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175 años del estreno de Ernani (09-03-2019)

Tras los recientes éxitos de “Nabucco” y de “I lombardi“, Giuseppe Verdi comienza a recibir ofertas de diferentes teatros que quieren estrenar una nueva obra suya. El compositor, deseoso de alejarse de Milán, se siente tentado por la oferta del Teatro de La Fenice de Venecia para componer dos óperas. El compositor establece una serie de condiciones que son aceptadas: el pago se realizará tras la primera función, y no tras la tercera (recordando que “Un giorno di regno” sólo se represento una vez), la libre elección de libretista y del tema de la ópera.

Verdi contacta entonces con el poeta veneciano Francesco Maria Piave, con el que entablará una relación profesional estable y muy prolongada en el tiempo. Pero la composición se retrasa por no encontrar un tema adecuado. Se baraja “El Corsario” de Lord Byron, pero no se dispone de un barítono adecuado; la historia de los Foscari es descartada por problemas con la censura (si bien ambos temas serán retomados por Verdi en futuras óperas); llega entonces Victor Hugo, del que Piave adapta Cromwell, pero, con el libreto concluido, a Verdi no le convence. Entonces Nanni Mocenigo, presidente del teatro, le propone adaptar otra obra de Victor Hugo: la exitosa “Hernani”. Piave teme que la censura no permita el estreno, pero cuando el teatro aprueba la obra, Verdi prosigue con el proyecto y modifica la distribución tradicional de las voces: Ernani, el protagonista, pasa de contralto a tenor, por lo que el Rey Carlos pasará de tenor a barítono y el villano Silva será bajo en vez de barítono. La nueva ópera romántica da un paso más, pese a que las vocalidades de los personajes son todavía plenamente belcantistas. 

Con problemas con el reparto que debía protagonizar la obra, Verdi impone al tenor Carlo Guasco, que había estrenado el Oronte de “I lombardi”, y además, insatisfecho con el bajo previsto, no duda en seleccionar a un joven del coro, Antonio Selva, que aún no había cumplido los 20 años, para el papel del viejo Silva (Ruy Gómez de Silva era en realidad demasiado joven durante la época en la que sucede la acción, pero eso es ya culpa de Victor Hugo). 

Finalmente, tras una temporada desastrosa en La Fenice (con el fiasco de la representación de “I lombardi” a causa del tenor), “Ernani” se estrena el 9 de marzo con un enorme éxito, beneficiada en buena parte por el exquisito tratamiento melódico que da Verdi a la partitura, y que la convierte en una de las óperas más populares de la primera etapa del compositor, si bien por problemas con la censura (Victor Hugo no estaba bien visto en muchos estados italianos) se modificó en ocasiones el título por el de “Il proscrito”. La ópera ha continuado siendo popular desde entonces hasta nuestros días, aunque desde los años 50 otras óperas del primer Verdi le han superado en popularidad. 

Antes de pasar a comentar el argumento de la ópera dejamos, como siempre, un enlace al libreto traducido al español. 

La ópera comienza con una obertura bastante modesta si comparamos su duración con la de “Nabucco”. La escuchamos aquí dirigida por Riccardo Muti: 

Comienza la ópera, que consta de 4 actos, todos los cuales tienen lugar en 1519. 

El primer acto comienza en las montañas de Aragón con el tradicional coro. Un grupo de bandidos bebe y disfruta del momento, mientras ven que su líder, Ernani, no comparte su alegría. Escuchamos el coro dirigido de nuevo por Riccardo Muti:

Ernani decide compartir sus penas con sus camaradas. Se ha enamorado de una noble aragonesa, pero el viejo Silva quiere casarse al día siguiente con ella. Ernani quiere raptarla, pero sus camaradas quieren saber si ella estará de acuerdo y querrá huir con él. Ernani les asegura que ella se lo ha jurado, por lo que cuenta con la ayuda de sus bandidos. Así se consuela sabiendo que, en su exilio, estará acompañada por su amada. Escuchamos el aria “Come rugiada al cespite” y la cabaletta “O tu, che l’alma adora”, cantada por Carlo Bergonzi:

Cambiamos de escena, nos trasladamos al castillo de Ruy Gomez de Silva, en Aragón (absurdo, Silva era portugués). Estamos en las habitaciones de Elvira, la joven enamorada de Ernani. Es de noche. Ella no quiere que Silva vuelva, ya que está cansada de que la persiga, y sólo desea que Ernani se la lleve de ese lugar que tanto odia. Entran varias damas con los regalos para la boda, diciéndole que muchas mujeres envidian su suerte, pero a ella le dan igual los collares y las joyas que le regala Silva: sólo espera que llegue el momento para huir junto a Ernani. Escuchamos el aria de Elvira “Ernani, Ernani, involami” y la cabaletta “Tutto sprezzo che d’Ernani” cantada por Leyla Gencer:

Pero en ese momento aparece el joven Don Carlo, Rey de Aragón y aspirante a la corona imperial. La criada Giovanna va en busca de Elvira. Don Carlo está enamorado de Elvira, pero sabe que ella la rechaza porque ama a un enemigo suyo. Llega Elvira, que vuelve a rechazarlo. Carlo le recrimina que ame a un bandido, y le abre su corazón: está enamorado de ella desde el día que la vio, pero ella le confirma que le da igual la corona o el título que tenga, no le ama y no va a amarlo. Carlo trata de llevársela, pero ella le arrebata el puñal y le amenaza con matarlo y matarse. Y en ese momento aparece Ernani. Escuchamos el dúo “Da quel dì che t’ho veduta” cantado por Giuseppe Taddei y Leyla Gencer:

El Rey reconoce a su enemigo Ernani, el bandido; le avisa que, a una sola señal suya estará muerto, pero le permite huir. Ernani le demuestra su amor porque el Rey se lo ha arrebatado todo, bienes, honor, mataron a su padre y además aman a la misma mujer. Mientras, Elvira, desesperada al ver tanto odio entre ambos, amenaza con apuñalarse allí mismo ante ellos. Escuchamos el terzetto “Tu se’ Ernani” con Carlo Bergonzi, Mario Sereni y Leontyne Price:

En ese momento aparece Silva, escandalizado al ver que dos hombres se pelean por la que quiere que sea su esposa. Tras llamar a todos sus caballeros para que sean testigos, lamenta que la edad no le haya dado un corazón de hielo. En una cabaletta añadida para unas funciones en la Scala en 1844 utilizando música compuesta por Verdi para su primera ópera, “Oberto”, Silva confirma que, pese a la edad, está dispuesto a luchar para defender su honor. Escuchamos el aria “Infelice! E tuo credevi” y la cabaletta “Infin che un brando vindice” cantada por Cesare Siepi:

Silva se dispone a luchar contra ambos, y elige primero a Carlo, pero en ese momento entra su escudero Riccardo y Silva descubre que es el Rey. Carlo afirma que el viejo se calma al estar ante el Rey, y todos se dan cuenta de su lucha interna. Mientras, Ernani y Elvira planean su fuga. Escuchamos la escena con Luciano Pavarotti, Joan Sutherland, Leo Nucci y Paata Burchuladze:

Silva le pide perdón al rey, que se lo concede. Carlo afirma que, como necesita el consejo de un hombre sabio, se quedará en el castillo esa noche, mientras permite que Ernani huya, aunque este sigue clamando venganza. Mientras, Carlo expresa su intención de alcanzas la corona imperial, y, si la consigue, sabrá ser clemente. Escuchamos el final del primer acto de Ernani con Carlo Bergonzi, Leontyne Price, Cornell McNeil y Giorgio Tozzi:

Comenzamos el segundo acto. Volvemos a estar en el castillo de Silva. En una gran sala del castillo, todos los criados preparan alegres la celebración de la boda de su señor con Elvira:

Silva ordena a su escudero Jago que haga pasar al peregrino que ha llegado, ya que se dispone a ofrecerle la hospitalidad que solicita, y ni siquiera desea saber su identidad. Lo que no sabe es que el peregrino es en realidad Ernani disfrazado. Así, cuando Silva le presenta a la novia, que no es otra que Elvira, Ernani se descubre y ofrece como regalo su cabeza. Escuchamos la escena con cesare Siepi, Mario del Monaco y Zinka Milanov:

Ernani afirma que los soldados del Rey le persiguen, ha perdido a sus hombres y no tiene esperanza de sobrevivir. Elvira lamenta su suerte y Silva se niega a entregarlo al Rey, ya que ha prometido acogerle, y es su deber defenderlo. Escuchamos el trío con Carlo Bergonzi, Leontyne Price y Giorgio Tozzi:

Silva se va para preparar la defensa del castillo. Entonces Ernani se enfrenta a Elvira porque ella haya aceptado casarse con Silva. Ella se defiende diciendo que todos le daban por muerto e incluso estuvo a punto de matarse. Ernani se recupera de la locura pasajera, ambos confirman su amor y se abrazan, justo en el momento en el que aparece Silva, que quiere venganza. Pero en ese momento Jago avisa de la llegada del Rey, por lo que Silva, que quiere matar a Ernani por su propia mano, hace que el fugitivo se esconda por una puerta secreta. Escuchamos la escena con Plácido Domingo, Raina Kabaivanska y Nicolai Ghiaurov:

Llega el Rey, alarmado al encontrar el castillo lleno de defensas, y sospecha que los nobles preparan una nueva rebelión. Silva afirma su lealtad, pero como prueba de esa lealtad el Rey le pide que entregue a Ernani, que se ha refugiado en el castillo, o de lo contrario arderá. Silva dice que ha ofrecido hospitalidad a un peregrino y que no puede traicionarlo, pero eso supone traicionar al Rey, quien hace que su escudero Riccardo busque a Ernani por todo el castillo. Escuchamos la escena con Nicolai Ghiaurov y Renato Bruson:

Carlo se muestra altivo, diciendo que no puede desafiar así a su Rey, y pese a que Silva le advierte que ningún Rey de Iberia querría deshonrar a los Silva, Carlo piensa matarlo. Escuchamos el aria “Lo vedremo, veglio audace” cantada por Mattia Battistini:

Vuelven los soldados del Rey diciendo que no hay rastro de Ernani, pero que han desarmado a la guarnición del castillo, y que, bajo tortura, hablarán y dirán dónde se esconde el bandido. Aparece Elvira implorando su piedad, y Carlo solicita que Elvira le sea entregada como prueba de su lealtad. Silva se niega, ya que la ama y es lo único que le queda en la tierra, antes prefiere morir. Pero su honor está por encima, se niega a revelar dónde se esconde Ernani. Carlo se lleva entonces a Elvira, ofreciéndole una vida llena de alegrías, mientras los criados de Silva se dan cuenta de que eso acabará con la vida de su señor, que clama venganza. Escuchamos la escena con Cornell MacNeill y Giorgio Tozzi:

Tras confirmar su deseo de matar al Rey, Silva hace salir a Ernani de su escondite para batirse en duelo. Ernani no quiere hacerlo por la edad de Silva, y le suplica que le escuche: quiere ver por última vez a Ernani antes de que Silva lo mate. El viejo le dice que se la ha llevado el Rey, y Ernani le dice que el Rey ama a Elvira, lo que enfurece aún más a Silva, que se dispone a perseguir el cortejo tras acabar con Ernani. Pero el bandido le dice que lo necesitará para luchar contra Carlo, y como garantía le ofrece su cuerno: cuando Silva lo haga sonar, él morirá al momento. Tras jurar, todos salen en persecución del Rey. Escuchamos el dúo con Plácido Domingo y Nicolai Ghiaurov:

Para la función de Parma del mismo 1844, Rossini le sugirió a Verdi que añadiera en este momento un aria para Ernani, que sería interpretado por el tenor ruso Nicola Ivanoff. Verdi compone entonces el aria “Odi il voto” y la cabaletta “Sprezzo la vita”, en la que Ernani jura vengar a su padre cueste lo que cueste, y hace que todos juren ayudarle en esa venganza. Escuchamos el aria cantada por quien la re-descubrió, Luciano Pavarotti:

Comenzamos el tercer acto. Estamos en Aquisgrán, en la tumba de Carlomagno. Mientras los electores están reunidos para elegir al nuevo Emperador del sacro Imperio Romano-Germánico, Carlo sabe por su escudero Riccardo que los conspiradores que quieren matarlo se reunirán en ese lugar. Carlo va a esconderse en la tumba de Carlomagno para sorprenderlos. Mientras, le pide a Riccardo que, si es elegido Emperador, le dé una señal mediante tres cañonazos y que acuda allí con Elvira. Escuchamos la escena cantada por Leo Nucci:

Una vez solo, Carlo medita sobre su situación: de nada le sirve la las riquezas, los sueños de juventud. Ahora se dispone a convertir su nombre en algo que perdure por siglos. Escuchamos la gran aria de Carlo “Oh, de verd’anni miei” cantada por Leonard Warren:

Carlo se esconde en la tumba de Carlomagno justo antes de que lleguen los conspiradores. Tras constatar que están todos presentes, Silva saca al azar un nombre, que será el encargado de asesinar a Carlo. El nombre es el de Ernani, lo que llena de alegría al bandido. Silva le pide que le ceda el puesto a cambio de su vida, y le enseña su cuerno, pero él se niega, así que el viejo le asegura que sufrirá una terrible venganza. Escuchamos la escena con Cesare Siepi y Mario del Monaco:

Los conjurados cantan un coro en el que afirman que despierta el león de Castilla (¿pero no se suponía que Silva y Ernani eran Aragonese?), y afirman ser todos una familia que buscan el mismo fin. Escuchamos este espectacular coro dirigido por Dimitri Mitropulos:

Pero los conspiradores son detenidos al escucharse unos cañonazos.  Al tercero Carlo sale de la tumba de Carlomagno y se presenta como Carlo V, porque ha sido proclamado Emperador. Llega en ese momento Riccardo con Elvira y un gran séquito. Carlo, seguro, hace detener a los conjurados, decretando la muerte para los nobles y la prisión para el resto. Ernani solicita entonces ser ejecutado, ya que es Conde de Segorbe (no de Segovia, como se traduce demasiadas veces) y de Cardona, y revela su identidad: Don Juan de Aragón. Carlo se dispone a hacerlo ejecutar, pero Elvira le suplica que, ahora que es Emperador, les perdone y los castigue con el desprecio. Escuchamos la escena con Carlo Bergonzi, Cornell MacNeill y Leontyne Price: 

Carlo se gira hacia la tumba de Carlomagno, y afirma querer imitar sus virtudes. Por ello, perdona a todos los conjurados y hace que Ernani y Elvira se casen. Todos cantan entonces loas hacia Carlo, excepto Silva, que clama venganza. Escuchamos el final del tercer acto desde el monólogo de Carlo “O sommo Carlo” cantado por Piero Cappuccilli:

Comenzamos el cuarto acto con aires festivos. Estamos en el Palacio de Don Juan de Aragón, que ha recuperado Ernani como su propiedad. Se celebra la boda entre Ernani/Juan y Elvira. Todos se encuentras felices, pero observan una figura siniestra, cubierta por un manto negro, que les aterra, y desean que desaparezca. Mientras, Ernani y Elvira cantan su amor. Pero entonces se escucha el sonido de un cuerno de caza, y Ernani se da cuenta de que es Silva que reclama su muerte. Aleja a Elvira diciéndole que le duele una vieja herida y que vaya a buscar sus medicinas. Escuchamos el coro inicial y el dúo con Carlo Bergonzi y Leontyne Price:

Una vez solo, Ernani no escucha nada y piensa que puede haber tenido una alucinación, pero cuando se dispone a irse, aparece Silva, que le recuerda su juramento: cuando suene el cuerno, Ernani caerá muerto. Le acusa de mentiroso si no se quita la vida. Ernani le suplica: toda su vida ha sido un fugitivo, ha estado sufriendo, y ahora quiere gozar por fin del amor. Pero Silva se muestra inflexible y le ofrece un puñal y una copa con veneno para que elija cómo suicidarse. Ante la acusación de perjurio, Ernani coge el puñal y está a punto de clavárselo cuando aparece Elvira. Primero amenaza con matar a Silva, pero luego se echa atrás u solicita perdón, ya que ella también es hija de un Silva y ama a Ernani. Pero es por ese amor por el que Silva lo quiere muerto, y no piensa perdonar. Ernani le pide a Elvira que deje de llorar, porque ahora necesita todo su valor. Finalmente, Ernani se clava el puñal en el pecho. Elvira quiere hacer lo mismo, pero ni Ernani ni Silva se lo permiten, y Ernani muere ante la satisfacción de Silva y la desesperación de Elvira. Escuchamos el trío final con Carlo Bergonzi, Leontyne Price y Ezio Flagello:

Y así termina “Ernani”, una ópera en la que es mejor ignorar los errores y las incoherencias del libreto y dejarse llevar por la magnífica partitura verdiana. 

Terminamos, como siempre, con un Reparto Ideal:

Ernani: Carlo Bergonzi o Luciano Pavarotti.

Elvira: Leyla Gencer.

Don Carlo: Leonard Warren, Piero Cappuccilli o Renato Bruson.

Silva: Cesare Siepi o Nicolai Ghiaurov. 

Dirección de Orquesta: Dimitri Mitropoulos. 



Centenario del estreno de Gianni Schicchi (14-12-2018)

“Gianni Schicchi” es la más popular de las tres óperas que forman Il Trittico de Puccini, y es además la única comedia que compuso. Es por ello que representa el cielo, pese a estar extraído su argumento, con libreto de Giovacchino Forzano,  de una historia que narra Dante en la parte correspondiente al Infierno de su Divina Comedia. La absoluta genialidad de la obra es un buen indicativo del talento teatral de Puccini incluso en un campo tan ajeno a su obra como es la comedia. 

Como siempre, antes de pasar a comentar la obra dejamos un enlace al libreto. 

Nos encontramos en Florencia, ciudad Güelfa por excelencia, el 1 de septiembre de 1299 (el libreto es muy explícito con la fecha), en la rica mansión del mercader Buoso Donati. El libreto no señala sobre este personaje que existió realmente que en ese momento es viudo y no tiene hijos, y su riqueza proviene de su oficio y de ser uno de los líderes güelfos de la ciudad. 

