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140 años del nacimiento de Ethel Barrymore (15-08-2019)

Con una carrera cinematográfica mucho menos extensa que sus célebres hermanos, fue en los años 40 una de las mejores actrices secundarias que ha visto Hollywood, la perfecta definición de una “robaescenas”. Aprovechando el 140 aniversario de su nacimiento repasamos la carrera de la gran Ethel Barrymore.

El nombre de nacimiento de Ethel Barrymore era Ethel Mae Blythe, y nació en Filadelfia, Pensilvania, el 15 de agosto de 1879. Sus padres, Maurice y Georgiana, eran actores teatrales. Su hermano mayor era el actor Lionel Barrymore y su hermano pequeño fue quizá el más famoso actor de los tres, John Barrymore (abuelo de la también actriz Drew Barrymore). 

En 1984 se trasladaron por dos años a Inglaterra, ya que su padre heredó una notable cantidad de dinero allí, siendo estos los mejores años de su infancia, cuando la familia estuvo más unida, al no encontrarse inmersa en giras teatrales. De regreso a Estados Unidos, quiere dedicarse a ser concertista de piano, además de comenzar su gran pasión por el beisbol. Pero en 1893 se traslada con su madre a California, ya que ésta está enferma de tuberculosis, enfermedad de la que muere ese verano, lo que supone el final de su infancia. Al igual que su hermano Lionel (a diferencia de John, que al ser más joven queda al cuidado de su abuela), debe abandonar la escuela y comenzar a trabajar en teatro, debutando en Broadway en 1895. No tarda en trasladarse a Londres, donde permanece entre 1897 y 1898, y obtiene un gran éxito, además de tener como pretendiente a Winston Churchill, a quien rechaza por no querer ser la esposa de un político. Acostumbrados a verla en el cine ya en edad madura, se nos hace extraño imaginarnos que fue una mujer ciertamente bella en su juventud (aunque siempre con esa mirada tan particular suya):

Tras haber tenido varios pretendientes en Inglaterra y en Estados Unidos, Ethel Barrymore se casa el 14 de marzo de 1909 con Russell Griswol Colt, con quien tiene tres hijos, Sammy, Ethel y John Drew, todos ellos dedicados al mundo del espectáculo. Pero el matrimonio no es feliz; ya en 1911 ella firma una demanda de divorcio que no tiene lugar. Pero rumores de malos tratos y evidentes infidelidades de él terminan con un divorcio en 1923. Aunque Ethel mantuvo posteriormente varios romances, no volvió a casarse, al ser una devota católica. 

A comienzos de la década de 1910, buena parte de la familia Barrymore se traslada a Hollywood para trabajar en el cine, y Ethel Barrymore hará lo propio en 1914, debutando en “The nightingale”. Trabajará con frecuencia en el cine hasta 1919. Por el contrario, en los años 20 trabaja exclusivamente sobre las tablas; de hecho, en 1928 se inaugura en Nueva York un teatro con su nombre.

Ethel Barrymore regresa puntualmente al cine en 1932 para acompañar a sus hermanos Lionel y John en “Rasputin y la Zarina”, interpretando a la Zarina Alejandra, en una película criticada por su falta de credibilidad histórica:

Los tres hermanos habían trabajado con anterioridad en una película muda. En esta ocasión, con la llegada del cine sonoro, trabajan juntos por segunda y última vez. De nuevo, Ethel regresa al teatro. 

En 1944, el director Cliffor Odets se encarga de asegurar la presencia de Ethel Barrymore como la madre del despreocupado barriobajero inglés interpretado por Cary Grant en “Un corazón en peligro”:

 

Por este papel, Ethel Barrymore ganará un Oscar a mejor secundaria, aunque afirme no sentirse impresionada por ello. Pero lo cierto es que apenas regresa a las tablas, y dedicará el resto de su carrera al cine. 

