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140 años del nacimiento de Ethel Barrymore (15-08-2019)

Con una carrera cinematográfica mucho menos extensa que sus célebres hermanos, fue en los años 40 una de las mejores actrices secundarias que ha visto Hollywood, la perfecta definición de una “robaescenas”. Aprovechando el 140 aniversario de su nacimiento repasamos la carrera de la gran Ethel Barrymore.

El nombre de nacimiento de Ethel Barrymore era Ethel Mae Blythe, y nació en Filadelfia, Pensilvania, el 15 de agosto de 1879. Sus padres, Maurice y Georgiana, eran actores teatrales. Su hermano mayor era el actor Lionel Barrymore y su hermano pequeño fue quizá el más famoso actor de los tres, John Barrymore (abuelo de la también actriz Drew Barrymore). 

En 1984 se trasladaron por dos años a Inglaterra, ya que su padre heredó una notable cantidad de dinero allí, siendo estos los mejores años de su infancia, cuando la familia estuvo más unida, al no encontrarse inmersa en giras teatrales. De regreso a Estados Unidos, quiere dedicarse a ser concertista de piano, además de comenzar su gran pasión por el beisbol. Pero en 1893 se traslada con su madre a California, ya que ésta está enferma de tuberculosis, enfermedad de la que muere ese verano, lo que supone el final de su infancia. Al igual que su hermano Lionel (a diferencia de John, que al ser más joven queda al cuidado de su abuela), debe abandonar la escuela y comenzar a trabajar en teatro, debutando en Broadway en 1895. No tarda en trasladarse a Londres, donde permanece entre 1897 y 1898, y obtiene un gran éxito, además de tener como pretendiente a Winston Churchill, a quien rechaza por no querer ser la esposa de un político. Acostumbrados a verla en el cine ya en edad madura, se nos hace extraño imaginarnos que fue una mujer ciertamente bella en su juventud (aunque siempre con esa mirada tan particular suya):

Tras haber tenido varios pretendientes en Inglaterra y en Estados Unidos, Ethel Barrymore se casa el 14 de marzo de 1909 con Russell Griswol Colt, con quien tiene tres hijos, Sammy, Ethel y John Drew, todos ellos dedicados al mundo del espectáculo. Pero el matrimonio no es feliz; ya en 1911 ella firma una demanda de divorcio que no tiene lugar. Pero rumores de malos tratos y evidentes infidelidades de él terminan con un divorcio en 1923. Aunque Ethel mantuvo posteriormente varios romances, no volvió a casarse, al ser una devota católica. 

A comienzos de la década de 1910, buena parte de la familia Barrymore se traslada a Hollywood para trabajar en el cine, y Ethel Barrymore hará lo propio en 1914, debutando en “The nightingale”. Trabajará con frecuencia en el cine hasta 1919. Por el contrario, en los años 20 trabaja exclusivamente sobre las tablas; de hecho, en 1928 se inaugura en Nueva York un teatro con su nombre.

Ethel Barrymore regresa puntualmente al cine en 1932 para acompañar a sus hermanos Lionel y John en “Rasputin y la Zarina”, interpretando a la Zarina Alejandra, en una película criticada por su falta de credibilidad histórica:

Los tres hermanos habían trabajado con anterioridad en una película muda. En esta ocasión, con la llegada del cine sonoro, trabajan juntos por segunda y última vez. De nuevo, Ethel regresa al teatro. 

En 1944, el director Cliffor Odets se encarga de asegurar la presencia de Ethel Barrymore como la madre del despreocupado barriobajero inglés interpretado por Cary Grant en “Un corazón en peligro”:

 

Por este papel, Ethel Barrymore ganará un Oscar a mejor secundaria, aunque afirme no sentirse impresionada por ello. Pero lo cierto es que apenas regresa a las tablas, y dedicará el resto de su carrera al cine. 

En 1946 interpreta a la misteriosa madre de George Brent, asesino de mujeres con problemas, en “La escalera de caracol”, drama de intriga protagonizado por una joven muda interpretada por Dorothy McGuire, consiguiendo una nueva nominación al Oscar:

En 1947 protagoniza varias películas destacables. Por un lado, es la tía de Merle Oberion, pianista que finge ser ciega para poder acercarse al pianista ciego interpretado por Dana Andrews en “Mi corazón te guía”, donde consigue eclipsar al resto del reparto, aún estando todos magníficos:

Interpreta también a la madre del político Joseph Cotten, que emplea a una campesina que terminará triunfando en política, interpretada por Loretta Young, quien ganará el Oscar a mejor actriz, en “Un destino de mujer”:

Pero si destaca en un papel, es el de la esposa del juez Charles Laughton en “El proceso Paradine” de Alfred Hitchcock, drama judicial protagonizado por Gregory Peck gracias al que consigue su tercera nominación al Oscar en un reparto que incluye a Ann Todd y a los debutantes Louis Jourdan y Alida Valli:

En 1948 interpreta a la tratante de arte que trata de impulsar la carrera de Joseph Cotten, pintor obsesionado con la joven que ha conocido y que esconde un secreto, la Jennie del título, interpretada por Jennifer Jones:

En 1949 tiene uno de sus papeles más extensos interpretando a la madre superiora de un convento que esconde en la Viena de post-guerra a una joven bailarina, Janet Leigh, que provoca un conflicto diplomático entre Rusia y Gran Bretaña, encabezados respectivamente por Louis Calhern y Walter Pidgeon:

Pero su gran éxito ese año será interpretar a la rica hacendada sureña que es cuidada por una joven con ascendencia negra, interpretada por Jeanne Crain, que al morir le dejará todos sus bienes en herencia, provocando el posterior drama de la joven, en la película “Pinky” de Elia Kazan:

Por este papel recibe su cuarta y última nominación al Oscar. Y de hecho será el último gran papel de Ethel Barrymore, si bien continúa trabajando en cine en los años 50. En 1952 trabaja junto a Humphrey Bogart en el drama peridístico “El cuarto poder” dirigido por Richard Brooks:

Trabaja además en el drama episódico “Tres amores” y en el musical “Siempre tú y yo”, siendo su último papel en el drama “Johnny Trouble”, en 1957. Pero su ritmo de trabajo se ralentiza por sus problemas cardiacos, que lleva años padeciendo. Finalmente, un infarto acaba con su vida el 18 de junio de 1959, cuando estaba a punto de cumplir 80 años. Fue enterrada en el Calvary Cemetery de Los Angeles:

Quizá la menos problemática de los hermanos Barrymore, Ethel fue una actriz de teatro que dedicó al cine sólo sus últimos años. Pero en esos años nos regaló una decena de papeles memorables que la sitúan en lo más alto del Olimpo cinematográfico. 

30 años de la muerte de Laurence Olivier (11-07-2019)

Si bien fue uno de los grande galanes románticos de los años 40, dio siempre lo mejor de sí interpretando obras de Shakespeare tanto en teatro como en cine, medio en el que fue el encargado de popularizar su obra hasta niveles nunca antes vistos. Repasamos la carrera de Laurence Olivier aprovechando el 30 aniversario de su muerte. 

Laurence Kerr Olivier nació el 22 de mayo de 1907 en el pueblo de Dorking, en Dorset, al sudeste de Inglaterra, no lejos de Londres. Fue el tercer y último hijo de la pareja formada por Gerard y Agnes Olivier. Descendiente de un hugonote francés, Gerard, tras plantearse dedicarse a la actuación o a la enseñanza, siguió la misma carrera que sus antepasados como ministro religioso protestante. Su ideología, en todo caso, lo aproximaba al catolicismo, la denominada “alta iglesia”, lo que lo hacía impopular entre los feligreses. Es por esto que no conseguía un puesto fijo, así que durante sus primeros 5 años de vida Laurence y su familia tuvieron una vida casi nómada, por lo que el pequeño no podía hacer amigos. Será en 1912 cuando su padre consiga un empleo fijo en la zona de Westminster, lo que le permitirá a Laurence llevar una vida más normal. 

Laurence Olivier consigue ser aceptado en 1916 en la escuela de la iglesia de todos los santos de Londres, de ritual anglo-católico. El vicario de la iglesia les anima a tomar parte en actividades teatrales, y Laurence llama la atención en 1917, con 10 años, interpretando al Bruto de “Julio Cesar”, entre cuya audiencia estaba la futura actriz Sybil Thorndike. Siguió llamando a atención en posteriores papeles, si bien en estos casos eran personajes femeninos. 

En 1920, Laurence Olivier pasa a estudiar en Oxford. En su último año allí, 1924, llama de nuevo la atención interpretando otro papel shakespeariano, en este caso el Puck de “El sueño de una noche de verano”. Si bien no tuvo una buena relación con su padre (pese a tomar de él su forma de recitar en la iglesia), fue él quién le empujó a ser actor, matriculándolo en la escuela de arte dramático de Elsie Fogerty. Gracias a Sybil Thorndike, Peggy Ashcroft y Ralph Richardson, su carrera teatral despega rápido. En 1928 conoce a la actriz JIll Esmond trabajando juntos en la obra “Bird in hand”, y comienzan una relación. Pero en 1929 el fracaso en la obra “Beau Geste” y todas las demás obras que protagonizaó le llevó en 1930 a probar suerte en el cine con el fin de conseguir dinero suficiente para poder casarse. Papeles breves que le dan el dinero que necesita para casarse, lo que hace el 25 de julio de 1930, y en 1936 tendrán un hijo, Tarquin. Pero Olivier no se siente cómodo trabajando en el cine, y no tarda en regresar al teatro. De hecho, es seleccionado por Noël Coward para interpretar un papel en su nueva obra, “Private lives”.

Pero en 1931 le llega una oferta de la RKO, y tras muchas dudas, acepta mudarse a Hollywood. En todo caso, sus películas son prescindibles. Es elegido para ser la pareja de Greta Garbo en “La reina Cristina de Suecia”, pero la falta de química entre ambos le lleva a ser sustituido por John Gilbert. 

En 1935, Laurence Olivier regresa a Londres y trabaja junto a John Gielgud, Peggy Ashcroft y Edith Evans en “Romeo y Julieta”. Él y Gielgud alternan los papeles de Romeo y Mercutio. Pero la crítica no le es favorable: ensalzan su virilidad, el resultar mucho más creíble como enamorado, pero su escasa capacidad poética al recitar los versos de Shakespeare, en comparación con Gielgud (no olvidemos que John Gielgud fue probablemente el mejor actor shakespeariano del siglo XX). Esto enturbió la relación entre ambos actores, al menos por parte de un celoso Olivier. 

Poco después, Laurence Olivier acepta unirse a la compañía teatral Old Vic, destacando en ella por su interpretación de Hamlet. El éxito como intérprete teatral de Shakespeare le lleva a protagonizar la adaptación cinematográfica de “Como gustéis” de 1936 en el papel de Orlando, junto a un reparto teatral de casi inexistente carrera cinematográfica (con la excepción del secundario de lujo Felix Aylmer). Por desgracia, la película fue un fracaso, y tras el poco éxito de “El sueño de una noche de verano” estrenada el año anterior, hizo creer a los productores que las obras de Shakespeare no tenían futuro en el cine:

Laurence Olivier continúa su carrera teatral interpretando a Hamlet, Macbeth y el Yago de “Otelo” (el papel protagonista lo interpretaba en este caso Ralph Richardson), mientras comenzaba una relación sentimental con Vivien Leigh, aunque mantuvo otros romances en aquella época (además de con otras actrices, se sigue especulando sobre una posible bisexualidad del actor). La pareja trabaja juntos en la película “Inglaterra en llamas” en 1937:

En 1938 protagoniza la comedia “El divorcio de la señorita X”, junto a Merle Oberon y con su amigo Ralph Richardson en el reparto, película en la que es capaz de sacar su histrionismo más cómico con buen resultado:

Tras regresar momentáneamente al teatro, vuelve al cine para interpretar a Heathcliff en la adaptación que William Wyler dirige en 1939 de “Cumbres borrascosas” de Emily Brönte. Olivier no está contento con el trabajo, y tiene problemas con Oberon, pero Wyler, gran director de actores, consigue sacar de él una interpretación menos teatral y más cinematográfica:

La película es un gran éxito y le vale a Laurence Olivier su primera nominación al Oscar. Esto le da confianza a la hora de afrontar la interpretación de sus nuevos papeles cinematográficos. 

Mientras, Vivien Leigh se ha trasladado también a Hollywood, tanto para estar junto a él como para intentar hacerse con el preciado papel de Scarlett O’Hara en “Lo que el viento se llevó”, algo que finalmente consigue. Laurence Olivier intenta que ella sea la protagonista de sus dos nuevas películas, pero no lo consigue. La primera película que rueda en 1940 es “Rebeca” de Alfred Hitchcock, una de las obras maestras del maestro del suspense, junto a una joven Joan Fontaine, elegida por David O. Selznick en vez de Vivien Leigh para evitar problemas mientras ambos se divorciaban de sus respectivas parejas:

Por este papel Laurence Olivier recibe su segunda nominación al Oscar. 

La otra película que protagoniza en 1940 es “Más fuerte que el orgullo”, adaptación de “Orgullo y prejuicio” de Jane Austen para la que Selznick elige como protagonista a Greer Garson, y en la que Olivier interpreta al galán Mr. Darcy:

Por otro lado, Vivien Leigh rueda “El puente de Waterloo” con Robert Taylor, ya que Olivier ha sido rechazado para protagonizarla. Todo parece arreglarse tras el divorcio de sus anteriores parejas y la boda, que tiene lugar el 31 de agosto de 1940. Todo parece arreglarse y la pareja decide interpretar “Romeo y Julieta” en Broadway, pero la prensa saca a relucir su pasada relación adulterina y acusa a Olivier de permanecer en Estados Unidos para evitar combatir en la II Guerra Mundial, por lo que la producción es un fracaso comercial. 

Nada cierto en lo relativo a la Guerra. Olivier se pone en contacto con el gobierno británico, que le solicita permanecer en Estados Unidos y ponerse en contacto con el director Alexander Korda para filmar una película de propaganda: “Lady Hamilton”, protagonizada por Vivien Leigh y Olivier como Horatio Nelson, con sus similitudes con la situación británica del momento (la amenaza de Napoleón es comparable con la de Hitler) fue vista desde el principio como un film propagandístico que no tuvo gran éxito comercial:

La pareja se traslada después al Reino Unido, donde Laurence Olivier intenta ingresar en la marina, pero es rechazado. Se dedica entonces a grabar discursos propagandísticos y filma alguna película en la misma línea. Sus amigos notan que Olivier no es feliz. Pero todo cambia cuando, siguiendo instrucciones de Winston Churchill, se prepara para protagonizar una nueva adaptación shakespeariana, en este caso “Enrique V”, en la que las tropas inglesas derrotan a las francesas en suelo francés en la batalla de Agincourt, con paralelismos con la invasión de Normandía que tiene lugar poco antes del estreno, en 1944. Finalmente, Olivier no solo protagoniza la película, también la dirige y la produce, con un estilo un tanto curioso, pasando del Globe de la época de Shakespeare al momento histórico de la Guerra de los cien años, pero cortando algunos pasajes incómodos:

Por esta película Laurence Olivier recibe una nueva nominación al Oscar como mejor actor y un Oscar honorífico. 

Poco después, Olivier se hace cargo, junto con Ralph Richardson, de la dirección de la compañía teatral Old Vic, por lo que sus siguientes años los pasará de nuevo en el teatro. Pero en 1947 comienza a trabajar en un nuevo proyecto, estrenado en 1948: dirigir, producir y protagonizar una adaptación cinematográfica de “Hamlet”, un ambicioso proyecto que tendrá un resultado más que exitoso:

Tal es el éxito que la película gana el Oscar a mejor película. Olivier es nominado en la categoría de actor y de director, ganando en la primera, aunque no estaba en la ceremonia para recogerlo:

Su matrimonio con Vivien Leigh se tambalea, en parte por las mutuas infidelidades. Pese a todo, siguen siendo pareja artística en el teatro. 

En el mundo del cine, Laurence Olivier tiene uno de sus mejores papeles en 1952, al volver a trabajar a las órdenes de William Wyler en “Carrie”, en el que vive una historia de amor con una joven Jennifer Jones, pese a estar su personaje casado:

En 1955 de nuevo dirige y protagoniza otra obra de Shakespeare, en este caso “Ricardo III”, interpretando al villano rey inglés, en un reparto en el que figuran, a su pesar, John Gielgud y Ralkph Richardson, ya que Olivier quería que el papel de Richardosn lo interpretara Orson Welles, con quien había trabajado en teatro. La película no tuvo el éxito de las adaptaciones anteriores, pese a contar, como en las anteriores, con la espléndida partitura de William Walton, pero en todo caso nos permite comprobar la muy diferente forma de declamar de Olivier y Gielgud:

Y, pese a todo, Olivier consigue una nueva nominación al Oscar como mejor actor. 

Repite, por última vez, en 1957, en la doble faceta de actor y director, en este caso con una curiosa comedia romántica, “El príncipe y la corista”, que protagoniza junto a Marilyn Monroe y que incluye a su amiga Sybil Thorndike en el reparto:

Ese mismo 1957 Laurence Olivier acepta protagonizar “The entertainer”, obra teatral de John Osborne, dirigida por Tony Richardson, en la que conoce a la joven actriz Joan Plowright, que interpreta a su hija. Ambos comienzan entonces una relación sentimental. Y ambos protagonizan la adaptación cinematográfica de 1960, dirigida también por Richardson, en el que es el debut cinematográfico de Plowright (y de Alan Bates) y por el que Olivier consigue una nueva nominación al Oscar:

Ese mismo año trabaja en la super-producción “Espartaco” que dirige Stanley Kubrick, protagonizada por Kirk Douglas, Tony Curtis y Jean Simmons (quien había sido su Ofelia cinematográfica) y en la que interpreta al malo de la historia, el general romano Craso:

En mayo de 1960 Laurence Olivier se divorcia finalmente de Vivien Leigh y en marzo de 1961 se casa con Joan Plowright, con la que tiene 3 hijos: Richard, en 1961, Tamsin Agnes Margaret en 1963 y Julie-Kate en 1966. 

La carrera cinematográfica de Olivier será más estable a partir de entonces. Tras protagonizar en 1962 el drama judicial “Escándalo en las aulas”, en 1965 protagoniza una adaptación de “Otelo” junto a Maggie Smith por la que consigue una nueva nominación al Oscar, si bien es una de sus interpretaciones más histriónicas, más teatral que cinematográfica:

Una interpretación mucho más contenida y creíble la encontramos en 1966 en su Mahdi sudanés que se enfrenta al gobierno británico y al general Gordon, interpretado por Chartlon Heston, en “Kartun”, de Basil Dearden:

Ese mismo año tiene un breve papel, como el presidente soviético Kamenev en el drama religioso “Las sandalias del pescador”, con un magnífico reparto encabezado por Anthony Quinn y dirigido por Michael Anderson:

En 1969 es uno de los protagonistas de la superproducción bélica “La batalla de Inglaterra”, ambientada en los momentos más delicados del Reino Unido durante la II Guerra Mundial ante la posible invasión nazi, en la que Olivier interpreta al Jefe de las fuerzas aéreas británicas:

En 1970 dirige de nuevo, en este caso una adaptación de la obra de Chejov “Tres hermanas”. Al año siguiente tiene un pequeño papel en “Nicolás y Alejandra”, pero volverá a dar lo mejor de sí en 1972, cuando protagoniza un enfrentamiento interpretativo con Michael Caine en la magistral “La huella”, dirigida por Joseph L. Mankiewicz, por la que ambos actores consiguen ser nominados al Oscar como mejor actor protagonista:

Sorprendentemente, Laurence Olivier se adapta muy bien al nuevo cine que comienza a hacerse en los años 70, y así lo demuestra interpretando al villano nazi fugitivo al que se enfrenta Dustin Hoffman en “Marathon man”, de John Schlesinger, de 1976. Y consigue una nueva nominación al Oscar, en este caso como actor secundario:

En cambio, en 1978 intercambia el papel: interpreta a un cazanazis que se enfrenta a Gregory Peck interpretando a un fugitivo doctor Mengele: 

Por este papel consigue su última nominación al Oscar, pero en ese mismo año la Academia le da un premio honorífico:

En 1979 interpreta al profesor Van Helsing en el “Drácula” de John Badham, interpretado por Frank Langella: 

Su último gran papel lo tiene en 1981 interpretando al General McArthur en “Inchon” en 1981. Ese mismo año tiene un pequeño papel en “Furia de titanes”, interpretando a Zeus:

Además de participar en películas y miniseries de televisión, su última película relevante es “Motín a bordo”, junto a Anthony Hopkins y Mel Gibson:

Todavía tiene ocasión de rodar un pequeño papel en “War requiem” en 1989. Pero Olivier, que llevaba años enfermo y que se había retirado del teatro a finales de los años 70, trabaja poco en sus últimos años, y ya tiene una considerable edad. Un fallo renal termina con su vida el 11 de julio de 1989 en su casa de Steyning, en el sur de Inglaterra, a los 82 años. Fue cremado, y sus cenizas se encuentran en la Abadía de Westminster. 

Laurence Olivier no supo siempre entender que en el cine la actuación es diferente al teatro, y por ello tardó en acostumbrase al nuevo medio, y todavía en ocasiones volvía a ese estilo demasiado histriónico que encaja mal ante las cámaras. Pero cuando conseguía actuar como es debido en el cine, sus interpretaciones eran a menudo memorables, desde finales de los años 30 hasta los años 70, demostrando una gran versatilidad y un enorme talento, asociado a menudo a la figura de Shakespeare, pero que fue capaz de darnos mucho más. 

50 años de la muerte de Judy Garland (22-06-2019)

Entre las muchas imágenes icónicas de la historia del cine, hay una que quizá supere a casi cualquier otra: una jovencita con trenzas, con un vestido azul que el sepia de la filmación no permite ver, canta la que quizá sea la más inolvidable canción compuesta nunca para el cine, “Over the rainbow”. Y es que “El mago de Oz” lanzó al estrellato a la joven Judy Garland, pero no contribuyó a mejorar una trágica vida que terminó un día como hoy hace 50 años, con una prematura muerte.

El nombre de nacimiento de Judy Garland era Frances Ethel Grumm, y nació el 10 de junio de 1922 en Grand Rapids, en el estado de Minnesota. Su casa natal es en la actualidad un museo:

Sus padres pertenecían al mundo del vodevil, y sus dos hermanas mayores, Mary Jane y Dorothy Virginia también solían cantar en los espectáculos familiares, por lo que la pequeña hizo lo propio junto a sus hermanas ya a muy temprana edad. 

A consecuencia de unas acusaciones hacia su padre de abusos sexuales hacia algunos acomodadores, la familia se trasladó en 1926 a California. Allí, las tres niñas entran en una escuela de baile, participando en sus espectáculos. Conocidas como las “Grumm sisters”, su madre insiste en que se abran paso en Hollywood, y en 1930 protagonizan el corto “Bubbles”:

Mientras, las tres hermanas realizan giras por el país, y en 1934 se les sugiere que cambien su nombre. Por motivos que se discuten, el nombre elegido es Garland, por lo que serán las Garland sisters. Poco después, Frances sustiruirá su nombre por el de Judy, y así nace el nombre artístico de Judy Garland. El trío se rompe en agosto de 1935 cuando Suzanne se casa. 

Al mes siguiente, Judy es descubierta por un cazatalentos de la Metro. Apenas realizada una prueba, fue contratada, si bien nadie sabía que hacer con ella: demasiado mayor para hacer de niña, demasiado joven para hacer de adulta, no encajaba además con los cánones de belleza del momento, lo que le acomplejó toda su vida. Luis B. Meyer la insultaba, lo que aumentó sus inseguridades, y en las pruebas fotográficas siempre se la vestía de forma demasiado normal, lejos del glamour de otras actrices. Además, a finales de 1935 murió su padre, lo que le afectó profundamente. 

Pero su suerte cambió cuando el estudio contó con ella para una actuación en la fiesta de cumpleaños que prepararon para Clark Gable. Allí cantó la canción “You made me love you”. Tanto impresionó a todos que fue contratada para un pequeño papel en la película “Melodías de Broadway 1938” (estrenada en realidad en 1937, protagonizada por Robert Taylor y Eleanor Powell) en la que canta la misma canción:

El estudio por fin vio qué hacer con ella: haría el papel de “chica de al lado” junto a Mickey Rooney, compartiendo pantalla por primera vez en 1937, y trabajando con él en 1938 en uno de los títulos de la serie de Andy Harvaey, “Andrés Harvey se enamora”… pero no de ella, sino de Lana Turner, por supuesto. En 1938 trabaja además junto a otra de las grandes estrellas juveniles del momento, el inolvidable Freddie Bartholomew, y a Mary Astor en “Listen, Darling”:

Louis B. Meyer sigue sin confiar en ella. Por eso, cuando en 1939 se va a realizar la adaptación de la novela juvenil “El mago de Oz”, intenta conseguir como protagonista a Shirley Temple y luego a Deanna Durbin, pero como ninguna de ellas podía, al final accedió a los deseos de los productores, Arthur Freed y Mervyn LeRoy, y contrató a Judy Garland. Con un corsé y un traje azul que permitieran disimular su edad (Garland tenía 16 años, mientras Dorothy tiene solo 12), la película dirigida por Victor Fleming fue un enorme éxito que catapultó a Garland a la fama, en especial por su espectacular interpretación de “Over the rainbow”. ¿Se puede cantar mejor desde un punto de vista técnico? Sin duda, pero nadie ha podido acercarse a la interpretación que ella hizo de esta inolvidable canción: 

Tal fue el éxito de la película que no le dejaron descansar. De inmediato comenzó otro rodaje, “Los hijos de la farándula”, de Busby Berkeley, en la que repite protagonismo junto a un genial Mickey Rooney (aunque ella sigue sin ser el objeto de su amor). Para esta película fue compuesto el famoso “Good morning” que después se popularizó gracias a “Cantando bajo la lluvia”, pero Garland y Rooney fueron los primeros en cantarlo: 

La película es una defensa del mundo del espectáculo frente a los recelos conservadores, pero eso no sirvió para que las condiciones laborales de Judy Garland mejoraran (ni las de Mickey Rooney, por otro lado): tras el estreno debían realizar una gira promocional por el país que incluía a menudo cinco presentaciones diarias. Para aguantar el ritmo de trabajo se les suministraban barbitúricos (a los que Garland permaneció enganchada de por vida, mientras Rooney superó la adicción en una fecha tan temprana como el año 2000, nada menos). Además fue sometida a una estricta dieta (que degeneraría en anorexia), y para contener su apetito se le daba tabaco. Mejor no añadir nada. 

En todo caso, pese a no ser nominada al Oscar (Mickey Rooney sí lo fue por “Hijos de la farándula”), se le dio un Oscar juvenil por su trabajo en ambas películas. 

En 1940 protagoniza dos películas junto a Mickey Rooney, una más de la serie de Andy Harvey y “Armonías de juventud”, esta de nuevo dirigida por Busby Berkeley:

Ese mismo año interpreta su primer papel “adulto” en “Little Nellie Kelly”, otro musical en el que interpreta a una madre y a su hija, y en el que se besa por primera vez con un chico, en este caso George Murphy, además de morir por única vez en pantalla:

Por esas fechas, Judy Garland tiene sus primeros romances. El mismo día de su 18 cumpleaños anuncia su compromiso con el compositor David Rose, pero la Metro detiene el compromiso hasta que Rose consiga el divorcio. la pareja se casa por fin el 27 de julio de 1941, pero se divorcian en 1944. 

En 1941 trabaja de nuevo en 2 ocasiones junto a Mickey Rooney, destacando “Chicos de Broadway”, dirigida de nuevo por Busby Berkeley en la que se repite el argumento de un grupo de jóvenes que quieren montar un espectáculo:

Sus siguientes películas no son especialmente remarcables, hasta que en 1944 protagonice “Cita en San Luis” musical de corte más dramático en el que interpreta a una chica de la ciudad de San Luis que, tras enamorarse de un chico, se entera que su familia tiene que mudarse a Nueva York. El director de la película, Vincente Minnelli, se encarga de que una maquilladora cambie el aspecto de Garland, lo que le ayudará a resultar más atractiva como estrella protagonista:

Durante el rodaje, la relación con Minnelli fue complicada, pero al final terminó en romance (tras otros previos que tuvo, al parecer, con Tyrone Power y Orson Welles) que en este caso termina en boda, el 15 de junio de 1945. Un año después nacerá su hija Lizza Minnelli. La pareja se divorcia en 1951. 

