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Crónica: Recital de Bryn Terfel en Baluarte (14-04-2018)


No cabe duda de que el galés Bryn Terfel es una de las voces más interesantes del panorama operístico actual, por lo que su recital en el Baluarte pamplonés era una cita ineludible para cualquier operófilo. Era el momento de quitarse los miedos que siempre trae el conducir por la A-15, que me las juega siempre que voy a algún concierto a la capital navarra, pero que en esta ocasión supo portarse bien y no darme sustos en el trayecto.




El  recital, como tal (cuyo programa enlazo aquí), es una especie de batiburrillo de diversas óperas (porque desgraciadamente no hubo nada de musical en todo el recital) que cimientan el repertorio de una voz tan difícil de clasificar como la del galés. La selección de las piezas era por tanto arbitraria, sin sentido ni unidad temática o estilística: el objetivo era que Terfel pudiera lucirse.

El recital se complementaba con diversos pasajes orquestales que permitían descansar al cantante. Ocasiones para poder comprobar el rendimiento de la Orquesta Sinfónica de Navarra, bajo la batuta del también galés Gareth Jones. Y así, el recital se abría con una correcta lectura de la Obertura del “Don Giovanni” de Mozart, buen preludio para la primera aria que nos iba a cantar Terfel, la de Leporello de la misma ópera, “Madamina, il catalogo è questo”, en la que Bryn Terfel lució toda su vis cómica y su complicidad con el público, sacando un libro que hacía las veces de catálogo, o enseñando fotos de mujeres en el móvil (todas ellas eran cantantes de ópera, pero era difícil poder distinguir bien los rostros salvo que estuvieras justo delante suyo), amén de una gestualidad muy teatral que añadía más gracia si cabe a la pieza. El “problema” es la visión siempre extrovertida del barítono, así como de una visión de Leporello bastante basta, tendente al volumen excesivo, sin duda impactante pero carente de elegancia. Claro que quizá Leporello no es un personaje ni remotamente elegante…

Siguió una correcta lectura de la bellísima polonesa de “Eugene Onegin” de Tchaikovsky, con una muy buena respuesta orquestal (destacar el momento solista de los chelos, de gran calidez) pero al que la rutinaria dirección de Jones le quitó toda la gracia. Por otra parte, era una pieza absolutamente inconexa con el resto del recital (ya que, por desgracia, Terfel no cantó nada del “Boris Godunov”…)

Volvía a salir al escenario Bryn Terfel para interpretar a los dos diablos más famosos de la ópera, el de Gounod y el de Boito. Dos papeles de bajo que dejaron en evidencia las limitaciones de Terfel en la zona más baja de su registro, que atacaba de forma no del todo ortodoxa; además, en los pasajes más rápidos, se veía un tanto atropellado con la letra. Y, pese a todo, su gestualidad, su socarronería, encajaban como un guante a tan diabólicos personajes; sólo le faltaba haberse puesto una diadema con cuernitos para terminar de identificarse con el personaje. Su “Le veau d’or” del “Faust” de Charles Gounod fue sin duda correcta, mientras su “Son lo spirito che nega” del “Mefistofele” de Arrigo Boito fue rematada con unos silbidos ensordecedores, luciendo de nuevo en su interpretación un derroche de mala baba y un canto potente, poderoso (sin duda una de sus mayores bazas) y extrovertido.

Entre ambas arias, Terfel introdujo una pieza del para mí desconocido Kurt Weill (un compositor del que no había escuchado nada hasta dos días antes del concierto, para prepararme), “Die Moritat von Mackie Messer” de “Die Dreigroschenoper”, una pieza absolutamente genial a la que el galés sabe sacar todo el partido imaginable, siendo quizá lo mejor de todo el programa.

Seguía, metida probablemente más por ser una pieza conocida que por cualquier otro motivo, la famosísima obertura de “Nabucco” de Giuseppe Verdi, en la que la orquesta supo lucirse (mención especial para maderas y percusión) pese a la asepsia de la dirección.

