rechazó recibir tratamiento médico hasta que fue demasiado tarde, murió. Doris Day se llevó entonces dos desagradables sorpresas. La primera es que, a causa de unas pésimas inversiones, Melcher y el abogado Jerome B. Rosenthal le habían dejado en bancarrota. Doris Day denuncia a Rosenthal y lo lleva a juicio, que logra ganar en 1874, aunque no recibió la compensación económica hasta 1977.

La otra es que, sin consultarla, Melcher había acordado con la CBS un programa de televisión para ella, “El show de Doris Day”. Ella no quería trabajar en televisión, pero las deudas le obligaron a aceptar, y el programa fue un éxito que se mantuvo en emisión hasta 1973. 

Por otra parte, su hijo Terry Melcher era el objetivo de los famosos asesinatos de Charles Manson (la casa en la que sucedieron los asesinatos había sido de Terry hasta pocos meses antes, y Mason al parecer desconocía el cambio), y al saberlo, se empeñó en que su madre fuera siempre acompañada de guardaespaldas. Era una época difícil para Doris Day, que además veía como los gustos del público se alejaban de su estilo. Regresó a la televisión en 1985 para una serie de entrevistas (la más famosa, a su amigo Rock Hudson, enfermo ya de SIDA), pero el programa no duró mucho. 

En 1976 se casó por cuarta vez, con el camarero Barry Comden, pero la pareja acabó divorciándose en 1982. Él decía que ella le prestaba más atención a sus perros que a él. Y es que en sus últimos años Doris Day se centró en su asociación para la defensa de los animales, fundada en 1878. Un fallido intento de aparición en los Oscars, echado a perder por un accidente, terminó con su vida pública al margen de su asociación. De hecho, cuando se propuso otorgarle un Oscar honorífico, ella lo rechazó. Su hijo Terry murió en 2004 a causa de un melanoma. Cada vez más ausente de la vida pública, Clint Eastwood le ofreció un papel en 2015, pero finalmente tampoco lo realizó. Casi olvidada, una neumonía acabó con su vida el pasado 13 de mayo, cuando contaba 97 años. Por expreso deseo suyo no habría ni funeral ni tumba ni ningún acto público. 

Reina absoluta de la comedia romántica y el musical del Hollywood mojigato y republicano de los años 50, la historia posterior no la ha tratado muy bien, pese a que algunas de sus películas merezcan ser recordadas por la gran vis cómica de una actriz que en realidad no era más que una cantante sin experiencia escénica. Tampoco necesitó nada más.

In Memoriam: Stanley Donen (21-02-2019)

Era el último director del Hollywood clásico que nos quedaba. Tenía 25 años cuando se estrenó con un clásico del cine musical, “Un día en Nueva York”, y nos regaló algunas de las mejores comedias y musicales durante los siguientes 20 años. Hace pocos días nos dejaba uno de mis directores favoritos, el mítico Stanley Donen. 

Stanley Donen nació el 13 de abril de 1924 en Columbia, en el estado de Carolina del Sur. Hasta 1937, que nació su hermana Carla, fue el hijo único de una pareja judía (aunque Donen se volvería ateo en su juventud), lo que le supuso sentir el acoso antisemita de una ciudad con poca población judía en la escuela. Su válvula de escape fue el cine: le encantaban los westerns, las comedias y los thrillers, pero por encima de todo le encantaba “Volando a Rio de Janeiro”, el musical que lanzó a la fama a Fred Astaire y Ginger Rogers. La película le sumergía en un mundo en el que todo era feliz y hermoso. Por ello comenzó a rodar películas caseras y a tomar lecciones de baile, tanto en Columbia como en sus vacaciones de verano en Nueva York, donde llegó a estudiar con Ned Wayburn, quien fuera profesor de baile de Astaire, además de poder ir a los musicales de Broadway. 

Terminada la escuela, comenzó a estudiar psicología en la universidad, pero lo abandonó al poco tiempo para trasladarse a Nueva York y probar suerte en el teatro. No tardó en conseguir un papel como bailarín en el musical “Pal Joey”, que lanzaría a la fama a su protagonista, Gene Kelly. Trabaja en teatro por algún tiempo antes de trasladarse a Hollywood en 1943, donde comienza como bailarín en musicales y coreógrafo. Con un contrato por un año para la Metro, vuelve a encontrarse allí con Gene Kelly, que trabaja para la misma productora como actor. Kelly consigue que le permitan a él diseñar sus propias coreografías, pero necesita a alguien que conozca los pasos que va a hacer para comunicarse con los cámaras y que estos puedan seguirlos; Donen necesita un trabajo, y Kelly se lo consigue como su asistente de coreografía. 

Juntos trabajan en “Levando anclas”, y Stanley Donen es quien tiene la idea de hacer un número de baile con Kelly y un personaje de animación; tras no conseguir el permiso de Disney para usar alguno de sus personajes, el elegido termina siendo el ratón Jerry de Hanna-Barbera. El éxito de la escena es inmediato tras el estreno.

Stanley Donen continúa trabajando como coreógrafo en Hollywood incluso en el periodo en el que Kelly se va a hacer el servicio militar, pero a su regreso continúan colaborando. Kelly quiere lanzarse a la dirección con un musical escrito por ambos, pero la productora no lo permite y contrata al mítico Busby Berkeley para dirigirlo. Pero, tras el éxito de dicho musical, “Llévame a ver el partido”, la productora autoriza a Kelly a dirigir su siguiente proyecto. Pero Kelly necesita a alguien tras las cámaras mientras el actúa, y el elegido es, cómo no, Stanley Donen, que a sus 25 años debuta como director en “Un día en Nueva York”,  de 1949, musical protagonizado por el propio Kelly, Frank Sinatra, Jules Munshin o Ann Miller, entre otros: 

El éxito de este musical le permite a Donen firmar un contrato con la Metro como director, ahora ya sin Kelly al lado. Tras problemas con Esther Williams que le impiden dirigir el primer proyecto que le adjudica, Donen es contratado para dirigir a su ídolo de infancia, Fred Astaire, en una película que es casi una biografía del propio Astaire, “Bodas reales”, de 1951, en la que se reproduce su equipo con su hermana Adele y los motivos de la separación. Tras retirar del proyecto a una enferma Judy Garland, el papel femenino protagonista recaerá en June Powell. Donen demostrará su virtuosismo en una de las más memorables y técnicas escenas del cine musical:

En 1951 se divorcia de sus primera esposa, la bailarina Jeanne Coyne, y en 1852 se casa con la actriz Marion Marshall, con la que tiene dos hijos, Peter en 1953 y Joshua en 1955. La pareja se divorciará en 1959, dando comienzo a una larga disputa legal por la custodia de los hijos. Entre ambos matrimonios, al parecer mantuvo un breve romance con Elizabeth Taylor, a la que dirigió en 1952 en “Marido a la fuerza”, segunda película que dirige en solitario y que fue un fracaso, en parte debido al retraso del estreno y a que el actor protagonista, Larry Parks, fue acusado durante la caza de brujas de McCarthy. 

Mientras tanto, Gene Kelly está en la cumbre de su éxito gracias a “Un americano en París”, por lo que decide volver a dirigir. El productor Arthur Freed quiere un musical que utilice antiguas canciones escritas por él y compuestas por Nacio Herb Brown, y de una de ellas sale el título de la película, “Cantando bajo la lluvia”, musical-collage ambientando en el paso del cine mudo al sonoro que dirigen mano a mano Kelly y Donen y que protagonizan el propio Kelly, Debbie Reynolds y Donald O’Connor:

La película supuso semejante éxito que le permitió a Stanley Donen seguir con su carrera como director. En el mismo 1952 estrenó la alocada comedia “Fearless Fagan”, basada en la historia real de un payaso que, cuando se enrola en el ejército, se lleva consigo su león. La película fue protagonizada por Carleton Carpenter y Janet Leigh:

En 1953 dirige la comedia musical “Tres chicas con suerte”, ambientada en el mundo del teatro musical y protagonizada por Debbie Reynolds y por el coreógrafo y futuro director de cine Bob Fosse, con quien tuvo problemas durante el rodaje:

Pese al fracaso de este último film, Stanley Donen sigue contando con la confianza de la Metro, que le encarga dirigir un proyecto largamente acariciado que llevaba al oeste y al género musical la historia del rapto de las sabinas. Pese a ser un proyecto menor, frente a los otros dos musicales que la metro rodaba en esa época, “Brigadoon” y “Rose Marie”, Donen contó para el proyecto con la música de Saul Chaplin, las letras de Johnny Mercer, una pareja protagonista formada por Howard Keel y Jane Powell, el actor y acróbata Russ Tamblyn y un importante elenco de bailarines y bailarinas, destacando siempre entre ellos el gran Tommy Rall. El resultado, estrenado en 1954, fue la mítica “Siete novias para siete hermanos”:

Con unos espectaculares números de baile que rozan la acrobacia, una partitura magnífica, las grandes voces de Keel y Powell y una historia divertida y entretenida, “Siete novias para sierte hermanos se convirtió en uno de los mejores musicales de la historia del cine y uno de los más queridos por el público. No sólo consiguió recaudar más que los otros dos musicales de la Metro juntos, sino que además se llevó una nominación al Oscar a mejor película, nada menos, pese a que los Oscars siempre ignoraron a Donen. 

Su siguiente proyecto, también estrenado en 1954, es el biopic musical del compositor de opereta Siegmund Romberg, “Profundamente en mi corazón”, protagonizado por José Ferrer y con la gran cantante de ópera Helen Traubel en el cast:

 

En 1955 regresa Gene Kelly para proponerle co-dirigir un nuevo musical, que en principio iba a ser una secuela de “Un día en Nueva York”. Con música de André Previn, “Siempre hace buen tiempo” supuso el fin definitivo de la colaboración entre Kelly y Donen, ya que Kelly siempre usó a Donen como un ayudante en lugar de trabajar en condición de igualdad con él. Será la última colaboración entre ambos, y también la última película que Donen rueda para la Metro antes de concluir su contrato:

Stanley Donen decide entonces trabajar por libre y no firmar en exclusiva con ninguna productora. No estrena hasta 1957, cuando rueda para la Paramount “Una cara con ángel”, utilizando algunas de las canciones del musical “Funny Face” de George e Ira Gershwin pero cambiando el argumento: un fotógrafo de moda, interpretado por Fred Astaire, descubre a una bibliotecaria poco preocupada por la moda, interpretada por Audrey Hepburn, y trata de convertirla en una gran modelo, hasta que surja el amor. Será la segunda y última vez en la que Donen dirija a Astaire, y la primera en la que trabaje con la Hepburn:

En 1957 estrena dos películas más: “Juego de pijamas”, con Doris Day, y “Bésalas por mí”, primera colaboración con Cary Grant. A continuación, Donen funda junto a Cary Grant su propia productora, “Stanley Donen productions”, siendo su primera película la genial “Indiscreta”, comedia romántica protagonizada por Cary Grant y la recién retornada a Hollywood Ingrid Bergman, poco asidua a la comedia, en una brillante película digna de ser mucho más recordada:

 

La película es un éxito que convierte a Donen en uno de los reyes de la comedia. Tras dirigir dos películas protagonizadas por Yul Brynner, “Volverás a mí” y “Una rubia para un gangster”, se traslada por unos años a Gran Bretaña, donde rodará la genial comedia “Página en blanco”, con música de Noël Coward, a quien había dirigido en “Una rubia para un gangster”, y un reparto de lujo formado por Cary Grant, Deborah Kerr, Jean Simmons y Robert Mitchum, en una magnífica historia de cuadriláteros amorosos:

 

Con joyas así, como para no ser el nuevo rey de la comedia. 

El traslado de Donen a Londres se debió a su tercer matrimonio, con Adelle, Condesa de Beatty, con la que permanecerá hasta 1969, divorciándose en 1971. Con ella tuvo un hijo, Mark, en 1962. 

Su siguiente película, estrenada en 1963, es la genial “Charada”, mezcla de intriga (Donen quería hacer una película del estilo de Hitchcock) y comedia protagonizada por Cary Grant, Audrey Hepburn y Walter Matthau, que se convertirá en otra de sus películas más famosas, gracias a escenas como la del baile o la de Cary Grant duchándose con el traje puesto, que la convierten en la película comercialmente más exitosa de Donen:

Stanley Donen repite combinación de intriga y comedia en su siguiente film, “Arabesco”, estrenado con gran éxito en 1966 y protagonizado por Gregory Peck y Sophia Loren: 

En 1967 estrena la comedia dramática “Dos en la carretera”, amarga historia contada en blash-backs de los 4 viajes por el sur de Francia de una pareja, formada por Audrey Hepburn y Albert Finney, a lo largo de 12 años, desde que se conocen hasta que su matrimonio está a punto de romperse, inspirándose sin duda en sus propias experiencias al respecto:

La película no fue un gran éxito en su momento, aunque a día de hoy sea considerada una de sus obras maestras. 

En 1969 estrena una de sus películas más peculiares, “La escalera”, que cuenta la historia de una pareja gay formada por Rex Harrison y Richard Burton, en una época en la que ese era un tema tabú en el cine, por lo que, de nuevo, la película es más apreciada en la actualidad que durante el estreno, que casi podría calificarse de fracaso:

Tras su divorcio, Stanley Donen regresa a Hollywood y se casa por cuarta vez, en 1972, con la actriz Yvette Mimieux, de la que se divorcia en 1985. 

El productor Robert Evans le propone a su regreso dirigir una adaptación del célebre cuento “El principito”, para el que cuenta con música escrita por Frederick Loewe (el compositor de “My fair Lady”), y Donen estrena la película en 1974. En el reparto, Gene Wilder y Bob Fosse, interpretando a la serpiente y coreografiando él mismo su baile:

La película fue un fracaso, como lo será también la siguiente, “Los aventureros de Lucky Lady”, protagonizada por Liza Minnelli y Gene Hackman.  No tendrá mejor suerte con su incursión en la ciencia ficción en “Saturno 3”, protagonizada por Kirk Douglas, Harvey Keitel y Farrah Fawcett:

Su última película fue la comedia “Lío en Rio”, protagonizada por Michael Caine y una jovencita Demi Moore, que fue un fracaso de crítica pero, al menos, no funcionó tan mal entre el público:

Posteriormente, Donen trabaja tanto en televisión como en teatro. En 1990 se casa por quinta vez, Pamela Braden, divorciándose en 1994. 

Sin nominaciones al Oscar, la Academia decide “arreglar” uno de sus mayores errores, dándole un Oscar honorífico, que le entregó Martin Scorsese, y que recogió cantando y bailando el “Cheek to cheek” que inmortalizara Fred Astaire en “Sombrero de copa”. Viendo su “discurso” de agradecimiento, sólo queda decir dos cosas: ya no hay galas de los Oscars como las de antes, y quien no se emocione con esto no sabe lo que es amar el cine:

Todavía en 1999 dirigió una película para la televisión, “Cartas de amor”, y continuó trabajando en Broadway. Desde los años 70 no conseguía alcanzar el éxito, quizá porque su forma de hacer cine, de entender el cine, no se ajustaba a los gustos de la época, y él no se adaptaba a los nuevos estilos. Y, pese a todo, continuaba trabajando en nuevos proyectos. Y todavía quiso casarse una nueva vez, con su pareja la escritora Elaine May, con la que vivió desde 1999 hasta su muerte. Finalmente, un infarto acababa con su vida a los 94 años en Nueva York el 21 de febrero. 

Admirado por muchísimos directores más jóvenes, Stanley Donen combinaba un inusual talento técnico a la hora de filmar con una exquisita habilidad para el musical y la comedia, regalándonos algunas de las películas más memorables de los años 50 y 60. Con su muerte concluye una era, ese Hollywood dorado que algunos tanto añoramos, porque viendo sus películas nos damos cuenta de que ya no se hace cine como el de antes. Porque hay que ser muy, muy, muy grande para hacer semejante cantidad de obras maestras en apenas 20 años. Y Donen era, y siempre fue, muy, muy, muy grande. 

