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130 años del estreno de Edgar de Puccini (21-04-2019)

“Edgar” es la menos conocida y representada de las óperas de Giacomo Puccini. Los cambios en el argumento, en buena medida debidos a los cambios estilísticos imperantes en la ópera italiana de la última década del siglo XIX, hicieron que resulte una obra bastante fallida, aunque no por ello carente de interés, en la que ya se anticipan ciertos elementos que veremos en las grandes obras de Puccini.

Puccini había alcanzado un gran éxito con su primera ópera, “Le villi”, estrenada en 1884. Por ello, el editor Giulio Ricordi encarga una nueva ópera al compositor. El tema elegido es la obra “La coupe et les lèvres” de Alfred de Musset (autor citado posteriormente en otra ópera de Puccini, “La Rondine“), adaptado en un libreto de Ferdinando Fontana. Retrasándose la composición 4 actos, la obra se estrena en la Scala de Milán el 21 de abril de 1889, dirigida por Franco Faccio, obteniendo un pequeño éxito.

Insatisfecho con el trabajo realizado, Puccini realiza recortes en la partitura, habiendo tres versiones posteriores de la obra, estrenadas en 1891, 1892 y 1905. La versión que conocemos actualmente suprime completamente el acto IV, incluyendo de forma abrupta el asesinato de Fidelia por parte de Tigrana en el tercero. El paso de una ópera de grandes ambiciones a una ópera verista de duración más breve (apenas hora y media) sólo consigue perjudicar al drama, que pierde así su sentido.

Y, pese a todo, siempre resulta conveniente escuchar la obra. Por ese motivo vamos a repasar el argumento, dejando antes, como siempre, un enlace con el libreto (pero siguiendo la versión en tres actos, que es la más “popular”, si es que alguna de las versiones lo es). 

Nos encontramos en una aldea de Flandes en el año 1302. Amanece, y las campanas de la iglesia repican. Edgar duerme en la taberna, cerca de su casa. Un grupo de campesinos se saluda antes de ir al campo a trabajar. Aparece la inocente Fidelia, enamorada de Edgar, que va a despertarlo, para comprobar que está todavía agotado. Él le responde que no puede estar siempre feliz como ella, pero Fidelia afirma que no puede estar feliz si le ve así. Escuchamos el comienzo de la ópera con Veriano Luchetti como Edgar y Mietta Sighele como Fidelia:

Fidelia le entrega un ramo de almendro en flor a Edgar como saludo de buenos días antes de marcharse, pese a que él le pide que se quede y sale corriendo tras ella. Escuchamos entonces de nuevo a los campesinos cantar. Escuchamos esta escena con el mismo reparto que la anterior:

Aparece entonces la gitana Tigrana, con su instrumento a cuestas, y sigue los pasos de Edgar para luego disimular al reaparecer éste. Con aire burlón, le dice a Edgar que ha estropeado una tierna escena de amor. Suena el órgano en la iglesia y muchos aldeanos acuden a ella. Tigrana entonces se burla del amor de Edgar hacia Fidelia, un amor platónico, frente al más carnal que ella le ofrece. Pese a que Edgar le pide que se calle, ella sigue burlándose de él, acusándolo de mojigato. Escuchamos el dúo con Plácido Domingo y Marianne Cornetti:

En ese momento aparece Frank, enamorado de Tigrana, que se interpone entre ambos. Está celoso porque ella falló a su cita la noche anterior, pero sólo recibe burlas hacia su amor por parte de la gitana. En ese momento sabemos que Tigrana fue abandonada y fue criada por la familia de Frank. Escuchamos el dúo con Marianne Cornetti y Juan Pons:

Tigrana deja solo a un desesperado Frank, que solloza. Muchas veces ha intentado huir de su amor por Tigrana, algo que sabe que sólo le va a traer vergüenza, pero es incapaz de olvidarla, porque está perdidamente enamorado de ella. Escuchamos el aria “Questo amor, vergogna mia” magníficamente cantada por Vicente Sardinero:

Frank se va mientras un nuevo grupo de campesinos llega a la iglesia, y no pudiendo entrar por falta de sitio, rezan en el exterior:

Sale Tigrana, aliviada de no encontrar a Frank, y se pone provocativamente a cantar una canción que provoca la furia de los campesinos, que le ordenan callar, y ante su actitud cada vez más desafiante, la intentan echar entre insultos. Pero ella desprecia tanto su furia como su perdón, y pretende seguir cantando su canción sólo para fastidiar a los demás. Escuchamos la escena con Marianne Cornetti:

Viéndose atacada, Tigrana llama a la vecina casa de Edgar, que abre de inmediato. Él la defiende, incluso desenvainando su puñal por si lo necesita para protegerla. Harto de la mojogatería de la aldea, Edgar decide huir de allí, y para ello incendia su casa heredada. Nadie es capaz de apagar el incendio, y Edgar se dispone a huir junto a Tigrana para entregarse a los placeres de la carne cuando son detenidos por Frank. Escuchamos la escena con Veriano Luchetti:

Frank no está dispuesto a dejar que Tigrana huya con Edgar, por lo que ambos deciden batirse a navajazos. Pero entonces salen de la iglesia Gualtiero y Fidelia, padre y hermana de Frank. Gualtiero les detiene. Edgar se aplaca con las palabras del anciano, no así Frank, incapaz de razonar. Fidelia se alegra de que la pelea se haya detenino, mientras Tigrana se burla de ellos. Escuchamos la escena con Plácido Domingo, Juan Pons, Marianne Cornetti y Rafal Siwek:

Edgar se prepara para marcharse, pero Frank no se lo permite. Al final comienza una pelea en la que Tigrana anima a Edgar a matar a Frank, aunque éste sólo le hiere. Edgar y Tigrana huyen mientras Gualtiero consigue detener a Frank, y todos maldicen a los fugitivos. Escuchamos el final del primer acto con el mismo reparto que antes:

Comenzamos el segundo acto. Estamos en el exterior de un suntuoso palacio en el que se celebra una orgía. Todos se divierten en la fiesta, pero Edgar sale, desilusionado, al ver que su nueva vida de placeres no le satisface, y recuerda el dulce amor de Fidelia. Escuchamos el aria “Orgia, chimera dall’occhio vitreo” cantada por Carlo Bergonzi (con un acompañamiento orquestal que ya nos avanza posteriores desarrollos puccinianos e, incluso de la “Francesca da Rimini” de Zandonai): 

Sale Tigrana, quien observa que Edgar está sombrío, y le acusa de no amarla. Ella entonces le dice que le ha dado un amor lujurioso, y que sin ella no es nada, ya que quemó su casa; ella es lo único que le queda. Escuchamos el dúo con Marienne Cornetti y Plácido Domingo:

Ella le ofrece el olvido en sus labios, pero él se da cuenta de lo venenosa que es. Él desespera al ver que no puede huir de ella. Escuchamos el final del dúo con el mismo reparto que el vídeo anterior:

Se escucha un desfile militar a lo lejos. Edgar en ese momento se da cuenta de que unirse a los soldados es una buena forma de huir de Tigrana, e invita a los soldados a tomar una copa de vino para poder hablar con el capitán. Seguimos escuchando al mismo reparto:

Pero la sorpresa es que quien entra es Frank, desesperado al volver a encontrarse con ellos. Edgar le pide perdón por haberle herido, pero Frank afirma que, gracias a esa herida, se libró de la atadura de un malvado amor. Tigrana se siente ofendida al escucharle. Edgar le pide marcharse con él; Tigrana le dice a Frank que, si un día la amó, no le deje irse, pero él la desprecia y se ofrece a llevar a Edgar. Ella le pide que se quede, que le necesita, pero al no conseguirlo y ver que Edgar se va con los soldados, afirma que o será suyo, o se vengará. Escuchamos el final del segundo acto acto con Plácido Domingo, Juan Pons y Marianne Cornetti:

Comenzamos el tercer y último acto. Ha habido una batalla con muchas bajas, entre ellas Edgar. Se prepara su funeral en una fortaleza. Unos niños cantan el requiem mientras se acercan diversos personajes: Frank, Fidelia, Gualtiero y un desconocido monje: 

Una desconsolada Fidelia llora ante su único amor, y le pide que, en el cielo, la espere. Escuchamos el aria “Addio, mio dolce amor” cantada por Renata Scotto:

Frank se dispone a dar el discurso fúnebre elogiando a Edgar, pero el desconocido monje recuerda su pasado. Todos le obligan a callar. Frank prosigue con su discurso elogioso, pero el monje insiste en recordar sus faltas, y al final consigue que se dispongan a escucharlo. El monje dice que un moribundo Edgar le pidió que contara sus faltas como ejemplo a los demás, y pide que se acerque quien, de los presentes, sea de su aldea. Escuchamos a Luca Salsi como Frank y a Marco Berti como el monje:

El monje pide entonces que confirmen si quemó su casa, echando a todos con insultos, que hirió a Frank y huyo con la lujuriosa Tigrana. Todos lo confirman, y entonces concluyen que no era un héroe, sino un impío. El monje cuenta entonces su orgías y lanza una velada acusación de asesinato, por lo que todos los presentes ahora quieren echar su cadáver a los cuervos. Entonces Fidelia los detiene. Escuchamos la escena con el mismo reparto que la anterior:

Fidelia entonces comienza a defender a Edgar, ya que ver cómo le insultan es un dolor aún mayor que el que sintió cuando él la abandonó. Confiesa que lo conoció y que, aunque se equivocó en sus decisiones, tenía un buen corazón, y que sus errores están expiados por su muerte y su valor. Ahora quiere enterrarlo en su pueblo y esperar a reunirse con él, despertando la piedad de todos los presentes. Escuchamos el aria “Nel villagio d’Edgar” cantada por Renata Scotto:

Frank despide a los presentes, mientras Fidelia consigue un instante más ante el féretro antes de irse con su padre. Frank se junta entonces con el monje, que no es otro de que Edgar, que obviamente no ha muerto. Entra entonces Tigrana, que quiere rezar ante el cuerpo de su amado. Con el funeral terminado, nadie verá su dolor. Edgar se asombra al verla rezar, algo que nunca había hecho, y sospecha que es otro engaño. Él y Frank se disponen a desenmascararla, mientras ella hace más teatro. Escuchamos la escena con Veriano Luchetti como Edgar, Renzo Scorsoni como Frank y Biancamaria Casoni como Tigrana:

Edgar, disfrazado de monje, se acerca a Tigrana y, con galanería, le pide que se levante, pero ella sigue arrodillada. Frank le dice que querría ser el muerto a quien rezara tan ardientemente. Cada uno le enseña un collar, y al final hacen sucumbir a Tigrana. Entonces, Frank y Edgar hacen sonar las trompetas para que todos acudan. Escuchamos la escena con Carlo Bergonzi, Vicente Sardinero y Gwendolyn Killebrew:

Edgar, todavía como monje, presenta ante los soldados a Tigrana como la amante de Edgar. Entonces le pregunta si Edhar quería traicionar la patria a cambio de dinero, y soborna a Tigrana con el collar si dice que sí. Escuchamos la escena con Plácido Domingo y Marianne Cornetti:

Tigrana entonces dice que es verdad. Los soldados, enfurecidos, se disponen a arrojar el cuerpo de Edgar a las aves, pero descubren que la armadura está vacía. Edgar entonces revela su identidad y ataca a Tigrana, que busca defensa entre los soldados. Todos la rechazan. Edgar se abraza a Fidelia, como su forma de redención, pero Tigrana se acerca silenciosamente y apuñala a Fidelia. Tigrana es detenida, pero Fidelia ha muerte, cumpliéndose su venganza. Escuchamos el final con el mismo reparto que el vídeo anterior:

Un final precipitado que no es el original y que hace que la obra decaiga, sin duda. Terminamos, en todo caso, con un Reparto Ideal complicado por la poca discografía existente:

Edgar: Carlo Bergonzi. 

Fidelia: Renata Scotto. 

Tigrana: Marianne Cornetti. 

Frank: Vicente Sardinero. 

Dirección de Orquesta: Alberto Veronesi. 

160 años del estreno de Un ballo in maschera (17-02-2019)

“Un ballo in maschera” puede no resultar un título familiar, y sin embargo es una de las óperas más famosas y representadas de Giuseppe Verdi, y con toda la razón, ya que es una de sus obras maestras. Aprovechando que se cumplen 160 años de su estreno, vamos a repasar su historia.

A comienzos de 1856, Verdi entra en negociaciones con el Teatro San Carlo de Nápoles para una nueva ópera. La idea es utilizar como argumento el Rey Lear de Shakespeare, con libreto de Antonio Somma. Pero, concluido el libreto, Verdi se ve incapaz de componer una ópera sobre él y abandona (por desgracia) el proyecto. Busca nuevos argumentos, entre ellos Ruy Blas, que descarta por no tener un cantante adecuado para el protagonista. Se decanta finalmente por un tema que ya le había atraído previamente, el asesinato del Rey Gustavo III de Suecia. Ya habían sido compuestas varias óperas sobre el tema, entre otros por Saverio Mercadante (con el título de “Il Reggente”), destacando la ópera de Auber “Gustave III ou le Bal masqué”, con libreto de Eugène Scribe. 

El trabajo comienza en octubre de 1857, cuando Somma adapta el libreto de Scribe. Pero entonces la dirección del Teatro San Carlo les avisa de que la censura obliga a realizar varios cambios: la acción debe trasladarse al ducado de Pomerania varios siglos antes, previamente a la llegada del Cristianismo. Los cambios se suceden: la esposa se convierte en hermana, el asesinato debe producirse fuera de escena… y el título de la ópera será “Una Vendetta in Domino”. El atentado contra Napoelón III en Francia, el 13 de enero de 1958, obliga a realizar aún más cambios: será un enfrentamiento entre un clan Güelfo y otro Gibelino, y la ópera se titulará “Adelia degli Adimari”. Un libretista desconocido ha realizado ya los cambios necesarios. 

Verdi lee el libreto y decide romper el contrato, al no estar satisfecho con el resultado. Tras un litigio, llegan a un acuerdo por el que se representará “Simon Boccanegra“, lo que deja a Verdi manos libres para su siguiente proyecto. Así, decide ponerse en contacto con el Teatro Apollo de Roma para llevar adelante el proyecto con el libreto original de Somma. Verdi quería con esto demostrar que la censura de Roma sí le iba a permitir estrenar la obra que Nápoles le prohibió. Pese a todo, se le solicitan ciertos cambios: el protagonista no puede ser un Rey, y la acción debe transcurrir fuera de Europa: Somma le aconseja a Verdi que haga caso, y así Gustavo III se convierte en el Conde Riccardo, gobernador inglés de Boston, aunque la fecha en la que transcurre la acción apenas varía un siglo, de 1792 a finales del siglo XVII. 

