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130 años del estreno de Esclarmonde (14-05-2019)

A día de hoy, la ópera “Esclarmonde” es una gran desconocida entre la obra de Jules Massenet, pese a que es una de sus obras más logradas, aunque también de las más difíciles de cantar. El 130º aniversario de su estreno nos lleva a recordar esta magnífica ópera, una de las obras maestras del compositor francés.

El dramaturgo y libretista francés Alfred Blau (autor del libreto de “Sigurd” de Ernest Reyer, entre otras óperas), huyendo del conflicto de la Comuna de París en 1871, se refugia en Blois, y en su biblioteca encuentra una antiguo poema de gestas medieval, “Parthénopéus de Blois”, escrito por el monje benedictino Denis Pyramus en torno a 1170 o 1180, en el que recupera el tema de Eros y Psique pero cambiando de sexo los roles. Si bien Blau saca el nombre de Esclarmonde de otra novela de caballería, “Huon de Burdeos”, utiliza la obra de Pyramus para la elaboración de un libreto operístico, que él escribe en prosa y su colaborador Louis de Gramont versifica. Terminado en 1882, ofrecen su trabajo al compositor belga François-Auguste Gevaert, que lo rechaza. 

El 1 de agosto de 1886 Jules Massenet ve “Parsifal” de Wagner en Bayreuth, y la ópera le impresiona notablemente. Se desconoce cómo y cuándo exactamente llega a sus manos el libreto de “Esclarmonde”, pero lo cierto es que ve en ella posibilidades de aplicar el estilo wagneriano a su propio estilo en una ópera. Parece que a finales de ese mismo año comienza a componerla. Pero será en la primavera de 1887 cuando el trabajo despegue del todo. Es entonces cuando Massenet conoce a la soprano estadounidense Sibyl Sanderson y queda impresionado por sus impresionantes dotes vocales, de enorme extensión, capacidad para la coloratura y, al mismo tiempo, enorme potencia. Viendo en ella a la protagonista ideal de su ópera, avanza rápidamente en la composición. El estreno se programa para la inauguración de la Exposición Universal de París de 1889 (la misma para la que se construye la famosa Torre Eiffel). 

Será el 14 de mayo de 1889 cuando se estrene “Esclarmonde” en la Opéra-Comique parisina con gran éxito, alcanzando las 50 representaciones en sólo 4 meses. El éxito se extiende por otros teatros de ópera de Europa e incluso de Estados Unidos, pero la tremenda dificultad de su papel protagonista hace que pocas sopranos sean capaces de interpretarlo, y tras la muerte de Sanderson en 1903 el propio Massenet permite que la obra caiga en el olvido. A partir de entonces apenas se representa hasta los años 70, en los que comienza a recuperarse, aunque sigue siendo una ópera sumamente infrecuente, por desgracia. 

Comenzamos a repasar, como siempre, el argumento de la ópera. Como en este caso no disponemos de una traducción al español del libreto, dejamos un enlace con el original francés. 

La ópera comienza con un prólogo. Estamos en Bizancio, en algún momento de la Edad Media. Allí el emperador bizantino Phorcas anuncia ante el pueblo que abdica en favor de su hija Esclarmonde, lo que sorprende a todos. Anuncia que ella deberá permanecer oculta a todos, cubierta por un velo, hasta que cumpla los 20 años, momento en el que, en un torneo, se elegirá a su esposo. Todo esto se debe a que es la forma de poder mantener su dominio de las artes mágicas que ha aprendido de su padre. El pueblo alaba a su nueva emperatriz. Mientras, Phorcas habla con su otra hija, Parséïs, la única que conoce el lugar de su retiro y se despide de su hija. Escuchamos el prólogo con Clifford Grant como Phorcas y dirigido por Richard Bonynge, no sin dejar de atender la belleza melódica y la magistral orquestación:

Comenzamos el primer acto. Estamos en una terraza del palacio imperial, donde Esclarmonde piensa en su amado caballero Roland, a quien ama irremediablemente pese a no conocerlo en persona. Lamenta ser la única a la que le está prohibido ese amor. Escuchamos el aria “Roland! Roland!” cantada por Denia Mazzola:

Aparece en ese momento su hermana Parséïs, que la encuentra triste. Esclarmonde le cuenta que una ley injusta la condena a estar aislada de los demás. Parséïs le dice que, al controlar las artes mágicas, puede recorrer el mundo y buscar al rey o caballero que quiera que sea su esposo, pero ella le dice que ya ama a alguien, Roland, Conde de Blois, que estuco tiempo atrás en Bizancio, aunque no pudieron encontrarse, pero ahora esta lejos, en Francia. Parséïs le dice entonces si no puede dirigir sus pasos a través de algún hechizo. Escuchamos el dúo con Joan Sutherland como Esclarmonde y Huguette Tourangeau como Parséïs:

Esclarmonde entonces le responde que no es suficiente con amar, que él tendría que amarla también, por lo que se siente desgraciada. Escuchamos la escena con las mismas intérpretes:

Aparece en ese momento Énéas, el caballero errante al que ama Parséïs. Ella le pide que les cuente sus batallas, de sus lejanos viajes. Énéas les dice que ha conocido a un héroe que supera a todos, Rolando, lo que sorprende a las dos hermanas. Roland le ganó en combate, pero en vez de matarlo, le llamó hermano y ahora son amigos. Pero Énéas dice que el Rey de Francia Cleomer le quiere casar con su hija, lo que desespera a Esclarmonde. Parséïs entonces despide a Énéas, no sin prometerle verle esa misma tarde de nuevo. Escuchamos la escena con las mismas intérpretes y con Ryland Davies como Énéas:

Desesperada, Esclarmonde decide hacer algo: esa misma noche conducirá a Roland a una isla mágica para seducirlo. Pero para no perder sus poderes, no se quitará el velo cuando esté con él. Y comienza su invocación para realizar el hechizo. Escuchamos de nuevo a las mismas intérpretes:

Esclarmonde continúa su invocación a los diferentes espíritus para que conduzcan a su amado Roland a donde ella desea. Ella y su hermana contemplan la visión fantasmagórica: Cleomer está de caza, mientras Roland descansa sobre la hierba. Aparece entonces un ciervo blanco, y Rolando lo persigue. Llega así al mar, donde sube a un barco que le espera para conducirlo a la isla mágica de Esclarmonde. Ella despide a su hermana para unirse a su amado. Escuchamos el aria que cierra el primer acto, “Esprits de l’air” cantada por Alexandrina Pendatchanska:

Comenzamos el segundo acto. Estamos en la isla mágica de Esclarmonde, de noche. Allí está Roland, alucinando por no saber dónde está. Un coro de espíritus le saluda. Él los sigie hasta una terraza donde se queda dormido. Aparece entonces Esclarmonde, y los espíritus desaparecen. Besa la frente de Roland, que despierta en ese momento. Le pregunta si es ella quien le ha llevado allí, a lo que ella responde afirmativamente. Le dice que es una mujer que le ama. Extasiado, él le dice que también la ama. Esclarmonde le promete gloria y riquezas si se casa con ella. Él no está muy dispuesto a  aceptar sin ver su rostro, oculto por el velo, pero ella le hace elegir: si no acepta sus condiciones, se irá. Él le pide que se quede, y ella le promete que es bella. Comienza así una noche de amor (no entremos en más detalles ni obviedades). Escuchamos el dúo de amor con Joan Sutherland y Jaume Aragall:

Terminada la noche, Roland está en un palacio encantado. Ella no quiere revelarle su nombre real, por lo que se presenta como la Adorada, pero él la llama Felicidad. Ella le obliga a jurar que no dirá nada a nadie de lo que ha sucedido esa noche. Ella lo devuelve a Francia, donde Cleomer lucha contra los musulmanes; Roland alcanzará así la gloria, mientras ella reaparecerá cada noche junto a él. Seguimos escuchando a los mismos intérpretes que antes:

Esclarmonde le entrega una espada mágica, la espada de San Jorge, que le da la victoria a aquel que cumpla siempre su juramento, pero se partirá si la coge un perjuro. Entonces, la hoja de la espada se ilumina. Seguimos escuchando a Sutherland y Aragall: 

Roland se postra ante la espada, que se apaga cuando él la coje. Entonces ambos se despiden pensando en volver a encontrarse por la noche y recordándose ambos la necesidad de mantener sus juramentos. Escuchamos el final del segundo acto de nuevo con Joan Sutherland y Jaume Aragall:

Comenzamos el tercer acto. En la plaza de Blois, el pueblo se reúne ante el Rey Cléomer huyendo del ataque musulmán a la ciudad, que está en llamas. El Rey se siente viejo para poder evitar la conquista de la ciudad. Necesitan un milagro para evitar la conquista, ya que no aceptan el precio de 100 vírgenes que exige el líder musulmán. Escuchamos a Robert Lloyd como Cléomer:

Pasa entonces una procesión encabezada por el Obispo de la ciudad, que recuerda al pueblo la necesidad de confiar en Dios, que levantará a un liberador. Se escuchan entonces unas trompetas que anuncian al enviado de Sarvégur, líder musulmán, que quiere saber si se cumplirán sus demandas, que son denegadas por el pueblo y el Rey. Cuando todos se preguntan quién podrá salvarles, aparece Roland que se ofrece voluntario para un combate singular contra Sarvégur. Cuando el enviado se va, Roland anima al pueblo a armarse. Los hombres le siguen, mientras el Obispo les dice a las mujeres y a los niños que recen a Dios pidiendo su ayuda. Escuchamos la escena con Jaume Aragall como Roland, Robert Lloyd como Cléomer y Louis Quilico como el Obispo:

El Obispo y el pueblo suplican a Dios que tenga piedad de ellos y proteja a su defensor Roland. Se escuchan entonces los gritos de victoria de los franceses: Roland ha vencido. Escuchamos la escena con Louis Quilico como el Obispo:

El Rey Cléomer quiere recompensar a su héroe dándole la mano de su hija Bathilde, algo que el Obispo aprueba. Roland empieza a temblar y al final rechaza la oferta, pero no quiere contar el motivo, ya que juró callar. El rey se siente ofendido, pero tiene que perdonar al salvador de la ciudad, mientras el Obispo decide descubrir el secreto de Roland y hacerle hablar. Escuchamos al mismo reparto que antes:

El pueblo alaba a su salvador Roland, mientras éste sólo desea que llegue la noche para poder volver a reunirse con su amada.Escuchamos de nuevo a Jaume Aragall:

Cambiamos de escena: Roland está en sus aposentos en el Palacio Real. Se escucha al pueblo aclamarlo desde fuera, mientras él sigue esperando a su amada. Volvemos a escuchar a Jaume Aragall:

Roland entonces vuelve a rogar a su esposa que sea fiel a su juramento de volver cada noche, que será como si fuera la primera. Escuchamos el monólogo de Roland “La nuit bientôt sera venue” cantada por Jaume Aragall:

Aparece entonces el Obispo de Blois, que insiste en saber los motivos por los que ha rechazado a la hija del Rey. Roland responde que juró no contestar, pero el Obispo insiste en que se confiese, ya que ningún juramento de silencio tiene validez ante Dios, y le amenaza con que su silencio le puede causar renunciar a la vida eterna, lo que convence a Roland de la necesidad de contarlo. Escuchamos a Louis Quilico y Jaume Aragall:

Roland le cuenta que no sabe quién es su esposa, una mujer o un hada quizá. El Obispo piensa que ha sido seducido por la belleza de una mujer, pero Roland le dice que no ha podido ver su rostro. Le cuenta cómo se reúne cada noche con él, y el Obispo piensa que es una magia diabólica, pero Roland le contesta que entonces no le habría ordenado salvar su patria. El Obispo se entera entonces que esa misma noche se reunirá con él en ese mismo palacio, y decide hacer algo para librarlo del sortilegio al que, cree, está sometido. Seguimos escuchando al mismo reparto que antes:

El Obispo se despide de Roland diciéndole que pida perdón a Dios, ya que por el momento él no puede absolverlo. El caballero obedece y suplica el perdón. Seguimos escuchando a los mismos intérpretes:

Nada más desaparecer el Obispo se escucha la voz de Esclarmonde (incluye un Sol sobreagudo que desconozco si fue interpretado por la Sanderson en el estreno). Roland se queda preocupado pensando que ha roto su juramento, pero luego piensa que confesarlo a Dios no es traicionarlo. Aparece Esclarmonde para cumplir su juramento y reencontrarse con el caballero, pero entonces llega el Obispo con otros monjes, con la intención de exorcizarla. El Obispo le arranca el velo que cubre el rostro de Esclarmonde, por lo que Roland contempla por primera vez su hermoso rostro. Ella lamenta que Roland haya traicionado su juramento, por lo que esa es la primera y la última vez que la verá, ya que no puede volver. Él quiere seguirla, pero los monjes se lo impiden y el Obispo se enfrenta a ella, que se va maldiciendo al caballero, que se muestra desesperado por perderla. Escuchamos el final del tercer acto con Dominique Gless como Esclarmonde, dando ese Sol sobreagudo:

Comenzamos el cuarto acto. Nos trasladamos a un claro de un bosque de las Ardenas. Silvanos y ninfas bailan, cuando llega un heraldo que proclama que se va a celebrar el torneo en Bizancio por el que el vencedor obtendrá la mano de la Emperatriz Esclarmonde. Escuchamos la escena dirigida por Richard Bonynge:

Aparecen Énéas y Parséïs. Comentan que el día del torneo se acerca, pero el trofeo del torneo, Esclarmonde, está en manos de malos espíritus. Ambos han ido al lugar donde se ha retirado el Emperador Phorcas para poder saber qué le pasa a Esclarmonde. A Parséïs no le agrada la idea de ir a donde su padre, y le confirma a Énéas que sólo confía en él. Ella entonces pregunta a los Silvanos por un anciano que vive allí, y ellos le señalan una cueva cercana. Escuchamos la escena con Ryland Davies y Huguette Tourangeau:

En ese momento aparece Phorcas, siendo consciente de que ha llegado la fecha del torneo que decidirá quién será el esposo de su hija Esclarmonde, pero no sabe por qué se encuentra tan angustiado. Entonces ve a Parséïs y a Énéas. Pregunta por Esclarmonde, y Parséïs le dice que ha abandonado Bizancio, lo que Phorcas interpreta como una maldición. Escuchamos la escena con Clifford Grant y Huguette Tourangeau:

Parséïs le cuenta al emperador que Esclarmonde quiso elegir ella misma a su esposo, Roland, y que cada noche iba mágicamente a donde él y regresaba cada mañana, hasta que una mañana algo pasó. Ambos piden el perdón para Esclarmonde, pero Phorcas se niega, su hija le ha traicionado y debe ser castigada, así que invoca a los espíritus para que la lleven a su presencia. Escuchamos la escena con los mismos intérpretes:

Una adormecida Esclarmonde aparece. Sin ver a su padre, recuerda su amor por Roland, su traición, a los monjes echándola, y lamenta su suerte. Los espírirus la llevaron entonces a su isla, donde ha permanecido dormida hasta entonces, y ahora, al despertar, lo recuerda todo. Escuchamos el aria de Esclarmonde “D’une longue torpeur” cantada por Joan Sutherland:

Esclarmonde entonces ve a su padre y le pide perdón, pero él se lo niega por su sacrilegio. El cielo pide una retribución a cambio de su traición. Tiene dos opciones: o renuncia a él, o tendrá que matarlo. Phorcas, Parséïs y Énéas le recomiendan que elija olvidarse de él. Seguimos escuchando a los mismos intérpretes:

Esclarmonde entonces confirma que renuncia a él, aunque le preocupa cómo pueda esto afectar a Roland. Seguimos escuchando a los anteriores intérpretes:

Los espíritus se encargan de que aparezca Roland para que Esclarmonde le rechace, le diga que renuncie a ella, que la olvide. Cuando ambos están solos, ella afirma perdonarlo pero le pide que le abandone. Él se niega, pero ella le dice que ya no es digna de él, que tenía un gran poder pero su traición le ha hecho perderlo. Escuchamos a Joan Sutherland y Jaume Aragall:

Roland dice que no le importa la gloria, sólo deseaba volver a verla, y ahora que lo ha conseguido no piensa abandonarla. Esclarmonde parece sucumbir y estar dispuesta a huir con él, pero escucha unas voces subterráneas que le recuerdan que entonces Roland morirá. Esclarmonde entonces le dice que le tiene que abandonar. Roland insiste en saber si es que ya no le ama, y Phorcas también le obliga a contestarle: ella dice que no quiere amarlo ya, lo que sirve para expiar su crimen. Esclarmonde y Phorcas desaparecen y dejan solo a un desesperado Roland. Él escucha entonces la llamada al torneo y decide acudir para morir de forma digna. Escuchamos la escena con Sutherland y Aragall:

Comienza entonces el Epílogo. Volvemos a la misma escena del prólogo, a la basílica de Bizancio. Phorcas ha reunido de nuevo al pueblo para presentar al ganador del torneo que será el esposo de Esclarmonde. El pueblo ensalza a la Emperatriz mientras mandan llamar al ganador. Ella se muestra temerosa de quién será su esposo. Phorcas habla con el caballero, que se niega a revelar su nombre, pero entonces Esclarmonde reconoce su voz y se da cuenta de que es Roland. Pero él no sabe quién es la Emperatriz, y cuenta que se presentó al torneo buscando una muerte gloriosa, y que rechaza la gloria y el trono. Incluso rehúsa ver a la Emperatriz, ya que sólo ama a una persona. Pero Phorcas ordena retirar el velo de Esclarmonde y entonces Roland se da cuenta de quién es la Emperatriz. Al verla ya no quiere morir, sino vivir junto a ella. Con la pareja de nuevo junta, todos los elogian, dando fin así a la ópera con un poco frecuente final feliz. Escuchamos el epílogo con el mismo reparto que los vídeos previos:

Terminamos así nuestro repaso a “Esclarmonde”, sin añadir ese reparto ideal tradicional por la falta de grabaciones discográficas, con la esperanza de que futuras programaciones teatrales sitúen esta ópera en el lugar que le corresponde en el repertorio operístico como una de las obras maestras de Massenet. 

Crónica: Werther de la Asociación Lírica Luis Mariano (24-03-2019)

El “Werther” de Jules Massenet, como creo que ya he mencionado en alguna ocasión, es tras “La Boheme” de Puccini mi ópera favorita. Lo que tiene sus pros y sus contras a la hora de verla escenificada: me va a gustar, obviamente, pero también voy a ser especialmente exigente, tanto en el aspecto vocal como en el interpretativo. 

“Werther” (cuyo argumento ya repasamos en este post) tiene un papel protagonista de grandes dificultades vocales para un tenor lírico con suficiente potencia para hacerse oír por encima de una inclemente orquesta, que necesita un enorme buen gusto en el fraseo y de una considerable capacidad dramática para resultar creíble en un papel tan complejo, además de llevar sobre sus espaldas casi toda la ópera (canta casi todo el rato, excepto en el comienzo del tercer acto), mientras que su amada Charlotte requiere una mezzo de timbre agradable y también grandes capacidades dramáticas para sacar adelante su gran escena del tercer acto. Además, el tratamiento orquestal es muy cuidado y complejo. Es por tanto un reto importante para una asociación lírica tan modesta como la “Luis Mariano de Irun; modesta, deduzco, a nivel económico, pero desde luego indiscutiblemente modesta a nivel técnico, al representar casi todas sus producciones en un lugar tan poco adecuado como el Centro Cultural Amaya, carente de foso, con poco espacio para la orquesta, escenario pequeño y demasiado próximo a las butacas. En estas circunstancias se podía intuir un desastre… pero, una vez más, la asociación irundarra se superó con un resultado satisfactorio. 

Antes de comentar la función dejamos, como siempre un enlace de la producción. 

La producción escénica fue sencilla (no hay posibilidades de más) pero visualmente hermosa y acorde con el libreto. Unas telas en las paredes cambiaban las diferentes ambientaciones, desde la casa de Le Bailly hasta el cuarto de Werther, pasando por es plaza frente a la iglesia y el salón de la casa de Albert y Charlotte. Pocos elementos de atrezzo, pero siempre adecuados (y en la mayoría de los casos, exigidos por el libreto) remataban las ambientaciones: la fuente y los juguetes del primer acto, la mesa de taberna y la cruz del segundo, el clavecín y el escritorio del tercero o la cama de Werther del cuarto. La dirección escénica de François Ithurbide siguió igualmente las indicaciones del libreto, consiguiendo que la ópera resultara creíble en todo momento (algo que no es tan fácil en un momento en el que el pasional romanticismo de la obra se antoja excesivo para la mayor parte del público, aunque no sea mi caso). 

El mayor punto negro de la noche llegó por parte de la orquesta de la asociación. Hay que señalar, para comenzar, que las reducidas dimensiones del lugar no permiten emplear una orquesta que se acerque ni remotamente a las dimensiones que exige la partitura, al margen de su peculiar distribución en dos filas, con cuerdas a la izquierda del director y vientos y percusión a la derecha, creando ya de por sí desequilibrios auditivos. La dirección de Aldo Salvagno sonó por momentos algo lenta, y por las condiciones del auditorio se hizo notar demasiado en ciertos momentos. Las dimensiones reducidas de la sección de cuerda quedaron manifiestas ya desde la obertura, absolutamente falta del dramatismo que requiere. La sección de cuerda fue probablemente la que quedó más en evidencia a lo largo de la noche, en especial las agudas, con un sonido en exceso metálico y con notables desafinaciones en el preludio del tercer acto. Las graves consiguieron un resultado más solvente en el acompañamiento del “Pourquoi me reveiller”. 

La obra carece de coro, pero requiere de un grupo de niños para hacerse cargo de los papeles de los hermanos pequeños de Charlotte y Sophie. Y ya se sabe que trabajar con niños suele suponer desafinaciones, que desde luego las hubo, además de una cierta falta de volumen quizá debida al pánico escénico, aunque si fue así, no se notó en su desenvoltura en el escenario a nivel interpretativo. En general, el villancico salió mejor que las demás intervenciones.

François Ithurbide, además de su labor como director de escena, se hizo cargo del personaje de Le Bailly, tirando más de tablas que de canto, aunque en un personaje de sus dimensiones y con su línea vocal tampoco hay que pedir un gran virtuosismo. Resultó eficaz, en especial en su escena con Sophie. 

Muy bien la pareja cómica formada por Iker Casares y Darío Maya como Schmidt y Johann. Aunque quizá exagerados en la faceta más grotesca de los personajes (demasiado borrachos), el canto resultó impecable en ambos casos. 

Muy acertada la Sophie de Nuaria garcía-Arrés, que supo transmitir la juventud e inocencia del personaje no sólo en el escenario, sino también a nivel vocal, con unos agudos emitidos con sumo gusto, evitando los “cañonazos” y cuidando con ello la línea de canto. Supo ser un buen contrapunto a la Mezzo en la gran escena del tercer acto. 

