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Centenario del nacimiento de Birgit Nilsson (17-05-2018)


Con un repertorio reducido pero inteligentemente elegido, gracias a una voz enorme en volumen y extensión y a una técnica impecable, destacó en algunos de los más difíciles roles de soprano de todo el repertorio. En el centenario de su nacimiento recordamos a la gran soprano Birgit Nilsson.




Märta Birgit Nilsson nació en una granja de la localidad sueca de Västra Karup, en la provincia de Escania, a unos 100 Km de su capital, Malmo. Desde muy temprana edad demostró sus dotes musicales, siendo descubierta en el coro de la iglesia, cuyo director le aconsejó que recibiera clases de canto, algo que terminaría haciendo en la Real Academia de Música de Estocolmo, si bien ella se solía considerar autodidacta.

Su debut fue bastante tardío, en 1946, en Estocolmo, cuando apenas tiene tres días para prepararse el papel de Agathe en “Der Freischütz” de Weber en sustitución de la soprano titular. Cantará en Estocolmo en los siguientes años, en los que ampliará su repertorio en papeles dramáticos. Su salto internacional se produce en 1951 en el festival de Glindebourne, cantando la Elektra del “Idomeneo” mozartino. Debuta en Viena en 1953, en Bayreuth, donde será asidua, en 1954, mismo año en el que debuta en Munich, en el Met de Nueva York en 1959 y en la Scala de Milán en 1958, con un papel, el de Turandot, que acababa de debutar el año anterior en Estocolmo y que, según ella misma afirmaba, le hizo rica.

Comenzamos escuchando esa Elektra del “Idomeneo” de Glyndebourne, de la que escuchamos el aria “D’Oreste, d’Aiace”:

Su otro gran papel mozartino fue la Donna Anna de”Don Giovanni“, del que escuchamos aquí la difícil aria “Non mi dir”, en la que luce una voz flexible, potente pero al mismo tiempo delicada, así como una insólita capacidad para las coloraturas en una voz de su tamaño:

Esa capacidad para el canto dramático de agilidad le permitió sobresalir en un papel tan terrorífico como la Lady Macbeth del “Macbeth” verdiano, del que escuchamos su primera aria:

Y, aunque hasta donde sé, nunca cantó en vivo la Abigaile de “Nabucco“, sí grabó el aria “Anch’io dischiuso un giorno”, de forma absolutamente impecable:

Su repertorio verdiano no fue muy extenso. Podemos escuchar, por ejemplo, su Leonora de “La forza del destino”, pletórica de medios (esos pianísimos en el agudo tan difíciles), aunque siempre falta de ese calor mediterráneo que se espera de las voces que interpreten estos papeles:

Cantó también la Amelia de “Un ballo in maschera”, que además grabó en estudio dirigida por Georg Solti y junto al tenor Carlo Bergonzi, con quien canta este dúo del segundo acto, “Teco io sto”:

Su otro gran papel verdiano fue la protagonista de “Aida”, de la que escuchamos aquí su primera aria, “Ritorna vincitor”:

Y también cantaba el Requiem de Verdi, del que escuchamos el “Libera me Domine”:

Su registro vocal era tan grande, que se permitió el lujo de grabar en estudio el aria de la princesa de Eboli de “Don Carlo“, papel escrito para mezzo-soprano:

Su flexibilidad vocal llegaba hasta el punto de que se permitía el lujo de incluir en recitales arias de papeles a priori poco aptos para su voz, como este “O mio babbino caro” del “Gianni Schicchi” de Puccini, con unos pianísimos que ya quisieran sopranos más líricas:

Pero Birgit Nilsson no frecuentó el repertorio italiano, para el que siempre se le acusó de esa falta de italianidad, de color italiano en su voz. Buena prueba de ello es su fallida Minnie en “La fanciulla del West”, que grabó en estudio sustituyendo a la prevista Maria Callas, y de la que escuchamos el final del primer acto:

Su voz es perfecta, e incluso interpretativamente no está mal, pero le falta algo, ese algo que tenía, por ejemplo, una voz menos dotada pero más italiana como Renata Tebaldi. La frase final, “O un viso d’angelo”, es una buena muestra para comparar a ambas.

