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25 años de la muerte de Joseph Mankiewicz (05-02-2018)


Se inició en el mundo del cine como guionista, de donde pasará a la dirección, entrando en la historia por ganar el Oscar a mejor director en dos años consecutivos, 1949 y 1950. Un día como hoy hace 25 años nos dejaba un mito llamado Joseph Mankiewicz.




Joseph Leo Mankiewicz (que es conocido como Joseph L. Mankiewicz, aunque en este artículo suprimiremos la L para simplificar) nació el 11 de febrero de 1909 en Wilkes-Barre, estado de Pensilvania, hijo de inmigrantes judíos de origen alemán, siendo el menor de los e hijos de la pareja, después de Herman y Erna. En 1912 la familia se muda a Nueva York, donde su padre, profesor, se encarga de suministrar a sus hijos una cuidada educación. Tras graduarse en arte, su padre lo envía en 1928 a Berlín para estudiar en su universidad, pero Joseph se aficiona allí al teatro y malvive como corresponsal del Chicago Tribune y traduciendo subtítulos cinematográficos.

Así hasta que en 1929 le llama su hermano Herman, que trabaja como guionista en Hollywood (y que ganará un Oscar por el guión de “Ciudadano Kane”). Sin nada que perder, Joseph Mankiewicz se traslada a la Meca del cine, Allí trabaja como guionista, primero en la Paramount, consiguiendo una nominación al Oscar por “Las peripecias de Skippy” en 1931, antes de trasladarse a la Metro-Goldwyn-Mayer, en busca de mejores proyectos. Así, co-escribe el guión de “El enemigo público número 1”, de 1934, que ganará el Oscar a mejor guión, pero sin incluir a Mankiewicz.

En 1934 se casa por primera vez, con Elizabeth Young, de quien se divorcia en 1937, y con la que tiene un hijo, Eric Reynal.

Tras ver como su fama como guionista aumenta, le propone a Louis B. Mayer, presidente de la Metro, dirigir sus propios guiones; éste rechaza la idea, pero le permite producir algunas películas, de entre las que destacará “Historias de Filadelfia”, nominada al Oscar a mejor Película. Pero algún tiempo después, en 1944, regresa a su faceta como guionista, escribiendo “Las llaves del reino”, protagonizada por Gregory Peck y en la que aparece su segunda esposa, la actriz austriaca Rose Stradner, con la que estaba casado desde 1939 y que se suicidará en 1958. Juntos tendrán 3 hijos, siendo el más famoso de ellos el director y guionista Tom Mankiewicz.

Finalmente, en 1946 decide abandonar la Metro y pasarse a la Fox para poder dirigir sus propios guiones. Y así se estrena con “El castillo de Dragonwyck”, drama de intriga en la que una inocente Gene Tierney se casa con el rico propietario del castillo del título, Vincent Price, que esconde algún peligroso secreto:

Tras dirigir ese mismo año el film de cine negro “Solo en la noche”, en 1947 estrena la comedia “El mundo de George Apley”, protagonizada por Ronald Colman, en una ácida crítica a la elitista burguesía americana, y estrena también uno de sus mayores éxitos, “El fantasma y la Señora Muir”, de nuevo con Gene Tierney (interpretativamente bastante peor que en el film anterior) y un magnífico Rex Harrison como el fantasma del título, que se enamora de la protagonista:

En 1948 repite con Rex Harrison en el film negro “Escape”, y repite género (algo infrecuente en él) en 1949 con “Odio entre hermanos”, protagonizada por Edward G. Robinson y Susan Hayward. Pero en 1949 su gran éxito será “Carta a tres esposas”, magistral guión firmado por él, innovador en cuanto a su estructura dramática, en la que tres mujeres reciben la carta de una “amiga” suya en la que les confiesa que esa misma noche se fugará con el esposo de una de ellas. Pese a cierta mojigatería en su presentación de las mujeres, la película está magistralmente resuelta con sus continuos flash-backs y esa idea de no mostrar nunca en escena a la autora de la carta:

Tal fue el éxito del film que Joseph Mankiewicz ganó tanto el Oscar al mejor guión original como el de mejor director, con sólo 3 años de carrera en este campo:

Pero si alguien piensa que Mankiewicz ha llegado ala cima de su carrera, se equivoca totalmente. En 1950 vuelve a dirigir un guión original propio, “Eva al desnudo”, drama ambientado en el mundo teatral con sus envidias y trampas, que enfrentan a Bette Davis con la novata (pero no tan inocente) Anne Baxter:

Y la historia se repite: Joseph Mankiewicz gana tanto el Oscar a mejor Guión como el de mejor Director (además del de mejor película), en un año nada fácil, ya que competía contra una de las cumbres del cine, “El crepúsculo de los dioses” del gran Billy Wilder, al que machacó literalmente:

También en 1950 había dirigido “Un rayo de luz” drama antirracista en el que un médico negro, Sidney Poitier, atiende a dos hermanos criminales, uno de los cuales muere. El hermano superviviente, Richard Widmark, buscará venganza:

En 1951 se toma su venganza de la caza de brujas McCarthyana en la comedia dramática “Murmullos en la ciudad”, en la que el doctor interpretado por Cary Grant, recién casado con Jeanne Crain (una de las tres esposas de su mítica película), se niega a delatar a un amigo cuando un celoso colega interpretado por Hume Cronyn intenta arruinar su carrera:

El cine de Joseph Mankiewicz se caracteriza por su excelente forma de dirigir a sus intérpretes, pero también por su versatilidad, por su búsqueda constante de nuevos géneros en los que trabajar. Así, en 1952 dirige “Operación Cicerón”, historia de espías que nos cuenta la historia de Elyesa Bazna, interpretado por James Mason (aunque se le cambia el nombre por el de Ulysses Diello), que robó para los alemanes diversos planes de ataque de la embajada británica:

Por esta película se llevará una nueva nominación al Oscar a mejor director.

Su siguiente proyecto es más ambicioso si cabe: la adaptación de la obra de Shakespeare “Julio Cesar”, con un reparto de lujo en el que figuran Louis Calhern, James Mason, Deborah Kerr, Greer Garson, John Gielgud o Edmond O’Brien, y en el que sólo molesta el horrendo Marco Antonio de Marlon Brando:

Su siguiente film, estrenado en 1954, es “La condesa descalza”, ambientado en el implacable mundo del cine que destroza a una estrella, interpretada por Ava Gardner, acompañada por Humphrey Bogart, Rossano Brazzi y Edmond O’Brien, que ganará el Oscar a mejor secundario:

Y de este drama pasamos en 1955 a un musical, “Ellos y ellas”, protagonizado por Marlon Brando (Mankiewicz tenía mucha costumbre de repetir con los actores con los que trabajaba, como ya hemos podido comprobar), Frank Sinatra y Jean Simmons:

Tras unos años de parón, en 1958 estrena su adaptación de “El americano tranquilo” de Graham Greene, protagonizada por Audie Murphy y Michael Redgrave. La película se sitúa en la guerra de Vietnam, pero el ambiente anticomunista e Estados Unidos en ese momento obliga a modificar muchos elementos de la historia, algo que molesta especialmente a Greene. Y tras adaptar a Greene, en 1959 le toca el turno a Tennessee Williams con la perturbadora “De repente el último verano”, con Katherine Hepburn, Elizabeth Taylor y Montgomery Clift, en una película bastante polémica en aquella época por el argumento que trata:

Pero, para su desgracia, el siguiente proyecto que caería en sus manos resultaría ser un regalo envenenado. La Fox, con serios problemas económicos, se embarcó en el proyecto de rodar un peplum espectacular que fuera un éxito de taquilla: una nueva versión de la historia de la reina egipcia Cleopatra. Pero problemas durante el rodaje provocaron la caída del reparto elegido, y la huida del director previsto, Rouben Mamoulian). El proyecto fue a parar a Joseph Mankiewicz, que tuvo que hacer frente al rodaje de la película completa (lo rodado hasta su llegada no valía por el cambio de reparto), a los problemas ocasionados por el escandaloso romance de la pareja protagonista, Elizabeth Taylor y Richard Burton, a la enfermedad de ella, al traslado de la filmación de Londres a Roma y a un enorme incremento del presupuesto. Tras retrasos y retrasos en el rodaje, Mankiewicz presenta una versión de nada más y nada menos que 6 horas de duración, proponiendo dividirla en dos películas. El estudio lo rechaza y despide a Mankiewicz, pero ante la imposibilidad de que cualquier otro realice el montaje, vuelve a contratarlo para editar una versión que pasa primero a 4 horas y luego a 3. Pese al éxito de taquilla, el presupuesto se había incrementado de tal forma (de 2 millones de dólares previstos a 44) que no sirvió para recuperar lo invertido. La Fox se arruina del todo, y el peplum desaparece como género cinematográfico:

La película se estrena en 1963 y consigue 4 Oscars de 9 nominaciones, aunque Mankiewicz no es nominado.

