Archivo de la etiqueta: Jeffrey Hunter

40 años de la muerte de John Wayne (11-06-2019)

En el Hollywood clásico de los años 30 y 40 no había espacio para el multifacetismo; todos los actores estaban encasillados en algún género. Así, si pensamos en las aventuras, pensamos en Errol Flynn. Para las screwball comedies tenemos a Cary Grant. Humphrey Bogart es el rey del cine negro, mientras para los dramas recurrimos a Spencer Tracy y para los biopics a Paul Muni. ¿Y para los westerns? Su extensa filmografía lo confirma, en este género el rey era John Wayne. En el 40 aniversario de su muerte repasamos su carrera. 

El nombre de nacimiento de John Wayne era Marion Robert Morrison, y nació el 26 de mayo de 1907 en la pequeña ciudad de Winterset, en el estado de Iowa, donde aún se conserva su casa natal:

Su familia, de religión presbiteriana, tenía origen inglés, escoces y, sobre todo, irlandés. Cuando sus padres tuvieron otro hijo decidieron llamarle Robert, por lo que cambiaron el segundo nombre de Marion, que pasa a ser Marion Mitchell Morrison. La familia se mudó pronto a California, estableciéndose en 1916 en Glendale, donde su padre, veterano de la Guerra Civil, trabaja de farmacéutico. Es allí donde pasea a su Terrier, llamado “Little Duke”, cuando empieza a ser conocido como “Duke”, el Duque, apodo que mantendrá de por vida, ya que prefería ese apodo a ser conocido como Marion (perfectamente comprensible, por otro lado). 

De joven destaca tanto en el lado deportivo como en el académico. Juega al fútbol, escribe en el periódico del instituto y forma parte de la Orden DeMolay (próxima a la masonería). Comienza a estudiar leyes en la universidad y juega al fútbol en el equipo de la misma. Pero una rotura de clavícula haciendo surf acaba con su carrera deportiva y, con ello, con su estancia en la universidad.

Su entrenador le consigue, en todo caso, trabajo como extra en las películas que rueda John Ford con el actor Tom Mix, lo que le permite incluso conocer al mítico Wyatt Earp, amigo de Mix. Fue poco a poco consiguiendo papeles mayores, siendo su debut propiamente dicho en 1926  en la película “El asalto al tren expreso”. Estamos todavía en época de cine mudo, y Wayne ni siquiera aparece acreditado en el film. 

En 1929 aparece acreditado como Duke Morrison en un musical, “Words an music”. Pero en 1930 Raoul Walsh le elige como protagonista de “La gran jornada” y propone que sea acreditado como Anthony Wayne, en honor a un general de la Guerra de Independencia, pero el estudio (la Fox) dice que suena demasiado italiano. Walsh propone entonces que sea llamado John Wayne, lo que es aceptado por la productora (todo esto sin que él esté presente). El resto ya es historia:

El problema fue que la película era demasiado ambiciosa y terminó siendo un fracaso económico. Eso relegó a John Wayne a actor secundario de películas de serie A y a protagonista de infinidad de westerns de serie B (él mismo calculaba que debían rondar las 80), en la que incluso se le quiso convertir en un cowboy cantante (doblado, él no cantaba). Mientras tanto, el género del western cae en desgracia. 

Así, cuando John Ford quiere rodar en 1939 “La diligencia”, se encuentra con que ninguna productora la acepta, así que decide contactar con el productor privado Walter Wanger para poder rodarla. Cuenta con una de las grandes estrellas del momento, Claire Trevor, y con un nada desdeñable reparto, con Thomas Mitchell (que ganará el Oscar a mejor secundario), Donald Meek, John Carradine, George Bancroft… pero para protagonizarla eligió a John Wayne, al que veía como un “chico para todo”, solvente pero no brillante. La película fue un enorme éxito de crítica y de pronto John Wayne se convirtió en estrella:

En 1940 repite con Raoul walsh y Claire Trevor en el western “Mando siniestro”, y rueda de nuevo a las órdenes de Ford “Hombres intrépidos”, drama bélico ambientado ya en plena II Guerra Mundial, en el que vuelve a compartir pantalla con Thomas Mitchell. Y en 1942 estrena, entre otras, la comedia “Dama por una noche”, la película de aventuras “Piratas del mar Caribe”, en la que interpreta al antagonista frente a Ray Milland y el western “Los usurpadores”, en el que se enfrenta a Randolph Scott por el amor de Marlene Dietrich:

Pero Estados Unidos ha entrado en la II Guerra Mundial. Ya en su juventus John Wayne había querido ingresar en la marina, siendo rechazado. Ahora es el momento de alistarse, pero su situación familiar no se lo permite: en 1933 se había casado con la panameña Josephine Alicia Sáenz, y contaba con 4 hijos: Michael, nacido en 1934, Mary Antonia, de 1936, Patrick (futuro actor) en 1939 y Melinda en 1940. Wayne insiste en entrar en el ejército, pero es de los pocos actores famosos que no se ha alistado, y las productoras hacen lo imposible para mantenerlo. Y, pese a todo, las películas que ruede durante la guerra serán prescindibles. Participa también en programas de radio.

En 1945 vuelve a su rescate de nuevo John Ford, dándole uno de los papeles protagonistas (el otro es para Robert Montgomery) en el drama bélico “No eran imprescindibles”, en la que interpretan a dos oficiales que intentarán detener el avance japonés en las Filipinas justo después del bombardeo de Pearl Harbour:

En 1945 se divorcia de Josephine y en 1946 se casa con la actriz mexicana Esperanza Baur, de la que se divorcia en 1953. 

Cinematográficamente no participa en ninguna película relevante hasta 1948, cuando vuelve a trabajar a las órdenes de John Ford, no una, sino dos veces. La primera, “Tres padrinos”, western con tono de comedia en el que tres fugitivos (Wayne, Pedro Armendariz y Harry Carey Jr.), mientras huyen de la justicia (del sheriff Ward Bond) se hacen cargo del hijo recién nacido de una mujer que muere en el parto (Mildred Natwick), poniendo en grave peligro su fuga:

La otra, en “Fort Apache”, película dedicada a la caballería, en la que Wayne interpreta a un militar de campamento, libre, ajeno a la legalidad estricta que representa la academia militar de la que procede Henry Fonda, lo que provoca un enfrentamiento entre ambos:

Pero ese mismo año da la gran sorpresa la da en el magistral western de Howard Hawks “Río Rojo”, en la que interpreta a un tiránico cowboy que busca vengarse de sus hombres que se amotinaron, y en especial de su hijo adoptivo, un jovencito Montgomery Clift:

La interpretación de John Wayne sorprende al mismísimo John Ford, que al parecer, al ver su interpretación, dijo “¡No sabía que ese gran hijo de puta pudiera actuar!”. Y es cierto que aquí Howard Hawks le da a Wayne un papel con una profundidad dramática que no habían tenido sus papeles anteriores, y demuestra su capacidad interpretativa. John Ford tomará buena nota, sin duda. 

Por el momento, John Wayne protagoniza la segunda entrega de la trilogía de la caballería de Ford, “La legión invencible”, en 1959. Ese mismo año protagoniza “Arenas sangrientas”, narración de la batalla de Iwo-Jima, por la que consigue su primera nominación al Oscar:

Pero ese año el Oscar será para Broderick Crawford por “El político”, papel que Wayne rechazó por considerarlo anti-americano. Y es que, pese a haber votado por Franklin D. Roosevelt en años anteriores, John Wayne era un patriota conservador republicano, y la visión crítica del mundo de la política en la película no era de su agrado. 

En 1950 protagoniza la tercera película de la caballería de Ford, la mejor de las tres, “Río Grande”, primera vez que coincide en pantalla con su pareja más emblemática, Maureen O’Hara, interpretando a una pareja que se enfrenta por el destino en la caballería de su hijo, Claude Jarman Jr, acompañados de otros actores frecuentes en la filmografía de Wayne como Victor McLaglen y Harry Carey Jr.:

John Wayne repite con John Ford y Maureen O’Hara (además de Victor McLaglen, Mildred Natwick y Ward Bond, sumándose esta vez Barry Fitzgerald) en la genial comedia romántica “El hombre tranquilo”, una de las mejores películas de Ford y uno de los mejores papeles de Wayne interpretando a ese ex-boxeador que busca cambiar su vida en su Irlanda natal y que tendrá que soportar la oposición del hermano de la mujer de la que se enamora:

En 1953 trabaja a las órdenes de John Farrow en el western “Hondo”, en el que tiene que proteger a una testaruda mujer, Geraldine Page, y a su hijo, del inminente ataque de los indios:

También trabaja a las órdenes de William A. Wellman en “Infierno blanco”, interpretando a un piloto que tiene un accidente en Canadá. Al año siguiente, 1954, repite con Wellman en otra historia de aviación, interpretando a un piloto con problemas para llegar a Hawaii que tendrá que decidir si sigue adelante o regresa a San Francisco, con un reparto completado por Robert Stark o Claire Trevor entre otros, además de la magnífica música de Dimitri Tiomkin:

En 1954 se casa por tercera y última vez, con la actriz peruana Pilar Pallete, con la que estará casado hasta su muerte y con la que tendrá tres hijos: Aissa en 1956, Ethan en 1962 y Marisa en 1966. 