Y, pese a todo, frecuentó bastante el papel de “Tosca”, perfecto para su voz (como lo hubiera sido, por ejemplo, el de Gioconda de Ponchielli, que no cantó por desgracia). Sabe sacar partido a los momentos más dramáticos, pero también a los de expansión lírica, con un legato perfecto, como demuestra en este “Vissi d’arte”:

Pero si hay un papel italiano con el que alcanzó la cima de su arte, ese fue el de la terrible “Turandot”. Siendo un papel breve pero terrorífico vocalmente, la Nilsson lucía una interpretación hierática, muy sueca (casi recordaría a Greta Garbo por momentos), y, sobrada de medios, atacaba esos terribles agudos de su aria de entrada con una perfección insultante, perfectos, precisos:

Esos piques sanos con Franco Corelli, que era su Calaf habitual, por ver quién superaba al otro, regalaron al público noches inolvidables. Su interpretación de la princesa china sigue a día de hoy insuperada.

Pero el repertorio en el que más brilló Birgit Nilsson fue el alemán, donde los papeles de soprano dramática son más frecuentes. Un ejemplo de ello es su Leonore del “Fidelio” de Beethoven:

O sus dos papeles weberianos. Primero, la Agathe de “Der Freischütz”, que ya hemos mencionado que fue el papel con el que debutó:

Y el otro, la Rezia de la mucho menos conocida “Oberon”:

Birgit Nilsson dio lo mejor de sí en óperas de los dos Richards. El primero que vamos a ver es Richard Strauss. Nilsson tenía la capacidad vocal que requieren algunos de sus papeles más terroríficos, como esa “Salome” que sigue estando entre las mejores de la historia:

Su enorme potencia vocal le permite hacerse oír ante una orquesta de dimensiones espectaculares.

Y se superó si cabe con la aún más terrible “Elektra”, más adecuada si cabe a sus enormes medios:

Y cantaba así con 64 años nada menos…

Birgit Nilsson destacó como protagonista de “Der Rosenkavalier” y de “Ariadna auf Naxos”, pero de nuevo encontró un mejor vehículo de lucimiento, aunque en la etapa final de su carrera, como la esposa del tintorero en “Die Frau ohne Schatten”:

Y pasamos al otro Richard, Wagner, del que cantó la mayoría de sus papeles para soprano. Comenzamos con la impecable balada de Senta de “Der fliegende Höllander”:

De “Tannhäuser” cantó tanto la Venus (en principio, otro papel para mezzo) como la Elisabeth, de la que escuchamos el aria “Dich Teure Halle”, rematada por un impecable Reb sobreagudo:

Birgit Nilsson también cantó la Elsa de “Lohengrin”, llegando a cantarla junto a la Ortrud de Astrid Varnay, quien fuera la anterior reina wagneriana por antonomasia:

Escuchamos también su Eva de “Die Meistersinger von Nürnberg”:

Y cantó también la Sieglinde de “Die Walküre”:

Pero hay dos papeles wagnerianos en los que sobresale por encima de los demás, papeles por los que muchos la consideraron la heredera de Kirsten Fñagstad, pese a que su forma de cantar fuera muy distinta. El primero, con el que conquistó Bayreuth, fue la Isolde de “Tristan und Isolde”, papel extenuante y vocalmente muy exigente, pero para el que decía que lo único que necesitaba eran unos zapatos cómodos para aguantar la larga duración de la ópera. Su muerte por amor, “Mild und leisse”, es poco menos que mítica, con ese extenso legato y el pianísimo final que es pura magia:

Con ese final enamora hasta al más antiwagneriano del planeta.