In Memoriam: Albert Finney (07-02-2019)

“Un hombre cuenta sus historias tantas veces que al final él mismo se convierte en esas historias. Siguen viviendo cuando él ya no está. De esta forma, el hombre se hace inmortal.” El genial Tim Burton remataba con esta magnífica frase una de sus obras maestras, “Big Fish”, haciendo referencia a las historias sobre su vida que se inventaba el protagonista, Will Bloom, interpretado por un entrañable Albert Finney. Hace pocos días nos enterábamos de que Finney nos había dejado; se había convertido en inmortal a través de sus películas, por lo que repasamos a continuación su carrera. 

Albert Finney Jr. nació el 9 de mayo de 1936 en Pendleton, en el Gran Manchester, en el seno de una familia de poco nivel adquisitivo, que le impidió poder acceder a la Universidad. Pero pudo inscribirse en la Royal Academy of Dramatic Art, de la que se graduaría en 1956. Trabajó en diversas obras de teatro y en 1957 se casó por primera vez, con la actriz Jane Wenham, casi 9 años mayor que él, con la que tuvo a su único hijo, Simon, que trabajó como camarógrafo. 

Miembro de la Royal Shakespeare Company, interpretó en escena numerosas obras teatrales dicho autor, si bien su debut en Londres tuvo lugar en 1958 estrenando “The party”, obra de Jane Arden que dirigía y protagonizaba Charles Laughton junto a su mujer Elsa Lanchester. En 1959 llega a sustituir a un indispuesto Laurence Olivier en “Coriolano” de Shakespeare. 

Su debut en el cine tiene lugar en 1960 con un papel secundario en “El animador” de Tony Richardson, protagonizada por Laurence Olivier. Pero será ese mismo año cuando destaque por su segundo papel en cine, “Sábado noche, domingo mañana” de Karel Reisz, en la que interpreta a un frustrado trabajador que sólo busca divertirse los fines de semana y que se ven encerrado entre dos amores, papel que le convertirá en uno de los grandes iconos de “Free cinema” inglés de la época:

Gracias a este papel Albert Finney gana su primer BAFTA, como actor revelación, estando nominado además como mejor actor inglés. 

En 1962 es elegido, tras una dura prueba de casting de 4 días, para protagonizar la superproducción “Lawrence de Arabia” de David Lean, pero finalmente rechaza el papel al no querer atarse en un contrato de larga duración con el productor Sam Spiegel. Pero no tardó en alcanzar la fama, al protagonizar en 1963 la adaptación que Tony Richardson, director estrella del Free cinema, realizó de la novela de Henry Fielding “Tom Jones”, a modo de comedia de aventuras sobre un libertino en la Inglaterra del siglo XVIII. La película fue un gran éxito, ganando 4 Oscars, incluyendo mejor película y director, y consiguiendo Finney su primera nominación como actor, además de las nominaciones al BAFTA y al Globo de Oro, la copa Volpi de Venecia y el Globo de Oro a mejor estrella revelación:

En 1964 repite a las órdenes de Karel Reisz en otro de los grandes exponentes del Free cinema inglés de la época, “Night must fall”, en este caso un thriller:

En 1967 dirige su única película, “Charlie Bubbles”, comedia dramática que también protagoniza junto a Liza Minnelli, en la que intenta recuperar su relación con su esposa y su hijo:

Ese mismo año protagoniza una de sus películas más memorables, la genial “Dos en la carretera”, dirigida por Stanley Donen, comedia dramática que cuenta los diferentes viajes por Francia de una pareja, que forma junto a Audrey Hepburn, en diferentes momentos de su relación, desde que conocen hasta los momentos de crisis:

Pero los intereses de Albert Finney pasan más por el teatro que por el cine, por lo que su trabajo en la gran pantalla es en general poco relevante. Una de las excepciones vendrá en 1970 con su Ebenezer Scrooge en “Muchas gracias, Mr. Scrooge”, adaptación musical de la famosa novela de Charles Dickens “Cuento de navidad”, interpretación por la que gana un Globo de Oro como mejor actor de comedia o musical, de la que escuchamos la canción “I hate people”:

Divorciado desde 1961, en 1870 se casa con la actriz Anouk Aimée, de quien se divorciará en 1978.

El otro gran papel de Albert Finney en los años 70 será su histriónico Hercules Poirot (según él, se inspiró en la forma de interpretar de Charles Laughton” en la magistral “Asesinato en el Orient Express”, dirigida por Sidney Lumet y con un extenso reparto de auténtico lujo:

Por este papel recibe su segunda nominación al Oscar. Pero, pese al éxito, Finney se niega a repetir el papel en “Muerte en el Nilo”, al no quere aguantar el maquillaje en las altas temperaturas del país africano. Por ello, en lo que queda de década apenas trabaja en cine, salvo un papel secundario en “Los duelistas” de Ridley Scott. 

Albert Finney regresa a las pantallas en 1981 con tres thrillers no especialmente relevantes. Más relevantes son sus películas de 1982: por un lado, el drama “Después del amor”, dirigido por Alan Parker y junto a Diane Keaton, interpretando de nuevo a una pareja en crisis:

Su otro gran éxito ese año es el musical “Annie”, dirigido por John Huston, en el que volvemos a escucharle cantar, en este caso junto a Carol Burnett:

De vuelta a la primera plana cinematográfica, en 1983 protagoniza “La sombra del actor”, de Peter Yates, acompañado de Tom Courtenay, drama ambientado en el teatro que le vale su tercera nominación al Oscar: 

En 1984 repite a las órdenes de John Huston en “Bajo el volcán”, drama que nos cuenta la historia del cónsul británico en México, alcohólico en una espiral de autodestrucción, junto a Jacqueline Bisset, que le valdrá su cuarta nominación al Oscar:

Su carrera a partir de esta época se orienta fundamentalmente a la televisión. Su siguiente papel cinematográfico relevante será el gangster Leo en “Muerte entre las flores” de Joel Coen:

En 1994 protagoniza “La versión Browning”, en la que interpreta a un profesor de literatura de un internado británico cuya esposa, Greta Gerwig, le es infiel con Matthew Modine, un joven profesor de ciencias mucho más popular entre los alumnos:

Papeles televisivos y alguna película menor le llevan a su vuelta a la primera plana en el año 2000, cuando Steven Soderberg le recupera para interpretar al jefe del bufete de abogados que contrata a Julia Roberts, la protagonista de “Erin Brockovich”:

Su genial interpretación de un personaje duro pero en el fondo entrañable le valió su quinta ý última nominación al Oscar, en este caso en la categoría de actor secundario. En todo caso, nunca ganó el premio, ni se le dio un merecidísimo Oscar honorífico. 

En el año 2003, Tim Burton le regaló el papel bombón del anciamo Will Bloom (interpretado en su versión joven por un espléndido Ewan McGregor) en una historia plagada de fantasía y con uno de los finales memorables del cine del siglo XXI:

Pese a una incomprensible ausencia en los Oscars, este es probablemente el papel por el que será más recordado Albert Finney. El mismo Tim Burton vuelve a contar con él para prestar su voz a uno de los personajes de su película de animación “La novia cadáver”, en concreto el del padre de la mujer con la que va a casarse el protagonista:

Albert Finney vuelve a colaborar con los directores con los que había trabajado previamente. Así, realiza un cameo en “Ocean’s Twelve” bajo las órdenes de Steven Soderbergh. Y en 2006 Ridley Scott le ofrece otro entrañable papel, como el anciano tío del protagonista, interpretado en su fase infantil por Freddie Highmore y en la adulta por Russell Crowe:

En el año 2007 participa en “El ultimatum de Bourne” y protagoniza junto a Philip Seymour Hoffman y Ethan Hawke la genial “Antes que el diablo sepa que has muerto”, drama dirigido por Sidney Lumet en el que interpreta al padre de los protagonistas, que perpetran un crimen contra su propia familia:

Albert Finney permaneció a continuación varios años desaparecido del cine. Se había casado, por tercera vez, en 2006 con la agente de viajes Penelope Delmage. Lo que no se supo hasta años después es que en 2007 se le diagnosticó un cáncer renal que requirió de cirugía y quimioterapia. Ya recuperado, en 2012 regresó brevemente al cine, primero en la nueva entrega de la saga Bourne, “El legado de Bourne”, y luego con un breve papel en “Skyfall”, de la saga Bond. Retirado definitivamente del cine, por desgracia para sus numerosos fans, apenas se tuvo más noticias de él hasta su muerte el pasado 8 de febrero, a los 82 años. 

Albert Finney era un actor muy querido por el público, en especial gracias a sus últimos papeles, lo que para muchos hace imperdonable que la Academia de Hollywood no le recompensara con un Oscar honorífico su vacío en los premios. Con él se nos va un enorme actor y uno de los últimos exponentes de la magnífica hornada de actores ingleses que invadieron Hollywood a finales de los 50 y en los años 60. 

In Memoriam: Milos Forman (13-04-2018)


Un director checo llega a Hollywood arrasando y se llevará dos Oscars a mejor director con una filmografía bastante reducida, aunque no siempre de idéntica buena calidad. Sería de alguna forma el resumen de la carrera de Milos Forman, nombre quizá no tan conocido como los títulos de sus películas, que nos dejó hace pocos días. Repasaremos brevemente su carrera.

El nombre real de Milos Forman era Jan Tomás Forman, y nació en la localidad checa de Caslav el 18 de febrero de 1932. Durante su infancia creyó que su padre era el profesor Rudolf Forman, activo miembro de la resistencia antinazi checa que morirá en un interrogatorio en el campo de concentración de Mittelbau-Dora en 1944, mientras su madre, Anna, habría muerto el año anterior en Auschwitz, por lo que el joven Forman fue criado por unos tíos. Años después descubrirá que su padre biológico era en realidad el arquitecto judío Otto Kohn.




Ya de joven, Milos Forman quiere convertirse en productor teatral, por lo que estudia en la Academia de Artes Escénicas de Praga. En 1958 se casa con la actriz checa Jana Brejchova, de la que se divorcia en 1962. En 1964 se casa por segunda vez, con la actriz checa Vera Kresadlová, con la que tendrá dos hijos gemelos, Petr y Matej, nacidos en 1964 y ambos dedicados al teatro. La pareja se separará en 1969 y se divorciará en 1999.

Dirige algunos documentales antes de debutar como director en 1964 con el drama “Pedro, el negro”, perteneciente a la corriente de la Nueva Ola Checa, como también lo será su siguiente película, la comedia “Los amores de una rubia”, de 1965, que se lleva premios en los festivales de cine de Locarno y venecia, además de recibir nominaciones al Oscar y al Globo de oro como mejor película extranjera:

Su siguiente película será otra comedia, “¡Al fuego, bomberos!”, estrenada en 1967, por primera vez en color, y que volverá a ser nominada al Oscar:

La Primavera de Praga le sorprende estando en París, negociando dirigir una película para Hollywood. Cuando las tropas soviéticas invaden Checoslovaquia para aplastar la sublevación, Milos Forman es despedido por la productora checa para la que trabaja, por lo que decide trasladarse a los Estados Unidos, adquiriendo la nacionalidad americana en 1977.

Su primera película en Hollywood será otra comedia, en la línea de su filmografía anterior, “Juventud sin esperanza”, de 1971, que conseguirá algunos premios. Pero la gran sorpresa la dará en 1975, cuando Michael Douglas y Saul Zaentz recurran a él (según Forman, porque entraba en el presupuesto) para dirigir la adaptación de la novela de Ken Kensey “Alguien voló sobre el nido del cuco”, drama ambientado en una clínica mental en el que una estricta enfermera, interpretada por Louise Fletcher, intentará mantener a raya a unos pacientes que se revelan contra su autoridad, encabezados por Jack Nicholson:

La película arrasa en los premios, y consigue ganar los 5 Oscars principales (película, director, actor y actriz protagonistas para Nicholson y Fletcher y guión, adaptado en este caso), algo que sólo han conseguido otras dos películas, “Sucedió una noche” en 1934 y “El silencio de los corderos” en 1991. Veamos a Milos Forman recoger su premio como mejor director, de manos nada menos que de William Wyler:

El éxito que alcanza con este film le permite asumir el proyecto que desea realizar, la adaptación cinematográfica del musical rock “Hair”,  protagonizado por Treat Williams, John Savage y Beverly D’Angelo, que se estrenará en 1979, resultando un fracaso de taquilla, pese a contar con números tan memorables como este “Aquarius”:

Pese a todo, su siguiente proyecto no será menos ambicioso, la monumental “Ragtime”, drama sobre el racismo ambientado en Nueva York a comienzos del siglo XX en el que será el último papel de mítico James Cagney:

Sin ser un gran éxito, consigue ser nominado como mejor director en los Globos de Oro.

En 1984 volverá al alcanzar la cumbre de la fama con su obra maestra “Amadeus”, en la que recurre a la mítica historia de traición de Antonio Salieri, interpretado por F. Murray Abraham, para acabar con su rival Wolfgang Amadeus Mozart, interpretado por Tom Hulce. Os dejo mi escena favorita de la película (que no será la más famosa, seguro):

Confieso que llegué a apreciar mejor la genialidad del Réquiem de Mozart gracias a esta escena. La película en todo caso fue un enorme éxito que le valió el Oscar al Salieri de Abraham y se llevó el premio a la mejor película. Milos Forman ganará su segundo Oscar (y su segundo Globo de Oro también) a mejor director:

Su siguiente película se estrenará en 1989. Forman cometerá el error de adaptar la obra de Choderlos de Laclos “Las amistades peligrosas” justo un año después de que lo hiciera Stephen Frears, por lo que su “Valmont”, protagonizado por Colin Firth y Annette Bening, pasó desapercibida:

Tomándose su trabajo con mucha calma, Milos Forman no vuelve a estrenar hasta 1996, con “El escándalo de Larry Flynt”, drama biográfico que cuenta la historia del fundador de la revista erótica “Hustler” en los años 70, generando un gran escándalo, protagonizada por Woody Harrelson y Edward Norton:

Pese a que la película no fue un éxito comercial, sí lo fue de crítica: Milos Forman recibirá su tercera (y última) nominación como mejor director al Oscar, y ganará el Globo de Oro (el tercero) en la misma categoría:

En 1999 estrena la comedia dramática “Man in the moon”, biografía de un cómico interpretado por Jim Carrey, que tuvo un moderado éxito, incluyendo un Globo de Oro para el actor:

En 1999 Milos Forman se casa por tercera vez, con Martina Zborilova, con la que ese mismo año tendrá dos hijos gemelos, Jim y Andy.

A comienzos de siglo baraja dirigir una adaptación de “El último encuentro”, obra maestra literaria del húngaro Sandor Marai, pero por desgracia el proyecto no llega a buen puerto (una lástima, porque con Sean Connery de protagonista, tenía muy buena pinta). Algún otro proyecto tampoco termina de salir adelante, y Forman comete el mayor error de su carrera: dirigir la mediocre “Los fantasmas de Goya”, de 2006, de argumento infumable y con un Javier Bardem simplemente insoportable como inquisidor reconvertido en liberal napoleónico. Ni Natalie Portman en un doble papel ni Stellan Skarsgard como Goya consiguen sacar adelante una película que fue un absoluto fracaso:

Milos Forman no volverá a dirigir en los 12 años de vida que le quedaban, aunque hará pequeños papeles como actor en películas europeas. Finalmente, tras una breve enfermedad, moría el 13 de abril de 2018 en un hospital próximo a su casa de Warren Connecticut, pueblo en el que es enterrado.

Con una filmografía tan exigua, es todo un logro haber conseguido tal cantidad de premios. Pese al pésimo colofón que supuso “Los fantasma de Goya”, su carrera es digna de atención por esas dos obras maestras que le hicieron ganar sus dos Oscars.



In Memoriam: Enzo Dara (25-08-2017)


Hubo una época, hasta los años cincuenta del siglo XX aproximadamente, en la que el repertorio belcantista y rossiniano había caído en el olvido, y, las pocas veces que se rescataba, los papeles de bajo ligero o buffo eran encomendados a bajos de supuesta comicidad y nula musicalidad (Fernando Corena sería el gran exponente de tan nefasta corriente). Fue necesaria la llegada de una nueva generación de cantantes belcantistas que recuperara tanto la técnica de coloratura para bajo como el canto sillabatto sin recurrir a parlatos ni payasadas. Y quizá la figura más destacable a este respecto fuera la del gran Enzo Dara, que nos dejó hace pocos días.




