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125 años del estreno de Falstaff de Verdi (09-02-2018)


¿Podría Giuseppe Verdi, tras una larga y exitosa carrera como compositor de ópera dramática, componer una buena comedia? Tras el fracaso de la única que había compuesto, su segunda ópera, “Un giorno di regno”, todos sus intentos por encontrar un argumento que le sirviera de base para esa comedia fueron en vano, mientras Rossini afirmaba que no podría componer una. Y parecía que así iba a ser hasta que llegó a sus manos el libreto de “Falstaff”.




En 1887, cuando ya se daba por sentado el retiro de Verdi, éste sorprendió al público con una nueva ópera, “Otello“. Y, gracias a la colaboración del libretista Arrigo Boito, retoma las ganas de componer una nueva ópera, que, ahora sí, definitivamente ha de ser una comedia. Boito, sin decirle nada a Verdi, elige, cómo no, una obra de Shakespeare como base, “Las alegres comadres de Windsor”, que ya había sido utilizada como base de óperas de compositores como Antonio Salieri u Otto Nicolai. Para componer el libreto, Boito recoge también pasajes de “Enrique IV”, además de suprimir escenas y, sobre todo, personajes: la cifra total será de 10, frente a los 19 de la obra de Shakespeare.

Cuando Verdi lee el libreto, en 1889, queda entusiasmado y se decide, pese a sus miedos a causa de la edad (no tanto de la salud, ya que en ese sentido no tiene grandes problemas), aunque se toma la composición con mucha calma. Esos miedos de ser capaz de componer la ópera, así como la muerte de algunos de sus amigos, como el director de orquesta y compositor Franco Faccio, le sumen en una depresión que ralentiza más si cabe el trabajo, que finalmente termina a mediados de 1892, programándose finalmente su estreno en la Scala de Milán para el 9 de febrero de 1893, con Victor Maurel en el papel protagonista.

El estreno es un éxito de crítica, y la ópera triunfa entre los músicos (Busoni o Mahler, en Alemania), pero no tanto entre el público: la ópera es demasiado moderna para sus oídos: no hay grandes melodías, ya que es una ópera bastante recitada, ni tiene grandes números cerrados, como aquellas míticas arias con caballetta que componía Verdi anteriormente. Y, pese a todo, Verdi, en un intento por demostrar que la mejor forma de progresar era inspirarse en el pasado, remata la ópera con una brillante fuga.

Felizmente, gracias al impulso que, primero Toscanini, y liego algunos de los más grandes directores de orquesta del siglo XX (Karajan, Solti, Bernstein) le darán, “Falstaff” se ha convertido en una ópera muy popular, y hay incluso quienes la consideran (no sin razón) la mejor de Verdi.

Repasamos a continuación el argumento de la ópera, para lo que dejamos el enlace del libreto.

“Falstaff” consta de 3 actos, con dos escenas cada uno, y carece de obertura o preludio. La acción transcurre en la ciudad inglesa de Windsor durante el siglo XV, en el reinado de Enrique IV.

La primera escena del primer acto tiene lugar en el mesón de la orden de la Jarretera, a la que pertenece nuestro protagonista. Entra furioso el Doctor Cajus, acusando a Falstaff de haber pegado a sus criados y forzado su casa; Falstaff confirma que lo ha hecho, y a posta además, pero le avisa a Cajus de que es mejor que no lo denuncie si no quiere quedar en ridículo. Entonces Cajus acusa a los criados de Falstaff, Bardolfo y Pistola, de haberle emborrachado la noche anterior para luego robarle. Ambos criados niegan la acusación, por lo que Falstaff despide al doctor. Entonces se pone a revisar las facturas de la taberna, pero Bardolfo encuentra la bolsa de dinero de Falstaff prácticamente vacía, apenas tiene calderilla. Escuchamos la introducción de “Falstaff” con Tito Gobbi como protagonista:

Falstaff acusa a los criados de hacerle perder su fortuna, y se enorgullece de su voluminosa figura, mientras espera devolver el esplendor a su reino, a esa taberna en la que lleva 30 años. Para ello, se dispone a seducir a dos mujeres casadas de la ciudad, Alice y Meg, que además disponen de las fortunas de sus maridos, por lo que les ha escrito una carta de amor a cada uno. Bardolfo y Pistola se niegan a llevar las cartas, ya que el honor se lo impide, así que Falstaff envía a su paje (suponemos que el Robin de la obra teatral de Shakespeare) para entregar las cartas, mientras les da a sus criados un cómico sermón sobre su concepto del honor, para terminar despidiéndolos. Escuchamos el monólogo “L’onore? Ladri!” cantado por Giuseppe Taddei:

Comenzamos la segunda escena. Estamos ante la casa de Ford, el marido de Alice. Meg y Miss Quickly se dirigen a visitar a Alice y a su hija Nanetta. Alice y Meg quieren contarse una a la otra lo que acaba de sucederles para reírse un rato, pero se llevan la sorpresa de que lo que les ha pasado es lo mismo: han recibido una carta de amor de Sir John Falstaff, que, para colmo, es idéntica en ambos casos (excepto los nombres de ellas, claro). Leídas las cartas, deciden tenderle una trampa al viejo granuja. Mientras las mujeres se van, entra Ford acompañado de Cajus, Bardolfo, Pistola y Fenton. Cajus cuenta perrerías de Falstaff, mientras Bardolfo y Pistola le advierten de que quiere seducir a su mujer, lo que hace surgir los celos en Ford. Mientras, vuelven las mujeres, y Fenton ve a su amada Nanetta, así que la llama para poder darle un beso, a escondidas para evitar problemas. Las mujeres planean contestar a Falstaff enviando una embajadora, que sera Quickly, para que lo engatuse con una cita en la que le darán su merecido. Por otro lado, los hombres avisan a Ford para que esté atento a los movimientos de su esposa si no quiere perderla. Escuchamos esta escena:

Comenzamos el segundo acto. La primera escena vuelve a transcurrir en la taberna de la Jarretera. Bardolfo y Pistola vuelve, afirmando estar arrepentidos, a ponerse al servicio de Falstaff, y le avisan de que una mujer espera poder hablar con él: es Quickly, que quiere hablar con el caballero en privado, así que éste despide a los criados. Quickly afirma ir en nombre de Alice, que está terriblemente enamorada de él y quiere una cita; su marido, que es celoso, sale siempre entre las dos y las tres. Falstaff afirma que irá a esa hora, y Quickly le habla entonces de Meg, que también está enamorada de él. Falstaff está preocupado porque ellas sepan cada una lo de la otra, pero Quickly lo tranquiliza antes de irse. Escuchamos la escena con Dietrich Fischer-Dieskau y Regina Resnik:

Falstaff se enorgullece de poder tener a Alice y afirma que, pese a su edad, todavía hace suspirar a las mujeres. Escuchamos el breve monólogo “Va, vecchio John” cantado por Bryn Terfel:

Entra entonces Bardolfo para avisarle que un tal señor Fontana (en realidad es Ford) quiere conocerlo y le ofrece una garrafa de vino de Chipre. Falstaff acepta y recibe al desconocido. Éste afirma tener una gran fortuna, y quiere recompensar a Falstaff si le ayuda en un asunto que le preocupa: está enamorado de una tal Alice, esposa de Ford, pero ella le rechaza. Por eso recurre a Falstaff, ya que, si Alice cae una vez, puede caer una segunda. Falstaff acepta, ya que tiene una cita concertada con ella (el muy idiota, sin saberlo, le está contando al marido que va a estar con su mujer en un momento…), se burla de Ford llamándole cornudo y se va para acicalarse para su cita. Escuchamos el dúo con Mariano Stabile como Falstaff y Afro Poli como Ford:

Una vez sólo, Ford se queda pensando en los enormes cuernos que le están creciendo, y desprecia a las mujeres, que no son de fiar. Así que promete sorprenderlos y vengarse. Sale entonces Falstaff, ya preparado para su cita, y los dos salen juntos. Escuchamos el aria “È sogno o realtà?” de Ford cantada por Rolando Panerai y el dúo a continuación con Giuseppe Taddei:

Pasamos a la segunda escena. Estamos en casa de Ford. Llega Quickly para contar a Alice y Meg lo que le ha sucedido con Falstaff, y que él vendrá entre las dos y las tres. Como ya son las dos, empiezan a preparar el escenario para la broma que le van a gastar. Mientras llega Nanetta llorando porque su padre quiere casarla con el Doctor Cajus, pero las mujeres deciden ayudarla para que no sea así. Juntas deciden demostrar la honestidad de las mujeres. Escuchamos esta escena de apertura con Raina Kabaibanska como Alice, Christa Ludwig como Quickly, Trudeliese Schmidt como Meg y Janet Perry como Nanetta:

Volvemos a escuchar la parte final, el cuarteto “Gaie comare di Windsor” para poder escuchar la genial Alice de Renata Tebaldi:

Todas se van menos Alice, que se sienta a tocar el laúd mientras llega Falstaff, Y, cuando él llega, lo primero que le dice es que quiere que su marido se muera para que así sea suya. Y entonces, tras intentar seducirla, le cuenta la época en la que lucía una figura más esbelta en el breve monólogo “Quando era paggio del Duca di Norfolk”. Escuchamos a Giuseppe Taddei y Rosanna Carteri:

Alice le dice entonces que tiene celos de Meg, pero él dice que es fea. Llega entonces Quickly para avisar que llega Meg, por lo que Falstaff tiene que esconderse detrás del biombo. Meg le cuenta que Ford va camino de la casa buscando a Falstaff hecho una furia. Cuando Quickly llega diciendo lo mismo, Alice se entera de que es verdad (cosa que no entraba en sus planes), por lo que ahora está en peligro de verdad.

Ford y otros hombres, entre ellos Cajus, Bardolfo, Pistola y Fenton, entran buscando a Falstaff y se reparten por la casa. Ford ve el cesto de la colada y lo derriba de una patada. Cuando se va, hacen que Falstaff, pese a sus anchuras, se meta en la canasta. Cuando Alice se va, le hace la pelota a Meg, diciendo que la ama sólo a ella y que le ayude a escaparse.

Mientras, Fenton y Nanetta se esconden tras el biombo para poder besarse, pero ese beso es oído por Ford, quien piensa que proviene de Falstaff, que se esconde tras el biombo. Mientras Falstaff se ahoga encerrado en el cesto, Ford llama a todos los hombres para atrapar a Falstaff, pero cuando derriba el biombo se encuentra con otra cosa que no esperaba y que tampoco le agrada: Fenton está con su hija, pese a que él quiere casarla con Cajus.

Bardolfo y Pistola creen entonces ver a Falstaff bajando las escaleras, por lo que todos los hombres salen corriendo. Alice entonces hace venir a unos criados para que arrojen el cesto de la colada por la ventana al agua del foso, mientras otro va en busca de Ford, que se calmará cuando vea la escena: Falstaff termina calado hasta los huesos junto a la ropa sucia. Escuchamos la escena con Tito Gobbi como Falstaff, Rolando Panerai como Ford, Luigi Alva como Fenton, Anna Moffo como Nanetta, Elisabeth Schwarzkopf como Alice y Fedora Barbieri como Quickly:

Comenzamos el tercer y último acto. Estamos ante la taberna de la jarretera. Falstaff se calienta al sol y pide un vaso de vino caliente. Se siente ultrajado por haber sido metido entre la ropa sucia y tirado al agua. Sólo el vino consigue hacerle mejorar de humor. Escuchamos el monólogo cantado por Renato Bruson:

Llega entonces Quickly con un mensaje de Alice, pero Falstaff la rechaza, harto de los celos de Ford y del ultraje que ha sufrido. Ella entonces le dice que Alice es inocente y le entrega un mensaje que le ha escrito Alice. Todos observan desde lejos cómo Falstaff vuelve a picar en el anzuelo. Esta vez tiene que ir a la encina de Herne vestido de cazador negro, para revivir una leyenda popular. Falstaff entra en la taberna para que Quickly le cuente todo el plan, mientras fuera todos preparan la nueva broma que le van a gastar aprovechándose de las leyendas de duendes y hadas que aparecen de noche. Ford se las promete muy feliz de vengarse de Falstaff, pero Alice le advierte de que él también tiene motivos para ser castigado. Ford prepara la boda de Cajus con su hija, esa misma noche, con ambos disfrazados, pero Alice los escuche y se dispone a frustrar sus planes. Escuchamos toda esta escena completa:

Y llegamos a la última escena de Falstaff. Estamos en el bosque junto a la encina de Herne, a punto de dar la medianoche. El primero en llegar es Fenton, que canta una canción de amor, “Dal labro il canto”, que escuchamos cantada por Tito Schipa:

Llegan las mujeres y le disfrazan a Fenton para poder engañar a Ford y casarle con Nanetta. Se escucha llegar a Falstaff, y todos se van. Él cuenta las campanas y se prepara para la llegada de Alice. Ella llega y le dice que que también va Meg, pero entonces se escucha a Meg gritar y Alice huye pensando que el cielo le va a castigar por su pecado, para rabia de Falstaff. Escuchamos la escena con Dietrich Fischer-Dieskau:

Llega Nanetta, disfrazada de Reina de las hadas, y llama a todos los demás, disfrazados de duendes y hadas. Falstaff se arroja al suelo, ya que sabe que quien ve a las hadas está muerto. La reina canta entonces una canción, “Sul fil d’un soffio etesio”, que escuchamos cantada por Mirella Freni:

Llega entonces Bardolfo, disfrazado, que finge descubrir a Falstaff; todos le rodean y le hacen levantarse, pero él no puede, así que se ríen de su volumen. Mientras, Nanetta y Fenton se alejan para cambiar sus trajes y despistar a Ford. El resto se siguen burlando de Falstaff y le obligan a arrepentirse. Pero, en medio de la burla, dejándose llevar por la fogosidad, a Bardolfo se le cae la capucha y Falstaff lo reconoce.  Después de insultarlo, sospecha que algo pasa. Ford le pregunta quién es el cornudo, y Falstaff cree que es Fontana, pero Alice le dice que es Ford, su marido. Entonces es cuando el viejo caballero se da cuenta de la trampa en la que ha caído, y Quickly le dice que cómo ha podido ser tan tonto de creer que dos mujeres como ellas podían enamorarse de un viejo gordo y sucio como él. Falstaff entonces se da importancia por haber sido quien cause la risa del resto, que es lo único que calma a Ford de matarlo. Pero él está más interesado en otra cosa: casar a su hija. Avanza Cajus con la Reina de las Hadas, cuando Alice le dice que hay otra pareja que quiere casarse. Él acepta, da su bendición, y, cuando se levantan los velos… la Reina de las hadas es Bardolfo, que se ha cambiado de disfraz en un momento para vengarse de Cajus, mientras la otra pareja es la de Nanetta y Fenton. Falstaff les pregunta entonces quién es ahora el cornudo, y al final terminan reconociendo que los tres (Ford, Cajus y Falstaff) lo han sido. Sin salida, Ford acepta la boda de su hija con Fenton y van todos a celebrarlo con una cena, terminando con esa genial fuga que cantan todos y que dice aquello de “Todo el mundo es una burla, el hombre ha nacido burlón” así que “”ríe mejor quien ríe el último”. Escuchamos toda esta genial escena final de Falstaff, simplemente magistral:

Terminamos, como siempre, con un Reparto Ideal:

Falstaff: Tito Gobbi o Giuseppe Taddei.

Ford: Rolando Panerai.