En 1945, dirigida por su marido, protagoniza uno de sus pocos dramas, “El reloj”, que narra la historia de un soldado de permiso, interpretado por Robert Walker, que se enamora de una chica con la que se casa de inmediato:

En 1946 protagoniza “Las chicas de Harvey”, de George Sidney, interpretando a una joven que viaja al oeste porque está compremetida por carta, pero tras su decepción al encontrarse que su prometido es mucho mayor, se incorpora a las camareras conocidas como Chicas de Harvey, superando los numerosos problemas que le plantean los mafiosos locales:

En 1948 protagoniza junto a Gene Kelly “El pirata”, de nuevo dirigida por Vincente Minnelli, pero la película es un fracaso, en parte por los excesos de Minnelli y en parte por los retrasos provocados por Garland. Y es que, durante el rodaje, sufrió un ataque nervioso que le llevó a su primer intento de suicidio cortándose las venas, por lo que tuvo que ser internada dos semanas en un centro psiquiátrico. Pero pese a todo la esperaron para terminar la película:

Pese a todo, ese año fue de nuevo contratada por la Metro para protagonizar “Desfile de Pascua” de Charles Walters. Inicialmente iba a ser protagonizada por Gene Kelly, pero a causa de una rotura de tobillo fue sustituido por Fred Astaire. Esta fue la única vez que trabajaron juntos, además de trabajar con Peter Lawford y Ann Miller. En esta ocasión la película fue un éxito que hizo que volvieran a verla como una de las mayores estrellas de la Metro:

Pero, pese a conseguir terminar el rodaje sin problemas, su vida no mejora. Adicta a los somníferos, padece de migraña y cae en el alcoholismo. Esto provoca que sea reemplazada en varias películas que comienza a rodar o para las que es contratada: “Vuelve a mí”, en la que le sustituye Ginger Rogers y “Bodas reales”, en la que le sustituye Jane Powell, que le habrían permitido trabajar de nuevo junto a Astaire, y “Annie get your gun”, en la que es sustituida por Betty Hutton. De hecho, sólo conseguirá rodar una película más, “Repertorio de verano”, de nuevo dirigida por Charles Walters y junto a Gene Kelly. Pero sus retrasos o ausencias y la necesidad de añadir un nuevo número musical alargaron el rodaje y, de nuevo, pese a la buena acogida, fue un fracaso comercial:

Con esta película termina su contrato con la Metro, y Garland abandona Hollywood. Se embarca en una serie de conciertos por el Reino Unido que le dan gran éxito. El 8 de junio de 1952 se casa por tercera vez, con el manager de su gira, Sidney Luft, con el que tendrá dos hijos, Lorna en 1952 y Joey en 1955. 

En 1954 decide volver al cine con un proyecto muy personal: el remake musical de la película “Ha nacido una estrella” de 1937. Ella y su marido la producirían junto a la Warner. El director fue George Cukor y su pareja James Mason. Pese a continuar con sus retrasos en los rodajes, la película fue un enorme éxito, y su interpretación muy aclamada:

Judy Garland fue nominada al Oscar. No pudo ir a la ceremonia por estar hospitalizada a punto de dar a luz a su hijo, rodeada de cámaras que esperaban su discurso de agradecimiento por un premio que era seguro… hasta que se lo arrebató Grace Kelly, para sorpresa de todos. Pese a ser la mejor interpretación de Vicki Lester (muy superior a la de Janet Gaynor, aunque la versión de 1937 siga siendo la mejor en mi opinión). En todo caso, sí ganó el Globo de Oro. 

Pese a todo, Judy Garland abandona de nuevo el cine, centrando su atención en la televisión, en la que protagoniza diversos shows, y en los conciertos. En 1959 es hospitalizada y se le diagnostica hepatitis. Los médicos le dicen que le quedan unos 5 años de vida, y que aún si sobrevive es probable que no pueda volver a cantar. Tarda en recuperarse, pero en 1960 vuelve a dar conciertos. Y en 1961 trabaja de nuevo en cine, en “Vencedores o vencidos” de Stanley Kramer. Muestra un aspecto demacrado para su edad, pero su interpretación es impactante, tanto que le vale una nominación al Oscar a mejor secundaria (sus compañeros de reparto también fueron nominados, aunque como protagonistas, Spencer Tracy y Maximilian Schell, ganando este último):

Su trabajo en cine concluye en 1963. Protagoniza junto a Dirk Bogarde “Podría seguir cantando” y aprovecha su experiencia en centros psiquiátricos para interpretar a la profesora de música de un centro psiquiátrico para niños con retraso que se opone a los métodos estrictos del director, Burt Lancaster, en “Ángeles sin paraíso”. El productor, Stanley Kramer, vuelve a contar con ella, aunque el rodaje es problemático, ya que el director encargado, John Cassavetes, prioriza la improvisación, lo que no es del agrado ni de Kramer ni de los actores. Pese a todo, es un drama muy recomendable, y si bien por momentos se le ve ausente, Judy Garland tiene momentos interpretativos absolutamente brillantes, demostrando que además de una magnífica actriz de musical tenía un enorme talento dramático:

Entre 1964 y 1965 protagoniza su propio show televisivo, en el que cuenta con numerosos invitados. Vamos a ver una actuación junto a una joven Barbra Streisan y a la gran Ethel Merman cantando “There’s not business like show business”:

Y la vamos a ver también cantando junto a su hija Liza Minnelli (que, seamos sinceros, no le llega a la suela de los zapatos a su madre):

Veamos alguna interpretación suya más. Y es que con esa espléndida voz, de color oscuro y tesitura de contralto, además de con su talento interpretativo, regalaba interpretaciones electrizantes, como en este “Old man river” del “Show boat” de Irving Berlin:

En los años 60 también publica varios discos, entre ellos “That’s enterteinment”, del que escuchamos el tema que le da título:

Su vida personal, en todo caso, no mejora. En 1965 consigue divorciarse, alegando crueldad mental por parte de  Luft. De inmediato se casa con el actor Mark Herron, pero se separan a los 6 meses de una relación tormentosa, que termina en divorcio en 1969. Además, sufre problemas económicos y un considerable deterioro de su salud. Se ve obligada a rehusar trabajar en la película “El valle de las muñecas”, uno de cuyos papeles está en buena medida basado en su vida, siendo sustituida por Susan Hayward. Incluso Gene Kelly querrá que sea la protagonista de “Hello, Dolly!”, pero en vista de su estado de salud los productores no se atreven; lástima, porque habría sido una magnífica Dolly, sin duda. 

En marzo de 1969, justo después de obtener el divorcio, se casa por quinta vez, con el empresario Mickey Deans. Pero el matrimonio duró poco: el 22 de junio, en su casa de Londres, Deans se encontró a su esposa caída en el baño. Una sobredosis de barbitúricos había acabado con su vida cuando acababa de cumplir 47 años. El cuerpo fue trasladado a Nueva York y enterrado en el cementerio de Ferncliff, hasta que en 2017, por empeño de sus hijos, sus restos fueron trasladados al Hollywood Forever Cemetery de Los Angeles. 

La historia de Judy Garland es la historia del hambre de dinero de los productores de las Majors, capaces de cualquier cosa con tal de rentabilizar a sus estrellas. Algunas, como su compañero Mickey Rooney, fueron capaces de conseguir superar esos abusos, pero Judy Garland, por su miedo, sus inseguridades, no fue capaz. Fue una muñeca rota, pero alguien con un talento de tal nivel que todavía sigue siendo uno de los grandes iconos de la edad dorada de Hollywood. Y con razón. 

40 años de la muerte de John Wayne (11-06-2019)

En el Hollywood clásico de los años 30 y 40 no había espacio para el multifacetismo; todos los actores estaban encasillados en algún género. Así, si pensamos en las aventuras, pensamos en Errol Flynn. Para las screwball comedies tenemos a Cary Grant. Humphrey Bogart es el rey del cine negro, mientras para los dramas recurrimos a Spencer Tracy y para los biopics a Paul Muni. ¿Y para los westerns? Su extensa filmografía lo confirma, en este género el rey era John Wayne. En el 40 aniversario de su muerte repasamos su carrera. 

El nombre de nacimiento de John Wayne era Marion Robert Morrison, y nació el 26 de mayo de 1907 en la pequeña ciudad de Winterset, en el estado de Iowa, donde aún se conserva su casa natal:

Su familia, de religión presbiteriana, tenía origen inglés, escoces y, sobre todo, irlandés. Cuando sus padres tuvieron otro hijo decidieron llamarle Robert, por lo que cambiaron el segundo nombre de Marion, que pasa a ser Marion Mitchell Morrison. La familia se mudó pronto a California, estableciéndose en 1916 en Glendale, donde su padre, veterano de la Guerra Civil, trabaja de farmacéutico. Es allí donde pasea a su Terrier, llamado “Little Duke”, cuando empieza a ser conocido como “Duke”, el Duque, apodo que mantendrá de por vida, ya que prefería ese apodo a ser conocido como Marion (perfectamente comprensible, por otro lado). 

De joven destaca tanto en el lado deportivo como en el académico. Juega al fútbol, escribe en el periódico del instituto y forma parte de la Orden DeMolay (próxima a la masonería). Comienza a estudiar leyes en la universidad y juega al fútbol en el equipo de la misma. Pero una rotura de clavícula haciendo surf acaba con su carrera deportiva y, con ello, con su estancia en la universidad.

Su entrenador le consigue, en todo caso, trabajo como extra en las películas que rueda John Ford con el actor Tom Mix, lo que le permite incluso conocer al mítico Wyatt Earp, amigo de Mix. Fue poco a poco consiguiendo papeles mayores, siendo su debut propiamente dicho en 1926  en la película “El asalto al tren expreso”. Estamos todavía en época de cine mudo, y Wayne ni siquiera aparece acreditado en el film. 

En 1929 aparece acreditado como Duke Morrison en un musical, “Words an music”. Pero en 1930 Raoul Walsh le elige como protagonista de “La gran jornada” y propone que sea acreditado como Anthony Wayne, en honor a un general de la Guerra de Independencia, pero el estudio (la Fox) dice que suena demasiado italiano. Walsh propone entonces que sea llamado John Wayne, lo que es aceptado por la productora (todo esto sin que él esté presente). El resto ya es historia:

El problema fue que la película era demasiado ambiciosa y terminó siendo un fracaso económico. Eso relegó a John Wayne a actor secundario de películas de serie A y a protagonista de infinidad de westerns de serie B (él mismo calculaba que debían rondar las 80), en la que incluso se le quiso convertir en un cowboy cantante (doblado, él no cantaba). Mientras tanto, el género del western cae en desgracia. 

Así, cuando John Ford quiere rodar en 1939 “La diligencia”, se encuentra con que ninguna productora la acepta, así que decide contactar con el productor privado Walter Wanger para poder rodarla. Cuenta con una de las grandes estrellas del momento, Claire Trevor, y con un nada desdeñable reparto, con Thomas Mitchell (que ganará el Oscar a mejor secundario), Donald Meek, John Carradine, George Bancroft… pero para protagonizarla eligió a John Wayne, al que veía como un “chico para todo”, solvente pero no brillante. La película fue un enorme éxito de crítica y de pronto John Wayne se convirtió en estrella:

En 1940 repite con Raoul walsh y Claire Trevor en el western “Mando siniestro”, y rueda de nuevo a las órdenes de Ford “Hombres intrépidos”, drama bélico ambientado ya en plena II Guerra Mundial, en el que vuelve a compartir pantalla con Thomas Mitchell. Y en 1942 estrena, entre otras, la comedia “Dama por una noche”, la película de aventuras “Piratas del mar Caribe”, en la que interpreta al antagonista frente a Ray Milland y el western “Los usurpadores”, en el que se enfrenta a Randolph Scott por el amor de Marlene Dietrich:

Pero Estados Unidos ha entrado en la II Guerra Mundial. Ya en su juventus John Wayne había querido ingresar en la marina, siendo rechazado. Ahora es el momento de alistarse, pero su situación familiar no se lo permite: en 1933 se había casado con la panameña Josephine Alicia Sáenz, y contaba con 4 hijos: Michael, nacido en 1934, Mary Antonia, de 1936, Patrick (futuro actor) en 1939 y Melinda en 1940. Wayne insiste en entrar en el ejército, pero es de los pocos actores famosos que no se ha alistado, y las productoras hacen lo imposible para mantenerlo. Y, pese a todo, las películas que ruede durante la guerra serán prescindibles. Participa también en programas de radio.

En 1945 vuelve a su rescate de nuevo John Ford, dándole uno de los papeles protagonistas (el otro es para Robert Montgomery) en el drama bélico “No eran imprescindibles”, en la que interpretan a dos oficiales que intentarán detener el avance japonés en las Filipinas justo después del bombardeo de Pearl Harbour:

En 1945 se divorcia de Josephine y en 1946 se casa con la actriz mexicana Esperanza Baur, de la que se divorcia en 1953. 

Cinematográficamente no participa en ninguna película relevante hasta 1948, cuando vuelve a trabajar a las órdenes de John Ford, no una, sino dos veces. La primera, “Tres padrinos”, western con tono de comedia en el que tres fugitivos (Wayne, Pedro Armendariz y Harry Carey Jr.), mientras huyen de la justicia (del sheriff Ward Bond) se hacen cargo del hijo recién nacido de una mujer que muere en el parto (Mildred Natwick), poniendo en grave peligro su fuga:

La otra, en “Fort Apache”, película dedicada a la caballería, en la que Wayne interpreta a un militar de campamento, libre, ajeno a la legalidad estricta que representa la academia militar de la que procede Henry Fonda, lo que provoca un enfrentamiento entre ambos:

Pero ese mismo año da la gran sorpresa la da en el magistral western de Howard Hawks “Río Rojo”, en la que interpreta a un tiránico cowboy que busca vengarse de sus hombres que se amotinaron, y en especial de su hijo adoptivo, un jovencito Montgomery Clift:

La interpretación de John Wayne sorprende al mismísimo John Ford, que al parecer, al ver su interpretación, dijo “¡No sabía que ese gran hijo de puta pudiera actuar!”. Y es cierto que aquí Howard Hawks le da a Wayne un papel con una profundidad dramática que no habían tenido sus papeles anteriores, y demuestra su capacidad interpretativa. John Ford tomará buena nota, sin duda. 

Por el momento, John Wayne protagoniza la segunda entrega de la trilogía de la caballería de Ford, “La legión invencible”, en 1959. Ese mismo año protagoniza “Arenas sangrientas”, narración de la batalla de Iwo-Jima, por la que consigue su primera nominación al Oscar:

Pero ese año el Oscar será para Broderick Crawford por “El político”, papel que Wayne rechazó por considerarlo anti-americano. Y es que, pese a haber votado por Franklin D. Roosevelt en años anteriores, John Wayne era un patriota conservador republicano, y la visión crítica del mundo de la política en la película no era de su agrado. 

En 1950 protagoniza la tercera película de la caballería de Ford, la mejor de las tres, “Río Grande”, primera vez que coincide en pantalla con su pareja más emblemática, Maureen O’Hara, interpretando a una pareja que se enfrenta por el destino en la caballería de su hijo, Claude Jarman Jr, acompañados de otros actores frecuentes en la filmografía de Wayne como Victor McLaglen y Harry Carey Jr.:

John Wayne repite con John Ford y Maureen O’Hara (además de Victor McLaglen, Mildred Natwick y Ward Bond, sumándose esta vez Barry Fitzgerald) en la genial comedia romántica “El hombre tranquilo”, una de las mejores películas de Ford y uno de los mejores papeles de Wayne interpretando a ese ex-boxeador que busca cambiar su vida en su Irlanda natal y que tendrá que soportar la oposición del hermano de la mujer de la que se enamora:

En 1953 trabaja a las órdenes de John Farrow en el western “Hondo”, en el que tiene que proteger a una testaruda mujer, Geraldine Page, y a su hijo, del inminente ataque de los indios:

También trabaja a las órdenes de William A. Wellman en “Infierno blanco”, interpretando a un piloto que tiene un accidente en Canadá. Al año siguiente, 1954, repite con Wellman en otra historia de aviación, interpretando a un piloto con problemas para llegar a Hawaii que tendrá que decidir si sigue adelante o regresa a San Francisco, con un reparto completado por Robert Stark o Claire Trevor entre otros, además de la magnífica música de Dimitri Tiomkin:

En 1954 se casa por tercera y última vez, con la actriz peruana Pilar Pallete, con la que estará casado hasta su muerte y con la que tendrá tres hijos: Aissa en 1956, Ethan en 1962 y Marisa en 1966. 

En 1955 vuelve a trabajar a las órdenes de John Farrow en “El zorro de los océanos”, en la que interpreta a un militar alemán que tiene que regresar a su país al estallar la II Guerra Mundial pese a sus pocas simpatías nazis, perseguido por un barco inglés en el que le acusan de un crimen que no ha cometido y llevando a una espía a bordo, interpretada por Lana Turner:

En 1956 protagonizó una de sus más fallidas películas, “El conquistador de Mongolia”, dirigida por Dick Powell, en la que daba vida al mismísimo Gengis Khan. El argumento no hay por dónde cogerlo, y pese a contar con Susan Hayward y Agnes Moorehead en el reparto, fue un fracaso. Al margen de haber sido rodada en terrenos contaminados por radiactividad tras unas pruebas atómicas:

Para compensarlo, ese mismo año protagoniza “Centauros del desierto” de John Ford, uno de los westerns más famosos de la historia (tal vez algo sobrevalorado) en el que interpreta a un veterano de guerra que, tras ver cómo su familia es masacrada por los indios, no cede en la búsqueda de su sobrina (insulsa Natalie Wood), que fue raptada, ayudado al final sólo por Jeffrey Hunter para encontrarla convertida en india, lo que enciende su más profundo racismo:

En 1957, tras rodar la mediocre “Arenas de muerte” junto a Sophia Loren, vuelve a ponerse a las órdenes de John Ford en “Escrito bajo el sol”, biopic del piloto Frank Wead quien, tras sufrir un accidente doméstico que le dejó parapléjico, escribió guines (Ford trabajó con él en “No eran imprescindibles”) y fue instructor de vuelo durante la II Guerra Mundial. En esta ocasión volvía a acompañarle en escena Maureen O’Hara:

Tras rodar en 1958 “El bárbaro y la Geisha” a las órdenes de John Huston, en 1959 vuelve a trabajar con John Ford en “Misión de audaces”, drama bélico ambientado en la Guerra de secesión en la que él, un unionista, tendrá que unirse al confederado William Holden en una misión:

Pero su mejor película de 1959 será el magistral western “Río Bravo”, que Howard Hawks rodó como oposición a “Solo ante el peligro” de Fred Zinnemann: el sheriff no está nunca sólo, cuenta con sus ayudantes, en este caso un borracho Dean Martin, un tullido Walter Brennan, un joven Ricky Nelson (estrella del Rock&Roll de vida desgraciada) y una misteriosa mujer, Angie Dickinson. Además, a diferencia de los westerns tradicionales, aquí los malos no son los indios, sino los ricos terratenientes que contratan a matones para controlar la vida de los pueblos del oeste, cambiando así la visión tradicional del western. Pese a no conseguir ninguna nominación a los Oscars, “Río Bravo” marcará un nuevo rumbo en el género, además de ser uno de los mejores westerns de la historia (en mi opinión le supera, por un pelo, “El hombre que mató a Liberty Valance” en el puesto de mejor western):

Los años 50 han sido los mejores de John Wayne hasta la fecha, pero su carrera sigue todavía en ascenso. Comienza 1960 con un western menor, “Alaska, tierra de oro”, de Henry Hathaway, de carácter más bien cómico, acompañado por Stewart Granger:

Pero ese mismo año su gran película será “El Álamo”, que se atreverá a dirigir él mismo, además de interpretar al mítico David Crockett, con un enorme reparto en el que destacan Richard Widmark y Laurence Harvey, además del propio hijo de John, Patrick Wayne, en la famosa historia del ataque mexicano al fuerte de El Álamo en la Guerra de Independencia de Texas. La película fue un gran éxito, consiguiendo incluso ser nominada al Oscar como mejor película:

En 1961 estrena “Los comancheros”, western a las órdenes de Michael Curtiz. Más productivo será sin duda 1962, en el que, a parte de su pequeña participación en la superproducción “La conquista del Oeste”, estrena tres grandes películas. La primera, la bélica “El día más largo”, detallada historia del Desembarco de Normandía que cuenta con 3 directores y un extenso reparto, en el que destacan Henry Fonda, Robert Mitchum e innumerables pequeños papeles y cameos, como el de Richard Burton:

La segunda es la genial comedia de aventuras “Hatari!”, de Howard Hawks, en la que lidera a un grupo de cazadores de animales salvajes para suministrar a los zoos en Tanzania, junto a Red Buttons o Hardy Kruger entre otros, además de surgir una complicada historia de amor con Elsa Martinelli. Aquí John Wayne demuestra como pocas veces sus magníficas dotes para la comedia:

No voy a negar mi absoluta predilección por esta película, pero es que John Wayne tenía todavía que ofrecer el que es en mi opinión su mejor papel en la otra película que estrenó en 1962, “El hombre que mató a Liberty Valance” de John Ford (ya he mencionado que es, en mi opinión, el mejor western de la historia), en la que Ford arregla todos los defectos que tenía “Centauros del desierto”: los villanos no son los indios, sino los terratenientes, Lee Marvin es un magnífico y creíble villano, las interpretaciones son mucho menos histriónicas y más matizadas (no podía ser de otra forma con James Stewart y Vera Miles como protagonistas) y el Tom Doniphon de Wayne es un papel matizado, realista pero al final derrotado por haber perdido a la mujer que ama. Y, con todo, esta obra maestra obtuvo una única nominación al oscar, a mejor vestuario; Wayne se merecía una nominación a mejor actor secundario más que cualquier otro intérprete:

En 1963, Andrew V. McLaglen, el hijo del actor Victor McLaglen, reúne de nuevo a John Wayne y Maureen O’Hara en el western cómico “El gran McClintock”, divertidísima película en la que participan Yvonne de Carlo y Patrick Wayne:

Wayne se encuentra cómodo en la comedia, y por ello en 1963 protagoniza junto a Lee Marvin y Jack Warden la comedia de aventuras de John Ford “La taberna del irlandés”: será la última película que ruede a las órdenes de Ford:

En 1964 se nos pasa al mundo del circo de la mano del director Henry Hathaway en “El fabuloso mundo del circo”, en la que comparte protagonismo con Rita Hayworth y Claudia Cardinale:

En 1965 es famoso su cameo en la película “La historia más grande jamás contada”, interpretando al centurión romano:

Pero ese mismo año protagoniza dos grandes películas. La primera, “Primera victoria”, de Otto Preminger, un retorno a la II Guerra Mundial, interpretando a un capitán de marina que se enamora de Patricia Neal al tiempo que intenta recuperar su relación con su hijo, el magnífico pero malogrado Brandon de Wilde, además de responder al ataque de Pearl Harbour junto a un magnífico reparto en el que destacan  Kirk Douglas, Henry Fonda o Franchot Tone en su última película:

Y la otra, el magnífico western de Henry Hathaway “Los cuatro hijos de Katie Elder”, en la que interpreta al mayor de 4 hermanos (los otros son Dean Martin, Earl Holliman y Michael Anderson Jr.) que vuelven a encontrarse para intentar recuperar las tierras que le robaron a su recién fallecida madre:

En 1966 protagoniza el segundo western de la trilogía de Howard Hawks iniciada con “Río Bravo”, titulada “El Dorado”, acompañado en esta ocasión por Robert Mitchum y James Caan:

En 1967 protagoniza “Ataque al carro blindado”, interpretando a un ex-presidiario que intenta robar a la persona que le tendió una trampa para encerrarlo y robarle sus tierras, Bruce Cabot (mítico secundario en tantas películas de Wayne), para lo que contará con la ayuda de Kirk Douglas, Keenan Wynn, Robert Walker Jr. y Howard Keel:

En 1968 volvió a la dirección, pero sin tanto éxito como con “El Álamo”: y es que “Boinas verdes”, ambientada en la Guerra de Corea, fue vista desde el principio como una película que se posicionaba a favor de la polémica Guerra de Vietnam (que era a fin de cuentas la posición de John Wayne):

En 1969 trabaja en dos películas a las órdenes de Andrew McLaglen, en el drama sobre bomberos “Los luchadores del infierno” y en el western “Los indestructibles”, en el que comparte pantalla con Rock Hudson:

Pero ese año su mayor éxito fue interpretar al tuerto Rooster Cogburn, agente de la ley contratado por una joven, Kim Darby, para que capture a los asesinos de su padre en “Valor de Ley”, western dirigido de nuevo por Henry Hathaway:

Por este papel John Wayne consiguió su segunda y última nominación al Oscar, pero esta vez se lo llevó a casa:

Quién le iba a decir a John Ford que ese gran hijo de… no sólo era capaz de actuar, sino incluso de ganar un Oscar (merecidamente), y que es grandullón se iba a emocionar al recogerlo. Magnífico por cierto escuchar al tiempo que se levanta la magistral banda sonora de Elmer Bernstein, compositor habitual en sus últimos westerns. 

En 1970 John Wayne trabaja de nuevo con Andrew V. McLaglen en el western “Chisum”, y protagoniza el último film de la trilogía western de Howard Hawks, “Río Lobo”, acompañado en esta ocasión por el mexicano Jorge Rivero y por Christopher Mitchum, el hijo de Robert Mitchum:

En 1971 trabaja por última vez junto a Maureen O’Hara en “El gran Jack”: ella se reúne con su ex-marido cuando unos cuatreros secuestran a su nieto (interpretado curiosamente por el hijo pequeño de John, Ethan), y este consigue la ayuda de dos de sus hijos, Patrick Wayne y Christopher Mitchum, pese a los problemas que ambos tienen con él:

En 1972 protagoniza un simpático western, “Los cowboys”, en el que, sin trabajadores que le ayuden a llevar al ganado, contrata a un grupo de jóvenes, que tendrán que enfrentarse a unos bandidos liderados por Brice Dern que querrán robar el ganado. Es uno de los pocos films en los que John Wayne muere:

En los siguientes años John Wayne protagoniza algunos westerns y películas policiales. Destaca en 1975 “Brannigan”, en la que interpreta a un policía americano que tiene que colaborar con la policía británica, encabezada por Richard Attenborough, para detener a un criminal, aunque la película se centra demasiado en las diferencias entre americanos y británicos:

Ese mismo año retoma su papel de Rooster Cogburn, protagonista de “Valor de ley”, en “El rifle y la biblia”, en la que comparte pantalla con Katherine Hepburn. El duelo interpretativo entre ambos, con esos juegos de ironía, es magistral y digno de ver:

Al año siguiente, 1976, estrena su última película: “El último pistolero”, de Don Siegel, western crepuscular en la que interpreta a un antiguo pistolero que, diagnosticado de cáncer terminal, se instala para morir en la casa de un viuda, Lauren Bacall, incómoda con su pasado, y su hijo, Ron Howard, fascinado por quién fue, para enfrentarse en una batalla final con sus últimos enemigos. La película es en realidad un homenaje a toda su carrera, apareciendo imágenes de algunas de sus películas, con un marcado carácter crepuscular que nos anuncia la despedida del Duque:

En sus últimos años se alejó del Partido Republicano y se acercó al demócrata Jimmy Carter en su defensa de que el canal de Panamá debía ser soberanía exclusiva del estado de Panamá. 

Diagnosticado de cáncer de pulmón en 1966, consiguió superarlo, pero luego sufrió cáncer de estómago. Siempre se ha sospechado que el rodaje de “El conquistador de Mongolia” en zonas contaminadas con radioactividad pudo haberlo provocado (de cáncer habían muerto tanto el director como otros protagonistas de la película). Su última aparición pública, en los Oscars de 1979, dejó en evidencia su mal estado de salud:

Pocos meses después sucumbía al cáncer de estómago, el 11 de junio de 1979. Poco antes de morir se había convertido al catolicismo. Fue enterrado en el Pacific View Memorial Park Cemetery, cerca de Los Angeles. 

