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Avance de la Temporada ABAO-OLBE 2019-2020

Las temporadas de ópera van poco a poco tocando a su fin y llega el momento de presentar las futuras temporadas. Si este año para estas fechas hasta sabemos cuál va a ser la ópera que va a representar Opus Lirica en Donostia (algo sumamente extraordinario hasta la fecha), es lógico esperar que en Bilbao se haya presentado igualmente la temporada ABAO-OLBE 2019-2020, por lo que, como ya hemos hecho en ocasiones anteriores, comentaremos las impresiones que produce el avance. 

5 títulos. Seguimos con sólo 5 títulos. Yo ya me desespero. Se supone que ya estamos remontando la crisis, pero vistos los resultados, igual resulta que no… Por otra parte, mirando los compositores, nos encontramos con una temporada muy, pero que muy, básica… aunque fijándonos en los títulos, quizá no sea tan tan básica. A ver, tanto “Lucia di Lammermoor” como “Die fliegende Holländer” son dos de las óperas más representadas a nivel mundial y puntales básicos del repertorio de cualquier teatro de ópera que se precie. No tan habituales, aunque tampoco extraños, son esas dos joyas que nos ofrece ABAO, la pucciniana “La fanciulla del West” (ópera infravalorada donde las haya) y la donizettiana “Anna Bolena”. Y una ópera absolutamente infrecuente, cuya inclusión sólo se entiende en el seno de ese proyecto “Tutto Verdi” que ya toca a su fin, “Jérusalem” (yo me esperaba para este año la otra que queda, “Alzira”, pero bueno, sin más). Lo que, por otro lado, ya representa un importante avance con respecto a la presente temporada: si este año no ha habido ningún “estreno”, la temporada de ABAO-OLBE 2019-2020 representa por primera vez en su historia dos óperas: la lógica, “Jérusalem”, y la asignatura pendiente, “La fanciulla del West”. 

A nivel personal, no hay cambios con respecto a la temporada presente: de nuevo, dos títulos que no he visto nunca y tres que sí, uno de ellos en la propia ABAO, “Lucia di Lammermoor” (de cuya función guardo muy buen recuerdo). Si bien tengo ganas de ver títulos que no he podido ver en teatro hasta la fecha, en general he de decir que me resulta una temporada bastante apetitosa, aunque un tanto frustrante por la limitación a 5 títulos que no dan mucho lugar a “innovaciones”. 

Vamos ya comentando cada una de las óperas, dejando antes un enlace a los datos de la programación. Vaya siempre por delante que suele haber cambios, y más en ABAO, aunque esta temporada no se ha visto hasta la fecha afectada por muchas cancelaciones. 

La temporada se abre y se cierra con dos obras de Gaetano Donizetti. “Lucia di Lammermoor”, la que probablemente sea la gran obra maestra del Bergamasco, sirve de inauguración de la temporada ABAO-OLBE 2019-2020. Sobre el papel, el reparto suena sumamente atractivo: Ismael Jordi no es una voz de mucho volumen, pero es un cantante con mucho gusto y una cuidada línea de canto que nos ha regalado grandes momentos (cómo olvidar su Lensky…), en un papel que no tiene secretos para él. Juan Jesús Rodríguez va sobrado de medios para el “Enrico”; y hasta la fecha no he tenido ocasión de escuchar a Jessica Pratt, pero oyendo comentarios sobre su Sonnambula belliniana, la cosa pinta más que bien. Marko Mimica lo tiene más complicado para hacerme olvidar el Raimondo de Simón Orfila de la anterior producción de este título en ABAO. Se ofrece además una función de este título en Opera Berri, con Marina Monzo como protagonista y un Manel Esteve al que no consigo ver como “villano”, pero que estoy seguro que bordará el Enrico. Riccardo Frizza dirige las 5 funciones, así que por la parte orquestal no parece haber de qué preocuparse. 

Sigue la temporada con “Jérusalem”, la Grand’Opera verdiana que toma como punto de partida su “I lombardi“, que hemos visto este año. Por muchos cambios que tenga, se me hace muy seguido ofrecer la “adaptación” justo en la siguiente temporada. Por otro lado, es una ópera que no conozco (creo que no la he escuchado nunca), por lo que no puedo comentar gran cosa. Apetecible suena el debut del tenor Jorge de León en Bilbo, aunque personalmente preferiría escucharlo en otro papel más spinto (en la Fanciulla habría estado genial). A Rocío Ignacio no la conozco, así que no puedo decir nada. Y Michele Pertusi es otro de esos cantantes que nos ha dado grandes momentos, por lo que su retorno suena igualmente apetecible. Dirige Francesco Ivan Ciampa, pero de nuevo no puedo decir nada al respecto. 

El tercer título de la temporada ABAO-OLBE 2019-2020 es “Die fliegende Holländer”, el segundo título wagneriano que nos ofrece ABAO desde que soy abonado. Por desgracia para mí, es un título que ya he tenido ocasión de ver (aunque en versión concierto), y me apetecería ver algún título nuevo (“Tannhäuser”, que es mi ópera wagneriana favorita, o “Lohengrin”, a poder ser). Pero bueno, no le vamos a hacer ascos a un Wagner que apunta ya maneras de lo que será el drama wagneriano pero con unas dimensiones mucho más “modestas” y, por tanto, asequibles, en lo que a duración se refiere. Tanto Bryn Terfel como Irene Theorin debutan en ABAO en unos papeles que, seguro, van a bordar. No sabemos quién va a ser Daland (su aria es mi momento favorito de la ópera…). Dirige Pedro Halffter, batuta siempre brillante, de quien sólo me queda lamentar que no dirija esa Fanciulla que borda.

El cuarto título de la temporada es una predilección personal, una ópera que considero sumamente infravalorada: “La fanciulla del West”, magnífica partitura verdiana. De hecho, hará unos 10 años, cuando la vi en Sevilla, lloré como un idiota al final de la ópera… la única vez que me ha pasado eso en un teatro. Espero, por tanto, buen canto pero, sobre todo, emoción. Y ahí es donde más miedo tengo. Oksana Dicka debuta en ABAO, y por lo que he podido escuchar de ella en YouTube, no tiene mala voz, pero la expresividad no me ha parecido su fuerte. Regresa a Bilbo Marco Berti, después de su desastroso “Otello” verdiano en el que naufragó interpretativa y vocalmente (una lástima en aquellas funciones en las que estaba tan bien acompañado por unos Yago y Desdemona sobresalientes); tras haberle escuchado este verano “Aida” en Verona, por lo menos puedo confirmar que voz tiene, pero a bruto es difícil ganarle, y eso en un papel que da tanto juego como el de Johnson me va a hacer sufrir, sospecho. Claudio Sgura puede firmar un buen Rance. A Manel Esteve más le vale emocionarme con su Sonora, papel breve pero muy emotivo. No se anuncia quién se hará cargo del papel bombón que es Jack Wallace, breve pero con una bellísima canción. A Jordi Caballé-Domenech le toca lidiar con una de las más complejas partituras puccinianas, riquísima en cromatismos que ya nos avanzan lo que vendrá luego en “Turandot”, y más le vale a la Orquesta Sinfónica de Euskadi estar a la altura, porque con estas obras que tanto me gustan puedo resultar absolutamente inclemente. Por cierto, sigo pensando que, tras la Boheme de la presente temporada, ABAO debería apostar por un Tutto Puccini que tendría continuación con esta Fanciulla, y que es una oportunidad de oro para poder estrenar “Il Trittico” (bueno, en realidad sólo tienen pendiente de estrenar “Il Tabarro”) y “La Rondine”, otra predilección personal. 

Termina la temporada ABAO-OLBE 2019-2020 con otro gran título donizettiano, “Anna Bolena”, una ópera que, la verdad, tengo muchísimas ganas de ver. No estoy seguro de que Angela Meade sea la voz más apropiada para Bolena, que no deja de ser un papel temprano de Donizetti, más lítico-ligera que dramática de coloratura, aunque en todo caso la veo más adecuada aquí que en la prevista y cancelada “Semiramide”. Pero vamos, ya sabemos por adelantado que nos quedamos sin sobreagudo final. Celso Albelo nos regalará grandes momentos en el nada fácil rol de Percy. Tras su Pagano de esta temporada, Roberto Tagliavini se antoja casi un lujo como Enrico. Silvia Tro Santafé ha tenido grandes funciones belcantistas que nadie duda que repetirá con su Giovanna. En general, reparto muy interesante para una ópera larga pero magnífica. Gianpaolo Bisanti debuta en ABAO en el foso, y no puedo comentar nada al respecto al no conocerlo. 

No he acudido hasta la fecha a ninguno de los conciertos. El de esta temporada, con Giovanna d’Arco el Stabat Mater de Rossini, suena tentador, en especial por los solistas (Orfila por encima de todos), aunque Paolo Fanale tiene mejor voz que técnica. 

Se echan en falta algunos nombres frecuentes en las últimas temporadas, como Gregory Kunde, Anna Pirozzi y Ainhoa Arteta, y sería deseable poder volver a contar en el futuro con Mirco Palazzi o, puestos a pedir, con Roberto Alagna (¡cómo olvidar su Werther, uno de los mejores regalos que me ha hecho ABAO!). Bueno, en todo caso, aunque en general conservadora y poco variada en su repertorio, la temporada ABAO-OLBE 2019-2020 se presenta bastante atractiva, aunque para próximas temporadas sería deseable un poquito más de “riesgo” en los repertorios. Mientras tanto, seguiremos comentando cada función a la que tengamos ocasión de acudir. 

25 años de la muerte de Lucia Popp (16-11-2018)


Una de las mejores sopranos de coloratura de los años 60 se transformó en los años 70 y 80 en un referente en Mozart y Richard Strauss, antes de su prematura desaparición. Hoy, cuando se cumplen 25 años de su muerte, recordamos a Lucia Popp.




Lucia Poppova nació el 12 de noviembre de 1939 en Záhorska Ves, municipio eslovaco cercano a Bratislava, junto a la frontera austriaca. Su madre era soprano, y con ella recibió las primeras lecciones de canto, antes de ingresar en la Academia de Bratislava, en la que estudiaría arte dramático, llegando a protagonizar algunas películas, de entre las cuales destaca “Janosik”, estrenada en 1963:

En la Academia estudia canto, comenzando como Mezzo, antes de que su registro sobreagudo extraordinario le haga cambiar de registro al de soprano de coloratura, y debuta a comienzos de 1963, con 23 años, en el terrorífico papel de la Reina de la Noche en “Die Zauberflöte“, papel que inmediatamente repite en Viena, causando el asombro, entre otros, de Herbert von Karajan y de Elisabeth Schwarzkopf, y consiguiendo ser contratada para interpretar el mismo papel en la mítica grabación de Otto Klemperer en la que también participan estrellas como Nicolai Gedda, Gundula Janowitz o Gottlob Frick:

Lanzada a la fama casi de inmediato, recorre los principales teatros del mundo con este papel y algunos otros papeles de soprano de coloratura. Entrará a ser miembro estable de la Ópera de Colonia en 1966, y debutará por las mismas fechas en Londres y Nueva York.

Hacia 1970, cansada de repetir los mismos roles, y con una voz cada vez más ancha, se pasa a un repertorio de lírico-ligera, que en los 80 pasarán a ser papeles de lírica plena y, en ocasiones, de spinto. Esto hizo que cantara a menudo varios roles de las mismas óperas.

En el repertorio barroco interpretó algunas óperas de Georg Freidrich Händel, como “Rodelinda”, de la que escuchamos el aria “Ombre, piante, une funeste”:

También interpretó el papel de Romilda en “Serse”, del que escuchamos el aria “Chi cede al furore”:

Le escuchamos también como Cleopatra en el “Giulio Cesare”, cantado en alemán, junto a Walter Berry, cantar el aria “V’adoro pupille”:

De esta ópera también interpretó el papel de Sesto, del que escuchamos el aria “Sperai, ne m’ingannai”:

Y, por último, le escuchamos cantar el “Wohlan, frohlocke, du Tochter Sion” de “El Mesías”:

De Wolfgang Amadeus Mozart, el compositor al que dedicó buena parte de su carrera y que mayores éxitos le dio, comenzamos escuchando su “Laudate Dominum”:

Interpretó mucha música religiosa de Mozart, además de numerosos roles operísticos. Comenzamos escuchándole en “Zaide”, con el aria “Ruhe Sanft, mein holdes Leben”:

Escuchamos también la bellísima aria “L’amerò, sarò costante” de Aminta en “Il Re pastore”:

Famosa fue su interpretación de la dulce Ilia en “Idomeneo”, de la que escuchamos el aria “Zeffiretti lusinghieri”:

En “Die Entführung aus dem Serail” interpretó los dos papeles de sopranos, aunque destacó siempre como Blonde, como podemos comprobar en este Welche Wonne, welche Lust!”:

Pero escuchamos también su Constanze, en el aria “Traurigkeit ward mir zum Lose”:

Lo mismo sucede con “Le nozze di Figaro”. Lucia Popp grabó en estudio las arias de Cherubino, de las cuales escuchamos el “Voi che sapete”:

En los años 70 y principios de los 80 fue una Susanna referencial, de las mejores que se hayan podido escuchar, y buena prueba de ello es este “Deh vieni non tardar”:

Y en su etapa de madurez llegó a cantar la Contessa d’Almaviva, de la que escuchamos la bellísima aria “Dove sono”:

La historia se repite con “Don Giovanni“, de la que cantó en escena los tres papeles femeninos. Comenzó en su juventud con Zerlina, de la que escuchamos el aria “Batti, batti o bel Masetto”:

Ya en los 80 se pasó al papel de Donna Elvira, del que escuchamos el aria “Mi tradì quel’alma ingrata”:

Y en su etapa final incluyó el papel de Donna Anna, del que escuchamos su aria “Non mi dir”:

Igualmente en el caso de “Così fan tutte”: al comienzo de su carrera interpretaba el papel de Despina, de la que escuchamos “In uomini, in soldati”:

Y en su etapa de madurez destacó su interpretación de Fiordiligi, de la que escuchamos el aria “Come scoglio”:

En el caso de “La clemenza de Tito”, al principio de su carrera interpretaba el papel de Servilia, de la que escuchamos su dúo con Annio “Ah perdona al primo affetto” junto a Federica von Stade:

Y en su etapa final interpretó el papel de Vitellia, de la que escuchamos el aria “Non più di fiori”:

Ya hemos hablado de su relación con “Die Zauberflöte”. Fue el temible papel de la Reina de la noche el que la dio a conocer por todo el mundo, algo que no sorprende si escuchamos esa maravilla que es su primer aria, “O Zittre Nicht”, con ese dominio de la coloratura, terrible en la parte final del aria, y de esos Fa sobreagudos que tiene que cantar en sus dos arias:

Pero, cansada de repetir siempre el mismo papel, proto se vio tentada a cantar el papel de Pamina, en el que luce su delicada forma de cantar como en pocos otros papeles. Escuchamos su aria “Ach, ich fühl’s”:

Curiosamente, siendo en sus comienzos una soprano de coloratura, no frecuentó el repertorio italiano y apenas cantó títulos belcantistas, siendo las comedias de Donizetti la principal excepción. Así, podemos disfrutar de su maravillosa Norina de “Don Pasquale”:

Y cantó también la Adina de “L’elissir d’amore”, de la que escuchamos el dúo “Chiedi all’aura lusinghiera”, cantada junto al tenor Peter Dvorsky:

No podía faltar, por supuesto, la Gilda del “Rigoletto” de Giuseppe Verdi en su repertorio, y de ella escuchamos el aria “Caro nome”:

Las discográficas acudieron a ella para grabar dos óperas de Ruggero Leoncavallo. La primera, la famosa, “Pagliacci“, de la que escuchamos el aria de Nedda “Stridono lassu”:

La otra fue la muy poco conocida “La Boheme”, de la que grabó el papel de Mimì. Escuchamos su escena junto a Musetta E destin” Debo andarmene” cantada junto a Alexandrina Milcheva:

En el caso de Giacomo Puccini, fue habitual intérprete de “La Boheme”, primero como Musetta, de la que escuchamos su vals “Quando m’en vo'”:

Y años después grabó el papel de Mimì, pero en su traducción alemana. Escuchamos su aria “Sì, mi chiamono Mimì”:

Gran interpretación fue la suya como “Suor Angelica”, de una maravillosa delicadeza, como acostumbraba ella, como podemos comprobar en este “Senza mamma, o bimbo”:

Y con esa voz, por supuesto, no podía faltar su “O mio babbino caro” del “Gianni Schicchi”:

Tampoco frecuentó Lucia Popp el repertorio francés, y pese a todo, las discográficas contaron con ella para grabar la casi desconocida “Djamileh” de George Bizet, de la que escuchamos a continuación su lamento:

Y lo mismo sucede con “La navarraise” de Jules Massenet, que grabó junto al tenor Alain Vanzo. Escuchamos el comienzo de esta ópera breve y poco conocida:

Y escuchamos también, del mismo compositor, el “Adieu notre petite table” de la “Manon”:

Y no podemos quedarnos sin escuchar su “Depuis le jour” de la ópera “Louise” de Gustave Charpentier, en la que es una de las mejores (quizá la mejor, en mi opinión) de esta maravillosa aria, gracias a esos etéreos agudos en pianísimo:

Su principal repertorio, a parte de Mozart, fue el alemán, comenzando por Ludwig van Beethoven y la Marzelline de su “Fidelio”, de la que escuchamos “Mir ist so wunderbar”:

De Carl Maria von Weber cantó los dos papeles de “Der Freischütz”, Ännchen y Agathe, aunque escucharemos sólo el primero de ellos, con el aria “Kommt ein schlanker Bursh gegangen”:

También, afortunadamente, grabó completa la ópera “Martha” de Friedrich von Flotow, de la que escuchamos a continuación del “Letzte Rose” junto a Siegfried Jerusalem:

Destacó también interpretando óperas del poco conocido Albert Lortzing, como “Zar und Zimmermann”:

O, del mismo compositor también, “Undine”:

En sus últimos años incorporó algunas óperas de Ruchard Wagner, como la Elsa de “Lohengrin” o la Eva de “Die Meistersinger von Nürnberg”:

Y también, quizá uno de los roles más pesados que asumió, la Elisabeth de “Tannhäuser”, de la que escuchamos aquí su aria de entrada, “Dich, teure Halle”:

Destacó también su interpretación de la Gretel de “Hansel und Gretel”, ópera de Engelbert Humperdinck, que escuchamos aquí junto al Hansel de Brigitte Fassbänder:

 

Destaca también su interpretación de “Carmina Burana” de Carl Orff, de la que escuchamos un fragmento cantado junto al barítono Hermann Prey:

Lucia Popp fue una destacada intérprete de las óperas de Richard Strauss, destacando entre ellas “Der Rosenkavalier”, en la que interpretó tanto a la Mariscala como a Sophie, de la que en este caso escuchamos la escena de la entrega de la rosa junto a Brigitte Fassbänder:

Lo mismo sucede con la ópera “Arabella”, de la que interpretó tanto al personaje protagonista como a su hermana Zdenka. Escuchamos su interpretación de la protagonista Arabella junto al barítono Bernd Weikl:

Hay que destacar su interpretación de la mucho menos conocida “Daphne”, que escuchamos a continuación:

Y también de la poco conocida “Intermezzo”, de la que escuchamos el final junto a Dietrich Fischer-Dieskau:

Y, cómo no, hay que destacar su interpretación de la última ópera de Strauss, “Capriccio”, que escuchamos cantada junto a Fritz Wunderlich:

Dado su origen, Lucia Popp fue también una importante intérprete del repertorio eslavo. De Piotr Ilich Tchaikovsky cantó tanto “La Dama de Picas” como “Eugene Oneguin”. Escuchamos la escena de la carta de esta última:

De Bedrich Smetana destacó interpretando a la protagonista de “La novia vendida”, que escuchamos a continuación:

Pero también de otras óperas menos conocidas, como “Dalibor”, de la que escuchamos aquí el aria “Jak je mi?”:

De Leos Janacek la escuchamos cantado “Jenufa”:

Y también el papel protagonista de “La zorrita astuta”:

Pero si hay que destacarla por algo, es por su interpretación de “Rusalka”, la ninfa acuática de la ópera de Antonin Dvorak, a la que sabía extraer todo su juego vocal e interpretativo, como comprobamos en esta maravillosa versión de la canción de la luna:

Lucia Popp fue también una destacada intérprete de opereta vienesa, especialmente de “Die Fledermaus”, primero como Adele y después como Rosalinde. Escuchamos primero su Adele en “Mein Herr Marquis”:

Y ahora las Czardas de Rosalinde:

Y ya que hablamos de Strauss, le escuchamos cantando el vals “Voces de primavera”:

Y de Franz Léhar interpretó también numerosas operetas, como “Giuditta”, de la que escuchamos “Schön wie die blaue Sommernacht” junto al tenor Rudolf Schock:

Le escuchamos también cantar “Des Land des Lächelns”:

Y terminamos escuchando la canción de Vilja de “Die lustige Witwe”:

Antes de terminar incluiremos brevemente algunas de sus incursiones en el Lied y la música de concierto. No podía faltar, en una magnífica liederista como fue Lucia Popp, algún Lied de Franz Schubert, y en este caso el elegido ha sido “An die Musik”:

Le escuchamos también cantar el “Ich hab nun Traurigkeit” de “Ein Deutsches Requiem” de Johannes Brahms:

Destacó también interpretando la música escénica de “Peer Gynt” de Edvard Grieg, y en especial de la canción de Solveig:

Le escuchamos también cantando el final de la 4ª sinfonía de Gustav Mahler:

Y terminamos con Lied de Richard Strauss. Primero, ese bellísimo “Morgen”:

Y por último, de los 4 últimos Lieder, el tercero, “Beim Schlafengehen”, dirigida por Georg Solti:

Casada en primeras nupcias con el director de orquesta húngaro György Fischer, tras separarse volvió a casarse en 1985 con el tenor Peter Seiffert, 15 años más joven que ella. Años después, se le detectó u tumor cerebral inoperable, que le llevó a la tumba el 16 de noviembre de 1993, a la edad de 54 años. Está enterrada en el Cementerio Slávicie Údolie de Bratislava (aunque su tumba no es fácil de localizar):
Con una voz en constante evolución hacia un repertorio más pesado, es difícil imaginar hasta donde habría llegado una artista tan versátil como ella, siempre delicada, siempre encantadora, y con una voz brillante y una técnica poco menos que perfecta. 25 años después de su desaparición sigue siendo un referente de canto mozartino y straussiano, y una de las grandes liederistas de finales de siglo.



Centenario del nacimiento de Birgit Nilsson (17-05-2018)


Con un repertorio reducido pero inteligentemente elegido, gracias a una voz enorme en volumen y extensión y a una técnica impecable, destacó en algunos de los más difíciles roles de soprano de todo el repertorio. En el centenario de su nacimiento recordamos a la gran soprano Birgit Nilsson.




Märta Birgit Nilsson nació en una granja de la localidad sueca de Västra Karup, en la provincia de Escania, a unos 100 Km de su capital, Malmo. Desde muy temprana edad demostró sus dotes musicales, siendo descubierta en el coro de la iglesia, cuyo director le aconsejó que recibiera clases de canto, algo que terminaría haciendo en la Real Academia de Música de Estocolmo, si bien ella se solía considerar autodidacta.

Su debut fue bastante tardío, en 1946, en Estocolmo, cuando apenas tiene tres días para prepararse el papel de Agathe en “Der Freischütz” de Weber en sustitución de la soprano titular. Cantará en Estocolmo en los siguientes años, en los que ampliará su repertorio en papeles dramáticos. Su salto internacional se produce en 1951 en el festival de Glindebourne, cantando la Elektra del “Idomeneo” mozartino. Debuta en Viena en 1953, en Bayreuth, donde será asidua, en 1954, mismo año en el que debuta en Munich, en el Met de Nueva York en 1959 y en la Scala de Milán en 1958, con un papel, el de Turandot, que acababa de debutar el año anterior en Estocolmo y que, según ella misma afirmaba, le hizo rica.

Comenzamos escuchando esa Elektra del “Idomeneo” de Glyndebourne, de la que escuchamos el aria “D’Oreste, d’Aiace”:

Su otro gran papel mozartino fue la Donna Anna de”Don Giovanni“, del que escuchamos aquí la difícil aria “Non mi dir”, en la que luce una voz flexible, potente pero al mismo tiempo delicada, así como una insólita capacidad para las coloraturas en una voz de su tamaño:

Esa capacidad para el canto dramático de agilidad le permitió sobresalir en un papel tan terrorífico como la Lady Macbeth del “Macbeth” verdiano, del que escuchamos su primera aria:

Y, aunque hasta donde sé, nunca cantó en vivo la Abigaile de “Nabucco“, sí grabó el aria “Anch’io dischiuso un giorno”, de forma absolutamente impecable:

Su repertorio verdiano no fue muy extenso. Podemos escuchar, por ejemplo, su Leonora de “La forza del destino”, pletórica de medios (esos pianísimos en el agudo tan difíciles), aunque siempre falta de ese calor mediterráneo que se espera de las voces que interpreten estos papeles:

Cantó también la Amelia de “Un ballo in maschera”, que además grabó en estudio dirigida por Georg Solti y junto al tenor Carlo Bergonzi, con quien canta este dúo del segundo acto, “Teco io sto”:

Su otro gran papel verdiano fue la protagonista de “Aida”, de la que escuchamos aquí su primera aria, “Ritorna vincitor”:

Y también cantaba el Requiem de Verdi, del que escuchamos el “Libera me Domine”:

Su registro vocal era tan grande, que se permitió el lujo de grabar en estudio el aria de la princesa de Eboli de “Don Carlo“, papel escrito para mezzo-soprano:

Su flexibilidad vocal llegaba hasta el punto de que se permitía el lujo de incluir en recitales arias de papeles a priori poco aptos para su voz, como este “O mio babbino caro” del “Gianni Schicchi” de Puccini, con unos pianísimos que ya quisieran sopranos más líricas:

Pero Birgit Nilsson no frecuentó el repertorio italiano, para el que siempre se le acusó de esa falta de italianidad, de color italiano en su voz. Buena prueba de ello es su fallida Minnie en “La fanciulla del West”, que grabó en estudio sustituyendo a la prevista Maria Callas, y de la que escuchamos el final del primer acto:

Su voz es perfecta, e incluso interpretativamente no está mal, pero le falta algo, ese algo que tenía, por ejemplo, una voz menos dotada pero más italiana como Renata Tebaldi. La frase final, “O un viso d’angelo”, es una buena muestra para comparar a ambas.

Y, pese a todo, frecuentó bastante el papel de “Tosca”, perfecto para su voz (como lo hubiera sido, por ejemplo, el de Gioconda de Ponchielli, que no cantó por desgracia). Sabe sacar partido a los momentos más dramáticos, pero también a los de expansión lírica, con un legato perfecto, como demuestra en este “Vissi d’arte”:

Pero si hay un papel italiano con el que alcanzó la cima de su arte, ese fue el de la terrible “Turandot”. Siendo un papel breve pero terrorífico vocalmente, la Nilsson lucía una interpretación hierática, muy sueca (casi recordaría a Greta Garbo por momentos), y, sobrada de medios, atacaba esos terribles agudos de su aria de entrada con una perfección insultante, perfectos, precisos:

Esos piques sanos con Franco Corelli, que era su Calaf habitual, por ver quién superaba al otro, regalaron al público noches inolvidables. Su interpretación de la princesa china sigue a día de hoy insuperada.

Pero el repertorio en el que más brilló Birgit Nilsson fue el alemán, donde los papeles de soprano dramática son más frecuentes. Un ejemplo de ello es su Leonore del “Fidelio” de Beethoven:

O sus dos papeles weberianos. Primero, la Agathe de “Der Freischütz”, que ya hemos mencionado que fue el papel con el que debutó:

Y el otro, la Rezia de la mucho menos conocida “Oberon”:

Birgit Nilsson dio lo mejor de sí en óperas de los dos Richards. El primero que vamos a ver es Richard Strauss. Nilsson tenía la capacidad vocal que requieren algunos de sus papeles más terroríficos, como esa “Salome” que sigue estando entre las mejores de la historia:

Su enorme potencia vocal le permite hacerse oír ante una orquesta de dimensiones espectaculares.

Y se superó si cabe con la aún más terrible “Elektra”, más adecuada si cabe a sus enormes medios:

Y cantaba así con 64 años nada menos…

Birgit Nilsson destacó como protagonista de “Der Rosenkavalier” y de “Ariadna auf Naxos”, pero de nuevo encontró un mejor vehículo de lucimiento, aunque en la etapa final de su carrera, como la esposa del tintorero en “Die Frau ohne Schatten”:

Y pasamos al otro Richard, Wagner, del que cantó la mayoría de sus papeles para soprano. Comenzamos con la impecable balada de Senta de “Der fliegende Höllander”:

De “Tannhäuser” cantó tanto la Venus (en principio, otro papel para mezzo) como la Elisabeth, de la que escuchamos el aria “Dich Teure Halle”, rematada por un impecable Reb sobreagudo:

Birgit Nilsson también cantó la Elsa de “Lohengrin”, llegando a cantarla junto a la Ortrud de Astrid Varnay, quien fuera la anterior reina wagneriana por antonomasia:

Escuchamos también su Eva de “Die Meistersinger von Nürnberg”:

Y cantó también la Sieglinde de “Die Walküre”:

Pero hay dos papeles wagnerianos en los que sobresale por encima de los demás, papeles por los que muchos la consideraron la heredera de Kirsten Fñagstad, pese a que su forma de cantar fuera muy distinta. El primero, con el que conquistó Bayreuth, fue la Isolde de “Tristan und Isolde”, papel extenuante y vocalmente muy exigente, pero para el que decía que lo único que necesitaba eran unos zapatos cómodos para aguantar la larga duración de la ópera. Su muerte por amor, “Mild und leisse”, es poco menos que mítica, con ese extenso legato y el pianísimo final que es pura magia:

Con ese final enamora hasta al más antiwagneriano del planeta.

Y el otro papel es el más terrorífico de todos, la Walkiria Brunhilde, de tres de las cuatro óperas de la tetralogía. Escuchamos primero su grito de guerra de “Die Walkure”:

Seguimos con el final de “Siegfried”, en el que le acompaña el mejor tenor wagneriano del momento, el único capaz de brillar a la misma altura que ella, Wolfgang Windgassen (que fue además su Tristan habitual en Bayreuth):

Y terminamos con “Gotterdamerung”, en unas imágenes de la grabación de la mítica tetralogía que dirigió Georg Solti para el sello discográfico DECCA, en las que el director húngaro prescinde de muchas de las viejas glorias que seguían cantando en Bayreuth para contar con cantantes más jóvenes; Birgit Nilsson se ve así beneficiada frente a Astrid Varnay, la anterior Brunhilde por antonomasia. Solti no se equivocaba, y he aquí la prueba:

Le escuchamos ahora en algo de repertorio concertístico, y comenzamos por el aria “Ah, perfido” de Beethoven:

Le escuchamos a continuación cantando tres Lieder de Franz Schubert, destacando el tercero, “An die Musik”:

Fue una destacada intérprete de los “Wesendonck Lieder” de Wagner:

Y también de los 4 últimos Lieder de Richard Strauss:

Le escuchamos a continuación un Lied de Jean Sibelius, “Svarta Rosor”:

No podía faltar alguna canción tradicional sueca:

Y  no puedo evitar terminar sin poner una curiosidad, que cantó en algún recital, el “I could have dance” del musical “My fair Lady”, divertidísimo:

Tras publicar una autobiografía en 1977, Birgit Nilsson se retiró a su granja natal en 1984, acompañada de su marido, Bertil Niklasson, con quien llevaba casada desde 1948. Nunca tuvieron hijos. Siguió concediendo entrevistas y presidiendo jurados de concursos de canto años después de su retirada. Finalmente, por causas desconocidas, murió el 25 de diciembre de 2005, a los 87 años. Fue enterrada en el cementerio de su pueblo natal:

Birgit Nilsson fue un verdadero fenómeno de la naturaleza. Una voz de gran extensión y enorme potencia, pero que ella sabía modular a placer, con una técnica impecable, le permitieron hacerse famosa (y rica) cantando algunos de los papeles más temidos del repertorio de soprano. Aún hoy sigue siendo recordada por sus impresionantes interpretaciones de Turandot, Elektra, Salome, Isolde y Brunhilde.



Crónica: Recital de Bryn Terfel en Baluarte (14-04-2018)


No cabe duda de que el galés Bryn Terfel es una de las voces más interesantes del panorama operístico actual, por lo que su recital en el Baluarte pamplonés era una cita ineludible para cualquier operófilo. Era el momento de quitarse los miedos que siempre trae el conducir por la A-15, que me las juega siempre que voy a algún concierto a la capital navarra, pero que en esta ocasión supo portarse bien y no darme sustos en el trayecto.




El  recital, como tal (cuyo programa enlazo aquí), es una especie de batiburrillo de diversas óperas (porque desgraciadamente no hubo nada de musical en todo el recital) que cimientan el repertorio de una voz tan difícil de clasificar como la del galés. La selección de las piezas era por tanto arbitraria, sin sentido ni unidad temática o estilística: el objetivo era que Terfel pudiera lucirse.

