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40 años de la muerte de John Wayne (11-06-2019)

En el Hollywood clásico de los años 30 y 40 no había espacio para el multifacetismo; todos los actores estaban encasillados en algún género. Así, si pensamos en las aventuras, pensamos en Errol Flynn. Para las screwball comedies tenemos a Cary Grant. Humphrey Bogart es el rey del cine negro, mientras para los dramas recurrimos a Spencer Tracy y para los biopics a Paul Muni. ¿Y para los westerns? Su extensa filmografía lo confirma, en este género el rey era John Wayne. En el 40 aniversario de su muerte repasamos su carrera. 

El nombre de nacimiento de John Wayne era Marion Robert Morrison, y nació el 26 de mayo de 1907 en la pequeña ciudad de Winterset, en el estado de Iowa, donde aún se conserva su casa natal:

Su familia, de religión presbiteriana, tenía origen inglés, escoces y, sobre todo, irlandés. Cuando sus padres tuvieron otro hijo decidieron llamarle Robert, por lo que cambiaron el segundo nombre de Marion, que pasa a ser Marion Mitchell Morrison. La familia se mudó pronto a California, estableciéndose en 1916 en Glendale, donde su padre, veterano de la Guerra Civil, trabaja de farmacéutico. Es allí donde pasea a su Terrier, llamado “Little Duke”, cuando empieza a ser conocido como “Duke”, el Duque, apodo que mantendrá de por vida, ya que prefería ese apodo a ser conocido como Marion (perfectamente comprensible, por otro lado). 

De joven destaca tanto en el lado deportivo como en el académico. Juega al fútbol, escribe en el periódico del instituto y forma parte de la Orden DeMolay (próxima a la masonería). Comienza a estudiar leyes en la universidad y juega al fútbol en el equipo de la misma. Pero una rotura de clavícula haciendo surf acaba con su carrera deportiva y, con ello, con su estancia en la universidad.

Su entrenador le consigue, en todo caso, trabajo como extra en las películas que rueda John Ford con el actor Tom Mix, lo que le permite incluso conocer al mítico Wyatt Earp, amigo de Mix. Fue poco a poco consiguiendo papeles mayores, siendo su debut propiamente dicho en 1926  en la película “El asalto al tren expreso”. Estamos todavía en época de cine mudo, y Wayne ni siquiera aparece acreditado en el film. 

En 1929 aparece acreditado como Duke Morrison en un musical, “Words an music”. Pero en 1930 Raoul Walsh le elige como protagonista de “La gran jornada” y propone que sea acreditado como Anthony Wayne, en honor a un general de la Guerra de Independencia, pero el estudio (la Fox) dice que suena demasiado italiano. Walsh propone entonces que sea llamado John Wayne, lo que es aceptado por la productora (todo esto sin que él esté presente). El resto ya es historia:

El problema fue que la película era demasiado ambiciosa y terminó siendo un fracaso económico. Eso relegó a John Wayne a actor secundario de películas de serie A y a protagonista de infinidad de westerns de serie B (él mismo calculaba que debían rondar las 80), en la que incluso se le quiso convertir en un cowboy cantante (doblado, él no cantaba). Mientras tanto, el género del western cae en desgracia. 

Así, cuando John Ford quiere rodar en 1939 “La diligencia”, se encuentra con que ninguna productora la acepta, así que decide contactar con el productor privado Walter Wanger para poder rodarla. Cuenta con una de las grandes estrellas del momento, Claire Trevor, y con un nada desdeñable reparto, con Thomas Mitchell (que ganará el Oscar a mejor secundario), Donald Meek, John Carradine, George Bancroft… pero para protagonizarla eligió a John Wayne, al que veía como un “chico para todo”, solvente pero no brillante. La película fue un enorme éxito de crítica y de pronto John Wayne se convirtió en estrella:

En 1940 repite con Raoul walsh y Claire Trevor en el western “Mando siniestro”, y rueda de nuevo a las órdenes de Ford “Hombres intrépidos”, drama bélico ambientado ya en plena II Guerra Mundial, en el que vuelve a compartir pantalla con Thomas Mitchell. Y en 1942 estrena, entre otras, la comedia “Dama por una noche”, la película de aventuras “Piratas del mar Caribe”, en la que interpreta al antagonista frente a Ray Milland y el western “Los usurpadores”, en el que se enfrenta a Randolph Scott por el amor de Marlene Dietrich:

Pero Estados Unidos ha entrado en la II Guerra Mundial. Ya en su juventus John Wayne había querido ingresar en la marina, siendo rechazado. Ahora es el momento de alistarse, pero su situación familiar no se lo permite: en 1933 se había casado con la panameña Josephine Alicia Sáenz, y contaba con 4 hijos: Michael, nacido en 1934, Mary Antonia, de 1936, Patrick (futuro actor) en 1939 y Melinda en 1940. Wayne insiste en entrar en el ejército, pero es de los pocos actores famosos que no se ha alistado, y las productoras hacen lo imposible para mantenerlo. Y, pese a todo, las películas que ruede durante la guerra serán prescindibles. Participa también en programas de radio.

En 1945 vuelve a su rescate de nuevo John Ford, dándole uno de los papeles protagonistas (el otro es para Robert Montgomery) en el drama bélico “No eran imprescindibles”, en la que interpretan a dos oficiales que intentarán detener el avance japonés en las Filipinas justo después del bombardeo de Pearl Harbour:

En 1945 se divorcia de Josephine y en 1946 se casa con la actriz mexicana Esperanza Baur, de la que se divorcia en 1953. 

Cinematográficamente no participa en ninguna película relevante hasta 1948, cuando vuelve a trabajar a las órdenes de John Ford, no una, sino dos veces. La primera, “Tres padrinos”, western con tono de comedia en el que tres fugitivos (Wayne, Pedro Armendariz y Harry Carey Jr.), mientras huyen de la justicia (del sheriff Ward Bond) se hacen cargo del hijo recién nacido de una mujer que muere en el parto (Mildred Natwick), poniendo en grave peligro su fuga:

La otra, en “Fort Apache”, película dedicada a la caballería, en la que Wayne interpreta a un militar de campamento, libre, ajeno a la legalidad estricta que representa la academia militar de la que procede Henry Fonda, lo que provoca un enfrentamiento entre ambos:

Pero ese mismo año da la gran sorpresa la da en el magistral western de Howard Hawks “Río Rojo”, en la que interpreta a un tiránico cowboy que busca vengarse de sus hombres que se amotinaron, y en especial de su hijo adoptivo, un jovencito Montgomery Clift:

La interpretación de John Wayne sorprende al mismísimo John Ford, que al parecer, al ver su interpretación, dijo “¡No sabía que ese gran hijo de puta pudiera actuar!”. Y es cierto que aquí Howard Hawks le da a Wayne un papel con una profundidad dramática que no habían tenido sus papeles anteriores, y demuestra su capacidad interpretativa. John Ford tomará buena nota, sin duda. 

Por el momento, John Wayne protagoniza la segunda entrega de la trilogía de la caballería de Ford, “La legión invencible”, en 1959. Ese mismo año protagoniza “Arenas sangrientas”, narración de la batalla de Iwo-Jima, por la que consigue su primera nominación al Oscar:

Pero ese año el Oscar será para Broderick Crawford por “El político”, papel que Wayne rechazó por considerarlo anti-americano. Y es que, pese a haber votado por Franklin D. Roosevelt en años anteriores, John Wayne era un patriota conservador republicano, y la visión crítica del mundo de la política en la película no era de su agrado. 

