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70 años de la muerte de Sam Wood (22-09-2019)

Director más que dotado para la comedia, autor de algunas de las más míticas películas de los hermanos Marx, su radicalización política le terminó llevando a dirigir dramas intrascendentes y retrógrados que terminaron por hacerle caer en el olvido. Con motivo del 70 aniversario de su muerte, recordamos la carrera del director Sam Wood. 

El nombre completo de Sam Wood era Samuel Grosvenor Wood, y nació en Filadelfia, estado de Pensilvania, el 10 de julio de 1883. Su carrera artística comenzó en la faceta de actor. El 25 de agosto de 1908 se casó con Clara Louise Roush, y dos de sus hijas terminarían siendo actrices. Pero Sam Wood llega a Hollywood como ayudante de director de Cecil B. de Mille en 1915. 

Ya para 1920 debuta como director de cine. De su etapa en el cine mudo, en la que tuvo ocasión de dirigir a prestigiosas estrellas, destaca “Mas fuerte que su amor”, protagonizada por dos de las mayores estrellas del momento, Gloria Swanson y Rodolfo Valentino:

Con la llegada del sonoro, su filmografía combina el drama romántico y la comedia, género en el que conseguirá hacerse conocer gracias a una de las mejores películas que rodaron los Hermanos Marx, “Una noche en la ópera”, de 1935, con escenas tan memorables (y técnicamente difíciles de rodar) como la del abarrotado camarote de Groucho:

Repite de nuevo con Groucho, Chico y Harpo en 1937 en otra de sus más célebres películas, “Un día en las carreras”, pero la falta de seriedad de los hermanos durante el rodaje le lleva a un enfrentamiento con ellos, y con ello a no volver a trabajar juntos:

Pero el prestigio que ha adquirido gracias a estas dos películas le ofrece interesantes proyectos. De hecho, en 1939 sustituirá temporalmente a Victor Fleming durante el rodaje de “Lo que el viento se llevó”, la mayor superproducción hasta la fecha. De hecho, en 1939 despega su carrera, en parte gracias a la simpática comedia de robos “Caballero y ladrón”, protagonizada por David Niven, Olivia de Havilland y May Whitty:

Pero su mayor éxito ese año fue la magnífica “Adiós, Mr. Chips”, con un Robert Donat que ganará el Oscar a mejor Actor ese año y una debutante Greer Garson. La película cuenta con no pocas escenas memorables:

Por esta película Sam Wood recibe su primera nominación al Oscar. 

En 1940 dirige el drama romántico “Sinfonía de la vida”, protagonizada por Martha Scott y un joven William Holden

Pero la más famosa de las películas que Sam Wood dirige en 1940 es “Espejismo de amor”, historia sobre las mujeres en el mundo laboral bastante reaccionaria, protagonizada por una Ginger Rogers que ganará el Oscar a mejor actriz:

Por esta película Sam Wood recibirá su segunda nominación al Oscar. 

En 1941 dirige la comedia “El diablo burlado”. con Jean Arthur, Charles Coburn, Richard Cummings y la habitual en su filmografía Spring Byington, en una historia que recuerda mucho a las historias de Frank Capra: un millonario empresario se infiltra entre sus trabajadores para descubrir quiénes son los revolucionarios huelguistas, y acaba poniéndose de su lado, todo con ese buenrrollismo conservador tan suyo:

En 1942 dirige otra de sus películas más famosas, “El orgullo de los Yankis”, drama protagonizado por Gary Cooper y Teresa Wright que narra la historia de Lou Gehring, famoso jugador de beisbol muerto el año anterior a causa del ELA:

Pero por la película por la que Sam Wood recibe su tercera (y última) nominación al Oscar no es esta, sino “Kings Row”, drama que narra la historia de varios personajes en la ciudad del título, protagonizada por Robert Cummings, Ann Sheridan y Ronald Reagan, en una película en la que había que dulcificar no pocos elementos molestos que aparecían en la novela, como el suicidio, la locura o el sadismo del médico interpretado por Charles Coburn, así como suprimir otros como el incesto, la ninfomanía o la homosexualidad, quedando así la historia demasiado desdibujada:

El giro cada vez más conservador de Sam Wood va a ser más evidente en 1943, cuando diriga la adaptación de la novela de Ernest Hemingway “Por quién doblan las campanas”, ambientada en la Guerra Civil española y en la que Wood no sólo negativiza considerablemente a los republicanos, sino que llegó a afirmar que habría dado lo mismo que los protagonistas hubieran sido del bando nacional (no sé qué pensaría Hemingway de esto…). Gary Cooper, Ingrid Bergman, Akim Tamiroff y la debutante Katina Paxinou consiguieron nominaciones al Oscar (Paxinou de hecho lo ganó), pero en esta ocasión Wood se queda sin nominación:

En 1944 regresa de nuevo a la comedia con “Casanova Brown”, protagonizada por Gary Cooper, Teresa Wright y Frank Morgan:

En 1944 funda y preside la Alianza cinematográfica para la preservación de los ideales americanos, contribuyendo significativamente durante la caza de brujas. De hecho, ya desde años atrás Sam Wood tenía una libreta en la que iba apuntando los nombres de cualquiera que sospechara que pudiera ser comunista. Según una de sus hijas, su radicalismo cambió su caracter, haciendo de él un bruto irracional. 

En 1945 consigue estrenar la película que había rodado dos años atrás, la historia de aventuras “La exótica”, protagonizada de nuevo por Gary Cooper e Ingrid Bergman:

Después de esta, el resto de sus películas resultan intrascendentes, con la excepción de “The Stratton Story”, de 1949, drama de nuevo ambientado en el mundo del beisbol, protagonizada por James Stewart y June Allyson. Basada de nuevo en una historia real, narra la historia de un jugador de beisbol que pierde la pierna en un accidente de caza y que se ve obligado a abandonar su carrera deportiva, en una historia de superación que Wood pensaba adecuada para animar a los soldados mutilados durante la II Guerra Mundial:

Sam Wood fue denunciado ese mismo año por un guionista de izquierdas por haberle difamado acusándole de comunismo. La defensa de Wood fue tan contundente que poco después sufrió un infarto que le llevaría a la tumba el 22 de septiembre de 1949, con 66 años. Fue enterrado en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery de Glendale.

El caso de Sam Wood es un buen ejemplo de un buen director al que su radicalismo político le llevó a que su cine perdiera calidad para dar lugar a un propagandismo muy evidente que termina por arruinar sus películas, que a menudo son grandes historias y con notables interpretaciones. Una lástima que echara a perder así su carrera.

In Memoriam: Stanley Donen (21-02-2019)

Era el último director del Hollywood clásico que nos quedaba. Tenía 25 años cuando se estrenó con un clásico del cine musical, “Un día en Nueva York”, y nos regaló algunas de las mejores comedias y musicales durante los siguientes 20 años. Hace pocos días nos dejaba uno de mis directores favoritos, el mítico Stanley Donen. 

Stanley Donen nació el 13 de abril de 1924 en Columbia, en el estado de Carolina del Sur. Hasta 1937, que nació su hermana Carla, fue el hijo único de una pareja judía (aunque Donen se volvería ateo en su juventud), lo que le supuso sentir el acoso antisemita de una ciudad con poca población judía en la escuela. Su válvula de escape fue el cine: le encantaban los westerns, las comedias y los thrillers, pero por encima de todo le encantaba “Volando a Rio de Janeiro”, el musical que lanzó a la fama a Fred Astaire y Ginger Rogers. La película le sumergía en un mundo en el que todo era feliz y hermoso. Por ello comenzó a rodar películas caseras y a tomar lecciones de baile, tanto en Columbia como en sus vacaciones de verano en Nueva York, donde llegó a estudiar con Ned Wayburn, quien fuera profesor de baile de Astaire, además de poder ir a los musicales de Broadway. 

Terminada la escuela, comenzó a estudiar psicología en la universidad, pero lo abandonó al poco tiempo para trasladarse a Nueva York y probar suerte en el teatro. No tardó en conseguir un papel como bailarín en el musical “Pal Joey”, que lanzaría a la fama a su protagonista, Gene Kelly. Trabaja en teatro por algún tiempo antes de trasladarse a Hollywood en 1943, donde comienza como bailarín en musicales y coreógrafo. Con un contrato por un año para la Metro, vuelve a encontrarse allí con Gene Kelly, que trabaja para la misma productora como actor. Kelly consigue que le permitan a él diseñar sus propias coreografías, pero necesita a alguien que conozca los pasos que va a hacer para comunicarse con los cámaras y que estos puedan seguirlos; Donen necesita un trabajo, y Kelly se lo consigue como su asistente de coreografía. 

Juntos trabajan en “Levando anclas”, y Stanley Donen es quien tiene la idea de hacer un número de baile con Kelly y un personaje de animación; tras no conseguir el permiso de Disney para usar alguno de sus personajes, el elegido termina siendo el ratón Jerry de Hanna-Barbera. El éxito de la escena es inmediato tras el estreno.

Stanley Donen continúa trabajando como coreógrafo en Hollywood incluso en el periodo en el que Kelly se va a hacer el servicio militar, pero a su regreso continúan colaborando. Kelly quiere lanzarse a la dirección con un musical escrito por ambos, pero la productora no lo permite y contrata al mítico Busby Berkeley para dirigirlo. Pero, tras el éxito de dicho musical, “Llévame a ver el partido”, la productora autoriza a Kelly a dirigir su siguiente proyecto. Pero Kelly necesita a alguien tras las cámaras mientras el actúa, y el elegido es, cómo no, Stanley Donen, que a sus 25 años debuta como director en “Un día en Nueva York”,  de 1949, musical protagonizado por el propio Kelly, Frank Sinatra, Jules Munshin o Ann Miller, entre otros: 

El éxito de este musical le permite a Donen firmar un contrato con la Metro como director, ahora ya sin Kelly al lado. Tras problemas con Esther Williams que le impiden dirigir el primer proyecto que le adjudica, Donen es contratado para dirigir a su ídolo de infancia, Fred Astaire, en una película que es casi una biografía del propio Astaire, “Bodas reales”, de 1951, en la que se reproduce su equipo con su hermana Adele y los motivos de la separación. Tras retirar del proyecto a una enferma Judy Garland, el papel femenino protagonista recaerá en June Powell. Donen demostrará su virtuosismo en una de las más memorables y técnicas escenas del cine musical:

En 1951 se divorcia de sus primera esposa, la bailarina Jeanne Coyne, y en 1852 se casa con la actriz Marion Marshall, con la que tiene dos hijos, Peter en 1953 y Joshua en 1955. La pareja se divorciará en 1959, dando comienzo a una larga disputa legal por la custodia de los hijos. Entre ambos matrimonios, al parecer mantuvo un breve romance con Elizabeth Taylor, a la que dirigió en 1952 en “Marido a la fuerza”, segunda película que dirige en solitario y que fue un fracaso, en parte debido al retraso del estreno y a que el actor protagonista, Larry Parks, fue acusado durante la caza de brujas de McCarthy. 

Mientras tanto, Gene Kelly está en la cumbre de su éxito gracias a “Un americano en París”, por lo que decide volver a dirigir. El productor Arthur Freed quiere un musical que utilice antiguas canciones escritas por él y compuestas por Nacio Herb Brown, y de una de ellas sale el título de la película, “Cantando bajo la lluvia”, musical-collage ambientando en el paso del cine mudo al sonoro que dirigen mano a mano Kelly y Donen y que protagonizan el propio Kelly, Debbie Reynolds y Donald O’Connor:

La película supuso semejante éxito que le permitió a Stanley Donen seguir con su carrera como director. En el mismo 1952 estrenó la alocada comedia “Fearless Fagan”, basada en la historia real de un payaso que, cuando se enrola en el ejército, se lleva consigo su león. La película fue protagonizada por Carleton Carpenter y Janet Leigh:

En 1953 dirige la comedia musical “Tres chicas con suerte”, ambientada en el mundo del teatro musical y protagonizada por Debbie Reynolds y por el coreógrafo y futuro director de cine Bob Fosse, con quien tuvo problemas durante el rodaje:

Pese al fracaso de este último film, Stanley Donen sigue contando con la confianza de la Metro, que le encarga dirigir un proyecto largamente acariciado que llevaba al oeste y al género musical la historia del rapto de las sabinas. Pese a ser un proyecto menor, frente a los otros dos musicales que la metro rodaba en esa época, “Brigadoon” y “Rose Marie”, Donen contó para el proyecto con la música de Saul Chaplin, las letras de Johnny Mercer, una pareja protagonista formada por Howard Keel y Jane Powell, el actor y acróbata Russ Tamblyn y un importante elenco de bailarines y bailarinas, destacando siempre entre ellos el gran Tommy Rall. El resultado, estrenado en 1954, fue la mítica “Siete novias para siete hermanos”:

Con unos espectaculares números de baile que rozan la acrobacia, una partitura magnífica, las grandes voces de Keel y Powell y una historia divertida y entretenida, “Siete novias para sierte hermanos se convirtió en uno de los mejores musicales de la historia del cine y uno de los más queridos por el público. No sólo consiguió recaudar más que los otros dos musicales de la Metro juntos, sino que además se llevó una nominación al Oscar a mejor película, nada menos, pese a que los Oscars siempre ignoraron a Donen. 

Su siguiente proyecto, también estrenado en 1954, es el biopic musical del compositor de opereta Siegmund Romberg, “Profundamente en mi corazón”, protagonizado por José Ferrer y con la gran cantante de ópera Helen Traubel en el cast:

 

En 1955 regresa Gene Kelly para proponerle co-dirigir un nuevo musical, que en principio iba a ser una secuela de “Un día en Nueva York”. Con música de André Previn, “Siempre hace buen tiempo” supuso el fin definitivo de la colaboración entre Kelly y Donen, ya que Kelly siempre usó a Donen como un ayudante en lugar de trabajar en condición de igualdad con él. Será la última colaboración entre ambos, y también la última película que Donen rueda para la Metro antes de concluir su contrato:

Stanley Donen decide entonces trabajar por libre y no firmar en exclusiva con ninguna productora. No estrena hasta 1957, cuando rueda para la Paramount “Una cara con ángel”, utilizando algunas de las canciones del musical “Funny Face” de George e Ira Gershwin pero cambiando el argumento: un fotógrafo de moda, interpretado por Fred Astaire, descubre a una bibliotecaria poco preocupada por la moda, interpretada por Audrey Hepburn, y trata de convertirla en una gran modelo, hasta que surja el amor. Será la segunda y última vez en la que Donen dirija a Astaire, y la primera en la que trabaje con la Hepburn:

En 1957 estrena dos películas más: “Juego de pijamas”, con Doris Day, y “Bésalas por mí”, primera colaboración con Cary Grant. A continuación, Donen funda junto a Cary Grant su propia productora, “Stanley Donen productions”, siendo su primera película la genial “Indiscreta”, comedia romántica protagonizada por Cary Grant y la recién retornada a Hollywood Ingrid Bergman, poco asidua a la comedia, en una brillante película digna de ser mucho más recordada:

 

La película es un éxito que convierte a Donen en uno de los reyes de la comedia. Tras dirigir dos películas protagonizadas por Yul Brynner, “Volverás a mí” y “Una rubia para un gangster”, se traslada por unos años a Gran Bretaña, donde rodará la genial comedia “Página en blanco”, con música de Noël Coward, a quien había dirigido en “Una rubia para un gangster”, y un reparto de lujo formado por Cary Grant, Deborah Kerr, Jean Simmons y Robert Mitchum, en una magnífica historia de cuadriláteros amorosos:

 

Con joyas así, como para no ser el nuevo rey de la comedia. 

El traslado de Donen a Londres se debió a su tercer matrimonio, con Adelle, Condesa de Beatty, con la que permanecerá hasta 1969, divorciándose en 1971. Con ella tuvo un hijo, Mark, en 1962. 

Su siguiente película, estrenada en 1963, es la genial “Charada”, mezcla de intriga (Donen quería hacer una película del estilo de Hitchcock) y comedia protagonizada por Cary Grant, Audrey Hepburn y Walter Matthau, que se convertirá en otra de sus películas más famosas, gracias a escenas como la del baile o la de Cary Grant duchándose con el traje puesto, que la convierten en la película comercialmente más exitosa de Donen:

Stanley Donen repite combinación de intriga y comedia en su siguiente film, “Arabesco”, estrenado con gran éxito en 1966 y protagonizado por Gregory Peck y Sophia Loren: 

En 1967 estrena la comedia dramática “Dos en la carretera”, amarga historia contada en blash-backs de los 4 viajes por el sur de Francia de una pareja, formada por Audrey Hepburn y Albert Finney, a lo largo de 12 años, desde que se conocen hasta que su matrimonio está a punto de romperse, inspirándose sin duda en sus propias experiencias al respecto:

La película no fue un gran éxito en su momento, aunque a día de hoy sea considerada una de sus obras maestras. 

En 1969 estrena una de sus películas más peculiares, “La escalera”, que cuenta la historia de una pareja gay formada por Rex Harrison y Richard Burton, en una época en la que ese era un tema tabú en el cine, por lo que, de nuevo, la película es más apreciada en la actualidad que durante el estreno, que casi podría calificarse de fracaso:

Tras su divorcio, Stanley Donen regresa a Hollywood y se casa por cuarta vez, en 1972, con la actriz Yvette Mimieux, de la que se divorcia en 1985. 

El productor Robert Evans le propone a su regreso dirigir una adaptación del célebre cuento “El principito”, para el que cuenta con música escrita por Frederick Loewe (el compositor de “My fair Lady”), y Donen estrena la película en 1974. En el reparto, Gene Wilder y Bob Fosse, interpretando a la serpiente y coreografiando él mismo su baile:

La película fue un fracaso, como lo será también la siguiente, “Los aventureros de Lucky Lady”, protagonizada por Liza Minnelli y Gene Hackman.  No tendrá mejor suerte con su incursión en la ciencia ficción en “Saturno 3”, protagonizada por Kirk Douglas, Harvey Keitel y Farrah Fawcett:

Su última película fue la comedia “Lío en Rio”, protagonizada por Michael Caine y una jovencita Demi Moore, que fue un fracaso de crítica pero, al menos, no funcionó tan mal entre el público:

Posteriormente, Donen trabaja tanto en televisión como en teatro. En 1990 se casa por quinta vez, Pamela Braden, divorciándose en 1994. 

Sin nominaciones al Oscar, la Academia decide “arreglar” uno de sus mayores errores, dándole un Oscar honorífico, que le entregó Martin Scorsese, y que recogió cantando y bailando el “Cheek to cheek” que inmortalizara Fred Astaire en “Sombrero de copa”. Viendo su “discurso” de agradecimiento, sólo queda decir dos cosas: ya no hay galas de los Oscars como las de antes, y quien no se emocione con esto no sabe lo que es amar el cine:

Todavía en 1999 dirigió una película para la televisión, “Cartas de amor”, y continuó trabajando en Broadway. Desde los años 70 no conseguía alcanzar el éxito, quizá porque su forma de hacer cine, de entender el cine, no se ajustaba a los gustos de la época, y él no se adaptaba a los nuevos estilos. Y, pese a todo, continuaba trabajando en nuevos proyectos. Y todavía quiso casarse una nueva vez, con su pareja la escritora Elaine May, con la que vivió desde 1999 hasta su muerte. Finalmente, un infarto acababa con su vida a los 94 años en Nueva York el 21 de febrero. 

