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Centenario del nacimiento de Birgit Nilsson (17-05-2018)


Con un repertorio reducido pero inteligentemente elegido, gracias a una voz enorme en volumen y extensión y a una técnica impecable, destacó en algunos de los más difíciles roles de soprano de todo el repertorio. En el centenario de su nacimiento recordamos a la gran soprano Birgit Nilsson.




Märta Birgit Nilsson nació en una granja de la localidad sueca de Västra Karup, en la provincia de Escania, a unos 100 Km de su capital, Malmo. Desde muy temprana edad demostró sus dotes musicales, siendo descubierta en el coro de la iglesia, cuyo director le aconsejó que recibiera clases de canto, algo que terminaría haciendo en la Real Academia de Música de Estocolmo, si bien ella se solía considerar autodidacta.

Su debut fue bastante tardío, en 1946, en Estocolmo, cuando apenas tiene tres días para prepararse el papel de Agathe en “Der Freischütz” de Weber en sustitución de la soprano titular. Cantará en Estocolmo en los siguientes años, en los que ampliará su repertorio en papeles dramáticos. Su salto internacional se produce en 1951 en el festival de Glindebourne, cantando la Elektra del “Idomeneo” mozartino. Debuta en Viena en 1953, en Bayreuth, donde será asidua, en 1954, mismo año en el que debuta en Munich, en el Met de Nueva York en 1959 y en la Scala de Milán en 1958, con un papel, el de Turandot, que acababa de debutar el año anterior en Estocolmo y que, según ella misma afirmaba, le hizo rica.

Comenzamos escuchando esa Elektra del “Idomeneo” de Glyndebourne, de la que escuchamos el aria “D’Oreste, d’Aiace”:

Su otro gran papel mozartino fue la Donna Anna de”Don Giovanni“, del que escuchamos aquí la difícil aria “Non mi dir”, en la que luce una voz flexible, potente pero al mismo tiempo delicada, así como una insólita capacidad para las coloraturas en una voz de su tamaño:

Esa capacidad para el canto dramático de agilidad le permitió sobresalir en un papel tan terrorífico como la Lady Macbeth del “Macbeth” verdiano, del que escuchamos su primera aria:

Y, aunque hasta donde sé, nunca cantó en vivo la Abigaile de “Nabucco“, sí grabó el aria “Anch’io dischiuso un giorno”, de forma absolutamente impecable:

Su repertorio verdiano no fue muy extenso. Podemos escuchar, por ejemplo, su Leonora de “La forza del destino”, pletórica de medios (esos pianísimos en el agudo tan difíciles), aunque siempre falta de ese calor mediterráneo que se espera de las voces que interpreten estos papeles:

Cantó también la Amelia de “Un ballo in maschera”, que además grabó en estudio dirigida por Georg Solti y junto al tenor Carlo Bergonzi, con quien canta este dúo del segundo acto, “Teco io sto”:

Su otro gran papel verdiano fue la protagonista de “Aida”, de la que escuchamos aquí su primera aria, “Ritorna vincitor”:

Y también cantaba el Requiem de Verdi, del que escuchamos el “Libera me Domine”:

Su registro vocal era tan grande, que se permitió el lujo de grabar en estudio el aria de la princesa de Eboli de “Don Carlo“, papel escrito para mezzo-soprano:

Su flexibilidad vocal llegaba hasta el punto de que se permitía el lujo de incluir en recitales arias de papeles a priori poco aptos para su voz, como este “O mio babbino caro” del “Gianni Schicchi” de Puccini, con unos pianísimos que ya quisieran sopranos más líricas:

Pero Birgit Nilsson no frecuentó el repertorio italiano, para el que siempre se le acusó de esa falta de italianidad, de color italiano en su voz. Buena prueba de ello es su fallida Minnie en “La fanciulla del West”, que grabó en estudio sustituyendo a la prevista Maria Callas, y de la que escuchamos el final del primer acto:

Su voz es perfecta, e incluso interpretativamente no está mal, pero le falta algo, ese algo que tenía, por ejemplo, una voz menos dotada pero más italiana como Renata Tebaldi. La frase final, “O un viso d’angelo”, es una buena muestra para comparar a ambas.

Y, pese a todo, frecuentó bastante el papel de “Tosca”, perfecto para su voz (como lo hubiera sido, por ejemplo, el de Gioconda de Ponchielli, que no cantó por desgracia). Sabe sacar partido a los momentos más dramáticos, pero también a los de expansión lírica, con un legato perfecto, como demuestra en este “Vissi d’arte”:

Pero si hay un papel italiano con el que alcanzó la cima de su arte, ese fue el de la terrible “Turandot”. Siendo un papel breve pero terrorífico vocalmente, la Nilsson lucía una interpretación hierática, muy sueca (casi recordaría a Greta Garbo por momentos), y, sobrada de medios, atacaba esos terribles agudos de su aria de entrada con una perfección insultante, perfectos, precisos:

Esos piques sanos con Franco Corelli, que era su Calaf habitual, por ver quién superaba al otro, regalaron al público noches inolvidables. Su interpretación de la princesa china sigue a día de hoy insuperada.