Enzo dara nació el 13 de octubre de 1938 en Mantua. Su debut como cantante es bastante temprano, en 1960, en la ciudad de Fano, cantando el Colline de “La Boheme” de Puccini. Pero será en 1967, cuando cante el Don Bartolo de Il barbiere di Siviglia cuando descubre su bis cómica, lo que le lleva a especializarse en papeles de bajo y barítono rossiniano y belcantista. En sus primeros años afronta papeles de corte más ligero, de coloratura, como el Dandini de La Cenerentola o el Mustafà de “L’italiana in Algeri”, pero a partir de los años 70 se especializará en los papeles de bajo buffo, demostrando una habilidad para el canto sillabatto (un canto a gran velocidad para el que muchos recurren a hablar en lugar de cantar) como apenas se había visto antes (Sesto Bruscantini o Paolo Montarsolo eran de los pocos que lo habían enfrentado con cierta destreza, pero lejos del nivel que alcanzará Dara) y que pocos han sido capaces de repetir después (siendo Alessandro Corbelli y Carlos Chausson los mejores exponentes). Desde su salto a la fama en 1971 por su interpretación del Don Bartolo en “Il barbiere di Siviglia” dirigido por Claudio Abbado junto a Teresa Berganza, Luigi Alva y Hermann Prey, grabado en audio y en vídeo, Enzo Dara incorporará en su repertorio buena parte de los roles bufos de Rossini, del belcanto e incluso del clasicismo, siendo en algunos casos el primero en interpretar esos papeles en el siglo XX (destacando en este aspecto su interpretación del Barone di Trombonok en “Il viaggio a Reims” de Rossini que recuperará Claudio Abbado en 1984).

En los años 90, mientras continúa con su carrera como cantante, comienza a trabajar también como director de escena, y se estrena también como escritor.

Como intérprete de repertorio clásico, destaca por su papel protagonista en el monólogo cómico de Domenico Cimarosa “Il maestro de musica”, de la que escuchamos un fragmento:

También interpretó óperas de Giovanni Paisiello y de Wolfgang Amadeus Mozart (aunque de este último siempre eché en falta que no cantara el Leporello). Pero su repertorio natural estaba en las óperas de Gioacchino Rossini. Comenzamos escuchando su aria “A un dottor della mia sorte” de “Il barbiere di Siviglia” en la mítica grabación de 1971 junto a Teresa Berganza, en la que podemos apreciar tanto su habilidad única con el sillabatto (no he escuchado una versión más rápida de ese “Signorina, un’altra volta”, y menos aún tan bien cantada) como su vis cómica:

Hay que destacar, por cierto, que Enzo Dara era 4 años más joven que Teresa Berganza, que interpreta a su pupila. Y es que ya desde los inicios de su carrera se postuló como el mejor intérprete de estos papeles de bajo bufo, como también lo será del Don Magnifico de “La Cenerentola”, como comprobamos en el aria “Sia qualunque delle figlie”, en la que luce su capacidad para el canto de coloratura (incorporando incluso algún añadido) como en el sillabatto:

En “L’Italiana in Algeri” fue un destacado intérprete de Taddeo, un papel de barítono bufo, al que vamos a escuchar aquí en el terceto “Pappatacci” junto al Mustafà de Ruggero Raimondi y al Lindoro de Frank Lopardo, ninguno de ellos a la altura de Dara:

No menos remarcable será su referencial Don Geronio de “Il turco in Italia”, del que escuchamos el dúo “Per piacere alla signora” junto a Luciana Serra:

Enzo Dara cantó también óperas menos conocidas de Rossini, como “Il signor Bruschino”, “L’inganno felice”, “Le cambiale di matrimonio”, “Torvaldo e Dorliska” o esta “La pietra di paragone”:

Y, por último, ese Barone di Trombonok de “Il viaggio a Reims” que recuperó en 1984 y que cantó en numerosas ocasiones posteriormente:

Pasando a Gaetano Donizetti, el otro compositor fundamental en la carrera de Enzo Dara, le tenemos cantando el Annibale Pistacchio en la infrecuente ópera en un acto “Il campanello”:

Cantó otras óperas de Donizetti, pero el nombre de Enzo Dara irá siempre asociado a dos de ellas. La primera, su genial “Don Pasquale”, del que escuchamos el dúo “Chetti chetti immantinente” junto al Malatesta de Alessandro Corbelli; la exhibición de sillabatto que hacen ambos pocas veces se ha escuchado a tan alto nivel:

La otra es “L’elissir d’amore”, de la que fue un referencial Dulcamara, como podemos comprobar en esta espectacular versión del aria “Udite, o rustici”:

Y no podemos dejar de escuchar el dúo posterior, en esta ocasión en un recital, junto a Luciano Pavarotti. Dos grandes juntos sacando el máximo partido de esta gran ópera donizettiana:

Le escuchamos ahora en la olvidada comedia de Giuseppe Verdi “Un giorno di regno”, de nuevo junto a Alessandro Corbelli:

Enzo Dara fue poco asiduo a repertorios posteriores, aunque cantó algunos breves papeles en óperas veristas. Pero para terminar le vamos a escuchar en dos canciones, “Occhio nero incendiator” de Donizetti y “Nevrosi” de Arturo Toscanini:

La semana pasada nos dejaba Enzo Dara a los 78 años. Con él se nos va un cantante histórico, de impecable técnica y genialidad interpretativa que le ha convertido en uno de los bajos cómicos referenciales de la historia de la discografía.



In Memoriam: Jonathan Demme (26-04-2017)


Cuando un director de cine (o cualquier otro artista) tiene entre su obra una obra maestra entre una gran cantidad de obras de calidad discutible, se puede pensar en un golpe de suerte o sospechar que ha recibido ayuda externa. Pero cuando son dos las obras maestras entre demasiadas obras flojas, la explicación se complica. Y este es el caso del director de cine Jonathan Demme, ganador de un Oscar, que nos dejaba el pasado 26 de abril.




Robert Jonathan Demme había nacido en Baldwin, en el estado de Nueva York, el 22 de febrero de 1944, pero realizó sus estudios en Florida. Tras graduarse en la universidad comenzó a colaborar con el productor Roger Corman, siendo su primer trabajo producir y colaborar en la realización del guión de la película “Angels Hard as they come”, de 1971, repitiendo en idénticas labores en “The hot box”, de nuevo dirigida y co-escrita por Joe Viola.

En 1974, siempre con l productora de Corman, Jonathan Demme debuta en la dirección con la película “La cárcel caliente”, un drama erótico carcelario, al que sigue en 1975 la comedia de acción “Tres mujeres peligrosas”, que protagonizaba Cloris Leachman:

En 1976 dirige su tercera y última colaboración con Corman, “Luchando por mis derechos”. No es el tipo de cine que hace Corman el que puede conducir a un director al reconocimiento de la crítica, así que en 1977 trabaja con la Paramount en “Tratar con cuidado”, primera de una serie de comedias que dirigirá en los años siguientes y con la que alcanzará un cierto éxito de crítica, aunque no de público.

Tras un olvidado Thriller, “El eslabón del Niágara”, de 1979, Jonathan Demme estrena en 1980 el que será su primer gran éxito, protagonizada por Paul Le Mar, que había protagonizado también “Tratar con cuidado” y dos actores con los que volverá a trabajar en el futuro, el nominado al Oscar Jason Robards y Mary Steenburgen, que se llevará el Oscar a mejor actriz secundaria, uno de los dos Oscars que ganó la película (el otro fue el de mejor guión original):

En 1984 dirige para la Warner la comedia bélica “Chicas en pie de guerra”, con la pareja de moda formada por Goldie Hawn y Kurt Russell, pero los enfrentamientos con Hawn provocaron que Demme terminara desentendiéndose del film, que fue un fracaso. Ese mismo año Jonathan Demme dirige y estrena su primer documental musical, sobre el grupo Talking Heads, titulado “Stop Making Sense”.

Sus siguientes trabajos son la comedia romántica “Algo salvaje” de 1986, con Jeff Daniels y Melanie Griffith, y la película independiente “Nadando a Camboya” de 1987. En 1988 estrena otra comedia romántica, ambientada en el mundo de la mafia, “Casada con todos”, protagonizada por Michelle Pfeiffer, Matthew Modine y el nominado al Oscar Dean Stockwell:

Pero su suerte cambiará en 1990 cuando dirija “El silencio de los corderos”, magistral adaptación de la novela de Thomas Harris, en la que aprovecha al máximo esa característica de su estilo de dirigir de usar primeros planos muy próximos de los protagonistas para retratarnos a un Hanibal Lecter terroríficamente psicópata:

Tal es el éxito de la película que se convierte en la tercera película (y la última hasta la fecha, tras “Sucedió una noche” y “Alguien voló sobre el nido del cuco”) en ganar los cinco Oscars principales: el de guión (adaptado en este caso) para Ted Tally, el de actor para un estupendo y terrorífico Anthony Hopkins, el de actriz para Jodie Foster, el de película y, cómo no, el de director para el propio Demme:

Su siguiente película es otra obra maestra: la genial “Philadelphia” de 1993, drama judicial que levanta ampollas al tocar el tema del sida y la homosexualidad. Tom Hanks ganó el Oscar a mejor actor por su excepcional trabajo, junto a un no menos brillante Denzel Washington (y, en papeles más breves, Jason Robards y Mary Steenburgen, con quienes trabajó en “Melvin y Howard”). Demme usa de nuevo esos primerísimos planos de gran impacto dramático, como en esta escena, mi favorita de la película:

Además del Oscar para Hanks, la película ganó el de mejor canción que se llevó Bruce Springsteen, aunque contaba con otra nominación en la misma categoría, siendo el nominado Neil Young, de quien dirigirá años después varios documentales musicales.

Sus trabajos posteriores no son por desgracia memorables. Documentales musicales o el olvidado drama sobre el racismo “Beloved”, de 1998, nos llevan al fallido remake de la mítica “Charada” de Stanley Donen, titulado “La verdad sobre Charlie”, de 2002. Bonita forma de tirar por los suelos su prestigio.

Y pese a todo, Jonathan Demme insistió en hacer otro remake, en este caso de “El mensajero del miedo”, en 2004. Por fortuna, en este caso el resultado fue muy superior, gracias en buena medida al gran trabajo de Denzel Washington y de Meryl Streep (que se quedó sin nominación al Oscar, pero sí fue nominada al Globo de Oro y al BAFTA):

A esta película le siguen más documentales, sobre Neil Young o de carácter político. hasta llegar al drama “La boda de Rachel”, de 2008, filmado con estética de documental y protagonizado por Anne Hathaway, que se llevará una nominación al Oscar:

En sus últimos años se centrará en el mundo del documental y sólo dirigirá dos películas más, “A master builder” en 2013 y “Ricki” en 2015, una comedia dramática musical protagonizada por Meryl Streep:

Su último trabajo fue un documental sobre Justin Timberlake, estrenado en 2016. Finalmente, el pasado 26 de abril, Jonathan Demme sucumbía al cáncer de esófago que padecía, a los 73 años. Tenía 3 hijos de sus dos matrimonios.

Jonathan Demme ha sido a menudo criticado por sus películas a menudo de dudosa calidad, pero sin duda con él hemos perdido a un gran director de actores (4 actores ganaron el Oscar por películas dirigidas por él y otros muchos recibieron una nominación) y a un realizador especialista en el uso de primeros planos que quedan para la historia del cine.



In Memoriam: Kurt Moll (05-03-2017)


Llevamos un comienzo de año realmente malo en lo que a pérdidas musicales respecta. Y al cosa no parece mejorar. En este post recordaremos al bajo alemán Kurt Moll, uno de los grandes intérpretes de los papeles para bajo profundo de la ópera alemana de la segunda mitad del siglo XX, que nos dejaba a los 78 años hace pocos días.




Kurt Moll nació el 11 de abril de 1938 en Buir, cerca de Colonia. De niño estudió violonchelo, instrumento al que pensaba dedicar su carrera. Pero cantaba también en el coro escolar, y el director de este coro le animó a estudiar canto, cosa que finalmente hizo en la escuela musical de Colonia con Emmy Müller, entrando en la compañía de la ópera de Colonia a los 20 años. De esta pasará a la de Maguncia, la de Wuppertal y finalmente, en 1969, a la de Hamburgo, de donde saltará a los grandes teatros internacionales, incluyendo su debut en el festival de Bayreuth en 1968.

Su repertorio de bajo profundo se centró en la ópera alemana, aunque su repertorio fue más amplio. Le escuchamos en un papel de ópera barroca, el Seneca de “L’incoronazione di Poppea” de Claudio Monteverdi:

Kurt Moll fue un destacado intérprete de óperas de Mozart, como el Bartolo de “Le nozze di Figaro”, del que escuchamos el aria “La vendetta”, en la que incluso tiene algún pasaje de canto sillabatto que Moll solventa con corrección:

Mucho más impactante resulta su interpretación del Comendador de “Don Giovanni”, del que escuchamos el final de la ópera junto al Don Giovanni de Samuel Ramey; Moll tiene todo lo que necesita el papel; extensión vocal, autoridad, potencia, rotundidad para hacer una escena final memorable:

Pero Kurt Moll destaca todavía más en las óperas alemanas de Mozart, empezando por el Osmin de “Die Entführung aus dem Serail”, de la que escuchamos el aria “O wie will ich triumphieren”, en la que a parte de sus dotes cómicas luce registro grave, descendiendo hasta el Mib1:

Y memorable es así mismo su Sarastro de “Die Zauberflöte”, del que escuchamos su famosa aria “In diesen heil’gen Hallen”:

Aunque asociemos su nombre a la ópera alemana, el repertorio de Kurt Moll fue más amplio, incluyendo títulos de ópera italiana, francesa o rusa. Destaca por ejemplo su Monterone de “Rigoletto” de Verdi, en el que de nuevo la rotundidad de su voz hace justicia a un personaje que a menudo pasa desapercibido. Escuchamos su breve intervención del segundo acto previa al “Si, vendetta” que cantan Piero Cappuccilli e Ileana Cotrubas:

Y le escuchamos también cantar el aria de Fiesco “Il lacerato Spirito” de “Simon Boccanegra”:

Escuchamos ahora a Kurt Moll cantar el aria “Vecchia zimarra” de “La Boheme” de Giacomo Puccini:

En ópera francesa cantó pequeños papeles en óperas como “Les contes d’Hoffmann” o “Werther”, mientras que en ópera rusa podemos escucharle el Pimen de “Boris Godunov” de Modest Mussorgsky, para el que Moll tenía una voz perfecta:

Pero pasamos ya al repertorio fundamental de Kurt Moll, la ópera alemana. Y empezamos con el “Fidelio” de Ludwig van Beethoven, del que interpreta el papel de Rocco,en este caso junto a Jessye Norman:

Kurt Moll fue por encima de todo un gran intérprete de las obras de Richard Wagner, así que empezamos escuchándole cantar la bellísima aria de Daland “Magst du mein kind” de la ópera “Der fliegende Holländer”:

Cantó también los papeles de bajo de “Tannhäuser”, “Lohengrin” y “Die Meistersinger von Nürnberg”, pero le escuchamos en el monólogo del Rey Marke de “Tristan und Isolde”:

Cantó igualmente los papeles de bajo del Anillo, como este Hunding de “Die Walküre”, para el que su oscurísima voz va perfecta para describir la rusticidad del personaje:

Le escuchamos ahora como el gigante Fafner en “Siegfried”:

Y para terminar con Wagner le escuchamos el Gurnemanz de “Parsifal”, en el que tiene que lucir una nobleza de canto que se diferencia enormemente de los villanos a los que acabamos de escuchar:

Kurt Moll cantó y grabó otras óperas alemanas, como “Abu Hasan” de Carl Maria von Weber, “Die lustigen Weiber von Windsor” de Otto Nicolai, “Zar un Zimmermann” de Albert Lortzing, “Jessonda” de Louis Spohr, “Der Evangelimann” de Wilhelm Kienzl, “Der Corregidor” de Hugo Wolf, “Notre Dame” de Franz Schmidt, “Wozzeck” de Alban Berg o “Tiefland” de Eugène d’Albert, pero a falta de vídeos en Youtube pasamos al otro compositor fundamental en su carrera, Richard Strauss. Y por encima de todos sus personajes straussianos destaca el Barón Osch de “Der Rosenkavalier”, del que vemos una escena que remata con un Do1 (si los agudos extremos son sobreagudos, los graves extremos serán infragraves, supongo):

Y cantó otras óperas suyas, como “Intermezzo”, “Daphne”, “Arabella” o “Fredenstag”, pero vamos a escuchar su Sir Morosus de “Die Schweigsame Frau”:

En el repertorio de concierto vamos a escuchar su intervención en una 9ª de Beethoven dirigida por Leonard Bernstein:

Y fue también un destacado intérprete de lied, de Franz Schubert por ejemplo, pero también de otros compositores menos conocidos como Carl Loewe, del que escuchamos su “Erlkönig”:

Se retira en 2006 a causa de una enfermedad, cantando en Munich un breve papel de “Die Meistersinger von Nürnberg”, el del vigilante nocturno, el mismo con el que había debutado en Bayreuth en 1968. Los aplausos que recibe al final dejan bien clara la brillante trayectoria que había tenido, que el público quiso recompensar:

La enfermedad que provocó su retirada ha terminado siendo fatal muchos años después, y finalmente Kurt Moll nos dejaba el 5 de marzo. Con él se va una voz de extensión privilegiada, un bajo que puede no entrar en la categoría de histórico, pero sí quizá uno de los últimos grandes bajos germanos, magistral en sus interpretaciones de Wagner y Strauss.