Admirado por muchísimos directores más jóvenes, Stanley Donen combinaba un inusual talento técnico a la hora de filmar con una exquisita habilidad para el musical y la comedia, regalándonos algunas de las películas más memorables de los años 50 y 60. Con su muerte concluye una era, ese Hollywood dorado que algunos tanto añoramos, porque viendo sus películas nos damos cuenta de que ya no se hace cine como el de antes. Porque hay que ser muy, muy, muy grande para hacer semejante cantidad de obras maestras en apenas 20 años. Y Donen era, y siempre fue, muy, muy, muy grande. 

70 años de la muerte de Victor Fleming (06-01-2019)

En el mundo del arte (y el cine no es la excepción), a veces un golpe de suerte puede cambiar la carrera de cualquiera, para bien o para mal. En algunos casos, un artesano más puede ver su suerte cambiada y convertirse, por lo menos por un breve espacio de tiempo, en un artista. La persona de la que hoy nos ocupamos es uno de esos casos, un director diestro pero no especialmente remarcable, al que por casualidades del destino le cayó dirigir una de las películas más famosas de la historia, lo que le catapultó a una fama que tampoco fue capaz de conservar: hablamos de Victor Fleming. 

Victor Lonzo Fleming nació en las cercanías de Los Angeles el 23 de febrero de 1889. De joven ejerció diversos oficios, destacando como mecánico, lo que le permitió conocer al pionero director de cine Allan Dawn, para quien trabajó de chófer antes de introducirse en el mundo del cine como cámara, trabajando en 1916 para D. W. Griffith en “Intolerancia”, además de servir como cámara para el presidente Woodrow Wilson durante la conferencia de París. 

Su amistad con Douglas Fairbanks permite a Victor Fleming debutar como director en 1919 en “Pesadillas”, protagonizada por el propio Fairbanks, que protagoniza las primeras películas del director, ya que es un director al que le gusta la acción y rodar en exteriores. En todo caso, su obra será menor hasta que, en 1925, la Paramount le encarga dirigir la adaptación de la novela “Lord Jim”. Su carrera despega entonces, y Fleming destacará por lanzar a la fama a varios intérpretes, como Clara Bow en 1926 con “Flor de capricho”:

En 1927 dirige el primer film americano del actor alemán Emil Jannings, “El destino de la carne”, siendo el primer actor ganador del Oscar. Por desgracia, no se conservan copias de la película, con la excepción de algún fragmento:

En 1929, ya con la llegada del cine sonoro, dirigirá el western “El virginiano”, protagonizado por Gary Cooper en el que será su primera película hablada y que contribuirá a afianzar su fama posterior:

El prestigio de Victor Fleming se afianza en 1932 con “Tierra de pasión”, historia de un triángulo amoroso formado por Clark Gable, Jean Harlow y Mary Astor en ambientación exótica (el sudeste asiático), que años después será objeto de un famoso remake, “Mogambo” de John Ford:

Clark Gable era apenas un novato que había debutado en la pantalla en 1931 con “Un alma libre”, pero será gracias a esta película que saltará a la fama como uno de los principales galanes cinematográficos de los años 30. Victor Fleming vuelve a contar con él para protagonizar junto a Helen Hayes el drama de tintes religiosos “La hermana blanca”, que cuenta la historia de una aristócrata italiana que, dando por muerto a su amor durante la I Guerra Mundial, decide meterse a monja, pero luego descubre que él no ha muerto, comenzando un importante conflicto interno en el que será un remake del film mudo de igual título que había dirigido en 1923 Henry King con Ronald Colman y Lilian Gish. No hay, por desgracia, ninguna escena en YouTube de la película. 

Su afición al rodaje en exteriores y las películas de acción le permite que la Metro, la productora para la que trabaja en exclusiva desde comienzos de los años 30, cuente con él para dirigir la adaptación de “La isla del tesoro”, con la estrella infantil Jackie Cooper, Wallace Beery y Lionel Barrymore, entre otros:

En 1935 dirige la comedia con tintes dramáticos “La indómita”, protagonizada por Jean Harlow, William Powell y Franchot Tone, en un estilo que no es el habitual en su carrera. Será en 1937 cuando dirija algo más afín a su estilo cinematográfico en la que estaría llamada a ser su obra maestra de no haber tenido un golpe de suerte poco después, ya que dirige la célebre “Capitanes intrépidos”, primera colaboración con Spencer Tracy (que ganará el Oscar a mejor actor), además de Freddie Bartholomew, Lionel Barrymore, Melvyn Douglas, John Carradine, John Carradine… uno de los mejores repartos que se podría uno imaginar para una película maravillosa, propia de un hábil artesano cinematográfico:

Victor Fleming se convierte así en uno de esos directores que, sin llegar a ser grandes estrellas, demuestra una considerable habilidad en su trabajo, aunque sin llegar a ser magistral en la mayoría de sus películas (“Capitanes intrépidos” sería en este caso la excepción), entrando en la misma categoría que Henry King, Mervyn LeRoy, Sam Wood, Clarence Brown, William Wellman o King Vidor, por citar algunos de sus contemporáneos más destacados. 

Sigue fiel a su estilo en 1938 en “Piloto de pruebas”, protagonizada por Spencer Tracy, Clark Gable y Myrna Loy:

Pero su suerte cambiará justo después. Tras el éxito de “Blancanieves y los 7 enanitos”, los estudios cinematográficos se dan cuenta de que las adaptaciones de historias infantiles tienen un gran éxito, así que la Metro compra los derechos de la novela infantil de L. Frank Baum “El maravilloso mago de Oz”. Mervyn LeRoy se encarga de las tareas de producción y se encomienda la dirección de la película a Richard Thorpe, pero, insatisfecho con los resultados tras dos semanas de rodaje, LeRoy lo sustituye por George Cukor. Cukor realiza numerosos cambios estéticos en el film, pero no llega a dirigir ninguna escena, ya que tiene un encargo más importante: “Lo que el viento se llevó”. Con tal vaivén de directores, el rodaje recae finalmente en Victor Fleming, director a priori fuera de lugar para una película musical (y en color), que siempre destacó más como director de actores que de actrices. Fleming sigue los cambios estéticos introducidos por Cukor, si bien tampoco termina el rodaje, siendo las escenas en blanco y negro del comienzo y el final dirigidas por King Vidor. En todo caso, gracias a la maravillosa interpretación de la jovencita y encantadora Judy Garland como Dorothy, “El mago de Oz” se convertirá en una de las películas más famosas de la historia (si bien el famoso “Over the rainbow” no fue dirigido por Fleming, sino por Vidor):

El motivo por el que no pudo concluir el rodaje de “El mago de Oz” fue por tener que hacerse cargo de otro proyecto de mayor envergadura. Y de nuevo George Cukor está de por medio.

David O’Selznick llevaba tiempo trabajando en un proyecto titánico, la adaptación de la novela de Margaret Mitchell “Gone with the wind”, y George Cukor, el director seleccionado para dirigirla, lleva dos años trabajando en la pre-producción. Pero, tras tres semanas de rodaje, es despedido. Los motivos que se aducen son diversos: la versión oficial dice que es por diferencias creativas con Selznick, algo poco creíble dada la gran cantidad de tiempo que llevaban trabajando juntos. Las principales sospechas recayeron en Clark Gable: bien porque Cukor era conocido como director de actrices, bien por su abierta homosexualidad (que al parecer le hacía conocedor de ciertos secretos pasados que avergonzaban a Gable), el actor consiguió que fuera despedido (si bien Cukor continuó trabajando con Vivien Leigh y Olivia de Havilland para trabajar sus papeles), y el sustituto fue Victor Fleming, más famoso como director de actores y con el que ya había trabajado en 3 ocasiones anteriores. Pese a todo, muchas de las escenas rodadas por Cukor (en especial el comienzo del film, la mejor parte en mi opinión) no fueron rodadas de nuevo, y Fleming tuvo que retirarse temporalmente del proyecto por agotamiento, siendo sustituido por Sam Wood. Pese a todo, Fleming figura como único director de “Lo que el viento se llevó”:

De hecho, Victor Fleming gana el Oscar a mejor director por este film, en la que fue su única nominación, sin que se incluyera al resto de directores que tomaron parte en el rodaje. 

Tras tomarse algún tiempo de descanso, en 1941 trabaja de nuevo con Spencer Tracy e Ingrid Bergman en “El extraño caso del Dr. Jekyll”, que, pese a todo, no alcanza un gran éxito:

En 1942 dirige “La vida es así”, con Spencer Tracy, John Garfield y Hedy Lamar, entre otros, además de Frank Morgan, quien interpretara al mago de Oz y recibirá por esta película su única nominación al Oscar. La película se ambienta en un pueblo pesquero de California, y tiene un fuerte componente religioso, algo característico del cine de Fleming, marcadamente conservador y católico (aunque la acusación de pro-nazi que lanzó la actriz Anne Revere no puede ser confirmada):

En 1944 regresa al género de la aviación con un film bélico protagonizado por Spencer Tracy, Irene Dunne y Van Johnson, “Dos en el cielo”, que cuenta la historia de un piloto que muere en combate y es enviado de vuelta a la tierra para entrenar a otro piloto, a quien verá enamorarse de quien fuera su novia, historia de la que Spielberg rodará años después un remake, “Always”:

Tras rodar en 1945 “Aventura”, última colaboración con Clark Gable, junto a Greer Garson, no filmará nada nuevo hasta 1948. Este año estrena “Juana de Arco”, que cuenta la famosa historia de la doncella de Orleans, interpretada por Ingrid Bergman, que destila un ultracatolicismo que fue difícil de digerir incluso en aquella época, siendo un considerable fracaso:

Recién terminado el rodaje, comienza a trabajar en su próximo proyecto, “La soga”, pero el 6 de enero de 1949 sufre un infarto y muere de camino al hospital. Estaba casado desde 1933 con Lucile Rosson. Fue enterrado en el Hollywood Forever Cemetery. Su último proyecto, la ya mencionada “La soga” fue finalmente dirigido por Alfred Hitchcock. 

Trabajador incansable en sus comienzos, siempre solvente pero pocas veces magistral, Victor Fleming sería otro más de tantos grandes directores de los años dorados de Hollywood que apenas son recordados si los caprichos del destino no le hubieran llevado a sustituir al gran George Cukor en dos películas tan míticas como “El mago de Oz” y “Lo que el viento se llevó”, manteniéndose así vivo su recuerdo en la memoria de los cinéfilos.



75 años de la muerte de Leslie Howard (01-06-2018)


Prestigioso actor teatral británico que, con la llegada del cine sonoro, se convertiría en una gran estrella de Hollywood hasta su prematura muerte en la II Guerra Mundial, su participación en la mítica “Lo que el viento se llevó” lo mantiene en la memoria de los cinéfilos. Hoy, cuando se cumplen 75 años de su muerte, recordamos a Leslie Howard.




Leslie Howard Steiner nació el 3 de abril de 1893 en Londres. Su madre era británica, pero su padre era de origen húngaro-judío ( de ahí el apellido Steiner). Tras terminar sus estudios, combate brevemente en la I Guerra Mundial (momento en el que renuncia al uso del apellido Steiner, que lo identifica como alemán), pero por problemas de estrés se retira del ejército y comienza su carrera teatral. Ese mismo año se casa con Ruth Evelyn Martin, con la que tendrá dos hijos, Ronald, nacido en 1918 y que será también actor, y Leslie Ruth, nacida en 1924.

Al mismo tiempo que comienza su carrera teatral, participa en algunos cortos cinematográficos, pero su carrera en cine se detiene tras su traslado a Broadway, donde triunfa sobre los escenarios, pero, curiosamente, apenas interpreta obras de Shakespeare; de hecho, cuando en 1936 interpreta a Hamlet, tiene la mala suerte de que al mismo tiempo otra compañía la está representando con John Gielgud y Howard sale perdiendo en esta batalla.

Por suerte para él, la llegada del cine sonoro le abre las puestas de Hollywood, en especial para interpretar obras que ya había hecho en escena. Así, su primer papel será en 1930 en “Outward Bound”, cinta fantástica en la que interpreta un papel diferente al que había hecho en los escenarios:

En 1931 trabaja en la magnífica “Un alma libre” de Clarence Brown, en la que ve como su amada, Norma Shearer, se enamora del Gagnster interpretado por Clark Gable, al que su padre, Lionel Barrymore, está defendiendo en un juicio, lo que le obliga a tomar medidas drásticas:

En 1932 protagoniza “The animal Kingdom”, que acababa de interpretar en Broadway, interpretando a un hombre que se debate entre su mujer y su amante, interpretadas por Ann Harding y Myrna Loy:

Ese mismo año vuelve a trabajar junto a Norma Shearer en “La llama eterna” de Sidney Franklin, en la que interpreta a un viejo amargado porque, el día de su boda, un rival asesinó a su esposa. Años después, se encarga de criar a la sobrina de ésta, que se parece sorprendentemente a su desaparecido amor (ambos papeles interpretados por Shearer), hasta que se enamora del hijo del asesino de ella (ambos papeles interpretados por Fredric March):

Lo curioso es que, habitualmente, a Leslie Howard tenían que rejuvenecerlo, ya que interpretaba papeles mucho más jóvenes que él, pero en este caso la caracterización tiene que envejecerlo.

En 1933 alcanza un gran éxito con “La plaza de Berkeley”, de Frank Lloyd, en la que viaja en el tiempo y se convierte en uno de sus ancestros, lo que le pondrá en peligro al conocer los sucesos futuros que van a acontecer. Por este papel, Leslie Howard recibe una nominación al Oscar a Mejor Actor (nunca ganará la estatuilla):

Tras protagonizar ese mismo año “Secretos”, western de Frank Borzage junto a Mary Pickford, alcanza un gran éxito en 1934 al interpretar al joven noble británico que se dedica a salvar a condenados a la guillotina durante la revolución francesa en “La Pimpinela Escarlata”, que protagoniza junto a Merle Oberon y Raymond Massey:

Leslie Howard borda las dos facetas del papel, la petulancia pública y el arrojo de su oculta personalidad, con esa ironía y a menudo cinismo que tan bien sabía lucir ante las cámaras.

No menos éxito tendrá ese mismo año su papel en “Cautivo del deseo” de John Cromwell, adaptación de la novela de W. Somerset Maugham, en la que sufre un amor enfermizo hacia una manipuladora Bette Davis:

1936 será otro gran año para Leslie Howard, que protagoniza la adaptación que George Cukor realiza del “Romeo y Julieta” de Shakespeare, pese a que supera con mucho la edad del personaje (Howard supera los 40 y Romeo tiene 17), acompañado de la Julieta de Norma Shearer, el Mercutio de John Barrymore y el Tebaldo de Basil Rathbone:

Ese mismo año protagoniza también “El bosque petrificado”, junto a Bette Davis. Howard, que había interpretado la obra, insiste en el que el papel del Gangster Mantee lo interprete el actor que lo había hecho con él en Broadway, Humphrey Bogart, consiguiendo que la futura estrella despegara por fin, algo que Bogart siempre le agradeció a Howard:

En 1937 forma parte del triángulo amoroso que forma con Bette Davis y Olivia de Havilland en la comedia romántica “Es amor lo que busco”:

En 1938 se estrena en una nueva faceta: acompaña a Anthony Asquith dirigiendo la adaptación de la obra de George Bernard Shaw “Pygmalion” (el  mismo argumento en el que se basará el musical de Frederick Loewe “My Fair Lady”), interpretando además al protagonista, el profesor Henry Higgins, con Wendy Hiller como su pupila, Eliza Doolitle. Ambos serán nominados como mejores Actor y Actriz al Oscar, y Leslie Howard gana la Copa Volpi al mejor actor en el festival de Venecia por este papel:

En 1939 protagoniza el drama romántico “Intermezzo”, en el que acompaña a la desconocida en Hollywood Ingrid Bergman:

Y ese mismo año supera el durísimo casting para hacerse con el papel de Ashley Wilkis, el eterno amor de Scarlett O’Hara en “Lo que el viento se llevó”, siendo su interpretación la mejor de la película, por delante de las de Vivien Leigh, Clark Gable u Olivia de Havilland (vuelve a trabajar con estos dos últimos, con Gable después de “Un alma libre” en 1931 y con Olivia desde 1937 con “Es amor lo que busco”; repite también con George Cukor, el director que inicia el rodaje, hasta que le sustituye Victor Fleming):

En 1941 dirige y protagoniza “Pimpinela Smith”, en la que traslada la acción de Pimpinela Escarlata de la Francia Revolucionaria a la Alemania Nazi. La película es magistral, y nos regala una escena final absolutamente memorable, con una magnífica interpretación de un Leslie Howard que da lecciones de interpretación en cada una de sus escenas, pero en especial en esta última:

Su denuncia al régimen nazi es antológica.

Leslie Howard cuela en el rodaje, en un papel secundario, a Violette Cunnington (acreditada como Suzanne Clair), quien era su secretaria y amante desde 1938, y lo será hasta su muerte por neumonía en 1942. No es este el único romance del actor, ya que se le relaciona con Norma Shearer, Myrna Loy, Merle Oberon y otras actrices. Pese a todo, Howard nunca se separó oficialmente de su mujer.

Leslie Howard rueda otra película bélica en 1941, “Los invasores”, dirigida por Michael Powell y en la que comparte pantalla con Laurence Olivier. Y en 1942 dirige otro film bélico, “El gran Mitchell”, que protagoniza junto a David Niven:

Leslie Howard no volverá a trabajar ante las cámaras. Colaborará con Noël Coward en la realización de documentales bélicos, poniendo voz a algunos de ellos, además de dirigir en 1943 la mediocre comedia “El sexo débil”. La muerte de su amante le había afectado seriamente. Finalmente, el 1 de junio de 1943, el avión en el que viaja de Lisboa a Bristol es derribado por la Luftwaffe, muriendo en el acto. Los motivos por los que los nazis derribaron el avión se discuten a día de hoy: bien porque pensaban que Churchill iba a bordo, bien porque Goebels quería vengarse de él por considerarle un gran publicista anti-nazi, bien por las actividades diplomáticas encubiertas que pudo haber llevado el actor en la península (disuadir a Franco de entrar en la Guerra).