En 1946 interpreta a la misteriosa madre de George Brent, asesino de mujeres con problemas, en “La escalera de caracol”, drama de intriga protagonizado por una joven muda interpretada por Dorothy McGuire, consiguiendo una nueva nominación al Oscar:

En 1947 protagoniza varias películas destacables. Por un lado, es la tía de Merle Oberion, pianista que finge ser ciega para poder acercarse al pianista ciego interpretado por Dana Andrews en “Mi corazón te guía”, donde consigue eclipsar al resto del reparto, aún estando todos magníficos:

Interpreta también a la madre del político Joseph Cotten, que emplea a una campesina que terminará triunfando en política, interpretada por Loretta Young, quien ganará el Oscar a mejor actriz, en “Un destino de mujer”:

Pero si destaca en un papel, es el de la esposa del juez Charles Laughton en “El proceso Paradine” de Alfred Hitchcock, drama judicial protagonizado por Gregory Peck gracias al que consigue su tercera nominación al Oscar en un reparto que incluye a Ann Todd y a los debutantes Louis Jourdan y Alida Valli:

En 1948 interpreta a la tratante de arte que trata de impulsar la carrera de Joseph Cotten, pintor obsesionado con la joven que ha conocido y que esconde un secreto, la Jennie del título, interpretada por Jennifer Jones:

En 1949 tiene uno de sus papeles más extensos interpretando a la madre superiora de un convento que esconde en la Viena de post-guerra a una joven bailarina, Janet Leigh, que provoca un conflicto diplomático entre Rusia y Gran Bretaña, encabezados respectivamente por Louis Calhern y Walter Pidgeon:

Pero su gran éxito ese año será interpretar a la rica hacendada sureña que es cuidada por una joven con ascendencia negra, interpretada por Jeanne Crain, que al morir le dejará todos sus bienes en herencia, provocando el posterior drama de la joven, en la película “Pinky” de Elia Kazan:

Por este papel recibe su cuarta y última nominación al Oscar. Y de hecho será el último gran papel de Ethel Barrymore, si bien continúa trabajando en cine en los años 50. En 1952 trabaja junto a Humphrey Bogart en el drama peridístico “El cuarto poder” dirigido por Richard Brooks:

Trabaja además en el drama episódico “Tres amores” y en el musical “Siempre tú y yo”, siendo su último papel en el drama “Johnny Trouble”, en 1957. Pero su ritmo de trabajo se ralentiza por sus problemas cardiacos, que lleva años padeciendo. Finalmente, un infarto acaba con su vida el 18 de junio de 1959, cuando estaba a punto de cumplir 80 años. Fue enterrada en el Calvary Cemetery de Los Angeles:

Quizá la menos problemática de los hermanos Barrymore, Ethel fue una actriz de teatro que dedicó al cine sólo sus últimos años. Pero en esos años nos regaló una decena de papeles memorables que la sitúan en lo más alto del Olimpo cinematográfico. 

Cien años del nacimiento de Jennifer Jones (02-03-2019)

Musa y, después, esposa de uno de los productores más importantes del Hollywood clásico, sus papeles de joven ingenua o sufrida esposa quedaron eclipsados por el de una de las Femme fatale más memorables de la historia del cine. Hoy, cuando cumpliría 100 años, recordamos a Jennifer Jones.

El nombre de nacimiento de Jennifer Jones era Phylis Lee Isley, y nació en Tusla, segunda ciudad del estado de Oklahoma, el 2 de marzo de 1919. Sus padres eran actores de teatro itinerantes, por lo que pasó su infancia viajando por el medio oeste americano, llegando incluso a aparecer ocasionalmente sobre las tablas. Estudia en su Oklahoma natal antes de trasladarse a estudiar interpretación, primero en Illinois y luego en la Accademy of Dramatic Arts de Nueva York, donde conoce al actor Robert Walker, con quien se casa el 2 de enero de 1939 (sin haber cumplido todavía los 20 años). 

Poco después, la pareja se traslada a Hollywood. Jennifer, todavía con el nombre de Phylis Isley, consigue dos pequeños papeles, pero fracasa en su prueba para la Paramount, por lo que, desilusionada, regresa a Nueva York, donde tendrá dos hijos: Robert, en 1940 y Michael, en 1941. Mientras su marido trabaja en la radio, ella trabaja como modelo, intentando siempre conseguir algún papel como actriz.