Y el otro papel es el más terrorífico de todos, la Walkiria Brunhilde, de tres de las cuatro óperas de la tetralogía. Escuchamos primero su grito de guerra de “Die Walkure”:

Seguimos con el final de “Siegfried”, en el que le acompaña el mejor tenor wagneriano del momento, el único capaz de brillar a la misma altura que ella, Wolfgang Windgassen (que fue además su Tristan habitual en Bayreuth):

Y terminamos con “Gotterdamerung”, en unas imágenes de la grabación de la mítica tetralogía que dirigió Georg Solti para el sello discográfico DECCA, en las que el director húngaro prescinde de muchas de las viejas glorias que seguían cantando en Bayreuth para contar con cantantes más jóvenes; Birgit Nilsson se ve así beneficiada frente a Astrid Varnay, la anterior Brunhilde por antonomasia. Solti no se equivocaba, y he aquí la prueba:

Le escuchamos ahora en algo de repertorio concertístico, y comenzamos por el aria “Ah, perfido” de Beethoven:

Le escuchamos a continuación cantando tres Lieder de Franz Schubert, destacando el tercero, “An die Musik”:

Fue una destacada intérprete de los “Wesendonck Lieder” de Wagner:

Y también de los 4 últimos Lieder de Richard Strauss:

Le escuchamos a continuación un Lied de Jean Sibelius, “Svarta Rosor”:

No podía faltar alguna canción tradicional sueca:

Y  no puedo evitar terminar sin poner una curiosidad, que cantó en algún recital, el “I could have dance” del musical “My fair Lady”, divertidísimo:

Tras publicar una autobiografía en 1977, Birgit Nilsson se retiró a su granja natal en 1984, acompañada de su marido, Bertil Niklasson, con quien llevaba casada desde 1948. Nunca tuvieron hijos. Siguió concediendo entrevistas y presidiendo jurados de concursos de canto años después de su retirada. Finalmente, por causas desconocidas, murió el 25 de diciembre de 2005, a los 87 años. Fue enterrada en el cementerio de su pueblo natal:

Birgit Nilsson fue un verdadero fenómeno de la naturaleza. Una voz de gran extensión y enorme potencia, pero que ella sabía modular a placer, con una técnica impecable, le permitieron hacerse famosa (y rica) cantando algunos de los papeles más temidos del repertorio de soprano. Aún hoy sigue siendo recordada por sus impresionantes interpretaciones de Turandot, Elektra, Salome, Isolde y Brunhilde.



Crónica: Salome en ABAO-OLBE (20-02-2018)


En todos los años que llevo como socio de la ABAO (desde 2009, si la memoria no me falla), esta Salome es la tercera ópera en alemán que tengo ocasión de ver (tras Tristan und Isolde y Die Tote Stadt), y la primera ópera de Richard Strauss que consigo ver en vivo. Así que, al margen de que la ópera en cuestión pueda gustarme más o menos, tenía muchas ganas de ver esta Salome, sin duda.




Y hay que decir que por momentos me parecía ser parte de una minoría, al coger el bus que la ABAO nos proporciona para ir a Bilbao desde Donostia y ver que venía notablemente más vacío que en otras ocasiones. Parece que en cuanto salimos de Verdi al público deja de interesarle la ópera… lo que nos lleva a temporadas aburridísimas con los títulos italianos de siempre, y algún francés que se cuela entre medias. ¿De verdad somos aficionados a la ópera? ¿Seguro? Porque a Salomé se le pueden poner pegas, vale, pero es una ópera corta y tampoco es tan difícil de escuchar; de hecho, cuenta con algunos momentos melódicos simplemente sublimes.

Vamos ya con la crónica, pero antes dejamos el enlace de la producción.

La escenografía, sin ser gran cosa, era eficaz, con ese círculo que dividía la escena en dos partes; la sala de banquetes y el exterior del palacio, donde está encerrado Jokanaan en una prisión igualmente esférica. El vestuario es atemporal y juega con múltiples matices de los que cada cual puede sacar sus conclusiones. La dirección escénica fue razonablemente correcta, situando a menudo a los solistas en la corbata del escenario (lo que se agradece en el Euskalduna), aunque hubo dos momentos que me chirriaron bastante. El primero, la famosa danza de los siete velos, donde apenas hubo danza, que se quiso sustituir con unas proyecciones que no decían nada. Finalizar dicha danza con la violación de Herodes a Salome no es a priori descabellado, pero sí que es cierto que en la escena siguiente, cuando Salome exige la cabeza de Jokanaan a su padrastro, su insistencia suena más a venganza contra Herodes que a su irrefrenable deseo de besar al profeta. Y el otro momento fue la escena final: Salome en la celda de Jokanaan, completamente alejada de la cabeza a la que se supone que está besando. No sé si se quiso jugar con la metáfora de que si Jokanaan está encerrado por su obsesión religiosa, Salomé los está de igual manera por su obsesión pasional. Pero sin beso, sin Salome contemplando la cabeza de Jokanaan, la escena pierde todo el sentido. Al margen de esa costumbre que personalmente odio de comenzar con alguna escena antes del inicio de la música, en este caso ver lo que sucede durante el banquete de Herodes; siempre me sobra.

