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40 años de la muerte de John Wayne (11-06-2019)

En el Hollywood clásico de los años 30 y 40 no había espacio para el multifacetismo; todos los actores estaban encasillados en algún género. Así, si pensamos en las aventuras, pensamos en Errol Flynn. Para las screwball comedies tenemos a Cary Grant. Humphrey Bogart es el rey del cine negro, mientras para los dramas recurrimos a Spencer Tracy y para los biopics a Paul Muni. ¿Y para los westerns? Su extensa filmografía lo confirma, en este género el rey era John Wayne. En el 40 aniversario de su muerte repasamos su carrera. 

El nombre de nacimiento de John Wayne era Marion Robert Morrison, y nació el 26 de mayo de 1907 en la pequeña ciudad de Winterset, en el estado de Iowa, donde aún se conserva su casa natal:

Su familia, de religión presbiteriana, tenía origen inglés, escoces y, sobre todo, irlandés. Cuando sus padres tuvieron otro hijo decidieron llamarle Robert, por lo que cambiaron el segundo nombre de Marion, que pasa a ser Marion Mitchell Morrison. La familia se mudó pronto a California, estableciéndose en 1916 en Glendale, donde su padre, veterano de la Guerra Civil, trabaja de farmacéutico. Es allí donde pasea a su Terrier, llamado “Little Duke”, cuando empieza a ser conocido como “Duke”, el Duque, apodo que mantendrá de por vida, ya que prefería ese apodo a ser conocido como Marion (perfectamente comprensible, por otro lado). 

De joven destaca tanto en el lado deportivo como en el académico. Juega al fútbol, escribe en el periódico del instituto y forma parte de la Orden DeMolay (próxima a la masonería). Comienza a estudiar leyes en la universidad y juega al fútbol en el equipo de la misma. Pero una rotura de clavícula haciendo surf acaba con su carrera deportiva y, con ello, con su estancia en la universidad.

Su entrenador le consigue, en todo caso, trabajo como extra en las películas que rueda John Ford con el actor Tom Mix, lo que le permite incluso conocer al mítico Wyatt Earp, amigo de Mix. Fue poco a poco consiguiendo papeles mayores, siendo su debut propiamente dicho en 1926  en la película “El asalto al tren expreso”. Estamos todavía en época de cine mudo, y Wayne ni siquiera aparece acreditado en el film. 

En 1929 aparece acreditado como Duke Morrison en un musical, “Words an music”. Pero en 1930 Raoul Walsh le elige como protagonista de “La gran jornada” y propone que sea acreditado como Anthony Wayne, en honor a un general de la Guerra de Independencia, pero el estudio (la Fox) dice que suena demasiado italiano. Walsh propone entonces que sea llamado John Wayne, lo que es aceptado por la productora (todo esto sin que él esté presente). El resto ya es historia:

El problema fue que la película era demasiado ambiciosa y terminó siendo un fracaso económico. Eso relegó a John Wayne a actor secundario de películas de serie A y a protagonista de infinidad de westerns de serie B (él mismo calculaba que debían rondar las 80), en la que incluso se le quiso convertir en un cowboy cantante (doblado, él no cantaba). Mientras tanto, el género del western cae en desgracia. 

Así, cuando John Ford quiere rodar en 1939 “La diligencia”, se encuentra con que ninguna productora la acepta, así que decide contactar con el productor privado Walter Wanger para poder rodarla. Cuenta con una de las grandes estrellas del momento, Claire Trevor, y con un nada desdeñable reparto, con Thomas Mitchell (que ganará el Oscar a mejor secundario), Donald Meek, John Carradine, George Bancroft… pero para protagonizarla eligió a John Wayne, al que veía como un “chico para todo”, solvente pero no brillante. La película fue un enorme éxito de crítica y de pronto John Wayne se convirtió en estrella:

En 1940 repite con Raoul walsh y Claire Trevor en el western “Mando siniestro”, y rueda de nuevo a las órdenes de Ford “Hombres intrépidos”, drama bélico ambientado ya en plena II Guerra Mundial, en el que vuelve a compartir pantalla con Thomas Mitchell. Y en 1942 estrena, entre otras, la comedia “Dama por una noche”, la película de aventuras “Piratas del mar Caribe”, en la que interpreta al antagonista frente a Ray Milland y el western “Los usurpadores”, en el que se enfrenta a Randolph Scott por el amor de Marlene Dietrich:

Pero Estados Unidos ha entrado en la II Guerra Mundial. Ya en su juventus John Wayne había querido ingresar en la marina, siendo rechazado. Ahora es el momento de alistarse, pero su situación familiar no se lo permite: en 1933 se había casado con la panameña Josephine Alicia Sáenz, y contaba con 4 hijos: Michael, nacido en 1934, Mary Antonia, de 1936, Patrick (futuro actor) en 1939 y Melinda en 1940. Wayne insiste en entrar en el ejército, pero es de los pocos actores famosos que no se ha alistado, y las productoras hacen lo imposible para mantenerlo. Y, pese a todo, las películas que ruede durante la guerra serán prescindibles. Participa también en programas de radio.

En 1945 vuelve a su rescate de nuevo John Ford, dándole uno de los papeles protagonistas (el otro es para Robert Montgomery) en el drama bélico “No eran imprescindibles”, en la que interpretan a dos oficiales que intentarán detener el avance japonés en las Filipinas justo después del bombardeo de Pearl Harbour:

En 1945 se divorcia de Josephine y en 1946 se casa con la actriz mexicana Esperanza Baur, de la que se divorcia en 1953. 

Cinematográficamente no participa en ninguna película relevante hasta 1948, cuando vuelve a trabajar a las órdenes de John Ford, no una, sino dos veces. La primera, “Tres padrinos”, western con tono de comedia en el que tres fugitivos (Wayne, Pedro Armendariz y Harry Carey Jr.), mientras huyen de la justicia (del sheriff Ward Bond) se hacen cargo del hijo recién nacido de una mujer que muere en el parto (Mildred Natwick), poniendo en grave peligro su fuga:

La otra, en “Fort Apache”, película dedicada a la caballería, en la que Wayne interpreta a un militar de campamento, libre, ajeno a la legalidad estricta que representa la academia militar de la que procede Henry Fonda, lo que provoca un enfrentamiento entre ambos:

Pero ese mismo año da la gran sorpresa la da en el magistral western de Howard Hawks “Río Rojo”, en la que interpreta a un tiránico cowboy que busca vengarse de sus hombres que se amotinaron, y en especial de su hijo adoptivo, un jovencito Montgomery Clift:

La interpretación de John Wayne sorprende al mismísimo John Ford, que al parecer, al ver su interpretación, dijo “¡No sabía que ese gran hijo de puta pudiera actuar!”. Y es cierto que aquí Howard Hawks le da a Wayne un papel con una profundidad dramática que no habían tenido sus papeles anteriores, y demuestra su capacidad interpretativa. John Ford tomará buena nota, sin duda. 