Terminaba la primera parte con uno de los roles fetiche de Bryn Terfel, el protagonista del “Falstaff” verdiano. Terfel pasaba de papeles de bajo cantante a un papel de barítono más o menos bufo, dejando claro lo difícil que resulta clasificar su voz. Salió con una importante barriga artificial, interactuó con el público (hablando en ocasiones en inglés y en otras en español… cómo no citar los pinchos, las patatas bravas que tanto habrían entusiasmado a Falstaff) y dio una lección de interpretación a su “L’onore! Ladri!”, luciendo un poderoso registro agudo (que además atacaba de forma mucho más acertada que el grave) y unos recursos cómicos absolutamente impecables. Fue otro gran momento del recital.

La segunda parte del programa estaba completamente dedicada a Wagner. Comenzaba la orquesta con el preludio del 3º acto de “Lohengrin”, de nuevo con una corrección rutinaria, antes de dar paso de nuevo a Bryn Terfel, que cantaba el “Was duftet doch der Flieder” de “Die Meistersinger von Nürnberg”, demostrando que esos papeles de bajo-barítono se adaptan mejor a su vocalidad que los de bajo o barítono plenos. Su Sachs puede ser discutible en su enfoque interpretativo (a fin de cuentas, es su forma de entender el personaje, simplemente), pero desde luego vocalmente resultó irreprochable.

Una cabalgata de “Die Walküre” impecable (remarcables en este caso los siempre atinados metales) pero siempre dirigidos sin chispa ni gracia, dieron paso al plato fuerte del programa, la despedida de Wotan, el final de esa Walkiria. Nunca había tenido la ocasión de escuchar esta pieza en vivo, y algunos de los pasajes orquestales consiguieron ponerme la carne de gallina, pese a la aburridísima lectura del conjuro de fuego. En cuanto a Terfel, su visión de Wotan resultaba quizá demasiado agresiva, aunque también es cierto que el volumen de la orquesta le obligaba a forzar el volumen de su enorme voz, que aún así tuvo algún problema puntual para hacerse oír. Y, pese a todo, supo regalarnos algún pianísimo de emisión mejorable pero dramáticamente emotivo. Había escuchado algún vídeo del propio Terfel cantando esta pieza, y he de decir que en vivo me sorprendió gratamente, ya que le vi mucho más adecuado vocalmente que en esos vídeos, a parte de vocalmente sobrado de medios.

Bryn Terfel sabe, con su carácter extrovertido, su voz poderosa y su talento interpretativo, meterse al público en el bolsillo, y el del Baluarte supo responder con un prolongado aplauso que fue compensado con dos únicos vises que supieron a poco. Primero, Terfel nos regaló los oídos con una bellísima nana de su Gales natal, “Suo-gan”, cantada en galés (ese idioma que a los que no somos galeses nos parece impronunciable), en la que, por fin, lució unas bellísimas medias voces, en ocasiones problemáticas en su emisión pero siempre bellísimas, consiguiendo un resultado casi mágico. Y Terfel remató el recital con la canción “My little welsh home” que a mí me hizo rememorar la mítica “Qué verde era mi valle” del genial John Ford. Terfel lleva esas canciones en su corazón, y supo demostrarlo con su canto. Puede que no fueran las propinas que el público hubiera deseado, pero el resultado fue absolutamente satisfactorio, saliendo a la luz el mejor Terfel, el intérprete sutil e introvertido que se había echado de menos en el recital. Dos canciones bellísimas, sin posibilidades de lucimiento vocal, cantadas por el simple placer que le da hacerlo, y que consigue transmitir al público.

Una noche, en resumen, para disfrutar de un intérprete de enorme magnetismo, gigantesca voz y gran flexibilidad estilística, con momentos más y menos logrados, pero siempre disfrutables, además de el acompañamiento de una magnífica Orquesta Sinfónica de Navarra que brilló a un altísimo nivel.



150 años del estreno del Mefistofele de Boito (05-03-2018)


El nombre de Arrigo Boito suele relacionarse habitualmente como libretista de óperas como “La Gioconda” de Amilcare Ponchielli o de “Otello” y “Falstaff“, las últimas óperas de Giuseppe Verdi. Pero años antes de hacerse famoso como libretista, también había probado suerte como compositor con la ambiciosa ópera “Mefistofele”.




