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200 años del nacimiento de Charles Gounod (17-06-2018)


Fue el compositor más importante entre los años 50 y los años 70 del siglo XIX en la ópera francesa, creando un lenguaje musical propio, alejado de las influencias germanas o italianas, pero también de la precedente Grand’Opera, además de ser un prolífico compositor de música religiosa. Hoy hace 200 años nacía el compositor Charles Gounod.




Charles François Gounod nació el 17 de junio de 1818 en París. Su padre era el pintor François-Louis Gounod, que moriría poco después, en 1923. Entonces, su madre, Victoire Lemachois, para mantener a la familia (tenía otro hijo más, Urbain), comenzó a dar clases de piano. Charles fue uno de sus primeros alumnos, y continuó sus estudios musicales, primero con Anton Reicha y posteriormente en el conservatorio de París, donde tendrá como profesor a Jacques-Fromental Halèvy. En 1839 compone la cantata “Fernand”, que le valdrá ganar el Gran Prix de Rome:

Este premio era una especie de beca para que los estudiantes de arte y de música pudieran estudiar en Roma. Gounod parte a la ciudad, donde estudia en especial la música religiosa de Palestrina y compone sus primeras misas, ya que siente una importante inclinación religiosa. Tras pasar por Viena, regresa a París en 1843, donde consigue el puesto de maestro de capilla de la Iglesia de las Misiones extranjeras de París, estudia teología e incluso es autorizado para llevar el hábito eclesiástico. Pero con la revolución de 1848 renuncia a su carrera eclesiástica y a su puesto como maestro de capilla.

Ahora es más necesario que nunca arrancar con su carrera como compositor. Gracias a la ayuda de Pauline Viardot, consigue hacerse cargo del libreto de “Sapho”, la que será su primera ópera, estrenada con poco éxito el 16 de abril de 1851. Escuchamos la famosa aria de la protagonista “O ma lyre immortelle” cantada por la mezzo Elina Garanca:

Al año siguiente se casa con Anna Zimmerman, hija del compositor y pianista Pierre Zimmerman. En 1954 fracasa su segunda ópera, “La nonne sanglante”, y estrena su primer oratorio, “Tobie”. En 1855 e¡compone su Misa Solemne en honor de Santa Cecilia:

También en 1855 compone su primera sinfonía:

Y en 1856 compone su segunda y última sinfonía:

Tras estrenar en 1858 su tercera ópera, “Le médecin malgré lui”, en 1859 alcanza definitivamente la fama con el estreno de su obra más célebre, la ópera “Faust”, que pese a contar con 5 actos, se aleja de la grand’opera tanto por las voces utilizadas, de tipo más lítico, como en la propia estructura de la obra, que crea un nuevo estilo, la llamada ópera lírica. Estrenada el 19 de marzo de 1859 en París, cuenta con algunos números imprescindibles, como el aria de faust “Salut, demeure chaste et pure” que escuchamos cantada por Giuseppe di Stefano (atención a ese espectacular diminuendo en el do de pecho, perfecto paso de voz de pecho a mixta):

Ese estilo lírico en las voces es perceptible también el personaje de Valentin, el hermano de Marguerite, al que le regala una de las más bellas arias para barítono lírico nunca compuestas, “Avant de quitter ces lieux”, que escuchamos cantada por Thomas Hampson:

Y, para concluir, escuchamos el trío final de la ópera con Mirella Freni, Alfredo Kraus y Nicolai Ghiaurov:

También en 1859, Charles Gounod usa la música del primer preludio de Bach como base para componer su “Ave Maria”, que escuchamos en la voz de Luciano Pavarotti:

Tras estrenar en 1860 dos óperas, “Philémon et Baucis” y “La colombe”, en 1862 estrena “La Reine de Saba”, nuevo fracaso en el que se le acusa de haberse dejado influir por la música alemana. La ópera permanece a día de hoy prácticamente desconocida, excepto por algunas arias, como este “Inspirez-moi, race divine” que escuchamos cantada por Rolando Villazón:

En 1864 obtiene un mayor éxito con su ópera “Mireille”, en la que retorna al estilo que tanto éxito le había traído con “Faust”. De esta ópera destaca el aria de coloratura de la protagonista, “O légère hirondelle”, que escuchamos cantada por Lily Pons:

Destaca también el aria del tenor “Anges du paradis”, que escuchamos cantada por Georges Thill:

