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Crónica: Mahler Chamber Orchestra en Quincena Musical (01 y 02-08-2019)

Este 2019 la Quincena Musical celebra su edición número 80. Y la encargada de inaugurar tan destacada edición ha sido la Mahler Chamber Orchestra, dirigida por el joven director moravo Jakub Hrusa, emergente figura de la dirección orquestal que era sin duda uno de los principales atractivos de ambos conciertos (porque el programa, a priori, me resultaba bastante poco atractivo en general, pero bueno, como en otros casos, eso es un tema estrictamente personal). 

La Mahler Chamber Orchestra, como ya hemos mencionado, ofreció dos conciertos en el Kursaal, los días 1 y 2 de agosto. Comenzamos por orden con el concierto del día 1, del que dejamos aquí un enlace del programa. 

El concierto se abría con la obertura de “Las Hébridas” de Felix Mendelsson, quizá la pieza que mejor conozco de todas las que formaban el programa, y la que más me gusta. Siempre he pensado que Mendelssohn está muy infravalorado en su labor como compositor orquestal, y esta obertura, una de sus obras más célebres, es buena prueba de ello. La obra requiere (como otras de las interpretadas en ambos programas) una orquesta de mayores dimensiones que la Mahler Chamber Orchestra, con una sección de cuerdas más nutrida, por lo que por momentos se percibían ciertos desequilibrios sonoros entre familias de instrumentos. Hrusa, con su movimiento dinámico y enérgico, enfatizó quizá demasiado apianar en no pocos momentos, en una obra que yo concibo más dramática, más sonora. Por lo demás, su dirección fue siempre enérgica y la orquesta respondió a gran nivel. 

A continuación le llegaba el turno al primer concierto de piano de Chopin. Y para mi sorpresa veo que a la orquesta se añaden dos trompas más y un trombón, y yo pensando ¿para qué se metía Chopin en estos berenjenales cuando sabía perfectamente que lo de orquestar no era lo suyo? ¿Por qué tanta parafernalia? Porque luego la orquesta suena casi como un conjunto carente de entidad propia, un mero acompañante en el que no se notan diferentes texturas sonoras; la orquesta es un cuerpo único. Pero, además, lo de las grandes estructuras tampoco era muy cómodo para el pianista polaco, y eso se nota en este debut en el campo concertístico, en una obra mucho menos lograda que su segundo concierto (por cierto, tercera vez que veo el primero, frente a una única que he podido ver el segundo, una de mis obras favoritas de Chopin).

¿Y por qué digo todo esto? Porque hay que ser un pianista muy, muye expresivo y muy habituado a la interpretación chopiniana para sacar adelante una obra que, de lo contrario, se hace aburrida. Yo tuve que recurrir a las grabaciones de dos chopinianos de pro como Zimerman y Blechacz para conseguir apreciar la obra. Y la presencia de un pianista asiático no parecía indicar que las cosas fueran a ir por esos lugares: habría más exhibición técnica que poesía. 

Pero claro, el joven coreano Seong-Jin Cho ganó el premio Chopin de Varsovia en 2015, por lo que se supone que algo de pianismo chopiniano habrá en su interpretación. El primer movimiento pasó sin pena ni gloria, con lucimiento técnico y una precisión pasmosa, pero sin alma, sin esa poesía que impregna la obra del polaco, y eso pese a un razonablemente buen uso del rubato. Más poesía hubo en el segundo movimiento, aunque siempre sabía a poco. En el tercer movimiento dio la exhibición técnica que esperábamos, siendo lo mejor de un concierto perfectamente acompañado por Hrusa y la orquesta. No deja de sorprender que lo mejor de Cho fuera su propina, un nocturno de Chopin interpretado impecablemente, con toda esa poesía que requiere la obra. Visto lo visto, quizá el problema sea del concierto en sí…

Terminaba el programa de este primer concierto la cuarta sinfonía de Beethoven. Obra de transición entre el clasicismo y el romanticismo, la orquesta de cámara parecía invitar a una visión más clásica, pero la enérgica dirección de Hrusa nos llevó por terrenos mucho más románticos, lo que en mi caso es siempre de agradecer. Ya es perfectamente sabido que Beethoven llevaba al máximo las exigencias interpretativas de los músicos, y aquí la orquesta demostró su enorme valía superando todos los escollos de la partitura, destacando por igual cuerdas, maderas y metales, además del percusionista. Magnífica interpretación, sin duda. 

Pasamos al segundo concierto, el del día dos, dejando de nuevo un enlace al programa. En esta ocasión acompañaba a la Mahler Chamber Orchestra el Orfeón Donostiarra, la Escolanía Easo y la sección de jóvenes cantantes femeninas de las misma formación. 

El programa se abría con el Te Deum de Dvorak, obra que en no pocos momentos nos recuerda a su celebérrima sinfonía del nuevo mundo, con esas sonoridades no sabemos si checas o americanas. La orquesta de nuevo demostró su gran nivel, junto a un Orfeón que se lució como pocas veces antes recordaba: desde el pianísimo más sutil hasta unos atronadores fortísimos. Hay que destacar la rotunda sonoridad de las notas altas de las sopranos y, en especial, de los tenores, que brillaron como no recordaba haberlos escuchado.

Junto a ellos, el bajo Adam Plachetka superó con solvencia su difícil parte, mientras la soprano Katerina Knezikova lució un timbre hermosísimo y una emisión impecable, sin excesivos vibratos, con agudos magníficos y capaz tanto del matiz más sutil como de conseguir hacerse oír sobre los fortes de orquesta y coro. Una soprano a la que seguir, desde luego. 

Después le llegó el turno a los Psalmus Hungaricus de Zoltán Kodály, compositor del que, confieso, nunca había escuchado ninguna obra. Se apreciaban ciertos elementos de vanguardia en medio de una atmósfera de carácter nacionalista húngaro. Dificultad añadida para los coros, que tuvieron que cantar pues en húngaro (a diferencia de en la obra de Dvorak, donde el checo que sería de esperar es sustituido por el litúrgico latín). Volvió a brillar el Orfeón, acompañado en este caso por los miembros jóvenes del coro Easo, que no tuvieron mucha ocasión de lucimiento, al cantar casi todo el tiempo junto al coro de adultos.

El tenor Gyula Rab solventó su difícil participación con una emisión un tanto discutible, no bien proyectada, pero con un idiomatismo lógico. 

Cerraba el concierto la segunda sinfonía de Schumann. Ay, Schummann… ¿Qué te he hecho yo para que nos llevemos así de mal? Es que no hay forma, no consigo entrar en el universo sinfónico del alemán. De nuevo, la interpretación orquestal fue de altísimo nivel, con un visible entusiasmo por parte de Hrusa. Los aplausos a la conclusión demostraron la gran satisfacción del público con el cometido de la Mahler Chamber Orchestra… aunque también hicieron acto de presencia los móviles sonando y las toses, las competiciones de toses en especial en el eterno final en pianísimo de la obra de Kodály. La orquesta no ofreció ninguna propina en ambos conciertos, por desgracia.

Comienza así esta 80 edición de la Quincena, con un alto nivel musical por parte de la Mahler Chamber Orchestra y de su director, Jakub Hrusa, que esperamos se mantenga a lo largo de la edición. 

Crédito fotográfico: Quincena Musical.

Crónica: Fidelio en ABAO-OLBE (27-11-2018)


El día del estreno de estas funciones de “Fidelio”, la única ópera de Ludwig van Beethoven, la Asociación Bilbaina de Amigos de la Ópera (ABAO, para entendernos) celebraba su función número 1.000. Un número redondo por el que se merecen la felicitación de cualquier operófilo que se precie. No deja de ser curioso que la efeméride se celebrara con un título, si bien no infrecuente, tampoco especialmente popular, y desde luego no muy acorde con los bastante conservadores gustos del público bilbaino. No es probablemente “Fidelio” una ópera para celebrar nada, pero si el resultado artístico es bueno (y, en general, lo es), al menos cumple su función con solvencia.




Comentamos a continuación lo visto en la segunda función, la del martes (función nº 1.001, por tanto). Dejamos, como siempre, un enlace de la producción.

La escenografía de Francisco Leal no era especialmente lucida, con una plataforma y otra plancha de similar tamaño que, bien hacía las funciones de techo, bien de pared de fondo. Transmitía bien la idea de opresión por el poco espacio que dejaban las dos plataformas entre sí (lo que, por otra parte, dificultaba la proyección de las voces en la siempre complicada acústica del Euskalduna), pero tampoco dejaba ver bien lo que sucedía en escena, al menos a los que nos encontrábamos en la parte de arriba de auditorio. La dirección escénica, de Juan Carlos Plaza, era correcta con los solistas, pero esa idea de abrir celdas al fondo durante el primer acto para mostrar las torturas a las que se somete a los presos no aportaban nada dramáticamente y despistaban demasiado la atención de la música.

Correcta la Orquesta Sinfónica de Bilbao, dirigida por un Juanjo Mena que supo ser un buen concertador, atento a las voces, sin taparlas. Muy bien la Obertura Leonore que se incorporó a mitad del segundo acto, mientras la obertura de la ópera fue demasiado rápida, enfatizando más una visión clásica que romántica en una obra que, por otro lado, tiene más en común con Weber que con Mozart. El problema de los tempi demasiado rápidos se repitió al final del aria de Florestan, con un ritmo imposible de seguir por cualquier cantante que se precie.

Bien el coro, destacando más la escena final, con coro mixto, que el coro masculino de prisioneros, correcto en todo caso, pero sin el brillo que alcanzaron en el final.

Solventes Manuel Gómez Ruiz y Felipe Bou como los dos prisioneros. Especialmente en el caso de Bou se hubiera agradecido escucharle en un papel con más enjundia. Bien el Don Fernando de Egils Silins, algo falto de volumen pero con una buena línea de canto que supo dotar de nobleza a su personaje.

El punto negro de la función fue el Don Pizarro de Sebastian Holecek, con medios vocales justitos, problemático en el agudo, línea de canto gruesa e interpretación histriónica, sacando más partido de algún pasaje en piano que de los momentos más extrovertidos.

Magnífica la pareja Marzellina-Jaquino formada por Anett Fritsch y Mikeldi Atxalandabaso. En el caso de él, como siempre, acaparó la atención con un papel que apenas le ofrece oportunidades de lucimiento. Ella, con una voz por momentos demasiado pequeña, pero de gran belleza tímbrica y con muy buen gusto como intérprete, solventó sin aparente dificultad las coloraturas de su aria.

Grata sorpresa el Rocco de Tilj Faveyts, voz noble, de tesitura amplia y técnica impecable. El agudo tiende a ser blanquecino, pero es la única pega que se puede poner a un Rocco que resultó emotivo gracias al talento interpretativo del cantante, que sin recurrir al forte consiguió hacerse oír sin problemas.

Peter Wedd, como Florestan, fue incapaz de concluir correctamente su aria, dado el desenfrenado ritmo impuesto desde el foso. Por lo demás, su voz es leñosa, carece de brillo, tímbricamente recuerda bastante a Jon Vickers, pero al margen de su considerable volumen, demostró también su talento interpretativo. Es la típica voz de Heldentenor que no es del todo ideal para Florestan, pero salió con solvencia del reto.

Elena Pankratova se enfrentaba al difícil papel de Leonore-Fidelio. Su voz es ancha, propia de una soprano dramática, con lo que ello conlleva: vibrato a veces excesivo y algún que otro agudo ácido. Pero su talento interpretativo, de nuevo, le permitió salir airosa del envite y solventar las dificultades de su gran aria del primer acto sin aparente esfuerzo. Por cierto, el vestuario no ayudaba a que pudiera hacerse pasar por hombre.

En general, un “Fidelio” de nivel más que aceptable, que sirvió para celebrar las mil funciones dejando un listón bastante elevado. Esperemos que ABAO-OLBE se anime a programar más ópera alemana en el futuro, visto el buen resultado obtenido en esta ocasión.



25 años de la muerte de Lucia Popp (16-11-2018)


Una de las mejores sopranos de coloratura de los años 60 se transformó en los años 70 y 80 en un referente en Mozart y Richard Strauss, antes de su prematura desaparición. Hoy, cuando se cumplen 25 años de su muerte, recordamos a Lucia Popp.




Lucia Poppova nació el 12 de noviembre de 1939 en Záhorska Ves, municipio eslovaco cercano a Bratislava, junto a la frontera austriaca. Su madre era soprano, y con ella recibió las primeras lecciones de canto, antes de ingresar en la Academia de Bratislava, en la que estudiaría arte dramático, llegando a protagonizar algunas películas, de entre las cuales destaca “Janosik”, estrenada en 1963:

En la Academia estudia canto, comenzando como Mezzo, antes de que su registro sobreagudo extraordinario le haga cambiar de registro al de soprano de coloratura, y debuta a comienzos de 1963, con 23 años, en el terrorífico papel de la Reina de la Noche en “Die Zauberflöte“, papel que inmediatamente repite en Viena, causando el asombro, entre otros, de Herbert von Karajan y de Elisabeth Schwarzkopf, y consiguiendo ser contratada para interpretar el mismo papel en la mítica grabación de Otto Klemperer en la que también participan estrellas como Nicolai Gedda, Gundula Janowitz o Gottlob Frick:

Lanzada a la fama casi de inmediato, recorre los principales teatros del mundo con este papel y algunos otros papeles de soprano de coloratura. Entrará a ser miembro estable de la Ópera de Colonia en 1966, y debutará por las mismas fechas en Londres y Nueva York.

Hacia 1970, cansada de repetir los mismos roles, y con una voz cada vez más ancha, se pasa a un repertorio de lírico-ligera, que en los 80 pasarán a ser papeles de lírica plena y, en ocasiones, de spinto. Esto hizo que cantara a menudo varios roles de las mismas óperas.

En el repertorio barroco interpretó algunas óperas de Georg Freidrich Händel, como “Rodelinda”, de la que escuchamos el aria “Ombre, piante, une funeste”:

También interpretó el papel de Romilda en “Serse”, del que escuchamos el aria “Chi cede al furore”:

Le escuchamos también como Cleopatra en el “Giulio Cesare”, cantado en alemán, junto a Walter Berry, cantar el aria “V’adoro pupille”:

De esta ópera también interpretó el papel de Sesto, del que escuchamos el aria “Sperai, ne m’ingannai”:

Y, por último, le escuchamos cantar el “Wohlan, frohlocke, du Tochter Sion” de “El Mesías”:

De Wolfgang Amadeus Mozart, el compositor al que dedicó buena parte de su carrera y que mayores éxitos le dio, comenzamos escuchando su “Laudate Dominum”:

Interpretó mucha música religiosa de Mozart, además de numerosos roles operísticos. Comenzamos escuchándole en “Zaide”, con el aria “Ruhe Sanft, mein holdes Leben”:

Escuchamos también la bellísima aria “L’amerò, sarò costante” de Aminta en “Il Re pastore”:

Famosa fue su interpretación de la dulce Ilia en “Idomeneo”, de la que escuchamos el aria “Zeffiretti lusinghieri”:

En “Die Entführung aus dem Serail” interpretó los dos papeles de sopranos, aunque destacó siempre como Blonde, como podemos comprobar en este Welche Wonne, welche Lust!”:

Pero escuchamos también su Constanze, en el aria “Traurigkeit ward mir zum Lose”:

Lo mismo sucede con “Le nozze di Figaro”. Lucia Popp grabó en estudio las arias de Cherubino, de las cuales escuchamos el “Voi che sapete”:

En los años 70 y principios de los 80 fue una Susanna referencial, de las mejores que se hayan podido escuchar, y buena prueba de ello es este “Deh vieni non tardar”:

Y en su etapa de madurez llegó a cantar la Contessa d’Almaviva, de la que escuchamos la bellísima aria “Dove sono”:

La historia se repite con “Don Giovanni“, de la que cantó en escena los tres papeles femeninos. Comenzó en su juventud con Zerlina, de la que escuchamos el aria “Batti, batti o bel Masetto”:

Ya en los 80 se pasó al papel de Donna Elvira, del que escuchamos el aria “Mi tradì quel’alma ingrata”:

Y en su etapa final incluyó el papel de Donna Anna, del que escuchamos su aria “Non mi dir”:

Igualmente en el caso de “Così fan tutte”: al comienzo de su carrera interpretaba el papel de Despina, de la que escuchamos “In uomini, in soldati”:

Y en su etapa de madurez destacó su interpretación de Fiordiligi, de la que escuchamos el aria “Come scoglio”:

En el caso de “La clemenza de Tito”, al principio de su carrera interpretaba el papel de Servilia, de la que escuchamos su dúo con Annio “Ah perdona al primo affetto” junto a Federica von Stade:

Y en su etapa final interpretó el papel de Vitellia, de la que escuchamos el aria “Non più di fiori”:

Ya hemos hablado de su relación con “Die Zauberflöte”. Fue el temible papel de la Reina de la noche el que la dio a conocer por todo el mundo, algo que no sorprende si escuchamos esa maravilla que es su primer aria, “O Zittre Nicht”, con ese dominio de la coloratura, terrible en la parte final del aria, y de esos Fa sobreagudos que tiene que cantar en sus dos arias:

Pero, cansada de repetir siempre el mismo papel, proto se vio tentada a cantar el papel de Pamina, en el que luce su delicada forma de cantar como en pocos otros papeles. Escuchamos su aria “Ach, ich fühl’s”:

Curiosamente, siendo en sus comienzos una soprano de coloratura, no frecuentó el repertorio italiano y apenas cantó títulos belcantistas, siendo las comedias de Donizetti la principal excepción. Así, podemos disfrutar de su maravillosa Norina de “Don Pasquale”:

Y cantó también la Adina de “L’elissir d’amore”, de la que escuchamos el dúo “Chiedi all’aura lusinghiera”, cantada junto al tenor Peter Dvorsky:

No podía faltar, por supuesto, la Gilda del “Rigoletto” de Giuseppe Verdi en su repertorio, y de ella escuchamos el aria “Caro nome”:

Las discográficas acudieron a ella para grabar dos óperas de Ruggero Leoncavallo. La primera, la famosa, “Pagliacci“, de la que escuchamos el aria de Nedda “Stridono lassu”:

La otra fue la muy poco conocida “La Boheme”, de la que grabó el papel de Mimì. Escuchamos su escena junto a Musetta E destin” Debo andarmene” cantada junto a Alexandrina Milcheva:

En el caso de Giacomo Puccini, fue habitual intérprete de “La Boheme”, primero como Musetta, de la que escuchamos su vals “Quando m’en vo'”:

Y años después grabó el papel de Mimì, pero en su traducción alemana. Escuchamos su aria “Sì, mi chiamono Mimì”:

Gran interpretación fue la suya como “Suor Angelica”, de una maravillosa delicadeza, como acostumbraba ella, como podemos comprobar en este “Senza mamma, o bimbo”:

Y con esa voz, por supuesto, no podía faltar su “O mio babbino caro” del “Gianni Schicchi”:

Tampoco frecuentó Lucia Popp el repertorio francés, y pese a todo, las discográficas contaron con ella para grabar la casi desconocida “Djamileh” de George Bizet, de la que escuchamos a continuación su lamento:

Y lo mismo sucede con “La navarraise” de Jules Massenet, que grabó junto al tenor Alain Vanzo. Escuchamos el comienzo de esta ópera breve y poco conocida:

Y escuchamos también, del mismo compositor, el “Adieu notre petite table” de la “Manon”:

Y no podemos quedarnos sin escuchar su “Depuis le jour” de la ópera “Louise” de Gustave Charpentier, en la que es una de las mejores (quizá la mejor, en mi opinión) de esta maravillosa aria, gracias a esos etéreos agudos en pianísimo:

Su principal repertorio, a parte de Mozart, fue el alemán, comenzando por Ludwig van Beethoven y la Marzelline de su “Fidelio”, de la que escuchamos “Mir ist so wunderbar”:

De Carl Maria von Weber cantó los dos papeles de “Der Freischütz”, Ännchen y Agathe, aunque escucharemos sólo el primero de ellos, con el aria “Kommt ein schlanker Bursh gegangen”:

También, afortunadamente, grabó completa la ópera “Martha” de Friedrich von Flotow, de la que escuchamos a continuación del “Letzte Rose” junto a Siegfried Jerusalem:

Destacó también interpretando óperas del poco conocido Albert Lortzing, como “Zar und Zimmermann”:

O, del mismo compositor también, “Undine”:

En sus últimos años incorporó algunas óperas de Ruchard Wagner, como la Elsa de “Lohengrin” o la Eva de “Die Meistersinger von Nürnberg”:

Y también, quizá uno de los roles más pesados que asumió, la Elisabeth de “Tannhäuser”, de la que escuchamos aquí su aria de entrada, “Dich, teure Halle”:

Destacó también su interpretación de la Gretel de “Hansel und Gretel”, ópera de Engelbert Humperdinck, que escuchamos aquí junto al Hansel de Brigitte Fassbänder:

 

Destaca también su interpretación de “Carmina Burana” de Carl Orff, de la que escuchamos un fragmento cantado junto al barítono Hermann Prey:

Lucia Popp fue una destacada intérprete de las óperas de Richard Strauss, destacando entre ellas “Der Rosenkavalier”, en la que interpretó tanto a la Mariscala como a Sophie, de la que en este caso escuchamos la escena de la entrega de la rosa junto a Brigitte Fassbänder:

Lo mismo sucede con la ópera “Arabella”, de la que interpretó tanto al personaje protagonista como a su hermana Zdenka. Escuchamos su interpretación de la protagonista Arabella junto al barítono Bernd Weikl:

Hay que destacar su interpretación de la mucho menos conocida “Daphne”, que escuchamos a continuación:

Y también de la poco conocida “Intermezzo”, de la que escuchamos el final junto a Dietrich Fischer-Dieskau:

Y, cómo no, hay que destacar su interpretación de la última ópera de Strauss, “Capriccio”, que escuchamos cantada junto a Fritz Wunderlich:

Dado su origen, Lucia Popp fue también una importante intérprete del repertorio eslavo. De Piotr Ilich Tchaikovsky cantó tanto “La Dama de Picas” como “Eugene Oneguin”. Escuchamos la escena de la carta de esta última:

De Bedrich Smetana destacó interpretando a la protagonista de “La novia vendida”, que escuchamos a continuación:

Pero también de otras óperas menos conocidas, como “Dalibor”, de la que escuchamos aquí el aria “Jak je mi?”:

De Leos Janacek la escuchamos cantado “Jenufa”:

Y también el papel protagonista de “La zorrita astuta”:

Pero si hay que destacarla por algo, es por su interpretación de “Rusalka”, la ninfa acuática de la ópera de Antonin Dvorak, a la que sabía extraer todo su juego vocal e interpretativo, como comprobamos en esta maravillosa versión de la canción de la luna:

Lucia Popp fue también una destacada intérprete de opereta vienesa, especialmente de “Die Fledermaus”, primero como Adele y después como Rosalinde. Escuchamos primero su Adele en “Mein Herr Marquis”:

Y ahora las Czardas de Rosalinde:

Y ya que hablamos de Strauss, le escuchamos cantando el vals “Voces de primavera”:

Y de Franz Léhar interpretó también numerosas operetas, como “Giuditta”, de la que escuchamos “Schön wie die blaue Sommernacht” junto al tenor Rudolf Schock:

Le escuchamos también cantar “Des Land des Lächelns”:

Y terminamos escuchando la canción de Vilja de “Die lustige Witwe”:

Antes de terminar incluiremos brevemente algunas de sus incursiones en el Lied y la música de concierto. No podía faltar, en una magnífica liederista como fue Lucia Popp, algún Lied de Franz Schubert, y en este caso el elegido ha sido “An die Musik”:

Le escuchamos también cantar el “Ich hab nun Traurigkeit” de “Ein Deutsches Requiem” de Johannes Brahms:

Destacó también interpretando la música escénica de “Peer Gynt” de Edvard Grieg, y en especial de la canción de Solveig:

Le escuchamos también cantando el final de la 4ª sinfonía de Gustav Mahler:

Y terminamos con Lied de Richard Strauss. Primero, ese bellísimo “Morgen”:

Y por último, de los 4 últimos Lieder, el tercero, “Beim Schlafengehen”, dirigida por Georg Solti:

Casada en primeras nupcias con el director de orquesta húngaro György Fischer, tras separarse volvió a casarse en 1985 con el tenor Peter Seiffert, 15 años más joven que ella. Años después, se le detectó u tumor cerebral inoperable, que le llevó a la tumba el 16 de noviembre de 1993, a la edad de 54 años. Está enterrada en el Cementerio Slávicie Údolie de Bratislava (aunque su tumba no es fácil de localizar):
Con una voz en constante evolución hacia un repertorio más pesado, es difícil imaginar hasta donde habría llegado una artista tan versátil como ella, siempre delicada, siempre encantadora, y con una voz brillante y una técnica poco menos que perfecta. 25 años después de su desaparición sigue siendo un referente de canto mozartino y straussiano, y una de las grandes liederistas de finales de siglo.