Arrigo Boito se graduó en el conservatorio de Milán en 1861, con sólo 19 años, y ya en ese momento surge la idea de componer una ópera basada en la obra maestra de Johann Wolfgang von Goethe “Fausto”. La adaptación operística que de esta obra había realizado Gounod no le convencía, ya que suprimía importantes pasajes de la obra. En esos años, Boito viaja por Europa en compañía de su amigo Franco Faccio, director de orquesta y compositor, para el que escribe el libreto de su “Amletto”, mientras trabaja en el libreto que servirá de base a su ópera, siguiendo el modelo de Wagner, de quien es un gran admirador y del que espera recoger su influencia en la ópera. Por si todo esto no fuera suficiente, Boito se enrola en el ejército de Garibaldi para la tercera guerra de independencia italiana, que arrebatará el Véneto y el Friuli a Austria, en 1866. Así, parece casi un milagro que Boito pudiera terminar la partitura de su enorme obra para 1867, programándose el estreno en La Scala de Milán el 5 de marzo de 1868.

Y ese estreno fue catastrófico. La obra es larga hasta la extenuación, los cantantes no son los adecuados para sus respectivos papeles y al público esa influencia wangeriana le provoca rechazo. Sólo se realizará una segunda función de la ópera, que no volverá a representarse más.

Pero Boito no se iba a quedar de brazos cruzados: sabía que su “Mefistofele” era una obra de calidad, y que con algunos retoques, su suerte podía cambiar. Lo que sucede es que esos retoques terminan reduciendo la ópera a apenas un tercio de la original (que, hasta donde yo sé, nunca se ha recuperado), con una moderada duración de dos horas y cuarto. Para ello suprime la primera escena del cuarto acto, que tanto rechazo había causado el día del estreno, y modifica el último acto, convirtiéndolo en un brillante epílogo de apenas 15 minutos de duración. Inteligentemente, cambia la tesitura de Faust de barítono a tenor, incorporando frases de gran brillo vocal terminadas en tremendos agudos (si naturales en varios casos) de gran impacto, y añade un dúo de amor para Faust y Margherita en el tercer acto.

Con estas modificaciones, Boito renuncia a ese deseo inicial de transferir lo más completamente posible la obra de Goethe a la ópera (se quejaba de la ópera de Gounod, que al final termina siendo más larga que la suya), pero consigue que resulte más accesible para el público. La obra se reestrena el 4 de octubre de 1875 en Bolonia, con un reparto mucho más adecuado, alcanzando un gran éxito que nunca ha perdido desde entonces. El público italiano estaba además mejor dispuesto para adoptar el estilo filo-wagneriano del compositor (mucho más difuminado ahora con el tijeretazo), que por otra parte no distaba tanto de la evolución que, independientemente, estaba experimentando el propio Verdi en sus últimas obras. El resultado es una obra que argumentalmente se queda demasiado coja, pero musicalmente tiene momentos impactantes y otros de gran belleza y lirismo.

Antes de comenzar nuestro repaso a la obra dejamos, como siempre, un enlace al libreto.

“Mefistofele” comienza con un prólogo ambientado en el cielo. Los ejércitos celestes entonan sus alabanzas a Dios cuando aparece su enemigo Mefistofele: con ironía pide perdón por su presencia para luego decir que la razón ha hecho que no le merezca la pena tentar a ningún humano. En ningún momento escucharemos la voz de Dios,ya que sus respuestas las da el coro de ángeles, que le señalan a Faust,un hombre ansioso por saber. Mefistofele acepta el reto, seguro de su victoria, de que podrá entramparlo y alejarle de Dios. Escuchamos el prólogo con Cesare Siepi como Mefistofele:

Comenzamos el primer acto. Estamos en la ciudad alemana de Frankfurt, el domingo de pascua de algún año de mediados del siglo XVI. La gente está de celebración, y varios grupos de estudiantes van de juerga y se burlan de un sacerdote. Pasa la procesión encabezada por el Príncipe Elector, ante el que la multitud se inclina. Aparece entonces el anciano Faust acompañado por su aprendiz Wagner. Faust elogia ala recién llegada primavera, mientras Wagner prefiere alejarse de la multitud que está de fiesta. Escuchamos la escena con Joseph Calleja como Faust:

Pese a que Wagner le insta a regresar a casa, Faust quiere quedarse a observar el ocaso, cuando se da cuenta de que el fraile que había pasado antes se dirige hacia ellos; Wagner le convence de que son alucinaciones suyas y consigue que regrese a su casa. Allí, Faust encuentra tras sus viajes la paz que necesita para meditar en el evangelio. Escuchamos el aria “Dai capi, dai prati” en la insuperable versión de Beniamino Gigli:

Aparece entonces el fraile, que estaba escondido en la alcoba de Faust, y tras ser inicialmente rechazado por Faust, revela su verdadera apariencia. Faust le pregunta quién es, a lo que Mefistofele afirma ser el espíritu del mal pero que termina haciendo el bien. Escuchamos la escena con Giulio Neri como Mefistofele y Gianni Poggi como Faust:

Mefistofele entonces afirma que busca la destrucción de la creación a través del pecado, y silba para engañar a los demás. Escuchamos el aria “Son lo spirito che nega” cantada por Cesare Siepi:

Mefistofele se ofrece entonces a ser su acompañante y su esclavo. Faust insiste en saber las condiciones: a su muerte, en el infierno, los papeles se invertirán. Faust no tiene miedo al más allá, sólo quiere paz para conocer la verdad sobre sí mismo y sobre el mundo. Si en algún momento dice “Dentente, eres bello”, en ese instante morirá y cumplirá su parte del pacto. Ambos firman el acuerdo y Mefistofele afirma que con sólo extender su capa puede tener lo que quiera y viajar por el aire. Escuchamos el final del primer acto con Nazzareno de Angelis como Mefistofele y Antonio Melandri como Faust:

Comenzamos el segundo acto. Faust pasea con la joven Margherita, que se sorprende de que alguien como él pueda fijarse en una joven humilde como ella. Faust está enamorado de ella, y Mefistofele y la vieja Marta se burlan de la pareja, mientras Mefistofele afirma no haber caído nunca en las redes de una mujer. Margherita quiere saber si Faust cree en Dios, pero él afirma que eso no tiene importancia, que en ese momento lo importante es el amor. Para poder estar con ella en su casa, le da un somnífero para su madre, para que no se despierte. Después, ambas pareas empiezan a perseguirse jugando. Escuchamos la escena con Tancredi Pesaro como Mefistofele, Gina Cigna como Margherita, Paolo Civil como Faust e Ida Mannarini como Marta:

Cambiamos de escena: Mefistofele dirige a Faust al monte del diablo, donde se celebra el Sabba en el que las brujas le adoran, mientras él se burla de cómo les tiene engañados. Entonces Faust tiene una visión: ve a su amada Margherita llorando, con la marca de haber sido decapitada. Escuchamos la escena con Giulio Neri como Mefistofele:

Comenzamos el tercer acto, y la visión de Faust se está haciendo realidad. Margherita delira en prisión, sin ser consciente de que ha ahogado al hijo que tuvo con Faust y de haber envenenado a su madre. Escuchamos el aria “L’altra notte in fondo al mare” cantada por Renata Tebaldi:

Viéndola en semejante situación, Faust le pide a Mefistofele que la salve; éste, tras acusar a Faust de ser el causante de su desgracia, le dice que hará lo que pueda, que los carceleros duermen y unos caballos les esperan para huir. Faust entra entonces en prisión, y Margherita piensa que vienen a llevársela para ejecutarla. Él la tranquiliza, pero se niega a besarla, ya que su amor ha desaparecido. Ella le da indicaciones sobre cómo debe enterrar los cuerpos de su madre, su hijo y el suyo propio, ya que no le merece la pena vivir con la culpa de lo que ha hecho. Finalmente, entre delirios, Margherita acepta huir con Faust a un lugar lejano donde puedan ser libres. Escuchamos el dúo “Lontano, lontano,lontano” con Giuseppe di Stefano y Renata Tebaldi:

Mefistofele entra para apresurar la huida, ya que el verdugo se acerca, pero ella le rechaza, implora el perdón de Dios y muere expresando su asco hacia Faust, mientras un coro celestial proclama que está salva. Concluye así el tercer acto.

