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30 años de la muerte de Bette Davis (06-10-2019)

Hablar del Hollywood clásico nos trae de inmediato a la mente a unas cuantas figuras que llenaban las pantallas del incipiente cine sonoro. De entre las muchas actrices que trabajaron en aquella época, sólo un pequeño número de ellas alcanzaron el rango de estrella, y de entre ellas un pequeño puñado se convirtieron en iconos del cine. Este es sin duda el caso de la actriz que hoy nos ocupa, Bette Davis, una de las actrices más importantes del Hollywood dorado desde los años 30 hasta entrados los 60.

El nombre de nacimiento de Bette Davis era Ruth Elizabeth Davis, si bien de niña fue conocida como Betty. Nació el 5 de abril de 1908 en Lowell, ciudad del estado de Massachusetts, la primera hija de un abogado y una fotógrafa. En 1909 nació su única hermana, Barbara. Cuando sus padres se separaron, las dos hermanas se criaron en un internado, hasta que en 1921 su madre se las llevó a Nueva York. Su vocación de ser actriz nace ya en esa época, viendo a las estrellas del cine mudo, pero aumentará considerablemente en 1926, cuando ve una representación de la obra teatral de Henrik Ibsen “El pato silvestre”. Además, cambia su nombre de Betty a Bette por la obra de Balzac “La prima Bette”. 

Rechazada tras una audición por Eva le Galliene, que la consideraba frívola,tiene más suerte con George Cukor, consiguiendo su primer papel teatral. Poco después de debutar en Broadway, en 1929, recibe una invitación para realizar una prueba de cámara en Hollywood. Allí se muda con su madre en 1930, pero no supera las pruebas de cámara, y nadie ve en ella a una actriz. Por suerte, el director de fotografía Karl Freund se fija en sus ojos y los encuentra perfectos para encarnar a uno de los personajes de la película “Mala hermana”, de 1931, que será su primer papel en el cine:

Pero para su desgracia la película es un fracaso, además de oír comentarios sobre ella que afectaron a su autoestima. Además, sus siguientes papeles fueron siempre secundarios, sin atraer la atención del público, y a menudo en películas que fracasaron en taquilla. Así, tras 6 películas, la Universal, el estudio con el que había trabajado, decide no renovar su contrato. Parecía que la carrera cinematográfica de Bette Davis estaba acabada cuando el mítico George Arliss acudió en su rescate, eligiéndola para protagonizar con él “La oculta providencia”, estrenada en 1932, que será su primer papel protagonista:

En esta ocasión sí consiguió atraer la atención del público, y la Warner le ofreció un contrato. Davis permanecerá en dicho estudio durante 18 años nada menos. Así, en 1932 tiene un papel secundario en “Tres vidas de mujer” y comparte protagonismo con Spencer Tracy en el drama carcelario “Veinte mil años en Sing Sing”, dirigida por Michael Curtiz:

Su prestigio le permitía cobrar 1.000 dólares semanales, algo que la prensa aireó cuando el 18 de agosto de 1832 se casó con Harmon Oscar Nelson, a quien había conocido en un internado de Massachusetts años atrás y quién cobraba 100 dólares semanales. La prensa aireó esa diferencia de sueldos, algo que afectó a Nelson, quien se negó a que fuera ella quien comprara una casa. Bette Davis sufrió varios abortos en ese tiempo. 

Poco asidua a la comedia, en 1933 protagoniza una, “Ex lady”, junto a Gene Raymond, interpretando a una mujer que, en contra de lo que quiere la sociedad, no quiere casarse con su pareja porque cree que eso apagará el amor:

Pero todavía Bette Davis necesitaba un papel que la lanzara al estrellato. La RKO quería adaptar al cine la novela de William Somerset Maugham “Of human bondage”, pero varias actrices, entre ellas Katherine Hepburn o Irene Dunne rechazan interpretar a Mildred Rogers por ser un papel antipático, una especie de femme fatale que, obviamente, no iba a caer bien al público. Pero Davis vio la oportunidad de sacra el máximo partido a sus posibilidades interpretativas, queriendo resultar lo más realista posible en sus últimas escenas, moribunda, sin nada de glamour. John Cromwell, el director de la cinta, le dio libertad para actuar, confiando en ella, algo que no hizo al principio su compañero de reparto, Leslie Howard, aunque al final terminó cambiando de opinión. Así, en 1934 se estrenó “Cautivo del deseo”:

La película es un gran éxito y Bette Davis consigue por fin alcanzar el estrellato, pero no tiene demasiada suerte. Jack L. Warner se niega a cederla a la Columbia para que protagonice “Sucedió una noche”, teniendo que trabajar en películas mucho menos interesantes. Además, se da por sentado que va a ser nominada al Oscar por su papel en “Cautivo del deseo”, pero incomprensiblemente no es así (el Oscar de ese año lo gana Claudette Colbert precisamente por “Sucedió una noche”). Las protestas que generó esta ausencia provocaron que la Academia modificara sus normas en cuanto a quién tenía que elegir a los nominados: en lugar de hacerlo un pequeño comité, a partir de 1935 serán los propios intérpretes quienes seleccionen a los nominados. 

En 1935 Bette Davis interpreta un papel similar al de “Cautivo del deseo” en “Peligrosa”, esta vez junto a Franchot Tone. Eso sí, a diferencia del caso anterior, aquí su personaje tiene una redención final:

Y, en esta ocasión, ganará el Oscar a mejor actriz (en su primera nominación), premio que ha sido siempre considerado “consolatorio” por el que debía haber ganado el año anterior. 

Evitando su encasillamiento como Femme fatale, en 1936 protagoniza el drama criminal “El bosque petrificado”, como la hija del dueño de la taberna que asalta una banda de gangsters liderada por Humphrey Bogart. En esta ocasión vuelve a compartir pantalla con Leslie Howard:

Pese a todo, Bette Davis siente que la Warner le ofrece malas películas para trabajar, y decide incumplir su contrato y rodar dos películas en Londres. Para evitar la citación judicial, se traslada a Canadá, pero el juicio que tiene lugar en Londres no le va como esperaba, y regresa a Estados Unidos arruinada y teniendo que relanzar su carrera. 

En 1937 protagoniza el drama de cine negro “Una mujer marcada”, junto a Humphrey Bogart (que aquí interpreta al fiscal en lugar de al mafioso), que le valdrá el premio a mejor actriz en el Festival de Venecia:

Ese mismo año protagoniza “Kid Galahad”, nueva incursión en el cine negro dirigida por Michael Curtiz, junto a Edward G. Robinson y Humphrey Bogart (de nuevo aquí como villano) en un drama criminal ambientado en las mafias del boxeo:

En 1938 protagoniza “Las hermanas”, drama de Anatole Litvak en el que vive una tormentosa relación con Errol Flynn:

Pero el papel que relanza definitivamente su carrera es el de “Jezabel”, magistral drama sureño dirigido por William Wyler en el que vuelve a interpretar a una mujer caprichosa que le hace la vida imposible a Henry Fonda:

Esta película le vale su segunda nominación al Oscar, que de nuevo gana. Además, durante el rodaje comienza una relación sentimental con William Wyler, al que definirá como el amor de su vida, que marca el comienzo de uno de sus periodos más felices. Es en 1938 cuando se divorcia de su marido.

Además, muchos ven paralelismos entre Jezabel y Scarlett O’Hara, por lo que Bette Davis aparece como una de las favoritas para protagonizar “Lo que el viento se llevó”, junto a Errol Flynn como Rhett Butler. Pero Davis no quiere a Flynn como protagonista (de todos es sabido la mala relación entre ambos) y Selznick termina descartándola a ella también. 

