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175 años del nacimiento de Jules Massenet (12-05-2017)




Durante el siglo XIX, París pasó a ocupar el lugar de Viena como capital musical de Europa (o al menos a disputarle el papel), aunque mantenían sus diferencias: mientras en Viena la música instrumental y sinfónica tenía una gran importancia, en París la mayoría de los compositores se dedican a la ópera, dando lugar a algunos de los títulos más representativos del género. Pero la mayoría de los compositores francés (o adoptados) iban muriendo o retirándose hacia mediados de la segunda mitad del siglo, momento en el que una figura emerge por encima del resto de compositores para ser el operista por excelencia de finales de siglo en Francia: Jules Massenet, que nació un día como hoy hace 175 años.




Jules-Émile-Frédéric Massenet nació el 12 de mayo de 1842 en Montaud, actualmente parte de Saint-Étienne, cerca de Lyon:

Su padre, Alexis Massenet, era un industrial del acero, que se casará en dos ocasiones, siendo su segunda esposa Adélaïde Royer de Marancour, aficionada a la música. Jules será el cuarto y último hijo de este segundo matrimonio (en total era el menor de 12 hermanos). Será su madre la que le dé sus primeras lecciones de piano. Pero en 1948, cuando Jules tiene 6 años, la familia se muda a París.

En la capital francesa Jules Massenet estudia en el conservatorio de París piano, órgano, contrapunto y composición, siendo en este último campo su profesor el compositor Ambroise Thomas. Ya desde edad temprana comienza a componer alguna opereta que no ha llegado a nuestros días. En 1962 se presenta al Gran premio de Roma con la cantata Louise de Mézières, pero será al año siguiente cuando se alce con el premio gracias a la cantata “David Rizzio”. Eso le supone un viaje a Italia, siendo admitido en la Villa Medici, donde compone su primera suite para orquesta, en la que ya luce su talento como orquestador y,sobre todo, su gran vena melódica, de herencia francesa pero que él elevará a niveles nunca vistos. Escuchamos el nocturno de esta Suite:

También compone algunas piezas para piano, como este “Souvenir de la campagne de Rome”:

En Roma conoce a Franz Liszt, de quien se hace amigo, hasta el punto de que Liszt le confía la enseñanza de piano de algunos de sus alumnos (lo que nos permite hacernos una idea del talento como pianista de Jules Massenet). Entre estos alumnos que le confía se encuentra Louise-Constance “Ninon” de Gressy, de quien se enamora. Tardarán en casarse hasta que Massenet mejore su situación económica, y que todavía es un estudiante. Finalmente se casan en 1866 y tiene una única hija, Juliette, en 1868.

En 1867 le tenemos ya de vuelta en París, donde intenta estrenar sus primeras óperas (perdidas todas ellas, además de dejar algunas inconclusas). Compone además una Misa de Requiem, también perdida,  y en 1868 conoce a Georges Hartman, quien será su editor. No consigue ningún éxito pese a la protección de su maestro y mentor, Ambroise Thomas, y su carrera se ve interrumpida al enrolarse en la Guardia Nacional durante la guerra Franco-Prusiana de 1870-1871. Tras sobrevivir al sitio de París, huye de a ciudad durante el difícil periodo de la Comuna, trasladándose a Bayona, antes de regresar a la capital en 1872.

Terminada la guerra, su carrera como compositor despega gracias al estreno de la Suite sinfónica Pompeia (compuesta años antes en Italia), la ópera Don Cesar de Bazan, estrenada en 1872, y el oratorio o drama sacro “Marie-Magdeleine” en 1873, de la que escuchamos el aria “O mes soeurs” cantada por Régine Crespin:

Al igual que Gounod, Jules Massenet es un ferviente católico, y sus creencias son evidentes en buena parte de su obra.