En 1950 protagoniza la tercera película de la caballería de Ford, la mejor de las tres, “Río Grande”, primera vez que coincide en pantalla con su pareja más emblemática, Maureen O’Hara, interpretando a una pareja que se enfrenta por el destino en la caballería de su hijo, Claude Jarman Jr, acompañados de otros actores frecuentes en la filmografía de Wayne como Victor McLaglen y Harry Carey Jr.:

John Wayne repite con John Ford y Maureen O’Hara (además de Victor McLaglen, Mildred Natwick y Ward Bond, sumándose esta vez Barry Fitzgerald) en la genial comedia romántica “El hombre tranquilo”, una de las mejores películas de Ford y uno de los mejores papeles de Wayne interpretando a ese ex-boxeador que busca cambiar su vida en su Irlanda natal y que tendrá que soportar la oposición del hermano de la mujer de la que se enamora:

En 1953 trabaja a las órdenes de John Farrow en el western “Hondo”, en el que tiene que proteger a una testaruda mujer, Geraldine Page, y a su hijo, del inminente ataque de los indios:

También trabaja a las órdenes de William A. Wellman en “Infierno blanco”, interpretando a un piloto que tiene un accidente en Canadá. Al año siguiente, 1954, repite con Wellman en otra historia de aviación, interpretando a un piloto con problemas para llegar a Hawaii que tendrá que decidir si sigue adelante o regresa a San Francisco, con un reparto completado por Robert Stark o Claire Trevor entre otros, además de la magnífica música de Dimitri Tiomkin:

En 1954 se casa por tercera y última vez, con la actriz peruana Pilar Pallete, con la que estará casado hasta su muerte y con la que tendrá tres hijos: Aissa en 1956, Ethan en 1962 y Marisa en 1966. 

En 1955 vuelve a trabajar a las órdenes de John Farrow en “El zorro de los océanos”, en la que interpreta a un militar alemán que tiene que regresar a su país al estallar la II Guerra Mundial pese a sus pocas simpatías nazis, perseguido por un barco inglés en el que le acusan de un crimen que no ha cometido y llevando a una espía a bordo, interpretada por Lana Turner:

En 1956 protagonizó una de sus más fallidas películas, “El conquistador de Mongolia”, dirigida por Dick Powell, en la que daba vida al mismísimo Gengis Khan. El argumento no hay por dónde cogerlo, y pese a contar con Susan Hayward y Agnes Moorehead en el reparto, fue un fracaso. Al margen de haber sido rodada en terrenos contaminados por radiactividad tras unas pruebas atómicas:

Para compensarlo, ese mismo año protagoniza “Centauros del desierto” de John Ford, uno de los westerns más famosos de la historia (tal vez algo sobrevalorado) en el que interpreta a un veterano de guerra que, tras ver cómo su familia es masacrada por los indios, no cede en la búsqueda de su sobrina (insulsa Natalie Wood), que fue raptada, ayudado al final sólo por Jeffrey Hunter para encontrarla convertida en india, lo que enciende su más profundo racismo:

En 1957, tras rodar la mediocre “Arenas de muerte” junto a Sophia Loren, vuelve a ponerse a las órdenes de John Ford en “Escrito bajo el sol”, biopic del piloto Frank Wead quien, tras sufrir un accidente doméstico que le dejó parapléjico, escribió guines (Ford trabajó con él en “No eran imprescindibles”) y fue instructor de vuelo durante la II Guerra Mundial. En esta ocasión volvía a acompañarle en escena Maureen O’Hara:

Tras rodar en 1958 “El bárbaro y la Geisha” a las órdenes de John Huston, en 1959 vuelve a trabajar con John Ford en “Misión de audaces”, drama bélico ambientado en la Guerra de secesión en la que él, un unionista, tendrá que unirse al confederado William Holden en una misión:

Pero su mejor película de 1959 será el magistral western “Río Bravo”, que Howard Hawks rodó como oposición a “Solo ante el peligro” de Fred Zinnemann: el sheriff no está nunca sólo, cuenta con sus ayudantes, en este caso un borracho Dean Martin, un tullido Walter Brennan, un joven Ricky Nelson (estrella del Rock&Roll de vida desgraciada) y una misteriosa mujer, Angie Dickinson. Además, a diferencia de los westerns tradicionales, aquí los malos no son los indios, sino los ricos terratenientes que contratan a matones para controlar la vida de los pueblos del oeste, cambiando así la visión tradicional del western. Pese a no conseguir ninguna nominación a los Oscars, “Río Bravo” marcará un nuevo rumbo en el género, además de ser uno de los mejores westerns de la historia (en mi opinión le supera, por un pelo, “El hombre que mató a Liberty Valance” en el puesto de mejor western):

Los años 50 han sido los mejores de John Wayne hasta la fecha, pero su carrera sigue todavía en ascenso. Comienza 1960 con un western menor, “Alaska, tierra de oro”, de Henry Hathaway, de carácter más bien cómico, acompañado por Stewart Granger:

Pero ese mismo año su gran película será “El Álamo”, que se atreverá a dirigir él mismo, además de interpretar al mítico David Crockett, con un enorme reparto en el que destacan Richard Widmark y Laurence Harvey, además del propio hijo de John, Patrick Wayne, en la famosa historia del ataque mexicano al fuerte de El Álamo en la Guerra de Independencia de Texas. La película fue un gran éxito, consiguiendo incluso ser nominada al Oscar como mejor película:

En 1961 estrena “Los comancheros”, western a las órdenes de Michael Curtiz. Más productivo será sin duda 1962, en el que, a parte de su pequeña participación en la superproducción “La conquista del Oeste”, estrena tres grandes películas. La primera, la bélica “El día más largo”, detallada historia del Desembarco de Normandía que cuenta con 3 directores y un extenso reparto, en el que destacan Henry Fonda, Robert Mitchum e innumerables pequeños papeles y cameos, como el de Richard Burton:

La segunda es la genial comedia de aventuras “Hatari!”, de Howard Hawks, en la que lidera a un grupo de cazadores de animales salvajes para suministrar a los zoos en Tanzania, junto a Red Buttons o Hardy Kruger entre otros, además de surgir una complicada historia de amor con Elsa Martinelli. Aquí John Wayne demuestra como pocas veces sus magníficas dotes para la comedia:

No voy a negar mi absoluta predilección por esta película, pero es que John Wayne tenía todavía que ofrecer el que es en mi opinión su mejor papel en la otra película que estrenó en 1962, “El hombre que mató a Liberty Valance” de John Ford (ya he mencionado que es, en mi opinión, el mejor western de la historia), en la que Ford arregla todos los defectos que tenía “Centauros del desierto”: los villanos no son los indios, sino los terratenientes, Lee Marvin es un magnífico y creíble villano, las interpretaciones son mucho menos histriónicas y más matizadas (no podía ser de otra forma con James Stewart y Vera Miles como protagonistas) y el Tom Doniphon de Wayne es un papel matizado, realista pero al final derrotado por haber perdido a la mujer que ama. Y, con todo, esta obra maestra obtuvo una única nominación al oscar, a mejor vestuario; Wayne se merecía una nominación a mejor actor secundario más que cualquier otro intérprete:

En 1963, Andrew V. McLaglen, el hijo del actor Victor McLaglen, reúne de nuevo a John Wayne y Maureen O’Hara en el western cómico “El gran McClintock”, divertidísima película en la que participan Yvonne de Carlo y Patrick Wayne:

Wayne se encuentra cómodo en la comedia, y por ello en 1963 protagoniza junto a Lee Marvin y Jack Warden la comedia de aventuras de John Ford “La taberna del irlandés”: será la última película que ruede a las órdenes de Ford:

En 1964 se nos pasa al mundo del circo de la mano del director Henry Hathaway en “El fabuloso mundo del circo”, en la que comparte protagonismo con Rita Hayworth y Claudia Cardinale:

En 1965 es famoso su cameo en la película “La historia más grande jamás contada”, interpretando al centurión romano:

Pero ese mismo año protagoniza dos grandes películas. La primera, “Primera victoria”, de Otto Preminger, un retorno a la II Guerra Mundial, interpretando a un capitán de marina que se enamora de Patricia Neal al tiempo que intenta recuperar su relación con su hijo, el magnífico pero malogrado Brandon de Wilde, además de responder al ataque de Pearl Harbour junto a un magnífico reparto en el que destacan  Kirk Douglas, Henry Fonda o Franchot Tone en su última película:

Y la otra, el magnífico western de Henry Hathaway “Los cuatro hijos de Katie Elder”, en la que interpreta al mayor de 4 hermanos (los otros son Dean Martin, Earl Holliman y Michael Anderson Jr.) que vuelven a encontrarse para intentar recuperar las tierras que le robaron a su recién fallecida madre:

En 1966 protagoniza el segundo western de la trilogía de Howard Hawks iniciada con “Río Bravo”, titulada “El Dorado”, acompañado en esta ocasión por Robert Mitchum y James Caan:

En 1967 protagoniza “Ataque al carro blindado”, interpretando a un ex-presidiario que intenta robar a la persona que le tendió una trampa para encerrarlo y robarle sus tierras, Bruce Cabot (mítico secundario en tantas películas de Wayne), para lo que contará con la ayuda de Kirk Douglas, Keenan Wynn, Robert Walker Jr. y Howard Keel:

En 1968 volvió a la dirección, pero sin tanto éxito como con “El Álamo”: y es que “Boinas verdes”, ambientada en la Guerra de Corea, fue vista desde el principio como una película que se posicionaba a favor de la polémica Guerra de Vietnam (que era a fin de cuentas la posición de John Wayne):

En 1969 trabaja en dos películas a las órdenes de Andrew McLaglen, en el drama sobre bomberos “Los luchadores del infierno” y en el western “Los indestructibles”, en el que comparte pantalla con Rock Hudson:

Pero ese año su mayor éxito fue interpretar al tuerto Rooster Cogburn, agente de la ley contratado por una joven, Kim Darby, para que capture a los asesinos de su padre en “Valor de Ley”, western dirigido de nuevo por Henry Hathaway:

Por este papel John Wayne consiguió su segunda y última nominación al Oscar, pero esta vez se lo llevó a casa:

Quién le iba a decir a John Ford que ese gran hijo de… no sólo era capaz de actuar, sino incluso de ganar un Oscar (merecidamente), y que es grandullón se iba a emocionar al recogerlo. Magnífico por cierto escuchar al tiempo que se levanta la magistral banda sonora de Elmer Bernstein, compositor habitual en sus últimos westerns. 

En 1970 John Wayne trabaja de nuevo con Andrew V. McLaglen en el western “Chisum”, y protagoniza el último film de la trilogía western de Howard Hawks, “Río Lobo”, acompañado en esta ocasión por el mexicano Jorge Rivero y por Christopher Mitchum, el hijo de Robert Mitchum:

En 1971 trabaja por última vez junto a Maureen O’Hara en “El gran Jack”: ella se reúne con su ex-marido cuando unos cuatreros secuestran a su nieto (interpretado curiosamente por el hijo pequeño de John, Ethan), y este consigue la ayuda de dos de sus hijos, Patrick Wayne y Christopher Mitchum, pese a los problemas que ambos tienen con él:

En 1972 protagoniza un simpático western, “Los cowboys”, en el que, sin trabajadores que le ayuden a llevar al ganado, contrata a un grupo de jóvenes, que tendrán que enfrentarse a unos bandidos liderados por Brice Dern que querrán robar el ganado. Es uno de los pocos films en los que John Wayne muere:

En los siguientes años John Wayne protagoniza algunos westerns y películas policiales. Destaca en 1975 “Brannigan”, en la que interpreta a un policía americano que tiene que colaborar con la policía británica, encabezada por Richard Attenborough, para detener a un criminal, aunque la película se centra demasiado en las diferencias entre americanos y británicos:

Ese mismo año retoma su papel de Rooster Cogburn, protagonista de “Valor de ley”, en “El rifle y la biblia”, en la que comparte pantalla con Katherine Hepburn. El duelo interpretativo entre ambos, con esos juegos de ironía, es magistral y digno de ver:

Al año siguiente, 1976, estrena su última película: “El último pistolero”, de Don Siegel, western crepuscular en la que interpreta a un antiguo pistolero que, diagnosticado de cáncer terminal, se instala para morir en la casa de un viuda, Lauren Bacall, incómoda con su pasado, y su hijo, Ron Howard, fascinado por quién fue, para enfrentarse en una batalla final con sus últimos enemigos. La película es en realidad un homenaje a toda su carrera, apareciendo imágenes de algunas de sus películas, con un marcado carácter crepuscular que nos anuncia la despedida del Duque:

En sus últimos años se alejó del Partido Republicano y se acercó al demócrata Jimmy Carter en su defensa de que el canal de Panamá debía ser soberanía exclusiva del estado de Panamá. 

Diagnosticado de cáncer de pulmón en 1966, consiguió superarlo, pero luego sufrió cáncer de estómago. Siempre se ha sospechado que el rodaje de “El conquistador de Mongolia” en zonas contaminadas con radioactividad pudo haberlo provocado (de cáncer habían muerto tanto el director como otros protagonistas de la película). Su última aparición pública, en los Oscars de 1979, dejó en evidencia su mal estado de salud:

Pocos meses después sucumbía al cáncer de estómago, el 11 de junio de 1979. Poco antes de morir se había convertido al catolicismo. Fue enterrado en el Pacific View Memorial Park Cemetery, cerca de Los Angeles. 

John Wayne es el rostro por excelencia del western, pese a haber destacado también en otros géneros, como el bélico o la comedia. Quizá en sus comienzos no fuera un gran actor, pero a base de trabajar (más de 150 películas en su filmografía) terminó convirtiéndose en un magnífico actor que nos dejó una gran cantidad de interpretaciones memorables. 

50 años de la muerte de Fay Bainter (16-04-2018)


Ya hemos hablado en anteriores ocasiones de grandes estrellas de los años dorados de Hollywood que con los años han caído en el olvido. Esto es aún más remarcable entre esos grandes intérpretes especializados en papeles secundarios, y en un mundo tan machista como el de Hollywood, ser actriz y secundaria es un pecado que parece llevar adosada una damnatio memoriae eterna. Hoy vamos a intentar rescatar del olvido a una magnífica actriz secundaria del Hollywood dorado, aprovechando el 50 aniversario de su muerte: la actriz Fay Bainter.




Fay Okell Bainter nació el 7 de diciembre de 1893 en Los Angeles. Desde temprana edad se interesará en la interpretación: debuta en teatro en su California natal ya en 1908. En 1910 se enrola en una compañía itinerante y en 1912 debuta por fin en Broadway, donde con los años alcanzará una gran fama, dado su enorme talento.

