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La Bella y la Bestia: comentamos el contexto histórico


Desde que, allá por 1991, se estrenara la versión de animación de “La Bella y la Bestia” de Disney, cuando yo tenía 6 años, ha sido una película por la que he tenido una predilección especial; de hecho, probablemente sea la peli que más veces he visto en mi vida (y probablemente supere el centenar). De ahí que esperara con ganas el reciente estreno de la versión con personajes reales.




He tenido ocasión de ver dos veces en cine esta nueva versión de La Bella y la Bestia, tanto en inglés como doblada al español (imprescindible verla en versión original, sin duda). Verla dos veces me ha permitido darme cuenta de muchos detalles que se me pasaron por alto en la primera visión. Y es que la película no es un calco de la versión animada, ya que incorpora numerosos nuevos elementos y algunos cambios más o menos relevantes. 4 canciones nuevas (ninguna extraída del musical), aunque eché en falta ese “Human again” de la versión extendida de animación. Y otros cambios que nos permiten profundizar más en el contexto histórico de la película.

Para poder hablar del contexto histórico de La Bella y la Bestia es necesario hacer spoilers. Ya quedáis avisados.

¿En qué época se sitúa la acción de La Bella y la Bestia? Esta es la principal pregunta a contestar… pero esto es imposible, dada la enorme cantidad de anacronismos que nos vamos a encontrar en la película. Así que a continuación vamos a comentar algunos de ellos. Eso sí, como en Youtube todavía no hay fragmentos de la peli, tendremos que usar la memoria de lo que hemos visto en el cine.

Hay que mencionar que la película menciona explícitamente la localización de la historia en Francia, pero no menciona en ningún momento en que época transcurre.

Comenzamos por el Castillo del Príncipe Adam. El castillo, obra de la imaginación de los directores artísticos de la película, está inspirado en el Castillo de Chambord:

Este castillo fue mandado construir por el Rey francés Francisco I a comienzos del siglo XVI, en estilo plenamente renacentista, a poca distancia del Valle del Loira (es el mayor y quizá el más famoso de los Castillos del Loira), y se llega incluso a sospechar que el propio Leonardo Da Vinci tomó parte en el diseño. Es un castillo que cuenta con numerosos pináculos, chimeneas y linternas, aunque no tiene propiamente torres. Los diseñadores de producción de la película transforman esas estructuras en torres más acordes con el estilo que buscan.

Si hablamos del interior del castillo, su aspecto no es desde luego renacentista: el interior de la habitación de Bella, por ejemplo, es claramente rococó, aunque el estado ruinoso del castillo le de un aspecto gótico realmente interesante. Quizá ello contribuya a darle un aspecto más romántico, ya que en el siglo XIX se llevaba mucho el neogótico. Hay que recordar, además, que muchos de los castillos del Loira fueron reconstruidos y re-habitados en el siglo XIX por nobles o burgueses que alteraron el estilo original de los edificios para darles el aspecto romántico que buscaban.

Por lo tanto, partiendo del castillo, la acción no podrá situarse antes del siglo XVIII, siendo más probable si cabe el siglo XIX.

Vamos con Villeneuve, la “aldea” donde vive Bella (un pueblo de considerables dimensiones para la época):

Casas de piedra o de entramado de madera. La inspiración surge de pueblos de Alsacia, aunque tampoco podemos hablar de una ubicación concreta dentro de Francia. La iglesia a mí en concreto me recordaba mucho a la románica de Conques. Pese a alguna coleta y peluca, la indumentaria de sus habitantes es plenamente decimonónica (esos tricornios que llevan los niños, tan napoleónicos). Además, las condiciones de vida en la aldea son razonablemente buenas, muy lejos de la pobreza generalizada de los reinados de los tres Luises (del XIV al XVI). Todo tiene un aspecto post-revolucionario, post-napoleónico incluso (por no hablar de esa escuela, sólo para niños, cierto, pero que casi nos lleva a la república a partir de 1848, aunque podría ser anterior, de época napoleónica incluso, con lo que hablaríamos de los primeros años del siglo XIX). Un mercado con abundantes productos, el pueblo reunido por la noche en la taberna… no suena a época borbónica. Incluso se nos añade el hecho de que el personaje de Gastón es un militar que ha estado en la guerra… ¿en cuál? ¿Las guerras revolucionarias, las napoleónicas, la restauración borbónica? De nuevo podríamos situarnos a comienzos del siglo XIX.