El estreno en Roma contó con un nuevo problema: Verdi no contaba con los cantantes para los que tenía pensada la ópera, en Nápoles, y sólo quedó satisfecho con el tenor y el barítono. Pese a todo, la ópera fue un gran éxito, que ha continuado desde entonces hasta el día de hoy. Ya en el siglo XX, en ocasiones se ha recuperado la ambientación y los personajes originales, sin que ello requiera cambios en la ópera. 

Pasamos ya a hacer un repaso de la obra, dejando antes como siempre un enlace del libreto. 

La ópera comienza con una obertura más bien breve, en la que vamos a escuchar temas musicales que volveremos a oír al comienzo del primer acto. Escuchamos la obertura dirigida por Arturo Toscanini:

Comienza el primer acto. Estamos en la antecámara del palacio del gobernador de Boston. Es de mañana. Un coro de oficiales y ciudadanos comienza a cantar directamente, sin introducción orquestal, deseando a Riccardo, el gobernador, un buen descanso, mientras un grupo de conspiradores, liderados por Samuel y Tom, preparan su venganza por sus amigos ejecutados por orden del gobernador. El paje Oscar anuncia la llegada del Conde, que saluda a los presentes. Oscar le pasa la lista de invitados para el baile de máscaras para que la repase; entre los nombres, Riccardo encuentra el de su amada Amelia. Escuchamos la introducción con Beniamino Gigli como Riccardo:

Riccardo sueña con volver a ver a Amelia, mientras el resto de los presentes creen que está pensando en su bien. Los conspiradores se dan cuenta de que no es el momento de actuar. Escuchamos el primer gran número de “Un ballo in maschera”, “La rivedrà nell’estasi”, cantada por Luciano Pavarotti:

Riccardo despide a todos, y cuando Oscar va a salir el último, ve llegar a Renato, el mejor amigo de Riccardo, y le permite pasar. Riccardo sueña con Amelia pero en ese momento se encuentra con su esposo delante. Renato le advierte que hay una conspiración en su contra y quiere darle los nombres de sus enemigos, pero Riccardo se niega a oírlos, ya que ello le obligaría a ejecutarlos. Renato le advierte de que de su destino depende el bienestar del pueblo, pero que el amor de este no le servirá como escudo si le atacan. Escuchamos el aria de Renato “Alla vita che t’arride” cantada por Piero Cappuccilli: 

Justo en ese momento llega el primer juez con una orden de exilio para una bruja negra, a la que Oscar defiende, por lo que Riccardo le pide su opinión al paje. Escuchamos la escena con Carlo Bergonzi como Riccardo, Reri Grist como Oscar y Piero di Palma como el juez:

Oscar defiende sus profecías y su acuerdo con Lucifer. El juez insiste en su expulsión, y Riccardo hace entra a todos para informarles que quiere que todos acudan al antro de Ulrica esa tarde a las tres. Él irá disfrazado de pescador. Renato no lo encuentra una buena idea por el riesgo de atentado, mientras los conjurados piensan ir por si surge la ocasión de asesinarlo. Concluye la escena con una magnífica stretta en la que todos acuerdan estar allí a las tres. Escuchamos el aria de Oscar “Volta la terrea” y toda la escena final con Kathleen Battle como Oscar, Luciano Pavarotti como Riccardo y Renato Bruson como Renato:

Comenzamos la segunda escena del primer acto de “Un ballo in maschera”. Estamos en la choza de Ulrica, donde varias personas del pueblo han ido a hacer sus consultas. Ella invoca al diablo, y al sentir su presencia afirma que nada del futuro podrá escapársele. Mientras, Riccardo ha llegado el primero, disfrazado de pescador, por lo que nadie le reconoce. Escuchamos la escena con Fedora Barbieri como Ulrica:

Entra entonces Silvano, siervo del Conde, que quiere saber si tendrá alguna recompensa por sus largos años de servicio. Ulrica afirma que tendrá oro y un ascenso. Riccardo, al oír eso, se encarga de cumplir lo que ha dicho la adivina, y escribe en un papel su recompensa, que Silvano ve de inmediato y alucina al ver la profecía cumplida. En ese momento llega un siervo de Amelia que pide una audiencia a solas con Ulrica, por lo que esta hace salir a todos los presentes. Escuchamos la escena con José Carreras como Riccardo, Patricia Payne como ulrica y Jonatha Summers como Silvano:

Riccardo se ha escondido para poder escuchar la conversación. Amelia le solicita un remedio para un amor imposible que late en su pecho, ya que ama al gobernador. Ulrica afirma que hay una hierba que renueva el corazón, pero tiene que arrancarlo uno mismo en un lugar tétrico y de noche. Amelia afirma estar dispuesta a hacerlo, y Ulrica le describe el lugar: junto al patíbulo. Amelia se dispone a ir esa misma noche, pero Riccardo, al saber que su amor es correspondido, decide ir en secreto al lugar. Se escucha al pueblo gritar fuera, y Ulrica despide a Amelia, que parte por una puerta secreta. Escuchamos la escena con Saioa Hernández como Amelia, Marianne Cornetti como Ulrica y Gregory Kunde como Riccardo:

En ese momento llegan casi todos, Oscar, los cortesanos y los conspiradores, Riccardo le pide a Oscar que no lo delate, y le pide a Ulrica que le muestre su futuro. En una barcarolla, en la que se presenta como marinero, quiere saber si le espera un buen o mal futuro, ya que no tiene miedo a lo que vaya a decirle. Escuchamos el “Di tu se fedele” cantado por Carlo Bergonzi:

Ulrica advierte del peligro de desafiar al destino, ya que puede ser oscuro. Riccardo anima a todos a que Ulrica les lea la mano, pero él mismo se adelanta al dispuesto Oscar y extiende su mano. Ulrica ve algo que no quiere contar, pero Riccardo le ordena que diga lo que ve: Ulrica le contesta que morirá pronto. Riccardo está dispuesto a morir en el campo del honor, pero Ulrica le dice, para espanto de todos, que será muerto en manos de un amigo. Escuchamos la escena con Fedora Barbieri y Giuseppe di Stefano:

Riccardo entonces se ríe de las palabras de Ulrica. Oscar y los nobles quedan aterrados por la profecía de que será asesinado, mientras Ulrica se acerca a Tom y Samuel, los conspiradores, viendo que ellos no se ríen de su predicción, viendo que algo traman, lo que los deja de piedra al darse cuenta de que lo sabe todo. Escuchamos la escena de nuevo con Carlo Bergonzi:

Riccardo le pide entonces a Ulrica que termine su profecía diciendo quién será el asesino. Ella afirma que será el primero que le dé la mano. Riccardo se la ofrece a todos, pero huyen, ya que creen en la profecía. En ese momento aparece Renato, que no se ha enterado de nada, y Riccardo corre a darle la mano. Su mejor amigo no puede matarlo. Todos creen entonces que la profecía es falsa, mientras los conspiradores respiran tranquilos al no haber sido descubiertos. Renato saluda a Riccardo por su nombre y Ulrica se da cuenta de que es el Conde. Él le dice que la profecía es falsa porque su fuente no le ha revelado ni su identidad ni que querían desterrarla. En su lugar, el Conde le da una bolsa de monedas de oro. Ulrica se lo agradece, pero le avisa que hay conspiradores a su alrededor. Se escucha entonces el murmullo de la gente que llega, avisados por Silvano, a saludar al Conde, causando un gran revuelo que impide que los conspiradores atenten contra él. Mientras todos celebran al Conde, Ulrica repite que le queda poco de vida. Escuchamos el final del primer acto con Luciano Pavarotti, Renato Bruson, Christa Ludwig y Kathleen Battle:

El segundo acto de Un ballo in maschera comienza con un dramático preludio que escuchamos dirigido por Georg Solti: 

Es de noche, y estamos ante el patíbulo de Boston, fuera de la ciudad. Allí llega Amelia, muerta de miedo pero con la esperanza de conseguir la planta que le ha dicho Ulrica. Se da cuenta de que, si toma la planta, perderá el amor, por lo que no le quedarán nada en la vida. Duda, pero cuando se decide a ir a por la planta, comienza a sufrir alucinaciones y ruega a Dios que se apiade de ella. Escuchamos el largo monólogo “Ecco l’orrido campo” cantada por Leyla Gencer:

En ese momento llega Riccardo. Amelia, asustada, le pide que se vaya, pero él se niega a abandonarla por el amor que siente por ella. Amelia le recuerda que pertenece a otro, a su amigo, el que estaría dispuesto a dar su vida por él, lo que le hace sufrir al Conde, lleno de remordimientos por ese amor traidor. Ha luchado contra él, pero su amor es demasiado fuerte como para ceder ante los remordimientos. Riccardo insiste en que Amelia le confiese que le ama. Ella al final termina haciéndolo, y Riccardo hace desaparecer todo de su corazón, remordimientos, amistad… todo menos el amor. Ella vuelve a confirmarle su amor. Escuchamos uno de los mejores dúos de amor jamás compuestos por Verdi, “Teco io sto”, cantado por Carlo Bergonzi y Leontyne Price:

Pero en ese momento ven que alguien se acerca: es Renato. Amelia se oculta con su velo. Hay conspiradores en los alrededores dispuestos a matarlo, y le han visto pasar con una mujer, alguna fugaz conquista. Amelia insiste en que su única solución es huir sólo, aunque Riccardo al principio se niega a abandonarla, pero finalmente la deja en manos de Renato, que debe prometerle que la llevará a la ciudad sin mirarla ni hablar con ella y que una vez allí irá en la dirección contraria. Escuchamos la escena con Carlo Bergonzi, Leontyne Price y Robert Merrill:

Renato y Amelia instan a Riccardo a huir, ya que escuchan acercarse a los conjurados. Mientras, Riccardo se siente culpable por haber traicionado a su amigo. y finalmente huye por su culpabilidad. Escuchamos el trío con los mismos solistas:

Renato tranquiliza entonces a la desconocida mujer. Se escucha llegar a los conspiradores, dispuestos a matar de inmediato al Conde. Renato le pide a la mujer que se apoye en él. Los conspiradores se sienten decepcionados al encontrar a Renato en vez de al Conde. Pero al verle con una mujer, desean ver su rostro. Renato está dispuesto a luchar para evitarlo, pero para evitar su muerte, Amelia se levanta el velo, para decepción de su marido. Los conspiradores se burlan de él, diciendo que será objeto de chismes en la ciudad. Renato, enfadado con su esposa y con su amigo, invita a los conspiradores a ir a su casa por la mañana, algo que Tom y Samuel aceptan. Renato decide cumplir con su promesa de llevar a Amelia a la ciudad, pero ella percibe el tenebroso tono de su voz, mientras los conspiradores se alejan burlándose. Escuchamos la escena final del segundo acto con Renato Bruson y Margaret Price:

Comenzamos el tercer y último acto de “Un ballo in maschera”. Estamos en casa de Renato y Amelia. Ambos entran por la puerta. Renato está furioso y dispuesto a matar a su esposa. Ella le dice que se deja llevar por sospechas, que aunque ama a Riccardo no ha manchado su nombre, pero Renato sólo piensa en vengarse. Escuchamos la escena con Robert Merrill y Zinka Milanov: 

Amelia le pide una última gracia: que le deje abrazar a su único hijo, para consolarse en sus últimos momentos, antes de que el propio padre del niño mate a su madre. Escuchamos el aria “Morrò, ma prima in grazia”, cantada por Leontyne Price:

Renato le concede esa última gracia. Cuando ella se va, se da cuenta de que no es a ella a quien debe matar para vengarse, sino a su traidor amigo. Morando el retrato del Conde que adorna la sala de su casa, le reprocha haberle traicionado pese a su fiel servicio. Todo ese amor que sentía por ambos ha desaparecido, ya sólo queda odio en su corazón. Escuchamos el aria “Eri tu”, una de las mejores, más dolorosas y sentidas arias para barítono de Verdi, cantada por Piero Cappuccilli:

No tenemos caballetta. El drama continúa. Llegan Tom y Samuel. Renato les dice que conoce sus planes, y cuando estos lo niegan, les muestra unos documentos que los inculpan. Pero, en vez de delatarlos, los destruye, para demostrar que quiere unirse a su conspiración. Ante sus dudas, les ofrece como garantía la vida de su hijo, sin querer revelar sus motivos para matar al Conde. Así se disipan las dudas de los conspiradores, que unen sus esfuerzos. Renato pide ser él quien lo mate, pero los demás objetan: Samuel quiere matarlo por haberle arrebatado el castillo familiar, mientras Tom busca vengar a su hermano asesinado diez años atrás. Renato propone entonces que sea la suerte quien lo decida. Van a escribir los nombres de los tres y elegir uno. En ese momento entra Amelia, avisando que ha llegado Oscar con un mensaje del Conde. Renato le dice que espere, y le asigna a Amelia ser la mano inocente que escoja el nombre de quien será el autor del asesinato. El nombre es el de Renato, que no oculta su satisfacción por la venganza pendiente. Amelia se da cuenta de lo que sucede. Los tres conspiradores celebran su próxima venganza. Escuchamos la escena con Renato Bruson como Renato, Katia Ricciarelli como Amelia, Ruggero Raimondi como Samuel y Giovanni Foiani como Tom:

Renato da orden de que entre Oscar, que lleva la invitación para un baile de máscaras (que da nombre a la ópera) que se celebrará esa tarde y al que acudirá el Conde. Acceden a ir, ya que las máscaras facilitarán el atentado. Mientras Oscar comenta lo maravillosa que será la fiesta, de la que Amelia será la fiesta, Amelia piensa en cómo podrá prevenir a Riccardo de lo que le espera, y los conjurados se ponen de acuerdo con qué señal identificativa tendrán y cuál será su contraseña: “muerte”. Escuchamos la escena con Renato Bruson, Margaret Price y Kathleen Battle:

Comenzamos la segunda escena del tercer acto de “Un ballo in maschera”. Estamos en el despacho de Riccardo. Se encuentra solo, pensando que quizá Amelia ya ha encontrado la paz, se da cuenta de que el deber hace imposible su amor y decide tomar medidas: enviará a Renato con Amelia a Inglaterra. Duda en firmar el documento, ya que le supone un gran dolor, pero finalmente lo hace. De alguna manera percibe que no la va a volver a ver, que su amor ha terminado. Escucha entonces la música del baile de máscaras que ya comienza, y se da cuenta de que ella estará allí y que será la última ocasión que tenga de verla. Entra Oscar con un mensaje que le ha entregado una mujer misteriosa, que le ha pedido que se lo entregue en secreto: el papel le dice que quieren matarlo en la fiesta. Pero Riccardo se niega a no acudir, ya que eso hará pensar a todos que tiene miedo. Despide a Oscar para que vaya a disfrutar de la fiesta, y él se prepara para ver a Amelia por última vez. Escuchamos el aria “Ma se m’è forza perderti” cantada por Luciano Pavarotti:

Pasamos a la fiesta que se celebra en el palacio del gobernador. Los conspiradores se reúnen, pero Renato sospecha que el Conde no está presente. Pero Oscar reconoce a Renato y lo persigue. Oscar mete la pata (para algo es el contrapunto cómico de la ópera) de decir que el Conde está en la fiesta, pero como sospecha algo, no le dice a Renato de qué va vestido. Escuchamos la escena con Robert Merrill y Reri Grist:

Oscar bromea diciendo que no le va a contar lo que el Conde no desea que se sepa, y nada conseguirá que lo diga. Escuchamos el aria de Oscar “Saper vorreste” cantada por Kathleen Battle:

Se escuchan de nuevo cánticos de fiesta. Renato insiste en que tiene asuntos urgentes que hablar con Riccardo y que hará recaer sobre él la culpa si no se lo dice. Oscar finalmente le dice cómo va vestido pero se escabulle para evitar más preguntas. 

Amelia encuentra a Riccardo y, sin que él la reconozca, le pide que huya porque van a matarlo. Riccardo se niega e intenta saber quién es, y finalmente, ante la desesperación de Amelia, reconoce su voz. Ella insiste en que se marche, pero el afirma no temer a la muerte desde que sabe que ella le ama, y le informa que al día siguiente ella volverá a Inglaterra con su marido, por lo que ambos se despiden. Escuchamos el dúo con Carlo Bergonzi y Leontyne Price:

En ese momento aparece Renato y, reconociendo a Riccardo, lo apuñala (en realidad Gustavo III fue asesinado de un disparo, pero la censura impidió el uso del arma de fuego; en todo caso, es lo único de la ópera que tiene base real en la vida del Rey sueco, el resto es una invención de Scribe). Amelia grita, Oscar se da cuenta del asesinato y desenmascara al autor: todos se sorprenden al ver que es Renato y claman su muerte por traidor. Pero Riccardo, moribundo, pide que le dejen, y confiesa que, aunque amaba a Amelia, ella sigue siendo puro, mientras le entrega el papel en el que le informa su partida a Inglaterra. Renato en ese momento se da cuenta de lo que ha hecho y se arrepiente. Riccardo pide el perdón para todos, y se despide, mientras todos ruegan por su alma, antes de morir. Escuchamos la escena final con Luciano Pavarotti y Piero Cappuccilli:

Así termina “Un ballo in maschera”, que he de confesar que es una de mis óperas favoritas de Verdi. Terminamos, como siempre, con un Reparto ideal:

Riccardo: Carlo Bergonzi o Luciano Pavarotti. 

Amelia: Leontyne Price. 

Renato: Robert Merrill o Piero Cappuccilli. 

Ulrica: Fedora Barbieri.

Oscar: Kathleen Battle. 

Dirección de Orquesta: Georg Solti. 

In Memoriam: Alberto Zedda (06-03-2017)


Recuerdo aquel verano de 2015, en el que la Quincena Musical programaba un Stabat Mater de Rossini al que no podía acudir. Recibí por mail una invitación para ir al ensayo, y quise aprovecharlo, ya que era una oportunidad única de ver dirigir a un ya mayor Alberto Zedda (no recordaba haberle escuchado en vivo anteriormente, mala memoria la mía). Y me sorprendió que, pese a dirigir sentado, tenía una energía en sus brazos que literalmente me daba envidia. “Yo de mayor quiero ser como él”, pensé tantas y tantas veces a lo largo de aquel ensayo en el que pude disfrutar de forma privilegiada de su talento como director de orquesta. Por eso, a apenas dos meses de tener la oportunidad de volver a verle, me sorprendió tristemente la noticia de que nos dejaba ayer, a los 89 años.




Alberto Zedda había nacido en Milán el 2 de enero de 1928. Allí estudió música con directores de la talla de Antonino Votto o Carlo Maria Giulini, debutando en La Scala en 1956 con “Il barbiere di Siviglia” rossiniano. Y es que su carrera estuvo muy ligada al compositor de Pesaro, de quien, en su faceta como musicólogo, fue el autor de la edición crítica de todas sus óperas junto a Philip Gosset, además de ayudar a la recuperación de muchas de ellas, así como a obras poco conocidas de otros compositores. Fue entre otras actividades director artístico de La Scala y del festival Rossini de Pesaro, que ayudó a fundar, junto con la Academia Rossiniana en la que cambiaría la forma de cantar la música de Rossini.