Por el momento, John Wayne protagoniza la segunda entrega de la trilogía de la caballería de Ford, “La legión invencible”, en 1959. Ese mismo año protagoniza “Arenas sangrientas”, narración de la batalla de Iwo-Jima, por la que consigue su primera nominación al Oscar:

Pero ese año el Oscar será para Broderick Crawford por “El político”, papel que Wayne rechazó por considerarlo anti-americano. Y es que, pese a haber votado por Franklin D. Roosevelt en años anteriores, John Wayne era un patriota conservador republicano, y la visión crítica del mundo de la política en la película no era de su agrado. 

En 1950 protagoniza la tercera película de la caballería de Ford, la mejor de las tres, “Río Grande”, primera vez que coincide en pantalla con su pareja más emblemática, Maureen O’Hara, interpretando a una pareja que se enfrenta por el destino en la caballería de su hijo, Claude Jarman Jr, acompañados de otros actores frecuentes en la filmografía de Wayne como Victor McLaglen y Harry Carey Jr.:

John Wayne repite con John Ford y Maureen O’Hara (además de Victor McLaglen, Mildred Natwick y Ward Bond, sumándose esta vez Barry Fitzgerald) en la genial comedia romántica “El hombre tranquilo”, una de las mejores películas de Ford y uno de los mejores papeles de Wayne interpretando a ese ex-boxeador que busca cambiar su vida en su Irlanda natal y que tendrá que soportar la oposición del hermano de la mujer de la que se enamora:

En 1953 trabaja a las órdenes de John Farrow en el western “Hondo”, en el que tiene que proteger a una testaruda mujer, Geraldine Page, y a su hijo, del inminente ataque de los indios:

También trabaja a las órdenes de William A. Wellman en “Infierno blanco”, interpretando a un piloto que tiene un accidente en Canadá. Al año siguiente, 1954, repite con Wellman en otra historia de aviación, interpretando a un piloto con problemas para llegar a Hawaii que tendrá que decidir si sigue adelante o regresa a San Francisco, con un reparto completado por Robert Stark o Claire Trevor entre otros, además de la magnífica música de Dimitri Tiomkin:

En 1954 se casa por tercera y última vez, con la actriz peruana Pilar Pallete, con la que estará casado hasta su muerte y con la que tendrá tres hijos: Aissa en 1956, Ethan en 1962 y Marisa en 1966. 

En 1955 vuelve a trabajar a las órdenes de John Farrow en “El zorro de los océanos”, en la que interpreta a un militar alemán que tiene que regresar a su país al estallar la II Guerra Mundial pese a sus pocas simpatías nazis, perseguido por un barco inglés en el que le acusan de un crimen que no ha cometido y llevando a una espía a bordo, interpretada por Lana Turner:

En 1956 protagonizó una de sus más fallidas películas, “El conquistador de Mongolia”, dirigida por Dick Powell, en la que daba vida al mismísimo Gengis Khan. El argumento no hay por dónde cogerlo, y pese a contar con Susan Hayward y Agnes Moorehead en el reparto, fue un fracaso. Al margen de haber sido rodada en terrenos contaminados por radiactividad tras unas pruebas atómicas:

Para compensarlo, ese mismo año protagoniza “Centauros del desierto” de John Ford, uno de los westerns más famosos de la historia (tal vez algo sobrevalorado) en el que interpreta a un veterano de guerra que, tras ver cómo su familia es masacrada por los indios, no cede en la búsqueda de su sobrina (insulsa Natalie Wood), que fue raptada, ayudado al final sólo por Jeffrey Hunter para encontrarla convertida en india, lo que enciende su más profundo racismo:

En 1957, tras rodar la mediocre “Arenas de muerte” junto a Sophia Loren, vuelve a ponerse a las órdenes de John Ford en “Escrito bajo el sol”, biopic del piloto Frank Wead quien, tras sufrir un accidente doméstico que le dejó parapléjico, escribió guines (Ford trabajó con él en “No eran imprescindibles”) y fue instructor de vuelo durante la II Guerra Mundial. En esta ocasión volvía a acompañarle en escena Maureen O’Hara:

Tras rodar en 1958 “El bárbaro y la Geisha” a las órdenes de John Huston, en 1959 vuelve a trabajar con John Ford en “Misión de audaces”, drama bélico ambientado en la Guerra de secesión en la que él, un unionista, tendrá que unirse al confederado William Holden en una misión:

Pero su mejor película de 1959 será el magistral western “Río Bravo”, que Howard Hawks rodó como oposición a “Solo ante el peligro” de Fred Zinnemann: el sheriff no está nunca sólo, cuenta con sus ayudantes, en este caso un borracho Dean Martin, un tullido Walter Brennan, un joven Ricky Nelson (estrella del Rock&Roll de vida desgraciada) y una misteriosa mujer, Angie Dickinson. Además, a diferencia de los westerns tradicionales, aquí los malos no son los indios, sino los ricos terratenientes que contratan a matones para controlar la vida de los pueblos del oeste, cambiando así la visión tradicional del western. Pese a no conseguir ninguna nominación a los Oscars, “Río Bravo” marcará un nuevo rumbo en el género, además de ser uno de los mejores westerns de la historia (en mi opinión le supera, por un pelo, “El hombre que mató a Liberty Valance” en el puesto de mejor western):

Los años 50 han sido los mejores de John Wayne hasta la fecha, pero su carrera sigue todavía en ascenso. Comienza 1960 con un western menor, “Alaska, tierra de oro”, de Henry Hathaway, de carácter más bien cómico, acompañado por Stewart Granger:

Pero ese mismo año su gran película será “El Álamo”, que se atreverá a dirigir él mismo, además de interpretar al mítico David Crockett, con un enorme reparto en el que destacan Richard Widmark y Laurence Harvey, además del propio hijo de John, Patrick Wayne, en la famosa historia del ataque mexicano al fuerte de El Álamo en la Guerra de Independencia de Texas. La película fue un gran éxito, consiguiendo incluso ser nominada al Oscar como mejor película:

En 1961 estrena “Los comancheros”, western a las órdenes de Michael Curtiz. Más productivo será sin duda 1962, en el que, a parte de su pequeña participación en la superproducción “La conquista del Oeste”, estrena tres grandes películas. La primera, la bélica “El día más largo”, detallada historia del Desembarco de Normandía que cuenta con 3 directores y un extenso reparto, en el que destacan Henry Fonda, Robert Mitchum e innumerables pequeños papeles y cameos, como el de Richard Burton:

La segunda es la genial comedia de aventuras “Hatari!”, de Howard Hawks, en la que lidera a un grupo de cazadores de animales salvajes para suministrar a los zoos en Tanzania, junto a Red Buttons o Hardy Kruger entre otros, además de surgir una complicada historia de amor con Elsa Martinelli. Aquí John Wayne demuestra como pocas veces sus magníficas dotes para la comedia:

No voy a negar mi absoluta predilección por esta película, pero es que John Wayne tenía todavía que ofrecer el que es en mi opinión su mejor papel en la otra película que estrenó en 1962, “El hombre que mató a Liberty Valance” de John Ford (ya he mencionado que es, en mi opinión, el mejor western de la historia), en la que Ford arregla todos los defectos que tenía “Centauros del desierto”: los villanos no son los indios, sino los terratenientes, Lee Marvin es un magnífico y creíble villano, las interpretaciones son mucho menos histriónicas y más matizadas (no podía ser de otra forma con James Stewart y Vera Miles como protagonistas) y el Tom Doniphon de Wayne es un papel matizado, realista pero al final derrotado por haber perdido a la mujer que ama. Y, con todo, esta obra maestra obtuvo una única nominación al oscar, a mejor vestuario; Wayne se merecía una nominación a mejor actor secundario más que cualquier otro intérprete:

En 1963, Andrew V. McLaglen, el hijo del actor Victor McLaglen, reúne de nuevo a John Wayne y Maureen O’Hara en el western cómico “El gran McClintock”, divertidísima película en la que participan Yvonne de Carlo y Patrick Wayne:

Wayne se encuentra cómodo en la comedia, y por ello en 1963 protagoniza junto a Lee Marvin y Jack Warden la comedia de aventuras de John Ford “La taberna del irlandés”: será la última película que ruede a las órdenes de Ford:

En 1964 se nos pasa al mundo del circo de la mano del director Henry Hathaway en “El fabuloso mundo del circo”, en la que comparte protagonismo con Rita Hayworth y Claudia Cardinale:

En 1965 es famoso su cameo en la película “La historia más grande jamás contada”, interpretando al centurión romano:

Pero ese mismo año protagoniza dos grandes películas. La primera, “Primera victoria”, de Otto Preminger, un retorno a la II Guerra Mundial, interpretando a un capitán de marina que se enamora de Patricia Neal al tiempo que intenta recuperar su relación con su hijo, el magnífico pero malogrado Brandon de Wilde, además de responder al ataque de Pearl Harbour junto a un magnífico reparto en el que destacan  Kirk Douglas, Henry Fonda o Franchot Tone en su última película:

Y la otra, el magnífico western de Henry Hathaway “Los cuatro hijos de Katie Elder”, en la que interpreta al mayor de 4 hermanos (los otros son Dean Martin, Earl Holliman y Michael Anderson Jr.) que vuelven a encontrarse para intentar recuperar las tierras que le robaron a su recién fallecida madre:

En 1966 protagoniza el segundo western de la trilogía de Howard Hawks iniciada con “Río Bravo”, titulada “El Dorado”, acompañado en esta ocasión por Robert Mitchum y James Caan:

En 1967 protagoniza “Ataque al carro blindado”, interpretando a un ex-presidiario que intenta robar a la persona que le tendió una trampa para encerrarlo y robarle sus tierras, Bruce Cabot (mítico secundario en tantas películas de Wayne), para lo que contará con la ayuda de Kirk Douglas, Keenan Wynn, Robert Walker Jr. y Howard Keel:

En 1968 volvió a la dirección, pero sin tanto éxito como con “El Álamo”: y es que “Boinas verdes”, ambientada en la Guerra de Corea, fue vista desde el principio como una película que se posicionaba a favor de la polémica Guerra de Vietnam (que era a fin de cuentas la posición de John Wayne):

En 1969 trabaja en dos películas a las órdenes de Andrew McLaglen, en el drama sobre bomberos “Los luchadores del infierno” y en el western “Los indestructibles”, en el que comparte pantalla con Rock Hudson:

Pero ese año su mayor éxito fue interpretar al tuerto Rooster Cogburn, agente de la ley contratado por una joven, Kim Darby, para que capture a los asesinos de su padre en “Valor de Ley”, western dirigido de nuevo por Henry Hathaway:

Por este papel John Wayne consiguió su segunda y última nominación al Oscar, pero esta vez se lo llevó a casa:

Quién le iba a decir a John Ford que ese gran hijo de… no sólo era capaz de actuar, sino incluso de ganar un Oscar (merecidamente), y que es grandullón se iba a emocionar al recogerlo. Magnífico por cierto escuchar al tiempo que se levanta la magistral banda sonora de Elmer Bernstein, compositor habitual en sus últimos westerns. 

En 1970 John Wayne trabaja de nuevo con Andrew V. McLaglen en el western “Chisum”, y protagoniza el último film de la trilogía western de Howard Hawks, “Río Lobo”, acompañado en esta ocasión por el mexicano Jorge Rivero y por Christopher Mitchum, el hijo de Robert Mitchum:

En 1971 trabaja por última vez junto a Maureen O’Hara en “El gran Jack”: ella se reúne con su ex-marido cuando unos cuatreros secuestran a su nieto (interpretado curiosamente por el hijo pequeño de John, Ethan), y este consigue la ayuda de dos de sus hijos, Patrick Wayne y Christopher Mitchum, pese a los problemas que ambos tienen con él:

En 1972 protagoniza un simpático western, “Los cowboys”, en el que, sin trabajadores que le ayuden a llevar al ganado, contrata a un grupo de jóvenes, que tendrán que enfrentarse a unos bandidos liderados por Brice Dern que querrán robar el ganado. Es uno de los pocos films en los que John Wayne muere:

En los siguientes años John Wayne protagoniza algunos westerns y películas policiales. Destaca en 1975 “Brannigan”, en la que interpreta a un policía americano que tiene que colaborar con la policía británica, encabezada por Richard Attenborough, para detener a un criminal, aunque la película se centra demasiado en las diferencias entre americanos y británicos:

Ese mismo año retoma su papel de Rooster Cogburn, protagonista de “Valor de ley”, en “El rifle y la biblia”, en la que comparte pantalla con Katherine Hepburn. El duelo interpretativo entre ambos, con esos juegos de ironía, es magistral y digno de ver:

Al año siguiente, 1976, estrena su última película: “El último pistolero”, de Don Siegel, western crepuscular en la que interpreta a un antiguo pistolero que, diagnosticado de cáncer terminal, se instala para morir en la casa de un viuda, Lauren Bacall, incómoda con su pasado, y su hijo, Ron Howard, fascinado por quién fue, para enfrentarse en una batalla final con sus últimos enemigos. La película es en realidad un homenaje a toda su carrera, apareciendo imágenes de algunas de sus películas, con un marcado carácter crepuscular que nos anuncia la despedida del Duque:

En sus últimos años se alejó del Partido Republicano y se acercó al demócrata Jimmy Carter en su defensa de que el canal de Panamá debía ser soberanía exclusiva del estado de Panamá. 