Joseph Mankiewicz tarda años en recuperarse de la traumática experiencia. Si bien es cierto que en 1964 rueda una adaptación moderna de “Un cuento de navidad” de Dickens para televisión, no vuelve a dirigir cine hasta 1967, cuando estrena “Mujeres en Venecia” cínica y genial comedia criminal protagonizada por su actor fetiche, Rex Harrison, con Maggie Smith, Susan Hayward y Cliff Robertson en el reparto:

En 1970 dirige su único Western, “El día de los tramposos”, comedia cínica, ácida, que poco antes no habría pasado la censura ni en sueños, con sexo, desnudos, personajes moralmente ambiguos y constantes giros de guión, protagonizada por Kirk Douglas y Henry Fonda:

Y, por último, en 1972 estrena su última película, una de sus obras maestras, la genial “La huella”, duelo interpretativo entre Laurence Olivier y Michael Caine, llena de nuevo de constantes giros de guión y situaciones inesperadas:

Por esta película, Mankiewicz consigue una última nominación al Oscar a mejor Director. Pero él se retira a su granja del este, con su tercera esposa, Rosemary Matthews, con quien se casó en 1962, estudiando arte y psiquiatría. Viviría todavía 20 años más, pero no volvió a trabajar nunca. Murió finalmente el 5 de febrero de 1993, días antes de cumplir 84 años.

Director de culto, Joseph Mankiewicz demostró una capacidad única para construir buenos guiones, para dirigir actores y para pasar de un género a otro sin aparente dificultad. Nos legó para la posteridad, de entre su reducida filmografía (apenas una veintena de films) algunas obras maestras que se han convertido en films de culto y que son una verdadera demostración de lo que es el cine.



30 años de la muerte de Trevor Howard (07-01-2018)


Estaba llamado a ser el galán por excelencia del cine romántico, pero un actor de origen teatral como él busca nuevos retos, papeles difíciles y huir del encasillamiento. Y así perdió la oportunidad de convertirse en estrella, pero en su lugar se convirtió en un actor de enorme prestigio gracias a un inusual talento interpretativo. Un día como hoy hace 30 años nos dejaba el británico Trevor Howard.




Trevor Wallace Howard-Smith nació el 29 de septiembre de 1913 en el pueblo de Cliftonville, en el extremo sureste de Inglaterra. En 1932 se matricula en la Royal Accademy of Dramatic Art, donde nada más terminar su primer año consigue el premio al mejor actor de su clase por su interpretación del Benedicto en “Much ado about nothing” de Shakespeare. Sin haber terminado todavía sus estudios en la Academia, debuta ya en el teatro profesional, en el que trabajará hasta el estallido de la II Guerra Mundial.

Tras servir en el ejército, regresa a los escenarios en 1943. Consigue además trabajar por primera vez en una película, con un secundario sin acreditar en “Hacia adelante”, film bélico de Carol Reed de 1944, año en el que además se casa con la actriz Helen Cherry, a la que conocía de haber trabajado juntos en teatro. Será el amor de su vida y permanecerán juntos hasta la muerte de él, aunque no tendrán hijos.

David Lean descubre al actor en su papel sin acreditar en la mencionada película de Carol Reed y convence a Noël Coward, autor de la obra teatral en la que se basará la película, para protagonizar la mítica “Breve encuentro”, junto a Celia Johnson. ES difícil imaginar un mejor debut cinematográfico que esta interpretación del Doctor que se enamora de una desconocida en una estación de tren, pese a estar los dos ya casados, lo que les obliga a tomar una decisión:

En 1946 protagoniza junto a una jovencísima Deborah Kerr el drama de espionaje “I see a dark stranger”:

En 1947 protagoniza la historia de cine negro “Me hicieron un fugitivo”, que obtiene un gran éxito:

En 1949 vuelve a trabajar con David Lean en el drama romántico “Amigos apasionados”, formando un triángulo amoroso con Ann Todd y Claude Rains, pero pese a buscar repetir el éxito de “Breve encuentro”, la película es un fracaso:

Más suerte tendrá en su segunda colaboración con Carol Reed, la famosísima “El tercer hombre”, protagonizada por Joseph Cotten y Alida Valli:

Trevor Howard trabaja por esas fechas siempre en cine británico, repitiendo incluso con Carol Reed en “Desterrado de las islas”, por lo que se convierte en uno de los actores más populares en Inglaterra, pero en 1955 debuta en Hollywood, con “El infierno de los héroes”. Y en 1956 interpreta al villano del film de aventuras “Huida hacia el sol”, protagonizada por Richard Widmark y Jane Greer:

De vuelta en Gran Bretaña, obtiene una nominación al BAFTA en 1958 por acompañar a William Holden y Sophia Loren en “La llave”, de nuevo dirigido por Carol Reed:

También en 1958 trabaja junto a Errol Flynn y Orson Welles en la aventura africana “Las raíces del cielo” de John Huston, en la que lucha contra la caza de elefantes:

En 1960 consigue su única nominación al Oscar por su interpretación de Walter Morel, el duro padre de Paul, protagonista de la obra “Hijos y amantes” de D. H. Lawrence que adapta Jack Cardiff. La nominación la recibe como mejor actor, pese a que el protagonista de la historia es su hijo, interpretado por un igualmente espléndido Dean Stockwell, acompañados ambos por la brillante Wendy Hiller:

Tras repetir con Jack Cardiff en 1962 con “El león”, junto a William Holden, se enfrenta a un nuevo reto nada fácil: dar vida al Capitán Bligh, del navío Bounty, en la nueva versión de “Rebelión a bordo” que filma Lewis Milestone. Reto por partida doble: por un lado, pesa mucho el recuerdo de la interpretación que hizo del personaje Charles Laughton en 1935 en “El motín del Bounty”, y por otro, por enfrentarse al protagonista, la estrella del momento Marlon Brando. En mi opinión, el reto está sobradamente superado en esta segunda parte (Trevor Howard es un actor que está a años luz del sobrevaloradísimo Brando), mientras en su enfrentamiento con Laughton el histrionismo de éste quizá le dé un puntito más a tan desagradable personaje, aunque Howard siga dándonos una interpretación magistral, como acostumbraba:

Cambiando de registro, en 1964 acompaña a Cary Grant y Leslie Caron en la comedia “Operación Whisky”:

En 1965 participa en el film bélico (género en el que va a participar a menudo) de Michael Anderson “Operación Crossbow”, con un reparto de lujo encabezado por George Peppard y Sophia Loren:

Secundario de lujo en grandes producciones, le tenemos junto a Yul Brynner en “La leyenda de un valiente” de 1967, drama de aventuras en la India dirigido por Ken Annakin:

En 1968 trabaja bajo las órdenes de Tony Richardson en “La última carga”, interpretando a Lord Cardigan, uno de los autores del desastre de la masacre de la brigada ligera en la Guerra de Crimea, presentando una visión muy negativa del personaje, mujeriego, malhablado, vividor y militarmente desastroso que no iba a agradar en Hollywood, enfrentándose al protagonista, David Hemmings:

De nuevo en el género bélico, participa en 1969 en “La batalla de Inglaterra” junto a un reparto de lujo, tan habitual en las superproducciones bélicas de la época:

Pero en 1970 llegará uno de sus mejores papeles (el mejor quizá) en la infravalorada “La hija de Ryan”, última colaboración con David Lean, el director que le lanzó a la fama, interpretando al cura del pueblo, uno de los pocos personajes que no se deja cegar por el odio hacia los ingleses al tratar el caso de la infidelidad de la hija de Ryan con un soldado inglés, pese a estar casada con un impecable Robert Mitchum:

Trevor Howard sigue trabajando como secundario en grandes películas, interpretando a Lord Cecil en “María, Reina de Escocia” junto a Vanessa Redgrave y Glenda Jackson, o al Papa León IV en “La Papisa Juana” junto a Liv Ullman y Franco Nero. Y en 1972 interpreta a Richard Wagner en el “Ludwig” de Luchino Visconti, historia de Luis II el Loco de Baviera protagonizada por Helmut Berger y Romy Schneider:

Por esas fechas participa incluso en films de terror, como “La casa nº 11”. Trabaja además en la película para televisión “El Conde de Montecristo” de 1975, que protagoniza Richard Chamberlain. Sigue trabajando en gran número de películas, generalmente en papeles menores, y en su mayoría olvidables, con excepciones como “Supermán”, interpretando a uno de los ancianos de Krypton, o “Gandhi”, de 1982, dirigida por Richard Attenborough, donde interpreta al juez que juzga por sedición al líder indio interpretado por Ben Kingsley:

En sus últimos años, Trevor Howard, que padece problemas de salud y es alcohólico, trabaja más en televisión, como en las miniseries “Pedro el Grande” y “Shaka Zulu”. Su último papel será en la película “El amanecer”, protagonizada por Anthony Hopkins, que se estrena en 1988.

Finalmente, sufriendo de cirrosis, Trevor Howard muere a causa de un fallo hepático el 7  de enero de 1988 en su residencia en el barrio londinense de Barnet, a los 74 años, siendo enterrado en la cercana iglesia de St. Peter.