Pese a todo, 1939 será un gran año para la actriz, que estrena 4 notables películas. Comparte de nuevo pantalla con Errol Flynn, pese a la mala relación entre ambos, en “La vida privada de Elizabeth y Essex”, interpretando a la Reina Isabel I de Inglaterra (pese a ser considerablemente más joven que la reina en el momento de la acción) a las órdenes de Michael Curtiz (y con la magistral partitura de Erich Wolfgang Korngold):

Interpreta también a otra reina, en este caso Carlota de Bélgica, esposa del Emperador Maximiliano de México, en “Juarez”, de William Dieterle, con Brian Aherne como Maximiliano y Paul Muni como el presidente electo de México Benito Juarez (rodeados, como siempre, de un magnífico plantel de secundarios), en una interpretación injustamente olvidada:

Y trabaja a las órdenes del director Edmund Goulding en dos películas. Una de ellas es “La solterona”, en la que se pelea con su hermana en la ficción, Miriam Hopkins (con quien tampoco tiene buena relación) por el amor del mismo hombre, George Brent:

La otra es “Amarga victoria”, en la que sufre un tumor cerebral y comparte pantalla de nuevo con George Brent:

Es por este papel por el que recibe su tercera nominación al Oscar. 

Tampoco es 1940 un mal año para Bette Davis precisamente. Ese año estrena “El cielo y tú”, drama de época dirigido por Anatole Litvak en el que comparte pantalla por única vez con Charles Boyer (ella, la reina del melodrama, sólo trabaja una vez junto al rey del melodrama, curiosidades de la vida):

Y nos regala uno de sus mejores papeles, a las órdenes de William Wyler, en la magistral “La carta”, interpretando a una mujer que asesina a su amante, junto a Herbert Marshall. La censura mete mano en el final de la película, pero no consigue echarla a perder, como en tantas otras ocasiones:

Por esta película recibe una nueva nominación al Oscar.

Por esas fechas mantiene un romance con su compañero de pantalla George Brent (con quien protagoniza “La gran mentira”, que se estrena en 1941). El le pide que se case con él, pero ella le rechaza. En diciembre de 1940 se casa con el posadero Arthur Farmsworth. 

De sus películas estrenadas en 1941 destaca su nueva colaboración con William Wyler, el director que mejor partido supo sacar de ella, en otro papel memorable, la malvada protagonista de “La loba”, de nuevo junto a Herbert Marshall, un sufrido esposo:

Por este papel consigue otra nominación al Oscar. 

En 1942 protagoniza “La extraña pasajera”, interpretando a una miedosa mujer controlada por su madre, Gladys Cooper, que gracias a un psiquiatra, Claude Rains, consigue superar sus temores y comenzar una relación con Paul Henreid:

Por esta película, recordada por la excelente banda sonora de Max Steiner, Bette Davis recibe una nueva nominación al Oscar. 

Pero en 1942 Estados Unidos entra en la II Guerra Mundial, y buena parte de los esfuerzos de Bette Davis se centran en recaudar dinero para el ejército. Participa además en películas propagandísticas como la hoy olvidada “Alarma en el Rhin”, por la que su partenaire Paul Lukas gana el Oscar a mejor actor:

Ese mismo año estrena “Vieja amistad”, en la que vuelve a compartir pantalla y enemistad, tanto en la ficción como en la realidad, con Miriam Hopkins (Davis pensaba que Hopkins la eclipsaba):

También en 1943 participa en el musical coral “Adorables estrellas”, con fines recaudatorios, en el que canta la canción “They’re either too young or too old”:

1943 es en todo caso el primer año desde 1938 en el que Bette Davis no recibe una nominación al Oscar, poniendo fin a 5 nominaciones consecutivas. También en diciembre de 1943 muere su esposo, a consecuencia de una fractura craneal que le provoca un desmayo mientras caminaba por la calle. Su muerte le afecta profundamente, y pese a que insiste en comenzar a trabajar a los pocos días en su nueva película, “El señor Skeffington”, tiene serios enfrentamientos con su director, Vincent Sherman. Pese a todo, la película, un drama estrenado en 1944 en el que vuelve a trabajar con Claude Rains, es un éxito y le trae una nueva nominación al Oscar:

En 1945 se casa por tercera vez, con el actor William Grant Sherry, con el que tiene a su única hija, Barbara, en 1947. Y ahí comienza su declive. Comete el error de rechazar protaginizar “Alma en suplicio”, que le valdrá un Oscar a Joan Crawford. En su lugar protagoniza “El trigo está verde” junto al debutante John Dall, insistiendo ante la productora en caracterizarse como una mujer mayor, tal como exigía la obra original, evitando la relación romántica que quería darle la productora:

Su primer gran fracaso tiene lugar en 1946 con “Engaño”, de Irving Rapper, drama criminal ambientado en el mundo de la música en el que vuelve a compartir pantalla con Paul Henreid y Claude Rains en una película que es más apreciada en la actualidad que en aquella época:

Ese mismo año protagoniza y produce “Una vida robada”, en el que interpreta a dos gemelas que se pelean por el amor de Glenn Ford, en una película que fue un fracaso de crítica, aunque tuvo buena acogida en taquilla:

El nacimiento de su hija le mantiene alejada de los rodajes durante 1947. Los siguientes años van a ser difíciles: además de rechazar grandes papeles, como el de “La reina de África”, los que protagoniza le traen problemas. “Encuentro invernal” es destrozada por la censura, mientras que en la comedia “La novia de junio” se enfrenta a Robert Montgomery, al que acusa de robaescenas. Finalmente, tras rodar por obligación “Más allá del bosque” termina su contrato con la Warner. 

Cuando parece que su carrera está acabada tiene un golpe de suerte: Claudette Colbert tiene un accidente y no puede protagonizar “Eva al desnudo”, película que Joseph L. Mankiewicz va a dirigir, ambientada en el mundo de las envidias teatrales. Bette Davis acepta protagonizar la película interpretando a la actriz Margo Channing, enfrentándose a la joven Anne Baxter. Davis estuvo perfecta en una película magistral por la que ganó varios premios, y tanto ella como Baxter estuvieron nominadas al Oscar a mejor actriz, pero ninguna lo consiguió:

Ese mismo año se divorcia de su marido, con el que mantenía una relación distante en los últimos años, y se casa con su compañero de rodaje Gary Merrill, con quien adoptará dos niños, Margot en 1951 y MIchael en 1952. Pero la película que rueda junto a su esposo, “Veneno para tus labios”, es un fracaso. Mejor suerte tiene con “La estrella”, en la que interpreta a una actriz cinematográfica en decadencia y que le vale una nueva nominación al Oscar:

Los años 50 son en todo casi difíciles para la actriz: problemas de salud, problemas familiares y poco éxito en el cine. De hecho, trata de emular el éxito de “La vida privada de Elixabeth y Essex” volviendo a interpretar a la Reina Isabel I en “El favorito de la Reina”, pero no consigue el efecto deseado. El resto de sus películas de la década no resultan memorables, y a ello se suma su fracaso en Broadway en 1960, el mismo año en el que se divorcia de Gary Merrill. Por fortuna, en 1961 llegó a su rescate Frank Capra, que le ofrece el mítico papel de Annie Manzanas en “Un gangster para un milagro”, última comedia de Capra en la que vuelve a trabajar con Glenn Ford:

Al año siguiente comparte pantalla con su rival Joan Crawford en  “Qué fue de Baby Jane”, drama oscuro dirigido por Robert Aldrich que muestra la tumultuosa relación entre dos hermanas que se odian:

Bette Davis recibe su última nominación al Oscar por esta película. Pero ese año el Oscar lo gana Anne Bancroft, y como está hospitalizada, quien lo recoge es Joan Crawford. Si la relación entre ellas era ya complicada, Davis no le perdonará nunca a Crawford ese gesto. 

