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180 años del estreno de Roberto Devereux (29-10-2017)


1837 fue un año nefasto para Gaetano Donizetti: tras haber muerto tanto sus padres como su segunda hija en los años anteriores, ese año pierde también a su tercera hija y a su esposa en una epidemia de cólera. Pese a su enorme dolor, como director artístico del Teatro San Carlo de Nápoles, tenía el encargo de componer nuevas óperas para estrenar en él, y ese será el caso de “Roberto Devereux”.




La época de los Tudor en el trono inglés le resultaba atractiva a Donizetti: ya había recurrido a ella en la hoy olvidada Elisabetta al castello di Kenilworth” de 1829, y en las hoy día mucho más famosas “Anna Bolena” de 1830 y en “Maria Stuarda” de 1835. En una Isabel I es la protagonista, en la otra la antagonista y en “Anna Bolena” no aparece, pero la protagonista es su madre. No es de extrañar así que el libreto que escribe Salvatore Cammarano se base en otro anterior escrito por Felice Romani para Saverio Mercadante, basado a su vez vagamente en la vida del Conde de Essex, ejecutado en 1601 por conspirar contra la reina.

El estreno de Roberto Devereux, el 29 de octubre de 1837 en el San Carlo de Nápoles fue todo un éxito, que se extendería por muchos otros teatros, hasta su caída en el olvido, como casi toda la creación de Donizetti, en los años 80 del siglo XIX. Será en los años 60 del siglo XX cuando las grandes sopranos belcantistas se interesen de nuevo por esta ópera, que quedará así de nuevo asentada en el repertorio de los teatros de la actualidad.

Antes de repasar el argumento de la ópera dejamos como siempre un enlace al libreto y su traducción al español.

La ópera comienza con una obertura que cita el himno inglés y varios temas que vamos a escuchar a lo largo de la ópera, y que escuchamos dirigida por Bruno Bartoletti:

Roberto Devereux consta de 3 actos. El primero nos sitúa en una sala del Palacio de Westminster, residencia de la monarca inglesa. Allí unas damas de la corte observan como la dama de compañía de la reina, Sara, llora. Ella intenta disimular, diciendo que es por una historia que estaba leyendo, pero en realidad el llanto lo provoca su propia situación personal, ya que se siente traicionada. Escuchamos la introducción de la ópera y el aria “All’afflitto è dolce il pianto” cantada por Sonia Ganassi:

Entra entonces la reina: ha accedido a los deseos del Duque de Nottingham, esposo de Sara, de volver a entrevistarse con el Conde de Essex, Roberto Devereux, temiendo sentirse de nuevo traicionado. Descubrimos así que en realidad ambas mujeres están enamoradas de él. La reina quiere ver a su súbdito fiel, pero no fiel a su posición, sino a su amor. Sara teme ser descubierta, ya que la reina jura vengarse si tiene una rival. El amor de Roberto es lo único que le queda, y perderlo supondrá su fin. Escuchamos así el aria “L’amor suo me fe’ beata” cantada por Mariella Devia:

Entra Lord Cecil afirmando que Roberto ha sido encontrado culpable de traición por el parlamento y que como tal debe ser condenado, pero entra un paje que le informa que éste desea entrevistarse con ella. Para desesperación de sus enemigos, Cecil y Raleigh, la reina accede. Cuando Devereux se presenta ante la reina, ésta despide a todos para entrevistarse a solas con él. Le acusa de traición, y el confiesa que sólo fue clemente con los vencidos. La reina le confirma su perdón y recuerda que el anillo que le dio le supondrá su salvación si lo presenta en el momento necesario. Roberto quiere esconder su secreto amor por Sara y solicita volver al combate, pero la reina le habla de su amor, para terminar descubriendo que es cierto que ama a otra, lo que enardece sus celos. Roberto intenta disimular y dice no amar a nadie, pero la reina ya trama su venganza hacia su desconocida rival. Escuchamos el dúo cantado por Montserrat Caballé y José Carreras:

La Reina se retira y aparece Nottingham, amigo de Roberto. Quiere saber si ha sido perdonado, pero Roberto teme por su mirada que su fin se acerca. Nottingham le habla entonces del dolor que sufre su esposa por su destino, algo que Roberto desea ansioso escuchar. Sara estaba bordando el día anterior pero el llanto le impedía proseguir. y Nottingham se siente igual. Y cuando Cecil le llama para confirmar la sentencia de muerte para Roberto, jura salvarte, aunque Roberto le pide que le abandone a su fatal destino.  Escuchamos el aria de Nottingham “Forse in quel cor sensibile” cantada por Piero Cappuccilli:

Cambiamos de ambientación. Estamos en los apartamentos de Sara. Ella se siente culpable y al mismo tiempo inocente, además de preocupada por el destino de Roberto, que llega en ese momento. Él le insulta, al considerarla una traidora, pero ella confiesa que, muerto su padre, tuvo que aceptar casarse con Nottingham como protección. Ella le suplica que se vaya con la reina, pero él no acepta. Entonces, confirmándole su amor, Sara le suplica que huya y le da como prenda de amor un pañuelo. Él finalmente acepta a huir la noche siguiente. Escuchamos el dúo de Roberto y Sara cantado por Gregory Kunde y Silvia Tro Santafé:

Termina así el primer acto de Roberto Devereux. Pasamos al segundo, en el que volvemos al mismo salón de Westminster en el que estábamos al comienzo de la ópera. Lores y damas comentan que el destino del Conde depende de la Reina, que no a acudido a la sesión del Parlamento en la que se decide su suerte. Escuchamos el coro “L’ore trascorrono”:

Aparece la Reina y Cecil le dice que, pese a la defensa de Nottingham, Roberto ha sido condenado a muerte. Raleigh entonces le cuenta que Roberto ha sido detenido y que, entre sus pertenencias, encontraron escondido en su pecho un pañuelo de seda que le confirma su traición: ama a otra. La Reina manda llamar a Roberto, pero mientras aparece Nottingham, encargado de comunicarle la sentencia. Suplica perdón para su amigo, pero ella se niega, ya que esa misma noche le ha traicionado. Escuchamos el dúo “Non venni mai si mesto” con Nelly Miricioiu y Roberto Frontali:

Llega Roberto, y la Reina le acusa de haberle mentido al decirle que no amaba a nadie. Muestra entonces el pañuelo que le encontraron esa noche, y Nottingham reconoce el pañuelo de su esposa. La Reina sigue acusándole de traición mientras Roberto se da cuenta de que ya no tiene remedio su situación, pero ahora es Nottingham, al haberse dado cuenta del amor secreto de su esposa, el que trama venganza. La reina hace llamar a todos y confirma la sentencia a muerte de Roberto. Escuchamos el trío “Alma infida, ingrato core” cantado por Leyla Gencer, Piero Cappuccilli y Ruggero Bondino:

Termina así el segundo acto de Roberto Devereux. Vamos ya a por el tercero y último. Y ahora estamos en una sala del Palacio de Nottingham, donde Sara espera la llegada de su esposo. Mientras, recibe una carta de Roberto que incluye un anillo, símbolo de protección de la Reina. Ella entonces se dispone a entregárselo a la Reina, pero llega Nottingham furioso y le pide la carta que acaba de recibir. Dándose cuenta de que Sara quiere entregar el anillo a la Reina para salvar a Roberto, encierra a su esposa para así poder vengarse de quienes considera que le han traicionado: su esposa y su amigo, que está siendo conducido a la Torre de Londres para ser ejecutado. Escuchamos el dúo “Ne riede il mio consorte” cantado por Sonia Ganassi y Roberto Frontali:

Cambiamos de escena. Estamos en la celda de Roberto en la Torre. Él está preocupado viendo que su perdón no llega y sospecha que algo nefasto ha ocurrido. Él sólo desea demostrar la inocencia de Sara. Llegan los guardias para conducirlo al patíbulo, y él ya sólo desea presentar la inocencia de su amada ante dios. Escuchamos el aria “Come uno spirto angelico” cantada por Gregory Kunde:

Cambiamos por última vez de escena. Estamos en el gabinete de la Reina, donde ésta está angustiada esperando que le llegue el anillo de Roberto para poder salvarle, y se sorprende de que Sara no esté en esos difíciles momentos acompañándola, ya que desconoce que es ella el secreto amor de Roberto. Ella está dispuesta a perdonar a Roberto, a permitirle vivir junto a su amada, pero el tiempo se agota y el anillo no llega, lo que le hace a la Reina muy difícil contener sus emociones e intenta disimular sus lágrimas de dolor. Escuchamos el aria “Vivi, ingrato” cantada por Beverly Sills:

Llega Cecil para informar que Roberto ya se dirige al patíbulo; ante la pregunta de la Reina de si no le ha dado ninguna prenda por el camino, contesta negativamente. En ese momento llega corriendo Sara con el anillo: confiesa a la reina ser su rival, pero le pide salvar a Roberto. Isabel manda corriendo a sus siervos para anunciar su perdón, pero en ese momento resuena el cañón que indica la ejecución de Roberto; ya es tarde. Ante los reproches de la reina por su tardanza, Nottingham confiesa que él causó esa demora para vengarse con la sangre de Roberto. Isabel condena a muerte a ambos y comienza a delirar, anunciando su fin y con ello a Jacobo como nuevo Rey. Escuchamos la espectacular aria final de Isabel, “Quel sangue versato” cantada por Beverly Sills:

Y así, con este escalofriante final, termina Roberto Devereux. Y nosotros terminamos, como siempre, con un Reparto Ideal:

Isabel: Beverly Sills.

