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150 años del estreno de Roméo et Juliette de Gounod (27-04-2017)


Adaptar a la ópera una obra tan difícil como el celebérrimo drama “Romeo y Julieta” de William Shakespeare es algo que han intentado no pocos compositores. Pero seguramente fuera Charles Gounod con su “Roméo et Juliette” quien mejores resultados sacara de una obra tan compleja como bella.




Parece que ya desde 1837, con 19 años, la obra fascinaba a Gounod tras escuchar un ensayo de la Sinfonía Dramática “Roméo et Juliette” de Hector Berlioz, e incluso en 1841, estando en Italia, se planteó usar como base el libreto de Felice Romani que, entre otras, había servido de base para “I Cappuletti ed I Montecchi” de Vincenzo Bellini, aunque afortunadamente la idea no fue adelante; y digo afortunadamente porque el texto de Romani no tiene mucho que ver con la obra de Shakespeare.

Tras varios intentos de triunfar como compositor operístico, Gounod alcanza la fama en 1859 con el estreno de “Faust”, adaptación de otro gran clásico de la literatura, el “Fausto” de Johann Wolfgang von Goethe. Pero no conseguía repetir el éxito de ésta en sus estrenos posteriores. Ni siquiera la no carente de interés “La reine de Saba” de 1862, alcanza el éxito. Sólo en 1864 mejorará sus resultados con “Mireille”, pero Gounod necesita otro gran éxito que lo consolide como un gran compositor de ópera.

Es entonces cuando Charles Gounod retoma la idea de adaptar del drama shakespeariano. Lo más difícil es el libreto de base, que encarga a los libretistas con los que trabajó en “Faust”, Jules Barbier y Michel Carré, que fueron capaces de seguir las diferentes escenas de la ópera eliminando personajes innecesarios (los padres de Romeo, la señora Capuleto…) o reduciendo a su mínima expresión a otros (Príncipe Scala, Príncipe Paris, que ni siquiera muere al final en un duelo con Romeo, Tybalt, Benvolio…). Con un magnífico texto de partida, Gounod compone la ópera en 1865, estrenándola en el Théâtre Lyrique de París, siendo la parte de Juliette cantada por Marie Caroline Miolan-Carvalho, esposa del director del teatro, y que ya había estrenado varias óperas de Gounod, como la Marguerite de “Faust” y la protagonista de “Mireille”. El estreno se puede calificar de éxito y alcanza una gran popularidad que mantiene hoy día, aunque el propio Gounod retocó varias veces la ópera, siendo la última y definitiva (la versión que conocemos hoy) estrenada en 1888.

Antes de pasar a repasar la ópera, dejamos como siempre un enlace al libreto.

Roméo et Juliette no tiene una obertura orquestal, sino un breve preludio coral, similar al coro inicial de la obra de Shakespeare, que nos habla de las dos familias rivales, Capuletos y Montescos (sin entrar, al igual que en el drama de Shakespeare, en detalles sobre las razones de la enemistad entre ambas familias: se trata de una enemistad política entre los líderes de los dos bandos rivales de Verona, los Güelfos liderados por los Capuleto y los Gibelinos liderados por los Montescos) y sobre la desgracia que acaecerá a los jóvenes amantes:

Comenzamos el primer acto de Roméo et Juliette. Nos encontramos en un salón del palacio de los Capuleto, en el que se celebra una fiesta, un baile de máscaras. Avanzada la noche, Tybalt, el sobrino del conde Capulet, acompaña al Príncipe Paris, qu espera conocer a su prometida, la hija de Capulet, quien presentas a su hija al público el día de su cumpleaños (no se especifica la edad, ¿15 años?), que sorprende a todos por su belleza. Juliette escucha la música y sólo desea disfrutar, y Capulet invita a todos a disfrutar de la noche y del baile sin preocupaciones. Escuchamos la escena inicial con Angela Gheorghiu como Juliette y Alain Fondary como Capulet:

Mientras todos salen a bailar, entran unos Montescos dirigidos por Roméo y por Mercutio, Roméo se muestra temeroso, no quiere que le descubran en la casa de su enemigo, pero Mercutio, que no es un Montesco, se muestra más atrevido. Roméo avisa que ha tenido un sueño previniéndole, pero Mercutio se burla de él al hablar de los engaños de Mab, la reina de los sueños. Escuchamos la Balada de Mab cantada por Gérard Souzay:

Roméo sigue preocupado, y Mercutio cree que es porque en la fiesta no está Rosaline, la amada de Roméo, pero entonces el joven Montesco ve a Juliette y queda prendado de su belleza. Mercutio se da cuenta de que Roméo ya ha olvidado a Rosaline y consigue esconderlo mientras Juliette entra con su nodriza Gertrude, rechazando casarse con Paris, ya que sus planes pasan por poder disfrutar de la libertad de esa noche, de poder vivir antes de que el amor pase a entristecer su vida. Tenemos así el famoso vals de Juliette “Je veux vivre”, que escuchamos en la voz de Anna Moffo:

Roméo le pregunta entonces a Grégoire, criado de Capulet, el nombre de la joven; éste le dice que es Gertrude, y se lleva a la verdadera Gertrude para los preparativos de la fiesta, mientras un atrevido Roméo detiene a Juliette y la corteja, mientras ella trata en vano de defenderse, para terminar sucumbiendo. Escuchamos así el dúo “Ange adorable” cantado por Jussi Björling y Anna Lisa Björling:

Llega entonces Tybalt, que reconoce a Roméo por la voz y se pone furioso. Roméo se da cuenta de que la joven es la hija de su enemigo, y ambos lamentan la desgracia de haberse enamorado de quien no debían. Tybalt jura venganza mientras Capulet calma la situación ya que no quiere que nada estropee la fiesta. Y termina así el primer acto de Roméo et Juliette.

Segundo acto. Roméo quiere volver a ver a Juliette, para lo que se acerca al balcón de su casa. Allí escucha la voz de sus amigos, entre ellos Mercutio, que según el propio Roméo se ríe de algo que él nunca ha sentido. Una vez sus amigos se van, Roméo ve encenderse una luz tras la ventana de Juliette y espera poder ver a su amor, y usa la luz del sol como metáfora de la luz que le supone poder ver a su amada. Escuchamos así el aria “Ah, lève-toi, soleil”, cantada por Nicolai Gedda:

Especial atención merece ese final en pianísimo; no se lo he escuchado a ningún otro tenor, pero es como debe cantarse.

En ese momento Juliette sale a la ventana, lamentando las diferencias familiares que le separan de Roméo. Éste le escucha y se presenta ante ella (comienza la famosa escena del balcón), y ambos renuncian a sus nombres para poder amarse. Escuchamos la primera parte del dúo con Janine Micheau y Raoul Jobin:

Se escucha ruido de gente y Juliette hace que Roméo se esconda. Son el criado Grégoire y otros criados, que están buscando al paje de los Montescos que se ha acercado al palacio de los Capuleto. Gertrude los aleja, y Juliette entra con ella. Entonces Roméo reaparece, suplicando a l noche que perpetúe ese sueño que está viviendo. Juliette reaparece y le suplica a Roméo que si su amor es falso la deje, pero que si es real le diga en que día se van a casar. Roméo confirma que su amor es real. La despedida se alarga (casi un clásico “.Cuelga tú – No, cuelga tú”). Finalmente Juliette se retira a sus aposentos y Roméo, sólo, canta una de las melodías más bellas de toda la ópera, el “Va” Repose en paix”, en el que le desea unos dulces sueños a su amada. Termina así el segundo acto de Roméo y Juliette, y escuchamos esa segunda parte del dúo del balcón con Léopold Simoneau y Pierette Alaire:

El tercer acto se divide en dos escenas. La primera, que comienza con un breve preludio orquestal, nos lleva a la celda de Frère Laurent. Allí llega Roméo, muy de mañana. Laurent se da cuenta de que es algún asunto amoroso el que le lleva hasta allí, y piensa que es Rosaline, pero Roméo le confiesa que es Juliette. Laurent se da cuenta de que es Juliette Capulet, la hija de su enemigo, que aparece en ese momento junto con Gertrude. Ella solicita casarse con Roméo, y Laurent accede, pensando que así se podrá poner fin al odio ancestral que enfrenta a las dos familias. Y mientras Gertrude vigila en el exterior, Laurent casa a la pareja. Escuchamos esta primera escena completa con Roberto Alagna, Angela Gheorghiu y Rene Pape:

Comenzamos la segunda escena. Como comprobamos en estas dos escenas, el tercer acto de Roméo et Juliette es el que se lleva toda la acción importante de la obra. Primero fue la boda, y ahora la tragedia. Pero comienza con un aire mucho más alegre. Estamos ante el palacio de Capulet, donde Stéphane sigue por la mañana esperando a su amo Roméo. Para provocar a los criados de Capulet canta una canción, “Que fais-tu, blanche tourterelle”, que escuchamos cantada por Angelika Kirchschlager (el personaje de Stéphane es una mezzo travestida):

La provocación surte efecto: Grégoire y otros criados atacan a Stéphane cuando aparecen Mercutio y Benvolio. Mercutio les afea que ataquen a un niño (Stéphane es apenas un adolescente), pero aparece Tybalt, junto a Paris, y comienza a pelear con Mercutio. Aparece entonces Roméo e intenta detenerlos. Tybalt quiere batirse primero con Roméo, pero éste lo rechaza, ya que tiene motivos para querer a Tybalt. Éste entonces lo insulta y Mercutio sale en su defensa, pero acaba herido de muerte. Roméo no puede permitir esto, se bate con Tybalt y lo mata, justo cuando aparece Capulet. Benvolio insta a un Roméo a huir, ya que si no será castigado con la muerte. Todos lamentan el trágico día que ha comenzado. Escuchamos esta escena con Rolando Villazón como Roméo:

Llega el Duque de Verona. Capulet clama justicia, ya que Roméo ha matado a Tybalt, pero este afirma que lo ha hecho porque Tybalt había matado antes a Mercutio. El Duque sabe que Roméo debería ser castigado con la muerte, pero al no haber sido él quien comenzó la pelea, lo castiga con el exilio, y obliga a ambas facciones a obedecer su autoridad. Todos lamentan la trágica situación a la que han llegado, y el Duque obliga a Roméo a abandonar Verona esa misma tarde, pero Roméo desespera, ya que prefiere volver a ver a Juliette aunque eso suponga su muerte. Escuchamos este espectacular final de acto con Roberto Alagna:

Ese Do de pecho final no está escrito en la partitura, pero consigue un resultado mucho más impactante dramáticamente hablando.

Comenzamos el cuarto acto de Roméo et Juliette. Estamos, de noche, en la habitación de Juliette. Ella le dice que le perdona por la muerte de su primo, y ambos cantan a su noche de bodas (es de suponer que hacen algo más que cantar, que es una noche de bodas, pero de eso mejor corramos un tupido velo). Roméo entonces se dispone a partir al ver la luz del alba y escuchar cantar a la alondra, a lo que sigue una discusión ornitológica (-es la alondra -No, es el ruiseñor): al principio Roméo quiere irse y Juliette le retiene, y luego es al revés, Roméo quiere quedarse y Juliette le despide para que no muera. Finalmente, Roméo parte. Escuchamos el extenso dúo cantado por Mirella Freni y Franco Corelli:

Un Roméo inadecuado el de Corelli, sin duda, pero merece la pena escuchar la espectacular Juliette de Freni.