En 1964 repite con Robert Aldrich en “Canción de cuna para un cadáver”, en la que inicialmente iba a volver a trabajar junto a Joan Crawford, pero ésta se retira y es sustituida por Olivia de Havilland, en otra película sobre complicadas relaciones familiares protagonizada también por Joseph Cotten:

Sus siguientes trabajos tuvieron lugar en Inglaterra. Instalada ya en un cine de intriga, en 1965 tiene un duelo con el niño Jack Hedley interpretando a su niñera en “A merced del odio”:

Y en 1968 protagoniza la comedia negra “El aniversario”, interpretando a la controladora madre del clan:

En los siguientes años trabaja en películas de terror y en televisión. De sus papeles en cine, siempre secundarios, destaca su participación en 1978 en la adaptación de la novela de Agatha Christie “Muerte en el Nilo”:

Diagnosticada en 1983 de cáncer de mama y con una relación cada vez más difícil con su hija, su último papel relevante lo tiene en 1987 en “Las ballenas de agosto”, en la que interpreta a una mujer ciega atendida por su hermana, Lillian Gish, en un reparto que completan Vincent Price y Ann Sothern:

Pese a que seguía buscando proyectos en los que trabajar, en 1989 reaparece el cáncer. Consigue viajar a España para recoger el Premio Donostia del Festival de Cine de San Sebastián, pero está demasiado débil para volver a Estados Unidos, así que viaja a Francia, donde muere pocos días después, el 5 de octubre de 1989, en la ciudad de Neully-sur-Seine. Fue enterrada junto a su madre y su hermana en el Forest Lawn Memorial Park de Los Angeles:

Con una carrera irregular, llena de altibajos, Bette Davis fue una actriz dotada para cualquier género, algo que demostró en su mejor etapa, a finales de los años 30 y comienzos de los 40, pero que recuperaba cuando elegía bien sus proyectos. No siempre pudo trabajar en los mejores proyectos ni con los mejores compañeros de reparto, pero siempre conseguía brillar como una de las mejores actrices de la historia del cine. 



40 años de la muerte de Howard Hawks (26-12-2017)


Una de las grandes discusiones cinéfilas es tratar de acordar cuál ha sido la mayor injusticia de los Oscars. Las propuestas son numerosas: Hitchcock, Cary Grant, Greta Garbo… hoy vamos a hablar de alguien que muy bien podría ocupar ese triste lugar, uno de los mejores directores de cine de la historia, versátil, capaz de hacer genialidades en innumerables géneros, que no sólo no ganó nunca un Oscar, sino que además sólo fue nominado en una única ocasión. Hoy, aprovechando el 40º aniversario de su muerte, hablamos de Howard Hawks.




Howard Winchester Hawks nació el 30 de mayo de 1896 en Goshen, en el estado de Indiana. Fue el mayor de los 6 hijos que tuvieron Frank y Hellen Hawks, familia acomodada que se había casado un año antes. Por problemas de salud de una de sus hermanas, la familia se traslada definitivamente a California en 1910. Howard Hawks estudia ingeniería mecánica en Nueva York, donde entra en contacto con el teatro, y se alista en las fuerzas armadas durante la I Guerra Mundial, en el ejército del aire, ya que tanto él como su hermano Kenneth eran pilotos aficionados.

Howard Hawks era además aficionado a las carreras de coches, en las que en 1916 conocerá a otro piloto aficionado, Victor Fleming, que había comenzado a trabajar en Hollywood como director de fotografía. Así, terminada la Guerra, Hawks consigue trabajo en la industria cinematográfica gracias a Fleming, consiguiendo ser director de fotografía de Cecil B. de Mille, entre otros.

En 1926, la Fox le ofrece dirigir sus propias películas (aunque ya había dirigido algunas escenas de las películas en las que trabajaba), siendo su debut “El espejo del alma”, hoy perdida, de la que filmará un remake, ya en cine sonoro, 10 años después. En total dirigirá 8 films mudos. Mientras, en 1928 se casa por primera vez, con Athole Shearer, hermana de la actriz Norma Shearer, de la que se divorciará en 1940.

En 1930 debuta en el cine sonoro, en el drama bélico “La escuadrilla del amanecer”, ambientado en la I Guerra Mundial en la fuerza aérea, basada en una historia de John Monk Saunders en la que al parecer el propio Hawks intervino, y que protagonizó la estrella del momento, Richard Barthelmess:

Ese mismo año, su hermano Kenneth fallece en un accidente de avión mientras dirige una escena de aviación en la película “Such men are dangerous”.

En 1931 dirige el drama carcelario “El código criminal”, que muchos consideran una de sus mejores películas, con Walter Huston como el alcalde de una prisión que trata de rescatar a un joven, Philips Holmes, al que años atrás, siendo abogado, consiguió encarcelar. En la película aparece además el gran Boris Karloff:

Problemas con la censura (el Código Hays que ya se estaba creando por esas fechas) provocan el retraso del estreno de su siguiente película, la genial “Scarface”, mito del cine de gangsters producida por el excéntrico Howard Hughes y protagonizada por un enorme Paul Muni:

También en 1932 estrena un drama ambientado en el mundo de las carreras de coches, “Avidez de tragedia”, protagonizada por James Cagney, y el drama “Pasto de tiburones”, con un triángulo amoroso encabezado por Edward G. Robinson:

En 1933 dirige el drama bélico “Vivamos hoy”, con un triángulo amoroso formado por Gary Cooper, Joan Crawford y Franchot Tone. Hawks ha dirigido dramas bélicos, aventuras, cine negro, dramas amorosos… pero en 1934 se convierte en uno de los creadores del género cinematográfico por excelencia de los años 30, las screwball comedies, al dirigir “La comedia de la vida”, considerada, junto con “Sucedió una noche” de Frank Capra, la primera en el género. Comedia de ritmo alocado y diálogos delirantes, protagonizada por John Barrymore y Carole Lombard, es una sátira del mundo del teatro:

En 1935 estrena “La ciudad sin ley”, drama criminal, de nuevo con un triángulo amoroso de fondo, con un Edward G. Robinson que actúa como el mafioso dueño y señor de San Francisco en el siglo XIX y que se pelea con el iluso Joel McRea por el amor de Miriam Hopkins:

En 1936 estrena “Camino a la gloria”, remake de la primera película que dirigió, “El espejo del alma”, drama bélico protagonizado por Fredric March; estrena también otro film de aviación, “Águilas heroicas”, protagonizado por James Cagney, y comienza a dirigir el drama “Enemigos”, con Edward Arnold, Joel McRea, Frances Farmer y Walter Brennan, pero problemas con el productor, Samuel Goldwyn, provocan que sea sustituido en mitad del rodaje por William Wyler.

Su carrera llega a uno de sus puntos culminantes con su siguiente película, la genial Screwball comedy (quizá la mejor en su género) “La fiera de mi niña”, con Cary Grant, Katherine Hepburn y dos leopardos, uno pacífico y otro salvaje. Risas aseguradas:

El personaje de Katherine Hepburn en este film cumple con el estereotipo de mujer hawksiana: de lengua vivaz, capaz de vencer al hombre en combate dialéctico y de hacer lo que sea con tal de salirse con la suya. No es que Howard Hawks fuera un feminista, desde luego, pero en sus películas las mujeres no sufren la acción ni son personajes pasivos o sufridores, sino justo lo contrario.

En 1939 dirige otra de sus películas de aviación, “Sólo los ángeles tienen alas”, de nuevo con un triángulo amoroso formado por Cary Grant, Jean Arthur y Rita Hayworth:

En 1940 estrena “Luna nueva”, adaptación de la obra teatral “Primera plana”, llevada al cine en numerosas ocasiones, en otro magistral ejemplo de Screwball comedy protagonizada por Cary Grant y Rosalind Russell:

1941 es uno de sus mejores años. Por un lado estrena “Bola de fuego”, genial adaptación del cuento de Blancanieves y los 7 enanitos con guión de Billy Wilder y Charles Brackett, protagonizada por Gary Cooper y Barbara Stanwyck:

Y estrena también “El sargento York”, drama bélico sobre un joven campesino que tiene que ir a la guerra, interpretado de nuevo por Gary Cooper:

Por esta película recibirá Howard Hawks la única de sus nominaciones al Oscar, como mejor director. Perderá frente al gran John Ford.

