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170 años del estreno de I Masnadieri (22-07-2017)




Como ya mencionamos en el post dedicado a Macbeth, en 1847 Giuseppe Verdi tiene que hacer frente a dos encargos, uno de Florencia y otro de Londres, para componer nuevas óperas. Bajo sugerencia del libretista Andrea Maffei, los temas elegidos serán el “Macbeth” de Shakespeare y el drama “Die Räuber” (Los bandidos) de Friedrich von Schiller, escrtor del que Verdi ya había adaptado una obra, “La doncella de Orleans”, para su “Giovanna D’Arco” (y que adaptará otras dos veces más con “Luisa Miller” y “Don Carlo“. El título italiano de esta nueva ópera será “I Masnadieri”.




La idea original era estrenar “I Masnadieri” en Florencia en primavera y “Macbeth” en Londres (algo lógico, usar una obra de Shakespeare como base para la ópera que se va a estrenar en a capital británica) en verano. Pero hay un problema: en Florencia no hay un tenor que pueda hacerse cargo de la parte de Carlo, protagonista de “I Masnadieri”, pero sí que hay un barítono idóneo para el papel de Macbeth. En cambio, en Londres cuenta con Italo Gardoni, un tenor “di grazia” que puede hacerse cargo del papel. Así que cambio de planes: Macbeth se estrena en Florencia y se reserva “I Masnadieri” para Londres.

Tras el estreno de Macbeth, Verdi compone rápidamente la música de esta nueva ópera basada en el libreto de Maffei. Para cuando, a finales de mayo, se dirige a Inglaterra, la parte vocal ya está compuesta, reservando, como no era extraño en él, la orquestación para los ensayos. Y así, el 22 de julio de 1847 se estrena “I Masnadieri” en el Her Majesty’s Theatre de Londres, en presencia de la reina Victoria y su marido Alberto. Para la ocasión se contó con el lujo de la soprano sueca Jenny Lind y con el gran bajo Luigi Lablache, mientras el propio Verdi dirigía la orquesta. La ópera fue recibida con gran éxito, algo que no se repetirá fuera de Londres: el libreto flojea demasiado.

Hay que decir que, si bien es cierto que “I Masnadieri” no es una de las mejores óperas de Verdi, ni siquiera de las de ese período (está muy por debajo de esa obra maestra que es Macbeth, que acababa de componer), musicalmente tiene una considerable entidad, aunque dramáticamente flojee, lo que la hace una ópera mucho más interesante que, por ejemplo, su siguiente título, “Il Corsaro”, de libreto igualmente flojo y con una música mucho menos inspirada. Pese a todo, sigue siendo una ópera poco popular en la actualidad.

Como siempre, antes de comenzar el repaso a la ópera, dejo un enlace al libreto.

I Masnadieri comienza con una obertura de comienzo dramático al que sigue un magnífico solo de chelo:

Estamos en Alemania, en el siglo XVIII. En concreto, el primer acto comienza en una taberna en la zona de Sajonia. Carlos, hijo del Conde de Moor, se encuentra leyendo a Plutarco, y soñando con conseguir dar una mayor libertad a Alemania. Escucha a sus camaradas elogiar a los bandoleros que pasan cerca, pero él añora el castillo de su padre, así como volver a ver a su amada Amalia, cuando reciba el perdón de su padre. Llega entonces una carta, pero no es de perdón: su hermano Francesco le anuncia que su padre no le perdona y que no se plantee volver si no quiere sen encarcelado. Ante su desesperación, sus compañeros le proponen formar una mesnada, o grupo de bandoleros, y pese a despreciar la idea, Carlo acepta y hace que éstos le juren fidelidad. Escuchamos el aria “O mio castel paterno” cantada por Carlo Bergonzi:

Cambiamos el escenario. Estamos en el Castillo de Moor, en Franconia. Allí está Francesco, el hijo menor Massimiliano, Conde de Moor. Éste ha destruido el mensaje que ha enviado Carlo pidiendo perdón, sustituyéndolo por otro que le permita usurpar su puesto. El problema es que su padre, pese a encontrarse en un estado precario, todavía vive, y se plantea acabar con él. Llama a Arminio, Chambelán de su padre, y tras prometerle éste lealtad, le hace disfrazarse y contarle a su padre que ha visto el cadáver de Carlo en Praga. Una vez solo de nuevo, Francesco demuestra su terrible carácter y la maldad con la que piensa ser el nuevo señor de Moor. Escuchamos la escena cantada por Matteo Manuguerra:

En otra sala del castillo, Massimiliano duerme. Junto a él vela Amalia, su sobrina, prometida de Carlo. Pese a que Massimiliano lo ha exiliado, ella es incapaz de odiarlo, pero anhela el día en que vuelva a estar en brazos de su amado. Escuchamos el aria “Lo sguardo avea degli angeli” cantada por Joan Sutherland:

En sueños, Massimiliano llama a Carlo. Amalia le despierta, y él se muestra triste por no tener a su hijo cerca cuando siente que va a morir. Llega Francesco con Arminio disfrazado: éste cuenta que, sirviendo al rey Federico (Federico II de Prusia, que estaba en guerra contra Austria), cayó muerto en Praga y que le pidió que le entregara su espada a su padre. Massimiliano se siente castigado por el cielo. Francesco lee un mensaje de Carlo en el que le pide que se casen Amalia y él. Massimiliano, enloquecido, se enfrenta a Francesco, que fue quien le empujó a exiliar a Carlo; éste en cambio espera que el dolor y la desesperación terminen por acabar con su padre, mientras Arminio siente remordimientos por lo que ha hecho. Massimiliano cae, y Francesco, creyéndolo muerto, se proclama con alegría señor de Moor. Escuchamos el final del primer acto con Joan Sutherland, Samuel Ramey y Matteo Manuguerra:

Comenzamos el segundo acto de I Masnadieri. Estamos en el castillo de Moor, en un cementerio junto a la capilla. Amalia ha huido del banquete que ofrece Francesco y se encuentra ante la tumba de Massimiliano. Se escuchan cantos de alegría desde la sala de banquetes, y Amalia acusa a Francesco de celebrar la muerte de su padre. Se siente sola al haber perdido además a su amado. Pero entonces entra Arminio, preso del remordimiento, y le cuenta que tanto Carlo como Massimiliano viven, huyendo a continuación. Amelia estalla de alegría al enterarse de la noticia. Escuchamos la escena cantada por Joan Sutherland:

Llega Francesco en su busca; le reprocha que siga llorando a su padre y le confiesa su amor. Amalia lo rechaza y desprecia, y entonces Francesco, enfurecido, promete castigarla haciéndola su amante para que todos se avergüencen al oír su nombre. Amalia entonces finge cambiar de actitud y va a abrazarlo, pero le roba la espada para alejarlo de sí, mientras Francesco clama venganza. Escuchamos el dúo con Margherita Roberti y Mario Zanasi:

Cambiamos de escena. Estamos en la campiña, frente a Praga. Los bandoleros descansan, aburridos, sin nada que hacer. Comentan que han detenido a Rolla, el ayudante de Carlo, y que éste ha jurado destruir Praga en venganza. Se ve el resplandor de un incendio, y aparece Rolla: cuando iba a ser ejecutado, prendieron varios incendios para despistar a la multitud y Carlo lo rescató. Pero Carlo está pensativo: se siente sucio por acompañar a una multitud de bandidos y añora los brazos de su amada. Escuchamos el aria “Di ladroni attorniato” cantada por Carlo Bergonzi:

Llegan los bandidos para avisar que miles de soldados los rodean, y todos parten a la batalla. Termina así el segundo acto de I Masnadieri.