Maurizio Leoni firmó un Albert vocalmente contundente, no carente de una cierta delicadeza al comienzo, pero destacando más en los momentos más dramáticos, en especial al final del tercer acto, con un Albert autoritario, lejos del idealismo demostrado al comienzo de la obra. 

Maria Ermolaeva fue una impactante Charlotte a nivel vocal y dramático. Con un timbre bello, ligeramente oscuro pero que conseguía transmitir la juventud del personaje, aprovechó los momentos más líricos de la partitura, si bien donde realmente destacó fue en las partes más dramáticas, como su tercer monólogo del tercer acto, el posterior dúo con Werther y el dúo final, cuando vimos a una Charlolle sufridora, desesperada, siempre creíble en su papel y con una voz muy adecuada sin duda. Su interpretación en esos momentos llegaba a ser electrizante. 

El papel protagonista de Werther estuvo a cargo de Ángel Pazos, a quien no escuchaba desde aquella lejana Boheme en el mismo lugar, por lo que no sabía con lo que me iba a encontrar. Ya al comienzo se anunció que tenía problemas vocales, con lo que los miedos se acrecientan. Y comenzó el primer acto vocalmente solvente, aunque resultando bastante aburrido su “O nature” con menos matices de los deseables. Mejorando durante el resto del primer acto, en el segundo, si bien los problemas vocales hicieron acto de presencia en algún momento (el dúo con Albert, si la memoria no me falla), su fraseo y sus matices despegaron para regalarnos un Werther creíble, quizá con una desesperación un tanto extrovertida de más, pero en todo caso siempre emocionante. En el punto culminante de la ópera el “Lorsque l’enfant”, el Si3 del “appele-moi” le llevó al límite de su voz, pero en todo caso estuvo bien resuelto, agradeciéndose en todo momento el ataque directo a los agudos, sin portamentos y sin engrosar el sonido, con una línea de canto depurada. Emotivo en el tercer acto, supo además morirse en el cuarto, destacando esos minutos finales de su larga agonía. Fue desde luego un Werther completo a nivel vocal e interpretativo, lo que no es nada fácil en este papel. 

¿Cómo se mide el éxito de una función? Difícil pregunta. Yo voy a dar mi respuesta particular. Después de una semana complicada, de nervios y preocupaciones, vas a un concierto (a una ópera en este caso) para desconectar, pero pocas veces lo consigues, porque es imprescindible que lo que sucede en escena te atrape: te tienes que meter en la acción, te tienes que sentir identificado con los personajes. Eso puede parecer fácil si te sientes identificado de por sí con el personaje (y es que en el fondo tengo una forma de ser bastante similar a Werther), pero si la visión que se ofrece de los personajes, bien a nivel interpretativo, bien a nivel vocal, no está a la altura, es si cabe más fácil desconectar y evitar el suplicio de ver cómo estropean “tu” obra. Pues bien, mi mente ayer apenas se iba del escenario, porque la función consiguió atraparme de principio a fin. Por mi parte, por tanto, sólo me queda decir que fue un éxito.

Demasiados huecos en el auditorio. Parece que el público necesita títulos demasiado conocidos y no se animan a descubrir joyas como este “Werther” de Massenet, a la que quizá le falte tener un título más sonado (porque al final, si hablamos de pasajes conocidos, ese “Pourquoi me reveiller” lo hemos oído centenares de veces). La respuesta del público fue favorable, aunque se echó de menos unos aplausos tras el aria de las cartas de Charlotte (que los mereció). Y para quienes no se animaran a ir porque el título no les resultaba familiar, pues sólo me queda decir: ellos se lo pierden. 

125 años del estreno de Thaïs (16-03-2019)

A día de hoy, la ópera “Thäis” de Jules Massenet es recordada por la famosa “meditación” para solo de violín y orquesta, representada habitualmente en las salas de conciertos. Pero la ópera en sí, si bien se sigue representando con una relativa frecuencia, se ha convertido en desconocida para el gran público. Vamos por tanto a recordar una de las obras maestras de Massenet cuando se cumplen 125 años de su estreno.

Es bien sabida la predilección de Massenet por las sopranos, a las que ofrecía por lo general los papeles más brillantes de sus óperas. En concreto, tenía una fascinación especial por la estadounidense Sibyl Sanderson, para la que había compuesto su ópera “Esclarmonde”. Pensando en ella como protagonista de su nueva ópera, el tema escogido es la novela de Anatole France “Thaïs”, publicada en 1891, que relata la historia de Santa Thais, cortesana egipcia reconvertida en monja asceta. 

La tarea de reconvertir la novela en un libreto teatral cayó en manos de Louis Gallet, libretista de compositores como Bizet o Saint-Saëns y que ya había colaborado previamente con Massenet en “Le Roi de Lahore” o “Le Cid”. Su trabajo dramático es sumamente efectivo, si bien para ello suprime el aspecto irónico e incluso anticlerical de la novela original, sustituyéndolo en ocasiones por una religiosidad un tanto mojigata, si bien no excluye el aspecto erótico de la historia ni un final un tanto ambiguo. 

La ópera se estrenó el 16 de marzo de 1894 en la Ópera Garnier de París con considerable escándalo, en buena medida causado por un accidente de vestuario que dejó a la Sanderson en top-less. Consciente de la necesidad de realizar determinados cambios en el argumento para así facilitar su incorporación en el repertorio de los teatros, Massenet realiza una serie de cambios: suprime el poema sinfónico “Los amores de Afrodita” que enlaza el primer y el segundo acto; compone un nuevo ballet en el segundo acto para sustituir al que había en el tercero; añade una nueva escena en el tercer acto, la del oasis, siendo el final de esta escena clave para comprender mejor el cambio en el protagonista Athanaël; y elimina el ballet del tercer acto, “Los siete espíritus de la tentación”, basado en el poema “La tentación de San Antonio” de Flauvert. Una vez realizados los cambios, la ópera se reestrena el 13 de abril de 1898, de nuevo en el Palacio Garnier, siendo esta la versión que se ha representado desde entonces (no hay constancia de ninguna representación posterior de la versión original). 

Con un papel de gran lucimiento para la soprano, la ópera se mantiene en segundo plano en el repertorio de los teatros, si bien algunas sopranos han hecho importantes esfuerzos por su recuperación. 

Pasamos a repasar el argumento de la ópera, no sin antes dejar un enlace del libreto traducido al español. 

Comenzamos la primera escena del primer acto. Estamos en la Tebaida, el sur de Egipto, en el límite entre el desierto y el valle del Nilo. En el siglo IV, un grupo de 12 monjes cenobitas se reúnen para cenar en torno a su superior, Palémon. Éste bendice la mesa. A continuación, se menciona a Athanaël, uno de los cenobitas, que lleva fuera algún tiempo, ya que le tienen en alta estima por los sueños que recibe de Dios. Palémon confirma que está de vuelta. Escuchamos la introducción con Justino Díaz como Palémon: 

En ese momento aparece Athanaël. Sus compañeros lo acogen y lo encuentran agotado por el viaje, pero está además contristado al haber comprobado que Alejandría está siendo corrompida por Thaïs, una sacerdotisa de Venus. Escuchamos la escena con Thomas Hampson como Athanaël:

El monje comienza entonces a recordar cuando, años atrás, el era niño y vivía en Alejandría. Un día la vio y a punto estuvo de sucumbir al pecado. Ahora, al ver el mal efecto que ella tiene en la ciudad, quiere convertirla al cristianismo. Escuchamos el monólogo “Hélas! Enfant encore” cantada de nuevo por Thomas Hampson:

Palémon intenta hacer entrar en razón a Athanaël recordándole que ellos evitan cualquier tentación carnal. Antes de retirarse, invita a los monjes a rezar antes de dormir. Athanaël también se retira a dormir. Escuchamos la escena con Justino Díaz como Palémon y Gabriel Bacquier como Athanaël:

Durante el sueño, Athanaël tiene una visión: ve el teatro de Alejandría repleto, para ver a Thaïs, medio desnuda, interpretar los amores de Afrodita. Se despierta entonces, sobresaltado y humillado, y pide la ayuda de Dios. Escuchamos el interludio sinfónico dirigido por Lorin Maazel:

Athanaël comienza a rezar: interpreta la visión como una señal de que debe esforzarse por salvar a Thaïs, que también es obra de Dios y merece ser salvada. Despierta entonces a todos los cenobitas para contarles que ha decidido volver a Alejandría para salvarla. Escuchamos el aria “Toi qui mis la pitié dans nos âmes” cantada por Sherrill Milnes: 

Palémon vuelve a advertirle que ellos no se juntan con la gente mundana, pero sabe que es en vano. Athanaël parte pidiendo ayuda a Dios para que le dé el valor necesario, y el resto de los cenobitas piden lo mismo para él. Escuchamos el final de la primera escena con Gabriel Bacquier y Justino Díaz:

En la segunda escena nos trasladamos a Alejandría, a donde Athanaël acaba de llegar. Estamos en la terraza de una rica casa, desde la que se contempla toda la ciudad, en la que se prepara un banquete. El cenobita es visto por un criado, que, confundiéndolo con un mendigo, quiere echarlo, pero Athanaël afirma ser amigo del dueño y le pide que lo llame. Escuchamos la escena con Michele Pertusi como Athanaël:

Athanaël se reencuentra con la ciudad en la que se crió, no siendo aún cristiano, y afirma haber eliminado su amor por ella, sustituyéndolo por un odio a su riqueza y su lujuria, y pide la ayuda de los ángeles para limpiarla. Escuchamos su aria “Voila donc la terrible cité” cantada por Ernest Blanc:

Se escuchan las risas de las criadas Crobyle y Myrtale, y tras ellas aparece el propietario de la casa, el rico Nicias. Ve a Athanaël y le cuesta reconocer al principio a su viejo condiscípulo, ya que ha cambiado mucho y tiene un aspecto fiero, pero luego corre a abrazarlo. Athanaël le confiesa que ha vuelto a la ciudad sólo por un instante, y le pregunta por Thaïs. Nicias le confiesa que es suya hasta esa noche, y que para tenerla ha vendido muchas de sus posesiones, pero que no ha conseguido impresionarla, ya que su amor es fugaz. Athanaël le confiesa que quiere convertirla, pero Nicias le advierte sobre ofender a Venus, de la que es sacerdotisa. Entonces le dice que esa noche estará allí mismo para cenar después de actuar en el teatro. Athanaël le pide entonces a su amigo que le preste alguna túnica apropiada para esa cena, y Nicias llama a sus dos criadas. Escuchamos la escena con Sherrill Milnes como Athanaël y Nicolai Gedda como Nicias:

Mientras las criadas se preparan para acicalar a Athanaël, éste afirma que combatirá al infierno con sus mismas armas. Nicias se muestra escéptico. Las criadas se asombran de la belleza del cenobita, pese a que la oculte tras una densa barba. Athanaël acepta todo menos quitarse el cilicio, por lo que las criadas se burlan. Nicias le dice que no se ofenda por sus burlas, sino que admire su belleza. Mientras, Athanaël pide ayuda al cielo para resistir. Escuchamos la escena con el mismo reparto que la anterior:

Se escucha a la gente gritar: Thaïs está llegando. Nicias da la bienvenida a los invitados. Escuchamos la escena con Nicolai Gedda:

Thaïs se sienta en el banquete junto a Nicias, y ambos se miran con amargura. Es la última noche que van a pasar juntos después de haber pasado una semana. Ambos deciden no pensar en mañana y aprovechar esa última noche. Escuchamos el dúo con Beverly Sills y Nicolai Gedda: 

Un grupo de filósofos se aleja, Athanaël entre ellos, pero se separa del grupo y mira severamente a Thaïs. Ella se siente amenazada y pregunta quién es. Nicias le dice que es un filósofo que está allí por ella para convertirla a su fe. Ella pregunta cuál es su enseñanza, y Athanaël le responde que es el desprecio de la carne y la penitencia. Ella le responde que no cree más que en el amor y que nada le podrá hacer cambiar, pero Athanaël le reprende diciendo que no blasfeme. Escuchamos la escena con Milnes, Sills y Gedda: 

Thaïs entonces intenta seducirlo, apartar esa severidad de su mirada: está hecho para amar y disfrutar de la vida. Ella y todos los presentes le invitan a sentarse con ellos para celebrar el amor, la única verdad. Escuchamos de nuevo a Beverly Sills:

Enfurecido, Athanaël afirma que rechaza lo que le ofrecen, y que irá a su palacio a vencer al infierno y salvarla. Todos insisten en invitarlo a su fiesta, y se retira entre las risas de todos. Cuando avisa de nuevo que irá a su palacio para salvarla, Thaïs y el resto le retan, avisándole de que está desafiando a la diosa Venus. Escuchamos el final del primer acto de nuevo con Sills, Milnes y Gedda:

Comenzamos el segundo acto. Estamos en el palacio de Thaïs. Ella está sola, cansada, decepcionada con todos, siente que su vida está vacía. Entonces se mira en un espejo, observa su belleza, reflexiona sobre el paso del tiempo, sabe que su belleza no durará… ruega a Venus que la conserve. Escuchamos el aria más famosa de toda la ópera, el aria del espejo “Dis-moi que je suis belle” cantada por Renée Fleming:

Justo entonces llega Athanaël, como había prometido. Ella intenta seducirlo, mientras él pide ayuda a Dios para no dejarse seducir. El cenobita confiesa que, dado que ella es la más hermosa, convertirla sería la mayor victoria que podría tener, y la convence de que él la ama de una forma diferente a la que ella imagina, y que le ofrece una felicidad eterna. Ella se burla de él, ya que sólo cree en el amor basado en los besos. La insistencia de Athanaël en hablar de la vida eterna finalmente hace que Thaïs preste atención, pero mientras se pone a quemar incienso y provoca que Athanaël tenga que volver a implorar a Dios que le ciegue a los encantos de la cortesana. Escuchamos la primera parte del dúo con Renée Fleming y Thomas Hampson:

En ese momento, Athanaël recupera las fuerzas, se quita la túnica para mostrar su cilicio y le ordena que se levante. Ella entonces se arroja desesperada, diciendo que no es culpa suya ser hermosa, y tiene miedo a que Athanaël la haga morir, pero él vuelve a hablarle de la vida eterna, que tendrá si se vuelve a Cristo, lo que reconforta a Thaïs. Se escucha entonces a Nicias que viene a reclamar un último encuentro, pero ella le pide a Athanaël que salga a donde él y le diga que odia la riqueza y su amor. Pero cuando Athanaël le dice antes de partir que le espera a la mañana en la puerta de su casa, ella vuelve a renegar de todo, no cree en nada. Continuamos escuchando a Renée Fleming y Thomas Hampson:

Una vez sola, comienza la famosa “meditación” para violín y orquesta durante la que cambiará finalmente de opinión y decidirá convertirse al cristianismo y renegar de su vida anterior. Escuchamos la pieza con Renaud Capuçon al violín:

Comenzamos la segunda escena del segundo acto. Estamos en la plaza ante la casa de Thaïs, próxima a la de Nicias, donde todavía se celebra una fiesta. No ha amanecido, y Athanaël está descansando en el suelo, cerca de una estatua de Eros. Aparece Thaïs que le dice que está convencida y le pregunta qué debe hacer. Athanaël le habla de un monasterio presidido por Albine, de familia imperial. Allí, en una solitaria celda, esperará hasta que Cristo seque sus lágrimas. Pero antes deberá destruir todas sus pertenencias, todo lo que queda de su vida pasada. Ella acepta, está dispuesta a quemar todo, menos una estatua de marfil de Eros. Escuchamos la escena con Michele Pertusi y Eva Mei: 

Thaïs dice que ha malinterpretado el significado del amor, y que, por tanto, viendo esa estatua, cualquiera se dará cuenta de que debe mirar hacia Dios y no hacia el amor carnal. Escuchamos el aria “L’amour est une vertue rare” cantada por Renée Doria:

El ídolo es un regalo de Nicias, pero al escuchar su nombre, Athanaël estalla en cólera y tira al suelo la figura, rompiéndola, tras lo que ambos entran en la casa para quemarla. Escuchamos la escena con Geori Boué como Thaïs y Roger Bourdin como Athanaël:

Mientras, los invitados salen de la casa de Nicias, que ha ganado una fortuna en el juego. Todos se preparan para continuar la fiesta hasta el amanecer. Escuchamos la escena con Nicolai Gedda como Nicias y la primera parte del ballet dirigido por Lorin Maazel:

Seguimos escuchando el ballet, de nuevo dirigido por Maazel:

Llega entonces una hechicera, y Nicias pide a Crobyle y Myrtale que canten a la belleza:

Siguiendo las indicaciones de Nicias, las dos criadas cantan a la belleza mientras la hechicera baila:

Y llegamos por fin a la última parte, que como el resto, escuchamos dirigido por Lorin Maazel:

En ese momento aparece Athanaël con una antorcha en la mano. Todos esperan que Thaïs le haya convencido, pero no esperan que haya sido al contrario. Sale Thaïs ataviada de forma muy diferente a lo que acostumbra, y comienza a salir fuego de la casa. Athanaël la llama para que se vayan, pero la multitud no quiere permitirlo. Escuchamos la escena con Sherrill Milnes como Athanaël:

Thaïs dice que es verdad lo que dice Athanaël. Nicias intenta detenerle, pero el cenobita lo amenaza. Todos enloquecen ante el incendio y quieren matar a Athanaël. Tanto él como Thaïs están dispuestos a morir, pero Nicias, tras suplicar en vano a Thaïs que se quede, encuentra la forma de salvarlos, arrojando oro a la multitud, momento que aprovechan para irse, Escuchamos el final del segundo acto con Sills, Milnes y Gedda: 

Comenzamos el tercer acto. Estamos en el desierto, cerca ya del monasterio del que Albine es la abadesa. Thaïs no soporta el calor del mediodía y quiere detenerse, pero Athanaël no se lo permite, ya que castigando su cuerpo podrá alcanzar la redención. Escuchamos la escena con Renée Fleming y Thomas Hampson:

Athanaël entonces ve los pies sangrantes de Thaïs y se da cuenta de que su castigo ha ido demasiado lejos y siente piedad por ella, por lo que va a buscar agua y algo de comer. Continuamos escuchando a Fleming y Hampson:

Thaïs se queda sola agradeciendo la labor de Athanaël, y se siente reconfortada ante su nueva esperanza. A la vuelta de Athanaël, ella bebe, pero él se niega, ya que verla así le basta. Seguimos escuchando a Fleming y Hampson:

Se escuchan los rezos de las monjas. Llega entonces Albine con otras monjas llevando pan. Athanaël la deja en las manos de ella y le pide que, en su celda, rece por él. Pero cada vez está más exaltado, y cuando Thaïs se despide para siempre, hasta que vuelvan a verse en la “Ciudad Celeste” (en el cielo, vamos), él se da cuenta de la realidad. Escuchamos a Eva Mei y Michele Pertusi:

Athanaël ve desesperado como Thaïs se aleja de él para siempre, no volverá a verla. Y mientras volvemos a escuchar el tema de la meditación, se está produciendo un cambio en otra persona: Athanaël se empieza a dar cuenta de sus verdaderos sentimientos. Escuchamos parte de la escena anterior y el bellísimo “Elleva lentement” con Sherrill Milnes:

Comenzamos la segunda escena. Volvemos al monasterio de Athanaël en la Tebaida. Anochece y se aproxima una tormenta. Palémon hace guardar la comida en una choza para que el viento no la pierda. Un cenobita pregunta por Athanaël, pero en los 20 días que hace que ha regresado no sale ni para comer ni para beber, ya que su victoria le ha destrozado el cuerpo y el alma. Escuchamos a Justino Díaz como Palémon:

Justo en ese momento aparece Athanaël, pero se le ve ausente. Le pide a Palémon que se quede con él: tras su victoria, ahora la belleza de Thaïs le obsesiona, no puede más que pensar en ella. Palémon le recuerda que ya le advirtió que no se fuera, y antes de dejarlo le pide a Dios que le ayude. Escuchamos a Thomas Hampson:

Athanaël cae dormido, pero ve a Thaïs cantando su desafiante canción del primer acto. Justo después escucha que Thaïs se está muriendo. Escuchamos a Thomas Hampson y Renée Fleming:

Al enterarse de la noticia, se da cuenta de que nada tiene ya sentido en su vida, salvo volver a verla, y sale corriendo para verla por última vez. Escuchamos de nuevo a Thomas Hampson:

Cambiamos de escena, regresamos al monasterio femenino. Thaïs agoniza bajo una higuera, cuidada por las demás monjas. Albine señala que los tres meses que ha pasado en penitencia han destrozado su cuerpo, y todas suplican la misericordia del Señor. Llega Athanaël y todas le dejan a solas con ella: está delirando, recordando su viaje por el desierto. Él le confiesa su amor, y que todo lo que le dijo era mentira, que la única verdad es la vida y el amor. Pero ella no le escucha, ve el cielo abrirse y muere feliz viendo a Dios, dejando a Athanaël desesperado. Escuchamos el final de la ópera con Hampson y Fleming:

Tras repasar esta magnífica ópera de Massenet, terminamos, como de costumbre, con un Reparto ideal:

Thaïs: Renée Fleming.

Athanaël: Sherrill Milnes o Thomas Hampson. 

Nicias: Nicolai Gedda.

Palémon: Justino Díaz.

Dirección de Orquesta: Lorin Maazel. 

25 años de la muerte de Lucia Popp (16-11-2018)


Una de las mejores sopranos de coloratura de los años 60 se transformó en los años 70 y 80 en un referente en Mozart y Richard Strauss, antes de su prematura desaparición. Hoy, cuando se cumplen 25 años de su muerte, recordamos a Lucia Popp.




Lucia Poppova nació el 12 de noviembre de 1939 en Záhorska Ves, municipio eslovaco cercano a Bratislava, junto a la frontera austriaca. Su madre era soprano, y con ella recibió las primeras lecciones de canto, antes de ingresar en la Academia de Bratislava, en la que estudiaría arte dramático, llegando a protagonizar algunas películas, de entre las cuales destaca “Janosik”, estrenada en 1963:

En la Academia estudia canto, comenzando como Mezzo, antes de que su registro sobreagudo extraordinario le haga cambiar de registro al de soprano de coloratura, y debuta a comienzos de 1963, con 23 años, en el terrorífico papel de la Reina de la Noche en “Die Zauberflöte“, papel que inmediatamente repite en Viena, causando el asombro, entre otros, de Herbert von Karajan y de Elisabeth Schwarzkopf, y consiguiendo ser contratada para interpretar el mismo papel en la mítica grabación de Otto Klemperer en la que también participan estrellas como Nicolai Gedda, Gundula Janowitz o Gottlob Frick:

Lanzada a la fama casi de inmediato, recorre los principales teatros del mundo con este papel y algunos otros papeles de soprano de coloratura. Entrará a ser miembro estable de la Ópera de Colonia en 1966, y debutará por las mismas fechas en Londres y Nueva York.

