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170 años de la muerte de Gaetano Donizetti (08-04-2018)


Considerado hoy en día como uno de los dos mayores representantes del belcanto, junto a Vincenzo Bellini, y uno de los compositores de ópera más importantes de la historia, la suerte de Gaetano Donizetti ha sido dispar a lo largo de la historia, cuando hace apenas 60 años era una rareza programar alguna de sus óperas, con 3 o cuatro excepciones, mientras a día de hoy seguimos esperando que muchas de sus obras alcancen la popularidad que les corresponde. Así que aprovechando el 170 aniversario de su muerte, vamos a intentar hacer una breve aproximación a su biografía y su inmensa obra.




Domenico Maria Gaetano Donizetti nació el 29 de noviembre de 1797 en la ciudad de Bergamo, que en seguida pasará a formar parte del napoleónico Reino de Italia. Miembro de una familia pobre, tuvo la suerte de poder acudir a las clases caritativas de música que impartía en la ciudad el compositor alemán Johann Simon Mayr, que en esos momentos era uno de los más destacados compositores operísticos de Italia. El joven Donizetti se convertirá en seguida en su alumno predilecto, y Mayr conseguirá que reciba una buena formación y se dedique a la composición de ópera. De hecho, en 1816 compone una pequeña ópera, “Il Pigmalione”, que no será representada hasta 1960, y que por su brevedad ponemos aquí entera:

Será en 1818 cuando estrene su primera ópera, “Enrico di Borgogna”, en el teatro San Luca de Venecia, gracias a un encargo que le consigue el propio Mayr. Escuchamos la caballetta de Enrico (personaje travestido para mezzo-soprano) “Care aurette” cantada por Della Jones:

Pero en estos primeros años de actividad compositiva, Gaetano Donizetti destacará más por su producción instrumental, en especial por su obra de cámara. Destacan sus numerosos cuartetos para cuerda, de entre los que vamos a escuchar el séptimo:

Tras estrenar un par de óperas más en Venecia, sin lograr un éxito remarcable, se traslada a Roma, donde estrena en 1822 “Zoraida di Granata”, que será un gran éxito. El propio Donizetti revisa la obra 2 años después. Escuchamos el aria de Almuzir “Pieghi la fronte audace” cantada por Bruce Ford:

A continuación, Gaetano Donizetti se dirige a Nápoles, donde se va a a encargar de supervisar los ensayos del oratorio “Atalia” de su maestro Mayr, que dirige el famoso Gioacchino Rossini, en ese momento bajo contrato del empresario Domenico Barbaja. Pero al poco del estreno, Rossini se fuga con su amante, Isabella Colbran, por lo que Barbaja recurre a Donizetti, que en los siguientes años, empezando ese mismo 1822 con “La zingara” (en cuyo estreno estará el joven Vincenzo Bellini, que admirará la ópera, pero que no se guardará sus críticas, ya que la admiración incondicional que Donizetti sentirá por él no será del todo correspondida), compondrá diversas farsas y comedias, de entre las que destaca “Le convenienze teatrali”, de 1827, que de nuevo remodelará en 1831 con el título de “Le convenienze ed inconvenienze teatrali”, y de la que escuchamos el aria de Agata (personaje femenino interpretado por un bajo bufo) “Assisa al piè d’un sacco”, que parodia la canción del Sauce del “Otello” de Rossini, cantada por Paolo Bordogna:

En 1828 se casa con Virginia Vasselli, que le dará tres hijos, de los que no sobrevivirá ninguno. Donizetti se ve en ese momento en la necesidad de tener unos ingresos estables para poder mantener a la familia. Pese a todo, conseguirá componer algunas óperas de mayor enjundia y carácter dramático, de entre las que destaca “Elisabetta al castello di Kenilworth”, primera aproximación a la Inglaterra de los Tudor, que estrena en Nápoles el 6 de julio de 1829. Escuchamos a Mariella Devia cantar el final de esta ópera, interpretando a Isabel I:

La suerte de Gaetano Donizetti cambiará cuando el milanés Duque Pompeo Litta, director del Teatro Carcano, quiere que tanto Bellini como Donizetti componagn una ópera para la temporada 1830-1831 para su teatro. Bellini compondrá “La sonnambula”, mientras Donizetti volverá a la Inglaterra Tudor con “Anna Bolena”, con libreto de Felice Romani, en el que será su primer éxito internacional y una de sus obras maestras. Prueba de ello es que fue nada menos que Maria Callas quien recuperó esta ópera a finales de los años 50, y como prueba escuchamos esa impresionante escena final, con el aria “Al dolce guidami” y la caballetta “Coppia iniqua”:

Tras estrenar en Milán la revisión “Le convenienze ed inconvenienze teatrali” retorna a Nápoles, donde compone 3 nuevas óperas, para volver a Milán en 1832, donde fracasa su nueva ópera, “Ugo, conte di Parigi”, con libreto de nuevo de Felice Romani. Pero apenas dos meses después, el 12 de mayo de 1832, estrena, de nuevo con libreto de Romani, la famosísima “L’elissir d’amore”, que será de inmediato un enorme éxito y una de las pocas óperas de Donizetti que siempre han mantenido una enorme popularidad. Escuchamos para comenzar algunos fragmentos de la ópera, como el dúo “Chiedi all’aura” o el aria de Adina “Prendi, per me sei libero”, cantados por Mirella Freni y Nicolai Gedda:

Escuchamos también el aria para bajo bufo “Udite, o rustici”, cantada por el gran Enzo Dara:

Y, por supuesto, no podemos dejar de escuchar la celebérrima “Una furtiva lagrima”, cantada en este caso por Carlo Bergonzi dándonos una lección del belcanto:

De nuevo en colaboración con Romani, Donizetti estrena en marzo de 1833 la ópera “Parisina”, de la que escuchamos la escena final cantada por Montserrat Caballé:

Y regresa a Milán para estrenar en diciembre de ese mismo año otra de sus obras maestras, “Lucrecia Borgia”, a la que en 1840 añadirá una maravillosa aria para Gennaro, “T’amo qual s’ama un angelo”, que escuchamos en la insuperable versión de Alfredo Kraus:

Escuchamos también el brindis de Orsini (de nuevo un papel travestido” “Il segreto per esser felice” cantada por Marilyn Horne:

Y por último el aria final de Lucrecia, “Era desso”, cantada por Mariella Devia:

En 1835 tiene lugar su primer estreno internacional. Siguiendo los pasos de su admirado Bellini, que había estrenado en enero la genial “I Puritani”, Donizetti presenta en el Théâtre Italien de Paris “Marin Faliero”, que contará además con el mismo reparto que la de Bellini, lo que favorecerá un éxito que no se mantendrá en el tiempo. Escuchamos el aria del protagonista “Bello Ardir” cantada por Cesare Siepi:

Bellini criticará la ópera, pero eso no afectará a la admiración que Donizetti siente por él, y a su prematura muerte, el 23 de septiembre de 1835, Donizetti compone una Misa de Requiem, de la que escuchamos el Ingemisco cantado por Leila Gencer:

Pero Gaetano Donizetti no se encuentra junto a su admirado Bellini al momento de su muerte, ya que se encuentra en Nápoles (no olvidemos que desde 1822 era el director artístico del Teatro San Carlo) para estrenar una nueva ópera, con libreto de Salvatore Cammarano basado en una obra de Walter Scott: una obra maestra titulada “Lucia di Lammermoor”, éxito absoluto desde su estreno hasta el día de hoy, con momentos tan memorables como el sexteto que escuchamos con Carlo Bergonzi y Anna Moffo:

Escuchamos también el aria final del tenor, “Tu che a Dio spiegasti l’ali”, cantada por Giuseppe di Stefano:

Y, por encima de todo, la tremenda escena de locura de la protagonista, de complicadísimas coloraturas que bordaba Joan Sutherland:

Con música así, no es de estrañar que Donizetti se labrase un hueco en el Olimpo de los compositores de ópera y que esta Lucia encante al público (y a quien esto escribe, por supuesto).

Poco después, el 30 de diciembre de ese mismo año, estrena una nueva ópera en Milán, en este caso “Maria Stuarda”,  volviendo a los Tudor, que será recordada por el enfrentamiento entre las dos reinas, destacando ese “Figlia impura di Bolena” que le espeta la reina escocesa a Isabel I, y que escuchamos aquí cantada por Leila Gencer como Maria y Shirley Verrett como Elisabetta:

En 1836 estrena en Venecia “Belisario”, basada en la vida del célebre militar bizantino, que alcanza un considerable éxito, y de la que escuchamos el final del primer acto con Giuseppe Taddei y Leila Gencer y dirigido por el también bergamasco Gianandrea Gavazzeni, figura clave en la recuperación de la obra de Donizetti:

Pero esos serán años difíciles para Gaetano Donizetti: en 1836 mueren sus padres y su segunda hija, y en 1837 morirán su tercera hija y su esposa, que sucumbe a una epidemia de cólera el 30 de julio. En esos años apenas compone nada relevante, pero no deja de trabajar, y el 28 de octubre de 1837 estrena otra de sus grandes óperas, “Roberto Devereux“, última aproximación a la Inglaterra de los Tudor, y de la que destaca la magnífica escena del protagonista “Come uno spirto angelico”, que escuchamos cantada por Gregory Kunde:

Y escuchamos también la genial aria final de Elisabetta “Quel sangue versato” cantada por Beverly Sills:

En 1838 compone la ópera “Poliuto”, que no puede estrenarse en Nápoles por problemas con la censura, que no lleva bien una historia ambientada en el cristianismo primitivo. La ópera no se estrenará hasta el 30 de noviembre de 1848, meses después de la muerte del compositor, en Nápoles. Escuchamos el aria del protagonista, “Sfolgorò divino raggio” cantada por Franco Corelli:

La imposibilidad de estrenar esta ópera hace que Gaetano Donizetti se decida a abandonar definitivamente Nápoles y se traslade a París, donde compone una ópera, “Le duc d’Alba”, que no termina y que se estrenará en 1882 tras ser concluida por Matteo Salvi, alumno de Donizetti. Esta ópera, representada por lo general en italiano, es famosa por el aria del tenor “Angelo casto e bel”, que escuchamos cantada por Luciano Pavarotti:

A parte de una versión en francés de “Lucia di Lammermoor”, la primera ópera que estrenará será una genial comedia titulada “La fille du régiment”, que será famosa por el aria de los “9 do de pecho”, “Ah, mes amis”, que popularizara Luciano Pavarotti:

Aunque no será menos difícil la otra aria del tenor, “Pour me raprocher de Marie”, que escuchamos cantada por Juan Diego Flórez:

También en 1840 estrena una adaptación francesa de la inédita “Poliuto”, “Les Martyrs”, que estrena el tenor Gilbert Duprez, para el que compone la tremenda “Oui, j’irais dans le temple”, con ese Mi sobreagudo final, que escuchamos cantada por Michael Spyres:

Y en 1840 tendrá todavía tiempo de estrenar una tercera ópera, “La favorite”, que en su versión italiana será una de las cuatro óperas de Donizetti que se ha mantenido siempre en el repertorio (junto con “L’elissir d’amore”, “Lucia di Lammermoor” y “Don Pasquale”), con grandes papeles para mezzo-soprano, tenor y barítono. La protagonista tiene su gran escena de lucimiento en el aria “O mio Fernando”, que escuchamos cantada por Fiorenza Cossotto:

La del tenor será el aria “Spirto gentil”, que escuchamos cantada por Jaume Aragall:

Y la del barítono es el aria “A tanto amor”, que escuchamos cantada por Mattia Battistini:

En 1841 compone la comedia “Rita”, que no se estrenará hasta 1860, y de la que escuchamos el aria del tenor “Allegro io son” cantada por Lawrence Brownlee:

En 1842, por recomendación del ministro Metternich (en la que parece que Rosinni tuvo algo que ver), Gaetano Donizetti estrena su primera ópera compuesta para la corte vienesa, “Linda di Chamounix”, que alcanzará un gran éxito por parte del Emperador, que le nombra compositor de corte y maestro de capilla. Escuchamos el aria “O luce di quest’anima” cantada por Renata Scotto:

De regreso a París, el 3 de enero de 1843 estrena la genial comedia “Don Pasquale“, otro gran éxito y una de las últimas óperas bufas de la ópera italiana. Escuchamos el dúo cómico “Cheti cheti immantinente” cantado por Sesto Bruscantini y Leo Nucci:

Poco después regresa a Viena, para cumplir su cargo de compositor de corte, estrenando “Maria di Rohan”, con libreto de Salvatore Cammarano, estrenada el 5 de junio de 1843 con notable éxito. Escuchamos el aria de la protagonista “Avvi un Dio che in sua clemenza” cantada por Virginia Zeani:

Pero su salud está en declive: por estas fechas se le diagnostica una sífilis que está afectando a su mente. Donizetti todavía es capaz de terminar otra ópera ese mismo año, “Don Sébastien”, basada vagamente en la historia del Rey Sebastián de Portugal, y que es famosa por el aria del tenor “Deserto in terra” (en su versión en italiano” que escuchamos cantada por Luciano Pavarotti:

El 18 de enero de 1844 estrena su última ópera, “Caterina Cornaro”, en Nápoles, decepcionado por el fracaso de esta. Escuchamos el aria del barítono “Da che sposa Caterina” cantada por Renato Bruson:

Poco después, el deterioro de su salud mental le obliga a ser internado en un sanatorio mental cerca de París, del que saldrá para morir en su Bergamo natal el 8 de abril de 1848, con 50 años. La autopsia revelará que la causa de su muerte fue la sífilis, pero en el trascurso de la misma su cráneo fue inadvertidamente robado. Cuando, años después, se decide trasladar su cuerpo del cementerio en el que había sido enterrado a una tumba en la Basilica de Santa Maria Maggiore de Bergamo, junto a la de su maestro Mayr, se descubre que falta la cabeza, y años después es localizada: uno de los doctores que participaron en la autopsia la había robado. Finalmente, en 1951, el cráneo es enterrado junto al resto del  cuerpo en la tumba que había esculpido Vincenzo Vela:

Con una creación tan vasta como la suya, es lógico que haya obras de Gaetano Donizetti que no merezcan ser recordadas, pero escribió igualmente numerosas obras maestras que le colocan con toda razón como uno de los grandes de la ópera italiana.



Crónica: Javier Camarena en el Kursaal (06-04-2016)


Había bastante expectación ante el recital que Javier Camarena daba en Donostia (y pocos días después en Burgos), siendo como es una de las grandes figuras de la ópera hoy día. Era una cita que no había opción de perderse, aunque a priori he de confesar que tampoco me atraía demasiado.




Empezamos a oír hablar de Javier Camarena tras haber visado en el Metropolitan el aria de Ramiro en La Cenerentola:

Y se saca un Re sobreagudo de la manga. Ninguna pega, a mí me encanta que se inventen sobreagudos. Lo que pasa es que ya estamos un poco “saturados” de buenos (y de muy buenos) tenores lírico-ligeros, frente a una grave carencia de tenores spinto, que apenas tenemos unos pocos de buen nivel. Quizá por eso no le había prestado mucha atención a Camarena, por esa pereza de “otro contraltino más”, cuando yo lo que quiero es un tenor que me pueda cantar a un buen nivel Giocondas, Turandots o Trovatores.

Pero aún así fui al recital esperando disfrutar de algún buen sobreagudo. De ahí mi sorpresa al ver el repertorio en el programa de mano. A parte de reservar la segunda parte a canciones de distinto tipo (ninguna objeción, no soy un purista en estos temas), la primera parte, dedicada a arias de ópera, me pareció poco “pirotécnica”. Lucia di Lammermoor y Roberto Devereux, cuando quizá me esperara más una Sonnambula o una Anna Bolena…

Empieza el concierto. Y, para calentar (eso dijo él poco después) comienza con… ¡El “Tombe degli avi miei – Fra poco a me ricovero” de la Lucia di Lammermoor! Una página facilita, vamos… (modo irónico “on”). Primera sorpresa: en un auditorio de las dimensiones (y la acústica mejorable) del Kursaal, su voz se oía grande incluso en la parte de arriba del auditorio, donde estaba yo (y donde he tenido problemas para escuchar a Juan Diego Flórez o a Cecilia Bartoli). La voz corría bien por el auditorio, y además se percibía una muy correcta línea de canto, un buen legato y un magnífico uso de reguladores, apianando en no pocos momentos en una interpretación muy sentida. Sorpresa, la verdad, porque no me esperaba yo que el Edgardo fuera un papel que le podía quedar tan bien a Camarena,

Sigue con el “È serbato questo aciaro – L’amo tanto” de “I Capuleti ed i Montecchi” de Vincenzo Bellini, algo a priori más acorde con su voz. Resuelve bien el aria y aún mejor la caballetta, donde pese a alguna pequeña equivocación con la letra, la remató con un sobreagudo (¿un Reb puede ser?) impecable como un cañonazo. Y siguió con el aria que le lanzó a la fama, el “Sì, ritrovarla io giuro” de La Cenerentola de Rossini, donde lució habilidad en las coloraturas y volvió a sacarse del bolsillo el Re sobreagudo magnífico.

La siguiente aria también me sorprendió. Fue el “Ed ancor la tremenda porta – Come uno spirto angelico” que, de nuevo, cantó con buen legato y mucho gusto, apianando a placer. El programa de mano no indicaba que se incluyera la caballeta “Bagnato il sen di lagrime”; me hubiera cabreado mucho que no se incluyera. Magnífica interpretación, de nuevo, aunque aquí sin insertar agudos, luciendo un registro grave tan brillante como el agudo.