Alice: Elisabeth Schwarzkopf o Renata Tebaldi.

Quickly: Fedora Barbieri.

Nanetta: Anna Moffo o Mirella Freni.

Fenton: Cesare Valletti.

Dirección de Orquesta: Georg Solti.



175 años del estreno de Don Pasquale (03-01-2018)


A comienzos de 1843 se estrena la última de una larga serie de óperas bufas italianas, género que llegará a su fin hasta recuperarse, de forma puntual, 50 años después. Con Rossini retirado, Bellini muerto años atrás y Verdi desengañado con la comedia tras el fracaso de su “Un giorno di regno” (no volverá a la comedia hasta su última ópera, “Falstaff”, estrenada en 1893), sólo nos queda ya Gaetano Donizetti, autor de varias óperas bufas (“L’elissir d’amore”, “La fille du regiment”) que nos dejará una nueva (y última) joya bufa: “Don Pasquale”.




Alcanzada ya la cima de su éxito, con encargos en París y Viena, Donizetti se encuentra en la capital francesa en otoño de 1842 cuando llega a sus manos un viejo libreto de Angelo Anelli, “Ser Marcantonio”, que había sido musicado en 1810 por el hoy desconocido compositor Stefano Pavesi. Con la colaboración de Giovanni Ruffini, el compositor adapta el libreto a sus necesidades y compone la parte vocal de la ópera en 11 días según dice la tradición. El ritmo de composición es realmente rápido, por lo que el compositor reutiliza algunos fragmentos de óperas anteriores suyas. Será una de las últimas óperas que componga un Donizetti cada vez más enfermo a causa de la sífilis que padece.

La ópera, que recoge en buena medida a los principales personajes de la Comedia dell’arte, es una divertida representación del conflicto entre generaciones que encierra una crítica social hacia esos ricos y viejos burgueses que no quieren dejar paso a las nuevas generaciones. Con un reparto de auténtico lujo (Luigi Lablache como Don Pasquale, Giulia Grisi como Norina, Antonio Tamburini como Malatesta y Giovanni Matteo de Candia, conocido como Mario, en el papel de Ernesto, “Don Pasquale” se estrena el 3 de enero de 1843 en el Théâtre-Italien de París con un enorme éxito que se repetirá en Italia y en el resto del mundo, éxito que perdura hasta el día de hoy, siendo una de las óperas más representadas de Donizetti, y de las pocas que nunca desapareció del repertorio de los teatros. Innumerables grabaciones discográficas nos dan muestra de su éxito entre público y cantantes, siendo de hecho la única ópera completa que grabará el mítico tenor Tito Schipa.

Vamos ya a dar un repaso a la ópera, y antes de nada dejamos un enlace al libreto.

La ópera comienza con una obertura que recoge algunos de los temas que vamos a escuchar a lo largo de la ópera. Escuchamos la obertura de “Don Pasquale” dirigida por Riccardo Muti:

Estamos en Roma en época contemporánea del estreno (años 30 o 40 del siglo XIX), y la acción comienza en el interior de la casa del rico y entrado en años burgués Don Pasquale. Éste está esperando a su amigo, el Doctor Malatesta, ya que tiene la intención de casarse para así fastidiar a su sobrino Ernesto y dejarle sin herencia. Llega el doctor con buenas noticias: ha encontrado a la mujer perfecta para el ricachón, y la describe con todo tipo de virtudes. Escuchamos así el aria “Bella siccome un angelo” cantada por Rolando Panerai:

Malatesta le dice que la mujer en cuestión es su hermana, y que podrá conocerla esa misma tarde. Don Pasquale se emociona y cree sentir tener bastantes menos años de los que tiene en realidad. Escuchamos su breve aria “Un fuoco insolito” cantada por Sesto Bruscantini:

Malatesta se va, y en ese momento entra Ernesto, sobrino de Don Pasquale y amigo de Malatesta. El viejo le recuerda a su sobrino que, meses atrás le ofreció la posibilidad de casarse con una joven a cambio de una buena pensión y de ser su heredero, Pero que si no aceptaba, estaba dispuesto a casarse él para poder desheredarlo. Ernesto la rechazó, y vuelve a hacerlo, ya que ama a Norina, a la que Don Pasquale desprecia por ser pobre. El viejo entonces le dice a su sobrino que se casa y que le echa de casa. Ernesto al principio no se lo cree, pero al final se da cuenta de que su tío habla en serio, y entonces decide renunciar a su amada Norina, ya que ahora, pobre, no podrá darle lo que quiere. Escuchamos la breve aria de Ernesto “Sogno soave e casto” cantada por Tito Schipa:

Ernesto entonces decide intentar hacer cambiar de opinión a su tío, y le dice que pida consejo a Malatesta. Pero Don Pasquale le dice que ya lo ha hecho, que le ha animado él precisamente a casarse y que la novia es su hermano. Ernesto se siente traicionado por su amigo, mientras su tío se ríe de su estado. Escuchamos el dúo completo (incluyendo el aria que ya hemos escuchado) con Enzo Dara como Don Pasquale y Umberto Grilli como Ernesto:

Cambiamos de escena. Nos vamos a la casa de Norina, que está leyendo una mágica historia de amor. Ella entonces se ríe, ya que ella conoce bien la magia de la seducción, sabe valerse de sus encantos para salirse con la suya. No es desde luego una mujer tonta o inculta, de hecho es más lista que los hombres que la rodean. Escuchamos el aria “Que guardo il cavaliere – So anch’io la virtù magica”, cantada por Lucia Popp:

En ese momento le llega una carta de Ernesto, en la que este le confiesa su intención de abandonarla y de marcharse de Europa, ya que su tío, con la ayuda del farsante de Malatesta, se va a casar. Llega Malatesta para seguir con su plan, pero ella está asustada por la carta. Él le tranquiliza: le informará cuanto antes de la estratagema que han tramado. Y entonces le cuenta su plan: hace pasar a Norina, a quien Don Pasquale no conoce, por la hermana que él tiene en un convento. El viejo se enamora, y los dos se casan falsamente usando como notario a su primo. Entonces ella le hace desesperar para que él quiera quitársela de encima. Ella acepta y comienza a ensayar su papel de “tontita” para enamorar a Don Pasquale y, así, vengarse de el. Escuchamos el dúo que cierra el I acto de Don Pasquale con Mirella Freni y Leo Nucci:

Un bellísimo solo de trompeta abre el segundo acto. Todavía en casa de su tío, Ernesto se prepara para huir, sintiéndose traicionado por su amigo, y le desea a su amada Norina la mejor de las suertes y que pueda encontrar un nuevo amor. Escuchamos el aria “Cercherò lontana terra” cantada por Alfredo Kraus:

Ernesto se va, y entra Don Pasquale con un criado, al que le pide que cierre la puerta cuando lleguen el Doctor y su acompañante para que nadie se entere de lo que pasa, y que disimule y haga creer que su patrón está todavía fuerte pese a superar los 70 años.

Entra Malatesta con su “hermana” Sofronia, que interpreta a la perfección el papel de tímida, encandilando al viejo, que está dispuesto a casarse al instante. Malatesta le presenta al “notario” para que los case. Inmediatamente, Don Pasquale le cede a su “mujer” la mitad de sus bienes. La pareja firma, pero hacen falta dos testigos. Entra entonces Ernesto, y Malatesta teme que lo eche todo a perder. Don Pasquale le pide que firme como testigo, y Malatesta le convence a Ernesto para que siga la comedia que ha montado por su bien, lo que el joven hace, pese a haber reconocido a Norina como la novia.