El 8 de junio de 1921 se casa con Reginald Venable, oficial de la Marina americana, con quien permanecerá hasta su muerte en 1964. Tendrán un único hijo, también llamado Reginald, en 1926, que también será actor.

En vista de su éxito, en 1933, la MGM la convence para debutar en el cine, cosa que hará en febrero de 1934 con “The side of heaven”. Pero no volverá a Hollywood hasta 1937, año en el que estrenará varias películas, de entre las que destaca “Olivia”, de George Stevens, comedia de época en la que interpreta a la inocente hermana mayor de Katherine Hepburn, mujer astuta capaz de inventarse la existencia de una sobrina para poder seducir a su amado Franchot Tone:

Pero será en 1938 cuando alcance el éxito, gracias a dos papeles que la convertirán en la primera intérprete nominada al Oscar por dos papeles en un mismo año. El primero será como actriz protagonista, por “White Banners”, de Edmund Goulding, en la que interpreta a una criada que entra al servicio de una rica familia, encabezada por Claude Rains, pero que en realidad busca en secreto encontrar a su hijo secreto:

La segunda nominación será como mejor secundaria, por la genial “Jezabel” de William Wyler, en la que interpreta a la madre de Bette Davis, la única que intenta, fallidamente, hacerle entrar en razón y comprender que no puede hacer cualquier cosa con tal de recuperar el amor de Henry Fonda:

Y será por este papel por el que gane el Oscar.

Pese a haber sido nominada como mejor actriz protagonista, sus papeles posteriores van a ser a menudo de madre. Así será en 1940 en “El joven Edison”, interpretando a la madre del joven inventor, papel a cargo del genial Mickey Rooney:

También en 1940 será la madre de un jovencito William Holden (y la esposa de Thomas Mitchell) en esa mezcla de comedia costumbrista y melodrama dramático que es “Sinfonía de la vida”, adaptación de la premiada obra teatral de Thorton Wilde que dirige Sam Wood y que supone el debut cinematográfico de quien había sido la protagonista teatral, Martha Scott:

Tras participar en 1941 en el musical “Chicos de Broadway”, en 1942 trabaja en la primera película en la que trabajan juntos Katherine Hepburn y Spencer Tracy, “La mujer del año”, de George Stevens, en la que interpreta a una feminista. Y en 1943 repite como madre de Mickey Rooney en “La comedia humana”, drama (pese a lo que diga el título) dirigido por Clarence Brown:

En 1944 participa en el film negro “Aguas turbias”, interpretando a la tía de la protagonista, Merle Oberon. Y en 1945 es la madre de Jeanne Crain y Dick Haymes, y la esposa de Charles Winninger en “La feria del estado” adaptación musical de la película de 1933 “State fair” que componen directamente para el cine Richard Rodgers y Oscar Hammerstein, y en la que, curiosamente, ni Jeanne Crain ni Dana Andrews, los protagonistas, cantan ninguna de sus canciones, mientras que Fay Bainter (y otros, como Donald Meek o el ya mencionado Charles Winninger) sí que cantan sus pequeñas intervenciones:

En 1946 participa en el western “El virginiano” y comparte pantalla por primera vez con Danny Kaye en “El asombro de Broocklyn”, repitiendo con el mismo actor en 1947 en “La vida secreta de Walter Mitty”, en la que interpreta, como no, a su madre:

Fay Bainter apenas trabaja más en cine. En 1951 tiene un magnífico papel en “Cerca de mi corazón”, interpretando a la cariñosa pero firme directora del centro de adopción al que acude la pareja formada por Ray Milland y Gene Tierney en busca de un niño al que adoptar. Y en 1953 interpreta a la madre de Susan Hayward, que interpreta a la esposa del presidente Andrew Jackson, interpretado por Charlton Heston, en “La dama marcada”. Y tendrá un último papel en 1961 en el magnífico drama de William Wyler “La calumnia”, interpretando a la abuela (ya subimos de categoría) de la niña que acusa a dos profesoras, Shirley McLaine y Audrey Hepburn, de tener una escandalosa relación:

Fay Bainter, que había tenido dos nominaciones al Oscar en 1938, en los inicios de su carrera, tiene su tercera nominación por su última película. Su inmenso talento queda fuera de cualquier duda, pese a una filmografía no muy extensa y, a menudo, olvidada.

Apenas una aparición televisiva en 1962 en el Show de Donna Reed marcan su desaparición de la vida pública. Viuda desde 1964, sucumbe a una neumonía el 16 de abril de 1968 en Los Angeles, a los 74 años. Dado que su esposo era militar, ella fue enterrada a su lado en el Cementerio Nacional de Arlington.

Su nombre está casi completamente olvidado hoy día, pero Fay Bainter es una de esas actrices que llevaban la profesión en la sangre, que no buscaban fama, dinero o gloria, que eran actrices por profesión y por vocación, sin ningún adorno. Y fue su enorme talento el que le ayudó a sobrevivir y a hacerse un pequeño hueco en la memoria de algunos cinéfilos que recuerdan algunas de sus magníficas interpretaciones.



10 años de la muerte de Richard Widmark (24-03-2018)


Famoso como villano cinematográfico, pero con una extensa filmografía en la que demostró su polivalencia en casi todos los géneros, hace 10 años nos dejaba uno de los últimos mitos del Hollywood clásico, el actor Richard Widmark.




Richard Weedt Widmark nació el 26 de diciembre de 1914 en la pequeña localidad de Sunrise Township, en el estado de Minnesota, aunque pasará su infancia en distintas localidades del cercano estado de Illinois, ya que su padre, de origen sueco, trabaja como vendedor viajante. Graduado en arte, empieza a trabajar como actor de radio en 1938, participando en numerosas series radiofónicas.

El 5 de mayo de 1943 con la guionista Jean Hazlewood, a quien conocía de sus años de estudiante. Ambos tendrán una única hija, Anne Heath, nacida en 1943. Una perforación de tímpano le impedirá participar en la II Guerra Mundial, así que el mismo año de su boda debuta en Broadway, y seguirá trabajando en teatro en los siguientes años. Será durante una producción en Chicago cuando es descubierto por la Fox, con la que firma un contrato de 7 años.

En ese momento, la Fox va a rodar un thriller, “El beso de la muerte”, que se estrena en 1947,  a mayor gloria de su estrella, Victor Mature, y necesitan a un actor que interprete al villano criminal Tommy Udo. El director de la película, Henry Hathaway, rechaza a Richard Widmark, ya que considera que su aspecto es demasiado intelectual, pero el productor Darryl F. Zanuck insiste. ¿Quién de los dos se equivoca?:

Esta es quizá una de las más míticas escenas del cine negro de los años 40. Este papel le valdrá a Richard Widmark el Globo de oro a mejor estrella emergente y su única nominación al Oscar. Había nacido una estrella. Hathaway se equivocaba, y asumió su error trabajando con el actor en numerosas ocasiones posteriores.