Pero el repertorio en el que más brilló Birgit Nilsson fue el alemán, donde los papeles de soprano dramática son más frecuentes. Un ejemplo de ello es su Leonore del “Fidelio” de Beethoven:

O sus dos papeles weberianos. Primero, la Agathe de “Der Freischütz”, que ya hemos mencionado que fue el papel con el que debutó:

Y el otro, la Rezia de la mucho menos conocida “Oberon”:

Birgit Nilsson dio lo mejor de sí en óperas de los dos Richards. El primero que vamos a ver es Richard Strauss. Nilsson tenía la capacidad vocal que requieren algunos de sus papeles más terroríficos, como esa “Salome” que sigue estando entre las mejores de la historia:

Su enorme potencia vocal le permite hacerse oír ante una orquesta de dimensiones espectaculares.

Y se superó si cabe con la aún más terrible “Elektra”, más adecuada si cabe a sus enormes medios:

Y cantaba así con 64 años nada menos…

Birgit Nilsson destacó como protagonista de “Der Rosenkavalier” y de “Ariadna auf Naxos”, pero de nuevo encontró un mejor vehículo de lucimiento, aunque en la etapa final de su carrera, como la esposa del tintorero en “Die Frau ohne Schatten”:

Y pasamos al otro Richard, Wagner, del que cantó la mayoría de sus papeles para soprano. Comenzamos con la impecable balada de Senta de “Der fliegende Höllander”:

De “Tannhäuser” cantó tanto la Venus (en principio, otro papel para mezzo) como la Elisabeth, de la que escuchamos el aria “Dich Teure Halle”, rematada por un impecable Reb sobreagudo:

Birgit Nilsson también cantó la Elsa de “Lohengrin”, llegando a cantarla junto a la Ortrud de Astrid Varnay, quien fuera la anterior reina wagneriana por antonomasia:

Escuchamos también su Eva de “Die Meistersinger von Nürnberg”:

Y cantó también la Sieglinde de “Die Walküre”:

Pero hay dos papeles wagnerianos en los que sobresale por encima de los demás, papeles por los que muchos la consideraron la heredera de Kirsten Fñagstad, pese a que su forma de cantar fuera muy distinta. El primero, con el que conquistó Bayreuth, fue la Isolde de “Tristan und Isolde”, papel extenuante y vocalmente muy exigente, pero para el que decía que lo único que necesitaba eran unos zapatos cómodos para aguantar la larga duración de la ópera. Su muerte por amor, “Mild und leisse”, es poco menos que mítica, con ese extenso legato y el pianísimo final que es pura magia:

Con ese final enamora hasta al más antiwagneriano del planeta.

Y el otro papel es el más terrorífico de todos, la Walkiria Brunhilde, de tres de las cuatro óperas de la tetralogía. Escuchamos primero su grito de guerra de “Die Walkure”:

Seguimos con el final de “Siegfried”, en el que le acompaña el mejor tenor wagneriano del momento, el único capaz de brillar a la misma altura que ella, Wolfgang Windgassen (que fue además su Tristan habitual en Bayreuth):

Y terminamos con “Gotterdamerung”, en unas imágenes de la grabación de la mítica tetralogía que dirigió Georg Solti para el sello discográfico DECCA, en las que el director húngaro prescinde de muchas de las viejas glorias que seguían cantando en Bayreuth para contar con cantantes más jóvenes; Birgit Nilsson se ve así beneficiada frente a Astrid Varnay, la anterior Brunhilde por antonomasia. Solti no se equivocaba, y he aquí la prueba:

Le escuchamos ahora en algo de repertorio concertístico, y comenzamos por el aria “Ah, perfido” de Beethoven:

Le escuchamos a continuación cantando tres Lieder de Franz Schubert, destacando el tercero, “An die Musik”:

Fue una destacada intérprete de los “Wesendonck Lieder” de Wagner:

Y también de los 4 últimos Lieder de Richard Strauss:

Le escuchamos a continuación un Lied de Jean Sibelius, “Svarta Rosor”:

No podía faltar alguna canción tradicional sueca:

Y  no puedo evitar terminar sin poner una curiosidad, que cantó en algún recital, el “I could have dance” del musical “My fair Lady”, divertidísimo:

Tras publicar una autobiografía en 1977, Birgit Nilsson se retiró a su granja natal en 1984, acompañada de su marido, Bertil Niklasson, con quien llevaba casada desde 1948. Nunca tuvieron hijos. Siguió concediendo entrevistas y presidiendo jurados de concursos de canto años después de su retirada. Finalmente, por causas desconocidas, murió el 25 de diciembre de 2005, a los 87 años. Fue enterrada en el cementerio de su pueblo natal:

Birgit Nilsson fue un verdadero fenómeno de la naturaleza. Una voz de gran extensión y enorme potencia, pero que ella sabía modular a placer, con una técnica impecable, le permitieron hacerse famosa (y rica) cantando algunos de los papeles más temidos del repertorio de soprano. Aún hoy sigue siendo recordada por sus impresionantes interpretaciones de Turandot, Elektra, Salome, Isolde y Brunhilde.