Nos encontramos el el dormitorio del mercader, que justo acaba de morir. Sus numerosos familiares (primos, sobrinos…) lloran su pérdida, interrumpidos por los jugueteos del niño Gherardino, hijo de Gherardo, uno de los sobrinos de Buoso. Finalmente, por orden de Zita, la gruñona prima del difunto, sacan al niño de la habitación. Al poco, comienzan a escucharse unos murmullos; Zita, harta de escuchar esos cuchicheos, insiste en que digan en voz alta lo que se están contando los unos a los otros: en Signa, ciudad cercana, se comenta que Buoso ha dejado toda su herencia a un convento de monjes. Escuchamos la introducción con Ewa Podles como Zita:

Todos acuden en busca del consejo de Simone, primo de Buoso, el mayor de todos los parientes y antiguo alcalde de Fucecchio. Éste sugiere que, si el testamento no está en manos de un notario, sino en la casa, igual se puede hacer algo, así que todos se ponen a buscarlo. Rinuccio, el más joven, lo encuentra y pide, a cambio que le den el permiso de casarse con su amada Lauretta, la hija de Gianni Schicchi. Escuchamos la escena con Carlo del Monte como Rinuccio y Paolo Montarsolo como Simone:

Ante la insistencia de todos, su tía, Zita, le concede el permiso para casarse. Rinuccio, satisfecho, manda a Gherardino a buscar a Gianni y a Lauretta. Escuchamos de nuevo a Carlo del Monte:

Zita y Simone comienzan a leer el testamento. Todos desean ser los herederos de la casa, de la mula y del molino de Signa, los bienes más preciados que tiene Buoso. Pero a medida que van leyendo, la alegría desaparece de sus rostros. Escuchamos la escena con Ana Maria Canali como Zita y Paolo Montarsolo como Simone:

Todos están enfadados al comprobar que Buoso ha dejado toda su herencia a un convento. Comentan como los fariles engordarán mientras ellos no tendrán nada que comer. Zita comenta que nunca habrían pensado que, a la muerte de Buoso, sería llorado de verdad, ya que todas las muestras de lástima por su muerte, que eran falsas, han desaparecido. Escuchamos la escena con Ewa Podles como Zita, Roberto Alagna como Rinuccio y Ebrico Fissore como Simone:

Entonces empiezan a susurrar si no hay forma de cambiar el testamento. Simone da a entender que es imposible, pero Rinuccio sugiere buscar la ayuda de Gianni Schicchi. Zita, enfadada, le quita la idea de casarse con ella, pero Gherardino anuncia que ya llega Gianni con su hija. Todos se enfadan y Gherardino se lleva una paliza por haberlo traído. La familia se niega a que un Donati se case con una familia recién llegada del campo, la gente nueva. Pero Rinuccio afea sus prejuicios, ya que Gianni es un personaje muy astuto. Escuchamos la escena con Roberto Alagna:

Rinuccio pasa entonces a a elogiar a la ciudad de Florencia, que crece gracias a toda la gente que viene del campo, desde Arnolfo o Giotto hasta los Medici o Gianni Schicchi, y recrimina la actitud de rechazo a la gente nueva que muestra su familia. Escuchamos así el aria “Firenze è come un albero fiorito” cantada por Giuseppe di Stefano:

Llega en ese momento Gianni Schicchi acompañado por su hija Lauretta, que corre a abrazar a su amado. Gianni se sorprende del apagado aspecto de la familia, y piensa que Buoso se ha recuperado, pero cuando se da cuenta de que Buoso ha muerto, les expresa con ironía sus condolencias, pero les dice que les queda la herencia. Zita no tarda un segundo en decirle que la herencia es para los frailes. Ellos están desheredados, así que no habrá consentimiento para que su hija se case con Rinuccio. Escuchamos la escena con Tito Gobbi, Victoria de los Ángeles, Carlo del Monte y Ana Maria Canali:

Schicchi le recrimina su tacañería a Zita, y comienza una pelea entre ellos, ante la desesperación de la pareja de amantes, que ven como sus esperanzas de casarse desaparecen. El resto de familiares insta a que se dejen de peleas de enamorados y piensen en el testamento, y entonces Rinuccio toma la iniciativa y le pide ayuda a Gianni, pero este se niega. Escuchamos la escena con los mismos intérpretes de antes:

La única persona que puede hacer entrar a razón a Gianni es su hija Lauretta: o se casa con Rinuccio, o se suicidará arrojándose al Arno. Escuchamos la famosísima aria “O mio babbino caro” cantada por una espectacular Victoria de los Ángeles (si cabe alguna duda, así es como tiene que cantarse este aria):

Ante ese argumento, a Gianni no le queda otra opción que intentar ayudar a los Donati. Pide el testamento, lo lee, busca alguna opción, pero no consigue encontrar nada, para desesperación de su hija y Rinuccio. De golpe, parece tener una idea, pero le pide a Lauretta que salga a la terraza, deteniendo a Rinuccio, que pretende seguirla. Seguimos escuchando al mismo reparto de antes:

Una vez su hija se va, pregunta si nadie más sabe de la muerte de Buoso. Ante la respuesta afirmativa, pide que no se difunda la noticia, que retiren el cuerpo y rehagan la cama. Pero en ese momento se oye llamar a la puerta. Es el doctor, que no debe entrar bajo ningún concepto en la habitación: 

Para evitar que el doctor entre, todos los familiares le dicen que Buoso está mejor, y que quiere descansar. Pero ante su insistencia, Gianni finge la voz de Buoso y le dice que está bien pero que necesita descansar, y convence así al doctor de que se vaya, orgulloso de que otro paciente suyo no se haya muerto. Los familiares se sorprenden de lo lograda que está la imitación de la voz que Gianni ha hecho de Buoso, pero siguen sin entender cuál es su plan:

Hay que avisar al notario de que Buoso, al haber empeorado, quiere hacer un nuevo testamento. Gianni fingirá ser Buoso, ya que tienen la misma enorme nariz, y en la cama será difícil que se den cuenta del cambio. Y así podrá modificar el testamento. Toda la familia se emociona ante el plan, y Zita manda a Rinuccio a buscar al notario. Todo va muy bien hasta que Simone saca el tema de la división de la herencia. Escuchamos al magnífico Tito Gobbi cantar el aria “Si corre dal notaio”:

No hay problema en el reparto del dinero en contando, a partes iguales entre todos, ni de los bienes de los pueblos de los alrededores. La cosa cambia con los bienes más preciados: la casa, la mula y el molino de Signa. El amor entre parientes no tarda en desaparecer cuando todos se pelean por conseguir ser los herederos, y Gianni se burla de ellos:

El sonido de una campada fúnebre los detiene. Mientras, Lauretta vuelve a entrar en la habitación y Gianni se deshace de ella. Todos piensan que se ha descubierto la muerte de Buoso, pero Gherardo trae la noticia de que ha muerto otra persona. Entonces, Simone decide que sea Gianni el que elija quién se quedará con esos bienes más preciados:

No hay tiempo que perder. Gianni empieza vestirse con las ropas de Buoso, mientras los familiares intentan sobornarlo para que les nombre herederos a ellos. Las mujeres le acuestan y le halagan para conseguir su favor:

Pero Gianni les advierte del riesgo que corren: si son descubiertos, la pena es que les corten la mano y el exilio (de ahí que se deshaga de su hija para que no sepa nada). Gianni canta una canción de despedida a Florencia como si fuera un exiliado Gibelino para recordarles a todos que se estén bien calladitos: 

Llaman a la puerta. Gianni se mete en la cama y todos acogen al notario y los testigos. Gianni imita perfectamente la voz de Buoso, y con la habitación a oscuras no hay forma de verle. Tras pedir que los parientes se queden presentes mientras dicta el testamento, Gianni cede pocas monedas a los monjes, y cuando el notario le dice si no es poco, él contesta que así no pensarán que es dinero robado. Luego reparte los bienes tal como los parientes han estipulado, hasta que llegan a la mula, la casa y el molino de Signa, que lega a Gianni Schicchi, para desesperación de unos parientes cada vez más incapaces de contener su furia. Gianni vuelve a cantar la canción de despedida de Florencia para recordarles que es mejor que sigan fingiendo. La escena está llena de una finísima ironía que la convierte en una comedia absolutamente genial. Terminado el testamento, Gianni le hace a Zita dar de su bolsillo una buena propina al notario y a los testigos, y Gianni los despide. Escuchamos la escena con leo Nucci como Gianni:

Nada más desaparecen el notario y los testigos, los familiares se abalanzan sobre Gianni, pero este se defiende a palos, y ellos aprovechan para robar todos los objetos que pueden de una casa que ya es propiedad de Gianni. Volvemos a escuchar a Tito Gobbi:

Mientras, Rinuccio ha estado ausente de la escena, ya que ha salido a la terraza a encontrarse con su amada Lauretta. Ese será su hogar y podrán vivir felices. Gianni ha conseguido echar a los familiares y recuperar algunos de los objetos que se llevaban, y mira complacido a la pareja. Escuchamos a Carlo del Monte, Victoria de los Ángeles y Tito Gobbi:

Gianni entonces se gira hacia el público y, hablando, comenta que esa es la mejor forma en la que podían terminar los dineros de Buoso: en manos de esta pareja. Su castigo será el infierno, pero si el público se ha divertido, les pide que aplaudan como atenuante a su castigo. Escuchamos el recitado final con Tito Gobbi:

Y así termina la magistral única comedia de Puccini, una maravillosa obra llena de ironía y comicidad. Y concluimos, como siempre, con un Reparto Ideal:

Gianni Schicchi: Tito Gobbi. 

Rinuccio: Roberto Alagna. 

Lauretta: Victoria de los Ángeles. 

Simone: Paolo Montarsolo. 

Zita: Ewa Podles. 

Dirección de Orquesta: Bruno Bartoletti. 

150 años de la muerte de Gioachino Rossini (13-11-2018)


Olvidado desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, en parte debido a la dificultad de su escritura vocal, es a día de hoy, tras la recuperación de buena parte de sus óperas, uno de los compositores italianos más conocidos del repertorio operístico. Hoy día, con ediciones críticas de sus partituras y con voces con la técnica adecuada para interpretar sus, a menudo, vocalmente terribles partituras, podemos disfrutar de las numerosas obras maestras que firmó Gioachino Rossini.




Gioachino Antonio Rossini nació en Pesaro el 29 de febrero de 1792. La ciudad formaba parte en aquella época de los Estados Pontificios, pero su padre, Giuseppe, tenía una ideología revolucionaria que le hará apoyar la invasión napoleónica de Italia, por lo que, tras la vuelta al poder del papado, provocó que la familia estuviera trasladándose continuamente de ciudad en ciudad huyendo de la justicia papal.

Su padre tocaba la trompa en las bandas municipales y su madre era una discreta cantante. Por ello, pese a los orígenes familiares humildes, la vocación musical de Rossini no tarda en salir a la luz, en especial durante su estancia en el municipio de Lugo, en la provincia de Ravena, de la que era originario su padre, donde comenzó su educación musical forma, y cuyo resultado será su primera obra importante como compositor, las 6 sonatas para cuatro instrumentos, compuestas en 1804, cuando contaba con 12 años de edad. Escuchamos la cuarta de estas sonatas, “La tempesta”:

Poco después, la familia se traslada a Bolonia, en cuyo conservatorio Rossini estudiará canto, piano y espineta, además de composición, estudiando en especial las obras de Mozart, Haydn y Cimarosa. Ya hacia 1808 compone su primera ópera, por encargo del tenor Domenico Mombelli, para ser interpretada por él y por sus dos hijas; su esposa Vincenzina será incluso quien se haga cargo del libreto. El resultado es la ópera “Demetrio e Polibio”, que, pese a todo, no será estrenada hasta 1812. Escuchamos el aria de Demetrio cantada por el tenor Dalmacio González:

Pero será en 1810 cuando Gioachino estrene su primera ópera: será la farsa, o comedia en un acto, “Le cambiale di matrimonio”, que estrena en el veneciano teatro San Moisè el 3 de noviembre. Escuchamos el aria de la soprano Fanny, “Vorrei spiegarvi il giubilo”, cantada por Luciana Serra:

El género de la farsa le dará un gran éxito a Gioachino Rossini en sus primeros años de carrera. Así, entre 1811 y 1813 estrenará 6 óperas de este género: “L’equivoco stravagante”, “L’ingano felice”, “La scala di seta”, “La pietra del paragone”, “L’occasione fa il ladro” y, por último, “Il signor Bruschino”, quizá la más famosa de todas, en especial por esa obertura que incluye el efecto sonoro de los arcos golpeando los atriles, que escuchamos a continuación:

Su trabajo en estas farsas, y el considerable éxito que alcanzan algunas de ellas, prepara su camino como compositor de grandes óperas bufas, pero será otro género el que le catapulte a la fama. En 1812 estrena dos dramas: “Ciro in Babilonia” y ese “Demetrio e Polibio” que esperó varios años a ser estrenado. Pero será en 1813 cuando estrene el que será su mayor éxito hasta la fecha, “Tancredi”. Pese a ciertos problemas durante el estreno que impidieron que se terminara de representar el segundo acto, la ópera caló en el público veneciano, en especial el aria del protagonista, Tancredi, interpretado por una mezzo travestida (lo que ya nos señala que nos encontramos más ante una ópera seria clásica que ante un drama romántico), “Di tanti palpiti”, que escuchamos cantada por Marilyn Horne:

Poco después, en mayo de ese mismo 1813, estrena una de sus obras maestras, en este caso del género bufo, la maravillosa “L’italiana in Algeri”, ópera que triunfó entre el público y que se encuentra entre las pocas óperas del compositor que se han seguido representando casi de forma ininterrumpida (con la excepción de las dos primeras décadas del siglo XX) hasta la actualidad. Con grandes números solistas y reivindicaciones patrióticas (basta recordar el aria de Isabella “Pensa alla patria”), si por algo destaca esta ópera es por sus magistrales números de conjunto en los que Rossini sabe sacar el máximo partido de las situaciones cómicas que le plantea el libreto: el terzeto “Pappatacci”, el quinteto del café y, en especial ese concertante onomatopéyico final del I acto, quizá la excena más divertida de toda la creación del compositor, de una maestría genial:

No deja de resultar curioso, por otro lado, el tratamiento de género en esta ópera: es la mujer la que va en rescate del amado, engaña al bobalicón Mustafá y demuestra una independencia poco frecuente en la ópera de la época.

Tras estrenar, a finales del mismo año, una nueva ópera seria, “Aureliano in Palmira”, en Milán, repite en esta ciudad en 1814 con otra comedia, “Il Turco in Italia”, otra obra cómica magistral que, desgraciadamente, no tiene una gran acogida en el estreno, siendo comparada con la comedia precedente. Pero se trata de otra partitura magistral, con momentos de lucimiento vocal para sus personajes y otros de enorme comicidad, como este dúo entre Geronio y Fiorilla “Per piacere alla signora” que escuchamos cantado por Alessandro Corbelli y Olga Peretyatko:

En 1815, Gioachino Rossini es llamado a Nápoles por el empresario teatral Domenico Barbaja, que le contrata para componer óperas serias en el teatro San Carlo. Dicho teatro cuenta con un  impresionante elenco de cantantes para los que Rossini compondrá expresamente muchos de los roles de las óperas escritas para el teatro napolitano, entre ellas Isabella Colbran, con la que se casará años después, en 1827. Ella, junto a los tenores Andrea Nozzari y Manuel García, estrenará “Elisabetta, regina d’Inghilterra”el 4 de octubre de 1815. Escuchamos el aria de la protagonista, “Quant’è grato all’alma mia” cantada por Joyce DiDonato:

Pero su contrato con Barbaja no le impide seguir componiendo para otros teatros, y así, el 20 de febrero de 1816 estrena en Roma una nueva comedia, que será un fracaso en sus primeros días, pero que se convertirá en su ópera más famosa: “Il barbiere di Siviglia“. Escuchamos para comenzar el aria de la mezzo, “Una voce poco fa”, cantada por Teresa Berganza, en la que podemos observar que Rossini toma prestados motivos musicales del aria de la Elisabetta que acabamos de escuchar:

Escuchamos también el aria de Figaro “Largo al factotum”, otro de las arias rossinianas más famosas, en la voz de Leo Nucci:

Y terminamos escuchando el aria del bajo buffo “A un dottor della mia sorte”, con ese endiablado canto sillabatto que borda el bajo Enzo Dara:

De nuevo para Domenico Barbaja, pero en este caso para otro teatro Napolitano, el Teatro del Fondo (actual Teatro Mercadante) compone Gioacchino Rossini su segunda gran ópera dramática napolitana, “Otello“, en la que, además de con la Colbran, cuenta por primera vez con la pareja de tenores formada por el baritenor Andrea Nozzari, que será Otello, y Giovanni David, que será Rodrigo. Escuchamos el dúo entre Otello y Rodrigo, “Ah, vieni”, cantada por Gregory Kunde como Otello y Juan Diego Flórez como Rodrigo, ambos magníficos exponentes de las dos diferentes tipologías de tenor rossiniano, seguido del final del segundo acto, con Olga Peretyatko como Desdemona:

También en 1816 estrena la cantata “Le nozze di Teti e di Peleo”, de la que escuchamos el aria “Ah, non potrei resistere”, cantada por Mariella Devia y dirigida por Alberto Zedda, un musicólogo y director de orquesta clave en la recuperación del legado rossiniano:

En 1817, Gioacchino Rossini estrena 3 nuevas óperas. Comienza estrenando en enero en Roma una nueva comedia, la 4ª y una de sus obras más famosas y perdurables, “La Cenerentola“, curiosa adaptación del cuento de la Cenicienta, que si bien no arrasa en el estreno, lo hará poco después. Rossini recurre, como es frecuente en él, al autopréstamo, adaptando el aria final del Conde Almaviva del Barbiere, “Cessa di più resistere” para convertirla en el rondó de Angelina, la Cenerentola, que cierra la ópera, “Non più mesta”, que escuchamos cantada por Cecilia Bartoli:

Endiabladas coloraturas que contrastan con el canto buffo que le da al padre (el malo de la historia a falta de madrastra), Don magnifico, al que otorga arias llenas de guiños bufos y de canto sillabato, al que saca un gran partido el gran Paolo Montarsolo:

En mayo vuelve a la Scala de Milán, en la que no estrenaba desde 1814, para presentar una ópera semi-seria, un tipo de ópera que apunta a tener un final trágico que se resuelve en el último segundo. El estreno fue un éxito rotundo, y de esta ópera es especialmente recordada la chispeante obertura, una de las mejores salidas de la pluma de Rossini, que escuchamos dirigida por Claudio Abbado:

Y en noviembre estrena su tradicional drama en Nápoles, en este caso “Armida”, basada en el drama de Torquato Tasso, que no alcanza un gran éxito pese a tener como pareja protagonista a Nozzari y la Colbran. De esta obra destaca el dúo de amor de la pareja protagonista, “Amor, possente nome”, que escuchamos cantado por Bruce Ford y Cecilia Gasdia:

Y todavía le queda tiempo para estrenar otra ópera más, “Adelaide di Borgongna”, en diciembre. Y en 1818, Rossini estrena su cantata “La morte di Didone”, compuesta unos años antes, y que escuchamos cantada por Jessica Pratt:

Ese mismo 1818, Gioacchino Rossini estrena dos dramas en Nápoles. El primero será “Mosè in Egitto”, de la que es especialmente famosa la plegaria de Moisés “Dal tuo stellato soglio”, que escuchamos cantada por Nicola Rossi-Lemeni:

Y estrena a continuación “Riccardo e Zoraide”. También en 1819 estrena otras dos óperas en Nápoles. La primera será “Ermione”, basada en la mitología griega en su adaptación por Racine. La ópera es un notable fracaso y no vuelve a representarse hasta bien entrado el siglo XX. Escuchamos el aria “Balena in man del figlio” cantada por el baritenor Chris Merritt:

Mucha mejor suerte correrá la otra ópera, estrenada unos meses después, “La donna del lago”, basada en la obra de Walter Scott, que le abre a Rossini las puertas del romanticismo. Escuchamos el aria de Malcolm “Mura felici” cantada por Ewa Podles:

Y escuchamos también el aria de Giacomo “O fiamma soave”, cantada por Rockwell Blake:

Tras regresar a Milán a finales de 1819 para estrenar “Bianca e Falliero”, en 1820 estrena en Nápoles “Maometto Secondo”, nuevo fracaso, de la que escuchamos el aria “Non temer d’un basso affetto” cantada por Daniela Barcellona:

Gioacchino Rossini sólo estrena una ópera en 1821, la semi-seria “Mathilde di Shabran”; es el primer año que no estrena ninguna ópera en Nápoles. Será en 1822 cuando estrene en esta ciudad su último drama para el Teatro San Carlo, “Zelmira”, estrenada el 16 de febrero con considerable éxito. Es en esta magistral ópera en la que saca mayor partido de sus dos tenores. Escuchamos primero el aria compuesta para el contraltino Giovanni David, intérprete del personaje de Ilo, “Terra amica”, con esos terribles ascensos al re sobreagudo, cantada por Juan Diego Flórez:

Y a continuación escuchamos el aria escrita para Antenore, que estrenó el baritenor Andrea Nozzari, con brutales ascensos y descensos a los extremos de la tesitura, y que escuchamos cantada por Michael Spyres:

El 3 de febrero de 1823 estrena en Venecia su última ópera italiana, “Semiramide”, obra de dimensiones brutales (la versión integral dura casi 4 horas), vocalmente exigente hasta la extenuación, muy barroca en sus adornos y en la ambientación, pero muy avanzada en otros aspectos estructurales, como la ausencia de recitativos parlatos y el esquema de aria cuatripartita (recitativo, aria, escena y caballetta), como podemos comprobar en el aria del villano Assur, “Deh, ti ferma”, que escuchamos sublimemente cantada por el bajo norteamericano Samuel Ramey:

Han pasado 10 años desde que saltara a la fama con “Tancredi”, y ahora Gioacchino Rossini es un compositor de fama internacional que acaba de componer una de sus grandes obras maestras. En ese momento la meta de cualquier compositor es triunfar en París, y Rossini se dispone a hacerlo, acompañado por su pareja, Isabella Colbran. Pasa por Londres en 1824, donde proyecta estrenar una ópera, “Ugo, Re d’Italia”, que nunca terminará /y lo que compuso está hoy día desaparecido), y, en 1825, establecido ya en la capital francesa, compone una curiosa ópera para celebrar la coronación de Carlos X (no creo que a su revolucionario padre le hubiera hecho mucha gracia esto), “Il viaggio a Reims”, comedia coral sin argumento: un grupo internacional se encuentra alojado en un balneario preparados para a acudir a la coronación del nuevo Rey, y ahí se suceden pequeñas historias. De entre los numerosos personajes que se agrupan en el balneario, escuchamos el aria del inglés Lord Sidney “Invan strappar dal core” cantada por Mirco Palazzi:

En los siguientes años, Rossini traduce al francés y adapta algunas anteriores obras suyas (“Maometto Secondo” se transforma en “La siège de Corinthe”, y “Mosè in Egitto” será “Moïse et Pharaon”), antes de estrenar una nueva ópera, una comedia titulada “Le comte Ory”, si bien la mayoría de sus números musicales son auto-préstamos de óperas anteriores. Escuchamos el aria del protagonista “Que les destins prospères” cantada por Lawrence Brownlee:

Y en 1829 estrena la que será su última ópera, “Guillaume Tell”, basada en la obra de Schiller. Especialmente famosa es su obertura, que escuchamos dirigida por Arturo Toscanini:

Pero si por algo destaca “Guillaume Tell” es por iniciar la tradición de la “Grand’Opera” francesa que seguirán compositores como daniel Auber, Jacques-Fromental Halèvy o Giacomo Meyerbeer: óperas de enormes dimensiones, con 5 actos, ballet, grandes números corales, escenografías espectaculares y unos personajes vocalmente muy exigentes, en especial los tenores heroicos, cuyo mayor exponente será Adolphe Nourrit, quien estrena el papel de Arnold. Escuchamos la gran escena de este personaje, “Asile héréditaire”, impecablemente cantada por Nicolai Gedda:

Y así, con 37 años, en el zenit de su fama, Gioachino Rossini se retira de la composición operística. Quienes afirman que es por su incapacidad a adaptarse a los nuevos gustos románticos se equivocan, como lo demuestra su muy romántica (y magistral) última ópera. Motivos políticos o problemas de salud podrían ser razones más creíbles, si bien la suya sigue siendo una razón incomprensible. Rossini dedicará el resto de su vida a la cocina, uno de sus grandes placeres, se casará por segunda vez, en 1948 (un año después de la muerte de Isabella Colbran, de la que estaba separado desde 1837), con Olympe Pélissier, y compondrá algunas obras menores. Entre 1830 y 1835 compone las “Soirées musicales”, doce canciones para voz y piano, de las que la tarantella “La danza” es sin duda la más famosa, que escuchamos aquí cantada por Luciano Pavarotti:

Igualmente famosa es “La regata Veneziana”, que escuchamos cantada por la paisana de Rossini, la también Pesaresa Renata Tebaldi:

En 1842 estrena su obra religiosa más famosa, el “Stabat Mater”, compuesta durante los 10 años anteriores, y de la que escuchamos el aria del tenor, “Cujus animam”, cantada por Gregory Kunde:

En 1864 estrena su última gran obra, compuesta el año anterior, la “Petite messe solennelle”, que escuchamos completa dirigida por Alberto Zedda:

Gioachino Rossini gozó de una considerable longevidad, y fue viendo como sus sucesores iban muriendo uno detrás del otro: Vincenzo Bellini en 1835, Gaetano Donizetti en 1848 y Giacomo Meyerbeer en 1864. Finalmente, Rossini sucumbía a un cáncer rectal el 13 de noviembre de 1868 a la por entonces considerable edad de 76 en su villa de Passy, cerca de parís, donde había pasado una buena parte de su vida. Enterrado originalmente el el cementerio de Père-Lachaise, sus restos fueron trasladados en 1887 a la florentina Basilica di Santa Croce, donde reposan en un gran monumento funerario, cerca de los de Miguel Ángel y Galileo y del cenotafio de Dante:

Gracias al redescubrimiento de obra a partir de los años 50 del siglo XX, a día de hoy es posible disfrutar, con mayor o menor frecuencia, de la práctica totalidad de la obra operística de Gioachino Rossini, comprobándose así que fue un compositor clave en el desarrollo posterior de la ópera italiana que nos dejó magníficas obras maestras con las que todavía, 150 años después de su muerte, seguimos disfrutando como lo hizo el público que iba a sus estrenos.



170 años de la muerte de Gaetano Donizetti (08-04-2018)


Considerado hoy en día como uno de los dos mayores representantes del belcanto, junto a Vincenzo Bellini, y uno de los compositores de ópera más importantes de la historia, la suerte de Gaetano Donizetti ha sido dispar a lo largo de la historia, cuando hace apenas 60 años era una rareza programar alguna de sus óperas, con 3 o cuatro excepciones, mientras a día de hoy seguimos esperando que muchas de sus obras alcancen la popularidad que les corresponde. Así que aprovechando el 170 aniversario de su muerte, vamos a intentar hacer una breve aproximación a su biografía y su inmensa obra.




Domenico Maria Gaetano Donizetti nació el 29 de noviembre de 1797 en la ciudad de Bergamo, que en seguida pasará a formar parte del napoleónico Reino de Italia. Miembro de una familia pobre, tuvo la suerte de poder acudir a las clases caritativas de música que impartía en la ciudad el compositor alemán Johann Simon Mayr, que en esos momentos era uno de los más destacados compositores operísticos de Italia. El joven Donizetti se convertirá en seguida en su alumno predilecto, y Mayr conseguirá que reciba una buena formación y se dedique a la composición de ópera. De hecho, en 1816 compone una pequeña ópera, “Il Pigmalione”, que no será representada hasta 1960, y que por su brevedad ponemos aquí entera:

Será en 1818 cuando estrene su primera ópera, “Enrico di Borgogna”, en el teatro San Luca de Venecia, gracias a un encargo que le consigue el propio Mayr. Escuchamos la caballetta de Enrico (personaje travestido para mezzo-soprano) “Care aurette” cantada por Della Jones:

Pero en estos primeros años de actividad compositiva, Gaetano Donizetti destacará más por su producción instrumental, en especial por su obra de cámara. Destacan sus numerosos cuartetos para cuerda, de entre los que vamos a escuchar el séptimo:

Tras estrenar un par de óperas más en Venecia, sin lograr un éxito remarcable, se traslada a Roma, donde estrena en 1822 “Zoraida di Granata”, que será un gran éxito. El propio Donizetti revisa la obra 2 años después. Escuchamos el aria de Almuzir “Pieghi la fronte audace” cantada por Bruce Ford:

A continuación, Gaetano Donizetti se dirige a Nápoles, donde se va a a encargar de supervisar los ensayos del oratorio “Atalia” de su maestro Mayr, que dirige el famoso Gioacchino Rossini, en ese momento bajo contrato del empresario Domenico Barbaja. Pero al poco del estreno, Rossini se fuga con su amante, Isabella Colbran, por lo que Barbaja recurre a Donizetti, que en los siguientes años, empezando ese mismo 1822 con “La zingara” (en cuyo estreno estará el joven Vincenzo Bellini, que admirará la ópera, pero que no se guardará sus críticas, ya que la admiración incondicional que Donizetti sentirá por él no será del todo correspondida), compondrá diversas farsas y comedias, de entre las que destaca “Le convenienze teatrali”, de 1827, que de nuevo remodelará en 1831 con el título de “Le convenienze ed inconvenienze teatrali”, y de la que escuchamos el aria de Agata (personaje femenino interpretado por un bajo bufo) “Assisa al piè d’un sacco”, que parodia la canción del Sauce del “Otello” de Rossini, cantada por Paolo Bordogna:

En 1828 se casa con Virginia Vasselli, que le dará tres hijos, de los que no sobrevivirá ninguno. Donizetti se ve en ese momento en la necesidad de tener unos ingresos estables para poder mantener a la familia. Pese a todo, conseguirá componer algunas óperas de mayor enjundia y carácter dramático, de entre las que destaca “Elisabetta al castello di Kenilworth”, primera aproximación a la Inglaterra de los Tudor, que estrena en Nápoles el 6 de julio de 1829. Escuchamos a Mariella Devia cantar el final de esta ópera, interpretando a Isabel I:

La suerte de Gaetano Donizetti cambiará cuando el milanés Duque Pompeo Litta, director del Teatro Carcano, quiere que tanto Bellini como Donizetti componagn una ópera para la temporada 1830-1831 para su teatro. Bellini compondrá “La sonnambula”, mientras Donizetti volverá a la Inglaterra Tudor con “Anna Bolena”, con libreto de Felice Romani, en el que será su primer éxito internacional y una de sus obras maestras. Prueba de ello es que fue nada menos que Maria Callas quien recuperó esta ópera a finales de los años 50, y como prueba escuchamos esa impresionante escena final, con el aria “Al dolce guidami” y la caballetta “Coppia iniqua”:

Tras estrenar en Milán la revisión “Le convenienze ed inconvenienze teatrali” retorna a Nápoles, donde compone 3 nuevas óperas, para volver a Milán en 1832, donde fracasa su nueva ópera, “Ugo, conte di Parigi”, con libreto de nuevo de Felice Romani. Pero apenas dos meses después, el 12 de mayo de 1832, estrena, de nuevo con libreto de Romani, la famosísima “L’elissir d’amore”, que será de inmediato un enorme éxito y una de las pocas óperas de Donizetti que siempre han mantenido una enorme popularidad. Escuchamos para comenzar algunos fragmentos de la ópera, como el dúo “Chiedi all’aura” o el aria de Adina “Prendi, per me sei libero”, cantados por Mirella Freni y Nicolai Gedda:

Escuchamos también el aria para bajo bufo “Udite, o rustici”, cantada por el gran Enzo Dara:

Y, por supuesto, no podemos dejar de escuchar la celebérrima “Una furtiva lagrima”, cantada en este caso por Carlo Bergonzi dándonos una lección del belcanto:

De nuevo en colaboración con Romani, Donizetti estrena en marzo de 1833 la ópera “Parisina”, de la que escuchamos la escena final cantada por Montserrat Caballé:

Y regresa a Milán para estrenar en diciembre de ese mismo año otra de sus obras maestras, “Lucrecia Borgia”, a la que en 1840 añadirá una maravillosa aria para Gennaro, “T’amo qual s’ama un angelo”, que escuchamos en la insuperable versión de Alfredo Kraus:

Escuchamos también el brindis de Orsini (de nuevo un papel travestido” “Il segreto per esser felice” cantada por Marilyn Horne:

Y por último el aria final de Lucrecia, “Era desso”, cantada por Mariella Devia:

En 1835 tiene lugar su primer estreno internacional. Siguiendo los pasos de su admirado Bellini, que había estrenado en enero la genial “I Puritani”, Donizetti presenta en el Théâtre Italien de Paris “Marin Faliero”, que contará además con el mismo reparto que la de Bellini, lo que favorecerá un éxito que no se mantendrá en el tiempo. Escuchamos el aria del protagonista “Bello Ardir” cantada por Cesare Siepi:

Bellini criticará la ópera, pero eso no afectará a la admiración que Donizetti siente por él, y a su prematura muerte, el 23 de septiembre de 1835, Donizetti compone una Misa de Requiem, de la que escuchamos el Ingemisco cantado por Leila Gencer:

Pero Gaetano Donizetti no se encuentra junto a su admirado Bellini al momento de su muerte, ya que se encuentra en Nápoles (no olvidemos que desde 1822 era el director artístico del Teatro San Carlo) para estrenar una nueva ópera, con libreto de Salvatore Cammarano basado en una obra de Walter Scott: una obra maestra titulada “Lucia di Lammermoor”, éxito absoluto desde su estreno hasta el día de hoy, con momentos tan memorables como el sexteto que escuchamos con Carlo Bergonzi y Anna Moffo:

Escuchamos también el aria final del tenor, “Tu che a Dio spiegasti l’ali”, cantada por Giuseppe di Stefano:

Y, por encima de todo, la tremenda escena de locura de la protagonista, de complicadísimas coloraturas que bordaba Joan Sutherland:

Con música así, no es de estrañar que Donizetti se labrase un hueco en el Olimpo de los compositores de ópera y que esta Lucia encante al público (y a quien esto escribe, por supuesto).

Poco después, el 30 de diciembre de ese mismo año, estrena una nueva ópera en Milán, en este caso “Maria Stuarda”,  volviendo a los Tudor, que será recordada por el enfrentamiento entre las dos reinas, destacando ese “Figlia impura di Bolena” que le espeta la reina escocesa a Isabel I, y que escuchamos aquí cantada por Leila Gencer como Maria y Shirley Verrett como Elisabetta:

En 1836 estrena en Venecia “Belisario”, basada en la vida del célebre militar bizantino, que alcanza un considerable éxito, y de la que escuchamos el final del primer acto con Giuseppe Taddei y Leila Gencer y dirigido por el también bergamasco Gianandrea Gavazzeni, figura clave en la recuperación de la obra de Donizetti:

Pero esos serán años difíciles para Gaetano Donizetti: en 1836 mueren sus padres y su segunda hija, y en 1837 morirán su tercera hija y su esposa, que sucumbe a una epidemia de cólera el 30 de julio. En esos años apenas compone nada relevante, pero no deja de trabajar, y el 28 de octubre de 1837 estrena otra de sus grandes óperas, “Roberto Devereux“, última aproximación a la Inglaterra de los Tudor, y de la que destaca la magnífica escena del protagonista “Come uno spirto angelico”, que escuchamos cantada por Gregory Kunde:

Y escuchamos también la genial aria final de Elisabetta “Quel sangue versato” cantada por Beverly Sills:

En 1838 compone la ópera “Poliuto”, que no puede estrenarse en Nápoles por problemas con la censura, que no lleva bien una historia ambientada en el cristianismo primitivo. La ópera no se estrenará hasta el 30 de noviembre de 1848, meses después de la muerte del compositor, en Nápoles. Escuchamos el aria del protagonista, “Sfolgorò divino raggio” cantada por Franco Corelli:

La imposibilidad de estrenar esta ópera hace que Gaetano Donizetti se decida a abandonar definitivamente Nápoles y se traslade a París, donde compone una ópera, “Le duc d’Alba”, que no termina y que se estrenará en 1882 tras ser concluida por Matteo Salvi, alumno de Donizetti. Esta ópera, representada por lo general en italiano, es famosa por el aria del tenor “Angelo casto e bel”, que escuchamos cantada por Luciano Pavarotti:

A parte de una versión en francés de “Lucia di Lammermoor”, la primera ópera que estrenará será una genial comedia titulada “La fille du régiment”, que será famosa por el aria de los “9 do de pecho”, “Ah, mes amis”, que popularizara Luciano Pavarotti:

Aunque no será menos difícil la otra aria del tenor, “Pour me raprocher de Marie”, que escuchamos cantada por Juan Diego Flórez:

También en 1840 estrena una adaptación francesa de la inédita “Poliuto”, “Les Martyrs”, que estrena el tenor Gilbert Duprez, para el que compone la tremenda “Oui, j’irais dans le temple”, con ese Mi sobreagudo final, que escuchamos cantada por Michael Spyres:

Y en 1840 tendrá todavía tiempo de estrenar una tercera ópera, “La favorite”, que en su versión italiana será una de las cuatro óperas de Donizetti que se ha mantenido siempre en el repertorio (junto con “L’elissir d’amore”, “Lucia di Lammermoor” y “Don Pasquale”), con grandes papeles para mezzo-soprano, tenor y barítono. La protagonista tiene su gran escena de lucimiento en el aria “O mio Fernando”, que escuchamos cantada por Fiorenza Cossotto:

La del tenor será el aria “Spirto gentil”, que escuchamos cantada por Jaume Aragall:

Y la del barítono es el aria “A tanto amor”, que escuchamos cantada por Mattia Battistini:

En 1841 compone la comedia “Rita”, que no se estrenará hasta 1860, y de la que escuchamos el aria del tenor “Allegro io son” cantada por Lawrence Brownlee:

En 1842, por recomendación del ministro Metternich (en la que parece que Rosinni tuvo algo que ver), Gaetano Donizetti estrena su primera ópera compuesta para la corte vienesa, “Linda di Chamounix”, que alcanzará un gran éxito por parte del Emperador, que le nombra compositor de corte y maestro de capilla. Escuchamos el aria “O luce di quest’anima” cantada por Renata Scotto:

De regreso a París, el 3 de enero de 1843 estrena la genial comedia “Don Pasquale“, otro gran éxito y una de las últimas óperas bufas de la ópera italiana. Escuchamos el dúo cómico “Cheti cheti immantinente” cantado por Sesto Bruscantini y Leo Nucci:

Poco después regresa a Viena, para cumplir su cargo de compositor de corte, estrenando “Maria di Rohan”, con libreto de Salvatore Cammarano, estrenada el 5 de junio de 1843 con notable éxito. Escuchamos el aria de la protagonista “Avvi un Dio che in sua clemenza” cantada por Virginia Zeani:

Pero su salud está en declive: por estas fechas se le diagnostica una sífilis que está afectando a su mente. Donizetti todavía es capaz de terminar otra ópera ese mismo año, “Don Sébastien”, basada vagamente en la historia del Rey Sebastián de Portugal, y que es famosa por el aria del tenor “Deserto in terra” (en su versión en italiano” que escuchamos cantada por Luciano Pavarotti:

El 18 de enero de 1844 estrena su última ópera, “Caterina Cornaro”, en Nápoles, decepcionado por el fracaso de esta. Escuchamos el aria del barítono “Da che sposa Caterina” cantada por Renato Bruson:

Poco después, el deterioro de su salud mental le obliga a ser internado en un sanatorio mental cerca de París, del que saldrá para morir en su Bergamo natal el 8 de abril de 1848, con 50 años. La autopsia revelará que la causa de su muerte fue la sífilis, pero en el trascurso de la misma su cráneo fue inadvertidamente robado. Cuando, años después, se decide trasladar su cuerpo del cementerio en el que había sido enterrado a una tumba en la Basilica de Santa Maria Maggiore de Bergamo, junto a la de su maestro Mayr, se descubre que falta la cabeza, y años después es localizada: uno de los doctores que participaron en la autopsia la había robado. Finalmente, en 1951, el cráneo es enterrado junto al resto del  cuerpo en la tumba que había esculpido Vincenzo Vela:

Con una creación tan vasta como la suya, es lógico que haya obras de Gaetano Donizetti que no merezcan ser recordadas, pero escribió igualmente numerosas obras maestras que le colocan con toda razón como uno de los grandes de la ópera italiana.



175 años del estreno de Don Pasquale (03-01-2018)


A comienzos de 1843 se estrena la última de una larga serie de óperas bufas italianas, género que llegará a su fin hasta recuperarse, de forma puntual, 50 años después. Con Rossini retirado, Bellini muerto años atrás y Verdi desengañado con la comedia tras el fracaso de su “Un giorno di regno” (no volverá a la comedia hasta su última ópera, “Falstaff”, estrenada en 1893), sólo nos queda ya Gaetano Donizetti, autor de varias óperas bufas (“L’elissir d’amore”, “La fille du regiment”) que nos dejará una nueva (y última) joya bufa: “Don Pasquale”.




Alcanzada ya la cima de su éxito, con encargos en París y Viena, Donizetti se encuentra en la capital francesa en otoño de 1842 cuando llega a sus manos un viejo libreto de Angelo Anelli, “Ser Marcantonio”, que había sido musicado en 1810 por el hoy desconocido compositor Stefano Pavesi. Con la colaboración de Giovanni Ruffini, el compositor adapta el libreto a sus necesidades y compone la parte vocal de la ópera en 11 días según dice la tradición. El ritmo de composición es realmente rápido, por lo que el compositor reutiliza algunos fragmentos de óperas anteriores suyas. Será una de las últimas óperas que componga un Donizetti cada vez más enfermo a causa de la sífilis que padece.

La ópera, que recoge en buena medida a los principales personajes de la Comedia dell’arte, es una divertida representación del conflicto entre generaciones que encierra una crítica social hacia esos ricos y viejos burgueses que no quieren dejar paso a las nuevas generaciones. Con un reparto de auténtico lujo (Luigi Lablache como Don Pasquale, Giulia Grisi como Norina, Antonio Tamburini como Malatesta y Giovanni Matteo de Candia, conocido como Mario, en el papel de Ernesto, “Don Pasquale” se estrena el 3 de enero de 1843 en el Théâtre-Italien de París con un enorme éxito que se repetirá en Italia y en el resto del mundo, éxito que perdura hasta el día de hoy, siendo una de las óperas más representadas de Donizetti, y de las pocas que nunca desapareció del repertorio de los teatros. Innumerables grabaciones discográficas nos dan muestra de su éxito entre público y cantantes, siendo de hecho la única ópera completa que grabará el mítico tenor Tito Schipa.

Vamos ya a dar un repaso a la ópera, y antes de nada dejamos un enlace al libreto.