En 1955 vuelve a trabajar a las órdenes de John Farrow en “El zorro de los océanos”, en la que interpreta a un militar alemán que tiene que regresar a su país al estallar la II Guerra Mundial pese a sus pocas simpatías nazis, perseguido por un barco inglés en el que le acusan de un crimen que no ha cometido y llevando a una espía a bordo, interpretada por Lana Turner:

En 1956 protagonizó una de sus más fallidas películas, “El conquistador de Mongolia”, dirigida por Dick Powell, en la que daba vida al mismísimo Gengis Khan. El argumento no hay por dónde cogerlo, y pese a contar con Susan Hayward y Agnes Moorehead en el reparto, fue un fracaso. Al margen de haber sido rodada en terrenos contaminados por radiactividad tras unas pruebas atómicas:

Para compensarlo, ese mismo año protagoniza “Centauros del desierto” de John Ford, uno de los westerns más famosos de la historia (tal vez algo sobrevalorado) en el que interpreta a un veterano de guerra que, tras ver cómo su familia es masacrada por los indios, no cede en la búsqueda de su sobrina (insulsa Natalie Wood), que fue raptada, ayudado al final sólo por Jeffrey Hunter para encontrarla convertida en india, lo que enciende su más profundo racismo:

En 1957, tras rodar la mediocre “Arenas de muerte” junto a Sophia Loren, vuelve a ponerse a las órdenes de John Ford en “Escrito bajo el sol”, biopic del piloto Frank Wead quien, tras sufrir un accidente doméstico que le dejó parapléjico, escribió guines (Ford trabajó con él en “No eran imprescindibles”) y fue instructor de vuelo durante la II Guerra Mundial. En esta ocasión volvía a acompañarle en escena Maureen O’Hara:

Tras rodar en 1958 “El bárbaro y la Geisha” a las órdenes de John Huston, en 1959 vuelve a trabajar con John Ford en “Misión de audaces”, drama bélico ambientado en la Guerra de secesión en la que él, un unionista, tendrá que unirse al confederado William Holden en una misión:

Pero su mejor película de 1959 será el magistral western “Río Bravo”, que Howard Hawks rodó como oposición a “Solo ante el peligro” de Fred Zinnemann: el sheriff no está nunca sólo, cuenta con sus ayudantes, en este caso un borracho Dean Martin, un tullido Walter Brennan, un joven Ricky Nelson (estrella del Rock&Roll de vida desgraciada) y una misteriosa mujer, Angie Dickinson. Además, a diferencia de los westerns tradicionales, aquí los malos no son los indios, sino los ricos terratenientes que contratan a matones para controlar la vida de los pueblos del oeste, cambiando así la visión tradicional del western. Pese a no conseguir ninguna nominación a los Oscars, “Río Bravo” marcará un nuevo rumbo en el género, además de ser uno de los mejores westerns de la historia (en mi opinión le supera, por un pelo, “El hombre que mató a Liberty Valance” en el puesto de mejor western):

Los años 50 han sido los mejores de John Wayne hasta la fecha, pero su carrera sigue todavía en ascenso. Comienza 1960 con un western menor, “Alaska, tierra de oro”, de Henry Hathaway, de carácter más bien cómico, acompañado por Stewart Granger:

Pero ese mismo año su gran película será “El Álamo”, que se atreverá a dirigir él mismo, además de interpretar al mítico David Crockett, con un enorme reparto en el que destacan Richard Widmark y Laurence Harvey, además del propio hijo de John, Patrick Wayne, en la famosa historia del ataque mexicano al fuerte de El Álamo en la Guerra de Independencia de Texas. La película fue un gran éxito, consiguiendo incluso ser nominada al Oscar como mejor película:

En 1961 estrena “Los comancheros”, western a las órdenes de Michael Curtiz. Más productivo será sin duda 1962, en el que, a parte de su pequeña participación en la superproducción “La conquista del Oeste”, estrena tres grandes películas. La primera, la bélica “El día más largo”, detallada historia del Desembarco de Normandía que cuenta con 3 directores y un extenso reparto, en el que destacan Henry Fonda, Robert Mitchum e innumerables pequeños papeles y cameos, como el de Richard Burton:

La segunda es la genial comedia de aventuras “Hatari!”, de Howard Hawks, en la que lidera a un grupo de cazadores de animales salvajes para suministrar a los zoos en Tanzania, junto a Red Buttons o Hardy Kruger entre otros, además de surgir una complicada historia de amor con Elsa Martinelli. Aquí John Wayne demuestra como pocas veces sus magníficas dotes para la comedia:

No voy a negar mi absoluta predilección por esta película, pero es que John Wayne tenía todavía que ofrecer el que es en mi opinión su mejor papel en la otra película que estrenó en 1962, “El hombre que mató a Liberty Valance” de John Ford (ya he mencionado que es, en mi opinión, el mejor western de la historia), en la que Ford arregla todos los defectos que tenía “Centauros del desierto”: los villanos no son los indios, sino los terratenientes, Lee Marvin es un magnífico y creíble villano, las interpretaciones son mucho menos histriónicas y más matizadas (no podía ser de otra forma con James Stewart y Vera Miles como protagonistas) y el Tom Doniphon de Wayne es un papel matizado, realista pero al final derrotado por haber perdido a la mujer que ama. Y, con todo, esta obra maestra obtuvo una única nominación al oscar, a mejor vestuario; Wayne se merecía una nominación a mejor actor secundario más que cualquier otro intérprete:

En 1963, Andrew V. McLaglen, el hijo del actor Victor McLaglen, reúne de nuevo a John Wayne y Maureen O’Hara en el western cómico “El gran McClintock”, divertidísima película en la que participan Yvonne de Carlo y Patrick Wayne:

Wayne se encuentra cómodo en la comedia, y por ello en 1963 protagoniza junto a Lee Marvin y Jack Warden la comedia de aventuras de John Ford “La taberna del irlandés”: será la última película que ruede a las órdenes de Ford:

En 1964 se nos pasa al mundo del circo de la mano del director Henry Hathaway en “El fabuloso mundo del circo”, en la que comparte protagonismo con Rita Hayworth y Claudia Cardinale:

En 1965 es famoso su cameo en la película “La historia más grande jamás contada”, interpretando al centurión romano:

Pero ese mismo año protagoniza dos grandes películas. La primera, “Primera victoria”, de Otto Preminger, un retorno a la II Guerra Mundial, interpretando a un capitán de marina que se enamora de Patricia Neal al tiempo que intenta recuperar su relación con su hijo, el magnífico pero malogrado Brandon de Wilde, además de responder al ataque de Pearl Harbour junto a un magnífico reparto en el que destacan  Kirk Douglas, Henry Fonda o Franchot Tone en su última película:

Y la otra, el magnífico western de Henry Hathaway “Los cuatro hijos de Katie Elder”, en la que interpreta al mayor de 4 hermanos (los otros son Dean Martin, Earl Holliman y Michael Anderson Jr.) que vuelven a encontrarse para intentar recuperar las tierras que le robaron a su recién fallecida madre:

En 1966 protagoniza el segundo western de la trilogía de Howard Hawks iniciada con “Río Bravo”, titulada “El Dorado”, acompañado en esta ocasión por Robert Mitchum y James Caan:

En 1967 protagoniza “Ataque al carro blindado”, interpretando a un ex-presidiario que intenta robar a la persona que le tendió una trampa para encerrarlo y robarle sus tierras, Bruce Cabot (mítico secundario en tantas películas de Wayne), para lo que contará con la ayuda de Kirk Douglas, Keenan Wynn, Robert Walker Jr. y Howard Keel:

En 1968 volvió a la dirección, pero sin tanto éxito como con “El Álamo”: y es que “Boinas verdes”, ambientada en la Guerra de Corea, fue vista desde el principio como una película que se posicionaba a favor de la polémica Guerra de Vietnam (que era a fin de cuentas la posición de John Wayne):

En 1969 trabaja en dos películas a las órdenes de Andrew McLaglen, en el drama sobre bomberos “Los luchadores del infierno” y en el western “Los indestructibles”, en el que comparte pantalla con Rock Hudson:

Pero ese año su mayor éxito fue interpretar al tuerto Rooster Cogburn, agente de la ley contratado por una joven, Kim Darby, para que capture a los asesinos de su padre en “Valor de Ley”, western dirigido de nuevo por Henry Hathaway:

Por este papel John Wayne consiguió su segunda y última nominación al Oscar, pero esta vez se lo llevó a casa:

Quién le iba a decir a John Ford que ese gran hijo de… no sólo era capaz de actuar, sino incluso de ganar un Oscar (merecidamente), y que es grandullón se iba a emocionar al recogerlo. Magnífico por cierto escuchar al tiempo que se levanta la magistral banda sonora de Elmer Bernstein, compositor habitual en sus últimos westerns. 