Leslie Howard fue el primer miembro del cast de “Lo que el viento se llevó” en morir, pero su prematura muerte no sólo nos eliminó a un gran actor, sino también a un prometedor director que ya había dado muestras de su gran talento tras la cámara. Pese a todo, por su breve carrera, es su labor ante las cámaras, en la que sobresalió como uno de los más solventes y polivalentes actores de su época, por la que hoy le recordamos.



130 años del nacimiento de Max Steiner (10-05-2018)


Fue quien revolucionó la visión que Hollywood tenía sobre las Bandas Sonoras tras la llegada del cine sonoro. Trabajador incansable, autor de unas 300 bandas sonoras, entre ellas algunas de las más memorables partituras cinematográficas, recordamos en el 130 aniversario de su nacimiento a Max Steiner.

Maximilian Raoul Steiner nació el 10 de mayo de 1888 en Viena, por aquel entonces capital del Imperio Austro-Húngaro y una de las ciudades musicalmente más importantes del momento. La familia Steiner, de origen judío, estaba muy vinculada al mundo teatral, mientras su madre había sido bailarina. De hecho, su padrino fue el compositor Johann Strauss. Vinculado desde muy niño al teatro, en especial al musical, las inclinaciones artísticas del joven Steiner no tardan en despuntar, abandonando la Universidad Tecnológica para poder estudiar en la Academia Imperial de Música. Allí, su enorme talento es percibido por grandes compositores como Gustav Mahler o Robert Fuchs, que le darán clases privadas, permitiéndole superar en un año cuatro cursos. Estudia numerosos instrumentos, además de armonía, contrapunto y composición.




En seguida despunta como compositor de opereta y como director de orquesta. Su éxito dirigiendo “Die lustige Witwe” de Franz Léhar hace que sea invitado a dirigirla en Londres en 1906. Steiner se establece en la capital británica, como compositor y director de obras teatrales y de sinfonías. Y allí permanecerá 8 años, hasta 1914, cuando comienza la I Guerra Mundial. Steiner es austriaco, y por lo tanto es visto como enemigo por la sociedad inglesa, así que gracias a su amistad con Hugh Grosvenor, duque de Westminster, consigue huir a Nueva York, donde llega en la miseria en diciembre de 1914.

Pero, una vez en Nueva York, comienza de inmediato a trabajar en Broadway, apenas en la faceta de compositor (“Peaches”de 1923), pero sí como director e incluso como arreglista y orquestador (orquestará por ejemplo la partitura de George Gershwin para “Lady be good” en 1924). En 1927 orquestaráy dirigirá el estreno de musical “Rio Rita” de Harry Tierney, y cuando en Hollywood se planea la adaptación cinematográfica del musical, en 1929, llaman a Max Steiner para dirigir la adaptación musical. Steiner se traslada a Los Angeles, y trabaja ya en exclusiva para el cine. Entre sus primeros trabajos relevantes se encuentran “Cimarron”, un western de 1931, y “Ave del paraíso”, película de aventuras de 1932. Pero su gran oportunidad vendrá cuando, en 1932, David O’Selznik cuenta con él para componer la partitura de “La melodía de la vida”, drama judío para el que compone un tema, como era característico en la época, para que suene en la apertura de la película. Pero Selznik se queda tan satisfecho con la partitura, que le encarga escribir más música, que sonará a lo largo de la película:

Pero será en 1933 cuando por fin aparezca su verdadero estilo. Ese año, la productora RKO, para la que Steiner estaba trabajando, iba a estrenar la ambiciosa “King Kong”. Originalmente, los productores no tenían intención de utilizar nueva música para la película, pero los decepcionantes resultados de los efectos especiales les empujaros a llamar a Steiner y darle carta blanca para componer una extensa partitura a lo largo de todo el film:

No era la primera partitura importante de Steiner, que ya había llenado de música la práctica totalidad del metraje de “Ave del paraíso”, pero en esta ocasión, la partitura fue todo un éxito. Si ya en 1931 la partitura que Alfred Newman había compuesto para “La calle” de King Vidor era más ambiciosa de lo tradicional (una pista más o menos larga para los títulos de crédito iniciales, una pista breve para el final de la película y, en ocasiones, algo de música diegética, es decir, que suena en la propia película, que los personajes están escuchando, en un baile o por la radio, por ejemplo), todavía se seguía evitando incorporar música que acompañara los diálogos de los personajes, por temor a que estos se perdieran. Steiner, por el contrario (al igual que Newman), considera que la música puede realzar las emociones del film, además de ayudar a ambientarlo. Por eso, su música tiene una gran riqueza cromática y temática. Pero todavía no ha llegado el tiempo de lucirla en su máximo esplendor, y partituras como la de “Las cuatro hermanitas”, película de George Cukor protagonizada por Katherine Hepburn, van a seguir ancladas en el concepto de tema inicial y poco más:

Max Steiner también adapta la música que se va a utilizar en algunos de los más importantes musicales de los años 30, en especial en esos protagonizados por Fred Astaire y Ginger Rogers, como “La alegre divorciada”, de 1934:

Más ambiciosa será en 1934 su partitura para “La patrulla perdida”, film bélico de John Ford ambientado en Mesopotamia. Sus ritmos irregulares le imprimen ese ambiente tenso que repetirá en numerosas ocasiones posteriores (e incluso reutilizará en “Casablanca”, como veremos más adelante):

Max Steiner recibirá sus dos primeras nominaciones al Oscar por ambas películas, “La alegre divorciada” y “La patrulla perdida”.

Repite con John Ford (y con el actor Victor McLaglen, que protagoniza ambas películas) en 1935 con “El delator”, partitura de carácter de nuevo opresivo, al contarnos la historia de un delator del IRA:

Esta partitura le valdrá su primer Oscar, aunque en estas fechas este premio no lo recibe el compositor, sino la productora.

Pero poco después, Selznik abandona la RKO y se lleva consigo a Steiner, que compondrá en 1936 la partitura de “El jardín de Alá”, que le valdrá una nueva nominación al Oscar. Además, Steiner firma un contrato con la Warner, siendo su primer trabajo para esta productora “La carga de la brigada ligera”, film bélico protagonizado por Errol Flynn y Olivia de Havilland, en el que de nuevo luce su capacidad para transmitir el dinamismo de las escenas bélicas y las marchas militares, como en este tema principal:

Pero en la Warner, Steiner se va a encontrar con un duro competidor: Erich Wolfgang Korngold, un prestigioso compositor clásico recién llegado a Hollywood, que goza de un contrato privilegiado y apenas compone una partitura al año. Steiner compondrá muchas partituras anuales, en películas como “La vida de Émile Zola”, “Ángeles con caras sucias” o “Jezabel”, película de William Wyler protagonizada por Bette Davis y Henry Fonda, para la que compone un bellísimo vals, de ritmo vienés en su tema principal y otro ritmo más agitado, de subdivisión ternaria, de sonoridad más eslava, en el segundo tema. Las influencias clásicas centroeuropeas de Steiner quedan claras:

El uso de la música para destacar aspectos fundamentales de la película resulta aquí muy evidente. Basta con volver a verla y fijarse en como un pequeño apunte musical subraya el momento en el que un mosquito pica a Henry Fonda (aunque esto sería un gazapo. Alerta spolier: se supone que los ricos burgueses de Nueva Orleans huyen al campo para no contagiarse de la fiebre amarilla, y que Henry Fonda se contagia por ir a menudo a la ciudad, pero la mencionada escena en la que le pica un mosquito transcurre en el campo, con lo que no tiene sentido).

Mientras, Max Steiner sigue trabajando con Selznik: “El pequeño Lord” en 1936, “Ha nacido una estrella” en 1937 y “Las aventuras de Tom Sawyer” en 1938, en la que se percibe su asimilación del estilo musical más propiamente americano, que conoce a fondo por su trabajo en musicales en sus primeros años americanos:

Pero Selznik llevará a la fama absoluta a Max Steiner con su siguiente y más ambicioso productor: la adaptación de la novela de Margaret Mitchell “Lo que el viento se llevó”, dirigida originalmente por George Cukor y posteriormente por Victor Fleming y protagonizada por Clark Gable y Vivien Leigh. La duración de la película ronda las 4 horas, y Steiner llena el metraje de música, en la que probablemente sea su mejor partitura (y la mejor banda sonora de todos los tiempos). El Tema de Tara es uno de los temas cinematográficos más célebres de la historia del cine, y con razón:

Pero, ¿qué tal encaja con las escenas, que es a fin de cuentas lo que nos importa? Veamos la escena más mítica de la película:

Steiner usa un recurso operístico muy wagneriano: el leitmotiv. Un leitmotiv es un tema musical asociado a un personaje, un lugar o una situación concreta. Por lo tanto, cada vez que lo escuchemos a lo largo de la ópera o de la película, sabemos que ese personaje, ese lugar o esa situación tienen una gran importancia en la escena. Pues bien, el tema de Tara es el leitmotiv de un lugar, de Tara, pero en realidad significa algo más: el hogar. Tras sufrir los horrores de la guerra, Scarlett tiene que huir de una Atlanta a punto de caer en manos Yankis y sólo desea volver a su hogar. Y cuando lo hace, se encuentra con una situación desoladora: pobreza, miseria, muerte, incluyendo la de su madre… no, el regreso al hogar no es lo que ella esperaba. Y además está ansiosa por poder comer. Por eso escuchamos esa melodía llena de tensión al comienzo de la escena. Entonces pronuncia el juramento de que nunca volverá a pasar hambre, y escuchamos ese tema de Tara: no importa la situación que se haya encontrado, Scarlett vuelve a estar en su hogar, y eso es lo que le da esa emotividad al tema, que tiene un notable carácter nostálgico, no es un tema alegre precisamente. Además, el tema es interpretado por los metales, mientras las cuerdas tocan el acompañamiento: estos metales le dan un componente heroico: el esfuerzo que ha costado volver a Tara ha sido titánico, pero ha merecido la pena, porque por fin volvemos a casa.

Por cierto, Selznik quería que Steiner usara música clásica en la partitura, pero Steiner pensaba que los americanos estaban familiarizados con muchos temas de música popular, pero no tenían la cultura clásica necesaria para entender las citas de compositores clásicos. Por eso, en las partituras de Steiner vamos a encontrar numerosas citas de canciones populares o de marchas militares, pero muy pocas referencias a obras clásicas.

En 1939, Max Steiner recibe dos nominaciones al Oscar, por “Lo que el viento se llevó” y por “Amarga victoria”. Pero, incomprensiblemente, ese año se irá de vacío.

Aquí se hace necesario explicar el estilo compositivo de Steiner. Él contaba con un dispositivo que le permitía ver la película montada y cronometrar exactamente en qué momento transcurría cierta escena clave. Mientras, iba desarrollando los leitmotivs que iban a aparecer en la partitura, y, una vez compuestos, los adaptaba al tiempo que le daba el cronómetro para que encajaran a la perfección con el momento que él buscaba. Los resultados están a la vista.

En los siguientes 4 años va atrabajar en exclusiva para la Warner. Su primera partitura remarcable será la de “La carta” en 1940, película de William Wyler de nuevo protagonizada por Bette Davis y ambientada en el sudeste asiático. Como cualquier gran compositor clásico, Steiner recurre a temas orientales que contribuyan a la ambientación de la película, mientras los temas más íntimos van a tener ese carácter opresivo tan característico de las partituras de Steiner:

Por esta partitura recibirá una nueva nominación al Oscar, nominación que repetirá en 1941 por “El sargento York”, dirigida por Howard Hawks y protagonizada por Gary Cooper, en la que pasa de los temas de carácter más intimista de la primera mitad de la película a los temas militares de la segunda mitad:

Hay que destacar, en todo caso, que con un ritmo de trabajo tan frenético, Steiner por lo general sólo compone los temas, pero no los orquesta; esta labor cae a menudo en manos de Hugo Friedhofer, hasta que éste comience a destacar como compositor y sea sustituido por Murray Cutter.

En 1942 compone algunas de las mejores bandas sonoras de su carrera. Vuelve a trabajar con Errol Flynn y Olivia de Havilland, dirigidos por Raoul Walsh, en la mítica “Murieron con las botas puestas”, para la que compone uno de los temas de amor más bellos que salieron nunca de su pluma, además de temas de marcado carácter militar:

También compone la partitura de otra película mítica, “Casablanca”, dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Humphrey BogartIngrid Bergman y Claude Rains:

Aquí escuchamos un tema que nos recuerda demasiado al que ya hemos escuchado en “La patrulla perdida”. Además, Steiner usa como leitmotivs dos canciones existentes (nada novedoso, compositores como Wagner o Meyerbeer también lo habían hecho un siglo antes): por una parte, el himno francés, la marsellesa, que sirve como leitmotiv de libertad, de la resistencia anti-nazi, y por otro ese “As time goes by” de Herman Hupfeld, que sirve como tema de amor. Steiner quiso utilizar una canción suya, pero como la película ya había sido rodada, había que volver a rodar algunas escenas, y como Ingrid Bergman se había cortado el pelo para rodar “Por quién doblan las campanas” y no se encontró ninguna peluca que se asemejara a su cabello, no pudo incluirse la canción que Steiner quería componer. Por esta partitura, Steiner será nominado al Oscar (aunque Casablanca no entra en los Oscars de 1942, sino en los de 1943).

Y su otra gran partitura de ese año es “La extraña pasajera”, de nuevo con Bette Davis, Claude Rains y Paul Henreid (el Victor Lazslo de Casablanca), en una partitura de estilo melodramático en la que destaca la belleza de la melodía principal, lo que nos enlaza con la tradición melódica francesa, ya que las influencias musicales de Steiner, en especial las del romanticismo europeo, son numerosísimas:

Nueva nominación al Oscar, que en esta ocasión consigue llevarse a casa. Y, a diferencia de lo que sucedía en 1935, ahora sí que el Oscar se entrega al compositor.

En 1943 sigue trabajando en películas que en su momento fueron grandes éxitos, como “Alarma en el Rhin”, que le valió el Oscar a mejor actor a Paul Lukas, pero que hoy está completamente olvidada. Más destacables son sus trabajos de 1944. Una de ellas es “Las aventuras de Mark Twain”, protagonizada por Fredric March y Alexis Smith, con una sonoridad plenamente americana que le valdrá una nueva nominación al Oscar:

Ese año colabora también con el director Frank Capra (con quien había trabajado el año anterior en un documental) en la negrísima comedia “Arsénico por compasión”, protagonizada por Cary Grant, en la que combina melodías románticas, cómicas, de intriga y otras simplemente grotescas, según lo requiera la cambiante situación de tan alocada película:

También en 1944, la Warner trata de repetir el éxito de “Casablanca” con la casi olvidada “Pasaje a Marsella”, de nuevo con Michael Curtiz, Humphrey Bogart, Claude Rains, Peter Lorre o Sidney Greenstreet. Lógicamente, la partitura se le encarga a Max Steiner, que aquí, a diferencia de “Casablanca”, recurre mucho más a temas compuestos por él mismo, destacando la belleza melódica del tema de amor:

Y ese año vuelve a trabajar para Selznik por primera vez desde “Lo que el viento se llevó”, en esta ocasión para un drama ambientado en la II Guerra Mundial, en las esposas y familias que se quedan sin el padre, que está combatiendo en el frente. La película, protagonizada por Claudette Colbert, Jennifer Jones y Joseph Cotten, requiere de un tema principal tranquilo, amable, como la protagonista, pero al mismo tiempo capaz de transmitir esa nostalgia por el marido ausente, mientras Steiner compone otros temas de distinto carácter, destacando la grotesca melodía asociada al perro, interpretada por el fagot, y otros temas de carácter militar que nos recuerden la situación bélica que estamos viviendo, o cita la canción de cuna de Brahms:

Esta película le valdrá a Max Steiner su tercer y último Oscar. Trabajar con Selznik parece que le traía buena suerte.

En los siguientes años, sus mayores éxitos llegarán con adaptaciones musicales, como en “Rapsodia en azul”, de 1945, biopic de George Gershwin, o en 1946 con “Noche y día”, biopic de Cole Porter protagonizado por Cary Grant, ambos valedores de una nominación al Oscar. Pero quizá su partitura más reseñable de esos años sea la del clásico de cine negro “El sueño eterno”, de Howard Hawks, con Humphrey Bogart y Lauren Bacall, en cuyo tema principal va a predominar el aspecto más romántico de la película:

En 1947, es nominado por partida doble al Oscar, una por el musical “My wild irish rose” y la otra por “Vivir con papá”, comedia de Michael Curtiz protagonizada por William Powell, Irene Dunne y Elizabeth Taylor, de ritmo desenfadado y sonoridad de nuevo ya plenamente americana:

En 1948 destacan sus trabajos en dos películas protagonizadas por Humphrey Bogart, y ambas dirigidas por John Huston. La primera será la opresiva “Cayo Largo”, con Lauren Bacall, Edward G. Robinson y Lionel Barrymore, en la que consigue transmitir a la perfección ese ambiente de permanente tensión que requiere el film:

La otra será el drama “El tesoro de Sierra Madre”, en una partitura con la sonoridad mexicana que requiere la ubicación del film y que muestra también un carácter opresivo, como la atmósfera que viven esos ambiciosos buscadores de oro capaces de cualquier cosa con tal de conseguir el ansiado premio:

También trabaja de nuevo para Errol Flynn, en “El burlador de Castilla”, en la que consigue reproducir la música tradicional española, además de trabajar en un género, el de capa y espada, que tradicionalmente se había asociado a Korngold (“El capitán Blood”, “Robin de los bosques”, “El halcón de mar, todas ellas protagonizadas por Errol Flynn):

Pero su mejor trabajo ese año, y el único por el que consigue estar nominado al Oscar, será su trabajo en “Belinda”, la historia de una joven sorda interpretada por Jane Wyman que es violada. El tema principal, de nuevo de una exquisita belleza, nos transmite la inocencia de esta joven que, en el fondo, es una niña:

En 1949 recibe una nueva nominación al Oscar por “Más allá del bosque”, drama de King Vidor con Bette Davis y Joseph Cotten, y en 1950 es nominado por otra magnífica partitura, la de “El halcón y la flecha”, film de capa y espada protagonizado por Burt Lancaster y ambientado en el norte de Italia. Steiner recurre a ritmos típicos italianos, como la tarantella, para conseguir la mejor ambientación posible, aunque podamos encontrar similitudes incluso con la sinfonía italiana de Mendelssohn:

En 1951 compone la partitura del western de Raoul Walsh “Tambores lejanos”, protagonizado por Gary Cooper, y en la que de nuevo destaca su capacidad de ambientación gracias a la música, por el uso de percusiones que puedan evocarnos a los indios norteamericanos:

En 1951 pone música a la bélica “La flota silenciosa”, protagonizada por John Wayne, en una partitura llena de tensión:

En 1952 es nominado al Oscar por “El mensaje de Fátima”, y repite nominación en 1954 por la magistral partitura de “El motín del Caine”, magistral drama militar protagonizado por Humphrey Bogart y José Ferrer, para el que compone una de sus mejores marchas militares:

Ese mismo año se estrena en el género histórico, hasta ese momento propiedad de Alfred Newman y Miklós Rózsa, en “El talismán”, historia ambientada en las cruzadas con Rex Harrison y Virginia Mayo de protagonistas:

Y repite género, de forma más afortunada, en “Helena de Troya”, con un memorable tema principal que nos recuerda a sus grandes partituras del pasado:

Y ese año vuelve a estar nominado al Oscar por el drama bélico “Más allá de las lágrimas”, de nuevo dirigido por Raoul Walsh:

Pero su mejor partitura de la década está por llegar. Max Steiner no era el compositor preferido de John Ford, que prefería los estilos de Alfred Newman o Victor Young, en general menos ambiciosos, y con menor presencia en el metraje, que las partituras de Steiner, pero se vio obligado a contar de nuevo con él para uno de sus mejores westerns, “Centauros del desierto”, protagonizado por John Wayne y Jeffrey Hunter. Escuchando la magistral partitura que compone Steiner, sólo queda recordar que los grandes genios también se equivocan, y Ford no iba a ser la excepción:

Pero la película, incomprensiblemente, no recibe ninguna nominación al Oscar, y ni siquiera Steiner se libra de esta maldición que parecen tener los westerns de John Ford.