Los personajes del castillo lucen pelucas. Las de Madame de Garderobe y el maestro Cadenza (personaje nuevo, interpretado por Stanley Tucci) son bastante aparatosas, pero las de otros personajes como Lumiere (Ewan McGregor) o Cogsworth -Din Don en español- (interpretado por Ian McKellen) son más propias de finales del siglo XVIII, aunque podemos encontrarlas incluso a comienzos del siglo XIX, con la restauración borbónica de Luis XVIII, pese a que en época de Napoleón (desde aproximadamente el 1800 hasta 1814) hubiera caído en desuso. Carlos X, el hermano de Luis XVIII (y de Luis XVI), rey desde 1824 hasta su caída en 1830, no usaba peluca, caída ya definitivamente en desuso.

¿Estamos por tanto en la Francia pre-revolucionaria, antes de 1791? ¿O en la restauración borbónica, entre 1814 y 1824, digamos? No tendría sentido situar la acción en plena revolución francesa, cuando se ejecutaba a los nobles (y a ver qué es el príncipe Adam…). Un detalle a tener en cuenta: en la canción “Be our guest” (“Qué festín” en español) aparece una guillotina cuando Lumiere canta “After all, Miss, this is France” (“Esto es Francia, Mademoiselle” en la versión traducida al español). La guillotina se populariza precisamente con la revolución francesa, siendo empleada como método igualitario de ejecución en 1792. O estamos ante un anacronismo (como los constantes del Genio en Aladdin, por ejemplo), o estamos en época post-revolucionaria.

Y ya que en la película nos encontramos con pequeños retazos de la historia anterior de los personajes, vamos a especular. Sabemos que la madre de Adam (la futura bestia) muere por enfermedad cuando él es un niño, y que a partir de ahí será su padre quien lo malcríe, con el consentimiento o el “no hacer nada” de los habitantes del castillo. No sabemos qué pasa con su padre (lo que sí sabemos es que Adam no le tiene mucho cariño, en vista de que ha arañado su rostro en el retrato familiar). ¿Podría haber sido el padre ejecutado durante la revolución poco después de la muerte de la madre, haciendo que así los criados del castillo siguieran malcriando al príncipe, tal vez por pena? Dado que en la película no se nos habla de la edad del príncipe (en la de animación se habla de que la rosa comienza a marchitarse cuando él cumple 21 años, pero aquí podría ser unos años mayor). Si ejecutaran al padre en 1794, pasarían 20 años hasta la restauración borbónica, y el príncipe tendría unos 30 años. Aprovecha el tiempo perdido en la etapa revolucionaria y napoleónica para recuperar su riqueza con las altas tasas a los habitantes del pueblo, su obsesión por las fiestas y los objetos raros, e impone la moda monárquica de las pelucas, ya desfasada, en sus sirvientes. Y Gastón podría volver a casa tras luchar en el bando borbónico para ayudar a Luis XVIII a recuperar el poder, porque es un personaje tan retrógrado que no tiene pinta de soldado napoleónico. Podríamos situar la acción entre 1814 y 1820, aproximadamente.