La ópera comienza con una obertura que recoge algunos de los temas que vamos a escuchar a lo largo de la ópera. Escuchamos la obertura de “Don Pasquale” dirigida por Riccardo Muti:

Estamos en Roma en época contemporánea del estreno (años 30 o 40 del siglo XIX), y la acción comienza en el interior de la casa del rico y entrado en años burgués Don Pasquale. Éste está esperando a su amigo, el Doctor Malatesta, ya que tiene la intención de casarse para así fastidiar a su sobrino Ernesto y dejarle sin herencia. Llega el doctor con buenas noticias: ha encontrado a la mujer perfecta para el ricachón, y la describe con todo tipo de virtudes. Escuchamos así el aria “Bella siccome un angelo” cantada por Rolando Panerai:

Malatesta le dice que la mujer en cuestión es su hermana, y que podrá conocerla esa misma tarde. Don Pasquale se emociona y cree sentir tener bastantes menos años de los que tiene en realidad. Escuchamos su breve aria “Un fuoco insolito” cantada por Sesto Bruscantini:

Malatesta se va, y en ese momento entra Ernesto, sobrino de Don Pasquale y amigo de Malatesta. El viejo le recuerda a su sobrino que, meses atrás le ofreció la posibilidad de casarse con una joven a cambio de una buena pensión y de ser su heredero, Pero que si no aceptaba, estaba dispuesto a casarse él para poder desheredarlo. Ernesto la rechazó, y vuelve a hacerlo, ya que ama a Norina, a la que Don Pasquale desprecia por ser pobre. El viejo entonces le dice a su sobrino que se casa y que le echa de casa. Ernesto al principio no se lo cree, pero al final se da cuenta de que su tío habla en serio, y entonces decide renunciar a su amada Norina, ya que ahora, pobre, no podrá darle lo que quiere. Escuchamos la breve aria de Ernesto “Sogno soave e casto” cantada por Tito Schipa:

Ernesto entonces decide intentar hacer cambiar de opinión a su tío, y le dice que pida consejo a Malatesta. Pero Don Pasquale le dice que ya lo ha hecho, que le ha animado él precisamente a casarse y que la novia es su hermano. Ernesto se siente traicionado por su amigo, mientras su tío se ríe de su estado. Escuchamos el dúo completo (incluyendo el aria que ya hemos escuchado) con Enzo Dara como Don Pasquale y Umberto Grilli como Ernesto:

Cambiamos de escena. Nos vamos a la casa de Norina, que está leyendo una mágica historia de amor. Ella entonces se ríe, ya que ella conoce bien la magia de la seducción, sabe valerse de sus encantos para salirse con la suya. No es desde luego una mujer tonta o inculta, de hecho es más lista que los hombres que la rodean. Escuchamos el aria “Que guardo il cavaliere – So anch’io la virtù magica”, cantada por Lucia Popp:

En ese momento le llega una carta de Ernesto, en la que este le confiesa su intención de abandonarla y de marcharse de Europa, ya que su tío, con la ayuda del farsante de Malatesta, se va a casar. Llega Malatesta para seguir con su plan, pero ella está asustada por la carta. Él le tranquiliza: le informará cuanto antes de la estratagema que han tramado. Y entonces le cuenta su plan: hace pasar a Norina, a quien Don Pasquale no conoce, por la hermana que él tiene en un convento. El viejo se enamora, y los dos se casan falsamente usando como notario a su primo. Entonces ella le hace desesperar para que él quiera quitársela de encima. Ella acepta y comienza a ensayar su papel de “tontita” para enamorar a Don Pasquale y, así, vengarse de el. Escuchamos el dúo que cierra el I acto de Don Pasquale con Mirella Freni y Leo Nucci:

Un bellísimo solo de trompeta abre el segundo acto. Todavía en casa de su tío, Ernesto se prepara para huir, sintiéndose traicionado por su amigo, y le desea a su amada Norina la mejor de las suertes y que pueda encontrar un nuevo amor. Escuchamos el aria “Cercherò lontana terra” cantada por Alfredo Kraus:

Ernesto se va, y entra Don Pasquale con un criado, al que le pide que cierre la puerta cuando lleguen el Doctor y su acompañante para que nadie se entere de lo que pasa, y que disimule y haga creer que su patrón está todavía fuerte pese a superar los 70 años.

Entra Malatesta con su “hermana” Sofronia, que interpreta a la perfección el papel de tímida, encandilando al viejo, que está dispuesto a casarse al instante. Malatesta le presenta al “notario” para que los case. Inmediatamente, Don Pasquale le cede a su “mujer” la mitad de sus bienes. La pareja firma, pero hacen falta dos testigos. Entra entonces Ernesto, y Malatesta teme que lo eche todo a perder. Don Pasquale le pide que firme como testigo, y Malatesta le convence a Ernesto para que siga la comedia que ha montado por su bien, lo que el joven hace, pese a haber reconocido a Norina como la novia.

Una vez casados, Don Pasquale se lanza sobre la joven, pero ella le detiene y le dice que tiene que pedir permiso. Él lo hace, y ella se lo niega y le insulta, llamándole viejo, y diciendo que necesita a un acompañante más joven, para lo que elige a Ernesto, que también se ríe de su tío. Don Pasquale se niega, porque no quiere, y ella le contesta que a partir de ahora sólo se hará lo que ella quiera, y que si  no lo consigue por las buenas, lo hará por las malas. Ernesto ya va entiendo la trampa, y “Sofronia” hace pasar a los tres criados: son pocos, hacen falta más, y además les dobla la paga. Además hacen falta carruajes, cambiar el mobiliario de la casa y mil y un gastos más. Don Pasquale se niega, pero ahora están casados y ella demuestra claramente que va a hacer lo que quiera. Escuchamos el final del II acto:

Comenzamos el III acto. Norina ha gastado un dineral en todo tipo de lujos, como observamos en el coro de introducción, “I diamanti, presto, presto”:

Don Pasquale desespera con las facturas que le deja su mujer. Entonces ve que ella va a salir, y intenta impedirlo. Ambos pelean; él no le deja irse, y ella dice que al marido no se le escucha. Ante la insistencia de él, ella le da un bofetón, sabiendo que es lo mejor para seguir la farsa, y se dispone a irse, a lo que él le contesta que no vuelva, ya sólo piensa en divorciarse. Escuchamos el dúo “Signorina, in tanta fretta” con Sesto Bruscantini y Mirella Freni:

Mientras se va, Norina deja caer una nota. Don Pasquale piensa que es una factura, pero en realidad es una cita con un hombre para esa mima noche en el jardín. El viejo hace entonces llamar a Malatesta.

Los criados comentan la situación de guerra y despilfarro que se vive en la casa. Escuchamos el coro “Che interminabili andirivieni”:

Malatesta le cometa el plan a Ernesto: es imprescindible que su tío no lo reconozca en el jardín.

Entonces Malatesta va a donde Don Pasquale, que se arrepiente de sus situación y preferiría haberle dejado a su sobrino casarse con su amada Norina en vez de sufrir ese infierno. Le cuenta lo del bofetón y le enseña la nota. Malatesta le propone que sean ellos dos solos quienes sorprendan a su esposa con su amante en el jardín para comprobar si es culpable. Escuchamos el magnífico dúo bufo “Cheti cheti immantinente” con Enzo Dara y Alessandro Corbelli:

Cambiamos de escena. Es de noche en el jardín, y Ernesto canta una serenata mientras espera a Norina. Escuchamos el “Com’è gentil” cantado por Tito Schipa:

Llega Norina y ambos cantan un dúo de amor, “Tornami a dir che m’ami”, que escuchamos cantado por Mirella Freni y Nicolai Gedda:

Llegan entonces Don Pasquale y Malatesta, y Ernesto escapa. Don Pasquale quiere echarla, pero ella se niega. Malatesta entonces le dice que al día siguiente llegará a esa casa una nueva mujer, la esposa de Ernesto, a lo que Sofronia se niega. Viendo que así se librará de su esposa, Don Pasquale acepta conceder a su sobrino el permiso para casarse y una pensión de cuatro mil escudos. Llaman a Ernesto, que acepta, y entonces se desvela el engaño: Sofronia es Norina y el matrimonio ha sido una farsa. Ambos le piden perdón al tío, que acepta la boda. La ópera termina con una moraleja: quien se casa viejo va a sufrir. Escuchamos esa moraleja final con Isabel Rey, Juan Diego Flórez y Ruggero Raimondi:

Terminamos con un Reparto ideal:

Don Pasquale: Sesto Bruscantini o Enzo Dara.

Norina: Mirella Freni.

Ernesto: Tito Schipa o Alfredo Kraus.

Malatesta: Rolando Panerai o Alessandro Corbelli.

Director de Orquesta: Riccardo Muti.

Crónicas: 

AGAO, 2015

Opus Lirica, 2016



Centenario del estreno de La Rondine (27-03-2017)


Es una de las óperas más desconocidas de Giacomo Puccini, a menudo menospreciada por su calidad supuestamente inferior, pero a mí me resulta una ópera enormemente emotiva. Hoy, con motivo del centenario de su estreno, repasamos la historia de “La Rondine”.




Giacomo Puccini había estrenado su última ópera, “La fanciulla del West” en 1910, y se hallaba en busca del argumento de sus siguiente ópera, barajando numerosas opciones. Pero en 1913 viaja a Viena para estrenar en esta ciudad su nueva ópera, y allí recibe una oferta de trabajo: el Karl-Theather le ofrece componer una opereta vienesa. Puccini en principio no se muestra del todo satisfecho, pero sus peleas con su editor, Giulio Riccordi le llevarán a aceptar el contrato, con una condición: Puccini no quiere componer una obra que combine pasajes musicales y diálogos hablados, sino una obra completamente cantada, siguiendo la estética de “Der Rosenkavalier” de Richard Strauss.

Giuseppe Adami traduce al italiano el libreto original alemán de Alfred Maria Willner y Heinz Reichert, un argumento con momentos de comedia, con una pareja protagonista y otra secundaria de carácter más cómico, pero con un final que, sin ser dramático como los de las grandes óperas anteriores de Puccini, no resulta un final feliz.

Giacomo Puccini termina de componer “La Rondine” en 1915, mal momento para estrenar una ópera, con Europa inmersa en la I Guerra Mundial. Para colmo, Italia entra en 1915 en la Guerra, pero no en el bando Austriaco, con quien se suponía que tenía una alianza, sino en el rival. En tal situación, era imposible que Puccini estrenara la ópera en Viena. Además, Riccordi rechaza hacerse cargo de la ópera. Será su editor rival, Lorenzo Sonzogno, quien se haga cargo de la ópera y consiga poder estrenarla en un país neutral, eligiendo Montecarlo. Será en el Gran Teatro del principado monegasco donde se estrene finalmente la ópera el 27 de marzo de 1917, con un reparto de lujo encabezado por Gilda Dalla Rizza y Tito Schipa, alcanzando un notable éxito que, por desgracia, no perdurará.

De hecho, Puccini realizará alteraciones a la partitura, como la incorporación de un aria para el tenor en el primer acto (usando una canción que había compuesto anteriormente cambiándole la lera) o incluso un cambio en el final, mucho más dramático. Quizá Puccini se daba cuenta de que, tras dos magníficos actos, llenos de melodías bellísimas, de ritmos de danza y sonoridades más modernas (La Rondine es una ópera tan innovadora como cualquier otra de la producción pucciniana), el tercer acto se quedaba quizá un poco pobre dramáticamente hablando. Y la culpa es sin duda de un libreto que nos ha dejado grandes frases en los dos primeros actos pero que aquí parece difuminarse sin encontrar la salida. Y, pese a todo, pese a ser el final original más bien flojito, es muy difícil no emocionarse con él.

Comenzamos ya a repasar el argumento de la ópera, dejando antes un enlace del libreto.

Comenzamos el primer acto de La Rondine. Estamos en París, a comienzos del siglo XX, esa época feliz y próspera en la que nadie se imaginaba que iba a estallar una terrible guerra poco después (¿morirá nuestro protagonista combatiendo en el frente? Imaginémonos una continuación a esta ópera…). Estamos en un salón en casa de Magda, la amante del rico Rambaldo. Allí están un grupo de amigos, entre ellos el poeta Prunier, que habla de una nueva moda en el mundo elegante de París: el amor sentimental. La criada Lisette se burla de este comentario, afirmando que eso no existe, que todo son encuentros fugaces. Magda echa a su criada para poder escuchar lo que cuenta Prunier: un amor basado en miradas, besos, suspiros… y nada más, que se extiende como un microbio entre todas las mujeres parisinas, incluyendo Doretta, el personaje que le ha inspirado su nueva canción. Magda le obliga a cantarla, y cuando Rambaldo pregunta por el argumento y Prunier le contesta que es el amor, Rambaldo lo considera un tema aburrido, al contrario que Magda. Prunier cuenta que el rey quiso besar a Doretta y le prometió riquezas a cambio de hacerla suya, pero ella le rechaza, porque el oro no le puede dar la felicidad. Prunier se calla, ya que no ha conseguido encontrar el final de la historia, pero Magda se atreve a rematarla: un joven besa a Doretta, revelándole una felicidad que las riquezas nunca podrían darle. Escuchamos este famosísimo pasaje “Chi il bel sogno di Doretta” con Angela Gheorghiu:

Este pasaje es tan famosos que ha sido grabado por numerosas sopranos que nunca han cantado el papel completo; he puesto la versión de Gheorghiu para poder escuchar la parte del tenor también, pero ahora vamos a escuchar una versión mejor cantada, que le saque mucho más partido a esos agudos en pianísimo; escuchamos la versión de Montserrat Caballé:

Todos se emocionan al escuchar a Magda, incluso el poco romántico Rambaldo, que rechaza verse afectado por el amor; él lo compra con un collar de perlas que regala a Magda. Pero Prunier se da cuenta de que ella duda, que no se encuentra contenta.

Llega Lisette para avisar a Rambaldo de que una persona a la que espera lleva ya una hora esperando su respuesta: es el hijo de un amigo de infancia. Rambaldo sale a buscarlo, mientras Prunier le pregunta a Magda como puede soportar a Lisette, que no para de hablar: Magda afirma que le da luz a su vida, algo que sorprende a todas, ya que envidian la vida de Magda, ya que Rambaldo es generoso y le da todo lo que pueda pedir. Magda rechaza que puedan pensar que el dinero le da la felicidad, y recuerda cuando, años antes, cuando era jovencita, se escapó de casa de su tía y fue a Bullier, donde conoció a un chico con el que bailó, que le invitó a una cerveza, que escribió su nombre junto al de ella en el mármol… con el que descubrió el amor, a fin de cuentas. Añora la felicidad que sintió en aquel momento. Escuchamos esa bellísima aria que es “Ore dolci e divine” cantada deliciosamente por Ainhoa Arteta:

Venga, lo confieso, es uno de los pasajes que más me emocionan de esta ópera.

Le preguntan a Prunier si la historia le interesa, pero él responde que su protagonista tiene que ser refinada, elegante y perversa, digna de él. Para saber si una mujer reúne esas condiciones hay que leer la palma de su mano. Lee la de Magda, y ve como el destino la lleva, como si fuera una golondrina (Rondine en italiano, de ahí el título de la ópera) lejos, tal vez hacia el amor, pero que el destino tiene una doble cara: puede ser un final feliz o no.

Mientras ha llegado el joven al que esperaba Rambaldo, Ruggero, que por primera vez visita París. En este momento Puccini incluye en una versión alternativa (poco utilizada posteriormente) un aria, “Parigi”, en la que Ruggero describe sus impresiones sobre la ciudad que le fascina. Escuchamos el aria cantada por Roberto Alagna:

Rambaldo pide consejo sobre dónde enviar a Ruggero en su primera noche en París. Prunier le responde que a la cama, pero Lisette en seguida replica que la primera noche en París es como ver el mar por primera vez, y discuten sobre el lugar más adecuado para enviarlo, sugiriendo Lisette finalmente Bullier, donde florece el amor. Magda se estremece al escuchar el nombre de lugar. Tras enviar a Ruggero a Bullier, todos dejan sola a Magda, incluida Lisette, que tiene su noche libre. Magda recuerda lo que le dijo Prunier al leerle la mano, y decide rememorar su vieja historia yendo a Bullier. En ese momento aparece Lisette junto a Purnier: ¡se aman, flípalo! Prunier todo el rato insistiendo en que no la aguanta, y vaya si la aguanta… ambos van a ir de fiesta, y Lisette “toma prestada” ropa de Magda. Justo cuando se van reaparece Magda, vestida de una manera mucho más sencilla de la que acostumbra, y se prepara para ir a Bullier sabiendo que, con ese aspecto, nadie la reconocerá. Escuchamos la escena final del primer acto con Kiri Te Kanawa como Magda, Mariana Nicolesco como Lisette y David Rendall como Prunier:

Comenzamos el segundo acto de La Rondine, en el que nos vamos a encontrar más ritmos bailables propios de la opereta. Y es que estamos en Bullier, donde todos están de fiesta. Unos beben, hay parejas que discuten y otras que ligan. Un grupo de busconas ve llegar a un jovencito guapete y tímido, Ruggero, e intentan embaucarle, pero él las ignora. Mientras, un grupo de jóvenes estudiantes ve llegar a una desconocida (Magda), y la atienden de forma algo empalagosa; quieren su compañía, y ella les rehuye como puede, para lo que tiene que buscarse la excusa de que ha quedado con alguien. Ellos insisten en acompañarla, y ella no encuentra mejor solución que saludar a Ruggero, que no sabe quién es ella. Escuchamos esta introducción dirigida por Lorin Maazel y con Kiri Te Kanawa como Magda:

Magda le cuenta la verdad a Ruggero: era una excusa para librarse de los moscardones, y en cuanto desaparezcan, ella le deja. Pero Ruggero le pide que se quede, ya que la ve diferente a las demás, le recuerda a las tímidas y modestas jóvenes de su ciudad Montauban, que sólo llevan una flor en en el pelo, como la que se ha puesto ella. Y tras la sugerencia de Magda, ambos van a bailar. Magda siente estar viviendo una nueva aventura como la de su juventud. SE unen a la multitud que baila. Escuchamos la escena con Anna Moffo y Daniele Barioni:

Como el vídeo se corta justo cuando comienza el vals instrumental, dejo otra versión del final del dúo y el vals posterior:

Llegan Prunier y Lisette. Prunier intenta enseñarle a ella a comportarse, pero ella se enfada porque se siente regañada cada vez que hace algo.

Magda y Ruggero dejan de bailar. Ella tiene sed y él pide dos cervezas. Ella le pide que pague al camarero 20 escudos y le deje las vueltas, recordando lo que hizo el joven en aquella escapada anterior que ella tanto añora. Tras un brindis, él le pregunta su nombre; ella escribe sobre el mármol un nombre falso, Paulette, mientras el se presenta con su verdadero nombre. Insiste en saber cuál es su misterio, ya que no sabe nada de ella; ella le dice que la acepte como es y él siente que es la persona que estaba esperando, y se besan. Pues sí, es verdad que en Bullier florece el amor, y a qué velocidad… escuchamos el dúo de nuevo con Anna Moffo y Daniele Barioni:

Aparecen entonces Prunier y Lisette, que cree reconocer a su señora y a Ruggero. Prunier, dándose cuenta de lo que sucede, le dice que ella no es Magda, o algo así, y como a Lisette le falta un hervorcillo se arma un lío. Van a saludar a Ruggero para ver si el consejo que le dio Lisette de ir a Bullier ha servido de algo, a lo que Ruggero responde afirmativamente y les presenta a “Paulette”. Magda y Lisette se chinchan por la ropa que llevan, mientras Magda aprovecha también para meterse con Prunier por estar con su “odiada” Lisette. Ruggero propone entonces un brindis, mientras Magda ve cómo su sueño se está haciendo realidad. Y llegamos a otro de los mejores momentos de La Rondine, el brindis “Bebo al tuo fresco sorriso”. Pero seguimos porque vamos a escuchar ya todo lo que queda hasta el final del acto seguido. Lega Rambaldo, y Lisette se lleva a Ruggero mientras Prunier intenta entretenerlo, pero Magda decide quedarse para abandonar a su amante, diciéndole “Tú no sabes lo que es tener ser de amor y encontrar el amor, tener ganas de vivir y encontrar la vida” (eso es una frase y lo demás son tonterías). Rambaldo le desea que no se arrepienta antes de irse. Rambaldo se va, y Ruggero vuelve en busca de “Paulette”: ya amanece y todos se han ido. Magda entonces le abraza: ve su sueño cumplido y tiene miedo de perderlo. Y ambos salen declarándose su amor. Escuchamos toda esta escena final desde el brindis con Roberto Alagna, Angela Gheorghiu y Samuel Ramey como Rambaldo:

No me resisto en todo caso a poner el final cantado por Anna Moffo, en una interpretación sumamente emotiva:

Comenzamos el tercer acto de La Rondine. Y nos hemos trasladado a la Costa azul, donde ahora viven Ruggero y Magda en una casa frente al mar. Magda está preocupada por si Ruggero se aburre de esa soledad, pero él se siente feliz de ver como el amor de Magda crece cada día. Ella entonces recuerda cómo se conocieron. Escuchamos el comienzo del tercer acto con Daniele Barioni y Anna Moffo:

Entre abrazos y caricias, Ruggero le confiesa un secreto: he escrito a su padre pidiéndole dinero, ya que están llenos de deudas, pero la respuesta no llega. Ha escrito además para conseguir el consentimiento de sus padres para que se casen, algo que sorprende y deja desconcertada a Magda. Escuchamos la segunda parte del dúo con los mismos intérpretes:

Ruggero desea que Magda vaya con él a su casa, a la protección de su madre, donde espera que con el tiempo puedan incluso tener un hijo. Escuchamos el aria “Dimmi che vuoi” delicadamente cantada por Beniamino Gigli:

Ruggero se va, y Magda se siente atormentada por no haberle revelado su pasado. Entra en casa justo en el momento en el que aparecen Prunier y Lisette. Ella está enfadada con él, porque él la quiso convertir en cantante pero ha fracasado, la silbaron, y ahora teme a todo el mundo, y vuelven a pelearse. Buscan encontrarse con Magda; Prunier le cuenta que nadie en París se cree su amor, mientras Lisette, tras el fracaso la noche anterior en la vecina Niza, se ofrece a volver a ser la doncella de Magda, cosa que ella acepta. Prunier insiste en que regrese a París, ya que alguien que sabe de su mala situación económica (Rambaldo, aunque no mencione el nombre) le ofrece volver con él. Prunier se va fingiendo desprecio a Lisette, pero en secreto quedan para esa noche.