La Orquesta Sinfónica de Bilbao respondió soprendentemente bien a la nada fácil partitura Straussiana, sin desajustes ni desafines. El director, Erik Nielsen, fue un buen concertador, que se esforzó por no tapar a los solistas, pero le faltó fuerza, chispa, violencia incluso. La orquesta sonaba demasiado plana, no aportaba nada, en especial en la conclusión de la danza ya mencionada, en la que el ritmo excesivamente lento jugo en su contra más si cabe.

Salome es una ópera que no exige la participación de coro. Hubo numerosos figurantes que a menudo distraían demasiado de la acción principal. El número de solistas es igualmente numeroso. Solventes los dos soldados de José Manuel Díaz y Mikel Zabala. Correctos pero poco audibles los dos nazarenos de Alberto Arrabal y Alberto Nuñez (me sorprende en el caso de Arrabal, dueño de una voz potente al que he he escuchado sin problemas en ocasiones pasadas, pero que ayer, quizá en un intento de matizar su canto, sonó demasiado bajo). Sin pegas los 5 judíos de Josep Fadó, Miguel Borrallo, Igor Peral, Jordi Casanova i Barberá y Michael Borth, vocalmente bien empastados, perfectamente audibles y escénicamente insoportables, deduzco que por la visión que de ellos quería dar la dirección escénica: los insoportables judíos con sus insoportables discusiones teológicas… Con problemas para hacerse oír (y quizá por ello, sensiblemente forzada) Monica MInarelli como el Paje de Herodias.

Lo mejor del reparto, quien siempre estuvo perfecto en todas sus intervenciones, fue Mikeldi Atxalandabaso como Narraboth. Voz fresca, de timbre hermoso, consiguió hacerse oír incluso cuando cantaba desde detrás de la celda de Jokanaan. Sólo lamentar la brevedad de su rol (que, por otra parte, es de lo mejor de toda la ópera).

Completamente ajada la voz de Ildikó Komlósi, que tuvo que tirar de tablas para sacar adelante el papel por la incapacidad de mantener la línea de canto. Su Herodias resultó excesivamente caricaturizada.

Bien el Herodes de Daniel Brenna, con una voz poderosa, que se hacía oír incluso desde el centro del escenario en casi todas sus intervenciones. Escénicamente logró un Herodes absolutamente psicótico, miedoso, cobarde ante cualquier detalle que considere un mal augurio.

Solvente en general Egils Silins como Jokanaan. Sus intervenciones desde la celda, situada por momentos en el fondo del escenario, consiguieron hacerse oír. A su voz, eso sí, le falta una mayor autoridad para el papel, siendo especialmente débil su registro grave.

La gran triunfadora de la noche fue Jennifer Holloway en el rol protagonista de Salome. Escénicamente impecable, asume el personaje hasta simbiotizarse con él; le ves y ves a Salomé. Vocalmente el rol es terrorífico: algunos graves terribles y demasiados agudos. Holloway no tuvo ningún problema en toda la tesitura, destacando en especial unos agudos que, no demasiado vibrados (cosa poco frecuente) sonaron razonablemente limpios, como puñaladas de cristal. Yo le encontré un pero (por desgracia, un pero demasiado grave en mi opinión personal): en esos “Yo he besado tu boca” finales, a la voz le faltó cuerpo, le faltó potencia, volumen,