¿Cuál es entonces el problema? La historia de Bella. En un momento de la película, ella viaja mágicamente a París (un París que no se ve de cerca, pero que no muestra aspecto de la reformulación urbana de Napoleón) y descubre lo que pasó con su madre cuando Bestia encuentra en el molino en el que vivían una mascara de las que usaban los médicos que atendían los casos de peste:

La peste era una enfermedad tremendamente contagiosa y prácticamente incurable, lo que haría que Maurice se llevara a la pequeña Bella cuando su madre se infecta de la enfermedad. La cuestión es que la peste ya había desaparecido prácticamente a comienzos del siglo XVIII, época en la que es sustituida por las atroces epidemias de viruela, igualmente contagiosa y mortal (causa de la muerte de Luis XV de Francia, por ejemplo). La viruela fue la enfermedad epidémica del siglo XVIII, hasta que a finales de dicho siglo, el descubrimiento de la vacuna acabó con su virulencia. En su lugar, en el siglo XIX tenemos epidemias de cólera (causa de la muerte de Carlos X de Francia, por ejemplo) y un brutal aumento de casos de tuberculosis (posible causa de la muerte en prisión del pequeño Luis XVII, el hijo del guillotinado Luis XVI). Pero la tuberculosis no es epidémica, no es tan contagiosa y el enfermo vive años y años con la enfermedad, mientras que el cólera, pese a sí ser epidémico y de muerte rápida (y atroz) no se contagia directamente de persona a persona, sino por la ingesta de agua contaminada. En ambos casos, la huida de Maurice con la niña no tendría sentido. Sí lo tendría, por contra, en caso de viruela, que podría darse todavía en los años 90 del siglo XVIII, lo que todavía permitiría situar la historia unos 20 o 25 años después, a comienzos del siglo XIX. ¿Por qué entonces la madre de Bella muere de peste? Porque los médicos que la trataban llevaban la distintiva máscara que ya hemos visto, cosa que no pasaba con la viruela. Y es precisamente la máscara lo que le permite a Bella (o al Príncipe Adam, en realidad) descubrir lo que le sucedió a su madre.

¿En qué época histórica transcurre por tanto la historia de La bella y la Bestia? La versión inglesa de Wikipedia habla de época Rococó, aproximadamente la primera mitad del siglo XVIII. Nos valen las pelucas, nos puede valer el castillo incluso, e incluso el tema de la peste (aunque muy muy justito). Pero Bella y Bestia bailan un vals, no un minué (el vals se populariza en el siglo XIX), y la aldea no encaja en absoluto en esa época. Yo sigo inclinándome por la época de la restauración borbónica de 1814 a 1824 más o menos, con algunos anacronismos necesarios (el vals, todavía desconocido, y el tema de la peste, imprescindible para que Bella conozca la historia de su madre y que no se podía sustituir por otra enfermedad más propia de la época).

Estas han sido simplemente algunas consideraciones históricas a partir de La Bella y la Bestia, pero, seamos sinceros, los anacronismos poco nos importan: lo que queremos es disfrutar de la peli, emocionarnos con ella y viajar a otros mundos (lo que bella hace a través de la lectura nosotros lo hacemos a través del cine). Y si la película consigue eso (en mi caso, sin duda), poco importa en qué época transcurra la acción.



Andrea Chenier: 120 años de su estreno (28-03-2016)


Durante los años 90 del siglo XIX, unos cuantos compositores italianos, enmarcados en la conocida como Giovane scuola se disputaban la primacía musical. Ahí estaban Leoncavallo, Mascagni, Puccini, Cilea, Franchetti, el pronto desaparecido Catalani… y Umberto Giordano. Si el que se impuso fue Puccini, el resto tuvieron que contentarse con ser lo que hoy se llama “compositor de una ópera”, ya que a día de hoy sólo se les recuerda por un sólo título (a Franchetti ni eso, por cierto), con la excepción de Giordano. Su caso recuerda más al de Bizet: una ópera muy famosa (Carmen en el caso de Bizet) y otra que sigue representándose con una cierta frecuencia, pero a mucha distancia de la primera (pescadores de perlas en el caso de Bizet). Pues si en el caso de Giordano todavía se recuerda su Fedora, hay una ópera que se mantiene viva en los teatros de todo el mundo y muy apreciada por los solistas: Andrea Chenier. A día de hoy, de hecho, la ópera que más me duele no haber visto en vivo.