La ocasión llega cuando, en verano de 1941, se presenta para una audición en el despacho del productor David O’Selznick en Nueva York. La cosa no fue bien, terminó llorando la darse cuenta de su mala prueba, pero algo llamó la atención de Selznick, que la hizo volver y firmar un contrato por 7 años, cambiándole el nombre por el de Jennifer Jones. 

Su primera prueba fue para el papel de Bernadette Soubirois, impresionando al director Henry King, que no dudó en contratarla para un papel deseado por decenas de actrices. Con “La canción de Bernadette”, de 1943, Jennifer Jones saltó a la fama interpretando a la mujer que presencia la aparición mariana en Lourdes, con un reparto en el que destaca una inmensa Gladys Cooper como la intransigente monja superior:

La película resulta mojigata y propagandista católica desde el punto de vista actual, pero en su época fue todo un éxito y le valió el Oscar a mejor actriz, que ganó el mismo día que ganó el día de su 25 cumpleaños:

Convertida en estrella nada más debutar, en 1944 estrena “Desde que te fuiste”, drama dirigido por John Cromwell ambientado durante la Segunda Guerra Mundial, que cuenta la historia de las familias que se quedan sin sus esposos y padres que van al frente. Claudette Colbert y Joseph Cotten protagonizan una película en la que Jennifer Jones es la hija mayor de un americano que está en la guerra, y mientras se enamora de un joven, interpretado por quien todavía es su esposo, Robert Walker, con una fantástica banda sonora de Max Steiner:

La película recibe 9 nominaciones al Oscar, entre ellos el de mejor película y mejor secundaria para Jones, aunque sólo Max Steiner ganará el de mejor banda sonora. 

Mientras, Jennifer Jones comienza una relación sentimental con David O’Selznick, por lo que se separa de Robert Walker, divorciándose finalmente en junio de 1945. 

Jones se convierte, gracias a Selznick, en la reina del drama romántico, y así, en 1945, protagoniza “Cartas a mi amada”, de William Dieterle, junto a Joseph Cotten, quien en su anterior película era el amigo de su madre, pero a quien ahora emparejan con ella pese a la notable diferencia de edad. Por esta película Jennifer Jones consigue su tercera nominación al Oscar, todas ellas consecutivas:

En 1946 protagoniza dos importantes películas. La primera, “El pecado de Cluny Brown”, alocada comedia de Ernst Lubitsch en la que interpreta a una joven que conquista al maduro Charles Boyer

Su otra película ese año será la que le haga pasar a la historia del cine: “Duelo al sol”, el magistral western de King Vidor en el que Jennifer Jones interpreta a una mestiza de la que se enamoran dos hermanos, Joseph Cotten y un malvado Gregory Peck, con un reparto de lujo completado por Liliam Gish y Lionel Barrymore, y un memorable final: 

Y, con ella, cuarta nominación consecutiva al Oscar, Claramente, Jennifer Jones es la actriz de moda. Pero en 1947 no estrena nada: su siguiente película se estrena en 1948. Se trata de “Jennie”, drama romántico dirigido de nuevo por William Dieterle en el que un pintor, interpretado de nuevo por Joseph Cotten, se obsesiona con una mujer que esconde un secreto:

Pero, en esta ocasión, la película resulta ser un fracaso. 