El recital se complementaba con diversos pasajes orquestales que permitían descansar al cantante. Ocasiones para poder comprobar el rendimiento de la Orquesta Sinfónica de Navarra, bajo la batuta del también galés Gareth Jones. Y así, el recital se abría con una correcta lectura de la Obertura del “Don Giovanni” de Mozart, buen preludio para la primera aria que nos iba a cantar Terfel, la de Leporello de la misma ópera, “Madamina, il catalogo è questo”, en la que Bryn Terfel lució toda su vis cómica y su complicidad con el público, sacando un libro que hacía las veces de catálogo, o enseñando fotos de mujeres en el móvil (todas ellas eran cantantes de ópera, pero era difícil poder distinguir bien los rostros salvo que estuvieras justo delante suyo), amén de una gestualidad muy teatral que añadía más gracia si cabe a la pieza. El “problema” es la visión siempre extrovertida del barítono, así como de una visión de Leporello bastante basta, tendente al volumen excesivo, sin duda impactante pero carente de elegancia. Claro que quizá Leporello no es un personaje ni remotamente elegante…

Siguió una correcta lectura de la bellísima polonesa de “Eugene Onegin” de Tchaikovsky, con una muy buena respuesta orquestal (destacar el momento solista de los chelos, de gran calidez) pero al que la rutinaria dirección de Jones le quitó toda la gracia. Por otra parte, era una pieza absolutamente inconexa con el resto del recital (ya que, por desgracia, Terfel no cantó nada del “Boris Godunov”…)

Volvía a salir al escenario Bryn Terfel para interpretar a los dos diablos más famosos de la ópera, el de Gounod y el de Boito. Dos papeles de bajo que dejaron en evidencia las limitaciones de Terfel en la zona más baja de su registro, que atacaba de forma no del todo ortodoxa; además, en los pasajes más rápidos, se veía un tanto atropellado con la letra. Y, pese a todo, su gestualidad, su socarronería, encajaban como un guante a tan diabólicos personajes; sólo le faltaba haberse puesto una diadema con cuernitos para terminar de identificarse con el personaje. Su “Le veau d’or” del “Faust” de Charles Gounod fue sin duda correcta, mientras su “Son lo spirito che nega” del “Mefistofele” de Arrigo Boito fue rematada con unos silbidos ensordecedores, luciendo de nuevo en su interpretación un derroche de mala baba y un canto potente, poderoso (sin duda una de sus mayores bazas) y extrovertido.

Entre ambas arias, Terfel introdujo una pieza del para mí desconocido Kurt Weill (un compositor del que no había escuchado nada hasta dos días antes del concierto, para prepararme), “Die Moritat von Mackie Messer” de “Die Dreigroschenoper”, una pieza absolutamente genial a la que el galés sabe sacar todo el partido imaginable, siendo quizá lo mejor de todo el programa.

Seguía, metida probablemente más por ser una pieza conocida que por cualquier otro motivo, la famosísima obertura de “Nabucco” de Giuseppe Verdi, en la que la orquesta supo lucirse (mención especial para maderas y percusión) pese a la asepsia de la dirección.

Terminaba la primera parte con uno de los roles fetiche de Bryn Terfel, el protagonista del “Falstaff” verdiano. Terfel pasaba de papeles de bajo cantante a un papel de barítono más o menos bufo, dejando claro lo difícil que resulta clasificar su voz. Salió con una importante barriga artificial, interactuó con el público (hablando en ocasiones en inglés y en otras en español… cómo no citar los pinchos, las patatas bravas que tanto habrían entusiasmado a Falstaff) y dio una lección de interpretación a su “L’onore! Ladri!”, luciendo un poderoso registro agudo (que además atacaba de forma mucho más acertada que el grave) y unos recursos cómicos absolutamente impecables. Fue otro gran momento del recital.

La segunda parte del programa estaba completamente dedicada a Wagner. Comenzaba la orquesta con el preludio del 3º acto de “Lohengrin”, de nuevo con una corrección rutinaria, antes de dar paso de nuevo a Bryn Terfel, que cantaba el “Was duftet doch der Flieder” de “Die Meistersinger von Nürnberg”, demostrando que esos papeles de bajo-barítono se adaptan mejor a su vocalidad que los de bajo o barítono plenos. Su Sachs puede ser discutible en su enfoque interpretativo (a fin de cuentas, es su forma de entender el personaje, simplemente), pero desde luego vocalmente resultó irreprochable.

Una cabalgata de “Die Walküre” impecable (remarcables en este caso los siempre atinados metales) pero siempre dirigidos sin chispa ni gracia, dieron paso al plato fuerte del programa, la despedida de Wotan, el final de esa Walkiria. Nunca había tenido la ocasión de escuchar esta pieza en vivo, y algunos de los pasajes orquestales consiguieron ponerme la carne de gallina, pese a la aburridísima lectura del conjuro de fuego. En cuanto a Terfel, su visión de Wotan resultaba quizá demasiado agresiva, aunque también es cierto que el volumen de la orquesta le obligaba a forzar el volumen de su enorme voz, que aún así tuvo algún problema puntual para hacerse oír. Y, pese a todo, supo regalarnos algún pianísimo de emisión mejorable pero dramáticamente emotivo. Había escuchado algún vídeo del propio Terfel cantando esta pieza, y he de decir que en vivo me sorprendió gratamente, ya que le vi mucho más adecuado vocalmente que en esos vídeos, a parte de vocalmente sobrado de medios.

Bryn Terfel sabe, con su carácter extrovertido, su voz poderosa y su talento interpretativo, meterse al público en el bolsillo, y el del Baluarte supo responder con un prolongado aplauso que fue compensado con dos únicos vises que supieron a poco. Primero, Terfel nos regaló los oídos con una bellísima nana de su Gales natal, “Suo-gan”, cantada en galés (ese idioma que a los que no somos galeses nos parece impronunciable), en la que, por fin, lució unas bellísimas medias voces, en ocasiones problemáticas en su emisión pero siempre bellísimas, consiguiendo un resultado casi mágico. Y Terfel remató el recital con la canción “My little welsh home” que a mí me hizo rememorar la mítica “Qué verde era mi valle” del genial John Ford. Terfel lleva esas canciones en su corazón, y supo demostrarlo con su canto. Puede que no fueran las propinas que el público hubiera deseado, pero el resultado fue absolutamente satisfactorio, saliendo a la luz el mejor Terfel, el intérprete sutil e introvertido que se había echado de menos en el recital. Dos canciones bellísimas, sin posibilidades de lucimiento vocal, cantadas por el simple placer que le da hacerlo, y que consigue transmitir al público.

Una noche, en resumen, para disfrutar de un intérprete de enorme magnetismo, gigantesca voz y gran flexibilidad estilística, con momentos más y menos logrados, pero siempre disfrutables, además de el acompañamiento de una magnífica Orquesta Sinfónica de Navarra que brilló a un altísimo nivel.



In Memoriam: Kurt Moll (05-03-2017)


Llevamos un comienzo de año realmente malo en lo que a pérdidas musicales respecta. Y al cosa no parece mejorar. En este post recordaremos al bajo alemán Kurt Moll, uno de los grandes intérpretes de los papeles para bajo profundo de la ópera alemana de la segunda mitad del siglo XX, que nos dejaba a los 78 años hace pocos días.




Kurt Moll nació el 11 de abril de 1938 en Buir, cerca de Colonia. De niño estudió violonchelo, instrumento al que pensaba dedicar su carrera. Pero cantaba también en el coro escolar, y el director de este coro le animó a estudiar canto, cosa que finalmente hizo en la escuela musical de Colonia con Emmy Müller, entrando en la compañía de la ópera de Colonia a los 20 años. De esta pasará a la de Maguncia, la de Wuppertal y finalmente, en 1969, a la de Hamburgo, de donde saltará a los grandes teatros internacionales, incluyendo su debut en el festival de Bayreuth en 1968.

Su repertorio de bajo profundo se centró en la ópera alemana, aunque su repertorio fue más amplio. Le escuchamos en un papel de ópera barroca, el Seneca de “L’incoronazione di Poppea” de Claudio Monteverdi:

Kurt Moll fue un destacado intérprete de óperas de Mozart, como el Bartolo de “Le nozze di Figaro”, del que escuchamos el aria “La vendetta”, en la que incluso tiene algún pasaje de canto sillabatto que Moll solventa con corrección:

Mucho más impactante resulta su interpretación del Comendador de “Don Giovanni”, del que escuchamos el final de la ópera junto al Don Giovanni de Samuel Ramey; Moll tiene todo lo que necesita el papel; extensión vocal, autoridad, potencia, rotundidad para hacer una escena final memorable:

Pero Kurt Moll destaca todavía más en las óperas alemanas de Mozart, empezando por el Osmin de “Die Entführung aus dem Serail”, de la que escuchamos el aria “O wie will ich triumphieren”, en la que a parte de sus dotes cómicas luce registro grave, descendiendo hasta el Mib1:

Y memorable es así mismo su Sarastro de “Die Zauberflöte”, del que escuchamos su famosa aria “In diesen heil’gen Hallen”:

Aunque asociemos su nombre a la ópera alemana, el repertorio de Kurt Moll fue más amplio, incluyendo títulos de ópera italiana, francesa o rusa. Destaca por ejemplo su Monterone de “Rigoletto” de Verdi, en el que de nuevo la rotundidad de su voz hace justicia a un personaje que a menudo pasa desapercibido. Escuchamos su breve intervención del segundo acto previa al “Si, vendetta” que cantan Piero Cappuccilli e Ileana Cotrubas:

Y le escuchamos también cantar el aria de Fiesco “Il lacerato Spirito” de “Simon Boccanegra”:

Escuchamos ahora a Kurt Moll cantar el aria “Vecchia zimarra” de “La Boheme” de Giacomo Puccini:

En ópera francesa cantó pequeños papeles en óperas como “Les contes d’Hoffmann” o “Werther”, mientras que en ópera rusa podemos escucharle el Pimen de “Boris Godunov” de Modest Mussorgsky, para el que Moll tenía una voz perfecta:

Pero pasamos ya al repertorio fundamental de Kurt Moll, la ópera alemana. Y empezamos con el “Fidelio” de Ludwig van Beethoven, del que interpreta el papel de Rocco,en este caso junto a Jessye Norman:

Kurt Moll fue por encima de todo un gran intérprete de las obras de Richard Wagner, así que empezamos escuchándole cantar la bellísima aria de Daland “Magst du mein kind” de la ópera “Der fliegende Holländer”:

Cantó también los papeles de bajo de “Tannhäuser”, “Lohengrin” y “Die Meistersinger von Nürnberg”, pero le escuchamos en el monólogo del Rey Marke de “Tristan und Isolde”:

Cantó igualmente los papeles de bajo del Anillo, como este Hunding de “Die Walküre”, para el que su oscurísima voz va perfecta para describir la rusticidad del personaje:

Le escuchamos ahora como el gigante Fafner en “Siegfried”:

Y para terminar con Wagner le escuchamos el Gurnemanz de “Parsifal”, en el que tiene que lucir una nobleza de canto que se diferencia enormemente de los villanos a los que acabamos de escuchar:

Kurt Moll cantó y grabó otras óperas alemanas, como “Abu Hasan” de Carl Maria von Weber, “Die lustigen Weiber von Windsor” de Otto Nicolai, “Zar un Zimmermann” de Albert Lortzing, “Jessonda” de Louis Spohr, “Der Evangelimann” de Wilhelm Kienzl, “Der Corregidor” de Hugo Wolf, “Notre Dame” de Franz Schmidt, “Wozzeck” de Alban Berg o “Tiefland” de Eugène d’Albert, pero a falta de vídeos en Youtube pasamos al otro compositor fundamental en su carrera, Richard Strauss. Y por encima de todos sus personajes straussianos destaca el Barón Osch de “Der Rosenkavalier”, del que vemos una escena que remata con un Do1 (si los agudos extremos son sobreagudos, los graves extremos serán infragraves, supongo):

Y cantó otras óperas suyas, como “Intermezzo”, “Daphne”, “Arabella” o “Fredenstag”, pero vamos a escuchar su Sir Morosus de “Die Schweigsame Frau”:

En el repertorio de concierto vamos a escuchar su intervención en una 9ª de Beethoven dirigida por Leonard Bernstein:

Y fue también un destacado intérprete de lied, de Franz Schubert por ejemplo, pero también de otros compositores menos conocidos como Carl Loewe, del que escuchamos su “Erlkönig”:

Se retira en 2006 a causa de una enfermedad, cantando en Munich un breve papel de “Die Meistersinger von Nürnberg”, el del vigilante nocturno, el mismo con el que había debutado en Bayreuth en 1968. Los aplausos que recibe al final dejan bien clara la brillante trayectoria que había tenido, que el público quiso recompensar:

La enfermedad que provocó su retirada ha terminado siendo fatal muchos años después, y finalmente Kurt Moll nos dejaba el 5 de marzo. Con él se va una voz de extensión privilegiada, un bajo que puede no entrar en la categoría de histórico, pero sí quizá uno de los últimos grandes bajos germanos, magistral en sus interpretaciones de Wagner y Strauss.



In Memoriam: Nicolai Gedda (08-01-2017)


Cuando cualquiera se introduce en el mundo de a ópera, hay siempre algún cantante que influye desde el comienzo en su pasión por el género y en su forma de ver la ópera. En mi caso hay unos cuantos cantantes que han marcado mi vida como operófilo, siendo uno de los más importantes el gran Nicolai Gedda. Hace unos días nos enteramos de que había muerto hace más de un mes, el 8 de enero, así que vamos a dedicarle un post para recordar a un artista al que nunca debemos olvidar.




El nombre de nacimiento de Nicolai Gedda era Harry Gustaf Nikolai Gädda (cambiaría años después el apellido por Gedda). Nació el 11 de julio de 1925 en Estocolmo, en el seno de una familia pobre, de madre sueca y padre de origen ruso. Fue por ello adoptado por su tía Olga Gädda y el marido de ésta, Michael Ustinov (pariente del actor Peter Ustinov). El pequeño Nicolai era bilingüe desde su niñez, hablando el sueco y el ruso. En 1929 se trasladan a Leipzig, donde añade un nuevo idioma, el alemán.

Su padre adoptivo había cantado como bajo en el coro de cosacos del Don, y canta en el coro de la iglesia ortodoxa de Leipzig. Por influencia de sus padres adoptivos, Nicolai Gedda estudia música y canta en un cuarteto de niños.

En 1934, con la llegada de Adolph Hitler al poder, la familia abandona Alemania y regresa a Estocolmo. Gedda canta en el coro de la iglesia, pero un accidente vocal le hace abandonar la carrera de canto, y comienza a trabajar en un banco. Mientras, en la escuela aprendió inglés, francés y latín, además de estudiar italiano por su cuenta. Desde joven Nicolai Gedda era políglota.

Un día le dice a un cliente que está buscando un profesor de canto, y éste le aconseja que busque a Carl Martin Öhman, antiguo Heldentenor que ya había descubierto al otro gran tenor sueco de la historia, Jussi Björling, y que más tarde descubriría al gran bajo finés Martti Talvela. Öhman se entusiasma al escucharle y lo toma como aprendiz (no tenía mal ojo este hombre, desde luego).

En abril de 1952 debuta en la Ópera de Estocolmo cantando en sueco el papel protagonista de “Le postillon de Lonjumeau” de Adolphe Adam. Su éxito fue inmediato, y no tardó en grabar el aria “Mes amis”, la más famosa de la ópera, en sueco, con un Re sobreagudo que ya nos muestra su increíble habilidad en el registro sobreagudo:

Con una voz maleable y un dominio de tantos idiomas, su repertorio fue inmenso,tanto en ópera como en lied y repertorio de concierto. Tanto la temprana grabación del Dimitri en un Boris Godunov protagonizado por Boris Christoff, como el ser descubierto por Herbert von Karajan, lanzaron desde el comienzo su carrera discográfica, una de las más abundantes en un cantante de ópera. Publica sus memorias en 1977 con la ayuda de la escritora Aino Sellermark, con la que finalmente se casará en 1997.

Repasar el repertorio de Nicolai Gedda es realmente arduo, pero vamos a hacer lo que podamos. Hay que destacar que, al tener un repertorio tan amplio, interpretó óperas poco conocidas, como por ejemplo “Le devin du village” de Jean-Jacques Rousseau:

Llegó a cantar incluso alguna ópera barroca, como “Platée” de Rameau, de la que se conserva grabación, además de óperas de Christoph Willibald Gluck, como “Orfeo ed Euridice”, de la que escuchamos el famoso “J’ai perdu mon Euridice”:

Cantó también la “Iphigénie en Tauride”, de la que escuchamos el aria “Unis dès la plus tendre enfance”:

Y por último la ópera “Alceste”, de la que escuchamos “Bannis le crainte et les alarmes”:

Nicolai Gedda fue un destacado intérprete de óperas de Mozart, como por ejemplo el Belmonte de “Die Entführung aus dem Serail”, de la que escuchamos el aria “Ich baue ganz”, tan a menudo cortada por aquella época por su dificultad, con unas coloraturas complicadas que Gedda solventa sin aparente dificultad:

Le escuchamos también cantar el aria “Fuor dal mar” de la ópera Idomeneo, otra prueba de fuego para las agilidades vocales:

No dejamos las coloraturas, ya que ahora le escuchamos la no menos peliaguda “Il mio tesoro intanto” de “Don Giovanni”:

En un estilo mucho más delicado, le escuchamos ahora cantar “Un’aura amorosa” de “Così fan tutte”:

Cantó también el Tito de “La clemenza di Tito”, del que escuchamos el aria “Se all’Impero”:

Y le vemos ahora interpretar al Tamino de “Die Zauberflöte“:

No fue el repertorio italiano el mejor de Nicolai Gedda, pero aún así dejó algunas grabaciones interesantes y otras referenciales. Comenzamos por sus interpretaciones rossinianas. Además de grabar “Il turco in Italia” junto a Maria Callas en una grabación tan cortada que le quitan su aria, le tenemos cantando el Almaviva de “Il barbiere di Siviglia“, de la que llegó incluso a cantar la habitualmente cortada aria “Cessa di più resistere”, aunque totalmente fuera de estilo. Le escuchamos cantando el aria “Ecco ridente in cielo”:

Referencial fue su grabación del “Guillaume Tell” (en el francés original, en una época en la que lo habitual era cantarla en su traducción italiana), en la que nos regala muchos grandes momentos en los que lucir sus espectaculares agudos, destacando sin duda en su gran aria “Asile héréditaire” y la posterior caballetta, en la que luce un espectacular do de pecho final que mantiene durante unos 10 segundos:

Y, pese a todo, estos no son los agudos más espectaculares de Nicolai Gedda, que se lucirá todavía más en obras de Vincenzo Bellini. Le escuchamos primero cantar el aria de la por aquel entonces poco habitual “I Capuleti ed i Montecchi”:

Es cierto que a día de hoy no suena tan adecuado estilísticamente, pero para aquella época no se puede pedir mucho más.