Roberto Devereux: Gregory Kunde.

Sara: Sonia Ganassi.

Nottingham: Piero Cappuccilli.

Director de Orquesta: Bruno Bartoletti.

Crónicas:

ABAO-OLBE 2015



Crónica: Tosca en la Quincena musical 2015 (13-08-2015)


 En todo el tiempo que llevo que llevo yendo a la ópera, seguramente la carencia más grave que tenía era la de no haber visto nunca Tosca en vivo. Y si tenemos en cuenta que he visto unos 50 títulos distintos, y que he visto La Boheme 4 veces y Turandot, Madama Butterfly y Rigoletto 3, pues ya casi se convierte en un crimen… pero es que el día que tenía que ir a verla a Bilbao me puse malo y no pude ir, así que es obvio que tenía unas ganas enormes de ver esta Tosca de la Quincena.




He de decir que, en general soy un tanto escéptico sobre el nivel de las óperas que suelen representarse en la quincena, pero esta tenía un atractivo especial: el papel protagonista lo interpretaba nuestra paisana, Ainhoa Arteta, de la que me confieso fan incondicional. Ya nos falló en La Boheme del año pasado, que se quedó así más que coja. Y aunque a priori no la veía yo de Tosca, pues las ganas no me las iba a quitar nadie.

Lo cierto es que, para mí sorpresa, la representación a la que asistí (jueves 13 de agosto, la primera de las 2 que se dieron) salió a un nivel más que decente.

Dejo antes de nada un enlace de la producción.

Lo primero de todo, la escenografía. Recordemos que el Kursaal tiene un escenario muy pequeño que permite pocas opciones. El primer acto, que transcurre en la iglesia de Sant’Andrea della Valle, pues se ambientaba precisamente en una iglesia aunque de muros negros, a diferencia del original romano, blanco) con algunos cuadros en los muros semicirculares del fondo, entre los que pude reconocer uno de Zurbarán (se trataba en concreto de “Santa Margarita”):

Para el segundo acto giraron el muro semicircular para crear el despacho de Scarpia. Se usaban así las tres puertas con diferentes funciones. No era maravilloso pero cumplía. Lo más pobre fue el tercer acto, dónde el Castell Sant’Angelo no aparecía por ningún lado, sólo dos grandes jaulas. Pero bueno, es que tampoco había opción de mucho más. Por cierto, absurdo lo de hacer que Angelotti escape de prisión a las 6 de la mañana para que luego la acción comience a las 11:30, cando en el libreto se especifica claramente que Angelotti ha escapado una hora antes de su encuentro en Sant’Andrea con Cavaradossi. Y si contamos el tiempo que se tarda en llegar andando de Sant’Angelo a Sant’Andrea, ya tenemos el tempo justo… cosas absurdas por ser originales, qué queréis que os diga.

Sorpresa la orquesta, por cierto. No soy yo muy fan de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, precisamente, pero el jueves me sorprendió gratamente. No así la dirección de Miguel Ángel Gómez Martínez, que como siempre se pasó de lento hasta el aburrimiento. A ver, que a mí me encantan los directores lentos (Bernstein, Celibidache…), pero siempre sin perder la tensión. Gómez Martínez consigue que una ópera trepidante que no te da un segundo para respirar se te haga larga, pesada por momentos… simplemente imperdonable.

No tiene el coro una participación importante en Tosca, pero los del coro Easo cumplieron en ese impresionante momento que es el Te Deum del final del 1º acto. Y de sobresaliente los niños de la Escolanía Easo, que no es fácil conseguir que un grupo de niños cante bien en escena… ídem para Luis Larrañaga en su breve canción del pastorcillo al principio del 3º acto… siempre da miedo eso de un niño cantando, pero le salió muy bien.

Sin manchas negras el equipo de comprimarios. Destacar únicamente la visión muy “de villano” que hicieron del personaje de Spoletta (que no me preguntéis por qué,pero en el fondo me cae bien el tío), que interpretó Francisco Vas. A veces parecía más malo que el propio Scarpia.