Entra Gertrude, anunciando que llega Capulet con Frére Laurent. Capulet quiere cumplir con el último deseo de Tybalt: que Juliette se case con Paris, y todo está preparado para celebrar la boda de inmediato. Laurent y Gertrude calman a Juliette para que no diga nada.

Una vez sola con Frére Laurent, ella le pide ayuda, y él le da el famoso brebaje que le hará parecer muerta. Ella acepta, y pese al temor de despertarse sola en la tumba junto al cadáver de su primo, se toma el frasco. Escuchamos así el aria “Amour, ranime mon courage”, una prueba de fuego realmente difícil de cantar que antes se cortaba a menudo, y se la escuchamos a la gran Natalie Dessay:

Cambiamos de escena. Estamos ahora justo ante la capilla del palacio de Capulet, donde va a celebrarse la boda. Juliette lamenta su suerte, que la ley le haya alejado de su amado, mientras el resto se prepara para celebrar la boda. Capulet le insta a aceptar a Paris, y cuando éste va a ponerle el anillo, ella desfallece y, ante la desesperación de todos, “muere”. Escuchamos el final de este cuarto acto de Roméo et Juliette con Alain Fondary como Capulet y Angela Gheorghiu como Juliette:

 Comenzamos el quinto y último acto de Roméo et Juliette. Gounod suprime un dúo entre Frére Laurent y Frére Jean (personaje que desaparece de la ópera) en el que se explica el porqué de que Roméo no se haya enterado del plan de Laurent. Y el acto comienza con otro monólogo de Roméo, su segunda aria, “Salut, tombeau”. Y es que el de Roméo es un papel bombón para un tenor, tanto a nivel vocal como interpretativo, perfecto para un cantante con buena voz e inteligencia, que puede sacar un gran partido a esta escena en la que Roméo llega a la tumba de su amada, llora su muerte, la besa, la abraza por última vez… Escuchamos el aria cantada por el mítico y maravilloso George Thill (el vídeo repite el aria dos veces):

Gounod suprime el duelo a muerte con Paris (lo que elimina dos muertes del drama de Shakespeare, la de Paris, y la de la madre de Roméo, que no sale en la ópera, dejándolo “sólo” en 4 muertos). Se toma el veneno directamente. Y entonces, de repente, Juliette despierta. Al encontrar a su amado, ambos piensan huir (y recuperamos el tema de la boda), pero entonces Roméo se tambalea: el veneno está haciendo su efecto. Tras volver a cantar el tema de los pájaros (que es uno de los pasajes más famosos en la obra de Shakespeare), Roméo se tambalea, siendo consciente de que su amor sólo tiene futuro en la muerte. Juliette, viendo el frasco de veneno vacío, coge el puñal que tenía guardado por si acaso y se apuñala, para desesperación de Roméo. Y así ambos mueren felices de hacerlo juntos. Escuchamos este dúo final de Roméo et Juliette con Alfredo Kraus y Faye Robinson:

Antes de concluir, he de hacer una confesión personal: nunca he conseguido empatizar demasiado con la música de Gounod. De hecho, he tenido dos ocasiones de ver esta ópera en vivo y nunca me he animado. No fue hasta el año pasado que fui capaz de escuchar la ópera completa y caer rendido ante esta maravilla (tampoco fue hasta el año pasado que conseguí escuchar completo el Faust, aunque mi reacción no fue de tanta fascinación). Una ópera que merece ser escuchada una y otra vez, sin duda.

Y terminamos, como siempre, con un Reparto ideal:

Roméo: Roberto Alagna (a falta de escuchar una integral de Nicolai Gedda).

Juliette: Descartada cualquiera que no cante su segunda aria, me quedo con Leontina Vaduva.

Mercutio: Gino Quilico.

Capulet: Gabriel Bacquier.

Frère Laurent: José Van Dam.

Director de Orquesta: Michel Plasson.