In Memoriam: John Hurt (27-01-2017)


Hay noticias que no por previsibles dejan de ser inesperadas. Sabíamos que John Hurt sufría cáncer de páncreas, pero la noticia su muerte sorprendía tanto por el hecho de que seguía trabajando como por pensarse que ese cáncer estaba superado.




Repasemos la trayectoria de John Hurt. Había nacido el 22 de enero de 1940 en Chesterfield, condado de Derbyshire, siendo su nombre completo John Vincent Hurt. Pese a que su madre había sido una actriz aficionada, su padre, pastor anglicano, impedía que el niño pudiera ir al cine, y cuando éste, en el colegio, se interesó por el teatro, decidió ser actor, se opuso a esta decisión convenciéndole de que se dedicara a ser maestro de arte. Tras diplomarse en arte, en 1960 consigue entrar en la Royal Academy of Dramatic Art, en la que estudiará dos años.

Su debut en el cine fue en 1962, en “El salvaje y la voluntad”, pero su primer papel relevante fue en 1966, cuando en “Un hombre para la eternidad” de Fred Zinnemann interpreta a Richard Rich, el joven que traiciona a Tomas Moro (interpretado por Paul Scofield) y se convierte en el gran villano de la historia, provocando su muerte:

John Hurt llama ya la atención con esta película, hasta el punto de que en 1969 es seleccionado por el director John Huston para protagonizar la comedia de aventuras “La horca puede esperar”, ambientada en la Escocia del siglo XIX, en la que interpreta a un desertor del ejército fugitivo buscando esquivar la pena de muerte:

En 1971 consigue su primera nominación al BAFTA, como mejor actor secundario, por “El estrangulador de Rillington Place”, en la que interpreta al vecino del asesino interpretado por Richard Attenborough:

No tardará mucho en ganar un BAFTA, pero será en la categoría de mejor actor de televisión por su interpretación del excéntrico escritor gay Quentin Crisp en “El funcionario desnudo”, en 1975:

En 1976 llegará uno de sus papeles más recordados, el del emperador Calígula en la serie “Yo, Claudio”, que protagonizaba Derek Jacobi:

No era John Hurt un actor que se conformara con personajes fáciles, desde luego.

En 1978 consigue su primera nominación al Oscar, como mejor actor secundario, por su papel en “El expreso de medianoche” de Alan Parker, como uno de los presos que acompañan al protagonista Brad Davis:

En 1979 le tenemos protagonizando la adaptación televisiva de la obra de Dostoievski “Crimen y castigo”:

Y ese mismo 1979 protagonizaría una de las escenas más desagradablemente famosas de la historia del cine en “Alien, el octavo pasajero”:

Su segunda y última nominación al Oscar (en este caso en la categoría de actor protagonista) llegará en 1980 protagonizando “El hombre elefante” de David Lynch, la historia de un hombre con la cara monstruosamente deformada exhibido como una atracción de feria:

Si bien no se lleva el Oscar, sí gana el BAFTA.

Su filmografía, realmente abundante, alcanza otro momento clave en 1984, con tres films destacables. Por un lado “Reto al destino”, en la que interpreta al jockey Bob Champion. Por otro tenemos “La venganza” de Stephen Frears, en la que interpreta a uno de los asesinos a sueldo contratados para secuestrar al mafioso Terence Stamp:

Y por otro protagoniza la adaptación de la novela de George Orwell “1984” de Michael Radford, interpretando a Winston Smith, el hombre que se revela frente a la opresiva sociedad que le rodea y que se tiene que enfrentar al cruel Richard Burton:

En 1985 pone su voz al villano de la película de animación de Disney “Taron y el caldero mágico”.

Su vida personal, en cambio, no pasaba su mejor momento. Había estado casado con la actriz Annette Robertson entre 1962 y 1964. Posteriormente, desde 1967 mantuvo una larga relación con la modelo francesa Marie-Lise Volpeliere-Pierrot, con quien planeaba casarse tras 15 años como pareja, pero en enero de 1983 mientras ambos montaban a caballo, ella tuvo un accidente y, tras pocas horas en coma, murió. En 1984 se casa con la actriz Donna Peacock, de quien se divorcia en 1990.

El motivo del divorcio fue la relación que él tenía con la asistente de producción Joan Dalton, a la que conoció durante el rodaje de “Escándalo” de Michael Caton-Jones, en 1989. Inmediatamente después del divorcio, John Hurt se casa con ella en enero de 1990 y a los pocos días nace su primer hijo, Sasha. En 1993 nacerá su otro hijo, Nick. La pareja se divorcia en 1996.

En 1990 recibe una nueva nominación al BAFTA, como mejor actor secundario, por su trabajo en “El prado” de Jim Sheridan, protagonizada por Richard Harris:

De entre muchos papeles en películas menores (y en general olvidables) se puede destacar su trabajo en 1995 en “Rob Roy”, de nuevo dirigida por Michael Caton-Jones, junto a Liam Neeson:

En 1997 tiene bastante éxito en el drama indie “Amor y muerte en Long island”, en la que interpreta a un extraño escritor, viudo, que se enamora  de un actor guaperas (el olvidado y olvidable Jason Priestley) al verle por error en una película y va en su busca:

En 1998 aparece junto a un joven Christian Bale en “Todos los animales pequeños”, interpretando de nuevo un personaje excéntrico:

En 2001, John Hurt participa en el rodaje de “Harry Potter y la piedra filosofal” interpretando a Garrick Ollivander, el hombre que le da la varita mágica a Harry (papel que repite en las dos últimas entregas de la saga en 2010 y 2011):

En 2004 participa en “Hellboy” de Guillermo del Toro, mientras en 2005 aparece en “Manderlay” de Lars von Trier. Ese mismo año interpreta al malvado dictador fascista de Gran Bretaña en “V de Vendetta”:

En 2005 se casa por última vez, con la productora Anwen Rees-Meyers.

En 2008 comienza a poner voz al Gran Dragón en la serie “Merlín”, además de aparecer en películas como “Los crímenes de Oxford” de Álex de la Iglesia junto a Elijah Wood:

Y participó también en la odiada secuela “Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal”:

En 2011 apareció en un pequeño papel en la magnífica “El topo”:

Y apareció también en “melancolía”, de nuevo dirigido por Lars von Trier.

En el año 2015 fue nombrado Caballero del Imperio Británico por la Reina Isabel II. Y en 2012 la academia de cine británico le concedió un BAFTA honorífico (ya hemos dicho que había ganado 2 previamente) pro su contribución al cine británico):

En junio de 2015 anunció que padecía cáncer de páncreas, pero no dejó de trabajar. Finalmente, el pasado 25 de enero, el actor que más veces ha muerto en pantalla moría también en la vida real, recién cumplidos los 77 años. Con varias películas pendientes de estreno (“Jackie” de Pablo Larraín, por ejemplo), se encontraba en pleno rodaje de “Darkest hour” de Joe Wright.

Una filmografía extensa no es sinónimo de buenos papeles, pero sin duda en la carrera de John Hurt, entre muchos papeles menores y olvidables, encontramos un buen puñado de interpretaciones memorables que permitirán que permanezca en la memoria de los cinéfilos.



In Memoriam: Georges Prêtre (04-01-2017)


Su rostro se nos hizo familiar sobre todo a partir de aquel Concierto de Año Nuevo que dirigió en 2008 (y que volvería a dirigir en 2010), batiendo el récord de se el director con más edad en dirigir el concierto (batiendo en la segunda ocasión su propio récord); dejaba la imagen de un abuelo risueño y amable, con una vitalidad que ya quisiéramos quienes tenemos un tercio de su edad. Pero hace pocos días nos dejaba, a los 92, el Director de Orquesta Georges Prêtre.




Georges Prêtre nació el 14 de agosto de 1924 en la localidad de Waziers, al norte de Francia. Descubierta su pasión por la música hacia los 7 años, estudia piano en el conservatorio de Douai, ciudad próxima a su localidad natal, para trasladarse con posterioridad a París, en cuyo conservatorio estudiará trompeta, además de armonía con Maurice Duruflé. También Olivier Messiaen estará entre sus profesores. Descubierta tardía mente su pasión por la dirección de orquesta, será el insigne director francés André Cluytens quien le enseñe en este campo.

Casado brevemente en 1947 con la mezzo-soprano Suzanne Lefort, de quien se divorcia en 1949, se casa por segunda vez con Gina Marny en 1950, con quien tiene dos hijos, Isabelle y Jean-Reynald (la muerte de éste en 2012 afectará seriamente al ya anciano director).

Si bien su carrera comienza en Francia, debutando en Marsella en 1946, buena parte de su carrera va a transcurrir fuera de su país, en Londres, Viena, Milán… convirtiéndose en un prestigioso director de ópera y música sinfónica, destacando por supuesto la música francesa, gracias a su estilo preciso, elegante y ligero. De hecho, será uno de los directores preferidos del compositor Francis Poulenc o de la soprano Maria Callas en la última etapa de su carrera.

De hecho, comenzamos con un recital en el que dirigió a la diva greco-americana en 1962 en Hamburgo. Las cámaras no le enfocan a él, pendientes siempre de la crepuscular diva, que canta aquí, perfectamente acompañada por Prêtre, el aria “Pleurez, mes yeux” de la ópera “Le Cid” de Jules Massenet:

Jules Massenet fue precisamente uno de los compositores operísticos en los que más destacó Georges Prêtre. De hecho, su grabación en estudio de “Werther” en 1969 con Nicolai Gedda y Victoria de los Ángeles es una de las mejores grabaciones de esta ópera, en especial con ese bellísimo dúo del segundo acto, precedido de ese intermezzo orquestal “claro de luna” que bajo la batuta de Prêtre suena más mágico que nunca:

Acompaña también al gran Nicolai Gedda en este aria de “Manon”, “Ah, fuyez, douce image”:

Y le escuchamos también acompañar a Régine Crespin en el aria “Il est doux, il est bon” de “Hérodiade”:

Llegó a dirigir óperas menos conocidas de Massenet, como por ejemplo “Don Quichotte”.

De Charles Gounod le vemos dirigiendo la obertura de “Mireille” en el recital de la Callas en Hamburgo de 1962 que ya mencionamos antes:

Y le tenemos aquí dirigiendo el final de “Faust” junto a Alfredo Kraus, Mirella Freni y Nicolai Ghiaurov:

Pasando a Georges Bizet, ya hemos mencionado que Georges Prêtre fue uno de los directores favoritos de Maria Callas, a quien dirigió en su grabación en estudio de “Carmen” junto a Nicolai Gedda (Callas nunca cantó esta ópera en directo), de la que escuchamos la canción gitana “Les tringles des sistres tintaient” con el breve preludio orquestal previo, que nos permite observar mejor la labor de Prêtre al frente de la orquesta:

Georges Prêtre dirigió también la maravillosa pero menos conocida “Les pêcheurs des perles”, de la que escuchamos aquí el dúo de amor del segundo acto con Alain Vanzo e Ileana Cotrubas:

Y dirigió la todavía menos habitual (una rareza realmente) “La jolie fille de Perth”, de la que escuchamos aquí el aria “Vive l’hiver” cantada por June Anderson:

Georges Prêtre fue asiduo en los estudios de grabación para registrar en estudio óperas poco frecuentes, como la ya mencionada “La jolie fille de Perth”, o como la “Louise” de Gustave Charpentier que grabó con Plácido Domingo e Ileana Cotrubas, a la que escuchamos aquí en la página más famosa de la ópera, la deliciosa aria “Depuis le jour”:

Y si hablamos de óperas infrecuentes, le tenemos dirigiendo en 1983 la “Mignon” de Ambroise Thomas, de la que escuchamos el aria “Connais tu le pays” en la voz de Lucia Valentini Terrani:

Camille Saint-Saëns fue también un director que Georges Prêtre frecuentó mucho (hablaremos más adelante de sus grabaciones de la obra sinfónica de este compositor), siendo frecuente en su repertorio la ópera “Samson et Dalila”, de la que escuchamos a continuación la Bacanal:

 Vamos ahora con Jacques Offembach, del que Georges Prêtre dirigió la ópera “Les contes d’Hoffmann”, de la que escuchamos aquí el trío del tercer acto:

Hector Berlioz fue otro compositor fundamental en la carrera de Georges Prêtre, que dirigió algunas de sus óperas, como “Les Troyens”, de la que escuchamos a Régine Crespin cantar el aria “Chers Tyriens”:

También dirigió “La damnation de Faust” completa, aunque lo que vamos a escuchar es la famosa marcha húngara en un concierto en Viena, para apreciar su estilo fluido y su sonoridad más bien liviana:

Georges Prêtre fue un gran intérprete de la música francesa de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, lo que incluye la música de Claude Debussy, del que vamos a escuchar ahora un fragmento de su “Pelléas et Mélisande”:

Georges Prêtre dirigió también la inacabada ópera de Debussy “La chute de la maison Usher”, basada en la obra de Edgar Allan Poe. Escuchamos la obra completa:

Pero, por encima de todo, Georges Prêtre fue un destacado intérprete de la obra de Francis Poulenc, de quien de hecho estrenará en 1959 la ópera “La voix humaine” con la soprano Denise Duval, con la que escuchamos aquí el comienzo de la ópera:

Dejando el repertorio operístico francés para trasladarnos al italiano, comenzamos con Gioacchino Rossini, de quien dirigió la ópera “Moïse et Pharaon”, de la que escuchamos aquí la plegaria que canta Samuel Ramey:

Georges Prêtre dirigió a Maria Callas en muchas de sus últimas funciones, como la “Norma” de Vincenzo Bellini de 1965, de la que escuchamos el dúo “Oh rimembranza” junto a Giulietta Simionato:

De Gaetano Donizetti Georges Prêtre grabó una casi mítica versión de “Lucia di Lammermoor” con Carlo Bergonzi y Anna Moffo, a quien escuchamos en la escena de locura:

De Giuseppe Verdi tenemos esa “La Traviata” con Montserrat Caballé y Carlo Bergonzi, de la que escuchamos el famoso brindis:

Y tenemos también un “Macbeth” en vivo de 1984 del que escuchamos el aria del protagonista, “Pietà, rispeto, amore” cantada por Renato Bruson. El acompañamiento orquestal es impecable:

Y ya de paso vamos a verle dirigir el famoso coro “Va pensiero” de Nabucco en un concierto en Venecia:

Magnífica versión, con un ritmo curiosamente lento para lo que cabría esperar de Prêtre, que suele ser más ligero pero sin perder nunca un ápice del melodismo de las obras que dirigía. Podemos comprobarlo en este Intermezzo de “Cavalleria rusticana” de Pietro Mascagni:

No es especialmente lento (y más si lo comparamos con lo que hizo Maazel en Valencia, por ejemplo), pero su sutil juego de dinámicas, los colores orquestales, le aportan a su interpretación una enorme belleza:

El resultado es simplemente mágico.

