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175 años del nacimiento de Jules Massenet (12-05-2017)




Durante el siglo XIX, París pasó a ocupar el lugar de Viena como capital musical de Europa (o al menos a disputarle el papel), aunque mantenían sus diferencias: mientras en Viena la música instrumental y sinfónica tenía una gran importancia, en París la mayoría de los compositores se dedican a la ópera, dando lugar a algunos de los títulos más representativos del género. Pero la mayoría de los compositores francés (o adoptados) iban muriendo o retirándose hacia mediados de la segunda mitad del siglo, momento en el que una figura emerge por encima del resto de compositores para ser el operista por excelencia de finales de siglo en Francia: Jules Massenet, que nació un día como hoy hace 175 años.




Jules-Émile-Frédéric Massenet nació el 12 de mayo de 1842 en Montaud, actualmente parte de Saint-Étienne, cerca de Lyon:

Su padre, Alexis Massenet, era un industrial del acero, que se casará en dos ocasiones, siendo su segunda esposa Adélaïde Royer de Marancour, aficionada a la música. Jules será el cuarto y último hijo de este segundo matrimonio (en total era el menor de 12 hermanos). Será su madre la que le dé sus primeras lecciones de piano. Pero en 1948, cuando Jules tiene 6 años, la familia se muda a París.

En la capital francesa Jules Massenet estudia en el conservatorio de París piano, órgano, contrapunto y composición, siendo en este último campo su profesor el compositor Ambroise Thomas. Ya desde edad temprana comienza a componer alguna opereta que no ha llegado a nuestros días. En 1962 se presenta al Gran premio de Roma con la cantata Louise de Mézières, pero será al año siguiente cuando se alce con el premio gracias a la cantata “David Rizzio”. Eso le supone un viaje a Italia, siendo admitido en la Villa Medici, donde compone su primera suite para orquesta, en la que ya luce su talento como orquestador y,sobre todo, su gran vena melódica, de herencia francesa pero que él elevará a niveles nunca vistos. Escuchamos el nocturno de esta Suite:

También compone algunas piezas para piano, como este “Souvenir de la campagne de Rome”:

En Roma conoce a Franz Liszt, de quien se hace amigo, hasta el punto de que Liszt le confía la enseñanza de piano de algunos de sus alumnos (lo que nos permite hacernos una idea del talento como pianista de Jules Massenet). Entre estos alumnos que le confía se encuentra Louise-Constance “Ninon” de Gressy, de quien se enamora. Tardarán en casarse hasta que Massenet mejore su situación económica, y que todavía es un estudiante. Finalmente se casan en 1866 y tiene una única hija, Juliette, en 1868.

En 1867 le tenemos ya de vuelta en París, donde intenta estrenar sus primeras óperas (perdidas todas ellas, además de dejar algunas inconclusas). Compone además una Misa de Requiem, también perdida,  y en 1868 conoce a Georges Hartman, quien será su editor. No consigue ningún éxito pese a la protección de su maestro y mentor, Ambroise Thomas, y su carrera se ve interrumpida al enrolarse en la Guardia Nacional durante la guerra Franco-Prusiana de 1870-1871. Tras sobrevivir al sitio de París, huye de a ciudad durante el difícil periodo de la Comuna, trasladándose a Bayona, antes de regresar a la capital en 1872.

Terminada la guerra, su carrera como compositor despega gracias al estreno de la Suite sinfónica Pompeia (compuesta años antes en Italia), la ópera Don Cesar de Bazan, estrenada en 1872, y el oratorio o drama sacro “Marie-Magdeleine” en 1873, de la que escuchamos el aria “O mes soeurs” cantada por Régine Crespin:

Al igual que Gounod, Jules Massenet es un ferviente católico, y sus creencias son evidentes en buena parte de su obra.

Por estas fechas compone también la más famosa de sus canciones, “Élégie”, sobre texto de Louis Gallet, para piano, voz y solo de chelo. La escuchamos cantada por el contratenor Philippe Jaroussky y con Gautier Capuçon al chelo:

Es una época en la que Massenet ha compuesto numerosas canciones, como por ejemplo este “Rêvons, c’est l’heure” sobre texto de Paul Verlaine (texto musicado en innumerables ocasiones, siendo la más destacable la que haría Reynaldo Hahn):

Compone también nuevas suites orquestales, pero sigue esperando conseguir un éxito en la ópera, algo que por fin sucederá en 1877 con el estreno de Le Roi de Lahore, grand’opera en 5 actos en la que luce ya buena parte de su potencial, como las innovaciones orquestales, con la inclusión de un vals para saxo en el extenso ballet:

Luce Jules Massenet también aquí su vena melódica, en especial en el aria no de ninguno de los protagonistas, sino en la del villano, algo inusitado. Escuchamos este aria, “Promesse de mon avenir” en su versión italiana cantada por el gran Mattia Battistini:

Ya un año antes, en 1876, le habían concedido la Légion d’Honor francesa, siendo en 1878 nombrado profesor de composición en el conservatorio de París, donde tendrá entre sus alumnos a muchas de las figuras más relevantes de la siguiente generación de músicos franceses: Reynaldo Hahn, Gustave Charpentier, Alfred Bruneau, Florent Schmitt, Gabriel Pierné, Ernest Chausson o el rumano Georges Enesco. Su ritmo de trabajo es frenético, ya que al parecer comienza a componer a las 4 de la mañana, a parte de su labor como profesor.

En 1880 estrena otro drama sacro, “La vierge”, de la que escuchamos el éxtasis de la virgen cantado por Montserrat Caballé:

Su siguiente ópera sera “Hérodiade”, de ambientación bíblica, aunque basada en la obra de Gustave Flaubert, se estrena en Bruselas en 1881. Escuchamos el aria de Hérodiade “Venge-mou d’une supreme offense” cantada por Marilyn Horne:

Y escuchamos también el aria de Jean (Juan el Bautista) “Ne pouvant réprimer” cantada por Roberto Alagna, en la que podemos apreciar un canto más recitado de lo habitual en Massenet:

Su definitivo gran éxito llega en 1884 con la ópera “Manon”, obra de repertorio en la actualidad, que cuenta con innumerables momentos de gran belleza melódica, como este “Adieu, notre petite table” que canta una insuperable Victoria de los Ángeles:

Y el aria del tenor “Ah, fuyez, douce image”, que escuchamos cantada por Giuseppe di Stefano:

De “Manon” pasa a otra ópera en la que también adapta un clásico de la literatura, pero en esta ocasión traspasa fronteras, de la Francia Rococó a la España medieval de “Le Cid”, ópera que alcanza un gran éxito que no se ha mantenido en el tiempo, pese a varios pasajes famosos que todavía hoy forman parte de los recitales de grandes cantantes, como el aria de Chimène “Pleurez, mes yeux”, que escuchamos cantada por Maria Callas:

Y es que, como es habitual en Jules Massenet, los personajes femeninos tienen una gran importancia en la historia aún cuando no sean las protagonistas, como en este caso. Eso no quiere decir que el personaje de Rodrigue se quede atrás, ya que Massenet le regala un aria que han cantado casi todos los tenores líricos y spinto posteriores, “Ô souverain, ô juge, ô père”, que escuchamos cantada por Franco Corelli:

En 1885 estrena una obra religiosa, el motete para coro Ave Maria Stella:

En 1889 Jules Massenet estrena una ambiciosa ópera, “Esclarmonde”, obra con reminiscencias wagnerianas, con un uso importante del leitmotiv, una orquestación muy cuidadosa y rica y una ambientación exótica, en la que compone un papel protagonista para soprano (para la soprano norteamericana Sybil Sanderson, musa de Massenet, a quien había conocido en 1887 y de la que se rumoreaba en París que era su amante, aunque no parece que esos rumores fuesen ciertos, si bien es cierto que fue una especie de amor platónico para él) de una dificultad tal que ha impedido la popularidad de la obra, ya que incluye un Sol5 que casi ninguna soprano es capaz de cantar:

Ya puestos, vamos a escuchar el bellísimo dúo de amor del segundo acto, en el que Esclarmonde, princesa bizantina, se presenta ante el caballero Roland envuelta en niebla y al que seduce sin que él pueda ver su rostro (el mito de Eros y Psique del revés… Massenet es en el fondo un extraño feminista), dúo que escuchamos cantado por Joan Sutherland y Jaume Aragall:

Tras otra ópera, “La mage”, en 1892 por fin es capaz de estrenar (en Viena, eso sí; el estreno en París tendrá lugar un año después) una obra en la que llevaba años trabajando, la adaptación de la obra de Goethe Werther, de nuevo con notables influencias wagnerianas, una orquestación muy cuidada y por momentos densa y un papel protagonista para tenor lírico de grandes dificultades vocales y expresivas, que llegan a su climax en la bellísima aria “Pourquoi me reveiller” que escuchamos interpretada por uno de sus más míticos intérpretes, Georges Thill:

Pero, de nuevo, pese a que el protagonista es masculino, Massenet da un gran realce al personaje femenino, Charlotte, mezzo-soprano,  al que le da 3 monólogos de diferentes dimensiones (frente a los 4 de él), los tres al comienzo del 3º acto, destacando el primero de ellos, el aria de las cartas, que escuchamos cantada por Christa Ludwig:

Werther tardará en imponerse en el repertorio como lo había hecho Manon, aunque hoy seguramente sea la más popular de las óperas de Jules Massenet.