Pero será en 1867 cuando consiga otro éxito comparable al de “Faust”, en este caso con “Roméo et Juliette“, obra maestra en la que hay innumerables pasajes que merecen ser recordados. Comenzamos por la bellísima despedida de Roméo tras la escena del balcón, “Va, repose en paix”, que escuchamos cantada deliciosamente por Nicolai Gedda:

Destacable es también la famosa aria de Juliette “Je veux vivre”, que escuchamos en este caso cantada por Diana Damrau:

Y terminamos con ese maravilloso dúo final, que escuchamos cantado por Roberto Alagna y Angela Gheorghiu:

En 1869 compone una obra instrumental para conmemorar el jubileo de Pío IX, la Marcha Pontifical, que en 1949 se convertirá en el Himno Oficial de la Ciudad del Vaticano:

En 1879, a causa de la Guerra Franco-Prusiana, Gounod huye a Gran Bretaña, donde permanecerá hasta 1874. En esta época compone en general obras de menor envergadura, de entre las que destaca, en 1873, la Marcha fúnebre de una marioneta, originalmente para piano, orquestada en 1879 por el propio Gounod:

A su vuelta a Francia, destaca en 1876 la misa del sagrado corazón, de la que escuchamos el Kyrie:

Charles Gounod compondrá pocas óperas más. En 1877 estrena “Cinq-Mars” y en 1878 estrena “Polyeucte”, de la que escuchamos el aria “Source délicieuse” cantada por Roberto Alagna:

Todavía en 1881 estrenará una última ópera, “Le tribut de Zamora”, dejando inacabada otra más, “Maître Pierre”. Charles Gounod centra ya su carrera en la composición de música religiosa, como la Misa en recuerdo de Juana de Arco, de 1887:

En esta última etapa compone también obras instrumentales, como la Suite concertante para órgano y orquesta, de 1888:

Su última gran obra será el Requiem de 1893:

Charles Gounod muere el 18 de octubre de 1893, a los 75 años, siendo enterrado en el Cementerio de Auteuil:

Charles Gounod, pese a su destacada carrera como compositor eclesiástico, es a día de hoy recordado como una de las principales figuras de la ópera francesa de la segunda mitad del siglo XIX, consiguiendo mantener un estilo propio completamente francés que seguirán compositores más jóvenes como Georges Bizet o Jules Massenet, y que ha conseguido mantener como pilares del repertorio operístico sus dos obras maestras, “Faust” y “Roméo et Juliette”.



150 años del estreno de Roméo et Juliette de Gounod (27-04-2017)


Adaptar a la ópera una obra tan difícil como el celebérrimo drama “Romeo y Julieta” de William Shakespeare es algo que han intentado no pocos compositores. Pero seguramente fuera Charles Gounod con su “Roméo et Juliette” quien mejores resultados sacara de una obra tan compleja como bella.




Parece que ya desde 1837, con 19 años, la obra fascinaba a Gounod tras escuchar un ensayo de la Sinfonía Dramática “Roméo et Juliette” de Hector Berlioz, e incluso en 1841, estando en Italia, se planteó usar como base el libreto de Felice Romani que, entre otras, había servido de base para “I Cappuletti ed I Montecchi” de Vincenzo Bellini, aunque afortunadamente la idea no fue adelante; y digo afortunadamente porque el texto de Romani no tiene mucho que ver con la obra de Shakespeare.

Tras varios intentos de triunfar como compositor operístico, Gounod alcanza la fama en 1859 con el estreno de “Faust”, adaptación de otro gran clásico de la literatura, el “Fausto” de Johann Wolfgang von Goethe. Pero no conseguía repetir el éxito de ésta en sus estrenos posteriores. Ni siquiera la no carente de interés “La reine de Saba” de 1862, alcanza el éxito. Sólo en 1864 mejorará sus resultados con “Mireille”, pero Gounod necesita otro gran éxito que lo consolide como un gran compositor de ópera.

Es entonces cuando Charles Gounod retoma la idea de adaptar del drama shakespeariano. Lo más difícil es el libreto de base, que encarga a los libretistas con los que trabajó en “Faust”, Jules Barbier y Michel Carré, que fueron capaces de seguir las diferentes escenas de la ópera eliminando personajes innecesarios (los padres de Romeo, la señora Capuleto…) o reduciendo a su mínima expresión a otros (Príncipe Scala, Príncipe Paris, que ni siquiera muere al final en un duelo con Romeo, Tybalt, Benvolio…). Con un magnífico texto de partida, Gounod compone la ópera en 1865, estrenándola en el Théâtre Lyrique de París, siendo la parte de Juliette cantada por Marie Caroline Miolan-Carvalho, esposa del director del teatro, y que ya había estrenado varias óperas de Gounod, como la Marguerite de “Faust” y la protagonista de “Mireille”. El estreno se puede calificar de éxito y alcanza una gran popularidad que mantiene hoy día, aunque el propio Gounod retocó varias veces la ópera, siendo la última y definitiva (la versión que conocemos hoy) estrenada en 1888.