Trevor Howard era uno de esos intérpretes salidos del teatro inglés, polivalentes, sobrios, sin miedo a ningún tipo de papel, acostumbrados a papeles que en Hollywood estarían prohibidos por la censura, capaz de resultar memorable como galán romántico o como villano, como héroe de guerra o como secundario de carácter. Un actor que estaba siempre impecable en cada papel que interpretaba.



50 años de la muerte de Vivien Leigh (08-07-2017)


Una filmografía escasa y una vida relativamente corta no impiden que, con sus 2 Oscars, sea una de las actrices más recordadas del cine, ya que ambos premios fueron concedidos por dos personajes icónicos. Hoy, cuando se cumple medio siglo de su desaparición, recordamos a Vivien Leigh.




Vivian Mary Hartley nació el 5 de noviembre de 1913 en Darjeeling, por aquel entonces parte de la India Británica (actualmente en el estado Indio de Bengala Occidental). Fue la única hija de Ernest y Gertrude, que se habían casado un año antes. Él era inglés; ella había nacido en la India y tenía ancestros irlandeses y parsis.

En 1917, su padre se traslada a Bangalore, y ella se queda con su madre en Ootacamund, al sur de la India. Allí realiza su debut como intérprete con sólo tres años en el club de teatro al que pertenecía su madre, que le transmitió su pasión por la literatura y la mitología. Con 6 años es enviada a estudiar a Gran Bretaña, donde entabla amistad con Maureen O’Sullivan, naciendo ya su deseo de ser actriz. Poco después, su padre la saca del colegio y recorre Europa junto con sus padres, estudiando en distintas ciudades.

Será en 1931, cuando regresen a Gran Bretaña, cuando Vivien le confiese a sus padres su deseo de ser actriz tras ver “A Connecticut Yankee”, película protagonizada por Maureen O’Sullivan. Su padre entonces la matricula en la Royal Academy of Dramatic Arts, aunque termina sus estudios cuando se casa el 20 de diciembre de 1932 con Herbert Leigh Holman, quien no aprueba la vida teatral. El 12 de octubre de 1933 nacerá su única hija, Suzanne.

En 1935, unos amigos la recomiendan para un breve papel en la película “Things are loocking up”, tras lo cual contrata a un agente, John Gliddon, que le propone el nombre artístico de Vivian Leigh. Éste la recomienda a Alexander Korda, quien la rechaza como actriz de cine, pero le da una oportunidad en el teatro, inicialmente triunfa, lo que hace que Korda cambie de opinión y la contrate como actriz de cine, pero al trasladarse a un teatro más grande,  su éxito se desvanece por problemas para proyectar su voz. Es en este momento cuando cambia su nombre de Vivian a Vivien Leigh.

Pese a todo, sigue trabajando en teatro (interpretando, entre otras, varias obras de William Shakespeare) y en cine. Destaca en 1937 su trabajo en “Inglaterra en llamas”, en la que coincide con uno de los grandes actores ingleses de la época, Laurence Olivier:

Vivien Leigh ya había visto a Olivier actuar sobre los escenarios, pero al trabajar con él comienza una relación sentimental (pese a que ambos estaban casados), además de profesional, ya que Olivier cuenta con ella, pese a su inexperiencia, para actuar con él en obras teatrales como “Hamlet”.

Su nombre comienza a hacerse conocido en América gracias a su trabajo en “Un Yanqui en Oxford”, primera vez que trabaja junto a Robert Taylor y en la que coincide con su vieja amiga Maureen O’Sullivan:

Por esas fechas lee el libro “Gone with the wind” y se empeña en protagonizar la versión fílmica. Le decepciona que Olivier no quiera interpretar al galán Rhett Butler, pero aún así insiste a su agente para conseguir el papel que se pelean las mayores estrellas de Hollywood. Parece que la elegida va a ser Paulette Goddard, pero Vivien Leigh conquista al director inicialmente contratado, George Cukor. De ahí que ella sea la mayor perjudicada cuando, por insistencia del protagonista Clark Gable, Cukor sea sustituido por Victor Fleming. De hecho, es en las escenas iniciales, dirigidas por Cukor, donde más brilla Leigh en una película llamada a convertirse en un mito: “Lo que el viento se llevó”:

Es el de Scarlett O’Hara un papel largo y complejo, que abarca diferencias de edad y cambios de humor, algo que se adaptaba a la perfección a su estilo interpretativo. Este papel le vale su primera nominación al Oscar, y su primera victoria:

Pero el duro rodaje de la película afecta seriamente a su ya deteriorada salud mental (sufre de trastorno bipolar): rodajes interminables sin días de descanso, mientras su amado Laurence Olivier rodaba “Cumbres borrascosas”.

En 1940, tras divorciarse de sus respectivas parejas, Olivier y Leigh por fin se casan. Pero no coinciden en pantalla: Leigh es rechazada por Hitchcock para protagonizar “Rebeca” y renuncia a protagonizar “Más fuerte que el orgullo”, mientras que Olivier es sustituido por Robert Taylor en la siguiente película que rueda Vivien Leigh, “El puente de Waterloo”, film bélico de dramático final:

Olivier y Leigh trabajan en teatro interpretando a “Romeo y Julieta”, saliendo ambos mal parados, y coinciden por fin en cine en “Lady Hamilton” de Alexander Korda, en la que interpreta a la amante de Horatio Nelson, personaje que comienza como una inocente niña y termina como una mujer trastornada:

En plena II Guerra Mundial, ambos retornan a Gran Bretaña, y ella realiza una gira por el Norte de África para animar a las tropas cuando se le diagnostica tuberculosis. Tras recuperarse aparentemente, rueda junto a Claude Rains “Cesar y Cleopatra”, basada en la obra de George Bernard Shaw, que será un fracaso comercial, en buena medida a causa del boicot de Estados Unidos a las películas británicas:

Durante el rodaje se entera de que está embrazada, pero sufre un aborto que afecta a su estado mental. Tiene problemas de insomnio que dificultan su trabajo en teatro junto a Olivier, y protagoniza otra película, “Ana Karenina”, en 1948, junto a Ralph Richardson, otro gran actor de teatro británico, que de nuevo será un fracaso:

Vivien Leigh protagoniza en Londres la obra teatral de Tennessee Williams “Un tranvía llamado Deseo”, y, pese a la oposición de Elia Kazan, que quería a la protagonista de Broadway, Jessica Tandy, para el papel, su éxito le lleva a protagonizar la adaptación cinematográfica junto a un por entonces desconocido Marlon Brando, en otro de esos míticos papeles cinematográficos, Blanche DuBois:

Interpretando a un papel tan psicológicamente inestable (tan similar a ella), se lleva su segunda y última nominación al Oscar, y vuelve a ganar, aunque en esta ocasión no lo recoge ella; en su lugar, será Greer Garson quien lo recoja.

Protagoniza junto a Olivier nuevas producciones teatrales, pero en cine tiene menos suerte: se traslada a Sri Lanka para rodar “La senda de los elefantes” junto a Peter Finch (con quien aseguró haber mantenido un romance), pero su inestabilidad emocional provoca que sea sustituida por Lizz Taylor.

Con una carrera cinematográfica casi desaparecida (sólo trabajará en una película más en los años 50, “The deep blue sea”), Vivien Leigh trabaja sobre todo en teatro, a menudo junto a Olivier. Pero sus problemas mentales afectan a su trabajo y a su relación con sus compañeros de reparto, incluido su marido. La relación entre ambos se deteriora hasta su divorcio en 1960. Casi inmediatamente, Olivier vuelve a casarse con Joan Plowright. Ella mantenía desde 1958 una relación con el actor John Merivale, quien prometió a Olivier cuidar de ella.

En 1961 volvemos a verla en cine, de nuevo en una adaptación de una obra de Tennessee Williams, “La primavera romana de la Señora Stone”, interpretando de nuevo a un personaje mentalmente inestable, junto a un debutante Warren Beatty:

Su estado mental no le impide seguir trabajando, aunque a menor ritmo. En 1963 incluso protagoniza en Broadway el musical “Tovarich”, por el que se lleva un premio Tony:

Su último papel cinematográfico será en 1965 en “El barco de los locos”, cuyo rodaje fue problemático a causa de su estado mental, muy similar por otra parte a su personaje en el film:

En 1967 se prepara para un nuevo papel teatral cuando se descubre que ha recaído en su tuberculosis. Tras pasar una temporada de reposo, parece recuperarse. El 7 de julio realiza su vida normal, tiende a sus invitados y se retira a descansar, mientras su pareja, John Merivale, acude a una función teatral. A su regreso, se encuentra a Vivien en el suelo de la habitación. De inmediato avisa a Laurence Olivier, quien está hospitalizado en tratamiento por un cáncer de próstata. Éste abandona de inmediato el hospital y permanece junto al cuerpo de Vivien mientras permanece en el suelo,mientras le pedía perdón por todo el daño que le había causado. Su muerte se hizo pública al día siguiente, cuando todos los teatros de Londres apagaron sus luces en su recuerdo. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas esparcidas en un lago en el que pasaba el verano.