De Giacomo Puccini dirigió óperas como “La Boheme” o “Turandot”, pero si por algo es recordado es por la “Tosca” junto a Maria Callas y Carlo Bergonzi de 1965. Ella está vocalmente acabada, pero dramáticamente está mejor que nunca, y el acompañamiento orquestal de Prêtre contribuye al su trabajo, como comprobamos en el “Vissi d’arte”:

Y ya de paso escuchamos el “E luceban le stelle” que canta Bergonzi, que merece la pena:

De Richard Wagner no fue un intérprete frecuente, pero tenemos en concierto algunas de sus piezas orquestales, como estos fragmentos de “Götterdämmerung”. Atención a la exquisita delicadeza del final (minuto 18:20 más o menos):

Y dirigió a Régine Crespin en arias de Wagner y los Wesendonck-Lieder, del que escuchamos mi favorito, el 4º, “Schmerzen”:

También fue un destacado intérprete de óperas de Richard Strauss, del que escuchamos el trío final de “Der Rosenkavalier”:

Y por encima de todo fue un destacado intérprete de la última ópera de Strauss, “Capriccio”, que dirigió en varias ocasiones, escuchando en este caso el Flamand de Gregory Kunde:

Y le tenemos también dirigiendo los 4 últimos lieder con Margaret Price:

Pasamos ahora al trabajo sinfónico de Georges Prêtre. En su repertorio figuraban algunos de los grandes nombres del sinfonismo germano, así como compositores italianos, rusos o escandinavos. Escuchamos primero su Beethoven, más ligero y quizá menos dramático de lo habitual, como podemos apreciar en esta magnífica versión de su 7ª sinfonía:

Y escuchamos ahora una gran versión de la 9ª sinfonía:

Johannes Brahms fue otro compositor frecuente en sus conciertos. Lo comprobamos con esta 1ª sinfonía, de tempos moderados y gran lirismo:

Magnífica es igualmente su versión del “Eine Deutsches Requiem”, con esta versión junto a Soile Isokoski y Albert Dohmen:

Y sus versiones de las danzas húngaras son realmente fantásticas, con sus juegos de matices, sus rubatos y pausas, sus cambios de tempo y dinámica… extrayendo todo el jugo a estas piezas en apariencia sencillas pero que en manos de un gran director, como es el caso, brillan especialmente:

Anton Bruckner, aunque a priori parezca un compositor alejado de la sonoridad de Prêtre, fue también frecuente en su repertorio. Como prueba escuchamos esta 8ª sinfonía:

También dirigió algunas obras de Mahler, siendo sus interpretaciones de nuevo más ligeras y menos dramáticas de lo habitual (aunque con una precisión milimétrica a la hora de controlar las sonoridades y los colores orquestales, siempre de gran riqueza en sus interpretaciones, lo que se percibe más si cabe en un compositor con las dotes de orquestador que tenía Mahler). Quizá por eso las obras que dirigía no eran las más dramáticas del compositor. Escuchamos primero su 1ª sinfonía:

Y vamos ahora con la 5ª, con un bellísimo adiagietto de gran lirismo y un 5º movimiento impecable en los momentos más complicados de la obra:

No sólo fue un gran defensor de la obra operística de Richard Strauss, también lo fue de su obra sinfónica, de la que grabó buena parte. Destacamos por supuesto su versión de la Sinfonía Alpina:

Pero también grabó algunos de sus poemas sinfónicos, como “Así habló Zaratustra”, “Till Eulenspiegel” o esta “Una vida de héroe”:

Tenemos también grabación de una obra de Jean Sibelius, en concreto una magnífica versión de la 5ª sinfonía, sutil y al mismo tiempo dramática:

Georges Prêtre dirigió también obras sinfónicas italianas, como los Pinos de Roma de Ottorino Respighi, de los que escuchamos la 4º y última parte en una interpretación brillante y enérgica:

 Del repertorio ruso le vamos a escuchar dirigir el 3º concierto para piano de Rachmaninov con el pianista Alexis Weissenberg:

Y le escuchamos también “El pájaro de fuego” de Igor Stravinsky:

Pero sin en algo destacó Georges Prêtre como director sinfónico fue en el repertorio francés, del que fue un gran divulgador. Y ahí por supuesto entra la música de Hector Berlioz, del que escuchamos la Sinfonía fantástica:

Y también tenemos a Prêtre dirigiendo el poco frecuente Te Deum, obra de enormes magnitudes sinfónico-corales:

De Georges Bizet tenemos también su versión de las dos suites de “L’arlésienne”, de las que escuchamos el famoso intermezzo de la segunda suite:

De Camille Saint-Saëns, uno de los más infravalorados compositores franceses, Georges Prêtre dirigió varias obras, como este Carnaval de los animales:

La 1ª sinfonía de Saint-Saëns es una obra poco conocida, ligera, sutil, perfecta para el estilo de Prêtre, que nos deja así una versión simplemente referencial:

Y de la mucho más conocida 3ª sinfonía tenemos una gran versión en la que dirige a quien fuera su profesor, Maurice Duruflé, al órgano:

Pasamos a Gabriel Fauré, de quien Georges Prêtre dirigió su bellísimo Requiem:

Vamos a verle ahora dirigir una de las obras más populares de la música francesa, el Bolero de Maurice Ravel, tan sutil Prêtre en el gesto como lo es Ravel con la orquestación:

Otro compositor frecuente en su repertorio fue Claude Debussy, de quien escuchamos su “Prélude à l’apres-midi d’un faune”:

La música impresionista se adapta perfectamente al estilo de Prêtre, como podemos comprobar en otra obra de Debussy, los Nocturnos:

Y ya hemos mencionado que Georges Prêtre fue el director favorito de Francis Poulenc, del que dirigió numerosas obras. Vamos a escuchar aquí su Stabat Mater:

Y también el Concierto para órgano, en el que el organista es de nuevo Duruflé:

Pero para muchos, entre los que me encuentro, Georges Prêtre se hizo una cara conocida gracias a los dos Conciertos de Año Nuevo que dirigió en Viena, en 2008 y 2010. Escuchamos la obertura de “Die Fledermaus” de 2010:

No podía faltar su versión del “Danubio azul”, de nuevo de 2010:

Fueron dos conciertos memorables, gracias al exquisito dominio del rubato que demostró, y que tan bien se aprecia al comienzo del tema principal de este Danubio azul. Y fueron dos conciertos en los que se ganó al público con una energía sorprendente y una simpatía que lo convertían en un personaje entrañable. Imagen que destaca más si cabe en la seguida Marcha Radetzky:

En activo hasta fechas recientes, Georges Prêtre nos dejaba el pasado 4 de enero a los 92 años. Con una carrera en la que se adentró en terrenos poco conocidos, Prêtre es un director al que hacemos bien en recordar, porque la música, y en particular el repertorio francés, le deben mucho.



In Memoriam: Debbie Reynolds (28-12-2016)


Si ayer nos tocaba escribir sobre la trágica desaparición de Carrie Fisher, como las malas noticias nunca vienen solas, hoy nos toca despedir a su madre, la no menos mítica protagonista de “Cantando bajo la lluvia”, Debbie Reynolds. Parece que la muerte de una ha causado la de la otra.




Mary Frances Reynolds, que era su verdadero nombre, había nacido el 1 de abril de 1932 en El Paso, Texas, en el seno de una familia pobre que se traslada en 1939 a Burbank, en California, en cuyo instituto, en 1948, ganará el concurso de belleza del condado (Debbie Reynolds seguía siendo guapísima incluso en sus últimos años). Y todo a pesar de que, a causa de la pobreza familiar, nunca había destacado en el instituto por no poder ir bien vestida, no siendo asidua a las fiestas.

Será al ganar el certamen de belleza cuando la Warner Bros se ponga en contacto con ella, siendo Jack L. Warner quien le convenza de cambiar su nombre artístico por el de Debbie. Destacando por su bella voz, debuta en el cine en 1950 en varios musicales, de los cuales destaca “Tres palabritas” de Richard Thorpe, junto a Fred Astaire, por la que consigue una nominación al Globo de Oro como mejor estrella emergente:

En esta famosa canción (que inmortalizará posteriormente Marilyn Monroe) no es ella quien canta, sino que es doblada por Helen Kane. La película es un biopic y Debbie Reynolds interpreta precisamente a la propia Helen Kane.

Pero en 1950 su gran éxito musical viene de otra película, mucho menos conocida, “Two weeks with love”. en la que repite como pareja de un tal Carleton Carpenter (que no tenía ni idea de quién era) con este “Abba Dabba Honeymoon” en el que esta vez sí que es ella quien canta, y que se convierte en un éxito de ventas:

En 1951 aparece en “Mr. Imperium”, junto a Lana Turner y el gran bajo operístico Ezio Pinza, pero su salto a la fama llegará en 1952. Pese a las reticencias de Gene Kelly por no saber bailar claqué (Debbie Reynolds era en realidad acróbata”, fue seleccionada por Stanley Donen para protagonizar la mítica “Cantando bajo la lluvia”. Kelly la trató realmente mal al principio, lo que provocó que, en una visita al estudio, Fred Astaire (con quien ya había trabajado) se la encontrara llorando. Fue Fred quien le ayudó con las escenas de baile, algo que Debbie Reynolds siempre le agradeció. Pese a todo, la dureza del rodaje hizo que, al terminar esta famosa escena, sus pies estuvieran sangrando tras 3 horas de rodaje:

Pese a la dureza de la experiencia (la propia Debbie Reynolds diría que junto con el parto fue lo más duro de su vida), fue “Cantando bajo la lluvia” la película que la lanzará definitivamente.

En 1953 repite bajo las órdenes de ese gran director de musicales que es Stanley Donen en “Tres chicas con suerte”, donde comparte número de baile con otro mítico bailarín, nada menos que con Bon Fosse (quien será años después el director de películas como “Cabaret”):

Y en 1955 protagoniza junto a Frank Sinatra en otro musical, “El solterón y el amor”:

Ese mismo 1955 se casa con el cantante Eddie Fisher:

Con él tendrá dos hijos, Carrie Fisher en 1956 y Todd Fisher en 1958. Juntos protagonizarán en 1956 “Los líos de Susana”, por la que recibirá una nominación a los Globos de Oro:

Por esa época, Debbie Reynolds intenta alejarse del mundo del cine musical interpretando películas de corte más dramático, como “Banquete de bodas”, de Richard Brooks, en 1956, en la que interpreta a la hija de Bette Davis, que va a casarse y quiere una boda sencilla frente a los deseos de su madre.

Pero en 1957 vuelve al musical con “Tammy, la muchacha salvaje”, junto a Leslie Nielsen. La canción principal de la película alcanza un enorme éxito:

Su éxito musical continúa, y protagoniza otras películas de menor éxito en los años siguientes. Pero en lo personal serán años difíciles: su marido, Eddie Fisher, se lía con Elizabeth Taylor, amiga de Debbie Reynolds, lo que termina en divorcio en 1959 y en el distanciamiento de las dos (que se reconciliarán años después). El divorcio fue todo un escándalo que afectó seriamente a la carrera de Eddie, cuyo show televisivo fue cancelado.

Debbie Reynolds se casará por segunda vez con el empresario Harry Karl en 1960, pero la ludopatía de éste traerá problemas económicos a la familia. Se divorciaron en 1973.

Su carrera cinematográfica mejora a principios de los años 60, participando en la coral “La conquista del oeste” en 1962:

Pero su mayor éxito llegará en 1964, con “Molly Brown, siempre a flote”, comedia musical en la que interpreta a una joven pobre y huérfana que busca hacer fortuna en el Oeste:

Por esta película recibirá una nueva nominación al Globo de Oro y su única nominación al Oscar, que perderá frente a Julie Andrews.

En 1964 protagoniza también la comedia de Vincente Minnelli “Adiós, Charlie”, junto a Tony Curtis:

En 1966 protagoniza “Dominique”, la historia de una monja que alcanza un gran éxito como cantante:

Su último éxito cinematográfico será “El novio de mi mujer”, una comedia junto a Dick Van Dyke:

En 1969 protagoniza su propio Show televisivo (que le vale una nueva nominación a los Globos de Oro). Pero los siguientes años los pasará haciendo teatro fundamentalmente, además de alguna breve aparición televisiva (un cameo en “Las chicas de oro”, por ejemplo). Mientras, en 1984 se casa por tercera y última vez con Richard Hamlett, de quien se divorciará en 1996.

En los años 90 regresa al cine. Tras un breve cameo en “El guardaespaldas”, aparece en 1993 en “El cielo y la tierra”, la última película de la trilogía sobre la Guerra de Vietnam de Oliver Stone. Su gran éxito, aún así, será en 1996 con “Las manías de mamá”, de Albert Brooks, en la que interpreta a la madre del propio director, que le valdrá la 5ª y última nominación a los Globos de Oro (que no ganará nunca):

Como defensora de los derechos LGTB, Debbie Reynolds apareció en 1997 en “In & Out” interpretando a la madre del personaje “gay” que interpreta Kevin Kline:

En la misma línea, aparecerá como personaje recurrente en la serie “Will & Grace” entre 1999 y 2006 como la madre de Grace:

En 2001 protagonizará el telefilm “Esas chicas fabulosas” junto a Elizabeth Taylor, Shirley McLaine y Joan Collins, con guión de su hija, Carrie Fisher:

Siguió trabajando hasta el último momento, siendo su última interpretación relevante en “Behind the candelabra” de Steven Soderbergh, en 2013, como la madre del pianista gay Liberace, que interpreta Michael Douglas:

Finalmente, en 2015 le fue concedido a título honorífico un Oscar Humanitario Jean Hersholt:

El año anterior, 2014, había recibido otro premio honorífico, el Screen Actors Guild, que le entregó su propia hija, Carrie Fisher:

Finalmente su hija Carrie Fisher sufrió un infarto el pasado 23 de diciembre del que no se repuso y murió el día 27. Mientras preparaban el funeral, Debbie Reynolds sufrió un infarto cerebral y murió el 28 de diciembre a los 84 años. No pudo separarse de su hija, al parecer. Así que no se me ocurre mejor forma de recordar a ambas que viéndolas cantar juntas:

 



In Memoriam: Carrie Fisher (27-12-2016)


El fenómeno fan que afecta a no pocas sagas cinematográficas convierte en mitos a actores y actrices que en demasiadas ocasiones han hecho poco más que participar en esas sagas (y casos hay tantos y tantos…), pero que sólo por eso ya consiguen hacerse un huequito en los corazones de esos fans. Pues bien, desde ayer, los (muchísimos) fans de Star Wars estamos de luto: hemos perdido a nuestra querida princesa Leia Organa, la actriz Carrie Fisher.




En sus 60 años de vida, no ha sido su carrera muy extensa, y desde luego con pocas películas remarcables. Pero las que lo son son suficientes para que tengamos que escribir un post es su memoria.

Carrie Frances Fisher nació en Beverly Hills el 21 de octubre de 1956. Su madre era la célebre actriz Debbie Reynolds (famosa protagonista femenina de “Cantando bajo la lluvia”, que fallecerá al día siguiente que su hija) y su padre el cantante y actor ocasional Eddie Fisher. Sus padres se habían casado el año anterior, y en 1958 tendrían un segundo hijo, Todd. Pero sus padres se divorciaron en 1959: el mejor amigo de Eddie, Mike Todd, había muerto en 1958 en un accidente aéreo, y de tanto “consolar” a su viuda, una tal Elizabeth Taylor, pues pasó lo que pasó. Divorcio a la vista. Los niños quedaron al cuidado de la madre, que en 1960 se casa con el magnate del calzado Harry Karl, quien gasta la fortuna de la actriz a causa de su ludopatía.