John Wayne es el rostro por excelencia del western, pese a haber destacado también en otros géneros, como el bélico o la comedia. Quizá en sus comienzos no fuera un gran actor, pero a base de trabajar (más de 150 películas en su filmografía) terminó convirtiéndose en un magnífico actor que nos dejó una gran cantidad de interpretaciones memorables. 

In Memoriam: Doris Day (15-05-2019)

Prototipo de actriz cómica de los años 50 y comienzos de los 60, pese a que su carrera no fue muy larga, dejó una huella imborrable en el público cinematográfico, aunque la crítica no fuera tan piadosa con ella. Hace pocos días desaparecía una de las pocas supervivientes del Hollywood clásico, la actriz Doris Day.

El nombre real de Doris Day era Doris Mary Kappelhoff nació en Cincinati, estado de Ohio, el 3 de abril de 1922 (aunque ella siempre afirmó que fue en 1924). Sus abuelos eran inmigrantes alemanes y su padre era profesor de música. Tenía dos hermanos mayores, aunque el primero murió antes de que ella naciera. Criada en una familia católica, ello no impidió que sus padres se divorciaran cuando ella era pequeña, a causa de una infidelidad paterna. 

Aficionada desde pequeña a la danza, formó en los años 30 pareja de baile con Jerry Doherty, pero un accidente de tráfico frustró su futuro como bailarina. Es entonces cuando descubre su potencial como cantante. Comienza a recibir lecciones de canto por parte de Grace Raine, que se sorprende con su enorme potencial, venciendo las reticencias de su madre hacia el mundo del espectáculo. Así, la joven Doris comienza a cantar en la radio y en restaurantes. 

El cantante de Jazz Barney Rapp está buscando vocalistas femeninas. Doris vence a las 200 que audicionaron, y por insistencias de Rapp toma el nombre artístico de Doris Day (que a ella nunca le gustó, porque le sonaba a stripper) por la canción “Day after day” que forma parte de su repertorio. 

En 1941 se casa por primera vez, con  Al Jorden, miembro de la banda de Rapp. Con él tendrá a su único hijo, Terry. La pareja se divorcia en 1943, y Al se suicida poco después. En 1946 se casa con el saxofonista George Weidler, quien le convencerá para abandonar el catolicismo y convertirse a la ciencia cristiana. La pareja termina en divorcio en 1949. 

Doris Day alcanza gran éxito cantando con diferentes bandas, incluyendo las de intérpretes consagrados como Bing Crosby, colabora en la radio con Bob Hope y, desde 1945, realiza grabaciones discográficas. Una de estas será “Embraceable you”, cuya interpretación llamará la atención de sus compositores, Jule Styne y Sammy Cahn:

Ambos insisten en que participe en la película “Romance en alta mar” que dirige Michael Curtiz. Ella le dice al director que no tiene experiencia como actriz, pero eso le convence aún más a Curtiz de que es la intérprete adecuada (de hecho, el de Doris Day será el descubrimiento del que más orgulloso se sentirá Curtiz). La película, una comedia musical, se estrena en 1948 y en ella comparte pantalla con Jack Carson:

Esta canción, “It’s magic”, alcanza un gran éxito en las listas musicales, éxito que será aún mayor con su segunda película junto a Jack Carson y, de nuevo, dirigida por Michael Curtiz, “Mi sueño eres tú”, de 1949, con la canción “Someone like you”:

Trabajará a las órdenes de Michael Curtiz por tercera vez en 1950 en el drama musical “El trompetista”, protagonizado por Kirk Douglas y Lauren Bacall:

También en 1950 protagoniza la comedia musical “Té para dos”, junto a Fordon MacRae:

Su mayor éxito en esos años vendrá en todo caso en 1951 cuando trabaje por cuarta vez a las órdenes de Michael Curtiz, en “Te veré en mis sueños”, biopic del compositor Gus Kahn:

En 1951 se casa por tercera vez, con el productor Martin Melcher, . Él adopta a su hijo Terry, que pasa a ser conocido como Terry Melcher. 

Es una época en la que Doris Day es la actriz favorita de los militares que combaten en la Guerra de Corea, por lo que protagoniza no pocos musicales de poca calidad e irrelevantes en su carrera. Quizá el más relevante sea “Calamity Jane” (en España ridículamente titulado “Doris Day en el oeste”), western musical que protagoniza junto a Howard Keel y en el que canta la canción “Secret love”, que ganará el Oscar:

En 1954 protagoniza el drama musical “Siempre tú y yo”, junto a Frank Sinatra:

Tras rodar esta película, Doris Day decide no renovar su contrato con la Warner, descontenta por verse encasillada en papeles de comedia-musical. Por ello, su siguiente película, si bien igualmente musical, es mucho más dramática: “Quiéreme o déjame”, biopic de la cantante Ruth Etting y su tormentosa relación con su marido, que la maltrata psicológicamente, interpretado por James Cagney. La película, dirigida por Charles Vidor, se estrenó en 1955:

La película fue un considerable éxito de crítica, que le valió 2 Oscars y varias nominaciones, entre ellas a mejor actor para Cagney, pero no para Day. 

Tras rodar un thriller junto a Louis Jourdan, “El diabólico Señor Benton”, Doris Day trabaja a las órdenes de Alfred Hitchcock y junto a James Stewart en “El hombre que sabía demasiado”, de 1956, remake de la versión inglesa rodada por Hitchcock en los años 30, en la que se traslada la acción a Marruecos. La película es recordada en especial por ese “Qué será, será”, que ella odiaba pero que ganó el Oscar a mejor canción:

Pero de nuevo Doris Day regresa al mundo de la comedia. En 1958 estrena “Enséñame a querer”, en la que comparte escena con Clark Gable y con Gig Young, habitual secundario en sus películas. Por esta película conseguirá su primera nominación al Globo de oro, en la categoría de actriz de comedia:

Ese mismo año protagoniza junto a Richard Widmark (y de nuevo con Gig Young como secundario) “Mi marido se divierte”, otra comedia romántica, dirigida por Gene Kelly

En 1959, tras protagonizar junto a Jack Lemmon “La indómita y el millonario”, estrena el que probablemente sea su mayor éxito: la genial comedia de enredos “Confidencias a medianoche”, primera de las tres películas que protagonizará junto a Rock Hudson y Tony Randall y que le valdrá su única nominación al Oscar y una nueva nominación al Globo de Oro:

En 1960 protagoniza la simpática comedia familiar “No os comáis las margaritas”, en la que comparte protagonismo con David Niven:

Pero ese mismo año da un giro sorprendente a su carrera con un papel dramático, quizá su mejor papel, en el thriller “Un grito en la niebla”, protagonizado por Rex Harrison, Myrna Loy y John Gavin, en el que interpreta a una mujer amenazada de muerte que terminará descubriendo que la amenaza llega de alguien muy cercano:

No consigue nominación al Oscar, pero sí al Globo de oro. 

En 1961 vuelve a trabajar junto a Rock Hudson y Tony Randall en otra genial comedia, “Pijama para dos”, dirigida por Delbert Mann:

En 1962 consigue ser nominada al Globo de Oro por “Jumbo, la sensación del circo”, pero su mayor logro profesional será compartir pantalla junto a Cary Grant (y de nuevo con Gig Young como secundario) en la comedia romántica “Suave como visón”, de nuevo a las órdenes de Delbert Mann:

En 1963 protagoniza dos comedias junto a James Garner: “Su pequeña aventura” y “Apártate, cariño”, remake de “Mi mujer favorita”, en la que, tras cinco años desaparecida y dada por muerta, reaparece el mismo día que su esposo va a casarse de nuevo. Por esta película consigue su última nominación al Globo de Oro:

Al año siguiente repite por tercera vez junto a Rock Hudson y Tony Randall en “No me mandes flores”, dirigida por Norman Jewison:

Una nueva comedia en 1965, “Por favor, no molesten”, junto a Rod Taylor, le proporciona su último gran éxito:

Los gustos del público van cambiando, Doris Day rechaza el papel de Mrs. Robinson en “El graduado”, considerando el guión ofensivo y vulgar (Day era republicana y muy conservadora, como es propio por otra parte de un miembro de la iglesia de la ciencia cristiana), mientras el público la veía demasiado mojigata. Pocas comedias más terminan con su carrera cinematográfica, siendo la última “El novio de mamá”, en 1968. 

El 20 de abril de 1968 su esposo Martin Melcher, que padecía un problema cardiaco pero por sus creencias en la ciencia cristiana rechazó recibir tratamiento médico hasta que fue demasiado tarde, murió. Doris Day se llevó entonces dos desagradables sorpresas. La primera es que, a causa de unas pésimas inversiones, Melcher y el abogado Jerome B. Rosenthal le habían dejado en bancarrota. Doris Day denuncia a Rosenthal y lo lleva a juicio, que logra ganar en 1874, aunque no recibió la compensación económica hasta 1977.

La otra es que, sin consultarla, Melcher había acordado con la CBS un programa de televisión para ella, “El show de Doris Day”. Ella no quería trabajar en televisión, pero las deudas le obligaron a aceptar, y el programa fue un éxito que se mantuvo en emisión hasta 1973. 

Por otra parte, su hijo Terry Melcher era el objetivo de los famosos asesinatos de Charles Manson (la casa en la que sucedieron los asesinatos había sido de Terry hasta pocos meses antes, y Mason al parecer desconocía el cambio), y al saberlo, se empeñó en que su madre fuera siempre acompañada de guardaespaldas. Era una época difícil para Doris Day, que además veía como los gustos del público se alejaban de su estilo. Regresó a la televisión en 1985 para una serie de entrevistas (la más famosa, a su amigo Rock Hudson, enfermo ya de SIDA), pero el programa no duró mucho. 

En 1976 se casó por cuarta vez, con el camarero Barry Comden, pero la pareja acabó divorciándose en 1982. Él decía que ella le prestaba más atención a sus perros que a él. Y es que en sus últimos años Doris Day se centró en su asociación para la defensa de los animales, fundada en 1878. Un fallido intento de aparición en los Oscars, echado a perder por un accidente, terminó con su vida pública al margen de su asociación. De hecho, cuando se propuso otorgarle un Oscar honorífico, ella lo rechazó. Su hijo Terry murió en 2004 a causa de un melanoma. Cada vez más ausente de la vida pública, Clint Eastwood le ofreció un papel en 2015, pero finalmente tampoco lo realizó. Casi olvidada, una neumonía acabó con su vida el pasado 13 de mayo, cuando contaba 97 años. Por expreso deseo suyo no habría ni funeral ni tumba ni ningún acto público. 

Reina absoluta de la comedia romántica y el musical del Hollywood mojigato y republicano de los años 50, la historia posterior no la ha tratado muy bien, pese a que algunas de sus películas merezcan ser recordadas por la gran vis cómica de una actriz que en realidad no era más que una cantante sin experiencia escénica. Tampoco necesitó nada más.

Cien años del nacimiento de Jennifer Jones (02-03-2019)

Musa y, después, esposa de uno de los productores más importantes del Hollywood clásico, sus papeles de joven ingenua o sufrida esposa quedaron eclipsados por el de una de las Femme fatale más memorables de la historia del cine. Hoy, cuando cumpliría 100 años, recordamos a Jennifer Jones.

El nombre de nacimiento de Jennifer Jones era Phylis Lee Isley, y nació en Tusla, segunda ciudad del estado de Oklahoma, el 2 de marzo de 1919. Sus padres eran actores de teatro itinerantes, por lo que pasó su infancia viajando por el medio oeste americano, llegando incluso a aparecer ocasionalmente sobre las tablas. Estudia en su Oklahoma natal antes de trasladarse a estudiar interpretación, primero en Illinois y luego en la Accademy of Dramatic Arts de Nueva York, donde conoce al actor Robert Walker, con quien se casa el 2 de enero de 1939 (sin haber cumplido todavía los 20 años). 

Poco después, la pareja se traslada a Hollywood. Jennifer, todavía con el nombre de Phylis Isley, consigue dos pequeños papeles, pero fracasa en su prueba para la Paramount, por lo que, desilusionada, regresa a Nueva York, donde tendrá dos hijos: Robert, en 1940 y Michael, en 1941. Mientras su marido trabaja en la radio, ella trabaja como modelo, intentando siempre conseguir algún papel como actriz.

La ocasión llega cuando, en verano de 1941, se presenta para una audición en el despacho del productor David O’Selznick en Nueva York. La cosa no fue bien, terminó llorando la darse cuenta de su mala prueba, pero algo llamó la atención de Selznick, que la hizo volver y firmar un contrato por 7 años, cambiándole el nombre por el de Jennifer Jones. 

Su primera prueba fue para el papel de Bernadette Soubirois, impresionando al director Henry King, que no dudó en contratarla para un papel deseado por decenas de actrices. Con “La canción de Bernadette”, de 1943, Jennifer Jones saltó a la fama interpretando a la mujer que presencia la aparición mariana en Lourdes, con un reparto en el que destaca una inmensa Gladys Cooper como la intransigente monja superior:

La película resulta mojigata y propagandista católica desde el punto de vista actual, pero en su época fue todo un éxito y le valió el Oscar a mejor actriz, que ganó el mismo día que ganó el día de su 25 cumpleaños:

Convertida en estrella nada más debutar, en 1944 estrena “Desde que te fuiste”, drama dirigido por John Cromwell ambientado durante la Segunda Guerra Mundial, que cuenta la historia de las familias que se quedan sin sus esposos y padres que van al frente. Claudette Colbert y Joseph Cotten protagonizan una película en la que Jennifer Jones es la hija mayor de un americano que está en la guerra, y mientras se enamora de un joven, interpretado por quien todavía es su esposo, Robert Walker, con una fantástica banda sonora de Max Steiner:

La película recibe 9 nominaciones al Oscar, entre ellos el de mejor película y mejor secundaria para Jones, aunque sólo Max Steiner ganará el de mejor banda sonora. 

Mientras, Jennifer Jones comienza una relación sentimental con David O’Selznick, por lo que se separa de Robert Walker, divorciándose finalmente en junio de 1945. 

Jones se convierte, gracias a Selznick, en la reina del drama romántico, y así, en 1945, protagoniza “Cartas a mi amada”, de William Dieterle, junto a Joseph Cotten, quien en su anterior película era el amigo de su madre, pero a quien ahora emparejan con ella pese a la notable diferencia de edad. Por esta película Jennifer Jones consigue su tercera nominación al Oscar, todas ellas consecutivas:

En 1946 protagoniza dos importantes películas. La primera, “El pecado de Cluny Brown”, alocada comedia de Ernst Lubitsch en la que interpreta a una joven que conquista al maduro Charles Boyer

Su otra película ese año será la que le haga pasar a la historia del cine: “Duelo al sol”, el magistral western de King Vidor en el que Jennifer Jones interpreta a una mestiza de la que se enamoran dos hermanos, Joseph Cotten y un malvado Gregory Peck, con un reparto de lujo completado por Liliam Gish y Lionel Barrymore, y un memorable final: 

Y, con ella, cuarta nominación consecutiva al Oscar, Claramente, Jennifer Jones es la actriz de moda. Pero en 1947 no estrena nada: su siguiente película se estrena en 1948. Se trata de “Jennie”, drama romántico dirigido de nuevo por William Dieterle en el que un pintor, interpretado de nuevo por Joseph Cotten, se obsesiona con una mujer que esconde un secreto:

Pero, en esta ocasión, la película resulta ser un fracaso. 

Mejor suerte tiene en 1949 cuando protagoniza “Madame Bovary”, adaptación de la novela de Gustave Flaubert dirigida por Vincente Minnelli, junto a Van Heflin y Louis Jourdan, además de un James Mason que actúa como Flauvert y narrador de la historia:

El 13 de julio de 1949, en un barco camino de Europa, se casa con David O’Selznick, con quien tendrá una hija, Mary Jennifer, en 1954. En Europa rueda a las órdenes de Michael Powell y Emeric Pressburger “Corazón salvaje”, drama rural ambientado en la Inglaterra del siglo XIX:

En 1952 protagoniza “Carrie”, de William Wyler, en la que interpreta a una mujer que comienza una relación con un hombre casado, interpretado por Laurence Olivier, en una interpretación que no entusiasmó a la crítica, a diferencia de la de Olivier, en el que es considerado uno de sus mejores papeles:

En 1953 protagoniza “Estación Termini”, imposible historia de amor entre una americana y un italiano interpretado por Montgomery Clift en un rodaje complicado tanto por las tensiones creativas entre Selznick y el director Vittorio de Sica como por la propia situación personal de Jones, afectada por la reciente muerte de quien fuera su esposo, Robert Walker:

Ese mismo año protagoniza “La burla del diablo”, una sátira del cine negro que intenta evocar a Casablanca, dirigida por John Huston y como Humphrey Bogart como su partenaire:

Tras el fracaso de estos últimos films, Jennifer Jones alcanza un gran éxito en 1955 en “La colina del adiós”, de Henry King, en la que interpreta a una doctora euroasiática que comienza una relación sentimental con el americano interpretado por William Holden, que le vale una quinta y última nominación al Oscar, y que es recordada en especial por la banda sonora de Alfred Newman:

En 1956 repite junto a Gregory Peck en “El hombre del traje gris”, interpretando a una ambiciosa esposa que quiere que su marido gane más en el trabajo, lo que, como le indica su jefe Fredric March, afectará a su familia:

En 1957 protagoniza junto a Rock Hudson y Vittorio de Sica (quien le había dirigido en “Estación Termini”) una nueva adaptación de la novela “Adiós a las armas” de Hemingway, dirigida por Charles Vidor, que tendrá críticas dispares:

Su siguiente película no llega hasta 1962, y es de nuevo una adaptación literaria, en este caso de F. Scott Fitzgerald, “Suave es la noche”, de nuevo dirigida por Henry King, en la que interpreta a una mujer con problemas mentales que tiene celos de la relación de su marido, Jason Robards, con una actriz, interpretada por Joan Fontaine

En 1965, su esposo David O’Selznick muere a los 63 años. Jennifer Jones se retira del cine, y cuando dos años después muere su amigo el actor Charles Bickford, intenta suicidarse lanzándose por un acantilado. Termina en coma. Recuperada, apenas vuelve a rodar. Su único papel relevante será el último, en “El coloso en llamas”, en 1974, en el que tiene un final dramático:

Mientras, en 1971 se había vuelto a casar, con el millonario Norton Simon. En 1976, su hija menor, Mary, se suicida a los 22 años, lo que hace que Jones tome interés en las enfermedades mentales, fundando una asociación con la ayuda de su esposo, que también había tenido un hijo que se había suicidado. 

A la muerte de su esposo, en 1993, se hace cargo del museo de arte que éste tenía, el Norton Simon Museum de Pasadena, siendo su directora hasta 2003. Ese año se retira definitivamente de la vida pública (aparece en la ceremonia de los Oscars por última vez). Morirá a los 90 años, el 17 de diciembre de 2009, siendo sus cenizas colocadas junto a las de Selznick en el Forest Lawn Memorial Park. 

Con una carrera no especialmente extensa, brillante en el drama pero también en las pocas comedias que rodó, su participación en “Duelo al sol”, que quizá no sea su mejor papel pero sí en el que salió más hermosa que nunca, la mantiene en la memoria de los cinéfilos que nunca olvidan esa magistral escena final, ese duelo a muerte entre dos personas que se aman y se odian por igual pero que no pueden vivir separadas. 

In Memoriam: Stanley Donen (21-02-2019)

Era el último director del Hollywood clásico que nos quedaba. Tenía 25 años cuando se estrenó con un clásico del cine musical, “Un día en Nueva York”, y nos regaló algunas de las mejores comedias y musicales durante los siguientes 20 años. Hace pocos días nos dejaba uno de mis directores favoritos, el mítico Stanley Donen. 

Stanley Donen nació el 13 de abril de 1924 en Columbia, en el estado de Carolina del Sur. Hasta 1937, que nació su hermana Carla, fue el hijo único de una pareja judía (aunque Donen se volvería ateo en su juventud), lo que le supuso sentir el acoso antisemita de una ciudad con poca población judía en la escuela. Su válvula de escape fue el cine: le encantaban los westerns, las comedias y los thrillers, pero por encima de todo le encantaba “Volando a Rio de Janeiro”, el musical que lanzó a la fama a Fred Astaire y Ginger Rogers. La película le sumergía en un mundo en el que todo era feliz y hermoso. Por ello comenzó a rodar películas caseras y a tomar lecciones de baile, tanto en Columbia como en sus vacaciones de verano en Nueva York, donde llegó a estudiar con Ned Wayburn, quien fuera profesor de baile de Astaire, además de poder ir a los musicales de Broadway. 

Terminada la escuela, comenzó a estudiar psicología en la universidad, pero lo abandonó al poco tiempo para trasladarse a Nueva York y probar suerte en el teatro. No tardó en conseguir un papel como bailarín en el musical “Pal Joey”, que lanzaría a la fama a su protagonista, Gene Kelly. Trabaja en teatro por algún tiempo antes de trasladarse a Hollywood en 1943, donde comienza como bailarín en musicales y coreógrafo. Con un contrato por un año para la Metro, vuelve a encontrarse allí con Gene Kelly, que trabaja para la misma productora como actor. Kelly consigue que le permitan a él diseñar sus propias coreografías, pero necesita a alguien que conozca los pasos que va a hacer para comunicarse con los cámaras y que estos puedan seguirlos; Donen necesita un trabajo, y Kelly se lo consigue como su asistente de coreografía. 

Juntos trabajan en “Levando anclas”, y Stanley Donen es quien tiene la idea de hacer un número de baile con Kelly y un personaje de animación; tras no conseguir el permiso de Disney para usar alguno de sus personajes, el elegido termina siendo el ratón Jerry de Hanna-Barbera. El éxito de la escena es inmediato tras el estreno.

Stanley Donen continúa trabajando como coreógrafo en Hollywood incluso en el periodo en el que Kelly se va a hacer el servicio militar, pero a su regreso continúan colaborando. Kelly quiere lanzarse a la dirección con un musical escrito por ambos, pero la productora no lo permite y contrata al mítico Busby Berkeley para dirigirlo. Pero, tras el éxito de dicho musical, “Llévame a ver el partido”, la productora autoriza a Kelly a dirigir su siguiente proyecto. Pero Kelly necesita a alguien tras las cámaras mientras el actúa, y el elegido es, cómo no, Stanley Donen, que a sus 25 años debuta como director en “Un día en Nueva York”,  de 1949, musical protagonizado por el propio Kelly, Frank Sinatra, Jules Munshin o Ann Miller, entre otros: 

El éxito de este musical le permite a Donen firmar un contrato con la Metro como director, ahora ya sin Kelly al lado. Tras problemas con Esther Williams que le impiden dirigir el primer proyecto que le adjudica, Donen es contratado para dirigir a su ídolo de infancia, Fred Astaire, en una película que es casi una biografía del propio Astaire, “Bodas reales”, de 1951, en la que se reproduce su equipo con su hermana Adele y los motivos de la separación. Tras retirar del proyecto a una enferma Judy Garland, el papel femenino protagonista recaerá en June Powell. Donen demostrará su virtuosismo en una de las más memorables y técnicas escenas del cine musical:

En 1951 se divorcia de sus primera esposa, la bailarina Jeanne Coyne, y en 1852 se casa con la actriz Marion Marshall, con la que tiene dos hijos, Peter en 1953 y Joshua en 1955. La pareja se divorciará en 1959, dando comienzo a una larga disputa legal por la custodia de los hijos. Entre ambos matrimonios, al parecer mantuvo un breve romance con Elizabeth Taylor, a la que dirigió en 1952 en “Marido a la fuerza”, segunda película que dirige en solitario y que fue un fracaso, en parte debido al retraso del estreno y a que el actor protagonista, Larry Parks, fue acusado durante la caza de brujas de McCarthy. 

Mientras tanto, Gene Kelly está en la cumbre de su éxito gracias a “Un americano en París”, por lo que decide volver a dirigir. El productor Arthur Freed quiere un musical que utilice antiguas canciones escritas por él y compuestas por Nacio Herb Brown, y de una de ellas sale el título de la película, “Cantando bajo la lluvia”, musical-collage ambientando en el paso del cine mudo al sonoro que dirigen mano a mano Kelly y Donen y que protagonizan el propio Kelly, Debbie Reynolds y Donald O’Connor:

La película supuso semejante éxito que le permitió a Stanley Donen seguir con su carrera como director. En el mismo 1952 estrenó la alocada comedia “Fearless Fagan”, basada en la historia real de un payaso que, cuando se enrola en el ejército, se lleva consigo su león. La película fue protagonizada por Carleton Carpenter y Janet Leigh:

En 1953 dirige la comedia musical “Tres chicas con suerte”, ambientada en el mundo del teatro musical y protagonizada por Debbie Reynolds y por el coreógrafo y futuro director de cine Bob Fosse, con quien tuvo problemas durante el rodaje:

Pese al fracaso de este último film, Stanley Donen sigue contando con la confianza de la Metro, que le encarga dirigir un proyecto largamente acariciado que llevaba al oeste y al género musical la historia del rapto de las sabinas. Pese a ser un proyecto menor, frente a los otros dos musicales que la metro rodaba en esa época, “Brigadoon” y “Rose Marie”, Donen contó para el proyecto con la música de Saul Chaplin, las letras de Johnny Mercer, una pareja protagonista formada por Howard Keel y Jane Powell, el actor y acróbata Russ Tamblyn y un importante elenco de bailarines y bailarinas, destacando siempre entre ellos el gran Tommy Rall. El resultado, estrenado en 1954, fue la mítica “Siete novias para siete hermanos”:

Con unos espectaculares números de baile que rozan la acrobacia, una partitura magnífica, las grandes voces de Keel y Powell y una historia divertida y entretenida, “Siete novias para sierte hermanos se convirtió en uno de los mejores musicales de la historia del cine y uno de los más queridos por el público. No sólo consiguió recaudar más que los otros dos musicales de la Metro juntos, sino que además se llevó una nominación al Oscar a mejor película, nada menos, pese a que los Oscars siempre ignoraron a Donen. 

Su siguiente proyecto, también estrenado en 1954, es el biopic musical del compositor de opereta Siegmund Romberg, “Profundamente en mi corazón”, protagonizado por José Ferrer y con la gran cantante de ópera Helen Traubel en el cast:

 

En 1955 regresa Gene Kelly para proponerle co-dirigir un nuevo musical, que en principio iba a ser una secuela de “Un día en Nueva York”. Con música de André Previn, “Siempre hace buen tiempo” supuso el fin definitivo de la colaboración entre Kelly y Donen, ya que Kelly siempre usó a Donen como un ayudante en lugar de trabajar en condición de igualdad con él. Será la última colaboración entre ambos, y también la última película que Donen rueda para la Metro antes de concluir su contrato:

Stanley Donen decide entonces trabajar por libre y no firmar en exclusiva con ninguna productora. No estrena hasta 1957, cuando rueda para la Paramount “Una cara con ángel”, utilizando algunas de las canciones del musical “Funny Face” de George e Ira Gershwin pero cambiando el argumento: un fotógrafo de moda, interpretado por Fred Astaire, descubre a una bibliotecaria poco preocupada por la moda, interpretada por Audrey Hepburn, y trata de convertirla en una gran modelo, hasta que surja el amor. Será la segunda y última vez en la que Donen dirija a Astaire, y la primera en la que trabaje con la Hepburn:

En 1957 estrena dos películas más: “Juego de pijamas”, con Doris Day, y “Bésalas por mí”, primera colaboración con Cary Grant. A continuación, Donen funda junto a Cary Grant su propia productora, “Stanley Donen productions”, siendo su primera película la genial “Indiscreta”, comedia romántica protagonizada por Cary Grant y la recién retornada a Hollywood Ingrid Bergman, poco asidua a la comedia, en una brillante película digna de ser mucho más recordada:

 

La película es un éxito que convierte a Donen en uno de los reyes de la comedia. Tras dirigir dos películas protagonizadas por Yul Brynner, “Volverás a mí” y “Una rubia para un gangster”, se traslada por unos años a Gran Bretaña, donde rodará la genial comedia “Página en blanco”, con música de Noël Coward, a quien había dirigido en “Una rubia para un gangster”, y un reparto de lujo formado por Cary Grant, Deborah Kerr, Jean Simmons y Robert Mitchum, en una magnífica historia de cuadriláteros amorosos:

 

Con joyas así, como para no ser el nuevo rey de la comedia. 

