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150 años de la muerte de Gioachino Rossini (13-11-2018)


Olvidado desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, en parte debido a la dificultad de su escritura vocal, es a día de hoy, tras la recuperación de buena parte de sus óperas, uno de los compositores italianos más conocidos del repertorio operístico. Hoy día, con ediciones críticas de sus partituras y con voces con la técnica adecuada para interpretar sus, a menudo, vocalmente terribles partituras, podemos disfrutar de las numerosas obras maestras que firmó Gioachino Rossini.




Gioachino Antonio Rossini nació en Pesaro el 29 de febrero de 1792. La ciudad formaba parte en aquella época de los Estados Pontificios, pero su padre, Giuseppe, tenía una ideología revolucionaria que le hará apoyar la invasión napoleónica de Italia, por lo que, tras la vuelta al poder del papado, provocó que la familia estuviera trasladándose continuamente de ciudad en ciudad huyendo de la justicia papal.

Su padre tocaba la trompa en las bandas municipales y su madre era una discreta cantante. Por ello, pese a los orígenes familiares humildes, la vocación musical de Rossini no tarda en salir a la luz, en especial durante su estancia en el municipio de Lugo, en la provincia de Ravena, de la que era originario su padre, donde comenzó su educación musical forma, y cuyo resultado será su primera obra importante como compositor, las 6 sonatas para cuatro instrumentos, compuestas en 1804, cuando contaba con 12 años de edad. Escuchamos la cuarta de estas sonatas, “La tempesta”:

Poco después, la familia se traslada a Bolonia, en cuyo conservatorio Rossini estudiará canto, piano y espineta, además de composición, estudiando en especial las obras de Mozart, Haydn y Cimarosa. Ya hacia 1808 compone su primera ópera, por encargo del tenor Domenico Mombelli, para ser interpretada por él y por sus dos hijas; su esposa Vincenzina será incluso quien se haga cargo del libreto. El resultado es la ópera “Demetrio e Polibio”, que, pese a todo, no será estrenada hasta 1812. Escuchamos el aria de Demetrio cantada por el tenor Dalmacio González:

Pero será en 1810 cuando Gioachino estrene su primera ópera: será la farsa, o comedia en un acto, “Le cambiale di matrimonio”, que estrena en el veneciano teatro San Moisè el 3 de noviembre. Escuchamos el aria de la soprano Fanny, “Vorrei spiegarvi il giubilo”, cantada por Luciana Serra:

El género de la farsa le dará un gran éxito a Gioachino Rossini en sus primeros años de carrera. Así, entre 1811 y 1813 estrenará 6 óperas de este género: “L’equivoco stravagante”, “L’ingano felice”, “La scala di seta”, “La pietra del paragone”, “L’occasione fa il ladro” y, por último, “Il signor Bruschino”, quizá la más famosa de todas, en especial por esa obertura que incluye el efecto sonoro de los arcos golpeando los atriles, que escuchamos a continuación:

Su trabajo en estas farsas, y el considerable éxito que alcanzan algunas de ellas, prepara su camino como compositor de grandes óperas bufas, pero será otro género el que le catapulte a la fama. En 1812 estrena dos dramas: “Ciro in Babilonia” y ese “Demetrio e Polibio” que esperó varios años a ser estrenado. Pero será en 1813 cuando estrene el que será su mayor éxito hasta la fecha, “Tancredi”. Pese a ciertos problemas durante el estreno que impidieron que se terminara de representar el segundo acto, la ópera caló en el público veneciano, en especial el aria del protagonista, Tancredi, interpretado por una mezzo travestida (lo que ya nos señala que nos encontramos más ante una ópera seria clásica que ante un drama romántico), “Di tanti palpiti”, que escuchamos cantada por Marilyn Horne:

Poco después, en mayo de ese mismo 1813, estrena una de sus obras maestras, en este caso del género bufo, la maravillosa “L’italiana in Algeri”, ópera que triunfó entre el público y que se encuentra entre las pocas óperas del compositor que se han seguido representando casi de forma ininterrumpida (con la excepción de las dos primeras décadas del siglo XX) hasta la actualidad. Con grandes números solistas y reivindicaciones patrióticas (basta recordar el aria de Isabella “Pensa alla patria”), si por algo destaca esta ópera es por sus magistrales números de conjunto en los que Rossini sabe sacar el máximo partido de las situaciones cómicas que le plantea el libreto: el terzeto “Pappatacci”, el quinteto del café y, en especial ese concertante onomatopéyico final del I acto, quizá la excena más divertida de toda la creación del compositor, de una maestría genial:

No deja de resultar curioso, por otro lado, el tratamiento de género en esta ópera: es la mujer la que va en rescate del amado, engaña al bobalicón Mustafá y demuestra una independencia poco frecuente en la ópera de la época.

Tras estrenar, a finales del mismo año, una nueva ópera seria, “Aureliano in Palmira”, en Milán, repite en esta ciudad en 1814 con otra comedia, “Il Turco in Italia”, otra obra cómica magistral que, desgraciadamente, no tiene una gran acogida en el estreno, siendo comparada con la comedia precedente. Pero se trata de otra partitura magistral, con momentos de lucimiento vocal para sus personajes y otros de enorme comicidad, como este dúo entre Geronio y Fiorilla “Per piacere alla signora” que escuchamos cantado por Alessandro Corbelli y Olga Peretyatko:

En 1815, Gioachino Rossini es llamado a Nápoles por el empresario teatral Domenico Barbaja, que le contrata para componer óperas serias en el teatro San Carlo. Dicho teatro cuenta con un  impresionante elenco de cantantes para los que Rossini compondrá expresamente muchos de los roles de las óperas escritas para el teatro napolitano, entre ellas Isabella Colbran, con la que se casará años después, en 1827. Ella, junto a los tenores Andrea Nozzari y Manuel García, estrenará “Elisabetta, regina d’Inghilterra”el 4 de octubre de 1815. Escuchamos el aria de la protagonista, “Quant’è grato all’alma mia” cantada por Joyce DiDonato:

Pero su contrato con Barbaja no le impide seguir componiendo para otros teatros, y así, el 20 de febrero de 1816 estrena en Roma una nueva comedia, que será un fracaso en sus primeros días, pero que se convertirá en su ópera más famosa: “Il barbiere di Siviglia“. Escuchamos para comenzar el aria de la mezzo, “Una voce poco fa”, cantada por Teresa Berganza, en la que podemos observar que Rossini toma prestados motivos musicales del aria de la Elisabetta que acabamos de escuchar:

Escuchamos también el aria de Figaro “Largo al factotum”, otro de las arias rossinianas más famosas, en la voz de Leo Nucci:

Y terminamos escuchando el aria del bajo buffo “A un dottor della mia sorte”, con ese endiablado canto sillabatto que borda el bajo Enzo Dara:

De nuevo para Domenico Barbaja, pero en este caso para otro teatro Napolitano, el Teatro del Fondo (actual Teatro Mercadante) compone Gioacchino Rossini su segunda gran ópera dramática napolitana, “Otello“, en la que, además de con la Colbran, cuenta por primera vez con la pareja de tenores formada por el baritenor Andrea Nozzari, que será Otello, y Giovanni David, que será Rodrigo. Escuchamos el dúo entre Otello y Rodrigo, “Ah, vieni”, cantada por Gregory Kunde como Otello y Juan Diego Flórez como Rodrigo, ambos magníficos exponentes de las dos diferentes tipologías de tenor rossiniano, seguido del final del segundo acto, con Olga Peretyatko como Desdemona:

También en 1816 estrena la cantata “Le nozze di Teti e di Peleo”, de la que escuchamos el aria “Ah, non potrei resistere”, cantada por Mariella Devia y dirigida por Alberto Zedda, un musicólogo y director de orquesta clave en la recuperación del legado rossiniano:

En 1817, Gioacchino Rossini estrena 3 nuevas óperas. Comienza estrenando en enero en Roma una nueva comedia, la 4ª y una de sus obras más famosas y perdurables, “La Cenerentola“, curiosa adaptación del cuento de la Cenicienta, que si bien no arrasa en el estreno, lo hará poco después. Rossini recurre, como es frecuente en él, al autopréstamo, adaptando el aria final del Conde Almaviva del Barbiere, “Cessa di più resistere” para convertirla en el rondó de Angelina, la Cenerentola, que cierra la ópera, “Non più mesta”, que escuchamos cantada por Cecilia Bartoli:

Endiabladas coloraturas que contrastan con el canto buffo que le da al padre (el malo de la historia a falta de madrastra), Don magnifico, al que otorga arias llenas de guiños bufos y de canto sillabato, al que saca un gran partido el gran Paolo Montarsolo:

En mayo vuelve a la Scala de Milán, en la que no estrenaba desde 1814, para presentar una ópera semi-seria, un tipo de ópera que apunta a tener un final trágico que se resuelve en el último segundo. El estreno fue un éxito rotundo, y de esta ópera es especialmente recordada la chispeante obertura, una de las mejores salidas de la pluma de Rossini, que escuchamos dirigida por Claudio Abbado:

Y en noviembre estrena su tradicional drama en Nápoles, en este caso “Armida”, basada en el drama de Torquato Tasso, que no alcanza un gran éxito pese a tener como pareja protagonista a Nozzari y la Colbran. De esta obra destaca el dúo de amor de la pareja protagonista, “Amor, possente nome”, que escuchamos cantado por Bruce Ford y Cecilia Gasdia:

Y todavía le queda tiempo para estrenar otra ópera más, “Adelaide di Borgongna”, en diciembre. Y en 1818, Rossini estrena su cantata “La morte di Didone”, compuesta unos años antes, y que escuchamos cantada por Jessica Pratt:

Ese mismo 1818, Gioacchino Rossini estrena dos dramas en Nápoles. El primero será “Mosè in Egitto”, de la que es especialmente famosa la plegaria de Moisés “Dal tuo stellato soglio”, que escuchamos cantada por Nicola Rossi-Lemeni:

Y estrena a continuación “Riccardo e Zoraide”. También en 1819 estrena otras dos óperas en Nápoles. La primera será “Ermione”, basada en la mitología griega en su adaptación por Racine. La ópera es un notable fracaso y no vuelve a representarse hasta bien entrado el siglo XX. Escuchamos el aria “Balena in man del figlio” cantada por el baritenor Chris Merritt:

Mucha mejor suerte correrá la otra ópera, estrenada unos meses después, “La donna del lago”, basada en la obra de Walter Scott, que le abre a Rossini las puertas del romanticismo. Escuchamos el aria de Malcolm “Mura felici” cantada por Ewa Podles:

Y escuchamos también el aria de Giacomo “O fiamma soave”, cantada por Rockwell Blake:

Tras regresar a Milán a finales de 1819 para estrenar “Bianca e Falliero”, en 1820 estrena en Nápoles “Maometto Secondo”, nuevo fracaso, de la que escuchamos el aria “Non temer d’un basso affetto” cantada por Daniela Barcellona:

Gioacchino Rossini sólo estrena una ópera en 1821, la semi-seria “Mathilde di Shabran”; es el primer año que no estrena ninguna ópera en Nápoles. Será en 1822 cuando estrene en esta ciudad su último drama para el Teatro San Carlo, “Zelmira”, estrenada el 16 de febrero con considerable éxito. Es en esta magistral ópera en la que saca mayor partido de sus dos tenores. Escuchamos primero el aria compuesta para el contraltino Giovanni David, intérprete del personaje de Ilo, “Terra amica”, con esos terribles ascensos al re sobreagudo, cantada por Juan Diego Flórez:

Y a continuación escuchamos el aria escrita para Antenore, que estrenó el baritenor Andrea Nozzari, con brutales ascensos y descensos a los extremos de la tesitura, y que escuchamos cantada por Michael Spyres:

El 3 de febrero de 1823 estrena en Venecia su última ópera italiana, “Semiramide”, obra de dimensiones brutales (la versión integral dura casi 4 horas), vocalmente exigente hasta la extenuación, muy barroca en sus adornos y en la ambientación, pero muy avanzada en otros aspectos estructurales, como la ausencia de recitativos parlatos y el esquema de aria cuatripartita (recitativo, aria, escena y caballetta), como podemos comprobar en el aria del villano Assur, “Deh, ti ferma”, que escuchamos sublimemente cantada por el bajo norteamericano Samuel Ramey:

Han pasado 10 años desde que saltara a la fama con “Tancredi”, y ahora Gioacchino Rossini es un compositor de fama internacional que acaba de componer una de sus grandes obras maestras. En ese momento la meta de cualquier compositor es triunfar en París, y Rossini se dispone a hacerlo, acompañado por su pareja, Isabella Colbran. Pasa por Londres en 1824, donde proyecta estrenar una ópera, “Ugo, Re d’Italia”, que nunca terminará /y lo que compuso está hoy día desaparecido), y, en 1825, establecido ya en la capital francesa, compone una curiosa ópera para celebrar la coronación de Carlos X (no creo que a su revolucionario padre le hubiera hecho mucha gracia esto), “Il viaggio a Reims”, comedia coral sin argumento: un grupo internacional se encuentra alojado en un balneario preparados para a acudir a la coronación del nuevo Rey, y ahí se suceden pequeñas historias. De entre los numerosos personajes que se agrupan en el balneario, escuchamos el aria del inglés Lord Sidney “Invan strappar dal core” cantada por Mirco Palazzi:

En los siguientes años, Rossini traduce al francés y adapta algunas anteriores obras suyas (“Maometto Secondo” se transforma en “La siège de Corinthe”, y “Mosè in Egitto” será “Moïse et Pharaon”), antes de estrenar una nueva ópera, una comedia titulada “Le comte Ory”, si bien la mayoría de sus números musicales son auto-préstamos de óperas anteriores. Escuchamos el aria del protagonista “Que les destins prospères” cantada por Lawrence Brownlee:

Y en 1829 estrena la que será su última ópera, “Guillaume Tell”, basada en la obra de Schiller. Especialmente famosa es su obertura, que escuchamos dirigida por Arturo Toscanini:

Pero si por algo destaca “Guillaume Tell” es por iniciar la tradición de la “Grand’Opera” francesa que seguirán compositores como daniel Auber, Jacques-Fromental Halèvy o Giacomo Meyerbeer: óperas de enormes dimensiones, con 5 actos, ballet, grandes números corales, escenografías espectaculares y unos personajes vocalmente muy exigentes, en especial los tenores heroicos, cuyo mayor exponente será Adolphe Nourrit, quien estrena el papel de Arnold. Escuchamos la gran escena de este personaje, “Asile héréditaire”, impecablemente cantada por Nicolai Gedda:

Y así, con 37 años, en el zenit de su fama, Gioachino Rossini se retira de la composición operística. Quienes afirman que es por su incapacidad a adaptarse a los nuevos gustos románticos se equivocan, como lo demuestra su muy romántica (y magistral) última ópera. Motivos políticos o problemas de salud podrían ser razones más creíbles, si bien la suya sigue siendo una razón incomprensible. Rossini dedicará el resto de su vida a la cocina, uno de sus grandes placeres, se casará por segunda vez, en 1948 (un año después de la muerte de Isabella Colbran, de la que estaba separado desde 1837), con Olympe Pélissier, y compondrá algunas obras menores. Entre 1830 y 1835 compone las “Soirées musicales”, doce canciones para voz y piano, de las que la tarantella “La danza” es sin duda la más famosa, que escuchamos aquí cantada por Luciano Pavarotti:

Igualmente famosa es “La regata Veneziana”, que escuchamos cantada por la paisana de Rossini, la también Pesaresa Renata Tebaldi:

En 1842 estrena su obra religiosa más famosa, el “Stabat Mater”, compuesta durante los 10 años anteriores, y de la que escuchamos el aria del tenor, “Cujus animam”, cantada por Gregory Kunde:

En 1864 estrena su última gran obra, compuesta el año anterior, la “Petite messe solennelle”, que escuchamos completa dirigida por Alberto Zedda:

Gioachino Rossini gozó de una considerable longevidad, y fue viendo como sus sucesores iban muriendo uno detrás del otro: Vincenzo Bellini en 1835, Gaetano Donizetti en 1848 y Giacomo Meyerbeer en 1864. Finalmente, Rossini sucumbía a un cáncer rectal el 13 de noviembre de 1868 a la por entonces considerable edad de 76 en su villa de Passy, cerca de parís, donde había pasado una buena parte de su vida. Enterrado originalmente el el cementerio de Père-Lachaise, sus restos fueron trasladados en 1887 a la florentina Basilica di Santa Croce, donde reposan en un gran monumento funerario, cerca de los de Miguel Ángel y Galileo y del cenotafio de Dante:

Gracias al redescubrimiento de obra a partir de los años 50 del siglo XX, a día de hoy es posible disfrutar, con mayor o menor frecuencia, de la práctica totalidad de la obra operística de Gioachino Rossini, comprobándose así que fue un compositor clave en el desarrollo posterior de la ópera italiana que nos dejó magníficas obras maestras con las que todavía, 150 años después de su muerte, seguimos disfrutando como lo hizo el público que iba a sus estrenos.



170 años de la muerte de Gaetano Donizetti (08-04-2018)


Considerado hoy en día como uno de los dos mayores representantes del belcanto, junto a Vincenzo Bellini, y uno de los compositores de ópera más importantes de la historia, la suerte de Gaetano Donizetti ha sido dispar a lo largo de la historia, cuando hace apenas 60 años era una rareza programar alguna de sus óperas, con 3 o cuatro excepciones, mientras a día de hoy seguimos esperando que muchas de sus obras alcancen la popularidad que les corresponde. Así que aprovechando el 170 aniversario de su muerte, vamos a intentar hacer una breve aproximación a su biografía y su inmensa obra.