Aunque muy recordado por su labor como director de ópera, Alberto Zedda dirigió también repertorio sinfónico, como por ejemplo la “Sherezade” de Nikolai Rimski-Korsakov, de la que escuchamos la última parte:

O en obras tan infrecuentes como el concierto para flauta del danés Carl Nielsen:

Pero destacó por encima de todo como director de música vocal, especialmente de ópera, siendo el repertorio italiano del siglo XIX el más frecuente, aunque le tenemos también dirigiendo recitales discográficos de repertorios a priori tan extraños en su carrera como el verismo. Le escuchamos acompañando a Francisco Araiza en el aria “Che gelida manina” de “La Boheme” de Puccini:

O le tenemos incluso dirigiendo la “Manon” de Jules Massenet en italiano:

Dirigió música barroca de compositores como Claudio Monteverdi o Antonio Vivaldi (no pongo vídeos por no encontrar fragmentos en Youtube, hay sólo grabaciones completas), así como de compositores posteriores como Domenico Cimarosa (de cuya ópera “Le donne rivali” gravó una integral que también está en Youtube) o de Gaspare Spontini, del que escuchamos la escena del infierno del “Teseo riconosciuto”:

Fruto de esa labor recuperadora de obras olvidadas le tenemos dirigiendo “Il dissoluto punito” de Ramón Carnicer:

También grabó el “Fra Diavolo” de Daniel Auber, del que escuchamos el aria “Si, domani” cantada por Luciana Serra:

De Giuseppe Verdi fue un destacado director de “Falstaff”, del que escuchamos la escena final con un reparto de lujo que incluye a Bryn Terfel, Ainhoa Arteta, Marianne Cornetti, Ruth Iniesta o Juan Jesús Rodríguez:

Y fue también un gran difusor de la temprana (y fallida) “Un giorno di regno”, que pude ver dirigida por él en Bilbao en estas funciones:

De Gaetano Donizetti le tenemos por ejemplo dirigiendo a Luciana Serra en el aria “O luce di quest’anima” de la ópera “Linda di Chamounix”:

Y también le escuchamos dirigiendo “Lucia di Lammermoor”, en concreto el dúo final del primer acto, con Virginia Zeani y Alfredo Kraus:

De Vincenzo Bellini le escuchamos “I Puritani”, dirigiendo a Mariella Devia en la caballetta “Vien, diletto”:

Pero también títulos menos frecuentes como “I Cappuletti ed I Montecchi” o “Il Pirata”, de la que escuchamos el aria “Nel furor delle tempeste”:

Pero por encima de cualquier otro compositor, en su carrera destaca la atención que presta a Gioacchino Rossini, del que realiza la edición crítica de las partituras precisamente para limpiarlas de las tradiciones espurias de las interpretaciones anteriores y recuperar el estilo original (prestaba especial atención a las coloraturas) siendo desde entonces su labor absolutamente referencial en la interpretación del compositor de Pesaro. Destaca su labor divulgativa en el Festival Rossini de Pesaro, que contribuyó al lanzamiento de no pocos intérpretes rossinianos. Antes de pasar a sus óperas, escuchamos el fragmento más conocido del “Stabat Mater” que mencionaba al comienzo, el aria para tenor “Cujus animam” que le escuchamos a Juan Diego Flórez:

En su labor como recuperador de obras o de fragmentos desconocidos le tenemos por ejemplo dirigiendo a Marilyn Horne en un aria alternativa de la famosa “Il barbiere di Siviglia”, “La mia pace, la mia calma”:

Vamos a verle ahora dirigir la obertura de “La Cenerentola”, para ver sus enérgicos gestos y la ligereza y sutilidad de sus versiones:

Vamos ahora con unas funciones en vivo de la maravillosa “L’Italiana in Algeri” de A Coruña; en concreto el trío “Pappataci” con Rockwell Blake, José Julian Frontal e Ildar Abdrazakov:

Vamos ahora con “Il turco in Italia”, en concreto con el aria de Fiorilla “Non si da follia maggiore” que canta Lella Cuberli:

Vamos ahora con la no muy frecuente “La gazza ladra”, de la que escuchamos a Lucia Valentini-Terrani cantar “Tocchiamo, bebiamo”:

Alberto Zedda se encargó también de popularizar la recién descubierta “Il viaggio a Reims”, de la que escuchamos el dúo “D’alma celeste, o dio” con Ewa Podles y Rockwell Blake:

“Semiramide” fue otra obra fundamental en su repertorio. Escuchamos el aria del tenor “La speranza più soave” cantada por Gregory Kunde:

Vamos ahora con otra ópera rossiniana que no podía faltar en el repertorio de Alberto Zedda, “Tancredi”, de la que escuchamos el aria “Di tanti palpiti” cantada por Daniela Barcellona:

Y seguimos con otra obra muy frecuente en su repertorio, “Otello”, de la que escuchamos una magnífica versión del dúo “Ah, vieni” con Gregory Kunde y Maxim Mironov:

Escuchamos ahora el final de “Ermione” con Angela Meade:

Y ahora escuchamos un fragmento de la poco conocida “Torvaldo e Dorliska”, con Lucia Valentini-Terrani y Lella Cuberli:

Le escuchamos ahora dirigiendo a Ewa Podles en el aria “Mura felice” de “La donna del lago”:

Y para terminar le escuchamos dirigiendo a Gregory Kunde en la gran escena de Arnoldo de “Guillaume Tell”:

Con proyectos por delante pese a sus 89 años, la muerte el pasado 6 de marzo de Alberto Zedda nos ha sorprendido a todos. Y es que su incansable labor como divulgador de la obra rossiniana le mantendrá en la memoria de todos los operófilos de los que se ha ganado la más profunda admiración.