También en 1892 Massenet estrena su primer ballet, bastante breve, “Le carillon”, que escuchamos dirigido por Richard Bonynge:

La siguiente ópera de Massenet se estrenará en 1894, “Thais”, drama ambientado en un Egipto proto-cristiano, basado en la obra de Anatole France, que cuenta con la que quizá sea la pieza instrumental más famosa del compositor, la meditación para violín y orquesta que escuchamos interpretada por Itzhak Perlman:

Por supuesto, de esta ópera destaca el papel protagonista, el de la sacerdotisa de Venus y cortesana Thais que se convierte al cristianismo. Estrenado por Sybil Sanderson, escuchamos su aria “Dis-moi que je suis belle” cantada por Renée Fleming:

Pero destaca también el personaje del barítono Athanael, el eremita que consigue convertir al cristianismo a Thais para luego sucumbir a sus encantos. Escuchamos un bello monólogo del final del 1º cuadro del 3º acto, cantado (en italiano) por Ettore Bastianini:

Thais fue también una ópera de éxito tardío, ya que tardaría unos 10 años en imponerse. Hoy día goza de una razonable popularidad, y es en mi opinión, junto con Esclarmonde y Werther, una de las obras maestras del compositor.

Las siguientes óperas, “Le portrait du Manon” y “La navarreise” no gozaron de gran popularidad. Por estas fechas también compone algo de música orquestal, como la Fantasía para chelo y orquesta, de 1897:

Tras “Sapho” (de nuevo protagonista femenina), Jules Massenet compone “Cendrillon”, basada en el cuento de Perrault. Una ópera deliciosa que tuvo un éxito inmediato y en laque destaca el aria de la Cenicienta protagonista, “Enfin, je suis ici”, que escuchamos cantada por Federica von Stade:

En 1900 estrena la música de escena para la “Fedra” de Racine, en la que aprovecha una obertura que había compuesto previamente, en 1874:

Ese mismo año estrena el oratorio “La terre promise”, y al año siguiente la ópera “Griséldis”. En 1902, harto de que se le acuse siempre de ser un compositor de mujeres, compone “Le jongleur de Notre-Dame”, basado en la obra de Anatole France, que sólo cuenta con voces masculinas (aunque la soprano Mary Garden interpretó, para horror de Massenet, el papel protagonista de Jean, escrito para tenor). La ópera es bastante fallida, ausente en general esa belleza melódica tan característica del compositor. Escuchamos a Léopold Simoneau cantar el papel protagonista:

Jules Massenet era un pianista virtuoso, y finalmente en 1903 compone un concierto para piano y orquesta, del que escuchamos los movimientos 2 y 3 con Aldo Ciccolini:

En 1905 estrena la ópera “Chérubin”, basada en la obra de Beaumarchais, estrenado por Mary Garden. Escuchamos el aria del protagonista cantada por Joyce DiDonato:

Jules Massenet continúa componiendo óperas y ballets, pero la única ópera reseñable ya será el “Don Quichotte”, estrenado en Montecarlo en 1910 por Fiódor Chaliapin, al que escuchamos cantar la muerte de Don Quichotte:

En 1912 estrena en vida su última ópera, “Roma”, siendo estrenadas de forma póstuma “Panurge” en 1913, “Cléopâtre” en 1914 y “Amadis” en 1922. Enfrascado en su trabajo de compositor hasta el último momento muere en París el 12 de agosto de 1912, con 70 años, a consecuencia de un cáncer, siendo enterrado en Égreville, al sureste de París (ciudad en la que era propietario del castillo local):

Influyente en una nueva generación de compositores franceses, pero también italianos (esa vena melódica tan suya se percibe claramente en la obra de Puccini, por ejemplo), Jules Massenet nos dejó alguna obra maestra, óperas olvidables, pero también un buen número de óperas hoy día bastante olvidadas que se merecerían un lugar mucho más destacado en el repertorio actual. Y aunque sólo fuera por su maravilloso “Werther”, será un compositor al que recordemos siempre.