Domenico Maria Gaetano Donizetti nació el 29 de noviembre de 1797 en la ciudad de Bergamo, que en seguida pasará a formar parte del napoleónico Reino de Italia. Miembro de una familia pobre, tuvo la suerte de poder acudir a las clases caritativas de música que impartía en la ciudad el compositor alemán Johann Simon Mayr, que en esos momentos era uno de los más destacados compositores operísticos de Italia. El joven Donizetti se convertirá en seguida en su alumno predilecto, y Mayr conseguirá que reciba una buena formación y se dedique a la composición de ópera. De hecho, en 1816 compone una pequeña ópera, “Il Pigmalione”, que no será representada hasta 1960, y que por su brevedad ponemos aquí entera:

Será en 1818 cuando estrene su primera ópera, “Enrico di Borgogna”, en el teatro San Luca de Venecia, gracias a un encargo que le consigue el propio Mayr. Escuchamos la caballetta de Enrico (personaje travestido para mezzo-soprano) “Care aurette” cantada por Della Jones:

Pero en estos primeros años de actividad compositiva, Gaetano Donizetti destacará más por su producción instrumental, en especial por su obra de cámara. Destacan sus numerosos cuartetos para cuerda, de entre los que vamos a escuchar el séptimo:

Tras estrenar un par de óperas más en Venecia, sin lograr un éxito remarcable, se traslada a Roma, donde estrena en 1822 “Zoraida di Granata”, que será un gran éxito. El propio Donizetti revisa la obra 2 años después. Escuchamos el aria de Almuzir “Pieghi la fronte audace” cantada por Bruce Ford:

A continuación, Gaetano Donizetti se dirige a Nápoles, donde se va a a encargar de supervisar los ensayos del oratorio “Atalia” de su maestro Mayr, que dirige el famoso Gioacchino Rossini, en ese momento bajo contrato del empresario Domenico Barbaja. Pero al poco del estreno, Rossini se fuga con su amante, Isabella Colbran, por lo que Barbaja recurre a Donizetti, que en los siguientes años, empezando ese mismo 1822 con “La zingara” (en cuyo estreno estará el joven Vincenzo Bellini, que admirará la ópera, pero que no se guardará sus críticas, ya que la admiración incondicional que Donizetti sentirá por él no será del todo correspondida), compondrá diversas farsas y comedias, de entre las que destaca “Le convenienze teatrali”, de 1827, que de nuevo remodelará en 1831 con el título de “Le convenienze ed inconvenienze teatrali”, y de la que escuchamos el aria de Agata (personaje femenino interpretado por un bajo bufo) “Assisa al piè d’un sacco”, que parodia la canción del Sauce del “Otello” de Rossini, cantada por Paolo Bordogna:

En 1828 se casa con Virginia Vasselli, que le dará tres hijos, de los que no sobrevivirá ninguno. Donizetti se ve en ese momento en la necesidad de tener unos ingresos estables para poder mantener a la familia. Pese a todo, conseguirá componer algunas óperas de mayor enjundia y carácter dramático, de entre las que destaca “Elisabetta al castello di Kenilworth”, primera aproximación a la Inglaterra de los Tudor, que estrena en Nápoles el 6 de julio de 1829. Escuchamos a Mariella Devia cantar el final de esta ópera, interpretando a Isabel I:

La suerte de Gaetano Donizetti cambiará cuando el milanés Duque Pompeo Litta, director del Teatro Carcano, quiere que tanto Bellini como Donizetti componagn una ópera para la temporada 1830-1831 para su teatro. Bellini compondrá “La sonnambula”, mientras Donizetti volverá a la Inglaterra Tudor con “Anna Bolena”, con libreto de Felice Romani, en el que será su primer éxito internacional y una de sus obras maestras. Prueba de ello es que fue nada menos que Maria Callas quien recuperó esta ópera a finales de los años 50, y como prueba escuchamos esa impresionante escena final, con el aria “Al dolce guidami” y la caballetta “Coppia iniqua”:

Tras estrenar en Milán la revisión “Le convenienze ed inconvenienze teatrali” retorna a Nápoles, donde compone 3 nuevas óperas, para volver a Milán en 1832, donde fracasa su nueva ópera, “Ugo, conte di Parigi”, con libreto de nuevo de Felice Romani. Pero apenas dos meses después, el 12 de mayo de 1832, estrena, de nuevo con libreto de Romani, la famosísima “L’elissir d’amore”, que será de inmediato un enorme éxito y una de las pocas óperas de Donizetti que siempre han mantenido una enorme popularidad. Escuchamos para comenzar algunos fragmentos de la ópera, como el dúo “Chiedi all’aura” o el aria de Adina “Prendi, per me sei libero”, cantados por Mirella Freni y Nicolai Gedda:

Escuchamos también el aria para bajo bufo “Udite, o rustici”, cantada por el gran Enzo Dara:

Y, por supuesto, no podemos dejar de escuchar la celebérrima “Una furtiva lagrima”, cantada en este caso por Carlo Bergonzi dándonos una lección del belcanto:

De nuevo en colaboración con Romani, Donizetti estrena en marzo de 1833 la ópera “Parisina”, de la que escuchamos la escena final cantada por Montserrat Caballé:

Y regresa a Milán para estrenar en diciembre de ese mismo año otra de sus obras maestras, “Lucrecia Borgia”, a la que en 1840 añadirá una maravillosa aria para Gennaro, “T’amo qual s’ama un angelo”, que escuchamos en la insuperable versión de Alfredo Kraus:

Escuchamos también el brindis de Orsini (de nuevo un papel travestido” “Il segreto per esser felice” cantada por Marilyn Horne:

Y por último el aria final de Lucrecia, “Era desso”, cantada por Mariella Devia:

En 1835 tiene lugar su primer estreno internacional. Siguiendo los pasos de su admirado Bellini, que había estrenado en enero la genial “I Puritani”, Donizetti presenta en el Théâtre Italien de Paris “Marin Faliero”, que contará además con el mismo reparto que la de Bellini, lo que favorecerá un éxito que no se mantendrá en el tiempo. Escuchamos el aria del protagonista “Bello Ardir” cantada por Cesare Siepi:

Bellini criticará la ópera, pero eso no afectará a la admiración que Donizetti siente por él, y a su prematura muerte, el 23 de septiembre de 1835, Donizetti compone una Misa de Requiem, de la que escuchamos el Ingemisco cantado por Leila Gencer:

Pero Gaetano Donizetti no se encuentra junto a su admirado Bellini al momento de su muerte, ya que se encuentra en Nápoles (no olvidemos que desde 1822 era el director artístico del Teatro San Carlo) para estrenar una nueva ópera, con libreto de Salvatore Cammarano basado en una obra de Walter Scott: una obra maestra titulada “Lucia di Lammermoor”, éxito absoluto desde su estreno hasta el día de hoy, con momentos tan memorables como el sexteto que escuchamos con Carlo Bergonzi y Anna Moffo:

Escuchamos también el aria final del tenor, “Tu che a Dio spiegasti l’ali”, cantada por Giuseppe di Stefano:

Y, por encima de todo, la tremenda escena de locura de la protagonista, de complicadísimas coloraturas que bordaba Joan Sutherland:

Con música así, no es de estrañar que Donizetti se labrase un hueco en el Olimpo de los compositores de ópera y que esta Lucia encante al público (y a quien esto escribe, por supuesto).

Poco después, el 30 de diciembre de ese mismo año, estrena una nueva ópera en Milán, en este caso “Maria Stuarda”,  volviendo a los Tudor, que será recordada por el enfrentamiento entre las dos reinas, destacando ese “Figlia impura di Bolena” que le espeta la reina escocesa a Isabel I, y que escuchamos aquí cantada por Leila Gencer como Maria y Shirley Verrett como Elisabetta:

En 1836 estrena en Venecia “Belisario”, basada en la vida del célebre militar bizantino, que alcanza un considerable éxito, y de la que escuchamos el final del primer acto con Giuseppe Taddei y Leila Gencer y dirigido por el también bergamasco Gianandrea Gavazzeni, figura clave en la recuperación de la obra de Donizetti:

Pero esos serán años difíciles para Gaetano Donizetti: en 1836 mueren sus padres y su segunda hija, y en 1837 morirán su tercera hija y su esposa, que sucumbe a una epidemia de cólera el 30 de julio. En esos años apenas compone nada relevante, pero no deja de trabajar, y el 28 de octubre de 1837 estrena otra de sus grandes óperas, “Roberto Devereux“, última aproximación a la Inglaterra de los Tudor, y de la que destaca la magnífica escena del protagonista “Come uno spirto angelico”, que escuchamos cantada por Gregory Kunde:

Y escuchamos también la genial aria final de Elisabetta “Quel sangue versato” cantada por Beverly Sills:

En 1838 compone la ópera “Poliuto”, que no puede estrenarse en Nápoles por problemas con la censura, que no lleva bien una historia ambientada en el cristianismo primitivo. La ópera no se estrenará hasta el 30 de noviembre de 1848, meses después de la muerte del compositor, en Nápoles. Escuchamos el aria del protagonista, “Sfolgorò divino raggio” cantada por Franco Corelli:

La imposibilidad de estrenar esta ópera hace que Gaetano Donizetti se decida a abandonar definitivamente Nápoles y se traslade a París, donde compone una ópera, “Le duc d’Alba”, que no termina y que se estrenará en 1882 tras ser concluida por Matteo Salvi, alumno de Donizetti. Esta ópera, representada por lo general en italiano, es famosa por el aria del tenor “Angelo casto e bel”, que escuchamos cantada por Luciano Pavarotti:

A parte de una versión en francés de “Lucia di Lammermoor”, la primera ópera que estrenará será una genial comedia titulada “La fille du régiment”, que será famosa por el aria de los “9 do de pecho”, “Ah, mes amis”, que popularizara Luciano Pavarotti:

Aunque no será menos difícil la otra aria del tenor, “Pour me raprocher de Marie”, que escuchamos cantada por Juan Diego Flórez:

También en 1840 estrena una adaptación francesa de la inédita “Poliuto”, “Les Martyrs”, que estrena el tenor Gilbert Duprez, para el que compone la tremenda “Oui, j’irais dans le temple”, con ese Mi sobreagudo final, que escuchamos cantada por Michael Spyres:

Y en 1840 tendrá todavía tiempo de estrenar una tercera ópera, “La favorite”, que en su versión italiana será una de las cuatro óperas de Donizetti que se ha mantenido siempre en el repertorio (junto con “L’elissir d’amore”, “Lucia di Lammermoor” y “Don Pasquale”), con grandes papeles para mezzo-soprano, tenor y barítono. La protagonista tiene su gran escena de lucimiento en el aria “O mio Fernando”, que escuchamos cantada por Fiorenza Cossotto:

La del tenor será el aria “Spirto gentil”, que escuchamos cantada por Jaume Aragall:

Y la del barítono es el aria “A tanto amor”, que escuchamos cantada por Mattia Battistini:

En 1841 compone la comedia “Rita”, que no se estrenará hasta 1860, y de la que escuchamos el aria del tenor “Allegro io son” cantada por Lawrence Brownlee:

En 1842, por recomendación del ministro Metternich (en la que parece que Rosinni tuvo algo que ver), Gaetano Donizetti estrena su primera ópera compuesta para la corte vienesa, “Linda di Chamounix”, que alcanzará un gran éxito por parte del Emperador, que le nombra compositor de corte y maestro de capilla. Escuchamos el aria “O luce di quest’anima” cantada por Renata Scotto:

De regreso a París, el 3 de enero de 1843 estrena la genial comedia “Don Pasquale“, otro gran éxito y una de las últimas óperas bufas de la ópera italiana. Escuchamos el dúo cómico “Cheti cheti immantinente” cantado por Sesto Bruscantini y Leo Nucci:

Poco después regresa a Viena, para cumplir su cargo de compositor de corte, estrenando “Maria di Rohan”, con libreto de Salvatore Cammarano, estrenada el 5 de junio de 1843 con notable éxito. Escuchamos el aria de la protagonista “Avvi un Dio che in sua clemenza” cantada por Virginia Zeani:

Pero su salud está en declive: por estas fechas se le diagnostica una sífilis que está afectando a su mente. Donizetti todavía es capaz de terminar otra ópera ese mismo año, “Don Sébastien”, basada vagamente en la historia del Rey Sebastián de Portugal, y que es famosa por el aria del tenor “Deserto in terra” (en su versión en italiano” que escuchamos cantada por Luciano Pavarotti:

El 18 de enero de 1844 estrena su última ópera, “Caterina Cornaro”, en Nápoles, decepcionado por el fracaso de esta. Escuchamos el aria del barítono “Da che sposa Caterina” cantada por Renato Bruson:

Poco después, el deterioro de su salud mental le obliga a ser internado en un sanatorio mental cerca de París, del que saldrá para morir en su Bergamo natal el 8 de abril de 1848, con 50 años. La autopsia revelará que la causa de su muerte fue la sífilis, pero en el trascurso de la misma su cráneo fue inadvertidamente robado. Cuando, años después, se decide trasladar su cuerpo del cementerio en el que había sido enterrado a una tumba en la Basilica de Santa Maria Maggiore de Bergamo, junto a la de su maestro Mayr, se descubre que falta la cabeza, y años después es localizada: uno de los doctores que participaron en la autopsia la había robado. Finalmente, en 1951, el cráneo es enterrado junto al resto del  cuerpo en la tumba que había esculpido Vincenzo Vela:

Con una creación tan vasta como la suya, es lógico que haya obras de Gaetano Donizetti que no merezcan ser recordadas, pero escribió igualmente numerosas obras maestras que le colocan con toda razón como uno de los grandes de la ópera italiana.



Les Huguenots de Meyerbeer cumple 180 años (29-02-2016)


Todavía recuerdo, casi como si fuera ayer, aquella charla que allá por enero del 2007, mantuvimos con el señor Tribó, quien fuera maestro repetidor del Liceu, cuando nos contó que el segundo compositor más veces representado en el teatro barcelonés era Giacomo Meyerbeer (sólo por detrás de Verdi), porque “Les Huguenots” se representaba con mucha frecuencia en el siglo XIX. Estas son las cosas que me hacen pensar que he nacido con casi dos siglos de retraso, porque a día de hoy resulta casi imposible poder ver una representación de “Les Huguenots” en vivo… y me encantaría poder hacerlo, porque es una ópera interesantísima que se representa muy poco, muchísimo menos de lo que debiera en vista de su calidad y espectacularidad (aunque esa espectacularidad sea precisamente su mayor problema a la hora de ser representada).




Giacomo Meyerbeer (en realidad Yaakob Liebmann Beer) había compuesto ya varias óperas en su Alemania natal y sobre todo en Italia, cuando en 1831 llega a París, ciudad necesitada de compositores con talento capaces de seguir la estela que había comenzado Rossini con su “Guillaume Tell”: lo que llamamos “Grand Opera”, óperas de larga duración, por lo general con 5 actos, ballet, grandes escenas corales… de esas de tirar la casa por la ventana, vamos. Género que cultivan por esa época Daniel Auber y Jacques Halévy (otros dos compositores hoy casi olvidados por desgracia). Y es allí, en 1831, donde arrasa con el estreno de su primera ópera francesa, “Robert le diable”, con libreto de Eugène Scribe. No es de extrañar que Meyerbeer reciba un contrato para componer una nueva ópera. Y en esa época romántica en la que las historias de la edad media arrasaban, Meyerbeer escogió como argumento una historia de amor situada en plenas guerras de religión francesas, en la tristemente famosa “matanza de San Bartolomé”. El libretista será de nuevo Scribe. Pero Meyerbeer no está totalmente satisfecho con el resultado del libreto, y el enorme éxito de “Robert le diable” le hace ser muy quisquilloso con su trabajo para conseguir repetir el éxito de su trabajo anterior, lo que enlentece su ritmo de composición. para colmo, en 1833 su esposa enferma, y por consejo médico deben buscar un clima más cálido, yendo primero a Niza y luego a Milán. El director de la ópera de París considera roto el contrato para esa nueva ópera y obliga a Meyerbeer a pagarle 30.000 francos, cosa que el compositor hace. Pero no abandona el proyecto.

En Milán se reencuentra con su antiguo libretista, Gaetano Rossi, quien le ayuda con el libreto, dándole más importancia a Marcel, el viejo criado del protagonista. Así, a su vuelta a París, en septiembre de 1834, vuelve a firmar un contrato con la ópera de París (que le devuelve los 30.000 francos pagados) para concluir la ópera. El problema es que Scribe está ocupado con el libreto de “La Juive” de Halévy, por lo que será Émile Deschamps el encargado de realizar los cambios en el libreto: el dúo de Marcel y Valentine del 3º acto, que añade peso a la figura de Marcel; la bendición de los puñales del acto IV, emulando los coros de esa “Norma” de Bellini que tanto había impresionado a Meyerbeer; y un dúo de amor en el acto IV y un trío en el acto V por sugerencia del tenor que estrenaría el papel protagonista, Adolphe Nourrit. Pese a todo, Scribe revisa la integridad del libreto.

Los ensayos se prolongan por la dificultad de la partitura y de la puesta en escena, y justo antes de la fecha de estreno prevista, Nourrit enferma. Así, tras no pocos avatares, por fin “Les Huguenots” se estrena en la ópera de París el 29 de febrero de 1836, hoy hace 180 años (sí, también fue año bisiesto). El éxito fue total, y se representó en más de mil ocasiones en la ópera de París en el siglo XIX. Por desgracia, en el siglo XX y lo que llevamos del XXI apenas se ha podido ver. Y todo pese a la enorme influencia que tuvo en otros compositores, como Berlioz, Mussorgsky, Bizet, Verdi o, aunque le pese, el mismo Wagner. E incluso influencia en otras artes, como la pintura, prueba de la cual es ese cuadro del hugonote enamorado en el día de San Bartolomé que podéis ver arriba del post, obra del prerrafaelista John Everett Millais (creo que aún no he dicho que me encantan los prerrafaelistas…)

Más de 4 horas de duración y un reparto de vértigo (2 sopranos, una mezzo, un tenor, 2 barítonos y un bajo) hacen de ella una ´pera difícil de representar. Y más cuando los cantantes que participaron en el estreno eran de la talla de Adolphe Nourrit, el tenor que cantó el Raoul de Nangis, o Cornélie Falcon, la soprano de difícil tesitura que fue la primera Valentine. Pocos cantantes a día de hoy son capaces de cantar estas partes, sobre todo la de Raoul, que tiene largas escenas y un registro agudo que lo convierte en, quizá el más difícil de todos los personajes operísticos de su cuerda.