Y remata la sección dedicada a la ópera con el “Ah mes amis – Pour mon âme”, la famosa aria de los 9 Do de pecho de “La fille du regiment de Gaetano Donizetti, rematada con el último de los does con un cañonazo de voz. Y yo mientras con las ganas de hacerle los coros (igual que en el aria de La Cenerentola). El público ya se había animado a aplaudir (e incluso a bravear) desde el aria de La Cenerentola, y la primera parte terminó con un prolongado aplauso.

Comienza la segunda parte con canciones italianas. La primera, una canción que me encanta, “Rondine al nido” de Vincenzo de Crescenzo, cantada con mucho gusto (es una canción que da mucho juego expresivo); el único pero, que no rematara el aria con ese “Sei fugita e non torni più” en pianísimo. Por lo demás, muy disfrutable. Sigue con dos arias de salón de Francesco Paolo Tosti, “Ideale”, canta de forma muy sentida, y “L’ultima canzone”, donde pudo lucir mejor su voz y, aquí sí, rematarla en pianísimo. Y terminan las canciones italianas con la famosa “Musica proibita” de Stanislao Gastaldon, rematada con una potencia de voz increíble que ya me estaba poniendo la carne de gallina.

Desde el principio se percibió el carácter extrovertido de Javier Camarena, haciendo comentarios al público o moviéndose al ritmo del piano que le acompañaba. Así que antes de cantar la siguiente pieza, el “No puede ser ” de La tabernera del puerto de Sorozabal, aprovechó para recordarnos que Sorozabal es nuestro paisano (y porque casi nadie sabía que ese día era el 80 aniversario del estreno de la zarzuela, que fue un involuntario homenaje más), y ya se metió al público en el bolsillo, que braveó al finalizar la romanza; como para no, por cierto: fue una interpretación simplemente espectacular. Desde un enfoque muy lírico, alejado del dramatismo de Domingo o de su paisano Villazón, cantada con gusto y técnica perfecta y sólo sacando la vena más dramática y extrovertida en las frases finales, rematadas por unos agudos potentes y perfectamente colocados.

Sigue el recital con la canción argentina “La rosa y el sauce” de Carlos Guastavino, que no conocía. Una canción muy triste que cantó recogiendo la voz en una interpretación introvertida y matizada.

Siguió con una canción de su país, México, que tampoco conocía, “Despedida” de María Grever. No voy a decir nada de la canción, mejor os pongo una interpretación suya:

Una canción bellísima, interpretada con delicadeza, gusto, apianando más que en el vídeo, rematada con un buen agudo… todo un descubrimiento, vamos (tengo que aprendérmela para cantarla).

Y termina el recital con el “Granada” de Agustín Lara, perfecto, con ornamentaciones añadidas de gran virtuosismo. Magnífico remate al concierto.

Acompañaba a Javier Camarena el pianista Ángel Rodríguez. A su acompañamiento del aria de la Lucia le faltó en mi opinión más dramatismo, me gustó mucho más en la introducción de la escena del Devereux. Y por lo demás acompañó perfectamente al tenor; se nota que hay una gran sintonía entre ambos, porque no hubo desajustes entre elloss ni siquiera cuando Camarena alargaba ciertas notas. Muy bien por él también.

Se supone que el recital ha terminado. El Kursaal aplaude largamente a un Camarena que se queda parado con la cabeza agachada ante el público durante algunos minutos, para luego irse. Pensábamos que no habría vises, y el público empieza a irse… cuando Camarena vuelve a salir, y tras más aplausos y bravos, nos da dos propinas. La primera, el “Bésame mucho” (no es de mis boleros favoritos… si llega a cantar, por ejemplo, “El reloj”, creo que ya hiperventilo), y luego la ranchera “Sigo siendo el rey”, en la que el público le hicimos los coros (ya sabéis, eso de “rodar y rodar”) que algo me dice que encantó a todos (había quien quería seguir cantando la canción… que ese estribillo nos encanta a todos, reconozcámoslo). Quizá haya quien se sintiera decepcionado de ir a ver a Camarena esperando escucharle cantar más ópera, pero terminar con esa ranchera (que a mí me encanta) fue todo un acierto.

Por lo demás, la simpatía de Javier Camarena es envidiable. Se hizo esperar para el grupito que le esperábamos a la salida, pero mereció la pena, porque no negó firmas ni fotos a nadie (ya lo habéis comprobado), con una alegría difícil de entender para alguien que debe de estar cansado después del recital y siendo ya las 10:45 de la noche. Confieso que me dejó con muy buen sabor de boca, con ganas de volver a verle (en una ópera completa a ser posible… a ver si aparece por Bilbao). Una noche inolvidable, y un lujazo para Donostia. Así que no queda sino darle las gracias a Javier Camarena por la gran noche que nos regaló.