Pero pronto demostrará que no sólo es capaz de interpretara a grandes villanos. Prueba de ello será su papel en “El demonio del mar”, de 1949, en el que actúa como el mentor del joven Dean Stockwell en oposición a su rudo abuelo Lionel Barrymore. Y en 1950 protagoniza el thriller “Pánico en las calles”, de Elia Kazan, en la que interpreta a un doctor del servicio de salud pública que descubre que una víctima de asesinato estaba infectada con peste neumónica, y tendrá que colaborar con un policía poco receptivo, Paul Douglas, para localizar al asesino, el debutante Jack Palance, que es posible que se haya contagiado y pueda extender más la plaga:

Pero ese mismo año volverá a interpretar a un villano en “Un rayo de luz” de Joseph Mankiewicz, como el criminal que perseguirá al doctor negro que interpreta Sidney Poitier acusándole de haber matado a su hermano:

En 1951 volverá a interpretar a un personaje mucho más entrañable, el profesor convertido en militar con problemas físicos y dilemas morales en la campaña del Pacífico de la II Guerra Mundial en la brillante “Situación desesperada” de Lewis Millestone, junto a Karl Malden, Jack Palance y un jovencísimo Robert Wagner:

Demostrado ya su enorme talento como actor dramático, se le confiará ser el protagonista masculino de “Niebla en el alma”, drama psiquiátrico con el que Marilyn Monroe pretendía demostrar que no sólo era una actriz cómica:

En 1953 interpretará a un duro instructor militar, en oposición al mucho más blando Karl Malden, en “Hombres de infantería” de Richard Brooks, teniendo como alumnos a Russ Tamblyn o Carleton Carpenter:

En 1954 trabaja en dos destacables western. El primero, “El jardín del diablo”, le lleva a trabajar de nuevo bajo las órdenes de Henry Hathaway, interpretando a uno de los tres hombres (los otros dos serán Gary Cooper y Cameron Mitchell) que acudan a rescatar al marido de Susan Hayward, atrapado en una mina de oro en territorio apache:

El segundo será la mítica “Lanza rota” de Edward Dmytrick, interpretando a un personaje mucho más negativo, el malvado hijo mayor de Spencer Tracy, empeñado en impedir que su hermanastro pequeño, Robert Wagner, hijo de una india interpretada por Kathy Jurado, se lleve la cuantiosa herencia de su progenitor:

Ese año termina su contrato con la Fox, lo que aporta a Richard Widmark mayor libertad a la hora de elegir sus papeles. Y uno de sus primeros trabajos será en “La tela de araña”, drama de Vincente Minnelli en el que interpreta a un psiquiatra que se ve atacado por su esposa, Gloria Graham, celosa de Lauren Bacall, y por el director de la clínica, Charles Boyer, mientras ve como un joven paciente suyo, John Kerr, desaparece:

Trabaja con posterioridad en varios westerns, entre los que destaca “La ley del talión”, en la que tiene que proteger a un grupo de colonos, entre los que se encuentra el actor infantil Tommy Retting, que ya había interpretado a su hijo en varios films previos:

En 1957 tendrá una de sus mejores interpretaciones como el Rey Carlos VII de Francia en “Santa Juana” de Otto Preminger, con Jean Seberg como Juana de Arco:

En 1958 prueba suerte en un nuevo género, la comedia, junto a Doris Day en “Mi marido se divierte”:

Pero es el Westner el género en el que Richard Widmark se muestra más cómodo por esas fechas, y así acompaña a John Wayne en la épica “El Alamo”, interpretando a Jim Bowie:

En 1961 se estrena bajo las ordenes de John Ford en otro western, “Dos cabalgan juntos”, en la que interpreta a un militar que, acompañado de James Stewart, acude a intentar rescatar a algunos colonos secuestrados por los indios:

Y ese mismo año trabaja en “Vencedores o vencidos” de Stanley Kramer, interpretando a un inflexible militar que ha visto las atrocidades cometidas por los nazis y quiere castigarlas con la mayor severidad posible:

En medio de un reparto de lujo, y con un papel bastante breve, Richard Widmark consigue brillar con luz propia gracias a un talento interpretativo pocas veces explotado hasta este nivel.

En 1962 trabaja en uno de los episodios de “La conquista del Oeste”, y en 1964 protagoniza el último western que dirigirá John Ford, el gran combate, interpretando al militar que acompaña a los indios que regresan a sus antiguos territorios:

En 1966 trabaja de nuevo bajo las órdenes de Edward Dmytrik en “Alvarez Kelly”, en la que interpreta aun general confederado que secuestra el ganado que transporta William Holden para el ejército Yanki:

Tras trabajar en algunos western más, Richard Widmark comienza a principios de los años 70 a trabajar en televisión, reduciendo su participación cinematográfica a menudo a papeles secundarios, como el villano Casetti en la mítica “Asesinato en el Orient Express”. En esta época de hecho regresa a los papeles de villano, siendo buena prueba de ello su papel en “De presidio a primera página” de Stanley Kramer, protagonizada por Gene Hackman:

De hecho, su último papel remarcable en cine será el villano del thriller “Coma” de Michael Crichton:

Su última aparición sera en “El color de la ambición”, en 1991:

Richard Widmark se retira de la interpretación por esas fechas. En 1997 muere su esposa, y en 1997 vuelve a casarse con Susan Blanchard, nieta del compositor de musicales Oscar Hammerstein. Pasa el resto de su vida retirado de la vida pública, que además de como actor había tenido también otra faceta como activista a favor del control de armas. Una caída en el año 2007 afecta seriamente a su salud, que no se recuperara, muriendo finalmente en su casa de Roxbury, en el estado de Connecticut, el 24 de marzo de 2008, con 93 años. La Academia tuvo tiempo de sobra para compensar su falta no ya de premios, sino de nominaciones, con un Oscar Honorífico, pero este, lamentablemente, nunca llegó.

Richard Widmark era el prototipo de actor poco ambicioso, que pese a ser un artista capaz de llevar sobre sus hombros el peso de una película, no dudaba en actuar en papeles secundarios junto a otros actores con los que compartió pantalla con frecuencia. Y, con una filmografía tan extensa, nos deja como legado un buen puñado de interpretaciones memorables.



25 años de la muerte de Joseph Mankiewicz (05-02-2018)


Se inició en el mundo del cine como guionista, de donde pasará a la dirección, entrando en la historia por ganar el Oscar a mejor director en dos años consecutivos, 1949 y 1950. Un día como hoy hace 25 años nos dejaba un mito llamado Joseph Mankiewicz.




Joseph Leo Mankiewicz (que es conocido como Joseph L. Mankiewicz, aunque en este artículo suprimiremos la L para simplificar) nació el 11 de febrero de 1909 en Wilkes-Barre, estado de Pensilvania, hijo de inmigrantes judíos de origen alemán, siendo el menor de los e hijos de la pareja, después de Herman y Erna. En 1912 la familia se muda a Nueva York, donde su padre, profesor, se encarga de suministrar a sus hijos una cuidada educación. Tras graduarse en arte, su padre lo envía en 1928 a Berlín para estudiar en su universidad, pero Joseph se aficiona allí al teatro y malvive como corresponsal del Chicago Tribune y traduciendo subtítulos cinematográficos.

Así hasta que en 1929 le llama su hermano Herman, que trabaja como guionista en Hollywood (y que ganará un Oscar por el guión de “Ciudadano Kane”). Sin nada que perder, Joseph Mankiewicz se traslada a la Meca del cine, Allí trabaja como guionista, primero en la Paramount, consiguiendo una nominación al Oscar por “Las peripecias de Skippy” en 1931, antes de trasladarse a la Metro-Goldwyn-Mayer, en busca de mejores proyectos. Así, co-escribe el guión de “El enemigo público número 1”, de 1934, que ganará el Oscar a mejor guión, pero sin incluir a Mankiewicz.