En resumen, una Salomé un tanto agridulce: correcta en general, con algunos muy buenos momentos frente a algún otro que daba una sensación de gatillazo (el final de a danza de los siete velos y el final, desgraciadamente mis momentos favoritos de la ópera). Puede que haya quienes piensen que soy mucho más exigente con Bilbao que con otros teatros de la zona. No lo negaré: el presupuesto y los medios que maneja la ABAO no los tienen ni de lejos otros teatros y asociaciones de ópera de la zona, por lo que el nivel de exigencia es superior, como es lógico. Pero la ABAO cuenta con un handicap que me temo que le afecta en todas sus producciones; y ese handicap se llama Palacio Euskalduna. El auditorio es una bilbainada en el peor sentido que se asocia al término (que me perdonen los bilbainos): es una monstruosidad (calculo que será casi el doble que el Kursaal donostiarra, que ya de por sí no tiene la mejor acústica imaginable). De acuerdo, con ese aforo la recaudación puede ser muy generosa (si se consigue llenar), pero la acústica es nefasta, muchas voces simplemente desaparecen. Pero no sólo es eso: la orquesta suena apagada, incluso ayer, cuando cuenta con un gran número de intérpretes. El volumen que llega a mi localidad, en la parte de atrás de uno de los palcos laterales, es en exceso débil, muy inferior al volumen al que yo suelo escuchar ópera en casa (y con la ventaja de que en los palcos el sonido ya se ha mezclado lo suficiente como para que las voces se escuchen mejor que en el anfiteatro, donde a menudo la orquesta las oculta). Y claro, cuando voy a ver ópera en vivo, busco que la propia vibración de la música me emocione, que pueda sentirla. Y en el Euskalduna esto resulta absolutamente imposible. En resumen, ya pueden traer a Gregory Kunde o resucitar a Lauritz Melchior, con esos problemas de acústica va a ser muy difícil ofrecer un resultado realmente satisfactorio con la misma ficha artística que en un recinto más pequeño y con mejor acústica dejaría una sensación muchísimo más redonda.



Avance de la temporada ABAO-OLBE 2017-2018


Hace pocos días se hacía pública la programación de la temporada de ópera de ABAO-OLBE 2017-2018, y, como ya hicimos el año pasado con la presente temporada, vamos a comentar ciertos detalles y opiniones a priori sobre la temporada que se nos presenta.




Dejo un enlace con la programación de la temporada en la página oficial de ABAO. Y lo primero de todo, lo que me dio el mayor disgusto en cuanto la vi, es que la temporada de ABAO-OLBE 2017-2018 no remonta la crisis: seguimos con 5 títulos. Esperaba que volviéramos a contar con 7 títulos, o que por lo menos subiera a 6, pero no, parece que la situación económica todavía no permite volver a la normalidad. Espero que esta sea la última temporada “corta” y podamos volver a los 7 títulos tradicionales.

Los 5 títulos que componen la temporada ABAO-OLBE 2017-2018 son, por orden, “I Masnadieri” de Giuseppe Verdi, “Don Pasquale” de Gaetano Donizetti, “Manon” de Jules Massenet, “Salome” de Richard Strauss y “Norma” de Vincenzo Bellini. He de decir que “Norma” fue la primera ópera que vi como abonado de la ABAO, allá por 2009, y la primera que vuelve a programarse en estos años que llevo como abonado (espero que esto no signifique que la mayoría de las óperas que vengan a partir de ahora ya se hayan representado en estos años). 3 de las óperas que se representan no las he visto nunca en vivo “”I Masnadieri”, “Manon” y “Salome”, aunque todas ellas se han representado en ABAO en lo que llevamos de siglo (“I Masnadieri” en enero de 2004 sería la que lleva más tiempo sin representarse). Curiosamente, la ópera que más veces he visto en vivo, el “Don Pasquale” de Donizetti, que la he visto 2 veces, es la que más tiempo lleva sin verse en la ABAO, desde enero-febrero de 1995, con, curiosamente, el mismo protagonista que en estas nuevas representaciones. No hay, por tanto, ningún estreno, como estaba siendo habitual en temporadas pasadas, aunque eso supusiera en algunos casos, aprovecharse del “Tutto Verdi” con el estreno de alguna ópera poco conocida del de Busetto (como el “Stiffelio” de esta temporada”). Como “I Masnadieri” se representó ya en una temporada antes del comiendo del “Tutto Verdi”, aquí no hay estreno. Otra cosa que espero que se arregle en futuras temporadas.