Centenario del nacimiento de Leonard Bernstein (25-08-2018)


Compositor, director de orquesta, pianista, divulgador musical… quizá el término que mejor defina la figura de Leonard Bernstein sea el de polifacético. Hoy, en el día de su centenario, recordaremos a una figura musical mítica.




El nombre de nacimiento de Leonard Bernstein fue Louis Bernstein, por insistencia de su abuela, pese a que sus padres siempre le llamaron Leonard, y él mismo se cambió oficialmente el nombre años después. Hijo de inmigrantes judío-ucranianos, nació en Lawrence, en el estado de Massachusetts, el 25 de agosto de 1918. Pese a demostrar desde niño sus dotes musicales, su padre inicialmente se opuso a que su hijo se dedicara a la música, pero finalmente, en 1935, comenzó a estudiar música en Harvard. En esos años conocerá al compositor Aaron Copland y al director de orquesta Dimitri Mitropoulos, que, si bien nunca serán profesores suyos, influirán decisivamente en su carrera.

De esta época datan sus primeras composiciones conocidas, destacando su tío con piano:

Tras graduarse en Harvard, en 1939, estudia en el Curtis Institute of Music de Filadelfia, aunque esta etapa no será tan agradable como la anterior, ya que Leonard Bernstein no lleva bien el estilo educativo más formal que en Harvard, si bien su profesor de dirección de orquesta, Fritz, Reiner, influirá también en su carrera posterior. Más productivo será el verano de 1940, en el que estudiará en Bostón con el director Serge Koussevitzky.

En 1942 compondrá su primera gran obra, su primera sinfonía, “Jeremiah, que escuchamos dirigida por él mismo:

En 1943 compone otra de sus obras más famosas, el breve ciclo de canciones infantiles “I hate music”, que escuchamos en la voz de Barbara Bonney:

Dado que Leonard Bernstein era asmático, se libró del servicio militar durante la II Guerra Mundial, lo que le permitió saltar a la fama cuando, en 1943, tiene que sustituir en un concierto al mítico director Bruno Walter. Esto le abre las puertas a ser el director titular de la New York City Symphony, en una época en la que ningún director de orquesta americano había conseguido alcanzar un cierto prestigio. Por esas fechas incluso llega a plantearse trabajar como actor, interpretando a Tcahikovsky junto a Greta Garbo, pero el proyecto nunca llegó a realizarse.

Pero es en 1944 cuando despega como compositor. Ese año estrena por fin su primera sinfonía, además de su primer Ballet, Fancy Free, y de su primer musical, “On the town”, especialmente famoso gracias a su adaptación cinematográfica de 1949 protagonizada por Gene Kelly y Frank Sinatra y dirigida por Stanley Donen:

Mientras su éxito como director de orquesta va en aumento (interpretando en varias ocasiones el concierto de Ravel como solista y director al mismo tiempo), su carrera como compositor queda un tanto eclipsada, algo que le decepcionará. Al mismo tiempo que dirige obras de compositores contemporáneos (Britten, Ives, Messiaen…), dirige también sus propias obras, como su segunda sinfonía, “The age of anxiety”, para piano y orquesta, de marcado corte jasizztico, de la que escuchamos aquí una parte, “The maske” dirigida por el propio Bernstein acompañando a su pianista favorito, Krystian Zimerman:

En 1950 estrena otro musical, “Peter Pan”, apenas conocido (pese a que en su estreno el papel de Hook lo interpretara el mítico Boris Karloff), del que escuchamos el monólogo “Dream with me” cantado por la soprano June Anderson:

En 1951 se casa con la actriz Felicia Montenegro, a la que había conocido en 1946, pese a su homosexualidad, o quizá en parte para ocultarla. Lo cierto es que la pareja tuvo tres hijos, Jamie en 1952, Alexander en 1955 y Nina en 1962.

Mientras, en 1952, Leonard Bernstein estrena su primera ópera, “Trouble in Tahiti”, una ácida crítica a las desigualdades sociales propia de alguien tan políticamente activo como él:

De 1954 es su serenata sobre el “Banquete” de Platón, quizá su obra orquestal más conocida, para violín solista, cuerdas, percusión y harpa, que escuchamos dirigida por Antonio Pappano y Janine Jansen al violín:

Y también en 1954 compone su única Banda Sonora, “On the waterfront” (en España conocida como “La ley del silencio”) de Elia Kazan, protagonizada por Marlon Brando, que será nominada al Oscar. En 1955 compone una suite que recoge los principales temas de dicha banda sonora, opresiva y con elementos de jazz:

En 1956 compone la que en mi opinión es su obra maestra, que revisará en varias ocasiones, la última de ellas en 1989, su ópera “Candide”, basada en la obra de Voltaire, que cuenta con innumerables pasajes memorables, como la chispeante obertura, el aria de Cunegonde “Glitter and be gay”, el tango de la vieja dama o el final. El propio Leonard Bernstein dirigió la versión actualizada de 1989 con Jerry Hadley, June Anderson, Christa Ludwig, Nicolai Gedda y su amigo Adolph Green:

Y al año siguiente, en 1957, Leonard Bernstein estrenará la que probablemente sea su obra más famosa, el musical “West side story”, con libreto de Stephen Sondheim, en el que vuelve a romper la inexistente barrera entre musica culta y popular, combinando momentos de carácter más clásico, como el dúo “Somewhere”, con ritmos populares como el Mambo con el que se conocen Tony y María, esos nuevos Romeo y Julieta. O con esos ritmos tan puramente americanos que escuchamos en “America”, de la que vemos la versión cinematográfica de 1961, con Rita Moreno y George Chakiris:

Cuando, años después, Bernstein realiza una grabación operística de la obra, son míticas las escenas del ensayo en las que desespera con José Carreras:

En 1958 se estrena como divulgador musical en la televisión, con el programa “Young people’s concerts”, que con sus 53 programas durará hasta 1972. Programas de gran éxito en los que Bernstein no dudaba en recurrir a música popular para explicar los conceptos musicales. Es impagable verle en este programa de 1966, “What is a mode”, cantando incluso una canción de The Kinks:

Se ve que Bernstein odiaba la música…

En 1963 estrena su tercera y última sinfonía, que lleva por título “Kadish”, que requiere de soprano y coro:

Y de 1965 es su obra coral más importante, los Salmos de Chichester:

En los años 60, su carrera como compositor decae, dada la importancia que adquiere su carrera como director de orquesta. De hecho, será el encargado de dirigir la interpretación de la 2ª sinfonía de Gustav Mahler, “Resurrección”, en recuerdo del asesinado John F. Kennedy, que se retransmitió por televisión. Realizará además algunos conciertos benéficos, como el que realiza en 1976 en favor de Amnistía Internacional.

En 1976, decide dejar de ocultar su homosexualidad y abandona a su esposa Felicia para ir a vivir con Tom Cothram. Pero en 1977 a Felicia le diagnostican cáncer de hígado, y Leonard Bernstein regresa a su lado para acompañarla hasta su muerte, el 16 de junio de 1878. Este suceso marcará su vida y afectará a su forma de dirigir, exagerando sus ya de por sí expresivos gestos y ralentizando sus tempos, aunque es cierto que estos detalles ya se venían observando en las grabaciones que realizará para el sello Deutsche Gramophon, repitiendo en muchos casos obras ya grabadas anteriormente para SONY, lo que permite comparar su estilo en ambas épocas. En esta etapa final de su carrera destaca dirigiendo obras de Beethoven, Schubert, Schumann, Mendelssohn, Liszt (inolvidable su grabación de la sinfonía Faust), Brahms (no sólo su sinfonías, también sus conciertos para piano, en los que dirige, de nuevo a Krystian Zimerman), Tchaikovsky y, por delante de todos, Sibelius y Mahler. Como es absolutamente imposible repasar su discografía (a menudo en formato audiovisual, lo que es de agradecer en un director tan gestual como él), elegiremos uno de sus mejores momentos, el final de la sinfonía Resurrección de Mahler. Conviene no perderse ni uno de los segundos en los que aparece en pantalla:

Con esa gestualidad, a menudo considerada exagerada, pero sin duda efectiva, lograba transmitir las emociones que los músicos debían transmitir al público. Y el resultado es, la mayoría de las veces, poco menos que insuperable. Leonard Bernstein es uno de los más brillantes directores de orquesta que la discografía nos permite conocer, y desde luego uno de mis favoritos. ¿Es posible no emocionarse con ese final de la Resurrección que acabamos de ver? Esa forma de dirigir, no sólo a la orquesta, sino también al coro, tan precisa en la forma de indicar dinámicas, esas explosiones de sonido que son lo que le da esa magia especial, es única.

Como compositor, reutiliza su ópera “Trouble in Tahiti” para componer una nueva ópera, más extensa, “A quiet place”, que se estrena en 1983:

De 1988 es la Missa brevis, de la que escuchamos el Kyrie:

Y de 1989 es el Concierto para Orquesta:

Ese mismo año, Leonard Bernstein dirige una 9ª sinfonía de Beethoven en Berlín como celebración por la caída del muro. Durante el concierto, Bernstein decide sustituir la palabra “Freude”, alegría, por “Freiheit”, libertad, afirmando que Beethoven seguramente le habría dado la razón, dadas las circunstancias. No tengo ninguna duda de que habría sido así:

El 19 de agosto de 1990, Leonard Bernstein dirige su último concierto. Un ataque de tos está a punto de detenerlo, pero con mucho esfuerzo consigue concluirlo. Fumador empedernido, lleva luchando años contra un enfisema pulmonar. Finalmente, el 9 de octubre de ese mismo año anuncia su retirada definitiva, a sus 72 años. 5 días después, el 14 de octubre, un infarto causado por sus problemas pulmonares acababa con su vida en su casa de Nueva York. Tras su multitudinario funeral, fue enterrado junto a su mujer en el Green-Wood Cemetery de Brooklyn:

Apenas hemos podido hablar de la faceta de Leonard Bernstein como director, la más destacada sin duda. Pero es que se hace necesario recuperar su faceta como compositor, como creador de un genuino sonido americano y como rompedor de esa absurda barrera entre música clásica y música popular. Y con una genialidad única.



Centenario del nacimiento de Birgit Nilsson (17-05-2018)


Con un repertorio reducido pero inteligentemente elegido, gracias a una voz enorme en volumen y extensión y a una técnica impecable, destacó en algunos de los más difíciles roles de soprano de todo el repertorio. En el centenario de su nacimiento recordamos a la gran soprano Birgit Nilsson.




Märta Birgit Nilsson nació en una granja de la localidad sueca de Västra Karup, en la provincia de Escania, a unos 100 Km de su capital, Malmo. Desde muy temprana edad demostró sus dotes musicales, siendo descubierta en el coro de la iglesia, cuyo director le aconsejó que recibiera clases de canto, algo que terminaría haciendo en la Real Academia de Música de Estocolmo, si bien ella se solía considerar autodidacta.

Su debut fue bastante tardío, en 1946, en Estocolmo, cuando apenas tiene tres días para prepararse el papel de Agathe en “Der Freischütz” de Weber en sustitución de la soprano titular. Cantará en Estocolmo en los siguientes años, en los que ampliará su repertorio en papeles dramáticos. Su salto internacional se produce en 1951 en el festival de Glindebourne, cantando la Elektra del “Idomeneo” mozartino. Debuta en Viena en 1953, en Bayreuth, donde será asidua, en 1954, mismo año en el que debuta en Munich, en el Met de Nueva York en 1959 y en la Scala de Milán en 1958, con un papel, el de Turandot, que acababa de debutar el año anterior en Estocolmo y que, según ella misma afirmaba, le hizo rica.

Comenzamos escuchando esa Elektra del “Idomeneo” de Glyndebourne, de la que escuchamos el aria “D’Oreste, d’Aiace”:

Su otro gran papel mozartino fue la Donna Anna de”Don Giovanni“, del que escuchamos aquí la difícil aria “Non mi dir”, en la que luce una voz flexible, potente pero al mismo tiempo delicada, así como una insólita capacidad para las coloraturas en una voz de su tamaño:

Esa capacidad para el canto dramático de agilidad le permitió sobresalir en un papel tan terrorífico como la Lady Macbeth del “Macbeth” verdiano, del que escuchamos su primera aria:

Y, aunque hasta donde sé, nunca cantó en vivo la Abigaile de “Nabucco“, sí grabó el aria “Anch’io dischiuso un giorno”, de forma absolutamente impecable:

Su repertorio verdiano no fue muy extenso. Podemos escuchar, por ejemplo, su Leonora de “La forza del destino”, pletórica de medios (esos pianísimos en el agudo tan difíciles), aunque siempre falta de ese calor mediterráneo que se espera de las voces que interpreten estos papeles:

Cantó también la Amelia de “Un ballo in maschera”, que además grabó en estudio dirigida por Georg Solti y junto al tenor Carlo Bergonzi, con quien canta este dúo del segundo acto, “Teco io sto”:

Su otro gran papel verdiano fue la protagonista de “Aida”, de la que escuchamos aquí su primera aria, “Ritorna vincitor”:

Y también cantaba el Requiem de Verdi, del que escuchamos el “Libera me Domine”:

Su registro vocal era tan grande, que se permitió el lujo de grabar en estudio el aria de la princesa de Eboli de “Don Carlo“, papel escrito para mezzo-soprano:

Su flexibilidad vocal llegaba hasta el punto de que se permitía el lujo de incluir en recitales arias de papeles a priori poco aptos para su voz, como este “O mio babbino caro” del “Gianni Schicchi” de Puccini, con unos pianísimos que ya quisieran sopranos más líricas:

Pero Birgit Nilsson no frecuentó el repertorio italiano, para el que siempre se le acusó de esa falta de italianidad, de color italiano en su voz. Buena prueba de ello es su fallida Minnie en “La fanciulla del West”, que grabó en estudio sustituyendo a la prevista Maria Callas, y de la que escuchamos el final del primer acto:

Su voz es perfecta, e incluso interpretativamente no está mal, pero le falta algo, ese algo que tenía, por ejemplo, una voz menos dotada pero más italiana como Renata Tebaldi. La frase final, “O un viso d’angelo”, es una buena muestra para comparar a ambas.

Y, pese a todo, frecuentó bastante el papel de “Tosca”, perfecto para su voz (como lo hubiera sido, por ejemplo, el de Gioconda de Ponchielli, que no cantó por desgracia). Sabe sacar partido a los momentos más dramáticos, pero también a los de expansión lírica, con un legato perfecto, como demuestra en este “Vissi d’arte”:

Pero si hay un papel italiano con el que alcanzó la cima de su arte, ese fue el de la terrible “Turandot”. Siendo un papel breve pero terrorífico vocalmente, la Nilsson lucía una interpretación hierática, muy sueca (casi recordaría a Greta Garbo por momentos), y, sobrada de medios, atacaba esos terribles agudos de su aria de entrada con una perfección insultante, perfectos, precisos:

Esos piques sanos con Franco Corelli, que era su Calaf habitual, por ver quién superaba al otro, regalaron al público noches inolvidables. Su interpretación de la princesa china sigue a día de hoy insuperada.

Pero el repertorio en el que más brilló Birgit Nilsson fue el alemán, donde los papeles de soprano dramática son más frecuentes. Un ejemplo de ello es su Leonore del “Fidelio” de Beethoven:

O sus dos papeles weberianos. Primero, la Agathe de “Der Freischütz”, que ya hemos mencionado que fue el papel con el que debutó:

Y el otro, la Rezia de la mucho menos conocida “Oberon”:

Birgit Nilsson dio lo mejor de sí en óperas de los dos Richards. El primero que vamos a ver es Richard Strauss. Nilsson tenía la capacidad vocal que requieren algunos de sus papeles más terroríficos, como esa “Salome” que sigue estando entre las mejores de la historia:

Su enorme potencia vocal le permite hacerse oír ante una orquesta de dimensiones espectaculares.

Y se superó si cabe con la aún más terrible “Elektra”, más adecuada si cabe a sus enormes medios:

Y cantaba así con 64 años nada menos…

Birgit Nilsson destacó como protagonista de “Der Rosenkavalier” y de “Ariadna auf Naxos”, pero de nuevo encontró un mejor vehículo de lucimiento, aunque en la etapa final de su carrera, como la esposa del tintorero en “Die Frau ohne Schatten”:

Y pasamos al otro Richard, Wagner, del que cantó la mayoría de sus papeles para soprano. Comenzamos con la impecable balada de Senta de “Der fliegende Höllander”:

De “Tannhäuser” cantó tanto la Venus (en principio, otro papel para mezzo) como la Elisabeth, de la que escuchamos el aria “Dich Teure Halle”, rematada por un impecable Reb sobreagudo:

Birgit Nilsson también cantó la Elsa de “Lohengrin”, llegando a cantarla junto a la Ortrud de Astrid Varnay, quien fuera la anterior reina wagneriana por antonomasia:

Escuchamos también su Eva de “Die Meistersinger von Nürnberg”:

Y cantó también la Sieglinde de “Die Walküre”:

Pero hay dos papeles wagnerianos en los que sobresale por encima de los demás, papeles por los que muchos la consideraron la heredera de Kirsten Fñagstad, pese a que su forma de cantar fuera muy distinta. El primero, con el que conquistó Bayreuth, fue la Isolde de “Tristan und Isolde”, papel extenuante y vocalmente muy exigente, pero para el que decía que lo único que necesitaba eran unos zapatos cómodos para aguantar la larga duración de la ópera. Su muerte por amor, “Mild und leisse”, es poco menos que mítica, con ese extenso legato y el pianísimo final que es pura magia:

Con ese final enamora hasta al más antiwagneriano del planeta.

Y el otro papel es el más terrorífico de todos, la Walkiria Brunhilde, de tres de las cuatro óperas de la tetralogía. Escuchamos primero su grito de guerra de “Die Walkure”:

Seguimos con el final de “Siegfried”, en el que le acompaña el mejor tenor wagneriano del momento, el único capaz de brillar a la misma altura que ella, Wolfgang Windgassen (que fue además su Tristan habitual en Bayreuth):

Y terminamos con “Gotterdamerung”, en unas imágenes de la grabación de la mítica tetralogía que dirigió Georg Solti para el sello discográfico DECCA, en las que el director húngaro prescinde de muchas de las viejas glorias que seguían cantando en Bayreuth para contar con cantantes más jóvenes; Birgit Nilsson se ve así beneficiada frente a Astrid Varnay, la anterior Brunhilde por antonomasia. Solti no se equivocaba, y he aquí la prueba:

Le escuchamos ahora en algo de repertorio concertístico, y comenzamos por el aria “Ah, perfido” de Beethoven:

Le escuchamos a continuación cantando tres Lieder de Franz Schubert, destacando el tercero, “An die Musik”:

Fue una destacada intérprete de los “Wesendonck Lieder” de Wagner:

Y también de los 4 últimos Lieder de Richard Strauss:

Le escuchamos a continuación un Lied de Jean Sibelius, “Svarta Rosor”:

No podía faltar alguna canción tradicional sueca:

Y  no puedo evitar terminar sin poner una curiosidad, que cantó en algún recital, el “I could have dance” del musical “My fair Lady”, divertidísimo:

Tras publicar una autobiografía en 1977, Birgit Nilsson se retiró a su granja natal en 1984, acompañada de su marido, Bertil Niklasson, con quien llevaba casada desde 1948. Nunca tuvieron hijos. Siguió concediendo entrevistas y presidiendo jurados de concursos de canto años después de su retirada. Finalmente, por causas desconocidas, murió el 25 de diciembre de 2005, a los 87 años. Fue enterrada en el cementerio de su pueblo natal:

Birgit Nilsson fue un verdadero fenómeno de la naturaleza. Una voz de gran extensión y enorme potencia, pero que ella sabía modular a placer, con una técnica impecable, le permitieron hacerse famosa (y rica) cantando algunos de los papeles más temidos del repertorio de soprano. Aún hoy sigue siendo recordada por sus impresionantes interpretaciones de Turandot, Elektra, Salome, Isolde y Brunhilde.



Avance de la Temporada ABAO-OLBE 2018-2019


Estamos en fechas en las que muchos de los teatros de ópera anuncian sus próximas temporadas, atrayendo la atención de los operófilos que buscamos ver qué sorpresas se nos reservan, y que nos ponen los dientes largos viendo a cuántos sitios nos gustaría poder viajar para ver este título o aquel reparto. Hace ya algo más de dos semanas también se hizo pública la temporada de ABAO-OLBE 2018-2019, y como en pasadas ediciones (2016-20172017-2018), vamos a comentar las impresiones previas que produce esta programación.




Comenzamos, como siempre, con un enlace a la página oficial de ABAO en la que se detalla esta nueva temporada. Temporada en la que, por desgracia, seguimos con sólo 5 títulos. Uno ya no sabe si el problema es económico o que ya nos hemos “acomodado” a una temporada de 5 títulos, pero sea por el motivo que sea, sigue siendo una triste noticia. Sólo con 5 títulos nos resulta complicado tener una temporada variada y con esos estrenos que tanto ansiamos.