En 1934 se casa por primera vez, con Elizabeth Young, de quien se divorcia en 1937, y con la que tiene un hijo, Eric Reynal.

Tras ver como su fama como guionista aumenta, le propone a Louis B. Mayer, presidente de la Metro, dirigir sus propios guiones; éste rechaza la idea, pero le permite producir algunas películas, de entre las que destacará “Historias de Filadelfia”, nominada al Oscar a mejor Película. Pero algún tiempo después, en 1944, regresa a su faceta como guionista, escribiendo “Las llaves del reino”, protagonizada por Gregory Peck y en la que aparece su segunda esposa, la actriz austriaca Rose Stradner, con la que estaba casado desde 1939 y que se suicidará en 1958. Juntos tendrán 3 hijos, siendo el más famoso de ellos el director y guionista Tom Mankiewicz.

Finalmente, en 1946 decide abandonar la Metro y pasarse a la Fox para poder dirigir sus propios guiones. Y así se estrena con “El castillo de Dragonwyck”, drama de intriga en la que una inocente Gene Tierney se casa con el rico propietario del castillo del título, Vincent Price, que esconde algún peligroso secreto:

Tras dirigir ese mismo año el film de cine negro “Solo en la noche”, en 1947 estrena la comedia “El mundo de George Apley”, protagonizada por Ronald Colman, en una ácida crítica a la elitista burguesía americana, y estrena también uno de sus mayores éxitos, “El fantasma y la Señora Muir”, de nuevo con Gene Tierney (interpretativamente bastante peor que en el film anterior) y un magnífico Rex Harrison como el fantasma del título, que se enamora de la protagonista:

En 1948 repite con Rex Harrison en el film negro “Escape”, y repite género (algo infrecuente en él) en 1949 con “Odio entre hermanos”, protagonizada por Edward G. Robinson y Susan Hayward. Pero en 1949 su gran éxito será “Carta a tres esposas”, magistral guión firmado por él, innovador en cuanto a su estructura dramática, en la que tres mujeres reciben la carta de una “amiga” suya en la que les confiesa que esa misma noche se fugará con el esposo de una de ellas. Pese a cierta mojigatería en su presentación de las mujeres, la película está magistralmente resuelta con sus continuos flash-backs y esa idea de no mostrar nunca en escena a la autora de la carta:

Tal fue el éxito del film que Joseph Mankiewicz ganó tanto el Oscar al mejor guión original como el de mejor director, con sólo 3 años de carrera en este campo:

Pero si alguien piensa que Mankiewicz ha llegado ala cima de su carrera, se equivoca totalmente. En 1950 vuelve a dirigir un guión original propio, “Eva al desnudo”, drama ambientado en el mundo teatral con sus envidias y trampas, que enfrentan a Bette Davis con la novata (pero no tan inocente) Anne Baxter:

Y la historia se repite: Joseph Mankiewicz gana tanto el Oscar a mejor Guión como el de mejor Director (además del de mejor película), en un año nada fácil, ya que competía contra una de las cumbres del cine, “El crepúsculo de los dioses” del gran Billy Wilder, al que machacó literalmente:

También en 1950 había dirigido “Un rayo de luz” drama antirracista en el que un médico negro, Sidney Poitier, atiende a dos hermanos criminales, uno de los cuales muere. El hermano superviviente, Richard Widmark, buscará venganza:

En 1951 se toma su venganza de la caza de brujas McCarthyana en la comedia dramática “Murmullos en la ciudad”, en la que el doctor interpretado por Cary Grant, recién casado con Jeanne Crain (una de las tres esposas de su mítica película), se niega a delatar a un amigo cuando un celoso colega interpretado por Hume Cronyn intenta arruinar su carrera:

El cine de Joseph Mankiewicz se caracteriza por su excelente forma de dirigir a sus intérpretes, pero también por su versatilidad, por su búsqueda constante de nuevos géneros en los que trabajar. Así, en 1952 dirige “Operación Cicerón”, historia de espías que nos cuenta la historia de Elyesa Bazna, interpretado por James Mason (aunque se le cambia el nombre por el de Ulysses Diello), que robó para los alemanes diversos planes de ataque de la embajada británica:

Por esta película se llevará una nueva nominación al Oscar a mejor director.

Su siguiente proyecto es más ambicioso si cabe: la adaptación de la obra de Shakespeare “Julio Cesar”, con un reparto de lujo en el que figuran Louis Calhern, James Mason, Deborah Kerr, Greer Garson, John Gielgud o Edmond O’Brien, y en el que sólo molesta el horrendo Marco Antonio de Marlon Brando:

Su siguiente film, estrenado en 1954, es “La condesa descalza”, ambientado en el implacable mundo del cine que destroza a una estrella, interpretada por Ava Gardner, acompañada por Humphrey Bogart, Rossano Brazzi y Edmond O’Brien, que ganará el Oscar a mejor secundario:

Y de este drama pasamos en 1955 a un musical, “Ellos y ellas”, protagonizado por Marlon Brando (Mankiewicz tenía mucha costumbre de repetir con los actores con los que trabajaba, como ya hemos podido comprobar), Frank Sinatra y Jean Simmons:

Tras unos años de parón, en 1958 estrena su adaptación de “El americano tranquilo” de Graham Greene, protagonizada por Audie Murphy y Michael Redgrave. La película se sitúa en la guerra de Vietnam, pero el ambiente anticomunista e Estados Unidos en ese momento obliga a modificar muchos elementos de la historia, algo que molesta especialmente a Greene. Y tras adaptar a Greene, en 1959 le toca el turno a Tennessee Williams con la perturbadora “De repente el último verano”, con Katherine Hepburn, Elizabeth Taylor y Montgomery Clift, en una película bastante polémica en aquella época por el argumento que trata:

Pero, para su desgracia, el siguiente proyecto que caería en sus manos resultaría ser un regalo envenenado. La Fox, con serios problemas económicos, se embarcó en el proyecto de rodar un peplum espectacular que fuera un éxito de taquilla: una nueva versión de la historia de la reina egipcia Cleopatra. Pero problemas durante el rodaje provocaron la caída del reparto elegido, y la huida del director previsto, Rouben Mamoulian). El proyecto fue a parar a Joseph Mankiewicz, que tuvo que hacer frente al rodaje de la película completa (lo rodado hasta su llegada no valía por el cambio de reparto), a los problemas ocasionados por el escandaloso romance de la pareja protagonista, Elizabeth Taylor y Richard Burton, a la enfermedad de ella, al traslado de la filmación de Londres a Roma y a un enorme incremento del presupuesto. Tras retrasos y retrasos en el rodaje, Mankiewicz presenta una versión de nada más y nada menos que 6 horas de duración, proponiendo dividirla en dos películas. El estudio lo rechaza y despide a Mankiewicz, pero ante la imposibilidad de que cualquier otro realice el montaje, vuelve a contratarlo para editar una versión que pasa primero a 4 horas y luego a 3. Pese al éxito de taquilla, el presupuesto se había incrementado de tal forma (de 2 millones de dólares previstos a 44) que no sirvió para recuperar lo invertido. La Fox se arruina del todo, y el peplum desaparece como género cinematográfico:

La película se estrena en 1963 y consigue 4 Oscars de 9 nominaciones, aunque Mankiewicz no es nominado.