La Boheme 120 años después de su estreno (01-02-2016)


Giuseppe Verdi llevaba ya medio siglo dominando el mundo de la ópera italiana, pero superados ya los 80 años, nadie esperaba que fuera a componer ninguna ópera más después de aquel magistral “Falstaff” de 1893. Se imponía buscarle un sustituto, ver quién de todos aquellos jóvenes de la llamada Giovane Scuola sería quien ocuparía el puesto del anciano maestro. Y quizá los asistentes a aquel estreno de “La Boheme” de uno de esos compositores, Giacomo Puccini, el 1 de febrero de 1896 en el Teatro Regio de Turín no se esperaban que aquella velada fuera decisiva a este respecto. Y más cuando la ópera que se estrenó no triunfó, por lo menos de crítica, pese a contar con la dirección nada menos que de Arturo Toscanini.




Pero en pocos meses la ópera se había estrenado ya en los principales teatros de Italia (en marzo se estrenará ya en la Scala milanesa nada menos) y el éxito sería ya imparable. Puccini pasaría a ser la máxima figura operística italiana durante los próximos 20 años y “La Boheme” una de las óperas favoritas del público (mi favorita, de hecho).

El genial libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica (autores también de los libretos de los éxitos posteriores del compositor, Tosca y Madama Butterfly) adaptaron de forma casi milagrosa esa colección de episodios inconexos que forman las Scènes de la vie de bohème de Henry Murger. También otro compositor del momento, Ruggero Leoncavallo (el de Pagliacci) estaba trabajando en una ópera sobre el mismo tema, pero su adaptación es totalmente distinta.

Lo primero, enlace al texto y traducción.

Comenzamos a repasar el argumento de “La Boheme”. Primer acto. Estamos en una pobre buhardilla del barrio latino de París que comparten 4 amigos bohemios: el pintor Marcello, el poeta Rodolfo, el filósofo Colline y el músico Schaunard. Estamos en plena nochebuena y hace un frío que te mueres. Rodolfo y Marcello están trabajando, pero se congelan, así que Rodolfo decide quemar la obra teatral que está escribiendo, lo que supone un ligero alivio para ambos y para Colline, que acaba de llegar… pero dura poco. Lo justo para que aparezca Schaunard con leña, provisiones y dinero que ha conseguido ganar cumpliendo el encargo de un lord inglés: conseguir que su loro se muera.

Todos se disponen a comer hasta que Schaunard les echa la bronca: en nochebuena hay que cenar fuera de casa. Y cuando se van a ir… ¡llega el propietario de la casa, Benoît, reclamando el alquiler. Entre los 4 consiguen engañarle y librarse de pagar. Ahora sí, campo libre para irse… pero Rodolfo tiene que quedarse para terminar un artículo. Los demás deciden esperarlo en la calle. Escuchamos toda la escena introductoria con Jaume Aragall como Rodolfo y Giorgio Zancanaro como Marcello:

Pero entonces aparece la vecina pidiendo luz, pero al momento se desmalla y Rodolfo tiene que hacerse cargo de ella (y aprovecha para comprobar que está de buen ver la niña…). La chica, tras recuperarse, se va a ir, pero se da cuenta que ha perdido las llaves, su luz se apaga (o la apaga ella a posta, quién sabe), y en ese momento la de Rodolfo también se apaga (aquí ni quién sabe ni porras, el apagón es claramente intencionado), y hala, a buscar la llave a oscuras… Rodolfo es un artista y no tarda en encontrarla, pero miente y dice que no… y lo que encentra es otra cosa:

Lo que encuentra Rodolfo es la helada mano de la chica, y le dedica esa maravillosa aria que es el “Che gelida manina”, rematada por un Do de pecho que habría que cantar más o menos así:

Tengo predilección por la versión de Nicolai Gedda, la verdad.

Otras veces se baja el aria medio tono, como hace aquí Pavarotti, junto a la Freni, su amiga de infancia. Parece que ella esté sufriendo a la espera de que Pavarotti resuelva bien el agudo… y su cara de alivio al lograrlo es todo un poema:

Es un aria preciosa y uno de los pasajes más célebres de “La Boheme”. Aquí Rodolfo se presenta como un poeta soñador. Pero necesitamos la respuesta, sabemos quién es él, pero ¿ella?