Creo que es justo que ponga aquí el vídeo que la propia ABAO ha publicado en Youtube de la presentación de la temporada:

“Bilbao, ciudad de la ópera”. Frase ambiciosa, muy “bilbaina”, que a priori me parece que peca de demasiado ambiciosa. Porque si entiendo esta frase en el aspecto de repertorio, ABAO-OLBE peca de muchísimas carencias que están pendientes de ser subsanadas: siguen pendientes de estreno, por ejemplo, óperas como “Pélleas et Melisande” de Debussy, “Thais” de Massenet, las dos óperas de Ravel, “La voiz humaine” de Pulenc, “Hansel und Gretel” de Humperdick, “Arabella” o “La mujer sin sombra” de Richard Strauss, “La dama de picas” de Tchaikovsky, “El príncipe Igor” de Borodin, “La novia vendida” de Smetana, “La zorrita astura” o “Kat’a Kabanová” de Janacek, “La vuelta de tuerca” de Britten, “La clemenza di Tito” de Mozart o “Il turco in Italia”, “Otello” y “Guillaume Tell” de Rossini, por mencionar títulos más o menos frecuentes en el repertorio de los grandes teatros, así como algunos títulos infrecuentes pero más cercanos (el “Juan José” de Sorozabal, por ejemplo), a parte de algunas otras que mencionaré más adelante. Con tales carencias en 67 ediciones (no teniendo esta temporada de ABAO-OLBE 2018-2019 ningún estreno, ninguna ópera que no se haya representado con anterioridad), ese “Bilbao, ciudad de la ópera” me parece en exceso irreal. Claro que si lo que se quería señalar con este término es algo diferente a lo que yo interpreto, como podría ser la calidad de los repartos, el término podría ser más adecuado, siempre y cuando no se vuelva a producir el desastre de cancelaciones y bailes de repartos de la presente temporada (que en su mayoría, sino en su totalidad, no son culpa de la asociación, vaya por delante; el problema es que, cuando apuestas todas tus fichas a un cantante, como pudo ser Javier Camarena hace dos años con “La Cenerentola”, y por motivos ajenos a la organización éste cae del reparto, es tremendamente complicado poder mantener ese alto nivel. Y pese a todo, han conseguido salvar los muebles en la presente temporada en casos como la “Manon” en la que se sustituyó al indispuesto Celso Albelo por Michael Fabiano, figura de reconocido prestigio internacional; que luego los resultados fueran o no satisfactorios ya es otra cuestión, pero el nivel de cartel se mantuvo al menos).

Ya hemos mencionado que este año no hay estrenos. El “Tutto Verdi” que ya toca a su fin programa “I Lombardi”, Esta ópera se representó en una única función, allá por 1976 (faltaban unos cuantos años para que yo naciera), por lo que no goza del título de “estreno”, aunque casi casi… si mis datos no fallan, faltarían dos óperas para terminar dicho “Tutto Verdi”: “Alzira” y “Gerusalem”, ambas inéditas en ABAO (cosa en absoluto sorprendente tratándose de dos óperas harto infrecuentes), aunque confieso que me gustaría que se rematara el proyecto con un “I vespri siziliani” en su versión italiana, ya que se nos ha ofrecido sólo la versión francesa. Puestos a proponer, podría ahora continuarse con un “Tutto Wagner” (ocasión perfecta para estrenar “Parsifal”, “Los maestros cantores” o “Rienzi”) o un “Tutto Puccini” (en este caso, perfecto para el estreno de “Il Tabarro”, “La fanciulla del West” o “La Rondine”), que podría comenzar este mismo año con las funciones de “La Boheme”. Por proponer, que no quede…

Bien, de las 5 óperas que se representan, 3 las he visto ya en directo (“La Boheme” en a propia ABAO en 2013), siendo nuevas para mí “I Lombardi” y esa “Semiramide” que tanta alegría me dio al enterarme que era una de las programadas (no sonaba en los rumores que había escuchado). Sí me sorprende que en el enlace que he copiado más arriba se incluya “Fidelio” como un título poco frecuente, cuando se representa más que “Les pêcheurs de perles”, al menos según las estadísticas de Operabase. En mi opinión, “Fidelio” es una ópera absolutamente de repertorio, no una rareza.

Vamos a comentar ya una por una las cinco óperas de la temporada ABAO-OLBE 2018-2019.

La temporada comienza con “La Boheme” de Puccini. No negaré la pereza que me produce ver esta ópera (por mucho que sea mi favorita) por 6ª vez. En parte por mis ganas de ver cosas nuevas y en parte porque, hasta ahora, la mayoría de esas funciones de “La Boheme” que he visto me han dejado bastante indiferente (incluso Inva Mula en 2013, de la que esperaba mucho y me dejo completamente frío). Pero he de reconocer que el reparto me resulta sumamente atractivo. Ainhoa Arteta es una predilección personal que nos ha regalado grandes noches en pasadas temporadas de ABAO, y estoy seguro de que va a ser una desgarradora Mimì. A su lado debuta en ABAO el rumano Teodor Illincai, a quien ya tuve ocasión de escuchar en vivo, junto a Arteta, en la “Tosca” donostiarra de 2015, teniendo muy buen recuerdo de su actuación. Pedro Halffter a la batuta suma otro importante atractivo, después de aquella mágica “Manon Lescaut“. Una lástima que se relegue a la gran Ruth Iniesta a la única función de Opera Berri para poder escuchar su Musetta.

La temporada ABAO-OLBE 2018-2019 sigue con la única ópera de Beethoven, “Fidelio”, con un reparto que en general me resulta completamente desconocido, por lo que no puedo opinar. Salvo para dar por seguro que Mikeldi Atxalandabaso nos volverá a regalar una gran actuación, en este caso como Jaquino. El problema vendrá por parte de la batuta, en manos de Juanjo Mena, que me dejó bastante mal sabor de boca en el “Fidelio” donostiarra del pasado verano.

Prosigue la temporada con el título del “Tutto Verdi”, “I Lombardi“, que no es uno de sus mejores títulos, cierto, pero es una ópera, cuanto menos, interesante. José Bros es un magnífico cantante que seguro que nos regala un brillante Oronte, y Roberto Tagliavini fue una grata sorpresa en la reciente “Manon”, a la espera de poder ver su Oroveso en la próxima “Norma”, por lo que su nombre resulta igualmente atractivo, aunque en un papel de mayor envergadura.

La gran sorpresa de la temporada es la “Semiramide” de Rossini, una ópera que tengo muchísimas ganas de poder ver en vivo. El problema viene por parte del reparto, excepción hecha al Arsace de Daniela Barcellona. Tanto Simon Orfila como José Luis Sola son dos magníficos cantantes, pero sus respectivos papeles son de una enorme dificultad que no veo que vayan a ser capaz de lucir al máximo. Y por otro lado tenemos a Angela Meade…

La reciente Semiramide del Met es una enorme cantante, como ya nos demostró en su “Stiffelio” bilbaino. Pero es una dramática de coloratura, y Semiramide es un papel demasiado ligero para una voz de semejante volumen, por lo que las coloraturas, como se puede comprobar en este vídeo, son bastante “discutibles”. Ojalá me equivoque…

Y la temporada ABAO-OLBE 2018-2019 termina con “Les pêcheurs de perles” con Maria José Moreno, que apunta a ser una gran Leïla, y el lujo que supone poder ver por fin en escena a Javier Camarena. La ópera de Bizet es maravillosa, aunque no sé cuál es el final elegido de los dos existentes; yo personalmente prefiero que se incluya el terceto “O lumiere sainte”, que es maravilloso.

Hasta aquí mi repaso de la próxima temporada de ABAO. Esperemos que las buenas vibraciones se confirmen, que los temores se disipen y que sea una temporada redonda. Y ya a la espera de saber qué títulos se nos van a ofrecer en la siguiente temporada… ansioso que es uno.



Crónica: Eldar Nebolsin en Fundación Baluarte (15-12-2017)


La orquesta sinfónica de Navarra, dirigida por Juanjo Mena, traía un concierto dedicado íntegramente a Ludwig van Beethoven. No es el de Bonn un compositor al que he tenido muchas ocasiones de escuchar en vivo: la primera sinfonía suya que escuché en vivo fue la 1ª, luego he escuchado la 3ª (2 veces), la 9ª (otras dos veces) y en verano incorporé la 6ª. Y además tuve ocasión de ver su  4º concierto para piano (crónica aquí). Escuchar la magnífica 7ª sinfonía en vivo tenía su atractivo, aunque mayor era poder escuchar el 5º concierto para piano, lo único de la obra concertante de Beethoven que me apasiona (quizá por ser realmente el único concierto plenamente romántico de su obra), pero el principal motivo para ir a Pamplona a este concierto era tener por fin la ocasión de escuchar al pianista Eldar Nebolsin.




Antes de nada dejo un enlace del programa.

Ya he mencionado que el Emperador es una obra que me encanta. Combina ese virtuosismo tan característico de Beethoven con una vena poética no tan frecuente en su obra. Y quizá lo que más me sorprendió de Eldar Nebolsin fue que enfatizara mucho más el segundo aspecto frente al primero. No faltó, desde luego, exhibición de técnica y virtuosismo en, por ejemplo, esos acordes iniciales previos al ritornello orquestal introductorio, pero en cuanto la parte pianística comienza su verdadera andadura, ese virtuosismo dio paso a un magnífico uso del rubato, a un tecleo de enorme suavidad, en ocasiones apenas audible, como un leve susurro, a unos tempi razonablemente pausados… hubo momentos de pura magia, en los que la obra sonaba como a nueva para mis oídos. El virtuosismo tuvo de nuevo su lugar en el tercer movimiento, por supuesto (hablamos de Beethoven, un compositor tremendamente exigente con los músicos), pero en el primer y segundo movimientos fue la poesía, la magia, la fantasía la que se apropió del teclado.

Por desgracia, el acompañamiento de Juanjo Mena y la Orquesta Sinfónica de Navarra no acompañaba como era debido. Tempi rápidos que contrastaban demasiado con los elegidos por Nebolsin, falta de chispa o de poesía en la interpretación, algún desafine en los metales… aquello parecía un collage, una combinación de dos estilos que no encajan entre sí. En mi opinión, una lástima, porque en cuanto la orquesta sonaba, se acababa la magia.

Terminaba Eldar Nebolsin su participación con una propina, una Bagatella de Beethoven, por supuesto, de nuevo interpretada impecablemente.

Llegados ya a la segunda parte del programa, Juanjo Mena pareció sentirse más cómodo con la sinfonía del alemán. Los tempi elegidos fueron de nuevo más bien rápidos (al menos si los comparamos con versiones históricas, como la imprescindible de Furtwängler), siendo quizá de agradecer esos tempi en los dos últimos movimientos y no especialmente molesto en el primero.  Por el contrario, el segundo movimiento sí me resultó en exceso rápido, perdiendo esa poesía que tiene el que para muchos es el mejor movimiento lento de las sinfonías de Beethoven. La orquesta respondió con solvencia, salvo las trompas, que desafinaron notoriamente al final del primer movimiento. Fue en general una interpretación disfrutable, con sus más y sus menos.

Parece que estoy condenado a llevarme siempre una impresión agridulce de Juanjo Mena cuando se trata de Beethoven (cabe recordar su reciente “Fidelio” donostiarra); no recordaba, en cambio, que fue él quien dirigió aquellas inolvidables funciones del “Billy Budd” de Britten en Bilbao, que tanto me gustaron que fui dos veces. A ver si en futuras ocasiones mi impresión vuelve a ser tan favorable como aquella primera vez. Por el contrario, en el caso de Eldar Nebolsin, tal fue la sorpresa que me supuso escucharle, casi hasta el desconcierto (quizá porque me esperaba un pianismo mucho más extrovertido por su parte) que espero poder volver a verle para comprobar de verdad cuál es su estilo pianísitico; el de ayer fue más que satisfactorio, desde luego.



Crónica: Balthasar-Neumann-Ensemble en la Quincena Musical (10-08-2017)


Volvía el Balthasar-Neumann-Ensemble y Coro a la Quincena musical tras su estreno el año pasado, y de nuevo lo hacía con un repertorio proto-romántico, lo que me despertaba cierto recelo. Es cierto que, no siendo especialmente aficionado a la música religiosa, tanto el Stabat Mater de Franz Schubert como la Misa en Dom Mayor de Ludwig van Beethoven me resultaban absolutamente desconocidas, pero la inclusión de una de las obras maestras de la historia de la música, la sinfonía nº 8, Inacabada, de Schubert, era un elemento de atracción y al mismo miedo de terror: es una obra en la que no perdono malas interpretaciones.




Antes de comentar nada dejo un enlace del programa.

El concierto comenzó con un apropiado minuto de silencio por los atentados de Cataluña, a cuyas víctimas estaba dedicado el concierto. Esperemos que no se repitan más actos execrables como estos y que no haya que volver a dedicar un concierto a la memoria de nuevas víctimas (en especial en el concierto del próximo sábado, ya que dedicar a unas víctimas una producción del opresivo Requiem de Verdi se me antoja en exceso macabro).

Comenzaba el concierto con el breve Stabat Mater de Schubert, obra que sonó bella en un coro que parecía en estado de gracia y una orquesta con instrumentos de época que sonaba cálida. Eso sí, no había subtítulos, y por mucho que el programa de mano incluyera tanto la letra en la latín como sus traducciones al euskera y al castellano, la oscuridad del auditorio impedían seguir el texto, que para mí es totalmente desconocido (y gracias a que se incluyó el texto del Stabat Mater, porque no se hizo lo propio con la Misa de Beethoven, lo que hacía especialmente difícil seguir su estructura para quienes somos ajenos al mundo litúrgico).

Sin pausa, sin posibilidad de aplaudir al concluir la breve obra, Thomas Helgenbrock pasó a dirigir los primeros acordes de esa maravilla que es la 8ª de Schubert. Ya comenté el año pasado que en general tengo bastante miedo a las orquestas que hacen planteamientos historicistas de las obras románticas, ya que tienden a usar tempos en exceso rápidos, a prescindir de rubatos y pausas… a alejarse del enorme componente expresivo que tienen estas obras. Y la 8ª de Schubert no será su obra maestra a nivel de juego de timbres orquestales (en esto está muy lejos de la 9ª, por ejemplo), pero sí a nivel estructural y expresivo, combinando momentos opresivos con otros mucho más plácidos.

Pues bien, Thomas Helgenbrock, que se mostró muy preciso al dirigir a los instrumentistas, eligió un tempo lento, muy lento incluso, para el Allegro inicial. Y, pese a algún desafine en la sección de maderas, la Balthasar-Neumann-Ensemble sonó a gloria, destacando esas violas y chelos al atacar el tema B del primer movimiento, con una sonoridad cálida y dulce realmente hermosa. El primer movimiento fue un momento casi mágico.

Lo que no entiendo es esa costumbre de no distinguir entre Allegro y Andante, ya que parece que Thomas Helgenbrock utiliza el mismo ritmo. Afortunadamente, al haber sido el allegro tan lento, el andante, pese a sonar algo rápido, no lo era en exceso (hablo siempre de mis gusto personal, claro), y fue un movimiento igualmente apreciable. Es una lástima, por supuesto, que la sinfonía termine aquí, algo que se nota en las pocas ganas que tienes de aplaudir cuando concluye ese pianísimo final del segundo movimiento.

La sonoridad de los instrumentos de época del Balthasar-Neumann-Ensemble resultaba por supuesto extraña para quienes estamos acostumbrados a las orquestas modernas. Ya he destacado la belleza de las cuerdas, y lo mismo se podría decir de las maderas. Más molesto me resultó el sonido muy metálico de los timbales, que se hacían demasiado presentes.

Quitados mis miedos iniciales, tocaba disfrutar de la segunda parte con la Misa en Do Mayor de Beethoven. Aquí fue el coro el que mejor pudo lucirse, con unos juegos de dinámicas realmente logrados (magníficos pianísimos). Solventes los solistas (algunos más destacables que otros, por supuesto. Yo me quedo con el tenor y la contralto de la primera parte; la voz de ella tenía un timbre bellísimo), aunque no entiendo por qué cambiarlos en cada parte de la misa.

Poco más puedo decir, dado mi desconocimiento de la obra. Fue sin duda un concierto de gran calidad musical, y la respuesta del público fue entusiasta. Y el Balthasar-Neumann-Ensemble respondió con una propina, un fragmento coral del oratorio “Elías” de Felix Mendelssohn, que sonó a gloria (y con una pronunciación alemana exquisita, mucho mejor que en latín desde luego). Terminaba así un concierto que tranquilamente podría situarse entre los mejores de la presente edición de la Quincena, aunque todavía tenemos bastantes que escuchar.



In Memoriam: Kurt Moll (05-03-2017)


Llevamos un comienzo de año realmente malo en lo que a pérdidas musicales respecta. Y al cosa no parece mejorar. En este post recordaremos al bajo alemán Kurt Moll, uno de los grandes intérpretes de los papeles para bajo profundo de la ópera alemana de la segunda mitad del siglo XX, que nos dejaba a los 78 años hace pocos días.




Kurt Moll nació el 11 de abril de 1938 en Buir, cerca de Colonia. De niño estudió violonchelo, instrumento al que pensaba dedicar su carrera. Pero cantaba también en el coro escolar, y el director de este coro le animó a estudiar canto, cosa que finalmente hizo en la escuela musical de Colonia con Emmy Müller, entrando en la compañía de la ópera de Colonia a los 20 años. De esta pasará a la de Maguncia, la de Wuppertal y finalmente, en 1969, a la de Hamburgo, de donde saltará a los grandes teatros internacionales, incluyendo su debut en el festival de Bayreuth en 1968.

Su repertorio de bajo profundo se centró en la ópera alemana, aunque su repertorio fue más amplio. Le escuchamos en un papel de ópera barroca, el Seneca de “L’incoronazione di Poppea” de Claudio Monteverdi:

Kurt Moll fue un destacado intérprete de óperas de Mozart, como el Bartolo de “Le nozze di Figaro”, del que escuchamos el aria “La vendetta”, en la que incluso tiene algún pasaje de canto sillabatto que Moll solventa con corrección:

Mucho más impactante resulta su interpretación del Comendador de “Don Giovanni”, del que escuchamos el final de la ópera junto al Don Giovanni de Samuel Ramey; Moll tiene todo lo que necesita el papel; extensión vocal, autoridad, potencia, rotundidad para hacer una escena final memorable:

Pero Kurt Moll destaca todavía más en las óperas alemanas de Mozart, empezando por el Osmin de “Die Entführung aus dem Serail”, de la que escuchamos el aria “O wie will ich triumphieren”, en la que a parte de sus dotes cómicas luce registro grave, descendiendo hasta el Mib1:

Y memorable es así mismo su Sarastro de “Die Zauberflöte”, del que escuchamos su famosa aria “In diesen heil’gen Hallen”:

Aunque asociemos su nombre a la ópera alemana, el repertorio de Kurt Moll fue más amplio, incluyendo títulos de ópera italiana, francesa o rusa. Destaca por ejemplo su Monterone de “Rigoletto” de Verdi, en el que de nuevo la rotundidad de su voz hace justicia a un personaje que a menudo pasa desapercibido. Escuchamos su breve intervención del segundo acto previa al “Si, vendetta” que cantan Piero Cappuccilli e Ileana Cotrubas:

Y le escuchamos también cantar el aria de Fiesco “Il lacerato Spirito” de “Simon Boccanegra”:

Escuchamos ahora a Kurt Moll cantar el aria “Vecchia zimarra” de “La Boheme” de Giacomo Puccini:

En ópera francesa cantó pequeños papeles en óperas como “Les contes d’Hoffmann” o “Werther”, mientras que en ópera rusa podemos escucharle el Pimen de “Boris Godunov” de Modest Mussorgsky, para el que Moll tenía una voz perfecta:

Pero pasamos ya al repertorio fundamental de Kurt Moll, la ópera alemana. Y empezamos con el “Fidelio” de Ludwig van Beethoven, del que interpreta el papel de Rocco,en este caso junto a Jessye Norman:

Kurt Moll fue por encima de todo un gran intérprete de las obras de Richard Wagner, así que empezamos escuchándole cantar la bellísima aria de Daland “Magst du mein kind” de la ópera “Der fliegende Holländer”:

Cantó también los papeles de bajo de “Tannhäuser”, “Lohengrin” y “Die Meistersinger von Nürnberg”, pero le escuchamos en el monólogo del Rey Marke de “Tristan und Isolde”:

Cantó igualmente los papeles de bajo del Anillo, como este Hunding de “Die Walküre”, para el que su oscurísima voz va perfecta para describir la rusticidad del personaje:

Le escuchamos ahora como el gigante Fafner en “Siegfried”:

Y para terminar con Wagner le escuchamos el Gurnemanz de “Parsifal”, en el que tiene que lucir una nobleza de canto que se diferencia enormemente de los villanos a los que acabamos de escuchar:

Kurt Moll cantó y grabó otras óperas alemanas, como “Abu Hasan” de Carl Maria von Weber, “Die lustigen Weiber von Windsor” de Otto Nicolai, “Zar un Zimmermann” de Albert Lortzing, “Jessonda” de Louis Spohr, “Der Evangelimann” de Wilhelm Kienzl, “Der Corregidor” de Hugo Wolf, “Notre Dame” de Franz Schmidt, “Wozzeck” de Alban Berg o “Tiefland” de Eugène d’Albert, pero a falta de vídeos en Youtube pasamos al otro compositor fundamental en su carrera, Richard Strauss. Y por encima de todos sus personajes straussianos destaca el Barón Osch de “Der Rosenkavalier”, del que vemos una escena que remata con un Do1 (si los agudos extremos son sobreagudos, los graves extremos serán infragraves, supongo):

Y cantó otras óperas suyas, como “Intermezzo”, “Daphne”, “Arabella” o “Fredenstag”, pero vamos a escuchar su Sir Morosus de “Die Schweigsame Frau”:

En el repertorio de concierto vamos a escuchar su intervención en una 9ª de Beethoven dirigida por Leonard Bernstein:

Y fue también un destacado intérprete de lied, de Franz Schubert por ejemplo, pero también de otros compositores menos conocidos como Carl Loewe, del que escuchamos su “Erlkönig”:

Se retira en 2006 a causa de una enfermedad, cantando en Munich un breve papel de “Die Meistersinger von Nürnberg”, el del vigilante nocturno, el mismo con el que había debutado en Bayreuth en 1968. Los aplausos que recibe al final dejan bien clara la brillante trayectoria que había tenido, que el público quiso recompensar:

La enfermedad que provocó su retirada ha terminado siendo fatal muchos años después, y finalmente Kurt Moll nos dejaba el 5 de marzo. Con él se va una voz de extensión privilegiada, un bajo que puede no entrar en la categoría de histórico, pero sí quizá uno de los últimos grandes bajos germanos, magistral en sus interpretaciones de Wagner y Strauss.



In Memoriam: Nicolai Gedda (08-01-2017)


Cuando cualquiera se introduce en el mundo de a ópera, hay siempre algún cantante que influye desde el comienzo en su pasión por el género y en su forma de ver la ópera. En mi caso hay unos cuantos cantantes que han marcado mi vida como operófilo, siendo uno de los más importantes el gran Nicolai Gedda. Hace unos días nos enteramos de que había muerto hace más de un mes, el 8 de enero, así que vamos a dedicarle un post para recordar a un artista al que nunca debemos olvidar.