En 1959 trabaja en otro western, “El árbol del ahorcado”, dirigido por Delmer Daves y protagonizado por Gary Cooper. El ritmo de trabajo de Steiner se ha reducido considerablemente, y aquí no es difícil escuchar por momentos el mismo tema que sonaba en “Centauros del desierto”:

Y, pese a todo, Steiner alcanza ese año uno de los mayores éxitos (al menos comercialmente hablando) con el tema principal de “En una isla tranquila del sur”, también dirigida por Delmer Daves, protagonizada con la joven pareja de moda, Sandra Dee y Troy Donahue; esto permite a Steiner ser conocido por una nueva generación que en esos momentos se encontraba en la adolescencia:

Buscando repetir el éxito, Delmer Daves vuelve a contar con él en “Parrish”, drama protagonizado por Claudette Colbert, Karl Malden y, cómo no, Troy Donahue, el guaperas del momento. En un momento en el que la forma de entender las bandas sonoras está cambiando (influencias del jazz y de músicas populares la época, los cambios de concepto de Bernard Herrmann o Jerry Goldsmith), el estilo de Steiner también ha cambiado. Poco queda de aquel brillante compositor de estilo tardorromántico de creatividad incansable. Sus nuevas partituras, conservando aún en parte la brillantez melódica de su periodo de esplendor, han perdido mucha de la brillantez que tenían apenas una década antes:

Delmer Daves será uno de los directores que siga contando con él en los siguientes años, como prueba su colaboración en “Más allá del amor”, de nuevo con Troy Donahue, acompañado ahora por Angie Dickinson:

El otro será Raoul Walsh, que contará con él para el western “Una trompeta lejana”, protagonizado de nuevo por Troy Donahue (y pensar que hoy día nadie se acuerda de este actor…), en una partitura que recuerda peligrosamente a la marcha militar de “La carga de la brigada ligera):

Su último trabajo será para una película de la Disney, “Those Calloways”, de 1965. El tema grotesco para describir a los gansos para los que la familia Calloway quiere construir una reserva es de nuevo un recurso ya utilizado por Steiner, aunque la partitura no carece e interés:

En 1963, Max Steiner escribe una autobiografía que, por desgracia, no se publicó, y en la que parece ser que contaba detalles desconocidos de su infancia. De hecho, se desconoce de la fecha de divorcio de su primera esposa, con la que se casó en 1912. Steiner se casaría otras tres veces, pero sólo tendría un hijo, Ron, con su tercera esposa, la arpista Louise Klos. Su hijo murió en 1962, justo antes de comenzar a escribir sus memorias.

Retirado en sus últimos años, Max Steiner moría de un infarto el 28 de diciembre de 1971 en Beverly Hills a los 83 años, siendo enterrado en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery de Glendale.

Max Steiner se ganó con su incansable labor un importante lugar en la historia de la música cinematográfica, que revolucionó y que dominó durante dos décadas en las que nos regaló muchas de las partituras más memorables del Hollywood clásico. Aún a día de hoy sigue siendo un referente de todos los compositores sinfonistas de Hollywood, de los que fue el primer gran exponente.



25 años de la muerte de Anthony Perkins (12-09-2017)


Hay intérpretes que se encasillan en un género cinematográfico, para bien o para mal, pero los hay, pocos por suerte, que han tenido la desgracia de ser relacionados siempre con un único papel del que parece que nunca pueden librarse. Anthony Perkins con su Norman Bates es quizá el caso paradigmático, por desgracia para un actor de enorme talento cuyo recuerdo, tras su desaparición hace 25 años, se conserva sólo por el villano de Psicosis.




Anthony Perkins nació en Nueva York el 4 de abril de 1932, siendo el único hijo de Janet Esselstyn y del actor cinematográfico Osgood Perkins, que murió de un infarto 5 años después. Pese a apenas haberle conocido, Perkins siguió los pasos de su padre y debuta en el cine en 1953, en la película de George Cukor “La actriz”, en la que interpreta al joven enamorado de la protagonista, Jean Simmons. Pero será con su segundo papel, en 1956, en el clásico de William Wyler “La gran prueba” con el que salte al estrellato, interpretando al hijo mayor de la familia de cuáqueros formada por Gary Cooper y Dorothy McGuire:

Por este papel selleva su única nominación al Oscar (algo sorprendente e imperdonable) y un Globo de Oro a la mejor nueva estrella.

Anthony Perkins es miembro del Actor’s studio, y compagina su labor cinematográfica con la teatral, además de grabar varios discos como cantante (bajo el nombre de Tony Perkins), publicando el primero en 1957, del que destaca el tema “Moonlight swim”:

Tras participar en dos westerns en 1957, en 1958 gana un premio Tony por su trabajo en la obra teatral “Look Homeward, Angel”. Ese mismo año tiene también su primer papel protagonista en la comedia “La casamentera”, junto a Shirley Booth y Shirley McLaine:

Y protagoniza también el drama de época “Deseo bajo los olmos”, en el que se enfrenta a su tiránico padre, interpretado por Burl Ives, y se enamora de su madrastra, Sofia Loren:

En 1959 protagoniza “Mansiones verdes”, junto a Audrey Hepburn, ambientada en la selva venezolana:

Y tiene también un destacado papel en el drama nuclear “La hora final” de Stanley Kramer, junto a Gregory Peck, Ava Gardner y Fred Astaire, en la que interpreta a un joven militar australiano que tiene que asumir que él y su familia van a morir a causa de la nube radiactiva:

En 1960 protagoniza en Broadway el musical “Greenwillow” de Frank Loesser, por el que recibe una nueva nominación al Tony. Le escuchamos aquí, años después, cantando una de las piezas más conocidas de este musical “Never will I marry”:

En 1960 protagoniza también la comedia romántica “Me casaré contigo” de Joshua Logan junto a Jane Fonda, pero si ese año destaca por algo, es por ser elegido por Alfred Hitchcock para protagonizar una de sus más míticas películas, “Psicosis”, en la que su carácter tímido y en apariencia inofensivo esconde a un psicópata. Su magistral interpretación de Norman Bates es ya mítica:

Ese magistral primer plano final, con esa inquietante mirada, no le sirvió para recibir la nominación al Oscar que merecía.

Pero su mejor papel, en mi opinión, está por llegar. Será en 1961, en “No me digas adiós”, de Anatole Litvak, en la que interpreta al joven que se interpone en la abierta pareja formada por Ingrid Bergman e Yves Montand. Su carácter tímido e introvertido le va perfecto al papel, pero, de nuevo, los premios no le hacen justicia (bueno, no del todo: se lleva el premio al mejor actor en el Festival de Cannes, nada menos):

Los siguientes años su carrera transcurre en Europa. Anthony Perkins domina el francés, como podemos comprobar en esta canción que graba en 1963:

Así, en 1962 rueda “Fedra” de Jules Dassin junto a Melina Mercouri y “Un abismo entre los dos”, de nuevo de Anatole Litvak, junto a Sofia Loren. Rueda además en Francia “El proceso” de Orson Welles, basada en la obra de Franz Kafka, interpretando al protagonista, Josef K:

De sus siguientes papeles, habría que destacar su breve participación en la coral cinta bélica “¿Arde París?” de René Clément, en la que interpreta a uno de los primeros soldados americanos que entran en París para expulsar a los nazis.

En 1967 protagoniza otro musical, en este caso en televisión, “Evening Primrose”, con música de Stephen Sondheim (con quien al parecer tuvo una relación), del que escuchamos la canción “If you can’t find me, I’m here”:

Su carrera no le depara más grandes éxitos. Rueda junto a Paul Newman “Un hombre de hoy” en 1970 y “El juez de la horca” en 1972, y tiene un pequeño papel en 1974 en la genial adaptación de la obra de Agatha Christie “Asesinato en el Orient Express” de Sidney Lumet:

El 9 de agosto de 1973, Anthony Perkins, quien al parecer hasta pocos años antes sólo había tenido relaciones con hombres, se casa con la actriz y fotógrafa Berry Berenson. Con ella tendrá dos hijos: Oz en 1974 y Elvis en 1976.

Mientras decae su carrera cinematográfica, el teatro le trae nuevos éxitos, como su trabajo en “Equus” en 1974. También trabaja en televisión, donde en 1978 interpreta a Javert en la película televisiva “Los Miserables”:

En 1979 trabaja en la película de ciencia ficción de Disney “El abismo negro”:

Pero, encasillado en el cine de terror, vuelve a interpretar a Norman Bates en 3 nuevas ocasiones. De hecho, en 1986 no sólo protagoniza “Psicosis III”, sino que también la dirige:

Incluso repite como director en la comedia de terror “Un tipo con suerte”, pero no consigue relanzar su carrera, relegada a películas de baja calidad. Además, en 1990, durante el rodaje de “Psicosis IV” se le diagnostica SIDA. Pese a todo, en 1992 todavía rueda el thriller televisivo “In the deep woods” junto a Rosanna Arquette:

Finalmente, el 12 de septiembre de 1992, una neumonía termina con la vida de Anthony Perkins a los 60 años. Su mujer le sobrevive 9 años: un día antes de que se cumplieran esos 9 años, moría en uno de los aviones que se estrellaron contra el World Trade Center en los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Anthony Perkins es uno de los más trágicos casos de actor encasillado: con un enorme talento, su vinculación al personaje que le lanzó a la fama arruinó el resto de su carrera. Y, pese a todo, nos dejó unos cuantos papeles que le hacen merecer ser recordado como un grandísimo actor.



50 años de la muerte de Spencer Tracy (10-06-2017)




Fue admirado por sus compañeros y directores que a menudo lo definían como el mejor actor de su generación; una generación que había dado lo mejor del Hollywood dorado de los años 30 y 40. Esto nos permite hacernos una idea del inmenso talento que encerraba el cuerpo del actor que hoy nos ocupa y que nos dejó hace 50 años: Spencer Tracy.




Spencer Bonaventura Tracy nació un 5 de abril de 1900 en Milwaukee, en el estado de Wiskonsin. Su padre era un vendedor de camiones de orígenes irlandeses católicos, mientras su madre era una prebiteriana de clase acomodada, y tenía un hermano 4 años mayor. Tracy fue criado como católico, y en un intento de arreglar sus problemas de estudios a causa de su hiperactividad estudia en un colegio de monjas y posteriormente con jesuitas. Según afirmará él mismo, su mayor interés en los estudios será para poder leer los subtítulos del las películas mudas que tanto le fascinan. En la escuela jesuita conoce a Pat O’Brien, y ambos se harán asiduos a las representaciones teatrales.

Pero su falta de interés en los estudios le lleva a enrolarse en la marina nada más cumplir los 18 años, poco antes de que termine la I Guerra Mundial, por lo que nunca llega a entrar en combate.

Licenciado de la marina en 1919, el empeño de su padre porque uno de sus hijos consiga un título universitario le hará matricularse para estudiar medicina. Pero en esos años será un estudiante popular por su habilidad como orador en debates y también se une al grupo teatral, debutando en escena en junio de 1921. Durante una gira con el grupo de debate de su universidad audicionará en Nueva York para la Academia Americana de Artes Dramáticas, que le invita a matricularse en ella, algo que ocurre en abril de 1922. Se matricula en marzo de 1923, habiendo debutado ya en la escena newyorkina en octubre de 1922.

Sus primeros años como actor teatral no fueron buenos: acumulaba fracasos, cambiaba de compañías y de ciudades, su ego se vio afectado y su economía era mediocre. Trabajando en el teatro conoce a la actriz Louise Treadwell, con la que se casa en 1923, con la que tendrá dos hijos, John en 1924 y Louise en 1932.

La mala racha termina cuando, pese a sus miedos, trabaja con el productor teatral George M. Cohan en la obra “Yellow” en 1926. El éxito de esta obra le lleva a seguir colaborando con Cohan en nuevas producciones. Aún así, su carrera sufrirá nuevos altibajos que estarán a punto de llevarle a renunciar y volver a Milwaukee, pero todo cambia en 1930.

En enero de 1930 trabaja en una nueva producción teatral, “The last mille”, con la que consigue un gran éxito. En esa época, además, Hollywood se encuentra necesitado de nuevos actores para el reciente cine sonoro, ya que muchas de sus estrellas del cine mudo no se adaptan al nuevo medio, y los actores teatrales son idóneos para sus nuevas películas. Y John Ford le ve en esta obra teatral, ambientada en una prisión, y le ofrece protagonizar su nueva película, que también transcurre en una prisión, “Río arriba”. Spencer Tracy protagoniza la película junto a su amigo Humphrey Bogart, con quien no volverá a compartir pantalla:

Tras el estreno, la Fox le ofrece un contrato. Spencer Tracy necesita el dinero (su hijo, sordo, está recuperándose de la polio) así que acepta y se muda a California y sólo volverá a trabajar en el teatro una vez. La Fox trata de lanzarlo a la fama, siendo compañero de reparto de Jean Harlow o Joan Bennett, en comedias que no alcanzan el éxito. Esto lleva a Tracy al alcoholismo, y su fama de bebedor le perseguirá toda la vida. A partir de 1932 comienza a trabajar en proyectos de más enjundia dramática, como “Fueros humanos” de 1933, en la que compartirá protagonismo con Loretta Young, con la que tendrá un romance. Pero en 1935 rompe el contrato con la Fox de mutuo acuerdo: 5 años, 25 películas y la mayoría han sido un fracaso.

En 1935 comienza a trabajar en la Metro, que por aquel entonces era el más prestigioso de los estudios, pero tampoco el éxito le llega de inmediato: por lo general es la pareja de películas protagonizadas por mujeres como Myrna Loy o Jean Harlow. Pero en 1936 su suerte cambia al protagonizar el debut americano del director alemán Fritz Lang”, “Furia”, en la que interpreta a un forastero víctima de un motín en el que le dan por muerto y que busca venganza:

La película es un éxito que lanza a la fama a Tracy. Sin embargo, en su siguiente película interpreta un papel secundario: es la historia de catástrofes “San Francisco”, que narra el terremoto que azotó a la ciudad en 1906. La película la protagonizaban Clark Gable y Jeanette McDonald:

Pese a todo, el público identifica a Tracy como el protagonista. Y pese a que en 1936 se dan pro primera vez Premios Oscar a los mejores intérpretes secundarios, Tracy es nominado como mejor actor principal. La primera de sus 9 nominaciones, siempre como actor principal.

Tras protagonizar algunas películas más, en 1937 interpreta uno de sus mejores papeles, el pescador Manuel en la mítica adaptación de la obra de Rudyard Kipling “Capitanes intrépidos”, junto a un reparto de lujo en el que se encuentra el niño de moda, Freddie Bartholomew:

Segunda nominación al Oscar y primera victoria. Con 37 años. Por fin aparece ese enorme actor al que todos conocemos.

Tras su éxito interpretando a un cura en “San Francisco”, la Metro cuenta con él para interpretar al Padre Flanagan, fundador de La ciudad de los muchachos, en “Forja de hombres”, en la que tendrá que enderezar aun problemático Mickey Rooney:

Tercera nominación y segundo Oscar, consecutivo:

Convertido en el actor más popular del momento, en 1940 protagoniza su primera película en tecnicolor, la histórica “Paso al Noroeste”, que será un nuevo éxito:

También en 1940 protagoniza “Edison, el hombre”, siendo elogiado por su interpretación de Thomas Edison:

En 1941 protagoniza la secuela de “Forja de hombres”, “La ciudad de los muchachos”, y tiene una incursión en el cine de terror con “El extraño caso del Dr. Jekyll”, junto a Ingrid Bergman:

En 1942 protagoniza la comedia romántica “La mujer del año”, junto a Katherine Hepburn, actriz que se encontraba en la cima de su popularidad y que deseaba trabajar con Tracy, a quien admiraba:

El éxito de la película les llevará a convertirse en una popular pareja cinematográfica (protagonizarán en total 9 películas, entre ellas “La llama sagrada”, también de 1942), además de una pareja fuera de los escenarios hasta la muerte de él, aunque nunca se casaron, ya que Tracy había acordado con su mujer nunca hablar de divorcio, aunque vivieran separados.

En los siguientes años, Spencer Tracy protagoniza siempre films bélicos, algo lógico en plena II Guerra Mundial, de las que destaca “La séptima cruz”, de 1944, dirigida por Fred Zinnemann, en la que interpreta a un fugitivo de un campo de concentración:

En 1945 vuelve a trabajar en teatro, en la obra “The rugged path”. Spencer Tracy había atravesado un mal momento profesional, y decide probar en Broadway si es capaz de volver a actuar. Antes del estreno se encuentra especialmente tenso, y no se siente ya tan cómodo en teatro como en cine, pero consigue realizar 81 representaciones.

Spencer Tracy vuelve al cine en 1947, con “Mar de hierba”, dirigida por Elia Kazan, western que protagoniza junto a Katherine Hepburn:

Tracy repite de nuevo en 1948 con Hepburn en “El estado de la unión”, drama político dirigido por Frank Capra:

En 1949 protagoniza “Edward, mi hijo”, de George Cukor, junto a Deborah Kerr, en la que interpreta a un hombre capaz de cualquier cosa con tal de complacer a su hijo. Tracy se siente incómodo al ver lo fácil que le resulta interpretar a un personaje tan poco positivo, ya que, pese a ser un trabajador incansable, su forma de actuar se basa siempre en la absoluta naturalidad de todos sus papeles. Este será uno de sus mayores fracasos desde mediados de los años 30:

Para compensar, ese mismo año estrena la genial comedia “La costilla de Adán”, dirigida también por George Cukor, que será la más popular de las películas que protagonice junto a Katherine Hepburn:

En 1950 protagoniza la comedia de Vincente Minnelli “El padre de la novia”, junto a Joan Bennett, antigua compañera de reparto, y la joven Elizabeth Taylor, que interpreta a su su hija:

Spencer Tracy llevaba desde 1938 sin ser nominado al Oscar (desde que ganó su segundo Oscar, precisamente), y por esta película, 12 años después, consigue una nueva nominación, las 4ª. El éxito de la película es tal que al año siguiente se filma una secuela, “El padre es abuelo”.