Descubrimos que la vecinita se llama Mimì y que es una costurera sin un duro. Poco importa, Rodolfo ya está coladito por ella (y ella por él). No hace falta que sean millonarios para quererse…

Puccini le regala al personaje unas melodías de una belleza indescriptible. Así que vamos a poner otra versión imprescindible más, con la gran soprano catalana Victoria de los Ángeles:

Venga, ¡si no se os pone la carne de gallina con ese “El primer beso de abril es mío” es que no tenéis corazón!

Los amigos de Rodolfo se impacientan en la calle, y Mimì decide acompañarlos. Y así, con este bellísimo dúo de amor “O soave fanciulla” terminamos el primer acto, cantado por Jussi Björling y Renata Tebaldi:

Comienza el segundo acto de “La Boheme”. Estamos en el barrio latino de París, donde los 4 amigos y Mimì hacen sus compras entre la multitud, antes de ir a cenar al Café Momus. Pero allí aparece alguien: Musetta, una antigua amante de Marcello que prefería buscarse a un amante con más dinero… y ahí va, acompañada por el rico Alcindoro. Pero al ver a su viejo amor algo dentro de ella se mueve y… comienza a cantar un pícaro vals que pone de los nervios al ricachón. De nuevo, uno de los momentos más famosos de “La Boheme”, el vals de Musetta “Quando me n’vo”. Musetta consigue librarse del viejo para arrojarse en brazos de Marcello, y encima de regalito le dejan la cena de los 5, a quienes ya no les queda dinero para pagar. Escuchamos el 2 acto completo con Carlo Bergonzi como Rodolfo, Renata Tebaldi como Mimì, Ettore Bastianini como Marcello, Gianna D’Angelo como Musetta, Cesare Siepi como Colline, Renato Cesari como Schaunard y Fernando Corena como Alcindoro:

Hasta aquí La bohème ha sido una comedia costumbrista, pero ya en el tercer acto comienza el drama, un drama que nos dejará destrozados al final…

Tercer acto de “La Boheme”: estamos en pleno invierno. Rodolfo y Mimì se han ido a vivir por su cuenta, igual que Marcello y Musetta. Pero entre Rodolfo y Mimì hay problemas, y Mimì va a buscar a Marcello para pedirle ayuda: los celos de Rodolfo hacen imposible la relación. De hecho, Rodolfo acaba de huir de casa y está en el bar donde trabaja Marcello. Éste le dice a Mimì, que está evidentemente cada vez más enferma, que se vaya a casa y que él hablará con Rodolfo. Pero Mimì se esconde para oír la conversación. Escuchamos el dúo con Mirella Freni y Rolando Panerai:

Cuando Rodolfo sale, afirma que quiere separarse de Mimì, porque hay un vizconde con el que Mimì le pone celoso, pero al final Marcello consigue sacarle la verdad: Rodolfo se tortura porque Mimì está cada vez más enferma, y siendo pobre como es, siente que, al hacerla vivir con él en esas míseras condiciones, la está matando. Mimì estalla en sollozos y ambos se dan cuenta de que estaba escuchando la conversación:

Pero entonces se oye desde el interior la risa de Musetta, y el que se pone celoso es Marcello.