Lisette se prepara para volver a su oficio de sirvienta, y Ruggero regresa con una carta. Vamos a ver primero el final alternativo, un final horrible. La carta que lleva Ruggero le cuenta el pasado de Magda, y él la rechaza (una prostituta, por muy de lujo que sea, no tiene derecho a la redención, por lo visto). Ante la lamentable actitud de semejante cab####, que no cede ante sus súplicas de perdón, La  Magda se mete en el mar y se suicida al perder de esta forma su sueño de amor. Escuchamos ese final alternativo con Marcus Haddock y Ainhoa Arteta:

La versión original tiene un final triste, pero ni mucho menos tan trágico. Ruggero regresa todo ilusionado con una carta de su madre; Magda la lee: si Ruggero cree que es una buena mujer, le da su bendición y le pide que le dé un beso de su parte. Ruggero va a dárselo, pero ella lo rechaza: siente que le ha engañado al no contarle su pasado. Puede ser su amante, pero no la esposa que su madre espera. Ruggero suplica arrodillado que ella no le deje, pero con mucho dolor ella siente que no puede arruinarle la vida y tiene que dejarlo, abandonar su sueño de amor (y su redención por tanto) y regresar con Rambaldo: la golondrina ha cruzado el mar, pero el final no es un final feliz. Escuchamos el final con Roberto Alagna y Angela Gheorghiu:

Este video va bien para poder ver el final, pero si sólo queremos escucharlo, hay que recurrir siempre a Anna Moffo. Ese “Ah” final es de esos que te dejan un nudo en la garganta:

Ya dije que el tercer acto era el más flojo de los 3, e incluso el dúo final, no carente de buenos momentos, se queda dramáticamente un poco corto. Pero no emocionarse es prácticamente imposible.

Terminamos como siempre con un reparto ideal (teniendo en cuenta que no hay mucha discografía de esta ópera):

Magda: Anna Moffo (obviamente).

Ruggero: Roberto Alagna.

Prunier: Piero di Palma o William Matteuzzi.

Lisette: Inva Mula.

Rambaldo: Leo Nucci.

Director de Orquesta: Antonio Pappano.



170 años del estreno de Macbeth de Verdi (14-03-2017)


Tras el exitoso estreno de Attila en 1846, a Giuseppe Verdi le llegaron dos contratos: tanto el teatro della Pergola de Florencia como el Her Majesty’s Theatre querían una nueva ópera. El poeta Andrea Maffei le propone dos argumentos: uno, basado en “Los ladrones” de Friedrich von Schiller, y otro basado en Macbeth de William Shakespeare.




Verdi acepta ambos encargos, y Andrea Maffei se encarga de escribir el libreto a partir de la obra de Schiller, que se titulará “I Masnadieri”, mientras que Francesco Maria Piave se encargará del de “Macbeth” (en la que será su primera adaptación de una obra de Shakespeare). La idea de Verdi es componer primero “I Masnadieri”, que debería estrenarse en Florencia en época de carnaval, mientras que “Macbeth” se estrenaría en Londres meses después. Pero se encuentra con un problema: en Florencia no cuentan con ningún tenor que pueda hacer frente al papel protagonista de “I Masnadieri”, pero sí que cuentan con un gran barítono, ya experto en interpretar personajes verdianos, Felice Varesi, muy apropiado para el papel de Macbeth. Así que cambio de planes: “Macbeth” se estrenará en Florencia, por lo que su composición es prioritaria, dejando “I Masnadieri” para el estreno londinense que se producirá en julio.

Verdi era un gran aficionado a la lectura de Shakespeare,pero por aquellas fechas no había leído todavía Macbeth. Pese a todo, sus ideas sobre la obra son bien claras, lo que le trae algunos problemas con Piave, hasta el punto de que Maffei intervendrá en algunos pasajes del libreto. Pese a todo, la obra de Piave es realmente buena, siguiendo la acción del original, pero limitando personajes y reduciendo de 5 a 4 los actos, aunque con numerosos cambios de escena. Su desarrollo dramático supone un importante avance en el drama verdiano, en el que los números cerrados no perjudican al desarrollo dramático. Era una obra novedosa para su época, sin duda.

El estreno de la ópera, el 14 de marzo de 1847, fue todo un éxito, nada extraño en vista de la calidad de la obra. Pero en 1864 el Teatro Chatelet de París le encarga a Verdi algunos añadidos en la ópera, y Verdi aprovecha para revisarla. Estrenada esta revisión en 1865, fue un fracaso que hizo desaparecer la obra del repertorio teatral, hasta que fue recuperada a mediados del siglo XX, siempre en su versión revisada (muy superior a la original, como casi siempre en Verdi), momento en el que recupera, siendo ahora una ópera muy popular, de las mejores de la primera etapa de Verdi.

Antes de comenzar nuestro repaso al argumento dejamos, como siempre, un enlace al libreto.

La ópera comienza con un breve preludio, que escuchamos dirigido por Claudio Abbado:

Estamos en Escocia, a mediados del siglo XI. El primer acto comienza en un bosque lleno de brujas (las originales tres brujas de Shakespeare se transforman aquí en un coro femenino). Varios grupos de brujas comentan sus hechizos, cuando escuchan llegar a Macbeth y comienzan a bailar:

Llegan dos generales del rey escocés Duncano: Macbeth y Bancuo. Viendo a las mujeres y dándose cuenta de que no son seres normales, Macbeth les pregunta por el futuro: las mujeres le saludan como señor de Glamis, de Cawdor y Rey de Escocia. Macbeth se estremece al oír los saludos, y Bancuo les pregunta por su futuro: le dicen que será menos feliz que Macbeth, pero más grande, ya que sus hijos serán reyes (en la época en la que Shakespeare escribió su obra teatral se pensaba que Bancuo era el antecesor de los Estuardo, familia a la que pertenecía el por entonces rey de Gran Bretaña, Jacobo I; porque sí, los personajes de esta obra existieron en realidad). Tras desaparecer las brujas, llegan soldados que saludan a Macbeth como señor de Caudor, ya que el anterior señor ha sido ejecutado por orden del rey. Macbeth que ya era señor de Glamis, lo es ahora de Caudor: se han cumplido dos de las tres profecías, siendo la tercera ser Rey. La ambición crece en el corazón de Macbeth, cosa de la que Bancuo se da cuenta. Escuchamos la escena con Renato Bruson como Macbeth y James Morris con Bancuo:

Cuando los soldados se van, reaparecen las brujas para decir que volverán a aparecer ante Macbeth para contarle más sobre el futuro.

Cambiamos de escenario: estamos en una sala del castillo de Macbeth. Su esposa, lady Macbeth, lee la carta en la que Macbeth le cuenta todo lo que le profetizaron las brujas. Llena de ambición, ella se pregunta si Macbeth será lo suficientemente malvado para conseguir su objetivo, y se propone apoyarlo para aceptar el regalo que le hacen las brujas (aria “Vieni! T’affretta!”). Un criado entra para avisar que el Rey Duncano pasará la noche en el castillo, por lo que Lady Macbeth se prepara para la acción (caballetta “Or tutti sorgete”). Escuchamos la escena completa con Ghena Dimitrova:

Llega Macbeth, que le dice a su esposa que el rey se irá al día siguiente. Entonces ella le sugiere que lo asesine esa noche,aunque él tiene miedo. Ambos salen a saludar al rey, que entra en medio de una marcha, acompañado por su hijo Malcolm y los nobles escoceses Bancuo y Macduff:

Una vez retirados todos, Macbeth duda, pero recibe la señal de su mujer y entra en la habitación de Duncano. Lady Macbeth escucha un ruido y teme que Duncano se haya despertado, pero Macbeth le dice que ya todo ha acabado. Pero se muestra trastornado por el asesinato que acaba de cometer, sabiendo que ya nunca más podrá volver a dormir en paz. Es su mujer la que tiene que llevar el puñal para acusar a los guardias del rey del asesinato, porque Macbeth es incapaz de volver, antes de volver y llevarse a su marido. Escuchamos el dúo con Piero Cappuccilli y Shirley Verrett:

Llegan Macduff y Bancuo. Macduff tiene orden de despertar al rey, pero al entrar en su habitación se encuentra con el panorama, y llama a todos mientras Bancuo entra en la habitación, y al salir informa que han asesinado a Duncano. Todos entonces piden ayuda a dios para que se castigue a los culpables en un concertante impresionante con el que termina el primer acto. Escuchamos esta escena con Renato Bruson como Macbeth, Maria Guleghina como Lady Macbeth, Roberto Alagna como Macduff, Fabio Sartori como Malcolm  y Carlo Colombara como Bancuo:

Comenzamos el segundo acto. Estamos en una sala del castillo de Macbeth. Él está preocupado, y su mujer le pregunta por qué le evita; Malcolm ha huido a Inglaterra, lo que hace recaer sobre él la sospecha del asesinato, y así Macbeth ha conseguido el trono, que es lo que le profetizaron las brujas. Pero Macbeth está pensando en lo que le profetizaron a Bancuo: que sus hijos serían reyes. Para evitar eso será necesario asesinar tanto a Bancuo como a su hijo. Esa misma noche se cometerá un nuevo crimen, por lo que Lady Macbeth solicita que la noche cubra el crimen antes de estallar en un alarde de ambición. Escuchamos la segunda de las arias de Lady Macbeth, “La luce langue”, cantada por Maria Callas:

Cambiamos de escena. Es de noche, en el bosque, cerca del castillo de Macbeth. Un grupo de sicarios se reúnen para asesinar a Bancuo y a su hijo Fleance. Estos aparecen, y Bancuo se muestra sospechoso, sintiendo su final próximo, recordando que en una noche similar mataron también a Duncano. Entonces un sicario ataca a Bancuo, quien antes de morir avisa a su hijo para que escape. Escuchamos el aria “Come dal ciel precipita” cantada por Nicolai Ghiaurov:

Cambiamos de nuevo de escenario. Estamos en la sala de banquetes del castillo de Macbeth, en la que se celebra una cena; Lady Macbeth canta un brindis (“Si colmi il calice”). Mientras, un sicario avisa a Macbeth que Bancuo ha muerto, pero su hijo ha huido. Los demás esperan a Bancuo, que también estaba invitado al banquete, y Macbeth decide sentarse en la silla que le correspondería a Bancuo, pero entonces se le aparece su fantasma (que nadie más puede ver). Macbeth se muestra aterrado, pero su esposa no ve nada y lo calma con cierto desprecio. Macbeth ordena que continúe el brindis. Pero de nuevo se le aparece el fantasma y Macbeth empieza a gritar incongruencias aterrado, despertando de nuevo el desprecio de su mujer. Macduff, dándose cuenta de que algo anda mal, decide abandonar el país. Escuchamos el final del segundo acto con Piero Cappuccilli y Shirley Verrett:

Comenzamos el tercer acto. Estamos en una cueva llena de brujas realizando sus conjuros:

Llega Macbeth, que quiere saber más sobre su futuro. las brujas le preguntan si quiere que se lo cuenten ellas o los espíritus a los que sirven. Macbeth quiere oírlo a esos espíritus, y le hablan tres apariciones. La primera le dice que tenga cuidado con Macduff, cosa que Macbeth ya sospecha, pero no puede realizar preguntas. La segunda aparición le dice que ningún nacido de mujer podrá herirle. Eso tranquiliza a Macbeth, que decide perdonar la vida de Macduff, aunque inmediatamente cambia de opinión. Aparece entonces un niño coronado que asusta a Macbeth, pero le dice que será victorioso hasta que el bosque de Birnam avance hacia él. Eso de nuevo tranquiliza a Macbeth, pero insiste en saber si los hijos de Bancuo serán reyes. Las brujas le aconsejan que no pregunte, pero él insiste; entonces una visión muestra a ocho reyes desfilando, seguidos por Bancuo. Macbeth, enloquecido, se lanza a atacarlos, pero no son seres vivos, así que no logra nada más que desmayarse de terror. Escuchamos esta escena cantada por Renato Bruson:

Llega entonces la reina, que le estaba buscando. Él le cuenta todo lo que le han contado, y ambos deciden destruir el castillo de Macduff matando a su esposa e hijos, y buscar al hijo de Bancuo para matarlo. Escuchamos este dúo con Leo Nucci y Adelaide Negri:

Comenzamos el cuarto acto. Estamos en el campo, en la frontera de Inglaterra y Escocia, junto al bosque de Birnam. Refugiados escoceses se concentran en el lugar, que describen su dolor, y la incapacidad de nadie de enfrentarse al tirano causante de tanto sufrimiento. Escuchamos el coro “Patria oppresa” dirigido por Claudio Abbado:

Cómo gustaban estos coros de pueblos oprimidos buscando volver a su patria en el risorgimento…

Mientras, Macduff llora a su mujer y sus hijos asesinados, se lamenta por no haber estado a su lado para protegerlos y promete enfrentarse al tirano asesino. Escuchamos el aria “Ah, la paterna mano” cantada por Carlo Bergonzi:

Llega Malcolm y ordena que todos usen ramas del bosque de Birnam para ocultarse según avancen. Macduff lamenta no poder vengarse, porque Macbeth no tiene hijos. Todos entonces deciden librar a la patria del tirano que la maltrata. Escuchamos el coro “La patria tradita” con Roberto Alagna como Macduff y Fabio Sartori como Malcolm:

Cambiamos de escena. Volvemos al castillo de Macbeth. La reina está enferma, por lo que junto a su dama de compañía hay un médico. Ella ve sus manos manchadas de sangre e intenta lavarlas. Entre delirios, va confesando sus crímenes. Escuchamos así su escena de locura (su tercera aria) “Una macchia” cantada por Lyudmila Monastyrska:

En otra sala del castillo, Macbeth repasa las profecías, pero éstas no logran calmarle; tiene el presentimiento de que ha llegado a su fin, y de que no dejará un buen recuerdo. Escuchamos el aria “Pietà, rispeto, amore” en la histórica versión del gran Mattia Battistini:

No deja de ser curiosa la rapidez con la que dice algunas frases, pero en todo caso así es cómo hay que cantar este aria: una voz noble, redonda, con legato, sin trucos veristoides.

En todo caso, como la anterior es una versión con piano, escuchamos una con orquesta, la magnífica versión que canta Leonard Warren:

Entonces le informan que la reina ha muerto. Él reacciona fríamente, pero la cosa cambia cuando sus soldados le dicen que el bosque de Birnam está avanzando; se siente desilusionado con los vaticinios que no son tan positivos como él pensaba. Se prepara para luchar, y sale del castillo, donde se encuentra con las tropas enemigas comandadas por Malcolm y Macduff, que busca venganza. El rey le cuenta lo que decía la profecía, que ningún nacido de mujer podría nacer, pero Macduff le dice que no nació, sino que fue arrancado del seno materno. Ambos luchan y Macduff gana. Escuchamos la escena con Piero Cappuccilli y Plácido Domingo:

La versión original de la ópera incluía aquí, como conclusión, un aria del moribundo Macbeth, “Mal per me”, en la que lamenta haber hecho caso de aquellas profecías. Aunque en la revisión de 1865 este aria fue suprimida, en ocasiones se suele incluir justo antes del nuevo final, así que la escuchamos cantada por Piero Cappuccilli:

Las tropas de Malcolm han ganado, y Macduff ha asesinado al usurpador. El pueblo nombra nuevo rey a Malcolm, elogia a Macduff por su heroísmo y alaba a dios por la victoria. Y con este coro termina la ópera:

Terminamos, como siempre, con un Reparto Ideal:

Macbeth: Leonard Warren, Piero Cappuccilli o Renato Bruson.

Lady Macbeth: Maria Callas o Lyudmila Monastyrska.

Macduff: Carlo Bergonzi.

Bancuo: Nicolai Ghiaurov.

Director de Orquesta: Claudio Abbado.



160 años del estreno de Simon Boccanegra (12-03-2017)


En 1856, Giuseppe Verdi se encontraba trabajando en varios proyectos: la adaptación de “El Rey Lear” de Shakespeare y las revisiones de dos de sus óperas anteriores, “Stiffelio” (que dará lugar a “Aroldo”) y “La battaglia di Legnano”, cuando el Teatro de La Fenice le propone escribir una nueva ópera para ellos, oferta que Verdi rechaza. Pero pocos meses después el libretista Francesco Maria Piave le recuerda la propuesta y le ofrece un libreto, el de “Simon Boccanegra”.




El libreto de “Simon Boccanegra” se basa en la obra teatral del dramaturgo español Antonio García Gutierrez, autor del que Verdi ya había adaptado “Il Trovatore”. Esta obra teatral se inspiraba a su vez en el Dogo genovés, el primero en ostentar tal título en 1339 (los anteriores gobernadores eran designados como tribunos del pueblo, y no eran cargos vitalicios). Perteneciente al partido plebeyo, se tuvo que enfrentar a las principales familias patricias (o güelfas) de Génova, los Spinola, los Doria, los Grimaldi y los Fieschi (todas ellas aparecerán mencionadas en la ópera), que consiguieron echarle de la ciudad en 1347, aunque regresó en 1357, muriendo en 1362, al parecer envenenado. Gutierrez une su figura a la de su hermano Egidio, que era un pirata.

Convencido de este nuevo proyecto, Verdi abandona los demás (sólo la revisión de Stiffelio saldrá adelante) y compone la ópera que se estrenará en La Fenice de Venecia el 12 de marzo de 1857, siendo más bien un fracaso por una trama en exceso enrevesada, un argumento considerado demasiado triste y una abundancia de declamato, frente a una ausencia de grandes pasajes melódicos.

Años después, el editor de Verdi, Giulio Ricordi, insistirá en que el maestro revise esta obra para poder mejorarla. Verdi lo rechaza numerosas veces, pero en 1879 le presenta al libretista Arrigo Boito, que tiene un esquema para una nueva ópera, “Otello”. Verdi, que llevaba varios años retirado, termina interesándose por el proyecto, pero antes de trabajar en él deciden revisar el libreto de “Simon Boccanegra” para ver la química entre ambos, que resultará ser magnífica.

La revisión suprime la obertura, convierte los 4 actos previos en 3 actos y un prólogo y, entre otros muchos cambios, incorpora la escena del consejo del final del primer acto (lo mejor de la ópera), incluyendo las citas de las cartas de Francesco Petrarca para los Dogos de Génova y Venecia.

La revisión se estrena el 24 de marzo de 1881 en La Scala de Milán, con Victor Maurel como Boccanegra y Francesco Tamagno como Gabriele Adorno. El estreno es un éxito, aunque poco después la ópera caerá del repertorio, siendo recuperada en Alemania primero y en Nueva York después en los años 30, siendo actualmente una ópera afianzada en el repertorio, pero siempre empleándose la revisión de 1881.

Se trata de una ópera oscura, en la que la trama amorosa ocupa un lugar secundario frente a las intrigas políticas y las relaciones paterno-filiales, tan habituales en la obra de Verdi.

Pasamos ya a repasar la ópera, pero antes, como siempre, dejo un enlace al libreto.

El prólogo se sitúa en el momento en el que Boccanegra alcanza el título ducal, en 1339. Estamos en una plaza genovesa, frente al palacio de los Fieschi. El orfebre Paolo Albiani y Pietro, líder del partido popular genovés, discuten sobre a quién entregar el mando de la ciudad. Pietro propone al usurero Lorenzin, pero Paolo le sugiere que mejor opción es el pirata que ha devuelto el esplendor a Génova, y Pietro acepta apoyarlo a cambio de una buena recompensa. Paolo odia al partido patricio (estamos en pleno enfrentamiento entre los güelfos patricios y los gibelinos plebeyos en todo el norte de Italia), y convence a Simon Boccanegra, el pirata al que ha hecho venir de Savona, para que acepte el título de Dogo, ya que así podrá conseguir la mano de su amada María, la hija de Fiesco. Mientras, Pietro consigue el apoyo del pueblo. Escuchamos esta introducción con Piero Cappuccilli como Boccanegra, José Van Dam como Paolo y Giovanni Foiani como Pietro:

Todos se van, y entonces sale de su palacio Jacopo Fiesco, líder patricio, que abandona su palacio al haber muerto su hija, a la que mantenía retenida. Fiesco lamenta la muerte de su hija y pide que interceda ante dios por él en el aria “Il lacerato spirito”, que escuchamos en la voz de Nicolai Ghiaurov:

Aparece entonces Simon, y Fiesco se le enfrenta. Simon busca la paz con el padre de su amada, pero Fiesco se muestra inflexible en su enemistad: la única forma de perdonarlo será que le entregue a la hija que ha tenido con Maria, pero Simon no puede hacerlo: la tenía oculta pero al volver un día en su busca se encuentra con que la mujer que la busca ha muerto y que la niña ha desaparecido. Al no poder Simon satisfacer la demanda de Fiesco, la paz en imposible y Fiesco abandona a Simon. Escuchamos el dúo con Piero Cappuccilli como Boccanegra y Nicolai Ghiaurov como Fiesco:

Simon entra entonces para encontrarse con su amada, pero lo que encuentra es su cuerpo muerto. Fiesco se siente satisfecho por la venganza, pero entonces llegan voces de que Simon ha sido nombrado Dogo, lo que enfurece a Fiesco.