Y vamos ya con los personajes principales:

Scarpia lo cantó el italiano Roberto Frontali. De nuevo, villano. Vozarrón que se centraba más en la maldad que en la sinuosidad del personaje, quizá porque le costaba controlar del todo el torrente vocal… en todo caso, por lo menos FUE Scarpia, que ya es mucho pedir, vocal e interpretativamente creíble en todo momento. Para hacernos una idea dejo un vídeo de su “Te Deum” del final del I acto:

El papel de Mario Cavaradossi lo cantó el tenor rumano Teodor Ilincai. No me sonaba de nada su nombre, aunque no parece que sea un desconocido precisamente. Era aquí donde más miedo tenía (yo soy muy de tenores, y una Tosca sin Cavaradossi es para mi una pifiada monumental!). Y ya nada más empezar con esa maravillosa aria que es “Recondita armonia” se vieron claramente sus virtudes y defectos: emisión mejorable, no sé si un tanto engolada o cual era el problema exactamente. Timbre bello, juvenil (como debe tener Cavaradossi, que no es un abuelo, leches!) y curiosamente gran potencia y muy buena proyección en el agudo. El primer acto fue pasable, mejoró en el 2º y lo dio todo en el 3º. En el “E lucevan le stelle” intentó matizar, apianar,consiguiéndolo a medias, pero donde se salió fue en las frases finales del aria, cuando en el La de “E non ho amaTOOOOOOOOOO mai tanto la vita” confieso que ¡pensé que poco más y me quedaba sordo! (En la fila 37 del Kursaal, que no estaba pegadito al escenario precisamente). Cuando luego se va al Si natural en el dúo con Tosca en ese “Armonia di canti difondeREEEEEEEM”, ya junto con la Arteta, mis tímpanos corrieron peligro. ¡Qué volumen, por favor! Una gozada, en fin. Dejo un vídeo con su interpretación del “E lucevan le stelle”:

Y vamos ya con la principal atracción. Y es que Arteta cantaba en casa una ópera que todavía no había cantado en España. Sinceramente: el papel aún le queda un poco grande (Arteta sigue siendo una lírica, aunque juegue a hacer de Spinto), pero poco importa. Es una grandísima actriz, tiene el carácter necesario para hacer de Tosca (como escribí en Twiter, la Attavanti debería tener cuidado con poner celosa a una vasca) y tiene una gran presencia escénica. De hecho, en el segundo acto, sentada en el sillón de Scarpia, por momentos pensaba estar viendo a Josefina Bonaparte:

No sé si fue intencionado o no, pero lo cierto es que si tenemos en cuenta que Napoleón es un personaje implícito en la ópera, el guiño quedaba más que bien. Pero bueno, lo más importante fue su interpretación vocal. Arteta es una artista en el manejo de la voz, en los pianísimos que se marca en momentos concretos y que hacen volar al público. Ya en el primer acto esa frase de “Dio mi perdona, egli vede ch’io piango!” fue simplemente maravillosa. Y hubo otras similares en el 3º acto, pero donde de verdad se salió fue, como no, en el “Vissi d’arte”. Yo ya se lo había oído en vivo en un recital que dio también en Donostia hace unos meses. En aquel recital cantó también un “Io son l’umille ancella” de la Lecouvreur que no consiguió igualar al que le escuché en Bilbao cuando cantó la Adriana completa. En Bilbao sentí la magia de la ópera con aquellos pianisimos maravillosos que en el recital no fueron tanto… no estaba metida en el papel. Y sospechaba que con el “Vissi d’arte” iba a pasar algo similar. Pues nada, debo de ser vidente o algo así, porque acerté. Un amigo me decía que él la prefería en el recital, porque aquí se pasó de verista… pues yo disiento. ¡Flipé! Desgrana el aria con gran gusto, sube con valentía al la de “perchè, signor”, y luego en ese Sol-Fa descendente me volvió a sorprender. Esperaba un pianísimo, y en cambio empieza en forte, con lo que me decepcionó… por solo un segundo, porque al momento recogió la voz y se marcó un pianísimo casi inaudible (pero perfectamente audible desde atrás de todo el auditorio) que al bajar al fa alargó hasta el punto de que, de haber tenido reloj, me habría puesto a mirarlo en plan “¿pero va a acabar algún día?”. Pues no, no acababa. Belleza sublime, que un pequeño incidente no logró estropear: era tal el esfuerzo que estaba haciendo por controlar la voz durante tanto tiempo en ese pianisimo mágico que, al ir a concluir la nota, se le escapó. Lógico, era demasiado. De nuevo, la magia de la ópera en estado puro. Lo que escucháis en el vídeo que pongo a continuación no llega ni a la suela de los zapatos de lo que hizo el jueves:

Ni siquiera sé si el habitualmente caluroso público donostiarra le aplaudió lo suficiente. Yo me dejé las manos y la garganta, desde luego. Pero claro, que esperar de un público que empieza a aplaudir el “Vissi d’arte” antes de que termine el aria, o en el que sonaron por lo menos dos veces esos móviles que ya nos avisan que silenciemos… ¡desesperante! A veces no sé si nos merecemos una Tosca como la que hemos disfrutado esta semana (por lo menos yo). Y con ganas de repetir me he quedado. Por suerte, pronto volveré a disfrutar de Arteta en la “Manon Lescaut” de Bilbao (¡y a ver si ya consigo poder saludarla, que es la 7ª vez que la escucho en vivo y todavía no la conozco!!!!!!!).