Una vez casados, Don Pasquale se lanza sobre la joven, pero ella le detiene y le dice que tiene que pedir permiso. Él lo hace, y ella se lo niega y le insulta, llamándole viejo, y diciendo que necesita a un acompañante más joven, para lo que elige a Ernesto, que también se ríe de su tío. Don Pasquale se niega, porque no quiere, y ella le contesta que a partir de ahora sólo se hará lo que ella quiera, y que si  no lo consigue por las buenas, lo hará por las malas. Ernesto ya va entiendo la trampa, y “Sofronia” hace pasar a los tres criados: son pocos, hacen falta más, y además les dobla la paga. Además hacen falta carruajes, cambiar el mobiliario de la casa y mil y un gastos más. Don Pasquale se niega, pero ahora están casados y ella demuestra claramente que va a hacer lo que quiera. Escuchamos el final del II acto:

Comenzamos el III acto. Norina ha gastado un dineral en todo tipo de lujos, como observamos en el coro de introducción, “I diamanti, presto, presto”:

Don Pasquale desespera con las facturas que le deja su mujer. Entonces ve que ella va a salir, y intenta impedirlo. Ambos pelean; él no le deja irse, y ella dice que al marido no se le escucha. Ante la insistencia de él, ella le da un bofetón, sabiendo que es lo mejor para seguir la farsa, y se dispone a irse, a lo que él le contesta que no vuelva, ya sólo piensa en divorciarse. Escuchamos el dúo “Signorina, in tanta fretta” con Sesto Bruscantini y Mirella Freni:

Mientras se va, Norina deja caer una nota. Don Pasquale piensa que es una factura, pero en realidad es una cita con un hombre para esa mima noche en el jardín. El viejo hace entonces llamar a Malatesta.

Los criados comentan la situación de guerra y despilfarro que se vive en la casa. Escuchamos el coro “Che interminabili andirivieni”:

Malatesta le cometa el plan a Ernesto: es imprescindible que su tío no lo reconozca en el jardín.

Entonces Malatesta va a donde Don Pasquale, que se arrepiente de sus situación y preferiría haberle dejado a su sobrino casarse con su amada Norina en vez de sufrir ese infierno. Le cuenta lo del bofetón y le enseña la nota. Malatesta le propone que sean ellos dos solos quienes sorprendan a su esposa con su amante en el jardín para comprobar si es culpable. Escuchamos el magnífico dúo bufo “Cheti cheti immantinente” con Enzo Dara y Alessandro Corbelli:

Cambiamos de escena. Es de noche en el jardín, y Ernesto canta una serenata mientras espera a Norina. Escuchamos el “Com’è gentil” cantado por Tito Schipa:

Llega Norina y ambos cantan un dúo de amor, “Tornami a dir che m’ami”, que escuchamos cantado por Mirella Freni y Nicolai Gedda:

Llegan entonces Don Pasquale y Malatesta, y Ernesto escapa. Don Pasquale quiere echarla, pero ella se niega. Malatesta entonces le dice que al día siguiente llegará a esa casa una nueva mujer, la esposa de Ernesto, a lo que Sofronia se niega. Viendo que así se librará de su esposa, Don Pasquale acepta conceder a su sobrino el permiso para casarse y una pensión de cuatro mil escudos. Llaman a Ernesto, que acepta, y entonces se desvela el engaño: Sofronia es Norina y el matrimonio ha sido una farsa. Ambos le piden perdón al tío, que acepta la boda. La ópera termina con una moraleja: quien se casa viejo va a sufrir. Escuchamos esa moraleja final con Isabel Rey, Juan Diego Flórez y Ruggero Raimondi:

Terminamos con un Reparto ideal:

Don Pasquale: Sesto Bruscantini o Enzo Dara.

Norina: Mirella Freni.

Ernesto: Tito Schipa o Alfredo Kraus.

Malatesta: Rolando Panerai o Alessandro Corbelli.

Director de Orquesta: Riccardo Muti.

Crónicas: 

AGAO, 2015

Opus Lirica, 2016



125 años del estreno de Pagliacci (21-05-2017)


A veces se suele hablar de “compositores de una ópera”, no porque sólo hayan compuesto una (caso de Beethoven y su Fidelio, por ejemplo), sino porque sólo una de las óperas que compusieron se mantiene en el repertorio. Tal podría ser el caso de Amilcare Ponchielli, Francesco Cilea o incluso Pietro Mascagni (algo que no deja de ser injusto, porque si fueron capaces de componer una obra maestra, seguro que en el resto de su obra hay cosas que merezcan la pena), y, sobre todo, es el caso de Ruggero Leoncavallo, gracias a esa joya que es Pagliacci.




Leoncavallo tenía 33 años en 1890, cuando se estrenó con gran éxito “Cavalleria rusticana” de Pietro Mascagni. Leoncavallo tenía la mala suerte de ser de origen humilde, pese a haber estudiado en conservatorio, y tras dar bandazos en ideas para componer una ópera (de entre las que destaca la idea de una trilogía ambientada en el renacimiento, de clara inspiración wagneriana), buscaba tener un éxito como compositor, así que la nueva estética del verismo que impuso la obra de Mascagni le pareció una oportunidad que no podía perder: una obra breve, en un acto y de una hora de duración aproximadamente, ambientada en época contemporánea y en ambientes rurales, con tramas a menudo de carácter violento. Y Leoncavallo tenía una idea.

Como admirador de Wagner, Leoncavallo escribía sus propios libretos, y en este caso, según él mismo decía, se inspiró en unos sucesos que él mismo presenció de niño, cuando su padre ejercía como juez en Montalto Uffugo, en Calabria: su tutor habría sido asesinado, delante de sus propios ojos, a la salida de un teatro, por un rival que estaba enamorado de la misma mujer. Su propio padre fue el encargado de instruir el juicio contra el asesino. Leoncavallo añadía además que había habido otro asesinato al mismo tiempo, ya que un payaso había asesinado a su esposa presa de los celos al encontrar una carta escrita por el tutor. Según él, de aquí surgió el argumento para Pagliacci.

Después del estreno, en cambio, el escritor francés Catulle Mendès le acusó de plagiar una de sus obras, “La femme de Tabarin” (que al parecer Leoncavallo podría haber visto durante su estancia en París), con cuyo argumento comparte demasiados elementos comunes. Leoncavallo consiguió defenderse alegando los sucesos vistos en su infancia y consigue que Mendès retire la demanda, aunque parece que la obra de este autor sí influyó en el argumento de la ópera.

Pagliacci se estrena finalmente el 21 de mayo de 1892 en el Teatro dal Verme de Milán, dirigida por Arturo Toscanini y con un reparto de lujo encabezado por el barítono Victor Maurel. La ópera fue inmediatamente un gran éxito, siendo además una de las muy pocas óperas que se ajustan realmente a la estética del verismo, siendo el resto de la creación de Leoncavallo en su mayoría de carácter mucho más romántico (salvo la hoy prácticamente desconocida “I Zingari”).

Vamos ya a repasar el argumento de la ópera, y antes de nada dejamos un enlace del libreto.