140 años del estreno de Le Roi de Lahore (27-04-2017)


Jules Massenet, en su treintena, ansiaba convertirse en un compositor de ópera exitoso. Había ya probado varias veces, pero las óperas que había estrenado no habían logrado el ansiado éxito. Entonces recibe un libreto de Louis Gallet, ambientado en la India, que combina historia y mito, uno de esos relatos sobrenaturales tan propios de los hindúes. El argumento es perfecto para una Grad’Opera de 5 actos, y Massenet trabaja en esta nueva ópera, que se titulará “Le Roi de Lahore”.




Su vena melódica se hace evidente desde los primeros compases, recurriendo por momentos a ciertos aires orientales, pero también a innovaciones orquestales, como el uso de un saxofón en el vals orquestal del tercer acto.

La ópera se estrena en el Palais Garnier de París el 27 de abril de 1877, con Josephine de Reszke en el papel protagonista de la sacerdotisa Sitâ. La ópera es todo un éxito, el primero de los muchos que tendrá Massenet. Esta ópera, que se difundió rápidamente por Europa, asentó a Massenet como uno de los más grandes compositores operísticos de finales del siglo XIX, el que tomaría el relevo de Gounod o Bizet.

Por desgracia, a comienzos del siglo XX esta ópera cae en desgracia. Su estilo romántico no encaja con los nuevos gustos del público, que la olvida de inmediato, salvo la bella aria del barítono, que permanecerá en el repertorio de los grandes barítonos de los comienzos de la etapa discográfica, cayendo a partir de los años 50 también en el olvido. Apenas algunas representaciones recientes (Joan Sutherland la canta a finales de los años 70 y algunas otras representaciones en los 90 y en el nuevo siglo) han tratado, en vano, de recuperar una obra maestra de ese gran genio que fue Jules Massenet. Le Roi de Lahore sigue esperando ocupar el lugar que le corresponde en el repertorio de los teatros mundiales.

Y nosotros vamos a poner nuestro granito de arena en poner en valor esta ópera, repasando en la medida de lo posible su argumento y su música. Dejamos como siempre un enlace al libreto.

La acción de Le Roi de Lahore transcurre en la ciudad de Lahore, en Pakistán, durante el siglo XI, cuando se produce la invasión musulmana de esta región que por aquel entonces era hindú. La ópera comienza con una obertura, algo no muy frecuente en Massenet y que, desde luego, no es lo mejor de la ópera, aunque cuenta con momentos de gran belleza melódica. La escuchamos dirigida por Richard Bonynge:

El primer acto de Le Roi de Lahore nos sitúa en el templo del dios Indra en la ciudad de Lahore. El pueblo se ha reunido en el templo para suplicar al dios que les libre de la invasión musulmana que dirige el sultán Mahmoud. Timour, el sacerdote de Indra, calma al pueblo, diciéndoles que si el rey es incapaz de detenerles, lo hará Indra. Mientras el pueblo entra al templo llega Scintia, ministro del rey, pero lo que le trae al templo no es un asunto militar: le pide a Timour que libre de sus votos a la sacerdotisa Sitâ, su propia sobrina, de la que está enamorado; Timour le contesta que eso sólo puede hacerlo el rey, pero Scintia está desesperadamente enamorado de la sacerdotisa. Ante el rechazo de Timour, Scintia le cuenta los rumores que se oyen: que un hombre ha burlado su vigilancia y se ha estado viendo con Sitâ. Timour quiere castigarla por profanar el templo, pero Scintia clama por su inocencia; la interrogará para ver si los rumores son reales, y en caso de serlo la entregará a Timour para su castigo.

Entramos al interior del templo, donde las sacerdotisas conducen a Sitâ al encuentro de Scintia e intentan calmarla. Una vez junto a su tío, éste le dice que va a liberarla para darle un esposo. Ella no sabe quién es el misterioso hombre al que ama, pero las palabras de Scintia le hacen confirmar sus sospechas (¿quién es la única persona que puede liberarla de sus votos?), y se muestra visiblemente contenta. Pero cuando Scintia va a abrazarla se da cuenta de su error, lo que le confirma los rumores a Scintia, quien quiere castigarla. Ella le suplica piedad y le cuenta que una noche un hombre en el templo le habló, pero que ella desconocía su identidad, y que regresaba todas las noches, pero que nunca la tocó. Ante la duda de si es un personaje real o una visión, Scintia se ofrece a salvarla, ya que él sí es real, pero ella le rechaza de nuevo. Scintia jura entonces vengarse.