Comenzamos el tercer acto. Y estamos en un bosque junto al castillo de Moor. Allí está Amalia, que se siente segura en la soledad del bosque frente a la amenazada de Francesco, que permite a sus hombres todo tipo de tropelías. Ella se asusta al ver llegar a alguien, pero resulta ser Carlo. Ambos se abrazan. Ella quiere huir, pero él la tranquiliza, aunque no quiere revelar quién es ahora. Ella le cuenta que Massimiliano fue enterrado y que ahora Francesco amenaza su honor y su vida. Ambos juran estar juntos por el resto de su vida y después continuar su amor en el cielo. Escuchamos el dúo con Carlo Bergonzi y Montserrat Caballé:

Cerca, los bandidos disfrutan de la vida sabiendo que pueden ser capturados y ejecutados en cualquier momento. Carlo se prepara para atacar el castillo, mientras lamenta que no podrá ser de Amalia, que no podrán vivir juntos como le ha prometido. En ese momento aparece Arminio, que se acerca a una torre y llama a quien está dentro para darle la comida. Le mete prisa para que coma y vuelva a su refugio subterráneo para que Francesco no le localice. Carlo entonces detiene a Arminio, pero escucha una voz del interior de la torre; Arminio intenta impedir que se acerque, pero no lo consigue y huye. Carlo reconoce a su padre, pero cree que es un fantasma, ya que Massimiliano está enterrado. Éste le cuenta que sí que está enterrado, en una cueva, y le cuenta lo sucedido: se desmayó al enterarse de la muerte de Carlo, y le creyeron muerto. Se despertó en un ataúd, y Francesco, enfurecido, lo arrojó a la cueva diciendo que ya había vivido demasiado. Escuchamos el aria de Massimiliano “Un ignoto, tre lune or sarano” cantada por Samuel Ramey:

Carlo, enfurecido, les cuenta a todos lo que le ha hecho su hermano a su padre, y les obliga a todos a jurar que le ayudarán en su venganza. Escuchamos el final del tercer acto con Jonas Kaufmann como Carlo:

Comenzamos el cuarto acto de I Masnadieri. Estamos en el interior del castillo de Moor, en las estancias de Francesco, que está alucinando, sintiendo que los muertos resucitan y le llaman “asesino”. Hace que Arminio vaya a buscar a un pastor y después le cuenta su sueño: le describe una escena del juicio final que lo atormenta, ya que le revela que no hay salvación posible para él. Llega entonces el pastor Moser, que se da cuenta de que esta vez Francesco no lo llama para burlarse, ya que ve el terror en su cara. Pero el pastor no le consuela, al decirle que los dos peores delitos son el parricidio y el fratricidio. Además, Arminio llega diciendo que un ejército está destruyendo el castillo. Francesco pide su absolución, pero Moser le dice que eso sólo se lo puede dar Dios. Francesco va a rezar, pero entonces, enfurecido consigo mismo, se reafirma en su maldad y es maldecido por Moser. Escuchamos la escena del sueño y el dúo con el pastor cantada por Vicente Sardinero:

Cambiamos de escena. Volvemos al bosque del tercer acto. Massimiliano lamenta la suerte de su hijo Francesco. Carlo, que no ha sido reconocido por su padre (que está ciego), le pide una bendición. Llegan los bandidos contando que no han encontrado a Francesco, pero tienen un botín más interesante: una mujer. Es Amalia, que lo reconoce. Carlo ahora no puede ya ocultar su identidad, y pide a los bandidos que maten a Amalia y a Massimiliano, pero ellos creen que delira y no obedecen. Carlo confiesa ser el líder de los bandidos y se cree castigado por el cielo. A Amalia no le importa lo que sea Carlo, pero a Massimiliano sí, que lamenta haber engendrado dos hijos tan malvados. Amalia entonces se da cuenta de que Carlo tiene que huir, así que le pide a Carlo que la mate. Él se enfrenta a sus camaradas por haberle hecho formar un grupo de bandidos y apuñala a Amalia, tras lo que se dispone a ser conducido al patíbulo. Escuchamos el final con Joan Sutherland, Franco Bonisolli y Samuel Ramey:

Termina así, de una forma tan poco creible, “I Masnadieri”. Y nosotros terminamos, como siempre, con un reparto ideal:

Carlo: Carlo Bergonzi.