El libreto de Luigi Illica se basa libremente en la vida del poeta francés André-Marie Chénier, revolucionario moderado que fue guillotinado por orden de Robespierre el 25 de julio de 1794, durante los últimos días del terror jacobino, pese a los esfuerzos de su hermano, Marie-Joseph Chénier, un destacado político. Sólo 3 días también, el régimen de terror de Robespierre caería y éste sería también guillotinado.

La ópera se estrenó el 28 de marzo de 1896 en la Scala de Milán con gran éxito, y desde entonces se ha convertido en una de las favoritas de los grandes tenores spinto, que tienen en el personaje protagonista un auténtico bombón, aunque la ópera en su conjunto está plagada de grandes momentos para todos los intérpretes (recordemos esa descripción que Tom Hanks hace del aria de la soprano, “La mamma morta”, interpretada por Maria Callas, en la película Philadelphia). Así que vamos a repasar esos grandes momentos que nos regala esta maravillosa ópera.

Como siempre, antes de empezar, enlace al libreto y traducción al español.

La ópera se divide en cuatro actos.

Comenzamos el primer acto. Estamos en 1789, en la mansión de la Condesa de Coigny, que prepara una fiesta. Los criados corren a prepararlo todo, entre los que destaca uno, Carlo Gérard, que se burla con sarcasmo de la falsedad de esa nobleza decadente, hasta que su furia estalla al ver a su anciano padre arrastrarse trabajando, y maldice a esa nobleza que esclaviza a la gente. Así, la ópera comienza con este magnífico monólogo de Gérard, que escuchamos aquí en la voz de Giorgio Zancanaro:

Mientras se obedecen las órdenes de la Condesa para que todo esté a punto, Gérard suspira por la bella hija de la Condesa, Maddalena, que, en ese hastío de quien lo tiene todo, protesta por tener que ponerse guapa (sí, totalmente absurdo, lo sé). Se anuncia la llegada de dos invitados: el poeta Fléville y otro poeta, el Abate. Este último trae malas noticias: se ha reconocido al tercer estado, y en París se ha llegado a insultar a la estatua de Enrique IV (uno de los reyes franceses más queridos, de ahí la gravedad). Fléville intenta calmar los nervios de la nobleza. Escuchamos aquí su breve intervención en la maravillosa interpretación de Giuseppe Taddei:

Para ello, Fléville presenta su obra, una pastoral que canta un coro femenino:

A Fléville le acompaña un joven poeta, Andrea Chenier, quien calla ante la falta de inspiración, lo que provoca burlas de los asistentes a la fiesta. Maddalena se empeña en conseguir sacarle la inspiración, y en cuanto se sugiere burlonamente que el tema será el amor, Chenier estalla y comienza a hablar y a recitar un poema que espanta a todos por su ideología social revolucionaria; sólo Maddalena muestra signos de piedad, que Chenier agradece y le recuerda la fuerza del amor, que ella no conoce. Tenemos así el primero de los 4 grandes monólogos del protagonista, “Un dì all’azzurro spazio”, que aquí canta Franco Corelli:

Maddalena se sonroja y Andrea Chenier desaparece. Suena una gavota y todos se dirigen a bailar, pero es interrumpida por un coro de pobres dirigidos por Gérard, quien no encuentra mejor manera de destrozar la fiesta de la caduca nobleza para demostrarles la miseria que les rodea. Gérard es inmediatamente despedido y la fiesta sigue. Escuchamos el final con Piero Cappuccilli como Gérard y Gabriela Benackova como Maddalena:

Pero por poco tiempo. Porque acabamos el primer acto, y el segundo ya se sitúa en junio de 1794, en los últimos días del terror jacobino. Estamos en pleno centro de París, frente al altar de Marat, cuyo busto limpia el revolucionario Matthieu. Bersi pregunta a un incroyable (incredibile en italiano) si Robespierre ha creado un cuerpo de espías (que son los incroyables y mervelleuses, o meravigliosas en la ópera), y éste, como respuesta, en seguida le pregunta si tiene algo que temer. Bersi se ve obligada a hacer una apología de la revolución, que escuchamos aquí en voz de Vesselina Kasarova:

Pero el incredibile no se lo cree: ha observado que Bersi ha estado con una mujer rubia, y que Andrea Chenier, que anda en los alrededores, la ha mirado, así que se propone espiarla.