Sin duda mejor de estilo nos lo encontramos en ese “Ah, perchè non posso odiarti” de “La sonnambula”, junto a Joan Sutherland:

Pero esto no es nada comparado con lo que hacía en “I Puritani”. Escuchamos primero el dúo “Vieni fra queste braccia”, en vivo, junto a Joan Sutherland:

Os prometo que no he escuchado unos re sobreagudos tan flipantes como los suyos.

Y ahora escuchamos su “Credeasi misera” en su grabación en estudio junto a Beverly Sills:

El re bemol ya es flipante, pero, gracias a su dominio del canto en mixto, Nicolai Gedda es de los pocos que se lanzan al fa sobreagudo. Que sene bonito o no es discutible; que lo suyo es uno vozarrón como los hay pocos es indiscutible.

Pasamos a las óperas de Gaetano Donizetti. En sus numerosos recitales, Gedda grabó el aria de “La favorita”:

Vamos a verle ahora cantar la famosa “Una furtiva lagrima” de “L’elissir d’amore”:

Le escuchamos ahora cantar junto a Mirella Freni el dúo “Tornami a dir che m’ami” de “Don Pasquale”:

Y por último le escuchamos junto a una de sus parejas discográficas habituales, Beverly Sills, en el dúo de “Lucia di Lammermoor”:

Pasamos a Giuseppe Verdi, compositor al que Nicolai Gedda se suele asociar por dos papeles; el primero sería el Duca di Mantova en “Rigoletto”, del que escuchamos el dúo “È il sol dell’anima” junto a la soprano Reri Grist:

Y el otro es el Alfredo de “La Traviata”, del que vamos a escuchar el dúo “Un dì felice” junto a Anna Moffo:

Pero Nicolai Gedda, por sorprendente que pueda parecer, cantó algunos otros roles verdianos. El más obvio es el Riccardo de “Un ballo in maschera”, del que escuchamos el aria “Ma se m’è forza perderti”:

Magnífico uso de medias voces, por cierto.

Soprende mucho más escuchar a dos voces tan líricas como la suya y la del barítono Hermann Prey en papeles tan pesados como los de “La forza del destino”, pero aquí les tenemos cantando el dúo “Solenne in quest’ora” (en alemán) y saliendo bien parados en el intento:

También cantó la no muy frecuente “I vespri siziliani”, de la que escuchamos el aria “Giorno di pianto”:

Y ya el remate: ¿Nicolai Gedda cantando el Radames de Aida? Pues sí, y lo tenemos precisamente cantando el dúo final de la ópera; no es su voz la de Radames, desde luego, pero cumple:

Le escuchamos ahora en la grabación que hizo del aria de “La Gioconda” de Amilcare Ponchielli, “Cielo e mar”, en una grabación muy temprana (1953), por lo que su voz, muy lírica, no tiene todavía la fuerza necesaria para el personaje, aunque alcanza momentos de gran belleza, gracias a una depurada técnica en el ataque de los agudos que le permite el bello pianísimo final:

Le escuchamos ahora en repertorio verista, cantando el “Amor ti vieta” de la “Fedora” de Umberto Giordano:

Con 75 años, la voz se ha agrandado, aunque tiembla mucho más que años atrás, pero por lo menos ahora da el pego en papeles más spinto.

Y le escuchamos también cantar el mucho más lírico lamento di Federico “È la solita storia del pastore” de “L’Arlesiana” de Francesco Cilea:

Nicolai Gedda cantó y grabó arias de algunas óperas de Puccini, como el famoso “Nessun dorma” de “Turandot”, y lo más alucinante es que suena con el metal necesario para el papel; podría parecer un simple capricho, pero el resultado es realmente notable:

Le escuchamos también el aria “E lucevan le stelle” de “Tosca” con 61 años de nada… :

Y le tenemos también cantando el “Donna non vidi mai” de “Manon Lescaut”:

Pero Nicolai Gedda será recordado por dos óperas de Puccini. La primera, “La Boheme“, de la que escuchamos el aria “Che gelida manina”, en una versión llena de entusiasmo y con unos magníficos ataques al agudo:

Y el otro papel pucciniano es el Pinkerton de “Madama Butterfly”, que grabó junto a Maria Callas, junto a quien le escuchamos en el largo dúo final del primer acto:

Pasamos ya al repertorio francés, en el que Nicolai Gedda fue uno de los más importantes tenores posteriores a la II Guerra Mundial. Y empezamos escuchándole en “La dame blanche” de François-Adrien Boïeldieu, en el aria “Viens, gentille dame”, en una versión espectacular por el dominio de las medias voces:

Nicolai Gedda ha sido uno de los últimos tenores en interesarse por la en otra época famosa ópera “Fra Diavolo” de Daniel Auber, grabando una integral  de la que escuchamos el aria “J’ai revu nos amis”:

Y grabará además una magnífica versión, estilísticamente muy superior a la posterior de Alfredo Kraus, de la bellísima aria de “Masaniello”, también de Auber, “Du pauvre seul ami fidèle”, con un uso casi mágico de las medias voces:

Como ya le hemos escuchado cantar “Le postillon de Longjumeau” de Adam, pasamos a Giacomo Meyerbeer, compositor del que Nicolai Gedda ha sido quizá el mejor intérprete de la discografía. Echándose en falta una grabación suya de “Robert le diable”, pasamos a su espectacular Raoul de Nangis de “Les huguenots“, del que escuchamos el fantástico dúo “Tu làs dit” junto a Enriqueta Tarrés, en el que pasa de unas espectaculares medias voces a un potente Re bemol sobreagudo perfecto de afinación y emisión:

Contrasta con el Jean de Leyden de “Le prophète”, de carácter mucho más heroico en el aria “Roi du ciel”, en la que luce potencia y flexibilidad vocal al mismo tiempo:

Y terminamos escuchando su versión del aria de Vasco da Gama “O paradis” de “L’Africaine”, aunque desconozco si llegó a cantar esta ópera completa (cosa que sí hizo con las dos anteriores):

Hector Berlioz fue otro compositor al que Nicolai Gedda le prestó mucha atención. Le escuchamos primero catar el aria “Seul pour lutter” de “Benvenuto Cellini”:

Le escuchamos ahora el aria “Nature immense” de “La damnation de Faust”:

Y terminamos escuchando el dúo “Nuit d’ivresse” de “Les Troyens” junto a Shirley Verrett:

Pasamos a Georges Bizet, para poder escuchar su insuperable versión del aria de Nadir “Je crois entendre encore” de “Les pêcheurs de perles” y comprobar qué es eso del canto en “mixto”: es una técnica de canto intermedia entre el registro de pecho y el falsete, en el que se pasa la resonancia a la cabeza, consiguiendo un sonido más agudo que el registro de pecho pero sin una pérdida de color tan acusada como en el falsete. Este tipo de registro se usa para alcanzar notas sobreagudas (como el fa de I Puritani que ya escuchamos), pero es fundamental en la ópera francesa para poder cantar notas agudas en pianísimo, algo que sería imposible en el registro de pecho. Y así, mientras que tenores como Kraus o Albelo lanzan el Do final de pecho, casi como un cañonazo, completamente fuera de estilo, y otros como Alagna o Villazón dan el agudo en un horrible falsete, Gedda nos demuestra cómo hay que cantar esta maravillosa aria:

Al enfrentarse al papel de Don José en “Carmen”, la visión de Gedda es mucho más lírica, menos verista de lo habitual. Puede que en los momentos más dramáticos su voz se quede algo corta de potencia, pero su versión del aria de la flor es de una delicadeza sublime, apianando en los agudos y con un final mágico, usando de nuevo el mixto:

Para comprobar qué tal se maneja en los momentos más dramáticos vamos a escucharle en el dúo final, en vivo, junto a la Carmen de Fiorenza Cossotto (y dirigidos por su amigo Georges Prêtre, que murió 4 días antes que Gedda):

Yo diría que supera la prueba con creces…

Le escuchamos ahora en otra de esas arias en las que el canto a media voz es fundamental, “Ele ne croyait pas” de la “Mignon” de Ambroise Thomas:

Y de nuevo dominando el pianisimo en mixto en la bellísima “Vainement, ma bien aimée” de la ópera “Le Roy d’Ys” de Édouard Lalo:

Charles Gounod fue otro compositor fundamental en la carrera de Nicolai Gedda, en especial por su “Faust”, ópera que Gedda cantó en innumerables ocasiones. Le escuchamos cantar el aria “Salut, demeure chaste et pure”, donde, en este caso, pasa del estilismo para soltar un do de pecho como un cañonazo. Ortodoxo no es, pero el resultado no deja de ser magnífico:

Para compensarlo, le tenemos cantando el aria “Ah, leve-toi, soleil” del “Romeo et Juliette” terminada en un bellísimo pianísimo:

Y le escuchamos también cantar el aria “Anges du paradis” de la ópera “Mireille”, dando otra lección de estilo de canto francés:

Nicolai Gedda también cantó la magnífica ópera “Lakmé” de Léo Delibes, de la que escuchamos el dúo del primer acto junto a Mariella Devia:

Nicolai Gedda fue un destacado intérprete del Hoffmann de “Les contes d’Hoffmann” de Jacques Offembach, de la que escuchamos el dúo “C’est une chanson d’amour” junto a Victoria de los Ángeles:

Y del mismo Offembach le escuchamos cantar en alemán el aria “Au mont Ida” de la opereta “La belle Helene”:

Llegamos a Jules Massenet, otro compositor fundamental en el repertorio de Nicolai Gedda, en parte por el Des Grieux de “Manon”, en la que volvía a lucir sus magníficos pianísimos en el aria “En fermant les yeux”:

Y por otra por “Werther”, uno de sus mejores papeles; escuchamos una sorprendente versión de la famosa aria “Pourquoi me reveiller” en la que apiana en el primer estribillo:

Gedda también cantó el Nicias de “Thais” o el príncipe de “Cendrillon”.

Le escuchamos ahora en otra ópera casi desconocida, “Parmavati” de Albert Roussel, junto a Marilyn Horne:

Terminamos el repaso a sus intervenciones de ópera francesa con el “Pélleas et Mélisande” de Claude Debussy, acompañado de Anna Moffo:

Pasamos al repertorio alemán, en el que a menudo Nicolai Gedda es también un intérprete referencial. Y comenzamos con una rareza, una grabación del aria de Florestan del “Fidelio” de Beethoven, un rol que se antoja en exceso pesado para Gedda, pero en el que de nuevo sorprende por su flexibilidad:

Nicolai Gedda fue también un destacado intérprete de obras de Weber, cantando incluso las casi olvidadas “Euryanthe” o “Abu Hasan”. Pero le escuchamos en la mucho más famosa “Der Freischütz”, en el aria Durch die Wälder”:

Y Nicolai Gedda fe un destacado intérprete de complicadísimo papel de Huon de “Oberon”, un papel heroico de coloratura, como demuestra en el aria “Von Jugend auf in dem Kampfgefild”:

Nicolai Gedda también cantó la hoy prácticamente olvidada “Martha” de Friedrich von Flotow, de la que escuchamos el dúo “Letzte Rose” junto a Anneliese Rothenberger, una de sus parejas discográficas habituales:

Y le escuchamos ahora de nuevo junto a Anneliese Rothenberger en la ópera “Undine” de Albert Lortzing:

Nicolai Gedda cantó unas cuantas de estas óperas alemanas románticas hoy día olvidadas; otra fue “Der Barbier von Bagdag” de Peter Cornelius, de la que escuchamos el aria “Von deinen Fenster”:

Y nos dejó una versión referencial de la bellísima “Magische Töne” de “Die Königin von Saba” de Karl Goldmark, con un magnífico Do final en mixto:

No fue Nicolai Gedda un cantante interesado en Wagner, decía que sus óperas no terminaban nunca. pero aún así, por suerte, llegó a cantar “Lohengrin”. Comprobamos los resultados en las grabaciones de sus dos monólogos, empezando por este magnífico “In fernem Land”:

Y seguimos con un bellísimo “Mein lieber Schwan”:

Nicolai Gedda también grabó la infrecuente “Palestrina” de Hans Pfitzner, de la que escuchamos “Wie schön ist’s” junto a Dietrich Fischer-Dieskau:

Interpretó un breve papel en la grabación de “Das Wunder der Heliane” de Korngold en sus últimos años. Y fue un destacado intérprete de música de Richard Strauss, aunque cantara pocas de sus óperas, destacando el tenor italiano de “Der Rosenkavalier” con el aria “Di rigori armato il seno”:

Y también grabó la ópera “Capriccio”:

En el campo de la opereta austriaca dejó numerosas grabaciones, como la de “Die Fledermaus” de Johann Strauss junto a Elisabeth Schwarzkopf:

O, también de Johann Strauss, “Eine Nacht in Venedig”, junto a Anneliese Rothenberger:

Destacó también en las operetas de Franz Léhar, en especial con su magnífica versión de “Dein ist mein ganzes herz” de “Das Land des Lächelns”:

Le escuchamos ahora junto a Anneliese Rothenberger en el vals “Lippen schweige” de “Die lustige Witwe”:

Le escuchamos ahora en la opereta “Giudita”:

Y le escuchamos ahora las czardas de “Gräfin Mariza” de Emmerich Kálmán:

En el ámbito de la ópera eslava, Nicolai Gedda cantó el “Dalibor” de Bedrich Smetana, además de esta curiosa versión en inglés de “La novia vendida”, junto a Giorgio Tozzi:

En el repertorio ruso, Nicolai Gedda destacó interpretando el papel de Sobinin en “Una vida por el zar” de Mikhail Glinka:

Le escuchamos ahora en su primera grabación de ópera, el Dimitri del “Boris Godunov” de Modest Mussorgsky, en el dúo de “amor” junto a Eugenia Zareska en una versión magnífica, en especial en la parte final:

Le escuchamos ahora la canción india de “Sadko” de Nikolai Rimski-Korsakov:

Nicolai Gedda fue un magnífico Lensky del “Eugen Onegin” de Piotr Ilich Tchaikovsky, apenas superado por uno o dos tenores. Escuchamos la maravillosa romanza “Kuda vi udalilis”:

Destaca también la integral que grabó de “Iolanta” del mismo compositor, dirigida por Mstislav Rostropovich, con el que también grabó óperas “Guerra y Paz” de Prokofiev o “Lady Macbeth of Mtsensk” de Dmitri Shostakovich junto a Galina Vishnevskaya:

En 1958 graba la ópera americana “Vanessa” de Samuel Barber, compuesta expresamente para él. Escuchamos el quinteto de esta ópera:

Y Leonard Bernstein contó con él para la grabación de su ópera-musical “Candide”, de la que escuchamos el “What’s the use” junto a Christa Ludwig:

El repertorio de Nicolai Gedda no termina en la ópera, cantó también oratorios y obras religiosas, lied e incluso canciones populares. No tenemos ya espacio para un análisis exhaustivo, por lo que nos centraremos en un pequeño puñado de piezas que merece la pena recordar. Y comenzamos con “Messiah” de Georg Friedrich Händel, del que escuchamos “Ev’ry valley”:

Le escuchamos ahora en el “Ingemisco” del Requiem de Verdi, en una magnífica versión por el uso de medias voces:

Y escuchamos también sus incursiones en la canción napolitana con esta versión del “Non ti scordar di me” de Ernesto de Curtis:

No puedo evitar poner también esta hilarante versión del dúo bufo de los gatos de Rossini, junto a Federica von Stade, cantada casi toda en falsete:

Le escuchamos ahora cantar un lied de Franz Schubert, del que fue un gran intérprete, como demuestra en este “Du bist die Ruh”:

Y ahora un lied de Richard Strauss, “Ständchen”:

Y seguimos con la “Vocalise” de Sergei Rachmaninov:

Vamos ahora con el más célebre lied de Edvard Grieg, “Jeg elsker dig”, que Nicolai Gedda canta en el noruego original:

Vamos con la chanson francesa, comenzando con la “Chanson triste” de Henri Duparc:

Seguimos con el “Air grave” de Francis Poulenc:

Y seguimos con esta preciosa versión de “L’heure exquise” de Reynaldo Hahn:

Pasamos a Edward Elgar y su cantata “The dream of Gerontius”, de la que escuchamos “I went to sleep”:

Le escuchamos ahora en una canción tradicional irlandesa, “Down by the Salley gardens”:

Y terminamos con el “Granada” de Agustín Lara, con una pronunciación española muy superior a la de no pocos cantantes italianos, por ejemplo:

En total hemos escuchado a Nicolai Gedda cantar en 9 idiomas: italiano, francés, alemán, ruso, inglés, sueco, noruego, latín y español. Difícil superar ese récord.