Terminado el prólogo, pasamos al primer acto, que se abre con un pequeño prólogo orquestal al que sucede de inmediato el aria de la soprano, Amelia Grimaldi. Han pasado 25 años desde el prólogo, y estamos en el palacio de los Grimaldi, que mira al mar. Amelia, al ver el mar, recuerda una triste noche de su infancia. Escuchamos el prólogo dirigido por Claudio Abbado y el aria “Come in quest’ora bruna” cantada por Mirella Freni:

Escucha entonces la voz de su amado, Gabriele Adorno, que viene a verla. Ella se muestra preocupada por su actividad política junto a Lorenzin y a Andrea, quien la ha criado como si fuera su padre. Gabriele intenta calmarla, pero Amelia se asusta al ver a un hombre, ya que todos los días aparece. Gabriele piensa que puede ser un rival, y entonces llega el aviso de que el Dogo va a visitar ese palacio, para conseguir la mano de Amelia para su favorito. La única solución es que se casen de inmediato, por lo que Gabriele parte en busca de Andrea. Escuchamos este dúo con Carlo Bergonzi y Antonietta Stella:

Aparece entonces Andrea, y Gabriele le pide la mano de Amelia. Andrea entonces le cuenta que ella tiene un secreto por el que quizá él no la ame: no es de noble familia. La hija de los Grimaldi murió en un convento, y ese mismo día llegó al convento una huérfana, a la que se hizo pasar por Amelia para que el Dogo no se apropiara de los bienes de la familia. Gabriele acepta su mano igualmente, y Andrea bendice la unión. Escuchamos este dúo con José Carreras como Gabriele Adorno y Nicolai Ghiaurov como Andrea Grimaldi:

Ambos parten, y llega el Dogo, Simon Boccanegra, para conseguir la mano de Amelia para su hombre de confianza, Paolo. Habla con Amelia; sus hermanos están en el exilio por negarse a reconocer al Dogo, pero él les perdona. Él le habla entonces de por qué esconde su belleza, sugiriendo el tema del amor, y ella le dice que Paolo busca la riqueza de los Grimaldi, pero entonces le confiesa que ella no es una Grimaldi: es una huérfana acogida por una mujer en Pisa, mujer a la que perdió, y que le había entregado el retrato de su madre. Simon empieza a darse cuenta de lo que pasa: les visitaba un marinero, la mujer se llamaba Giovanna, y el retrato que le enseña Simon es el mismo que tenía ella: Amelia Grimaldi es en realidad la desaparecida Maria Boccanegra, la hija de Simon. Él se lo dice y ambos se abrazan como padre e hija. Escuchamos el dúo con Piero Cappuccilli y Mirella Freni:

Boccanegra se encuentra entonces con Paolo y le niega la mano de la supuesta Amelia antes de irse. Paolo, ofendido por saber que Simon le debe el trono, planea raptarla con la ayuda de Pietro y esconderla en casa de Lorenzin, que tendrá que acceder ya que Paolo conoce sus planes y piensa ayudarle.

Cambiamos de escena, llegamos al mejor momento de la ópera, la escena del consejo. Estamos en la sala del consejo del Palacio Ducal de Génova, donde Simon está sentado en el trono, rodeado por doce consejeros patricios y otros doce plebeyos, entre los que se encuentran Paolo y Pietro. Simón trata de asuntos políticos, como la relación con los Tártaros, que les permiten navegar por el mar negro (hablamos de los Tártaros de Crimea, y Génova tenía colonias en Crimea). Más difícil será conseguir que sus consejeros acepten el mensaje que les envía Francesco Petrarca para que firmen la paz con la rival Venecia, ya que ambos son italianos, cosa que los consejeros no comparten. Pero entonces se escucha un clamor; el pueblo se ha levantado contra Simon liderado por Gabriele Adorno y un Güelfo (no se menciona, pero es Andrea), y llegan a pedir la muerte de Dogo. Mientras, Pietro le pide a Paolo que huya antes de que se sepa la verdad. Simon ordena que se abran las puertas, y el pueblo pasa a alabar a Simon y entrega a Gabriele: ha matado a Lorenzin porque había raptado a Amelia, pero el problema es que un hombre poderoso está detrás del crimen, y Gabriele sospecha de Simon, ya que Lorenzin murió antes de poder decir quién era ese hombre poderoso. Gabriele va a matar a Simon, pero entonces, para sorpresa de todos, aparece Amelia que lo detiene (y pide a Simon que lo salve). El Dogo interroga entonces a Amelia para saber qué ha pasado: fue raptada en la playa por tres hombres y llevada a casa de Lorenzin, de donde pudo huir amenazándole con contarle sus planes al Dogo. Pero sabe que hay alguien detrás, y sin decir su nombre mira a Paolo. Patricios y plebeyos, al no saber de quién se trata, comienzan a enfrentarse. Escuchamos esta escena con Giuseppe Taddei como Simon, Gianfraco Cecchele como Gabriele, Renato Cesari como Paolo y Antonietta Stella como Amelia:

Simon entonces, con su autoridad, increpa a todos por sus venganzas fratricidas, y clama por la paz, al igual que Amelia, mientras Gabriele se calma a ver a Amelia a salvo y Paolo busca vengarse. Escuchamos este estupendo concertante con Piero Cappuccilli cantando esa bellísima que es “Y voy gritando paz, y voy gritando amor”:

Simon detiene por una noche a Adorno hasta que se esclarezca lo sucedido. Entonces llama a Paolo, ya que él sospecha que es quien está detrás de todo, y le obliga a maldecir al villano que ha estado detrás del secuestro. Paolo se ve obligado a maldecirse a sí mismo, lo que le hace entrar en pánico. Escuchamos el final del primer acto con Leo Nucci interpretando a Simon Boccanegra:

Comenzamos el segundo acto de Simon Boccanegra. Estamos en las estancias del Dogo en el Palacio Ducal. Paolo le ordena a Pietro que traiga de la cárcel a Gabriele y a Andrea. Mientras, atemorizado por haberse maldecido a sí mismo, prepara su venganza: vierte un veneno en la copa de Simon, pero trama también un complot contra él. Llegan los prisioneros, y Paolo le ofrece a Andrea, que ya ha sido identificado como Jacopo Fiesco, asesinar a Simon, cosa que el anciano rechaza, lo que le supone volver a la cárcel. Escuchamos esta escena con Ángel Ódena como Paolo:

Paolo hace que Gabriele se quede, convenciéndolo de que Simon ama a Amelia, y además le tiende una trampa dejándole atrapado en las estancias del Dux. Desesperado ante la idea de que Simon le quite a Amelia, igual que acabó con su padre, desea acabar con él, pero al mismo tiempo desea que Amelia permanezca pura. Escuchamos el aria de Gabriele “Sento avvampar nell’anima”, que escuchamos cantada por Carlo Bergonzi:

En ese momento llega Amelia, que confiesa que ama a Simon pero de una forma que él no puede imaginar, pero no quiere revelarle todavía el secreto, lo que le desespera más a Gabriele, que está convencido para matar a Simon. Escuchamos este dúo con Zinka Milanov y Richard Tucker:

Como llega Simon, Amelia esconde a Gabriele en el balcón. El Dogo se da cuenta de que a su hija le pasa algo; está enamorada, pero al confesar que su enamorado es Adorno Simon estalla en furia, ya que es su enemigo, que conspira junto con los güelfos, y no puede perdonarlo. Aunque si se arrepiente le perdonará, nueva muestra de su piedad. Pide que le deje sólo, y lamenta su suerte, mientras bebe de la copa de su habitación. Escuchamos esta escena con Piero Cappuccilli y Mirella Freni:

Cuando Simon se duerme, entra Adorno con la intención de matarlo, pero entonces se interpone Amelia. Simon despierta, y preso de la furia le dice que ya se ha vengado por la muerte de su padre al haberle robado a su hija. Adorno, al escuchar que Amelia es la hija de Simon, se arrepiente de sus celos. Amelia solicita la piedad de su padre, que duda si debe salvarle. Se escucha entonces la revuelta de los güelfos, pero Adorno se niega a luchar contra Simon, que le envía como emisario e paz. Si esto no sirve, luchará a su lado, y Amelia será su premio. Escuchamos el final del segundo acto con Piero Cappuccilli, Jaume Aragall y Ann Tomowa-Sintow:

Comenzamos el tercer acto de Simon Boccanegra. Estamos en el palacio ducal. Se escuchan gritos de alabanza al Dogo. Fiesco es liberado de la prisión, pero lamenta la derrota de los güelfos. Entonces se encuentra con Paolo, que es conducido al patíbulo por haber conspirado contra Simon, pero le dice que ha envenenado al Dogo, lo que merece el desprecio de Fiesco. Paolo se horroriza al oír las campanas de boda de Adorno con aquella a la que quiso raptar, lo que hace que Fiesco se entere de quién fue el culpable. Una vez sólo, lamenta que Simon acabe así, ya que no es la venganza que él tenía planeada. Llega Simon, agonizante, y entonces se le aparece Fiesco, al que por fin reconoce Simon, deseoso de venganza, pero Simon le dice que llegaron a un acuerdo de paz: si le daba a su hija, harían las paces. Pues ahora ha encontrado a su hija en Amelia Grimaldi, y Fiesco llora por descubrirlo tan tarde. Entonces le cuenta a Simon que ha sido envenenado, pero éste le dice que no le diga nada a Amelia, porque quiere bendecirla una última vez. Escuchamos este dúo con Piero Cappuccilli y Nicolai Ghiaurov:

Llegan Anelia y Adorno, sorprendidos de ver a Fiesco junto a Simon; éste les cuenta que Fiesco es el abuelo de Amelia, lo que alegra a la joven. Pero la alegría no puede durar: Simon está muriendo. Bendice a la pareja y da sus últimas instrucciones: Adorno debe de ser su sucesor, y Fiesco el encargado de que se cumpla su palabra. Simon muere, y Fiesco anuncia al pueblo que Adorno es el nuevo Dogo. Cuando estos reclaman a Boccanegra, él les dice que ha muerto y que rueguen por él, terminando así la ópera. Escuchamos el final con Piero Cappuccilli, Jaume Aragall, Anna Tomowa-Sintow y Paul Plishka:

Terminamos como siempre con un Reparto ideal:

Simon Boccanegra: Piero Cappuccilli.

Amelia Grimaldi/Maria Boccanegra: Mirella Freni o Victoria de los Ángeles.

Gabriele Adorno: Carlo Bergonzi.

Jacopo Fiesco/Andrea Grimaldi: Nicolai Ghiaurov.

Paolo Albiani: José Van Dam o Leonard Warren.

Director de Orquesta: Claudio Abbado.



175 años del estreno de Nabucco de Verdi (09-03-2017)


A día de hoy, Nabucco es una de las óperas más populares y representadas de Giuseppe Verdi. Contribuyen a ello su gran obertura y su famosísimo coro “Va, pensiero”. Y es que no deja de ser una ópera impactante incluso para quien no está acostumbrado al mundo de la ópera. Por ello se hace extraño pensar que Verdi estuvo a punto de dejar de componer justo antes de encontrarse con esta ópera.




Giuseppe Verdi era un joven parmesano con ganas de convertirse en compositor de ópera, en una época en la que Vincenzo Bellini había muerto y las grandes figuras que seguían componiendo eran Gaetano Donizetti y el hoy casi olvidado Saverio Mercadante. Finalmente, en 1839, con 26 años, Verdi estrena en La Scala de Milán su primera ópera “Oberto, Conte di San Bonifacio”, con un modesto éxito que llevó a que el empresario de La Scala le contratara para otras tres óperas.

Pero en lo personal Verdi no pasaba por un buen momento. Casado en 1836 con Margherita Barezzi, la hija de su protector, había tenido con ella dos hijos. Pero la mayo, Virginia, moría en 1838, mientras el menor, Icilio, moría en 1839, ambos con poco más de un año de edad. Para colmo, el 18 de junio de 1840 moría a causa de una encefalitis su esposa Margherita, a los 26 años.

Giuseppe Verdi se encontraba en ese momento componiendo la primera ópera del contrato firmado con Merelli, la que sería su segunda ópera, la comedia “Un giorno di regno”, que se estrenaría en septiembre de ese mismo año. Verdi no se encontraba obviamente con ánimos para componer una comedia, y esta nueva ópera fue un rotundo fracaso. Tras el estreno, Verdi decidió retirarse de la composición.

Pero Merelli había firmado con él un contrato, y quería que Verdi lo cumpliera. Decide llevarle el libreto que Temistocle Solera (quien ya había realizado algunos arreglos en el libreto de “Oberto”, la primera ópera de Verdi) había escrito sobre el rey babilonio Nabucodonosor, basado en textos bíblicos y en el drama “Nabucodonosor” de Auguste Anicet-Bourgeois, libreto que había rechazado el compositor alemán Otto Nicolai. Verdi ni siquiera lo lee, pero según contó él mismo, una noche el libreto cayó de su mesilla, abriéndose junto en la página donde se encontraba el coro “Va, pensiero”. Verdi leyó la letra del coro y en su cabeza comenzó a fluir la melodía. Con el coro compuesto, Verdi se decide a comenzar la composición de la ópera en el verano de 1841.

El estreno de la ópera, el 9 de marzo de 1842 en La Scala, fue un enorme éxito que convirtió a Verdi en el compositor italiano más popular de su tiempo (y lo será hasta finales de siglo). El público milanés, por aquella época bajo el control del odiado Imperio Austriaco, se sintió identificado con los cautivos hebreos, lo que favoreció el éxito de la ópera, ya de por sí merecido por razones estrictamente musicales. En pocos años la ópera se representó en los principales teatros de Italia y del resto del mundo, y desde entonces se ha mantenido, con más o menos frecuencia en el repertorio.

Hay que destacar el tratamiento dramático que Verdi aporta a los personajes de Nabucco y Abigaile, que se plasma en sus vocalidades, así como al pueblo hebreo, Esto se plasma en las vocalidades de los protagonistas. En concreto, el personaje de Nabucco fue cantado en el estreno por el barítono Giorgio Ronconi, de voz potente y registro agudo sorprendentes para la época, que marcará el desarrollo del barítono verdiano posterior. Abigaile es un rol casi criminal para soprano, de enorme dificultad, que ha costado la carrera a algunas sopranos, incluida Giuseppina Strepponi, la cantante del estreno, y que poco después se convertirá en la pareja de Verdi.

Comenzamos ya arepasar el argumento de la ópera, pero antes, como siempre, un enlace del libreto.

La ópera comienza con una magnífica obertura de considerables dimensiones (unos 8 minutos de duración) que recoge algunos de los temas que vamos a escuchar a lo largo de la ópera. la escuchamos dirigida por Giuseppe Sinopoli:

La acción de la ópera tiene lugar en el siglo VI a.C.

Verdi, como era costumbre en la época, pone título a cada uno de los 4 actos que componen Nabucco. El primer acto se titula Jerusalén.

Y allí nos encontramos, en Jerusalén, en el interior del templo de Salomón. El pueblo se haya reunido en el templo, elevando sus plegarias a dios para que les libre del castigo de las tropas asirias (confusión del libretista, Nabucodonosor era babilonio, hijo del rey Nabopolasar, quien destruyó el imperio asirio). . Escuchamos así el coro introductorio “Gli arredi festivi”:

Aparece entonces Zaccaria, el sumo sacerdote hebreo, que ha capturado a Fenena, hoja de Nabucco, con la esperanza de que les sirva para conseguir la paz. Recuerda además como dios en otras ocasiones salvó a su pueblo, liberándolos de Egipto o protegiendo a Gedeón, y pensando que volverá a hacerlo (aria “D’Egitto là sui lidi”). Aparece entonces Ismaele, general hebreo, avisando que Nabucco se acerca; Zaccaria confía le confía la custodia de Fenena, y declara que su dios doblegará al de los asirios, Bel (no confundir con el cananeo Baal, como a menudo se traduce). Tenemos así la cabaletta “Come notte a sol fulgente”. Escuchamos la escena completa cantada por Samuel Ramey:

Impresionante escena e impresionante interpretación de Ramey, por cierto.

Se van todos, dejando solos a Ismaele y Fenena. Así nos enteramos que ambos se aman desde que Ismaele fue embajador en Babilonia y ella lo rescató de la prisión, pero ahora la prisionera es ella. Ismaele va a liberarla, usando una puerta secreta, pero en ese momento entra Abigaile, la hermana de Fenena, con un grupo de soldados babilonios disfrazados de hebreos. Abigaile también ama a Ismaele, y está dispuesta a salvar a su pueblo a cambio de su amor, pero Ismaele se niega; prefiere dar su vida a entregarle su amor, lo que enfurece aún más a la vengativa Abigaile. Escuchamos el dúo y trío posterior con Raquel Pierotti como Fenena, Bruno Beccaria como Ismaele y Ghena Dimitrova como Abigaile:

Zaccaria y el pueblo entran de nuevo en el templo ante el avance de las tropas enemigas. Nabucco se dirige raudo hacia el templo a caballo; nada es capaz de detenerlo. Con la ayuda de los soldados disfrazados, Nabucco entra en el templo. Zaccaria está dispuesto a apuñalar a Fenena, que suplica piedad a su padre, mientras Abigaile desea que Fenena muera para librarse de su rival. Nabucco planea su venganza, pero Ismaele salva a su amada, favoreciendo que Nabucco ordene destruir la ciudad, mientras los hebreos le rechazan por su traición. Escuchamos el final del primer acto con Ambrogio Maestri como Nabucco y Dimitra Theodossiou como Abigaile:

Comenzamos el segundo acto de Nabucco, titulado “El impío”.

Estamos en la habitación de la reina. Allí está Abigaile, con el documento que confirma que no es hija de Nabucco, sino de unos esclavos. Busca vengarse de Fenena, pero también de Nabucco, que le ha confiado el poder a su verdadera hija, y recuerda los años en los que era una joven inocente (aria “Anch’io dischiuso un giorno”). Entra entonces el sumo sacerdote de Bel con otros sacerdotes, que le cuentan que Fenena está liberando a los esclavos hebreos, y le instan a que Abigaile tome el poder, para lo que han hecho correr el rumor de que Nabucco ha muerto en combate. Abigaile acepta para llevar a cabo su venganza, y ver como la realeza se inclina ante una esclava (caballetta “Salgo già”, uno de los momentos más espectaculares de la ópera). Escuchamos la escena cantada por Lyudmila Monastyrska:

 Cambiamos de escena. Estamos en otra estancia del palacio de la Reina (que no olvidemos que en ese momento es Fenena). Entra Zaccaria acompañado de un levita que lleva las tablas de la ley. Tiene la misión de convertir a la pagana Fenena, para lo cual eleva una plegaria a dios, “Tu su labbro de’ veggenti” (la segunda de las tres arias de Zaccaria), que escuchamos en la voz de Michele Pertusi:

Llega un grupo de Levitas, y Ismaele les avisa que han sido convocados por Zaccaria, pero ellos le maldicen por haberles traicionado:

Entonces entra Ana, hermana de Zaccaria, que dice que Ismaele ha salvado a una hebrea y consigue calmar la situación. Entra también Fenena, pero Abdallo, un soldado babilonio, diciéndole que huya, porque Nabucco ha muerto y el pueblo aclama a Abigaile, que quiere acabar con ellos. Fenena rechaza huir, y aparece Abigaile que le reclama la corona, pero entonces aparece Nabucco, y todos se aterrorizan ante la situación que puede suceder. Escuchamos el “S’appressan gl’istanti” con Renato Bruson como Nabucco y Ghena Dimitrova como Abigaile:

Nabucco, enfurecido, rechaza al dios babilonio que le ha traicionado y al dios hebreo que no les ha salvado y se proclama único dios él mismo, y obliga a todos a adorarle. Zaccaria se niega, pero se le une Fenena, que proclama ser hebrea. Nabucco vuelve a proclamarse dios, pero entonces el cielo le golpea; Nabucco siente que pierde el poder y tiene alucinaciones; se ha vuelto loco. Zaccaria afirma que es un castigo divino, pero Abigaile aprovecha para hacerse con la corona. Escuchamos este final del segundo acto con Ettore Bastianini como Nabucco:

Comenzamos el 3º acto de Nabucco, titulado “La profecía”.