Desde niña, Carrie Fisher demuestra su afición por la lectura y la escritura, mientras que su faceta interpretativa es algo más tardía, debutando sobre los escenarios con 15 años, acompañando por lo general a su madre. Su debut cinematográfico llegará en 1975, en “Shampoo” de Hal Ashby, donde interpreta un personaje un tanto “lolitesco” que vuelve loco al ligón de Warren Beatty:

Dos años después, en 1977, se estrenará su siguiente película:

Y así es como se entra en la historia (no sólo Carrie Fisher, también Mark Hamill y Harrison Ford). Nada de princesitas que necesitan un príncipe azul que las proteja, no; una mujer con carácter, capaz de defenderse por si misma.

Conseguir hacerse con el papel de la princesa Leia Organa no fue fácil para Carrie Fisher: la competencia por hacerse con el papel era grande, y la condición que se le pudo para llevarse el papel fue adelgazar. Ahora se nos hace difícil imaginarnos Star Wars sin ella.

Durante el rodaje mantuvo un breve romance con Harrison Ford, pero en 1977 comenzará una relación más estable con el cantante Paul Simon (el de Simon & Garfunkel). Aquejada de trastorno bipolar, Carrie Fisher termina haciéndose adicta a diversos medicamentos, pero lo peor será su adicción a la cocaína durante los siguientes años. Bajo esta adicción rodará la segunda parte de Star Wars, “El Imperio contraataca”, que se estrena en 1980:

En 1980 estrena también “Granujas a todo ritmo”:

Durante el rodaje, su compañero de reparto, John Belushi, le diría que tenía serios problemas con la cocaína, según confesó ella misma. Curiosamente, será Belushi el que muera por una sobredosis dos años después.

También durante el rodaje mantiene un romance con su compañero de reparto Dan Aykroyd,aunque no tardó en volver con Paul Simon, con quien se casará en 1983 (y se divorciará al año siguiente), apareciendo en un videoclip de él ese mismo 1983.

En 1983 se estrena también la última entrega de la trilogía de Star Wars, “El retorno del Jedi”:

Mientras sigue haciendo teatro, su carrera cinematográfica es poco menos que lamentable. En los años 80 habría que destacar dos películas en las que intervino. En 1986 aparece en “Hannah y sus hermanas”, de Woody Allen:

Y en 1989 aparecerá en “Cuando Harry encontró a Sally”:

Pero su carrera dará un giro. En 1987 había publicado su novela semi-autobriográfica “Postales desde el filo”, que Mike Nichols lleva al cine en 1990 con Meryl Streep y Shirley McLaine, con guión de la propia Carrie Fisher, que será nominada al BAFTA de mejor Guión Adaptado:

Por estas fechas, Carrie Fisher mantiene una relación con el germán Bryan Lourd, con quien nunca llegará a casarse, pero con quien tiene a su única hija, Billy Catherine Lourd, en 1992. La pareja se rompió cuando él inició una relación con un hombre.

Si su carrera cinematográfica en los 90 es realmente lamentable (siendo lo más destacable su cameo en “Austin Powers: Misterioso agente internacional), continúa con más éxito su carrera como escritora, tanto de novelas como de guiones, aunque más como colaboradora que como escritora en estos casos. Su guión más importante será el del telefilm “These old broads”, de 2001, que protagonizan su madre Debbie Reynolds, Elizabeth Taylor, Shirley McLaine y Joan Collins.

Como actriz mejor le va haciendo cameos en películas como “Jay y Bob el silencioso contraatacan” en 2001:

Tras escribir obras autobiográficas, parecía que su éxito cinematográfico podría renacer con la nueva trilogía de Star Wars, y así la vimos en 2015 en el episodio 7, “El despertar de la fuerza”:

¡Cuántos nostálgicos nos emocionamos al volver a ver a Leia, dejando al nivel del polvo a los nuevos intérpretes de la saga! Era un nuevo renacer, que sigue con el episodio 8, que se estrenará a finales del años próximo. Pero Carrie Fisher no estará para verlo. Tras sufrir un infarto el pasado 23 de diciembre, no pudo recuperarse y nos dejaba cuatro días después, el 27 de diciembre, con sólo 60 años.

A la espera de ver su último trabajo, y con la incógnita de qué le sucederá a su personaje, nos toca despedirnos de Leia, de Carrie Fisher, con esa frase que cualquier fan de Star Wars está repitiendo constantemente estos días: Que la fuerza te acompañe.



In Memoriam: Johan Botha (08-09-2016)


Hace ya unos cuantos años que la Quincena Musical Donostiarra nos ofreció una versión en concierto del Otello de Verdi. Aparecieron los cantantes que se situaron ante la orquesta, y entre ellos destacaba una enorme figura vertida con túnica a la que, en la distancia de las últimas filas del Kursaal en las que me encontraba creí que era una mujer, por el pelo largo y no poder verle la cara; pero no, se trataba del tenor que iba a cantar el rol protagonista de Otello. Y me temía lo peor, un recital de berridos y la incapacidad de sacar adelante el papel. Gran sorpresa la mía cuando, aunque como personaje un tanto plano, cantó completamente la parte de Otello, sin gritos ni problemas de volumen ni tesitura. Resultó ser una muy agradable sorpresa, que además contrastaba con el pésimo Yago de Carlo Guelfi; se trataba del tenor sudafricano Johan Botha.




Pues bien, hace pocos días nos enteramos que nos había dejado a los 51 años. Al igual que pocas semanas antes con Daniela Dessì, un cáncer se lo llevaba mientras estaba en plena actividad, recién vuelto a los escenarios tras una breve retirada para tratarse la enfermedad, diagnosticada a finales de 2015.

Johan Botha había nacido el 19 de agosto de 1961 en un pueblo sudafricano no muy lejano de Johannesburgo. Ya desde joven destaca por su voz, y debuta en 1989 en Johannesburgo con “El cazador furtivo” de Weber. El director del coro del festival de Bayreuth le invitó entonces a cantar en Alemania, y no tardó en alcanzar un gran prestigio en Europa, nacionalizándose austriaco.

Su repertorio fue bastante amplio, aunque no hay muchos vídeos en youtuve, así que tendremos que verle sólo en algunos, aunque sí de los más destacados.

Aunque al principio cantó papeles de tenor más lírico (La Boheme, por ejemplo), se fue especializando en papeles de tenor spinto y dramático, entre ellos el Pollione de la “Norma” de Bellini que escuchamos a continuación:

Pasamos a Giuseppe Verdi, del que Johan Botha cantó varios papeles, aunque destaca en uno por encima de los demás: “Otello”. Escuchamos primero ese bellísimo dúo de amor del I acto, “Già nella notte densa” junto a la Desdemona de Renée Fleming, en el que advertimos su perfecta línea de canto, alejado del tosco legato de tantos tenores dramáticos que se han enfrentado al papel:

Le escuchamos ahora en esa prueba de fuego que es el monólogo del III acto “Dio mi potevi scagliar”, de nuevo perfectamente cantado y con la voz que requiere el papel:

Cantó también varios papeles veristas, como Pagliacci, Caballeria rusticana o Andrea Chenier, pero le vamos a escuchar sólo dos, ambos de Puccini; primero el Luigi de “Il tabarro”; atención al final del dúo, al “Folle di gelosia”:

Y terminamos, antes de pasar al repertorio alemán, con su Calaf de “Turandot” y con ese aria ya mítica que es el “Nessun dorma”:

 Ya hemos mencionado que Johan Botha debutó con “El cazador furtivo” de Weber, y también cantó itras óperas del romanticismo temprano alemán, como el “Fidelio” de Beethoven, pero en vez de eso le vamos a escuchar en repertorio de concierto, con la 9ª de Beethoven, dirigida por Barenboim y junto a un espléndido René Pape. Observemos bien el monólogo de Botha para ver la versatilidad de su voz, potente al mismo tiempo que maleable:

En el repertorio de concierto también cantó obras de Mahler, como “Das Lied von der Erde”:

También cantó algo de opereta, como este “Das Land des Lächelns”:

Uno de los compositores más importantes de su trayectoria fue Richard Strauss, del que cantó la poco conocida “Daphne”, de la que aquí escuchamos el final, de nuevo junto a Renée Fleming:

Le escuchamos también en otro de esos papeles que le iban como anillo al dedo, el Emperador de “Die Frau ohne Schatten”:

Destacó también como el Bacco de “Ariadna auf Naxos”, pero no encuentro ningún fragmento en youtube.

Y vamos ahora con ese otro compositor fundamental en la carrera de Johan Botha, Richard Wagner. Y empezamos por esa joya olvidada que es Rienzi, un papel tremendamente difícil, deudor de los grandes tenores heroicos franceses, con elementos belcantistas, pero una vocalidad que ya nos anticipa a otros grandes personajes wagnerianos, como Tannhäuser. Desconozco si Botha cantó esta ópera completa, pero por lo menos aquí le tenemos cantando, dirigido por Christian Thielemann, la plegaria del 5º acto, la bellísima “Allmächt’ger Vater”:

Le escuchamos ahora en “Tannhäuser”; como sólo puedo colgar el primer acto completo (más de una hora de duración), os recomiendo ir directamente al minuto 26 para escuchar el aria “Dir töne Lob” y comprobar como resuelve las dificultades del rol, en el año 2015:

Le escuchamos ahora en el rol protagonista de “Lohengrin”, cantando el “In fernem Land”, donde mejor podemos observar su estilo canoro: una voz potente pero de sonoridad lírica, maleable, sin problemas para apianar, de timbre claro que nunca oscurecía artificialmente para sonar más heroico, lo que curiosamente le da más puntos a favor a su canto, siempre limpio; con estas características, el rol de Lohengrin es uno de los que más de pueden adecuar a su estilo:

Y ahora vamos a escucharlo en otro de esos papeles wagnerianos más líricos que mejor se adaptan a su voz, el Walther von Stolzing de “Die Meistersinger von Nürnberg”, de la ópera de Viena en 2008, dirigido de nuevo por Thielemann:

Cantó también los personajes de Tristan y Parsifal, pero vamos a terminar con ese Siegmund que cantó en el festival de Bayreuth en 2015; fue con este papel con el que debutó en Bayreuth en 2010:

Pero este año, Johan Botha no cantaba en Bayreuth. Tras un retiro de unos meses, volvía en verano a los escenarios en Budapest con Siegmund en junio y en Munich con Turandot en julio. Dio luego algún recital en su Sudáfrica natal y, de pronto, de improviso, moría en Viena el pasado 8 de septiembre, recién cumplidos los 51 años (y pocas semanas después de la desaparición, también por cáncer, de la soprano Daniela Dessì en este verano negro), dejando mujer y dos hijos. Con él se nos va un gran tenor del repertorio alemán al que por desgracia poco pudimos admirar en la península, donde cantó en muy pocas ocasiones.



In Memoriam: Daniela Dessì (20-08-2016)


En todos los años que llevo yendo a la ópera sólo una vez han conseguido hacerme llorar: fue allá por 2009, en la Maestranza de Sevilla. Una Fanciulla del West de Puccini (sí, lo sé, es una de las óperas con final más feliz de Puccini, pero es que a mí ese tema de la redención siempre me toca bastante). Los protagonistas eran Fabio Armiliato y Daniela Dessì. Y cuando ella llegó a ese maravilloso “E anche tu lo vorrai” terminé llorando como un idiota.




Pues tuve casi una reacción similar cuando, el pasado sábado por la noche, mientras esperaba el tren, entro en el facebook y me encuentro con la noticia de que Daniela Dessì había muerto. Todavía había una cierta cautela, no sería el primer bulo similar que ocurre, pero poco después se confirmó la noticia que nadie queríamos ni podíamos creer: con 59 años un cáncer de colon fulminante se la había llevado en pocas semanas. Por eso, aunque con unos días de retraso, quería dedicarle un post In Memoriam a una soprano a la que pude ver dos veces en vivo (y saludarla en una ocasión… lástima que perdí la foto que me hice con ellos) y que me hizo pasar muy buenos momentos. Una artista, como muchos califican, de las de antes, de muchísimo carácter escénico, gran técnica e indudable sensibilidad artística que recordaba a las grandes sopranos de postguerra.

Daniela Dessì había nacido el 14 de mayo de 1957 en Génova. Tras estudiar canto en Parma y Siena, debutó en 1980 en Savona con “La serva padrona” de Pergolesi, en unos inicios en los que cantaba un repertorio más ligero que terminaría pasando a repertorios más dramáticos y que le llevarían a cantar en los más prestigiosos teatros y con los principales directores de orquesta.

De un repertorio tan basto, hay que destacar en sus primeras etapas la música barroca, como este Adriano in Siria de Giovanni Battista Pergolesi de 1986:

Del mismo compositor tenemos este Stabat Mater de 1987 dirigido por Alberto Zedda:

Cantó también la protagonista de “L’incoronazione di Poppea” de Claudio Monteverdi, aunque no he encontrado ningún fragmento. Y de 1982 tenemos también este “Farnace” de Antonio Vivaldi:

De Domenico Cimarosa vamos a escuchar esta grabación de “Gli Orazii ed i Curiazzi” de 1983:

Y en esa primera época cantó también diversos roles mozartinos, como “Le nozze di Figaro” o la Donna Elvira de “Don Giovanni”, de la que escuchamos esta espectacular versión del “Mi tradì quell’alma ingrata”, simplemente maravillosa, con unas coloraturas perfectamente precisas:

Y qué decir de su Fiordiligi del “Così fan tutte”, de la que aquí escuchamos un “Come scoglio” de 1989 dirigida por Riccardo Mutti:

A ver qué pega se le puede encontrar a esto…

Daniela Dessì cantó también varias óperas de Rossini en sus primeros años. Por ejemplo, este Mosè in Egitto de 1983:

De nuevo en Pesaro la tenemos en 1985 cantando “Il signor Bruschino”:

Y ese mismo 1985 la tenemos en Turín cantando la “Elisabetta, Regina d’Inghilterra”:

Y la vemos ahora cantando en Stabat Mater en 1992, dirigida por Riccardo Chailly:

La vamos a escuchar ahora en un par de fragmentos del “Guillaume Tell” de 1995. Empezamos por la bellísima aria “Sombre fôret”:

Y ahora en el dúo posterior con el Arnold de Gregory Kunde:

De Gaetano Donizetti comenzamos con este “Tornami a dir che m’ami” del Don Pasquale de 1984 junto a Max René Cosotti:

Destacó su interpretación de la “Alina regina di Golconda”, de la que escuchamos aquí la escena final:

La escuchamos ahora cantando el dúo de “L’elissir d’amore” “Chiedi all’aura lusinghiera” junto al Nemorino de su marido, Fabio Armiliato:

En su etapa final, cuando su repertorio pasó a ser más dramático, Daniela Dessì incorporó todavía algún papel belcantista, como la protagonista de “Poliutto”, en 2012:

La “Norma” de Vincenzo Bellini será también otro de esos papeles que incorpora en su última etapa, y la disfrutamos aquí con su “Casta diva”:

Verdi fue un compositor muy importante en el repertorio de  Daniela Dessì, aunque también en este compositor veremos como va cambiando su repertorio. Tenemos por ejemplo la Elvira de “Ernani”, de la que escuchamos la cabaletta cantada en 1992:

También la Gilda de “Rigoletto” formó parte de su primer repertorio, como comprobamos en la grabación en estudio que realizó dirigida por Riccardo Mutti en 1988 y de la que escuchamos el “Sì, vendetta” junto a Giorgio Zancanaro:

De 2011 es por el contrario esta representación de “Il trovatore”, de la que escuchamos la primera de las arias de Leonora, donde podemos observar que mantiene intactas sus capacidades para la coloratura:

Le escuchamos ahora en la cabaletta final del primer acto de “la Traviata”,en un recital en Tokyo. Vaya por delante que Daniela Dessì no da el Mib sobreagudo, lo que explica la ausencia en su repertorio de papeles belcantistas más agudos, como la Luccia o la Elvira de I Puritani:

La escuchamos ahora en 1997 cantando el difícil bolero de “I vespri Siziliani”:

La escuchamos ahora en un papel mucho más lírico, la Amelia de “Simon Boccanegra”, en 2004; el final del aria es magnífico:

Cantó también los papeles protaonistas de “Un balo in maschera” y “La forza del destino”, mucho más dramáticos. De esta última ópera escuchamos el aria “Pace mio Dio” en un recital en 2001 dirigido por Zubin Mehta:

Daniela Dessì fue la protagonista del mítico “Don Carlo” de 1992 dirigido por Riccardo Mutti; mítico sobre todo por el monumental gallo de Luciano Pavarotti de la escena de los embajadores, pero ella estaba espléndida, como podemos comprobar en este dúo entre ambos, “Io vengo a domandar”:

Cantó Aida, entre otras, en la Arena de Verona. Vemos el dúo final junto a su esposo Fabio Armiliato en 2009:

Otro rol verdiano que incorporó bastante pronto en su repertorio fue la Desdemona de “Otello”, de la que escuchamos aquí su escena completa del IV acto:

Y la disfrutamos también como Alice en Falstaff, ya en esta representación de 1986:

Terminamos el repaso al repertorio verdiano de Daniela Dessì con su participación en el Requiem, en este caso de 1987:

En su última etapa incorporó también el difícil y muy dramático papel de “La Gioconda” de Ponchielli (un papel tan difícil que es complicado encontrar actualmente intérpretes que se atrevan a cantarlo), del que escuchamos el “Suizidio” de 2011:

Pasamos ya al repertorio verista, y comenzamos escuchándole como la Nedda de “Pagliacci” en 1995:

De Ruggero Leoncavalloparticipará también en la grabación, en 2007, de la primera grabación de “I Medici” junto a Plácido Domingo.