En 1970 John Wayne trabaja de nuevo con Andrew V. McLaglen en el western “Chisum”, y protagoniza el último film de la trilogía western de Howard Hawks, “Río Lobo”, acompañado en esta ocasión por el mexicano Jorge Rivero y por Christopher Mitchum, el hijo de Robert Mitchum:

En 1971 trabaja por última vez junto a Maureen O’Hara en “El gran Jack”: ella se reúne con su ex-marido cuando unos cuatreros secuestran a su nieto (interpretado curiosamente por el hijo pequeño de John, Ethan), y este consigue la ayuda de dos de sus hijos, Patrick Wayne y Christopher Mitchum, pese a los problemas que ambos tienen con él:

En 1972 protagoniza un simpático western, “Los cowboys”, en el que, sin trabajadores que le ayuden a llevar al ganado, contrata a un grupo de jóvenes, que tendrán que enfrentarse a unos bandidos liderados por Brice Dern que querrán robar el ganado. Es uno de los pocos films en los que John Wayne muere:

En los siguientes años John Wayne protagoniza algunos westerns y películas policiales. Destaca en 1975 “Brannigan”, en la que interpreta a un policía americano que tiene que colaborar con la policía británica, encabezada por Richard Attenborough, para detener a un criminal, aunque la película se centra demasiado en las diferencias entre americanos y británicos:

Ese mismo año retoma su papel de Rooster Cogburn, protagonista de “Valor de ley”, en “El rifle y la biblia”, en la que comparte pantalla con Katherine Hepburn. El duelo interpretativo entre ambos, con esos juegos de ironía, es magistral y digno de ver:

Al año siguiente, 1976, estrena su última película: “El último pistolero”, de Don Siegel, western crepuscular en la que interpreta a un antiguo pistolero que, diagnosticado de cáncer terminal, se instala para morir en la casa de un viuda, Lauren Bacall, incómoda con su pasado, y su hijo, Ron Howard, fascinado por quién fue, para enfrentarse en una batalla final con sus últimos enemigos. La película es en realidad un homenaje a toda su carrera, apareciendo imágenes de algunas de sus películas, con un marcado carácter crepuscular que nos anuncia la despedida del Duque:

En sus últimos años se alejó del Partido Republicano y se acercó al demócrata Jimmy Carter en su defensa de que el canal de Panamá debía ser soberanía exclusiva del estado de Panamá. 

Diagnosticado de cáncer de pulmón en 1966, consiguió superarlo, pero luego sufrió cáncer de estómago. Siempre se ha sospechado que el rodaje de “El conquistador de Mongolia” en zonas contaminadas con radioactividad pudo haberlo provocado (de cáncer habían muerto tanto el director como otros protagonistas de la película). Su última aparición pública, en los Oscars de 1979, dejó en evidencia su mal estado de salud:

Pocos meses después sucumbía al cáncer de estómago, el 11 de junio de 1979. Poco antes de morir se había convertido al catolicismo. Fue enterrado en el Pacific View Memorial Park Cemetery, cerca de Los Angeles. 

John Wayne es el rostro por excelencia del western, pese a haber destacado también en otros géneros, como el bélico o la comedia. Quizá en sus comienzos no fuera un gran actor, pero a base de trabajar (más de 150 películas en su filmografía) terminó convirtiéndose en un magnífico actor que nos dejó una gran cantidad de interpretaciones memorables. 

125 años del nacimiento de John Ford (01-02-2019)

Su buscáramos a un director de cine unánimemente admirado por la crítica y por sus compañeros directores, probablemente haya un nombre que destaque por encima de cualquier otro: John Ford. Aprovechando el 125 aniversario de su nacimiento, repasamos su extensa carrera. 

El nombre real de John Ford era John Martin Feeney, y nació en Capel Elizabeth, un pueblo costero del estado de Maine el 1 de febrero de 1894. Era el décimo hijo de una familia de inmigrantes irlandeses, que todavía tendría un hijo más que moriría siendo bebé. Sólo 5 de ellos llegaron a la edad adulta, siendo John el menor. Siempre tuvo muy presentes sus antecedentes irlandeses, e incluso parece que sabía hablar irlandés gracias a su madre. 

Los problemas económicos de la familia llevaron a que ésta abandonara la granja en la que vivían y se mudaran a la ciudad de Portland. Allí, John termina sus estudios secundarios y realiza diversos trabajos, mientras tiene el deseo de enrolarse en la Marina. 

Pero en 1911 su hermano mayor, Francis, se había mudado a Hollywood, donde trabajaba en la recién nacida industria cinematográfica bajo el nombre de Francis Ford. John se reunió con él en 1913, trabajando como su asistente y como actor extra, en películas como “El nacimiento de una nación” de Griffith, lo que le permitió ver en vivo la forma de trabajar del mítico director. Adopta entonces el nombre artístico de Jack Ford (Jack era el nombre con el que le conocía su familia), abandonando su apellido irlandés. 

Parece ser que, además de trabajar como actor e incluso como guionista, John se estrena como director en 1917 con varias películas, aunque se duda de si realmente era el director o sólo el asistente de su hermano. En todo caso, de su enorme cantidad de películas mudas (más de 60), se conservan muy pocas, y las que se conservan no siempre están completas o en buen estado. 

En 1920 se casa con Mary McBridge Smith, matrimonio problemático por ser él católico y ella divorciada y no católica. En todo caso, permanecerán juntos hasta la muerte de él. Tendrán dos hijos, Patrick en 1921 y Barbara en 1922. 

Por fortuna, John Ford es contratado por la Universal para dirigir Westerns, género por aquel entonces poco relevante, por lo que se podían permitir el lujo de utilizar a un director poco conocido y experimentado como él. Pero gracias a su relación laboral con el actor Harry Carey, con el que realiza un elevado número de westerns, su prestigio aumenta, y con ello su sueldo. En todo caso, en su etapa de cine mudo, pese a su especialización en el western, trabaja en géneros muy dispares. 

En 1928 dirige su primer film sonoro, “El barbero de Napoleón”, que no se conserva. Pero, poco después, es despedido junto con los demás directores de cine mudo, para que sus puestos sean ocupados por directores teatrales. Pero claro, dirigir teatro y cine no tienen nada que ver, y, tras el fracaso de estos, los estudios vuelven a contar con los directores despedidos. Y Ford regresa con”Shari, la hechicera”, film de aventuras exóticas ambientado en la India y protagonizado por Victor McLaglen (actor recurrente en su filmografía) y Myrna Loy:

El éxito de la película, producida por la Fox, le lleva a nuevos contratos en los años siguientes, de los que destaca la comedia “Río arriba”, que originalmente iba a ser un drama carcelario pero que Ford alteró sin el consentimiento del guionista. La película destaca por ser la primera que rodaron Spencer Tracy y Humphrey Bogart:

En 1931, abandona la Fox para dirigir para Samuel Goldwyn la adaptación de la novela ganadora del Pullitzer de Sinclair Lewis, “El doctor Arrowsmith”, protagonizada por Ronald Colman y Helen Hayes:

La película obtiene varias nominaciones a los Premios Oscar, incluyendo el de mejor película. Pero John Ford rompe las condiciones del contrato con Goldwyn, que no le permitían beber durante el rodaje, pero la Fox da por terminado el contrato en exclusiva que había tenido hasta entonces, lo que le permite a Ford trabajar de manera autónoma para los diferentes estudios, sin depender directamente de ninguno de ellos. La serie del Juez Priest le otorga gran fama, pero será en 1935 cuando alcance el éxito gracia a “El delator”, película ambientada en la Irlanda del IRA (hacia el que no esconde sus simpatías) y que cuenta la historia de un delator atormentado por lo que ha hecho, protagonizada de nuevo por Victor McLaglen:

La película obtiene un gran éxito: Victor McLaglen gana el Oscar a mejor actor, Max Steiner se lleva la estatuilla por su muy descriptiva banda sonora, y el propio Ford gana su primer Oscar (en su primera nominación como director). 

Con la libertad que este prestigio le aporta, cambia de registros en sus siguientes películas. En 1936 prueba suerte con el género histórico en “María Estuardo”, protagonizada por Katherine Hepburn y Fredric March:

En 1937 dirige a la niña Shirley Temple en la comedia “La mascota del regimiento”, y trabaja también en el drama exótico “Huracán sobre la isla”, que enfrenta a un intransigente Raymond Massey con una pareja autóctona de Polinesia, formada por John Hall, interpretando a un delincuente, y Dorothy Lamour: 

Intriga, cine bélico… John Ford cambia constantemente de gñenero en esta época. En 1939 estrena “El joven Lincoln”, que narra la etapa del futuro presidente como abogado, y que interpreta magistralmente un joven Henry Fonda:

Tanto Henry Fonda como Ward Bond, el villano del film, serán actores recurrentes en la filmografía de Ford, como también lo será el protagonista de su gran éxito de ese año, John Wayne, en “La diligencia”, su retorno al western, género que recupera para el público y la crítica (y, de paso, lanza a la fama a Wayne):

La película obtiene un gran éxito en los premios: Thomas Mitchell gana el Oscar a mejor actor secundario, y John Ford es nominado a mejor director, siendo la única vez que no gane (al competir contra Victor Fleming por “Lo que el viento se llevó”). 

En 1940 dirige un drama rural, de unos campesinos que abandonan sus tierras para mudarse a la próspera California: “Las uvas de la ira”, que se convertirá en uno de sus mayores éxitos. Jane Darwell gana el Oscar a mejor actriz secundaria, Henry Fonda es nominado como mejor actor y John Ford gana su segundo Oscar como mejor director (aunque, de nuevo, no se lleva el premio a la mejor película):

Y en 1941 repite el éxito con “Qué verde era mi valle”, de nuevo un drama rural ambientado en una zona minera en decadencia de Gales, protagonizado por una joven Maureen O’Hara (que se convertirá en su actriz fetiche), Walter Pidgeon, el debutante Roddy McDowall y Donald Crisp y Sara Allgood como los patriarcas de la familia:

Pese a que, incomprensiblemente, Maureen O’Hara se queda sin nominación, la película obtiene numerosas nominaciones y premios: Sara Allgood es nominada como mejor secundaria, Donald Crips se lleva el premio a mejor secundario, John Ford gana su tercer Oscar, y, esta vez sí, también el de mejor película. 