Amalia: Joan Sutherland.

Francesco: Piero Cappuccilli.

Massimiliano: Samuel Ramey.

Director de Orquesta: Richard Bonynge.

Crónicas:

ABAO-OLBE 2017



La Gioconda de Ponchielli cumple 140 años (08-04-2016)


Antes de nada, como ya he señalado en el título, matizar que hoy hablamos de La Gioconda de Ponchielli, de la ópera, no del cuadro de Leonardo da Vinci. Para no llevarnos a equívoco.




Victor Hugo fue un dramaturgo muy apreciado por algunos compositores de ópera italianos del siglo XIX. Verdi, por ejemplo, recurrió a obras suyas para su “Ernani” y, sobre todo, su “Rigoletto”. En los años 70 del siglo XIX, un compositor contemporáneo de Verdi, Amilcare Ponchielli, estaba a la búsqueda de un argumento para su nueva ópera, cuando el libretista Arrigo Boito le sugiere tomar como base el “Ángelo, tirano de Padua” del escritor Francés. Ponchielli es reacio en un principio: esa obra ya había sido la base de una ópera de Saverio Mercadante, “Il giuramento”, pero Boito introduce muchos cambios en la historia (a fin de cuentas, Boito es un gran libretista, que años después escribirá para Verdi los geniales libretos de sus dos últimas óperas, Otello y Falstaff): traslada la acción a Venecia, ambientándola en medio del consejo de los 10 y de los espías que controlaban la república; incorpora a un personaje más al cuadrilátero amoroso, el villano Barnaba (claro antecedente del Iago del Otello verdiano) y, con ello, cambia también el final: el protagonista no mata a la protagonista pensando que ella ha matado a la mujer que ama: la amada se despierta justo a tiempo para impedirlo. Así, no le cogemos (tanta) manía al protagonista, aunque la protagonista termine muriendo, sólo que por otros motivos.

Eso sí, Ponchielli no se siente seguro de su ópera, pero Arrigo Boito no puede atenderlo demasiado, porque está envuelto en el re-estreno de su ópera “Mefistofele”. Por otra parte, Boito firma el libreto bajo seudónimo como Tobia Gorrio (no sea que echara su prestigio por los suelos). La Gioconda de Ponchielli se estrena finalmente el 8 de abril de 1876 en La Scala de Milán. Al principio, la ópera triunfa: se bisa la obertura y el aria del tenor “Cielo e mar” (que por algo la canta el mítico Julián Gayarre), pero a medida que la ópera sigue, al público se le hace demasiado larga. Ponchielli insiste en añadir cambios, como suprimir el aria de la mezzo del comienzo del III acto, cambiar el final de los actos I y II, el dúo de amor del II acto e incluso el aria del bajo, y la ópera se estrena en su versión definitiva en Génova el 27 de noviembre de 1879, arrasando en La Scala en su reestreno de 1880.

La inspiración musical de Ponchielli y el gran talento dramático de Boito hacen de esta Gioconda una auténtica obra maestra, que si a día de hoy se representa más bien poco es, sobre todo, por sus exigencias vocales para sus 6 personajes principales y por la dificultad de la escenografía (grandes escenas corales, ballet… y un barco ardiendo al final del II acto, nada menos), que hacen que se trate de una ópera cara para programar. Una lástima, porque es una maravilla.

Como siempre, antes de empezar el repaso de la ópera, ponemos el enlace al libreto y su traducción al español.

La Gioconda de Ponchielli comienza con una bella obertura en la que además escuchamos uno de los principales leitmotivs de la ópera, el tema del rosario, así como los acordes violentos de las cuerdas asociados ala villanía de Barnaba. A falta, en Youtube, de la versión dirigida por Bruno Bartoletti, vamos a escuchar esta obertura dirigida por Gianandrea Gavazzeni:

La acción transcurre toda ella en la Venecia del siglo XVIII, en fechas de carnaval.