Retirado desde el año 2003, nunca había sido una persona que se preocupara por la fama (pese a su impresionante discografía, quizá la más abundante en el mundo de la ópera) por lo que pasó bastante desapercibido, pese a recibir algunos honores, como la Legión de honor francesa en 2010. Quizá por ello la noticia de su muerte se hizo pública un mes después (ya habían circulado en 2015 falsos rumores de su muerte). El 8 de enero un infarto terminaba con su vida a los 91 años en su casa de Tolochenaz, en el cantón suizo de Vaud.

Con Nicolai Gedda se nos va un cantante polifacético, de espectacular voz y técnica impecable que le permitía adaptarse a casi cualquier estilo. Un artista que merece ser recordado por su enorme contribución al mundo de la música.



Turismo en Campania: La Villa Rufolo de Ravello


En 1997, la Costa Amalfinata fue declarada Patrimonio de la Humanidad. Esto incluía por supuesto la localidad de Amalfi, así como la famosa Positano, pero también otras localidades como Atrani, Maiori, Scala y, quizá la más interesante de todas ellas, Ravello. En este post vamos a hablar de una de las principales atracciones de Ravello, la Villa Rufolo.




La costa amalfitana se encuentra en el lado sur de la península sorrentina. Ante ella se abre el golfo de Sorrento. Siendo una península realmente estrecha (con una media de 6 km), está separada de la costa norte, la que da al golfo de Nápoles, por los montes Lattari, que llegan a alcanzar alturas de hasta 1.444 metros, por lo que ya nos podemos imaginar lo abrupta que resulta. Algo que le aporta un encanto especial a la Villa Rufolo, como veremos más adelante.

Ravello no se encuentra propiamente en la costa. Si partimos desde Amalfi en dirección este, hacia Salerno, nos encontraremos a poco más de un km con un desvío que nos conduce montaña arriba, hasta los 365 metros sobre el nivel del mar a los que se encuentra Ravello.

Ravello pertenecía a la efímera República Amalfitana, una república marinera (al igual que otras como las de Pisa, Génova o Venecia) que, bajo influencia bizantina, se funda en el año 839, siendo un importante centro económico y artístico-cultural. La ciudad de Ravello alcanza un gran esplendor en esta época, pero su mejor momento está por llegar cuando, en el año 1.039, la República Amalfitana desaparece definitivamente, absorbida por el Principado de Salerno. De hecho, será el duque Ruggero de Apulia y Calabria el que, en el año 1.086, convierta la ciudad en sede episcopal, para así competir con Amalfi. Los siguientes siglos verán crecer la población de la ciudad hasta los 25.000 habitantes (frente a los 2.500 actuales), hasta su decadencia en el siglo XIV.

Será en el siglo XIII cuando una de las más importantes familias de Ravello, los Rufolo, construyan su palacio, del que se dice que tenía más habitaciones que días tiene un año. La entrada, a través de una torre de fines meramente ornamentales, se encuentra de hecho junto al Duomo de Ravello.

Pero la Villa Rufolo no tendrá mucha suerte en el futuro; tras cambiar de propietarios, cae en el abandono y termina en estado ruinoso. Pero todo cambia en 1851, cuando el botánico escocés Sir Francis Neville Reid visite la villa y decida adquirirla, restaurar en lo posible los edificios y, sobre todo, aprovechar la idílica ubicación para la creación de unos magníficos jardines. el gran atractivo de la villa.

Antes de comenzar la visita, dejo un  enlace con información sobre la visita (horarios, tarifas…).

Atravesamos la torre de entrada y nos dirigimos hacia la principal edificación de la villa, el Claustro morisco, del que se conservan sólo 3 de las cuatro alas. Esta es la vista interior:

Y vamos ahora a ver la arcada desde el exterior, para observar ese juego cromático de piedras blancas y negras tan habitual en la arquitectura románica de la región:

Saliendo del Claustro nos encontramos con la Torre mayor, de 30 metros de altura, que es al parecer la parte más antigua de la villa:

Ante ella actualmente nos encontramos con los jardines, pero en su época toda esta zona estaba construida, aunque quedan algunos vestigios de esas edificaciones, como las ruinas de la Sala de los caballeros, de planta circular y con arcos apuntadas:

Los jardines que nos encontramos en esta parte, como todos los demás, son fruto de la restauración de Neville Reid, en un estilo plenamente romántico. Por aquí pasó Richard Wagner en 1880, por lo que teneos una placa conmemorativa:

Y es que esta visita de Wagner a la Villa Rufolo  no fue un asunto sin importancia: el compositor se encontraba atascado en la composición de su última ópera, Parsifal, ya que no conseguía visualizar la escenografía del Jardín mágico de Klingsor hasta que vio los jardines y su crisis creativa se solucionó justo a tiempo (a Wagner le quedaban apenas 3 años de vida).

Antes de poner algunas imágenes de los jardines vamos a ver alguna imagen de las otros edificaciones destacables de la Villa Rufolo, comenzando por la zona de baños, que incluía un baño turco. Nos la encontramos a mano izquierda según descendemos a los niveles inferiores de los jardines. En estado ruinoso, éste es su aspecto exterior:

Vemos ahora el interior del baño turco:

Y podemos también observar las canalizaciones de agua:

Y terminamos con el comedor, que se encuentra en un nivel inferior al del claustro (aunque muy próximo a él) y al que accederemos desde los jardines:

Los jardines están construidos en terrazas y son de aspecto totalmente decimonónico:

Las vistas desde estos jardines son simplemente espectaculares (de hecho, el principal atractivo de la visita). Tenemos por ejemplo las vistas de los Montes Lattari:

Y las vistas hacia el Golfo de Salerno:

O las vistas de la foto del principio.

Y abajo, en el Belvedere, cada año se monta un escenario para el festival musical que se celebra en verano, en un lugar realmente privilegiado:

Se podrían contar más cosas de la Villa Rufolo, pero ya no tengo fotos interesantes. En todo caso, pese a la carretera, no demasiado agradable, que hay que recorrer para llegar, es una imprescindible visita en la costa amalfitana que, entre vistas maravillosas, nos sumerge en la historia de la región… y en el mundo de Wagner, ya de paso.



In Memoriam: Georges Prêtre (04-01-2017)


Su rostro se nos hizo familiar sobre todo a partir de aquel Concierto de Año Nuevo que dirigió en 2008 (y que volvería a dirigir en 2010), batiendo el récord de se el director con más edad en dirigir el concierto (batiendo en la segunda ocasión su propio récord); dejaba la imagen de un abuelo risueño y amable, con una vitalidad que ya quisiéramos quienes tenemos un tercio de su edad. Pero hace pocos días nos dejaba, a los 92, el Director de Orquesta Georges Prêtre.




Georges Prêtre nació el 14 de agosto de 1924 en la localidad de Waziers, al norte de Francia. Descubierta su pasión por la música hacia los 7 años, estudia piano en el conservatorio de Douai, ciudad próxima a su localidad natal, para trasladarse con posterioridad a París, en cuyo conservatorio estudiará trompeta, además de armonía con Maurice Duruflé. También Olivier Messiaen estará entre sus profesores. Descubierta tardía mente su pasión por la dirección de orquesta, será el insigne director francés André Cluytens quien le enseñe en este campo.

Casado brevemente en 1947 con la mezzo-soprano Suzanne Lefort, de quien se divorcia en 1949, se casa por segunda vez con Gina Marny en 1950, con quien tiene dos hijos, Isabelle y Jean-Reynald (la muerte de éste en 2012 afectará seriamente al ya anciano director).

Si bien su carrera comienza en Francia, debutando en Marsella en 1946, buena parte de su carrera va a transcurrir fuera de su país, en Londres, Viena, Milán… convirtiéndose en un prestigioso director de ópera y música sinfónica, destacando por supuesto la música francesa, gracias a su estilo preciso, elegante y ligero. De hecho, será uno de los directores preferidos del compositor Francis Poulenc o de la soprano Maria Callas en la última etapa de su carrera.

De hecho, comenzamos con un recital en el que dirigió a la diva greco-americana en 1962 en Hamburgo. Las cámaras no le enfocan a él, pendientes siempre de la crepuscular diva, que canta aquí, perfectamente acompañada por Prêtre, el aria “Pleurez, mes yeux” de la ópera “Le Cid” de Jules Massenet:

Jules Massenet fue precisamente uno de los compositores operísticos en los que más destacó Georges Prêtre. De hecho, su grabación en estudio de “Werther” en 1969 con Nicolai Gedda y Victoria de los Ángeles es una de las mejores grabaciones de esta ópera, en especial con ese bellísimo dúo del segundo acto, precedido de ese intermezzo orquestal “claro de luna” que bajo la batuta de Prêtre suena más mágico que nunca:

Acompaña también al gran Nicolai Gedda en este aria de “Manon”, “Ah, fuyez, douce image”:

Y le escuchamos también acompañar a Régine Crespin en el aria “Il est doux, il est bon” de “Hérodiade”:

Llegó a dirigir óperas menos conocidas de Massenet, como por ejemplo “Don Quichotte”.

De Charles Gounod le vemos dirigiendo la obertura de “Mireille” en el recital de la Callas en Hamburgo de 1962 que ya mencionamos antes:

Y le tenemos aquí dirigiendo el final de “Faust” junto a Alfredo Kraus, Mirella Freni y Nicolai Ghiaurov:

Pasando a Georges Bizet, ya hemos mencionado que Georges Prêtre fue uno de los directores favoritos de Maria Callas, a quien dirigió en su grabación en estudio de “Carmen” junto a Nicolai Gedda (Callas nunca cantó esta ópera en directo), de la que escuchamos la canción gitana “Les tringles des sistres tintaient” con el breve preludio orquestal previo, que nos permite observar mejor la labor de Prêtre al frente de la orquesta:

Georges Prêtre dirigió también la maravillosa pero menos conocida “Les pêcheurs des perles”, de la que escuchamos aquí el dúo de amor del segundo acto con Alain Vanzo e Ileana Cotrubas:

Y dirigió la todavía menos habitual (una rareza realmente) “La jolie fille de Perth”, de la que escuchamos aquí el aria “Vive l’hiver” cantada por June Anderson:

Georges Prêtre fue asiduo en los estudios de grabación para registrar en estudio óperas poco frecuentes, como la ya mencionada “La jolie fille de Perth”, o como la “Louise” de Gustave Charpentier que grabó con Plácido Domingo e Ileana Cotrubas, a la que escuchamos aquí en la página más famosa de la ópera, la deliciosa aria “Depuis le jour”:

Y si hablamos de óperas infrecuentes, le tenemos dirigiendo en 1983 la “Mignon” de Ambroise Thomas, de la que escuchamos el aria “Connais tu le pays” en la voz de Lucia Valentini Terrani:

Camille Saint-Saëns fue también un director que Georges Prêtre frecuentó mucho (hablaremos más adelante de sus grabaciones de la obra sinfónica de este compositor), siendo frecuente en su repertorio la ópera “Samson et Dalila”, de la que escuchamos a continuación la Bacanal:

 Vamos ahora con Jacques Offembach, del que Georges Prêtre dirigió la ópera “Les contes d’Hoffmann”, de la que escuchamos aquí el trío del tercer acto:

Hector Berlioz fue otro compositor fundamental en la carrera de Georges Prêtre, que dirigió algunas de sus óperas, como “Les Troyens”, de la que escuchamos a Régine Crespin cantar el aria “Chers Tyriens”:

También dirigió “La damnation de Faust” completa, aunque lo que vamos a escuchar es la famosa marcha húngara en un concierto en Viena, para apreciar su estilo fluido y su sonoridad más bien liviana:

Georges Prêtre fue un gran intérprete de la música francesa de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, lo que incluye la música de Claude Debussy, del que vamos a escuchar ahora un fragmento de su “Pelléas et Mélisande”:

Georges Prêtre dirigió también la inacabada ópera de Debussy “La chute de la maison Usher”, basada en la obra de Edgar Allan Poe. Escuchamos la obra completa:

Pero, por encima de todo, Georges Prêtre fue un destacado intérprete de la obra de Francis Poulenc, de quien de hecho estrenará en 1959 la ópera “La voix humaine” con la soprano Denise Duval, con la que escuchamos aquí el comienzo de la ópera:

Dejando el repertorio operístico francés para trasladarnos al italiano, comenzamos con Gioacchino Rossini, de quien dirigió la ópera “Moïse et Pharaon”, de la que escuchamos aquí la plegaria que canta Samuel Ramey:

Georges Prêtre dirigió a Maria Callas en muchas de sus últimas funciones, como la “Norma” de Vincenzo Bellini de 1965, de la que escuchamos el dúo “Oh rimembranza” junto a Giulietta Simionato:

De Gaetano Donizetti Georges Prêtre grabó una casi mítica versión de “Lucia di Lammermoor” con Carlo Bergonzi y Anna Moffo, a quien escuchamos en la escena de locura:

De Giuseppe Verdi tenemos esa “La Traviata” con Montserrat Caballé y Carlo Bergonzi, de la que escuchamos el famoso brindis:

Y tenemos también un “Macbeth” en vivo de 1984 del que escuchamos el aria del protagonista, “Pietà, rispeto, amore” cantada por Renato Bruson. El acompañamiento orquestal es impecable:

Y ya de paso vamos a verle dirigir el famoso coro “Va pensiero” de Nabucco en un concierto en Venecia:

Magnífica versión, con un ritmo curiosamente lento para lo que cabría esperar de Prêtre, que suele ser más ligero pero sin perder nunca un ápice del melodismo de las obras que dirigía. Podemos comprobarlo en este Intermezzo de “Cavalleria rusticana” de Pietro Mascagni:

No es especialmente lento (y más si lo comparamos con lo que hizo Maazel en Valencia, por ejemplo), pero su sutil juego de dinámicas, los colores orquestales, le aportan a su interpretación una enorme belleza:

El resultado es simplemente mágico.

De Giacomo Puccini dirigió óperas como “La Boheme” o “Turandot”, pero si por algo es recordado es por la “Tosca” junto a Maria Callas y Carlo Bergonzi de 1965. Ella está vocalmente acabada, pero dramáticamente está mejor que nunca, y el acompañamiento orquestal de Prêtre contribuye al su trabajo, como comprobamos en el “Vissi d’arte”:

Y ya de paso escuchamos el “E luceban le stelle” que canta Bergonzi, que merece la pena:

De Richard Wagner no fue un intérprete frecuente, pero tenemos en concierto algunas de sus piezas orquestales, como estos fragmentos de “Götterdämmerung”. Atención a la exquisita delicadeza del final (minuto 18:20 más o menos):

Y dirigió a Régine Crespin en arias de Wagner y los Wesendonck-Lieder, del que escuchamos mi favorito, el 4º, “Schmerzen”:

También fue un destacado intérprete de óperas de Richard Strauss, del que escuchamos el trío final de “Der Rosenkavalier”:

Y por encima de todo fue un destacado intérprete de la última ópera de Strauss, “Capriccio”, que dirigió en varias ocasiones, escuchando en este caso el Flamand de Gregory Kunde:

Y le tenemos también dirigiendo los 4 últimos lieder con Margaret Price:

Pasamos ahora al trabajo sinfónico de Georges Prêtre. En su repertorio figuraban algunos de los grandes nombres del sinfonismo germano, así como compositores italianos, rusos o escandinavos. Escuchamos primero su Beethoven, más ligero y quizá menos dramático de lo habitual, como podemos apreciar en esta magnífica versión de su 7ª sinfonía:

Y escuchamos ahora una gran versión de la 9ª sinfonía:

Johannes Brahms fue otro compositor frecuente en sus conciertos. Lo comprobamos con esta 1ª sinfonía, de tempos moderados y gran lirismo:

Magnífica es igualmente su versión del “Eine Deutsches Requiem”, con esta versión junto a Soile Isokoski y Albert Dohmen:

Y sus versiones de las danzas húngaras son realmente fantásticas, con sus juegos de matices, sus rubatos y pausas, sus cambios de tempo y dinámica… extrayendo todo el jugo a estas piezas en apariencia sencillas pero que en manos de un gran director, como es el caso, brillan especialmente:

Anton Bruckner, aunque a priori parezca un compositor alejado de la sonoridad de Prêtre, fue también frecuente en su repertorio. Como prueba escuchamos esta 8ª sinfonía:

También dirigió algunas obras de Mahler, siendo sus interpretaciones de nuevo más ligeras y menos dramáticas de lo habitual (aunque con una precisión milimétrica a la hora de controlar las sonoridades y los colores orquestales, siempre de gran riqueza en sus interpretaciones, lo que se percibe más si cabe en un compositor con las dotes de orquestador que tenía Mahler). Quizá por eso las obras que dirigía no eran las más dramáticas del compositor. Escuchamos primero su 1ª sinfonía:

Y vamos ahora con la 5ª, con un bellísimo adiagietto de gran lirismo y un 5º movimiento impecable en los momentos más complicados de la obra:

No sólo fue un gran defensor de la obra operística de Richard Strauss, también lo fue de su obra sinfónica, de la que grabó buena parte. Destacamos por supuesto su versión de la Sinfonía Alpina:

Pero también grabó algunos de sus poemas sinfónicos, como “Así habló Zaratustra”, “Till Eulenspiegel” o esta “Una vida de héroe”:

Tenemos también grabación de una obra de Jean Sibelius, en concreto una magnífica versión de la 5ª sinfonía, sutil y al mismo tiempo dramática:

Georges Prêtre dirigió también obras sinfónicas italianas, como los Pinos de Roma de Ottorino Respighi, de los que escuchamos la 4º y última parte en una interpretación brillante y enérgica:

 Del repertorio ruso le vamos a escuchar dirigir el 3º concierto para piano de Rachmaninov con el pianista Alexis Weissenberg:

Y le escuchamos también “El pájaro de fuego” de Igor Stravinsky:

Pero sin en algo destacó Georges Prêtre como director sinfónico fue en el repertorio francés, del que fue un gran divulgador. Y ahí por supuesto entra la música de Hector Berlioz, del que escuchamos la Sinfonía fantástica:

Y también tenemos a Prêtre dirigiendo el poco frecuente Te Deum, obra de enormes magnitudes sinfónico-corales:

De Georges Bizet tenemos también su versión de las dos suites de “L’arlésienne”, de las que escuchamos el famoso intermezzo de la segunda suite:

De Camille Saint-Saëns, uno de los más infravalorados compositores franceses, Georges Prêtre dirigió varias obras, como este Carnaval de los animales:

La 1ª sinfonía de Saint-Saëns es una obra poco conocida, ligera, sutil, perfecta para el estilo de Prêtre, que nos deja así una versión simplemente referencial:

Y de la mucho más conocida 3ª sinfonía tenemos una gran versión en la que dirige a quien fuera su profesor, Maurice Duruflé, al órgano:

Pasamos a Gabriel Fauré, de quien Georges Prêtre dirigió su bellísimo Requiem:

Vamos a verle ahora dirigir una de las obras más populares de la música francesa, el Bolero de Maurice Ravel, tan sutil Prêtre en el gesto como lo es Ravel con la orquestación:

Otro compositor frecuente en su repertorio fue Claude Debussy, de quien escuchamos su “Prélude à l’apres-midi d’un faune”:

La música impresionista se adapta perfectamente al estilo de Prêtre, como podemos comprobar en otra obra de Debussy, los Nocturnos:

Y ya hemos mencionado que Georges Prêtre fue el director favorito de Francis Poulenc, del que dirigió numerosas obras. Vamos a escuchar aquí su Stabat Mater:

Y también el Concierto para órgano, en el que el organista es de nuevo Duruflé:

Pero para muchos, entre los que me encuentro, Georges Prêtre se hizo una cara conocida gracias a los dos Conciertos de Año Nuevo que dirigió en Viena, en 2008 y 2010. Escuchamos la obertura de “Die Fledermaus” de 2010:

No podía faltar su versión del “Danubio azul”, de nuevo de 2010:

Fueron dos conciertos memorables, gracias al exquisito dominio del rubato que demostró, y que tan bien se aprecia al comienzo del tema principal de este Danubio azul. Y fueron dos conciertos en los que se ganó al público con una energía sorprendente y una simpatía que lo convertían en un personaje entrañable. Imagen que destaca más si cabe en la seguida Marcha Radetzky:

En activo hasta fechas recientes, Georges Prêtre nos dejaba el pasado 4 de enero a los 92 años. Con una carrera en la que se adentró en terrenos poco conocidos, Prêtre es un director al que hacemos bien en recordar, porque la música, y en particular el repertorio francés, le deben mucho.



50 años sin Fritz Wunderlich (17-09-2016)


Estaba llamado a ser el rey de los tenores líricos alemanes (teniendo como seria competencia únicamente a Nicolai Gedda), a arrasar en los teatros de ópera de todo el mundo, pero hace 50 años un accidente se lo levó demasiado pronto. El que posiblemente sea el mejor Tamino de postguerra, el gran Fritz Wunderlich, nos decía adiós pocos días antes de cumplir los 36 años. Demasiado pronto, desde luego.




Friedrich Karl Otto Wunderlich nació el 26 de septiembre de 1930 en Kusel, en el Land alemán de Renania-Palatinado, en el seno de una familia dedicada a la música. Pero su padre se suicidó cuando Fritz tenía 5 años, lo que hizo que la familia cayera en la pobreza. Su madre comenzó a dar clases de música, por lo que el joven Fritz aprendió desde muy joven a tocar diversos instrumentos con ella.

De joven trabajó en una panadería, hasta que quienes le escuchaban cantar le convencieron de que estudiara música, cosa que hizo en la Escuela Superior de Música de Friburgo entre 1950 y 1955. Empezó estudiando trompa, pero cuando le escuchó Margarethe von Winterfeld le convenció para que se dedicara al canto.

Tras un debut amateur en Friburgo como Tamino en Die Zauberflöte, su debut profesional fue en la Staatsoper de Stuttgart en 1955 con un pequeño papel en “Die Meistersinger von Nürnberg”, siendo su consagración definitiva poco después, al sustituir al enfermo Josef Traxel de nuevo como Tamino en lugar del suplente previsto, Wlfgang Windgassen.

Mientras tanto, en 1956 se casó con la arpista Eva Jungnitsch, con la que tuvo 3 hijos. Su carrera se desarrolló fundamentalmente en Munich, Viena, el festival de Salzburgo y otros grandes teatros europeos.

Aficionado a la caza, entabló muy buena relación con compañeros cantantes que compartían su aficción, como el barítono Hermann Prey o el bajo Gottlob Frick, quien sería casi como un padre para él. Y será mientras está en la casa de caza de un amigo cuando, a consecuencia de unos zapatos mal atados, cae por las escaleras y se fractura el craneo, muriendo al día siguiente en el hospital de Heidelber, pocos días antes de cumplir los 36 años y de debutar en el Metropolitan de Nueva York. Fue enterrado en el Waldfriedhof de Munich, la ciudad en la que residía desde hacía unos años (tumba que no fui capaz de localizar en mi reciente visita al cementerio).

Su repertorio fue amplio y sus grabaciones numerosas, aunque casi todas son en alemán, bien en óperas alemanas o en traducciones a este idioma.

Comenzamos con el compositor con el que triunfó, Wolfgang Amadeus Mozart. Y empezamos escuchándole cantar en italiano, un “Il mio tesoro intanto” del Don Giovanni:

Percibimos sin problemas su voz bellísima y brillante, siempre musical y de emisión perfecta, además de sus buenas dotes para transmitir las emociones con la voz.

Le escuchamos ahora el aria “Un’aura amorosa” del “Così fan tutte” de Mozart, pero en este caso en alemán:

Y aquí ya percibimos mejor otra de las virtudes de Fritz Wunderlich, su cuidada pronunciación alemana. Algo que le hace especialmente idóneo para los roles mozartinos escritos en alemán, como el Belmonte de “Die Enführung aus den Serail”, en la difícil aria “Ich baue ganz”:

Resuelve sin aparente dificultad las coloraturas del aria.

Pero si hay un rol emblemático en la carrera de Fritz Wunderlich es, como ya hemos mencionado, el Tamino de “Die Zauberflöte”:

Fritz Wunderlich cantó obras barrocas, como el “L’Orfeo” de Claudio Monteverdi, del que escuchamos algunos fragmentos:

Le escuchamos ahora cantando una obra de Heinrich Schütz:

Escuchamos ahora algunas interpretaciones de música de Georg Friedrich Händel, empezando por el famoso “Ombra mai fu” de “Xerxes”:

Se le podrán poner todas las pegas estilísticas que queráis, pero esta interpretación de Fritz Wunderlich es simplemente maravillosa.

Mítica es su interpretación del Sesto de “Giulio Cesare in Egitto”, del que escuchamos el aria “Svegliatevi nel core”, cantada en alemán:

Y le escuchamos también cantar el “Verdi prati” del “Alcina”:

Y terminamos escuchándole en “El Mesías”:

Seguimos con sus interpretaciones de ópera italiana, empezando por Gioacchino Rossini, de quien Fritz Wunderlich cantó “Il barbiere di Siviglia”, que escuchamos aquí cantado en alemán y junto al Fígaro de su amigo Hermann Prey:

Fritz Wunderlich no sólo destacó cantando ópera, también cantando lied y canciones, y así tenemos esta versión de “La danza” del mismo Rossini:

Su pronunciación italiana desde luego no está a la altura de la alemana; eso nos ayuda a perdonarle mejor el hecho de que cantara casi todo el repertorio italiano traducido al alemán.

Le escuchamos ahora en “La Sonnambula” de Vincenzo Bellini, junto a la soprano Erika Köth:

Desde luego, con una emisión de voz tan perfecta se le perdona la traducción…

Y ahora le escuchamos en “L’elissir d’amore” de gaetano Donizetti, cantando “Una furtiva lagrima”:

Fritz Wunderlich cantó también algunos roles de Giuseppe Verdi, como el Duca de “Rigoletto”, del que escuchamos aquí una “La donna è mobile” cantada en italiano:

Le escuchamos ahora en una casi mítica “La Traviata” de Munich de 1965, cantada en italiano junto a Teresa Stratas, de la que escuchamos el “Un dì, felice, eterea”; atención, sobre todo, a ese “Ah, sì, da un anno” justo antes de comenzar el dúo, ¡magia pura!:

Y terminamos escuchándole en el Requiem, cantando el “Ingemisco”:

Escuchamos ahora a Fritz Wunderlich cantar óperas de Giacomo Puccini. Comenzamos por”Tosca”, de la que escuchamos el “E lucevan le stelle” en alemán:

Y ahora el “Nessun dorma” de Turandot, de nuevo en alemán y en una versión quizá algo más lírica de lo normal:

Pero si hay dos óperas de Puccini en las que destaca Fritz Wunderlich son “La Boheme” y “Madama Butterfly”, que se adaptan a la perfección a su voz lírica. Comenzamos por “La Boheme”, por el dúo “O soave fanciulla” junto a Anneliese Rothenberger:

De “Madama Butterfly” empezamos escuchando (siempre en alemán” el aria “Addio, fiorito asil”, junto a Hermann Prey:

Pero llegamos a lo mejor, a ese dúo final del primer acto que canta junto a Pilar Lorengar. La emisión de ambos es simplemente perfecta, llena de musicalidad… un verdadero lujo poder escuchar esto:

Terminamos de repasar su repertorio italiano con algunas napolitanas, como la famosísima “O sole mio”, cantada en italiano y alemán:

Y por último un “Santa Lucia” en alemán:

En el repertorio francés, si algo hay que agradecer a Fritz Wunderlich es que prestara atención a ese “Viens, gentille dame” de la casi olvidada “La dame blanche” de François-Adrien Boïeldiue:

Le escuchamos ahora el “Adiue, Mignon” de la “Mignon” de Ambroise Thomas:

De Georges Bizet le vamos a escuchar cantar el dúo de “Les pêcheurs de perles”, de nuevo junto a Hermann Prey:

Le escuchamos también cantar el “Ave Maria” de Gounod:

Pasamos a Jules Massenet con el “En fermant les yeux” de “Manon”:

Y terminamos con el “Plaisir d’amour” de Jean-Paul Martini, en la que por fin le escuchamos cantar en francés (y diría que con una pronunciación bastante mejor que en italiano):

Le escuchamos ahora en repertorio ruso,cantando el “Kuda vy udalilis” de “Eugene Oneguin” de Piotr Ilich Tchaikovsky:

Mítica fue también en la carrera de Fritz Wunderlich su interpretación de la ópera checa “La novia vendida” de Bedrich Smetana, de nuevo junto a Pilar Lorengar:

Le escuchamos ahora cantar en inglés la canción “Be my love”:

Pasamos a escuchar a Fritz Wunderlich en repertorio español, cantando el “Granada” de Agustín Lara:

Y por último una bellísima versión del “Estrellita” de Manuel María Ponce (en alemán de nuevo obviamente):

Y llegamos, por fin, al repertorio natural de Fritz Wunderlich, el alemán, que comenzamos con el aria de Fenton en “Die lustigen Weiber von Windsor”:

Y seguimos con “Der Barbier von Bagdag” de Peter Cornelius:

Franz Schubert fue un compositor muy importante en la carrera de Fritz Wunderlich, sobre todo en el área del Lied, pero también interpretó la ópera “Fierrabras”:

De Richard Wagner interpretó algunos papeles secundarios, como el timonel de “Der fliegende Holländer”:

Destaca también su interpretación de la ópera “Martha” de Friedrich von Flotow, de la que escuchamos el aria “Ach, so Fromm”:

Le escuchamos ahora en dos óperas de Albert Lortzing, comenzando por “Zar un Zimmermann”:

Y seguimos con “Undine”:

Otro hito destacable en la carrera de Fritz Wunderlich fue la interpretación del protagonista de la ópera “Palestrina” de Hans Pfitzner, de la que aquí escuchamos el final junto a Sena Jurinac:

Escuchamos ahora a Fritz Wunderlich cantar la ópera “Der Evangelimann” de Wilhelm Kienzl:

Y destaca también su intervención en “Die Schweigsame Frau” de Richard Strauss, que aquí escuchamos junto a Hilde Güden:

Escuchamos también el aria del tenor italiano de “Der Rosenkavalier” del mismo Strauss:

Pasamos ahora al mundo de la opereta austriaca, en el que también destacó. Comenzamos por Johann Strauss, primero en “Eine Nacht in Venedig”:

Y ahora le escuchamos en algunos fragmentos de “Die Fledermaus”:

De Franz Lehar empezamos por esta bellísima aria de la opereta “Friederike”:

Le escuchamos ahora en “Der Zarewitzch”:

Y por último, el famoso “Dein ist mein ganzes herz” de “Das land des Lächelns”:

Fritz Wunderlich interpretó también varias operetas de Emmerich Kálman, pero vamos a escuchar sólo una, “Gräfin Mariza”:

Le escuchamos ahora en la bellísima canción “Wien, Wien, nur du allein” de Rudolf Sieczynski:

Y pasamos ahora al campo del Lied, del que Fritz Wunderlich ha sido uno de los grandes intérpretes. Comenzamos por “Adelaide” de Ludwig van Beethoven:

Y Schubert… ¡Qué decir de sus interpretaciones de lieder de Schubert! Ese “Die schöne Mullerin” del que fue un intérprete memorable:

Escuchamos también su “Im Abendrot”:

Otro lied mítico es “An die Musik”:

Y terminamos con el “Ständchen” del canto del cisne, uno de los más célebres lied:

Fritz Wunderlich fue también un estacado intérprete de los Dichterliebe de Robert Schumann:

Escuchamos ahora una interpretación suya de un lied de Johannes Brahms:

Histórica es su interpretación, dirigido por Otto Klemperer, de “Das Lied von der Erde”, en la que sorprende en la primera parte al afrontar con semejante facilidad para sus medios líricos una parte que requiere una voz de más peso:

Y terminamos con dos lieder de Richard Strauss. Comenzamos con “Ständchen”:

Y por último el bellísimo “Morgen”:

Este repaso a sus interpretaciones nos ha permitido disfrutar de su arte único, de esa emisión perfecta, nada forzada, de esa voz brillante y potente, de esa musicalidad… Es difícil imaginar lo que podría haber hecho si no hubiera muerto tan joven. Lo que le sucedió fue una tragedia, pero por lo menos gracias a las numerosas grabaciones que nos dejó, podemos seguir disfrutando de su inmenso arte.



In Memoriam: Johan Botha (08-09-2016)


Hace ya unos cuantos años que la Quincena Musical Donostiarra nos ofreció una versión en concierto del Otello de Verdi. Aparecieron los cantantes que se situaron ante la orquesta, y entre ellos destacaba una enorme figura vertida con túnica a la que, en la distancia de las últimas filas del Kursaal en las que me encontraba creí que era una mujer, por el pelo largo y no poder verle la cara; pero no, se trataba del tenor que iba a cantar el rol protagonista de Otello. Y me temía lo peor, un recital de berridos y la incapacidad de sacar adelante el papel. Gran sorpresa la mía cuando, aunque como personaje un tanto plano, cantó completamente la parte de Otello, sin gritos ni problemas de volumen ni tesitura. Resultó ser una muy agradable sorpresa, que además contrastaba con el pésimo Yago de Carlo Guelfi; se trataba del tenor sudafricano Johan Botha.




Pues bien, hace pocos días nos enteramos que nos había dejado a los 51 años. Al igual que pocas semanas antes con Daniela Dessì, un cáncer se lo llevaba mientras estaba en plena actividad, recién vuelto a los escenarios tras una breve retirada para tratarse la enfermedad, diagnosticada a finales de 2015.

Johan Botha había nacido el 19 de agosto de 1961 en un pueblo sudafricano no muy lejano de Johannesburgo. Ya desde joven destaca por su voz, y debuta en 1989 en Johannesburgo con “El cazador furtivo” de Weber. El director del coro del festival de Bayreuth le invitó entonces a cantar en Alemania, y no tardó en alcanzar un gran prestigio en Europa, nacionalizándose austriaco.