Por esta época, John Ford todavía es políticamente bastante progresista. Ayudó al bando republicano en la Guerra Civil española, y es un activo miembro de la Liga Hollywoodiense anti-Nazi, clamando a favor del bloqueo a Alemania y, cuando la Guerra comienza, la participación americana en ella. Así, tras el bombardeo de Pearl Harbour, sirve en la Oficina de servicios estratégicos como fotógrafo, rodando varios documentales bélicos. “La batalla de Midway” gana de hecho el Oscar a mejor documental. 

A su regreso a Hollywood, ya en 1945, rueda “No eran imprescindibles”, film bélico ambientado en Filipinas justo después del bombardeo de Pearl Harbour, que narra sucesos que conoció de primera mano, y que es protagonizada por John Wayne, Robert Montgomery y Donna Reed:

En 1946 vuelve al western para presentarnos una visión romántica, e históricamente inexacta, del famoso duelo del O.K. Corral en “Pasión de los fuertes”, con Henry Fonda como Wyatt Earp y un solvente Victor Mature (demasiado piropo calificarlo como solvente) como Doc Hollyday, con Linda Darnell como el amor de este último y con Walter Brennan interpretando al villano patriarca de los Clanton:

En lo que queda de década, John Ford se va a dedicar fundamentalmente al western. Tras rodar la curiosa “Tres padrinos”, con tres fugitivos de la justicia adoptando a un recién nacido cuya madre acaba de morir (siendo uno de ellos el debutante Harry Carey Jr., hijo del actor con el que saltó a la fama en sus comienzos), comienza su trilogía sobre la caballería americana con “Fort Apache”, de 1948, en la que un académico en inflexible Henry Fonda se enfrenta al mucho más pragmático y conocedor del terreno John Wayne, provocando un conflicto con los apaches, que son mostrados aquí de forma no tan negativa como es habitual, ya que sus protestas tienen motivo:

En 1949, tras terminar rechazando rodar el drama sobre racismo “Pinky”, que terminará en manos de Elia Kazan, filma la segunda entrega de la trilogía, “La legión invencible”, para rematarla en 1950 con “Río Grande”, uno de sus western más famosos, en el que la pareja formada por John Wayne y Maureen O’Hara se enfrentan por el trato que él debe dar, como coronel de la caballería, a su hijo recién alistado, interpretado por Claude Jarman Jr.:

Curiosamente, pese a ser siempre identificado con el género del western, este será el último que dirija en bastantes años.

Sus amistades en Hollywood (John Wayne, Maureen O’Hara, Ward Bond) han ido haciendo a John Ford cada vez más conservador en política. Pese a todo, durante el McCarthysmo se niega a acusar a Joseph Mankiewicz, como deseaba hacer Cecil B. de Mille. En todo caso, Ford pasa de apoyar a Roosevelt a, años después, hacer campaña a favor de Richard Nixon, pasando claramente del Partido Demócrata al Republicano, al que pertenecían no pocos de sus actores habituales. 

En 1952, Ford dirige una curiosa comedia con la que regresa a Irlanda, “El hombre tranquilo”, historia de un boxeador (John Wayne) que busca huir de su pasado americano y regresa a su tierra para enamorarse de una mujer (Maureen O’Hara) y enfrentarse a las costumbres del lugar, incluyendo al hermano de esta (Victor McLaglen):

Por esta película John Ford gana su cuarto y último Oscar a mejor director (aunque, de nuevo, sin llevarse el de mejor película). 

En 1953 fracasa con el drama rural “El sol siempre brilla sobre Kentucky”, que volvía al personaje del Juez Priest, pero obtiene un gran éxito con el drama de aventuras “Mogambo” (remake de “Tierra de pasión” de Victor Fleming), con un triángulo amoroso formado por Clark Gable (que recupera el papel que también interpretó en la versión original, y que consiguió volver al primer plano tras años olvidado), Ava Gardner y Grace Kelly:

En 1954 se estrena en un nuevo campo, la televisión, y no vuelve a estrenar en cines hasta 1955, cuando se presenta “Cuna de héroes”, que narra la historia de un instructor militar de la Academia Militar de West Point, interpretado por Tyrone Power y Maureen O’Hara: 

También ese año comienza a dirigir “Escala en Hawai”, pero surgen problemas con el actor protagonista, Henry Fonda, que había interpretado el papel en Broadway y no estaba convencido de que Ford fuera el director idóneo para la obra. Ford se caracterizaba por su carácter difícil y por su rudeza al tratar a los actores, y no soportando las críticas de Fonda, le dio un puñetazo que acabó con su amistad. Sumido en el alcohol, retoma la dirección pero una rotura de su vesícula, que requiere cirugía, le hace abandonar el proyecto, que concluirá Mervyn LeRoy. 

En 1956 estrena la que muchos consideran su gran obra maestra, el western “Centauros del desierto”, brillante por su fotografía, por la visión casi pictórica de cada plano, algo típico en él, por su banda sonora firmada por Max Steiner (aunque a Ford no le convenciera), pero también criticada por la ausencia de un villano a la altura, por la sobreactuación de algunas interpretaciones y por el empeño de Ford de rodar siempre sus westerns en el Monument Valley, viniera o no a cuento. La película nos cuenta la historia de un militar, John Wayne, que regresa a casa de su familia tras la Guerra de Secesión para ver como, poco después, son masacrados por los indios, con la excepción de una sobrina, Natalie Wood, en cuya búsqueda partirá acompañado por Jeffrey Hunter, hasta que salgan a la luz sus más bajos instintos:

En 1957 repite dirigiendo a la pareja artística formada por John Wayne y Maureen O’Hara en “Escrito bajo el sol”, drama basado en la vida de Frank Wead, guionista de las primeras películas sonoras de Ford y aviador que tuvo un accidente que lo dejó en silla de ruedas:

Y en 1958 rueda una película no muy conocida pero que, en mi opinión, es una de sus obras maestras, “El último hurra”, drama político en el que un viejo alcalde busca la reelección cuando irrumpe un nuevo medio como es la televisión, cuando él se maneja mejor en el trato directo con la gente. La película cuenta con una de las mejores interpretaciones de Spencer Tracy, además de con un magnífico Jeffrey Hunter y un impresionante plantel de secundarios:

Pero su salud va viéndose deteriorada tras años de consumo de alcohol y tabaco (siempre con su característica pipa), los problemas derivados de sus heridas de combate y una memoria y una visión que iban disminuyendo (era habitual que usara un parche en el ojo para disimular sus problemas de vista). Esos problemas y los nuevos modelos de Hollywood hicieron que, pese al éxito comercial considerable de “El último Hurra”, las productoras sólo lo quisieran para dirigir westerns. Así, en 1959 estrena “Misión de audaces”, drama bélico ambientado en la guerra de secesión que enfrentaba a John Wayne con William Holden

De 1960 es su nuevo western, “El sargento negro”, alegato antirracista en el que un abogado militar, Jeffrey Hunter, tiene que defender a un soldado negro, Woody Strode, acusado del asesinato de una joven, cuando todos lo consideran culpable: 

En 1961 estrena un nuevo western, “Dos cabalgan juntos”, en el que un grupo de militares liderados por James Stewart y Richard Widmark tratarán de rescatar a los blancos raptados por los comanches:

Y en 1962, a parte de dirigir un fragmento de la monumental “La conquista del oeste”, dirige la que, en mi opinión, es su obra maestra: “El hombre que mató a Liberty Valance”, en la que un idealista abogado interpretado por James Stewart se tiene que enfrentar a un grupo de matones liderado por Lee Marvin, el Liberty Valance del título, contando con la ayuda de un vaquero, John Wayne, con el que se enfrentará por estar ambos enamorados de la misma mujer, Vera Miles. Es cierto que Stewart y Wayne son excesivamente mayores para sus papeles, pero sus interpretaciones son magistrales, la historia es magnífica (los villanos no son los indios, sino los terratenientes blancos, siempre ávidos de más riquezas) y la fotografía en blanco y negro juega con los claroscuros de esa forma pictórica que tanto gustaba a Ford:

En 1963, John Ford trabaja por última vez con John Wayne en “La taberna del irlandés”, comedia ambientada en una isla del Pacífico coprotagonizada por Lee Marvin, aquí en un papel mucho más amable que en la anterior:

En 1964 estrena su último western, la más larga y ambiciosa de sus películas, “El gran combate”, que narra el éxodo de los Cheyenes desde la reserva de Oklahoma en la que fueron confinados hasta sus tierras originales, y la oposición del gobierno americano y del ejército, protagonizada por Richard Widmark, Karl Malden y Sal Mineo, entre otros, en una película que buscaba ser favorable a los indios americanos:

Problemas de salud cada vez mayores le obligan a cancelar nuevos proyectos, siendo capaz de terminar en 1966 su última película, “( mujeres”, ambientada en la China de 1930 en el que un grupo de misioneras chinas se enfrentan a los problemas de una invasión de los mongoles, protagonizada por Anne Bancroft:

Ninguno de sus siguientes proyectos pudo ser realizado. Una rotura de cadera en 1970 le confina en una silla de ruedas y le obliga a abandonar su casa y mudarse a otra de una sola planta, en la que permanecerá los siguientes tres años, hasta que el cáncer de estómago que padecía desde años atrás termine con su vida el 31 de agosto de 1973, a los 79 años de edad. Fue enterrado en el cementerio de Holy Cross de Culver City, cerca de Los Angeles. 