Su siguiente película, estrenada en 1943, es un film de propaganda bélica en plena II Guerra mundial, contando la historia de un grupo de militares de la fuerza aérea que se ven sorprendidos por el bombardeo de Pearl Harbour, y que será su última película ambientada en el mundo de la aviación:

En 1944 estrena la adaptación de la obra de Ernest Hemingway “Tener y no tener”, drama bélico y cine negro al mismo tiempo, la primera película que protagonizaron juntos Humphrey Bogart y la recién llegada Lauren Bacall:

El éxito de la película y de la pareja le lleva a repetir fórmula en 1946 con “El sueño eterno”, cine negro de muy difícil comprensión pero que sigue siendo un clásico del género:

En 1948 debuta en un nuevo género que le traerá grandes éxitos, el western, con la magnífica “Río Rojo”, con Montgomery Clift en uno de sus primeros (y mejores papeles) y con un John Wayne que demostró que podía ser un gran actor (o al menos se lo demostró a su amigo John Ford, que por lo visto no creía tanto en él como Hawks):

Ese mismo año dirige un remake en clave musical de “Bola de fuego”, “Nace una canción”, de la que no se sentirá especialmente orgulloso, protagonizada por Danny Kaye y Virginia Mayo:

En 1949 regresa a la Screwball comedy con “La novia era él”, disparatada historia de un soldado que tiene que disfrazarse de mujer para volver a América junto a su mujer, protagonizada por Cary Grant y Ann Sheridan:

En 1951 produce y, al parecer, dirige buena parte del film de terror “El enigma de otro mundo”, dirigida en teoría por Christian Nyby:

En 1952 estrena un nuevo western, “Río de sangre”, protagonizado por Kirk Douglas, y otra Screwball comedy, “Me siento rejuvenecer”, de nuevo con Cary Grant, en este caso junto a Ginger Rogers, Marilyn Monroe, Charles Coburn y un chimpancé (siempre hay algún animal de por medio en sus crewball comedies: en “La fiera de mi niña” era un leopardo, y aquí un chimpancé):

Y repite con Marilyn Monroe en 1953 en la genial “Los caballeros las prefieren rubias”, junto a Jane Russell y Charles Coburn, en otra de sus mejores comedias:

En 1955 dirige un film histórico, la poco realista pero no por ello menos brillante “Tierra de faraones”, con Jack Hawkins y Joan Collins:

Tras 4 años sin estrenar nada, en 1959 estrena el primer film de su trilogía de westerns, la magnífica “Río Bravo”, que sigue un esquema similar al de las dos siguientes: un reducido grupo encabezado por el sheriff se enfrenta a una banda de matones (oponiéndose así al modelo de “Solo ante el peligro”). En este caso los protagonistas son John Wayne, Walter Brennan, Dean Martin, Ricky Nelson y Angie Dickinson:

Si no existiera John Ford, este sería probablemente el mejor western de la historia.

Y cambiamos de género. En 1962 nos lleva de aventura a la sabana de Tanzania en la genial “Hatari!”, protagonizada por John Wayne y Elsa Martinelli:

Tengo una predilección especial por esta película.

En 1964 dirigió su última comedia, “Su juego favorito”, con Rock Hudson y Paula Prentiss, y en 1965 vuelve al mundo del automovilismo con “Peligro… línea 7000”. Pero será en 1966 cuando vuelva a su mejor estilo con el segundo western de su trilogía, “El Dorado”, con John Wayne, Robert Mitchum y James Caan:

Y Howard Hawks se retirará del cine en 1970 con la última entrega de la trilogía, “Río Lobo”, de nuevo con John Wayne, Jorge Rivero y el hijo de Robert Mitchum, Christopher. No tenemos ninguna escena en Youtube que compartir.

Probablemente esta retirada del cine fuera un aviso a la Academia,que así se vio en la obligación de reconocer una de las más brillantes trayectorias como director cinematográfico con un Oscar honorífico en 1977 que le entregará, como no, John Wayne:

Howard Hawks sobrevivirá dos años más. Un accidente con su perro le provocará una caída de la que no se recuperará, muriendo el 26 de diciembre de 1977 a los 81 años.

Con Howard Hawks se nos iba uno de los más brillantes y polifacéticos directores de Hollywood, autor de numerosas obras maestras y, por qué negarlo, uno de mis directores favoritos.

50 años de la muerte de Paul Muni (25-08-2017)


Aún entre los cinéfilos, pocos recuerdan su nombre, y menos aún su cara, y aún así fue una de las más destacadas estrellas del Hollywood de los años 30. Caído en el olvido desde los años cuarenta, hoy, cuando se cumplen 50 años de su desaparición, nos toca intentar hacerle justicia a Paul Muni.




El verdadero nombre de Paul Muni era Frederich Meshilem Meier Weisenfreund, y nacío el 22 de septiembre de 1895 en la ciudad de Lemberg, en la provincia austro-húngara de Galitzia (hoy día la ciudad de Lviv, en el oeste de Ucrania) en el seno de una familia de actores teatrales judíos. De hecho, su idioma materno será el Yidis.

En 1902, la familia se traslada a Estados Unidos y se establece en Chicago. Allí, el joven “Moony”, como era conocido, siguiendo los pasos de sus padres, debuta en el teatro local Yidis a los 12 años, interpretando a un anciano de 80, iniciando su pasión por las caracterizaciones y maquillajes complicados con los que transformaba completamente su figura. No tarda en alcanzar gran éxito dado su talento. Además, en 1921 se casa con Bella Finkel, otra actriz del teatro Yidis.

En 1926 debuta en Broadway, actuando por primera vez en inglés. Su prestigio como actor le lleva a firmar un contrato con la Fox (usando el nombre de Paul Muni, siendo Muni una adaptación del nombre con el que era conocido de niño, Moony) en 1929, debutando en el cine ese mismo año con “El valiente”, drama sobre un condenado a muerte. Gracias a este papel recibe su primera nominación al Oscar (en total se llevará 5, ganando una vez), pero la película no es un éxito comercial. Como su siguiente película, “Seven faces”, estrenada también en 1929, vuelve a ser un fracaso, regresa temporalmente a Broadway. Y es que Muni será siempre un actor de teatro más que de cine.

Vuelve a Hollywood en 1932 para filmar el clásico del cine de mafiosos “Scarface”, dirigido por Howard Hawks. Su interpretación del Gangster Tony Camonte, característico por su cicatriz en la cara, le devolvió al panorama cinematográfico:

También en 1932 protagoniza el drama carcelario “Soy un fugitivo” de Mervyn LeRoy, en la que su talento interpretativo le vale una segunda nominación al Oscar:

Había que estar ciego para no darse cuenta de que había nacido una estrella, y fue la Warner la que supo aprovecharse de ello, firmando un contrato con él.

Paul Muni protagoniza en los siguientes años algunos dramas y cine negro, pero en 1935 insiste hasta conseguir convencer a la Warner de filmar una película biográfica, algo que no se hacía desde la época de George Arliss (quien ganara el Oscar a mejor actor en 1930 por interpretar al primer ministro británico Disraeli). El resultado será “La tragedia de Luois Pasteur”, dirigida por William Dieterle:

Para prepararse el papel, Paul Muni lee todo lo que encuentra sobre el científico francés para poder meterse en su piel. El resultado: gana el Oscar a mejor actor:

Para verle, hay que ir al minuto 1:10.

En 1935 estrena también el drama “Barreras infranqueables”, dirigido por Archie Mayo, en el que comparte pantalla nada menos que con Bette Davis.

Tras un año sin estrenar nada, Paul Muni vuelve al cine en 1937, de nuevo con un drama biográfico en el que de nuevo está irreconocible: “La vida de Émile Zola”, ambientada en la época del “Caso Dreyfuss”, siendo interpretado el militar judío por Joseph Schildkraut:

La película gana el Oscar a mejor película, mejor guión y mejor secundario para Schildkraut. Esta vez Paul Muni, también nominado, se va de vacío.