El traslado de Donen a Londres se debió a su tercer matrimonio, con Adelle, Condesa de Beatty, con la que permanecerá hasta 1969, divorciándose en 1971. Con ella tuvo un hijo, Mark, en 1962. 

Su siguiente película, estrenada en 1963, es la genial “Charada”, mezcla de intriga (Donen quería hacer una película del estilo de Hitchcock) y comedia protagonizada por Cary Grant, Audrey Hepburn y Walter Matthau, que se convertirá en otra de sus películas más famosas, gracias a escenas como la del baile o la de Cary Grant duchándose con el traje puesto, que la convierten en la película comercialmente más exitosa de Donen:

Stanley Donen repite combinación de intriga y comedia en su siguiente film, “Arabesco”, estrenado con gran éxito en 1966 y protagonizado por Gregory Peck y Sophia Loren: 

En 1967 estrena la comedia dramática “Dos en la carretera”, amarga historia contada en blash-backs de los 4 viajes por el sur de Francia de una pareja, formada por Audrey Hepburn y Albert Finney, a lo largo de 12 años, desde que se conocen hasta que su matrimonio está a punto de romperse, inspirándose sin duda en sus propias experiencias al respecto:

La película no fue un gran éxito en su momento, aunque a día de hoy sea considerada una de sus obras maestras. 

En 1969 estrena una de sus películas más peculiares, “La escalera”, que cuenta la historia de una pareja gay formada por Rex Harrison y Richard Burton, en una época en la que ese era un tema tabú en el cine, por lo que, de nuevo, la película es más apreciada en la actualidad que durante el estreno, que casi podría calificarse de fracaso:

Tras su divorcio, Stanley Donen regresa a Hollywood y se casa por cuarta vez, en 1972, con la actriz Yvette Mimieux, de la que se divorcia en 1985. 

El productor Robert Evans le propone a su regreso dirigir una adaptación del célebre cuento “El principito”, para el que cuenta con música escrita por Frederick Loewe (el compositor de “My fair Lady”), y Donen estrena la película en 1974. En el reparto, Gene Wilder y Bob Fosse, interpretando a la serpiente y coreografiando él mismo su baile:

La película fue un fracaso, como lo será también la siguiente, “Los aventureros de Lucky Lady”, protagonizada por Liza Minnelli y Gene Hackman.  No tendrá mejor suerte con su incursión en la ciencia ficción en “Saturno 3”, protagonizada por Kirk Douglas, Harvey Keitel y Farrah Fawcett:

Su última película fue la comedia “Lío en Rio”, protagonizada por Michael Caine y una jovencita Demi Moore, que fue un fracaso de crítica pero, al menos, no funcionó tan mal entre el público:

Posteriormente, Donen trabaja tanto en televisión como en teatro. En 1990 se casa por quinta vez, Pamela Braden, divorciándose en 1994. 

Sin nominaciones al Oscar, la Academia decide “arreglar” uno de sus mayores errores, dándole un Oscar honorífico, que le entregó Martin Scorsese, y que recogió cantando y bailando el “Cheek to cheek” que inmortalizara Fred Astaire en “Sombrero de copa”. Viendo su “discurso” de agradecimiento, sólo queda decir dos cosas: ya no hay galas de los Oscars como las de antes, y quien no se emocione con esto no sabe lo que es amar el cine:

Todavía en 1999 dirigió una película para la televisión, “Cartas de amor”, y continuó trabajando en Broadway. Desde los años 70 no conseguía alcanzar el éxito, quizá porque su forma de hacer cine, de entender el cine, no se ajustaba a los gustos de la época, y él no se adaptaba a los nuevos estilos. Y, pese a todo, continuaba trabajando en nuevos proyectos. Y todavía quiso casarse una nueva vez, con su pareja la escritora Elaine May, con la que vivió desde 1999 hasta su muerte. Finalmente, un infarto acababa con su vida a los 94 años en Nueva York el 21 de febrero. 

Admirado por muchísimos directores más jóvenes, Stanley Donen combinaba un inusual talento técnico a la hora de filmar con una exquisita habilidad para el musical y la comedia, regalándonos algunas de las películas más memorables de los años 50 y 60. Con su muerte concluye una era, ese Hollywood dorado que algunos tanto añoramos, porque viendo sus películas nos damos cuenta de que ya no se hace cine como el de antes. Porque hay que ser muy, muy, muy grande para hacer semejante cantidad de obras maestras en apenas 20 años. Y Donen era, y siempre fue, muy, muy, muy grande. 

Comentando la ceremonia de entrega de los Oscars 2018 (24-02-2019)

Comenzaba la gala de los Oscars 2018 con la actuación estelar de Queen, grupo al que la película “Bohemian Rhapsody” ha vuelto a poner de moda. Era probablemente una estrategia para atraer el interés del público hacia una ceremonia con un varios problemas serios: el primero, el deseo de complacer al público televisivo americano con decisiones absurdas que eran anunciadas y finalmente descartadas (premio a la película más popular, entrega de premios durante la publicidad… cada decisión más descabellada que la anterior y mostrando una mayor falta de respeto a lo que premian los Oscars, el cine, no los telespectadores); y el segundo, la dudosa calidad general de las películas nominadas. 

Vamos a ir comentando lo más pormenorizadamente las diferentes categorías nominadas de estos Oscars 2018. Como siempre, ignoraremos los premios a los cortometrajes y al documental (aunque la ganadora en esta categoría, “Free solo”, que nos cuenta la escalada en libre del Capitan de Yosemite de ese genio de la escalada que es Alex Honnold me resulta atractiva, con lo que me gusta a mí el mundo del alpinismo y la escalada). Vamos a comentar el resto de categorías, por tanto. 

Los efectos visuales recayeron en “First man”, la película de Damien Chazelle ignorada en las categorías principales (interpretativas, dirección, película e incluso banda sonora, después de haber ganado el globo de oro en esta categoría). No me entusiasmó la película, lenta y pesada. Mi apuesta era “Ready player one”, una de las películas más frescas e interesantes del 2018. Porque, por muy bonita, y en el fondo triste, que sea “Christopher Robin”, pintaba muy poco en la ceremonia. 

Los premios de sonido y el de mejor montaje fueron a manos de “Bohemian Rhapsody”, en los tres casos cumpliéndose mi apuesta por este título, que no es magistral pero al menos sí consigue meternos en el film. El premio a mejor maquillaje y peluquería estaba cantado para “Vice”; lo que no estaba tan cantado es que una de las mejores películas de entre las nominadas se llevara sólo este triste premio técnico, cuando podía haber aspirado a mucho más. Pero, por desgracia, tras la más combativa edición pasada, el giro conservador de esta edición (apenas roto por los magníficos discursos de Spike Lee o de Barbra Streisand) le impedía a una película tan políticamente incorrecta y claramente anti-republicana optar a los premios que merecía. 

El peloteo de la academia a Black Panther y a Roma fue evidente incluso en los premios técnicos. Roma ganaba el premio a mejor fotografía (premio que se llevaba el propio Cuarón), frente a dos opciones mucho más interesantes como eran Cold War y La favorita. La cinta de Marvel se llevaba, por otro lado, los premios a diseño de producción y vestuario, desterrando a las películas de época como La favorita, Mary Poppins returns y María, Reina de Escocia. Ese peloteo a Black Panther fue igualmente evidente cuando vimos a buena parte del extenso reparto salir a entregar premios a lo largo de la ceremonia. 

Decepcionantes los premios musicales. El Oscar a mejor canción de Shallow estaría cantado, pero no merecido, y se vio demasiado durante la actuación de Lady Gaga y Bradley Cooper: él, con la voz destrozada que parece la de un fumador empedernido de 70 años; ella, gritando como una loca, sin profundidad interpretativa, aburrida (tampoco fue mejor la interpretación que hizo Jennifer Hudson de “I’ll fight”, llena de sonidos feos y agudos abiertos). Mi favorita era, obviamente, “The place where lost things go” de Mary Poppins returns, si bien Disney se equivocó al elegir esta canción para la nominación: es una nana bonita, pero musicalmente tampoco es la canción más conseguida de la película, en la que destaca ese magistral número final, “Nowhere to go but up”, que merecería por sí sola un detallado análisis para descubrir la riqueza musical y dramática de una de las mejores canciones escuchadas en cines en los últimos años. Ya sé que soy de los pocos defensores de esta película, pero bueno… y claro, Marc Shaiman también se quedó sin el premio a mejor banda sonora, que fue a parar a Ludwig Görasson por su partitura de Black Panther, que tampoco me aportó gran cosa. Más interesantes eran sin duda las partituras de Alexandre Desplat para “Isla de perros” (pero, después de ganar el año pasado, este año no tenía opciones) o la muy sencilla pero en el fondo dramáticamente eficaz partitura de Nicholas Britell para la, por otro lado, bastante aburrida, “El blues de Beale Street”. 

La mejor película de animación fue “Spider-Man, un nuevo universo”, que tampoco me aportó nada (a mí que me den una de Peter Parker, no esa paranoia que se han inventado de universos paralelos y demás rollos), por lo que mi apuesta iba para Wes Anderson y su “Isla de perros”. En la categoría de película de habla no inglesa, el premio para “Roma” estaba cantado, superando a otra película con opciones, “Cold War”. 

Los premios a los guiones fueron irregulares. Muy merecido el de guión adaptado para Spike Lee y compañía por la magnífica “Infiltrado en el KKKlan”, muy por encima de las demás nominadas, en una de las películas más interesantes de la temporada. El de guión original para Peter Farrelly y compañía por “Green Book” me parece mucho más discutible, al competir con propuestas mucho más interesantes, como “El reverendo” o, sobre todo, “Vice”. Pero si en el guión adaptado se apostó por lo políticamente incorrecto, en guión original se optó por ser demasiado políticamente correctos. 

Vamos ya con los premios interpretativos. En la categoría de actriz secundaria, el premio estaba casi cantado para Regina King: la nominación de Marina de Tavira por “Roma” suena a chiste y no es sino otra muestra del peloteo de la Academia a Roma; Rachel Weisz y Emma Stone competían ambas por “La favorita”, lo que les restaba posibilidades. Regina King tiene una buena interpretación y varios momentos destacables en “El blues de Beale Street”, pero la película no es nada del otro mundo y de hecho apenas obtuvo nominaciones, prueba de que Barry Jenkins está muy sobrevalorado después del incomprensible éxito de “Moonlight”. Quien debería haber ganado es, en mi opinión, una estupenda Amy Adams, magnífica como la señora Chenney en “Vice”, pero suma una nueva nominación sin premio, y ya van 6, con sólo 44 años. 

La categoría de actor secundario tampoco ha sido especialmente acertada. Sigo sin comprender qué le ven a Mahersala Ali, que a mí me deja más bien frío en “Green Book”, pero es que sus contendientes no tenían tampoco muchas opciones: Adam Driver está correcto en “Infiltrado en el KKKlan”, pero no tenía opciones de ganar; Sam Rockwell es un muy creíble George Bush Jr. en “Vice”, pero no va a ganar dos años seguidos; lo de Richard E. Grant suena tan a chiste como cualquier otra nominación de la poco destacable “¿Podrás perdonarme algún día?”, que quizá tenga su tirón en USA, pero no desde luego aquí; y la nominación de Sam Elliott era otra forma de peloteo a la mediocre “Ha nacido una estrella”, que lo único que hizo fue quitar la merecida nominación (que la tuvo en los BAFTA y los Globos de Oro) de Timothée Chalamet, espléndido en “Beautiful boy”, uno de los mejores actores del momento y que habría sido el merecido ganador este año. 

Vamos con mejor actriz. Y esto duele. Duele porque Glenn Close no es que ya se merezca un Oscar por su carrera, es que además está magnífica en “La buena esposa”, pero al final Olivia Colman le ha arrebatado el Oscar por su histriónica y, me temo, históricamente poco acertada, interpretación de la Reina Ana en “La favorita”, película que tampoco me ha entusiasmado, precisamente. El resto de nominadas es mejor ignorarlas: La peli de Melissa McCarthy es absolutamente prescindible, lo de Lady Gaga en “Ha nacido una estrella” sólo puede provocar risa y lo de Yalitza Aparicio es de nuevo absolutamente incomprensible. Entre las nominadas se echaban en falta Nicole Kidman, Julia Roberts y, por qué no, Emily Blunt. 

La categoría de mejor actor no recogía ni de lejos las mejores interpretaciones del año, y por ello Rami Malek ha sido el justo ganador de entre los nominados por su Freddie Mercury de “Bohemian Rhapsody”: Viggo Mortensen está sin duda correcto en “Green Book”, pero la película no vale como para ganar; Willen Dafoe es un magnífico actor, pero demasiado mayor para interpretar a Vincent Van Gogh y, además, la película tampoco es nada reseñable; lo de Bradley Cooper es otro chiste, ya el sólo hecho de llamarle “actor” es demasiado premio para lo suyo; y Christian Bale tiene como mínimo tantos ticks histriónicos como Malek. Faltaban en la lista Ethan Hawke, magnífico en “El reverendo”, el joven pero siempre magnífico Lucas Hedges (por partida doble, tanto en “Ben is back” como en “Boy erased”), Steve Carell por “Beautiful Boy” y, sobre todo, quien debería haberse llevado el premio este año, el espléndido Robert Redford de “The old man and the gun”. 

Era demasiado obvio que el premio al mejor director iba a ser para Alfonso Cuarón. Y yo sigo sin entender qué le ven a Roma: su argumento apenas da para un corto (y la peli dura dos horas y media, ahí es nada), es lenta, pretenciosa, carente de elementos dramáticos (ni siquiera tiene banda sonora”, juega a eso de innovar en la narrativa cinematográfica pero no aporta nada. Ha sido también criticada por querer limpiar conciencias, y quizá no le falta razón: “mira qué bien tratan los burguesitos mexicanos a la chacha indígena”… A mí me habría gustado que hubiera ganado Spike Lee por una película valiente y peleona como él siempre acostumbra, pero tratada esta vez con un sentido del humor que se agradece. Pero probablemente la América de Trump no habría perdonado a Hollywood semejante afrenta. Y, por el mismo motivo, se descarta a Adam McKay por “Vice”. 

La candidatura de mejor película era de las más abiertas de la noche. Muchos daban por segura la victoria de “Roma”, e incluso critican la cobardía de la academia por no premiarla… olvidando que es la academia de cine estadounidense, no mexicana. ¿Cómo nos pondríamos si, pongamos el caso, “Bohemian Rhapsody” ganara el Goya o el Cesar o el David de Donatello a la mejor película? ¡Pero si no es española/francesa/italiana! Pues aquí igual: Roma es una película 100% mexicana, rodada en español y mixteco, que no tiene por tanto cabida en los premios fuera de la categoría de película en lengua no inglesa. Seamos un poquito consecuentes. El problema es que este año tampoco ha habido ninguna película realmente remarcable. De hecho, alguna de las nominadas es más bien mediocre (Ha nacido una estrella, por ser más específico). “Infiltrado en el KKKlan” o “Vice” eran las mejores opciones, pero, a diferencia del año pasado, Hollywood ha querido ser este año muy políticamente correcto y jugar a premiar a una película mucho menos molesta, “Green Book”, aunque su calidad sea un tanto dudosa. Pero al menos no ofenderá a los blancos puritanos republicanos que, de otro modo, quizá dejen de ir al cine. Pues eso, pura cobardía de unos premios que buscan más el beneficio económico que la calidad artística. 

Durante el “In memoriam” (en el que destacaron nombres como Burt Reynolds, Milos Forman, nuestra Yvonne Blake, Bruno Ganz o Albert Finney, echándose en falta al recientemente desaparecido Stanley Donen, espero que por falta de tiempo para que así aparezca en la del año que viene) el cada vez más mediático director de orquesta venezolano Gustavo Dudamel interpretó el tema “Leaving Home” de la banda sonora de “Superman” del gran John Williams. 

No hubo presentador en la ceremonia. Tampoco creo que se echara de menos… la gran Anne Hathaway lució en Facebook su sentido del humor al decir que podía ser peor y poner una foto suya con james Franco cuando presentaron la gala, esa que todo el mundo odia. Julia Roberts, tan estupenda como siempre, encargada de entregar el premio a la mejor película, cerró con brevedad la gala; ella es grande y puede permitírselo. 

Conclusión final: mal año para el cine. 

125 años del nacimiento de John Ford (01-02-2019)

Su buscáramos a un director de cine unánimemente admirado por la crítica y por sus compañeros directores, probablemente haya un nombre que destaque por encima de cualquier otro: John Ford. Aprovechando el 125 aniversario de su nacimiento, repasamos su extensa carrera. 

El nombre real de John Ford era John Martin Feeney, y nació en Capel Elizabeth, un pueblo costero del estado de Maine el 1 de febrero de 1894. Era el décimo hijo de una familia de inmigrantes irlandeses, que todavía tendría un hijo más que moriría siendo bebé. Sólo 5 de ellos llegaron a la edad adulta, siendo John el menor. Siempre tuvo muy presentes sus antecedentes irlandeses, e incluso parece que sabía hablar irlandés gracias a su madre. 

Los problemas económicos de la familia llevaron a que ésta abandonara la granja en la que vivían y se mudaran a la ciudad de Portland. Allí, John termina sus estudios secundarios y realiza diversos trabajos, mientras tiene el deseo de enrolarse en la Marina. 

Pero en 1911 su hermano mayor, Francis, se había mudado a Hollywood, donde trabajaba en la recién nacida industria cinematográfica bajo el nombre de Francis Ford. John se reunió con él en 1913, trabajando como su asistente y como actor extra, en películas como “El nacimiento de una nación” de Griffith, lo que le permitió ver en vivo la forma de trabajar del mítico director. Adopta entonces el nombre artístico de Jack Ford (Jack era el nombre con el que le conocía su familia), abandonando su apellido irlandés. 

Parece ser que, además de trabajar como actor e incluso como guionista, John se estrena como director en 1917 con varias películas, aunque se duda de si realmente era el director o sólo el asistente de su hermano. En todo caso, de su enorme cantidad de películas mudas (más de 60), se conservan muy pocas, y las que se conservan no siempre están completas o en buen estado. 

En 1920 se casa con Mary McBridge Smith, matrimonio problemático por ser él católico y ella divorciada y no católica. En todo caso, permanecerán juntos hasta la muerte de él. Tendrán dos hijos, Patrick en 1921 y Barbara en 1922. 

Por fortuna, John Ford es contratado por la Universal para dirigir Westerns, género por aquel entonces poco relevante, por lo que se podían permitir el lujo de utilizar a un director poco conocido y experimentado como él. Pero gracias a su relación laboral con el actor Harry Carey, con el que realiza un elevado número de westerns, su prestigio aumenta, y con ello su sueldo. En todo caso, en su etapa de cine mudo, pese a su especialización en el western, trabaja en géneros muy dispares. 

En 1928 dirige su primer film sonoro, “El barbero de Napoleón”, que no se conserva. Pero, poco después, es despedido junto con los demás directores de cine mudo, para que sus puestos sean ocupados por directores teatrales. Pero claro, dirigir teatro y cine no tienen nada que ver, y, tras el fracaso de estos, los estudios vuelven a contar con los directores despedidos. Y Ford regresa con”Shari, la hechicera”, film de aventuras exóticas ambientado en la India y protagonizado por Victor McLaglen (actor recurrente en su filmografía) y Myrna Loy:

El éxito de la película, producida por la Fox, le lleva a nuevos contratos en los años siguientes, de los que destaca la comedia “Río arriba”, que originalmente iba a ser un drama carcelario pero que Ford alteró sin el consentimiento del guionista. La película destaca por ser la primera que rodaron Spencer Tracy y Humphrey Bogart:

En 1931, abandona la Fox para dirigir para Samuel Goldwyn la adaptación de la novela ganadora del Pullitzer de Sinclair Lewis, “El doctor Arrowsmith”, protagonizada por Ronald Colman y Helen Hayes:

La película obtiene varias nominaciones a los Premios Oscar, incluyendo el de mejor película. Pero John Ford rompe las condiciones del contrato con Goldwyn, que no le permitían beber durante el rodaje, pero la Fox da por terminado el contrato en exclusiva que había tenido hasta entonces, lo que le permite a Ford trabajar de manera autónoma para los diferentes estudios, sin depender directamente de ninguno de ellos. La serie del Juez Priest le otorga gran fama, pero será en 1935 cuando alcance el éxito gracia a “El delator”, película ambientada en la Irlanda del IRA (hacia el que no esconde sus simpatías) y que cuenta la historia de un delator atormentado por lo que ha hecho, protagonizada de nuevo por Victor McLaglen:

La película obtiene un gran éxito: Victor McLaglen gana el Oscar a mejor actor, Max Steiner se lleva la estatuilla por su muy descriptiva banda sonora, y el propio Ford gana su primer Oscar (en su primera nominación como director). 

Con la libertad que este prestigio le aporta, cambia de registros en sus siguientes películas. En 1936 prueba suerte con el género histórico en “María Estuardo”, protagonizada por Katherine Hepburn y Fredric March:

En 1937 dirige a la niña Shirley Temple en la comedia “La mascota del regimiento”, y trabaja también en el drama exótico “Huracán sobre la isla”, que enfrenta a un intransigente Raymond Massey con una pareja autóctona de Polinesia, formada por John Hall, interpretando a un delincuente, y Dorothy Lamour: 

Intriga, cine bélico… John Ford cambia constantemente de gñenero en esta época. En 1939 estrena “El joven Lincoln”, que narra la etapa del futuro presidente como abogado, y que interpreta magistralmente un joven Henry Fonda:

Tanto Henry Fonda como Ward Bond, el villano del film, serán actores recurrentes en la filmografía de Ford, como también lo será el protagonista de su gran éxito de ese año, John Wayne, en “La diligencia”, su retorno al western, género que recupera para el público y la crítica (y, de paso, lanza a la fama a Wayne):

La película obtiene un gran éxito en los premios: Thomas Mitchell gana el Oscar a mejor actor secundario, y John Ford es nominado a mejor director, siendo la única vez que no gane (al competir contra Victor Fleming por “Lo que el viento se llevó”). 

En 1940 dirige un drama rural, de unos campesinos que abandonan sus tierras para mudarse a la próspera California: “Las uvas de la ira”, que se convertirá en uno de sus mayores éxitos. Jane Darwell gana el Oscar a mejor actriz secundaria, Henry Fonda es nominado como mejor actor y John Ford gana su segundo Oscar como mejor director (aunque, de nuevo, no se lleva el premio a la mejor película):

Y en 1941 repite el éxito con “Qué verde era mi valle”, de nuevo un drama rural ambientado en una zona minera en decadencia de Gales, protagonizado por una joven Maureen O’Hara (que se convertirá en su actriz fetiche), Walter Pidgeon, el debutante Roddy McDowall y Donald Crisp y Sara Allgood como los patriarcas de la familia:

Pese a que, incomprensiblemente, Maureen O’Hara se queda sin nominación, la película obtiene numerosas nominaciones y premios: Sara Allgood es nominada como mejor secundaria, Donald Crips se lleva el premio a mejor secundario, John Ford gana su tercer Oscar, y, esta vez sí, también el de mejor película. 

Por esta época, John Ford todavía es políticamente bastante progresista. Ayudó al bando republicano en la Guerra Civil española, y es un activo miembro de la Liga Hollywoodiense anti-Nazi, clamando a favor del bloqueo a Alemania y, cuando la Guerra comienza, la participación americana en ella. Así, tras el bombardeo de Pearl Harbour, sirve en la Oficina de servicios estratégicos como fotógrafo, rodando varios documentales bélicos. “La batalla de Midway” gana de hecho el Oscar a mejor documental. 

A su regreso a Hollywood, ya en 1945, rueda “No eran imprescindibles”, film bélico ambientado en Filipinas justo después del bombardeo de Pearl Harbour, que narra sucesos que conoció de primera mano, y que es protagonizada por John Wayne, Robert Montgomery y Donna Reed:

En 1946 vuelve al western para presentarnos una visión romántica, e históricamente inexacta, del famoso duelo del O.K. Corral en “Pasión de los fuertes”, con Henry Fonda como Wyatt Earp y un solvente Victor Mature (demasiado piropo calificarlo como solvente) como Doc Hollyday, con Linda Darnell como el amor de este último y con Walter Brennan interpretando al villano patriarca de los Clanton:

En lo que queda de década, John Ford se va a dedicar fundamentalmente al western. Tras rodar la curiosa “Tres padrinos”, con tres fugitivos de la justicia adoptando a un recién nacido cuya madre acaba de morir (siendo uno de ellos el debutante Harry Carey Jr., hijo del actor con el que saltó a la fama en sus comienzos), comienza su trilogía sobre la caballería americana con “Fort Apache”, de 1948, en la que un académico en inflexible Henry Fonda se enfrenta al mucho más pragmático y conocedor del terreno John Wayne, provocando un conflicto con los apaches, que son mostrados aquí de forma no tan negativa como es habitual, ya que sus protestas tienen motivo:

En 1949, tras terminar rechazando rodar el drama sobre racismo “Pinky”, que terminará en manos de Elia Kazan, filma la segunda entrega de la trilogía, “La legión invencible”, para rematarla en 1950 con “Río Grande”, uno de sus western más famosos, en el que la pareja formada por John Wayne y Maureen O’Hara se enfrentan por el trato que él debe dar, como coronel de la caballería, a su hijo recién alistado, interpretado por Claude Jarman Jr.:

Curiosamente, pese a ser siempre identificado con el género del western, este será el último que dirija en bastantes años.

Sus amistades en Hollywood (John Wayne, Maureen O’Hara, Ward Bond) han ido haciendo a John Ford cada vez más conservador en política. Pese a todo, durante el McCarthysmo se niega a acusar a Joseph Mankiewicz, como deseaba hacer Cecil B. de Mille. En todo caso, Ford pasa de apoyar a Roosevelt a, años después, hacer campaña a favor de Richard Nixon, pasando claramente del Partido Demócrata al Republicano, al que pertenecían no pocos de sus actores habituales. 

En 1952, Ford dirige una curiosa comedia con la que regresa a Irlanda, “El hombre tranquilo”, historia de un boxeador (John Wayne) que busca huir de su pasado americano y regresa a su tierra para enamorarse de una mujer (Maureen O’Hara) y enfrentarse a las costumbres del lugar, incluyendo al hermano de esta (Victor McLaglen):

Por esta película John Ford gana su cuarto y último Oscar a mejor director (aunque, de nuevo, sin llevarse el de mejor película). 

En 1953 fracasa con el drama rural “El sol siempre brilla sobre Kentucky”, que volvía al personaje del Juez Priest, pero obtiene un gran éxito con el drama de aventuras “Mogambo” (remake de “Tierra de pasión” de Victor Fleming), con un triángulo amoroso formado por Clark Gable (que recupera el papel que también interpretó en la versión original, y que consiguió volver al primer plano tras años olvidado), Ava Gardner y Grace Kelly:

En 1954 se estrena en un nuevo campo, la televisión, y no vuelve a estrenar en cines hasta 1955, cuando se presenta “Cuna de héroes”, que narra la historia de un instructor militar de la Academia Militar de West Point, interpretado por Tyrone Power y Maureen O’Hara: 

También ese año comienza a dirigir “Escala en Hawai”, pero surgen problemas con el actor protagonista, Henry Fonda, que había interpretado el papel en Broadway y no estaba convencido de que Ford fuera el director idóneo para la obra. Ford se caracterizaba por su carácter difícil y por su rudeza al tratar a los actores, y no soportando las críticas de Fonda, le dio un puñetazo que acabó con su amistad. Sumido en el alcohol, retoma la dirección pero una rotura de su vesícula, que requiere cirugía, le hace abandonar el proyecto, que concluirá Mervyn LeRoy. 