Andrea Chenier está en peligro, así que llega su amigo Roucher con un pasaporte falso que le permita huir. Pero Chenier no quiere huir, ya que hace un tiempo que recibe unas cartas de una desconocida mujer, y quizá sea esa la esperanza que le permita amar, algo que él todavía desconoce. No quiere huir de la oportunidad que le ofrece el destino de conocer a la mujer de su vida. Llegamos así al segundo monólogo de Chenier, “Credo ad una possanza arcana”. Pero Roucher sospecha que las cartas en realidad se las envía una meravigliosa (las espías de Robespierre, recordemos), y consigue convencer a Chenier de huir. Escuchamos el aria en la voz de Fabio Armiliato:

Mientras, desfilan por delante los altos cargos del régimen, entre ellos Gérard. El incredibile habla con él sobre la mujer que le ha encargado encontrar, y le dice que la verá ese mismo día:

Bersi consigue ponerse en contacto con Chenier (aunque siempre espiada por el incredibile), para decirle que una mujer que corre un gran peligro se encontrará con él en pocos momentos. Chenier acepta.

Llega una mujer rubia: Chenier tarda en reconocer en ella a Maddalena de Coigny. Ella busca su ayuda porque él tenía una buena posición cuando ella corría un gran peligro, y desde entonces, en vez de encontrarse con él, le escribía. Andrea Chenier acepta protegerla hasta la muerte. Bellísimo dúo ya casi de amor que, a falta de mi versión favorita en Youtube (con Carlo Bergonzi en el papel protagonista), escuchamos en voz de Maria Caniglia y ese enorme Chenier que fue Beniamino Gigli:

Pero aparece Carlo Gérard, y se bate en un duelo con Chenier. El poeta le hiere, y entonces Gérard le reconoce y le avisa: Fouquier-Tinville, el acusador público, ya va a por él, así que tiene qui huir, y de paso proteger a Maddalena. Ambos huyen, y cuando llega ayuda para Gérard, éste miente y dice que desconoce la identidad de quien le ha herido, por lo que todos sospechan de los Girondinos. Termina así el segundo acto.

Comenzamos el tercer acto. Mathieu da un discurso explicando los peligros a los que enfrenta Francia para conseguir recaudar dinero, pero fracasa. Llega Gérard, todavía herido, y antes su fracaso, Mathieu le cede el puesto. Gérard da un discurso que resulta mucho más eficaz para recaudar. Lo escuchamos en voz de Ettore Bastianini:

Entre todos los contribuyentes se abre paso, una anciana ciega, Madelon: su hijo murió en la toma de la Bastilla,uno de sus nietos murió en batalla; sólo le queda un nieto que pueda cuidarla, pero ella lo entrega al ejército en una de las escenas más conmovedoras de la ópera. La vemos con la gran Fedora Barbieri como Madelon, con la voz ajada pero perfecta en el papel:

Ajenos a esta situación dramática, Un grupo de ciudadanos baila en la distancia la Carmañola. Mientras, todos han abandonado el lugar en el que Gérard se queda sólo. En ese momento llega el incredibile. Le dice a Gérard que han detenido a Andrea Chenier mientras trataba de huir. No hay rastro de Maddalena, pero si Gérard firma el acta de acusación de Chenier, ella irá al él sin duda. Gérard duda pero el incredibile trata de convencerlo. Escuchamos al veterano Ugo Benelli interpretar el papel del Incredibile:

Gérard se queda sólo y comienza a pensar de qué puede acusar a Chenier, pero se detiene pensando en cuales eran sus ideales y en lo lejos que han quedado, en el dolor que le provoca lo que está haciendo. Es mi momento favorito de la ópera, el aria de Gérard “Nemico della patria”. La escuchamos primero en voz de Piero Cappuccilli:

Y ahora una predilección personal, la interpretación de Leo Nucci, en este caso en recital, acompañado al piano. Aunque también merece la pena la grabación en estudio con Chailly. Atentos a cada detalle de la interpretación:

Nada más firmar el acta de acusación, que se lleva el incredibile, aparece Maddalena di Coigny. Ella está dispuesta a hacer lo posible por salvar a Andrea Chenier, pero el precio de Gérard es muy alto: desde niño, cuando se criaron juntos, está enamorado de ella, y es ella el precio a pagar por la vida de Chenier. Escuchamos el dúo con Renata Tebaldi y Paolo Silveri:

Al final ella acepta y cuenta su historia: incendiaron su palacio, su madre murió para salvarla, Bersi se prostituyó para que pudieran salir adelante… cree llevar la desgracia a quienes la quieren. Hasta que… mejor escuchamos ya el aria “La mamma morta” en dos versiones diferentes: Maria Callas y Renata Tebaldi. Enfoques muy distintos para dos interpretaciones maravillosas. Además, la de Callas está subtitulada (por cierto, Callas cantó muy poco esta ópera, pese a ser, en mi opinión, uno de sus mejores papeles. Claro que yo no soy muy Callista…), y es la primera versión que escuchamos:

Seguimos ahora con la de Renata Tebaldi:

Finalmente, y presa de ciertos remordimientos, Gérard acepta. En ese momento va a comenzar uno de esos juicios sumarísimos de la revolución francesa que, bajo la acusación de Fouquier-Tinville, acababan siempre en condena a la guillotina. Y por ahí, entre la curiosidad de una multitud sedienta de cotilleos y sangre (prensa amarilla y negra, poca diferencia con la actualidad, desde luego) pasan un ex-delator, una anciana monja, una joven llamada Idia Legray y, por último, el poeta, Andrea Chenier. Fouquier-Tinville le acusa de escribir contra la revolución, pero Chenier le acusa de mentir y consigue hablar: él siempre luchó por la patria, y aunque le maten, por lo menos quiere que dejen intacto su honor. Así llegamos al tercer monólogo de Andrea Chenier, “Si, fui soldato”, que escuchamos en voz de Beniamino Gigli; atención a cómo matiza cada frase:

Gérard, quien ha escrito el acta de acusación, sale en su defensa diciendo que lo que ha escrito es mentira, pero Fouquier-Tinville hace él mismo esas acusaciones, y la sentencia es obvia: muerte.

Comenzamos el cuarto y último acto. Estamos en la prisión de Saint-Lazare, donde los condenados a muerte esperan la carreta que les llevará a la guillotina. Allí está Chenier, acompañado de su amigo Roucher, que quiere oír esos últimos versos que Chenier está escribiendo; así llegamos al último monólogo de Andrea Chenier, “Come un bel dì di maggio”, esta vez en voz de Richard Tucker y de Carlo Bergonzi, de nuevo dos estilos distintos para resultados igualmente geniales. Comenzamos con el más broncíneo y dramático Tucker:

Y continuamos con el más lírico y poético Bergonzi:

Cuando Roucher se va, llegan Gérard y Maddalena. Ella habla con el carcelero: se intercambiará por Idia Legray. Gérard se da cuenta de que el amor ha vencido, y Maddalena se presenta ante Chenier diciéndole que va a morir junto a él. Y así se suben a la carreta que les conduce a la muerte felices de poder morir juntos. Este dúo final “Vicino a te” es simplemente espectacular, y más en voces como las de Franco Corelli y Renata Tebaldi, a quienes vamos a escuchar:

Magnífica forma de terminar la ópera.

Y vamos para terminar ya con nuestro Reparto Ideal:

Andrea Chenier: por voz, Franco Corelli o Richard Tucker; por interpretación, Beniamino Gigli o Carlo Bergonzi.