Vamos ya con las óperas una por una:

Comenzamos la temporada ABAO-OLBE 2017-2018 con “I Masnadieri” de Verdi. Miguel Ángel Gómez Martínez dirigirá a la Orquesta Sinfónica de Bilbao en el que será el debut en ABAO de la pareja protagonista: el tenor Vincenzo Costanzo, que se hará cargo del personaje de Carlo, es una voz interesante, habitual en repertorios del Verdi temprano, pero con una técnica y una emisión muy mejorable; mejor pinta tiene Carmen Giannattasio como Amalia, una voz mucho más interesante. Volvemos a contar, tras varias temporadas ausente, con el habitual barítono Vladimir Stoyanov, que nos ha regalado varias buenas interpretaciones (especialmente recuerdo un Macbeth sorprendentemente bueno), pero aquí le toca lidiar con el malísimo Francesco, y Stoyanov me parece como demasiado buenín para el papel; tendremos que esperar para ver si consigue darle al personaje la perfidia necesaria. Y vuelve también Mika Kares como el patriarca de la familia, Massimiliano, tras su magnífica interpretación del Gran Inquisidor en el “Don Carlos” de la pasada temporada; la cuestión es que Massimiliano ni es el malo de la historia ni tiene esa voz de bajo profundo, oscura, eslava, que Kares lució, sino una voz de bajo cantante que tendremos que ver si Kares es capaz de afrontar. En todo caso, es una alegría poer volver a ver a ambos cantantes.

En noviembre se representa el “Don Pasquale” de Donizetti. Roberto Abbado debuta en la ABAO dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de Euskadi, lo que ya resulta atractivo de por sí. Será (si nada me lo impide) el tercer Don Pasquale que vea en vivo, y el tercero que le vea al gran Carlos Chausson, que sin duda volverá a regalarnos una noche magnífica con su comicidad y su talento canoro innegable. Jessica Pratt regresa a ABAO tras la Sonnambula que me perdí por una inoportuna gripe; sé que gustó mucho, pero tengamos en cuenta que las posibilidades de lucimiento que ofrece la Norina son muy inferiores a las que tenía con Amina; vamos, que tiene toda la pinta de que nos vamos a quedar con ganas de más. Javier Franco volverá a demostrar su solvencia como Malatesta, mientras, en su debut en ABAO, el tenor Paolo Fanale tendrá la difícil tarea de demostrarnos que es algo más que una cara bonita con su Ernesto (de nuevo, una buena voz con una técnica que mejor olvidar).

El tercer título de la temporada ABAO-OLBE 2017-2018 será la “Manon” de Massenet de enero. Alain Guingal dirigirá a la Orquesta Sinfónica de Euskadi. Irina Lungu se hará cargo del papel protagonista, que no le supondrá ningún problema vocal, mientras su pareja escénica, Renato des Grieux, será interpretado por Celso Albelo; ya en la pasada “Lucrezia Borgia” comenté que cada vez su forma de cantar me recuerda más a la de Kraus, y en un papel que no tiene esas ascensiones al agudo que tanto están afectando al canto del canario, es de esperar que Albelo nos regale muchos buenos momentos con su buen gusto cantando. Manel Esteve vuelve tras aquel maravilloso Silvio de “Pagliacci” de hace dos años para hacerse cargo del Lescaut, que seguro que borda. No es “Manon” una ópera que me guste mucho, pero hay que reconocer que el reparto resulta tremendamente atractivo.