En 1956 estrena la que muchos consideran su gran obra maestra, el western “Centauros del desierto”, brillante por su fotografía, por la visión casi pictórica de cada plano, algo típico en él, por su banda sonora firmada por Max Steiner (aunque a Ford no le convenciera), pero también criticada por la ausencia de un villano a la altura, por la sobreactuación de algunas interpretaciones y por el empeño de Ford de rodar siempre sus westerns en el Monument Valley, viniera o no a cuento. La película nos cuenta la historia de un militar, John Wayne, que regresa a casa de su familia tras la Guerra de Secesión para ver como, poco después, son masacrados por los indios, con la excepción de una sobrina, Natalie Wood, en cuya búsqueda partirá acompañado por Jeffrey Hunter, hasta que salgan a la luz sus más bajos instintos:

En 1957 repite dirigiendo a la pareja artística formada por John Wayne y Maureen O’Hara en “Escrito bajo el sol”, drama basado en la vida de Frank Wead, guionista de las primeras películas sonoras de Ford y aviador que tuvo un accidente que lo dejó en silla de ruedas:

Y en 1958 rueda una película no muy conocida pero que, en mi opinión, es una de sus obras maestras, “El último hurra”, drama político en el que un viejo alcalde busca la reelección cuando irrumpe un nuevo medio como es la televisión, cuando él se maneja mejor en el trato directo con la gente. La película cuenta con una de las mejores interpretaciones de Spencer Tracy, además de con un magnífico Jeffrey Hunter y un impresionante plantel de secundarios:

Pero su salud va viéndose deteriorada tras años de consumo de alcohol y tabaco (siempre con su característica pipa), los problemas derivados de sus heridas de combate y una memoria y una visión que iban disminuyendo (era habitual que usara un parche en el ojo para disimular sus problemas de vista). Esos problemas y los nuevos modelos de Hollywood hicieron que, pese al éxito comercial considerable de “El último Hurra”, las productoras sólo lo quisieran para dirigir westerns. Así, en 1959 estrena “Misión de audaces”, drama bélico ambientado en la guerra de secesión que enfrentaba a John Wayne con William Holden

De 1960 es su nuevo western, “El sargento negro”, alegato antirracista en el que un abogado militar, Jeffrey Hunter, tiene que defender a un soldado negro, Woody Strode, acusado del asesinato de una joven, cuando todos lo consideran culpable: 

En 1961 estrena un nuevo western, “Dos cabalgan juntos”, en el que un grupo de militares liderados por James Stewart y Richard Widmark tratarán de rescatar a los blancos raptados por los comanches:

Y en 1962, a parte de dirigir un fragmento de la monumental “La conquista del oeste”, dirige la que, en mi opinión, es su obra maestra: “El hombre que mató a Liberty Valance”, en la que un idealista abogado interpretado por James Stewart se tiene que enfrentar a un grupo de matones liderado por Lee Marvin, el Liberty Valance del título, contando con la ayuda de un vaquero, John Wayne, con el que se enfrentará por estar ambos enamorados de la misma mujer, Vera Miles. Es cierto que Stewart y Wayne son excesivamente mayores para sus papeles, pero sus interpretaciones son magistrales, la historia es magnífica (los villanos no son los indios, sino los terratenientes blancos, siempre ávidos de más riquezas) y la fotografía en blanco y negro juega con los claroscuros de esa forma pictórica que tanto gustaba a Ford:

En 1963, John Ford trabaja por última vez con John Wayne en “La taberna del irlandés”, comedia ambientada en una isla del Pacífico coprotagonizada por Lee Marvin, aquí en un papel mucho más amable que en la anterior:

En 1964 estrena su último western, la más larga y ambiciosa de sus películas, “El gran combate”, que narra el éxodo de los Cheyenes desde la reserva de Oklahoma en la que fueron confinados hasta sus tierras originales, y la oposición del gobierno americano y del ejército, protagonizada por Richard Widmark, Karl Malden y Sal Mineo, entre otros, en una película que buscaba ser favorable a los indios americanos:

Problemas de salud cada vez mayores le obligan a cancelar nuevos proyectos, siendo capaz de terminar en 1966 su última película, “( mujeres”, ambientada en la China de 1930 en el que un grupo de misioneras chinas se enfrentan a los problemas de una invasión de los mongoles, protagonizada por Anne Bancroft:

Ninguno de sus siguientes proyectos pudo ser realizado. Una rotura de cadera en 1970 le confina en una silla de ruedas y le obliga a abandonar su casa y mudarse a otra de una sola planta, en la que permanecerá los siguientes tres años, hasta que el cáncer de estómago que padecía desde años atrás termine con su vida el 31 de agosto de 1973, a los 79 años de edad. Fue enterrado en el cementerio de Holy Cross de Culver City, cerca de Los Angeles. 

Con un enorme legado de películas mudas y sonoras, John Ford nos dejó un estilo de hacer cine muy personal, clásico, artístico, de gran atractivo visual aunque en muchas ocasiones de contenido claramente propagandístico, si bien cuando se aleja de esas funciones sus películas alcanzan el nivel de obras maestras. Por algo es el único director que ha ganado 4 Oscars en esa categoría. 

70 años de la muerte de Victor Fleming (06-01-2019)

En el mundo del arte (y el cine no es la excepción), a veces un golpe de suerte puede cambiar la carrera de cualquiera, para bien o para mal. En algunos casos, un artesano más puede ver su suerte cambiada y convertirse, por lo menos por un breve espacio de tiempo, en un artista. La persona de la que hoy nos ocupamos es uno de esos casos, un director diestro pero no especialmente remarcable, al que por casualidades del destino le cayó dirigir una de las películas más famosas de la historia, lo que le catapultó a una fama que tampoco fue capaz de conservar: hablamos de Victor Fleming. 

Victor Lonzo Fleming nació en las cercanías de Los Angeles el 23 de febrero de 1889. De joven ejerció diversos oficios, destacando como mecánico, lo que le permitió conocer al pionero director de cine Allan Dawn, para quien trabajó de chófer antes de introducirse en el mundo del cine como cámara, trabajando en 1916 para D. W. Griffith en “Intolerancia”, además de servir como cámara para el presidente Woodrow Wilson durante la conferencia de París. 

Su amistad con Douglas Fairbanks permite a Victor Fleming debutar como director en 1919 en “Pesadillas”, protagonizada por el propio Fairbanks, que protagoniza las primeras películas del director, ya que es un director al que le gusta la acción y rodar en exteriores. En todo caso, su obra será menor hasta que, en 1925, la Paramount le encarga dirigir la adaptación de la novela “Lord Jim”. Su carrera despega entonces, y Fleming destacará por lanzar a la fama a varios intérpretes, como Clara Bow en 1926 con “Flor de capricho”:

En 1927 dirige el primer film americano del actor alemán Emil Jannings, “El destino de la carne”, siendo el primer actor ganador del Oscar. Por desgracia, no se conservan copias de la película, con la excepción de algún fragmento:

En 1929, ya con la llegada del cine sonoro, dirigirá el western “El virginiano”, protagonizado por Gary Cooper en el que será su primera película hablada y que contribuirá a afianzar su fama posterior:

El prestigio de Victor Fleming se afianza en 1932 con “Tierra de pasión”, historia de un triángulo amoroso formado por Clark Gable, Jean Harlow y Mary Astor en ambientación exótica (el sudeste asiático), que años después será objeto de un famoso remake, “Mogambo” de John Ford:

Clark Gable era apenas un novato que había debutado en la pantalla en 1931 con “Un alma libre”, pero será gracias a esta película que saltará a la fama como uno de los principales galanes cinematográficos de los años 30. Victor Fleming vuelve a contar con él para protagonizar junto a Helen Hayes el drama de tintes religiosos “La hermana blanca”, que cuenta la historia de una aristócrata italiana que, dando por muerto a su amor durante la I Guerra Mundial, decide meterse a monja, pero luego descubre que él no ha muerto, comenzando un importante conflicto interno en el que será un remake del film mudo de igual título que había dirigido en 1923 Henry King con Ronald Colman y Lilian Gish. No hay, por desgracia, ninguna escena en YouTube de la película. 

Su afición al rodaje en exteriores y las películas de acción le permite que la Metro, la productora para la que trabaja en exclusiva desde comienzos de los años 30, cuente con él para dirigir la adaptación de “La isla del tesoro”, con la estrella infantil Jackie Cooper, Wallace Beery y Lionel Barrymore, entre otros:

En 1935 dirige la comedia con tintes dramáticos “La indómita”, protagonizada por Jean Harlow, William Powell y Franchot Tone, en un estilo que no es el habitual en su carrera. Será en 1937 cuando dirija algo más afín a su estilo cinematográfico en la que estaría llamada a ser su obra maestra de no haber tenido un golpe de suerte poco después, ya que dirige la célebre “Capitanes intrépidos”, primera colaboración con Spencer Tracy (que ganará el Oscar a mejor actor), además de Freddie Bartholomew, Lionel Barrymore, Melvyn Douglas, John Carradine, John Carradine… uno de los mejores repartos que se podría uno imaginar para una película maravillosa, propia de un hábil artesano cinematográfico:

Victor Fleming se convierte así en uno de esos directores que, sin llegar a ser grandes estrellas, demuestra una considerable habilidad en su trabajo, aunque sin llegar a ser magistral en la mayoría de sus películas (“Capitanes intrépidos” sería en este caso la excepción), entrando en la misma categoría que Henry King, Mervyn LeRoy, Sam Wood, Clarence Brown, William Wellman o King Vidor, por citar algunos de sus contemporáneos más destacados. 

Sigue fiel a su estilo en 1938 en “Piloto de pruebas”, protagonizada por Spencer Tracy, Clark Gable y Myrna Loy:

Pero su suerte cambiará justo después. Tras el éxito de “Blancanieves y los 7 enanitos”, los estudios cinematográficos se dan cuenta de que las adaptaciones de historias infantiles tienen un gran éxito, así que la Metro compra los derechos de la novela infantil de L. Frank Baum “El maravilloso mago de Oz”. Mervyn LeRoy se encarga de las tareas de producción y se encomienda la dirección de la película a Richard Thorpe, pero, insatisfecho con los resultados tras dos semanas de rodaje, LeRoy lo sustituye por George Cukor. Cukor realiza numerosos cambios estéticos en el film, pero no llega a dirigir ninguna escena, ya que tiene un encargo más importante: “Lo que el viento se llevó”. Con tal vaivén de directores, el rodaje recae finalmente en Victor Fleming, director a priori fuera de lugar para una película musical (y en color), que siempre destacó más como director de actores que de actrices. Fleming sigue los cambios estéticos introducidos por Cukor, si bien tampoco termina el rodaje, siendo las escenas en blanco y negro del comienzo y el final dirigidas por King Vidor. En todo caso, gracias a la maravillosa interpretación de la jovencita y encantadora Judy Garland como Dorothy, “El mago de Oz” se convertirá en una de las películas más famosas de la historia (si bien el famoso “Over the rainbow” no fue dirigido por Fleming, sino por Vidor):

El motivo por el que no pudo concluir el rodaje de “El mago de Oz” fue por tener que hacerse cargo de otro proyecto de mayor envergadura. Y de nuevo George Cukor está de por medio.

David O’Selznick llevaba tiempo trabajando en un proyecto titánico, la adaptación de la novela de Margaret Mitchell “Gone with the wind”, y George Cukor, el director seleccionado para dirigirla, lleva dos años trabajando en la pre-producción. Pero, tras tres semanas de rodaje, es despedido. Los motivos que se aducen son diversos: la versión oficial dice que es por diferencias creativas con Selznick, algo poco creíble dada la gran cantidad de tiempo que llevaban trabajando juntos. Las principales sospechas recayeron en Clark Gable: bien porque Cukor era conocido como director de actrices, bien por su abierta homosexualidad (que al parecer le hacía conocedor de ciertos secretos pasados que avergonzaban a Gable), el actor consiguió que fuera despedido (si bien Cukor continuó trabajando con Vivien Leigh y Olivia de Havilland para trabajar sus papeles), y el sustituto fue Victor Fleming, más famoso como director de actores y con el que ya había trabajado en 3 ocasiones anteriores. Pese a todo, muchas de las escenas rodadas por Cukor (en especial el comienzo del film, la mejor parte en mi opinión) no fueron rodadas de nuevo, y Fleming tuvo que retirarse temporalmente del proyecto por agotamiento, siendo sustituido por Sam Wood. Pese a todo, Fleming figura como único director de “Lo que el viento se llevó”:

De hecho, Victor Fleming gana el Oscar a mejor director por este film, en la que fue su única nominación, sin que se incluyera al resto de directores que tomaron parte en el rodaje. 

Tras tomarse algún tiempo de descanso, en 1941 trabaja de nuevo con Spencer Tracy e Ingrid Bergman en “El extraño caso del Dr. Jekyll”, que, pese a todo, no alcanza un gran éxito:

En 1942 dirige “La vida es así”, con Spencer Tracy, John Garfield y Hedy Lamar, entre otros, además de Frank Morgan, quien interpretara al mago de Oz y recibirá por esta película su única nominación al Oscar. La película se ambienta en un pueblo pesquero de California, y tiene un fuerte componente religioso, algo característico del cine de Fleming, marcadamente conservador y católico (aunque la acusación de pro-nazi que lanzó la actriz Anne Revere no puede ser confirmada):

En 1944 regresa al género de la aviación con un film bélico protagonizado por Spencer Tracy, Irene Dunne y Van Johnson, “Dos en el cielo”, que cuenta la historia de un piloto que muere en combate y es enviado de vuelta a la tierra para entrenar a otro piloto, a quien verá enamorarse de quien fuera su novia, historia de la que Spielberg rodará años después un remake, “Always”:

Tras rodar en 1945 “Aventura”, última colaboración con Clark Gable, junto a Greer Garson, no filmará nada nuevo hasta 1948. Este año estrena “Juana de Arco”, que cuenta la famosa historia de la doncella de Orleans, interpretada por Ingrid Bergman, que destila un ultracatolicismo que fue difícil de digerir incluso en aquella época, siendo un considerable fracaso:

Recién terminado el rodaje, comienza a trabajar en su próximo proyecto, “La soga”, pero el 6 de enero de 1949 sufre un infarto y muere de camino al hospital. Estaba casado desde 1933 con Lucile Rosson. Fue enterrado en el Hollywood Forever Cemetery. Su último proyecto, la ya mencionada “La soga” fue finalmente dirigido por Alfred Hitchcock. 

Trabajador incansable en sus comienzos, siempre solvente pero pocas veces magistral, Victor Fleming sería otro más de tantos grandes directores de los años dorados de Hollywood que apenas son recordados si los caprichos del destino no le hubieran llevado a sustituir al gran George Cukor en dos películas tan míticas como “El mago de Oz” y “Lo que el viento se llevó”, manteniéndose así vivo su recuerdo en la memoria de los cinéfilos.



120 años del nacimiento de Irene Dunne (20-12-2018)

Tras unos inicios en el cine musical, se convirtió en la reina del melodrama a comienzos de los años 30, para luego descubrirse como una de las mejores actrices de comedia elegante del Hollywood dorado. Hoy nos toca recordar a la gran Irene Dunne.

Irene Marie Dunn, que era su nombre de nacimiento (añade la e a su apellido al comenzar su carrera artística a comienzos de los años 20) nació el 20 de diciembre de 1898 en Louisville, en el estado de Kentucky, en el seno de una devota familia católica. Su madre era pianista, y su padre, por motivos de trabajo, tenía que navegar a menudo por el río Missisipi; a la pequeña Irene le encantaba acompañarlo, pero él murió en 1913, y la familia (su madre, ella y su hermano pequeño, Charles) se traslada entonces a la ciudad natal de su madre, Madison, en Indiana. Irene llevaba tiempo recibiendo lecciones de piano de su madre, y estudia también canto, cantando en la iglesia y el instituto. Tras graduarse en el instituto, decide estudiar música, y en 1921 comienza a trabajar en teatros musicales, debutando en Broadway en 1922. Graduada en música en 1926, tiene la idea de convertirse en cantante de ópera, pero no consigue pasar las audiciones del Met y continúa dedicándose al musical. Mientras, en 1924 había conocido en Nueva York al dentista Francis Griffin, con quien, tras mucho dudar, se casa en 1927. 

Su gran éxito llega en 1929 cuando protagoniza el musical “Show Boat” de Jerome Kern, producido por el mítico Florenz Ziegfeld. Los productores de Hollywood la descubren y ella firma un contrato con la RKO y se traslada a Hollywood con su madre y su hermano, mientras su marido permanece en Nueva York hasta 1936, cuando se traslade definitivamente junto a su esposa. 

El debut cinematográfico de Irene Dunne tiene lugar en 1930 con el musical “Leathernicking”. Pero será en 1931 cuando comience a llamar la atención del público con el wertern “Cimarron”, superproducción muy del gusto de la época que le supuso su primera nominación al Oscar:

Curiosamente, siendo una cantante de musical, en los primeros años 30 Irene Dunne triunfará fundamentalmente en el género del melodrama, destacando por ejemplo su trabajo en “La usurpadora”, de 1932:

En 1933 se produce su definitivo salto a la dama con el melodrama “Ann Vickers”, dirigido por John Cromwell, en el que interpreta a una idealista trabajadora social que verá su carrera truncada al enamorarse del corrupto juez que interpreta Walter Huston:

En 1935 trabaja con Robert Taylor en la primera versión del melodrama “Sublime obsesión”, pero su mayor éxito será, esta vez sí, un musical, “Roberta”, junto a Fred Astaire y Ginger Rogers, en la que, además, nos regala una magnífica versión de la mítica “Smoke gets in your eyes”:

Y, cuando la Universal prepara una adaptación cinematográfica del musical “Show Boat”, el papel de Magnolia finalmente recae e Irene Dunne, que acompaña a Allan Jones (el de “Una noche en la ópera) en este “Make believe”:

Por desgracia, pese al éxito de crítica y público, los planes de Universal de realizar otra adaptación de dicho musical en 1940 harán que la película caiga en el olvido, si bien el remake no se realiza hasta 1951. Además, Paul Robertson, que interpreta a Joe (el personaje que canta la mítica “Ol’ man river) fue puesto en la lista negra durante el McCarthismo, y desde entonces esta película apenas se ha visto. 

También en 1936 se le ofrece a Irene Dunne protagonizar “Los pecados de Teodora”, alocada comedia del hoy olvidado director Richard Boleslawski. Ella inicialmente se muestra reacia a trabajar en comedia, pero cuando lo hace, descubre que le divierte. Y su carrera gira radicalmente:

Segunda nominación al Oscar. Y eso que los Oscars suelen premiar más las interpretaciones dramáticas que las cómicas…

Y en 1937 repite en el género en la genial “La pícara puritana”, dirigida por Leo McCarey y en la que está acompañada por otro as de la comedia, Cary Grant, en un divorcio que no va a resultar tan fácil como parecía:

Tercera nominación al Oscar. de nuevo, gracias a un papel de comedia. 

Tras protagonizar en 1938 otra comedia junto a Douglas Fairbanks, “El placer de vivir”, en 1939 comparte pantalla en dos ocasiones con Charles Boyer, primero en el drama “Huracán” y después en una de esas joyas de la filmografía, la primera versión de “Tú y yo”, dirigida de nuevo por Leo McCarey, quizá más melodramática que el remake con Cary Grant y Deborah Kerr, pero igualmente maravillosa (y con la magnífica Maria Ouspenskaya para rematar):

Cuarta nominación al Oscar. Y ningún éxito con los premios, claramente. 

En 1940 vuelve a la comedia más alocada con “Mi mujer favorita”, otra divertidísima película en la que vuelve a trabajar junto a Cary Grant, con un argumento bastante descabellado: una mujer desapareció 7 años atrás en Indochina y la dan por muerta. Y, cuando su esposo se vuelve a casar, reaparece y ya la hemos liado:

Desde el comienzo de su carrera, Irene Dunne mintió sobre su edad, afirmando haber nacido en 1901 o en 1904. Así, la diferencia de edad con Cary Grant es menor, y ambos parecen una pareja casi perfecta. Por ello, en 1941 repiten de nuevo en pantalla en el drama “Serenata nostálgica”, por el que Grant recibe su primera nominación al Oscar; ella no tiene la misma suerte:

Nuevas comedias (incluyendo una nueva colaboración con Charles Boyer) e incursiones en el cine bélico propio de los años 40 nos llevan a uno de sus últimos éxitos, en 1944: “Las rocas blancas de Dover” drama bélico en el que una mujer ve a su esposo morir en la I Guerra Mundial y, años después, a su hijo alistarse en la II Guerra Mundial:

En 1946, John Cromwell vuelve a contar con ella para interpretar a Anna Leonowens, la inglesa que se convierte en institutriz de los príncipes de Siam en “Ana y el rey de Siam”, compartiendo protagonismo con Rex harrison:

En 1947 protagoniza “Vivir con papá”, comedia en la que comparte pantalla con un magnífico William Powell:

En 1948 Irene Dunne nos regala su último gran papel en el melodrama “Nunca la olvidaré”, de George Stevens, en el que interpreta a la matriarca de una familia de inmigrantes noruegos en San Francisco que tendrá que luchar para sacar adelante a su familia:

Por este papel, Irene Dunne recibe su quinta y última nominación al Oscar. Injustamente, nunca ganó el premio. 

Su siguiente película llega en 1950, “El diablillo y la reina”, y en ella interpreta nada menos que a la Reina Victoria de Gran Bretaña, un papel completamente inusual en su carrera.

En 1952 protagoniza su última película, la comedia “It grows on trees”:

La suya no es una retirada voluntaria del cine: continúa interesada en diferentes proyectos que no terminan de cuajar, además de trabajar en radio y televisión. Su retirada definitiva tuvo lugar en 1962. A partir de entonces se centra en sus actividades filantrópicas y en promocionar al Partido republicano y a la Iglesia Católica. 

En 1965 muere su marido Francis Griffin, con el que llevaba casada desde 1927. Ambos adoptaron una niña en 1936, Mary Frances. Retirada de la vida pública en sus últimos años, Irene Dunne murió a causa de un infarto el 4 de septiembre de 1990, a los 91 años. Fue enterrada en el Calvary Cemetery de Los Angeles, y en su lápida figura una fecha de nacimiento incorrecta:

Reina primero del melodrama y luego de la comedia elegante pero no por ello menos alocada, Irene Dunne fue una de las más destacables estrellas de cine de los años 30, aunque no sea una de las más recordadas. Pero algunas de sus comedias y esa primera versión de “Tú y yo” la mantienen todavía viva en la memoria de los cinéfilos.

75 años de la muerte de Leslie Howard (01-06-2018)


Prestigioso actor teatral británico que, con la llegada del cine sonoro, se convertiría en una gran estrella de Hollywood hasta su prematura muerte en la II Guerra Mundial, su participación en la mítica “Lo que el viento se llevó” lo mantiene en la memoria de los cinéfilos. Hoy, cuando se cumplen 75 años de su muerte, recordamos a Leslie Howard.




Leslie Howard Steiner nació el 3 de abril de 1893 en Londres. Su madre era británica, pero su padre era de origen húngaro-judío ( de ahí el apellido Steiner). Tras terminar sus estudios, combate brevemente en la I Guerra Mundial (momento en el que renuncia al uso del apellido Steiner, que lo identifica como alemán), pero por problemas de estrés se retira del ejército y comienza su carrera teatral. Ese mismo año se casa con Ruth Evelyn Martin, con la que tendrá dos hijos, Ronald, nacido en 1918 y que será también actor, y Leslie Ruth, nacida en 1924.

Al mismo tiempo que comienza su carrera teatral, participa en algunos cortos cinematográficos, pero su carrera en cine se detiene tras su traslado a Broadway, donde triunfa sobre los escenarios, pero, curiosamente, apenas interpreta obras de Shakespeare; de hecho, cuando en 1936 interpreta a Hamlet, tiene la mala suerte de que al mismo tiempo otra compañía la está representando con John Gielgud y Howard sale perdiendo en esta batalla.

Por suerte para él, la llegada del cine sonoro le abre las puestas de Hollywood, en especial para interpretar obras que ya había hecho en escena. Así, su primer papel será en 1930 en “Outward Bound”, cinta fantástica en la que interpreta un papel diferente al que había hecho en los escenarios:

En 1931 trabaja en la magnífica “Un alma libre” de Clarence Brown, en la que ve como su amada, Norma Shearer, se enamora del Gagnster interpretado por Clark Gable, al que su padre, Lionel Barrymore, está defendiendo en un juicio, lo que le obliga a tomar medidas drásticas:

En 1932 protagoniza “The animal Kingdom”, que acababa de interpretar en Broadway, interpretando a un hombre que se debate entre su mujer y su amante, interpretadas por Ann Harding y Myrna Loy:

Ese mismo año vuelve a trabajar junto a Norma Shearer en “La llama eterna” de Sidney Franklin, en la que interpreta a un viejo amargado porque, el día de su boda, un rival asesinó a su esposa. Años después, se encarga de criar a la sobrina de ésta, que se parece sorprendentemente a su desaparecido amor (ambos papeles interpretados por Shearer), hasta que se enamora del hijo del asesino de ella (ambos papeles interpretados por Fredric March):

Lo curioso es que, habitualmente, a Leslie Howard tenían que rejuvenecerlo, ya que interpretaba papeles mucho más jóvenes que él, pero en este caso la caracterización tiene que envejecerlo.

En 1933 alcanza un gran éxito con “La plaza de Berkeley”, de Frank Lloyd, en la que viaja en el tiempo y se convierte en uno de sus ancestros, lo que le pondrá en peligro al conocer los sucesos futuros que van a acontecer. Por este papel, Leslie Howard recibe una nominación al Oscar a Mejor Actor (nunca ganará la estatuilla):

Tras protagonizar ese mismo año “Secretos”, western de Frank Borzage junto a Mary Pickford, alcanza un gran éxito en 1934 al interpretar al joven noble británico que se dedica a salvar a condenados a la guillotina durante la revolución francesa en “La Pimpinela Escarlata”, que protagoniza junto a Merle Oberon y Raymond Massey:

Leslie Howard borda las dos facetas del papel, la petulancia pública y el arrojo de su oculta personalidad, con esa ironía y a menudo cinismo que tan bien sabía lucir ante las cámaras.

No menos éxito tendrá ese mismo año su papel en “Cautivo del deseo” de John Cromwell, adaptación de la novela de W. Somerset Maugham, en la que sufre un amor enfermizo hacia una manipuladora Bette Davis:

1936 será otro gran año para Leslie Howard, que protagoniza la adaptación que George Cukor realiza del “Romeo y Julieta” de Shakespeare, pese a que supera con mucho la edad del personaje (Howard supera los 40 y Romeo tiene 17), acompañado de la Julieta de Norma Shearer, el Mercutio de John Barrymore y el Tebaldo de Basil Rathbone:

Ese mismo año protagoniza también “El bosque petrificado”, junto a Bette Davis. Howard, que había interpretado la obra, insiste en el que el papel del Gangster Mantee lo interprete el actor que lo había hecho con él en Broadway, Humphrey Bogart, consiguiendo que la futura estrella despegara por fin, algo que Bogart siempre le agradeció a Howard:

En 1937 forma parte del triángulo amoroso que forma con Bette Davis y Olivia de Havilland en la comedia romántica “Es amor lo que busco”:

En 1938 se estrena en una nueva faceta: acompaña a Anthony Asquith dirigiendo la adaptación de la obra de George Bernard Shaw “Pygmalion” (el  mismo argumento en el que se basará el musical de Frederick Loewe “My Fair Lady”), interpretando además al protagonista, el profesor Henry Higgins, con Wendy Hiller como su pupila, Eliza Doolitle. Ambos serán nominados como mejores Actor y Actriz al Oscar, y Leslie Howard gana la Copa Volpi al mejor actor en el festival de Venecia por este papel:

En 1939 protagoniza el drama romántico “Intermezzo”, en el que acompaña a la desconocida en Hollywood Ingrid Bergman:

Y ese mismo año supera el durísimo casting para hacerse con el papel de Ashley Wilkis, el eterno amor de Scarlett O’Hara en “Lo que el viento se llevó”, siendo su interpretación la mejor de la película, por delante de las de Vivien Leigh, Clark Gable u Olivia de Havilland (vuelve a trabajar con estos dos últimos, con Gable después de “Un alma libre” en 1931 y con Olivia desde 1937 con “Es amor lo que busco”; repite también con George Cukor, el director que inicia el rodaje, hasta que le sustituye Victor Fleming):

En 1941 dirige y protagoniza “Pimpinela Smith”, en la que traslada la acción de Pimpinela Escarlata de la Francia Revolucionaria a la Alemania Nazi. La película es magistral, y nos regala una escena final absolutamente memorable, con una magnífica interpretación de un Leslie Howard que da lecciones de interpretación en cada una de sus escenas, pero en especial en esta última:

Su denuncia al régimen nazi es antológica.