En 1951 protagoniza también “El caso O’Hara”, drama judicial en el que coincide con su amigo de juventud Pat O’Brien:

En 1953 protagoniza “La actriz”, de George Cukor (director con el que trabajó en numerosas ocasiones, como vemos) en “La actriz”, en la que interpreta al padre de una aspirante a actriz interpretada por Jean Simmons:

Por este papel será nominado al BAFTA y ganará su único Globo de Oro, aunque no se lleve nominación al Oscar.

Actor todoterreno, Spencer Tracy se muestra igual de cómodo en la comedia y en el drama, en el cine bélico o en el histórico. Y en 1954 protagoniza un western, “Lanza rota” de Edward Dmytryk, junto a Robert Wagner:

Y en 1955 se nos lanza al cine de acción con la magistral “Conspiración de silencio” de John Sturges, en la que interpreta a un veterano de la II Guerra Mundial que se enfrenta a quienes mataron al padre japonés de un compañero suyo y al silencio cómplice del resto del pueblo:

Por este papel gana el premio al Mejor Actor en el Festival de Cannes y recibe su quinta nominación al Oscar.

Sus siguientes películas son el drama de aventuras “La montaña siniestra”, de nuevo junto a Robert Wagner, y la comedia romántica “Su otra esposa”, junto a Katherine Hepburn.

En 1958 tiene uno de sus, en mi opinión, mejores papeles en el drama político “El último Hurra” de John Ford (con el que no había vuelto a trabajar desde su debut), junto a Jeffrey Hunter, en el que interpreta al alcalde de Boston que ve como la televisión le arrebata votos al ser incapaz de acomodarse a las nuevos usos:

Imprescindible sobre todo la escena final.

Pero no conseguirá una nueva nominación al Oscar por esta película, ya que ese año la nominación le llegará por protagonizar la adaptación de la obra de Hemingway “El viejo y el mar” que dirige John Sturges:

En 1960 trabaja por primera vez bajo las órdenes de Stanley Kramer, que dirigirá la mayoría de sus últimas películas, en el drama judicial “Herencia del viento”, en el que se enfrenta a otro enorme actor, Fredric March:

Nueva nominación al Oscar, a la que seguirá otra nueva al año siguiente por su segunda colaboración con Kramer, “Vencedores o vencidos”, en la que interpreta a un abogado americano durante los juicios de Nuremberg:

Repite con Stanley Kramer en “El mundo está loco, loco, loco”, en 1963, y ya sólo trabajará en una película más (la mala salud le obligará a renunciar a varias ofertas), pero una de sus mejores películas: “Adivina quien viene esta noche”, dirigida de nuevo por Stanley Kramer y junto a Katherine Hepburn, que trata sobre el matrimonio interracial con la relación de su hija con un negro interpretado por Sidney Poitier:

El rodaje de la película se alarga por la mala salud de Tracy, que puede trabajar pocas horas al día, pero consigue finalizar su última escena el 24 de mayo de 1967. Apenas dos semanas después, el 10 de junio, Tracy se levanta a prepararse un té; Hepburn oye desde la habitación el sonido de una taza cayendo y va de inmediato a la cocina: Tracy, que sufría de hipertensión desde años atrás, había muerto a consecuencia de un infarto. Tenía 67 años, aunque aparentaba más.

Su funeral fue muy concurrido por las grandes estrellas de Hollywood, que admiraban a Tracy como el gran actor que siempre fue. Tracy fue enterrado en el Glendale’s Forest Lawn Memorial Park.

Su última película, “Adivina quien viene esta noche”, se estrenó en diciembre de ese año. Y por su papel fue nominado póstumamente al BAFTA, al Globo de Oro y al Oscar, en este caso por novena vez. Katherine Hepburn sí ganará el Oscar por este papel, y sentirá que en realidad se lo han dado por él.

La siguiente generación de actores se alejó del estilo interpretativo de Tracy, tan elogiado por sus contemporáneos. Es lo que se perdió el cine de los años 60, 70 y 80, y lo que le da ese esplendor al Hollywood clásico de los 30 y 40. Figuras como Spencer Tracy, uno de los mejores (quizá el mejor incluso) actores de Hollywood, permanecen en nuestras retinas como un símbolo de lo que fue y por desgracia ya no existe.



50 años de la muerte de Claude Rains (30-05-2017)




Hay actores (y actrices, no es cuestión de género) que, aunque  hayan ejercido toda su vida de secundarios, se convierten en verdaderos robaescenas, quitándoles el protagonismo a actores a menudo de talento muy inferior. De entre esos grandes secundarios de la historia, hay unos pocos que podrían disputarse el mérito de ser el mejor secundario de la historia; para mí, el campeón es quien hoy nos ocupa, Claude Rains. Ese actor al que todo fan del cine clásico conoce aunque no identifique.




William Claude Rains nació el 10 de noviembre de 1889 en Londres. No tuvo una infancia fácil en absoluto; él mismo afirmaba que se había criado en la ribera equivocada del Támesis. Su padre era el actor Fred Rains, que tuvo con su mujer Eliza 12 hijos, de los que sólo 3 sobrevivieron; el resto murió por malnutrición. Claude tenía problemas de pronunciación, además de un marcado acento de los bajos fondos londinenses. Abandonó temprano la escuela para vender periódicos y así ayudar económicamente a la familia, además de cantar en el coro de la iglesia.

Desde niño vivió por dentro el mundo del teatro acompañando a su padre. Ya con 10 años interpretó un pequeño papel, y después ejerció distintas labores dentro del teatro hasta dedicarse a la interpretación. Y en 1913 decide trasladarse a Nueva York, pensando que allí tendrá mejores oportunidades laborales. Pero no tardará en volver a Londres.

Y es que en 1914 estalla la I Guerra Mundial, y Claude Rains se enrola en el ejército, en el que sirve junto a actores como Basil Rathbone, Ronald Colman o Herbert Marshall. Será durante la guerra, en un ataque con gas, cuando pierda el 90% de visión de su ojo izquierdo. Pese a todo, alcanza el grado de capitán:

Terminada la Guerra, Claude Rains permanece en Londres, donde alcanza gran prestigio como actor. Llama así la atención de Sir Herbert Beerbohn Tree, que acababa de fundar la Royal Accademy of Dramatic Art. Se encarga de que Rains reciba clases de dicción que cambian por completo su forma de hablar, dándole un acento mucho más aristocrático. Poco después comienza a dar clases de interpretación en la propia academia, teniendo como alumnos a Charles Laughton o John Gielgud, ambos actores que siempre admiraron a su profesor, y posteriormente también pasarían por sus clases Laurence Olivier o Vivien Leigh. En la academia conocerá también a su primera esposa, Isabel Jeans. En total, Claude Rains se casó 6 veces, divorciándose de las 5 primeras, y tuvo una hija, Jennifer, con su cuarta esposa. Según contó John Gielgud, cuando era profesor, todas las alumnas suspiraban por él, ya que al parecer de joven no carecía de atractivo (aunque cinematográficamente no hayamos conocido esa faceta suya).

Y es que, pese a participar como secundario en una película muda inglesa en 1920, su debut real en el cine fue bastante tardío. En 1927 se traslada a Nueva York para trabajar en Broadway, y así en 1932 hace una audición para una película, pero no consigue el papel. Pero cuando en 1933 la Universal planea dirigir una versión de “El hombre invisible”, la primera opción, Boris Karloff, es rechazada por problemas de contrato, y cuando el proyecto cae en manos del director James Whale, él insiste en darle el papel a Rains. Y así es como debuta en el cine, en una película en la que sólo se le ve en los últimos segundos, pero cuya voz tiene un protagonismo inédito hasta la fecha:

Tras realizar varias películas menores, en general dentro del género de terror, firma un contrato con la Warner, que aprovecha mucho mejor su talento, y comienza a destacar en 1936, cuando ejerce de villano en “El caballero Adverse”, protagonizada por Fredric March y Olivia de Havilland:

Los siguientes años Claude Rains será el villano por excelencia de las películas de aventuras de la Warner, como en “El príncipe y el mendigo” de 1937, donde coincide por primera vez con Errol Flynn:

En este género, su papel más significativo es en 1938 en “Robin de los bosques”, interpretando al Príncipe Juan, junto a Errol Flynn, Olivia de Havilland y Basil Rathbone. Fue idea del propio Rains darle un estilo homosexual a su personaje:

En 1939 es cedido a la Columbia para participar en “Caballero sin espada” de Frank Capra, protagonizada por James Stewart, en la que interpreta a un senador corrupto, un papel que le permite mucho más juego interpretativo:

Por este papel recibe su primera nominación al Oscar como mejor actor secundario, que perderá frente a Thomas Mitchell por “La diligencia”.

En 1940 vuelve al cine de piratas con “El halcón de mar”, dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Errol Flynn, en la que interpreta a un villano mucho más ambiguo como el embajador español en Inglaterra:

En 1941 le tenemos en una comedia romántica, “El difunto protesta”, en la que Robert Montgomery muere y va al cielo antes de tiempo y Claude Rains tiene que buscarle un nuevo cuerpo en la tierra:

Y vuelve a trabajar con la Universal en una de terror, “El hombre lobo”, interpretando al padre del protagonista, Lon Chaney Jr.:

1942 es uno de sus mejores años, sin duda. Ese año trabaja por segunda vez (tras su breve papel en “Juarez”, en 1939) con su amiga Bette Davis (que le consideraba su mejor compañero de reparto) en “La extraña pasajera”, en la que interpreta al psiquiatra que tiene que ayudarla a superar la dependencia que tiene por su madre, Gladys Cooper, hasta que termine enamorándose de Paul Henreid:

Y ese mismo año participa en un mito del cine, una imperfección perfecta como es “Casablanca”, de Michael Curtiz, una película que debió ser un desastre pero que salió milagrosamente demasiado bien. Y es perfecta en buena parte gracias a la perfección de su reparto, como comprobamos en esta mítica escena final, con un inmenso Humphrey Bogart y Claude Rains como el cínico Capitán Louis Renault, ambiguo hasta la redención final:

Extrañamente, Casablanca no entró en los Oscars de 1942, sino en los de 1943. Claude Rains fue nominado como mejor secundario, pero perdió frente a Charles Coburn por “El amor llamó dos veces”.

En 1943 vuelve al terror de manos de la Universal protagonizando “El fantasma de la ópera”:

En 1944, la Warner busca repetir el éxito de “Casablanca” con otra película ambientada en la II Guerra Mundial y con un reparto muy similar; en este caso, el personaje de Claude Rains es bueno desde el principio. Pero la película no tuvo el éxito esperado:

Y ese mismo año repite por tercera vez junto a Bette Davis en “El señor Skeffington”, que relata la difícil relación de la pareja que forman ambos, siendo ella una vanidosa egocéntrica:

Aún siendo protagonista, es nominado al Oscar como mejor secundario, perdiendo en esta ocasión frente a Barry Fitzgerald por “Siguiendo mi camino”.

Repite como protagonista en 1945 con la adaptación de la obra teatral de George Bernard Shaw “Cesar y Cleopatra”, junto a su antigua alumna Vivien Leigh. Por este papel se convierte en el primer actor en recibir un sueldo de un millón de dólares, pero la película resulta ser un fracaso:

Claude Rains se quitó la espinita al año siguiente con el que quizá sea su mejor papel, el nazi fugitivo en Brasil que interpreta en “Encadenados” de Alfred Hitchcock, en el que es espiado por su propia esposa, Ingrid Bergman, y el verdadero amor de ésta, Cary Grant:

Por este papel recibe su cuarta y última nominación al Oscar, pero esta vez pierde frente a un veterano de la II Guerra Mundial que había perdido sus manos, Harold Russell, por hacer de sí mismo en “Los mejores años de nuestra vida”. Algo absolutamente incomprensible a día de hoy, que deja a uno de los mejores actores de la historia del cine sin Oscar.

En 1946 trabaja por cuarta y última vez junto a Bette Davis en “Engaño”, en la que ella, siendo la amante de él, recupera a su antiguo amor, interpretado por Paul Henreid, lo que lleva a un trágico final:

De sus siguientes películas, la más destacable es “Amigos apasionados”, de David Lean, en la que interpreta de nuevo al maduro marido de una joven, Ann Todd, que recupera a su antigo amor, Trevor Howard:

Sus papeles en cine en los años 50 no son en general destacables, ya que Claude Rains dirige su atención de nuevo al teatro, donde ganará un Tony al mejor actor por “Darkness at noon”. Hace también apariciones en televisión y actúa como narrador en diversas grabaciones fonográficas.

Destaca su papel como alcalde de Hamelin en la versión musical televisiva de “El flautista de Hamelin” que protagoniza Van Johnson:

Tras trabajar en “Esta tierra es mía” de Henry King en 1959, en 1960 interpreta al científico que descubre “El mundo perdido” de la obra de Ciencia Ficción de Arthur Conan Doyle:

En 1962 tiene un pequeño papel en “Lawrence de Arabia”, de nuevo dirigida por David Lean y protagonizada por Peter O’Toole:

Su último papel es como Herodes el Grande en “La historia más grande jamás contada” en 1965. Pero Claude Rains no se retiró, seguía esperando que le llamaran para algún nuevo papel, algo que por desgracia no sucedió. Rains, nacionalizado americano en 1939, pasó sus últimos años en el estado de New Hampshire, donde estaba escribiendo unas memorias que nunca llegaron a terminarse al sorprenderle la muerte a causa de una hemorragia abdominal el 30 de mayo de 1967, a los 77 años.

Al principio su alumno John Gielgud no le perdonó que desertara, que abandonara el teatro y se pasara al cine, pero después se daría cuenta de que lo que perdió el teatro lo ganó el cine, y que esto permitía que nuevas generaciones descubrieran su enorme talento. Sí, cuando ya no puede aparecer sobre las tablas, todavía se le puede ver en la pantalla, y así ha inspirado a tantos y tantos actores de generaciones posteriores. Un icono del Hollywood clásico, capaz de, con apariciones de apenas 5 minutos, eclipsar a los protagonistas; amar el cine significa necesariamente amar a Claude Rains.



60 años sin Humphrey Bogart (14-01-2017)


Un día como hoy hace 60 años nos dejaba un icono del cine, uno de los actores más influyente de Hollywood y, de paso, mi actor favorito (y protagonista de mi película favorita, Casablanca), el inolvidable Humphrey Bogart.




Humphrey DeForets Bogart había nacido probablemente el día de navidad, 25 de diciembre de 1899 (aunque hay investigadores que sugieren que fue una estrategia de marketing y que su verdadera fecha de nacimiento sería el 23 de enero de 1900), el primer hijo de una pareja económicamente bien situada. Tuvo dos hermanas menores. Su madre, militante sufragista y directora de arte de una revista, usó al pequeño en algún anuncio publicitario, pero en la familia las muestras de afecto eran infrecuentes. Mal estudiante, fue expulsado de la universidad de Yale en 1918, por lo que se alista en la marina (había heredado de su padre la pasión por los barcos), donde en un accidente sufre una cicatriz en la boca que afectará su forma de hablar.

A su vuelta de la marina se encuentra con que su familia se haya en apuros económicos, por lo que ideológicamente se convierte en un liberal. Obligado a trabajar, se reencuentra con un amigo de la infancia, Bill Brady, cuyo padre, William A. Brady, tenía una compañía teatral. Humphrey Bogart trabajó para la compañía como escritor, productor y director, aunque no destaca en ninguna de estas facetas, hasta que debuta como actor en 1921, apareciendo en pequeños papeles en varias producciones. Por esta época comienza también su adicción al alcohol (que era ilegal en Estados Unidos en aquella época).

Bogart trabaja en innumerables obras teatrales de Broadway hasta 1935, cosechando críticas dispares. Interpreta por lo general papeles secundarios de galán en comedias. Trabajando en teatro conoce precisamente a sus dos primeras esposas; en 1922 conoce a Helen Menken, con quien se casa en 1927, divorciándose en 1927, casándose por segunda vez en 1928 con Mary Philips, que al igual que la anterior era actriz y mujer de mucho carácter (por su infancia, a Bogart le atraían las mujeres con carácter, que le recordaban a su madre).

El crack bursatil de 1929 afecta seriamente al teatro, por lo que muchos de los rostros más populares de Broadway emigran a Hollywood para trabajar en el cine, que además con el paso del cine mudo al sonoro necesita nuevas estrellas con voces adecuadas para sustituir a estrellas de cine mudo con voces feas o acentos muy marcados. Humphrey Bogart será uno de los actores teatrales que emigren a Hollywood, trabajando en pequeños papeles en películas perdidas o apenas conocidas.

En 1930 conoce por fin a un actor de Broadway al que admira, Spencer Tracy, del que se hará gran amigo y compañero de bebida. Spencer Tracy debuta en el cine precisamente ese año en la película de John Ford “Río arriba”, en la que coincidirá con Bogart por única vez:

Se hace raro ver tan jóvenes a ambos. Por cierto, será Spencer Tracy el primero en llamar a Bogart “Bogie”.

La carrera cinematográfica de Humphrey Bogart no despega (a diferencia de la de Tracy), por lo que hasta 1935 vive a caballo entre Hollywood y Broadway, pasando temporadas sin trabajo. Por esas fechas sus padres se han divorciado, y su padre muere en 1934; Bogart hereda su anillo de oro, que siempre llevaba consigo y que luce en numerosas películas.

Humphrey Bogart pasa por una temporada difícil, con su matrimonio en crisis (se divorciará en 1937) y sin apenas trabajo, hasta que se le ofrece interpretar al mafioso Duke Mantee en la obra teatral de Robert E. Sherwood “El bosque petrificado”, que protagoniza Leslie Howard. Su trabajo es un gran éxito, el primero de su carrera, y se realizan casi 200 funciones de la obra.

Pero cuando la Warner compra los derechos de la obra para la adaptación cinematográfica, que protagonizarán el propio Leslie Howard y Bette Davis, buscan a un actor más conocido para el papel del mafioso, siendo elegido Edward G. Robinson. Entonces Leslie Howard lanza un ultimátum: o Humphrey Bogart interpreta a Mantee, o él no participará en la película. La productora cede, y le da el papel a Bogart. La película es un éxito y lanza a Bogart al estrellato; él nunca olvidará el gesto de Leslie Howard:

El problema es que Humphrey Bogart queda encasillado en papeles de mafioso o, en el mejor de los casos, a protagonizar películas menores que se descartan para las grandes estrellas del estudio. Podemos destacar por ejemplo su papel secundario en “Ángeles con caras sucias”, de 1938, junto a James Cagney:

Trabaja en varias ocasiones más junto a James Cagney, que le quitará siempre el protagonismo, destacando en “Los violentos años 20”, de 1939:

Hay que destacar su participación en 1939, como secundario, en “Amarga victoria”, junto a Bette Davis, con quien ya había trabajado en numerosas ocasiones anteriores. Aquí no interpreta a un mafioso, y lo cierto es que ya percibimos su talento interpretativo en un papel que tampoco da mucho juego:

En 1938, Humphrey Bogart se casó por tercera vez, con la actriz Mayo Methot, matrimonio desastroso, afectado por el alcoholismo de la actriz.