Mejor suerte tiene en 1949 cuando protagoniza “Madame Bovary”, adaptación de la novela de Gustave Flaubert dirigida por Vincente Minnelli, junto a Van Heflin y Louis Jourdan, además de un James Mason que actúa como Flauvert y narrador de la historia:

El 13 de julio de 1949, en un barco camino de Europa, se casa con David O’Selznick, con quien tendrá una hija, Mary Jennifer, en 1954. En Europa rueda a las órdenes de Michael Powell y Emeric Pressburger “Corazón salvaje”, drama rural ambientado en la Inglaterra del siglo XIX:

En 1952 protagoniza “Carrie”, de William Wyler, en la que interpreta a una mujer que comienza una relación con un hombre casado, interpretado por Laurence Olivier, en una interpretación que no entusiasmó a la crítica, a diferencia de la de Olivier, en el que es considerado uno de sus mejores papeles:

En 1953 protagoniza “Estación Termini”, imposible historia de amor entre una americana y un italiano interpretado por Montgomery Clift en un rodaje complicado tanto por las tensiones creativas entre Selznick y el director Vittorio de Sica como por la propia situación personal de Jones, afectada por la reciente muerte de quien fuera su esposo, Robert Walker:

Ese mismo año protagoniza “La burla del diablo”, una sátira del cine negro que intenta evocar a Casablanca, dirigida por John Huston y como Humphrey Bogart como su partenaire:

Tras el fracaso de estos últimos films, Jennifer Jones alcanza un gran éxito en 1955 en “La colina del adiós”, de Henry King, en la que interpreta a una doctora euroasiática que comienza una relación sentimental con el americano interpretado por William Holden, que le vale una quinta y última nominación al Oscar, y que es recordada en especial por la banda sonora de Alfred Newman:

En 1956 repite junto a Gregory Peck en “El hombre del traje gris”, interpretando a una ambiciosa esposa que quiere que su marido gane más en el trabajo, lo que, como le indica su jefe Fredric March, afectará a su familia:

En 1957 protagoniza junto a Rock Hudson y Vittorio de Sica (quien le había dirigido en “Estación Termini”) una nueva adaptación de la novela “Adiós a las armas” de Hemingway, dirigida por Charles Vidor, que tendrá críticas dispares:

Su siguiente película no llega hasta 1962, y es de nuevo una adaptación literaria, en este caso de F. Scott Fitzgerald, “Suave es la noche”, de nuevo dirigida por Henry King, en la que interpreta a una mujer con problemas mentales que tiene celos de la relación de su marido, Jason Robards, con una actriz, interpretada por Joan Fontaine

En 1965, su esposo David O’Selznick muere a los 63 años. Jennifer Jones se retira del cine, y cuando dos años después muere su amigo el actor Charles Bickford, intenta suicidarse lanzándose por un acantilado. Termina en coma. Recuperada, apenas vuelve a rodar. Su único papel relevante será el último, en “El coloso en llamas”, en 1974, en el que tiene un final dramático:

Mientras, en 1971 se había vuelto a casar, con el millonario Norton Simon. En 1976, su hija menor, Mary, se suicida a los 22 años, lo que hace que Jones tome interés en las enfermedades mentales, fundando una asociación con la ayuda de su esposo, que también había tenido un hijo que se había suicidado. 

A la muerte de su esposo, en 1993, se hace cargo del museo de arte que éste tenía, el Norton Simon Museum de Pasadena, siendo su directora hasta 2003. Ese año se retira definitivamente de la vida pública (aparece en la ceremonia de los Oscars por última vez). Morirá a los 90 años, el 17 de diciembre de 2009, siendo sus cenizas colocadas junto a las de Selznick en el Forest Lawn Memorial Park. 

Con una carrera no especialmente extensa, brillante en el drama pero también en las pocas comedias que rodó, su participación en “Duelo al sol”, que quizá no sea su mejor papel pero sí en el que salió más hermosa que nunca, la mantiene en la memoria de los cinéfilos que nunca olvidan esa magistral escena final, ese duelo a muerte entre dos personas que se aman y se odian por igual pero que no pueden vivir separadas. 

Centenario del nacimiento de Joan Fontaine (22-10-2017)


“Anoche soñé que volvía a Manderley”. Así comenzaba una de las más míticas películas del Hollywood dorado de los años 30 y 40, la primera película que rodaba en América el británico Alfred Hitchcock. Y también la película que lanzó a la fama a una joven actriz, que hasta entonces apenas había destacado en sus trabajos previos, y que era precisamente la que decía aquellas míticas palabras: la bellísima Joan Fontaine, que, de seguir viva, habría cumplido hoy 100 años.