Leslie Howard cuela en el rodaje, en un papel secundario, a Violette Cunnington (acreditada como Suzanne Clair), quien era su secretaria y amante desde 1938, y lo será hasta su muerte por neumonía en 1942. No es este el único romance del actor, ya que se le relaciona con Norma Shearer, Myrna Loy, Merle Oberon y otras actrices. Pese a todo, Howard nunca se separó oficialmente de su mujer.

Leslie Howard rueda otra película bélica en 1941, “Los invasores”, dirigida por Michael Powell y en la que comparte pantalla con Laurence Olivier. Y en 1942 dirige otro film bélico, “El gran Mitchell”, que protagoniza junto a David Niven:

Leslie Howard no volverá a trabajar ante las cámaras. Colaborará con Noël Coward en la realización de documentales bélicos, poniendo voz a algunos de ellos, además de dirigir en 1943 la mediocre comedia “El sexo débil”. La muerte de su amante le había afectado seriamente. Finalmente, el 1 de junio de 1943, el avión en el que viaja de Lisboa a Bristol es derribado por la Luftwaffe, muriendo en el acto. Los motivos por los que los nazis derribaron el avión se discuten a día de hoy: bien porque pensaban que Churchill iba a bordo, bien porque Goebels quería vengarse de él por considerarle un gran publicista anti-nazi, bien por las actividades diplomáticas encubiertas que pudo haber llevado el actor en la península (disuadir a Franco de entrar en la Guerra).

Leslie Howard fue el primer miembro del cast de “Lo que el viento se llevó” en morir, pero su prematura muerte no sólo nos eliminó a un gran actor, sino también a un prometedor director que ya había dado muestras de su gran talento tras la cámara. Pese a todo, por su breve carrera, es su labor ante las cámaras, en la que sobresalió como uno de los más solventes y polivalentes actores de su época, por la que hoy le recordamos.



10 años de la muerte de Sydney Pollack (26-05-2018)


Famoso por sus thrillers políticos, ganó el Oscar a mejor director por uno de los dramas románticos más legendarios de las últimas décadas. Hace 10 años nos dejaba quien fuera uno de los mejores directores de cine de los años 70 y 80, Sydney Pollack.




Sydney Irwin Pollack nació el 1 de julio de 1934 en Lafayette, estado de Indiana, en el seno de una familia de inmigrantes ruso-judíos. Sus padres se divorciaron algún tiempo después de su nacimiento, y él vivió con su madre, que padecía alcoholismo. Su idea era estudiar medicina, pero su madre murió antes de que terminara el instituto. Al terminarlo, se fue a Nueva York, donde estudió interpretación en una academia teatral. En 1960, su amigo John Frankenheimer le pidió que le acompañara a Hollywood para ser profesor de dicción de los actores infantiles que iban a participar en su película “Los jóvenes salvajes”. El protagonista de esta película era Burt Lancaster, que convenció a Sydney Pollack que se dedicara a la dirección.

Pollack le hace caso y alcanza un cierto éxito como director televisivo. En 1965 se lanza al cine, con “La vida vale más”, protagonizada por Sidney Poitier y Anne Bancroft:

Pero su carrera cinematográfica no empieza a destacar hasta 1969. Ese año estrena la bélica “La fortaleza”, que protagoniza Burt Lancaster:

Pero su gran éxito ese año será “Danzad, danzad, malditos”, drama con un reparto impresionante (Jane Fonda, Gig Young, Red Buttons, Susannah York, Michael Sarrazin, Bruce Dern…) en la que ya aparecen algunos de los elementos recurrentes de su filmografía: crítica política y social en un drama ambientado durante la Gran depresión. Sydney Pollack consigue su primera nominación al Oscar, y Gig Young gana el único Oscar de la película, como mejor secundario por esta película especialmente atroz:

Estrena su siguiente película en 1972: “Las aventuras de Jeremiah Johnson”, un curioso western protagonizado por Robert Redford, con quien Sydney Pollack ya había trabajado con anterioridad y que se convertirá ahora en su actor fetiche:

De hecho, repite con Robert Redford en 1973 en “Tal como éramos”, drama romántico de una pareja, formada por Redford y Barbra Streisand, que sufre por sus diferencias en forma de ser y políticas, ambientada en parte durante la caza de brujas:

En 1974 regresa al thriller con “Yakuza”, ambientada obviamente en Japón y protagonizada por Robert Mitchum:

En 1975 vuelve a trabajar con Robert Redford en el que probablemente sea su mejor thriller, el trepidante “Los tres días del cóndor”, en el que Redford tiene que luchar contra un enemigo desconocido que ha matado a todos sus compañeros de trabajo que colaboran con la CIA y busca la ayuda de una desconocida interpretada por Faye Dunaway:

Por desgracia, los thillers en está época no funcionan con la academia, y así, incomprensiblemente, ni Redford ni Pollack consiguieron la nominación que se merecían.

Su siguiente película es “Un instante, una vida”, drama ambientado en el mundo del automovilismo y protagonizado por Al Pacino:

En 1979 estrena “El jinete eléctrico”, drama protagonizado por Robert Redford y Jane Fonda:

Sydney Pollack se supera en su siguiente película, “Ausencia de malicia”, de 1981, en la que una periodista, Sally Field, escribe un artículo contra el hijo de un mafioso, interpretado por Paul Newman, y cuando éste acude a ella para pedir cuentas, ambos descubrirán que había intereses ocultos en que se publicara esa falsa información:

En 1982, Sydney Pollack da un giro y dirige una comedia, una magnífica sátira sobre el mundo de la televisión en la que un actor interpretado por Dustin Hoffman se disfraza de mujer para participar en una teleserie. Junto a Jessica Lange y un reparto magnífico, Sydney Pollack tiene aquí uno de sus mejores papeles como actor (los anteriores habían sido casi todos en televisión o en pequeños cameos):

Por fin, Sydney Pollack consigue una nueva nominación (la segunda) al Oscar a mejor director. Pero, pese al enorme éxito que alcanza esta película, Pollack no ha llegado todavía a la cima.

Y lo hará en 1985 con la adaptación cinematográfica de la obra de la danesa Isak Dinesen “Memorias de África”, drama romántico sin política ni thriller, hasta el punto de que Pollack renuncia a su compositor habitual, el más bien jazzístico Dave Grusin, por el ultrarromántico John Barry, que escribe una de las partituras más memorables de la historia del cine, y cuenta con dos interpretaciones simplemente espectaculares de Robert Redford y Meryl Streep. El resultado es pura magia:

Y no lo digo yo, lo dice la Academia, que en esta ocasión, por fin, a la tercera y última nominación, gana el Oscar a Mejor Director:

No vuelve a dirigir hasta 1990, cuando estrena “Habana”, drama romántico ambientado durante la revolución cubana y protagonizado por Robert Redford y Lena Olin:

En 1992 tiene un destacado papel como actor en “Maridos y mujeres”, de Woody Allen:

Y en 1993 vuelve a dirigir un thriller, “La tapadera”, adaptación de una novela de John Grisham (el mismo año que su compañero Alan J. pakula adapta otra de sus novelas, “El infome pelícano”), protagonizada por Tom Cruise, Gene Hackman y Ed Harris:

Pero en 1995, Sydney Pollack comete un grave error: dirige el remake del clásico de Billy Wilder “Sabrina”, con Harrison Ford, Julia Ormond y Greg Kinnear. la película es un fracaso, y está a años luz de la original:

En 1999 estrena su nueva película, “Caprichos del destino”, en la que Harrison Ford y Kristin Scott Thomas descubren que sus respectivas parejas eran amantes tras un accidente en el que ambos han muerto:

Ese mismo año participa como actor en la última película del director Stanley Kubrick, “Eyes Wide Shut”, protagonizada por Tom Cruise y Nicole Kidman:

Y en 2005 dirige su última película, “La intérprete”, en la que una intérprete de la ONU, Nicole Kidman, escucha por accidente una información que pone su vida en peligro, y será protegida por Sean Penn (a quien Pollack consigue atar para evitar su histrionismo de forma más que eficaz), y en la que él mismo participa como actor:

Y, como actor, en 2007 aparece en “Michael Clayton” (de la que además es productor) junto a George Clooney:

Sydney Pollack, que llevaba casado desde 1958 con su por entonces alumna Claire Bradley Griswold, con quien tuvo tres hijos  (el mayor, Steven, murió en 1993 en un accidente) fue diagnosticado de cáncer en 2007, aunque la noticia no se hizo pública. Pese a todo, existían sospechas sobre su estado de salud tras renunciar a dirigir un film para la televisión, Finalmente, el 26 de mayo de 2008, murió a causa del cáncer que padecía (la familia no dio más información al respecto), a los 73 años.

Sydney Pollack fue un magistral director de thrillers de marcado perfil crítico político-social, en los que pocos directores podían estar a la altura, aunque sea siempre recordado por una magnífica comedia (“Tootsie”), y, sobre todo, por ese magnífico drama romántico que es “Memorias de África”, en el que demuestra estar a la altura de los grandes directores de la historia de Hollywood.



60 años de la muerte de Ronald Colman (19-05-2018)


Si bien hoy día bastante olvidado, fue una de las grandes figuras del cine mudo y de las pocas capaces de sobrevivir a la llegada del sonoro con idéntico éxito. Hoy recordamos a ese gran actor que fue Ronald Colman.




Ronald Charles Colman nació en Richmond, cerca de Londres, el 9 de febrero de 1891. Descubrió su interés por la interpretación ya en el colegio, uniéndose, pese a su timidez, a una compañía teatral amateur en 1908, al mismo tiempo que quiso estudiar ingeniería, algo que se hizo imposible por los problemas financieros a causa de la muerte de su padre en 1909.

Ronald Colman debutó profesionalmente en el teatro en 1914, pero ese mismo año, con el comienzo de la I Guerra Mundial, se une al ejército (junto a otros actores como Claude Rains, Basil Rathbone, Herbert Marshall o Cedric Hardwicke), pero el 31 de octubre de ese mismo año recibió una herida de metralla en el tobillo que le dejó secuelas por el resto de su vida y por la que fue dado de baja en el ejército.

De regreso en Londres, vuelve al teatro profesional, donde alcanza gran éxito, y realiza sus primeras películas a finales de la década. En 1920 se casa por primera vez, con Thelma Raye, de quien se divorciará en 1934. También en 1920 realiza una gira teatral por Estados Unidos junto a Fay Bainter, estableciéndose finalmente en el país.

Así, en 1923 es descubierto por el director Henry King, que le contrata para protagonizar junto a Lillian Gish “La hermana blanca”:

A partir de entonces se convierte en un actor asiduo de Hollywood, siendo uno de sus papeles más destacados el protagonista de la adaptación de la obra de Oscar Wilde “El abanico de Lady Windermere” que dirige Ernst Lubitsch en 1925:

Con una imagen de galán romántico, Colman se convierte en una estrella imprescindible para protagonizar grandes adaptaciones literarias, como el “Beau Geste” de 1926:

Pero entonces llega el cine sonoro, y muchas estrellas del cine mudo no son capaces de adaptarse a los requerimientos de este nuevo cine. Ronald Colman, por el contrario, tiene todos los elementos para triunfar en el nuevo medio: una perfecta dicción inglesa y un bellísimo timbre de gran calidez. Así, en 1929 es nominado al Oscar a mejor actor por partida doble, por “El capitán Drummond” y por “Condenado”.

En 1930 protagoniza “Raffles”, historia de un caballero inglés que es además un destacado ladrón. Pero suerte tendrá en 1931 cuando John Ford lo seleccione para protagonizar “El doctor Arrowsmith”; Ronald Colman es demasiado mayor para el papel, aunque siga interpretando papeles de galán, y un papel a priori pensado para tener una nueva nominación al Oscar fue poco menos que un fracaso:

Aunque sigue trabajando en cine, no volverá a tener grandes éxitos hasta 1935, año en el que protagoniza “Clive de la India” y, sobre todo, la adaptación de la magistral obra de Charles Dickens “Historia de dos ciudades”, consiguiendo una magnífica interpretación del cínico Sydney Carton, que encuentra su redención al final de la película, en una escena dolorosamente memorable:

Cómodo todavía en el cine de aventuras, en 1936 protagoniza “Bajo dos banderas”, junto a Claudette Colbert, Victor McLaglen y Rosalind Russell:

En 1937 vuelve a regalarnos dos grandes papeles. El primero, al protagonizar “El prisionero de Zenda”, en la que luce sus habilidades para los films de capa y espada al enfrentarse al malvado Rupert de Hentzau que interpreta Douglas Fairbanks Jr.:

La otra será en la mítica película de Frank Capra “Horizontes perdidos”, en la que es uno de los tripulantes del avión que termina en la legendaria Shangri-La:

Pese a ser un gran actor dramático, Ronald Colman trabaja en esos años especialmente en papeles de aventuras históricas, como “Si yo fuera Rey”, de 1938, interpretando a un poeta francés que llama la atención del Rey Luis XI, interpretado por Basil Rathbone:

Ese mismo año se casa por segunda vez, con la actriz británica Benita Hume, con la que tendrá a su única hija, Juliet. Permanecerán juntos hasta la muerte de él; posteriormente, ella se casará con el actor George Sanders.

En 1939 se pasa al cine dramático con “En tinieblas”, en la que interpreta a un pintor que, a punto de quedarse ciego, sólo quiere terminar el retrato en el que está trabajando:

Tras protagonizar algunas películas casi olvidadas, en 1942 vuelve a la primera plana, en parte gracias a la comedia “El asunto del día”, de George Stevens, en la que interpreta a un serio profesor de derecho que se ve inmiscuido, sin él quererlo, en la defensa de un presunto pirómano condenado a muerte, interpretado por Cary Grant, que, fugado de la cárcel, se refugia en la casa que él le ha alquilado a Jean Arthur, antigua compañera del presunto criminal:

Pero será sobre todo el drama “Niebla en el pasado” el que le devuelva a la fama. En él interpreta a un hombre que, tras sufrir un accidente, se queda amnésico y olvida su pasado. Su esposa, Greer Garson, hará todo lo posible por recuperarlo y devolverle la memoria:

Por este papel, Ronald Colman es nominado al Oscar, algo que no conseguía desde 1929.

Regresa al cine en 1944 con otra cinta de aventuras de época, esta vez ambientada en Arabia, “El príncipe mendigo”, en la que interpreta a un mendigo mago callejero que engaña a su hija haciéndole creer que es alguien importante y que termina enamorándose de Marlene Dietrich, princesa del harén, y viéndose envuelto en una conjura para asesinar al Califa:

El estilo irónico y cínico que siempre había gastado Colman va perfecto para el papel, y, de nuevo, pese a la edad, excesiva para un papel de héroe de capa y espada, consigue resultar solvente.

En 1947 protagoniza “El mundo de George Apley”, de Joseph Mankiewicz, en la que interpreta a un bostoniano orgulloso de su origen que ve como sus hijos no lo están tanto. Pero, por encima de todo, ese año destaca en “Doble vida”, de George Cukor, historia de un actor que, mientras interpreta a Otello, comienza a confundir ficción y realidad con fatales consecuencias:

Ronald Colman recibe una nueva nominación al Oscar, y esta vez sí, era indiscutible que iba a ser el ganador. Y así lo recogió, elegante como siempre:

Ronald Colman apenas trabaja más en cine. En 1945 había empezado a trabajar en televisión con gran éxito, y se traslada a este medio, así como a la radio, en los siguientes años, en los que sigue trabajando incansablemente. A parte de un breve cameo en “La vuelta al mundo en 80 días”, su última participación en cine fue como el narrador de “Historia de la humanidad” en 1957. Está claro por qué su voz le permitió seguir haciendo carrera en el cine sonoro, a diferencia de tantas y tantas estrellas del cine mudo:

Finalmente, un año después, el 19 de mayo de 1958, Ronald Colman moría a causa de un enfisema pulmonar en Santa Monica a los 67 años, siendo enterrado en el Cementerio de Santa Barbara. Años después, su hija Juliet escribió una biografía sobre él.

Ronald Colman no fue un actor especialmente prolífico, pero sí fue un magnífico actor de marcado origen teatral, de enorme talento y gran versatilidad vocal, que brilló en algunas de las grandes adaptaciones literarias de los años 30, si bien será con ese papel de actor teatral, tan cercano sí mismo, de “Doble vida” con el que alcanzará su mayor fama y por el que más se le recuerda a día de hoy. Casi olvidado por el gran público, los actores actuales tendrían mucho que aprender de su enorme talento.



130 años del nacimiento de Max Steiner (10-05-2018)


Fue quien revolucionó la visión que Hollywood tenía sobre las Bandas Sonoras tras la llegada del cine sonoro. Trabajador incansable, autor de unas 300 bandas sonoras, entre ellas algunas de las más memorables partituras cinematográficas, recordamos en el 130 aniversario de su nacimiento a Max Steiner.

Maximilian Raoul Steiner nació el 10 de mayo de 1888 en Viena, por aquel entonces capital del Imperio Austro-Húngaro y una de las ciudades musicalmente más importantes del momento. La familia Steiner, de origen judío, estaba muy vinculada al mundo teatral, mientras su madre había sido bailarina. De hecho, su padrino fue el compositor Johann Strauss. Vinculado desde muy niño al teatro, en especial al musical, las inclinaciones artísticas del joven Steiner no tardan en despuntar, abandonando la Universidad Tecnológica para poder estudiar en la Academia Imperial de Música. Allí, su enorme talento es percibido por grandes compositores como Gustav Mahler o Robert Fuchs, que le darán clases privadas, permitiéndole superar en un año cuatro cursos. Estudia numerosos instrumentos, además de armonía, contrapunto y composición.




En seguida despunta como compositor de opereta y como director de orquesta. Su éxito dirigiendo “Die lustige Witwe” de Franz Léhar hace que sea invitado a dirigirla en Londres en 1906. Steiner se establece en la capital británica, como compositor y director de obras teatrales y de sinfonías. Y allí permanecerá 8 años, hasta 1914, cuando comienza la I Guerra Mundial. Steiner es austriaco, y por lo tanto es visto como enemigo por la sociedad inglesa, así que gracias a su amistad con Hugh Grosvenor, duque de Westminster, consigue huir a Nueva York, donde llega en la miseria en diciembre de 1914.

Pero, una vez en Nueva York, comienza de inmediato a trabajar en Broadway, apenas en la faceta de compositor (“Peaches”de 1923), pero sí como director e incluso como arreglista y orquestador (orquestará por ejemplo la partitura de George Gershwin para “Lady be good” en 1924). En 1927 orquestaráy dirigirá el estreno de musical “Rio Rita” de Harry Tierney, y cuando en Hollywood se planea la adaptación cinematográfica del musical, en 1929, llaman a Max Steiner para dirigir la adaptación musical. Steiner se traslada a Los Angeles, y trabaja ya en exclusiva para el cine. Entre sus primeros trabajos relevantes se encuentran “Cimarron”, un western de 1931, y “Ave del paraíso”, película de aventuras de 1932. Pero su gran oportunidad vendrá cuando, en 1932, David O’Selznik cuenta con él para componer la partitura de “La melodía de la vida”, drama judío para el que compone un tema, como era característico en la época, para que suene en la apertura de la película. Pero Selznik se queda tan satisfecho con la partitura, que le encarga escribir más música, que sonará a lo largo de la película:

Pero será en 1933 cuando por fin aparezca su verdadero estilo. Ese año, la productora RKO, para la que Steiner estaba trabajando, iba a estrenar la ambiciosa “King Kong”. Originalmente, los productores no tenían intención de utilizar nueva música para la película, pero los decepcionantes resultados de los efectos especiales les empujaros a llamar a Steiner y darle carta blanca para componer una extensa partitura a lo largo de todo el film:

No era la primera partitura importante de Steiner, que ya había llenado de música la práctica totalidad del metraje de “Ave del paraíso”, pero en esta ocasión, la partitura fue todo un éxito. Si ya en 1931 la partitura que Alfred Newman había compuesto para “La calle” de King Vidor era más ambiciosa de lo tradicional (una pista más o menos larga para los títulos de crédito iniciales, una pista breve para el final de la película y, en ocasiones, algo de música diegética, es decir, que suena en la propia película, que los personajes están escuchando, en un baile o por la radio, por ejemplo), todavía se seguía evitando incorporar música que acompañara los diálogos de los personajes, por temor a que estos se perdieran. Steiner, por el contrario (al igual que Newman), considera que la música puede realzar las emociones del film, además de ayudar a ambientarlo. Por eso, su música tiene una gran riqueza cromática y temática. Pero todavía no ha llegado el tiempo de lucirla en su máximo esplendor, y partituras como la de “Las cuatro hermanitas”, película de George Cukor protagonizada por Katherine Hepburn, van a seguir ancladas en el concepto de tema inicial y poco más:

Max Steiner también adapta la música que se va a utilizar en algunos de los más importantes musicales de los años 30, en especial en esos protagonizados por Fred Astaire y Ginger Rogers, como “La alegre divorciada”, de 1934:

Más ambiciosa será en 1934 su partitura para “La patrulla perdida”, film bélico de John Ford ambientado en Mesopotamia. Sus ritmos irregulares le imprimen ese ambiente tenso que repetirá en numerosas ocasiones posteriores (e incluso reutilizará en “Casablanca”, como veremos más adelante):

Max Steiner recibirá sus dos primeras nominaciones al Oscar por ambas películas, “La alegre divorciada” y “La patrulla perdida”.

Repite con John Ford (y con el actor Victor McLaglen, que protagoniza ambas películas) en 1935 con “El delator”, partitura de carácter de nuevo opresivo, al contarnos la historia de un delator del IRA:

Esta partitura le valdrá su primer Oscar, aunque en estas fechas este premio no lo recibe el compositor, sino la productora.

Pero poco después, Selznik abandona la RKO y se lleva consigo a Steiner, que compondrá en 1936 la partitura de “El jardín de Alá”, que le valdrá una nueva nominación al Oscar. Además, Steiner firma un contrato con la Warner, siendo su primer trabajo para esta productora “La carga de la brigada ligera”, film bélico protagonizado por Errol Flynn y Olivia de Havilland, en el que de nuevo luce su capacidad para transmitir el dinamismo de las escenas bélicas y las marchas militares, como en este tema principal:

Pero en la Warner, Steiner se va a encontrar con un duro competidor: Erich Wolfgang Korngold, un prestigioso compositor clásico recién llegado a Hollywood, que goza de un contrato privilegiado y apenas compone una partitura al año. Steiner compondrá muchas partituras anuales, en películas como “La vida de Émile Zola”, “Ángeles con caras sucias” o “Jezabel”, película de William Wyler protagonizada por Bette Davis y Henry Fonda, para la que compone un bellísimo vals, de ritmo vienés en su tema principal y otro ritmo más agitado, de subdivisión ternaria, de sonoridad más eslava, en el segundo tema. Las influencias clásicas centroeuropeas de Steiner quedan claras:

El uso de la música para destacar aspectos fundamentales de la película resulta aquí muy evidente. Basta con volver a verla y fijarse en como un pequeño apunte musical subraya el momento en el que un mosquito pica a Henry Fonda (aunque esto sería un gazapo. Alerta spolier: se supone que los ricos burgueses de Nueva Orleans huyen al campo para no contagiarse de la fiebre amarilla, y que Henry Fonda se contagia por ir a menudo a la ciudad, pero la mencionada escena en la que le pica un mosquito transcurre en el campo, con lo que no tiene sentido).

Mientras, Max Steiner sigue trabajando con Selznik: “El pequeño Lord” en 1936, “Ha nacido una estrella” en 1937 y “Las aventuras de Tom Sawyer” en 1938, en la que se percibe su asimilación del estilo musical más propiamente americano, que conoce a fondo por su trabajo en musicales en sus primeros años americanos:

Pero Selznik llevará a la fama absoluta a Max Steiner con su siguiente y más ambicioso productor: la adaptación de la novela de Margaret Mitchell “Lo que el viento se llevó”, dirigida originalmente por George Cukor y posteriormente por Victor Fleming y protagonizada por Clark Gable y Vivien Leigh. La duración de la película ronda las 4 horas, y Steiner llena el metraje de música, en la que probablemente sea su mejor partitura (y la mejor banda sonora de todos los tiempos). El Tema de Tara es uno de los temas cinematográficos más célebres de la historia del cine, y con razón:

Pero, ¿qué tal encaja con las escenas, que es a fin de cuentas lo que nos importa? Veamos la escena más mítica de la película:

Steiner usa un recurso operístico muy wagneriano: el leitmotiv. Un leitmotiv es un tema musical asociado a un personaje, un lugar o una situación concreta. Por lo tanto, cada vez que lo escuchemos a lo largo de la ópera o de la película, sabemos que ese personaje, ese lugar o esa situación tienen una gran importancia en la escena. Pues bien, el tema de Tara es el leitmotiv de un lugar, de Tara, pero en realidad significa algo más: el hogar. Tras sufrir los horrores de la guerra, Scarlett tiene que huir de una Atlanta a punto de caer en manos Yankis y sólo desea volver a su hogar. Y cuando lo hace, se encuentra con una situación desoladora: pobreza, miseria, muerte, incluyendo la de su madre… no, el regreso al hogar no es lo que ella esperaba. Y además está ansiosa por poder comer. Por eso escuchamos esa melodía llena de tensión al comienzo de la escena. Entonces pronuncia el juramento de que nunca volverá a pasar hambre, y escuchamos ese tema de Tara: no importa la situación que se haya encontrado, Scarlett vuelve a estar en su hogar, y eso es lo que le da esa emotividad al tema, que tiene un notable carácter nostálgico, no es un tema alegre precisamente. Además, el tema es interpretado por los metales, mientras las cuerdas tocan el acompañamiento: estos metales le dan un componente heroico: el esfuerzo que ha costado volver a Tara ha sido titánico, pero ha merecido la pena, porque por fin volvemos a casa.

Por cierto, Selznik quería que Steiner usara música clásica en la partitura, pero Steiner pensaba que los americanos estaban familiarizados con muchos temas de música popular, pero no tenían la cultura clásica necesaria para entender las citas de compositores clásicos. Por eso, en las partituras de Steiner vamos a encontrar numerosas citas de canciones populares o de marchas militares, pero muy pocas referencias a obras clásicas.

En 1939, Max Steiner recibe dos nominaciones al Oscar, por “Lo que el viento se llevó” y por “Amarga victoria”. Pero, incomprensiblemente, ese año se irá de vacío.

Aquí se hace necesario explicar el estilo compositivo de Steiner. Él contaba con un dispositivo que le permitía ver la película montada y cronometrar exactamente en qué momento transcurría cierta escena clave. Mientras, iba desarrollando los leitmotivs que iban a aparecer en la partitura, y, una vez compuestos, los adaptaba al tiempo que le daba el cronómetro para que encajaran a la perfección con el momento que él buscaba. Los resultados están a la vista.

En los siguientes 4 años va atrabajar en exclusiva para la Warner. Su primera partitura remarcable será la de “La carta” en 1940, película de William Wyler de nuevo protagonizada por Bette Davis y ambientada en el sudeste asiático. Como cualquier gran compositor clásico, Steiner recurre a temas orientales que contribuyan a la ambientación de la película, mientras los temas más íntimos van a tener ese carácter opresivo tan característico de las partituras de Steiner:

Por esta partitura recibirá una nueva nominación al Oscar, nominación que repetirá en 1941 por “El sargento York”, dirigida por Howard Hawks y protagonizada por Gary Cooper, en la que pasa de los temas de carácter más intimista de la primera mitad de la película a los temas militares de la segunda mitad:

Hay que destacar, en todo caso, que con un ritmo de trabajo tan frenético, Steiner por lo general sólo compone los temas, pero no los orquesta; esta labor cae a menudo en manos de Hugo Friedhofer, hasta que éste comience a destacar como compositor y sea sustituido por Murray Cutter.