Mimì se despide de Rodolfo dándole instrucciones de lo que debe hacer con sus cosas. Y aquí Puccini vuelve a regalarle una bellísima aria, “Donde lieta uscì”, al que la voz de Tebaldi le hace merecida justicia:

Y el acto termina con el cuarteto “Dunque è prorio finita”, en el que Rodolfo y Mimì deciden permanecer juntos hasta primavera, cuando el sol les haga compañía, mientras Marcello y Musetta se pelean. Escuchamos el cuarteto final del tercer acto con Carlo Bergonzi, Renata Tebaldi, Ettore Bastianini y Gianna D’Angelo:

Atención sobre todo a la magia que consigue el enorme Carlo Bergonzi en ese “Ch’io, da vero poeta, rimavo con carezze!”, con ese pianísimo en “carezze”…

Y nos vamos al cuarto y último acto de “La Boheme”. Estamos en la misma buhardilla del primer acto: los cuatro amigos vuelven e vivir juntos. Rodolfo y Marcello intentan trabajar, pero pensar en sus respectivas amadas se lo impide. Escuchamos el dúo con Luciano Pavarotti y Rolando Panerai:

Tras el dúo aparecen Colline y Schaunard, pero esta vez, a diferencia del primer acto, no les sonríe la suerte, y apenas tienen un arenque para comer. Aún así, nada les quita el humor y se montan sus juegos y sus películas, hasta…

Hasta que aparece Musetta en la puerta avisando que Mimì viene detrás, muy enferma. Días atrás oyó que Mimì había abandonado al vizconde y que se estaba muriendo, y salió a buscarla por las calles; acaba de encontrarla, y ella sólo piensa en volver a ver a Rodolfo, quien desespera al oír la noticia. Ella está congelada, pero en la casa no hay nada que puedan darle, así que Marcello se va a buscar a un médico y Musetta va a empeñar unos pendientes para comprar el manguito que pide Mimì para calentar sus manos.

Colline tiene un bonito momento solista en el que se despide de su vieja zamarra, que también va a empeñar para conseguir algún dinero. Escuchamos su breve aria cantada por Giorgio Tozzi:

Entonces aconseja a Schaunard que les deje solos a Rodolfo y Mimì.

Y entonces Mimì, que fingía dormir, se yergue para poder hablar con Rodolfo en uno de los dúos de amor más bellos que se han escrito nunca, ese maravilloso “Sono andati”:

Este dúo, y en concreto esta versión con Tebaldi y Bergonzi, es una de las cosas más bellas que he escuchado nunca, y me resulta simplemente imposible no emocionarme cada vez que lo oigo. Desde aquella vez, a punto de cumplir 15 años, que teníamos que interpretar en playback un trozo de una ópera en clase de música y yo elegí “La Boheme” (cuando apenas sabía lo que era una ópera) y la profesora me prestó esta grabación, este dúo permanece esculpido en mis tímpanos.

La tos de Mimì hace volver a Schaunar, y no tardan en llegar Marcello y Musetta con el manguito, pero ya de poco sirve. Sin que Rodolfo se dé cuenta, Mimì muere. Con la llegada de Colline, que pregunta cómo está, Rodolfo se da cuenta del nerviosismo de sus amigos y se da cuenta de lo que ha ocurrido. Y así termina esta “La Boheme”, con Rodolfo gritando el nombre de su amada muerta. Y escuchamos el final con Roberto Alagna y Angela Gheorghiu:

Espero que tuvierais kleenex a mano…

Y espero que os haya gustado La bohème. Ya os digo que a mí me encanta, por algo es mi ópera favorita…

Bueno, a partir de ahora, cuando hablemos del aniversario del estreno de alguna ópera, quiero terminar diciendo quienes son en mi opinión los intérpretes referenciales en los principales papeles, así que allá vamos con un Reparto Ideal:

Rodolfo: Carlo Bergonzi. O Luciano Pavarotti (en vivo, no en el estudio con Karajan). Björling, Di Stefano, Gianni Raimondi o Alagna también tienen su atractivo.

Mimì: Renata Tebaldi, Mirella Freni o Victoria de los Ángeles.

Marcello: Rolando Panerai.

Musetta: Gianna D’Angelo o Anna Moffo.

Colline: Giorgio Tozzi.

Schaunard: Renato Cesari.

Benoît-Alcindoro: Italo Tajo.

Dirección de orquesta: por esta vez, y sin que sirva de precedente… “¡francamente, querid@s, me importa un bledo!”