El cuarto acto nos traslada a la Grecia clásica, donde Mefistofele intenta seducir a Faust a través de la mítica Elena en un mundo de fantasía, pese a sentirse incómodo rodeado de duendes a los que no puede controlar. Y, mientras las cariátides cantan loas a favor de Elena, ella recuerda la terrible noche de la caída de Troya. Escuchamos el aria “Notte cupa, truce”, canta por Renata Tebaldi:

Fausto cae rendido a los pies de Elena, olvidando su anterior amor, y la seduce con sus palabras. Ambos se declaran su amor y sienten cómo el tiempo se detiene. Escuchamos el dúo “Forma ideal, purissima” cantado por Carlo Bergonzi y Renata Tebaldi:

Y así termina el cuarto acto, que nos deja un poco sin final antes del epílogo, en el que volvemos, años después, al hogar de Faust, que está a punto de morir. Ante el evangelio, Faust medita en todo lo que ha visto, mientras Mefistofele está preocupado porque ve que Faust está muriendo y nunca ha dicho ese “Detente, eres hermoso” que prometió. Faust recuerda sus dos amores, el real, Margherita, y el ideal, Elena; el primero fue dolor, y el segundo sólo un sueño. Ahora desea, en sus últimos momentos, ser el Rey de un país próspero y justo, en la bellísima aria “Giunto sul passo estremo”, que escuchamos cantada por Carlo Bergonzi, con el Mefistofele de Nicolai Ghiaurov:

Este vídeo sigue hasta el final de la ópera, aunque, como corta las últimas intervenciones, pondremos otro vídeo del epílogo completo, aunque mucho peor cantado.

Faust escucha un cántico celestial, y Mefistofele se da cuenta de que su batalla contra el cielo no está todavía ganada. Le ofrece volar a donde quiera, hace que escuche el cántico de las sirenas que anteriormente le sedujo, pero el coro celestial eclipsa sus intentos. Y Faust, en lugar de decir el “Detente, eres bello” a Mefistofele, se lo dice al coro celestial que escucha, usando como protección el evangelio (espectacular Si natural el que lanza Bergonzi en ese “Baluardo m’è il Vangelo”), pide ayuda a Diospara protegerse del demonio y muere, mientras unos Querubines (maravilloso coro infantil) torturan al derrotado Mefistofele y el coro celestial vuelve a entonar sus alabanzas a Dios. Como el coro de Querubines y las últimas frases de Faust y Mefistofele faltan el el vídeo que hemos puesto, ponemos el epílogo completo con Mario del Monaco y Cesare Siepi, aunque del Monaco no tiene ni por asomo la magia canora de Bergonzi:

Y terminamos como siempre con un Reparto Ideal:

Faust: Carlo Bergonzi.

Mefistofele: Cesare Siepi.

Margherita-Elena: Renata Tebaldi.

Director de Orquesta: Gianandrea Gavazzeni



In Memoriam: Daniela Dessì (20-08-2016)


En todos los años que llevo yendo a la ópera sólo una vez han conseguido hacerme llorar: fue allá por 2009, en la Maestranza de Sevilla. Una Fanciulla del West de Puccini (sí, lo sé, es una de las óperas con final más feliz de Puccini, pero es que a mí ese tema de la redención siempre me toca bastante). Los protagonistas eran Fabio Armiliato y Daniela Dessì. Y cuando ella llegó a ese maravilloso “E anche tu lo vorrai” terminé llorando como un idiota.