En 1942 compone algunas de las mejores bandas sonoras de su carrera. Vuelve a trabajar con Errol Flynn y Olivia de Havilland, dirigidos por Raoul Walsh, en la mítica “Murieron con las botas puestas”, para la que compone uno de los temas de amor más bellos que salieron nunca de su pluma, además de temas de marcado carácter militar:

También compone la partitura de otra película mítica, “Casablanca”, dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Humphrey BogartIngrid Bergman y Claude Rains:

Aquí escuchamos un tema que nos recuerda demasiado al que ya hemos escuchado en “La patrulla perdida”. Además, Steiner usa como leitmotivs dos canciones existentes (nada novedoso, compositores como Wagner o Meyerbeer también lo habían hecho un siglo antes): por una parte, el himno francés, la marsellesa, que sirve como leitmotiv de libertad, de la resistencia anti-nazi, y por otro ese “As time goes by” de Herman Hupfeld, que sirve como tema de amor. Steiner quiso utilizar una canción suya, pero como la película ya había sido rodada, había que volver a rodar algunas escenas, y como Ingrid Bergman se había cortado el pelo para rodar “Por quién doblan las campanas” y no se encontró ninguna peluca que se asemejara a su cabello, no pudo incluirse la canción que Steiner quería componer. Por esta partitura, Steiner será nominado al Oscar (aunque Casablanca no entra en los Oscars de 1942, sino en los de 1943).

Y su otra gran partitura de ese año es “La extraña pasajera”, de nuevo con Bette Davis, Claude Rains y Paul Henreid (el Victor Lazslo de Casablanca), en una partitura de estilo melodramático en la que destaca la belleza de la melodía principal, lo que nos enlaza con la tradición melódica francesa, ya que las influencias musicales de Steiner, en especial las del romanticismo europeo, son numerosísimas:

Nueva nominación al Oscar, que en esta ocasión consigue llevarse a casa. Y, a diferencia de lo que sucedía en 1935, ahora sí que el Oscar se entrega al compositor.

En 1943 sigue trabajando en películas que en su momento fueron grandes éxitos, como “Alarma en el Rhin”, que le valió el Oscar a mejor actor a Paul Lukas, pero que hoy está completamente olvidada. Más destacables son sus trabajos de 1944. Una de ellas es “Las aventuras de Mark Twain”, protagonizada por Fredric March y Alexis Smith, con una sonoridad plenamente americana que le valdrá una nueva nominación al Oscar:

Ese año colabora también con el director Frank Capra (con quien había trabajado el año anterior en un documental) en la negrísima comedia “Arsénico por compasión”, protagonizada por Cary Grant, en la que combina melodías románticas, cómicas, de intriga y otras simplemente grotescas, según lo requiera la cambiante situación de tan alocada película:

También en 1944, la Warner trata de repetir el éxito de “Casablanca” con la casi olvidada “Pasaje a Marsella”, de nuevo con Michael Curtiz, Humphrey Bogart, Claude Rains, Peter Lorre o Sidney Greenstreet. Lógicamente, la partitura se le encarga a Max Steiner, que aquí, a diferencia de “Casablanca”, recurre mucho más a temas compuestos por él mismo, destacando la belleza melódica del tema de amor:

Y ese año vuelve a trabajar para Selznik por primera vez desde “Lo que el viento se llevó”, en esta ocasión para un drama ambientado en la II Guerra Mundial, en las esposas y familias que se quedan sin el padre, que está combatiendo en el frente. La película, protagonizada por Claudette Colbert, Jennifer Jones y Joseph Cotten, requiere de un tema principal tranquilo, amable, como la protagonista, pero al mismo tiempo capaz de transmitir esa nostalgia por el marido ausente, mientras Steiner compone otros temas de distinto carácter, destacando la grotesca melodía asociada al perro, interpretada por el fagot, y otros temas de carácter militar que nos recuerden la situación bélica que estamos viviendo, o cita la canción de cuna de Brahms:

Esta película le valdrá a Max Steiner su tercer y último Oscar. Trabajar con Selznik parece que le traía buena suerte.

En los siguientes años, sus mayores éxitos llegarán con adaptaciones musicales, como en “Rapsodia en azul”, de 1945, biopic de George Gershwin, o en 1946 con “Noche y día”, biopic de Cole Porter protagonizado por Cary Grant, ambos valedores de una nominación al Oscar. Pero quizá su partitura más reseñable de esos años sea la del clásico de cine negro “El sueño eterno”, de Howard Hawks, con Humphrey Bogart y Lauren Bacall, en cuyo tema principal va a predominar el aspecto más romántico de la película:

En 1947, es nominado por partida doble al Oscar, una por el musical “My wild irish rose” y la otra por “Vivir con papá”, comedia de Michael Curtiz protagonizada por William Powell, Irene Dunne y Elizabeth Taylor, de ritmo desenfadado y sonoridad de nuevo ya plenamente americana:

En 1948 destacan sus trabajos en dos películas protagonizadas por Humphrey Bogart, y ambas dirigidas por John Huston. La primera será la opresiva “Cayo Largo”, con Lauren Bacall, Edward G. Robinson y Lionel Barrymore, en la que consigue transmitir a la perfección ese ambiente de permanente tensión que requiere el film:

La otra será el drama “El tesoro de Sierra Madre”, en una partitura con la sonoridad mexicana que requiere la ubicación del film y que muestra también un carácter opresivo, como la atmósfera que viven esos ambiciosos buscadores de oro capaces de cualquier cosa con tal de conseguir el ansiado premio:

También trabaja de nuevo para Errol Flynn, en “El burlador de Castilla”, en la que consigue reproducir la música tradicional española, además de trabajar en un género, el de capa y espada, que tradicionalmente se había asociado a Korngold (“El capitán Blood”, “Robin de los bosques”, “El halcón de mar, todas ellas protagonizadas por Errol Flynn):

Pero su mejor trabajo ese año, y el único por el que consigue estar nominado al Oscar, será su trabajo en “Belinda”, la historia de una joven sorda interpretada por Jane Wyman que es violada. El tema principal, de nuevo de una exquisita belleza, nos transmite la inocencia de esta joven que, en el fondo, es una niña:

En 1949 recibe una nueva nominación al Oscar por “Más allá del bosque”, drama de King Vidor con Bette Davis y Joseph Cotten, y en 1950 es nominado por otra magnífica partitura, la de “El halcón y la flecha”, film de capa y espada protagonizado por Burt Lancaster y ambientado en el norte de Italia. Steiner recurre a ritmos típicos italianos, como la tarantella, para conseguir la mejor ambientación posible, aunque podamos encontrar similitudes incluso con la sinfonía italiana de Mendelssohn:

En 1951 compone la partitura del western de Raoul Walsh “Tambores lejanos”, protagonizado por Gary Cooper, y en la que de nuevo destaca su capacidad de ambientación gracias a la música, por el uso de percusiones que puedan evocarnos a los indios norteamericanos:

En 1951 pone música a la bélica “La flota silenciosa”, protagonizada por John Wayne, en una partitura llena de tensión:

En 1952 es nominado al Oscar por “El mensaje de Fátima”, y repite nominación en 1954 por la magistral partitura de “El motín del Caine”, magistral drama militar protagonizado por Humphrey Bogart y José Ferrer, para el que compone una de sus mejores marchas militares:

Ese mismo año se estrena en el género histórico, hasta ese momento propiedad de Alfred Newman y Miklós Rózsa, en “El talismán”, historia ambientada en las cruzadas con Rex Harrison y Virginia Mayo de protagonistas:

Y repite género, de forma más afortunada, en “Helena de Troya”, con un memorable tema principal que nos recuerda a sus grandes partituras del pasado:

Y ese año vuelve a estar nominado al Oscar por el drama bélico “Más allá de las lágrimas”, de nuevo dirigido por Raoul Walsh:

Pero su mejor partitura de la década está por llegar. Max Steiner no era el compositor preferido de John Ford, que prefería los estilos de Alfred Newman o Victor Young, en general menos ambiciosos, y con menor presencia en el metraje, que las partituras de Steiner, pero se vio obligado a contar de nuevo con él para uno de sus mejores westerns, “Centauros del desierto”, protagonizado por John Wayne y Jeffrey Hunter. Escuchando la magistral partitura que compone Steiner, sólo queda recordar que los grandes genios también se equivocan, y Ford no iba a ser la excepción:

Pero la película, incomprensiblemente, no recibe ninguna nominación al Oscar, y ni siquiera Steiner se libra de esta maldición que parecen tener los westerns de John Ford.

En 1959 trabaja en otro western, “El árbol del ahorcado”, dirigido por Delmer Daves y protagonizado por Gary Cooper. El ritmo de trabajo de Steiner se ha reducido considerablemente, y aquí no es difícil escuchar por momentos el mismo tema que sonaba en “Centauros del desierto”:

Y, pese a todo, Steiner alcanza ese año uno de los mayores éxitos (al menos comercialmente hablando) con el tema principal de “En una isla tranquila del sur”, también dirigida por Delmer Daves, protagonizada con la joven pareja de moda, Sandra Dee y Troy Donahue; esto permite a Steiner ser conocido por una nueva generación que en esos momentos se encontraba en la adolescencia:

Buscando repetir el éxito, Delmer Daves vuelve a contar con él en “Parrish”, drama protagonizado por Claudette Colbert, Karl Malden y, cómo no, Troy Donahue, el guaperas del momento. En un momento en el que la forma de entender las bandas sonoras está cambiando (influencias del jazz y de músicas populares la época, los cambios de concepto de Bernard Herrmann o Jerry Goldsmith), el estilo de Steiner también ha cambiado. Poco queda de aquel brillante compositor de estilo tardorromántico de creatividad incansable. Sus nuevas partituras, conservando aún en parte la brillantez melódica de su periodo de esplendor, han perdido mucha de la brillantez que tenían apenas una década antes:

Delmer Daves será uno de los directores que siga contando con él en los siguientes años, como prueba su colaboración en “Más allá del amor”, de nuevo con Troy Donahue, acompañado ahora por Angie Dickinson:

El otro será Raoul Walsh, que contará con él para el western “Una trompeta lejana”, protagonizado de nuevo por Troy Donahue (y pensar que hoy día nadie se acuerda de este actor…), en una partitura que recuerda peligrosamente a la marcha militar de “La carga de la brigada ligera):

Su último trabajo será para una película de la Disney, “Those Calloways”, de 1965. El tema grotesco para describir a los gansos para los que la familia Calloway quiere construir una reserva es de nuevo un recurso ya utilizado por Steiner, aunque la partitura no carece e interés:

En 1963, Max Steiner escribe una autobiografía que, por desgracia, no se publicó, y en la que parece ser que contaba detalles desconocidos de su infancia. De hecho, se desconoce de la fecha de divorcio de su primera esposa, con la que se casó en 1912. Steiner se casaría otras tres veces, pero sólo tendría un hijo, Ron, con su tercera esposa, la arpista Louise Klos. Su hijo murió en 1962, justo antes de comenzar a escribir sus memorias.

Retirado en sus últimos años, Max Steiner moría de un infarto el 28 de diciembre de 1971 en Beverly Hills a los 83 años, siendo enterrado en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery de Glendale.

Max Steiner se ganó con su incansable labor un importante lugar en la historia de la música cinematográfica, que revolucionó y que dominó durante dos décadas en las que nos regaló muchas de las partituras más memorables del Hollywood clásico. Aún a día de hoy sigue siendo un referente de todos los compositores sinfonistas de Hollywood, de los que fue el primer gran exponente.



140 años del nacimiento de Lionel Barrymore (28-04-2018)


Miembro de una de las más célebres familias de actores de Estados Unidos, si bien nunca alcanzó el grado de estrella que tendría su hermano John, Lionel Barrymore fue ese actor secundario imprescindible en cualquier película que aspirara a tener cierta calidad en los años 30 y 40. El día que se cumplen 140 años de su nacimiento, repasaremos brevemente su extensa carrera.




El nombre de nacimiento de Lionel Barrymore era Lionel Herbert Blythe, y nació el 28 de abril de 1878 en Filadelfia, estado de Pensilvania. Sus padres eran los actores teatrales Georgiana Drew y Herbert Arthur Chamberlain Blythe, que tomaría el nombre artístico de Maurice Barrymore. Lionel tendrá dos hermanos menores, todos ellos actores teatrales y, con el tiempo, cinematográficos: Ethel, nacida en 1879, y John, que nace en 1882.

Mientras realiza sus estudios en prestigiosos colegios, debuta en el teatro con 15 años junto a su abuela, Louisa Lana Drew. Pese a todo, por esas fechas Lionel no está interesado en el teatro, prefiere dedicarse a la pintura y a la música, pero el éxito que va a alcanzar con papeles de carácter le llevará a dedicarse a la carrera de actor. Por esa época luce un aspecto muy distinto al que conocemos:

En 1894, Lionel Barrymore se casa con la actriz Doris Rankin, pero una serie de fracasos teatrales llevan a la pareja a abandonar las tablas y trasladarse en 1906 a parís, donde Lionel trata de ganarse la vida como artista. Pero en 1908 nace su hija Ethel, y la falta de éxito como pintor les lleva a volver a Estados Unidos en 1909. Pese a todo, ese año muere su hija, y él tiene que retirarse de la obra en la que está trabajando por problemas de salud. Por ello, en 1911 debuta en el cine, en cortometrajes dirigidos por D. W. Griffith, además de algún largo con el mismo director. Pero con el estallido de la I Guerra Mundial regresa a Broadway con gran éxito, abandonando temporalmente el cine. En las tablas trabaja a menudo con sus hermanos o junto a su mujer, con la que en 1916 tiene una segunda hija, Mary, que al igual que la primera sólo sobrevive un año. la pérdida de ambas hijas (no tendrá, que se sepa, más descendencia) afecta seriamente a Lionel y a su relación con su esposa, de quien se divorciará en 1923. En 1924 se casa con la actriz Irene Fenwick, con la que permanecerá hasta la muerte de ella, en 1936. Este matrimonio le traerá un enfrentamiento con su hermano John, ya que al parecer Irene había sido su amante, y ambos hermanos permanecerán dos años sin hablarse.

A principios de los años 20, Lionel Barrymore regresa a Hollywood, si bien muchas de sus películas de la época se han perdido. Ya en 1925 se traslada definitivamente a Hollywood, donde trabaja junto a estrellas como Greta Garbo, Lon Chaney o Buster Keaton. Sus mayores éxitos vendrán en 1928. Uno será su última colaboración con Griffith, “Su mayor victoria”, y el otro será “Sadie Thompson”, junto a Gloria Swanson:

Con la llegada del cine sonoro, Lionel Barrymore, que pese a ser un famoso actor teatral tenía una dicción bastante borrosa, se retira de la interpretación y se centra en su carrera como director, alcanzando su mayor éxito con “Madame X”, que le valdrá una nominación al Oscar como mejor director. Otro gran éxito será el musical “La canción de la estepa”, con el barítono Lawrence Tibett (que será nominado al Oscar como mejor actor), acompañado por Stan Laurel y Oliver Hardy:

Otro motivo para su retirada temporal de la interpretación es la artrosis que empieza a sufrir hacia 1928, y que le hará adicto a la morfina, la cocaína y otros calmantes que alivien el dolor cada vez más insoportable que sufre. Pero no tarda en regresar a la interpretación, y lo hará por la puerta grande, con “Un alma libre”, de Clarence Brown, en 1931, en la que interpreta a un abogado dispuesto a defender a un gangster pese a conocer todos sus crímenes, interpretado por un debutante Clark Gable, para ver como su amada hija, Norma Shearer, deja a su amor, Leslie Howard, por el bandido en cuestión:

Se hace raro verle en un papel protagonista en su etapa de cine sonoro, pero la elección fue tan acertada que le valió ese año el Oscar a Mejor Actor, en la que sería su única nominación (interpretativa, como director ya hemos dicho que recibió otra).

Recuperado definitivamente para el cine, participa ese mismo 1931 en “Mata Hari”, película a mayor gloria de Greta Garbo y el míto del cine mudo Ramon Novarro (intentando hacer carrera en el cine sonoro, algo que no conseguirá), interpretando al amante que la traiciona:

En 1932 comparte reparto con sus hermanos John y Ethel interpretando al mítico monje ruso en “Rasputin y la zarina”:

Además, acompañará a su hermano John en “Arsene Lupin” y en la película ganadora del Oscar ese año, la coral “Gran Hotel” de Edmund Goulding, en la que comparte pantalla con Greta Garbo (de nuevo), Wallace Beery o Joan Crawford:

Al año siguiente, el director George Cukor intentará repetir el éxito de “Gran Hotel” con otra tragicomedia coral, “Cena a las ocho”, en la que interpreta al enfermo anfitrión de dicha cena, en medio de un reparto en el que aparecen Marie Dressler, Jean Harlow, Wallace Beery y su hermano John, aunque en este caso no lleguen a compartir pantalla:

En 1934 interpreta el breve papel de Billy Bones en la adaptación que Victor Fleming dirige de “La isla del tesoro”, junto a Jackie Cooper y, de nuevo, Wallace Beery, y repite junto a Jean Harlow (a quien al parecer quería como si fuera su hija, ya que tenía una edad similar a la que habrían tenido las suyas) en la comedia “Busco un millonario”:

En 1935 colabora por primera vez con el director Tod Browning en “La marca del vampiro”, en la que comparte pantalla con Bela Lugosi:

E interpreta a Dan Peggotty en la adaptación que realiza George Cukor de “David Copperfield” de Charles Dickens, junto a un reparto interminable encabezado por nombres como Freddie Bartholomew, Basil Rathbone, W. C. Fields o Edna May Oliver:

En 1936 repite a las órdenes de Tod Browning protagonizando junto a Maureen O’Sullivan el clásico de terror “Muñecos infernales”, en la que le vemos además disfrazado de mujer:

Y repite también junto a Greta Garbo y a las órdenes de George Cukor en “La dama de las camelias”, adaptación de la obra de Dumas en la que interpreta a Monsieur Duval, el inflexible padre del protagonista, el recién llegado Robert Taylor:

En 1937 trabaja en la mítica “Capitanes intrépidos”, de Victor Fleming, interpretando al capitán del barco pesquero que rescata al niño rico Freddie Bartholomew y en el que trabaja el pescador Manuel, interpretado por un Spencer Tracy que ganará su primer Oscar por esta película:

Pero en 1936, Lionel Barrymore se rompió la cadera, y en 1937, durante el rodaje de “Saratoga”, en la que coincide de nuevo junto a Clark Gable y Jean Harlow, tiene un accidente y vuelve a rompérsela. Esta vez ya no curará, y le impedirá poder andar. Prácticamente confinado en una silla de ruedas por el resto de su vida, hará un esfuerzo sobrehumano (a costa de grandes dosis de calmantes) para rodar en pie el que posiblemente sea su papel más entrañable, el abuelo Vanderhof, patriarca de una familia muy peculiar, que se enfrenta al hecho de que la nieta, única “normal” de la familia, interpretada por Jean Arthur, va a casarse con James Stewart, miembro de una familia de empresarios que entienden la vida de una forma completamente diferente, en la absolutamente genial “Vive como quieras” de Frank Capra, por la que, incomprensiblemente, no fue nominado al Oscar a mejor secundario:

También en 1938 interpreta por primera vez al Doctor Gillespie en la serie de películas sobre el Doctor Killdare, y en 1941, en “Dr. Killdare’s wedding day” puede incluso escucharse una composición suya, ya que Lionel Barrymore nunca abandonó su ilusión juvenil de ser músico. Será esta serie de películas las que le ocupen en los primeros años 40. Además, en 1942 muere su hermano John, siendo su funeral uno de los últimos momentos en los que se le pudo ver en pie.

Su siguiente película reseñable será “Desde que te fuiste”, de 1944, drama ambientado en las familias que se quedan solas cuando los esposos marchan a la II Guerra Mundial, con un reparto de lujo, en el que interpreta a un clérigo:

Convertido en un secundario de lujo, Lionel Barrymore interpreta por lo general a ancianos con carácter pero a la vez entrañables, pero en 1946 interpreta a dos de los personajes más desagradables de su carrera. Por un lado es el racista senador Jackson McCanles, esposo de la tía de la mestiza Jennifer Jones y padre de los dos hermanos que se pelearán por su amor, Joseph Cotten y Gregory Peck en el clásico de King Vidor “Duelo al sol”:

Y por otro interpreta al odioso banquero Potter en una de las películas más famosas de la historia, la maravillosa “Qué bello es vivir” de Frank Capra, de nuevo junto a James Stewart:

En 1938 interpreta al propietario del Hotel en el que él, su hija Lauren Bacall y algunos otros, entre ellos Humphrey Bogart son secuestrados por el gangster Edward G. Robinson en el clásico de cine negro “Cayo Largo” de John Huston:

Su filmografía posterior apenas aporta nada a una larguísima y prolífica carrera. Un breve papel en “Estrella del destino”, en 1953, junto a Clark Gable y Ava Gardner será su último papel. Poco después, el 15 de noviembre de 1954, un infarto se lo llevaba por sorpresa a los 76 años. Fue enterrado en el Calvary Cemetery de Los Angeles, donde pocos años después sería enterrada también su hermana Ethel.

Pese a su importante carrera como protagonista en innumerables films mudos, Lionel Barrymore pasó a la historia como ese actor de carácter perfecto para hacer de secundario de lujo, aportando su gran prestigio a cualquiera de las películas en las que participaba, legándonos así su participación en un buen número de películas míticas que lo convierten en un personaje imprescindible de la historia del cine de Hollywood.



In Memoriam: Milos Forman (13-04-2018)


Un director checo llega a Hollywood arrasando y se llevará dos Oscars a mejor director con una filmografía bastante reducida, aunque no siempre de idéntica buena calidad. Sería de alguna forma el resumen de la carrera de Milos Forman, nombre quizá no tan conocido como los títulos de sus películas, que nos dejó hace pocos días. Repasaremos brevemente su carrera.

El nombre real de Milos Forman era Jan Tomás Forman, y nació en la localidad checa de Caslav el 18 de febrero de 1932. Durante su infancia creyó que su padre era el profesor Rudolf Forman, activo miembro de la resistencia antinazi checa que morirá en un interrogatorio en el campo de concentración de Mittelbau-Dora en 1944, mientras su madre, Anna, habría muerto el año anterior en Auschwitz, por lo que el joven Forman fue criado por unos tíos. Años después descubrirá que su padre biológico era en realidad el arquitecto judío Otto Kohn.




Ya de joven, Milos Forman quiere convertirse en productor teatral, por lo que estudia en la Academia de Artes Escénicas de Praga. En 1958 se casa con la actriz checa Jana Brejchova, de la que se divorcia en 1962. En 1964 se casa por segunda vez, con la actriz checa Vera Kresadlová, con la que tendrá dos hijos gemelos, Petr y Matej, nacidos en 1964 y ambos dedicados al teatro. La pareja se separará en 1969 y se divorciará en 1999.

Dirige algunos documentales antes de debutar como director en 1964 con el drama “Pedro, el negro”, perteneciente a la corriente de la Nueva Ola Checa, como también lo será su siguiente película, la comedia “Los amores de una rubia”, de 1965, que se lleva premios en los festivales de cine de Locarno y venecia, además de recibir nominaciones al Oscar y al Globo de oro como mejor película extranjera:

Su siguiente película será otra comedia, “¡Al fuego, bomberos!”, estrenada en 1967, por primera vez en color, y que volverá a ser nominada al Oscar:

La Primavera de Praga le sorprende estando en París, negociando dirigir una película para Hollywood. Cuando las tropas soviéticas invaden Checoslovaquia para aplastar la sublevación, Milos Forman es despedido por la productora checa para la que trabaja, por lo que decide trasladarse a los Estados Unidos, adquiriendo la nacionalidad americana en 1977.

Su primera película en Hollywood será otra comedia, en la línea de su filmografía anterior, “Juventud sin esperanza”, de 1971, que conseguirá algunos premios. Pero la gran sorpresa la dará en 1975, cuando Michael Douglas y Saul Zaentz recurran a él (según Forman, porque entraba en el presupuesto) para dirigir la adaptación de la novela de Ken Kensey “Alguien voló sobre el nido del cuco”, drama ambientado en una clínica mental en el que una estricta enfermera, interpretada por Louise Fletcher, intentará mantener a raya a unos pacientes que se revelan contra su autoridad, encabezados por Jack Nicholson:

La película arrasa en los premios, y consigue ganar los 5 Oscars principales (película, director, actor y actriz protagonistas para Nicholson y Fletcher y guión, adaptado en este caso), algo que sólo han conseguido otras dos películas, “Sucedió una noche” en 1934 y “El silencio de los corderos” en 1991. Veamos a Milos Forman recoger su premio como mejor director, de manos nada menos que de William Wyler:

El éxito que alcanza con este film le permite asumir el proyecto que desea realizar, la adaptación cinematográfica del musical rock “Hair”,  protagonizado por Treat Williams, John Savage y Beverly D’Angelo, que se estrenará en 1979, resultando un fracaso de taquilla, pese a contar con números tan memorables como este “Aquarius”:

Pese a todo, su siguiente proyecto no será menos ambicioso, la monumental “Ragtime”, drama sobre el racismo ambientado en Nueva York a comienzos del siglo XX en el que será el último papel de mítico James Cagney:

Sin ser un gran éxito, consigue ser nominado como mejor director en los Globos de Oro.

En 1984 volverá al alcanzar la cumbre de la fama con su obra maestra “Amadeus”, en la que recurre a la mítica historia de traición de Antonio Salieri, interpretado por F. Murray Abraham, para acabar con su rival Wolfgang Amadeus Mozart, interpretado por Tom Hulce. Os dejo mi escena favorita de la película (que no será la más famosa, seguro):

Confieso que llegué a apreciar mejor la genialidad del Réquiem de Mozart gracias a esta escena. La película en todo caso fue un enorme éxito que le valió el Oscar al Salieri de Abraham y se llevó el premio a la mejor película. Milos Forman ganará su segundo Oscar (y su segundo Globo de Oro también) a mejor director:

Su siguiente película se estrenará en 1989. Forman cometerá el error de adaptar la obra de Choderlos de Laclos “Las amistades peligrosas” justo un año después de que lo hiciera Stephen Frears, por lo que su “Valmont”, protagonizado por Colin Firth y Annette Bening, pasó desapercibida:

Tomándose su trabajo con mucha calma, Milos Forman no vuelve a estrenar hasta 1996, con “El escándalo de Larry Flynt”, drama biográfico que cuenta la historia del fundador de la revista erótica “Hustler” en los años 70, generando un gran escándalo, protagonizada por Woody Harrelson y Edward Norton:

Pese a que la película no fue un éxito comercial, sí lo fue de crítica: Milos Forman recibirá su tercera (y última) nominación como mejor director al Oscar, y ganará el Globo de Oro (el tercero) en la misma categoría:

En 1999 estrena la comedia dramática “Man in the moon”, biografía de un cómico interpretado por Jim Carrey, que tuvo un moderado éxito, incluyendo un Globo de Oro para el actor:

En 1999 Milos Forman se casa por tercera vez, con Martina Zborilova, con la que ese mismo año tendrá dos hijos gemelos, Jim y Andy.

A comienzos de siglo baraja dirigir una adaptación de “El último encuentro”, obra maestra literaria del húngaro Sandor Marai, pero por desgracia el proyecto no llega a buen puerto (una lástima, porque con Sean Connery de protagonista, tenía muy buena pinta). Algún otro proyecto tampoco termina de salir adelante, y Forman comete el mayor error de su carrera: dirigir la mediocre “Los fantasmas de Goya”, de 2006, de argumento infumable y con un Javier Bardem simplemente insoportable como inquisidor reconvertido en liberal napoleónico. Ni Natalie Portman en un doble papel ni Stellan Skarsgard como Goya consiguen sacar adelante una película que fue un absoluto fracaso:

Milos Forman no volverá a dirigir en los 12 años de vida que le quedaban, aunque hará pequeños papeles como actor en películas europeas. Finalmente, tras una breve enfermedad, moría el 13 de abril de 2018 en un hospital próximo a su casa de Warren Connecticut, pueblo en el que es enterrado.

Con una filmografía tan exigua, es todo un logro haber conseguido tal cantidad de premios. Pese al pésimo colofón que supuso “Los fantasma de Goya”, su carrera es digna de atención por esas dos obras maestras que le hicieron ganar sus dos Oscars.