Antes de pasar a repasar la ópera, dejamos como siempre un enlace al libreto.

Roméo et Juliette no tiene una obertura orquestal, sino un breve preludio coral, similar al coro inicial de la obra de Shakespeare, que nos habla de las dos familias rivales, Capuletos y Montescos (sin entrar, al igual que en el drama de Shakespeare, en detalles sobre las razones de la enemistad entre ambas familias: se trata de una enemistad política entre los líderes de los dos bandos rivales de Verona, los Güelfos liderados por los Capuleto y los Gibelinos liderados por los Montescos) y sobre la desgracia que acaecerá a los jóvenes amantes:

Comenzamos el primer acto de Roméo et Juliette. Nos encontramos en un salón del palacio de los Capuleto, en el que se celebra una fiesta, un baile de máscaras. Avanzada la noche, Tybalt, el sobrino del conde Capulet, acompaña al Príncipe Paris, qu espera conocer a su prometida, la hija de Capulet, quien presentas a su hija al público el día de su cumpleaños (no se especifica la edad, ¿15 años?), que sorprende a todos por su belleza. Juliette escucha la música y sólo desea disfrutar, y Capulet invita a todos a disfrutar de la noche y del baile sin preocupaciones. Escuchamos la escena inicial con Angela Gheorghiu como Juliette y Alain Fondary como Capulet:

Mientras todos salen a bailar, entran unos Montescos dirigidos por Roméo y por Mercutio, Roméo se muestra temeroso, no quiere que le descubran en la casa de su enemigo, pero Mercutio, que no es un Montesco, se muestra más atrevido. Roméo avisa que ha tenido un sueño previniéndole, pero Mercutio se burla de él al hablar de los engaños de Mab, la reina de los sueños. Escuchamos la Balada de Mab cantada por Gérard Souzay:

Roméo sigue preocupado, y Mercutio cree que es porque en la fiesta no está Rosaline, la amada de Roméo, pero entonces el joven Montesco ve a Juliette y queda prendado de su belleza. Mercutio se da cuenta de que Roméo ya ha olvidado a Rosaline y consigue esconderlo mientras Juliette entra con su nodriza Gertrude, rechazando casarse con Paris, ya que sus planes pasan por poder disfrutar de la libertad de esa noche, de poder vivir antes de que el amor pase a entristecer su vida. Tenemos así el famoso vals de Juliette “Je veux vivre”, que escuchamos en la voz de Anna Moffo:

Roméo le pregunta entonces a Grégoire, criado de Capulet, el nombre de la joven; éste le dice que es Gertrude, y se lleva a la verdadera Gertrude para los preparativos de la fiesta, mientras un atrevido Roméo detiene a Juliette y la corteja, mientras ella trata en vano de defenderse, para terminar sucumbiendo. Escuchamos así el dúo “Ange adorable” cantado por Jussi Björling y Anna Lisa Björling:

Llega entonces Tybalt, que reconoce a Roméo por la voz y se pone furioso. Roméo se da cuenta de que la joven es la hija de su enemigo, y ambos lamentan la desgracia de haberse enamorado de quien no debían. Tybalt jura venganza mientras Capulet calma la situación ya que no quiere que nada estropee la fiesta. Y termina así el primer acto de Roméo et Juliette.

Segundo acto. Roméo quiere volver a ver a Juliette, para lo que se acerca al balcón de su casa. Allí escucha la voz de sus amigos, entre ellos Mercutio, que según el propio Roméo se ríe de algo que él nunca ha sentido. Una vez sus amigos se van, Roméo ve encenderse una luz tras la ventana de Juliette y espera poder ver a su amor, y usa la luz del sol como metáfora de la luz que le supone poder ver a su amada. Escuchamos así el aria “Ah, lève-toi, soleil”, cantada por Nicolai Gedda:

Especial atención merece ese final en pianísimo; no se lo he escuchado a ningún otro tenor, pero es como debe cantarse.