Hacia 1970, cansada de repetir los mismos roles, y con una voz cada vez más ancha, se pasa a un repertorio de lírico-ligera, que en los 80 pasarán a ser papeles de lírica plena y, en ocasiones, de spinto. Esto hizo que cantara a menudo varios roles de las mismas óperas.

En el repertorio barroco interpretó algunas óperas de Georg Freidrich Händel, como “Rodelinda”, de la que escuchamos el aria “Ombre, piante, une funeste”:

También interpretó el papel de Romilda en “Serse”, del que escuchamos el aria “Chi cede al furore”:

Le escuchamos también como Cleopatra en el “Giulio Cesare”, cantado en alemán, junto a Walter Berry, cantar el aria “V’adoro pupille”:

De esta ópera también interpretó el papel de Sesto, del que escuchamos el aria “Sperai, ne m’ingannai”:

Y, por último, le escuchamos cantar el “Wohlan, frohlocke, du Tochter Sion” de “El Mesías”:

De Wolfgang Amadeus Mozart, el compositor al que dedicó buena parte de su carrera y que mayores éxitos le dio, comenzamos escuchando su “Laudate Dominum”:

Interpretó mucha música religiosa de Mozart, además de numerosos roles operísticos. Comenzamos escuchándole en “Zaide”, con el aria “Ruhe Sanft, mein holdes Leben”:

Escuchamos también la bellísima aria “L’amerò, sarò costante” de Aminta en “Il Re pastore”:

Famosa fue su interpretación de la dulce Ilia en “Idomeneo”, de la que escuchamos el aria “Zeffiretti lusinghieri”:

En “Die Entführung aus dem Serail” interpretó los dos papeles de sopranos, aunque destacó siempre como Blonde, como podemos comprobar en este Welche Wonne, welche Lust!”:

Pero escuchamos también su Constanze, en el aria “Traurigkeit ward mir zum Lose”:

Lo mismo sucede con “Le nozze di Figaro”. Lucia Popp grabó en estudio las arias de Cherubino, de las cuales escuchamos el “Voi che sapete”:

En los años 70 y principios de los 80 fue una Susanna referencial, de las mejores que se hayan podido escuchar, y buena prueba de ello es este “Deh vieni non tardar”:

Y en su etapa de madurez llegó a cantar la Contessa d’Almaviva, de la que escuchamos la bellísima aria “Dove sono”:

La historia se repite con “Don Giovanni“, de la que cantó en escena los tres papeles femeninos. Comenzó en su juventud con Zerlina, de la que escuchamos el aria “Batti, batti o bel Masetto”:

Ya en los 80 se pasó al papel de Donna Elvira, del que escuchamos el aria “Mi tradì quel’alma ingrata”:

Y en su etapa final incluyó el papel de Donna Anna, del que escuchamos su aria “Non mi dir”:

Igualmente en el caso de “Così fan tutte”: al comienzo de su carrera interpretaba el papel de Despina, de la que escuchamos “In uomini, in soldati”:

Y en su etapa de madurez destacó su interpretación de Fiordiligi, de la que escuchamos el aria “Come scoglio”:

En el caso de “La clemenza de Tito”, al principio de su carrera interpretaba el papel de Servilia, de la que escuchamos su dúo con Annio “Ah perdona al primo affetto” junto a Federica von Stade:

Y en su etapa final interpretó el papel de Vitellia, de la que escuchamos el aria “Non più di fiori”:

Ya hemos hablado de su relación con “Die Zauberflöte”. Fue el temible papel de la Reina de la noche el que la dio a conocer por todo el mundo, algo que no sorprende si escuchamos esa maravilla que es su primer aria, “O Zittre Nicht”, con ese dominio de la coloratura, terrible en la parte final del aria, y de esos Fa sobreagudos que tiene que cantar en sus dos arias:

Pero, cansada de repetir siempre el mismo papel, proto se vio tentada a cantar el papel de Pamina, en el que luce su delicada forma de cantar como en pocos otros papeles. Escuchamos su aria “Ach, ich fühl’s”:

Curiosamente, siendo en sus comienzos una soprano de coloratura, no frecuentó el repertorio italiano y apenas cantó títulos belcantistas, siendo las comedias de Donizetti la principal excepción. Así, podemos disfrutar de su maravillosa Norina de “Don Pasquale”:

Y cantó también la Adina de “L’elissir d’amore”, de la que escuchamos el dúo “Chiedi all’aura lusinghiera”, cantada junto al tenor Peter Dvorsky:

No podía faltar, por supuesto, la Gilda del “Rigoletto” de Giuseppe Verdi en su repertorio, y de ella escuchamos el aria “Caro nome”:

Las discográficas acudieron a ella para grabar dos óperas de Ruggero Leoncavallo. La primera, la famosa, “Pagliacci“, de la que escuchamos el aria de Nedda “Stridono lassu”:

La otra fue la muy poco conocida “La Boheme”, de la que grabó el papel de Mimì. Escuchamos su escena junto a Musetta E destin” Debo andarmene” cantada junto a Alexandrina Milcheva:

En el caso de Giacomo Puccini, fue habitual intérprete de “La Boheme”, primero como Musetta, de la que escuchamos su vals “Quando m’en vo'”:

Y años después grabó el papel de Mimì, pero en su traducción alemana. Escuchamos su aria “Sì, mi chiamono Mimì”:

Gran interpretación fue la suya como “Suor Angelica”, de una maravillosa delicadeza, como acostumbraba ella, como podemos comprobar en este “Senza mamma, o bimbo”:

Y con esa voz, por supuesto, no podía faltar su “O mio babbino caro” del “Gianni Schicchi”:

Tampoco frecuentó Lucia Popp el repertorio francés, y pese a todo, las discográficas contaron con ella para grabar la casi desconocida “Djamileh” de George Bizet, de la que escuchamos a continuación su lamento:

Y lo mismo sucede con “La navarraise” de Jules Massenet, que grabó junto al tenor Alain Vanzo. Escuchamos el comienzo de esta ópera breve y poco conocida:

Y escuchamos también, del mismo compositor, el “Adieu notre petite table” de la “Manon”:

Y no podemos quedarnos sin escuchar su “Depuis le jour” de la ópera “Louise” de Gustave Charpentier, en la que es una de las mejores (quizá la mejor, en mi opinión) de esta maravillosa aria, gracias a esos etéreos agudos en pianísimo:

Su principal repertorio, a parte de Mozart, fue el alemán, comenzando por Ludwig van Beethoven y la Marzelline de su “Fidelio”, de la que escuchamos “Mir ist so wunderbar”:

De Carl Maria von Weber cantó los dos papeles de “Der Freischütz”, Ännchen y Agathe, aunque escucharemos sólo el primero de ellos, con el aria “Kommt ein schlanker Bursh gegangen”:

También, afortunadamente, grabó completa la ópera “Martha” de Friedrich von Flotow, de la que escuchamos a continuación del “Letzte Rose” junto a Siegfried Jerusalem:

Destacó también interpretando óperas del poco conocido Albert Lortzing, como “Zar und Zimmermann”:

O, del mismo compositor también, “Undine”:

En sus últimos años incorporó algunas óperas de Ruchard Wagner, como la Elsa de “Lohengrin” o la Eva de “Die Meistersinger von Nürnberg”:

Y también, quizá uno de los roles más pesados que asumió, la Elisabeth de “Tannhäuser”, de la que escuchamos aquí su aria de entrada, “Dich, teure Halle”:

Destacó también su interpretación de la Gretel de “Hansel und Gretel”, ópera de Engelbert Humperdinck, que escuchamos aquí junto al Hansel de Brigitte Fassbänder:

 

Destaca también su interpretación de “Carmina Burana” de Carl Orff, de la que escuchamos un fragmento cantado junto al barítono Hermann Prey:

Lucia Popp fue una destacada intérprete de las óperas de Richard Strauss, destacando entre ellas “Der Rosenkavalier”, en la que interpretó tanto a la Mariscala como a Sophie, de la que en este caso escuchamos la escena de la entrega de la rosa junto a Brigitte Fassbänder:

Lo mismo sucede con la ópera “Arabella”, de la que interpretó tanto al personaje protagonista como a su hermana Zdenka. Escuchamos su interpretación de la protagonista Arabella junto al barítono Bernd Weikl:

Hay que destacar su interpretación de la mucho menos conocida “Daphne”, que escuchamos a continuación:

Y también de la poco conocida “Intermezzo”, de la que escuchamos el final junto a Dietrich Fischer-Dieskau:

Y, cómo no, hay que destacar su interpretación de la última ópera de Strauss, “Capriccio”, que escuchamos cantada junto a Fritz Wunderlich:

Dado su origen, Lucia Popp fue también una importante intérprete del repertorio eslavo. De Piotr Ilich Tchaikovsky cantó tanto “La Dama de Picas” como “Eugene Oneguin”. Escuchamos la escena de la carta de esta última:

De Bedrich Smetana destacó interpretando a la protagonista de “La novia vendida”, que escuchamos a continuación:

Pero también de otras óperas menos conocidas, como “Dalibor”, de la que escuchamos aquí el aria “Jak je mi?”:

De Leos Janacek la escuchamos cantado “Jenufa”:

Y también el papel protagonista de “La zorrita astuta”:

Pero si hay que destacarla por algo, es por su interpretación de “Rusalka”, la ninfa acuática de la ópera de Antonin Dvorak, a la que sabía extraer todo su juego vocal e interpretativo, como comprobamos en esta maravillosa versión de la canción de la luna:

Lucia Popp fue también una destacada intérprete de opereta vienesa, especialmente de “Die Fledermaus”, primero como Adele y después como Rosalinde. Escuchamos primero su Adele en “Mein Herr Marquis”:

Y ahora las Czardas de Rosalinde:

Y ya que hablamos de Strauss, le escuchamos cantando el vals “Voces de primavera”:

Y de Franz Léhar interpretó también numerosas operetas, como “Giuditta”, de la que escuchamos “Schön wie die blaue Sommernacht” junto al tenor Rudolf Schock:

Le escuchamos también cantar “Des Land des Lächelns”:

Y terminamos escuchando la canción de Vilja de “Die lustige Witwe”:

Antes de terminar incluiremos brevemente algunas de sus incursiones en el Lied y la música de concierto. No podía faltar, en una magnífica liederista como fue Lucia Popp, algún Lied de Franz Schubert, y en este caso el elegido ha sido “An die Musik”:

Le escuchamos también cantar el “Ich hab nun Traurigkeit” de “Ein Deutsches Requiem” de Johannes Brahms:

Destacó también interpretando la música escénica de “Peer Gynt” de Edvard Grieg, y en especial de la canción de Solveig:

Le escuchamos también cantando el final de la 4ª sinfonía de Gustav Mahler:

Y terminamos con Lied de Richard Strauss. Primero, ese bellísimo “Morgen”:

Y por último, de los 4 últimos Lieder, el tercero, “Beim Schlafengehen”, dirigida por Georg Solti:

Casada en primeras nupcias con el director de orquesta húngaro György Fischer, tras separarse volvió a casarse en 1985 con el tenor Peter Seiffert, 15 años más joven que ella. Años después, se le detectó u tumor cerebral inoperable, que le llevó a la tumba el 16 de noviembre de 1993, a la edad de 54 años. Está enterrada en el Cementerio Slávicie Údolie de Bratislava (aunque su tumba no es fácil de localizar):
Con una voz en constante evolución hacia un repertorio más pesado, es difícil imaginar hasta donde habría llegado una artista tan versátil como ella, siempre delicada, siempre encantadora, y con una voz brillante y una técnica poco menos que perfecta. 25 años después de su desaparición sigue siendo un referente de canto mozartino y straussiano, y una de las grandes liederistas de finales de siglo.



Crónica: Manon de Massenet en ABAO-OLBE (23-01-2018)


No sé exactamente cuál es mi problema con la historia de Manon Lescaut que escribe el abate Prévost, pero ni la “Manon” de Massenet ni la “Manon Lescaut” de Puccini son óperas que me gusten mucho; de hecho, más bien me aburren, lo que no deja de ser sorprendente tratándose de dos de mis compositores de ópera favoritos. En el caso de Massenet, por ejemplo, pondría muy por delante no sólo la obvia “Werther”, sino otros títulos menos conocidos como “Thais” o “Esclarmonde” (de cuyo dúo final ya intuimos algunas melodías en el dúo de Saint-Sulpice de Manon). En todo caso, hablando de la ópera de Massenet, se trata de una obra muy famosa que todavía no había tenido ocasión de escuchar en vivo, así que iba con bastantes ganas a la función de ABAO.




Antes de comentar la función dejo como siempre un enlace de la producción.

La dirección de escena situó la acción en el Rococó francés, como corresponde. En ese sentido fue especialmente adecuado el vestuario. La escenografía fue efectiva: unos paneles iban tapando la escena, permitiendo un rápido cambio de mobiliario (bastante reducido, por otro lado), que permitió que apenas hubiera pausas técnicas por cambio de escenario, lo que es de agradecer en una ópera que dura dos horas y media. Quizá algo excesiva, en todo caso, la entrada de Manon en un globo en la escena de Cours-la-Reine. La dirección escénica fue en general acertada, aunque no entiendo esa costumbre de poner a los cantantes a actuar sobre el escenario durante los preludios; en mi opinión, despistan demasiado.

Quizá lo mejor de la noche fuera la soberbia dirección orquestal de Alain Guingal, conocedor de la obra a la perfección, que transmitió la ligereza de la música, con un preludio que sonaba más a a Rococó que a finales del siglo XIX. Acompañó perfectamente a los solistas, controlando el volumen para no taparlos, y su estilo fue impecable en todo momento. La Orquesta Sinfónica Verum respondió con absoluta corrección, sin ningún defecto a destacar.

Muy bien igualmente ese coro de la Ópera de Bilbao que tantos disgustos nos ha solido dar en otras ocasiones. Parece que tenemos motivos para ser optimistas, porque “Manon” tiene momentos corales bastante destacables, y fueron superados con solvencia.

Correctos los personajes menores. Insoportables, como deben ser, Ana Nebot, Itziar de Unda y María José Suárez como Poussette, Javotte y Rosette, personajes chirriantes como pocos.

No tengo ninguna predilección por Fernando Latorre, y de hecho se ha llevado alguna mala crítica por mi parte en otras ocasiones, pero las últimas veces que le he oído le he visto mejor a nivel canoro. Ayer fue sin duda un solvente Brétigny, que no es un papel muy complejo, pero su canto y su emisión no resultaron molestos.

Muy bien Francisco Vas como Guillot de Monfortaine, tanto a nivel actoral como vocal, en un  personaje más bien caricaturesco que se adapta muy bien a su estilo interpretativo. Supo sacarle mucho jugo a sus intervenciones, y fue merecidamente premiado por ello en los aplausos finales.

Grata sorpresa el bajo Roberto Tagliavini como Comte Des Grieux. Una buena voz, que no sonaba artificialmente oscurecida, y una correcta técnica le hicieron destacar notablemente en un papel que, por otra parte, tampoco tiene muchas posibilidades de lucimiento. Esperemos verle en papeles de más enjundia en el futuro.

Manel Esteve cantaba la parte de Lescaut. Sigue en mi memoria grabado a fuego aquel Silvio de “Pagliacci” de hace 3 años, en el que estuvo magistral. Aquí, como Lescaut, no tenía las mismas posibilidades de lucimiento, pero se desenvolvió bien en un papel que no estoy seguro que se adapte perfectamente a su vocalidad (Lescaut es un barítono más bien agudo), pero al que dio todas las notas, le dio gracia y buen estilo francés. Muy buena interpretación la suya.

Parece que la ABA tiene gafe con los repartos, ya que esta temporada hemos tenido bastantes cambios sobre los planteles previstos. En este caso, por indisposición de Celso Albelo, se buscó como sustituto a Michael Fabiano, prestigioso tenor que cantó años atrás el Edgardo de “Lucia di Lammermoor” dejando muy buen recuerdo entre el público bilbaino. Sonaba a priori una buena sustitución, pero en la práctica fue una absoluta decepción. Como ya se notaba en aquella Lucia, su registro agudo no es muy amplio, y así, en el “Nous vivrons a Paris” tuvo ya un muy desagradable agudo (mal acompañado por la Lungu, con demasiado vibrato en ese momento). En el segundo acto tiró de falsete para poder cantar las frases en pianísimo, lo que le disimuló los agudos, pero en todo caso dejó a la vista sus carencias técnicas, ya que una cosa es cantar en mixto esos pianísimos, y otra hacerlo en falsete, y en ese “Il y faut encore” fue muy evidente el uso del falsete. U en la escena de Saint-Sulpice ya quedó abiertamente al desnudo: pésimo “Ah, fuyez, douce image”, aria complicada con esos Sib que hay que atacar directamente, tras un silencio, y que en su caso salían pálidos, opacos, sin gracia y forzadísimos. En el dúo que seguía volvió a destrozar los agudos de forma muy evidente, y su canto no fue un dechado de buen gusto y delicadeza, sino más bien rudo, alejado del estilo francés. Sus intervenciones en los dos últimos actos, mucho menos comprometidas, fueron mejor resueltas, pero no aliviaban la mala impresión que había dejado en su gran escena del 3º acto.

El papel protagonista de Manon fue interpretado por la soprano Irina Lungu. Tardó en calentar la voz, no se hizo oír del todo bien en “Je suis encore tout étourdie”, con unos agudos demasiado vibrados en el primer acto, y sacó adelante el segundo acto y la escena de Cours-la-Reine con absoluta solvencia vocal, tanto en coloraturas como en tesitura, lanzándose con valor a los sobreagudos, pero le faltó emoción. Se le notaba interpretativamente fría en ese “Profitons bien de la jeunesse” que algunos tanto sentimos cuando vemos que se nos escapa de las manos. Pero de golpe, con el cambio de escena del tercer acto, al pasar de Cours-la-Reine a Saint-Sulpice, vimos a otra soprano: vocal y dramáticamente se comió a Fabiano, y estuvo absolutamente impecable en el resto de la ópera, incluyendo un dúo final en el que volvió a tener algún problema para hacerse oír al cantar en pianísimo, pero que resultó emotivo y vocalmente sobrada de medios. No deja de sorprender en una soprano de su estilo que estuviera mejor en los pasajes más líricos que en los que requieren de más coloraturas y sobreagudos, teniendo ella ambos de sobra. Confieso que, de una frialdad inicial, terminó conquistándome, tarea nada fácil para una Manon.

En fin, una Manon un tanto agridulce, en especial por la decepción de Fabiano, de quien esperaba mucho más. De no haber sido por él (y es difícil imaginar lo que habría podido el inicialmente previsto Albelo), probablemente las impresiones habrían resultado mucho más positivas, porque hubo muchos momentos que merecieron la pena.



175 años del nacimiento de Jules Massenet (12-05-2017)




Durante el siglo XIX, París pasó a ocupar el lugar de Viena como capital musical de Europa (o al menos a disputarle el papel), aunque mantenían sus diferencias: mientras en Viena la música instrumental y sinfónica tenía una gran importancia, en París la mayoría de los compositores se dedican a la ópera, dando lugar a algunos de los títulos más representativos del género. Pero la mayoría de los compositores francés (o adoptados) iban muriendo o retirándose hacia mediados de la segunda mitad del siglo, momento en el que una figura emerge por encima del resto de compositores para ser el operista por excelencia de finales de siglo en Francia: Jules Massenet, que nació un día como hoy hace 175 años.




Jules-Émile-Frédéric Massenet nació el 12 de mayo de 1842 en Montaud, actualmente parte de Saint-Étienne, cerca de Lyon:

Su padre, Alexis Massenet, era un industrial del acero, que se casará en dos ocasiones, siendo su segunda esposa Adélaïde Royer de Marancour, aficionada a la música. Jules será el cuarto y último hijo de este segundo matrimonio (en total era el menor de 12 hermanos). Será su madre la que le dé sus primeras lecciones de piano. Pero en 1948, cuando Jules tiene 6 años, la familia se muda a París.

En la capital francesa Jules Massenet estudia en el conservatorio de París piano, órgano, contrapunto y composición, siendo en este último campo su profesor el compositor Ambroise Thomas. Ya desde edad temprana comienza a componer alguna opereta que no ha llegado a nuestros días. En 1962 se presenta al Gran premio de Roma con la cantata Louise de Mézières, pero será al año siguiente cuando se alce con el premio gracias a la cantata “David Rizzio”. Eso le supone un viaje a Italia, siendo admitido en la Villa Medici, donde compone su primera suite para orquesta, en la que ya luce su talento como orquestador y,sobre todo, su gran vena melódica, de herencia francesa pero que él elevará a niveles nunca vistos. Escuchamos el nocturno de esta Suite:

También compone algunas piezas para piano, como este “Souvenir de la campagne de Rome”:

En Roma conoce a Franz Liszt, de quien se hace amigo, hasta el punto de que Liszt le confía la enseñanza de piano de algunos de sus alumnos (lo que nos permite hacernos una idea del talento como pianista de Jules Massenet). Entre estos alumnos que le confía se encuentra Louise-Constance “Ninon” de Gressy, de quien se enamora. Tardarán en casarse hasta que Massenet mejore su situación económica, y que todavía es un estudiante. Finalmente se casan en 1866 y tiene una única hija, Juliette, en 1868.

En 1867 le tenemos ya de vuelta en París, donde intenta estrenar sus primeras óperas (perdidas todas ellas, además de dejar algunas inconclusas). Compone además una Misa de Requiem, también perdida,  y en 1868 conoce a Georges Hartman, quien será su editor. No consigue ningún éxito pese a la protección de su maestro y mentor, Ambroise Thomas, y su carrera se ve interrumpida al enrolarse en la Guardia Nacional durante la guerra Franco-Prusiana de 1870-1871. Tras sobrevivir al sitio de París, huye de a ciudad durante el difícil periodo de la Comuna, trasladándose a Bayona, antes de regresar a la capital en 1872.

Terminada la guerra, su carrera como compositor despega gracias al estreno de la Suite sinfónica Pompeia (compuesta años antes en Italia), la ópera Don Cesar de Bazan, estrenada en 1872, y el oratorio o drama sacro “Marie-Magdeleine” en 1873, de la que escuchamos el aria “O mes soeurs” cantada por Régine Crespin:

Al igual que Gounod, Jules Massenet es un ferviente católico, y sus creencias son evidentes en buena parte de su obra.