El nombre de nacimiento de Nicolai Gedda era Harry Gustaf Nikolai Gädda (cambiaría años después el apellido por Gedda). Nació el 11 de julio de 1925 en Estocolmo, en el seno de una familia pobre, de madre sueca y padre de origen ruso. Fue por ello adoptado por su tía Olga Gädda y el marido de ésta, Michael Ustinov (pariente del actor Peter Ustinov). El pequeño Nicolai era bilingüe desde su niñez, hablando el sueco y el ruso. En 1929 se trasladan a Leipzig, donde añade un nuevo idioma, el alemán.

Su padre adoptivo había cantado como bajo en el coro de cosacos del Don, y canta en el coro de la iglesia ortodoxa de Leipzig. Por influencia de sus padres adoptivos, Nicolai Gedda estudia música y canta en un cuarteto de niños.

En 1934, con la llegada de Adolph Hitler al poder, la familia abandona Alemania y regresa a Estocolmo. Gedda canta en el coro de la iglesia, pero un accidente vocal le hace abandonar la carrera de canto, y comienza a trabajar en un banco. Mientras, en la escuela aprendió inglés, francés y latín, además de estudiar italiano por su cuenta. Desde joven Nicolai Gedda era políglota.

Un día le dice a un cliente que está buscando un profesor de canto, y éste le aconseja que busque a Carl Martin Öhman, antiguo Heldentenor que ya había descubierto al otro gran tenor sueco de la historia, Jussi Björling, y que más tarde descubriría al gran bajo finés Martti Talvela. Öhman se entusiasma al escucharle y lo toma como aprendiz (no tenía mal ojo este hombre, desde luego).

En abril de 1952 debuta en la Ópera de Estocolmo cantando en sueco el papel protagonista de “Le postillon de Lonjumeau” de Adolphe Adam. Su éxito fue inmediato, y no tardó en grabar el aria “Mes amis”, la más famosa de la ópera, en sueco, con un Re sobreagudo que ya nos muestra su increíble habilidad en el registro sobreagudo:

Con una voz maleable y un dominio de tantos idiomas, su repertorio fue inmenso,tanto en ópera como en lied y repertorio de concierto. Tanto la temprana grabación del Dimitri en un Boris Godunov protagonizado por Boris Christoff, como el ser descubierto por Herbert von Karajan, lanzaron desde el comienzo su carrera discográfica, una de las más abundantes en un cantante de ópera. Publica sus memorias en 1977 con la ayuda de la escritora Aino Sellermark, con la que finalmente se casará en 1997.

Repasar el repertorio de Nicolai Gedda es realmente arduo, pero vamos a hacer lo que podamos. Hay que destacar que, al tener un repertorio tan amplio, interpretó óperas poco conocidas, como por ejemplo “Le devin du village” de Jean-Jacques Rousseau:

Llegó a cantar incluso alguna ópera barroca, como “Platée” de Rameau, de la que se conserva grabación, además de óperas de Christoph Willibald Gluck, como “Orfeo ed Euridice”, de la que escuchamos el famoso “J’ai perdu mon Euridice”:

Cantó también la “Iphigénie en Tauride”, de la que escuchamos el aria “Unis dès la plus tendre enfance”:

Y por último la ópera “Alceste”, de la que escuchamos “Bannis le crainte et les alarmes”:

Nicolai Gedda fue un destacado intérprete de óperas de Mozart, como por ejemplo el Belmonte de “Die Entführung aus dem Serail”, de la que escuchamos el aria “Ich baue ganz”, tan a menudo cortada por aquella época por su dificultad, con unas coloraturas complicadas que Gedda solventa sin aparente dificultad:

Le escuchamos también cantar el aria “Fuor dal mar” de la ópera Idomeneo, otra prueba de fuego para las agilidades vocales:

No dejamos las coloraturas, ya que ahora le escuchamos la no menos peliaguda “Il mio tesoro intanto” de “Don Giovanni”:

En un estilo mucho más delicado, le escuchamos ahora cantar “Un’aura amorosa” de “Così fan tutte”:

Cantó también el Tito de “La clemenza di Tito”, del que escuchamos el aria “Se all’Impero”:

Y le vemos ahora interpretar al Tamino de “Die Zauberflöte“:

No fue el repertorio italiano el mejor de Nicolai Gedda, pero aún así dejó algunas grabaciones interesantes y otras referenciales. Comenzamos por sus interpretaciones rossinianas. Además de grabar “Il turco in Italia” junto a Maria Callas en una grabación tan cortada que le quitan su aria, le tenemos cantando el Almaviva de “Il barbiere di Siviglia“, de la que llegó incluso a cantar la habitualmente cortada aria “Cessa di più resistere”, aunque totalmente fuera de estilo. Le escuchamos cantando el aria “Ecco ridente in cielo”:

Referencial fue su grabación del “Guillaume Tell” (en el francés original, en una época en la que lo habitual era cantarla en su traducción italiana), en la que nos regala muchos grandes momentos en los que lucir sus espectaculares agudos, destacando sin duda en su gran aria “Asile héréditaire” y la posterior caballetta, en la que luce un espectacular do de pecho final que mantiene durante unos 10 segundos:

Y, pese a todo, estos no son los agudos más espectaculares de Nicolai Gedda, que se lucirá todavía más en obras de Vincenzo Bellini. Le escuchamos primero cantar el aria de la por aquel entonces poco habitual “I Capuleti ed i Montecchi”:

Es cierto que a día de hoy no suena tan adecuado estilísticamente, pero para aquella época no se puede pedir mucho más.

Sin duda mejor de estilo nos lo encontramos en ese “Ah, perchè non posso odiarti” de “La sonnambula”, junto a Joan Sutherland:

Pero esto no es nada comparado con lo que hacía en “I Puritani”. Escuchamos primero el dúo “Vieni fra queste braccia”, en vivo, junto a Joan Sutherland:

Os prometo que no he escuchado unos re sobreagudos tan flipantes como los suyos.

Y ahora escuchamos su “Credeasi misera” en su grabación en estudio junto a Beverly Sills:

El re bemol ya es flipante, pero, gracias a su dominio del canto en mixto, Nicolai Gedda es de los pocos que se lanzan al fa sobreagudo. Que sene bonito o no es discutible; que lo suyo es uno vozarrón como los hay pocos es indiscutible.

Pasamos a las óperas de Gaetano Donizetti. En sus numerosos recitales, Gedda grabó el aria de “La favorita”:

Vamos a verle ahora cantar la famosa “Una furtiva lagrima” de “L’elissir d’amore”:

Le escuchamos ahora cantar junto a Mirella Freni el dúo “Tornami a dir che m’ami” de “Don Pasquale”:

Y por último le escuchamos junto a una de sus parejas discográficas habituales, Beverly Sills, en el dúo de “Lucia di Lammermoor”:

Pasamos a Giuseppe Verdi, compositor al que Nicolai Gedda se suele asociar por dos papeles; el primero sería el Duca di Mantova en “Rigoletto”, del que escuchamos el dúo “È il sol dell’anima” junto a la soprano Reri Grist:

Y el otro es el Alfredo de “La Traviata”, del que vamos a escuchar el dúo “Un dì felice” junto a Anna Moffo:

Pero Nicolai Gedda, por sorprendente que pueda parecer, cantó algunos otros roles verdianos. El más obvio es el Riccardo de “Un ballo in maschera”, del que escuchamos el aria “Ma se m’è forza perderti”:

Magnífico uso de medias voces, por cierto.

Soprende mucho más escuchar a dos voces tan líricas como la suya y la del barítono Hermann Prey en papeles tan pesados como los de “La forza del destino”, pero aquí les tenemos cantando el dúo “Solenne in quest’ora” (en alemán) y saliendo bien parados en el intento:

También cantó la no muy frecuente “I vespri siziliani”, de la que escuchamos el aria “Giorno di pianto”:

Y ya el remate: ¿Nicolai Gedda cantando el Radames de Aida? Pues sí, y lo tenemos precisamente cantando el dúo final de la ópera; no es su voz la de Radames, desde luego, pero cumple:

Le escuchamos ahora en la grabación que hizo del aria de “La Gioconda” de Amilcare Ponchielli, “Cielo e mar”, en una grabación muy temprana (1953), por lo que su voz, muy lírica, no tiene todavía la fuerza necesaria para el personaje, aunque alcanza momentos de gran belleza, gracias a una depurada técnica en el ataque de los agudos que le permite el bello pianísimo final:

Le escuchamos ahora en repertorio verista, cantando el “Amor ti vieta” de la “Fedora” de Umberto Giordano:

Con 75 años, la voz se ha agrandado, aunque tiembla mucho más que años atrás, pero por lo menos ahora da el pego en papeles más spinto.

Y le escuchamos también cantar el mucho más lírico lamento di Federico “È la solita storia del pastore” de “L’Arlesiana” de Francesco Cilea:

Nicolai Gedda cantó y grabó arias de algunas óperas de Puccini, como el famoso “Nessun dorma” de “Turandot”, y lo más alucinante es que suena con el metal necesario para el papel; podría parecer un simple capricho, pero el resultado es realmente notable:

Le escuchamos también el aria “E lucevan le stelle” de “Tosca” con 61 años de nada… :

Y le tenemos también cantando el “Donna non vidi mai” de “Manon Lescaut”:

Pero Nicolai Gedda será recordado por dos óperas de Puccini. La primera, “La Boheme“, de la que escuchamos el aria “Che gelida manina”, en una versión llena de entusiasmo y con unos magníficos ataques al agudo:

Y el otro papel pucciniano es el Pinkerton de “Madama Butterfly”, que grabó junto a Maria Callas, junto a quien le escuchamos en el largo dúo final del primer acto:

Pasamos ya al repertorio francés, en el que Nicolai Gedda fue uno de los más importantes tenores posteriores a la II Guerra Mundial. Y empezamos escuchándole en “La dame blanche” de François-Adrien Boïeldieu, en el aria “Viens, gentille dame”, en una versión espectacular por el dominio de las medias voces:

Nicolai Gedda ha sido uno de los últimos tenores en interesarse por la en otra época famosa ópera “Fra Diavolo” de Daniel Auber, grabando una integral  de la que escuchamos el aria “J’ai revu nos amis”:

Y grabará además una magnífica versión, estilísticamente muy superior a la posterior de Alfredo Kraus, de la bellísima aria de “Masaniello”, también de Auber, “Du pauvre seul ami fidèle”, con un uso casi mágico de las medias voces:

Como ya le hemos escuchado cantar “Le postillon de Longjumeau” de Adam, pasamos a Giacomo Meyerbeer, compositor del que Nicolai Gedda ha sido quizá el mejor intérprete de la discografía. Echándose en falta una grabación suya de “Robert le diable”, pasamos a su espectacular Raoul de Nangis de “Les huguenots“, del que escuchamos el fantástico dúo “Tu làs dit” junto a Enriqueta Tarrés, en el que pasa de unas espectaculares medias voces a un potente Re bemol sobreagudo perfecto de afinación y emisión:

Contrasta con el Jean de Leyden de “Le prophète”, de carácter mucho más heroico en el aria “Roi du ciel”, en la que luce potencia y flexibilidad vocal al mismo tiempo:

Y terminamos escuchando su versión del aria de Vasco da Gama “O paradis” de “L’Africaine”, aunque desconozco si llegó a cantar esta ópera completa (cosa que sí hizo con las dos anteriores):

Hector Berlioz fue otro compositor al que Nicolai Gedda le prestó mucha atención. Le escuchamos primero catar el aria “Seul pour lutter” de “Benvenuto Cellini”:

Le escuchamos ahora el aria “Nature immense” de “La damnation de Faust”:

Y terminamos escuchando el dúo “Nuit d’ivresse” de “Les Troyens” junto a Shirley Verrett:

Pasamos a Georges Bizet, para poder escuchar su insuperable versión del aria de Nadir “Je crois entendre encore” de “Les pêcheurs de perles” y comprobar qué es eso del canto en “mixto”: es una técnica de canto intermedia entre el registro de pecho y el falsete, en el que se pasa la resonancia a la cabeza, consiguiendo un sonido más agudo que el registro de pecho pero sin una pérdida de color tan acusada como en el falsete. Este tipo de registro se usa para alcanzar notas sobreagudas (como el fa de I Puritani que ya escuchamos), pero es fundamental en la ópera francesa para poder cantar notas agudas en pianísimo, algo que sería imposible en el registro de pecho. Y así, mientras que tenores como Kraus o Albelo lanzan el Do final de pecho, casi como un cañonazo, completamente fuera de estilo, y otros como Alagna o Villazón dan el agudo en un horrible falsete, Gedda nos demuestra cómo hay que cantar esta maravillosa aria:

Al enfrentarse al papel de Don José en “Carmen”, la visión de Gedda es mucho más lírica, menos verista de lo habitual. Puede que en los momentos más dramáticos su voz se quede algo corta de potencia, pero su versión del aria de la flor es de una delicadeza sublime, apianando en los agudos y con un final mágico, usando de nuevo el mixto:

Para comprobar qué tal se maneja en los momentos más dramáticos vamos a escucharle en el dúo final, en vivo, junto a la Carmen de Fiorenza Cossotto (y dirigidos por su amigo Georges Prêtre, que murió 4 días antes que Gedda):

Yo diría que supera la prueba con creces…

Le escuchamos ahora en otra de esas arias en las que el canto a media voz es fundamental, “Ele ne croyait pas” de la “Mignon” de Ambroise Thomas:

Y de nuevo dominando el pianisimo en mixto en la bellísima “Vainement, ma bien aimée” de la ópera “Le Roy d’Ys” de Édouard Lalo:

Charles Gounod fue otro compositor fundamental en la carrera de Nicolai Gedda, en especial por su “Faust”, ópera que Gedda cantó en innumerables ocasiones. Le escuchamos cantar el aria “Salut, demeure chaste et pure”, donde, en este caso, pasa del estilismo para soltar un do de pecho como un cañonazo. Ortodoxo no es, pero el resultado no deja de ser magnífico:

Para compensarlo, le tenemos cantando el aria “Ah, leve-toi, soleil” del “Romeo et Juliette” terminada en un bellísimo pianísimo:

Y le escuchamos también cantar el aria “Anges du paradis” de la ópera “Mireille”, dando otra lección de estilo de canto francés:

Nicolai Gedda también cantó la magnífica ópera “Lakmé” de Léo Delibes, de la que escuchamos el dúo del primer acto junto a Mariella Devia:

Nicolai Gedda fue un destacado intérprete del Hoffmann de “Les contes d’Hoffmann” de Jacques Offembach, de la que escuchamos el dúo “C’est une chanson d’amour” junto a Victoria de los Ángeles:

Y del mismo Offembach le escuchamos cantar en alemán el aria “Au mont Ida” de la opereta “La belle Helene”:

Llegamos a Jules Massenet, otro compositor fundamental en el repertorio de Nicolai Gedda, en parte por el Des Grieux de “Manon”, en la que volvía a lucir sus magníficos pianísimos en el aria “En fermant les yeux”:

Y por otra por “Werther”, uno de sus mejores papeles; escuchamos una sorprendente versión de la famosa aria “Pourquoi me reveiller” en la que apiana en el primer estribillo:

Gedda también cantó el Nicias de “Thais” o el príncipe de “Cendrillon”.

Le escuchamos ahora en otra ópera casi desconocida, “Parmavati” de Albert Roussel, junto a Marilyn Horne:

Terminamos el repaso a sus intervenciones de ópera francesa con el “Pélleas et Mélisande” de Claude Debussy, acompañado de Anna Moffo:

Pasamos al repertorio alemán, en el que a menudo Nicolai Gedda es también un intérprete referencial. Y comenzamos con una rareza, una grabación del aria de Florestan del “Fidelio” de Beethoven, un rol que se antoja en exceso pesado para Gedda, pero en el que de nuevo sorprende por su flexibilidad:

Nicolai Gedda fue también un destacado intérprete de obras de Weber, cantando incluso las casi olvidadas “Euryanthe” o “Abu Hasan”. Pero le escuchamos en la mucho más famosa “Der Freischütz”, en el aria Durch die Wälder”:

Y Nicolai Gedda fe un destacado intérprete de complicadísimo papel de Huon de “Oberon”, un papel heroico de coloratura, como demuestra en el aria “Von Jugend auf in dem Kampfgefild”:

Nicolai Gedda también cantó la hoy prácticamente olvidada “Martha” de Friedrich von Flotow, de la que escuchamos el dúo “Letzte Rose” junto a Anneliese Rothenberger, una de sus parejas discográficas habituales:

Y le escuchamos ahora de nuevo junto a Anneliese Rothenberger en la ópera “Undine” de Albert Lortzing:

Nicolai Gedda cantó unas cuantas de estas óperas alemanas románticas hoy día olvidadas; otra fue “Der Barbier von Bagdag” de Peter Cornelius, de la que escuchamos el aria “Von deinen Fenster”:

Y nos dejó una versión referencial de la bellísima “Magische Töne” de “Die Königin von Saba” de Karl Goldmark, con un magnífico Do final en mixto:

No fue Nicolai Gedda un cantante interesado en Wagner, decía que sus óperas no terminaban nunca. pero aún así, por suerte, llegó a cantar “Lohengrin”. Comprobamos los resultados en las grabaciones de sus dos monólogos, empezando por este magnífico “In fernem Land”:

Y seguimos con un bellísimo “Mein lieber Schwan”:

Nicolai Gedda también grabó la infrecuente “Palestrina” de Hans Pfitzner, de la que escuchamos “Wie schön ist’s” junto a Dietrich Fischer-Dieskau:

Interpretó un breve papel en la grabación de “Das Wunder der Heliane” de Korngold en sus últimos años. Y fue un destacado intérprete de música de Richard Strauss, aunque cantara pocas de sus óperas, destacando el tenor italiano de “Der Rosenkavalier” con el aria “Di rigori armato il seno”:

Y también grabó la ópera “Capriccio”:

En el campo de la opereta austriaca dejó numerosas grabaciones, como la de “Die Fledermaus” de Johann Strauss junto a Elisabeth Schwarzkopf:

O, también de Johann Strauss, “Eine Nacht in Venedig”, junto a Anneliese Rothenberger:

Destacó también en las operetas de Franz Léhar, en especial con su magnífica versión de “Dein ist mein ganzes herz” de “Das Land des Lächelns”:

Le escuchamos ahora junto a Anneliese Rothenberger en el vals “Lippen schweige” de “Die lustige Witwe”:

Le escuchamos ahora en la opereta “Giudita”:

Y le escuchamos ahora las czardas de “Gräfin Mariza” de Emmerich Kálmán:

En el ámbito de la ópera eslava, Nicolai Gedda cantó el “Dalibor” de Bedrich Smetana, además de esta curiosa versión en inglés de “La novia vendida”, junto a Giorgio Tozzi:

En el repertorio ruso, Nicolai Gedda destacó interpretando el papel de Sobinin en “Una vida por el zar” de Mikhail Glinka:

Le escuchamos ahora en su primera grabación de ópera, el Dimitri del “Boris Godunov” de Modest Mussorgsky, en el dúo de “amor” junto a Eugenia Zareska en una versión magnífica, en especial en la parte final:

Le escuchamos ahora la canción india de “Sadko” de Nikolai Rimski-Korsakov:

Nicolai Gedda fue un magnífico Lensky del “Eugen Onegin” de Piotr Ilich Tchaikovsky, apenas superado por uno o dos tenores. Escuchamos la maravillosa romanza “Kuda vi udalilis”:

Destaca también la integral que grabó de “Iolanta” del mismo compositor, dirigida por Mstislav Rostropovich, con el que también grabó óperas “Guerra y Paz” de Prokofiev o “Lady Macbeth of Mtsensk” de Dmitri Shostakovich junto a Galina Vishnevskaya:

En 1958 graba la ópera americana “Vanessa” de Samuel Barber, compuesta expresamente para él. Escuchamos el quinteto de esta ópera:

Y Leonard Bernstein contó con él para la grabación de su ópera-musical “Candide”, de la que escuchamos el “What’s the use” junto a Christa Ludwig:

El repertorio de Nicolai Gedda no termina en la ópera, cantó también oratorios y obras religiosas, lied e incluso canciones populares. No tenemos ya espacio para un análisis exhaustivo, por lo que nos centraremos en un pequeño puñado de piezas que merece la pena recordar. Y comenzamos con “Messiah” de Georg Friedrich Händel, del que escuchamos “Ev’ry valley”:

Le escuchamos ahora en el “Ingemisco” del Requiem de Verdi, en una magnífica versión por el uso de medias voces:

Y escuchamos también sus incursiones en la canción napolitana con esta versión del “Non ti scordar di me” de Ernesto de Curtis:

No puedo evitar poner también esta hilarante versión del dúo bufo de los gatos de Rossini, junto a Federica von Stade, cantada casi toda en falsete:

Le escuchamos ahora cantar un lied de Franz Schubert, del que fue un gran intérprete, como demuestra en este “Du bist die Ruh”:

Y ahora un lied de Richard Strauss, “Ständchen”:

Y seguimos con la “Vocalise” de Sergei Rachmaninov:

Vamos ahora con el más célebre lied de Edvard Grieg, “Jeg elsker dig”, que Nicolai Gedda canta en el noruego original:

Vamos con la chanson francesa, comenzando con la “Chanson triste” de Henri Duparc:

Seguimos con el “Air grave” de Francis Poulenc:

Y seguimos con esta preciosa versión de “L’heure exquise” de Reynaldo Hahn:

Pasamos a Edward Elgar y su cantata “The dream of Gerontius”, de la que escuchamos “I went to sleep”:

Le escuchamos ahora en una canción tradicional irlandesa, “Down by the Salley gardens”:

Y terminamos con el “Granada” de Agustín Lara, con una pronunciación española muy superior a la de no pocos cantantes italianos, por ejemplo:

En total hemos escuchado a Nicolai Gedda cantar en 9 idiomas: italiano, francés, alemán, ruso, inglés, sueco, noruego, latín y español. Difícil superar ese récord.

Retirado desde el año 2003, nunca había sido una persona que se preocupara por la fama (pese a su impresionante discografía, quizá la más abundante en el mundo de la ópera) por lo que pasó bastante desapercibido, pese a recibir algunos honores, como la Legión de honor francesa en 2010. Quizá por ello la noticia de su muerte se hizo pública un mes después (ya habían circulado en 2015 falsos rumores de su muerte). El 8 de enero un infarto terminaba con su vida a los 91 años en su casa de Tolochenaz, en el cantón suizo de Vaud.

Con Nicolai Gedda se nos va un cantante polifacético, de espectacular voz y técnica impecable que le permitía adaptarse a casi cualquier estilo. Un artista que merece ser recordado por su enorme contribución al mundo de la música.