Estamos en los jardines colgantes de Babilonia. Abigaile está sentada en el trono, junto al sumo sacerdote de Bel. El pueblo le alaba por darles prosperidad mientras destruye a los enemigos:

El Sumo Sacerdote de Bel reclama la muerte para los hebreos, empezando por la traidora Fenena, y le presenta la sentencia. Abigaile finge sorpresa, pero es lo que estaba deseando. En ese momento entra un desarreglado Nabucco. Abigaile ha ordenado recluirlo en sus habitaciones, y Abdallo se dispone a acompañarle fuera, pero él se niega a abandonar la sala del consejo donde cree que le esperan, y pese a su debilidad quiere mostrarse fuerte. Abigaile echa a todos para quedarse a solas con Nabucco. Él se muestra ofendido por verla en el trono, pero ella se defiende diciendo que lo protege tras la enfermedad del rey, y que el pueblo reclama la muerte de los hebreos. Nabucco duda, pero Abigaile le dice que entonces su dios saldrá vencedor, y Nabucco acepta. Tras firmar, se da cuenta de que con ello ha firmado la sentencia de muerte de su hija Fenena. Abigaile le dice que tiene otra hija, pero él la rechaza y busca el documento que está en manos de Abigaile. Nabucco enloquece más, y Abigaile le desprecia, incluso cuando suplica piedad. Escuchamos este dúo con leo Nucci y Lyudmila Monastyrska:

Cambiamos de escena. Estamos en las riberas del Éufrates. Los hebreos añoran su tierra, su patria, bella y perdida. Es el coro “Va, pensiero”, que tantas pasiones levantó en su época y que es casi como un himno en Italia. Por eso dejo esta versión que dirigió en Roma Riccardo Muti en 2011: cuando, tras los aplausos posteriores a la interpretación del coro, alguien del público grita “Viva Italia”, Muti arremete contra la política cultural de Berlusconi, que lleva a que su patria, tan bella, vuelva a estar perdida, y bisa el coro pero con el público cantando. Si el coro ya de por sí es emocionante, así todavía lo es más, es prácticamente imposible contener las lágrimas:

Ante tal desánimo, Zaccaria profetiza que Babilonia quedará destruida y que Judá resurgirá. Tenemos así su tercera aria, “Del futuro nel buio discerno”, que le escuchamos a Samuel Ramey:

Comenzamos el cuarto y último acto de Nabucco, titulado “El ídolo caído”.

Estamos en las estancias del palacio en las que se encuentra en enloquecido Nabucco. Despierta enloquecido de un sueño, y creyéndose en batalla, quiere destruir Jerusalén, pero entonces ve que van a matar a su hija Fenena, pide perdón al dios de los hebreos, jurando que reconstruirá su templo (aria “Dio di Giuda”). Llama entonces a sus soldados y, con la mente de nuevo clara, decide salvar a Fenena y enfrentarse a quienes la han traicionado (cabaletta “O prodi miei, seguitemi”). Escuchamos aria y cabaletta cantadas por Piero Cappuccilli:

Cambiamos de escena. Volvemos a los jardines colgantes. El sumo sacerdote de Bel se prepara para sacrificar a los castigados con la muerte. Zaccaria fortalece a la primera que va a ser ejecutada, Fenena, quien prepra su alma para ascender al cielo. Escuchamos el aria de Fenena, “Oh dischiuso è il firmamento” cantada por Lucia Valentini-Terrani:

En ese momento se escucha llegar a las tropas de Nabucco, que detiene la ejecucción y ordena destruir el ídolo de Bel. Decide adorar el también al dios de los hebreos, ya que ha enloquecido a Abigaile, que ha tomado un veneno. Entonces un coro entona las alabanzas a dios, “Immenso Jeohva”, siendo una de las pocas óperas en usar el nombre de dios (algo extraño en Italia, desde luego), aunque con una grafía un tanto extraña (en italiano se escribe Geova, por lo general):

Entonces entra Abigaile, moribunda, suplicando el perdón de Fenena y de dios antes de morir. Escuchamos el final con Ghena Dimitrova como Abigaile:

Ver esta ópera en vivo es algo tan impactante que no se olvida fácilmente. Qué artista era Verdi con menos de 30 años, desde luego…

Terminamos con un Reparto Ideal:

Nabucco: Piero Cappuccilli.

Abigaile: Ghena Dimitrova o Lyudmila Monastyrska.

Zaccaria: Samuel Ramey.

Fenena: Lucia Valentini-Terrani.

Ismaele: Veriano Luchetti.

Director de Orquesta: Giuseppe Sinopoli.

Crónicas en vivo:

Baluarte (14-04-2016)



Giuseppe Taddei en el centenario de su nacimiento (26-06-2016)


Son muchas las veces en las que los aficionados a la ópera sentimos que ya no se canta como antes; que la técnica de los cantantes actuales deja mucho que desear a menudo, frente a cantantes del pasado que, sin especializarse en un repertorio concreto, sino con un repertorio basto y de estilos muy variados, eran capaces de no sólo sobrevivir dignamente, sino de dejar interpretaciones a menudo magistrales en buena parte de ese repertorio. Pocos, muy pocos (si acaso hay alguno) barítonos podrían en este caso ser comparables al barítono (y por momentos también bajo bufo) que nos ocupa hoy, en el centenario de su nacimiento, el gran Giuseppe Taddei.




Giuseppe Taddei nació en Génova el 26 de junio de 1916. Desde joven se percibe su talento musical, por lo que se traslada a estudiar canto a Roma, donde debuta en 1936 (con 20 años) como heraldo de Lohengrin. Sigue cantando en Roma hasta que la II Guerra Mundial provoca su alistamiento y finalmente su confinamiento en un campo de concentración alemán. Terminada la Guerra participa en espectáculos que se organizan para los soldados aliados y canta en Viena. En 1948 canta en el festival de Salzburgo, donde comienza una larga colaboración con Hervert von Karajan. Ese mismo año debuta también en la Scala de Milán y ya su carrera proseguirá hasta los años 80.

Como ya hemos mencionado, su repertorio fue basto. Comenzamos con Mozart, del que cantó numerosos roles (a menudo dos distintos de la misma ópera). Escuchamos aquí su Figaro de “Le nozze di Figaro” magníficamente cantado:

También cantó el papel del Conte en esta misma ópera. Lo mismo sucede con Don Giovanni, ya que cantó tanto el Don Giovanni como el Leporello. Comenzamos con este último, perfectamente cantado (su amplia tesitura grave le permite cantar el papel sin problemas) como interpretado (al margen de su vis cómica, es un cantante muy atento a los matices del fraseo, como muy bien se percibe en este aria):

Le escuchamos ahora como Don Giovanni en un delicadísimo “Deh, vieni alla finestra”, simplemente magistral:

Cantó también “Cossì fan tutte” e incluso el Papageno de “La flauta mágica”, aunque en italiano, como escuchamos aquí:

En sus últimos años cantó el breve monólogo cómico de Domenico Cimarosa “Il maestro di capella”, en la que de nuevo luce sus dotes de canto cómico:

Giuseppe Taddei también cantó óperas de Rossini, aunque en papeles muy distintos. Comenzamos con su Figaro de “Il barbiere di Siviglia”:

Le vemos ahora como Don Magnifico de “La Cenerentola”, un papel de bajo bufo en el que vuelve a estar divertidísimo y vocalmente irreprochable:

Y vamos ahora con un papel más “dramático”, el Guillermo Tell (cantado en italiano, como se solía hacer en los 50) en una de las mejores versiones de este “Resta immobile” que se pueden escuchar:

Vamos ahora con Vincenzo Bellini, con el Riccardo de “I Puritani”, con el aria “Ah, per sempre io ti perdei” que tiene unas coloraturas bastante complicadas; el resuelve la parte con un estilo de canto plenamente belcantista, con una impecable línea de canto y un magnífico gusto en las modulaciones y el fraseo:

Pasamos al otro belcantista, gaetano Donizetti. Y comenzamos con un papel de bajo bufo en “Il campanello”, en el que le acompaña Leo Nucci:

Le escuchamos ahora como Antonio en “Linda di Chamonix”:

Ahora como Alfonso XI en “La favorita”, en la famosa “Vien, Leonora”:

Y le escuchamos ahora como protagonista de la infrecuente “Belisario”:

Y en otra ópera infrecuente, “Caterina Cornaro”:

En todos estos casos podemos comprobar como, a diferencia de muchos de sus colegas contemporáneos, tendentes a cantar a la verista, Giuseppe Taddei, pese a también ser un gran intérprete del repertorio verista (como veremos más adelante), tenía una impecable técnica de canto belcantista, basada en el legato y la línea de canto.

Del repertorio bufo cantó también el “Don pasquale” (está completo en youtube) y “L’elissir d’amore”, en este caso de nuevo en dos papeles; primero el del barítono, Belcore, del que escuchamos el aria “Come Paride vezzoso”:

Perfecto en su descripción de la petulancia del personaje.

Y ahora el bajo bufo, Dulcamara, del que escuchamos el aria “Udite, o rustici”, de nuevo con gran vis cómica y perfecta adecuación estilística:

Pasamos a Giuseppe Verdi, un compositor que fue también muy importante en la carrera de Giuseppe Taddei. Su voz, un tanyo demasiado dramática para el belcanto (aunque su técnica le permitia plegarla a las necesidades del estilo belcantista, como ya hemos visto), se sentía cómodo en los grandes papeles de barítono verdiano. Comenzamos escuchándole en “Nabucco”:

Y después de ese gran papel que es Nabucco, otro no menos grande, el Carlo de “Ernani”. Escuchamos su magnífica interpretación del aria “O de verd’anni miei”:

A ver si hoy día encontramos a un barítono que supere esto, pese a no encontrarse tan cómodo en el registro agudo…

Y seguimos a lo grande, ahora con otro papelón, el protagonista de “Macbeth”, con el aria “Pietà, rispetto, amore”:

Y seguimos con grandes papeles, porque ahora nos toca escuchar su “Rigoletto”; vamos a escucharle en el dúo con Gilda del primer acto, junto a Lina Pagliughi:

Le escuchamos ahora como el Conde de Luna de “Il Trovatore”, en el aria “Il valen del suo sorriso”:

El Germont de “La Traviata” fue otro de sus grandes papeles, y le vamos a escuchar en el dúo con Violetta del segundo acto, junto nada más y nada menos que a Maria Callas:

Cantó también algunas óperas menos frecuentes de Verdi, como “La Battaglia di Legnano” o “I Vespri Siciliani”; de esta última escuchamos el aria “In braccio alle dovizie”:

De si “Simon Boccanegra” vamos a escuchar su gran escena “Plebe, patrizi, popolo;veamos como pasa del estilo extrovertido del principio a uno mucho más introvertido, rematado con un magnífico “E vo gridando pace, e vo gridando amor”

Escuchamos ahora su aria de “Un ballo in maschera”, donde es capaz de recoger su voz para unos bellos pianisimos y con un bastante buen agudo:

Vamos a escuchar ahora su Carlo di Vargas en “La forza del destino”, en el duo “Invano Alvaro” junto al gran Alvaro de Richard Tucker; su fraseo siempre efectivo se percibe muy bien por ejemplo en esa forma de decir “vendetta”:

Pasamos a “Don Carlo”, y en este caso vamos a escuchar a Giuseppe Taddei cantar el aria final de Rodrigo “O Carlo, ascolta”:

Pasamos a su Amonasro de “Aida”, del que escuchamos el dúo del III act, de nuevo junto a Maria Callas, con un brutal “Non sei mia figlia, dei faraoni tu sei la schiava” y un muy emotivo “Pensa che un popolo vinto, stracciato, per te soltanto rinascer puo”:

Vamos con su Yago de “Otello”, del que escuchamos el final del II acto, junto al gran Otello de Mario del Monaco; el papel es perfecto para las características vocales de Giuseppe Taddei, sibilino en sus frases y con esa maldad apenas disimulable:

El papel protagonista de Falstaff le acompañó a Giuseppe Taddei toda su carrera, desde 1950 hasta incluso los años 90, siendo otro de esos papeles que le iban perfectos a su voz y estilo. Escuchamos su monólogo “L’onore? Ladri!”:

Pasamos al verismo. Ya en 1941 participó en la grabación de “Andrea Chenier” de Beniamino Gigli, cantando dos breves papeles, Fléville y Fouquier-Tinville; escuchamos el primero de ellos, cantado con una enorme delicadeza:

Y será con el Geronte de la “Manon lescaut” de Puccini con el que realice su última grabación en estudio. Y entre medias, numerosas interpretaciones memorables. Por ejemplo ese Tonnio de “Pagliacci”, con la mejor versión del prólogo que he escuchado hasta ahora, magníficamente interpretada (que da mucho juego) y con un magnífico Lab agudo:

De Puccini cantó el Marcello de “La Boheme”, del que escuchamos aquí el bellísimo duo “O Mimì, tu più non torni” junto al Rodolfo de Ferruccio Tagliavini, rematado por ambos con un magnífico poanísimo:

Otro de sus grandes papeles fue el Scarpia de “Tosca”, del que escuchamos aquí el final del I acto; como siempre, atención a su fraseo y a esa magnífica forma de transmitir la maldad del personaje:

Escuchamos ahora un fragmento de su Sharpless de “Madama Butterfly” junto a Clara Petrella; aquí por el contrario consigue demostrar la bonhomía del personaje:

Escuchamos ahora su Michelle de “Il Tabarro” en un “Nulla, silenzio” repleto de matices:

Y, por supuesto, su “Gianni Schicchi”, el gran papel cómico de Puccini, del que escuchamos el aria “Ah, che zucconi”:

Y terminamos con Puccini con su Rance de “La fanciulla del West” (sí, qué no cantó este hombre?):

Pasamos al Gérard de “Andrea Chenier”, otro de sus grandes roles, con este “Nemico della patria” (una de mis arias favoritas); como además podemos verle, hay que aprovechar para comprobar su gran talento como actor:

Pasamos ahora a Francesco Cilea, y comenzamos por un aria que me encanta, el “Come due tizzi accesi” de “L’arlesiana”, hoy completamente olvidada, de la que nos regala una de las mejores versiones (yo en este caso personalmente prefiero la de Tito Gobbi, pero es un tema puramente personal):

Y seguimos con su Michonet de “Adriana Lecouvreur”, en una magnífica versión del aria “Ecco il monologo”, que de nuevo le permite lucir su talento interpretativo:

Fuera del repertorio italiano, Giuseppe Taddei también cantó óperas de Wagner (“Los maestros cantores de Nuremberg”, “El holandés errante”) o rusas (“Eugen Onegin”, “El príncipe Igor”), algunas de las cuales se pueden encontrar completas en Youtube. Yo sólo voy a poner su Zurga de “Les pêcheurs des perles”de Bizet (en italiano, obviamente) junto al Nadir de Alfredo Kraus:

Y terminamos con una de esas canciones italianas que también cantó; le vamos a ver, ya bastante mayor, cantar “A Marecchiare” de Francesco Paolo Tosti:

Retirado desde los años 90, Giuseppe Taddei murió en Roma el 2 de junio de 2010, a punto de cumplir 94 años. Con él se iba uno de los últimos representantes de una escuela de canto ya olvidada, de legato impecable y fraseo preciso, alejado del griterío pseudo-verista tan común hoy día. Giuseppe Taddei es desde luego una figura a recordar y un referente para cualquier barítono que quiera tener una carrera de buen nivel.



Andrea Chenier: 120 años de su estreno (28-03-2016)


Durante los años 90 del siglo XIX, unos cuantos compositores italianos, enmarcados en la conocida como Giovane scuola se disputaban la primacía musical. Ahí estaban Leoncavallo, Mascagni, Puccini, Cilea, Franchetti, el pronto desaparecido Catalani… y Umberto Giordano. Si el que se impuso fue Puccini, el resto tuvieron que contentarse con ser lo que hoy se llama “compositor de una ópera”, ya que a día de hoy sólo se les recuerda por un sólo título (a Franchetti ni eso, por cierto), con la excepción de Giordano. Su caso recuerda más al de Bizet: una ópera muy famosa (Carmen en el caso de Bizet) y otra que sigue representándose con una cierta frecuencia, pero a mucha distancia de la primera (pescadores de perlas en el caso de Bizet). Pues si en el caso de Giordano todavía se recuerda su Fedora, hay una ópera que se mantiene viva en los teatros de todo el mundo y muy apreciada por los solistas: Andrea Chenier. A día de hoy, de hecho, la ópera que más me duele no haber visto en vivo.




El libreto de Luigi Illica se basa libremente en la vida del poeta francés André-Marie Chénier, revolucionario moderado que fue guillotinado por orden de Robespierre el 25 de julio de 1794, durante los últimos días del terror jacobino, pese a los esfuerzos de su hermano, Marie-Joseph Chénier, un destacado político. Sólo 3 días también, el régimen de terror de Robespierre caería y éste sería también guillotinado.

La ópera se estrenó el 28 de marzo de 1896 en la Scala de Milán con gran éxito, y desde entonces se ha convertido en una de las favoritas de los grandes tenores spinto, que tienen en el personaje protagonista un auténtico bombón, aunque la ópera en su conjunto está plagada de grandes momentos para todos los intérpretes (recordemos esa descripción que Tom Hanks hace del aria de la soprano, “La mamma morta”, interpretada por Maria Callas, en la película Philadelphia). Así que vamos a repasar esos grandes momentos que nos regala esta maravillosa ópera.

Como siempre, antes de empezar, enlace al libreto y traducción al español.

La ópera se divide en cuatro actos.

Comenzamos el primer acto. Estamos en 1789, en la mansión de la Condesa de Coigny, que prepara una fiesta. Los criados corren a prepararlo todo, entre los que destaca uno, Carlo Gérard, que se burla con sarcasmo de la falsedad de esa nobleza decadente, hasta que su furia estalla al ver a su anciano padre arrastrarse trabajando, y maldice a esa nobleza que esclaviza a la gente. Así, la ópera comienza con este magnífico monólogo de Gérard, que escuchamos aquí en la voz de Giorgio Zancanaro:

Mientras se obedecen las órdenes de la Condesa para que todo esté a punto, Gérard suspira por la bella hija de la Condesa, Maddalena, que, en ese hastío de quien lo tiene todo, protesta por tener que ponerse guapa (sí, totalmente absurdo, lo sé). Se anuncia la llegada de dos invitados: el poeta Fléville y otro poeta, el Abate. Este último trae malas noticias: se ha reconocido al tercer estado, y en París se ha llegado a insultar a la estatua de Enrique IV (uno de los reyes franceses más queridos, de ahí la gravedad). Fléville intenta calmar los nervios de la nobleza. Escuchamos aquí su breve intervención en la maravillosa interpretación de Giuseppe Taddei:

Para ello, Fléville presenta su obra, una pastoral que canta un coro femenino:

A Fléville le acompaña un joven poeta, Andrea Chenier, quien calla ante la falta de inspiración, lo que provoca burlas de los asistentes a la fiesta. Maddalena se empeña en conseguir sacarle la inspiración, y en cuanto se sugiere burlonamente que el tema será el amor, Chenier estalla y comienza a hablar y a recitar un poema que espanta a todos por su ideología social revolucionaria; sólo Maddalena muestra signos de piedad, que Chenier agradece y le recuerda la fuerza del amor, que ella no conoce. Tenemos así el primero de los 4 grandes monólogos del protagonista, “Un dì all’azzurro spazio”, que aquí canta Franco Corelli:

Maddalena se sonroja y Andrea Chenier desaparece. Suena una gavota y todos se dirigen a bailar, pero es interrumpida por un coro de pobres dirigidos por Gérard, quien no encuentra mejor manera de destrozar la fiesta de la caduca nobleza para demostrarles la miseria que les rodea. Gérard es inmediatamente despedido y la fiesta sigue. Escuchamos el final con Piero Cappuccilli como Gérard y Gabriela Benackova como Maddalena:

Pero por poco tiempo. Porque acabamos el primer acto, y el segundo ya se sitúa en junio de 1794, en los últimos días del terror jacobino. Estamos en pleno centro de París, frente al altar de Marat, cuyo busto limpia el revolucionario Matthieu. Bersi pregunta a un incroyable (incredibile en italiano) si Robespierre ha creado un cuerpo de espías (que son los incroyables y mervelleuses, o meravigliosas en la ópera), y éste, como respuesta, en seguida le pregunta si tiene algo que temer. Bersi se ve obligada a hacer una apología de la revolución, que escuchamos aquí en voz de Vesselina Kasarova:

Pero el incredibile no se lo cree: ha observado que Bersi ha estado con una mujer rubia, y que Andrea Chenier, que anda en los alrededores, la ha mirado, así que se propone espiarla.