Pues tuve casi una reacción similar cuando, el pasado sábado por la noche, mientras esperaba el tren, entro en el facebook y me encuentro con la noticia de que Daniela Dessì había muerto. Todavía había una cierta cautela, no sería el primer bulo similar que ocurre, pero poco después se confirmó la noticia que nadie queríamos ni podíamos creer: con 59 años un cáncer de colon fulminante se la había llevado en pocas semanas. Por eso, aunque con unos días de retraso, quería dedicarle un post In Memoriam a una soprano a la que pude ver dos veces en vivo (y saludarla en una ocasión… lástima que perdí la foto que me hice con ellos) y que me hizo pasar muy buenos momentos. Una artista, como muchos califican, de las de antes, de muchísimo carácter escénico, gran técnica e indudable sensibilidad artística que recordaba a las grandes sopranos de postguerra.

Daniela Dessì había nacido el 14 de mayo de 1957 en Génova. Tras estudiar canto en Parma y Siena, debutó en 1980 en Savona con “La serva padrona” de Pergolesi, en unos inicios en los que cantaba un repertorio más ligero que terminaría pasando a repertorios más dramáticos y que le llevarían a cantar en los más prestigiosos teatros y con los principales directores de orquesta.

De un repertorio tan basto, hay que destacar en sus primeras etapas la música barroca, como este Adriano in Siria de Giovanni Battista Pergolesi de 1986:

Del mismo compositor tenemos este Stabat Mater de 1987 dirigido por Alberto Zedda:

Cantó también la protagonista de “L’incoronazione di Poppea” de Claudio Monteverdi, aunque no he encontrado ningún fragmento. Y de 1982 tenemos también este “Farnace” de Antonio Vivaldi:

De Domenico Cimarosa vamos a escuchar esta grabación de “Gli Orazii ed i Curiazzi” de 1983:

Y en esa primera época cantó también diversos roles mozartinos, como “Le nozze di Figaro” o la Donna Elvira de “Don Giovanni”, de la que escuchamos esta espectacular versión del “Mi tradì quell’alma ingrata”, simplemente maravillosa, con unas coloraturas perfectamente precisas:

Y qué decir de su Fiordiligi del “Così fan tutte”, de la que aquí escuchamos un “Come scoglio” de 1989 dirigida por Riccardo Mutti:

A ver qué pega se le puede encontrar a esto…

Daniela Dessì cantó también varias óperas de Rossini en sus primeros años. Por ejemplo, este Mosè in Egitto de 1983:

De nuevo en Pesaro la tenemos en 1985 cantando “Il signor Bruschino”:

Y ese mismo 1985 la tenemos en Turín cantando la “Elisabetta, Regina d’Inghilterra”:

Y la vemos ahora cantando en Stabat Mater en 1992, dirigida por Riccardo Chailly:

La vamos a escuchar ahora en un par de fragmentos del “Guillaume Tell” de 1995. Empezamos por la bellísima aria “Sombre fôret”:

Y ahora en el dúo posterior con el Arnold de Gregory Kunde:

De Gaetano Donizetti comenzamos con este “Tornami a dir che m’ami” del Don Pasquale de 1984 junto a Max René Cosotti:

Destacó su interpretación de la “Alina regina di Golconda”, de la que escuchamos aquí la escena final:

La escuchamos ahora cantando el dúo de “L’elissir d’amore” “Chiedi all’aura lusinghiera” junto al Nemorino de su marido, Fabio Armiliato:

En su etapa final, cuando su repertorio pasó a ser más dramático, Daniela Dessì incorporó todavía algún papel belcantista, como la protagonista de “Poliutto”, en 2012:

La “Norma” de Vincenzo Bellini será también otro de esos papeles que incorpora en su última etapa, y la disfrutamos aquí con su “Casta diva”:

Verdi fue un compositor muy importante en el repertorio de  Daniela Dessì, aunque también en este compositor veremos como va cambiando su repertorio. Tenemos por ejemplo la Elvira de “Ernani”, de la que escuchamos la cabaletta cantada en 1992:

También la Gilda de “Rigoletto” formó parte de su primer repertorio, como comprobamos en la grabación en estudio que realizó dirigida por Riccardo Mutti en 1988 y de la que escuchamos el “Sì, vendetta” junto a Giorgio Zancanaro:

De 2011 es por el contrario esta representación de “Il trovatore”, de la que escuchamos la primera de las arias de Leonora, donde podemos observar que mantiene intactas sus capacidades para la coloratura:

Le escuchamos ahora en la cabaletta final del primer acto de “la Traviata”,en un recital en Tokyo. Vaya por delante que Daniela Dessì no da el Mib sobreagudo, lo que explica la ausencia en su repertorio de papeles belcantistas más agudos, como la Luccia o la Elvira de I Puritani:

La escuchamos ahora en 1997 cantando el difícil bolero de “I vespri Siziliani”:

La escuchamos ahora en un papel mucho más lírico, la Amelia de “Simon Boccanegra”, en 2004; el final del aria es magnífico:

Cantó también los papeles protaonistas de “Un balo in maschera” y “La forza del destino”, mucho más dramáticos. De esta última ópera escuchamos el aria “Pace mio Dio” en un recital en 2001 dirigido por Zubin Mehta:

Daniela Dessì fue la protagonista del mítico “Don Carlo” de 1992 dirigido por Riccardo Mutti; mítico sobre todo por el monumental gallo de Luciano Pavarotti de la escena de los embajadores, pero ella estaba espléndida, como podemos comprobar en este dúo entre ambos, “Io vengo a domandar”:

Cantó Aida, entre otras, en la Arena de Verona. Vemos el dúo final junto a su esposo Fabio Armiliato en 2009:

Otro rol verdiano que incorporó bastante pronto en su repertorio fue la Desdemona de “Otello”, de la que escuchamos aquí su escena completa del IV acto:

Y la disfrutamos también como Alice en Falstaff, ya en esta representación de 1986:

Terminamos el repaso al repertorio verdiano de Daniela Dessì con su participación en el Requiem, en este caso de 1987:

En su última etapa incorporó también el difícil y muy dramático papel de “La Gioconda” de Ponchielli (un papel tan difícil que es complicado encontrar actualmente intérpretes que se atrevan a cantarlo), del que escuchamos el “Suizidio” de 2011:

Pasamos ya al repertorio verista, y comenzamos escuchándole como la Nedda de “Pagliacci” en 1995:

De Ruggero Leoncavalloparticipará también en la grabación, en 2007, de la primera grabación de “I Medici” junto a Plácido Domingo.

Un papel tardío en su repertorio (lógico, es propiamente un papel para mezzo-soprano) fue la Santuzza de “Caballeria rusticana”; la escuchamos en este papel en 2013:

Pero más destacable será su interpretación de “Iris” en 1996 (por desgracia junto a José Cura), una ópera maravillosa y tristemente olvidada:

De Umberto Giordano fue una magnífica intérprete de dos de sus óperas. La primera, ese “Andrea Chenier” que tanto cantó (una de sus últimas representaciones sería con esta ópera en Las Palmas este mismo 2016). De hecho, la suya es hasta la fecha la única interpretación que he escuchado en vivo del aria “La mamma morta”.  Escuchamos su versión de esta bellísima aria; merece la pena, y mucho:

Pero vamos a escucharla también en el dúo final junto, de nuevo, junto a su marido Fabio Armiliato, en 2005:

Su otro gran papel fue “Fedora”, de la que escuchamos aquí el 3º acto completo junto a Plácido Domingo en 1999:

De Umberto Giordano llegó a cantar también “La cena delle beffe”, aunque aquí vamos a escuchar la grabación en estudio del dúo junto a Fabio Armiliato:

Fue también una excelente intérprete de la “Adriana Lecouvreur” de Cilea, de la que escuchamos aquí el recitado del monólogo de Fedra, del año 2000 en la Scala, donde, pese a cantar muy poco, tiene que sacar todo ese temperamento italiano que requiere el papel, especialmente en ese momento en el que usa el texto de la obra de teatro para insultar a la princesa (“como hacen las audacísimas impuras”… ¡toma ya qué arte para insultar!):