Curiosamente, a William Dieterle no le gustaba el estilo interpretativo de Muni, ya que le resultaba en exceso histriónico (algo por otra parte bastante común en actores provenientes del teatro). Ese histrionismo resulta bastante más evidente en otro gran éxito que protagoniza en 1937, “La buena tierra” de Sidney Franklin, en la que interpreta a un campesino chino casado con Louise Rainer, que ganará el Oscar a mejor actriz:

Tras pasarse otro año, 1938, sin estrenar ninguna película, en 1939 estrena el drama negro “No estamos solos”. Y vuelve al cine biográfico, de nuevo dirigido por William Dieterle, en “Juarez”, en mi opinión su mejor papel, interpretando al presidente mexicano Benito Juarez, que tiene que enfrentarse al Emperador Maximiliano, interpretado por Brian Aherne, y a su esposa Carlota (Bette Davis en uno de sus mejores papeles). Aquí no hay histrionismo en la interpretación de Muni, sino una absoluta interiorización del personaje:

Pero Paul Muni cada vez trabaja menos en cine y dirige de nuevo su atención al teatro. Su siguiente estreno será en 1941, historia de aventuras ambientada en la exploración de Canadá en el siglo XVII, junto a actores como Vincent Price, John Sutton o Gene Tierney, en la que da rienda suelta a su histrionismo:

Su siguiente papel destacable será en 1944, en “Canción inolvidable”, esta vez como secundario, interpretando a Józef Elsner,  profesor de Frederic Chopin, interpretado por Cornel Wilde, dando de nuevo rienda suelta a su histrionismo:

Tras protagonizar un nuevo film bélico, en 1946 cambia de registro en la comedia “El diablo y yo”, dirigida de nuevo por Archie Mayo, en la que interpreta a un gangster asesinado que llega a un acuerdo con el diablo, interpretado por Claude Rains:

No vuelve a trabajar en cine en los años 40. Y Hollywood respira aliviado: Paul Muni no tiene buena fama. Pese a su timidez y deseo de pasar desapercibido, no soporta ver a nadie vestido de rojo en el set de rodaje, y su mujer es odiada por los directores por inmiscuirse continuamente en los rodajes. Muni vuelve al teatro (y realiza alguna aparición televisiva). Es en el escenario donde su técnica brilla más, donde mejor se percibe su estilo interpretativo, que ha ido trabajando desde niño, y que le permite ser perfectamente oído en el auditorio incluso cuando susurra. Protagoniza, entre otras, “Muerte de un viajante” y “Herencia del viento”, aunque tiene que suspender las representaciones de esta última en 1955 cuando se le diagnostica un tumor en el ojo, que tiene que ser extirpado. Poco después vuelve a seguir con las representaciones de la obra.

Paul Muni, que en 1952 había trabajado en cine en “Imbarco a mezzanotte” de Joseph Losey, vuelve por última vez en 1959 con “The last angry man”, drama ambientado en el mundo de la televisión que le vale una última nominación al Oscar. Pero sus crecientes problemas de salud le obligan a abandonar la interpretación, siendo su última aparición en 1962 en la serie “Saints and sinners”:

Retirado de la vida pública en su casa de California, Paul Muni moría allí el 25 de agosto de 1967 a causa de problemas cardíacos, siendo enterrado en el Hollywood Forever Cemetery.

Si habría que definir qué es una estrella apagada, en el sentido de olvidada, Paul Muni sería el prototipo perfecto: enormemente admirado durante unos pocos años, rápidamente olvidado, pero un enorme actor al que habría que devolver al primer plano del que nunca debió salir.



Joseph Schildkraut: 120 años de su nacimiento (22-02-2016)


Yo suelo decir (y hay quien me mira raro al oírme) que las buenas películas se hacían en los 50, cuando ya se consigue que los guiones cuente mejor las historias, pero que los grandes actores y actrices son los de los años 30. No me voy a poner a enumerar a tantos y tantos protagonistas de aquellos años en los que el mundo de la interpretación alcanzaba unas cotas que hoy no podemos ni soñar. Pero es que a esos grandes actores y actrices protagonistas les acompañaba un envidiable plantel de secundarios que hoy eclipsarían a cualquiera de las estrellas del momento. Actores y actrices a los que a menudo se ignora, aunque los hay que han tenido más suerte y siguen siendo recordados. Me temo que no es el caso del que nos ocupa hoy, Joseph Schildkraut.




Schildkraut fue el segundo actor en ganar el Oscar a mejor actor secundario en 1937 (este premio se dio por primera vez en en 1936, y lo ganaría el gran Walter Brennan en aquella primera ocasión). Fue su única nominación. Pero confieso que es un actor por el que tengo una gran predilección, y me parece interesante poder hacer algo por recuperar su figura.

Joseph Schildkraut nació en Viena el 22 de marzo de 1896, siendo hijo del actor teatral Rudolph Schildkraut, de origen judío. A comienzos de siglo la familia abandonó Austria y se mudó a Nueva York, donde, siguiendo los pasos de su padre, Joseph realizará numerosas interpretaciones teatrales en Broadway, entre las que parece que destacó en el Peer Gynt de Ibsen.

Pero a comienzos de los años 20, al igual que su padre, comenzó también a trabajar en el cine. El cine mudo de la época permitía ocultar su marcado acento alemán, así que en 1921 protagoniza, junto a las hermanas Gish, “Las dos huérfanas”, de D. W. Griffith. La película está completa en Youtube buscándola por su título en inglés, “Orphans in the storm” (no voy a compartir aquí una película completa de casi dos horas y media de duración). De su etapa como actor de cine mudo destaca también su participación, interpretando a Judas Iscariote, en el “Rey de Reyes” que Cecil B. de Mille dirigió en 1927, en el que su padre interpreta a Caifás. También protagoniza, en 1929, la primera versión de “Show boat”, película parcialmente sonora.

En los años 30, con la irrupción del cine sonoro, Joseph Schildkraut consigue hacerse hueco en Hollywood pese a su acento interpretando a menudo a personajes ambiguos, irónicos, como el Herodes de la “Cleopatra” de Claudette Colbert. Pero también ese peculiar acento le sirvió para interpretar a personajes exóticos, como el árabe Batouch que acompaña a Charles Boyer y Marlene Dietrich en “El jardín de Alá”, de 1936. Lo vemos con el fez rojo al comienzo de esta escena:

En este tipo de papeles, Joseph Schildkraut tenía una cierta tendencia al histrionismo (algo no tan extraño, una de las estrellas de la época era Charles Laughton, que también era bien histriónico…), pero en 1937 realiza una interpretación contenida y matizada como era difícil de esperar, en “La vida de Émile Zola” de William Dieterle. Paul Muni interpreta al protagonista Zola, pero la película se centra en su participación en el conocido como “caso Dreyfus”, en el que se acusó y condenó al militar Alfred Dreyfus, de origen judío, de traición, cuando él era inocente, como se demostraría más tarde. Con un reparto de lujo (Vladimir Sokoloff como Cezanne, Gale Sondergaard como la señora Dreyfus, Louis Calhern o Henry Davenport), Joseph Schildkraut interpreta precisamente al capitán Dreyfus en una interpretación memorable:

Y es por esta interpretación por la que se lleva el Oscar, más que merecidamente. Y es que mantener el tipo ante un monstruo de la interpretación como Paul Muni tiene un enorme mérito.

Al año siguiente, 1938, acompañará a Tyrone Power en “Suez”, pero destacará sobre todo por su pérfido Duque de Orleans en la “Maria Antonieta” de W. S. Van Dyke, que protagoniza Norma Shearer, con Tyrone Power como Axel von Fersen y Robert Morley como Luis XVI. El papel se adapta a su estilo interpretativo como un guante:

En 1939 interpreta a Luis XIII en “Los tres mosqueteros” que protagoniza Don Ameche, así como a Fouquet en “El hombre de la máscara de hierro” (por desgracia no he tenido oportunidad de ver ninguna de las dos), además de volver a sus personajes exóticos, como el Indio Bannerjee en “Vinieron las lluvias”, acompañando a Tyrone Power y Myrna Loy. Y en 1940, Ernst Lubitsch le da un pequeño papel en “El bazar de las sorpresas”, que protagonizan James Stewart y Margaret Sullavan, y en la que interpreta a uno de esos personajes ambiguos que bordaba, además de que su acento iba perfecto para un húngaro:

Pero su ritmo de trabajo se reduce, y desaparece del cine a mediados de los años 40.