In Memoriam: Georges Prêtre (04-01-2017)


Su rostro se nos hizo familiar sobre todo a partir de aquel Concierto de Año Nuevo que dirigió en 2008 (y que volvería a dirigir en 2010), batiendo el récord de se el director con más edad en dirigir el concierto (batiendo en la segunda ocasión su propio récord); dejaba la imagen de un abuelo risueño y amable, con una vitalidad que ya quisiéramos quienes tenemos un tercio de su edad. Pero hace pocos días nos dejaba, a los 92, el Director de Orquesta Georges Prêtre.




Georges Prêtre nació el 14 de agosto de 1924 en la localidad de Waziers, al norte de Francia. Descubierta su pasión por la música hacia los 7 años, estudia piano en el conservatorio de Douai, ciudad próxima a su localidad natal, para trasladarse con posterioridad a París, en cuyo conservatorio estudiará trompeta, además de armonía con Maurice Duruflé. También Olivier Messiaen estará entre sus profesores. Descubierta tardía mente su pasión por la dirección de orquesta, será el insigne director francés André Cluytens quien le enseñe en este campo.

Casado brevemente en 1947 con la mezzo-soprano Suzanne Lefort, de quien se divorcia en 1949, se casa por segunda vez con Gina Marny en 1950, con quien tiene dos hijos, Isabelle y Jean-Reynald (la muerte de éste en 2012 afectará seriamente al ya anciano director).

Si bien su carrera comienza en Francia, debutando en Marsella en 1946, buena parte de su carrera va a transcurrir fuera de su país, en Londres, Viena, Milán… convirtiéndose en un prestigioso director de ópera y música sinfónica, destacando por supuesto la música francesa, gracias a su estilo preciso, elegante y ligero. De hecho, será uno de los directores preferidos del compositor Francis Poulenc o de la soprano Maria Callas en la última etapa de su carrera.

De hecho, comenzamos con un recital en el que dirigió a la diva greco-americana en 1962 en Hamburgo. Las cámaras no le enfocan a él, pendientes siempre de la crepuscular diva, que canta aquí, perfectamente acompañada por Prêtre, el aria “Pleurez, mes yeux” de la ópera “Le Cid” de Jules Massenet:

Jules Massenet fue precisamente uno de los compositores operísticos en los que más destacó Georges Prêtre. De hecho, su grabación en estudio de “Werther” en 1969 con Nicolai Gedda y Victoria de los Ángeles es una de las mejores grabaciones de esta ópera, en especial con ese bellísimo dúo del segundo acto, precedido de ese intermezzo orquestal “claro de luna” que bajo la batuta de Prêtre suena más mágico que nunca:

Acompaña también al gran Nicolai Gedda en este aria de “Manon”, “Ah, fuyez, douce image”:

Y le escuchamos también acompañar a Régine Crespin en el aria “Il est doux, il est bon” de “Hérodiade”:

Llegó a dirigir óperas menos conocidas de Massenet, como por ejemplo “Don Quichotte”.

De Charles Gounod le vemos dirigiendo la obertura de “Mireille” en el recital de la Callas en Hamburgo de 1962 que ya mencionamos antes:

Y le tenemos aquí dirigiendo el final de “Faust” junto a Alfredo Kraus, Mirella Freni y Nicolai Ghiaurov:

Pasando a Georges Bizet, ya hemos mencionado que Georges Prêtre fue uno de los directores favoritos de Maria Callas, a quien dirigió en su grabación en estudio de “Carmen” junto a Nicolai Gedda (Callas nunca cantó esta ópera en directo), de la que escuchamos la canción gitana “Les tringles des sistres tintaient” con el breve preludio orquestal previo, que nos permite observar mejor la labor de Prêtre al frente de la orquesta:

Georges Prêtre dirigió también la maravillosa pero menos conocida “Les pêcheurs des perles”, de la que escuchamos aquí el dúo de amor del segundo acto con Alain Vanzo e Ileana Cotrubas:

Y dirigió la todavía menos habitual (una rareza realmente) “La jolie fille de Perth”, de la que escuchamos aquí el aria “Vive l’hiver” cantada por June Anderson:

Georges Prêtre fue asiduo en los estudios de grabación para registrar en estudio óperas poco frecuentes, como la ya mencionada “La jolie fille de Perth”, o como la “Louise” de Gustave Charpentier que grabó con Plácido Domingo e Ileana Cotrubas, a la que escuchamos aquí en la página más famosa de la ópera, la deliciosa aria “Depuis le jour”:

Y si hablamos de óperas infrecuentes, le tenemos dirigiendo en 1983 la “Mignon” de Ambroise Thomas, de la que escuchamos el aria “Connais tu le pays” en la voz de Lucia Valentini Terrani:

Camille Saint-Saëns fue también un director que Georges Prêtre frecuentó mucho (hablaremos más adelante de sus grabaciones de la obra sinfónica de este compositor), siendo frecuente en su repertorio la ópera “Samson et Dalila”, de la que escuchamos a continuación la Bacanal:

 Vamos ahora con Jacques Offembach, del que Georges Prêtre dirigió la ópera “Les contes d’Hoffmann”, de la que escuchamos aquí el trío del tercer acto:

Hector Berlioz fue otro compositor fundamental en la carrera de Georges Prêtre, que dirigió algunas de sus óperas, como “Les Troyens”, de la que escuchamos a Régine Crespin cantar el aria “Chers Tyriens”:

También dirigió “La damnation de Faust” completa, aunque lo que vamos a escuchar es la famosa marcha húngara en un concierto en Viena, para apreciar su estilo fluido y su sonoridad más bien liviana:

Georges Prêtre fue un gran intérprete de la música francesa de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, lo que incluye la música de Claude Debussy, del que vamos a escuchar ahora un fragmento de su “Pelléas et Mélisande”:

Georges Prêtre dirigió también la inacabada ópera de Debussy “La chute de la maison Usher”, basada en la obra de Edgar Allan Poe. Escuchamos la obra completa:

Pero, por encima de todo, Georges Prêtre fue un destacado intérprete de la obra de Francis Poulenc, de quien de hecho estrenará en 1959 la ópera “La voix humaine” con la soprano Denise Duval, con la que escuchamos aquí el comienzo de la ópera:

Dejando el repertorio operístico francés para trasladarnos al italiano, comenzamos con Gioacchino Rossini, de quien dirigió la ópera “Moïse et Pharaon”, de la que escuchamos aquí la plegaria que canta Samuel Ramey:

Georges Prêtre dirigió a Maria Callas en muchas de sus últimas funciones, como la “Norma” de Vincenzo Bellini de 1965, de la que escuchamos el dúo “Oh rimembranza” junto a Giulietta Simionato:

De Gaetano Donizetti Georges Prêtre grabó una casi mítica versión de “Lucia di Lammermoor” con Carlo Bergonzi y Anna Moffo, a quien escuchamos en la escena de locura:

De Giuseppe Verdi tenemos esa “La Traviata” con Montserrat Caballé y Carlo Bergonzi, de la que escuchamos el famoso brindis:

Y tenemos también un “Macbeth” en vivo de 1984 del que escuchamos el aria del protagonista, “Pietà, rispeto, amore” cantada por Renato Bruson. El acompañamiento orquestal es impecable:

Y ya de paso vamos a verle dirigir el famoso coro “Va pensiero” de Nabucco en un concierto en Venecia:

Magnífica versión, con un ritmo curiosamente lento para lo que cabría esperar de Prêtre, que suele ser más ligero pero sin perder nunca un ápice del melodismo de las obras que dirigía. Podemos comprobarlo en este Intermezzo de “Cavalleria rusticana” de Pietro Mascagni:

No es especialmente lento (y más si lo comparamos con lo que hizo Maazel en Valencia, por ejemplo), pero su sutil juego de dinámicas, los colores orquestales, le aportan a su interpretación una enorme belleza:

El resultado es simplemente mágico.

De Giacomo Puccini dirigió óperas como “La Boheme” o “Turandot”, pero si por algo es recordado es por la “Tosca” junto a Maria Callas y Carlo Bergonzi de 1965. Ella está vocalmente acabada, pero dramáticamente está mejor que nunca, y el acompañamiento orquestal de Prêtre contribuye al su trabajo, como comprobamos en el “Vissi d’arte”:

Y ya de paso escuchamos el “E luceban le stelle” que canta Bergonzi, que merece la pena:

De Richard Wagner no fue un intérprete frecuente, pero tenemos en concierto algunas de sus piezas orquestales, como estos fragmentos de “Götterdämmerung”. Atención a la exquisita delicadeza del final (minuto 18:20 más o menos):

Y dirigió a Régine Crespin en arias de Wagner y los Wesendonck-Lieder, del que escuchamos mi favorito, el 4º, “Schmerzen”:

También fue un destacado intérprete de óperas de Richard Strauss, del que escuchamos el trío final de “Der Rosenkavalier”:

Y por encima de todo fue un destacado intérprete de la última ópera de Strauss, “Capriccio”, que dirigió en varias ocasiones, escuchando en este caso el Flamand de Gregory Kunde:

Y le tenemos también dirigiendo los 4 últimos lieder con Margaret Price:

Pasamos ahora al trabajo sinfónico de Georges Prêtre. En su repertorio figuraban algunos de los grandes nombres del sinfonismo germano, así como compositores italianos, rusos o escandinavos. Escuchamos primero su Beethoven, más ligero y quizá menos dramático de lo habitual, como podemos apreciar en esta magnífica versión de su 7ª sinfonía:

Y escuchamos ahora una gran versión de la 9ª sinfonía:

Johannes Brahms fue otro compositor frecuente en sus conciertos. Lo comprobamos con esta 1ª sinfonía, de tempos moderados y gran lirismo:

Magnífica es igualmente su versión del “Eine Deutsches Requiem”, con esta versión junto a Soile Isokoski y Albert Dohmen:

Y sus versiones de las danzas húngaras son realmente fantásticas, con sus juegos de matices, sus rubatos y pausas, sus cambios de tempo y dinámica… extrayendo todo el jugo a estas piezas en apariencia sencillas pero que en manos de un gran director, como es el caso, brillan especialmente:

Anton Bruckner, aunque a priori parezca un compositor alejado de la sonoridad de Prêtre, fue también frecuente en su repertorio. Como prueba escuchamos esta 8ª sinfonía:

También dirigió algunas obras de Mahler, siendo sus interpretaciones de nuevo más ligeras y menos dramáticas de lo habitual (aunque con una precisión milimétrica a la hora de controlar las sonoridades y los colores orquestales, siempre de gran riqueza en sus interpretaciones, lo que se percibe más si cabe en un compositor con las dotes de orquestador que tenía Mahler). Quizá por eso las obras que dirigía no eran las más dramáticas del compositor. Escuchamos primero su 1ª sinfonía:

Y vamos ahora con la 5ª, con un bellísimo adiagietto de gran lirismo y un 5º movimiento impecable en los momentos más complicados de la obra:

No sólo fue un gran defensor de la obra operística de Richard Strauss, también lo fue de su obra sinfónica, de la que grabó buena parte. Destacamos por supuesto su versión de la Sinfonía Alpina:

Pero también grabó algunos de sus poemas sinfónicos, como “Así habló Zaratustra”, “Till Eulenspiegel” o esta “Una vida de héroe”:

Tenemos también grabación de una obra de Jean Sibelius, en concreto una magnífica versión de la 5ª sinfonía, sutil y al mismo tiempo dramática:

Georges Prêtre dirigió también obras sinfónicas italianas, como los Pinos de Roma de Ottorino Respighi, de los que escuchamos la 4º y última parte en una interpretación brillante y enérgica:

 Del repertorio ruso le vamos a escuchar dirigir el 3º concierto para piano de Rachmaninov con el pianista Alexis Weissenberg:

Y le escuchamos también “El pájaro de fuego” de Igor Stravinsky:

Pero sin en algo destacó Georges Prêtre como director sinfónico fue en el repertorio francés, del que fue un gran divulgador. Y ahí por supuesto entra la música de Hector Berlioz, del que escuchamos la Sinfonía fantástica:

Y también tenemos a Prêtre dirigiendo el poco frecuente Te Deum, obra de enormes magnitudes sinfónico-corales:

De Georges Bizet tenemos también su versión de las dos suites de “L’arlésienne”, de las que escuchamos el famoso intermezzo de la segunda suite:

De Camille Saint-Saëns, uno de los más infravalorados compositores franceses, Georges Prêtre dirigió varias obras, como este Carnaval de los animales:

La 1ª sinfonía de Saint-Saëns es una obra poco conocida, ligera, sutil, perfecta para el estilo de Prêtre, que nos deja así una versión simplemente referencial:

Y de la mucho más conocida 3ª sinfonía tenemos una gran versión en la que dirige a quien fuera su profesor, Maurice Duruflé, al órgano:

Pasamos a Gabriel Fauré, de quien Georges Prêtre dirigió su bellísimo Requiem:

Vamos a verle ahora dirigir una de las obras más populares de la música francesa, el Bolero de Maurice Ravel, tan sutil Prêtre en el gesto como lo es Ravel con la orquestación:

Otro compositor frecuente en su repertorio fue Claude Debussy, de quien escuchamos su “Prélude à l’apres-midi d’un faune”:

La música impresionista se adapta perfectamente al estilo de Prêtre, como podemos comprobar en otra obra de Debussy, los Nocturnos:

Y ya hemos mencionado que Georges Prêtre fue el director favorito de Francis Poulenc, del que dirigió numerosas obras. Vamos a escuchar aquí su Stabat Mater:

Y también el Concierto para órgano, en el que el organista es de nuevo Duruflé:

Pero para muchos, entre los que me encuentro, Georges Prêtre se hizo una cara conocida gracias a los dos Conciertos de Año Nuevo que dirigió en Viena, en 2008 y 2010. Escuchamos la obertura de “Die Fledermaus” de 2010:

No podía faltar su versión del “Danubio azul”, de nuevo de 2010:

Fueron dos conciertos memorables, gracias al exquisito dominio del rubato que demostró, y que tan bien se aprecia al comienzo del tema principal de este Danubio azul. Y fueron dos conciertos en los que se ganó al público con una energía sorprendente y una simpatía que lo convertían en un personaje entrañable. Imagen que destaca más si cabe en la seguida Marcha Radetzky:

En activo hasta fechas recientes, Georges Prêtre nos dejaba el pasado 4 de enero a los 92 años. Con una carrera en la que se adentró en terrenos poco conocidos, Prêtre es un director al que hacemos bien en recordar, porque la música, y en particular el repertorio francés, le deben mucho.



Emil Gilels en el centenario de su nacimiento (19-10-2016)


La escuela pianística de Rusia ha sido ya desde el siglo XIX muy prestigiosa, dando nombres tan destacables como los hermanos Anton y Nikolai Rubinstein, Sergei Rachmaninov o, ya a comienzos del siglo XX, Vladimir Horowitz, por citar sólo algunos de los más famosos y destacables. Pero en la segunda década del siglo XX vinieron al mundo dos de los más grandes pianistas de los que hay registro sonoro; el primero sería Sviatoslav Richter, y el segundo, nacido un año después, será el que hoy nos ocupa en el centenario de su nacimiento: Emil Gilels.




Emil Grigoryevich Gilels nació en la ciudad Ucraniana de Odesa, por aquel entonces parte de ese Imperio Ruso que estaba a punto de desaparecer, en el seno de una familia judío-lituana. Emil Gilels tuvo una hermana 3 años menor, Elizabeth, que fue violinista, y con la que le vemos en esta foto:

Emil Gilels poseía oído absoluto, por lo que sus padres le llevaron a estudiar a los 5 años con el pedagogo y pianista Yakob Tkach, cuya estricta enseñanza desarrolló inmediatamente la técnica del pequeño Emil, que en pocos meses aprendió a tocar obras de Clemente o de Mozart, para sorpresa de un profesor que se dio cuenta de que Gilels había nacido para ser pianista.

En mayo de 1929, con sólo 12 años, Emil Gilels da su primer concierto público, entrando ese mismo año en el conservatorio de Odesa, donde se graduará en 1935. Bertha Reingbald será su profesora. Aún siendo menor de la edad estipulada, Gilels participa en concursos de piano de Ucrania, dejando claro su enorme talento.

Algo que demuestra ese talento es el hecho de que, en 1932, el famoso pianista polaco Arthur Rubinstein visitó Odesa y se llevó una gran impresión al ver tocar a Emil. Ambos serán amigos hasta la muerte de Arthur, quien años después confesaría que, si aquel joven pecoso de larga cabellera pelirroja hubiera ido en ese momento a Estados Unidos, él habría tenido que marcharse… razón no le faltaba, desde luego.

En 1932 conoce en Moscú a Heinrich Neuhaus, famoso profesor del conservatorio de Moscú, y en 1933 gana por unanimidad un prestigioso concurso de piano en la capital rusa y que le lanza a la fama en toda la URSS, pero Gilels, a quien Bertha Reingbald le había enseñado a no dar demasiados conciertos, agobiado por el estrés que le provoca toda esa actividad, vuelve al conservatorio de Ucrania. Eso sí, tras graduarse, vuelve a Moscú como estudiante de postgrado con Neuhaus, donde coincidirá con otro destacado alumno, Sviatoslav Richter, de quien también será gran amigo toda su vida (curioso que no hubiera rivalidad entre dos genios de su altura).

En 1938 gana otro concurso en Bruselas, y ese mismo año termina sus estudios en Moscú, pero la gira que tiene planeada en América se cancela por el inicio de la II Guerra Mundial. Pese a todo, Gilels es ya una celebridad, hasta el punto de que un exiliado Sergei Rachmaninov, escuchando por la radio los conciertos de Gilels, le envía una medalla y un diploma que él había recibido para simbolizar su puesto como sucesor de Anton Rubinstein; Rachmaninov considerará a Gilels su sucesor.

En 1944 Emil Gilels estrena la sonata para piano nº 8 de Sergei Prokofiev, y durante la guerra da conciertos en el frente para alentar a las tropas. Forma también en 1945 un trío junto a su cuñado, el violinista Leonid Kogan, y el chelista Mstislav Rostropovich.

En 1955, Emil Gilels será, junto con el violinista David Oistrakh, el primer músico soviético al que se le permite hacer giras en Occidente, donde arrasa por donde pasa. En Estados Unidos, sorprendido de su éxito, afirmará que eso es porque todavía no han escuchado a Richter (pero Richter viajará poco a Estados Unidos y fracasara inicialmente en el Reino Unido, a diferencia de Gilels). Realiza también un gran trabajo discográfico, tanto como solista como acompañando al Amadeus Quartet o junto al trío ya mencionado. Además, en sus últimos años, Gilels dará conciertos junto a su hija Elena, nacida en 1948 de su segundo matrimonio.

En 1981, Emil Gilels sufre un infarto durante un recital en Amsterdan, y su salud se deteriora, aunque su muerte fue inesperada, durante un chequeo médico en Moscú el 14 de octubre de 1985, a pocos días de cumplir 69 años. Su amigo Richter llegó a hablar de negligencia médica como causa de la muerte, aunque al parecer se trata sólo de rumores.

Pese a una carrera no excesivamente larga (no fue tan longevo, que digamos), Emil Gilels nos dejó una extensa discografía que nos permite disfrutar de su arte y de su estilo técnicamente perfecto y de gran dramatismo.

Comenzamos escuchándole en repertorio barroco, en concreto con Johann Sebastian bach, en esta Fuga BWV 532:

Destaca también como intérprete de Domenico Scarlatti, del que le escuchamos la sonata L118:

Vamos a escucharle ahora tocar obras de Wolfgang Amadeus Mozart. Comenzamos con el concierto de piano nº 21:

Le vamos a escuchar ahora junto al trío que formaba con Kogan y Rostropovich en el trío K564:

Y ahora vamos a verle tocar junto a su hija Elena el concierto para dos pianos K365:

Pero si hay un compositor en el que destacara Emil Gilels, ese es Ludwig van Beethoven. Lo comprobamos primero escuchando su mítica versión del concierto para piano nº 5 dirigida por Günter Wand:

Su estilo es prefecto para las sonatas de piano de Beethoven, capaz de solventar las grandes dificultades técnicas y el gran vistuosismo que requieren con una fuerza y un dramatismo que extraen al máximo toda la expresividad de estos. Y por encima de todas, destaca su interpretación de la sonata nº 8, “Patética”, en una versión referencial:

En vez de sólo escucharlo, ahora vamos a verlo con la sonata “Waldstein”, nº 23:

Y le escuchamos también en una sonata muy distinta, la “Claro de luna”, nº 14, donde tiene que sacar a relucir un pianismo más pausado, más poético, que si bien no era su mayor virtud, aquí demuestra que puede seguir siendo poco menos que referencial con ese delicado 1º movimiento de una belleza indescriptible:

Le escuchamos también junto a su cuñado, el violinista Leonid Kogan, interpretando la sonata para piano y violín “Kreutzer”:

Pasamos a Franz Schubert, del que vamos a escuchar primero la versión que Emil Gilels interpreta de los Momentos musicales:

Y escuchamos también una de sus más célebres participaciones junto al Amadeus Quartet, la grabación del quinteto con piano “La trucha”:

Afortunadamente, Emil Gilels no se olvidó de Felix Mendelssohn en su repertorio, que incluía las romanzas sin palabras, de la que vemos esta magnífica versión del Spinnerlied:

Y escuchamos también su versión del 1º concierto para piano:

Robert Schumann fue otro de los compositores en los que más destacó Emil Gilels. Lo comprobamos primero con estos Estudios sinfónicos:

Y le vemos ahora interpretara el concierto para piano, en una versión delicada y lenta para lo que era habitual en él, aunque con un tecleado siempre potente:

Aunque frecuente en su repertorio, no es Frederic Chopin el compositor que mejor se adaptaba al estilo de Emil Gilels, al que quizá le faltaba un punto más de delicadeza y poesía que necesita la música del polaco. Pese a todo, nos regala algunas versiones nada desdeñables de sus obras, como esta Sonata nº 3:

En cambio, en esta versión de la Polonesa Heroica se echa en falta un poco más de rubato, aunque técnicamente la versión es intachable:

En esta interpretación de la balada nº 1 se observa que su tecleado es, como ya mencionamos antes, potente, quizá demasiado para extraer todo el contenido poético de la obra de Chopin, aunque no por ello deja de haber momentos casi mágicos en su interpretación (esta es una de mis obras favoritas de Chopin, raro sería que no me gustara nada de su interpretación…), pese a otros momentos de ritmo un tanto apresurado:

Pero cuando llegamos a Franz Liszt, la cosa cambia. Aquí su estilo pianístico se adapta perfectamente a la obra del húngaro, como comprobamos en esta magnífica versión de la famosa Rapsodia Húngara nº 2:

Aunque especialmente célebre es su interpretación de la Rapsodia Húngara nº 9:

Escuchamos ahora su versión de la sonata para piano:

Y terminamos con el endiabladamente complicado Valse oubliée nº 1:

 Johannes Brahms es otro de los compositores a los que va asociado el nombre de Emil Gilels, cosa que no es difícil entender escuchando, por ejemplo, esta magnífica interpretación de su 2º concierto para piano:

Vamos a verle ahora interpretando las Baladas:

Y le vemos por último interpretar las Fantasías op. 116, donde en ese juego de matices expresivos destaca de nuevo ese tecleado potente, de gran dramatismo:

Vamos a escucharle ahora en el 2º concierto para piano de Camille Saint-Saëns:

Pasamos a Edvard Grieg, del que veremos a Emil Gilels tocar el concierto para piano:

Es un lujazo poder ver esas manos recorriendo todo el teclado con esa perfección técnica…

Gilels fue un destacado intérprete de la obra para piano del noruego, como por ejemplo sus piezas líricas, pero le vamos a escuchar en este Nocturno en el que se muestra especialmente delicado en una versión simplemente maravillosa:

De Claude debussy vamos a escuchar su versión del “Claire de lune” que sería interesante comparar con la de su amigo Richter, tan distintas ambas entre sí, Richter más comedido y poético, Gilels dibujando un juego de sonidos cual si de una cascada de agua se tratara con ese ritmo mucho más rápido:

Y le escuchamos también interpretar otra obra de Debussy, “Pour le piano”:

 Pero si por algo destacó Emil Gilels fue por sus interpretaciones de compositores rusos y/o soviéticos de los siglos XIX y XX. Y comenzamos con Piotr Ilich Tchaikovsky, del que nos regaló algunas de las mejores versiones del famosísimo primer concierto para piano:

Escuchamos también el trío con piano junto a Kogan y Rostropovich:

Otra gran figura del pianismo ruso fue Alexander Scriabin, del que Emil Gilels interpretó numerosas obras, como estos 5 preludios, op. 74:

Y escuchamos también la sonata para piano nº 3:

Famosa fue también su magnífica interpretación de la Sonata “Reminiscenza” de Nikolai Medtner:

Obviamente, la obra de Sergei Rachmaninoff fue también uno de los caballos de batalla de Emil Gilels, como muestra esta versión mítica de su 3º concierto para piano, dirigido por André Cluytens, una de las mejores versiones de este concierto:

Y le vemos también en uno de sus preludios, el op. 23 nº 5:

Su estilo virtuoso y enérgico se adapta a la perfección a las obras de Rachmaninoff, como hemos comprobado.