Diagnosticado de cáncer de pulmón en 1966, consiguió superarlo, pero luego sufrió cáncer de estómago. Siempre se ha sospechado que el rodaje de “El conquistador de Mongolia” en zonas contaminadas con radioactividad pudo haberlo provocado (de cáncer habían muerto tanto el director como otros protagonistas de la película). Su última aparición pública, en los Oscars de 1979, dejó en evidencia su mal estado de salud:

Pocos meses después sucumbía al cáncer de estómago, el 11 de junio de 1979. Poco antes de morir se había convertido al catolicismo. Fue enterrado en el Pacific View Memorial Park Cemetery, cerca de Los Angeles. 

John Wayne es el rostro por excelencia del western, pese a haber destacado también en otros géneros, como el bélico o la comedia. Quizá en sus comienzos no fuera un gran actor, pero a base de trabajar (más de 150 películas en su filmografía) terminó convirtiéndose en un magnífico actor que nos dejó una gran cantidad de interpretaciones memorables. 

125 años del nacimiento de John Ford (01-02-2019)

Su buscáramos a un director de cine unánimemente admirado por la crítica y por sus compañeros directores, probablemente haya un nombre que destaque por encima de cualquier otro: John Ford. Aprovechando el 125 aniversario de su nacimiento, repasamos su extensa carrera. 

El nombre real de John Ford era John Martin Feeney, y nació en Capel Elizabeth, un pueblo costero del estado de Maine el 1 de febrero de 1894. Era el décimo hijo de una familia de inmigrantes irlandeses, que todavía tendría un hijo más que moriría siendo bebé. Sólo 5 de ellos llegaron a la edad adulta, siendo John el menor. Siempre tuvo muy presentes sus antecedentes irlandeses, e incluso parece que sabía hablar irlandés gracias a su madre. 

Los problemas económicos de la familia llevaron a que ésta abandonara la granja en la que vivían y se mudaran a la ciudad de Portland. Allí, John termina sus estudios secundarios y realiza diversos trabajos, mientras tiene el deseo de enrolarse en la Marina. 

Pero en 1911 su hermano mayor, Francis, se había mudado a Hollywood, donde trabajaba en la recién nacida industria cinematográfica bajo el nombre de Francis Ford. John se reunió con él en 1913, trabajando como su asistente y como actor extra, en películas como “El nacimiento de una nación” de Griffith, lo que le permitió ver en vivo la forma de trabajar del mítico director. Adopta entonces el nombre artístico de Jack Ford (Jack era el nombre con el que le conocía su familia), abandonando su apellido irlandés. 

Parece ser que, además de trabajar como actor e incluso como guionista, John se estrena como director en 1917 con varias películas, aunque se duda de si realmente era el director o sólo el asistente de su hermano. En todo caso, de su enorme cantidad de películas mudas (más de 60), se conservan muy pocas, y las que se conservan no siempre están completas o en buen estado. 

En 1920 se casa con Mary McBridge Smith, matrimonio problemático por ser él católico y ella divorciada y no católica. En todo caso, permanecerán juntos hasta la muerte de él. Tendrán dos hijos, Patrick en 1921 y Barbara en 1922. 

Por fortuna, John Ford es contratado por la Universal para dirigir Westerns, género por aquel entonces poco relevante, por lo que se podían permitir el lujo de utilizar a un director poco conocido y experimentado como él. Pero gracias a su relación laboral con el actor Harry Carey, con el que realiza un elevado número de westerns, su prestigio aumenta, y con ello su sueldo. En todo caso, en su etapa de cine mudo, pese a su especialización en el western, trabaja en géneros muy dispares. 

En 1928 dirige su primer film sonoro, “El barbero de Napoleón”, que no se conserva. Pero, poco después, es despedido junto con los demás directores de cine mudo, para que sus puestos sean ocupados por directores teatrales. Pero claro, dirigir teatro y cine no tienen nada que ver, y, tras el fracaso de estos, los estudios vuelven a contar con los directores despedidos. Y Ford regresa con”Shari, la hechicera”, film de aventuras exóticas ambientado en la India y protagonizado por Victor McLaglen (actor recurrente en su filmografía) y Myrna Loy:

El éxito de la película, producida por la Fox, le lleva a nuevos contratos en los años siguientes, de los que destaca la comedia “Río arriba”, que originalmente iba a ser un drama carcelario pero que Ford alteró sin el consentimiento del guionista. La película destaca por ser la primera que rodaron Spencer Tracy y Humphrey Bogart:

En 1931, abandona la Fox para dirigir para Samuel Goldwyn la adaptación de la novela ganadora del Pullitzer de Sinclair Lewis, “El doctor Arrowsmith”, protagonizada por Ronald Colman y Helen Hayes:

La película obtiene varias nominaciones a los Premios Oscar, incluyendo el de mejor película. Pero John Ford rompe las condiciones del contrato con Goldwyn, que no le permitían beber durante el rodaje, pero la Fox da por terminado el contrato en exclusiva que había tenido hasta entonces, lo que le permite a Ford trabajar de manera autónoma para los diferentes estudios, sin depender directamente de ninguno de ellos. La serie del Juez Priest le otorga gran fama, pero será en 1935 cuando alcance el éxito gracia a “El delator”, película ambientada en la Irlanda del IRA (hacia el que no esconde sus simpatías) y que cuenta la historia de un delator atormentado por lo que ha hecho, protagonizada de nuevo por Victor McLaglen:

La película obtiene un gran éxito: Victor McLaglen gana el Oscar a mejor actor, Max Steiner se lleva la estatuilla por su muy descriptiva banda sonora, y el propio Ford gana su primer Oscar (en su primera nominación como director). 

Con la libertad que este prestigio le aporta, cambia de registros en sus siguientes películas. En 1936 prueba suerte con el género histórico en “María Estuardo”, protagonizada por Katherine Hepburn y Fredric March:

En 1937 dirige a la niña Shirley Temple en la comedia “La mascota del regimiento”, y trabaja también en el drama exótico “Huracán sobre la isla”, que enfrenta a un intransigente Raymond Massey con una pareja autóctona de Polinesia, formada por John Hall, interpretando a un delincuente, y Dorothy Lamour: 

Intriga, cine bélico… John Ford cambia constantemente de gñenero en esta época. En 1939 estrena “El joven Lincoln”, que narra la etapa del futuro presidente como abogado, y que interpreta magistralmente un joven Henry Fonda:

Tanto Henry Fonda como Ward Bond, el villano del film, serán actores recurrentes en la filmografía de Ford, como también lo será el protagonista de su gran éxito de ese año, John Wayne, en “La diligencia”, su retorno al western, género que recupera para el público y la crítica (y, de paso, lanza a la fama a Wayne):

La película obtiene un gran éxito en los premios: Thomas Mitchell gana el Oscar a mejor actor secundario, y John Ford es nominado a mejor director, siendo la única vez que no gane (al competir contra Victor Fleming por “Lo que el viento se llevó”). 