Eso no significa que dejara de actuar en televisión y en teatro, y gracias a ello, todavía tenía un regalo que hacernos. Y es que en 1955 interpreta a Otto Frank en el estreno en Broadway de “El diario de Ana Frank”, y George Stevens contó con él para interpretar el mismo papel en la adaptación cinematográfica de 1959. Su interpretación del padre de Ana, matizada y entrañable, es quizá su mejor papel (que me expliquen cómo no le nominaron al Oscar, por favor). Sólo por verle a él ya merece la pena ver las 3 horas de película, de las que él lleva buena parte del peso:

Y la música de Alfred Newman, bellísima.

Joseph Schildkraut, que se había divorciado de su primera mujer en 1930, y se había vuelto a casar en 1932 con Mary McKay, se queda viudo en el año 1962. Al año siguiente se casa con Leonora Rogers, pero este tercer matrimonio durará muy poco: el 21 de enero de 1964, a los 67 años, un infarto se lo llevó un año antes de que se estrenara su última película, “La historia más grande jamás contada”, en la que interpretaba a Nicodemo. Fue enterrado en el Hollywood Forever Cemetery (más información aquí).

Joseph Schildkraut fue un miembro nada desdeñable de esa edad dorada de Hollywood, participando en algunas de las más importantes películas de los años 30. Era un actor todoterreno, que se adaptaba a cualquier tipo de papel, y que nos dejó algunas interpretaciones memorables, destacando sus papeles en “La vida de Emile Zola”, “Maria Antonieta” y, sobre todo, “El diario de Ana Frank”. Creo que su trabajo bien merece ser recordado.



El nacimiento de las bandas sonoras: Max Steiner versus Erich Wolfgang Korngold

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Hoy hablamos de Max Steiner y de Erich Wolgang Korngold como padres de las Bandas Sonoras. Y es que A día de hoy nos parece que una buena banda sonora es indispensable para acompañar debidamente a una película, pero esto no fue así desde el principio.




Y es que la música era indispensable para acompañar al cine mudo, que al carecer de sonido podía resultar un tanto “aburrido” sin ella. Camile Saint-Saëns es considerado el primer gran compositor en componer para el cine, de hecho. Pero con la aparición del cine sonoro, en 1927, todo cambió. Triunfó un nuevo género, imposible en el cine mudo, como era el musical, pero los demás géneros se despojaron de la música como elemento narrativo; si se escuchaba música, es porque salía en la propia pantalla. Las bandas sonoras se limitaban apenas a un tema inicial en los títulos de crédito y a otro tema al final de la película.

El primero en cambiar esta situación fue el norteamericano Alfred Newman en 1931 con la música que compuso para el film “La calle”, donde la música adquiere más relevancia. Pero serán dos importantes nombres de los años 30 los que evolucionen la banda sonora sentando las bases de lo que conocemos hoy: Max Steiner y Erich Wolfgang Korngold. Repasaremos en este post su trayectoria y destacaremos sus similitudes y diferencias.

Y comenzamos con el primero de los dos, Max Steiner:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”http://filmmusiccritics.org/wp/wp-content/uploads/2010/11/Max_Steiner.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Maximilian Raoul Steiner nació en Viena el 10 de mayo de 1888. Su familia estaba muy vinculada al mundo de la música vienesa, e incluso su padrino fue Richard Strauss. Su precocidad musical se ve claramente en el hecho de que terminó un curso de 4 años en la Academia imperial de música de Viena en un único año. Estudió de hecho con Gustav Mahler, y así, con 15 años, compone y estrena una opereta. El éxito le lleva a Londres, donde reside unos años, pero entonces comienza la I Guerra Mundial. Él, como austriaco, es encarcelado como enemigo, pero su amistad con el Duque de Westminster le salva: éste le ayuda a viajar a Estados Unidos, a donde llega en diciembre de 1914.

Una vez en Nueva York, sin dinero, trabaja como director de orquesta y arreglista en los musicales y operetas que se representan en Broadway, donde permanecerá hasta 1929. Pero entonces un compositor con el que había colaborado, Harry Tierney, le propone unirse al departamento musical del estudio cinematográfico RKO. Steiner su muda a California en 1929 y trabaja en bandas sonoras como las de Cimarrón o Ave del Paraíso. En 1932 produce su primera partitura importante, en “La melodía de la vida” de Gregory La Cava:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=ERT9isi_PBc”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Con esta partitura, Steiner comienza a sentar las bases de lo que será su idea compositiva, acompañando a la película completa, idea que desarrollará aún más al año siguiente, 1933, con una de sus partituras más famosas y desde luego la más importante que se había hecho hasta la fecha, “King Kong”:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=S8NsEXwoIuY”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Problemas de producción del film provocaron que pidieran a Steiner que volcara todo su talento en la música. Y Steiner aplica en esta partitura su concepto musical tardorromántico, de impactante acompañamiento dramático y rica orquestación (una orquesta de 80 músicos, una locura para el Hollywood de la época). El resultado fue tal que muchos críticos creen que parte del éxito del film residió precisamente en la música que compuso Steiner. Incluso el actor y músico Oscar Levant afirmó que era “una sinfonía acompañada por una película”.

El éxito le trajo un gran prestigio, pero también un enorme trabajo, ya que era el responsable musical de los estudios. Entre sus siguientes éxitos en 1934 destacan “Cautivo del deseo” y su primera colaboración con John Ford, “La patrulla perdida”, con la que obtuvo su primera nominación al Oscar. Ese mismo año tuvo otra nominación por la adaptación musical de “La alegre divorciada”, que protagonizaban la pareja de moda del musical de baile, Fred Astaire y Ginger Rogers, para quienes realizó más adaptaciones (la genial “Sombrero de copa” entre ellas).

Trabajar con Ford no le dio malos resultados. Vuelve a hacerlo en 1935 con “El delator”, por la que Ford gana el Oscar a mejor director, Victor McLaglen el de mejor actor… y Steiner el de mejor Banda sonora (aunque en esa época el Oscar no se entregaba al compositor, sino al estudio).[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=slAAQVAFASQ”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]El éxito y su amistad con David O. Selznick le llevan a dejar en 1937 la RKO y a firmar por la Warner, para la que compondrá unas 140 bandas sonoras. Pero ya en 1936 se estrena su primer trabajo en la Warner, en una película protagonizada por Errol Flynn (Steiner compone varias bandas sonoras de las películas de Flynn), “La carga de la brigada ligera”, por la que vuelve a ser nominado al Oscar:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=g6kId7Ugk-k”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Sorprende de esta partitura su capacidad para acoplarse al ritmo del caminar de los soldados o del galope de los caballos, con esa capacidad descriptiva que tanto caracteriza el estilo de Steiner. Ese mismo año estuvo nominado también por su trabajo en “El jardín de Alá”, protagonizada por Charles Boyer y Marlene Dietrich, en la que su estilo musical se adapta a las sonoridades árabes que requiere la ambientación, como en esta escena:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=FPaEllkOh84″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Repitió nominación en 1937 por “La vida de Emile Zola”, que protagonizaba Paul Muni, y de nuevo en 1938 por “Jezabel”, en la que vuelve a trabajar con Bette Davis en uno más de los melodramas en los que colaborarán. Se trata de una partitura brillante, como la de este bellísimo vals:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=Wk6I7YDf3hg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Por desgracia no encuentro en youtube la escena que me hubiera gustado poner, esa en la que a Henry Fonda le pica un mosquito, para ver cómo destaca la música ese instante fundamental en el posterior desarrollo de la historia.