Por estas fechas compone también la más famosa de sus canciones, “Élégie”, sobre texto de Louis Gallet, para piano, voz y solo de chelo. La escuchamos cantada por el contratenor Philippe Jaroussky y con Gautier Capuçon al chelo:

Es una época en la que Massenet ha compuesto numerosas canciones, como por ejemplo este “Rêvons, c’est l’heure” sobre texto de Paul Verlaine (texto musicado en innumerables ocasiones, siendo la más destacable la que haría Reynaldo Hahn):

Compone también nuevas suites orquestales, pero sigue esperando conseguir un éxito en la ópera, algo que por fin sucederá en 1877 con el estreno de Le Roi de Lahore, grand’opera en 5 actos en la que luce ya buena parte de su potencial, como las innovaciones orquestales, con la inclusión de un vals para saxo en el extenso ballet:

Luce Jules Massenet también aquí su vena melódica, en especial en el aria no de ninguno de los protagonistas, sino en la del villano, algo inusitado. Escuchamos este aria, “Promesse de mon avenir” en su versión italiana cantada por el gran Mattia Battistini:

Ya un año antes, en 1876, le habían concedido la Légion d’Honor francesa, siendo en 1878 nombrado profesor de composición en el conservatorio de París, donde tendrá entre sus alumnos a muchas de las figuras más relevantes de la siguiente generación de músicos franceses: Reynaldo Hahn, Gustave Charpentier, Alfred Bruneau, Florent Schmitt, Gabriel Pierné, Ernest Chausson o el rumano Georges Enesco. Su ritmo de trabajo es frenético, ya que al parecer comienza a componer a las 4 de la mañana, a parte de su labor como profesor.

En 1880 estrena otro drama sacro, “La vierge”, de la que escuchamos el éxtasis de la virgen cantado por Montserrat Caballé:

Su siguiente ópera sera “Hérodiade”, de ambientación bíblica, aunque basada en la obra de Gustave Flaubert, se estrena en Bruselas en 1881. Escuchamos el aria de Hérodiade “Venge-mou d’une supreme offense” cantada por Marilyn Horne:

Y escuchamos también el aria de Jean (Juan el Bautista) “Ne pouvant réprimer” cantada por Roberto Alagna, en la que podemos apreciar un canto más recitado de lo habitual en Massenet:

Su definitivo gran éxito llega en 1884 con la ópera “Manon”, obra de repertorio en la actualidad, que cuenta con innumerables momentos de gran belleza melódica, como este “Adieu, notre petite table” que canta una insuperable Victoria de los Ángeles:

Y el aria del tenor “Ah, fuyez, douce image”, que escuchamos cantada por Giuseppe di Stefano:

De “Manon” pasa a otra ópera en la que también adapta un clásico de la literatura, pero en esta ocasión traspasa fronteras, de la Francia Rococó a la España medieval de “Le Cid”, ópera que alcanza un gran éxito que no se ha mantenido en el tiempo, pese a varios pasajes famosos que todavía hoy forman parte de los recitales de grandes cantantes, como el aria de Chimène “Pleurez, mes yeux”, que escuchamos cantada por Maria Callas:

Y es que, como es habitual en Jules Massenet, los personajes femeninos tienen una gran importancia en la historia aún cuando no sean las protagonistas, como en este caso. Eso no quiere decir que el personaje de Rodrigue se quede atrás, ya que Massenet le regala un aria que han cantado casi todos los tenores líricos y spinto posteriores, “Ô souverain, ô juge, ô père”, que escuchamos cantada por Franco Corelli:

En 1885 estrena una obra religiosa, el motete para coro Ave Maria Stella:

En 1889 Jules Massenet estrena una ambiciosa ópera, “Esclarmonde”, obra con reminiscencias wagnerianas, con un uso importante del leitmotiv, una orquestación muy cuidadosa y rica y una ambientación exótica, en la que compone un papel protagonista para soprano (para la soprano norteamericana Sybil Sanderson, musa de Massenet, a quien había conocido en 1887 y de la que se rumoreaba en París que era su amante, aunque no parece que esos rumores fuesen ciertos, si bien es cierto que fue una especie de amor platónico para él) de una dificultad tal que ha impedido la popularidad de la obra, ya que incluye un Sol5 que casi ninguna soprano es capaz de cantar:

Ya puestos, vamos a escuchar el bellísimo dúo de amor del segundo acto, en el que Esclarmonde, princesa bizantina, se presenta ante el caballero Roland envuelta en niebla y al que seduce sin que él pueda ver su rostro (el mito de Eros y Psique del revés… Massenet es en el fondo un extraño feminista), dúo que escuchamos cantado por Joan Sutherland y Jaume Aragall:

Tras otra ópera, “La mage”, en 1892 por fin es capaz de estrenar (en Viena, eso sí; el estreno en París tendrá lugar un año después) una obra en la que llevaba años trabajando, la adaptación de la obra de Goethe Werther, de nuevo con notables influencias wagnerianas, una orquestación muy cuidada y por momentos densa y un papel protagonista para tenor lírico de grandes dificultades vocales y expresivas, que llegan a su climax en la bellísima aria “Pourquoi me reveiller” que escuchamos interpretada por uno de sus más míticos intérpretes, Georges Thill:

Pero, de nuevo, pese a que el protagonista es masculino, Massenet da un gran realce al personaje femenino, Charlotte, mezzo-soprano,  al que le da 3 monólogos de diferentes dimensiones (frente a los 4 de él), los tres al comienzo del 3º acto, destacando el primero de ellos, el aria de las cartas, que escuchamos cantada por Christa Ludwig:

Werther tardará en imponerse en el repertorio como lo había hecho Manon, aunque hoy seguramente sea la más popular de las óperas de Jules Massenet.

También en 1892 Massenet estrena su primer ballet, bastante breve, “Le carillon”, que escuchamos dirigido por Richard Bonynge:

La siguiente ópera de Massenet se estrenará en 1894, “Thais”, drama ambientado en un Egipto proto-cristiano, basado en la obra de Anatole France, que cuenta con la que quizá sea la pieza instrumental más famosa del compositor, la meditación para violín y orquesta que escuchamos interpretada por Itzhak Perlman:

Por supuesto, de esta ópera destaca el papel protagonista, el de la sacerdotisa de Venus y cortesana Thais que se convierte al cristianismo. Estrenado por Sybil Sanderson, escuchamos su aria “Dis-moi que je suis belle” cantada por Renée Fleming:

Pero destaca también el personaje del barítono Athanael, el eremita que consigue convertir al cristianismo a Thais para luego sucumbir a sus encantos. Escuchamos un bello monólogo del final del 1º cuadro del 3º acto, cantado (en italiano) por Ettore Bastianini:

Thais fue también una ópera de éxito tardío, ya que tardaría unos 10 años en imponerse. Hoy día goza de una razonable popularidad, y es en mi opinión, junto con Esclarmonde y Werther, una de las obras maestras del compositor.

Las siguientes óperas, “Le portrait du Manon” y “La navarreise” no gozaron de gran popularidad. Por estas fechas también compone algo de música orquestal, como la Fantasía para chelo y orquesta, de 1897:

Tras “Sapho” (de nuevo protagonista femenina), Jules Massenet compone “Cendrillon”, basada en el cuento de Perrault. Una ópera deliciosa que tuvo un éxito inmediato y en laque destaca el aria de la Cenicienta protagonista, “Enfin, je suis ici”, que escuchamos cantada por Federica von Stade:

En 1900 estrena la música de escena para la “Fedra” de Racine, en la que aprovecha una obertura que había compuesto previamente, en 1874:

Ese mismo año estrena el oratorio “La terre promise”, y al año siguiente la ópera “Griséldis”. En 1902, harto de que se le acuse siempre de ser un compositor de mujeres, compone “Le jongleur de Notre-Dame”, basado en la obra de Anatole France, que sólo cuenta con voces masculinas (aunque la soprano Mary Garden interpretó, para horror de Massenet, el papel protagonista de Jean, escrito para tenor). La ópera es bastante fallida, ausente en general esa belleza melódica tan característica del compositor. Escuchamos a Léopold Simoneau cantar el papel protagonista:

Jules Massenet era un pianista virtuoso, y finalmente en 1903 compone un concierto para piano y orquesta, del que escuchamos los movimientos 2 y 3 con Aldo Ciccolini:

En 1905 estrena la ópera “Chérubin”, basada en la obra de Beaumarchais, estrenado por Mary Garden. Escuchamos el aria del protagonista cantada por Joyce DiDonato:

Jules Massenet continúa componiendo óperas y ballets, pero la única ópera reseñable ya será el “Don Quichotte”, estrenado en Montecarlo en 1910 por Fiódor Chaliapin, al que escuchamos cantar la muerte de Don Quichotte:

En 1912 estrena en vida su última ópera, “Roma”, siendo estrenadas de forma póstuma “Panurge” en 1913, “Cléopâtre” en 1914 y “Amadis” en 1922. Enfrascado en su trabajo de compositor hasta el último momento muere en París el 12 de agosto de 1912, con 70 años, a consecuencia de un cáncer, siendo enterrado en Égreville, al sureste de París (ciudad en la que era propietario del castillo local):

Influyente en una nueva generación de compositores franceses, pero también italianos (esa vena melódica tan suya se percibe claramente en la obra de Puccini, por ejemplo), Jules Massenet nos dejó alguna obra maestra, óperas olvidables, pero también un buen número de óperas hoy día bastante olvidadas que se merecerían un lugar mucho más destacado en el repertorio actual. Y aunque sólo fuera por su maravilloso “Werther”, será un compositor al que recordemos siempre.