Ya hemos mencionado antes que Emil Gilels estrenó la sonata para piano nº 8 de Sergei Prokofiev, otro compositor muy importante en su repertorio, así que vamos a escuchar esa sonata:

Vamos a verle también tocar la sonata nº 3:

Le escuchamos también tocando su 3º concierto de piano:

Vamos ahora con sus interpretaciones de obras de Dmitri Shostakovich, comenzando con su segunda sonata para piano:

Le escuchamos también el Preludio y fuga nº 24:

Y por último, el 2º trío con piano, de nuevo junto a Kogan y Rostropovich:

Emil Gilels interpretó también obras de Aram Khachaturian, como la sonata para piano de la que en este vídeo escuchamos el primer movimiento (en youtube están los otros dos restantes):

Y terminamos con la interpretación que Emil Gilels hizo de la 4ª sonata para piano de Mieczyslaw Weinberg:

Como hemos podido observar, Emil Gilels fue un intérprete referencial tanto de Beethoven como del repertorio ruso, además de uno de los grandes intérpretes de compositores como Schumann, Brahms o Liszt. Dejó afortunadamente una amplia discografía y un buen número de recitales grabados en vídeo (se pueden ver en youtube) que, cien años después de su nacimiento, nos permiten seguir disfrutando de su arte.



50 años sin Fritz Wunderlich (17-09-2016)


Estaba llamado a ser el rey de los tenores líricos alemanes (teniendo como seria competencia únicamente a Nicolai Gedda), a arrasar en los teatros de ópera de todo el mundo, pero hace 50 años un accidente se lo levó demasiado pronto. El que posiblemente sea el mejor Tamino de postguerra, el gran Fritz Wunderlich, nos decía adiós pocos días antes de cumplir los 36 años. Demasiado pronto, desde luego.




Friedrich Karl Otto Wunderlich nació el 26 de septiembre de 1930 en Kusel, en el Land alemán de Renania-Palatinado, en el seno de una familia dedicada a la música. Pero su padre se suicidó cuando Fritz tenía 5 años, lo que hizo que la familia cayera en la pobreza. Su madre comenzó a dar clases de música, por lo que el joven Fritz aprendió desde muy joven a tocar diversos instrumentos con ella.

De joven trabajó en una panadería, hasta que quienes le escuchaban cantar le convencieron de que estudiara música, cosa que hizo en la Escuela Superior de Música de Friburgo entre 1950 y 1955. Empezó estudiando trompa, pero cuando le escuchó Margarethe von Winterfeld le convenció para que se dedicara al canto.

Tras un debut amateur en Friburgo como Tamino en Die Zauberflöte, su debut profesional fue en la Staatsoper de Stuttgart en 1955 con un pequeño papel en “Die Meistersinger von Nürnberg”, siendo su consagración definitiva poco después, al sustituir al enfermo Josef Traxel de nuevo como Tamino en lugar del suplente previsto, Wlfgang Windgassen.

Mientras tanto, en 1956 se casó con la arpista Eva Jungnitsch, con la que tuvo 3 hijos. Su carrera se desarrolló fundamentalmente en Munich, Viena, el festival de Salzburgo y otros grandes teatros europeos.

Aficionado a la caza, entabló muy buena relación con compañeros cantantes que compartían su aficción, como el barítono Hermann Prey o el bajo Gottlob Frick, quien sería casi como un padre para él. Y será mientras está en la casa de caza de un amigo cuando, a consecuencia de unos zapatos mal atados, cae por las escaleras y se fractura el craneo, muriendo al día siguiente en el hospital de Heidelber, pocos días antes de cumplir los 36 años y de debutar en el Metropolitan de Nueva York. Fue enterrado en el Waldfriedhof de Munich, la ciudad en la que residía desde hacía unos años (tumba que no fui capaz de localizar en mi reciente visita al cementerio).

Su repertorio fue amplio y sus grabaciones numerosas, aunque casi todas son en alemán, bien en óperas alemanas o en traducciones a este idioma.

Comenzamos con el compositor con el que triunfó, Wolfgang Amadeus Mozart. Y empezamos escuchándole cantar en italiano, un “Il mio tesoro intanto” del Don Giovanni:

Percibimos sin problemas su voz bellísima y brillante, siempre musical y de emisión perfecta, además de sus buenas dotes para transmitir las emociones con la voz.

Le escuchamos ahora el aria “Un’aura amorosa” del “Così fan tutte” de Mozart, pero en este caso en alemán:

Y aquí ya percibimos mejor otra de las virtudes de Fritz Wunderlich, su cuidada pronunciación alemana. Algo que le hace especialmente idóneo para los roles mozartinos escritos en alemán, como el Belmonte de “Die Enführung aus den Serail”, en la difícil aria “Ich baue ganz”:

Resuelve sin aparente dificultad las coloraturas del aria.

Pero si hay un rol emblemático en la carrera de Fritz Wunderlich es, como ya hemos mencionado, el Tamino de “Die Zauberflöte”:

Fritz Wunderlich cantó obras barrocas, como el “L’Orfeo” de Claudio Monteverdi, del que escuchamos algunos fragmentos:

Le escuchamos ahora cantando una obra de Heinrich Schütz:

Escuchamos ahora algunas interpretaciones de música de Georg Friedrich Händel, empezando por el famoso “Ombra mai fu” de “Xerxes”:

Se le podrán poner todas las pegas estilísticas que queráis, pero esta interpretación de Fritz Wunderlich es simplemente maravillosa.

Mítica es su interpretación del Sesto de “Giulio Cesare in Egitto”, del que escuchamos el aria “Svegliatevi nel core”, cantada en alemán:

Y le escuchamos también cantar el “Verdi prati” del “Alcina”:

Y terminamos escuchándole en “El Mesías”:

Seguimos con sus interpretaciones de ópera italiana, empezando por Gioacchino Rossini, de quien Fritz Wunderlich cantó “Il barbiere di Siviglia”, que escuchamos aquí cantado en alemán y junto al Fígaro de su amigo Hermann Prey:

Fritz Wunderlich no sólo destacó cantando ópera, también cantando lied y canciones, y así tenemos esta versión de “La danza” del mismo Rossini:

Su pronunciación italiana desde luego no está a la altura de la alemana; eso nos ayuda a perdonarle mejor el hecho de que cantara casi todo el repertorio italiano traducido al alemán.

Le escuchamos ahora en “La Sonnambula” de Vincenzo Bellini, junto a la soprano Erika Köth:

Desde luego, con una emisión de voz tan perfecta se le perdona la traducción…

Y ahora le escuchamos en “L’elissir d’amore” de gaetano Donizetti, cantando “Una furtiva lagrima”:

Fritz Wunderlich cantó también algunos roles de Giuseppe Verdi, como el Duca de “Rigoletto”, del que escuchamos aquí una “La donna è mobile” cantada en italiano:

Le escuchamos ahora en una casi mítica “La Traviata” de Munich de 1965, cantada en italiano junto a Teresa Stratas, de la que escuchamos el “Un dì, felice, eterea”; atención, sobre todo, a ese “Ah, sì, da un anno” justo antes de comenzar el dúo, ¡magia pura!:

Y terminamos escuchándole en el Requiem, cantando el “Ingemisco”:

Escuchamos ahora a Fritz Wunderlich cantar óperas de Giacomo Puccini. Comenzamos por”Tosca”, de la que escuchamos el “E lucevan le stelle” en alemán:

Y ahora el “Nessun dorma” de Turandot, de nuevo en alemán y en una versión quizá algo más lírica de lo normal:

Pero si hay dos óperas de Puccini en las que destaca Fritz Wunderlich son “La Boheme” y “Madama Butterfly”, que se adaptan a la perfección a su voz lírica. Comenzamos por “La Boheme”, por el dúo “O soave fanciulla” junto a Anneliese Rothenberger:

De “Madama Butterfly” empezamos escuchando (siempre en alemán” el aria “Addio, fiorito asil”, junto a Hermann Prey:

Pero llegamos a lo mejor, a ese dúo final del primer acto que canta junto a Pilar Lorengar. La emisión de ambos es simplemente perfecta, llena de musicalidad… un verdadero lujo poder escuchar esto:

Terminamos de repasar su repertorio italiano con algunas napolitanas, como la famosísima “O sole mio”, cantada en italiano y alemán:

Y por último un “Santa Lucia” en alemán:

En el repertorio francés, si algo hay que agradecer a Fritz Wunderlich es que prestara atención a ese “Viens, gentille dame” de la casi olvidada “La dame blanche” de François-Adrien Boïeldiue:

Le escuchamos ahora el “Adiue, Mignon” de la “Mignon” de Ambroise Thomas:

De Georges Bizet le vamos a escuchar cantar el dúo de “Les pêcheurs de perles”, de nuevo junto a Hermann Prey:

Le escuchamos también cantar el “Ave Maria” de Gounod:

Pasamos a Jules Massenet con el “En fermant les yeux” de “Manon”:

Y terminamos con el “Plaisir d’amour” de Jean-Paul Martini, en la que por fin le escuchamos cantar en francés (y diría que con una pronunciación bastante mejor que en italiano):

Le escuchamos ahora en repertorio ruso,cantando el “Kuda vy udalilis” de “Eugene Oneguin” de Piotr Ilich Tchaikovsky:

Mítica fue también en la carrera de Fritz Wunderlich su interpretación de la ópera checa “La novia vendida” de Bedrich Smetana, de nuevo junto a Pilar Lorengar:

Le escuchamos ahora cantar en inglés la canción “Be my love”:

Pasamos a escuchar a Fritz Wunderlich en repertorio español, cantando el “Granada” de Agustín Lara:

Y por último una bellísima versión del “Estrellita” de Manuel María Ponce (en alemán de nuevo obviamente):

Y llegamos, por fin, al repertorio natural de Fritz Wunderlich, el alemán, que comenzamos con el aria de Fenton en “Die lustigen Weiber von Windsor”:

Y seguimos con “Der Barbier von Bagdag” de Peter Cornelius:

Franz Schubert fue un compositor muy importante en la carrera de Fritz Wunderlich, sobre todo en el área del Lied, pero también interpretó la ópera “Fierrabras”:

De Richard Wagner interpretó algunos papeles secundarios, como el timonel de “Der fliegende Holländer”:

Destaca también su interpretación de la ópera “Martha” de Friedrich von Flotow, de la que escuchamos el aria “Ach, so Fromm”:

Le escuchamos ahora en dos óperas de Albert Lortzing, comenzando por “Zar un Zimmermann”:

Y seguimos con “Undine”:

Otro hito destacable en la carrera de Fritz Wunderlich fue la interpretación del protagonista de la ópera “Palestrina” de Hans Pfitzner, de la que aquí escuchamos el final junto a Sena Jurinac:

Escuchamos ahora a Fritz Wunderlich cantar la ópera “Der Evangelimann” de Wilhelm Kienzl:

Y destaca también su intervención en “Die Schweigsame Frau” de Richard Strauss, que aquí escuchamos junto a Hilde Güden:

Escuchamos también el aria del tenor italiano de “Der Rosenkavalier” del mismo Strauss:

Pasamos ahora al mundo de la opereta austriaca, en el que también destacó. Comenzamos por Johann Strauss, primero en “Eine Nacht in Venedig”:

Y ahora le escuchamos en algunos fragmentos de “Die Fledermaus”:

De Franz Lehar empezamos por esta bellísima aria de la opereta “Friederike”:

Le escuchamos ahora en “Der Zarewitzch”:

Y por último, el famoso “Dein ist mein ganzes herz” de “Das land des Lächelns”:

Fritz Wunderlich interpretó también varias operetas de Emmerich Kálman, pero vamos a escuchar sólo una, “Gräfin Mariza”:

Le escuchamos ahora en la bellísima canción “Wien, Wien, nur du allein” de Rudolf Sieczynski:

Y pasamos ahora al campo del Lied, del que Fritz Wunderlich ha sido uno de los grandes intérpretes. Comenzamos por “Adelaide” de Ludwig van Beethoven:

Y Schubert… ¡Qué decir de sus interpretaciones de lieder de Schubert! Ese “Die schöne Mullerin” del que fue un intérprete memorable:

Escuchamos también su “Im Abendrot”:

Otro lied mítico es “An die Musik”:

Y terminamos con el “Ständchen” del canto del cisne, uno de los más célebres lied:

Fritz Wunderlich fue también un estacado intérprete de los Dichterliebe de Robert Schumann:

Escuchamos ahora una interpretación suya de un lied de Johannes Brahms:

Histórica es su interpretación, dirigido por Otto Klemperer, de “Das Lied von der Erde”, en la que sorprende en la primera parte al afrontar con semejante facilidad para sus medios líricos una parte que requiere una voz de más peso:

Y terminamos con dos lieder de Richard Strauss. Comenzamos con “Ständchen”:

Y por último el bellísimo “Morgen”:

Este repaso a sus interpretaciones nos ha permitido disfrutar de su arte único, de esa emisión perfecta, nada forzada, de esa voz brillante y potente, de esa musicalidad… Es difícil imaginar lo que podría haber hecho si no hubiera muerto tan joven. Lo que le sucedió fue una tragedia, pero por lo menos gracias a las numerosas grabaciones que nos dejó, podemos seguir disfrutando de su inmenso arte.



In Memoriam: Johan Botha (08-09-2016)


Hace ya unos cuantos años que la Quincena Musical Donostiarra nos ofreció una versión en concierto del Otello de Verdi. Aparecieron los cantantes que se situaron ante la orquesta, y entre ellos destacaba una enorme figura vertida con túnica a la que, en la distancia de las últimas filas del Kursaal en las que me encontraba creí que era una mujer, por el pelo largo y no poder verle la cara; pero no, se trataba del tenor que iba a cantar el rol protagonista de Otello. Y me temía lo peor, un recital de berridos y la incapacidad de sacar adelante el papel. Gran sorpresa la mía cuando, aunque como personaje un tanto plano, cantó completamente la parte de Otello, sin gritos ni problemas de volumen ni tesitura. Resultó ser una muy agradable sorpresa, que además contrastaba con el pésimo Yago de Carlo Guelfi; se trataba del tenor sudafricano Johan Botha.




Pues bien, hace pocos días nos enteramos que nos había dejado a los 51 años. Al igual que pocas semanas antes con Daniela Dessì, un cáncer se lo llevaba mientras estaba en plena actividad, recién vuelto a los escenarios tras una breve retirada para tratarse la enfermedad, diagnosticada a finales de 2015.

Johan Botha había nacido el 19 de agosto de 1961 en un pueblo sudafricano no muy lejano de Johannesburgo. Ya desde joven destaca por su voz, y debuta en 1989 en Johannesburgo con “El cazador furtivo” de Weber. El director del coro del festival de Bayreuth le invitó entonces a cantar en Alemania, y no tardó en alcanzar un gran prestigio en Europa, nacionalizándose austriaco.

Su repertorio fue bastante amplio, aunque no hay muchos vídeos en youtuve, así que tendremos que verle sólo en algunos, aunque sí de los más destacados.

Aunque al principio cantó papeles de tenor más lírico (La Boheme, por ejemplo), se fue especializando en papeles de tenor spinto y dramático, entre ellos el Pollione de la “Norma” de Bellini que escuchamos a continuación:

Pasamos a Giuseppe Verdi, del que Johan Botha cantó varios papeles, aunque destaca en uno por encima de los demás: “Otello”. Escuchamos primero ese bellísimo dúo de amor del I acto, “Già nella notte densa” junto a la Desdemona de Renée Fleming, en el que advertimos su perfecta línea de canto, alejado del tosco legato de tantos tenores dramáticos que se han enfrentado al papel:

Le escuchamos ahora en esa prueba de fuego que es el monólogo del III acto “Dio mi potevi scagliar”, de nuevo perfectamente cantado y con la voz que requiere el papel:

Cantó también varios papeles veristas, como Pagliacci, Caballeria rusticana o Andrea Chenier, pero le vamos a escuchar sólo dos, ambos de Puccini; primero el Luigi de “Il tabarro”; atención al final del dúo, al “Folle di gelosia”:

Y terminamos, antes de pasar al repertorio alemán, con su Calaf de “Turandot” y con ese aria ya mítica que es el “Nessun dorma”:

 Ya hemos mencionado que Johan Botha debutó con “El cazador furtivo” de Weber, y también cantó itras óperas del romanticismo temprano alemán, como el “Fidelio” de Beethoven, pero en vez de eso le vamos a escuchar en repertorio de concierto, con la 9ª de Beethoven, dirigida por Barenboim y junto a un espléndido René Pape. Observemos bien el monólogo de Botha para ver la versatilidad de su voz, potente al mismo tiempo que maleable:

En el repertorio de concierto también cantó obras de Mahler, como “Das Lied von der Erde”:

También cantó algo de opereta, como este “Das Land des Lächelns”:

Uno de los compositores más importantes de su trayectoria fue Richard Strauss, del que cantó la poco conocida “Daphne”, de la que aquí escuchamos el final, de nuevo junto a Renée Fleming:

Le escuchamos también en otro de esos papeles que le iban como anillo al dedo, el Emperador de “Die Frau ohne Schatten”:

Destacó también como el Bacco de “Ariadna auf Naxos”, pero no encuentro ningún fragmento en youtube.

Y vamos ahora con ese otro compositor fundamental en la carrera de Johan Botha, Richard Wagner. Y empezamos por esa joya olvidada que es Rienzi, un papel tremendamente difícil, deudor de los grandes tenores heroicos franceses, con elementos belcantistas, pero una vocalidad que ya nos anticipa a otros grandes personajes wagnerianos, como Tannhäuser. Desconozco si Botha cantó esta ópera completa, pero por lo menos aquí le tenemos cantando, dirigido por Christian Thielemann, la plegaria del 5º acto, la bellísima “Allmächt’ger Vater”:

Le escuchamos ahora en “Tannhäuser”; como sólo puedo colgar el primer acto completo (más de una hora de duración), os recomiendo ir directamente al minuto 26 para escuchar el aria “Dir töne Lob” y comprobar como resuelve las dificultades del rol, en el año 2015:

Le escuchamos ahora en el rol protagonista de “Lohengrin”, cantando el “In fernem Land”, donde mejor podemos observar su estilo canoro: una voz potente pero de sonoridad lírica, maleable, sin problemas para apianar, de timbre claro que nunca oscurecía artificialmente para sonar más heroico, lo que curiosamente le da más puntos a favor a su canto, siempre limpio; con estas características, el rol de Lohengrin es uno de los que más de pueden adecuar a su estilo:

Y ahora vamos a escucharlo en otro de esos papeles wagnerianos más líricos que mejor se adaptan a su voz, el Walther von Stolzing de “Die Meistersinger von Nürnberg”, de la ópera de Viena en 2008, dirigido de nuevo por Thielemann:

Cantó también los personajes de Tristan y Parsifal, pero vamos a terminar con ese Siegmund que cantó en el festival de Bayreuth en 2015; fue con este papel con el que debutó en Bayreuth en 2010:

Pero este año, Johan Botha no cantaba en Bayreuth. Tras un retiro de unos meses, volvía en verano a los escenarios en Budapest con Siegmund en junio y en Munich con Turandot en julio. Dio luego algún recital en su Sudáfrica natal y, de pronto, de improviso, moría en Viena el pasado 8 de septiembre, recién cumplidos los 51 años (y pocas semanas después de la desaparición, también por cáncer, de la soprano Daniela Dessì en este verano negro), dejando mujer y dos hijos. Con él se nos va un gran tenor del repertorio alemán al que por desgracia poco pudimos admirar en la península, donde cantó en muy pocas ocasiones.



Crónica: Philippe Herreweghe en la Quincena Musical (27, 28-08-2016)


Al terminar el primero de los dos conciertos que el director belga Philippe Herreweghe junto con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Frankfurt, pensé: si este hombre, en vez de dirigir una orquesta, estuviera conduciendo, habría que hacerle un control de alcoholemia, porque ha superado con creces todos los límites de velocidad. Sensación que no cambió con su segundo concierto al día siguiente.




No es ninguna novedad que Philippe Herreweghe es un director “historicista” (pero eso sí, no utilizó instrumentos de época en la orquesta, a diferencia del Balthasar-Neumann-Ensemble o de la Budapest Festival Orchestra para el Requiem de Mozart). Lo que no termino de entender es por qué los directores historicistas se empeñan en llevar al límite las velocidades de las obras del repertorio romántico que interpretan.