Por estas fechas compone también la más famosa de sus canciones, “Élégie”, sobre texto de Louis Gallet, para piano, voz y solo de chelo. La escuchamos cantada por el contratenor Philippe Jaroussky y con Gautier Capuçon al chelo:

Es una época en la que Massenet ha compuesto numerosas canciones, como por ejemplo este “Rêvons, c’est l’heure” sobre texto de Paul Verlaine (texto musicado en innumerables ocasiones, siendo la más destacable la que haría Reynaldo Hahn):

Compone también nuevas suites orquestales, pero sigue esperando conseguir un éxito en la ópera, algo que por fin sucederá en 1877 con el estreno de Le Roi de Lahore, grand’opera en 5 actos en la que luce ya buena parte de su potencial, como las innovaciones orquestales, con la inclusión de un vals para saxo en el extenso ballet:

Luce Jules Massenet también aquí su vena melódica, en especial en el aria no de ninguno de los protagonistas, sino en la del villano, algo inusitado. Escuchamos este aria, “Promesse de mon avenir” en su versión italiana cantada por el gran Mattia Battistini:

Ya un año antes, en 1876, le habían concedido la Légion d’Honor francesa, siendo en 1878 nombrado profesor de composición en el conservatorio de París, donde tendrá entre sus alumnos a muchas de las figuras más relevantes de la siguiente generación de músicos franceses: Reynaldo Hahn, Gustave Charpentier, Alfred Bruneau, Florent Schmitt, Gabriel Pierné, Ernest Chausson o el rumano Georges Enesco. Su ritmo de trabajo es frenético, ya que al parecer comienza a componer a las 4 de la mañana, a parte de su labor como profesor.

En 1880 estrena otro drama sacro, “La vierge”, de la que escuchamos el éxtasis de la virgen cantado por Montserrat Caballé:

Su siguiente ópera sera “Hérodiade”, de ambientación bíblica, aunque basada en la obra de Gustave Flaubert, se estrena en Bruselas en 1881. Escuchamos el aria de Hérodiade “Venge-mou d’une supreme offense” cantada por Marilyn Horne:

Y escuchamos también el aria de Jean (Juan el Bautista) “Ne pouvant réprimer” cantada por Roberto Alagna, en la que podemos apreciar un canto más recitado de lo habitual en Massenet:

Su definitivo gran éxito llega en 1884 con la ópera “Manon”, obra de repertorio en la actualidad, que cuenta con innumerables momentos de gran belleza melódica, como este “Adieu, notre petite table” que canta una insuperable Victoria de los Ángeles:

Y el aria del tenor “Ah, fuyez, douce image”, que escuchamos cantada por Giuseppe di Stefano:

De “Manon” pasa a otra ópera en la que también adapta un clásico de la literatura, pero en esta ocasión traspasa fronteras, de la Francia Rococó a la España medieval de “Le Cid”, ópera que alcanza un gran éxito que no se ha mantenido en el tiempo, pese a varios pasajes famosos que todavía hoy forman parte de los recitales de grandes cantantes, como el aria de Chimène “Pleurez, mes yeux”, que escuchamos cantada por Maria Callas:

Y es que, como es habitual en Jules Massenet, los personajes femeninos tienen una gran importancia en la historia aún cuando no sean las protagonistas, como en este caso. Eso no quiere decir que el personaje de Rodrigue se quede atrás, ya que Massenet le regala un aria que han cantado casi todos los tenores líricos y spinto posteriores, “Ô souverain, ô juge, ô père”, que escuchamos cantada por Franco Corelli:

En 1885 estrena una obra religiosa, el motete para coro Ave Maria Stella:

En 1889 Jules Massenet estrena una ambiciosa ópera, “Esclarmonde”, obra con reminiscencias wagnerianas, con un uso importante del leitmotiv, una orquestación muy cuidadosa y rica y una ambientación exótica, en la que compone un papel protagonista para soprano (para la soprano norteamericana Sybil Sanderson, musa de Massenet, a quien había conocido en 1887 y de la que se rumoreaba en París que era su amante, aunque no parece que esos rumores fuesen ciertos, si bien es cierto que fue una especie de amor platónico para él) de una dificultad tal que ha impedido la popularidad de la obra, ya que incluye un Sol5 que casi ninguna soprano es capaz de cantar:

Ya puestos, vamos a escuchar el bellísimo dúo de amor del segundo acto, en el que Esclarmonde, princesa bizantina, se presenta ante el caballero Roland envuelta en niebla y al que seduce sin que él pueda ver su rostro (el mito de Eros y Psique del revés… Massenet es en el fondo un extraño feminista), dúo que escuchamos cantado por Joan Sutherland y Jaume Aragall:

Tras otra ópera, “La mage”, en 1892 por fin es capaz de estrenar (en Viena, eso sí; el estreno en París tendrá lugar un año después) una obra en la que llevaba años trabajando, la adaptación de la obra de Goethe Werther, de nuevo con notables influencias wagnerianas, una orquestación muy cuidada y por momentos densa y un papel protagonista para tenor lírico de grandes dificultades vocales y expresivas, que llegan a su climax en la bellísima aria “Pourquoi me reveiller” que escuchamos interpretada por uno de sus más míticos intérpretes, Georges Thill:

Pero, de nuevo, pese a que el protagonista es masculino, Massenet da un gran realce al personaje femenino, Charlotte, mezzo-soprano,  al que le da 3 monólogos de diferentes dimensiones (frente a los 4 de él), los tres al comienzo del 3º acto, destacando el primero de ellos, el aria de las cartas, que escuchamos cantada por Christa Ludwig:

Werther tardará en imponerse en el repertorio como lo había hecho Manon, aunque hoy seguramente sea la más popular de las óperas de Jules Massenet.

También en 1892 Massenet estrena su primer ballet, bastante breve, “Le carillon”, que escuchamos dirigido por Richard Bonynge:

La siguiente ópera de Massenet se estrenará en 1894, “Thais”, drama ambientado en un Egipto proto-cristiano, basado en la obra de Anatole France, que cuenta con la que quizá sea la pieza instrumental más famosa del compositor, la meditación para violín y orquesta que escuchamos interpretada por Itzhak Perlman:

Por supuesto, de esta ópera destaca el papel protagonista, el de la sacerdotisa de Venus y cortesana Thais que se convierte al cristianismo. Estrenado por Sybil Sanderson, escuchamos su aria “Dis-moi que je suis belle” cantada por Renée Fleming:

Pero destaca también el personaje del barítono Athanael, el eremita que consigue convertir al cristianismo a Thais para luego sucumbir a sus encantos. Escuchamos un bello monólogo del final del 1º cuadro del 3º acto, cantado (en italiano) por Ettore Bastianini:

Thais fue también una ópera de éxito tardío, ya que tardaría unos 10 años en imponerse. Hoy día goza de una razonable popularidad, y es en mi opinión, junto con Esclarmonde y Werther, una de las obras maestras del compositor.

Las siguientes óperas, “Le portrait du Manon” y “La navarreise” no gozaron de gran popularidad. Por estas fechas también compone algo de música orquestal, como la Fantasía para chelo y orquesta, de 1897:

Tras “Sapho” (de nuevo protagonista femenina), Jules Massenet compone “Cendrillon”, basada en el cuento de Perrault. Una ópera deliciosa que tuvo un éxito inmediato y en laque destaca el aria de la Cenicienta protagonista, “Enfin, je suis ici”, que escuchamos cantada por Federica von Stade:

En 1900 estrena la música de escena para la “Fedra” de Racine, en la que aprovecha una obertura que había compuesto previamente, en 1874:

Ese mismo año estrena el oratorio “La terre promise”, y al año siguiente la ópera “Griséldis”. En 1902, harto de que se le acuse siempre de ser un compositor de mujeres, compone “Le jongleur de Notre-Dame”, basado en la obra de Anatole France, que sólo cuenta con voces masculinas (aunque la soprano Mary Garden interpretó, para horror de Massenet, el papel protagonista de Jean, escrito para tenor). La ópera es bastante fallida, ausente en general esa belleza melódica tan característica del compositor. Escuchamos a Léopold Simoneau cantar el papel protagonista:

Jules Massenet era un pianista virtuoso, y finalmente en 1903 compone un concierto para piano y orquesta, del que escuchamos los movimientos 2 y 3 con Aldo Ciccolini:

En 1905 estrena la ópera “Chérubin”, basada en la obra de Beaumarchais, estrenado por Mary Garden. Escuchamos el aria del protagonista cantada por Joyce DiDonato:

Jules Massenet continúa componiendo óperas y ballets, pero la única ópera reseñable ya será el “Don Quichotte”, estrenado en Montecarlo en 1910 por Fiódor Chaliapin, al que escuchamos cantar la muerte de Don Quichotte:

En 1912 estrena en vida su última ópera, “Roma”, siendo estrenadas de forma póstuma “Panurge” en 1913, “Cléopâtre” en 1914 y “Amadis” en 1922. Enfrascado en su trabajo de compositor hasta el último momento muere en París el 12 de agosto de 1912, con 70 años, a consecuencia de un cáncer, siendo enterrado en Égreville, al sureste de París (ciudad en la que era propietario del castillo local):

Influyente en una nueva generación de compositores franceses, pero también italianos (esa vena melódica tan suya se percibe claramente en la obra de Puccini, por ejemplo), Jules Massenet nos dejó alguna obra maestra, óperas olvidables, pero también un buen número de óperas hoy día bastante olvidadas que se merecerían un lugar mucho más destacado en el repertorio actual. Y aunque sólo fuera por su maravilloso “Werther”, será un compositor al que recordemos siempre.



140 años del estreno de Le Roi de Lahore (27-04-2017)


Jules Massenet, en su treintena, ansiaba convertirse en un compositor de ópera exitoso. Había ya probado varias veces, pero las óperas que había estrenado no habían logrado el ansiado éxito. Entonces recibe un libreto de Louis Gallet, ambientado en la India, que combina historia y mito, uno de esos relatos sobrenaturales tan propios de los hindúes. El argumento es perfecto para una Grad’Opera de 5 actos, y Massenet trabaja en esta nueva ópera, que se titulará “Le Roi de Lahore”.




Su vena melódica se hace evidente desde los primeros compases, recurriendo por momentos a ciertos aires orientales, pero también a innovaciones orquestales, como el uso de un saxofón en el vals orquestal del tercer acto.

La ópera se estrena en el Palais Garnier de París el 27 de abril de 1877, con Josephine de Reszke en el papel protagonista de la sacerdotisa Sitâ. La ópera es todo un éxito, el primero de los muchos que tendrá Massenet. Esta ópera, que se difundió rápidamente por Europa, asentó a Massenet como uno de los más grandes compositores operísticos de finales del siglo XIX, el que tomaría el relevo de Gounod o Bizet.

Por desgracia, a comienzos del siglo XX esta ópera cae en desgracia. Su estilo romántico no encaja con los nuevos gustos del público, que la olvida de inmediato, salvo la bella aria del barítono, que permanecerá en el repertorio de los grandes barítonos de los comienzos de la etapa discográfica, cayendo a partir de los años 50 también en el olvido. Apenas algunas representaciones recientes (Joan Sutherland la canta a finales de los años 70 y algunas otras representaciones en los 90 y en el nuevo siglo) han tratado, en vano, de recuperar una obra maestra de ese gran genio que fue Jules Massenet. Le Roi de Lahore sigue esperando ocupar el lugar que le corresponde en el repertorio de los teatros mundiales.

Y nosotros vamos a poner nuestro granito de arena en poner en valor esta ópera, repasando en la medida de lo posible su argumento y su música. Dejamos como siempre un enlace al libreto.

La acción de Le Roi de Lahore transcurre en la ciudad de Lahore, en Pakistán, durante el siglo XI, cuando se produce la invasión musulmana de esta región que por aquel entonces era hindú. La ópera comienza con una obertura, algo no muy frecuente en Massenet y que, desde luego, no es lo mejor de la ópera, aunque cuenta con momentos de gran belleza melódica. La escuchamos dirigida por Richard Bonynge:

El primer acto de Le Roi de Lahore nos sitúa en el templo del dios Indra en la ciudad de Lahore. El pueblo se ha reunido en el templo para suplicar al dios que les libre de la invasión musulmana que dirige el sultán Mahmoud. Timour, el sacerdote de Indra, calma al pueblo, diciéndoles que si el rey es incapaz de detenerles, lo hará Indra. Mientras el pueblo entra al templo llega Scintia, ministro del rey, pero lo que le trae al templo no es un asunto militar: le pide a Timour que libre de sus votos a la sacerdotisa Sitâ, su propia sobrina, de la que está enamorado; Timour le contesta que eso sólo puede hacerlo el rey, pero Scintia está desesperadamente enamorado de la sacerdotisa. Ante el rechazo de Timour, Scintia le cuenta los rumores que se oyen: que un hombre ha burlado su vigilancia y se ha estado viendo con Sitâ. Timour quiere castigarla por profanar el templo, pero Scintia clama por su inocencia; la interrogará para ver si los rumores son reales, y en caso de serlo la entregará a Timour para su castigo.

Entramos al interior del templo, donde las sacerdotisas conducen a Sitâ al encuentro de Scintia e intentan calmarla. Una vez junto a su tío, éste le dice que va a liberarla para darle un esposo. Ella no sabe quién es el misterioso hombre al que ama, pero las palabras de Scintia le hacen confirmar sus sospechas (¿quién es la única persona que puede liberarla de sus votos?), y se muestra visiblemente contenta. Pero cuando Scintia va a abrazarla se da cuenta de su error, lo que le confirma los rumores a Scintia, quien quiere castigarla. Ella le suplica piedad y le cuenta que una noche un hombre en el templo le habló, pero que ella desconocía su identidad, y que regresaba todas las noches, pero que nunca la tocó. Ante la duda de si es un personaje real o una visión, Scintia se ofrece a salvarla, ya que él sí es real, pero ella le rechaza de nuevo. Scintia jura entonces vengarse.

Llegamos al final del primer acto: suena un gong, a cuyo sonido acuden tanto Timour y los sacerdotes como todo el pueblo. Timour acusa a Sitâ de sacrilegio y la condena a muerte; los sacerdotes, el pueblo y Scintia piden también su muerte. Sitâ clama por su inocencia, ya que sigue siendo virgen. Se escucha entonces a las sacerdotisas entonar la oración de la tarde. Scintia sabe que el amante de Sitâ acude a visitarla justo en ese momento, por lo que le obliga a inclinarse para hacer que ese amante aparezca y poder así castigarlo, y todos le obligan a hacerlo, pero ella prefiere morir. Pero entonces, por un pasadizo secreto, aparece el rey Alim (el rey de Lahore del título), que acude a rescatarla. Todos se dan cuenta de que el misterioso visitante nocturno era el rey. Alim va a rescatar a su amada, para furia de Scintia, pero Timour considera que ese amor es delito y que debe ser purificado: deberá acudir con su ejército a luchar contra Mahmoud: Alim accede, y será acompañado por Sitâ, lo que sirve para que Timour los perdone, pero Scintia busca la muerte del rey para poder poseer a Sitâ. Escuchamos el final del primer acto con Joan Sutherland como Sitâ, Sherrill Milnes como Scintia, Luis Lima como Alim, James Morris como Timour y Huguette Tourangeau como Kaled, el sirviente de Alim:

Comenzamos el segundo acto de Le Roi de Lahore. Estamos en el desierto de Thôl, en el campamento de Alim. Algunos soldados juegan al ajedrez, mientras se escuchan de lejos lo sonidos de la batalla. Kaled le informa a Sitâ que Alim ha derrotado a los musulmanes. Pero en la partida de ajedrez el rey negro derrota al blanco, lo que asusta a Sitâ, ya que lo considera un mal presagio. Kaled calma a Sitâ en el dúo “Ecoute encore”, que escuchamos en las voces de Ana María Sánchez como Sitâ y Cristina Sogmaister como Kaled:

Kaled conduce entonces a Sitâ a su tienda y le repite que Alim va a volver. Escuchamos así el aria de Kaled “Repose, o belle amoreuse” cantada por Cristina Sogmaister:

Entonces se escucha llegar a soldados asustados: han perdido la batalla. Scintia afirma que el rey ha sido herido, castigado por los dioses por su amor impuro, y se proclama el nuevo líder, apoyado por todos los soldados. Scintia da la orden de volver a Lahore, pero en ese momento aparece, herido, Alim, quien afea la conducta de sus soldados por desobedecerle mientras sigue vivo y querer rendirse, ya que él no piensa hacerlo, pero los soldados se muestran temerosos, ya que creen que están condenados. Scintia le dice al rey que vaya él solo al combate, ya que va a morir en venganza por haberle arrebatado el amor de Sitâ. Alim se da cuenta entonces de que fue el propio Scintia el que le golpeó en el combate, pero los soldados no obedecen su orden de detener a Scintia y todos le abandonan.

Alim se desmaya. Sitâ ha contemplado parte de la escena, y acude a socorrer a su amado, y le declara su amor, lo que le da fuerzas a Alim. Ambos deciden permanecer juntos y morir, pero en ese momento se escucha a los soldados partir hacia Lahore. Sitâ le dice a Alim que Indra les va a salvar, pero Alim cree que está maldito por los dioses y finalmente muere. Scintia, que ha visto la escena, se declara a sí mismo rey. Escuchamos este dúo final del segundo acto con Joan Sutherland, Luis Lima y Sherrill Milnes:

El tercer acto de Le Roi de Lahore nos traslada a un mundo sobrenatural, tan del gusto del romanticismo de la época (al igual que el orientalismo que vemos a lo largo de toda la ópera): estamos en el paraíso de Indra, en el monte Meru, la montaña sagrada del hinduismo. Asistimos a un ballet de espíritus celestiales, que escuchamos dirigido por Richard Bonynge (a partir del minuto 10:15 podemos escuchar el vals del saxofón):

Aparece el dios Indra, que pregunta por un hombre pálido, que no es otro que Alim. Alim le pide volver a vivir aunque eso le cueste diez siglos de infierno, con tal de poder regresar junto a su amada. Indra se apiada de su dolor y le concede volver a vivir, pero en otro cuerpo, como mendigo, y que morirá cuando muera Sitâ; él se compromete a protegerlo, y Alim acepta. Escuchamos esta escena final del tercer acto con Luis Lima como Alim y Nicolai Ghiaurov como Indra:

Comenzamos el cuarto acto de Le Roi de Lahore. Estamos ahora en el palacio real de Lahore. Sitâ recuerda con horror la noche en la que murió Alim y pide piedad a los dioses, ya que prefiere morir a sufrir el destino que le espera, de casarse con Scintia. Escuchamos el aria “De moi je veux bannir” cantada por Joan Sutherland:

Cambiamos de escena. Nos encontramos en las calles de Lahore, junto al palacio real. Allí aparece Alim con su nuevo aspecto. Ve el palacio real, pero recuerda que ya no es suyo. Oye a unos soldados hablar de la coronación del nuevo rey, del traidor Scintia. Alim se prepara para poder recuperar a Sitâ ahora que ha vuelto pero ya no es rey. Y aquí tiene su aria “O Sità, ma bien-aimée”, que escuchamos cantada por Luis Lima, seguida por el coro de alabanza al nuevo rey:

Aparece Scintia, quien tranquiliza al pueblo ante el ataque del sultán. Viendo la reacción del pueblo, se centra en sus deseos de futuro, de recuperar el amor de Sitâ, que él piensa que le fue arrebatado. Y tenemos así la bellísima aria de Scintia (Massenet hace bella hasta el aria del villano) “Promesse de mon avenir”, que escuchamos en la voz de Giuseppe Danise:

Entonces Alim se interpone a su paso cuando va a entrar en palacio. Todos reconocen los rasgos de Alim en él, y él mismo se presenta como tal: Scintia le ha robado el trono y el poder, pero él lo único que pide es que le devuelvan a su amada Sitâ. Scintia pide que lo detengan, pero Timour se da cuenta de que un dios está detrás y trata de convencer a Scintia de que sea clemente con él, haciéndole creer que es un loco, pero Scintia sólo quiere su muerte y nadie consigue hacerle entrar en razón. Timour entonces dice claramente que los dioses quieren que Sitâ le sea devuelta a Alim, pero en ese momento aparece la litera de Sitâ, y es aclamada como reina, algo que aprovecha Scintia para dar celos a Alim, que se siente traicionado por su amor. Timour se lo lleva para salvarlo. Y así termina el cuarto acto de Le Roi de Lahore.

Vamos ahora con el quinto y último acto. Comienza con un entreacto orquestal al que sigue el aria de Sitâ “J’ai fui la chambre nuptiale”, en la que ella, en el templo de Indra, cuenta cómo ha huido de su cámara nupcial, que Scintia estará buscándola y que su castigo va a ser imparable, ya que ha hecho detener incluso a Timour, por lo que estar en el templo no le puede salvar, así que está decidida a quitarse la vida para reunirse con su amado. Escuchamos el aria cantada por Joan Sutherland:

Se escuchan las plegarias de la noche, y en ese momento aparece Alim. Sitâ le reconoce, se abrazan, se prometen su amor y piensan huir, pero se escucha el sonido de un gong. Los guardias van en busca de Sitâ. Alim piensa en el corredor secreto por el que él accedía al templo, pero al llegar a él aparece Scintia. Sitâ y Alim le piden que obedezca al legítimo rey, pero Scintia se niega y se enfrenta a Alim. Sitâ, apara evitar volver a caer en manos de Scintia, se apuñala y muere. Scintia piensa vengarse con Alim, pero éste le dice que él muere al miso tiempo que ella, que no puede hacer nada. Ambos mueren y vuelven al paraíso de Indra mientras Scintia se da cuenta de que los dioses han querido que estén juntos incluso tras la muerte y se da cuenta de que los dioses le castigarán por su delito. Escuchamos todo el acto (incluyendo el aria que ya hemos escuchado) con Michèle Lagrange como Sitâ, Luca Lombardo como Alim y Yevyeni Demerdiev como Scintia:

Como hemos podido ver, Le Roi de Lahore, pese a ser una ópera poco conocida y no ser la mejor obra de Massenet, cuenta con muchos pasajes que la hacen digna de ser recuperada. Pero no podemos concluir este post con un reparto ideal, como de costumbre, por la falta de discografía. Esperemos que con los años esta situación se solucione.



Avance de la temporada ABAO-OLBE 2017-2018


Hace pocos días se hacía pública la programación de la temporada de ópera de ABAO-OLBE 2017-2018, y, como ya hicimos el año pasado con la presente temporada, vamos a comentar ciertos detalles y opiniones a priori sobre la temporada que se nos presenta.




Dejo un enlace con la programación de la temporada en la página oficial de ABAO. Y lo primero de todo, lo que me dio el mayor disgusto en cuanto la vi, es que la temporada de ABAO-OLBE 2017-2018 no remonta la crisis: seguimos con 5 títulos. Esperaba que volviéramos a contar con 7 títulos, o que por lo menos subiera a 6, pero no, parece que la situación económica todavía no permite volver a la normalidad. Espero que esta sea la última temporada “corta” y podamos volver a los 7 títulos tradicionales.