Antes de comenzar a repasar la ópera, como siempre, dejo el enlace al libreto original y a su traducción.

La ópera comienza con una sencilla obertura:

Comienza el I acto de “les Huguenots”. Estamos en el castillo del Conde de Nevers. El conde y otros nobles se disponen a disfrutar de un banquete, pero tienen que esperar a un nuevo invitado que ha sido ascendido por el Rey, en su intento por conciliar a católicos y protestantes (o hugonotes). Ese nuevo invitado el el hugonote Raoul de Nangis. Nevers lo trata con cortesía (aunque no todos los nobles están tan bien dispuestos), y confiesa que ha renunciado al amor para casarse, pero que nota que Raoul está enamorado. Y éste cuenta su historia: cerca de los muros de Amboise ve un carro rodeado de unos estudiantes que se burlan de su ocupante. Él acude al rescate y ve a una bella mujer de la que se enamora al instante. Y ahí tenemos esa difícil aria de entrada (con un Mib sobreagudo escrito casi imposible de cantar), “Plus blanche que la blanche hermine”. Se la escuchamos primero a Michael Spyres:

No puedo resistirme a poner dos versiones más, ambas imprescindibles pese a suprimir, como era costumbre, el Mib sobreagudo; la primera, en francés, cantada por Nicolai Gedda:

Y otra, en su traducción italiana, como era habitual hasta los años cincuenta, cantada por Giacomo Lauri-Volpi:

Pero la cosa se complica de inmediato con la aparición de Marcel, el viejo criado de Raoul, un ferviente luterano que no tiene una actitud tan conciliadora como éste. Primero canta un himno protestante (basado en el “Ein feste burg”, que ya hemos escuchado en la obertura y volveremos a escuchar a lo largo de la ópera casi a modo de leitmotiv). Luego, uno de los nobles se da cuenta de que fue Marcel quien lo hirió, y dado que éste se niega a beber con los católicos, Nevers le pide que cante: Marcel canta una canción sobre la batalla de La Rochelle del todo provocadora. Escuchamos al gran Cesare Siepi cantando tanto el himno hugonote como el “Piff paff”:

Llega un criado para avisar a Nevers (que será muy católico, pero las mujeres le pierden…) de que una mujer le espera, pero no sabe quién es. Nevers va a reunirse con ella en la capilla, pero el resto le espía a través de una ventana, y Raoul descubre que es la mujer a la que salvó, y deduce que es una amante de Nevers.

Pero no, la joven es la prometida de Nevers, que viene a romper el compromiso. Llega también un paje, Urbain (una mezzo travestida) con un mensaje para Raoul: una cita:

Raoul desconoce quién es la mujer que le cita, pero Urbain le dice que ella le dará placer, honor y poder, y todos los nobles le felicitan por ello. Termina así el I acto de les Huguenots.

Comenzamos el segundo, que transcurre en el bellísimo palacio de Chenonceaux, en plena Turena:

(Hacer una foto en estos sitios sin andamios parece casi imposible…)

Nos encontramos con la princesa Margarita de Valois, hija de Enrique II y Catalina de Medici, y hermana del rey de Francia, Carlos IX (y del rey anterior, Francisco II, y del siguiente, Enrique III), que será próximamente reina de Navarra al casarse con el hugonote Enrique de Borbón (futuro Enrique IV de Francia). Vamos, la que conocemos más como “La reina Margot”. Ella está más preocupada por los placeres y el amor que por las discusiones religiosas que dividen al país, y canta la bella aria “O beau pays de la Touraine”, que aquí escuchamos a esa gran Margarita que fue Joan Sutherland:

Llega la dama de honor favorita de la reina, Valentine, quien le comunica que Nevers ha aceptado renunciar al compromiso. Margarita le promete un próximo compromiso y, ante el miedo de la chica, accede a ser ella la que se presente en la cita secreta con Raoul.

Mientras, las damas de compañía se bañan en una escena de ballet, y el pícaro Urbain observa escondido:

Urbain vuelve a aparecer, ya que acaba de llegar alguien.

Es Raoul, que acude a la cita con los ojos vendados y sin saber con lo que va a encontrarse. Cae rendido ante la belleza de Margarita, y ella ante la de él (parece que Raoul es guapete el tío, nada que ver con su prometido Enrique… y es que ¿cuándo ha habido un Borbón guapo?), lo que enciende su coquetería. Y así tenemos ese gran dúo que es “Beauté divine, enchanteresse”, que aquí escuchamos en las voces de Rita Shane y Nicolai Gedda:

Margarita le informa a Raoul que es voluntad de su hermano y su madre que él, un hugonote, se case con la hija de quien fuera su peor enemigo, el conde de Saint-Bris; éste acepta olvidar las antiguas peleas, y Raoul acepta.

Llegan todos, Saint-Bris, Nevers, Marcel… A Marcel no le hace ninguna gracia que su amo se mezcle con católicos, tal es el odio que llena su alma. Y así, cuando parece que todo va a arreglarse, se presenta la dama en cuestión, Valentine… Raoul reconoce en ella a la mujer a la que salvó, pero creyendo que es amante de Nevers, rechaza el compromiso, lo que causa un gran revuelo: Marcel se alegra, mientras Saint-Bris y Nevers claman venganza y Valentine no sabe qué es lo que pasa:

Y así, con esta emocionante escena, termina el II acto de “Les Huguenots”.

El tercero transcurre en el Pré-aux-Clercs, o prado de los clérigos, en París. Grupos de católicos y hugonotes se enfrentan. Para colmo, Marcel interrumpe la procesión católica, ya que debe entregar a Saint-Bris (quien trama vengarse de los hugonotes) un mensaje de Raoul: éste vuelve a París y quiere batirse en duelo con el padre de Valentine, lo que Saint-Bris acepta, pero planea un atentado antes del duelo. Valentine lo escucha.