Hay que mencionar que, pese a seguir la estética de la “Cavalleria rusticana” de Mascagni (junto a la que se suele representar generalmente, en programa doble, al tratarse de dos óperas de duración breve), Pagliacci consta de dos actos, además de un prólogo, que canta el que será luego el personaje de Tonio/Taddeo, el papel que cantó Victor Maurel en el estreno. Este prólogo, con introducción orquestal, nos presenta al personaje vestido con su traje de Taddeo (personaje de la commedia dell’arte) que nos cuenta el objetivo del compositor de reflejar en su ópera un pedazo de vida, algo real y creíble, para lo que se remonta a sus recuerdos de infancia, y lo remata con un alegato a favor del propio artista, que es a fin de cuentas un hombre igual que cualquiera del público. Escuchamos ese magnífico prólogo cantado por Giuseppe Taddei:

Comenzamos el primer acto de Pagliacci. Estamos en Montalto Uffugo el 15 de agosto (mezz’agosto) hacia 1865. La calma en el pueblo, en pleno mediodía (insoportable el calor que tiene que hacer en la calle a esas horas) se rompe con el sonido de unas trompas que anuncian la llegada de una compañía itinerante de cómicos. El pueblo jalea a los cómicos que llegan en un carromato:

Canio, el jefe de la compañía, pide la palabra para presentar el espectáculo que tendrá lugar a las 11 de la noche e invitar a todos los presentes al espectáculo. Mientras, un miembro de la compañía con un cierto retraso mental, Tonio, quiere ayudar a Nedda, la mujer de Canio, a bajar del carromato, pero Canio en ese momento lo empuja y es él quien ayuda a Nedda a bajar, mientras Tonio jura vengarse. Los habitantes del pueblo les invitan a beber algo; Canio y Beppe aceptan, mientras Tonio afirma que irá más tarde. Alguien sugiere que se quiere quedar a solas con Nedda para ligar, pero Canio avisa: una cosa es lo que pase en el escenario, donde le ponen los cuernos, y otra la vida real, donde si alguien osa quitarle a su mujer, más le vale prepararse. La gente del pueblo se asusta al ver a Canio tan enfadado, pero él pide perdón y afirma adorar a su esposa. La escena es interrumpido por la llamada a la iglesia, y Canio les recuerda su cita a las 11. Escuchamos la escena con Plácido Domingo como Canio:

Los campesinos se alejan de la escena, en dirección a la iglesia, cantando un magnifico coro:

Mientras, Canio y Beppe se han ido con algunos campesinos a beber algo en la taberna.

Nedda se queda sola, asustada por la violencia que ha visto en sus esposo, ya que tiene algo que esconder. Ella es mucho más joven que Canio, y tiene ansia de vivir. Se fija en los pájaros, en su libertad, en como afrontan cualquier peligro para ir a otro país. Algo que ya nos muestra las intenciones de la joven. Escuchamos el aria de Nedda “Stridono lassù” cantada por Victoria de los Ángeles:

Aparece entonces por sorpresa Tonio. Nedda lo manda a la taberna, pero él se quiere quedar, porque, pese a ser consciente de su deformidad y fealdad, está enamorado de Nedda. Ella se burla de él, ya que ese es el papel que tiene que hacer en la comedia que representan. Tonio pasa entonces de sus declaraciones románticas a otras más violentas. Nedda amenaza con llamar a Canio, pero Tonio la agarra e intenta besarla. Ella entonces coge la fusta con la que azuzan al asno que tira de la carreta y le golpea. Tonio se aleja jurando venganza. Escuchamos la escena con Victoria de los Ángeles y Leonard Warren:

Nada más irse Tonio aparece Silvio, el amante de Nedda. Ella le acusa de imprudente, pero él le dice que no hay peligro, porque Canio está en la taberna. Ella le dice que Tonio anda por ahí y que ha tenido problemas con él. Él le dice si pretende vivir toda su vida en medio de esa angustia, si va a dejarlo en cuanto pase la fiesta, y entonces le pide que huya con él, pero ella se niega. En ese momento, desde un rincón, Tonio les descubre. Silvio piensa que si Nedda se niega a huir con él es porque ya no le ama, y eso le hace a ella decidirse a huir con él. Ambos se besan. Escuchamos el dúo con Joan Carlyle y Rolando Panerai:

No son conscientes de lo que pasa: Tonio ha ido a avisar a Canio, que se acerca silenciosamente, y escucha cómo Nedda pretende huir con su amante esa noche. Entonces Canio grita, y Silvio sale huyendo; Canio no puede alcanzarlo ni reconocerlo. Tonio se burla de Nedda, y Canio vuelve pidiendo a Nedda que le diga el nombre de su amante. Necesita saberlo antes de matarla. Ella se niega a decírselo, y Canio se prepara para matarla, pero llega Beppe justo a tiempo para detenerlo. Intenta calmarlo, ya que la gente vuelve de la iglesia y van a ver la escena, pero no lo consigue. Tonio es más eficaz: le dice que el amante estará esa noche en la representación. Beppe le pide a Canio que vaya a vestirse para la representación. Escuchamos la escena con Carlo Bergonzi como Canio:

Canio se queda solo, lamentando la desgracia de tener que representar algo que acaba de sucederle, mientras la gente se ríe de él. Mientras se viste y se enharina la cara para hacer el papel de Pagliaccio (Payaso), trata de controlar sus sentimientos, que tiene que transformar en muecas cómicas, pero cae presa de la desesperación. Escuchamos el aria “Vesti la giuba”, una de las más famosas de la historia de la ópera, cantada por Giuseppe di Stefano:

Termina así el primer acto de Pagliacci. A continuación nos encontramos con un intermezzo orquestal, similar al de “Cavalleria rusticana”, en el que se retoma un tema escuchado en el prólogo. Lo escuchamos dirigido por Herbert von Karajan:

La belleza melódica de este intermezzo nos ayuda a romper la enorme tensión dramática que acumulábamos en los últimos minutos del primer acto. Y el segundo acto empieza como empezaba el primero, con un coro de la gente del pueblo, que se dirigen a ver el espectáculo. Tonio va invitando a la gente, Nedda cobra y Beppe acomoda a la gente que va agolpándose. Nedda y Silvio se ven un momento, y ella le pide que tenga cuidado, ya que Canio no le ha reconocido:

Comienza la representación de la comedia dell’arte, en la que Canio hace de Pagliaccio, Nedda de Colombina, Beppe de Arlequín y Tonio de Taddeo. Colombina está sola en casa, porque su marido Pagliaccio llegará tarde, y Taddeo no llega a tiempo. Se escucha entonces la serenata de Arlecchino, que está enamorado de ella. Escuchamos la serenata de Beppe/Arlecchino cantada por Piero di Palma:

Colombina va a dar la señal a Arlecchino de que puede subir, pero en ese momento llega Taddeo y le declara su amor. Entra Arlecchino y Taddeo se va viendo que ella ama a otro. Ambos cenan y Arlecchino le da un narcótico para que Pagliaccio se quede dormido y puedan huir juntos. Canio escucha las mismas palabras que le dijo Nedda a su amante, y se preocupa por la actuación. Disimula como puede. Ve que había otro hombre, y ella le hace creer que era Taddeo, que estaba escondido. Él insiste en saber el nombre; ya no está siguiéndola comedia. Nedda intenta recuperar la escena llamándole Pagliaccio, pero él estalla y dice que no es Pagliaccio, sino el idiota que la acogió cuando era una huérfana. Cae desesperado en una silla mientras el público se conmueve por lo real de la escena (no saben bien lo real que es). Una vez recuperado, Canio afirma que esperaba alguna muestra de agradecimiento por todo lo que había hecho por ella, pero ella es una viciosa, una puta a la que despreciar. Nedda entonces se le enfrenta: si no es digna de él, que le deje marcharse. Él lo ve como una forma de huir con su amante, y estalla furioso pidiendo saber el nombre del amante. Ella intenta seguir la comedia diciendo que es Arlecchino, pero ya es tarde: Canio está furioso, exigiendo el nombre del amante, y ella se niega a decirlo, aunque le suponga morir. Beppe intenta calmarlo, pero Tonio se muestra satisfecho al ver cómo se cumple su venganza, y le da un puñal a Canio. Éste apuñala a Nedda esperando que muriendo diga el nombre del amante, lo que ella, efectivamente, hace. Silvio salta al escenario a socorrer a su amada, pero sólo consigue correr su misma suerte y es apuñalado por Canio, que termina diciendo “La comedia ha terminado”. Escuchamos la escena final (en el vídeo aparece primero el Vesti la giuba) con Franco Corelli como Canio, Mafalda Micheluzzi como Nedda y Tito Gobbi como Tonio:

Termina así Pagliacci, una de las óperas más famosas del repertorio y también una de mis favoritas desde que me inicié en el mundo de la ópera.