Los 5 títulos que componen la temporada ABAO-OLBE 2017-2018 son, por orden, “I Masnadieri” de Giuseppe Verdi, “Don Pasquale” de Gaetano Donizetti, “Manon” de Jules Massenet, “Salome” de Richard Strauss y “Norma” de Vincenzo Bellini. He de decir que “Norma” fue la primera ópera que vi como abonado de la ABAO, allá por 2009, y la primera que vuelve a programarse en estos años que llevo como abonado (espero que esto no signifique que la mayoría de las óperas que vengan a partir de ahora ya se hayan representado en estos años). 3 de las óperas que se representan no las he visto nunca en vivo “”I Masnadieri”, “Manon” y “Salome”, aunque todas ellas se han representado en ABAO en lo que llevamos de siglo (“I Masnadieri” en enero de 2004 sería la que lleva más tiempo sin representarse). Curiosamente, la ópera que más veces he visto en vivo, el “Don Pasquale” de Donizetti, que la he visto 2 veces, es la que más tiempo lleva sin verse en la ABAO, desde enero-febrero de 1995, con, curiosamente, el mismo protagonista que en estas nuevas representaciones. No hay, por tanto, ningún estreno, como estaba siendo habitual en temporadas pasadas, aunque eso supusiera en algunos casos, aprovecharse del “Tutto Verdi” con el estreno de alguna ópera poco conocida del de Busetto (como el “Stiffelio” de esta temporada”). Como “I Masnadieri” se representó ya en una temporada antes del comiendo del “Tutto Verdi”, aquí no hay estreno. Otra cosa que espero que se arregle en futuras temporadas.

Vamos ya con las óperas una por una:

Comenzamos la temporada ABAO-OLBE 2017-2018 con “I Masnadieri” de Verdi. Miguel Ángel Gómez Martínez dirigirá a la Orquesta Sinfónica de Bilbao en el que será el debut en ABAO de la pareja protagonista: el tenor Vincenzo Costanzo, que se hará cargo del personaje de Carlo, es una voz interesante, habitual en repertorios del Verdi temprano, pero con una técnica y una emisión muy mejorable; mejor pinta tiene Carmen Giannattasio como Amalia, una voz mucho más interesante. Volvemos a contar, tras varias temporadas ausente, con el habitual barítono Vladimir Stoyanov, que nos ha regalado varias buenas interpretaciones (especialmente recuerdo un Macbeth sorprendentemente bueno), pero aquí le toca lidiar con el malísimo Francesco, y Stoyanov me parece como demasiado buenín para el papel; tendremos que esperar para ver si consigue darle al personaje la perfidia necesaria. Y vuelve también Mika Kares como el patriarca de la familia, Massimiliano, tras su magnífica interpretación del Gran Inquisidor en el “Don Carlos” de la pasada temporada; la cuestión es que Massimiliano ni es el malo de la historia ni tiene esa voz de bajo profundo, oscura, eslava, que Kares lució, sino una voz de bajo cantante que tendremos que ver si Kares es capaz de afrontar. En todo caso, es una alegría poer volver a ver a ambos cantantes.

En noviembre se representa el “Don Pasquale” de Donizetti. Roberto Abbado debuta en la ABAO dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de Euskadi, lo que ya resulta atractivo de por sí. Será (si nada me lo impide) el tercer Don Pasquale que vea en vivo, y el tercero que le vea al gran Carlos Chausson, que sin duda volverá a regalarnos una noche magnífica con su comicidad y su talento canoro innegable. Jessica Pratt regresa a ABAO tras la Sonnambula que me perdí por una inoportuna gripe; sé que gustó mucho, pero tengamos en cuenta que las posibilidades de lucimiento que ofrece la Norina son muy inferiores a las que tenía con Amina; vamos, que tiene toda la pinta de que nos vamos a quedar con ganas de más. Javier Franco volverá a demostrar su solvencia como Malatesta, mientras, en su debut en ABAO, el tenor Paolo Fanale tendrá la difícil tarea de demostrarnos que es algo más que una cara bonita con su Ernesto (de nuevo, una buena voz con una técnica que mejor olvidar).

El tercer título de la temporada ABAO-OLBE 2017-2018 será la “Manon” de Massenet de enero. Alain Guingal dirigirá a la Orquesta Sinfónica de Euskadi. Irina Lungu se hará cargo del papel protagonista, que no le supondrá ningún problema vocal, mientras su pareja escénica, Renato des Grieux, será interpretado por Celso Albelo; ya en la pasada “Lucrezia Borgia” comenté que cada vez su forma de cantar me recuerda más a la de Kraus, y en un papel que no tiene esas ascensiones al agudo que tanto están afectando al canto del canario, es de esperar que Albelo nos regale muchos buenos momentos con su buen gusto cantando. Manel Esteve vuelve tras aquel maravilloso Silvio de “Pagliacci” de hace dos años para hacerse cargo del Lescaut, que seguro que borda. No es “Manon” una ópera que me guste mucho, pero hay que reconocer que el reparto resulta tremendamente atractivo.

El cuarto título será la “Salome” de Richard Strauss. Erik Nielsen dirigirá a la Orquesta Sinfónica de Bilbao. Regresa Emily Magee tras su debut hace unos años con aquella memorable “Die tote Stadt” en un papel que a priori parece más adecuado a su vocalidad que la Marie/Marietta que le escuchamos; para la ópera de Korngold prefiero a una soprano de voz más lírica y con un timbre más hermoso, mientras la voz de Magee parece ajustarse más a los requerimientos nada fáciles de la Salome straussiana. No hablaré del resto de los protagonistas por desconocimiento (tanto el Jokanaan como el Herodes son debutantes). Mikeldi Atxalandabaso volverá a ser un robaescenas en su breve pero agraciada intervención como Narraboth. Debutan además numerosos comprimarios, entre ellos mi querido Igor Peral como uno de los judíos, en un papel que le queda muy pequeño (con lo bien que quedaría protagonizando una “Manon” en Opera Berri, que seguro que el Des Grieux lo borda… lo que me resulta más extraño es que la ópera elegida para el Opera Berri haya sido la temible “Norma”, una ópera poco adecuada para que cantantes jóvenes afronten las partes protagonistas).

Y la temporada ABAO-OLBE 2017-2018 termina en mayo con la “Norma” de Bellini que dirigirá Pietro Rizzo con la Orquesta Sinfónica de Bilbao. El trío protagonista ya cantó aquí unas exitosas funciones de “Roberto Devereux”, por lo que a priori suena como la propuesta más apetecible del año. Gregory Kunde es seguramente el mejor Pollione del momento y hay que aprovecharlo mientras le dure la voz (que todos somos conscientes de que en cualquier momento la voz le dice “hasta aquí” y nos quedamos sin el mejor tenor de los últimos años, pero mientras no pase eso vamos a disfrutarlo al máximo), y Anna Pirozzi es una soprano todoterreno; en algo más de un mes ambos cantantes protagonizarán el cierre de la presente temporada con un “Andrea Chenier” que estamos esperando como agua de mayo. Remata el trío Silvia Tro Santafé, que seguro que sabe sacarle todo el partido a Adalgisa. Como ya he mencionado, el Opera Berri para cantantes jóvenes de este año será con este título, pero no puedo decir nada de sus intérpretes por puro desconocimiento.

Una vez repasados los repartos de todos los títulos, mencionar que echo de menos a Ainhoa Arteta, habitual en ABAO pero que con esta serán dos temporadas sin aparecer, o que no nos vuelvan a traer a Roberto Alagna tras su magnífico Werther (motivos presupuestarios tal vez) o a Mirco Palazzi tras su debut como Conde Rodolfo en La Sonnambula, un bajo joven pero muy interesante.

Y sobre la diversidad de repertorio, tenemos un Verdi, una ópera francesa y una alemana que vale además por siglo XX (con Salome matamos dos pájaros de un tiro, desde luego), pero con un Bellini y un Donizetti las cuotas de belcanto se disparan frente a la ausencia de verismo, Mozart o de repertorio eslavo (no voy a hablar de Wagner o de siglo XX por el doble juego de Salomé). Entiendo que el Don Pasquale tiene pinta de ser la despedida de Carlos Chausson de la ABAO, y que lo de Norma sea una forma de repetir el éxito del Devereux pero con una ópera mucho más conocida por el gran público y que bien podría ser un éxito comercial. En todo caso, hay que decir que en los años que llevó como abonado de ABAO (desde la temporada 2009-2010), se han representado 5 óperas distintas de Donizetti (6 con este próximo Don Pasquale) frente a sólo 3 de Rossini, que además han sido las tres grandes comedias (Barbero, Cenerentola e Italiana), ni rastro de sus dramas (Semiramide, Otello, Zelmira, Armida, Ermione, Tancredi, La donna del lago… tantas óperas magníficas…). Esta es una de las asignaturas pendientes que veo para próximas temporadas de ABAO, junto con Wagner (sólo un título, “Tristan und Isolde”, en mis años de abonado, algo imperdonable en cualquier teatro que aspire a tener cierto nivel), Richard Strauss, la ópera francesa fuera de Carmen, Gounod y Massenet, ópera eslava, Britten… y, sin duda, tras la ausencia esta temporada, Puccini (y que sea una Fanciulla del West, una Rondine o un Trittico, nada de repetir las más famosas).

Termino aquí mis reflexiones sobre la próxima temporada ABAO-OLBE 2017-2018. Iremos comentando las funciones a medida que vayan llegando. Como siempre tendremos gratas sorpresas y desagradables disgustos (los menos, esperemos), pero seguro que vamos a disfrutar de unos cuantos grandes momentos operísticos.



In Memoriam: Alberto Zedda (06-03-2017)


Recuerdo aquel verano de 2015, en el que la Quincena Musical programaba un Stabat Mater de Rossini al que no podía acudir. Recibí por mail una invitación para ir al ensayo, y quise aprovecharlo, ya que era una oportunidad única de ver dirigir a un ya mayor Alberto Zedda (no recordaba haberle escuchado en vivo anteriormente, mala memoria la mía). Y me sorprendió que, pese a dirigir sentado, tenía una energía en sus brazos que literalmente me daba envidia. “Yo de mayor quiero ser como él”, pensé tantas y tantas veces a lo largo de aquel ensayo en el que pude disfrutar de forma privilegiada de su talento como director de orquesta. Por eso, a apenas dos meses de tener la oportunidad de volver a verle, me sorprendió tristemente la noticia de que nos dejaba ayer, a los 89 años.




Alberto Zedda había nacido en Milán el 2 de enero de 1928. Allí estudió música con directores de la talla de Antonino Votto o Carlo Maria Giulini, debutando en La Scala en 1956 con “Il barbiere di Siviglia” rossiniano. Y es que su carrera estuvo muy ligada al compositor de Pesaro, de quien, en su faceta como musicólogo, fue el autor de la edición crítica de todas sus óperas junto a Philip Gosset, además de ayudar a la recuperación de muchas de ellas, así como a obras poco conocidas de otros compositores. Fue entre otras actividades director artístico de La Scala y del festival Rossini de Pesaro, que ayudó a fundar, junto con la Academia Rossiniana en la que cambiaría la forma de cantar la música de Rossini.

Aunque muy recordado por su labor como director de ópera, Alberto Zedda dirigió también repertorio sinfónico, como por ejemplo la “Sherezade” de Nikolai Rimski-Korsakov, de la que escuchamos la última parte:

O en obras tan infrecuentes como el concierto para flauta del danés Carl Nielsen:

Pero destacó por encima de todo como director de música vocal, especialmente de ópera, siendo el repertorio italiano del siglo XIX el más frecuente, aunque le tenemos también dirigiendo recitales discográficos de repertorios a priori tan extraños en su carrera como el verismo. Le escuchamos acompañando a Francisco Araiza en el aria “Che gelida manina” de “La Boheme” de Puccini:

O le tenemos incluso dirigiendo la “Manon” de Jules Massenet en italiano:

Dirigió música barroca de compositores como Claudio Monteverdi o Antonio Vivaldi (no pongo vídeos por no encontrar fragmentos en Youtube, hay sólo grabaciones completas), así como de compositores posteriores como Domenico Cimarosa (de cuya ópera “Le donne rivali” gravó una integral que también está en Youtube) o de Gaspare Spontini, del que escuchamos la escena del infierno del “Teseo riconosciuto”:

Fruto de esa labor recuperadora de obras olvidadas le tenemos dirigiendo “Il dissoluto punito” de Ramón Carnicer:

También grabó el “Fra Diavolo” de Daniel Auber, del que escuchamos el aria “Si, domani” cantada por Luciana Serra:

De Giuseppe Verdi fue un destacado director de “Falstaff”, del que escuchamos la escena final con un reparto de lujo que incluye a Bryn Terfel, Ainhoa Arteta, Marianne Cornetti, Ruth Iniesta o Juan Jesús Rodríguez:

Y fue también un gran difusor de la temprana (y fallida) “Un giorno di regno”, que pude ver dirigida por él en Bilbao en estas funciones:

De Gaetano Donizetti le tenemos por ejemplo dirigiendo a Luciana Serra en el aria “O luce di quest’anima” de la ópera “Linda di Chamounix”:

Y también le escuchamos dirigiendo “Lucia di Lammermoor”, en concreto el dúo final del primer acto, con Virginia Zeani y Alfredo Kraus:

De Vincenzo Bellini le escuchamos “I Puritani”, dirigiendo a Mariella Devia en la caballetta “Vien, diletto”:

Pero también títulos menos frecuentes como “I Cappuletti ed I Montecchi” o “Il Pirata”, de la que escuchamos el aria “Nel furor delle tempeste”:

Pero por encima de cualquier otro compositor, en su carrera destaca la atención que presta a Gioacchino Rossini, del que realiza la edición crítica de las partituras precisamente para limpiarlas de las tradiciones espurias de las interpretaciones anteriores y recuperar el estilo original (prestaba especial atención a las coloraturas) siendo desde entonces su labor absolutamente referencial en la interpretación del compositor de Pesaro. Destaca su labor divulgativa en el Festival Rossini de Pesaro, que contribuyó al lanzamiento de no pocos intérpretes rossinianos. Antes de pasar a sus óperas, escuchamos el fragmento más conocido del “Stabat Mater” que mencionaba al comienzo, el aria para tenor “Cujus animam” que le escuchamos a Juan Diego Flórez:

En su labor como recuperador de obras o de fragmentos desconocidos le tenemos por ejemplo dirigiendo a Marilyn Horne en un aria alternativa de la famosa “Il barbiere di Siviglia”, “La mia pace, la mia calma”:

Vamos a verle ahora dirigir la obertura de “La Cenerentola”, para ver sus enérgicos gestos y la ligereza y sutilidad de sus versiones:

Vamos ahora con unas funciones en vivo de la maravillosa “L’Italiana in Algeri” de A Coruña; en concreto el trío “Pappataci” con Rockwell Blake, José Julian Frontal e Ildar Abdrazakov:

Vamos ahora con “Il turco in Italia”, en concreto con el aria de Fiorilla “Non si da follia maggiore” que canta Lella Cuberli:

Vamos ahora con la no muy frecuente “La gazza ladra”, de la que escuchamos a Lucia Valentini-Terrani cantar “Tocchiamo, bebiamo”:

Alberto Zedda se encargó también de popularizar la recién descubierta “Il viaggio a Reims”, de la que escuchamos el dúo “D’alma celeste, o dio” con Ewa Podles y Rockwell Blake:

“Semiramide” fue otra obra fundamental en su repertorio. Escuchamos el aria del tenor “La speranza più soave” cantada por Gregory Kunde:

Vamos ahora con otra ópera rossiniana que no podía faltar en el repertorio de Alberto Zedda, “Tancredi”, de la que escuchamos el aria “Di tanti palpiti” cantada por Daniela Barcellona:

Y seguimos con otra obra muy frecuente en su repertorio, “Otello”, de la que escuchamos una magnífica versión del dúo “Ah, vieni” con Gregory Kunde y Maxim Mironov:

Escuchamos ahora el final de “Ermione” con Angela Meade:

Y ahora escuchamos un fragmento de la poco conocida “Torvaldo e Dorliska”, con Lucia Valentini-Terrani y Lella Cuberli:

Le escuchamos ahora dirigiendo a Ewa Podles en el aria “Mura felice” de “La donna del lago”:

Y para terminar le escuchamos dirigiendo a Gregory Kunde en la gran escena de Arnoldo de “Guillaume Tell”:

Con proyectos por delante pese a sus 89 años, la muerte el pasado 6 de marzo de Alberto Zedda nos ha sorprendido a todos. Y es que su incansable labor como divulgador de la obra rossiniana le mantendrá en la memoria de todos los operófilos de los que se ha ganado la más profunda admiración.



125 años del estreno del Werther de Massenet (16-02-2017)


Desde su publicación en 1774, la novela “Las desventuras del joven Werther” se convirtió en un gran éxito, el primero en la carrera de su autor, Johann Wolfgang von Goethe. Ello llevó a que algunos compositores quisieran llevar la obra al teatro y transformarla en una obra, cosa que hará por ejemplo Rodolphe Kreutzer en 1792. Y hubo más intentos, pero ninguno de ellos se asentó en el repertorio de los teatros de ópera.




Y es que la novela de Goethe es especialmente difícil de trasladar a la escena teatral, ya que es una novel epistolar: toda ella está contada a través de cartas que se escriben los personajes, en especial el propio Werther, un joven que, desesperadamente enamorado de una chica que se casa con otro, termina suicidándose. El argumento es sumamente atractivo, pero el trabajo de adaptarlo al escenario con un resultado aceptable resultaba un reto casi insalvable.

Pero allí está Jules Massenet, uno de los más grandes compositores de ópera francesa. Siempre se le había acusado de dar un gran protagonismo en sus óperas a los personajes femeninos, y Werther sería una buena opción para acallar esos argumentos. Massenet ya comienza a trabajar la idea desde 1880, pero será en 1885 cuando comience la composición de la obra.

Los libretistas, Édouard Blau y Paul Milliet, se enfrentan al duro trabajo de trasladar los numerosos episodios que cuentan las cartas a unos pocos, apenas 2 (a parte de los dos últimos actos, basados en el tercero de los libros que forman la novela, y que cuenta Guillermo, el amigo de Werther a quien éste dirige muchas de sus cartas, que reconstruye la historia del último día de vida del joven). Para ello aumentan el protagonismo del personaje femenino, Charlotte, y hasta cierto punto negativizan el de Albert, el marido de ella. El trabajo fue realmente magistral, ya que en estas dos escenas (los dos primeros actos) ya conseguimos entrar en la psique de Werther que tan bien plasman las cartas de la novela.

Massenet termina de componer la ópera en 1887, pero, al presentársela a Léon Carvalho, director de la Opera-Comique de París, éste la rechaza, ya que el argumento es demasiado oscuro, demasiado triste (demasiado poco francés quizá… en su opinión, porque la ópera rezuma melodismo francés en cada compás de la partitura). Para colmo, un incendio en una sala de la Opera-Comique detiene las representaciones en este teatro, y Massenet empieza a trabajar en otros proyectos, en especial Esclarmonde (ópera no muy conocida pero realmente magistral, en mi opinión la mejor de Massenet tras la propia Werther).

Pero la ópera no podía quedar en el baúl de los recuerdos. El exitoso estreno en Viena de una ópera anterior de Massenet, Manon, con gran éxito, lleva a la Ópera de Viena a proponerle a Massenet la realización de una nueva ópera. Pero para qué componer una nueva ópera si tiene una inédita… y así, el 16 de febrero de 1892 se estrena en el Hofoper de Viena Werther, traducida al alemán. A finales de año, se estrena la versión francesa en Ginebra, y el éxito de esta nueva ópera lleva a Carvalho a cambiar de opinión y estrenarla en su teatro parisino el 16 de enero de 1893.

Pese a todo, Werther no termina de cuajar en Francia, donde estará siempre por detrás de Manon hasta los años 50. En cambio, Werther será un gran éxito en otros muchos teatros fuera de Francia, y terminará por convertirse en la más popular de las óperas de Massenet, por delante de la propia Manon. Lógico, ya que es una obra maestra, como veremos en seguida.

El personaje de Werther está escrito para tenor, pero en 1902 el propio Massenet escribe una adaptación para barítono, inicialmente prevista para Victor Maurel pero finalmente dedicada a Mattia Battistini.

He de confesar que, tras La Boheme de Puccini, esta es mi ópera favorita, con multitud de momentos emotivos y musicalmente espléndidos. Así que vamos a conocerla más a fondo.

Antes de nada, dejamos como siempre un enlace del libreto.