En ese momento Juliette sale a la ventana, lamentando las diferencias familiares que le separan de Roméo. Éste le escucha y se presenta ante ella (comienza la famosa escena del balcón), y ambos renuncian a sus nombres para poder amarse. Escuchamos la primera parte del dúo con Janine Micheau y Raoul Jobin:

Se escucha ruido de gente y Juliette hace que Roméo se esconda. Son el criado Grégoire y otros criados, que están buscando al paje de los Montescos que se ha acercado al palacio de los Capuleto. Gertrude los aleja, y Juliette entra con ella. Entonces Roméo reaparece, suplicando a l noche que perpetúe ese sueño que está viviendo. Juliette reaparece y le suplica a Roméo que si su amor es falso la deje, pero que si es real le diga en que día se van a casar. Roméo confirma que su amor es real. La despedida se alarga (casi un clásico “.Cuelga tú – No, cuelga tú”). Finalmente Juliette se retira a sus aposentos y Roméo, sólo, canta una de las melodías más bellas de toda la ópera, el “Va” Repose en paix”, en el que le desea unos dulces sueños a su amada. Termina así el segundo acto de Roméo y Juliette, y escuchamos esa segunda parte del dúo del balcón con Léopold Simoneau y Pierette Alaire:

El tercer acto se divide en dos escenas. La primera, que comienza con un breve preludio orquestal, nos lleva a la celda de Frère Laurent. Allí llega Roméo, muy de mañana. Laurent se da cuenta de que es algún asunto amoroso el que le lleva hasta allí, y piensa que es Rosaline, pero Roméo le confiesa que es Juliette. Laurent se da cuenta de que es Juliette Capulet, la hija de su enemigo, que aparece en ese momento junto con Gertrude. Ella solicita casarse con Roméo, y Laurent accede, pensando que así se podrá poner fin al odio ancestral que enfrenta a las dos familias. Y mientras Gertrude vigila en el exterior, Laurent casa a la pareja. Escuchamos esta primera escena completa con Roberto Alagna, Angela Gheorghiu y Rene Pape:

Comenzamos la segunda escena. Como comprobamos en estas dos escenas, el tercer acto de Roméo et Juliette es el que se lleva toda la acción importante de la obra. Primero fue la boda, y ahora la tragedia. Pero comienza con un aire mucho más alegre. Estamos ante el palacio de Capulet, donde Stéphane sigue por la mañana esperando a su amo Roméo. Para provocar a los criados de Capulet canta una canción, “Que fais-tu, blanche tourterelle”, que escuchamos cantada por Angelika Kirchschlager (el personaje de Stéphane es una mezzo travestida):

La provocación surte efecto: Grégoire y otros criados atacan a Stéphane cuando aparecen Mercutio y Benvolio. Mercutio les afea que ataquen a un niño (Stéphane es apenas un adolescente), pero aparece Tybalt, junto a Paris, y comienza a pelear con Mercutio. Aparece entonces Roméo e intenta detenerlos. Tybalt quiere batirse primero con Roméo, pero éste lo rechaza, ya que tiene motivos para querer a Tybalt. Éste entonces lo insulta y Mercutio sale en su defensa, pero acaba herido de muerte. Roméo no puede permitir esto, se bate con Tybalt y lo mata, justo cuando aparece Capulet. Benvolio insta a un Roméo a huir, ya que si no será castigado con la muerte. Todos lamentan el trágico día que ha comenzado. Escuchamos esta escena con Rolando Villazón como Roméo:

Llega el Duque de Verona. Capulet clama justicia, ya que Roméo ha matado a Tybalt, pero este afirma que lo ha hecho porque Tybalt había matado antes a Mercutio. El Duque sabe que Roméo debería ser castigado con la muerte, pero al no haber sido él quien comenzó la pelea, lo castiga con el exilio, y obliga a ambas facciones a obedecer su autoridad. Todos lamentan la trágica situación a la que han llegado, y el Duque obliga a Roméo a abandonar Verona esa misma tarde, pero Roméo desespera, ya que prefiere volver a ver a Juliette aunque eso suponga su muerte. Escuchamos este espectacular final de acto con Roberto Alagna:

Ese Do de pecho final no está escrito en la partitura, pero consigue un resultado mucho más impactante dramáticamente hablando.