Valentine se encuentra con Marcel, y le confiesa que, pese a que Raoul la humillara en Chenonceaux, está enamorada de él, y quiere salvarle la vida, igual que él hizo con ella en otra ocasión. la actitud de Marcel hacia la joven cambia al ver su sinceridad, pero no sabe dónde encontrar a Raoul para avisarle del peligro:

Llega Raoul, y va a dar comienzo el duelo, en el que se acuerdan las normas, en el bello septeto “En mon bon droit j’ai confiance”.

Pero Saint-Bris tiende la trampa, frente a la que Marcel no puede hacer nada, y acuden católicos y hugonotes, hasta el punto de que está a punto de comenzar una batalla campal, que sólo la llegada de la reina Margarita (reina de Navarra, no de Francia, no olvidemos) logra detener.

La reina no sabe a quien creer, pero Marcel dice que sabe del complot gracias a Valentine, a lo que Saint-Bris estalla. Ella ya es la esposa de Nevers, quien llega justo en ese momento. Pese a la boda, todos claman por sangre, la espada será la única capaz de resolver las diferencias entre ambos grupos.

Escuchamos toda esta escena final desde el septeto en adelante:

Así termina el III acto de “les Huguenots”.

Nos vamos al IV, mi favorito. Estamos en el castillo de Nevers, de nuevo. Allí está Valentine, sola, sufriendo por estar casada, por voluntad de su padre, con un hombre al que no ama, mientras su amado Raoul sigue apareciéndosele en la mente. Así tenemos el aria “Parmi les pleurs mon rêve se ranime”:

Y entonces aparece Raoul, quien no teme el gran peligro que corre. Pero se oye entrar gente y él se esconde tras una cortina.

Entra Saint-Bris con numerosos nobles católicos y con Nevers. Saint-Bris informa que tiene órdenes del rey y de la reina madre de organizar una masacre de todos los hugonotes. Nevers se niega a matar a hombres indefensos, y Saint-Bris lo arresta. Informa de los planes: un grupo irá a la casa de Coligny, líder de los hugonotes, para matarlo, mientras el resto irá al Hotel de Nesle, donde muchos hugonotes están reunidos para celebrar la boda de Enrique de navarra con Margarita. El primer toque de campana de Saint-Germain-l’Auxerrois será la señal para prepararse, el segundo será la señal del inicio del ataque. No habrá piedad para nadie. Una magnífica escena coral nos describe la “bendición de los puñales”:

Todos, menos Valentine, salen de escena. Raoul se lanza corriendo, pero es detenido por Valentine, quien no quiere que éste salga, ya que su vida corre un gran peligro. Pero Raoul sólo piensa en informar a los demás Hugonotes del plan que acaba de oír. Para detenerlo, Valentine le confiesa que le ama, y eso detiene por un momento a Raoul, pero finalmente su sentido del deber vence, Valentine se desmaya y él huye.

Este dúo es muy largo, así que vamos a escuchar solamente una parte, justo después de que Valentine le confiese a Raoul que la ama. Gedda está simplemente sublime, canta exquisitamente esas primeras frases (“Tu l’as dit; oui, tu m’aimes!”)en un mixto impecable, y remata los tres “Ah, viens!” con un Reb sobreagudo como un cañonazo:

Así termina el IV acto de “les Huguenots”. Ánimo, que ya sólo nos queda uno.

El V acto se divide en 3 escenas. La primera es muy breve. Estamos en el Hôtel de Nesle, en la sala de bale, donde están Enrique y Margarita, y un gran número de nobles hugonotes bailando. Llega Raoul a prevenirles: hombres armados están matando a los hugonotes por la ciudad, y ya han matado a Coligny. La escena es en realidad un aria de Raoul, “Aux armes, mes amis”. Como por desgracia en la grabación en vivo de Gedda cortaron este aria, la escuchamos en voz de Michael Spyres:

Segunda escena: estamos en plena matanza de San Bartolomé, la noche entre el 23 y el 24 de agosto de 1572. Una iglesia protestante está siendo atacada por los católicos. Los hugonotes construyen barricadas mientras mujeres y niños buscan protección en la iglesia. En el cementerio de esa iglesia, Raoul se reencuentra con Marcel, herido, quien le anima a unirse al resto en su triste destino. Pero llega Valentine, que le ofrece a Raoul la oportunidad de salvarse, con una venda blanca que le permitirá llegar al Louvre y conseguir la protección de la reina, a cambio de renunciar a su fe. Raoul se niega, pero Valentine lamenta que ahora que es libre, no puedan unirse; Marcel cuenta que Nevers fue asesinado por los católicos cuando intentaba protegerle. Eso hace que Raoul dude, pero se niega a renegar de su fe, y Valentine decide entonces convertirse ella al protestantismo y le piden a Marcel que les case.

Mientras, se escucha a los católicos masacrar a los hugonotes, y un exaltado Marcel cree ver el cielo abierto ante sus ojos.

Vamos a escuchar toda esta escena junto con la tercera, la final, en el último vídeo.

Última escena: una avenida de París, de noche. Raoul está herido, acompañado por Valentine y Marcel. Llegan Saint-Bris y soldados católicos, Raoul se reconoce como Hugonote y Saint-Bris da la orden de disparar, dándose cuenta demasiado tarde que ha matado a su propia hija. Llega Urbain abriendo paso a la reina Margarita, que en vano intenta frenar la masacre. Y así termina la ópera. Escuchemos ese final:

Terminar con un Reparto ideal en este caso es complicado, porque apenas hay grabaciones, y a menudo cortan demasiadas partes de la ópera. Pero lo intentamos:

Raoul de Nangis: Nicolai Gedda.

Margarita de Valois: Joan  Sutherland.

Valentine: Martina Arroyo.

Marcel: Nicola Ghiuselev. El de Ghiaurov está demasiado cortado.

Saint-Bris: Gabriel Bacquier.

Urbain: Fiorenza Cossotto, supongo, en italiano.

Director de orquesta: Richard Bonynge.