Joseph Mankiewicz tarda años en recuperarse de la traumática experiencia. Si bien es cierto que en 1964 rueda una adaptación moderna de “Un cuento de navidad” de Dickens para televisión, no vuelve a dirigir cine hasta 1967, cuando estrena “Mujeres en Venecia” cínica y genial comedia criminal protagonizada por su actor fetiche, Rex Harrison, con Maggie Smith, Susan Hayward y Cliff Robertson en el reparto:

En 1970 dirige su único Western, “El día de los tramposos”, comedia cínica, ácida, que poco antes no habría pasado la censura ni en sueños, con sexo, desnudos, personajes moralmente ambiguos y constantes giros de guión, protagonizada por Kirk Douglas y Henry Fonda:

Y, por último, en 1972 estrena su última película, una de sus obras maestras, la genial “La huella”, duelo interpretativo entre Laurence Olivier y Michael Caine, llena de nuevo de constantes giros de guión y situaciones inesperadas:

Por esta película, Mankiewicz consigue una última nominación al Oscar a mejor Director. Pero él se retira a su granja del este, con su tercera esposa, Rosemary Matthews, con quien se casó en 1962, estudiando arte y psiquiatría. Viviría todavía 20 años más, pero no volvió a trabajar nunca. Murió finalmente el 5 de febrero de 1993, días antes de cumplir 84 años.

Director de culto, Joseph Mankiewicz demostró una capacidad única para construir buenos guiones, para dirigir actores y para pasar de un género a otro sin aparente dificultad. Nos legó para la posteridad, de entre su reducida filmografía (apenas una veintena de films) algunas obras maestras que se han convertido en films de culto y que son una verdadera demostración de lo que es el cine.



Gregory Peck en el centenario de su nacimiento (05-04-2016)


Mencionaba en un post reciente que, en mi opinión, los mejores intérpretes fueron los de los años 30. Entendiendo estos años 30 como una forma de actuar, una forma de ver el cine. Por eso, hoy vamos a hablar de un actor, mejor dicho de un enorme actor, que pese a debutar en el cine a mediados de los 40, es de alguna forma el último gran representante de esos actores de los 30 (junto con Robert Mitchum, que comenzó en el cine en fechas similares; incluso William Holden es anterior): Gregory Peck. Una extensa filmografía que se extiende desde los 40 hasta los 70, con gran variedad de géneros, lo sitúan como un digno heredero de los Gary Cooper, James Stewart o Henry Fonda que ya llevaban años de carrera a sus espaldas. Y no pocos papeles memorables.




Eldred Gregory Peck nacía el 5 de abril de 1916 en San Diego, California. Su padre, farmacéutico, de origen anglo-irlandés, era católico, y su madre, de origen anglo-escocés, se convirtió también al catolicismo al casarse; detalle este importante en la vida del actor. Sus padres se divorciaron cuando él tenía 6 años, y pasó los siguientes años con su abuela materna, hasta que ésta murió y fue criado por su padre. Comienza a estudiar medicina, pero se siente atraído por la interpretación, se une a grupos teatrales y así termina encontrando su vocación; debuta en San Francisco en 1941 y en Broadway en 1942. De ahí al cine hay sólo un paso.

Debuta en 1944 con “Días de gloria”, de Jacques Tourneur, film bélico ambientado en la Rusia de la II Guerra Mundial, pero será con su segunda película con la que llame la atención: “Las llaves del reino”, de John M. Stahl, de ese mismo año, en la que interpreta al protagonista absoluto, un misionero católico escocés en China. El papel le viene por momentos algo grande al todavía novatillo Peck, pero en general se pude decir que tiene una más que interesante interpretación, que le valdrá su primera nominación al Oscar (la primera de las 5 que tuvo, cuatro de ellas en los años 40):

En 1945 protagoniza dos grandes películas: por un lado, es el perfecto galán romántico en el meodrama de época “El valle del destino”, junto a Greer Garson, en el que ya luce impecable en un papel romántico que le sienta como un guante:

Su otro gran papel ese año fue en “Recuerda”, su primera colaboración con Alfred Hitchcock, junto a Ingrid Bergman, donde interpreta a un doctor que sufre amnesia; otra gran interpretación de Gregory Peck:

En 1946 vuelve a regalarnos dos memorables papeles. El más recordado sea, seguramente, el de Lewt McCanles, el malvado hermano de Joseph Cotten en “Duelo al sol” de King Vidor, su primer western y su primer villano, que entabla una funesta relación de amor-odio con la bellísima Jennifer Jones que no podía acabar bien. Inolvidable la escena final:

Su otro gran papel ese mismo año fue mucho más amable, el granjero Penny Baxter, esposo de Jane Wyman y padre de Claude Jarman Jr. en “El despertar” de Clarence Brown, por la que recibe su segunda nominación al Oscar y gana el Globo de Oro por uno de sus mejores papeles. Sólo por esta escena ya merece la pena su interpretación, al nivel de muy pocos actores (y más teniendo en cuenta que Gregory Peck no era un actor muy rico en recursos interpretativos, pero los que tenía los sabía usar al máximo, como esa maravillosa voz):

Es, además, el primero de sus papeles de “padrazo”, papel que interpretaba como nadie (y que llevará a su máxima expresión con su maravilloso Atticus Finch).

En 1947 de nuevo nos regala dos grandes papeles. El primero, en su segunda y última colaboración con Alfred Hitchcock, “El proceso Paradine”, esa en la que Hitch quiso reunir a Greta Garbo e Ingrid Bergman (pobre Gregory si se hubiera tenido que enfrentar a las dos a la vez, a ver quién hubiera resistido eso…), pero que se quedó sin ambas y tuvo que conformarse con la debutante Alida Valli y con Ann Todd. Además de otro debutante, Louis Jourdan, y de Charles Laughton, la gran triunfadora fue realmente Ethel Barrymore, nominada al Oscar a mejor secundaria. Pero bueno, Gregory Peck sigue de nuevo impecable:

La otra es “La barrera invisible”, de Elia Kazan, en la que interpreta a un reportero que se hace pasar por judío para experimentar el antisemitismo de su entorno (muy en la línea de Kazan, defendiendo el método del Actor’s studio… no trago a Kazan, ni como cineasta ni como persona, por si no se nota…). Gregory Peck interpreta a un personaje socialmente comprometido, muy similar a lo que era en su propia vida, acompañado de Dorothy McGuire, John Garfield, Ann Revere o Celeste Holm, además de hacer de padre (de nuevo papel de padrazo) de Dean Stockwell (de quien ya había sido padre brevemente en “El valle del destino”):

Gregory Peck consigue su tercera nominación al Oscar. La cuarta la conseguirá en 1949 por “Almas en la hoguera” de Henry King, aunque de nuevo se quedará sin él (a diferencia de su compañero Dean Jagger, que se lleva la estatuilla a mejor Secundario) por un general de aviación durante la II Guerra Mundial; un héroe americano en la línea de personajes interpretados por Gary Cooper o James Stewart:

En 1951 protagoniza la película bíblica “David y Betsabé” de Henry King, junto a Susan Hayward, aunque el papel no le pega mucho, seamos sinceros:

Ese mismo año colaborará con el director Raoul Walsh en una cinta de aventuras en el mar, “El capitán Horatio Hornblower”, repitiendo en 1952 con la magnífica “El mundo en sus manos”:

Ese mismo 1952 protagoniza otra de sus memorables películas, “Las nieves del Kilimanjaro” de Henry King, basada en la novela de Ernest Hemingway, donde está acompañado por Susan Hayward y Ava Gardner:

Pero más memorable será aún su papel, en 1953, en “Vacaciones en Roma”, de William Wyler, donde acompaña a la debutante Audrey Hepburn, de quien se convertirá en amigo inseparable durante toda su vida (y a quien presentará a quien será su primer marido, Mel Ferrer). Se trata de una simpática comedia llena de escenas memorables, como ese paseo en moto por Roma o esta en la boca della verità (que ya nos gustaría verla así de vacía, y no con las colas que hay que hacer hoy día para hacerse la fotito de rigor):

En 1954 protagoniza la comedia inglesa “El millonario”, de Ronald Neame, como la pobre víctima de la apuesta de dos ricos hermanos británicos aburridos de la edad: le dan un cheque de un millón de libras, pero no podrá utilizarlo durante un mes:

El 30 de diciembre de 1955 se divorcia de su primera mujer, Greta Kukkonen (que era 5 años mayor que él), con quien llevaba casado desde 1942 (aunque él mismo confirmó que mantuvo un romance don Ingrid Bergman durante el rodaje de “Recuerda” estando casado) y con quien tenía 3 hijos. El día siguiente se casó con Veronique Passani, una reportera a la que conoció en 1952, con quien tendría 2 hijos y con quien vivirá hasta su muerte. Eso sí, la boda fue civil, ya que la iglesia católica no permitía la boda sin una nulidad previa de su anterior matrimonio. Pese a todo, Gregory Peck fue siempre un católico creyente, aunque no especialmente “ortodoxo” en su forma de ver ciertos aspectos.

De vuelta al cine, en 1956 protagoniza “El hombre del traje gris”, junto a Jennifer Jones y Fredric March, y también uno de sus grandes éxitos, la adaptación del “Moby Dick” de Herman Melville que realizará John Huston, en el papel del capitán Ahab (papel para el que Huston en principio quería a su padre, Walter Huston, pero éste murió antes del rodaje). Otra de esas interpretaciones memorables de la historia del cine:

En 1957 vuelve a la comedia acompañando a Lauren Bacall en “Mi desconfiada esposa” de Vincente Minnelli:

En 1958 protagoniza otro clásico del cine, “Horizontes de grandeza” de William Wyler, junto a Jean Simmons y Chartlon Heston, en un western de familias enfrentadas que le valió el Oscar a mejor secundario a Burl Ives, que interpreta al patriarca de la familia rival del suegro del personaje que interpreta Gregory Peck:

En 1959 interpreta al escritor F. Scott Fitzgeral en el drama biográfico “Días sin vida” de Henry King, acompañado por Deborah Kerr:

Ese mismo año protagoniza la historia de unos supervivientes a un holocausto nuclear en “La hora final” junto a Ava Gardner, Fred Astaire y Anthony Perkins:

En 1961 es uno de los protagonistas del clásico de cine bélico “Los cañones de Navarone”, junto a Anthony Quinn y David Niven:

Pero será 1962 su mejor año, al protagonizar dos grandes éxitos. El primero de ellos, “El cabo del terror”, en el que interpreta a un abogado al que un malvado Robert Mitchum quiere hacer la vida imposible por haberle encarcelado años atrás. Gregory Peck no solía usar dobles para las escenas de acción, lo que tuvo que sufrir Mitchum en sus propias carnes en la escena de la pelea de ambos:

Pero su mayor éxito fue, desde luego, protagonizar la adaptación que Robert Mulligan dirigió del libro de Harper Lee “Matar a un ruiseñor”. Su Atticus Finch es sin duda su mejor papel y el mejor “padrazo” de la historia del cine, a parte de un personaje tan idealista como el propio Gregory Peck:

Gregory Peck, que llevaba sin ser nominado al Oscar desde 1949, consigue aquí su 5ª nominación. Y, para desgracia de Peter O’Toole (que protagonizaba la multipremiada Lawrence de Arabia), esta vez se lleva el premio, merecidísimo tanto por la interpretación en sí como por la trayectoria de un actor que llevaba años pidiendo el premio a gritos. Pocas veces la academia estuvo tan acertada:

Peck gana también el Globo de Oro, premio al que es nominado al año siguiente de nuevo por “El capitán Newman”. Y protagoniza más películas en los 60, aunque su ritmo de trabajo disminuye. Destacamos entre ellas su colaboración con Stanley Donen en 1966 en “Arabesco”, junto a la actriz que le dio el Oscar, Sofia Loren:

Mientras, le caen premios honoríficos, como el Oscar humanitario Jean Hersholt en 1968 o el Globo de Oro Cecil B. de Mille en 1969, año en el que protagoniza el western “El oro de Mackenna”.

Su trabajo en los 70 pierde interés, aunque protagoniza “La profecía” en 1976, o “McArthur, el general rebelde” en 1977, por la que recibe una nominación al Globo de Oro, pese a no admirar al general McArthur como persona:

Y es que en los años 70 la actividad política de Gregory Peck aumenta. Siempre había apoyado al partido demócrata, y incluso el presidente Lyndon Johnson pensó en él como embajador en Irlanda (teniendo en cuenta el origen irlandés del actor). Pero es en 1970 cuando se le propone enfrenarse al republicano Ronald Reagan como candidato a gobernador de California. Aunque más tarde Peck confesó que nunca estuvo interesado en ser candidato, sí que impulsó a su hijo Corey a serlo años más tarde. Su activismo social (contra la guerra de Vietnam, la proliferación nuclear o a favor del control de armas, justo lo opuesto a lo que hacía su compañero de reparto en “Horizontes de grandeza”, Chartlon Heston) hicieron que Nixon lo incluyera en su lista de enemigos por su activismo social (algo que haría también con Paul Newman, Jane Fonda y otros actores y actrices).

Quizá por eso sorprenda su interpretación, en 1978, de un villano de la talla del nazi Josef Mengele en “Los niños del Brasil”, frente al cazanazis que interpreta Laurence Olivier. Su espectacular interpretación le valió una nominación al Globo de Oro:

Gregory Peck trabaja poco a partir de los 80, aunque su participación en televisión aumenta, incluyendo una nueva adaptación de Moby Dick en 1998 (aunque ya no interprete al Capitán Ahab, sino al Padre Mapple, papel por el que gana un Globo de Oro). En cine, a parte de una breve aparición en el remake que Scorsese hace de “El cabo del miedo” (en el que aparecen también otros dos miembros del film original, Robert Mitchum y Martin Balsam), quizá su último papel relevante sea el protagonista de “Gringo viejo”, en el que luce espléndido en 1989 junto a Jane Fonda:

Tim Burton quería contar con él para interpretar al abuelo Joe en “Charlie y la fábrica de chocolate”, pero el papel lo interpretó finalmente David Kelly; Peck no tuvo siquiera ocasión de aceptarlo. Mientras dormía, una bronconeumonía se lo llevó el 12 de junio de 2003 (tengo un vago recuerdo del momento en el que me enteré, aunque a mis 18 años no le conocía demasiado). Tenía 87 años. Fue enterrado en el mausoleo de la catedral católica de Los Ángeles:

Aunque sus inicios en el cine fueran un tanto tardíos, Gregory Peck fue uno de los últimos exponentes de ese Hollywood dorado que tanto añoramos los cinéfilos, porque ya no hay actores como él. Nos dejó un buen puñado de interpretaciones inolvidables por las que todavía le recordamos con admiración y con cariño (en este último aspecto, su Atticus Finch es imprescindible, claro) como una de las más grandes estrellas de Hollywood.