Con una vida corta y difícil, y una filmografía en exceso reducida, en buena medida por sus problemas de salud, Vivien Leigh es un mito del cine por sólo 2 papeles. Dos papeles por los que sigue siendo recordad 50 años después de su muerte como na gran estrella cinematográfica, pese a que su carrera transcurriera en su mayoría en teatro.



20 años de la muerte de Fred Zinnemann (14-03-2017)


Hoy hace 20 años que nos dejaba un director ganador de cuatro Oscars (dos a mejor director y otros dos por sus cortos) y autor de algunas de las más míticas películas del cine de los años 50 a 70: Fred Zinnemann.




Y todo esto podría haberse ido al traste con los nazis. El cine, fue, como en algunos otros casos, lo que salvó de la muerte de Fred Zinnemann. Su nombre de nacimiento era Alfred Zinnemann, y nació el 29 de abril de 1907 en la ciudad de Rzeszów, por aquel entonces parte del Imperio Austro-Húngaro, actualmente perteneciente a Polonia. Era el primero de los dos hijos que tuvieron Oskar, médico de profesión, y Anna, ambos judíos.

Si bien de niño Fred quería ser músico, estudió derecho en la Universidad de Viena, graduándose en 1927. Pero durante su estancia como estudiante en Viena se siente atraído por el cine, y convence a sus padres para estudiar cinematografía en París en la Escuela Técnica de Fotografía y Cinematografía. Después trabaja en Berlín, donde ejerce precisamente las funciones de cinematógrafo (o director de fotografía) del film mudo “Los hombres del domingo”, en el que participaban futuras estrellas de Hollywood, Robert Siodmark como director y guionista y Billy Wilder como guionista. Esta estancia en Berlín le pone en contacto con el realismo cinematográfico alemán, que influirá en toda su carrera posterior. Poco después, desencantado con la situación social en Alemania y ante la llegada del cine sonoro, convence a sus padres para que le dejen emigrar a Hollywood, la meca del cine. Y esto le salvó la vida, ya que sus padres morirían durante el Holocausto nazi, como la mayoría de los judíos de su ciudad natal.

Allí colabora con el director de documentales Robert J. Flaherty (famoso por haber dirigido en 1922 “Nanook el esquimal”), lo que influirá igualmente en su carrera, en la búsqueda del mayor realismo posible. Y esto se percibe en su debut como director, en la película mexicana “Redes”, de 1936, un drama de realismo social protagonizado en su mayoría por actores no profesionales, pescadores de la zona.

Ya a su llegada a Hollywood había trabajado como extra en “Sin novedad en el frente”, la película que ganaría el Oscar a mejor film en 1930, que dirigía Lewis Milestone, pero será despedido por sus críticas al director. Su opinión positiva sobre Hollywood en un principio se volvió más negativa, al ver como se limitaban los talentos, por lo que su carrera no arranca hasta los años 40. Pese a todo, en 1938 gana el Oscar al mejor corto por “That mothers might live”:

Dirige dos películas menores de terror de serie B en 1942, pero su primer gran éxito llega en 1944 con “La séptima cruz”, drama ambientado en un campo de concentración nazi, protagonizado por Spencer Tracy y Hume Cronyn, que, aunque rodado en estudio, cosa que no agradaba a Fred Zinnemann, incluye en la mayoría de papeles secundarios y extras a refugiados alemanes, en un intento de darle mayor realismo a la historia:

Los siguientes años fueron frustrantes para Zinnemann, que a parte de enterarse de la muerte de sus padres, veía como su contrato con la metro lo obligaba a dirigir dos películas en las que no estaba en absoluto interesado. La cosa cambió cuando, en 1949, pudo dirigir “Los ángeles perdidos”, un drama rodado como si fuera un documental, rodada en escenarios naturales de la devastada Alemania de postguerra que describe la búsqueda de una madre, Jarmila Novorná, de su desaparecido hijo, Ivan Jandl, que mientras es cuidado por un debutante (y nominado al Oscar) Montgomery Clift:

Estrenará en 1948 también “Acto de violencia”, un thriller de cine negro protagonizado por Van Heflin, Robert Ryan y Janet Leigh, que será según el propio Zinnemann la primera vez que se encuentre cómodo dirigiendo sabiendo qué es lo que quiere:

En 1950 dirige “Hombres”, debut cinematográfico de Marlon Brando, en el que éste interpreta a un militar tetraplégico. La película se rodó en un hospital y la mayoría de los personajes son tetrapléjicos reales:

En 1951 gana su segundo Oscar por el cortometraje “Benji”, ambientado en un hospital y protagonizado por un niño que sufre escoliosis. El objetivo del corto era recaudar fondos para la fundación de un hospital. Y dirige un nuevo largo, “Teresa”, de nuevo ambientado tras la II Guerra Mundial, sobre un soldado que se casa con una italiana, Pier Angeli, y se la lleva a Nueva York:

En 1952 dirige la adaptación de la obra teatral de Carson McCullers “Frankie y la boda”, con los protagonistas de la obra teatral, Ethel Waters (que había sido la segunda actriz afroamericana en ser nominada al Oscar, tras Hattie McDaniel, por “Pinky”), un jovencito debutante Brandon de Wilde (que sería nominado al oscar al año siguiente por “Raíces profundas”) y la también debutante Julie Harris, que pese a contar con 26 años interpreta a una niña de 12 años, y que se lleva una nominación al Oscar por este papel:

Y ese mismo año estrena uno de sus mayores éxitos, el western “Solo ante el peligro”, protagonizado por Gary Cooper y Grace Kelly, una metáfora del hombre de principios que se enfrenta él sólo a un mundo que quiere acabar con él, temática muy habitual en la filmografía de Fred Zinnemann. Con una fotografía árida, alejada del pictoricismo de John Ford, el western muestra otro aspecto del realismo tan propio de Zinnemann al transcurrir en tiempo real: la acción transcurre íntegramente en los 85 minutos que dura la película. Esta película se lleva 5 Oscars,incluido el de mejor actor para Cooper, y Zinnemann es nominado como mejor director, aunque no consigue el premio:

Si “Solo ante el peligro” fue un gran éxito (pese a no gustar a John Wayne o Howard Hawks, entre otros expertos en westerns), con si siguiente película el éxito será aún mayor: “De aquí a la eternidad”, basada en la novela de James Jones, estrenada en 1953, repite el esquema de lucha individual frente a un mundo opresivo (representado en especial por Prewitt, personaje interpretado por Montgomery Clift, elección personal de Fred Zinnemann, enfrentado al sargento Fatso Judson que interpreta Ernest Borgnine, aunque también en en Angelo Maggio interpretado por Frank Sinatra, que no era la elección de Zinnemann para el papel, o en el secreto amor de los personajes interpretados por Burt Lancaster y Deborah Kerr). Zinnemann emplea imágenes reales del bombardeo de Pearl Harbour para añadir realismo a la historia. El reparto se completa con Donna Reed, Philip Ober y el casi debutante Jack Warden:

La película obtuvo nada menos que 13 nominaciones al Oscar. Los tres protagonistas nominados, Lancaster, Clift y Kerr se fueron de vacío, no así los secundarios Sinatra y Reed. Ganó además los premios de mejor película y director:

Su siguiente película fue un sorprendente cambio de registro: un clásico musical de Rodgers&Hammerstein, “Oklahoma!”, de 1955, protagonizada por Gordon MacRae, Rod Steiger y la debutante Shirley Jones, que transmite esa esperanza que Zinnemann todavía deposita en América, una visión optimista y buenrrollista del país. Zinnemann demuestra aquí ser un todoterreno en uno de los mejores musicales filmados hasta la fecha:

Vuelve a su terreno habitual en su siguiente película, “Un sombrero lleno de lluvia”, de 1957, basado en la obra teatral de Michael V. Gazzo, historia sobre un heroinómano, contada casi como un documental, con una temática, las drogas, infrecuente y escandalosa en los 50. La película está protagonizada por Don Murray, Eva Marie Saint y el debutante Anthony Franciosa, que fue nominado al Oscar a mejor actor:

En 1959 se estrena su siguiente película, “Historia de una monja”, que nos cuenta la historia de una monja dedicada a la medicina con un conflicto de conciencia al estallar la II Guerra Mundial y afectar a su natal Bélgica, donde su padre es asesinado por los nazis. La estética de primeros planos, copiada del impresionismo alemán, le resultó fácil a Zinnemann gracias a la colaboración de su protagonista, Audrey Hepburn. Peter Finch y Edith Evans completan el reparto de esta película que consiguió 8 nominaciones al Oscar pero no se llevó ninguno:

En 1960 estrena la magnífica “Tres vidas errantes”, rodada en exteriores en Australia, con Robert Mitchum, Deborah Kerr, Peter Ustinov y Glynis Johns. La película consiguió 5 nominaciones al Oscar, incluyendo las de Kerr, Johns y el propio Zinnemann, pero tampoco ganó ninguno:

En 1964 fracasa en una película sobre los maquis tras la Guerra Civil Española, “Y llegó el día de la venganza”, pero se recupera con si siguiente película, la magistral “Un hombre para la eternidad”, de 1966, basada en la obra teatral de Robert Bolt, que narra la historia de Tomás Moro (interpretado por Paul Scofield, que ganará el Oscar a mejor actor) en su lucha de conciencia contra su rey, Enrique VIII, interpretado por Robert Shaw (nominado al Oscar a mejor secundario). La lucha del individuo contra el resto de la sociedad (ni siquiera su mujer, la también nominada Wendy Hiller) le apoya:

8 nominaciones al Oscar de las que gana 6, incluyendo mejor película y mejor director, el segundo en esta categoría que gana Fred Zinnemann:

Fred Zinnemann no volverá a estrenar hasta 1973, cuando presenta “Chacal”, la conocida historia sobre el intento de asesinato de Charles de Gaulle, rodada en los escenarios reales, como le gustaba a Zinnemann, que pese a todo temía el desagrado del público por una historia de la que se conocía el final, cosa que no sucedió, ya que la película fue un gran éxito:

En 1977 estrena su siguiente película, “Julia”, que cuenta la historia de la escritora Lillian Hellman, interpretada por Jane Fonda, y su amiga Julia, luchadora contra los nazis, interpretada por Vanessa Redgrave. La película, rodada de nuevo en escenarios reales, y que fue el debut de Meryl Streep en el cine, fue un enorme éxito que consiguió 11 nominaciones al Oscar, de los que gana 3: guión, actor secundario para Jason Robards y actriz secundaria para la maravillosa Vanessa Redgrave (su único Oscar). Jane Fonda, Maximilian Schell y el propio Zinnemann, en su última nominación, se fueron de vacío, por el contrario:

La película, por cierto, tiene momentos bastante duros que Zinnemann dirige con sumo realismo, como acostumbraba.

Fred Zinnemann comete el error de dirigir una película más, “Cinco días, un verano”. Podía habérsela ahorrado. No añadió nada a su carrera.

Desconocido por las nuevas generaciones de Hollywood, Fred Zinnemann vive retirado el resto de su vida, hasta que un infarto acaba con su vida en Londres el 14 de marzo de 1997, a poco más de un mes de cumplir los 90 años. Su esposa, Renee Bartlett, con la que llevaba casado desde 1936 y con la que tuvo un hijo, apenas le sobrevivió unos meses.

Aunque olvidado por muchas personas que trabajan en el cine, Fred Zinnemann fue una de las figuras más destacadas de Hollywood durante tres décadas, y no podemos entender la historia del cine si ignoramos su importante figura.



50 años sin Montgomery Clift (23-07-2016)


Desaparecido demasiado pronto, con una carrera bastante reducida en títulos, muy autoexigente pero con un cambio de estilo interpretativo muy marcado en su etapa final, echada a perder por un accidente de tráfico… podría ser un resumen de la carrera cinematográfica de Montgomery Clift, que nos dejó un día como hoy hace 50 años. Vamos por tanto a recordar su carrera, que nos va a dar bastante juego.




Edward Montgomery Clift nació en Omaha, la ciudad más grande del estado de Nebrasca, el 17 de octubre de 1920. Su madre era una hija adoptada, hija natural de una prominente familia Yanky, por lo que luchó toda su vida por recuperar los derechos que le correspondían. El problema fue que la familia se arruinó con el crack del 29, por lo que, a diferencia de su hermana melliza Ethel y su hermano mayor William, Monty no pudo ir a la universidad, ya que no era un buen estudiante. Por el contrario, tomó clases de actuación y debutó en los escenarios de Broadway en 1935.

Tras una exitosa carrera teatral, se traslada a Hollywood con 25 años, y debuta en el cine acompañando a John Wayne en la magnífica “Río Rojo”, rodada en 1946, aunque estrenada en 1948:

Magnífico el debut de un jovencito Montgomery Clift espléndido. Ya con esta película llamó la atención, pero será con su segunda película, estrenada también en 1948, con la que triunfará, “Los ángeles perdidos” de Fred Zinnemann, en la que interpreta a un militar americano que se encuentra a un niño callejero perdido tras la segunda guerra mundial. la película tiene una estética de documental, por lo que el estilo interpretativo de Clift, propio del método Stanislavski, se adapta a la perfección, hasta tal punto que por este papel Monty se llevó su primera nominación al Oscar (que no ganaría nunca):

En un intento por no encasillarse, cambió de género para su siguiente película, “La heredera” de William Wyler, en la que interpreta al atractivo, pero interesado, pretendiente de la rica heredera interpretada por Olivia de Havilland. La película tiene un final un tanto amargo, y el personaje de Monty no es el más agrdable que nos podamos imaginar, pero de nuevo está a la altura con una gran interpretación, pese a los problemas que dio en el rodaje, criticando el guión, la dirección y a su compañera (quizá el rpblema era que su estilo no se adaptaba bien a los intérpretes y el director, poco adeptos al método):

Montgomery Clif representaba a un galán completamente diferente a los que se habían visto hasta entonces, mucho más sensible. Pero también era una persona que no se encontraba a gusto en Hollywood, era un hombre de teatro, que a demás se negaba a firmar ningún contrato. En parte por eso y en parte por esa obsesión de no encasillarse, cometió el error de rechazar protagonizar “El crepúsculo de los dioses” de Billy Wilder, pensando que el papel se asemejaba demasiado al que había interpretado en “La heredera”. Por suerte para William Holden, por cierto.

En 1950 protagoniza “Sitiados”, pero su siguiente gran éxito será en 1951 con “Un lugar bajo el sol”, de George Stevens, en la que conoció a la que será una gran amiga el resto de su vida, Elizabeth Taylor. La química entre ambos es espectacular (se hablaba de un romance entre ellos, poco probable), y Monty volvió a llevarse una nominación al Oscar. Su papel entusiasmó al por aquel entonces practicamente recién llegado marlon Brando, que votó por él en los Oscars (y Clift votará por Brando, nominado por “Un tranvía llamado deseo), iniciándose una rivalidad entre los dos, que hasta cierto punto compartían estilo interpretativo:

Montgomery Clift llevaba muy mal eso de tener que fingir una doble vida, tener que ocultar su orientación sexual (probablemente era bisexual), algo que le atormentaba, y en su siguiente película, “Yo confieso”. el director, Alfred Hitchcock se aprovechó bien de ello. Luego despotricaría contra Monty, ya que a Hitchcock nunca le gustaron los actores del método, pero también estaba allí Karl Malden, otro actor del método que está mucho mejor que en sus trabajos con Elia Kazan. Y Monty está espléndido en el que quizá sea su mejor papel:

Si siguiente película es otro mito de Hollywood, “De aquí a la eternidad”, de nuevo dirigida por Fred Zinnemann, por la que se lleva su tercera nominación al Oscar. Aunque en mi opinión es una película bastante sobrevalorada… cuestión de gustos, la verdad. Clift era muy metódico en su trabajo, estudiando con profundidad cada frase del guión, pidiendo cambios si no se sentía a gusto con alguan frase concreta, hasta el punto de que dudara si sería capaz de sobrevivir al rodaje de un personaje como el que interpretaba, hasta tal grado llegaba su compenetración con los personajes. No sólo sobrevivió, sino que se llevó su tercera nominación al Oscar, compitiendo en la misma categoría de mejor actor con su compañero de rodaje Burt Lancaster, pero ni ellos ni la nominada a mejor actriz Deborah Kerr se lo llevaron; los que sí ganaron fueron los secundarios, Frank Sinatra y la que hace de pareja de Monty en la película, la que fuera protagonista de la mítica “Qué bello es vivir”, Donna Reed, con quien comparte esta escena:

En 1953 estrena también una película dirigida por Vittorio de Sica, “Estación Termini”. La película no gustó, pero la interpretación de Clift como el amante italiano de Jennifer Jones queda en el recuerdo:

Este fue ne mi opinión su último gran papel.

En 1955, Montgomery Clift se encuentra in trabajo, después de cometer el error de rechazar protagonizar “Al este del Edén” (esta vez el beneficiado fue James Dean, el otro miembro de ese triunvirato que cambiaría -para mal- Hollywood, junto a Brando y Clift). Y será Elizabeth Taylor la que acudirá a su rescate, ofreciéndole protagonizar el proyecto en el que va a trabajar, un drama ambientado en la Guerra de Secesión americana, que trataba de emular a “Lo que el viento se llevó”, aunque sin éxito (la peli es un tostón monumental, lo único bueno es que dura una hora menos que la mítica de Victor Fleming… es decir, casi 3 horas). A Clift no le convence la historia, ni el guión, pero al final se ve obligado a aceptar, no tiene otra cosa y le permite además volver a trabajar con su amiga Elizabeth Taylor. Será su primera película en color (y la única de todas las que he visto). Pero durante el rodaje ocurrirá algo que le cambiará la vida.

Montgomery Clift no era un buen conductor; de hecho, parece que se había quedado en alguna ocasión dormido mientras conducía. El 12 de mayo de 1956 fue a una fiesta en casa de Elizabeth Taylor, situada en lo alto de una colina a la que se accede por una carretera llena de curvas. Monty no se encontraba bien en la fiesta (en la que, extrañamente, algunos asistentes afirman que apenas bebió alcohol), y al irse le solicitó a su amigo Kevin McCarthy que lo acompañara en el coche porque no se veía seguro. Al parecer se quedó dormido conduciendo en una curva y se empotró contra un árbol, quedando atrapado en el coche.