El cuarto título será la “Salome” de Richard Strauss. Erik Nielsen dirigirá a la Orquesta Sinfónica de Bilbao. Regresa Emily Magee tras su debut hace unos años con aquella memorable “Die tote Stadt” en un papel que a priori parece más adecuado a su vocalidad que la Marie/Marietta que le escuchamos; para la ópera de Korngold prefiero a una soprano de voz más lírica y con un timbre más hermoso, mientras la voz de Magee parece ajustarse más a los requerimientos nada fáciles de la Salome straussiana. No hablaré del resto de los protagonistas por desconocimiento (tanto el Jokanaan como el Herodes son debutantes). Mikeldi Atxalandabaso volverá a ser un robaescenas en su breve pero agraciada intervención como Narraboth. Debutan además numerosos comprimarios, entre ellos mi querido Igor Peral como uno de los judíos, en un papel que le queda muy pequeño (con lo bien que quedaría protagonizando una “Manon” en Opera Berri, que seguro que el Des Grieux lo borda… lo que me resulta más extraño es que la ópera elegida para el Opera Berri haya sido la temible “Norma”, una ópera poco adecuada para que cantantes jóvenes afronten las partes protagonistas).

Y la temporada ABAO-OLBE 2017-2018 termina en mayo con la “Norma” de Bellini que dirigirá Pietro Rizzo con la Orquesta Sinfónica de Bilbao. El trío protagonista ya cantó aquí unas exitosas funciones de “Roberto Devereux”, por lo que a priori suena como la propuesta más apetecible del año. Gregory Kunde es seguramente el mejor Pollione del momento y hay que aprovecharlo mientras le dure la voz (que todos somos conscientes de que en cualquier momento la voz le dice “hasta aquí” y nos quedamos sin el mejor tenor de los últimos años, pero mientras no pase eso vamos a disfrutarlo al máximo), y Anna Pirozzi es una soprano todoterreno; en algo más de un mes ambos cantantes protagonizarán el cierre de la presente temporada con un “Andrea Chenier” que estamos esperando como agua de mayo. Remata el trío Silvia Tro Santafé, que seguro que sabe sacarle todo el partido a Adalgisa. Como ya he mencionado, el Opera Berri para cantantes jóvenes de este año será con este título, pero no puedo decir nada de sus intérpretes por puro desconocimiento.

Una vez repasados los repartos de todos los títulos, mencionar que echo de menos a Ainhoa Arteta, habitual en ABAO pero que con esta serán dos temporadas sin aparecer, o que no nos vuelvan a traer a Roberto Alagna tras su magnífico Werther (motivos presupuestarios tal vez) o a Mirco Palazzi tras su debut como Conde Rodolfo en La Sonnambula, un bajo joven pero muy interesante.

Y sobre la diversidad de repertorio, tenemos un Verdi, una ópera francesa y una alemana que vale además por siglo XX (con Salome matamos dos pájaros de un tiro, desde luego), pero con un Bellini y un Donizetti las cuotas de belcanto se disparan frente a la ausencia de verismo, Mozart o de repertorio eslavo (no voy a hablar de Wagner o de siglo XX por el doble juego de Salomé). Entiendo que el Don Pasquale tiene pinta de ser la despedida de Carlos Chausson de la ABAO, y que lo de Norma sea una forma de repetir el éxito del Devereux pero con una ópera mucho más conocida por el gran público y que bien podría ser un éxito comercial. En todo caso, hay que decir que en los años que llevó como abonado de ABAO (desde la temporada 2009-2010), se han representado 5 óperas distintas de Donizetti (6 con este próximo Don Pasquale) frente a sólo 3 de Rossini, que además han sido las tres grandes comedias (Barbero, Cenerentola e Italiana), ni rastro de sus dramas (Semiramide, Otello, Zelmira, Armida, Ermione, Tancredi, La donna del lago… tantas óperas magníficas…). Esta es una de las asignaturas pendientes que veo para próximas temporadas de ABAO, junto con Wagner (sólo un título, “Tristan und Isolde”, en mis años de abonado, algo imperdonable en cualquier teatro que aspire a tener cierto nivel), Richard Strauss, la ópera francesa fuera de Carmen, Gounod y Massenet, ópera eslava, Britten… y, sin duda, tras la ausencia esta temporada, Puccini (y que sea una Fanciulla del West, una Rondine o un Trittico, nada de repetir las más famosas).

Termino aquí mis reflexiones sobre la próxima temporada ABAO-OLBE 2017-2018. Iremos comentando las funciones a medida que vayan llegando. Como siempre tendremos gratas sorpresas y desagradables disgustos (los menos, esperemos), pero seguro que vamos a disfrutar de unos cuantos grandes momentos operísticos.