275 años sin Antonio Vivaldi (28-07-2016)


Hay compositores que, pese a la gran fama de su nombre, apenas son recordados por un pequeño puñado de obras; quizá el caso que hoy nos ocupa, el de Antonio Vivaldi, sea especialmente llamativo, ya que por lo general de él se recuerda únicamente “Las cuatro estaciones”, que pese a ser una obra maestra, es sólo una de las muchas obras de uno de los compositores más importantes de la primera mitad del siglo XVIII.




Antonio Lucio Vivaldi nació el 4 de marzo de 1678 en la ciudad de Venecia, por aquel entonces capital de la República de Venecia. Fue bautizado en su casa ese mismo día, ya que parece que desde el principio se notó que tenía mala salud (parece que sufría asma). Era hijo de Gianbattista Vivaldi, originario de Brescia y que en Venecia destacó como violinista (e incluso parece que compuso alguna obra), quien enseñó a su hijo a tocar el violín, aunque probablemente Antonio fue también alumno de Giovanni Legrenzi.

A los 15 años comenzó a estudiar para sacerdote, cosa que consiguió el 23 de marzo de 1703, a la edad de 25 años (por lo que será conocido como “Il prette rosso”, el sacerdote rojo, al ser sacerdote y pelirrojo). Pero no tardó en conseguir quedar eximido de dar misa por motivos de salud. En realidad, su mayor interés era la música.

En octubre de 1703 entra a trabajar como profesor de violín en el Ospedale della pietà de Venecia, en el que se acogía a huérfanos o niños que no podían ser mantenidos por sus familias; a los niños se les enseñaba un oficio, mientras que a las niñas se les enseñaba música y, si destacaban, podían entrar a formar parte de la orquesta del Ospedale. Al parecer, Vivaldi había desarrollado una magnífica técnica como intérprete de violín, por lo que el puesto de profesor era idóneo para él. Pero era además el maestro di coro, lo que le obligaba a componer un enorme número de obras.

Sus primeras obras fueron sonatas para uno o dos violines con acompañamiento de bajo continuo, todavía con un estilo tradicional, siguiendo el de Arcangelo Corelli. Pero será con su Opus 3 con lo que destaque a nivel internacional como compositor. Se trata de un conjunto de 12 conciertos para instrumentos solistas (generalmente uno o dos violines) conocidos como “L’estro armonico”, compuestos en 1711 y con los que revoluciona el mundo de los conciertos para instrumentos solistas. Va ahí la integral de conciertos, con una duración de una hora y media:

En la misma línea se encuentra su opus 4, otra colección de doce conciertos para violín (en ocasiones con un segundo instrumento solista, violín o chelo) conocidos como “La stravaganza”, de 1714:

Pero Vivaldi no compone sólo música instrumental, también tiene que componer música vocal. Destacamos de este período el Stabat mater RV 621, que se estrenó en Brescia en 1711, y que escuchamos en la voz del contratenor Andreas Scholl:

De esta misma época destaca también el “Gloria” RV 589:

En este período comienza también su carrera como empresario teatral y compositor de ópera, en un estilo más moderno opuesto al conservador de Benedetto Marcello pero que no conseguirá el éxito y la permanencia de sus obras en los teatros comparable al de las grandes iguras óperísticas de su tiempo, como Alessando Scarlatti o Johann Adloh Hasse. La primera de sus óperas, “Ottone in villa”, de 1713, no es estrenada en Venecia, sino en Vicenza, cosa que sí consigue con su segunda ópera, “Orlando finto pazzo”, de 1714, de la que escuchamos un fragmento cantado por el contratenor Philippe Jaroussky:

Mientras tanto, continúa componiendo para el ospedalle, tanto conciertos como dos oratorios que se le encargan, de los cuales sólo se conserva el segundo, el famoso “Juditha triunfans”compuesto para celebrar la victoria de Venecia frente al Imperio Otomano y la conquista de la isla de Corfú en 1716, que será una de sus más importantes obras religiosas, estrenada por las jóvenes del ospedale, lo que nos permite comprender el altísimo nivel musical de la institución, a la vista de las importantes dificultades de la obra, dividida en dos partes y de más de dos horas de duración; yo la comparto entera:

En 1717 o 1718 Vivaldi abandona Venecia, adonde volverá en 1725, tras pasar también por Mantua, Milán y Roma. Su objetivo al irse de Venecia era conseguir el puesto de maestro de Capilla en la corte del gobernador de Mantua Felipe de Hesse-Darmstadt. Allí compondrá algunas óperas, de las cuales destaca “Tito Manlio”, estrenada en 1719, y de la que escuchamos aquí el aria del protagonista:

Pero la obra más importante que compone en Mantua es un grupo de 4 conciertos para violín a los que titula “Las cuatro estaciones”, ya que cada uno de ellos describe con detalle las distintas estaciones, pudiendo así escucharse desde danzas pastoriles o escenas de caza hasta el canto de distintos pájaros, algo innovador para la época, cuando la música programática era todavía desconocida. Comparto mi parte favorita, el invierno, con la violinista Julia Fischer:

De vuelta en Venecia, continúa su obra como compositor, componiendo cantatas en honor a distintos miembros de la realieza europea, como “Gloria e imeneo”, escrita para la boda de Luis XV de Francia:

Prosigue componiendo óperas, de las que destaca el “Orlando Furioso” de 1727, del que escuchamos aquí el aria “Nel profondo cieco mondo” cantada por Marilyn Horne:

En 1728, Antonio Vivaldi conoce al emperador Carlos VI de Habsburgo, para quien había compuesto la serie de 12 conciertos de violín “La cetra”; el emperador le invita a Viena, cosa que hace, acompañado de su padre, visitando también Praga, donde se representa su ópera “Farnace”.

En Venecia, Antonio Vivaldi trabaja cada vez más en el mundo de la ópera, colaborando con el gran libretista Pietro Metastasio en “L’Olimpiade”, de 1734, de la que escuchamos el aria “Siam navi all’onde algenti” en la voz de Patricia Petibon:

En 1735 estrena en Verona “Bajazet”, del que escuchamos el aria “Sposa son disprezzata” en la voz de Ewa Podles:

Apenas unos meses después estrena en Venecia “La Griselda”, con un libreto original de Apostolo Zeno reescrito por Carlo Goldoni, de la que escuchamos la famosa aria “Agitata da due venti” en la voz de Cecilia Bartoli:

En 1737 vuelve a colaborar con Pietro Metastasio en “Catone in Utica”, estrenada en Verona. Escuchamos el aria “Doveva svenarti allora” en la voz del tenor Topi Lehtipuu:

Escuchamos también a Vivica Genaux cantar el aria “Come in vano il mare irato”:

Pero la suerte de Antonio Vivaldi pasa por su peor momento: su música no es apreciada en Venecia, donde su estilo se considera ya anticuado, por lo que decide trasladarse a Viena bajo la protección de Carlos VI, con intención probablemente de conseguir representar sus óperas en la capital imperial. Pero para su desgracia, Carlos muere en 1740, dejando a Vivaldi en la miseria. Para colo de mala suerte, Carlos moría sin descendencia masculina, dejando el trono a su hija Maria Teresa, pero varios estados europeos aprovecharon la ocasión para comenzar una guerra, la Guerra de sucesión austriaca, que provocó la huida de María Teresa a Hungría y el cierre de los teatros vieneses.

Así, sin posibilidades de ganarse la vida, Antonio Vivaldi murió en la miseria la noche del 28 de julio de 1741, a los 63 años. Será enterrado en un cementerio próximo a la Karlskirche, en la zona donde hoy se encuentra la universidad, donde hay una placa en su memoria.

Pese a la gran influencia que ejerció en muchos compositores contemporáneos (entre ellos el mismísimo Johann Sebastian Bach), con los nuevos estilos clásico y romántico, Antonio Vivaldi cayó en el olvido. Su figura no se recuperará hasta el siglo XX, recuperando el prestigio que le corresponde como la principal figura musical de la primera mitad del siglo XVIII en Italia. De hecho, con la gran cantidad de intérpretes historicistas, sus óperas han conseguido volver a ser representadas. Han tenido que pasar casi 3 siglos, pero parece que ya de forma definitiva Antonio Vivaldi ocupa el lugar que le corresponde en la historia de la música.