La suerte de Bogart cambiará en 1941. Raoul Walsh (que ya trabajó con Bogart anteriormente) va a dirigir “El último refugio”. Paul Muni rechaza el papel protagonista, un mafioso con buen corazón. El papel recae entonces en George Raft, pero Bogart, interesado en protagonizarlo, le convence para que lo rechace y pueda interpretarlo él. Walsh no está convencido, ya que Bogart es un actor secundario, pero finalmente acepta. La película es un éxito y la química de Bogart con la actriz protagonista, Ida Lupino, provoca los celos de su mujer:

Es el último mafioso destacable en la carrera de Humphrey Bogart. la película es un absoluto éxito del que Bogart es el gran beneficiado. Además, el guión lo había escrito John Huston, de quien se hará un gran amigo (y compañero de bebida, de nuevo). Y Huston está trabajando en su primera película como director, “El halcón maltés”, la película que transformará el cine de mafiosos en un nuevo género, el cine negro. Y junto a Mary Astor, Sidney Greenstreet y Peter Lorre, el elegido para protagonizar la película como el detective Sam Spade, tras el rechazo de George Raft, es Humphrey Bogart. El resto ya es historia:

Lanzado definitivamente al estrellato, Humphrey Bogart es seleccionado para filmar una película de Michael Curtiz que nadie sabe de qué va, una soberana chapuza en la que participan dos de los actores de “El halcón maltés”, Peter Lorre y Sidney Greenstreet, así como Paul Henreid, Conrad Veidt, Claude Rains e Ingrid Bergman. La chapuza cinematográfica, que milagrosamente sale perfecta, se titula “Casablanca”:

El gesto de Humphrey Bogart en el momento en el que ve a Ingrid Bergman es para mí el compendio de lo que es una buena actuación: apenas con un pequeño movimiento de los músculos de la cara consigue transmitirnos todo el dolor que sufre en ese momento, como si acabaran de apuñalarle en el corazón (por cierto, la película le vale a Bogart su primera nominación al Oscar, que perderá ante el hoy olvidado Paul Lukas). Pero la película está plagada de grandes momentos, de grandes frases que con Bogart alcanzan la categoría de inolvidables:

Si por mí fuera pondría toda la película, que por algo es mi favorita. No sólo me emociono cada nueva vez que la veo, sino que descubro cosas de las que no me había enterado antes.

Durante la II Guerra Mundial, Humphrey Bogart viajará animando a las tropas americanas, además de participar en algunos films bélicos, como “Sahara” de Zoltan Korda, de 1943:

O la interesante “Pasaje a Marsella”, en la que repite con Michael Curtiz y buena parte del reparto de Casablanca (Claude Rains, Peter Lorre, Sidney Greenstreet o Helmut Dantine, que tenía un breve papel sin acreditar en Casablanca; sólo falta Ingrid Bergman, sustituida por la recientemente desaparecida Michèle Morgan):

En 1944 rueda también a las órdenes de Howard Hawks “Tener y no tener”, basada en la obra de Ernest Hemingway, película que muchos comparan con “Casablanca”, en la que comparte protagonismo con una joven debutante de 19 años: Lauren Bacall:

Con esta película comienza el romance de ambos, que se extenderá durante el rodaje de la siguiente película que protagonizan, “El sueño eterno”, cuyo rodaje se paraliza. Es en esas fechas cuando Humphrey Bogart consigue el divorcio de Mayo Methot y se casa con Lauren Bacall el 21 de mayo de 1945. Tendrán dos hijos, Steve, en 1949 (que recibe el nombre del personaje que Bogart interpretaba en “Tener y no tener”, y Leslie Howard (que recibe obviamente el nombre del actor gracias al que Bogart saltó a la fama) en 1952.

La realización de “El sueño eterno”, película de cine negro dirigida de nuevo por Howard Hawks y basada en la novela de Raymond Chandler se paralizó con el fin de la II Guerra Mundial, temiendo que el tema no interesara y queriendo el estudio sacar partido de las cintas bélicas que había producido. Pero el éxito de la pareja Bogart-Bacall finalmente les convence para concluir la película, que se estrena en 1946:

La trama de la película es tan enrevesada que ni el director, ni los guionistas, ni el propio Chandler, sabían quién era el asesino de uno de los personajes. Pero la química de la pareja la convierte en un nuevo éxito.

Bogart y Bacall trabajan juntos en dos ocasiones más. La primera, en 1947, de nuevo en el campo del cine negro, en “La senda tenebrosa” de Delmer Daves, en la que Bogart interpreta a un fugitivo injustamente encarcelado al que ayuda el personaje que interpreta Bacall, que será la menos exitosa de las 4 películas que rodaron juntos:

Y, por último, en 1948, “Cayo Largo”, cine negro dirigido por John Huston que recuerda en cierto modo a “El bosque petrificado”, sólo que en esta ocasión Bogart es el héroe, mientras que el gangster es Edward G. Robinson:

Pero en 1948 trabaja también con John Huston en otra película, que le da a Huston el Oscar a mejor director (y a su padre, Walter Huston, el de mejor actor secundario), la exitosa “El tesoro de Sierra Madre”, en la que Bogart interpreta a uno de esos personajes moralmente ambiguos que tan bien se le daban:

Los siguientes años son complicados para Humphrey Bogart. Por un lado, como miembro del partido demócrata, encabeza las protestas contra la caza de brujas de McCarthy, por lo que recibe acusaciones de ser comunista, algo que él rechaza. Por otro lado, con el fin de independizarse de los estudios cinematográficos y poder elegir sus proyectos, funda una productora, Santana Productions, que terminará siendo un fracaso comercial. De las películas que protagoniza con esta productora destaca “En un lugar solitario”, otro caso más de cine negro que dirige Nicholas Ray y protagoniza junto a Gloria Grahame:

En 1951 protagoniza “Sirocco”, drama ambientado en la Siria colonial francesa en la que Humphrey Bogart interpreta a un cínico sin escrúpulos que juega a dos bandos, acompañado de un sorprendentemente sobrio Lee J. Cobb:

Pero 1951 es el gran año de Humphrey Bogart al protagonizar junto a Katherine Hepburn la genial “La reina de África”, en un papel en el que se nos muestra sorprendentemente cómico:

Por este papel se lleva su segunda nominación al Oscar (sorprendente que sólo lleve 2 a estas alturas), que finalmente consigue ganar, más que merecidamente:

Todavía trabajará una vez más con John Huston, en la comedia “La burla del diablo”, que parodia algunas de sus películas anteriores intentando emular a “Casablanca” hasta en el reparto, en el que figura Peter Lorre, aunque sustituyen a Sidney Greenstreet (que estaba ya a punto de morir) por el también voluminoso Robert Morley. La película fue un sonoro fracaso pese a contar con Jennifer Jones y Gina Lollobrigida:

Por el contrario, 1954 fue un muy buen año para Humphrey Bogart. Para empezar, trabaja por única vez bajo las órdenes del gran Billy Wilder en “Sabrina”, comedia romántica (curiosamente las pocas comedias que hizo Bogart fueron en su etapa final) en la que acompaña a William Holden y a una deliciosa Audrey Hepburn:

Protagoniza también la genial película de Joseph L. Mankiewicz “La condesa descalza”, como el cineasta que descubre a la talentosa bailarina de trágico final que interpreta Ava Gardner:

Y por último le tenemos como el estricto capitán naval, odiado por todos, al que el pánico le hace perder el control en la no menos magnífica “El motín del Caine” de Edward Dmytryk, que le vale su tercera y última nominación al Oscar:

Para quien dude del inmenso talento interpretativo de Humphrey Bogart, volver a ver esta película le resultará indispensable para comprobar lo equivocado que está. Magnífico trabajo de José Ferrer, por otra parte.

Repite bajo las órdenes de Edward Dmytryk en 1955 en “La mano izquierda de Dios”, drama sobre un “misionero” en China:

En 1955 vuelve a interpretar a un villano en “Horas desesperadas” de William Wyler, en la que interpreta a un fugitivo que secuestra a una familia en su casa. El papel del padre de familia iba a interpretarlo su amigo Spencer Tracy, pero problemas de presupuesto hicieron que éste se retirara del papel cediendo el puesto a Fredric March:

Y de 1955 es también la comedia “No somos ángeles” de Michael Curtiz en la que interpreta a uno de los tres fugitivos de la isla del diablo (los otros son Peter Ustinov y Aldo Ray) que ayudan casi milagrosamente a una familia durante la navidad:

Humphrey Bogart interpretará todavía una película más, estrenada en 1956, “Más dura será la caída”, de Mark Robson, en la que interpreta otro más de esos personajes cínicos pero con conciencia; para villano ya tenemos a Rod Steiger:

Pero para estas alturas Humphrey Bogart se encontraba ya muy enfermo. A consecuencia de su abuso del tabaco y el alcohol padecía un cáncer de esófago que incluso le impidió hacerse oír en algunas escenas de esta última película. Pese a someterse a diversas operaciones y tratamientos, la enfermedad estaba muy avanzada y Bogart murió finalmente el 14 de enero de 1957; pesaba sólo 36 kg, y acababa de cumplir 57 años. En su funeral, al que acudieron muchas de las grandes figuras de Hollywood, Spencer Tracy fue incapaz de pronunciar unas palabras a petición de la viuda, Lauren Bacall, por lo que fue John Huston el encargado de hablar. Fue incinerado, y sus cenizas se encuentran en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery:

Con Humphrey Bogart se iba un mito, un icono del cine, el prototipo de hombre duro y cínico pero con sentimientos, aunque pudo interpretar incluso a galanes románticos superados los 50 años. Siempre nos quedará su filmografía, y, sobre todo, siempre nos quedará París.



30 años de la muerte de Cary Grant (29-11-2016)


Hay estrellas que eclipsan a casi cualquier otra que se les acerque. Y cuando pensamos en ese Hollywood dorado de los años 30 y 40, entre los primeros nombres que se nos viene a la mente seguramente se encuentra el de Cary Grant. No es que fuera el mejor de su época, pero gracias a su carisma, a su presencia, pervive como una de las mayores estrellas del cine aún cuando se cumplen 30 años de su desaparición.




El verdadero nombre de Cary Grant era Archibald Alexander Leah, y había nacido en la británica ciudad de Bristol el 18 de enero de 1904. Había tenido un hermano mayor al que no conoció, ya que murió en 1900, con un año de edad. Su infancia no fue feliz, a causa del alcoholismo de su padre y de la depresión clínica de su madre (que parece ser que nunca se recuperó de la muerte de su primer hijo), que fue internada en un centro psiquiátrico cuando el pequeño Archibald tenía 9 años. Su padre le mintió, diciéndole primero que se había ido de viaje y luego que había muerto. No será hasta 1935 que se entere que su madre estaba viva, cuando su padre, a punto de morir, se lió con las mentiras que le había contado. En todo caso, antes de ser internada, su madre se esforzó por darle una buena educación: ella misma le enseñó a cantar y bailar, y se empeñó en que aprendiera a tocar el piano.

Tras el internamiento de su madre, su padre se muda con él a la casa de su abuela, pero un año después se vuelve a casar para formar una nueva familia de la que su hijo no forma parte. El abandono del padre, así como el supuesto abandono de la madre, traumatizan al futuro Cary Grant y dificultan su socialización.

Aficionado al teatro, se une a una compañía acrobática, y en sus años de estudiante destaca por sus dotes acrobáticas y deportivas que le hacen muy popular, aunque tiene fama de estudiante problemático. El resto de su tiempo lo pasa en el teatro. Finalmente, en 1918 es expulsado de su escuela (uno de los rumores decía que había sido sorprendido en el vestuario de las chicas), por lo que vuelve a unirse a la troupe acrobática a la que había pertenecido años antes, lo que le permite sobrevivir los siguientes años, con un contrato hasta los 18 años. Pero en 1920, cuando tiene 20 años, la compañía emprende una gira por Estados Unidos, y él decide quedarse en el país, junto con otros miembros de la compañía, cuando ésta vuelve a Gran Bretaña.

Los siguientes años los pasa trabajando en teatro, donde perfecciona sus dotes para la comedia. Obtiene un importante éxito que finalmente le lleva a Hollywood, donde consigue a finales de 1931 un contrato de 5 años con la Paramount, ya que el mánager de la compañía, B. P. Schulberg, se da cuenta de su enorme potencial. En esta época cambia su complicado nombre por el más llamativo de Cary Grant. Así debuta en la comedia romántica “Esta es la noche”, en la que interpreta a un campeón de lanzamiento de jabalina con problemas de celos:

En 1932 estrenó varias películas, de entre las que destaca su participación en “La Venus rubia”, como el amante de Marlene Dietrich en una película todavía anterior al código Hays de censura, que nos permite ver a un Grant más canalla, papel que le va como un guante:

Protagoniza también junto a Silvia Sidney la adaptación cinematográfica de “Madame Butterfly”, en otro papel de  galán más bien canalla pero al que no le falta un cierto encanto. La película por otra parte está hoy completamente olvidada (pero está completa en Youtube… me la apunto como asignatura pendiente):

Si bien estas y otras películas de 1932 en las que trabaja junto a grandes estrellas no le convierten todavía a él en una estrella, ya hacen que su nombre empiece a ser conocido. Entre otras cosas, consigue llamar la atención de una reciente estrella, la problemática Mae West, que se empeña en que sea el protagonista de su siguiente película, “Lady Lou”, de 1933, en la que es la película de menor duración en conseguir la nominación al Oscar de mejor película. Un éxito de taquilla que salvó a la Paramount de la quiebra:

Mae West siempre presumió de haber sido quien descubriera a Cary Grant. Aunque eso no sea del todo cierto, sí lo es que Grant alcanzó el estrellato gracias a sus dos colaboraciones con ella. Y es que ese mismo 1933 volvieron a trabajar juntos en “No soy un ángel”:

En 1933 aparece también, aunque irreconocible bajo su disfraz, entre el inmenso elenco de la adaptación de “Alicia en el país de las maravillas” de Norman Z. McLeod.

Pero el código Hays que implanta la censura cinematográfica en 1933 echa a perder la carrera de la irreverente Mae West, y a Cary Grant le cuesta encontrar su sitio. Una serie de fracasos comerciales en 1934 le lleva a la Paramount a prescindir de Cary Grant, considerado “poco rentable” (es cierto que tardará unos años en ser rentable, pero si habrían esperado esos años…). Así, en 1935 trabaja para la RKO en “La gran aventura de Silvia” de George Cukor, en la que trabaja por primera vez junto a Katherine Hepburn. La película tampoco es un éxito comercial, pero el trabajo de Grant es alabado por la crítica, y él siempre consideró esta película su lanzamiento definitivo:

Terminado su contrato con la Paramount en 1936, Cary Grant decide no renovar y ser un artista libre (el primero en hacerlo), lo que curiosamente aumenta su sueldo. Por esta época, en todo caso, comparte vivienda con su amigo Randolph Scott (los rumores sobre una relación entre ambos o sobre la posible bisexualidad de Grant no han podido ser confirmados), ya que Grant se había divorciado en 1935 de su primera esposa, Virginia Cherrill, con la que llevaba un año casado, y vivirán juntos hasta que Grant vuelva a casarse en 1942 con Barbara Hutton. Compartir vivienda suponía un importante ahorro para dos estrellas emergentes cuyos sueldos no les permitían tener una mansión para cada uno.

Pasando por diversos estudios en sus siguientes trabajos, alcanza su máximo éxito por fin en 1937 con “La pícara puritana” de Leo McCarey, junto a Irene Dunne y Ralph Bellamy, una screwball comedy, género en el que Grant brillará por delante de cualquier otro actor. Si bien la relación con McCarey no fue buena, éste elogió la capacidad cómica de Grant y su habilidad para improvisar diálogos. La comedia es divertidísima, a lo que desde luego contribuye mucho el talento de Grant:

Por si no fuera suficiente, en 1938 protagoniza junto a Katherine Hepburn un mito del screwbal comedy, “La fiera de mi niña” de Howard Hawks, con la simpática compañía de dos leopardos nada menos. Pese a su recelo inicial sobre cómo enfocar el personaje (le recomendaron tomar el ejemplo de Harold Lloyd), fue el propio Cary Grant quien le ayudó a Katherine Hepburn a desarrollar sus dotes para la comedia. El resultado no podía ser más brillante (ni más desternillante; conviene ver la película con la caja de kleenex al lado, porque es imposible no acabar llorando de la risa):

Yo ya sólo con el trailer me parto de risa. ¡Gracias, Howard Hawks, por regalarnos esta joya!

En 1939 repite con Howard Hawks en “Sólo los ángeles tiene alas”, película de aventuras junto a Jean Arthur:

Y realiza un gran trabajo en la adaptación de la obra de Rudyard Kipling en “Gunga Din”, de George Stevens, donde forma un genial trío cómico junto a Victor McLaglen y Douglas Fairbanks Jr. como unos soldados poco fiables en la India de época colonial. Una película de aventuras que conviene no perderse:

1940 será un gran año para Cary Grant, con 3 grandes comedias. La primera, “Luna nueva” de nuevo dirigida por Howard Hawks, junto a Rossalind Russell y Ralph Bellamy (que parece que era el único actor que podía intentar quitarle a la chica) en el que algunos consideran uno de sus mejores papeles cómicos:

Cary Grant repite junto a Irene Dunne y trabaja junto a su amigo Randolph Scott en “Mi mujer favorita”:

Pero el mayor éxito de Cary Grant en 1940 fue la última película que estrenó, “Historias de Filadelfia” de George Cukor, de nuevo junto a Katherine Hepburn, aunque aquí su papel es más secundario frente al de James Stewart (que, inesperadamente, se llevó el Oscar a mejor actor):

Otra de las grandes películas de la historia, totalmente imprescindible.