La Warner estaba empeñada en tener el mejor equipo de compositores de todos los estudios (por ello Korngold también trabajará para ellos), y por eso no es de extrañar que cuidaran también el aspecto musical de ese proyecto que llevaban años acariciando, mimando… y es que una película tan esperada como “Lo que el viento se llevó” requería una partitura a su altura. ¿Lo consiguió Steiner? Juzgad por vosotros mismos:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=N_Z4DmualTc”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Se trata de una partitura extensa (tiene que cubrir las aproximadamente 4 horas que dura la película), llena de leitmotivs como este asociado a Tara, que aún no siendo un personaje, sino un lugar, tiene una gran importancia en la historia. Y es que qué sería de escenas como esta sin esa música:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=gn26pEDEhyY”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Quitadme la fotografía y la música y ¿qué me queda? Y es que sigo pensando que la película es un tostón infumable, pero el trabajo de Steiner es de tal envergadura que en mi opinión es la mejor banda sonora nunca compuesta.

Y ese año, Steiner estuvo de nuevo doblemente nominado al Oscar (la otra nominación fue por “Amarga victoria”, de nuevo junto a Bette Davis), pero incomprensiblemente no ganó; el premio fue para Herbert Stothart por “El mago de Oz”. Vale, el de mejor canción para “Over de rainbow” es indiscutible, pero comparar ambas partituras da risa…

En 1940 vuelve a colaborar con Bette Davis en “La carta”, por la que repite de nuevo nominación. Y lo será de nuevo en 1941 por “El sargento York”, pero en mi opinión ese año tiene una partitura mucho más interesante. Y es que vuelve a trabajar para Errol Flynn en “Murieron con las botas puestas”, una partitura que me encanta y de la que escuchamos aquí la suite:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=EDoYuGrU6E0″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Resulta my fácil distinguir los temas asociados a los indios, los temas militares y, sobre todo, ese bellísimo tema de amor que escucharemos, por ejemplo, en ese encuentro nocturno de Custer con su amada, interpretada, cómo no, por Olivia de Havilland. La inspiración melódica de Steiner alcanza unas cotas de belleza difícilmente superables.

Y a estas alturas, con un talento fuera de dudas, con tantos grandes trabajos y nominaciones al Oscar, es difícil entender por qué sólo había ganado una vez… pero por fin Max Steiner iba a recibir el reconocimiento que se merecía. Y es que en 1942 vuelve a componer la partitura que acompaña a otro de esos melodramas en los que brilla Bette Davis, “La extraña pasajera”:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=In-UUA0BDM0″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Y esta vez sí, con esta partitura de gran belleza melódica se lleva su segundo Oscar. Merecidamente, sin duda.

Y repitió nominación en 1943 (aunque por una película estrenada en 1942, no entiendo por qué entró en los premios del año siguiente), por una película mítica… Casablanca:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=JsjPVNJlk_I”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]La película ganó 3 Oscars (película, director y guión), pero no el de banda sonora. Y no deja de ser lógico, ya que buena parte de la banda sonora no es original, sino adaptación de canciones ya existentes. No es la única vez que Steiner utiliza canciones ya existentes en sus bandas sonoras (lo hace en Murieron con las botas puestas o en Desde que te fuiste, por ejemplo), pero es que aquí esas canciones son en buena parte los temas principales, funcionan como los leitmotivs: la Marsellesa como ese canto a la libertad, y el As time goes by como el tema de amor.

Si hasta ahora relacionamos a Steines con películas protagonizadas por Errol Flynn o por Bette Davis (para quien ese mismo 1943 compone la de “Alarma en el Rin”), a partir de ahora lo asociaremos también al nombre de Humphrey Bogart. Así, repite con buena parte del equipo de Casablanca en 1944 en otro film bélico, Pasaje a Marsella:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=ymNpbG7WKUA”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]De nuevo, entre ritmos miliares, nos regala con otro bello tema de amor para señalar la historia de Bogart con Michèlle Morgan.

Pero 1944 es su año por otra gran partitura, de una película bélica digámoslo… diferente. “desde que te fuiste” es la historia de la familia que un soldado americano deja en casa: la esposa, Claudette Colbert, y las hijas, Jennifer Jones y Shirley Temple. Para ella, Steiner compone una rica partitura que podemos escuchar a continuación:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=GDdnWTL1SJY”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Desde esa cita a la canción de cuna de Brahms como referencia a los niños que se quedan sin sus padres, esos ritmos bailables que escuchamos en esos momentos en los que la abnegada esposa busca consuelo en el viejo amigo (interpretado por Joseph Cotten) del que casi se enamora, hasta ese uso entre cómico y grotesco del fagot para el perro… pero sobre todo ese tema central, de una bellísima melancolía, que nos recuerda la soledad dela protagonista.

Steiner gana aquí su 3º (y último Oscar). La película, que en su día fue un éxito dada la situación de guerra que vivía Estados Unidos, está hoy bastante olvidada (no es la mejor de la época, desde luego), pero la partitura merece ser recordada como una de las más brillantes de Steiner.

Tras ese tercer Oscar, su carrera sigue con las adaptaciones musicales de “Rhapsody in blue” o de “Noche y día” (esa especie de biopic sobre Cole Porter que protagoniza Cary Grant), con nuevas nominaciones al Oscar (sin mayor relevancia) y con más films de Bogart, como “El sueño eterno” o “Cayo largor”, aunque la más remarcable será posiblemente la de “El tesoro de Sierra Madre”, de 1948:

[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=PbeCSLG8Brk”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Ciertos aires mexicanos y otros más ligeros, más aventureros, no eclipsan el opresivo tema central, de gran dramatismo, buen símbolo para la ambición y la codicia que se crea entre esos buscadores de oro en las colinas mexicanas.

Pero la nominación al Oscar en ese mismo 1948 le viene por otro fil, “Belinda”:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=XvdgXadzvQY”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]De nuevo otra bellísima melodía, de carácter casi infantil para describir la inocencia de esa jovencita sordomuda ingenua y ajena a la realidad que es Belinda (aunque la interprete la no tan jovencita Jane Wyman…)

En 1949 vuelve a estar nominado por el último melodrama de Bette Davis para la Warner, “Más allá del bosque”, y repite nominación en 1950 por la genial partitura de “El halcón y la flecha”:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://vimeo.com/150420087″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En los 50 sigue trabajando y recibiendo nominaciones al Oscar, pero en mi opinión si siguiente partitura relevante es la que le trae su penúltima nominación al Oscar, en 1954: “El motín del Caine”, de nuevo con Humphrey Bogart:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=5Yzez9h9x7M”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En este caso la música nos sitúa en el ambiente militar en el que la película tiene lugar.

Su última nominación fue en 1955 por “Más allá de las lágrimas”, pero será al año siguiente cuando vuelva a regalarnos dos grandes partituras a la altura de su enorme talento.

La primera se sale bastante de su ámbito, al ser una de esas películas histórico-épicas que asociamos más a la música de Miklós Rózsa que a la suya. Pero La partitura de “Helena de Troya” es otra joya de su producción:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=bd5Sq225JTE”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]La música nos traslada muy bien a épocas remotas y lugares exóticos.

Pero ese mismo 1956 compone una de sus grandes obras maestras. Y es que después de muchos años, el gran John Ford vuelve a contar con él para componer la partitura de la que será una de sus mejores películas, ese maravilloso Western protagonizado por John Wayne titulado “Centauros del desierto”:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=ccPBMI9Lixo”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Es una partitura bellísima, pero Ford no está satisfecho. Y es que su forma de entender la banda sonora difiere sustancialmente. Para Steiner, la música debe realzar las emociones, enfatizarlas, mientras que para Ford las imágenes bastan por sí mismas (por algo su fotografía es de un enorme preciosismo,con esos claroscuros que casi recuerdan a Caravaggio), por lo que prefiere a otros compositores como Alfred Newman o Victor Young. O incluso prescinde de ellos, como sucede en esa joya suya que es “El último Hurra”, protagonizada por Spencer Tracy en 1958 y en la que ni se menciona en los créditos quien es el autor de las escasas notas musicales que suenan en algún momento de la película.

Lo extraño no es que Max Steiner no fuera nominado al Oscar, es que la película no recibió ninguna nominación, cosa que hoy consideramos absolutamente incomprensible.