Con un enorme legado de películas mudas y sonoras, John Ford nos dejó un estilo de hacer cine muy personal, clásico, artístico, de gran atractivo visual aunque en muchas ocasiones de contenido claramente propagandístico, si bien cuando se aleja de esas funciones sus películas alcanzan el nivel de obras maestras. Por algo es el único director que ha ganado 4 Oscars en esa categoría. 

130 años del nacimiento de Max Steiner (10-05-2018)


Fue quien revolucionó la visión que Hollywood tenía sobre las Bandas Sonoras tras la llegada del cine sonoro. Trabajador incansable, autor de unas 300 bandas sonoras, entre ellas algunas de las más memorables partituras cinematográficas, recordamos en el 130 aniversario de su nacimiento a Max Steiner.

Maximilian Raoul Steiner nació el 10 de mayo de 1888 en Viena, por aquel entonces capital del Imperio Austro-Húngaro y una de las ciudades musicalmente más importantes del momento. La familia Steiner, de origen judío, estaba muy vinculada al mundo teatral, mientras su madre había sido bailarina. De hecho, su padrino fue el compositor Johann Strauss. Vinculado desde muy niño al teatro, en especial al musical, las inclinaciones artísticas del joven Steiner no tardan en despuntar, abandonando la Universidad Tecnológica para poder estudiar en la Academia Imperial de Música. Allí, su enorme talento es percibido por grandes compositores como Gustav Mahler o Robert Fuchs, que le darán clases privadas, permitiéndole superar en un año cuatro cursos. Estudia numerosos instrumentos, además de armonía, contrapunto y composición.




En seguida despunta como compositor de opereta y como director de orquesta. Su éxito dirigiendo “Die lustige Witwe” de Franz Léhar hace que sea invitado a dirigirla en Londres en 1906. Steiner se establece en la capital británica, como compositor y director de obras teatrales y de sinfonías. Y allí permanecerá 8 años, hasta 1914, cuando comienza la I Guerra Mundial. Steiner es austriaco, y por lo tanto es visto como enemigo por la sociedad inglesa, así que gracias a su amistad con Hugh Grosvenor, duque de Westminster, consigue huir a Nueva York, donde llega en la miseria en diciembre de 1914.

Pero, una vez en Nueva York, comienza de inmediato a trabajar en Broadway, apenas en la faceta de compositor (“Peaches”de 1923), pero sí como director e incluso como arreglista y orquestador (orquestará por ejemplo la partitura de George Gershwin para “Lady be good” en 1924). En 1927 orquestaráy dirigirá el estreno de musical “Rio Rita” de Harry Tierney, y cuando en Hollywood se planea la adaptación cinematográfica del musical, en 1929, llaman a Max Steiner para dirigir la adaptación musical. Steiner se traslada a Los Angeles, y trabaja ya en exclusiva para el cine. Entre sus primeros trabajos relevantes se encuentran “Cimarron”, un western de 1931, y “Ave del paraíso”, película de aventuras de 1932. Pero su gran oportunidad vendrá cuando, en 1932, David O’Selznik cuenta con él para componer la partitura de “La melodía de la vida”, drama judío para el que compone un tema, como era característico en la época, para que suene en la apertura de la película. Pero Selznik se queda tan satisfecho con la partitura, que le encarga escribir más música, que sonará a lo largo de la película:

Pero será en 1933 cuando por fin aparezca su verdadero estilo. Ese año, la productora RKO, para la que Steiner estaba trabajando, iba a estrenar la ambiciosa “King Kong”. Originalmente, los productores no tenían intención de utilizar nueva música para la película, pero los decepcionantes resultados de los efectos especiales les empujaros a llamar a Steiner y darle carta blanca para componer una extensa partitura a lo largo de todo el film:

No era la primera partitura importante de Steiner, que ya había llenado de música la práctica totalidad del metraje de “Ave del paraíso”, pero en esta ocasión, la partitura fue todo un éxito. Si ya en 1931 la partitura que Alfred Newman había compuesto para “La calle” de King Vidor era más ambiciosa de lo tradicional (una pista más o menos larga para los títulos de crédito iniciales, una pista breve para el final de la película y, en ocasiones, algo de música diegética, es decir, que suena en la propia película, que los personajes están escuchando, en un baile o por la radio, por ejemplo), todavía se seguía evitando incorporar música que acompañara los diálogos de los personajes, por temor a que estos se perdieran. Steiner, por el contrario (al igual que Newman), considera que la música puede realzar las emociones del film, además de ayudar a ambientarlo. Por eso, su música tiene una gran riqueza cromática y temática. Pero todavía no ha llegado el tiempo de lucirla en su máximo esplendor, y partituras como la de “Las cuatro hermanitas”, película de George Cukor protagonizada por Katherine Hepburn, van a seguir ancladas en el concepto de tema inicial y poco más:

Max Steiner también adapta la música que se va a utilizar en algunos de los más importantes musicales de los años 30, en especial en esos protagonizados por Fred Astaire y Ginger Rogers, como “La alegre divorciada”, de 1934:

Más ambiciosa será en 1934 su partitura para “La patrulla perdida”, film bélico de John Ford ambientado en Mesopotamia. Sus ritmos irregulares le imprimen ese ambiente tenso que repetirá en numerosas ocasiones posteriores (e incluso reutilizará en “Casablanca”, como veremos más adelante):

Max Steiner recibirá sus dos primeras nominaciones al Oscar por ambas películas, “La alegre divorciada” y “La patrulla perdida”.

Repite con John Ford (y con el actor Victor McLaglen, que protagoniza ambas películas) en 1935 con “El delator”, partitura de carácter de nuevo opresivo, al contarnos la historia de un delator del IRA:

Esta partitura le valdrá su primer Oscar, aunque en estas fechas este premio no lo recibe el compositor, sino la productora.

Pero poco después, Selznik abandona la RKO y se lleva consigo a Steiner, que compondrá en 1936 la partitura de “El jardín de Alá”, que le valdrá una nueva nominación al Oscar. Además, Steiner firma un contrato con la Warner, siendo su primer trabajo para esta productora “La carga de la brigada ligera”, film bélico protagonizado por Errol Flynn y Olivia de Havilland, en el que de nuevo luce su capacidad para transmitir el dinamismo de las escenas bélicas y las marchas militares, como en este tema principal:

Pero en la Warner, Steiner se va a encontrar con un duro competidor: Erich Wolfgang Korngold, un prestigioso compositor clásico recién llegado a Hollywood, que goza de un contrato privilegiado y apenas compone una partitura al año. Steiner compondrá muchas partituras anuales, en películas como “La vida de Émile Zola”, “Ángeles con caras sucias” o “Jezabel”, película de William Wyler protagonizada por Bette Davis y Henry Fonda, para la que compone un bellísimo vals, de ritmo vienés en su tema principal y otro ritmo más agitado, de subdivisión ternaria, de sonoridad más eslava, en el segundo tema. Las influencias clásicas centroeuropeas de Steiner quedan claras:

El uso de la música para destacar aspectos fundamentales de la película resulta aquí muy evidente. Basta con volver a verla y fijarse en como un pequeño apunte musical subraya el momento en el que un mosquito pica a Henry Fonda (aunque esto sería un gazapo. Alerta spolier: se supone que los ricos burgueses de Nueva Orleans huyen al campo para no contagiarse de la fiebre amarilla, y que Henry Fonda se contagia por ir a menudo a la ciudad, pero la mencionada escena en la que le pica un mosquito transcurre en el campo, con lo que no tiene sentido).