Llegamos al final del primer acto: suena un gong, a cuyo sonido acuden tanto Timour y los sacerdotes como todo el pueblo. Timour acusa a Sitâ de sacrilegio y la condena a muerte; los sacerdotes, el pueblo y Scintia piden también su muerte. Sitâ clama por su inocencia, ya que sigue siendo virgen. Se escucha entonces a las sacerdotisas entonar la oración de la tarde. Scintia sabe que el amante de Sitâ acude a visitarla justo en ese momento, por lo que le obliga a inclinarse para hacer que ese amante aparezca y poder así castigarlo, y todos le obligan a hacerlo, pero ella prefiere morir. Pero entonces, por un pasadizo secreto, aparece el rey Alim (el rey de Lahore del título), que acude a rescatarla. Todos se dan cuenta de que el misterioso visitante nocturno era el rey. Alim va a rescatar a su amada, para furia de Scintia, pero Timour considera que ese amor es delito y que debe ser purificado: deberá acudir con su ejército a luchar contra Mahmoud: Alim accede, y será acompañado por Sitâ, lo que sirve para que Timour los perdone, pero Scintia busca la muerte del rey para poder poseer a Sitâ. Escuchamos el final del primer acto con Joan Sutherland como Sitâ, Sherrill Milnes como Scintia, Luis Lima como Alim, James Morris como Timour y Huguette Tourangeau como Kaled, el sirviente de Alim:

Comenzamos el segundo acto de Le Roi de Lahore. Estamos en el desierto de Thôl, en el campamento de Alim. Algunos soldados juegan al ajedrez, mientras se escuchan de lejos lo sonidos de la batalla. Kaled le informa a Sitâ que Alim ha derrotado a los musulmanes. Pero en la partida de ajedrez el rey negro derrota al blanco, lo que asusta a Sitâ, ya que lo considera un mal presagio. Kaled calma a Sitâ en el dúo “Ecoute encore”, que escuchamos en las voces de Ana María Sánchez como Sitâ y Cristina Sogmaister como Kaled:

Kaled conduce entonces a Sitâ a su tienda y le repite que Alim va a volver. Escuchamos así el aria de Kaled “Repose, o belle amoreuse” cantada por Cristina Sogmaister:

Entonces se escucha llegar a soldados asustados: han perdido la batalla. Scintia afirma que el rey ha sido herido, castigado por los dioses por su amor impuro, y se proclama el nuevo líder, apoyado por todos los soldados. Scintia da la orden de volver a Lahore, pero en ese momento aparece, herido, Alim, quien afea la conducta de sus soldados por desobedecerle mientras sigue vivo y querer rendirse, ya que él no piensa hacerlo, pero los soldados se muestran temerosos, ya que creen que están condenados. Scintia le dice al rey que vaya él solo al combate, ya que va a morir en venganza por haberle arrebatado el amor de Sitâ. Alim se da cuenta entonces de que fue el propio Scintia el que le golpeó en el combate, pero los soldados no obedecen su orden de detener a Scintia y todos le abandonan.

Alim se desmaya. Sitâ ha contemplado parte de la escena, y acude a socorrer a su amado, y le declara su amor, lo que le da fuerzas a Alim. Ambos deciden permanecer juntos y morir, pero en ese momento se escucha a los soldados partir hacia Lahore. Sitâ le dice a Alim que Indra les va a salvar, pero Alim cree que está maldito por los dioses y finalmente muere. Scintia, que ha visto la escena, se declara a sí mismo rey. Escuchamos este dúo final del segundo acto con Joan Sutherland, Luis Lima y Sherrill Milnes:

El tercer acto de Le Roi de Lahore nos traslada a un mundo sobrenatural, tan del gusto del romanticismo de la época (al igual que el orientalismo que vemos a lo largo de toda la ópera): estamos en el paraíso de Indra, en el monte Meru, la montaña sagrada del hinduismo. Asistimos a un ballet de espíritus celestiales, que escuchamos dirigido por Richard Bonynge (a partir del minuto 10:15 podemos escuchar el vals del saxofón):