En 1941, la carrera de Cary Grant da un giro: en los siguientes años (básicamente los años de la II Guerra Mundial) rodará menos comedias, mientras rueda la mayoría de los dramas de su filmografía, lo que le da alguna que otra alegría. De hecho 1941 fue un buen año para él, con el estreno de dos grandes películas. La primera, el melodrama “Serenata nostálgica”, en el que repite junto a Irene Dunne (una pareja que desprende química por todos lados). Por esta película consigue su primera nominación al Oscar (pero pierde frente a Gary Cooper, que lo gana por “El sargento York”):

Por otro, colabora pro primera vez (lo hará 4 veces) con el director Alfred Hitchcock, en “Sospecha”, como el marido de Joan Fontaine. Cary Grant borda el ambiguo personaje al que la censura le cambia el final (estropeando con ello la película… y no digo más para no hacer spoiler):

¿Habrá veneno en ese vaso de leche?

El 26 de junio de 1942 Cary Grant consigue la nacionalidad americana y se casa ese mismo año con la millonaria Barbara Hutton, de quien se divorciará en 1945. Por otra parte, son años en los que la Guerra centra toda la atención del país, y Grant realiza giras para promover la compra de bonos de guerra y visita a militares hospitalizados. Su trabajo cinematográfico se reduce en esos años.

En 1942 estrena dos películas. Por un lado, el drama “El asunto del día”, de George Stevens, en la que interpreta a un presidiario huido que busca refugio en casa de una antigua amiga, Jean Arthur, que ha alquilado una habitación de su casa a un juez, Ronald Colman, al que Grant tratará de convencer de su inocencia:

Y protagoniza junto a Ginger Rogers la comedia de Leo McCarey “Hubo una luna de miel”, ambientada en la II Guerra Mundial:

En 1943 protagoniza el film bélico “Destino Tokio”. Se nota la influencia de la Guerra en las películas de la época…

1944 es un año mucho mejor para Cary Grant. Estrena dos películas más que importantes en su carrera. En primer lugar, un drama, “Un corazón en peligro”, junto a la gran Ethel Barrymore. Esta película le valdrá su segunda y última nominación al Oscar, pero esta vez quien se lo arrebate será (flipando) Bing Crosby por “Siguiendo mi camino” (si al menos hubiera sido Alexander Knox por “Wilson” o el también nunca premiado Charles Boyer por “Luz que agoniza” me callaría, pero es que esto ya no tiene nombre):

Y por otro lado, Cary Grant vuelve a la comedia más alocada en su única colaboración con Frank Capra, la mítica “Arsénico por compasión”, en la que de nuevo tiene un recital de muecas y gestos cómicos que tanto éxito le darán en la comedia:

Sus siguientes estrenos tendrán lugar dos años después, en 1946, ya terminada la guerra. Por un lado tenemos el biopic del compositor Cole Porter, “Noche y día”:

Y por otro lado, Cary Grant vuelve a trabajar por segunda vez con Alfred Hitchcock en “Encadenados”, que le empareja por primera vez con la que será su gran amiga Ingrid Bergman, y en la que también trabajan dos grandes secundarios como Claude Rains y Louis Calhern. Este es en mi opinión (a parte de ser, junto con Rebeca, mi favorita de Hitchcock) el mejor papel de Cary Grant, está simplemente espléndido en una película de intriga, un drama romántico por el que incomprensiblemente no sólo no se llevó el Oscar (se podría discutir si se lo merecía más que el ganador ese año, Fredric March por “Los mejores años de nuestra vida”… yo es que soy muy fan de March), es que ni siquiera fue nominado, algo realmente imperdonable. Veamos una de las escenas más tensas de la película:

Cary Grant supera ya los 40 años pero mantiene su buen aspecto como para seguir siendo un galán, papel que no abandonará en toda su carrera.

En 1947 interpreta a un ángel en “La mujer del Obispo”, comedia dramática junto a Loretta Young y David Niven en otro de sus mejores papeles:

Su siguiente película relevante fue en 1949 cuando vuelve a trabajar con Howard Hawks en otra de esas hilarantes comedias, “La novia era él”, en la que interpreta a un militar francés que tiene que vestirse de mujer para poder ir a Estados Unidos con su mujer, Ann Sheridan, que interpreta a una militar americana:

El 25 de diciembre de 1949 Cary Grant se casa por tercera vez, con la actriz Betsy Drake, con la que trabajó en dos ocasiones /en 1948 en “En busca de marido” y en 1952 en “Hogar, dulce hogar”. El matrimonio fue complicado para ambos, pero será el más largo en la vida de Grant: se divorciaron en 1962.

En 1952 Cary Grant vuelve a trabajar en una comedia de Howard Hawks, “Me siento rejuvenecer”, junto a Ginger Rogers y Marilyn Monroe:

En 1953 trabaja por primera vez junto a Deborah Kerr en “La mujer soñada”, de nuevo una comedia romántica:

En 1955 trabaja por tercera vez junto a Alfred Hitchcock (al estar fuera del sistema de estudios, se podía permitir el lujo de elegir en qué proyectos quería trabajar y recibir sueldos mayores) en “Atrapa a un ladrón”, que siendo una película de intriga como es habitual en el director inglés, es también una comedia romántica que empareja a Cary Grant con Grace Kelly. Grant seguía interpretando al galán romántico y seductor a sus 50 años, pero ahora con parejas mucho más jóvenes que él (a Grace Kelly le sacaba nada menos que 25 años, podría ser su padre; a Deborah Kerr, 17; a Audrey Hepburn 25; a Jayne Mansfield 29; y a Sofia Loren, 30). Aún así,la química entre Grant y Kelly es espectacular:

En 1957 estrena tres películas. La primera, “Bésalas por mí”, es su primera colaboración con el director Stanley Donen (con el que realizará sus mejores trabajos en sus últimos años) que lo empareja con la rubia explosiva Jayne Mansfield:

La segunda fue la fallida “Orgullo y pasión” de Stanley Kramer, una extraña incursión de Cary Grant en el cine de época (aunque luzca de maravilla el uniforme militar decimonónico inglés) rodada en España junto a Frank Sinatra y Sofia Loren. Parece que Grant aceptó el trabajo para poder huir de su mujer, pero durante el rodaje se enamoró de Sofia Loren, quien prefirió a Carlo Ponti para su desesperación. Además, el rodaje de esta película le impidió poder interpretar, como él quería, el papel de “El puente sobre el río Kwai” que finalmente hará William Holden:

Y, finalmente, el remake que el propio Leo McCarey dirigió de su “Tú y yo” que rodara en 1939 con Charles Boyer e Irene Dunne. Si la primera versión era más melodramática (no se podía esperar otra cosa de Charles Boyer), esta nueva, que empareja a Cary Grant de nuevo con Deborah Kerr, es más comedia, en la que, de nuevo, la química de la pareja protagonista nos deja una película inolvidable:

 

Maravillosa esta escena final (perdonadme, yo es que veo a Deborah Kerr y pierdo cualquier atisbo de objetividad que pueda tener… aunque Cary Grant está igualmente espléndido).

En 1958, un contrato con la Paramount le obliga a volver a rodar junto a Sofia Loren, algo que a él no le apetecía precisamente. El resultado fue “Cintia”, otra encantadora comedia en la que, ¡milagro!, Cary Grant es el padre viudo de tres niños (que más que sus hijos podían ser sus nietos… pero es que cuando se trata de Cary Grant, antes muerto que perder su estilo de la galán):

También en 1958 vuelve a trabajar con Stanley Donen y con su gran amiga Ingrid Bergman en “Indiscreta”, una genial comedia que le traerá a Cary Grant la primera de sus 5 nominaciones a los Globos de Oro (todas ellas como mejor actor de comedia), de las que tampoco ganará ninguna (lo que es muy difícil de entender… en nominaciones sin premio sólo le gana Paul Newman y empata con Susan Sarandon):

En 1959 consigue su segunda nominación con la comedia bélica “Operación Pacífico” de Blake Edwards, aunque aquí como galán tiene la difícil competencia de Tony Curtis:

Como siempre, la comicidad de Grant viene por sus gestos, por sus reacciones, más que por los chistes y gags que pueda tener.

De 1959 es también su última colaboración con Alfred Hitchcock, la mítica “Con la muerte en los talones”, película con la que confieso que empecé a odiar a Grant por su verborrea incontrolable que me ponía nervioso… claro que eso es lo que a fin de cuentas busca la película:

Retiro lo dicho, Cary Grant vuelve a estar genial.

En 1960 vuelve a trabajar por tercera vez junto a Stanley Donen en la deliciosa “Página en blanco”, como el marido cornudo de una maravillosa Deborah Kerr junto a una alocada Jean Simmons y un sorprendentemente divertido Robert Mitchum. Por esta película consigue su tercera nominación al Globo de Oro:

Su nivel de trabajo se reduce ya notablemente, no estrenando nada hasta 1962, con “Suave como el visón”, junto a Doris Day, con la que consigue su 4ª nominación al Globo de Oro:

Cuando Ian Fleming creó el personaje de James Bond, se inspiró en Cary Grant. Así que cuando se va a comenzar a rodar la saga cinematográfica del personaje, con “Agente 007 contra el Dr. No”, en 1962, los productores quieren a Grant como protagonista, pero finalmente lo descartan porque Grant sólo se comprometía a hacer una película, mientras los productores buscaban hacer una saga. Ellos se lo perdieron (y Sean Connery salió ganando, de paso).

En 1962 se divorcia también de Betsy Drake, de quien estaba separado desde 1958. Hay que recordar que Betsy Drake le introdujo en el mundo del LSD, que por aquella época era legal.

En 1963 trabaja por última vez junto a Stanley Donen en la genial comedia de intriga “Charada”, que protagoniza junto a Audrey Hepburn. Por esta película, otra de esas joyas de su filmografía, se llevó su 5ª y última nominación a los Globos de Oro:

Yo lo que quiero saber es cómo el muy granuja podía tener semejante química con actrices mucho más jóvenes que él. Estaba a punto de cumplir 60 años y la pareja que hace con la deliciosa Audrey Hepburn es encantadora.

En 1964 protagoniza junto a Leslie Caron y Trevor Howard la comedia bélica “Operación Whisky”:

Pero ya no hay más comedias románticas en su filmografía. Se retira del cine en 1966 con la comedia “Apartamento para tres”, junto a Samatna Eggar y Jim Hutton:

Y así se retira del cine. De poco sirvió que Alfred Hitchcock le ofreciera el papel protagonista de “Cortina rasgada” en 1966: Cary Grant había decidido retirarse del cine. Ya tenía 62 años, en julio de 1965 se había casado por 4º vez con la actriz Dyan Cannon y acababa de nacer su única hija, Jennifer, el 26 de febrero de 1966. Era el momento de retirarse.

Se divorció de Dyan Cannon en 1968, y justo después sufrió un grave accidente de tráfico. En 1970, la Academia de Hollywood finalmente decide compensarle concediéndole un Oscar honorífico. Grant llevaba 12 años boicoteando la gala de entrega de premios, pero fue a recoger este Oscar honorífico que tanto merecía:

Años de retraso. Como decía Frank Sinatra, Cary Grant hacía fácil la interpretación, su estilo era siempre sencillo, recurriendo a histrionismos sólo como efectos cómicos pero sumamente contenido en sus interpretaciones más dramáticas.

Cary Grant todavía tuvo tiempo de casarse una 5ª vez, en 1981, con la agente de relaciones públicas Barbara Harris. En sus últimos años se dedicó a hacer giras para presentar “Una noche con Cary Grant”, sesiones en las que se proyectaba alguna de sus películas y luego él respondía a las preguntas del público. Fue durante una de esas giras que, estando en Davenport, Iowa, sufrió una hemorragia cerebral el 29 de octubre de 1986. No era la primera que sufría, ya había tenido otra dos años atrás, pero en esta ocasión fue fatal y Cary Grant murió esa misma noche. Tenía 82 años. Fue incinerado y sus cenizas esparcidas en California, por lo que nos quedamos sin poder visitar su tumba.

No era el mejor actor de su generación, desde luego, pero con una filmografía repleta de títulos básicos de la historia del cine y en la que compartía cartel con algunas de las mejores actrices de su época (4 veces con Katherine Hepburn, 3 veces con Irene Dunne o Deborah Kerr, 2 veces con Ingrid Bergman), Cary Grant es historia del cine, una figura icónica que pocos, si acaso alguno, pueden disputarle. 30 años después de su muerte todavía seguimos riéndonos a carcajadas con sus comedias y emocionándonos con sus películas dramáticas. Porque Cary Grant siempre será el perfecto icono del Hollywood clásico.



Gregory Peck en el centenario de su nacimiento (05-04-2016)


Mencionaba en un post reciente que, en mi opinión, los mejores intérpretes fueron los de los años 30. Entendiendo estos años 30 como una forma de actuar, una forma de ver el cine. Por eso, hoy vamos a hablar de un actor, mejor dicho de un enorme actor, que pese a debutar en el cine a mediados de los 40, es de alguna forma el último gran representante de esos actores de los 30 (junto con Robert Mitchum, que comenzó en el cine en fechas similares; incluso William Holden es anterior): Gregory Peck. Una extensa filmografía que se extiende desde los 40 hasta los 70, con gran variedad de géneros, lo sitúan como un digno heredero de los Gary Cooper, James Stewart o Henry Fonda que ya llevaban años de carrera a sus espaldas. Y no pocos papeles memorables.




Eldred Gregory Peck nacía el 5 de abril de 1916 en San Diego, California. Su padre, farmacéutico, de origen anglo-irlandés, era católico, y su madre, de origen anglo-escocés, se convirtió también al catolicismo al casarse; detalle este importante en la vida del actor. Sus padres se divorciaron cuando él tenía 6 años, y pasó los siguientes años con su abuela materna, hasta que ésta murió y fue criado por su padre. Comienza a estudiar medicina, pero se siente atraído por la interpretación, se une a grupos teatrales y así termina encontrando su vocación; debuta en San Francisco en 1941 y en Broadway en 1942. De ahí al cine hay sólo un paso.

Debuta en 1944 con “Días de gloria”, de Jacques Tourneur, film bélico ambientado en la Rusia de la II Guerra Mundial, pero será con su segunda película con la que llame la atención: “Las llaves del reino”, de John M. Stahl, de ese mismo año, en la que interpreta al protagonista absoluto, un misionero católico escocés en China. El papel le viene por momentos algo grande al todavía novatillo Peck, pero en general se pude decir que tiene una más que interesante interpretación, que le valdrá su primera nominación al Oscar (la primera de las 5 que tuvo, cuatro de ellas en los años 40):

En 1945 protagoniza dos grandes películas: por un lado, es el perfecto galán romántico en el meodrama de época “El valle del destino”, junto a Greer Garson, en el que ya luce impecable en un papel romántico que le sienta como un guante:

Su otro gran papel ese año fue en “Recuerda”, su primera colaboración con Alfred Hitchcock, junto a Ingrid Bergman, donde interpreta a un doctor que sufre amnesia; otra gran interpretación de Gregory Peck:

En 1946 vuelve a regalarnos dos memorables papeles. El más recordado sea, seguramente, el de Lewt McCanles, el malvado hermano de Joseph Cotten en “Duelo al sol” de King Vidor, su primer western y su primer villano, que entabla una funesta relación de amor-odio con la bellísima Jennifer Jones que no podía acabar bien. Inolvidable la escena final:

Su otro gran papel ese mismo año fue mucho más amable, el granjero Penny Baxter, esposo de Jane Wyman y padre de Claude Jarman Jr. en “El despertar” de Clarence Brown, por la que recibe su segunda nominación al Oscar y gana el Globo de Oro por uno de sus mejores papeles. Sólo por esta escena ya merece la pena su interpretación, al nivel de muy pocos actores (y más teniendo en cuenta que Gregory Peck no era un actor muy rico en recursos interpretativos, pero los que tenía los sabía usar al máximo, como esa maravillosa voz):

Es, además, el primero de sus papeles de “padrazo”, papel que interpretaba como nadie (y que llevará a su máxima expresión con su maravilloso Atticus Finch).

En 1947 de nuevo nos regala dos grandes papeles. El primero, en su segunda y última colaboración con Alfred Hitchcock, “El proceso Paradine”, esa en la que Hitch quiso reunir a Greta Garbo e Ingrid Bergman (pobre Gregory si se hubiera tenido que enfrentar a las dos a la vez, a ver quién hubiera resistido eso…), pero que se quedó sin ambas y tuvo que conformarse con la debutante Alida Valli y con Ann Todd. Además de otro debutante, Louis Jourdan, y de Charles Laughton, la gran triunfadora fue realmente Ethel Barrymore, nominada al Oscar a mejor secundaria. Pero bueno, Gregory Peck sigue de nuevo impecable:

La otra es “La barrera invisible”, de Elia Kazan, en la que interpreta a un reportero que se hace pasar por judío para experimentar el antisemitismo de su entorno (muy en la línea de Kazan, defendiendo el método del Actor’s studio… no trago a Kazan, ni como cineasta ni como persona, por si no se nota…). Gregory Peck interpreta a un personaje socialmente comprometido, muy similar a lo que era en su propia vida, acompañado de Dorothy McGuire, John Garfield, Ann Revere o Celeste Holm, además de hacer de padre (de nuevo papel de padrazo) de Dean Stockwell (de quien ya había sido padre brevemente en “El valle del destino”):

Gregory Peck consigue su tercera nominación al Oscar. La cuarta la conseguirá en 1949 por “Almas en la hoguera” de Henry King, aunque de nuevo se quedará sin él (a diferencia de su compañero Dean Jagger, que se lleva la estatuilla a mejor Secundario) por un general de aviación durante la II Guerra Mundial; un héroe americano en la línea de personajes interpretados por Gary Cooper o James Stewart:

En 1951 protagoniza la película bíblica “David y Betsabé” de Henry King, junto a Susan Hayward, aunque el papel no le pega mucho, seamos sinceros:

Ese mismo año colaborará con el director Raoul Walsh en una cinta de aventuras en el mar, “El capitán Horatio Hornblower”, repitiendo en 1952 con la magnífica “El mundo en sus manos”:

Ese mismo 1952 protagoniza otra de sus memorables películas, “Las nieves del Kilimanjaro” de Henry King, basada en la novela de Ernest Hemingway, donde está acompañado por Susan Hayward y Ava Gardner:

Pero más memorable será aún su papel, en 1953, en “Vacaciones en Roma”, de William Wyler, donde acompaña a la debutante Audrey Hepburn, de quien se convertirá en amigo inseparable durante toda su vida (y a quien presentará a quien será su primer marido, Mel Ferrer). Se trata de una simpática comedia llena de escenas memorables, como ese paseo en moto por Roma o esta en la boca della verità (que ya nos gustaría verla así de vacía, y no con las colas que hay que hacer hoy día para hacerse la fotito de rigor):

En 1954 protagoniza la comedia inglesa “El millonario”, de Ronald Neame, como la pobre víctima de la apuesta de dos ricos hermanos británicos aburridos de la edad: le dan un cheque de un millón de libras, pero no podrá utilizarlo durante un mes:

El 30 de diciembre de 1955 se divorcia de su primera mujer, Greta Kukkonen (que era 5 años mayor que él), con quien llevaba casado desde 1942 (aunque él mismo confirmó que mantuvo un romance don Ingrid Bergman durante el rodaje de “Recuerda” estando casado) y con quien tenía 3 hijos. El día siguiente se casó con Veronique Passani, una reportera a la que conoció en 1952, con quien tendría 2 hijos y con quien vivirá hasta su muerte. Eso sí, la boda fue civil, ya que la iglesia católica no permitía la boda sin una nulidad previa de su anterior matrimonio. Pese a todo, Gregory Peck fue siempre un católico creyente, aunque no especialmente “ortodoxo” en su forma de ver ciertos aspectos.