Crónica: Bamberger Symphoniker en Kursaal (09-11-2017)


Kursaal eszena nos traía el otro día a la prestigiosa Bamberger Symphoniker con un programa atractivo por incluir obras de dos compositores por desgracia poco habituales por estos lares, Jean Sibelius y Bedrich Smetana, aunque del primero se ofreciera su obra más popular por aquí, el concierto de violín (que creo que con esta es la tercera vez que veo en vivo, sin haber tenido en cambio ocasión de ver la mayoría de sus sinfonías).




Antes de pasar a comentar el concierto, dejo un enlace del programa del concierto.

Para el concierto de Sibelius contaban como solista con la veterana Viktoria Mullova. La violinista de origen ruso lució un sonido potente y absoluta solvencia técnica en los pasajes más virtuosos, pero su visión de la obra fue más dramática que lírica, y ahí pesaba en su contra el recuerdo de aquella mágica interpretación que hace unos años escuchamos a Sergey Khatchatryan en el mismo escenario, delicada y lírica, simplemente maravillosa. Mullova, por el contrario, demostraba que probablemente en otros repertorios habría podido lucirse mucho más (pienso en los conciertos de Brahms o Tchaikovsky, por ejemplo), siendo el tercer movimiento el más logrado de la obra. No es desde luego un problema de la violinista, que estuvo impecable en su ejecución, sino en un diferente concepto, una diferente visión de la obra.

La Bamberger Symphoniker cobró quizá un protagonismo excesivo bajo la batuta de Jakub Hrusa, que impuso unos tempi bastante lentos y que dio rienda suelta al volumen orquestal, que por momentos, en el tercer acto, llegaba a resultar excesivo para una obra tan intimista como esta. De nuevo, para mí el problema está en el concepto de la obra.

Tras una propina de Mullova (pieza que desconozco) y el intermedio de rigor, la Bamberger Symphoniker interpretó las 4 primeras piezas de Má vlast (o “Mi patria”) del checo Bedrich Smetana. Se trata de cuatro obras de cuidada orquestación, de gran lucimiento, más impactantes que intimistas, pero siempre de gran belleza melódica. Y aquí, de nuevo con unos tempi más bien lentos (al menos comparados con los que empleaba Kubelik, la máxima referencia en la dirección de obras de compositores checos), Hrusa sacó el máximo rendimiento de la orquesta, con unas cuerdas magníficas, unas maderas que sonaban a gloria, unos metales afinados y dos arpas situadas una a cada lado de la orquestas para envolverla con su sonido, protagonista en el comienzo de la primera pieza, “El alto castillo”. La pieza más conocida, la segunda, el “Moldava”, fue magníficamente interpretada, pero es que en general las cuatro nos permitieron disfrutar de un gran nivel orquestal (que mereció los aplausos del público, recompensados con dos propinas; juraría que la segunda era una danza húngara de Brahms, mientras la primera, aunque me resultaba familiar, no pude identificarla).

El problema de estas piezas es que nos resultan totalmente ajenas. Las historias que cuentan o los paisajes que describen pueden resultar familiares para los checos, pero no para nosotros. Sí, escuchar ese Moldava te transporta inmediatamente a Praga, a Cesky Krumlov o a Melnik, pero ¿qué hay del resto? ¿Cómo vamos a saber que ese Alto castillo es Visehrad si no se nos menciona en el programa? ¿Quién es Sarka, además de la protagonista de la ópera más conocida de Fibich, igual de desconocida aquí? Yo personalmente hubiera agradecido acompañar las interpretaciones con imágenes de los lugares o las historias que describen estas piezas de claro carácter programático que desconocemos, para así poder entenderlas mejor.

En todo caso, fue un concierto muy disfrutable por la gran labor de la Bamberger Symphoniker y de Viktoria Mullova, que nos permitía ampliar nuestros horizontes musicales hacia territorios poco frecuentados como el nórdico o el checo (exceptuando a Dvorak). Uno de esos conciertos que un donostiarra no debería perderse.



In Memoriam: Georges Prêtre (04-01-2017)


Su rostro se nos hizo familiar sobre todo a partir de aquel Concierto de Año Nuevo que dirigió en 2008 (y que volvería a dirigir en 2010), batiendo el récord de se el director con más edad en dirigir el concierto (batiendo en la segunda ocasión su propio récord); dejaba la imagen de un abuelo risueño y amable, con una vitalidad que ya quisiéramos quienes tenemos un tercio de su edad. Pero hace pocos días nos dejaba, a los 92, el Director de Orquesta Georges Prêtre.




Georges Prêtre nació el 14 de agosto de 1924 en la localidad de Waziers, al norte de Francia. Descubierta su pasión por la música hacia los 7 años, estudia piano en el conservatorio de Douai, ciudad próxima a su localidad natal, para trasladarse con posterioridad a París, en cuyo conservatorio estudiará trompeta, además de armonía con Maurice Duruflé. También Olivier Messiaen estará entre sus profesores. Descubierta tardía mente su pasión por la dirección de orquesta, será el insigne director francés André Cluytens quien le enseñe en este campo.

Casado brevemente en 1947 con la mezzo-soprano Suzanne Lefort, de quien se divorcia en 1949, se casa por segunda vez con Gina Marny en 1950, con quien tiene dos hijos, Isabelle y Jean-Reynald (la muerte de éste en 2012 afectará seriamente al ya anciano director).