Terminamos, como siempre, con un Reparto Ideal:

Canio: Franco Corelli.

Nedda: Victoria de los Ángeles.

Tonio: Giuseppe Taddei o Tito Gobbi.

Silvio: Rolando Panerai.

Beppe: Piero di Palma.

Director de Orquesta: Herbert von Karajan.



125 años del estreno de “L’amico Fritz” (31-10-2016)


Pietro Mascagni es uno de esos compositores, como Ruggero Leoncavallo, Francesco Cilea o Amilcare Ponchielli, conocidos como “compositores de una ópera”, porque sólo una de sus óperas ha conseguido el éxito y la permanencia en el repertorio actual. Cosa que no puedo compartir, ya que si fueron capaces de componer una obra maestra (Cavalleria rusticana, Pagliacci, Adriana Lecouvreur y La Gioconda, respectivamente), es poco probable que el resto de su obra carezca de interés. Compositor de una ópera es Beethoven, que sólo compuso “Fidelio”, pero Mascagni tiene en su obra óperas muy interesantes, habiendo especialmente una que todavía, aunque precariamente, ha conseguido permanecer en el repertorio: “L’amico Fritz”.




Pietro Mascagni venía de triunfar con el estreno de “Cavalleria rusticana” en 1890, y tenía que repetir el éxito, para lo que recurre al libreto que Nicola Daspuro (bajo el seudónimo de P. Suardon) escribe a partir de la obra “L’ami Fritz” de la pareja de escritores alsacianos Erckermann-Chatrian, autores de obras de realismo rural de marcado carácter patriota alsaciano. La acción de “L’amico Fritz” se situará en un lugar indeterminado, pero muy probablemente en un pueblo de Alsacia, durante algún momento del siglo XIX.

La obra, que había sido compuesta expresamente para la soprano Emma Calvé, fue estrenada el 31 de octubre de 1891 en el Teatro Constanzi de Roma, con la citada soprano y el gran tenor Fernando de Lucia en los papeles protagonistas y dirigida por Rodolfo Ferrari. Gracias a números como el célebre dúo de las cerezas, la obra se mantiene en el repertorio de los más importantes tenores de la primera mitad del siglo XX, hasta los años 50, destacando las interpretaciones de Beniamino Gigli o Ferruccio Tagliavini, para después caer en un olvido sólo rescatado ocasionalmente en los teatros italianos. Gran injusticia, como podremos comprobar al repasar esta ópera.

Como siempre, antes de empezar el repaso a la ópera, dejo un enlace al libreto con traducción al español.

La ópera comienza con un preludio, de menor dimensión que las grandes oberturas de la tradición operística italiana pero que ya había desaparecido en la mayoría de los casos para esas fechas, y que escuchamos aquí dirigido por Gianandrea Gavazzeni:

Ya en la obertura, por la alegría de sus temas, vemos que no nos encontramos ante la típica tragedia de la ópera italiana de finales del siglo XIX, sino en realidad ante una bella comedia romántica de apenas horita y media de duración, con un primer acto cómico frente a un segundo y sobre todo tercero más dramáticos en los que las cosas se complican hasta terminar en un final feliz. Vamos, como una comedia de Julia Roberts, muy cinematográfico todo.

Comienza el primer acto de “L’amico Fritz”. Y estamos precisamente en el comedor del protagonista, Fritz Kobus, un rico terrateniente y benefactor del pueblo, que conversa con el rabino David sobre la obsesión de todos por casarse; él quiere quedarse soltero. FRitz le gasta una broma al rabino, ya que es él quien tiene que correr con los gastos de la boda. Llegan dos amigos de Fritz, Hanezò y Federico, igual de solteros que Fritz, para la cena, en la que esperan también al joven Beppe. Mientras, David se va a casar a la pareja de novios.

La camarera Caterina anuncia entonces que ha llegado Suzel, la joven hija del granjero, que trae flores para su patrón; Fritz le hace pasar, y ella, tímidamente, le presenta un ramo de violetas y lo acompaña de un poema. Tenemos así la primera de las arias de Suzel, “Son pochi fiori”, que escuchamos a Mirella Freni:

Suzel, avergonzada, le entrega el ramo a Fritz y le dice que su padre espera verle. Todos se dan cuenta de la belleza de la joven, incluido el rabino, que vuelve en ese momento. Pero son interrumpidos por el sonido de un violín que emociona a Suzel hasta las lágrimas: es el gitanillo Beppe, que es invitado a cenar y a cantar. Beppe canta una canción en la que describe las pésimas condiciones de vida en las que vivía hasta ser recogido por Fritz:

Suzel entonces se despide, mientras Fritz promete que irá a ver a su padre. Todos quedan encantados por la belleza y los modos de la joven, de la que David afirma que será la más bella casadera de Alsacia, cosa que Fritz duda porque la ve demasiado joven. El rabino estalla entonces en una reprimenda a los tres solteros, que sólo saben comer y beber, pero profetiza que al final necesitarán el amor. Escuchamos así el aria “Per voi, ghiottoni inutili” en la voz de Ettore Bastianini:

Sólo Beppe está de acuerdo con el rabino, que airma que no pasará mucho tiempo antes de que Fritz se case. Éste lo duda, y se apuesta una de sus viñas a que no se casará. La llegada de los huérfanos que vienen a dar las gracias a su benefactor rompe la conversación, y con ella termina el primer acto de “L’amico Fritz”.

Comenzamos el segundo acto de “L’amico Fritz”, en el que nos hemos trasladado a la granja de Fritz, en Mésanges. Estamos en el patio de la granja, con un cerezo al fondo. Es por la mañana, y Fritz todavía duerme. Suzel quiere darle a provar las cerezas a Fritz en cuando se despierte, y mientras los campesionos siegan la cebada, ella recoge un ramo de flores y canta una canción:

Fritz desciende por las escaleras y saluda a Suzel, que le da el ramo de flores y se prepara para coger unas cerezas y dárselas a Fritz mientras se da cuenta de que nota algo extraño en el corazón. Estamos ante el más célebre momento de “Lamico Fritz”, el dúo de las cerezas, que escuchamos en voz de Tito Schippa y Mafalda Favero:

  

En ese momento llegan los amigos de Fritz: Beppe, Hanezò, Federico y David. Fritz les invita a dar una vuelta por sus terrenos, pero David rehúsa, diciendo que está cansado. Se queda con Suzel, dándose cuenta de la extraña actitud de Fritz, sospechando que podría estar enamorándose de la joven. Ella va a sacar agua y él le pide un trago. Entonces dice que le recuerda a una historia de la Biblia, y le hace leer el relato de Rebeca. David aprovecha para adelantar la historia y preguntarle si reaccionaría como Rebeca, tapando su rostro, cuando apareciera el hombre a ella destinado, pero no hace falta una respuesta: se escucha la voz de Fritz, y Suzel se esconde en la casa, dejándole claro a David que se casarán. Escuchamos esta escena en las voces de Carlo Tagliabue y Rosanna Carteri:

David entonces le pincha a Fritz diciéndole que ha encontrado un joven perfecto para la joven y que hablará con el padre de ella para arreglar la boda, despertando los celos de Fritz, que echa a david, acusándole de volver a caer en esa manía suya de casar a todos, y siente una sensación extraña en su interior:

Vuelven Hanezò y Federico, que vuelven a la ciudad, y Fritz decide irse con ellos. Cuando David lo ve, avisa a Suzel, que empieza a llorar sin saber por qué (aunque David sí que lo sabe, el muy granuja…). Termina así el segundo acto de “L’amico Fritz”.