Maddalena di Coigny: Maria Callas o Renata Tebaldi.

Carlo Gérard: Leo Nucci (predilección personal, lo siento).

Contessa di Coigny: Giulietta Simionato.

Madelon: Fedora Barbieri.

Incredibile: Piero di Palma.

Fléville: Giuseppe Taddei.

Director de orquesta: Riccardo Chailly.

Crónicas:

ABAO-OLBE 2017



Memorias de Danton


Los recientes atentados en París del 13 de noviembre han supuesto un gran golpe que nos ha consternado a todos. Es cierto que todos los atentados (y asesinatos) son igualmente deplorables, y que el mismo día hubo atentados en Líbano, por ejemplo, y que todos los días los hay en algún país de Oriente Medio o del norte de África y ni nos enteramos. Pero por una parte, este atentado afectó más a Europa y al mundo “occidental” porque le atacaba en su propio seno. Todos vemos Beirut (o Damasco, o Mogadiscio, o Islamabad o poned el lugar que queráis) demasiado lejos, no es nuestro mundo, es algo ajeno (un gran problema de las sociedades occidentales, que se sienten muy seguras en su casa y el resto poco les importa).




Pero desde el mismo momento en el que me enteré de los atentados (vía twitter, porque si de la televisión dependiese…) ya dejé bien claro que atentados en París son algo más. Al margen de que ataquen la que en mi opinión es la ciudad más bella del mundo (por delante de Florencia y mi querida Donostia, que completan el podio del ranking), París es en mi opinión un símbolo: un símbolo de libertad. Libertad por la que lucharon en 1789, 1830 o 1848, con considerable éxito en esos tres casos (con menos éxito en otros, como en 1832), y que ni los todopoderosos monarcas Luis XVI, Carlos X o Luis Felipe de Orleans pudieron detener. Esa ciudad que derramó su sangre para que otros pudieran disfrutar de esa libertad que ellos no tuvieron. Por ello, desde mi punto de vista, atentar contra París es un mensaje de atentado contra la libertad de todos.

Aquella misma noche quise escribir un pequeño mensaje en Facebook acompañado de alguna canción. pensé en un principio en esa bellísima canción “Sous le ciel de Paris” que cantaba la gran Edth Piaf. Pero luego cambié de opinión, encontré algo que me pareció que resaltaba mejor el simbolismo que buscaba:

La mayoría de quienes me conocen saben que no soy precisamente dominguista. Pero desde la primera vez que escuché esta canción (y eso fue viendo en directo la retransmisión del concierto de los Campos de Marte que dieron Los tres tenores con motivo del mundial de Francia 1998… cuando yo tenía 13 años y acababa de empezar en el mundo de la música clásica) hubo algo en esta canción que me llegó. Poco sé de esta canción, a parte de que la compuso el propio hijo de Plácido Domingo, Plácido Jr. Pero da igual. Y quienes entendáis francés y podáis seguir la letra del vídeo me entenderéis.

Y es que, al igual que París, Danton es para muchos un símbolo. Un símbolo de la revolución, pero de una revolución muy distinta a la de Robespierre. Así que vamos a repasar brevemente la carrera revolucionaria de Danton.

Georges-Jacques Danton tiene 31 años cuando, en 1790, funda junto a otras destacadas figuras revolucionarias como Marat o Desmoulins el “club des Cordeliers”, de ideología republicana moderada. Como destacado miembro de este, forma parte del sector más radical de la revolución en esas primeras fechas, luchando contra la monarquía que muestra cada vez más que no está por la labor de acceder a todas las reformas que se han firmado. La elocuencia y el carisma de Danton le atrae la simpatía de mucha gente, y así forma parte de la comuna (o ayuntamiento) de París, desde el que llama al pueblo a firmar a favor de la república en un acto que tendrá lugar en los Campos de Marte el 17 de julio de 1791. Una multitud responde a esa llamada, pero la asamblea constituyente y el alcalde de París ordenan dispersarla, y la manifestación termina con una carga del ejército en la que mueren 50 personas. Esta matanza del campo de Marte es un punto importante en el desarrollo de la revolución, ya que supone la ruptura entre moderados (Girondinos) y radicales (Jacobinos), a los que pertenecen los Cordeliers.