La ópera comienza con un preludio en el que se diferencian dos temas: el primero, dramático, frente a uno mucho más tranquilo, el que luego cantará Werther en su primera intervención, la invocación a la naturaleza, para presentarnos el carácter soñador del joven. Escuchamos el preludio dirigido por Colin Davis:

Comenzamos el primer acto. Estamos en la ciudad de Wetzlar, en el Hesse, más o menos cerca de Frankfurt, hacia el año 1780. La acción de la ópera transcurre en ese año, comenzando en el primer acto en el mes de julio. Nos encontramos en la entrada de la casa de Le Bailli, el magistrado de la ciudad. Risas de niños que juegan. Son los 6 hijos pequeños de Bailli, que intenta que ensayen un villancico, aunque sólo consigue convencerles de que se formalicen al decirles si quieren que su hermana Charlotte les escuche así. Entran entonces dos amigos del magistrado, Schmidt y Johann, sorprendidos de ver a su amigo ensayando un villancico en pleno julio. De la conversación que sigue nos vamos enterando de cosas. Aparece Sophie, la segunda hija de Bailli, siendo Charlotte la primera. Sabemos que el magistrado es viudo, que las dos hermanas mayores cuidan de la familia y que esa noche hay un baile para el que se están preparando. También nos enteramos que Albert, el prometido de Charlotte, está a punto de volver de su viaje de negocios. Y hablan también de un personaje recién llegado, el joven Werther, un diplomático muy estimado por el príncipe pero no tanto por los dos amigos, que lo consideran un pésimo cocinero y un peor bebedor. Finalmente, todos se retiran, dejando el porche vacío. Vemos esta primera escena de la ópera:

Con el porche vacío, un niño guía a un joven hasta el lugar: es Werther. Tras despedir a su guía, se pasea por el jardín de la casa, elogiando el entorno natural en el que se encuentra (primera de las 4 arias de Werther, “O nature, pleine de grâce”). Werther escucha entonces a los niños cantar, y vemos su carácter melancólico cuando compara la alegre vida de los niños con la amarga de los adultos como él. Entonces Werther se sienta en la fuente del porche cuando salen los niños y Le Bailli con Charlotte, que espera a los amigos que le han de llevar al baile, que se han retrasado. Mientras da de merendar a sus hermanos. Le Bailli ve entonces a Werther y le da la bienvenida, mientras Charlotte se disculpa por tener que ejercer de madre de sus hermanos. Llegan el resto de los amigos, Brühlmann y Käthchen para ir a la fiesta, y Charlotte hace que uno de sus hermanitos abrace a su “primo”, mientras Werther se sorprende de ser ya considerado primo. Charlotte deja a Sophie a cargo de sus hermanos. Escuchamos esta escena (y el aria) con Roberto Alagna como Werther:

Werther ve a Charlotte besar a sus hermanos y se conmueve ante lo que ve, ya que sueña con pasar su vida en un ambiente así. Y después Werther y Charlotte van a la fiesta. Escuchamos ese “O spectacle idéal” cantado por el gran Georges Thill:

Sophie entonces le recuerda a su padre que ha quedado con sus amigos en la taberna; él no quiere dejarle sola con los niños, pero ella insiste y él finalmente se va. En ese momento aparece Albert por sorpresa, y habla con Sophie de su futura boda. Sophie entra en casa dejando sólo a Albert, que pensando que Charlotte le ama, espera ver su reacción al verle. Escuchamos el aria “Quelle prière” cantada por Joan Martín-Royo:

Una vez Albert entra en casa tenemos un intermedio orquestal, el claro de luna, que aunque ya hemos escuchado en el vídeo anterior, volveremos a oir en el próximo, esta vez en la insuperable versión dirigida porGeorges Prêtre. Mientras la luna ilumina el jardín, aparecen Werther y Charlotte del brazo. Ella dice que es el momento de despedirse, que es hora de dormir, pero Werther está embrujado por Charlotte, no le importa qué hora sea, sólo desea estar junto a ella y contemplarla. Ella le dice que él no sabe nada de ella, pero él ya ha reconocido la gran persona que es al ver cómo trata a sus hermanos. Ella recuerda a su desaparecida madre, a quien le gustaría volver a ver para saber si está cumpliendo con lo que le prometió antes de morir, y menciona cuánto la echan todos de menos, en especial los niños que no entienden por qué se ha ido. Escuchamos este dúo con Nicolai Gedda y Victoria de los Ángeles:

Werther ya está casi delirante de amor hacia Charlotte, fascinado por Charlotte, y le confiesa su amor y admiración. Ella aturdida, quiere entrar en casa, pero en ese momento se escucha a su padre avisarla de que Albert ha vuelto. Ella se había olvidado de él, el hombre con el que le juró a su madre antes de morir que se casaría. Werther acepta que ella tiene que casarse con él, pero asume que eso significa su muerte, y termina el primer acto con su desesperado grito de “Otro es su esposo”, grito que volveremos a escuchar más adelante. Escuchamos ese final del primer acto de Werther con Georges Thill y Ninon Vallin:

Comenzamos el segundo acto de Werther. Estamos en la plaza del pueblo, ante la iglesia. Han pasado 3 meses, estamos en septiembre. Es domingo, y el pastor celebra sus bodas de oro. Schmidt y Johann, en vez de estar en misa, están bebiendo en la taberna. Se retiran al interior cuando llegan Albert y Charlotte, que llevan ya 3 meses casados. Albert se muestra feliz junto a ella, aunque nota que su comportamiento ha cambiado, ya no es la jovencita que era. Ambos entran en la iglesia. Escuchamos el breve dúo de la nueva pareja cantado por Thomas Allen y Federica von Stade:

Pero alguien ha contemplado a la pareja: es Werther, que no soporta ver cómo otro es el esposo de Charlotte. Así Werther aparece en el segundo acto repitiendo las últimas palabras del primero. Con dolor cuenta lo que él esperaba, tener a Charlotte junto a él. Tenemos así la segunda aria de Werther, “J’aurais sur ma poitrine”, que le escuchamos a Alfredo Kraus:

Werther se desploma sobre un banco, mientras Schmidt y Johann tratan de consolar a Brühlmann, al que su novia Käthchen ha dejado. Los tres se van en dirección al baile cuando Albert sale de la iglesia, ve a Werther y se dirige hacia él. Le dice que está preocupado, porque sabe que Werther, al conocer a Charlotte cuando todavía estaba soltera, pudo haberse hecho ilusiones que ahora no son posibles, pero Werther le tranquiliza (le miente) diciéndole que esos sueños están ya olvidados. Aparece entonces Sophie, que alegremente le dice a Werther que quiere bailar el primer baile con él. Albert le sugiere que la felicidad podría encontrarla cerca, refiriéndose a Sophie. Escuchamos esta parte con Roberto Alagna y Manuel Lanza (en las funciones bilbainas que vi en vivo… dos veces de hecho):

Escuchamos ya de tirón el resto del acto. Werther se queda sólo, atormentado por tener que mentir, o de lo contrario sufrir la vergüenza. Piensa en huir, pero es incapaz de alejarse de Charlotte. Precisamente Charlotte sale de la iglesia en ese momento, reconfortada por la oración. Werther la llama, y recuerda el día en la que la conoció. Charlotte le recuerda que Albert la ama y es su esposo, a lo que Werther contesta que quién no va a amarla. Charlotte le dice si no habrá otra mujer a la que pueda amar, pero viendo que Werther le sigue amando, le pide que se vaya, lo que hace enloquecer a Werther. La ausencia puede hacer olvidar, pero Werther afirma no ser capaz de olvidarla. Charlotte entonces le dice que no tiene por qué olvidar, que piense en Charlotte, en su bienestar; Werther quiere su felicidad, claro, pero la idea de no volver a verla le resulta imposible. Ella entonces le dice que podrá volver a verla en navidad y se va. Y llegamos al punto culminante de la ópera desde el punto de vista dramático: Werther sabe que quizá no sea capaz de aguantar hasta la navidad, que quizá su destino sea quitarse de en medio. ¿Sería eso un pecado? Evocando la parábola del hijo pródigo, piensa, por el contrario, que dios lo acogerá en su seno, y preso de la desesperación, le pide a dios que lo llame, en un impactante si natural agudo; es la tercera aria de Werther, “Lorsque l’enfant”. Aparece Sophie en ese momento buscando a Werther para el baile que le ha prometido, pero él huye diciendo que no volverá nunca. Sophie se echa a llorar, y al verla así Charlotte le pregunta que qué le pasa; ella le cuenta que Werther se ha ido para siempre, lo que consterna a Charlotte y le hace ver a un suspicaz Albert que Werther ama a Charlotte. Escuchamos el dúo y el aria con Piotr Beczala y Elina Garanca:

El tercer acto de Werther comienza con un preludio orquestal que, a diferencia del anterior, no tiene ningún tema que aplaque la tensión, aquí todo es dramatismo. El preludio no termina, enlaza directamente con el comienzo del acto. Escuchamos la parte orquestal dirigida por Georges Prêtre:

Es nochebuena, por la tarde. Estamos en el salón de la casa de Albert. Charlotte está sola, releyendo las cartas que Werther le sigue enviando; le echa de menos. Lee cartas en las que Werther le habla de su tristeza, de lo solo que se siente, o de cómo escucha los gritos los niños y recuerda a los instantes que pasó junto a sus hermanos, que seguro que le han olvidado (en la novela queda claro que Werther no sólo tiene una relación especial con Charlotte, también con el resto de la familia, incluso con Albert, por lo que alejarse de ellos le supone quedarse absolutamente solo). Charlotte espera el momento en el que Werther regrese, pero entonces recuerda la última carta que le ha enviado, en la que le dice que, si no vuelve por navidad, tendrá que llorarle. Escuchamos esta maravillosa aria de las cartas de Charlotte cantada por Teresa Berganza:

Por cierto, si la perfección no existe, esto se acerca bastante… voz cálida y aterciopelada, técnica impecable, estilo perfecto, dicción francesa correcta y encima una interpretación contenida pero emotiva. Magnífica Berganza, sin duda.

En ese momento llega su hermana Sophie, que le dice que su padre está enfadado porque ya no les visita. Entonces se da cuenta de que Charlotte está triste; Sophie siempre está risueña, pero se da cuenta de que algo pasa, de que Charlotte está así de triste desde que Werther se fue; Sophie no entiende por qué les ha dejado así, pero el hecho de que le hable de Werther emociona más a Charlotte, que empieza a llorar, y le dice a Sophie que las lágrimas son la forma de desahogarse cuando ya no quedan fuerzas para aguantar más (aria “Va! laisse couler mes larmes”, bellísima). Sophie le dice que todo se arreglará si va a visitarles, y que su padre ha ensayado unos villancicos con los niños; ella recuerda que es navidad y la última carta de Werther. Pero Sophie insiste en que vaya a visitarlos, y Charlotte termina aceptando. Sophie se va, pero Charlotte la llama para abrazarla. Se encuentra emocionalmente agotada y, una vez sola, le pide ayuda a dios. Pero en ese momento aparece Werther por la puerta. Vemos esta escena de nuevo con la gran Teresa Berganza:

Werther dice que ha vuelto el día fijado, aunque hasta el último momento estaba dudando. Charlotte le dice que por qué no ha ido antes, que toso le echan de menos, su padre, los niños… Werther le pregunta si ella también, y ella cambia de tema diciendo que nada ha cambiado en la casa (menos los corazones, según Werther). Se fijan en los libros o en el clavecín, pero Werther se fija también en las armas con las que Werther ve la forma de librarse de sus sufrimientos. Charlotte le recuerda entonces el poema de Ossian que Werther tiene que terminar de traducir. Escuchamos esta escena con Nicolai Gedda y Victoria de los Ángeles:

Werther traduce los versos del poema en la que será su aria más conocida (la 4ª que tiene en la ópera), “Pourquoi me reveiller”, que escuchamos a Alfredo Kraus:

Vamos a escuchar dos versiones más de este aria. La primera, en su traducción italiana, cantada por Carlo Bergonzi. Atención a cómo colorea cada sílaba del texto para darle la expresividad adecuada:

Y ahora la versión para barítono. Como por desgracia no encuentro en Youtube la grabación de Mattia Battistini, tendremos que escuchar la de Thomas Hampson:

Charlotte le detiene; se da cuenta de que el sufrimiento que describe el poema es el del propio Werther. Pero él insiste en que se dejen de mentir y fingir, que los dos se aman. Charlotte intenta contenerse, pero acaba besándose con Werther. En ese momento ella reacciona, sale huyendo y le dice a Werther que no volverá a verla. Werther, desesperado, se da cuenta de que ha llegado su final. Escuchamos esta escena con Roberto Alagna y Elena Zhidkova:

Werther sale corriendo, y al momento llega Albert, mosqueado porque sabe que Werther ha vuelto (la ópera negativiza a Albert y hace que Charlotte sea mejor), y llama a Charlotte, que está turbada. Llega un mensajero de Werther que le pide prestadas las pistolas a Albert para un largo viaje. Albert le ordena violentamente a Charlotte que se las entregue. Al momento Charlotte sale corriendo, presintiendo lo que Werther va a hacer (en la novela se va tranquilamente a la cama).

Noche de tormenta. Tenemos un intermedio entre los actos tres y cuatro, que escuchamos de nuevo dirigido por Georges Prêtre:

Llega Charlotte a casa de Werther, que está oscura. Ve rastros de sangre y encuentra su cuerpo tirado en el suelo; se ha pegado un tiro. Pero todavía está vivo, y él le pide perdón. Ella le dice que la culpa es de ella, pero el le dice que lo ha hecho todo bien, ya que así permanece inocente. Y cuando ella va a salir a buscar ayuda, él la detiene; mejor que estén los dos solos: así Werther puede confesarle su amor, y ahora ella también confiesa que le ama, y le devuelve el beso que le dio. Se escucha a los niños cantar un villancico, lo que para Werther es una señal de su redención, pero cae de nuevo al suelo y en sus últimos instantes le da instrucciones a Charlotte sobre dónde quiere que le entierre. Y mientras se escuchan en la calle las risas de la fiesta de nochebuena, Werther muere y Charlotte se desmaya sobre su cuerpo. Escuchamos el dúo final con Roberto Alagna y Elena Zhidkova:

Y así termina esta maravillosa ópera.

Y concluímos como siempre con un Reparto Ideal:

Werther: Georges Thill, Nicolai Gedda o Roberto Alagna. Venga, vale, acepto a Alfredo Kraus, pero sólo en grabaciones en vivo, y lo más tempranas posibles. En italiano, Carlo Bergonzi.

Charlotte: Preferiblemente una mezzo, la mejor es Teresa Berganza. Si tiene que ser soprano, Victoria de los Ángeles.

Albert: Thomas Hampson.

Sophie: Patricia Petibon.

Director de Orquesta: Georges Prêtre o Antonio Pappano.



In Memoriam: Nicolai Gedda (08-01-2017)


Cuando cualquiera se introduce en el mundo de a ópera, hay siempre algún cantante que influye desde el comienzo en su pasión por el género y en su forma de ver la ópera. En mi caso hay unos cuantos cantantes que han marcado mi vida como operófilo, siendo uno de los más importantes el gran Nicolai Gedda. Hace unos días nos enteramos de que había muerto hace más de un mes, el 8 de enero, así que vamos a dedicarle un post para recordar a un artista al que nunca debemos olvidar.




El nombre de nacimiento de Nicolai Gedda era Harry Gustaf Nikolai Gädda (cambiaría años después el apellido por Gedda). Nació el 11 de julio de 1925 en Estocolmo, en el seno de una familia pobre, de madre sueca y padre de origen ruso. Fue por ello adoptado por su tía Olga Gädda y el marido de ésta, Michael Ustinov (pariente del actor Peter Ustinov). El pequeño Nicolai era bilingüe desde su niñez, hablando el sueco y el ruso. En 1929 se trasladan a Leipzig, donde añade un nuevo idioma, el alemán.

Su padre adoptivo había cantado como bajo en el coro de cosacos del Don, y canta en el coro de la iglesia ortodoxa de Leipzig. Por influencia de sus padres adoptivos, Nicolai Gedda estudia música y canta en un cuarteto de niños.

En 1934, con la llegada de Adolph Hitler al poder, la familia abandona Alemania y regresa a Estocolmo. Gedda canta en el coro de la iglesia, pero un accidente vocal le hace abandonar la carrera de canto, y comienza a trabajar en un banco. Mientras, en la escuela aprendió inglés, francés y latín, además de estudiar italiano por su cuenta. Desde joven Nicolai Gedda era políglota.

Un día le dice a un cliente que está buscando un profesor de canto, y éste le aconseja que busque a Carl Martin Öhman, antiguo Heldentenor que ya había descubierto al otro gran tenor sueco de la historia, Jussi Björling, y que más tarde descubriría al gran bajo finés Martti Talvela. Öhman se entusiasma al escucharle y lo toma como aprendiz (no tenía mal ojo este hombre, desde luego).

En abril de 1952 debuta en la Ópera de Estocolmo cantando en sueco el papel protagonista de “Le postillon de Lonjumeau” de Adolphe Adam. Su éxito fue inmediato, y no tardó en grabar el aria “Mes amis”, la más famosa de la ópera, en sueco, con un Re sobreagudo que ya nos muestra su increíble habilidad en el registro sobreagudo:

Con una voz maleable y un dominio de tantos idiomas, su repertorio fue inmenso,tanto en ópera como en lied y repertorio de concierto. Tanto la temprana grabación del Dimitri en un Boris Godunov protagonizado por Boris Christoff, como el ser descubierto por Herbert von Karajan, lanzaron desde el comienzo su carrera discográfica, una de las más abundantes en un cantante de ópera. Publica sus memorias en 1977 con la ayuda de la escritora Aino Sellermark, con la que finalmente se casará en 1997.

Repasar el repertorio de Nicolai Gedda es realmente arduo, pero vamos a hacer lo que podamos. Hay que destacar que, al tener un repertorio tan amplio, interpretó óperas poco conocidas, como por ejemplo “Le devin du village” de Jean-Jacques Rousseau:

Llegó a cantar incluso alguna ópera barroca, como “Platée” de Rameau, de la que se conserva grabación, además de óperas de Christoph Willibald Gluck, como “Orfeo ed Euridice”, de la que escuchamos el famoso “J’ai perdu mon Euridice”:

Cantó también la “Iphigénie en Tauride”, de la que escuchamos el aria “Unis dès la plus tendre enfance”:

Y por último la ópera “Alceste”, de la que escuchamos “Bannis le crainte et les alarmes”:

Nicolai Gedda fue un destacado intérprete de óperas de Mozart, como por ejemplo el Belmonte de “Die Entführung aus dem Serail”, de la que escuchamos el aria “Ich baue ganz”, tan a menudo cortada por aquella época por su dificultad, con unas coloraturas complicadas que Gedda solventa sin aparente dificultad:

Le escuchamos también cantar el aria “Fuor dal mar” de la ópera Idomeneo, otra prueba de fuego para las agilidades vocales:

No dejamos las coloraturas, ya que ahora le escuchamos la no menos peliaguda “Il mio tesoro intanto” de “Don Giovanni”:

En un estilo mucho más delicado, le escuchamos ahora cantar “Un’aura amorosa” de “Così fan tutte”:

Cantó también el Tito de “La clemenza di Tito”, del que escuchamos el aria “Se all’Impero”:

Y le vemos ahora interpretar al Tamino de “Die Zauberflöte“:

No fue el repertorio italiano el mejor de Nicolai Gedda, pero aún así dejó algunas grabaciones interesantes y otras referenciales. Comenzamos por sus interpretaciones rossinianas. Además de grabar “Il turco in Italia” junto a Maria Callas en una grabación tan cortada que le quitan su aria, le tenemos cantando el Almaviva de “Il barbiere di Siviglia“, de la que llegó incluso a cantar la habitualmente cortada aria “Cessa di più resistere”, aunque totalmente fuera de estilo. Le escuchamos cantando el aria “Ecco ridente in cielo”:

Referencial fue su grabación del “Guillaume Tell” (en el francés original, en una época en la que lo habitual era cantarla en su traducción italiana), en la que nos regala muchos grandes momentos en los que lucir sus espectaculares agudos, destacando sin duda en su gran aria “Asile héréditaire” y la posterior caballetta, en la que luce un espectacular do de pecho final que mantiene durante unos 10 segundos:

Y, pese a todo, estos no son los agudos más espectaculares de Nicolai Gedda, que se lucirá todavía más en obras de Vincenzo Bellini. Le escuchamos primero cantar el aria de la por aquel entonces poco habitual “I Capuleti ed i Montecchi”:

Es cierto que a día de hoy no suena tan adecuado estilísticamente, pero para aquella época no se puede pedir mucho más.

Sin duda mejor de estilo nos lo encontramos en ese “Ah, perchè non posso odiarti” de “La sonnambula”, junto a Joan Sutherland:

Pero esto no es nada comparado con lo que hacía en “I Puritani”. Escuchamos primero el dúo “Vieni fra queste braccia”, en vivo, junto a Joan Sutherland:

Os prometo que no he escuchado unos re sobreagudos tan flipantes como los suyos.

Y ahora escuchamos su “Credeasi misera” en su grabación en estudio junto a Beverly Sills:

El re bemol ya es flipante, pero, gracias a su dominio del canto en mixto, Nicolai Gedda es de los pocos que se lanzan al fa sobreagudo. Que sene bonito o no es discutible; que lo suyo es uno vozarrón como los hay pocos es indiscutible.

Pasamos a las óperas de Gaetano Donizetti. En sus numerosos recitales, Gedda grabó el aria de “La favorita”:

Vamos a verle ahora cantar la famosa “Una furtiva lagrima” de “L’elissir d’amore”:

Le escuchamos ahora cantar junto a Mirella Freni el dúo “Tornami a dir che m’ami” de “Don Pasquale”:

Y por último le escuchamos junto a una de sus parejas discográficas habituales, Beverly Sills, en el dúo de “Lucia di Lammermoor”:

Pasamos a Giuseppe Verdi, compositor al que Nicolai Gedda se suele asociar por dos papeles; el primero sería el Duca di Mantova en “Rigoletto”, del que escuchamos el dúo “È il sol dell’anima” junto a la soprano Reri Grist:

Y el otro es el Alfredo de “La Traviata”, del que vamos a escuchar el dúo “Un dì felice” junto a Anna Moffo:

Pero Nicolai Gedda, por sorprendente que pueda parecer, cantó algunos otros roles verdianos. El más obvio es el Riccardo de “Un ballo in maschera”, del que escuchamos el aria “Ma se m’è forza perderti”:

Magnífico uso de medias voces, por cierto.

Soprende mucho más escuchar a dos voces tan líricas como la suya y la del barítono Hermann Prey en papeles tan pesados como los de “La forza del destino”, pero aquí les tenemos cantando el dúo “Solenne in quest’ora” (en alemán) y saliendo bien parados en el intento:

También cantó la no muy frecuente “I vespri siziliani”, de la que escuchamos el aria “Giorno di pianto”:

Y ya el remate: ¿Nicolai Gedda cantando el Radames de Aida? Pues sí, y lo tenemos precisamente cantando el dúo final de la ópera; no es su voz la de Radames, desde luego, pero cumple:

Le escuchamos ahora en la grabación que hizo del aria de “La Gioconda” de Amilcare Ponchielli, “Cielo e mar”, en una grabación muy temprana (1953), por lo que su voz, muy lírica, no tiene todavía la fuerza necesaria para el personaje, aunque alcanza momentos de gran belleza, gracias a una depurada técnica en el ataque de los agudos que le permite el bello pianísimo final:

Le escuchamos ahora en repertorio verista, cantando el “Amor ti vieta” de la “Fedora” de Umberto Giordano:

Con 75 años, la voz se ha agrandado, aunque tiembla mucho más que años atrás, pero por lo menos ahora da el pego en papeles más spinto.