Kevin McCarthy corrió a avisar a Elizabeth Taylor, quien le salvó la vida, sacándole del coche y extrayéndole de la garganta algunos dientes que le estaban asfixiando. No sólo perdió varios dientes, se fracturó la mandíbula al chocar contra el volante y sufrió importantes laceraciones en la cara causadas por los cristales de la luna que le cayeron encima tras el choque. La cirugía de reconstrucción facial a la que fue sometido no dio muy buen resultado, quedando su cara un tanto desfigurada, además de no poder recuperar el movimiento de la mitad de su cara, al haberse dañado los nervios. Montgomery Clift quedaría traumatizado por el accidente, al perder su mítica belleza (al parecer a partir de este momento, el sexo, hasta entonces frecuente en su vida, se hizo mucho más escaso), y, a parte de empeorar su adicción al alcohol, hizo que se sumara la adicción a los fuertes calmantes que tuvo que tomar a causa de las heridas. Desde entonces se volvió un personaje muy miedoso e inseguro, obsesionado con que la gente de su alrededor se le quedaba mirando, llegando incluso a esconderse debajo de la mesa de algún restaurante, dejando claro que su salur mental era bastante mediocre.

Pese a todo, Monty prosigue el rodaje de “El árbol de la vida”, que se estrena finalmente en 1957. En él vemos que su estilo interpretativo ya ha cambiado demasiado, recuerda tanto en el gesto facial como en la voz, en la forma de hablar, a James Dean… pero Dean era 10 años más joven que Clift, y el cambio no le beneficia nada. Y, como ya mencioné, la película resultó un considerable fracaso (pese a que Elizabeth Taylor fuera nominada al Oscar, que no ganará hasta 3 años después):

Pese a todo, su carrera prosigue en principio sin grandes incidentes. En 1958 repite con el director Edward Dmytryk, quien ya le dirigiera en “El árbol de la vida”, en “El baile de los malditos”, ambientada en la II Guerra Mundial y en la que comparte pantalla con Marlon Brando. En mi opinión, ambos resultan auténticas caricaturas:

Destaca también su participación, en 1959, en “De repente, el último verano” de Joseph L. Mankiewicz, película no exenta de polémica en la que interpreta al psiquiatra que atiende a Elizabeth Taylor y trata de encontrar la causa de su trastorno mental en la trágica muerte de su primo, pese a los impedimentos que ponga la madre de este, una enorme Katherine Hepburn. Una película magnífica, por cierto, en la que Clift consigue quedar bastante bien en su papel:

En 1960 trabaja bajo las órdenes de Elia Kazan en “Río salvaje”, junto a Lee Remick y Jo van Fleet. Kazan de nuevo trata de convertirlo en un nuevo James Dean, pero Clift va a cumplir ya 40 años y, pese a su todavía razonable buen hacer, no termina de encajar bien en el papel:

En 1961 trabaja en la mítica “Vidas rebeldes” de John Huston, mítica sobre todo por ser la última película tanto de Clark Gable (quien había representado durante años al tipo de galán opuesto al de Montgomery Clift, mucho más rudo) y de Marilyn Monroe, quien diría que Clift era el único que estaba peor que ella a causa de las adicciones de ambos. Por lo demás, la película me parece bastante prescindible y añade poco a su carrera:

Ese mismo año tiene una pequeña participación en “Vencedores o vencidos” de Stanley Kramer, en la que interpreta a una víctima del programa de castración de los nazis en su breve participación. El papel de traumatizado le va muy bien, pero Kramer sufrió mucho durante el rodaje al ver que Clift era incapaz de recordar sus diálogos, por lo que al final Kramer le hizo improvisar sus diálogos, decir lo que se le ocurriera para contestar a las preguntas de los abogados, con lo que, milagrosamente, se consiguió el resultado deseado.. En situación similar a la suya se encontraba también durante el rodaje Judy Garland, por cierto, lo que contrasta con el exultante abogado defensor de Maximilian Schell: queda claro que Clift está completamente acabado. En todo caso, con esta película consiguió su 4ª y última nominación al Oscar, en este caso como secundario, pero volverá a quedarse sin él:

Sorprende que, todavía después de esto, en 1962, John Huston, con quien había trabajado ya en “Vidas rebeldes”, cuente con él como protagonista para “Freud, pasión secreta”, consiguiendo resultar todavía creíble en su papel como el padre del psicoanálisis, pero Clift ya sólo puede interpretara a personajes inestables o vinculados al mundo de la psiquiatría:

Pero sus problemas durante el rodaje, sus retrasos, causados por una salud cada vez más deteriorada por sus adicciones, le causaron el rechazo de las productoras, que le dejaron sin trabajo los próximos 4 años, hasta que, en un intento de convencerse de que todavía podía trabajar, protagoniza “El desertor”. Elizabeth Taylor le consigue trabajo en la nueva película que va a protagonizar, “Reflejos en un ojo dorado” (que terminará siendo un fracaso comercial), pero su papel al final lo hizo Marlon Brando: Clift no llegó vivo al comienzo del rodaje.

La noche del 22 de julio de 1966, estando en su apartamento de Nueva York, rechazó ver “Vidas rebeldes”, que estaban echando por la tele, y despidió a su enfermero, que se fue a dormir. A la mañana siguiente, éste encuentra la habitación de Clift cerrada, por lo que, al no recibir respuesta a sus llamadas y no poder derribar la puerta, el enfermero bajó a la calle y subió por la escalera trasera para entrar por la ventana de su habitación y encontrarse a Montgomery Clift muerto.

La autopsia reveló que murió por un infarto, potenciado por un elevado colesterol, pero padecía otros problemas de salud, empeorada por sus adicciones al alcohol y los calmantes, por lo que muchos de quienes le conocían hablaron de “un largo suicidio” que vendría produciéndose prácticamente desde su accidente, que le hizo perder las ganas de vivir. Clift murió solo, triste final para alguien que había protagonizado un buen puñado de películas míticas. Fue enterrado en el Friends Quaker Cementery de Brooklyn, Nueva York.

Para bien y para mal, Montgomery Clift cambió la forma de interpretar a los galanes románticos en un Hollywood que estaba experimentando importantes cambios a comienzos de los años 50, cambios que en muchos casos protagonizó él mismo. Pero junto a eso tuvo una triste existencia, poco envidiable desde luego. Al recordar su historia es imposible no sentir lástima por alguien a quien su talento benefició tan poco y perjudicó tanto.



Descubriendo la trilogía de “El Padrino”


Sí, digo bien, descubriendo. Porque por mucho que os pueda resultar extraño, no había visto nunca El Padrino hasta que estos últimos días he visto la trilogía completa. ¿Por qué he tardado tanto? Pues en parte por mi desafección al cine de los años 70 (e incluso de los 80). Siempre he dicho que las buenas películas se hicieron en los 50, aunque los buenos actores eran los de los 30. Quizá por eso, esa etapa un tanto al margen del Hollywood tradicional me interesa bastante poco (tampoco soy nada fan de Scorsese o de Woody Allen, por ejemplo). Y por otra parte, porque el cine de mafiosos o de crimen organizado tampoco es precisamente mi estilo (por ejemplo, hace poco vi ese “Black Mass” por el que Johnny Depp, uno de mis actores favoritos, podría ganar todos los premios imaginables, pero la película no me gustó).




Veo que las dos primeras entregas de la trilogía figuran en los dos primeros puestos del ranking de Filmaffinity. Pues vale… en el mío no, desde luego. Aún así, paso a hablar de mis impresiones sobre la trilogía.

La que más me ha gustado es la primera. Pero mucho más que la segunda. De hecho, de la segunda, lo que más me gusta son los flasbakcs en los que Robert de Niro interpreta al joven Vito Corleone. Vamos, que parece ser que me ha interesado mucho más la historia de Vito que la de Michael, que es a fin de cuentas el protagonista de la trilogía. Básicamente, el argumento de la segunda no me atrapa como el de la primera (o… y ahora me vais a matar… ¡el de la tercera!). Todo el rollo de los casinos, de Cuba, del mafioso judío… es que para eso ya he visto el Bugsy de Warren Beatty. De alguna forma, me ha interesado mucho más esa historia del nacimiento de la mafia en Estados Unidos que su desarrollo posterior. La historia de la primera me atrapó, con la segunda desconectaba hasta que volviera a salir Robert de Niro.

Pero al margen de que el cine de mafiosos no me gusta, el mayor problema que he tenido con la trilogía es la proliferación de actores salidos del Actor’s studio. Ya empezamos con ese Marlon Brando que en mi opinión es el actor más sobrevalorado de la historia del cine, muy poco creíble como mafioso, de espantosa vocalización… y le dieron el Oscar, claro, que no falte… ¿pues os lo dejo todito para vosotros, si tanto os gusta!