En 1940 dirige un drama rural, de unos campesinos que abandonan sus tierras para mudarse a la próspera California: “Las uvas de la ira”, que se convertirá en uno de sus mayores éxitos. Jane Darwell gana el Oscar a mejor actriz secundaria, Henry Fonda es nominado como mejor actor y John Ford gana su segundo Oscar como mejor director (aunque, de nuevo, no se lleva el premio a la mejor película):

Y en 1941 repite el éxito con “Qué verde era mi valle”, de nuevo un drama rural ambientado en una zona minera en decadencia de Gales, protagonizado por una joven Maureen O’Hara (que se convertirá en su actriz fetiche), Walter Pidgeon, el debutante Roddy McDowall y Donald Crisp y Sara Allgood como los patriarcas de la familia:

Pese a que, incomprensiblemente, Maureen O’Hara se queda sin nominación, la película obtiene numerosas nominaciones y premios: Sara Allgood es nominada como mejor secundaria, Donald Crips se lleva el premio a mejor secundario, John Ford gana su tercer Oscar, y, esta vez sí, también el de mejor película. 

Por esta época, John Ford todavía es políticamente bastante progresista. Ayudó al bando republicano en la Guerra Civil española, y es un activo miembro de la Liga Hollywoodiense anti-Nazi, clamando a favor del bloqueo a Alemania y, cuando la Guerra comienza, la participación americana en ella. Así, tras el bombardeo de Pearl Harbour, sirve en la Oficina de servicios estratégicos como fotógrafo, rodando varios documentales bélicos. “La batalla de Midway” gana de hecho el Oscar a mejor documental. 

A su regreso a Hollywood, ya en 1945, rueda “No eran imprescindibles”, film bélico ambientado en Filipinas justo después del bombardeo de Pearl Harbour, que narra sucesos que conoció de primera mano, y que es protagonizada por John Wayne, Robert Montgomery y Donna Reed:

En 1946 vuelve al western para presentarnos una visión romántica, e históricamente inexacta, del famoso duelo del O.K. Corral en “Pasión de los fuertes”, con Henry Fonda como Wyatt Earp y un solvente Victor Mature (demasiado piropo calificarlo como solvente) como Doc Hollyday, con Linda Darnell como el amor de este último y con Walter Brennan interpretando al villano patriarca de los Clanton:

En lo que queda de década, John Ford se va a dedicar fundamentalmente al western. Tras rodar la curiosa “Tres padrinos”, con tres fugitivos de la justicia adoptando a un recién nacido cuya madre acaba de morir (siendo uno de ellos el debutante Harry Carey Jr., hijo del actor con el que saltó a la fama en sus comienzos), comienza su trilogía sobre la caballería americana con “Fort Apache”, de 1948, en la que un académico en inflexible Henry Fonda se enfrenta al mucho más pragmático y conocedor del terreno John Wayne, provocando un conflicto con los apaches, que son mostrados aquí de forma no tan negativa como es habitual, ya que sus protestas tienen motivo:

En 1949, tras terminar rechazando rodar el drama sobre racismo “Pinky”, que terminará en manos de Elia Kazan, filma la segunda entrega de la trilogía, “La legión invencible”, para rematarla en 1950 con “Río Grande”, uno de sus western más famosos, en el que la pareja formada por John Wayne y Maureen O’Hara se enfrentan por el trato que él debe dar, como coronel de la caballería, a su hijo recién alistado, interpretado por Claude Jarman Jr.:

Curiosamente, pese a ser siempre identificado con el género del western, este será el último que dirija en bastantes años.

Sus amistades en Hollywood (John Wayne, Maureen O’Hara, Ward Bond) han ido haciendo a John Ford cada vez más conservador en política. Pese a todo, durante el McCarthysmo se niega a acusar a Joseph Mankiewicz, como deseaba hacer Cecil B. de Mille. En todo caso, Ford pasa de apoyar a Roosevelt a, años después, hacer campaña a favor de Richard Nixon, pasando claramente del Partido Demócrata al Republicano, al que pertenecían no pocos de sus actores habituales. 

En 1952, Ford dirige una curiosa comedia con la que regresa a Irlanda, “El hombre tranquilo”, historia de un boxeador (John Wayne) que busca huir de su pasado americano y regresa a su tierra para enamorarse de una mujer (Maureen O’Hara) y enfrentarse a las costumbres del lugar, incluyendo al hermano de esta (Victor McLaglen):

Por esta película John Ford gana su cuarto y último Oscar a mejor director (aunque, de nuevo, sin llevarse el de mejor película). 

En 1953 fracasa con el drama rural “El sol siempre brilla sobre Kentucky”, que volvía al personaje del Juez Priest, pero obtiene un gran éxito con el drama de aventuras “Mogambo” (remake de “Tierra de pasión” de Victor Fleming), con un triángulo amoroso formado por Clark Gable (que recupera el papel que también interpretó en la versión original, y que consiguió volver al primer plano tras años olvidado), Ava Gardner y Grace Kelly:

En 1954 se estrena en un nuevo campo, la televisión, y no vuelve a estrenar en cines hasta 1955, cuando se presenta “Cuna de héroes”, que narra la historia de un instructor militar de la Academia Militar de West Point, interpretado por Tyrone Power y Maureen O’Hara: 

También ese año comienza a dirigir “Escala en Hawai”, pero surgen problemas con el actor protagonista, Henry Fonda, que había interpretado el papel en Broadway y no estaba convencido de que Ford fuera el director idóneo para la obra. Ford se caracterizaba por su carácter difícil y por su rudeza al tratar a los actores, y no soportando las críticas de Fonda, le dio un puñetazo que acabó con su amistad. Sumido en el alcohol, retoma la dirección pero una rotura de su vesícula, que requiere cirugía, le hace abandonar el proyecto, que concluirá Mervyn LeRoy. 

En 1956 estrena la que muchos consideran su gran obra maestra, el western “Centauros del desierto”, brillante por su fotografía, por la visión casi pictórica de cada plano, algo típico en él, por su banda sonora firmada por Max Steiner (aunque a Ford no le convenciera), pero también criticada por la ausencia de un villano a la altura, por la sobreactuación de algunas interpretaciones y por el empeño de Ford de rodar siempre sus westerns en el Monument Valley, viniera o no a cuento. La película nos cuenta la historia de un militar, John Wayne, que regresa a casa de su familia tras la Guerra de Secesión para ver como, poco después, son masacrados por los indios, con la excepción de una sobrina, Natalie Wood, en cuya búsqueda partirá acompañado por Jeffrey Hunter, hasta que salgan a la luz sus más bajos instintos:

En 1957 repite dirigiendo a la pareja artística formada por John Wayne y Maureen O’Hara en “Escrito bajo el sol”, drama basado en la vida de Frank Wead, guionista de las primeras películas sonoras de Ford y aviador que tuvo un accidente que lo dejó en silla de ruedas:

Y en 1958 rueda una película no muy conocida pero que, en mi opinión, es una de sus obras maestras, “El último hurra”, drama político en el que un viejo alcalde busca la reelección cuando irrumpe un nuevo medio como es la televisión, cuando él se maneja mejor en el trato directo con la gente. La película cuenta con una de las mejores interpretaciones de Spencer Tracy, además de con un magnífico Jeffrey Hunter y un impresionante plantel de secundarios:

Pero su salud va viéndose deteriorada tras años de consumo de alcohol y tabaco (siempre con su característica pipa), los problemas derivados de sus heridas de combate y una memoria y una visión que iban disminuyendo (era habitual que usara un parche en el ojo para disimular sus problemas de vista). Esos problemas y los nuevos modelos de Hollywood hicieron que, pese al éxito comercial considerable de “El último Hurra”, las productoras sólo lo quisieran para dirigir westerns. Así, en 1959 estrena “Misión de audaces”, drama bélico ambientado en la guerra de secesión que enfrentaba a John Wayne con William Holden

De 1960 es su nuevo western, “El sargento negro”, alegato antirracista en el que un abogado militar, Jeffrey Hunter, tiene que defender a un soldado negro, Woody Strode, acusado del asesinato de una joven, cuando todos lo consideran culpable: 

En 1961 estrena un nuevo western, “Dos cabalgan juntos”, en el que un grupo de militares liderados por James Stewart y Richard Widmark tratarán de rescatar a los blancos raptados por los comanches:

Y en 1962, a parte de dirigir un fragmento de la monumental “La conquista del oeste”, dirige la que, en mi opinión, es su obra maestra: “El hombre que mató a Liberty Valance”, en la que un idealista abogado interpretado por James Stewart se tiene que enfrentar a un grupo de matones liderado por Lee Marvin, el Liberty Valance del título, contando con la ayuda de un vaquero, John Wayne, con el que se enfrentará por estar ambos enamorados de la misma mujer, Vera Miles. Es cierto que Stewart y Wayne son excesivamente mayores para sus papeles, pero sus interpretaciones son magistrales, la historia es magnífica (los villanos no son los indios, sino los terratenientes blancos, siempre ávidos de más riquezas) y la fotografía en blanco y negro juega con los claroscuros de esa forma pictórica que tanto gustaba a Ford:

En 1963, John Ford trabaja por última vez con John Wayne en “La taberna del irlandés”, comedia ambientada en una isla del Pacífico coprotagonizada por Lee Marvin, aquí en un papel mucho más amable que en la anterior:

En 1964 estrena su último western, la más larga y ambiciosa de sus películas, “El gran combate”, que narra el éxodo de los Cheyenes desde la reserva de Oklahoma en la que fueron confinados hasta sus tierras originales, y la oposición del gobierno americano y del ejército, protagonizada por Richard Widmark, Karl Malden y Sal Mineo, entre otros, en una película que buscaba ser favorable a los indios americanos:

Problemas de salud cada vez mayores le obligan a cancelar nuevos proyectos, siendo capaz de terminar en 1966 su última película, “( mujeres”, ambientada en la China de 1930 en el que un grupo de misioneras chinas se enfrentan a los problemas de una invasión de los mongoles, protagonizada por Anne Bancroft:

Ninguno de sus siguientes proyectos pudo ser realizado. Una rotura de cadera en 1970 le confina en una silla de ruedas y le obliga a abandonar su casa y mudarse a otra de una sola planta, en la que permanecerá los siguientes tres años, hasta que el cáncer de estómago que padecía desde años atrás termine con su vida el 31 de agosto de 1973, a los 79 años de edad. Fue enterrado en el cementerio de Holy Cross de Culver City, cerca de Los Angeles. 

Con un enorme legado de películas mudas y sonoras, John Ford nos dejó un estilo de hacer cine muy personal, clásico, artístico, de gran atractivo visual aunque en muchas ocasiones de contenido claramente propagandístico, si bien cuando se aleja de esas funciones sus películas alcanzan el nivel de obras maestras. Por algo es el único director que ha ganado 4 Oscars en esa categoría. 

In Memoriam: Marni Nixon (25-07-2016)


Se la conocía como “la voz fantasma” de Hollywod. Y es que su voz es reconocible para cualquier aficionado al cine (especialmente al cine musical, claro), pero su aspecto físico era poco menos que un enigma. Por eso, ahora que nos dejó hace 2 días, conviene que recordemos a Marni Nixon.




Margaret Nixon McEathron, que era el verdadero nombre de Marni Nixon, nació en California el 22 de febrero de 1930. Desde joven estudió cantó, lo que le llevó tanto a cantar para el cine como a cantar ópera, canciones y musicales.

Como cantante de ópera, su carrera se centra fundamentalmente en los teatros de la costa oeste, como Los Ángeles, San Francisco y Seattle, cantando papeles de Mozart o La Traviata de Verdi, lo que ya nos deja claro una vocalidad de soprano lírico-ligera. No encuentro grabaciones suyas cantando ópera, pero sí algunas piezas de música clásica, como en este caso, acompañando a Leonard Bernstein (con quien colaboró a menudo) en una pieza de Pierre Boulez:

Volvemos ahora a escucharla junto a Leonard Bernstein cantando las 3 canciones de Auvernia de Joseph Canteloube:

La escuchamos ahora cantar el aria de la bachiana brasileira nº 5 de Heitor Villa-Lobos:

Marni Nixon destacó también cantando canciones de Kurt Weill o de Arnold Schönberg.

Pero por lo que recordamos a Marni Nixon es por sus participaciones cinematográficas (además, su primer marido, con quien se casó en 1950 y se divorció en 1969 fue el compositor Ernest Gold, ganador del Oscar a mejor banda sonora por “Éxodo”). Su primera intervención fue en 1948 dando voz a los ángeles que escucha Ingrid Bergman en “Juana de Arco”. Después dobló en las canciones a Margaret O’Brien en 1948 en “Big City” y en 1949 en “El jardín secreto”, que escuchamos a continuación:

En 1953 pondrá las notas más agudas para Marilyn Monroe en “Diamonds are the girl’s best friend” de “Los caballeros las prefieren rubias”, aunque su verdadero gran éxito fue doblar en las canciones a Deborah Kerr en el musical “El rey y yo” en 1956:

El trabajo es magnífico, parece que sea la propia Deborah Kerr la que canta… pero no, Deborah Kerr no cantaba (desconozco el porqué, y no deja de ser sorprendente ya que su forma de hablar era ya de por sí bastante cantarina); Yul Bryner sí que canta él mismo,por si había que aclararlo, de hecho cantó este musical en Broadway. Marni Nixon volvió a dolar a Deborah Kerr en 1957 en la canción que canta su personaje en “Tú y yo”:

En 1961 le toca trabajar en “West Side Story” para doblar en las canciones a Natalie Wood (y también en un breve momento a Rita Moreno). No deja de resultar curioso el en mi opinión error de casting de Natalie Wood (y de su pareja en la película, Richard Beymer), ya que no sólo no sabían cantar, tampoco sabían cantar (a diferencia de Deborah Kerr,que no cantaba pero sí bailaba), lo que provocó que se cortaran sus escenas de baile. De entre todas las canciones de la película, yo me quedo con este “Somewhere”:

Su nombre nunca apareció en los títulos de crédito de estas películas, y se le negó recibir royalties por su participación, aunque Leonard Bersntein (con quien como ya hemos viso, colaboró a menudo) le cedió un porcentaje de los suyos.