Un papel tardío en su repertorio (lógico, es propiamente un papel para mezzo-soprano) fue la Santuzza de “Caballeria rusticana”; la escuchamos en este papel en 2013:

Pero más destacable será su interpretación de “Iris” en 1996 (por desgracia junto a José Cura), una ópera maravillosa y tristemente olvidada:

De Umberto Giordano fue una magnífica intérprete de dos de sus óperas. La primera, ese “Andrea Chenier” que tanto cantó (una de sus últimas representaciones sería con esta ópera en Las Palmas este mismo 2016). De hecho, la suya es hasta la fecha la única interpretación que he escuchado en vivo del aria “La mamma morta”.  Escuchamos su versión de esta bellísima aria; merece la pena, y mucho:

Pero vamos a escucharla también en el dúo final junto, de nuevo, junto a su marido Fabio Armiliato, en 2005:

Su otro gran papel fue “Fedora”, de la que escuchamos aquí el 3º acto completo junto a Plácido Domingo en 1999:

De Umberto Giordano llegó a cantar también “La cena delle beffe”, aunque aquí vamos a escuchar la grabación en estudio del dúo junto a Fabio Armiliato:

Fue también una excelente intérprete de la “Adriana Lecouvreur” de Cilea, de la que escuchamos aquí el recitado del monólogo de Fedra, del año 2000 en la Scala, donde, pese a cantar muy poco, tiene que sacar todo ese temperamento italiano que requiere el papel, especialmente en ese momento en el que usa el texto de la obra de teatro para insultar a la princesa (“como hacen las audacísimas impuras”… ¡toma ya qué arte para insultar!):

¡Qué forma de interpretar! Para poner los pelos de punta…

La escuchamos también en el “Mefistofele” de Boito, en 1989, en el aria “L’altra notte”, en otra magnífica interpretación:

Daniela Dessì cantó también el “Sly” de Wolf-Ferrari o la magnífica “Francesca da Rimini” de Riccardo Zandonai, de la que escuchamos aquí la escena en la que rechaza a su cuñado Malatestino (mejor ignorar al tenor…):

Y por supuesto, Daniela Dessì fue una gran intérprete de las heroínas puccinianas, comenzando por la “Manon Lescaut”, de la que aquí escuchamos el aria “In quelle trine morbide”, con unos bellísimos pianísimos:

La escuchamos ahora en fecha mucho más temprana (1990) cantar la segunda aria de Mimì en “La Boheme”, “Donde lieta uscì”, con la voz mucho más fresca, pero en una interpretación no menos emotiva:

Para Daniela Dessì, su gran referente fue siempre Maria Callas, y en qué mejor papel se puede ver esa influencia que en “Tosca”. De hecho, en 2008, tras cantar el “Vissi d’arte” en el Teatro Comunale de Florencia, la reacción del público le hizo bisar el aria, algo que no ocurría desde 1957, con Renata Tebaldi nada menos. Escuchamos ese bis:

La escuchamos ahora en otro de sus grandes, el de “Madama Butterfly”, en 2009:

La Minnie de “La fanciulla del West” fue otro de sus grandes papeles; será difícil encontrar sopranos que lo hayan cantado tanto como ella. Y los resultados demuestran que fue una elección acertada, como podemos comprobar escuchando el dúo del final del primer acto junto a Fabio Armiliato (magnífico Johnson, por cierto):

Daniela Dessì es también la primera soprano que, en Italia, ha cantado seguidos los 3 papeles de “Il Trittico” de Puccini, en la Ópera de Roma. Escuchamos su aria de “Suor Angelica”:

Y le escuchamos también en el “Gianni Schicchi”, aunque en este caso en una grabación en estudio de la famosa aria “O mio babbino caro” (por desgracia no encuentro fragmentos de “Il tabarro”):

En “Turandot” cantó al principio el papel de Liù, pero en sus últimos años incorporó el propio personaje de Turandot, uno de los últimos que incorporó a su repertorio. La escuchamos en 2012:

Fuera del repertorio italiano, Daniela Dessì cantó papeles como la Marguerite del “Faust” de Gounod, la Micaela de la “Carmen” de Bizet e incluso cantó la ópera “El jugador” de Prokofiev, así como música de concierto, como los 4 últimos lieder de Richard Strauss, del que escuchamos mi favorito, el tercero, “Beim Schlafengehen”:

En lus últimos años acompañó también a su esposo en la gira que él estaba realizando cantando tangos, y en la que cantaron a dúo esa bellísima canción (que no es propiamente un tango, aunque la poplarizara el gran Carlos Gardel), “El día que me quieras”:

Pero tras repasar su extenso repertorio en su larga carrera (36 años sobre los escenarios), no puedo evitar concluir con un vídeo de las funciones de “La fanciulla del West” que le vi en Sevilla en 2009, ahora cantando su aria “Laggiù nel Soledad”:

Es cierto que el vibrato en el agudo es muy notorio, pero es que había que verla en vivo, había que oírla frasear, ver cómo interiorizaba el personaje, cómo entraba a caballo en el escenario en el segundo acto como si fuera una heroína de western, verla tendida junto a la barra del salón cuando Armiliato abría la puerta y entraba un chorro de luz que la iluminaba mientras ella repetía la frase de él “Tengo un rostro de ángel” (quizá visualmente la escena más bella que he visto nunca en una ópera la de esta producción de Giancarlo del Monaco). Todo esto, unido a su carácter extrovertido, a su simpatía, a ese digámoslo así”puntito de locura” que tenía, hicieron de Daniela Dessì un personaje muy querido por los operófilos, incluso por aquellos que no llevamos muchos años yendo a la ópera. Y es que con ella se nos va una gran soprano que, quizá ahora, este camino de convertirse en leyenda.



In Memoriam: Garry Marshall (19-07-2016)


Puede que el nombre de Garry Marshall nos diga más bien poco, pero no sólo fue el director de una película archifamosa, sino también el descubridor o autor del lanzamiento a la fama de más de un actor/actriz llamado a dominar Hollywood en los años siguientes. Hace apenas dos días nos dejó a los 81 años, por lo que es de rigor hacer un breve repaso a su trayectoria profesional, bastante completa por cierto.




Garry Kent Masciarelli, que era el nombre de nacimiento de Garry Marshall, nació en Nueva York, en el barrio del Bronx, el 13 de noviembre de 1934, de padre italiano y madre de origen germano y británico. Al poco del nacimiento de Garry, la familia cambió el apellido por el de Marshall, que ya recibiría directamente al nacer su hermana Penny Marshall, directora de películas como Big o Despertares, al nacer en 1943.

En la universidad, Garry Marshall escribirá en la sección de deportes del periódico universitario, lo que le lanzará al mundo de la escritura, comenzando a escribir monólogos para algunos cómicos de la época. De ahí dio el salto a Hollywood en 1961, escribiendo para shows televisivos como el que protagonizaba Dick Van Dyke, por ejemplo. Su primer gran éxito vendría en 1970 al adaptar “La extraña pareja” para una serie televisiva.

Sigue escribiendo series para la televisión, entre las que destaca Mork & Mindy, con la que se dio a conocer un tal Roin Williams, no sé si os suena…

En 1980, jugando al baloncesto, conoce al actor Hector Elizondo, lo que será el comienzo de una larga amistad y colaboración profesional, que comienza con la primera película que escribe y dirige Garry Marshall, “Los locos del bisturí”, en 1982. A partir de ahí, Hector Elizondo aparecerá en todas las películas que dirija Garry Marshall.

Su primer éxito como director vendrá con su segunda película, “The Flamingo Kid”, de 1984, protagonizada por Matt Dillon:

El nombre de Garry Marshall aparece asociado al mundo de la comedia, en películas como “Nada en común”, con Tom Hanks, o “Un mar de líos”, con Goldie Hawn y Kurt Russell, Pero en 1988 se lanza al drama con “Eternamente amigas”, con Bette Midler y Barbara Hershey:

Pero Garry Marshall alcanza la gloria con su siguente película, en 1990, todo un mito de la comedia romántica y del cine en general: “Pretty Woman”. Richard Gere era ya un galán sobradamente conocido en Hollywood (años antes había rodado ya “Oficial y caballero”, por ejemplo), pero, pese a llevarse su segunda nominación al Oscar (la primera sería por “Magnolias de acero”), esta película lanzó al estrellato a la que sería llamada la novia de América, la gran Julia Roberts. Además de ser la última película que rodó el gran Ralph Bellamy, así que vamos a ver esa genial escena de la cena, con los tenedores y los caracoles:

Garry Marshall nunca repetirá el éxito de esta película. Lo intenta con diversas comedias (“Dos sabuesos en la isla del Edén”, “Un timador con alas”) y con dramas románticos, como la fallida “Aprendiendo a vivir” o “Frankie & Johnny”, con Al Pacino y Michelle Pfeiffer:

En 1999 intenta repetir el éxito de Pretty Woman reuniendo de nuevo a la pareja protagonista en “Novia a la fuga”, pero en mi opinión este nuevo intento no le llega ni a la suela de los zapatos a su obra maestra:

Quizá su otra película más conocida sea “Princesa por sorpresa”, de 2001, en la que a parte de disfrutar de la gran Julie Andrews, repite la jugada de “Pretty woman” de descubrirnos a una nueva actriz llamada a triunfar en Hollywood: Anne Hathaway:

Filmará la secuela en 2004, en la que, a parte de poder disfrutar de unos magníficos Julie Andrews y Hector Elizondo (que hacen una pareja magnífica, si se me permite el comentario), descubrimos también a un tal Capitán james Tiberius Kirk… Chris Pine, para entendernos:

Pero Garry Marshall no es sólo guionista o director, también hace pequeñas incursiones como actor, en películas en general bastante prescindibles como “Nunca me han besado”, “Orange County” o “La montaña embrujada”.

En 2010 estrena “Historias de San Valentín”, película coral (con reparto de lujo) que supuso un notable éxito:

El éxito le llevará a repetir fórmula con otros dos días señalados, “Noche de fin de año” de 2011 y “Feliz día de la madre” de 2016.

Poco después del estreno de esta última película, el 19 de julio de 2016, Garry Marshall moría por complicaciones de una neumonía , sin poder cumplir su idea de dirigir la tercera parte de “Princesa por sorpresa”.

Hombre todoterreno, no muy admirado por la crítica pero a menudo con buenos resultados de público, Garry Marshall fue un multitarea que nos ha dejado un puñadito de películas entretenidas, no maravillosas pero sí perfectas para pasar un buen rato. Y que además ha sido fundamental para darnos a conocer a Robin Williams, Julia Roberts, Anne Hathaway o Chris Pine. Tenemos motivos para recordarle, desde luego.



In Memoriam: Anton Yelchin (19-06-2016)


Buena parte del éxito del reboot de “Star Treck” se debe, en mi opinión, al reparto reunido en la nave Enterprise. Pues bien, desgraciadamente hoy la nave estelar se encuentra un poco más vacía al enterarnos de la muerte, en un extraño accidente, del más joven de sus tripulantes, Pavel Chekov: el actor Anton Yelchin nos deja con sólo 27 años.




Anton Viktorovich Yelchin nació en San Petersburgo (por aquel entonces todavía llamada Leningrado, antes de que desapareciera la Unión Soviética) el 11 de marzo de 1989. Sus padres eran famosos patinadores sobre hielo, pero su origen judío les impidió participar en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1972, para los que estaban clasificados, a causa de la política antisemita soviética. Así, a los pocos meses de que naciera Anton Yelchin, sus padres decidieron emigrar a Estados Unidos huyendo de la discriminación que sufrían en la URSS, en septiembre de 1989, donde obtuvieron el rango de refugiados.

Empezó a actuar muy joven, con 9 años, en películas independientes, pero su salto a la fama se produce en 2001, interpretando al joven Bobby Garfield en la adaptación de la obra de Stephen King “Corazones en Atlántida”, en la que interpreta a un joven que entabla una relación especial con el personaje que interpreta Anthony Hopkins:

Tres años después, en 2004, participa en la película “Delitos menores”, debut como director de David Duchovny, en la que interpreta precisamente al protagonista de joven (la versión adulta la interpreta el propio Duchovny). Aquí ya le vemos más crecidito y con el pelo liso (sin sus característicos ricitos que le hacen inconfundible):

Creo que esta fue la primera película en la que le vi, aunque confieso que no recordaba haberla visto hasta que he visto este trailer…

Le volvemos a ver en 2005 en “Gente poco corriente” junto a Diane Lane, Donald Sutherland, Kristen Stewart o Chris Evans, en la que interpreta a un joven que quiere abandonar Nueva York para acompañar a su padre en sudamérica para estudiar a una tribu indígena:

Pero el papel que no puedo olvidar fue el que protagonizó en 2006, “Alpha Dog” de Nick Cassavetes, basada en hechos reales (aunque con los nombres reales cambiados) en el que interpreta a Zack Mazursky, hermano del traficante de drogas Jake (Ben Foster) que es secuestrado como venganza por su rival, Johnny Truelove (gran papel de Emile Hirsch); él disfruta del secuestro, hace amihos (Justin Timberlake entre ellos) y “amigas”, pero la cosa no puede acabar bien… todavía estoy traumatizado por esta peli que vi en el cine cuando se estrenó (10 años ya):

En 2007, Anton Yelchin protagoniza la comedia dramática “Charlie Bartlett”:

Su año de suerte fue, en todo caso, 2009, en el que participa en “Terminator Salvation” y, sobre todo, estrena su papel de Pavel Chekov en el “Star Treck” de J. J. Abrams:

Repite papel, por supuesto, en “Star Treck: en la oscuridad” de 2013:

De sus restantes papeles, destacar su participación en 2011 en “El castor”, dirigida por Jodie Foster, y sobre todo, de ese mismo año, el drama romántico independiente “Como locos”, junto a una por entonces desconocida Felicity Jones:

Su filmografía posterior no es quizá demasiado afortunada, aunque habría que destacar su participación en la película de terror (de nuevo en el ámbito independiente) “Green Room”, junto a Patrick Stewart:

Con varias películas pendientes de estreno, la más esperada es sin duda la tercera entrega de “Star Treck”. Con su muerte habrá que ver si alguien se anima a hacer una 4ª entrega, porque va a ser difícil de sustituir.

A la espera de que se esclarezcan las circunstancias de su muerte, hoy nos toca llorar a un actor que, pese a una filmografía quizá no demasiado brillante, apuntaba buenas maneras y al que, lamentablemente, no le ha acompañado la frase mítica de la saga que le lanzó a la fama: “Larga vida y prosperidad”.