Aquí Mascagni nos regala otro gran pasaje orquestal, un intermezzo, dirigido por el propio Mascagni:

Comenzamos el tercer y último acto de “L’amico Fritz”. Y volvemos a la casa de Fritz que ya vimos en el primer acto. Aquí está nuestro protagonista, desesperado porque, pese a haber salido huyendo, todo a su alrededor, bodas, bautizos, bodas de oro… le repiten la misma idea de la que ha querido huir: el amor. Tenemos así el monólogo de Fritz “Tutto ho tentato”, que escuchamos en esta magnífica interpretación de Cesare Valetti:

Llega Beppe en ese momento, que se da cuenta de que Fritz está triste, y dándose cuenta de la causa de su tristeza, ya que el también ha sufrido por culpa del amor, canta una canción de amor que él mismo compuso, “O pallida che un giorno mi gurdasti”:

Fritz estalla contra su amigo por venir a torturarle él también con esas mentiras sobre el amor. Pero una vez sólo, se sorprende de que incluso el joven también haya amado, y canta al amor en la bellísima aria “O amore, o bella luce del core”, que escuchamos en la voz de un jovencísimo Giuseppe di Stefano (23 añitos tenía), con la voz fresca y una técnica impecable (que luego ignoró por completo), con ese uso de reguladores y esos pianísimos, en una interpretación simplemente mágica:

Como esta versión es con piano, vamos a escuchar una con orquesta, en este caso a Ferruccio Tagliavini:

Aparece David, que se da cuenta de que Fritz sufre por amor, y le tortura más, diciéndole que ya está todo preparado para la boda de Suzel, y que su padre irá para concluir los trámites, pero Fritz, enfadado, afirma que se opone para fastidiar al rabino y sale. Llega en ese momento Suzel, que va a llevarle flores a Fritz, y David nota que está triste, pero le dice que cuando él vuelva sonreirá, y se va. Suzel queda sola y expresa su tristeza en el aria “Non mi resta che il pianto ed il dolore”, que le escuchamos a Pia Tassinari:

Aparece Fritz, y conversan sobre la boda de Suzel, que no quiere casarse, pero su padre así lo quiere. Ante la insistencia de Fritz en que no se case, ella le pide que sea él quien se lo diga a su padre. Entonces el le pregunta si ama a otro,  ante los nervios crecientes de ella, al final se le declara y los dos se confiesan su amor. Y así nos encontramos ante el gran dúo de amor de Pietro Mascagni. Si en Puccini los dúos de amor son de lo mejor de sus obras, en Mascagni estos no abundan: el dúo de las cerezas no es propiamente un dúo de amor, como tampoco el de “Iris”, por no hablar del de “Cavalleria rusticana”, que es casi un dúo de odio. Pero este dúo de “L’amico Fritz”, que pasa de la tristeza a la alegría en poco tiempo es de una belleza innegable y está injustamente olvidado y eclipsado por el de las cerezas (que en mi opinión no llega al nivel de este). Escuchamos la magnífica versión del dúo que hicieron Mirella Freni y Luciano Pavarotti:

Entra David, sabiendo que ha ganado, que ha logrado que Fritz acabe casándose. Se lleva la viña que le prometió Fritz, pero se la entrega a Suzel. Aparecen Federico y Hanezò preguntñandose que harán ahora que Fritz se casa y Davis les dice que habrá alguna mujer para ellos también. Y la ópera termina con una repetición de ese “O amore” que cantó Fritz en su aria, final que escuchamos con José Bros y Dimitra Theodossiu (id directamente al minuto 4, por favor… el resto es el dúo anterior y encima está cortado):

Terminamos así este repaso a esa joyita que es “L’amico Fritz”, repaso que no ha sido fácil por las pocas grabaciones integrales de la ópera y porque en youtube no están ni las que hay. Pero bueno, podemos concluir con un breve

Reparto Ideal:

Fritz Cobus: Luciano Pavarotti o Ferruccio Tagliavini.

Suzel: Mirella Freni.

David: Rolando Panerai o Vicente Sardinero.

Dirección de Orquesta: Gianandrea Gavazzeni.



La Boheme 120 años después de su estreno (01-02-2016)


Giuseppe Verdi llevaba ya medio siglo dominando el mundo de la ópera italiana, pero superados ya los 80 años, nadie esperaba que fuera a componer ninguna ópera más después de aquel magistral “Falstaff” de 1893. Se imponía buscarle un sustituto, ver quién de todos aquellos jóvenes de la llamada Giovane Scuola sería quien ocuparía el puesto del anciano maestro. Y quizá los asistentes a aquel estreno de “La Boheme” de uno de esos compositores, Giacomo Puccini, el 1 de febrero de 1896 en el Teatro Regio de Turín no se esperaban que aquella velada fuera decisiva a este respecto. Y más cuando la ópera que se estrenó no triunfó, por lo menos de crítica, pese a contar con la dirección nada menos que de Arturo Toscanini.




Pero en pocos meses la ópera se había estrenado ya en los principales teatros de Italia (en marzo se estrenará ya en la Scala milanesa nada menos) y el éxito sería ya imparable. Puccini pasaría a ser la máxima figura operística italiana durante los próximos 20 años y “La Boheme” una de las óperas favoritas del público (mi favorita, de hecho).

El genial libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica (autores también de los libretos de los éxitos posteriores del compositor, Tosca y Madama Butterfly) adaptaron de forma casi milagrosa esa colección de episodios inconexos que forman las Scènes de la vie de bohème de Henry Murger. También otro compositor del momento, Ruggero Leoncavallo (el de Pagliacci) estaba trabajando en una ópera sobre el mismo tema, pero su adaptación es totalmente distinta.

Lo primero, enlace al texto y traducción.

Comenzamos a repasar el argumento de “La Boheme”. Primer acto. Estamos en una pobre buhardilla del barrio latino de París que comparten 4 amigos bohemios: el pintor Marcello, el poeta Rodolfo, el filósofo Colline y el músico Schaunard. Estamos en plena nochebuena y hace un frío que te mueres. Rodolfo y Marcello están trabajando, pero se congelan, así que Rodolfo decide quemar la obra teatral que está escribiendo, lo que supone un ligero alivio para ambos y para Colline, que acaba de llegar… pero dura poco. Lo justo para que aparezca Schaunard con leña, provisiones y dinero que ha conseguido ganar cumpliendo el encargo de un lord inglés: conseguir que su loro se muera.

Todos se disponen a comer hasta que Schaunard les echa la bronca: en nochebuena hay que cenar fuera de casa. Y cuando se van a ir… ¡llega el propietario de la casa, Benoît, reclamando el alquiler. Entre los 4 consiguen engañarle y librarse de pagar. Ahora sí, campo libre para irse… pero Rodolfo tiene que quedarse para terminar un artículo. Los demás deciden esperarlo en la calle. Escuchamos toda la escena introductoria con Jaume Aragall como Rodolfo y Giorgio Zancanaro como Marcello:

Pero entonces aparece la vecina pidiendo luz, pero al momento se desmalla y Rodolfo tiene que hacerse cargo de ella (y aprovecha para comprobar que está de buen ver la niña…). La chica, tras recuperarse, se va a ir, pero se da cuenta que ha perdido las llaves, su luz se apaga (o la apaga ella a posta, quién sabe), y en ese momento la de Rodolfo también se apaga (aquí ni quién sabe ni porras, el apagón es claramente intencionado), y hala, a buscar la llave a oscuras… Rodolfo es un artista y no tarda en encontrarla, pero miente y dice que no… y lo que encentra es otra cosa:

Lo que encuentra Rodolfo es la helada mano de la chica, y le dedica esa maravillosa aria que es el “Che gelida manina”, rematada por un Do de pecho que habría que cantar más o menos así:

Tengo predilección por la versión de Nicolai Gedda, la verdad.