Centenario del nacimiento de William Holden (17-04-2018)


Polifacético, prolífico, son adjetivos que encajan a la perfección con William Holden, un actor demasiado joven para formar parte del Hollywood dorado, al que llegó a muy temprana edad, y que supo extender esa forma de entender la interpretación décadas después. Un magnífico actor del que se celebra su centenario.




El verdadero nombre de William Holden era William Franklin Beedle Jr., y nació en la localidad de O’Fallon, al sur de Illinois, el 17 de abril de 1918, en el seno de una familia acomodada que tendría dos hijos más. En 1921 se trasladan a Pasadena, California, en cuyo instituto comenzará a trabajar como actor radiofónico. Estando en California, sólo había un pasito más para debutar en Hollywood, cosa que Beedle hace en 1938, aunque sin acreditar, Su nombre artístico iba a ser Bill Beedle, pero un asistente de director de Columbia le sugirió el nombre de William Holden, usando el apellido de la ex-esposa de ese asistente. Y así debuta ya de forma acreditada en “Sueño dorado”, de Rouben Mamoulian, interpretando a un joven violinista que se dedica al boxeo para ganar dinero y complacer a su ambiciosa amada, Barbara Stanwyck, frente al disgusto de su padre, Lee J. Cobb:

William Holden apenas tenía 20 años, y Barbara Stanwyck se encargó de impulsar su carrera, viendo el gran talento del joven. Ambos mantendrían una estrecha amistad de por vida. Por otro lado, Holden será conocido como “Golden Boy”, “chico dorado”, en alusión al título original del film.

Su siguiente papel reseñable será en 1940 en “Sinfonía de la vida”, melodrama de Sam Wood en el que se enamora de su vecina de al lado, Martha Scott (debutante en el cine y bastante mayor que él, pero quien había interpretado el papel en teatro), mientras la historia costumbrista nos presenta también a sus padres, Thomas Mitchell y Fay Bainter:

Por desgracia, las productoras para las que trabaja, Columbia y Paramount, no le ofrecen grandes papeles, así que tras casarse en 1941 con la actriz Brenda Marshall (con la que tendrá dos hijos, además de adoptar a la hija que ya tenía previamente la actriz), servirá en las Fuerzas Armadas durante la guerra, en la que morirá su hermano Robert. Tras la guerra, su papel más interesante será en el film negro “Cerco de odio”, de Rudolph Maté, de nuevo junto a Lee J. Cobb. Hasta que surja su gran oportunidad en 1950.

El gran Billy Wilder ha escrito una historia ambientada en el mundo del cine, con una apagada estrella de cine mudo y un ambicioso guionista, mucho más joven, aprovechándose de ella a modo de Gigolo. Wilder quiere a Montgomery Clift para el papel protagonista, pero éste lo rechaza, al considerarlo demasiado similar a su anterior papel en “La heredera”, temiendo ser encasillado. El papel recae entonces en el casi olvidado William Holden, que tendrá que enfrentarse a la estrella de cine mudo Gloria Swanson en una de las mejores películas de la historia, la mítica “El crepúsculo de los dioses”:

Pese a la soberbia actuación de la Swanson, he de decir que en mi opinión lo mejor de la película es precisamente la interpretación de Holden, que se vio recompensado con su primera nominación al Oscar y un nuevo impulso a su carrera, ya imparable.

Su siguiente papel, de nuevo en 1950, es en la comedia “Nacida ayer”, de George Cukor, en la que interpreta al periodista que tiene que “educar” a Judy Holliday, la novia del mafioso Broderick Crawford, para terminar enamorándose de ella:

Curiosamente, Judy Holliday le arrebatará el Oscar que tenía casi asegurado Gloria Swanson.

En 1952 es el padrino de la boda de Ronald Reagan y Nancy Davis, ya que es un gran amigo del futuro presidente de Estados Unidos. De aquí se deduce que Holden era republicano, si bien él nunca hará ningún comentario público con respecto a sus opiniones políticas.

William Holden participa a continuación en diversos films bélicos antes de regresar a la comedia en 1953 con “Por siempre mujer”, donde comparte protagonismo con Ginger Rogers:

Ese mismo año protagoniza otra comedia, “La luna es azul”, de Otto Preminger, en la que se enamora de Maggie McNamara frente a los celos de su vecino David Niven:

Ese mismo año protagoniza el western “Fort Bravo”, de John Sturges, junto a Eleanor Parker:

Pero si destaca en una película de 1953, esa será “Traidor en el infierno”, de nuevo a las órdenes de Billy Wilder, en la que interpreta uno de esos personajes cínicos y ambiguos que tan bien se le darán, en un campo de prisioneros nazi en el que hay un traidor al que hay que descubrir:

Si con su primera colaboración con Billy Wilder se llevó su primera nominación al Oscar, con esta segunda se lleva la segunda nominación y, por fin, el preciado premio al mejor actor:

Y Billy Wilder no tendrá mejor idea para su siguiente película que unir a los dos ganadores del Oscar de 1953, William Holden y Audrey Hepburn, junto a Humphrey Bogart en su nueva comedia romántica, “Sabrina”, en la que dos hermanos se enamoran de la hija del chófer de la familia:

Al parecer, durante el rodaje se produjo un romance entre ambos, pero ella le terminará rechazando por su deseo de formar una familia, algo imposible con Holden ya que éste afirmaba haberse hecho una vasectomía.

Pero 1954 es otro año tremendamente productivo en su carrera. Es uno de los protagonistas de la coral “La torre de los ambiciosos”, en la que un grupo de personas se pelean por ocupar el puesto del fallecido director de una empresa, junto a Barbara Stanwyck, Fredric March, Walter Pidgeon o June Allyson, que interpreta a su esposa:

Y trabaja en dos ocasiones junto a Grace Kelly. Una de las películas que rodarán juntos es “La angustia de vivir”, en la que ambos, él como amigo y ella como esposa, intentarán ayudar al alcohólico Bing Crosby, en una película que le valió a Grace Kelly el Oscar a mejor actriz:

Y la otra será la bélica “Los puentes de Toko-Ri”, ambientada en la guerra de Corea, en la que Grace Kelly interpreta a su esposa y está acompañado por Fredric March y Mickey Rooney:

En 1955 protagonizará dos sendos melodramas románticos. El primero, “La colina del adiós” de Henry King, en la que interpreta a un corresponsal de guerra que, en la guerra de Corea, se enamora de una enfermera asiática, interpretada por Jennifer Jones, en un amor interracial muy problemático:

La otra será “Picnic”, de Joshua Logan, en la que interpreta a un trotamundos que se enamora de la chica más guapa del pueblo al que acaba de llegar, interpretada por Kim Novak:

Siguiendo en el cine bélico que tanto frecuentará, en 1957 es uno de los protagonistas de la mítica “El puente sobre el río Kwai” de David Lean, en la que es el líder de la expedición que intenta volar el puente en cuestión, construido por un prisionero Alec Guinness que estará demasiado orgulloso de su trabajo:

En 1959 protagoniza junto a John Wayne el western de John Ford “Misión de audaces”, ambientado en la Guerra de Secesión, en la que Holden interpreta a un médico demasiado amable para el rudo John Wayne:

Ese mismo año establece en Kenia una reserva para la conservación de la fauna salvaje que todavía sigue en funcionamiento, destacando su labor en la conservación del críticamente amenazado antílope Bongo del Este. Esta pasión por la fauna salvaje la demostrará en el cine en 1961 con la película “El león”, que protagoniza junto a Capuccine, actriz con la que tendrá un romance.

Ese mismo año protagoniza “Satán nunca duerme”, drama de Leo McCarey en el que viaja como misionero a China para sustituir al anciano Clifton Webb, enfrentándose a los peligros del avance comunista:

El ritmo de trabajo de William Holden se va ralentizando en estos años, teniendo cada vez menos contratos y, en general, menos interesantes, en especial tras el fracaso de su nueva película junto a Audrey Hepburn, “Encuentro en París”, de 1964:

El western será quizá el género en el que mejor sobreviva durante esos años difíciles, destacando su trabajo como protagonista en “Alvarez Kelly”, de 1966, en la que interpreta a un mercader de ganado que se enfrenta al confederado Richard Widmark para poder llevar el ganado a los Yanquis que le han contratado:

Pero 1966 es un año trágico: William Holden tiene una casa en Suiza y pasa largas temporadas en Europa. Ese año, mientras conduce a gran velocidad por una autopista italiana, bajo los efectos del alcohol, al que es adicto, tiene un accidente que provoca la muerte del conductor del vehículo contra el que choca. La condena fue anulada, pero el suceso le traumatizaría de por vida.

Su recuperación para el cine vendrá en 1969 al protagonizar el western de Sam Peckinpah “Grupo salvaje” junto a Robert Ryan y Ernest Borgnine:

En 1971 protagoniza junto a Ryan O’Neal el western cómico de Blake Edwards “Dos hombres contra el oeste”:

Ese mismo año se divorcia de su esposa Brenda Marshall, para comenzar al año siguiente una relación con la actriz Stefanie Powers, con la que permanecerá hasta su muerte.

William Holden realiza algún otro western siguiendo la estela de la exitosa “Grupo salvaje”, antes de trabajar a las órdenes de Clint Eastwood en el drama “Primavera en otoño”, en la que interpreta a un hombre maduro que se enamora de una joven Hippie:

En 1974 interpreta al constructor del monumental rascacielos en “El coloso en llamas”, en medio de un reparto de lujo encabezado por Paul Newman y Steve McQueen:

En 1976 interpreta al productor televisivo de “Network”, de Sidney Lumet, que tiene que hacer frente a la amenaza que profiere en directo su amigo el presentador Peter Finch de suicidarse en directo a causa de su despido:

William Holden recibirá una tercera y última nominación al Oscar por esta película, pero el premio irá a parar, de forma póstuma, a su compañero de reparto Peter Finch.

En 1978, además de protagonizar la secuela de “La profecía”, trabaja con Billy Wilder por última vez en “Fedora”, drama de cine dentro del cine, en el que interpreta a un productor cinematográfico que intenta recuperar para el cine a una vieja estrella que vive oculta del mundo:

En 1980 regresa al cine de catástrofes, con peor resultado que “El coloso en llamas”, en “El día del fin del mundo”, en la que trabajará de nuevo junto a Paul Newman, en esta ocasión en una isla paradisíaca amenazada por la erupción de un volcán:

Su última película será en 1981, “S.O.B.”, de Blake Edwards, de nuevo ambientada en el mundo del cine junto a Julie Andrews.

William Holden llevaba años padeciendo alcoholismo. El 16 de noviembre de 1981, su cuerpo fue encontrado sin vida en su apartamento de Santa Monica. Al parecer, había muerto 4 días antes, el día 12, desangrado tras abrirse la frente contra la mesilla de su habitación, golpeándose la cabeza a causa de un tropezón con la alfombra. La autopsia reveló que Holden habría permanecido consciente algún tiempo tras el accidente, pero por algún motivo (¿estaba demasiado borracho?) no fue capaz de coger el teléfono y avisar a los servicios de emergencias. También se plantearon sospechas de complot o de suicidio que nunca serían demostradas. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas esparcidas por el Océano Pacífico.

William Holden tenía sólo 63 años cuando nos dejó, pero su inmenso legado de en torno a 70 películas nos muestra a un actor capaz de desenvolverse con gran soltura en cualquier género, un actor “de los de antes”, lejos de histrionismos y de la moda del Actor’s studio, que nos regaló una gran cantidad de magníficos papeles por los que merece ser recordado.



50 años de la muerte de Fay Bainter (16-04-2018)


Ya hemos hablado en anteriores ocasiones de grandes estrellas de los años dorados de Hollywood que con los años han caído en el olvido. Esto es aún más remarcable entre esos grandes intérpretes especializados en papeles secundarios, y en un mundo tan machista como el de Hollywood, ser actriz y secundaria es un pecado que parece llevar adosada una damnatio memoriae eterna. Hoy vamos a intentar rescatar del olvido a una magnífica actriz secundaria del Hollywood dorado, aprovechando el 50 aniversario de su muerte: la actriz Fay Bainter.




Fay Okell Bainter nació el 7 de diciembre de 1893 en Los Angeles. Desde temprana edad se interesará en la interpretación: debuta en teatro en su California natal ya en 1908. En 1910 se enrola en una compañía itinerante y en 1912 debuta por fin en Broadway, donde con los años alcanzará una gran fama, dado su enorme talento.

El 8 de junio de 1921 se casa con Reginald Venable, oficial de la Marina americana, con quien permanecerá hasta su muerte en 1964. Tendrán un único hijo, también llamado Reginald, en 1926, que también será actor.

En vista de su éxito, en 1933, la MGM la convence para debutar en el cine, cosa que hará en febrero de 1934 con “The side of heaven”. Pero no volverá a Hollywood hasta 1937, año en el que estrenará varias películas, de entre las que destaca “Olivia”, de George Stevens, comedia de época en la que interpreta a la inocente hermana mayor de Katherine Hepburn, mujer astuta capaz de inventarse la existencia de una sobrina para poder seducir a su amado Franchot Tone:

Pero será en 1938 cuando alcance el éxito, gracias a dos papeles que la convertirán en la primera intérprete nominada al Oscar por dos papeles en un mismo año. El primero será como actriz protagonista, por “White Banners”, de Edmund Goulding, en la que interpreta a una criada que entra al servicio de una rica familia, encabezada por Claude Rains, pero que en realidad busca en secreto encontrar a su hijo secreto:

La segunda nominación será como mejor secundaria, por la genial “Jezabel” de William Wyler, en la que interpreta a la madre de Bette Davis, la única que intenta, fallidamente, hacerle entrar en razón y comprender que no puede hacer cualquier cosa con tal de recuperar el amor de Henry Fonda:

Y será por este papel por el que gane el Oscar.

Pese a haber sido nominada como mejor actriz protagonista, sus papeles posteriores van a ser a menudo de madre. Así será en 1940 en “El joven Edison”, interpretando a la madre del joven inventor, papel a cargo del genial Mickey Rooney:

También en 1940 será la madre de un jovencito William Holden (y la esposa de Thomas Mitchell) en esa mezcla de comedia costumbrista y melodrama dramático que es “Sinfonía de la vida”, adaptación de la premiada obra teatral de Thorton Wilde que dirige Sam Wood y que supone el debut cinematográfico de quien había sido la protagonista teatral, Martha Scott:

Tras participar en 1941 en el musical “Chicos de Broadway”, en 1942 trabaja en la primera película en la que trabajan juntos Katherine Hepburn y Spencer Tracy, “La mujer del año”, de George Stevens, en la que interpreta a una feminista. Y en 1943 repite como madre de Mickey Rooney en “La comedia humana”, drama (pese a lo que diga el título) dirigido por Clarence Brown:

En 1944 participa en el film negro “Aguas turbias”, interpretando a la tía de la protagonista, Merle Oberon. Y en 1945 es la madre de Jeanne Crain y Dick Haymes, y la esposa de Charles Winninger en “La feria del estado” adaptación musical de la película de 1933 “State fair” que componen directamente para el cine Richard Rodgers y Oscar Hammerstein, y en la que, curiosamente, ni Jeanne Crain ni Dana Andrews, los protagonistas, cantan ninguna de sus canciones, mientras que Fay Bainter (y otros, como Donald Meek o el ya mencionado Charles Winninger) sí que cantan sus pequeñas intervenciones:

En 1946 participa en el western “El virginiano” y comparte pantalla por primera vez con Danny Kaye en “El asombro de Broocklyn”, repitiendo con el mismo actor en 1947 en “La vida secreta de Walter Mitty”, en la que interpreta, como no, a su madre:

Fay Bainter apenas trabaja más en cine. En 1951 tiene un magnífico papel en “Cerca de mi corazón”, interpretando a la cariñosa pero firme directora del centro de adopción al que acude la pareja formada por Ray Milland y Gene Tierney en busca de un niño al que adoptar. Y en 1953 interpreta a la madre de Susan Hayward, que interpreta a la esposa del presidente Andrew Jackson, interpretado por Charlton Heston, en “La dama marcada”. Y tendrá un último papel en 1961 en el magnífico drama de William Wyler “La calumnia”, interpretando a la abuela (ya subimos de categoría) de la niña que acusa a dos profesoras, Shirley McLaine y Audrey Hepburn, de tener una escandalosa relación:

Fay Bainter, que había tenido dos nominaciones al Oscar en 1938, en los inicios de su carrera, tiene su tercera nominación por su última película. Su inmenso talento queda fuera de cualquier duda, pese a una filmografía no muy extensa y, a menudo, olvidada.

Apenas una aparición televisiva en 1962 en el Show de Donna Reed marcan su desaparición de la vida pública. Viuda desde 1964, sucumbe a una neumonía el 16 de abril de 1968 en Los Angeles, a los 74 años. Dado que su esposo era militar, ella fue enterrada a su lado en el Cementerio Nacional de Arlington.

Su nombre está casi completamente olvidado hoy día, pero Fay Bainter es una de esas actrices que llevaban la profesión en la sangre, que no buscaban fama, dinero o gloria, que eran actrices por profesión y por vocación, sin ningún adorno. Y fue su enorme talento el que le ayudó a sobrevivir y a hacerse un pequeño hueco en la memoria de algunos cinéfilos que recuerdan algunas de sus magníficas interpretaciones.



Comentando la ceremonia de entrega de los Oscars 2017 (04-03-2018)


Llegó por fin la noche favorita del año de todos los cinéfilos, la noche de entrega de los Oscars 2017. Ceremonia especial, ya que es la número 90 en la historia de los premios, que nacieron precisamente en 1928 premiando las películas de 1927. 90 años de historia del cine.




Y la ceremonia se dedicó precisamente a repasar esa historia del cine, con vídeos de las películas e intérpretes premiados. Y claro, ver algunas de esas escenas míticas que tenemos grabadas en nuestra retina, o ver aparecer a intérpretes de la talla de Katherine Hepburn, Robert Donat, Audrey Hepburn, Fredric March, Elizabeth Taylor o Gary Cooper, por citar algunos que destacaron en esos vídeos retrospectivos, nos hace pensar que los tiempos pasados fueron mejores para el cine, ya que las películas de este año no estaba en general a la altura de las circunstancias.

Hubo por tanto en estos Oscars 2017 homenajes a algunos ganadores históricos que presentaron algún premio, como fue el caso de Christopher Walken (que ganó el premio al mejor secundario por “El cazador”) o Rita Moreno (ganadora del premio a mejor secundaria por “West Side Story”), aunque por encima de todos tengo que destacar la presencia de una mujer de 93 años, que todavía se conserva guapísima, ágil y sobre todo lúcida. Y aquí no puedo evitar un consejito: si alguien en la sala del Dolby Theatre no conocía a esta mujer, por favor, que nos haga a todos el favor de abandonar la sala, porque esa persona no merece trabajar en el cine (en la función que sea) sin conocer a Eva Marie Saint, mito viviente del cine, estrella de películas como “La ley del silencio” (su primer papel, por el que ganó el premio a mejor actriz secundaria), “Con la muerte en los talones” o “Éxodo”. El desconocimiento de la historia del cine clásico es probablemente uno de los grandes problemas que afronta el cine actual, y por ello la memoria se hace cada vez más imprescindible.

La gala se convirtió en foco de denuncias feministas y veladas alusiones contra la política migratoria del Presidente Trump (México fue el país triunfador), pero en general su tono reivindicativo resultó bastante light, y algunos de los chistes de Jimmy Kimmel eran de difícil comprensión para los no americanos. Por lo demás, al igual que sucedió en pasados años con el tema de los actores negros, volvemos a equivocarnos con las reivindicaciones: se supone que premiamos lo mejor del año, y si entre lo mejor del año no se encuentra ninguna directora o guionistas, nominarla hace un flaco favor a las mujeres: Greta Gerwig no pintaba nada nominada como mejor directora. El problema es bien distinto, y fue ahí donde Frances McDormand, en el mejor discurso de la noche, dio en el blanco: ese problema hay que arreglarlo en los despachos, financiando proyectos llevados a cabo por mujeres igual que se hace con los hombres. Entonces quizá llegue el  año en el que veamos dos, tres, o quizá hasta 5 directoras nominadas, y sea lo justo. Por ahora no lo es.

Por lo demás, los Oscars 2017 han sido casi del todo predecibles. Al márgen de cortometrajes y documental, no resultaba difícil acertar en las quinielas (yo en total acerté 14 de los premios, y mis fallos vinieron cuando me dejé llevar por el corazón y aposté por “La bella y la Bestia” o por “Star Wars”). Tres merecidísimos premios técnicos para “Dunkerque”, mejor fotografía para Roger Deakins, en la que era su nominación número 14 y su primer premio (vamos, que ya era hora…)por “Blade Runner 2049” o mejor película de animación para la genial “Coco”.

Los premios musicales no fueron tampoco sorprendentes. El Oscar para Alexandre Desplat por la partitura de “La forma del agua” estaba cantado (por desgracia para John Williams por su excepcional partitura para “Star Wars”). Las demás partituras no eran especialmente destacadas: la de Hans Zimmer para “Dunkerque” es más ruido que música, la de Jonny Greenwood para “El hilo invisible” es bonita pero dramáticamente no aporta nada al film, y no me llevo muy bien con Carter Burwell, autor de la partitura de “Tres anuncios en las afueras”. En el apartado de mejor canción había dos contendientes con peso: “Remember me”, de “Coco”, y “This is me” de “El gran showman” (“Mistery of love” no tenía opciones y el resto pintaban muy poco). Y aquí me equivoqué al votar por “This is me”, ya que la victoria fue para “Coco”, que se llevaba así los dos Oscars a los que optaba.

El de Mejor Guión Adaptado era uno de los premios más obvios y también más merecidos de estos Oscars 2017. Nadie tenía nada que hacer frente al veteranísmo James Ivory, que a sus 89 años había sido nominado tres veces como mejor director (por esas tres joyas que son “Una habitación con vistas”, “Regreso a Howard’s End” y “Lo que queda del día”) y que en esta ocasión escribía el guión de una de las mejores películas del año “Call me by your name”. No era justo de Ivory no tuviera ningún Oscar en su haber. Hubiera sido mejor que ganara un premio como mejor director, pero eso es imposible porque ya no dirige, así que por lo menos como premio de consolación era merecidísimo.

Más sorpresas hubo en el premio al mejor guión original: la favorita era “Tres anuncios en las afueras”, pero competía con “La forma del agua”,que también tenía opciones. Y, al final, ninguna de las dos se lleva el premio, como tampoco se lo lleva Greta Gerwig por “Lady Bird”: el premio es para Jordan Peele por “Déjame salir”, película que sigo pensando qué demonios pintaba en los Oscars. Yo esto no me lo explico.

Vamos ya con mis premios favoritos, los interpretativos.

Los cinco contendientes en los Oscars 2017 a mejor actor secundario eran merecidísimos finalistas. Sólo Christopher Plummer tenía un premio en su haber, pero está magnífico en “Todo el dinero del mundo”. El resto habían estado nominados con anterioridad, con la excepción de Sam Rockwell, que se estrenaba por su repugnante, pero brillante, interpretación en “Tres anuncios en las afueras”, compitiendo con otro intérprete de la misma, Woody Harrelson. Los otros dos nominados eran el genial Richard Jenkins por “La forma del agua” (me hubiera gustado que hubiera ganado él, ya que es un actor que me encanta) y un enorme Willen Dafoe nominado por su impresionante interpretación en la, por lo demás absolutamente prescindible “The Florida project”. Cinco nominaciones merecidísimas, y eso que entre los nominados yo personalmente echaba en falta a Lucas Hedges por “Lady Bird” (lo mejor de la película) y a Michael Stuhlbarg por su breve pero magistral interpretación en “Call me by your name”. El vencedor fue Sam Rockwell que ve por fin recompensado su gran talento como actor.

No sucede lo mismo en las demás categorías interpretativas de estos Oscars 2017. En la categoría de mejor actriz secundaria el premio era evidente: Allison Janney es una actriz siempre brillante, que nunca había estado nominada (ni siquiera por “Juno”) y que está impecable en “Yo, Tonya”. Sólo una de las contendientes estaba a la altura: Leslie Manville, hierática en sus puñaladas en “El hilo invisible”, recordando en demasiados momentos a Judith Anderson en “Rebecca”. Pero claro, a la Manville no la conocemos, y a la Janney sí. El resto de nominadas eran completamente prescindibles: ni Laurie Metcalf en “Lady Bird” ni Mary J. Blige en “Mudbound” aportan gran cosa, y Octavia Spencer parece que tenga que ser nominada por cada papel que haga venga o no a cuento. En resumen, Allison Janney ha tenido la ocasión de oro para llevarse un premio que llevaba mucho tiempo mereciendo.

Tampoco estaban mucho mejor las cosas en la categoría de mejor actriz: ni Saoirse Ronan ni mucho menos Margot Robbie me emocionaron lo más mínimo, ni tampoco la correcta Sally Hawkins. La cosa quedaba por tanto entre Meryl Streep, siempre impecable, por “Los papeles del Pentágono”, que ya ha ganado en tres ocasiones, y Frances McDormand, impresionante en “Tres anuncios en las afueras”, con un premio. Era lógico por tanto darle a McDormand su segundo y merecidísimo Oscar. Se echaba en falta, por cierto, la nominación de Jessica Chastain por “Molly’s game” y, quizá, la de Michelle Williams por “Todo el dinero del mundo”.

Tampoco en la categoría de mejor actor en estos Oscars 2017 la cosa estaba mucho mejor: Daniel Kaluuya sobraba por su papel en “Déjame salir”, Denzel Washington ha tenido papeles mucho mejores que el de “Roman J. Israel, Esq” y, lo confieso, no puedo con Daniel Day Lewis, actor histriónico y exagerado, que en “El hilo invisible” se muestra incómodo cuando tiene que resultar más sutil, más matizado, dejando a la luz su total falta de recursos fuera de la gestualización exagerada y el poderío de su voz. Así, nos quedan sólo Gary Oldman, impecable en su Churchill de “La hora más oscura”, aunque beneficiado en buena medida por el maquillaje, en el que tampoco es su mejor papel, y el joven Timothée Chalamet, sorprendente por su magistral interpretación de Elio en “Call me by your name”. Habiéndose quedado fuera de las nominaciones el impecable Tom Hanks de “Los papeles del Pentágono” y James Franco por “The disaster artist” (jugando en su contra su escándalo por acoso sexual, pero olvidándonos de que los premios valoran el trabajo realizado, no la moralidad de los intérpretes; eso también hay que arreglarlo antes, vetándolos de los proyectos si se demuestra que son culpables de un delito, algo que, por otro lado, no ha sucedido por ahora con Franco), había que elegir entre darle el premio al jovencito que llega arrasando o al veterano que está pidiendo a gritos que le premien de una vez. Y así las cosas, todos sabíamos que Chalamet no tenía ninguna opción frente a ese monstruo que es Gary Oldman. Premio indiscutible, de nuevo.

Y termino mi repaso a los Oscars 2017 con mejor película y director: de las 9 películas nominadas, en mi opinión las mejores son, por este orden, “Dunkerque”, “Call me by your name”, “Los papeles del Pentágono” y “Tres anuncios en las afueras”. “El instante más oscuro” me gustó, pero no es una película para estar nominada a mejor película. Lo de “Déjame salir” me parece de puro chiste. “Lady Bird” me dejó completamente frío, quizá porque nunca he sido una adolescente (he sido UN adolescente, y mentalmente sigo siéndolo, pero nunca he sido ni seré UNA, y quizá por eso no he sido capaz de entenderla), “El hilo invisible” se me hizo aburridísima y “La forma del agua me dejó del todo frío”. Entre las nominadas me falta, de nuevo, “The disaster artist”, ganadora del Festival de Cine de Donostia. Sabiendo que Dunkerque no tenía ninguna opción, no me quedaba otro remedio que inclinarme por “Tres anuncios en las afueras”, y peor es la categoría de mejor director, donde ni Guadagnino, ni Spielberg, ni Martin McDonagh estaban nominados. De nuevo, Nolan no tenía opciones, así que el premio para Guillermo del Toro estaba cantado. Lo que no estaba cantado, para mi desesperación, es que se llevara además el de Mejor Película.

Así que, en resumen, estos Oscars 2017 han hecho justicia en el apartado interpretativo, así como con James Ivory, Alexandre Desplat o Roger Deakins, pero en las categorías principales de película y director me han dejado bastante insatisfecho.