Y le escuchamos también cantar el mucho más lírico lamento di Federico “È la solita storia del pastore” de “L’Arlesiana” de Francesco Cilea:

Nicolai Gedda cantó y grabó arias de algunas óperas de Puccini, como el famoso “Nessun dorma” de “Turandot”, y lo más alucinante es que suena con el metal necesario para el papel; podría parecer un simple capricho, pero el resultado es realmente notable:

Le escuchamos también el aria “E lucevan le stelle” de “Tosca” con 61 años de nada… :

Y le tenemos también cantando el “Donna non vidi mai” de “Manon Lescaut”:

Pero Nicolai Gedda será recordado por dos óperas de Puccini. La primera, “La Boheme“, de la que escuchamos el aria “Che gelida manina”, en una versión llena de entusiasmo y con unos magníficos ataques al agudo:

Y el otro papel pucciniano es el Pinkerton de “Madama Butterfly”, que grabó junto a Maria Callas, junto a quien le escuchamos en el largo dúo final del primer acto:

Pasamos ya al repertorio francés, en el que Nicolai Gedda fue uno de los más importantes tenores posteriores a la II Guerra Mundial. Y empezamos escuchándole en “La dame blanche” de François-Adrien Boïeldieu, en el aria “Viens, gentille dame”, en una versión espectacular por el dominio de las medias voces:

Nicolai Gedda ha sido uno de los últimos tenores en interesarse por la en otra época famosa ópera “Fra Diavolo” de Daniel Auber, grabando una integral  de la que escuchamos el aria “J’ai revu nos amis”:

Y grabará además una magnífica versión, estilísticamente muy superior a la posterior de Alfredo Kraus, de la bellísima aria de “Masaniello”, también de Auber, “Du pauvre seul ami fidèle”, con un uso casi mágico de las medias voces:

Como ya le hemos escuchado cantar “Le postillon de Longjumeau” de Adam, pasamos a Giacomo Meyerbeer, compositor del que Nicolai Gedda ha sido quizá el mejor intérprete de la discografía. Echándose en falta una grabación suya de “Robert le diable”, pasamos a su espectacular Raoul de Nangis de “Les huguenots“, del que escuchamos el fantástico dúo “Tu làs dit” junto a Enriqueta Tarrés, en el que pasa de unas espectaculares medias voces a un potente Re bemol sobreagudo perfecto de afinación y emisión:

Contrasta con el Jean de Leyden de “Le prophète”, de carácter mucho más heroico en el aria “Roi du ciel”, en la que luce potencia y flexibilidad vocal al mismo tiempo:

Y terminamos escuchando su versión del aria de Vasco da Gama “O paradis” de “L’Africaine”, aunque desconozco si llegó a cantar esta ópera completa (cosa que sí hizo con las dos anteriores):

Hector Berlioz fue otro compositor al que Nicolai Gedda le prestó mucha atención. Le escuchamos primero catar el aria “Seul pour lutter” de “Benvenuto Cellini”:

Le escuchamos ahora el aria “Nature immense” de “La damnation de Faust”:

Y terminamos escuchando el dúo “Nuit d’ivresse” de “Les Troyens” junto a Shirley Verrett:

Pasamos a Georges Bizet, para poder escuchar su insuperable versión del aria de Nadir “Je crois entendre encore” de “Les pêcheurs de perles” y comprobar qué es eso del canto en “mixto”: es una técnica de canto intermedia entre el registro de pecho y el falsete, en el que se pasa la resonancia a la cabeza, consiguiendo un sonido más agudo que el registro de pecho pero sin una pérdida de color tan acusada como en el falsete. Este tipo de registro se usa para alcanzar notas sobreagudas (como el fa de I Puritani que ya escuchamos), pero es fundamental en la ópera francesa para poder cantar notas agudas en pianísimo, algo que sería imposible en el registro de pecho. Y así, mientras que tenores como Kraus o Albelo lanzan el Do final de pecho, casi como un cañonazo, completamente fuera de estilo, y otros como Alagna o Villazón dan el agudo en un horrible falsete, Gedda nos demuestra cómo hay que cantar esta maravillosa aria:

Al enfrentarse al papel de Don José en “Carmen”, la visión de Gedda es mucho más lírica, menos verista de lo habitual. Puede que en los momentos más dramáticos su voz se quede algo corta de potencia, pero su versión del aria de la flor es de una delicadeza sublime, apianando en los agudos y con un final mágico, usando de nuevo el mixto:

Para comprobar qué tal se maneja en los momentos más dramáticos vamos a escucharle en el dúo final, en vivo, junto a la Carmen de Fiorenza Cossotto (y dirigidos por su amigo Georges Prêtre, que murió 4 días antes que Gedda):

Yo diría que supera la prueba con creces…

Le escuchamos ahora en otra de esas arias en las que el canto a media voz es fundamental, “Ele ne croyait pas” de la “Mignon” de Ambroise Thomas:

Y de nuevo dominando el pianisimo en mixto en la bellísima “Vainement, ma bien aimée” de la ópera “Le Roy d’Ys” de Édouard Lalo:

Charles Gounod fue otro compositor fundamental en la carrera de Nicolai Gedda, en especial por su “Faust”, ópera que Gedda cantó en innumerables ocasiones. Le escuchamos cantar el aria “Salut, demeure chaste et pure”, donde, en este caso, pasa del estilismo para soltar un do de pecho como un cañonazo. Ortodoxo no es, pero el resultado no deja de ser magnífico:

Para compensarlo, le tenemos cantando el aria “Ah, leve-toi, soleil” del “Romeo et Juliette” terminada en un bellísimo pianísimo:

Y le escuchamos también cantar el aria “Anges du paradis” de la ópera “Mireille”, dando otra lección de estilo de canto francés:

Nicolai Gedda también cantó la magnífica ópera “Lakmé” de Léo Delibes, de la que escuchamos el dúo del primer acto junto a Mariella Devia:

Nicolai Gedda fue un destacado intérprete del Hoffmann de “Les contes d’Hoffmann” de Jacques Offembach, de la que escuchamos el dúo “C’est une chanson d’amour” junto a Victoria de los Ángeles:

Y del mismo Offembach le escuchamos cantar en alemán el aria “Au mont Ida” de la opereta “La belle Helene”:

Llegamos a Jules Massenet, otro compositor fundamental en el repertorio de Nicolai Gedda, en parte por el Des Grieux de “Manon”, en la que volvía a lucir sus magníficos pianísimos en el aria “En fermant les yeux”:

Y por otra por “Werther”, uno de sus mejores papeles; escuchamos una sorprendente versión de la famosa aria “Pourquoi me reveiller” en la que apiana en el primer estribillo:

Gedda también cantó el Nicias de “Thais” o el príncipe de “Cendrillon”.

Le escuchamos ahora en otra ópera casi desconocida, “Parmavati” de Albert Roussel, junto a Marilyn Horne:

Terminamos el repaso a sus intervenciones de ópera francesa con el “Pélleas et Mélisande” de Claude Debussy, acompañado de Anna Moffo:

Pasamos al repertorio alemán, en el que a menudo Nicolai Gedda es también un intérprete referencial. Y comenzamos con una rareza, una grabación del aria de Florestan del “Fidelio” de Beethoven, un rol que se antoja en exceso pesado para Gedda, pero en el que de nuevo sorprende por su flexibilidad:

Nicolai Gedda fue también un destacado intérprete de obras de Weber, cantando incluso las casi olvidadas “Euryanthe” o “Abu Hasan”. Pero le escuchamos en la mucho más famosa “Der Freischütz”, en el aria Durch die Wälder”:

Y Nicolai Gedda fe un destacado intérprete de complicadísimo papel de Huon de “Oberon”, un papel heroico de coloratura, como demuestra en el aria “Von Jugend auf in dem Kampfgefild”:

Nicolai Gedda también cantó la hoy prácticamente olvidada “Martha” de Friedrich von Flotow, de la que escuchamos el dúo “Letzte Rose” junto a Anneliese Rothenberger, una de sus parejas discográficas habituales:

Y le escuchamos ahora de nuevo junto a Anneliese Rothenberger en la ópera “Undine” de Albert Lortzing:

Nicolai Gedda cantó unas cuantas de estas óperas alemanas románticas hoy día olvidadas; otra fue “Der Barbier von Bagdag” de Peter Cornelius, de la que escuchamos el aria “Von deinen Fenster”:

Y nos dejó una versión referencial de la bellísima “Magische Töne” de “Die Königin von Saba” de Karl Goldmark, con un magnífico Do final en mixto:

No fue Nicolai Gedda un cantante interesado en Wagner, decía que sus óperas no terminaban nunca. pero aún así, por suerte, llegó a cantar “Lohengrin”. Comprobamos los resultados en las grabaciones de sus dos monólogos, empezando por este magnífico “In fernem Land”:

Y seguimos con un bellísimo “Mein lieber Schwan”:

Nicolai Gedda también grabó la infrecuente “Palestrina” de Hans Pfitzner, de la que escuchamos “Wie schön ist’s” junto a Dietrich Fischer-Dieskau:

Interpretó un breve papel en la grabación de “Das Wunder der Heliane” de Korngold en sus últimos años. Y fue un destacado intérprete de música de Richard Strauss, aunque cantara pocas de sus óperas, destacando el tenor italiano de “Der Rosenkavalier” con el aria “Di rigori armato il seno”:

Y también grabó la ópera “Capriccio”:

En el campo de la opereta austriaca dejó numerosas grabaciones, como la de “Die Fledermaus” de Johann Strauss junto a Elisabeth Schwarzkopf:

O, también de Johann Strauss, “Eine Nacht in Venedig”, junto a Anneliese Rothenberger:

Destacó también en las operetas de Franz Léhar, en especial con su magnífica versión de “Dein ist mein ganzes herz” de “Das Land des Lächelns”:

Le escuchamos ahora junto a Anneliese Rothenberger en el vals “Lippen schweige” de “Die lustige Witwe”:

Le escuchamos ahora en la opereta “Giudita”:

Y le escuchamos ahora las czardas de “Gräfin Mariza” de Emmerich Kálmán:

En el ámbito de la ópera eslava, Nicolai Gedda cantó el “Dalibor” de Bedrich Smetana, además de esta curiosa versión en inglés de “La novia vendida”, junto a Giorgio Tozzi:

En el repertorio ruso, Nicolai Gedda destacó interpretando el papel de Sobinin en “Una vida por el zar” de Mikhail Glinka:

Le escuchamos ahora en su primera grabación de ópera, el Dimitri del “Boris Godunov” de Modest Mussorgsky, en el dúo de “amor” junto a Eugenia Zareska en una versión magnífica, en especial en la parte final:

Le escuchamos ahora la canción india de “Sadko” de Nikolai Rimski-Korsakov:

Nicolai Gedda fue un magnífico Lensky del “Eugen Onegin” de Piotr Ilich Tchaikovsky, apenas superado por uno o dos tenores. Escuchamos la maravillosa romanza “Kuda vi udalilis”:

Destaca también la integral que grabó de “Iolanta” del mismo compositor, dirigida por Mstislav Rostropovich, con el que también grabó óperas “Guerra y Paz” de Prokofiev o “Lady Macbeth of Mtsensk” de Dmitri Shostakovich junto a Galina Vishnevskaya:

En 1958 graba la ópera americana “Vanessa” de Samuel Barber, compuesta expresamente para él. Escuchamos el quinteto de esta ópera:

Y Leonard Bernstein contó con él para la grabación de su ópera-musical “Candide”, de la que escuchamos el “What’s the use” junto a Christa Ludwig:

El repertorio de Nicolai Gedda no termina en la ópera, cantó también oratorios y obras religiosas, lied e incluso canciones populares. No tenemos ya espacio para un análisis exhaustivo, por lo que nos centraremos en un pequeño puñado de piezas que merece la pena recordar. Y comenzamos con “Messiah” de Georg Friedrich Händel, del que escuchamos “Ev’ry valley”:

Le escuchamos ahora en el “Ingemisco” del Requiem de Verdi, en una magnífica versión por el uso de medias voces:

Y escuchamos también sus incursiones en la canción napolitana con esta versión del “Non ti scordar di me” de Ernesto de Curtis:

No puedo evitar poner también esta hilarante versión del dúo bufo de los gatos de Rossini, junto a Federica von Stade, cantada casi toda en falsete:

Le escuchamos ahora cantar un lied de Franz Schubert, del que fue un gran intérprete, como demuestra en este “Du bist die Ruh”:

Y ahora un lied de Richard Strauss, “Ständchen”:

Y seguimos con la “Vocalise” de Sergei Rachmaninov:

Vamos ahora con el más célebre lied de Edvard Grieg, “Jeg elsker dig”, que Nicolai Gedda canta en el noruego original:

Vamos con la chanson francesa, comenzando con la “Chanson triste” de Henri Duparc:

Seguimos con el “Air grave” de Francis Poulenc:

Y seguimos con esta preciosa versión de “L’heure exquise” de Reynaldo Hahn:

Pasamos a Edward Elgar y su cantata “The dream of Gerontius”, de la que escuchamos “I went to sleep”:

Le escuchamos ahora en una canción tradicional irlandesa, “Down by the Salley gardens”:

Y terminamos con el “Granada” de Agustín Lara, con una pronunciación española muy superior a la de no pocos cantantes italianos, por ejemplo:

En total hemos escuchado a Nicolai Gedda cantar en 9 idiomas: italiano, francés, alemán, ruso, inglés, sueco, noruego, latín y español. Difícil superar ese récord.

Retirado desde el año 2003, nunca había sido una persona que se preocupara por la fama (pese a su impresionante discografía, quizá la más abundante en el mundo de la ópera) por lo que pasó bastante desapercibido, pese a recibir algunos honores, como la Legión de honor francesa en 2010. Quizá por ello la noticia de su muerte se hizo pública un mes después (ya habían circulado en 2015 falsos rumores de su muerte). El 8 de enero un infarto terminaba con su vida a los 91 años en su casa de Tolochenaz, en el cantón suizo de Vaud.

Con Nicolai Gedda se nos va un cantante polifacético, de espectacular voz y técnica impecable que le permitía adaptarse a casi cualquier estilo. Un artista que merece ser recordado por su enorme contribución al mundo de la música.



In Memoriam: Georges Prêtre (04-01-2017)


Su rostro se nos hizo familiar sobre todo a partir de aquel Concierto de Año Nuevo que dirigió en 2008 (y que volvería a dirigir en 2010), batiendo el récord de se el director con más edad en dirigir el concierto (batiendo en la segunda ocasión su propio récord); dejaba la imagen de un abuelo risueño y amable, con una vitalidad que ya quisiéramos quienes tenemos un tercio de su edad. Pero hace pocos días nos dejaba, a los 92, el Director de Orquesta Georges Prêtre.




Georges Prêtre nació el 14 de agosto de 1924 en la localidad de Waziers, al norte de Francia. Descubierta su pasión por la música hacia los 7 años, estudia piano en el conservatorio de Douai, ciudad próxima a su localidad natal, para trasladarse con posterioridad a París, en cuyo conservatorio estudiará trompeta, además de armonía con Maurice Duruflé. También Olivier Messiaen estará entre sus profesores. Descubierta tardía mente su pasión por la dirección de orquesta, será el insigne director francés André Cluytens quien le enseñe en este campo.

Casado brevemente en 1947 con la mezzo-soprano Suzanne Lefort, de quien se divorcia en 1949, se casa por segunda vez con Gina Marny en 1950, con quien tiene dos hijos, Isabelle y Jean-Reynald (la muerte de éste en 2012 afectará seriamente al ya anciano director).

Si bien su carrera comienza en Francia, debutando en Marsella en 1946, buena parte de su carrera va a transcurrir fuera de su país, en Londres, Viena, Milán… convirtiéndose en un prestigioso director de ópera y música sinfónica, destacando por supuesto la música francesa, gracias a su estilo preciso, elegante y ligero. De hecho, será uno de los directores preferidos del compositor Francis Poulenc o de la soprano Maria Callas en la última etapa de su carrera.

De hecho, comenzamos con un recital en el que dirigió a la diva greco-americana en 1962 en Hamburgo. Las cámaras no le enfocan a él, pendientes siempre de la crepuscular diva, que canta aquí, perfectamente acompañada por Prêtre, el aria “Pleurez, mes yeux” de la ópera “Le Cid” de Jules Massenet:

Jules Massenet fue precisamente uno de los compositores operísticos en los que más destacó Georges Prêtre. De hecho, su grabación en estudio de “Werther” en 1969 con Nicolai Gedda y Victoria de los Ángeles es una de las mejores grabaciones de esta ópera, en especial con ese bellísimo dúo del segundo acto, precedido de ese intermezzo orquestal “claro de luna” que bajo la batuta de Prêtre suena más mágico que nunca:

Acompaña también al gran Nicolai Gedda en este aria de “Manon”, “Ah, fuyez, douce image”:

Y le escuchamos también acompañar a Régine Crespin en el aria “Il est doux, il est bon” de “Hérodiade”:

Llegó a dirigir óperas menos conocidas de Massenet, como por ejemplo “Don Quichotte”.

De Charles Gounod le vemos dirigiendo la obertura de “Mireille” en el recital de la Callas en Hamburgo de 1962 que ya mencionamos antes:

Y le tenemos aquí dirigiendo el final de “Faust” junto a Alfredo Kraus, Mirella Freni y Nicolai Ghiaurov:

Pasando a Georges Bizet, ya hemos mencionado que Georges Prêtre fue uno de los directores favoritos de Maria Callas, a quien dirigió en su grabación en estudio de “Carmen” junto a Nicolai Gedda (Callas nunca cantó esta ópera en directo), de la que escuchamos la canción gitana “Les tringles des sistres tintaient” con el breve preludio orquestal previo, que nos permite observar mejor la labor de Prêtre al frente de la orquesta:

Georges Prêtre dirigió también la maravillosa pero menos conocida “Les pêcheurs des perles”, de la que escuchamos aquí el dúo de amor del segundo acto con Alain Vanzo e Ileana Cotrubas:

Y dirigió la todavía menos habitual (una rareza realmente) “La jolie fille de Perth”, de la que escuchamos aquí el aria “Vive l’hiver” cantada por June Anderson:

Georges Prêtre fue asiduo en los estudios de grabación para registrar en estudio óperas poco frecuentes, como la ya mencionada “La jolie fille de Perth”, o como la “Louise” de Gustave Charpentier que grabó con Plácido Domingo e Ileana Cotrubas, a la que escuchamos aquí en la página más famosa de la ópera, la deliciosa aria “Depuis le jour”:

Y si hablamos de óperas infrecuentes, le tenemos dirigiendo en 1983 la “Mignon” de Ambroise Thomas, de la que escuchamos el aria “Connais tu le pays” en la voz de Lucia Valentini Terrani:

Camille Saint-Saëns fue también un director que Georges Prêtre frecuentó mucho (hablaremos más adelante de sus grabaciones de la obra sinfónica de este compositor), siendo frecuente en su repertorio la ópera “Samson et Dalila”, de la que escuchamos a continuación la Bacanal:

 Vamos ahora con Jacques Offembach, del que Georges Prêtre dirigió la ópera “Les contes d’Hoffmann”, de la que escuchamos aquí el trío del tercer acto:

Hector Berlioz fue otro compositor fundamental en la carrera de Georges Prêtre, que dirigió algunas de sus óperas, como “Les Troyens”, de la que escuchamos a Régine Crespin cantar el aria “Chers Tyriens”:

También dirigió “La damnation de Faust” completa, aunque lo que vamos a escuchar es la famosa marcha húngara en un concierto en Viena, para apreciar su estilo fluido y su sonoridad más bien liviana:

Georges Prêtre fue un gran intérprete de la música francesa de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, lo que incluye la música de Claude Debussy, del que vamos a escuchar ahora un fragmento de su “Pelléas et Mélisande”:

Georges Prêtre dirigió también la inacabada ópera de Debussy “La chute de la maison Usher”, basada en la obra de Edgar Allan Poe. Escuchamos la obra completa:

Pero, por encima de todo, Georges Prêtre fue un destacado intérprete de la obra de Francis Poulenc, de quien de hecho estrenará en 1959 la ópera “La voix humaine” con la soprano Denise Duval, con la que escuchamos aquí el comienzo de la ópera:

Dejando el repertorio operístico francés para trasladarnos al italiano, comenzamos con Gioacchino Rossini, de quien dirigió la ópera “Moïse et Pharaon”, de la que escuchamos aquí la plegaria que canta Samuel Ramey:

Georges Prêtre dirigió a Maria Callas en muchas de sus últimas funciones, como la “Norma” de Vincenzo Bellini de 1965, de la que escuchamos el dúo “Oh rimembranza” junto a Giulietta Simionato:

De Gaetano Donizetti Georges Prêtre grabó una casi mítica versión de “Lucia di Lammermoor” con Carlo Bergonzi y Anna Moffo, a quien escuchamos en la escena de locura:

De Giuseppe Verdi tenemos esa “La Traviata” con Montserrat Caballé y Carlo Bergonzi, de la que escuchamos el famoso brindis:

Y tenemos también un “Macbeth” en vivo de 1984 del que escuchamos el aria del protagonista, “Pietà, rispeto, amore” cantada por Renato Bruson. El acompañamiento orquestal es impecable:

Y ya de paso vamos a verle dirigir el famoso coro “Va pensiero” de Nabucco en un concierto en Venecia:

Magnífica versión, con un ritmo curiosamente lento para lo que cabría esperar de Prêtre, que suele ser más ligero pero sin perder nunca un ápice del melodismo de las obras que dirigía. Podemos comprobarlo en este Intermezzo de “Cavalleria rusticana” de Pietro Mascagni:

No es especialmente lento (y más si lo comparamos con lo que hizo Maazel en Valencia, por ejemplo), pero su sutil juego de dinámicas, los colores orquestales, le aportan a su interpretación una enorme belleza:

El resultado es simplemente mágico.