Si bien su carrera comienza en Francia, debutando en Marsella en 1946, buena parte de su carrera va a transcurrir fuera de su país, en Londres, Viena, Milán… convirtiéndose en un prestigioso director de ópera y música sinfónica, destacando por supuesto la música francesa, gracias a su estilo preciso, elegante y ligero. De hecho, será uno de los directores preferidos del compositor Francis Poulenc o de la soprano Maria Callas en la última etapa de su carrera.

De hecho, comenzamos con un recital en el que dirigió a la diva greco-americana en 1962 en Hamburgo. Las cámaras no le enfocan a él, pendientes siempre de la crepuscular diva, que canta aquí, perfectamente acompañada por Prêtre, el aria “Pleurez, mes yeux” de la ópera “Le Cid” de Jules Massenet:

Jules Massenet fue precisamente uno de los compositores operísticos en los que más destacó Georges Prêtre. De hecho, su grabación en estudio de “Werther” en 1969 con Nicolai Gedda y Victoria de los Ángeles es una de las mejores grabaciones de esta ópera, en especial con ese bellísimo dúo del segundo acto, precedido de ese intermezzo orquestal “claro de luna” que bajo la batuta de Prêtre suena más mágico que nunca:

Acompaña también al gran Nicolai Gedda en este aria de “Manon”, “Ah, fuyez, douce image”:

Y le escuchamos también acompañar a Régine Crespin en el aria “Il est doux, il est bon” de “Hérodiade”:

Llegó a dirigir óperas menos conocidas de Massenet, como por ejemplo “Don Quichotte”.

De Charles Gounod le vemos dirigiendo la obertura de “Mireille” en el recital de la Callas en Hamburgo de 1962 que ya mencionamos antes:

Y le tenemos aquí dirigiendo el final de “Faust” junto a Alfredo Kraus, Mirella Freni y Nicolai Ghiaurov:

Pasando a Georges Bizet, ya hemos mencionado que Georges Prêtre fue uno de los directores favoritos de Maria Callas, a quien dirigió en su grabación en estudio de “Carmen” junto a Nicolai Gedda (Callas nunca cantó esta ópera en directo), de la que escuchamos la canción gitana “Les tringles des sistres tintaient” con el breve preludio orquestal previo, que nos permite observar mejor la labor de Prêtre al frente de la orquesta:

Georges Prêtre dirigió también la maravillosa pero menos conocida “Les pêcheurs des perles”, de la que escuchamos aquí el dúo de amor del segundo acto con Alain Vanzo e Ileana Cotrubas:

Y dirigió la todavía menos habitual (una rareza realmente) “La jolie fille de Perth”, de la que escuchamos aquí el aria “Vive l’hiver” cantada por June Anderson:

Georges Prêtre fue asiduo en los estudios de grabación para registrar en estudio óperas poco frecuentes, como la ya mencionada “La jolie fille de Perth”, o como la “Louise” de Gustave Charpentier que grabó con Plácido Domingo e Ileana Cotrubas, a la que escuchamos aquí en la página más famosa de la ópera, la deliciosa aria “Depuis le jour”:

Y si hablamos de óperas infrecuentes, le tenemos dirigiendo en 1983 la “Mignon” de Ambroise Thomas, de la que escuchamos el aria “Connais tu le pays” en la voz de Lucia Valentini Terrani:

Camille Saint-Saëns fue también un director que Georges Prêtre frecuentó mucho (hablaremos más adelante de sus grabaciones de la obra sinfónica de este compositor), siendo frecuente en su repertorio la ópera “Samson et Dalila”, de la que escuchamos a continuación la Bacanal:

 Vamos ahora con Jacques Offembach, del que Georges Prêtre dirigió la ópera “Les contes d’Hoffmann”, de la que escuchamos aquí el trío del tercer acto:

Hector Berlioz fue otro compositor fundamental en la carrera de Georges Prêtre, que dirigió algunas de sus óperas, como “Les Troyens”, de la que escuchamos a Régine Crespin cantar el aria “Chers Tyriens”:

También dirigió “La damnation de Faust” completa, aunque lo que vamos a escuchar es la famosa marcha húngara en un concierto en Viena, para apreciar su estilo fluido y su sonoridad más bien liviana:

Georges Prêtre fue un gran intérprete de la música francesa de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, lo que incluye la música de Claude Debussy, del que vamos a escuchar ahora un fragmento de su “Pelléas et Mélisande”:

Georges Prêtre dirigió también la inacabada ópera de Debussy “La chute de la maison Usher”, basada en la obra de Edgar Allan Poe. Escuchamos la obra completa:

Pero, por encima de todo, Georges Prêtre fue un destacado intérprete de la obra de Francis Poulenc, de quien de hecho estrenará en 1959 la ópera “La voix humaine” con la soprano Denise Duval, con la que escuchamos aquí el comienzo de la ópera:

Dejando el repertorio operístico francés para trasladarnos al italiano, comenzamos con Gioacchino Rossini, de quien dirigió la ópera “Moïse et Pharaon”, de la que escuchamos aquí la plegaria que canta Samuel Ramey:

Georges Prêtre dirigió a Maria Callas en muchas de sus últimas funciones, como la “Norma” de Vincenzo Bellini de 1965, de la que escuchamos el dúo “Oh rimembranza” junto a Giulietta Simionato:

De Gaetano Donizetti Georges Prêtre grabó una casi mítica versión de “Lucia di Lammermoor” con Carlo Bergonzi y Anna Moffo, a quien escuchamos en la escena de locura:

De Giuseppe Verdi tenemos esa “La Traviata” con Montserrat Caballé y Carlo Bergonzi, de la que escuchamos el famoso brindis:

Y tenemos también un “Macbeth” en vivo de 1984 del que escuchamos el aria del protagonista, “Pietà, rispeto, amore” cantada por Renato Bruson. El acompañamiento orquestal es impecable:

Y ya de paso vamos a verle dirigir el famoso coro “Va pensiero” de Nabucco en un concierto en Venecia:

Magnífica versión, con un ritmo curiosamente lento para lo que cabría esperar de Prêtre, que suele ser más ligero pero sin perder nunca un ápice del melodismo de las obras que dirigía. Podemos comprobarlo en este Intermezzo de “Cavalleria rusticana” de Pietro Mascagni:

No es especialmente lento (y más si lo comparamos con lo que hizo Maazel en Valencia, por ejemplo), pero su sutil juego de dinámicas, los colores orquestales, le aportan a su interpretación una enorme belleza:

El resultado es simplemente mágico.

De Giacomo Puccini dirigió óperas como “La Boheme” o “Turandot”, pero si por algo es recordado es por la “Tosca” junto a Maria Callas y Carlo Bergonzi de 1965. Ella está vocalmente acabada, pero dramáticamente está mejor que nunca, y el acompañamiento orquestal de Prêtre contribuye al su trabajo, como comprobamos en el “Vissi d’arte”:

Y ya de paso escuchamos el “E luceban le stelle” que canta Bergonzi, que merece la pena:

De Richard Wagner no fue un intérprete frecuente, pero tenemos en concierto algunas de sus piezas orquestales, como estos fragmentos de “Götterdämmerung”. Atención a la exquisita delicadeza del final (minuto 18:20 más o menos):

Y dirigió a Régine Crespin en arias de Wagner y los Wesendonck-Lieder, del que escuchamos mi favorito, el 4º, “Schmerzen”:

También fue un destacado intérprete de óperas de Richard Strauss, del que escuchamos el trío final de “Der Rosenkavalier”:

Y por encima de todo fue un destacado intérprete de la última ópera de Strauss, “Capriccio”, que dirigió en varias ocasiones, escuchando en este caso el Flamand de Gregory Kunde:

Y le tenemos también dirigiendo los 4 últimos lieder con Margaret Price:

Pasamos ahora al trabajo sinfónico de Georges Prêtre. En su repertorio figuraban algunos de los grandes nombres del sinfonismo germano, así como compositores italianos, rusos o escandinavos. Escuchamos primero su Beethoven, más ligero y quizá menos dramático de lo habitual, como podemos apreciar en esta magnífica versión de su 7ª sinfonía:

Y escuchamos ahora una gran versión de la 9ª sinfonía:

Johannes Brahms fue otro compositor frecuente en sus conciertos. Lo comprobamos con esta 1ª sinfonía, de tempos moderados y gran lirismo:

Magnífica es igualmente su versión del “Eine Deutsches Requiem”, con esta versión junto a Soile Isokoski y Albert Dohmen:

Y sus versiones de las danzas húngaras son realmente fantásticas, con sus juegos de matices, sus rubatos y pausas, sus cambios de tempo y dinámica… extrayendo todo el jugo a estas piezas en apariencia sencillas pero que en manos de un gran director, como es el caso, brillan especialmente:

Anton Bruckner, aunque a priori parezca un compositor alejado de la sonoridad de Prêtre, fue también frecuente en su repertorio. Como prueba escuchamos esta 8ª sinfonía:

También dirigió algunas obras de Mahler, siendo sus interpretaciones de nuevo más ligeras y menos dramáticas de lo habitual (aunque con una precisión milimétrica a la hora de controlar las sonoridades y los colores orquestales, siempre de gran riqueza en sus interpretaciones, lo que se percibe más si cabe en un compositor con las dotes de orquestador que tenía Mahler). Quizá por eso las obras que dirigía no eran las más dramáticas del compositor. Escuchamos primero su 1ª sinfonía:

Y vamos ahora con la 5ª, con un bellísimo adiagietto de gran lirismo y un 5º movimiento impecable en los momentos más complicados de la obra:

No sólo fue un gran defensor de la obra operística de Richard Strauss, también lo fue de su obra sinfónica, de la que grabó buena parte. Destacamos por supuesto su versión de la Sinfonía Alpina:

Pero también grabó algunos de sus poemas sinfónicos, como “Así habló Zaratustra”, “Till Eulenspiegel” o esta “Una vida de héroe”:

Tenemos también grabación de una obra de Jean Sibelius, en concreto una magnífica versión de la 5ª sinfonía, sutil y al mismo tiempo dramática:

Georges Prêtre dirigió también obras sinfónicas italianas, como los Pinos de Roma de Ottorino Respighi, de los que escuchamos la 4º y última parte en una interpretación brillante y enérgica:

 Del repertorio ruso le vamos a escuchar dirigir el 3º concierto para piano de Rachmaninov con el pianista Alexis Weissenberg:

Y le escuchamos también “El pájaro de fuego” de Igor Stravinsky:

Pero sin en algo destacó Georges Prêtre como director sinfónico fue en el repertorio francés, del que fue un gran divulgador. Y ahí por supuesto entra la música de Hector Berlioz, del que escuchamos la Sinfonía fantástica:

Y también tenemos a Prêtre dirigiendo el poco frecuente Te Deum, obra de enormes magnitudes sinfónico-corales:

De Georges Bizet tenemos también su versión de las dos suites de “L’arlésienne”, de las que escuchamos el famoso intermezzo de la segunda suite:

De Camille Saint-Saëns, uno de los más infravalorados compositores franceses, Georges Prêtre dirigió varias obras, como este Carnaval de los animales:

La 1ª sinfonía de Saint-Saëns es una obra poco conocida, ligera, sutil, perfecta para el estilo de Prêtre, que nos deja así una versión simplemente referencial:

Y de la mucho más conocida 3ª sinfonía tenemos una gran versión en la que dirige a quien fuera su profesor, Maurice Duruflé, al órgano:

Pasamos a Gabriel Fauré, de quien Georges Prêtre dirigió su bellísimo Requiem:

Vamos a verle ahora dirigir una de las obras más populares de la música francesa, el Bolero de Maurice Ravel, tan sutil Prêtre en el gesto como lo es Ravel con la orquestación:

Otro compositor frecuente en su repertorio fue Claude Debussy, de quien escuchamos su “Prélude à l’apres-midi d’un faune”:

La música impresionista se adapta perfectamente al estilo de Prêtre, como podemos comprobar en otra obra de Debussy, los Nocturnos:

Y ya hemos mencionado que Georges Prêtre fue el director favorito de Francis Poulenc, del que dirigió numerosas obras. Vamos a escuchar aquí su Stabat Mater:

Y también el Concierto para órgano, en el que el organista es de nuevo Duruflé:

Pero para muchos, entre los que me encuentro, Georges Prêtre se hizo una cara conocida gracias a los dos Conciertos de Año Nuevo que dirigió en Viena, en 2008 y 2010. Escuchamos la obertura de “Die Fledermaus” de 2010:

No podía faltar su versión del “Danubio azul”, de nuevo de 2010:

Fueron dos conciertos memorables, gracias al exquisito dominio del rubato que demostró, y que tan bien se aprecia al comienzo del tema principal de este Danubio azul. Y fueron dos conciertos en los que se ganó al público con una energía sorprendente y una simpatía que lo convertían en un personaje entrañable. Imagen que destaca más si cabe en la seguida Marcha Radetzky:

En activo hasta fechas recientes, Georges Prêtre nos dejaba el pasado 4 de enero a los 92 años. Con una carrera en la que se adentró en terrenos poco conocidos, Prêtre es un director al que hacemos bien en recordar, porque la música, y en particular el repertorio francés, le deben mucho.



150 aniversario de Jean Sibelius (08-12-2015)


Un día como hoy hace 150 años nació el compositor nacional finlandés por excelencia: Jean Sibelius. El 8 de diciembre de 1865 nacía uno de los miembros de la triada de compositores escandinavos por excelencia, junto con Grieg y Carl Nielssen siempre ignoramos otras grandes figuras del nacionalismo romántico escandinavo como Niels Gade, Franz Berwald, Kurt Atterberg, Louis Glass o Hugo Alfvén, pero bueno…




Confieso que fue un compositor al que llegué tarde, en parte porque no había oído apenas su nombre, y porque tiempo después me dijeron que era un compositor “difícil”. A lo sumo, que probara con la 1ª o la 2ª sinfonía. Finalmente me animé a escuchar la primera (versión dirigida por Leonard Bernstein, claro)… y me encantó. Así que ya fui a lo loco, y pasé a la grabación que el propio Bernstein hizo de las sinfonías 5ª y 7ª. Y mi pasión por Sibelius ya se hizo incondicional.

Hasta la fecha sólo he podido disfrutar dos veces en vivo de música de Sibelius. La primera fue cuando el también finlandés Leif Segerstam interpretó la 6ª sinfonía (que es una de las que menos me gustan, por desgracia) y un espectacular Finlandia, al que siguieron como propinas el Vals triste y el final de la Sute Karelia, que dejó al público del Kursaal en pie. Y la segunda fue un concierto de violín que interpretó de forma deliciosa el violinista armenio Serguey Katchatryan, de nuevo una experiencia inolvidable.

Vamos a continuación a repasar la vida y obra de este absoluto genio de la música. Intentar escuchar todos los vídeos de un tirón va a ser imposible, son horas de música. Id poco a poco, y veréis cómo merece la pena.

Jean Sibelius (llamado en realidad Johan, aunque usará la versión francesa del nombre, Jean, por la que le conocemos todos) nació en Hämeenlinna, ciudad finlandesa que estaba, como el resto del país, bajo el control ruso. Su familia era de habla sueca, pero le enviaron a estudiar a una escuela de habla finlandesa, lo que será el germen de su nacionalismo finlandés, tan obvio en su música, pero también en su ideología política.