A su lado, me sorprendió más que gratamente la contención del habitualmente histriónico hasta lo insoportable Robert De Niro. Venga, lo digo: quizá el mejor papel que le he visto hasta ahora. Bueno, ganó el Oscar a mejor secundario de ese año (lástima que no lo ganara Fred Astaire por su única nominación…), aunque no estuvo allí para recogerlo, y en su lugar lo recogió el director y productor, Francis Ford Coppola:

Por lo menos en este caso no tenemos que sufrir el bochornoso espectáculo que provocó Marlon Brando al ganar por la anterior entrega…

En esta segunda entrega aparece incluso un prestigioso profesor del Actor’s studio, en una de sus escasas apariciones en el cine, y por la que también fue nominado al Oscar, Lee Strasberg. Esa necesidad de no poder tener los músculos quietos, de tener que mover todo el cuerpo, le quita todavía más credibilidad a su poco interesante personaje de Hyman Roth, el mafioso judío.

Y luego tenemos a otro histriónico, Al Pacino, protagonizando las tres entregas. Y bueno, en las dos primeras está más o menos sobrio, aunque tiene algún momento en el que cae en el exceso. Pero al llegar a la tercera entrega, tantos años después de las anteriores (se estrenó en 1990, 16 años después de la segunda y 18 de la primera), controlar su creciente exageración resulta cada vez más complicado. Y la verdad es que se echan de menos esos momentos, que, aunque llenos de intensidad, se encuentran entre los mejores de la trilogía,como cuando, al enterarse de que su hermano Fredo (el malogrado John Cazale) le ha traicionado, le morrea delante de todos para después decirle “Sé que fuiste tú, Fredo. Me rompiste el corazón”:

Si hubiera mantenido el mismo nivel interpretativo en la tercera entrega, otro gallo cantaría…

Lo cierto es que si tengo que destacar a algunos intérpretes, quizá me quede con Raf Vallone (el cardenal Lamberto en la tercera entrega, con una magnífica interpretación en la escena de la confesión), Diane Keaton (que en la tercera entrega está muy por encima de Al Pacino… y no me refiero sólo a la altura…) y, sobre todo, a ese Robert Duvall que destaca tanto en la primera entrega y al que reducen a un papel demasiado secundario en la tercera. Y quizá una de las grandes desgracias de la tercera sea que, por conflictos económicos, no vuelva a aparecer para interpretar a Tom Hagen, siendo su papel sustituido por otro personaje interpretado por un mucho menos carismático George Hamilton (otro del que sorprende que, tras ese debut más que prometedor con “Con él llegó el escándalo”, donde aguanta el tipo ante nada más y nada menos que el enorme Robert Mitchum, luego no sea capaz de regalarnos aquí una interpretación a la altura… y vale que su papel es breve, pero también lo es del de Raf Vallone, y éste sí que sabe aprovecharlo).

Las dos primeras entregas ganaron el Oscar a mejor película; la tercera no. Y de hecho suele ser considerada la peor. ¿Por qué? En mi opinión, en parte por la ausencia de Duvall y por la interpretación mucho menos brillante de Pacino (ah, ¿que de verdad os gusta su interpretación cuando matan a su hija? ¿En serio?). Pero me temo que, sobre todo, por ese mayúsculo error de casting que fue Sofia Coppola, que ganó dos Razzies más que merecidos (¿alguien puede recordarme una interpretación peor que la suya? Porque yo ahora mismo no recuerdo ninguna…). No es la primera vez que Coppola coge a alguien de su familia para la película (su hermana, Talia Shire, sale en las tres entregas como Connie, la hermana de Michael, y su padre Carmine colaboró con Nino Rota en la banda sonora de la segunda entrega y compuso la de la tercera, ya que Rota había muerto en 1979), pero esta vez fue un error mayúsculo.

Por lo demás, quizá también el problema es que ya cansa un poco la repetición de los climax finales, siempre asesinatos que apuntalan el poder de los Corleone. En la primera queda bien, en la segunda ya no tanto, y en la tercera ya caen en lo excesivo. Aún así, con ese acompañamiento musical de la “Cavalleria Rusticana” que Anthony, el hijo de Michael, está cantando en Palermo, parece que destaca más. Y es que el uso de esta ópera, la ´pera siciliana por excelencia, de hecho, es perfecto: la religión tiene una gran importancia (cosa que se aprovecha para acompañar la muerte del Papa Juan Pablo I con el Inneggiamo… o la muerte de Don Altobello, interpretado por Eli Wallach, envenenado por los cannolli que le regala Connie allí mismo en el teatro), y el honor y las vendettas, con muertes violentas (aunque fuera de escena) están tan presentes en la ópera como en toda la historia de El padrino. De hecho, ahí está ese momento en el que Turiddu le muerde la oreja a Alfio retándole con ello a un duelo, recordando lo que poco antes hizo Vincent (Andy García) a Joey Zasa (Joe Mantegna)… ¡y cómo sonríe Andy García al ver la escena! Pero es que si algo hace especialmente emotivo el final es precisamente ese intermezzo que es pura magia y consigue emocionar tanto como la interpretación de Diane Keaton y mucho más que la de Al Pacino:

Quizá alguien se pregunte si era necesaria esta tercera entrega. En mi opinión sí, lo era. En la primera vimos como Michael, que quiere mantenerse al margen de los negocios familiares, termina siendo el Padrino de la familia cuando su hermano mayor Sonny (James Caan) es asesinado por los clanes rivales y su padre muere. En la segunda afianza su poder, se enriquece, pero a costa de más y más crímenes, entre ellos el asesinato de su propio hermano… ¿y nos quedamos así, sin más, sin ver las consecuencias de sus actos? En la tercera vemos su intento de redención a través de la iglesia y de entrar en negocios “legales”, sus atroces remordimientos por el asesinato de su hermano, la ruptura de su familia, las víctimas en su propia familia (sí, habíamos visto ya intentos de matarle, pero nunca tuvieron ningún éxito… ahora tiene que cargar con la muerte de su propia hija) y por último esa muerte en completa soledad, viejo y amargado. ¿De verdad valió la pena todo lo que hizo? Porque hasta cierto punto se puede entender lo que hizo su padre, Vito, pero lo de Michael no tiene disculpa posible. Y es que si nos quedáramos sólo en la segunda entrega, parecería una apología del mafioso… pero en la tercera vemos las consecuencias. Suelen decir que las películas de guerra son todas antibélicas al mostrarnos la crudeza de ésta; pues sin esta tercera entrega no veríamos más que un alegato pro-mafia que estaba lejos de la intención de Coppola y del autor de la novela, Mario Puzzo.

Pero bueno, concluyo. Ya he mencionado que no me han entusiasmado, pero lo cierto es que su visionado no carece de interés, tanto para comprender una época de la historia (la aparición de la mafia a partir de esas vendettas familiares de la Sicilia profunda) como del cine. Que no vayan a entrar entre mis películas favoritas no significa que no recomiende verlas.



60 años sin James Dean (30-09-2015)


No sé cuántos años hará, quizá unos 20, de aquella vez que vi por primera vez “Rebelde sin causa”. Lo que sí recuerdo es que la película de me impresionó, y especialmente el personaje de Jim Stark, interpretado por un tal James Dean. No sé, serían cosas de la edad (en aquella época estaría a punto de entrar en la adolescencia), pero se podría decir que me hice una especie de fan de Dean.




Pero cómo cambia el tiempo la percepción de las cosas… la segunda vez que vi la película fue hará uno o dos años, y… mi opinión cambió enormemente. La película me pareció floja, y la interpretación de Dean histriónica y poco coherente (tampoco me llevé buena impresión de Natalie Wood… el único que me siguió gustando, más si cabe, es Sal Mineo).

Pues bien, hoy hace 60 años del fatal accidente que nos arrebató a Jimmy tras protagonizar sólo 3 películas y que le convirtió en un auténtico icono de cierto tipo de cine. un repaso por su historia y filmografía nos permitirá ciertas reflexiones sobre la forma de hacer cine y de interpretar.

James Byron Dean nació un 8 de febrero de 1931 en Marion, una pequeña ciudad de unos 20.000 habitantes de Indiana, en ese Estados Unidos rural, ultraconservador y reaccionario en el que en cambio impera esa doble moral que afectará al joven Jim.

A los pocos años su familia se muda a Santa Monica, en California, donde permanecen algunos años. Pero en 1940, cuando James Dean tiene 9 años, su madre, a quien había estado fuertemente unido, muere de cáncer (con solo 30 años). Su padre se siente incapaz de criarlo, por lo que lo envía a vivir con su hermana y su cuñado a Fairmount, un pueblo próximo a Indianapolis, donde fue educado en un entorno cuáquero (¿Qué son los cuáqueros? Volver a ver “La gran prueba” de William Wyler, con Gary Cooper y Dorothy McGuire, para saberlo). Él nunca lo contó en público, pero durante el rodaje de “Gigante” le reveló a su compañera de reparto Elizabeth Taylor detalles sobre su etapa en Indiana trascendentales.

En una entrevista concedida en 1997, Elizabeth Taylor afirmó (con la condición de que la información no saliera a la luz hasta su muerte) que dos años después de la muerte de su madre, sufrió abusos sexuales por parte del pastor de su iglesia. Algo que, obviamente, le marcó por el resto de su vida. Es más que posible que ese carácter introvertido se acentuara a consecuencia de esos abusos que sufrió con unos 11 años.