Como era costumbre en la época, cada acto lleva un subtítulo. El primer acto de La Gioconda de Ponchielli se titula “La boca del león”.

Estamos en plena Plaza de San Marcos, junto a la famosa “boca del león” (de la que hablaremos más adelante), junto al palacio ducal, cerca de los muelles. El pueblo celebra las fiestas, mientras Barnaba les anuncia que comienzan las regatas, a las que todo el pueblo acude corriendo. Comenzamos así con este coro “Feste! Pane!”:

Cuando todos se van, Barnaba se ríe del pueblo, ya que él, bajo su disfraz de cantante callejero, es en realidad quien les controla a todos en su función de espía del estado (del consejo de los diez, para entendernos, quienes en realidad están en el poder, por encima del propio Dux). Pero Barnaba babea por una mujer, la cantante Gioconda, que justo aparece en ese momento guiando a su ciega y anciana madre, que necesita sus cuidados constantemente. No se dan cuenta que Barnaba está al acecho, capaz de cualquier cosa con tal de conseguir el amor de Gioconda. Escuchamos a Ettore Bastianini como Barnaba, Anita Cerquetti como Gioconda y Franca Sacchi como la Cieca:

Gioconda deja a su madre sentada junto a la iglesia, a la espera de la misa, mientras ella va a buscar a su amado Enzo, pero Barnaba aparece y es rechazado por Gioconda, que al final huye. Escuchamos a Maria Callas como Gioconda (atención a los graves del “Al diabol vanne colla tua chitarra!”) y a Paolo Silveri como Barnaba:

Barnaba se aprovecha que la Cieca está sola para poder usarla como medio para atrapar a su hija. Así que, cuando se escucha que las regatas han terminado, va a donde un perdedor en la competición, Zuane, y le dice que ha perdido porque la Cieca ha embrujado su barca. Ayudado por su ayudante Isepo, Barnaba convence al pueblo de que la Cieca es una bruja y que, pese a su ceguera, les ve. El pueblo está dispuesto a detenerla y llevarla a la hoguera, y ya la han atado, pese a las súplicas de la anciana diciendo que es ciega, cuando llegan Gioconda y su amado Enzo, que intentan detener al pueblo en vano. Aparecen entonces Alvise Badoero, miembro del consejo de los diez, y su esposa Laura, que detienen a la turba. Alvise escucha la acusación de Barnaba de que la vieja es una bruja, pero Laura ve que ella tiene un rosario, por lo que no puede ser una bruja, y Alvise hace que liberen a la Cieca. Escuchamos la escena completa de nuevo con Anita Cerquetti, Franca Sacchi y Ettore Bastianini, a los que se suman ahora Mario del Monaco, Cesare Siepi y Giulietta Simionato:

La Cieca decide entonces recompensar a Laura con ese rosario que le ha salvado. Mientras, Alvise y Barnaba conversan sobre sus pesquisas, y Enzo y Laura se reconocen entre la multitud; son antiguos amantes. Alvise le da algo de dinero a Gioconda y todos entran en la iglesia. Estamos ante uno de los momentos más importantes de la ópera, ya que ese tema del rosario lo vamos a escuchar más a menudo y tiene gran importancia en la trama; es la romanza de la Cieca “Voce di dona o d’angelo”, que escuchamos a la gran Ewa Podles:

Y ahora escuchamos el final de la escena, con ese bellísimo “Enzo adorato, ah, come t’amo!” que le escuchamos a Zinka Milanov:

Se quedan solos Enzo y Barnaba. Barnaba le reconoce como el proscrito Enzo Grimaldo, príncipe de Santafior, aunque él se oculta bajo el nombre del dálmata Enzo Giordan como marinero. Pero Barnaba no se deja engañar, y sabe de su historia de amor con Laura, así que intenta hacer resurgir en él el pasado amor. Enzo protesta, le ha jurado amor a Gioconda, pero Barnaba le convence al decirle que Laura le ha reconocido, y le propone un plan para que pueda huir junto a Laura, y le confiesa por qué lo hace: es su forma de conseguir el amor de Gioconda; la muerte de Enzo no vale, es necesario que él sea un traidor, además de decirle que es un espía del gobierno que podría delatarle. Enzo acepta, pero maldice a Barnaba. Escuchamos el dúo en las voces de Richard Tucker como Enzo y Cornell McNeil como Barnaba:

Pero todo es una trampa de Barnaba. Cuando Enzo se va, aparece Isepo, el ayudante de Barnaba, que escribe lo que su amo le dicta: le cuenta al jefe secreto de la inquisición (Alvise) que su esposa va a huir esa misma noche en el bergantín dálmata. Gioconda, tras una esquina, escucha la conversación. Barnaba se queda con la nota y, antes de introducir el sobre en “la boca del león” (que para eso sirve, es un buzón de los espías), canta un monólogo en el que explica un poco el sistema de poder en Venecia: el Dux, por encima el consejo de los diez, y por encima de ellos el espía, que tiene las cárceles de la ciudad (los “pozzi” o pozos subterráneos, y los “piombi”, cárceles en los pisos superiores muy calurosas por el plomo que las recubre). Escuchamos el aria en voz de Robert Merrill:

Barnaba se retira y aparece el pueblo dispuesto a bailar la Furlana, baile típico de Venecia que quizá tome su nombre del Friuli (aunque puede tener origen eslavo, puede en sus ritmos recordar a unas czardas):

Unos cantos religiosos abren paso a un sacerdote que llama al pueblo a las vísperas. Gioconda queda con su madre, destrozada al ver que Enzo le va a traicionar, y busca el consuelo de su madre. Así, el tema de este “O cor, dono funesto” es el leitmotiv del sacrificio de Gioconda. Escuchamos el bellísimo final del primer acto de La Gioconda de Ponchielli con las voces de Zinka Milanov como Gioconda y Belén Amparán como la Cieca:

Comenzamos el segundo acto de La Gioconda de Ponchielli, que se titula “El rosario”. Estamos en un muelle próximo a la laguna de Venecia, donde hay un bergantín. Un grupo de pescadores canta cuando aparece en escena Barnaba, haciéndose pasar por pescador. Espía el armamento y la cantidad de marinos que hay para mandar a Isepo a dar la información para el ataque, mientras intenta quedar bien con los marinos, cantando la barcarola “Pescator, affonda l’esca”. Escuchamos la escena con Matteo Manuguerra como Barnaba:

Llega Enzo, el propietario del bergantín, que da instrucciones para levar anclas esa misma noche y después envía a todos sus hombres a descansar. Ya solo en cubierta, canta uno de los momentos más célebres de La Gioconda de Ponchielli, el aria “Cielo e mar”, que escuchamos en la insuperable versión de Carlo Bergonzi:

Ya sólo esa forma de cantar la frase “Buona notte” es pura magia.

Enzo ve llegar una barca, en la que llega Laura. Ella se asusta al escuchar la voz de Barnaba, no se fía, pero él le tranquiliza con sus planes de fuga y los dos cantan a esa esperanza de poder huir juntos. Escuchamos así el dúo “Laggiù nelle nebbie remote” en las voces de Carlo Bergonzi y Marilyn Horne:

Enzo regresa al interior del barco y deja sola a una aterrada Laura, que al ver una imagen de la virgen, se pone a rezar; es su aria “Stella del marinar”, que escuchamos a Giulietta Simionato:

Pero llega Gioconda, y amenaza a Laura, diciéndole que huya porque ella ama más a Enzo, así que ambas se enfrentan verbalmente sobre quién de las dos le ama más. Gioconda agarra a Laura con la intención de apuñalarla, pero se da cuenta de que es mejor dejarlo todo en manos de su marido Alvise, que está llegando a la isla. Laura, asustada, coge el rosario que le dio la Cieca para pedir ayuda a la virgen, y entonces Gioconda se da cuenta de que es la mujer que salvó a su madre y le ayuda a huir (de ahí la importancia del rosario). Cuando llega Barnaba se da cuenta de que Laura no está.