Aunque comenzó a estudiar derecho, terminó decantándose por la música, yendo a estudiar a Berlín y Viena. Como la mayoría de compositores de la época, se siente atraído por la ópera de Wagner, e irá a Bayreuth a ver Parsifal, que le afectará profundamente. Su idea es la de ser un compositor de ópera, y comenzará la composición de una, pero poco después la abandonó, rechazando la idea del leitmotiv wagneriano. El material ya compuesto para esta ópera será aprovechado en una de sus primeras obras, la suite Lemminkäinen.

Poco después de su retorno a Finlandia, se casa, el 10 de junio de 1892, con Aino Järnefelt, y pasará el resto de su vida en la casa que adquirirán, Ainola, en Järvenpää, cerca de Helsinki, que actualmente es un museo dedicado al compositor. La pareja tuvo 6 hijos y estuvo unida hasta la muerte de él.

Ese mismo año estrena una de sus primeras obras, la sinfonía coral Kullervo, compuesta años atrás, con soprano y barítono solistas además del coro, basada en el personaje Kullervo de la Kalevala, una recopilación de narraciones populares finlandesas a la que Sibelius recurrirá en más ocasiones. La sinfonía, de grandes dimensiones (dura más de una hora), pese a su exitoso estreno, fue retirada por Sibelius, y no se volvió a representar hasta su muerte. Dejo aquí la versión dirigida por el también finés Esa Pekka Salonen:

Tras el estreno de Kullervo, el director de orquesta Robert Kajanus le anima a componer una obra estrictamente orquestal, y así surge el poema sinfónico “En saga” (título en sueco, que significa “una saga”, aunque no especifique en qué obra se inspira para ello. En todo caso, Jean Sibelius afirmó que le influyeron más las Eddas islandesas que el Kalavala finés, pero que en realidad la obra era más una expresión de su estado de ánimo en aquel momento). El estreno tuvo lugar el 16 de febrero de 1893 en Helsinki, aunque el propio compositor realizará arreglos posteriores. Escuchemos la versión dirigida por el gran Wilhelm Furtwängler:

Ese mismo 1893, Sibelius recibe un encargo de una asociación de estudiantes, y compone una obra más o menos extensa, Karelia, en referencia a la actual región rusa fronteriza con Finlandia y con muchas similitudes culturales con el país (incluyendo el hecho de que el idioma Karelio sea Fino-Urálico, como el Finlandés). Ese mismo año, Sibelius selecciona algunos de los fragmentos para formar la que conocemos como Suite Karelia. Os invito a escucharla, dirigida por Vladimir Ashkenazy; sus 17 minutos merecen la pena, aunque destaque siempre la última parte, Alla Marcia:

Notamos ya en esta obra (y en las anteriores, todo sea dicho) algunas características propias del lenguaje musical de Jean Sibelius, como la referencia a melodías populares de su región y el exquisito uso de los instrumentos de viento-madrea. Esto va a ser más notable si cabe en una de sus siguientes obras, la suite Lemminkäinen, basada de nuevo en el Kalevala. De las 4 partes que la forman destaca la 3ª, “El cisne de Tuonela”. Pongo aquí la suite completa, dirigida por Paavo Järvi; si queréis ir directamente al cisne, id al minuto 17:07:

Delicioso el uso del corno inglés…

En 1895 estrena otro poema sinfónico, “La ninfa del bosque”, de nuevo deliciosamente orquestado:

Jean Sibelius sigue componiendo, pero su siguiente obra importante nos llega en 1899: Finlandia. Una de sus obras maestras. Comienza con un marcado ambiente opresivo (símbolo de la ocupación rusa) para conducirnos a un canto a la libertad. Hay versión con coro y versión sólo orquestal. Aunque yo prefiero la orquestal, dejo esta espectacular versión con coro que dirige Leif Segerstam (la obra no llega a durar 10 minutos, aunque el vídeo se alarga un poco más):

Da igual cómo estés, ese final es de subidón total.

Bueno, por fin Jean Sibelius se nos decide a comenzar a componer una obra de gran entidad; en 1898 comenzará a componer la que será su sinfonía nº 1. En ella ya vamos a ver claramente sus principales características musicales. Es notable la influencia de Tchaikovsky, otro compositor nacionalista, aunque ruso en este caso. Sibelius, contemporáneo de Mahler, tiene un estilo muy distinto: mientras que en Mahler abundan los contrastes más brutales, en Sibelius la música fluye, brota, se desarrolla de forma continua, en un sistema que se suele denominar “celular”, pero sin con ello eliminar intensidad dramática, ya que sus sinfonías son obras enormemente emotivas (desde el primer momento en que lo escuché, ese primer movimiento me tiene atrapado, es simplemente maravilloso). Y su forma de tratar la orquesta es también distinta a la de Mahler, más sutil y con ese protagonismo de las maderas que ya mencionamos antes. Cuelgo aquí la magnífica versión que dirige Leonard Bernstein, para mí absoluto referente en las sinfonías de Sibelius que grabó (1ª, 2ª, 5ª y 7ª). Disfrutadla:

Parece que Jean Sibelius le cogió el gusto a las sinfonías, porque en 1901 comienza la composición de su sinfonía nº 2, que estrenará en 1902. De esta, la más larga de sus 7 sinfonías por cierto, destaca por encima del resto el 4º y último movimiento, de gran intensidad, en el que muchos finlandeses quisieron ver un canto a la independencia del país. Al margen de si es así o no, lo cierto es que es otra de esas obras que hay que escuchar. Y, de nuevo, de la mano de Bernstein:

Obra maestra tras obra maestra: a esta segunda sinfonía le sigue la única incursión de Sibelius en el campo concertante: el concierto de violín. Estrenado en 1903, dirigido por el propio Sibelius, fue un desastre por culpa del violinista, así que Sibelius lo revisionó, y la nueva versión fue dirigida nada menos que por Richard Strauss, y es desde entonces una obra muy destacada en el repertorio para violín. La exquisita belleza melódica hace de esta obra una maravilla absoluta. Dejo aquí una versión interpretada por Serguei Katchatryan, el violinista al que se lo escuché en vivo, y la dirige Tugan Sokhiev, un director al que siempre que he visto en vivo me ha encantado y por el que tengo una gran predilección. El vídeo comienza con una entrevista, pasad de ella e ir directos al grano:

Pero el talento de Sibelius no se agota, y en 1904 aprovecha material de una obra anterior para reelaborar una de sus páginas más célebres, y también más bellas: el Valse triste. En estreno el 25 de abril de 1904 en Helsinki fue un absoluto éxito, y cualquiera que conozca la obra no tendrá dudas de por qué. 6 minutos de duración para esta joya que podéis escuchar en este vídeo, dirigido por Rafael Frühbeck de Burgos:

En 1905 Sibelius compone música escénica para “Pelleas et Melisande”, que constará de 10 piezas, pero que posteriormente adaptará en una suite de 9 piezas:

En 1906 vuelve a la Kalevala para componer el poema sinfónico Pohjolan tytär (la hija de Pohjola), en la que de nuevo se perciben esas melodías locales que de alguna forma nos recuerdan lo que hacía Dvorak con las melodías tradicionales checas: y es que Sibelius sigue inscrito en el movimiento romántico nacionalista, alejado de los estilos más modernos que irán apareciendo por esas fechas. Vamos a escuchar este bello poema sinfónico de la mano, de nuevo, de Leif Segerstam:

El 25 de septiembre de 1907 estrena en Helsinki su 3ª sinfonía, en la que ya se aleja del estilo más grandioso de sus primeras sinfonías hacia un estilo más austero que caracterizará sus siguientes sinfonías. Vamos a escucharla dirigida por Esa Pekka Salonen:

Sin abandonar el campo de la música sinfónica, bien sea en forma de música escénica o de poemas sinfónicos, en 1909 Sibelius compone la que quizá sea su obra no sinfónica más relevante: el cuarteto de cuerda “Voces intimae”. Bien merece una escucha:

En 1911 se enfrenta a una operación de cáncer de garganta que le afecta profundamente. Verse tan próximo a la muerte hace que la cuarta sinfonía que compone por esas fechas sea mucho más dramática y sombría. Como es de las que menos me gustan, no voy a ponerla.

En 1915 Sibelius cumplía 50 años, y el gobierno, que había declarado su cumpleaños fiesta nacional, le encarga componer una nueva sinfonía, la 5ª (en mi opinión una de sus obras maestras). En ella, Sibelius se despega del modelo “sonata” para unir los 2 primeros movimientos sin pausa entre ellos. Pero si algo destaca es su magistral último movimiento, en el que dijo evocar el canto de los cisnes (la influencia de la naturaleza es cada vez más evidente en su obra). Su gran dramatismo culmina con uno de sus más inspirados hallazgos: esa coda de 6 acordes separados por silencios, simplemente sublime. Escuchémosla (dura algo más de media hora) de la mano, de nuevo, de Leonard Bernstein:

Su ritmo de composición se reduce. Aunque, curiosamente, compone sus dos últimas sinfonías, la 6ª y la 7ª. en dos años seguidos, 1923 y 1924. La 6ª evoca de nuevo la naturaleza finlandesa. La 7º, por el contrario, destaca por su estructura en un único movimiento, una sinfonía de gran intensidad dramática en la que plasma definitivamente su forma de entender las sinfonías, como una sucesión continua. Algo más de 20 minutos de un trabajo magistral que, de nuevo, vamos a escuchar de la mano de Leonard Bernstein en esta versión, en mi opinión, referencial:

Y poco más compondrá ya Sibelius. Y de lo poco que compone, destaca el poema sinfónico “Tapiola”, de nuevo basado en el Kalevala, de 1926. Escuchémosla dirigida por Leif Segerstam:

Sibelius vivirá todavía 30 años más, pero no compondrá nada relevante. Se sabe que comenzó a componer una nueva sinfonía, pero esta no fue terminada. Y así vivió sus últimos años alejado en su casa.

El 20 de septiembre de 1957, a los 91 años, Sibelius murió de una hemorragia cerebral en su casa, donde fue enterrado. Su esposa le sobrevivió 12 años y está enterrada junto a él. Con él desapareció uno de los últimos representantes del gran movimiento musical romántico.

Hemos hecho un repaso de su obra orquestal, aunque también compuso música para piano y numerosas canciones.

Por eso, en este 150 aniversario de su nacimiento hay que recordar a Jean Sibelius como una destacada figura tanto musical como de la historia de su país, Finlandia.