De vuelta al cine, en 1956 protagoniza “El hombre del traje gris”, junto a Jennifer Jones y Fredric March, y también uno de sus grandes éxitos, la adaptación del “Moby Dick” de Herman Melville que realizará John Huston, en el papel del capitán Ahab (papel para el que Huston en principio quería a su padre, Walter Huston, pero éste murió antes del rodaje). Otra de esas interpretaciones memorables de la historia del cine:

En 1957 vuelve a la comedia acompañando a Lauren Bacall en “Mi desconfiada esposa” de Vincente Minnelli:

En 1958 protagoniza otro clásico del cine, “Horizontes de grandeza” de William Wyler, junto a Jean Simmons y Chartlon Heston, en un western de familias enfrentadas que le valió el Oscar a mejor secundario a Burl Ives, que interpreta al patriarca de la familia rival del suegro del personaje que interpreta Gregory Peck:

En 1959 interpreta al escritor F. Scott Fitzgeral en el drama biográfico “Días sin vida” de Henry King, acompañado por Deborah Kerr:

Ese mismo año protagoniza la historia de unos supervivientes a un holocausto nuclear en “La hora final” junto a Ava Gardner, Fred Astaire y Anthony Perkins:

En 1961 es uno de los protagonistas del clásico de cine bélico “Los cañones de Navarone”, junto a Anthony Quinn y David Niven:

Pero será 1962 su mejor año, al protagonizar dos grandes éxitos. El primero de ellos, “El cabo del terror”, en el que interpreta a un abogado al que un malvado Robert Mitchum quiere hacer la vida imposible por haberle encarcelado años atrás. Gregory Peck no solía usar dobles para las escenas de acción, lo que tuvo que sufrir Mitchum en sus propias carnes en la escena de la pelea de ambos:

Pero su mayor éxito fue, desde luego, protagonizar la adaptación que Robert Mulligan dirigió del libro de Harper Lee “Matar a un ruiseñor”. Su Atticus Finch es sin duda su mejor papel y el mejor “padrazo” de la historia del cine, a parte de un personaje tan idealista como el propio Gregory Peck:

Gregory Peck, que llevaba sin ser nominado al Oscar desde 1949, consigue aquí su 5ª nominación. Y, para desgracia de Peter O’Toole (que protagonizaba la multipremiada Lawrence de Arabia), esta vez se lleva el premio, merecidísimo tanto por la interpretación en sí como por la trayectoria de un actor que llevaba años pidiendo el premio a gritos. Pocas veces la academia estuvo tan acertada:

Peck gana también el Globo de Oro, premio al que es nominado al año siguiente de nuevo por “El capitán Newman”. Y protagoniza más películas en los 60, aunque su ritmo de trabajo disminuye. Destacamos entre ellas su colaboración con Stanley Donen en 1966 en “Arabesco”, junto a la actriz que le dio el Oscar, Sofia Loren:

Mientras, le caen premios honoríficos, como el Oscar humanitario Jean Hersholt en 1968 o el Globo de Oro Cecil B. de Mille en 1969, año en el que protagoniza el western “El oro de Mackenna”.

Su trabajo en los 70 pierde interés, aunque protagoniza “La profecía” en 1976, o “McArthur, el general rebelde” en 1977, por la que recibe una nominación al Globo de Oro, pese a no admirar al general McArthur como persona:

Y es que en los años 70 la actividad política de Gregory Peck aumenta. Siempre había apoyado al partido demócrata, y incluso el presidente Lyndon Johnson pensó en él como embajador en Irlanda (teniendo en cuenta el origen irlandés del actor). Pero es en 1970 cuando se le propone enfrenarse al republicano Ronald Reagan como candidato a gobernador de California. Aunque más tarde Peck confesó que nunca estuvo interesado en ser candidato, sí que impulsó a su hijo Corey a serlo años más tarde. Su activismo social (contra la guerra de Vietnam, la proliferación nuclear o a favor del control de armas, justo lo opuesto a lo que hacía su compañero de reparto en “Horizontes de grandeza”, Chartlon Heston) hicieron que Nixon lo incluyera en su lista de enemigos por su activismo social (algo que haría también con Paul Newman, Jane Fonda y otros actores y actrices).

Quizá por eso sorprenda su interpretación, en 1978, de un villano de la talla del nazi Josef Mengele en “Los niños del Brasil”, frente al cazanazis que interpreta Laurence Olivier. Su espectacular interpretación le valió una nominación al Globo de Oro:

Gregory Peck trabaja poco a partir de los 80, aunque su participación en televisión aumenta, incluyendo una nueva adaptación de Moby Dick en 1998 (aunque ya no interprete al Capitán Ahab, sino al Padre Mapple, papel por el que gana un Globo de Oro). En cine, a parte de una breve aparición en el remake que Scorsese hace de “El cabo del miedo” (en el que aparecen también otros dos miembros del film original, Robert Mitchum y Martin Balsam), quizá su último papel relevante sea el protagonista de “Gringo viejo”, en el que luce espléndido en 1989 junto a Jane Fonda:

Tim Burton quería contar con él para interpretar al abuelo Joe en “Charlie y la fábrica de chocolate”, pero el papel lo interpretó finalmente David Kelly; Peck no tuvo siquiera ocasión de aceptarlo. Mientras dormía, una bronconeumonía se lo llevó el 12 de junio de 2003 (tengo un vago recuerdo del momento en el que me enteré, aunque a mis 18 años no le conocía demasiado). Tenía 87 años. Fue enterrado en el mausoleo de la catedral católica de Los Ángeles:

Aunque sus inicios en el cine fueran un tanto tardíos, Gregory Peck fue uno de los últimos exponentes de ese Hollywood dorado que tanto añoramos los cinéfilos, porque ya no hay actores como él. Nos dejó un buen puñado de interpretaciones inolvidables por las que todavía le recordamos con admiración y con cariño (en este último aspecto, su Atticus Finch es imprescindible, claro) como una de las más grandes estrellas de Hollywood.



Centenario de Ingrid Bergman (29-08-2015)


No es fácil encontrar en el cine un rostro más bello que el suyo. Pero, al margen de su espectacular belleza, destacaba por una enorme sensibilidad que le permitía emocionar al público en los diversos papeles que nos regaló a los cinéfilos. Y es que un día como hoy hace 100 años nacía en Estocolmo una mujer llamada a conquistar Hollywood, una actriz con mayúsculas, una artista, una estrella a fin de cuentas, y de paso una de mis actrices favoritas: la gran Ingrid Bergman. Y por cierto, también se cumplen 33 años de su muerte, sí, el mismo día que cumplía 67 años.




Debutó en el cine sueco con 19 añitos de nada. Realizó varias películas en su Suecia natal (rechazando filmar películas en Alemania, ofrecimiento que le hizo el ministro de propaganda Nazi, Joseph Goebbels), de entre las que destaca “Intermezzo”. Tanto le gustó la película al productor norteamericano David O. Selznick, que compró los derechos para producir una versión en inglés del título, con la misma Bergman de protagonista. Y así llegó en 1939 su primer rol en Hollywood, un drama con la música como telón de fondo que protagonizaría junto a un monstruo de la interpretación (y que ese año participaba también en una película histórica: “Lo que el viento se llevó”), Leslie Howard. La película, “Intermezzo”, no ha gozado de gran fama y no es fácil de encontrar (pero sí, la he visto):

En todo caso, Ingrid ya apuntaba maneras, lo que se confirmó en 1941 interpretando a la Ivy Pearson del Jekyll/Hyde de Spencer Tracy:

Aún así, parecería que su carrera no terminaba de despegar, corría el riesgo de ser otra de tantas actrices de futuro prometedor que se quedaron en eso. Pero tuvo un inesperado cambio de suerte…

Qué decir de su Ilsa Lund. Confieso que tengo que secarme las comisuras de los labios cada vez que la veo. Casablanca es desde hace años mi película favorita, y ella tiene mucho que ver. Está espectacular al lado de un Humphrey Bogart también enorme y rodeado de un reparto de lujo (Claude Rains, Paul Henreid, Peter Lorre, Sidney Greenstreet…) en una película que nadie esperaba que tuviera semejante éxito… pero lo tuvo.

Todavía no sé por qué Casablanca, que se estrenó en 1942, no entró en los Oscars de ese año, sino en los del 43, llevándose los premios a mejor Película y Director, pero por el que Ingrid no fue nominada: en 1943 fue nominada por su siguiente película, la adaptación de la novela de Hemingway “Por quién doblan las campanas”, en la que la acompañaba otro actor de su talla: Gary Cooper:

Bendito corte de melena, por cierto, que salvó una de las escenas más emblemáticas de Casablanca… pero esa es otra historia.

Repitió nominación al año siguiente por “Luz que agoniza”, esta vez acompañada del rey del melodrama, el francés Charles Boyer y de Joseph Cotten:

Y como suele ser habitual cuando se interpreta a personajes con problemas de cordura, esta vez no hubo ninguna Jennifer Jones que le arruinara la fiesta: el Oscar fue para ella. El primero de 3 (sólo igualada por Meryl Streep y superada por otra qué tal, Katherine Hepburn):

Al año siguiente, 1945, fue de nuevo nominada por su papel en “Las campanas de Santa María” (donde compartía cartel con el ganador del Oscar a mejor actor del año anterior, Bing Crosby), pero seguramente lo más destacado de ese año fue su primera colaboración con el mítico Alfred Hitchkock, en “Recuerda”, acompañada esta vez por Gregory Peck (sí, ya veis que sus parejas cinematográficas tenían un nivel que ya quisieran la mayoría de actrices… Bette Davis o Joan Crawford, por ejemplo):

Este fue el preludio a una de sus mejores interpretaciones, al año siguiente, en su segunda colaboración con el director inglés: “Encadenados”:

Junto con Rebeca, esta es mi peli favorita de Hitch. Nunca Cary Grant estuvo tan espectacular como intérprete, y acompañados encima por Claude Rains o Louis Calhern… pero no, no hubo nominación al Oscar. Injusticias de la vida (tanto en su caso como en el de Cary Grant, que se lo merecía igualmente).

Dos años después volvería a las pantallas por partida doble: acompañando de nuevo a Charles Boyer en “Arco de Triunfo” y como la heroína histórica “Juana de Arco” de Victor Fleming, que le reportó na nueva nominación al Oscar. En todo caso, no fue un año especialmente afortunado: “Arco de triunfo” apenas es recordada, y “Juana de Arco” peca del estilo ultraconservador de Fleming, en un film apologista católico y mojigato (propio de la época, es cierto), con una visión del personaje que no le pega a la Bergman, que no se encuentra cómoda en un personaje para el que está mayor y que está idealizado casi hasta la caricatura, muy poco creíble:

Por curioso que parezca,  su estancia en Hollywood estaba llegando a su final. Rodaría todavía un tercer y último título dirigida por Hitchcock, “Atormentada” (una de los pocos films de Hitchcock que transcurre en el siglo XIX, en Australia en concreto) acompañada por otro monstruo, Joseph Cotten. Pero ese mismo año, 1949, la visión de una película, “Roma, città aperta” de Roberto Rossellini, cambiaría su vida.

La actriz escribió al director italiano solicitándole trabajar con él… ¿y quién es el guapo que se iba a negar a trabajar con ella! Así que Ingrid abandonó Estados Unidos, dejando allí a su esposo Petter Lindström y a su hija Pia para pasar unos meses en Italia… bueno, esa era la teoría. Porque mientras rueda, en 1949, “Stromboli”, inicia una relación con Roberto, fruto de la cual nace en 1950 su hijo Roberto. Ingrid se divorcia de Petter y se casa con Roberto el 24 de mayo de 1950, tres meses después del nacimiento de su primer hijo. Y el escándalo fue mayúsculo. Estados Unidos y la propia Suecia la criticaron enormemente, Hollywood la rechazó, fruto de esa patética doble moral (ni que fuera la primera actriz – o actor – que ponía los cuernos a su marido/mujer o incluso se divorciaba sin que pasara nada… pero claro, Roberto era italiano), hasta el punto de declararla persona non grata en Estados Unidos. Mientras tanto filma otros 5 films con su marido y tienen dos hijas, las gemelas Isabella e Isotta, nacidas en 1952. Veamos una escena del primero, “Stromboli”:

En todo caso, el matrimonio no terminó bien, en buena medida fruto del fracaso comercial de los films que hicieron juntos, y terminaron divorciándose en 1957.

Ese mismo año rueda a las órdenes del gran director francés Jean Renoir “Elena y los hombres”:

Y vuelve finalmente al mercado angloparlante rodando en Inglaterra “Anastasia”, a las órdenes de Anatole Litvak y acompañada de Yul Brynner:

Pese a tener más edad de la aconsejable para interpretar a la princesa rusa, legendariamente superviviente al asesinato de toda la familia imperial, Ingrid volvió a cuajar una interpretación formidable que le sirvió para ganar su segundo Oscar en un país, Estados Unidos, en el que (casi) todos le habían rechazado. De hecho, el Oscar fue recogido por uno de los pocos amigos que siguió conservando en Hollywood, y quien quizá fuera de hecho su mejor pareja cinematográfica: Cary Grant:

Yul Brynner también ganaría ese año el Oscar a mejor actor, pero por el film “El rey y yo”, protagonizado por la gran perjudicada por la victoria de Ingrid, la igualmente enorme Deborah Kerr. La actriz inglesa nunca ganaría un Oscar, cosa que la academia intentó compensar con un premio honorífico que no estaba a la altura de su enorme talento.

Bueno, sigamos con Ingrid. Su primera reaparición pública en Estados Unidos fue en la entrega de los Oscars, presentando nada más y nada menos que el premio a la mejor película de 1958 (entregados en 1959, obviamente), presentada de nuevo por Cary Grant y acogida con un caluroso aplauso por la audiencia que le había perdonado su affaire con Rossellini:

De hecho, Ingrid se volvió a casar en 1958 con el productor sueco Lars Schmidt, del que se divorciaría en 1975.

En 1958 estrenó dos importantes films, que le valieron dos nominaciones a los globos de Oro, en distintas categorías: por un lado como actriz dramática en “El albergue de la sexta felicidad”, la última película que rodaría el gran actor británico Robert Donat:

Y, por el otro, una genial comedia del gran Stanley Donen, “Indiscreta”, la segunda y última vez que compartiría pantalla con Cary Grant. Especialmente recomendable su baile (y el de Cary Grant, también). Los años habrían pasado, pero ella seguía conservando una elegancia y una belleza al alcance de pocas. Y además demostró su gran talento para la comedia:

Por esos años comienza a trabajar también en televisión y a intensificar su trabajo en teatro (destacar que en 1956 interpretó la obra “Té y simpatía”, que protagonizaría en cine Deborah Kerr… sería interesante poder contrastar la interpretación de ambas). De ahí que sus apariciones cinematográficas se fueran espaciando. Pero aún tenía algunos importantes regalos que hacernos.

El primero fe en 1961, de nuevo dirigida por Anatole Litvak, el director que le dio su 2º Oscar. Basada en la novela “Aimez-vous Brahms?” de la escritora francesa Françoise Sagan, su papel en “No me digas adiós” le iba como un guante por edad y temperamento. La mujer emparejada en una relación abierta con un hombre de su edad (Yves Montand) que se enamora de un apasionado joven (Anthony Perkins), aunque al final lo rechaza por miedo a que este la abandone por su edad, para al final comprender que volver con su antiguo amante es el mayor error que podía cometer y que se ha quedado completamente sola. Su interpretación (especialmente en la escena en la que el joven sale huyendo de la casa de ella y ella grita desesperada desde la escalera, y la escena final) era digna de ganar todos los premios imaginables… pero fue ignorada por los premios (como lo fue también la impresionante y delicada interpretación de Anthony Perkins). Injusticias de la vida:

La música que acompaña al vídeo es precisamente el 3º movimiento de la 3ª sinfonía de Brahms, que puede escucharse durante la película.

En 1969 vuelve a la comedia con “Flor de cactus”, acompañada de Walter Matthau y una jovencísima Goldie Hawn. De nuevo lució su bis cómica en una película que merece la pena ver:

En 1975 participa en el film coral de Sidney Lumet “Asesinato en el Orient Express”, acompañada de gente como Albert Finney, Martin Balsam, Richard Widmark, John Gielgud, Anthony Perkins, Sean Connery, Michael York, Lauren Bacall, Wendy Hiller, Vanessa Redgrave… con semejante reparto, hacer un remake es un suicidio absoluto, y sino, que se lo pregunten a Kenneth Branagh:

Pero poco importan sus acompañantes, quién terminó llevándose el Oscar fue ella, en este caso a mejor secundaria. El pobre Albert Finney, nominado como actor protagonista, no compartió la misma suerte:

Y todavía tendría tiempo a una última nominación al Oscar, en este caso como mejor Actriz protagonista, por su última película, “Sonata de Otoño”, en la que trabajó bajo las órdenes del gran director sueco Ingmar Bergman (con quién, pese a compartir apellido, no tenía relación de parentesco):

Y siguió activa hasta el fin de su vida: de hecho, ganó su último globo de oro y un Emmy póstumo por su papel televisivo en “Una mujer llamada Golda”, donde interpretaba a la primera ministra israelí Golda Meir:

Ingrid levaba enferma de cáncer de mama desde 1975, y el rodaje de la miniserie supuso un enorme esfuerzo para su deteriorada salud, ya terminal. Murió pocos meses después en Londres. Su cuerpo fue incinerado y la mayor parte de sus cenizas arrojadas al mar en Suecia, en la zona donde ella veraneaba desde 1958. Una parte de las cenizas fue, en cambio enterrada junto a la tumba de sus padres en el cementerio norte de su ciudad natal, Estocolmo, lo que nos permite poder visitar su tumba:

Lo confieso, hablar de Ingrid Bergman me emociona (creo que es evidente después de la parrafada que he soltado). Tengo auténtica predilección por ella, nunca me ha decepcionado en ninguna de las películas en las que la he visto, aunque estas no siempre sean de la calidad esperable (Arco de triunfo, por ejemplo), y sin duda está en mi podio de actrices favoritas. Y si alguien se pregunta por qué, os recomiendo que volváis a ver el vídeo de “Casablanca” y escuchéis la dulzura con la que dice “Play it, Sam. Play “As time goes by”. Sí, el tiempo ha pasado, pero su memoria permanece en los corazones de quienes amamos el cine.