Durante sus años de secundaria, un importante influencia la recibió por parte del reverendo metodista James DeWeerd, quien fomenta en él la pasión por las carreras de coches y por el teatro, ambas muy importantes en su vida. Se especula también con la posibilidad de que DeWeerd también abusara sexualmente de él… o de que no fuera abuso… En todo caso, durante esos años ya participaba en funciones teatrales de instituto, aunque no parece que de gran calidad, y destaca en diversos deportes.

A los 18 años, James Dean se muda a Los Ángeles para estudiar en la Universidad de California, donde estudia arte dramático, lo que le distancia de su padre. Allí consigue de hecho el papel de Malcolm en “Macbeth”. Tendrá de compañero de habitación a William Bast, quien se convertiría en guionista televisivo. Bast escribió la primera biografía de Dean, ya que a parte de ser compañeros de habitación en Los Ángeles y posteriormente en Nueva York, mantuvieron una estrecha amistad (años después Bast sugirió que incluso fue algo más que amistad… los rumores sobre la identidad sexual de Dean son constantes). Es en esta época cuando hace su primera aparición televisiva, en este anuncio de Pepsi-Cola:

Dean no tarda en abandonar sus estudios para poder dedicarse completamente a la interpretación, y consigue aparecer en pequeños papeles sin acreditar en algunas películas de principios de los 50, y en algunos episodios de distintas series. Hasta que en 1951, James Whitmore le aconseja (¡grave error!!!!!!) que vaya a Nueva York a estudiar en el Actor’s Studio (no olvidemos que ese mismo año se estrena la película “Un tranvía llamado Deseo”, protagonizada por un tal Marlon Brando, quien también estudió en el Actor’s Studio). Bajo la dirección de Lee Strasberg se convierte en un actor de método (algún día ya hablaremos, o mejor dicho despotricaremos, del método Stanislavski). Y hace teatro, hasta que su suerte cambia.

En 1953, uno de los impulsores del Actor’s Studio, el director Elia Kazan (a quien no soporto ni como persona ni como cineasta… dejemos las cosas claras desde el principio), busca protagonista para la adaptación de la recién publicada novela “Al este del Edén”. En un principio piensa en Brando, pero alguien le sugiere darle la oportunidad al desconocido James Dean, quien consigue el papel y el 8 de abril de 1954 abandona Nueva York para rodar en California.

James Dean interpreta en este primer papel a Cal Trask, el hijo rebelde del severo Adam Trask (un enorme Raymond Massey), quien no duda en mostrar sus preferencias hacia el otro hijo, Aron (¿Alguien se acuerda del pobre Richard Davalos, también debutante en este film?). El de Cal es un personaje atormentado, turbulento, pero no exento de cierta sensibilidad. Dean consigue transmitir bien estas dos facetas, pero le resulta difícil el punto intermedio entre ambas y, “gracias” al método, cae a menudo en el histrionismo (aunque no tanto como en sus siguientes roles)

Seamos sinceros, con esa mirada y esa sonrisita tímida consigue que ignoremos sus carencias. Porque Dean no será un gran actor (lo siento, es mi opinión), pero pese a todo tenía carisma, la capacidad de fijarse en la memoria del espectador, justo lo que le faltaba a su hermano en la ficción, el pobre Richard Davalos, aunque fuera seguramente mejor actor que Dean.

Ya lo he dicho, como actor prefiero a Davalos, pero es eso, ¿quién le recuerda? Y eso que en esta última escena Cal hace lo posible porque terminemos odiándole, comportándose como un auténtico cabr#n. Pero aún así consigue que le cojamos cariño a su personaje. Y ahí está el misterio.

Es durante el rodaje de este film (en el que compartirá piso con su hermano en la ficción) cuando inicia su romance con Pier Angeli, quien en 1954 estrenaba “El cáliz de plata” (esa película que su protagonista, Paul Newman, siempre quiso olvidar). El romance duró apenas 3 meses, ya que la madre de ella se negaba a aceptarlo, y terminó cuando ella le dejó para casarse con el cantante Vic Damone. La mayoría de las fuentes confirman que este fue el gran amor de su vida, aunque parece que Dean siempre tuvo problemas con las mujeres (Elia Kazan hablaba de falta de éxito con ellas).

La película se estrena el  de marzo de 1955, aunque James Dean no está presente en dicho estreno. Por esas fechas aprovecha también para comprarse su primer Porsche y participar en algunas carreras.

El 28 de marzo comienza el rodaje de su siguiente película, “Rebelde sin causa” de Nicholas Ray, junto a Natalie Wood y el debutante Sal Mineo. La película comienza a rodarse en blanco y negro, pero el éxito de “Al este del Edén”, que había sido filmada en color, hace que la película vuelva a comenzar a rodarse, esta vez en color. El rodaje dura apenas dos semanas y catapulta a la fama a Dean, en un papel de adolescente perdido, rebelde (con causa, en mi opinión, pese a que el título indique lo contrario) que consigue que los jóvenes americanos se sintieran identificados con él. Si con “Al este del Edén” nació una estrella, aquí nace el mito.

Por cierto, ¿habéis reconocido en el vídeo a Dennis Hopper?

La película causaría furor en su época, pero hoy día ni el guión ni las interpretaciones de Dean y la Wood parecerían gran cosa (esa forma de decir “It’s troble”… ¡sin comentarios!)

Ya sólo con ver esta tremenda escena final nos damos cuenta de que quien realmente se sale como actor es el gran (aunque pequeñito en tamaño) Sal Mineo. De nuevo, el personaje de Dean no es el más entrañable de la película…

El rodaje de “Rebelde sin causa” provoca que James Dean acuda varios días tarde al rodaje de si siguiente película, la superproducción “Gigante” de George Stevens, con Rock Hudson y Elizabeth Taylor (y en la que aparecen también Sal Mineo y Dennis Hopper, compañeros de rodaje en Rebelde sin causa). Aquí Dean intenta huir del encasillamiento, de hacer siempre esos roles de jóvenes inadaptados, interpretando a Jett Rinck, un solitario joven que trabaja para Rock Hudson pero que se enriquece (y envilece) con el petroleo.

¡Qué asquerosamente guapa está la Taylor en Gigante!

Si en sus anteriores papeles te podías compadecer de él, aquí directamente está odioso:

El maquillaje es de premio, desde luego…

En esta escena el histrionismo de Dean alcanza cotas difícilmente superables. Su pronunciación se ha ensuciado con respecto a “Al este del Edén”… y de nuevo, el personaje entrañable le cae a otro jovenzuelo debutante, en este caso Dennis Hopper. No es este un testamento a la altura de alguien con la fama de Dean.

Durante el rodaje se le impuso la prohibición de participar en carreras de coches, pero durante el rodaje compró un segundo Porsche. El 30 de septiembre, terminado ya el rodaje, iba acompañado de su mecánico para rodar el coche, se chocó en un cruce con un Ford que circulaba gran velocidad y con el que chocó. No murió en el acto, como se dijo en su momento, sino que salió disparado chocando contra el parabrisas del Ford y rebotó para volver a caer sobre su Porsche, en el asiento del copiloto. Murió pocos minutos después. Su copiloto, el mecánico, salió despedido del coche y tuvo diversas fracturas, pero sobrevivió, mientras el conductor del Ford apenas sufrió rasguños.

De nuevo hay especulaciones sobre la muerte de James Dean. Por una parte, quién fue el culpable del accidente. El conductor del Ford afirma que no vio el coche de Dean. En todo caso, Dean circulaba a velocidad excesiva y, lo más extraño, no trató de esquivar al Ford sino que se empotró contra él. Hay quien quiere ver en esto una especie de suicidio, y a esta hipótesis se une el hecho de que los días anteriores había estado visitando a sus amigos más íntimos (¿una especie de despedida?).

También se ha especulado sobre cómo habría proseguido la carrera de Dean: mientras unos creen que habría tenido una fructífera carrera, otros piensan que su carrera estaba acabada. Tampoco importa mucho, no deja de ser historia-ficción.

Su funeral se realizó el 8 de octubre en Fairmount, donde fue enterrado.:

Al momento de su muerte, Dean sólo había estrenado una película; Rebelde sin causa se estrena el 27 de octubre, casi un mes después de su muerte.

James Dean es nominado al Oscar de forma póstuma por su papel en “Al este del Edén”, perdiendo frente a Ernest Borgnine. Lo mismo le sucede con los Globos de Oro, aunque aquí se le otorga un premio honorífico. Y al año siguiente vuelve a ser nominado por Gigante (que se estrena en 1956), aunque de nuevo se queda sin premio. Poco importa, no hubiera podido disfrutarlo.

24 años y tres películas bastaron para crear, no una estrella, sino un icono del séptimo arte. La cuestión ahora es si esa fama que sigue teniendo James Dean, si ese prestigio, es merecido. Yo he expuesto aquí mi opinión. Luego que cada uno saque sus conclusiones.