Su otra intervención más destacable fue en 1964. Insatisfechos por los resultados de Audrey Hepburn como cantante (pese a que hubiera grabado todas sus canciones)en “My Fair Lady”, decidieron sustituir su voz por la de Marni Nixon (excepto en “Just yoy wait”, donde se conservó la versión de la propia Hepburn). Cuando, en épocas recientes, hemos podido escuchar las versiones originales de la propia Hepburn, nos daos cuenta del gran esfuerzo que hizo, pero es que el agudo final del “I could have danced all night” no podía sonar bien… así que vamos a escuchar a Marni Nixon en dos de las canciones de “My Fair Lady”:

Siempre se ha rumoreado que Marni Nixon estuvo detrás de que Audrey Hepburn se quedara sin nominación al Oscar, por un papel que, por otra parte siempre se esperó que interpretara Julie Andrews, quien había estrenado el musical. En todo caso, la jugada salió bien, porque el Oscar se lo llevó precisamente Julie Andrews por “Mary Poppins”, en la que, por cierto, también escuchamos brevemente a Marni Nixon en esta escena de animación, poniendo voz a las tres ocas:

Será en 1965 cuando por fin podamos verla en su única aparición cinematográfica, gracias a Robert Wise (el director de “West Side Story”), con un breve papel en “Sonrisas y lágrimas”, el de la hermana Sofía (es la que canta la segunda frase de la canción, para reconocerla mejor):

Su carrera proseguirá como profesora de canto, como actriz de teatro y musical y haciendo grabaciones discográficas (grabará el papel de “Mary Poppins”, por ejemplo), e incluso poniendo voz a la abuela de la película de animación de Disney “Mulán”:

En 2001 participa en las funciones del musical “Follies” de Stephen Sondheim:

Finalmente, un cáncer de mama se la llevaba, a los 86 años, el pasado 24 de julio. Pese a que su nombre a penas sea conocido y que casi nadie reconozca su cara, es una parte fundamental de la historia del cine, y como tal merece ser recordad.



60 años sin James Dean (30-09-2015)


No sé cuántos años hará, quizá unos 20, de aquella vez que vi por primera vez “Rebelde sin causa”. Lo que sí recuerdo es que la película de me impresionó, y especialmente el personaje de Jim Stark, interpretado por un tal James Dean. No sé, serían cosas de la edad (en aquella época estaría a punto de entrar en la adolescencia), pero se podría decir que me hice una especie de fan de Dean.




Pero cómo cambia el tiempo la percepción de las cosas… la segunda vez que vi la película fue hará uno o dos años, y… mi opinión cambió enormemente. La película me pareció floja, y la interpretación de Dean histriónica y poco coherente (tampoco me llevé buena impresión de Natalie Wood… el único que me siguió gustando, más si cabe, es Sal Mineo).

Pues bien, hoy hace 60 años del fatal accidente que nos arrebató a Jimmy tras protagonizar sólo 3 películas y que le convirtió en un auténtico icono de cierto tipo de cine. un repaso por su historia y filmografía nos permitirá ciertas reflexiones sobre la forma de hacer cine y de interpretar.

James Byron Dean nació un 8 de febrero de 1931 en Marion, una pequeña ciudad de unos 20.000 habitantes de Indiana, en ese Estados Unidos rural, ultraconservador y reaccionario en el que en cambio impera esa doble moral que afectará al joven Jim.

A los pocos años su familia se muda a Santa Monica, en California, donde permanecen algunos años. Pero en 1940, cuando James Dean tiene 9 años, su madre, a quien había estado fuertemente unido, muere de cáncer (con solo 30 años). Su padre se siente incapaz de criarlo, por lo que lo envía a vivir con su hermana y su cuñado a Fairmount, un pueblo próximo a Indianapolis, donde fue educado en un entorno cuáquero (¿Qué son los cuáqueros? Volver a ver “La gran prueba” de William Wyler, con Gary Cooper y Dorothy McGuire, para saberlo). Él nunca lo contó en público, pero durante el rodaje de “Gigante” le reveló a su compañera de reparto Elizabeth Taylor detalles sobre su etapa en Indiana trascendentales.

En una entrevista concedida en 1997, Elizabeth Taylor afirmó (con la condición de que la información no saliera a la luz hasta su muerte) que dos años después de la muerte de su madre, sufrió abusos sexuales por parte del pastor de su iglesia. Algo que, obviamente, le marcó por el resto de su vida. Es más que posible que ese carácter introvertido se acentuara a consecuencia de esos abusos que sufrió con unos 11 años.

Durante sus años de secundaria, un importante influencia la recibió por parte del reverendo metodista James DeWeerd, quien fomenta en él la pasión por las carreras de coches y por el teatro, ambas muy importantes en su vida. Se especula también con la posibilidad de que DeWeerd también abusara sexualmente de él… o de que no fuera abuso… En todo caso, durante esos años ya participaba en funciones teatrales de instituto, aunque no parece que de gran calidad, y destaca en diversos deportes.

A los 18 años, James Dean se muda a Los Ángeles para estudiar en la Universidad de California, donde estudia arte dramático, lo que le distancia de su padre. Allí consigue de hecho el papel de Malcolm en “Macbeth”. Tendrá de compañero de habitación a William Bast, quien se convertiría en guionista televisivo. Bast escribió la primera biografía de Dean, ya que a parte de ser compañeros de habitación en Los Ángeles y posteriormente en Nueva York, mantuvieron una estrecha amistad (años después Bast sugirió que incluso fue algo más que amistad… los rumores sobre la identidad sexual de Dean son constantes). Es en esta época cuando hace su primera aparición televisiva, en este anuncio de Pepsi-Cola:

Dean no tarda en abandonar sus estudios para poder dedicarse completamente a la interpretación, y consigue aparecer en pequeños papeles sin acreditar en algunas películas de principios de los 50, y en algunos episodios de distintas series. Hasta que en 1951, James Whitmore le aconseja (¡grave error!!!!!!) que vaya a Nueva York a estudiar en el Actor’s Studio (no olvidemos que ese mismo año se estrena la película “Un tranvía llamado Deseo”, protagonizada por un tal Marlon Brando, quien también estudió en el Actor’s Studio). Bajo la dirección de Lee Strasberg se convierte en un actor de método (algún día ya hablaremos, o mejor dicho despotricaremos, del método Stanislavski). Y hace teatro, hasta que su suerte cambia.