El nombre real de Joan Fontaine era Joan de Bauvoir de Havilland (lo que ya nos deja pistas de sus parentescos), y nació en Tokio el 22 de octubre de 1917. Su padre, Walter Augustus de Havilland, británico, trabajaba como profesor en la universidad de Tokio, mientras que su madre, Lillian Augusta Fontaine, había sido actriz antes de trasladarse a Japón con su esposo. Ambos tenían una hija mayor, Olivia de Havilland.

La pareja se separó en 1919 por las infidelidades del esposo, asiduo al servicio de las Geishas, y Lillian se trasladó con sus hijas a Estados Unidos, a causa de los numerosos problemas de salud de Joan. Pero en 1933, con 16 años, Joan regresó a Japón para vivir con su padre, donde se graduaría en la escuela para extranjeros en 1935.

Ese mismo año, de regreso a los Estados Unidos, quiso seguir los pasos de su hermana, que despuntaba en Hollywood. Al no permitirle su madre utilizar el apellido familiar, debuta con el nombre de Joan Burfield en 1935 en “No más mujeres”, protagonizada por Joan Crawford y Franchot Tone. Bajo contrato con la RKO, que la considera una actriz emergente, y adoptando el apellido materno como nombre artístico, tiene su primer papel protagonista en 1937 en “Un hospital en las nubes”:

Ese mismo año aparece en “Olivia”, junto a Katherine Hepburn y Franchot Tone, y en “Señorita en desgracia”, junto a Fred Astaire:

Pero esta última es un fracaso que relega a Joan Fontaine a papeles menores en multitud de películas, interpretando por ejemplo a la novia de Cary Grant en “Gunga Din” o con un pequeño papel en la coral “Mujeres” de George Cukor. Pero rechaza el papel de Melania en “Lo que el viento se llevó” (parece que dijo que, si querían a una actriz para hacer de tonta, llamaran a su hermana… razón no le faltaba, en todo caso). La falta de éxitos provoca el fin de su contrato con la RKO en 1939, año en el que se casa por primera vez, con el actor Brian Aherne.

Cuando parece que su carrera cinematográfica ha llegado a su fin, aparece David O. Selznik. En una fiesta, ambos están cenando juntos y comienzan a hablar sobre la novela de Daphne du Maurier “Rebeca”. Selznik está en proceso de producir su adaptación cinematográfica, que será el debut en Hollywood del director Alfred Hitchcock, y le propone audicionar para el papel protagonista (papel cuyo nombre desconocemos, ya que no se menciona en toda la película: es sólo Milady de Winter). Meses de audiciones le suponen su confirmación en el papel, acompañada por Laurence Olivier y Judith Anderson. El resto ya es historia:

Siempre he dicho que “Rebeca” es, junto con “Encadenados”, la mejor película de Hitchcock, y escenas como esta no hacen más que confirmarlo. Y su magnífico trabajo le valió una nominación al Oscar, que injustamente perdió frente a Ginger Rogers.

Para lo que sí le sirvió su papel en Rebeca fue para que Hitchcock volviera a contar con ella al año siguiente en “Sospecha”, que protagoniza junto a Cary Grant:

Y, pese a que la película es mucho más floja que Rebeca, en esta ocasión le sirvió para ganar el Oscar:

Su relación con su hermana Olivia de Havilland, ya de por sí complicada (Joan Fontaine siempre tuvo celos de ella por considerar que era la favorita de su madre), se complicó aún más a raíz de lo que sucedió cuando fue a recoger el premio, al que Olivia también estaba nominada (y que no había ganado hasta la fecha): al anunciarse el nombre de la ganadora, Olivia se levantó para felicitar a su hermana, pero ésta la ignoró. La explicación de Joan Fontaine fue que, con los nervios de oír su nombre, no vio lo que sucedía a su alrededor y de inmediato se dirigió al escenario. Olivia de Havilland le devolverá la afrenta cuando sea ella quien gane el Oscar en 1946.