El primer concierto, dedicado íntegramente a Beethoven, del que dejo aquí el enlace del programa, comenzó con una correcta obertura de “Coriolano” para continuar con esa maravilla que es la 9ª sinfonía. El allegro del primer movimiento fue rapidísimo. El vivace del segundo fue a un ritmo más o menos “normal” en su tema principal, aunque de nuevo fugaz en el tema b. Y al llegar al bellísimo tercer movimiento, el adagio… en serio ¿esta gente sabe diferenciar un allegro de un adagio? El ritmo era el mismo, a toda velocidad, perdiéndose el exquisito melodismo de la pieza, así como no pocos matices (esas cuerdas sincopadas que ni se notaron). El trabajo de la orquesta para poder seguirle fue brutal; las partituras orquestales de Beethoven suelen exigir grandes dificultades técnicas a los intérpretes, y si encima les obligamos a tocar aún más rápido…

Llegamos al 4º movimiento, el famoso himno de la alegría. Muy rápida y ruidosa la parte orquestal, y por fin llega la parte coral, con la que el Andra Mari Abesbatza celebraba sus 50 años… mala forma de celebrarlo, porque, al margen de sus posibilidades, el ritmo vertiginoso tampoco les permitió lucir sus virtudes, al igual que a los 4 solistas. De ellos, Thomas E. bauer, difinido en el programa de mano como “barítono”, sono como tal en una parte que requiere un bajo: sin rotundidad. El tenor Robin Tritscher tampoco pudo lucirse en su monólogo, al igual que la mezzo Marie-Claude Chappuis y la soprano Ilse Eerens (una lástima en el caso de la última, en la que se percibían buenos medios para cantar esa difícil parte pero que no pudo lucirlos por la velocidad y la falta de pausas de Philippe Herreweghe).

Confieso que estuve a punto de desertar al terminar el primer movimiento y, sobre todo, tras el tercero. El cabreo que me pillé al ver lo que para mis oídos es un verdadero horror me hizo negarme a aplaudir al final del concierto (y no abucheé porque por conciencia me niego a hacerlo). Y temiéndome lo peor para el día siguiente…

Pues el concierto del día siguiente (del que dejo el enlace del programa) fue un poco mejor, aunque no por Philippe Herreweghe, desde luego. Comenzó con la para mí desconocida “La consagración del hogar” de Beethoven para seguir luego con el 1º cocnierto para chelo de Haydn, con el chelista Steven Isserlis. Con un look que me recordaba mucho a Brian May, Isserlis nos regaló una magnífica versión del concierto, que se encuentra más es la estela estilística propia de Herreweghe, que no sólo no molestó, sino que acompañó con corrección al solista, que salió triunfador de la noche y, con un perfecto inglés británico anunció de propina una obra catalana (deduzco que era El cant dels ocels, aunque no lo sé seguro). Los numerosos aplausos fueron una merecida recompensa para su labor.

En la segunda parte, por el contrario, Philippe Herreweghe volvió a liar de las suyas, esta vez con la maravillosa 1ª sinfonía de Brahms (mi favorita de las 4 que compuso). A parte de su ritmo fugaz, lo peor fue lo ruidosa que resultaba, como si metales y percusión estubieran tocando Mahler en vez de Brahms. En su interpretación no hay lugar para rubatos, ni para calderones en las pausas… y no pido un ritmo propio de Firtwängler, Klemperer o Celibidache, pero algo más cercano a Solti podría estar bien… bueno, pues Solti parecería una tortuguita al lado del halcón Herreweghe. En su interpretación no hay emoción, no hay pasión, no hay sentimiento, sólo hay ruido. Pese a los aplausos, no hubo propina.

Comprendo que haya a quien le gusten estos estilos interpretativos (que, por otro lado, yo soy incapaz de comprender… hablamos de un repertorio romántico que precisamente pide lo contrario… con Haydn ese problema desaparece y los resultados fueron obviamente mejores), pero para mí fueron dos conciertos no diré decepcionantes (me lo esperaba, sabiendo la trayectoria de Herreweghe), pero sí frustrantes. Tras la magia dela 3ª de Mahler con Ivan Fischer de la semana anterior, esto fue una caía al abismo en toda regla para mí. Veremos si el concierto de clausura de esta edición de la Quincena Musical consigue dejarme con un mejor sabor de boca…

 



Crónica: Balthasar-Neumann-Ensemble en la Quincena Musical (24-08-2016)


Balthasar Neumann fue un destacado arquitecto barroco alemán, una de las figuras clave del estilo rococó, especialmente activo en el sur de Alemania. Por eso, que vinieran a visitarnos las dos agrupaciones fundadas por Thomas Hengelbrock, el Balthasar-Neumann-Chor (fundado en 1991) y el Balthasar-Neumann-Ensemble (de 1995) hacía presagiar una interpretación historicista, aunque no precisamente del período que cabría esperar, de los siglos XVII  XVIII, ya que las dos obras que nos presentaron eran de 1806. Dada mi alergia a las interpretaciones historicistas de la música proto-romántica, tenía serías dudas sobre lo que me iba a encontrar.




El programa, como ya he dicho, no era a priori el que cabría asociar a estas agrupaciones: la sinfonía nº 6, “Pastoral”, de Ludwig van Beethoven, y la “Harmoniemesse” de Franz Joseph Haydn. Del programa me tentaba la primera parte, ya que hasta ahora no he tenido ocasión de ver muchas sinfonías de Beethoven en vivo (una 1ª, dos terceras y una 9ª), y la pastoral es una obra que me encanta. Luego ya según las ganas me quedaría o no a la misa de Haydn, un compositor que me atrae más bien poco… bueno, antes de nada dejo el enlace del programa.

El Balthasar-Neumann-Ensemble no es una agrupación muy numerosa, y quizá de ahí viene uno de sus problemas al interpretar un repertorio tan tardío: noté en la pastoral una cierta escasez de cuerdas agudas, ya que las cuerdas graves y las maderas se hicieron oír demasiado por momentos. Por lo demás, Thomas Hengelbrock dirigió con buen pulso el primer movimiento, con unos curiosos rubatos en los primeros acordes y con un ritmo más o menos moderado. Magníficas fueron así mismo las interpretaciones de los movimientos 3º y 4º, alegre el 3º y dramático el 4º, que es lo que la partitura pide.

Donde fallaron, para mi gusto, es en los movimientos clave, el 2º y el 5º, movimientos lentos que requieren un ritmo más pausado que el que llevaba el Balthasar-Neumann-Ensemble para poder resaltar su lirismo y su bellísima melodía. Era de esperar, por otra parte, no era Furtwängler quien dirigía… son dos formas de entender la interpretación totalmente opuestas, y el mayor problema que tenemos los defensores incondicionales de una es que, cuando nos toca escuchar el estilo opuesto, los resultados no nos parecen satisfactorios. Como siempre, en este caso es un asunto meramente subjetivo, ya que objetivamente hablando, la orquesta resolvió sin problemas las no pocas dificultades de la partitura, destacando la labor de las maderas.

Decidí quedarme finalmente a la “Harmoniemesse” de Haydn; eso me permitiría escuchar junto al Balthasar-Neumann-Ensemble al coro, y así comprobar el nivel de éste. Y lo cierto es que es un coro igualmente magnífico, en el que varios de sus miembros participaron además como solistas con absoluta solvencia.

No conocía la obra de Haydn, y he de reconocer que me sorprendió para bien; ni siquiera se me hizo larga, pese a los tres cuartos de hora que dura. La ausencia de referencias previas me impide poder valorar adecuadamente el desempeño orquestal y coral, pero me quedé con la sensación de que el nivel global había sido muy bueno.

Como ya he dicho, mi problema con el Balthasar-Neumann-Ensemble y coro es más bien subjetivo, un asunto tanto de repertorio como de estilo interpretativo. Pero al margen de esos factores, se podría decir que traerles ha sido todo un acierto de la Quincena, y más para quienes disfruten del repertorio barroco y/o clásico.

 



25 años sin Claudio Arrau (09-06-2016)


El 9 de junio de 1991 moría en Austria un pianista histórico, quizá lo más próximo que vamos a poder escuchar nunca del estilo pianístico de Franz Liszt: nos dejaba el gran Claudio Arrau, pianista de técnica excepcional y cuidada interpretación.




Claudio Arrau nació en la ciudad chilena de Chillán (su casa natal es hoy día un museo dedicado a su figura) el 7 de  febrero de 1903. Apenas un año después su padre murió en un accidente de caballo, por lo que su madre tuvo que dedicarse a dar clases de piano, de las que se benefició el niño Arrau, quien con 5 años ya dio un concierto en su ciudad. Niño prodigio, con sólo 8 años recibió una beca para estudiar en Berlín con Martin Krause, quien a su vez había sido alumno de Franz Liszt, por lo que podemos imaginarnos que la forma de tocar de Arrau debía asemejarse a la de Liszt (a quien, por desgracia, nunca podremos escuchar, ya que murió en 1886, años antes de que hubiera grabaciones fonográficas). En 1914 (con 11 años solamente) dio su primer concierto en Berlín. Cuando en 1918 muere Martin Krause a causa de la fiebre española, Claudio Arrau decide no tomar clase con ningún otro profesor, tal era la estima en la que tenía a su maestro. En 1919 y 1920 ganará el premio Liszt (cuyo primer puesto llevaba desierto 45 años… él lo ganó dos años consecutivos, podemos hacernos una idea de su enorme talento).

En los siguientes años conseguirá el puesto de profesor de piano y hará numerosas giras. En 1937 se casa con la mezzo-soprano Ruth Schneider, de origen judío, lo que les obligará a trasladarse a Estados Unidos en 1941 huyendo del nazismo, consiguiendo la doble nacionalidad chileno.americana en 1979. La pareja tendrá 3 hijos.

Algunos críticos afirman que el estilo interpretativo de Arrau cambió tras la muerte de su madre (tras la que se mantuvo aislado durante dos semanas), cambiando a un estilo más introspectivo. En todo caso, es cierto que, al haber aprovechado sus años de niñez para desarrollar una espectacular técnica, durante el resto de su vida se centró en los aspectos interpretativos: persona de gran cultura, se centraba mucho en los aspectos históricos que rodeaban las obras que tocaba, haciendo sus interpretaciones muy peculiares, con rubatos y ritmos a menudo más lentos de lo normal.

Su repertorio fue fundamentalmente romántico, aunque en sus primeros años interpretó la obra completa para teclado de Bach (en concreto, en una serie de conciertos en 1935). Posteriormente rehusaba interpretar a Bach, considerando (acertadamente en mi opinión) que el piano no es un instrumento adecuado para su música, aunque en 1991 grabó algunas de sus obras. También había realizado otras grabaciones de música de Bach en 1945, como esta Fantasía cromática y Fuga en Re menor, BWV 903, que escuchamos ahora:

Pasamos a Mozart, de quien Claudio Arrau grabó la integral de sonatas para piano. De todas ellas vamos a escuchar la nº 8:

Pero quizá fue Ludwig van Beethoven el compositor en el que más destacó. Grabó en varias ocasiones sus 5 conciertos para piano, así como una integral de sus sonatas para piano y las sonatas para piano y violín. Empezamos viendo ese maravilloso concierto que es el número 5, el conocido como “Emperador”:

Escuchamos ahora una magnífica versión de la sonata para piano número 14, la “Claro de luna” con un magnífico primer movimiento de gran emoción:

Y a continuación le podemos ver interpretar la sonata número 21, “Waldstein”; mejor no quitar la vista de sus dedos, de la agilidad pero también de las pausas o el cuidado en el tecleo en los momentos más sutiles:

Rematamos su interpretación de Beethoven escuchándole junto al violinista Joseph Szigety la sonata para violín y piano número 9, “Kreutzer”:

Claudio Arrau también interpretó a menudo música de Carl Maria von Weber, hoy día un tanto olvidada, como este Konzertstück que escuchamos a continuación:

Pasamos ahora a Schubert. Escuchamos el primer movimiento de la fantasía Wanderer, una interpretación de ritmo pausado, tremendamente sutil en la repetición del tema principal y rica en rubatos:

Y vamos a escuchar también la bellísima interpretación del Impromptu número 3:

No fue en cambio un intérprete habitual de música de Felix Mendelssohn, pero vamos a verle tocar su “Rondo Capriccioso”:

Pero yo descubrí a Claudio Arrau con Chopin. Grabó buena parte de la obra para piano del polaco, así que tendremos que seleccionar algunas de las mejores obras… de mis obras favoritas, para entendernos. Empezamos con el segundo concierto para piano (lo confieso, uno de mis conciertos de piano favoritos):

A continuación escuchamos el Andante Spianato en la que sin duda es una de las mejores interpretaciones de esta bellísima obra (junto con las de Zimerman y Richter; yo me quedo con la de Richter, pero cualquiera de las 3 es magnífica):

Su integral de los nocturnos es simplemente referencial, mucho más lenta y poética que la tan alabada de Rubinstein. Escuchamos el primero de esos nocturnos:

Escuchamos ahora el famoso estudio “Tristesse”, con unos magníficos, aunque apenas perceptibles, rubatos; simplemente magnífico:

Termino este repaso a sus interpretaciones de Chopin con la obra con la que descubrí a Arrau, las baladas; me quedo en concreto con la 1ª, mi favorita de todas. Aunque en este caso prefiero la interpretación de Zimerman, Arrau no se queda atrás, desde luego:

Pasamos a otro de los compositores más frecuentados por Claudio Arrau, Robert Schumann. Otra de las primeras obras en las que le escuché fue en ese magnífico concierto para piano de Schumann que escuchamos a continuación, simplemente referencial:

Vamos a continuación con las Kinderszenen. En concreto recomiendo ese mágico Träumerei (minuto 6:38), delicia pura, con ese estilo delicado que caracteriza a Arrau:

Podríamos poner muchas más obras de Schumann, pero es que no acabamos. Porque llegamos por fin a Franz Liszt, ese pianista al que está ligado a través de su maestro Martin Krause. Y es que Arrau es probablemente heredero del estilo pianístico de Liszt. La espectacularmente complicada técnica  pianística del compositor húngaro no trae problemas a Arrau, que supera los enormes desafíos que suponen las obras pianísticas del compositor. Lo podemos comprobar, por ejemplo, en ese magnífico primer concierto para piano que escuchamos a continuación:

Vamos ahora con la no menos complicada sonata para piano:

Seguimos con ese maravilloso Liebestraum:

Vamos ahora con otra de sus obras emblemáticas, los 12 estudios de ejecución transcendental. Para no ponerlos todos, escuchamos uno de ellos, La campanella:

Y terminamos con Liszt volviendo a deleitarnos con ese movimiento de manos, siempre preciso y de enorme agilidad, en una pieza de sus Años de peregrinaje, en concreto los Juegos de agua en la Villa d’Este que vemos a continuación:

Pasamos a Johannes Brahms, del que en este caso vamos a escuchar una magnífica versión del segundo concierto para piano:

Vamos ahora con el concierto de piano de Edward Grieg, con un maravilloso segundo movimiento:

No podía faltar en el repertorio de Claudio Arrau el primer concierto para piano de Tchaikovsky, que escuchamos a continuación:

En el repertorio ruso (en el que falta, extrañamente, Rachmaninov) podemos escuchar también su interpretación del Islamey de Balakirev:

Interpretó también música de Isaac Albéniz, como esas suites de Iberia de las que escuchamos “Triana”:

En música más moderna, Arrau interpretó con cierta frecuencia música de Ferrucio Busoni, como esta elegía nº 5:

También interpretó música de Arnold Schoenberg, como estas tres piezas para piano:

Escuchamos a continuación música de Richard Strauss, en concreto “Burleske” para piano y orquesta, grabado en 1945, estando el compositor todavía vivo:

Seguimos con una obra que Sophie Menter, quien al igual que Martin Krause fue también alumna de Liszt, compuso especialmente para Arrau, este vertiginoso vals:

Y terminamos con música francesa. Claudio Arrau interpretaba a Ravel y, sobre todo, a Debussy, así que vamos a escucharlo en la que quizá sea la pieza para piano más famosa del francés, el “Clair de lune”, grabada en el mismo año de su muerte. El ritmo pausado y el uso del rubato es simplemente espectacular, aunque la sección central es quizá excesivamente lenta en mi opinión (por eso prefiero la versión de Richter):

Activo hasta sus últimos meses de vida, Claudio Arrau murió a los 88 años en Mürzzuschlag, Austria. Según su voluntad, fue enterrado en el Cementerio Municipal de Chillán, en el que también se encuentran los restos del tenor Ramón Vinay.

Su forma de entender cada obra musical puede desde luego ser discutible (es algo totalmente subjetivo), pero desde luego es de agradecer ese enfoque siempre personal de todo lo que interpretaba; frente a esta nueva hornada de pianistas chinos que son máquinas de solfeo capaces de tocar a toda velocidad pero sin darles nada de personalidad a lo que tocan, el estilo interpretativo de Claudio Arrau es pura poesía, un estilo que habría que recuperar para dotar a la música romántica (repertorio principal de Arrau) de la expresividad que le caracteriza. Arrau es, sin duda, uno de los más grandes pianistas de los que se conservan registros fonográficos, por suerte muchos, para poder disfrutar de su arte.



20 años sin Pilar Lorengar (02-06-2016)


En 1991, un grupo de importantes cantantes de ópera españoles fueron galardonados con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes: Alfredo Kraus, Plácido Domingo, José Carreras, Victoria de los Ángeles, Montserrat Caballé, Teresa Berganza y Pilar Lorengar. Todos ellos nombres sobradamente conocidos por el público… salvo quizá el de Pilar Lorengar, que siendo una de las mejores cantantes femeninas de la península, ha visto como su nombre permanecía un poco en la oscuridad, en buena medida por haber desarrollado la mayor parte de su carrera en Alemania. Así que hoy, que se cumplen 20 años de su prematura muerte (tenía 68 años cuando el cáncer se la llevó) vamos a repasar algunas de las (muchas) joyas que nos dejó.




Pilar Lorenza García (inteligentemente fusionó ese segundo nombre y apellido en su nombre artístico, Pilar Lorengar) nació en Zaragoza el 16 de enero de 1928. Desde muy pequeña participó en un programa de radio, y se mudó a Barcelona para recibir clases de canto, que continuaría en Madrid y en Berlín. En 1949 entra a formar parte del Coro del teatro de la Zarzuela, y debuta en 1950 en Orán, Argelia, con el papel de Maruxa. Sigue cantando Zarzuela, pero su primera intervención relevante fue en 1952, cuando cantó en Barcelona las partes solistas para soprano de la 9ª sinfonía de Beethoven y del Requiem Alemán de Brahms. Vamos a escucharle en una versión posterior (1963) de la 9ª de Beethoven:

Pilar Lorengar fue una referencial intérprete de zarzuela, especialmente en sus primeros años de carrera, en los que además participa en algunas imprescindibles grabaciones del género, como ese “La del manojo de rosas” que protagoniza junto a Renato Cesari bajo la dirección del propio compositor, Pablo Sorozábal, del que aquí escuchamos el magnífico dúo “Hace tiempo que vengo al taller”:

Otra de esas grabaciones míticas de zarzuela será “El caserío” de Jesús Guridi, dirigido por Ataulfo Argenta, junto a Carlos Munguía y Manuel Ausensi. Escuchamos el dúo junto a este último:

Pero no abandonó del todo la zarzuela, como podemos comprobar en esta grabación más tardía de la famosa romanza “De España vengo” de “El niño judío” de Pablo Luna:

Y de esa misma grabación de 1985 escuchamos el dúo de “El dúo de la Africana” junto a Plácido Domingo:

Su debut internacional se produce en 1955 en el Festival de Aix-en-Provence con el Cherubino de “Le nozze di Figaro”, del que escuchamos el aria “Non so più”:

Tras debutar en Londres o en Buenos Aires, en 1958 firma un contrato con la Deutsche Oper Berlin, con la que cantará durante unos 30 años, hasta su retirada. Poco dada a viajar, y más al casarse con Jurgen Schaff, desarrolla gran parte de su carrera en Berlín, donde Mozart será uno de los principales puntales de su repertorio. De hecho, será con la Illia de “Idomeneo” con la que debute, en 1961, en el Festival de Salzburgo.

Pero fue sobre todo con las heroínas de la trilogía dapontiana, así como con la Pamina, con las que triunfará y que serán los pilares de su repertorio. La escuchamos primero en el bellísimo “Dove sono” de “Le nozze di Figaro”:

La escuchamos ahora como Fiordiligi en “Così fan tutte”:

Del “Don Giovanni” la escuchamos primero como Donna Elvira en el “Mi tradì quell’alma ingrata”:

Y terminamos escuchando su maravillosa Pamina de “Die Zauberflöte“,  con el aria “Ach, Ich fühl’s”, de la grabación en estudio que dirigió Georg Solti:

Su debut en Londres, en 1955, fue con “La Traviata” de Verdi, papel que cantó en nuevas ocasiones, y del que escuchamos su aria del último acto, con la lectura de la carta incluida:

De Verdi fueron algunos de los papeles más “pesados” que cantó Pilar Lorengar en su carrera, propia de una soprano lírica pura. Aunque rechazó cantar “Aida” o “Un ballo in maschera”, sí que cantó la Alice de “Falstaff” o la Desdemona de “Otello“, de la que aquí escuchamos el dúo “Dio ti giocondi, o sposo” junto al Otello de Plácido Domingo:

Disfrutemos además de su maravillosa Elisabetta del “Don Carlo“, de la que aquí escuchamos su magnífica aria “Tu che le vanità”:

Y la escuchamos también como la soprano solista del Requiem verdiano en ese “Libera me, Domine” final:

Siendo como ya hemos dicho una soprano lírica pura, se sentía cómoda en no pocos roles del verismo. Comenzamos viendo su “In quelle trine morbide” de la “Manon Lescaut” de Puccini:

A continuación la escuchamos en el aria de Nedda del ·Pagliacci” de Leoncavallo:

La escuchamos también en “La Boheme” de Puccini, en el “Sì, mi chiamano Mimí”:

Otro papel emblemático fue su “Madama Butterfly”, que aquí canta en alemán acompañada del Pinkerton del gran Fritz Wunderlich; magia pura ese dúo final del 1º acto:

Y otro papel en el que sobresalió fue como la “Suor Angelica” de la que aquí, en vez de escuchar el aria, escuchamos toda la escena final, de un nivel interpretativo y vocal que muy pocas sopranos pueden igualar:

Llegó a cantar incluso un papel tan pesado como el de “Tosca”, del que escuchamos aquí el aria “Vissi d’arte”:

De las grabaciones en estudio de arias sueltas cabe destacar esta versión, una de las mejores que se han grabado por cierto, del bellísimo “Sogno di Doretta” de “La Rondine“:

Y la escuchamos también cantando el aria “Ebben, ne andrò lontana” de “La Wally” de Catalani:

Cantó también papeles líricos de ópera francesa, como la Marguerite del “Faust” de Gounod, de la que escuchamos el trío final junto a Nicolai Gedda y Cesare Siepi:

También cantó la Micaela de “Carmen” de Bizet, de la que escuchamos el aria “Je dis que rien ne m’épouvante”:

Podríamos escucharla en otros papeles, como la “Manon” de Massenet, pero prefiero ponerla en un aria por la que tengo una predilección especial, aunque no cantara la ópera completa, el “Depuis le jour” de la “Louise” de Charpentier:

Y claro, pasando tantos años en Alemania, cantó no pocos roles de ópera alemana. Comenzaremos por su Agathe de “Der Freischütz” de Weber:

Cantó óperas como “Mathis der Maler” de Hindemith, de la que no hay fragmentos en Youtube pero que podéis escuchar en Spotify, así como arias de opereta vienesa, aunque si hay un aria que recordar es la canción de Marietta de “Die tote Stadt” de Korngold, una de las mejores versiones de esta bellísima canción:

Y también cantó Wagner, primero la Elsa de “Die Meistersinger von Nürnberg” y luego la Elsa de “Lohengrin”:

Y escuchamos también su magnífica grabación del aria de Elisabeth de “Tannhäuser”:

Hizo también incursiones en el repertorio eslavo, como con “La novia vendida” de Smetana, que cantó en alemán. Cantó también óperas como “Eugen Onegin” o “Jenufa”, pero merece la pena recordar su magnífica grabación del aria de la luna de la “Rusalka” de Dvorak, de nuevo una de las mejores grabaciones de ese aria:

Su repertorio fue todavía mayor, con óperas barrocas y clásicas, como la “Medée” de Cherubini o la Euridice de Gluck, además de numerosas canciones españolas. Extrañamente rechazaba cantar óperas de Richard Strauss, por desgracia.