En 1953, uno de los impulsores del Actor’s Studio, el director Elia Kazan (a quien no soporto ni como persona ni como cineasta… dejemos las cosas claras desde el principio), busca protagonista para la adaptación de la recién publicada novela “Al este del Edén”. En un principio piensa en Brando, pero alguien le sugiere darle la oportunidad al desconocido James Dean, quien consigue el papel y el 8 de abril de 1954 abandona Nueva York para rodar en California.

James Dean interpreta en este primer papel a Cal Trask, el hijo rebelde del severo Adam Trask (un enorme Raymond Massey), quien no duda en mostrar sus preferencias hacia el otro hijo, Aron (¿Alguien se acuerda del pobre Richard Davalos, también debutante en este film?). El de Cal es un personaje atormentado, turbulento, pero no exento de cierta sensibilidad. Dean consigue transmitir bien estas dos facetas, pero le resulta difícil el punto intermedio entre ambas y, “gracias” al método, cae a menudo en el histrionismo (aunque no tanto como en sus siguientes roles)

Seamos sinceros, con esa mirada y esa sonrisita tímida consigue que ignoremos sus carencias. Porque Dean no será un gran actor (lo siento, es mi opinión), pero pese a todo tenía carisma, la capacidad de fijarse en la memoria del espectador, justo lo que le faltaba a su hermano en la ficción, el pobre Richard Davalos, aunque fuera seguramente mejor actor que Dean.

Ya lo he dicho, como actor prefiero a Davalos, pero es eso, ¿quién le recuerda? Y eso que en esta última escena Cal hace lo posible porque terminemos odiándole, comportándose como un auténtico cabr#n. Pero aún así consigue que le cojamos cariño a su personaje. Y ahí está el misterio.

Es durante el rodaje de este film (en el que compartirá piso con su hermano en la ficción) cuando inicia su romance con Pier Angeli, quien en 1954 estrenaba “El cáliz de plata” (esa película que su protagonista, Paul Newman, siempre quiso olvidar). El romance duró apenas 3 meses, ya que la madre de ella se negaba a aceptarlo, y terminó cuando ella le dejó para casarse con el cantante Vic Damone. La mayoría de las fuentes confirman que este fue el gran amor de su vida, aunque parece que Dean siempre tuvo problemas con las mujeres (Elia Kazan hablaba de falta de éxito con ellas).

La película se estrena el  de marzo de 1955, aunque James Dean no está presente en dicho estreno. Por esas fechas aprovecha también para comprarse su primer Porsche y participar en algunas carreras.

El 28 de marzo comienza el rodaje de su siguiente película, “Rebelde sin causa” de Nicholas Ray, junto a Natalie Wood y el debutante Sal Mineo. La película comienza a rodarse en blanco y negro, pero el éxito de “Al este del Edén”, que había sido filmada en color, hace que la película vuelva a comenzar a rodarse, esta vez en color. El rodaje dura apenas dos semanas y catapulta a la fama a Dean, en un papel de adolescente perdido, rebelde (con causa, en mi opinión, pese a que el título indique lo contrario) que consigue que los jóvenes americanos se sintieran identificados con él. Si con “Al este del Edén” nació una estrella, aquí nace el mito.

Por cierto, ¿habéis reconocido en el vídeo a Dennis Hopper?

La película causaría furor en su época, pero hoy día ni el guión ni las interpretaciones de Dean y la Wood parecerían gran cosa (esa forma de decir “It’s troble”… ¡sin comentarios!)

Ya sólo con ver esta tremenda escena final nos damos cuenta de que quien realmente se sale como actor es el gran (aunque pequeñito en tamaño) Sal Mineo. De nuevo, el personaje de Dean no es el más entrañable de la película…

El rodaje de “Rebelde sin causa” provoca que James Dean acuda varios días tarde al rodaje de si siguiente película, la superproducción “Gigante” de George Stevens, con Rock Hudson y Elizabeth Taylor (y en la que aparecen también Sal Mineo y Dennis Hopper, compañeros de rodaje en Rebelde sin causa). Aquí Dean intenta huir del encasillamiento, de hacer siempre esos roles de jóvenes inadaptados, interpretando a Jett Rinck, un solitario joven que trabaja para Rock Hudson pero que se enriquece (y envilece) con el petroleo.

¡Qué asquerosamente guapa está la Taylor en Gigante!

Si en sus anteriores papeles te podías compadecer de él, aquí directamente está odioso:

El maquillaje es de premio, desde luego…

En esta escena el histrionismo de Dean alcanza cotas difícilmente superables. Su pronunciación se ha ensuciado con respecto a “Al este del Edén”… y de nuevo, el personaje entrañable le cae a otro jovenzuelo debutante, en este caso Dennis Hopper. No es este un testamento a la altura de alguien con la fama de Dean.

Durante el rodaje se le impuso la prohibición de participar en carreras de coches, pero durante el rodaje compró un segundo Porsche. El 30 de septiembre, terminado ya el rodaje, iba acompañado de su mecánico para rodar el coche, se chocó en un cruce con un Ford que circulaba gran velocidad y con el que chocó. No murió en el acto, como se dijo en su momento, sino que salió disparado chocando contra el parabrisas del Ford y rebotó para volver a caer sobre su Porsche, en el asiento del copiloto. Murió pocos minutos después. Su copiloto, el mecánico, salió despedido del coche y tuvo diversas fracturas, pero sobrevivió, mientras el conductor del Ford apenas sufrió rasguños.

De nuevo hay especulaciones sobre la muerte de James Dean. Por una parte, quién fue el culpable del accidente. El conductor del Ford afirma que no vio el coche de Dean. En todo caso, Dean circulaba a velocidad excesiva y, lo más extraño, no trató de esquivar al Ford sino que se empotró contra él. Hay quien quiere ver en esto una especie de suicidio, y a esta hipótesis se une el hecho de que los días anteriores había estado visitando a sus amigos más íntimos (¿una especie de despedida?).

También se ha especulado sobre cómo habría proseguido la carrera de Dean: mientras unos creen que habría tenido una fructífera carrera, otros piensan que su carrera estaba acabada. Tampoco importa mucho, no deja de ser historia-ficción.

Su funeral se realizó el 8 de octubre en Fairmount, donde fue enterrado.:

Al momento de su muerte, Dean sólo había estrenado una película; Rebelde sin causa se estrena el 27 de octubre, casi un mes después de su muerte.

James Dean es nominado al Oscar de forma póstuma por su papel en “Al este del Edén”, perdiendo frente a Ernest Borgnine. Lo mismo le sucede con los Globos de Oro, aunque aquí se le otorga un premio honorífico. Y al año siguiente vuelve a ser nominado por Gigante (que se estrena en 1956), aunque de nuevo se queda sin premio. Poco importa, no hubiera podido disfrutarlo.

24 años y tres películas bastaron para crear, no una estrella, sino un icono del séptimo arte. La cuestión ahora es si esa fama que sigue teniendo James Dean, si ese prestigio, es merecido. Yo he expuesto aquí mi opinión. Luego que cada uno saque sus conclusiones.