Escuchamos este dúo en dos partes, cantando por María Callas y Fedora Barbieri en un auténtico duelo de titanes:

Gioconda podía haberse desecho de su rival, pero por causa de su madre no ha podido hacerlo. Eso no significa que renuncie a luchar por el amor de Enzo, por lo que, al volver éste, le miente diciéndole que Laura ha huido porque no le ama. Enzo no se lo cree, y en ese momento aparecen las galeras de la armada veneciana disparando, por lo que Enzo decide prender fuego a su barco, siempre suspirando por Laura ante la desesperación de Gioconda. Termina así el segundo acto de la Gioconda de Ponchielli con este dúo que escuchamos en las voces de Carlo Bergonzi y Leyla Gencer:

Comenzamos el tercer acto de La Gioconda de Ponchielli, titulado “La Ca’ d’oro”. Y es que precisamente estamos en una habitación de ese palacio, en el que vive Alvise. Éste se prepara para la fiesta que va a dar, pero está furioso porque sabe que su mujer ha traicionado su honor, y no ha podido apuñalarla, que es lo que quería hacer al descubrirla en la isla a punto de huir. Así que prepara su venganza: un veneno. Estamos ante el aria de Alvise “Si, morir ella de”, que canta Cesare Siepi:

Aparece Laura, y Alvise le dice que nunca la vio tan bella pero pálida. Laura observa la ironía de sus palabras, y Alvise le acusa de amar a otro hombre y le dice que va a morir, sin ceder ante las súplicas de su esposa: debe de tomar un veneno antes de que termine la canción que unos cantantes callejeros entonan. Escuchamos el dúo en la voz de Cesare Siepi y Giulietta Simionato:

Nada más salir Alvise, aparece Gioconda, quien le lleva un narcótico a Laura para que parezca que está muerta; previendo su suerte, Gioconda ha preparado todo para salvarla, y la Cieca está rezando por ella en la capilla. Laura se bebe el narcótico y Gioconda vacía la ampolla de veneno en la vacía del narcótico y se esconde. Alvise ve la ampolla vacía y se va satisfecho. Gioconda recuerda que otra vez tiene que salvar a su rival por causa de su madre. Escuchamos la escena en la voz de Leonie Rysanek como Gioconda y Eva Randová como Laura:

Cambiamos de escena, nos vamos a la gran sala que hay junto a la habitación donde yace Laura. Alvise recibe a los invitados a la fiesta y les anuncia que ha preparado un espectáculo, una mascarada de bailarinas que representan las horas. Es en realidad el momento más célebre de La Gioconda de Ponchielli, el ballet conocido como “Danza de las horas”, que vemos aquí dirigido por Antonio Pappano:

Para terminar el acto, siguiendo la estética verdiana, la Gioconda de Ponchielli cuenta con un magnífico concertante en el que se dan cita la mayoría de los personajes de la ópera.

Entra Barnaba llevando a rastras a la Cieca, acusándola de maleficio. Ella se defiende diciendo que estaba rezando por quien muere, y al oír esto todos se preguntan quién es la persona que se está muriendo. Barnaba le dice a Enzo, que le acompaña, que la agonizante es Laura, lo que le desespera a su amante. Alvise, altivo, dice que, si él, anfitrión, está feliz, nadie tiene derecho al dolor. Pero Enzo sale de entre todos y descubre quién es, acusando a Alvise de haberle robado tanto la patria (al proscribirlo) como el amor (el de Laura) y le amenaza ante todos. Gioconda, que estaba ya presente en la sala, sabiendo lo que va a pasar, le promete a Barnaba que será suya si consigue salvar a Enzo. Alvise decide abrir la cortina para dejar ver el cuerpo inerte de Laura en su cama, Enzo le acusa de asesinato y es detenido ante la conmoción general. Escuchamos este gran concertante en las voces de Mario del Monaco, Ettore Bastianini, Cesare Siepi, Anita Cerquetti y Franca Sacchi:

Comenzamos el cuarto y último acto de La Gioconda de Ponchielli, titulado “Canal Orfano”. Y es que estamos en un palacio en ruinas en el veneciano barrio de Giudeca, al borde del canal que da nombre al acto. Unos cantantes amigos de Gioconda llevan envuelto el cuerpo de Laura, que Gioconda les ha pedido que rescaten de su tumba. Los hombres rechazan el pago que Gioconda les había prometido, y esta les pide un último favor: no encuentra a su madre, y necesita que alguien la encuentre. Piensa abandonar Giudeca. Al quedarse sola canta el famoso “Suicidio”, su aria en la que se muestra desesperada por haberlo perdido todo, a su madre y a su amor; sólo le queda morir. Escuchamos la escena y el aria en la voz de Maria Callas:

Gioconda saca el veneno que le quitó a Laura; quiere tomarlo, pero se da cuenta de que entonces nadie ayudará a Laura a huir. Eso si está viva, cosa que no sabe… y si está viva, nadie se enteraría si ella ahora la arroja al agua… debatiéndose de esta forma, aparece por fin Enzo, erado de la prisión gracias a ella. Él le pregunta que qué es lo que quiere de él, y ella le provoca, porque lo que quiere es que Enzo la mate; le dice que la tumba de Laura está vacía, que ella la ha robado. Enzo enfurece y saca su puñal para matarla… y es lo que tendría que hacer; eso es lo que pasa en la obra de Victor Hugo. Pero no, aquí no, aquí Laura despierta en ese momento y llama a Enzo. Ambos amantes  se reencuentran. Ella se asusta al ver una sombra, temiendo que sea Alvise, pero es Gioconda, y Laura le dice a Enzo que fue ella quien le salvó. Gioconda ha preparado todo para que puedan huir de Venecia, por lo que llega una barca que se los llevará. Cuando Gioconda le va a dar a Laura su capa para que pueda ocultarse, ve el rosario que le dio su madre, la causa por la que Laura sigue viva, por la que Gioconda le ha salvado en varias ocasiones. Gioconda les bendice mientras ellos parten agradecidos a la protagonista. Escuchamos el dúo y el trío posterior con Anita Renata Tebaldi, Carlo Bergonzi y Marilyn Horne:

Una vez sola, Gioconda se prepara para morir cuando recuerda que todavía falta por encontrar a su madre. Se acuerda del pacto que hizo con Barnaba: le entregaría su cuerpo a cambio de que él salvara a Enzo. Se arrodilla para rezar, y mientras entra Barnaba sin que ella se entere. Después de rezar, ella se dispone a huir, pero Barnaba aparece: ella le dice que va a cumplir el pacto, y le entretiene acicalándose mientras Barnaba babea de placer. Entonces Gioconda saca un puñal y se lo clava en el pecho. Barnaba, malvado hasta el final, le dice que la noche anterior estranguló a su madre, pero Gioconda ya no le puede oír, y él grita de rabia. Así termina La Gioconda de Ponchielli, y escuchamos ese final en las voces de Leyla Gencer y Cornell McNeil:

Y terminamos como siempre con el reparto ideal:

Gioconda: Maria Callas. También pueden valer Anita Cerquetti o Zinka Milanov.

Enzo Grimaldo: Carlo Bergonzi. En su defecto, Richard Tucker.

Barnaba: Sherrill Milnes.

Laura: Fedora Barbieri o Giulietta Simionato.

Alvise Badoero: Cesare Siepi.

La Cieca: Ewa Podles.

Director de orquesta: Bruno Bartoletti.