Mientras, Max Steiner sigue trabajando con Selznik: “El pequeño Lord” en 1936, “Ha nacido una estrella” en 1937 y “Las aventuras de Tom Sawyer” en 1938, en la que se percibe su asimilación del estilo musical más propiamente americano, que conoce a fondo por su trabajo en musicales en sus primeros años americanos:

Pero Selznik llevará a la fama absoluta a Max Steiner con su siguiente y más ambicioso productor: la adaptación de la novela de Margaret Mitchell “Lo que el viento se llevó”, dirigida originalmente por George Cukor y posteriormente por Victor Fleming y protagonizada por Clark Gable y Vivien Leigh. La duración de la película ronda las 4 horas, y Steiner llena el metraje de música, en la que probablemente sea su mejor partitura (y la mejor banda sonora de todos los tiempos). El Tema de Tara es uno de los temas cinematográficos más célebres de la historia del cine, y con razón:

Pero, ¿qué tal encaja con las escenas, que es a fin de cuentas lo que nos importa? Veamos la escena más mítica de la película:

Steiner usa un recurso operístico muy wagneriano: el leitmotiv. Un leitmotiv es un tema musical asociado a un personaje, un lugar o una situación concreta. Por lo tanto, cada vez que lo escuchemos a lo largo de la ópera o de la película, sabemos que ese personaje, ese lugar o esa situación tienen una gran importancia en la escena. Pues bien, el tema de Tara es el leitmotiv de un lugar, de Tara, pero en realidad significa algo más: el hogar. Tras sufrir los horrores de la guerra, Scarlett tiene que huir de una Atlanta a punto de caer en manos Yankis y sólo desea volver a su hogar. Y cuando lo hace, se encuentra con una situación desoladora: pobreza, miseria, muerte, incluyendo la de su madre… no, el regreso al hogar no es lo que ella esperaba. Y además está ansiosa por poder comer. Por eso escuchamos esa melodía llena de tensión al comienzo de la escena. Entonces pronuncia el juramento de que nunca volverá a pasar hambre, y escuchamos ese tema de Tara: no importa la situación que se haya encontrado, Scarlett vuelve a estar en su hogar, y eso es lo que le da esa emotividad al tema, que tiene un notable carácter nostálgico, no es un tema alegre precisamente. Además, el tema es interpretado por los metales, mientras las cuerdas tocan el acompañamiento: estos metales le dan un componente heroico: el esfuerzo que ha costado volver a Tara ha sido titánico, pero ha merecido la pena, porque por fin volvemos a casa.

Por cierto, Selznik quería que Steiner usara música clásica en la partitura, pero Steiner pensaba que los americanos estaban familiarizados con muchos temas de música popular, pero no tenían la cultura clásica necesaria para entender las citas de compositores clásicos. Por eso, en las partituras de Steiner vamos a encontrar numerosas citas de canciones populares o de marchas militares, pero muy pocas referencias a obras clásicas.

En 1939, Max Steiner recibe dos nominaciones al Oscar, por “Lo que el viento se llevó” y por “Amarga victoria”. Pero, incomprensiblemente, ese año se irá de vacío.

Aquí se hace necesario explicar el estilo compositivo de Steiner. Él contaba con un dispositivo que le permitía ver la película montada y cronometrar exactamente en qué momento transcurría cierta escena clave. Mientras, iba desarrollando los leitmotivs que iban a aparecer en la partitura, y, una vez compuestos, los adaptaba al tiempo que le daba el cronómetro para que encajaran a la perfección con el momento que él buscaba. Los resultados están a la vista.

En los siguientes 4 años va atrabajar en exclusiva para la Warner. Su primera partitura remarcable será la de “La carta” en 1940, película de William Wyler de nuevo protagonizada por Bette Davis y ambientada en el sudeste asiático. Como cualquier gran compositor clásico, Steiner recurre a temas orientales que contribuyan a la ambientación de la película, mientras los temas más íntimos van a tener ese carácter opresivo tan característico de las partituras de Steiner:

Por esta partitura recibirá una nueva nominación al Oscar, nominación que repetirá en 1941 por “El sargento York”, dirigida por Howard Hawks y protagonizada por Gary Cooper, en la que pasa de los temas de carácter más intimista de la primera mitad de la película a los temas militares de la segunda mitad:

Hay que destacar, en todo caso, que con un ritmo de trabajo tan frenético, Steiner por lo general sólo compone los temas, pero no los orquesta; esta labor cae a menudo en manos de Hugo Friedhofer, hasta que éste comience a destacar como compositor y sea sustituido por Murray Cutter.

En 1942 compone algunas de las mejores bandas sonoras de su carrera. Vuelve a trabajar con Errol Flynn y Olivia de Havilland, dirigidos por Raoul Walsh, en la mítica “Murieron con las botas puestas”, para la que compone uno de los temas de amor más bellos que salieron nunca de su pluma, además de temas de marcado carácter militar:

También compone la partitura de otra película mítica, “Casablanca”, dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Humphrey BogartIngrid Bergman y Claude Rains:

Aquí escuchamos un tema que nos recuerda demasiado al que ya hemos escuchado en “La patrulla perdida”. Además, Steiner usa como leitmotivs dos canciones existentes (nada novedoso, compositores como Wagner o Meyerbeer también lo habían hecho un siglo antes): por una parte, el himno francés, la marsellesa, que sirve como leitmotiv de libertad, de la resistencia anti-nazi, y por otro ese “As time goes by” de Herman Hupfeld, que sirve como tema de amor. Steiner quiso utilizar una canción suya, pero como la película ya había sido rodada, había que volver a rodar algunas escenas, y como Ingrid Bergman se había cortado el pelo para rodar “Por quién doblan las campanas” y no se encontró ninguna peluca que se asemejara a su cabello, no pudo incluirse la canción que Steiner quería componer. Por esta partitura, Steiner será nominado al Oscar (aunque Casablanca no entra en los Oscars de 1942, sino en los de 1943).

Y su otra gran partitura de ese año es “La extraña pasajera”, de nuevo con Bette Davis, Claude Rains y Paul Henreid (el Victor Lazslo de Casablanca), en una partitura de estilo melodramático en la que destaca la belleza de la melodía principal, lo que nos enlaza con la tradición melódica francesa, ya que las influencias musicales de Steiner, en especial las del romanticismo europeo, son numerosísimas:

Nueva nominación al Oscar, que en esta ocasión consigue llevarse a casa. Y, a diferencia de lo que sucedía en 1935, ahora sí que el Oscar se entrega al compositor.

En 1943 sigue trabajando en películas que en su momento fueron grandes éxitos, como “Alarma en el Rhin”, que le valió el Oscar a mejor actor a Paul Lukas, pero que hoy está completamente olvidada. Más destacables son sus trabajos de 1944. Una de ellas es “Las aventuras de Mark Twain”, protagonizada por Fredric March y Alexis Smith, con una sonoridad plenamente americana que le valdrá una nueva nominación al Oscar:

Ese año colabora también con el director Frank Capra (con quien había trabajado el año anterior en un documental) en la negrísima comedia “Arsénico por compasión”, protagonizada por Cary Grant, en la que combina melodías románticas, cómicas, de intriga y otras simplemente grotescas, según lo requiera la cambiante situación de tan alocada película:

También en 1944, la Warner trata de repetir el éxito de “Casablanca” con la casi olvidada “Pasaje a Marsella”, de nuevo con Michael Curtiz, Humphrey Bogart, Claude Rains, Peter Lorre o Sidney Greenstreet. Lógicamente, la partitura se le encarga a Max Steiner, que aquí, a diferencia de “Casablanca”, recurre mucho más a temas compuestos por él mismo, destacando la belleza melódica del tema de amor:

Y ese año vuelve a trabajar para Selznik por primera vez desde “Lo que el viento se llevó”, en esta ocasión para un drama ambientado en la II Guerra Mundial, en las esposas y familias que se quedan sin el padre, que está combatiendo en el frente. La película, protagonizada por Claudette Colbert, Jennifer Jones y Joseph Cotten, requiere de un tema principal tranquilo, amable, como la protagonista, pero al mismo tiempo capaz de transmitir esa nostalgia por el marido ausente, mientras Steiner compone otros temas de distinto carácter, destacando la grotesca melodía asociada al perro, interpretada por el fagot, y otros temas de carácter militar que nos recuerden la situación bélica que estamos viviendo, o cita la canción de cuna de Brahms:

Esta película le valdrá a Max Steiner su tercer y último Oscar. Trabajar con Selznik parece que le traía buena suerte.

En los siguientes años, sus mayores éxitos llegarán con adaptaciones musicales, como en “Rapsodia en azul”, de 1945, biopic de George Gershwin, o en 1946 con “Noche y día”, biopic de Cole Porter protagonizado por Cary Grant, ambos valedores de una nominación al Oscar. Pero quizá su partitura más reseñable de esos años sea la del clásico de cine negro “El sueño eterno”, de Howard Hawks, con Humphrey Bogart y Lauren Bacall, en cuyo tema principal va a predominar el aspecto más romántico de la película:

En 1947, es nominado por partida doble al Oscar, una por el musical “My wild irish rose” y la otra por “Vivir con papá”, comedia de Michael Curtiz protagonizada por William Powell, Irene Dunne y Elizabeth Taylor, de ritmo desenfadado y sonoridad de nuevo ya plenamente americana:

En 1948 destacan sus trabajos en dos películas protagonizadas por Humphrey Bogart, y ambas dirigidas por John Huston. La primera será la opresiva “Cayo Largo”, con Lauren Bacall, Edward G. Robinson y Lionel Barrymore, en la que consigue transmitir a la perfección ese ambiente de permanente tensión que requiere el film:

La otra será el drama “El tesoro de Sierra Madre”, en una partitura con la sonoridad mexicana que requiere la ubicación del film y que muestra también un carácter opresivo, como la atmósfera que viven esos ambiciosos buscadores de oro capaces de cualquier cosa con tal de conseguir el ansiado premio:

También trabaja de nuevo para Errol Flynn, en “El burlador de Castilla”, en la que consigue reproducir la música tradicional española, además de trabajar en un género, el de capa y espada, que tradicionalmente se había asociado a Korngold (“El capitán Blood”, “Robin de los bosques”, “El halcón de mar, todas ellas protagonizadas por Errol Flynn):

Pero su mejor trabajo ese año, y el único por el que consigue estar nominado al Oscar, será su trabajo en “Belinda”, la historia de una joven sorda interpretada por Jane Wyman que es violada. El tema principal, de nuevo de una exquisita belleza, nos transmite la inocencia de esta joven que, en el fondo, es una niña:

En 1949 recibe una nueva nominación al Oscar por “Más allá del bosque”, drama de King Vidor con Bette Davis y Joseph Cotten, y en 1950 es nominado por otra magnífica partitura, la de “El halcón y la flecha”, film de capa y espada protagonizado por Burt Lancaster y ambientado en el norte de Italia. Steiner recurre a ritmos típicos italianos, como la tarantella, para conseguir la mejor ambientación posible, aunque podamos encontrar similitudes incluso con la sinfonía italiana de Mendelssohn:

En 1951 compone la partitura del western de Raoul Walsh “Tambores lejanos”, protagonizado por Gary Cooper, y en la que de nuevo destaca su capacidad de ambientación gracias a la música, por el uso de percusiones que puedan evocarnos a los indios norteamericanos:

En 1951 pone música a la bélica “La flota silenciosa”, protagonizada por John Wayne, en una partitura llena de tensión:

En 1952 es nominado al Oscar por “El mensaje de Fátima”, y repite nominación en 1954 por la magistral partitura de “El motín del Caine”, magistral drama militar protagonizado por Humphrey Bogart y José Ferrer, para el que compone una de sus mejores marchas militares:

Ese mismo año se estrena en el género histórico, hasta ese momento propiedad de Alfred Newman y Miklós Rózsa, en “El talismán”, historia ambientada en las cruzadas con Rex Harrison y Virginia Mayo de protagonistas:

Y repite género, de forma más afortunada, en “Helena de Troya”, con un memorable tema principal que nos recuerda a sus grandes partituras del pasado:

Y ese año vuelve a estar nominado al Oscar por el drama bélico “Más allá de las lágrimas”, de nuevo dirigido por Raoul Walsh:

Pero su mejor partitura de la década está por llegar. Max Steiner no era el compositor preferido de John Ford, que prefería los estilos de Alfred Newman o Victor Young, en general menos ambiciosos, y con menor presencia en el metraje, que las partituras de Steiner, pero se vio obligado a contar de nuevo con él para uno de sus mejores westerns, “Centauros del desierto”, protagonizado por John Wayne y Jeffrey Hunter. Escuchando la magistral partitura que compone Steiner, sólo queda recordar que los grandes genios también se equivocan, y Ford no iba a ser la excepción:

Pero la película, incomprensiblemente, no recibe ninguna nominación al Oscar, y ni siquiera Steiner se libra de esta maldición que parecen tener los westerns de John Ford.

En 1959 trabaja en otro western, “El árbol del ahorcado”, dirigido por Delmer Daves y protagonizado por Gary Cooper. El ritmo de trabajo de Steiner se ha reducido considerablemente, y aquí no es difícil escuchar por momentos el mismo tema que sonaba en “Centauros del desierto”:

Y, pese a todo, Steiner alcanza ese año uno de los mayores éxitos (al menos comercialmente hablando) con el tema principal de “En una isla tranquila del sur”, también dirigida por Delmer Daves, protagonizada con la joven pareja de moda, Sandra Dee y Troy Donahue; esto permite a Steiner ser conocido por una nueva generación que en esos momentos se encontraba en la adolescencia:

Buscando repetir el éxito, Delmer Daves vuelve a contar con él en “Parrish”, drama protagonizado por Claudette Colbert, Karl Malden y, cómo no, Troy Donahue, el guaperas del momento. En un momento en el que la forma de entender las bandas sonoras está cambiando (influencias del jazz y de músicas populares la época, los cambios de concepto de Bernard Herrmann o Jerry Goldsmith), el estilo de Steiner también ha cambiado. Poco queda de aquel brillante compositor de estilo tardorromántico de creatividad incansable. Sus nuevas partituras, conservando aún en parte la brillantez melódica de su periodo de esplendor, han perdido mucha de la brillantez que tenían apenas una década antes:

Delmer Daves será uno de los directores que siga contando con él en los siguientes años, como prueba su colaboración en “Más allá del amor”, de nuevo con Troy Donahue, acompañado ahora por Angie Dickinson:

El otro será Raoul Walsh, que contará con él para el western “Una trompeta lejana”, protagonizado de nuevo por Troy Donahue (y pensar que hoy día nadie se acuerda de este actor…), en una partitura que recuerda peligrosamente a la marcha militar de “La carga de la brigada ligera):

Su último trabajo será para una película de la Disney, “Those Calloways”, de 1965. El tema grotesco para describir a los gansos para los que la familia Calloway quiere construir una reserva es de nuevo un recurso ya utilizado por Steiner, aunque la partitura no carece e interés:

En 1963, Max Steiner escribe una autobiografía que, por desgracia, no se publicó, y en la que parece ser que contaba detalles desconocidos de su infancia. De hecho, se desconoce de la fecha de divorcio de su primera esposa, con la que se casó en 1912. Steiner se casaría otras tres veces, pero sólo tendría un hijo, Ron, con su tercera esposa, la arpista Louise Klos. Su hijo murió en 1962, justo antes de comenzar a escribir sus memorias.

Retirado en sus últimos años, Max Steiner moría de un infarto el 28 de diciembre de 1971 en Beverly Hills a los 83 años, siendo enterrado en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery de Glendale.

Max Steiner se ganó con su incansable labor un importante lugar en la historia de la música cinematográfica, que revolucionó y que dominó durante dos décadas en las que nos regaló muchas de las partituras más memorables del Hollywood clásico. Aún a día de hoy sigue siendo un referente de todos los compositores sinfonistas de Hollywood, de los que fue el primer gran exponente.



50 años de la muerte de Spencer Tracy (10-06-2017)




Fue admirado por sus compañeros y directores que a menudo lo definían como el mejor actor de su generación; una generación que había dado lo mejor del Hollywood dorado de los años 30 y 40. Esto nos permite hacernos una idea del inmenso talento que encerraba el cuerpo del actor que hoy nos ocupa y que nos dejó hace 50 años: Spencer Tracy.




Spencer Bonaventura Tracy nació un 5 de abril de 1900 en Milwaukee, en el estado de Wiskonsin. Su padre era un vendedor de camiones de orígenes irlandeses católicos, mientras su madre era una prebiteriana de clase acomodada, y tenía un hermano 4 años mayor. Tracy fue criado como católico, y en un intento de arreglar sus problemas de estudios a causa de su hiperactividad estudia en un colegio de monjas y posteriormente con jesuitas. Según afirmará él mismo, su mayor interés en los estudios será para poder leer los subtítulos del las películas mudas que tanto le fascinan. En la escuela jesuita conoce a Pat O’Brien, y ambos se harán asiduos a las representaciones teatrales.

Pero su falta de interés en los estudios le lleva a enrolarse en la marina nada más cumplir los 18 años, poco antes de que termine la I Guerra Mundial, por lo que nunca llega a entrar en combate.

Licenciado de la marina en 1919, el empeño de su padre porque uno de sus hijos consiga un título universitario le hará matricularse para estudiar medicina. Pero en esos años será un estudiante popular por su habilidad como orador en debates y también se une al grupo teatral, debutando en escena en junio de 1921. Durante una gira con el grupo de debate de su universidad audicionará en Nueva York para la Academia Americana de Artes Dramáticas, que le invita a matricularse en ella, algo que ocurre en abril de 1922. Se matricula en marzo de 1923, habiendo debutado ya en la escena newyorkina en octubre de 1922.

Sus primeros años como actor teatral no fueron buenos: acumulaba fracasos, cambiaba de compañías y de ciudades, su ego se vio afectado y su economía era mediocre. Trabajando en el teatro conoce a la actriz Louise Treadwell, con la que se casa en 1923, con la que tendrá dos hijos, John en 1924 y Louise en 1932.

La mala racha termina cuando, pese a sus miedos, trabaja con el productor teatral George M. Cohan en la obra “Yellow” en 1926. El éxito de esta obra le lleva a seguir colaborando con Cohan en nuevas producciones. Aún así, su carrera sufrirá nuevos altibajos que estarán a punto de llevarle a renunciar y volver a Milwaukee, pero todo cambia en 1930.

En enero de 1930 trabaja en una nueva producción teatral, “The last mille”, con la que consigue un gran éxito. En esa época, además, Hollywood se encuentra necesitado de nuevos actores para el reciente cine sonoro, ya que muchas de sus estrellas del cine mudo no se adaptan al nuevo medio, y los actores teatrales son idóneos para sus nuevas películas. Y John Ford le ve en esta obra teatral, ambientada en una prisión, y le ofrece protagonizar su nueva película, que también transcurre en una prisión, “Río arriba”. Spencer Tracy protagoniza la película junto a su amigo Humphrey Bogart, con quien no volverá a compartir pantalla:

Tras el estreno, la Fox le ofrece un contrato. Spencer Tracy necesita el dinero (su hijo, sordo, está recuperándose de la polio) así que acepta y se muda a California y sólo volverá a trabajar en el teatro una vez. La Fox trata de lanzarlo a la fama, siendo compañero de reparto de Jean Harlow o Joan Bennett, en comedias que no alcanzan el éxito. Esto lleva a Tracy al alcoholismo, y su fama de bebedor le perseguirá toda la vida. A partir de 1932 comienza a trabajar en proyectos de más enjundia dramática, como “Fueros humanos” de 1933, en la que compartirá protagonismo con Loretta Young, con la que tendrá un romance. Pero en 1935 rompe el contrato con la Fox de mutuo acuerdo: 5 años, 25 películas y la mayoría han sido un fracaso.