¡Qué forma de interpretar! Para poner los pelos de punta…

La escuchamos también en el “Mefistofele” de Boito, en 1989, en el aria “L’altra notte”, en otra magnífica interpretación:

Daniela Dessì cantó también el “Sly” de Wolf-Ferrari o la magnífica “Francesca da Rimini” de Riccardo Zandonai, de la que escuchamos aquí la escena en la que rechaza a su cuñado Malatestino (mejor ignorar al tenor…):

Y por supuesto, Daniela Dessì fue una gran intérprete de las heroínas puccinianas, comenzando por la “Manon Lescaut”, de la que aquí escuchamos el aria “In quelle trine morbide”, con unos bellísimos pianísimos:

La escuchamos ahora en fecha mucho más temprana (1990) cantar la segunda aria de Mimì en “La Boheme”, “Donde lieta uscì”, con la voz mucho más fresca, pero en una interpretación no menos emotiva:

Para Daniela Dessì, su gran referente fue siempre Maria Callas, y en qué mejor papel se puede ver esa influencia que en “Tosca”. De hecho, en 2008, tras cantar el “Vissi d’arte” en el Teatro Comunale de Florencia, la reacción del público le hizo bisar el aria, algo que no ocurría desde 1957, con Renata Tebaldi nada menos. Escuchamos ese bis:

La escuchamos ahora en otro de sus grandes, el de “Madama Butterfly”, en 2009:

La Minnie de “La fanciulla del West” fue otro de sus grandes papeles; será difícil encontrar sopranos que lo hayan cantado tanto como ella. Y los resultados demuestran que fue una elección acertada, como podemos comprobar escuchando el dúo del final del primer acto junto a Fabio Armiliato (magnífico Johnson, por cierto):

Daniela Dessì es también la primera soprano que, en Italia, ha cantado seguidos los 3 papeles de “Il Trittico” de Puccini, en la Ópera de Roma. Escuchamos su aria de “Suor Angelica”:

Y le escuchamos también en el “Gianni Schicchi”, aunque en este caso en una grabación en estudio de la famosa aria “O mio babbino caro” (por desgracia no encuentro fragmentos de “Il tabarro”):

En “Turandot” cantó al principio el papel de Liù, pero en sus últimos años incorporó el propio personaje de Turandot, uno de los últimos que incorporó a su repertorio. La escuchamos en 2012:

Fuera del repertorio italiano, Daniela Dessì cantó papeles como la Marguerite del “Faust” de Gounod, la Micaela de la “Carmen” de Bizet e incluso cantó la ópera “El jugador” de Prokofiev, así como música de concierto, como los 4 últimos lieder de Richard Strauss, del que escuchamos mi favorito, el tercero, “Beim Schlafengehen”:

En lus últimos años acompañó también a su esposo en la gira que él estaba realizando cantando tangos, y en la que cantaron a dúo esa bellísima canción (que no es propiamente un tango, aunque la poplarizara el gran Carlos Gardel), “El día que me quieras”:

Pero tras repasar su extenso repertorio en su larga carrera (36 años sobre los escenarios), no puedo evitar concluir con un vídeo de las funciones de “La fanciulla del West” que le vi en Sevilla en 2009, ahora cantando su aria “Laggiù nel Soledad”:

Es cierto que el vibrato en el agudo es muy notorio, pero es que había que verla en vivo, había que oírla frasear, ver cómo interiorizaba el personaje, cómo entraba a caballo en el escenario en el segundo acto como si fuera una heroína de western, verla tendida junto a la barra del salón cuando Armiliato abría la puerta y entraba un chorro de luz que la iluminaba mientras ella repetía la frase de él “Tengo un rostro de ángel” (quizá visualmente la escena más bella que he visto nunca en una ópera la de esta producción de Giancarlo del Monaco). Todo esto, unido a su carácter extrovertido, a su simpatía, a ese digámoslo así”puntito de locura” que tenía, hicieron de Daniela Dessì un personaje muy querido por los operófilos, incluso por aquellos que no llevamos muchos años yendo a la ópera. Y es que con ella se nos va una gran soprano que, quizá ahora, este camino de convertirse en leyenda.