De Giacomo Puccini dirigió óperas como “La Boheme” o “Turandot”, pero si por algo es recordado es por la “Tosca” junto a Maria Callas y Carlo Bergonzi de 1965. Ella está vocalmente acabada, pero dramáticamente está mejor que nunca, y el acompañamiento orquestal de Prêtre contribuye al su trabajo, como comprobamos en el “Vissi d’arte”:

Y ya de paso escuchamos el “E luceban le stelle” que canta Bergonzi, que merece la pena:

De Richard Wagner no fue un intérprete frecuente, pero tenemos en concierto algunas de sus piezas orquestales, como estos fragmentos de “Götterdämmerung”. Atención a la exquisita delicadeza del final (minuto 18:20 más o menos):

Y dirigió a Régine Crespin en arias de Wagner y los Wesendonck-Lieder, del que escuchamos mi favorito, el 4º, “Schmerzen”:

También fue un destacado intérprete de óperas de Richard Strauss, del que escuchamos el trío final de “Der Rosenkavalier”:

Y por encima de todo fue un destacado intérprete de la última ópera de Strauss, “Capriccio”, que dirigió en varias ocasiones, escuchando en este caso el Flamand de Gregory Kunde:

Y le tenemos también dirigiendo los 4 últimos lieder con Margaret Price:

Pasamos ahora al trabajo sinfónico de Georges Prêtre. En su repertorio figuraban algunos de los grandes nombres del sinfonismo germano, así como compositores italianos, rusos o escandinavos. Escuchamos primero su Beethoven, más ligero y quizá menos dramático de lo habitual, como podemos apreciar en esta magnífica versión de su 7ª sinfonía:

Y escuchamos ahora una gran versión de la 9ª sinfonía:

Johannes Brahms fue otro compositor frecuente en sus conciertos. Lo comprobamos con esta 1ª sinfonía, de tempos moderados y gran lirismo:

Magnífica es igualmente su versión del “Eine Deutsches Requiem”, con esta versión junto a Soile Isokoski y Albert Dohmen:

Y sus versiones de las danzas húngaras son realmente fantásticas, con sus juegos de matices, sus rubatos y pausas, sus cambios de tempo y dinámica… extrayendo todo el jugo a estas piezas en apariencia sencillas pero que en manos de un gran director, como es el caso, brillan especialmente:

Anton Bruckner, aunque a priori parezca un compositor alejado de la sonoridad de Prêtre, fue también frecuente en su repertorio. Como prueba escuchamos esta 8ª sinfonía:

También dirigió algunas obras de Mahler, siendo sus interpretaciones de nuevo más ligeras y menos dramáticas de lo habitual (aunque con una precisión milimétrica a la hora de controlar las sonoridades y los colores orquestales, siempre de gran riqueza en sus interpretaciones, lo que se percibe más si cabe en un compositor con las dotes de orquestador que tenía Mahler). Quizá por eso las obras que dirigía no eran las más dramáticas del compositor. Escuchamos primero su 1ª sinfonía:

Y vamos ahora con la 5ª, con un bellísimo adiagietto de gran lirismo y un 5º movimiento impecable en los momentos más complicados de la obra:

No sólo fue un gran defensor de la obra operística de Richard Strauss, también lo fue de su obra sinfónica, de la que grabó buena parte. Destacamos por supuesto su versión de la Sinfonía Alpina:

Pero también grabó algunos de sus poemas sinfónicos, como “Así habló Zaratustra”, “Till Eulenspiegel” o esta “Una vida de héroe”:

Tenemos también grabación de una obra de Jean Sibelius, en concreto una magnífica versión de la 5ª sinfonía, sutil y al mismo tiempo dramática:

Georges Prêtre dirigió también obras sinfónicas italianas, como los Pinos de Roma de Ottorino Respighi, de los que escuchamos la 4º y última parte en una interpretación brillante y enérgica:

 Del repertorio ruso le vamos a escuchar dirigir el 3º concierto para piano de Rachmaninov con el pianista Alexis Weissenberg:

Y le escuchamos también “El pájaro de fuego” de Igor Stravinsky:

Pero sin en algo destacó Georges Prêtre como director sinfónico fue en el repertorio francés, del que fue un gran divulgador. Y ahí por supuesto entra la música de Hector Berlioz, del que escuchamos la Sinfonía fantástica:

Y también tenemos a Prêtre dirigiendo el poco frecuente Te Deum, obra de enormes magnitudes sinfónico-corales:

De Georges Bizet tenemos también su versión de las dos suites de “L’arlésienne”, de las que escuchamos el famoso intermezzo de la segunda suite:

De Camille Saint-Saëns, uno de los más infravalorados compositores franceses, Georges Prêtre dirigió varias obras, como este Carnaval de los animales:

La 1ª sinfonía de Saint-Saëns es una obra poco conocida, ligera, sutil, perfecta para el estilo de Prêtre, que nos deja así una versión simplemente referencial:

Y de la mucho más conocida 3ª sinfonía tenemos una gran versión en la que dirige a quien fuera su profesor, Maurice Duruflé, al órgano:

Pasamos a Gabriel Fauré, de quien Georges Prêtre dirigió su bellísimo Requiem:

Vamos a verle ahora dirigir una de las obras más populares de la música francesa, el Bolero de Maurice Ravel, tan sutil Prêtre en el gesto como lo es Ravel con la orquestación:

Otro compositor frecuente en su repertorio fue Claude Debussy, de quien escuchamos su “Prélude à l’apres-midi d’un faune”:

La música impresionista se adapta perfectamente al estilo de Prêtre, como podemos comprobar en otra obra de Debussy, los Nocturnos:

Y ya hemos mencionado que Georges Prêtre fue el director favorito de Francis Poulenc, del que dirigió numerosas obras. Vamos a escuchar aquí su Stabat Mater:

Y también el Concierto para órgano, en el que el organista es de nuevo Duruflé:

Pero para muchos, entre los que me encuentro, Georges Prêtre se hizo una cara conocida gracias a los dos Conciertos de Año Nuevo que dirigió en Viena, en 2008 y 2010. Escuchamos la obertura de “Die Fledermaus” de 2010:

No podía faltar su versión del “Danubio azul”, de nuevo de 2010:

Fueron dos conciertos memorables, gracias al exquisito dominio del rubato que demostró, y que tan bien se aprecia al comienzo del tema principal de este Danubio azul. Y fueron dos conciertos en los que se ganó al público con una energía sorprendente y una simpatía que lo convertían en un personaje entrañable. Imagen que destaca más si cabe en la seguida Marcha Radetzky:

En activo hasta fechas recientes, Georges Prêtre nos dejaba el pasado 4 de enero a los 92 años. Con una carrera en la que se adentró en terrenos poco conocidos, Prêtre es un director al que hacemos bien en recordar, porque la música, y en particular el repertorio francés, le deben mucho.



50 años sin Fritz Wunderlich (17-09-2016)


Estaba llamado a ser el rey de los tenores líricos alemanes (teniendo como seria competencia únicamente a Nicolai Gedda), a arrasar en los teatros de ópera de todo el mundo, pero hace 50 años un accidente se lo levó demasiado pronto. El que posiblemente sea el mejor Tamino de postguerra, el gran Fritz Wunderlich, nos decía adiós pocos días antes de cumplir los 36 años. Demasiado pronto, desde luego.




Friedrich Karl Otto Wunderlich nació el 26 de septiembre de 1930 en Kusel, en el Land alemán de Renania-Palatinado, en el seno de una familia dedicada a la música. Pero su padre se suicidó cuando Fritz tenía 5 años, lo que hizo que la familia cayera en la pobreza. Su madre comenzó a dar clases de música, por lo que el joven Fritz aprendió desde muy joven a tocar diversos instrumentos con ella.

De joven trabajó en una panadería, hasta que quienes le escuchaban cantar le convencieron de que estudiara música, cosa que hizo en la Escuela Superior de Música de Friburgo entre 1950 y 1955. Empezó estudiando trompa, pero cuando le escuchó Margarethe von Winterfeld le convenció para que se dedicara al canto.

Tras un debut amateur en Friburgo como Tamino en Die Zauberflöte, su debut profesional fue en la Staatsoper de Stuttgart en 1955 con un pequeño papel en “Die Meistersinger von Nürnberg”, siendo su consagración definitiva poco después, al sustituir al enfermo Josef Traxel de nuevo como Tamino en lugar del suplente previsto, Wlfgang Windgassen.

Mientras tanto, en 1956 se casó con la arpista Eva Jungnitsch, con la que tuvo 3 hijos. Su carrera se desarrolló fundamentalmente en Munich, Viena, el festival de Salzburgo y otros grandes teatros europeos.

Aficionado a la caza, entabló muy buena relación con compañeros cantantes que compartían su aficción, como el barítono Hermann Prey o el bajo Gottlob Frick, quien sería casi como un padre para él. Y será mientras está en la casa de caza de un amigo cuando, a consecuencia de unos zapatos mal atados, cae por las escaleras y se fractura el craneo, muriendo al día siguiente en el hospital de Heidelber, pocos días antes de cumplir los 36 años y de debutar en el Metropolitan de Nueva York. Fue enterrado en el Waldfriedhof de Munich, la ciudad en la que residía desde hacía unos años (tumba que no fui capaz de localizar en mi reciente visita al cementerio).

Su repertorio fue amplio y sus grabaciones numerosas, aunque casi todas son en alemán, bien en óperas alemanas o en traducciones a este idioma.

Comenzamos con el compositor con el que triunfó, Wolfgang Amadeus Mozart. Y empezamos escuchándole cantar en italiano, un “Il mio tesoro intanto” del Don Giovanni:

Percibimos sin problemas su voz bellísima y brillante, siempre musical y de emisión perfecta, además de sus buenas dotes para transmitir las emociones con la voz.

Le escuchamos ahora el aria “Un’aura amorosa” del “Così fan tutte” de Mozart, pero en este caso en alemán:

Y aquí ya percibimos mejor otra de las virtudes de Fritz Wunderlich, su cuidada pronunciación alemana. Algo que le hace especialmente idóneo para los roles mozartinos escritos en alemán, como el Belmonte de “Die Enführung aus den Serail”, en la difícil aria “Ich baue ganz”:

Resuelve sin aparente dificultad las coloraturas del aria.

Pero si hay un rol emblemático en la carrera de Fritz Wunderlich es, como ya hemos mencionado, el Tamino de “Die Zauberflöte”:

Fritz Wunderlich cantó obras barrocas, como el “L’Orfeo” de Claudio Monteverdi, del que escuchamos algunos fragmentos:

Le escuchamos ahora cantando una obra de Heinrich Schütz:

Escuchamos ahora algunas interpretaciones de música de Georg Friedrich Händel, empezando por el famoso “Ombra mai fu” de “Xerxes”:

Se le podrán poner todas las pegas estilísticas que queráis, pero esta interpretación de Fritz Wunderlich es simplemente maravillosa.

Mítica es su interpretación del Sesto de “Giulio Cesare in Egitto”, del que escuchamos el aria “Svegliatevi nel core”, cantada en alemán:

Y le escuchamos también cantar el “Verdi prati” del “Alcina”:

Y terminamos escuchándole en “El Mesías”:

Seguimos con sus interpretaciones de ópera italiana, empezando por Gioacchino Rossini, de quien Fritz Wunderlich cantó “Il barbiere di Siviglia”, que escuchamos aquí cantado en alemán y junto al Fígaro de su amigo Hermann Prey:

Fritz Wunderlich no sólo destacó cantando ópera, también cantando lied y canciones, y así tenemos esta versión de “La danza” del mismo Rossini:

Su pronunciación italiana desde luego no está a la altura de la alemana; eso nos ayuda a perdonarle mejor el hecho de que cantara casi todo el repertorio italiano traducido al alemán.

Le escuchamos ahora en “La Sonnambula” de Vincenzo Bellini, junto a la soprano Erika Köth:

Desde luego, con una emisión de voz tan perfecta se le perdona la traducción…

Y ahora le escuchamos en “L’elissir d’amore” de gaetano Donizetti, cantando “Una furtiva lagrima”:

Fritz Wunderlich cantó también algunos roles de Giuseppe Verdi, como el Duca de “Rigoletto”, del que escuchamos aquí una “La donna è mobile” cantada en italiano:

Le escuchamos ahora en una casi mítica “La Traviata” de Munich de 1965, cantada en italiano junto a Teresa Stratas, de la que escuchamos el “Un dì, felice, eterea”; atención, sobre todo, a ese “Ah, sì, da un anno” justo antes de comenzar el dúo, ¡magia pura!:

Y terminamos escuchándole en el Requiem, cantando el “Ingemisco”:

Escuchamos ahora a Fritz Wunderlich cantar óperas de Giacomo Puccini. Comenzamos por”Tosca”, de la que escuchamos el “E lucevan le stelle” en alemán:

Y ahora el “Nessun dorma” de Turandot, de nuevo en alemán y en una versión quizá algo más lírica de lo normal:

Pero si hay dos óperas de Puccini en las que destaca Fritz Wunderlich son “La Boheme” y “Madama Butterfly”, que se adaptan a la perfección a su voz lírica. Comenzamos por “La Boheme”, por el dúo “O soave fanciulla” junto a Anneliese Rothenberger:

De “Madama Butterfly” empezamos escuchando (siempre en alemán” el aria “Addio, fiorito asil”, junto a Hermann Prey:

Pero llegamos a lo mejor, a ese dúo final del primer acto que canta junto a Pilar Lorengar. La emisión de ambos es simplemente perfecta, llena de musicalidad… un verdadero lujo poder escuchar esto:

Terminamos de repasar su repertorio italiano con algunas napolitanas, como la famosísima “O sole mio”, cantada en italiano y alemán:

Y por último un “Santa Lucia” en alemán:

En el repertorio francés, si algo hay que agradecer a Fritz Wunderlich es que prestara atención a ese “Viens, gentille dame” de la casi olvidada “La dame blanche” de François-Adrien Boïeldiue:

Le escuchamos ahora el “Adiue, Mignon” de la “Mignon” de Ambroise Thomas:

De Georges Bizet le vamos a escuchar cantar el dúo de “Les pêcheurs de perles”, de nuevo junto a Hermann Prey:

Le escuchamos también cantar el “Ave Maria” de Gounod:

Pasamos a Jules Massenet con el “En fermant les yeux” de “Manon”:

Y terminamos con el “Plaisir d’amour” de Jean-Paul Martini, en la que por fin le escuchamos cantar en francés (y diría que con una pronunciación bastante mejor que en italiano):

Le escuchamos ahora en repertorio ruso,cantando el “Kuda vy udalilis” de “Eugene Oneguin” de Piotr Ilich Tchaikovsky:

Mítica fue también en la carrera de Fritz Wunderlich su interpretación de la ópera checa “La novia vendida” de Bedrich Smetana, de nuevo junto a Pilar Lorengar:

Le escuchamos ahora cantar en inglés la canción “Be my love”:

Pasamos a escuchar a Fritz Wunderlich en repertorio español, cantando el “Granada” de Agustín Lara:

Y por último una bellísima versión del “Estrellita” de Manuel María Ponce (en alemán de nuevo obviamente):

Y llegamos, por fin, al repertorio natural de Fritz Wunderlich, el alemán, que comenzamos con el aria de Fenton en “Die lustigen Weiber von Windsor”:

Y seguimos con “Der Barbier von Bagdag” de Peter Cornelius:

Franz Schubert fue un compositor muy importante en la carrera de Fritz Wunderlich, sobre todo en el área del Lied, pero también interpretó la ópera “Fierrabras”:

De Richard Wagner interpretó algunos papeles secundarios, como el timonel de “Der fliegende Holländer”:

Destaca también su interpretación de la ópera “Martha” de Friedrich von Flotow, de la que escuchamos el aria “Ach, so Fromm”:

Le escuchamos ahora en dos óperas de Albert Lortzing, comenzando por “Zar un Zimmermann”:

Y seguimos con “Undine”:

Otro hito destacable en la carrera de Fritz Wunderlich fue la interpretación del protagonista de la ópera “Palestrina” de Hans Pfitzner, de la que aquí escuchamos el final junto a Sena Jurinac:

Escuchamos ahora a Fritz Wunderlich cantar la ópera “Der Evangelimann” de Wilhelm Kienzl:

Y destaca también su intervención en “Die Schweigsame Frau” de Richard Strauss, que aquí escuchamos junto a Hilde Güden:

Escuchamos también el aria del tenor italiano de “Der Rosenkavalier” del mismo Strauss:

Pasamos ahora al mundo de la opereta austriaca, en el que también destacó. Comenzamos por Johann Strauss, primero en “Eine Nacht in Venedig”:

Y ahora le escuchamos en algunos fragmentos de “Die Fledermaus”:

De Franz Lehar empezamos por esta bellísima aria de la opereta “Friederike”:

Le escuchamos ahora en “Der Zarewitzch”:

Y por último, el famoso “Dein ist mein ganzes herz” de “Das land des Lächelns”:

Fritz Wunderlich interpretó también varias operetas de Emmerich Kálman, pero vamos a escuchar sólo una, “Gräfin Mariza”:

Le escuchamos ahora en la bellísima canción “Wien, Wien, nur du allein” de Rudolf Sieczynski:

Y pasamos ahora al campo del Lied, del que Fritz Wunderlich ha sido uno de los grandes intérpretes. Comenzamos por “Adelaide” de Ludwig van Beethoven:

Y Schubert… ¡Qué decir de sus interpretaciones de lieder de Schubert! Ese “Die schöne Mullerin” del que fue un intérprete memorable:

Escuchamos también su “Im Abendrot”:

Otro lied mítico es “An die Musik”:

Y terminamos con el “Ständchen” del canto del cisne, uno de los más célebres lied:

Fritz Wunderlich fue también un estacado intérprete de los Dichterliebe de Robert Schumann:

Escuchamos ahora una interpretación suya de un lied de Johannes Brahms:

Histórica es su interpretación, dirigido por Otto Klemperer, de “Das Lied von der Erde”, en la que sorprende en la primera parte al afrontar con semejante facilidad para sus medios líricos una parte que requiere una voz de más peso:

Y terminamos con dos lieder de Richard Strauss. Comenzamos con “Ständchen”:

Y por último el bellísimo “Morgen”:

Este repaso a sus interpretaciones nos ha permitido disfrutar de su arte único, de esa emisión perfecta, nada forzada, de esa voz brillante y potente, de esa musicalidad… Es difícil imaginar lo que podría haber hecho si no hubiera muerto tan joven. Lo que le sucedió fue una tragedia, pero por lo menos gracias a las numerosas grabaciones que nos dejó, podemos seguir disfrutando de su inmenso arte.



Gianandrea Gavazzeni 20 años después de su muerte (05-02-2016)


Un día como hoy pero hace 20 años, en 1996, nos dejaba en su ciudad natal, Bergamo, uno de los directores operísticos italianos más importantes de todo el siglo XX, Gianandrea Gavazzeni. Una figura controvertida, cierto, pero recordada hoy día por su gran labor recuperadora de no pocos títulos infrecuentes en su época.




Nacido en Bergamo el 25 de julio de 1909, estudia composición en Milán con Ildebrando Pizzetti, además de ser asiduo a las funciones que en aquella época dirigía Arturo Toscanini en La Scala. En principio se dedica a la composición, llegando incluso a componer una ópera, pero cada vez se centra más en su labor como director de orquesta hasta abandonar definitivamente la composición en 1949. Ya por esas fechas había dirigido en la Scala, donde será un director asiduo en incluso ostentará el cargo de Director artístico entre 1966 y 1968.

Aunque asociado siempre a la ópera, también dirigió repertorio sinfónico romántico, y como muestra este Tontentanz de Franz Liszt de 1962 con Arturo Benedetti Michelangeli al piano:

No era Gianandrea Gavazzeni alguien precisamente muy “ortodoxo” en lo de seguir la partitura escrupulosamente, algo que para él iba en contra de los valores estéticos de la música (y no seré yo quien le lleve la contraria en este aspecto…)

Pasando a su faceta de director operístico, destaca dirigiendo las obras de su maestro Pizzetti, como ese “Assassinio nella Cattedrale” del que escuchamos un fragmento del estreno, en 1958:

Del mismo Pizzetti estrena en 1961 “Il calzare d’argento”, del que pongo la grabación completa (hora y media), aunque os aconsejo ir directamente al aria del tenor (un Giuseppe di Stefano cantando a lo bestia, como era él… pero a mí me gusta), más o menos por el minuto 26:

Destacó, por supuesto, como director de óperas veristas, como Pietro Mascagni, con esta Iris que protagonizaba  un perfecto Giuseppe di Stefano, como muestra su aria “Apri la tua finestra”:

Famosa es también su grabación en estudio (pese a lo poco que le gustaban los estudios de grabación) de “L’amico Fritz“, que protagonizaban unos jóvenes Luciano Pavarotti y Mirella Freni. El Intermezzo es buena muestra de su labor:

También grabó en estudio una Cavalleria rusticana con Pavarotti, además de dirigirla en vivo en numerosas ocasiones, como esta de Milán de 1963 en la que escuchamos el dúo que cantan Giulietta Simionato y Franco Corelli:

Y de otro compositor verista, Umberto Giordano, tenemos una grabación en estudio de “Andrea Chenier” protagonizada nada menos que por Mario del Monaco y Renata Tebaldi, de la que vamos a escuchar el último acto:

En la Scala de Milán dirigía a menudo títulos hoy infrecuentes, como esa “Francesca da Rimini” de Riccardo Zandonai que protagonizaron Magda Olivero y Mario del Monaco:

En 1964 dirige también el “Mefistofele” de Arrigo Boito, con ese regalo para los oídos que es el Fausto de Carlo Bergonzi, al que escuchamos el epílogo desde el “Giunto sul passo estremo” que frasea a placer, junto al Mefistofele de Nicolai Ghiaurov:

Como director habitual de la Scala, Gianandrea Gavazzeni protagonizó notables veladas, como la de 1989 con esa “Adriana Lecouvreur” de Mirella Freni que está disponible en DVD y de la que aquí vemos la segunda aria de la protagonista:

De su labor como director pucciniano podemos recordad, por ejemplo, esa Tosca de 1959 con Giuseppe di Stefano, Renata Tebaldi y Ettore Bastianini, de la que escuchamos el comienzo del 2º acto:

O el Turandot de 1964 con Franco Corelli y Birgit Nilsson. O ese Trittico de 1983, disponible en DVD, y del que aquí escuchamos el dúo de “Suor Angelica” con Rosalind Plowright y Dunja Vejzovich:

En estudio gravó una “Madama Butterfly” en 1954 con Victoria de los Ángeles y Giuseppe di Stefano. El dúo del final del primer acto suena con ellos más bello que nunca:

En 1957 graba en estudio “La Gioconda” de Ponchielli con Mario del Monaco y Anita Cerquetti. Escuchamos el ballet de esta grabación:

Por supuesto que Gianandrea Gavazzeni dirigió numerosas óperas de Verdi, pero lo más destacable es su incorporación de títulos poco habituales como ese “I Masnadieri” de 1972, del que escuchamos el aria del protagonista del primer acto, cantada por el tenor Gianni Raimondi:

O ese “Gerusaleme” de 1963 que protagonizaba Leyla Gencer, soprano con la que colaboró a menudo:

O ese “I vespri siziliani de 1970” en el que Leyla Gencer borda su bolero (pese al pésimo sonido):

Tuvo también incursiones en ópera francesa, como ese Esclarmonde de Jules Massenet en el que dirigió a su última esposa, Denia Mazzola, en 1993 (interesantísima ópera a recuperar), o ese “Les Huguenots” de Giacomo Meyerbeer (en italiano) de 1962, con un reparto estelar en el que escuchamos aquí en su dúo a Franco Corelli y Giulietta Simionato:

Pero si por algo destacó Gianandrea Gavazzeni fue por recuperar títulos en su época infrecuentes del belcanto italiano.

Comenzamos con Gioacchino Rossini, con ese “Il Turco in Italia” que repuso en 1954 con Maria Callas, del que escuchamos la obertura:

Aunque nada mejor que verlo en acción, en este ensayo de la obertura de “L’Italiana in Algeri”:

De Vincenzo Bellini fue un asiduo intérprete de “Norma”, como esta de 1977 protagonizada por Montserrat Caballé:

Pero si hay dos bergamascos famosos, esos son Gianandrea Gavazzeni y Gaetano Donizetti, así que es lógico esperar que Gavazzeni le prestara gran atención a su paisano.

Quizá su grabación más memorable sea ese “L’elissir d’amore” con Carlo Bergonzi y Renata Scotto, disponible también en DVD. Veamos el dúo cómico de Nemorino y Belcore, con Bergonzi y Giuseppe Taddei:

Pero si en algo destaca Gavazzeni es en recuperar óperas desconocidas de su paisano, como esa “Anna Bolena” de 1957 protagonizada nada más y nada menos que por Maria Callas, gracias a quienes descubrimos una caballetta final tan espectacular como este “Coppia iniqua” que cierra la ópera:

O ese “Belisario” de 1969 protagonizado por Leyla Gencer:

O la “Maria di Rohan”, de 1974, en este caso protagonizada por Renata Scotto:

O, por terminar, ese “Poliuto” de 1993 que protagonizó su esposa, Denia Mazzola:

Y es que 84 años dedicados a estudiar la música dan para mucho…

De hecho, personalmente, en este repaso a la trayectoria de Gianandrea Gavazzeni, me ha sorprendido ver que él era el director de no pocas grabaciones y funciones que ya conocía pero que desconocía que las dirigía él… fue un maestro en el podio, y esta es simplemente una discreta forma de recordarle como la gran figura que siempre fue.