Su repertorio fue bastante amplio, aunque no hay muchos vídeos en youtuve, así que tendremos que verle sólo en algunos, aunque sí de los más destacados.

Aunque al principio cantó papeles de tenor más lírico (La Boheme, por ejemplo), se fue especializando en papeles de tenor spinto y dramático, entre ellos el Pollione de la “Norma” de Bellini que escuchamos a continuación:

Pasamos a Giuseppe Verdi, del que Johan Botha cantó varios papeles, aunque destaca en uno por encima de los demás: “Otello”. Escuchamos primero ese bellísimo dúo de amor del I acto, “Già nella notte densa” junto a la Desdemona de Renée Fleming, en el que advertimos su perfecta línea de canto, alejado del tosco legato de tantos tenores dramáticos que se han enfrentado al papel:

Le escuchamos ahora en esa prueba de fuego que es el monólogo del III acto “Dio mi potevi scagliar”, de nuevo perfectamente cantado y con la voz que requiere el papel:

Cantó también varios papeles veristas, como Pagliacci, Caballeria rusticana o Andrea Chenier, pero le vamos a escuchar sólo dos, ambos de Puccini; primero el Luigi de “Il tabarro”; atención al final del dúo, al “Folle di gelosia”:

Y terminamos, antes de pasar al repertorio alemán, con su Calaf de “Turandot” y con ese aria ya mítica que es el “Nessun dorma”:

 Ya hemos mencionado que Johan Botha debutó con “El cazador furtivo” de Weber, y también cantó itras óperas del romanticismo temprano alemán, como el “Fidelio” de Beethoven, pero en vez de eso le vamos a escuchar en repertorio de concierto, con la 9ª de Beethoven, dirigida por Barenboim y junto a un espléndido René Pape. Observemos bien el monólogo de Botha para ver la versatilidad de su voz, potente al mismo tiempo que maleable:

En el repertorio de concierto también cantó obras de Mahler, como “Das Lied von der Erde”:

También cantó algo de opereta, como este “Das Land des Lächelns”:

Uno de los compositores más importantes de su trayectoria fue Richard Strauss, del que cantó la poco conocida “Daphne”, de la que aquí escuchamos el final, de nuevo junto a Renée Fleming:

Le escuchamos también en otro de esos papeles que le iban como anillo al dedo, el Emperador de “Die Frau ohne Schatten”:

Destacó también como el Bacco de “Ariadna auf Naxos”, pero no encuentro ningún fragmento en youtube.

Y vamos ahora con ese otro compositor fundamental en la carrera de Johan Botha, Richard Wagner. Y empezamos por esa joya olvidada que es Rienzi, un papel tremendamente difícil, deudor de los grandes tenores heroicos franceses, con elementos belcantistas, pero una vocalidad que ya nos anticipa a otros grandes personajes wagnerianos, como Tannhäuser. Desconozco si Botha cantó esta ópera completa, pero por lo menos aquí le tenemos cantando, dirigido por Christian Thielemann, la plegaria del 5º acto, la bellísima “Allmächt’ger Vater”:

Le escuchamos ahora en “Tannhäuser”; como sólo puedo colgar el primer acto completo (más de una hora de duración), os recomiendo ir directamente al minuto 26 para escuchar el aria “Dir töne Lob” y comprobar como resuelve las dificultades del rol, en el año 2015:

Le escuchamos ahora en el rol protagonista de “Lohengrin”, cantando el “In fernem Land”, donde mejor podemos observar su estilo canoro: una voz potente pero de sonoridad lírica, maleable, sin problemas para apianar, de timbre claro que nunca oscurecía artificialmente para sonar más heroico, lo que curiosamente le da más puntos a favor a su canto, siempre limpio; con estas características, el rol de Lohengrin es uno de los que más de pueden adecuar a su estilo:

Y ahora vamos a escucharlo en otro de esos papeles wagnerianos más líricos que mejor se adaptan a su voz, el Walther von Stolzing de “Die Meistersinger von Nürnberg”, de la ópera de Viena en 2008, dirigido de nuevo por Thielemann:

Cantó también los personajes de Tristan y Parsifal, pero vamos a terminar con ese Siegmund que cantó en el festival de Bayreuth en 2015; fue con este papel con el que debutó en Bayreuth en 2010:

Pero este año, Johan Botha no cantaba en Bayreuth. Tras un retiro de unos meses, volvía en verano a los escenarios en Budapest con Siegmund en junio y en Munich con Turandot en julio. Dio luego algún recital en su Sudáfrica natal y, de pronto, de improviso, moría en Viena el pasado 8 de septiembre, recién cumplidos los 51 años (y pocas semanas después de la desaparición, también por cáncer, de la soprano Daniela Dessì en este verano negro), dejando mujer y dos hijos. Con él se nos va un gran tenor del repertorio alemán al que por desgracia poco pudimos admirar en la península, donde cantó en muy pocas ocasiones.



Crónica: Ballet de Tristan e Isolda en la Quincena musical (07-08-2016)


Un ballet de Tristan e Isolda, la gran ópera de Wagner. Ya a priori suena a un imposible. Convertir el drama wagneriano, más bien estático y reflexivo, y además de considerable duración, en una obra de danza más o menos clásica y resumirla en menos de hora y media resulta totalmente contradictorio. Pero eso es lo que decidió hacer la coreógrafa Joëlle Bouvier junto al Ballet del Gran Teatro de Ginebra. Y eso es lo que nos ha traído este año la Quincena Musical donostiarra al Kursaal.




Antes de nada dejamos un enlace de la producción.

La base musical es la grabación de Carlos Kleiber, con René Kollo, Margaret Price, Kurt Moll y Brigitte Fassbaender, elección más que adecuada no tanto por ser la mejor de la ópera (es cuestión de gustos, desde luego, es una gran versión, pero no es mi favorita, desde luego) como por ser una versión lenta y muy lírica, con unas voces menos dramáticas de lo acostumbrado (en especial en el caso de Isolde). Escuchamos la obertura y diversos pasajes de los 3 actos. La no subtitulación de los momentos cantados (algo que por otra parte en el ballet tampoco tendría sentido) hacía difícil seguir el hilo de la historia a quien no se conozca bien la ópera (yo en concreto me pierdo mucho en el primer acto, que se me hace muy largo y me cuesta escucharlo, por lo que no podía saber que momentos estaban sonando). Eso ponía en en los 4 bailarines “solistas”, correspondientes a Isolde, Trista, el rey Marke y una “testigo” en sustitución de Brangäne, en la tesitura de tener que transmitir perfectamente las emociones de esta ópera, que son muchas, por otro lado.

De este ballet de Tristan e Isolda diría que lo más conseguido fue la obertura, en la que se nos puso en antecedentes, con Tristan matando a Morold e Isolda perdonándole la vida al asesino de su prometido. Fue quizá el momento en el que era más fácil seguir la acción.

El primer acto se me hizo en general bastante largo, con varios monólogos de Isolda en los que resultaba difícil saber lo que estaba pasando. Mejoraba al final, con la aparición de Tristan y ese juego con la cuerda que colgaba del techo, un baile más de tipo acrobático pero que de alguna forma podría representar las ligaduras de este amor imposible.

El segundo acto fue quizá el mejor de los 3. Comenzó, no me explico el por qué, con un lied (me comentario que era un Wesendonck lieder del pripio Wagner). Luego escuchamos el comcienzo del largo dúo de amor de Tristan e Isolda, para pasar rápidamente al final del dúo (y es que ese era uno de los grandes problemas de este ballet de Tristan e Isolda; los repentinos cortes, los saltos e la partitura, restan uniformidad a la obra); me entristeció que se comieran el bellísimo monólogo de Brangäne, que pienso que podría haber dado bastante juego, pero es que su personaje aparecía tan desdibujado… muy bien resuelto tanto el descubrimiento de la pareja por parte del esposo de Isolda, el Rey Marke, como el final, con las heridas mortales de Tristan; no tanto el monólogo de Marke, en el que el personaje nos muestra su profundo dolor al sentirse traicionado por su sobrino y por su esposa: es un momento en el que el baile, del tipo que sea, queda espantosamente mal, y la coreografía desde luego no consiguió transmitir (al menos a mí) las emociones del traicionado esposo. Era uno de los momentos en los que más rídicula se hacía la idea de convertir la ópera de Wagner en un ballet.

Y totalmente fallido el 3º acto. Un fragmento del largísimo monólogo del agonizante Tristan, metido casi sin ton ni son, mientras el agonizante bailaba y brincaba (otro sinsentido), y luego de golpe hemos de suponer que muere (en vez de usar el momento de su muerte en la ópera, que podía haber quedado muy bien) para pasar directamente a un “Mild un leisse”, la muerte de amor de Isolda, que no consiguió emocionarme.

Se echaba de menos sentir las vibraciones que produce el escuchar la música en vivo (que es a lo que estoy acostumbrado en el Kursaal), y más en una obra con momentos tan bellos y emocionantes como esta ópera de Wagner. Existía la opción de cerrar los ojos, olvidarte del ballet y sólo disfrutar la música… pero eso también puedo hacerlo en casa.

No voy a hablar de la coreografía ni de los bailarines, ya que mis conocimientos de ballet son nulos. Únicamente decir que, por suerte, los reducidos requerimientos escénicos (una cuera en el primer acto y una escalera de caracol giratoria en el segundo) se adaptaban perfectamente a las reducidas posibilidades escénicas del Kursaal. Por lo menos por este lado, nada que reprochar.

No entiendo de ballet, ya lo he dicho, pero eso no quiere decir que no me guste: he podido disfrutar de, por ejemplo, dos “Cascanueces” que me encantaron. Quizá el problema es que yo entiendo el ballet en su forma clásica, que soy demasiado conservador, que preferiría ver un lago de los cisnes, una bella durmiente o una Coppellia, que por lo menos puedo seguir mejor. Seguramente sea problema mío, no lo niego, pero es que no he conseguido encontrarle el sentido a este ballet de Tristan e Isolda.



130 años sin Franz Liszt (31-07-2016)


A la sombra de tantos compositores contemporáneos, en los que él mismo influyó (y a muchos de los cuales ayudó a comenzar sus carreras), la figura de Franz Liszt ha quedado en la historia casi como la de un compositor de segunda, destacándose sólo su carrera como virtuoso del piano. Pero es que resulta que Liszt es uno de mis compositores favoritos, y dado que hoy se cumplen 30 años de su muerte, es de rigor repasar su vida y su obra.




Ferenc Liszt (el nombre húngaro de Franz Liszt) nació en la entonces localidad húngara de Doborján (actualmente conocida por su nombre alemán, Raiding, perteneciente al estado austriaco de Burgenland) el 22 de octubre de 1811. Su familia provenía de la Baja Austria, siendo su bisabuelo el que emigró a Hungría, mientras su padre adaptaba la grafía original de su apellido, List, a la húngara Liszt. En todo caso, en Doborján no se hablaba húngaro, sino alemán, que será el idioma materno de Liszt (aprenderá algo de húngaro hacia el final de su vida, en los años 70).

Su padre era un destacado músico que trabajaba al servicio de la Casa de Esterházy. Ya desde los 6 años, Franz Liszt demostró su inclinación y talento por la música, por lo que su padre comenzó a enseñarle a tocar el piano, demostrando el pequeño Franz ser un auténtico niño prodigio (en realidad fue un prodigio toda su vida).

En 1820, a los 9 años, dio sus primeros conciertos en público, que llamaron la atención de todos, incluyendo los propios Estesházy. Así, Adam consigue el permiso de sus patronos para que el niño pueda ir a estudiar a Viena. La familia no puede hacerse cargo de los honorarios que pide Johann Nepomuk Hummel, pero por el contrario Karl Czerny se ofrece a darle clase gratis. Y también recibió clases de composición por parte de Anonio Salieri. En 1822 da su primer concierto público en Viena, donde conoció en persona a Beethoven y a Schubert (de quien fue un gran defensor toda su vida).

Pero en 1823 los Esterházy se niegan a concederle un año más de permiso al niño, por lo que su padre se retira del servicio y acompaña a su hijo en las giras de conciertos que va a dar, primero en Pest, luego en Viena y, tras dar conciertos en Munich, Augsburgo, Stuttgart y Estrasburgo, llega a París el 20 de septiembre de 1823. No tarda en aprender francés, que se convertirá en su lengua principal (domina además el Italiano y habla también inglés). Allí, Adam se lleva la sorpresa de que Luigi Cherubini, director del conservatorio de París, rechace admitir a Liszt en él, ya que está prohibida la admisión de extranjeros. Así que su propio padre continúa dándole clases de piano, mientras que a partir de 1824 recibirá clases de composición de Anton Reicha y Ferdinando Paër; Liszt compone diversas obras en este período que no tienen éxito; destaca la que será su única ópera, “Don Sanche”, que compone con la ayuda de Paër, estrenada el 17 de octubre de 1825 con el famoso tenor Adolphe Nourrit en el papel protagonista, pero la ópera tampoco consigue triunfar. Escuchamos su overtura:

Estos fracasos llevan a que Liszt se desinterese cada vez más por la música y se interese por la carrera religiosa (era un ferviente católico), pero su padre se lo impide y le obliga a seguir con su carrera como concertista. Entonces, en 1827, el joven Franz Liszt enfermó y se trasladó con su padre a la ciudad-balneario de Boulogne-sur-Mer para recuperarse; pero durante su convalecencia es su padre el que enferma de tifus y muere.

Así concluye la carrera concertística de Liszt. regresa a París junto a su madre y se dedica a dar clases de piano, que le agotan físicamente y al parecer le hacen adicto al tabaco y el alcohol. Su inseguridad le lleva a interesarse de nuevo por el sacerdocio, pero esta vez es su madre quien le desanima (necesita el sustento que consiga su hijo para sobrevivir).

En París entabla amistad con Chrétien Urham, un violinista de origen alemán y gran defensor de la música de Schubert, quien le adentra en la música del romanticismo. Conoce también a personalidades como Victor Hugo, Heinrich Heine o Hector Berlioz, y aprovecha este periodo para suplir sus carencias educativas (su infancia dando giras de conciertos le había impedido recibir una educación normal) leyendo mucho (cosa que continuará haciendo toda su vida).

El 20 de abril de 1832 asiste a un concierto del célebre violinista Niccolò Paganini, que encandilaba al público con su forma de tocar. Franz Liszt decide entonces hacer lo mismo como pianista. En parís había en esos momentos un buen número de virtuosos del piano (entre los que destaca Sigismund Thalberg), cada uno especializado en un aspecto técnico del piano; pero Liszt los cultiva todos, y con una personalidad atractiva y una considerable belleza física, provoca la locura del público.

En 1833 realiza una transcripción para piano de la Sinfonía fantástica de Berlioz, entonces poco conocida, para contribuir a hacerla más famosa y ayudar así a su amigo, tocando a menudo la obra en sus conciertos.

Por las mismas fechas conoce a Frederic Chopin, que también se encontraba en París, y lejos de establecerse una rivalidad entre ambos, se hicieron amigos; de hecho, el estilo poético de Chopin terminará influyendo en Liszt.

Desde 1833, Franz Liszt mantiene una relación sentimental con la condesa Marie d’Agoult, quien tras abandonar a su esposo se irá a Ginebra junto a Liszt. Allí Liszt trabaja como profesor en el conservatorio de la ciudad y compone sus primeras obras de madurez, alejadas de las fantasías de sus períodos previos, como las Harmonías poéticas y religiosas:

Con Marie, Franz Liszt tiene 3 hijos: Blandine en 1835, Cosima en 1837 y Daniel en 1839. Pero la relación entre ambos se enfría ese mismo año, y Liszt, al enterarse de las dificultades económicas que habíapara el monumento conmemorativo de Beethoven en Bonn, vuelve a dar giras de conciertos, mientras Marie vuelve con sus hijos a París. Se separarán definitivamente en 1844.

Liszt viaja por toda Europa dando conciertos, ganando tanto dinero que en general lo dedica a causas humanitarias o sociales, desde la construcción de la Escuela Nacional de Música Húngara o las obras para concluir la construcción de la enorme catedral de Colonia hasta ayudas para las víctimas del incendio de Hamburgo de 1842.

A Liszt le cuesta encontrar compañeros que compartan escenario con él en la gran cantidad de conciertos que da (unos 4 por semana), por lo que será el “inventor” de concepto actual de recital de piano. La histeria que provocaba en sus conciertos se adelanta en un siglo a la que provocarán las estrellas del rock a partir de Elvis y The Beatles. El público se peleaba por conseguir sus guantes, que acababan destrozados.

Su vida cambia en 1847, cuando en un concierto en Kiev conoce a la princesa Corline zu Sayn-Wittgenstein, de la que se enamora y con quien permanecerá la mayor parte del resto de su vida. Ese mismo año da su último concierto público (retirándose de la vida concertística a los 35 años, en la plenitud de su carrera). Recibe una oferta de la Gran Duquesa Maria Pavlóvna de Rusia para establecerse en Weimar, donde permanecerá hasta 1861. Allí será maestro de capilla, dará clases de piano a, entre otros, su futuro yerno Hans von Bülow y contribuirá al estreno de Tannhauser en 1849 y dirigirá él mismo el de Lohengrin en 1850 (mientras el autor, Richard Wagner, estaba en el exilio).