Comenzamos el cuarto acto de Roméo et Juliette. Estamos, de noche, en la habitación de Juliette. Ella le dice que le perdona por la muerte de su primo, y ambos cantan a su noche de bodas (es de suponer que hacen algo más que cantar, que es una noche de bodas, pero de eso mejor corramos un tupido velo). Roméo entonces se dispone a partir al ver la luz del alba y escuchar cantar a la alondra, a lo que sigue una discusión ornitológica (-es la alondra -No, es el ruiseñor): al principio Roméo quiere irse y Juliette le retiene, y luego es al revés, Roméo quiere quedarse y Juliette le despide para que no muera. Finalmente, Roméo parte. Escuchamos el extenso dúo cantado por Mirella Freni y Franco Corelli:

Un Roméo inadecuado el de Corelli, sin duda, pero merece la pena escuchar la espectacular Juliette de Freni.

Entra Gertrude, anunciando que llega Capulet con Frére Laurent. Capulet quiere cumplir con el último deseo de Tybalt: que Juliette se case con Paris, y todo está preparado para celebrar la boda de inmediato. Laurent y Gertrude calman a Juliette para que no diga nada.

Una vez sola con Frére Laurent, ella le pide ayuda, y él le da el famoso brebaje que le hará parecer muerta. Ella acepta, y pese al temor de despertarse sola en la tumba junto al cadáver de su primo, se toma el frasco. Escuchamos así el aria “Amour, ranime mon courage”, una prueba de fuego realmente difícil de cantar que antes se cortaba a menudo, y se la escuchamos a la gran Natalie Dessay:

Cambiamos de escena. Estamos ahora justo ante la capilla del palacio de Capulet, donde va a celebrarse la boda. Juliette lamenta su suerte, que la ley le haya alejado de su amado, mientras el resto se prepara para celebrar la boda. Capulet le insta a aceptar a Paris, y cuando éste va a ponerle el anillo, ella desfallece y, ante la desesperación de todos, “muere”. Escuchamos el final de este cuarto acto de Roméo et Juliette con Alain Fondary como Capulet y Angela Gheorghiu como Juliette:

 Comenzamos el quinto y último acto de Roméo et Juliette. Gounod suprime un dúo entre Frére Laurent y Frére Jean (personaje que desaparece de la ópera) en el que se explica el porqué de que Roméo no se haya enterado del plan de Laurent. Y el acto comienza con otro monólogo de Roméo, su segunda aria, “Salut, tombeau”. Y es que el de Roméo es un papel bombón para un tenor, tanto a nivel vocal como interpretativo, perfecto para un cantante con buena voz e inteligencia, que puede sacar un gran partido a esta escena en la que Roméo llega a la tumba de su amada, llora su muerte, la besa, la abraza por última vez… Escuchamos el aria cantada por el mítico y maravilloso George Thill (el vídeo repite el aria dos veces):

Gounod suprime el duelo a muerte con Paris (lo que elimina dos muertes del drama de Shakespeare, la de Paris, y la de la madre de Roméo, que no sale en la ópera, dejándolo “sólo” en 4 muertos). Se toma el veneno directamente. Y entonces, de repente, Juliette despierta. Al encontrar a su amado, ambos piensan huir (y recuperamos el tema de la boda), pero entonces Roméo se tambalea: el veneno está haciendo su efecto. Tras volver a cantar el tema de los pájaros (que es uno de los pasajes más famosos en la obra de Shakespeare), Roméo se tambalea, siendo consciente de que su amor sólo tiene futuro en la muerte. Juliette, viendo el frasco de veneno vacío, coge el puñal que tenía guardado por si acaso y se apuñala, para desesperación de Roméo. Y así ambos mueren felices de hacerlo juntos. Escuchamos este dúo final de Roméo et Juliette con Alfredo Kraus y Faye Robinson:

Antes de concluir, he de hacer una confesión personal: nunca he conseguido empatizar demasiado con la música de Gounod. De hecho, he tenido dos ocasiones de ver esta ópera en vivo y nunca me he animado. No fue hasta el año pasado que fui capaz de escuchar la ópera completa y caer rendido ante esta maravilla (tampoco fue hasta el año pasado que conseguí escuchar completo el Faust, aunque mi reacción no fue de tanta fascinación). Una ópera que merece ser escuchada una y otra vez, sin duda.

Y terminamos, como siempre, con un Reparto ideal:

Roméo: Roberto Alagna (a falta de escuchar una integral de Nicolai Gedda).

Juliette: Descartada cualquiera que no cante su segunda aria, me quedo con Leontina Vaduva.

Mercutio: Gino Quilico.

Capulet: Gabriel Bacquier.

Frère Laurent: José Van Dam.

Director de Orquesta: Michel Plasson.