En 1987 tuvo uno de sus últimos grandes éxitos en Berlín, cantando “Les huguenots” de Meyerbeer. Vamos a escucharla cantando la ópera en alemán, en concreto el dúo del final del 4º acto junto al Raoul de Richard Leech:

Se retiró poco después.

Soprano poco mediática, es mucho menos recordada de lo que debiera por su voz y talento dramático, siendo una de las grandes sopranos de su época, pero tristemente olvidada en su país natal. Como ya hemos mencionado, un cáncer se la llevó a los 68 años, un 2 de junio de 1996, en Berlín. Esperemos con este post ayudar un poquito a recuperar su legado. Y por si no es suficiente, pues invitar a todos a la exposición que la Asociación Aragonesa de la Ópera “Miguel Fleta”, con el apoyo del gobierno de Aragón, va a llevar a cabo en Zaragoza, su ciudad natal, del 29 de septiembre al 11 de diciembre. Todo esfuerzo por recuperar su memoria es bienvenido.



Crónica: Krystian Zimerman en Zaragoza (29-05-2016)


He de reconocer que, por lo general, sufro de “Karinismo”: cualquier tiempo pasado me parece mejor. Es decir, ya no hay cantantes de ópera, directores de orquesta, violinistas, chelistas… como los de antes (y esto no sólo es aplicable a la música, también al cine, al arte…). Es decir, que nunca voy a tener la ocasión de poder disfrutar en vivo de mis artistas favoritos, porque ya murieron, algunos incluso hace más de medio siglo. Pero hay una excepción: mi pianista favorito sí esta vivo… y en activo, aunque no se prodigue demasiado. Hablo del gran Krystian Zimerman.




Tengo que remontarme unos cuantos años atrás. Era una época, cuando tendría veintipocos años, en la que me había centrado por años exclusivamente en la ópera, y ahora quería volver a prestar atención al repertorio sinfónico e instrumental del romanticismo, con el que empecé, con unos 12 años, en el mundo de la música clásica. Y claro, a la hora de elegir a qué pianistas iba a escuchar interpretando a distintos compositores, decidí que lo mejor era consultar a mi amigo Asier, pianista, con muy buen criterio y que además sabía más o menos cuáles eran mis gustos. Gracias a él descubrí a algunos de mis pianistas favoritos, como Gilels o Richter (a Arrau ya le conocía de antes), pero, sobre todo, descubrí a Krystian Zimerman: me lo recomendó como pianista en general, y como intérprete de Chopin y de Liszt en particular, lo que no deja de ser curioso tratándose de dos formas tan dispares de entender la música para piano. Pero sí, Zimerman se convirtió en mi pianista de referencia en ambos compositores, aunque fue con su grabación del 2º concierto de Rachmaninov cuando ya caí rendido a los pies del pianista polaco: por su combinación de técnica virtuosística y poesía interpretativa está a enorme distancia de la mayoría de los pianistas en activo (en mi opinión, de todos, directamente), e incluso por encima de mitos como los ya mencionados Richter, Gilels y Arrau.

Y claro, tenía unas enormes ganas de verlo en vivo. Por desgracia, las últimas veces que vino a Donostia yo todavía no sabía quién era, y el concierto que iba a dar unos años después fue cancelado, y me tuve que quedar con las ganas. Así que cuando mi amigo Rubén me llamó para ver si me animaba a ir a Zaragoza (ida y vuelta en la misma tarde) para verle, no lo dudé ni un segundo, pese a que el repertorio (4º concierto de piano de Beethoven) me resultara muy poco atractivo. Zimerman bien lo valía.

El concierto, el domingo 29 de mayo, estuvo dedicado íntegramente a Beethoven. Grzegorz Nowak dirigía a la Orquesta Sinfónica de España en el Auditorio de Zaragoza. El programa lo complementaba la 3ª sinfonía de Beethoven.

Curiosamente, al comenzar el concierto, Zimerman no aparecía (y tratándose de él, siempre da miedo que pueda cancelar en el último minuto…), pero es que la orquesta comenzó con una pieza que no aparecía en el programa de mano (pero que yo ya me estaba esperando…), la Obertura Egmont. Con unas cuerdas en mi opinión demasiado reducidas (6 chelos, 4 contrabajos…), los metales por momentos se hacían oír demasiado, pero en general fue una correcta interpretación de una obra muy conocida pero magnífica.

Y llega por fin el momento clave. Vaya por delante que a mí el Beethoven concertístico (a diferencia del sinfónico) no me llega (con la excepción de ese maravilloso concierto para piano nº 5, “Emperador”); de hecho, pienso que, de no estar firmado por Beethoven, nadie se acordaría de esos conciertos, incluyendo el 4º, que obviamente es el mejor de los 4 primeros pese a todo. Ahí nos aparece un Krystian Zimerman con una melena ya totalmente blanca (y eso que cumple 60 a finales de año; parece más mayor). Le pusieron la partitura en el piano, a la que él mismo se encargaba de pasar las páginas, aunque me gustaría saber cuánto la miró (sospecho que muy poco, si es que acaso llegó a mirarla en algún momento… ¿sería por pura precaución?). Empieza el concierto y Zimerman luce todas sus virtudes: su virtuosismo, su precisión, sigue intacto, sumado todo ello a sus pausas, sus matices, su fraseo, poesía pura. Y con él el anodino concierto de Beethoven llegó incluso a cobrar vida por momentos; aquello no era un concierto normal, era pura magia. Se entretuvo en unas cadencias al final del primer movimiento, bastante largas por cierto, en las que hizo literalmente lo que le dio la gana; él lo vale. Con el segundo movimiento hizo maravillas, de una belleza impresionante, y arrasó con el tercero. Parece que tenía buen día: cuando el público se puso a aplaudir al final del 1º movimiento, él hizo un gesto para que no lo hicieran, pero al terminar el 2º movimiento, hizo otro gesto al público para recordar que no había que aplaudir de forma bastante simpática. Se le notaba cómodo, pese a que no hubo propinas (y eso que fue bastante aplaudido. Y he de confesar que no pude resistir el bravearle nada más terminar el concierto, que bien se lo merecía). Supo a poco… a muy poco. Sólo espero que tenga ocasión de volver a verle en un repertorio más interesante (por lo menos para mí).

La segunda parte del concierto fue una 3ª sinfonía de Beethoven, la “Heroica”. Lo mío con Beethoven no deja de ser curioso: habiendo visto, por ejemplo, 4 veces la 1ª de Mahler o la 6ª de Tchaikovsky, de Beethoven sólo había visto en vivo la 1ª, la 3ª y la 9ª. Y me tocaba repetir la 3ª, que de las sinfonías románticas de don Ludwig (es decir, 3ª y de la 5ª a la 9ª) me resulta la menos interesante. Nowak, que había acompañado impecablemente al solista en el concierto, ahora llevaba él todo el peso de la obra, que dirigió con tempi algo rápidos (acostumbrado como estoy a Furtwängler, cualquier cosa me resulta rápida, claro) pero con buenas dinámicas e interesantes crescendos. Muy bien las cuerdas y las maderas; peor desde luego los metales (un bellísimo solo de trompa en la marcha fúnebre fue echado a perder por un inoportuno desafine del músico). La interpretación fue correcta, con un vibrante final.Tampoco hubo propinas, por cierto.

La sala estaba más o menos a medias; vamos, que daba pena verla así de vacía, y más tratándose de ver a Krystian Zimerman. Me temo que la música clásica no goza de muy buena salud en Zaragoza. Teniendo en cuenta que la ciudad tiene ella sola ya casi la misma población que toda Gipuzkoa, las comparaciones mejor las obviamos. Sólo me queda esperar que el esfuerzo de iniciativas privadas, como era el caso de este concierto (a falta de mayor iniciativa pública por parte de las autoridades correspondientes) consigan poco a poco revertir esta triste situación.

Concluimos: si me preguntan si mereció la pena el viaje de ida y vuelta (y eso que no conducía yo) para ver el concierto, contestaré que por el repertorio desde luego que no, pero por poder ver a Krystian Zimerman, el viaje fue una nimiedad. Un genio, un artistazo como él se mere eso y mucho más.



4º centenario de la muerte de William Shakespeare (23-04-2016)


Fue seguramente el más grande dramaturgo de la historia. Tan grande fue, tal es la magnitud y la calidad de sus obras, que hasta se duda de que realmente fuera él el autor de ellas; un simple actor teatral de Stratford-upon-Avon, casi analfabeto, sin apenas cultura, no puede haber escrito semejantes obras… o al menos eso piensan algunos. Pero qué más da que fuera ese actor el autor, qué más nos da los debates sobre su vida privada (religión, orientación sexual), el autor de las obras teatrales que se consideran escritas por William Shakespeare es y será siempre un absoluto referente de los que es el teatro.




No deja de resultar curioso, por tanto, que tras su muerte, y a lo largo de los siglos XVII y buena parte del XVIII, su figura permaneciera ignorada: su tipo de teatro no era bien visto por los moralistas de la época. Será a finales del siglo XVIII cuando nuevas generaciones, cada vez más asociadas al romanticismo, recuperará sus obras: ahí estarán Goethe o Schiller, por ejemplo. Y es que William Shakespeare fue de alguna forma un adelantado a s tiempo, y sus obras tienen un componente romántico difícil de entender en alguien que vivió casi dos siglos antes de que surgiera este movimiento artístico.

Vamos a repasar la influencia de las obras de William Shakespeare en la música, centrándonos en la ópera, para ver cómo surge ese renacimiento de su obra y su popularidad a partir del siglo XIX.

Es una lástima que Shakespeare todavía no fuera un autor popular en la época de, por ejemplo, Händel (mejor no imaginarnos lo que habría sido un Julio Cesar o un Marco Antonio y Cleopatra en sus manos), o de Mozart (qué bien le habría quedado La fierecilla domada, por ejemplo). Pero aquí cabe na curiosidad: el libretista de las grandes óperas de Mozart, Lorenzo da Ponte, escribe un libreto basado en La comedia de los errores, al que le pondría música un tal Stephen Storace, compositor inglés todavía menos longevo que Mozart (murió en 1796 a punto de cumplir los 34 años); la ópera, titulada “Gli equivoci”, se estrenó en Viena el 7 de diciembre de 1786. Vamos a escuchar a continuación la obertura:

El primer gran compositor en prestar atención a William Shakespeare fue seguramente Antonio Salieri, con ese Falstaff (adaptación de la genial comedia “Las alegres comadres de Windsor”, quizá la más popular de las obras de Shakespeare en la ópera) que estrenó en 1799:

Una vez entrado de lleno el romanticismo, Shakespeare se convierte en un autor muy apreciado (Schubert utilizó poemas suyos para sus lieder, por ejemplo). Y ahí tenemos a Ludwig van Beethoven, que no compuso más que una ópera, pero sí que compuso obras orquestales de carácter programático, y de entre ellas destacamos esa adaptación del Coriolano shakespeariano en esta magnífica obertura:

Carl Maria von Weber compondrá una ópera (su última ópera, de hecho) titulada Oberon, pero no tiene nada que ver con el protagonista de “El sueño de una noche de verano”. Por el contrario, Felix Mendelssohn sí que utilizará como referente esta comedia para componer la música de escena de “Ein Sommernachtstraum”, que compuso en 1842, pero para la que aprovechó esa genial obertura que había compuesto en 1826 (con 17 añitos…). Escucharla nos demuestra el enorme talento de este músico un tanto infravalorado en mi opinión y que consigue transmitirnos la emoción de estar una noche en medio de un bosque encantado, sobre todo en ese maravilloso y mágico final, dirigida por el gran Otto Klemperer:

En 1949, Otto Nicolai estrenará su última ópera (moriría apenas dos meses después del estreno, sin llegar a cumplir los 39 años), Die lustigen Weiber von Windsor (de nuevo basada en “Las alegres comadres de Windsor”), su obra más recordada hoy día gracias a su popular obertura. Así que, en vez de la obertura, vamos a escuchar el brindis de Falstaff “Als Büblein klein” en la voz del gran Gottlob Frick:

Pero ya años antes, en 1834, Richard Wagner había compuesto una ópera, su segunda ópera (estrenada en 1836) inspirada en la comedia de William Shakespeare “Medida por medida”; será “Das Liebesverbot” o “La prohibición de amar”. Es una de las óperas menos populares de Wagner, desde luego, pero vamos a escuchar su obertura:

En Francia William Shakespeare también será un autor popular entre los compositores de ópera de mediados del siglo XIX, sobre todo. Tenemos, por ejemplo, ese “La tempesta” (basada, obviamente, en “La tempestad” de Jacques Fromental Halévy. Y en 1862, Hector Berlioz, que compondrá también poemas sinfónicos y oberturas basados en obras de Shakespeare, estrenará su ópera “Béatrice et Bénédict”, basada en “Mucho ruido y pocas nueces” (aunque omite de la trama los episodios más dramáticos, como la traición del bastardo Don Juan y la fingida muerte de Hero, centrándose exclusivamente en la parte más cómica, en ese odio que termina siendo amor entre los dos protagonistas), de la que escuchamos el aria de Hero “Je vais le voir”cantada por Kathleen Battle:

En 1868, Ambroise Thomas se enfrenta a la que para muchos es la obra maestra de William Shakespeare, “Hamlet”. No es una adaptación excesivamente afortunada, ya que se pierde mucho la tensión y el factor dramático de la obra en medio de ese melifluo melodismo francés, pero nos deja algunos grandes momentos, como esa escena de locura de Ophelia, que escuchamos en la magnífica interpretación de Joan Sutherland:

Pero la que quizá sea la mejor adaptación francesa de una obra de William Shakespeare se había estrenado una año antes, en 1867: era el “Roméo et Juliette” de Charles Gounod, que cuenta con no pocos grandes momentos, como el aria de Juliette “Je veux vivre”, la balada de la reina Mab de Mercutio, el aria “Ah, leve-toi, soleil” de Romeo, el dúo “Ange adorable”, el dúo “Nuit d’Hymenée”, el aria de Romeo “Salit, tombeau”… pero vamos a escuchar el final del 3º acto, cuando Romeo, tras matar a Tybalt, es exiliado. Un joven Roberto Alagna interpreta a Romeo:

Magnífico ese Do de pecho final…

Y vamos a ver también la escena final, con la muerte de ambos amantes, de nuevo con Roberto Alagna, pero en otra función años posterior, junto a su pareja por aquel entonces, Angela Gheorghiu:

En los siguientes años no hay nada reseñable (Massenet no adapta a Shakespeare, gran desgracia), pero en 1935 el venezolano de nacimiento pero afincado en París Reynaldo Hahn estrena “Le marchand de Venise”, ópera totalmente olvidada a día de hoy:

¿Y mientras tanto en Italia qué pasaba? Pues en 1816 Gioacchino Rossini estrena su adaptación de “Otello“, muy poco fiel a la original, en la que la trama cambia demasiado: la figura de Yago, mucho menos malvada, tiene mucha menor importancia frente a la de Rodrigo, rival de Otello por el amor de Desdemona. Incluso compone un final alternativo feliz, en el que Otello descubre la verdad a tiempo antes de matar a Desdemona. Escuchamos para empezar el dúo de Otello y Rodrigo (algo que no tendría cabida si se respetara la obra original) en las voces de Gregory Kunde (Otello) y Juan Diego Flórez (Rodrigo), puro lujo de canto rossiniano:

Y escuchamos ahora la maravillosa canción del sauce en voz de Mariella Devia:

Por el contrario, ese “I Capuleti ed i Montecchi” de Vincenzo Bellini no se basa en el “Romeo y Julieta” de William Shakespeare, sino en las historias tradicionales italianas sobre los amantes veroneses (en las que se inspiró Shakespeare para escribir su obra maestra, la mejor de sus obras en mi opinión).

Será el gran Giuseppe Verdi el que le dé la atención a las obras de William Shakespeare y el que esté a la altura de ellas. La primera adaptación de una obra de Shakespeare que realizará será la magnífica “Macbeth“, de 1847, una de las mejores óperas de su etapa juvenil. En ella destaca el dibujo psicológico de la pareja protagonista, que veremos primero en Lady Macbeth, en su aria inicial “Vieni, t’afretta”, que escuchamos en la terrorífica voz de Liudmyla Monastyrska:

Escuchamos ahora la bellísima aria “Pietà, rispeto, amore” de Macbeth, cantada por Renato Bruson:

Y no puedo contenerme a compartir esa escena que cierra el primer acto, en la que Macduff descubre el cuerpo asesinado del Rey Duncano, terminando en un magnífico concertante. De nuevo Renato Bruson es Macbeth, Maria Guleghina Lady Macbeth, Roberto Alagna Macduff y Carlo Colombara Banco:

Verdi acarició durante años la idea de componer una ópera sobre El rey Lear, pero por desgracia no fue capaz de llevarla a término… habría sido una maravilla, seguro. Y más sabiendo lo que terminaría haciendo al final de su vida.

Y es que el libretista Arrigo Boito realizó dos magníficas adaptaciones de grandes obras de William Shakespeare, muy fieles al original. La primera, ese “Otello” que se estrena en 1887 y que será la penúltima ópera de Verdi. En mi opinión, la mejor adaptación de una obra de Shakespeare a la ópera. Aquí Yago es el villano que tiene que ser, como comprobamos en este “Credo in un Dio crudel” que canta Sherrill Milnes:

El final del segundo acto es uno de los momentos en los que mejor se percibe la fidelidad a la obra original (ese momento en el que Otello suelta al cielo todo su amor…), que vemos con Tito Gobbi como Yago y el insuperable Mario del Monaco como Otello:

Y mientras tenemos a una entrañable Desdemona que de nuevo tiene su mejor momento en esa Canción del sauce que escuchamos a Renata Tebaldi:

La segunda de estas colaboraciones será la última ópera de Verdi, Falstaff, de 1893, magnífica adaptación de “Las alegres comadres de Windsor”, aunque con algunos pasajes extraídos de “Enrique IV”, ya que Boito simplifica la acción para hacerla más adecuada a la ópera. Aunque es una ópera que no tiene pérdida, escuchamos la escena final, que es una auténtica maravilla:

 Tras Verdi, la siguiente corriente operística italiana, la verista, no se fija en Shakespeare, al preferir tramas más realistas, pero compositores posteriores volverán a él, como es el caso de Riccardo Zandonai, que en 1922 estrena una nueva adaptación de “Giulietta e Romeo”, ópera poco conocida (Zandonai es un compositor prácticamente olvidado hoy día, salvo alguna reposición ocasional de la magnífica “Francesca da Rimini”), de la que destaca el aria de Romeo ante la tumba de Julieta, y que escuchamos en la voz, de nuevo (el papel de Romeo le va bien por todos lados) de Roberto Alagna:

Pero Shakespeare no es desconocido ni siquiera en el mundo eslavo, como demuestra ese “Boure” de Zdenek Fibich, de 1894, inspirado en “La tempestad”, de la que escuchamos su introducción:

Ya en pleno siglo XX, el sueco Kurt Atterberg vuelve a adaptar “La tempestad” en su “Stormen”, de 1947, de la que no encuentro ningún fragmento. También Shostakovich hará una adaptación muy libre de Macbeth en su “Lady Macbeth of Mtsensk”.

Pero serán sobre todo compositores británicos y americanos los que adapten ahora las obras de Shakespeare.

De entre los ingleses, Frederick Delius estrena en 1907 “A vilage Romeo and Juliet”, basada en un texto posterior al de Shakespeare, por lo que la ignoraremos. Su paisano Ralph Vaughan Williams compone, entre 1924 y 1928, una nueva adaptación de “Las alegres comadres de Windsor” con “Sir John in love”. Toca compartir la ópera completa:

El Troilus and Cressida de William Walton está inspirado en el poema de Chaucer en vez de en la obra de Shakespeare. Por el contrario Benjamini Britten sí que adapta una obra de Shakespeare, en este caso el sueño de una noche de verano, en su “A Midsummer Night’s Dream” estrenado en 1960, en el que le da el papel de Oberon al primer contratenor moderno, Alfred Deller. Escuchamos el comienzo del primer acto:

Al otro lado del Atlántico, en Estados Unidos, Samuel Barber estrenará en 1966 su adaptación de “Marco Antonio y Cleopatra”, “Anthony and Cleopatra”, muy fiel a la obra de William Shakespeare. Escuchamos a Leontyne Price cantando la parte de Cleopatra:

Años antes, en 1957, se había estrenado en Broadway la adaptación que Leonard Bernstein (con libreto nada más y nada menos que de Stephen Sondheim) de Romeo y Julieta, pero trasladando la acción a la Nueva York contemporánea, con disputas entre americanos y puertorriqueños, en “West Side Story”. Es más un musical que una ópera, desde luego, pero merece la pena incluirla aquí. Vamos a escuchar el precioso dúo “Somewhere” en dos voces nada operísticas, Barbra Streisand y Josh Groban:

Pero nos falta una de las grandes obras de William Shakespeare que aún no hemos visto convertida en ópera… El rey Lear. Será en 1978 cuando el compositor alemán Aribert Reimann estrene su ópera “Lear”, cuyo papel protagonista estrenará el gran barítono Dietrich Fischer-Dieskau, al que escuchamos cantar la escena final de la ópera:

Terminamos con una ópera aún más reciente, “The tempest”, de Thomas Adès, estrenada en 2004:

Hemos hecho un repaso por la obra de William Shakespeare a través de sus adaptaciones operísticas. Es cierto que se echan de menos algunas obras (especialmente las obras históricas, como Ricardo III, por ejemplo), que podemos disfrutar en interesantes adaptaciones cinematográficas. Pero este repaso nos sirve para darnos cuenta de la enorme influencia que tuvo Shakespeare en el teatro, así como en el movimiento romántico, ya que en sus obras vemos a alguien muy adelantado a su época. Shakespeare es en mi opinión el mejor dramaturgo de la historia (se nota que soy muy romántico, lo sé), y como tal hay que recordarle: ya sea a través de leer sus obras, verlas en teatro, en cine o en ópera, siempre vamos a disfrutar. Porque, 400 años después de su muerte, nadie ha conseguido superarle.