Pero si por algo destacan estos años es por su obra compositiva, en la que compone o arregla buena parte de sus obras más conocidas. Destaca el desarrollo del poema sinfónico como pieza programática, idea odiada por el sector más conservador (aunque me gustaría saber qué diferencia hay entre los poemas sinfónicos de Liszt y las overturas de Mendelssohn, por ejemplo). De entre ellos destaca el famosísimo “Les preludes”:

Entre 1848 y 1858 Liszt compone en total 12 poemas sinfónicos. Les preludes es uno de los primeros; Die Ideale, uno de los últimos. En ellos vemos su talento orquestador (influenciado por Berlioz) y su gran dramatismo, lleno de contrastes de volumen, ritmo, tonalidad o armonía, anticipándonos a figuras como Mahler o Richard Strauss. Escuchamos ese Die Ideale, dirigido por Kurt Masur:

Los poemas sinfónicos son obras de estructura libre, lo que no significa que Liszt renuncie a las formas clásicas, que a menudo emplea en sus obras, pero lo hace con una mayor libertad que otros compositores, cosa que se percibe también en otras dos obras que compone en este periódo, sus dos sinfonías. La primera de ellas es la Sinfonía fausto, de 1854 (aunque la revisará en 1861), con 3 movimientos y un final coral:

Entre 1855 y 1856 compone la Sinfonía Dante, que al igual que la anterior tiene un marcado carácter programático:

En esas fechas reescribe sus dos conciertos para piano. El primero (aunque cronológicamente sea el segundo), que había compuesto en 1849, lo reescribe en 1856. Se lo escuchamos a Sviatoslav Richter:

En 1849 reescribe su segundo concierto para piano, de 1839, que consta en realidad de cuatro movimientos sucesivos sin interrupción. Se lo escuchamos a Martha Argerich:

De 1859 es también la obra para piano y orquesta Totentanz, que le escuchamos a György Cziffra:

De su obra para piano destaca la sonata en Si, de nuevo en un único movimiento, liberándose de las formas clásicas. Se la escuchamos a Krystian Zimerman:

En 1851 compondrá una de sus obras maestras de virtosismo pianístico, los 12 estudios de ejecución trascendental, que le escuchamos a Claudio Arrau:

Terminará en esos años también los dos primeros volúmenes de sus Años de peregrinaje, Suiza e Italia respectivamente. Escuchamos a Lazar Berman tocar un fragmento del primero, la Pastoral:

Por esas fechas compone también la mayor parte de sus 19 rapsodias húngaras para piano (las dos últimas serán ya de los años 80). Escuchamos algunas de ellas de nuevo con Cziffra:

Con posterioridad, Franz Doppler adapta 6 de estas rapsodias (la 2, 5, 6, 9, 12 y 14) para orquesta, siendo estas adaptaciones revisadas por el propio Franz Liszt. La más famosa es sin duda la 2ª:

La 14 fue también adaptada como obra para piano y orquesta, la Fantasía Húngara, que escuchamos interpretada por Sviatoslav Richter:

En 1850 había compuesto también los 3 Liebesträume, de los cuales el 3º es justamente famoso por su belleza poética. Se lo escuchamos a Artur Rubinstein:

También Franz Liszt compone numerosos arreglos para piano de obras de otros compositores, así como paráfrasis, de entre las que podemos destacar esta magnífica, de 1859, sobre temas del “Rigoletto” de Verdi; toma en concreto el tema del cuarteto “Bella figlia dell’amore” y lo adapta al piano, consiguiendo que no echemos de menos ni las voces ni la orquesta en un ejercicio simplemente magistral, que escuchamos de nuevo interpretado por Cziffra:

Pero todo se iba a torcer. Franz Liszt y Caroline querían casarse, ya que ambos eran actólicos y querían legalizar su unión, pero ella estaba ya casada y su esposo seguía vivo. Así que se inició un largo proceso para anular su matrimonio previo, cosa que se logró en 1860. La idea era casarse el 22 de octubre de 1861 en Roma, el día que Liszt cumplía 50 años, pero entonces presiones del esposo de la princesa y del zar de Rusia anularon el permiso que el Vaticano había dado para el matrimonio, que nunca se realizará.

Fueron años difíciles para Liszt, quien había visto morir a dos de sus hijos (Daniel en 1859, con sólo 20 años, y Blandina en 1862. Franz Liszt quiere retirarse a una vida solitaria, para lo que se establece en un monasterio franciscano de Roma, donde toma las órdenes menores (aunque nunca llegará a sacerdote). En esos años dirige conciertos en Roma y compone mayoritariamente oratorios, como el Cantico del Sol di San Francesco d’Assisi, de 1862:

En 1865 salta el escándalo cuando su hija Cosima comienza una relación con Richard Wagner, casándose en 1870. Las relaciones entre Liszt y Wagner se enfriarán (el carácter de Wagner tampoco ayuda), y no volverán a la normalidad hasta 1872.

En 1869 Franz Liszt es invitado de nuevo a Weimar para dar clases de piano , y en 1871 también le invitan en Budapest, por lo que Liszt pasará los siguientes años a caballo entre estas 3 ciudades en lo que él llamó “triple vida”, en la que además hace paradas para visitar a su hija y su yerno Wagner en Bayreuth (donde apoya a Wagner para la construcción de su teatro) y Venecia. Pese a la edad y las malas condiciones de los viajes en esa época, hacía un mínimo de 6.500 km al año. En esta época da sus últimos conciertos públicos, pero destaca sobre todo por su labor didáctica con un buen puñado de alumnos llamados a continuar el legado pianístico de Liszt.

Sus obras compositivas sufren una importante evolución en esta época. En 1877 termina su tercera parte de los Años de peregrinaje, en los que nos encontramos con estos “Jeus d’eau a la Villa d’Este” que nos anuncian ya el impresionismo de Debussy, y que escuchamos en la versión de Claudio Arrau:

De 1881 en “Nuages gris”, una obra muy alejada de su virtuosismo anterior, pero con unas armonías muy innovadoras y un estilo ya mucho más sombrío, propio del difícil estado anímico en el que se encuentra. Escuchamos la versión de Richter:

En un estilo igualmente sombrío son las dos piezas que componen “La lugubre gondola”, de la que aquí escuchamos la 2ª (seguida de Nuages gris y otra obra tardía de Liszt) en la versión de Zimerman:

En 1885 compone su “Bagatela sin tonalidad”, un breve vals de gran riqueza cromática, que no es propiamente atonal (y mucho menos disonante al estilo de Schönberg), pero sí que rehuye una tonalidad musical concreta; el musicólogo Fétis la denominará “omnitónica”:

De su obra orquestal, destaca la orquestación de sus “Valses Mefisto” para piano, de 1881; escuchamos aquí el magnífico primer vals:

En 1882 compone su último poema sinfónico, “De la cuna a la tumba”; no creo tener que añadir nada visto el título al estado anímico del compositor. Como no consigo un vídeo completo en youtube, lo tengo que poner en tres partes:

Si por mí fuera habría puesto la integral de poemas sinfónicos, pero 3 horas de duración resultan excesivas… pero es que son unas obras que merecen tanto la pena, y que se escuchan tan poco (con la excepción de Les preludes)…

Franz Liszt había gozado de un razonable estado de salud (y mantenía su esbelta figura de juventud, así como su llamativa melena, aunque ya blanca). Pero una caída en 1881 en el hotel en el que se alojaba en Weimar se complicó en graves problemas de salud que arrastraría por el resto de su vida y que oscurecerían su estado de ánimo. Su yerno Wagner murió en 1883 en Venecia. Liszt le sobrevivirá 3 años. Al parecer, estando en Bayreuth para acudir al festival junto a su hija Cosima, contrajo una neumonía, que al parecer no fue ben tratada y que lo llevó a la tumba el 31 de julio de 1886, a los 74 años. Fue enterrado en el Alter Friedhof de Bayreuth:

Por desgracia, Franz Liszt no llegó a tiempo de poder registrar sus interpretaciones en audio, con lo que nos perdemos poder conocer mejor su estilo interpretativo, que podemos deducir gracias a sus alumnos, y que debió ser el mejor que se había visto hasta el momento. Liszt fue una persona generosa con muchos músicos contemporáneos (Berlioz y Wagner entre ellos, pero también otros muchos), que contribuyó a redescubrir a otros compositores del pasado al incorporarlos a su repertorio (Schubert en especial, pero también Bach o Händel, por ejemplo) y que, como compositor, no sólo demostró su gran talento como pianista, sino también como orquestador, además de adelantarse a su tiempo en su estilo. Fue en mi opinión uno de los más grandes compositores del romanticismo, y como tal he querido recordarlo.



20 años sin Pilar Lorengar (02-06-2016)


En 1991, un grupo de importantes cantantes de ópera españoles fueron galardonados con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes: Alfredo Kraus, Plácido Domingo, José Carreras, Victoria de los Ángeles, Montserrat Caballé, Teresa Berganza y Pilar Lorengar. Todos ellos nombres sobradamente conocidos por el público… salvo quizá el de Pilar Lorengar, que siendo una de las mejores cantantes femeninas de la península, ha visto como su nombre permanecía un poco en la oscuridad, en buena medida por haber desarrollado la mayor parte de su carrera en Alemania. Así que hoy, que se cumplen 20 años de su prematura muerte (tenía 68 años cuando el cáncer se la llevó) vamos a repasar algunas de las (muchas) joyas que nos dejó.




Pilar Lorenza García (inteligentemente fusionó ese segundo nombre y apellido en su nombre artístico, Pilar Lorengar) nació en Zaragoza el 16 de enero de 1928. Desde muy pequeña participó en un programa de radio, y se mudó a Barcelona para recibir clases de canto, que continuaría en Madrid y en Berlín. En 1949 entra a formar parte del Coro del teatro de la Zarzuela, y debuta en 1950 en Orán, Argelia, con el papel de Maruxa. Sigue cantando Zarzuela, pero su primera intervención relevante fue en 1952, cuando cantó en Barcelona las partes solistas para soprano de la 9ª sinfonía de Beethoven y del Requiem Alemán de Brahms. Vamos a escucharle en una versión posterior (1963) de la 9ª de Beethoven:

Pilar Lorengar fue una referencial intérprete de zarzuela, especialmente en sus primeros años de carrera, en los que además participa en algunas imprescindibles grabaciones del género, como ese “La del manojo de rosas” que protagoniza junto a Renato Cesari bajo la dirección del propio compositor, Pablo Sorozábal, del que aquí escuchamos el magnífico dúo “Hace tiempo que vengo al taller”:

Otra de esas grabaciones míticas de zarzuela será “El caserío” de Jesús Guridi, dirigido por Ataulfo Argenta, junto a Carlos Munguía y Manuel Ausensi. Escuchamos el dúo junto a este último:

Pero no abandonó del todo la zarzuela, como podemos comprobar en esta grabación más tardía de la famosa romanza “De España vengo” de “El niño judío” de Pablo Luna:

Y de esa misma grabación de 1985 escuchamos el dúo de “El dúo de la Africana” junto a Plácido Domingo:

Su debut internacional se produce en 1955 en el Festival de Aix-en-Provence con el Cherubino de “Le nozze di Figaro”, del que escuchamos el aria “Non so più”:

Tras debutar en Londres o en Buenos Aires, en 1958 firma un contrato con la Deutsche Oper Berlin, con la que cantará durante unos 30 años, hasta su retirada. Poco dada a viajar, y más al casarse con Jurgen Schaff, desarrolla gran parte de su carrera en Berlín, donde Mozart será uno de los principales puntales de su repertorio. De hecho, será con la Illia de “Idomeneo” con la que debute, en 1961, en el Festival de Salzburgo.

Pero fue sobre todo con las heroínas de la trilogía dapontiana, así como con la Pamina, con las que triunfará y que serán los pilares de su repertorio. La escuchamos primero en el bellísimo “Dove sono” de “Le nozze di Figaro”:

La escuchamos ahora como Fiordiligi en “Così fan tutte”:

Del “Don Giovanni” la escuchamos primero como Donna Elvira en el “Mi tradì quell’alma ingrata”:

Y terminamos escuchando su maravillosa Pamina de “Die Zauberflöte“,  con el aria “Ach, Ich fühl’s”, de la grabación en estudio que dirigió Georg Solti:

Su debut en Londres, en 1955, fue con “La Traviata” de Verdi, papel que cantó en nuevas ocasiones, y del que escuchamos su aria del último acto, con la lectura de la carta incluida:

De Verdi fueron algunos de los papeles más “pesados” que cantó Pilar Lorengar en su carrera, propia de una soprano lírica pura. Aunque rechazó cantar “Aida” o “Un ballo in maschera”, sí que cantó la Alice de “Falstaff” o la Desdemona de “Otello“, de la que aquí escuchamos el dúo “Dio ti giocondi, o sposo” junto al Otello de Plácido Domingo:

Disfrutemos además de su maravillosa Elisabetta del “Don Carlo“, de la que aquí escuchamos su magnífica aria “Tu che le vanità”:

Y la escuchamos también como la soprano solista del Requiem verdiano en ese “Libera me, Domine” final:

Siendo como ya hemos dicho una soprano lírica pura, se sentía cómoda en no pocos roles del verismo. Comenzamos viendo su “In quelle trine morbide” de la “Manon Lescaut” de Puccini:

A continuación la escuchamos en el aria de Nedda del ·Pagliacci” de Leoncavallo:

La escuchamos también en “La Boheme” de Puccini, en el “Sì, mi chiamano Mimí”:

Otro papel emblemático fue su “Madama Butterfly”, que aquí canta en alemán acompañada del Pinkerton del gran Fritz Wunderlich; magia pura ese dúo final del 1º acto:

Y otro papel en el que sobresalió fue como la “Suor Angelica” de la que aquí, en vez de escuchar el aria, escuchamos toda la escena final, de un nivel interpretativo y vocal que muy pocas sopranos pueden igualar:

Llegó a cantar incluso un papel tan pesado como el de “Tosca”, del que escuchamos aquí el aria “Vissi d’arte”:

De las grabaciones en estudio de arias sueltas cabe destacar esta versión, una de las mejores que se han grabado por cierto, del bellísimo “Sogno di Doretta” de “La Rondine“:

Y la escuchamos también cantando el aria “Ebben, ne andrò lontana” de “La Wally” de Catalani:

Cantó también papeles líricos de ópera francesa, como la Marguerite del “Faust” de Gounod, de la que escuchamos el trío final junto a Nicolai Gedda y Cesare Siepi:

También cantó la Micaela de “Carmen” de Bizet, de la que escuchamos el aria “Je dis que rien ne m’épouvante”:

Podríamos escucharla en otros papeles, como la “Manon” de Massenet, pero prefiero ponerla en un aria por la que tengo una predilección especial, aunque no cantara la ópera completa, el “Depuis le jour” de la “Louise” de Charpentier:

Y claro, pasando tantos años en Alemania, cantó no pocos roles de ópera alemana. Comenzaremos por su Agathe de “Der Freischütz” de Weber:

Cantó óperas como “Mathis der Maler” de Hindemith, de la que no hay fragmentos en Youtube pero que podéis escuchar en Spotify, así como arias de opereta vienesa, aunque si hay un aria que recordar es la canción de Marietta de “Die tote Stadt” de Korngold, una de las mejores versiones de esta bellísima canción:

Y también cantó Wagner, primero la Elsa de “Die Meistersinger von Nürnberg” y luego la Elsa de “Lohengrin”:

Y escuchamos también su magnífica grabación del aria de Elisabeth de “Tannhäuser”:

Hizo también incursiones en el repertorio eslavo, como con “La novia vendida” de Smetana, que cantó en alemán. Cantó también óperas como “Eugen Onegin” o “Jenufa”, pero merece la pena recordar su magnífica grabación del aria de la luna de la “Rusalka” de Dvorak, de nuevo una de las mejores grabaciones de ese aria:

Su repertorio fue todavía mayor, con óperas barrocas y clásicas, como la “Medée” de Cherubini o la Euridice de Gluck, además de numerosas canciones españolas. Extrañamente rechazaba cantar óperas de Richard Strauss, por desgracia.

En 1987 tuvo uno de sus últimos grandes éxitos en Berlín, cantando “Les huguenots” de Meyerbeer. Vamos a escucharla cantando la ópera en alemán, en concreto el dúo del final del 4º acto junto al Raoul de Richard Leech:

Se retiró poco después.

Soprano poco mediática, es mucho menos recordada de lo que debiera por su voz y talento dramático, siendo una de las grandes sopranos de su época, pero tristemente olvidada en su país natal. Como ya hemos mencionado, un cáncer se la llevó a los 68 años, un 2 de junio de 1996, en Berlín. Esperemos con este post ayudar un poquito a recuperar su legado. Y por si no es suficiente, pues invitar a todos a la exposición que la Asociación Aragonesa de la Ópera “Miguel Fleta”, con el apoyo del gobierno de Aragón, va a llevar a cabo en Zaragoza, su ciudad natal, del 29 de septiembre al 11 de diciembre. Todo esfuerzo por recuperar su memoria es bienvenido.