Todavía tendrá tiempo de componer algunas notables partituras En 1959 compone el que será uno de sus mayores éxitos, “En una isla tranquila al sur”, protagonizada por el joven galán del momento, Troy Donahue:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=zAwZ7hCxNVo”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Y en 1961 volverá a poner música a otra película protagonizada por Troy Donahue, “Parrish”:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=UYiARPSdNTU”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Compondrá todavía hasta 1965, pero los años 60 cambian el concepto de Banda sonora en el cine, y Steiner ya no encaja con los nuevos modelos (aunque otros seguirán su estela en el futuro).

Tras unos últimos años de silencio, Max Steiner muere a los 83 años, el 28 de diciembre de 1971, en Hollywood, y está enterrado en un nicho del Gran Mausoleo del Forest Lawn Memorial Park de Glendale, California.

Pasamos ahora a Erich Wolfgang Korngod:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/a/a4/Erich_Wolfgang_Korngold_01.jpg/250px-Erich_Wolfgang_Korngold_01.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Korngold nace en Brno (actualmente en la República Checa, en aquella época parte del Imperio Austro-Húngaro) el 29 de mayo de 1897 en el seno de una familia de tradición músical. Niño prodigio, estudia con Alexander von Zemlinsky y estrena sus primeras obras a temprana edad. En 1920, con sólo 23 años, estrena su obra maestra, la ópera “Die tote Stadt”, que por suerte se está recuperando actualmente. Ya en su época fue alabada por Richard Strauss o por Giacomo Puccini. Trabaja también como arreglista de operetas, y es así como Max Reinhardt le llama para arreglar la música de Mendelssohn para “El sueño de una noche de verano” que iba a dirigir junto a William Dieterle. Korngold consigue un contrato muy interesante: podrá trabajar desde Viena sin apenas pisar Estados Unidos, y tndrá plena autoridad para elegir las películas en las que quiere trabajar. Y así llega su primera banda sonora original, “El capitán Blood”, debut cinematográfico de Errol Flynn y Olivia de Havilland, en 1935:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=4mSRwrNo09g”][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En 1936 compone la música de otra película de época, “El caballero Adverse”, protagonizada por Fredric March y de nuevo Olivia de Havilland:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=vtBfBlJMSt0″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Por esta partitura gana su primer Oscar.

Su siguiente trabajo es una partitura más que interesante, de nuevo en esas películas de época que tan bien se le dan, ese “El príncipe y el mendigo” que protagoniza, de nuevo, Errol Flynn:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=HkdPdi0S7Y8″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Para su próximo prooyecto, decide cambiar las condiciones: quiere mudarse a Hollywood: la situación en Viena se está poniendo peligrosa. Y lo hace justo a tiempo: al poco de abandonar Viena, se produce el Anschluss, la anexión de Austria a la Alemania Nazi, y la condición de judío de Korngold le hubiera puesto en gran peligro. Ya en Estados Unidos, Korngold compone una genial banda sonora, de gran complejidad, para ese “Robin de los bosques” que protagonizan Errol Flynn y Olivia de Havilland, que le valdrá su segundo Oscar, y el primero que recoge el compositor en lugar del estudio.[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=uT6dLPfSCL8″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Ya aficando en Estados Unidos, en 1939 compone dos grandes bandas sonoras. La primera de ellas, “La vida privada de Elizabeth y Essex, protagonizada por Errol Flynn y Bette Davis, le vuelve a dar una nominación al Oscar:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=3OOYbkWjKKo”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Pero a mí la que más me gusta es la de “Juarez”, con Paul Muni como Benito Juarez, Brian Aherne como Maximiliano de México y Bette Davis como su esposa Carlota. Desde ese tema mexicano hasta la cita de “La paloma” de Sebastián Iradier, los aires marciales que acompañan a la guerra final y la ejecución de Maximiliano y, sobre todo, el bellísimo tema de amor:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=-Xtp1f-bLPk”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En 1940 recibe su última nominación al Oscar por “El halcón de mar”, de nuevo protagonizada por Errol Flynn:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=Phv5mSGcaes”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En 1941 escribe una partitura mucho más dramática y opresiva para “El lobo de mar” destacando el ambiente que reina en el barco de ese malvado Edward G. Robinson:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=fHzOHQB-2bw”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En 1942 escribe una de sus partituras más conocidas para una película que no conozco de nada, Kings row:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=AJwa9mX0bxA”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En 1943 compone otra de sus obras maestras, para el melodrama “La ninfa constante”, que protagonizan Joan Fontaine y Charles Boyer, que le permite explotar sus grandes dotes como melodista:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=Zo3BvRzuvaM”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]La última partitura que vamos a destacar es la de “Decepción”, de 1946, en la que Paul Henreid interpreta a un chelista y Claude Rains al director de orquesta, por lo que el chelo tiene una gran importancia en la partitura, como en el concierto que escuchamos en esta escena:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=of0Ou4HVld8″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Pero al padre de Korngold nunca le gustó que su hijo se dedicara a componer bandas sonoras, así que a su muerte, Korngold decide volver a Viena para componer música de concierto. Allí se encuentra con que su estilo musical tardorromántico no gusta a un público acostumbrado a música más vanguardista, por lo que termina volviendo a Hollywood, aunque sólo partyicipará en una nueva película, Magic Fire, adaptando música de Wagner y haciendo un cameo como el director de orquetsa Hans Richter. Muere en Hollywood el 29 de noviembre de 1957, con 60 años, y es enterrado en el Hollywood forever cementery:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”http://image2.findagrave.com/photos/2001/222/korngolderich.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Steiner y Korngold tienen en común no pocas cosas. Ambos provienen de familias de origen judío muy vinculadas al mundo musical del Imperio Austro-Húngaro en el que nacieron. Por ello su formación musical es la de tradición tardorromántica que seguían Mahler, Zemlinsky o Richard Strauss. Y ambos llevaron este mismo estilo a América, aunque Steiner lo haría unos 20 años antes que Korngold. Pero su forma de entender la banda sonora es diferente.

Ya hemos mencionado que la intención de Steiner era destacar con su música el dramatismo de ciertas escenas, aumentar la emoción que siente el espectador en los distintos momentos de la película, además de ambientarla. Korngold entiende las bandas sonoras de manera muy distinta: para él son como óperas sin palabras, describen la acción a la manera de un poema sinfónico de Liszt o de Richard Strauss. La música de Korngold se puede escuchar en una sala de conciertos al margen de las imágenes de la película y aún así se puede de alguna forma seguir el argumento de la historia; con la de Steiner esto es imposible, porque su finalidad es muy distinta, no es una música independiente de lasimágenes como la de Korngold.

Cuál de los 2 estilos gusta más es cuestión de gustos; yo en lo que respecta a bandas sonoras me quedo con Steiner (soy muy fan de Die Tote Stadt y del concierto de violín de Korngold, porque era un magnífico compositor, pero como autor de bandas sonoras en mi opinión peca de ambicioso). Además, no deja de resultar curioso que, teniendo Korngold la posibilidad de elegir los títulos en los que quería trabajar, a diferencia del multitarea Steiner, las películas para las que trabajó Korngold permanezcan hoy, en su mayoría, casi olvidadas, frente a los grandes éxitos que protagonizó Steiner. Steiner era de alguna forma el artesano, mientras que Korngold era el artista, pero quizá el tiempo no les ha tratado como tales. En todo caso, ambos son fundamentales para el desarrollo de las bandas sonoras, y su estilo será continuado por gente como Maurice Jarre (en sus bandas sonoras sinfónicas, no en las de sintetizador), John Barry, Ennio Morricone, John Williams, James Horner, Hans Zimmer o Michael Giacchino, por ejemplo. El legado de estos dos maestros de la música sigue vivo tanto a través de su obra como de su influencia en las generaciones futuras. Y seguramente la mayoría de fans de las bandas sonoras de “Star Wars” o de “El señor de los anillos” ignoren que, sin Steiner y Korngold, no serían lo que hoy conocemos.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]