In memoriam: Nikolaus Harnoncourt (05-03-2016)


El los últimos años tengo cada vez más miedo de las retiradas artísticas. No puedo evitar recordar casos como los de Bob Hoskins o de Constantino Romero, que anunciaron su retirada y poco después recibimos peores noticias. Pues bien, la historia vuelve a repetirse. El pasado 5 de diciembre, el director de orquesta Nikolaus Harnoncourt anunciaba su retirada; sus “facultades físicas” (como él las definió) no estaban ya en condiciones de continuar los conciertos que tenía programados. Y sólo 3 meses después, la noticia que nos llega sobre él de nuevo es la peor: nos ha dejado.




No soy yo una persona que conozca mucho la figura de Nikolaus Harnoncourt; él era un director especializado en el repertorio barroco (que no es mi fuerte), del que fue un gran recuperador, y tampoco comparto su ideología interpretativa. Pero hay una imagen que tengo grabada a fuego en mi memoria: fue en el segundo (y último) concierto de año nuevo que dirigió, en 2003. Estaba dirigiendo la “Invitación a la danza” de Carl Maria von Weber. El público piensa que la obra ha terminado y se pone a aplaudir ruidosamente; Harnoncourt se gira con visible gesto de enfado y señala al violonchelo (ese instrumento que él tocaba en su juventud) que tiene que seguir tocando hasta concluir la pieza. No encuentro las imágenes en Youtube, pero por lo menos sí el audio:

No se puede, por supuesto, ignorar su inmensa labor en la recuperación y difusión de la música barroca. Nikolaus Harnoncourt buscaba siempre la mayor aproximación a la sonoridad original de la música, lo que en este repertorio suponía el uso de instrumentos originales (es decir, de instrumentos propios de la época, sin los avances más modernos) y, como curiosidad, la supresión de las voces femeninas en, por ejemplo, las cantatas y pasiones de Bach, por contratenores y niños, ya que en la época serían hombres quienes interpretaran las partes de soprano y alto. Por eso, y como confieso que me encantan las voces de niños (siempre que canten bien, claro), mi aportación al barroco de Harnoncourt es este aria para alto de la pasión según San Juan de Bach:

Por supuesto, no fue ajeno al mundo del clasicismo, y fue un intérprete referencial de Mozart, por ejemplo. Como muestra, vamos a verle dirigir la sinfonía 40. Hay que reconocer que, para quienes estamos a costumbrados a versiones más “románticas” de la obra, su versión nos puede sonar un tanto barroca y falta de dramatismo, aunque sorprende el ritmo más bien lento de ese magnífico primer movimiento, y no se puede negar que se trata de una gran interpretación, gustos estéticos al margen; a parte de la energía que transmiten sus gestos al dirigir, claro:

Pero yo, sintiéndolo mucho por los fans de otros repertorios, me voy a centrar en lo mío, que es el romanticismo. Y claro, comenzamos con Beethoven. Y vamos a escucharlo en el la famosa 5ª sinfonía. Compararlo con un director expresivo (como el gran Furtwängler, mi referencia absoluta en esta obra) es absurdo. El enfoque de Harnoncourt es diametralmente opuesto: respeto absoluto por los tempos de la partitura, orquesta de cámara… la obra suena bajo su batuta mucho más ligera, aunque no carente de dramatismo. Incluso en algún momento se intuye alguna pausa alargada… es una visión 100% historicista. No es mi visión, desde luego, pero sí la de otros muchos, y, de nuevo, al margen de valores estéticos, su calidad musical es innegable:

Schubert fue otro compositor al que Nikolaus Harnoncourt dedicó gran atención, recuperando incluso óperas y otras obras olvidadas del genio vienés. Pero lo que vamos a ver es el 1º movimiento de su 9ª sinfonía. Y aquí la versión es simplemente espléndida. El juego de dinámicas, el cuidado con el que se escucha la sutil orquestación en incluso los tempos (esa introducción de las trompas más bien lentas, seguidas por unos oboes bastante más rápidos) nos regala una magnífica interpretación de una obra por la que tengo una gran debilidad:

Nikolaus Harnoncourt fue además un afamado director de opereta vienesa, con títulos como “El barón gitano” y “El murciélago” de Johann Strauss Jr. De está última ópera vamos a escuchar el vals “Du und Du”:

No es de extrañar, por tanto, que fuera invitado para dirigir el concierto de año nuevo en dos ocasiones, en 2001 y 2003. De ese último es imposible no destacar ese magnífico “Vals del Emperador”, con una perfecta transición de la marcha de ritmo binario inicial al vals de ritmo ternario. No es un maestro del rubato, pero aún así lo encontramos en varios momentos, y a fin de cuentas es una versión más que disfrutable:

Y con ese vídeo de los jardines del Schönbrunn ya…

Su labor como musicólogo le llevó incluso a grabar la 9ª sinfonía de Anton Bruckner, la 9ª, inacabada (falta el cuarto y último movimiento) con una reconstrucción de las partes escritas de este 4º movimiento y una explicación sobre él:

Incluso en sus últimos años se atrevió con algo tan ajeno a su estilo como el “Porgy and Bess” de Gershwin:

Lo dejamos aquí. Podríamos hablar de su Brahms, de su Mendelssohn y de tantas y tantas cosas… pero la cuestión ha sido recordar la larguísima carrera musical de Nikolaus Harnoncourt, 85 años dedicados a la música, tanto como director (e intérprete en sus comienzos) como como musicólogo. Pueden compartirse sus valores estéticos o no, pero está claro que Harnoncourt ha sido un monstruo en el mundo de la música, y merece ser recordado como tal.



In memoriam: Alan Rickman (14-01-2016)


No es agradable, desde luego, escribir estos post de “In memoriam” para recordar a alguien que, desgraciadamente, acaba de dejarnos. Y este segundo In memoriam que escribo en este blog además ha resultado, al menos para mí, sorprendente, ya que no sabía que ese gran actor británico que era Alan Rickman tenía cáncer, que le ha llevado al fatal desenlace.




Alan Sidney Patrick Rickman nació en Londres el 21 de febrero de 1946, hijo de padre irlandés y madre galesa. Influido por su padre, que murió cuando él tenía 8 años, decide convertirse en diseñador gráfico, aunque también se integra en una compañía teatral amateur, en la que conoce a Rima Horton, quien será su pareja por el resto de su vida y con quien se casó en 2012. Pero con 26 años decide inscribirse en la Academia Real de Arte Dramático de Londres, que le llevará a trabajar en teatro y televisión. Será con una adaptación teatral de “Las amistades peligrosas” en 1985 con lo que obtenga la fama. Y así, llegará su primer papel cinematográfico, en 1988, como el villano Hans Gruber en la primera entrega de “La jungla de cristal”, cuyo personaje acaba así:

Pero el gran año cinematográfico de Alan Rickman será 1991, en el que recibe dos nominaciones a los premios BAFTA. La primera, como mejor actor, por el drama “Truly, madly, deeply”, que será el debut como director de Anthony Minghella en el que comparte pantalla junto a Juliet Stevenson:

¡Qué voz, por favor!

Su otra nominación al BAFTA fue como mejor actor de reparto por su Sheriff de Nottingham en el “Robin Hood” que protagonizó Kevin Costner (Alan Rickman lo eclipsa con su carisma y su sarcasmo… si ya he dicho mil veces que donde esté un actor inglés, que se quiten los americanos…):

Pero Alan no sólo es un villano de lujo, además puede ser todo un galán romántico. Y lo demuestra (y bien que lo demuestra) en 1995 en esa magnífica película que es “Sentido y sensibilidad” como el coronel Brandon, que lo empareja con una mucho más joven Kate Winslet (aunque en mi opinión, con quien haría una pareja perfecta es con Emma Thompson… predilecciones personales.):

En 1996 llega otro gran papel, el presidente de Irlanda Éamon de Valera en el “Michael Collins” que protagoniza Liam Neeson. Y no diré que le quite el protagonismo a un monstruo como Liam… pero casi. Lo que a permite hacernos una idea del enorme talento y la variedad de recursos interpretativos de Alan Rickman:

Ese mismo 1996 ganará su único Globo de Oro (en su única nominación) por protagonizar la miniserie “Rasputín”:

En 1999 forma parte del reparto de la disparatada “Héroes fuera de órbita”, sátira de la serie “Star Treck” junto a Tim Allen y Sigourney Weaver:

En 2001 comienza otro de sus más memorables papeles, el profesor Severus Snape que interpretará en las 8 entregas de la saga “Harry Potter” (si es que no hay actor inglés que no quisiera participar en la saga…):

En 2003 participa en la comedia coral (sí, también valía para la comedia) “Love actually”, y esta vez sí, emparejado con la gran Emma Thompson:

En los años siguientes le hemos visto en producciones como “El perfume”, o le hemos escuchado poner la voz de la oruga Absolem en la “Alicia en el país de las maravillas” de Tim Burton (en cuya secuela, que se estrena este año, volveremos a escucharle), pero si hay un papel en el que me gustaría destacar a Alan Rickman en esta última etapa de su carrera es en esa primera colaboración con Tim Burton, interpretando (y cantando) al malvado Juez Turpin, ese al que quiere matar el barbero Johnny Depp en “Sweeney Todd”. Con su voz y la bellísima música de Stephen Sondheim mal no podía sonar:

No esperábamos quedarnos tan pronto sin él, con sólo 69 años. Cualquier cinéfilo habría querido seguir disfrutando de su voz, de su elegancia, de su ductilidad, de su enorme talento durante muchos años más. Tristemente no ha sido posible, y hoy nos hemos quedado sin él. Pero seguro que no lo vamos a olvidar. ¡Hasta siempre, Alan Rickman!


In Memoriam: Maureen O’Hara (24-10-2015)


No hace todavía ni un mes que abrí este blog, y ya me toca escribir el primer post “In memoriam” para recordar a alguien que nos acaba de dejar. Y el “dudoso” honor de abrir esta categoría ha recaído sobre la gran Maureen O’Hara. El poco tiempo disponible me impide escribir un post a la altura de semejante mujer, pero haremos lo que podamos para recordarla de forma mínimamente decente tras la triste noticia de su muerte.




La gran actriz irlandesa nació hace 95 años, el 17 de agosto de 1920 en la capital irlandesa, Dublin. Su madre era cantante de ópera, y todos sus hijos heredaron las dotes de ella, incluida Maureen, que con 14 años estudió canto y arte dramático. Finalizados sus estudios le ofrecieron un puesto como cantante de ópera, pero ella prefería dedicarse ala actuación (sus hermanos también seguirían sus pasos). Así participó en un casting en Londres que no le fue bien… al menos en teoría.

Y digo que en teoría porque gracias a ese casting un influyente actor inglés quedó prendado de la belleza de la joven. El actor en cuestión era un tal Charles Laughton… vamos, un don nadie. Bueno, venga, dejémonos de ironías. Laughton consiguió que la joven de 19 años fuera contratada para dos películas que él mismo protagonizaba: el primero sería una película ni más ni menos que de Alfred Hitchcock, “Posada Jamaica”, que no es desde luego una de las más célebres del director:

La otra, quizá más llamativa, fue “Esmeralda la zíngara”, rodeada de un reparto de auténtico lujo: un enorme Laughton como Quasimodo, el malvado Frollo del gran Cedric Hardwicke, el Clopin de Thomas Mitchell, el rey de Harry Davenport (un secundario por el que tengo una gran debilidad) y el Gringoire del debutante Edmond O’Brien. Arropada por un reparto de semejante nivel (conviene recordar que 1939 fue quizá el mejor año cinematográfico de la historia), O’Hara brilló como la heroína de la obra de Victor Hugo. Veamos una escena:

Pero su consagración llegaría dos años después. Y es que en 1941, el gran director John Ford la contrató como protagonista de una de sus obras maestras, “Qué verde era mi valle”. Rodeada de nuevo por un reparto de lujo (el oscarizado Donald Crisp como su padre, la actriz teatral inglesa Sara Allgood como su entrañable madre, Walter Pidgeon como el cura del pueblo y un debutante y futura estrella infantil (que seguiría siéndolo incluso después de crecer) Roddy McDowall como su hermano pequeño. La película ganaría los Oscars a de mejor película y director, además del ya mencionado a mejor secundario para Donald Crisp, pero incomprensiblemente ella no fue ni siquiera nominada. Algún asusto turbio había detrás de esa ausencia por lo visto, y es desde luego una de las grandes injusticias de estos premios, a los que O’Hara no sería nunca nominada.

No encuentro en youtube la escena que me habría gustado poner, y para no poner el film completo, pues dejo sólo el trailer:

Desde ese momento se convirtió en la actriz favorita de John Ford (lo que es mucho decir teniendo en cuenta la fama y el talento del director, difícilmente igualable). Pero sería una película rodada en 1942 la que la catapultará definitivamente a la fama: “El cisne negro”, junto a Tyrone Power, en su primera película en tecnicolor. El público pudo así apreciar mejor la impresionante belleza de la joven en color, siendo así conocida como a “Reina del Tecnicolor”:

En 1943 será dirigida por Jean Renoir en la película ambientada en la resistencia francesa “Esta tierra es mía”, en la que repetirá junto a su amigo Charles Laughton:

Perfecta como mujer de carácter, el cine de aventuras y la comedia le iban como un guante, y es a este género al que se dedicará fundamentalmente en la década de los 40, siendo uno de sus mayores éxitos  “De ilusión también se vive”, de 1947:

O su participación en 1948 en “Niñera moderna”, junto al famoso Mr. Belvedere de Clifton Webb:

Pero lo mejor de su carrera vendrá en los años 50.

Y es que en 1950 John Ford vuelve a contar con ella, esta vez emparejándola con un actor del que era muy amiga desde sus inicios en Hollywood, John Wayne. Juntos protagonizarían ese año “Río Grande”:

Pero su gran éxito será en 1952, con la genial comedia “El hombre tranquilo”. La pareja de ambos echa chispas y provoca carcajadas al espectador:

La combinación de tres auténticos monstruos del cine como Ford, Wayne y O’Hara le reportará a Ford su cuarto Oscar a mejor director, y lo cierto es que es un lujazo poder disfrutar de sus talentos en una película… pero repetirán, en 1957, en una película más dramática, “Escrito bajo el sol”:

Anteriormente, en 1955, había interpretado al legendario personaje histórico de “Lady Godiva”:

En los años 60 la fama de Maureen O’Hara comenzará a decaer. En 1961 protagonizará la primera película del director Sam Peckimpah, “Compañeros mortales”, en la que le escuchamos cantar la canción principal de la película:

También en 1961 participa en la comedia infantil de la Disney “Tú a Boston y yo a California”:

 Y en 1963 volveremos a disfrutar de ella en otra comedia junto a John Wayne, “El gran McClintock”, dirigida por Andrew McLaglen (el hijo de Victor McLaglen, quien interpretó al hermano mayor de O’Hara en “El hombre tranquilo”):

De nuevo, risas garantizadas.

Finalmente, Maureen O’Hara se retira del cine en 1971, con la película “El gran Jack”, de nuevo un western junto a John Wayne:

En los años 90 vuelve a hacer algunas apariciones , fundamentalmente televisivas, aunque también aparece en la comedia de Chris Columbus “Yo, tú y mamá”, como la madre de John Candy, que no aporta nada a su filmografía:

Ninguna de sus participaciones tras su retorno al cine o la televisión es relevante en realidad. En el fondo, Maureen necesitaba a Ford y Wayne (o en su defecto a Laughton) cerca, y ya no estaban. Ya apenas quedaba nada del Hollywood clásico al que ella pertenecía.

En el año 2014 la academia de Hollywood quiso compensar su injusticia con la actriz dándole un Oscar honorífico, que la convierte, junto a Myrna Loy, en la única actriz en recibir este premio sin haber estado nominada previamente:

Sentada en una silla de ruedas, su aspecto serio, casi se podría decir que amargado, ya nos hacía presagiar lo peor. Y así, 11 meses después, su estrella se apagó. Con ella se nos va buena parte de lo poco que nos quedaba de ese Hollywood dorado. Pero su genio permanece en nuestras pantallas. ¡Gracias, Maureen O’Hara! Te debemos mucho más de lo que creemos.