Aparece el dios Indra, que pregunta por un hombre pálido, que no es otro que Alim. Alim le pide volver a vivir aunque eso le cueste diez siglos de infierno, con tal de poder regresar junto a su amada. Indra se apiada de su dolor y le concede volver a vivir, pero en otro cuerpo, como mendigo, y que morirá cuando muera Sitâ; él se compromete a protegerlo, y Alim acepta. Escuchamos esta escena final del tercer acto con Luis Lima como Alim y Nicolai Ghiaurov como Indra:

Comenzamos el cuarto acto de Le Roi de Lahore. Estamos ahora en el palacio real de Lahore. Sitâ recuerda con horror la noche en la que murió Alim y pide piedad a los dioses, ya que prefiere morir a sufrir el destino que le espera, de casarse con Scintia. Escuchamos el aria “De moi je veux bannir” cantada por Joan Sutherland:

Cambiamos de escena. Nos encontramos en las calles de Lahore, junto al palacio real. Allí aparece Alim con su nuevo aspecto. Ve el palacio real, pero recuerda que ya no es suyo. Oye a unos soldados hablar de la coronación del nuevo rey, del traidor Scintia. Alim se prepara para poder recuperar a Sitâ ahora que ha vuelto pero ya no es rey. Y aquí tiene su aria “O Sità, ma bien-aimée”, que escuchamos cantada por Luis Lima, seguida por el coro de alabanza al nuevo rey:

Aparece Scintia, quien tranquiliza al pueblo ante el ataque del sultán. Viendo la reacción del pueblo, se centra en sus deseos de futuro, de recuperar el amor de Sitâ, que él piensa que le fue arrebatado. Y tenemos así la bellísima aria de Scintia (Massenet hace bella hasta el aria del villano) “Promesse de mon avenir”, que escuchamos en la voz de Giuseppe Danise:

Entonces Alim se interpone a su paso cuando va a entrar en palacio. Todos reconocen los rasgos de Alim en él, y él mismo se presenta como tal: Scintia le ha robado el trono y el poder, pero él lo único que pide es que le devuelvan a su amada Sitâ. Scintia pide que lo detengan, pero Timour se da cuenta de que un dios está detrás y trata de convencer a Scintia de que sea clemente con él, haciéndole creer que es un loco, pero Scintia sólo quiere su muerte y nadie consigue hacerle entrar en razón. Timour entonces dice claramente que los dioses quieren que Sitâ le sea devuelta a Alim, pero en ese momento aparece la litera de Sitâ, y es aclamada como reina, algo que aprovecha Scintia para dar celos a Alim, que se siente traicionado por su amor. Timour se lo lleva para salvarlo. Y así termina el cuarto acto de Le Roi de Lahore.

Vamos ahora con el quinto y último acto. Comienza con un entreacto orquestal al que sigue el aria de Sitâ “J’ai fui la chambre nuptiale”, en la que ella, en el templo de Indra, cuenta cómo ha huido de su cámara nupcial, que Scintia estará buscándola y que su castigo va a ser imparable, ya que ha hecho detener incluso a Timour, por lo que estar en el templo no le puede salvar, así que está decidida a quitarse la vida para reunirse con su amado. Escuchamos el aria cantada por Joan Sutherland:

Se escuchan las plegarias de la noche, y en ese momento aparece Alim. Sitâ le reconoce, se abrazan, se prometen su amor y piensan huir, pero se escucha el sonido de un gong. Los guardias van en busca de Sitâ. Alim piensa en el corredor secreto por el que él accedía al templo, pero al llegar a él aparece Scintia. Sitâ y Alim le piden que obedezca al legítimo rey, pero Scintia se niega y se enfrenta a Alim. Sitâ, apara evitar volver a caer en manos de Scintia, se apuñala y muere. Scintia piensa vengarse con Alim, pero éste le dice que él muere al miso tiempo que ella, que no puede hacer nada. Ambos mueren y vuelven al paraíso de Indra mientras Scintia se da cuenta de que los dioses han querido que estén juntos incluso tras la muerte y se da cuenta de que los dioses le castigarán por su delito. Escuchamos todo el acto (incluyendo el aria que ya hemos escuchado) con Michèle Lagrange como Sitâ, Luca Lombardo como Alim y Yevyeni Demerdiev como Scintia:

Como hemos podido ver, Le Roi de Lahore, pese a ser una ópera poco conocida y no ser la mejor obra de Massenet, cuenta con muchos pasajes que la hacen digna de ser recuperada. Pero no podemos concluir este post con un reparto ideal, como de costumbre, por la falta de discografía. Esperemos que con los años esta situación se solucione.