Otras veces se baja el aria medio tono, como hace aquí Pavarotti, junto a la Freni, su amiga de infancia. Parece que ella esté sufriendo a la espera de que Pavarotti resuelva bien el agudo… y su cara de alivio al lograrlo es todo un poema:

Es un aria preciosa y uno de los pasajes más célebres de “La Boheme”. Aquí Rodolfo se presenta como un poeta soñador. Pero necesitamos la respuesta, sabemos quién es él, pero ¿ella?

Descubrimos que la vecinita se llama Mimì y que es una costurera sin un duro. Poco importa, Rodolfo ya está coladito por ella (y ella por él). No hace falta que sean millonarios para quererse…

Puccini le regala al personaje unas melodías de una belleza indescriptible. Así que vamos a poner otra versión imprescindible más, con la gran soprano catalana Victoria de los Ángeles:

Venga, ¡si no se os pone la carne de gallina con ese “El primer beso de abril es mío” es que no tenéis corazón!

Los amigos de Rodolfo se impacientan en la calle, y Mimì decide acompañarlos. Y así, con este bellísimo dúo de amor “O soave fanciulla” terminamos el primer acto, cantado por Jussi Björling y Renata Tebaldi:

Comienza el segundo acto de “La Boheme”. Estamos en el barrio latino de París, donde los 4 amigos y Mimì hacen sus compras entre la multitud, antes de ir a cenar al Café Momus. Pero allí aparece alguien: Musetta, una antigua amante de Marcello que prefería buscarse a un amante con más dinero… y ahí va, acompañada por el rico Alcindoro. Pero al ver a su viejo amor algo dentro de ella se mueve y… comienza a cantar un pícaro vals que pone de los nervios al ricachón. De nuevo, uno de los momentos más famosos de “La Boheme”, el vals de Musetta “Quando me n’vo”. Musetta consigue librarse del viejo para arrojarse en brazos de Marcello, y encima de regalito le dejan la cena de los 5, a quienes ya no les queda dinero para pagar. Escuchamos el 2 acto completo con Carlo Bergonzi como Rodolfo, Renata Tebaldi como Mimì, Ettore Bastianini como Marcello, Gianna D’Angelo como Musetta, Cesare Siepi como Colline, Renato Cesari como Schaunard y Fernando Corena como Alcindoro:

Hasta aquí La bohème ha sido una comedia costumbrista, pero ya en el tercer acto comienza el drama, un drama que nos dejará destrozados al final…

Tercer acto de “La Boheme”: estamos en pleno invierno. Rodolfo y Mimì se han ido a vivir por su cuenta, igual que Marcello y Musetta. Pero entre Rodolfo y Mimì hay problemas, y Mimì va a buscar a Marcello para pedirle ayuda: los celos de Rodolfo hacen imposible la relación. De hecho, Rodolfo acaba de huir de casa y está en el bar donde trabaja Marcello. Éste le dice a Mimì, que está evidentemente cada vez más enferma, que se vaya a casa y que él hablará con Rodolfo. Pero Mimì se esconde para oír la conversación. Escuchamos el dúo con Mirella Freni y Rolando Panerai:

Cuando Rodolfo sale, afirma que quiere separarse de Mimì, porque hay un vizconde con el que Mimì le pone celoso, pero al final Marcello consigue sacarle la verdad: Rodolfo se tortura porque Mimì está cada vez más enferma, y siendo pobre como es, siente que, al hacerla vivir con él en esas míseras condiciones, la está matando. Mimì estalla en sollozos y ambos se dan cuenta de que estaba escuchando la conversación:

Pero entonces se oye desde el interior la risa de Musetta, y el que se pone celoso es Marcello.

Mimì se despide de Rodolfo dándole instrucciones de lo que debe hacer con sus cosas. Y aquí Puccini vuelve a regalarle una bellísima aria, “Donde lieta uscì”, al que la voz de Tebaldi le hace merecida justicia:

Y el acto termina con el cuarteto “Dunque è prorio finita”, en el que Rodolfo y Mimì deciden permanecer juntos hasta primavera, cuando el sol les haga compañía, mientras Marcello y Musetta se pelean. Escuchamos el cuarteto final del tercer acto con Carlo Bergonzi, Renata Tebaldi, Ettore Bastianini y Gianna D’Angelo:

Atención sobre todo a la magia que consigue el enorme Carlo Bergonzi en ese “Ch’io, da vero poeta, rimavo con carezze!”, con ese pianísimo en “carezze”…

Y nos vamos al cuarto y último acto de “La Boheme”. Estamos en la misma buhardilla del primer acto: los cuatro amigos vuelven e vivir juntos. Rodolfo y Marcello intentan trabajar, pero pensar en sus respectivas amadas se lo impide. Escuchamos el dúo con Luciano Pavarotti y Rolando Panerai:

Tras el dúo aparecen Colline y Schaunard, pero esta vez, a diferencia del primer acto, no les sonríe la suerte, y apenas tienen un arenque para comer. Aún así, nada les quita el humor y se montan sus juegos y sus películas, hasta…

Hasta que aparece Musetta en la puerta avisando que Mimì viene detrás, muy enferma. Días atrás oyó que Mimì había abandonado al vizconde y que se estaba muriendo, y salió a buscarla por las calles; acaba de encontrarla, y ella sólo piensa en volver a ver a Rodolfo, quien desespera al oír la noticia. Ella está congelada, pero en la casa no hay nada que puedan darle, así que Marcello se va a buscar a un médico y Musetta va a empeñar unos pendientes para comprar el manguito que pide Mimì para calentar sus manos.

Colline tiene un bonito momento solista en el que se despide de su vieja zamarra, que también va a empeñar para conseguir algún dinero. Escuchamos su breve aria cantada por Giorgio Tozzi:

Entonces aconseja a Schaunard que les deje solos a Rodolfo y Mimì.

Y entonces Mimì, que fingía dormir, se yergue para poder hablar con Rodolfo en uno de los dúos de amor más bellos que se han escrito nunca, ese maravilloso “Sono andati”:

Este dúo, y en concreto esta versión con Tebaldi y Bergonzi, es una de las cosas más bellas que he escuchado nunca, y me resulta simplemente imposible no emocionarme cada vez que lo oigo. Desde aquella vez, a punto de cumplir 15 años, que teníamos que interpretar en playback un trozo de una ópera en clase de música y yo elegí “La Boheme” (cuando apenas sabía lo que era una ópera) y la profesora me prestó esta grabación, este dúo permanece esculpido en mis tímpanos.

La tos de Mimì hace volver a Schaunar, y no tardan en llegar Marcello y Musetta con el manguito, pero ya de poco sirve. Sin que Rodolfo se dé cuenta, Mimì muere. Con la llegada de Colline, que pregunta cómo está, Rodolfo se da cuenta del nerviosismo de sus amigos y se da cuenta de lo que ha ocurrido. Y así termina esta “La Boheme”, con Rodolfo gritando el nombre de su amada muerta. Y escuchamos el final con Roberto Alagna y Angela Gheorghiu:

Espero que tuvierais kleenex a mano…

Y espero que os haya gustado La bohème. Ya os digo que a mí me encanta, por algo es mi ópera favorita…

Bueno, a partir de ahora, cuando hablemos del aniversario del estreno de alguna ópera, quiero terminar diciendo quienes son en mi opinión los intérpretes referenciales en los principales papeles, así que allá vamos con un Reparto Ideal:

Rodolfo: Carlo Bergonzi. O Luciano Pavarotti (en vivo, no en el estudio con Karajan). Björling, Di Stefano, Gianni Raimondi o Alagna también tienen su atractivo.

Mimì: Renata Tebaldi, Mirella Freni o Victoria de los Ángeles.

Marcello: Rolando Panerai.

Musetta: Gianna D’Angelo o Anna Moffo.

Colline: Giorgio Tozzi.

Schaunard: Renato Cesari.

Benoît-Alcindoro: Italo Tajo.

Dirección de orquesta: por esta vez, y sin que sirva de precedente… “¡francamente, querid@s, me importa un bledo!”