En 1935 comienza a trabajar en la Metro, que por aquel entonces era el más prestigioso de los estudios, pero tampoco el éxito le llega de inmediato: por lo general es la pareja de películas protagonizadas por mujeres como Myrna Loy o Jean Harlow. Pero en 1936 su suerte cambia al protagonizar el debut americano del director alemán Fritz Lang”, “Furia”, en la que interpreta a un forastero víctima de un motín en el que le dan por muerto y que busca venganza:

La película es un éxito que lanza a la fama a Tracy. Sin embargo, en su siguiente película interpreta un papel secundario: es la historia de catástrofes “San Francisco”, que narra el terremoto que azotó a la ciudad en 1906. La película la protagonizaban Clark Gable y Jeanette McDonald:

Pese a todo, el público identifica a Tracy como el protagonista. Y pese a que en 1936 se dan pro primera vez Premios Oscar a los mejores intérpretes secundarios, Tracy es nominado como mejor actor principal. La primera de sus 9 nominaciones, siempre como actor principal.

Tras protagonizar algunas películas más, en 1937 interpreta uno de sus mejores papeles, el pescador Manuel en la mítica adaptación de la obra de Rudyard Kipling “Capitanes intrépidos”, junto a un reparto de lujo en el que se encuentra el niño de moda, Freddie Bartholomew:

Segunda nominación al Oscar y primera victoria. Con 37 años. Por fin aparece ese enorme actor al que todos conocemos.

Tras su éxito interpretando a un cura en “San Francisco”, la Metro cuenta con él para interpretar al Padre Flanagan, fundador de La ciudad de los muchachos, en “Forja de hombres”, en la que tendrá que enderezar aun problemático Mickey Rooney:

Tercera nominación y segundo Oscar, consecutivo:

Convertido en el actor más popular del momento, en 1940 protagoniza su primera película en tecnicolor, la histórica “Paso al Noroeste”, que será un nuevo éxito:

También en 1940 protagoniza “Edison, el hombre”, siendo elogiado por su interpretación de Thomas Edison:

En 1941 protagoniza la secuela de “Forja de hombres”, “La ciudad de los muchachos”, y tiene una incursión en el cine de terror con “El extraño caso del Dr. Jekyll”, junto a Ingrid Bergman:

En 1942 protagoniza la comedia romántica “La mujer del año”, junto a Katherine Hepburn, actriz que se encontraba en la cima de su popularidad y que deseaba trabajar con Tracy, a quien admiraba:

El éxito de la película les llevará a convertirse en una popular pareja cinematográfica (protagonizarán en total 9 películas, entre ellas “La llama sagrada”, también de 1942), además de una pareja fuera de los escenarios hasta la muerte de él, aunque nunca se casaron, ya que Tracy había acordado con su mujer nunca hablar de divorcio, aunque vivieran separados.

En los siguientes años, Spencer Tracy protagoniza siempre films bélicos, algo lógico en plena II Guerra Mundial, de las que destaca “La séptima cruz”, de 1944, dirigida por Fred Zinnemann, en la que interpreta a un fugitivo de un campo de concentración:

En 1945 vuelve a trabajar en teatro, en la obra “The rugged path”. Spencer Tracy había atravesado un mal momento profesional, y decide probar en Broadway si es capaz de volver a actuar. Antes del estreno se encuentra especialmente tenso, y no se siente ya tan cómodo en teatro como en cine, pero consigue realizar 81 representaciones.

Spencer Tracy vuelve al cine en 1947, con “Mar de hierba”, dirigida por Elia Kazan, western que protagoniza junto a Katherine Hepburn:

Tracy repite de nuevo en 1948 con Hepburn en “El estado de la unión”, drama político dirigido por Frank Capra:

En 1949 protagoniza “Edward, mi hijo”, de George Cukor, junto a Deborah Kerr, en la que interpreta a un hombre capaz de cualquier cosa con tal de complacer a su hijo. Tracy se siente incómodo al ver lo fácil que le resulta interpretar a un personaje tan poco positivo, ya que, pese a ser un trabajador incansable, su forma de actuar se basa siempre en la absoluta naturalidad de todos sus papeles. Este será uno de sus mayores fracasos desde mediados de los años 30:

Para compensar, ese mismo año estrena la genial comedia “La costilla de Adán”, dirigida también por George Cukor, que será la más popular de las películas que protagonice junto a Katherine Hepburn:

En 1950 protagoniza la comedia de Vincente Minnelli “El padre de la novia”, junto a Joan Bennett, antigua compañera de reparto, y la joven Elizabeth Taylor, que interpreta a su su hija:

Spencer Tracy llevaba desde 1938 sin ser nominado al Oscar (desde que ganó su segundo Oscar, precisamente), y por esta película, 12 años después, consigue una nueva nominación, las 4ª. El éxito de la película es tal que al año siguiente se filma una secuela, “El padre es abuelo”.

En 1951 protagoniza también “El caso O’Hara”, drama judicial en el que coincide con su amigo de juventud Pat O’Brien:

En 1953 protagoniza “La actriz”, de George Cukor (director con el que trabajó en numerosas ocasiones, como vemos) en “La actriz”, en la que interpreta al padre de una aspirante a actriz interpretada por Jean Simmons:

Por este papel será nominado al BAFTA y ganará su único Globo de Oro, aunque no se lleve nominación al Oscar.

Actor todoterreno, Spencer Tracy se muestra igual de cómodo en la comedia y en el drama, en el cine bélico o en el histórico. Y en 1954 protagoniza un western, “Lanza rota” de Edward Dmytryk, junto a Robert Wagner:

Y en 1955 se nos lanza al cine de acción con la magistral “Conspiración de silencio” de John Sturges, en la que interpreta a un veterano de la II Guerra Mundial que se enfrenta a quienes mataron al padre japonés de un compañero suyo y al silencio cómplice del resto del pueblo:

Por este papel gana el premio al Mejor Actor en el Festival de Cannes y recibe su quinta nominación al Oscar.

Sus siguientes películas son el drama de aventuras “La montaña siniestra”, de nuevo junto a Robert Wagner, y la comedia romántica “Su otra esposa”, junto a Katherine Hepburn.

En 1958 tiene uno de sus, en mi opinión, mejores papeles en el drama político “El último Hurra” de John Ford (con el que no había vuelto a trabajar desde su debut), junto a Jeffrey Hunter, en el que interpreta al alcalde de Boston que ve como la televisión le arrebata votos al ser incapaz de acomodarse a las nuevos usos:

Imprescindible sobre todo la escena final.

Pero no conseguirá una nueva nominación al Oscar por esta película, ya que ese año la nominación le llegará por protagonizar la adaptación de la obra de Hemingway “El viejo y el mar” que dirige John Sturges:

En 1960 trabaja por primera vez bajo las órdenes de Stanley Kramer, que dirigirá la mayoría de sus últimas películas, en el drama judicial “Herencia del viento”, en el que se enfrenta a otro enorme actor, Fredric March:

Nueva nominación al Oscar, a la que seguirá otra nueva al año siguiente por su segunda colaboración con Kramer, “Vencedores o vencidos”, en la que interpreta a un abogado americano durante los juicios de Nuremberg:

Repite con Stanley Kramer en “El mundo está loco, loco, loco”, en 1963, y ya sólo trabajará en una película más (la mala salud le obligará a renunciar a varias ofertas), pero una de sus mejores películas: “Adivina quien viene esta noche”, dirigida de nuevo por Stanley Kramer y junto a Katherine Hepburn, que trata sobre el matrimonio interracial con la relación de su hija con un negro interpretado por Sidney Poitier:

El rodaje de la película se alarga por la mala salud de Tracy, que puede trabajar pocas horas al día, pero consigue finalizar su última escena el 24 de mayo de 1967. Apenas dos semanas después, el 10 de junio, Tracy se levanta a prepararse un té; Hepburn oye desde la habitación el sonido de una taza cayendo y va de inmediato a la cocina: Tracy, que sufría de hipertensión desde años atrás, había muerto a consecuencia de un infarto. Tenía 67 años, aunque aparentaba más.

Su funeral fue muy concurrido por las grandes estrellas de Hollywood, que admiraban a Tracy como el gran actor que siempre fue. Tracy fue enterrado en el Glendale’s Forest Lawn Memorial Park.

Su última película, “Adivina quien viene esta noche”, se estrenó en diciembre de ese año. Y por su papel fue nominado póstumamente al BAFTA, al Globo de Oro y al Oscar, en este caso por novena vez. Katherine Hepburn sí ganará el Oscar por este papel, y sentirá que en realidad se lo han dado por él.

La siguiente generación de actores se alejó del estilo interpretativo de Tracy, tan elogiado por sus contemporáneos. Es lo que se perdió el cine de los años 60, 70 y 80, y lo que le da ese esplendor al Hollywood clásico de los 30 y 40. Figuras como Spencer Tracy, uno de los mejores (quizá el mejor incluso) actores de Hollywood, permanecen en nuestras retinas como un símbolo de lo que fue y por desgracia ya no existe.