Sus siguientes grandes papeles llegarán en 1943, cuando protagoniza “Alma rebelde”, versión cinematográfica de “Jane Eyre” en la que le acompaña Orson Welles:

Y esemismo año protagoniza otro drama romántico, terreno en el que se desenvuelve de maravilla, “La ninfa constante”, junto al magnífico Charles Boyer, en una película casi desconocida, pero por la que recibió su tercera y última nominación al Oscar:

La carrera de Joan Fontaine será a partir de entonces bastante irregular. En 1944 protagoniza la adaptación de otra obra de Daphne du Maurier, la aventura de piratas “El pirata y la dama”. En 1947 protagoniza “Abismos”, en la que se aleja de su imagen de niña buena para interpretar a la villana de la película. Y en 1948 se adentra en la comedia de la mano de Billy Wilder en la prescindible “El vals del Emperador”, junto a un pedante Bing Crosby y en la que tampoco ella tiene un buen papel. Pero ese año firmará una de sus más memorables interpretaciones en el mítico melodrama de Max Ophüls “Carta de una desconocida”, adaptación de la novela de Stefan Zweig que protagoniza junto a Louis Jourdan:

En 1950 vuelve a interpretar otro melodrama romántico, en este caso junto a Joseph Cotten, en “Idilio en septiembre”:

Y ese mismo año repite su papel de pérfida en la magnífica “Nacida para el mal” de Nicholas Ray, en la que sólo Robert Ryan es capaz de percibir la maldad que se esconde tras su inocente apariencia:

En 1952 participa en el film de aventuras histórico “Ivanhoe”, junto a Robert Taylor y a Elizabeth Taylor:

Vuelve a su género ideal, el drama, en 1953 con “Una razón para vivir”, acompañada de Ray Milland:

En 1956 protagoniza junto a Dana Andrews la intriga de Fritz Lang “Más allá de la duda”, que aparenta ser un alegato contra la pena de muerte para luego sorprendernos con un final inesperado:

En 1957 protagoniza el polémico drama sobre racismo “Una isla al sol” junto a James Mason:

En 1958 vuelve al drama romántico junto a Rosanno Brazzi en “Una cierta sonrisa”:

En el ocaso de su carrera, en 1961 aparece en la película de aventuras “Viaje al fondo del mar”:

En 1962 vuelve a aparecer en otro drama romántico, pero en este caso en un papel secundario, como la hermana de Jennifer Jones en “Suave es la noche”:

Joan Fontaine sólo aparecerá en una película más, protagonizando en 1966 la película de terror “Las brujas”:

Joan Fontaine empezó a trabajar en teatro en los años 50, protagonizando entre otras obras “Té y simpatía” junto a Anthony Perkins, y seguirá trabajando en los 60 en los escenarios, además de comenzar una carrera televisiva que concluirá en 1994 con la película televisiva “Good King Wenceslas”.

En lo personal, Joan Fontaine se había casado 4 veces y tenía una hija de su segundo marido, además de haber adoptado a una niña peruana, Martita; Joan Fontaine prometió a sus padres biológicos que la llevaría de visita cuando la niña cumpliera 18 años, pero cuando llegó el momento, Martita huyó de casa, enfadando a Joan, que se vio obligada a incumplir su palabra. La relación con sus hijas se enfriaría completamente al enterarse que mantenían contacto con su hermana Olivia, algo que ella rompió por completo cuando no fue avisada a tiempo de la muerte de su madre en 1975. Nunca más volvieron a hablarse. Finalmente, Joan Fontaine, que adelantó a su hermana mayor a la hora de casarse y de ganar el Oscar, le ganó también al morir antes, en concreto el 15 de diciembre de 2013, mientras dormía, a los 96 años. Con ella se iba la actriz que ostenta el récord de ser la única intérprete en ganar un Oscar por una película de Hitchcock, aunque siempre la recordaremos por el que debió ganar y no ganó, esa inolvidable Milady de Winter de Rebeca, uno de esos papeles que han pasado a la historia del cine.