Pero Danton huye a Inglaterra, no volviendo hasta finales de de año. Y en 1792 es nombrado ministro de justicia, lo que al sumar su cargo en la comuna de París le convierte en el hombre más poderoso de Francia.

En 1793 hace algo contradictorio: vota a favor de la ejecución de Luis XVI, cuando anteriormente había defendido la menos radical opción del destierro. Pero cuando pasa a formar parte de la convención nacional (el órgano legislativo-parlamento y ejecutivo-gobierno de la I República francesa), renunciando a su cargo como ministro de justicia, su oposición a Robespierre es cada vez más notoria. Ambos en general comparten sus ideas, sus fines (con algunas excepciones: Danton se opone al puritanismo austero que busca Robespierre para conseguir la “virtud”), no comparte sus formas. Danton busca la conciliación con los Girondinos, el otro sector de la convención, con la intención de pacificar un país cada vez más dividido entre monárquicos, moderados y radicales. Por tanto, se opone a la política de terror de Robespierre, que va ejecutando a todos aquellos grupos que se le oponen, como los Girondinos. Y también se opone (esta vez sí) a la ejecución de la reina Maria Antonieta.

Pero estamos en los últimos meses de 1793, y Robespierre se encuentra en grandes dificultades: los jacobinos están divididos. Por un lado están los “indulgentes”, encabezados por Danton y Desmoulins, y por otro los ultrarrevolucionarios de Jacques-René Hébert, radicales que consideran conservador al propio Robespierre. La ruptura del gobierno es obvia, y los cordeliers se desmarcan definitivamente de los Jacobinos. Y al igual que hizo con los Girondinos, Robespierre se encarga de liquidar a sus adversarios. El 24 de marzo de 1794 les toca el turno a los hebertistas, que son guillotinados. Y ya se sabe qué va a pasar después…

En enero de 1794, un amigo íntimo de Danton, Fabre-d’Églantine, es detenido por haber falsificado un decreto de disolución de la compañía de Indias. Danton es consciente del peligro que corre (sus enemigos hebertistas todavía no han caído) y huye, pero de poco sirve. Tanto él como Desmoulins y otros de sus seguidores indulgentes son detenidos el 30 de marzo, y guillotinados el 5 de abril de 1794. De poco le sirve a Robespierre, quien a diferencia de Danton y de Hébert no tiene el apoyo de las clases populares. Su gobierno no tardará en caer y su cabeza correrá el mismo destino que la de sus enemigos… y nadie le llorará.

Danton fue consecuente con su forma de pensar hasta el final (no se puede decir lo mismo de Robespierre), y su ideal conciliador contrasta con el reinado de terror de su gran rival jacobino. Y es por eso que Danton se ha convertido en un símbolo de incorruptible luchador por la libertad de todos, no sólo de los que piensan como él. Quizá nuestra visión actual de él peque de romántica, quizá nos equivoquemos en la forma que tenemos de verle, pero los ideales no tienen por qué ser del todo reales, eso es lo que les hace mejores.

Volvamos ahora a la canción de antes. Quizá ahora la letra cobre más sentido tras repasar su historia. Pero por encima de todo destacaría las últimas palabras: “Adiós, mi pueblo; no me olvidéis”. Porque es eso, la memoria de la historia, lo que más necesitamos ahora. Para no recaer en los errores del pasado. Y sobre todo ahora, en el odio a los diferentes. Robespierre los exterminó, y ¿de qué le sirvió? Cuando a ambos lados se oyen voces radicales (dignas del mismo Hébert) que defienden ideas descabelladas, recordar a Danton puede ser un buen remedio para evitar los extremos y aprender a respetar a TODOS.