Andrea Chenier está en peligro, así que llega su amigo Roucher con un pasaporte falso que le permita huir. Pero Chenier no quiere huir, ya que hace un tiempo que recibe unas cartas de una desconocida mujer, y quizá sea esa la esperanza que le permita amar, algo que él todavía desconoce. No quiere huir de la oportunidad que le ofrece el destino de conocer a la mujer de su vida. Llegamos así al segundo monólogo de Chenier, “Credo ad una possanza arcana”. Pero Roucher sospecha que las cartas en realidad se las envía una meravigliosa (las espías de Robespierre, recordemos), y consigue convencer a Chenier de huir. Escuchamos el aria en la voz de Fabio Armiliato:

Mientras, desfilan por delante los altos cargos del régimen, entre ellos Gérard. El incredibile habla con él sobre la mujer que le ha encargado encontrar, y le dice que la verá ese mismo día:

Bersi consigue ponerse en contacto con Chenier (aunque siempre espiada por el incredibile), para decirle que una mujer que corre un gran peligro se encontrará con él en pocos momentos. Chenier acepta.

Llega una mujer rubia: Chenier tarda en reconocer en ella a Maddalena de Coigny. Ella busca su ayuda porque él tenía una buena posición cuando ella corría un gran peligro, y desde entonces, en vez de encontrarse con él, le escribía. Andrea Chenier acepta protegerla hasta la muerte. Bellísimo dúo ya casi de amor que, a falta de mi versión favorita en Youtube (con Carlo Bergonzi en el papel protagonista), escuchamos en voz de Maria Caniglia y ese enorme Chenier que fue Beniamino Gigli:

Pero aparece Carlo Gérard, y se bate en un duelo con Chenier. El poeta le hiere, y entonces Gérard le reconoce y le avisa: Fouquier-Tinville, el acusador público, ya va a por él, así que tiene qui huir, y de paso proteger a Maddalena. Ambos huyen, y cuando llega ayuda para Gérard, éste miente y dice que desconoce la identidad de quien le ha herido, por lo que todos sospechan de los Girondinos. Termina así el segundo acto.

Comenzamos el tercer acto. Mathieu da un discurso explicando los peligros a los que enfrenta Francia para conseguir recaudar dinero, pero fracasa. Llega Gérard, todavía herido, y antes su fracaso, Mathieu le cede el puesto. Gérard da un discurso que resulta mucho más eficaz para recaudar. Lo escuchamos en voz de Ettore Bastianini:

Entre todos los contribuyentes se abre paso, una anciana ciega, Madelon: su hijo murió en la toma de la Bastilla,uno de sus nietos murió en batalla; sólo le queda un nieto que pueda cuidarla, pero ella lo entrega al ejército en una de las escenas más conmovedoras de la ópera. La vemos con la gran Fedora Barbieri como Madelon, con la voz ajada pero perfecta en el papel:

Ajenos a esta situación dramática, Un grupo de ciudadanos baila en la distancia la Carmañola. Mientras, todos han abandonado el lugar en el que Gérard se queda sólo. En ese momento llega el incredibile. Le dice a Gérard que han detenido a Andrea Chenier mientras trataba de huir. No hay rastro de Maddalena, pero si Gérard firma el acta de acusación de Chenier, ella irá al él sin duda. Gérard duda pero el incredibile trata de convencerlo. Escuchamos al veterano Ugo Benelli interpretar el papel del Incredibile:

Gérard se queda sólo y comienza a pensar de qué puede acusar a Chenier, pero se detiene pensando en cuales eran sus ideales y en lo lejos que han quedado, en el dolor que le provoca lo que está haciendo. Es mi momento favorito de la ópera, el aria de Gérard “Nemico della patria”. La escuchamos primero en voz de Piero Cappuccilli:

Y ahora una predilección personal, la interpretación de Leo Nucci, en este caso en recital, acompañado al piano. Aunque también merece la pena la grabación en estudio con Chailly. Atentos a cada detalle de la interpretación:

Nada más firmar el acta de acusación, que se lleva el incredibile, aparece Maddalena di Coigny. Ella está dispuesta a hacer lo posible por salvar a Andrea Chenier, pero el precio de Gérard es muy alto: desde niño, cuando se criaron juntos, está enamorado de ella, y es ella el precio a pagar por la vida de Chenier. Escuchamos el dúo con Renata Tebaldi y Paolo Silveri:

Al final ella acepta y cuenta su historia: incendiaron su palacio, su madre murió para salvarla, Bersi se prostituyó para que pudieran salir adelante… cree llevar la desgracia a quienes la quieren. Hasta que… mejor escuchamos ya el aria “La mamma morta” en dos versiones diferentes: Maria Callas y Renata Tebaldi. Enfoques muy distintos para dos interpretaciones maravillosas. Además, la de Callas está subtitulada (por cierto, Callas cantó muy poco esta ópera, pese a ser, en mi opinión, uno de sus mejores papeles. Claro que yo no soy muy Callista…), y es la primera versión que escuchamos:

Seguimos ahora con la de Renata Tebaldi:

Finalmente, y presa de ciertos remordimientos, Gérard acepta. En ese momento va a comenzar uno de esos juicios sumarísimos de la revolución francesa que, bajo la acusación de Fouquier-Tinville, acababan siempre en condena a la guillotina. Y por ahí, entre la curiosidad de una multitud sedienta de cotilleos y sangre (prensa amarilla y negra, poca diferencia con la actualidad, desde luego) pasan un ex-delator, una anciana monja, una joven llamada Idia Legray y, por último, el poeta, Andrea Chenier. Fouquier-Tinville le acusa de escribir contra la revolución, pero Chenier le acusa de mentir y consigue hablar: él siempre luchó por la patria, y aunque le maten, por lo menos quiere que dejen intacto su honor. Así llegamos al tercer monólogo de Andrea Chenier, “Si, fui soldato”, que escuchamos en voz de Beniamino Gigli; atención a cómo matiza cada frase:

Gérard, quien ha escrito el acta de acusación, sale en su defensa diciendo que lo que ha escrito es mentira, pero Fouquier-Tinville hace él mismo esas acusaciones, y la sentencia es obvia: muerte.

Comenzamos el cuarto y último acto. Estamos en la prisión de Saint-Lazare, donde los condenados a muerte esperan la carreta que les llevará a la guillotina. Allí está Chenier, acompañado de su amigo Roucher, que quiere oír esos últimos versos que Chenier está escribiendo; así llegamos al último monólogo de Andrea Chenier, “Come un bel dì di maggio”, esta vez en voz de Richard Tucker y de Carlo Bergonzi, de nuevo dos estilos distintos para resultados igualmente geniales. Comenzamos con el más broncíneo y dramático Tucker:

Y continuamos con el más lírico y poético Bergonzi:

Cuando Roucher se va, llegan Gérard y Maddalena. Ella habla con el carcelero: se intercambiará por Idia Legray. Gérard se da cuenta de que el amor ha vencido, y Maddalena se presenta ante Chenier diciéndole que va a morir junto a él. Y así se suben a la carreta que les conduce a la muerte felices de poder morir juntos. Este dúo final “Vicino a te” es simplemente espectacular, y más en voces como las de Franco Corelli y Renata Tebaldi, a quienes vamos a escuchar:

Magnífica forma de terminar la ópera.

Y vamos para terminar ya con nuestro Reparto Ideal:

Andrea Chenier: por voz, Franco Corelli o Richard Tucker; por interpretación, Beniamino Gigli o Carlo Bergonzi.

Maddalena di Coigny: Maria Callas o Renata Tebaldi.

Carlo Gérard: Leo Nucci (predilección personal, lo siento).

Contessa di Coigny: Giulietta Simionato.

Madelon: Fedora Barbieri.

Incredibile: Piero di Palma.

Fléville: Giuseppe Taddei.

Director de orquesta: Riccardo Chailly.

Crónicas:

ABAO-OLBE 2017



Il barbiere di Siviglia cumple 200 años (20-02-2016)


Gioacchino Rossini se había comprometido a componer dos obras para el carnaval de Roma de 1816. Nada raro en un músico tan prolífico y que componía sus óperas a gran velocidad. Con la colaboración del libretista Cesare Sterbini ya había compuesto la primera, Torvaldo e Dorliska, y ahora tiene que buscar el tema de la segunda ópera que tiene que componer. Y entonces Sterbini le sugiere algo un tanto arriesgado: adaptar las primera parte de la trilogía sobre Fígaro de Beaumarchais. Arriesgado por una parte por el escándalo que la obra de Beaumarchais supuso en su estreno (escándalo que el libreto de Sterbini evita suprimiendo cualquier atisbo de crítica político-social, algo que en la segunda parte,” Las bodas de Fígaro”, que ya había adaptado Mozart, resultaba mucho más difícil. Aquí predomina mucho más la comedia). Por otro lado, ya existe una ópera de Giovanni Paisiello sobre el mismo tema, y tanto el compositor como sus seguidores no se van a tomar muy bien que Rossini adapte la misma obra. Pero Rossini accede, y en sólo 3 semanas compone la música de la que será su ópera más célebre, “Il barbiere di Siviglia”.




El estreno, el 20 de febrero de 1816 en el Teatro Argentina de Roma fue un fracaso pese a la participación del célebre tenor sevillano Manuel García; Paisiello bien que se encargó de ello. Rossini tuvo que salir huyendo. Pero con la segunda función todo cambió, la ópera fue un absoluto éxito y lo ha seguido siendo desde entonces.

Nos encontramos ante una ópera bufa (una de las mejores del género, sin duda), con diálogos hablados y escenas cantadas. Vamos a intentar repasar el argumento de la ópera y alguno de los momentos más memorables.

Empezamos con la obertura, seguramente el pasaje más célebre de la ópera, que como es habitual en la época, no tiene melodías en común con la ópera, sirve sólo como introducción musical, no dramática. Vamos a escucharla dirigida por un todavía joven Claudio Abbado:

Antes de seguir dejo aquí el enlace al texto original y traducido al español.

Comienza la ópera. Vemos en escena a Fiorello, un criado del Conde de Almaviva, que, de madrugada, se encuentra en una plaza sevillana ante la casa del Doctor Bartolo. Reúne a un grupo de músicos, ya que el Conde está enamorado de una chica que vive en esa casa (aunque él no sabe quién es), y quiere cantarle una serenata. Así se presenta el Conde y, cuando todo está preparado, comienza a cantar esa magnífica cavatina “Ecco, ridente in cielo”, que escuchamos en una gran interpretación de Juan Diego Flórez:

Una prueba de fuego para un tenor ligero que tiene que enfrentarse a complicadas coloraturas, pero que cuando se hacen bien queda maravillosa…

El Conde paga a los músicos, quienes escandalosamente le agradecen la paga, lo que desespera al Conde, que no quiere que Bartolo se entere de lo que sucede. Se queda a solas con Fiorello, cuando escuchan a alguien acercarse. Es el barbero Fígaro (de ahí viene el título de Il barbiere di Siviglia), que se introduce con este “Largo al Factotum” que nos canta Hermann Prey, quien también fue un gran intérprete del Figaro mozartino:

Fígaro es un antiguo criado del Conde, que ahora vive en Sevilla trabajando como barbero y “factotum”, es decir, que lo hace todo… un chapuzas lo llamaríamos ahora. El Conde le cuenta que está enamorado de la hija del médico que vive en esa casa, y Fígaro, que hace varias labores en ella, le cuenta que ella no es la hija del doctor, sino su pupila, pero que este quiere casarse con ella para conseguir su dote.

La joven se asoma a la ventana con una carta para darle al chico que suele ir a verla (el Conde), pero es sorprendida por el doctor. Ella disimula diciendo que el papel es el aria de una nueva ópera, y la deja caer. Bartolo sale para recoger el papel, pero el Conde se le adelanta sin que el doctor lo vea, y pensando que se la ha llevado el viento, vuelve a entrar en casa con la sospecha de haber sido engañado. Poco después vuelve a salir de casa y comenta que tiene que apresurar la boda, incluso para ese mismo día. El Conde se entera además de que tiene un cómplice, un tal Don Basilio, un metomentodo sin un duro que ahora es profesor de música de la chica.

El Conde lee la carta: Rosina le pide que, de alguna forma ingeniosa, le diga su nombre y sus intenciones. Fígaro le sugiere que lo haga con una canción, pero el Conde no quiere revelar su título, así que se hace pasar por el pobre Lindoro, que quiere casarse con ella. Escuchemos ese “Se il mio nome sapero voi bramate” en la voz del mítico Tito Schipa:

La chica va a contestarle, pero alguien entra en su habitación y ella tiene que retirarse. El Conde desespera, y quiere que Fígaro le ayude a entrar cuanto antes en la casa, a cambio de un buen pago, y la mente de Fígaro se despierta ante el metal, “All’idea di quel metallo”, dúo que escuchamos cantado por Leo Nucci y Raúl Giménez:

Aprovechando que ese mismo día llega un nuevo regimiento a la ciudad, Fígaro le sugiere disfrazarse de soldado para poder entrar en la casa. Y para conseguir que el Doctor se fíe de él, pues mejor que finja que está borracho. Fijan además un punto de encuentro, que es la tienda de Fígaro.

Reaparece Fiorello, enfadado porque después de estar esperando a su amo, éste se va sin él. Así termina este primer cuadro.

El segundo cuadro del 1º acto transcurre ya dentro de la casa.

Se nos presenta la chica, que se llama Rosina, con el aria “Una voce poco fa”, que escuchamos en la voz de Cecilia Bartoli:

Es un aria de presentación del personaje. Vemos sus deseos de casarse con ese Lindoro, y también que tras esa niña buena hay una mujer con carácter y lo suficientemente pícara como para salirse con la suya.

Rosina ha visto a Fígaro hablar con su amor, y espera conseguir su ayuda. Fígaro entra, pero antes de que puedan hablar entra el Doctor y Fígaro desaparece. Rosina juega a despertar celos en el Doctor, que desconfía del barbero, pero sus criados, Berta y Ambrogio, son incapaces de decirle si Figaro ha hablado con Rosina, una por estar todo el rato estornudando y el otro porque se pasa el día sopa.

Llega Don Basilio. quien le avisa de que el amado de Rosina, el Conde de Almaviva, anda por la ciudad, por lo que es necesario hacer algo. Basilio le sugiere esparcir un rumor, una calumnia… y nos describe cómo funciona eso de la calumnia, de un susurro se va extendiendo hasta ser una explosión. Paolo Montarsolo nos lo describe muy bien en este “La calunnia è un venticello”:

Pero a Bartolo no le convence, eso necesita tiempo, y él tiene prisa, así que se retira con Basilio a su habitación para escribir el contrato de matrimonio.

Figaro lo ha escuchado todo, y habla con Rosina de los planes de Bartolo, a los que ella se opone. Le pregunta por el joven que estaba con él, y Figaro dice que es su primo, y que está enamorado de ella. Así tenemos el dúo “Dunque io son”, que escuchamos a Cecilia Bartoli y a ese gran cómico que es el canadiense Gino Quilico:

Figaro le dice a Rosina que el joven necesita una prueba de amor, una nota que ella le escriba… pero ella ya la ha escrito (y Figaro se da cuenta del personaje que es la niña…).

Figaro se va y vuelve Bartolo, que está ya muy escamado… y se da cuenta de que Rosina ha escrito algo, así que la amenaza con encerrarla en su habitación, porque a un doctor como él no se le engaña tan fácil… escuchemos este “A un dottor della mia sorte” en la voz de ese genio del canto sillabatto (ese a toda velocidad) que es Enzo Dara:

Y llegamos a la escena final del primer acto de “Il barbiere di Siviglia”.

Entra el Conde disfrazado de soldado borracho, que desespera al Doctor (incluyendo burlas con su nombre… de Bartolo a Barbaro) y encima se insinúa a Rosina (aunque consigue hacerle saber quién es en realidad), por lo que se crea un alboroto que hace que llegue la policía. Bartolo apenas logra contenerse, y finalmente estalla, por lo que todos los que están en la casa (Bartolo, Figaro, el Conde disfrazado, Rosina, Basilio y los dos criados) son detenidos. Vemos esta larga escena con Luigi Alva, Teresa Berganza, Enzo Dara, Hermann Prey y Paolo Montarsolo, en dos vídeos (y pese a todo no está el finale completo):

Comienza el segundo acto de Il barbiere di Siviglia.

Don Bartolo esta en su casa, pensando que detrás de todo lo que ha pasado está el Conde, que ha enviado a algún siervo suyo disfrazado de soldado.

En ese momento llaman a la puerta, y entra otra vez el Conde con un nuevo disfraz. Escuchamos el dúo “Pace e gioia” de nuevo con Luigi Alva y Enzo Dara:

Después de desesperar a Bartolo con tanto saludo y tanto “Pace e gioia”, el Conde afirma ser un alumno de Don Basilio, que está enfermo, por lo que viene él para sustituirle. Para ganarse la confianza de Bartolo, le dice que está alojado en el mismo hostal que el Conde y que ha llegado a sus manos la carta que le escribió Rosina (dirigida a Lindoro), y que él puede usar una calumnia, que el Conde tiene otras amantes.

Entra Rosina para su lección de música, y de inmediato reconoce al falso sustituto. Y canta este “Contro un cor” que aquí borda la gran Teresa Berganza:

Llega Figaro a afeitar a Bartolo. El problema surge cuando aparece Don Basilio, y entre el Conde, Rosina y Figaro tienen que convencerle de que está enfermo y que se vaya. Es un quinteto realmente divertidísimo:

El problema es que mientras el Conde habla con Rosina, Bartolo le descubre y lo echa. Manda a Ambrogio a buscar a Basilio, y se queda cuidando la casa por desconfiar de Berta.

En ese momento Berta tiene una pequeña aria que no aporta nada a la acción. Y es que en el siglo XIX no se iba sólo a la ópera a escuchar música, y estas arias sin relevancia servían para que los asistentes pudieran desde ir a saludar al amigo hasta ir a comprar unos dulces. Aún así este “Il vecchiotto cerca moglie” no carece de interés, y más si la canta una grande como Fedora Barbieri:

Llega Basilio, que sospecha que el disfrazado es en realidad el Conde. Bartolo lo manda a buscar al notario, pero Basilio dice que este está ocupado para casar a la sobrina de Figaro. Pero Bartolo sabe que Figaro no tiene sobrina y sospecha más. Basilio parte a buscar al notario y Bartolo le dice a Rosina que Figaro y el falso profesor lo que quieren es liarla con el Conde, y como ella desconoce que Lindoro es en realidad el Conde, se siente muy decepcionada. Bartolo se va a buscar a la policía al saber que pronto llegarán Figaro y Lindoro y temiendo que estén armados. En ese momento estalla una tempestad, para la que Rossini compone un intermedio sinfónico:

En medio de una tormenta, Fígaro y el Conde suben por una escalera (que Bartolo retirará) al balcón de Rosina, pero ésta está reacia; el Conde se ve obligado a revelar su verdadera identidad, lo que sorprende a la joven. Figaro les apremia para huir por la escalera del balcón.

Pero no hay escalera por la que huir…

En ese momento llega Basilio (a quien Bartolo le ha dado una llave de la casa) con el notario. El Conde trata de sobornarlo con un anillo, y ante el rechazo del viejo, saca una pistola, y Basilio acepta el anillo para firmar como testigo (junto con Figaro) de la boda de Rosina y el Conde.

Cuando llega Bartolo ya es demasiado tarde, ya están casados. Y entonces el Conde canta un aria que antes, cando no se cantaba Rossini como es debido, se solía cortar por su dificultad, pero que ahora se ha vuelto muy famosa, el “Cessa di più resistere”. Como es habitual en Rossini, que solía reutilizar fragmentos de óperas anteriores, aquí toma prestada el aria final de La Cenerentola, pero cambiándola para tenor. Se la escuchamos a William Matteuzzi, que hace lo que le da la gana con la voz:

La ópera termina con un terceto entre Fígaro, Rosina y el Conde, con coro, que sirve como felicitación de boda:

Termino este repaso a “Il barbiere di Siviglia” con mi Reparto Ideal:

Figaro: Hermann Prey o Leo Nucci.

Conde de Almaviva: Juan Diego Flórez. Aunque no le haré ascos a William Matteuzzi o a Rockwell Blake.

Rosina: Teresa Berganza. O Cecilia Bartoli. Pero que sea siempre mezzo-soprano, no me gustan las Rosinas sopranos.

Don Bartolo: Enzo Dara.

Don Basilio: Paolo Montarsolo.

Berta: Fedora Barbieri.

Director de orquesta: Riccardo Chailly o Claudio Abbado.

Crónicas:

ABAO-OLBE 2016